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FANTASMAS DE UN TIEMPO FUGITIVO...   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #170 de 226 |

Minimanimalismos*


 
 
Agazapado, esfígico, silente,
el sinuoso apetito de los tigres.

En las piquizaciones del zorzal
canta el ahínco de la madrugada.

¿Ya sabe el colibrí que sale al aire
qué flor es la ofrecida del banquete?

Tan suave, tan dolor, tan semitono
ese crespin de requiems vesperales.

El ojo fantasmal de la lechuza
duplica sus desvelos nocturnales.

Un diminuto afán de tacuaritas
 se prueba sus plumones de marcharse.

Con dos diseños como puñaladas
delata su impaciencia el benteveo.

Desde el nidal confuso reverdecen
las torpes oratorias de los loros.

Ese silbo inocente por los surcos
desconoce la espera de las cimbras.

Citada por el néctar matutino
se aquieta de fruición la mariposa.

En duetto bufo y son beligerante,
la tirria cenital de los pirinchos.

Sobre el pudor de la mañana corren
los júbilos sin yerra de un potrillo.

Con rastro humedecido, y de malaca,
el caracol transporta su destino.

El pájaro percute contra el árbol
su aguda obstinación de carpintero.

Con el espanto erguido en las orejas
se fuga el corazón de alguna liebre.

Éste que aquí su cola ya ha encontrado
me cuida el borrador de las vigilias.

 
*de Abel Edgardo Schaller. abelnegroschaller@...
Paraná, octubre de 2007

 
 
 
 
 
FANTASMAS DE UN TIEMPO FUGITIVO...
 
 
 
 
 
 
 
EL CUARTO VACÍO*


  
       En la finca de Petronila había un cuarto siempre vacío, uno de los más cómodos de la casa, con una amplia ventana, una cama, una cómoda y vaporosas cortinas en vez de puerta, como suele ser en los pueblos de campo. Cuando los que no conocían la historia le preguntaban si era el cuarto de huéspedes, ella respondía que no, que era el cuarto del fantasma.

         El cuarto de huéspedes era más pequeño, estaba situado cerca de la cocina, por tanto era más caluroso y estaba impregnado de los olores al asado del día.

         Aún así, nadie se atrevía a dormir en el cuarto grande, se decía que en la noche se escuchaban extraños ruidos, voces quedas, arrastrar de muebles inexistentes... A los pocos que se habían arriesgado a intentarlo, no más cerrar los ojos, les soplaban la nuca, les retiraban la sábana, luego la almohada y si
aún así no se despertaban, les tiraban de los pies. Ese punto final, larga vez necesario, terminaba el asunto.

         La casa no era muy antigua, la había construido el esposo de Petronila haría unos 30 años, y nadie había tenido tiempo aún de fallecer en ella.
Originalmente ese había sido el cuarto de las hijas, y el más pequeño, el de los hijos. El error, contaba Petronila, había sido dar en matrimonio una tras otra a las dos muchachas y no mover rápidamente para el cuarto al hijo que seguía, pues ahí el fantasma encontró la vacante y corrió a apropiarse del
lugar.

         Como no eran de buscarse problemas, no habían hecho intento de exorcizarlo, los hijos habían encontrado pronto a sus respectivas medias naranjas, dejando con ello otro cuarto vacío que pasó a ser el de los huéspedes. ¿Qué más daba que el fantasma viviera en el que quedaba, si el matrimonio se pasaba el día trabajando, él en la finca, ella en la casa y cuando llegaba la noche el cansancio no les daba tiempo ni de bostezar? Las limpiezas se hacían en horario diurno y mientras duraba la luz el fantasma hacía respetuoso mutis.

         Así fue durante unos siete años, hasta que recibieron a los parientes de la capital. El día que hizo su entrada Leonor, la medio hermana de Petronila, que se encontraba de visita por primera vez en una década con sus dos hijos, el fantasma no podía imaginar que su destino quedaba sellado.

         No hubo modo de convencer a Doña Leo de dormir con los dos chicos en el cuarto pequeño, había mucho calor y no estaba para recibir las patadas que daban éstos al dormir, habiendo un cuarto disponible "Ya pasé por esto en casa de Genara porque no me quedaba más remedio, vine aquí a estirar las piernas, no a encogerlas", dijo y se sabía que a Leonor no se le podía llevar la contraria.

