INVENTIVASocial
Edición JUNIO 2006
Solo literatura mes por mes...
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Azul*
A veces
hablo desde el silencio
y agradezco a la vida
formar palabras
que naveguen el espacio
y te encuentren pintando
pájaros de risas.
Otras
llueven primaveras,
el horizonte se esconde
la cordillera se aleja
y es tiempo
y espacio
y camino...
Entonces,
abro una puerta a la utopía,
la acorralo
en el hueco de la lágrima
que tiembla
ante tu libro azulado de palabras
donde nos vive la infancia
y estallo,
y vuelo
y me envuelvo en la conciencia
de la desmemoria,
despego pies y dedos de la miel
sobre esa luna
plateando hilos de nostalgias
y una esperanza hace milagro...
A veces
hablo desde el silencio
y agradezco a la vida
formar palabras
que naveguen el espacio
y te encuentren pintando
pájaros de risas.
Otras
llueven primaveras,
el horizonte se esconde
la cordillera se aleja
y es tiempo
y espacio
y camino...
Entonces,
abro una puerta a la utopía,
la acorralo
en el hueco de la lágrima
que tiembla
ante tu libro azulado de palabras
donde nos vive la infancia
y estallo,
y vuelo
y me envuelvo en la conciencia
de la desmemoria,
despego pies y dedos de la miel
sobre esa luna
plateando hilos de nostalgias
y una esperanza hace milagro...
*de Ana. analia_gattasz@...
Ruiseñor*
Tu ruiseñor
Ha partido
Descansa entre burbujas de sueños
Tu ruiseñor se ha ido
Se fue jugueteando
A otro nido
Tengo sus plumitas
Que acarician tu piel
Tengo sus alas
En mi agenda
Y su poesía en tus hombros
Hace frió
Narrándole una historia
De duendes y gnomos
Rascándole la pancita
El volverá a tu balcón
Allí hay un refugio para él
Acorrucado dentro de mí.
Corazón de ruiseñor
Que despierta en la madrugada
Acostado en su lecho
De dientes de leche
Sueña con golosinas
De alpiste y miel.
Ha partido
Descansa entre burbujas de sueños
Tu ruiseñor se ha ido
Se fue jugueteando
A otro nido
Tengo sus plumitas
Que acarician tu piel
Tengo sus alas
En mi agenda
Y su poesía en tus hombros
Hace frió
Narrándole una historia
De duendes y gnomos
Rascándole la pancita
El volverá a tu balcón
Allí hay un refugio para él
Acorrucado dentro de mí.
Corazón de ruiseñor
Que despierta en la madrugada
Acostado en su lecho
De dientes de leche
Sueña con golosinas
De alpiste y miel.
*de Azul. azulaki@...
COMO OLEADAS*
Como oleadas de pájaros
en vaiven de sube y baja
tus senos florecientes
mientras tu desciendes
por la playa.
Este verano bochornoso
que me seca la garganta
que me llena de angustia cotidiana
y solo tus senos juveniles
como bandadas de pájaros
en vaiven de olas
por los cielos de
la playa.
Como oleadas de pájaros
en vaiven de sube y baja
tus senos florecientes
mientras tu desciendes
por la playa.
Este verano bochornoso
que me seca la garganta
que me llena de angustia cotidiana
y solo tus senos juveniles
como bandadas de pájaros
en vaiven de olas
por los cielos de
la playa.
VIEJA BARCA*
Todos los angeles
todos los soles
bajo esta madrugada.
La barca navegando
el cereal creciendo
la angustia
a flor de labios.
La mañana
es una granada
reventando.
Tu piel de acero
vieja barca
el oleaje
salpicando
tu descascarada
marchita
herrumbrada
piel
de brea
vieja
lastimosa.
*Poemas de Jose Pivin. pivin2005@...
Todos los angeles
todos los soles
bajo esta madrugada.
La barca navegando
el cereal creciendo
la angustia
a flor de labios.
La mañana
es una granada
reventando.
