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EDICIÓN JULIO 2009.   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #210 de 226 |

Plegaria*


Abrázame con precariedad,
con la premura de la despedida.
Sígueme  con la partitura de tu música
Quiéreme   cristal, agua, mariposa, viento
Con-vida al   amor
cuando mis labios saboreen tu  secreto
y  te bese deseante.
Abrázame entre mis amigos, mis enemigos
entre mis amores,  en el desamor,  las despedidas,  el pesimismo,
deshabitada, abandonada, en los sueños, entre corales y gaviotas
Humedece mi  piel  con, menta, chocolate, miel,
 perfume de rosas con roció del alba,
Moldea en mi la  inquietud y la espera  de la pantera
Despiértame en el hastió, alcánzame en la  distancia
Acuna en tu vientre al que no te desea
Abrázame para que te abrace y le nombre
Trátame con ternura cuando la noche llegue y   cuelgue de ti como el niño
que fui
 A pesar de todo..
                abrázame  vida, siempre abrázame.-


                                                                    
*de Maria Elena Buroni. mariaelenaburoni@...
 
 
 
 
 
 
 
SOÑANDO SUEÑOS DE TRAPO*
                                  
 
 
*Cuento de Eduardo Pérsico. epersic@...
     
 
  Mi viejo y tres amigos armaban la tipografía y en una antigua Minerva imprimían unos volantes a repartir lejos del barrio. Una tarde que entramos al taller con el mate y las medias lunas, los cuatro buscaban resumir que el enemigo nos llenaba a cada uno de egoísmo, un arma impiadosa con la solidaridad. Sin esquivar alguna broma, entre ellos llevaría su tiempo conjugar con brevedad la idea y al irnos mi madre les cuestionó el término enemigo, por estridente. Ella prefería que cada renglón fuera una voz de papel y no panfletos estilo 'madrugada y fábrica sería lindo si nos explotaran menos'. Y menos en época de condecoradas arengas, advertencias a la población y aguas revueltas que exigían hablar en un murmullo.

                 Hincar los dientes sobre el hueso del tiempo puede ser un ejercicio que aterra y atrae a la vez, que dicho así suena a retórica sentenciosa pero es un modo de empezar. Más bien, mis primeros rastros parecieran diluidos en su índole, estribaciones de la memoria o cadencia condenada en sí misma; aunque podría ser la voz sin después de mi madre, furtivo rescate que se esfuma sin retorno o el cosquilleo que sorprendiera mi mano en la inicial caricia al lomo de un caballo. Aunque de aquel recuerdo  dudo bastante por parecerme una desvaída rememoración recibida en la sangre; mis padres habitarían rumor de caballadas, chasquidos de rebenque, ecos de inundaciones suburbanas y silbos vigorosos de trasnochados compadres. Ellos venían de raíces que se iban licuando, inexorables, aunque
aún defendían cada palabra de  acercarse al resto de la gente. Y así mi viejo compartía con tres o cuatro 'el tiempo superado es una sombra astuta como una desmemoria de sumergidas lluvias, una intuición apenas de ronda planetaria, cegadora de rostros borradora de nombres'.
 Yo hubiese preferido que mi viejo no muriera en un hospital por una angina cualunque, pero y al fin de tanto repaso, entre mis primeros recuerdos brilla un tren allá abajo con sus ventanillas  iluminadas en el corazón de una noche lluviosa y mis ojos reinventando aquella imagen tras la ventana de mi casa. ¿Y cómo era aquel rincón del mundo costeado por las vías, mi lugar cuando pibe sin vereda de enfrente? Un  recuerdo difuso, pero en la escena brilla un tren chocante sobre sí al arrancar, y luego sus vagones serían veloces fotogramas a esfumarse cual un barco en enigmas de penumbra. Y esa escena cautivando mis ojos tendría un prisma diferente en el asombro, y alumbraría mejor ese muestrario fantasmal de seres infecundos, de rostros ausentes y doblemente solitarios en el silencio de voces humanas en los trenes de la madrugada. Cuerpos llevados por la noche como rehenes de un destino inviolable y al ser uno más, comprendí mejor las voces de papel de mi padre y sus tres camaradas que se llevaron las aguas revueltas del setenta. Tipos dispuestos a imprimir 'los últimos serán los primeros en morirse de hambre', y 'el mejor negocio de los ricos es una pelea entre los pobres'.

        Mi madre, fervorosa de la moderación apreciaría 'al entender que éxito y egoísmo son sólo sueños de trapo, ya habremos perdido la última sonrisa', una oración que para mi viejo y sus amigos ya era una moralina frente a los ataques y escondites del enemigo, dentro de nosotros mismos.
(junio 2009)
 
 
*Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
 
 
 
 
 
Faltan piedras*

 
 
Salíamos a la calle a jugar a fútbol con una piedra como pelota y los agujeros de las alcantarillas como porterías. Con cada gol se perdía una piedra, pero no había problema, en la misma calle encontrábamos fácilmente otra.

