DIGO LA REALIDAD*
Podríamos decir que la felicidad entre dos seres que se hallan dura un rato, apenas el tiempo de contar los primeros relatos, descubrir el olor de la piel y la textura del cabello.
Podríamos decir con sorna, y seríamos unos sornosos pero podríamos, realmente, podríamos decir y decirnos que el encanto dura precisamente lo que los encantos; hasta que el hechizo desaparece. Y diríamos con secreta fruición que siempre el hechizo termina por desvanecerse. Siempre.
Diríamos a quien quisiera prestarnos oído que la realidad es esto que acontece tal como debe, esta confección con hilván a la vista y corta de mangas. Que la vida es lucha y sufrimiento y que todo acercamiento entre personas que se encandilan puede evitarse portando lentes para sol; que en
realidad y dejando que la vista se acostumbre, ni lentes hacen falta para que la luz sorprendente en los otros ojos se transforme en un reflejo apenas notable.
Y diríamos entonces que de nada sirve atrapar una cintura con los brazos, porque somos grandes, hemos visto mucho, sabemos que el abrazo se transformará como en las malas fábulas en el estrangular de la enredadera al árbol fascinado.
Si yo anduve siempre en amores, qué me van a hablar de amor.
Cantaríamos con voz desengañada el tango triste.
Y la vida es esto pibe, no te engañes. La vida es el camino al laburo a la mañana pibe, el beso desganado, la compañía sufrida con resignación de aquel o aquella que una vez fue hermoso y único pero ya es una sombra más en el pavimento, esa voz que nos recrimina por boletas impagas del pasado obscuro, esa carne que ya no se encabrita debajo de la mano.
Diríamos que las cosas son así. Que la tristeza es endémica, que toda flor turgente es un futuro papel quebradizo sobre la lápida de un cierto mármol. Y tendríamos razón.
Podríamos decir que la felicidad entre dos seres que se hallan dura un rato, apenas el tiempo de contar los primeros relatos, descubrir el olor de la piel y la textura del cabello.
Podríamos decir con sorna, y seríamos unos sornosos pero podríamos, realmente, podríamos decir y decirnos que el encanto dura precisamente lo que los encantos; hasta que el hechizo desaparece. Y diríamos con secreta fruición que siempre el hechizo termina por desvanecerse. Siempre.
Diríamos a quien quisiera prestarnos oído que la realidad es esto que acontece tal como debe, esta confección con hilván a la vista y corta de mangas. Que la vida es lucha y sufrimiento y que todo acercamiento entre personas que se encandilan puede evitarse portando lentes para sol; que en
realidad y dejando que la vista se acostumbre, ni lentes hacen falta para que la luz sorprendente en los otros ojos se transforme en un reflejo apenas notable.
Y diríamos entonces que de nada sirve atrapar una cintura con los brazos, porque somos grandes, hemos visto mucho, sabemos que el abrazo se transformará como en las malas fábulas en el estrangular de la enredadera al árbol fascinado.
Si yo anduve siempre en amores, qué me van a hablar de amor.
Cantaríamos con voz desengañada el tango triste.
Y la vida es esto pibe, no te engañes. La vida es el camino al laburo a la mañana pibe, el beso desganado, la compañía sufrida con resignación de aquel o aquella que una vez fue hermoso y único pero ya es una sombra más en el pavimento, esa voz que nos recrimina por boletas impagas del pasado obscuro, esa carne que ya no se encabrita debajo de la mano.
Diríamos que las cosas son así. Que la tristeza es endémica, que toda flor turgente es un futuro papel quebradizo sobre la lápida de un cierto mármol. Y tendríamos razón.
Pero quién me saca la sonrisa que se me va para adentro y se me abre en el pecho. Y quién me dice que la realidad no es este pequeño instante, este precioso momento entre los momentos, que su belleza depende precisamente de su futura desaparición.
El sentido común me haría decir muchas cosas sensatas. Digo la realidad es este paso en la ancha acera, esta única libélula sostenida en un pedacito de firmamento, este intervalo cardíaco, este breve amanecer.
Y si después cae la sombra, no borrará la luz de la memoria. Si los milagros fuesen perdurables, no formarían parte de la maravilla.
No podrá negarlos la inexorable acumulación del tiempo ni el que la marea desgaste y redondee las aristas.
Aquí están. Hay que atraparlos al vuelo, montarlos hasta que desciendan, atreverse a morir un poco cada vez que toquen tierra. Y creer con ingenuidad que la realidad es esta cosa que acontece tan de vez en vez,
tan esporádica. Que lo demás es falso, que la verdad es la piedra con musgo en el medio, justo en el medio del pedregal estéril.
Diría que lo real es el páramo si mi alma no cantase de alegría posada en el mínimo verde.
Digo entonces "creo en el barco y no en la ancha mar, creo en ese silencio resplandeciente y no en la abrumadora masa sonora, creo en este instante, en este minúsculo instante creo en vos".
*Mónica Russomanno russomannomonica@...
El sentido común me haría decir muchas cosas sensatas. Digo la realidad es este paso en la ancha acera, esta única libélula sostenida en un pedacito de firmamento, este intervalo cardíaco, este breve amanecer.
Y si después cae la sombra, no borrará la luz de la memoria. Si los milagros fuesen perdurables, no formarían parte de la maravilla.
No podrá negarlos la inexorable acumulación del tiempo ni el que la marea desgaste y redondee las aristas.
