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POBRES. FEOS. LOCOS. INDIOS   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #97 de 226 |
Mascarada*

Nací de noche. Llegué a la hora precisa para llorar en las
tinieblas. Sin
nombre y sin Dios, escuché el silencio del mundo.

Vivo la mascarada del futuro y su terca agonía. El bullicio pulula
por la
ciudad, las voces decantan mi llanto.

Tengo un rostro y mil espejos. Mi guerra se oculta en la oscuridad,
los
espectros caídos en las trincheras me consumen. Reconozco: en la
batalla
muere algo de mí.

Voy a cualquier sitio y no sé a dónde llegar, vivo al amparo de mi
orfandad.
A tientas sigo el contorno del mundo, sus sendas me llevan a la
tierra sin
frutos.

Soy luna de abril. Mi sombra habita en el campo del olvido mientras
el
silencio vive su derrota. Pago la franquicia con un grito en el
desierto.


*de Lady López Zepeda ladylz954@...





Pobres. Feos. Locos. Indios.



JUGANDO A MIRAR*

Desde la televisión nos permiten espiar en las mansiones, en
las fiestas con tragos de colores y sombrillitas; nos dejan ver cómo
los adolescentes dorados se lanzan a piscinas iluminadas por las
noches, y cómo hermosas mujeres de perfecta dentadura sonríen sobre
sábanas de seda.
Lindo ejercicio el de vivir otras vidas a través de la mirada.
Bueno, vamos a jugar a los espías.
Tomemos, por ejemplo, a Marcelo Arroyo y a Silvia Matus. Desde
lejos si quieren, con binoculares y desde el auto miremos a las tres
nenas de la pareja; no hace falta bajar la ventanilla, que hace frío
allá en Chubut, y el barrio 25 de mayo en Caleta Olivia no es el
lugar que una escogería para pasear, ni siquiera por la mañana.
Desde el auto miremos entonces, sin necesidad de entrar a la
habitación de paredes de chapa y techo de nylon, no nos vayamos a
resfriar con la humedad que se condensa en los muros metálicos, no
nos vayamos a mojar con las gotas que se descuelgan desde el
firmamento de plástico, ni a embarrarnos los zapatos en el piso de
tierra. Vamos a observarlos desde acá, porque el olor es
desagradable.
Podemos verlos a los cinco haciendo las necesidades en una
lata. No tienen excusado. Podemos ver cómo todo se les echa a perder
cuando llueve, y la lluvia cae por igual dentro y afuera de la
habitación que tienen que llamar casa. Cómo no pueden tener nada, ni
muebles ni ropa ni juguetes. Una maestra contaba que hay chicos a
los cuales no les entregan la libreta de calificaciones, porque no
hay un lugar en sus hogares dónde guardarlas. No tienen muebles, no
tienen sitio seco, qué casualidad, como en este rancho de lata.
Podemos ver a las nenas en la escuela, tema: mi ciudad, mi
barrio, mi casa. Y la cara de las chicas ¿qué es una casa? Un montón
de chapas recortadas, un techo transparente, el frío que muerde los
pies. Esa es mi casa.
Cuando nos enteramos de que tienen los papeles del terreno, y
una voz en off dice que en otro papel el IDUV les asegura que una
cooperativa les construirá una vivienda suspiramos aliviados. Bueno,
todo lo anterior fue para construir la tensión dramática que lleve
al final feliz. Ahora veremos, con alegre música de fondo, obreros
que silban mientras trabajan en una adorable casita de tejado rojo y
paredes blancas. ¿No?
¿Que hace cuatro años que iniciaron los trámites? ¿Que la
ministro de Acción Social Nélida Alvarez le ofreció a Silvia un vaso
de agua para calmarle el llanto, porque otra cosa no podía hacer?
Así no vale. No juego más. Nos vamos.
Ya veo que los vecinos los ayudan con el agua, el gas y la luz.
Loable y maravillosa la solidaridad. Pero no vale. No estaba en el
libreto que los pobres ayuden a los pobres, mientras los impuestos
destinados a acción social se derivan a otros lados. Así no vale.
Vuelvo a mirar la televisión, me apeno porque la rubia ya no lo
quiere a John y lo prefiere a Walter. Todos miramos la televisión,
mientras del techo de nylon se descuelgan tres lágrimas. Cada
lágrima cae en la pequeña frente de una niña dormida, que no sueña.


