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ES UNA ILUSIÓN NECESARIA   Lista de mensajes  
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HONRAR LA VIDA*


En el noroeste de Mongolia todo el mundo se muere, pero las
personas no mueren. Se lo dice el papá a Nansa, una niñita de ojos
rasgados en un redondo rostro de manzana.
El budismo los provee de un inagotable círculo de vidas que el
alma recorre pasando de un arbusto a un camello, de un camello a un
buitre, saltando de ser a ser, hermanando plantas, animales y seres
humanos en un hálito eterno que se manifiesta multiforme y vital. La
muerte no tiene más relevancia que el cruce de un umbral. No
angustia ni aterroriza. Los niños sólo sienten la curiosidad de
quien se pregunta qué vestido usará mañana, qué abrigo le tocará en
el invierno próximo.
Pero no todas las vidas son iguales. Las personas poseemos una
fineza de percepción, la capacidad de razonar y sentir con mayor
agudeza que un yak o una cabra. Esos atributos son invalorables.
Podemos, también, mirar las estrellas, contar historias, acariciar
un perro dormido. Somos capaces de amar.
Volver a pisar el mundo como un ser humano es un privilegio.
Una anciana recibe en su yurta a la niña que se ha mojado en la
lluvia. Toma un cazo con arroz, una aguja larga, y con la aguja en
una mano derrama sobre ella puñados de arroz que caen como lluvia
blanca. Le pide a la niñita que le avise cuando un grano caiga sobre
la punta de la aguja. Puñado tras puñado, la atenta mirada no logra
encontrar que el milagro acontezca.
La pequeña mujer arrugada y sonriente le cuenta a la niña que en
el mundo existen infinidad de seres, y que la posibilidad de
reencarnarse en una persona es tan remota como la de que un grano de
arroz caiga en la punta de la aguja. Así de esquivo es el milagro,
así de difícil es ser un ser humano, y es por eso que cada vida
humana es inapreciable.
Ha de celebrarse, entonces, la vida humana. Y respetarla con la
devoción con la que se preserva un frágil fuego en medio de la
noche.
Lo dicen los mongoles, allá por donde China y Rusia se
confunden. Nos lo cuenta la directora Byambasuren Davaa, que quiso
que su pueblo narre a través de sus filmes esa forma de vivir,
sentir y explicar el universo.
Ellos, los mongoles budistas que creen en un eterno pasaje de
vidas, reverencian la maravilla de ser una persona y de tener la
suerte de pertenecer por unos años al género humano. Nosotros, que
no prestamos fe a historias de reencarnaciones, que creemos que esta
vida es única, despreciamos a nuestros semejantes y no honramos el
maravilloso don de la humanidad que se nos ha concedido y reside en
nosotros. Mancillamos el milagro, desperdiciamos la esquiva
oportunidad de ejercitar los dones que nos fueron hechos. Si podemos
amar, si podemos mirar la luna, si podemos narrar historias;
entonces es nuestro deber hacerlo y por tanto, como lo cantó Eladia
Blázquez, honrar la vida.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica(arroba)hotmail.com




Es una ilusión necesaria




Los dulces recuerdos de una Navidad*


*Por Beatriz Sarlo bsarlo@...