         Una de las hijas de Petronila se llevó al mayor a dormir en su casa.
La menor, apenas una niña, decidió dormir en casa de la tía, pero llegada la noche se negó rotundamente a usar el cuarto con fantasma... pronto se pudo comprobar que en lo tozuda había salido a su madre.

-    ¡Allá tú con tu condena! - le espetó Leonor entregándole un par de sábanas limpias - ¡A mí no hay fantasma que me gane! Ya verá si viene con sus soplidos y sus cosquillas, ¡la clase de bofetón que le voy a arrear! ¡Y que no se le ocurra quitarme la sábana porque me tapo con la suya!

         Y corrió las cortinas de un tirón.

         A media noche la niña sintió unos sollozos desgarradores casi pegados a su oído. Sabido es que en el campo, una vez que se apagan las velas y los quinqués, reina una oscuridad absoluta, tan intensa que no se puede uno ver siquiera las manos. Medio adormilada, se sentó en la cama:

-    ¿Qué te pasa? - dijo.
-    ¡He perdido mi honor! - una voz ronca le llegó mezclada con hipidos y gimoteos - ¡Adiós a mis noches de gloria!
-    Oye... ¿no serás quien estoy pensando? - preguntó ella.
-    Lo soy, pero no grites, por favor, no hagas mayor mi deshonra.
-    Bueno, vale... de todos modos no te veo, así que me da lo mismo, no voy a asustarme por una voz que viene de no sé dónde. Ahora deja de lloriquear como una mariquita y dime qué te ha pasado.
-    ¡Tu madre me ha pasado! ¿Quieres algo peor?

         La niña emitió una risita, pero como los lloros arreciaron, decidió retomar el tono compasivo.

-    Tal vez si te desahogas te sientas mejor, eso dice mi abuelo cuando viro llorando de la escuela.
-    ¿Qué quieres que te diga? Siempre fui muy distraído, me costaba trabajo concentrarme, yendo de la cocina a la sala olvidaba lo que había ido a buscar, tenía que regresar a la cocina y, al volver a la sala, lo olvidaba de nuevo... Cuando llegó la hora de mi muerte, no escuché el llamado hacia la luz y me perdí el momento, se cerró el túnel y me tuve que convertir en fantasma.
No era tan malo después de todo, pero en un lugar como este no hay castillos y los fantasmas suelen quedarse en sus propias casas, la mía fue ocupada por mis nietos gemelos, que estaban formando un grupo de rock, con lo cual la convivencia se hizo imposible. Estuve desandando el pueblo en busca de un sitio confortable hasta que di con esta finca, realmente adorable, ¿no has visto por la mañana, cuando el sol sale por detrás del framboyán, qué espectáculo tan fabuloso?... No, claro, acabas de llegar, ¡ya lo verás mañana! Como siempre me gustó la soledad, me encargué de apropiarme del cuarto grande y dejar bien claro que no me gustaba ser molestado... hasta que llegó tu madre y con ella mi infortunio.
-   Prometió darte una bofetada... - susurró la niña.
-   ¿Una? No, hubiera sido muy dulce de su parte... Cuando le soplé la nuca, un truco que casi nunca falla, se sacó un spray de debajo de la almohada y me ha rociado hasta dejarme ciego, aprovechó mi sorpresa y me ha dado una tanda de golpes que no te cuento, no por gusto le dicen "la Leona"... ¡y yo que
pensaba que era por el nombre! No me atreví a chillar para que nadie viniera corriendo a ver el espectáculo, aguanté como un valiente, confiando en que en algún momento se cansara.
-   ¿Y lo hizo?
-   Como era de esperar... pero cuando no cupo un puñetazo más en mi ectoplasma, me arrugó como si fuera ropa vieja y me echó en una de las gavetas de la cómoda. Pensé que si me quedaba quietecito ahí toda la noche, a la siguiente podría idear algo más feroz, pero tu madre se acostó a dormir y...
-    Sigue, sigue, imagino lo que viene... - rió ella bajito.
-    ¡Se ha puesto a roncar! ¡Y eso sí es demasiado para un oído tan fino como el mío! Salí huyendo, con la moral destruida, sin deseos de otra cosa que desaparecer, pero no puedo, porque soy un fantasma... Entonces entré a este cuarto a desahogar mis penas, sin recordar que estabas durmiendo en él.
-   Los ronquidos de mi madre - rió la niña de nuevo -, ¿por qué crees que pedí dormir en este cuarto a pesar del calor y del olor a pescado frito?
Contigo yo sabía que ella iba a poder, ¡pero ni yo, ni tú, ni nadie puede con sus ronquidos!
-   Ay de mí, ay de las aristas de mi vanidad - gimió el fantasma -, ¡nunca más podré aterrorizar!  Tendré que hacer terapia, tal vez yoga, o acupuntura; me volveré dependiente de las píldoras para dormir o de las esencias florales para no tener que pasar las noches en vela, no tendré el valor de ir a las reuniones anuales con mis colegas, no asustaré a un mosquito, no podré ni escribir mis memorias porque no las recuerdo, me arrugaré... ¡ay de mí!
-    No te pongas así, que me voy a desvelar, tranquilo, anda... - le dijo ella suavizando el tono -, nadie tiene por qué enterarse. Fingiremos que te has mudado a otra casa hasta que mi madre y yo nos vayamos. Solo estaremos aquí un fin de semana y dudo que volvamos en varios años. Después puedes volver a hacer de las tuyas, te aseguro que Petronila y su esposo están muy contentos de tenerte con ellos.
-    ¿Lo crees? - el fantasma dejó escapar un suspiro lleno de esperanza.
-    No lo dudo, tener fantasma le da categoría a una casa.
-    ¿De veras? - dudó el fantasma - Tal vez sea cierto, cuando hablan de mí, me parece escuchar un deje de orgullo en su voz.
-    Bueno, no te pases... no es para tanto. Mientras llega el lunes por la mañana, hora en que nos marcharemos a casa de otra de las hermanas de mi madre, si prometes portarte bien, te dejaré dormir en este cuarto, elige un lugar en el suelo y prometo no pisarte si me levanto a tomar agua.
-   ¿De veritas? - sollozó el fantasma.
-    ¡Pero no te vas a poner a llorar de nuevo! - protestó ella.
-   No, no, lo siento - suspiró - es pura emoción, soy muy sensible... hace tiempo que nadie me trataba bien.
-   Lógico, te la pasas asustando. Bueno, ahora a dormir que lo de desvelarme va en serio y estoy muy cansada, llevo un mes conociendo tías y primos. Mi nombre es María, y el tuyo prefiero ignorarlo, hasta mañana.

