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#105 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 3 de Nov, 2006 5:54 pm
Asunto: EDICIÓN NOVIEMBRE
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INVENTIVASocial
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Edición NOVIEMBRE 2006
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“LA CA­BE­ZA”*

Per­so­na­je Úni­co: MU­JER
 
IN­DU­MEN­TA­RIA:
a)  Tra­je sas­tre ne­gro, mal he­cho.
b)  Blu­sa con pun­ti­llas.
c)  Me­dias ma­rro­nes. Va­rios pa­res su­per­pues­tos. En­ro­lla­das ape­nas más arri­ba de las ro­di­llas.
d)  Za­pa­tos nue­vos.
 
ES­CE­NA­RIO:
a)  Un ban­qui­to.
b)  Una mu­ñe­ca sin ca­be­za. Mi­de 1,70 mts. Sin ro­pas. Pa­re­ce un ser hu­ma­no. Ex­ten­di­da, ha­cia arri­ba, en mi­tad del es­ce­na­rio, con pier­nas a pros­ce­nio y abier­tas. De­lan­te y a un par de me­tros del ban­qui­to.
 
IN­DI­CA­CIO­NES:
a)  La MU­JER ta­lla con un cor­ta­plu­mas un pan de ja­bón du­ran­te ca­si to­do el trans­cur­so de la
re­pre­sen­ta­ción.
b)  En las tres ins­tan­cias en que la MU­JER to­ma con­tac­to fí­si­co con la mu­ñe­ca que­da con ca­be­za a
pros­ce­nio.
 
  
   El es­ce­na­rio a os­cu­ras. Se en­cien­de una luz. Y otra. Y otra. Así to­das las de­más. Pau­sa.
 
MU­JER (sen­ta­da al la­do del ban­qui­to):
 No­so­tras no la ma­ta­mos. Se mu­rió so­la. Se mu­rió por­que se te­nía que mo­rir. Cuan­do se te­nía que mo­rir. No­so­tras la cui­da­mos des­de que na­ció. No. Des­de que na­ci­mos. La cui­da­mos, le da­mos de co­mer...
La fre­ga­mos, le hun­di­mos los bi­chi­tos en el agua, le can­ta­mos el bo­le­ro. Nos por­ta­mos bien. Ella no. Ella a ve­ces se por­ta­ba bien. No­so­tras no. No­so­tras no la ma­ta­mos. Se mu­rió so­la. La cui­da­mos des­de que
na­ci­mos. “Ella es tu her­ma­na...” “Y ella es tu her­ma­na...” Ella no. La
cam­bia­mos, le da­mos de co­mer. Ella le can­ta­ba el mis­mo bo­le­ro que le gus­ta­ba. Ba­ji­to. No po­de­mos ha­cer na­da más no­so­tras. La fre­ga­mos con “pu­loil”. Cuan­do apa­re­cían las man­chas en­se­gui­da las pin­tá­ba­mos. Ella se con­si­guió el es­mal­te y le pa­sá­ba­mos el pin­ce­li­to. Le ha­cía­mos un po­co de cos­qui­llas pe­ro nos
mi­ra­ba con gra­ti­tud. Ella se mu­rió so­la. No. No­so­tras es­tá­ba­mos pe­ro no la ma­ta­mos. Se equi­vo­can. Se equi­vo­ca­ron con no­so­tras. Pen­sa­ron que no­so­tras la ayu­da­mos. Le traía­mos vi­no y le can­tá­ba­mos el
bo­le­ro. Más ella que yo. Le can­ta­ba. Pe­ro no­so­tras le traía­mos el vi­no.
 
Pau­sa.
 
     Me la voy a po­ner cuan­do la ter­mi­ne. Tie­ne que que­dar bien he­chi­ta. Si no, no la quie­ro. No me la pon­go ni me­dio. Pa­só una mu­jer y se cre­yó que la te­nía. Me di­jo no sé qué de las ore­jas. Se cre­yó que la te­nía pues­ta. Me la vio en la fal­da y no se dio cuen­ta. Me dio una la­ta con mi­gui­tas. Me di­jo: “To­me, pa­ra us­te­des”. La se­ño­ra esa no es de acá, pa­sa­ba. Me cues­ta la bo­ca. So­bre to­do por­que que­re­mos te­ner una bo­ca que sir­va pa­ra reír­se. No que ha­ga así (ha­ce un pe­que­ño ges­to con la bo­ca) un po­qui­to. Que­re­mos que se ría. Que car­ca­jee. Con rui­do. ¡No nos in­te­re­sa que no que­de fi­no! Ella no se rió nun­ca. Se mu­rió so­la. Si se hu­bie­ra reí­do al­gu­na vez no hu­bié­ra­mos te­ni­do que es­tar siem­pre con ella vi­gi­lán­do­la, no nos hu­bie­ra pe­di­do na­da. Se hu­bie­ra en­tre­te­ni­do so­la. Se hu­bie­ra reí­do. Las que no me sa­len no las ti­ro más, las guar­do en la la­ta. Nos va­mos a ha­cer una ca­be­za con pe­lo de mi­gui­tas.
 
     Ríe es­ten­tó­rea­men­te. Co­lo­ca su ca­be­za a con­ti­nua­ción del cue­llo de la mu­ñe­ca. Que­da ex­ten­di­da,
ha­cia arri­ba. Pau­sa.
 
     ¡Qué be­llo que nos que­ra­mos! ¡Que oi­ga­mos por la mis­ma ore­ja, que ola­mos por la mis­ma na­riz! ¡Que no nos odie­mos, que no nos que­rra­mos ma­tar! Se mu­rió so­la. No­so­tras la cui­da­mos. Le voy a po­ner la
den­ta­du­ra. Va a sa­lir bien. Si no, ha­ce­mos otra. No me im­por­ta. Bien he­chi­ta. Si sa­le mal, no im­por­ta. Otra vez. No nos da­mos por ven­ci­das. (Ríe es­ten­tó­re­a­men­te.) No­so­tras sa­be­mos lo que pa­sa: vie­ne la fia­ca y no tra­ba­ja­mos. Nos que­da­mos mi­rán­do­nos co­mo es­tú­pi­das. Nos po­ne­mos a pen­sar co­mo idio­tas. Nos em­pe­za­mos a ara­ñar. Nos em­pe­za­mos a de­cir co­sas crue­les, ho­rri­bles. Y así pa­re­ce que nos odia­mos, que no ne­ce­si­ta­mos es­tar jun­tas. Pe­ro no­so­tras ne­ce­si­ta­mos es­tar jun­tas. Y de­cir­nos que nos que­re­mos. Y que nos de­mos una flor, o al­go. No bas­ta sa­ber que nos que­re­mos. Nos po­ne­mos la ca­be­za y ya es­tá. Y si ella se mu­rió, ella se mu­rió. Nos po­de­mos be­sar y nos po­de­mos mor­der. Y nos ha­ce­mos una po­e­sía y la
de­ci­mos. Co­mo un re­ga­lo. Nos gus­ta mu­cho ha­cer­nos una po­e­sía, o una flor, o al­go. No que­re­mos que nos en­cuen­tren ti­ra­di­tas, o acu­rru­ca­das, o con ca­ra de frío. Ella nos lla­ma­ba la pa­li­du­cha. ¿Pe­ro quién se
mu­rió?... No­so­tras no. Pe­ro tam­po­co le hi­ci­mos na­da. No. La cui­da­mos no­so­tras. Tam­bién.
 
     En si­len­cio, se in­cor­po­ra tra­ba­jo­sa­men­te. Arro­di­lla­da, mi­ra a la mu­ñe­ca. Se aga­cha y po­ne su bo­ca en uno de los pe­zo­nes de la mu­ñe­ca. Suc­cio­na. Lo aban­do­na dán­do­le be­sos. Be­sa amo­ro­sa, so­no­ra e
in­fan­til­men­te. Sus­pi­ra. Ta­lla el ja­bón con par­ti­cu­lar ahín­co. Sus­pi­ra. Ríe es­ten­tó­re­a­men­te. Que­da
sen­ta­da al la­do de la mu­ñe­ca.
 
     ¡Qué ale­gres que so­mos! Y di­cha­ra­che­ras y ju­gue­to­nas. Siem­pre nos en­ci­ma­mos, ha­bla­mos al mis­mo tiem­po. De­ci­mos pa­só una nu­be jus­to cuan­do pa­sa. ¡Ale­gres, ben­di­tas y ale­gres! ¡So­mos una glo­ria! ¡Y
co­mo so­mos chis­pe­an­tes y di­ver­ti­das no nos ha­cen do­ler los bra­zos ni el cu­lo!... Y co­mo ha­ce­mos así (Ha­ce un pe­que­ño ges­to con la bo­ca.) con la len­gua lim­pia, las mue­las em­plo­ma­das, to­das ben­di­tas, nos fe­li­ci­tan con tar­je­to­nes: “Pa­ra las chi­cas más re­ca­ta­das...” “Pa­ra las ha­cen­do­sas her­ma­nas...” “Las pú­di­cas
mu­cha­chue­las del pa­be­llón me­re­cen to­da nues­tra sim­pa­tía y cor­dia­li­dad.” “Por cán­di­das y pri­ma­ve­ra­les, nues­tro be­ne­plá­ci­to, nues­tro re­go­ci­jo.” “Pa­ra las ri­sue­ñas bue­nas mo­zas...” ¡Y esas so­mos no­so­tras pa­ra los de­más!... (Pau­sa.)
¡Es­ta bo­ca! ¡Me sa­le trá­gi­ca, me sa­le trá­gi­ca! Ché, na­die te va a be­sar a vos, así. Tan amar­ga, van a po­ner los la­bios pa­ra aden­tro, los otros. Te vas a ha­cer ma­la fa­ma. Y haz­te ma­la fa­ma y écha­te a dor­mir. Y des­pués de dor­mir, más amar­ga, más sin sa­li­va to­da­vía. Ché, no­so­tras te que­re­mos
ra­dian­te, ¿eh? No pas­to­sa. ¿Pa­ra qué te po­ne­mos los ho­yue­los en­ton­ces? ¡De­sa­pro­ve­cha­do­ra! No­so­tras te mi­ma­mos, te ha­ce­mos son­ri­si­tas, te con­ta­mos... (Me­te la ma­no en una axi­la. Sa­ca dos pa­pe­li­tos. Lee uno en voz ba­ja. Lee el otro:) chas­ca­rri­llos. (Guar­da am­bos pa­pe­li­tos en la axi­la.) Te da­mos chi­clets Adams, te can­ta­mos el bo­le­ro. No. A vos no te can­ta­mos el bo­le­ro. ¡Las ce­jas no in­te­re­san, las mu­je­res se las
arran­can! (Se yer­gue alar­ma­da. Sus­pen­de su ta­rea de ta­llar el ja­bón. Di­ce:) “Alam­bre alam­bre no ma­ta el ham­bre.” (Re­to­ma su ta­rea de ta­llar el ja­bón.) “Alam­bre alam­bre no ma­ta el ham­bre.” (Co­lo­ca su pu­bis so­bre el de la mu­ñe­ca.) No la ma­ta­mos no­so­tras. So­la se mu­rió. La cui­da­mos des­de que na­ció. No. Des­de que na­ci­mos. No­so­tras te­ní­a­mos que na­cer tam­bién. Ella ya es­ta­ba. Ya es­ta­ba acá. No­so­tras apa­re­ci­mos. “Ella es tu her­ma­na...” (Co­mien­za a fro­tar con sua­vi­dad su pu­bis “en re­don­do” so­bre el de la mu­ñe­ca.) “Y ella es tu her­ma­na...” Nos di­je­ron “de­ci­le ma­má”. La cui­da­mos, la fre­ga­mos, le hun­di­mos los bi­chi­tos en el agua. No se mu­rió por­que no le di­ji­mos ma­má. Le can­ta­mos el bo­le­ro. Más ella que yo. Vi­no así: ya es­ta­ba muer­ta. (De­ja de ta­llar el ja­bón al tiem­po que ce­sa de fro­tar­se. Abre los bra­zos, apo­ya un la­do de la ca­ra en el sue­lo. En una ma­no tie­ne el ja­bón, en la otra el cor­ta­plu­mas. Le­van­ta la ca­be­za. Di­ce:) Me
fal­ta la ca­be­za... (Fro­ta su pu­bis con­tra el de la mu­ñe­ca du­ran­te al­gu­nos ins­tan­tes. Ya no sua­ve­men­te. Ce­sa de mo­ver­se. Bus­ca en la axi­la. Sa­ca los dos pa­pe­li­tos. Lee:)
“Es­tá, có­mo di­ré, me­nos que ama­ne­cien­do. Pe­ro ama­ne­ce.”
 
     Guar­da los pa­pe­li­tos en la axi­la. Fro­ta su pu­bis con­tra el de la mu­ñe­ca, con gran sua­vi­dad. Ta­lla el ja­bón a ras del sue­lo. De­cre­ce la luz muy len­ta­men­te. Te­lón.
 
 
*Pieza teatral de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
 
DESTINO*

  
   La sevillana estaba en el cajón de los padres desde hacía años, desde antes de que ella naciera.
     Dos o tres veces su papá la había limpiado y aceitado mostrándole el mecanismo temible, que hacía saltar la hoja de acero con un violento empujón que buscaba hundirse en algo blando. Con los ojos de rechazo y deseo había mirado el arma, con dedito asustadizo había acariciado la empuñadura adornada. Era un bello objeto, lo recordaba con la claridad de lo que se ve una vez y no se olvida.
     Estaba sola en la casa. Papá y mamá habían ido al centro.
     Había mirado televisión, ahora se estaba peinando con raya al costado para ver cómo le quedaba. No, mejor raya al medio como siempre. Se limpió los dientes que ya se había limpiado, se hizo unas muecas en el espejo, se pintó los ojos con el delineador de mamá y se lavó la cara con agua y jabón para que no quedaran huellas. Se aburría.
     Recordó la sevillana, y el recuerdo del arma estaba unido a la delicia de que estuviese en el cajón de la mesita de luz de su papá, en el dormitorio de ellos, como una piedra preciosa dentro de la caja prohibida enterrada en el jardín oculto. Ella jamás entraba a la habitación de sus padres sin estar ellos allí, y esto también raramente, porque a sus trece años ya no frecuentaba la cama de papá y mamá como antes, cuando un trueno o una pesadilla la depositaban de inmediato en el medio de la seguridad y calidez del lecho matrimonial.
     Ya era una señorita, estaba grande para esas cosas.
     Sintió el cosquilleo de lo prohibido cuando traspasó el dintel de la puerta, y olió esa habitación donde flotaba aún la presencia de los ausentes. El débil aroma de la crema de manos de mamá, la loción de papá, el olor propio de la madera de los placares, las motitas de polvo que danzaron en el haz de luz que entraba por la ventana cuando ella se sentó sobre la frazada.
     Abrió el cajón con culpa, y vio el termómetro, tarritos, pañuelos, una caja que reconoció como profilácticos y le dieron un súbito pánico de hacer lo indebido. Cerró el cajón, miró a los lados, escuchó un momento y luego pensó que era tonto asustarse, que sus papás recién llegarían al mediodía.
     Otra vez abierto el cajón, ahora hasta el fondo, encontró bien atrás la sevillana. Era tan bella como la recordaba. La luz que la hería de súbito bruñía el metal.
     La tomó con cuidado y le sorprendió el peso. No era un juguete, era un objeto que exigía gravedad. La acarició con dedos desconfiados y finalmente se atrevió a intentar accionar el mecanismo. No recordaba muy bien cómo se hacía, hasta que reconoció el botón que permitía saltar al payaso fuera de la caja de sorpresas. Recordó la imagen de la cabeza de un payaso sobre un resorte, bamboleándose lentamente luego de la desesperada fuga de la oscuridad apretada de la caja. Cada vez que se había abierto la sevillana la imagen del payaso había acudido puntual a su imaginación. Como a casi todos los niños, los payasos le parecían intranquilizantes.
     Con extrema precaución sostuvo la empuñadura y accionó el resorte. La hoja violentamente se ofreció al asesinato, con la presteza del que acude antes de ser requerido.
     Se asustó un poco, pero al cabo era casi un cuchillo ordinario el que descansaba en sus manos.
     Lo miró un rato y finalmente trató de cerrar la sevillana para dejarla seguir su sueño. No pudo. Primero se reprochó la propia torpeza, pero la alarma le hizo crecer el pánico cuando se dio cuenta de que se había trabado el mecanismo. Con un pañuelo empujaba la hoja que estaba como soldada al mango, cuchillo vertical recto reacio a la genuflexión que intentaba lograr.
     La sevillana se había descompuesto, el pañuelo tenía una blanca herida de la que no manaba sangre.
     La dejó en el cajón, lo cerró, salió del cuarto. Desde toda la casa podía ver el arma desdoblada, sin cerrar los ojos la veía a través de las paredes y los muebles.
     Se dijo que papá se iba a dar cuenta. Pensó en la vergüenza de admitir que había entrado como una ladrona a la habitación vacía, que había revisado las cosas ajenas. Se sonrojó al recordar los profilácticos y supo que no había sevillana sin profilácticos, que esa cajita estaba entre ella y su padre, que su papá recordaría los profilácticos delante de la sevillana. La vergüenza le puso las manos sobre la cara, ocultándose de la imagen de papá también avergonzado, sin saber cómo retarla, cómo recriminar la acción vejatoria. Tenía el pañuelo con el neto corte acusatorio contra los ojos.
      Tiró el pañuelo a la basura, pero se veía brillantemente claro sobre la yerba usada y las cáscaras de naranja. Lo sacó con asco, lo envolvió en papel y volvió a desecharlo. Con la palita y la escoba borró los rastros de las partículas verdes que se habían desparramado alrededor del tacho.
     Pero mientras envolvía el pañuelo y limpiaba el piso seguía siendo, desde lejos, desde la habitación, observada por la oculta sevillana abierta.
     Volvió al cuarto, abrió el cajón y comenzó inútilmente a tironear del mecanismo del arma que se diría tenía para siempre la voluntad de permanecer en línea recta. Se cortó, siguió intentando cerrarla, la sangre formó gotitas acusadoras sobre la mesita de luz, en el suelo, sobre la frazada.
     Con el cuchillo cruzado sobre la falda se echó a llorar, y al secarse las lágrimas dejó un rastro rojo alrededor de sus ojos hinchados.
     Pensó en escaparse, ir a la casa de la abuela, pero era un mero aplazamiento, además de que no quería causarles la angustia a sus padres de creerla extraviada o secuestrada.
     Estaba todo perdido. No había ya posibilidad de ocultamiento. Ahora se acumulaban los rastros y las huellas de su delito alrededor del cajón que, como una incauta Pandora, había abierto por curiosidad para dejar libres las desgracias. Ya no había solución.
     Con calma ahora fue al baño, llenó la bañera con agua caliente, vestida se acostó dentro, y mientras el agua se coloreaba pensó que qué lástima, realmente, que qué pena que las cosas hubiesen salido de esa manera. 
      
             
*de MÓNICA RUSSOMANNOrussomannomonica@...
 
 
 
 
 
ESTIMULOS*
La actitud y el desafío
 
A veces un estímulo puede venir de donde uno menos lo espera, y lograr inducirnos a encarar empresas impensadas, impulsándonos a alcanzar hazañas, grandes o pequeñas, o lograr anhelados triunfos, que de no ser por ese inesperado empujón, no nos hubiéramos animado, o no las hubiéramos emprendido.-
De muy joven aprendí a jugar al billar, a la carambola. Al principio, como todas las cosas, malamente, sin técnicas, sin práctica, ni métodos. Jugábamos a una raya, veinticinco carambolas, y tardábamos una hora o más. Aprovechábamos la siesta de los domingos cuando las mesas de los bares estaban disponibles, y allí íbamos aprendiendo y entusiasmándonos.- Cada vez más, y más y más.
Jugábamos con muchachos que estaban aprendiendo y por lo tanto en el mismo nivel, y también viendo y admirando a los mayores que para nosotros eran verdaderos maestros. Algunos bastante jóvenes, y ya le hacían partido a los  veteranos, que sabían de técnicas y mostraban habilidades muy desarrolladas por su larga práctica.
Se jugaba mucho en aquellos tiempos. En varios lugares había mesas y siempre se disputaban torneos: en Clubes, en bares, y en la parroquia; en nuestra ciudad o en la vecina; con diferentes categorías para minimizar ventajas. Poco a poco fuimos mejorando substancialmente nuestro juego.
Yo sentía una verdadera pasión, jugaba todos los días y las horas que podía disponer, lógicamente uno terminaba aprendiendo, no sólo a jugar, sino los trucos y misterios que encerraba.- Efectos, golpes, retrocesos, corridas, pasabolas, rebotes y bandas; peso y contrapeso de los tacos… Lográbamos indudablemente ser cada vez más competitivos. Y eso nos atrevía a buscar entreverarnos con los más avanzados. A esta altura era posible que nos invitaran como pareja de alguno de ellos, cuando había algún desafío y se jugaba de cuatro, casi siempre por una cena.
Un domingo en el bar más concurrido he visto a uno de los “maestros” taqueando solo, esperando seguramente algún amigo para hacer unas rayas… Me ofrecí como contrincante, mientras tanto…
Me miró despectivo, y se movió muy lentamente, quedando casi paralizado en la posición de tiro, apenas levantó algo la cabeza…, y con toda la arrogancia que podía ser capaz…, diría que me espetó:
-Pero, ¿Quién te creés que sos, mocoso?- Y exhibiendo una mueca socarrona, mostrando una evidente indignación, siguió con su solitario taqueo, ignorándome por completo de ahí en más…
Sé que me mordí de rabia y humillación. Sentí tanta vergüenza que me fui a casa, con un injusto dolor en las entrañas, pensando una y otra vez si era mía la culpa, y si en fin, yo mismo había provocado su reacción visiblemente arrogante…. Por bastante tiempo rumié ese momento una y otra vez, hasta que se fue transformando más bien, en un juramento de venganza, de que llegaría el momento del desquite…
No debería haberme dejado llevar de esa manera, no debí permitir que esa ira crezca dentro de mí, no debí darle tanta importancia; y sin embargo eso es lo que hice…
Desde allí aceleré mi aprendizaje si cabe, jugando más y más. Competía cada vez con mejores adversarios. Jugaba con destreza, pero también con una fuerza nueva, como con furia. Entraba en casi todos los torneos, y me fui emparejando a los mejores, a los más habilidosos, a los veteranos incluso. Muchos consideraban que era muy bueno, y yo me sentía cada vez más seguro.
En un torneo organizado por la Parroquia, participamos una veintena de billaristas, en la mayor categoría, todos contra todos; a cuatro rayas; y la duración era de un par de semanas, ya que no se jugaba todas las noches. Había dos partidos por vez, y los demás, en lo posible, asistíamos para observar el desarrollo de cada uno.
Este hombre arrogante también jugaba, y lógicamente llegó el día, o la noche, en que nos enfrentamos. Quizás él se habría olvidado del incidente, porque había pasado ya mucho tiempo; pero no yo, que pensaba apabullarlo, destruirlo, y cobrarme su actitud despectiva, como una de las mayores consignas de la vida…
Era reconocido como muy buen billarista, uno de los mejores entre nosotros; pero yo estaba motivado por la pasión de cobrarme la ofensa. Yo quería desquitarme, humillarlo… y que mejor que esa noche delante de todos…
Comenzado el partido no le fue bien, creo que sentía el peso de demostrar toda la gran diferencia que había con aquel “novato”, debía ganar con mucha holgura, mostrar sin ninguna duda su supremacía… En cambio a mí me movía una furia santa que me potenciaba y me daba un poder extra.
De entrada le saqué muchísima ventaja, y desde allí le fue cada vez peor; mientras yo me sentía iluminado, hacía carambolas a diestra y siniestra; me salían todas y me permitía tirar lujos y hacerlas a tres bandas, tirar pasabolas imposibles, y hasta massés, como si estuviera haciendo una demostración…
Cuando me faltaban unas diez carambolas para completar las cuatro rayas, él no había hecho ni la mitad de la primera; por lo que rojo de ira y vergüenza, tiró el taco contra la pared, y atropelladamente abandonó el juego y el lugar, aumentando de mala manera su catastrófica derrota…
Yo permanecí imperturbable entre la euforia de mis compañeros, sin demostrar la alegría y la satisfacción que me llenaban por dentro.
Me había desquitado en buena ley, con creces…, y sin embargo, sentí pena por él.
Yo pensé:
-(Nunca hagas daño al más débil, porque el mundo es redondo…, hoy estás arriba, mañana estarás abajo).
 
 
II
 
En otro torneo y en otro lugar, y estando muy bien posicionado en la tabla, en cierta fecha del fixture me tocaba con un viejo billarista. Era un hombre que jugaba medianamente bien, pero no era de los mejores. Sin embargo me estaba ganando y yo no conseguía emparejarme.- Por más que me esforzaba, el juego no se me daba, erraba, me quedaba mal armado, no conseguía achicar la diferencia, es más; la ventaja se iba agrandando. Por momentos veía que era cada vez más difícil revertir la situación.
No era para nada mi día…
Estaba inseguro, erraba tiros increíbles, no conseguía concentrarme y cada vez se me presentaban peor las cosas. Él en cambio sereno, y avalado con la favorable diferencia, se iba encaminado a la final del partido con muchísima ventaja.
En un momento llegamos prácticamente a la meta, si bien a mí me faltaban treinta y seis carambolas, a él solamente dos. Con sólo dos tiros buenos ganaba y muy holgadamente, y yo sin conseguir reaccionar, al menos para no perder por tanto.-
Un viejo amigo, funcionario del correo, también billarista, miraba el desarrollo del partido con un vaso de vermouth en la mano, en el fondo apesadumbrado por mi inesperado y pobre desempeño. Casi no lo podía creer…
Se aproxima y en voz muy baja me dice:
-No es diferencia para vos…-, y como si tuviera aún confianza en mí, fue a sentarse a una mesa un poco más lejos, quizás esperando el milagro…
-(A él le faltan sólo dos; y a mí treinta y seis… ¿y me dice que no es diferencia?)- Ahora me tocaba tirar a mí, no tenía ninguna chance… pero voy a morir de pié, voy a dar lo que sé,…
-¡Total, perdido por perdido!...-
Y sentía como en mi interior nacía una fuerza nueva, que crecía incontenible dándome una fe desconocida,… ¡Quizás Nilo tuviera razón!... Yo estuve fallando, debía hacer algo más, no me entregaría, aunque sabía que no estaba jugando sólo; pero yo haría mi parte con esta nueva sensación que me empujaba…
Me concentré y tiré mi primera carambola, sería una a una, a no errar.
Una… dos… tres… cuatro…, y seguí una a una, tratando de no desconcentrarme, como si allí se me fuera mi honra, como si fuera mi mejor partido: ¡ cinco…! ¡ seis…!      ¡ siete...! y así seguí tirando cuidadosamente hasta completar una volada de dieciocho seguidas, la mitad de las que me faltaban… Me sentí entusiasmado, evidentemente; pero no bastaba, ya era tarde, ahora tiraba él… ¡Si me hubiera concentrado a tiempo otro sería ahora el resultado!.
Tiró don Ángel y erró. Tal vez se sintió apremiado al ver mi recuperación, aun que creo que no se impacientó porque aun tenía todo a su favor. A mí me faltaban otras dieciocho…, por más que hiciera algunas…, al él le quedaban por hacer sólo las últimas dos…, ¡Y ganaba!
Y me concentré de nuevo con toda mi alma…una, dos, tres, y no quedaba mal armado, así que seguí sin siguiera pensar en las que me faltaban, sólo trataba de hacerlas una, y otra:  ¡Cinco…, seis…,siete…!, y seguía…
Don Ángel se puso serio, quizás no lo podía creer, aunque seguramente pensaba que no las iba a hacer todas las que me faltaran en otra volada de dieciocho…
Pero yo seguía... Los que miraban se habían parado, acercándose, para no perderse lo que podía pasar, o estaba  pasando…
La cuestión que hice la: ¡Diecisiete!, Me faltaba una solamente, pero me quedó mal armada. Requería un tiro difícil. Sopesé todas las alternativas, no tenía otra que tirar pegando baranda primero, tocar luego media bola con un efecto que hiciera correr la mía por la otra banda, hasta la roja que estaba tocando el otro rincón. Si la erraba seguramente él se encargaría de asegurar las dos que le faltaban…
La tiré y la bola como obedeciéndome al pié de la letra, girando como un trompo, fue siguiendo lentamente la ruta esperada, caminó un trecho pegada a la banda, y llegó justo para golpear tenue a la bola arrinconada, que se movió casi imperceptible, como saludando a la recién llegada…
-¡Dieciocho!- celebraron todos. ¡Partido ganado! ¡Increíble!
Don Ángel estaba realmente sorprendido, pero era un caballero, y me felicitó con entusiasmo.
Nilo, no se acercó; canchero, desde su lugar levantó el vaso y me guiñó un ojo…, como si hubiera descontado que yo iba a reaccionar así.
Yo me quedé con un sabor a culpa por mi incapacidad. Si no hubiera sido por el aliciente que me acicateó el ego, que despertó mi fe en mí, en el último momento, yo sólo no habría sido capaz; y tendría que contar que ese día, en realidad, no tuve una  actuación muy brillante.
Se lo debo a quién apenado por mi mal momento, supo estimularme, al mostrarme que creía en mí.
Con esa valiosa ayuda, se hizo posible lograr un triunfo, de una segura derrota.
Fue una pequeña gran hazaña….
Un buen estímulo puede impulsarnos a lograrlo.
 
*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
 
 
 
 
PROBLEMAS*

*Por Antonio Dal Masetto.
 
 Tocan timbre, abro, entra Luis, cie­rra rápido, busca una silla, se sienta, jadea, pide un vaso de vino. Se lo al­canzo y espero. Sé, porque lo conoz­co hace tiempo, que en la vida de Luis todo es posible. Vacía el vaso en un par de tragos y confiesa que lo aqueja un nuevo, extraño y grave problema: los animales se burlan de él.
Durante algunos minutos escucho en silencio, sin en­tender gran cosa. Lo interrumpo con un gesto y trato de ordenar el confuso monólogo mediante preguntas: "¿Qué clase de animales son los que se burlan de vos?". "To­dos."
"¿Por ejemplo?" Luis intenta calmarse y retoma la anécdota inicial, origen de la tragedia que no lo deja dor­mir. Cierta mañana, caminando por la calle, tropezó y se cayó. Mientras se levantaba y se limpiaba la ropa, vio a un gorrión posado sobre la rama baja de un árbol. El go­rrión lo miraba fijo con sus ojitos maliciosos y de pron­to le sacó la lengua. Así empezó. Días más tarde fue sa­cudido por una nueva señal. Estaba cruzando una plaza. Dispuesto a fumar, abrió la caja de fósforos al revés y los fósforos se
desparramaron por el suelo. Mientras los jun­taba advirtió que frente a él, a los saltitos, se desplazaba un gorrión que lo observaba de costado y le sacaba la len­gua. A partir de ahí se multiplicaron los accidentes. Y siempre la presencia de un gorrión acechándolo y burlán­dose. Al principio llegó a pensar que se trataba del mis­mo pájaro, dedicado a perseguirlo y a esperar sus tropie­zos. Pero luego, teniendo en cuenta las distancias, fiján­dose también en la tonalidad del plumaje y establecien­do que a veces
eran gorriones hembras y otras machos, dedujo que estaba ante una burla generalizada. Más tar­de comenzó a advertir que los confabulados no eran so­lamente los gorriones, sino todos los demás pájaros y ani­males de la ciudad: palomas, perros, loros, caballos. "¿Ca­ballos?", pregunto. Bueno, resulta que una tarde Luis fue al hipódromo porque en el mercado el carnicero le había pasado una fija infalible y quiso pro­bar. El caballo entró último y cuando, después de cruzar el disco, pasó por donde estaba Luis, giró la cabeza y le sacó la lengua. Otra de tantas: está sen­tado en un bar, acaba de pedir un par de panchos, aprieta el pomo de la mos­taza, el pomo está tapado, él aprieta y aprieta, el pomo se destapa de golpe y todo queda embadurnado, la mesa, su camisa, sus manos, su cara, un desastre. El gato que des­cansa en el fondo del bar le saca la lengua y se marcha. Está mirando una película de aventuras por televisión: en la tenebrosa selva asiática un tigre se dispone a saltar so­bre el descuidado Sandokán. Luis, sin apartar los ojos de la pantalla, estira el brazo para alcanzar el vaso de cerve­za. Lo roza y el vaso va al piso. Inmediatamente, conte­niendo su ataque, como atraído por el ruido de vidrios ro­tos, el tigre se da vuelta,
mira a Luis y le saca la lengua. Para colmo, en ese momento, la tortuguita que Luis tie­ne en su departamento está pasando cerca y, según ase­gura, también ella le saca la lengua. Y los ejemplos si­guen. Los resultados son dramáticos, porque ahora cada vez que Luis se enfrenta con un animal, sea donde sea, debido a los nervios o a la fatalidad, comete inevitable­mente una torpeza. Consecuencia: sacada de lengua. Sus días son un infierno, está desesperado, pide consejo. "Sá­cale la lengua vos también", sugiero después de meditar un rato. Luis considera la posibilidad, sacude la cabeza, argumenta que le parece poco serio, no cree que esa tác­tica pueda dar resultado. Debatimos largamente mientras vaciamos la botella de vino. Yo insisto en mi sugerencia inicial, confío plenamente en la efectividad de un
contra­ataque. Es más, opino que cuanto antes deberíamos dar­nos una vuelta por el zoológico, incursionar directamen­te en territorio enemigo, para que Luis tenga la oportuni­dad de desquitarse en forma y vaya adquiriendo un sóli­do entrenamiento para la lucha que lo aguarda en esta nueva etapa de su azarosa vida.
 
 
 
 
ENAMORADO*

*Por Antonio Dal Masetto.
 
 El amigo Pedro está enamorado. Me citó en El Tronío y mientras cenamos me cuenta sus tribulacio­nes. La dama se llama Sofía, mide casi dos me­tros, es fuerte, sólida, exuberante por donde se la mire. Mientras escucho, considero la estruc­tura de Pedro, que es flaco y casi enano y una vez más me pregunto cómo puede haber una per­sona dentro de un cuerpo tan mezquino. Pedro conoció a Sofía hace algunos años: "Un ser tierno, tímido, inocente, inexperto y acom­plejado por su tamaño". Iban al cine, a las plazas, comían golosinas, se toma­ban de la mano: nada más que eso. Has­ta que un día él le propuso pasar un fin de semana juntos y decidieron viajar a Mon­tevideo. El barco, la cena a bordo, la no­che sobre
el río y finalmente el camarote con sus dos literas superpuestas. Sofía se acostó en la litera inferior y Pedro le hizo compañía. La acarició y se dio cuenta co­mo nunca de que aquél era realmente un cuer­po de acero. Estaba sobre ella y tenía la im­presión -así dice- de ser una mariposa posa­da en un enorme y cálido animal. De pronto So­fía comenzó a sacudirse, a vibrar, a arquear­se. Tal vez fuesen los nervios, tal vez tuvie­se una idea muy extraña acerca de cómo se hacía el amor. Lo cierto es que Pedro sa­lió
despedido, golpeó la nuca y la espalda contra la litera superior y vol­vió a caer. Y nuevamente el cuer­po de Sofía lo mandó al aire y así estuvo, rebotando arriba y abajo durante un buen rato. Cuando finalmente Sofía dejó de corcovear, Pedro cayó por últi­ma vez y ahí quedó, desarmado, semidestruido,    incapaz de hacer un solo movimiento. Llegaron a Montevideo, hubo que llamar una ambulancia y lo llevaron al hospital. Además de numerosas contusiones, tenía una costi­lla fisurada. Fue una excursión triste. Cuando regre­saron a Buenos Aires, Sofía se despidió y no lo vol­vió a llamar.
Pedro tuvo que buscarla, hablarle, con­vencerla de que ella no tenía la culpa, que había si­do obra de la fatalidad, que lo único importante era el amor que se tenían. Así que volvieron a las cami­natas, los cines, los caramelos y una tarde Pedro in­vitó a Sofía a su casa. Se sentaron en la alfombra y charlaron .y rieron mucho porque a Sofía la enloque­cían los chistes que él contaba todo el tiempo. Des­pués jugaron un poco, se revolcaron, y en determi­nado momento Pedro quedó boca arriba y ella cru­zada sobre su estómago, vibrando y riéndose, mien­tras él se quedaba sin aire y sin voz y trataba de lla­mar la atención de Sofía descargando inútiles puñe­tazos sobre su espalda, pero ella seguía riendo, di­vertida como nunca, feliz como nunca (pobre, dulce, inocente criatura), hasta que se le dio por mi­rarlo y descu­brió que se ha­bía puesto mo­rado y entonces se levantó y lo sa­cudió y le hizo respi­ración boca a boca y así era en
definitiva có­mo lo había salvado. Y nuevamente ella huyó avergonzada. Y otra vez Pedro fue a bus­carla y le habló y ar­gumentó y regresaron a los paseos, los cines y los caramelos. Todo marchaba bien hasta la noche que, mientras festejaba uno de los famosos chistes de Pe­dro, eufórica, entusiasta, Sofía pegó una vigorosa patada en el suelo y uno de los pies de Pedro estaba abajo y le estropeó un par de dedos y nuevamente tuvieron que ir al hospital. Sofía empren­dió otra retirada. Pedro le escri­bió largas cartas y la citó para una charla definitiva. Tomaron algu­nas copas de licor y Pedro, sin en­tender por qué, sintió deseos de he­rirla y la agredió en lo que más le dolía, le dijo que era una grandota torpe e inútil, que no era una mujer sino una montaña de músculos sin gracia (justamente a ella, pobre, dulce criatu­ra). Y ella se puso muy mal, siguió dándole al licor, lloró y cuando, arre­pentido, Pedro quiso pedirle perdón, Sofía le pegó una trompada en la cabeza, que fue más bien un mar­tillazo, y Pedro por supuesto se desmayó. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, desesperada, So­fía lo levantó entre sus brazos y corrió hasta el hos­pital más cercano, veintitrés cuadras, distancia que cubrió en tiempo record. Y ahí lo depositó y esta vez sí desapareció para siempre. Hasta esta mañana, en que la casualidad quiso
que Pedro y Sofía se encon­traran al dar vuelta una esquina. Tomaron un café, charlaron, tal vez vuelvan a verse.
Ahí termina el relato. Pedro está muy nervioso. "¿Por qué te gusta tanto?", le pregunto. Pedro no es­tá seguro de nada, argumenta que lo enternece verla tan grandota y tan indefensa. "Prueben de nuevo." "La amo, yo la amo, pero mi cuerpo le tiene miedo." "Tal vez sea un amor imposible", digo. Pedro se
estremece: "No podría soportar esa idea"
 
 
 
Tu risa*

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, por que tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
por que me moriría.

*Pablo Neruda
Los versos del Capitán
 
-Enviado para compartir por Mario Vidal mario.vidal@...

 

 
 
 
Mujeres que corren a todos*

*Por Sandra Russo

Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla
de algo que está en el aire y todavía no fue dicho. Mujeres... invistió y habilitó para millones de lectoras de todo el mundo la faceta guerrera femenina no como una contradicción, sino como un complemento de la feminidad profunda. Puede decirse, se me ocurre ahora, que Mujeres... fue un libro que incorporó cierta tendencia fálica como propia e inherente al género.
Su éxito dice entre otras cosas que eso estaba sucediendo en la realidad y que no estaba todavía conceptualizado. Hace algunos años, se usaba la palabra "fálica" como una acusación.
Las mujeres que corrían con lobos no eran, sin embargo, mujeres corridas de lugar, sino ubicadas en el centro de un instinto. A las mujeres nos han sido culturalmente confiscadas la ferocidad, la ira, la capacidad de ataque, el deseo de revancha. Todo eso ha ido a parar al equipaje que trae consigo la
mala mujer. Más allá del libro, en el cotidiano promedio, empezó a haber un nuevo consenso implícito sobre lo femenino: no somos naturalmente buenas, ni dóciles.
Ese movimiento de sentido trajo nuevas conductas femeninas, como tomar la iniciativa. Muchas mujeres de todas las edades viven señalando con el dedo o gritando lo que quieren. No lo ocultan, como las geishas ocultaban la cara atrás del abanico. Esa es otra faceta con incipiente público admirador. Las mujeres empezaron a correr a los hombres. Correrlos para conocerlos, correrlos para tener una cita, correrlos para tener sexo, correrlos para tener la llave de la casa, y así sucesivamente, hasta que al hombre en
cuestión le agarra el inevitable ataque de fobia masiva, y hace su retirada a la cueva.
Toda la tarea del cortejo, la seducción, el timing y hasta la provisión de cerveza, parece haber quedado en manos femeninas, que también se ocupan de sus juguetes eróticos en imágenes porno soft que se multiplican.
El péndulo de las tendencias parece haber completado un ciclo más. Hoy en el aire, a diferencia de hace unos años, no hay necesidad de que a una mujer le subrayen que es fuerte. Lo que hay es cansancio, bastante cansancio, y ganas de encontrar a un hombre en el que descansar.
 
 
 
 
 
VUELO SIN ORILLAS*

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
 
 
*de Oliverio Girondo.
 
 
 
 
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#104 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 5 de Oct, 2006 4:43 pm
Asunto: EDICIÓN OCTUBRE.
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MALDICIÓN DE NIÑO*

El pequeño camión verde con capota de lona blanca, comenzó a fallar y marchaba de cuando en cuando, a los tirones, tosiendo, protestando, y mermaba su ya escasa velocidad; aunque por momentos se recuperaba, y por un largo trecho volvía a andar raudamente. En lo mejor, el ronroneo rumoroso se
interrumpía, y volvía la angustia amenazante de quedarnos en el camino, faltándonos todavía la mitad del regreso a casa.
Aquella mañana fleteamos una carga de muebles, enseres y demás pertenencias de una humilde mudanza, hasta la localidad de Romang, no más distante de cincuenta kilómetros, pero que el modesto transporte requería bastante más de una hora de buena marcha.
Era debido a que en aquel tiempo, estábamos en 1948, ya tenía sus buenos veinte años en sus espaldas, pero sobre todo por lo precaria de su ingeniería. Parecía haber sido montado con partes adaptadas, aunque en los orígenes, esos vehículos aún no habían evolucionado lo suficiente; eran pequeños, el motor de cuatro cilindros era el mismo de los autos de calle, y su capacidad de carga era más bien moderada.
Aparte de la capota de lona, tenía amplios guardabarros negros, salientes y acucharados, típicos de las primeras décadas del siglo veinte. Creo que sólo las ruedas eran más reforzadas y rollizas que los autos, y tampoco tenía duales, como ya eran comunes en los camiones más nuevos. Eso lo convertía, en un módico transporte de corta distancia, especial para acarreos y fletes locales, donde tampoco la velocidad era importante.
Era frecuente que lo manejara mi hermano mayor, que ya tenía trece años, y lo acompañara yo, que ya andaba por los ocho; siempre claro, que no fuera en los días ni horarios de clase. A veces en los tramos firmes y llanos, (todos los caminos de entonces en la región, eran de tierra), mi hermano se tentaba, y lo iba acelerando más y más, hasta "pisarlo a fondo", y eso hacía que el velocímetro; temblando, avanzara lenta y penosamente hasta los setenta, e incluso setenta y dos kilómetros por hora. Nadie en su sano
juicio, ni él, se hubiera animado a mantener por mucho rato esa velocidad, ya que todo amenazaba desintegrarse, empezando por el tren delantero y la dirección, que requería toda la fuerza del conductor para mantenerlo en el camino, así como el trepidante motor que parecía zumbar y bufar al
borde del colapso.
Pero tenía fama de guapo, ya que a ese modelo precisamente, lo conocían como "Chevrolet 4, El Campeón". También tenía sus particularidades, como el sistema de alimentación de combustible, conocido domo "Steward", que aspiraba del tanque por vacío de los cilindros, y luego llegaba al carburador por gravedad. Requería un blindaje seguro en todas sus conexiones, para que no hubiera filtraciones de aire. Si esto pasaba, el combustible no llegaba al alimentador y el flujo se interrumpía. El motor podía, como decía papá: "hacernos renegar", e incluso dejarnos en el camino, como amenazaba en esta ocasión.
Tras normalizarse un momento, volvió a fallar,  hasta que finalmente, al llegar al principio de la gran arboleda, que bordeaba y cubría el camino, con añosas y gigantescas "tipas," por varios kilómetros a la altura del paraje de "La Lola", el camión dijo; ¡basta! Y tras dos o tres tironeos y sacudidas del motor, se detuvo apagándose, mientras por impulso, y poca eficacia en los frenos, el camión continuó unos cuantos metros antes de detenerse.
Después, todo quedó en el  profundo silencio, y la quietud de la siesta del aquel incipiente verano, nos hizo sentir en la mayor soledad e impotencia.
Sólo podía percibirse el arrullo del flamear de la brisa entre las hojas, el aislado arrumaco de alguna paloma en la altísima fronda del boulevard, el apagado roce y el crujido de una rama podrida, que caía y rebotaba sordamente contra el suelo.
Mi hermano y yo descendimos teniendo adelante el frondoso e infinito túnel sombreado, y a nuestras espaldas el camino ya recorrido, ancho y polvoriento, donde el sol daba de lleno, haciendo reverberar el
horizonte y formando algo más cercano, la ilusión de un lago somero de aguas plateadas y temblorosas, como un espejismo. Sobre el campo cercano que se mostraba verdoso y parduzco, por la madurez del girasol temprano, una pareja de "teros" cacareaba amenazante, volando en extensos círculos, ora bajo, ora algo más alto, temerosos y alertas, ante los extraños recién llegados.
Levantamos el "capó", la cubierta del motor, sabiendo que era el bendito tanque de vacío, que estaba chupando aire en el sistema. Probamos a tocar y mover los caños de cobre, ajustando las tuercas y sobre todo rezando para que vuelva arrancar, y aunque tironeando, nos llevara lentamente a casa. Aún
no habíamos almorzado, y esto se sumaba a nuestra angustia. Probamos a darle arranque, una y otra vez. Nada. Teníamos un par de herramientas para estas emergencias; una pinza, un destornillador, una llave "pico loro", alguna de boca, un martillo y casi nada más.
Podía ser el flotante, o la junta de la tapa del tanque; pero era poco conveniente tocar eso, porque podía deteriorarse la junta y empeorar las cosas. Nos quedaba lo que sería lo más probable, revisar las
conexiones.
Mucho no podía hacerse. Lo que casi siempre resultaba era hacer un engaste con hilo de algodón, como una junta entre los terminales y las tuercas que los ajustan. Era una tarea difícil, nunca conseguíamos sellarlos totalmente.
Cuando el vehículo era nuevo, seguramente funcionaba de maravillas; pero desgastado, aflojadas las conexiones por las fuertes vibraciones propias, sin el mantenimiento correcto, esto se convertía en un martirio. A veces se solucionaba, y más adelante fallaba todo de nuevo.
En ese trance, había que reconocer que éramos insuficientes, ¡Qué falta nos haría la ayuda de una persona mayor! En aquellos tiempos, quienes transitaban las rutas, necesariamente eran capaces de solucionar casi todos los inconvenientes, los mecánicos, y los de otra índole. Pero todo era soledad, en aquella aciaga siesta veraniega.

