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EXISTENCIAS   Lista de mensajes  
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Existencia.*

"¡Hola!" - dijo la chica hablandole bajito. "Vengo a recoger mi existencia."
Se sentó junto a la pared del gallinero retorciendose entre sus manos de cortas uñas una de sus trenzas, mientras miraba distraidamente al hombre que esquilaba las ovejas. Este la miró sin comprender respondiendole.
"¿Vienes a queee?"
"A recoger mi existencia."
"¡Pero si ya existes! ¿De qué fuñigas hablas?" Preguntó socarrón.
"Yo no llamo existir a mover las piernas al andar paso a paso, en doblarme la espalda de sol a sol en los campos, en lavar tu ropa en el frio rio, en cocinar tus alimentos y compartir tu cama amarga. Vengo a llevarme esa mujer fantasma que te sirve a tu lado. Solo asi, en la independiente lejanía de tu compañía, volvería a existir."
Diciendo esto, sacó un cuchillo afilado debajo de la falda y con un corte diestro, abrió de un tajo, su corazón de niña triste.

*de Luisa Belandia.
fwaterdrop@...
 
 
 
la abuelita*
 
la recuerdo especialmente en relación a su calidez como persona. irradiaba un calor que abrigaba y por el cual daban  ganas de dejarse abrazar siempre. con ella uno lograba un espacio en donde te sentías como embriagado de confianza, calmo como un atardecer anaranjado y pleno. la recuerdo especialmente en relación a su simpleza y a su sencillez. siempre fue una señora sumamente brindada, preocupada o exaltada según nuestros propios pasos, mas allá de ella misma y su porvenir. el paso de los nietos y los pasos del hijo que le quedo, mostraban el camino a seguir. entregada y de corazón enorme y sufrido, tuvo un paso para nada fácil por esta vida.
por estos días ya hacen cuatro años que murió. se presentaron, a través de hechos concretos como sensaciones y recuerdos, con mucha convicción y firmeza, unas tremendas ganas de invocarla a través de algunas líneas que describan, y halaguen, su sensible persona. es como cuando uno tira una piedra redonda y pesada al agua, la cual cae, presiona, entra y penetra, obligando al agua que la recibe a retroceder, para finalmente salir con mucha polenta, impulsada por la misma fuerza que la empujo hace instantes. estas sensaciones están dentro mío y pretendo hacerlas salir. de hecho, es lo que estoy haciendo. bien por mi.
 
_ las apariencias engañan ¿?
durante la segunda mitad de su vida sufrió todo tipo de vaivenes económicos, como la mayoría de los abuelos, o jubilados, y sin embargo nunca perdió su compostura, ni dejo de parecer lo que aparentaba. una señora 'bien', criada y educada en la zona norte, geografía por donde se sucedieron la mayoría de los hechos mas relevantes de su vida. se presentaba a las reuniones familiares siempre pituca, con collares de perlas ya sin brillo y luminosidad,  vestidos ya pasados de moda y aros grandes colgando de sus orejas. era sumamente educada y los modales eran uno de sus valores mas sostenidos a lo largo del tiempo. una vez, estando yo de vacaciones en las playas del sur de brasil, le traje un collar de piedras de color azul y verde esmeralda. para mi fue solo un collar por demás exótico y relevante por su extrañes, al cual pude acceder sin mayores problemas, económicamente hablando. para ella, una gloria que me agradecería hasta el final de sus días. tenía un fino humor negro y pocas veces decía malas palabras. cuando soltaba alguna, se lo festejábamos a pura carcajada.
se casó joven y con un hombre sumamente pintón, según argumentos femeninos. y cuando digo pintón, aclaro que según dichos de mi mama, era casi irresistible. este hombre era abogado, profesor de historia de un respetado colegio secundario llamado goethe, sumamente capaz e inteligente. a través de su profesión le dio suma tranquilidad económica a mi abuela y a los hijos que trajeron al mundo, los cuales fueron dos. mi padre y mi tío, ricardo y ernesto respectivamente.
 
