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*Foto de Dora Maar. (Teodora Markovitc 1907-1997)
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Te escribo con tinta de oro como brilla tu mirada, como destella tu pelo, como refulge tu cara...
Como éstas noches de ensueño que me das al ser amada, como estos días sin dueño con el alma deshojada...
A este mundo*
Hemos aprendido a comprender ciertos absurdos. A desandar veredas que irradian desconsuelos. Aprendimos, casi sin darnos cuenta, a poblar la existencia desolada. A celebrar pequeñeces que forjamos a diario. Aprendimos a ser más generosos y menos atrevidos. A no ser tan sinceros y a no necesitar mentir, para entendernos. Hemos aprendido de la vida y los años que por eso, vinimos a este mundo.
-De Los barcos y este
mundo
EN LA OTRA ORILLA DE LAS COSAS...
La Cenicienta*
Cenicienta fue multada por dejar cristales en la escalera y calabazas en la calle. Se la tachó de incívica por no reciclar y de impuntual, pero lo que nadie le perdonó es que cambiara los delicados zapatos de cristal por una deportivas Nike.
A ella, eso no le importó porque cobró un porcentaje sobre las ventas.
"Dos cuerpos frente a frente"*
rostro a torso piel a poro palmo a palma...
miradas a cuatro ojos besos a cuatro labios caricias de veinte dedos cuatro piernas enredadas un universo de cielo tantas estrellas mojadas...
"dos cuerpos frente a frente"*
uno solo es el suspiro de cada boca una.
*de ricardo mastrizzo.
Mercados inestables*
*Por Sandra Russo
Esta es la prueba de que Bin Laden está muerto. No hay video. Si yo fuera Bin Laden, no dejaría de hacer circular un video en el que diría: "Yo no fui". Deberían hacer remeras con Bin Laden diciendo: "Yo no fui". Estamos viviendo un tiempo cuya vertiginosidad no nos permite entender los procesos. Es que los procesos se han acortado e interconectado tanto, que vomitan hechos, cambios, giros, frenadas, y miedo. El mundo entero es una Argentina un tramo antes del estallido de 2001, pero está en shock. ¿Quién saldrá a la calle? ¿Saldrán a la calle? Por ahora no terminan de darse cuenta de lo que les pasa. Están detenidos justo antes de que las imágenes de ellos mismos dentro de seis meses se les pasen por la cabeza. No previeron esas imágenes. No estaban en el contrato. Republicanos y demócratas intentan salvar el sistema que ya estalló. Los norteamericanos tuvieron su sueño, que fue
módico para los ciudadanos de a pie: una casa de dos pisos y porche hipotecada, el estudio universitario de los hijos en un fideicomiso, la salud familiar garantizada con un buen seguro, una barbacoa cada tanto. El sueño de vida americano traía consigo a las instituciones bancarias, a las aseguradoras y a las hipotecas. Tan peligroso es el otro, que las tarjetas de crédito reemplazan al dinero en efectivo. El dinero se virtualizó. Como en un casino, con fichas. O como en una sala de slots, con vouchers. El dinero se virtualizó en la vida cotidiana, mientras el capitalismo neoliberal daba su último giro mortal: el capital se virtualizó y ahora implosiona con un estruendo mayor al de la caída de las Torres Gemelas. Cae el Símbolo Padre del poder. Eso es Wall Street. En las pantallas de la televisión, a toda hora, hay una leyenda: "Mercados inestables". Cuenta la leyenda que los mercados eran inestables. No en Wall Street, no, en otros
lugares. En el mapa había países enormes y pequeños pintados de rojo. La mayoría, continentes enteros pintados de rojo. El rojo significaba que eran sacrificables. En esos territorios el capitalismo, que al mismo tiempo fue salvaje y virtual, clavó su naturaleza de buitre. Ahora a los mercados no les cae bien que Bush salga a tranquilizar a los mercados tan seguido. Los mercados no quieren ser tranquilizados, porque se irritan. Esa abstracción detrás de la cual gritan de-saforados y escupen los celulares los agentes de Bolsa, ese dragón invisible que saca su lengua de fuego y quema acciones en todas las latitudes, ese aparato financiero que se cae como un gigante que ha comido y bebido en exceso, ese vampiro, ha comenzado a chuparse la sangre a sí mismo. La psicología del miedo ha comenzado a virar. La inseguridad, un sentimiento que los norteamericanos han cultivado con pasión y los ha llevado a tener una candidata a vicepresidenta que
tiene su morbo con los rifles, está cambiando de eje. La inseguridad y el miedo que sienten ya no es por otro ni por lo que tienen: ellos no saben que hay saqueos que su propio sistema avala y lleva a cabo. Un virus entró en su sistema y ahora los está saqueando a ellos. Es la película de Hollywood más increíble. La que usó más extras en toda la historia del cine.
