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INVENTIVASocial
Plaza virtual de escritura
 
Edición SEPTIEMBRE 2006
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Elegir mi paisaje*
   
Si pudiera elegir mi paisaje  
de cosas memorables, mi paisaje  
de otoño desolado,  
elegiría, robaría esta calle  
que es anterior a mí y a todos.   
   
   Ella devuelve mi mirada inservible,  
la de hace apenas quince o veinte años  
cuando la casa verde envenenaba el cielo.  
Por eso es cruel dejarla recién atardecida  
con tantos balcones como nidos a solas  
y tantos pasos como nunca esperados.   
   
   Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,  
los espías aleves de la soledad,  
las piernas de mujer que arrastran a mis ojos  
lejos de la ecuación dedos incógnitas.  
  
Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,  
hojas secas, bocinas y nombres desolados,  
nubes que van creciendo en mi ventana  
mientras la humedad trae lamentos y moscas.  
  
Sin embargo existe también el pasado  
con sus súbitas rosas y modestos escándalos  
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera  
y su insignificante comezón de recuerdos.  
  
Ah si pudiera elegir mi paisaje  
elegiría, robaría esta calle,  
esta calle recién atardecida  
en la que encarnizadamente revivo  
y de la que sé con estricta nostalgia  
el número y el nombre de sus setenta árboles.  

*de Mario Benedetti.
 
 
 
*
                                                  
                                                    " El problema consiste en
                                                                   perseguir las sombras / o a
                                                                   resignarse a ser el perseguido"
                                                                              Hamlet Lima Quintana

                                  
PREGUNTA

Transito calles de una ciudad desconocida
mi voz se desdobla,
                           -llantos  rezos  lamentos-
mi mirada astuta se esconde detrás de la lluvia
                           (a destiempo)

encadenadas gotas auguran espacio y tiempo
viene el sueño
                  cambia la historia
                             toca la tierra
                                      trae sonidos de metales

la embustera pregunta
                                      ¿dónde está mi sombra?

apremia con osadía la respuesta
                                      -apagando el luto de la noche-


*de Alicia Rey 
laberintosmagicos@...
 
 
 
 
 