En eso en el horizonte se dibujó un pequeño bulto, que poco a poco fue agrandándose. Mi hermano respiró con alivio. Todo el mundo se paraba a auxiliar a quién sufriera un percance, y estuviera a la vera del camino, detenido y requiriendo ayuda. Era un código sagrado.
Del bulto lejano fue surgiendo un auto, que venía a buen ritmo, trayendo detrás una remolineante nube de polvo, pero no daba señales de detenerse. Mi hermano se corrió más al centro del camino, y ambos hacíamos señas para que se detenga. El auto tuvo que abrirse un poco para esquivar a mi hermano, pero no mermó siquiera la marcha, y pasó sin mirarnos; pensamos que estaría verdaderamente apurado, para no brindarnos la más mínima atención.
Pensar que un momento antes nos creíamos salvados. Ahora mirábamos en silencio como el auto; una rural último modelo, con costados lujosos de cedro lustrado, seguía alejándose, insensible, indiferente.
Mi hermano en su impotencia le lanzó una maldición. Con toda la bronca, como quién tuviera el poder para clamar venganza. Levantó su pequeño puño cargado de nefasta energía.
-¡Hijo de tu madre! ¡Ojalá se te reviente una cubierta!...- y luego en voz más baja, fue agregando aún más condiciones.-¡y que no tengas rueda de auxilio, o esté pinchada!.-, y otras cosas por el estilo.
El fuerte "¡Plooof" nos llegó seguido por el eco de los troncos de las plantas. El auto zigzagueó un instante y se detuvo algo atravesado en el camino. La nube de polvo se fue desvaneciendo. Pudimos ver desde nuestra ubicación, que la rueda delantera izquierda estaba ahora en llanta.
El conductor trabajó arduamente, pero tenía dificultades con el piso algo blando del boulevard, y al parecer no conseguía afirmar el "gato"para levantar el auto.-
Mi hermano saltaba de contento, no entendía cómo había sucedido, pero se sentía ampliamente "resarcido", y pateaba el suelo riéndose mefistofélicamente, quizás en el fondo, tenía "poderes ocultos".
Un buen rato después conseguimos que nuestro "Steward" funcionara, y el motor arrancó lo suficientemente bien como para proseguir viaje.

Cuando pasamos al lado del lujoso automóvil último modelo, ambos contuvimos apenas las ganas de soltar, una estruendosa carcajada.

*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
Avellaneda (Santa Fe). 12 sept. 2006
 
 
 
 
Radiante universo*

En mis sueños viajo
en una nube rosada
y mis ojos descubren
la belleza del crepúsculo.
El perfume del cielo
penetra en mis cabellos
y el viento los despeina
con su risa alocada.
La alegría de la primavera
llega hasta mi alma
y se aleja serena
por un camino florido.
Muere la bella tarde
y el esplendor de un hechizo
se derrama en mi rostro
como un halo de luz.
Las maravillas galopan
en el radiante universo
y brilla intensamente mi vida
cuando respira su aliento.

*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@...
 
 
 
 
 
CABEZA Y TIEMPO*


   
  El busto estuvo siempre sobre la mesita del living, una de esas cosas invisibles por exceso de permanencia, por desaparición de los sentidos a fuerza de repetición. Como el olor de la propia casa, única confluencia de rastros olfativos que nos está negada porque se halla ya incorporada de tal modo que desaparece, así el pequeño busto de mármol era un objeto transparente.
     Años de pasar por la habitación sin reparar en la esculturita, blanquecina presencia cotidiana dentro del paisaje visual.
     Justo ahora se le ocurre mirarla. Extiende la mano y la sensación del peso, la frescura de la piedra calza guante y zapato, dedo por dedo talón arco justo en las palmas. Hecho para ser observado de cerca, se revela a su mirada como una foto polaroid que corporiza una presencia de espíritu y
mediúmnicamente invoca un fantasma.
     Es una cabeza masculina y esa es la primera sorpresa, porque los bustos suelen ser retratos de mujeres más o menos lánguidas, con esa belleza anodina de las muchachas que parecen abstraídas en sus pensamientos, pero en las que se adivina un definitivo no pensar, se adivina la pose tentadora de
la reflexión imitada rasgo por rasgo frente silenciosa ojos perdidos en una lejanía romántica labios quietos casi serios casi a punto de sonreír, una más bien nada, como conviene a una jovencita.
     Pero es una cabeza masculina. Un hombre que la mira a los ojos con atención, minuciosamente cincelado cada pequeño detalle, con los rasgos firmes de quien no condesciende al engaño y se atreve a sostener con solvencia el puente sólido y perturbador de los ojos en los ojos.
     Por un rato no puede hacer otra cosa que mirar los ojos que la miran.
Siente que hay en dejar vagar la atención por el resto del rostro como una claudicación, un apartarse perturbado. Siente que cortar el puente es un reconocimiento de vergüenza, una especie de demostración de debilidad. El hombre la mira a los ojos, ella no puede apartar la mirada. Se dice que es
gracioso, pero no tiene ganas de sonreír.
     Con aceptación de derrota aparta entonces la vista y descubre las finas líneas de arrugas en la frente, las cejas de arco perfecto recorriendo con firmeza el contorno de las órbitas, los labios cerrados. Hay en la expresión del hombre callado y quieto una seguridad sin fisuras. Atento y cerrado en sí mismo, bloque de material pero de conciencia, único e indiviso apariencia peso color rasgos unívocos. Exceso de yo en ese hombre que confortablemente es él y no aparenta ni finje, que es él y no otro, tal como debe ser tal como fue creado desde siempre desde toda la eternidad, que si un vago
escultor no lo hubiese tallado cincelado extraído de la piedra, otro lo hubiese hecho, pues se demuestra en la forma el grado de necesariedad. Y en la palma de su mano, en la palma de su mano.
     ¿Quién eres tú?, pregunta sin mover los labios ella que lo sostiene en la palma de la mano, ella que es sostenida desde la palma por esa pieza monolítica de maravilla. ¿Quién eres tú?, sabiendo que es solamente una escultura en su mano, una cabeza de mármol negada al habla negada a la palabra negada a la vida, esta vida que transcurre y modifica y hace crecer pero las más de las veces descompone, derrota, finalmente destruye y acaba y despedaza y desperdiga y finaliza.
     Esos ojos esa boca que no puede responder la contemplan desde la eternidad. Desde la inmovilidad del tiempo quieto fija el hombre la mirada en sus ojos. Desde siempre pero en este instante la mira. Y ella sabe ahora, siempre lo supo pero ahora sabe que va a morir, que habrá mañanas y tardes y noches acumuladas pero que va a morir, que su rostro y su cuerpo se derretirán en torno a los huesos, que su carne está construida con la fragilidad de lo perecedero y no de piedra inmutable. Este hombre que la
observa se lo dice con tranquilidad, sin dramatismo sin exceso de desesperación. Con tranquilidad se lo comunica silenciosamente. Y la mira.
     Deposita suavemente el busto en la mesita.
     Se sienta en una silla.
     Volverá a tomarlo en sus manos una que otra vez, cada tanto. Rehuirá los ojos cincelados y olvidará la cabeza tiempo y quietud y espacio estanco durante largas temporadas. Pero estará ahí, segura como segura es la propia muerte, algunas veces como amenaza, otras como promesa, las más como simple
clausura si es que existe alguna clausura que pueda relacionarse de alguna forma con la simplicidad.
     ¿Quién eres tú?, dirá silenciosamente. ¿Quién eres tú?

                                                                  
 *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
MUY LEJOS*

Muy lejos:
de donde sale el sol,
en espera de azahares,
con la lluvia sobre mi ser,
y mi mar de ensueños.
Muy lejos:
donde nadie me ve,
sola en mi ansiedad,
crece mi luz,
desde hace ya tiempo.
Muy lejos:
Donde tengo zonas prohibidas
de mi sangrante viña,
voy llenando los barriles
del silencio en calma.
Muy lejos:
donde un bello relámpago
enciende el tiempo de amar,
allí brotan mis lágrimas
de tanto extrañar amando.
 
*de Xenia Mora. xeniamora@...

 
 
*
 
De lo loco me gusta tu cordura
De tu espectro, la imprudencia y la ternura
De lo incierto de tus pasos, la mesura
De la duda de tus labios, su dulzura
De tu imagen a tu adentro, la espesura
De la magia de tu verso, su blancura
De tu miedo y tu dolor, la investidura
De tus ansias, el inicio y la censura
De lo frágil de tu acero, el temblor de su armadura
De lo fugaz de tu lazo, la marca que en mi perdura
 
 
 
Fuga...*
 
Se escapa el egoísmo de los dos
y se hace suma
mintiéndole al espejo
que guarda la locura
 
Ambigua, la cordura
se culpa y se disculpa,
se calma
y se devora la dulzura
 
Se fuga...
 
Le miento a mi prisa
y me invento un tiempo
 
Mis días te niegan
Me mienten mis sueños
 
Se culpa la incordura
por su ambigua mesura
Me roba la calma y
 
se fuga...
 
dejándome el dulzor de la locura
 
 
*poemas de Doris Leila Srayh   dorisleilasrayh_3@...


 
 
En la ruta*
 
En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete.  Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.
 
Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.
Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.
 
Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía se puede leer en la ventanilla lateral
-ahora a oscuras- de la cabina nº5: Autopistas de Luna a Sol.
UD. esta siendo atendido por Neumann Nicole.
 
 
*De Urbano Powell. urbanopowell@...
 
 
 
 
 
El muerto inolvidable*
 
Se llama Mereco mi muerto inolvidable. Para mí su viejo Ford nunca termina de desbarrancarse de una quebrada puntana, bajo una suave garúa que no amaina ni siquiera cuando vamos con mi padre rumbo a su velorio. ¿Cómo puede ser que Mereco esté muerto si hace cuarenta años que yo lo llevo en mí, flaco y alto como un farol de la plaza?
Cuando mi padre se descuida me acerco al ataúd que está más alto que mi cabeza y un comedido me levanta para que lo vea ahí, orondo, machucado y con la corbata planchada. La novia entra, llora un rato y se va, inclinada sobre otra mujer más vieja. Hay tipos que le fuman en la cara, toman copas y otro que entra al living repartiendo pésames prepotentes y se desmaya en los brazos de la madre.
Después vinieron otros muertos considerables, pero ninguno como él. Recuerdo a un colorado que me convidaba pochoclo en el colegio y lo agarró un camión a la salida. También a un insider de los Infantiles Evita que nunca largaba la pelota y se quedó pegado a un cable de luz. Pero aquellos muertos no eran drama porque nosotros, los otros, nunca nos íbamos a morir. Al menos eso me dijo mi padre mientras caminábamos por la vereda, a lo largo de la acequia, cubiertos por un paraguas deshilachado. Casi nunca llovía en aquel desierto pero en esos días de comienzos del peronismo se levantó el chorrillero, empezó a lloviznar y Mereco no pudo dominar el furioso descapotable negro en el que yo aprendí a manejar.
Por mi culpa mi padre estaba resentido con él y sólo de verlo muerto podía perdonarle aquel día en que lo llevaron preso. Salimos del velorio por un corredor y cruzamos un terreno baldío para llegar al depósito de la comisaría. El Ford A estaba en la puerta, aplastado como una chapita de cerveza. Mi padre iba consolando a otra novia que tenía el finado y ya no se acordaba de mí. Pegado a la pared para que no me viera el vigilante, me acerqué al amasijo de fierros y alcancé a ver el volante de madera lustrada. Seguía reluciente y entero entre las chapas aplastadas. También estaba intacta la plaqueta del tablero con el velocímetro y el medidor de nafta. Marcaba en millas, me acuerdo, y cuando íbamos a ver a su otra novia, Mereco lo levantaba a sesenta o más por el camino de tierra. Nadie sabía nada. Mi padre creía que yo me quedaba en la escuela y la novia de Mereco estaba convencida de que íbamos a buscar a mi padre que controlaba el agua en las piletas del regimiento. Entonces llegábamos a un caserío viejo que el coronel Manuel Dorrego había tomado y defendido no sé cuántas veces y Mereco me dejaba solo con el Ford A debajo de una higuera frondosa. Ésa era mi fiesta en los días en que Mereco no estaba muerto y el Ford seguía intacto. me sentaba en su asiento, estiraba las piernas hasta tocar los pedales y el que iba a mi lado era Fangio anunciándome curvas y terraplenes.
Mereco no es un muerto triste. Tiene como veinticinco años y todavía lo veo así ahora que yo tengo el doble y he recorrido más rutas que él. Antes del incidente que lo enemistó con mi viejo, solía venir a casa a tomar mate y dar consejos. "Hágame caso, doble siempre golpeando el volante, don José", le decía a mi padre como si mi padre tuviera un coche con el que doblar. "En el culebreo suelte el volante hasta que se acomode solo", insistía. "Es un farabute", comentaba mi viejo mientras lo miraba alejarse con el parabrisas bajo y las antiparras puestas.
Nunca tuvieron un mango ni Mereco ni mi padre. Por las tardes, a la salida de la escuela, yo corría hasta la juguetería para mirar un avión en la vidriera. Era un bimotor de lata con el escudo argentino pintado en las alas. Mi madre me había dicho que nunca podría comprármelo, que no alcanzaba el sueldo de Obras Sanitarias y que por eso mi padre iba a cortar entradas al cine. Al menos podíamos ver todas las películas que queríamos. Pero en casi todas mostraban aviones y yo no me consolaba con recortarlos de las láminas del Billiken.
Una tarde entré a robarlo. Por la única foto que me queda de ese tiempo supongo que llevaría guardapolvo tableado, un echarpe de San Lorenzo y la cartera en la que pensaba esconder el avión. En el negocio había un par de mujeres mirando muñecas y el dueño me relojeó enseguida. Era un pelado del Partido Conservador que recién se había hecho peronista y tenía en la pared una foto del general a caballo. Busqué con la mirada por los estantes mientras las mujeres se iban y de pronto me quedé a solas con el tipo. Ahí me di cuenta de que estaba perdido. No había robado nada pero igual me sentía un ladrón. Me puse colorado y las piernas me temblaban de miedo. El pelado dio la vuelta al mostrador y me dio una cachetada sonora, justiciera. Nos quedamos en silencio, como esperando que el sol se oscureciera. ¿Qué hacer si ya no podía robarle el juguete? ¿Cómo esconder aquella humillación? Me volví y salí corriendo. Mi viejo estaba esperándome en la esquina con la bicicleta de la repartición. Tenía el pucho entre los labios y sonrió al verme llegar. "¿Qué te pasa?", me preguntó mientras yo subía al caño de la bici. Le contesté que me había retado la maestra, pero no me creyó. "¿No me querés decir nada, no?", dijo y yo asentí. Hicimos el camino a casa callados, corridos por el viento.
Una tarde, mientras iba en el Ford con Mereco, no pude aguantarme y le conté. Se levantó las antiparras y como único comentario me guiño un ojo. Dos o tres días más tarde vino a casa con el plano de un nuevo carburador que quería ponerle al coche. Traía una botella de tinto y el avión envuelto en una bolsa de papel. "Lo encontré tirado en la plaza", me dijo y cambió de conversación. Mi padre se olió algo raro y a cada rato levantaba la vista del plano para vigilarnos las miradas. No sé por qué tuve miedo de que el pelado viniera a tocar el timbre y me abofeteara de nuevo.
Pero el pelado no vino y Mereco desapareció por un tiempo. Fue por esos días cuando a mi padre lo comisionaron para hacer una inspección en Villa Mercedes y me llevó con él en el micro. Un pariente del gobernador tenía una instalación clandestina para regar una quinta de duraznos, o algo así. Recuerdo que no bien llegamos el jefe del distrito le dijo a mi padre que no se metiera porque lo iban a correr a tiros. "¡Pero si la gente no tiene agua para tomar, cómo no me voy a meter!", contestó mi viejo y volvimos a la pensión. No me acuerdo de qué me habló esa noche a solas en el comedor de los viajantes, pero creo que evocaba sus días del Otto Krause y a una mujer que había perdido durante la revolución del año 30.
Todo aquello me vuelve ahora envuelto en sombras. Nebulosos me parecen el subcomisario y el vigilante que vinieron a la mañana a quitarme el avión y a echarnos de Villa Mercedes antes de que mi padre pudiera hacer la inspección. Tenían un pedido de captura en San Luís y nos empujaron de mala manera hasta la terminal donde esperaba un policía de uniforme flamante. Hicimos el viaje de regreso en el último asiento custodiados por el vigilante y la gente nos miraba feo. En la terminal mi padre me preguntó por lo bajo si yo era cómplice de Mereco. Le dije que sí pero me ordenó que no dijera nada, que no nombrara a nadie.
No era la primera vez que nos llevaban a una comisaría y mi padre se defendió bastante bien. Negó que yo hubiera robado el avión y responsabilizó al comisario de interferir la acción de otro agente del Estado en cumplimiento del deber. Era hábil con los discursos mi viejo. Enseguida sacaba a relucir a los próceres que todavía estaban frescos y si seguía la resistencia también lo sacaba al general que tanto detestaba. A mí me llevaron a casa, donde encontré a mi madre llorando. Al rato Mereco cayó en el Ford y nos dijo que lo acompañáramos, que iba a entregarse.
Cuando llegamos, mi padre ya se había confesado culpable y en la guardia se armó una trifulca bárbara porque Mereco también quería ser el ladrón y mi viejo gritaba que a él sólo le asistía el derecho de robar un juguete para su hijo. Como ninguno de los dos tenía plata para pagarlo, mi avión fue a parar a un cajón lleno de cachiporras y cartucheras. Al amanecer llegó el jefe de Obras Sanitarias y nos largaron a todos. Mi padre se negó a subir al descapotable de Mereco y le dijo que si aparecía otra vez por casa le iba a romper la cara. Fue la última vez que lo vimos antes del velorio. Se calzó las antiparras, saludó con un brazo en alto y ahí va todavía, a noventa y capota baja, subiendo la quebrada con aquel Ford en el que hace tanto tiempo yo aprendí a manejar.
 
 
*De Osvaldo Soriano.
"Cuentos de los años felices". Editorial Sudamericana. Buenos Aires, edición de 1993. 
 
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 8 de octubre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor argentino Rubén Carrasco. Las poesías que leeremos pertenecen a Jeannette Clariond (México) y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
 
HASTA 15 de Octubre del 2006....
 
 
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
Importante: A los interesados en participar en el Concurso, les rogamos no realizar solamente a última hora su(s) envío(s), debido a las limitaciones de capacidad de nuestro buzón electrónico. En caso de que su mail sea rechazado en nuestro buzón principal, envíe su participación a la dirección: euroyage@... 

 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@...
 
Importante: A los interesados en participar en el Concurso, les rogamos no realizar solamente a última hora su(s) envío(s), debido a las limitaciones de capacidad de nuestro buzón electrónico. En caso de que su mail sea rechazado en nuestro buzón principal, envíe su participación a la dirección  euroyage@...
 
 
 
Ejercicios de escritura
 
Para el 16 de octubre.
 
INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Próxima estación: J.R.R.Tolkien (ex 12 de agosto)
 
Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...
 
 
*
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
***
 
Invitación al Club de socios de InventivaSocial
 
-Reciba TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de correo.
La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10 Euros en el exterior.
 
Servicios exclusivos para socios lectores y escritores:
 
-Acompañamiento en la escritura con tema propio o ejercicios de escritura.
-La publicación virtual en Inventiva Social de antologías con sus trabajos.
-Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados) en inventiva.
 
Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
 
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
 
 
 
 
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
 
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial@...
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
 
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La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
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Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
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#103 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 4 de Oct, 2006 1:46 pm
Asunto: ESA ÉPICA DE LA VIDA Y LOS TRENES
inventivasocial
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Esa épica de la vida y los trenes...



Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos*


Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos
bajo la lluvia triste en cualquier estación
viendo pasar los trenes, viendo huir los minutos,
viendo correr las gentes sobre el mojado andén.

Si tan sólo existiera un tiempo y un lugar para nosotros,
la intimidad de un bar semivacío,
las tardes del otoño entre las calles,
la ternura de un parque abandonado.

Si tan sólo tuviera tu pelo entre mis dedos
y en mis cansados labios se apoyara tu piel
y un ángel candoroso velase nuestro sueño
bajo las tenues luces de una playa lejana.

Si tan sólo pudiese mirarte mientras duermes,
contemplar en silencio tu silencio tranquilo
y olvidarme de todo y desnudarme de todo
y arrojar al olvido todo cuanto es ajeno
al color de tus ojos, al sabor de tus labios
y a la dulce cadencia de tu voz al hablarme.


*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
http://al-andar.blogspot.com






LA "SALAMANCA" DE LA ESTACION DE TRENES*


"Ay de quien temerariamente aspira a saber lo que debería olvidar"
                                     (Jorge Luis Borges)


Reza una leyenda que Isabel la Católica mandó a tapiar la
célebre "Cueva de Salamanca", porque era un antro de hechiceros,
herejes y cripto judíos o "marranos". Quizás sólo fue un taller de
alquimistas y herméticos, cabalistas y sufíes. Pero la leyenda llegó
al Nuevo Mundo y se convirtió en una especie folklórica campesina
con ribetes satánicos y, en cierto modo, contestatarios, aún vigente
hace cuatro décadas, cuando yo me topé con ella siendo un aprendiz
de antropólogo, por no decir de brujo como nos llamaban, en varios
países de Sudamérica. La que inspira este relato estaba en la Pampa
Gringa, tierra de hondos misterios. La hallé, empero, en una de esas
estaciones de trenes casi olvidadas que bien pueden servirle de
marco, lo mismo que el bosque y los socavones.


***

Hay quien prefiere el tren, su cansina marcha, el rítmico bufido de
esa bestia mansa, protectora, la vetusta elegancia de un coche-
comedor que también hace las veces de salón de té entre cuatro y
cinco de la tarde; manía atávica que proviene de los ingleses,
fundadores de ferrocarriles e imperios.
Aún a costa de varias horas adicionales de viaje, debido al largo
tiempo en que aquel trencito de trocha angosta se detenía en las
estaciones, había siempre una respetable cantidad de pasajeros en
el "rápido" Las Varillas – San Fancisco de Córdoba, con
paradas "sólo" en Las Varas, Saturnino María Laspiur, y Quebracho
Herrado. El trayecto demoraba, con suerte, unas seis horas que -
sobre todo en época de lluvias, cuando los caminos de tierra se
volvían intransitables- eran una bagatela para los amantes del
ferrocarril y algunos etnólogos extemporáneos.
En compensación, uno podía bajar en Las Varas y tomar unos verdes
con tortas fritas,  aunque no lloviera, ahí nomás en el andén, o
caminar un rato por la avenida bordeada de eucaliptus gigantes en
Laspiur, y visitar el sanatorio del Dr. Nelay, donde había
pernoctado Marquesini, el célebre taumaturgo cordobés; o bien, a la
hora del ángelus, pasear por el Quebracho Herrado esquivando las
veredas de aquel pueblo, por  su siniestra fama de ser un antro de
brujas, con ganas de perder el tren para ver si era verdad.  Allí
tuvo lugar, hace más de cien años, una feroz batalla entre el
ejército del General Lavalle y las tropas rosistas comandadas por el
oriental Oribe, en la que los unitarios fueron derrotados con muchas
bajas, enterradas en dicho lugar. A menudo los torrenciales  o el
pampero descubren algunos huesos, que se vuelven "luces malas" por
la noche, lo que le ha dado al caserío su fama brujeril.
  Pero esa tarde de octubre de mil novecientos sesenta y tantos,
conjurando dicha fantasía tantas veces temida – y anhelada – por
todo leal pasajero del riel, el tren se quedó en el Quebracho
Herrado sin poder continuar. Casi podría decir: el tren se quedó en
el Quebracho Herrado "para siempre".
Mas esto tampoco ocurrió, y sólo cabe contar las cosas como creo
haberlas percibido, más o menos trastocadas por la piedad de la
memoria y el oficio.
Después de pasar por el ritual "folklórico" de andar siempre por el
centro de la calle, "y mirar de soslayo las veredas", como aconseja
el sortilegio, creyendo haber visto algunas luces malas o "fuegos de
San Telmo", como también se llaman, tras la reja de viejos jardines
deteriorados o patios baldíos, volvimos a la estación. El tren aún
no salía y algunos caminábamos por el andén desierto como si fuera
la celda de una cárcel o un claustro. Los demás habían vuelto a sus
asientos y nos miraban desde el cubículo de las ventanillas,
mientras nosotros los veíamos a ellos como a través de los vidrios
de un enorme y extraño invernadero.
Digo "nosotros" y "ellos" por lo que luego pasó, siendo tal vez la
suerte de los que nos bajamos muy diferente de la de quienes se
quedaron en el tren. ¿Fue todo producto de la imaginación, o el
hecho de haber seguido "mirando de soslayo"? También ignoro por qué
ninguno de los andantes, salvo yo mismo, mucho después, pudo (o
quiso) fijar la mirada frontalmente, aunque ya estábamos de regreso
en el andén. Pero lo que alcancé a entrever fue suficiente para
seguir, por un largo rato, con la vista enfocada al suelo, o a la
penumbra que se abría en las puntas de la estación como un anhelo de
libertad. Y confieso que, a pesar de mi largo entrenamiento
etnográfico, tuve miedo...
Primero hubo un silencio brusco, innatural, en el que ni siquiera se
escuchaban nuestros propios pasos. Después una algarabía
desenfrenada llena de carreras cortas, renuentes, como si el suelo
se hubiera llenado de salamandras o lagartos en fuga, y un rumor de
carnaval repentino, pero trágico, sin pizca de alegría ni seducción;
un festival forzado, tenso, de persecuciones contundentes, veloces,
y siempre consumadas.
  ¿Había una diablilla gorda brincando por los pasillos de los
vagones, con una cruz invertida entre los pechos, que terminaba en
un obscuro falo a la altura de su boca? ¿Y detrás de ella, en cuatro
patas, un diablillo que blandía sus dos vergas y la cola
enroscándose en el cuello con un crótalo de plata? Quizá; nadie
miraba de frente hacia el tren detenido. De reojo, alcancé a ver
como violaban a una monja sangrando por el ruedo de su hábito, entre
cuatro cabrones (¿o eran machos cabríos?) a la vez, y ella clamaba
en su delirio por el fuego al pie de la caldera en la locomotora
inmóvil.
Cuando quise intervenir, se desligó  del abrazo poliforme y huyó
convertida en una mula embarazada, galopando hacia la puerta del
último vagón donde ardían cirios negros. Pero era inútil de todos
modos porque, los que estábamos afuera, no podíamos levantar la
cabeza ni subir al tren. No sé si por el asco a los bichos que
reptaban por las escalerillas y el borde del andén -provocando a
menudo cosquilleos y tenues golpecillos- o paralizados por nuestro
propio temor. Tampoco podría asegurar si el contrahechizo tuvo su
efecto, o más bien fue otra alucinación acuciada por la espera.
Porque en algún momento saqué la botella de vino que guardaba en mi
talego y comencé a ofrecerla – siempre sin mirar a los ojos – a cada
uno de los pasajeros y personajes, reales o no, con quienes me
topaba.
La treta para ahuyentar al diablo me la había enseñado un curandero
de La Higuera, en Traslasierra, otro pueblito encantado, donde pasé
varios meses recogiendo cuentos de aparecidos, lobizones y ánimas en
pena. Pero esto parecía otra cosa, la peor que guarda la caja de
pandora del alma campesina: la Salamanca. Ya no se trataba de las
casi innocuas brujas del Quebracho Herrado, que custodian las luces
malas, y sólo espían de puro chismosas o aburridas; ni era posible
ahora deshacer el ensalmo con la mera mirada oblicua. La Salamanca
requería medidas más drásticas, que comenzaban con la prueba del
vino. "Es el vino – decía el curandero, al que no quiero mentar por
su nombre – la verdadera sangre de Satán, que no la de Cristo. Es
como ofrecerle al Malo su propia sangre". (Era ésta una de esas
frases que no se olvidan, y por eso la tenía registrada en mi
libreta de campo).
Una vez hecha la oferta del vino pude mirar de frente, y lo que vi
me convenció, aún más, de que me hallaba ante la reina del terror
nocturno. La Salamanca, recordé, asume     variadas formas, pero
siempre remeda una fiesta, al principio. Es la manera de atraer al
incauto. Y toda la estación parecía, ahora, una de esas ramadas que
se levantan para los días de la fiestas patrias, el veinticinco de
mayo o el nueve de julio, aunque estábamos en enero. Varias parejas
bailaban una chacarera,  las chinitas de falda cortona, muy
estrecha, y las blusas desabrochadas. Los gauchos, con chambergos
alones y botas con espuelas, al aire los ponchos  enmarañados como
sus melenas. En un rincón adornado con guirnaldas, dos comadres
servían vino, ginebra y empanadas fritas, sin dejar de mirar al
estrado donde estaba la orquesta de músicos ciegos, guitarra y
guitarrón, chalecos bordados y rastras de monedas y penurias.
Adentro del tren, una alegre caravana recorría los vagones, colgando
serpentinas y zapateando sobre los descansillos de las puertas. Ni
rastros de la diablesa y el diablillo, o la mula embarazada. Todo
aquello era muy extraño, porque la Salamanca, según había oído
contar, aparecía más bien en cuevas – remedando la originaria en
Salamanca, o al borde de una cañada (como lo dijo Sarmiento). Mas no
había nada incongruente en el hecho de que estuviera en la estación
de tren; al contrario, parecía un lugar adecuado, suficientemente
misterioso a esas altas horas de la noche. Todavía más extraño
resultaba ese aire de normalidad, de simple fiesta que tenía todo, a
diferencia de lo que había podido ver – si bien de soslayo, lo
repito – antes de la ofrenda del vino.
No sólo habían desaparecido los monstruos y las pesadillas, sino que
la escena tenía un aire bucólico, la ilusoria inocencia de una
trampa. Porque sin duda no era sino eso, una trampa, tanto para los
sentidos como para la razón. Al acercarme al puesto de las comadres,
ambas guapas y querendonas, vi que detrás del mesón había un quiosco
en forma de tienda, con cortinas flotantes y gobelinos agrisados por
el tiempo. Por los intersticios se divisaban siluetas femeninas semi-
desnudas y sonrientes, más jóvenes que las puesteras y aún más
lúbricas, que parecían estar esperando.
De una guitarra invisible que no formaba parte de la orquesta, fluía
una melodía distinta, tocada con destreza incomparable, y que sin
embargo no desentonaba con la chacarera de los ciegos. "Es la
guitarra del diablo – pensé en seguida, rememorando las notas de
otra libreta de campo que  había llevado en Santiago del Estero hace
unos años – "la singular manera de templarla que nadie puede
imitar". Entonces la música cesó de inmediato, quedando sólo la de
la orquesta que se escapaba por las bocas del andén hacia la noche.

  - ¿Desea tomar algo?
– me preguntó una de las comadres seductoramente mientras entreabría
su falda para mostrar los muslos cerúleos – hay de todo, aunque no
se vea – y sacó de abajo una botella de ginebra holandesa, dorada
como una mies, y unos tamales que eran la tentación misma, al tiempo
que se daba vuelta dejando ver unas nalgas perfectas, como trazadas
a compás - ¿O prefiere este vinito de Cafayate, de más de diez años
aunque no tenga marca – ofreció subiéndose la enagua, de la que
surgía una mata de pelo azulado de tan negro, escondiendo apenas sus
secretos encantos.
-   Sólo tomo del mío – y al mero gesto de sacar la botella para
ofrecerles un trago, el    mesón y la tienda desaparecieron quedando
sólo el guitarrero, que tenía un aro de oro   en cada oreja y
parecía un gitano de cuento.
-   El que te enseñó esos trucos sabía a qué atenerse – me dijo por
todo saludo – pero yo puedo enseñarte muchas cosas más...
-¿Qué querés decir? – le contesté adhiriéndome a su tuteo.
-         Lo que más te agrade; por ejemplo, encantar a la guitarra,
como yo lo hago, lograr fortuna, conquistar a todas las mujeres, o
bien conocer los secretos del futuro y el misterio de la muerte – Y
sacó del bolsillo un mazo de cartas de Tarot nuevas y brillantes,
disponiéndose a barajarlas.

  -   Es demasiado – repuse – no sabría qué hacer con tantas
respuestas, y ya no tendría preguntas ni deseos. Prefiero no entrar
a tu Salamanca – Y el guitarrero, diablo, o lo que fuese, también se
esfumó sin dejar rastros.
En el andén quedaba apenas un par de parejas bailando la eterna
chacarera, y la inimitable orquestilla de los ciegos. Cuando me
acerqué a ellos, uno de los bailarines me pasó su prenda, diciendo:
-         Aguántela un poco, compañero, enseguida vuelvo – y arrojó
la mujer a mis brazos enredada en su propio pañuelo.
Ella era liviana y ágil, danzaba como flotando sobre el vuelo de sus
enaguas, y tenía el rostro más bello que jamás había visto en esta
tierra de mujeres hermosas: un ícono de trenzas castañas y ojos
marinos, con una rara sonrisa, algo inquietante, que le añadía
encanto. Su cuerpo rezumaba el sudor invisible del deseo.
-  Subamos al tren – susurró a mi oído después de la primera vuelta –
  antes de que él regrese...
La otra pareja ya habría subido, o quizá se había disipado como todo
lo demás. Una suerte de vapor húmedo que empañaba los vidrios de las
ventanillas me impidió ver, de momento, lo que ocurría en los
vagones. Ella se aferró a la baranda de una puerta, tratando de
empujarme al interior del coche. Desde allí se oía de nuevo la
guitarra del diablo y la anterior algarabía. Toda la feria parecía
haberse trasladado al tren, que ya comenzaba a partir.
-         ¡Sube! – gritó ella - ¡Vas a perder el tren! – Y en su
premura por agarrarme de la mano se corrió hasta el descansillo
final en la parte trasera del último vagón, hasta donde me alzó con
una fuerza increíble. No pudo, sin embargo, hacerme entrar por
aquella puerta, que quizá dividía este mundo del otro, porque cada
vez que trataba de hacerlo yo sacaba la botella de vino, y ella
retrocedía como si algo la amenazara o estuviera acosada por el
fuego.
Recurrió entonces al antiguo y femenino recurso de desnudarse, y se
entregó a mí allí mismo con la pasión de una virgen. Era sin duda la
diablesa, porque nunca había sido como esa vez, ni volvió a serlo.
Aunque decir que se entregó no sería tampoco exacto, ya que, bajo la
apariencia de hacer lo que yo quería, ella dominaba todos los actos
con una destreza sin igual. Y al final, cuando ya casi me había
rendido a su  singular encanto, creí percibir el suspiro de la gran
diablesa, más peligroso que el canto de las sirenas, según me había
contado el curandero.
Su recuerdo benéfico me salvó del último esfuerzo de la Salamanca
por atraparme, porque los efluvios que manaban de ese suspiro eran
como garfios que sojuzgaban la voluntad. Y sabiendo que yo soy
bastante picaflor, como dicen aquí, el postrer recurso debió estar
basado, por fuerza, en el irresistible aunque aparente atractivo de
la hembra de satanás.
Al ver que yo me desasía de su abrazo y saltaba, a pesar de que el
tren ya corría a plena velocidad -siguiendo el recurso desesperado
que me había enseñado el curandero: "salta y cierra los ojos, así
te muestre un abismo o el propio infierno"-  ella  desistió de su
intento y se dispuso a ejercer su  venganza. Por algo era Lilit,
reina de los demonios...
Se arrancó las ropas y las máscaras para mostrarse tal cual era, y
pude ver sus escamas, la mirada del basilisco y la boca siempre
abierta de la gárgola, su desnudez de momia, el hocico incipiente y
la dudosa garra. El castigo no fue, como supuse entonces, imponerme
su fealdad ante toda mujer, sino, como lo supe mucho después,
exactamente lo contrario, su incomparable belleza anterior al
suspiro; de modo que todas me parecieran igualmente horribles e
indignas de ser amadas. Como se sabe, la mirada del basilisco ciega.
Yo quedé ciego por un tiempo para toda otra fémina, humana, celeste
o infernal.
Algo desempañó los vidrios de las ventanillas y alcancé a ver, desde
el suelo al borde de las vías, que por los pasillos corrían, como
antes, la diablilla gorda y el diablillo; pero envolviendo ahora los
cuerpos inmóviles de los pasajeros en serpentinas negras, a modo de
mortajas.
Volví al andén desierto, y la orquesta de los ciegos ya guardaba sus
instrumentos. Les pregunté como al pasar qué fiesta se había
celebrado.

-   ¿Cómo, no lo sabía?; la del santo patrono del Quebracho Herrado.
-    Soy forastero. ¿Y cómo se llama el santo?
-    San Ciprián – una velada mueca de burla deformaba sus rasgos
imperturbables.
Cuando atiné a decirles que no podía ser, que ese era el nombre de
un mago de Alejandría y no de un santo propiamente dicho, se
desvanecieron con la primera claridad del alba.
Al otro día, al subir al coche de reemplazo que habían enviado desde
Las Varillas, el aroma del café recién hecho casi me hizo olvidar la
ordalía anterior. Pero en la manera de observarnos, todavía de
reojo, descubrimos una cierta complicidad entre los viajeros. Según
una versión que también alcanzó a contarme  el curandero, los que
han logrado escapar de la Salamanca sin sucumbir a su influjo,
pueden formular un deseo.
Sin mucha convicción, no lo formulé en ese momento; sólo cuando me
di cuenta del castigo de la gran diablesa, después de resistirme al
influjo de unas fragantes chilenas, que compartían la mesa del coche
comedor, expresé el deseo de saber si era verdad lo que había
ocurido. O el conjuro tuvo efecto, o todo era producto de un sueño
sobre rieles en la estación del Quebracho Herrado. Cuando el tren ya
dejaba el andén vi, o creí ver, una cruz invertida entre las vías,
sobre los durmientes.


* de José Luis Najenson najenson@...




San Cristóbal, la ciudad en la que ya no se oye el silbato del tren
de trocha angosta*

Los viejos ritos forjaron una sólida identidad que hoy tiene destino
incierto.

VAGON DE RECUERDOS. El predio de los viejos talleres ferroviarios.
(Gentileza E. Giussani)

Fabio Abbá*

Esta es la historia de San Cristóbal, mi ciudad, a la que nunca voy
a dejar de querer y añorar a pesar de no vivir allí en este momento.
Sin ruborizarme y con mucho orgullo puedo decir que viví toda mi
infancia en el lugar más hermoso del mundo. Y ese desmedido término
no es por su belleza paisajística ni mucho menos. Hablo de San
Cristóbal, conocida como la Puerta del Norte Santafesino. Donde
deambular por sus calles a la siesta en pleno verano era casi
impensado. Donde cerrar los autos con llave o ponerles candado a las
bicicletas se reservaba para los que venían de visita de la gran
ciudad.
Donde el programa del sábado a la noche para las señoras mayores era
estar a la expectativa de algún casamiento o cumpleaños de quince
para ir a "espiar" el vestido de la agasajada.
Había ritos. Sentarse en la vereda sobre el sillón de tiritas, en lo
posible después de que pasara el regador, así se asentaba la tierra
de la calle. Ir al almacén con la libreta de tapa verde y el bolso
rejilla. Ir a la escuela en bici o caminando, boicoteando de por
vida los transportes escolares.
Armar la cancha en el baldío al que le prendíamos fuego así después
brotaba el pastito verde y parejo. Construir con precisión de
arquitecto una choza con cañaveral y hacer guardia para cuidarla.
Esperar en las vacaciones a aquel amigo/a, novio/a que venían de
visita a la casa de algún vecino. Mirar
el noticiero de Canal 13 Santa Fe para ver a las 12.45 el resumen
deportivo de Colón y Unión o estar pendientes de la transmisión del
torneo de verano desde Mar del Plata.
Una vez por año se vivía un clásico y no era futbolístico: Yasí Berá
y Mahebe eran las dos comparsas que dividían la ciudad y nos
llenaban de alegría el Carnaval. Para nosotros era como estar en Río
de Janeiro.
La fuente del progreso de mi querida ciudad fue el Ferrocarril
General Belgrano, el de trocha angosta, como decíamos siempre para
diferenciarlo de los otros. Todos teníamos a alguien de la familia
que trabajaba en "el ferro". Escuchar la sirena o pito que marcaba
la entrada y la salida del personal era parte de nuestras vidas. La
ciudad marchó al ritmo que generó esta fuente de trabajo que nos
enorgulleció durante tanto tiempo. Todavía tengo presente la cara de
mi tío del alma cuando me contó que se cerraba el ferrocarril. La
vida de él y la de muchos otros que tuvieron este como primer y
único trabajo, en gran parte, dejó de tener sentido. Las historias
que se sucedían, el compañerismo sin traiciones, el sentido de
pertenencia eran tan fuertes que el cierre le quitó vida a la
ciudad. En realidad, les arrancó un pedazo de su vida a todos los
que allí trabajaban. Se terminaron las bromas pesadas que alguien
siempre debía soportar. Y las olimpíadas deportivas que convocaban
más que cualquier otro evento, en las que cada sección se jugaba el
honor delante de toda la ciudad.
Hoy muchas cosas han cambiado. La ciudad se acomodó a otro ritmo de
vida. La TV por cable con 80 canales reemplazó a la única señal
repetidora que teníamos. El asfalto se empeña en poner en peligro de
extinción al camión regador. La proliferación de los remises atentó
contra la bici o las caminatas para ir de una punta a la otra de la
ciudad. Internet y la computadora sustituyeron la cancha del baldío
y la choza. La confitería para ir a bailar a la hora cero se
transformó en boliche para entrar a las 2.30.
A la palabra empeñada ahora hay que volcarla en papel y ante
escribano, por las dudas vio...
Del ferrocarril hoy quedan esos dos kilómetros de galpones sin vida,
atesorando en algun rincón el ruido de las máquinas y de los
obreros. Los durmientes de quebracho colorado son ahora víctimas de
algún hogar a leña, cuando deberían seguir soportando el rodar de
las toneladas del pata de fierro, como le decían al tren. Ese tren
que nos era tan familiar, ese que esperábamos hasta que pasara el
último vagón de madera color naranja furioso donde iba el guarda con
la banderita roja que nos saludaba. El que nos trajo tanto progreso
hoy pasa esporádicamente, tanto que a los chicos les resulta un
bicho raro. Ni que hablar si hubieran podido viajar en el coche
motor a Santa Fe: para nosotros era como volar a París en el
Concorde...