corría el año 1963 y este prestigioso hombre de letras, profesor de colegio privado de la zona norte, pintón, correcto y con una conducta intachable, abandona a su mujer y a sus dos hijos, quienes para ese momento tenían la edad de 15 y 10 años cada uno. los abandona a su suerte y se pierde como un recuerdo para irse a vivir al norte del país con su secretaria, con la cual decide cambiar rotundamente de vida.
mi abuela nunca había trabajado, seguramente un hecho que lamentaría después de sucedidos los hechos, y tuvo que arremangarse para salir a resolver tremendo problema. nunca mas se enamoró, y que yo sepa tampoco tuvo un novio, o un compañero, o algún tipo de aventura. cerro las compuertas del amor y del goce, opacando para siempre unas de las cuestiones mas hermosas, e importantes, que nos ofrece la vida. ella, sin embargo, siempre se mostró entera y como si todo funcionase a la perfección. no recuerdo demasiados detalles referidos a este tema, de parte de su propia boca.
 
_ la muerte de un hijo.
mi papa militó en montoneros durante los años de ebullición política en los años 70. conoció a mi mama para esa época y se enamoraron caminando juntos este camino. era un grandísimo ser humano, y con un corazón terriblemente sensible, como la mayoría de los jóvenes de aquel romántico momento. decide jugarse la vida en aquel proyecto de vida y termina siendo asesinado durante el mes del noviembre del '76. mi abuela, tal cual uno podría suponer, nunca pudo levantarse de semejante golpe. no se sabe bien porque decidió no participar de movimientos que terminaron siendo fundamentales en nuestra historia como pueblo, como las inquebrantables madres de plaza de mayo, o como la madre de la segunda mujer de su hijo, quien si decide re armarse y salir a dar pelea, hasta el fin de sus días. este hubiese significado un espacio en donde ella hubiese podido descansar y trabajar su pena, y también su rabias. puteaba, tiraba mierda para todos los costados, cuando de  milicos se hablaba, emanaba alguna que otra lagrima de cocodrilo en cierta ocasión o aniversario, pero no mas. toda la bosta dentro. toda la mochila dentro de ese cuerpo que envejecía de a poco y que era tan chiquito y frágil.
 
_ mimos.
recuerdo con claridad que siendo yo chico, o pequeño, o mas pequeño, con unos 5 o 6 años de vida a cuestas, una de las cosas mas me gustaban de de ella eran los mimos que me hacía en la cabeza. con la yema los dedos, y las uñas, y muy despacito, como con todo el tiempo del mundo, de manera sutil y suave, me acariciaba el cuero cabelludo hasta hacerme dormir. me llevaba mucho al cine y tenía una importante presencia en las actividades de mi semana. siento que siempre me quiso hasta el cielo, que me cuido, que me fomentó, que me estimulo, que hizo de abuela como a uno le gustaría que sea este hermoso personaje tan relevante de nuestras vidas. ocupo un lugar tremendamente importante ante la falta, imprevista y dolorosa, que se nos había venido encima a todos los que quedamos.
 
_ la herida del otro hijo.
hace unos días falleció mi tío, el otro de sus hijos, por el cual prácticamente dio su vida. la abuelita se fue antes que el, y paradójicamente, este, hace uno días atrás, le dijo a sus hijos que la extrañaba enormemente. la historia de este hombre, se muestra como trágica a medida que uno la recorre mental y lentamente, en base a hechos reales e históricos por un lado, y también haciendo pie en cuestiones que se desprenden de sucesos presentados como posibilidades, o creencias, o teorías, estas últimas resultado de algunas cuestiones familiares que no tienen respuesta cierta hasta el día de hoy y que siempre generaron todo tipo de especulaciones en la familia. la mama de mi hermano ricardo, también nieto de la abuela que describo, hijo de ricardo y sobrino del tío que fallece, estando en el velatorio hace solo unos días, dispara, casi como en un susurro: - cuantos secretos se llevo a la tumba ...
 
ernesto, mi tío, tampoco pudo superar la muerte de mi papa, ricardo. era el hermano menor y se quedo sin la figura que ocupa un hermano mayor, también convertido a la fuerza casi en una figura paternal. tuvo cuatro hermosos hijos con la mujer de su vida y a lo largo de su paso por esta tierra nunca tuvo buena fortuna. tuvo que pelearla muy duro para sacar muy poco provecho, profesional y/o económico, y vivió la mayoría de sus últimos años, solo, lejos de su familia, y prácticamente sin nada. se mando muchas cagadas irreversibles y la abuelita sufrió estos avatares como propios, y como también era de esperar, ella se le entregó sin condición alguna, le ofrendó su vida y sus cosas, su dinero, su humilde y pequeño departamento a la vuelta de la estación de olivos, todo. parecía ser que ya no importaba nada con respecto o concerniente a ella misma. solo quería que al hijo que le quedaba le fuese mejor. y me parece que es lógico, aunque yo siendo mas grande ya, la peleaba un poco con todo este tema de olvidarse de si misma.
 
