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EDICIÓN JULIO INVENTIVA   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #53 de 226 |
Edición JULIO 2005 INVENTIVASocial
 
 
 
La vieja máquina de coser*
 
Del silencio  pensar, las manos escarban herrumbre y antaño.
Ni así,  hay manera de recorrer sus historias.
Los vapores del siglo en la casa, aromas de lluvias, nostalgias,
de noviazgos idos, siestas en el volar de tanta mariposa.
Guardapolvos, chalecos, vestidos que punto a punto
en vaivén la aguja paría al hilo sano en la nueva o vieja prenda
que el cuerpo  luego altivo exponía.
En casas de  obreros,
 el color no bastaba para lucir algo nuevo.
No hay silencio que cuente sus historias,
no hay caso.
Esta tan vieja y chescolovaka máquina de coser,
 quiere sincrónicamente contarme en su luto
y no hay silencio que hable.
El aceite, hizo destrabar el hilo al comenzar sus cantares.
Clack-clack, . . .clakc quete clack . . .
avanza en un Morse indefinido a tipear en la noche
notas musicales,
 hasta que una lágrima del sedal,
dejó una cortina triste en la huella
 de la palabra dormida.

*de Ricardo D. Mastrizzo. ricardomastrizzo@...
 
 
*
Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.
 
*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
Libertad*

La mujer de la foto, parecía decir algo. Sus grandes ojos verdes, manifestaban cierto descontento, como si alguien por alguna extraña razón la hubiera obligado a retratarse, para quedarse ahí por siempre.
El negro de la película fotográfica, dominaba la escena, confundiendo a la protagonista con el fondo lóbrego y encerado.
Detrás de ella, se alcanzaba divisar una puerta entreabierta, la que, supongo gemía ordinarieces desde sus bisagras resecas y abandonadas.
El marco desvencijado, caía a uno de los lados, dejando firmes certezas.
Manuela se colocó a mi izquierda y tocándome suavemente el hombro, murmuró -¿Es misteriosa verdad?, ¿Sabes? -agregó- desde siempre, ese retrato estuvo ahí colgado, la abuela Josefa, ¡esa! ¿la ves? -preguntó escrutadora señalando el otro retrato-, nunca me quiso. Herminia me confesó que mi abuela detestaba a mi padre. Por esa razón mi madre fue sentenciada a padecer sus continuos desplantes y reproches.
Yo le tomé la mano y su dedo índice acusador bajó doblándose para aferrarse al apretón que le brindaba mi mano; luego me volví, regresando por fin celosamente a la joven mujer que me subyugaba.
Manuela se marchó, silenciosa, por el amplio corredor dispuesta a recorrer otras habitaciones. La casa era grande, pero vieja, tan vieja y ruinosa como la anciana antes señalada, que, desde la foto controlaba. Ella, estaba sentada con los brazos cruzados sobre su regazo, su rostro oval, el cabello blanco y tirante, sujeto atrás por una peineta que asomaba en lo alto del rodete.
Los ojos siniestramente oscuros y penetrantes como una daga, parecían perforar los míos. Su atuendo chispeaba brillante, como si miles de dragones se hubieran dado asilo por debajo de la falda.
La figura, imponente y descolorida por el tiempo, se perdía entre los sepias y los rojos, parecía no rendirse ante la muerte,-pero calculo que alguna vez tuvo que hacerlo.
Detrás de la anciana también coincidentemente con el retrato de la mujer joven, había una puerta, pero, a diferencia de esta última, permanecía cerrada.
Sentí cierto escozor dentro del alma, un vacío inmenso que se internó y provocó mi retirada.
La casa había sido propiedad de antepasados parientes de Manuela, según me enteré y a pesar del resto que aún vivía, se libró un testamento que la hizo acreedora de la misma.
Nunca comprendimos tamaña decisión, ya que habíamos permanecido alejados de la familia por influencias de la funesta y desamorada abuela. A nuestro pesar, sentíamos que habíamos sido causa de evidentes conflictos entre los familiares, que ofuscados se fueron del pueblo.
Nos quedamos solos, en un lugar inquietante, hostil, donde la gente caminaba cabizbaja y de espaldas encorvadas, hasta los niños parecían inocentes criaturas envejecidas, sollozando uniformados, cierta formalidad.
Las calles respiraban aires grises y mustios, producto del polvo levantado por idas y venidas. Todos eran presos de su propia cárcel, perseguidores de la nada, que sin lugar a dudas respondía a esa huida temeraria y temerosa que se resistían abandonar.
Sus casas "sus prisiones", como la nuestra, estaban deterioradas, con paredes rasgadas por entretejidas y tupidas enredaderas, que se prendían a los muros como chupadoras de energía.
El verde lo ocupaba todo, para extrañeza, era lo único bello del lugar, savia y vida regurgitada dentro del abismo reinante.
Las miradas, perdidas de los habitantes, calcinaban la tierra, horadando, buscando en los fondos el refugio.
Yo sentía el murmullo de esa caída golpeando las entrañas de la muerte, yo entendía que no entendían y yo tampoco, por eso debía esperar, ¿Esperar? Tal vez el milagro -me respondí ante la pregunta que batallaba insistente en mis sienes.
Carmelo, el panadero llegó con su carro; encorvado como los demás, bajó del mismo, golpeó la puerta y dejó las bolsas de harina.
Herminia, la mujer que había criado a Manuela, desde que su madre decidió poner fin a sus días, tomó la pesada carga y la arrastró hasta la cocina, desató los nudos y volcó en un recipiente la porción necesaria para amasar el pan del día. Todo era rutinario y organizado, un ritual que yo observaba desde la ventana de mi taller de carpintería, mientras la madera se despojaba aserrinada en gritos.
El colchón amarronado que se formaba desafiaba a las nubes blancas que bailaban en la cocina. La voz de Manuela llamándome quebró la magia pronta a ser vencidas por el agua que Herminia colocaba en el tazón.
El serrucho se deslizó de mi mano para caer sobre el tablón, lineal, y sin argumento se calló lo que duró el instante, cuando sentí perder a Manuela.
De su boca apenas entreabierta se escuchaba un frágil silbido, como si sus pulmones se hubieran adueñado de todo el aire si dejarlo regresar. La tomé entre mis brazos y corrí desesperado al cuarto, la arrojé en la cama; la criada lloraba, frotándose el rostro con las manos flamantes de masa.
Miré buscando a Dios en algún sitio: En su lugar sólo paréntesis encerrando pesadillas...
La mujer anciana sonreía ahora, desde la foto, parecía haber logrado su cometido.
La otra, la joven, misteriosamente había escapado por la puerta abierta. Comprendí entonces mi embelesamiento por esa joven de la foto y la relación que nos unía -seguramente de alguna otra vida-, un "dejá vu" -pensé- cuando Manuela, cerró sus ojos verdes… también para marcharse.

