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PALABRAS EN EL PECHO   Lista de mensajes  
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Viajero*


Viajero soy. La ruta es mi destino.
El frenesí del mar, mi desafío.

Viajero soy. En todas partes moro,
y en ninguna. Mi patria es el recuerdo
de tres o cuatro rostros y unos versos
que alguna voz amada pronunció.

Viajero soy. En el confín del mar
está la tierra de mis padres; lejos,
otros mares y otras tierras y otros dioses.
Todo cabe en mi cuaderno de bitácora.

Viajero soy. El horizonte espera
la estela de mis naves, las palabras
que mi pecho proclama, las batallas
que los vates cantarán en la mañana.

Y más allá de todo
rodeada de mar se alza la etérea
Ítaca, paciente, inamovible,
hermosa al atardecer eternamente aguarda
el retorno de sus hijos nómadas.



* De Arenas de Ítaca
© Sergio Borao Llop. sergiobllop@...

Nota: "rodeada de mar" y "hermosa al atardecer" van en cursiva
porque son dos de las formas en que se habla de Ítaca en La Odisea
de Homero.

http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio




Palabras en el pecho...




La camiseta*

*Por Sandra Russo

El chico tiene no más de cuatro años y camina de la mano de su papá
por la plaza Las Heras. Es probable que otro chico de más o menos
esa edad camine de la mano de su papá, ahora mismo, en cualquier
plaza del conurbano. El chico tiene puesta la camiseta de la
selección argentina. El otro chico también. Una puede ser más cara
que la otra, pero las dos tienen los mismos colores. Entre la mano
del chico, de cualquiera de los dos, y la mano del padre, de
cualquiera de los dos, fluye una energía que se convierte ya mismo
en un código de barras, en algo diferente al ADN pero igual de
fuerte y plagado de información. El chico está recibiendo los
colores de su pertenencia, a la sazón el celeste y el blanco. ¿Y eso
qué significa?
Son días, estos, de camisetas puestas. Ponerse la camiseta es una
expresión corriente y transversal, que no excluye casi a nadie,
porque camisetas hay muchas, aunque la de la selección de fútbol las
resuma a casi todas.
El que no se pone una camiseta es porque no quiere o porque no
encuentra la adecuada, o porque la que le ofrecen no le gusta, o
porque algún detalle, algún matiz, algún pespunte provoca el
rechazo. No hay camisetas de diseño. Las camisetas son seriadas. Uno
debe estar dispuesto a perder algo personal para llevar puesta
cualquier camiseta.
El jueves pasado, en la Plaza de Mayo, hubo miles y miles con una
probable camiseta puesta. ¿Qué camiseta? Un misterio argentino, uno
más. El peronismo es en sí mismo una camiseta múltiple e
indescifrable. La famosa camiseta incorregible. Habría que agregar
al adjetivo borgeano alguno más: la famosa camiseta insoslayable.
Las camisetas políticas, en este país, son mucho más riesgosas que
las camisetas deportivas. Dan vértigo. Cuesta tomar envión y ponerle
el pecho a una camiseta como la del jueves, a grandes rasgos
kirchnerista, pero a trazos finos un patchwork de hilos dorados y
cachos de arpillera ideológica.
Y eso es, básicamente, ponerse una camiseta. Ponerle el cuerpo a su
significado. Comprometer el cuerpo como forma literal de presencia
en algo que no es físico. Ni siquiera la adhesión a los colores de
la camiseta de la selección de fútbol es física. Pasa por otro lado.
La camiseta representa un tono emocional. Nos envuelve y nos dice.
La camiseta habla por nosotros y comunica a los demás quiénes somos
y de qué lado estamos. Nos reorienta. Nos coloca en un lugar en el
que hay otros. Nos junta con esos otros. Nos hermana, aunque las
hermandades peronistas sigan siendo uno de los enigmas más
inquietantes posibles.
Pero hay más para pensar sobre este tema: por ejemplo, la dificultad
de tanta gente en admitir que hay colores que alguna vez hay que
ponerse si uno decide colaborar activamente con su propia esperanza.
La dificultad de tanta gente para abandonar las mesetas y treparse a
los árboles. La abundancia de prurito para sentir y traslucir
adhesión y emoción. El bloqueo para afirmar, la inercia de negar. El
regodeo perpetuo en la queja y la discapacidad para abrirle la
puerta a la oportunidad. La indistinción tendenciosa entre
oportunidad y oportunismo. La pose políticamente correcta de la
rebelión en una granja virtual.
La camiseta de la selección argentina correrá mejor suerte. Faltan
unos días para que el país se pueble de gente en camiseta,
embanderada. Porque después de todo eso es en síntesis una camiseta
y eso es en síntesis también lo que a muchos argentinos nos cuesta
remontar como sujetos políticos: tener bandera.
Un prejuicio político, según Hannah Arendt, siempre tiene su origen
en un trauma histórico real. El trauma argentino es reciente,
contemporáneo, actual: los vemos en la foto, están allí los que
convirtieron la política en cloaca. Somos muchos los que nos negamos
a compartir una camiseta con ellos. Ha pasado tan poco tiempo desde
que robaron o mintieron, que el prejuicio político no es tal: es
todavía el juicio del que se quemó con leche y está ardido.
Lo que hay por delante, entonces, no es la camiseta, sino su
construcción, su gestación: el cuerpo sólo se pone allí donde hay
mínimas certezas.