*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...





Radio La Colifata
Loca, pero te quiero*

La Colifata es un espacio de radio ignorado por el Estado (más allá
de promesas esquizofrénicas), por las autoridades del hospital Borda
(que no fueron internadas) y con apoyo del público, artistas y gente
solidaria. Vida y obra de un proyecto que descubrió cómo de la
política de represión y encierro, se ha pasado a la de expulsión
para dejar a la gente en la calle. Mientras tanto, la radio les
devuelve a los internos la posibilidad de voz, encuentro y
reconocimiento, para combatir el sufrimiento y la impotencia.
Alegres, pero no locos por el fútbol, ni por el mundial, aunque lo
tuvieron de invitado a Bilardo.


"Una mirada colifata y festiva de un evento que nos iguala en
pasiones, donde todavía podemos coincidir en un espacio y momento
para ser felices".
Con esa alegría -que no tiene que ver con la "locura" que vociferan
los medios- presentó La Colifata su espacio dedicado al Mundial de
Alemania, esperando que Saviola, Riquelme y compañía hicieran lo
suyo. El médico, técnico campeón del mundo y comentarista Carlos
Bilardo y una gloria futbolera, el "loco" René Houseman, fueron los
invitados a una derivación televisiva de la radio, el programa El
living de Stellita. Stella Cross vive en la calle y conduce el
programa desde una plaza de Belgrano, donde siempre hay un lugar
para que se sienten los invitados. Bilardo participó desde "los
estudios mayores" de radio La Colifata: el patio del
neuropsiquiátrico José T. Borda.

Más que una FM, La Colifata es un gran espacio de comunicación para
producir salud. O como lo define en charla con lavaca Laura Gobet,
coordinadora del Proyecto, "un espacio de encuentro y empoderamiento
que habilita la posibilidad de pensar los medios como canales de
transformación".
En 1986 desembarcó en el neuropsiquiátrico José T. Borda un grupo de
personas dispuestas a trabajar para desdibujar las gruesas líneas
que dividían el adentro del afuera. Se trataba del grupo Cooperanza,
conocido en ese entonces como la Peña Carlos Gardel, donde trabajaba
como voluntario Alfredo Olivera. Fue a él a quien se le ocurrió
comenzar a grabar a los internos: "A partir de usar ese grabador –un
Westinghouse enorme- se podía lograr que los internos del Hospital
volvieran a tomar la palabra, que recuperaran la voz y que eso
además quedase registrado", explica Gobet.
Enterado de esa experiencia, una radio de San Andrés invitó a
Olivera para hablar de la locura. Pero como no le cerraba del todo
la idea, contraofertó: "¿Por qué no hacemos una columna en la cual
hablen directamente los internos?". Y se fundó así "La columna de
los Internos del Borda".

El nombre propio

Olivera pidió que le grabaran los mensajes de los oyentes que
llamaban por teléfono. Ese casete permitía llevarle a los internos
las opiniones de `los de afuera'. Pronto el nombre dejó de
gustarles, tal vez porque sonaba demasiado solemne. Entonces, entre
todos los que participaban de la experiencia, propusieron nombres
alternativos: las opciones iban desde Westinghouse hasta Carlos
Gardel. Pero finalmente votaron por la única propuesta -entre 40-
que remitía a la locura: La Colifata. "Desde el inicio planteó una
diferencia muy fuerte sobre lo que es el imaginario de la locura.
Porque decir colifato es decir loco querible: qué loca que estás
pero te quiero, esto obviamente sin negar el padecimiento", opina
Gobet.
En 1991 La Colifata empezó a convertirse en un proyecto autónomo,
por fuera de Cooperanza, y a despertar el interés de una variada
cantidad de personas, colectivos y personajes: un oyente obsequió la
primera antena, el periodista Lalo Mir donó varios de los
transmisores, hasta el Comando Sorpresa del ya extinguido programa
de televisión Sorpresa y ½, irrumpió un día para renovar
instalaciones.

