LA ESCUELITA DE YOGA
Un sitio de promiscuidad, poder y sexo...
(Extractada de la web de Viviana Gorbato
(http://www.gorbato.com.ar )
ESCUELA DE YOGA :
Sexo, yoga y rock & roll
"Cuando uno está ahí adentro cree que Juan Percowicz es Dios...
Cuando yo llegué, lo primero que me impactó fue que las mujeres se
daban besos en la boca... La esposa de Pozzobón estaba franeleando
con cualquier hombre, y el esposo estaba ahí enfrente... Por
ejemplo, le decían a un hombre que era frío y le vendría bien mi
sensualidad, y entonces el hombre venía y me decía que le habían
dado como tarea tener relaciones conmigo por mi sensualidad... y las
teníamos. No había seducción alguna... También se incitaba al
lesbianismo. A Virginia, mi hermana, le dieron la tarea de ser la
maestra sexual de Marcelo, el hijo de Juan. Marcelo era asqueroso,
pero Virginia tomó la tarea y la hizo, porque Marcelo tenía la
numeración alta."
Estas palabras pertenecen a una ex-alumna Diana, 27 años, secretaria
ejecutiva y estudiante de kinesiología. Criada en el campo, desde la
adolescencia leía constantemente a Gurdieff, Krishnamurti y otros
autores esotéricos. Esa pasión la llevó a ingresar en la Escuela de
Yoga de Buenos Aires en 1991.
En el expediente judicial, Carlos Alberto de Paz cuenta en cambio
que concurrió a la Escuela de Yoga seducido por dos mujeres (las
mismas que salieron desnudas y abrazadas en una foto de la revista
Gente), con las que había tenido relaciones sexuales. "En las
reuniones, Percowicz me incitaba a que tomara a las mujeres allí
reunidas como esclavas. El tomó a una y comenzó a manosearla en sus
partes íntimas... Una vez me dio como tarea la de ir al cine a ver
una película con Beatriz Julia Elijis [abogada de la Escuela]. En el
cine, ella me dio besos en el pene. Al día siguiente, mantuvimos
relaciones sexuales y después me enteré de que ésa había sido una
tarea encomendada por el maestro", cuenta Paz, que logró, después de
aportar durante meses su sueldo íntegro a la organización, alejarse
de ella. Pero todavía su madre y su hermano siguen fieles al
maestro, y perdió contacto con ellos.
María Esther Martín concurrió a la Escuela incitada por su ex
marido, el abogado Adrián Azzi, que se convirtió en un devoto
seguidor de las enseñanzas de Percowicz. "Se volvió violento y
agresivo. Una vez me tiró por la cabeza la cuna de mi hija. La
bebita estaba dentro... En la Escuela de Yoga me dijeron que eso era
algo natural tomado dentro de un contexto amoroso. Me sugirieron que
tuviera relaciones sexuales con otros hombres para aprender a no ser
tan posesiva- relata María Esther-. En la mayoría de las reuniones a
las que concurrí, Juan Percowicz sugería a todos los oyentes,
menores incluidos, que los padres eran los encargados de enseñarles
a sus hijos o bien introducirlos en el erotismo sexual. Decía que
debíamos iniciar sexualmente a nuestros hijos. Todos se besaban en
la boca y se manoseaban... algunos hasta comenzaban a sacarse la
ropa. María Luz Romero estaba con el torso completamente desnudo...
con un pareo de color abierto hasta la cintura a uno de los
costados...".
La Escuela de Yoga de Buenos Aires cobró notoriedad hace dos años
cuando el juez Mariano Bergés acusó a sus máximos dirigentes de
robo, asociación ilícita, corrupción de mayores y menores, promoción
de la prostitución y otras bagatelas. El escándalo fue mayúsculo
porque no se traba de una secta más. Funcionarios como Carlos
Rucauf, Raúl Granillo Ocampo, Deolindo Bittel, Carlos Grosso, José
Luis Manzano, Moisés Iconicoff y el propio presidente Menem
auspiciaron o participaron en varias de las iniciativas culturales
promovidas por la escuela entre 1991 y 1994. Enrique Pavón Pereyra,
biógrafo de Perón y ex director de la Biblioteca Nacional, que sigue
creyendo en la inocencia del grupo, llegó a calificarlos
de "batallón sagrado" de la cultura occidental.
Después de 300 allanamientos, clausura del local y detenciones
varias, el juez Mariano Bergés, sin embargo, debió renunciar a la
causa alegando "sufrir brujerías" por parte de los miembros del
grupo. El citado juez había basado su fallo condenatorio en el
delito de "corrupción de mayores" (art. 126 del Código Penal). Sin
embargo, la Corte Suprema revocó la resolución de Bergés y dejó en
libertad a los principales directivos de la Fundación. Su sucesor,
el juez Roberto Murature, restituyó el edificio clausurado a la
Fundación y decretó en noviembre de 1995 la falta de mérito de las
acusaciones. Sólo Marcelo Guerra Percowicz, hijo adoptivo del
maestro Juan, es procesado por un delito menor (el robo de un
televisor).
Amenazado por un juicio político en la Cámara de Diputados, el juez
Bergés habla de presiones de influyentes. Mezclas de Sacco y
Vanzetti y Mahatma Gandhi, los directivos de la Escuela de Yoga hoy
se consideran mártires victoriosos de la libertad y la democracia.
Para ellos, el ataque contra la escuela es un atentado antisemita
como la voladura de la Embajada de Israel o la AMIA. Califican de
nazi al juez Mariano Bergés y de un nuevo Torquemada a Alfredo
Silletta, el especialista en sectas que los denunció frente a la
opinión pública.
Los testimonios con los que comienzo este capítulo fueron extraídos
casi al azar del expediente judicial (tiene 26 tomos y es más
entretenido para leer que las Obras completas del Marqués de Sade).
Pertenecen a ex alumnos y familiares de actuales alumnos que
observan con pesar cómo la Escuela renace de sus cenizas. Más allá
de la condena o la absolución judicial, lo que me interesó antes de
empezar esta investigación periodística fue saber qué pasaba,
realmente, en ese grupo, cuál era el alcance de sus vinculaciones
políticas. ¿Habían sido víctimas inocentes de un complot antisemita?
¿Eran simplemente un grupo esotérico que practicaba una libertad
sexual sui generis y por eso habían sido injustamente perseguidos
por un juez absurdamente moralista?
Debo aclarar que soy judía, defensora de los Derechos Humanos y
extremadamente sensible a todo lo que huela a persecución racial o
ideológica. Tampoco me gusta meterme en la vida privada de nadie. Si
relato todo esto es simplemente porque en la Escuela de Yoga
encontré uno de los ejemplos más fascinantes de cómo se pueden
combinar el sexo, la política y el esoterismo en un sueño delirante
de poder. Una de esas historias que sólo se encuentran en las
novelas de Dostoievski o Roberto Arlt, tan difíciles de creer como
de escribir.
MÁS CASTOS QUE BOY SCOUTS
-¿Cómo se llega a ser alumna de la Escuela de Yoga? -le pregunto a
una morena de pelo largo, lacio, y ojos claros, que luce un top
negro ceñido. La conversación tiene lugar en la sede de la Escuela,
ubicada en la calle Estado de Israel al 4000. Es un edificio alto,
de varios pisos, que se destaca frente a las casas chatas que lo
rodean. La confitería ocupa la planta baja y el entrepiso; el resto
son departamentos, todavía sin terminar, pertenecientes a un
consorcio formado por los directivos de la Fundación.
Es una calurosa tarde de febrero de 1996 y yo tengo la sensación de
estar frente a un zombi, por lo programado y previsible de sus
respuestas.