PROTOHISTORIA*
Cuanto daría por evadir la impiedad de esa noche. Cuanto daría, cuanto. Pajonal jadeante. Oscuridad. Abrumadora soledad del médano. Los pies descalzos han cruzado la gruta del deseo. Un enero de polvo desolado muerde la prisa del verano.
Aullido martillo. Viento pujante. Jano mira hacia el Este. Desnudez fecundada. Rosa abierta, desangrada y expuesta. Morir / nacer / penumbra / luz. Pájaros de papel buscan el crepúsculo sangrante del día. La muerte no tiene futuro. Rompe el silencio la ternura enmarañada del primer llanto.
Han partido los huéspedes de sombra. ¿Adonde irán? ¿Dónde los llevarán los médanos? ¿Quién llevará la cruz y quién la espiga? Detrás ha quedado el agua, el eclipse, el brote. El cardal y una rama de sauce. Un país desconocido aguarda Cuánto daría por que vuelva esa noche. Cuánto daría, cuánto.
En la otra orilla de las cosas*
No era difícil que se encontraran en algún momento del viaje. Por cierto que no cualquiera viaja en un tren conducido y administrado por indios resurrectos. Después de Inocencio Sosa, Manuel Puig y Macedonio Fernández se encontraron cara a cara en ese vagón de clase única con asientos de varillas de madera. Cómo y cuando la gente logra conversar con otros en un tren, salir de la mismidad que desata el viaje. Sentarse uno enfrente del otro y hablar es un misterio imposible de develar como tantas otras cosas en la estrecha conciencia de un relato. Pero allí estaban, él, un Macedonio viejo con el pelo lloviendo sobre su rostro. Y Manuel un
veinteañero con esa singular mirada de interrogar mundos que lo hacía buen candidato para actor de cine. Sin embargo parecían haber vivido en demasía, más de lo que dicen sus imágenes congeladas en quietud relativa de interior de tren, donde el movimiento se ve afuera... de poste en poste, de árbol a fronda que se ven llegar y luego hacerse chiquitos hasta desaparecer de la vista. No hay equipajes, apenas una carta abierta en la mano derecha de Macedonio y una foto que Manuel extrae de su saco azul colgado del perchero metálico color bronce como el portaequipaje que se extiende sin interrupciones de bolsos ni equipajes hasta el final del vagón. La foto tiene tamaño de hoja carta, doblada al medio justo en la nariz de Carlos Cores que baila con la mano izquierda levantada y tiene la mirada puesta en algún lugar del cuello de Silvana Roth que con cara de feliz cumpleaños esta viendo algún lugar lejano fuera del foco. -El más alto y
guapo es mi amigo del alma Mario Fenelli, su madre me regalo esta foto, fue una sorpresa en su mesa de aquel jueves... fijate le agregas una "a" a mi nombre y tenés el nombre de la madre de Mario. Apenas una "a" es la sutil diferencia de hombre a mujer. -Esta foto permite imaginar toda una novela de solo leer sus rostros, veo que a tu amigo no le consiguieron una mujer que este a su altura. Es el rostro con el que lo conocí en la escuela, Dios los cría y ellos se juntan decían, siempre nos escapábamos juntos para ir al cine, queríamos ser directores de cine, él logro ser guionista de cine en Roma. creo que allí vive aun... Macedonio le muestra la carta, solo tiene el código postal de la localidad (6341) y el sello de la estafeta donde alguna vez partió hasta llegar a sus manos, el sello tiene fecha: 17 de junio de 1943. Es fecha del estreno de la película donde Mario trabajó de extra...!!! -La vida esta llena de
