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evangelizad · María del Rosario de San Nicolás
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#46 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 18 de Sep, 2005 4:27 am
Asunto: 22º Aniversario María del Rosario de San Nicolás
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22º Aniversario de las Apariciones

María del Rosario de San Nicolás – Bs. As., Argentina

 

                      

“Pido que oréis, queridos hijos. Orando se está con el Santísimo.

Con la oración se pide y de Dios se consigue.

Estoy con vosotros, vengo a socorrer a los fieles hijos del Señor.

 

Oración:

 

Madre, creo en tu Amor, porque es todo en nuestra vida.

Creo en tu humildad, ella nos sacará la soberbia y nos hará humildes.

Creo en tus consejos, que nos hará buenos y generosos.

Creo en tu fidelidad a Dios, porque nos hará fieles a nosotros tus hijos.

Creo en Ti que eres la llave que nos abrirá las puertas del Reino del Señor.

Creo en tu refugio, porque en Ti lo encontramos.

Creo en Ti Madre y en tu Manto extendido por el mundo, que va cobijándonos y salvándonos de la muerte.

Amén”.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 680

 

 

“Digo a todos mis hijos: Os quiero, sin dudas, seguros de vuestra fe, amando al Señor y a Su Madre.

Mi Amor, está unido al de Mi Hijo y es ese Amor, el que está esperando por vosotros, ser correspondido.

Sed verdaderamente hijos de Dios, anunciando Su Palabra.

Las Glorias sean a El.

Hazlo conocer”.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1515

 

 

*          *          *

 

 

María es el Molde Viviente de Dios

Cfr. San Luis María Grignion de Montfort, “El Secreto de María”, §10

 

San Agustín llama a María “Molde Viviente de Dios”. Ella, en efecto, lo es. Quiero decir que sólo en Ella se formó Dios como hombre perfecto, sin perder ningún rasgo divino, y que sólo en Ella se transforma el hombre en Dios por la Gracia de Jesucristo, en cuanto lo permite la naturaleza humana.

[...] María es el Molde maravilloso de Dios, hecho por el Espíritu Santo, para formar a la perfección a un Hombre-Dios, Jesucristo; mediante la Encarnación y para hacer al hombre partícipe de la naturaleza divina mediante la gracia. Ni un solo rasgo divino falta en este molde. Quien se arroje en él y se deje moldear recibirá allí todos los rasgos de Jesucristo, verdadero de Dios. Y esto, en forma suave y proporcionada a nuestra debilidad, sin grandes trabajos o angustias; de manera segura.

Quien se forma dócilmente y con total disponibilidad, y que consciente de su debilidad se confía plenamente en María, es plasmado en Ella por el Espíritu Santo, encontrándose así semejante a Jesucristo, irradiando así Su Luz y santidad.

 

                                                                              

*          *          *

 

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 862

 

Queridos hijos: Que la oración esté siempre en vosotros y el Señor eterno y misericordioso os bendecirá.

Os recuerdo, es amargo y triste el fin del hombre solo.

 

Leed: Hechos C.17, V. 30 - 31

 

30  "Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la  ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan.

31  Porque El ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que El ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos".

 

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1615

 

La presencia de la Madre os unirá al Hijo, para que El, more en vuestro corazón.

No durmáis, despertad y el Señor, fortalecerá vuestro espíritu.

Pedid Paz y se os dará Paz, sólo confiad.

Amén, amén.

Predica a todos tus hermanos.

Leed: Isaías C. 51, V. 4

 

4    ¡Préstenme atención, pueblos, y ustedes, naciones, óiganme bien, porque de Mi saldrá la Ley y mi derecho será la Luz de los pueblos!

           

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 615

 

Hijos míos: Poneos en oración y nada veréis confuso, ya que luego veréis los frutos.

Vuestra Madre os dice, el Amor lleva al Amor.

Hijos, llegad a El, a Cristo Jesús. Gloria al Señor.

 

Leed: San Juan C. 6, V. 35 y 63

 

35 Jesús les respondió: "Yo Soy el Pan de Vida. El que viene a Mi jamás tendrá hambre; el que cree en Mí jamás tendrá sed".

63 El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las Palabras que les dije son Espíritu y Vida.

 

 

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1717

 

Mi querida hija, sobre todo el Universo se extiende Mi Protección de Madre.

Soy la Madre de los que creen en Dios, y de los que aún no despertaron a la fe.

Soy la Madre que Ama y habla a los hijos, para que los hijos acudan a depositar su amor al Divino Corazón de Cristo. Sois Pueblo de Dios, y es Dios, Esperanza de Su Pueblo.

(Gracias: Madre, por todo lo que nos das). Me dice:

Velo por todos los hijos; desde la Cruz de Mi Hijo, es esa Mi Misión, velar por ellos.

Aleluia.

Que Mi mensaje llegue a todos tus hermanos.



Melisa C. Watanabe

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#45 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Sáb, 20 de Ago, 2005 2:36 am
Asunto: Santo Rosario 08-2005 - Medit: Fuego del Amor Divino
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En este tiempo, la oración al Señor y a Su Madre, debe ser intensa, de un extremo al otro de la tierra.

Hijos míos: En el Padrenuestro, le estáis pidiendo a Dios, el pan de cada día; dadle vosotros a Dios, la oración de cada día y a  Su Madre, junto con la oración, dadle vuestro corazón, para que lo presente ante el Señor, mediando así por vosotros.

Quieren ser Mis Palabras, la llama que avive el fuego en vuestros corazones, fuego de amor por Cristo.

Amén, amén.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1294

 

*          *            *

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Que la Santísima Virgen avive el Fuego del Amor de Cristo en nuestros corazones a lo largo de estos santos días de Novena de oración!

Les recuerdo que el próximo miércoles 24 de agosto ofreceremos la jornada de Santos Rosarios continuados, ofreciendo junto con cada oración, nuestros corazones  inflamados de Amor, y con la confianza renovada por dejar en el Señor nuestras vidas, por las manos maternales de nuestra Madre.

Un abrazo fraterno en los corazones de Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

 

*            *            *

 

El Fuego del Amor de Dios[1]

 

La imagen del fuego aparece frecuentemente en la Sagrada Escritura como símbolo del Amor de Dios, que nos purifica. El amor, como el fuego, nunca dicen basta: la fuerza de las llamas crece en el habitual trato con el Señor:

Me ardía el corazón en mi interior, se encendía el fuego en mi meditación (Sal 38, 4).

 

En el Evangelio, dice Jesús: Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero, sino que arda? (Lc 12, 49).

 

El Señor quiere que su amor prenda en nuestro corazón y provoque un incendio que todo lo consuma. Él ama a cada uno con un amor personal y único. En ningún momento cesa de amarnos, de protegernos, de estar cerca nuestro, porque siendo infinito, nos ama con todo su ser, nos ama sin medida.

Encontramos la máxima expresión de este amor, en Cristo: 

Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito (Jn 3, 16).

Pues no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos (Jn 15, 13).

Y en la Santísima Virgen hallamos una realización excelsa de este misterio de Amor de Dios para con nosotros. Ella nos enseña a creer en el amor ilimitado de Dios, y es Ella nuestra guía, modelo y ejemplo a seguir, nuestro espejo donde mirarnos, para responder al infinito e ilimitado Amor Divino. Ella, cuyo corazón es una lumbre viva, cuyo Amor arde en las llamas y resplandece en el Fuego del Amor Divino.

Como Ella, hemos de centrar nuestras vidas en lo único verdaderamente importante: Dios te ama, Dios me ama. He aquí todo lo que necesitamos para ser feliz: tener a Cristo en el centro en nuestras vidas, no apartar la mirada y nuestros pasos de los Suyos, llenarnos de la Paz de su Presencia, contemplar todo bajo la Luz de Su Amor, y consumir nuestras vidas en el Fuego de Su Amor.

 

 

*              *                *

Vengo a vosotros para acercar la Palabra del Señor a vuestro oído, para despertaros, para guiaros y que no tropecéis, para eso he venido.

Quien ama a Cristo Jesús comprenderá el mensaje y el que no lo ha buscado lo buscará.

Hoy el Espíritu Santo llegará a vosotros hasta lo más íntimo de vuestro corazón bendiciendo y renovando la fe en el Señor.

Solamente debéis estar dispuestos a recibirlo.

Aleluia. Dadlo a conocer.

 

Oración:

 

Espíritu puro

que vienes a derramar tus dones

a este pobre pecador,

prepara mi corazón

y líbrame de

la tentación del mundo,

para poder ser aceptado por Ti.

El temor ya no me alcanza

porque te has acercado a mí.

Camino confiado

hacia tu gloriosa Luz purificadora.

Alabado seas

por los siglos de los siglos.

Amén.

 

Bendito sea el corazón abierto al Señor.

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 167



[1] Basado en Hablar con Dios, F. F. Carvajal. Tomo IV, §66, Ed. Palabra, Madrid, 1987



Melisa C. Watanabe

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#44 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Mar, 19 de Jul, 2005 12:19 am
Asunto: Aprender a pedir - Santo Rosario 07-2005
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La felicidad interior, se consigue solamente cuando se está cerca de Dios.

El alma se purifica en Dios; por lo tanto, debe el alma serle fiel. Ser fiel a Dios significa, estar en completa amistad con Dios.

Amén, amén.

Leed: Eclesiástico C. 1, V. 28:

"No seas reacio al temor del Señor ni te acerques a El con doblez de corazón".

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1180

 

 

Estimados hermanos y hermanas en Cristo y María Santísima:

La SantísimaVirgen María continúe guiando sus pasos hacia los de Su Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, bendiciendo diariamente a ustedes y sus familias de Su Paz y de Su Amor.

Este Domingo 24 de Julio de 2005 ofreceremos el Santo Rosario de 24 horas ininterrumpidas, como la Santísima Virgen lo pide en las apariciones de San Nicolás. Santos Rosarios elevados desde distintas partes del mundo, nos unen como familia en quien es Vida de nuestras vidas, desde Su Dulce Madre que insistentemente ha pedido y continuamente ha pedido bajo las diferentes advocaciones. Tal es la importancia del Santo Rosario, tan grande su valor y su eficacia para  aclarar la mente, fortalecer el espíritu y abrir el corazón a Dios.

Los invito, pues, a unirse con sus oraciones a lo largo de la Novena que ofreceremos hasta el 25; y claro, ofrecer también Novenas perpetuas...

Que el Espíritu Santo avive el Fuego del Amor de Cristo en nuestros corazones, para que gustemos la oración meditada en intimidad con el Señor, nuestro Amigo que nunca falla, aunque cuando nuestra alma se halla impermeable al amor por Dios, y no se dispone a oír su Suave y delicada Voz, nos parezca que está en silencio....

Me encomiendo a sus oraciones, que compartan este Día del Amigo junto a El Amigo, presente en el Sagrario. Los saluda en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

 

PD: Les dejo a continuación una meditación acerca de nuestra condición de perpetuos aprendices para con el Divino Maestro, en particular, sobre nuestro modo de dirigirnos a Él...

 

 

Aprender a pedir[1]

 

Jesús se retiraba a orar, con frecuencia, muy de mañana y a lugares apartados[2]. Sus discípulos lo encontraron muchas veces en un diálogo lleno de ternura con su Padre del Cielo. Y un día, al terminar la oración, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar[3]... Esto hemos de pedir también nosotros:

Jesús, enséñame a tratarte, dime cómo y qué cosas debo pedirte...

En ocasiones –incluso cuando ya llevemos varios años de oración- estamos delante de Dios como el niño que apenas sabe pronunciar unas cuantas palabras mal aprendidas.

            El Señor les enseñó el modo de rezar y la oración por excelencia: el Padrenuestro. Sus labios pronunciarían cada palabra de esta oración universal con una particular entonación:

Padre nuestro

Que estás en el Cielo

Santificado sea Tu Nombre

Venga a nosotros Tu Reino

Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo

Danos hoy nuestro pan de cada día

Perdona nuestras ofensas del modo como nosotros perdonamos a los que nos ofenden

No nos dejes caer en la tentación

Líbranos del mal

 

En ella nos señala la confianza que hemos de tener siempre en todo diálogo con Dios al mostrar nuestra total necesidad, y sobre la confianza se eleva toda oración verdadera, porque:

¿Quién de nosotros que tenga un amigo que acuda a medianoche a nuestra puerta, no se levanta a abrirle y darle cuanto necesite?

Somos sus hijos, hijos necesitados, y Dios sólo desea darnos y en abundancia:

pues, ¿qué padre habrá que no atienda el pedido de sus hijos...?

Todo el que pide, recibe;

y el que busca, encuentra;

y a quien llama, se le abrirá.

Sólo nos sentiremos vacíos si pensamos que nada necesitamos, que nuestra autosuficiencia –llena de pretendida omnipotencia- todo lo puede sin ayuda de nadie, ni siquiera de Dios, el Único y verdadero Todopoderoso, que:

Colmó de bienes a los hambrientos,

Y a los ricos los despidió vacíos[4].

           

Debemos acudir con frecuencia ­al Sagrario, lugar en que encontramos a Quien todo lo puede, el que es la Vida de nuestras vidas, la Fuente de Paz, y de todo cuanto verdaderamente necesitamos para vivir, como hijos necesitados que somos... pensemos cómo acudían a Él los leprosos, los ciegos, los paralíticos... Señalaba Juan Pablo II, que rezar significa sentir la propia insuficiencia a través de las distintas necesidades que se nos presentan, y que forman parte de nuestras vidas[5]. Nuestras necesidades son numerosas; en el "pan" del padre nuestro, están simbolizadas todas nuestras necesidades materiales y las del cuerpo. Pero, son mucho más amplias y están en la base, las necesidades del alma.

El Señor siempre nos aguarda, con una paciencia inagotable, con un Corazón lleno de Misericordia y de compasión, desbordante de Amor... Él  nunca deja de atendernos. Somos nosotros los que bajo pretensión de ser "independientes", no acudimos a Él.

 

Todo el que pide, recibe;

Y el que busca, encuentra;

Y a quien llama, se le abrirá.

 

Ante todo, debemos pedir y buscar los bienes del alma... querer amar cada día más al Señor en medio de las diferentes circunstancias en las que nos encontremos. También debemos pedir los bienes materiales, en la medida que ellos nos ayudan a amar a Dios: la salud, el trabajo que necesitamos...

Aconsejaba San Agustín: "Pidamos los bines temporales discretamente, y tengamos la seguridad –si los recibimos- de que proceden de quien sabe que nos convienen. ¿Pediste y no recibiste? Confía en el Padre; si hubiera sido de tu verdadera conveniencia, lo habría concedido. 

Delante de Dios somos, por nuestra inexperiencia y limitada capacidad de comprensión, como nuestros hijos ante nosotros. Mira a ese niño llorando el día entero porque le has negado un cuchillo, sin hacer caso de su llanto, para no tener tú que llorarle muerto...  Ahora, no puede menos que llorar y enfadarse contigo, pues no has concedido que se hiciera su caprichosa y ciega voluntad. Y cuántas veces, le niegas ese poco que te pide, para luego dárselo todo sin reservas.

Así, hace el Señor con nosotros, para quien somos como ese pequeño que muchas veces no sabe lo que pide. Él quiere siempre lo mejor; por eso, la felicidad del hombre se encuentra siempre en la plena identificación con el querer Divino, es decir, con aceptar y amar Su Voluntad, llenos de confianza; por eso le decimos en el padrenuestro: Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo. Y como lo ha hecho en plenitud nuestra Santísima Madre a lo largo de toda su vida, explicitando en cada instante su total confianza y abandono en la Divina Voluntad: Yo soy la esclava del Señor, que se haga en mí según Su Voluntad.

           

Terminamos nuestra oración, pidiéndole a nuestra Dulce Madre, ejemplo de nuestra vida de relación con el Señor, de su entrega y confianza incondicional en Su Voluntad, de su abandono total más allá de toda comprensión humana y de toda apariencia. Que Ella nos enseñe cómo amar, y cómo acudir al Señor sin vacilar un instante, con la confianza de un hijo que se sabe totalmente necesitado de sus padres...

 

 

 

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[1] Basado en "Hablar con Dios", tomo IV, 17º Domingo, § 39.

[2] Cfr. Mt 14, 23; Mc 1, 35; Lc 5, 16; 9, 18.

[3] Lc 11, 1-13

[4] Lc 1, 53

[5] cfr.  Homilía 27-VII-1980.



Melisa C. Watanabe

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#43 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Sáb, 18 de Jun, 2005 5:50 am
Asunto: Santo Rosario 06-2005
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Veréis que invocando a Dios no os sentiréis en cautiverio, sino que os sentiréis libres.

Habrá paz y no tempestades en vuestros corazones, el Señor os quiere cubrir con un Manto de Amor.

Orad y agradeced a Dios porque estáis recibiendo Su Palabra.

Amén. Amén.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 233

*          *          *

                                                          

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

                        En esta Novena que iniciamos, renovamos nuestro abandono en nuestra Santísima Madre depositando en Su Corazón nuestras preocupaciones y temores, como nuestras esperanzas, anhelos y proyectos, y le confiamos nuestras familias, nuestra salud, nuestros esfuerzos e inquietudes, para que Ella los haga todos de Cristo, y centrada nuestra vida en Él, nos vuelva Su Paz y su serenidad,  la salud de nuestras almas, como su alegría, su claridad y su Fortaleza, que impulsan nuestras vidas en la perseverancia a su fidelidad.

 

            Por ello y por cuantas intenciones le confiemos, pediremos estos días de Novena de oración, y en especial la jornada de santos rosarios continuados que ofreceremos el viernes 24 de junio de 2005.

 

            Los saluda fraternalmente en Cristo y María, encomendándome a vuestras oraciones,

 

Melisa C. Watanabe

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*          *          *

 

Meditación: Serenidad ante las dificultades.

Basada en "Hablar con Dios", de F. F. Carvajal[1].

 

 

            En dos ocasiones, según leemos en el Evangelio, sorprendió la tempestad a los Apostoles en el lago de Genesaret, mientras navegaban. San Marcos narra (4, 35-40) que Jesús estaba con ellos en la barca, y aprovechó unos momentos para descansar, rendido de cansancio tras la predicación.

Mientras tanto, sus discípulos, muchos de ellos pescadores, presienten la tempestad, que muy pronto se precipitararía: las olas se echaban encima, de manera que se inundaba la barca. Habituados a este tipo de contratiempos, hicieron frente al peligro, pero el mar iba agitándose cada vez más, y cuando el naufragio parecía inminente, acudieron a Jesús, llamándolo con gritos de angustia: ¡Maestro, nos hundimos!

            Aunque eran pescadores y tenían experiencia en el trabajo, no bastó con sus esfuerzos; hubo que apelar a la intervención del Señor. Y levantándose, ordenó a los vientos y dijo al mar: ¡calla, enmudece! Y se calmó el viento, y se produjo una gran calma. La paz también llegó a los corazones de aquellos hombres asustados.

            Algunas veces se levanta la tempestad a nuestro alrededor o dentro nuestro. Y nuestra pobre barca parece llegar a sus límites, parece que no aguantaremos más. En ocasiones puede darnos la impresión de que Dios se ha quedado dormido, que guarda silencio a nuestras súplicas; las olas se nos vienen encima: debilidades personales, dificultades profesionales o económicas que nos superan, enfermedades, problemas de los hijos o de los padres, ambientes adversos... pero "si tenemos presencia de Dios, en nuestras miradas brillará el sol por encima de la tempestad que enceguece y ensordece, y en nuestras almas reinarán la calma y la serenidad"[2].

            El Señor jamás nos deja solos, bastará con que nos acerquemos a Él, y pongamos los medios que se precisen. Y decirle a Jesús, en todo momento, con la confianza de quien le ha tomado por Maestro, de quien quiere seguirle incondicionalmente: ¡Señor, no me dejes, que me ahogo sin Ti! Y nuestros dolores ya no serán amargos ni nos inquietarán las tempestades: reinará la Paz, porque estaremos junto a Él.

 

            Caminemos con alegría y confianza en el Señor. ¡Lejos el desaliento, el pesimismo y los malos pensamientos! Si surgen dificultades, la gracia de Dios sobreabundará; si aparecen más dificultades todavía, del Cielo descenderá aún más gracia de Dios. No temamos, confiemos, si tropezamos, si aparecen obstáculos y caemos, la ayuda divina viene en nuestro auxilio, si la invocamos... porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20).