-Las clases son abiertas. Podés venir cuando quieras -me invita la
morena con amabilidad, pero con actitud desafiante. Se llama
Graciela Pallotta, aunque sus compañeros la apodan Pantera, por sus
movimientos felinos y sus ojos rasgados. Ex docente, actualmente
está becada por la Fundación para dedicarse full-time a ella.
-Somos filósofos. Sufrimos una persecución. No tenemos nada que
ocultar. Nuestros abogados iniciaron ya un juicio de 300 millones de
dólares en concepto de daños y perjuicios -me pasa el mensaje
Graciela (el primero de una serie bastante nutrida que recibiré por
parte de los miembros del grupo).
El café está decorado en un estilo entre campestre y colonial.
Paredes blancas, pisos de cerámica roja y mesas con tapete verde. La
entrevista se desarrolla en el entrepiso. En la planta baja se está
dando una clase. Alrededor de treinta personas entran y salen. La
gente circula y muchos parecen ni prestar atención a dos mujeres que
hablan sobre cibernética sentadas frente a una mesa con micrófono.
La mesa está al costado, aunque en un nivel un poco más bajo, de un
escenario vacío con reflectores donde se desarrollan los "shows
filosóficos" que ilustran las charlas. Lleno de plantas y algunos
libros en exposición, el lugar parece el salón de actos de un
colegio privado o una asociación de fomento.
A nuestro alrededor, hombres y mujeres se abrazan y se besan con
afecto. Nada erótico a esta hora de la tarde, simplemente la franela
habitual que he encontrado en miles de grupos New Age en los cuales
frotarse con casi desconocidos se convierte en un hábito. Si bien
hay minifaldas y tops infartantes, también observo señoras mayores
vestidas con tailleur y algunas gordas amas de casa con batones a
las que es difícil imaginar seduciendo a políticos y empresarios.
-El general Nuñez le pidió a mi esposo que me echara de casa. Yo le
escribí una carta en la que le dije que él no podía hablar, porque
había perdido la guerra de las Malvinas. Yo todavía no perdí la
guerra de la Escuela de Yoga -me explica Beatriz de Sosa Molina,
quien se une a la charla que mantengo con Graciela Pallotta. La
señora es una atractiva dama de cabellos grises y risa contagiosa. A
los 63 años se peleó con su marido, el militar retirado Jorge Sosa
Molina, así como con sus cuatro hijos, sus nueras y sus nietos. Ama
de casa, siempre vivió la política como cosa de hombres: "íbamos a
misa con López Rega, pero yo no sabía nada de nada". Sentada hace
ocho años en el sofá del living de su hogar, pensaba que, a pesar de
que no tenía de qué quejarse, su vida tampoco tenía sentido. El
maestro Juan la salvó del alcohol y la depresión crónica. La
persecución del juez Bergés, lejos de asustarla, le hizo sentir que
es el único militar de su familia que ganó una guerra.
La Escuela de Yoga nació en la década de los 80 cuando tres señoras,
esposas de hombres de armas que hacían gimnasia en el Círculo
Militar, entre las que se encontraba Sosa Molina, se acercaron a
Juan Percowicz por su sapiencia en esta disciplina oriental. "La
llamamos Escuela de Yoga por no ponerle la escuela de las tres
milicas", suele contar el maestro Juan a sus discípulos.
Percowicz utiliza el término "yoga" en su acepción filosófica (la
palabra quiere decir "unión"). En la escuela jamás se practicó la
gimnasia, aunque sus miembros fundadores se conocieron haciendo la
postura del loto.
Si uno escucha a los miembros de la Escuela de Yoga, su discurso
actual se parece al de los boy scouts y al de las carmelitas
descalzas. Todos se consideran víctimas de la prensa amarillista y
de la traición de familiares, amigos o ex socios. Una atractiva
morena de pelo enrulado llamada Soledad Pérez, autora según la
revista Noticias, de un retrato a lápiz del vicepresidente Ruckauf,
se lamenta de haber perdido la tenencia de sus tres hijos y de que
su ex marido la obligara judicialmente a irse de su casa. Graciela
Pallotta cuenta, casi entre sollozos, cómo su ex suegra murió de un
infarto cuando su ex marido apareció en los diarios como "regente"
del "prostiyoga".
-Si los negocios no los hacés con amigos, ¿con quién los vas a
hacer? ¿Con enemigos? -me explica un contador de anteojos que fue
obligado a renunciar a una financiera por su participación activa en
la escuela.
Mi primera visita termina con un tour guiado a la cocina, donde
observo casi espantada cómo cinco o seis alumnos de la escuela pican
verduras y preparan ricas tartas y ensaladas con una sonrisa de
beatitud. Pienso que mi haraganería crónica es mucho más protectora
frente a una secta que todos los libros de Silletta juntos, por más
que Pallotta me jura que lo de "esclavos" es una invención de los
enemigos del grupo.
LA ACADEMIA PITMAN DE LA FILOSOFÍA
"Nosotros somos el centro filosófico de pensamiento más poderoso de
Occidente", dice Juan Percowicz, y yo casi me caigo del asiento.
Hace dos horas que no estoy escuchando más que pavadas. En la
primera hora, las tonterías corrieron a cargo de María Rosa
Brizuela, una seductora joven morena que debe de ser mucho más
entretenida, a juzgar por el expediente judicial, ocupada en otros
menesteres que el de conducir una charla filosófica. El público,
unas treinta personas, bosteza tranquilo y hace sociales en la mesa
de café. La escena se anima un poco cuando llega Percowicz. Su
entrada es triunfal. Gordo, panzón, con barbita y anteojos, es para
mí lo antierótico, pero veo con sorpresa que pibas jóvenes y
despampanantes le besan la mano o le envían piquitos a través del
micrófono. A su lado, se sienta una rubia, alta, delgada y sensual.
Se llama Silvia "Reina" Pallotta y ocupa una de las máximas
jerarquías en la organización.
Como parte de la clase se leen y comentan aforismos de un libro del
maestro titulado Los cinco magos de la Notre-Dame:
· El libre albedrío es lo único que no está escrito.
· Me construyo soñándome; me destruyo soñándome.
· ¡No es el Oficio de la Poesía sino
la poesía como oficio lo que mata!
· Lo que se desgasta con el tiempo, desgasta al tiempo.
Como se imaginan, dos horas ininterrumpidas de esto alteran la
paciencia de cualquier ser medianamente inteligente. Sin embargo,
todos los presentes (en su mayoría profesionales) escuchan
embobados. Un psicólogo de barba pasa al frente y cuenta que estuvo
en un neuropsiquiátrico de La Habana, Cuba, y allí leyó frente a las
autoridades la conferencia del maestro Juan sobre el sida. Dicha
conferencia, titulada "La filosofía occidental frente a las lacras
de la droga, el sida y la violencia", se dictó el 5 de junio de 1992
y fue auspiciada nada menos que por el Poder Ejecutivo Nacional,
dado su valor "para contrarrestar la crisis en la humanidad", según
el decreto firmado por el entonces ministro del Interior José Luis
Manzano.
Parte de las tareas de los alumnos de la Escuela de Yoga consiste en
ir por el mundo leyendo dicha conferencia, e incluso a veces lo
hacen, a pesar de saberla de memoria, en reuniones especiales como
si se tratara de una misa.