Mediante un cordel cualquiera, trenzándolo hábilmente y añadiéndole un trozo de tela, o en su versión de lujo, un pedazo de cuero, construíamos una honda y con otra piedra disfrutábamos dándole a todo aquello que no apuntábamos. Con una rama debidamente pulida con la navaja y machacando con una piedra la varilla de un paraguas hacíamos un arco terrible con el que disparábamos a los enemigos de la otra banda del pueblo.

Estaba claro que nuestra base para construir juguetes eran las piedras. Pero hoy en día las piedras han desaparecido de las calles y los niños deben ingeniárselas con otro tipo de juguetes. No es que no tengan imaginación es que les hemos quitado la materia prima.

Pongamos piedras en las calles y así evitaremos los chats, las aburridas play stations, los robots de tercera generación y los aburrimientos supinos de nuestros hijos.


*de Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
 
 
 
 
ESPEJO*

 
 
Voy a contarte todo.
Para que sepas algo de tu especie de tierra.
Para que no me olvides.
Yo, no tengo recuerdos, ni peces, ni banderas.
No tengo olvidos, de simios, de manzanas.
No llevo báculo, ni cruz.
No se de donde vengo, menos adonde voy.
 
Te  sorprendí en remolinos polvorientos.
Tropecé con la huída de otros muertos.
Asistí a tu primer nacimiento.
Observé el primer alegato de tu tajo.
Lloré contigo poniendo nombre al alba
Resolvimos la teoría del binomio.
Desciframos  tus huellas dactilares de ave y saurio.
Vi  como te crecieron las uñas.
El pelo, los pies, la indefensión.
Oímos voces que venían de otras voces.
Yo fui el primero.
Áspera cizaña. Torpe milagro de los médanos.
Seré el último testimonio de tu reloj de arena.
Tú, volverás al polvo.
Yo seré Cristo. Gilmamesh. Siempreviva.
 Acaso... espejo.
 
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 
 
Indiferencia*
 
 
Lloro por lo que soy
Por lo que fui
Y lo que quisiera ser
En la lágrima de pulpa salada
Las persianas de mis pestañas
Refuerzan el grito del desaliento.

En el recuerdo de un pasaje
Mucho más placentero y dúctil
El viento se ha tomado un respiro
Me ha dejado sola en el desencuentro
De tus pensares y mis deseos.

Si no percibes mi llanto
Si no entiendes el malestar de mi agonía
Te ruego amado mío
Que sigas tu camino y
Yo seguiré el mío.
 
 
 
*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@...
 
 
 
 
 
RITUAL DEL TIEMPO*
 
 
El sol cumple su ritual, lo vemos
a través de nuestro tiempo,
le damos el tono del abismo
o el arco iris hecho resplandor
en sueños.
¿Qué todo es igual?
Es imposible porque nunca
apoyamos nuestro pie
en la misma huella,
al desear "buenos días"
el tono cambia según el instante
y el estado de la casa interna.
Lo mismo el ir a la meta,
no es siempre lineal,
da muchas vueltas.
Si sabemos ver
los árboles saludan
cuando al pasar
rozamos su sombra
y un pájaro canta en nuestro honor.
¡Cuántas ofrendas!
Somos como el arroyo
que a cada minuto alberga
agua nueva en su cuenca.
 
 
 
*de EMILSE ZORZUT. zurmy@...
 
 
 
 
 
*
 
 
No es mi mano. No. Es la palabra
            habitándola.

Ella se dice a sí misma desde el pié.
Yo, sólo la escribo
        una y otra vez.

Su voz no posee sonido. Es solo un trueno
que desbarranca toda certeza
y me abraza.

        No es mi mano. No. Es la palabra.

 
*de CACHO AGÚ. cachoagu@...
 
 
 
 
 
 
 
FOTOS RABIOSAS*

 
"La injusticia no es anónima,
tiene nombre y dirección."
BERTOLD BRECHT
 
 
Una cámara. Un doloroso flash. Un poema.
Fotos rabiosas.
Realidad congelada.
Niño con ombligo de hambre.
Palomas alquilando sus alas.
Hombre de vidrioso color vino.
Arcas llenas, ollas vacías.
Parajes heredados, piedras penitentes.
Pechos con anagramas de todas las tristezas.
Telar  roto.
Mujer golpeando en aspas de furia.
Mí ahijado sin changas y el granero ardiendo. 
Mi compadre sin changas y su yegua moribunda
Mi comadre anémica y  su niño muerto.
Fotos barrocas. Fotos "barrosas"
 
Un moderno Guernica.
Fotos en blanco y negro.
Está el toro, el caballo, la paloma.
El sol y la mujer que sostiene el farol.
Están tus hijos, los hijos de tus hijos
Estas vos, estoy yo

Fotomontajes. Sondeo de opinión.
Fotos rabiosas.
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 
 
EL AMOR*


Es una cortina,
una niebla densa,
a veces espejo
con cosas deseadas
o estrellas fugaces
que tocan montañas...
Se nos van los miedos,
brillan esmeraldas
dentro del ensueño
que dice "por siempre".

El tiempo implacable
disipa la niebla,
corroe el espejo
que sólo refleja
lo que nos lastima;
no hay piedras que brillen
y crece el "nunca".
El amor no muere,
se convierte en lluvia.