_ mataderos.
la abuelita, como la llamábamos con ricardo, mi hermano de parte de este lado de la familia, ya que tengo otros hermanos por otro lado de la familia, era una santa. pasó sus últimos 6 años de vida viviendo en una especie de hogar, perteneciente a unas monjas franciscanas, lugar al que llegó por medio de un hermano que con contactos logró generarle un espacio allí. ella estaba literalmente 'en pelotas' y no tenía donde irse a morar. el hogar quedaba en el barrio de mataderos y la puerta del lugar, amplia y de color negro, a la cual se llegaba después de subir unos escalones, siempre estaba lleno de sol.
el establecimiento era muy pulcro, muy amplio, con enormes mosaicos que siempre brillaban y hacían traslucir la luz del día y un fondo lleno de verde para el horario de las visitas. las monjas tenían muy buena disposición y aunque a ella no le faltaba nada y parecía ser un espacio que se presentaba mas que apetecible para alguien que no tenía donde 'caerse muerta', ella se sentía muy sola. sus compañeras no estaban tan enteras físicamente como ella, solía hacer ejercicios de yoga antes de irse a dormir y en cuanto se levantaba. tampoco logró conectar con ellas a nivel espiritual. nunca se sintió parte de este espacio que no eligió.
la abuelita tuvo una vida con tropiezos complicados y llevaba sobre si muchas frustraciones y hondos dolores de esos que son para siempre, que seguramente nunca compartió con sus compañeras.
 
se tomaba el 63, línea de colectivos urbano de color azul, que iba de mataderos a barrancas de belgrano, para ir hasta mi casa en el barrio de colegiales. muchas veces la buscábamos con algún auto y cada tanto se daba la situación que mas anhelaba: juntar a todos los nietos. nosotros dos mas los cuatros hijos de su hijo ernesto, el que acaba de irse. con esta situación se volvía loca de alegría. era su máxima.
 
que linda que era ... que buena gente que era ... no la tuvo fácil y se desvivió por lo suyos. para estos días hace cuatro años que se fue, sin avisar, como era ella.
 
*De Mariano Abrevaya Dios.
mad@...
 
 
 
 
CULTURA : EL ESCRITOR GANO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN 1981

Centenario de Canetti, un pesimista que apuntó a la raíz del totalitarismo*

Era judío, había nacido en Bulgaria y vivido en varias ciudades de Europa. Pero escribía en alemán. Su estudio sobre por qué el individuo es atraído por las masas le valió el premio de la Academia Sueca.