coincidencias, causalidades y ajenidades , -le responde Macedonio. -Que dice la carta? Relata devastación, calamidades, cosas que nunca pasaran y terminan ocurriendo, solo da un nombre. "Llegará del cielo Sehtrad, y todo terminará ". -Suena a profecía con algún condimento de delirio místico... -Ya lo dijo Freud, solo tenemos que aprender a descifrar, a traducir el lenguaje y los relatos de las religiones para encontrar el sendero por el que se expresa el malestar en la cultura humana. -Por eso yo prefiero pensar desde la resaca que deja el mar en sus orillas: las maderas errantes, los pedazos de redes que perdieron los pescadores, esos forros llenos de esperma que nunca fecundaran a una criatura. Ver cangrejos lastimados que no podrán volver a su hogar bajo las piedras. Eso, es la verdad de las cosas, la que se puede leer en esas orillas, después de la marea alta de las religiones, o la furia de las revoluciones, después quedan
pedacitos, restos sin voz y la gente estallada bien adentro aunque se vean en una sola pieza y caminando. Y uno solo puede intentar reconstruir esas historias imposibles, inventándolas como en una novela.
-Lee la frase final de este pedazo de carta, luego el papel esta roto a mano y solo se puede seguir en la imaginación: "No volverás a lo perdido, -tu corazón no sanara en esta tierra donde nunca cierran las grietas-".
Es tremendo, parece una frase a medida para el fin de mi infancia en el 43 -dice Manuel. Hace años que quisiera retornar al menos una vez a Villegas y siempre tropiezo con algo o alguien que me permite desviarme, escapar a otra historia, quizá no llegar a ninguna parte... quiero acompañarte a ver de que se trata...
El cacique Manuel Namuncura entra al vagón avisando que la próxima es Francisco Magnano, trata de imitar lo mejor posible a un guarda tradicional de los Ferrocarriles Argentinos, nadie más que Macedonio y Manuel se acercan a la puerta y bajan minutos después en medio de una tormenta de tierra.
-Con este viento es lógico que nadie quiera llegar a este pueblo... El anden esta desierto, o casi, al final se ve la solitaria figura del jefe de estación con la mano derecha aferrada a la cuerda que hará golpear al badajo contra las paredes de esa campana de bronce en un momento más. Una pintada setentista, a brocha con color rojo es lo único para
ver arriba de los bancos de madera en una pared deteriorada que alguna vez fue pintada de color café.
¡Fuera Sehtrad. sos el único culpable!
Este lugar, -dice Macedonio, más que una estación es un portal a lo inaudito... mejor preguntemos al Jefe de estación donde queda la oficina de correo, quizá allí sepan darme alguna pista del autor (a) de esta carta. Lo extraño es que el tren se fue y el hombre sigue con su brazo en alto y su mano derecha cerrada en la cuerda de la campana.
-Mientras sea monje tocaré la campana, decía mi padre que no creía en ninguna sagrada vocación.
Al acercarse, se ven volar un par de tordos negros desde la espalda del jefe de estación.
-Buen día amigos, hace años que nadie bajaba en esta estación...