 
CHATARRA Y TORMENTA* 
 
Una mañana de sol, con el permiso de casa, como tantas veces que podíamos; salíamos  con mi hermanito alejándonos un par de cuadras, hasta la vía, o a veces un poco más. Mi compañero tenía entonces sólo unos tres a cuatro años, yo mayor, estaría cerca de los nueve. Esta vez salimos de las calles del pueblo, y pasamos las ultimas casas y quintas, la de los pinos, la de las grevileas, la cañada del bajo con el puentecito, subir la loma, seguir por el camino vecinal, entre las chacras de la colonia, luminosas en su verdor amarillento.-
Avanzábamos paseando, embriagados de sol, de color y de cielo, sintiendo el aire todo nuestro como si voláramos en él. Todo nos atrapaba: ese árbol, aquella casa arriba en la lomada, su molino con las aspas rotas,  las enredaderas de los alambrados, de flores azuladas, como la pasionaria, que nos enternecía con sus símbolos. Otras tenían pequeños frutos. Algún nido de avispas. El sobrevuelo rasante de los teros que nos acompañaban protestando, pasando una y otra vez, molestos por nuestra indiferencia a sus amenazas porfiadas; o los chistidos de las lechuzas, posadas sobre algunos postes, ora inmóviles, ora girando la cabeza , que a mí me parecía sin tope alguno.-
 Era capaz de jurar que podían girarla sin límites, todas las vueltas que quisieran, para un lado o para el otro, aunque sabía que en el fondo no era así.-
Esa idea absurda se me había dado también cuando era muy pequeñito, y vi., creo que por primera vez de cerca; un avión posado en tierra. Terminada la segunda guerra mundial, pululaban aviones civiles y militares, excedentes de guerra. Papá nos llevó un domingo a un campo cercano al pueblo, donde una docena de aeroplanos hacían demostraciones y vuelos de bautismo. Al verlos me llamaron la atención las hélices, que básicamente tienen chanfleadas las palas, y yo juraría que eran como enroscadas varias vueltas sobre sí mismas. Así las grabé en mi memoria, y como el giro de las cabezas de las lechuzas y los búhos, por más que entienda que no es así, no puedo borrar del todo aquella impresión.-
Tras la prolongada cuesta, doblamos por otra calle vecinal, siempre rodeados por sembrados de maizales y girasoles, o pequeñas pasturas. Todas las chacras eran pequeñas. Casi semejaban en su conjunto, un desmesurado y pintoresco jardín.-
Nos detuvimos al fin, en un terreno de no más de una cuadra, una reserva de lo que en tiempos bastante lejanos habría sido un monte tupido y seguramente extenso, y  se conservaron allí algunas plantas muy grandes de quebrachos, algún algarrobo, aromos, chañares, un gigantesco ombú, y otros ejemplares, entre cardos de gruesas pencas espinosas y sus altas varas florecidas, tunas de varias clases, aún más espinosas; aromitos y arbustos, con un par de charcos de las últimas lluvias; con sapitos, ranas, lagartijas, como así mariposas de todos colores revoloteando, y muchas especies de pájaros con sus nidos, que llenaban el aire con sus vuelos y sus trinos.-
Un paraíso verde y melodioso.-
Absortos, no advertíamos el paso del tiempo.-
Un trueno lejano nos sorprendió, el cielo se había encapotado parcialmente y el sol ya no brillaba sobre nosotros, mientras una brisa del sur se levantaba refrescando  suavemente.-
Volvimos sobre nuestros pasos y detrás del pequeño monte, pudimos ver hacia el poniente, que el cielo se había puesto de un azul profundo y amenazante, con nubes grises formando franjas de crestas blancuzcas. Algunas aves, mucho más cercanas, se recortaban volando enmarcadas por la tormenta inminente. De cuando en cuando el relámpago de un rayo caía recto al suelo, como un chicotazo de luz; y seguía el retumbo profundo  de un trueno, cada vez más cercanos.-
