Hola a todos, leyendo un libro que recomiendo “Matemática… ¿estas ahí?” de Adrián Paenza encontré un ejemplo muy interesante de lo que se estuvo hablando la clase pasada (lo de estar pensando en ves de escuchar), aquí les transcribo el texto.
UNIVERSIDAD DE
CAMBRIDGE
Lean este mensaje:
según un etsduio de una uivenrsdiad inglesa, no ipmotra el ódren en el que las ltears están ersciats, la úicna csoa ipormtnate es que la pmrirea y útlima etsen escritas en la psiocion cocrrtea. El rsteo peuden estar taotlmntee mal y aún pordás lerelo sin pobrleams. esto es pquoere no lemeos cada
ltera por si msima sino que la paalbra es un tdoo.
Personalmente me parece icreneilbe…
Con todo, uno podría suponer que esto sólo pasa en castellano, pero el siguiente párrafo sugiere algo distinto:
Aoccdrnig to rscheearch at Cmabrigde Uinervtisy. it deosn´t mttaer in what order the ltteers in a wrood are, the only iprmoatnt thing is that the frist and lsat ltteer be at the rghit pclea. The rset can be a total mses and you can still raed it wouthit porbelm. this is bcuseae the human mind deos not raed ervey lteter by istlef, but the word as a wlohe. amzanig huh?
Aquí es donde se me escapa totalmente mi capacidad de elaboración. ¿Cómo funciona el cerebro? ¿Cuánto, en realidad, se lee textualmente y cuánto se anticipa lo que se debería decir?
Recuerdo una anécdota con un grupo de amigos, que quizá sirva también para ejemplificar que uno, en verdad, tampoco escucha lo que se le dice en su totalidad, sino que “rellena lo que esta por venir” con su imaginación. Y claro, eso suele traer algunos problemas.
Allá por el año 2001 estábamos
en la cantina de David (una cantina italiana en el corazón de Buenos Aires) un grupo de amigos, y el tema del fútbol es inevitable, sobre todo si en la mesa estaban Carlos Griguol, Victor Marchesini, Carlos Aimar, Luis Bonini, Miguel “Tití” Fernandez, Fernando Pacini, Javier Castrilla y elpropio dueño de la cantina, Antonio Laregina.
En un momento Tití se levanto para ir al baño. Cuando él no podía escuchar, les dije a todos los otros que prestaran atención al dialogo que tendríamos con Tití cuando él retornara a la mesa, porque quería demostrarles a todos (y a mí también) lo que escribí antes: uno no siempre escucha todo. En todo caso, uno intuye lo que el otro va a decir, pone la mente en control remoto y se retira a pensar cómo seguir o algo
distinto.
Y entonces, esto pasó. Cuando Tití volvió a la mesa, le pregunté:
-Decime, ¿no tenés en tu casa algún reportaje que le hubiéramos hecho a Menotti en la época de sport 80?
-sí- me contestó Tití -. Yo creo que tengo varios casetes en mi casa… (Y se quedo pensando)
-Haceme un favor – le dije-. ¿Por qué no me los traes la semana que viene? Yo los escucho, los borro y no te los devuelvo nunca más.
-Esta bien, Adrian- me dijo sin mayores sobresaltos-. Pero no me empieces a apurar. Yo sé que los tengo, pero no recuerdo exactamente donde. Ni bien los encuentro, te los traigo.
MORALEJA: ante la risa generalizada Tití seguía sin poder comprender qué había pasado. Él, en realidad, había sido solo un “CONEJILLO DE INDIAS” para el experimento. Yo creo que muchas veces, no nos concentramos en escuchar, porque “asumimos” lo que el otro va a decir. El cerebro usa ese tiempo, ese “instante”, para pensar en otra cosa, pero claro, algunas veces comete un error.
Preguntá. Respondé. Descubrí.
Todo lo que querías saber, y lo que ni imaginabas,
está en Yahoo! Respuestas (Beta).
Probalo ya!