El grito de la mandrágora *
Nosotros jugábamos en el campito, a veces era a la pelota, a veces cavábamos trincheras y las naranjas eran granadas que volaban sobre yuyos crecidos. Había árboles achaparrados, una alambrada vencida que nos permitía un ingreso con amenaza de invasión al lugar prohibido.
Cada tanto era el hallazgo de un sapo, la persecución desde lejos y temerosa de una iguana prehistórica. Y las nenas que hacíamos tortitas de barro y poníamos la mesa de latas oxidadas sobre el redondo tocón de un árbol talado hacía décadas.
El lugar no era por completo tranquilizador, pero en eso estaba parte del encanto. Solos no íbamos. Cruzábamos el hueco del perímetro en bandada parloteante, de a tres o de a cinco, a veces más; cuando el sol legalizaba con sombras definidas esa amenaza que se manifestaba en los atardeceres y se
afianzaba por las noches. Nunca de noche al campito. Alguna que otra vez nos quedamos en el crepúsculo, pero el avance de la oscuridad ponía rostros en las cortezas, sonidos en los matorrales, y ni siquiera la bulla era tranquilizadora, sonaba falsa, y terminaban provocándonos más miedo esas nuestras voces forzadas que el silencio que se adivinaba por debajo.
Entonces cada carancho a su rancho, desbandada y retorno a las casas iluminadas, a mamá y la mesa puesta y los deberes todavía pendientes. Calcar un mapa, resolver un problema esquivo. Y el campito oscuro dejaba de existir porque ya no era el lugar de juegos sino el lugar donde la muerte se pasea bajo la luz fría de la luna.
Cada tanto era el hallazgo de un sapo, la persecución desde lejos y temerosa de una iguana prehistórica. Y las nenas que hacíamos tortitas de barro y poníamos la mesa de latas oxidadas sobre el redondo tocón de un árbol talado hacía décadas.
El lugar no era por completo tranquilizador, pero en eso estaba parte del encanto. Solos no íbamos. Cruzábamos el hueco del perímetro en bandada parloteante, de a tres o de a cinco, a veces más; cuando el sol legalizaba con sombras definidas esa amenaza que se manifestaba en los atardeceres y se
afianzaba por las noches. Nunca de noche al campito. Alguna que otra vez nos quedamos en el crepúsculo, pero el avance de la oscuridad ponía rostros en las cortezas, sonidos en los matorrales, y ni siquiera la bulla era tranquilizadora, sonaba falsa, y terminaban provocándonos más miedo esas nuestras voces forzadas que el silencio que se adivinaba por debajo.
Entonces cada carancho a su rancho, desbandada y retorno a las casas iluminadas, a mamá y la mesa puesta y los deberes todavía pendientes. Calcar un mapa, resolver un problema esquivo. Y el campito oscuro dejaba de existir porque ya no era el lugar de juegos sino el lugar donde la muerte se pasea bajo la luz fría de la luna.
Y una tarde encontramos al ahorcado.
Nosotros lo encontramos pendiendo del árbol. Ya no era un ser humano sino una cosa como un maniquí, algo parecido a una bolsa o un muñeco de trapos.
Vino la policía, desde la vereda asistimos al enjambre de vecinos y escuchamos al nivel de las cinturas las historias encontradas que iban formando la historia final del suicidio, la que se repetiría para siempre; y en la que figuraba una novia y un abandono, y esa cosa dramática de la juventud.
A los pocos días estábamos de vuelta. Era nuestro lugar, y aunque vigilábamos el árbol por el rabillo del ojo en medio del juego de la mancha, nada nos atemorizó, ningún bulto fantasmagórico se materializó bajo la rama.
Nosotros lo encontramos pendiendo del árbol. Ya no era un ser humano sino una cosa como un maniquí, algo parecido a una bolsa o un muñeco de trapos.
Vino la policía, desde la vereda asistimos al enjambre de vecinos y escuchamos al nivel de las cinturas las historias encontradas que iban formando la historia final del suicidio, la que se repetiría para siempre; y en la que figuraba una novia y un abandono, y esa cosa dramática de la juventud.