Obviamente, los atractivos de las niñas de la Escuela de Yoga deben
de ser mucho más grandes de lo que yo suponía. La conferencia es una
serie de ideas inconexas, muy mal redactadas. En ella se tilda a
Jean-Paul Sartre de filósofo mediocre y se dicen cosas tales como
que "la droga, el sida y la violencia son manifestaciones dañinas y
enfermizas de un mal filosofar en la humanidad actual". En la
experiencia concreta, Percowicz descubrió en algunos alumnos "que la
violencia y los deseos de suicidio son actitudes de vida apoyadas en
filosofías mediocres. También en ese caso, elevando el nivel
filosófico de dichos alumnos desaparecieron en un período de seis
meses a dos años estas manifestaciones psicológicas tan
destructivas".
Casi desfalleciente, me duermo en una silla cuando anuncian que va a
comenzar el show. La primera en aparecer es una contadora muy tímida
que lee con aire teatral una ampulosa poesía de Amado Nervo, lo que
termina de crisparme los nervios. Mi ánimo mejora cuando aparece un
conjunto musical. Las mujeres están apenas vestidas con telas rojas
puestas como pareos. Algunos hombres tocan el tambor. La canción me
parece muy pegadiza; se llama "Dra. Ashé" y después me enteraré de
que está dedicada a Susana Schiavi, líder de la organización muerta
en un accidente automovilístico. A mi lado está Mariano Krauss, un
joven alto, delgado, vestido estrambóticamente, que es primer oboe
del Colón. El muchacho habla y se mueve de tal manera que parece
ligeramente esquizofrénico. Para mi sorpresa, me invita a bailar y
es así como termina mi primera clase en la Escuela de Yoga: bailando
al son de los tambores, después de haber sido torturada durante dos
horas con las pavadas más grandes que oí en mi vida. Después me
enteraré que una de las cantantes y bailarinas era la pianista
clásica Susana Mendelievich, pareja de Kive Staiff, actual director
del Teatro Colón ( es sabido, la inquina que tuvo la Escuela de Yoga
siempre contra Sergio Renán, antiguo director del Teatro Colón por
no haberles nunca dejado estrenar una de sus mentadas óperas. Cuando
Renán, enfermó gravemente, ellos se adjudicaron haberle enviado
energía negativa)
A este primer encuentro siguieron otros (no sólo en la sede de la
institución, sino también en dos domicilios particulares: un loft de
un arquitecto en Palermo Viejo y una típica casa de clase media en
Villa Devoto). Fueron las 26 horas más extrañas y al mismo tiempo
más aburridas de mi vida. Allí descubrí que el maestro Juan es medio
lelo para las cosas prácticas de la vida: sus discípulos le cortan
la carne y le ponen una toalla como babero para que no se
manche. "¿Qué mujer en su sano juicio puede prostituirse por un tipo
así?-, volvía a preguntarme, perpleja. Ahogada por el humo de los
cigarrillos, escuché y vi a médicos, psicólogas, contadoras y
filósofos recitando con voz de falsete o disfrazándose con atuendos
absurdos en shows típicos de fiestas de fin de curso. Con emoción,
César Pallotta, hermano de Graciela y presidente de la filial de
Chicago, me contó su fracaso para distinguir el valor metafísico de
los tomates y cómo Percowicz había vencido su arrogancia de
científico del Conicet tirando al aire carozos de aceitunas en una
pizzería de Belgrano. Al mismo tiempo, me hablaba entusiasmado de
cómo había convencido a un asesor de Bill Clinton para que lo
autorizase a desarrollar un exitoso programa de recuperación de
drogadictos presos, sobre la base de una terapia filosófica que
incluye el recitado de poemas de Almafuerte y de Amado Nervo. "Yo
era un ser borroso antes de entrar", me confesó María Luz Romero,
profesora de letras y descendiente de una familia de ilustres
intelectuales argentinos. Casi sin pintura y vestida de manera más
que sobria, me pareció tan insulsa como la mayoría de las profesoras
de literatura que conocí en mi vida, y no podía imaginármela
incitando a jóvenes alumnas a ejercer la prostitución en la
Recoleta. Tampoco, sinceramente, bailando semidesnuda como cuentan
los testimonios del expediente judicial.
En una nota periodística, Percowicz declaró que para los políticos
ellos eran "la academia Pitman de la Filosofía". Todavía no entiendo
por qué insultó a la academia Pitman con la comparación. De todos
modos, la estupidez no es delito. Debía encontrar qué se escondía
detrás de esa fachada absurda, y para eso decidí recurrir a fuentes
no mencionadas en el expediente judicial.
LA MILITANCIA SEXUAL
En un señorial piso de Barrio Norte, un ex funcionario político se
ríe de mi ingenuidad cuando le comento mis dudas sobre la Escuela de
Yoga de Buenos Aires. Es un hombre mayor, casado, con hijos, que me
pide absoluta reserva. Una antigua pasión por el esoterismo y una
crisis personal lo llevaron a vincularse estrechamente con la
Escuela, hasta el punto de que su nombre aparece en algunos
documentos del grupo. Como en un sueño, escucho el relato de lo que
eran, en otros tiempos, las charlas del maestro en domicilios
particulares.
"Cuando llegué a la reunión, en un departamento de la calle
Amenábar, me sorprendió ver a las diez de la mañana que todos
estaban en paños menores: los hombres en calzoncillos, y las
mujeres, en bombacha y sin corpiño. Pero no era obligatorio
desvestirse. Se trataba de un gran desayuno. El maestro charlaba de
temas filosóficos, pero los alumnos casi no lo escuchaban, tan
ocupados estaban en acariciarse entre ellos. No los hombres entre
sí, sino algunas mujeres con un hombre o varias mujeres entre sí.
También alguna mujer con un hombre. Tres o cuatro de las alumnas se
trenzaban y destrenzaban revolcándose y gritando como fieras en
celo, mordiéndose y golpeándose pero de tal manera que no llegaban
verdaderamente a lastimarse, aunque sí a enrojecer y marcar un tanto
sus cuerpos. Todo no era algo más que una multitudinaria franela.
Cuando el asunto ya llegaba a mayores, el maestro batió palmas y les
dijo que era suficiente. Ellas lo obedecieron y así, medio desnudas,
fueron a la cocina a buscar las medialunas del desayuno", relata su
experiencia. En ese tiempo, los discípulos actuaban sin ningún
disimulo: "En el primer encuentro, que fue en un asado en la terraza
de un salón de fiestas, una mujer casada se me ofreció prácticamente
delante de su marido. Después supe que era una tarea encomendada por
el maestro y que su esposo le pegaba si no la cumplía", agrega el ex
funcionario.
En un café de la Recoleta, Julio Bárbaro, ex Secretario de Cultura
de la Nación, me confirma que en las esferas oficiales todos conocen
el modus operandi de la Escuela: "La militancia social de la década
de los 70 es hoy reemplazada por una curiosa militancia sexual",
ironiza. Bárbaro es uno de los pocos políticos que confiesa haberse
visto asediado por distintas alumnas, aunque afirma haber resistido
valientemente el ataque. "No eran gatos propiamente dichos; eso las
volvía más seductoras. Hay algo muy perverso en eso de una mujer
honesta convertida en prostituta en aras de una causa noble",
agrega, mientras hace referencia a lo que él llama el "síndrome
Belle de Jour", en alusión a la clásica película de Luis Buñuel, en
la que Catherine Deneuve protagoniza a un ama de casa burguesa que a
la hora del té trabaja en un elegante prostíbulo parisiense.
Más casto que un boy scout, Percowicz me juró y perjuró que nunca en
la escuela se realizaron experiencias eróticas, pero el mismo
Bárbaro recuerda haber huido impresionado de una conferencia en la
que, mientras el maestro se explayaba en temas filosóficos, una
alumna directamente se masturbaba con la mano del gurú pasándola
sobre su cuerpo: "Cuando ella llegó al orgasmo, él le puso el
micrófono en la boca para que se oyeran sus gemidos. Esto ante 250
personas".