 
 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 

 

 
 
 

 
LLUVIA DE MARZO*
 
 
1
 
Inmerso estoy
en esta llovizna
que de ningún modo
puede llamarse
pasajera.
Es otoño
sin embargo
pero esa persistencia
del ocre
subsiste aún
lacónico
empapado
silencioso
hasta donde puede
serlo esta agonía
de marzo.
El pueblo
es un animal
dormido y húmedo
Por no decir
cubierto
por la inclemencia
del agua.
Sólo un camión
lo cruza
con sus faros
Y su motor ruidoso
que barrena
el sueño de la gente.
                                          
 

2
Ante esta lluvia
que arrincona pájaros
qué puede uno hacer
sino mirar
por la ventana de vidrios
empañados
cómo el silencio
de la madrugada
pasea su orondez
sin más remilgo
que el del pinar
sobrecogido
como quieto monje
cargado de paciencia.
                                           
 
3
 
Nadie sucumbe
en un marzo
entero
como hoy.
Lo que sucumbe
es el sueño
porque la lluvia golpea
con sus mil patitas,
sobre el techo
de un cinc paciente y entregado.
Nadie se mueve hoy
porque al escapar veremos
las hojitas nuevas
verdes
estallantes
moviéndose en busca
del sol que nacerá de nuevo.
                                             
 
4
Entramado el aire
con las ramas y el cielo
la lluvia penetra
como un relente
limpio
bajo los remolinos
turbios
bajo los troncos chorreantes
en los árboles
donde mueren
los insectos
y la última araña
huye con su tela
destruida.
con su inevitable
sin saber
que hacer
en esta furia del cielo
hasta hace poco tan
límpido y perfecto.
                                            
 
 
5
 
En la cornisa
de marzo
silencia el mar
sus arrebatos
en esa playa sucia
donde una botella rota
espera inútilmente
la visita de las algas
hasta que el sol
se filtre
por esos vidrios
que nos protegieron
de aquella madrugada
que la arena sepultó
                                         
 
6
 
Estoy tumbado
bajo la luna
de agua
como ese arbusto
que recogió las gotas
caídas en la noche.
                                      

 
7
 
Ya no entramos
a las ciudades
con la paciencia
ardiente.
 
Ya no asaltaremos
ni la ilusión
ni el cielo.
 
Apenas viviremos
atados a ese recuerdo
niño
que sólo se agiganta
en la memoria.
                                   
 
 
8
 
A lo mejor
el aire
brotaba de luces nuevas
y esa torcaza
era
una ilusión
de marzo.
A lo mejor
los peces nadaron
desovando en la corriente.
A lo mejor
mi canto erguía
tallitos nuevos
acobardando otoños.
                                      

 
9
 
Un ardiente sol
cae en la tarde
rueda
como una naranja
por las calles
captura sombras
papeles sucios
marquilla de cigarros
un ronco amor
que llora de rodillas
                            

 
10
 
Un tero salta
con un grito
en la mañana
de marzo.
un hornerito
llama a su compañero
y le pide atención
una gaviota blanca
se clave en la altura
celeste
un vientito fresco
arrea
vilanos de cardos
en flor
y los va dejando
sobre el campo verde
verde
que traga mariposas
blancas.
 
 
 
*de Jorge Isaías. jisaias46@...
 
 
 
 
 
ESCARCHA DE LUNA*

 
"Mientras avanzábamos raudamente, veía que el campo giraba como un enorme disco iluminado bajo la luna llena, plateado por la escarcha..."
 
