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INVENTIVASocial
Edición MAYO 2006

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*
Hay veces que
ruego estar posando de espantapájaros
mirando por mirar las alturas y la siembra
emigrarme ahí nomás
sólo para no acalambrar mi boca en tu beso.


*ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...




MI PADRE ME HABLABA DE ESTRELLAS*

Mi padre me hablaba de estrellas,
sus palabras volaron de mi mente.
Mejor mirar el cielo de esta noche
como aquellas del patio de mi casa.
yo era tan pequeño que quizas
este evocando mi más antiguo recuerdo.
El cielo de esta noche muy poco habrá cambiado,
las estrellas se mueven en otras dimensiones,
sus espacios resultan jardines de los dioses
pasan los hombres y ellas apenas si se mueven.
Algún secreto me contó mi padre,
de su vos sólo queda este cielo plateado.
Si se seca una flor del jardín de los dioses
su perfume perdura generaciones de hombres.
Los hombres somos breves, mi padre ya no está
pero mis ojos hoy reflejan las estrellas,
cuando cierro los párpados oprimo
un refugio estrellado.



ARBOLES*

Algunos árboles que ya no tengo
me regresan en sueños:
el sauce llorón de mi infancia,
la línea oscura de ligustros,
las casuarinas y su aullido,
un limonero escala al techo,
una higuera que vió a mi madre crecer
y al sol de la siesta me oyó
conversar con mi abuela,
pesadas hojas que oigo caer desde el gomero.
Son tan nítidos
como si me uniese a ellos un pasaje
que avergonzara al tiempo.
A veces creo que de ellos algo
creció en mí,
que soy la suma de mis árboles.

*Poemas de ROBERTO MALATESTA malatesta@...
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@...



Como ella*

Era el desierto en sus manos

Con ella vivía el sol

Así cual ella había escombros

En su viaje

Ternuras pasadas gemían

Como ella el despertar

Un tanto solitario

Un quejido en su pollera

En sus ojos el cielo se acurrucaba

De verdes y amarillos

También como ella

Había un telón en sus lágrimas

Y un suspiro adormilado

Tan sabio era el pecado

De ser como ella.



Lágrimas*

Unas poderosas lágrimas

Encendieron sus ojitos

Entristecidos de madre

Dolientes de extrañar

A sus dos protagonistas

Que ya no están juntos

El camino se ensombreció

En su corazoncito.



*Poemas de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...

*En la Antologìa 2005 " 50 años de buena letra" sociedad argentina
de escritores / La Plata.





NEBLINA*

La noche
parece incendiar el silencio,
no hay pájaros
y las sombras de la soledad
parecen jaulas dentro de la espesa bruma
que aúllan sin destino
un destierro.

*de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...






La vasija*

Era mi día libre y no sabía qué hacer con mi tiempo. Había llovido
desde el martes y hoy sábado sería igual, así que decidí quedarme en
casa y ordenar la biblioteca. Debo decir que el tiempo transcurrió
sin que lo notara. Me entretuve hojeado viejos libros, leyendo
anotaciones, y algunas cartas.
Encontré una foto de cuando éramos chicos, mi hermano y yo en la
playa con Maraca, la perra cocker spaniel negra que nos acompañó
muchos años. Me reí mirándome a los siete años con ese flequillo
corto y rubio que mi madre adoraba y yo detestaba; otras fotos eran
de nuestro viaje al río Orinoco, mi
padre y mi hermano trepados en un árbol caído y mi madre tapándose
los ojos muerta de miedo. En un cajón encontré fotos tomadas en
Italia, estoy de la mano de mi abuelo y en ese instante los
recuerdos acudieron a borbotones.
Podía oler el perfume de las violetas del jardín de mi abuela, y
zambullirme en el mar de amapolas multicolores. Subir la colina y
desde lo alto danzar al compás de los trigales que se mecían con el
viento. Muchas lágrimas rodaron por mis mejillas. Mis recuerdos de
la infancia, están hechos de flashes, de instantes fotográficos. Las
fotografías nos hacen tomar conciencia del paso del tiempo, de los
años dorados de la infancia que nunca volverán.