Tu piel de acero
vieja barca
el oleaje
salpicando
tu descascarada
marchita
herrumbrada
piel
de brea
vieja
lastimosa.
*Poemas de Jose Pivin. pivin2005@...
Haifa-Israel
HOMBRE BUENO*
El hombre dijo “quiero ser bueno”. Así, de repente, si es que esas cosas pasan sin historia acumulada por debajo, por detrás, por entremedio.
“Quiero ser bueno” dijo, sonriendo como quien se presenta en el umbral, y afuera llueve, y está lindo adentro.
Hay muchas clases de sonrisas, y la suya no era; no le iba con la cara, con la edad, con los anteojos. No estaba bien que un hombre grande sonriese así. Quedaba definitivamente mal que mostrase la cara tan desnuda, que mirase sin cortinas en los ojos. Tan impúdicamente.
Si el hombre hubiese tenido ojos celestes, pelo revuelto, si se hubiese perdido delgadamente dentro de románticos abrigos hubiese sido más sencillo prestarle credulidad.
Pero ese pulovercito celeste cuello en “V”, los calzoncillos largos abolsando los pantalones, las manos bastas; nada celestial, en fin, un mero oficinista ni tan siquiera kafkiano, señor de buen comer estómago abultado pañuelo usado en el bolsillo. Cómo, me pregunto, cómo creerle.
Y eso de ser bueno...
El problema es que la vida no está en damero, nada de blanco y negro, casillas formadas en fila y milimétricas. El problema no era escoger entre luz y obscuridad, qué fácil, sino entre las fichas azules o violetas.
Entonces el señor, frente a la elección, se cuestionaba, pensaba, entregaba su sueño a la disyuntiva, y con manos de quiromántico acariciaba las opciones para conocerles el pelaje. A veces se equivocaba. No se sabe. A veces creíamos que se había equivocado pero no, pero al fin lo que no se había presentado luminoso culminaba demostrando su vocación de farol.
Y, nosotros, lo vigilábamos.
En el fondo queríamos que le saliera bien, en el fondo deseábamos su fracaso. También eso, tampoco eso, era fácil de saber.
Teníamos la risa floja más que nada cuando se marchaba. Risa de espaldas.
Y nos reíamos, nos reíamos como las hienas que es mentira que se ríen. Parece nomás. Ladran agudo y esperan con ojos de mirada lateral que caiga el herido para devorarlo. De ningún modo se ríen, y menos como nosotros debiésemos reírnos.
El hombre estaba empeñado, y les aseguro que ese es el término porque todo fue entregando. Estaba empeñado, digo, en ser bueno no por ausencia de maldad sino por el ejercicio de la buena obra, de la buena palabra, de la buena compañía y hasta del buen silencio.
Dedicado a tan elusivo objeto, a conseguir una bondad pura, ingenua y cálidamente fraterna, se dio a construirse alas con lo que iba hallando por ahí. Papeles de propaganda, carteles desusados, varillas de sillas desfondadas, trozos de colchones desheredados.
Grandes alas de gomaespuma con estrellitas fluorescentes, alas de papel cometa que sucumbían a los vientos, alas de cartón, alas de chapa.
Fracasaba, pobre. Fracasaba.
Algunas eran demasiado débiles y se le deshacían apenas asomaba un pie a la calle, otras eran transparentes y era como si no estuviesen, otras tenían bordes afilados que cortaban las ataduras y de paso le laceraban la espalda. Unas alas de tan amplias no le permitían pasar las puertas estrechas y no podía entrar a la casa de ciertas gentes. Otras, pasadas de almidón, no lo dejaban sentarse en estas sillas, descansar el cuerpo.
Eran, en suma, alas mentirosas, agregadas fijadas adheridas con cintas, cola, correas, piolines rescatados del cajón de la cocina.
No servían.