A los pocos días estábamos de vuelta. Era nuestro lugar, y aunque vigilábamos el árbol por el rabillo del ojo en medio del juego de la mancha, nada nos atemorizó, ningún bulto fantasmagórico se materializó bajo la rama.
Fui yo la que descubrió la plantita.
Justo en el lugar, debajo del espacio vacío ahora donde había pendido el hombre. Justo allí asomaba una ramita vertical, verde y erecta.
Uno de los chicos nos habló de la mandrágora. Quién se había ocupado de contarle semejantes historias, no lo recuerdo; pero él nos dijo que antes, cuando ahorcar a los ladrones o asesinos era una costumbre bastante usual, ocurría que en el momento terrible de la asfixia el hombre eyaculaba, y tal
condenado riego sobre la tierra producía una planta infernal. La mandrágora.
El sonido de ese nombre mágico nos enturbió los paladares. Comenzamos a imaginar el bulbo monstruoso que se gestaba debajo de la superficie, tubérculo con forma humana, raíz maravillosa y llena de secretos poderes.
Veíamos crecer nuestra mandrágora, y por esos raros aconteceres ninguno dio en ir con el cuento a sus padres. Era nuestro secreto.
La ramita solitaria se abrió en hojas afiladas; oculto por debajo percibíamos con el estómago el ser enterrado, maligno, hecho de muerte y luna.
Tampoco recuerdo quién habló por vez primera de la cosecha. Se fue instalando la idea como aparecen las primeras nubes antes de la tormenta, inadvertidamente, en forma difusa, hasta que el cielo está cubierto y uno no sabe cuándo desapareció el último manchón celeste.
Las discusiones tenían la ingenuidad de nuestros pocos años. Entre los argumentos y las estrategias aparecían disputas por una figurita, o de pronto se armaba un picadito con la pelota y la cosecha quedaba
momentáneamente olvidada.
Había un grave problema, y era que al arrancar la mandrágora la planta produce un fuerte grito, y quien la desentierra muere instantáneamente. Eso decía nuestro amigo, y para nosotros él era el hechicero y no se cuestionaba la verdad de su sabiduría. Tampoco dudábamos de que si un hombre le pasaba
el dedo medio por la palma a una mujer, ésta se le entregaría "mansita mansita"; recuerdo especialmente la expresión porque me hacía ver una mujer como un perrito panza arriba, la cara borrada, el cuerpo exánime, igual al de las monjas en éxtasis retratadas en las vidas de santos. Y un mago sostenía su mano, y le pasaba una y otra vez el dedo obsceno por el hueco ofrecido de la mano.
Entonces decidimos traer a un chico de afuera, un extraño, que sin noticia del peligro nos proporcionase la raíz maravillosa.
Para qué propósito deseábamos la mandrágora, no lo se. La aventura estaba en la acción y en la muerte, que justificaban los desvelos.
Confusamente algunos tejieron aspiraciones fabulosas, diciendo que podríamos vender por cifras millonarias el prodigio a los gitanos, otros hablaron de la NASA, y alguno mezcló la historia con los cuentos de hadas, y proponía pedir deseos como si en vez de una mandrágora hubiésemos hallado la lámpara de Aladino.
Por qué tentar al destino, la finalidad de lo que haríamos no importaba. Queríamos que sucediese algo. No sabíamos qué, pero algo.
Uno de los chicos era de esas familias numerosas y extendidas. En su casa habitualmente salían colchones de la piecita del fondo, y parientes del campo brotaban de la nada estacionando un automóvil o una camioneta embarrada y rellenando los espacios de las habitaciones con voces que hablaban con tonadas raras.
Justo en el lugar, debajo del espacio vacío ahora donde había pendido el hombre. Justo allí asomaba una ramita vertical, verde y erecta.
Uno de los chicos nos habló de la mandrágora. Quién se había ocupado de contarle semejantes historias, no lo recuerdo; pero él nos dijo que antes, cuando ahorcar a los ladrones o asesinos era una costumbre bastante usual, ocurría que en el momento terrible de la asfixia el hombre eyaculaba, y tal
condenado riego sobre la tierra producía una planta infernal. La mandrágora.
El sonido de ese nombre mágico nos enturbió los paladares. Comenzamos a imaginar el bulbo monstruoso que se gestaba debajo de la superficie, tubérculo con forma humana, raíz maravillosa y llena de secretos poderes.