*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-67625-2006-05-31.html



XVII*

solía perderme
explorar entre ramajes perfumados
una historia sin historia

amasada en largas noches de desvelo
en atardeceres
cálidos y solitarios

no era bueno
mas era mío ese modo

busco entre los pliegues sepia
del recuerdo
retazos de la que fui

el montaje es dudoso
la imagen
una mujer
con recuerdos suspendidos

*de Beatriz Martinelli.
beatrizmar@...




CAMINOS DEL CIELO*

Respira la noche
a lluvia y a tierra
el silencio no aquieta
el paisaje que invento.

Nunca es tarde
para unas alas despiertas,
aunque llore el recuerdo
agonía de ausencia,
si las flores nocturnas
aroman mi lecho
y arrullan los nidos
de los poetas que sueñan.

Camino y camino
por las calles del cielo
poso mis pies
en un jardín de estrellas
donde titilan luces
de casas abiertas,
donde no existen bisagras
de espacio ni tiempo,
donde sólo hay afecto
con remanso de abrazos
y amar es acariciar
con los ojos del alma.

*de Xenia Mora. xeniamora@...




Experiencias*

En mi experiencia con pacientes en consultorio, he visto que hay un
estado básico de desamor. Quizás no sea tan amplia la muestra de
entrevistados, pero en el transcurso de los tratamientos he ido
deshilvanando casi sistemáticamente sentimientos de miedo al
abandono, angustia y ausencia de afecto.
La historia de un adulto en el consultorio se presentiza y las
imágenes infantiles al principio mudas y olvidadas, se van haciendo
presentes con mucha congoja. Los recuerdos de la niñez parecen no
ser tan idílicos como uno creería. Más por el contrario, la falta de
una palabra de aliento o escuchar un te quiero, parece difícil de
pronunciar a un pequeñín. Así también la influencia y competencia
entre hermanos incide (a veces) en forma negativa contra la
autoestima del sujeto que necesita ser sujetado (sostenido) por un
mayor. Es la función del maternaje la que falla y articula con
sentimientos de humillación, inseguridad, miedo cuando no hay
palabra.