         Se arrebujó de nuevo en sus sábanas y cerró los ojos, pero no había transcurrido un minuto cuando escuchó de nuevo la voz ronca.

-   ¿María?
-   ¿Y ahora qué? - preguntó sentándose en la cama y chocando con algo frío y esponjoso.
-    Lo siento, me había inclinado para ver si ya dormías - se disculpó el fantasma retrocediendo - ¿Puedo dormir a los pies de la cama? Es que estoy algo oxidado, nunca hago ejercicio, y tengo miedo ponerme perdido del dolor de huesos si duermo en el suelo, que está frío, húmedo, pueden darme alergias... Y llevo muchos años durmiendo en un colchón de muelles.
-   Huesos, alergia... - refunfuñó ella -. Está bien, la cama es enorme y yo ocupo solo la cuarta parte, puedes dormir a los pies siempre que no me hagas cosquillas.
-   Claro, no se me ocurriría, gracias, ¡gracias!
-   Duérmete ya...
-   ¿No te da miedo dormir con un fantasma?
-    Por supuesto que no, he dormido con mi hermano, con mi madre, con una tía obesa y con tres primos en las casas anteriores que he visitado.
-   Alguien me dijo, hace tiempo... que si lograba dormir con un ser vivo una noche entera sucedería algo muy importante, pero no recuerdo qué, intenté con los pollitos y los lagartos, pero los primeros son muy intranquilos y los segundos me daban escalofríos.
-   Al paso que vamos será solo media noche, ¿quieres dormirte ya?
-   ¿Sabías que duermo con un osito de peluche desde que era un bebé?
Nadie lo ha descubierto porque no se atreven a registrar mucho el cuarto, los días de limpieza me lo llevo para cualquier sitio de la finca, casi siempre me siento en la copa de un árbol hasta que terminan.
-    ¿Un osito? - dijo ella entre sueños - ¿Eres un fantasma que duerme con un osito?
-   Está viejito, pero es precioso... en la casa donde viví, si es que alguien lo recuerda, todavía lo deben estar buscando para botarlo. Botaron mi pipa, y mis libros, y mi colección de envolturas de caramelos... - la voz se fue apagando.