Me asomé a la ventana. La gente estaba erguida, libre, despreocupada, parada junto al portal, con flores frescas en las manos...

*Angeles Charlyne. angelescharlyne@...
 


 
 
CUANDO*
 
cuando me desnudo
despacio
 cansinamente
en tu mirada
 
la estancia es
violeta
magenta
azul
 
el perfume emborracha
 
melodía y me dolía    
                     el sonido de tu voz
 
 alas
tus  manos
            desplumando la noche

                             
*
el sol dejó olvidado
algunos rayos
                  en la almohada
 
caprichosos
      no quieren dejar la casa
se enredaron en mis rulos

                    
 *Poemas de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...



 
 
Fronteras*

            "Acaso alguna tarde o alguna noche estuve en el Brasil, porque la frontera
no era otra cosa que una línea trazada por mojones" J.L.B. ("El Congreso")

 
 Nunca comprendí las fronteras. Cuando niño imaginé gigantescos y extensos muros, inviolables, construidos ignotamente. Muros que no permitíanel paso de las tormentas, de la temperatura ambiente, de las nubes, de los ángeles, de los pájaros. Creía que el sol de este lado era distinto al del otro y que el cielo, invariablemente, era otro.

            Crecí. Las cosas están más claras. Ahora el muro lo veo, no lo imagino. Se mueve orugosamente y, en más de una ocasión, impide que vea del otro lado. Llegué a entender que, en ocasiones, formo parte de él.