Dicen que Elías Canetti decía que no conocía a Borges, aunque se lo habían señalado como su rival en una hipotética lucha por el Premio Nobel (él lo ganó; Borges, no). Dicen que era egocéntrico y se tenía en muy alta estima. Dicen que tuvo una vida amorosa agitada, con dos esposas y varias amantes. Cuentan que este escritor que ayer hubiera cumplido cien años había dicho sus primeras palabras en ladino (un castellano antiguo hablado por los judíos sefaradíes) y aprendió después el búlgaro, el turco, el inglés, el francés y el alemán. Ese fue el idioma determinante: "Al leer y escribir soy sólo alemán", escribió fuera de Alemania. "El idioma de mi espíritu seguirá siendo el alemán, y esto porque soy judío. Aquello que queda de la tierra devastada deseo conservar en mí como judío", decía en 1944. Porque, claro, Elías Canetti había tenido que huir de Austria con el nazismo. Pero empecemos desde el principio.
Canetti nació el 25 de julio de 1905, en una ciudad de provincias —Rustschuk— del imperio otomano, hoy Bulgaria. Era parte de una familia de comerciantes sefaradíes, con pasaporte turco.
La familia migró en 1911 a Manchester, Inglaterra. Pero en 1912 murió su padre y la familia (Elías, su madre, sus dos hermanos) se mudaron a Viena. Canetti fue a la escuela en Viena y Zurich, pero terminó el bachillerato en Francfort. Más tarde la madre se fue con los hermanos a París y Elías volvió a Viena a estudiar química y —ya encontraba su destino— filosofía y letras. Allí conoció a su primera esposa, la escritora Veza Taubner.
Allí, en la Viena de entreguerras, escribió sus obras teatrales La Boda y La comedia de las Vanidades y uno de sus principales trabajos, la novela Auto de fe, en la que describe el hundimiento de un estudioso obsesionado por los libros.
En 1939, él y su esposa huyeron de los nazis a Inglaterra. Entonces —de acuerdo con los tiempos que corrían— Canetti empezó un estudio sobre las masas humanas, un trabajo que incluyó los planos antropológico, psicológico y mítico y que terminó siendo su obra más importante: Masa y poder, que se publicó en dos volúmenes en 1960/62 y donde trató de responder por qué la masa atrae al individuo. Es que para Canetti, el individuo era la medida de todas las cosas.
Su obra estuvo influida por el pensador vienés Karl Kraus, con quien compartió, aparte de la vehemencia satírica, el renegar de sus raíces judías pero permaneciendo bien consciente de éstas. De él heredó una obsesión por las palabras, una visión ácida de la sociedad y un marcado pesimismo.
En 1963 murió Veza y en 1971 Canetti se casó con la restauradora Hera Buschor, con quien tuvo una hija. En 1981 le dieron el Premio Nobel de Literatura por su "posición crítica ante ciertas tendencias enfermas de nuestro tiempo, por ejemplo, su estudio de los movimientos de masas y de manera especial en relación con la brutalidad del nacionalsocialismo germano y de las dictaduras en general".
Después del Nobel recibió varios premios literarios, como el Buechner, el Gran Premio del Estado Austríaco, el Kafka y el de la Academia Bávara, entre otros.
"Nunca se está suficientemente triste para mejorar el mundo. Demasiado pronto se vuelve a tener hambre", escribió este hombre cuya trayectoria está bien inscripta en los avatares del siglo XX.
Vivió en Londres hasta fines de los 80 y hasta su muerte, el 14 de agosto de 1994, en Zurich. Pero nunca pudo decidir dónde se sentía en casa. En sus escritos se lee: "Admito que no tengo patria. Pero a cada país al que llegué comencé a amarlo muy pronto."

*Fuente: diario Clarín.
http://www.clarin.com/diario/2005/07/26/sociedad/s-03601.htm
 
 
 
 
Cuando Harris conoció a Shaw*
Enemigos íntimos o amigos beligerantes, las vidas de Bernard Shaw y Frank Harris se fueron entrelazando de un modo sorprendente. Juan Forn rescata la historia de estos dos intelectuales que, en los roles de biografista y biografiado, consumaron una amistad literaria tan extraña como cautivante.