         A la mañana siguiente la niña despertó, pensando en el extraño sueño de la noche anterior. No creía en fantasmas ni aparecidos, pero con tantas historias justo antes de dormir, el cansancio del viaje y los ronquidos de su madre, que aún salían del cuarto grande, era posible soñar cualquier cosa. Lo
importante era no perderse la salida del sol por encima del framboyán. Se sentó, buscando sus pantuflas con los ojos.

         Reclinado a los pies de su cama se encontraba un osito de peluche que en un tiempo fue dorado; apenas le quedaban pelitos, el lazo había sido sustituido por un enorme botón, pero no por eso dejaba de ser lindo. Todavía no he visto un oso de peluche que no dé ganas de abrazarlo.

         Y eso hizo. A su lado había una nota, garabateada en papel de estraza del que usaban en la cocina para escurrir la grasa de las frituras.

         "Para María, gracias a ti he vuelto a encontrar el camino hacia la luz".


 
*de Marié Rojas Tamayo tgrafica@...
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)
Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
 
 
 
 
 
 
Decían*

 
Decían su tarde
los pájaros de la primavera,
y mi cuerpo laxo oía el cielo
en el fondo de mi casa,
en los fondos de mi alma
gastada, bajo los helechos
y las flores y la roja bougainville.
Oía la tarde de aves. Cantaba.
Era noviembre. Moría un milenio.
Consciente del fin y de la nada,
un extraño yo sentado en el ocaso
tomó con la izquierda una libreta
y con cinco derechos dedos la birome;
aspiró el momento, tocó el trinar
de aves invisibles que derivan
en memorias de memorias,
y con cansino oficio trazó:
       decían su tarde
   los pájaros de la primavera...
 
                             
 
*de Alejandro Mauriño.
(de su libro Otros poemas)
-Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@...
 
 
 
 
 
DESDE QUE MURIÓ GERARDO*



     La frase me quedó impresa en mayúsculas en la fiesta. Desde que murió Gerardo, dijo Cacho. Desde que murió Gerardo ya no toco más el teclado.
     En los geriátricos los viejos se van muriendo despacio, en sus sillas, se van desvaneciendo, se empequeñecen. Ya no pueden ya no tienen más tiempo, ya se les pasó la oportunidad de hacer esas cosas que los hacían felices. Estando, ya no están más para nadie y menos para sí mismos. Ya no tienen tiempo aunque el tiempo sea un día interminable de estar sentados en esos sillones inmóviles.
     Gerardo murió como un muchacho parisino, que en su lápida dice "muerto demasiado joven, amado, demasiado pronto". Sus amigos hicieron para él un gato enorme como escultura funeraria, un gato infantil y sonriente con pedacitos de azulejos de colores y espejitos. En medio de los mármoles y los ángeles dolientes, el gato multicolor recuerda a un muchacho que murió, como Gerardo, demasiado pronto.
     Los viejos se desgastan con lentitud, y quién sabe qué cosas les movían las almas, qué música qué sabores, qué combinación de líneas o qué firuletes los hacían bailar. Ya no bailan, los viejos. Ojalá que hayan bailado cuando todavía tenían tiempo y ganas. Ojalá que la quietud sea el epílogo de un baile gozoso. 
     Gerardo se fue con mucho sin probar, mucho sin hacer, mucha vida sin vivir.
     Y Cacho, (que algún día va a morir), dice "desde que murió Gerardo no toco el teclado". Cacho, que no va a vivir para siempre, que fue feliz cantando y sacando melodías a la voz, Cacho, que todavía vive, que no está sujeto, todavía, al silencio impuesto de los cementerios, dice que desde que murió Gerardo no toca más el teclado.
     El gato sonriente de Montparnasse dice que la vida es breve, colorida, un regalo efímero. Que los jóvenes mueren, que los adultos, viejos, niños, que todos moriremos. Pero que mientras tanto. Pero que la vida mientras tanto. Pero que la vida, dice el gato, realizado por jóvenes manos de jóvenes llenos de vida en homenaje al que murió demasiado joven y con demasiada vida sin vivir.
     En el mismo cementerio está la tumba de Sartre, de Simone de Beauvoir, de Cortázar, de Ionescu, de muchos que no conoció el mundo pero conocieron sus amigos y parientes, y también sus enemigos. Todos tuvieron el momento pequeño o enorme de ejercer la felicidad. Mientras podamos tomarlo, es nuestro deber aprovechar ese momento fugitivo.
     El gato de Montparnasse sonríe entre las tumbas. He visto desde el Sena un reloj de sol en el que dice en latín, una lengua que ya nadie usa, que el tiempo es fugitivo.
     Dale, Cacho, traete el teclado y dale, cantate una que sepamos todos.

