Cuando la inserción llega de la mano de una rueca
El hogar Sierra Dorada capacita a chicos en el armado de estas antiguas herramientas
SAN MARCOS SIERRA, Córdoba.- En San Marcos Sierra, la apacible localidad cercana a Cruz del Eje, Córdoba, donde el cielo azul resplandece dentro de un mínimo oasis serrano, rodeado casi de un área semidesértica salpicada de olivares, se está gestando una parte de la incipiente revolución nacional de las ruecas.
Allí, donde sucesivos oleajes de personas se refugiaron para vivir de una forma más serena que en las ciudades, actualmente hay una carpintería que en 2004 comenzó a fabricar, con licencia del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), estos artefactos caros al recuerdo de la memoria colectiva de tiempos lejanos.
Medio de inserción
A las ruecas para hilado manual las construye un equipo de cuatro jóvenes, guiados por un carpintero canadiense, y otro de la zona, quienes les transmiten un oficio, con la finalidad de crearles una actividad ,ya que son adolescentes que llevan en su ser prolongadas historias de carencias y exclusión.
El taller es parte de un proyecto del hogar Sierra Dorada, entidad que alberga, desde hace más de cinco años, en una casa alquilada en el pueblo pero que está a punto de venderse, chicos y jóvenes enviados por la justicia -en la actualidad hay 27 de un año y medio a 17.
Las ruecas que arman los jóvenes carpinteros se utilizan para volver a poner en práctica una sabiduría antigua, como es hilar artesanalmente las lanas que las mujeres del área comenzaron a recuperar.
La lana es para estas mujeres la materia prima capaz de generar un microemprendimiento que les permite obtener el dinero que precisan para cubrir las necesidades de sus hogares, muchas veces monoparentales.
La carpintería cuenta con un galpón de 75 metros cuadrados -las modificaciones se realizaron con el aporte de instituciones como la embajada de Canadá y empresas- y está equipado, en parte, con máquinas en desuso que pertenecían a un colegio, otorgadas en comodato por el Ministerio de Educación.
En las instalaciones, ubicadas en una región cordobesa con elevados índices de pobreza, se fabrican los instrumentos que comercializan muchas veces en pequeñas cuotas.
Julio Laciar, del Hogar Sierra Dorada, comentó que parte de las ruecas se venden en forma financiada -cada pieza cuesta $ 250.
Las artesanas y los artesanos, al estar unidos, actúan como garantes responsables solidarios (de esta forma se entregaron 35). Desde 2004 a hoy vendieron 120 piezas, pero ante la permanencia de la demanda -tienen pedidas 100- están tratando de mejorar el sistema de producción y el taller.
Ruecas para todo el país
Algunas de sus clientas son los aproximadamente 50 integrantes de la red de tejedoras Cadena de Valor Textil de Punilla, impulsada por Daniel Biagetti, con asesoramiento de Juan Padilla, de la consultora Gestión Proyectos de Economía Social (GPS).
Además, ya están comenzando a llevar las ruecas a otros grupos de tejedores que se conformaron en Catamarca, San Luis, Santa Fe, Tucumán, Entre Ríos, Patagonia, provincia de Buenos Aires, Salta y Jujuy, lugar donde hay incluso hay un emprendimiento de hilo de seda natural.
"El deseo es formar a los jóvenes y generarles una proyección laboral concreta, para que cuenten con un oficio a través de la fabricación de diversos bienes de uso que demanda el sector textil artesanal, como son además telares y bastidores. Los ingresos adicionales obtenidos por esta actividad se utilizan por sostener el hogar-taller", explicó Laciar.
Este trabajo productivo, realizado en un pueblo de siestas silenciosas, calles de tierra y un río como el Quilpo (que invita a recorrerlo) activa las manos silenciadas por la falta de trabajo o el hastío.
También, este proyecto brinda posibilidades económicas desde San Marcos Sierra, cuna de una miel exquisita y pleno de leyendas que lo convierten en un punto irresistible para los viajeros naturistas.
La cuidada producción de las ruecas muestra que construir un mundo con mayores oportunidades es absolutamente posible.
Un lugar diferente
Además de hacer escuela en la producción de ruecas, San Marcos es un pionero en la producción orgánica, y saltó hace dos años a las primeras planas por haber sido el primer municipio en declararse libre de transgénicos. Un hecho inédito en el país y que mereció la atención de movimientos orgánicos en todo el mundo.
Hoy, las 10.000 hectáreas del valle en el que se encuentra ubicado San Marcos Sierra ven crecer de forma sostenida sus parcelas con olivos, ajos aromáticos, acelgas, espinacas, rabanitos, rúculas, radichetas, árboles frutales, miel y algarrobos.
Cada vez se suman más hectáreas y más productores a este lugar, que se ha convertido en una suerte de polo orgánico a nivel nacional. Los productores se encuentran agrupados en la Asociación de Productores del Valle Orgánico (Apove), presidido por Marcelo Pais.
La mayoría de los habitantes de San Marcos comparte el gusto por lo orgánico y a pesar de lo heterogéneo de sus orígenes (hay descendientes de los primitivos habitantes indígenas, criollos, los naturistas llegados al lugar en 1930 y muchos porteños, llegados recientemente en busca de una forma de vida má sconectada con la naturaleza), en el pueblo se respira un aire de convivencia armónica.
Por María Teresa Morresi
Para LA NACION