Autoridades y autismo

Cualquier sábado del año, sin excepción, desde las 14.30 hasta las
19, se puede presenciar al aire libre la transmisión radial de La
Colifata, que se realiza en el patio del Borda aunque haga frío o
llueva. A la institución jamás le cayó muy simpático que se
instalaran allí: "Somos como un granito de arena en el ojo", subraya
Gobet. Y agrega: "Por momentos ocurrió que La Colifata estaba tan
legitimada afuera que entonces no podían funcionar de manera adversa
a nuestro trabajo".
Cuentan algunos enfermeros que a medida que el prestigio de la
experiencia crecía, las autoridades comenzaban a intentar apropiarse
de ella. Cuando venían periodistas para realizar notas por el
entonces flamante proyecto, el director del hospital respondía como
si fuese el coordinador de La Colifata. Además, en el cuarto piso
del Borda, aún pueden verse las ruinas de lo que intentó ser una
idea exclusiva, original de sus autoridades: un estudio de
radio. "Ese intento de copiarnos no duró demasiado tiempo. Pero hay
muchas más cosas absurdas... nos joden con los ingresos de las
cámaras, con la posibilidad de trabajar libremente. Sin embargo, en
ningún momento tomamos la política de enfrentarlos directamente,
sino que tomamos la postura de hacer. Y el hacer fue tanto que
terminó agotando cualquier posibilidad de jodernos", relata Gobet.

Dignidad versus impotencia

Según cuentan, La Colifata nace como un espacio para rescatar la
dignidad dentro de las llamadas instituciones totales, en donde se
generan situaciones de olvido. Más allá de la alegría que trae el
trabajo autónomo, el contexto es abrumador: un edificio alejado y
solitario, semidestruido, con internos que viven hacinados, familias
que los han depositado allí, especialistas que medican sin ofrecer
tratamientos psicológicos o que conceden altas a pacientes que
quedan en la calle. Una de los dilemas de los que coordinan la radio
tiene que ver con lidiar con la tristeza y la impotencia que todo
eso genera: "Siempre me acuerdo de la frase de uno de los chicos.
Una de las primeras veces que fuimos al Borda, nos dijo: `La pasaron
bien con los loquitos. Ahora se van y no vuelven'. Eso para mí fue
muy fuerte, solo pensaba que tenía que volver. Hay situaciones donde
uno realmente siente que tiene que ser Superman para poder
transformar algo, cuando no hay familia o cuando la institución
ofrece maltrato o directamente destrato. Es terrible cuando la
persona tiene algo para dar pero no es escuchada y a nadie le
importa", relata Gobet.
En La Colifata creen que todos tienen algo para aportar. La salud -
dicen- tiene que ver con potenciar lo más saludable de cada uno. Por
eso trabajan con técnicas de inclusión de la locura o de lo que a
simple vista parece delirante. En la radio tiene espacio todo aquel
tenga algo para decir: "A veces en medio de un debate, se te acerca
alguien al pasar y te dice: "No, porque yo sabía domar caballos". A
partir de ese saber de alguien que suele no hablar ni participar,
uno le propone contar eso al aire. Y por ahí eso hace que esa
persona, al próximo sábado, tenga un programa para enseñar a domar
caballos. A esto nosotros lo llamamos rescate de subjetividad",
revela Gobet para demostrar cómo se va formando la programación.

Contra el sufrimiento

Unas 25 personas integran el colectivo La Colifata, tres de ellas se
encargan de retransmitir microprogramas: graban lo que ocurre los
sábados, lo editan con criterios políticos, éticos y estéticos, y lo
envían a todos los pacientes internos y externos que participan del
proyecto. El mismo material se transmite también vía
internet. "Trabajamos en dos campos: hacia la comunidad en una
función antiestigma y hacia los colifatos como colectivo, para que
puedan empoderarse y generar algo distinto en relación a su
sufrimiento", aclara Gobet.
Una persona del grupo se encarga de las relaciones con los
periodistas y de generar contactos para conseguir financiación.
Otras dos ofrecen apoyo a los colifatos el día de la transmisión de
manera voluntaria y una estudiante de psicología se encarga de las
estadísticas: recoge la información sobre quiénes participan del
programa para luego establecer un seguimiento de cada participante.
Por último, Olivera y Gobet coordinan varias cosas, pero sobre todo
las cuestiones más terapéuticas: realizan interconsultas con los
profesionales del Borda y abrieron un espacio, cada viernes, para
conversar con todos los internos que lo necesiten.

