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ESA ÉPICA DE LA VIDA Y LOS TRENES   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #103 de 226 |
Esa épica de la vida y los trenes...



Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos*


Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos
bajo la lluvia triste en cualquier estación
viendo pasar los trenes, viendo huir los minutos,
viendo correr las gentes sobre el mojado andén.

Si tan sólo existiera un tiempo y un lugar para nosotros,
la intimidad de un bar semivacío,
las tardes del otoño entre las calles,
la ternura de un parque abandonado.

Si tan sólo tuviera tu pelo entre mis dedos
y en mis cansados labios se apoyara tu piel
y un ángel candoroso velase nuestro sueño
bajo las tenues luces de una playa lejana.

Si tan sólo pudiese mirarte mientras duermes,
contemplar en silencio tu silencio tranquilo
y olvidarme de todo y desnudarme de todo
y arrojar al olvido todo cuanto es ajeno
al color de tus ojos, al sabor de tus labios
y a la dulce cadencia de tu voz al hablarme.


*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
http://al-andar.blogspot.com






LA "SALAMANCA" DE LA ESTACION DE TRENES*


"Ay de quien temerariamente aspira a saber lo que debería olvidar"
(Jorge Luis Borges)


Reza una leyenda que Isabel la Católica mandó a tapiar la
célebre "Cueva de Salamanca", porque era un antro de hechiceros,
herejes y cripto judíos o "marranos". Quizás sólo fue un taller de
alquimistas y herméticos, cabalistas y sufíes. Pero la leyenda llegó
al Nuevo Mundo y se convirtió en una especie folklórica campesina
con ribetes satánicos y, en cierto modo, contestatarios, aún vigente
hace cuatro décadas, cuando yo me topé con ella siendo un aprendiz
de antropólogo, por no decir de brujo como nos llamaban, en varios
países de Sudamérica. La que inspira este relato estaba en la Pampa
Gringa, tierra de hondos misterios. La hallé, empero, en una de esas
estaciones de trenes casi olvidadas que bien pueden servirle de
marco, lo mismo que el bosque y los socavones.


