INVENTIVASocial
Edición Enero 2009 Para recibir mes a mes esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un correo en blanco a: inventivaedicionmensual-subscribe@... *
Es bella la vida con música en los ojos la sonrisa hablándole a la vida y tú, cantándole a la princesa bella del alba al amanecer límpido de voces. La vida es bella como bello es el amor ante la sedienta tristeza que se apaga por banales esquirlas. Colgaremos cada pena en el cordón de la desmemoria para soñar el cielo que abre las estrellas en la sonrisa del sueño. Y tú y yo desde esta distancia recordaremos una utópica vida de amor sin dudas. sin presagios. La vida de amor y esta música alimentan cada primavera del alma no deja de dar vueltas y vueltas. Cierra cada párpado a la lágrima marina en la tibia conciencia alegremente saludable de sabernos vivos amor de sabernos... *De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@... El Caracol de Tierra y de Mar* Aquí también hay ovejas Y tienen cuatro patas. También aquí hay vacas Y hablan el lenguaje universal De su especie, o sea: También dicen muu. Aquí también llegan los rayos del Sol Y alternan con la luz reflejada de la Luna. También aquí nace el café de las semillas, El maíz crece agarrado de la tierra Y también aquí se les dice procariontes A las células sin núcleo. Pero parece que no es tan evidente para ellos: Hemos perdido la capacidad de caminar Por nosotros mismos, Solo porque a alguien se le ocurrió Que no podíamos hacerlo. Y nos es vendido Más de lo debido Porque dicen que lo que producimos nosotros No es tan bueno como lo de ellos: Que aunque sean lo mismo, no son igual. Aquí también las personas piensan Y podemos aprender cosas nuevas. También tenemos manos, piernas Y la cabeza en su lugar. Lo que no tenemos Es su permiso para construir motores, Máquinas, Producir tal o cual mercancía, Desarrollar tecnología. Y son los mismos quienes dicen Que estamos por muy buen camino: Nos dan el nombre de "En vías de desarrollo" Cuando son ellos quienes Así nos tienen, Y así nos mantienen. También aquí tenemos Grandes centros comerciales, Donde podemos entrar Y olvidarnos del subdesarrollo. Nuestros niños ahora conocen las frutas En las presentaciones envasadas, Y el benzoato de sodio Les da el toque de modernidad. Aquí también nos ha alcanzado La grandeza del desarrollo mundial Que nos abraza, Nos asfixia, Nos consuela. Si estos son los días De la gran humanidad, Que el tiempo se lleve nuestros nombres: No deseamos ser recordados. Nuestros pasos serán Como los de las cañas de azúcar: Dejando a los fenilcetonúricos Que endulcen sanamente la actualidad. *de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@... Pájaros nocturnos*
Pájaros nocturnos en el alba, trasnochados de estrellas y borrachos de lunas me estremecen, despiertan la piel dormida de mi otoño crujen sus alas en el viento que van corriéndome de mi epicentro cada vez más afuera hacia orillas desconocidas. me subyuga el eco de su música diferente su sonoridad un puente energético y un punto de encuentro. Todos los pájaros en vos, sobre las ramas desnudas de mi cuerpo agitando violines arrancan antiguas melodías que emergen vitales y mueven y conmueven el río de mi sangre. Pájaro nocturno y lejano en cada alba habrás de venir a romper las rejas de mi pacífica prisión que espera en vano para volar juntos, muy juntos hacia esa otra orilla? *Laura Elena Bermudez de Tesolin sisoy_asi@... LA SALIDA*