Corrimos un buen trecho. Cuando llegamos al cruce del camino, con el corazón acelerado por el esfuerzo y latiendo más aún por la amenaza del mal tiempo, y cómo no dábamos ya para seguir corriendo; nos resignamos a caminar, pese a que  sentíamos  los truenos y refucilos cada vez más cerca, y conscientes de cuán lejos estábamos de casa todavía.-
Escuché el motor de un vehículo que venía por el camino, detrás y en nuestra dirección, levantando una ligera nube de polvo. Nos apartamos cediéndole paso, pero cuando llegaba a nosotros, fue mermando la marcha y se detuvo. Era un pequeño camión verde, “Internacional” de 1928. Sabíamos casi todas las marcas y modelos de vehículos que circulaban nuestros caminos de entonces, y este me era familiar.-
El conductor abrió la pequeña puerta de la derecha y nos invitó a subir, cortés y sonriente. Se lo veía amable y buena persona.-
Apenas reanudamos la marcha, un relámpago nos cegó y el estampido de un trueno estalló al unísono, lo que indicaba que había caído cerca; luego otro a la izquierda, y otro más a la derecha, junto a las primeras gotas de un fuerte chaparrón. Me indicó que cerrara la ventada, bajando la  cortina que estaba enrollada en el mismo marco, y  asegurando los broches del cierre; nos resguardamos del aguacero que ahora se estaba desplomando con toda intensidad.-
Mientras el camioncito indiferente marchaba poco más que al paso, con su rumoroso traqueteo, bajo la lluvia, hacia la bajada del puente; nos preguntaba quienes éramos, y nos contó que conocía bien a papá y que él se dedicaba a comprar chatarra, o más precisamente piezas de maquinarias y herramientas en desuso, para su modesto desarmadero; por eso recorría la colonia y andaba regularmente por esos caminos, todos de tierra y por lo general bastante polvorientos.-
Dejamos atrás las primeras casas, y al entrar al pueblo, la lluvia había mermado al punto, que sólo caían gotas espaciadas. De allí en adelante el agua no había siquiera apagado al polvo de las calles…
-Déjenos aquí, en esta esquina…, a media cuadra vivimos nosotros…-
Asintiendo mermó la marcha y yo le agradecí la “gauchada” y antes de bajarme enrollé la cortinita, mientras iba abriendo la puerta y pisé el estribo, antes de saludarlo y reclamarle a mi hermanito que me siguiera. Del estribo me bajé a tierra sin mayor cuidado…
Pero el camión, con muy poco o nada de frenos, no se había detenido del todo; por lo que sentí el piso escapárseme violentamente hacia atrás y me encontré con la cara dando violentamente contra el piso de la calle polvorienta…
Alcancé a ver a mi pequeño hermano parado en la puerta, esperando que el camión parara del todo para bajarse. Aturdido sentí la rueda de atrás rozarme la cabeza y detenerse algunos metros más adelante, mientras yo en el suelo terminaba de revolcarme por la caída…
Me levanté de un salto movido por un súbito sentido de orgullo lastimado, o directamente por vergüenza a que me viera la gente, que había afuera de un comercio cercano, y me apresuré a sacudirme disimuladamente la tierra que tenía encima, mientras mi compañerito bajaba serenamente del estribo…
Al conductor debe haberle extrañado cómo desaparecí tan abruptamente de su campo visual, pero creo que no sospechó siquiera de mi bochornoso descenso; porque puso nuevamente su camión en marcha, y se alejó tranquilamente…
Con su ronroneante traqueteo, poco más que al paso…
 