Pero... como no puedo ir en contra de mis sentimientos, mi lugar en
el mundo seguirá siendo San Cristóbal, la Puerta del Norte
Santafesino que creció gracias al ferrocarril y que hoy no lo tiene.
Y, como verán, nunca mencioné gracias a quién, no vale la pena tal
vez dedicarle un renglón a quien
hipotecó mi ciudad y mi país, fundamentalmente en honor a mi tío.
El, como tantos otros, hasta el último día de su vida se siguió
levantando a las cinco de la mañana esperando que volviera a sonar
el pito que lo llamara a trabajar.

* Nacido en San Cristóbal, envió este relato a Radio Mitre desde la
ciudad de Santa Fe, donde vive hoy. La historia se publicó en el
blog de Argentina Pueblo a Pueblo.

-Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/10/04/sociedad/s-03501.htm





Correo:

FIESTA DEL FERROCARRIL DE TROCHA ANGOSTA*

La Asociacion de Amigos del Ferrocarril General Belgrano, la
Municipalidad de San Andres de Giles, y
la Revista Todo Trenes, invitan a la Fiesta del Ferrocarril de
Trocha Angosta, que sea realizara el
proximo domingo 8 de octubre a las 11:00 horas en la Estacion
Espora, Partido de San Andres de Giles,
Provincia de Buenos Aires.
Aquellos que disfrutan de la vida de campo, tendremos asado criollo
y chancho asado con pelo, musiqueada criolla, carrera de sortijas, y
eventos destrezas criollas. Contaremos tambien con la exposicion de
material ferroviario, exposicion fotografica, charlas sobre los
ferrocarriles de trocha angosta en la Provincia de Buenos Aires, y
visitas guiadas por la estacion, entre otras sorpresas mas.
Quienes no dispongan de vehiculo para trasladarse a Espora,
ofrecemos un servicio de bus. El valor del
pasaje es de $ 30-. ida y vuelta, partiendo desde Puente Saavedra a
las 09:00 horas del domingo, y
retornando a las 17:00.
Para llegar a Espora, se debe tomar la Ruta Nacional N°7 hasta el
kilometro 114, a la altura del Paraje
Villa San Alberto. Alli tomar a la izquierda un camino consolidado
con tosca, de unos 9 kilometros
(señalizados), que desemboca en la estacion.
Recomendamos traer vasos y cubiertos.
Informes: (02324) 15-51-7300
(011) 15-5872-1328 (despues de las 17 horas)
www.amigosdelbelgrano.com.ar

Atentamente
Damian Dipasquale
Prensa - Asociacion de Amigos del FCGB  amigosdelfcgb@...


*Enviado para compartir por Alfredo Armando Aguirre.
choloar@...

Fratello Coiro: Cuando anoche encontre el mensaje y archivo que te
adjunto, me acorde de tu deliciosa
utopia en el Compañia General. Si ya lo conocias, bueno como decia
el General "Lo que abunda no daña" (Hoy dia hay que aclarar que El
General era Peron) :-)

Página personal: http://choloar.tripod.com/choloar.html
Mi Blog - Bitácora: http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/

*

  invitacion del centro Cultural estacion Provincial*


Mucho tiempo sin el Tren…
28 de Octubre 1961 - 2006
…a 45 años del cierre del Ferrocarril Provincial La Plata al
Meridiano Vº

Cultura – Identidad – Memoria

Charlas - Muestra fotográfica - Mate con historias – Teatro
Comunitario – Material de época
28 de octubre 16 hs.

Centro Cultural Estación Provincial – 71 y 17
www.estacionprovincial.com.ar
Patrimonio Barrial

Organizan: "Centro Cultural Estación Provincial" y Grupo de Teatro
Comunitario los "Okupas del Andén"

28 de octubre de 1961: se implementa en la Argentina el
denominado "Plan Larkin" que intentó imponer Frondizi mediante su
ministro de Economía Álvaro Alsogaray siendo el inicio del
desmantelamiento del sistema ferroviario Argentino.

El Ferrocarril Provincial se inauguró el 15 de marzo de 1912; la
provincia de Buenos Aires concibió una red ferroviaria de trocha
angosta cuya dimensión, si se hubiera concretado en su totalidad,
habría modificado sustancialmente el panorama ferroviario
bonaerense. La parte del ferrocarril que se construyó se llamó
Ferrocarril de La Plata al Meridiano V° o Ferrocarril Provincial de
Buenos Aires. A partir del puerto y ciudad de La Plata llegaba a
Mirapampa, en el límite provincial, pasando por Carlos Beguerie,
Saladillo Norte y Nueve de Julio, en cuyas inmediaciones cruzaba las
trazas de la CGBA y el Midland, para dirigirse a Pedro Gamen desde
donde un pequeño ramal alcanzaba Pehuajó. Desde La Plata otro ramal
llegaba a Avellaneda y desde Carlos Beguerie, típico ejemplo de
pueblo ferroviario hoy agonizante, los rieles llegaron a Azul,
Olavarría, Sierra Chica y Loma Negra. La razón esgrimida por el
gobierno provincial para la construcción del Ferrocarril Provincial
era integrar a vastas zonas hasta ese entonces incomunicadas por vía
férrea y, recorriendo regiones ya servidas por otros ferrocarriles,
abaratar los fletes con su presencia. Las opiniones sobre el
Provincial abarcan un amplio espectro, desde considerarlo
una "ambiciosa maniobra política" o "proyecto delirante", hasta
calificarlo como "audaz intento bonaerense para quebrar el rol
hegemónico de las empresas británicas". El tren funcionó
adecuadamente hasta 1961, cuando el "Plan Larkin" que implementó el
presidente Arturo Frondizi -a instancias de su ministro Álvaro
Alsogaray y de Thomas Larkin, general estadounidense enviado al país
como "asesor en Transporte" por el Banco Mundial- eliminó un tercio
de los ramales y despidió a 70 mil ferroviarios. Se realizó una
huelga de 42 días, que impidió implementar ese plan completo pero,
lamentablemente, el Ferrocarril Provincial fue cerrado en su ramal
más importante desde La Plata hasta Mirapampa.
Después, la dictadura militar inaugurada en 1976, asestó un golpe
decisivo contra los ferrocarriles nacionales echando a mucha gente y
reprimiendo a los obreros. El ramal La Plata - Avellaneda (lo único
que quedaba hasta ese momento en funciones) fue cerrado
definitivamente en 1977. Así se llega a 1991-1992 donde el
neoliberalismo menemista termina de cerrar los ferrocarriles que
quedaban, "ramal que para, ramal que cierra". Muchos pueblos fueron
quedando "fantasmas" a raíz de la desaparición de los ramales y
mucha gente perdió, no sólo su fuente laboral, sino un medio de
transporte esencial donde se implementaba el encuentro de la
comunidad. Para la Estación Provincial "del Meridiano Vº" de La
Plata se tejieron mil destinos posibles pero ninguno se concretó.
Solamente lo que se está concretando en este momento es el proyecto
de los vecinos que en 1998 se juntaron y, cansados de ver la
estación abandonada, crearon un centro cultural vecinal
denominado "Centro Cultural Estación Provincial". Este
emprendimiento es fruto del esfuerzo de ex ferroviarios y gente del
barrio que trabajan para darle vida a la vieja estación. En esta
gestión vecinal se crean lazos de solidaridad y encuentro para la
comunidad teniendo como ideal hacer de la estación un espacio donde
la cultura y el arte sean los motores del barrio y los estandartes
de los vecinos, renovando así el espíritu del lugar. Hoy se sigue
trabajando para que esos sueños se hagan realidad. Por todo esto es
que en esta fecha tan significativa para el barrio Meridiano V, los
vecinos decidimos organizar este evento desde el Centro Cultural
(buscamos fotos entre los habitantes más antiguos del barrio,
testimonios, etc.) y con el grupo de Teatro Comunitario que ensaya
en la Estación se decidió presentar la obra "Historias Anchas de
Trocha Angosta" que relata la historia del Ferrocarril Provincial.
¡Los esperamos! Más información: www.estacionprovincial.com.ar



Ejercicios de escritura

Para el 16 de octubre.

INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Próxima estación: J.R.R.Tolkien (ex 12 de agosto)

Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...

*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de
2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...

***

HASTA 15 de Octubre del 2006....


2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL "ESTRELLA ERRANTE"

BASES DEL CONCURSO:

- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
       a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
       b) Problemas ecológicos,
       c) Soluciones a problemas ecológicos.

- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías
digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500
KB, en formato jpg, bmp o gif.

- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado "pseudónimo+descripción" que contenga un
texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema
o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el
pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado "pseudónimo+datos" que contenga los datos del
concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal
y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).

- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.

- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural
Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (Abril/Junio/2007,
edición digital [www.euroyage.com] e impresa).

PREMIOS:

- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para
problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para
fotografía artística, además de la publicación en el Magazin
Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante".
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.

Envíos a: euroyage@...


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escritura.
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*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...




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#102 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 22 de Sep, 2006 12:42 pm
Asunto: LA VIDA ES ETERNA EN CINCO MINUTOS
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Te Recuerdo Amanda*



*Texto y música de Víctor Jara
Canción-vals

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontarte con él.
Con él, con él, con él, con él.
Son cinco minutos. La vida es eterna en cinco minutos.
Suena la sirena. De vuelta al trabajo
y tœ caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos te hacen florecer.
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él.
Con él, con él, con él, con él.
que partió a la sierra,
que nunca hizo daño. Que partió a la sierra,
y en cinco minutos quedó destrozado.
Suena la sirena, de vuelta al trabajo
muchos no volvieron, tampoco Manuel.
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

*FUENTE: http://www.publicaciones.scd.cl/amanda.htm



La vida es eterna en cinco minutos...


*
Un hombre humilde que tuvo el coraje de testimoniar en el juicio
contra el criminal Etchecolatz esta desaparecido desde el domingo.
Esta es una señal de terror para futuros testigos. Una nueva señal
de horror al país de víctimas. Abrazemos a la vida a Don Julio
Lopez, 77 años, de profesión albañil, que como dicen las crónicas
ofreció su voz de sobreviviente al silencio obligado de los muertos.

*Eduardo F. Coiro inventivasocial@...

(Los invito a escribir sobre el tema)




Sentirse Dios*

Nada mas  movilizador que la cabeza gacha del culpable que admite su
culpa y su deseo de enmienda veraz o fingida. Por eso también fue
movilizador , pero agraviante, el gesto de falsa humildad y
pobreza que esgrimió el ex comisario Etchecolatz frente al jurado
que debía dar su veredicto.
No fue necesario haber tenido algún familiar desaparecido, para que
las tripas se nos retorcieran
al escucharlo quitar autoridad a quienes lo juzgaban, con una
soberbia que sobrepasó todo límite. Su  cita a palabras de Borges
fueron una ironía, creo hasta de mal gusto, por alguien que se
siente a la altura de Dios.
Desconocer a los jueces como tales, sentirse un preso político,
rehén de la justicia  fueron los argumentos que esgrimió como fin,
antes de escuchar su condena.
Los jueces tuvieron la educación y paciencia de autorizar sus
palabras finales, que intentaron de
agraviar al máximo tribuna, ignorando su condición de reo, hasta que
tuvieron que  interrumpirlo: ya era
demasiado. ¿ El, tuvo la misma deferencia con quienes secuestraban
bajo sus  órdenes?. ¿Qué jueces los
juzgaron? ¿Qué abogado los defendió? ¿Quién ordenó que se los
torture? ¿Por qué sus familias no saben que pasó con la mayoría de
ellos?
Besar un crucifijo fue el colmo de la puesta teatral que puso en
escena desde un primer momento y nos
sentimos heridos los verdaderos cristianos.
  Todos cometemos errores, es bueno darse cuenta y tratar de
enmendarlos,  tuvo 30 años para hacerlo, no por eso dejaría de ser
culpable, pero pudo aliviar su conciencia  mostrando
arrepentimiento, dando consuelo a las familias que ya lo único que
quieren saber es donde poner una flor, dar información sobre los
bebes que fueron entregados ilegalmente a otras familias y que
todavía se siguen buscando. Mas prefirió dar rienda suelta a su
orgullo desmedido erigiéndose en Dios por su propio ego, que no le
servirá cuando se presente ante el otro Juez al que tanto aludió  en
su exposición.

*Mirta Alicia Gisondi mirtagisondi@...




Monstruos*

*Por Sandra Russo

Las palabras monstruo y mostrar tienen una raíz común. Hay algo en
el monstruo que exige ser visto, exhibido o imaginado. El monstruo
existe para que los demás sepan que existe. Aunque permanezca
oculto, la entidad del monstruo requiere ser completada por alguien
que le tema, por alguien que
huya de él, y que lo constituya. Para eso durante los '70 hubo
hombres como el ex comisario general Miguel Etchecolatz, cuyo solo
nombre, en la provincia de Buenos Aires, provocaba escalofríos.
La dictadura militar tuvo muchos asesinos, pero sólo algunos
verdaderos monstruos, que fueron fuente de inspiración para los
demás. Uno lo da por hecho, pero cabe la pregunta: ¿habrá sido tan
sencillo hacer emerger de las Fuerzas Armadas de entonces semejante
legión de secuestradores, torturadores
y asesinos? Una cosa es haber convencido a todos ellos de que las
organizaciones armadas de la época se habían propuesto "imponer un
régimen totalitario en el país, apoyados por otros estados como el
castrista", tal como afirmó ayer el abogado defensor de Etchecolatz,
Luis Boffi Carri Pérez.
Pero otra cosa muy distinta debe haber sido convencerlos, y con
bríos siniestros, de que era necesario meterles picana a los
prisioneros hasta desmayarlos o matarlos, aniquilar familias
enteras, secuestrar y robar niños, protagonizar esa obra maestra del
terror. El régimen necesitó a los monstruos para implantar en las
fuerzas de seguridad un modelo de militar sin escrúpulos ni
humanistas ni religiosos, hombres a los que no les temblaba el pulso
para picanear a mujeres embarazadas, para torturar a la
esposa delante del esposo o para fusilar prisioneros en fugas
fraguadas.
Hombres como Miguel Etchecolatz sirvieron para irradiar a su tropa
la luz invertida del mal absoluto. Fueron los líderes falaces de un
país que luchaba contra el incierto enemigo interno con el peor de
los terrorismos, el de Estado. Los monstruos ofrecieron a la
dictadura sus almas negras, en las que ellos y tantos otros fueron
capaces de almacenar el dolor ajeno, y cuanto más dolor, y cuanto
más crimen, más épicas parecían sus leyendas.
Etchecolatz sigue sosteniendo que en la Argentina no hubo campos
clandestinos de
detenidos-desaparecidos, y que lo que hubo fueron campos
ocultos, "como en toda guerra".
Los monstruos siempre están esperando el momento de demostrar que
son monstruos, porque en el fondo están orgullosos de serlo. Y por
eso son monstruosos.

*FUENTE: PÁGINA/ 12. 20-09-2006
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-23769-2006-09-
20.html




Viernes, 22 de Septiembre de 2006
MARCHA EN LA PLATA EN RECLAMO DE LA APARICION CON VIDA DE JULIO LOPEZ

El testigo que sigue desaparecido*

El gobierno bonaerense elevó la recompensa a 200 mil pesos para
conseguir datos del albañil que fue víctima del represor Miguel
Etchecolatz. El ministro del Interior recibiría a los familiares.

Jorge Julio López, al testificar en el juicio a Etchecolatz.
Imagen: DyN


*Por Adriana Meyer

Cada minuto que pasa, crece la inquietud por la desaparición de
Jorge Julio López, uno de los testigos clave en el juicio que
terminó con la condena a reclusión perpetua contra el represor
Miguel Etchecolatz. La senadora Cristina Fernández de Kirchner se
comunicó desde los Estados Unidos con el ministro de Seguridad
provincial, León Arslanian, para interiorizarse sobre la búsqueda de
este ex albañil de 77 años que fue visto por última vez el domingo a
la noche. Esa cartera había ofrecido una recompensa de 50 mil pesos
por información sobre López pero ayer, mediante un decreto del
gobernador Felipe Solá, esa cifra fue elevada a 200 mil. Los
familiares de este hombre –que identificó a Etchecolatz como su
verdugo– y los integrantes de la agrupación Justicia Ya serían
recibidos hoy por el ministro del Interior, Aníbal Fernández. La
Secretaría de Derechos Humanos provincial, organizaciones sociales y
organismos de derechos humanos convocaron para una marcha en La
Plata "por la aparición con vida de Julio López y el Juicio y
Castigo a los culpables".
Un amplio arco político, gremial, social y de derechos humanos se
sumó a la inquietud y ansiedad de los familiares de este testigo
fundamental en el reciente juicio. Habría una sola marcha que
unificaría a funcionarios con militantes y los oradores serán Nilda
Eloy –sobreviviente de los campos de exterminio, y también testigo
del proceso contra Etchecolatz– y María Isabel "Chicha" Mariani. La
concentración se realizará a partir de las 17 en la Plaza Moreno,
frente al edificio donde se realizó el juicio en el que se condenó a
Etchecolatz a reclusión perpetua. La columna, de la que participará
el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se movilizará
luego hasta Plaza San Martín bajo la consigna "Defendamos la
democracia", explicaron.
Fuentes de la Secretaría de Derechos Humanos provincial precisaron
que, el sábado, Eloy recibió amenazas telefónicas, cuando le
hicieron escuchar una grabación con sonidos de torturas. El
secretario Edgardo Binstock opinó ante Página/12 que "si algo le
sucedió a López sería un hecho contra toda la política de derechos
humanos provincial y nacional, contra los juicios y contra todos los
organismos". Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo, APDH,
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas,
H.I.J.O.S., Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora y Serpaj
enviaron una carta al ministro del Interior, Aníbal Fernández, en la
que expresaron que "cualquier desaparición es preocupante, pero en
este caso reviste particular gravedad por lo fundamental de su
testimonio en la condena de un represor, lo que lleva a suponer un
acto de venganza que puede conllevar la muerte o la desaparición
forzada", tras lo cual exigieron una "inmediata y exhaustiva
investigación".
Aníbal Fernández aseguró ayer que el Gobierno no descarta "ninguna
hipótesis" y afirmó que "hay elementos con los que contamos que son
demasiado importantes como para hacerlos públicos", sin dar mayores
precisiones al respecto. Mientras la investigación del juez Arnaldo
Corazza en base al habeas corpus presentado por los familiares no ha
dado ninguna pista, tanto Arslanian como Fernández se negaron a
aplicar la palabra "desaparecido en democracia" hasta tanto "no
tengamos certezas sobre las circunstancias en que se produce esta
desaparición".
Si bien Arslanian detalló que "se trata de una persona que no ha
vuelto a su casa", los familiares aclararon que su cama estaba como
si la hubiera usado y un inventario de su ropa indicaría que
desapareció con vestimenta de entrecasa. Según expresaron, "no salió
por las suyas", aunque admiten que "la cerradura (de la vivienda) no
fue forzada. La aparición de un cadáver calcinado en Camino Negro
los había conmocionado y, aunque se descartó que fuera López, su
abogada Guadalupe Godoy expresó a este diario: "Ahí tiraba los
cuerpos la Triple A, es un hecho simbólico y amenazador; cuando nos
enteramos, entendimos el mensaje".

*FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-73406-2006-09-22.html




Las Abuelas recuperaron al nieto número 85*

Marcos Suárez, de 31 años, que había sido secuestrado cuando era un
bebé de casi un año y lo llevaba en brazos su padre, Hugo Alberto
Suárez, quien continúa desaparecido, al igual que su esposa, María
Rosa Vedoya, se convirtió ayer en el nieto número 85 recuperado por
las Abuelas de Plaza de Mayo.
Hasta hoy no está claro cómo en 1976 ese bebé llegó a manos de una
enfermera que lo anotó como propio y lo crió hasta que murió, cuando
él tenía 14 años. Luego quedó a cargo de una hermana de esta mujer,
a la que consideraba su tía. Más tarde, Marcos —hoy casado y padre
de dos hijos de 8 y 9 años— quiso reconstruir la historia de su
padre.
Un psicólogo que lo atendió le preguntó si, frente a la ausencia del
padre, la falta de fotos suyas de recién nacido y hasta su supuesto
nacimiento en una casa —aun cuando su presunta madre trabajaba en un
centro de salud— le gustaría hacerse un ADN para ver si podía estar
relacionado con algún desaparecido.
"Vino a buscar un padre y se terminó topando con su propia historia.
El 22 de junio se hizo los exámenes en el Banco Nacional de Datos
Genéticos del Hospital Durand y el 12 de setiembre pasado le dieron
los resultados que confirmaban su filiación con Hugo Suárez y María
Rosa Vedoya", dijo Estela de Carlotto al hacer ese anuncio.
Curiosamente, la foto en que se reconoció había aparecido el 22 de
junio en la telenovela "Montecristo", donde se difunden distintas
imágenes de los nietos buscados por las Abuelas.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/09/22/elpais/p-01002.htm


*

Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 24 de septiembre del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música del compositor argentino Carmelo Saitta.
Las poesías que leeremos pertenecen a Saturnino Rodríguez Riverón
(Cuba) y la música de fondo será de Indoamérica (Andes); todo ésto
en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y
alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

*
Ejercicios de escritura
Para el 28 de septiembre...

  La edad de la justificación*

  Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como
20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron
muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de
cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo
encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de sus respectivos hijos,
son 3 los de él,  y 2 los míos, y esto generó un clima de dicha
mientras recorríamos las gondolas. Luego volvímos caminando un par
de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya
entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de
nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y
pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis
afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía
falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y
me sorprendo tratando de justificarme...

-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...

¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de
septiembre?


*propuestas de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...


En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para
acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra
desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.

Condiciones para las invitaciones a escribir:

Puede participar quien guste con escritos en idioma españo breves -
alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas,
ensayos, cuentos, poemas o prosas.
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...


Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de
2000 caracteres).

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#101 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 5 de Sep, 2006 2:22 am
Asunto: EDICIÓN SEPTIEMBRE
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Edición SEPTIEMBRE 2006
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Elegir mi paisaje*
   
Si pudiera elegir mi paisaje  
de cosas memorables, mi paisaje  
de otoño desolado,  
elegiría, robaría esta calle  
que es anterior a mí y a todos.   
   
   Ella devuelve mi mirada inservible,  
la de hace apenas quince o veinte años  
cuando la casa verde envenenaba el cielo.  
Por eso es cruel dejarla recién atardecida  
con tantos balcones como nidos a solas  
y tantos pasos como nunca esperados.   
   
   Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,  
los espías aleves de la soledad,  
las piernas de mujer que arrastran a mis ojos  
lejos de la ecuación dedos incógnitas.  
  
Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,  
hojas secas, bocinas y nombres desolados,  
nubes que van creciendo en mi ventana  
mientras la humedad trae lamentos y moscas.  
  
Sin embargo existe también el pasado  
con sus súbitas rosas y modestos escándalos  
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera  
y su insignificante comezón de recuerdos.  
  
Ah si pudiera elegir mi paisaje  
elegiría, robaría esta calle,  
esta calle recién atardecida  
en la que encarnizadamente revivo  
y de la que sé con estricta nostalgia  
el número y el nombre de sus setenta árboles.  

*de Mario Benedetti.
 
 
 
*
                                                  
                                                    " El problema consiste en
                                                                   perseguir las sombras / o a
                                                                   resignarse a ser el perseguido"
                                                                              Hamlet Lima Quintana

                                  
PREGUNTA

Transito calles de una ciudad desconocida
mi voz se desdobla,
                           -llantos  rezos  lamentos-
mi mirada astuta se esconde detrás de la lluvia
                           (a destiempo)

encadenadas gotas auguran espacio y tiempo
viene el sueño
                  cambia la historia
                             toca la tierra
                                      trae sonidos de metales

la embustera pregunta
                                      ¿dónde está mi sombra?

apremia con osadía la respuesta
                                      -apagando el luto de la noche-


*de Alicia Rey 
laberintosmagicos@...
 
 
 
 
 
 
CHATARRA Y TORMENTA* 
 
Una mañana de sol, con el permiso de casa, como tantas veces que podíamos; salíamos  con mi hermanito alejándonos un par de cuadras, hasta la vía, o a veces un poco más. Mi compañero tenía entonces sólo unos tres a cuatro años, yo mayor, estaría cerca de los nueve. Esta vez salimos de las calles del pueblo, y pasamos las ultimas casas y quintas, la de los pinos, la de las grevileas, la cañada del bajo con el puentecito, subir la loma, seguir por el camino vecinal, entre las chacras de la colonia, luminosas en su verdor amarillento.-
Avanzábamos paseando, embriagados de sol, de color y de cielo, sintiendo el aire todo nuestro como si voláramos en él. Todo nos atrapaba: ese árbol, aquella casa arriba en la lomada, su molino con las aspas rotas,  las enredaderas de los alambrados, de flores azuladas, como la pasionaria, que nos enternecía con sus símbolos. Otras tenían pequeños frutos. Algún nido de avispas. El sobrevuelo rasante de los teros que nos acompañaban protestando, pasando una y otra vez, molestos por nuestra indiferencia a sus amenazas porfiadas; o los chistidos de las lechuzas, posadas sobre algunos postes, ora inmóviles, ora girando la cabeza , que a mí me parecía sin tope alguno.-
 Era capaz de jurar que podían girarla sin límites, todas las vueltas que quisieran, para un lado o para el otro, aunque sabía que en el fondo no era así.-
Esa idea absurda se me había dado también cuando era muy pequeñito, y vi., creo que por primera vez de cerca; un avión posado en tierra. Terminada la segunda guerra mundial, pululaban aviones civiles y militares, excedentes de guerra. Papá nos llevó un domingo a un campo cercano al pueblo, donde una docena de aeroplanos hacían demostraciones y vuelos de bautismo. Al verlos me llamaron la atención las hélices, que básicamente tienen chanfleadas las palas, y yo juraría que eran como enroscadas varias vueltas sobre sí mismas. Así las grabé en mi memoria, y como el giro de las cabezas de las lechuzas y los búhos, por más que entienda que no es así, no puedo borrar del todo aquella impresión.-
Tras la prolongada cuesta, doblamos por otra calle vecinal, siempre rodeados por sembrados de maizales y girasoles, o pequeñas pasturas. Todas las chacras eran pequeñas. Casi semejaban en su conjunto, un desmesurado y pintoresco jardín.-
Nos detuvimos al fin, en un terreno de no más de una cuadra, una reserva de lo que en tiempos bastante lejanos habría sido un monte tupido y seguramente extenso, y  se conservaron allí algunas plantas muy grandes de quebrachos, algún algarrobo, aromos, chañares, un gigantesco ombú, y otros ejemplares, entre cardos de gruesas pencas espinosas y sus altas varas florecidas, tunas de varias clases, aún más espinosas; aromitos y arbustos, con un par de charcos de las últimas lluvias; con sapitos, ranas, lagartijas, como así mariposas de todos colores revoloteando, y muchas especies de pájaros con sus nidos, que llenaban el aire con sus vuelos y sus trinos.-
Un paraíso verde y melodioso.-
Absortos, no advertíamos el paso del tiempo.-
Un trueno lejano nos sorprendió, el cielo se había encapotado parcialmente y el sol ya no brillaba sobre nosotros, mientras una brisa del sur se levantaba refrescando  suavemente.-
Volvimos sobre nuestros pasos y detrás del pequeño monte, pudimos ver hacia el poniente, que el cielo se había puesto de un azul profundo y amenazante, con nubes grises formando franjas de crestas blancuzcas. Algunas aves, mucho más cercanas, se recortaban volando enmarcadas por la tormenta inminente. De cuando en cuando el relámpago de un rayo caía recto al suelo, como un chicotazo de luz; y seguía el retumbo profundo  de un trueno, cada vez más cercanos.-
Corrimos un buen trecho. Cuando llegamos al cruce del camino, con el corazón acelerado por el esfuerzo y latiendo más aún por la amenaza del mal tiempo, y cómo no dábamos ya para seguir corriendo; nos resignamos a caminar, pese a que  sentíamos  los truenos y refucilos cada vez más cerca, y conscientes de cuán lejos estábamos de casa todavía.-
Escuché el motor de un vehículo que venía por el camino, detrás y en nuestra dirección, levantando una ligera nube de polvo. Nos apartamos cediéndole paso, pero cuando llegaba a nosotros, fue mermando la marcha y se detuvo. Era un pequeño camión verde, “Internacional” de 1928. Sabíamos casi todas las marcas y modelos de vehículos que circulaban nuestros caminos de entonces, y este me era familiar.-
El conductor abrió la pequeña puerta de la derecha y nos invitó a subir, cortés y sonriente. Se lo veía amable y buena persona.-
Apenas reanudamos la marcha, un relámpago nos cegó y el estampido de un trueno estalló al unísono, lo que indicaba que había caído cerca; luego otro a la izquierda, y otro más a la derecha, junto a las primeras gotas de un fuerte chaparrón. Me indicó que cerrara la ventada, bajando la  cortina que estaba enrollada en el mismo marco, y  asegurando los broches del cierre; nos resguardamos del aguacero que ahora se estaba desplomando con toda intensidad.-
Mientras el camioncito indiferente marchaba poco más que al paso, con su rumoroso traqueteo, bajo la lluvia, hacia la bajada del puente; nos preguntaba quienes éramos, y nos contó que conocía bien a papá y que él se dedicaba a comprar chatarra, o más precisamente piezas de maquinarias y herramientas en desuso, para su modesto desarmadero; por eso recorría la colonia y andaba regularmente por esos caminos, todos de tierra y por lo general bastante polvorientos.-
Dejamos atrás las primeras casas, y al entrar al pueblo, la lluvia había mermado al punto, que sólo caían gotas espaciadas. De allí en adelante el agua no había siquiera apagado al polvo de las calles…
-Déjenos aquí, en esta esquina…, a media cuadra vivimos nosotros…-
Asintiendo mermó la marcha y yo le agradecí la “gauchada” y antes de bajarme enrollé la cortinita, mientras iba abriendo la puerta y pisé el estribo, antes de saludarlo y reclamarle a mi hermanito que me siguiera. Del estribo me bajé a tierra sin mayor cuidado…
Pero el camión, con muy poco o nada de frenos, no se había detenido del todo; por lo que sentí el piso escapárseme violentamente hacia atrás y me encontré con la cara dando violentamente contra el piso de la calle polvorienta…
Alcancé a ver a mi pequeño hermano parado en la puerta, esperando que el camión parara del todo para bajarse. Aturdido sentí la rueda de atrás rozarme la cabeza y detenerse algunos metros más adelante, mientras yo en el suelo terminaba de revolcarme por la caída…
Me levanté de un salto movido por un súbito sentido de orgullo lastimado, o directamente por vergüenza a que me viera la gente, que había afuera de un comercio cercano, y me apresuré a sacudirme disimuladamente la tierra que tenía encima, mientras mi compañerito bajaba serenamente del estribo…
Al conductor debe haberle extrañado cómo desaparecí tan abruptamente de su campo visual, pero creo que no sospechó siquiera de mi bochornoso descenso; porque puso nuevamente su camión en marcha, y se alejó tranquilamente…
Con su ronroneante traqueteo, poco más que al paso…
 
 
 
 
ESCARCHA DE LUNA*
 
“Mientras avanzábamos raudamente, veía que el campo giraba como un enorme disco iluminado bajo la luna llena, plateado por la escarcha…”
 
Mamá me entregó un bolso con la ropa y otras cosas y me acompañó hasta el portoncito batiente de la entrada.-
El portillo estaba flanqueado por los dos altos y lozanos cipreses, que semejaban un poco, a dos verdes, gigantescas, y estilizadas espigas; que montaban guardia permanente, vigilantes y quietos, rodeados por un florido conjunto de  plantas y plantitas del jardincito del frente. En él resaltaban profusas las enhiestas y copetudas crestas de gallo, de flores verrugosas y aterciopeladas de un furioso color carmín.-
El camión azul deslucido de mi tío estaba en marcha y él aguardaba en el volante a que el motor se calentara. Yo le di un beso a mamá y corrí dando un rodeo para subir por el otro lado.-
Se terminaba la tarde y comenzó a refrescar de golpe.-
El sol, como un disco gigante color naranja pálido, bajaba sobre la quinta de naranjos que daba al oeste, y el cielo se había pintado del granate al rojo intenso; mientras algunas pequeñas nubes amarillentas y oscurecidas se recortaban con ribetes iridiscentes, como ovejas deformes pastando en un campo en llamas.-
-Mañana va a helar- dijo mamá, despidiéndose, mientras nos poníamos en marcha.-
Me sentí en la gloria. Un vaho tibio se respiraba dentro de la cabina, emanado por el motor; tenía aromas de aceites cálidos y tan tenues que eran como un perfume metálico, agradable y reconfortante.- Además, iniciar este viaje con mi tío era para mí un sueño.-
Cruzamos el pueblo, el puente y la ciudad vecina, ambas aún con calles de tierra, y salimos a la ruta, también de tierra.-
 Enseguida cayó la noche y la oscuridad fue cercándonos. Los faros del camión iluminaban temblorosamente una porción no muy grande delante y un poco a los costados del camino, bañando escasamente de amarillo una pequeña mancha dentro de la inmensa noche cerrada.-
Mientras, el ronroneo del motor iba quedando atrás con el camino recorrido; dejando a su paso un eco debilitado que rebotaba en los costados irregulares y nos iba persiguiendo junto con la noche.-
Pese a la dicha que sentía, me fui durmiendo sin darme cuenta, acunado por el  vibrar suave y parejo, y el regular sonido de la marcha que nos envolvía…
Hicimos así la mitad del camino.-
Me desperté al sentir que el camión disminuía la velocidad hasta casi detenerse y el traqueteo de las ruedas sobre los rieles al cruzar las vías del tren. Un poco más allá mi tío se estacionó ante una casa o un tipo de negocio que daba a la calle. Luego vi que tenía un alero pequeño que sobresalía sobre un surtidor de nafta, de los de aquella vez, altos, con un remate redondo como un caramelo, o una almeja, y una gran palanca con la que bombeaban el combustible.-
Por la puerta abierta y por la ventana salía una larga porción de luz que daba un farol muy potente que se conocía como “sol de noche”; y blanca y luminosa cruzaba la calle y alumbraba la garita del guardabarreras del ferrocarril cerca de la vía. Sentí voces, y vi pasar gente en la ventana, e incluso algún  chico jugando, quizás más adentro.-
Mientras esperaba a mi tío, y terminaba de despertarme, pensaba en esa casa y en esa gente, que en verdad no conocía, ni conocía el lugar, y en realidad tampoco sabía mucho sobre en qué parte del camino estábamos, y hasta pensé que, tal vez habríamos llegado.-
¿Cómo sería la casa de mi tío? A mis escasos nueve años era la primera vez que iba. Cada tanto mis primos venían a casa, ya que el negocio se proveía con estos viajes que eran frecuentes, y este coincidió justo con la feria escolar de invierno, así yo al fin puede colarme.-
Mi tío volvió y el motor ronroneó de nuevo…
Ahí fue cuando me informé que estábamos a mitad de camino, de modo que enseguida reanudamos la marcha.-
De cuando en cuando él encendía un cigarrillo, lo ponía en la boquilla y fumaba quedamente. Las caprichosas espiras de humo azul, como danzantes arabescos, alcanzaban a cautivarme antes de desvanecerse en el interior de la cabina. Cuando terminaba de consumir el cigarrillo, solía mantener la boquilla vacía largo rato entre los labios, y así la sostenía, incorporada y firme, casi todo el tiempo.- Decía que era un buen truco para fumar menos.-
 Yo lo veía recortado contra la penumbra exterior, junto con el resto oscuro de la cabina, donde apenas brillaba tenuemente una pequeña luz en el tablero, casi espartano, propio de los modelos de entonces, de antes de mediados de siglo. Lo veía pensativo y al mismo tiempo tan sereno, que me cohibía molestarlo o interrumpirlo en sus cavilaciones; hasta que él mismo vio que yo estaba despierto y abrió el fuego con una gran sonrisa, y con un gesto cariñoso soltó el volante y con la mano derecha me revolvió el cabello…
Charlamos larga y despaciosamente, mientras el camión devoraba raudamente buenos tramos del camino.-
En realidad hacía apenas cuatro años que se habían asentado en aquella colonia casi virgen, de grandes campos, montes y bañados. También otros colonos habían hecho lo mismo por aquel entonces y se formó una población considerable, además les estaba yendo bastante bien a todos, así que mi tío estaba agrandando sus negocios, y aparte de vender y fletear mercaderías y comestibles, vendía insumos para el campo y estaba iniciando el acopio de cereales y ahora también algodón que estaban comenzando a sembrar como una novedad en aquella latitud agrícola.-
Por largos ratos quedábamos en silencio, ensimismados  cada uno en sus cosas. Yo mismo trataba de imaginarme cómo sería todo lo que me esperaba, lo que aún no conocía, e iba quedando cada vez más cerca.-
 De reojo veía que mi tío de cuando en cuando tarareaba una canción en voz tan baja que casi no estaba seguro que estuviera cantando.-
 Además la soledad de tremendos contornos me intimidaba por momentos. Ahora cruzábamos cerrados e interminables montes que reconocía a nuestros costados y escondidos arroyos que se reflejaban entre la negrura, y la luz de una luna que nacía frente a nosotros.-
Pero tenía mucha confianza en él, mi tío era también mi padrino y lo veía como a un héroe, un verdadero paladín.- Lo que no estaba al alcance de mi padre, él lo haría accesible, sin dudas, porque sabía que me quería bien.-
Mi padre y él tuvieron suertes diferentes. Mi padre vino de Italia de niño y la vida lo trató muy duro.- Desde pequeño tuvo que trabajar como único sostén, ya que quedaron huérfanos de padre recién llegados de Europa, y apenas nacidos los hermanitos más chicos. Mi tío era el más joven y accedió a todo más fácilmente, un poco quizás por ser el menor.-
Estábamos llegando. Doblamos el último tramo. Se había alzado la luna, grande y ovalada. La teníamos ahora a la derecha y me permitía ver los grandes campos que pasaban corriendo, más fuerte acá cerca, y los grupos de árboles y casas más lejanas apenas se iban moviendo. Parecía que todo girara como en un plato gigantesco, teniendo como eje la luna, mientras bañaba todo con su luz pálida y platinada.-
La casa se me apareció entre una extensa arboleda de variados tamaños, negra a trasluz, donde se recortaban altas grevileas y pinos; y los techos metálicos se reflejaron fríos y blanquecinos por la escarcha recién caída y la luz de la luna.-
Lo demás estaba en tinieblas, pero enseguida hubo linternas y luz en la cocina, y un par de perros alegres que aullaron y corrieron atropelladamente a saludarnos, antes aún que los demás de la casa.-
Así llegué aquella primera vez a aquel lugar, que tanto significaría para mi de ahí en más, especialmente en el transcurso de mi niñez.-  

 
*Relatos de Celso H. Agretti. celsoagr@...
Avellaneda (Santa Fe).
-Publicado en "Los días felices". Edición de autor.
 
 
 
 
Rostro de vos*
 
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
 
 
*de Mario Benedetti.

 
 
 
DOS Y EL UNIVERSO*

     Llegamos al recital una hora antes de que comience para ubicarnos justo frente al escenario, detrás de las vallas. Estaba programado para el día anterior pero llovió y se trasladó al sábado.
     Fuimos caminando los cuatro, y Guillermo y el Coiro estaban silenciosos como siempre, mientras Rodolfo y yo parloteábamos y nos chocábamos por las veredas angostas. Había que remolcarlo al Coiro, que se demoraba con su andar sin apuro y la mirada celeste que se le va prendiendo a las flores
rosadas de los lapachos o los antiguos mascarones de mampostería en las fachadas de las casas, cruzadas por cicatrices de rajaduras o cables inclementes.
     Había un humo blanco que danzaba sobre la avenida todavía casi desierta. Los puestos de choripanes y hamburguesas tenían el carbón encendido, y la carne comenzaba a ofrecerse tentadoramente con su propio reclamo. Una vendedora nos dijo mientras pasábamos que sus choripanes eran muy buenos, y que tenía lechuga y tomate.
     Ocupamos nuestros puestos, y Rodolfo se fue a comprar hamburguesa para él, choripán para Guillermo. Rodolfo fue a la esquina por donde no habíamos llegado, él busca lo nuevo, tiene la curiosidad de quien se arriesga osadamente a las esquinas desconocidas y los vendedores ignotos. El Coiro
salió también con el encargo de que "el mío con chimichurri", pero, como no podía ser de otra manera, desandó el camino recorrido y fue al puesto de la vendedora que nos había hablado con simpatía. El Coiro es de los que van al mismo peluquero que le cortaba los rizos infantiles, concurre al mismo bar
donde los clientes lo ignoran satisfactoriamente durante décadas, y les compra  naranjas a los verduleros con carrito de mano y balanza de pesas; busca la calidez de lo conocido y lo estable, acaso se inclina desde siempre hacia cierta vejez de sol en el patio, cierto cariño generalizado por los seres y las cosas.
     Charló el Coiro con la mujer, que le dijo que ella había criado cuatro hijos con sus choripanes, mire qué buenos serán y qué oficio tengo. Si, el Coiro es de los que hablan con los dependientes aburridos y le hace algún chiste incomprensible a las promotoras de los supermercados, que sonríen sin entender porque les pagan para estirar los labios cada tanto y fingir una simpatía que se les acabó antes de salir de sus casas.
     Comimos nuestros sándwiches medio crudos; los puestos estaban ubicados en el sector donde después se congregarían los oyentes, los cocineros ambulantes tenían miedo de que la policía los hiciese mover hacia los lados, y sacaban la carne de las parrillas lo más rápido que podían.
     Hacía frío pero no demasiado todavía. Nos habíamos abrigado, charlamos un poco mientras esperábamos la hora anterior al comienzo anunciado, y la media hora de retraso suplementario y obligatorio en los espectáculos de la Argentina, país sin horarios.
     Hablábamos entre nosotros cuando me vino a saludar Perla con su pareja, Cacho. Un ratito hicimos intercambio de frases sin sorpresa. Era un saludo y presentaciones, nada más. Cuando se alejaron entre la gente que ya empezaba a ocupar la avenida les dije que esa era la Perla de la que ya les había
hablado; mi compañera de trabajo de más de cincuenta años, que hace un año, a las siete de la mañana me había dicho "conocí al hombre de mi vida, soy feliz". Así, con una frase de ocho palabras me había calentado la emoción hasta los ojos llorosos. Conocí al hombre de mi vida, soy feliz. Nada más que eso, nada más que un rayo de luz iluminando un universo frío y dejándome una felicidad gratuita y plena que me embarga cada vez que lo recuerdo.
     Después de los presentadores comenzaron los músicos. El Chango Spasiuk un polaco rubio y solemne, acordeón y una música estilizada con aires de chamamé y polka, los temas arrancando sapukais del público donde los estudiantes correntinos elevaban las agudas banderas sonoras. Corrientes te va a ayudar, Corrientes mi país, mi pueblo, mi alma de tabacales y yerba mate. Corrientes tan paraguayo, tan nación propia y tan sentimiento vivo en esta Argentina de inmigrantes sin pertenencia. El chamamé estremecía las gargantas de los correntinos que dibujaban su bandera sonora, reconocible y clara. Y el Chango tan serio en el escenario, tan virtuoso en una tormenta de sapukais vibrantes como relámpagos cegadores. Terminó con el verano porteño de Piazzola y estaba bien, aplausos y ovación.
     Después Vitale y las matemáticas. Alguna felicidad que se esconde entre el sonido puro de la perfección.
     Ya hacía frío. El Coiro me mantenía abrigada con el abrazo, la más cálida de las mantas, la que presta calor hacia los adentros y cada tanto florece en besos.
     Cantó la hermana de Lito Vitale algunos temas, mientras el viento barría la cabeza de la multitud. La policía se había llevado ya al borracho que gritaba con la voz bronca palabras ininteligibles, y la gente escuchaba en silencio. Sólo los niños hacían algún ruido de patio de juegos, entreteniéndose entre ellos al costado del escenario. Guardería ocasional de pequeños que vaya a saber qué recuerdo habrán atrapado en la noche, y qué sones habrán guardado para la lejanía del tiempo.
     El Coiro me prestaba su calor y su mano acariciaba mi mano, en la dulzura de un espacio propio. La noche arreciaba como la música.
     Cuando apareció Baglietto trajo su propia luz. Apareció realmente.
Salió al escenario con esa sonrisa encendida de faro, de linterna. Cantaba con la energía intacta, los gestos del gozo, la voz dulce y dura, aguda en las cimas, tranquila y confidencial en los remansos.
     Fuimos felices todos coreando los antiguos estribillos, las canciones de nuestra juventud, aquellas palabras que aparecen cuando una las necesita, la vida que cabe en una frase y esas notas que son necesariamente compañeras. Y Baglietto sonriente, sonriente. Y el abrazo que no cesaba, y unos cuantos saltos y sufrir en el último tema, y celebrar la comedia de voy y vuelvo a salir. ¡Otra! ¡Otra! Pero se van, y sabe a poco, aunque hace tres horas que estamos parados en la calle.
     Nos vamos y estamos felices. Conservo la sensación de la música en la garganta, los oídos, el abrazo.
     Cuando nos despedimos de Rodolfo y Guillermo, el Coiro me dijo: "qué lástima esta sociedad, ellos no se pudieron abrazar".
Hace frío afuera, sabemos que antes de dormir, Rodolfo lo abrazará a Guillermo y pensará
"somos nosotros dos y el universo".
                                                            
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
El sexo de los ángeles*

*Mario Benedetti

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Angel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Angela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Angel dice: "Madero". Y Angela: "Caverna".
Aletean por ahí un Angel de la Guarda, misógino y silente, y un Angel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
El dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Angel dice: "Estoque", y Angela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
*Fuente: Sololiteratura.com

 
 
 
Ejercicios de escritura
 
 
Para el 8 de septiembre
 
 
Viaje a las estrellas /Star Trek*
 
El 8 de septiembre serán 40 años del estreno de la serie original de "Viaje a las estrellas".
¿Dónde estarán el Capitán James T. Kirk, Spock el Oficial Científico, Leonard McCoy Medico, la Teniente Uhura, Scott el Jefe de Ingenieros? ¿Cómo era nuestra vida?
 Demasiadas preguntas sin relato.
¡Súbenos ya mismo "Scotty"
 
Para más datos puede recurrirse a la información de Wikipedia.
 