***

Hay quien prefiere el tren, su cansina marcha, el rítmico bufido de
esa bestia mansa, protectora, la vetusta elegancia de un coche-
comedor que también hace las veces de salón de té entre cuatro y
cinco de la tarde; manía atávica que proviene de los ingleses,
fundadores de ferrocarriles e imperios.
Aún a costa de varias horas adicionales de viaje, debido al largo
tiempo en que aquel trencito de trocha angosta se detenía en las
estaciones, había siempre una respetable cantidad de pasajeros en
el "rápido" Las Varillas – San Fancisco de Córdoba, con
paradas "sólo" en Las Varas, Saturnino María Laspiur, y Quebracho
Herrado. El trayecto demoraba, con suerte, unas seis horas que -
sobre todo en época de lluvias, cuando los caminos de tierra se
volvían intransitables- eran una bagatela para los amantes del
ferrocarril y algunos etnólogos extemporáneos.
En compensación, uno podía bajar en Las Varas y tomar unos verdes
con tortas fritas, aunque no lloviera, ahí nomás en el andén, o
caminar un rato por la avenida bordeada de eucaliptus gigantes en
Laspiur, y visitar el sanatorio del Dr. Nelay, donde había
pernoctado Marquesini, el célebre taumaturgo cordobés; o bien, a la
hora del ángelus, pasear por el Quebracho Herrado esquivando las
veredas de aquel pueblo, por su siniestra fama de ser un antro de
brujas, con ganas de perder el tren para ver si era verdad. Allí
tuvo lugar, hace más de cien años, una feroz batalla entre el
ejército del General Lavalle y las tropas rosistas comandadas por el
oriental Oribe, en la que los unitarios fueron derrotados con muchas
bajas, enterradas en dicho lugar. A menudo los torrenciales o el
pampero descubren algunos huesos, que se vuelven "luces malas" por
la noche, lo que le ha dado al caserío su fama brujeril.
Pero esa tarde de octubre de mil novecientos sesenta y tantos,
conjurando dicha fantasía tantas veces temida – y anhelada – por
todo leal pasajero del riel, el tren se quedó en el Quebracho
Herrado sin poder continuar. Casi podría decir: el tren se quedó en
el Quebracho Herrado "para siempre".
Mas esto tampoco ocurrió, y sólo cabe contar las cosas como creo
haberlas percibido, más o menos trastocadas por la piedad de la
memoria y el oficio.
Después de pasar por el ritual "folklórico" de andar siempre por el
centro de la calle, "y mirar de soslayo las veredas", como aconseja
el sortilegio, creyendo haber visto algunas luces malas o "fuegos de
San Telmo", como también se llaman, tras la reja de viejos jardines
deteriorados o patios baldíos, volvimos a la estación. El tren aún
no salía y algunos caminábamos por el andén desierto como si fuera
la celda de una cárcel o un claustro. Los demás habían vuelto a sus
asientos y nos miraban desde el cubículo de las ventanillas,
mientras nosotros los veíamos a ellos como a través de los vidrios
de un enorme y extraño invernadero.
Digo "nosotros" y "ellos" por lo que luego pasó, siendo tal vez la
suerte de los que nos bajamos muy diferente de la de quienes se
quedaron en el tren. ¿Fue todo producto de la imaginación, o el
hecho de haber seguido "mirando de soslayo"? También ignoro por qué
ninguno de los andantes, salvo yo mismo, mucho después, pudo (o
quiso) fijar la mirada frontalmente, aunque ya estábamos de regreso
en el andén. Pero lo que alcancé a entrever fue suficiente para
seguir, por un largo rato, con la vista enfocada al suelo, o a la
penumbra que se abría en las puntas de la estación como un anhelo de
libertad. Y confieso que, a pesar de mi largo entrenamiento
etnográfico, tuve miedo...
Primero hubo un silencio brusco, innatural, en el que ni siquiera se
escuchaban nuestros propios pasos. Después una algarabía
desenfrenada llena de carreras cortas, renuentes, como si el suelo
se hubiera llenado de salamandras o lagartos en fuga, y un rumor de
carnaval repentino, pero trágico, sin pizca de alegría ni seducción;
un festival forzado, tenso, de persecuciones contundentes, veloces,
y siempre consumadas.
¿Había una diablilla gorda brincando por los pasillos de los
vagones, con una cruz invertida entre los pechos, que terminaba en
un obscuro falo a la altura de su boca? ¿Y detrás de ella, en cuatro
patas, un diablillo que blandía sus dos vergas y la cola
enroscándose en el cuello con un crótalo de plata? Quizá; nadie
miraba de frente hacia el tren detenido. De reojo, alcancé a ver
como violaban a una monja sangrando por el ruedo de su hábito, entre
cuatro cabrones (¿o eran machos cabríos?) a la vez, y ella clamaba
en su delirio por el fuego al pie de la caldera en la locomotora
inmóvil.
Cuando quise intervenir, se desligó del abrazo poliforme y huyó
convertida en una mula embarazada, galopando hacia la puerta del
último vagón donde ardían cirios negros. Pero era inútil de todos
modos porque, los que estábamos afuera, no podíamos levantar la
cabeza ni subir al tren. No sé si por el asco a los bichos que
reptaban por las escalerillas y el borde del andén -provocando a
menudo cosquilleos y tenues golpecillos- o paralizados por nuestro
propio temor. Tampoco podría asegurar si el contrahechizo tuvo su
efecto, o más bien fue otra alucinación acuciada por la espera.
Porque en algún momento saqué la botella de vino que guardaba en mi
talego y comencé a ofrecerla – siempre sin mirar a los ojos – a cada
uno de los pasajeros y personajes, reales o no, con quienes me
topaba.
La treta para ahuyentar al diablo me la había enseñado un curandero
de La Higuera, en Traslasierra, otro pueblito encantado, donde pasé
varios meses recogiendo cuentos de aparecidos, lobizones y ánimas en
pena. Pero esto parecía otra cosa, la peor que guarda la caja de
pandora del alma campesina: la Salamanca. Ya no se trataba de las
casi innocuas brujas del Quebracho Herrado, que custodian las luces
malas, y sólo espían de puro chismosas o aburridas; ni era posible
ahora deshacer el ensalmo con la mera mirada oblicua. La Salamanca
requería medidas más drásticas, que comenzaban con la prueba del
vino. "Es el vino – decía el curandero, al que no quiero mentar por
su nombre – la verdadera sangre de Satán, que no la de Cristo. Es
como ofrecerle al Malo su propia sangre". (Era ésta una de esas
frases que no se olvidan, y por eso la tenía registrada en mi
libreta de campo).
Una vez hecha la oferta del vino pude mirar de frente, y lo que vi
me convenció, aún más, de que me hallaba ante la reina del terror
nocturno. La Salamanca, recordé, asume variadas formas, pero
siempre remeda una fiesta, al principio. Es la manera de atraer al
incauto. Y toda la estación parecía, ahora, una de esas ramadas que
se levantan para los días de la fiestas patrias, el veinticinco de
mayo o el nueve de julio, aunque estábamos en enero. Varias parejas
bailaban una chacarera, las chinitas de falda cortona, muy
estrecha, y las blusas desabrochadas. Los gauchos, con chambergos
alones y botas con espuelas, al aire los ponchos enmarañados como
sus melenas. En un rincón adornado con guirnaldas, dos comadres
servían vino, ginebra y empanadas fritas, sin dejar de mirar al
estrado donde estaba la orquesta de músicos ciegos, guitarra y
guitarrón, chalecos bordados y rastras de monedas y penurias.
Adentro del tren, una alegre caravana recorría los vagones, colgando
serpentinas y zapateando sobre los descansillos de las puertas. Ni
rastros de la diablesa y el diablillo, o la mula embarazada. Todo
aquello era muy extraño, porque la Salamanca, según había oído
contar, aparecía más bien en cuevas – remedando la originaria en
Salamanca, o al borde de una cañada (como lo dijo Sarmiento). Mas no
había nada incongruente en el hecho de que estuviera en la estación
de tren; al contrario, parecía un lugar adecuado, suficientemente
misterioso a esas altas horas de la noche. Todavía más extraño
resultaba ese aire de normalidad, de simple fiesta que tenía todo, a
diferencia de lo que había podido ver – si bien de soslayo, lo
repito – antes de la ofrenda del vino.
No sólo habían desaparecido los monstruos y las pesadillas, sino que
la escena tenía un aire bucólico, la ilusoria inocencia de una
trampa. Porque sin duda no era sino eso, una trampa, tanto para los
sentidos como para la razón. Al acercarme al puesto de las comadres,
ambas guapas y querendonas, vi que detrás del mesón había un quiosco
en forma de tienda, con cortinas flotantes y gobelinos agrisados por
el tiempo. Por los intersticios se divisaban siluetas femeninas semi-
desnudas y sonrientes, más jóvenes que las puesteras y aún más
lúbricas, que parecían estar esperando.
De una guitarra invisible que no formaba parte de la orquesta, fluía
una melodía distinta, tocada con destreza incomparable, y que sin
embargo no desentonaba con la chacarera de los ciegos. "Es la
guitarra del diablo – pensé en seguida, rememorando las notas de
otra libreta de campo que había llevado en Santiago del Estero hace
unos años – "la singular manera de templarla que nadie puede
imitar". Entonces la música cesó de inmediato, quedando sólo la de
la orquesta que se escapaba por las bocas del andén hacia la noche.