No guarecer en sus brazos no deambular extraviada en el beso no editar esa leyenda grotesca ni desenterrar el margen del cuchillo ni sufrir la opaca prisión de las sábanas tampoco un tango con semifusas de ausencia nada de nada entraño una compañía quieta relajo los pies del sentimiento invierto universos erráticos. No a oírlo ni detener mis ojos en su paso no a su perfil hipocondríaco ni a un café no al contratiempo de la lágrima. Sí a esta claridad bruta que no anochece. Poesía es la puerta que se abre de espaldas al dolor. *de Diana Poblet. soydian@... -de Pétalos y Espada NOSOTRAS arellano.amelia@...LAS MUJERES DE SAL* Nosotras, las mujeres de sal Somos las fundadoras de tormentas abruptas Tenemos incendiada la boca y salitre en las venas. Aprendemos lunas y enseñamos soles Seguimos denunciando, sobre la tinta seca La vigencia total de Sodoma y Gomorra. Una a una han caído nuestras vestiduras. Transgresoras, en desnudez de sal, Seguimos nuestro norte Mirando nuestro Sur. Con cuchillos de viento Han tatuado nuestra piel milenaria. Se ha hecho carne y sangre la siembra, Y en cada primavera llueven rosas de sal Que cubren en tibieza el oprobio y olvido. No somos la mujer de Lot, sin embargo, paso a paso En danza del picaflor giramos hacia atrás Vamos certero el rumbo, sinuosas las caderas A parir la palabra, siempre nueva Eternamente fiel a la memoria El punto exacto es donde termina el arco iris. Hemos jurado en resuellos de tiza No olvidar un pasado engendrado Desde la sal y el agua. Desde la llanura de la mansedumbre. Desde el pajonal donde esconde a vergüenza Un sol hecho de sangre. Desde los extensos salitrales de las monedas de oro. Desde el Perú. Desde Chile, Bolivia y Argentina. Desde los Andes Que aun miran azorados las hilachas de Del poncho denigrado del arriero. Desde la revolución de ríos subterráneos. Desde el portal del trigo. Desde el umbral del guanaco y de la llama. Desde Hiroshima. Mientras tanto, El soplo universal del viento blanco sorbe espumas de mar De nuestra boca abrupta. *de Amelia Arellano. SOLUCIONES*
Cuando hay tan poco calor En las líneas de la mano que Hasta las gaviotas huyen de sus nidos... La mar enfurece, Robándose los sueños y los pianos; Los techos vuelan de las casas Y las nubes dibujan extraños algoritmos. Es hora de pactar una cita con la luna, Allí, donde no anida la sombra. Cabalgar a lomos de la Ignota Mensajera de la Nada... Y preguntarle al mundo por qué Nos da las riendas de este carro ciego, Del que no tenemos control, Ni conocemos el destino. Por qué tanto girar en torno a un eje imaginario... Por qué nos deja Dios cometer errores y, Peor aún, arrepentirnos. Tal vez sea entonces, Hora de marchar, farol en mano, Con la triste compañía de un fantasma, Hacia el risco donde rompen olas Dibujando en el azul franjas de espuma Y escuchar qué nos trae de nuevo El canto de los alcaravanes. Quizás haya que hacerse un barco de papel, Remos de lápiz, o de tintas, Esperar a que estalle la tormenta... Y salir a capturar sirenas, O verdades. *De Marié Rojas. No paremos de soñar*
Se han acabado los fastos, las comilonas y este cúmulo de falsedades y de risas y de felicidad de plástico. Esta felicidad que cuando la ves delante tuyo transparenta la mierda que hay debajo.
La gente, eso que nos da a nosotros por llamar gente, no es mas que borregos que se dejan manipular por los publicistas. Y les llamo publicistas, no a los que se dedican a engañar a la gente sobre la bondad de los productos que deben consumir, sino aquellos que mediatizan la opinión pública y nos dicen a todos los "gilipollas aborregados de a pie" lo que debemos hacer, cuando debamos comprar, donde debamos hacerlo y cuando debemos estar felices y reírnos. De momento, aun podemos cagar donde nos place, pero llegará el día en que nos hagan guardar nuestra mierda para tenerla a mano el día en que quieran enterrarnos en ella. Hoy estoy feliz porque nadie me dice que debo alegrarme, ni que debo comprar, ni que debo hacer nada. Hoy puedo seguir con mi trabajo de mierda, en mi oficina de mierda, con unos pringados por compañeros, sin que el de arriba, docto entre los doctos, me indique a mi, pobrecita gilipollas, lo que debo hacer. A veces, me gustaría saber quien hay detrás de todo eso para poder escupirle a la cara lo que pienso de ellos, a pesar de que seguro que me dirían donde debo comprar la saliva. ¿Vosotros también soñabais que os tacaba la lotería para mandarlo todo a la mierda? Pues a seguir soñando, que eso si era soñar. *De Rosaura. -Para mensajes escribir a Joan@... *