Manu Chao colifato

Si bien La Colifata lleva más de 15 años de trabajo, todavía no le
encontró la vuelta a su financiación. La mayoría del dinero que
ingresó durante estos años vino de donaciones de oyentes, amigos,
periodistas o colectivos autogestivos. Todo eso apenas sirvió para
los insumos y el mantenimiento. El Estado le otorgó premios y muchas
promesas. "Pero nunca un mango", dice Gobet con resignación y
describe una de las consecuencias: "El equipo de trabajo cambió
mucho a lo largo de estos años. Eso a veces es un dolor y es una
imposibilidad como colectivo para organizarse y armar estrategias".
Corría 1996, cuando un documentalista llegó a La Colifata para
realizar un video. Luego de un tiempo se fue a vivir, como muchos
otros jóvenes en aquella época, a España. Terminó haciéndose amigo
del célebre Manu Chao, con quien una tarde de aburrimiento compartió
aquel documental. El músico nacido en París quedó gratamente
sorprendido y decidió mezclar sus canciones con audios de los
colifatos para realizar un nuevo disco, que después pusieron a la
venta los músicos que vivían de manera ilegal en España. "Apenas nos
enteramos, nos pusimos en contacto con Manu Chao y con FM La Tribu
para editar el mismo disco acá", cuenta Gobet. En la Argentina, los
vendedores fueron los propios internos que salían del hospital. El
disco se llama "Siempre fui loco".
Además, la radio ha realizado una convocatoria a todas las bandas
independientes, grupos o solistas, que quieran participar en un
nuevo disco. Para hacerlo hay que enviar un demo con hasta tres
canciones originales, a las que se agregarán canciones y máximas
colifatas grabadas en el espacio de la radio. Hay tiempo hasta el 14
de julio y las bases están en
http://lacolifata.openware.biz/index.cgi


El Estado de la nada

En 2005, el cantante llegó a la Argentina con una nueva propuesta:
realizar un recital a beneficio del proyecto. Así fue como en
noviembre ese año, uno de los shows de Manu Chao contó con la
participación en el escenario de algunos internos que compartieron
micrófono con él.
Gracias a lo recaudado en aquella ocasión Gobet -que trabaja en el
proyecto desde 1991- pudo empezar a cobrar por su trabajo.
"Basta de que nos ayude siempre la gente. El Estado tiene que
hacerse cargo aunque sea una vez. Venimos con muchísimas promesas,
papeles firmados, presupuestos aprobados para terminar el estudio,
construirnos un lugar... Pero nada. Si hoy nos regalan 15 sillas no
tenemos donde guardarlas, estamos guardando los equipos debajo de la
cocina del Borda, donde hay una humedad terrible", reclama Gobet.
La casita en donde guardaban inicialmente los equipos fue incendiada
el año pasado en circunstancias más que dudosas. Hay varias
versiones sobre los responsables pero de eso mucho no se habla. "Se
quemó todo pero todo: parlantes, equipos, etc, etc. Ahora todo nos
anda muy mal. Por eso terminamos 2005 en una situación de mucho
trabajo, muchas ideas, muchas ganas de seguir adelante y a la vez
desmoronados", recuerda. Como si fuera poco, les robaron una
notebook de adentro mismo del hospital. Pero como el prestigio de La
Colifata es tan grande, siempre hay una ola solidaria que la
reanima: "Cuando fue el robo de la computadora, estábamos muy mal.
Alfredo Olivera escribió un comunicado preguntándole a la gente cómo
seguíamos y empezaron a llegar una infinidad de mails de ayuda:
desde alguien que donaba su compu hasta alguien que decía que tenía
autos antiguos, y podía hacer una exposición a beneficio. El grupo
de teatro de San Telmo ofreció la recaudación de sus funciones,
Jorge Guinzburg donó una máquina como la que nos sacaron... A
nosotros nos alienta muchísimo todo eso".