-Buen día Hombre, me llamo Macedonio Fernández y el joven es Manuel Puig, quería hacerle una pregunta pero al verlo me ha surgido una antes y más urgente... -diga
nomás -dice el jefe- Podría contarme desde cuando el avance de la técnica ha permitido que un espantapájaros sea Jefe de Estación, -cosa por demás honrosa habida cuenta de la clase de humanos que habitualmente malogran cualquier función y cargo con su proverbial deshonestidad-
Amigos, aprecio su frontalidad, pero yo no soy el Jefe de Estación sino su Espantapájaros, hace ya muchos años, el vino a verme a la quinta donde yo le cuidaba acelga y tomates, el hombre estaba apesadumbrado, me hablo varias horas, me dijo que se venían horas difíciles para el ferrocarril, el gobierno del presidente Frondizi había decidido obedecer al Fondo Monetario Internacional y siguiendo un plan de un norteamericano de apellido ...¿ Larkin ?, si ese es, bueno por consejo de ese hombre cerrar este ramal... Y que pasó con él... -El Jefe, Don Ramiro Lenton, dijo que el no iba a esperar desde su puesto ver morir al ferrocarril y más adelante
al pueblo que se formo a cada lado de la vía, así que un día me ubico aquí debajo de la campana me explico lo elemental sobre mi desempeño -solo tenés que tocar la campana a los tres o cuatro minutos de la llegada del tren, me dijo- aunque de hecho este es el primer tren que llega desde el año 1961. Me vistió con su uniforme de lujo, se subió a su Renault Gordini casi O km y se fue cantando en el idioma del norte una canción que terminaba en I Wondeeeerr...
Y a donde fue el hombre? pregunta Manuel. Me dijo que quería conocer el mar, un amigo le hablo maravillas de las playas de Quequén, me dijo que viviría en un lugar entre el faro y la playa, pescando y cantando todo el santo día.
-Extraordinario, dice Macedonio, es el estilo de vida que lleve por años, pero a mi no me gusta el mar, me genera una infinita tristeza.
Así fue pasando el
tiempo, y ahora solo tengo por compañía el canto de un casal de Tordos que han echado nido en mi espalda, un lugar calido que recibe sol todas las tardes.
Ud., sabe donde queda la oficina postal?
Es aquí nomás, sale por la entrada de la estación, tomá por la calle principal del pueblo y esta en la primer esquina, en diagonal con al almacén de ramos generales de Agulla & Vanzetti.
Se despiden, Manuel observa como el Espantapájaros derrama una lágrima , quizá la única que tenía reservada para el reencuentro que no fue.
-Creo que es más gente que la gente de verdad... dice Manuel. -Muy cierto, aunque temo que estemos entrando en una zona de fábulas del tipo "The Wizard of the Oz", donde los sueños se fusionan en el día.
El joven Manuel y Macedonio, se van por la calle principal del pueblo, aunque este lugar es algo así como un pueblo fantasma de vaqueros, con los trotamundos corriendo entre la
polvareda de calles, y postigos que golpean una y otra vez contra el marco de las ventanas.
Creo que esta película ya la vi en mis años mozos, dice Macedonio, es La Diligencia de 1939 con John Wayne y Claire Trevor. -Esto es más dramático, dice Manuel, fíjate los techos volados de las casas, paredes derrumbadas, aquí pasó un terremoto o alguna catástrofe, quizá una guerra borro a esta gente del campo de la vida. Es más bien como asistir a las ruinas de la propia vida, pero viendo... afuera, en una estenografía de calles y casas con paredes de ladrillo y barro.
Mira, otra vez la misma pintada... "Maldito Nacaruh Sehtrad". Ese debe ser el villano que mato al sheriff, luego la gente abandono el lugar para olvidar ese hecho maldito...
-Me parece que nosotros dos vimos muchas películas y leímos demasiados libros, -dice Macedonio.
No costo demasiado llegar a la estafeta del correo, o al menos
a lo que quedaba de ella, el techo de bovedilla se había derrumbado, y las antiguas cortinas de chapa de la entrada en ochava parecían una enorme lata abollada, imposible entrar, por arriba de las paredes que quedaron en pie se aprecia el verde de pastos y ramas crecidas entre los ladrillos.
-Mejor vamos al almacén, quizá quede alguna antigua botella de vino tinto para borrar tanta amargura. -dice Macedonio.