Un ex discípulo me acerca también casetes y clases desgrabadas, en
los que el maestro Juan invita a una alumna a sacarse el corpiño
frente a todos los presentes: "A ti, mi amada, te pedí que te
sacaras el corpiño. Podrías no haberlo hecho, no importa, pero te
llamo la atención para que sepas que es lo mejor. Al hacerlo,
sentías que tenías un poder más, una libertad más... Sentís que por
el hecho de estar con tus hermosos pechos al aire no se pierde la
calidad de la clase...", explicaba Percowicz, que en otros tiempos
definía a la Escuela como una fábrica de ángeles, para lo cual había
que librarse de los "yoes bajos", aspectos sexuales reprimidos que
impedían "evolucionar".
LOS CALORES DE ARGENTINA BERTI
"Si una chica se sacó la remera en una clase, habrá sido porque
tenía calor. Yo no voy a la Escuela de Yoga a juzgar, sino a
investigarme -replica, acorralada, Argentina Berti, abogada, ex
Secretaria de la Mujer, la primera dama que en el actual gobierno
participó en una reunión de gabinete-. No veo nada malo en los
abrazos y los besos. Yo soy una persona muy emocional, muy sensible,
y si pudiera estar toqueteando y besando a la gente todo el día, lo
haría."
En la pequeña oficina céntrica, perteneciente a la Comisión Río
Bermejo, sólo están presentes el periodista Uri Lecziky (que realiza
la entrevista a pedido mío), el secretario de la doctora, Gabriel
Bergese, y dos grabadores (uno perteneciente a la anfitriona). En el
despacho de la funcionaria (actual asesora de la Secretaría de
Recursos Hídricos), sobre una pequeña cómoda, al lado del
escritorio, se exhiben fotos políticas, casi todas de Berti con
Menem (versión peluca y versión natural); también hay una foto de la
ya difunta Susana Schiavi, su ex instructora en la Escuela de
Yoga: "Era una verdadera doctora del alma. A ella, además de la
consulta, yo le pagaba mi aporte voluntario a la Escuela. Poco,
porque no gano mucho. Pero yo aprendí más en la Escuela que en la
Facultad".
Orgullosa de su numeración de cinco informal en la curiosa jerarquía
del grupo, Berti afirma con altivez su condición de alumna y su
admiración total por Percowicz, al que considera un filósofo
notable. Cuando se la confronta con el dictamen de los psicólogos
forenses que lo califican de psicópata, se ríe y dice que es lógico
que gente común no pueda distinguir una personalidad armonizada y
superior como la del maestro Juan: "Es lo mismo que usted me diga
que a Perón se lo mide con el parámetro normal. O a San Martín o a
Sócrates".
En su versión de los hechos, la Escuela es tan pura como el jardín
de infantes de las hermanas ursulinas de su pueblo natal, en el
Chaco. Mujer sumamente católica, amiga de las cúpulas eclesiásticas,
Berti se siente víctima de una persecución judicial injusta: "Nunca
hubo absolutamente nada. Hablaban de mujeres que ejercían la
prostitución. Yo fui Secretaria de la Mujer, y piense usted cómo
reaccionan frente a esto el medio millón de argentinos que iban a
votarme como diputada nacional, que es el destino que me perdí. Fue
un desastre".
Para ella, el "geishado", término que aparece en las clases de
Percowicz, no implica corrupción o favores sexuales; se trata de una
cuestión de urbanidad. "Es lo que yo estoy haciendo con usted -le
explica a un azorado Uri Lecziky-. Estoy tratando de encontrar las
palabras para que usted no se ofenda, para que se sienta cómodo."
RUCAKUF:
¿A MÍ POR QUÉ ME MIRAN?
El 30 de diciembre de 1995 la revista Noticias publicó una
ilustración hiperrealista de Carlos Ruckauf con un jubón, una capa
de plumas y extraños símbolos esotéricos. En la nota, los
periodistas Edy Zunino y Fernando Amato se preguntan sobre los
nuevas cábalas del político que, cuando Menem deja el país, nunca se
fotografía en el sillón de Rivadavia. Fuera de las cámaras, sin
embargo, se sienta en él a sus anchas y juega con el bastón. Una
reciente tintura capilar al estilo presidencial y su novedosa
adicción a las clases de golf, lo mismo que sus prácticas de control
mental, despiertan las suspicacias de los ultraMenemistas. Para
muchos, Ruckauf no hace más que seguir las recetas de Percowicz que
son simples ejercicios de magia simpática (la misma que usaba el ser
humano primitivo cuando se vestía con la piel del animal que quería
cazar para imbuirse de su fuerza y su poder).
En su despacho del Senado, Carlos Ruckauf me desmiente totalmente lo
publicado por Noticias: "Mi única relación con la Escuela de Yoga
fueron dos charlas que di cuando estaba haciendo la campaña
electoral como diputado. En ese entonces, yo di doscientas charlas.
Allí fui llevado por el periodista Ovidio Martínez, quien a su vez
era amigo de Rubén Baldoni [se refiere a uno de los directivos de la
Fundación Escuela de Yoga, muerto en un accidente automovilístico]".
Nuestro actual vicepresidente descarta por entero una relación
profunda con Percowicz.
Pensar que yo puedo ser manejado por una secta es una idiotez. Soy
el autor del único proyecto que hay sobre investigación de sectas.
Cuando el periodista Uri Lecziky, presente en la entrevista, le
pregunta si considera a la Escuela de Yoga una secta, Rucauf
responde:
-Ahora, sí. En ese momento, para mí era un simple lugar para hacer
gimnasia.
-Pero, doctor Rucauf, si algo no se hace en la Escuela de Yoga, es
gimnasia -observo sorprendida.
-Bueno, está bien... pero... Lo que quiero decir es que no había
nada raro ahí. Era un sitio como tantos otros a los que fui, y al
que fueron muchos políticos. Recuerdo una frase muy divertida de
Deolindo Bittel, que le dijo a un periodista que si hubiera visto
mujeres desnudas bailando sobre la mesa ahí, habría vuelto.
Rucauf tiene su propia teoría acerca de por qué la revista Noticias
publica esa inquietante nota: "Alguien le vendió esa nota
escandalosa porque quería perjudicarme políticamente. Por otra
parte, esa nota también beneficiaba a la Escuela de Yoga. Desde la
lectura que hacen ellos de la vida, acercarse al poder implica
captar más gente. No se equivoquen. Esa nota no iba contra la
Escuela de Yoga. Los miembros de la Escuela dan siempre a entender
que tienen conmigo una relación mayor de la que nunca tuvieron". Por
otro lado, explica que ellos siempre sacan a la palestra que él
auspició algunas actividades culturales (el estreno de una sinfonía
y una ópera): "En realidad, lo primero que yo pregunto cuando hay un
auspicio es si cuesta plata. Si no cuesta, ¿por qué no voy a
dárselo? Al fin y al cabo era una ópera; no estaban vendiendo una
película pornográfica".
Para la revista Noticias, la relación de Rucauf con la Escuela pasa
también por una cuestión de faldas. Todo empezó en Villa Gesell,
lugar que para Percowicz es un centro energético excepcional, hasta
el punto de que llegó a encomendarle a un ex alumno que hiciera
contacto con capitales estadounidenses para construir un spa del
tercer milenio. Ajeno a estas excentricidades, Ruckauf simplemente
veraneaba ahí con su familia cuando fue "geishado" (seducido, en el
argot del grupo) por Maggie Las Heras, una rubia, ex modelo,
descendiente de próceres, fanática de las relaciones públicas y el
esoterismo. "Yo estaba con ella cuando se lo levantó. Caminábamos
por la orilla del mar cuando lo vimos sentado bajo su sombrilla
tomando una coca. Como yo estaba todo el tiempo con Maggie, sé
también que él la llamó, la pasó a buscar y la llevó a comer.