El desconocido y los astros

En 2004 La Colifata aterrizó en Telefé, para concretar La Colifata
TV, que consistía simplemente en seguir haciendo radio pero esta vez
para salir por televisión. La propuesta se llevó adelante gracias a
Pedro Saborido, que se acercó a la radio con la intención de encarar
un proyecto en conjunto y guió al colectivo para concluir en ese
ciclo por el cual recibieron cerca de 2.000 correos del público.
En 2006 se renovó la posibilidad de emitir por televisión. Esta vez
en el canal del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Ciudad
Abierta, donde comenzó a transmitirse El living de Stellita. La
conductora es una mujer de unos sesenta y largos, madre de un ex
interno del hospital, y también conductora del programa radial
Visitas en La Colifata, con un estilo rebelde y contestatario.
Stellita vive hace 15 años en la calle y desde la Plaza Belgrano,
donde suele dormir, realiza su emisión televisiva, rodeada de un par
de sillones, algunos invitados y otros colifatos que tienen sus
propias columas. Allí se hizo la presentación del programa previo al
Mundial, con René Houseman (el "loco" campeón del mundo en el triste
1978) y Carlos Bilardo (técnico de Argentina campeona en México,
1986), además de Fabián Ferraro, creador del club de fútbol
callejero Defensores del Chaco, con el que busca convocar a los
chicos de la calle e incorporarlos en un proyecto social y
comunitario. La Colifata anuncia El living de Stellita con estos
agregados: "El columnista (ex Hombre Desconocido) Alejandro "De la
Sagrada Elión" Strassener nos brindará una visión global de la
problemática y nuestra Astróloga Juliana Zuc de Batistuta nos
aclarará cómo los astros zodiacales están siempre presentes".

Entre la tierra y los astros, Gobet, como coordinadora y psicóloga,
ocupa muchas veces el lugar abandonado por los profesionales y se
ocupa de realizar interconsultas. "Llevamos al espacio de
tratamiento lo que los internos traen al programa de radio. A veces,
no hay tratamiento psicológico, sino farmacológico y lo mejor que
puede pasar es que a partir de que uno se acerca, decidan ponerle
psicólogo".

Del encierro a la expulsión

La Colifata resulta así un espacio de identidad y pertenencia para
los pacientes. Tal es así que varios de los que están en situación
de transferencia –aquellos que se están reinsertando en la vida
social- vuelven cada sábado para participar de los programas y
continúan definiéndose como colifatos.
El eslogan de La Colifata, "rompiendo muros", ha sido superado.
Antes prevalecía la política del encierro, la represión y el
aislamiento. Los neuropsiquiátricos eran un depósito de personas
posiblemente enfermas, o diferentes, y de pobres.
Ahora todo cambió, y no precisamente para bien, según Gobet: "Está
pasando algo en estas instituciones. Antes eran muy represivas,
entonces había que trabajar para tomar la palabra y recobrar la
identidad de la persona internada. Por eso la idea de romper muros.
Pero hoy estos lugares son expulsivos y a muchos le proponen como
único destino la calle. La Colifata dentro de esa lógica funciona
como un espacio de intersección, que no está adentro del hospital
pero tampoco afuera. Se volvió un medio muy fuerte para los internos
pero a la vez un espacio de contención y encuentro para los que
viven en la calle".
El 100.1 de La Colifata pronto será 100.3 y seguirá escuchándose en
un radio de 30 cuadras, pero mejor. También próximamente La Colifata
se podrá escuchar por internet.
Para romper los muros, sin por eso quedar a la intemperie.


éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente
(siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos
que citaran la fuente.

-FUENTE: AGENCIA LA VACA
http://www.lavaca.org/seccion/actualidad/1/1378.shtml





MARIO BENEDETTI
La noche de los feos*


1
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un
pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la
operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una
quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros
de justificación por los que a veces los horribles consiguen
arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como
los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o
ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá
eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada.
Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su
propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la
pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez
nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue
donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas
soledades. En la cola todos estaban
de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios,
amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo-
tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y
crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con
insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la
garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no
se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección
con una ojeada minuciosa a la zona lisa,
brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas.
Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir
su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja
de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas
bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido
siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para
mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos,
de otros espantajos. Quizá
debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así
como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito
si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera
quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura
en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le
hablé.
Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La
invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De
pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una
mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras
espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están
particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza,
ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente,
milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi
adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar
murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y
aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas
constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que
coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una)
de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también
me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su
lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de
forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para
justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que
tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente
que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi
equivalente de la
hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener
un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha,
a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa,
irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que
usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como
quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo
oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea,
donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente
escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando
sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

"Vamos", dijo.


2

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi
lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que
la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora
estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta
hallar su pecho.
Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su
vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de
aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar.
Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi
mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de
horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En
realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego
progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi
cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin
barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y
descorrí la cortina doble.