Veíamos crecer nuestra mandrágora, y por esos raros aconteceres ninguno dio en ir con el cuento a sus padres. Era nuestro secreto.
La ramita solitaria se abrió en hojas afiladas; oculto por debajo percibíamos con el estómago el ser enterrado, maligno, hecho de muerte y luna.
Tampoco recuerdo quién habló por vez primera de la cosecha. Se fue instalando la idea como aparecen las primeras nubes antes de la tormenta, inadvertidamente, en forma difusa, hasta que el cielo está cubierto y uno no sabe cuándo desapareció el último manchón celeste.
Las discusiones tenían la ingenuidad de nuestros pocos años. Entre los argumentos y las estrategias aparecían disputas por una figurita, o de pronto se armaba un picadito con la pelota y la cosecha quedaba
momentáneamente olvidada.
Había un grave problema, y era que al arrancar la mandrágora la planta produce un fuerte grito, y quien la desentierra muere instantáneamente. Eso decía nuestro amigo, y para nosotros él era el hechicero y no se cuestionaba la verdad de su sabiduría. Tampoco dudábamos de que si un hombre le pasaba
el dedo medio por la palma a una mujer, ésta se le entregaría "mansita mansita"; recuerdo especialmente la expresión porque me hacía ver una mujer como un perrito panza arriba, la cara borrada, el cuerpo exánime, igual al de las monjas en éxtasis retratadas en las vidas de santos. Y un mago sostenía su mano, y le pasaba una y otra vez el dedo obsceno por el hueco ofrecido de la mano.
Entonces decidimos traer a un chico de afuera, un extraño, que sin noticia del peligro nos proporcionase la raíz maravillosa.
Para qué propósito deseábamos la mandrágora, no lo se. La aventura estaba en la acción y en la muerte, que justificaban los desvelos.
Confusamente algunos tejieron aspiraciones fabulosas, diciendo que podríamos vender por cifras millonarias el prodigio a los gitanos, otros hablaron de la NASA, y alguno mezcló la historia con los cuentos de hadas, y proponía pedir deseos como si en vez de una mandrágora hubiésemos hallado la lámpara de Aladino.
Por qué tentar al destino, la finalidad de lo que haríamos no importaba. Queríamos que sucediese algo. No sabíamos qué, pero algo.
Uno de los chicos era de esas familias numerosas y extendidas. En su casa habitualmente salían colchones de la piecita del fondo, y parientes del campo brotaban de la nada estacionando un automóvil o una camioneta embarrada y rellenando los espacios de las habitaciones con voces que hablaban con tonadas raras.
Hubo un primito, primo segundo creo, una de esas relaciones por parte del abuelo o la abuela, vaya a saber qué grado de parentesco, pero a ellos les bastaba con descender de Adán para ser de la familia.
El chico era un gringuito de dientes enormes, todo sonrisa y pies descalzos, que andaría por los seis o siete años y tenía la ingenuidad intacta, la confianza sincera y esa fidelidad canina hacia los chicos más
grandes.
Nos citamos al atardecer debajo del árbol.
Podría describir con notas lúgubres el campito, pero en realidad y llegado el momento fue como si no se jugase nada. En su lugar seguían las piedras que marcaban el arco para los partidos de pelota, no había espíritus tenebrosos escondidos detrás de los arbustos.
Alguien le dijo que arrancase la plantita, así, sin ceremonia ni preparación, y con solicitud el gringuito aferró el tallo y las hojas, dio el tirón exacto con el que desmalezaba la quinta de su madre. Todos
gritamos. No puedo asegurar que el aullido aterrador proviniese de la mata arrancada o fuese la unión de nuestros agudos chillidos infantiles. Después aseguramos haber escuchado el grito, pero quién sabe.
En la mano sostenía limpiamente un tubérculo gordo y con ramificaciones que se asemejaba vagamente a un ser humano.
El nene murió, pero después. Vuelto al campo supimos que lo tomó una fiebre y apenas duró unos días. A la raíz la cortamos en pedazos y cada uno se llevó su parte. La porción que me pertenecía se secó, quedó como una pasa resumida, y fue olvidada en el cajón de la mesita de luz hasta que se perdió en alguna limpieza. Después vinieron cocineros televisivos y supe del jengibre.