La puerta*

 Allí estaba la puerta. Estaba en un marco de inmensidad, sola, invitante, en medio de un frondoso parque por el que suelo caminar. Ahora, ya pasado un tiempo, me pregunto: ¿sólo yo la veía?. ¿Cómo es posible tantos y tantos caminantes desatentos a plena luz del día?.

 Como no suelo dejar pasar ciertos desafíos que se presentan, me acerqué a la puerta haciéndome el distraído. ¡Una puerta, aquí, en el medio del parque! ¡Jhá! Veremos.
 Primero di una vuelta a su alrededor como inspeccionando. Lo que más me llamó la atención es que la parte de atrás, si la hay de una puerta, no se veía y no se tocaba. Es más, veía a los demás caminantes que gozaban de su andar en la vereda unos cien metros alejados de mí. La puerta,
aseveré, es transparente al menos de un lado. Cuando volví al punto original de mi posición estaba tal como primeramente la percibí.
 
Di un paso hacia adelante y tomé el picaporte. Lentamente comencé a abrirla. No opuso resistencia. Daba a un pasillo oscuro con una luminosidad tenue al fondo. La cerré lentamente. Desde esa posición seguía viendo el parque y la gente pero ellos, no me veían. Oía solo mi respiración y mis, cada vez, más suaves pasos. No me detuve hasta llegar al final del pasadizo que, por otra parte, no fue traumatizante. Al contrario, fue como si mis temores se deshilacharan en él, desflecados y sin consistencia; llegó un punto donde este desmoronarse las barreras del temor me hizo preguntar si no era una especie de inducción para atraparme en ese raro laberinto, fuera quien fuere el que quiera atraparme.

            Al llegar a la claridad mi visión se transformó; ya no veía la forma de las cosas sino que veía su interior, todo el movimiento en danza de sus elementos, sus modificaciones y sus uniones, sus luminosidades como un vertedero de chispas multicolores. Permanecí el tiempo necesario, no sabría decir cuanto, observando. Algo se movió en  y con otro sentido acaparando mi atención. ¿Un fantasma? ¿Un ánima? ¿Un espíritu?. Lo que fuere, dijeme. Con extrema suavidad se dirigió hacia donde estaba parado (en realidad, ¿flotaba?) y me hizo una seña para que la siguiera. Esta figura casi humana, con un breve ademán, hizo que se abriera una especie de pórtico celeste y
vi, por ello, un mundo sólo imaginable: peces aeromorfos, panes espontáneos que con el solo hecho de pensarlos aparecían, niños jugando viejos y renovados juegos, pájaros sin jaulas, gente sin el gesto fruncido haciendo diversas tareas: pintar cielos figurados, cantar canciones aún no
realizadas, caminar por senderos que sus pasos abrían por primera y última vez, crear un día distinto al supuesto por el calendario, hojar margaritas y ser siempre correspondido, excavar el aire y atrapar estrellas por instantes, fabricar sueños por encargo y otras tantas tareas que no podría nombrar.

            Mi guía sólo me hizo girar parsimoniosamente: otro pórtico se abrió y vi. La imagen espejada y contraria, dura y violenta golpeó mi rostro. Los perros de la noche, en jaurías incontrolables, se adueñaban de los arrabales y avanzaban lentamente hacia el centro; los peces, moribundos, daban bocanadas de auxilio sin respuesta, los niños errantes comían de los
desperdicios y lo poco humano que les quedaba era devorado por la corrupción de zombies anónimos que, si en algo eran reconocibles, lo era por sus harapos. No soporté sostener la mirada y todos los temores que se habían disuelto, aparecieron con mayor fuerza y nitidez. Me inmovilizaron, sujetaron, no me dejaban pensar. El temor detrás de esa puerta, pense y cuántos tengo.

            Con un breve toque, sobre uno de mis hombros del extraño ser, vi otras realidades: lentas, rutinarias, insulsas, pasionales, breves, contundentes: amores cruzados, el pez grande que se come al chico, espejos rotos, amantes furtivos, amantes sin más, labor por el pan cotidiano, gentes viviendo, funerarias, terrazas oscuras, viejos sapos en los zaguanes, deseos ocultos, maremotos parturientos, cosechas generosas, perros copulando, árboles florecidos, música improvisada, poetas deambulando, matarifes ensangrentados, niños riendo y otros pidiendo, noticias radiales, amigos compartiendo. Estaba nuevamente recorriendo el parque sin noción de cuando había cruzado el portal.