-Enviado para compartir por Ana. analia_gattasz@...






Escribir sobre la línea de la marea*
22/06/06

*Por Mónica Russomanno. russomannomonica@...

(APE).- No todos los chicos van a la escuela en la Argentina, y
algunos van pero la lluvia no los moja, se dejan resbalar por la
gramática y los ángulos isósceles, por las paralelas y los acentos
prosódicos. Dice el CIPECC que más de 720 mil alumnos están ausentes
de las escuelas argentinas, y que unos 730 mil mayores de 15 años
son analfabetos, y, cosa que a los que vivimos aquí no nos extraña;
existe una profunda desigualdad entre las jurisdicciones. Esto hace
que mientras en la capital vayan a clases nueve de cada diez chicos,
en Misiones, Santiago del Estero y Corrientes sean seis o cinco los
que persistan en cargar sus exiguas mochilas.
Más ausentismo en las provincias pobres, más analfabetismo. Y es la
pobreza y la indigencia, es la falta de creencia social en el
antiguo Dios de la educación que traería trabajos mejores, es la
desarticulación familiar, la falta de escuelas, la inadecuación de
esas escuelas a las zonas donde debiesen arraigarse. Es la falta de
alimento en la etapa de lactancia y primera niñez. Es, además, una
cultura que pretende trazar con línea de tiza mojada un rectángulo
extraño sobre un antiguo entramado de tejido en hebras de colores.
Que dos mas tres da cinco como resultado se enseña sobre el dos mas
dos, no sobre el dibujo que deja la arena en la playa, sobre la
delicada caligrafía de los insectos alrededor del fuego, sobre el
sonido de las vacas parturientas en el verano. Intentar esa extraña
adición de conocimientos inconexos, saberes que no casan, crea
siameses, perros con tres patas, fenómenos.



La vicedirectora la retaba y la retaba. Argumentaba, le explicaba,
esgrimía razones.
La nena tenía la perfecta pura sólida expresión de no estar. Sobre
ella las palabras llovían, se resbalaban, no dejaban ni una ínfima
huella de humedad. La nena se escuchaba para adentro mientras el
reto diluviaba.
Yo las miraba con el asombro que me provoca una y otra vez descubrir
que la gente hablando no se entiende, y es necesario un conjugarse
de astros y condiciones favorables para que alguien haga un efímero
contacto con otro ser.

La nena, apenas un piojito marrón, se miraba para adentro con los
ojos rasgados. La Vicedirectora la retaba y le hablaba de Jesús, de
sus enseñanzas, de que debemos ser buenos y obedientes.

Una palabra se coló dentro del muro.
La nena sonrió con absoluta salida de sol en la cara. Con voz
precisa dijo "el Viernes Santo Jesús muere, y el diablo anda
suelto".

No venía a cuento. Hubo un silencio. Paró de llover.

La vicedirectora la mandó de vuelta al aula con la sensación de
haber perdido el tiempo.
La nena se llevó el cuerpito oscuro por el patio, se llevó su Jesús
moreno, su Diablo blanco.
Por el aire la seguían santos milagreros, pachamamas, cintitas
contra la envidia, amuletos de colores, antiguos nombres de dioses
dormidos.

Si. La vicedirectora había perdido el tiempo.

Fuente de datos: Agencia de Noticias Argenpress y Diario La Nación
14-05-06

*Publicado en AGENCIA PELOTA DE TRAPO
http://www.pelotadetrapo.org.ar/




Viernes, 23 de Junio de 2006
TREGUA EN EL CONFLICTO ABORIGEN
La cuestión indígena en el Chaco*

Opinion
*Por Mempo Giardinelli

De un lado, muchas familias de indígenas chaqueños acampando en la
Plaza 25 de Mayo, la principal de esta ciudad. Del otro, el edificio
de la Casa de Gobierno. Y la ciudad, con su tránsito caótico ahora
recrudecido, dividida entre el racismo más o menos disimulado y una
comprensión resignada del problema.
Tal fue el paisaje del último mes. Los piquetes y la protesta
mediática de las tres etnias que conforman el Instituto del Aborigen
del Chaco (Idach) consiguieron que hace un par de semanas los
recibiera el gobernador Roy Nikisch, pero apenas entraron se pudrió
todo: el toba Orlando Charole, presidente del Idach (que es un
organismo del gobierno), quiso que entraran 20 delegados de las
etnias y asambleas del interior. El gobernador dijo que sólo
recibiría a seis. Charole dijo además que la agenda debía ser
abierta e incluir todos los temas. Nikisch dijo que no aceptaría el
reclamo de renuncia del intendente Lorenzo Heffner, de Villa Río
Bermejito, a quien los indígenas acusan de discriminación y racismo.