Aclaración importante: también vale escribir sobre otras series "futuristas" como Max Headroom, Fuga en el siglo XXIII, etc, etc.
 
¿Se animan a escribir unas líneas en narrativa para el 8 de septiembre?
 
 
 
Para el 14 de septiembre
 
Palabras a Mario Benedetti*
 
Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920. Cumple 86 años.
¿Por qué será que uno fabrica sus recuerdos/ y luego los olvida?
Leo en la contratapa de uno de sus libros.
¿Dónde están nuestros recuerdos personales cruzados con sus poemas y novelas?
¿Qué podemos decir de su poesía?
 
¿Se animan a escribir ensayos, cuentos, poemas o prosas para el 14 de septiembre?
 
 
 
Para el 21 de septiembre
 
De otoño a primavera...
 
El 21 de septiembre el otoño y la primavera se cruzan en los calendarios de norte a sur.
Mi padre migro en primavera y se borro para siempre un verano de su vida. Muchos abuelos que viajaban a trabajar en las cosechas cambiaban de estación arriba de los barcos.
¿Podemos unir, abrazar con palabras nuestras sensaciones de otoño a primavera en este día?
 
¿Se animan a escribir unas palabras (crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas), para el 21 de septiembre?
 
 
Para el 28 de septiembre...
 
 La edad de la justificación*
 
 Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como 20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de sus respectivos hijos, son 3 los de él,  y 2 los míos. Esto genera un breve clima de dicha mientras recorríamos las gondolas. Cuando salimos, volvímos caminando un par de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y me sorprendo tratando de justificarme...
 
-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...
 
¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de septiembre?
 
 
*propuestas de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.
 
Condiciones para las invitaciones a escribir:
 
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas.
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
 
 
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@...
 
 
 
Respuesta a preguntas frecuentes

 
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.


Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

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Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura

¿ Otras preguntas o consultas? escribi a
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Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
 
Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
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#100 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 8 de Ago, 2006 6:14 pm
Asunto: EJERCICIOS DE ESCRITURA (AGOSTO)
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Ejercicios de escritura.
Agosto 2006


1. La función de la ilusión:

El hombre camina por la calle. Es domingo a la tardecita y esta no
es su ciudad. El frío y el silencio se confunden en las calles,
abruman al caminante, lo hacen sentir más ajeno, más sólo.
Dobla en la esquina guiado por gritos que de pronto descienden desde
arriba.
Ese hombre de pelo gris grita desesperado desde el balcón del 3º
piso, está en camiseta a pesar de los 8 ó 9 grados de temperatura.
Señala al cielo o a la terraza del edificio de enfrente. Dos mujeres
-madre e hija, supongo- lo tironean rapidamente hacia adentro del
departamento. Alcanza a dejar en el aire una frase-grito bien
audible que desaparece haciendo ecos: "ya no somos libres de
ilusionarnos".

¿Qué es la ilusión? ¿Es la fuerza invisible que nos mantiene vivos?
¿Es lo puramente inconsciente que orienta sentidos?

¿Se animan a escribir unas líneas para el 14 de agosto?


*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...




2.Cuentos y postales de mi barrio...

Un barrio, dice el amigo Claudio, es aquel lugar donde todo se sabe
y/o se supone.
Donde cada cual circula con fantasmas e historias a cuestas que las
comadres paradas en la puerta no dejan de actualizar. Un barrio, -
insiste el amigo- es el lugar donde las personas no pertenecen del
todo a su propio relato.

¿Se animan a escribir unas líneas para el 21 de agosto?


*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...



3. Análisis capilar del ser*

Hace realmente muchos meses que no visito la peluquería existencial
del licenciado Ernesto Jaime Frizz Maurice. El licenciado es un
amigo y compañero de facultad que al concluir la carrera de
Sociología tuvo la genial idea de poner una peluquería. No cualquier
peluquería de barrio, aunque la suya esta precisamente situada en un
barrio de la localidad de Adrogué, sino una peluquería "existencial"
donde los clientes -mujeres y hombres por igual- además de mejorar
el aspecto su pelo pueden hacer consultas acerca de aquello que
puede "verse" a partir de la disposición natural de su cabello y
donde son "analizadas" las ansiedades que esto desata en
cada "paciente" capilar. Quienes cortan el pelo aquí son Psicólogos,
Sociólogos, Terapistas ocupacionales. Ernesto solo emplea en su
peluquería a coiffeur con títulos universitarios en humanidades. El
lugar es bastante extraño, pues de hecho coexisten aquí los
instrumentos comunes como sillones, espejos, secadores, con
exposiciones de pintura, escultura y fotografía.

Me detengo en un escrito enmarcado y comienzo a copiarlo en mi
libreta de apuntes:



"Cuando vemos algo o a alguien bello, la primera idea que nos surge
es que es un placer mirar a esa persona o ese objeto. Y sin embargo
no es así: el placer reside en ser mirado por esa persona. Si lo
pensamos bien, cuando decimos: "Ah, que bello", en esa expresión
esta la esperanza o el deseo de ser mirado por ese objeto. Por eso
la belleza compulsiva es tan desagradable. Hay un elemento del deseo
del que no suele hablarse: hay una relación entre el deseo y la
herida; el deseo supone dar y también recibir. Supone un
alejamiento -temporario, por supuesto- del dolor natural de vivir y
ser lastimado. Esa es la trama secreta del deseo: alejarnos por un
tiempo del dolor. Si esto es así, y creo que en algún punto lo es -
entre paréntesis, creo que es algo que resulta mas fácil de entender
para alguien que proviene de su cultura que para un anglosajón- ,
entonces la belleza perfecta es al mismo tiempo algo que no se puede
amar ni desear, porque en su perfección intacta, sin heridas, no
existe posibilidad de dar ni de recibir. Es como dice Andrea
Dworkin: "No tengo paciencia con los invulnerables, con aquellos que
no han sido tocados por un temporal, esos que nunca se han
derrumbado. Grandes puntadas, desgarros mal cosidos, nada muy lindo.
Entonces algo sale y reluce. Pero a los lustrosos, a esos no los
soporto". John Berger, diciembre de 2004.



¿Que puede relatarse de la preocupación estética que vemos día tras
día en la gente?

¿Y de la preocupación específica por lo capilar que lleva a
tantos "tratamientos"?

¿O del arsenal de mensajes y productos que bombardean por igual
subjetividad y cabellera?



¿Se animan a escribir unas líneas para el 28 de agosto?





*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...



En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para
acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra
desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.

Condiciones para estas invitaciones a escribir:

Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos, poemas o prosas.

Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al
correo: inventivasocial@...

Pedido para socios y colaboradores habituales: propongan los
ejercicios de escritura para el mes de septiembre.




Invitaciones permanentes a escribir:


Re-escribiendo Noticias.

Los compañeros más memoriosos de Inventiva, seguramente recuerdan
esta propuesta. Ahora la vamos a actualizar y formalizar como una
invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas
en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a
aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en
pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia
social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto ultra breve (1500 a 2000 caracteres).
Aquí va un ejemplo de noticia y reescritura:


La noticia
*
Cuatro muertos en un incendio en Florencio Varela

Buenos Aires- Una mujer y tres niños murieron hoy al incendiarse una
vivienda en la localidad bonaerense de Bosques, partido de Florencio
Varela, informaron fuentes de Bomberos y policiales.
El incendio se registró a media mañana en una casilla de madera de
esa localidad donde murieron una mujer, una nena y dos niños,
señalaron las fuentes.
La mujer fue identificada como Nancy Márquez, de 28 años, mientras
que los niños -cuyas nombres aún no se establecieron- tenían siete
años y cuatro año y un mes de vida.
La policía informó que si bien la mujer solicitó ayuda, los vecinos
no pudieron socorrerla, y que el fuego fue extinguido por personal
de Bomberos.
Peritos policiales intentaban determinar las causas del incendio,
aunque se evaluaba que pudo haberse iniciado por el desperfecto en
una estufa, señalaron las fuentes consultadas.
El hecho es investigado por la Fiscalía de Instruccion número 2 de
Quilmes y el juzgado de Menores número 3 de esa localidad bonaerense.
(Télam)

*Fuente: La Capital.
http://www.lacapital.com.ar/2006/06/22/policiales/noticia_304146.shtm
l



Una reescritura...

BOSQUES EN FUEGO*

      Los bosques se incendian, la madera es propensa al crujiente
amor de la lumbre. Las llamas danzan se retuercen y crecen a
expensas de los árboles inmóviles. Cada tanto escuchamos de esa
voracidad del animal ígneo que deja a su paso extensiones negras,
yermas, arrasadas.
      A veces los bosques no son bosques, son el rezago de los
cajones de verdura. El débil amontonamiento mal clavado de tablas
que forman una casilla donde malviven y finalmente malmueren seres
humanos. Es la localidad de Bosques, es Florencio Varela en Buenos
Aires.
      La casa de juncos, la casa de madera, la casa de ladrillos.
Pero el cerdito no tenía otra cosa para huir del acecho del lobo que
madera. Sólo tablas mal clavadas, el improvisado cerco que aleja un
poco a la bestia que aúlla afuera en el viento, las garras de frío,
los pasos en el techo de chapa cada vez que se contrae por la helada
o se expande por el calor. El lobo que baila sobre las chapas.
      Y Nancy Márquez escapaba del lobo cuando la atraparon las
enredaderas del incendio. A Nancy y a sus tres niñitos. Siete años,
cuatro años, un mes, un mes, un mes de vida.
      Todavía no nos dijeron si fue por una estufa, si fue porque a
un enchufe se le entretejen las marañas de cables que provocan el
cortocircuito. No creo que haga falta. Fue por la pobreza. Fue
porque el chanchito del medio era pobre. Fíjense cómo de tres
chanchitos sólo uno tuvo la casa de material. Son sabios los cuentos
infantiles, infalibles como la desgracia, acertados como el disparo
del destino, cuando las condiciones propician esa desgracia.
      Pobre Nancy, pobrecitos los tres niños, pobres los cerditos de
casita de cajón de manzana. El lobo se viste de invierno, de
incendio, de hambre; el lobo se multiplica por las villas y las
miserias. Las trampas mortales son casillas de tablas, para el
INDEC, son viviendas clase "B".



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...





Inventren: Narrativa y poesía circulando por vías dormidas de
Argentina.
Próxima Estación: MARIANO BENITEZ


Y sigue su marcha parando en las estaciones...

12 DE AGOSTO////////// FRANCISCO AYERZA //////////
PERGAMINO //////////
TAMBO NUEVO ////////// RANCAGUA //////////ARROYO DULCE //////////
TACUARÍ ////////// SALTO.

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*

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#99 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 3 de Ago, 2006 6:24 pm
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ÚTERO DE ÁNGEL*
 
 Caricias con alas sobre el vientre dormido
eclipsan suspiros sobre un manto de guerra.
Profetas desertores comulgan violencia
jugando a ser libres en las pupilas del otro.
Disfrazan el idioma que navega en nuestras venas,
mutilando verdades sobre el gemir del suelo en obligatorio luto.
Es tiempo de amordazar batallas de olvidos inscriptos con fe de erratas,
sepultar la conquista enmarcada y desdibujar la sorda investidura de lo injusto,
para ver germinar desde el útero del ángel,
el sello de la paz lacrado sobre los plurales senderos de la humanidad.


EVOCACIÓN*
 
 
Lágrimas de fuego inundan las ciudades
atormentadas por los siglos.
Esquizofrenia descompensada
seduce abruptamente al invisible rey de las tinieblas
escondido entre surcos de mil formas.
Viajante sin descanso,
navega por el océano de la espera
hacia el último grito de la sangre.
Sus muecas flotan sobre continentes espasmódicos,
y amenazan el ritmo de ciudades dormidas;
mientras,
remolinos de odio,
se extienden sobre las barreras de fastidio
enlutando la densa geografía.
Ya marcha el verdugo torturante
por el límite indefinido de las sombras,
arrancando los brotes
de una prematura divinidad en gestación.
 
*Poemas de MARY ACOSTA. poetamaryacosta@...
MUNRO, PCIA. BS. AS. - ARGENTINA

 
 
RETORNANDO*

    
Cuando se vuelve de un viaje se traen dos cosas, además de bolsos inmanejables, bronceados o palideces. Se trae una sensación intensa, extensa e indiferenciada de sonidos, olores, emociones y pensamientos; y se traen fotografías.
     Al repasar las fotografías los recuerdos extensos y abarcativos se secuencian en momentos únicos, puntuales. Al contar a los de aquí lo que ocurrió en el allá, se va armando el relato que permanecerá en la memoria.
     Lo que se cuenta se fija, queda inmóvil, gana en solidez, pero pierde la suavidad tamizada de la memoria no verbal.
     Transformar el recuerdo en palabras significa objetivarlo, sacarlo del interior marítimo a un relato coherente para el afuera. Significa fijarlo en ciertos detalles que borran los matices y las inexactitudes.
     Cuando se relata, se pierde. Los mares se convierten en un único mar, las personas se transforman en personajes detenidos en un único gesto. La ciudad se cifra en cierta nota, en cierto lugar, en tres niños negros vestidos de navarritos jugando a la pelota en una calle de piedra, junto a un río brillante de sol blanco, a las nueve de la noche que allí no es noche.
     Compartir es perder y es ganar. Es desprenderse de lo interior para hacerlo comprensible, pero es también entender lo que una vivió en el momento de tornarlo comprensible para otros.
     La vuelta es una organización de lo inorgánico, un fichaje de sones, un glosario de colores. Tarea imposible.
     Retornar es comprender que del otro lado de la distancia la vida transcurre, que un sueño de agua no divide pero sí separa. Que todo relato es pálido, que las palabras no alcanzan, que las fotografías no retratan el alma.
     Volver es darse cuenta de que a pesar de todo trataremos de transferir lo intransferible con los pobres medios a nuestro alcance. Y diré montes, y nombraré a la gente, y perderé a lo extenso para apresar las esencias.
     Quien retorna se trae a si mismo, y trae dentro de si un universo de delicadas vidrieras multicolores. Cada tanto, la luz tamizada coloreará los espacios cotidianos con azules marítimos o verdes fragantes. Y una tratará, como siempre, de apresar la maravilla en palabras. Vano trabajo cincelar el aire, inocente pretensión pintar las notas de cierto violoncello  en una bóveda pétrea.
  Pero así seguimos, intentando narrar el universo, y perdemos pero ganamos.
 
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 Espera*

A veces
La vida
Es una esperanza
La jornada
Se dilata
Hay que hacer cola
Esperando
Un exorcismo.
En mi bolso
Un centenar de quejidos.
En mi rostro
La admiración de los
Que pueden avanzar
Y así
Esperando el alivio
La monotonía se acentúa.
 
*de Azul. azulaki@...
 
 
Modelando*

 Los motivos dictan poemas
los motivos hostigan poetas
perentoriedad corremos y corremos
alcanzamos a la perentoriedad
con motivos
 
Le insertamos un motivo al dictado
encarnamos la perentoriedad del motivo
es un trabajo encarnar la hostigación
trabajamos modelando la perentoriedad
 
El poema es poema y se queda parado
lo leemos
            y salta.
 
*de Rolando Revagliatti revadans@...


 
 
LA CANCIÓN QUE NO DICE NADA*

    
"La próxima canción no dice nada", anuncia Alejandra desde el escenario, con voz tímida. Los del público sonreímos a medias; no queda claro si se trata de una broma o no. Quizás advirtiendo lo equívoco de su comentario, Alejandra se apresura a ampliarlo: "Quiero decir, ninguna de las palabras significa nada; son todas inventadas".
     Pienso -¿cómo no hacerlo?- en el célebre capítulo 68 de Rayuela (el de "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso"). La idea me entusiasma. Parece que asistiremos a un juego literario, un malabarismo lingüístico como el que, con tanta maestría, plasmó Cortázar. No me extraña: los poemas de Alejandra suelen desplazarse por los territorios del delirio con grácil soltura.
     Los dedos comienzan a deslizarse sobre la guitarra y, tal como suele suceder cada vez que canta, la voz de Alejandra se transforma. En sólo un abrir y cerrar de corcheas, se despoja de su timidez y vuelve a revelar esa fuerza sugerente que la distingue. Una fuerza que no parece provenir de la garganta, sino desde un sitio interior más recóndito.
     La canción responde plenamente a lo anunciado; parece compuesta en un dialecto indígena, o en un ignoto idioma eslavo. Pero su ejecución no deja espacio alguno para la vanidad de los prestidigitadores. La letra, es cierto, no se entiende. Pero se siente. Y es justamente la expresión de la voz lo que excluye por completo toda posible condición lúdica. Definitivamente, esto no es un juego. Al menos, no un juego insustancial. "Ninguna de estas palabras significa nada", ha dicho Alejandra. ¿No significan nada? ¿Por qué, entonces, la canción resulta tan inquietante, por qué es capaz de remover algo en el fondo de nosotros y conmovernos? ¿Por qué si sólo escuchamos sílabas ininteligibles es posible reconocer el llamado visceral que las mismas traen a cuestas? ¿Por qué una serie de vocablos indescifrables permite que ese sentir profundo abandone el subsuelo donde mora y se arroje hacia nosotros en busca de una mano tendida en la cual posarse?
     El acorde final se desvanece en la madrugada y su disolución nos deja un poco vacíos. Aplaudimos.
     "Esta canción no dice nada", anunció Alejandra.
      Es curioso. Yo siento que lo dice todo.
 
*Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@...
 
 
 
 
El riñón de la felicidad*
 

“Como que no te anda el riñón afectivo”
espetó la esposa del poeta
al poeta
 
Añadió
(o creyó el poeta que su esposa añadía):
demasiado aun de lo mejor
no por mejor es menos demasiado”.
 
*de Rolando Revagliatti revadans@...
 
 
MUNDO IDEAL*

Existe un mundo donde habitan las cosas irrealizadas, los amores imposibles,
las experiencias que no pudimos compartir, los caminos que se ofrecían como
alternativas al que erróneamente terminamos eligiendo alguna vez.

Es un mundo donde están todas las cosas que no fueron contaminadas por la
rutina, las urgencias, por el que dirán.

En general es un mundo con el amor como fondo, y  con ese fondo todo esta
justificado.

Allí encontraras los besos que no pudiste dar a ese ser que tanto amaste en
silencio, allí compartes mil experiencias con aquella persona que la vida
saco de tu lado, allí no hay culpa, no hay nada que pueda dañar un estado
permanente de vivencias que renuevan la vida y las ilusiones.

Ojo, no hablo del cielo, un lugar que podremos disfrutar de acuerdo a
nuestros meritos una vez que este camino por la tierra haya concluido.

Hablo de un lugar donde enviamos todas las cosas que por falta de decisión,
por  complejos, por censura social o por simple y llana imposibilidad, no
podemos realizar en la realidad que nos toca vivir.

La mala noticia, es que hay cosas imposibles nos guste o no.

La buena noticia es que todo lo que la realidad, la costumbre y el hastío no
han contaminado, quizás existe después de todo en ese sitio ideal; del que,
en vida, a veces nos llegan imágenes, noticias y sensaciones.

Allí también envían los poetas las palabras que nunca escribirán, allí
juegan los que se quieren pero no pueden, los que si se hubiesen encontrado
antes....

Tampoco hablo de deseos carnales desesperados por nuevas experiencias que
alimenten el cuerpo y denigren el espíritu.

Hablo del lenguaje de las miradas, hablo de caricias en las manos, hablo de
risas sin aparente sentido, hablo de esos espíritus capaces de hacerse el
amor sin tocarse ni un pelo.

En fin; no hablo ni del cielo ni del infierno, ni de nuestra realidad ni de
sueños. Hablo de un mundo de sentires, un mundo en el que tal vez solo yo
creo,  inconfesable,  tan personal que es imposible de compartir en la
realidad, aunque quizás ya hayamos estado juntos en el, en mas de una
oportunidad.


*de DIEGO DOBLER. 
digedo@...
 
 
 
Sustos*
 
 
*Por Osvaldo Soriano.
 
Nunca volví a tener tanto miedo como aquella lejana mañana en que mi padre me llevó al bautismo de vuelo. Era tal el susto de estar en el ai­re que se me olvidó de toser y la fie­bre desapareció tan rápido como ha­bía llegado. El piloto del avión pare­cía el de los dibujos animados, con su bigote francés y el casco de cuero ne­gro que le cubría la engominada melena justicialista. Bajaba y subía a lo tirones y se dejaba caer en tirabuzón mientras el motor balbuceaba y yo te mía que la hélice se detuviera de golpe.
Era la Semana Santa del año cuarenta y nueve, tal vez la del cincuenta, cuando la tos convulsa me tuvo un mes sin ir al colegio. Tosía día y noche sin parar y mi madre aceptaba comprarme historietas de precio inal­canzable como El Tony y Patoruzito. Recuerdo que. las leía de la primera a la última letra. Empezaba por la fecha impre­sa en la tapa y terminaba por el aviso de la Es­cuela Panamericana de Arte que venía en la contratapa. En ese tiempo mi padre me esta­ba enseñando a leer con los titulares de La Prensa, que eran de una parquedad sospecho­samente antiperonista. Todavía lo veo: acari­ciaba las frases del editorial con las yemas de los dedos al tiempo que abría enormes los ojos y murmuraba odiosos improperios contra la esposa del General. El peronismo ya se había hecho una Constitución a medida y los contreras como mi padre se refugiaban en la pa­labra de los Gainza como si de entre ellas pu­diera surgir, fulgurante y vengativa, la glorio­sa espada del Manco Paz.
Pero el Manco escondía la mano, acaricia­ba la vaina y yo me retorcía en la cama, aho­gado por la tos. Mi madre me había dado to­dos los remedios recetados por el doctor Dí­az Grey y al ver que no me hacían ningún efec­to me envolvió en una cobija y me llevó a ver a una bruja que atendía en un rancho de ado­be. Mi padre simulaba un racionalismo bur­gués y si lo toleraba era porque ya no tenía na­da que perder. ¿Por qué si la bruja es tan vi­va, y habla con los espíritus, no ha podido sa­lir de pobre?, preguntaba. Igual, una noche mi madre me metió en un taxi, que en aquel tiem­po llamaban coche de alquiler, y fuimos al rancho en las afueras de San Luis.
No recuerdo los detalles, pero sí a la bruja: era escueta como una nena y caminaba miran­do siempre el suelo. En alguna parte había un fuego de leña seca azuzado por el viento. La vieja me acarició la cabeza, me aflojó la ropa y le pidió a mi madre que me acostara sobre una mesa entre cien gatos y un aroma de al­garrobos. Todavía tengo en la nariz ese olor chúcaro y sentimental y en el oído la voz ron­ca de la mujer que alzaba los brazos para invocar la ayuda del diablo.  No me acuerdo si la ceremonia duró mucho, pero tuve que tragar­me una cucharada de ceniza y el almí­bar rosado que salía de entre unas corte­zas calientes. Igual, la tos no se calmaba.                          
Me reventaba el pe­cho, me retorcía las tripas, me quemaba la gar­ganta. La bruja hizo inciensos y oraciones que llamaban a todas las tormentas del averno, pe­ro no hubo caso, yo me revolcaba y me iba de escena, esfumado en el brillo vacilante que se agolpaba en los ojos de mi madre.
Al volver a casa mi padre nos esperaba dor­mido en el living. Una patilla de los anteojos se le había desprendido de la oreja y a cada ronquido los vidrios se bamboleaban bajo el bigote manchado. Mi madre me dio una cu­charada de jarabe y me acostó. Después los oí discutir y creo que ella se echó a llorar en los brazos de él. En una larga ensoñación oí de nuevo los salmos de la bruja y los sibilinos chorrilleros que golpeaban las persianas. En algún momento mi padre mencionó el cam­bio de aire, el avión y las alturas y luego no escuché otra cosa que la tos y el jadeo.
El doctor Díaz Grey era un socialista que cobraba caro. Algunas visitas las pasaba por alto pero las otras devastaban la flaca billete­ra de mi padre. Aún la recuerdo: era de cuero oscuro, forrada en seda de Paquistán. Muchos años después se la robaron en el tren que va a Morón, pero en la época que trata esta histo­ria todavía le brillaban las guardas doradas y mi padre la rellenaba con pedazos de
papel secante para que no pareciera tan vacía. El médico aceptó la deuda pero al tiempo el combinado de 
músi­ca desapareció de mi casa y tengo para mí, que mi padre se lo entregó como parte de pago.
Él avión, en cam­bio, fue gratis. En la cabina llevaba los acartonados retratos de Perón y su esposa que repartían en el co­rreo y venían de la flamante Fundación Eva Perón. Mi padre conocía a un tipo en el dis­pensario y vaya a saber con qué ardid, con qué humillación, consiguió una orden para que yo cambiara el aire con un bautismo aé­reo. Tampoco mi padre había subido nunca a un avión y creo que en ese tiempo todos guar­dábamos en un rincón del inconsciente la trá­gica voltereta del trimotor gardeliano. Por me­jor que sonaran las voces de Ángel Vargas y Carlitos Dante, el avión del Zorzal seguía ahí, chamuscado y patético como un guiñol ar­gentino.
Mi padre me tenía abrazado contra su hom­bro y también él tosía su parte de rubios sin filtro. El avión empezó a elevarse sobre los hangares y fue tal el horror que sentí que ha­bía de tardar veinte años en subir a otro. No sé de qué se reía el piloto del bigote francés, si del escudo justicialista que mi padre se ha­bía abrochado a la solapa o de mi llanto con­vulsionado. Yo sentía que el aparato flotaba sin avanzar y que algo lo llamaba inexorable­mente hacia la tierra. Mi padre parecía emo­cionado, quizá perturbado por su disfraz pe­ronista, y se inclinaba hacia el piloto para pre­guntarle sobre vientos y coordenadas de equilibrio. En el tacómetro bailaba una bolilla plateada y el retrato de Perón temblaba tanto como yo. Mirar a Evita, su plácida sonrisa, me volvía el alma al cuerpo, pero ese atisbo duraba apenas instante porque el casco negro del piloto me lo tapaba con sacudones y corcovos. Los tirabuzones tenían un maldito nombre inglés que el piloto gritaba con la misma furia con que la bruja había invocado al satán de los bronquios. Lo cierto es que allá arriba aterrado y sin consuelo, empecé a olvidarme de la tos y a respirar a todo pulmón. Sentí de nuevo el olor del tabaco que mi padre llevaba impregnado en el traje, el sudor de varios días que corría bajo el uniforme del piloto y mi corazón que palpitaba de trote a galope.
Fue entonces que, obnubilado por botones, luces intermitentes y palancas de nácar, mi padre sucumbió al influjo de la navegación aérea. Olvidado de mi tos y del vergonzante prendedor peronista, le preguntó al otro si el avión era manejable cuesta abajo y sin motor. Para habrá dicho: ahí nomás, tocado en su orgullo, el piloto se inclinó y apagó el contacto como quien cierra la hornalla del gas o llave de luz. A mí se me encogió el cuerpo. No se me olvida la imagen de la hélice detenida. No hay en el mundo nada más inútil que una hélice detenida. Aquella que mi padre miraba con aire embelesado estaba clavada en una vertical tan recta como una plomada, más tarde en Cuba, en Nicaragua y en tierras de pasada ilusión, estuve a punto de renegar de mi fe en el luminoso destino de los pueblos para no tener que subir a uno de esos cascarones a hélice que volaban rozando las montañas y las copas de los árboles. Parece que el Che les tenía tanto miedo como yo, con su asma y su mirada de futuro inconcluso. Perón, que prefería la placidez del tren.
Pero mi historia era de tos convulsa, no de aviones. De noches con la luz encendida y el Rayo Rojo pispeado entre las sábanas. Relatos principescos que contaba mi madre vestida de enagua, con un chal sobre los hombros. Querría terminar este cuento con su risa nerviosa y feliz cuando me vio regresar casa sin nada de tos, pálido de terror, con un avioncito de lata que me había comprado mi padre. Se sentó a hablarme al oído mientras mi padre se quitaba el escudo justicialista y lo tiraba con desdén sobre la mesa. Esa noche nos costó dormir. Mi madre de miedo que me volviera la tos, yo imaginando aventuras con mi avión de juguete y mi padre en el escritorio, en calzoncillos, frente a una figura del Cristo resucitado, la cuenta del doctor Díaz Grey y el prendedor del General su esposa. Sin saber a quién agradecerle primero.
*Publicado en el diario Página/12. el domingo 3 de abril de 1994.
 
 
 
COMBATIENDO EN CUBA*
(La sorpresa del Pequeño Capitán)

El Comandante Fidel Castro bajó de Sierra Maestra, y ya no encontró casi resistencia. El mismo Ejército Regular se iba pasando a su bando y se sumaba a sus huestes. Entró triunfalmente en La Habana y proclamó el triunfo de la Revolución del Pueblo. Y ese pueblo jubiloso se mezcló a sus bravos soldados aclamándolos victoriosos.
Era enero de 1959, en plena Guerra Fría, y esto permitió a la entonces poderosa Unión Soviética, posar la zarpa del temible Oso Ruso, en el umbral mismo de Occidente, recalentándola a tal punto que parecía a punto de estallar el mundo entero. Fidel y su roja estrella, se convirtieron en el centro del mundo de aquel tiempo.
Los progresistas del tercer mundo lo vieron como una esperanza, mientras que la amenaza comunista, estremecía el orden establecido de toda la sociedad; y nuestras Fuerzas Armadas, designándose como la reserva moral y custodios de ese orden, estaban lógicamente en guardia y sumamente alertas.
Así las cosas, en enero de 1960, nos incorporamos al Servicio Militar Obligatorio, con veinte años cumplidos; yo en Santa Fe, en el Liceo, como soldado conscripto, donde sólo había una compañía, con unos sesenta integrantes; mitad Rosarinos, y los demás norteños. Los cadetes estaban de vacaciones y no regresarían hasta el mes de marzo.
Como estuve unos días en el Distrito de San Justo, me incorporé una semana después. Pero todavía no estábamos completos. Pasó otra semana, en plena instrucción, y llegó un nuevo integrante a sumarse a nuestra Compañía de Servicios.
Era un joven de cuerpo menudo, muy flaco, casi esmirriado, de hablar algo inseguro y una voz ronca y algo rústica, que amenazaba tartamudear. Retraído, como esquivo, algo huraño; de mirada baja, huidiza, cara huesuda, mentón hundido, y una nuez de Adán prominente. Ni fuerte ni viril, no se lo veía ni como héroe, ni como valiente.
Ejemplar hecho a medida, para ser objeto de bromas y burlas, especialmente de los rosarinos que no eran de lo mejor; sumamente “vivos”, “piolas”, y engreídos; además dijo venir de Buenos Aires, y haber combatido en Cuba, al lado de Fidel Castro. No le creyó nadie y se le reían a carcajadas. Era el hazme reír. Cayó simplemente en ridículo, Le pusieron mil sobrenombres, y al fin le decían Noé, no porque ese fuera su nombre, sino una deformación de “nuez”. Su apellido era Perazza.
Al principio luchó muchísimo por hacerse creer, y más insistía más se le reían. Intentaba demostrarlo contando alguna de sus supuestas experiencias y anécdotas, pero era burlado y rechazado por todos. Lo único que recibía eran burlas y risotadas.
Terminó apartándose de todos. Siempre que podía estaba alejado y taciturno. Me daba pena. Terminó acercándose a mí, porqué vio que lo trataba distinto. Yo no lo importunaba, ni le preguntaba nada que pudiera molestarlo, y se empezó a sentir bien conmigo. Poco a poco se fue abriendo, contándome de su vida.
Era huérfano, y fue criado por una tía. De chico tuvo fiebre del heno, una grave dificultad respiratoria. Me mostró una gran cicatriz en la garganta, donde una operación le salvó la vida. Deduje que eso habría incidido en su desarrollo deficiente, y seguramente en su carácter entre tímido y resentido. Quizás tratando siempre de superarlo, se apartaba de todo, inseguro; quiso irse lo más lejos posible. Eso lo hizo soñar en ser alguien, realizar alguna proeza; o perderse para siempre…
Soñó con Cuba. Quizás si llegaba allá y se unía a las fuerzas revolucionarias, lo recibirían sin fijarse tanto en su físico, y tal vez tendría oportunidad de demostrar, de lo que sería capaz. La vida misma no le importaba mucho, así como lo trataba. Eso le daba valor para enfrentar al peligro, o intentar cualquier empresa, que le diera confianza y valor. Su sueño era sentirse grande, fuerte; y desafiar, a todo el mundo si fuera necesario…
Un día se embarcó en un tren carguero y viajó entre bolsas de harina hasta Salta, de allí pasó a Bolivia, e ingeniándose, con muy diversos medios, sin casi dinero, y con muchos sacrificios, fue subiendo al norte por el mapa de América del Sur, trepando la cordillera de los Andes, de país en país… hasta el Caribe, y finalmente a Cuba. Siempre como polizón, clandestinamente. Me contó cien anécdotas y detalles. Me apasionaba escucharlo, Podía no ser cierto, pero merecía serlo…
Las vivencias que me relataba, de su permanencia con el ejército revolucionario de Fidel Castro, me fue contando por las noches, cuando tras la cena, teníamos un par de horas de descanso, y nos desperdigábamos en el gran patio de la compañía. Muchas de estas cosas ya las había contado, cuando trataba de hacerse escuchar, al principio, entre los demás.
Decía haberse destacado en las misiones de reconocimiento o de avanzada, cuando a veces debían conseguir provisiones, y llegar a los poblados, o pequeñas ciudades protegidas por el ejército de Batista. La estrategia y la táctica debían ejecutarla en el momento, y según las circunstancias. Generalmente eran misiones nocturnas, y solían tener encuentros y escaramuzas con partidas militares, en las que; o lograban esquivarlas o debían combatir. Según él se destacó enseguida por su capacidad de reacción, y de preeminencia de manejo en situaciones de apremio, y de peligro. Los jefes cada vez le daban más protagonismo, y terminó detentando el grado de Capitán.
Eso de Capitán a tan sólo diecinueve años, era muy difícil de creer. Pero él me aclaraba que no, que eran tiempos apremiantes, de combates, y escaseaban quienes se destacaran y a esos les daban el mando, más allá de la edad o la presencia. Era el coraje y la capacidad de lograr objetivos, y conducir grupos, y decidir en el momento las estrategias, de cómo lograr el éxito en la misión. Sea como fuere, yo lo escuchaba. Sentía como que algo había. No podía ser todo fantasía.
Todos lo miraban con ironía, con sorna…
Hasta los oficiales y los suboficiales lo burlaban. Una noche de esas se dejó llevar por el desaliento, se sentía tan mal tratado que se plantó desafiante:
-A Ud, sargento primero, le juego a que le tomo la guardia, y refuércela cuanto quiera…-
Primero el Sargento se le reía, pero el desafío seguía, y finalmente terminó entrando en el juego, acicateado e involucrado, por como fue presionándolo:
-A ver, pongamos que estaría en esa situación…- burlonamente, el jefe de día le planteó un esquema de guardia, y le exigió que demostrara una estrategia, - Si es que pudiera tener un conocimiento militar de algún tipo… ¿Qué haría Ud., paso por paso? ¡A ver!….
Fue tal la desenvoltura con qué desplegó un plan de ataque sorpresivo, impecable e indiscutible, que se le terminaron los argumentos al suboficial, que quedó mirándolo perplejo. En realidad nadie pudo reírse, como esperaban. El sargento primero optó por alejarse, sin agregar más nada, y todos quedamos en silencio, sin saber qué decir.
En esa época yo tenía problemas de salud. En el Liceo sólo había una enfermería, por lo que me derivaron al Hospital Militar de Paraná. Me iba solo. Cobraba un viático y volvía en el día. Fui varias veces. Noé tenía serios problemas respiratorios, y también lo derivaron. Pero a él no pensaban mandarlo sólo, así que me lo asignaron. Viajamos juntos varias veces, yendo a la mañana en lancha, y volvíamos por la tarde.
Nos sentíamos bien estando juntos. Nos hicimos muy compañeros. Generalmente nos atendían por la mañana, y volvíamos caminando al centro, íbamos al parque Urquiza, comprábamos algo liviano para almorzar, preferentemente frutas, más tarde algún helado, caminábamos, hablábamos, nos hacíamos confidencias, nos tratábamos como hermanos. A media tarde, en una lancha de pasajeros, cruzábamos de vuelta el río, disfrutando del paseo, de una libertad prestada.
Al menos ese día nos sentíamos libres.
Finalmente a mi me internaron y estuve en el hospital cerca de dos meses. Cuando me dieron de alta médico, también me dieron la baja del Servicio Militar. Hasta que se hiciera efectiva, estaría unos días en el Liceo, antes de salir definitivamente para volver a casa
De golpe sentí como que todos me estaban esperando. Ahora todos eran grandes amigos míos. Fue lindo, pero había algo más.
-¿Y Noé? ¿Dónde está el soldado Perazza?
Se amontonaban todos alrededor. Todos me rodeaban y al mismo tiempo querían contarme algo…
-¿Sabés qué? A Noé… ¡Al soldado Perazza lo arrestaron, lo pusieron preso en la guardia!...
-¡Era cierto lo de Cuba!!!.. Lo de Fidel Castro… ¡Era cierto que era Capitán!!!...
-¡Sí! ¡Síiii! – coreaban… - le pusieron guardias reforzadas…¡Pero al segundo día se encapó! …
-¡Nadie sabe cómo…! ¡Pero escapó!!! – Todos estaban admirados, todos me contaban cosas pero en el alboroto no podía entender… Luego, disipado el tumulto, ya mas serenos todos, comprendí mejor lo que me estaban contando…
Casualmente encontraron sus efectos personales, escondidos en una gran pila de ladrillos, que estaba junto a una pared exterior de nuestra compañía, donde comenzaba un gran patio externo, en el que generalmente íbamos a descansar en los ratos libres. Allí a veces recostados en los ladrillos apilados, algunos conversábamos, otros fumaban pasando de uno en uno el faso y compartían la pitada. Esa era la camaradería de la colimba… Allí hizo un pequeño nicho retirando unos de ladrillos, guardó una cartera pequeña con varios documentos cubanos, jinetas, cédula del ejército revolucionario con el grado de Capitán, mapas, apuntes, datos sueltos, volantes, cartuchos de fusil servidos, quizás de recuerdo… Volvió a poner los ladrillos en su lugar y allí estuvieron, hasta que un día decidieron mudar de lugar, esa bendita pila de ladrillos.
Hoy nos preguntaríamos que cual finalmente sería el delito; pero no nos cabía aquella vez ese planteo. Las Instituciones de la Patria no eran cuestionables. Ni yo mismo sentía, que pudiera haber un lugar para defenderlo, aunque sólo fuera en mi interior. Nos parecía tan lógico aquello.
La ironía es que el pobre Noé, había vuelto de Cuba para cumplir con el Servicio Militar.
Vino voluntariamente. Sentía que se lo debía a su Patria.
Vino sin querer a la boca del lobo, pensando quizás, que no tenía porque temer…
Un par de días después ya saliendo para casa, aunque provisoriamente, sin la Libreta de Enrolamiento firmada; hubo un revuelo y nos enteramos que habían arrestado al soldado revolucionario, en Tucumán, o Salta, las noticias no precisaban, pero lo traían al Liceo nuevamente detenido. Esta vez con el extremo cuidado. El pobre Noé no era de fiar, según sus custodios.
Más o menos un mes pasó antes que yo volviera al Liceo, a recuperar mi documento, firmado y sellado con la baja y constancia de haber cumplido con el servicio militar…
¿Y cual no sería mi sorpresa?, al enterarme que el Capitán de Castro, el alfeñique, el enclenque Noé…:¡Se le había vuelto a escapar! Esta vez con las guardias súper reforzadas, poniendo indudablemente en incómoda situación, a toda la oficialidad del Liceo…
Nunca consiguieron capturarlo. Ya entonces los militares estimaban, que había salido del país…
¿Habrá conseguido llegar nuevamente a Cuba? ¿No habrá acompañado al Che en Bolivia?
¿No estará quizás, ahora, al lado de Fidel?
En los noticiosos que televisan actos del líder cubano, busco con una sonrisa su desgarbada figura, imaginándolo a su lado… ¿Por qué no???