Después se convirtió en su amante", cuenta, nerviosa, en el cafe
Tortoni, una ex alumna de la Escuela que hoy se desempeña como
periodista en un semanario de actualidad. Esta ex alumna fue la
primera persona que le pidió a Uri Lecziky, en ese momento productor
del programa Memoria, de Chiche Gelblung, un espacio para la defensa
de Percowicz y su grupo.
El 24 de ese año, cuando Ruckauf fue nombrado ministro del Interior,
Maggie Las Heras entró a trabajar con él en la oficina de prensa. El
25 de marzo de 1994, mientras el juez Bergés allanaba un domicilio
de la Escuela de Yoga, se presentó en el acto como "la secretaria
del ministro Ruckauf", en lo que el magistrado interpretó como una
presión política destinada a interrumpir su investigación.
Precisamente en el expediente de la causa figuran grabaciones de
conversaciones telefónicas entre Maggie Las Heras y Graciela
Alarcón, directiva de la Escuela de Yoga, más conocida entre sus
cofrades como Graciela Falcón (Mariano Krauss me la presentó como su
instructora y me dijo que gracias a ella había logrado ganar un
concurso musical que lo hacía figurar entre los primeros oboístas
del mundo). Maggie menciona que ella le hacía "mimitos" a Ruckauf.
El vicepresidente, cuando le contamos nuestras investigaciones y
cómo entrevistamos inclusive a la fuente de la revista Noticias, se
mostró bastante terminante: "Maggie Las Heras es un personaje más
bien mitómano. Era una simple asistente. No la conocí en Villa
Gesell, sino que entró a trabajar recomendada por su ex marido.
Obviamente, sé a qué cinta se refieren ustedes. En realidad, ella
trataba de vender una cercanía conmigo que no existió nunca. Era
quizá su juego de poder dentro del grupo".
Con respecto a la intromisión de su asistente en el allanamiento,
explica que por ese tema ella fue apercibida. Actualmente, Maggie
Las Heras sigue trabajando en Interior; Carlos Corach la heredó como
empleada después del 14 de mayo de 1995. La periodista Sylvina
Walger, en su libro Pizza con champán, señala que fue precisamente a
pedido de Corach y de Ikonikof que el entonces ministro del
Interior, José Luis Manzano, firmó el decreto del Poder Ejecutivo
que declaró de interés nacional la conferencia del maestro Juan en
el Sheraton, en mayo de 1992.
En la entrevista que mantuvimos con él, Ruckauf descalificó por
completo a Maggie Las Heras, restándole toda importancia al asunto.
Es interesante también su opinión sobre Percowicz y el resto de la
gente de la organización: "Por el nivel de preguntas que me
hicieron, no me parecieron precisamente el FBI en acción. Percowicz
es un hombre vulgar y silvestre. No me pareció una personalidad
fuerte, alguien que con su mera presencia imponga respeto, como
pueden ser Menem o Alfonsín. Tampoco parece de los que son capaces
de lavar el cerebro a mucha gente", concluye.
LAS SÁBANAS DE MAGGIE
"Nadie tiene derecho a meterse entre mis sábanas", afirma, tajante,
Maggie Las Heras en su casa del elegante barrio La Horqueta de San
Isidro. La entrevista se desarrolla el 11 de abril de 1996 (el mismo
día que la de Argentina Berti, pero por la tarde). La casa de
Maggie, coqueta en cualquier otro barrio suburbano, es casi humilde
al lado de las mansiones que la rodean. En el living con desnivel
están presentes el periodista Uri, la dueña de casa, otra joven
alumna de la Escuela, silenciosa y sonriente como un zombi, dos
grabadores (el del entrevistador y el de la entrevistada) y dos
perros de una raza supuestamente elegante, ya que la anfitriona da
más precisiones sobre ellos que sobre la Escuela de Yoga.
"Como descendiente directa del general Las Heras y como ciudadana,
me indigna lo que se publicó en Noticias. Todo es falso", afirma,
vehemente, pero con un aire de niña aplicada que repite una lección.
Su negación, que en apariencia obedece a una táctica conjunta del
grupo y sus abogados, la lleva por momentos a contradicciones
flagrantes con lo que dicen ya no los enemigos de la escuela, sino
también otros fieles adherentes.
Afirma que es miembro desde hace seis años, y gracias a la labor de
Percowicz y su grupo logró cambiar su "calidad de vida". Separada
desde hace mucho tiempo, a los 38 años mantiene su familia con su
exiguo sueldo de empleada pública (tiene dos hijos a su cargo), y a
RucKauf lo único que la unió fue una relación secretaria-jefe. No lo
conoció en Villa Gesell, sino en una conferencia que él dio para la
Escuela de Yoga en los Altos de San Telmo. (Nota: En realidad, con
la de Maggie son tres las versiones que ya poseemos de su encuentro
con RucKauf. La fuente, o especie de agente doble, de la revista
Noticias dice que la vio "geisharlo" en la playa. El vicepresidente
afirma que le fue recomendada por el ex marido, y ella misma declara
haberlo conocido en los Altos de San Telmo.) Sin precisar cómo llegó
a ser su "secretaria de prensa", repite terminantemente que ella es
ya mayor de edad y que a ningún mayor se lo puede corromper.
Abanderada de la libertad de pensamiento, Maggie confirma su
presencia en el allanamiento de Bergés. "Yo lo único que hice fue
presentarme, y el juez me gritó que le importaba un carajo el
Ministerio del Interior. Pisotearon una Biblia antiquísima y hasta
una Bula de Juan XXIII. Lo oí a Bergés tratando a Percowicz
de "judío de mierda". Yo soy católica, pero eso es un atropello."
Aclara que nunca recibió sanciones y permaneció en su puesto en el
Ministerio del Interior: "Lo único que cambió fue mi jefe". Con
respecto a los instructores, explica que es "como en la policía:
alguien más experimentado que te ayuda, un oído más que tenés dentro
de la Escuela".
Niega la existencia del chakra de oro, a pesar de que existen
grabaciones con la voz de Percowicz explayándose sobre el tema. "Ni
eso ni las escuchas telefónicas tienen un valor jurídico", afirma
imperturbable. Sin dudar, desmiente incluso las declaraciones de
Argentina Berti sobre lo que significa el término "geishar": "Las
geishas sólo existen en Japón. Andá a preguntárselo a un japonés",
concluye.
CONFESIONES DE UNA GEISHA
"El geishado no era únicamente sexual. Fundamentalmente, era dar
cariño para recibir algo a cambio. Geishar a tu mamá era, por
ejemplo, decir que estudiabas en la privada, cuando cursabas en la
estatal o directamente no estudiabas. Le hacías mimos a tu mamá para
sacarle plata", explica una ex-alumna Diana, la secretaria con cuyo
testimonio comenzamos este capítulo. Sus declaraciones contrastan
totalmente con las de Maggie Las Heras.
h Las tareas eróticas de "geishado" comenzaron para ella cuando
entró en la subescuela de Ciencias Políticas, dirigida por el médico
Rubén Baldoni -ya fallecido-, directivo de la Escuela y del ANSSAL,
que presidía el gastronómico Luis Barrionuevo. "Yo me moría por
entrar. Juan [Percowicz] los idolatraba tanto que yo quería estar en
ese grupo para evolucionar. La subescuela era la que iba a llegar al
poder con Baldoni como Presidente de la Nación", cuenta Alicia.