- ¿Desea tomar algo?
– me preguntó una de las comadres seductoramente mientras entreabría
su falda para mostrar los muslos cerúleos – hay de todo, aunque no
se vea – y sacó de abajo una botella de ginebra holandesa, dorada
como una mies, y unos tamales que eran la tentación misma, al tiempo
que se daba vuelta dejando ver unas nalgas perfectas, como trazadas
a compás - ¿O prefiere este vinito de Cafayate, de más de diez años
aunque no tenga marca – ofreció subiéndose la enagua, de la que
surgía una mata de pelo azulado de tan negro, escondiendo apenas sus
secretos encantos.
- Sólo tomo del mío – y al mero gesto de sacar la botella para
ofrecerles un trago, el mesón y la tienda desaparecieron quedando
sólo el guitarrero, que tenía un aro de oro en cada oreja y
parecía un gitano de cuento.
- El que te enseñó esos trucos sabía a qué atenerse – me dijo por
todo saludo – pero yo puedo enseñarte muchas cosas más...
-¿Qué querés decir? – le contesté adhiriéndome a su tuteo.
- Lo que más te agrade; por ejemplo, encantar a la guitarra,
como yo lo hago, lograr fortuna, conquistar a todas las mujeres, o
bien conocer los secretos del futuro y el misterio de la muerte – Y
sacó del bolsillo un mazo de cartas de Tarot nuevas y brillantes,
disponiéndose a barajarlas.