 
 
 
ESCARCHA DE LUNA*
 
“Mientras avanzábamos raudamente, veía que el campo giraba como un enorme disco iluminado bajo la luna llena, plateado por la escarcha…”
 
Mamá me entregó un bolso con la ropa y otras cosas y me acompañó hasta el portoncito batiente de la entrada.-
El portillo estaba flanqueado por los dos altos y lozanos cipreses, que semejaban un poco, a dos verdes, gigantescas, y estilizadas espigas; que montaban guardia permanente, vigilantes y quietos, rodeados por un florido conjunto de  plantas y plantitas del jardincito del frente. En él resaltaban profusas las enhiestas y copetudas crestas de gallo, de flores verrugosas y aterciopeladas de un furioso color carmín.-
El camión azul deslucido de mi tío estaba en marcha y él aguardaba en el volante a que el motor se calentara. Yo le di un beso a mamá y corrí dando un rodeo para subir por el otro lado.-
Se terminaba la tarde y comenzó a refrescar de golpe.-
El sol, como un disco gigante color naranja pálido, bajaba sobre la quinta de naranjos que daba al oeste, y el cielo se había pintado del granate al rojo intenso; mientras algunas pequeñas nubes amarillentas y oscurecidas se recortaban con ribetes iridiscentes, como ovejas deformes pastando en un campo en llamas.-
-Mañana va a helar- dijo mamá, despidiéndose, mientras nos poníamos en marcha.-
Me sentí en la gloria. Un vaho tibio se respiraba dentro de la cabina, emanado por el motor; tenía aromas de aceites cálidos y tan tenues que eran como un perfume metálico, agradable y reconfortante.- Además, iniciar este viaje con mi tío era para mí un sueño.-
Cruzamos el pueblo, el puente y la ciudad vecina, ambas aún con calles de tierra, y salimos a la ruta, también de tierra.-
 Enseguida cayó la noche y la oscuridad fue cercándonos. Los faros del camión iluminaban temblorosamente una porción no muy grande delante y un poco a los costados del camino, bañando escasamente de amarillo una pequeña mancha dentro de la inmensa noche cerrada.-
Mientras, el ronroneo del motor iba quedando atrás con el camino recorrido; dejando a su paso un eco debilitado que rebotaba en los costados irregulares y nos iba persiguiendo junto con la noche.-
Pese a la dicha que sentía, me fui durmiendo sin darme cuenta, acunado por el  vibrar suave y parejo, y el regular sonido de la marcha que nos envolvía…
Hicimos así la mitad del camino.-
Me desperté al sentir que el camión disminuía la velocidad hasta casi detenerse y el traqueteo de las ruedas sobre los rieles al cruzar las vías del tren. Un poco más allá mi tío se estacionó ante una casa o un tipo de negocio que daba a la calle. Luego vi que tenía un alero pequeño que sobresalía sobre un surtidor de nafta, de los de aquella vez, altos, con un remate redondo como un caramelo, o una almeja, y una gran palanca con la que bombeaban el combustible.-
Por la puerta abierta y por la ventana salía una larga porción de luz que daba un farol muy potente que se conocía como “sol de noche”; y blanca y luminosa cruzaba la calle y alumbraba la garita del guardabarreras del ferrocarril cerca de la vía. Sentí voces, y vi pasar gente en la ventana, e incluso algún  chico jugando, quizás más adentro.-
Mientras esperaba a mi tío, y terminaba de despertarme, pensaba en esa casa y en esa gente, que en verdad no conocía, ni conocía el lugar, y en realidad tampoco sabía mucho sobre en qué parte del camino estábamos, y hasta pensé que, tal vez habríamos llegado.-
¿Cómo sería la casa de mi tío? A mis escasos nueve años era la primera vez que iba. Cada tanto mis primos venían a casa, ya que el negocio se proveía con estos viajes que eran frecuentes, y este coincidió justo con la feria escolar de invierno, así yo al fin puede colarme.-
Mi tío volvió y el motor ronroneó de nuevo…
Ahí fue cuando me informé que estábamos a mitad de camino, de modo que enseguida reanudamos la marcha.-