Y ahí se acabó el diálogo, cortado por ambas partes, y entonces
sobrevino lo obvio: diputados y dirigentes peronistas acusando al
gobierno; grupos de ultraizquierda proponiendo "tomar" la Casa de
Gobierno cual Palacio de Invierno y el radicalismo local
justificando el acostumbrado e irritante autismo de Nikisch, que
nunca responde a los reclamos y deja que todos los conflictos se
tensen al máximo.
Después se fue Luis D'Elía, cuya fugaz presencia distó de ser
afortunada, y también se retiró el lamentable circo de movileros de
la televisión porteña, esos que se excitan cada vez que "descubren"
la indigencia y la posibilidad de disturbios, seguramente
desilusionados por la serenidad indígena.
Y allí siguió el campamento, bajo el cambiante clima chaqueño cuyo
ridículo invierno los condenó a temperaturas de 5 hasta 30 grados,
lluvias y solazos, y todo en medio de la arboleda de la plaza
principal, sin baños ni servicios, con mujeres, viejos y críos
vestidos precariamente y mal alimentados. Por más de dos semanas.

Sus reclamos son, de hecho, todos. Y por donde se mire el asunto,
tienen razón.

El petitorio presentado hace un mes exige la entrega inmediata de
tierras a las comunidades aborígenes; la suspensión de toda venta de
tierras fiscales; la formación de una comisión popular investigadora
y que se sepan los nombres de los compradores.

Pero pasaron los días y la protesta se debilitó. Solamente querían
hablar con el gobernador, pero ayer Nikisch viajó a Portugal y una
delegación aborigen aceptó hablar al mediodía con el vicegobernador
Eduardo Moro y el gabinete casi completo. Luego de cinco horas,
Egidio García, un dirigente indígena moderado, dijo: "Fuimos
escuchados y ahora todo va a ser trasladado al Parlamento indígena".

En la asamblea de ayer, jueves, quedó claro que la
estrategia "larguera" del gobierno fue exitosa. Se informó que se
habló de la entrega de territorios indígenas y de la ampliación del
presupuesto del Idach; de la oficialización de títulos a los
maestros bilingües y de la puesta en marcha de programas
habitacionales, de salud, educación y producción para las
comunidades. Pero, curiosamente, no se tocó la cuestión de la venta
de las tierras fiscales.

La asamblea decidió levantar el campamento. Quedará un grupito de
aguante hasta el 10 de julio, en cumplimiento de la tregua acordada,
rodeados de la inexplicable indiferencia de una sociedad que mira
para otro lado, del frío trato gubernamental y del apoyo sectario de
muchos que se acercan por puro oportunismo político.
Es lo que rodea siempre a los aborígenes. Como ha sido toda la vida,
toda la desdichada historia indígena de los últimos ciento y pico de
años. Yaunque es cierto que algunas voces suenan todavía
amenazantes, casi nadie las escucha. Y no sería raro que en algunos
despachos se haya brindado con champán.

*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-68865-2006-06-23.html





QUEREMOS TANTO A DAVID*

*Por Hugo Alberto Ojeda

Un amigo.