 
Mamá me entregó un bolso con la ropa y otras cosas y me acompañó hasta el portoncito batiente de la entrada.-
El portillo estaba flanqueado por los dos altos y lozanos cipreses, que semejaban un poco, a dos verdes, gigantescas, y estilizadas espigas; que montaban guardia permanente, vigilantes y quietos, rodeados por un florido conjunto de  plantas y plantitas del jardincito del frente.- En él resaltaban profusas las enhiestas y copetudas crestas de gallo, de flores verrugosas y aterciopeladas de un furioso color carmín.-
El camión azul deslucido de mi tío estaba en marcha y él aguardaba en el volante a que el motor se calentara.- Yo le di un beso a mamá y corrí dando un rodeo para subir por el otro lado.-
Se terminaba la tarde y comenzó a refrescar de golpe.-
El sol, como un disco gigante color naranja pálido, bajaba sobre la quinta de naranjos que daba al oeste, y el cielo se había pintado del granate al rojo intenso; mientras algunas pequeñas nubes amarillentas y oscurecidas se recortaban con ribetes iridiscentes, como ovejas deformes pastando en un campo en llamas.-
-Mañana va a helar- dijo mamá, despidiéndose, mientras nos poníamos en marcha.-
Me sentí en la gloria.- Un vaho tibio se respiraba dentro de la cabina, emanado por el motor; tenía aromas de aceites cálidos y tan tenues que eran como un perfume metálico, agradable y reconfortante.- Además, iniciar este viaje con mi tío era para mí un sueño.-
Cruzamos el pueblo, el puente y la ciudad vecina, ambas aún con calles de tierra, y salimos a la ruta, también de tierra.-
 Enseguida cayó la noche y la oscuridad fue cercándonos.- Los faros del camión iluminaban temblorosamente una porción no muy grande delante y un poco a los costados del camino, bañando escasamente de amarillo una pequeña mancha dentro de la inmensa noche cerrada.-
Mientras, el ronroneo del motor iba quedando atrás con el camino recorrido; dejando a su paso un eco debilitado que rebotaba en los costados irregulares y nos iba persiguiendo junto con la noche.-
Pese a la dicha que sentía, me fui durmiendo sin darme cuenta, acunado por el  vibrar suave y parejo, y el regular sonido de la marcha que nos envolvía...
Hicimos así la mitad del camino.-
Me desperté al sentir que el camión disminuía la velocidad hasta casi detenerse y el traqueteo de las ruedas sobre los rieles al cruzar las vías del tren.- Un poco más allá mi tío se estacionó ante una casa o un tipo de negocio que daba a la calle.- Luego vi que tenía un alero pequeño que sobresalía sobre un surtidor de nafta, de los de aquella vez, altos, con un remate redondo como un caramelo, o una almeja, y una gran palanca con la que bombeaban el combustible.-
Por la puerta abierta y por la ventana salía una larga porción de luz que daba un farol muy potente que se conocía como "sol de noche"; y blanca y luminosa cruzaba la calle y alumbraba la garita del guardabarreras del ferrocarril cerca de la vía.- Sentí voces, y vi pasar gente en la ventana, e incluso algún  chico jugando, quizás más adentro.-
Mientras esperaba a mi tío, y terminaba de despertarme, pensaba en esa casa y en esa gente, que en verdad no conocía, ni conocía el lugar, y en realidad tampoco sabía mucho sobre en qué parte del camino estábamos, y hasta pensé que, tal vez habríamos llegado.-
¿Cómo sería la casa de mi tío? A mis escasos nueve años era la primera vez que iba.- Cada tanto mis primos venían a casa, ya que el negocio se proveía con estos viajes que eran frecuentes, y este coincidió justo con la feria escolar de invierno, así yo al fin puede colarme.-
Mi tío volvió y el motor ronroneó de nuevo...
Ahí fue cuando me informé que estábamos a mitad de camino, de modo que enseguida reanudamos la marcha.-
De cuando en cuando él encendía un cigarrillo, lo ponía en la boquilla y fumaba quedamente.- Las caprichosas espiras de humo azul, como danzantes arabescos, alcanzaban a cautivarme antes de desvanecerse en el interior de la cabina.- Cuando terminaba de consumir el cigarrillo, solía mantener la boquilla vacía largo rato entre los labios, y así la sostenía, incorporada y firme, casi todo el tiempo.- Decía que era un buen truco para fumar menos.-
 Yo lo veía recortado contra la penumbra exterior, junto con el resto oscuro de la cabina, donde apenas brillaba tenuemente una pequeña luz en el tablero, casi espartano, propio de los modelos de entonces, de antes de- mediados de siglo.- Lo veía pensativo y al mismo tiempo tan sereno, que me cohibía molestarlo o interrumpirlo en sus cavilaciones; hasta que él mismo vio que yo estaba despierto y abrió el fuego con una gran sonrisa, y con un gesto cariñoso soltó el volante y con la mano derecha me revolvió el cabello...
Charlamos larga y despaciosamente, mientras el camión devoraba raudamente buenos tramos del camino.-
En realidad hacía apenas cuatro años que se habían asentado en aquella colonia casi virgen, de grandes campos, montes y bañados.- También otros colonos habían hecho lo mismo por aquel entonces y se formó una población considerable, además les estaba yendo bastante bien a todos, así que mi tío estaba agrandando sus negocios, y aparte de vender y fletear mercaderías y comestibles, vendía insumos para el campo y estaba iniciando el acopio de cereales y ahora también algodón que estaban comenzando a sembrar como una novedad en aquella latitud agrícola.-
Por largos ratos quedábamos en silencio, ensimismados  cada uno en sus cosas.- Yo mismo trataba de imaginarme cómo sería todo lo que me esperaba, lo que aún no conocía, e iba quedando cada vez más cerca.-
 De reojo veía que mi tío de cuando en cuando tarareaba una canción en voz tan baja que casi no estaba seguro que estuviera cantando.-
 Además la soledad de tremendos contornos me intimidaba por momentos.- Ahora cruzábamos cerrados e interminables montes que reconocía a nuestros costados y escondidos arroyos que se reflejaban entre la negrura, y la luz de una luna que nacía frente a nosotros.-
Pero tenía mucha confianza en él, mi tío era también mi padrino y lo veía como a un héroe, un verdadero paladín.- Lo que no estaba al alcance de mi padre, él lo haría accesible, sin dudas, porque sabía que me quería bien.-
Mi padre y él tuvieron suertes diferentes.- Mi padre vino de Italia de niño y la vida lo trató muy duro.- Desde pequeño tuvo que trabajar como único sostén, ya que quedaron huérfanos de padre recién llegados de Europa, y apenas nacidos los hermanitos más chicos.- Mi tío era el más joven y accedió a todo más fácilmente, un poco quizás por ser el menor.-
Estábamos llegando.- Doblamos el último tramo.- Se había alzado la luna, grande y ovalada.- La teníamos ahora a la derecha y me permitía ver los grandes campos que pasaban corriendo, más fuerte acá cerca, y los grupos de árboles y casas más lejanas apenas se iban moviendo.- Parecía que todo girara como en un plato gigantesco, teniendo como eje la luna, mientras bañaba todo con su luz pálida y platinada.-
La casa se me apareció entre una extensa arboleda de variados tamaños, negra a trasluz, donde se recortaban altas grevileas y pinos; y los techos metálicos se reflejaron fríos y blanquecinos por la escarcha recién caída y la luz de la luna.-
Lo demás estaba en tinieblas, pero enseguida hubo linternas y luz en la cocina, y un par de perros alegres que aullaron y corrieron atropelladamente a saludarnos, antes aún que los demás de la casa.-
Así llegué aquella primera vez a aquel lugar, que tanto significaría para mi de ahí en más, especialmente en el transcurso de mi niñez.-  
 