A veces, el Señor se vale de estas ocasiones para que volvamos nuestros pasos a Él, para fortalecernos en la fe, para que le amemos más... que nuestra actitud sea siempre la serenidad, pues el Señor está con cada uno de nosotros. Nos recuerda San Agustín: "en tu barca duerme Cristo, despiértalo que el calmará la tempestad" (Sermón 361, 7). Confiemos, que todo cuanto el Señor permite, es para el bien de nuestras almas. Por eso, basta con estar en su compañía para sentirnos seguros. La inquietud, el temor y la cobardía nacen cuando debilitamos nuestra oración. Él sabe bien todo lo que nos pasa, nunca permitirá que padezcamos algo que no podamos sobrellevar con su auxilio, y cuando sea necesario detendrá los vientos y calmará el mar, y nos inundará con Su Paz. No temamos, confiemos en Él.

 

            Nuestra Santísima Madre no nos abandona en ningún momento, como decía San Bernardo:

 

Si se levantan los vientos mira a la estrella, llama a María [...]. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiende sus manos, no caerás; si te protege bajo su Manto, nada tienes que temer; si es tu guía no te fatigarás... si Ella te ampara, llegarás al puerto felizmente.

 

 

*          *          *

Vuestra Madre os dice: Cantad y orad, eso alegra al Señor. Con Cristo no se muere, se vive, si sois conscientes de esto, seguramente no os apartaréis de su camino, ni El del vuestro. Amén. Amén.

Oración:

Comienzo a orar y ya me encuentro ante ti Señor porque sé que me escucháis. Con tu Divina Gracia, haces posible que mi vida encuentre la serenidad deseada. Sin tu ayuda nada es posible, sin tu Luz no se puede avanzar; bendito el hombre que te busca y en Ti espera. Oh Señor, porque a tus hijos das Amor a manos llenas. Amén.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 136

 

 



[1] Tomo III, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

[2] J. Escrivá de Balaguer, Forja, Nº 343.

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#42 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Jue, 19 de May, 2005 3:49 am
Asunto: Santo Rosario 05-2005
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Me dirijo a todos mis hijos: En esta Novena pedid al Señor, por la salud espiritual de la humanidad.

Solamente si los hombres encuentran paz en sus espíritus, vivirán en paz.

Amén, amén.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 872

 

*          *          *

Hija: No hay ser que pueda vivir sin Dios; hay si, seres desdichados, seres que sin querer descubrir a Dios, viven en la más completa oscuridad.

Mi corazón de Madre les hará conocer a Cristo; ésto librará a mis hijos de la condenación, los librará del enemigo. Que tus hermanos perseveren en la oración; el Espíritu Santo iluminará a los que lo hagan.

Bendito sea Dios.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 873

 

*          *          *

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Que junto a la Virgen Santísima recibamos el Espíritu Santo con la plenitud de Pentecostés, y descienda sobre nuestra alma, inundándola y renovándola. Que se cumpla en cada uno la promesa de Nuestro Señor al que ame a Dios: “Vendremos sobre él y en él haremos nuestra morada” (Jn 4, 23), que se realiza, ante todo, en la Dulcísima Virgen María.

 

Con este espíritu encendido del Fuego de Amor de Dios hemos de iniciar la Novena de oración a María del Rosario de San Nicolás, y con especial fervor hemos de unirnos a la jornada de Santos Rosarios continuados que ofreceremos el día martes 24 de mayo de 2005.

 

Confiándole a nuestra Madre nuestros corazones sedientos del Amor, la Paz, la Claridad y la Fortaleza que emanan de Cristo, le pedimos que en estos días el Espíritu Santo sea derramado en abundancia en nuestras vidas, renovándolas y afirmándolas en Su Amor, que es la Fuente de Vida de nuestras vidas.

 

Un abrazo fraterno en los Corazones de Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

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*          *          *

Palabras justas aplica el Señor en estos días, en que el mundo parece ya descontrolado.

Palabras que dan seguridad a los que aumentan la fe y respetan su ley.

El Espíritu Santo, Luz del Amor, continuará transformando y purificando.

Gloria al Señor.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 875

 

 



Melisa C. Watanabe

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#41 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 17 de Abr, 2005 8:52 pm
Asunto: Santo Rosario - El Buen Pastor y el nuevo Papa
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"Todo tiene un tiempo. Hay un tiempo de tristeza y un tiempo de alegría; un tiempo de desencuentro y un tiempo de encuentro.

Debe ser éste para el Cristiano, un tiempo de alegría y encuentro. Alegría porque la Madre de Cristo está hablando y de encuentro, porque debe tratar el cristiano de encontrarse con Cristo.

He aquí que la Madre dice a los hijos: Deteneos ya, no avancéis solos; seguidme, que os conduciré al Pastor del Rebaño.

Bendito sea el Señor".

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1343

 

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Confiando en la compañía de nuestra Dulcísima Madre para con cada uno de ustedes, de sus familias y de sus pasos, le encomiendo nuestras vidas, para que se haga sólo la Amorosa Voluntad de Dios en cada uno, tantas veces incomprensible y misteriosa.

Providencialmente, el comienzo de la Novena de oración, coincide con el Cuarto Domingo de Pascua, día en que meditamos acerca de la importancia del Papa, en este tiempo tan especial que estamos viviendo.

Hemos de unirnos en el Corazón de María, rezando los unos por los otros, y en especial, por el nuevo Pontífice, y por los Cardenales que reunidos, elegirán. Los saluda fraternalmente en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

 

 

Meditación: El Buen Pastor y el Amor al Papa[1].

 

En su última aparición, poco antes de la Ascensión, Cristo resucitado constituye a Pedro pastor de su rebaño[2], guía de la Iglesia. Se cumple entonces la promesa que le hiciera poco antes de la Pasión; a continuación, le profetiza que como buen pastor morirá por su rebaño.

Cristo confía en Pedro a pesar de las negaciones. Sólo le pregunta si le ama, tantas veces cuantas habían sido sus negaciones. Pedro le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo entonces Cristo: Apacienta mis ovejas.

El Señor confía su Iglesia a un hombre con flaquezas, pero que no se queda en ellas, sino que se arrepiente y ama. Las palabras de Jesús a Pedro indican que la misión de Pedro será la de guardar todo el rebaño del Señor, sin excepciones. Así, Pedro queda constituído pastor y guía de la Iglesia entera. Donde está Pedro, se encuentra la Iglesia de Cristo, junto a él, conoceremos con certeza el camino que conduce a Dios.

Sobre el primado de Pedro –la roca- estará asentado, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia, cuyo fundamento es Cristo, y desde entonces, en su lugar estará Pedro. De ahí que el nombre posterior que reciban sus sucesores será el de "Vicario de Cristo", es decir, el que hace las veces de Cristo.

Hemos de rezar mucho por el nuevo Papa, y por los Cardenales que reunidos junto a la tumba del Apóstol Pedro, designarán con sabirudía a quien Dios ha elegido por Obispo de Roma y Pastor de su Pueblo.

Pedimos a la Santísima Virgen que nos conceda reconocer a Cristo en el nuevo Papa de la Iglesia. Y que en este tiempo avive el Fuego del Amor y la alegría de Dios, hasta que su Santo Espíritu descienda en nuestros corazones.



[1] Basado en "Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año". F. F. Carvajal. Tomo II, § 68.

[2] Cfr. Jn 21, 15-17



Melisa C. Watanabe

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#40 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Lun, 4 de Abr, 2005 2:10 pm
Asunto: El Papa, en el abrazo de la Divina Misericordia, desde la Santísima Virgen María
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Juan Pablo II ha fallecido


CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 2 abril 2005 (ZENIT.org).- «A las 21.37, nuestro Santo Padre ha regresado a la Casa del Padre». Con estas palabras, rotas por el llanto, el arzobispo Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, anunció el fallecimiento del Papa.

Eran las diez de la noche hora local. Le escuchaban más de 60.000 personas en la Plaza de San Pedro del Vaticano que acababan de rezar el Rosario por Juan Pablo II.

Inmediatamente, la muchedumbre conmovida entonó el Salve Regina y después siguió un largo aplauso. A continuación, el cardenal Angelo Sodano inició la oración del «De profundis» en latín e italiano. La mayoría de los fieles se pusieron de rodillas, muchos de ellos con lágrimas en los ojos.

A los pocos minutos repicaron a muerto las campanas de la Basílica de San Pedro.
ZS05040230
 
El Papa, en el abrazo de la Divina Misericordia: murió ya en su fiesta


CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 2 abril 2005 (ZENIT.org).- El fallecimiento de Juan Pablo II a las 21.37 horas de este sábado ha coincidido litúrgicamente con la fiesta de la Divina Misericordia, proclamada por él mismo hace cinco años.

Según la liturgia, una fiesta comienza tras el rezo de las vísperas del día anterior, de manera el fallecimiento del Santo Padre tuvo lugar cuando la Iglesia en Roma ya celebraba el domingo.

Era, además, un primer sábado de mes, día que el mensaje dejado por la Virgen en Fátima pedía consagrar al Corazón Inmaculado de Maria. Y Karol Wojtyla consagró todo su pontificado a la Madre de Jesús con el lema «Totus tuus» («Todo tuyo»).

La devoción a la Divina Misericordia (Cf. Zenit, 2 abril 2005) constituye un auténtico movimiento espiritual dentro de la Iglesia católica promovido por Sor Faustina Kowalska (1905-1938), a quien el Santo Padre canonizó el 30 de abril de 2000.

El centro de la vida de Santa Faustina Kowalska fue el anuncio de la misericordia de Dios con cada ser humano. [...]

Su legado espiritual a la Iglesia es la devoción a la Divina Misericordia, inspirada por una visión en la que Jesús mismo le pedía que se pintara una imagen suya con la leyenda «Jesús en ti confío», que ella encargó a un pintor en 1935.

Tras canonizar a Sor Faustina Kowalska, Juan Pablo II anunció: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia».

Se materializaba así el deseo que Nuestro Señor manifestó a la religiosa –recogido en su Diario--: pedía la institución de una «Fiesta de la Misericordia»: «Esta Fiesta surge de Mi piedad más entrañable... –recoge el texto--. Deseo que se celebre con gran solemnidad el primer domingo después de Pascua de Resurrección» --litúrgicamente llamado «segundo domingo de Pascua»--.

En el Diario de Santa Faustina se recoge que Jesús prometió: «A las almas que propaguen la devoción de Mi misericordia, Yo las protegeré a lo largo de su vida como una madre cariñosa a su hijo, y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino su Salvador Misericordioso (III, 20-21)»; «a los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y tocaré los corazones de aquellos a quienes hablen (V.115)».
ZS05040209


Melisa C. Watanabe

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#39 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 27 de Mar, 2005 12:53 pm
Asunto: Feliz Pascua!
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¡Feliz Pascua de Resurrección!

 

 

Vuestros corazones se inflamen de amor hacia Jesús Resucitado.

 

Vivid este gran día, llegad a El, en este gran día, confiad en El, hoy y

siempre.

 

Amados hijos, creced en oración, amor y esperanza.

 

Que el deseo de orar, sea más fuerte que el de quedarse en la inercia.

 

Que el amor al Amor, sea superado día a día.

 

Que la esperanza, no desaparezca ante la desesperanza.

 

La presencia de esta Madre, os hará permanentemente hijos de Dios.

 

Gloria a Jesús eternamente.

 

(Sábado Santo, Mensaje Nº 1386)

 

 

 

No os dejéis dominar por la incertidumbre, la incredulidad, la desconfianza

 y el desaliento.

 

No desesperéis y vivid interiormente con el espíritu lleno de alegría, porque

 Jesús os llama a dejaros iluminar por Su Luz.

 

Por medio de Mi Corazón, llegaréis verdaderamente a El.

 

De nada sirve caminar, si se camina solo, sin la ayuda de la Madre.

 

Alabado sea el Señor.

 

(Domingo de Pascua, Mensaje Nº1387)

 

Que la Santísima Virgen María nos conceda vivir cada día de nuestra vida en cercanía del Señor... y cuando enfrentemos pruebas, cruces, que Ella permanezca junto a nosotros, en un abrazo abandonado a Cristo crucificado, para resucitar con Él a una vida de fe renovada y animada por Su Amor Infinito y Misericordioso.

Un abrazo fraterno,



Melisa C. Watanabe

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#38 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Mié, 16 de Mar, 2005 11:22 pm
Asunto: Vivir la Cuaresma y Semana Santa - Santo Rosario 03-2005
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

            En vísperas de comenzar la Novena de oración a nuestra Santísima Madre, María del Rosario de San Nicolás, y para disponernos interiormente a meditar en este tiempo de Cuaresma y Semana Santa ya próxima, dejo a disposición estas meditaciones.

            En la Santísima Virgen abandonamos nuestras vidas, y abrazamos al Señor en la Cruz, y si por Su Voluntad nos es dado sufrir algún clavo, algún dolor, alguna incomprensión, alguna angustia, la dejamos enteramente unida al de Cristo, en un abrazo que nos funde en Su Infinito Amor, entregándose por cada uno.

            Los saluda fraternalmente en Sus Corazones traspasados,

 

Melisa C. Watanabe

 

PD: por algunas dificultades no me será posible modificar en la página web los horarios de los santos rosarios, pero continuaremos ofreciendo las jornadas ininterrumpidas de santos rosarios.

 

 

BREVES Meditaciones para Semana Santa[1].

 

  • En el Calvario.

 

Jesús es clavado en la cruz. Canta la liturgia: “Dulces clavos, dulce árbol donde la Vida empieza...[2]”.

            Jesús está clavado en la cruz.  A su alrededor hay un espectáculo desolador; algunos  pasan y le injurian; los príncipes de los sacerdotes, más hirientes y mordaces, se burlan; y otros, indiferentes, miran el acontecimiento.  Muchos de los allí presentes le habían visto bendecir, e incluso hacer milagros.

En los ojos de Jesús no hay reproches, sólo piedad y amor.

 

  • En la Cruz: Jesús nos da a Su Madre como  nuestra Madre.

 

Los frutos de la Cruz no se hicieron esperar. Uno de los ladrones, después de reconocer sus pecados, se dirige a Jesús:  Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino. Le habla con la confianza que le otorga ser el compañero de suplicio. Seguramente habría oído hablar antes de Cristo, de su vida, de sus milagros. Ahora ha coincidido con Él en los momentos en que parece estar oculta su divinidad. Pero ha visto su comportamiento desde que emprendieron la marcha hacia el Calvario: su silencio que impresiona, su mirar lleno de compasión ante las gentes, su majestad grande en medio de tanto cansancio y de tanto dolor. Estas palabras que ahora pronuncia no son improvisadas: expresan el resultado final de un proceso que se inició en su interior desde el momento en que se unió a Jesús. Para convertirse en discípulo de Cristo no ha necesitado de ningún milagro; le ha bastado contemplar de cerca el sufrimiento del Señor.

            Escuchó el Señor emocionado, entre tantos insultos, aquella voz que le reconocía como Dios. Debió producir alegría en su corazón, después de tanto sufrimiento. Yo te aseguro, le dijo, que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso[3].

            Cada uno de nosotros puede decir en verdad: el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí[4]. No ya por “nosotros”, de modo general, sino por mí. Se actualiza la Redención salvadora de Cristo cada vez que en el altar se celebra la Santa Misa.

Muy cerca de Jesús está su Madre, con otras santas mujeres.  También allí está Juan, el más joven de los Apóstoles. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: He ahí a tu madre. Jesús, después de darse a sí mismo en la Última Cena, nos da ahora lo que más quiere en la tierra, lo más precioso que le queda. Le hemos despojado de todo, y Él nos da a Su Madre, María, como Madre nuestra.

            Se apaga la luz del cielo, y la tierra queda sumida en tinieblas. Son cerca de las tres, cuando Jesús exclama:

-Elí, Elí, lamma sabachtani?! Esto es: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? (Mt 27, 46).

 

El velo del templo  se rasga, y tiembla la tierra, cuando clama el Señor con una gran voz:

-Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lc 23, 46).

Y expira.

 

 

  • La alegría de la Resurrección. La alegría verdadera tiene su origen en Cristo.

 

El Señor ha resucitado de entre los muertos, como lo había dicho, alegrémonos y regocijémonos todos, porque reina para siempre[5].

La alegría verdadera no depende del bienestar material, de no padecer necesidad, de la ausencia de dificultades, de la salud... La alegría profunda tiene su origen en Cristo, en el amor que Dios nos tiene y en nuestra correspondencia a ese amor. Se cumple aquella promesa del Señor: Y  Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar[6]. Nadie: ni el dolor, ni la calumnia, ni el desamparo..., ni las propias flaquezas, si volvemos con prontitud al Señor. Esta es la única condición: no separarse de Dios, no dejar que las cosas nos separen de Él; sabernos en todo momento hijos amados.

 

  • Dar Paz y alegría a los demás.

 

Estar alegres es una forma de dar gracias a Dios por los innumerables dones que nos hace. Nuestro Padre Dios está contento con nosotros cuando nos ve felices y alegres con el gozo y la dicha verdaderos.

Con nuestra alegría hacemos mucho bien a nuestro alrededor, pues esa alegría lleva a los demás a Dios. Dar alegría será con frecuencia la mejor muestra de amor para quienes están a nuestro lado.

Los cristianos hemos de ser sembradores de paz y alegría, de la Paz y la alegría que Jesús nos ha traído[7]. Muchas personas pueden encontrar a Dios en nuestro optimismo, en la sonrisa habitual, en la actitud cordial. Este intento por alejar el malhumor y la tristeza, ha de manifestarse particularmente con los más cercanos. En concreto, Dios quiere que el hogar en el que vivimos sea un hogar alegre, un hogar lleno de Su Amor. No un lugar oscuro y triste, lleno de tensiones por la incomprensión y el egoísmo.

La vida sobrenatural lleva a vivir esas virtudes (generosidad, cordialidad, espíritu de servicio...), a las que tan íntimamente está unida la alegría.

            El mundo está triste e inquieto y tiene necesidad, ante todo, de la paz y la alegría que el Señor nos ha dejado.

Jesucristo debía manifestar siempre una verdadera y desbordante alegría interior. También nosotros necesitamos la alegría interior para crecer en la propia vida interior. La tristeza nos deja sin fuerzas; es como el barro pegado a las botas del caminante, que además de mancharlo, le impide caminar.

            Cuanto mayor sea nuestra responsabilidad,  mayor ha de ser también nuestro compromiso de tener paz y alegría, para darla a los demás, y mayor la urgencia de recuperarla si se hubiera enturbiado.

 

            Pensemos en la alegría de la Santísima Virgen. Ella está abierta sin reservas a la alegría de la Resurrección. Con razón, sus hijos en la tierra, volviendo los ojos hacia nuestra Madre de esperanza, la invocamos como causa de nuestra alegría.

 

 

María del Rosario de San Nicolás – Evangelizad

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[1] Meditaciones basadas en Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año. Tomo II. F. F. Carvajal, Ed. Palabra, 1987, Madrid.

[2] Himno Cruz fidelis. Adoración de la Cruz.

[3] Lc. 23, 43

[4] Gal. 2, 20

[5] Antífona de entrada en la Misa.

[6] Jn 16, 22

[7] Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 30.

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#37 De: "Evangelizad - Melisa C. Watanabe" <evangelizad@...>
Fecha: Vie, 18 de Feb, 2005 2:06 am
Asunto: Cuaresma, persever en la esperanza - Sto Rosario continuado
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1120

Digo a mis queridos hijos: Haced esta Novena ofreciéndola a Cristo en este tiempo de Cuaresma, deseando la purificación de vuestros corazones.

No lo traicionéis, no abandonéis a Cristo.

Hoy como en los dolorosos momentos de su agonía, sufre por los hombres.

Orad y ofreced, El os escucha.

Amén, amén.

*          *            *

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Que nuestra Santísima Madre nos acompañe en este peregrinar por el desierto junto a Cristo, y centrando nuestras vidas en Él, impulse nuestros corazones a una sincera conversión, para amarle más y mejor con un corazó purificado; colmándoles a Uds. y sus familias, a medida que permanecemos en este desierto: de Paz, Confianza creciente en Dios, y la fortaleza necesaria para perseverar alegre y paciente este peregrinar hacia la Cruz...

 

Les recuerdo que desde hoy 17 comenzamos la Novena a María del Rosario de San Nicolás hasta el 25 de febrero, y que el jueves 24 de febrero ofreceremos la jornada ininterrumpida de santos rosarios. Están invitados a unir sus oraciones e intenciones a lo largo del día, como de toda la Cuaresma, tiempo propicio para acompañar al Señor en el desierto, con nuestra oración.