En las medias mañanas de los domingos, el tiempo adolescente se
recobra en la plaza San Martín. Se desvancen las escenografías de
sórdidos espectáculos montados en la Jefatura y el Comando. Los
faroles vuelven a tener lámparitas de filamento, el monumento a San
Martín se despoja de los apáticos andamios restauradores, los bancos
de madera pueden moverse. Bajo las hojas secas de los plátanos se
borra la deshonesta imitación de las veredas de Ipanema, vuelven las
clásicas baldositas cuadradas de cemento gris.
Éramos tan libres y teníamos todas las fichas.
Entre tantas diapositivas nostalgiosas, la figura de Leiva
cantando "I will", imitando el falsete de McCartney, sacando los
tonos de Harrison. Se presenta más cierta y real que las noticias
del diario acabado de comprar.
Algo, un sentimiento me empuja a hacer la pausa, buscar un banco,
dejar rozar materia y espíritu en las chispas del tiempo. Teníamos
una callada soberbia: el florecimiento de la jodida Historia se a
iba a dar en nuestra generación. Rosario era una fiesta de barrio. A
esa reunión, una tarde llegó David, el Leiva.
Lo conocimos en el mítico sótano oscuro y húmedo de la calle Mitre
al 700. "Corchos y corcheas". Era una época tan virgen, tan ideal.
Todavía no nos había salpicado la masacre de Trelew. El tan lejano
otoño del 72. El Pichi De Benedictis estaba aprendiendo a tocar la
guitarra en un banco de esta plaza. Acá, en esta misma intemperie,
el Indio Lamas le dio algunas clases salvajes. Le enseñó los punteos
de esa canción donde Vox Dei anunciaba que el amor no tenía medida.
Rosario era una ciudad espontánea, simple; todavía había más gente
que artistas. Como siempre estaban los que iban de la casa al
trabajo y los que querían mover la cosa. Y esos que cubren la
infinita gama que va del blanco al negro. Esa masa de anónimos
cotidianos que, al estar tanto en la realidad son ninguneados por la
sociedad del espectáculo.
Nos junábamos todos. Mezclado con esos verdaderos hacedores, había
un loco lindo que nos hizo la mano para conseguir un lugar donde
hacer música y teatro. Era el mejor amigo de Felipe Rodríguez Araya,
el vago se llamaba Nicanor. Vivía asilado en una cama al final del
laberinto recto de un pasillo de la calle Entre Ríos, sin aclarar
nunca si imitaba a Johnn Lennon o a Macedonio. Así Carlitos
Piccolini nos prestó (gratis) el local de "Corchos" los domingos.
Matineé concert. Una de esas soleadas tardes se apareció David,
desenfundó la guitarra y empezó su canción.
La guitarra era la mítica que le había vendido el irlandés, el
primer cura de la iglesia de Parquefield. La canción era el jingle
del viejo reloj.
David se integró a la barra con las indescifrables leyes de la
amistad. Era un ser querible y espeso. Un tipo transparente, con
todos sus defectos y virtudes al aire. Con la misma facilidad podías
hacerte su amigo o cortarle el rostro para siempre.
Estudiaba y trabajaba en una agencia de publicidad dibujando con
plumines y la Tintinkuli. Tableros, cartulinas Romani, escuadras
Staedler y tintas. Podíamos conmovernos con Witman y los Trovadores,
con Jimmi Hendrix y Tejada Gómez. Con Joan Báez y Teodorakis tocando
en el cine Real.
Un simple de 33 1/3 sonando a 78, la urgida canción de la Historia.
Los compromisos de la vida nos fueron dispersando. Pero siempre
encontrábamos la oportunidad para el vinito y el asado, el pretexto
para que volviera a desenfundar la guitarra. La excusa de la tapa de
un CD o un afiche para llegar mateando hasta la madrugada.
No supe que nunca jodiera a nadie. David un día se fue, la vida es
movimiento. El tiempo no se mide en la gráfica que va del tiralíneas
hasta el Corel, ninguna ciencia puede reproducir el boceto franco
que va de La cebra a lunares a la Risario.
Nosotros morimos, los afectos no. Esta mañana de domingo miro pasar
la nada en un banco de nuestra plaza San Martín. Me siento cerca de
los que queremos tanto a David.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-4106-2006-
06-23.html



*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 25 de junio del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música de los compositores mexicanos Jorge
Hernández Vela, Mauricio Rodríguez, Edgar Guzmán e Hiram Navarrete,
interpretada por Wilfrido Terrazas (México). Las poesías que
leeremos pertenecen a Omar Darío Gallo Quintero (Colombia) y la
música de fondo será de Pachakuti (Andes); todo ésto en nuestro
programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les
deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



Crónicas de vida en el mundial.

Ejercicio de escritura.

La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la
realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras
y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no
siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma
leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es
dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente
durante el transcurso de un mundial de futbol.

Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los
partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en
número de escritos por autor.

Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al
correo:
inventivasocial@...
( Con copia a inventivaedicion@... )




*

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