 
 
*de Celso H. Agretticelsoagr@...
 
 
 
 
 
 
Aún Sigues Haciendo Latir mi Corazón*


 
Entre sangre y arena
El cálido bullicio de la tierra
Se confunde con uno que otro gusano.

Y si digo que lo hice no es que aún lo haga,
Pero lo intento;
Pues sigue confundiéndose aún con el viento.

En otros tiempos pensaba en ti,
Dios sabe que lo hice.
Mientras tanto,
Este descanso
Me sigue entreteniendo
Entre uno que otro gusano.

Y decía que solo era uno que otro
Por no decir que eran más;
Aunque es entre ellos que corría mi carne
Y se iba a pequeñas mordidas
Como de miradas que hacía en otro tiempo de ti.

Aún cuando parece haberme llegado
El momento de ya no sentirte,
Todo esto se confunde entre arena
De olores mojados.

Si así lo digo no sé por qué lo haga,
Pues siempre me dijeron
Que los muertos no dicen cosa alguna
Después de darle a uno
Explícitamente
La instrucción de descansar en paz.

Solo que el que extraña,
Aún extraña cuando ya se ha ido.
Y es que muerte así sentida,
Ni es tanta muerte en realidad.

 
 
*de hugo ivan cruz rosas  quetzal.hi@...
 
 
 
 
 
El hombre que no soñaba*

 
Un día Freud se encontró con un ser de piel amarillenta y opaca. Estaba sentado bajo un árbol, formaba parte del paisaje en la quietud del atardecer.
Al acercarse, este señor investigador le quiso hacer cosquillas para que sonriera o diera alguna señal de su vivacidad. Le acercó lentamente su pipa, para que saboreara el olor a tabaco. El  hombre, sentado, no lograba dar una respuesta de insatisfacción o placer.
Intrigado por esa conducta tan extraña, le preguntó delicadamente ¿que le sucedía?
 En un escaso vocabulario, esa figura tan efímera, le relató que había perdido sus deseos.
 No tenia ganas de correr ni de caminar. Sus enojos y  emociones y toda su personalidad se la habían arrancado desde lo más profundo de su ser. Le explico fugazmente,  que cuando era muy pequeño, un ave de rapiña se había posado en su frente y sin estar al tanto de lo que le ocurría,  descubrió, mas tarde, que acarreaba  un maleficio:  le había sustraído todos sus deseos.
Freud llego a la conclusión  que ese individuo no podía fantasear. Le faltaba el enigma de su propia existencia, de su singular verdad...
Se pregunto entonces ¿podría llamarse hombre a ese ser en el cual no existían huellas de sus sentires? o ¿era solamente un robot? o ¿una sombra?
No alcanzó analizarlo,  ya que no tenía recuerdos infantiles ni anhelos que lo anclaran a un mundo interior propio y atractivo.
 Lentamente, el explorador de sueños, se fue caminando, pensando,  qué seria de ese ser en el cual no podría investigar su teoría.
 
 
 
*de Azul azulaki@... 
 
 
 
 
 
Momentos*
 

Un dolor inenarrable que se escapa a cualquier intento de donarle un sentido, tan opaco, tan mudo, tan cerrado, tan intenso como una tortura. Macizo y duro, sin tiempo, casi como la representación de la muerte, peor, porque la muerte es piadosa en su anestesia.
No puede durar mucho porque es imposible soportarlo.
Se va casi lentamente y se descubre la vida, no una abstracción, haberlo perdido todo y recobrarlo, el placer de la voz que suena y el cuarto propio se habita y hay un libro, un café, la calma de acostarnos a leer fuera del frío.
 
 
 
*de Cristina Villanueva. libera@...
 
 
 
 
Vamos a contar mentiras*

 

Acababa de ingresar en el nuevo colegio y estaba en aquel período de observación prudente en el que uno está a la expectativa para saber como funcionan las cosas. Durante las primeras clases estuvo tomando posiciones para ver los alumnos que podían ser más afines a él, y de forma muy gradual fue entablando conversación con los de los pupitres de su lado.