 

Un fuerte abrazo en el Corazón de Cristo, desde nuestra Madre, que Ella nos conceda de Su Hijo, en el transcurrir de la Novena las gracias que nos permitan amar más a Dios, según Sus Amorosos Designios. Encomendándome a sus oraciones,

 

Melisa C. Watanabe

 

Evangelizad – María del Rosario de San Nicolás

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*           *            *

 

Meditación: Del Tabor al Calvario. Perseverar en la esperanza en los momentos difíciles.[1]

 

 

I.          Oigo en mi corazón: busquen mi Rostro. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro (Sal 26, 8-9).

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó aparte –al Tabor-, para orar (cfr. Mc 9, 2; Lc 9, 28), los mismos tres discípulos que serán testigos de su agonía en el huerto de los Olivos.

Poco antes, en Cesarea de Filipo, Jesús había dicho a sus discípulos que iba a sufrir y padecer en Jerusalén, a morir a manos de los príncipes de los sacerdotes, de los ancianos y de los escribas. Los apóstoles habían quedado muy entristecidos con este anuncio.  Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y su vestido se volvio blanco, resplandeciente (Lc 9, 29).Y lo ven conversar con Elías y Moisés, que aparecían gloriosos y hablaban de su muerte, que se cumpliría en Jerusalén.

Los apóstoles llevaban ya seis días de tristeza por la predicación de Cristo en Cesarea de Filipo. La ternura de Jesús hace que ahora contemplen su glorificación. Nunca olvidarán los Apóstoles esta "gota de miel" que Jesús les daba en medio de su amargura.

 

            Jesús siempre hace así con los suyos: en medio de los mayores padecimientos da el consuelo necesario para seguir adelante.

Este destello de la gloria divina hace exclamar a San Pedro: Señor, ¡permanezcamos aquí! Hagamos tres carpas... Pedro quiere alargar aquella situación, pero como dirá el evangelista: no sabía lo que decía; porque lo verdaderamente bueno, lo importante, no es estar aquí o allí, sino estar siempre con Cristo, en cualquier parte, y verlo en las circunstancias en que nos hallemos. Si estamos con Él, da igual estar en medio de los mayores consuelos que entre dolores indecibles: teniéndolo a Cristo en nuestro corazón, todo lo tenemos. Lo único que verdaderamente importante es reconocer su Presencia manifestándose en lo cotidiano y vivir siempre con Él. Si permanecemos con Él, tenemos todo para ser felices y estamos unidos a los demás en Su Amor, sea cual sea nuestro lugar o situación.

Deseo verte y buscaré tu rostro, Señor, en las circunstancias cotidianas de cada día.

 

II.        El recuerdo de los momentos junto al Señor en el Tabor fue sin duda una gran ayuda en las situaciones difíciles de la vida de estos tres apóstoles.

Nuestra existencia es un caminar hacia Dios, nuestra Vida y nuestro todo. Este caminar es en ocasiones áspero y lleno de dificultades, y con frecuencia caminamos contra corriente, luchando con enemigos de nuestro interior como de afuera. Pero quiere el Señor confortarnos con la esperanza del Cielo, de manera especial en los momentos más difíciles o cuando nuestra flaqueza se hace más patente.

 

Una nube envolvió a Cristo en el Tabor, y de ella surgió una voz poderosa: Este es mi Hijo Amado, escúchenlo. Pero al alzar los ojos, vieron sólo a Jesús, ya no estaban Elías y Moisés. Sólo veían al Señor. A Cristo, el de siempre: que en ocasiones sentía hambre, se cansaba y esforzaba para ser comprendido. Así lo veían habitualmente, y no transfigurado.

A este Jesús tenemos que intentar encontrar nosotros en nuestra vida cotidiana, en medio del trabajo, en la calle, en quienes nos rodean, en la oración, cuando nos perdona en el sacramento de la reconciliación, y sobre todo, en la Eucaristía. Habitualmente no se nos muestra con particulares manifestaciones. Hay que aprender a descubrirlo en lo cotidiano.

 

Si frecuentemente nos pusiéramos en presencia divina y e imitamos a la Santísima Virgen, dirigiendo nuestros pensamientos, palabras, oraciones breves, diálogos espontáneos de corazón a corazón al Señor, nuestra Vida, nuestra verdadera alegría, nuestra Paz, nuestro consuelo, nuestra Felicidad Verdadera, nuestro comienzo,  nuestra meta, y nuestro Todo,¿no sería diferente nuestra vida, no sólo en esta Cuaresma, sino siempre?

 

Si un alma no tuviera más que anhelos de amar a Dios,

Podría estar satisfecha, pues Dios está donde se le desea,

Donde se le anhela.

S. Padre Pío de Pietrelcina

 

 

*          *            *

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1604

Vivid esta Cuaresma en oración; participad en cada Misa, uniéndoos a Jesucristo y a esta Madre que, ciertamente está unida a los hijos, por Amor al Hijo.

Frecuentemente veo la debilidad ante el sufrimiento, más, Yo pregunto ¿Quién como Cristo, sufrió tan grandemente? Os doy el consuelo necesario: oración y Mi Amor Maternal.

Hace tiempo que os espero, venid; es Mi Misión, recogeros en Mi Corazón.

Bendito y alabado sea Dios.

Sea esto conocido por todos tus hermanos.

Leed: I de Juan C. 2, V. 24 - 25

2 4  En cuanto a ustedes, permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio:  de esa manera, permanecerán también en el Hijo y en el Padre.

25  La promesa que El nos hizo es ésta: La Vida Eterna.



[1] Basado en F. F. Carvajal, Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año, §12, Ed. Palabra, Madrid, 1987. Adaptación.

 

 

 

 

 


#36 De: "Evangelizad - Melisa C. Watanabe" <evangelizad@...>
Fecha: Mié, 19 de Ene, 2005 2:21 pm
Asunto: Aprender de María la vida de oración - Santo Rosario continuado
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1194

Hija mía: En esta Novena, orad todos, para que los hombres sientan hambre de Dios. Si esto no sucede, el hombre se perderá irremediablemente.

Hay una sola posibilidad de salvarse y es que el hombre se sustente de Dios.

Hay en el mundo, dolor y pecado, porque no se espera ni se  confía en Dios.

El mundo, está viviendo en tinieblas, porque no quiere asomarse a la Luz.

Alabado sea el Altísimo.

(Intención de la Novena del 17 al 25)

 

*          *            *

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

            En estos días de Novena a María del Rosario de San Nicolás, llenos de confianza depositamos cuanto inquieta nuestros corazones, y nos encomendamos a Su Maternal protección con la certeza de sabernos siempre llevados entre Sus suaves brazos hacia Su Hijo.

Es tanta la riqueza de la oración y tanta la necesidad que tenemos de ella, que en estos días de Novena hemos de aferrarnos fuertemente al Santo Rosario para sumergirnos en cada oración y en cada Misterio que meditemos, teniendo presente que: la oración aclara la mente, fortalece el espíritu y abre el corazón (Mensaje 723).

            Les recuerdo que el lunes 24 de enero ofreceremos la jornada de Santos Rosarios ininterrumpidos, cual perfume persistente que llega a Dios. Les facilito una meditación acerca de la actitud de la Santísima Virgen y de su vida de oración, para que imitándola, junto a Ella y con Ella, aprendamos a encontrarnos con Su Hijo.

            Encomendándome a sus oraciones, los saluda fraternalmente,

Melisa C. Watanabe

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*          *            *

 

Digo a mis hijos: Es hora de arrepentirse y recomenzar. Es hora ya de buscar la Luz y de permanecer en la Luz. Nada debe detener a mis hijos; es Cristo Jesús quien lo reclama.

Amén, amén.  (Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1240)

 

 

Meditación:    "María guardaba todas las cosas y las meditaba en su corazón" [i]

I. Siempre con Jesús. Vida de oración.

Dos veces hace referencia san Lucas a esta actitud de María ante los acontecimientos que van sucediendo: en la Nochebuena de Belén y en Nazareth a la vuelta de Jerusalén, después de encontrar a Jesús en el Templo. Esta insistencia parece ser el eco de la actitud meditante de María.

La Virgen conserva y medita, sabe de recogimiento interior, y hace tema de su oración todos los sucesos de su vida, en una plegaria continua que es como el aroma de la rosa que constantemente se eleva hacia Dios. Nuestras oraciones y los vientos tormentosos de este mundo pasan a su lado, el perfume de su oración se torna más fuerte y perceptible, y se convierte en intercesora nuestra[ii].

Cuando María estaba aquí en la tierra, todo lo que hacía estaba centrado en su Hijo: cuando hablaban oraba, pues eso es la oración: un diálogo con Dios; cuando se miraban era contemplación, cuando pensaba en Él también oraba[iii]...

María nos enseña con qué delicadeza e insistencia se debe pedir, como Caná de Galilea, en aquella boda: aunque Ella era su Madre, la misma que había acunado en sus brazos a Cristo, no se arroga nada, y simplemente expone las necesidades y dificultades que le preocupan e inquietan, sin imponer ni exigir nada, confiando en la solución que Cristo dé al problema, sea cual sea Su Voluntad, en la certeza de saber que será lo mejor, lo más indicado, lo que resuelve de manera más conveniente,  que sólo la Infinita Bondad, Misericordia y Sabiduría Divina podrá comprender plenamente. Ella sabe que Su Voluntad manifiesta lo más perfecto que pueda realizarse, confía en su sabiduría, en su visión absoluta y profunda que contempla todos los aspectos y circunstancias, que nosotros desconocemos. Ella expone al Señor lo que ocurre, y lo deja confiadamente en sus manos.

Al pie de la Cruz, Ella nos anima a permanecer siempre junto a Cristo, como Ella, en oración silenciosa, en los momentos más difíciles de la vida.

María conservaba todas estas cosas dentro suyo, meditándolas en su corazón (Lc 2, 19). Procuremos nosotros imitarla, exponiendo al Señor en un diálogo enamorado, todo lo que nos pasa, aun los acontecimientos más simples.

 

II. Aprender a rezar.

El aroma de nuestra oración ha de subir constantemente a Dios Padre, nosotros le pedimos a nuestra Madre, y Ella desde el Cielo, nos alienta siempre a no dejar la oración, el trato con Dios, ya que son nuestra fortaleza diaria.

La oración nos fortalece y es un arma contra las tentaciones. A veces, podemos oír también nosotros las mismas palabras que Jesús dirigió a sus discípulos en Getsemaní: ¿Por qué duermen? Levántense y oren para no caer en la tentación (Lc 22, 46). Hemos de rezar siempre. Pero, hay momentos en que es necesario intensificar la oración, porque quizá son mayores las dificultades familiares o en el trabajo, o son más fuertes las tentaciones.

La Santísima Virgen María nos enseña hoy a meditar en nuestro corazón, a dejar en manos del Señor cuanto constituye nuestra vida: lo que nos parezca una desgracia, las contrariedades cotidianas, las alegrías, la muerte de un ser querido, el nacimiento de una nueva vida, las incidencias del trabajo o de la vida familiar, la amistad...

Ninguna persona ha sabido tratar a Jesús como su Madre –quien ya lo trataba desde su Seno Virginal-, y después de Ella, San José, quien pasó largas horas mirándolo, contemplándolo, hablando con Él de las pequeñas incidencias, con sencillez y veneración. Acudamos a ellos con fe, para aprender de su diálogo habitual con el Señor.

Santísima Virgen María, Patriarca San José, rueguen por nosotros.

 

 



[i]  Basado en F. F. Carvajal: Hablar con Dios, meditaciones para cada día del año, Tomo VII, §48, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

[ii] F. M. Moschner, Rosa mística, p. 201

[iii] cfr. Card. J. H. Newman.


#35 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Sáb, 18 de Dic, 2004 6:17 pm
Asunto: Santo Rosario - Navidad junto a San José
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás, Nº 1057 (Natividad del Señor)

Celebrad con esperanza, con fe y con alegría este día.

Uníos a esta Madre; que este mi gozo sea vuestro gozo, que junto a María despertéis, que junto a María reviváis, que el Mensaje de María no se diluya y en vosotros, mi amor quedará encendido.

Mi dulce y adorado Hijo alumbrará a este mundo en tinieblas.

La Madre os lo dice.

Amén, amén.

 

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

 En estos días de Novena de oración a la Santísima Virgen María, mientras preparamos nuestros corazones para recibir a Cristo con la ternura de un recién nacido, nos pondremos bajo la paternalidad de su buen esposo y padre, San José. A él dedicaremos la meditación, para vivir el nacimiento de Cristo en íntima unión con la Santísima Virgen, como él la habrá vivido. 

Acompañemos y esperemos su nacimiento, ofreciendo una jornada de oración, bastará con un momento de recogimiento en un día tan especial, para que ofrezcamos nuestros santos rosarios llenos de amor, y de entrega al divino Niño, como nuestro modo de acogerle y cobijarle... Reitero la invitación para sumarse a las oraciones de rosarios continuados del viernes 24 de diciembre.

Encomendándome a sus oraciones, y ofreciéndoles las mías, los saluda con un fuerte abrazo en la Santísima Virgen María y San José, rogándole que nos conceda experimentar el nacimiento de Cristo entre pañales en la profundidad de nuestros corazones, y que Su admirada y sencilla Presencia les traiga la Paz, reavive la Esperanza, y sea vínculo de unión en sus familias y con los demás hermanos...

 

Melisa C. Watanabe
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás, Nº 1056 (Noche Buena)

Acompañadme en esta Santa Noche con vuestra oración, recordad conmigo el nacimiento de mi amado Jesús.

Humilde nacimiento, mas no carente de amor, ya que con mi esposo José le dábamos todo nuestro amor, desde ese momento y para siempre.

Hijos míos, entregad con vuestra oración, también vuestro corazón.

Aleluia.

 

Meditación: La Navidad junto a San José

 

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo (Mt 1, 16).

Entre los judíos, como entre los demás pueblos de origen nómada, el árbol genealógico tenía una importancia capital. La persona estaba ligada y era conocida fundamentalmente por el clan o la tribu a la que pertenecía, más que por el lugar donde habitaba[1].

En el pueblo hebreo se añadía la circunstancia de pertenecer al pueblo elegido por el vínculo de la sangre. Era José, como María, de la casa y familia de David (Lc 2, 4), de donde nacería el Mesías, según había sido prometido por Dios: suscitaré de tu linaje, después de ti, al que saldrá de tus entrañas y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo restableceré su trono para siempre (2 Sam 7, 12-13).

 

En el cumplimiento de su misión de custodio de María y de padre de Jesús estaba el verdadero sentido de la vida de José, de la misma forma que cada hombre viene al mundo con una misión peculiar de Dios, en la cual radica todo el sentido de su vida.

Cuando el ángel le reveló el misterio a José la concepción virginal de María, él aceptó plenamente su misión, permaneciendo fiel hasta su muerte. Toda la gloria y felicidad de San José consistió en haber reconocido lo que Dios quería de él, y en haberlo llevado a cabo fielmente hasta el final.

 

            En nuestra oración contemplamos a San José junto a la Virgen, que está embarazada, próxima ya a dar a luz a su Hijo unigénito... cerca suyo queremos vivir su nacimiento, la Navidad.

 

El amor de San José a la Virgen fue muy grande y muy generoso, accedió desposarse aceptando renunciar a tener sucesión, antes que vivir separado de aquélla a quien tanto amaba[2]. Fue su amor limpio, delicado, profundo, sin egoísmo, respetuoso.

José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, lo trató dándole lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, hizo de Jesús un artesano, le transmitió su oficio. Jesús trabajó en el taller de José y junto a él. Jesús habría de parecerse a José en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En su espíritu observador, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplos de la vida cotidiana, se puede reflejar lo que ha sido la infancia y juventud de Jesús, y de su trato con José[3].

 

San José presenció también la llegada de los pastores, a quienes quizá invitó a entrar sin timidez a besar al Niño. Dice la Palabra de Dios: "Les vio asomarse a la gruta entre tímidos y curiosos, contemplar al Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre (Lc 2, 12)"; oyó cuando explicaron a la Virgen la aparición del ángel, que les comunicó el nacimiento del Salvador en Belén, la señal por la que le conocerían, y cómo una multitud de ángeles se habían reunido y habían glorificado a Dios y prometido en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. San José contempló también la felicidad de Aquélla que era su esposa, la maravillosa mujer que le había sido confiada. Él vio y se gozó viendo la dicha de la Santísima Virgen al contemplar a Su Hijo; y con amor desbordante siguió cada uno de sus gestos, tan llenos de delicadeza y significación[4].

De la mano de José podemos entrar en la cercana Navidad. Él sólo nos pide sencillez y humildad para contemplar a María y a su Hijo en aquella pequeña gruta de Belén. Tratándole, nos ayudará a contemplar ese misterio inefable del que fue testigo silencioso.

San José comprendió muy pronto que toda la razón de ser de su vida era aquel Niño, a quien brindaría todos sus cuidados y protección, y también María. ¡Cómo agradecería Jesús todos los desvelos y atenciones que José tuvo con María! Se entiende bien que, después de la Virgen María, sea la criatura más llena de gracia.

 

San José, ruega por las personas que te encomendamos, y ruega por mí, porque necesito tu ayuda. En cualquier necesidad, el Santo Patriarca, junto con la Santísima Virgen, atenderá nuestras súplicas. Le pedimos que nos haga sencillos de corazón, para amar a Jesús Niño incondicionalmente.

 

Meditación basada en Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año, Tomo I: Adviento, Navidad, Epifanía, F. F. Carvajal, Palabra, Madrid, 1988.



[1] Cfr. Santos Evangelios, EUNSA, notas a Mt 1, 1 y Mt 1,6.

[2] F. Suárez, José, esposo de María,Madrid, 1982, p. 89

[3] S. J. E. de Balaguer, Es Cristo que pasa, 55.

[4] F. Suárez, op. cit., p. 106


#34 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Jue, 25 de Nov, 2004 4:43 am
Asunto: Meditación sobre la verdadera Paz
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Meditación: El Mesías, Príncipe de la Paz

 

 

                        La paz es uno de los grandes bienes constantemente implorados en el Antiguo Testamento. Se promete este don al pueblo de Israel como recompensa a su fidelidad[1], y aparece como una obra de Dios[2] de la que se siguen incontables beneficios. Pero, la verdadera Paz será posible en la tierra con la venida del Mesías. Por eso los ángeles anuncian cantando: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad[3].

Estamos próximos a comenzar el Tiempo de Adviento, tiempo especialmente oportuno para aumentar la paz en nuestros corazones; tiempo para pedir la paz, pues los conflictos e insatisfacciones pueden inquietarnos y quitarnos la paz.

 

            El Señor es el Príncipe de la paz[4], su nacimiento muestra que es Dios-con-nosotros[5], Emmanuel. Su llegada invade de paz y de alegría, de la única Paz verdadera y de la única alegría cierta. La paz esté con ustedes [...]. Soy Yo, no teman[6]. Cristo es, en toda circunstancia, la fuente de una paz serena e inalterable: Soy Yo, no teman, nos dice.

La paz es también un tesoro que nos ha dejado: La paz les dejo, Mi paz les doy, no como la da el mundo[7]. La paz del Señor trasciende por completo la paz del mundo.

            Cristo es nuestra paz y nuestra alegría; el pecado siembra soledad, inquietud y tristeza en el alma. La paz necesaria es de orden interior, conocimiento de las propias miserias y virtudes, respeto a los demás y una plena confianza en el Señor, que nunca nos deja. Es fruto de la humildad, del vivir como verdaderos hijos de Dios, de la lucha contra nuestros desórdenes... la paz se pierde por el pecado, por la soberbia, por la falta de sinceridad con uno mismo y con Dios. También por la impaciencia, es decir, no reconocer la Providencia del Señor en las dificultades y contrariedades.

Recuperar la paz, si la hubiésemos perdido, o cultivarla para que invada totalmente el alma y la irradiemos a los demás...  es una de las mejores muestras de amor para quienes nos rodean, y también la primera tarea para preparar en nuestro corazón, para la llegada del Niño Dios.

            Seremos bienaventurados cuando llevemos la paz a quienes están afligidos, cuando estemos al servicio de Dios como instrumentos de unión.  Para poder realizarlo, hace falta la humildad.

            El sacramento de la Confesión, la mayor fuente de paz y de alegría en el mundo, pues habla de la Misericordia y Bondad de Dios. Quienes se acercan a la confesión, a veces después de varios años y con el peso de muchos pecados, encuentran en la confesión el alivio buscado, la alegría y la serenidad de la conciencia, que no podría encontrarse en otra parte[8].

Quienes tienen la paz del Señor y la promueven a su alrededor, se llamarán hijos de Dios[9]. Con sabiduría afirma San Juan Crisóstomo: "la obra de Cristo ha sido unir a los que estaban alejados y reconciliar a los que estaban en guerra"[10]. En este tiempo de Adviento podríamos fomentar en nuestra familia, en el lugar de trabajo, entre nuestros amigos una mayor unión con Dios, entre quienes nos rodean, una convivencia más amable y más alegre.