*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
 
 
Paredes*
 
*Por Antonio Dal Masetto
Sábado, una y media de la tarde. An­duve parando un poco la oreja por el bar. Asisto a la conversación entre dos clientes acodados a la barra. Uno es flaco y tristón. El otro es un hombre rozagante
y extrovertido.
-Soy del interior -dice el flaco tris­tón-. Extraño la casita, la calma y la cordialidad. No soporto la descortesía de la gente de por acá. Y lo que más me mata son las paredes delgadas de los departamentos. Uno se tiene que enterar de todo lo que les pasa a los vecinos. Eso es lo peor. Nunca voy a
poder acostumbrarme. En cualquier momento me vuelvo a los pagos.
-No se apure, compañero -dice el rozagante-. Yo también soy hombre de campo y puedo entender su queja y su nostalgia. Pero le aseguro que las paredes delgadas pueden tener su cos­tado positivo.
-Esas paredes me van a destruir. Me producen úlcera.
-Si me permite voy a contarle lo mío. Cuando mi señora y yo vinimos a la ciudad, el edificio donde vivimos nos pareció terrible. Con los inconve­nientes que usted tan justamente aca­ba de mencionar y todo pintado de co­lor cremita sufrido, adentro y afuera.
-No me hable del cremita sufrido.
-Al principio nos costó. Hasta el día que en la planta baja se mudó una parejita joven y recién casada. Esa mis­ma noche, gracias a las paredes delgadas, en los departamentos vecinos al de los tórtolos se empezó a oír el run­rún amoroso de la parejita que rápida­mente produjo un contagio. En la noche siguiente el runrún ya generalizado de la planta baja fue subiendo por el hueco de la escalera y           el
aire-luz y llegó al primer piso. Del primero pa­só al segundo, al tercero, al cuarto y así noche a noche siguió trepando y llegó hasta nuestro departamento que está en el octavo. Recuerdo que mi
se­ñora y yo tuvimos una cena con velas como en nuestros primeros tiempos de casados. La patraña estaba preciosa. El runrún siguió para arriba, alcanzó el piso dieciséis que es el último y des­de entonces el edificio es una gloria. Se lo puedo resumir en tres palabras; paz, alegría y amabilidad. Ya no se es­cuchan peleas, sólo el runrún. Había un vecino del octavo que la fajaba a la mujer. Como decía Rivera: "Los bifes parecían aplausos, parecían". Eso pa­só a la historia, el florista de la esqui­na no para de
subirles ramos de rosas.
-¿Y los que viven solos?
-En el edificio había cuatro solos, dos mujeres y dos hombres. Clarita del séptimo y Claudia del tercero. Ru­bén del noveno y Rafael del quinto. En menos de una semana, justamen­te un sábado en que el edificio esta­ba muy animado, Rubén se apareció con un ramito de violetas en el terce­ro y Rafael con una caja de bombones en el séptimo. Ese domingo los diarios que el canillita trajo para Claudia y para Clarita permanecie­ron tirados en el pasillo, delante de las puertas de sus departamentos, hasta por lo menos las
siete de la tar­de.
-¿Y las reuniones de consorcio? -Calmísimas y galantes. La gente tiró a la basura todos los ansiolíticos, los televisores, los libros de autoayuda y los aparatos para gimnasia en el ho­gar. Muchos perdieron la costumbre de ir a misa.
-¿Y los pibes del edificio cómo es­tán?
-Parece una película de Heidi. To­dos sanitos y alegres, en la escuela les va bárbaro y ninguno se lleva mate­rias.
-¿Y las mascotas?
-Si se refiere a los perros y los ga­tos, están saludables y contentos igual que sus dueños. Le doy un dato más: ahora todos los inquilinos tienen ma­no verde y los balcones revientan de plantas y flores.
-En mi edificio se secan hasta los cactus.
-Claudia, la del tercero, logró que se le diera una orquídea en la ventana.
-En mi edificio he visto marchitar­se hasta las flores de plástico.
-Aguante, amigo. En cualquier momento las cosas van a cambiar pa­ra usted también. Y ahora discúlpe­me, pero lo tengo que dejar. Hoy es sábado, ya estamos en la hora de la siesta, el edificio debe estar empezan­do a llenarse de runrunes, la patrona me está esperando y no quiero que se sienta sola.
*Publicado en el diario Página/12. (Año 1994)
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 6 de agosto del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Claudio Santoro. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de
diversos grupos (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@... 

 
*
 
Club de socios de InventivaSocial
 
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-Anuncio y respaldo de actividades culturales y editoriales de cada socio.
-Soporte ante problemas de recepción.
 
Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
 
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
 
 
 
Página1
"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin2005@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 
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#98 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 6 de Jul, 2006 10:27 pm
Asunto: EDICIÓN JULIO
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Edición JULIO 2006
 
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El conjuro de la noche*
 
 I
La noche está de mi lado: es la noche de la magia. La luna nueva está en el centro del cenit asediada por un ejército de estrellas, sopla el viento del oriente, sube el canto del cenzontle. Huele a musgo, incienso, sal y hierba. Huele a ti.

II
La noche está de mi lado, y no me falta nada. Olfateo al lobo con sus ojos tibios, al acecho de mi alma corrompida. Llueve en el desierto jade, ámbar y un corazón en la garganta. Es la hora del ensueño, es la hora del olvido.
 
III
La noche está de mi lado: luz y sombra la acompañan. Cardo o ceniza bajo la luna clara, a la sombra del árbol. Destierro el vestido blanco de mi cuerpo dividido, desabrocho mi piel y unto rosas, sándalo y miel. Es la noche del presagio, es la hora del conjuro.
 

Arribo a tu voz sin viento,
surco en tus ojos fuera de todo titubeo,
oscilo en tu mirada sin huellas de vacío,
palomas tus pupilas,
luna menguante,
néctar tu boca,
fuego nuevo,
sol creciente...
detengo este instante para que nadie nos vea.
Me pierdo en ti.


Bajo tu piel germinan las caricias alcalinas,
advierto en tu océano la quietud del silencio,
me apodero de tu cuerpo -lluvia clara, rancia y muda-,
soy tus manos, soy tu luz, soy tu ausencia,
deshojo tus ramas que anuncian sueños compartidos.
Amanece, que no quede duda:
desperté en ti...
 
  
 
Otro secreto de la noche*
 
Tus manos tibias acarician
mis labios húmedos.
Tiemblan al desprender el himen
de esta piel que tanto esperas.
Suave pétalo del rocío
que da la calma.
Con un beso me abres el infinito
en el nudo de los vientos.
Dos estrellas de cinco puntas
alrededor de mi ombligo.
Clave de hojas en sombra sobre tu deseo.
Luz sin sol, sí, en la línea de tu espalda.

 
 
Un estigma*
 
Dos cuerpos desdibujan el aire,
los amantes se descubren, se miran.
La luna palpita fulgurante y redonda.
 
Se habitan, se abre una pausa,
el mundo queda suspendido.
Agua y piel, amarras de misterio,
entre sábanas sus nombres. ¿Dónde la luz?
 
El silencio, una huella,
musita una mariposa en las tinieblas.
 
Oscila el paraíso,
las aves cantan.
Como rompecabezas,
vertidos en la lluvia,
dos cuerpos, un estigma.
 
 
 
Sin fronteras*
 
Despojé mis ropas,
derramó el río.
Tus manos buscaban la hendidura del deseo
donde todo se pierde
y te prodigas en la nada.
 
Abrí el capullo en la noche ajena
destilaron los aromas,
deshojaste los pétalos,
aún florecía el otoño,
y me hiciste tuya con la marea rota.

Cuando la luna cubría el barro
asomaron alas de mis pupilas,
bajaste la cuesta por las calles claras
disipando las cadenas del naufragio.


Busco las cenizas de tu nombre
bordado de musgo en las sábanas blancas.
Se han deshilado los días de trigo
en el ceñido tiempo de la orilla.


Se cerraron los surcos de las aves
y en mi piel se extinguen las tinieblas.
He perdido la línea del futuro
al posarme en el filo del vacío.
 
Algo se borra en la tarde abril,
el tiempo reposa en el reloj
y soy en ti un diluvio sin fronteras.
 
 
 
Escribo en ti*
 
La tierra se detiene en tu centro,
te desnudo para vestirte con versos,
escribo en sepia por tus pliegues,
nombro tus pasos,
esculpo silencios,
sigo tus huellas
y en tu luz se apagan mis sombras.
 
 
 
Entré a tu plaza vacía*
 
Entré a tu plaza vacía,
silenciosa, vacilante y guerrera.
 
En los campos de trigales
encontré tus ojos livianos de refugio
perdidos en la noche.
 
Caminé por las tardes angostas,
húmeda, pegada a ti,
como espiga sin nombre ni luna.
 
Tus manos no caben en el mundo,
por eso dibujan mis canciones
y el fruto que deshojas a la orilla del almendro.
 
Al abrir tu casa, volaron los pájaros,
festejamos la claridad
y el devenir de la mañana. 
 
  *Poemas de Lady López Zepeda ladylz954@...
 
 
 
*
La Plata 4 de julio de 2006.-
Asunto: confidencial
Siniestro: raro: amistad entre un tigre y un gnomo
Estimado Doctor
s/d.-
De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a efectos de elevar informe de evaluación del sr. G G., para ser presentado ante quien corresponda.
Primeramente, luego de haber iniciado una relación con el actor principal Eduardo Perez, alias el Gnomo, he tenido la oportunidad de conocer en persona a un compinche  del protagonista, un tal llamado Gustavo Gómez. Alias el tigre.
Paso a detallar su perfil personal:
Es un señor cincuentenario, que en los test proyectivos demuestra un potencial intelectual superior a su edad cronológica, su expresión verbal es fluida y con un alto bagaje de conocimientos en diferentes ramas de las ciencias sociales. Con su presencia, en el transcurso de las entrevistas realizadas aumenta la capacidad de reflexionar de los otros. Además, se visualiza un alto porcentaje de paciencia y de creatividad, que  referiré sobre las pericias  que acreditan dichas características de personalidad. En una ocasión le fue solicitada por motivos personales la presentación de un libro, donde dicho doctor en cuestión, tuvo que: primero ponerse a leer sobre esa materia y luego estar frente a un público que esperaba sus comentarios. En esa circunstancia nombró autores de gran renombre y prestigio y tuvo la delicadeza de obsequiar palabras de bienaventuranza a dicha obra. La autora, que aún no conocía sus virtudes de orador quedó agradecida  por tanta deferencia.
No es fácil narrar los sucesos debido al valioso contenido de sus conductas expansivas que denota dicho sujeto de estudio. Pero con palabras sencillas, aunque vulgares algunas, intentaré realizar la más completa la descripción. Dicen que es un gran comilón, no desde el punto de vista de su virilidad, sino desde el acercamiento constante y frecuente que tiene hacia los libros, o sea la lectura y la adicción a ver películas. Cuentan mis informantes que ha concurrido en varias oportunidades al Festival de cine en Mar del Plata y se ha quedado extasiado horas y horas mirando los estrenos con avidez (Cinefilia)
Es un gran conocedor del significado de las letras (polisemia), con las que acuña de una manera diplomática y cortes. Su notable vocabulario oscila entre el ingenio y el sentido del humor. Siendo su amabilidad su escuela. En las sesiones transcurridas ha demostrado su alto contenido de compromiso con los amigos. Se destaca como mayor virtud la solidaridad, la cual es medida por las muestras recabadas, y mi técnica de la escucha. Siempre cuenta con una palabra de aliento en los momentos de angustia o vacilación. Su mayor dificultad se ubica en los percentiles de la impuntualidad, tomando como variables detonantes el requerimiento de sus amistades, su familia y algún que otro tratado, texto y/o cliente  que lo convoca.
Con relación a su pronóstico, se podría inferir que el mencionado actor podrá seguir adaptándose favorablemente en todas las áreas de su desarrollo evolutivo. Siendo su desempeño laboral sumamente indispensable para el bien común.
Es todo lo que se puede informar por el momento.
Saludo a UD. Muy atentamente.-
 

 
 
 
EL NIÑO QUE SE TRAGÓ A LENIN*

*Reinaldo Cedeño Pineda

 ¿Cinco. acaso seis. cuántos años tendría? Sólo sabe que ha pasado el tiempo, mucho tal vez o es que corre este indetenible,  y  le cuesta imaginarse debajo del naranjo, de pantalones cortos, un pedazo de pan en la
mano -masa amasada y vuelta a amasar-;  mientras los ojos estaban clavados en la otra, la mano, digo. Entre el pulgar y el mayor, sostenía un tesoro sólo para él; resplandecía la silueta expuesta al sol, brillaba aquel hombre sobre fondo rojo y una afilada aguja prendida al sello, indicaba el destino
de aquel objeto.
 Para este niño, aquel sello no era un prendedor de solapa, que ni sabía de semejante cosa; sino un talismán, una medalla que había ganado combatiendo solo contra todo un ejército, el pedazo luminiscente de una nave espacial que había aterrizado allí mismo, muy cerca del patio, y giraba y volvía a girar mientras la luz convertía el metal en un arco iris, un arco iris al alcance.
Hay momentos que se escapan, que nadie sabe cómo ocurrieron, si acaso pueden suceder; instantes en que lo irreal se vuelve tangible, los segundos en que cae una gota o se respira, y casi sin darnos cuenta estamos al borde del abismo. En uno de esos, se intercambiaron las manos y lo que fuera talismán
y medalla, arco iris y nave, se volvió de pronto material concreto, un prendedor rectangular con una larga aguja.
 En el rostro del niño no cabía tamaño susto, con las palabras atragantadas, atinó a susurrar:
-Abue. me tragué un sello.
Y como la abuela andaba ocupada y con las manos mojadas, no prestó mayor atención a un hecho que se resolvía de una manera tan simple, y dando la espalda, contestó:
-Tómate un vaso de agua
-No, abuela. no es un sello de papel.
No hay quien pueda describir como giró la anciana cuando la estampilla se le volvió metal de pronto, como perdió el color de un solo golpe, justo cuando los labios del nieto empezaban a tornarse amoratados. Todavía se vivía el relámpago de aturdimiento, tierra de nadie suspendida antes de la reacción,
cuando sonó la aldaba de la puerta.
 Cómo pudo sostenerse camino de la entrada, si aquellas piernas no eran las suyas; cómo pudo extender la mano y girar los dedos -cada uno de ellos- para que el pasador cediera. Sólo dios sabe. si lo sabe. Nada tuvo que preguntar la madre. Le gustaba mirar aquel rostro abatido por el tiempo, severo, cargado de la augusta serenidad de los años; pero siempre asomaba en él una línea de bondad y una viveza en la mirada que parecía borrar las angustias.
Siempre, menos ahora. Ver la señal en el rostro anciano y lanzarse rumbo a su hijo, fue una sola carrera..

 Todo había comenzado una mañana, en que la Maestra vio interrumpida su clase, y una pregunta en suspenso..
  -Maestra, maestra. ¿Es verdad que se dice quepo y no cabo ?.
Aunque esa materia no tocaba aún, se aprestaba ya a una respuesta, porque a esas edades no deben quedarse las interrogantes sujetas al aire; verdad que más difícil de lo que pudiera pensarse, porque explicar la irregularidad de los verbos rompía todas las lógicas, y ella misma pensaba que debía ser cabo
y no quepo, y había que remontarse a razones históricas y léxicas y podía cualquiera perderse en los vericuetos infinitos del idioma y no sabía cuan preparada podía estar la mente infante para semejantes elucubraciones; iba ensayando la mejor respuesta. cuando un fuerte golpe la devolvió a la realidad, un golpe seco en la puerta.
 No habrá que suponer, sino ver como todos dejaron la pizarra y la respuesta, y miraron hacia el lugar de donde provenía el golpe, queriendo traspasar la madera con sus ojos curiosos. Y La Maestra, preocupada tal vez por una pedrada y por el efecto que hubiera podido causar más allá de una marca en la puerta, salió disparada y los niños detrás de ella, a tropel, que no había nadie que les hubiera podido detener, para encontrarse no la piedra esperada, sino un envoltorio con algo brillante adentro, los gritos
para saber qué era, los prendedores que asoman desde su hermoso fondo escarlata, un carmesí más ligero al centro, y sobre la figura de aquel rostro de perfil, unos rayos que emergían...
-¿Quién es, maestra?, preguntaron a coro
-Lenin.
Respondió instintivamente, como si aquel nombre fuera familiar, sin reparar en que quizá nunca lo hubieran oído mencionar, que no había llegado el momento.y cuando reaccionaba para enmendarse, ya los niños andaban probando como reaccionaba el sello al sol, haciendo señales en las paredes, dueños del sol de aquí para allá y con una sola expresión
-¡Que bonito...!
Volvería todo a la normalidad, los sellos a su envoltorio, los niños a sus asientos, la maestra a la pizarra, y el quepo y el cabo y Lenin, quedados para otra ocasión.
¿Quién había tirado los sellos? No era ningún misterio, casi podía asegurarse sin margen de error y sin haberlos visto: el regalo vendría de algún vehículo de visitantes moscovitas, o leningradenses, de por allá, de esos que andaban por la Isla tomando el sol que allá se anhelaba y aquí revienta piedras, y al ver el enorme cartel de Escuela, quisieron hacer un regalo y tal vez entendieron que no había nada mejor que la figura de Lenin y allá lanzaron la bolsa, al paso, con muchos Lenin estampados y con magnífica puntería.
 El prendedor se realizó en lo que era, fue prendido en solapas de camisas y blusas, sirvió de regalo en actos y homenajes, y se convirtió en objeto curioso, exótico y hasta en un juguete. Y ya vemos como el hijo de aquella maestra que no se acuerda si tenía cinco o seis años, lo hubo de reconvertir en lo que ya sabemos, debajo del naranjo. qué no puede hacer un niño.

  Y como dejamos a La Maestra en una sola carrera, reparemos en que fue increíblemente firme cuando vio a su hijo negruzco, señalando a su garganta.
Se tragó el grito, que poco era comparado con lo que había tragado el infante, cargó al hijo sobre sus brazos como había hecho en tantas madrugadas de insomnio años atrás y se echó a la calle, sin escuchar lo que decía la abuela, despavorida.
 Y entonces, justo en lo mejor del relato, la memoria se extravía y no podrá pedírsele  más que la reconstrucción desde ajenos recuerdos, fragmentados, como un rompecabezas al que le faltan piezas. Sólo recuerda a mucho dar, unas luces y unas caras brumosas. antes de perder la conciencia, de dormirse. O acaso, es un recuerdo también reconstruido, armado mucho tiempo después, confundido con tantas historias; pero no, aquel deseo inmenso de tomar agua y los labios resecos, aquel deseo y aquel sueño de que tomaba agua, no puede ser neblina.
 Dicen que la abuela rezó, que la madre apretó contra sí la estampa de la Virgen de la Caridad que sólo la madre de Dios podía interceder con su mano divina. Dicen que lo separaron de la muerte, tres milímetros, apenas tres, cuente usted, y que la aguja abierta no hincó en la carne interior, que una inmensa pinza -que así simplifican los ajenos la nomenclatura médica-, extrajo el sello.
 Delante de su cama, hubo un desfile de batas blancas, primero, y cuando se corrió la voz, ya no hubo nada que hacer, mas que tolerar las mismas peguntas o las nuevas, y hasta entenderlo, que al fin y al cabo aquello, aquello era imposible.
 Que digan lo que quieran, sentenció la abuela. Es un milagro.

 El médico no quiso entregar aquel sello extraído camino al esófago, se quedó con él como un trofeo de caza, o de quirófano. Y lo miraba y lo volvía a mirar, buscando explicaciones al imposible, mientras brillaba la aguja intacta, ligeramente abierta. Y lo contó a todos, sosteniendo el sello por las dudas, entre el pulgar y el mayor; y los oídos se volvieron lenguas y la historia se convirtió en patrimonio de la comunidad, ganando con el tiempo sus agregados y sus detalles.
 En el patio, talaron el naranjo inocente. En los años venideros, el mundo cambió tanto que los moscovitas volvieron a su nieve y los leningradenses volvieron a restaurar el nombre de su antigua ciudad imperial...   Aquel episodio terrible se tornó profético. 
Aquel niño nunca más he podido recuperar su nombre, nadie se lo dice.
 Si lo sabré yo. Que soy el niño que se tragó a Lenin.

*de Reinaldo Cedeño Pineda 
reinaldocp@...
 
 
 
 
Un abrazazo*

Un abrazo pedido
En tonos muy bajos
Reaparecieron de
Su cajita musical
Tanta vergüenza
Y tanto pudor
Querían encoger la ternura
De la noche oscura
Con pesadillas
Sin poder nombrar.
Un abrazo de hace años
Quizás el materno
Ausente: se presentizò
Duerme tranquilo
Niño de nubes oscuras
Que hay dulces sueños
En tu mañana
A partir de hoy.
 
*de Azulazulaki@...
 
 
 
 Los enamorados*

Los enamorados se abrazan
en el parque solitario
y se miran en silencio
con los ojos del amor.
El misterio los rodea
y dibuja una tenue sombra
mientras los besos apagan
la sed de sus bocas.
La luna los vigila
en la quietud de la noche
y su sonrisa brilla
en el cielo de terciopelo.
Los cuerpos se mueven
embriagados de pasión
y danzan las estrellas
derramando su luz.
Las gotas de rocío
salpican los sueños
y vibran los corazones
con la magia de las caricias.

*de María Griselda García Cuerva.
mg_cuerva@...
 
 
 
 
NOSTÁLGICO ANIMAL*
Nostálgico animal que como yo te atreves
a la inmensa grandeza del deseo
de mirar con ternura hacia el pasado
sabiéndolo ya muerto
ya marchito.
Nostálgico animal que como yo te asumes
catarata de luz despedazada
y anhelas la llegada de la noche
para fundir tu llanto con las sombras.
Nostálgico animal que como yo te entregas
al censo de mañanas y tardes ya perdidas
cuando trenzando el aire fuimos brisa,
fuimos nido trinchera bosque río.
Nostálgico animal que como yo agonizas
frente al paso del tiempo. Cada hora
te aleja de mis ojos. Cada hora
me hiere en el silencio inhabitado.
Nostálgico animal que como yo confiesas
con un hilo de pena tu derrota
y como yo te apagas y apagas y sumerges
en ese oscuro mar que es la apatía.
Nostálgico animal cargado de tristeza,
de tristeza fatal como un labio tronchado,
como un viento funesto de tragedia,
como un cielo abrasado por los rayos.
Pero una luz de fuego,
fundiendo tu pupila con los cielos,
estalla en mi retina.
¡Despierta, anda, combate!
Aún es posible andar hacia adelante.
Allende el calendario alguien espera
ecos de nuestros pasos en la arena.
 
*deSergio Borao Llop. sergiobllop@... 
Camino al Andar 2004-2005
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

En las próximas audiciones presentaremos lo siguiente:

Domingo 9 de julio del 2006 (17:06 horas): música de Armando Luna Ponce (México), música de fondo Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay), poemas de Elena Fassio (Argentina). 

Domingo 16 de julio del 2006 (17:06 horas): música de Rafael Díaz, Edgardo Cantón, Cristian Morales Ossio y Pablo Delano (Chile), música de fondo Darío Robayo (Colombia), poemas de Estelia Soto Jourdan (Argentina). 

¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
*
 
Queridos amigos:

He reunido en un libro formato PDF los textos publicados en mi lista de correo durante los años 2004 y 2005 y he añadido algunos extras. El archivo (de unos 880 Kb) puede descargarse gratuitamente en
http://www.aragonesasi.com/sergio/Camino_al_Andar.pdf

Para leerlo es necesario el Adobe Acrobat u otro programa compatible.
Quienes aún no lo tengan, pueden descargarlo en la página
http://www.adobe.com/es/products/acrobat/readstep2.html

Espero que lo disfruten y les mando un saludo.

*Sergio Borao Llop.
sergiobllop@...
http://www.aragonesasi.com/sergio
 
 
 
 
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@... 
 
 
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#97 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 23 de Jun, 2006 12:23 pm
Asunto: POBRES. FEOS. LOCOS. INDIOS
inventivasocial
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Mascarada*

Nací de noche. Llegué a la hora precisa para llorar en las
tinieblas. Sin
nombre y sin Dios, escuché el silencio del mundo.

Vivo la mascarada del futuro y su terca agonía. El bullicio pulula
por la
ciudad, las voces decantan mi llanto.

Tengo un rostro y mil espejos. Mi guerra se oculta en la oscuridad,
los
espectros caídos en las trincheras me consumen. Reconozco: en la
batalla
muere algo de mí.

Voy a cualquier sitio y no sé a dónde llegar, vivo al amparo de mi
orfandad.
A tientas sigo el contorno del mundo, sus sendas me llevan a la
tierra sin
frutos.

Soy luna de abril. Mi sombra habita en el campo del olvido mientras
el
silencio vive su derrota. Pago la franquicia con un grito en el
desierto.


*de Lady López Zepeda ladylz954@...





Pobres. Feos. Locos. Indios.



JUGANDO A MIRAR*

      Desde la televisión nos permiten espiar en las mansiones, en
las fiestas con tragos de colores y sombrillitas; nos dejan ver cómo
los adolescentes dorados se lanzan a piscinas iluminadas por las
noches, y cómo hermosas mujeres de perfecta dentadura sonríen sobre
sábanas de seda.
      Lindo ejercicio el de vivir otras vidas a través de la mirada.
Bueno, vamos a jugar a los espías.
      Tomemos, por ejemplo, a Marcelo Arroyo y a Silvia Matus. Desde
lejos si quieren, con binoculares y desde el auto miremos a las tres
nenas de la pareja; no hace falta bajar la ventanilla, que hace frío
allá en Chubut, y el barrio 25 de mayo en Caleta Olivia no es el
lugar que una escogería para pasear, ni siquiera por la mañana.
      Desde el auto miremos entonces, sin necesidad de entrar a la
habitación de paredes de chapa y techo de nylon, no nos vayamos a
resfriar con la humedad que se condensa en los muros metálicos, no
nos vayamos a mojar con las gotas que se descuelgan desde el
firmamento de plástico, ni a embarrarnos los zapatos en el piso de
tierra. Vamos a observarlos desde acá, porque el olor es
desagradable.
      Podemos verlos a los cinco haciendo las necesidades en una
lata. No tienen excusado. Podemos ver cómo todo se les echa a perder
cuando llueve, y la lluvia cae por igual dentro y afuera de la
habitación que tienen que llamar casa. Cómo no pueden tener nada, ni
muebles ni ropa ni juguetes. Una maestra contaba que hay chicos a
los cuales no les entregan la libreta de calificaciones, porque no
hay un lugar en sus hogares dónde guardarlas. No tienen muebles, no
tienen sitio seco, qué casualidad, como en este rancho de lata.
      Podemos ver a las nenas en la escuela, tema: mi ciudad, mi
barrio, mi casa. Y la cara de las chicas ¿qué es una casa? Un montón
de chapas recortadas, un techo transparente, el frío que muerde los
pies. Esa es mi casa.
      Cuando nos enteramos de que tienen los papeles del terreno, y
una voz en off dice que en otro papel el IDUV les asegura que una
cooperativa les construirá una vivienda suspiramos aliviados. Bueno,
todo lo anterior fue para construir la tensión dramática que lleve
al final feliz. Ahora veremos, con alegre música de fondo, obreros
que silban mientras trabajan en una adorable casita de tejado rojo y
paredes blancas. ¿No?
      ¿Que hace cuatro años que iniciaron los trámites? ¿Que la
ministro de Acción Social Nélida Alvarez le ofreció a Silvia un vaso
de agua para calmarle el llanto, porque otra cosa no podía hacer?
      Así no vale. No juego más. Nos vamos.
      Ya veo que los vecinos los ayudan con el agua, el gas y la luz.
Loable y maravillosa la solidaridad. Pero no vale. No estaba en el
libreto que los pobres ayuden a los pobres, mientras los impuestos
destinados a acción social se derivan a otros lados. Así no vale.
      Vuelvo a mirar la televisión, me apeno porque la rubia ya no lo
quiere a John y lo prefiere a Walter. Todos miramos la televisión,
mientras del techo de nylon se descuelgan tres lágrimas. Cada
lágrima cae en la pequeña frente de una niña dormida, que no sueña.


*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...





Radio La Colifata
Loca, pero te quiero*

La Colifata es un espacio de radio ignorado por el Estado (más allá
de promesas esquizofrénicas), por las autoridades del hospital Borda
(que no fueron internadas) y con apoyo del público, artistas y gente
solidaria. Vida y obra de un proyecto que descubrió cómo de la
política de represión y encierro, se ha pasado a la de expulsión
para dejar a la gente en la calle. Mientras tanto, la radio les
devuelve a los internos la posibilidad de voz, encuentro y
reconocimiento, para combatir el sufrimiento y la impotencia.
Alegres, pero no locos por el fútbol, ni por el mundial, aunque lo
tuvieron de invitado a Bilardo.


"Una mirada colifata y festiva de un evento que nos iguala en
pasiones, donde todavía podemos coincidir en un espacio y momento
para ser felices".
Con esa alegría -que no tiene que ver con la "locura" que vociferan
los medios- presentó La Colifata su espacio dedicado al Mundial de
Alemania, esperando que Saviola, Riquelme y compañía hicieran lo
suyo. El médico, técnico campeón del mundo y comentarista Carlos
Bilardo y una gloria futbolera, el "loco" René Houseman, fueron los
invitados a una derivación televisiva de la radio, el programa El
living de Stellita. Stella Cross vive en la calle y conduce el
programa desde una plaza de Belgrano, donde siempre hay un lugar
para que se sienten los invitados. Bilardo participó desde "los
estudios mayores" de radio La Colifata: el patio del
neuropsiquiátrico José T. Borda.

Más que una FM, La Colifata es un gran espacio de comunicación para
producir salud. O como lo define en charla con lavaca Laura Gobet,
coordinadora del Proyecto, "un espacio de encuentro y empoderamiento
que habilita la posibilidad de pensar los medios como canales de
transformación".
En 1986 desembarcó en el neuropsiquiátrico José T. Borda un grupo de
personas dispuestas a trabajar para desdibujar las gruesas líneas
que dividían el adentro del afuera. Se trataba del grupo Cooperanza,
conocido en ese entonces como la Peña Carlos Gardel, donde trabajaba
como voluntario Alfredo Olivera. Fue a él a quien se le ocurrió
comenzar a grabar a los internos: "A partir de usar ese grabador –un
Westinghouse enorme- se podía lograr que los internos del Hospital
volvieran a tomar la palabra, que recuperaran la voz y que eso
además quedase registrado", explica Gobet.
Enterado de esa experiencia, una radio de San Andrés invitó a
Olivera para hablar de la locura. Pero como no le cerraba del todo
la idea, contraofertó: "¿Por qué no hacemos una columna en la cual
hablen directamente los internos?". Y se fundó así "La columna de
los Internos del Borda".

El nombre propio

Olivera pidió que le grabaran los mensajes de los oyentes que
llamaban por teléfono. Ese casete permitía llevarle a los internos
las opiniones de `los de afuera'. Pronto el nombre dejó de
gustarles, tal vez porque sonaba demasiado solemne. Entonces, entre
todos los que participaban de la experiencia, propusieron nombres
alternativos: las opciones iban desde Westinghouse hasta Carlos
Gardel. Pero finalmente votaron por la única propuesta -entre 40-
que remitía a la locura: La Colifata. "Desde el inicio planteó una
diferencia muy fuerte sobre lo que es el imaginario de la locura.
Porque decir colifato es decir loco querible: qué loca que estás
pero te quiero, esto obviamente sin negar el padecimiento", opina
Gobet.
En 1991 La Colifata empezó a convertirse en un proyecto autónomo,
por fuera de Cooperanza, y a despertar el interés de una variada
cantidad de personas, colectivos y personajes: un oyente obsequió la
primera antena, el periodista Lalo Mir donó varios de los
transmisores, hasta el Comando Sorpresa del ya extinguido programa
de televisión Sorpresa y ½, irrumpió un día para renovar
instalaciones.

Autoridades y autismo

Cualquier sábado del año, sin excepción, desde las 14.30 hasta las
19, se puede presenciar al aire libre la transmisión radial de La
Colifata, que se realiza en el patio del Borda aunque haga frío o
llueva. A la institución jamás le cayó muy simpático que se
instalaran allí: "Somos como un granito de arena en el ojo", subraya
Gobet. Y agrega: "Por momentos ocurrió que La Colifata estaba tan
legitimada afuera que entonces no podían funcionar de manera adversa
a nuestro trabajo".
Cuentan algunos enfermeros que a medida que el prestigio de la
experiencia crecía, las autoridades comenzaban a intentar apropiarse
de ella. Cuando venían periodistas para realizar notas por el
entonces flamante proyecto, el director del hospital respondía como
si fuese el coordinador de La Colifata. Además, en el cuarto piso
del Borda, aún pueden verse las ruinas de lo que intentó ser una
idea exclusiva, original de sus autoridades: un estudio de
radio. "Ese intento de copiarnos no duró demasiado tiempo. Pero hay
muchas más cosas absurdas... nos joden con los ingresos de las
cámaras, con la posibilidad de trabajar libremente. Sin embargo, en
ningún momento tomamos la política de enfrentarlos directamente,
sino que tomamos la postura de hacer. Y el hacer fue tanto que
terminó agotando cualquier posibilidad de jodernos", relata Gobet.

Dignidad versus impotencia

Según cuentan, La Colifata nace como un espacio para rescatar la
dignidad dentro de las llamadas instituciones totales, en donde se
generan situaciones de olvido. Más allá de la alegría que trae el
trabajo autónomo, el contexto es abrumador: un edificio alejado y
solitario, semidestruido, con internos que viven hacinados, familias
que los han depositado allí, especialistas que medican sin ofrecer
tratamientos psicológicos o que conceden altas a pacientes que
quedan en la calle. Una de los dilemas de los que coordinan la radio
tiene que ver con lidiar con la tristeza y la impotencia que todo
eso genera: "Siempre me acuerdo de la frase de uno de los chicos.
Una de las primeras veces que fuimos al Borda, nos dijo: `La pasaron
bien con los loquitos. Ahora se van y no vuelven'. Eso para mí fue
muy fuerte, solo pensaba que tenía que volver. Hay situaciones donde
uno realmente siente que tiene que ser Superman para poder
transformar algo, cuando no hay familia o cuando la institución
ofrece maltrato o directamente destrato. Es terrible cuando la
persona tiene algo para dar pero no es escuchada y a nadie le
importa", relata Gobet.
En La Colifata creen que todos tienen algo para aportar. La salud -
dicen- tiene que ver con potenciar lo más saludable de cada uno. Por
eso trabajan con técnicas de inclusión de la locura o de lo que a
simple vista parece delirante. En la radio tiene espacio todo aquel
tenga algo para decir: "A veces en medio de un debate, se te acerca
alguien al pasar y te dice: "No, porque yo sabía domar caballos". A
partir de ese saber de alguien que suele no hablar ni participar,
uno le propone contar eso al aire. Y por ahí eso hace que esa
persona, al próximo sábado, tenga un programa para enseñar a domar
caballos. A esto nosotros lo llamamos rescate de subjetividad",
revela Gobet para demostrar cómo se va formando la programación.

Contra el sufrimiento

Unas 25 personas integran el colectivo La Colifata, tres de ellas se
encargan de retransmitir microprogramas: graban lo que ocurre los
sábados, lo editan con criterios políticos, éticos y estéticos, y lo
envían a todos los pacientes internos y externos que participan del
proyecto. El mismo material se transmite también vía
internet. "Trabajamos en dos campos: hacia la comunidad en una
función antiestigma y hacia los colifatos como colectivo, para que
puedan empoderarse y generar algo distinto en relación a su
sufrimiento", aclara Gobet.
Una persona del grupo se encarga de las relaciones con los
periodistas y de generar contactos para conseguir financiación.
Otras dos ofrecen apoyo a los colifatos el día de la transmisión de
manera voluntaria y una estudiante de psicología se encarga de las
estadísticas: recoge la información sobre quiénes participan del
programa para luego establecer un seguimiento de cada participante.
Por último, Olivera y Gobet coordinan varias cosas, pero sobre todo
las cuestiones más terapéuticas: realizan interconsultas con los
profesionales del Borda y abrieron un espacio, cada viernes, para
conversar con todos los internos que lo necesiten.

Manu Chao colifato

Si bien La Colifata lleva más de 15 años de trabajo, todavía no le
encontró la vuelta a su financiación. La mayoría del dinero que
ingresó durante estos años vino de donaciones de oyentes, amigos,
periodistas o colectivos autogestivos. Todo eso apenas sirvió para
los insumos y el mantenimiento. El Estado le otorgó premios y muchas
promesas. "Pero nunca un mango", dice Gobet con resignación y
describe una de las consecuencias: "El equipo de trabajo cambió
mucho a lo largo de estos años. Eso a veces es un dolor y es una
imposibilidad como colectivo para organizarse y armar estrategias".
Corría 1996, cuando un documentalista llegó a La Colifata para
realizar un video. Luego de un tiempo se fue a vivir, como muchos
otros jóvenes en aquella época, a España. Terminó haciéndose amigo
del célebre Manu Chao, con quien una tarde de aburrimiento compartió
aquel documental. El músico nacido en París quedó gratamente
sorprendido y decidió mezclar sus canciones con audios de los
colifatos para realizar un nuevo disco, que después pusieron a la
venta los músicos que vivían de manera ilegal en España. "Apenas nos
enteramos, nos pusimos en contacto con Manu Chao y con FM La Tribu
para editar el mismo disco acá", cuenta Gobet. En la Argentina, los
vendedores fueron los propios internos que salían del hospital. El
disco se llama "Siempre fui loco".
Además, la radio ha realizado una convocatoria a todas las bandas
independientes, grupos o solistas, que quieran participar en un
nuevo disco. Para hacerlo hay que enviar un demo con hasta tres
canciones originales, a las que se agregarán canciones y máximas
colifatas grabadas en el espacio de la radio. Hay tiempo hasta el 14
de julio y las bases están en
http://lacolifata.openware.biz/index.cgi


El Estado de la nada

En 2005, el cantante llegó a la Argentina con una nueva propuesta:
realizar un recital a beneficio del proyecto. Así fue como en
noviembre ese año, uno de los shows de Manu Chao contó con la
participación en el escenario de algunos internos que compartieron
micrófono con él.
Gracias a lo recaudado en aquella ocasión Gobet -que trabaja en el
proyecto desde 1991- pudo empezar a cobrar por su trabajo.
"Basta de que nos ayude siempre la gente. El Estado tiene que
hacerse cargo aunque sea una vez. Venimos con muchísimas promesas,
papeles firmados, presupuestos aprobados para terminar el estudio,
construirnos un lugar... Pero nada. Si hoy nos regalan 15 sillas no
tenemos donde guardarlas, estamos guardando los equipos debajo de la
cocina del Borda, donde hay una humedad terrible", reclama Gobet.
La casita en donde guardaban inicialmente los equipos fue incendiada
el año pasado en circunstancias más que dudosas. Hay varias
versiones sobre los responsables pero de eso mucho no se habla. "Se
quemó todo pero todo: parlantes, equipos, etc, etc. Ahora todo nos
anda muy mal. Por eso terminamos 2005 en una situación de mucho
trabajo, muchas ideas, muchas ganas de seguir adelante y a la vez
desmoronados", recuerda. Como si fuera poco, les robaron una
notebook de adentro mismo del hospital. Pero como el prestigio de La
Colifata es tan grande, siempre hay una ola solidaria que la
reanima: "Cuando fue el robo de la computadora, estábamos muy mal.
Alfredo Olivera escribió un comunicado preguntándole a la gente cómo
seguíamos y empezaron a llegar una infinidad de mails de ayuda:
desde alguien que donaba su compu hasta alguien que decía que tenía
autos antiguos, y podía hacer una exposición a beneficio. El grupo
de teatro de San Telmo ofreció la recaudación de sus funciones,
Jorge Guinzburg donó una máquina como la que nos sacaron... A
nosotros nos alienta muchísimo todo eso".

El desconocido y los astros

En 2004 La Colifata aterrizó en Telefé, para concretar La Colifata
TV, que consistía simplemente en seguir haciendo radio pero esta vez
para salir por televisión. La propuesta se llevó adelante gracias a
Pedro Saborido, que se acercó a la radio con la intención de encarar
un proyecto en conjunto y guió al colectivo para concluir en ese
ciclo por el cual recibieron cerca de 2.000 correos del público.
En 2006 se renovó la posibilidad de emitir por televisión. Esta vez
en el canal del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Ciudad
Abierta, donde comenzó a transmitirse El living de Stellita. La
conductora es una mujer de unos sesenta y largos, madre de un ex
interno del hospital, y también conductora del programa radial
Visitas en La Colifata, con un estilo rebelde y contestatario.
Stellita vive hace 15 años en la calle y desde la Plaza Belgrano,
donde suele dormir, realiza su emisión televisiva, rodeada de un par
de sillones, algunos invitados y otros colifatos que tienen sus
propias columas. Allí se hizo la presentación del programa previo al
Mundial, con René Houseman (el "loco" campeón del mundo en el triste
1978) y Carlos Bilardo (técnico de Argentina campeona en México,
1986), además de Fabián Ferraro, creador del club de fútbol
callejero Defensores del Chaco, con el que busca convocar a los
chicos de la calle e incorporarlos en un proyecto social y
comunitario. La Colifata anuncia El living de Stellita con estos
agregados: "El columnista (ex Hombre Desconocido) Alejandro "De la
Sagrada Elión" Strassener nos brindará una visión global de la
problemática y nuestra Astróloga Juliana Zuc de Batistuta nos
aclarará cómo los astros zodiacales están siempre presentes".

Entre la tierra y los astros, Gobet, como coordinadora y psicóloga,
ocupa muchas veces el lugar abandonado por los profesionales y se
ocupa de realizar interconsultas. "Llevamos al espacio de
tratamiento lo que los internos traen al programa de radio. A veces,
no hay tratamiento psicológico, sino farmacológico y lo mejor que
puede pasar es que a partir de que uno se acerca, decidan ponerle
psicólogo".

Del encierro a la expulsión

La Colifata resulta así un espacio de identidad y pertenencia para
los pacientes. Tal es así que varios de los que están en situación
de transferencia –aquellos que se están reinsertando en la vida
social- vuelven cada sábado para participar de los programas y
continúan definiéndose como colifatos.
El eslogan de La Colifata, "rompiendo muros", ha sido superado.
Antes prevalecía la política del encierro, la represión y el
aislamiento. Los neuropsiquiátricos eran un depósito de personas
posiblemente enfermas, o diferentes, y de pobres.
Ahora todo cambió, y no precisamente para bien, según Gobet: "Está
pasando algo en estas instituciones. Antes eran muy represivas,
entonces había que trabajar para tomar la palabra y recobrar la
identidad de la persona internada. Por eso la idea de romper muros.
Pero hoy estos lugares son expulsivos y a muchos le proponen como
único destino la calle. La Colifata dentro de esa lógica funciona
como un espacio de intersección, que no está adentro del hospital
pero tampoco afuera. Se volvió un medio muy fuerte para los internos
pero a la vez un espacio de contención y encuentro para los que
viven en la calle".
El 100.1 de La Colifata pronto será 100.3 y seguirá escuchándose en
un radio de 30 cuadras, pero mejor. También próximamente La Colifata
se podrá escuchar por internet.
Para romper los muros, sin por eso quedar a la intemperie.


éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente
(siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos
que citaran la fuente.

-FUENTE: AGENCIA LA VACA
http://www.lavaca.org/seccion/actualidad/1/1378.shtml





MARIO BENEDETTI
La noche de los feos*


1
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un
pómulo  hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la
operación. Mi asquerosa  marca junto a la boca viene de una
quemadura feroz, ocurrida a comienzos de  mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros
de justificación por los que a veces los horribles consiguen
arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como
los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o
ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá
eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada.
Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su
propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la
pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez
nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue
donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas
soledades. En la cola todos estaban
de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios,
amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo-
tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y
crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con
insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la
garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no
se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección
con una ojeada minuciosa a la zona lisa,
brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas.
Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir
su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja
de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas
bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido
siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para
mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos,
de otros espantajos. Quizá
debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así
como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito
si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera
quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura
en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le
hablé.
Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La
invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De
pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una
mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras
espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están
particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza,
ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente,
milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi
adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar
murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y
aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas
constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que
coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una)
de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también
me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su
lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de
forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para
justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que
tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente
que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi
equivalente de la
hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener
un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha,
a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa,
irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que
usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como
quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo
oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea,
donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente
escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando
sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

"Vamos", dijo.


2

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi
lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que
la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora
estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta
hallar su pecho.
Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su
vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de
aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar.
Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi
mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de
horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En
realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego
progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi
cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin
barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y
descorrí la cortina doble.

-Enviado para compartir por Ana. analia_gattasz@...






Escribir sobre la línea de la marea*
22/06/06

*Por Mónica Russomanno. russomannomonica@...