Y nosotros, claro, nosotros nos seguíamos riendo todos juntos desde lejos. Y nosotros, claro, nosotros lo buscábamos de a uno para tomar unos mates y reposar el espíritu. Era lindo estar con él, calentarse las manos en su fuego. Pero íbamos de a uno. Avergonzados. Tratando de ocultar con anteojos negros la luz que nos ponía en la mirada. Que no se diga, que no se vaya a decir que uno es, estúpidamente, como él quería ser, bueno.
Y llegó el día en que no se las puso más. Llegó la tarde en que hizo una hermosa hoguera en la que ardieron con la misma alegría maderitas, polietilenos, trapos, hojas de papel, engrudo seco.
Habían desaparecido todas sus alas. No se las puso más.
Por estas calles y estas veredas hechas de baldosas recompuestas, en la oficina, dentro de los colectivos y de visita. En ningún lugar y para nadie volvió a abrocharse las correas de las alas de utilería. Nunca más. La espalda sin alas. El hombre ya no tenía alas.
Y entonces, si todo quemó, entonces, me pregunto entonces por qué yo, por qué nosotros todavía se las vemos.
Yo estoy enamorada de vos.
Yo no, qué problema, dijo él sonriendo.
No pude hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.
Después lloré.
Yo no, qué problema, dijo él sonriendo.
No pude hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.
Después lloré.
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
XVI*
voy a escribir
los versos más ardientes
sospecharé el corazón evadirse
de la jaula que lo retiene
y volar como paloma
encontraré los besos
más húmedos
más cálidos
más ansiosos
las abejas en mi colmena
me llenarán de miel
la savia de tu tallo
agua para mi deseo
las ramas de tus brazos
y la raíz de tu árbol
fugitiva y alienada
me cercará
no permitan que me envuelvan
prudentes palabras
no dejen que formales obstáculos
se interpongan
dejen a esta atolondrada
perderse en sus desvaríos
que el alma se le seca
y la piel
se vuelve desterrada
*de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...
voy a escribir
los versos más ardientes
sospecharé el corazón evadirse
de la jaula que lo retiene
y volar como paloma
encontraré los besos
más húmedos
más cálidos
más ansiosos
las abejas en mi colmena
me llenarán de miel
la savia de tu tallo
agua para mi deseo
las ramas de tus brazos
y la raíz de tu árbol
fugitiva y alienada
me cercará
no permitan que me envuelvan
prudentes palabras
no dejen que formales obstáculos
se interpongan
dejen a esta atolondrada
perderse en sus desvaríos
que el alma se le seca
y la piel
se vuelve desterrada
*de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...
DOS NOMBRES*
Al llevar nuestros nombres
en comunión de infinitud,
de amar porque sí, inocentemente,
solamente amar sin esperar,
con las manos cristalinas
y los pies caminando la hierba;
sentiremos que somos un solo espejo.
Al llevar nuestros nombres
con ojos que contemplan
el sonido de la misma música,
extenderemos nuestros brazos
a la voz que nos palpita
en nuestros ojos de armonías.
Así, solo así, será un brillo de perlas
aquella lágrima de luna.
*de Xenia Mora. xeniamora@...
Al llevar nuestros nombres
en comunión de infinitud,
de amar porque sí, inocentemente,
solamente amar sin esperar,
con las manos cristalinas
y los pies caminando la hierba;
sentiremos que somos un solo espejo.
Al llevar nuestros nombres
con ojos que contemplan
el sonido de la misma música,
extenderemos nuestros brazos
a la voz que nos palpita
en nuestros ojos de armonías.
Así, solo así, será un brillo de perlas
aquella lágrima de luna.
*de Xenia Mora. xeniamora@...
ALREDEDOR DE NABAM*
Yo soy yo, la que escribo y no la que escribió. Algunas veces, cuando releo la novela de ella tiendo a confundir las identidades y creo ser la otra, la que se obsesionó con ese personaje extraño y maravilloso que fue apareciendo apunte por
apunte, en esas noches de insomnio en las cuales la historia le fue aconteciendo como dictada, como si ese ser imposible se escribiese y describiese a sí mismo, apareciendo pleno y corpóreo, ajeno a su imaginación.
