Queridos amigos.
Quería contarles, previo a la lectura de esta nota, que Felipe Avila y yo acompañamos a Martha Olivera, en febrero de este año, a la muestra del pintor español José Manuel Ciria en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Brevemente... El arte abstracto elogia los sentidos. Aunque yo no lo comprendo con facilidad. Felipe me decía que este tipo de arte debería ampararse en ciertas reglas, porque sino todo parece estar librado a la aceptación de cualquier arbitrariedad o capricho, sin parámetros de perfección, no parece haber una referencia que determine el camino evolutivo del artista. Es decir, el tipo tira un balde de ácido sobre el lienzo y éste (relevando al pintor de su función) genera imágenes que se imprimen en la percepción del observador. Pero ¿en qué radica su progreso como artista?, ¿cómo determinamos que su labor toma una dirección nueva en la siguiente obra abstracta?
Esto se suma al hecho de que el arte abstarcto en este caso, se circuncribe al concepto del relato, porque sus imágenes arman "La Epopeya de Gilgamesh", que da nombre a la muestra.
Por otro lado, el soporte físico utilizado para la acción pictórica es ya considerado parte misma de la creación; a veces son lienzos no convencionales, en este caso la lona industrial, a menudo reciclada y que trae consigo su propia historia, memoria y huellas gestadas por manos anteriores a las de Ciria.
Los colores son fuertes, contrastan furiosamente y conviven con cierta hostilidad, hay un movimiento nervioso y hasta cierto rumor apagado, opacado en el fondo del lienzo, debajo de su lecho de pinceladas. Realmente logra impresionar cualquier cuadro que sea el primero en ser observado. Y el segundo, y quizás el tercero... Pero luego, en algún punto, el efecto reiterado de formas sin dirección atenta contra el espíritu anhelante de estímulos diferenciados que no llegarán. Ni siquiera el texto debajo de los enormes óleos -relatando distintos pasajes del fantástico periplo de Gilgamesh- logra verse representado por las figuras más que cualquier azarosa cosa que se imagine.
Hay un mural en especial que me gustó mucho, de los tantos que conforman la sucesión de la Epopeya: se llama "Homenajeados por sus Ciudadanos", Oleo sobre lienzo. Lejos de su intención original, me parecieron siete cabezas en hilera, de jueces barbados mirando hacia la derecha, con rostros pétreos y anegados en sangre y el cabello apocalíptico (sabrá Dios que sentido tiene esta descripción).
Rolkiem
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Edicion impresa pag. 46 > Cultura y Espectaculos  |
| El MNBA tiene un nuevo habitante |
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| Se trata de la obra "Urshanabi el barquero", del artista José Manuel Ciria, valuada en 75.000 dólares. Forma parte de la serie de obras titulada "La epopeya de Gilgamesh". |
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Smoljan, desde la dirección del Museo Nacional de Bellas Artes en Neuquén, sigue impactando con su gestión cultural en la ciudad. |
NEUQUEN (AN).- La sede neuquina del Museo Nacional de Bellas Artes tiene un nuevo habitante. A la ya extensa colección de obras donadas por distintos artistas que conforman el patrimonio cultural neuquino, se suma ahora una pieza de increíble impacto sensorial de Jose Manuel Ciria, valuada en 75.000 dólares .
La obra "Urshanabi el barquero" de Ciria, un óleo sobre lona y collage de 250 por 250 centímetros, forma parte de la exposición conjunta que integran Ciria, Fermín Eguía y Emilia Gutiérrez y que se expone actualmente en el MNBA. Ahora esta pieza pertenece al museo y a todos los neuquinos.
"Urshanabi el barquero" forma parte de la serie de obras denominada "La epopeya de Gilgamesh". Es un lienzo donde la técnica se basa en la elección de dos colores de fuerte contraste y el derramamiento de un ácido que provoca figuras impactantes y altamente atractivas para los sentidos.
"Los que siguieron la historia del museo vieron a Goya, a Picasso, el siglo XX español y el arte contemporáneo español que es éste. En el caso de Ciria, es arte conceptual porque está basado en el relato de la epopeya de Gilgamesh, es el primer antecedente de la escritura en el año 2700 a.C. y relata toda la cuestión de la existencia del hombre. Los grandes artistas siempre tocan los mismos temas, la vida la muerte, el amor. En este caso es la eternidad", explicó Oscar Smoljan director de la sede neuquina del MNBA y secretario de Cultura del municipio capitalino.
Ciria en su obra reivindica la identidad por sobre los ocasionales devaneos de las modas y rescata a cada momento la condición artesanal, casi obrera, del pintor, por encima de cuestiones mercantilistas.
La historia detrás del lienzo
Gilgamesh era un rey en la sagrada ciudad de Uruk, en Mesopotamia. Gilgamesh había visto el fondo de todas las cosas, conocía todos los países del mundo y compartía su sabiduría con los demás. Su conocimiento era tan extenso que abarcaba todos los secretos, incluso aquello que había sucedido antes del diluvio que inundó la tierra. Ciria desde su obra, encara un viaje épico a la manera de Gilgamesh. Se dirigió al bosque de cedros, se preguntó una vez más si la narración es posible en el territorio de la pintura abstracta y pasó una temporada en el infierno. Su respuesta son los cantos traducidos al lienzo. |
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