Su primera tarea fue en Mar del Plata, precisamente en un congreso
del ANSSAL: "Ahí nos aconsejaban que tomáramos pastillas o que
estuviéramos de gambas abiertas por lo que pudiera suceder". Su
hermana Virginia, a la que ella introdujo en la Escuela y que
todavía sigue allí, también la acompañó. Ambas estaban tan influidas
por sus instructores, que aceptaban obedientemente las tareas: "Yo
había estado enamorada una vez y quería hacer el amor con alguien
que al menos me importara. Ellos me decían que yo tenía que
investigar mis "yoes". 'Si estás en la cama con un gordo, verás los
que te salen, y así te vas investigando', me convencían".
En Mar del Plata fueron acompañantes de un ex funcionario,
convertido actualmente en periodista. "Una noche cenamos con él y
nos fuimos al cuarto. Él elegía, y justo nos tocó a mí y a mi
hermana. Yo que sí, que no. Virgi, mi hermana, no se bancó y vino
otra chica. Estuvimos con él, la otra chica, llamada María Inés, y
yo. Suerte que él se copó con María Inés y yo me fui rápido.
Mientras hacíamos el amor con él, las otras chicas se acariciaban
entre ellas acostadas en la alfombra."
Alicia insiste en que no la obligaban a nada, pero que era una
presión psicológica insoportable. "Nunca pude disfrutar una
investigación erótica. Fue un trastorno, un esfuerzo. Se supone que
evolucionar no es fácil y cuesta esfuerzo. Jamás tuve un orgasmo
haciendo el geishado", explica.
El miedo desempeñaba en ella un papel preponderante: "Siempre te
asustaban con lo que te iba a pasar si dejabas la escuela, porque el
karma pega fuerte. Recuerdo que una vez, mientras pensaba en esas
cosas, vi por la ventana de una confitería a Nené Fernández, una
psicóloga que dejó la escuela. Iba dando tumbos por la calle.
Después me enteré de que terminó en un psiquiátrico. Pensé que yo
iba a terminar así si los dejaba".
Ayudada por un amigo, sin embargo, pudo abandonar el grupo, pero
todavía tiene la tristeza de que su hermana, Virginia, sigue estando
adentro y la haya acusado públicamente de mentirosa y drogadicta en
un programa de televisión. "Me dio bronca verla tan estúpida. Pero
me parece que hoy la puedo comprender más. Ella hace cinco años que
está y ésa es su verdadera familia. Para colmo, la ascendieron a
número 5, que es el nivel del genio. Si yo voy a pedirle que la
deje, le tengo que ofrecer algo que tenga color y brillo. Para mí,
las cosas simples de todos los días, el estar en la lucha, valen.
¿Pero cómo le transmitís eso a alguien si tiene la mente llena de
ángeles, de karma y de evolución?"
[Actualización: Después de publicado el libro, pude reconstruir
algunos aspectos que yo desconocía de la inserción política de la
Escuela de Yoga de Buenos Aires.
Aparentemente, habrían militado muy activamente para que Juan Carlos
Rousselot llegara a la intendencia de Morón. Pero el romance no
prosperó. El ex colaborador de López Rega , una vez llegado a la
Municipalidad, le dio la espalda. Tanto es así que cuando Rousselot
fue acusado por el tema de las cloacas, la gente de la Escuela dijo
que fue el "karma" por haberlos abandonado. Si bien los políticos
siempre dijeron no haber tenido nada que ver con ellos, otras
versiones sindican a Nicolás Granillo Ocampo, hermano del actual
ministro de Justicia, como un importante contacto en la estructura
del justicialismo de Capital.
Si bien después del escándalo muchos políticos ni quieren oír hablar
de la Escuela de Yoga, también es cierto que la Cancillería respaldó
en cierto modo la presentación del mago Carlos Barragán, quien se
consagró "campeón mundial de grandes ilusiones" en una de las ocho
categorías que competían en el torneo de la Federación Internacional
de la Sociedad Mágica , realizado en Dresden, Alemania).
El show mágico de Barragan tenía una estructura totalmente esotérica
y sus colaboradores eran destacados alumnos de la escuela : Susana
Mendelievich, Rubén González, Mariano Krauss, Felisa Zimmerman
(esposa del maestro).]
PLÁCIDO DOMINGO,
DOSTOIEVSKI
Y EL INCESTO DE COSMITO
En febrero de 1996, el tenor Plácido Domingo actuó en la ciudad de
Buenos Aires con gran éxito de público. La crítica, que elogió la
presentación, señaló, sin embargo, varios hechos "inexplicables".
Entre ellos, la presencia del solista de oboe de la orquesta,
Mariano Krauss, vestido con un saco rojo y saludando al público como
si fuera una estrella. También se preguntaron el porqué de la
elección de un aria de la ignota ópera Cartas marcadas, compuesta
por Krauss y la pianista Susana Mendelievich, sobre un argumento de
Percowicz y otros alumnos, basado en la vida de Dostoievski. El
texto, una serie de obviedades mal escritas acerca del amor y sus
virtudes, fue cantado por Plácido y desafinado por la soprano
principiante Verónica Loiácono, cuya presencia en el escenario fue
también un misterio para la mayoría de los críticos musicales.
Sólo el diario Página/12 señaló con claridad que todas estas rarezas
eran obra de la Escuela de Yoga y, más específicamente, de Rubén
González, violinista argentino de la Sinfónica de Chicago, fervoroso
seguidor del maestro Juan. La influencia de González es tal que
próximamente, en Alemania, Plácido Domingo cantará la ópera
completa.
Rubén González es el padre de Adriana "Cosmito" González, la rubia
regordeta que entre lágrimas juraba no haber cometido incesto frente
a las cámaras de televisión en el programa de Chiche Gelblung
dedicado al grupo.
Sin embargo, la ex alumna María Elena Sáenz Valente manifiesta en el
expediente judicial que una de las razones de su alejamiento fue
haber recibido un casete de la misma Cosmito en el que ella , a
traves de una cancion, insinuaba haber tenido relaciones sexuales
con su padre.
La práctica del incesto, según surge de las declaraciones de los
denunciantes, era algo corriente en la Escuela de Yoga. "A Mónica
Goldstain, cuando inició a su hijo Facundo, que es débil mental, yo
mismo la felicité por haberlo hecho; me parecía que se evolucionaba
con ello, que se superaban trabas psicológicas", me explica otro ex
alumno convertido en denunciante.
Las tareas sexuales y su cumplimiento eran tema cotidiano de
discusión entre los alumnos. "Nosotros (mi mujer y yo) tuvimos un
triángulo con una chica que se llama Alicia. Nos fuimos de
vacaciones y una de las tareas fue que yo las sacara a pasear a las
dos con una soga por todo el centro de Mar del Tuyú. Cuando entraba
a hacer una compra las tenía que atar a un poste como si fueran
yeguas", cuenta un empresario. "A mí y a Alicia nos ordenaron
franelear en la playa para que mi marido nos sacara fotos, y eso
provocó varias peleas, porque ni a mí ni a ella nos salía
naturalmente, no nos excitábamos; entonces él nos decía que no era
natural y que no estábamos cumpliendo bien con la tarea", confirma
la mujer del citado empresario.
LOS SIETE LOCOS
"¿Qué es lo que se opone, aquí en la Argentina, a que exista una
sociedad secreta poderosa?... No sé si nuestra sociedad será
bolchevique o fascista. A veces me inclino a creer que lo mejor que
se puede hacer es preparar una ensalada rusa que ni Dios entienda...