De cuando en cuando él encendía un cigarrillo, lo ponía en la boquilla y fumaba quedamente. Las caprichosas espiras de humo azul, como danzantes arabescos, alcanzaban a cautivarme antes de desvanecerse en el interior de la cabina. Cuando terminaba de consumir el cigarrillo, solía mantener la boquilla vacía largo rato entre los labios, y así la sostenía, incorporada y firme, casi todo el tiempo.- Decía que era un buen truco para fumar menos.-
 Yo lo veía recortado contra la penumbra exterior, junto con el resto oscuro de la cabina, donde apenas brillaba tenuemente una pequeña luz en el tablero, casi espartano, propio de los modelos de entonces, de antes de mediados de siglo. Lo veía pensativo y al mismo tiempo tan sereno, que me cohibía molestarlo o interrumpirlo en sus cavilaciones; hasta que él mismo vio que yo estaba despierto y abrió el fuego con una gran sonrisa, y con un gesto cariñoso soltó el volante y con la mano derecha me revolvió el cabello…
Charlamos larga y despaciosamente, mientras el camión devoraba raudamente buenos tramos del camino.-
En realidad hacía apenas cuatro años que se habían asentado en aquella colonia casi virgen, de grandes campos, montes y bañados. También otros colonos habían hecho lo mismo por aquel entonces y se formó una población considerable, además les estaba yendo bastante bien a todos, así que mi tío estaba agrandando sus negocios, y aparte de vender y fletear mercaderías y comestibles, vendía insumos para el campo y estaba iniciando el acopio de cereales y ahora también algodón que estaban comenzando a sembrar como una novedad en aquella latitud agrícola.-
Por largos ratos quedábamos en silencio, ensimismados  cada uno en sus cosas. Yo mismo trataba de imaginarme cómo sería todo lo que me esperaba, lo que aún no conocía, e iba quedando cada vez más cerca.-
 De reojo veía que mi tío de cuando en cuando tarareaba una canción en voz tan baja que casi no estaba seguro que estuviera cantando.-
 Además la soledad de tremendos contornos me intimidaba por momentos. Ahora cruzábamos cerrados e interminables montes que reconocía a nuestros costados y escondidos arroyos que se reflejaban entre la negrura, y la luz de una luna que nacía frente a nosotros.-
Pero tenía mucha confianza en él, mi tío era también mi padrino y lo veía como a un héroe, un verdadero paladín.- Lo que no estaba al alcance de mi padre, él lo haría accesible, sin dudas, porque sabía que me quería bien.-
Mi padre y él tuvieron suertes diferentes. Mi padre vino de Italia de niño y la vida lo trató muy duro.- Desde pequeño tuvo que trabajar como único sostén, ya que quedaron huérfanos de padre recién llegados de Europa, y apenas nacidos los hermanitos más chicos. Mi tío era el más joven y accedió a todo más fácilmente, un poco quizás por ser el menor.-
Estábamos llegando. Doblamos el último tramo. Se había alzado la luna, grande y ovalada. La teníamos ahora a la derecha y me permitía ver los grandes campos que pasaban corriendo, más fuerte acá cerca, y los grupos de árboles y casas más lejanas apenas se iban moviendo. Parecía que todo girara como en un plato gigantesco, teniendo como eje la luna, mientras bañaba todo con su luz pálida y platinada.-
La casa se me apareció entre una extensa arboleda de variados tamaños, negra a trasluz, donde se recortaban altas grevileas y pinos; y los techos metálicos se reflejaron fríos y blanquecinos por la escarcha recién caída y la luz de la luna.-
Lo demás estaba en tinieblas, pero enseguida hubo linternas y luz en la cocina, y un par de perros alegres que aullaron y corrieron atropelladamente a saludarnos, antes aún que los demás de la casa.-
Así llegué aquella primera vez a aquel lugar, que tanto significaría para mi de ahí en más, especialmente en el transcurso de mi niñez.-  