Presencia*

            Siempre abordar algo produce una sensación oscura y excitante producto, tal vez, de la propia inseguridad de lo que puede ocurrir en situaciones semejantes. Me voy a permitir ser erótico porque, después de todo, el erotismo,  tiene mucho que ver en nuestros actos cotidianos. En mi condición de macho de la especie, y como tal hablo, descubrir una mujer, disfrutarla en todo produce una sensación parecida: uno no sabe cómo va a reaccionar, no solo la mujer, sino uno mismo. Creo que a las damas les debe ocurrir algo semejante. De todas  maneras siempre es más interesante descubrir y dejarse descubrir por una mujer que abordar otras cuestiones.

            Pero ocurre que no recuerdo sobre lo nuevo a abordar, tal vez por el hecho de haber encendido la presencia de una de ellas, es decir, de una mujer que alienta mis pasiones y por más que intente deslizarla hacia otros universos de mi mente ella aparece más nítida y fulgurante que antes, es decir antes de intentar deslizarla. Así es que me dejo llevar por toda esa energía erótica que acumula adrenalina y me permite sumergirme en todas las imágenes que se me presentan.

Ocurre que es una fuerza superior la que me embriaga y no puedo eludirla o, más precisamente, esquivarla. Ella me ocupa, me desliza, me sumerge, me eleva, me impele a rincones siempre cálidos. Quisiera poder perpetuar una de sus miradas, una de sus cadencias al andar, su aroma de mujer cuando pasa junto a mí o su sonrisa. Sería la felicidad constante que, por otra parte, es inatrapable y se esfuma como la brisa o la bruma sobre el río. Y uno se queda con ese instante como fiel reflejo de la eternidad que nos evade. Uno quisiera, como en este caso yo, perennizar el momento y el estado del corazón; su propia excitación y el deseo aún no consumado que se prolonguen para que nunca y para que siempre sea disparada la flecha sin que el arco
deje de estar tenso.

            ¡Oh!. El amor. Sumergidos en él no lo vemos. Sencillamente lo actuamos, sin percibirlo por su fragilidad que es la nuestra propia.

 

Camino vecinal*


            Estaba sentado a la vera de un camino vecinal, un árbol hacia compañía a mi intemperie. La desprolijidad verde de las malezas cercanas y el punto donde el camino se pierde me proporcionaban, más aún, ese indescriptible sentido de la soledad. Precisamente en ese punto algo comenzó a moverse. Sin formas definidas, sin sonido alguno que lo acompañe. Emergía desde el fondo del camino donde el sol quema el aire.

           
Al principio quedé pegado al suelo observando esa lejanía que acortaba distancias. Pese a ser un camino de tierra, no levantaba polvo alguno; era como si levitase sobre él. Perdí noción de los tiempos. No sé si fueron segundos o minutos pero ante mí, ya parado y pegada mi espalda al
árbol,  hombres y mujeres, con estandartes  celestes y blancos, vestidos con viejos y raídos uniformes militares de todas las épocas o civiles carcomidos por el tiempo,  acompañados de guías y rastreadores y de inmigrantes alucinados por la promesa de la tierra nueva,  bajaron de la
grupa de los animales o de vehículos diversos y con gesto tenso se inclinaron ante mí.