(APE).- No todos los chicos van a la escuela en la Argentina, y
algunos van pero la lluvia no los moja, se dejan resbalar por la
gramática y los ángulos isósceles, por las paralelas y los acentos
prosódicos. Dice el CIPECC que más de 720 mil alumnos están ausentes
de las escuelas argentinas, y que unos 730 mil mayores de 15 años
son analfabetos, y, cosa que a los que vivimos aquí no nos extraña;
existe una profunda desigualdad entre las jurisdicciones. Esto hace
que mientras en la capital vayan a clases nueve de cada diez chicos,
en Misiones, Santiago del Estero y Corrientes sean seis o cinco los
que persistan en cargar sus exiguas mochilas.
Más ausentismo en las provincias pobres, más analfabetismo. Y es la
pobreza y la indigencia, es la falta de creencia social en el
antiguo Dios de la educación que traería trabajos mejores, es la
desarticulación familiar, la falta de escuelas, la inadecuación de
esas escuelas a las zonas donde debiesen arraigarse. Es la falta de
alimento en la etapa de lactancia y primera niñez. Es, además, una
cultura que pretende trazar con línea de tiza mojada un rectángulo
extraño sobre un antiguo entramado de tejido en hebras de colores.
Que dos mas tres da cinco como resultado se enseña sobre el dos mas
dos, no sobre el dibujo que deja la arena en la playa, sobre la
delicada caligrafía de los insectos alrededor del fuego, sobre el
sonido de las vacas parturientas en el verano. Intentar esa extraña
adición de conocimientos inconexos, saberes que no casan, crea
siameses, perros con tres patas, fenómenos.



La vicedirectora la retaba y la retaba. Argumentaba, le explicaba,
esgrimía razones.
La nena tenía la perfecta pura sólida expresión de no estar. Sobre
ella las palabras llovían, se resbalaban, no dejaban ni una ínfima
huella de humedad. La nena se escuchaba para adentro mientras el
reto diluviaba.
Yo las miraba con el asombro que me provoca una y otra vez descubrir
que la gente hablando no se entiende, y es necesario un conjugarse
de astros y condiciones favorables para que alguien haga un efímero
contacto con otro ser.

La nena, apenas un piojito marrón, se miraba para adentro con los
ojos rasgados. La Vicedirectora la retaba y le hablaba de Jesús, de
sus enseñanzas, de que debemos ser buenos y obedientes.

Una palabra se coló dentro del muro.
La nena sonrió con absoluta salida de sol en la cara. Con voz
precisa dijo "el Viernes Santo Jesús muere, y el diablo anda
suelto".

No venía a cuento. Hubo un silencio. Paró de llover.

La vicedirectora la mandó de vuelta al aula con la sensación de
haber perdido el tiempo.
La nena se llevó el cuerpito oscuro por el patio, se llevó su Jesús
moreno, su Diablo blanco.
Por el aire la seguían santos milagreros, pachamamas, cintitas
contra la envidia, amuletos de colores, antiguos nombres de dioses
dormidos.

Si. La vicedirectora había perdido el tiempo.

Fuente de datos: Agencia de Noticias Argenpress y Diario La Nación
14-05-06

*Publicado en AGENCIA PELOTA DE TRAPO
http://www.pelotadetrapo.org.ar/




Viernes, 23 de Junio de 2006
TREGUA EN EL CONFLICTO ABORIGEN
La cuestión indígena en el Chaco*

Opinion
*Por Mempo Giardinelli

De un lado, muchas familias de indígenas chaqueños acampando en la
Plaza 25 de Mayo, la principal de esta ciudad. Del otro, el edificio
de la Casa de Gobierno. Y la ciudad, con su tránsito caótico ahora
recrudecido, dividida entre el racismo más o menos disimulado y una
comprensión resignada del problema.
Tal fue el paisaje del último mes. Los piquetes y la protesta
mediática de las tres etnias que conforman el Instituto del Aborigen
del Chaco (Idach) consiguieron que hace un par de semanas los
recibiera el gobernador Roy Nikisch, pero apenas entraron se pudrió
todo: el toba Orlando Charole, presidente del Idach (que es un
organismo del gobierno), quiso que entraran 20 delegados de las
etnias y asambleas del interior. El gobernador dijo que sólo
recibiría a seis. Charole dijo además que la agenda debía ser
abierta e incluir todos los temas. Nikisch dijo que no aceptaría el
reclamo de renuncia del intendente Lorenzo Heffner, de Villa Río
Bermejito, a quien los indígenas acusan de discriminación y racismo.

Y ahí se acabó el diálogo, cortado por ambas partes, y entonces
sobrevino lo obvio: diputados y dirigentes peronistas acusando al
gobierno; grupos de ultraizquierda proponiendo "tomar" la Casa de
Gobierno cual Palacio de Invierno y el radicalismo local
justificando el acostumbrado e irritante autismo de Nikisch, que
nunca responde a los reclamos y deja que todos los conflictos se
tensen al máximo.
Después se fue Luis D'Elía, cuya fugaz presencia distó de ser
afortunada, y también se retiró el lamentable circo de movileros de
la televisión porteña, esos que se excitan cada vez que "descubren"
la indigencia y la posibilidad de disturbios, seguramente
desilusionados por la serenidad indígena.
Y allí siguió el campamento, bajo el cambiante clima chaqueño cuyo
ridículo invierno los condenó a temperaturas de 5 hasta 30 grados,
lluvias y solazos, y todo en medio de la arboleda de la plaza
principal, sin baños ni servicios, con mujeres, viejos y críos
vestidos precariamente y mal alimentados. Por más de dos semanas.

Sus reclamos son, de hecho, todos. Y por donde se mire el asunto,
tienen razón.

El petitorio presentado hace un mes exige la entrega inmediata de
tierras a las comunidades aborígenes; la suspensión de toda venta de
tierras fiscales; la formación de una comisión popular investigadora
y que se sepan los nombres de los compradores.

Pero pasaron los días y la protesta se debilitó. Solamente querían
hablar con el gobernador, pero ayer Nikisch viajó a Portugal y una
delegación aborigen aceptó hablar al mediodía con el vicegobernador
Eduardo Moro y el gabinete casi completo. Luego de cinco horas,
Egidio García, un dirigente indígena moderado, dijo: "Fuimos
escuchados y ahora todo va a ser trasladado al Parlamento indígena".

En la asamblea de ayer, jueves, quedó claro que la
estrategia "larguera" del gobierno fue exitosa. Se informó que se
habló de la entrega de territorios indígenas y de la ampliación del
presupuesto del Idach; de la oficialización de títulos a los
maestros bilingües y de la puesta en marcha de programas
habitacionales, de salud, educación y producción para las
comunidades. Pero, curiosamente, no se tocó la cuestión de la venta
de las tierras fiscales.

La asamblea decidió levantar el campamento. Quedará un grupito de
aguante hasta el 10 de julio, en cumplimiento de la tregua acordada,
rodeados de la inexplicable indiferencia de una sociedad que mira
para otro lado, del frío trato gubernamental y del apoyo sectario de
muchos que se acercan por puro oportunismo político.
Es lo que rodea siempre a los aborígenes. Como ha sido toda la vida,
toda la desdichada historia indígena de los últimos ciento y pico de
años. Yaunque es cierto que algunas voces suenan todavía
amenazantes, casi nadie las escucha. Y no sería raro que en algunos
despachos se haya brindado con champán.

*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-68865-2006-06-23.html





QUEREMOS TANTO A DAVID*

       *Por Hugo Alberto Ojeda

Un amigo.

En las medias mañanas de los domingos, el tiempo adolescente se
recobra en la plaza San Martín. Se desvancen las escenografías de
sórdidos espectáculos montados en la Jefatura y el Comando. Los
faroles vuelven a tener lámparitas de filamento, el monumento a San
Martín se despoja de los apáticos andamios restauradores, los bancos
de madera pueden moverse. Bajo las hojas secas de los plátanos se
borra la deshonesta imitación de las veredas de Ipanema, vuelven las
clásicas baldositas cuadradas de cemento gris.
Éramos tan libres y teníamos todas las fichas.
Entre tantas diapositivas nostalgiosas, la figura de Leiva
cantando "I will", imitando el falsete de McCartney, sacando los
tonos de Harrison. Se presenta más cierta y real que las noticias
del diario acabado de comprar.
Algo, un sentimiento me empuja a hacer la pausa, buscar un banco,
dejar rozar materia y espíritu en las chispas del tiempo. Teníamos
una callada soberbia: el florecimiento de la jodida Historia se a
iba a dar en nuestra generación. Rosario era una fiesta de barrio. A
esa reunión, una tarde llegó David, el Leiva.
Lo conocimos en el mítico sótano oscuro y húmedo de la calle Mitre
al 700. "Corchos y corcheas". Era una época tan virgen, tan ideal.
Todavía no nos había salpicado la masacre de Trelew. El tan lejano
otoño del 72. El Pichi De Benedictis estaba aprendiendo a tocar la
guitarra en un banco de esta plaza. Acá, en esta misma intemperie,
el Indio Lamas le dio algunas clases salvajes. Le enseñó los punteos
de esa canción donde Vox Dei anunciaba que el amor no tenía medida.
Rosario era una ciudad espontánea, simple; todavía había más gente
que artistas. Como siempre estaban los que iban de la casa al
trabajo y los que querían mover la cosa. Y esos que cubren la
infinita gama que va del blanco al negro. Esa masa de anónimos
cotidianos que, al estar tanto en la realidad son ninguneados por la
sociedad del espectáculo.
Nos junábamos todos. Mezclado con esos verdaderos hacedores, había
un loco lindo que nos hizo la mano para conseguir un lugar donde
hacer música y teatro. Era el mejor amigo de Felipe Rodríguez Araya,
el vago se llamaba Nicanor. Vivía asilado en una cama al final del
laberinto recto de un pasillo de la calle Entre Ríos, sin aclarar
nunca si imitaba a Johnn Lennon o a Macedonio. Así Carlitos
Piccolini nos prestó (gratis) el local de "Corchos" los domingos.
Matineé concert. Una de esas soleadas tardes se apareció David,
desenfundó la guitarra y empezó su canción.
La guitarra era la mítica que le había vendido el irlandés, el
primer cura de la iglesia de Parquefield. La canción era el jingle
del viejo reloj.
David se integró a la barra con las indescifrables leyes de la
amistad. Era un ser querible y espeso. Un tipo transparente, con
todos sus defectos y virtudes al aire. Con la misma facilidad podías
hacerte su amigo o cortarle el rostro para siempre.
Estudiaba y trabajaba en una agencia de publicidad dibujando con
plumines y la Tintinkuli. Tableros, cartulinas Romani, escuadras
Staedler y tintas. Podíamos conmovernos con Witman y los Trovadores,
con Jimmi Hendrix y Tejada Gómez. Con Joan Báez y Teodorakis tocando
en el cine Real.
Un simple de 33 1/3 sonando a 78, la urgida canción de la Historia.
Los compromisos de la vida nos fueron dispersando. Pero siempre
encontrábamos la oportunidad para el vinito y el asado, el pretexto
para que volviera a desenfundar la guitarra. La excusa de la tapa de
un CD o un afiche para llegar mateando hasta la madrugada.
No supe que nunca jodiera a nadie. David un día se fue, la vida es
movimiento. El tiempo no se mide en la gráfica que va del tiralíneas
hasta el Corel, ninguna ciencia puede reproducir el boceto franco
que va de La cebra a lunares a la Risario.
Nosotros morimos, los afectos no. Esta mañana de domingo miro pasar
la nada en un banco de nuestra plaza San Martín. Me siento cerca de
los que queremos tanto a David.

*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-4106-2006-
06-23.html



*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 25 de junio del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música de los compositores mexicanos Jorge
Hernández Vela, Mauricio Rodríguez, Edgar Guzmán e Hiram Navarrete,
interpretada por Wilfrido Terrazas (México). Las poesías que
leeremos pertenecen a Omar Darío Gallo Quintero (Colombia) y la
música de fondo será de Pachakuti (Andes); todo ésto en nuestro
programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les
deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg      AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



Crónicas de vida en el mundial.

Ejercicio de escritura.

La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la
realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras
y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no
siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma
leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es
dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente
durante el transcurso de un mundial de futbol.

Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los
partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en
número de escritos por autor.

Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al
correo:
inventivasocial@...
( Con copia a inventivaedicion@...  )




*

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trabajos.
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*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...



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#96 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 20 de Jun, 2006 5:28 pm
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Azul*

A veces
hablo desde el silencio
y agradezco a la vida
formar palabras
que naveguen el espacio
y te encuentren pintando
pájaros de risas.
Otras
llueven primaveras,
el horizonte se esconde
la cordillera se aleja
y es tiempo
y espacio
y camino...
Entonces,
abro una puerta a la utopía,
la acorralo 
en el hueco de la lágrima
que tiembla
ante tu libro azulado de palabras
donde nos vive la infancia
y estallo,
y vuelo
y me envuelvo en la conciencia
de la desmemoria,
despego pies y dedos de la miel
sobre esa luna
plateando hilos de nostalgias
y una esperanza hace milagro...
 
 
 
 
 
Ruiseñor*
 
Tu ruiseñor
Ha partido
Descansa entre burbujas de sueños
Tu ruiseñor se ha ido
Se fue jugueteando
A otro nido
Tengo sus plumitas
Que acarician tu piel
Tengo sus alas
En mi agenda
Y su poesía en tus hombros

Hace frió
Narrándole una historia
De duendes y gnomos
Rascándole la pancita
El volverá a tu balcón
Allí hay un refugio para él
Acorrucado dentro de mí.

Corazón de ruiseñor
Que despierta en la madrugada
Acostado en su lecho
De dientes de leche
Sueña con golosinas
De alpiste y miel.
 
*de Azul. azulaki@...
 
 
 
 
COMO OLEADAS*

Como oleadas de pájaros
en vaiven de sube y baja
tus senos florecientes
mientras tu desciendes
por la playa.

Este verano bochornoso
que me seca la garganta
que me llena de angustia cotidiana
y solo tus senos juveniles
como bandadas de pájaros
en vaiven de olas
por los cielos de
la playa.
 
 
 
VIEJA BARCA*

Todos los angeles
todos los soles
bajo esta madrugada.
La barca navegando
el cereal creciendo
la angustia
a flor de labios.
La mañana
es una granada
reventando.
Tu piel de acero
vieja barca
el oleaje
salpicando
tu descascarada
marchita
herrumbrada
piel
de brea
vieja
lastimosa.

*Poemas de Jose Pivin.
pivin2005@...
Haifa-Israel
 
 
 
HOMBRE BUENO*

     El hombre dijo “quiero ser bueno”. Así, de repente, si es que esas cosas pasan sin historia acumulada por debajo, por detrás, por entremedio.
     “Quiero ser bueno” dijo, sonriendo como quien se presenta en el umbral, y afuera llueve, y está lindo adentro.
     Hay muchas clases de sonrisas, y la suya no era; no le iba con la cara, con la edad, con los anteojos. No estaba bien que un hombre grande sonriese así. Quedaba definitivamente mal que mostrase la cara tan desnuda, que mirase sin cortinas en los ojos. Tan impúdicamente.
     Si el hombre hubiese tenido ojos celestes, pelo revuelto, si se hubiese perdido delgadamente dentro de románticos abrigos hubiese sido más sencillo prestarle credulidad.
     Pero ese pulovercito celeste cuello en “V”, los calzoncillos largos abolsando los pantalones, las manos bastas; nada celestial, en fin, un mero oficinista ni tan siquiera kafkiano, señor de buen comer estómago abultado pañuelo usado en el bolsillo. Cómo, me pregunto, cómo creerle.
     Y eso de ser bueno...
     El problema es que la vida no está en damero, nada de blanco y negro, casillas formadas en fila y milimétricas. El problema no era escoger entre luz y obscuridad, qué fácil, sino entre las fichas azules o violetas.
     Entonces el señor, frente a la elección, se cuestionaba, pensaba, entregaba su sueño a la disyuntiva, y con manos de quiromántico acariciaba las opciones para conocerles el pelaje. A veces se equivocaba. No se sabe. A veces creíamos que se había equivocado pero no, pero al fin lo que no se había presentado luminoso culminaba demostrando su vocación de farol.
     Y, nosotros, lo vigilábamos.
     En el fondo queríamos que le saliera bien, en el fondo deseábamos su fracaso. También eso, tampoco eso, era fácil de saber.
     Teníamos la risa floja más que nada cuando se marchaba. Risa de espaldas.
     Y nos reíamos, nos reíamos como las hienas que es mentira que se ríen. Parece nomás. Ladran agudo y esperan con ojos de mirada lateral que caiga el herido para devorarlo. De ningún modo se ríen, y menos como nosotros debiésemos reírnos.
     El hombre estaba empeñado, y les aseguro que ese es el término porque todo fue entregando. Estaba empeñado, digo, en ser bueno no por ausencia de maldad sino por el ejercicio de la buena obra, de la buena palabra, de la buena compañía y hasta del buen silencio.
     Dedicado a tan elusivo objeto, a conseguir una bondad pura, ingenua y cálidamente fraterna, se dio a construirse alas con lo que iba hallando por ahí. Papeles de propaganda, carteles desusados, varillas de sillas desfondadas, trozos de colchones desheredados.
     Grandes alas de gomaespuma con estrellitas fluorescentes, alas de papel cometa que sucumbían a los vientos, alas de cartón, alas de chapa.
     Fracasaba, pobre. Fracasaba.
     Algunas eran demasiado débiles y se le deshacían apenas asomaba un pie a la calle, otras eran transparentes y era como si no estuviesen, otras tenían bordes afilados que cortaban las ataduras y de paso le laceraban la espalda. Unas alas de tan amplias no le permitían pasar las puertas estrechas y no podía entrar a la casa de ciertas gentes. Otras, pasadas de almidón, no lo dejaban sentarse en estas sillas, descansar el cuerpo.
     Eran, en suma, alas mentirosas, agregadas fijadas adheridas con cintas, cola, correas, piolines rescatados del cajón de la cocina.
     No servían.
     Y nosotros, claro, nosotros nos seguíamos riendo todos juntos desde lejos. Y nosotros, claro, nosotros lo buscábamos de a uno para tomar unos mates y reposar el espíritu. Era lindo estar con él, calentarse las manos en su fuego. Pero íbamos de a uno. Avergonzados. Tratando de ocultar con anteojos negros la luz que nos ponía en la mirada. Que no se diga, que no se vaya a decir que uno es, estúpidamente, como él quería ser, bueno.
     Y llegó el día en que no se las puso más. Llegó la tarde en que hizo una hermosa hoguera en la que ardieron con la misma alegría maderitas, polietilenos, trapos, hojas de papel, engrudo seco.
     Habían desaparecido todas sus alas. No se las puso más.
     Por estas calles y estas veredas hechas de baldosas recompuestas, en la oficina, dentro de los colectivos y de visita. En ningún lugar y para nadie volvió a abrocharse las correas de las alas de utilería. Nunca más. La espalda sin alas. El hombre ya no tenía alas.
     Y entonces, si todo quemó, entonces, me pregunto entonces por qué yo, por qué nosotros todavía se las vemos.

 
     Yo estoy enamorada de vos.
     Yo no, qué problema, dijo él sonriendo.
     No pude hacer otra cosa que devolverle la sonrisa.
     Después lloré.
 
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
XVI*
 
voy a  escribir
los versos más ardientes
 
sospecharé el corazón evadirse
de la jaula que lo retiene
                             y volar como paloma
 
encontraré los besos
más húmedos
             más cálidos
                              más ansiosos
 
las abejas en mi colmena
                           me llenarán de miel
 
la savia de tu tallo
                  agua para mi deseo
 
las ramas de tus brazos
y la raíz de tu árbol
fugitiva y alienada
                         me cercará
 
no permitan que me envuelvan
                            prudentes palabras
no dejen que formales obstáculos
                                     se interpongan 

dejen a esta atolondrada
                         perderse en sus desvaríos
que el alma se le seca
y la piel
       se vuelve desterrada

                        *de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...
 
 
 
 
DOS NOMBRES*

            Al llevar nuestros nombres
            en comunión de infinitud,
            de amar porque sí, inocentemente,
            solamente amar sin esperar,
            con las manos cristalinas
            y los pies caminando la hierba;
            sentiremos que somos un solo espejo.
            
            Al llevar nuestros nombres
            con ojos que contemplan
            el sonido de la misma música,
            extenderemos nuestros brazos
            a la voz que nos palpita
            en nuestros ojos de armonías.
            Así, solo así, será un brillo de perlas
            aquella  lágrima de luna.

*de Xenia Mora. xeniamora@...
 

 

 

 

ALREDEDOR DE NABAM*

  
 
     Yo soy yo, la que escribo y no la que escribió. Algunas veces, cuando releo la novela de ella tiendo a confundir las identidades y creo ser la otra, la que se obsesionó con ese personaje extraño y maravilloso que fue apareciendo apunte por apunte, en esas noches de insomnio en las cuales la historia le fue aconteciendo como dictada, como si ese ser imposible se escribiese y describiese a sí mismo, apareciendo pleno y corpóreo, ajeno a su imaginación.
     La cosa comenzó a partir de un artículo del “Diccionario infernal” de Collin de Plancy, libro que pacientemente la esperaba en un anaquel de la biblioteca familiar desde antes de que naciera. Siempre había estado allí, lo descubrió en la infancia leyéndolo a escondidas de sus padres, y desde entonces esporádicamente releía algunos artículos, con la curiosidad incrédula que conviene a nuestros tiempos y la satisfacción por el estilo y el lenguaje antiguos. También allí, desde siempre, la aguardaba quizás Nabam para manifestarse.
     En la página dedicada a los conjuros se recetan las palabras, signos y condiciones para invocar a los demonios, y tan bien organizadas se encuentran las huestes infernales, con sus capitanes, sus legiones y sus cadenas de mando, que a cada día de la semana corresponde un demonio, un horario para efectuar la ceremonia, una ofrenda que debe ser preparada con celo para entregar al compareciente.
     La escritora no otorgaba fe a la brujería, pero le pareció que el tema era adecuado para crear una novela, y la primera noche hizo una descripción de Nabam, el demonio de los martes.
     Lo miro parado y es más bajo de lo que parece estando sentado. Esa falsa impresión la causa una cierta desproporción entre el cuerpo y los brazos, que resultan demasiado largos. Me desagrada. Tiene un exterior brutal desmentido por una delicadeza extrema en los dedos y la forma en que manipula los objetos. Desearía que fuese simplemente bestial sin esa cualidad falsa de cuidadosa cortesía.
     Cuando habla, agacha la cabeza, lo que hace que aparezca una línea blanca debajo de sus iris. Ojos celestes, o grises, o verdes. Difíl definición. El inicio de cada frase le provoca una sacudida y un adelantar el torso hacia mí, que en cada uno de sus avances retrocedo. Me llega su aliento a cigarrillo y alcohol, y algún aroma más como a perfume y transpiración. (Y flores marchitas).
     Me mira con una intensidad que me pone nerviosa. Respondo apurada, equivoco las palabras y mis expresiones me resultan estúpidas en el mismo momento de decirlas.
     Siempre igual. Serpiente encantadora de pajarillos. Pero yo no soy un pequeño pajarito; sin embargo frente a él soy un ser informe. Me desprecio. Cada vez que estoy contenida en su mirada, con su cuerpo atento y ominoso, me siento en la zona de trampa.
     Digámoslo de una vez, el hombre me resulta intolerablemente atractivo porque me repugna.”
      Este primer retrato se le dio como una revelación, como si hubiese visto realmente a Nabam, y al otro día la imagen del demonio se le presentaba constantemente, reclamando su atención aun mientras ejecutaba sus tareas cotidianas.
     Tenía, entonces, al personaje. Cómo sería el desarrollo de la novela no era tan claro, excepto que le resultaba evidente que se enamoraría de él con secreto horror. En síntesis, una mujer invoca al demonio en una ceremonia hecha por broma, el demonio se presenta, se declara suyo, esta mujer debe convivir con él y se consignan las visicitudes y los diálogos que se dan entre ellos.
     En algunos borradores utilizó un narrador omnisciente, en otros la tercera persona, pero los desechó y finalmente escogió el relato en primera persona, siendo la narradora una mujer que era ella misma, disfrazada apenas por detalles dispares o concesiones tenues a un intento de ocultamiento. Se puede notar sin ninguna dificultad al leer el libro cómo esos pueriles disfraces se diluyen a medida que la relación avanza, y finalmente aparece la escritora claramente retratada a través de sus palabras. Así, Nabam iba tomando forma y peso, y ella se despojaba de imposturas para reconocerse como protagonista del drama.
     No soy más que una mujer. Una patética mujer. No puedo escribir sobre sentimientos porque caería en la deplorable zona de la novela rosa, no no no no no no no. ¿Qué se puede decir que no haya sido dicho admirablemente por otros?.”
     Este párrafo se encuentra en su diario, y por la fecha corresponde a las primeras etapas de escritura. No deseaba escribir una historia de amor, y era eso sin embargo el fondo de la trama, la secreta seducción del demonio. Sin embargo, un segundo leimotiv ejercía un contrapunto constante, y era la relación del demonio con Dios, la imposibilidad de probar la existencia de Dios aún ante la presencia del demonio, igual de ignorante que las demás creaturas de los secretos designios del creador.
     Así, este personaje en principio fantástico e increíble se va mostrando como ser arrojado al mundo, dotado de escasos poderes y aún más escasos conocimientos del más allá, siendo que al entrar en este territorio, al franquear la puerta de nuestra existencia pierde la memoria sobre las maravillas o espantos del otro lado.
     Todo esto lo escribía ella sin consultarse a sí misma, con rapidez, finalizando capítulo tras capítulo casi sin efectuar correcciones posteriores.
     “No me extrañaría para nada comenzar a escribir en lenguas. Jamás había sentido igual urgencia por otro relato, ni tanta seguridad al poner las palabras, que se siguen unas a otras como dotadas de una necesaria ordenación. Recuerdo un documental sobre el autismo, en el que un niño dibujaba un gallo copiando la imagen fielmente de su memoria, trazando líneas aparentemente azarosas, caóticas, hasta que como por milagro se completó la figura. Se explicaba que las líneas no tenían sentido para él, y que aleatoriamente podía realizar un trazo del ala, luego una pata, luego una pluma de la cola y el pico, pero que el gallo surgiría completo y perfecto al final, siempre igual al primer modelo, sin importar el orden o aparente desorden de la operación. Me pregunto si no estaré dibujando algo que tiene una existencia propia, me pregunto qué rostro aparecerá cuando coloque el punto que cierre el último capítulo, y si podré mirar ese rostro que me estará devolviendo la mirada”.
     Esa sensación de ser mera transcriptora, acaso de estar realizando un acto más de medium que de creadora la acompañó todos los meses en los cuales los capítulos se sucedían velozmente unos a otros, en los cuales el demonio narraba historias, reflexionaba sobre la humanidad desde su condición de creatura ajena, se instalaba con su rostro y su cuerpo detalle por detalle en las palabras y en esa realidad paralela que tomaba una consistencia de cosa cierta.
     Y Nabam, claro, era hermoso y terrible, orgulloso, soberbio y completo en sí mismo, una enorme fuerza agazapada y acaso mentida en su presencia confortable. La violencia probable, la posibilidad de una súbita detonación hacía que el horror por su condición demoníaca permaneciera como bajo contínuo por detrás de la melodía tranquilizadora de los diálogos calmos y la convivencia cotidiana. El demonio se presentaba con una corporeidad en el relato que al principio le hizo dejar las luces encendidas por las noches y se resolvió luego en una especie de espera insensata.
     “Me he descubierto en la calle mirando insistentemente los portales y las veredas, buscando la imagen familiar de mi demonio recostado contra el umbral de una casa o fumando silenciosamente desde la silla de un bar, libro en mano, sentado con esa actitud de dejarse estar, con ese reposo de animal cazador que reconocería de inmediato.
     Me ha parecido verlo, y no me he asombrado. Sería natural y fácil caminar hacia él y saludarlo, aceptando su comparescencia como algo necesario.
     Cuando escribo lo siento a mi lado, puedo percibir ese olor que le es característico, y no tengo miedo sino expectación. Frente al teclado de mi computadora, mientras describo cómo me seduce lentamente, soy seducida, ¿me seduzco?. Y cómo lo extraño cuando lo busco en las habitaciones silenciosas y descubro que él no está aquí, que no puedo rodear su cuerpo ominoso con mis brazos.
     Ayer, cuando llegaba a casa, la imagen de Nabam aguardándome, espalda en la pared, cigarrillo humeante en la mano de estatua, esa imagen era tan nítida y precisa que la decepción de no encontrarlo me sumió en una depresión que hube de conjurar continuando con la novela, donde vive respira actúa habla, me habla.”
     Reconociendo el grado de obsesión que su personaje le provocaba, la escritora no se alarmó por ella sino se limitó a disfrutarla, pues no creía en realidad en la existencia de los cielos o infiernos del catecismo. Pensaba, como lo consignó en otros apuntes, que esta momentánea suspensión de la incredulidad era el resultado de haber encontrado un carácter y una historia interesantes, cosas que favorecerían la obra, que prometía ser buena o en el peor de los casos menos mala que sus anteriores producciones, las que reconocía resignadamente como mediocres y carecientes de ese impacto que obliga al lector a mantener la atención en las páginas, y distrae del artificio del estilo y los mecanismos del relato.
     “No te asustes, que cuando te dije que lo busco y me parece escuchar sus pasos demorados por las habitaciones, sé perfectamente que no va a ocurrir. Sólo es un sentimiento de posibilidad de la maravilla pero como juego. Dejame ser feliz con su compañía imaginaria mientras dure. No te preocupes, que no me estoy volviendo loca. Lo que pasa es que es tan hermoso.”
     Este fragmento de un mail a una amiga da cuenta de la alarma de ésta por esa inmersión en la irrealidad, y del intento de la escritora por tranquilizarla y quizás tranquilizarse a sí misma.
     Luego del frenesí de escritura de los primeros tiempos, hubo una súbita detención en correcciones mínimas y agregado o sustitución de palabras o frases que no alteraban la obra sustancialmente, sino que demoraban el desenlace.
     “No he continuado con la novela. No puedo decir mi novela porque es suya, es la zona donde él camina y respira y me acaricia distraídamente. Me he percatado de que esta suspensión no se debe a falta de inspiración. Demasiado sé que ya el último capítulo está completo línea por línea, y es el miedo a la finalización, a escribir las palabras lo que me amedrenta. Sé que puesto el punto final, esto acaba, Nabam se transforma en un personaje con presentación, nudo, desenlace, y que narrar el desenlace equivale a darle fin a él junto con la novela. Está vivo mientras escribo, lo relegaré al pasado cuando concluya su historia. Me demoro en separarme de su presencia cotidiana, no me resigno a aceptar que sus últimas palabras sean consignadas y se resuelva finalmente en una foto más del álbum, que desaparezca como esos amigos que se van y se diluyen en la memoria.”
     Pero, resignadamente, luego de corregir una y otra vez pasajes ya revisados, en un solo día completó lo que restaba y colocó el temido punto último que equivalía al punto de muerte para la relación íntima con su personaje.
     “Ya está, la cosa está hecha. Nabam está terminado, qué feo me suena. Ahora, a intentar vivir sin mi demonio. Pero qué dramática, yo que deploro las tragedias y esa penosa magnificación de las cosas, me entrego a la lástima por mí misma y por nada.
     Pero me engaño. Es el pudor, siempre ese pudor por los sentimientos lo que me obliga a intentar mentirme a mí misma. Los sentimientos me averguenzan como la exhibición de las tragedias o la demostración de que al fin y al cabo yo tomo, también,  seriamente mis sufrimientos, aunque éstos sean bastante lastimosos y dignos más de una sonrisa que de una lágrima. No es que no haya ocurrido nada, lo que me sucedió no sucedió en el terreno de lo diurno, de lo tangible, pero esta desazón, este pesar no son ficticios. Es un abandono, una carencia, y duele, me duele.
     A veces siento el impulso de retomar Nabam, de agregar otro capítulo, de fingir que puedo tocarlo cuando íntimamente sé que está completo y no puedo manipularlo sin perjudicar esa cosa de bruñido ya realizado.”
     Quizás resulte innecesario referir que ella estaba enamorada de Nabam. Se había enamorado de ese angel caído hermoso y taciturno que página a página iba definiéndose como un ser negado al amor. Era la seducción del amado inaccesible, acaso la más perversa porque al no ser factible su satisfacción la transforma en una obsesión imposible de conjurar. Ella sólo podía depositar su amor en ese demonio, y el demonio sólo podía amar a Dios, que lo había expulsado de su amor. Situación refleja, simétrica, insensata porque el demonio a fin de cuentas no existía.
     “Te extraño mi Nabam, cómo te extraño. Y no es casual que extraño sea lo ajeno, lo diferente, lo alejado de uno y de sus costumbres, y utilicemos el verbo extrañar para expresar el intolerable vacío, la urgencia, el desesperado hueco que alguien deja en nosotros al marcharse. Cuando uno extraña, es porque el extrañado se ha  convertido en ajeno, alejado, diferente, en un extraño.”
     Pasado un tiempo, dijo a sus amigos en tono de broma que poco a poco había remitido la enfermedad, y que ya no buscaba a su personaje por las calles ni esperaba hallarlo sentado en la silla de hierro de la cocina. Contó que había comenzado a escribir algunos cuentos, y que tenía la idea de una nueva novela.
     Hay apuntes de esa novela, que recomenzó varias veces, sin hallar el tono justo ni la forma de narrar la historia. Los borradores revelan una escritura desganada, carente de inspiración, más de trabajo de redacción impuesto que de novelista.
     “No hallo placer en la escritura, no puedo dejar el estilo de Nabam, su castellano antiguo, su fría observación a través de frases corteses. No puedo creer en estos nuevos personajes intrascendentes, meros personajes y no otra cosa, marionetas con los hilos al descubierto. Cómo habría sonreído Nabam, siempre tan pronto a burlarse de mí, si hubiese leído la frase ‘marionetas con los hilos al descubierto’. Sin su mirada no puedo soslayar estas frases estúpidas y gastadas. Para qué engañarme, no puedo escribir este libro sin sombra, esta historia anecdótica e insustancial que tanto esfuerzo me demanda y que tan poco vale.”
     No destruyó los borradores, pero los guardó definitivamente y no volvió a escribir.
     Sus conocidos dicen que ya no hablaba de Nabam, y que continuó su vida sin demostrar la íntima sensación de vacío de la que habla en su diario. Era quizás tan penosa para ella que no quería compartirla, y más aun cuanto que pensaba que no había verdaderos motivos, ya que se repetía que el demonio había sido un personaje en una trama y no había razones reales para sentirse abandonada. Cabría preguntarse qué es la realidad, qué significa esa palabra aplicada a los sentimientos.
     “Trato de salir, de ver amigas, de volver a la realidad. Me persigue un vacío helado, una soledad que me atemoriza, la vergüenza de admitir ante mí misma que me enamoré de un ser inexistente y al que yo misma di forma sólo con palabras. Cómo decir esto, como admitir esto si no puedo confesármelo sin saber que es absurdo. Sin embargo, no es menos doloroso por ser absurdo. No, no duele menos.”
     Fue entonces que tomó la resolución de invocarlo. Tal vez lo meditó durante semanas, tal vez fue un impulso repentino. Como sea, ningún rastro escrito queda de ello, y cada uno puede formarse su propia opinión al respecto.
     Repitiendo al personaje, repitiéndose a sí misma si convenimos finalmente en que ella era el personaje de la novela, con una tiza dibujó el círculo mágico y el pantaclo en el suelo, y pronunció su pedido de comparescencia a la noche del martes, al aire inmóvil de la habitación, a los improbables habitantes de esas oscuras regiones invisibles en las cuales no creía.
     Sabemos que su pedido fue satisfecho, y también sabemos que no fue su demonio familiar, su doméstico acompañante quien apareció atraído formado o conjurado por la letanía. Qué terrible espanto se alzó frente a ella Dios nos guarde de saberlo. No fue posible reconocerla, pues su cadáver  estaba desperdigado en jirones de carne y cabello y vísceras ensangrentadas. De nada había servido la pueril barrera de la línea de tiza, y la protección que asegura el conjuro es seguramente un engaño más de los demonios, que se complacen en juegos de esa naturaleza.
     Ahora, en mis manos se encuentra la novela, y me hallo con súbito horror buscando la figura de Nabam recostado en algún muro, fumando en la silla de algún bar, respirando quedamente mientras hojea un libro. Línea por línea conozco su rostro y su cuerpo, y es tan hermoso. Es tan hermoso. 
     
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
 
Cicatriz*

Tu manos abren la cicatriz de mi pubis,
laberinto de las tentaciones
y ovillo de tu lengua
(aquella que dibuja el abismo en la piel).

Herida imborrable, perenne,
que sutura al enredo de nuestras hojas;
costura fugaz y leve,
huella que se abre después de la cópula,
al despuntar la noche y en el filo de tus latidos.



Pizca*
 
En las delgadas horas
la noche itinerante
me lleva a ti
 
Rozo tu boca,
una pluma desfallece en el ensayo:
Mudo, vacío,
siempre solo, siempre pleno.
 
Eres el acertijo de los dioses,
las palomas migran de tus pupilas,
recorren el mundo
y arriban con un mensaje de paz.
 
Las palabras florecen en el preludio de mi voz,
por la avenida de la espera,
en las calles del misterio,
por la línea de mi nombre,
en el surco de tus manos,
por la urgencia de mi piel.
 
Te miro en el sentido del reloj,
en racimos, a gotas,
en medio de las sombras.
 
La noche calla,
azabache,
palpitante.
 
Respiro una pizca de aire,
restaño pájaros en la niebla.
 
*Poemas de Lady López Zepeda ladylz954@...
 
 
Lady López Zepeda nació en México en el año de 1956. Realizó estudios de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM-Iztapalapa). Actualmente estudia el postgrado en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Ha publicado poesía, narrativa y cuento en las revistas virtuales como: Letralía, Letras Salvajes, Mecenas, Citas y Poesía, La Casa del Asterión, Mis Escritos, Milagros de Pan, Paradoxas, Isla Negra, Paralelo Sur, Alas Púrpuras, Mundo Cultural Hispano, La Lupe, Poesía + Letras, Revista Voces, Margencero, y en la revista, en papel, La Explanada de Alicante, España.  
Es moderadora del grupo elfausto, en donde organizó y coordinó el Primer Concurso de Poesía El Fausto con la finalidad de brindar un espacio de expresión a escritores y artistas noveles y no tanto. Las obras se encuentran publicadas en:
http://elfausto.blogspot.com/
Participa activamente en diversos foros literarios. Es miembro activo de la Asociación Poetas del Mundo y de la Sane Society.
 
 
 
Crónicas de vida en el mundial.
 
Ejercicio de escritura.
 
La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente durante el transcurso de un mundial de futbol.
 
Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos, cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en número de escritos por autor.
 
Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al correo:
( Con copia a inventivaedicion@...  )


 
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#95 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 16 de Jun, 2006 12:44 pm
Asunto: EN LA LUNA DEL FUTBOL
inventivasocial
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*
Duermes...
te escribo amor
entonces
en los ojos del poema.
Y si duermes
el dolor descansa
fatigado de palabras.

Te escribo amor entonces...
porque duermes
y es la noche antecedente y causa
construida  de jaculatorias
sobre rojizos acordes deshojados.
Y eres verbo
cuando  bebo
cuando  abrazo  el amor
cuando resurjo
entre las húmedas sábanas
del recuerdo
ardiendo intermitente
en grave música de risas,
transpirada de lluvias,
o
bandadas de biguá en las pestañas...

Eres entidad
cuando aliento
el rítmico lamento
de yemas, piel y poro
que envuelve brazo a brazo la nostalgia...
entonces amor
somos uno
y cuatro labios
partiendo la pantalla
de los ojos.
 
 
 


En la luna del futbol...
 
*
Estoy en la luna. No es una metáfora, estoy efectivamente sentado en la luna y voy a seguir los acontecimientos del mundial de futbol desde aquí. Veo pequeños movimientos en las luces del planeta. Imagino que es el resultado de la vibración de millones de espermatozoides que saltan en las tribunas de los estadios. Desde muy lejos los estadios empiezan a tener la forma de una entrada mujer a la vida.
También tengo un televisor. Aunque prefiero algún relato imaginario desprendido de la manipulación emocional de los relatores que ponen voz y dramatismo a la supuesta ceguera estructural de la hinchada mediática. Ya que las cuestiones relativas al tiempo y la materia, me resultan del todo superfluas, prefiero elegir bien la compañia y los comentarios cuando estoy en la luna del futbol.
En terminos Argentinos. No quiero oir a Macaya, ni a Niembro, Ni al Doctor Bilardo explicando cuantos derechos tiene en el campo de juego la selección de su País. Señoras y señores, dira como en un no lugar permanente el relator. No, desde mi modesto lugar en la aridez lunar, les cuento en esta mi única comunicación que vere futbol escuchando los comentarios que desde mi lado -previsiblemente dirá-
el maestro Jorge Luis Borges.
 
*De Urbano Powell. urbanopowell@...
 
 
 
 
 
Borges*
     
*Por Beatriz G. Suárez  beagasua37@...

"Deseaba tanto que lloviznara para que el misterio de la noche fuera total..."
María Esther Vazquez
 

Como un fiel anticipo de palabras descontadas Borges legó infinito e hizo gestos de tal magnitud que pareció la matemática hacer realidad sus números quebrados. Este mes se cumplen 20 años de su muerte y tal vez muchos de una revolución en castellano.
(Citaba fuentes orales pero como si hubieran sido el pasado de la materia).
Puso al espejo de acuerdo con la constancia, se batió a duelo con el fútbol.
Luego de leerlo todos parecemos hombres usados.
Su escritura es la supervivencia del río De la Plata y por ese fervor existe Buenos Aires. Un papel ladrón viene a la contratapa por preferir inconsistencia a homenaje.
Hizo comenzar vidas literarias, hilos e hilos de poemas arrancaron desde él, de sus orillas y duelos a cuchillo o laberintos con apellido Reyes.
Borges junto a la historia de la lengua española, la recorrida del abismo, arte en actividad. Comentado por el mundo.
Xul Solar lo traducía, ambos nos llegaron entre desgracias, sentidos reprimidos, batallas, Junín y obsesión por Lugones. Astros, signos postizos, dialectos inexplicables.
Junio se ha vuelto cruel y a la vez fervoroso, los sustantivos en meandro hacen parejas de lunfardo y gauchesca, Argentina por extensión se hace mundial y también se queda corta.
Llegó al cine con Leopoldo Torre Nilson (otro escalofrío) quien filmó Días de odio basado en el cuento de Emma Zunz, pero Borges ya era visual y mostraba relatos para la eternidad de las palabras. La palabra Almagro.
Fue mucho mas que el mundo, hizo correr sensaciones en los lectores haciendo competir zaguanes y empedrados, todo atrapado en su retina antigua.
Borges, la sustentación del criollo. Un ablandamiento de la opinión pública y por ello caminar hasta el borde.
Calibrado por un idioma que lo comiera todo, duplicado a veces, eco de vúnculos y de humaredas en que el diccionario apenas participa.
Tenemos su obra o la diyuntiva entre la mera idea y el verbo inolvidable.
Borges a 20 años. Hasta quererlo de memoria.
Leer sus libros pero como a través de una ventana que no tuviera vidrio.
Me da la gana de decir que resultó para un académico y también para un lector de mala muerte, su nombre en pegatinas varias.
Borges. Hacer algo con el hollín, la noche oscura, los sueños solitarios.
A 20 años todavía recuerdo mi sentir del ochenta y seis, el de lo que es y el de lo que no puede ser. Todo al mismo tiempo.
Con él traquetearon las cosas hasta decirnos basta, hasta bailar un tango, hasta amigarnos con todos los rincones urbanos.
*Fuente: Rosario-12
 
 
 
 
 
EL NEGOCIO "INMOBILIARIO" DE UN MATRIMONIO INGLES

Una empresa vende por la Web terrenos en la Luna*

Se denomina MoonEstates.com y dice que ya realizó numerosas ventas. 
 
ARGUMENTO DE VENTA. DICEN QUE EN 15 AÑOS SE PODRA VIAJAR A LA LUNA.

LONDRES ANSA

Recuerda a uno de los divertidos cuentos de ciencia ficción de Robert Sheckley, o a una performance artística, pero resulta que es verdad: una pareja de agentes inmobiliarios británicos inició un negocio de 4 millones de libras (6,8 millones de dólares), con la venta on line de lotes en la Luna.
La presentación de Sue y Francis Williams en su sitio en Internet parece un chiste. "MoonEstates.com es la única compañía británica autorizada por la Embajada Lunar para la reventa. Esto incluye tierras en la Luna, Venus, Marte y otros satélites y planetas en nuestro Sistema Solar".
La Embajada Lunar —Lunar Embassy— es la empresa creada en 1980 por el estadounidense Dennis Hope, quien se aprovechó de un vacío legal para reivindicar su derecho a poblar todos los planetas.
Hope se basa en el Tratado Interespacial de 1967, que establece que ningún gobierno ni país puede adjudicarse la propiedad de tierras allende el espacio, pero no dice nada acerca de los individuos.
Por las dudas, el "embajador lunar" presentó una declaración de posesión de Marte, Venus, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón —junto con sus respectivas lunas—, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y ante el gobierno de los Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1980. Hooper afirma haber llegado a los 2 millones de clientes.

