Dos jóvenes que integraron el instituto secular Servi Trinitatis,
acusado en principio de "reducción a la servidumbre" y ahora
de "trata de personas", cuentan sus experiencias.
Por: Gabriel Giubellino, de la Redacción de Clarín y Gustavo
Laurnagaray, corresponsal en Santa Rosa. Edición multimedia: Mariana
Nisebe y Carmen Torcellán de Clarín.com
Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa, se vio sacudida en
mayo pasado por una denuncia: Omar Gebruers, un abogado que
representaba once personas, fue a la Justicia para que se investigue
al español Antonio Martínez Racionero, vicario del obispo, y a otro
sacerdote español, Ricardo Latorre Cañizares. La acusación (ver:
Denuncia penal) era grave: defraudación y reducción a la servidumbre
de chicas, adolescentes y jóvenes, laicas consagradas al instituto
secular Servi Trinitatis (ST), con sede en Cuenca, España.
Desde entonces, la causa pasó por varias manos –la última jueza fue
recusada, pero deberá seguir con la investigación-, se decidió el
alejamiento del obispo Fidel Brédice, bajo cuya ala creció ST en La
Pampa, y se fueron sumando más protagonistas. Son ahora más de 25 las
personas que pusieron la firma al documento inicial y desde el
viernes será la Justicia Federal la que deberá intervenir también,
con una imputación más grave (ver nota de hoy en Clarín): trata de
personas, contrabando de medicamentos e ingreso ilegal de dinero al
país.
También pidieron repatriar a las cuatro chicas de Santa Rosa que
están en Cuenca, "sometidas a la trata".
Entre los denunciantes hay familiares, pero también chicas que
consideran haber sido víctimas de un sometimiento psicológico. Por
primera vez, dos de ellas acceden a contar sus historias, con reserva
de identidad. Estos son los párrafos más salientes de los
testimonios, que pueden escucharse en Clarín.com.
Testimonio 1: " Entré a los 13 años, sin autorización de mis padres"
"Desde chica fui parte de una familia cristiana, practicante así que
participé de las actividades parroquiales cotidianamente, la
parroquia era parte de mi vida. En el '98 llegan estos sacerdotes de
España y yo en ese momento tenía 13 años. Un día como cualquiera me
confieso con el padre. Me invita a ir a la parroquia para charlar,
estaba en una etapa de mi vida en la que me planteaba un montón de
cosas; había días en que me imaginaba con 5 hijos, y había días que
me imaginaba como monja en el Congo Belga misionando. Le comento esto
cuando me confieso y bueno, me felicita, me habla de oración, de vida
consagrada, de un montón de cosas y me invita a tener dirección
espiritual con él regularmente. A menos de 3 meses ya había ingresado
a Servi Trinitatis como aspirante, sin consultar a mis padres, sin
ningún tipo de autorización (de) ellos. Estuve 3 años en la
institución más o menos hasta que decidí dejar. A los pocos meses de
entrar hacemos un ejercicio espiritual y después de ese ejercicio
espiritual fue un cambio de la noche a la mañana; incluso mis
compañeros de colegio preguntaban qué me pasaba. La forma de vestir,
la forma de peinarme, la forma de hablar, no salir con ellos ni
siquiera... Según la institución todas esas cosas son perder el
tiempo y el tiempo es de Dios. Uno no hace nada. Uno no ve
televisión, no ve las noticias, no lee el diario, no lee lecturas que
no sea las que ellos te dan como lo cual se aísla un poco del mundo".
"A medida que fue pasando el tiempo me empiezo a plantear si eso es
lo que quiero hacer y no casarme o un montón de cosas mas que no sea
pertenecer a la institución y bueno, la palabra discernimiento, el
que sabe un poco de vocación religiosa sabe de qué hablo, nunca
existió. Siempre fue que yo tenia vocación y no había vuelta atrás.
Nunca se habló de poder hacer otras cosas (...) Las respuestas a mis
intenciones de dejar era que iba a ser infeliz el resto de mi vida,
que iba a hacer infeliz a mi familia, que que yo me iba a alejar de
Dios, el tema del infierno y la condenación que para una persona
religiosa que cree que hay vida mas allá de la muerte que te digan
que vas en camino de la perdición es terrible, mas terrible que te
pase algo físico... si dejás la institución al poco tiempo vas a
estar embarazada, un montón de cosas que para una chica de 15, 16
años es fuerte. Y bueno, finalmente termino dejando. Cuando dejo sigo
participando de la Iglesia como hice siempre y la verdad que fui
bastante marginada. Unos cuantos años después puedo asegurar que
infeliz no soy, tuve una hija después de bastante tiempo y es la
felicidad absoluta. Yo creo que el saldo de la experiencia es
positivo, pero hay muchas cosas que están mal, hay que decirlo. (..)
Creo que la Iglesia no tendría que dejar hacer estas cosas porque se
están haciendo cosas malas en nombre de Dios".
Testimonio 2: "Hacer el mal bajo capa de bien"
" Actualmente tengo 26 años. Fui miembro de la institución desde el
año 1999 hasta principios de 2007, estuve 7 años y 2 meses en la
institución. El ingreso fue en principio una charla que tuve con uno
de los sacerdotes en el mes de octubre del año '99. (...) Caigo en la
iglesia para consultar con los sacerdotes una situación particular,
de familia, y termina el sacerdote diciéndome que yo estaba muy mal
espiritualmente y que para él poder ayudarme, él me podía dirigir
espiritualmente pero para eso yo debía confesarme. (...) Comenzamos a
tener lo que ellos llaman dirección espiritual, que consiste en
principio en ir todas las semanas a hablar con el sacerdote, donde el
empieza a darte libros para leer, qué cosas rezar, qué cosas no, y
uno anota todo en un estadillo, que es un papel cuadriculado donde
día a día va anotando lo que hace, y ahí empiezan a hacer un recorte
de lo que es la vida de uno (...)"
"Ellos empiezan a decirte cosas como obviamente salir de noche está
mal, usar remeras sin mangas está mal, pintarse está mal, usar aros
está mal, el trato con los varones como que en principio (debe)
restringirse, ser muy cuidadoso, cuando después va avanzando el
tiempo el trato con los hombres tiene que ser casi nulo. Pasan a ser
unos bichos raros a los que uno debía huirle, de hecho inclusive
planteaban que ni siquiera saludarlos con un beso en la mejilla sino
que uno les debía dar la mano, cosa que era bastante ridículo a los
17 años que te presenten a alguien y estirarle la mano. Pero bueno,
uno lo hacia desde la confianza que depositaba en esos sacerdotes
(...) La vida en la institución tiene mucho que ver con la fidelidad
a la iglesia, y por ahí eso es lo más peligroso que tiene esta
institución. Hacer el mal bajo capa de bien. Aparentemente, igual que
para los ojos de la sociedad santarroceña, ellos son excelentes
sacerdotes, pero por detrás, por ahí comienzan a pasar cosas
extrañas, como por ejemplo uno debía restringir el trato con su
familia hasta los extremos de no verla, de evitar el trato (...)
Entonces tenía que evitar abrazarlos o darles un beso, y con especial
atención si eran, por ejemplo, hermanos varones. Roza el morbo eso,
para mí".
http://www.clarin.com/diario/2008/09/02/conexiones/t-01750870.htm