*Por Juan Forn

En los primeros días de enero de 1930, Frank Harris le escribió desde Niza a Bernard Shaw informándole que había aceptado la propuesta de una editorial británica para escribir una biografía sobre él. Si bien ambos hombres habían nacido en el mismo país (Irlanda) y el mismo año (1856), y llevaban para entonces casi medio siglo de beligerante amistad, la situación de Shaw y Harris no podía ser más opuesta, habiendo practicado en todo ese tiempo la misma actividad (enrostrar a su época todas las verdades desagradables que era de buen tono no ver): el priápico Harris era un despojo física y
económicamente, y se había radicado en Niza huyendo de acreedores, juicios por obscenidad y admiradores de sus transgresiones; mientras que el vegetariano Shaw gozaba de impecable salud y fortuna, además de ser una de los figuras intelectuales más veneradas en Inglaterra y el mundo.
Estas diferencias ya eran flagrantes cuando los dos se conocieron en 1890: Harris había huido en su adolescencia de Irlanda hacia América, trabajó como obrero en la construcción del puente de Brooklyn, fue vaquero y arriero en Montana, hizo una pequeña fortuna con petróleo que le permitió volver a
Europa, donde estudió en Heidelberg y la Sorbonne, antes de llegar a Londres y tomarla por asalto a los treinta y tres años, al comprar y reformular por completo la revista Saturday Review. Shaw, en cambio, dejó un opaco puesto como cajero en Dublín a los veinte para seguir a su madre, quien se había
instalado en Londres con el hombre por el que lo había abandonado todo, el músico Vandaleur Lee. Allí escribió seis novelas en seis años, que no logró publicar en ningún lado ("quizá porque todas ellas atrasaban ciento cincuenta años en estilo y se adelantaban cincuenta años en contenido", diría el propio Shaw mucho tiempo después). Mientras tanto había abrazado la causa del socialismo y había ganado notoriedad como orador brillante en cuanta tribuna pública le permitían hablar (fuesen los estrados de clubes radicales o pilas de cajones de fruta en los mercados callejeros de la ciudad).
Para cuando los dos hombres estuvieron frente a frente por primera vez, Harris era capaz de gastar en un banquete en el Café Royale lo que Shaw ganaba en un año entero. Harris se vanagloriaba de haber conocido carnalmente a más de mil mujeres; y Shaw, de mantener su virginidad incólume a los veintinueve años. Harris consideraba que escribir era uno de los dones supremos en un hombre, mientras que a Shaw no le "emocionó más que el gusto del agua" descubrir que tenía esa habilidad, que en su opinión estaba al
alcance de cualquiera. En cuanto al encuentro de ambos hombres, fue otro irlandés quien los presentó y disfrutó las chispas que produjo el encuentro: nada menos que Oscar Wilde (quien habría de escribir El alma del hombre bajo el socialismo luego de escuchar uno de los célebres discursos de Shaw).
Cuando Harris se puso al frente de la alicaída Saturday Review, su primera decisión fue convencer a las cinco plumas que más valoraba en Inglaterra para que conformaran la columna vertebral de la revista, y les ofreció máxima tarifa para que escribieran "al menos tres artículos semanales cada uno, que aporten todos ellos algo original" (los otros cuatro eran Wilde, H.G. Wells, Walter Pater y Robert Cunnighame-Graham). En sólo tres años, la Saturday Review hizo historia y significó para Shaw el trampolín hacia la
fama, porque Harris tuvo la brillante idea de ponerlo a cubrir la escena teatral londinense (hasta entonces Shaw ganaba sus peniques escribiendo sobre conciertos y exposiciones de pintura, en los ratos libres que le dejaban sus permanentes intervenciones en mitines y debates públicos), dándole luego carta blanca para que publicara en la Saturday Review sus primeros folletines teatrales, cuando comprobó el revuelo que provocaban esas ideas que Shaw camuflaba con astucia en sus críticas teatrales. Mucha agua había corrido bajo el puente desde entonces hasta 1930. Cuando Wilde