Cuando consideré que los libros lucían ordenados y limpios, me
dediqué a los adornos. Reemplacé fotos, cambié de lugar varios
objetos y entonces me topé con aquella pequeña vasija. Había sido
de mi padre y antes de mi abuelo. La había heredado como se heredan
tantas cosas, pero esa vasija era especial.
Había sobrevivido a las guerras, a viajes en barco, mudanzas,
envoltorios varios y hacía alrededor de diez años que estaba en mi
poder. Recuerdo que mi padre me la había obsequiado la última
Navidad que compartimos. Estaba prolijamente envuelta en papel de
seda blanco, atada con una cinta azul y la
pequeña tarjeta decía: -"No sé cuando llegó esta vasija a nuestra
casa, ni siquiera mi padre lo recordaba, pero siempre estuvo a mi
lado y ahora quiero que sea tuya. Te doy una sola recomendación, al
igual que lo hizo mi padre conmigo, nunca la frotes, tan sólo
límpiala con suavidad. Te adoro, Feliz Navidad".
Me quedé largo rato observándola, pasando mis dedos sobre sus
porosidades y sus diminutos surcos. Estaba adornada con una pequeña
guarda con dibujos geométricos en color negro, el fondo mostraba la
terracota oscurecida por los años. Era casi milagroso que se hubiese
conservado tan bien.
Pasé mis dedos por su interior, la aproximé a mi oído, como hacía en
mi infancia con los caracoles de mar, la olí, la aproximé a mi ojo
para verla por dentro, la oscuridad era absoluta, cuando la separé
me pareció ver algo, miré nuevamente, una pequeña luz, muy tenue,
estaba allí. Varias veces la acerqué y alejé para ver qué sucedía,
la luz seguía allí. No supe qué hacer y volví a dejarla en su lugar.
Había dejado de llover y decidí dar un pequeño paseo con mi perra,
hacía calor.
Siempre me había resultado insoportable el verano en Buenos Aires, y
este era uno mas de esos húmedos y calurosos veranos.
Caminamos bastante, las luces comenzaban a encenderse, me senté en
una heladería y compartí un riquísimo helado con mi perra. Varios
niños se acercaron para acariciar a mi fiel compañera y ella
respondía el saludo lamiéndoles las manos.
Se hacía tarde y regresamos. Abrí la puerta de mi casa y antes de
encender la luz un pequeño brillo proveniente de la biblioteca llamó
mi atención, era la vasija.
Me acerqué a ella lentamente preguntándome por qué nunca antes había
visto ese minúsculo resplandor. La tomé en mis manos y me senté en
el balcón a observarla. ¿De dónde provenía esa luz? Apoyaba mi mano
sobre la boca de la vasija tratando de tapar la luz, pero no lo
lograba.
Como lo había hecho por la tarde la acerqué a mi ojo pero la retiré
inmediatamente, me quedé atónita.
¿Sería real lo que veía?
Dentro de la vasija habitaba un pequeño universo, un tiempo pasado y
remoto.
Sentía una mezcla de temor y curiosidad, una vez mas la acerqué a mi
vista.
Me vi dentro de ella, habitando ese lugar. Caminaba por una calle
soleada, vestía una túnica blanca sostenida con un lazo azul, en mis
pies unas sandalias marrones, el cabello largo y rubio sobre mi
espalda, a mi lado una hermosa mujer lucía una larga capa celeste,
era mi madre. Estábamos muy entretenidas conversando de temas
familiares.
El camino estaba bordeado por bellos olivares. Era un día de
primavera, templado y tranquilo.
Nos dirigíamos al mercado público en las afueras de la ciudad que
los días martes y viernes se instalaba. Allí era posible adquirir
desde comestibles y especias hasta hermosas telas para confeccionar
nuestras vestimentas y lo necesario para nuestra casa.
Ese día lucía radiante el mercado, los vendedores ofrecían sus
mercancías con simpáticos cánticos.
Nos dirigimos al puesto de telas, allí nos deslumbramos con sedas
traídas de oriente, adquirimos algunos cortes, luego compramos
verduras y frutas.
Ese momento de las compras era una buena excusa para saludar y
conversar con amigos y parientes.
Nos encontramos con una prima de mi madre de nombre Anna, luego de
los consabidos besos y abrazos nos comentó que esa mañana había
pasado por su casa un mercader que venía de Roma y traía la noticia
de que próximamente la ciudad sería invadida por guerreros del
norte. Mi madre al notar mi preocupación, acarició mi cabeza y me
tranquilizó.
Emprendimos el regreso y al poco tiempo llegamos a nuestra casa.
Habitábamos en una hermosa casa blanca que había sido de mis abuelos
paternos. Era un cómodo lugar para vivir, con espaciosas
habitaciones donde el sol entraba a raudales por los amplios
ventanales. Un gran jardín rodeaba la casa y desde allí era posible
divisar las tierras de la familia con sus cultivos. Mi padre se
encontraba en ese momento con dos de mis hermanos varones ocupados
en la cosecha. El mayor de mis hermanos, Carlo, había viajado a
Roma, era amante de las ciencias y mi padre le había dado la
posibilidad de estudiarlas. Mis abuelos maternos, Rosario y
Giovanni, vivían con nosotros.
Durante el almuerzo mi madre comentó los dichos de mi tía Anna, mi
padre no pareció sorprenderse con la noticia, puesto que días
pasados un forastero le había hecho el mismo comentario.
Una gran angustia me invadió por lo que pudiera sucedernos, entonces
mi padre, con la infinita calma que lo caracterizaba me dijo: -
Querida hija, estamos lejos de Roma y tal vez aquí nunca lleguen.
Cuando comenzaba el verano tuvimos noticias de la llegada del temido
ejército del norte. Todos hablaban de sus bárbaros soldados que no
dejaban nada en pié.
Así vivimos varias semanas, con miedo y desesperación.
Una mañana de lluvia llegaron a nuestra casa pidiendo comida y un
lugar donde alojarse. Con mi madre comenzamos a preparar grandes
cantidades de comida mientras mi padre y mis hermanos acondicionaban
el sótano para que pudieran ubicarse allí. Debo decir que siempre
fuimos tratados con amabilidad por parte de ellos.
Una tarde me dirigía a recoger agua cuando un soldado se me acercó.
Era un hombre alto, muy rubio y una gran tristeza habitaba en sus
ojos. Me pidió disculpas por haber invadido nuestra casa y me dijo: -
"No tema, nada sucederá".
Su rostro y su voz me resultaban familiares. El resto del día,
mientras trabajaba, no pude apartar de mi pensamiento aquel hombre,
tenía la plena seguridad de conocerlo.
Habíamos terminado de servir la cena y mi madre me pidió que fuera a
buscar carburo para alimentar las lámparas que quedarían toda la
noche encendidas. Bajé las escaleras y allí estaba aquel soldado, me
dio las buenas noches y me dijo que tenía la impresión de conocerme.
Mientras caminaba noté que me
seguía, entré a la pequeña habitación en busca del carburo y a mis
espaldas la voz del soldado dijo: -"Eres la pequeña Ada, ahora te
recuerdo. Yo te tuve en mis brazos cuando eras apenas un bebé. Amaba
tus ojos claros y un día le prometí a tu abuelo Luigi que regresaría
para casarme contigo". Yo le
devolví una sonrisa y dije: -"No creo que sea esa su misión en este
momento"
Él respondió: -"créeme Ada, cumpliré mi promesa".