          
  Uno de ellos se dirigió hacia donde estaba. Era el que tenía más autoridad o, al menos, el don del habla. Hasta allí todos iban con gestos adustos y silenciosos, mirada al frente. Sin dejar nada de sus manos comenzó a hablar:  - Pocos nos ven.  No temas y escucha. Casi todos están ocupados en sus obligaciones cotidianas, en sus rutinas que, a veces, se nos ocurren sin sentido. Ya no nos ven. Somos espectros poblando esta pampa interminable como una mar; espectros que hemos creído en nuestras luchas y más de uno de los que aquí ves nos hemos matado entre nosotros por guerrear en distintos bandos o pensar cosas distintas sobre el mismo país.  Y todos  nos
acusábamos de lo mismo, casi los mismos argumentos. Lo comprendimos después. Mira bien, bien. También nos acompañan nuestros hermanos, los mal llamados indios, los verdaderos desposeídos en esta pampa. Somos espectros. Queremos que nos vean pero nos temen y porque nos temen no nos ven. Representamos esperanzas, ideas, anhelos, frustraciones, mentiras, alegrías y tristezas,
dudas y certezas, gozo y dolor. Todo junto. Abocarse a la tarea de desliarlos es inútil y no haría comprensible nada de lo que aconteció. ¿Cómo explicar la alegría de una batalla ganada con el dolor del amigo muerto en la misma?. Nuestras sangres alimentan un caudaloso río rojo. Como verás somos personajes de poca monta en la historia. Quizás figuramos como la tropa de, el alzamiento en, la batalla tal, el pueblo aquel.  Aquí estamos poblando lo que pocos ven; y se siguen sumando a la caravana. Mira bien, bien. Ahora se sumaron soldados combatientes en las islas o muchachos que creyeron en otra forma de país.  Estamos todos. Es una caravana de historias
personales y de grupos y de épocas. No queremos avisar de nada, no deseamos interferir, sólo queremos que nos vean.

            Abruptamente finalizó su decir. Me saludó con la cabeza mientras, con uno de los brazos daba orden de continuar. Intenté hablar, preguntarle su nombre, pero no dio lugar a ningún tipo de diálogo. La caravana se puso en marcha pesadamente, tal como llegó. La vi alejarse tras
unos árboles a campo traviesa. Quedé largo rato mirando hacia el ocaso. El día estaba dando sus últimos estertores. Unos que otros pájaros retornaban a sus nidos.
Tenía una historia poco creíble en las manos con leve protagonismo de mi parte y se las ofrezco.


Esfera*

            No era una sala muy grande. Había una mesa cubierta con un vidrio. Se espejaba una tenue luz azul sobre él. Sala muy sobria, esa. Paredes lisas, sin adornos. Los dos asientos eran confortables. Cuando ingresé me sentí transportado a una cápsula, tal vez porque los sonidos
externos eran inaudibles.

Sobre la mesa, casi de dos metros de largo y uno de ancho - en forma estimativa -, había una esfera transparente del tamaño de una pelota de fútbol. Estaba flotando. En realidad esto lo percibí después. Al principio no lo noté. Estaba solo.

            Alguien, no sé quién, me señaló con la voz que observara con atención la esfera. Que mirara su centro. Así lo hice. Vi en el centro una esfera más pequeña, sólida, que giraba lentamente, emitiendo y recibiendo descargas eléctricas muy pausadamente. No la quitaban del lugar. Su grandor era el de una bolita de vidrio con la que juegan los chicos.

            Evaluar el tiempo que miraba absorto esa esfera y su centro me resulta imposible. Fue, sin mayores explicaciones, que me di cuenta que flotaba y giraba toda ella. Me atreví a dar vuelta alrededor de la mesa. Nada cambiaba de posición. Solo yo.

            La misma voz decía: - Esta esfera tiene vacío interior. Por eso la más pequeña se mantiene en su centro. Las descargas eléctricas son en realidad, ondas electromagnéticas que intercambian información. El espacio interior está cubierto con ellas. En esta esfera se puede acumular toda la información que se quiera. Es casi infinita su capacidad.

            El silencio ganó todo el ámbito de la sala. Me vi impulsado a salir de ella. No tuve opciones a preguntas. No se me dieron. Desperté. El dormitorio estaba oscuro y aún no era la hora de comenzar mis actividades.
El sueño me quedó en las manos. Antes que se disolviera decidí escribirlo.


* Escritos de Oscar A. Agú
cachoagu@...
 
 
 