El chico era un gringuito de dientes enormes, todo sonrisa y pies descalzos, que andaría por los seis o siete años y tenía la ingenuidad intacta, la confianza sincera y esa fidelidad canina hacia los chicos más
grandes.
Nos citamos al atardecer debajo del árbol.
Podría describir con notas lúgubres el campito, pero en realidad y llegado el momento fue como si no se jugase nada. En su lugar seguían las piedras que marcaban el arco para los partidos de pelota, no había espíritus tenebrosos escondidos detrás de los arbustos.
Alguien le dijo que arrancase la plantita, así, sin ceremonia ni preparación, y con solicitud el gringuito aferró el tallo y las hojas, dio el tirón exacto con el que desmalezaba la quinta de su madre. Todos
gritamos. No puedo asegurar que el aullido aterrador proviniese de la mata arrancada o fuese la unión de nuestros agudos chillidos infantiles. Después aseguramos haber escuchado el grito, pero quién sabe.
En la mano sostenía limpiamente un tubérculo gordo y con ramificaciones que se asemejaba vagamente a un ser humano.
El nene murió, pero después. Vuelto al campo supimos que lo tomó una fiebre y apenas duró unos días. A la raíz la cortamos en pedazos y cada uno se llevó su parte. La porción que me pertenecía se secó, quedó como una pasa resumida, y fue olvidada en el cajón de la mesita de luz hasta que se perdió en alguna limpieza. Después vinieron cocineros televisivos y supe del jengibre.
No hablamos más del asunto. La magia se niega a acontecer con claridad, y nos permite darla al olvido y la duda. Afortunadamente.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
Correo:
( Dos mensajes sobre una opinión de Moni pas_monicav@... )
1
con todo respeto, y sin el menor interés de polemizar "mal" sobre todo por el respeto que siento por mónicav por sus escritos y textos debo decir que no me queda clara su posición si cierra la misma hablando de "operaciones ilegales"
no habría que legalizarlas..??
creo, que a veces en la vida, las posiciones fluflú
no sirven para mucho
para nada incluso
son sòlo cosmética
el "día del aborto" no es lo opuesto al día de la mujer nadie más que las mujeres, en la inmensa gama de situaciones en las que esta legalización se podría aplicar decía, nadie más que las mujeres han sufrido esta ilegalidad
un saludo cordial
* carlos funes. karfun@...
no habría que legalizarlas..??
creo, que a veces en la vida, las posiciones fluflú
no sirven para mucho
para nada incluso
son sòlo cosmética
el "día del aborto" no es lo opuesto al día de la mujer nadie más que las mujeres, en la inmensa gama de situaciones en las que esta legalización se podría aplicar decía, nadie más que las mujeres han sufrido esta ilegalidad
un saludo cordial
* carlos funes. karfun@...
2
hola eduardo..!!
sí, se refiere a ese correo no quiero generar una polémica "mal"
pero leo inventiva, he visto textos de ella que ME ENCANTARON, y no puedo creer (es mi problema...)
que tenga esta posición
te juro que no acostumbro a contestar estas cosas en la red te volverías loco contestando todo lo que no compartís, a merced de tanta cosa que circula pero creo que me "lastimó" que fuera ella la que opine tan LIVIANAMENTE
ésta es verdaderamente una opinión liviana no lo digo ofensivamente, es liviano, sin peso.. sin el sustento que uno espera de moniv no la esperaba justamente de ella si la querés publicar todo bien, muchas gracias, e incluso podés agregar ésto también
te manndo un abrazo gi-gan-te y agradecido por tu esfuerzo y el valor de tu publicación
*carlos funes. karfun@...
sí, se refiere a ese correo no quiero generar una polémica "mal"
pero leo inventiva, he visto textos de ella que ME ENCANTARON, y no puedo creer (es mi problema...)
que tenga esta posición
te juro que no acostumbro a contestar estas cosas en la red te volverías loco contestando todo lo que no compartís, a merced de tanta cosa que circula pero creo que me "lastimó" que fuera ella la que opine tan LIVIANAMENTE
ésta es verdaderamente una opinión liviana no lo digo ofensivamente, es liviano, sin peso.. sin el sustento que uno espera de moniv no la esperaba justamente de ella si la querés publicar todo bien, muchas gracias, e incluso podés agregar ésto también
te manndo un abrazo gi-gan-te y agradecido por tu esfuerzo y el valor de tu publicación
*carlos funes. karfun@...