Un terrible estruendo proveniente de la calle hizo que me
sobresaltara y la pequeña vasija se desplomó en el suelo haciéndose
añicos. Largo rato me quedé observando los trozos esparcidos por el
piso del balcón. Aquel pequeño mundo y su luz habían desaparecido.
Me sentía culpable por no haber cuidado
aquel pequeño tesoro. Me sorprendió el día con los restos de la
vasija en mis manos y mi rostro lleno de lágrimas.
En ese momento alguien llamó a mi puerta, me incorporé, sequé mis
lágrimas y abrí la puerta.
Allí estaba, tal como lo había visto en la vasija, era un hombre
alto y rubio. Con una sonrisa me dijo:
-"Recorrí un largo camino, pero aquí estoy, he vuelto para cumplir
mi promesa, he venido a buscarte".

*de Tila. tiladellorso@...




Una foto en la estación*

Link Foto:
http://ar.pg.photos.yahoo.com/ph/monicarussomanno/detail?.dir=.2f9cre
2&.dnm=8a64re2.jpg&.tok=phd9p0EBU4HwmWBc&.src=mail

Cristo viene pronto, prepárate. Lo espera el autobús desvencijado
frente a la estación de tren. Una estación dada a alojar
desamparados, abierta a los vientos, desportillada.
El autobús celeste espera al Mesías junto a vidrios quebrados y
marcos de ventanas sin goznes. Espera. Pacientemente aguarda la hora
próxima de la resurrección.
Cristo viene pronto, dice el letrero vagamente amenazador. El
óxido corroe los flancos del animal con ruedas que, pacientemente,
espera. Espera.
Espera el tren fantasmal que llene de vapor el antiguo
tinglado. Espera la venida, la arribada, espera el día. Vendrá,
promete, la locomotora desprendida de la niebla, el vagón de madera
del cual descienda el hijo del hombre.
Las plantas tenaces crecen en los alféizares, en las metopas y
ranuras de la fachada. Todo envejece. Seguimos aguardando sin
demasiadas esperanzas una redención.
El autobús celeste espera, espera, en la región de las
ilusiones y la duermevela. Inmóvil como el horizonte, que se mueve
para estar siempre inalcanzable. Espera.
Qué Cristo subirá sus escalones, me pregunto. El único posible.
El hombre. Un hombre con su dios adentro, solitario y despojado.
Habrá que prepararse para recibirlo. No se si vendrá, porque ya
está aquí.


*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...



*

En la provincia de Neuquén, muy cerquita a Villa Pehuenia, bordeando
el Lago Aluminé, se accede a un angosto camino de tierra enmarcado
entre la frondosidad de ñires y pehuenes que mantienen ocultos los
lagos y lagunas interiores.
Por este camino es posible llegar a un hermosísimos paraje: "Pu weri-
Quechu Lafguén" (Bienvenidos a las Cinco Lagunas) reza el cartel de
madera junto a la "ruca de informes."
Es un campamento agreste administrado por ocho familias de la
comunidad mapuche puel, con viviendas muy alejadas unas de otras.
Es en este sitio, donde desde julio descansa, bajo la sombra de un
magnífico y antiquísimo pehuen, Juanita Puel.
Tres cruces de madera, mucho más antiguas, con coronas de flores
desteñidas, atestiguan que no está sola.
La de Juanita, además del nombre, tiene grabada una fecha: 5 de
julio de 2.005.-
No sé por qué razón, me detuve tanto tiempo en ese sitio.
Me quedé sentada bajo esa sombra, disfrutando los silencios,
atendiendo los ecos internos. Observando las velas gastadas,
protegidas del viento por el hueco del propio tronco, al pie de las
raíces.
No se por qué, no me atreví tomar la pequeña cajita de fósforos que
también resguardaba el corazón del pehuén para encenderlas.
Recordé a Francesca, apenas llegamos al lugar, pidiéndome que "no