 

            Ya lo sabemos. Adviento es un tiempo propicio para fomentar la paz y la alegría. Aprendamos a encontrar al Señor en todas las circunstancias y rostros humanos, también en los momentos difíciles. Busquemos el rostro de Aquel que habita siempre. Hagamos, al menos, lo que hicieron sus discípulos cuando estaban con la fe débil y temerosos: no tendrían gran confianza ni paz, pero al menos no se alejaban de Cristo. Cuando estemos en dificultades, acudamos a Él, día tras día, pidamos con perseverancia aquello que sólo Él puede otorgar... y Él, dirá frente a las tempestades de vientos y mar: Calma, estén tranquilos. Y habrá una gran paz.

 

            La Santísima Virgen María, que es la Reina de la Paz, nos ayudará a tener paz en nuestros corazones, a recuperarla si la hubiéramos perdido, y a irradiarla entre quienes nos rodean. Ya se acerca la Fiesta de la Inmaculada Concepción. Nos esforzaremos por acudir a Ella durante todo el día, teniéndola cada día más presente, e intentaremos ser como Ella, fieles y traslúcidos reflejos de Dios...

 

            Un saludo afectuoso en Cristo y María, les pido disculpas por no haberles podido escribir antes para recordarles del comienzo de la Novena de oración a María del Rosario de San Nicolás, y la Jornada de Santos Rosarios continuados por dificultades personales, encomendándome a sus oraciones en este día 25 en que la honramos especialmente.

 

Melisa C. Watanabe

 

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[1] Lev. 26, 6

[2] Is. 26, 12

[3] Lc. 2, 14

[4] Is. 9, 6

[5] cfr. Mt. 1, 23

[6] cfr. Lc. 24, 36-39

[7] Jn 14, 27

[8] Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 15, 4

[9] cfr. Mt. 5, 9

[10] cfr. San Juan Crisóstomo, cit.


#33 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Mié, 20 de Oct, 2004 12:03 pm
Asunto: En el mes del Santo Rosario
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás N° 1458

Veo a la Santísima Virgen. Me dice: Gladys,  muchos se preguntarán de mi insistente pedido de oración.

Te diré: La oración, ayuda al cristiano a meditar, lo saca de la prisa con que anda por el mundo y lo hace ir de prisa hacia Dios.

Hace que profundice en el corazón y lo detiene en Dios, para que pueda escuchar a Dios.

En la oración, el sediento de Dios, apaga su sed; el débil se fortalece y el orgulloso se vuelve humilde.

Es que en la oración el alma se pone en presencia de Dios.

Deben mis hijos crecer en oración y crecerán así en amor a Dios.

Amén, amén.

 

 

Estimados hermanos y hermanas en Cristo y María Santísima,

 

            Confiando en que la Santísima Virgen María estará cobijando y atendiendo con  gran delicadeza las necesidades de quienes somos sus hijos más débiles y enfermizos, para dejarlas presurosa a los pies de Su Hijo y Señor Nuestro Jesucristo; los invito a abandonar con total confianza las alegrías, incertidumbres, consuelos y desconsuelos, sus familias, y cuanto pueda inquietar sus corazones en Nuestra Madre, por medio de la oración, para que la Paz de Cristo reine en nuestras vidas y hogares, quedándonos solamente la única preocupación relevante: amar y servir a Dios... vida de nuestras Vidas, nuestro Fin y nuestro único Bien.

En estos días de Novena a María del Rosario de San Nicolás, les recuerdo que pueden unirse con sus santos Rosarios para ofrecer una jornada de oración continuada de 24 horas, plegarias incesantes, y que desde distintas partes del mundo, ofrecemos los hermanos en Cristo en respuesta al pedido de la Santísima Virgen María. Fortalezcamos la oración con nuestros santos Rosarios, “desgranad las cuentas” –nos dice la Virgen-. Para alegría de Dios, contamos con hermanos que lo hacen en un grupo o en familia... entregando con sus oraciones, sus vidas al Señor, desde la Virgen María Santísima. Y en el mes del santo Rosario, nada mejor que meditar acerca de la importancia de la oración, en que la Santísima Virgen moldea en nuestras almas el Rostro de Cristo. Pidamos al Señor que nos conceda ser cada día más semejantes a Él, para que imitando la docilidad de la Santísima Virgen María, Él pueda obrar en nuestros corazones.

Estaré esperando sus confirmaciones para este DOMINGO 24 DE OCTUBRE.

Encomendándome a sus oraciones, los saluda en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

 

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás N° 1192 – (El Papa reza el Santo Rosario por T.V.)

Hija mía: En estos momentos, hay extrema necesidad de oración. El Santo Rosario será escuchado en este día por el Señor, como si fuera mi voz.

La oración, es un pedido mío y está dirigido a todos los pueblos. La oración, debe nacer de un corazón dispuesto, debe también, ser frecuente y hecha con amor. Jamás sea dejada de lado, ya que la Madre quiere que por ella lleguen los hijos a Dios y es el arma que utiliza y con la cual logra vencer al enemigo.

Gloria a Dios.

 

 

 

Meditación: ¡Solamente en la oración y con la oración, aprendemos a servir a los demás!

 

            La vida cristiana es imitación de la del Maestro, pues Él se encarnó y os dio ejemplo para que sigáis sus pasos (1 Pe 2, 21). San Pablo exhortaba a los primeros cristianos a imitar al Señor con estas palabras: Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2,5).

Nuestra santidad no consiste tanto en una imitación externa de Jesús, sino más bien en permitir que nuestro ser más profundo se vaya configurando con el de Cristo. Despojaos del hombre viejo con todas sus obras, y vestíos del hombre nuevo... (Col 3, 9), anima San Pablo a los colosenses. Esta diaria renovación significa desear constantemente, sobre todo, procurar que nuestros sentimientos ante los hombres, ante las otras realidades creadas, ante la tribulación, se parezcan cada día más a los que tuvo Jesús en circunstancias similares, de tal manera que nuestra vida sea en cierto sentido prolongación de la Suya, pues Dios nos ha predestinado a ser semejantes a la imagen de su Hijo (Rom 8, 29).

            El Señor lo es todo para nosotros. «Él es, en el hambre, mi alimento, en la sed mi fuente, y mi vestido en la desnudez. Cuando temo, Él es mi protección; cuando vacilo mi apoyo; cuando combato, mi premio; y cuando triunfo, mi trofeo. Es para mí el sendero estrecho y el sendero angosto» (San Hipólito, Homilía de Pascua). Nada deseo fuera de Él.

 

            En el Evangelio (Mc 10, 35-45), Jesús les dice a Santiago y Juan, que le piden dos puestos de honor en su Reino: ...quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos.  Y les da la suprema razón: porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en redención de muchos. Toda su vida fue un servicio a todos, y su doctrina es una constante llamada a los hombres para que se olviden de sí mismos y se den a los demás. En la noche anterior a su Pasión y a su Muerte, y para que quedara esta característica esencial del cristiano, lavó los pies a sus discípulos, para que ellos hicieran también lo mismo (cfr. Jn 13, 4 ss.).

Los cristianos, que queremos imitar al Señor, hemos de disponernos para un servicio alegre a Dios y a los demás, sin esperar nada a cambio: bastará saber que nuestras vidas son miradas por Jesús, ¡ya es suficiente recompensa!

Como nos recomienda la Sagrada Escritura: servid al Señor con alegría (Sal 99, 2), especialmente en aquellos trabajos de la convivencia diaria que pueden resultar más ingratos y que  suelen ser con frecuencia los más necesarios. La vida se compone de una serie de servicios mutuos diarios. Procuremos excedernos en la esta disponibilidad al servicio con alegría, con prontitud, como lo hizo la Santísima Virgen al salir presurosa en ayuda de su prima Santa Isabel, estando Ella misma embarazada, y siempre padeciendo alegremente en favor de los demás.

 

Aprendamos de la Santísima Virgen María, a pensar en las necesidades de los demás, a facilitarles la vida aquí en la tierra y a facilitarles también su camino hacia el Cielo, disponiéndolo todo para su encuentro con el Señor, y no siendo nosotros mismos, obstáculos (cfr. S. Escrivá de Balaguer, Surco). Así será más fácil hallar a Jesús, que nos sale al encuentro y nos dice: cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis (Mt 25, 40).

 

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Meditaciones tomadas de: Hablar con Dios, F. F. Carvajal, Tomo V, Tiempo Ordinario, Semanas XXIV-XXXIV, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

 

 

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#32 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 19 de Sep, 2004 4:20 pm
Asunto: XXI Aniversario Maria del Rosario de San Nicolas
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María del Rosario

de San Nicolás

 

¡¡¡Ave María

Purísima!!!

 

 

 

 

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

            En esta Novena tan especial en que se cumplen 21 años de las Maternal presencia de la Santísima Virgen María entre nosotros, a Ella le confiamos y abandonamos nuestras vidas con renovada fe, depositando cuanto inquiete nuestros corazones, para aceptar amorosamente la Voluntad de Dios, imitando Su actitud y modelo de un Amor totalmente despojado de sí y confiado totalmente en Dios, que tiene la certeza que teniéndolo a Él en nuestros corazones y en nuestras vidas, todo lo tenemos.

            Los animo a fortalecer nuestras oraciones cada día, a ofrecer generosamente sus oraciones y regalarle a nuestra Madre Santísima infinidad de Coronas de Rosas, del perfume que más le agrada, y con ellas, pedir insistentemente por aquello que la Virgen Santísima nos pide: "Que el Señor tenga Misericordia con el mundo entero, y que el mundo entero responda a Su llamado de CONVERSIÓN. Que el hombre se entregue totalmente a Dios, que no deje pasar este momento tan especial; y por la Paz del mundo".

            En respuesta a nuestra Madre, los invito a aferrarse fuertemente al Santo Rosario, todos los días de la Novena, recordándoles que el viernes 24 de septiembre ofreceremos la jornada ininterrumpida de Santos Rosarios, con la esperanza de aumentar nuestra oración y nuestro compromiso de ofrecerla por nuestros hermanos, y con ello entregar nuestras vidas total e incondicionalmente a Dios, nuestra Vida, nuestro Amor Verdadero, nuestra Paz, y nuestro Todo.

            Encomendándome a sus oraciones, los saluda fraternalmente en Cristo y María,

            Melisa C. Watanabe

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*                      *                      *

 

Meditación: "María, Mediadora de todas las Gracias"

Basado en: "Hablar con Dios", F. F. Carvajal, Tomo V, Semana 25º T.O.

 

I.          María Santísima es la Mediadora ante el Mediador, que es Su Hijo. Ya en la tierra, Ella ejerció esta maternal mediación, y en Caná, realizó Jesús su primer milagro a instancias de la Virgen (cfr. Jn  2, 1 y ss). San Juan señala los frutos espirituales de esta intervención: "y sus discípulos creyeron en Él". Asunta a los Cielos no ha dejado esta misión, sino que con su intercesión continúa obteniéndonos los dones de salvación eterna. Con Su Amor Materno cuida de nosotros, los hermanos de Su Hijo, que todavía peregrinamos y en medio de dificultades[1]. Por la intercesión ante su Hijo, Nuestra Señora nos alcanza y nos distribuye todas las Gracias con ruegos que le son irresistibles a Su Hijo. ¿Qué va a negar Jesús a quien lo engendró y llevó en Su Seno Maternal durante nueve meses, y estuvo siempre con Él, desde Nazareth hasta su Muerte en la Cruz?

El Papa León XIII enseña que "Por voluntad de Dios, ningún bien nos es concedido si no es por María; y como nadie puede llegar al Padre si no es por el Hijo, así generalmente nadie puede llegar a Jesús sino por María"[2].

No dudemos en pedir una y otra vez a la que se ha llamado Omnipotencia suplicante. Ella nos escucha siempre. No dejemos de poner ante su mirada amorosa esas necesidades, quizá pequeñas, que nos inquietan en el momento presente: conflictos familiares, apuros económicos, un examen, unas contrariedades, un puesto de trabajo que nos es preciso... Y también aquellas que se refieren al alma y que nos deben inquietar más: la lejanía de Dios, la gracia para superar una situación difícil, aprender a rezar mejor, la fortaleza y fidelidad para amarle en los momentos de difícil aceptación de Su Voluntad...

            Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros. En el Cielo, Ella lleva nuestra oración ante Su Presencia, y la perfecciona.

 

II.        Todas las Gracias, grandes y pequeñas, nos llegan por María.

Nadie se salva, oh Santísima, si no es por medio de Ti.

Nadie sino por Ti se libra del mal... Nadie recibe los dones divinos, si no es por tu mediación...

¿Quién, después de tu Hijo, se interesa como Tú por el género humano?

¿Quién como Tú nos protege sin cesar en nuestras tribulaciones?

¿Quién se esfuerza tanto como Tú en suplicar por los pecadores? ¿Quién toma su defensa para excusarlos...?

Por esta razón, el afligido se refugia en Ti, el que ha sufrido la injusticia acude a Ti, el que está lleno de dolores invoca tu asistencia... La sola invocación de tu nombre ahuyenta y rechaza al enemigo, y nos guarda seguros. San Germán de Constantinopla, Homilía en S. Mariae Zonam

 

Sus hijos, nos dirigimos a la Madre del Cielo para conseguir Gracias de todo tipo, tanto temporales como espirituales. Entre ellas pedimos la conversión de personas alejadas de su Hijo, y para nosotros, un estado de continua conversión, que nos dispone cada día esforzarnos por mejorar, por quitar los obstáculos que impiden la acción del Espíritu Santo en el alma. Ella es la que verdaderamente cambia los corazones. Por eso, desde la antigüedad, María es llamada "Salud de los enfermos (de cuerpo y alma), Refugio de los pecadores, Consuelo de los afligidos...". Su Mano, generosa como la de todas las madres, es dispensadora de todo tipo de Gracias, y aun nos dispone con su oración a acercarnos a los sacramentos y a recibirlos convenientemente[3].

En sus manos maternales ponemos hoy todas nuestras preocupaciones, y hacemos el propósito de acudir a Ella diariamente muchas veces, en lo grande y en lo pequeño.

 

III.       En el Avemaría, le rogamos muchas veces: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte... Ese 'ahora' es repetido en todo el mundo por millones de personas de toda edad y color, que piden la gracia del momento presente[4]. Aunque alguna vez, sin querer, estemos algo distraídos, nuestra Señora, que está siempre atenta a nuestras súplicas y conoce nuestras necesidades, ruega por nosotros y nos consigue los bienes que necesitamos. Un clamor grande queremos que suba a cada instante, de día y de noche, a Nuestra Madre del Cielo: Ruega por nosotros pecadores, ahora... ¿Cómo no nos va a oír, cómo no va a atender nuestras súplicas? Desde el  Cielo conoce bien nuestras necesidades materiales y espirituales, y como una madre llena de ternura ruega por sus hijos.

            Cada vez que acudimos a Ella, nos acercamos más a Su Hijo. María es siempre el camino que conduce a Cristo. Cada encuentro con Ella nos conduce a un encuentro con Cristo mismo. ¿Qué otra cosa significa acudir a María, sino un buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella a Cristo, nuestro Salvador?[5]

 

            Es innumerable la cantidad de motivos y razones que tenemos para acudir confiadamente a María, con la certeza de que siempre seremos escuchados, puesto que jamás se oyó decir, que ninguno de los que han acudido a Su Protección, implorado Su asistencia y reclamado Su Socorro, haya sido abandonado.  Animado de esta confianza, a Vos acudo, Virgen Madre de las vírgenes... Madre de Dios, no deseches mis súplicas.

 

Este mes acudiremos a Ella rezando con más atención y devoción el Santo Rosario; en ésta oración preferida[6] de la Virgen Santísima no dejaremos de poner todas nuestras intenciones, con la seguridad de que seremos escuchados.

 

 

María del Rosario de San Nicolás,

Ruega por nosotros.

 

 

 



[1] Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 62.

[2] Leon XIII, Enc. Octobri mense, 22-IX-1891.

[3] R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, Madrid 1982, vol. I, p. 144.

[4] Cfr. R. Garrigou-Lagrange, op. cit.

[5] Pablo VI, Enc. Mense maio, 29-IV-1965

[6] cfr. Pablo VI, Enc. Mense maio.


#31 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Mar, 17 de Ago, 2004 3:15 pm
Asunto: "Todo es para bien..." - Santo Rosario continuado
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Es Cristo el que Ama, es Cristo el que pide, es Cristo el que espera, para obrar en los corazones, para bien de ellos.

Bendito sea el Señor, por querer la conversión de Su Pueblo.

Bendito sea el Señor, por Su Generosidad.

Bendito sea el Señor, por dar al hombre a Su Madre, como medianera de Su Gracia.

Amén, amén.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1267

*           *            *

 

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

En este día que comenzamos la Novena de oración a la Santísima Virgen María del Rosario de San Nicolás, a Ella le confiamos nuestra salud física y fundamentalmente la espiritual, para que el Espíritu Santo morando en los corazones, avive crecientemente el Fuego del Amor de Dios, y valiéndose de nuestras pobres vasijas de barro que portan Su Belleza y Su Grandeza, lleve y contagie en nuestras familias y a quienes Él ponga en nuestros caminos, Su Paz, Su alegría, Su Esperanza y Su Amor, porque teniéndolo en nuestros corazones, todo lo tenemos; nos enseña Santa Teresa: sólo Dios basta.

 

A lo largo de la Novena permaneceremos unidos en las oraciones desde el Corazón Purísimo de Nuestra Madre, en Su Hijo y Nuestro Señor Jesucristo. Quienes deseen fortalecer las oraciones para la jornada ininterrumpida de Santos Rosarios que ofreceremos el martes 24 de agosto, están cordialmente invitados, como también a pedir y a añadir intenciones, por las que iremos rezando y publicando en la web para que todos puedan rezar por ellas (basta con que lo especifiquen).

 

Pediré especialmente a la Santísima Virgen que nos conceda una confianza y una Fe en Dios cada día mayor, como la Suya; e iluminados por el Espíritu Santo, vivamos con la certeza que el Señor TODO lo permite para el bien de quienes ama, más aún las pruebas, las cruces, en donde nuestro dolor, por los Méritos de Su Pasión y de Su Cruz, puede asociarse a Él. Esta Novena es una ocasión para meditarlo, y las meditaciones seleccionadas quieren contribuir humildemente a ello. Encomendándome a sus oraciones, los saluda fraternalmente en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

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*           *            *

 

MEDITACIÓN: TODO ES PARA BIEN

Basadas en Hablar con Dios, de F. F. Carvajal, Tomo III, §96

 

I. Amar la Voluntad de Dios, que tiene los mejores proyectos posibles. Serenidad en la contradicción

         Dios, nuestro Padre, que antes de concebirnos en el seno materno ya nos había pensado amorosamente, quiere lo mejor para sus hijos. Sin embargo, como creaturas Suyas, nuestra comprensión es limitada y lo que podamos imaginar para nosotros mismos y para los demás, está muy lejos de los Planes Amorosos de Dios. Él sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, y Su Mirada misericordiosa alcanza esta vida y la Eternidad, frente a nuestra mirada corta y deficiente.

La felicidad y la santidad, consisten esencialmente en conocer, amar y realizar la Voluntad de Dios, que se manifiesta de diversas formas a lo largo de la vida, con la suficiente claridad.

Dice el Señor: No andéis agobiados por la vida pensando qué van a comer, ni por su cuerpo pensando qué vestirán. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que la ropa? Miren cómo las aves del cielo no siembran, ni cosechan, ni guardan en bodegas, y el Padre celestial, Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes más que las aves? (Mt 6, 25-26). Es una invitación a vivir cotidianamente con alegre esperanza. Desde luego que nos saldrán al encuentro sufrimientos, preocupaciones, trabajos, pero debemos llevarlos sabiéndonos hijos de Dios, sin preocupaciones y sobrecargas inútiles como son la rebeldía o la tristeza, con la certeza de saber que el Señor permite esos sucesos, esta enfermedad, aquello que parece un desastre, para purificarnos, para convertirnos en co-redentores: al asociarlos a los méritos de la Pasión de Nuestro Señor, con Él y por Él podemos ofrecerlos y redimir con nuestros sufrimientos, junto al Señor. Los padecimientos, la contradicción, nos ayudan a crecer en las virtudes y fundamentalmente son ocasiones para amar más a Dios.