No sé porque la luna se abalanza sobre esta noche de silencios tensos. Ignoro si fue ayer que los lamentos dejaron paso al duende de la danza. Puede que fuera en lontananza que brillaran los colores mas intensos. Puede que se quemen los inciensos ocultando el hedor de la matanza... Quizás será una lucha cruel a ultranza o borbotones de sangre en el inmenso. Puede que sea gris la lontananza incluso que huya a caballo del viento; pero jamás podrá tomar justa venganza, ni sabrá si es verdad, ni si te miento. *de Joan Mateu joan@... Mi viejo y los ojos*
Esos ojos grises leían y leían los tomos gigantes de leyes. Protocolos encuadernados de blanco, con fechas de cada año que se despedía. Su vida era el trabajo, examinaba atentamente con una lupa las firmas, antes de certificarlas. Los domingos, cuando casi todos descansaban. Algún vecino tocaba el timbre. Y preguntaba: - ¿Esta el Doctor? Le tengo que hacer una consulta-. Entonces mi viejo salía con su portafolio de cuero, los anteojos y el libro de actas. El quería que fuese escribana, pero yo de chica odiaba tanto los librotes, los certificados, los dominios y los" libre deudas". No me gustaban tantos papeles y lapiceras, quería ser distinta, no deseaba hacerme mala sangre como él. Cuando murió, paso algo muy paradójico. Comencé a escribir. De sus ojos me jacto de tenerlos parecidos. De su puño y letra me eduqué para amar mi trabajo. *de Azul. azulaki@... ERRANTES* Trizada. Como castillo en las arenas del recuerdo. Huye la tarde clara por la ventana abierta del cansancio. Ya ha partido el Hombre. Se ha llevado la precaria sombra de sus huesos. Se ha llevado mi primer latido, la llave de oro y mi valija. La bendición del pan y la rosa sangrante Mi resolana y la frescura del sombrero de paja. Con él se ha ido el silbido de un tango que se aleja Se ha llevado mis zapatos de cristal. Se ha llevado, Ay, se ha llevado mis anillos de agua. Nadie ha llegado todavía. Nadie des cubre la máscara de hierro. Los perros ladran al eclipse solar. Los cerezos revientan, lujuriosos, sus brotes. Los errantes miran los errantes pasos de una luna coral. Se acerca un barco. Un barco de papel y el tango "Sur" Y yo, sin mis zapatos de cristal, sin mis anillos. Ay. Sin mis anillos de agua. *de Amelia Arellano arellano.amelia@... Tardecita*
Profundo escarabajo De esmalte turquesa Eslabón del silencioso Cielo que hace flotar Las naves en el soleado río Más allá de las nubes Las estampas de pinturas De la naturaleza La inmensidad del aire Respira en armonía En las hortensias rosadas Y violáceas El abanico de un picaflor Retumba en los mansos pétalos De la tardecita.- *de Azul. azulaki@... CUANDO LAS RANAS CRÍEN PELO*
Mi padre, señor de amplia sonrisa, enorme puro, altura importante y sabiduría infinita, respondía a mis requerimientos y demandas más peregrinas con la frase aquella de "Cuando las ranas críen pelo"
- ¿Cuándo podré hacer un viaje a Japón? - Cuando las ranas críen pelo. - ¿Cuándo podré ir a pescar ballenas blancas? - Cuando las ranas críen pelo. - ¿Cuándo podré comprar un descapotable rojo? - Cuando las ranas críen pelo. Debo reconocer que las propuestas de tener un Zoo en el patio, saltar en paracaídas o ir de excursión a la Antártica, eran susceptibles de una respuesta como esta. "Cuando las ranas críen pelo" llegó a ser habitual en mi vida, lo que quizás indique que no escarmenté nunca en mis propuestas y que hacía de lo insólito la cosa más habitual. Por otra parte la sonrisa de mi padre, a la par que me daba el plazo de la rana y el pelo, me animaba a seguir intentando otras peticiones. Ahora tengo dos hijos y debo reconocer que cada vez que los miro veo una rana que lleva melena. *de Joan Mateu joan@... Del country en la estación Canning*