LIBERTAD*

 La vida es una inmensa pradera, pero la transitamos por arroyos o ríos que corren por el fondo de profundísimos cañones. Altas paredes nos mantienen en nuestro cauce, cada tanto una bifurcación de los cursos de agua nos permite virar hacia la izquierda o la derecha, y creemos de esta manera que podemos escoger. Pero la vasta llanura de allá arriba, pero el mapa que veríamos de poder sobrevolar el paisaje nos está negado.
 Creemos que elegimos, pero nos limitamos a surcar los pocos caminos que se nos ofrecen. Y algunos van por el río multitudinario, lleno plagado rebalsado de canoas que se empujan se chocan se tocan, dan ilusión de compañía, otros navegan por cursos poco habitados, y se sienten únicos y creen que están solos porque son menos, y creen que ellos eligieron y los otros no, que las multitudes son arrastradas mientras que los solitarios guían hacen dibujan su propio destino, y esto lo piensan con satisfacción mientras el agua, la misma agua los arrastra también a ellos.
  En qué consiste la libertad si en definitiva hacemos lo único que podemos hacer de acuerdo a nuestra educación, temperamento, mandatos imperativos de la especie, circunstancias. Qué sería ser libres si hay una red una telaraña que tiende sus hilos de amigo a pariente, de vecino a jefe, de deseado a deseante. Y si esa red nos agobia pero nos sostiene, qué sería ser libre.
  Sin la red; el salto al vacío, la responsabilidad absoluta, la completa y absoluta responsabilidad por las propias acciones, por la vida que no es ya la que nos toca sino la que nos hemos construido. Sin la red, la
 imposibilidad de echar la culpa de nuestros fracasos e insatisfacciones sobre espaldas ajenas.
      Ser libre es demasiado peligroso. Quita el piso, nos suspende sobre el abismo, nos deja solos con nosotros mismos mirando nuestras propias caras asustadas. Es mejor ceder a la corriente, ser infelices por culpa de otros, no haber hecho realidad mis anhelos porque no me dejaron, te juro que yo
 hubiese sido si no fuese porque mamá.
   Nada de dirigir la canoita a la orilla, de escalar la pendiente, de caminar por la llanura. Sabemos que los temerarios se pierden, mueren de frío, enloquecen de soledad. Conviene dejar que las aguas nos arrastren, responder a las efímeras circunstancias, escoger en las bifurcaciones y creer que nada nos ata porque elegimos arquitectura y no abogacía, entre esta novia y no la de la casa de al lado, entre la mesa redonda y no la cuadrada para la sala. Qué cómoda libertad ejercemos entonces, qué segura
libertad, qué amplia cárcel, realmente.
   Y, quizás, no estemos errados, y la libertad sea una palabra demasiado grande como para usarla sobre este lado de la realidad. Y quizás sea que una realidad porosa no sea saludable, no convenga de ninguna manera a nuestra esencia de cardumen.
   Pero elegir la libertad no es, vaya paradoja, cuestión de elección.
No somos libres de estar atados. Una vez que uno se dio cuenta de cómo es la cosa, no puede volver a confiar en la red de allá abajo que protege de la caída, la red agranda la trama, no ofrece protección, tiende a dejarse ver como una argucia débil frente a la inmensidad soledad y frialdad del cosmos.
 Una vez que uno se dio cuenta de la fragilidad de las paredes, de lo inestable y cambiante de las creencias, una vez que uno se dio cuenta de que la muralla que rodea la ciudad está derruida en muchos sitios, queda a la intemperie, se siente desoladoramente libre, busca alguna celda para guarecerse.
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 