Si recordamos la parábola de la vid y los sarmientos, hemos de consolarnos: el Señor te exige, porque eres sarmiento que da fruto... y te poda para que des más fruto. Indudablemente, ese cortar, ese arrancar, duele. Pero luego, ¡qué fortaleza y qué madurez en las obras![1]. No nos desconcertemos con los Planes Divinos, Dios sabe bien lo que hace o permite.

Con confianza, el Señor nos invita a llevar la contradicción, el dolor y el fracaso con paz, sin quejarnos, sin dejar lugar a la tristeza o la rebeldía. En el diálogo de corazón a corazón con el Señor, veamos si nos valemos de nuestros quebrantos físicos, morales y espirituales, para acercarnos más a Dios, si son ocasiones que nos hacen más humildes. No andéis agobiados por la vida...

 

II. Abandono en Dios y responsabilidad

         Mayormente, no sabemos lo que es bueno –ni lo que es mejor- para nosotros, y lo que aumenta la confusión, es que creemos saberlo. Cada uno tiene sus propios planes para su propia felicidad, y con frecuencia le pedimos a Dios que sea un simple "asistente" que nos ayude a realizarlos. La verdadera situación es completamente diferente: Dios tiene sus planes para nuestra verdadera felicidad, y aguarda que nos decidamos a realizarlos. ¿Habría que aclarar que nosotros NO podemos "mejorar" los planes de Dios?[2] Conocer esta certeza práctica, estas verdades, y vivirlas diariamente nos llevará a un abandono sereno, incluso ante la dureza de aquello que no comprendemos –ni comprenderemos- y que nos causa dolor y preocupación.

Nada se derrumba si estamos amparados en nuestro Padre infinitamente Misericordioso y Amoroso; pues:  si a una hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al fuego en el horno, Dios así la viste, ¿cuánto más a ustedes...? (Mt 6, 30)

Nunca podemos olvidar que Dios nos quiere felices aquí, pero nos quiere aún más felices con Él para siempre en el Cielo.

La santidad consiste en amar la amorosa Voluntad de Dios que se manifiesta en los deberes de cada día, en las circunstancias diarias, contando con los incidentes de toda vida, y abandonándonos en Dios con toda confianza. Pero este abandono en Dios ha de ser activo y responsable, poniendo de nuestra parte todos los medios que en cada caso requiera la situación: acudir al médico cuando estemos enfermos, haciendo todas las gestiones necesarias para conseguir el empleo por el que hemos rezado a Dios, trabajar esforzadamente por seguir adelante, estudiar las horas necesarias y con profundidad para aprobar ese difícil exámen... El abandono en Dios ha de ir íntimamente unido a la responsabilidad, que lleva a poner todos los medios humanamente posibles, y los oportunos remedios humanos. Es un trabajo hecho a conciencia, con orden, acabado, constante y sacrificado, que da sus frutos con el tiempo. Y si esos frutos tardan en llegar es señal que Dios los dará por caminos insospechados para nosotros y que quiere que nos santifiquemos –amando y confiando en su Voluntad- en esas circunstancias.

 

III. Todo ocurre para bien de quienes aman a Dios

         El sabernos hijos amados de Dios nos ayuda a descubrir que todos los acontecimientos de nuestra vida son guiados o permitidos para nuestro mayor bien, por la Amorosísima Voluntad de Dios. Él que es nuestro Padre, nos concede lo que más nos conviene, y espera que sepamos ver Su Amor de Padre tanto en los acontecimientos favorables como en los adversos[3].

Dice San Pablo que todas las cosas cooperan para el bien de quienes aman a Dios (Rom 8, 28). El que ama a Dios sabe que pase lo que pase, todo será para bien, si no deja de amar. Precisamente porque ama, pone los medios, y una vez que pone todos los medios a su alcance, se abandona en Dios y en Él deposita su alma, con la confianza puesta en su Providencia Amorosa.

Se pregunta San Bernardo[4]: ¿Acaso no cooperan hasta los pecados, al bien de aquel que con ellos se vuelve más humilde, más fervoroso, más precavido, más prudente?

Después de poner todos los medios a nuestro alcance, o ante acontecimientos en los que nada podemos hacer, diremos en la intimidad de nuestro corazón: todo es para bien.

Con esta convicción, fruto del sabernos hijos de Dios, viviremos llenos de optimismo y esperanza, superando muchas dificultades.

Cuando parezca que el mundo se viene encima, donde alrededor no se vislumbre ninguna salida, y aún cuando parezca imposible superar las dificultades... Has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre: Todopoderoso, infinitamente sabio, misericordioso. Él no puede enviar nada malo. Eso que te preocupa, aunque no lo entiendas, te conviene. Nosotros estamos como ciegos, mientras que Dios todo lo ve. ¡Todo es para bien! ¡Señor, que siempre se cumpla tu Santísima Voluntad![5]

 

¡Todo es para bien! Todo lo podemos convertir en algo agradable a Dios, agradeciéndole, y acudimos a la Santísima Virgen para que nos ayude a tener una Fe semejante a la Suya, sabiendo que todo lo que Dios permite es para nuestro mayor bien.

 

*        *         *

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1508

En la Novena de este mes, esta Madre pide:

Oración, oración por el mundo, por los que todavía viven en penumbras.

Oración, por los que no tienen en cuenta a la Madre, ni el tiempo que hace que la Madre,

 dirige Su mensaje de Amor, a todos sus hijos.

Debe crecer la confianza a Mi Corazón;debe crecer el amor a Mi Corazón; debe también crecer

el amor entre los hermanos y habrá así, paz en los espíritus y paz en el mundo.

No será eso posible, mientras no haya corazones entregados al Señor,

corazones amantes del Señor, creyentes en El y en Su Santo Evangelio.

Hijos míos: Huid de las tempestades del mal y acudid a la calma que os ofrece el Bien,

para bien de vuestras almas.

Gloria a Cristo Jesús.

Regad la tierra entera con Mis palabras.

Leed: Baruc 4,26  y  5,1-2

26 Mis tiernos hijos han recorrido ásperos caminos, fueron llevados como un rebaño arrebatado por el enemigo.

C. 5, V. 1 - 2

1 Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la Gloria de Dios.

2  Cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de Gloria del Eterno.



[1] San Escrivá de Balaguer, Camino, Nº 701.

[2] E. Boylán, El amor supremo, vol. II, p. 46.

[3] EUNSA, "Sagrada Biblia", nota a Rom 8, 28.

[4] San Bernardo, Sobre la falacia y la brevedad de la vida, 6.

[5] San Escrivá de Balaguer, Via Crucis, IX, n. 4


#30 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Vie, 6 de Ago, 2004 11:56 am
Asunto: Asunción de la Santísima Virgen María
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15 de agosto: Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María

 Orad con sencillez y sin apatía, mi corazón pide de verdad y con insistencia vuestra fervorosa oración. Llenaos de la Luz de vuestra Madre, dejad que mi amor en este glorioso día, se haga sentir en profundidad. Gloria a Dios Todopoderoso.

(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº  943, Asunción de la Sma. Virgen María)  

Preparémonos rezando cada día, para celebrar junto a la Santísima Virgen su Gloriosa Asunción.

 
 

Día primero (sábado 7 de agosto)

Oh, María sin pecado concebida!
la más Preciosa Niña,  
Reina de las Maravillas.  
Regálame en este día,
hacerme pequeñito,
y siempre ser tu verdadero hijo,
para llegar algún día al Dios de la Vida.
Amén.  

En cada día se puede rezar un
Padrenuestro,  Ave María y Gloria.

Día sexto  (jueves 12)

Oh, Madre de Redención!
cáliz de amor!
llévanos al Salvador,
misterio de alegría en el corazón
y en el que palpita la alabanza al Padre Creador.
Haz que la esperanza inunde nuestra alma,
pues es nuestro Dios, escudo de Salvación,
quien es nuestra protección
ya que con Su Sangre nos cubrió
y nos enseñó lo que es el verdadero amor.
Amén.  

Día séptimo  (viernes 13)

Oh, María!, Señora mía!
enséñame en este día,
lo que la caridad sería,
para llegar algún día
a la Tierra Prometida!.
Oh, María!, Rosa Castísima!
muéstrame el camino de la verdad
para que llegue a la santidad
Amén.  

Día segundo (domingo 8)

María, princesa desde niña,
sobre la tierra sería ya nuestra guía
y en Tí resplandecería
el cumplimiento de las profecías.
Oh! mi dulce compañía,
guía a este siervo pequeñito,
que nada sería si en él no estaría
la Luz Divina.  
Amén.  

Día tercero  (lunes 9)

Vaso purísimo!, Estrella mía!
que hilabas en tu Seno, como Virgen Inmaculada,
al Dios que amabas,
que por Él suspirabas
y que brillaba, en una Niña Casta
que se esposaba como Inmaculada.
Haz que la pureza en mí resplandezca
y que inunde toda la tierra que parece desierta.
Amén.  

 

Día octavo  (sábado 14)

Oh, María!, Auxiliadora mia!
haced que el Espíritu Santo,
sea derramado
en esta pobre vasija de barro
y que sea por Él llenada
para purificarla y habitarla,
labrándola a tu semejanza.
Amén

Día cuarto  (martes 10)

Oh, María! del mismo Dios alegría.
Oh, María! a la que el ángel saludaría
y le confiaría la más hermosa noticia,
que en Tí viviría el Dios de la Vida,
el Mesías esperado,
ya anunciado y por los corazones anhelado.
Oh, Lirio Perfumado! por el Señor siempre Santo!
haced que digamos siempre "Sí" y vivamos para Tí,
pues el Buen Dios a Tí nos dió
y desde la Encarnación te señaló
como Corredentora para nos.  
Amén.  
    

 Día noveno  (Domingo 15)

Oh, Amadísima! oh, Madre mía!
oh, Virgen María!
a la que los ángeles subirían
al Cielo con singular alegría.
Oh María, pináculo de amor!.
Oh, María!
reina hoy en cada corazón,
dándonos tu Inmaculado Corazón,
como Reina del Cielo y la tierra que sos!.
Oh, María, postrado ante Vos,
sólo tuyo soy, como esclavo de amor.
Amén.
 

Día quinto  (miércoles 11)

Madre mía, bella María!
que en tus brazos acunarías,
al Sol que iluminaría nuestras pobres vidas.
Oh, María! cuyos ojos mirarían
con dulzura infinita al Niño que padecería
y nos redimiría en la Cruz un día.  
Haz que seamos mansos y humildes de corazón
como lo fue siempre Nuestro Señor.
Amén.  
   

(Novena tomada de Reina del Cielo)

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1487  (Asunción de la Virgen)               

 

Mi querida hija, en este día en que honráis a la Madre, de manera tan especial, desde el Cielo miro  a mis hijos.

Mi Luz, llegará a las almas, bañando las almas.

Mis ojos, se posarán llenos de Misericordia, en aquellos que sufren. La Fuerza de Mi Amor, fortalecerá a los débiles.

Mi Maternal Corazón, será Refugio de los corazones afligidos.

Esto pido a todos mis hijos; Sacerdotes, Religiosos y Laicos: Id llevando siempre y con amor, la Palabra de Dios, por todos los confines de la tierra.

Hay en los hijos necesidad de la Madre; hay en la Madre, necesidad de los hijos.

Amén, amén.

Sea conocido este mensaje universalmente.

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#29 De: Evangelizad - María del Rosario de San Nicolás <evangelizad@...>
Fecha: Vie, 16 de Jul, 2004 9:21 pm
Asunto: María Santísima: Vida, Dulzura y Esperanza nuestra - Rosario continuado
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1559

¡Oh hija mía, espero aceptación de parte de todos tus hermanos y no rechazo!

Quiero ser recibida por todos, en especial por los pobres pecadores.

Esta Madre, lavará sus heridas y hará posible la reconciliación con el Señor.

Hijos míos: Sólo dejadme y confiad, sólo dejadme y seréis completamente renovados en fe y amor.

Amén, amén.

Hazlo conocer.

Leed: Eclesiástico C. 2, V. 13

13 ¡Ay del corazón que desfallece, porque no tiene confianza! A causa de eso no será protegido.

 

Nuestra Señora del Carmen

 

Estimados hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

La Santísima Madre, Vida, Dulzura y Esperanza nuestra, lleve nuestras vidas siempre entre sus maternales brazos al encuentro con Su Hijo y Señor Nuestro, Jesucristo. 

En vísperas de iniciar la Novena de oración a María del Rosario de San Nicolás, impulsados por Nuestra Señora del Carmen, advocación que celebramos hoy, junto con nuestras oraciones a la Virgen Santísima, renovemos la confianza y la esperanza en Dios. Los invito a elevar sus oraciones a lo largo de la Novena, y el sábado 24 de julio, que ofreceremos la jornada de Rosarios de 24 horas continuadas, por las intenciones que quieran ofrecer (se publican en la web).

El domingo 25 de julio llevaré las peticiones que han ido llegando, y que llegarán, para el buzón de la Sra Gladys, vidente de las apariciones, a las benditas tierras nicoleñas. Y desde el Santuario, frente a la Santísima Virgen, depositaré sus intenciones y sus familias, para que Ella nos avive la Fe, fortalezca nuestra Esperanza, y nos haga fieles a Su Hijo, aceptando Su Voluntad Amorosa aunque no la entendamos.

Encomendándome a sus oraciones, los saluda en los Corazones de Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

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Meditación: 

Los Santuarios de la Virgen, signos de Dios. La Santísima Virgen María, nuestra esperanza en cualquier necesidad[1].

 

           

            Incontables peregrinos se dirigen diariamente a los innumerables santuarios dedicados a la Santísima Virgen María, para encontrar los caminos de Dios o reafirmarse en ellos, para hallar la paz de sus almas y consuelo en sus aflicciones. En estos lugares de oración, la Virgen facilita en encuentro con Su Hijo.

            Los cristianos que acuden a buscar el auxilio maternal de la Santísima Virgen para seguir adelante en sus caminos, encuentran la paz del alma, la llamada de Dios a una mayor entrega, la curación de cuerpo o la del alma, el consuelo en medio de tribulaciones...

En el misterio de la visitación de la Virgen a su prima santa Isabel, vemos cómo dice a cada uno que no llevemos demasiadas cosas materiales, que evitemos demasiado apego a las preocupaciones que nos atan y sujetan impidiéndonos elevar nuestras miradas a Dios, ya que entorpecen la marcha, y demoran nuestro caminar hacia la casa del Padre. También nos recuerda que en la tierra no hay metas definitivas, y que nuestras vidas, nuestros pasos, nuestros pensamientos, nuestros corazones, deben dirigirse a Dios.

Como Ella dirigiéndose a la casa de su prima, imitemos su caminar presuroso[2], su caminar rápido y alegre. Así hemos de caminar nosotros en nuestro espíritu de servicio a favor de nuestros hermanos, en este camino que nos lleva hacia Dios.

 

            La esperanza hace que como peregrinos sigamos caminando. La Virgen es nuestra esperanza, nos alienta a seguir adelante continuamente, nos saca de las circunstancias más difíciles. Siempre que acudimos a nuestra Madre –aunque sea con la brevedad de una oración, o una mirada a una imagen suya- salimos reconfortados. Aún cuando no nos damos cuenta, María interviene siempre con solicitud y delicadeza de Madre, como lo hizo desapercibidamente en las bodas de Caná.

A la Reina y nuestra Madre, depositaria de la esperanza que alienta nuestro caminar, podemos saludarla: “Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, Vida, Dulzura y esperanza nuestra...”.

            La Virgen fue motivo de alegría, de paz y de esperanza para todos mientras estuvo presente aquí en la tierra. El sábado santo, cuando la muerte de Jesús trajo la oscuridad más completa sobre el mundo, sólo permanecía encendida la esperanza de María: por ello los apóstoles se congregaron bajo su amparo. Ahora, desde el Cielo, con su Amor Maternal cuida de nosotros, sus hijos más débiles y enfermizos, que todavía peregrinamos en medio de peligros.

            Nuestra Madre nos reconforta siempre y está presente cuando necesitamos protección, pues nuestra vida es como un largo navegar, en el que con frecuencia padecemos vientos y tormentas. Ella es nuestro puerto seguro, donde ninguna nave naufraga[3].

 

            Solicitamos a nuestra Madre que nos fortalezca y anime, porque la vida es una peregrinación permanente y no tenemos aquí morada permanente (Heb 13, 14). Uno de los mayores enemigos del caminante, lo que quita más fuerzas, es el desaliento y la falta de esperanza. No se desanima el que sufre, sino quien después de un error o de una caída, no se levanta con prontitud y sigue caminando, con la esperanza puesta en Dios, que todo lo permite para nuestro mayor bien, y para que más le amemos cada día.

Quien deposita su esperanza en Cristo vive de ella, fuente de alegría que permite soportar pacientemente las dificultades (cfr. Col 11, 24). La esperanza lleva a abandonarse en Dios como hijos suyos. Él conoce todo lo que nos aqueja, enfermedades, nuestros problemas familiares o profesionales... Sabemos que en cada situación, contamos con las ayudas necesarias para salir adelante. Y es la Virgen la que adelanta esas ayudas y gracias, la que las multiplica... Ella nos da la mano después de una caída, de un momento de vacilación, nos ayuda a reconocer con prontitud nuestras faltas y pone en nuestros corazones los sentimientos del hijo pródigo.

 

            Acudimos todos estos días de Novena, y todos los días de nuestras vidas, a Nuestra Madre, la Virgen María, pidiéndole que nos enseñe el camino de la esperanza, que es vivir abandonando confiadamente nuestras vidas, familias, y cuanto nos inquieta mientras caminamos por el mundo, en su regazo maternal, para que el Señor nos reciba y haga totalmente Suyos. Ella, con el Hijo entre sus brazos, que nos espera junto a Su Hijo para abrazarnos y guiarnos amorosamente.

 

 

Gracias por difundir estos mensajes.

                       

 

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[1] Meditaciones basadas en “Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año”. §31, Tomo VI, y §3, Tomo VII. F. F. Carvajal, Editorial Palabra, 1987, Madrid.

[2] Cfr. Lc. 1, 39.

[3] Cfr. San Juan Damasceno, Homilía en la dormición de la Bienaventurada Virgen María.


#28 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Vie, 18 de Jun, 2004 9:36 pm
Asunto: Santo Rosario continuado
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Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío (viernes 18 de junio)

 

El Corazón de Jesús, un corazón con sentimientos humanos, fue el instrumento unido a la Divinidad para expresarnos su Amor indecible, que representa y pone ante los ojos, todo el Amor que Él nos tuvo y nos tiene ahora. A Jesús, ninguno le es indiferente. Jesús experimentó en muchas ocasiones la inmensa alegría de ver que alguno se arrepentía de sus pecados y le seguía, o la generosidad de quienes lo dejaban todo para ir con Él, y se contagiaba del gozo de los ciegos que comenzaban a ver, quizá por vez primera. Y después de la Ascensión al Cielo, con su Cuerpo glorificado, no cesa de amarnos, de llamarnos para que vivamos siempre muy cerca de Su Corazón amantísimo[1].

Meditar en el Amor que Cristo nos tiene, nos impulsará a agradecer tantos dones y tanta misericordia recibida inmerecidamente. Y al comprobar que muchas veces no somos del todo fieles, que son muchas las flaquezas personales, iremos a Su Corazón amantísimo y allí encontraremos la paz. Muchas veces tendremos que recurrir a Su Amor misericordioso buscando esa paz, que es fruto del Espíritu Santo. ¡Corazón Sacratísimo y misericordioso de Jesús, danos la Paz!.

Al ver a Jesús tan cercano a nuestras inquietudes, a nuestros problemas, a nuestros ideales, le decimos: ¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se conduce por la misericordia; que vela y cuida de los pecadores y de los justos...

Dios ama a cada uno en particular. Escribe el Apóstol Juan: “amemos, pues, a Dios, ya que Dios nos amó primero”. Y Jesús, se dirige a cada uno, a pesar de nuestras innegables miserias, para preguntarnos como a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Es hora de responder con él: “¡Señor, Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo!”, añadiendo: ¡ayúdame a amarte cada día más, auméntame el amor![2].

 

Dulcísimo e Inmaculado Corazón de María  (sábado 19 de junio)

 

El corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: “María –escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19).

La Santísima Virgen nos protege siempre, como una madre a sus hijos pequeños que están rodeados de dificultades, y nos hace crecer continuamente en el amor a Dios. ¿Cómo no acudir diariamente a Ella? Santa María, Estrella nuestra, ¡condúcenos y guíanos a Jesús!

