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EDITORIAL

Lo pequeño, si eficiente, es hermoso
Por Enrique M. Martínez*

Hace unos 30 años una corriente de pensamiento liderada por el economista
inglés E. F. Schumacher popularizó el concepto de tecnología intermedia, que
también se llamó tecnología apropiada, para ayudar a iniciar un proceso de
desarrollo en los países más pobres. Sus ideas se sintetizaron en un libro
titulado "Small is beautiful", frase que con el tiempo se popularizó, cuando
se quería expresar el apoyo a las formas más básicas de producción. En
términos concretos estas ideas se tradujeron en iniciativas de todo tipo -
el gran terreno experimental fue África - para producir con herramientas
precapitalistas, de diseño simple y manufactura local.
Todos estos años, sin embargo, han mostrado que el desarrollo no es lineal.
No existe un proceso simple de aprendizaje y organización por el cual una
comunidad pueda considerar que usar un buey y un arado de palo, o cocinar en
un fogón de leña en el suelo, son los primeros pasos para integrarse al
mundo de la producción, a los que seguirá el uso de implementos cada vez más
modernos y eficientes.
Por el contrario, nuestra experiencia nos indica que el camino correcto es
elegir, para cada proceso productivo, la tecnología que utilice más
inteligentemente el esfuerzo humano.
Parece enormemente más valioso encarar el problema de capacitar a los
operadores de una planta moderna, que diseñar un futuro comunitario basado
sobre la muy baja productividad de técnicas usadas hace 100 o más años. Esta
última opción condena a sus actores a perpetuar el atraso y la pobreza.
Por supuesto, hay distintos grados de dificultad para aplicar tecnologías
modernas. Pues justamente, un gobierno que se enfrente a este dilema debería
priorizar aquellos sectores cuya complejidad mejor se adapte a la base
educativa de la población, pero nunca imaginar que simplemente hay que
basarse en la historia de los artesanos o labriegos de hace varias
generaciones.
Ahora bien, esta opción por la eficiencia en el uso de nuestros recursos
humanos, no debe llevar a concluir que la solución son las grandes plantas
productivas, con inversiones de decenas de millones de dólares y pocos
trabajadores. La solución eficiente no siempre es una instalación gigante y
compleja. En muchos casos - muchos más que los que consideramos
habitualmente - las grandes plantas son fruto de decisiones de un poder
económico concentrado, que realiza una inversión que le resulta cómodo
administrar, tal que si esto acarrea alguna deseconomía, la resuelve
trasladando el mayor costo a sus clientes, haciendo uso de su poder
relativo.
Hace ya 20 años, la industria siderúrgica japonesa dio por tierra con el
concepto del alto horno, como imprescindible para producir acero en forma
competitiva. Las mini acerías eléctricas redujeron fuertemente la escala
económica y le dieron una ventaja relativa de varios años a Japón hasta que
el resto de la industria se reconvirtió. Este ejemplo, sin embargo, es de
utilidad parcial para lo que se pretende señalar en este documento.
Aquella fue una competencia tecnológica entre gigantes comerciales, que
mantuvieron su tamaño empresario pero encontraron en la reducción de la
dimensión de cada unidad productiva, un factor para mejorar su
competitividad. En nuestro país, en cambio, creo que hay un espacio
importante para la competencia eficiente de las empresas pequeñas en rubros
tales como leche, aceite o faena y procesamiento de carnes o varios más
asociados al consumo, donde se ha producido una concentración por razones de
control comercial o mayor poder financiero, pero no existen razones técnicas
para que una planta más grande produzca a menor costo.
Es posible reinstalar actores productivos de escala pequeña, que compitan en
precio y calidad con las hoy industrias dominantes, lugar por lugar o región
por región. Faltan bienes de capital del tamaño adecuado y falta la
convicción de los actores productivos que será posible competir. Ambas cosas
se pueden corregir. La pregunta cauta sería: ¿es útil este intento para los
argentinos?
Nuestra respuesta es categórica: sí, porque la desconcentración del poder
económico, manteniendo o aún mejorando la eficiencia global, es valiosa para
el país. No sólo por razones de justicia social. También por una doble
eficiencia, ya que las opciones de inversión futura para quien obtenga sus
ganancias en unidades pequeñas estarán más cerca de la reinversión local o
regional o en todo caso nacional, que aquellas decisiones de inversión que
tomen grupos concentrados con horizontes acotados de crecimiento o de
diversificación en el país. Si cuando pensamos en el futuro, incorporásemos
la propensión a invertir al interior de nuestras fronteras en función del
tamaño del capital disponible, tal vez tendríamos un nuevo argumento para
decir que lo pequeño es hermoso.

* Presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial)





Mié, 7 de Ene, 2004 6:18 pm

carolonovoa
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Luis Novoa
carolonovoa
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