Hablo de palabras con afectos. Las mismas que utiliza el poeta en
sus versos, el pintor en su lienzo y el dedicado trabajador con su
tierra. Esas que están recubiertas de un plus de cariño, que por ej.
hacen que cuando llore el bebe, la madre o sustituto materno pueda
decodificar su estado emocional y con palabras y caricias enriquezca
ese diálogo tan primario pero fundacional en la estructuración
psíquica de cada quien.
La mamá acompaña el proceso de crecimiento contorneándolo con una
sutil y liviana red de mensajes, que si van cargados de estímulo y
aprobación irán formando un niño más íntegro, que pueda expresar sus
estados de ánimo y ser comprendido; es fundamental continuar
brindándole una matriz acogedora en los momentos de mayor
conflicto.
La falta de aliento, así como la rigidez de expresiones, aíslan al
pequeño del mundo de las palabras. La polisemia del lenguaje, ese
abanico de conceptos marcados a fuego, merecen seguir
multiplicándose y abriéndose al mundo de los vocablos. Nunca va a
estar de más apuntalarlo (aunque haya que retarlo) diciéndole un
te quiero, te extraño con mimos y, por supuesto, palabras.


*de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...



Desde Chile

*
Eduardo:
Me pareció muy buena esta reflexión que más allá de los incidentes
específicos que la generan nos da una mirada global a nuestras
sociedades, del cuestionamiento que no solo tenemos derecho a hacer
de las leyes que nos rigen sino del deber de hacerlo, de cómo estar
siempre alertas y abiertos al cambio, que el inmovilismo intelectual
solo fabrica rebaños de borregos dominados por unos very few.

Besos
*Mt. tesaleon@...



Estudiantes: ¿el despertar de un largo letargo?

Una sociedad está enferma si deja de cuestionarse e interrogarse a
sí misma. Gracias a los jóvenes secundarios podemos ahora de nuevo
percibir que quizás estemos vivos como sociedad. Lo cual no es poco.

Pablo Salvat
Filósofo de la U. Alberto Hurtado

Es más que eso... Mirando las imágenes, siguiendo las palabras de
los jóvenes secundarios, es como si la esperanza volviera a alzar su
vuelo. Corre un cierto escalofrío, en muchos de nosotros, cuando los
ve correr alegres y desenvueltos creyendo que sí, que también pueden
ser actores de la marcha y el destino del país, de su propio país.
Con su accionar, sorpresivo para la mayoría, muestran que no
comparten el leit motiv de que se hace todo para ellos pero -claro-
sin ellos. Cuando las elites de poder y económicas creían que ya
buena parte de la sociedad y sus expresiones estaban adormecidas y
aletargadas en la forzada aprobación del modelo de sociedad, este
renacido movimiento estudiantil -que emerge cuando menos se esperaba-
, tiene la capacidad de poner sobre la mesa educacional una
discusión sobre la legitimidad de decisiones y leyes adoptadas,
unas, en las postrimerías del régimen militar, otras, después.
La interrogación deliberante sobre la legitimidad normativa no
afecta sólo lo sucedido con la educación. Por primera vez, podemos
comenzar a interrogar la marcha de la previsión, la salud o el medio
ambiente, las riquezas básicas, entre otros. Muchos años han tenido
que pasar para poder confrontar el modelo con algún ideario de
igualdad, justicia o solidaridad -aunque sea poco claro o elaborado
conceptualmente- y no sólo con su eventual eficacia o eficiencia.
El disciplinamiento y control social vía necesidad de sobrevivencia
en el mercado -además, por cierto, de la ausencia de voluntad de las
elites-, aparentaban que todo se hacía acorde con la naturaleza de
las cosas. Que no se podía ir contra ella. Hemos vivido todo este
tiempo bajo una naturalización de lo económico y lo social, del
mismo orden de la sociedad. Esa naturalización lo hace aparecer como
ineluctable, inamovible, so pena de sufrir las penas del infierno a
quienes lo intentaren. ¡Qué visión más alejada del significado y
sentido de la política y la democracia misma! ¡No basta con la
representación al estilo clásico, con probidad, rendición de cuentas
y transparencia!
Parte de la crisis actual de la política, no sólo en este lugar del
mundo, está ligada con la crisis de representación. ¿Acaso no nos
percatamos del cuestionamiento constante a la labor de las elites
políticas? ¿De que se percibe un desfase entre las demandas
ciudadanas y las que están dispuestas a admitir y procesar la elite
politica? ¿De que muchas veces ellas aparecen más inquietas en no
desagradar a los llamados poderes fácticos que en hacerse eco de
manera cabal de las necesidades y anhelos ciudadanos? Entonces, no
basta con atenerse al actual modelo de representación. Lo ocurrido
ahora con los secundarios pone de manifiesto los problemas de
funcionamiento de nuestra propia política democrática. Por esto,
aparece como errada la reacción gubernamental que ve estos sucesos
como expresión de un mero "gallito" de fuerzas.
La representación es muy relevante, pero hoy insuficiente. Los
ciudadanos demandan ser escuchados, que su palabra pública tenga
cabida en las decisiones de sus elegidos. Piden trascender una
democracia delegativa y encaminarse hacia una más ciudadana. Los
técnicos y expertos están para viabilizar sueños, esperanzas y
necesidades del soberano autoorganizado; éste fija las finalidades
mediante procesos de argumentación y deliberación abiertos,
participados y en igualdad de condiciones.
Una democracia requiere de una sociedad viva y activa para
asentarse. Porque la democracia (no hay que olvidarlo), fue una
creación, desde los griegos, basada en la idea de que una
colectividad es capaz de autoinstituirse y autogobernarse. Como
sostenía Cornelius Castoriadis, una sociedad está enferma si deja de
cuestionarse e interrogarse a sí misma, no sólo en sus expresiones
parciales, sino a nivel de sus fundamentos y finalidades. Gracias a
los jóvenes secundarios podemos de nuevo percibir que quizás estemos
vivos como sociedad. Lo cual no es poco.