- Es demasiado – repuse – no sabría qué hacer con tantas
respuestas, y ya no tendría preguntas ni deseos. Prefiero no entrar
a tu Salamanca – Y el guitarrero, diablo, o lo que fuese, también se
esfumó sin dejar rastros.
En el andén quedaba apenas un par de parejas bailando la eterna
chacarera, y la inimitable orquestilla de los ciegos. Cuando me
acerqué a ellos, uno de los bailarines me pasó su prenda, diciendo:
- Aguántela un poco, compañero, enseguida vuelvo – y arrojó
la mujer a mis brazos enredada en su propio pañuelo.
Ella era liviana y ágil, danzaba como flotando sobre el vuelo de sus
enaguas, y tenía el rostro más bello que jamás había visto en esta
tierra de mujeres hermosas: un ícono de trenzas castañas y ojos
marinos, con una rara sonrisa, algo inquietante, que le añadía
encanto. Su cuerpo rezumaba el sudor invisible del deseo.
- Subamos al tren – susurró a mi oído después de la primera vuelta –
antes de que él regrese...
La otra pareja ya habría subido, o quizá se había disipado como todo
lo demás. Una suerte de vapor húmedo que empañaba los vidrios de las
ventanillas me impidió ver, de momento, lo que ocurría en los
vagones. Ella se aferró a la baranda de una puerta, tratando de
empujarme al interior del coche. Desde allí se oía de nuevo la
guitarra del diablo y la anterior algarabía. Toda la feria parecía
haberse trasladado al tren, que ya comenzaba a partir.
- ¡Sube! – gritó ella - ¡Vas a perder el tren! – Y en su
premura por agarrarme de la mano se corrió hasta el descansillo
final en la parte trasera del último vagón, hasta donde me alzó con
una fuerza increíble. No pudo, sin embargo, hacerme entrar por
aquella puerta, que quizá dividía este mundo del otro, porque cada
vez que trataba de hacerlo yo sacaba la botella de vino, y ella
retrocedía como si algo la amenazara o estuviera acosada por el
fuego.
Recurrió entonces al antiguo y femenino recurso de desnudarse, y se
entregó a mí allí mismo con la pasión de una virgen. Era sin duda la
diablesa, porque nunca había sido como esa vez, ni volvió a serlo.
Aunque decir que se entregó no sería tampoco exacto, ya que, bajo la
apariencia de hacer lo que yo quería, ella dominaba todos los actos
con una destreza sin igual. Y al final, cuando ya casi me había
rendido a su singular encanto, creí percibir el suspiro de la gran
diablesa, más peligroso que el canto de las sirenas, según me había
contado el curandero.
Su recuerdo benéfico me salvó del último esfuerzo de la Salamanca
por atraparme, porque los efluvios que manaban de ese suspiro eran
como garfios que sojuzgaban la voluntad. Y sabiendo que yo soy
bastante picaflor, como dicen aquí, el postrer recurso debió estar
basado, por fuerza, en el irresistible aunque aparente atractivo de
la hembra de satanás.
Al ver que yo me desasía de su abrazo y saltaba, a pesar de que el
tren ya corría a plena velocidad -siguiendo el recurso desesperado
que me había enseñado el curandero: "salta y cierra los ojos, así
te muestre un abismo o el propio infierno"- ella desistió de su
intento y se dispuso a ejercer su venganza. Por algo era Lilit,
reina de los demonios...
Se arrancó las ropas y las máscaras para mostrarse tal cual era, y
pude ver sus escamas, la mirada del basilisco y la boca siempre
abierta de la gárgola, su desnudez de momia, el hocico incipiente y
la dudosa garra. El castigo no fue, como supuse entonces, imponerme
su fealdad ante toda mujer, sino, como lo supe mucho después,
exactamente lo contrario, su incomparable belleza anterior al
suspiro; de modo que todas me parecieran igualmente horribles e
indignas de ser amadas. Como se sabe, la mirada del basilisco ciega.
Yo quedé ciego por un tiempo para toda otra fémina, humana, celeste
o infernal.
Algo desempañó los vidrios de las ventanillas y alcancé a ver, desde
el suelo al borde de las vías, que por los pasillos corrían, como
antes, la diablilla gorda y el diablillo; pero envolviendo ahora los
cuerpos inmóviles de los pasajeros en serpentinas negras, a modo de
mortajas.
Volví al andén desierto, y la orquesta de los ciegos ya guardaba sus
instrumentos. Les pregunté como al pasar qué fiesta se había
celebrado.