Cuando tenía diez años pasó todo diciembre y la mitad de enero en la
gran sala de niños de un hospital de la ciudad de Buenos Aires. Un
camión con acoplado le había aplastado un pie. Su cama estaba
cubierta de juegos de tablero, de libros y de las pocas revistas de
historietas que la monjita que
cuidaba la sala consideraba que eran lecturas adecuadas para su
sexo, su edad y su formación moral. El Tony (la clásica revista de
historietas de esa época) estaba terminantemente prohibido, y la
intervención de cada uno de los miembros de la familia, que se
consideraban superiores intelectualmente
a la monjita, no pudo superar la interdicción. El padre, que solía
leerle cuentos, también recibió la orden de suspender ese
entretenimiento que conspiraba contra la bienaventuranza de su
infantil almita. De todos modos, la monjita no le caía antipática
porque compensaba con destreza organizativa sus interdicciones. Por
supuesto, el rosario que se rezaba a la seis de la tarde no divertía
a ninguno de los internados, pero la disciplina tampoco era de
hierro y se podía practicar cualquier otra actividad lícita mientras
no fuera muy ruidosa.
Las camas de la sala general estaban bastante separadas, de modo que
él no tenía la alternativa de invitar a sus vecinos de un lado y
otro a que participaran de sus acotadas distracciones. Su cama,
donde una gran armazón de alambre le inmovilizaba la pierna derecha,
flotaba en el medio de la sala, como un barco que lleva a un
pasajero de primera enfermo y es atendido por una tripulación
solícita.
Alrededor del 20 de diciembre comenzó una especie de show continuado
de entretenimientos infantiles: los magos sucedían a los payasos, y
luego venían los títeres, las pequeñas compañías teatrales, los
malabaristas. A cada número le seguía una merienda especial. El no
podía probarla porque
acababa de salir de una gangrena con fiebre de cuarenta grados y lo
tenían a pan y agua. Pero la mayoría de los demás chicos y de sus
familiares recibían porciones de turrón, o (lo que a él le pareció
de un refinamiento exquisito) pequeños pandulces, miniaturas de
confitería. Se sabe la devoción que los
chicos sienten por los objetos que no responden a su tamaño
habitual; por otra parte, esos pandulces en miniatura eran una
novedad en aquel Buenos Aires donde todavía no se habían
generalizado las innovaciones culinarias.
Algún despistado amigo de la familia cayó en esos días navideños con
una caja de marrón glacé (que también en esa década sencilla era
considerado el caviar de todos los bombones). Técnicamente él
hubiera podido comer alguno, ya que se trataba de una pasta de
frutas azucarada, pero alguien se la
arrancó de las manos considerando, con mejor criterio que el
visitante, que era un regalo más apropiado para su madre que para
una criatura de gustos sencillos y elementales que deliraba con los
pandulces o imaginaba un retorno a casa en medio de un asado con
innumerables sándwiches de chorizo y botellitas de Coca.
Otro día de esa semana de jolgorio hospitalario, un peluquero del
barrio fue a cortarle el pelo. Lo tusó, sin que él ofreciera mayor
resistencia ya que estaba harto de que lo peinaran manteniéndole la
espalda erguida por la acumulación de almohadas, mientras le mojaban
la cabeza y decían: "Este chico va a ser muy rebelde siempre; mirá
la cantidad de remolinos que tiene". Finalmente, para el 24, le
trajeron un pijama nuevo, celeste, de manga corta y con un bolsillo
sobre el lado izquierdo. Se pensó que así
quedaba presentable para la Navidad. No recuerda cómo transcurrió la
noche del 24; supone que, como siempre, las luces se apagaron a las
ocho y se durmieron todos, salvo los chicos que estaban más enfermos
o sentían esos dolores que los obligaban a gritar de madrugada.
Sobre todo el quemadito de
la última cama, contra la pared. Pero a eso, chicos y grandes
estaban acostumbrados.
Recuerda, en cambio, el despertar del 25 de diciembre. En cada
mesita de luz había una bolsa enviada por el gobierno, con una caja
de soldaditos de plomo (muy lindos), un balero, y un librito donde
se hablaba del Hada Buena (Eva Perón), que quería mucho a los niños.
A ningún chico se le hubiera ocurrido
dudar de ese mensaje, si llegaba a leerlo, ya que ese amor quedaba
probado por la existencia palpable de la bolsa con juguetes. Su
familia, la de quien recuerda esa Navidad, también le había traído
un regalo que competía con la bolsa igualitaria. Era el juego de
tablero más codiciado de la época. Su
nombre, que parecía un desafío al gobierno que repartía los juguetes
y había enviado los payasos y los magos, era El Estanciero.
Aprendió a jugar durante los días que siguieron. El estanciero no
era sencillo para un chico de diez años, pero la familia lo había
elegido porque practicaba con él, incluso cuando estaba internado en
un hospital. Era una especie de experimento pedagógico prolongado
del que los padres y tíos quedaban presos, ya que debieron
dedicarse, en los días que van entre la Navidad y el Fin de Año, a
explicarle las reglas y las trampas del juego. Me dice que recuerda
esa Navidad como una de las más apacibles.


*Fuente: revista Viva - Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-01333498.htm






Domingo, 24 de Diciembre de 2006
CHICA MARIANI, FUNDADORA DE ABUELAS
"No se hace lo necesario para hallar a los chicos"

Con 83 años, Chicha va a dedicar hasta el último día de vida para
encontrar a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976.
Estuvo en Rosario para ser homenajeada y dijo estar convencida de
que el Estado "no puso ni pone lo necesario para encontrar a los
chicos desaparecidos".