Siempre le gustaron las plantas y los jardines, y aunque también se daba maña para hacer arreglos de albañilería y así ganarse unos mangos con la changa, Néstor decidió que tomaría la podadora, la pala y el rastrillo para ganarse "el pan nuestro de cada día". Por esas cosas de la vida, alguien lo puso en contacto con las autoridades del Country "Arboleda del Monte" donde, entrevista mediante, tuvo que dar cuenta de sus habilidades cortando el pasto y arreglando el jardín de una de las casas, bastante descuidado después de algunos meses de ausencia vacacional de sus inquilinos. Su trabajo agradó mucho a las autoridades del consorcio, y muy pronto quedó contratado en forma efectiva para el mantenimiento general del predio. En un principio le costó acostumbrarse al entorno. La imagen de las casas recortadas contra el horizonte le parecía extraída de alguna revista de decoración que viera en la sala de espera del traumatólogo de su hija. Esos colores chillones que herían la vista, modeladas con el antiguo estilo de los ladrillitos de juguete, y unas puertas y ventanas que parecían construidas en plástico, aunque al tocarlas uno tuviera la desagradable sensación de percibir la consistencia y el sonido del metal. Néstor sentía cierto escozor al contemplarlas, como si fueran ajenas al lugar donde se encontraban. Pero la tarea era abundante, y con el correr del tiempo se fue tornando indiferente a ciertos detalles, concentrándose exclusivamente en los parques y jardines. Se fue haciendo conocer por todos. Y si bien le pagaban un sueldo fijo por mes, fue haciendo una diferencia al aceptar distinta clase de changuitas de parte de los residentes: cambiar el cuerito de una canilla, encolar una silla, reparar una ventana de enrollar. Tareas que hasta hacía unos años parecían impensables en un country, hoy se habían tornado cosa de todos los días. Había que contemplar la posibilidad de ahorrar unos pesos, con el dólar tan alto. Pero también recibía algunas donaciones, de ropa que los dueños de casa ya no usaban, o de libros que podían servirle para sus hijos en la escuela, elementos que agradecido guardaba en el carrito que arrastraba detrás de la bicicleta, y que generalmente representaban una alegría cuando llegaba a su casa. Apenas le servía la mitad de las cosas que llevaba, pero nada era despreciable; su mujer bien que sabía darse corte con la aguja y el hilo, y si no, su cuñado sabría vender bien los libros usados. Todo funcionaba en equilibrio. Néstor vivía cruzando el antiguo terraplén donde, casi treinta años antes, existiera la vía del Ferrocarril General Manuel Belgrano, que unía La Plata con San Eladio, y del cual hoy no quedaban ni rastros; los rieles y los durmientes habían desaparecido, robados por manos anónimas, o bien sepultados por el paso del tiempo. Cada vez que pasaba en bicicleta por aquel lugar, abundante de ralos pastizales, evocaba aquellas entrañables épocas de su infancia, cuando se escondía entre la maleza que circundaba la vía, para ver pasar aquellos imponentes trenes cargueros, arrastrando una fila infinita de vagones, transportando las más diversas y a la vez misteriosas mercancías. Recordaba con nostalgia ciertos juegos: cómo solía depositar monedas de cinco o diez centavos sobre los ardientes rieles de la tarde, esperando que el mastodonte metálico llegara en hora y aplastara con su potencia colosal aquella diminuta monedita, revoleándola en el aire y -en caso de encontrarla, luego del impacto- palpando la cruel curvatura que le había impreso a su superficie. Lo mismo hacía con las latas de conserva vacías que encontraba por ahí, contemplando luego con sumo interés el efecto devastador que podían producir tantas toneladas de metal lanzadas a toda velocidad. Ignoraba por qué, pero esas imágenes habían ido resurgiendo del fondo de sus recuerdos en los últimos días. "Me estaré volviendo viejo", pensaba, con una tenue sonrisa asomando entre sus labios, y la profunda sensación de evocar un pequeño fragmento de su vida donde recordaba haber sido feliz, sin preocupaciones ni dolores en el alma. Esas angustias que luego sedimentan en el corazón, provocando la -quizá inevitable- pérdida de cierta infantil ingenuidad. licaldima@...