Aquí están. Hay que atraparlos al vuelo, montarlos hasta que desciendan, atreverse a morir un poco cada vez que toquen tierra. Y creer con ingenuidad que la realidad es esta cosa que acontece tan de vez en vez,
tan esporádica. Que lo demás es falso, que la verdad es la piedra con musgo en el medio, justo en el medio del pedregal estéril.
Diría que lo real es el páramo si mi alma no cantase de alegría posada en el mínimo verde.
Digo entonces "creo en el barco y no en la ancha mar, creo en ese silencio resplandeciente y no en la abrumadora masa sonora, creo en este instante, en este minúsculo instante creo en vos".
*Mónica Russomanno russomannomonica@...
Correo:
Re: Teologías*
¿Dios está muerto?
-no, duerme hasta que sutedes lo dejen de aburrir con sus tonterías.-
Ray Bradbury
*Moni. pas_monicav@...
El desprecio de las Papas Fritas*
En años de ver propagandas televisivas de todo tipo, anoche me ha tocado ver una de las que más desprecia al Pueblo. Una de las que más desprecia lo que más necesitamos: EL TRABAJO. LA CULTURA DEL TRABAJO.
Un Padre muestra a su hijo la Huerta de donde saca unas papas muy vistosas y limpias. Papas cultivadas con sus manos y en su propia casa. Las corta con cariño y pasión por compartir con su hijo LA CULTURA DEL TRABAJO y, en especial, la de la labor familiar. La esencia básica de esa cultura del trabajo.
Transmitiendo un desprecio total por la grandiosa tarea familiar realizada, los señores "comunicadores sociales" (y sus partenaires), ponen cariñosas palabras del hijo a su Padre desechando las enseñanzas de ese PADRE EJEMPLAR "...pero Papá, tardamos seis horas en tener las Papas y son casi tan ricas como estas..." (Las de la bolsa que quieren vender los publicistas). La frase del niño es aproximadamente esa.
En mi carácter de Padre, de hijo de esta Sociedad y de luchador porque el trabajo con las manos de personas DEL PUEBLO en computadoras, varas de mando, escritorios, o excavaciones sea respetado.
Pido que la empresa que es responsable por las PAPAS FRITAS LAYS retire inmediatamente de todos los medios esa propaganda.
No alcanza con "el toque de Aceite de oliva", ni con el mayor grosor ni con nada `para compensar el terrible menosprecio a la cultura del trabajo.
Miles de argentinos estamos buscando devolver a la Sociedad la Función Chacra al campo -que cada productor vuelva a tener su propio sustento de Granja-, y otros miles están recuperando la huerta familiar, no solo como cuestión de coyuntura, sino como algo que quede permanente en el culto social de todo nivel económico y lugar social.
No se si ustedes, señores creativos de esa publicidad de Lays, han nacido en un Departamento de la Gran Ciudad, un Club de Campo o vienen de una pequeña localidad de la Meseta de Somuncurá, pero si hay algo que tengo bien en claro, que en la clase correspondiente "respetos por los valores comunes de una Sociedad" faltaron o les comentaron que el Jefe de Propaganda Nazi demostró que a los valores sociales se los puede modificar cuando a ustedes, señores comunicadores sociales, se les antoje o se les ordene.
*Jorge de Mendonça jorge@...
En años de ver propagandas televisivas de todo tipo, anoche me ha tocado ver una de las que más desprecia al Pueblo. Una de las que más desprecia lo que más necesitamos: EL TRABAJO. LA CULTURA DEL TRABAJO.
Un Padre muestra a su hijo la Huerta de donde saca unas papas muy vistosas y limpias. Papas cultivadas con sus manos y en su propia casa. Las corta con cariño y pasión por compartir con su hijo LA CULTURA DEL TRABAJO y, en especial, la de la labor familiar. La esencia básica de esa cultura del trabajo.
Transmitiendo un desprecio total por la grandiosa tarea familiar realizada, los señores "comunicadores sociales" (y sus partenaires), ponen cariñosas palabras del hijo a su Padre desechando las enseñanzas de ese PADRE EJEMPLAR "...pero Papá, tardamos seis horas en tener las Papas y son casi tan ricas como estas..." (Las de la bolsa que quieren vender los publicistas). La frase del niño es aproximadamente esa.
En mi carácter de Padre, de hijo de esta Sociedad y de luchador porque el trabajo con las manos de personas DEL PUEBLO en computadoras, varas de mando, escritorios, o excavaciones sea respetado.
Pido que la empresa que es responsable por las PAPAS FRITAS LAYS retire inmediatamente de todos los medios esa propaganda.
No alcanza con "el toque de Aceite de oliva", ni con el mayor grosor ni con nada `para compensar el terrible menosprecio a la cultura del trabajo.
Miles de argentinos estamos buscando devolver a la Sociedad la Función Chacra al campo -que cada productor vuelva a tener su propio sustento de Granja-, y otros miles están recuperando la huerta familiar, no solo como cuestión de coyuntura, sino como algo que quede permanente en el culto social de todo nivel económico y lugar social.
No se si ustedes, señores creativos de esa publicidad de Lays, han nacido en un Departamento de la Gran Ciudad, un Club de Campo o vienen de una pequeña localidad de la Meseta de Somuncurá, pero si hay algo que tengo bien en claro, que en la clase correspondiente "respetos por los valores comunes de una Sociedad" faltaron o les comentaron que el Jefe de Propaganda Nazi demostró que a los valores sociales se los puede modificar cuando a ustedes, señores comunicadores sociales, se les antoje o se les ordene.
*Jorge de Mendonça jorge@...
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