fue célebremente condenado y encarcelado en Reading, Harris y Shaw orquestaron una fallida campaña en su defensa y luego Harris escribió uno de los mejores retratos que existen de Bosie hasta hoy (Vida y confesiones de Oscar Wilde). Poco después, ambos sufrirían en carne propia la moral victoriana, cuando a Shaw le prohibieron su primera obra teatral (Casa de viudos) y Harris fue juzgado por su "pornográfica" autobiografía (Mi vida y amores). A partir de entonces comenzó a invertirse la suerte de ambos: mientras Shaw triunfaba cada vez más clamorosamente con sus sucesivas obras teatrales, Harris se metía en un negocio turbio tras otro. Ambos se opusieron a que Inglaterra entrara en la Primera Guerra con parecidos argumentos, pero mientras los de Shaw fueron aceptados a regañadientes como parte de su pacifismo, los de Harris fueron tildados de germanismo y traición a la patria. Harris vio crecer la fama y el prestigio mundial del autor de Pigmalión desde su ostracismo en Niza. A lo largo de esos años, cuando a Shaw le preguntaban "¿qué le sucedía a Frank Harris: era un judío, otro Verlaine, un espía alemán, o qué?", él se limitaba a contestar que era su forajido preferido. Pero cuando Harris le anunció en enero de 1930 el propósito de escribir una biografía de él, Shaw le respondió: "Confesiones
suyas tiene derecho a hacer todas las que quiera, pero confesiones mías de ninguna manera".
Harris le había enviado seis preguntas junto con su carta. Shaw decía al respecto: "La contestación de ellas constituiría por sí sola el libro que se propone escribir". Harris le respondió que escribiría el libro con o sin respuestas de Shaw. Este le anunció: "Consideraré culpable a todo aquel que invoque mi nombre en vano. Ya hizo usted de Shakespeare un híbrido de marinero de melodrama y criminal francés. Sabe Dios lo que haría de mí".
Harris le recordó que el propio Shaw había elogiado (y citado) su libro sobre Shakespeare. Recibió la siguiente respuesta: "No puedo imaginar nada más horrible que un picadillo de Shaw con Harris. Si va a hacerlo, que sea un ensayo sobre nuestra época con bocetos de la gente más varia. Esto, por
lo menos, lo sabe hacer, y si lo hace como es debido quizá le sea perdonado ese horrible libro sobre su Vida y amores". En otra carta de dos meses después, agregaba: "Ya que se empeña usted en escribir mi vida, no estará de más que sepa algo sobre ella, pero en caso de que publique una sola de mis palabras le llevaré ante los tribunales. Comprenda que no voy a escribirle su libro". La carta continuaba con un sinfín de detalles que Harris "seguramente malinterpretaría" de la vida de Shaw y culminaba con la frase: "Tengo ahora que poner punto final o esta carta no terminará nunca".
La correspondencia no se interrumpió allí. Shaw siguió bombardeando a Harris con confesiones sobre su vida, mientras insistía en "la imposibilidad de transmitir a un espectador una imagen ajustada a la verdad de lo que ha sido mi vida". En septiembre de 1930, sin embargo, le anunciaba a Harris: "He
escrito de mi propio puño, en las pruebas adjuntas, las informaciones que me pedía. Puede usted, cuando dejen de ser personales y privadas, venderlas e irse de parranda con su esposa". Por fin, en noviembre de 1930, Harris recibió la siguiente misiva: "Le doy carta blanca en lo que a esta correspondencia y a mi persona se refiere. Aunque insisto en que el libro debe ser de usted: no permita que lo desplace del escenario".
Así como no había esperado por esta autorización, Harris ya había puesto manos a la obra con su polémico estilo de costumbre: su biografía comenzaba reproduciendo una tras otra, y textualmente, las sucesivas cartas de Shaw, desde la iracunda negativa inicial hasta el paternal consejo del final. De
ahí pasaba a una introducción, donde decía: "BernardShaw descenderá a la tumba convencido de que jamás aprobó mi biografía pero, como cada vez que me he puesto a hablar de él en estos veinte años, empezó oponiéndose enérgicamente a toda tentativa para terminar quitándome los pinceles de la
mano y hacerlo él mismo".
A continuación venían trescientas y pico de páginas donde el retrato de Shaw no sólo iba apareciendo en contrapunto con el de la época sino, especialmente, con el del coprotagonista del libro. Harris había tomado al pie de la letra el consejo de Shaw: nunca se dejaba desplazar del escenario por su retratado. El resultado era una de las biografías más deformes, lúcidas y brillantes que se habían escrito desde los tiempos del Doctor Johnson y Boswell. Harris demostraba en sus páginas que Shaw era a Inglaterra lo que Molière había sido para Francia, pero al mismo tiempo ponía en evidencia que el paladín del socialismo había logrado nulos progresos para su causa en el país de Europa más impermeable a la doctrina de Marx. Decía que Shaw había sido el primer texto filosófico legible y vital para al menos dos generaciones de jóvenes y luego lo tildaba de mariposón (literalmente, el capítulo quince del libro estaba titulado: "El mariposón contrae matrimonio"), demostrando que la comedia florecía en épocas femeninas, mientras que las tragedias hacían lo propio en tiempos varoniles. Harris analizaba pormenorizadamente la Fuerza Vital o Evolución Creadora, el concepto por excelencia que recorría la obra de Shaw, para concluir que esa idea (encarnada en el epigrama: "Si hay un dios, se equivoca a veces") enmascaraba la verdadera vocación de Shaw: no el socialismo, ni el pacifismo, ni otra forma de anticapitalismo más o menos militante sino, sencillamente, corregir los errores de Dios.