*
Seminario de poesía latinoamericana
TIEMPOS DE IDENTIDAD
12 clases programadas y dictadas por Eduardo Dalter
Apertura: lunes 4 de abril, 17 horas, en el Aula 108, 1er. piso; con desarrollo todos los lunes, en el mismo horario, hasta su término en julio.
Una mirada dinámica hacia un horizonte intenso de voces, desde los movimientos populares de los '50 y la Revolución Cubana, que incluye sus precedentes históricos y que abarca hasta nuestros días.
PUNTOS PROGRAMÁTICOS
1. Presentación del seminario; sus fundamentos, recorridos y objetivos.
Obras poéticas bautismales: los cantos nahuas (s. XIII al XV) y el Popol Vuh. La poesía en la colonia y en el período independentista. El concepto martiano de "nuestra América".
2. Las poéticas latinoamericanas de las primeras décadas del siglo XX (tradiciones y vanguardias), hasta los "poemas humanos" de Vallejo.
3. Observaciones y notas acerca de algunos poetas referenciales: Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Pablo de Rokha, Nicolás Guillén, Drummond de Andrade y Efraín Huerta.
4. El movimiento huelguístico de los años '50 y el surgimiento de las vanguardias culturales. La "antipoesía", la "poesía conversacional", y el "exteriorismo", entre otras vertientes.
5. La Revolución Cubana y su presencia en las producciones poéticas y culturales. Reformulaciones críticas y estéticas. Los poetas de la Revolución; Roberto Fernández Retamar y Fayad Jamís. Las nuevas publicaciones del continente.
6. La poesía de Haití, desde Jacques Roumain a la experiencia grupal de Haiti Litteraire y de los poetas posteriores. Encuentros, fisuras y ejes críticos.
7. La diversidad estética de la poesía centroamericana en la afirmación de una dinámica cultural y de una nueva tradición. Roque Dalton y Ernesto Cardenal, entre otras voces.
8. Harlem: los blues de la historia. Una cercanía vivencial, con algunos intelectuales y poetas del Caribe integrados a su panorama.
9. El movimiento revolucionario, el terrorismo de Estado y los poetas mártires: Jacques Viau (Haití), Roberto Obregón (Guatemala), Javier Heraud (Perú) y Leonel Rugama (Nicaragua), entre otros. Un mapa de jóvenes voces.
10. La poesía en las colonias francesas e inglesas en el Caribe; dos cursos estremecidos. Aimé Césaire, Gontran Damas, y las repercusiones del "movimiento de la negritud".
11. Brasil y sus horizontes poéticos, desde las formulaciones y resonancias de Mario de Andrade; sus distintos momentos, sus obras recientes.
12. Poesía argentina (1960-1975). De El Pan Duro a El Lagrimal Trifurca y el periódico Alberdi. La poética de Gelman. El intenso movimiento poético en las provincias.
13. El verbo desolado. Las nuevas generaciones poéticas en tiempos de terrorismo de Estado (los años '70 y '80) y las nuevas miradas. Los poetas desaparecidos.
14. Poesía argentina. Poéticas de desazones y de intemperies. Dos poetas de Avellaneda, dos tiempos: Alejandra Pizarnik y Néstor Perlongher.
15. Las políticas culturales neoliberales en el continente; la desmemoria y la atomización como estrategias; el desembarco y el quehacer tipo de las fundaciones.
16. Los diálogos críticos y las nuevas propuestas. El 20 de diciembre, sus significados y sus irradiaciones sociales y culturales. Esbozos, premisas e interrogantes.
17. Revisión y diálogo en torno de lo estudiado.
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS (UBA) Puan 480, Ciudad de Buenos Aires
TIEMPOS DE IDENTIDAD
2do. Seminario de poesía latinoamericana en Filosofía y Letras
A MODO DE PRESENTACIÓN
Las producciones poéticas y las expresiones históricas y culturales latinoamericanas han resultado durante estos años lastimosos de neoliberalismo todo un tema, aunque de cuerpo ausente, u ocultado. Ciertamente, desde las concepciones multinacionales hegemónicas no se les asignó ningún lugar más allá de su desaparición, o de la cita ligera o torpe, borrándoselas inclusive de los programas de enseñanza y de toda circulación posible.