Hasta que una fría tarde de invierno lo comprendió todo. Estaba casi terminando de quitar los yuyos de un cantero, luego de podar una planta que Miss Mary, la dueña de casa, ya no quería ver más, cuando vio llegar a Mister Steven, a bordo de su flamante Jaguar color azul. Se saludaron cortésmente, y apenas unos minutos después, Néstor lo vio salir otra vez. Se dirigió hacia el cobertizo, luciendo un impecable tweed bordeaux, contrastando con la circunstancial desprolijidad de las ramas de la planta recién podada, desperdigadas a su alrededor, y un par de minutos después regresó, cargando algo bastante pesado. -Néstor, ¿sería tan amable de ayudarme? -, preguntó al pasar junto a él. -El estudio está helado, y quisiera prender la salamandra. Él estuvo a punto de aceptar, como de costumbre, cuando vio lo que aquel hombre llevaba entre sus manos: un taco perteneciente a un aserrado durmiente de ferrocarril. Se quedó petrificado; un escalofrío le recorrió la espalda. Quebracho puro; como el que aserraban cuando era chico cerca de su casa, una vez concluidas las tareas de reparación del ramal, que no tardó mucho en cerrarse, ante la inminencia del cambio económico generado por la dictadura militar. El estupor se vio reflejado en su cara, porque Mister Steven volvió a pedirle: -¡Néstor! ¿Sería tan amable? Hace mucho frío acá afuera, y esto está muy pesado. Él actuó de manera automática; le quitó el taco de entre las manos y lo entró en la casa, dejándolo junto a la salamandra del estudio. Mister Steven le pidió que hiciera un par de viajes más, y finalmente, encendieron juntos el primer fuego. Una vez que comenzó a arder, Mister Steven encendió su pipa y le dio las gracias, además de un módico billete por el servicio. -Gracias -, dijo él, y señaló hacia los tacos restantes. -¿Dónde la consiguió? Es buena madera. -Me la vendió un pibe por acá cerca, a unos metros de la autopista. Dijo que la conseguía fácil. Era mucho más barata que comprarla en otro lado. Y por lo que vi, me pareció que prendería bien. Al salir, pleno de congoja, recogió sus enseres de manera mecánica, juntó las ramas con el rastrillo, limpió todo con rapidez, y se alejó. Mientras avanzaba por el parque, en las últimas luces de la tarde, reparó en unos juegos infantiles que regularmente había visto desde hacía meses, pero que recién ahora le llamaban la atención. Sobre todo, su estructura. Tanto en las hamacas, como en la viga del tobogán, o el conjunto entero de las vigas paralelas para colgarse, habían utilizado rieles de ferrocarril. Pulidos y sin óxido, pintados de diversos colores, pero rieles al fin y al cabo. Preservados de la muerte, más no de la rapiña. Desde esa tarde, aceptó muy poco, casi nada, de las tareas que pudieran ofrecerle como changa. Menos aún, las dádivas que solía agradecer con tanto entusiasmo, pensando en sus hijos. Notó que comenzaba a trabajar con menor entusiasmo, así como a faltar bastante, pretextando cualquier excusa. Y a pensar seriamente que debería buscarse otro barrio donde poder trabajar en paz. Bien lejos de Canning. *de Aldima Once*
Alejar lo sórdido (cercano a las vías) alejar los trenes la prisa la sed el temblor el miedo no pertenezco ahí soy gorrión en la pecera Algo en mí es irrecuperable algo en mi espalda algo que suavizaba mi boca algo que nadie tenía y atragantó tristeza Algo en la fatalidad del viento en el bullicio de gentes que no entiendo en esta urbe que hierve sin ver Algo en esa Señal increíble que no viste. Algo como subir al subte diferentes estaciones y elegir nuevamente entre quince el vagón correcto. Y verte y ver al mundo desnudo y saber que pocas veces que nunca que improbablemente haya una ternura tan brutal como la mía. *de Diana Poblet. soydian@... Me enredaré en tus brazos*
Me enredaré en tus brazos buscando tus cabellos alcanzando tus labios con calores de sol. Y en un galope largo colorearé tu alma descansando en la noche junto a tu corazón. Buscaré margaritas que poner en tus ojos dejándolos sellados, que no vean la luz. Y así inmersa en la noche sin brillos que distraigan haremos el amor con toda lentitud. Te quiero con paciencia, con arrobo, con calma; pero también te quiero con una gran pasión. Con prisas, con delirios, con ganas, con deseos, te quiero como a un sueño y la mejor canción. *de Joan Mateu joan@... JUGUETE*