Hacia agosto de 1931, el libro estaba casi listo; Harris había logrado cumplir el plazo de un año que le había puesto el editor Gollancz. Sólo le faltaba escribir el epílogo, anunciaba en una carta que adjuntaba al manuscrito. Su último capítulo, titulado "El futuro", contenía la siguiente afirmación: "En todas las épocas hubo precursores a quienes, al final de sus vidas, el tiempo pareció alcanzar y rebasar. En el caso de Shaw ha sucedido, desgraciadamente, lo contrario. El mundo no ha avanzado; y si bien su fama en estos treinta años ha dado la vuelta al mundo, todos los inoculados con el virus shawiano no han tardado mucho en eliminarlo. El propio Shaw lo ha eliminado hasta cierto punto. Así termina sus días el puritano rebelde que insultó a su tiempo y fue bien retribuido por sus invectivas. Pensador sin
originalidad (sus centelleantes estocadas se desvanecen un minuto más tarde en el aire), dramaturgo sin grandeza (la destreza de su diálogo no es sino periodismo teatral), Shaw trascenderá como lo han hecho el Doctor Johnson y Samuel Pepys, cuyas personalidades fueron más grandes que sus obras. No cabe
duda que es una lástima. Yo, que tanto lo quise y me daba cuenta del hombre que pudo haber sido, deseé verlo perdurar hasta que otro planeta, chocando con el nuestro, nos enviara a todos a la gloria".
Todo lector del Shaw de Harris que lea estas líneas y dé vuelta la página para desembocar en el epílogo sufrirá la misma conmoción cuando se tope allí con el siguiente titular: Post-scriptum. Por el personaje de esta biografía.
Ya no es la voz de Harris, evidentemente, la que anuncia: "Habiendo terminado este último capítulo, Frank Harris murió el 26 de agosto de 1931, a los setenta y seis años, dejando a mi cargo la corrección de las pruebas. Muchas cosas extraordinarias he tenido que hacer en mi vida, pero ésta es la más extraordinaria de todas".
Quien nos habla es el propio George Bernard Shaw, y en menos de ocho carillas ofrece los elementos esenciales para completar el retrato de Harris y el de él mismo que ofrecen las anteriores trescientas. Sólo puededecirse de ellas que al propio Harris no le hubieran disgustado; y quizás hasta le habrían parecido el cierre perfecto para un libro como el suyo.
Luego de hacer una semblanza formidable del paso de Harris por la escena literaria británica (y de sus consecuencias, en el uno y en la otra), Shaw dice que, si tuviera que escribir el epitafio de su amigo, pondría sobre su tumba: "Aquí yace un hombre de letras que odiaba la crueldad, la injusticia
y el arte mediocre, y que nunca dejó de combatirlos, por conveniencia propia". Pasa entonces a aclarar que todas las críticas, sarcasmos, condenaciones y explosiones pasajeras de malhumor que contiene el libro han sido piadosamente respetadas, "y espero que no hayan perdido nada de su valor". A continuación, Shaw dice: "Este libro es muy valioso, no como explicación de mi obra (sólo un idiota buscaría un explicación de segunda mano estando mis propios libros a su alcance para dársela de primera) sino como demostración de las reacciones que yo producía en Harris, el cual era lo bastante interesante como para que sus reacciones sean muy dignas de leerse. Ahora bien, para que una reacción sea suficientemente fuerte se precisa que exista alguna incompatibilidad. Por eso encuentro este libro
divertido, en el mejor sentido francés de la palabra: a causa del estruendo que producen nuestros temperamentos al entrar en colisión el uno con el otro. Sin embargo, ningún hombre es buen crítico de su propio retrato; y si éste estuviera bien pintado no tiene derecho a impedir que el artista lo
exponga, ni tampoco, cuando el artista es un amigo muerto, puede negarse a darle una mano de barniz antes de que se abra la exposición. Espero, pues, que haya quedado lo bastante clara la participación que me cabe en el asunto".