La cosa comenzó a partir de un artículo del “Diccionario infernal” de Collin de Plancy, libro que pacientemente la esperaba en un anaquel de la biblioteca familiar desde antes de que naciera. Siempre había estado allí, lo descubrió en la infancia leyéndolo a escondidas de sus padres, y desde entonces esporádicamente releía algunos artículos, con la curiosidad incrédula que conviene a nuestros tiempos y la satisfacción por el estilo y el lenguaje antiguos. También allí, desde siempre, la aguardaba quizás Nabam para manifestarse.
En la página dedicada a los conjuros se recetan las palabras, signos y condiciones para invocar a los demonios, y tan bien organizadas se encuentran las huestes infernales, con sus capitanes, sus legiones y sus cadenas de mando, que a cada día de la semana corresponde un demonio, un horario para efectuar la ceremonia, una ofrenda que debe ser preparada con celo para entregar al compareciente.
La escritora no otorgaba fe a la brujería, pero le pareció que el tema era adecuado para crear una novela, y la primera noche hizo una descripción de Nabam, el demonio de los
martes.
“ Lo miro parado y es más bajo de lo que parece estando sentado. Esa falsa impresión la causa una cierta desproporción entre el cuerpo y los brazos, que resultan demasiado largos. Me desagrada. Tiene un exterior brutal desmentido por una delicadeza extrema en los dedos y la forma en que manipula los objetos. Desearía que fuese simplemente bestial sin esa cualidad falsa de cuidadosa cortesía.
Cuando habla, agacha la cabeza, lo que hace que aparezca una línea blanca debajo de sus iris. Ojos celestes, o grises, o verdes. Difíl definición.
El inicio de cada frase le provoca una sacudida y un adelantar el torso hacia mí, que en cada uno de sus avances retrocedo. Me llega su aliento a cigarrillo y alcohol, y algún aroma más como a perfume y transpiración. (Y flores marchitas).
Me mira con una intensidad que me pone nerviosa. Respondo apurada, equivoco las palabras y mis expresiones me resultan estúpidas en el mismo momento de decirlas.
Siempre igual. Serpiente encantadora de pajarillos. Pero yo no soy un pequeño pajarito; sin embargo frente a él
soy un ser informe. Me desprecio. Cada vez que estoy contenida en su mirada, con su cuerpo atento y ominoso, me siento en la zona de trampa.
Digámoslo de una vez, el hombre me resulta intolerablemente atractivo porque me repugna.”
Este primer retrato se le dio como una revelación, como si hubiese visto realmente a Nabam, y al otro día la imagen del demonio se le presentaba constantemente, reclamando su atención aun mientras ejecutaba sus tareas cotidianas.
Tenía, entonces, al personaje. Cómo sería el desarrollo de la novela no era tan claro, excepto que le resultaba evidente que se enamoraría de él con secreto horror. En síntesis, una mujer invoca al demonio en una ceremonia hecha por broma, el demonio se presenta, se declara suyo, esta mujer debe convivir con él y se consignan las visicitudes y los diálogos que se dan entre ellos.
En algunos borradores utilizó un narrador omnisciente, en otros la tercera persona, pero los desechó y finalmente escogió el relato en primera persona, siendo la narradora una mujer que era ella misma, disfrazada apenas por detalles dispares o concesiones tenues a un
intento de ocultamiento. Se puede notar sin ninguna dificultad al leer el libro cómo esos pueriles disfraces se diluyen a medida que la relación avanza, y finalmente aparece la escritora claramente retratada a través de sus palabras. Así, Nabam iba tomando forma y peso, y ella se despojaba de imposturas para reconocerse como protagonista del drama.
“No soy más que una mujer. Una patética mujer. No puedo escribir sobre sentimientos porque caería en la deplorable zona de la novela rosa, no no no no no no no. ¿Qué se puede decir que no haya sido dicho admirablemente por otros?.”