- ¿Cómo, no lo sabía?; la del santo patrono del Quebracho Herrado.
- Soy forastero. ¿Y cómo se llama el santo?
- San Ciprián – una velada mueca de burla deformaba sus rasgos
imperturbables.
Cuando atiné a decirles que no podía ser, que ese era el nombre de
un mago de Alejandría y no de un santo propiamente dicho, se
desvanecieron con la primera claridad del alba.
Al otro día, al subir al coche de reemplazo que habían enviado desde
Las Varillas, el aroma del café recién hecho casi me hizo olvidar la
ordalía anterior. Pero en la manera de observarnos, todavía de
reojo, descubrimos una cierta complicidad entre los viajeros. Según
una versión que también alcanzó a contarme el curandero, los que
han logrado escapar de la Salamanca sin sucumbir a su influjo,
pueden formular un deseo.
Sin mucha convicción, no lo formulé en ese momento; sólo cuando me
di cuenta del castigo de la gran diablesa, después de resistirme al
influjo de unas fragantes chilenas, que compartían la mesa del coche
comedor, expresé el deseo de saber si era verdad lo que había
ocurido. O el conjuro tuvo efecto, o todo era producto de un sueño
sobre rieles en la estación del Quebracho Herrado. Cuando el tren ya
dejaba el andén vi, o creí ver, una cruz invertida entre las vías,
sobre los durmientes.


* de José Luis Najenson najenson@...




San Cristóbal, la ciudad en la que ya no se oye el silbato del tren
de trocha angosta*

Los viejos ritos forjaron una sólida identidad que hoy tiene destino
incierto.

VAGON DE RECUERDOS. El predio de los viejos talleres ferroviarios.
(Gentileza E. Giussani)