pisen las plantas porque son de la chica que canta en el agua…" Miré
la cruz de Juanita, con su nombre grabado a fuego, las flores de
papel nuevas junto a otras de plástico… Sentí que quizás, ella era
la chica a la que Francesca aludía.
Se me grabó en el corazón el nombre de Juanita. A fuego.
Como en su cruz.
Mas tarde comprendí que no había sido una casualidad que
me encontrara con sus nietos.
Ella andaba a las vueltas.
Sentí su beso en la mejilla cuando Raúl y Nihuil, que
venían a caballo, detuvieron la marcha, se acercaron serviciales, y
empezaron a contar…
Raúl, de unos diecisiete años, sueña con seguir
estudiando, en la universidad, como dos de sus siete hermanos.
-Uno estudia gastronomía y el otro veterinaria….yo
quiero hacer una carrera corta…Educación Física, para poder seguir
ayudando a los que vienen detrás…." Decía mientras con la mirada
señalaba a su hermanito menor:
El chiquito, marcó orgulloso la pose, antes de
pronunciar su nombre: "Nihuil Ataná Cirilo Puel."
Nihuil… fuerza… Ataná…regalo de Dios… me explicó…
Nihuil, comenzaba este año la escuela…"pero no me
quiero albergar.." –protestaba…
En invierno, los chicos quedan albergados semanas
enteras.
Cada tanto, los maestros se toman una semana de franco,
entonces los chicos pueden regresar a sus casas.
Concurren a una Escuela Albergue, que está sobre la
ruta, a veinticinco kilómetros del lugar. Un transporte escolar se
ocupa de buscarlos y llevarlos a la escuela.
-"Yo no me voy albergar… me voy a ir a
caballo…así puedo volver"- insistía interrumpiendo a Raúl que
intentaba contarme de las plantas del lugar.
Por Raúl aprendí que los ñires, son árboles que
alcanzan grandes alturas, pero que también suelen quedar
achaparradas convirtiéndose en trampas mortales en invierno cuando
la nieve las cubre.
Por él supe que en ese lugar la nieve llega hasta
cubrir cinco metros de altura, y esas plantas, que apenas se ven, se
convierten en pozos donde pueden quedar atrapados.
Para prevenir este tipo de accidentes, es que construyen
con caña colihue una especie de plantillas gigantes, que sujetan al
calzado.
Era enero, y ya estaban juntando la leña para el
invierno.
"Cinco camionadas necesitamos para asegurarnos que
alcanzará.."- con dos, en septiembre ya se termina…"
En invierno, nadie sale… y si lo hacen, es a caballo, en
bicicleta o a pie.
Aluminé, es la ciudad más próxima. Rara vez van hasta
Zapala o Neuquén.
Además, la ciudad no les gusta. Es peligrosa.."uno se
puede enfermar.."
-Es un problema cuando alguien se enferma…. Hay que ir a
ayudar, a caballo…
Le conté que había visto, en una de mis caminatas, una
casa con grandes corrales…Se le iluminó la cara…
-Ahí vivía mi abuela. Murió hace poco…Murió porque tenía
una enfermedad de más de veinte años, que no sabía… acá es raro que
alguien se enferme. Acá no hay virus. Si vamos a la ciudad, nos
traemos los virus. Por eso tampoco vamos al hospital.
Por ellos supe que las tres cruces que la acompañaban
correspondía al papá, a la mamá y a una hermana de Juanita.
Raúl se quedó un rato largo hablando… contando cómo las
familias se sostienen, en parte, con los recursos que obtienen del
campamento constituyen un fondo.
Las familias se turnan para atenderlo. Dejan una parte
para el "fondo comun" y el resto se lo reparten entre las dos
familias que atendieron esa semana la ruca de informes.
El "fondo común" lo utilizan para comprar alguna bolsa
de harina si algunas de las familias de la comunidad lo necesitan …
El invierno es riguroso y costoso…