Ana María fue una niña muy pobre, hasta a los quince años no se puso un par de zapatos, trabajó desde los seis para mantener a sus cada vez más numerosos hermanos. Aprendió a leer entre los doce y los catorce, trabajando de conserje en una escuela, espiaba las clases por la ventana, repitiendo en voz muy baja las lecciones; antes de limpiar el pizarrón tomaba restos de tizas y trataba de dibujar las letras, a los dieciséis ya fue capaz de leer una novela, todavía recuerda como le nacieron sus primeras alas. En ese humilde hogar, donde nadie se pudo dar el lujo de asistir a la escuela, mucho menos se podía soñar con tener un juguete. A los siete años, Ana María trabajaba en una finca a cambio del almuerzo y de una cantina con comida para sus hermanitos. Parte de sus funciones consistían en abrir y cerrar el portón donde las crías de ganado aguardaban a que terminara el ordeño para ir a alimentarse. Un día llegó un nuevo inquilino a la granja, un potro precioso, apenas separado de su madre. Ana María quedó encargada de su cuidado. Enseguida tomó un inmenso afecto al potrillo, que le hacía mil mimos mientras ella lo cepillaba y acariciaba su suave crin. Le puso por nombre Juguete, ya que nunca tendría otro que aquel. Pronto comprendió, que aunque el amor que sentía por su madre y hermanos no mermaba, el que profesaba por el caballito era cada vez mayor. Cierta vez, en su casa, escuchó a la madre y a una de sus tías hablar de una prima, ya adulta, que estaba de novia con un campesino de la zona. Los comentarios versaban alrededor del muchacho, muy bueno, trabajador, honrado, que la quería mucho... - Yo también tengo un novio, es muy bueno y me quiere mucho - dijo de pronto. - ¿Y quién es, señorita, si se puede saber? - le preguntó su madre. - Un caballito de la finca donde trabajo. Los mayores prorrumpieron en risas sin darle otra explicación. Tuvo ella que preguntar al dueño de la finca qué había en su frase que motivara tantas burlas, él le explicó que las personas se hacen novios solamente de otras personas, como los gallos de las gallinas, las vacas de los toros, los caballos de las yeguas... Convencida entonces de que su amor, si bien muy fuerte, era de otra índole, siguió cuidando de Juguete. La noticia de que debían mudarse a un pueblo bastante alejado y por tanto, debía dejar su trabajo en la finca y buscar otro, la golpeó una noche con toda su fuerza. Por ser la mayor, tuvo que ayudar en la recogida. Mandaron a uno de sus hermanos con el recado, ella no pudo siquiera despedirse del caballito. Pero la nostalgia la corroía por dentro. Un día no pudo más, y en vez de ir a la casa donde ahora trabajaba, comenzó a desandar el largo camino que recordaba haber cruzado para llegar a esta nueva casucha donde ahora su familia intentaba salir de la miseria, sin comprender que era el mismo mal, apenas cambiando el rostro por otro tal vez más triste. No era lo mismo en carreta que andando, los pies se le ampollaban, llenándose de pequeñas cicatrices, pero la voluntad de ver por última vez a su amigo color canela era más fuerte. Finalmente, al caer la tarde, atravesó un naranjal y divisó la finca. La encontraron en la puerta, transida de dolor y cansancio. El dueño de la propiedad, un campesino recio que había llegado a tomarle afecto, la llevó cargada para el interior, lavó y curó sus pies y le dio a beber un vaso de leche tibia. Cuando la vio más recuperada, le preguntó que hacía allí, tan lejos de su casa. - Vine a despedirme de Juguete. El caballito había sido vendido. El dolor de la niña fue tan fuerte que sintió que algo la atravesaba por dentro, como un puñal, y perdió el sentido. Esa misma noche la devolvieron a su casa, uno de los peones de la finca la llevó en una carreta. La golpiza fue doble, de la madre, por haberse marchado sin decir a dónde iba, del padrastro, porque había faltado al trabajo y ese día no habría paga. Pero estos dolores no importaban, porque uno mayor anidaba en el interior de Ana María, para no abandonarla nunca. Juguete, con sus alegres corcoveos y su enorme cabeza apoyada en su hombro, que apenas levantaba un metro del piso, le había hecho descubrir el amor, la pérdida, el abandono, y ahora se resistía a mostrarle el camino del olvido. *de Marié Rojas Tamayo (Del libro "De Príncipes y Princesas", editorial El Far, Mallorca, 2006) El ciego*
tuve que cerrar los ojos para explicar el sol lo envolví en cada pupila encandilada y mientras los sones iban dibujando sus colores una voz me llamó con la mirada puso sus manos sobre mi garganta y entendió que el sol abrigaba que en las pestañas cerradas cantaba el sol con las manos el infinito idioma de los pájaros *De Ana analia_gattasz@... Revolviendo la maleta salió tu verso*
Revolviendo la maleta salió tu verso. Entre calcetines, pañuelos y ropa aparecieron tus besos No sabía lo que era y los tomé con las manos en silencio los miré despacio y los puse en mi boca un momento Vi que eran tus besos y con ellos, tu aliento que pusiste en mi equipaje para seguirme queriendo. *de Joan Mateu joan@... POEMA DES-UNIVERSAL*