Brillante cierre. Sólo que la idea no es de Shaw. Cierta vez, estando en una cena en casa de Sydney Lee, la máxima autoridad de entonces en crítica shakespeareana, Shaw le preguntó al anfitrión qué pensaba del libro de Harris sobre Shakespeare y éste respondió: "Un estudio muy notable. Sólo que ese Shakespeare es... Harris mismo". Y en las primeras páginas del retrato de Shaw que hizo Harris para la segunda serie de sus Retratos de Contemporáneos, dice: "Shaw es el plagiario más hábil del mundo. Por hostil que sea vuestro punto de vista, él se lo apropiará y lo transformará tan sugestivamente que olvidaréis que os lo ha escamoteado y quedaréis maravillados de su fecunda imaginación".
Un par de detalles para terminar. Años después de que Gollancz publicara finalmente el Shaw de Frank Harris (en 1935), un periodista norteamericano llamado Frank Scully, que se había desempeñado como secretario de Harris en Niza y a quien estaba dedicado el Shaw ("Para F.S., que me invitó a emprender este libro y no me dejó luego un minuto de reposo hasta que lo hube terminado"), afirmó en su mediocre libro Rogue's Gallery que él fue el escritor fantasma del Shaw, así como del libro sobre los cowboys de Harris (On the Trail).
Sheila Hodges, en su libro sobre la historia de la editorial Gollancz (The Story of a Publishing House), también afirma lo mismo. Philippa Pullar, por su parte, cuenta en su biografía de Frank Harris una historia levemente diferente: según ella, Harris estaba efectivamente muy enfermo cuando emprendió la biografía de Shaw y sólo pudo llevarla adelante combinando el texto anterior que había hecho de Shaw en sus Retratos de Contemporáneos con la profusa información que el propio biografiado ofreció en la catarata de cartas que le envió a lo largo de 1930. Scully procedía a tomar nota de lo que Harris dictaba desde la cama, leyendo de ambos materiales e improvisando en voz alta los nexos necesarios. Pero la redacción de Scully era tan deficiente que hizo falta un tercer personaje para enmendar el trabajo: el ácrata Alexander Berkman, hombre muy ilustrado y capaz, que había conocido a Shaw en los mitines radicales yque en el año '30 había tenido que salir de apuro de Inglaterra y estaba en Niza sin trabajo y sin poder hacer contacto con su célula anarquista. La viuda de Harris, Nelle, parece confirmarlo, ya que en una entrada de su diario con fecha enero de 1931 dice: "Frank logró escribir cuarenta mil palabras. Scully quiere contratar a alguien competente que termine el libro porque ya ha reunido todo el material".
¿Sabía Shaw todo esto cuando recibió de Gollancz las pruebas del libro? Todo indica que no. Un amigo suyo, llamado George W. Bishop, cuenta en su libro de memorias (My Betters) que, enterado por Gollancz de la muerte de Harris y de la complicada situación económica en que quedaba Nelle, la viuda, Shaw pidió que se le enviara un juego de pruebas especial, que intercalara una hoja en blanco junto a cada página de texto, y que se encargó él mismo de las enmiendas, limitándose a retocar los últimos capítulos, los cuales (según Gollancz contó a Bishop que le había dicho Shaw) "decaían sensiblemente en comparación con el resto, de seguro porque Harris no pudo seguir y quedaron al cuidado de ese Scully". Cuando Bishop le preguntó a Gollancz qué había pasado con ese juego de galeras corregido por Shaw, él
contestó que lo había guardado en su caja fuerte luego de incorporar las correcciones. El día en que le entregó en mano a Shaw el primer ejemplar publicado de la biografía, en las oficinas de la editorial en Henrietta Street, éste le recordó también el juego de galeras y, cuando el editor abrió la caja fuerte y se lo entregó, el aún altísimo y atlético Shaw (que ya tenía ochenta años) se retiró sin decir una palabra, con ambos paquetes bajo el brazo. Quince años después, cuando Shaw murió en 1950, aquel juego
de galeras invalorable para los estudiosos de su obra fue inhallable entre los ordenados papeles que dejó el prolífico nonagenario a su albacea.
Las ventas del Shaw de Frank Harris superaron largamente las de todos sus demás títulos (incluidos el Shakespeare, el Wilde y hasta Mi vida y amores) y ofrecieron a su viuda un buen pasar hasta su muerte. Hay por lo menos dos ediciones en castellano del libro, ambas en traducción del gran Ricardo
Baeza (una de ellas publicada por Losada en 1943, la otra por Diana de México, ambas en 1950) y se las suele encontrar en las librerías de saldos.
 
*Fuente: diario Página/12. www.pagina12.com.ar
 
 
 
 
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CONCURSO DE CUENTO "W. A. MOZART"
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
*EDITORIAL DEL MAGAZIN CULTURAL LATINOAMERICANO XICóATL "ESTRELLA ERRANTE" # 72 (Año 14, Julio-Septiembre/2005) ACERCA DEL CONCURSO.

 
 

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