Era un colegio de mucho nivel al que acudían los hijos de gente pudiente. Políticos, industriales, rentistas y nuevos ricos dejaban la formación de sus vástagos en manos de la institución que, dicho sea de paso, estaba reconocida como una de las mejores en la educación de jóvenes.

En el primer recreo se le acercaron un grupo de compañeros que le invitaron a jugar con ellos, a lo que el nuevo se avino con satisfacción por tener una acogida tan cálida como inesperada.

- ¿Quieres jugar con nosotros?
- Claro, muchas gracias, ¿A qué jugáis?
- Jugamos a "vamos a contar mentiras" - le respondió uno espigado.
-  Yo no sé jugar a eso...
-  Es fácil todo el mundo sabe. A mi me enseñó mi padre.
-  Es que en el otro colegio yo jugaba a fútbol, básquet, balonmano...
-  Aquí no jugamos a esas cosas, aquí jugamos a "vamos a contar mentiras"
-  ¿Sólo jugáis a eso?
-  Ten en cuenta que nos estamos preparando para ocupar los puestos de nuestros padres.
-  ¡Ah, claro! ¿Y como se juega?
-  Es fácil, únicamente basta con hablar. Se aprende con la práctica fácilmente.

Y el grupo entabló una conversación muy animada sobre como conseguir la confianza de los demás.


*de Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
 
Caminamos*

 
Por las obtusas calles de lo cotidiano
caminamos.
Sin nadie a los costados,
con una incomprensible guía en el bolsillo
y una no menos incomprensible fe en nuestro itinerario.

Alrededor hay rostros que nos miran con desconfianza,
acaso horrorizados
o interrogantes,
o indignados,
o con fingido espanto santiguándose ,
y en todo caso, ajenos, del otro lado de la vía.

Pero en cualquier esquina nos asalta
el rostro cómplice que nos contempla con cierta admiración
y cuya sonrisa nos empuja a seguir dibujando senderos
para los pies descalzos del mañana.

Y entonces la nieve en los zapatos ya no resulta tan pesada
ni vacilamos ante los inclementes empujones
o las mezquinas zancadillas que se van alzando a nuestro paso.

Aun así, las calles son las mismas que nos vieron
echar a andar en una madrugada yacente en el olvido.

Tal vez no hagamos más que dar vueltas en círculo,
erráticos vaivenes en la oscuridad.

Y sin embargo, caminamos,
sin nadie a los costados caminamos,
con una obstinación quizá heredada
de aquellos otros que algún lejano día caminaron
forjando sin saberlo caminos útiles,
ciudades habitables y espíritus.

 
 *de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
 
 
 
 
 
 
LEJOS*




*Por Jorge Isaías  jisaias46@...
 