Todas las noches, todas, la higuera sombría de mi huerto se ilumina en mansedumbre de palomas y florece, callada, florece alegremente. No es cualquiera. Es esta, la de aquí, la que escucha, el secreto silencio de mis pasos. Amanecido y loco, el viejo nogal se despereza en cruz extiende sus leñosos brazos para que tres niños -cuánto los amo, cuánto- viajen en su ramaje, en sepia retornando. No es cualquiera. Es este mi nogal-aguaribay y mis dos universos hecho uno. Plena de amaneceres. Sonámbula caricia me despierta y la mano es su mano, y la voz es su voz. No es cualquiera, es mi hombre, el de aquí, al que digo y proclamo alumbrando los ojos del poeta sin luz "No solo amor me une, sino también espanto será por eso que lo quiero tanto" Es esta mi comarca. Única. No repetida. La del abrazo de árbol donde renazco y muero, en donde, sobre todas las flores del universo entero, la bella, mas bella entre las bellas, es la flor de mi higuera. *de Amelia Arellano arellano.amelia@... *
Gigantes vacíos. Con esas camionetas de acelerador a tormenta que valen más de cien salario obrero con esas varietales camisas que nunca sudan y mudan al cambio con ese aire de cobre en alforjas y esa protección inacabada urgueteando para encontrar aunque sea un ángel negro a blancadientes muerden el labio superior diciendo que la única no puta es su madre con esas manía de cagarte hasta el día de la muerte con ese perfume de infierno y simulacro apretón de manos falsas y un quiebre diminutivo con ese alfajor que olvida infancia compartida con esos me debo deber un trato dejarle un sinfónico poema sin la pólvora maldita que ellos recogen en las sombras *de Ricardo Mastrizzo. Latidos*
Cada pueblo tiene su propio ritmo; su ritmo de caminar, de trabajar, de poner la mesa. Los movimientos les son propios como lo son el lenguaje y la música, ese otro lenguaje que quizás venga de la gente, quizás de la tierra y del paisaje que brinda.
En Japón he visto las artes marciales que se repiten en la forma de golpear los tambores, de bailar esas danzas que aúnan la lentitud y una contenida violencia, en los sonidos breves y guturales. La misma tensión entre lo estático y la rapidez extrema. Las enormes banderas son agitadas por figuras inmóviles, la precisión de las ikebanas de proporciones perfectas, la belleza de los jardines, la posibilidad siempre del horror y sin embargo la infinita paciencia; la habilidad aprendida, ejercitada y trabajada de un hombre que mezcla la tinta, que con un pincel escribe, dibuja, pinta la palabra como quien hace una señal definitiva. Hay un ritmo, una marca, un acorde que abarca cada cultura y le imprime las notas y los silencios. Una mujer daba a luz. Rodeada por su hijo, su vecina, su marido, daba a luz. En el suelo estaba la mujer, sobre un colchón delgado. Ella misma pujaba con un canto rítmico, todos la acompañaban y el acto de dar la vida de traer la vida era una canción. El niño encontraba el aire y el afuera traído, recibido, acunado ya por las voces y los sonidos que lo arropaban y le daban desde el inicio el ritmo de su pueblo. La canción rítmica que se repite en lo cotidiano. En los pasos retumbantes de las sandalias de madera sobre el pavimento, en el ritmo de la danza de cuerpos que se deslizan y de pronto acaban en una pose de estatua, en el ritmo vertiginoso de la oración que también es comunitaria, y que crea la epifanía del ritmo de la vida que se repite circularmente. Cerca del suelo, siempre. En comunidad. Y serán las sandalias, el martillito de metal que guía los rezos, los pujos de una parturienta; será la música, el ritmo, será la vida la que marque sus compases. Y mientras tanto las historias son las mismas historias. El que muere, el que nace, el que crece y cambia, el que de pronto conoce una verdad oculta. Así como imagino una voz distinta para las diferentes multitudes, una melodía propia para los paisajes de montaña, para los lacustres, para la selva. Así como los ojos rasgados del oriente y los ojos acuosos del norte. Así como el sustento con maíz y batata o con arroz y verdura. Así como el sentido de lo cíclico o la creencia en una direccionalidad en la historia. Así como todo eso crea culturas diversas, los ritmos se ajustan a los pueblos, los expresan, los definen. Y con su propio ritmo todos los seres humanos bailan, nacen, mueren. Sinfónicamente algunos, algunos discordantes, algunos solos. Todos, todos, llevando los compases heredados, aprendidos, amados u odiados. Cantando, si tienen esa fortuna, su propia canción. *de Mónica Russomanno. russomannomonica@... EL PROFETA VUELVE A SU TIERRA*
Maradona vuelve a villa Fiorito para las cámaras de varios canales, para las fotos de diarios y revistas. Firma pelotas de fútbol, firma sobre camisetas, ídolo, grande el diez.