Este párrafo se encuentra en su diario, y por la fecha corresponde a las primeras etapas de escritura. No deseaba escribir una historia de amor, y era eso sin embargo el fondo de la trama, la secreta seducción del demonio. Sin embargo, un segundo leimotiv ejercía un contrapunto constante, y era la relación del demonio con Dios, la imposibilidad de probar la existencia de Dios aún ante la presencia del demonio, igual de ignorante que las demás creaturas de los secretos designios del creador.
Así, este personaje en principio fantástico e increíble se va mostrando como ser arrojado al mundo, dotado de escasos poderes y aún más escasos conocimientos del más allá, siendo que al entrar en este territorio, al franquear la puerta de nuestra
existencia pierde la memoria sobre las maravillas o espantos del otro lado.
Todo esto lo escribía ella sin consultarse a sí misma, con rapidez, finalizando capítulo tras capítulo casi sin efectuar correcciones posteriores.
“No me extrañaría para nada comenzar a escribir en lenguas. Jamás había sentido igual urgencia por otro relato, ni tanta seguridad al poner las palabras, que se siguen unas a otras como dotadas de una necesaria ordenación. Recuerdo un documental sobre el autismo, en el que un niño dibujaba un gallo copiando la imagen fielmente de su memoria,
trazando líneas aparentemente azarosas, caóticas, hasta que como por milagro se completó la figura. Se explicaba que las líneas no tenían sentido para él, y que aleatoriamente podía realizar un trazo del ala, luego una pata, luego una pluma de la cola y el pico, pero que el gallo surgiría completo y perfecto al final, siempre igual al primer modelo, sin importar el orden o aparente desorden de la operación. Me pregunto si no estaré dibujando algo que tiene una existencia propia, me pregunto qué rostro aparecerá cuando coloque el punto que cierre el último capítulo, y si podré mirar ese rostro que me estará devolviendo la mirada”.
Esa sensación de ser mera transcriptora, acaso de estar realizando un acto más de medium que de creadora la acompañó todos los meses en
los cuales los capítulos se sucedían velozmente unos a otros, en los cuales el demonio narraba historias, reflexionaba sobre la humanidad desde su condición de creatura ajena, se instalaba con su rostro y su cuerpo detalle por detalle en las palabras y en esa realidad paralela que tomaba una consistencia de cosa cierta.
Y Nabam, claro, era hermoso y terrible, orgulloso, soberbio y completo en sí mismo, una enorme fuerza agazapada y acaso mentida en su presencia confortable. La violencia probable, la posibilidad de una súbita detonación hacía que el horror por su condición demoníaca permaneciera como bajo contínuo por detrás de la melodía tranquilizadora de los diálogos calmos y la convivencia cotidiana. El demonio se presentaba con una corporeidad en el relato que al
principio le hizo dejar las luces encendidas por las noches y se resolvió luego en una especie de espera insensata.
“Me he descubierto en la calle mirando insistentemente los portales y las veredas, buscando la imagen familiar de mi demonio recostado contra el umbral de una casa o fumando silenciosamente desde la silla de un bar, libro en mano, sentado con esa actitud de dejarse estar, con ese reposo de animal cazador que reconocería de inmediato.
Me ha parecido verlo, y no me he asombrado. Sería natural y fácil caminar hacia él y saludarlo,
aceptando su comparescencia como algo necesario.
Cuando escribo lo siento a mi lado, puedo percibir ese olor que le es característico, y no tengo miedo sino expectación. Frente al teclado de mi computadora, mientras describo cómo me seduce lentamente, soy seducida, ¿me seduzco?. Y cómo lo extraño cuando lo busco en las habitaciones silenciosas y descubro que él no está aquí, que no puedo rodear su cuerpo ominoso con mis brazos.
Ayer, cuando llegaba a casa, la imagen de Nabam aguardándome, espalda en la pared, cigarrillo humeante
en la mano de estatua, esa imagen era tan nítida y precisa que la decepción de no encontrarlo me sumió en una depresión que hube de conjurar continuando con la novela, donde vive respira actúa habla, me habla.”