*Por Alicia Simeoni

"Estoy convencida de que el Estado no puso ni pone lo necesario para
encontrar a los chicos desaparecidos, algo así como lo que sucede
con el caso de Jorge Julio López. Se me ocurre pensar que hay mucha
gente a la que se le paga un sueldo buscándolo y no tienen logros",
dijo a Rosario/12 María
Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, la fundadora de Abuelas de
Plaza de Mayo. A los 83 años y después de 30 sin descanso, Chicha
Mariani continúa buscando a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La
Plata en 1976, cuando tenía 3 meses y de la casa de sus padres, a
quienes mataron. El viernes pasado esta Abuela fue declarada
visitante distinguida de la ciudad a partir de una iniciativa del
edil socialista Juan Rivero. Mariani estuvo en Rosario para asistir
a la presentación del libro Chicha, la fundadora de Abuelas de Plaza
de Mayo, una biografía escrita por Juan Martín Ramos Padilla. "Tengo
que seguir buscando antes de quedarme del todo sin vista y ahora me
voy a empezar a cuidar. Necesito seguir buscando y luchando por
restituir la identidad a mi nieta". Muchos años atrás, en 1977,
cuando con Alicia de la Cuadra (otra abuela) fundó la organización,
trabajó en equipo con mucha fuerza pero además con "serenidad y
planificación" explicó a este diario.
"Era necesario hacerlo así, y hasta 1989 encontramos 59 nietos", un
logro que -aún con lo que siguió haciendo la institución- le
parece "mínimo". Y señala una y otra vez que el Estado no hizo ni
hace lo que debe para restituir la identidad a "esas personas que
son ciudadanos privados de su historia y de la verdad".
Mataron a su nuera Diana Teruggi, secuestraron a su nieta de 3 meses
el 24 de noviembre de 1976 cuando arrasaron la casa donde vivían en
calle 30 entre 55 y 56 en La Plata y 8 meses más tarde asesinaron a
su hijo Daniel. Esa misma noche las bandas llegaron hasta su casa,
pero ella y su esposo se
habían ido. El matrimonio de Diana y Daniel militaba en la
organización Montoneros y tenía una imprenta clandestina en la
vivienda que en el 2004 fue declarada patrimonio histórico nacional
y su mantenimiento de interés provincial y municipal. Allí se
conservan todavía las terribles marcas de
los disparos de Itakas y otras armas y desde 1996 funciona la
Asociación Anahí, el nombre de su nieta a la que sigue buscando.
-Se cumplieron 30 años del secuestro de Clara Anahí.
-Sí, yo tengo una larga vida de 83 años dividida en tres partes y
uno de esos tercios fue ocupado en la búsqueda de mi nieta. Hace 30
años de su secuestro. Todavía no pude dar con ella, pero buscando a
Clara Anahí llegué hasta otra abuela que supe que tenía una nieta
desaparecida, Alicia de la
Cuadra. Nos encontramos, decidimos buscar a otras abuelas que
integraban otros organismos y formamos Abuelas Argentinas con
Nietitos Desaparecidos que luego fue cambiado por el nombre de
Abuelas de Plaza de Mayo, de la que fui presidenta hasta 1989. Me
fui por diferencias y unos años después, en el
'95, '96, mis compañeros de trabajo me plantearon que no
desperdiciara la experiencia realizada en Abuelas y así fundamos la
Asociación Anahí, creada para promover, sostener y defender la
vigencia de los derechos humanos, la reconstrucción y preservación
de la memoria y la defensa de la niñez y la
adolescencia.
-Usted dice que planificaban las acciones de búsquedas.
-Van 30 años de desesperación, de búsqueda alocada y no alocada,
porque lo primero que pensé es que había que buscar con calma y
sistemáticamente.
Utilicé mi experiencia como docente y jefa del departamento de
estética del Liceo Víctor Mercante de La Plata perteneciente a la
universidad. Allí si uno quería trabajar bien debía ser ordenado y
concreto porque integraba un plantel de 20 docentes. Esto me sirvió
en Abuelas y ahora en la Asociación
Anahí. Armábamos organigramas con lo que había que hacer,
programábamos la visita a los jueces de a tres de nosotras para
llevarles las demandas. La carpeta con denuncias crecía cada vez más
hasta que llegamos a encontrar 59 niños cuando yo renuncié y Abuelas
siguió con este trabajo. Entonces me
dediqué a buscar a mi nieta y a otras personas cuya identidad no
estaba necesariamente deshecha por la dictadura, sino gente que es
abandonada y luego busca saber cual es su origen, quiénes son sus
padres. En eso trabajábamos también en la Asociación Anahí desde
1996.
-¿Cómo evalúa los logros en las acciones por el encuentro y la
restitución de tantos niños secuestrados?
-Los chicos que están denunciados son muchos, pero hay también otros
que no fueron denunciados por distintos motivos. A veces los abuelos
viven muy al interior y no han llegado a conectarse. Además también
influyeron el miedo, la ideología. Me consta que hay chicos sin
denunciar y que los casos
deberían llevarse a Abuelas pero hasta ahora las familias no
aceptaron. La cantidad se sigue calculando en 500 pero son más.
Cuando me fui habíamos localizado 59 y se siguió. Sin embargo creo
que el logro es muy mínimo y que el Estado no puso lo que debía
poner para encontrar a estos chicos que son ciudadanos