*Enviado para compartir por tesaleon@...





Cada cuatro años llega mi calvario: el Mundial de fútbol*

*Fernando Savater. FILOSOFO, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

Estos días suelo acordarme de un viejo chiste. El paciente le dice
al médico: "Doctor, he odiado a mi padre y a mi madre. Ahora odio a
mi mujer, a mi suegra, a mis hijos, a mi jefe. Odio al gobierno.
¡Odio a todo el mundo!" El médico responde, confundido: "¿Y por qué
me cuenta usted a mí eso?" "Pero…¿no es usted el médico del
odio?" "¡No, hombre, no! Soy médico del oído…"

No puedo remediarlo, en ciertas ocasiones me siento identificado con
el pavoroso enfermo que se equivocó de puerta. Cada cierto tiempo,
según pautas misteriosas e inexorables, noto que mis relaciones con
el universo empeoran sensiblemente y que me brota de lo más íntimo
de las entrañas una hostilidad insondable contra todo lo que se
mueve y corre.

Los síntomas son inconfundibles: sin poder hacer nada para
remediarlo, una vez descartado el suicidio por instinto de
conservación, cae sobre mí un nuevo mundial de fútbol. Sólo queda
aguantar el largo chaparrón de brutalismo y entusiasmo patriótico,
los berridos del triunfo y los lamentos borrachos de la derrota, con
crujir de dientes y mascullar de blasfemias.
¡Quiero venganza! Pero sé que no la obtendré. Mientras planeo mi
revancha atroz pasará el tiempo y llegará, implacable, abrumador,
obtuso, vil pero cierto como la muerte, el próximo mundial.
Habitualmente, estoy a favor de todo lo que causa placer a los
humanos. No me importa que sea sucio, pecaminoso, trivial o
acompañado de fuegos artificiales. Si los humanos somos sucios,
pecadores y triviales, tampoco podemos pedir mucha elevación a
nuestras diversiones. Lo peor que puede decirse de nuestros placeres
es que se nos parecen demasiado: si resultasen de otro modo, no nos
complacerían. Sea como fuere, quiero gozo y cachondeo: ¡señores,
venga alegría! Me declaro un puerco más de la jubilosa piara de
Epicuro y me siento solidario con mis colegas cuando gozan y retozan.

Detesto a los que no se divierten más que amargando con sus críticas
desmitificadoras las modestas o inmundas diversiones de los demás.
¡Déjelos revolcarse, pobrecillos! No gruña, no zahiera. Si lo
asqueroso hace pasar un buen rato, tampoco es cuestión de flagelar a
nadie. Mírenos las caras: ¿qué esperaba? Entre usted y yo, se ve
cada tipo... demasiado que no muerdan.
O sea, por resumir: que en todo coro de rugidos orgiásticos estoy
favorablemente dispuesto a aportar la segunda voz.