Reconociendo el grado de obsesión que su personaje le provocaba, la escritora no se alarmó por ella sino se limitó a disfrutarla, pues no creía en realidad en la existencia de los cielos o infiernos del catecismo. Pensaba, como lo consignó en otros apuntes, que esta momentánea suspensión de la incredulidad era el resultado de haber encontrado un carácter y una historia interesantes, cosas que favorecerían la obra, que prometía ser buena o en el peor de los casos menos mala que sus anteriores producciones, las que reconocía resignadamente como mediocres y
carecientes de ese impacto que obliga al lector a mantener la atención en las páginas, y distrae del artificio del estilo y los mecanismos del relato.
“No te asustes, que cuando te dije que lo busco y me parece escuchar sus pasos demorados por las habitaciones, sé perfectamente que no va a ocurrir. Sólo es un sentimiento de posibilidad de la maravilla pero como juego. Dejame ser feliz con su compañía imaginaria mientras dure. No te preocupes, que no me estoy volviendo loca. Lo que pasa es que es tan hermoso.”
Este fragmento de un mail a una amiga
da cuenta de la alarma de ésta por esa inmersión en la irrealidad, y del intento de la escritora por tranquilizarla y quizás tranquilizarse a sí misma.
Luego del frenesí de escritura de los primeros tiempos, hubo una súbita detención en correcciones mínimas y agregado o sustitución de palabras o frases que no alteraban la obra sustancialmente, sino que demoraban el desenlace.
“No he continuado con la novela. No puedo decir mi novela porque es suya, es la zona donde él camina y respira y me acaricia distraídamente. Me he percatado de que esta suspensión no se
debe a falta de inspiración. Demasiado sé que ya el último capítulo está completo línea por línea, y es el miedo a la finalización, a escribir las palabras lo que me amedrenta. Sé que puesto el punto final, esto acaba, Nabam se transforma en un personaje con presentación, nudo, desenlace, y que narrar el desenlace equivale a darle fin a él junto con la novela. Está vivo mientras escribo, lo relegaré al pasado cuando concluya su historia. Me demoro en separarme de su presencia cotidiana, no me resigno a aceptar que sus últimas palabras sean consignadas y se resuelva finalmente en una foto más del álbum, que desaparezca como esos amigos que se van y se diluyen en la memoria.”
Pero, resignadamente, luego de corregir una y otra vez pasajes ya revisados, en un solo día
completó lo que restaba y colocó el temido punto último que equivalía al punto de muerte para la relación íntima con su personaje.
“Ya está, la cosa está hecha. Nabam está terminado, qué feo me suena. Ahora, a intentar vivir sin mi demonio. Pero qué dramática, yo que deploro las tragedias y esa penosa magnificación de las cosas, me entrego a la lástima por mí misma y por nada.
Pero me engaño. Es el pudor, siempre ese pudor por los sentimientos lo que me obliga a intentar mentirme a mí misma. Los sentimientos me averguenzan
como la exhibición de las tragedias o la demostración de que al fin y al cabo yo tomo, también, seriamente mis sufrimientos, aunque éstos sean bastante lastimosos y dignos más de una sonrisa que de una lágrima. No es que no haya ocurrido nada, lo que me sucedió no sucedió en el terreno de lo diurno, de lo tangible, pero esta desazón, este pesar no son ficticios. Es un abandono, una carencia, y duele, me duele.
A veces siento el impulso de retomar Nabam, de agregar otro capítulo, de fingir que puedo tocarlo cuando íntimamente sé que está completo y no puedo manipularlo sin perjudicar esa cosa de bruñido ya realizado.”
Quizás resulte innecesario referir que ella estaba enamorada de Nabam. Se había enamorado de ese angel caído hermoso y taciturno que página a página iba definiéndose como un ser negado al amor. Era la seducción del amado inaccesible, acaso la más perversa porque al no ser factible su satisfacción la transforma en una obsesión imposible de conjurar. Ella sólo podía depositar su amor en ese demonio, y el demonio sólo podía amar a Dios, que lo había expulsado de su amor. Situación refleja, simétrica, insensata porque el demonio a fin de cuentas no existía.