En el relato de las bodas de Caná, San Juan revela un rasgo de la maternidad de María, en su atenta solicitud por los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante: nada de cuanto sucede al hijo, pasa inadvertido a la madre. En Caná, el Corazón maternal de María despliega su vigilante cuidado a favor de unos parientes o amigos, para remediar una situación incómoda. María no excluye a nadie de su Maternal amparo. No tienen vino, dice a su Hijo. Todos estaban distraídos, nadie se da cuenta, salvo Ella.

La Santísima Virgen conoce bien el Corazón de Su Hijo, y sabe cómo llegar hasta Él; ahora, desde el Cielo, su actitud sigue siendo la misma. Por su intercesión nuestras súplicas llegan “antes, más y mejor” a la presencia del Señor. Hay que aprender a tratar a nuestra Madre con mayor frecuencia y confianza, con la sencillez de los niños que acuden a su madre en todo momento: no sólo en las necesidades, también en los pequeños apuros que salen al paso. Las madres ayudan con alegría a resolver los problemas más frecuentes.

            Le pedimos a nuestra Madre que haga de nuestros corazones, un corazón puro, comprensivo con los demás, amable, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesite... ¡Madre, enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como tú! Que nuestro amor sea paciente, que nuestra alegría en el Señor sea plena, para comunicarla a todos[3].

            Le entregamos, una vez más, lo que somos y tenemos. Dejamos en su regazo los días buenos y los que parecen malos, las enfermedades, las flaquezas, el trabajo, el cansancio y el reposo, los ideales nobles que el Señor puso en nuestras almas;  ponemos especialmente en sus maternales manos nuestro caminar hacia Cristo, para que Ella lo proteja y guíe.

 

 

Mi Corazón se estremece de gozo, cuando un alma se abandona ansiosa y ardientemente en el Señor.

Mi Corazón guarda de los peligros, al alma que tan fielmente espera en Dios.

Alégrese el alma  y no sufra por las tribulaciones, porque mi Corazón de Madre no se oculta ni vacila, sino que está atento y vigilante.

Amén, amén.

(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº  1188)

 

*          *          *

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Los invito especialmente a unirse a la jornada ininterrumpida de santos rosarios, tanto con sus generosas oraciones como compartiendo sus intenciones por las cuales rezaremos (serán publicadas en www.geocities.com/evangelizad , para que todos podamos rezar por ellas), el jueves 24 de junio. En la medida que sus actividades lo permitan, los invito a comprometerse con alguna hora para rezar el santo rosario, ya verán qué grato es conocer –al consultar las intenciones- junto a qué hermanos y desde qué lugar del mundo se están uniendo espiritualmente en Cristo desde María Santísima.

 

Que la Santísima Virgen los introduzca en el Corazón Sacratísimo de Cristo, Misericordioso y Compasivo, y los moldee según Su Amor, para que nuestras vidas sean delicados perfumes y las más bellas ofrendas de amor a Dios, y se digne en aceptarnos, pobres vasijas de barro, para llevar Su Amor y Su Paz a todos nuestros hermanos. 

 

Melisa C. Watanabe

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Evangelizad – María del Rosario de San Nicolás

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[1] Cfr. Pío XII, Enc. Haurietis aquas, 15-V-1956, 22.

[2] San J. Escrivá de Balaguer, Forja, n. 497.

[3] Cfr. Juan Pablo II, Homilía 31-V-1979


#27 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Mar, 18 de May, 2004 3:06 am
Asunto: Santo Rosario continuado - Ascensión del Señor
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Hijos míos: Que el Amor de esta Madre, os ayude a renovar el espíritu. Os ofrezco Mi Amor, ofreced vosotros el vuestro al Señor, en este día tan especial.

Os lo pido, grabad esto en vuestros corazones.

Amén, amén.

Predícalo.

Leed: Job C. 5, V.17 - 18

17        ¡Feliz el hombre a quién Dios reprende y que no desdeña la lección del Todopoderoso!

18         Porque El hiere, pero venda la herida; golpea, pero sana con sus manos.

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás, Nº 1419 (Ascensión del Señor)

 

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Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Comenzamos esta Novena de oración a María del Rosario de San Nicolás depositando llenos de esperanza todo aquello que nuestros corazones guardan en lo más profundo, con la confianza de sabernos atendidos y escuchados por quien es infinitamente Misericordioso y compasivo: Su Hijo y Nuestro Señor Jesucristo.

 

Continuamos aferrándonos con fuerza a nuestros Santos Rosarios, oración predilecta de nuestra Madre, que aclara nuestra mente, fortalece nuestros espíritus y abre nuestros corazones a Dios, a lo largo de toda la Novena que hoy iniciamos. Los invito especialmente a unirse a la jornada ininterrumpida de santos rosarios, tanto con sus generosas oraciones como compartiendo sus intenciones por las cuales rezaremos (serán publicadas en www.geocities.com/evangelizad , para que todos podamos rezar por ellas), el lunes 24 de mayo, día de María Auxiliadora. En la medida que sus actividades lo permitan, los invito a comprometerse con alguna hora para rezar el santo rosario, ya verán qué grato es conocer –al consultar las intenciones- junto a qué hermanos y desde qué lugar del mundo se están uniendo espiritualmente en Cristo desde María Santísima.

 

 

Un abrazo en Cristo y María Santísima, con el corazón dirigido y elevado hacia Cristo, pero amándolo y reconociéndolo en quienes nos rodean, nos unimos muy especialmente este 18 de mayo a nuestro Santo Padre Juan Pablo II, que cumple 84 años, y a san Orione; y le encomendamos a la Virgen nuestras familias, nuestras intenciones y nuestras vidas, para que Ella las haga, como Ella lo fue, todas de Dios.

 

Melisa C. Watanabe

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*        *         *

 

Meditación. Solemnidad de la Ascensión del Señor: Jesús nos espera en el Cielo.

 

Dice Jesús a sus discípulos: “recibiréis el Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra. Y después de decir esto, mientras ellos miraban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos” (Hch 1, 7 ss).

Quienes habían visto morir a Cristo en la cruz, entre insultos, desprecios y burlas, son ahora testigos de su exaltación suprema. Se cumplen, ante la vista de los suyos, aquellas palabras que un día les dijo: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn 20, 17), y aquellas otras: “Ya no estoy en el mundo, pero ellos están en el mundo y voy a Ti, Padre Santo” (Jn 17, 11).

La Ascensión del Señor a los Cielos la contemplamos en el segundo misterio glorioso del Santo Rosario. Jesús va con el Padre. Dos ángeles de blancas vestiduras se aproximan a nosotros y nos dicen: ¿qué hacéis mirando al cielo? (Hch 1, 11).

La Ascensión fortalece y alienta nuestra esperanza de subir junto con Cristo, al Cielo, nos impulsa a levantar nuestros corazones a Dios constantemente: nuestra esperanza es cierta, pues el mismo Cristo ha ido a prepararnos una morada (Cfr. Jn 14, 2). En el Cielo, el Señor nos espera con su Cuerpo glorificado, con las huellas de la Pasión que Tomás contempló. Al vivir con el corazón puesto en Cristo, vivimos como ciudadanos del Cielo (Flp 3, 20) siendo al mismo tiempo ciudadanos de la tierra en medio de dificultades, de injusticias, de incomprensiones. Pero también, con la profunda alegría y la paz en el alma que da el sabernos hijos amados de Dios.

Y como los apóstoles, tras la subida de Jesús a los cielos y en cada momento que lo necesitemos, acudamos a María: “entonces volvieron a Jerusalén.. y oraban unánimemente... con María, la Madre de Jesús” (Hch 1, 12-14).

Cuando estaban mirando al cielo mientras Él se iba, se presentaron junto a ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: [...] ¿qué hacéis mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá de la misma manera que lo habéis visto subir (Hch 1, 11). Como los Apóstoles, permanecemos entre admirados y tristes al ver que nos deja. Jesús se va, pero se queda muy cerca de cada uno. Lo encontramos de un modo particular en el Sagrario, quizás no muy lejos de donde vivimos o trabajamos.

Los ángeles dicen a los Apóstoles que es hora de comenzar la inmensa tarea que les espera: la Ascensión marca el comienzo de la misión de sus discípulos, y nuestra misión. Grande es nuestra responsabilidad, porque el ser testigo de Cristo supone que nuestra vida evoque a Cristo, que nuestras actitudes reflejen Su Amor.

Los Apóstoles marcharon a Jerusalén en compañía de la Santísima Virgen. Esperemos junto a María la llegada del Espíritu Santo, imitando Su docilidad a la acción del Espíritu Santo, para que nuestras vidas incendiadas del Fuego del Amor de Dios, iluminen y enciendan el amor a los demás.

 

 

Meditaciones basadas en “Hablar con Dios”, tomo II. Cuaresma, Semana Santa, Pascua. 1987, Madrid, Ed. Palabra.

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#26 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Mié, 21 de Abr, 2004 1:31 pm
Asunto: Santo Rosario continuado 04-2004
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 939

 

Hijos míos: En la Novena de este mes, orad  para que el amor derramado por Cristo sobre los hombres, sea recibido y fructifique en los hombre.

Sea profunda, confiada y meditada la oración.

Alabado sea Jesucristo.

 

Siento necesidad de escribir:

            

              Dios me conceda la Gracia de vivir para Tí,

              de amar a tu Corazón con todo mi ser,

              y que sea Tú, Madre mía, la que limpie mi alma y la purifique.

 

              Amadísima Madre, enséñame a amar a Jesús,

              hazme digna de Jesús y de Tí, Madre

              y que la consagración de este día, me una más a Tí y a tu Hijo.

              Amén.

 

La Virgen dice: Tus hermanos pueden decir esta oración, el día de la consagración a mi Corazón.

La consagración no quita la libertad del cristiano, no lo anula, sino que lo hace crecer interiormente, hace que el espíritu se renueve día a día, se introduzca en mi Corazón y se alimente completamente de El.

De esta manera se llega a amar a Jesús en forma total, sólo por medio de mi Corazón.

Mi Corazón da y exige, más no exige lo imposible.

 

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

            En estos días de Novena a la Santísima Virgen del Rosario de San Nicolás, que Ella avive el Fuego del Amor de Cristo en sus corazones y en sus familias, colmándoles de Su Claridad, de Su Paz y fortaleciendo la Esperanza.

 

            Los invito a unir sus santos rosarios en estos días de Novena, y a adherir el sábado 24 de abril a la jornada de Santos Rosarios continuados, con sus oraciones y sus súplicas confiadas en que serán escuchadas por la intercesión de Nuestra Dulcísima Madre.

 

            Encomendándome a sus oraciones, y ofreciéndoles mis oraciones a cada uno, los abrazo en los Corazones alegres y llenos de gozo de Cristo Resucitado y de Nuestra Madre,

 

 

Melisa C. Watanabe

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Meditación: La Esperanza. María, esperanza nuestra.

 

    Yo soy la Madre del amor hermoso... en mí está toda la esperanza de vida y de virtud[1], son palabras que la Iglesia ha puesto durante siglos en boca de la Virgen.

    La esperanza fue la virtud peculiar de los Patriarcas y de los Profetas, de todos los israelitas que vivieron y murieron con la vista puesta en el Deseado de las naciones[2] y en los bienes que su llegada al mundo traería consigo, considerándose peregrinos y huéspedes en esta tierra[3]. Durante muchas generaciones esta esperanza sostuvo al pueblo de Israel en medio de incontables tribulaciones y pruebas.

    Con más fuerza que los Patriarcas y los Profetas y todos los hombres justos se unió la Virgen Santísima a este clamor de esperanza y de deseo de la pronta llegada del Mesías. Ya antes de la Anunciación, la Santísima Virgen María profundizaba en las Sagradas Escrituras, y en el conocimiento de lo que habían anunciando los Profetas, fue llegando a la plena confianza en que se realizaría lo anunciado. Esta esperanza fue creciendo como crece la certeza “que tiene el navegante, después de haber tomado el rumbo conveniente, de dirigirse efectivamente hacia el destino de su viaje, y que aumenta a medida que se acerca”[4].

    María se ejercitaba en la esperanza cuando en su juventud deseaba ardientemente la llegada del Mesías; cuando esperaba que la Concepción virginal del Salvador se manifestase a José, su esposo; cuando se encontró en Belén sin encontrar lugar donde pudiera nacer el Mesías; en su huida precipitada a Egipto... Más tarde, cuando todo parecía perdido en el Calvario, Ella esperaba la Resurrección gloriosa de Su Hijo... mientras el mundo estaba sumido en la oscuridad.

    A lo largo de los siglos, el Señor ha querido multiplicar las señales de su asistencia misericordiosa y nos ha dejado a María como faro poderosísimo para que sepamos orientarnos cuando estemos perdidos, y siempre.

 

Si se levantan los vientos de las tentaciones,

Si tropiezas con los escollos de la tentación,

Mira a la Estrella, llama a María.

Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia,

Mira a la Estrella, llama a María.

 

Si los malos sentimientos  impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María.

Si turbado, confuso, temeroso, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza

o en el abismo de la desesperación, piensa en María.

En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.

No se aparte María de tu corazón,

y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de sus ejemplos de virtud.

No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas.

Si Ella te tiene de su Mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer...

Ella es tu guía, llegarás felizmente al destino con Su Amparo.

 

San Bernardo (cfr. Hom. 2 sobre el “missus est”, 7).

 

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[1] Cfr. Eclo, 24, 24.

[2] Ag 2, 8

[3] Heb 11, 3

[4] R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador, Rialp, Madrid, 1976, p. 162.


#25 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Sáb, 10 de Abr, 2004 2:38 pm
Asunto: Feliz Pascua de Resurrección
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Vuestros corazones se inflamen de amor hacia Jesús Resucitado.

Vivid este gran día, llegad a El, en este gran día, confiad en El, hoy y siempre.

Amados hijos, creced en oración, amor y esperanza.

Que el deseo de orar, sea más fuerte que el de quedarse en la inercia.

Que el amor al Amor, sea superado día a día.

Que la esperanza, no desaparezca ante la desesperanza.

La presencia de esta Madre, os hará permanentemente hijos de Dios.

Gloria a Jesús eternamente

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás N°1386

 
 

   Mientras todos se retiraron, sólo ella, la Madre, consumida por el fuego impetuoso del amor, con fe y ánimo firme, se sentó junto a la tumba, olvidándose de comer y descansar. Solo ella la Madre, fue testigo de los hechos que precedieron la Resurrección y oyó aquel terremoto suave que despertó los muertos y arrojó en el sueño a las guardias que velaban ante el sepulcro".

   No se puede pasar el Sábado Santo sin pensar en la Virgen María. Con el dolor de la Madre de un condenado que resiste mientras tiene ante sus ojos o entre sus brazos al muerto, pero se queda sin nada cuando se ha depositado en el sepulcro al hijo de sus entrañas y al Dios de su vida entera. Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la resurrección al tercer día. Y María esperó hasta el tercer día.

   Si hay noches oscuras hay también alboradas luminosas, hay siempre un tercer día en que Dios cumple sus promesas y se hace presente más allá de nuestras esperanzas y nuestros deseos, como en el alba de la Resurrección[1].

 

¡¡Feliz y Santa Pascua de Resurrección en sus corazones!!

 

Que como la Santísma Virgen, vivamos siempre con la Confianza puesta sólo en Dios, Vida de nuestras Vidas, nuestra fuente alegría, nuestra Esperanza cierta...

Teniéndolo a Dios en nuestros corazones, todo lo tenemos. Que Ella nos conceda vivir centrando nuestra mirada en Él.

 

 

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[1] Tomado de Church Forum.



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#24 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 28 de Mar, 2004 7:02 am
Asunto: Meditación sobre la necesidad de la Oración
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1547:

Luego de rezar, veo a la  Santísima Virgen. Me dice: Hija mía,  te dedicas  a lo que es verdaderamente bueno para el espíritu, a orar.

En la oración, se va de continuo a Dios.

La oración sostiene al espíritu, en amistad con Dios.

En la oración, se muestra la pobreza del alma, la necesidad que tiene el alma, de Dios.

La oración hace que el peregrinaje hacia Cristo, se realice con auténtica alegría interior.

La oración hace que el espíritu, presente una plena disponibilidad hacia Cristo.

Amén, amén.

Debes darlo a conocer.

 

Queridos hermanos en Cristo y María,

 

            Encomiendo a la Santísima Virgen María a sus familias, inquietudes, preocupaciones, sus alegrías profundas, sus tristezas, y las intenciones que guardan en sus corazones, para que, ofreciéndolas Ella embellecidas y purificadas a Dios, sean bendecidas y realizadas según los Amorosos Designios de la Divina Voluntad.

Que Ella nos ayude a reconocer que todo cuanto el Señor permite ocurre para que más lo amemos cada día, de manera especial las pruebas y cruces que nos regala cada día, para que lo amemos con un amor semejante al Suyo.

Les envío esta meditación, que creo provechosa para realizar en este tiempo de Cuaresma, esperando que con nuestras oraciones acompañemos al Señor apartado en la soledad del desierto, para cultivar un sincero e íntimo diálogo de Su Corazón al nuestro.

Encomendándome a sus oraciones, los saluda en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

 

*          *            *

 

Meditación: la necesidad de la oración.

 

I.          En este tiempo de Cuaresma podemos fijar nuestra mirada en una escena del Santo Rosario: la oración de Jesús en el Huerto. Inmediatamente antes de entregarse a los tormentosos dolores que Cristo sabía le esperarían en la Pasión, el Señor se dirige con los apóstoles al Huerto de Getsemaní. Ha llegado la hora de su agonía.

   La oración es indispensable para nosotros, porque si dejamos a un lado el trato con Dios, nuestra vida espiritual se debilita poco a poco. La oración nos une a Dios, que nos dice: Sin mí, no podéis hacer nada (Jn. 15, 5). Conviene orar con perseverancia[1], sin desfallecer nunca. Buscarlo en un diálogo sincero, que nos acompañe en todas las circunstancias de nuestra vida.

   En este tiempo de Cuaresma, vamos con Jesucristo siguiendo el camino de la Cruz, y sin oración, es muy difícil acompañarlo[2]. Nuestros dolores, angustias y desesperanzas, unidos al sufrimiento de Cristo, adquieren sentido al asociarse íntimamente a Su Pasión redentora, porque todo –incluso lo más difícil de comprender- ocurre para el bien de los que aman a Dios (cfr. Rom. 8, 28). El dolor así resignificado sirve para amar más, produce paz y una profunda alegría. Por eso, muchas veces, el Señor bendice con la Cruz que permite. Así es el camino de la entrega, con la Cruz a cuestas[3].

 

II.        Y se apartó de ellos [...] y, puesto de rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi volundad sino la Tuya (Lc. 22, 41-42).

   Cuando el sufrimiento espiritual es tan intenso que le hace entrar en agonía, el Señor se dirige a su Padre con una oración llena de confianza. Le llama Abba (que en arameo significa Padre, papito) y le dirige palabras íntimas. Ese es el camino que hemos de seguir también nosotros. En nuestra vida habrá momentos de paz espiritual y otros de lucha más intensa, quizá de oscuridad y de dolor profundo, con tentaciones, con desaliento... Jesús en el Huerto nos muestra cómo proceder: con una oración perseverante y confiada. En el camino espiritual, y especialmente cuando sentimos el peso de nuestra debilidad, con Él nos recogemos en la oración, en conversación íntima con el Señor.

   En la oración personal se habla con Dios como en la conversación que se tiene con un verdadero amigo: lo sabemos presente y atento a lo que decimos, oyéndonos y contestando. Es en esta conversación íntima que intentamos mantener con Dios, donde abrimos nuestra alma al Señor, para adorarlo, darle gracias, pedirle ayuda, y profundizar en las enseñanzas divinas. Orar es hablar con Dios, hablarle de tus alegrías, tristezas, éxitos, fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias, flaquezas... agradecerle y pedirle, amarlo y desagraviarlo. En dos palabras, conocerlo y conocerte[4].

III.            Después de orar, se levantó y fue hacia donde estaban los discípulos y los halló dormidos, vencidos por la tristeza. Y les dijo: ¿Por qué duermen? Levántense y oren para no caer en tentación (Lc. 22, 45-46).

   El sueño, imagen de la debilidad humana, permite que se apodere de ellos una tristeza que los lleva al decaimiento, a la falta del espíritu de lucha.

   No caeremos en esa situación si mantenemos vivo el diálogo con Dios, si escuchamos Su Voz diciéndonos: Levántense y oren para no caer en tentación.

   También hay que poner los medios para hacer nuestra oración personal con recogimiento, y estar prevenidos contra las distracciones, apartando todo lo que nos impida estar atentos a nuestro Dios. Hay que tener los sentidos dormidos y el alma despierta.