Nihuil…. fuerza…"Ataná"… regalo de Dios … ya
está llegando el invierno, seguramente estarás "albergado".
"Regalo de Dios" , beso en la frente de Juanita el
habernos presentado… La más preciada postal de viaje que conservo
en el corazón.

Quizás, alguien llegue hasta la Escuela Albergue
Evangélica. La de ladrillos colorados, que está sobre la ruta,
frente al lago.
Quizás, alguien pueda contarle a Nihuil que un poema
nombra a su abuela Juanita, a modo de agradecimiento por el regalo
que me ha dado.


Para Nihuil Ataná Cirilo Puel, en memoria de su abuela, Juanita
Puel, la que descansa bajo el pehuén, cerquita de Villa Pehuenia,
junto al lago Aluminé, en la provincia de Neuquén.


JUANITA PUEL…

Juanita Puel abandona el hueco
del pehuén que abrazó dormida
junto a la sombra del invierno.
Sale y enciende de una sola vez
con su vela eternamente encendida
la luz del amanecer que flota
esperándola, siempre…

Sopla en el cuenco de su mano,
burbujitas de aliento
para que estallen y se liberen
los trinos de todos los pájaros
aquellos que acunó dulcemente
en su regazo de hojas
a constante y rutinario silbo de viento,
alternando silencios.

Juanita Puel desovilla a luna
que se quedó enganchada entre los cerros.
Despierta a la música dormida,
extendida, desnuda y frágil
en los cristalinos espejos del cielo.
de este Sur azul, ignorado, infinito y solo.

Juanita Puel sube y baja
por las escarpadas laderas de los misterios
esculpiendo vidas y nombres entre los peñascos,
recogiendo las tintas esmeraldas y puras
disueltas en el río estruendoso
que baja veloz bramando historias.

Juanita enlaza –paciente- los milagros
que florecen magníficos y plurales
frondosos y silvestres,
cada vez que ella, le trenza al Sol
una coronita de amancay y retamas.


*de Marta Goddio.
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@...




El admirable*

*Por Miriam Cairo. cairo367@...


