Carlos Beer define en estas lìneas breve pero fundadamente el nuevo despropósito emprendido por el Ministro Fernández con la designación del Dr. Paladino, sobre cuya bonomìa y honestidad no están ni mínimamente en duda, quien como ya todos sabemos cuenta con la amistad del Sr. Ministro como ùnica (y suficiente) carta de presentación para tamaña responsabilidad que le ha sido asignada.
Desde luego los políticos argentinos son todo terreno, como en este caso. Pueden haber sido concejales, candidatos derrotados a alguna intendencia, Secretarios de Estado, funcionarios de alguna empresa pùblica, en fin, son realmente multipropósito. Lo lamentable es que los desatinos que cometen, en general, con la torpeza propia del ignorante, los pagamos todos los ciudadanos que, además, pagamos sus sueldos, autos, choferes, celulares, viajes, etc., etc., para no entrar en otros rubros.
Aquí y ahora lo cierto es que el Ministro ha demostrado que resolver el tema de inseguridad en los espectáculos futbolísticos no es un tema de su agenda; con esta decisión también tranquilizó los ánimos de sus amigos y colegas de la calle Viamonte y como dice el profeta de Sarandì, TODO PASA.
Felicitaciones Sr. Beer.
DeportivaViernes 05.09.2008 (actualizado hace 20 horas 16 minutos)El estado del fútbol o el fútbol según el EstadoPor Carlos Beer
De la Redacción de LA NACION
Viernes 5 de setiembre de 2008 | Publicado en diario de hoy
¿Qué esperan los hinchas cuando se reemplaza al director técnico de su equipo por otro? Muchos de ustedes dirán: que arme un proyecto serio de trabajo para el futuro. Pero a ser realistas: sabemos bien que si a las pocas fechas el equipo no logra resultados, la voracidad del sistema se comerá el porvenir y habrá que dejar la silla vacía para el próximo entrenador. Y así seguirá girando la rueda.
Ahora se plantea la misma pregunta, pero con el cambio del protagonista: ¿qué deben esperar los ciudadanos cuando se reemplaza a uno de los encargados principales de la seguridad en el fútbol argentino? Pasaron 23 días desde que Javier Castrilli renunció como subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos hasta ayer, cuando se produjo el nombramiento oficial de su sucesor, Pablo Paladino. Desde aquel 12 de agosto, el fútbol en la Capital Federal vivió en una especie de anarquía en materia de seguridad. Pareciera que la pelota es utilizada por la Casa Rosada y los ministerios (no sólo en este gobierno, sino como norma usual en nuestro país) para sacarle el mayor rédito político posible. Dos escenas se repiten: todos los campeones para la infaltable foto con el presidente de turno, o salvatajes de urgencia para evitar paros en el fútbol por el motivo que sea, con tal de que el juego siga y parte de la sociedad tenga un
escapismo para una realidad que la golpea con dureza.
Sin embargo, en materia de edificación de políticas de Estado relacionadas con el fútbol, nada pasa (que no es lo mismo que el "todo pasa" de Julio Grondona... aunque tiene cierta hermandad). El tema del reemplazo mencionado puede ser un buen ejemplo. ¿El cambio de nombres implica un cambio profundo, con una carpeta desbordante de propuestas? No parece ser el caso. Paladino se presenta en sociedad como "un hombre de confianza" de Aníbal Fernández, el ministro de Seguridad y Justicia. Su premisa, también presentada desde su nuevo lugar (ver página 7), es: mayor presencia del Estado y consenso con los clubes.
Por lógica propiedad transitiva, es natural deducir que ese discurso tiene una bajada de línea desde el pensamiento de su inmediato superior. Y acá nace la duda: si el plan es mayor presencia del Estado, ¿por qué no la hubo hasta ahora? Entonces, como respuesta al planteo original, a un nuevo funcionario en materia de seguridad se le puede, mejor dicho, se le deben exigir proyectos y resultados. Ambas cosas. Es lo mínimo que uno espera como ciudadano sobre el rol que debe cumplir el Estado. Que nos cuide.
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