desaparecidos. Hay gente que sigue pensando 'Y bueno, ya crecieron,
están por ahí, los quisieron, les dieron de comer'. Pero son
personas secuestradas, desaparecidas, con una vida y no hablo del
pasado
sino también del presente. A veces pienso que a Julio López también
hace 3 meses que lo están buscando y no lo encuentran y me pregunto:
`Tanta gente dedicada a buscarlo, a los que se les paga un sueldo,
¿qué hacen?'. También pienso en lo que hicimos y hacen Abuelas, se
recorren todos los puntos y
conseguimos algunos logros. Entonces ¿no puede el Estado trabajar
con todas sus fuerzas devolviéndoles la vida y la identidad a estas
criaturas.
¿Tenemos que hacerlo las viejas que ya nos estamos muriendo?
-Se podrían hacer más cosas para encontrar a los chicos.
-Por supuesto que sí. Sólo que desde el Estado no se ponen a
buscarlos y creen que los demás tienen que hacerlo y no ellos, pero
es el Estado el que tiene ese deber, se trata de ciudadanos a los
que se les robó su identidad y, en el caso de López, de un
desaparecido. Esto va también para el actual presidente Néstor
Kirchner, tiene que buscar, preguntar. Él es el comandante de las
Fuerzas Armadas y si se pone firme y exige que le digan donde están
los niños, que los militares saben dónde están, algo se conseguirá.
Porque él es su jefe. Eso es lo más elemental que pienso.
-¿Hay nuevos indicios sobre el paradero de su nieta Clara Anahí?
-Este año avancé bastante, fue un período repleto de datos y
movimientos, de gente que nunca habló y ahora lo hizo. Treinta años
a la espera de algunos testigos que ahora llegaron. Creo que estoy
en buen camino pero luchando siempre contra la inutilidad de los
miembros de las Fuerzas Armadas y
policiales que van a la Justicia con los viejos y perimidos
discursos y están produciendo falsos testimonios. No sé qué les
puede costar más adelante. Siguen diciendo que mi nieta murió y está
completamente comprobado que fue sacada viva de su casa en La Plata.
Yo lo supe siempre pero había
muchas personas que sabían y callaron. Ahora están hablando. ¡Si en
algún momento hasta me la quisieron vender!, pero no llegué hasta
ella. El diplomático que me ayudaría a salir del país con la nena
fue a preguntarle a (Ramón) Camps si era cierto y por supuesto se
terminó todo: la entrega, el negocio de ellos y toda mi esperanza.
-¿Qué reflexión tiene en cuanto a la situación de las organizaciones
que trabajan en el área de los derechos humanos, la dispersión y las
divisiones que existen?
-Desde hace años se produjeron diferencias que son muy lógicas.
Eramos personas que trabajábamos juntas, llegadas de distintos
lugares y con ideas dispares. Convivimos durante años, todos los
días, y surgieron las diferencias y las asperezas. Ocurrió en todos,
también en Abuelas y en Madres en la que hay dos líneas. Cuando me
fui yo no quise hacer nada porque el respaldo a los niños
restituidos debía continuar muy firme en la institución y era muy
feo dividir. Pasaron muchos años hasta que después
creamos la Fundación Anahí con objetivos distintos. Mucha gente
piensa que somos Abuelas
línea-fundadora pero no es así.
-Y en cuanto a la relación con el Estado y los gobiernos.
-A mi modo de ver los organismos deben estar separados de líneas
partidistas. No se puede atar las organizaciones a compromisos
partidarios o económicos, sea el que sea. Pero esto no siempre es
así. Son 30 años de lucha y trabajo, hay cansancio y cambio de
orientaciones en los organismos.
Yo no juzgo a nadie, ni a los que traicionaron a sus compañeros en
los campos de concentración, tampoco a los organismos. Pero me
gustaría que se hubiesen superado las diferencias porque de lo
contrario cada uno va por su propio camino cuando se deben aunar
todos los esfuerzos.
-¿Qué le produjo escuchar a Hebe de Bonafini cuando desapareció
Julio López y habló de un complot para perjudicar al presidente
Néstor Kirchner?
-Admiré mucho a Hebe porque fue muy valiente, estuve muy cerca de
ella al principio, después nos separamos para siempre pero nos
respetamos mutuamente. No entiendo porqué dijo todas esas cosas.
Tampoco comprendo el acercamiento al gobierno, nunca lo hubiera
esperado de ella. Puede tener
toda la simpatía o amistad sin tener que jugar en lo público. Pero
bueno Hebe es Hebe.
-¿Y sobre la situación integral de la vigencia de los derechos
humanos?
-Se habla mucho de los derechos humanos, está todo en un mismo
punto. Yo soy crítica respecto de algunas situaciones, como las que
se producen alrededor de los planes sociales al estilo del que fue
el Trabajar. Esa es una forma de implementar el no trabajo que es
sagrado. Uno de los valores que tiene
una persona es su trabajo. Los hijos se van, no son nuestra
propiedad. Los padres también, pero el trabajo es el resultado de
todo lo que uno pone. Me parece fundamental que la gente tenga
trabajo, sepa qué es, gane su dinero y no lo haga con la firma de un
papel. Claro que es imprescindible ayudar a la
gente en una situación de miseria como vive pero hay que crear
nuevas fuentes fundamentalmente y que aparezca de nuevo la cultura
del trabajo.


*fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/9-6743-2006-12-
24.html





¿AZUCAR O SACARINA?

Scioli está en campaña y se ven crudas escenas de peronismo
explícito*


*Julio Blanck. jblanck@...


Advertencia para padres y personas sensibles: en las primeras
incursiones de Daniel Scioli por la provincia de Buenos Aires ya se
ven crudas escenas de peronismo explícito.

Repasemos cinco de ellas:
Alineamiento feroz con el que manda. En cuanto Néstor Kirchner
confirmó que Scioli era el elegido para pelear la gobernación, y al
mismo tiempo cosechar los votos bonaerenses que él necesita para
asegurar la Presidencia para sí o para Cristina (las dos elecciones
se harán el mismo día), la media docena de postulantes que
florecieron tras la renuncia obligada de Felipe Solá a la reelección
se bajaron presurosos del caballo. Algunos lo hicieron con estilo,
como el ministro Aníbal Fernández, hombre de hábitos gauchescos y
que goza de muy buena opinión presidencial; o el senador José
Pampuro, ducho nadador en las aguas del poder. Otros, cuyos nombres
por decoro es mejor omitir, desandaron sus ambiciones de manera
mucho menos elegante.
Ejercicio instantáneo del poder. Aún sin certificación oficial como
candidato, Scioli se reunió esta semana con Solá y empezaron a
hablar de la transición. O de cómo trabajar juntos durante los
próximos diez meses para terminar bien uno y empezar mejor el otro.
Detalle a considerar: Solá está encantado con que Scioli sea su
sucesor, porque si el elegido hubiese surgido del peronismo
bonaerense, a él le hubiese esperado un calvario de desgaste
continuo, al desplazarse el eje de poder. No quiere decir que ahora
la vida le sonría a Solá, pero al menos puede sentarse a hablar con
alguien que no tiene nada armado en la Provincia y cuya única
referencia política es Kirchner.
Defensa a muerte del territorio. Tanto o más rápido que los
precandidatos que debieron meter violín en bolsa, detrás de Scioli
formaron fila los ásperos intendentes del Gran Buenos Aires. Los
mismos que fueron duhaldistas, antes menemistas, hoy kirchneristas y
mañana Dios dirá. Esa gente sabe reconocer al primer olfato dónde
está el que tiene, o tendrá, la chequera que habilite obras para el
municipio, el gran argumento de su permanencia. Esta semana una
docena de ellos comió en el quincho de Scioli, a dos cuadras del
Abasto. Fue un gesto casi ritual. Nunca serán sus soldados, pero
combatirán por él porque así lo ordena el jefe de turno. Por lo
pronto, Scioli les masajeó el ego: recordó que en ese mismo lugar
habían compartido un asado de agradecimiento, que él les ofreció
después de la elección de 2003.
Pelea sin pudores por los cargos. Ya hay cuatro sectores que están
tratando de colocar al compañero de fórmula de Scioli. La estructura
peronista pretende co ronar a un intendente, alguien del riñón que
les garantice influencia directa sobre la futura gestión. Los
kirchneristas puros, o sea los que se hicieron kirchneristas antes
que los intendentes, piensan en Graciela Ocaña, la jefa del PAMI,
una figura "progresista" para compensar el perfil de centroderecha
que le endilgan a Scioli. El gobernador Solá quisiera aprovechar su
buena estrella y ponerle acompañante al candidato: suena Cristina
Alvarez Rodríguez, meritoria diputada co nocida por su parentesco
con Eva Perón. Por último, pero con más posibilidades que el resto
si se pregunta en la Casa Rosada, están los radicales K, intendentes
de distritos importantes que siguen la misma lógica utilitaria de
sus colegas peronistas. Se menciona al marplatense Daniel Katz entre
esos radicales que, además de tener votos propios, podrían darle a
la oferta bonaerense la misma pátina de concertación plural que
Kirchner pretende para la fórmula nacional.
Las picardías del candidato. Scioli ya mostró saber qué música debe
tocar para consolidar su candidatura. Visita municipios del
conurbano sin parar, junto a Solá, los intendentes, ministros y
funcionarios. A todos les agradece el apoyo, a todos les dice "yo
vengo para sumar", como hacen los futbolistas cuando llegan a un
equipo nuevo. Y nunca olvida ratificar su adhesión sin fisuras al
Presidente. Habría que reconocerle alguna habilidad a quien entró a
la política con Carlos Menem, fue nombrado secretario de Estado por
Adolfo Rodríguez Saá, lo proyectó a la vicepresidencia Eduardo
Duhalde, y ahora, una noche se acostó porteño y a la mañana se
despertó bonaerense para ser la tabla de salvación que buscaba
Néstor Kirchner.


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/12/24/z-03501.htm






LOS ESPECIALISTAS DICEN QUE HAY QUE VIVIR LA CEREMONIA COMO UN JUEGO

"Papá Noel es una ilusión necesaria para todos los chicos"*


PERSONAJE. Para los psicólogos, Papa Noel es una figura clave en la
niñez.
(Sergio Goya)


*Georgina Elustondo gelustondo@...