Es que no era para menos; la cultura siempre ha sido, ya desde la ofensiva de los antiguos conquistadores, un objetivo tan estratégico como el político y el económico. Y todo dice además, dando una mirada a nuestros entornos y a sus ruinas y desguaces vastos, que estos tiempos se han venido tratando, si no de saqueos al viejo modo, de algo perfeccionadamente análogo, llámese de "el fin de la historia", o "relaciones carnales".
Este seminario de poesía latinoamericana --que es el segundo consecutivo en aulas de esta casa de altos estudios, después de tan prolongada y lamentable ausencia-- traza un puente directo en común (que incluye a las producciones aisladas y en aislamiento relativo) hacia las vivencias, pensamientos, sueños e interrogantes de todo un continente, que se extiende, de cara a estos días, y en su legado, para reaprehender y descubrir.
TIEMPOS DE IDENTIDAD
12 clases programadas y dictadas por Eduardo Dalter
Apertura: lunes 4 de abril, 17 horas, en el Aula 108, 1er. piso; con desarrollo todos los lunes, en el mismo horario, hasta su término en julio.
Una mirada dinámica hacia un horizonte intenso de voces, desde los movimientos populares de los '50 y la Revolución Cubana, que incluye sus precedentes históricos y que abarca hasta nuestros días.
PUNTOS PROGRAMÁTICOS
1. Presentación del seminario; sus fundamentos, recorridos y objetivos.
Obras poéticas bautismales: los cantos nahuas (s. XIII al XV) y el Popol Vuh. La poesía en la colonia y en el período independentista. El concepto martiano de "nuestra América".
2. Las poéticas latinoamericanas de las primeras décadas del siglo XX (tradiciones y vanguardias), hasta los "poemas humanos" de Vallejo.
3. Observaciones y notas acerca de algunos poetas referenciales: Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Pablo de Rokha, Nicolás Guillén, Drummond de Andrade y Efraín Huerta.
4. El movimiento huelguístico de los años '50 y el surgimiento de las vanguardias culturales. La "antipoesía", la "poesía conversacional", y el "exteriorismo", entre otras vertientes.
5. La Revolución Cubana y su presencia en las producciones poéticas y culturales. Reformulaciones críticas y estéticas. Los poetas de la Revolución; Roberto Fernández Retamar y Fayad Jamís. Las nuevas publicaciones del continente.
6. La poesía de Haití, desde Jacques Roumain a la experiencia grupal de Haiti Litteraire y de los poetas posteriores. Encuentros, fisuras y ejes críticos.
7. La diversidad estética de la poesía centroamericana en la afirmación de una dinámica cultural y de una nueva tradición. Roque Dalton y Ernesto Cardenal, entre otras voces.
8. Harlem: los blues de la historia. Una cercanía vivencial, con algunos intelectuales y poetas del Caribe integrados a su panorama.
9. El movimiento revolucionario, el terrorismo de Estado y los poetas mártires: Jacques Viau (Haití), Roberto Obregón (Guatemala), Javier Heraud (Perú) y Leonel Rugama (Nicaragua), entre otros. Un mapa de jóvenes voces.
10. La poesía en las colonias francesas e inglesas en el Caribe; dos cursos estremecidos. Aimé Césaire, Gontran Damas, y las repercusiones del "movimiento de la negritud".
11. Brasil y sus horizontes poéticos, desde las formulaciones y resonancias de Mario de Andrade; sus distintos momentos, sus obras recientes.
12. Poesía argentina (1960-1975). De El Pan Duro a El Lagrimal Trifurca y el periódico Alberdi. La poética de Gelman. El intenso movimiento poético en las provincias.
13. El verbo desolado. Las nuevas generaciones poéticas en tiempos de terrorismo de Estado (los años '70 y '80) y las nuevas miradas. Los poetas desaparecidos.
