Mara Martinoli, experta argentina y responsable de la Asesoría para Grupodependientes de La Plata, nos vuelve a ofrecer un artículo de interés, en el que reflexiona sobre los testigos de Jehová y su funcionamiento interno. Lo reproducimos a continuación.
Los testigos de Jehová (TJ), regidos por una "justicia paralela", de tribunales particulares, donde ancianos o confesores generalmente nunca sancionan actos imputables desde las Leyes, conservan una peculiar condición de ciudadanos punibles o inimputables por decisión subjetiva ajena, no refutada por custodiarse en la libertad de creencia.
Autoexcluidos de todo sistema por una supuesta "lección de fidelidad a sus convicciones" , intentan instaurarse socialmente dentro de un marco legal no reconocido, más allá de los aciertos o errores que todo sistema implica, en definitiva es el sistema legal quien nos gobierna; los TJ sólo tienen uno: el propio. Albergados en inflexibles normas internas que implican obediencia y respeto exclusivo a las propias leyes "teocráticas" ¿Tienen derecho a exigir ilegalidad dentro un sistema que no comparten ni respetan?
Sabemos de la existencia de los TJ por conflictos producto de la negación de transfundir, muerte de menores, pujas entre lo legal y el respeto a la creencia, o el intento de subsanar daños irreparables, cuando "las elegidas" deben pasar las pruebas. También los recordamos cuando los medios registran como anecdóticos sucesos de aparente insignificancia: niños y jóvenes que no reconocen símbolos o deberes patrios, un cambio de perspectiva de un único mensaje de desunión, irrespeto, intolerancia, deterioro convivencial y exigencia complaciente fuera de todo marco de derechos y salud comunitaria.
En ese sub mundo sectario reinan el ataque, el espíritu de imposición, la subestimación de otras realidades (la realidad), la desatención a la convivencia ciudadana, la exigencia al pensamiento igualitario (monocorde), la intervención desatinada; por el contrario, en el mundo de las creencias es estandarte el respeto a la diferencia (a cada una de las diferencias) que permite presionar, intercambiar, dialogar y consensuar sin presionar.
Detrás de la creencia, de una cobertura religiosa se permite lo inadmisible. ¿Qué nos sucedería si todos jugáramos en el mismo campo y de manera similar nos esforzáramos por violar el respeto ajeno en lo cotidiano? La sociedad es la representació n del grupo humano, de la comunidad de individuos que la componen; incluida en este grupo no quiero, ni quisiera adaptarme a exigencias irracionales que conducirían a desadaptarme en mi propia sociedad.
Me preocuparía que los niños "creyentes", hoy hijos de discípulos de sectas, fueran quienes forjaran nuestro futuro. ¿El sistema debería adaptarse a las exigencias de quienes no lo consideran sistema? ¿Instauraremos la inimputabilidad por la creencia?
Quienes estamos fuera de la creencia ajena podríamos considerar actos malignos la continua y repetida violación de deberes y derechos, la particularizació n de éstos o de leyes universales de "ciudadanía creyente" adaptables a todo tipo de demanda. El resultado, ante tanto requerimiento, podría ser la configuración de una especie de "estado de creencias" dentro de cada Estado, con leyes por encima de toda Ley.
El problema no es qué se cree sino cómo se exigen intervenciones en áreas estatales o comunitarias para imponer la creencia. Ser creyente y ciudadano es parte de la misma realidad, confluyente, no paralela. Tal vez nos debamos un debate sobre el respeto de las confesiones religiosas dentro de la legalidad, un diálogo honesto y fraterno, sin palabras impuestas, en escucha abierta. ¿La diferencia lo respetará? Preservar el "respeto al irrespeto" es complacencia con el accionar de quienes intentan desvalorizar el desarrollo tradicional de reconocimiento colectivo y social.
¿Adaptaremos la sociedad a los requerimientos de las sectas? ¿Deberemos también convenir leyes, para que decisiones y acciones puedan lindar la legalidad inyectando una justicia paralela? Si continuamos permitiendo la adaptación al mundo de las sectas, cuando lo institucional se hace cómplice, más que informar sobre las posibles consecuencias producto de la participación en ellas, deberemos salir en búsqueda de la demanda.
Boletín Infories 143