   Si luchamos con decisión contra las distracciones, el Señor nos facilitará la vuelta al diálogo con Él; además, el Ángel de la Guarda tiene, entre otras, la misión de interceder por nosotros. Lo importante es no querer estar distraídos (más allá de los resultados) y no estarlo voluntariamente. Porque no se enojan los padres porque cuando los niños balbucean sin sentido mientras no saben hablar. Dios conoce nuestra flaqueza y tiene paciencia, pero hemos de pedirle: “concédenos el espíritu de oración”[5].

   Al Señor le será grato que le hagamos el propósito de mejorar en la oración todos los días de nuestra vida; también en aquellos en los que nos parezca costosa, difícil y árida, porque “la oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar”. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada[6].

La oración es un potentísimo faro que da luz para iluminar los problemas, para conocer mejor a las personas y así poder ayudarlas en su caminar hacia Cristo, para situar en su verdadero lugar aquellos asuntos que nos preocupan. La oración deja en el alma una atmósfera de paz y serenidad que se transmite a los demás.

 

            Nos encomendamos a la Santísima Virgen María, que pasó largas horas tratando a Jesús, mirándolo, hablando con Él, tratándolo con sencillez y devoción, para que nos enseñe a dirigirnos a Su Hijo llenos de confianza, y a seguirle de cerca, muy unidos a Su Cruz.

 

           

 

Hija mía: En estos momentos, hay extrema necesidad de oración. El Santo Rosario será escuchado en este día por el Señor, como si fuera mi voz.

La oración, es un pedido mío y está dirigido a todos los pueblos. La oración, debe nacer de un corazón dispuesto, debe también, ser frecuente y hecha con amor. Jamás sea dejada de lado, ya que la Madre quiere que por ella lleguen los hijos a Dios y es el arma que utiliza y con la cual logra vencer al enemigo.

Gloria a Dios.

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1192

(El Papa reza el Santo Rosario por T.V.)

 

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[1] Cfr. Lc. 18, 1

[2] Cfr. J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 89.

[3] Cfr. J. Escrivá de Balaguer, Via Crucis, II, 3.

[4] Cfr. J. Escrivá de Balaguer, Camino, n. 91.

[5] Preces de Laudes. Lunes IV semana de Cuaresma.

[6] J. Escrivá de Balaguer, Surco, n. 464.


#23 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 21 de Mar, 2004 4:10 am
Asunto: Santo Rosario continuado03-2004
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás, Nº 1127

Esta Madre dice a sus hijos: Sobre la angustia, sobre el dolor, brilla la esperanza.

Sobre la desolación, sobre la muerte, brilla la esperanza.

En estas palabras deberéis meditar.

Amén, amén.

 

 

Estimados hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

Que Nuestra Santísima Madre acompañe y guíe a cada uno de nosotros sus hijos, en este tiempo cuaresmal, a un profundo y sincero acercamiento con Jesucristo, en la intimidad y soledad del desierto de nuestras vidas.

 

Les pido disculpas por enviar el mensaje con algún retraso, pero tuve algunas dificultades que me impidieron realizarlo antes. Quiero recordarles que esta Novena de este tiempo de Cuaresma, es una ocasión propicia para unirse al Señor en la oración, contemplarle y acompañarle silenciosamente, y en esa intimidad con Él, confiádole nuestras inquietudes más profundas, nuestras debilidades y necesidades, como también para encomendar y pedir por las necesidades de nuestros hermanos.

 

Ofreceremos la jornada de santos rosarios continuados el día MIÉRCOLES 24 DE MARZO de 2004. Puede consultarse en www.geocities.com/evangelizad, y quienes deseen añadir sus intenciones, pueden realizarlo utilizando en la casilla de correo. En breve les enviaré un texto de meditación.

 

Que María Santísima llene, frente a la tristeza y el dolor, nuestros corazones de alegría, de confianza, fortaleza y paz en el Señor, porque teniéndolo a Dios en nuestras vidas, todo lo tenemos. Que nos conceda la paciencia y nuestra esperanza esté centrada en Cristo yaciente en la Cruz, padeciéndolo todo por Amor a cada uno de nosotros en particular, por medio de lo que nos ha reabierto las puertas del Cielo.

 

Encomendándome a sus oraciones, los saluda con un abrazo en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

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Información. enviada por Victoria Figuerola, para quienes residan en Argentina:

El Padre Gobbi, el 25 irá al Santuario de María del Rosario de San Nicolás para la Consagración de peregrinos y habitantes al INMACULADO CORAZON DE MARIA.

Quienes no puedan ir a San Nicolás, el padre va a estar:

  • 21 de marzo en LUJAN a las 15hs.
  • 24 de marzo en Capital Federal, Parroquia de San Francisco a las 16hs. (Alsina y Defensa).

 

 

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#22 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Vie, 20 de Feb, 2004 7:24 pm
Asunto: Sto Rosario 02-2004 - Medit. Tiempo de Cuaresma
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 743

Digo a mis hijos: Sois para Mí, como niños recién nacidos, que necesitan el amor de Su Madre, el calor de Su Madre y el alimento de Su Madre.

Os conduciré y os ayudaré a crecer en el Amor al Señor, sólo os pido, dejaos guiar.

Gloria a Dios.

 

Queridos hermanos en Cristo y María,

 

En estos días de Novena a María del Rosario de San Nicolás, confío que Ella continuará acompañándonos y guiando nuestros corazones amorosa y pacientemente hacia Su Hijo, haciéndolos dóciles, humildes, y convirtiéndolos enteramente a Dios, para ser así todos Suyos.

 

Es la cercanía del tiempo Cuaresmal una propicia ocasión para crecer en la oración, y estos días de Novena nos mueven a ello. Los invito a unirse a la jornada de Santos Rosarios continuados que ofreceremos el día Martes 24 de febrero de 2004, dando gracias a Dios por escuchar nuestras humildes oraciones ofrecidas con confianza desde el Corazón de la Santísima Virgen, y pidiendo por las intenciones que cada uno quiera añadir.

 

Los invito también, a compartir con otros hermanos vivencias y testimonios de la intercesión de la Santísima Virgen ante Dios, en el libro de Testimonios que hay disponible en la página web.

 

Le pedimos a nuestra Madre que moldee nuestros corazones al agrado de Dios, haciéndolos alegres, humildes y reconociéndose totalmente dependientes de Dios, cuales niños ante Ellos.

 

Encomendándome a sus oraciones, los saluda en los Corazones de Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 465

Hija: Quiero que sepáis, el porqué de mi imagen con el Niño y el Rosario.

El Niño, significa pureza y nueva vida, ya que Jesús Niño es el renacer a la Vida, es la fuente salvadora de toda alma sedienta.

El Rosario, os lo estoy ofreciendo como consuelo, para que, rezando el Santo Rosario, volquéis todos vuestros dolores, vuestras necesidades y súplicas.

Como Madre, os escucho queridos hijos, grande es mi Amor por vosotros.

Amén.

 

PD: Les dejo a continuación, una meditación para preparar nuestros corazones al tiempo de Cuaresma.

 

 

Tiempo de Cuaresma, tiempo de Conversión.

 

Comienza la Cuaresma, tiempo de penitencia y de renovación interior para preparar la Pascua del Señor[1]. La liturgia de la Iglesia nos invita sin cesar a purificar nuestra alma y a recomenzar de nuevo:

Convertíos a mí de todo corazón [...]. Rasgad los corazones, no las vestiduras, convertóps al Señor Dios nuestro, porque es compasivo y misericordioso[2].

Este 25, miércoles de ceniza, en el momento de la imposición, el sacerdote nos recuerda las palabras del Génesis, después del pecado original: Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir[3]. Y sin embargo, cuántas veces nos olvidamos que sin el Señor, no somos nada.

 

No podemos dejar pasar estos días sin fomentar en nuestra alma un deseo profundo y eficaz de volver una vez más, como el hijo pródigo, a estar más cerca del Señor. Éste es un tiempo excelente para dar un paso más en nuestra conversión, y el Señor nos repite a cada uno, en la intimidad del corazón: Convertíos. Volved a mí de todo corazón. El mensaje de la Cuaresma está lleno de alegría y de esperanza, aunque sea también un mensaje de penitencia y reparación.

 

Nuestro Santo Padre, refiriéndose la Cuaresma de este 2004, nos ha dicho: el tiempo de la Cuaresma, renueva en los creyentes el llamamiento a una conversión radical, confiando en la misericordia divina. En el tema de este año: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mateo 18,5), las palabras de Jesús son una exhortación y [...] un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres.

Jesús amó a los niños y fueron sus predilectos «por su sencillez, su alegría de vivir, su espontaneidad y su fe llena de asombro» (Ángelus, 18.12.1994). Ésta es la razón por la cual el Señor quiere que la comunidad les abra el corazón y los acoja como si fueran Él mismo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mateo 18, 5). Junto a los niños, el Señor sitúa a los «hermanos más pequeños», esto es, los pobres, los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados.

 

Haciéndose «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Filipenses 2,8), Jesús ha asumido el sufrimiento humano y lo ha iluminado con la luz esplendorosa de la resurrección. Con Su muerte, ha vencido para siempre la muerte.

Iniciemos con confianza el itinerario cuaresmal, animados por una más intensa oración, penitencia y atención a los necesitados. Que la Cuaresma sea ocasión útil para dedicar mayores cuidados a los niños en el propio ambiente familiar y social: ellos son el futuro de la humanidad.
Con la sencillez típica de los niños nos dirigimos a Dios llamándolo, como Jesús nos ha enseñado, «Abbá», Padre, en la oración del Padrenuestro. Llamando a Dios
Padre nuestro, nos daremos cuenta de que somos hijos suyos y nos sentiremos hermanos entre nosotros.

 

 

Meditaciones basadas en:

-Hablar con Dios, F. F. Carvajal, Tomo II, Cuaresma, Semana Santa, Pascua, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

-Mensaje del Papa Juan Pablo II para la Cuaresma 2004, 8 de diciembre 2003.

 

 

 

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[1] Cfr. Conc. Vat. II, Const. Sacrosantom Concilium, 109.

[2] Joel 2, 12

[3] Génesis 3, 19


#21 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Dom, 18 de Ene, 2004 2:28 am
Asunto: Santo Rosario Continuado - Intercesion de la Ssma Virgen Maria
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 1282

 

¡Mi querida hija, qué necesitado está el mundo de Dios y qué necesitado está Mi Corazón de los desagravios del mundo hacia Dios!

La oración, el rezo del Santo Rosario, puede cambiar el corazón de los hombres; Dios espera un pueblo orante; Dios espera de los hombres, el arrepentimiento,el ansia de ser nuevos.  Yo les digo: Estoy junto a vosotros, camino junto a vosotros, seguid a la que os quiere guiar hacia la Promesa.

Amén, amén.

Que tus hermanos conozcan éste, Mi mensaje de Amor.

 

 

 

Queridos hermanos en Cristo y María Santísima,

 

En este nuevo año que comenzamos, depositamos todos nuestros proyectos: personales, espirituales, familiares, profesionales, y encomendamos al cuidado de la Santísima Virgen María nuestras vidas, cuales tinajas cuyo contenido es meramente agua, para que por Su intercesión ante Su Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, las transforme y haga de ellas el mejor vino.

Los invito a unirse con sus oraciones, confiando en la poderosísima intercesión de nuestra Madre, y especialmente a fortalecer el Santo Rosario continuado del sábado 24 de enero, con sus oraciones e intenciones, que podrán consultar en www.geocities.com/evangelizad/rosariocont01-2004.htm

Encomendándome a sus oraciones,

 

Melisa C. Watanabe

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Les dejo a continuación una meditación sobre la efectiva y poderosa mediación que Nuestra Madre incesantemente realiza por nosotros: algo larga, pero muy rica espiritualmente.

 

 

El primer milagro de Jesús.

 

En Caná tiene lugar una boda. Esta ciudad está a poca distancia de Nazaret, donde vive la Virgen. Allí, donde están Jesús y la Virgen, tiene lugar este diálogo entre la Madre y el Hijo (cfr. Jn 2, 1-12): La Madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. La Virgen María pide sin pedir, expone una necesidad: no tienen vino. Nos enseña a rogar.

            Jesús le respondió: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.

Parece como si Jesús fuera a negarle a María lo que le pide: no ha llegado mi hora, le dice. Pero la Virgen, que conoce bien el corazón de su Hijo, actúa como si hubiera accedido a su petición inmediatamente: Hagan lo que Él les diga, dice a los sirvientes.

            María es la Madre atentísima a  todas nuestras necesidades, como no lo ha estado ni lo estará ninguna madre sobre la tierra. El milagro tendrá lugar porque la Virgen ha intercedido, por Su petición.

 

¿Por qué tendrán tanta eficacia los ruegos de María ante Dios? Las oraciones de María son oraciones de Madre, de donde procede su eficacia y carácter de autoridad ; y como Jesús ama inmensamente a su Madre, no puede Ella rogar sin ser atendida con diligencia. En esta boda, nadie le pide a la Santísima Virgen que interceda a favor de los esposos. Con todo, el corazón de María, que no puede menos que compadecer a los desgraciados y necesitados, la impulsó a encargarse por sí misma de interceder y pedir al Hijo el milagro. Si Ella obró así sin que se lo pidieran, ¿qué hubiera sido si le rogaban? (San Alfonso Mª Ligorio). ¿Qué no hará cuando –¡tantas veces a lo largo del día!- le decimos “ruega por nosotros”... ¿Qué no conseguiremos si nos empeñamos en acudir a Ella una y otra vez?

 

            Omnipotencia suplicante, así se ha llamado a nuestra Madre, porque su Hijo es Dios y nada puede negarle. Ella está siempre pendiente de nuestras necesidades espirituales y materiales; desea, incluso, incluso más que nosotros mismos, que no cesemos de implorar su intervención ante Dios a favor nuestro. Y nosotros, ¡tan necesitados y tan perezosos en pedir!, ¡tan desconfiados y tan poco pacientes cuando lo que pedimos parece que tarda en llegar!

            ¿No tendríamos que acudir con más frecuencia a la Virgen? ¿No deberíamos abandonarnos confiadamente en cada oración, sabiendo que Ella nos alcanzará lo que nos es más necesario? Si consiguió de Su Hijo el vino, que no era absolutamente necesario, ¿no va a remediar tantas necesidades urgentes como tenemos? “Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre -¡tu Madre!- actualmente, como en Caná, ha hecho resonar en tus oídos: ¡no tienen!... yo creo en Ti, espero en Ti, te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos” .

 

            El ir al encuentro de las necesidades del hombre significa una mediación: María se pone entre Su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos.

            Dijo su Madre a sus sirvientes: “Hagan lo que Él les diga”. Y los sirvientes obedecieron con prontitud y eficacia: y llenaron seis tinajas, las llenaron hasta arriba. El vino era de los mejores.

            Como el agua, también nuestras vidas carecían de sabor y no tenían sentido, hasta que Jesús llegó a nuestras vidas. Él transforma nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas; hasta la muerte es distinta junto a Cristo. El Señor sólo espera que realicemos nuestros deberes acabadamente, con la mayor perfección que nuestras fuerzas lo permitan, para que Él realice el milagro. El Señor convierte en vino riquísimo nuestras labores y trabajos, que de otra manera permanecen estériles. El mundo sería entonces una fiesta de bodas, un lugar más habitable y digno del hombre, en el que la Presencia de Jesús y María imprimen un gozo especial.

            Llenen de agua las tinajas, nos dice el Señor. No dejemos que la rutina, la impaciencia, la pereza, dejen a medio realizar nuestros deberes diarios. Lo nuestro es poca cosa: pero el Señor quiere disponer de ello.  Pudo Jesús haber realizado igualmente el milagro con las tinajas vacías, pero quiso que los hombres cooperaran con su esfuerzo y con los medios a su alcance. Luego, Él hizo el prodigio, a petición de Su Madre.

 

            Jesús no nos niega nada; y de modo particular nos concede lo que solicitemos a través de Su Madre. Ella se encarga de enderezar nuestros ruegos, si estaban algo torcidos. Como hacen las madres: siempre nos conceden más, mucho más de lo que pedimos, como ocurre en aquella bodá de Caná de Galilea. Hubiera bastado un vino normal y muy probablemente hubiera sido suficiente una cantidad menor[1]. ¡Y del mejor vino! sí también en nuestra vida el Señor nos da más de lo que merecemos,  aún mejor.

 

            Hagan lo que Él les diga. Son las últimas palabras de nuestra Madre en el Evangelio: no podrían haber sido mejores.

           

 

Meditaciones basadas en: Hablar con Dios, F. F. Carvajal, Tomo III, Tiempo Ordinario, Semanas I-XII, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

 

 

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[1] Los comentaristas calculan que el Señor convirtió en vino una cantidad que oscila entre 480 y 720 litros, según la capacidad de estas grandes vasijas judías.

 


#20 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Jue, 18 de Dic, 2003 2:21 pm
Asunto: Santo Rosario continuado - Noche buena
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo y María,

 

            En estos días de novena, en que junto a la Santísima Virgen y a San José, preparamos nuestros corazones y nuestro interior llenos de humildad, para que Cristo pueda nacer en los pobres pesebres de nuestras almas, a Ella le encomiendo vele y permanezca siempre junto a ustedes y sus familias, embelleciendo y preparando siempre nuestras vidas para el encuentro diario con Su Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, trayendo la Paz, la Esperanza en el encuentro definitivo, una profunda alegría por saberle en pañales, descansando en la cuna de nuestros corazones, y una mirada sobrenatural que antes de mirar al mundo, contemple largamente al Divino Niño recién nacido.

 

Los invito en esta novena tan especial, a celebrar una Navidad con Cristo, frente al paradojal ruido, fiesta y colorido que celebra una Navidad sin Cristo, preparándonos a celebrarla con regocijo espiritual, con la oración del Santo Rosario.

Ofreceremos la jornada de oraciones continuados el día de Nochebuena, miércoles 24 de diciembre de 2004. Confío que seamos muchos quienes acompañemos a nuestra Santísima Madre y a San José a la espera del nacimiento del Niño Dios.

Estos días hemos tenido como regalo, un testimonio que muestra cómo llegan las oraciones elevadas con total abandono y confianza en el Señor, desde la Virgen Santísima, cuando humanamente parece no haber nada que hacer, es el caso de Gerardo, familiar de Viviana Ramírez, una amiga que frecuentemente se une a nuestras jornadas de rosarios continuados. La meditación que les adjunto, nos ayudará a seguir confiando llenos de esperanza en Dios, aún cuando todo parezca imposible, y cuando ya parezca demasiado tarde. Le damos gracias a nuestra Madre, por su poderosa intercesión ante Su Hijo, cuando depositamos sin vacilar todo, confiando en la Voluntad de Dios.

Encomendándome a sus oraciones, y ofreciéndoles las mías, un abrazo en Cristo y María Santísima, ¡Que tengan un feliz Nacimiento de Cristo en sus corazones y familias, acompañado de la Paz, la Esperanza alegre y la confianza que traen su Presencia!

 

Melisa C. Watanabe

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Meditación: Adviento, tiempo de esperanza.

 

I. Santa María, Maestra de esperanza. Origen del desánimo y del desaliento. Jesucristo, el bien supremo.

 

El espíritu de adviento consiste en buena parte en vivir cerca de la Virgen en este tiempo en el que Ella lleva en su Seno a Jesús. Nuestra vida es también un adviento un poco más largo, una espera de ese momento de encuentro con el Señor, para siempre. Para acertar en encontrar lo único verdaderamente importante de nuestra existencia: a Cristo en esta vida y luego eternamente, hemos de vivir nuestro adviento, todos los días, junto a la Virgen.

Para preparar la Navidad, ya tan cercana, nada mejor que acompañar en estos días a María Santísima, tratándola con más amor y más confianza en nuestras oraciones. María fomenta alegría en el alma, porque con su trato nos lleva a Cristo.

¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos retribuya pronto el poco bien que hemos realizado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Y muchas veces, somos incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza[1]. Caemos en desaliento por no aspirar a la santidad y a la vida eterna. El desaliento paraliza los esfuerzos para hacer el bien y superar las dificultades. Hemos de recordar que los fracasos a los ojos“del mundo”, son sólo aparentes: quien hace todo por amor a Dios y para su Gloria no fracasa nunca. “Convéncete de esta verdad: tu éxito –ahora y en esto- era fracasar. Da gracias al Señor y ¡a comenzar de nuevo! En realidad no has fracasado: has adquirido experiencia. ¡Adelante![2]

            Dentro de pocos días veremos en Belén a Jesús en el pesebre, prueba de la misericordia y del Amor de Dios. Si Dios se hace hombre y me ama, ¿cómo no buscarlo? ¿Cómo perder la esperanza de encontrarlo si Él me busca a mí? Alejemos todo posible desaliento; ni las dificultades exteriores ni nuestra miseria personal pueden nada ante la alegría de la Navidad que ya se acerca.