 
Un amor de Belgrano*

Cómo contarlo al pobre Belgrano? ¿Con qué colores pintarle diez años de guerra y de infortunio? ¿Qué instante de su vida elegir para evocarlo mejor? Pongamos primero los de las efemérides escolares: los jubilosos de Tucumán y Salta; los nefastos de Vilcapugio y Ayohúma; los del rebelde que levanta una bandera propia para acelerar la marcha de la Historia.
Pero sobre todo los del amante otoñal y olvidado que guerrea en el norte a la espera de que San Martín caiga sobre el Perú.
En 1818 ya han muerto los sueños de revolución y la guerra civil entre porteños y provincianos ha desatado odios que van a prolongarse hasta hoy. Belgrano, que en Tucumán cuida la retaguardia de los guerrilleros de Güemes, impone una disciplina espartana: se acaban los bailes, las mujeres y la baraja. San Martin y Paz se asombran y lamentan la dureza de ese civil al que las circunstancias han hecho militar. Por las noches recorre las calles con un ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes. Es de acero ese jacobino católico al que llaman despectivamente bomberito de la Patria. En pocos meses funda varias escuelas, una academia de matemáticas, una imprenta y manda sembrar huertos para pelear contra el hambre que le mata los caballos y debilita a la tropa. Curioso personaje este nieto de venecianos del que San Martín escribe: "Es el más metódico que conozco en nuestra América, lleno de integridad y valor natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a la milicia, pero créame usted que es el mejor que tenemos en América del Sur".
¿Cómo es? "De regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, con una fístula casi imperceptible bajo un ojo; no usa bigote y lleva la patilla corta. Más parece alemán que porteño." En Buenos Aires ha tenido amores tumultuosos de los que ha nacido un hijo clandestino que Juan Manuel de Rosas cría y ampara bajo el nombre de Domingo Belgrano y Rosas. Otra descripción de primera mano, dice: "Es un hombre de talento cultivado, de maneras finas y elegante, que gustaba mucho del trato con las señoras".
¿Por qué se sacrifica? Por la libertad y la justicia. Esos valores que le han faltado durante los primeros cuarenta años de su vida serán la obseción de los diez últimos. Y al final, derrumbado por la cirrosis y la hidropesía, trata de comprender por qué lo abandonan. "¿Ha créido usted acaso que yo pueda dudar de la legitimidad de los gastos que se hagan en ese ejército? -le escribe Pueyrredón-. no sea tonto, compañero mío y crea que así como usted me llora porque lo auxilie con dinero, yo lloro del mismo modo porque veo las dificultades. Usted siente las necesidades de ese ejército y yo con ellas siento las del de los Andes, las del Este, las de los Enviados Exteriores y la de todos los pueblos." Entonces, Belgrano se dirige a Saavedra: "Digan lo que quieran los hombres sentados en sofás o sillas muy bonitas, que disfrutan de comodidades mientras los pobres diablos andamos en trabajos; a merced de los humos de la mesa cortan, tallan y destruyen a los enemigos con la misma facilidad con que empinan una copa".
Es que su ejército de liberación no tiene donde caerse muerto: "Ni tiempo, ni suelas, ni cosa alguna tenemos: todas son miserias; todo es pobreza, así amigo que yo me entiendo", le escribe a Martín Güemes que le pide auxilio. Poco después, a Pueyrredón: "Todas son miserias en este ejército. No dinero, no vestuario, no tabaco, no yerba, no sal, en una palabra: nada que pueda aliviar a esos hermanos de armas sus trabajos ni compensar sus privaciones". Y enseguida: "La deserción está entablada como un consiguiente al estado de miseria, desnudez y hambre que padecen estos pobres compañeros de armas".
Es un Belgrano achacoso, de chaqueta zurcida y botas remendadas el que se reencuentra de pronto con la niña Dolores Helguera. Ella es hija de una intocable familia tucumana y el general la ha conocido en los jubilosos días de victoria, cuando era una pecosa de trece años. Ninguno de los dos ha olvidado los primeros amores de 1813 a los que la familia de la muchacha puso fin casándola con un tal Rivas, de la aristocracia local. Por entonces, Belgrano aparecía a los ojos de los tucumanos como un plebeyo metido a revolucionario. Ya antes, en Buenos Aires, había desatado escándalos por sus entreveros con polleras honorables. Pero a los cuarenta y nueve años, destrozado por los combates y los sinsabores, se tropieza de nuevo con la adolescente que lo amó de viejo. En una de sus rondas la ve pasar, pero es tan poco lo que queda de aquel general victorioso, que no se anima a correr a su encuentro.
Lo que sigue es un mal folletín: Belgrano se entera de que ella vive en Londres, provincia de Catamarca, y manda a un hombre de confianza a que averigüe si ella todavía lo quiere. El chasque corre, pregunta, finge (sin saber que dice la verdad) estar al servicio de un general moribundo. Dolores Helguera se enternece y corre a verlo. El tal Rivas, que en el folletín hace de marido, está en Bolivia y como es un tipo prudente no se acerca a Tucumán. El cura Jacinto Carrasco, que escribe la primera noticia, le inventa una separación para no manchar la memoria del amante perfecto. Cuando Dolores queda embarazada, Belgrano mueve cielo y tierra para ubicar a Rivas y protegerlo de las razones de Estado que ponen su vida en peligro.
Carta a Pueyrredón: "Repugna a mis principios arrebatar las propiedades y jamás entraré en semejante idea, por consiguiente nos veremos expuestos a no tener qué dar de comer al ejército (...) La desnudez no tiene límites: hay hombres que llevan sus fornituras sobre sus carnes y para gloria de la Nación hemos visto visto desnudarse de un triste poncho a algunos que los cubría para resguardar sus armas del agua". Se acorta el tiempo para Belgrano, pero todavía le quedan algunos disgustos por sufrir. En 1819 la Revolución ya es una parodia y todo se le escapa de las manos: la mujer que le niegan y el ejército que se le subleva. "De resultas de la Revolución se vio abandonado de todos; nadie lo visitaba, todos se retraían de hacerlo", cuenta su amigo Celedonio Balbín. El gobierno lo manda a Santa Fe y el 4 de mayo de 1819 nace la hija, Manuela Mónica. En agosto, Belgrano se siente morir y vuelve a Tucumán para reconocerla como suya. Llega en camilla, echando espuma por la boca y agarrotado por los calambres. Temeroso de nuevas calamidades, un capitán de nombre Abraham González subleva a la tropa, insulta y maltrata al propio general. Es el fin: con la plata que le presta Balbín, emprende el último viaje. lo acompañan su médico, un capellán y el padre de Dolores: "Cuando llegaban a una posta lo bajaban cargado y lo conducían a la cama". Es tal el odio que los provincianos alzados en armas profesan a los porteños, que el viaje es una odisea. Cuenta Balbín: "Al llegar al campo de Cepeda, a pocos meses de la batalla, en el patio de la posta donde pasé me encontré con dieciocho a veintidós cadáveres en esqueletos tirados al pie de un árbol pues muchos cerdos y millones de ratones que había en la casa se habían mantenido y mantenían aún con los restos. Al ver yo aquel espectáculo tan horroroso fui al cuarto del maestro de posta al que encontré en cama con una enfermedad de asma que lo ahogaba. Le pedí mandase a sus peones que hicieran una zanja y enterrasen aquellos restos, quitando de la vista aquel horrible cuadro y me contesta no haré tal cosa, me recreo con verlos pues son porteños. A una contestación tan convincente no tuve qué replicar y me retiré al momento con el corazón oprimido".
El 20 de junio de 1820, mientras los caudillos del interior entran en Buenos aires, el hombre fuerte de la Revolución se muere olvidado, lejos de sus amores prohibidos.

