Poco antes de morir, Marco Denevi efectuó una lúcida oposición entre vivos, inteligentes y estúpidos. Todo un hallazgo. Vale la pena intentar una síntesis.
La reacción mental del hombre inteligente es dinámica: busca el camino de la solución por múltiples vericuetos hasta encontrar la salida. En latín, salida se dice exitus, que los ingleses tradujeron por exit. De ahí que, por lo general, la inteligencia conduzca al éxito.
El latín también posee otro verbo,
stupere, que significa quedarse quieto, inmóvil, paralizado, como si lo frenase un muro. De ahí deriva la palabra estúpido: hombre que permanece entrampado por un problema sin dar con la salida, aunque a veces se agite o convulsione. “Las dos únicas reacciones del estúpido serán la resignación o la violencia, dos falsas salidas, dos fracasos.”
La viveza, por último, “es la habilidad mental para manejar los efectos de un problema sin resolver el problema”. El vivo se mueve para eludir los efectos del problema, o desviarlos contra un tercero. Es inescrupulosos e inmoral, paree inteligente y despierto, pero sólo encandila a la mirada frívola. Jamás resuelve los problemas de fondo.
¿Qué pasaría si los vivos se convierten en mayoría? Como son mayoría, ocuparán el gobierno. Pero, como son también inmorales y egoístas, no se esmerarán en el beneficio de la sociedad, sino de ellos mismo. Los estúpidos quedarán estupefactos, es decir más estúpidos aún. Los inteligentes armarán sus valijas para huir. Y los vivos que no están en el gobierno maniobrarán para obtener parte del botín. La voracidad de lo vivos se regodeará con la rapiña. Pero el país que comandan (el barco que navegan) terminará por hundirse junto con ellos.
Toda semejanza con la realidad, ¿es pura ficción?
“El atroz encanto de ser argentinos”. Fragmento del Cap IV.
Marcos Aguinis
Seguí de cerca a la Selección Argentina de Rugby
en el Mundial de Francia 2007.
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