Lo que yo pretendo hacer es un bloque donde se consoliden todas las
posibles esperanzas humanas... acogeremos a todos los que tienen un
plan para reformar el universo, a los empleados que aspiran a ser
millonarios, a los inventores fallidos, a los que acaban de sufrir
un proceso y quedan en la calle sin saber para qué lado mirar... El
poder de esta sociedad no derivará de lo que los socios quieran dar,
sino de lo que producirán los prostíbulos anexos a cada célula.
Cuando yo hablo de una sociedad secreta no me refiero al tipo
clásico de sociedad, sino a una supermoderna donde cada miembro y
adepto tenga intereses y recoja ganancias, porque sólo así es
posible vincularlos más y más a los fines que sólo conocerán unos
pocos. Éste es el aspecto comercial. Los prostíbulos producirán
ingresos como para mantener las crecientes ramificaciones de la
sociedad."
(Roberto Arlt, Los siete locos, Obras Completas, págs. 182-183)
En 1929 Roberto Arlt publicó su famosa novela Los siete locos, en la
cual un grupo de ideología confusa pretende dominar al mundo. La
banda es capitaneada por un extraño personaje denominado El
Astrólogo y cuenta entre sus miembros a un cafishio, ex profesor de
matemática, apodado El Rufián Melancólico, que propone financiar las
actividades de la camarilla con la creación de una red de
prostíbulos.
¿Sería Percowicz la reencarnación posmoderna del personaje de Arlt?
Las enseñanzas de la escuela, sin embargo, presentan curiosas
similitudes no sólo con la novela del escritor argentino, sino con
dos nombres clave del esoterismo mundial: Gurdieff y su discípulo
Ouspensky.
En la década de los 20, Gurdieff, un vendedor de alfombras y ex
agente ruso en el Tibet, deslumbró a la intelectualidad europea y
estadounidense de su época con su sistema filosófico basado en
antiguas doctrinas orientales. Dotado de un gran histrionismo y un
poder hipnótico pocas veces visto, predicaba la búsqueda de
la "psicología perfecta". El verdadero conocimiento, según lo cuenta
Ouspensky en su libro Fragmentos de una enseñanza desconocida,
empieza por la investigación del propio "yo".
Los números estrambóticos que otorga el maestro Juan a sus alumnos
son una versión aggiornata de las jerarquías esbozadas en el citado
libro de Ouspensky. Para dicha enseñanza, todos los hombres y
mujeres son de nivel 1, 2 o 3, según prime en ellos lo instintivo,
lo emocional o lo intelectual. Hasta ese número, las personas son
seres dormidos, mecánicos, carentes de toda libertad.
Para "despertar" es necesario entrar en la Escuela y entregarse al
maestro, quien, por tener la máxima jerarquía, el 7, es infalible.
En el sistema de Gurdieff, y también en la versión porteña del
maestro Juan, las tareas implican siempre un desafío, algo que el
alumno no está acostumbrado a hacer. La variedad incluye desde
trabajos físicos comunes hasta complicados rituales gimnásticos y
danzas extrañas.
En 1922, Gurdieff instaló su Instituto para el Desarrollo Armónico
del Hombre en un antiquísimo castillo francés. Allí concurrieron
intelectuales norteamericanos y europeos que, con la excusa del
autoconocimiento, durante años fueron explotados y humillados.
Alojados en heladas habitaciones, debían hasta altas horas de la
madrugada apilar ladrillos, cavar fosos o cuidar animales en el
establo. La escritora Katherine Mansfield llegó allí gravemente
enferma de tuberculosis. A pesar de su estado, la hicieron trabajar
pelando verdura y tejiendo canastos. Siguiendo las instrucciones de
Gurdieff, en quien tenía una confianza absoluta, pasaba gran parte
de su tiempo sobre una plataforma de madera de un establo para
vacas, combatiendo el frío intenso, enfundada día y noche en su
tapado de piel. Mansfield murió a los diez meses de llegar. La
mayoría de los discípulos terminaban débiles, exhaustos y al borde
del suicidio, como lo cuenta Louis Pauwels en su libro titulado,
precisamente, Gurdieff.
También en el sistema del maestro oriental el sexo ocupa un lugar
importante como campo de experimentación. Sus contemporáneos
describían a Gurdieff como un hombre encantador a veces, pero en
otras oportunidades grosero, materialista y muy sensual. Para él,
las mujeres eran sólo un medio para un fin.
¿PSICÓPATA O FILÓSOFO?
Hijo de una familia de inmigrantes judíos polacos, Percowicz no
nació en Oriente, sino en un modesto barrio suburbano. Según sus
propias palabras, a los siete años ya leía a Schopenhauer y
Nietzsche. Contador público nacional y licenciado en Administración
de Empresas, se autotituló "filósofo" y en sus clases denomina a la
Escuela de Yoga "el centro de pensamiento más poderoso de
Occidente".
Poco se sabe (y menos cuenta él) de su vida anterior a la creación
de su grupo. Algunas versiones señalan, sin embargo, que recibió el
número 7 de su maestro, el médico Dante Parandelli, a quien pronto
desplazó en la conducción del grupo inicial (en la librería Kier se
venden los libros de Parandelli, editados por la Fundación Escuela
de Yoga).
Casado con Felisa Zimmermann, adoptó como hijo a Marcelo Guerra, un
empleado de su estudio contable, y a él le otorgó la máxima
jerarquía, el mismo número 7 que él conserva. Los verdaderos padres
de Marcelo testimonian en el expediente judicial cómo el citado
matrimonio los despojó del cariño de su vástago.
En el peritaje psicológico, la psiquiatra forense María Gravehorst
no vaciló en diplomarlo de psicópata honoris causa. Según consta en
el expediente judicial, "Percowicz tiene una personalidad
omnipotente y psicopática... existen indicadores de capacidad de
liderazgo y carisma para movilizar y manejar personas".
Una ex discípula, actualmente en tratamiento terapéutico, explica
que "él tiene una prodigiosa capacidad de leer tu inconsciente, de
oler tu dolor como un perro huele a su presa". Otro alumno sostiene
que "se creía Dios".
La persecución del juez Bergés, sin embargo, lo volvió modesto. En
la actualidad niega ser inmortal y ya no se compara con Jesucristo.
Tampoco afirma, como en los buenos tiempos, que vino a esta Tierra
para fabricar mil ángeles.
LA DOCTORA ASHÉ
Doctora, doctora, doctora Ashé,
que cura con los tambores.
Doctora, doctora, doctora Ashé,
que sana con la alegría.
Doctora, doctora, doctora Ashé,
sangre pura de guerrero
pasión por vivir la vida
La primera vez que oí esta canción fue al finalizar la primera clase
del maestro Juan a la que asistí. La cantaba la pianista Susana
Mendelievich, enfundada en un sugestivo pareo rojo. Dos o tres
muchachas, también vestidas de manera provocativa, la acompañaban al
ritmo de unos tambores.
Susana Schiavi, alias la doctora Ashé, a cuya memoria está dedicada
esta melodía, fue una figura clave en el desarrollo de la Fundación
Escuela de Yoga. Médica homeópata, dotó al grupo de una estructura
de profesionales (psicólogos, médicos, odontólogos) que trabajaban
juntos en un consultorio céntrico. La mayor parte de lo recaudado
iba a engrosar las arcas de la Escuela. Para alumnos y
simpatizantes, la consulta médica con Schiavi (250 dólares) era casi
una obligación mensual. En el expediente judicial figuran varios
casos de ex alumnos que dan testimonio acerca de errores de
diagnóstico graves.
Amante oficial de Percowicz, Schiavi dirigía un ceremonial llamado
ashé, de propiedades mágicas y energizantes, durante el cual la
mayoría de los alumnos entraban en una suerte de éxtasis, bailando
al son de los tambores. En la versión original (no la que yo conocí
en mi visita a la Escuela), la doctora llegaba al escenario
emergiendo toda vestida de dorado de un sarcófago portado por varios
alumnos.