El hombre se pregunta si todo aquello que le sale al paso con fuerza de "realidad" pertenece realmente a la memoria.
A veces duda. "No será una construcción de su propia obsesión". No pudiendo creerse como veraz aquellos cielos altos de antaño, aquellos pájaros que empecinadamente perforan el cielo improbable de entonces.
Están adecuadamente previstos por las trampas de la memoria aquellos días que tornaban los soles degollados, que nunca tenían un final preciso y menos aún cuando ese sol que reptaba tras de las últimas casas del pueblo se trocaban en largos temporales de invierno con viento y lluvia; lluvia y viento, con posterior concierto de sapos que desafinaban dando pábulo al temor infantil y a la sonrisa atemperada y comprensiva de los adultos.
Quiero decir, aquellos días -aquellos atardeceres no tenían sorpresas aunque cambiaran abruptamente, esas variaciones no eran tantas, si uno no tenía en cuenta los matices.
Y ahí está la madre del borrego, como decía en aquellos tiempos mi amigo Adolfo Bonomi, más conocido por el "Negro" Bonomi. Los matices, que de ello se trata.
Porque el matiz es el que hace visible e interesante la vida y dentro de ella la literatura, que debe agregar al matiz: el tono y la autenticidad, más aún, cierta nota de pulsión, aquella que nos diferencia de los animales.
También está el matiz en ese paisaje que nos estremece siempre. Cielos altos y soles reptando detrás de aquellos pinos que lloran bajo el viento del sur.
¿Y qué pasaba por nosotros entonces, cuando el galope de un caballo horadaba con sus cascos nerviosos esa negrura, ese silencio, esos pastos que bañaba el rocío? ¿Qué singular emoción nos embargaba entonces, cuando ese ruido pasaba y nosotros estábamos en el lecho tibio del invierno inclemente y
quedaba como un eco, que al otro día creíamos un sueño?
Se acabaron las luces mortecinas que la noche escondía. Hay en esas habitaciones que el progreso arrasó en su desidia y hoy nadie queda y alrededor sólo existen sembrados verdosos sin una flor siquiera para que una mariposa se columpie o una abeja vaya a buscar su alimento.
Y sin embargo, de vez en cuando, es ese galope que vuelve, obstinado, del fondo crucial y perdido de todos los tiempos, que vuelve, una y otra vez.
O es la noche en que la llovizna nos sigue mojando a través de los tiempos, donde también hay otro galope que perfora -un poco menos claro que el otro el sin fin lujurioso de la memoria que persigue sin piedad nuestros pasos.
O está ese silencio que es más grande que todos los ruidos, impotente ante la noche que se viene con su tropilla de yeguas oscuras, con la cegadora guadaña de la luna de marzo, está la noche que es la madre de todas las noches.
La madre íntima, la madre universal y perfecta.
Y en esa noche que un poncho de llovizna finísima cubre, esa noche, repito, cuando el silencio es más que la noche, tenemos en pleno, suave e impasible sueño en que estamos inmersos, arrebujados bajo frazadas maternales, ese ruido, ese ruido que nos viene del fondo central de los tiempos: el traqueteo primero, leve pero inconfundible del tren que está entrando al pueblo y que lo habrá de atravesar impertérrito como un dios indiferente y oscuro.
Y cuando ya uno cree que pasó es que sólo está empezando a pasar. Uno lo infiere por ese largo, ronco e interminable pito que arrasa el temblor sinuoso de todos los sueños. Como si una montaña de algodones blanquísimos nos protegiera del ruido, uno se da vueltas en la cama, al resguardo de la lluvia que el viento arremolina, sacude, tira sobre los techos las hojas de los árboles que el otoño sembró y que gracias al viento se deposita en los techos, junto a esos diarios amarillentos que en las alcantarillas dormían el sueño de los justos.
Tenemos otoño, tren y llovizna, y un sueño tan profundo y tan placentero que no podemos dejar de sonreír al recordar aquellos tiempos de una paz lejana e infinita.
Cuando el alba regrese, cuando surja con su túnica que transparenta fulgores estaremos con los ojos abiertos, como dos platos de lluvia esperando las luces sonoras del día.
Y entonces sí, nos quedará en las pupilas un esplendor de luces de urdidos dolores que trataremos de sortear, un poco indemnes, un poco indefensos, un poco felices también que otra vez estemos en el centro del día disfrutando a pleno el aire del campo a todo pulmón.
Cuando escribo sobre amaneceres, crepúsculos, trenes que horadan la noche y también horadan el sueño, no puedo dejar de pensar en mi pueblo, en aquel pueblo que no existe. Quedó sepultado bajo el pavimento y a la sombra de los arbolitos raquíticos. El pueblo de altos plátanos sombreados quedó muerto para siempre, feliz e imbatible sólo en mi poco concesiva memoria.
Por las vías no pasan sino esporádicos trenes de carga, agusanados y lentos.
Ya casi no me quedan amigos, y hasta los pájaros casi son un recuerdo.
Tampoco queda el amor de mi madre que todo miraba con ojos tiernos y oscuros.
Sólo queda este cielo infinito sobre una planicie unánime y verde como no registra mi obsesivo recuerdo.
Otoño, 2009
 

 

 

 

JUAN TORPEZA*

 

 

 

"Morir, dormir, no despertar nunca mas, poder decir, todo acabó; en un sueño sepultar los dolores del corazón, los mil y mil quebrantos que heredó nuestra carne ¡Quien no ansiara concluir así!...Morir, dormir ¿Dormir? tal vez soñar"

WILLIAM SHAKESPEARE. "Hamlet"

 

 

 

Torpe.

Le llaman Juan torpeza.

Todo se le cae de las manos.

Tropieza. Choca. Irrumpe. Arremete. Embiste.

La primavera ha caído en invierno.

Tiniebla. Miedo. Canal. Luz.

Sonidos estridentes. Manos ajenas. Mala luz.

Amarillo, morado. Llanto celeste claro.

 

Se ha caído su infancia.

La pelota. Pelotean. Pelotudo. Sin pelotas.

Los autitos sin freno. Colisión. Impulso.

Se han caído las hojas del calendario niño.

Se  cayeron iconos, letanías, milagro.

Se ha caído la Ley, las normas y los mitos.

Hombre de pantalones cortos. Mula

Levantar las orejas. Olfatear el peligro

Alerta. Se ha caído el galope.

Caballo redomón arisco.

Alazán claro, impulso oscuro.

Lámpara ocaso. Jeringa adormecida.

 

Exclusión. Descarte. Apátrida. Juan torpeza extranjero.

Dormir. Dormir. Dormir. "Dormir...tal vez partir..."

Torpe.
Juan torpeza. Nadie vendrá a ayudarte.

Salvo tú.

 
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 
 
 
EL MAIZAL ENCANTADO*
 
 
A Samuel Sánchez, por deslumbrarnos con sus invenciones.
 