 
*Relatos de Celso H. Agretti. celsoagr@...
Avellaneda (Santa Fe).
-Publicado en "Los días felices". Edición de autor.
 
 
 
 
Rostro de vos*
 
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
 
 
*de Mario Benedetti.

 
 
 
DOS Y EL UNIVERSO*

     Llegamos al recital una hora antes de que comience para ubicarnos justo frente al escenario, detrás de las vallas. Estaba programado para el día anterior pero llovió y se trasladó al sábado.
     Fuimos caminando los cuatro, y Guillermo y el Coiro estaban silenciosos como siempre, mientras Rodolfo y yo parloteábamos y nos chocábamos por las veredas angostas. Había que remolcarlo al Coiro, que se demoraba con su andar sin apuro y la mirada celeste que se le va prendiendo a las flores
rosadas de los lapachos o los antiguos mascarones de mampostería en las fachadas de las casas, cruzadas por cicatrices de rajaduras o cables inclementes.
     Había un humo blanco que danzaba sobre la avenida todavía casi desierta. Los puestos de choripanes y hamburguesas tenían el carbón encendido, y la carne comenzaba a ofrecerse tentadoramente con su propio reclamo. Una vendedora nos dijo mientras pasábamos que sus choripanes eran muy buenos, y que tenía lechuga y tomate.
     Ocupamos nuestros puestos, y Rodolfo se fue a comprar hamburguesa para él, choripán para Guillermo. Rodolfo fue a la esquina por donde no habíamos llegado, él busca lo nuevo, tiene la curiosidad de quien se arriesga osadamente a las esquinas desconocidas y los vendedores ignotos. El Coiro
salió también con el encargo de que "el mío con chimichurri", pero, como no podía ser de otra manera, desandó el camino recorrido y fue al puesto de la vendedora que nos había hablado con simpatía. El Coiro es de los que van al mismo peluquero que le cortaba los rizos infantiles, concurre al mismo bar
donde los clientes lo ignoran satisfactoriamente durante décadas, y les compra  naranjas a los verduleros con carrito de mano y balanza de pesas; busca la calidez de lo conocido y lo estable, acaso se inclina desde siempre hacia cierta vejez de sol en el patio, cierto cariño generalizado por los seres y las cosas.
     Charló el Coiro con la mujer, que le dijo que ella había criado cuatro hijos con sus choripanes, mire qué buenos serán y qué oficio tengo. Si, el Coiro es de los que hablan con los dependientes aburridos y le hace algún chiste incomprensible a las promotoras de los supermercados, que sonríen sin entender porque les pagan para estirar los labios cada tanto y fingir una simpatía que se les acabó antes de salir de sus casas.
     Comimos nuestros sándwiches medio crudos; los puestos estaban ubicados en el sector donde después se congregarían los oyentes, los cocineros ambulantes tenían miedo de que la policía los hiciese mover hacia los lados, y sacaban la carne de las parrillas lo más rápido que podían.
     Hacía frío pero no demasiado todavía. Nos habíamos abrigado, charlamos un poco mientras esperábamos la hora anterior al comienzo anunciado, y la media hora de retraso suplementario y obligatorio en los espectáculos de la Argentina, país sin horarios.
     Hablábamos entre nosotros cuando me vino a saludar Perla con su pareja, Cacho. Un ratito hicimos intercambio de frases sin sorpresa. Era un saludo y presentaciones, nada más. Cuando se alejaron entre la gente que ya empezaba a ocupar la avenida les dije que esa era la Perla de la que ya les había
hablado; mi compañera de trabajo de más de cincuenta años, que hace un año, a las siete de la mañana me había dicho "conocí al hombre de mi vida, soy feliz". Así, con una frase de ocho palabras me había calentado la emoción hasta los ojos llorosos. Conocí al hombre de mi vida, soy feliz. Nada más que eso, nada más que un rayo de luz iluminando un universo frío y dejándome una felicidad gratuita y plena que me embarga cada vez que lo recuerdo.
     Después de los presentadores comenzaron los músicos. El Chango Spasiuk un polaco rubio y solemne, acordeón y una música estilizada con aires de chamamé y polka, los temas arrancando sapukais del público donde los estudiantes correntinos elevaban las agudas banderas sonoras. Corrientes te va a ayudar, Corrientes mi país, mi pueblo, mi alma de tabacales y yerba mate. Corrientes tan paraguayo, tan nación propia y tan sentimiento vivo en esta Argentina de inmigrantes sin pertenencia. El chamamé estremecía las gargantas de los correntinos que dibujaban su bandera sonora, reconocible y clara. Y el Chango tan serio en el escenario, tan virtuoso en una tormenta de sapukais vibrantes como relámpagos cegadores. Terminó con el verano porteño de Piazzola y estaba bien, aplausos y ovación.
     Después Vitale y las matemáticas. Alguna felicidad que se esconde entre el sonido puro de la perfección.
     Ya hacía frío. El Coiro me mantenía abrigada con el abrazo, la más cálida de las mantas, la que presta calor hacia los adentros y cada tanto florece en besos.
     Cantó la hermana de Lito Vitale algunos temas, mientras el viento barría la cabeza de la multitud. La policía se había llevado ya al borracho que gritaba con la voz bronca palabras ininteligibles, y la gente escuchaba en silencio. Sólo los niños hacían algún ruido de patio de juegos, entreteniéndose entre ellos al costado del escenario. Guardería ocasional de pequeños que vaya a saber qué recuerdo habrán atrapado en la noche, y qué sones habrán guardado para la lejanía del tiempo.
     El Coiro me prestaba su calor y su mano acariciaba mi mano, en la dulzura de un espacio propio. La noche arreciaba como la música.
     Cuando apareció Baglietto trajo su propia luz. Apareció realmente.
Salió al escenario con esa sonrisa encendida de faro, de linterna. Cantaba con la energía intacta, los gestos del gozo, la voz dulce y dura, aguda en las cimas, tranquila y confidencial en los remansos.
     Fuimos felices todos coreando los antiguos estribillos, las canciones de nuestra juventud, aquellas palabras que aparecen cuando una las necesita, la vida que cabe en una frase y esas notas que son necesariamente compañeras. Y Baglietto sonriente, sonriente. Y el abrazo que no cesaba, y unos cuantos saltos y sufrir en el último tema, y celebrar la comedia de voy y vuelvo a salir. ¡Otra! ¡Otra! Pero se van, y sabe a poco, aunque hace tres horas que estamos parados en la calle.
     Nos vamos y estamos felices. Conservo la sensación de la música en la garganta, los oídos, el abrazo.
     Cuando nos despedimos de Rodolfo y Guillermo, el Coiro me dijo: "qué lástima esta sociedad, ellos no se pudieron abrazar".
Hace frío afuera, sabemos que antes de dormir, Rodolfo lo abrazará a Guillermo y pensará
"somos nosotros dos y el universo".
                                                            