Estos días especialmente y siempre, intentaremos vencer al desánimo, que es falta de esperanza, al desaliento y al estar excesivamente preocupados por los bienes materiales y por nuestra caprichosa voluntad, toda vez que no concuerda con la de Dios.

La esperanza lleva al abandono en Dios, y a poner todos los medios a nuestro alcance para recomenzar continuamente, para ser constantes y pacientes en la adversidad, y a tener una visión más sobrenatural de la vida y de sus acontecimientos.

 

II. Confianza en el Señor. Nunca llega tarde para darnos la gracia y las ayudas necesarias.

 

Nuestra esperanza en el Señor ha de ser más grande cuanto menores sean los medios de que disponemos o mayores sean las dificultades.      En cierta ocasión en que Jesús vuelve a Cafarnaúm, nos dice San Lucas[3] que: todos estaban esperándole. En medio de aquella multitud sobresale un personaje que el Evangelista destaca diciendo que Jairo era un jefe de sinagoga y pide a Jesús la curación de su hija. La niña, de doce años, hija única, se estaba muriendo, estaba agonizando.

Inmediatamente, a una indicación del Señor, todos se ponen en movimiento a casa de Jairo. Precisamente entonces, cuando han recorrido una parte del camino, y al amparo de la multitud, una mujer que padece hemorragias –impura, según la ley-, se acerca por detrás y toca el extremo del manto del Señor. Es una mujer llena de una profunda humildad.

Durante el suceso con la hemorroísa, ¿qué sucede con Jairo y su hija? Parece que ha pasado a segundo plano, y no es difícil imaginarlo un tanto impaciente, humanamente comprensible, pues su hija se le moría cuando la abandonó momentáneamente para salir a buscar al Maestro. Por el contrario, mientras está con la mujer a la que la ciencia médica había fracasado en curarla en todos sus intentos, Cristo parece no tener prisa.

Cuando Jesús llega a casa de Jairo, la niña ya había muerto. No hay ya posibilidades de salvarla; pareciera que Jesús ha acudido tarde. Y precisamente cuando humanamente no queda nada por hacer, cuando todo invita al desaliento, ha llegado la hora de la esperanza sobrenatural.

Jesús nunca llega tarde. Quiere que tengamos una fe mayor.

Jesús esperó a que se hiciese “demasiado tarde”, para enseñarnos que la esperanza sobrenatural también se apoya en las ruinas del esperar humano, y que sólo es necesario una confianza sin límites en Él, que todo lo puede.

Este pasaje nos recuerda nuestra propia vida, cuando parece que Jesús no viene al encuentro de nuestra necesidad, y luego nos concede una gracia mucho mayor. Esperar en Jesús es confiar en Él, dejarle hacer. Más confianza, cuanto menores sean los elementos en que humanamente nos podamos apoyar.

 

La devoción a la Virgen es la mayor garantía para alcanzar los medios necesarios y la felicidad eterna a la que hemos sido destinados. María es verdaderamente “puerto de los que naufragan, consuelo del mundo, rescate de los cautivos, alegría de los enfermos”[4]. Pidámosle que sepamos esperar, en estos días que preceden a la Navidad, y siempre, llenos de fe, a Su Hijo Jesucristo, el Mesías anunciado por los Profetas. “Ella precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo, hasta que llegue el día del Señor” (cfr. 2 Pe 3, 10)[5].

 

 

Extraído de: Hablar con Dios. Meditaciones para cada día del año, Tomo I: Adviento, Navidad, Epifanía. Barcelona, Ed. Palabra, 1986.



[1] San Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios, 286.

[2] S. E. Balaguer, Camino, 404, 405.

[3] Lc 8, 40-56

[4] San Alfonso María Ligorio, Visitas al Santísimo Sacramento, 2.

[5] Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 68.



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#19 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Mié, 19 de Nov, 2003 8:00 pm
Asunto: Sto Rosario continuado11-2003
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 48

Bendigan al Señor Rey del universo. Alaben a Dios Padre nuestro. Que todos sepan que es misericordioso, que perdona y ama sobre todas las cosas. Que su Reinado es eterno, como eterno es su Amor por sus hijos. El sólo pide fe y vivir en su Palabra, ofrece a cambio la salvación del alma y liberación total. Amén. Amén.

 

Queridos hermanos en Cristo y María,

 

            Que por intercesión de nuestra Santísima Madre, Cristo reine siempre en sus corazones, de manera que todos sus pensamientos, palabras y obras irradien el Amor, la Paz y la alegría de Cristo Rey nuestro.

 

En estos días de Novena de oración a María del Rosario de San Nicolás, les recuerdo la ocasión de unirse con sus santos rosarios, a la jornada de oración continuada que ofreceremos el lunes 24 de noviembre de 2003, por las intenciones que cada uno desee ofrecerlo, que iremos añadiendo, y de manera muy especial, uniéndonos por la enorme cantidad de almas que no nacen, que no llegan a ver la luz de la vida.

 

Continuemos abandonando nuestras vidas a nuestra Dulcísima Madre, para que Ella siga haciéndolas todas de Cristo, y al dejar reinar sólo a Él, extendamos Su Reino aquí en la tierra, comenzando en lo cotidiano por nuestra familia y hermanos. Encomendándome a sus oraciones,

 

Melisa C. Watanabe

 

PD: A continuación les dejo un texto de espiritualidad para meditar sobre la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que celebraremos el próximo domingo.

 

 

I.       “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentran las ovejas dispersas, así seguiré Yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad” (Ez 34, 11-12). Con esta solicitud buscó el Señor a los hombres dispersos y alejados de Dios por el pecado. Y como todos estábamos heridos y enfermos, nos curó y vendó nuestras heridas. Tanto nos amó, que dio la vida por nosotros.

 

II.      “Es necesario que Él reine...” (1Cor 15, 25). Deseamos ardientemente ese reinado. Es necesario que reine en primer lugar en nuestra inteligencia, mediante el conocimiento de su doctrina y el acatamiento amoroso de esas verdades reveladas; es necesario que reine en nuestra voluntad, para que obedezca y se identifique cada vez más plenamente con la voluntad divina; es preciso que reine en nuestro corazón, para que ningún amor se interponga al amor a Dios; es necesario que reine en nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo[1]; en nuestro trabajo, camino de santidad... ¡Qué grande eres Señor y Dios nuestro! Tú eres el que pones en nuestra vida el sentido sobrenatural y la eficacia divina. Tú eres la causa de que, por amor de Tu Hijo, con todas las fuerzas de nuestro ser, con el alma y con el cuerpo podamos repetir: ¡Es necesario que Él reine!, mientras resuena la copla de nuestra debilidad, porque sabes que somos criaturas (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 181).

 

La fiesta de Cristo Rey es como un adelanto de la segunda venida de Cristo en poder y majestad, la venida gloriosa que llenará los corazones y secará toda lágrima de infelicidad. Pero es a la vez una llamada para que a nuestro alrededor el espíritu amable de Cristo impregne todas las realidades terrenas, pues la esperanza de una tierra nueva no debe atenuar, sino más bien estimular, el empeño por cultivar esta tierra, en donde crece ese cuerpo de la nueva familia humana que ya nos puede ofrecer un cierto esbozo del mundo nuevo. Por lo tanto, aunque haya que distinguir con cuidado el progreso terreno del desarrollo del Reino de Cristo, sin embargo, el progreso terreno, en cuanto que puede ayudar a organizar mejor la sociedad humana, es de gran importancia para el Reino de Dios.

Los bienes de la dignidad humana, de la comunión fraterna y de la libertad –es decir, todos los bienes de la naturaleza y los frutos de nuestro esfuerzo- los volveremos a encontrar, después de que los hayamos propagado (...), y esta vez, ya limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo devuelva al Padre el Reino eterno y universal (...).

El Reino está ya presente misteriosamente en esta tierra; y cuando el Señor venga alcanzará su perfección (Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 39). Nosotros colaboramos en la extensión del reinado de Jesús cuando procuramos hacer más humano y más cristiano el pequeño mundo que nos rodea, el que cada día frecuentamos.

 

III.     A la pregunta de Pilato, contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo... Y ante la nueva interpelación del Procurador, respondió: Yo soy Rey. Para esto he nacido... (Jn 18, 36-37). No siendo de este mundo, el Reino de Cristo comienza ya aquí. Se extiende su reinado en medio de los hombres cuando éstos se sienten hijos de Dios, se alimentan de Él y viven para Él. Cristo es un Rey a quien se le ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra, y gobierna siendo manso y humilde de corazón (cfr. Mt 11, 29), sirviendo a todos, porque no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para la redención de muchos. Su trono fue primero el pesebre de Belén, y luego la Cruz del Calvario. Siendo el Príncipe de los reyes de la tierra (Apoc 1, 5), no exige más tributos que la fe y el amor.

Un ladrón fue el primero en reconocer su realeza: Jesús –le decía con una fe sencilla y humilde-, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino (Lc 23, 42). El Salvador, que siempre concede más de lo que se le pide, le dice: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso. La vida consiste en habitar con Jesucristo, y donde está Jesucristo, allí está su Reino (San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc.).

 

Oímos al Señor que nos dice en la intimidad de nuestro corazón: Yo tengo sobre ti pensamientos de paz y no de aflicción (Jer 29, 11). Le pedimos poder colaborar en esta tarea grande de extender su reinado a nuestro alrededor y en tantos lugares donde aún no le conocen. A esto hemos sido llamados los cristianos, ésa es nuestra tarea apostólica y el afán que nos debe comer el alma: lograr que sea realidad el reino de Cristo, que no haya más odios ni más crueldades, que extendamos en la tierra el bálsamo fuerte y pacífico del amor (S. J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 183).

 

María, Madre Santísima de nuestro Rey, Reina de nuestro corazón, cuida de nosotros como solo tú sabes hacerlo. Madre compasiva, Trono de la Gracia: te pedimos que sepamos componer en nuestra vida y en la vida de quienes nos rodean, la sencillez y la caridad, como un río de paz. Porque Tú eres mar de inagotable misericordia (S. J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 187).

_____________________________________________

Meditaciones tomadas de: Hablar con Dios, F. F. Carvajal, Tomo V, Tiempo Ordinario, Semanas XXIV-XXXIV, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

 

Mensaje de María del Rosario de San Nicolás Nº 490

Hijos míos: Nada impongáis a vuestras vidas, no ambicionéis demasiado, porque el querer mucho os puede hacer olvidar que la única y verdadera ambición que debéis tener, es poder entrar en el Reino de Dios.

Tratad de tenerlo siempre presente, ya que solamente eso importa al Señor.

Alabado sea.

Leed: I de Timoteo C. 6, V. 7 al 10

7        Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.

  8        Contentémonos con el alimento y el abrigo.

  9        Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.

  10      Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.

 

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[1] Cfr. Pío XI, Enc. Quas primas, 11-XII-1925.


#18 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Sáb, 18 de Oct, 2003 3:48 pm
Asunto: Santo Rosario Continuado Octubre 2003
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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás N° 1458

Veo a la Santísima Virgen. Me dice: Gladys,  muchos se preguntarán de mi insistente pedido de oración.

Te diré: La oración, ayuda al cristiano a meditar, lo saca de la prisa con que anda por el mundo y lo hace ir de prisa hacia Dios.

Hace que profundice en el corazón y lo detiene en Dios, para que pueda escuchar a Dios.

En la oración, el sediento de Dios, apaga su sed; el débil se fortalece y el orgulloso se vuelve humilde.

Es que en la oración el alma se pone en presencia de Dios.

Deben mis hijos crecer en oración y crecerán así en amor a Dios.

Amén, amén.

 

 

Estimados hermanos y hermanas en Cristo y María Santísima,

 

            Confiando en que la Santísima Virgen María los estará cobijando, y atendiendo con delicado Amor cada una de las necesidades de sus hijos más débiles y enfermizos, para dejarlas presurosa a los pies de Su Hijo y Señor Nuestro Jesucristo; los invito a abandonar con total confianza las alegrías, incertidumbres, consuelos y desconsuelos, sus familias, y cuanto pueda inquietar sus corazones en Nuestra Madre, por medio de la oración, para que la Paz de Cristo reine en nuestras vidas y hogares, quedándonos solamente la única preocupación relevante: amar y servir a Dios... vida de nuestras Vidas, nuestro Fin y nuestro único Bien.

 

En estos días de Novena a María del Rosario de San Nicolás, les recuerdo que pueden unirse con sus santos Rosarios para ofrecer una jornada de oración continuada de 24 horas, plegarias incesantes, y que desde distintas partes del mundo, ofrecemos los hermanos en Cristo en respuesta al pedido de la Santísima Virgen María. Están invitados a fortalecer esta oración con sus santos Rosarios, “desgranad las cuentas” -dice la Virgen-, y tal vez, para alegría de Dios, a reunirse grupos y/o familias... entregando con sus oraciones, sus vidas al Señor, desde la Virgen María Santísima.

Estaré esperando sus confirmaciones para este VIERNES 24 DE OCTUBRE DE 2003. Como las intenciones por las cuales quieran ofrecerlo.

 

Encomendándome a sus oraciones, los saluda en Cristo y María,

 

Melisa C. Watanabe

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Mensaje de María del Rosario de San Nicolás N° 1192 – (El Papa reza el Santo Rosario por T.V.)

Hija mía: En estos momentos, hay extrema necesidad de oración. El Santo Rosario será escuchado en este día por el Señor, como si fuera mi voz.

La oración, es un pedido mío y está dirigido a todos los pueblos. La oración, debe nacer de un corazón dispuesto, debe también, ser frecuente y hecha con amor. Jamás sea dejada de lado, ya que la Madre quiere que por ella lleguen los hijos a Dios y es el arma que utiliza y con la cual logra vencer al enemigo.

Gloria a Dios.

 

 

 

PD: Les envío a continuación, un texto para meditar –si lo desean- a lo largo de la Novena de oración, para pedirle al Señor nos conceda ser cada día más semejantes a Él, para que imitando la docilidad de la Santísima Virgen María, Él pueda obrar en nuestros corazones.

 

¡Solamente en la oración y con la oración, aprendemos a servir a los demás! (S. Escrivá de Balaguer)

 

            La vida cristiana es imitación de la del Maestro, pues Él se encarnó y os dio ejemplo para que sigáis sus pasos (1 Pe 2, 21). San Pablo exhortaba a los primeros cristianos a imitar al Señor con estas palabras: Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2,5).

Nuestra santidad no consiste tanto en una imitación externa de Jesús, sino más bien en permitir que nuestro ser más profundo se vaya configurando con el de Cristo. Despojaos del hombre viejo con todas sus obras, y vestíos del hombre nuevo... (Col 3, 9), anima San Pablo a los colosenses. Esta diaria renovación significa desear constantemente, sobre todo, procurar que nuestros sentimientos ante los hombres, ante las otras realidades creadas, ante la tribulación, se parezcan cada día más a los que tuvo Jesús en circunstancias similares, de tal manera que nuestra vida sea en cierto sentido prolongación de la Suya, pues Dios nos ha predestinado a ser semejantes a la imagen de su Hijo (Rom 8, 29).

            El Señor lo es todo para nosotros. «Él es, en el hambre, mi alimento, en la sed mi fuente, y mi vestido en la desnudez. Cuando temo, Él es mi protección; cuando vacilo mi apoyo; cuando combato, mi premio; y cuando triunfo, mi trofeo. Es para mí el sendero estrecho y el sendero angosto» (San Hipólito, Homilía de Pascua). Nada deseo fuera de Él.

 

            En el Evangelio de la Misa (Mc 10, 35-45), Jesús les dice a Santiago y Juan, que le piden dos puestos de honor en su Reino: ...quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos.  Y les da la suprema razón: porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en redención de muchos. Toda su vida fue un servicio a todos, y su doctrina es una constante llamada a los hombres para que se olviden de sí mismos y se den a los demás. En la noche anterior a su Pasión y a su Muerte, y para que quedara esta característica esencial del cristiano, lavó los pies a sus discípulos, para que ellos hicieran también lo mismo (cfr. Jn 13, 4 ss.).

Los cristianos, que queremos imitar al Señor, hemos de disponernos para un servicio alegre a Dios y a los demás, sin esperar nada a cambio: bastará saber que nuestras vidas son miradas por Jesús, ¡ya es suficiente recompensa!

Como nos recomienda la Sagrada Escritura: servid al Señor con alegría (Sal 99, 2), especialmente en aquellos trabajos de la convivencia diaria que pueden resultar más ingratos y que  suelen ser con frecuencia los más necesarios. La vida se compone de una serie de servicios mutuos diarios. Procuremos excedernos en la esta disponibilidad al servicio con alegría, con prontitud, como lo hizo la Santísima Virgen al salir presurosa en ayuda de su prima Santa Isabel, estando Ella misma embarazada, y siempre padeciendo alegremente en favor de los demás.

 

Aprendamos de la Santísima Virgen María, a pensar en las necesidades de los demás, a facilitarles la vida aquí en la tierra y a facilitarles también su camino hacia el Cielo, disponiéndolo todo para su encuentro con el Señor, y no siendo nosotros mismos, obstáculos (cfr. S. Escrivá de Balaguer, Surco). Así será más fácil hallar a Jesús, que nos sale al encuentro y nos dice: cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis (Mt 25, 40).

 

----------------

Meditaciones tomadas de: Hablar con Dios, F. F. Carvajal, Tomo V, Tiempo Ordinario, Semanas XXIV-XXXIV, Ed. Palabra, Madrid, 1987.

 

 

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#17 De: "Melisa C. Watanabe - Evangelizad" <evangelizad@...>
Fecha: Mié, 1 de Oct, 2003 12:59 am
Asunto: Días antes de su peregrinación a Pompeya, el Papa invita a rezar el Rosario
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Días antes de su peregrinación a Pompeya, el Papa invita a rezar el Rosario


CIUDAD DEL VATICANO, 1 octubre 2003 (
ZENIT.org).- Pocos días antes de emprender su peregrinación a Pompeya (cerca de Nápoles, sur de Italia), Juan Pablo II invitó a los creyentes este miércoles a rezar el Rosario.
 


«Si Dios quiere, el 7 de octubre, en el día dedicado a la Bienaventurada Virgen del Rosario iré en peregrinación al Santuario de Pompeya para dar gracias a Dios por la obra de santificación de los corazones que realiza ininterrumpidamente gracias a esta oración», dijo.

En ese momento de la audiencia general el Papa estaba saludando a los peregrinos polacos presentes en la plaza de San Pedro del Vaticano entre las más de doce mil personas presentes.

«Recurramos cada vez más a ella --añadió hablando en su idioma materno--. Que la vivencia con María de los misterios de Cristo nos acerque cada vez más a Él, y sea un camino espiritual hacia el encuentro con Él en la gloria del cielo».

Juan Pablo II, que en ocasiones mostraba cansancio en la lectura del discurso y de los saludos que pronunció en diez idiomas, antes de despedirse de los peregrinos, volvió a tomar la palabra en italiano para recordar que en este mes que comienza concluye el Año del Rosario.

Saludando a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, les invitó a «rezar con devoción esta oración tan querida por la tradición del pueblo cristiano».

«Abandonaos con confianza en las manos de María, invocándola incesantemente con el Rosario, meditación de los misterios de Cristo», añadió arrancando espontáneos aplausos entre los fieles que querían alentarle en estos momentos de fragilidad física.

En su peregrinación a Pompeya, el Papa partirá del Vaticano en helicóptero a las nueve de la mañana local (hora local) para elevar una plegaria por la paz en el mundo y rezar el rosario. Debería regresar a Roma a las 13.30.

Fuentes de la Santa Sede han confirmado a Zenit que este domingo, 5 de octubre, participará en la celebración eucarística de canonización de tres nuevos santos: Daniele Comboni (fundador de los misioneros combonianos), Arnold Janssen (fundador de los misioneros del Verbo Divino) y Josef Freinademetz (religioso de los misioneros del Verbo Divino y apóstol de China).

Se confirman todos los actos organizados en celebración del vigesimoquinto aniversario de pontificado (fue elegido el 16 de octubre de 1978), que tendrán su momento culminante el 19 de octubre con la beatificación de la madre Teresa de Calcuta.
ZS03100105

Depositemos confiadamente nuestras oraciones a la Ssma. Virgen, por S. S. Juan Pablo II
 
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