Fabio Abbá*

Esta es la historia de San Cristóbal, mi ciudad, a la que nunca voy
a dejar de querer y añorar a pesar de no vivir allí en este momento.
Sin ruborizarme y con mucho orgullo puedo decir que viví toda mi
infancia en el lugar más hermoso del mundo. Y ese desmedido término
no es por su belleza paisajística ni mucho menos. Hablo de San
Cristóbal, conocida como la Puerta del Norte Santafesino. Donde
deambular por sus calles a la siesta en pleno verano era casi
impensado. Donde cerrar los autos con llave o ponerles candado a las
bicicletas se reservaba para los que venían de visita de la gran
ciudad.
Donde el programa del sábado a la noche para las señoras mayores era
estar a la expectativa de algún casamiento o cumpleaños de quince
para ir a "espiar" el vestido de la agasajada.
Había ritos. Sentarse en la vereda sobre el sillón de tiritas, en lo
posible después de que pasara el regador, así se asentaba la tierra
de la calle. Ir al almacén con la libreta de tapa verde y el bolso
rejilla. Ir a la escuela en bici o caminando, boicoteando de por
vida los transportes escolares.
Armar la cancha en el baldío al que le prendíamos fuego así después
brotaba el pastito verde y parejo. Construir con precisión de
arquitecto una choza con cañaveral y hacer guardia para cuidarla.
Esperar en las vacaciones a aquel amigo/a, novio/a que venían de
visita a la casa de algún vecino. Mirar
el noticiero de Canal 13 Santa Fe para ver a las 12.45 el resumen
deportivo de Colón y Unión o estar pendientes de la transmisión del
torneo de verano desde Mar del Plata.
Una vez por año se vivía un clásico y no era futbolístico: Yasí Berá
y Mahebe eran las dos comparsas que dividían la ciudad y nos
llenaban de alegría el Carnaval. Para nosotros era como estar en Río
de Janeiro.
La fuente del progreso de mi querida ciudad fue el Ferrocarril
General Belgrano, el de trocha angosta, como decíamos siempre para
diferenciarlo de los otros. Todos teníamos a alguien de la familia
que trabajaba en "el ferro". Escuchar la sirena o pito que marcaba
la entrada y la salida del personal era parte de nuestras vidas. La
ciudad marchó al ritmo que generó esta fuente de trabajo que nos
enorgulleció durante tanto tiempo. Todavía tengo presente la cara de
mi tío del alma cuando me contó que se cerraba el ferrocarril. La
vida de él y la de muchos otros que tuvieron este como primer y
único trabajo, en gran parte, dejó de tener sentido. Las historias
que se sucedían, el compañerismo sin traiciones, el sentido de
pertenencia eran tan fuertes que el cierre le quitó vida a la
ciudad. En realidad, les arrancó un pedazo de su vida a todos los
que allí trabajaban. Se terminaron las bromas pesadas que alguien
siempre debía soportar. Y las olimpíadas deportivas que convocaban
más que cualquier otro evento, en las que cada sección se jugaba el
honor delante de toda la ciudad.
Hoy muchas cosas han cambiado. La ciudad se acomodó a otro ritmo de
vida. La TV por cable con 80 canales reemplazó a la única señal
repetidora que teníamos. El asfalto se empeña en poner en peligro de
extinción al camión regador. La proliferación de los remises atentó
contra la bici o las caminatas para ir de una punta a la otra de la
ciudad. Internet y la computadora sustituyeron la cancha del baldío
y la choza. La confitería para ir a bailar a la hora cero se
transformó en boliche para entrar a las 2.30.
A la palabra empeñada ahora hay que volcarla en papel y ante
escribano, por las dudas vio...
Del ferrocarril hoy quedan esos dos kilómetros de galpones sin vida,
atesorando en algun rincón el ruido de las máquinas y de los
obreros. Los durmientes de quebracho colorado son ahora víctimas de
algún hogar a leña, cuando deberían seguir soportando el rodar de
las toneladas del pata de fierro, como le decían al tren. Ese tren
que nos era tan familiar, ese que esperábamos hasta que pasara el
último vagón de madera color naranja furioso donde iba el guarda con
la banderita roja que nos saludaba. El que nos trajo tanto progreso
hoy pasa esporádicamente, tanto que a los chicos les resulta un
bicho raro. Ni que hablar si hubieran podido viajar en el coche
motor a Santa Fe: para nosotros era como volar a París en el
Concorde...

Pero... como no puedo ir en contra de mis sentimientos, mi lugar en
el mundo seguirá siendo San Cristóbal, la Puerta del Norte
Santafesino que creció gracias al ferrocarril y que hoy no lo tiene.
Y, como verán, nunca mencioné gracias a quién, no vale la pena tal
vez dedicarle un renglón a quien
hipotecó mi ciudad y mi país, fundamentalmente en honor a mi tío.
El, como tantos otros, hasta el último día de su vida se siguió
levantando a las cinco de la mañana esperando que volviera a sonar
el pito que lo llamara a trabajar.

* Nacido en San Cristóbal, envió este relato a Radio Mitre desde la
ciudad de Santa Fe, donde vive hoy. La historia se publicó en el
blog de Argentina Pueblo a Pueblo.

-Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/10/04/sociedad/s-03501.htm





Correo:

FIESTA DEL FERROCARRIL DE TROCHA ANGOSTA*

La Asociacion de Amigos del Ferrocarril General Belgrano, la
Municipalidad de San Andres de Giles, y
la Revista Todo Trenes, invitan a la Fiesta del Ferrocarril de
Trocha Angosta, que sea realizara el
proximo domingo 8 de octubre a las 11:00 horas en la Estacion
Espora, Partido de San Andres de Giles,
Provincia de Buenos Aires.
Aquellos que disfrutan de la vida de campo, tendremos asado criollo
y chancho asado con pelo, musiqueada criolla, carrera de sortijas, y
eventos destrezas criollas. Contaremos tambien con la exposicion de
material ferroviario, exposicion fotografica, charlas sobre los
ferrocarriles de trocha angosta en la Provincia de Buenos Aires, y
visitas guiadas por la estacion, entre otras sorpresas mas.
Quienes no dispongan de vehiculo para trasladarse a Espora,
ofrecemos un servicio de bus. El valor del
pasaje es de $ 30-. ida y vuelta, partiendo desde Puente Saavedra a
las 09:00 horas del domingo, y
retornando a las 17:00.
Para llegar a Espora, se debe tomar la Ruta Nacional N°7 hasta el
kilometro 114, a la altura del Paraje
Villa San Alberto. Alli tomar a la izquierda un camino consolidado
con tosca, de unos 9 kilometros
(señalizados), que desemboca en la estacion.
Recomendamos traer vasos y cubiertos.
Informes: (02324) 15-51-7300
(011) 15-5872-1328 (despues de las 17 horas)
www.amigosdelbelgrano.com.ar

Atentamente
Damian Dipasquale
Prensa - Asociacion de Amigos del FCGB amigosdelfcgb@...


*Enviado para compartir por Alfredo Armando Aguirre.
choloar@...

Fratello Coiro: Cuando anoche encontre el mensaje y archivo que te
adjunto, me acorde de tu deliciosa
utopia en el Compañia General. Si ya lo conocias, bueno como decia
el General "Lo que abunda no daña" (Hoy dia hay que aclarar que El
General era Peron) :-)

Página personal: http://choloar.tripod.com/choloar.html
Mi Blog - Bitácora: http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/

*

invitacion del centro Cultural estacion Provincial*


Mucho tiempo sin el Tren…
28 de Octubre 1961 - 2006
…a 45 años del cierre del Ferrocarril Provincial La Plata al
Meridiano Vº

Cultura – Identidad – Memoria

Charlas - Muestra fotográfica - Mate con historias – Teatro
Comunitario – Material de época
28 de octubre 16 hs.

Centro Cultural Estación Provincial – 71 y 17
www.estacionprovincial.com.ar
Patrimonio Barrial

Organizan: "Centro Cultural Estación Provincial" y Grupo de Teatro
Comunitario los "Okupas del Andén"

28 de octubre de 1961: se implementa en la Argentina el
denominado "Plan Larkin" que intentó imponer Frondizi mediante su
ministro de Economía Álvaro Alsogaray siendo el inicio del
desmantelamiento del sistema ferroviario Argentino.