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
El sexo de los ángeles*

*Mario Benedetti

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Angel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Angela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Angel dice: "Madero". Y Angela: "Caverna".
Aletean por ahí un Angel de la Guarda, misógino y silente, y un Angel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
El dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Angel dice: "Estoque", y Angela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
*Fuente: Sololiteratura.com

 
 
 
Ejercicios de escritura
 
 
Para el 8 de septiembre
 
 
Viaje a las estrellas /Star Trek*
 
El 8 de septiembre serán 40 años del estreno de la serie original de "Viaje a las estrellas".
¿Dónde estarán el Capitán James T. Kirk, Spock el Oficial Científico, Leonard McCoy Medico, la Teniente Uhura, Scott el Jefe de Ingenieros? ¿Cómo era nuestra vida?
 Demasiadas preguntas sin relato.
¡Súbenos ya mismo "Scotty"
 
Para más datos puede recurrirse a la información de Wikipedia.
 
Aclaración importante: también vale escribir sobre otras series "futuristas" como Max Headroom, Fuga en el siglo XXIII, etc, etc.
 
¿Se animan a escribir unas líneas en narrativa para el 8 de septiembre?
 
 
 
Para el 14 de septiembre
 
Palabras a Mario Benedetti*
 
Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920. Cumple 86 años.
¿Por qué será que uno fabrica sus recuerdos/ y luego los olvida?
Leo en la contratapa de uno de sus libros.
¿Dónde están nuestros recuerdos personales cruzados con sus poemas y novelas?
¿Qué podemos decir de su poesía?
 
¿Se animan a escribir ensayos, cuentos, poemas o prosas para el 14 de septiembre?
 
 
 
Para el 21 de septiembre
 
De otoño a primavera...
 
El 21 de septiembre el otoño y la primavera se cruzan en los calendarios de norte a sur.
Mi padre migro en primavera y se borro para siempre un verano de su vida. Muchos abuelos que viajaban a trabajar en las cosechas cambiaban de estación arriba de los barcos.
¿Podemos unir, abrazar con palabras nuestras sensaciones de otoño a primavera en este día?
 
¿Se animan a escribir unas palabras (crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas), para el 21 de septiembre?
 
 
Para el 28 de septiembre...
 
 La edad de la justificación*
 
 Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como 20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de sus respectivos hijos, son 3 los de él,  y 2 los míos. Esto genera un breve clima de dicha mientras recorríamos las gondolas. Cuando salimos, volvímos caminando un par de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y me sorprendo tratando de justificarme...
 
-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...
 
¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de septiembre?
 
 
*propuestas de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.
 
Condiciones para las invitaciones a escribir:
 
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas.
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
 
 
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@...
 
 
 
Respuesta a preguntas frecuentes

 
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.


Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura

¿ Otras preguntas o consultas? escribi a
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-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
 
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
 
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
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Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
 
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