Esta noche, millones de chicos y no tan chicos descontarán las horas
hasta desembarcar por fin en la medianoche, cuando Papá Noel corone
el día con algún que otro regalo y un rato de magia que emocione
hasta a los mayores.
"Santa Claus es la única figura en la que me hubiera gustado creer
para siempre", escribió una bisabuela a Clarín. "Brindo para que nos
aferremos con el alma a la fantasía de ese abuelo todo corazón". Fue
su deseo. Un deseo que los psicólogos comprenden sin ningún pero.
"Ese bueno y gordinflón abuelo es una figura clave. ¿Qué adulto no
recuerda aún hoy el día en que la venda se le cayó de los ojos? Ese
momento jamás se borra porque rememora el día en que se perdió la
inocencia, cuando nos hicimos grandes y terminó la primera
infancia", explica la psicoanalista
Stella Maris Gulian, del Centro Dos.
Papá Noel es una ilusión hermosa, una de las dulzuras más lindas de
los primeros años. "Es una ceremonia lúdica en la que participa toda
la familia.
No es un engaño sino un juego y hay que vivirlo como tal. Y cuando
los chicos preguntan dónde vive lo que yo recomiendo es decirles que
vive en el país de la fantasía. Esa es la verdad y cuando les caiga
la ficha va a ser un poco menos duro. No va estar la palabra de
nadie en duda", dice la licenciada Alicia Díaz Farina, de la
Asociación de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. "Hasta que
no preguntan si existe no hay nada que decir. Cuando lo hacen, ya
saben", asegura.

"Papá Noel es una ilusión necesaria para el primer tiempo de la
infancia. Y no es un engaño, como no lo son los cuentos que hacen
hablar a conejos, dan vida a hadas o muestran la valentía de los
super héroes. Ellos tampoco existen, pero los niños creen en ellos
porque creen que hay alguien que todo lo puede. ¿O acaso los padres
no son para ellos dioses que también pueden hacer lo imposible? Ya
llegará el tiempo en que los papás serán más humanos y menos
perfectos, conocimientos que nadie transita sin dolor", dice Gulian.
Las preguntas empiezan desde temprano, iniciando un proceso que
terminará más tarde en eso que llaman enterarse de la verdad. "¿De
dónde saca la plata? ¿Cómo sabe si me porté bien o mal? ¿De dónde
viene? La cuenta deja de cerrar y la duda empieza a hacer su
trabajo, hasta que llega la deducción:
¿Cómo puede entrar por el balcón si tenemos rejas? Papá Noel no
puede volar, nadie puede volar... La conclusión suele quedar un
tiempo en suspenso, y cuando llega alguien a afirmar lo que no se
animan a afirmar por sí mismos recurren a los padres para certificar
si es o no así", sigue la especialista.

Más tarde o más temprano, la razón empieza a desencantar el mundo.
Los velos de la inocencia caen, la infancia se despide. Pero, dice
Gulian, ¿para qué apresurar los tiempos?".