I. Maravilloso, sencillamente maravilloso. Sé que imaginar está
dentro de tus atribuciones, dentro de tus posibilidades, sin embargo
eso no lo explica todo. En las oficinas, en los estacionamientos, en
los bares debe haber funcionarios, asalariados, monotributistas con
las mismas posibilidades que vos, pero que están lejos de tus
logros. ¿Te aman por ello? Perdón por la indiscreción, pero creo que
una sola de tus invenciones merece el amor del mundo. Amor lumínico.
Amor imaginario. Amor carnal. Simple amor.

II. Yo suponía que podía existir en esta ciudad, en medio de los
autos y los monumentos, un creador de tu talla. Lo suponía sin
saberlo. Lo deseaba. Deseaba leer las palabras que has escrito. Y
ahora espero las que escribirás. Esperar tus palabras no es una idea
argentina, ni rusa. Tal vez sea una postura universal, venida de
otras lecturas. De Marx. De Breton. De Botella al Mar. Es un buen
nombre para una editorial ¿no te parece?
Perdonáme que no te hable de mí. Pero a quienes inventan tales
metáforas se les puede callar todo ¿verdad?

III. La realidad de lo que no existe es indiscutible y basta con que
vos la nombres para que una pueda tocarla con los dedos. La
configuración extraña de las cosas se vuelve completamente natural:
el césped es violeta, el mundo, afortunado. Qué belleza. Y qué
tranquilidad. Porque incluso, cuando no inventás la lluvia, escribís
palabras tan cargadas de humedad que un mar aéreo pareciera que se
derramara sobre el mundo.

IV. Durante mucho tiempo, te aseguro, había tratado de encontrar
esta clase de imaginación. Iba a pie a todas partes. Ni siquiera
tomaba el colectivo. Me arrinconaba en los bares. Permanecía en
silencio en los terrenos hostiles a la poesía. En fin, no quiero
aburrirte con todo aquello, porque ahora que te he leído me siento
tranquila. Me siento feliz. No hay nada más real que un espejismo.
Nada más germinal que todo lo que surge cuando vos pronunciás la
palabra nacimiento.
Perdonáme que te hable de mí. Pero a los seres que escriben tales
metáforas se les puede inventar todo ¿verdad?

V. Tu escritura es más física que una construcción universal. Es una
forma irreparable de sentir. Hasta que la conocí, yo leía palabras
tristemente neutras. Palabras que describían la existencia como si
fuera de vinilo o de latón. En cambio tu devoción por lo ilusorio,
tu falta de ambición por lo real, se me manifiesta de manera
sencilla y al mismo tiempo, totalmente inesperada. Tu mundo ha sido
hecho a la medida de los mundos.

VI. No hay un solo hombre en la calle. Ni un ruido. Ni un gato. Ni
una sombra. Y sin embargo, no me siento sola. Tu escritura llena los
caminos, me llena a mí con una energía terrena más alta que la
energía celestial. Toda vez que tus palabras me llevan a los puertos
del universo, siento al mismo tiempo un gran asombro y una gran
naturalidad. Y si se me ocurriera, podría volar. No lo hago
simplemente porque no lo necesito. Porque me acostumbré a andar a
pie por todos lados. Ni siquiera tomo el colectivo. A los puertos
del mundo puedo llegar en una noche. En un solo paso. Con un libro.
Tu imaginación ya no es un hecho exterior a mí misma, como una cosa
escrita por otro. Cuando decís que ya no hay agua, yo me muero de
sed. Cuando me siento satisfecha, los manantiales y los frutos
brotan de lo que has escrito. Y espero que tengas claro que no sos
el producto de mi fantasía exaltada. Tus palabras están escritas
ladrillo por ladrillo. Papel sobre papel. Tus libros son concretos y
palpables.

VII. Quizás hubiera sido preferible que tu escritura fuera un sueño,
porque la realidad de los libros puede convertirse en una pesadilla.
Editores. Librerías. Estantes. Cohelo. Fotocopias. Por eso estoy
aquí. Para defenderte. Porque necesito encontrar otro trabajo y creo
que sería buena en la tarea de defenderte. He llevado niños al
colegio. Médicos al sur. Muertos a sus tumbas. Puedo llevar tu
imaginación más allá del libro. Nadie está mejor colocada que yo
para hacerlo. Y asumo los riesgos. No soy sorda. Soy exquisita.
Cuando defiendo una imaginación me vuelvo bestial y exquisita. Nunca
militar. Nunca licenciada. Nunca limítrofe.
Voy a defenderte porque cuando vos nombrás las cosas, nuevas cosas
aparecen. En cambio los otros, los que están en el mismo estante que
vos en las librerías, nombran las cosas que no dejan de ser cosas.
Si, puede ser éste un golpe moral y confuso. Veré si logro aclararme
más adelante.