El Ferrocarril Provincial se inauguró el 15 de marzo de 1912; la
provincia de Buenos Aires concibió una red ferroviaria de trocha
angosta cuya dimensión, si se hubiera concretado en su totalidad,
habría modificado sustancialmente el panorama ferroviario
bonaerense. La parte del ferrocarril que se construyó se llamó
Ferrocarril de La Plata al Meridiano V° o Ferrocarril Provincial de
Buenos Aires. A partir del puerto y ciudad de La Plata llegaba a
Mirapampa, en el límite provincial, pasando por Carlos Beguerie,
Saladillo Norte y Nueve de Julio, en cuyas inmediaciones cruzaba las
trazas de la CGBA y el Midland, para dirigirse a Pedro Gamen desde
donde un pequeño ramal alcanzaba Pehuajó. Desde La Plata otro ramal
llegaba a Avellaneda y desde Carlos Beguerie, típico ejemplo de
pueblo ferroviario hoy agonizante, los rieles llegaron a Azul,
Olavarría, Sierra Chica y Loma Negra. La razón esgrimida por el
gobierno provincial para la construcción del Ferrocarril Provincial
era integrar a vastas zonas hasta ese entonces incomunicadas por vía
férrea y, recorriendo regiones ya servidas por otros ferrocarriles,
abaratar los fletes con su presencia. Las opiniones sobre el
Provincial abarcan un amplio espectro, desde considerarlo
una "ambiciosa maniobra política" o "proyecto delirante", hasta
calificarlo como "audaz intento bonaerense para quebrar el rol
hegemónico de las empresas británicas". El tren funcionó
adecuadamente hasta 1961, cuando el "Plan Larkin" que implementó el
presidente Arturo Frondizi -a instancias de su ministro Álvaro
Alsogaray y de Thomas Larkin, general estadounidense enviado al país
como "asesor en Transporte" por el Banco Mundial- eliminó un tercio
de los ramales y despidió a 70 mil ferroviarios. Se realizó una
huelga de 42 días, que impidió implementar ese plan completo pero,
lamentablemente, el Ferrocarril Provincial fue cerrado en su ramal
más importante desde La Plata hasta Mirapampa.
Después, la dictadura militar inaugurada en 1976, asestó un golpe
decisivo contra los ferrocarriles nacionales echando a mucha gente y
reprimiendo a los obreros. El ramal La Plata - Avellaneda (lo único
que quedaba hasta ese momento en funciones) fue cerrado
definitivamente en 1977. Así se llega a 1991-1992 donde el
neoliberalismo menemista termina de cerrar los ferrocarriles que
quedaban, "ramal que para, ramal que cierra". Muchos pueblos fueron
quedando "fantasmas" a raíz de la desaparición de los ramales y
mucha gente perdió, no sólo su fuente laboral, sino un medio de
transporte esencial donde se implementaba el encuentro de la
comunidad. Para la Estación Provincial "del Meridiano Vº" de La
Plata se tejieron mil destinos posibles pero ninguno se concretó.
Solamente lo que se está concretando en este momento es el proyecto
de los vecinos que en 1998 se juntaron y, cansados de ver la
estación abandonada, crearon un centro cultural vecinal
denominado "Centro Cultural Estación Provincial". Este
emprendimiento es fruto del esfuerzo de ex ferroviarios y gente del
barrio que trabajan para darle vida a la vieja estación. En esta
gestión vecinal se crean lazos de solidaridad y encuentro para la
comunidad teniendo como ideal hacer de la estación un espacio donde
la cultura y el arte sean los motores del barrio y los estandartes
de los vecinos, renovando así el espíritu del lugar. Hoy se sigue
trabajando para que esos sueños se hagan realidad. Por todo esto es
que en esta fecha tan significativa para el barrio Meridiano V, los
vecinos decidimos organizar este evento desde el Centro Cultural
(buscamos fotos entre los habitantes más antiguos del barrio,
testimonios, etc.) y con el grupo de Teatro Comunitario que ensaya
en la Estación se decidió presentar la obra "Historias Anchas de
Trocha Angosta" que relata la historia del Ferrocarril Provincial.
¡Los esperamos! Más información: www.estacionprovincial.com.ar



Ejercicios de escritura

Para el 16 de octubre.

INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Próxima estación: J.R.R.Tolkien (ex 12 de agosto)

Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...

*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de
2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...

***

HASTA 15 de Octubre del 2006....


2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL "ESTRELLA ERRANTE"

BASES DEL CONCURSO:

- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
b) Problemas ecológicos,
c) Soluciones a problemas ecológicos.

- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías
digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500
KB, en formato jpg, bmp o gif.

- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado "pseudónimo+descripción" que contenga un
texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema
o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el
pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado "pseudónimo+datos" que contenga los datos del
concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal
y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).

- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.

- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural
Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (Abril/Junio/2007,
edición digital [www.euroyage.com] e impresa).

PREMIOS:

- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para
problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para
fotografía artística, además de la publicación en el Magazin
Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante".
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.

Envíos a: euroyage@...


Invitación al Club de socios de InventivaSocial

-Reciba TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de
correo.
La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10
Euros en el exterior.

Servicios exclusivos para socios lectores y escritores:

-Acompañamiento en la escritura con tema propio o ejercicios de
escritura.
-La publicación virtual en Inventiva Social de antologías con sus
trabajos.
-Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados)
en inventiva.

Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.

*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...




InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
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Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial@...
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de
intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados
por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su
publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos
ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de
cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de
obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o
seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con la cooperación de escritores y
lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos
literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La
publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el
escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea
compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el
tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación
y sus propuestas de escritura

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Mié, 4 de Oct, 2006 1:46 pm

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Esa épica de la vida y los trenes... Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos* Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos bajo la lluvia triste en cualquier...
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4 de Oct, 2006
1:53 pm
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