El lugar conserva todavía algunos vidrios, pero la puerta parece haber sido arrancada de cuajo, con marco y todo, las inscripciones en los vidrios parecen del otro mundo: "satunim", "sogart sogral", "sadibeb secamla". El lugar esta bastante original y hasta hay un sifón de soda en la barra y una botella de Fernet Gancia con un contenido suficiente para llenar un par de vasos.
Manuel, encontró enseguida el dato grabado a cuchillo en la mesada de madera "la carta que Usted Busca esta debajo de la caja registradora".
La carta, escrita con la misma letra arranca en la frase final destrozada que leyó en voz alta Macedonio en el tren "No volverás a lo perdido, -tu corazón no sanara en esta tierra donde nunca cierran las grietas", y continua...
"He jurado irme y olvidarte, soy el último habitante de Francisco Magnano y ya me voy, pero quiero que quien llegue con la carta en mano que he enviado desde un tiempo indefinido sepa algo de este final previsible. Pasaron todas las calamidades posibles. Primero fue el cierre del ferrocarril, allí se fueron las familias de los ferroviarios, un poco antes de fugo nuestro jefe de estación con rumbo desconocido. Más tarde alternaron sequías e inundaciones, hasta que finalmente los campos quedaron inundados y hoy solo sirven para pescar Hoplias Malabarius o cazar patos. Unos años antes, -me olvido de lo fundamental- instalaron una repetidora de
televisión en Trenque Lauquen y a partir de allí la gente empezó a encerrarse en sus casas, las mujeres a la hora de la siesta veían novelas y los hombres a la noche se reunían a ver los programas de Tinelli. Sin trabajo y con televisión la vida del pueblo fue cambiando paulatinamente, la gente seguía partiendo, en especial los jóvenes. Los viejos se morían y con ellos su saber ante la subsistencia. El año pasado mi mujer y yo éramos los últimos habitantes del pueblo, pero ella ya no hablaba de nada, la tristeza del pueblo la llevo a encerrarse con las novelas que le iban llegando, y fueron años de novelas y soledad: Antonella, Sodero de mi vida, Poliladro, La Elegida, Franco Buenaventura, Gasoleros, Luna Salvaje, Soy Gitano, y ahora Culpable de este amor.... Hace unos meses se rompió el televisor y mi mujer quedo de pronto con las pupilas muertas, más inerte que el Espantapájaros que ocupa el lugar del Jefe de Estación. Así
que fue que un día, al retornar del trabajo me encontré con una carta de Rita "Hace mucho que sueño con Juan Darthes ahora partiré a buscarlo. Perdóname".
Todavía me parece verla irse con una pequeña valija de mano, caminando varios kilómetros hasta la ruta y de allí a dedo hasta el primer pueblo, luego no puedo imaginar más. Disculpen usted que ha venido hasta esta lejanía buscando el final de una carta y se encuentra con esta historia intrascendente.
Sinceramente suyo, Javier Ortiz.
Pd: Ah..., me olvidaba de contarles que están en la otra orilla de las cosas por lo que cuando lean "Nacaruh Sehtrad", sepan que quiere decir "Huracán
Darthes".
XXX*
No puedo ser
como aquellos
que exhiben
desdén
y petulancia
perdonavidas
del mundo
No puedo ser
otra cosa
que un hombre
lleno de temor
y dudas
y silencios
que no comparte
nadie.
Sólo la realidad
de este papel
que escribo, borro
tacho
y queda sólo
una impaciencia
y un dolor
para nadie
-Fuente: El vuelo de la abeja. Ciudad Gótica. 2008
"EL VUELO DE LA ABEJA", ULTIMO LIBRO DE POEMAS DE JORGE ISAIAS La posibilidad de lo imposible*
Isaías explora dos territorios siempre afines a su poética: la mirada sobre el paisaje y la memoria. El poema enuncia una nueva posición desde donde el sujeto se abre a la perplejidad de un límite donde campean por igual dicha y desamparo.