Lo que tendría que hacer, si tuviera conciencia, es aprovechar ese liderazgo para decirles: abuelos, padres, hermanos, hijos de la villa, no quieran hacer de los niños futuros Diego Armando Maradonas, porque de millones que se esfuerzan en intentarlo puede llegar uno, si llega, y la frustración de todos los demás se impregna y expande toda la vida. No lo intenten, es muchísimo más lo que pierden que lo que podrían ganar. Levanten una escuela de artes y oficios; aprendan a hacer ladrillos, blocks, aprendan a levantar paredes como albañiles. Aprendan a cortar madera, a ser carpinteros. No van a ser genios o ídolos mundiales pero van a ganar su modesta dignidad y ayudarán a sostener una familia y eso no tiene precio. No compren nada importado, por barato que sea. No consuman droga, tabaco ni alcohól. Aprendan a fabricar cosas en cuero, aprendan a cortar vidrio y a colocarlos en las casas, aprendan el oficio del vidriero y ganarán modesta dignidad para toda la vida. No se roben entre ustedes, no se mientan, no se violen. Aprendan a leer y escribir, no pierdan el tiempo matándose unos con otro en la tribuna de las canchas, o siguiendo los partidos por la tele, aprendan a arreglar radios y televisores, aprendan a hacer pantalones, camisas, pañuelos, hagan su propia ropa, compren lo que fabrican otros de su barrio, aprendan a arreglar bicicletas, triciclos, cañerías, a reparar motos y autos, aprendan a pintar, a criar conejos o gallinas o a hacer panales de abejas. Hagan toda clase de cosas útiles con sus manos, estudien de maestro, de jardinero, de horticultor, de pescador, de chofer. Aprendan a hacer comida, aprendan a arreglar zapatos, aprendan a quererse a ustedes mismos, no se hagan militares ni policías ni pastores evangélicos, por el amor de Dios. No adoren al ídolo, no levanten santuario si me muero en accidente por ahí; emborracharse no es festejar, no fumen paco, no sean camello o mula del traficante, no sean matón a sueldo de nadie. Hagan con sus propios brazos su dignidad, sientan orgullo por su humilde hogar, una villa no es menos civilizada o humana que el centro de Tokio o de New York. El amor no está más adelantado en el vaticano o en Jerusalén, que en el corazón de cualquiera de ustedes. No crean en promesas de punteros político-electorales. No me amen a mi, no amen mi foto o mi fama, amen a sus abuelos, a sus padres, a sus hermanos, a sus vecinos, entrénense todos los días en amar, concéntrense, ganen ese campeonato mundial del amor, ganen esa copa de héroes o campiones anónimos de cada día trabajando dignamente con sus manos No esperen que venga Papá Noel o Maradona a tocarlos con la mano de Dios, ustedes son el cuerpo vivo de dios, villa Fiorito es el cielo y el paraiso, no la pierdan. Hoy es el día, hoy es la vida, hoy es el futuro. *de Rubén Vedovaldi. RubenVedovaldi@... Toño*
Toño tenía diecisiete años y seguía virgen. En un pueblo de campo donde a los catorce las muchachas son madres, era una rareza. Como si fuera poco, el padre lo encontró deshojando una margarita. decidió llevarlo esa misma noche a un burdel para que conociera el amor de mujer. No había luchado tanto por tener un hijo macho para que al final le saliera rarillo. Buscó a Milú, la prostituta de más experiencia, y la llamó aparte. "No solo me preocupa que sea mariquita, tengo miedo de alguna enfermedad cerebral. estaba haciendo cosas románticas con flores". Sin decir palabra, Milú se lo llevó para el cuarto. Al día siguiente no hubo manera de sacarlo del burdel, había probado el dulce y aún tenía hambre. "Tranquilo, está fuerte como un toro y con el empuje de l |
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