Con el fútbol, ya ven, hago una excepción. Amparada, desde luego, en
los mejores apoyos intelectuales. Cuando el rey Lear quiere mostrar
su máximo desprecio por alguien lo insulta así: "¡Tú, vil
futbolista!" (acto I, escena 4). Yo en cambio le escupiría: "¡Vil
espectador de fútbol!" Porque jugar al fútbol es un ejercicio
grotesco y plebeyo (se suele elogiar a los que lo practican con un
repugnante: "ha sudado bien la camiseta"), pero al menos resulta en
bastantes casos disparatadamente rentable. Y, como decía el doctor
Johnson, "pocas actividades hay más plácidas y recomendables para un
hombre que dedicarse a ganar dinero".

En cambio el espectador de fútbol no hace incesantemente más que
perder. Mientras los equipos juegan, pierde los nervios; cuando su
equipo es derrotado, pierde la compostura y la decencia; pero si su
tribu vence, él pierde la cabeza.

Me refiero a los partidos de fútbol "normales", si me disculpan el
oxímoron: aunque en todos ellos, los fanáticos de cada club adoptan
arrebatos identificatorios propios de los peores momentos de la
secta de estranguladores de la diosa Kali, según nos los detalló el
gran Emilio Salgari. Pero cuando hay banderas nacionales de por
medio, las cosas aún empeoran. Lo que suele llamarse
eufemísticamente "la masa enfervorizada" —en realidad, una piara de
lunáticos maleducados poseídos por el síndrome patriotero— se
entrega al estruendo y la furia hasta extremos que habrían hecho a
Macbeth añorar la amable compañía de las brujas. Lo más insoportable
son los cantos, los ripios, los "oé, oé, oé".

Y no hay cura: en Italia acaban de enterarse de que los grandes
partidos de su Liga han estado arreglados y los árbitros sobornados,
pero siguen tan aficionados al fútbol como antes.

El incomparable Fontanarrosa, que ha escrito cuentos sobre fútbol
tan divertidos que casi justifican literariamente la existencia de
esa ignominia, dice que "pese a la tradicional aptitud de los
argentinos para la cancha" a él dos razones lo han alejado del
estrellato deportivo: la primera, su pierna izquierda; la segunda,
su pierna derecha.

Tengo no dos, sino dos mil razones para odiar de la manera más
desaforada la demencia mundial que se aproxima. Las portadas de los
periódicos más serios no hablarán de otra cosa, los telediarios
postergarán por un día las necesarias matanzas para ilustrarnos
sobre los vaivenes de esos millonarios en calzoncillos que sudan la
camiseta mientras aúllan en las gradas los chacales con estandarte.
En las escuelas de Argentina dicen que van a poner televisores
durante el mundial, porque si no prevén que los alumnos dejarán de
asistir a clase. Mientras llegan a Alemania miles y miles de
prostitutas, para saciar a los aficionados a las pelotas. ¡Qué asco!
¡Qué humillación!

Y lo peor de todo: durante semanas, yo no sabré de qué hablar con
quienes me son más dulcemente próximos.

Copyright Clarín y Fernando Savater, 2006.

*Fuente: diario Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/05/28/z-03703.htm



Crónicas de vida en el mundial.


Ejercicio de escritura.


La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la
realidad cotidiana. Que aparezcan desde una voz escrita las
imágenes. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras y
recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no
siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma
leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es
dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente
durante el transcurso de un mundial de futbol.


Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los
partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en
número de escritos por autor.

Enviar los escritos con datos breves del autor al correo:
inventivasocial@...

( Con copia a inventivaedicion@... )



*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 4 de junio del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música de los compositores colombianos Juan
Sebastián Monsalve y Sebastián Quiroga. Las poesías que leeremos
pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de
Wayanay (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música
Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz
audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)

!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



*

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