VIII. Nadie debe vivir peligrosamente si no le agrada eso, dijo el
arquitecto. Yo pienso que nadie debe escribir latosamente de
propósito. Nadie debe llenar hojas y hojas contando historias que ni
siquiera a sí mismo le interesan por alevosía, por perversos deseos
de aburrir y adormilar. Esos escritores que están junto a vos en el
estante, son víctimas. Pobres víctimas de sí mismos. De los
catálogos. De Cohelo. De la escritura que no se deja atrapar.

IX. Los males de la escritura son tan empíricos como teóricos. Tan
concretos como del orden espiritual. Tan íntimos como populares. Y
los libros no son cosa inocente. ¿Has visto los que eligen estar en
las góndolas de los supermercados? Ellos saben bien qué es un lector
y qué, un consumidor. Cuando los consumidores andan por allí
eligiendo vinos o cotejando el precio de los jabones neutros,
circulan desprevenidos por el sector de librería. Entonces los
libros imponen sus tapas lustrosas para incitarlos al esplendor.
Ofrecen éxito o lágrimas. Asesinatos o historias de pasión. Son sus
trucos habituales. Olfatean. Eligen al consumidor propicio, entablan
una especie de comunicación y después ya no lo sueltan. Les proponen
enriquecerlo con grandes pretensiones que sacan de sus páginas:
bosques artificiales, sabores adulterados, cigarrillos
norteamericanos, sacones de astracán, cualquier cosa brillante. De
repente, el consumidor cree que todas las palabras, sólo por estar
impresas, son importantes. Que las tapas son importantes. Las tapas,
para los consumidores, suelen ser irresistibles. Los pierden.
Entonces, aprovechando que están absortos en la contemplación de la
imagen, ellas los empujan a las redes del consumo y los consumidores
pagan cualquier cosa en la caja. Las editoriales se salvan y la
literatura se queda pensativa.
Lo extraordinario es que todo esto se sepa y que el consumidor se
deje sorprender sin embargo. Esa es la manía de las víctimas:
aparecer siempre en la escena del crimen.

X. Yo no creo posible que vos no tengas espesor. No puedo aceptar
que seas un ángel muerto como cualquiera de los otros ángeles
muertos. No me parece probable que seas un dios. Imagino mucho más
que eso: intuyo que podrías ser humano. Sólo los mortales logran
alcanzar cimas tan altas y caer en precipicios tan desolados.
Como te dije antes, veré si consigo aclararme: voy a defenderte
porque los editores tienen la oreja suprimida y la boca sepultada.
Porque el transmutar de tus palabras dan sazón a mi lectura. Porque
cuando estoy abrumada por la ley de gravedad y las cornisas, en
cualquiera de tus acentos encuentro el relámpago necesario para caer
fulminada. Voy a defenderte porque sin tus palabras yo no soy más
que una sombra de mi propio universo.


*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-3427-2006-
05-09.html




me faltò...*

Me faltó un beso
Esta mañana
Descansaba desnuda
Entregada a la almohada
Y entre fantasías oía
Cómo el ruiseñor
Se deleitaba
Su suave dueño
En puntitas de pié
Al solcito orientaba
Me faltaron tres y cien besos
Esta mañana.

Cuando te encuentre
Bien en secreto
Te robaré las plumitas
De ruiseñor de tus labios
Una a una las iré coleccionando
Para continuar queriéndonos.-

de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...




*
En Bandada

En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a
inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz,
Horacio Rossi y Oscar Agú.
Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo
alguno.
También nos interesa que llegue a colegas y lectores.
Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El
costo del mismo es sólo de $ 15.-


Solicitarla a través del siguiente correo electrónico:
cachoagu58@...

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*

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Euros en el exterior.


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escritura.
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trabajos.
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en inventiva.
-Anuncio y respaldo de actividades culturales y editoriales de cada
socio.
-Soporte ante problemas de recepción.

Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.

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