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-04305.htm





Juguetes*

El primer regalo del que tengo memoria debe haber sido aquel camión
de madera que mi padre me hizo para un cumpleaños. No me gustó y no
lo usé nunca quizá porque lo había hecho él y no se parecía a los de
lata pintada que vendían en los negocios. Muchos años después lo
encontré en casa de uno de mis primos que se lo había dado a su
hijo. Era un Chevrolet 47 verde, con volquete, ruedas de retamo y el
capó que se abría. Las ruedas y los ejes seguían en su lugar y las
diminutas bisagras de las puertas estaban oxidadas pero todavía
funcionaban. Mi padre se daba maña para hacer de todo sin ganar un
peso. En San Luis construyó una casa en un baldío de horizonte
dudoso, cubierto de yuyos y algarrobales. El gobierno de Perón le
había dado un crédito para vivienda y él se sentía vagamente
humillado por haberlo merecido. Nunca supe cómo hacía para ocultar
su condición de antiperonista virulento, de yrigoyenista nostálgico
en los tiempos del Plan Quinquenal. En cambio yo me criaba en aquel
clima de Nueva Argentina en la que los únicos privilegiados éramos
los niños, sobre todo los que llevábamos el luto por Evita. En el
día de Reyes, que para colmo es el de mi cumpleaños, el correo
regalaba juguetes a los chicos que fueran a buscarlos. Muñecas,
trompos, una pelota de goma, cosas de nada que los pibes mostraban a
la tarde en la vereda. Por más peronistas que fuéramos, a los hijos
de los "contreras" se nos notaba la bronca y el orgullo de ser
diferentes. A mi padre no le gustaba que yo hiciera cola en el
correo para recibir algo que él no podía comprarme. Por eso me hizo
aquel camión con sus propias manos, para mostrarme que mi viejo era
él y no el lejano dictador que nos embelesaba por radio y aparecía
en las tapas de todas las revistas. Pero a mí el camión no me
gustaba y a escondidas le escribí una carta al mismísimo general. No
recuerdo bien: creo que en el sobre puse "Excelentísimo General Don
Juan Domingo Perón, Buenos Aires". En casa siempre había estampillas
coloradas con la cara de San Martín así que despaché la carta y
enseguida me olvidé. Para remediar su fracaso con el camión, mi
padre me compró un barquito verde y blanco que no funcionó nunca
pero del que me acuerdo siempre. Como no tenía hermanos, nadie me lo
disputaba y pasaba horas haciéndolo navegar. Me acomodaba bajo la
copa de un árbol para protegerme del terrible sol puntano y allí
imaginaba aventuras tan buenas como las que traían El Tony, Fantasía
y Rayo Rojo. No sé, creo que unas veces yo era Tarzán y otras el
Corsario Negro conduciendo, intrépido, a sus sesenta valientes.
El tiempo parecía interminable entonces. Ser mayor era tener
diecisiete años y ésa era la edad de mis héroes en el momento de
combatir o de amar. Y allí íbamos, Tarzán, el Corsario, Kit Carson y
yo, en busca de una rubia suave y maternal que se esfumaba en las
sombras de nuestra noche imaginaria. No sé quién era; tal vez Lana
Turner, Evita, o la radiante esposa del bicicletero de la esquina.
Creo que hacíamos con ella algo inconfesable y delicioso, mecidos
por la brisa de la tarde o azotados por el torbellino del viento
chorrillero. Entre tanto, mi padre ocultaba el pasto que habíamos
puesto para que comieran los camellos de los Reyes Magos. Recuerdo
que lo seguí a hurtadillas aquella noche en que me regaló el camión
y lo vi arrojar el pasto por encima de la tapia.
Era un tipo de voz temible, mi padre; de gestos dulces y reflexiones
amargas. Nada de lo que a él le gustaba me interesaba a mí. Amaba
las matemáticas y leía gruesos libros llenos de ecuaciones y
extraños dibujos. Me hablaba del Congreso y sus facultades cuando
para mí sólo contaba el general. Me daba pena verlo soñar con una
máquina de fotos, una Leica que nunca podría pagar. A medida que
crecíamos y nos enterábamos por el cine, el Corsario, Tarzán, Kit
Carson y yo distinguíamos por la trompa un Chevrolet 37 de uno del
35, un Ford A del 30 de otro del 31.
Una mañana se detuvo frente a casa un Buick con tres hombres de
sombrero. lo buscaban a mi padre y él salió presuroso, con el pucho
entre los labios. Llevaba el único traje que tenía para ir a la
oficina y sólo Dios sabe cómo hacía mi madre para tenérselo siempre
listo. La imagen de mi padre (alto, pelo blanco, idéntico a las
fotos de Dashiell Hammett) me es indisociable del cigarrillo en los
labios. Lo dejaba consumirse ahí, y se estaba horas mirando un libro
de logaritmos, acompañado por una voluta de humo que flotaba hacia
la lámpara. El Buick arrancó y yo supe enseguida que era un modelo
39. Para el Corsario y Kit Carson era del 38, pero yo estaba seguro
porque tenía la parrilla más ancha y atrás la carrocería bajaba en
picada disimulando el baúl. Mi madre se quedó en silencio y cuando
se ponía así era mejor mantenerse a distancia. No sé por qué, yo me
olía plata, la plata que faltaba, la que permitiría que mi padre se
comprara la Leica y mi madre cambiara los zapatos. Plata para que me
compraran Puño fuerte y el tony todas las semanas. Tal vez el
Misterix, que era carísimo. "una fragata", solía decir mi
padre, "¡quién tuviera una fragata!". La fragata era el imposible
billete de mil y mi padre había imaginado todas las maneras de
gastarlo. Ninguna incluía revistas de historietas ni matinés con
Dick Tracy y la habitación donde él soñaba se llenaba de
voltímetros, catalizadores de células fotoeléctricas y otras cosas
tan inservibles como ésas.
Pero tampoco esa vez fue plata. Cuando volvió, a mediodía, mi padre
estaba pálido pero sonriente. No se decidía entre el orgullo y la
bronca. La ceniza del cigarrillo le caía sobre el banderín azul y
blanco que apretujaba con los dedos humedecidos.
- Me dio la mano -le dijo a mi madre y me miró de reojo-. Me dio la
mano y me dijo: "Cómo le va, Soriano".
-¿Y cómo te conoció?- preguntó mi madre, asustada.
-No sé. Me conoció el desgraciado.
En los días de más furia solía llamarlo "degenerado mental", pero
aquel mediodía estaba demasiado impresionado porque el general, que
iba a Mendoza en tren, se había detenido en la estación de San Luis
para saludar a todos los funcionarios por su nombre. Uno por uno,
hasta llegar al sobrestante de Obras Sanitarias José Vicente
Soriano, responsable de las aguas que consumía la población de San
Luis.
Después de aquel apretón de manos, mi padre fingió odiarlo todavía
más y por las noches, a la hora de la cena, bajaba la voz como un
filibustero listo para el abordaje: "¡No me voy a morir sin verlo
caer!", decía, y yo me estremecía de miedo a verlo caer. Corría
entonces a mirarlo sonreír en las figuritas, entre grillo, Pescia,
Fanny Navarro y Benavídez y me parecía invencible. Por las tardes,
mientras preparaba el barco, veía pasar a la rubia mujer del
bicicletero y el mundo de Tarzán, Kit Carson y el Corsario Negro
volvía a su orden natural e inmutable. No sé por qué cuento esto.
Me vienen a la memoria un arco y una flecha. Una espada de madera,
un autito de carrera y el camión que tanto desprecié. También me
acuerdo de la imponente llegada de un camión amarillo. Por fortuna
mi padre no estaba en casa. Tocaron el timbre y salió mi madre:
-Presidencia de la Nación- dijo un tipo de uniforme. Y bajaron una
inmensa caja en la que decía "Perón cumple, Evita dignifica". Mi
madre intuía, azorada, la traición del hijo. "Ya vas a ver cuando
llegue tu padre", gruñia mientras yo contaba las diez camisetas
blancas con vivos rojos y una amarilla para el arquero. También
había una pelota con cierre de tiento y una carta del general. "Que
lo disfrutes", decía. Y también: "Pónganle el nombre de Evita al
cuadro".
Mi padre quería tirar la carta al fuego. Iba a pasar algún tiempo
antes de que Perón cayera y muchos años más hasta que pudiera darse
el gran gusto de su vida. Yo ya era grande, vivía en la Avenida de
Mayo y él se había venido a Buenos Aires a buscar otro trabajo.
Cuando pasó a buscarme traía la leica envuelta en sedas y con un
manual en tres idiomas. Fuimos a un bar y rebosante de orgullo me
mostró su juguete. De verdad era precioso. lentes suizos, disparador
automático, qué sé yo. Le pregunté si era muy cara y me contestó con
un gesto de desdén. "Vos pagame los cigarrillos", dijo.
A los dos o tres meses fui a visitarlo a una ruinosa pensión de
Morón y lo encontré nervioso y esquivo. "¿Dónde está la Leica?", le
pregunté como al descuido y enseguida me di cuenta de que íbamos a
pasar un rato en silencio. Le di un paquete de cigarrillos y cuando
se puso uno entre los labios, murmuró: "Se la llevaron ayer, los
degenerados.... No alcancé a pagar la cuota, ¿sabés?".
Nos dimos un abrazo y nos pusimos a llorar. Mi padre por la Leica y
yo por el camión aquel.