El 14 de marzo de 1994, Susana Schiavi y Rubén Baldoni, miembros de
la plana mayor, murieron en un accidente automovilístico. El
juzgado, que tenía intervenido el teléfono de Percowicz, grabó una
conversación en la que éste ordenaba vaciar la casa de la difunta y
ocupar el consultorio (la denomina "operación rapiña"). Los
familiares de las víctimas sólo se enteraron del accidente por los
diarios.
"El doctor Percowicz fue a ver el cadáver y ahí mismo otorgó a
Susana el número 7 en la jerarquía de la escuela -me contó César
Pallotta-. Algo en su rostro le mostró que había llegado a la
perfección."
EL CHAKRA DE ORO
Gordo y sonriente como un Buda, Percowicz continuamente me negó que
la Escuela exigiera grandes contribuciones monetarias a los alumnos
con la excusa de desarrollar "el chakra de oro" (término esotérico
que se refiere a las capacidades internas de las personas para
resolver cuestiones materiales).
La mentira, sin embargo, no se sostiene. En una clase, grabada el 26
de diciembre de 1991 (el casete obra en mi poder), él incita a los
alumnos a conseguir dinero cueste lo que costare: "La fiesta del 5
de junio es un gran desafío, vamos a intentar juntar mil personas.
Las entradas privilegiadas van a ser de 1.000 dólares cada una, y
las normales, de 200 dólares, con lo cual marcamos un desafío al
chakra de oro. Es un desafío lindo. Es un buen ejercicio para ver
qué pasa cuando hay un desafío, cómo nos atemorizamos. No es malo
que no puedan acceder al asiento de 1.000 dólares, pero el asustarse
implica que no están maduros para el chakra de oro", dice su voz,
matizada por sus inconfundibles risitas. No hace falta ser psicólogo
forense para darse cuenta de cómo presionaba a su discípulos hasta
límites increíbles: "Ésta es una escuela práctica. Es muy
interesante en los libros sagrados estudiar por qué Salomón fue el
rey rico y cuánto gastó en construir el templo. Pero eso está muy
lejos. Nuestro chakra de oro es inmediato. Que podamos acceder a
esta entrada de 1.000 dólares es inmediato. No interesa si están o
no en ese asiento pago, sino cómo lo trabajan. Por Dios, nadie puede
decir que por falta de dinero dejó de atenderlos, pero en la
investigación del chakra de oro tenemos que ser desalmados con
nosotros, saber en qué fallan, en qué pueden mejorar."
En sus clases, Percowicz también hace referencia al Gelly's Bank,
una mesa de dinero ad hoc creada para préstamos internos. Al "chakra
de oro" se llegaba a través de la adquisición de locales comerciales
y otros proyectos empresariales, que permitían que algunos alumnos
ascendieran velozmente de nivel. Otros, para evolucionar más rápido,
trabajaban gratis al servicio de las principales jerarquías. La
doctora Schiavi tenía un séquito de casi quince servidores.
La entrega del aporte mensual estaba también rodeada de un
ceremonial mágico. El sobre en el que se ponía el dinero era
fileteado de manera primorosa y en general se le agregaba también un
aforismo o una poesía especialmente elegido para la ocasión. Cuando
las mujeres no alcanzaban a reunir la suma requerida, según algunos
testimonios, se les sugería ejercer la prostitución en la Recoleta.
¿CULPABLES O INOCENTES?
Aunque Percowicz niegue todo con vehemencia, la investigación
periodística demuestra que la persecución del chakra del oro, el
geishado y las tareas sexuales fueron prácticas en un tiempo
propiciadas y exaltadas por la Escuela de Yoga.
Pero, ¿es eso delito desde el punto de vista jurídico? El juez
Bergés basó su fallo en el delito de ¿corrupción de mayores ?.
Cuando se le pregunta sobre su alejamiento de la causa, habla de
presiones políticas sobre el accionar de la Justicia. Concretamente,
relaciona a los diputados Branda y Balestrini (miembros de la
Comisión de Juicio Político) con el ex intendente Carlos Grosso,
quien declaró en su momento a la Escuela de Yoga de "interés
municipal".
Sin embargo, entidades internacionales de Derechos Humanos y
penalistas imparciales cuestionan también la posición del juez
Bergés. El doctor Eugenio Zaffaroni, catedrático de la Universidad
de Buenos Aires y uno de los más importantes especialistas en el
tema, sostiene que la "corrupción de mayores" es una figura vieja
del Cödigo Penal y muy difícil de aplicar, porque invade la
privacidad de las personas, que necesariamente la Constitución
tutela. Con respecto al tema de la Escuela de Yoga, él sostiene
que: "El poder de un líder de un grupo no puede encuadrarse como
corrupción de mayores. El mayor elige eso, salvo que se trate de un
enfermo mental o un discapacitado. El mayor elige acostarse con
quien se le dé la gana. No puede meterse el Derecho Penal en eso".
Tampoco, y eso lo admite el mismo Bergés, la influencia de Percowicz
sobre sus acólitos puede definirse como "lavado de cerebro", ya que
éste es considerado una lesión similar a la tortura y debe
desarrollarse con la víctima presa y sometida a vejámenes y malos
tratos. La sugestión o la manipulación, en sí, no es considerado
delito.
El periodista Alfredo Silletta, famoso por su actividad
antisectaria, admite que en la práctica es imposible la acción
judicial apelando al tema específico de la corrupción de
mayores. "Nosotros desaconsejamos la denuncia, excepto que se trate
de un menor", aclara en su papel de presidente de FAPES (Fundación
Argentina para el Estudio de las Sectas).
Para Silletta, los "favores sexuales" son muy difíciles de
probar. "Tendrían que venir los políticos que aceptaron eso y decir
en el juzgado que firmaron tal o cual decreto inducidos por los
encantos de una señorita. Eso no lo van a hacer nunca", reafirma.
Además, pone como ejemplo el caso de un empresario que en el
transcurso de tres años casi dio 600.000 dólares a la Fundación, y
al que no puede nombrar, justamente por el secreto profesional. "Ese
hombre jamás va a ir a ver a un juez", concluye.
Recuerdo que cuando empecé mi investigación, en un primer momento
subestimé a Percowicz y consideré la posibilidad de que todo fuera
obra de un juez demasiado moralista que se metía entre las sábanas
de un grupo aficionado a prácticas sexuales no convencionales. Hoy
opino lo contrario. Percowicz, hábilmente, confunde inocencia
jurídica con responsabilidad moral.
Pasarán muchos años, pero siempre recordaré la voz del maestro Juan,
tan peculiar, sonando entre risas y aplausos de sus discípulos. Una
voz que felicita a un marido por haber "fajado" a su mujer, invita a
una joven a que se saque el corpiño frente a 200 personas o trata
de "inmaduros" a alumnos que no logran juntar mil dólares para
sentarse a su lado en una fiesta. Ninguno de estos actos es un
delito, pero nadie en su sano juicio puede auspiciar, como lo hizo
hasta el propio gobierno nacional, las actividades de un hombre y un
grupo de estas características.
Nota: En el momento de publicar mi libro, yo no conocía la labor
judicial del fiscal José Luis Mandalunis, quien logró la primera
condena a un líder de secta en la jurisprudencia argentina.
Precisamente sobre este tema publicaré en la
sección "Investigaciones" un trabajo realizado por este especialista
en el tema de "persuasión coercitiva" y sus derivaciones legales.
http://galeon.hispavista.com/investigacionsectas/productos1087501.htm
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