 
*De  Mónica Russomanno. russomannomonica@... 
 
 
 
 
 
 
 
LA CITA*


     
    Salía de su cita con el cardiólogo, había sido dado de alta, a pesar de su reciente infarto del miocardio. "Usted va a vivir cien años", había dicho el galeno y él, feliz, iba a celebrarlo con un paseo hasta el mirador.
         Durante el viaje en taxi, disfrutó los aromas familiares, los parques, los viejos edificios, libre del peso que lo atenazó durante los últimos días.

         En el telescopio había una extranjera, lo supo por la capa oscura y el sombrero que resguardaba su pálido rostro; sus conciudadanos vestían de colores vivos y dejaban la cabeza al descubierto, exhibiendo la piel morena por el sol.

         Esperó con paciencia... La dama demoraba bastante y él estaba ansioso por saludar a su ciudad; en fin, bastaba asomarse a la baranda. Disfrutó contemplar la vida bullendo allá abajo, dejó la mente volar con fuerza renovada.

-   ¿Todo bien, Francisco? - le sorprendió la voz de la desconocida.

         Se volteó, comprendiendo el por qué de su presencia.

-   Pero, hoy... el médico dijo... - balbuceó.
-   No confíes tanto en juicios de humanos - respondió ella con una sonrisa, dándole un leve empujoncito que lo hizo caer al vacío -, tu verdadera cita era conmigo.
 
 
 
*de Marié Rojas Tamayo tgrafica@...
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)
Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
 

 

 

 

 

 

 

 

 

Superman y sus escritos del aire*

 

 

-Texto del año 2002-

 

 

Abro la carpeta del área de lengua, -mí hijo esta en 4º grado- y veo la nota escrita por su maestra en birome color verde:
" ¡debes escribir sobre el renglón, no en el aire!".
Observo, mudo y asombrado que las oraciones de mi hijo están escritas en un exacto punto intermedio entre el renglón superior y el inferior, suspendidas en un perfecto horizontal que yo a mis 44 años no podría sostener.
Sin duda ha de ser algo importante esta corrección, y seguramente ha de ser decisivo para el futuro poder escribir con las letras y las palabras bien asentadas en la línea inferior de cada renglón.

Me pregunto como será escribir en el aire, en lugares suspendidos, sin techo ni piso, abandonar las rugosidades, la dureza o porosidad de las superficies, la materialidad del papel en formato nº3, marca Rivadavia. Perder el contacto con todas las superficies al escribir, ni pies presionando las baldosas, ni cintura presionando el respaldo, ni mano apretando con la birome el papel y dejando una fuerza justa para que la tinta haga trazo. y haya allí una permanencia leíble, y puedan ponerse los acentos más tarde o mañana a la mañana.
Cierro los ojos, quiero volver a sentir al que soy, el que fui, al que siempre está y quiere sentir...
Imagino oraciones suspendidas, palabras poco tangibles como una voz que se pierde en su eco lejano e inasible.
Casi un sonido permanente de ruido de lluvia y torrentes de agua en las aceras, esos serian los sonidos intraducibles para esas letras perforadas en el aire, el lejano eco de otras lejanías, la imposibilidad para siempre de traducir del sonido a palabras del aire y de allí a la voz.
Como puede preocuparme una corrección normal, ingenua, casi incuestionable, quizá expresión inconsciente de un saber grafológico poco formalizado. Trato de escribir en el aire también yo, sé, que hay algo profundo que se abre paso desde esa frase en color verde.....
Hay que tener firmeza en la vida para no sentir la zozobra del vuelo en palabras, pienso entonces en Antoine de Saint-Exupéry escribiendo "Vuelo nocturno" después de cada aterrizaje en un renglón desolado, mientras trabaja en la Aeroposta Argentina entre 1929 y 1931, justo en esos años cuando el abuelo italiano de mi hijo empezaba la escuela y cursaba sus únicos tres grados de escuela, y ya sabiendo leer y escribir podía seguir trabajando y acompañando a su padre a pastorear ovejas y cabras por la montaña bien alto, estirando la mano con la gorra al ver una avioneta.
Siento una tristeza extraña, como la del Principito en la ajenidad de ese, su mundo que nunca entendere cabalmente.
Me parece que toda mi identidad esta atravesada por estas frases que se deslizan hacía abajo, vertiginosas, en la nieve blanca del cuaderno, apenas visibles como hilos de araña en los leves carriles como renglones.
Como no volver a sentirse a la luz de la infancia. Con amigos del alma como Clark yo soñaba mi vuelo en barriletes de papel de diario. Hoy me digo que quien pueda volar también puede escribir en trazos de nube, ver a través de las paredes, y cuestionar sin duda la opacidad necesaria de las cosas.
Empiezo a escribir en forma transversal, y los renglones son filosos truenos cortando las frases. "las palabras son barrotes" me dijo un viejo sabio de los de antes. De los habían aprendido viviendo,  leyendo libros y sembrando por cada paso en la vida.