*Por Sonia Scarabelli
Con un título que sugiere un cierto orden del enigma, El vuelo de la abeja, último libro de poemas de Jorge Isaías, recientemente publicado por la editorial Ciudad Gótica, se concentra en la exploración de dos territorios siempre afines a su poética, el de una mirada que se aplica al paisaje ?desde el cielo a la hojita nimia? y el de una mirada que se aplica a la memoria, vuelta espacio de interrogación sobre el sentido, o mejor aún, sobre su posibilidad. Jorge Isaías lleva publicados más de treinta libros, que incluyen poesía y prosa. Entre ellos: Crónica Gringa, que ha tenido ya cinco ediciones; Aspero cielo; Donde supura el aire; Pintando la aldea, y títulos como La persistencia del canto; Futboleras y Las más rojas sandías del verano. Ha publicado, asimismo, en el campo de la investigación literaria: Palabras a mi padre y a su digna herramienta, de José Pedroni; Papeles inéditos de
José Pedroni y Los mejores cuentos del Litoral. Si bien, como antes mencionábamos, paisaje y memoria son dos vertientes constantes de la poética de Isaías -aspectos que se asocian peculiarmente en uno de sus últimos libros de poemas, Aspero cielo (2006)-, en el presente volumen se hace sensible una modificación en la forma en que la mirada se acerca a aquello que, más que ser tomado por ella, pareciera tomarla. Esa modificación, se diría, apunta a señalar una particular actualidad del encuentro poético, que no ocurre ya como plena rememoración --donde el paisaje asociado a la naturaleza aparecía, por ejemplo, referido sobre todo a los recuerdos de infancia y juventud--, sino que se ofrece más precisamente en la escena de un redescubrimiento: "Hace rato / que no miro / cómo una flor / tiembla / con sus pétalos bajo la brisa / de abril. / No sé cómo / pasó tanto tiempo / sin que sintiera / en la piel / ese sol agónico / perdiéndose
/ detrás de aquellas / casuarinas oscuras." De ese redescubrimiento, de una renovación --que se deja traslucir aquí y allá como inesperada-- del asombro ante lo cotidiano y cercano, es que proviene quizás una de las posibles claves que sustentan el enigma insinuado por el título al que aludíamos más arriba: El vuelo de la abeja; es decir, la materialización de aquello que a primera vista se presentaría como imposible según las leyes del mundo físico y que, no obstante, en la persistencia de su ocurrir, desafía el fatalismo de la gravedad y conduce, por ello mismo, a la dilucidación de un trasfondo más sutil. De esta manera, lo que en libros anteriores insistía sobre la áspera afirmación de lo perdido se torna aquí lenguaje que admite una vacilación que, por así decirlo, suaviza levemente el contacto con el mundo
-de por sí arduo y ajeno-, para nombrar esos instantes en los que el brillo quieto de lo objetivo pareciera alumbrar cierta forma vital de la esperanza: "Emparejado enero / bajó el rojizo / corazón de néctar / ese breve picaflor / nervioso / verde / eléctrico / como una esperanza / ardiente / viril / hundiendo el aire / quieto / de aceite tan celeste." No se trata, claro está, de una renuncia al gesto interrogante, sino más precisamente de su profundización. La fuerza del presente no se limita ya a la potencia de la memoria para volver actual lo que fue vivido; hay también una fuerza del presente en este tiempo inmediato en que el yo lírico registra lo mirado y enuncia la pregunta sobre el aquí y ahora, no sólo como ruina. El poema enuncia, de este modo, una nueva posición desde donde el sujeto se abre a la perplejidad de un límite donde campean por igual dicha y desamparo, sin
fagocitarse uno al otro, pero sin dar tampoco tregua a la tensión que funda su posibilidad: "¿Y si esta paz / y este silencio / y esta plenitud / no fueran verdaderos / qué haría yo / con todas las / certezas / que mi corazón / alegra / ensanchándose / hasta el fin?".
(El vuelo de la abeja será presentado esta noche, a partir de las 20, en La Bancaria, San Lorenzo 1383).
*Fuente: Rosario-12
Convocatoria*
El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.
Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@...
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.
Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,
*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
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