“Te extraño mi Nabam, cómo te extraño. Y no es casual que extraño sea lo ajeno, lo
diferente, lo alejado de uno y de sus costumbres, y utilicemos el verbo extrañar para expresar el intolerable vacío, la urgencia, el desesperado hueco que alguien deja en nosotros al marcharse. Cuando uno extraña, es porque el extrañado se ha convertido en ajeno, alejado, diferente, en un extraño.”
Pasado un tiempo, dijo a sus amigos en tono de broma que poco a poco había remitido la enfermedad, y que ya no buscaba a su personaje por las calles ni esperaba hallarlo sentado en la silla de hierro de la cocina. Contó que había comenzado a escribir algunos cuentos, y que tenía la idea de una nueva novela.
Hay apuntes de esa novela, que recomenzó varias veces, sin hallar el tono justo ni la forma de narrar la historia. Los borradores revelan una escritura desganada, carente de inspiración, más de trabajo de redacción impuesto que de novelista.
“No hallo placer en la escritura, no puedo dejar el estilo de Nabam, su castellano antiguo, su fría observación a través de frases corteses. No puedo creer en estos nuevos personajes intrascendentes, meros personajes y no otra cosa, marionetas con los hilos al descubierto. Cómo habría sonreído Nabam, siempre tan pronto a burlarse de mí, si hubiese leído la frase ‘marionetas con los hilos al descubierto’. Sin su mirada no puedo
soslayar estas frases estúpidas y gastadas. Para qué engañarme, no puedo escribir este libro sin sombra, esta historia anecdótica e insustancial que tanto esfuerzo me demanda y que tan poco vale.”
No destruyó los borradores, pero los guardó definitivamente y no volvió a escribir.
Sus conocidos dicen que ya no hablaba de Nabam, y que continuó su vida sin demostrar la íntima sensación de vacío de la que habla en su diario. Era quizás tan penosa para ella que no quería compartirla, y más aun cuanto que pensaba que no había verdaderos motivos, ya que se repetía que
el demonio había sido un personaje en una trama y no había razones reales para sentirse abandonada. Cabría preguntarse qué es la realidad, qué significa esa palabra aplicada a los sentimientos.
“Trato de salir, de ver amigas, de volver a la realidad. Me persigue un vacío helado, una soledad que me atemoriza, la vergüenza de admitir ante mí misma que me enamoré de un ser inexistente y al que yo misma di forma sólo con palabras. Cómo decir esto, como admitir esto si no puedo confesármelo sin saber que es absurdo. Sin embargo, no es menos doloroso por ser absurdo. No, no duele menos.”
Fue entonces que tomó la resolución de invocarlo. Tal vez lo meditó durante semanas, tal vez fue un impulso repentino. Como sea, ningún rastro escrito queda de ello, y cada uno puede formarse su propia opinión al respecto.
Repitiendo al personaje, repitiéndose a sí misma si convenimos finalmente en que ella era el personaje de la novela, con una tiza dibujó el círculo mágico y el pantaclo en el suelo, y pronunció su pedido de comparescencia a la noche del martes, al aire inmóvil de la habitación, a los improbables habitantes de esas oscuras regiones invisibles en las cuales no creía.
Sabemos que su pedido fue satisfecho, y también sabemos que no fue su demonio familiar, su doméstico acompañante quien apareció atraído formado o conjurado por la letanía. Qué terrible espanto se alzó frente a ella Dios nos guarde de saberlo. No fue posible reconocerla, pues su cadáver estaba desperdigado en jirones de carne y cabello y vísceras ensangrentadas. De nada había servido la pueril barrera de la línea de tiza, y la protección que asegura el conjuro es seguramente un engaño más de los demonios, que se complacen en juegos de esa naturaleza.