Los Williams compraron su propia parcela en la Luna, de 12 hectáreas, y después le ofrecieron a Hope manejar con exclusividad la licencia en Gran Bretaña.
En el año 2000, cuando crearon MoonEstates.com, los Williams trabajaban en su propia casa de St. Austell, Cornwall, con la ayuda de sus hijas Angela y Juliette. Ahora se instalaron en una lujosa oficina, y tienen diez empleados.
Ofrecen lotes de un acre (4.000 metros cuadrados) y de 10 acres, a 16,75 y 94 libras esterlinas respectivamente. Aseguran que en los últimos cuatro años vendieron 200.000 acres, que les dejaron un beneficio limpio de 400.000 libras.
Además, los Williams ganaron otras 200.000 libras en un año, vendiendo productos como remeras, certificados y distintos tipos de souvenirs.
"Existen demasiadas historias horrorosas sobre la Tierra y el calentamiento global que nos amenaza —comenta Sue Williams—. Simplemente nosotros ofrecemos a la gente la oportunidad de vivir en otro planeta o en un satélite como la Luna. Pensamos que dentro de aproximadamente 15 años será muy factible viajar a la Luna".

El matrimonio recibió durante esta semana una ayuda impensada de Stephen Hawking: durante una conferencia en Hong Kong que desató un interés multitudinario, el científico destacó la importancia "para los humanos de expandirse en el espacio, para la supervivencia de las especies".
Hawking fue más allá y dijo: "La vida en la Tierra implica un riesgo creciente de que seamos barridos por un tremendo desastre, como el calentamiento global, la guerra nuclear, un virus diseñado genéticamente para atacarnos u otros peligros que hasta ahora desconocemos".
Según el astrofísico, los humanos deberían contar con una base permanente en la Luna dentro de 20 años, y con una colonia en Marte dentro de los próximos 40 años.
No obstante, Hawking advirtió que "en ninguna parte, en ningún otro planeta o satélite, encontraremos un lugar tan agradable como la Tierra, a menos que vayamos a otro sistema solar".

A partir de la descripción apocalíptica de Hawking, MoonEstates.com recibió más consultas. Por el momento, la Luna está libre de disputas, ya que, como dice Hooper, "nadie puede vivir allí".
 
 
 
 
 
La Hermana Rosa predice tres goles para otro triunfo*

*Roberto Fontanarrosa Especial para Clarín

La Hermana Rosa está insoportable. Predijo que España le ganaría a Ucrania, que Alemania vencería sobre Polonia y que Túnez y Arabia Saudita terminarían empatados. Es más, faltando pocos minutos para el final de este último partido, la vidente acertaba resultado (1 a 1) y el goleador de Arabia Saudita (Al Kahtani). Sin embargo, el resultado fue 2 a 2. Le apuntamos este error. "No pude —se disculpa la mentalista— visualizar la totalidad de la alucinación que me produjeron los hongos, ya verán por qué llegaba tarde a Pilates. Hasta donde yo aluciné iban 1 a 1". La entendemos. Lo suyo no será muy profesional pero es honesto.

Damián, el sobrino del filósofo Serenelli, viajó a Alemania y desde allá nos transmite su entusiasmo. En Bellas Artes de Rosario perfeccionó el body-painting, el arte de pintar sobre la piel humana. Se fue urgentemente a Munich alentado por la cantidad de rostros, torsos y extremidades de los hinchas pintados con sus colores favoritos. "Está haciendo mucho dinero — nos dice su tío Jota Jota, el Yaya Serenelli—. Y ahora parece que agarró un trabajo que lo mantendrá ocupado hasta el término del Mundial. Un gordo alemán, de más de 140 kilos, que le pidió que le pinte en la espalda una vista aérea de la ciudad de Hamburgo".

DirecTV tiene, por supuesto, una canción especialmente compuesta para el Mundial, que nos impacta por su arriesgada rima. Un grupo de bellísimas muchachas con aspecto latino canta: "Y vamos, vamos, vamos". Cuando todos esperamos que continúen con el clásico, previsible y futbolero "vamos que ganamos", arremeten con un "vamos que podemos". Nos quedamos a la espera del otro hit tribunero: "Y ya lo ve, y ya lo ve, somos campeones, de nuevo".

Se reveló el secreto sobre las idas y venidas de la inclusión de Lionel Messi. El miércoles pasado, en la sección Debate, de Clarín, el director de la licenciatura en Biotecnología, señor Alberto D'Andrea, echó luz sobre el extraño caso. Al parecer, cuando Messi emigró a España fue sometido a un tratamiento para remediar su baja estatura. Se lo trató con la hormona de crecimiento humano (hGH, human Growth Hormona) y se obtuvo el resultado esperado. Se dice que un laboratorio argentino pudo, mediante técnicas de clonación, obtener vacas transgénicas, en cuya leche está presente la hormona del crecimiento. La Hermana Rosa, entonces, nos revela la simple verdad. "Todavía no llegó a Alemania —informa— el barco con la vaca que contiene la leche para Lionel. El pibe, a eso de las cinco de la tarde, necesita todos los días tomar la leche, del mismo modo que Popeye necesita comer espinaca. Si el barco llega a tiempo, Messi, reconfortado y tal vez con algunos centímetros más de altura, estará hoy contra Serbia y Montenegro". El abuelo Franz respalda la versión de la mentalista. Nos recuerda que, en sus tiempos, era común que los millonarios argentinos viajaran en barco a Europa con su propia vaca en la bodega. "La vaca —concluye Rosa— se llama Aurora y Lionel no acepta otras hormonas de crecimiento que no sean de ella".

Se ha cortado el tráfico de la calle frente a mi casa. Miles de fanáticos aguardan el pronóstico. Los bocinazos, las cornetas y los bombos se silencian cuando la Hermana Rosa sale al balcón luciendo un salto de cama celeste. "Ganará Argentina 3 a 1 —vocifera— El primer gol será, como siempre, de Crespo, a los 17 del primer tiempo. Nos asustará el empate de Kezman, 8 después. Pero a los 7 del segundo, tras un córner, Heinze pondrá el 2 a 1. Y Tevez, a los 38, cerrará el marcador".
 
 
 
 
 
Crónicas de vida en el mundial.
 
 
MUNDIALES....  con M de MEMORIA*
 
Invierno del 78. Me recuerdo acunando a mi hija casi recién nacida aquél 21 de junio.
Y estaba el televisor prendido. Y estaban transmitiendo el encuentro que hizo historia:  ARGENTINA vs PERU. Y entonces, se me vienen los recuerdos.
Y aparecen los jugadores....Allá, en el campo de Rosario se están sacando la foto.
En los Pozos de la patria ASESINAN  argentinos ( PARECE QUE NO SABEN NADA).
 
Y da comienzo el partido.
Se hace eterno el primer tiempo.....
Está llegando el final.......se acercan los 45.....Gol de Kempes.....Se viene abajo el estadio.
Se agitan las banderitas, también se agitan pañuelos.
Vuelan gorras militares. El Ejército argentino celebra también el Mundial.
 
Gritan con el gol de Kempes.......argentinos en el Estadio.
Gritan con la tortura.............argentinos en los Pozos.
 
Celebra el equipo argentino (PARECE QUE NO SABEN NADA DE LO QUE PASA EN LA PATRIA).
 
Diferencia de cuatro goles necesitaba el equipo.
Y se viene la sorpresa. Uno tras otro los goles al salir de los vestuarios.
Ha concluido el partido. El marcador:.......6-0- 
Sospecha de “pucherazo” por parte de los brasileros.
Sospechas, también sospechas.....por parte de los argentinos.
Entre sospecha y sospecha..........AR-GEN-TINA.....HA LLEGADO A LA FINAL.
Vuelan gorras militares. El ejército argentino que está presente en la cancha también celebra el MUNDIAL. Sabe el mundo lo que pasa (ellos..los JUGADORES, parece que no saben nada).
 
Y así se fue el 21.Y así llegó el 25....,  el 25 de junio en el Estadio de River.
FINAL  entre Argentina y Holanda.
 
Hay que ganar el partido para tapar los quejidos que se escapan de los Pozos.
Por obra del “Matador” primer gol a los 38. Pueblo y cuartel en la cancha.
En el campo los jugadores ( PARECE QUE NO SABEN NADA). Van corriendo los 104... goooooool de Kempes. Se viene abajo el estadio. Allá se viene Bertoni....  114 minutos.
 
Mientras siguen los secuestros, también los asesinatos....
Título de campeones ... para el País Argentina.
En la foto, los jugadores  muy cerca de la bandera (PARECE QUE NO SABEN NADA).
 
Pero.... pero no han ido a la cancha deportistas conocidos (dicen, dicen los rumores  que están DESAPARECIDOS)  Y así se acaba el Mundial  y así se cuenta la historia.
 
EL DEPORTE COMO LA IGLESIA  TIENE AUN QUE RENDIR  CUENTAS.
 
*Maria Cristina Saborido
Ex –detenida –desaparecida. Pozo de Banfield/Quilmes Julio / 77
 
 
 
Ejercicio de escritura.
 
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El próximo domingo 18 de junio del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Ronaldo Miranda. Las poesías que leeremos pertenecen a Marina Arango Valencia (Colombia) y la música de fondo será de
Milton Sánchez (Ecuador); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
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#94 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 2 de Jun, 2006 11:40 am
Asunto: PALABRAS EN EL PECHO
inventivasocial
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Viajero*


Viajero soy. La ruta es mi destino.
El frenesí del mar, mi desafío.

Viajero soy. En todas partes moro,
y en ninguna. Mi patria es el recuerdo
de tres o cuatro rostros y unos versos
que alguna voz amada pronunció.

Viajero soy. En el confín del mar
está la tierra de mis padres; lejos,
otros mares y otras tierras y otros dioses.
Todo cabe en mi cuaderno de bitácora.

Viajero soy. El horizonte espera
la estela de mis naves, las palabras
que mi pecho proclama, las batallas
que los vates cantarán en la mañana.

Y más allá de todo
rodeada de mar se alza la etérea
Ítaca, paciente, inamovible,
hermosa al atardecer eternamente aguarda
el retorno de sus hijos nómadas.



* De Arenas de Ítaca
© Sergio Borao Llop. sergiobllop@...

Nota: "rodeada de mar" y "hermosa al atardecer" van en cursiva
porque son dos de las formas en que se habla de Ítaca en La Odisea
de Homero.

     http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio




Palabras en el pecho...




La camiseta*

*Por Sandra Russo

El chico tiene no más de cuatro años y camina de la mano de su papá
por la plaza Las Heras. Es probable que otro chico de más o menos
esa edad camine de la mano de su papá, ahora mismo, en cualquier
plaza del conurbano. El chico tiene puesta la camiseta de la
selección argentina. El otro chico también. Una puede ser más cara
que la otra, pero las dos tienen los mismos colores. Entre la mano
del chico, de cualquiera de los dos, y la mano del padre, de
cualquiera de los dos, fluye una energía que se convierte ya mismo
en un código de barras, en algo diferente al ADN pero igual de
fuerte y plagado de información. El chico está recibiendo los
colores de su pertenencia, a la sazón el celeste y el blanco. ¿Y eso
qué significa?
Son días, estos, de camisetas puestas. Ponerse la camiseta es una
expresión corriente y transversal, que no excluye casi a nadie,
porque camisetas hay muchas, aunque la de la selección de fútbol las
resuma a casi todas.
El que no se pone una camiseta es porque no quiere o porque no
encuentra la adecuada, o porque la que le ofrecen no le gusta, o
porque algún detalle, algún matiz, algún pespunte provoca el
rechazo. No hay camisetas de diseño. Las camisetas son seriadas. Uno
debe estar dispuesto a perder algo personal para llevar puesta
cualquier camiseta.
El jueves pasado, en la Plaza de Mayo, hubo miles y miles con una
probable camiseta puesta. ¿Qué camiseta? Un misterio argentino, uno
más. El peronismo es en sí mismo una camiseta múltiple e
indescifrable. La famosa camiseta incorregible. Habría que agregar
al adjetivo borgeano alguno más: la famosa camiseta insoslayable.
Las camisetas políticas, en este país, son mucho más riesgosas que
las camisetas deportivas. Dan vértigo. Cuesta tomar envión y ponerle
el pecho a una camiseta como la del jueves, a grandes rasgos
kirchnerista, pero a trazos finos un patchwork de hilos dorados y
cachos de arpillera ideológica.
Y eso es, básicamente, ponerse una camiseta. Ponerle el cuerpo a su
significado. Comprometer el cuerpo como forma literal de presencia
en algo que no es físico. Ni siquiera la adhesión a los colores de
la camiseta de la selección de fútbol es física. Pasa por otro lado.
La camiseta representa un tono emocional. Nos envuelve y nos dice.
La camiseta habla por nosotros y comunica a los demás quiénes somos
y de qué lado estamos. Nos reorienta. Nos coloca en un lugar en el
que hay otros. Nos junta con esos otros. Nos hermana, aunque las
hermandades peronistas sigan siendo uno de los enigmas más
inquietantes posibles.
Pero hay más para pensar sobre este tema: por ejemplo, la dificultad
de tanta gente en admitir que hay colores que alguna vez hay que
ponerse si uno decide colaborar activamente con su propia esperanza.
La dificultad de tanta gente para abandonar las mesetas y treparse a
los árboles. La abundancia de prurito para sentir y traslucir
adhesión y emoción. El bloqueo para afirmar, la inercia de negar. El
regodeo perpetuo en la queja y la discapacidad para abrirle la
puerta a la oportunidad. La indistinción tendenciosa entre
oportunidad y oportunismo. La pose políticamente correcta de la
rebelión en una granja virtual.
La camiseta de la selección argentina correrá mejor suerte. Faltan
unos días para que el país se pueble de gente en camiseta,
embanderada. Porque después de todo eso es en síntesis una camiseta
y eso es en síntesis también lo que a muchos argentinos nos cuesta
remontar como sujetos políticos: tener bandera.
Un prejuicio político, según Hannah Arendt, siempre tiene su origen
en un trauma histórico real. El trauma argentino es reciente,
contemporáneo, actual: los vemos en la foto, están allí los que
convirtieron la política en cloaca. Somos muchos los que nos negamos
a compartir una camiseta con ellos. Ha pasado tan poco tiempo desde
que robaron o mintieron, que el prejuicio político no es tal: es
todavía el juicio del que se quemó con leche y está ardido.
Lo que hay por delante, entonces, no es la camiseta, sino su
construcción, su gestación: el cuerpo sólo se pone allí donde hay
mínimas certezas.

*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-67625-2006-05-31.html



XVII*

solía perderme
explorar entre ramajes perfumados
                            una historia sin historia

amasada en largas noches de desvelo
en atardeceres
                 cálidos y solitarios

no era bueno
mas era mío ese modo

busco entre los pliegues sepia
                                               del recuerdo
retazos de la que fui

el montaje es dudoso
la imagen
una mujer
            con recuerdos suspendidos

                               *de Beatriz Martinelli.
beatrizmar@...




CAMINOS DEL CIELO*

Respira la noche
a lluvia y a tierra
el silencio no aquieta
el paisaje que invento.

Nunca es tarde
para unas alas despiertas,
aunque llore el recuerdo
agonía de ausencia,
si las flores nocturnas
aroman mi lecho
y arrullan los nidos
de los poetas que sueñan.

Camino y camino
por las calles del cielo
poso mis pies
en un jardín de estrellas
donde titilan  luces
de  casas abiertas,
donde no existen bisagras
de espacio ni tiempo,
donde sólo hay afecto
con remanso de abrazos
y  amar es acariciar
con los ojos del alma.

*de Xenia Mora. xeniamora@...




Experiencias*

En mi experiencia con pacientes en consultorio, he visto que hay un
estado básico de desamor. Quizás no sea tan amplia la muestra de
entrevistados, pero en el transcurso de los tratamientos he ido
deshilvanando casi sistemáticamente sentimientos de miedo al
abandono, angustia y ausencia de afecto.
La historia de un adulto en el consultorio se presentiza y las
imágenes infantiles al principio mudas y olvidadas, se van haciendo
presentes con mucha congoja. Los recuerdos de la niñez parecen no
ser tan idílicos como uno creería. Más por el contrario, la falta de
una palabra de aliento o escuchar un te quiero, parece  difícil de
pronunciar a un pequeñín. Así también la influencia y competencia
entre hermanos incide (a veces)  en forma negativa  contra la
autoestima del sujeto que necesita ser sujetado (sostenido) por un
mayor. Es la función del maternaje la que falla y articula con
sentimientos de humillación, inseguridad, miedo cuando no hay
palabra.

Hablo de palabras con afectos. Las mismas que utiliza el poeta en
sus versos, el pintor en su lienzo y el dedicado trabajador con su
tierra. Esas que están recubiertas de un plus de cariño, que por ej.
hacen que cuando llore el bebe, la madre o sustituto materno pueda
decodificar su estado emocional y con palabras y caricias enriquezca
ese diálogo tan primario pero fundacional en la estructuración
psíquica de cada quien.
La mamá acompaña el proceso de crecimiento contorneándolo con una
sutil y liviana red de mensajes, que si van cargados de estímulo y
aprobación irán formando un niño más íntegro, que pueda expresar sus
estados de ánimo y ser comprendido; es fundamental continuar
brindándole una matriz acogedora en los momentos de mayor
conflicto.
La falta de aliento, así como la rigidez de expresiones, aíslan al
pequeño del mundo de las palabras. La polisemia del lenguaje, ese
abanico de conceptos marcados a fuego, merecen seguir
multiplicándose y abriéndose al mundo de los vocablos. Nunca va a
estar de más apuntalarlo  (aunque haya que retarlo)  diciéndole un
te quiero, te extraño con  mimos y, por supuesto, palabras.


*de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...



Desde Chile

*
Eduardo:
Me pareció muy buena esta reflexión que más allá de los incidentes
específicos que la generan nos da una mirada global a nuestras
sociedades, del cuestionamiento que no solo tenemos derecho a hacer
de las leyes que nos rigen sino del deber de hacerlo, de cómo estar
siempre alertas y abiertos al cambio, que el inmovilismo intelectual
solo fabrica rebaños de borregos dominados por unos very few.

Besos
*Mt. tesaleon@...



Estudiantes: ¿el despertar de un largo letargo?

Una sociedad está enferma si deja de cuestionarse e interrogarse a
sí misma. Gracias a los jóvenes secundarios podemos ahora de nuevo
percibir que quizás estemos vivos como sociedad. Lo cual no es poco.

Pablo Salvat
Filósofo de la U. Alberto Hurtado

Es más que eso... Mirando las imágenes, siguiendo las palabras de
los jóvenes secundarios, es como si la esperanza volviera a alzar su
vuelo. Corre un cierto escalofrío, en muchos de nosotros, cuando los
ve correr alegres y desenvueltos creyendo que sí, que también pueden
ser actores de la marcha y el destino del país, de su propio país.
Con su accionar, sorpresivo para la mayoría, muestran que no
comparten el leit motiv de que se hace todo para ellos pero -claro-
sin ellos. Cuando las elites de poder y económicas creían que ya
buena parte de la sociedad y sus expresiones estaban adormecidas y
aletargadas en la forzada aprobación del modelo de sociedad, este
renacido movimiento estudiantil -que emerge cuando menos se esperaba-
, tiene la capacidad de poner sobre la mesa educacional una
discusión sobre la legitimidad de decisiones y leyes adoptadas,
unas, en las postrimerías del régimen militar, otras, después.
La interrogación deliberante sobre la legitimidad normativa no
afecta sólo lo sucedido con la educación. Por primera vez, podemos
comenzar a interrogar la marcha de la previsión, la salud o el medio
ambiente, las riquezas básicas, entre otros. Muchos años han tenido
que pasar para poder confrontar el modelo con algún ideario de
igualdad, justicia o solidaridad -aunque sea poco claro o elaborado
conceptualmente- y no sólo con su eventual eficacia o eficiencia.
El disciplinamiento y control social vía necesidad de sobrevivencia
en el mercado -además, por cierto, de la ausencia de voluntad de las
elites-, aparentaban que todo se hacía acorde con la naturaleza de
las cosas. Que no se podía ir contra ella. Hemos vivido todo este
tiempo bajo una naturalización de lo económico y lo social, del
mismo orden de la sociedad. Esa naturalización lo hace aparecer como
ineluctable, inamovible, so pena de sufrir las penas del infierno a
quienes lo intentaren. ¡Qué visión más alejada del significado y
sentido de la política y la democracia misma! ¡No basta con la
representación al estilo clásico, con probidad, rendición de cuentas
y transparencia!
Parte de la crisis actual de la política, no sólo en este lugar del
mundo, está ligada con la crisis de representación. ¿Acaso no nos
percatamos del cuestionamiento constante a la labor de las elites
políticas? ¿De que se percibe un desfase entre las demandas
ciudadanas y las que están dispuestas a admitir y procesar la elite
politica? ¿De que muchas veces ellas aparecen más inquietas en no
desagradar a los llamados poderes fácticos que en hacerse eco de
manera cabal de las necesidades y anhelos ciudadanos? Entonces, no
basta con atenerse al actual modelo de representación. Lo ocurrido
ahora con los secundarios pone de manifiesto los problemas de
funcionamiento de nuestra propia política democrática. Por esto,
aparece como errada la reacción gubernamental que ve estos sucesos
como expresión de un mero "gallito" de fuerzas.
La representación es muy relevante, pero hoy insuficiente. Los
ciudadanos demandan ser escuchados, que su palabra pública tenga
cabida en las decisiones de sus elegidos. Piden trascender una
democracia delegativa y encaminarse hacia una más ciudadana. Los
técnicos y expertos están para viabilizar sueños, esperanzas y
necesidades del soberano autoorganizado; éste fija las finalidades
mediante procesos de argumentación y deliberación abiertos,
participados y en igualdad de condiciones.
Una democracia requiere de una sociedad viva y activa para
asentarse. Porque la democracia (no hay que olvidarlo), fue una
creación, desde los griegos, basada en la idea de que una
colectividad es capaz de autoinstituirse y autogobernarse. Como
sostenía Cornelius Castoriadis, una sociedad está enferma si deja de
cuestionarse e interrogarse a sí misma, no sólo en sus expresiones
parciales, sino a nivel de sus fundamentos y finalidades. Gracias a
los jóvenes secundarios podemos de nuevo percibir que quizás estemos
vivos como sociedad. Lo cual no es poco.

*Enviado para compartir por tesaleon@...





Cada cuatro años llega mi calvario: el Mundial de fútbol*

*Fernando Savater. FILOSOFO, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

Estos días suelo acordarme de un viejo chiste. El paciente le dice
al médico: "Doctor, he odiado a mi padre y a mi madre. Ahora odio a
mi mujer, a mi suegra, a mis hijos, a mi jefe. Odio al gobierno.
¡Odio a todo el mundo!" El médico responde, confundido: "¿Y por qué
me cuenta usted a mí eso?" "Pero…¿no es usted el médico del
odio?" "¡No, hombre, no! Soy médico del oído…"

No puedo remediarlo, en ciertas ocasiones me siento identificado con
el pavoroso enfermo que se equivocó de puerta. Cada cierto tiempo,
según pautas misteriosas e inexorables, noto que mis relaciones con
el universo empeoran sensiblemente y que me brota de lo más íntimo
de las entrañas una hostilidad insondable contra todo lo que se
mueve y corre.

Los síntomas son inconfundibles: sin poder hacer nada para
remediarlo, una vez descartado el suicidio por instinto de
conservación, cae sobre mí un nuevo mundial de fútbol. Sólo queda
aguantar el largo chaparrón de brutalismo y entusiasmo patriótico,
los berridos del triunfo y los lamentos borrachos de la derrota, con
crujir de dientes y mascullar de blasfemias.
¡Quiero venganza! Pero sé que no la obtendré. Mientras planeo mi
revancha atroz pasará el tiempo y llegará, implacable, abrumador,
obtuso, vil pero cierto como la muerte, el próximo mundial.
Habitualmente, estoy a favor de todo lo que causa placer a los
humanos. No me importa que sea sucio, pecaminoso, trivial o
acompañado de fuegos artificiales. Si los humanos somos sucios,
pecadores y triviales, tampoco podemos pedir mucha elevación a
nuestras diversiones. Lo peor que puede decirse de nuestros placeres
es que se nos parecen demasiado: si resultasen de otro modo, no nos
complacerían. Sea como fuere, quiero gozo y cachondeo: ¡señores,
venga alegría! Me declaro un puerco más de la jubilosa piara de
Epicuro y me siento solidario con mis colegas cuando gozan y retozan.

Detesto a los que no se divierten más que amargando con sus críticas
desmitificadoras las modestas o inmundas diversiones de los demás.
¡Déjelos revolcarse, pobrecillos! No gruña, no zahiera. Si lo
asqueroso hace pasar un buen rato, tampoco es cuestión de flagelar a
nadie. Mírenos las caras: ¿qué esperaba? Entre usted y yo, se ve
cada tipo... demasiado que no muerdan.
O sea, por resumir: que en todo coro de rugidos orgiásticos estoy
favorablemente dispuesto a aportar la segunda voz.

Con el fútbol, ya ven, hago una excepción. Amparada, desde luego, en
los mejores apoyos intelectuales. Cuando el rey Lear quiere mostrar
su máximo desprecio por alguien lo insulta así: "¡Tú, vil
futbolista!" (acto I, escena 4). Yo en cambio le escupiría: "¡Vil
espectador de fútbol!" Porque jugar al fútbol es un ejercicio
grotesco y plebeyo (se suele elogiar a los que lo practican con un
repugnante: "ha sudado bien la camiseta"), pero al menos resulta en
bastantes casos disparatadamente rentable. Y, como decía el doctor
Johnson, "pocas actividades hay más plácidas y recomendables para un
hombre que dedicarse a ganar dinero".

En cambio el espectador de fútbol no hace incesantemente más que
perder. Mientras los equipos juegan, pierde los nervios; cuando su
equipo es derrotado, pierde la compostura y la decencia; pero si su
tribu vence, él pierde la cabeza.

Me refiero a los partidos de fútbol "normales", si me disculpan el
oxímoron: aunque en todos ellos, los fanáticos de cada club adoptan
arrebatos identificatorios propios de los peores momentos de la
secta de estranguladores de la diosa Kali, según nos los detalló el
gran Emilio Salgari. Pero cuando hay banderas nacionales de por
medio, las cosas aún empeoran. Lo que suele llamarse
eufemísticamente "la masa enfervorizada" —en realidad, una piara de
lunáticos maleducados poseídos por el síndrome patriotero— se
entrega al estruendo y la furia hasta extremos que habrían hecho a
Macbeth añorar la amable compañía de las brujas. Lo más insoportable
son los cantos, los ripios, los "oé, oé, oé".

Y no hay cura: en Italia acaban de enterarse de que los grandes
partidos de su Liga han estado arreglados y los árbitros sobornados,
pero siguen tan aficionados al fútbol como antes.

El incomparable Fontanarrosa, que ha escrito cuentos sobre fútbol
tan divertidos que casi justifican literariamente la existencia de
esa ignominia, dice que "pese a la tradicional aptitud de los
argentinos para la cancha" a él dos razones lo han alejado del
estrellato deportivo: la primera, su pierna izquierda; la segunda,
su pierna derecha.

Tengo no dos, sino dos mil razones para odiar de la manera más
desaforada la demencia mundial que se aproxima. Las portadas de los
periódicos más serios no hablarán de otra cosa, los telediarios
postergarán por un día las necesarias matanzas para ilustrarnos
sobre los vaivenes de esos millonarios en calzoncillos que sudan la
camiseta mientras aúllan en las gradas los chacales con estandarte.
En las escuelas de Argentina dicen que van a poner televisores
durante el mundial, porque si no prevén que los alumnos dejarán de
asistir a clase. Mientras llegan a Alemania miles y miles de
prostitutas, para saciar a los aficionados a las pelotas. ¡Qué asco!
¡Qué humillación!

Y lo peor de todo: durante semanas, yo no sabré de qué hablar con
quienes me son más dulcemente próximos.

Copyright Clarín y Fernando Savater, 2006.

*Fuente: diario Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/05/28/z-03703.htm



Crónicas de vida en el mundial.


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#93 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 1 de Jun, 2006 6:46 pm
Asunto: CRÓNICAS DE LA VIDA EN EL MUNDIAL
inventivasocial
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Mi pié izquierdo*

Le digo no
y me digo
labriego del suelo sin arar,
sin escalera a la cena serena,
con el pan de las manos,
con la cintura por tanta semilla
que pesa,
con la cabeza cabizbaja
por memoria acumulada
tanta memoria
en cada tanto pié
que calma el andar.
 
Paloma del suelo,
cimiento del alma,
plataforma a los niños sumados en alto
andando a las vueltas
y a los tumbos,
en los frenos y bancarrotas,
en las patadas andando
andando.
 
 Remo humano
en el estribo
sumando siempre
sumando
sumo de historias en la legua.
 
 Habito en tu apoyo,
gravito en tu dolor,
canso tu cansar,
duelo porque dueles
como una estrella partida
en estrellas,
sangro
pero ayudo y ayuno a que no busques bastón
ni rueda a la muerte
porque no mueres
no mueres.
 
*de ricardo d. mastrizzo.
ricardomastrizzo@...
 


 
 
 
Crónicas de vida en el mundial.
 
 
 
Ejercicio de escritura.
 
 
La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Que aparezcan desde una voz escrita las imágenes. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente durante el transcurso de un mundial de futbol.
 
 
Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos, cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en número de escritos por autor.
 
Enviar los escritos con datos breves del autor al correo:
 
 
 
 
Contextos*
 
Uno nota "clima" de mundial de fútbol. Es una marea inmensa que se aproxima y los mercados siempre quieren estar en la cima de cada ola. Uno anticipa que se cruzaran pasiones legítimas con una manipulación del sentimiento que avanza paso por paso en una vida social cada vez más globalizada. Y Las multinacionales hacen jingles televisivos. YPF dice ser más que "sponsor", "hincha oficial" de la selección de fútbol.
Camino con mi hija de la mano por un shopping, me lleva a la juguetería, entro a condición de no comprar nada. Las luces y la calefacción hacen que uno sienta calor y quiera irse rápidamente. Los empleados son chicos jóvenes y tienen puesto una gorra tipo arlequín con los colores celeste y blanco.
Me detengo en un chico que atiende detrás del mostrador, veo como gotea sudor desde la sien donde terminan los bordes de su gorra de patria futbolera. Me ve mirarlo y me pregunta si necesito algo.
-Sólo quería preguntarte si te obligan a llevar el gorro puesto durante toda tu jornada.
El muchacho, -sorprendido- me dijo sin convicción que no lo obligaban pero que el prefería cumplir con la sugerencia de usarlo durante el mes del mundial. Sus patrones son una cadena de jugueterías que están en casi todos los shopping del país.
 
Ahora veo la imagen de mis hijos en el living, delante del televisor, compiten en cantar a dúo la marcha de Coca Cola que termina en "vivamos juntos, la copa del mundo" y que es una larga lista de objetos y sujetos-objeto que agitan un brazo izquierdo en alto, ¿por que no levantan el derecho también? pues con el derecho sostienen botellitas de Coca. Es interesante leer esta lista cantada, con ella se podría construir un capítulo más de un hipotético estudio sobre un mundo que funciona y es hecho funcionar por grandes actores del mercado en un principio de "reducción a la banalidad":
 
Hombres, viejas, mujeres, cancilleres, las vedettes
chimpancés, los jokeys, niños, los corpiños...

Tarotistas, celulares, champigñon, bolas de frailes,
alicates, esqueletos, postes de luz...
camaritas, viejos punks, sushis, los tucanes
las peras maduras, edificios, cuadros kish,
calzoncillos, mimos, la venus de milo,
cataratas, microondas, pelados con onda...

En esto estamos juntos...
Aguante ARGENTINA en la copa del mundo...

Muñecos de plastilina, las secretarias de magos,
vendedores de hot dogs y tambien esos hot dogs

Caracoles, huevos duros, los malos actores
chupetes, narices feas, livings también.....
conductores de infomarshall
maniquies, micro chips, bigotes, compact disc
los zapatos de bowling

Cocodrilos, las parteras, aceitunas, flipers, medias,
treintañeros con acné, sombras, saquitos de té,
los yetis, ajies, yesos, los cocacoleros
estatuas, cartas, palmeras, nadie queda afueraaa...

En esto estamos juntos...
Aguante ARGENTINA en la copa del mundo...
 
El spot publicitario termina con la leyenda escrita "Todos y todo locos por Argentina".
Trato de que la indignación me deje pensar, me acuerdo de Baudrillard, su alusión a una eterna ironía del objeto sobre el sujeto. Más que ironía, es una gran burla me digo, un maltrato bastante brutal del cual no reaccionamos adecuadamente. Parecemos casi impermeables -como esos maniquies- a sus mensajes de publicidad: No pensables; No conflictivos en superficie. Pura carga - aprovechamiento de sentimientos del momento.
 
Hago zapping. La pelicula esta empezada y Al Pacino actua a un "Cazador" de apostadores. Tiene una oficina, una especie de "Call center" donde vendedores presionan a apostadores - rehenes de la compulsión al juego. El mismo es un jugador perdido. Al Pacino -Walter en la pelicula- presiona y motiva a sus vendedores con un discurso de pastor poseido. Anoto una frase: "Nunca es demasiado".
 
Asi presiona el mercado al cuerpo social. Busca fisuras, expropia y utiliza los sentimientos, las necesidades. Siempre deja picando la frase clave de la extorsión, la misma que usa Al Pacino e imita su vendedor estrella fugaz: "Tómela o dejela". 
 
Afuera de esta soberania (impuesta por el mercado) del objeto sobre el sujeto; Del otro lado de cada mecanismo de reducción del mundo a lo banal esta la gente.
La gente con su vida de dichas pequeñas y luchas por el sustento. Pienso en los que viven de la basura o los cartones que derraman las urbes y sus centros comerciales. O en trabajadores como los mozos de un bar que seguiran en sus largas jornadas cuando se quiten la camiseta celeste y blanca de Argentina con la que deben atender hoy a sus clientes.
 
*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
 
 
 

 
Mundiales y Cábalas*

Recién ahora veo claro.
Ahora te lo puedo contar. Vos sabés bien que yo nunca fui de hablar mucho, si hasta mi mujer dice que es más fácil sacarme una muela que una palabra. Pero lo de Angelito lo tengo acá, no sé si me entendés,
es muy fuerte, hace más de diez años, bueno, justo doce ¿No? Y ahora con lo del accidente me viene todo a la memoria y necesito contárselo a alguien, por eso de compartir, de descargarse ¿No? Como dicen los
psicólogos, de verbalizarlo ¡Qué sé yo! La verdad es que durante mucho tiempo me sentí - ¿Cómo explicarte? - un poco culpable. Vos sabés que con Angelito siempre fuimos como hermanos, a todas partes juntos, hicimos los cinco años en el Politécnico en la misma división, después el prefirió meterse en las cosas más teóricas, vistes que siempre le decíamos que tenía un cerebro de calculadora, ¿No? Yo en cambio seguí para Técnico Constructor, si mi viejo era albañil. Bueno, la cuestión es que a Angelito se le dio por la física, si hasta sacar el doctorado no paró. Siempre fue un bocho el hijo de puta. La verdad es que yo me recibí medio de pedo, y cuando terminé nunca más agarré un libro, incluso Angelito me ayudaba con las materias más jodidas. Bueno, tampoco soy una bestia ¿No?, pero me acuerdo, por ejemplo, que tenía un examen, yo, no Angelito, y no podía parar de persignarme antes de entrar a rendir, y Angelito me decía, "Si estudiaste, ¿Para qué te persignás?, y si no estudiaste, ¿Para qué te persignás?" así, pero no por descreído, o - qué sé yo - por ateo. Es que el tipo siempre fue un
racionalista y decía que mis cábalas eran pura superstición. Vistes que yo siempre fui muy cabulero, ¿No? Me acuerdo que íbamos por la calle y el muy guacho pasaba a propósito debajo de una escalera, y se me cagaba de risa en la cara, por que yo le decía que no había que tentar al diablo, eso que siempre me decía mi vieja, ¿Te acordás?
Bueno, la cuestión es que para el mundial del '90, vistes que se hablaba de la mufa, del que te dije, y lo de las cábalas estaba en boca de todos, yo, por ejemplo, siempre tomaba el café con la mano
izquierda ¿No? En casa nos reuníamos a ver los partidos con la "Chancha Gutiérrez" y el "Pajarito Giardinelli". El pajarito siempre se ponía la misma campera, y se sentaba medio de costado al televisor,
cuando jugamos contra Brasil se hizo un nudo con las dos puntas del cuello de la campera, de los nervios, ¿No? Y bueno, cuando Caniggia lo deja arrastrándose por el piso a Taffarel el pájaro va y dice que si
aguantamos hasta el final del partido no se desata el nudo hasta la final, y era para mearse de la risa verlo al pajarito ponerse y sacarse la campera sin desatar el nudo, si hasta casi se cae tratando
de sacarse la campera, y lo puteaba de arriba abajo a la Chancha que le decía que no se arrime a la ventana a ver si le pasaba como al personaje ese de un cuento, no sé si de Borges, o de Cortázar, que se
mientras se ponía un pulóver va y se cae por la ventana abierta.
Bueno, vistes que la Chancha es de leer mucho, así que él siempre te relaciona todo con los libros, la cuestión es que ya nos tenía medio podridos por que a cada pelota que los "brasucas" metían en los palos la Chancha se ponía a darnos una conferencia sobre nuestro "destino sudamericano", y boludeces por el estilo. Se ponía serio la Chancha y decía que la alegría es brasileña, y que nosotros somos muy
melancólicos, muy tangueros, qué sé yo, pero al final cuando va el negrito ése, Miller, creo, y yerra el gol justo sobre la hora, la Chancha se levanta y empieza a putear duro y parejo, y salió al balcón
como loco y empezó a gritar que les rompimos bien el orto, como loco estaba la chancha.
Te acordás que por esos días todos andaban hablando de las cábalas, y de los calzoncillos rojos, y nos poníamos siempre en la misma posición para ver el partido, ¿No?
Bueno, resulta que después del partido con Italia, cuando el Goyco le ataja el último penal al tano ése, Seregni, o Serenelli, no sé, no importa. Bueno, al otro día se me ocurre ir a verlo a Angelito, para
tomar un café y hablar un rato al pedo, aparte me acordaba que el viejo de Angelito es tano, y seguro que andaba medio triste por Italia, como mi viejo, que se callaba la boca, pero por dentro quería
que ganara Italia, así que me voy para allá, a la tardecita, y lo llevó al Alejandro, el pibe mío, que tendría por esa época, esperá que te digo, ahora anda por los 25, ¡No!, 26, así que tenía 10 años, y
sabía ir a jugar con los mellizos de Angelito, Horacio y Gustavo, que tienen un año menos, a propósito el otro día lo vi al Horacio, y está hecho una bestia, creo que mide como dos metros y juega al rugby, en
"Los Buitres de la Sexta". La cosa es que Angel estaba en el fondo, creo que arreglando las plantas, vistes que es medio loco con eso. Yo entro y los mellizos estaban sentados y arriba de la mesa había
plastilina, y goma de pegar, esas cosas, como de la escuela, ¿No?
Entonces me arrimo y les pregunto qué estaban haciendo. Bueno, el Horacio me cuenta que hacían muñequitos de plastilina con la figura de los jugadores alemanes, y le ponían el nombre. Y yo, de boludo nomás, les pregunto para qué, y entonces el Gustavito le grita a Angel, que venía del fondo, que traiga las espinas del rosal para clavarlas a los muñecos.
¡Uy, cómo me cagué de la risa! Me revolcaba, te juro. Y Angel venía con las espinas en la mano, me mira y me dice que de qué mierda me río, que lo hacía por los chicos, que habían empezado después del
partido con Camerún, y que él por supuesto que no creía en esas pavadas, a ver si a la vejez se le iba a dar por la brujería, y que si yo pensaba que él creía en esas cosas era por que no lo conocía
después de tantos años y que me podía ir a la concha de la lora. Y ahí no va que el Gustavito, el menor de los mellizos, bah, el menor no, digo, el más chiquito, se larga a llorar y le dice que si él no creía
entonces por qué les había dicho que había que hacerlo con las espinas del rosal y no con alfileres, como les había dicho la Poli, que me parece que es la vecina de Angel, la de rulos, ¿Vistes?, y en eso llega Mabel, la mujer de Angel. Y, vos no me vas a creer, pero Mabel le dice que entonces por qué él el día del partido con Yugoeslavia se la pasó hablando de que en el cerebro humano había zonas inexploradas
y que había cosas de las cuales la ciencia no podía dar cuenta. Mirá, te juro que la cara que tenía Angel era para una foto, era para ponerse a llorar, te juro.
Y esto nunca se lo conté a nadie, incluso después cuando nos veíamos con Angel, con la familia, o solos, nunca hablamos de eso, era como un pacto de silencio ¿No?
Bueno, la cuestión es que Angel agarró todos los muñequitos de arriba de la mesa y los tiró todos a la mierda, se puso como loco, nunca lo vi así. Trajo un balde para la basura y tiró todo adentro, y decía que
él nunca había creído en esas estupideces, y que en su casa nadie se iba a poner a hacer brujerías, que para algo él le había dedicado la vida a comprender las cosas, y tratar de explicarlas racionalmente, y
que, de última, era un científico, doctor en física, y no iba a aceptar que en su casa se hicieran esas cosas.
Se hizo un silencio, te juro que nunca se escuchó menos, si hasta el Gustavito, el menor de los mellizos, se calló la boca, vistes.
Alejandro, el nene mío, me miraba con una cara que estaba blanco, el pobre. Bueno, a mí no se me ocurrió nada en ese momento, la cosa era como una bronca familiar ¿No? Así que dije una boludez, como que tenía que ir al Supermercado, o algo así, y me las tomé.
Bueno, vos no me vas a creer, pero hasta ahora nunca le conté esto a nadie, el Alejandro creo que ya ni se acuerda, a lo mejor no terminó de entender, vistes.
Y ahora, con lo del accidente ¿No? Es cómo que me vino todo a la cabeza de nuevo, y también por el mundial, claro. Y recién ahora veo claro, recién ahora me doy cuenta, después de 16 años, parece mentira.
¿Entendés? Ese día Angel tiró todos los muñequitos, así que no siguieron clavándoles las espinas, y, ¿Entendés? ¿Te das cuenta?
Dejaron de hacerlo, los muy boludos, no le pincharon las piernas a Brehme, y ¡Perdimos la final!
 