*de Osvaldo Soriano.
  "Cuentos de los años Felices" Editorial Sudamericana. Bs. As. edición de 1994.

 
 
 
CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
Concurso de Cuento Wolfgang Amadeus Mozart* 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
 
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
 
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
 
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EDITORIAL: número 72 de XICÓATL

4. CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
CONCURSO DE CUENTO „W. A. MOZART“
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
PORTUGUÉS:
Concurso de Contos Wolfgang Amadeus Mozart
 
PARTICIPAÇÃO:
-          Para trabalhos inéditos, em prosa.
-          Gênero: conto.
-          Tema: Wolgang Amadeus Mozart.
-          Idiomas: espanhol ou português.
-          Extensão máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, espaço simples.
-          Prazo para o envio dos contos: 30 de SETEMBRO de 2005.
Para participar, faça um só envio pelo correio eletrônico (assunto: Concurso Mozart/psedonimo) que contenha dois anexos em formato Word: o primeiro com “pseudonimo+conto” e o segundo com “pseudonimo+dados” (nome, endereço postal, eletrônico e número de telefone e fax bem como um breve curriculum vitae. Envie os arquivos para um dos endereços relacionados a seguir: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... .(Caso não venha a funcionar um deles, então terá a possibilidade de  utilizar o outro endereço eletrônico. O endereço eletrônico yage.austria@... não admite e-mails provenientes de Hotmail, bol.com.br e possivelmente outras empresas.
 
PRÊMIOS:
 
-          Serão entregues três prêmios no valor de 500 euros cada.
-          Menção de Honra e publicação bilíngüe dos trabalhos destacados.
-          Os resultados serão publicados no # 74 do Magazin Cultural Latino-Americano XICóATL (Ano 15, janeiro/março/2006, edição digital [ www.euroyage.com ] e impressa).
 

*Dr. Luis Alfredo Duarte Herrera. yage.austria@...

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) (662) 82 50 67
 
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"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 

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