14. Poesía argentina. Poéticas de desazones y de intemperies. Dos poetas de Avellaneda, dos tiempos: Alejandra Pizarnik y Néstor Perlongher.
15. Las políticas culturales neoliberales en el continente; la desmemoria y la atomización como estrategias; el desembarco y el quehacer tipo de las fundaciones.
16. Los diálogos críticos y las nuevas propuestas. El 20 de diciembre, sus significados y sus irradiaciones sociales y culturales. Esbozos, premisas e interrogantes.
17. Revisión y diálogo en torno de lo estudiado.
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS (UBA) Puan 480, Ciudad de Buenos Aires
TIEMPOS DE IDENTIDAD
2do. Seminario de poesía latinoamericana en Filosofía y Letras
A MODO DE PRESENTACIÓN
Las producciones poéticas y las expresiones históricas y culturales latinoamericanas han resultado durante estos años lastimosos de neoliberalismo todo un tema, aunque de cuerpo ausente, u ocultado. Ciertamente, desde las concepciones multinacionales hegemónicas no se les asignó ningún lugar más allá de su desaparición, o de la cita ligera o torpe, borrándoselas inclusive de los programas de enseñanza y de toda circulación posible.
Es que no era para menos; la cultura siempre ha sido, ya desde la ofensiva de los antiguos conquistadores, un objetivo tan estratégico como el político y el económico. Y todo dice además, dando una mirada a nuestros entornos y a sus ruinas y desguaces vastos, que estos tiempos se han venido tratando, si no de saqueos al viejo modo, de algo perfeccionadamente análogo, llámese de "el fin de la historia", o "relaciones carnales".
Este seminario de poesía latinoamericana --que es el segundo consecutivo en aulas de esta casa de altos estudios, después de tan prolongada y lamentable ausencia-- traza un puente directo en común (que incluye a las producciones aisladas y en aislamiento relativo) hacia las vivencias, pensamientos, sueños e interrogantes de todo un continente, que se extiende, de cara a estos días, y en su legado, para reaprehender y descubrir.
*EDUARDO DALTER. cuadcarmin@...
Algunas referencias
Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Algunos de sus poemas y artículos fueron incluidos en diversos suplementos y publicaciones del continente: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), revista Shantih (Nueva York), Revista Nacional de Cultura (Caracas), entre otras. De su obra poética édita se cuentan: En la medida de tus fuerzas (1982), Silbos (1986), Hojas de sábila (1992), N.Y. Postales para enviar a los amigos (1999), Bocas baldías (2001), entre otros títulos. En el año 2000 publicó un trabajo de investigación con antología acerca de la poesía del Harlem titulado Harlem: los blues de la historia, y en 2004 apareció en Casa de las Américas (La Habana) su obra El mercado de la muerte. Dirigió en el lapso 1994-2002 la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín.
Inscripción e informes: catedraabiertawalsh@...
Algunas referencias
Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Algunos de sus poemas y artículos fueron incluidos en diversos suplementos y publicaciones del continente: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), revista Shantih (Nueva York), Revista Nacional de Cultura (Caracas), entre otras. De su obra poética édita se cuentan: En la medida de tus fuerzas (1982), Silbos (1986), Hojas de sábila (1992), N.Y. Postales para enviar a los amigos (1999), Bocas baldías (2001), entre otros títulos. En el año 2000 publicó un trabajo de investigación con antología acerca de la poesía del Harlem titulado Harlem: los blues de la historia, y en 2004 apareció en Casa de las Américas (La Habana) su obra El mercado de la muerte. Dirigió en el lapso 1994-2002 la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín.
Inscripción e informes: catedraabiertawalsh@...
o personalmente en la Secretaría de Apuntes, 1er. piso, o en la oficina 244, 2do. piso, SEUBE, de la Facultad. Al término en julio, la institución otorgará certificaciones. Inscripción gratuita.
Convocan: Agrupación Rodolfo Walsh, Junta Departamental de Letras, y Taller de Poesía y Cultura César Vallejo.
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 13 de marzo del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor argentino Ezequiel Viñao. Las poesías que leeremos pertenecen a Raúl Tápanes López (Cuba) y la música de fondo será de Rikchariy (Perú); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán.
¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo
¡Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Friesachstr. 4/2 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Friesachstr. 4/2 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
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