*de Osvaldo Soriano.
-"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana, edición de
1994.



Posdata:

Un abrazo fuerte a los socios y amigos colaboradores de Inventiva
Social.

¡Felicidad y dicha al porvenir!

*Eduardo Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com



Correo:

A quien corresponda*

El poder criticar libremente es un derecho que hemos logrado luego
de muchos años de mordaza obligatoria, en la que elegían por
nosotros. Debimos sufrir dos guerras: una interna y otra externa y
al fin comenzar ese camino largo y lleno de dificultades que fue la
democracia. En todo lo que nos pasó fuimos también culpables por
ignorancia, indiferencia o síndrome de la oveja.
Fuimos engañados con el cuento de las bonanzas de la globalización
para poder entrar al Primer Mundo y así nos fue. Tocamos fondo,
reinventamos una nueva esperanza y debimos plantar rabanitos hasta
en los balcones. Recordé todo lo vivido en los últimos treinta años,
cuando leí las quejas de un joven sobre lo que el cree una actual
dictadura y de sus supuestos secuaces.
La democracia no es perfecta, pero es lo mejor que hemos conocido.
Creo que criticar por criticar no es edificante. Hay mejoras que no
se pueden ignorar aunque se que falta mucho para recuperar lo
perdido. Los jóvenes son impacientes, lo se, que porque también lo
fui, pero luego de los años vividos, he aprendido que los cambios
tardan. Hay que presentar ideas mejores, participar en grupos con
gente que uno sepa íntegra, honesta y unirse para lograr fuerza en
los comicios. Pero si los contrarios ganan, hay que actuar como
minoría útil y controladora, hasta las próximas elecciones. Así
funciona la democracia.


*de Mirta Alicia Gisondi. mirtagisondi@...



*
Queridas amigas, queridos amigos:

Agradecemos la colaboración brindada en el 2006 a nuestros diversos
proyectos culturales, ¡les deseamos unas felices fiestas de fin de
año y un venturoso año 2007!


Los domingos 24 y 31 de diciembre del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música
Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos
compositores latinoamericanos y textos de diversos poetas
latinoamericanos en sendos programas especiales de navidad y de
despedida del viejo año y bienvenida al que comienza. ¡Les deseamos
una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



Ejercicios de escritura:


1. La agenda del año*

Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que
apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir
una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes,
consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com




2. Collage de frases.

Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida
posible una serie de frases:

-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de
plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando
vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la
escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi
culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia
vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales,
pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada
estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los
demás.





Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin
de año.



*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com



3. Re-escribiendo a Inventiva Social*

A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero
proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las
experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.


*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar



Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-

Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o
no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de
enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la
idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com


*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar




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"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)
yahoo.com.ar
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de
intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados
por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su
publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos
ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de
cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de
obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o
seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y
lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos
literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La
publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el
escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea
compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el
tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación
y sus propuestas de escritura

¿ Otras preguntas o consultas? escribi a inventivasocial(arroba)
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Dom, 24 de Dic, 2006 3:12 pm

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