Ahora, en mis manos se encuentra la novela, y me hallo con súbito horror buscando la figura de Nabam recostado en algún
muro, fumando en la silla de algún bar, respirando quedamente mientras hojea un libro. Línea por línea conozco su rostro y su cuerpo, y es tan hermoso. Es tan hermoso.
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
Cicatriz*
Tu manos abren la cicatriz de mi pubis,
laberinto de las tentaciones
y ovillo de tu lengua
(aquella que dibuja el abismo en la piel).
Herida imborrable, perenne,
que sutura al enredo de nuestras hojas;
costura fugaz y leve,
huella que se abre después de la cópula,
al despuntar la noche y en el filo de tus latidos.
Tu manos abren la cicatriz de mi pubis,
laberinto de las tentaciones
y ovillo de tu lengua
(aquella que dibuja el abismo en la piel).
Herida imborrable, perenne,
que sutura al enredo de nuestras hojas;
costura fugaz y leve,
huella que se abre después de la cópula,
al despuntar la noche y en el filo de tus latidos.
Pizca*
En las delgadas horas
la noche itinerante
me lleva a ti
Rozo tu boca,
una pluma desfallece en el ensayo:
Mudo, vacío,
siempre solo, siempre pleno.
Eres el acertijo de los dioses,
las palomas migran de tus pupilas,
recorren el mundo
y arriban con un mensaje de paz.
Las palabras florecen en el preludio de mi voz,
por la avenida de la espera,
en las calles del misterio,
por la línea de mi nombre,
en el surco de tus manos,
por la urgencia de mi piel.
Te miro en el sentido del reloj,
en racimos, a gotas,
en medio de las sombras.
La noche calla,
azabache,
palpitante.
Respiro una pizca de aire,
restaño pájaros en la niebla.
*Poemas de Lady López Zepeda ladylz954@...
Lady López Zepeda nació en México en el año de 1956. Realizó estudios de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM-Iztapalapa). Actualmente estudia el postgrado en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Ha publicado poesía, narrativa y cuento en las revistas virtuales como: Letralía, Letras Salvajes, Mecenas, Citas y Poesía, La Casa del Asterión, Mis Escritos, Milagros de Pan, Paradoxas, Isla Negra, Paralelo Sur, Alas Púrpuras, Mundo Cultural Hispano, La Lupe, Poesía + Letras, Revista Voces, Margencero, y en la revista, en papel, La Explanada de Alicante, España.
Es moderadora del grupo elfausto, en donde organizó y coordinó el Primer Concurso de Poesía El Fausto con la finalidad de brindar un espacio de expresión a escritores y artistas noveles y no tanto. Las obras se encuentran publicadas en: http://elfausto.blogspot.com/
Participa activamente en diversos foros literarios. Es miembro activo de la Asociación Poetas del Mundo y de la Sane Society.
Ha publicado poesía, narrativa y cuento en las revistas virtuales como: Letralía, Letras Salvajes, Mecenas, Citas y Poesía, La Casa del Asterión, Mis Escritos, Milagros de Pan, Paradoxas, Isla Negra, Paralelo Sur, Alas Púrpuras, Mundo Cultural Hispano, La Lupe, Poesía + Letras, Revista Voces, Margencero, y en la revista, en papel, La Explanada de Alicante, España.
Es moderadora del grupo elfausto, en donde organizó y coordinó el Primer Concurso de Poesía El Fausto con la finalidad de brindar un espacio de expresión a escritores y artistas noveles y no tanto. Las obras se encuentran publicadas en: http://elfausto.blogspot.com/
Participa activamente en diversos foros literarios. Es miembro activo de la Asociación Poetas del Mundo y de la Sane Society.
*
Crónicas de vida en el mundial.
Ejercicio de escritura.
La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente durante el
transcurso de un mundial de futbol.
Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos, cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en número de escritos por autor.
Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al correo:
( Con copia a inventivaedicion@... )
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*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
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"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin2005@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1.
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