Era como viajar entre dos murallones verdes, erectos y en permanente balanceo, sólo la faja negra del asfalto y nosotros rompíamos esa monotonía especial del maizal, que se unían allá, en los confines, con la traza del camino. Ni pájaros, ni cantos, ni trinos, ni zorrino cruzando la ruta, ni lagartijas aplastadas y secas, nada.
-¿Por estos lugares se vino a vivir el Cina-Cina?
-Si. No le quités la mirada al croquis, que en una de esas por charlar nos pasamos.
-Hay que tener ganas y no se qué en la cabeza, para elegir este paraje para vivir y decir, cuando te mandó el croquis o esa especie de semi mapa en la carta, que le encantaba el lugar. Vaya encanto.
-Lo que pasa que vos no lo conocés al Cina-Cina, es un tipo especial, ya vas a ver, te va a encantar.
-Pero debe ser de antaño, si era conocido del Porfirio, tu Viejo, y ya era nombrado, -insistía la mujer del Negro que viajaba incómoda y medio de prepo.
A pesar de los diálogos que mantenía con su mujer, el Negro se andaba rodeando de silencios, orillaba ese territorio, solo eso, por ahora; pensaba, y pensar así, orillando los silencios, era una señal no visible de que en cualquier momento se rajaba, no cualquiera, desde afuera, detectaba ese tránsito. Todo se mezclaba en el Negro, era un revoltijo de cosas pasadas, presentes, el devenir, como si una cinta transportadora los expusiera, cuestiones mixturadas con anhelos, frustraciones, interrogantes.
El silencio avanzaba. Rumiaba. Le molestaba la incomodidad de su mujer, no entendía nada. Decidió, por fin hablarle del Cina-Cina, en una de esas se calma y lo deja masticar los silencios tranquilo más tarde.
-Es un tipo especial, -comenzó- siempre lo fue. Lo conocí por los sesenta.
Se presentó en la oficinas Centrales del Ferrocarril Belgrano. De entrada, como pidiendo contraseña, me preguntó sí yo era hijo del Porfirio y sobrino del Cacho. Al responderle que sí, que lo era, dio media vuelta y se fue. Al rato regresó.
-Fui al mingitorio, no daba más. Tengo derecho a mear, y en definitiva prefiero pasar por guarango y no que se me reviente la vejiga, además, el aguantar te jode la próstata.
Se paró bien de frente a mi escritorio. Estaba trajeado, por esos tiempos fumaba, de piernas abiertas balanceaba el cuerpo, de manera que su badajo cayera a plomo, y se moviera libre. Se vestía como un ciudadano, pero era un tape (gaucho del noreste), la parada lo denunciaba. Me interrogó, preguntó
por mi viejo y mi Tío, sus amigos, eran amigos del pago, San Cristóbal, al norte de la provincia de Santa Fe. Vaya a saber desde cuando, la misma maestra, los tres ferroviarios. Yo escuchaba. Y lo seguí escuchando desde ese día siempre, en sus cuentos, narraciones, invenciones, en sus fantásticas mentiras; toda una cultura, donde se mezcla la imaginación del que escucha con la del que transmite, en su narración o cuento, y que es, seguramente, parte de la imaginación colectiva. El arte de escuchar y acumular, es primario al de inventar, es que por esos parajes, primero se aprende a escuchar y luego, cuando el escuchador se siente pleno habla, todo un encantamiento.
El Cina-Cina, anduvo y vivió por todos lados, se jubiló en Córdoba, se había hecho medio cordobés, pero seguía siendo un tape.
Enriqueció por esos aires su caja de cosas escuchadas, y en una de esas aparece en Mendoza. Los hijos lo convocaron con sabiduría, querían que sus descendientes, es decir, los nietos del Cina-Cina, aprehendieran cosas que sólo el sabía y podía contar.
-No debe ser para tanto, -dijo la mujer del Negro que se llamaba Isabel- debe ser medio charlatán, engrupidor y encima de andar chocheando; también, con los años que calza, como para no.
-Fíjate en el croquis no sea cosa que nos pasemos, el callejón tiene un cartel que dice: Estación El Maizal. -Mirá el nombre que le vino a poner al callejón, original.
-Lo volví a encontrar en tierras mendocinas. Estaba igual, -mi mujer me fastidiaba, así que decidí seguir hablando- parece que de noche dormía dentro de un tonel con grasa, ni una arruga, lisito, la misma percha, pero siempre tape; andaba medio incómodo con los menducos (mendocinos), no lo entendían, decía: -Fijate mi rutina, me levanto temprano, verdeo en la cocina, hojeo el diario "Los Andes", salgo a caminar, al regresar me dedico al jardín, a los pájaros -me miró y prosiguió, yo comenzaba a abrir la boca en trance de ser pitonizado- Les cambio el agua a los pájaros, es que les puse unos tarritos en las horquetas de los árboles junto a otros con alpiste, mijo, maíz partido, cuando termino la preparación ritual, les silbo y se desprenden de los álamos, aguaribay o los eucaliptos en bandadas y es una sinfónica de trinos; aunque yo esté encaramado todavía entre las ramas invaden el árbol, pasan por encima de mi osamenta y si tengo algún granito de suelto lo picotean, no se asustan. Eso sí, ellos esperan mi silbido y recién se largan como escuadrillas en picada. Me bajo, los miro, los escucho y me digo: -No tenés pajarera Cina-Cina... A veces se descuelga algún atrevido gorrión antes que los otros, lo reto, pero no se vuela, me mira con ese rostro plumudo y percibo sus gestos de avergonzado en el movimientos de sus
pequeñas plumas. El otro día, esperando al menduco que camina conmigo todas las mañana encontré a dos perros atorrantes meándome los rosales. Cuando salí por la puerta que da al patio, embocadura por donde mi mujer me indica que


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