En el mes de setiembre, precisamente el 4, se celebra el Día de la Historieta Nacional, porque en esa jornada, apareció en los kioskos por primera vez, Hora Cero Semanal editado por Frontera. Allí, el maestro de maestros de la historieta argentina, Héctor Germán Oesterheld nos maravilló con sus historias, que estaban ilustrados por los grandes dibujantes nacionales.
Primer número de El Tony.
Pero también quiero comentarles que setiembre tiene un doble motivo para ser considerado Día de la Historieta Nacional, porque también fue que en ese citado mes, apareció a la consideración del público lector, la revista más legendaria, probablemente, de todo el espectro de la historieta nacional.
Eran tiempos de bonanza para el país, Europa nos miraba con admiración y consumía nuestros productos con avidez. Hipólito Irigoyen iniciaba su segunda presidencia, comenzaban las obras del subterráneo Lacroze y se colocaba la piedra basal del monumento a Rivadavia. En los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, nos clasificábamos subcampeones de fútbol y los éxitos de los pugilistas Avendaño y Rodríguez Jurado, junto con la medalla dorada obtenida por el nadador Zorrilla, en los 400 metros nos llenaban de orgullo. Se inauguraba el estadio del Club Independiente, y Huracán obtenía el título de la Asociación Amateur. Ireneo Leguizamo reinaba en el "turf", Bucci y Riganti en el automovilismo, surgía Justo Suárez, "el torito de Mataderos", mientras que Bolivia y Paraguay iniciaban una lucha fraticida, Charles Lindberg acometía sus proezas aéreas. El Cine se volvía sonoro, circulaban los primeros colectivos por las calles porteñas, Leopoldo Lugones presidía la Sociedad Argentina de Escritores y Jorge Luis Borges hacía sus primeras experiencias literarias en el periódico Martín Fierro.
En ese marco fue que llegó por primera vez, a consideración de los lectores, la revista El Tony con el costo por ejemplar de diez centavos. Este precio no tendría variaciones hasta 1943. Su inicial tirada de diez mil ejemplares, subiría en poco tiempo, a doscientos mil ejemplares por semana ¡Y en pocos años, alcanzaría la astronómica cifra de trescientos mil!
Los años sesenta y la nueva generación de maestros En la década del sesenta se produciría un cambio fundamental en las publicaciones de Editorial Columba, lo que por supuesto, incluía a El Tony. El cambio era el reemplazo total de historietas de origen extranjero, que por entonces se publicaban. Se abrieron las puertas para numerosos profesionales argentinos.
Sería difícil, casi imposible, mencionar a un guionista o dibujante que no haya pasado por las páginas de Editorial Columba y muchos de ellos llegarían a convertirse en cotizadas figuras de la historieta internacional. Bastan algunos nombres para ilustrar el ejemplo, Robin Word, Álvarez Cao, Carlos Casalla, Rubén Meriggi, Sergio Ibáñez, Lito Fernández, Ray Collins, Horacio Altuna, Daniel Haupt, Ernesto García Seijas, Jorge Morhaín, Domingo Mandrafina, etc.
Y llegaron los nuevos personajes, Nippur de Lagash, Gilgamesh (recreación del personaje original creado por Lucho Olivera y Sergio Mulko) Cabo Savino (se trasladó de La Razón a Columba) Martín Toro, Hilario Corvalán, Mayra Kelly, Crazy Jack, Dago, Wolf, Troels, Kayan, Yuma, Mark, Or Grund, Shane, Alan Braddock, Aquí la legión, Dax, Los aventureros, Ciborg, El Hitita, Ronstadt, Pepe Sanchez, Mi Novia y yo, Gente de Blanco, Helena, etc. Naturalmente no todas en El Tony, pero sí muchas de ellas en sus páginas. 



"De todo. Me acuerdo de todo". Magnífica frase, como magnífica es la obra de donde la tomé. Ars Profética se llama, y es un maravilloso álbum de comics.
Los estilos empezaron a fluir luego. Tiempo después, y ya publicando en Europa (Alemania, para ser exactos) llevé mis historietas a la revista Fierro: -Tus trabajos están muy bien, pero son muy clásicos para nosotros, mejor andá a Columba- me dijo Juan Manuel Lima, jefe de arte de dicha revista. Una vez en Columba, Antonio Presa, director de la editorial ,viendo mis páginas me comentó: -Tu entintado es bárbaro, pero los dibujos en sí son muy raros, mejor te convendría mostrarlos en Fierro-. Hice otras páginas sin cambiar el estilo, sólo eran otras páginas. Tiempo después, comencé a publicar con cierto éxito y mucha regularidad en ambas editoriales.
El fenómeno Dago estaba comenzando y la editorial necesitaba a Robin trabajando a tiempo casi completo en la mega-producción del personaje, por lo que se decidió cancelar algunas series como el susodicho Peregrino, Nippur y Starlight. Tuve que viajar a Roma para que el editor me lo dijera en la cara. Varios años después de finalizada la serie, salió a la venta el último álbum recopilatorio de "El Peregrinoî- Il Giganti dell`avventura- Un personaggio irripetibile" ("el gigante de la aventura- un personaje irrepetible"). Así lo promocionaban en Italia. Lo dicho, el éxito y fracaso son relativos.