Nuevamente me siento como Superman. Saltando limitaciones humanas en líneas y delgadas paredes, abriendo boquetes con palabras, viendo más allá.
Es un juego de niños la regla secreta del vuelo que no podemos aceptar y dejamos reservada a la irrealidad de los sueños y las series.
Ahora bajo la vista hasta el horizonte, el cielo cerrado y gris es una pizarra adecuada, una bóveda curva de renglón sur a renglón norte, ambos están escritos en árboles teñidos de otoño, en siluetas de edificios, apenas breves acentos aparecen en la escritura de las chimeneas humeantes. Esta todo el cielo por escribirse: -Clark, acá estoy de nuevo, reconocés al Eduardito..?
Las palomas asustadas por el tren borran de alas una parte de mi nombre, no lo ven, pasan por adentro de mis letras, la "a" y la "o" no se conmueven por el paso en giros de la bandada, pero la "e" esta borrada.
La U es mi letra preferida, la estiro , es un renglón cielo invertido, un espacio cóncavo para jugar....
empiezo a rodar de punta a punta, -me río-, mi padre sonríe también mirando al cielo, veo el reflejo de su diente de oro brillando al sol y su mano en el aire saludando como aquella vez en su montaña saludando a esa avioneta que no era un pájaro enorme. En el aire, el tiempo esta cortado, mi madre me dice que no es bueno que este jugando en el cielo, adentro de esa letra, que si llueve voy a empaparme todo, como una esponja.
-Pero no de angustia  -le grito fuerte para que me oiga.
Si, tenía 9 años como mi hijo y veía a Superman, y en el pizarrón de 4ºA muy alto y negro era un desafió escribir bien Kriptón o Kriptonita verde con tiza.
Pero el tiempo pasa entre renglón y renglón como un segundero infalible que baja paso a paso de escalera. 
Quisiera entender ahora, porque cuando nació mi hijo abandone para siempre el uso de relojes pulsera. El tiempo correría , pero nunca más sostenido en mi muñeca. Habrá que medir su paso en blancas canas nevadas.
Me acuerdo ahora palabras de otro Maestro, Don Julio Cortázar, y me parece verlo escribiendo en un pizarrón: "El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa." Y también explicando a sus pequeños alumnos como escribir frases saltando a Rayuela entre renglón y renglón, viajando ida y vuelta de la tierra al cielo, obligando al lector a seguir en cada salto, sin caer al vacío.

Pero todo esto no lo sabe Luisa, la maestra de Franco y ahora que él empieza a descubrir sus habilidades sin ninguna enseñanza de mi parte, puedo, con la mirada que ve más allá y atraviesa los muros darme cuenta de lo peligroso que es escribir por los aires, lejos de la base segura de un renglón tras otro.

 

 

 

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@...

 

*
 
 

3º Concurso de composición XICóATL: hasta el 30 de agosto!

Para recordarles que el 30 de agosto 2008 es la fecha límite para el envío de los trabajos al 3º Concurso de composición XICóATL "Estrella Errante". Les enviamos nuevamente las bases de participación. Más informaciones obtienen en la sección Aktuelles/Actualidades de nuestra página de internet www.euroyage.com


Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
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Tel: ++43 662 825067
 
 
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Mié, 13 de Ago, 2008 11:11 am

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