 
 

 
 
LA PASIÓN SEGÚN ATLAS*


   
  La Primera "D" es la categoría más baja en la estructura de los torneos oficiales que organiza la Asociación del Fútbol Argentino. Los clubes que participan en ella tienen mínimo renombre y exiguo presupuesto. No cuentan a su favor con pasados esplendores de los cuales poder vanagloriarse. Los partidos de la "D" se juegan en canchas de escaso o nulo verdor, ante un público por lo general muy reducido. Los jugadores no tienen sueldos. En todo caso, si gracias a algún espónsor barrial, llegan a cobrar algo de dinero, la paga se parece más a una changa que a un auténtico salario. Saben que nunca participarán de un Mundial, que nunca pisarán la Bombonera para enfrentar a Boca, que nunca serán transferidos a Europa por cifras millonarias. Juegan animados por la modesta ilusión de subir a la "C". Juegan -ni más ni menos- por el honor.
      En la "D" no hay descensos. Como no hay otra categoría inferior, el equipo que sale último queda automáticamente desafiliado por un año, al cabo del cual puede volver a participar del torneo. Es el precio que debe pagar por ser -si se permite el barbarismo- el más último de todos. El último de los últimos.
      En esa incómoda posición recaló, en el 2004, el club Atlas, humilde institución que, a consecuencia del infortunio deportivo sufrido, en el transcurso del año que duró su desafiliación se quedó sin jugadores, sin cuerpo técnico... y hasta sin camisetas. La crítica situación, sin embargo, no impidió que el año pasado sus dirigentes decidieran emprender la quijotesca tarea de empezar de nuevo. Desde cero, claro.
     Esa terquedad inclaudicable de este minúsculo grupo de personas aferradas a un sueño deportivo fue la razón que llevó a la cadena Fox Sports a elegir al "Marrón" (tal el apodo del club a causa del color predominante en su camiseta) como protagonista de un novedoso programa televisivo: "Atlas, la otra pasión", un "docu-reality" destinado a reflejar las vicisitudes del club en su retorno a la "D", no ya desde una perspectiva tradicional, meramente futbolística, sino a través de un enfoque intimista, centrado en lo humano y lo social.
     Se sabe, un "reality" no es la realidad misma. Hay en él un cuidado trabajo de edición que la vida no tiene. Hay golpes de efecto que potencian el dramatismo o la emotividad de ciertas situaciones. Hay, también, circunstancias que sólo existen justamente a partir de la presencia de una cámara (es obvio que, de no ser por su exposición mediática, jamás un equipo de la "D" habría podido ganar adeptos en distintos países de America, ni sus jugadores habrían firmado autógrafos en la calle). Pero más allá de esta previsible dosis de artificiosidad, el programa logró un eficaz acercamiento al mundo cotidiano de ese puñado de personas ligadas al club. Mundo situado, por cierto, a tantos años luz de las tapas de los suplementos deportivos de los lunes, como del glamoroso universo de las estrellas del fútbol nacional. Los televidentes se asomaron a los entrenamientos y a los partidos, vivieron de cerca las expectativas y temores de futbolistas, dirigentes, cuerpo técnico e hinchas. Compartieron con ellos sus diarias complicaciones y los esfuerzos realizados para tratar de superarlas.
     Es cierto, el remanido esquema del protagonista que persigue un objetivo luchando contra toda adversidad dista de ser original. De hecho, es constitutivo de la naturaleza humana, por eso se halla presente en tantas obras de la literatura y del cine. También en la televisión, claro. El valor principal de "La otra pasión" radica, entonces, en que su protagonista no es un individuo, sino un grupo. El héroe, aquí, es un héroe colectivo. Un héroe que, además, se vuelve admirable no porque gana, sino porque lucha, lo cual viene a subvertir el concepto pragmático de éxito imperante en nuestra sociedad. Justo homenaje éste -acaso involuntario- a tantos sacrificados compatriotas que, desde el anonimato y sin esperar recompensa, dedican su tiempo y su energía a crear, desarrollar y apuntalar miles de instituciones deportivas, sociales y culturales.   
     Si se hubiese tratado de una producción hollywoodense, en el último programa Atlas habría salido campeón en una tensa definición por penales, y los jugadores, emocionados, habrían dado la vuelta olimpica bajo una lluvia torrencial, con una banda de sonido pródiga en trompetas épicas. Pero esto no era una película, sino la realidad: después de cumplir la mejor campaña de toda su historia, Atlas perdió en semifinales contra Berazategui y no ascendió.
     Precisamente por eso, por esa ausencia de final feliz, aplaudamos a Atlas. Hagámoslo por todos aquellos que en la vida jamás tendrán su premio y sin embargo la siguen peleando. Hagámoslo por los que siempre salen últimos en un mundo que les niega el derecho a ocupar otra posición.     

*de Alfredo Di Bernardo.
alfdibernardo@...
 
 
 
 
 
El tren de los recuerdos*

En el pueblo, casi con dolores por el frío, escuche a dos seres estupendos que ingeniosamente relataban cuentos de fútbol. Así entre mansos recuerdos de personajes reales  e imaginarios, el espacio se hizo tiempo, el tiempo quería apropiarlo en mis sensaciones y las sensaciones se apoderaron de mi
energía. Voluptuosamente gritaban un gol que hasta la más ingrata mujer enojada por que su marido la cambiaba por un partido, seguramente se habrá sentido enamorada. El rulo, el viejo, el rata , el vecino protestòn y las escenas de barrio comenzaron a desfilar nítidamente en un càlido camino de
nostalgias. La voz del locutor vibraba y con sus arremetidas locuciones dejaba entrar con entusiasmo cada frase en los espectadores. Me sorprendía estar prendida en la tribuna siendo una más de la hinchada brava, también escuchaba melodías de antaño, que ahora en este momento por la emoción
que sentía no me puedo acordar. Era el turco, que con su sencillez y  sus manos esculpía en el teclado cànticos de nuestro pueblo. Palpitando entre el recuerdo y el hoy, así paralelamente me encontraba disfrutando de una tertulia con un sabor de compañía de amigos. Era Un sábado a la noche, egoístamente intentaba transitar ese lapso con uñas y garras, para apoderarme yo sola  -en este picado- del balón. El club del pueblo estaba orgulloso, caliente, habían venido los de la Radio. Vanidosos estaban por la
presencia de un representante, latigo coggi, quien fue aplaudido con solemnidad. Y así entre relatos y anécdotas, se acordaron de Perfumo y también del Diego, en ese partido que nombraban creo que también yo lo vi en ese preciado momento. El visor de la memoria y la pantalla del alma no tienen demasiados escrúpulos y no pagan entradas.
Terminaron los cuentos, la Sabiduría se iba por la Ruta 2, yo con mi compañero de viajes, volvíamos a La Plata dispuesta a contarle a mi hijo el resultado final.-
 
*de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...


 
 
 
Hoja de ruta de futbol televisado del 9 al 23 de junio
(y si gustan de crónicas literarias )
 
9 de junio
Alemania y Costa Rica a las 13.00 horas de Argentina  (todos los canales de aire)
10 de junio
Inglaterra vs. Paraguay                10.00 hs     Telefé
Argentina vs. Costa de Marfil                 
16.00 hs  (todos los canales de aire)
         11 de junio        
Serbia y Montenegro vs. Holanda         
 10.00 hs      Canal 13
 12 de junio  
Italia vs. Ghana                                     10.00 hs        Canal 13
      13 de junio          
Francia vs. Suiza                                      13.00 hs      América
Brasil vs. Croacia                                       16.00 hs        Canal 13
   14 de junio       
España vs. Ucrania                                10.00 hs          Telefé
Alemania vs. Polonia                              16.00 hs         Telefé
 15 de junio     
Suecia vs. Paraguay                               16.00 hs        América
  16 de junio 
      
Argentina vs. Serbia y Montenegro                             10.00 hs       (todos)    
México Vs. Angola                                                 16.00 hs       América
Holanda vs. Costa de Marfil                                13.00 hs     Telefé
17 de junio    
Italia vs. EE.UU.                                            16.00 hs        Telefé
 18 de junio      
Brasil vs. Australia                                   13.00 hs       Telefé
Francia vs. Corea                                        16.00 hs         América
 19 de junio     
España vs. Túnez                                        16.00 hs    Canal 13
  20 de junio     
Suecia vs. Inglaterra                                          16.00 hs     Canal 13
Paraguay vs. Trinidad y Tobago                           16.00 hs     América
 21 de junio     
Portugal vs. México                                         11.00 hs  América
Argentina vs. Holanda                                    16.00 hs   (todos)
     22 de junio       
Italia vs. República Checa                                    
11.00 hs        Canal 13
Japón vs. Brasil                                                 16.00 hs      Telefé
  23 de junio       
Arabia Saudita vs. España                                        11.00 hs    América



Correo:
Si deseamos ser el cambio...*

...que queremos ver en el mundo, empecemos por las cosas sencillas y con nuestros prójimos más próximos.
Una vez más, gracias por darme cabida en tu deliciosa quimera

*Alfredo Armando Aguirre.
choloar@...


Página personal: http://choloar.tripod.com/choloar.html

Mi Blog: http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 4 de junio del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música de los compositores colombianos Juan Sebastián Monsalve y Sebastián Quiroga. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Wayanay (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
 !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
* 
Apreciadas amigas, queridos amigos,
 
El número 75 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Abril/Junio/2006, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.com bajo el link:
  •  
    CONTENIDO:
    La edición impresa de XICóATL # 75 puede ser puede ser solicitada a YAGE  por e-mail a la dirección xicóatl@...  al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).
     
    Cordial saludo,
    YAGE, Verein für lat. Kunst Wissenschaft und Kultur.
     
     
    Schießstattstr. 44     A-5020 Salzburg    AUSTRIA
    TEL + FAX: (++43) 662 82 50 67

  •        
    *
    En Bandada
     
    En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
    Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
    Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz, Horacio Rossi y Oscar Agú.
    Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo alguno.
    También nos interesa que llegue a colegas y lectores.
    Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El costo del mismo es sólo de $ 15.-
     
    Solicitarla a través del siguiente correo electrónico: cachoagu58@...
    -Recordar enviar los datos y la dirección postal.
     
     
     
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    -La publicación virtual en Inventiva Social de antologías con sus trabajos.
    -Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados) en inventiva.
    -Anuncio y respaldo de actividades culturales y editoriales de cada socio.
    -Soporte ante problemas de recepción.
     
    Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
     
    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
     
     
     
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    #92 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
    Fecha: Sáb, 13 de May, 2006 11:00 pm
    Asunto: LOS HUÉRFANOS DE ESTADO
    inventivasocial
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    Los huérfanos de Estado...
    
    
    
      SEÑALADOS DE DIOS*
    
          La mujer sin brazos era una ladrona. Así le dijeron en Pasajes
    para siempre, "la ladrona". Había robado carbón de las vías, el tren
    hizo justicia. Mandamiento incuestionable este de no robar. Oprobio
    invisible el mote despectivo, señal clara la de la falta de
    brazos. "Cuídate de los señalados de Dios", y qué señal más clara,
    más llamativa, que el haber perdido los dos brazos en los rieles. No
    debió cargar sólo con la falta de brazos, en sus espaldas pesó para
    siempre el nombre impuesto por los prójimos. Por sus vecinos. Era la
    ladrona.
          Que transcurría la posguerra, que los inviernos frente al
    Cantábrico son pródigos en galernas pero avaros de sol, que el frío
    entumece los dedos dentro de las casas. Nada justifica el acto
    impuro del latrocinio, del saqueo, de la ilicitud en el obrar. Somos
    jueces implacables, equitativos en nuestra denostación. Está mal que
    una mujer con el frío en los riñones levante carbón de las vías, es
    imperdonable que el interventor de una clínica psiquiátrica deje que
    las ratas muerdan los pies de los internos, y que éstos se consuman
    de hambre para lograr una buena cuenta bancaria a su favor. Es lo
    mismo a nuestro juicio.  Que las circunstancias, las historias de
    vida, el daño realizado sean otros no impide que el robo sea robo.
          Y cuando más de medio siglo después y medio mundo más al sur un
    niño muere por el coque para el fuego, diremos que al fin y al cabo
    estaba robando. Simplemente era un ladrón. Y la familia sin hijo
    sufrirá la señal de Dios. Cuídate de ellos.
          En un mundo de juicios premoldeados no hay mayor avaricia para
    el perdón que la de los prójimos. Vemos la pobreza, el abandono, la
    falta de redes sociales que los salven de la caída en la indigencia.
    Decimos cuídate de los señalados de Dios. Es más fácil y seguro.
          En Pasajes, en Mendoza, aquí a la vuelta. Se les ve en las
    ropas, en la cara, en las manchas en la piel, en los dientes que les
    faltan. Todos portan la señal del oprobio. Creo que deberíamos dejar
    a Dios de lado en el asunto.
    Nosotros los señalamos.
          Y me pregunto a quién, a quiénes, señala la divinidad, y con
    cuáles marcas oprobiosas.
    
    
    
             *De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
    
    
    
    
    Sábado, 13 de Mayo de 2006
    
    Una pregunta a Freud*
    
    
    *Por Sandra Russo
    
    Esta semana, el escritor peruano Mario Vargas Llosa opinó que "no
    hay que sobreestimar el indigenismo". Lo dijo mientras el boliviano
    Evo Morales no para de sobresaltar incluso a sus vecinos blancos, y
    mientras el peruano Ollanta Humala, a pesar de los bordes vidriosos
    de su figura pública y los desbordes homofóbicos de sus padres,
    disputará la presidencia del Perú en el ballottage del 4 de junio.
    Aunque Europa pose sus ojos displicentes en la América latina
    aindiada que asoma detrás de esos nombres, esa mirada no logra
    arrancar de su cuajo la pregunta que esa misma Europa se hacía hace
    quinientos años: ¿los indios tienen alma?
    La Europa cristiana, conquistadora, evangelizadora, se hacía esa
    pregunta mientras destruía civilizaciones enteras cuyo esplendor la
    dueña de esa misma mirada era incapaz de percibir. Europa no sabía
    percibir ni valorar ni asimilar las diferencias. ¿Los indios tenían
    alma, además de oro?, debatían los religiosos y los poderosos.
    La pregunta interpelaba por el otro, por ese de piel de color, de
    costumbres raras, de lenguaje extraño. Cuando ya habían muerto
    millones, se concluyó que los indios eran seres humanos y que en
    consecuencia tenían alma, almas irrecuperables como los cuerpos
    derribados en minas y batallas, en una de las más extensas orgías de
    dominación que conoció la humanidad.
    Hace una semana se cumplieron 150 años del nacimiento de Sigmund
    Freud, que poco tiene que ver con la conquista de América y con las
    preguntas que esa conquista instaló en las mentes europeas
    civilizadas. Sin embargo, un hilo dorado se extiende, si se lo sigue
    bien, desde que San Agustín concibió la conciencia cristiana hasta
    que el fundador del psicoanálisis le dio un marco teórico a aquello
    que yacía invisible atrás o debajo o arriba o antes o después de la
    conciencia: el inconsciente.
    A los sujetos contemporáneos nos es casi imposible imaginarnos cómo
    vivían sus vidas los hombres y las mujeres que nacieron antes de que
    San Agustín y San Benito promovieran lo que se conoció como
    introspección cristiana. Ya en ese momento, en los albores de la
    Alta Edad Media, las personas dejaron de sentirse responsables sólo
    de lo que hacían: también eran responsables de lo que deseaban, de
    lo que sentían o soñaban. El alma humana ya no era simple: ya
    existían las buenas o malas intenciones, y existía un dios al que
    era imposible ocultarle la verdad.
    Hace un siglo y medio, Freud mezcló esa baraja y dio de nuevo. Vino
    a decir que hay una verdad que no se puede confesar, porque uno
    mismo la ignora. Y vino a decir también que hay palabras que no se
    pueden decir, que son impronunciables; que no sólo hay olvido, que
    hay falsos recuerdos; que hay aspectos nuestros que son acaso los
    más fuertes y potentes, a los que no accedemos más que a través de
    la pena o el dolor que reprimirlos nos provoca.
    A pesar de que hoy Europa vuelve a posar sus ojos displicentes sobre
    países latinoamericanos con población indígena, hoy los debates
    pasan por otro lado. En los patios traseros del mundo, y también en
    los patios traseros de los países centrales, millones de personas
    excluidas de toda estructura social concebible se multiplican y se
    enferman, pasan hambre o tienen miedo, ven morir a sus hijos o a sus
    padres, migran, escapan, soportan intemperies, tempestades, son
    agujereadas a balazos o deshechas por misiles.
    En nuestras ciudades, sólo hace falta salir a la calle después de
    las nueve de la noche para ver al ejército de desahuciados
    revolviendo basura. La mayor parte de las palabras que usamos les
    son ajenas: viven en nuestro mismo mundo pero viven en otro, que les
    demanda poco vocabulario. Chapa, cartón, birra, paco, faso, loco,
    moneda, madre. Esa palabra la pronuncian seguido: cuando se es mujer
    y se baja el vidrio del auto y se estira la mano para depositar en
    la palma de la suya una moneda, ellos dicen casi siempre:
    –Gracias, madre.
    ¿Qué interpretaría Freud al respecto? ¿Qué voltereta extraña del
    lenguaje les hace impregnar esa mínima ayuda, esa mínima molestia de
    extender una moneda con un halo maternal? ¿Qué dicen los huérfanos
    de Estado cuando dicen "madre" o "padre"? ¿Qué expresan los
    huérfanos de Estado cuando piden y reciben ayuda y qué expresan
    cuando vuelven a ser rechazados, ellos, que fueron rechazados desde
    que nacieron?
    Pasaron siglos desde que Europa se preguntaba si los indios tenían
    alma. Hoy podríamos blanquear una pregunta que no se hace pero que
    sin embargo se responde por la negativa en los hechos, cuando la
    existencia de esos millones de vidas miserables no sacude ni
    espanta; la pregunta sería: ¿los pobres tienen inconsciente? ¿Los
    excluidos tienen inconsciente?
    De un lado de la muralla, hemos aprendido, gracias a Freud, lo
    débiles y lo fuertes que somos; hemos detectado lo permeables, lo
    vulnerables que somos a determinados conflictos. Sabemos qué es un
    trauma. Sabemos que hay vidas enteramente desviadas por algo que no
    se pudo procesar.
    Pero mientras de un lado de la muralla nos asistimos y nos cuidamos
    para no desbordar, del otro lado del muro, ellos, los huérfanos de
    Estado, soportan su miseria con nuestra anuencia, como si hubieran
    venido al mundo sin alma, igual que aquellos indios. Y sin
    conciencia; y hasta sin inconsciente.
    
    *Fuente: diario Página/12
    http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-66851-2006-05-13.html
    
    
    
    
    Otra vez*
    
    Lorena volvía de su trabajo. Caminaba ensimismada, apurada y
    distraída. Eran las siete de la tarde del viernes y Retiro parecía
    estallar. Alrededor, cientos de personas iban y venían, subían y
    bajaban, se cruzaban unos con otros. Hacía mucho calor, y desde la
    vereda, una montaña enorme de basura
    desprendía un olor a podrido insoportable.
    Justo cuando estaba por entrar al hall central de la línea Mitre, se
    chocó de frente contra una chica, que venía mirando el piso.
    Instintivamente se dio vuelta. La otra, hizo lo mismo. Lorena la
    miró, y antes de emitir palabra, vaciló un segundo. Un detalle
    revelador le abrió bien grandes los ojos: la conocía. Era 'La
    Polaca', una vieja amiga suya de San Martín, el barrio donde había
    crecido.
    - ¡Que haces Polaca! Soy yo, Lorena, la petisa. ¿Te acordas? - dijo
    con una sonrisa dibujada en la cara.
    La polaca no tuvo la misma velocidad de reacción que Lorena, pero
    intuyó un pasado en común. Desconfió un segundo, frunció las cejas,
    le cayó la ficha, y dijo:
    - ¡No te puedo creer que seas vos! ¡Que haces Peti! ¿Cómo andas?
    ¿Qué es de tu vida?
    - Muy bien che, acá estamos. Trabajo por acá cerca. Me estoy yendo a
    casa -
    - ¿Hace cuanto tiempo que no nos vemos? Desde que te internaste, no
    supe más nada de vos. Escuché algunas cositas por otros. Me dijeron
    que andabas muy sanita.
    - Si, es cierto, ando bastante bien. Igual, tengo los mismos
    quilombos que cualquiera. Cada tanto me mando alguna, pero nada que
    ver con la Peti que conociste vos.
    Lorena miró a su vieja amiga a los ojos. Se le removieron en su
    cabeza los últimos quince años de su vida, de los cuales, por lo
    menos 8, había dedicado a las drogas y a la calle. Se despabiló, y
    con confianza preguntó:
    - ¿Si no era yo quien te chocaba, me cagabas a trompadas no?
    - Si me decías algo, te arrebataba ahí nomás. Vengo media cargada.
    Estoy que vuelo de la calentura que tengo. Me agarraste en un día de
    mierda. Me estoy yendo de apuro a San Clemente.
    - ¿Por qué? ¿Qué pasó? - preguntó Lorena, con la sensación de que
    podía contestarle cualquier cosa.
    - ¿Vos lo conociste al Colo? Bueno, es mi pareja. Me re cagó. Lo
    enganché con otra al pelotudo. Ni mentir sabe. Me acabo de ir de mi
    casa - dijo la Polaca, rubia y de tez bien blanca desde siempre.
    Cargaba en uno sus hombros un bolso deportivo enorme; en el otro, un
    nene de unos dos años.
    - ¿En serio me hablas loca? ¡Que garrón! - dijo Lorena, incomoda.
    - Es un reverendo hijo de puta. Me fui porque sino lo mataba - contó
    mientras se recogía el pelo rubio de su cabeza -. En la costa tengo
    una prima que nos va a hacer un lugar. Ya le avisé que voy para allá
    con el
    nene. Tengo un odio que no me banco.
    La gente les pasaba por encima. A unos pocos metros, un chico habría
    la puerta de un taxi. Los autos y colectivos metían un ruido
    infernal.
    - Bueno loca. No queda otra que tomarse las cosas con calma. Ya le
    van a encontrar la vuelta. Menos la salud, todo tiene solución.
    Aprovecha el viajecito y baja un cambio.
    La Polaca afirmó con la cabeza, le dio un abrazo y justo antes de
    irse, le dijo:
    - Escucha. Hace un rato pegué una bolsita de dos gramos y me la
    olvidé en el volquete que está justo enfrente del club. Agarrala
    vos. Hace lo que quieras. Si vos no estás tomando dásela a los
    pibes. Es una lástima que se la lleve un camión, o el agua. Vendela.
    No sé. Ya fue.
    - Yo no tomo más, pero no te preocupes. Anda tranquila - dijo Lorena
    para despedirse.
    Le dio un beso en la frente al nene, le hizo una caricia en la cara
    a la vieja amiga, se dieron otro abrazo y se mezclaron entre la
    multitud.
    
    Lorena se tomó el tren. Pensó en la Polaca, en el encuentro casual
    en el medio de las miles de personas, en su cara de orto, en su
    pareja, en su hijo. También pensó en el posible ascenso que le
    habían comentado en su trabajo y en la pelea que había tenido con la
    madre hacía unos días atrás; todo real, todo palpable y rutinario,
    pero nada le sacaba más pensamientos que la bolsita de dos gramos
    que quedó descartada en el volquete. ¿Qué iba a hacer? ¿La iba a
    buscar? ¿Hacía como si nunca se hubiese cruzado a la Polaca
    y seguía con sus cosas? Se vio dudando, inquieta por el tema y una
    alarma interna le hizo ruido. Desde que había dejado de tomar, hacía
    unos dos años, solo una vez había quedado expuesta. Al final, no
    quiso saber nada. Y no por el qué dirán, sino por decisión propia.
    Tuvo un milisegundo de flaqueza, pero la locura terminó yendo para
    un lado y ella para el otro. Se acordó que al otro día, se había
    sentido muy bien por haberse puesto firme.
    Pero en ese momento sentía que una llamarada le prendía por dentro
    todos sus mecanismos. Estaba nerviosa, ansiosa, se comía las uñas.
    Tenía que ponerse firme en ese mismísimo momento porque el enrosque
    la empezaba a colmar de pies a cabeza y sentía como se estaba
    haciendo la cama. Trató de
    individualizar la fisura personal por donde estaba haciendo agua. No
    pudo.
    Miraba por la ventana del tren y en su cabeza apareció con nitidez
    el tratamiento que se había comido en una granja de la zona de
    Ezeiza. Lorena siempre decía que a pesar de tener bien clarito que
    la experiencia de la internación le había cambiado la vida, si
    pudiese volver a nacer, elegiría no tener que pedir ayuda para salir
    adelante con su vida. Hubiese preferido salir adelante sola, por la
    suya, sin psicólogos ni psicodramas.
    De allá le quedó la idea de que si uno se volvía a dar el palo era
    porque alguna piecita estaba desacomodada, salida de lugar,
    destapada, a la intemperie, sola.
    Se intentó tranquilizar pensando que a pesar de que cada tanto se
    tomaba unas cervezas, o se fumaba un caño, estaba bien; se sentía
    sólida, armada.
    Tenía trabajo y pensaba retomar el secundario para dar las tres
    materias que le quedaban. También pensó en Lucas, su ex. No había
    tenido un final feliz la relación. Todo lo contrario.
    
    Pasaban las estaciones y ya quedaba poco para llegar. Mientras, la
    cabeza intentaba poner orden. El cuerpo, pedía otra cosa.
    Bajó en Migueletes, cruzó la vía, y caminó las tres cuadras que
    separan la estación del club '25 de Octubre'. Cuando visualizó el
    volquete, se dio cuenta de que estaba hasta las manos; que ya no
    había retorno; que se le había encendido todo el vicio junto, toda
    la batalla que había intentado dar en el tren, se había esfumado. Se
    le nubló la mente, cruzó la calle y empezó a revolver entre los
    escombros, latas y botellas. Metió la mano entre la mugre, dio
    vuelta cartones y papeles y revolvió lo que tenía delante.
    Buscaba casi desesperada y cada dos por tres levantaba la vista para
    ver si nadie la estaba mirando. Sentía como se le aceleraba el
    corazón.
    De repente, dentro de un caño de plástico, unos centímetros para
    adentro, la encontró. Una bolsita transparente anudada en lo alto,
    envolvía la pelotita blanca amarillenta de cocaína. Se le abrieron
    muy grandes los ojos y se le hizo agua la boca. La miro fijamente,
    la agarró, la tocó, miro para los
    cuatro costados, y se fue.
    Casi al trote, llegó hasta la casa de la abuela.
    - ¡Hola Nona! ¿Cómo estás? Paso corriendo al baño porqué me estoy
    haciendo pis - le dijo Lorena a Violeta, su abuela
    - Si querida. No hay problema. Te espero con unos mates en la cocina.
    Lorena entró al baño y notó que estaba transpirando. No razonaba. Se
    sentía esclava de sus reflejos e impulsos. Sacó la billetera del
    bolsillo de atrás de su jean. Las manos le temblaban. Sacó su cedula
    y la apoyó sobre la uno de los bordes de la pileta. Metió la mano en
    el bolsillo chiquito de la parte de adelante del pantalón. Sacó la
    bolsita y desarmó el nudo con la boca. La abrió y la olió; se dejó
    penetrar por ese aroma inconfundible, áspero. Tomó la cedula del
    lavabo, la uso de para cargar una buena cantidad
    de merca y la tiró sobre la tapa del inodoro. Con uno de los
    vértices de la tarjeta, tomó solo una puntita de pichi y se la metió
    en la boca. Palpó, tragó, saboreó, cerró los ojos y levantó la
    cabeza en dirección al techo: otra vez ese gustito embriagador en su
    boca. Sintió como se le dormía la lengua, las encías y los dientes.
    Peinó dos líneas gruesas, gordas, contundentes. Las picó bien. Las
    preparó y las dejó listas. Abrió la canilla de la pileta. Tomó la
    billetera nuevamente, sacó un billete de 10 pesos, lo enrolló, se lo
    puso en la nariz, apuntó, y aspiró, de un solo saque, largo, hondo,
    impresionante, la primera de las dos rayas.
    
    *de Mariano Abrevaya Dios. mabrevayadios@...
    
    
    
    
    Niñitas*
    
    Niñas sin suerte
    Están abandonadas
    En un Instituto
    Sin cuentos de hadas
    Niñitas sonrientes
    Con ganas de saltar
    Sus manos calientes
    Para dibujar
    A veces me buscan
    Para ir a jugar
    
    Inventamos una comedia
    Con  canciones y danzas
    La alegría rebota
    Hallamos adivinanzas
    
    Con trenzas y cintas
    Carteras y pulseras
    Las nenas encantadas
    Fantasean ser las primeras.
    
    
    para S, N, A y A
    *De Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...
    
    
    
    *
    
    Sigamos reescribiendo sobre el tren de carbón y balas con cuentos -
    ensayos y poemas.
    
    ( de 1500 a 2000 caracteres ).
    
    
    
    Abrazo.
    * Eduardo F. Coiro. inventivaedicion@...
    
    
    
      Martes, 9 de Mayo
    
    Gatillo fácil por carbón: un policía detenido*
    
    Cristian Bressán está acusado de homicidio agravado en la causa por
    el asesinato de Mauricio Morán y las lesiones de otros dos chicos
    que sacaban carbón de un tren. Cinco efectivos más y un jefe
    policial fueron suspendidos.
    
    ATPA
    De nuestra redacción
    agenciataller@...
    
    09/05/06 Cristian Bressán (30), oficial ayudante de la Policía de
    Mendoza, fue detenido ayer luego de ser citado por el  fiscal de
    Delitos Complejos, Luis Correa Llano. Es el principal sospechoso de
    matar a Mauricio Morán (14), en Perdriel durante procedimiento
    policial represivo.
    Bressán quedó detenido en un pabellón de la Penitenciaría Provincial
    al estar imputado por homicidio agravado, lesiones graves agravadas
    y lesiones leves agravadas. Además del asesinato Morán, hay cargos
    por otros menores que fueron heridos en el episodio. Entre los
    heridos se encuentra un bebé de apenas un año y ocho meses de vida,
    a quien una bala de plomo le perforó una mano. Un tercer menor de
    edad, Maximiliano Sosa (13), también resultó lesionado.
    Por pertenecer a una fuerza de seguridad, Bressán podría recibir
    reclusión perpetua si es hallado culpable. Los otros 5 policías que
    intervinieron en el caso -y que aún no han sido acusados por el
    fiscal- son Pablo Sáez, Carlos Beltrano, Osvaldo López, Pablo Vera y
    un auxiliar de apellido Zapata.
    Morán murió luego de ser herido por un perdigón de plomo. La
    información fue confirmada por peritos del Cuerpo Médico Forense a
    partir de los informes de Criminalística.  Se trata, según diario
    Los Andes, de unos cartuchos denominados PG (posta de guerra) y que
    se les suministra a los efectivos de manera restringida y para usos
    restringidos. Según disposiciones, estos cartuchos sólo pueden
    emplearse como medida extrema en un enfrentamiento armado.
    La represión ocurrida el último viernes tendía a evitar que los
    lugareños, en su mayoría niños, sacaran carbón de un tren de la
    empresa América Latina Logística (ALL) que había salido de la
    destilería de Luján de Cuyo. ALL es una de las dos empresas de carga
    que se quedaron con la concesión del servicio luego de las
    privatizaciones de los servicios ferroviarios en Argentina. La
    empresa, según información institucional, cuenta con 15.000
    kilómetros de líneas férreas en Brasil y Argentina, más de 550
    locomotoras, 17.000 vagones, y 3.000 camiones (entre propios y de
    terceros).
    Policía Científica determinó que los perdigones de plomo salieron de
    la escopeta que manipuló Bressán. Los demás efectivos podrían ser
    citados nuevamente como testigos. Todos fueron suspendidos
    provisoriamente por la Inspección General de Seguridad y se pidió su
    pase a pasiva. La misma sanción fue dictaminada por el subsecretario
    de Seguridad, Omar Pérez Botti, y el jefe de Policía, comisario
    general Héctor Quiroga, para el subcomisario David Spinello, a cargo
    de los servicios de custodia del tren.
    Los padres del chico asesinado se entrevistaron ayer con Correa
    Llano y reiteraron que están en condiciones de reconocer al autor
    del disparo que mató a su hijo. "Venía a escupirle la cara al
    fiscal, pero después de hablar con él me voy conforme", dijo César
    Morán al salir del despacho del fiscal. Los testigos, especialmente
    los padres de Mauricio Morán, aportaron datos que apuntan a Bressán
    como el principal implicado.
    El ministro de Seguridad, Miguel Bondino, asistió ayer a la comisión
    de labor parlamentaria de la Legislatura Provincial para intentar
    dar una explicación de lo sucedido. "Todas las dudas fueron
    disipadas. Las responsabilidades administrativas que les cupieron a
    los efectivos policiales, fueron analizadas por la Inspección de
    Seguridad quienes hoy (por ayer) por la mañana, suspendieron por un
    mes y pasaron a pasiva a todos los policías que intervinieron en el
    hecho", explicó.
    La muerte de Morán se suma a la larga lista de víctimas ocasionadas
    por el gatillo fácil en Mendoza, un antecedente nefasto que excluye
    de cualquier análisis la teoría oficial de los "hechos aislados".
    
    Universidad Nacional de Cuyo. Centro Universitario - CP5500
    
    http://www.uncu.edu.ar/contenido/index.php?
    tid=304&mid=659&itemaction=ampliar&M_Item=11964
    
    
    *
      Queridas amigas, queridos amigos:
    
    El próximo domingo 14 de mayo del 2006 presentaremos en la
    Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
    (hora de Austria!), música del compositor argentino Jorge Liderman.
    Las poesías que leeremos pertenecen a Luisa Futoransky (Argentina) y
    la música de fondo será de Machu Picchu (Andes); todo ésto en
    nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y
    alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
    
    ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
    escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
    Stream)
    !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
    Austria!!!!
    
    
    REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
    Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
    11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
    Cordial saludo!
    
    YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
    www.euroyage.com
    Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg
    AUSTRIA
    Tel. + Fax: 0043 662 825067
    
    
    *
    
    Apreciadas amigas, queridos amigos,
    
    El número 75 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano
    XICóATL "Estrella Errante", edición Abril/Junio/2006, puede ser ya
    consultado en nuestra página en internet www.euroyage.com bajo el
    link:
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    i=http://www.euroyage.com/xicoatl/75/e_75.php
    
    CONTENIDO:
    Editorial: Vacíos difíciles de llenar. Luis Alfredo Duarte Herrera
    Campaña de solidaridad con Jacobo Silva y Gloria Arenas
    Mozart: El cenotafio. Antonio Calle González
    Narrativa: Rosa Cuchillo. Óscar Colchado Lucio
    Poemario: Poemas. Eva del Pilar Durán
    Austria: Poemas. Fritz Huber
    
    La edición impresa de XICóATL # 75 puede ser puede ser solicitada a
    YAGE  por e-mail a la dirección xicóatl@...  al precio de
    7.- Euros (incl. envío postal).
    
    Cordial saludo,
    
    YAGE, Verein für lat. Kunst Wissenschaft und Kultur.
    
    http://www.euroyage.com/
    
    Schießstattstr. 44     A-5020 Salzburg    AUSTRIA
    TEL + FAX: (++43) 662 82 50 67
    
    
    
    *
    En Bandada
    
    En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
    Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a
    inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
    Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz,
    Horacio Rossi y Oscar Agú.
    Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo
    alguno.
    También nos interesa que llegue a colegas y lectores.
    Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El
    costo del mismo es sólo de $ 15.-
    
    
    Solicitarla a través del siguiente correo electrónico:
    cachoagu58@...
    
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    en inventiva.
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    Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
    
    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
    
    
    
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    #91 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
    Fecha: Mar, 9 de May, 2006 5:53 pm
    Asunto: EDICIÓN MAYO
    inventivasocial
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    INVENTIVASocial
    Edición MAYO 2006
    
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    *
    Hay veces que
    ruego estar posando de espantapájaros
    mirando por mirar las alturas y la siembra
    emigrarme ahí nomás
    sólo para no acalambrar mi boca en tu beso.
    
    
    *ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
    
    
    
    
    MI PADRE ME HABLABA DE ESTRELLAS*
    
    Mi padre me hablaba de estrellas,
    sus palabras volaron de mi mente.
    Mejor mirar el cielo de esta noche
    como aquellas del patio de mi casa.
    yo era tan pequeño que quizas
    este evocando mi más antiguo recuerdo.
    El cielo de esta noche muy poco habrá cambiado,
    las estrellas se mueven en otras dimensiones,
    sus espacios resultan jardines de los dioses
    pasan los hombres y ellas apenas si se mueven.
    Algún secreto me contó mi padre,
    de su vos sólo queda este cielo plateado.
    Si se seca una flor del jardín de los dioses
    su perfume perdura generaciones de hombres.
    Los hombres somos breves, mi padre ya no está
    pero mis ojos hoy reflejan las estrellas,
    cuando cierro los párpados oprimo
    un refugio estrellado.
    
    
    
    ARBOLES*
    
    Algunos árboles que ya no tengo
    me regresan en sueños:
    el sauce llorón de mi infancia,
    la línea oscura de ligustros,
    las casuarinas y su aullido,
    un limonero escala al techo,
    una higuera que vió a mi madre crecer
    y al sol de la siesta me oyó
    conversar con mi abuela,
    pesadas hojas que oigo caer desde el gomero.
    Son tan nítidos
    como si me uniese a ellos un pasaje
    que avergonzara al tiempo.
    A veces creo que de ellos algo
    creció en mí,
    que soy la suma de mis árboles.
    
    *Poemas de ROBERTO MALATESTA malatesta@...
    -Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@...
    
    
    
    Como ella*
    
    Era el desierto en sus manos
    
    Con ella vivía el sol
    
    Así cual ella había escombros
    
    En su viaje
    
    Ternuras pasadas gemían
    
    Como ella el despertar
    
    Un tanto solitario
    
    Un quejido en su pollera
    
    En sus ojos el cielo se acurrucaba
    
    De verdes y amarillos
    
    También como ella
    
    Había un telón en sus lágrimas
    
    Y un suspiro adormilado
    
    Tan sabio era el pecado
    
    De ser como ella.
    
    
    
    Lágrimas*
    
    Unas poderosas lágrimas
    
    Encendieron sus ojitos
    
    Entristecidos de madre
    
    Dolientes de extrañar
    
    A sus dos protagonistas
    
    Que ya no están juntos
    
    El camino se ensombreció
    
    En su corazoncito.
    
    
    
    *Poemas de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...
    
    *En la Antologìa 2005 " 50 años de buena letra" sociedad argentina
    de escritores / La Plata.
    
    
    
    
    
    NEBLINA*
    
    La noche
    parece incendiar el silencio,
    no hay pájaros
    y las sombras de la soledad
    parecen jaulas dentro de la espesa bruma
    que aúllan sin destino
    un destierro.
    
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
    
    
    
    
    
    
      La vasija*
    
    Era mi día libre y no sabía qué hacer con mi tiempo. Había llovido
    desde el martes y hoy sábado sería igual, así que decidí quedarme en
    casa y ordenar la biblioteca. Debo decir que el tiempo transcurrió
    sin que lo notara. Me entretuve hojeado viejos libros, leyendo
    anotaciones, y algunas cartas.
    Encontré una foto de cuando éramos chicos, mi hermano y yo en la
    playa con Maraca, la perra cocker spaniel negra que nos acompañó
    muchos años. Me reí mirándome a los siete años con ese flequillo
    corto y rubio que mi madre adoraba y yo detestaba; otras fotos eran
    de nuestro viaje al río Orinoco, mi
    padre y mi hermano trepados en un árbol caído y mi madre tapándose
    los ojos muerta de miedo. En un cajón encontré fotos tomadas en
    Italia, estoy de la mano de mi abuelo y en ese instante los
    recuerdos acudieron a borbotones.
    Podía oler el perfume de las violetas del jardín de mi abuela, y
    zambullirme en el mar de amapolas multicolores. Subir la colina y
    desde lo alto danzar al compás de los trigales que se mecían con el
    viento. Muchas lágrimas rodaron por mis mejillas. Mis recuerdos de
    la infancia, están hechos de flashes, de instantes fotográficos. Las
    fotografías nos hacen tomar conciencia del paso del tiempo, de los
    años dorados de la infancia que nunca volverán.
    
    Cuando consideré que los libros lucían ordenados y limpios, me
    dediqué a los adornos. Reemplacé fotos, cambié de lugar varios
    objetos y  entonces me topé con aquella pequeña vasija. Había sido
    de mi padre y antes de mi abuelo. La había heredado como se heredan
    tantas cosas, pero esa vasija era especial.
    Había sobrevivido a las guerras, a viajes en barco, mudanzas,
    envoltorios varios y hacía alrededor de diez años que estaba en mi
    poder. Recuerdo que mi padre me la había obsequiado la última
    Navidad que compartimos. Estaba prolijamente envuelta en papel de
    seda blanco, atada con una cinta azul y la
    pequeña tarjeta decía: -"No sé cuando llegó esta vasija a nuestra
    casa, ni siquiera mi padre lo recordaba, pero siempre estuvo a mi
    lado y ahora quiero que sea tuya. Te doy una sola recomendación, al
    igual que lo hizo mi padre conmigo, nunca la frotes, tan sólo
    límpiala con suavidad. Te adoro, Feliz Navidad".
    Me quedé largo rato observándola, pasando mis dedos sobre sus
    porosidades y sus diminutos surcos. Estaba adornada con una pequeña
    guarda con dibujos geométricos en color negro, el fondo mostraba la
    terracota oscurecida por los años. Era casi milagroso que se hubiese
    conservado tan bien.
    Pasé mis dedos por su interior, la aproximé a mi oído, como hacía en
    mi infancia con los caracoles de mar, la olí, la aproximé a mi ojo
    para verla por dentro, la oscuridad era absoluta, cuando la separé
    me pareció ver algo, miré nuevamente, una pequeña luz, muy tenue,
    estaba allí. Varias veces la acerqué y alejé para ver qué sucedía,
    la luz seguía allí. No supe qué hacer y volví a dejarla en su lugar.
    Había dejado de llover y decidí dar un pequeño paseo con mi perra,
    hacía calor.
    Siempre me había resultado insoportable el verano en Buenos Aires, y
    este era uno mas de esos húmedos y calurosos veranos.
    Caminamos bastante, las luces comenzaban a encenderse, me senté en
    una heladería y compartí un riquísimo helado con mi perra. Varios
    niños se acercaron para acariciar a mi fiel compañera y ella
    respondía el saludo lamiéndoles las manos.
    Se hacía tarde y regresamos. Abrí la puerta de mi casa y antes de
    encender la luz un pequeño brillo proveniente de la biblioteca llamó
    mi atención, era la vasija.
    Me acerqué a ella lentamente preguntándome por qué nunca antes había
    visto ese minúsculo resplandor. La tomé en mis manos y me senté en
    el balcón a observarla. ¿De dónde provenía esa luz? Apoyaba mi mano
    sobre la boca de la vasija tratando de tapar la luz, pero no lo
    lograba.
    Como lo había hecho por la tarde la acerqué a mi ojo pero la retiré
    inmediatamente, me quedé atónita.
    ¿Sería real lo que veía?
    Dentro de la vasija habitaba un pequeño universo, un tiempo pasado y
    remoto.
    Sentía una mezcla de temor y curiosidad, una vez mas la acerqué a mi
    vista.
    Me vi dentro de ella, habitando ese lugar. Caminaba por una calle
    soleada, vestía una túnica blanca sostenida con un lazo azul, en mis
    pies unas sandalias marrones, el cabello largo y rubio sobre mi
    espalda, a mi lado una hermosa mujer lucía una larga capa celeste,
    era mi madre. Estábamos muy entretenidas conversando de temas
    familiares.
    El camino estaba bordeado por bellos olivares. Era un día de
    primavera, templado y tranquilo.
    Nos dirigíamos al mercado público en las afueras de la ciudad que
    los días martes y viernes se instalaba. Allí era posible adquirir
    desde comestibles y especias hasta hermosas telas para confeccionar
    nuestras vestimentas y lo necesario para nuestra casa.
    Ese día lucía radiante el mercado, los vendedores ofrecían sus
    mercancías con simpáticos cánticos.
    Nos dirigimos al puesto de telas, allí nos deslumbramos con sedas
    traídas de oriente, adquirimos algunos cortes, luego compramos
    verduras y frutas.
    Ese momento de las compras era una buena excusa para saludar y
    conversar con amigos y parientes.
    Nos encontramos con una prima de mi madre de nombre Anna, luego de
    los consabidos besos y abrazos nos comentó que esa mañana había
    pasado por su casa un mercader que venía de Roma y traía la noticia
    de que próximamente la ciudad sería invadida por guerreros del
    norte. Mi madre al notar mi preocupación, acarició mi cabeza y me
    tranquilizó.
    Emprendimos el regreso y al poco tiempo llegamos a nuestra casa.
    Habitábamos en una hermosa casa blanca que había sido de mis abuelos
    paternos. Era un cómodo lugar para vivir, con espaciosas
    habitaciones donde el sol entraba a raudales por los amplios
    ventanales. Un gran jardín rodeaba la casa y desde allí era posible
    divisar las tierras de la familia con sus cultivos. Mi padre se
    encontraba en ese momento con dos de mis hermanos varones ocupados
    en la cosecha. El mayor de mis hermanos, Carlo, había viajado a
    Roma, era amante de las ciencias y mi padre le había dado la
    posibilidad de estudiarlas. Mis abuelos maternos, Rosario y
    Giovanni, vivían con nosotros.
    Durante el almuerzo mi madre comentó los dichos de mi tía Anna, mi
    padre no pareció sorprenderse con la noticia, puesto que días
    pasados un forastero le había hecho el mismo comentario.
    Una gran angustia me invadió por lo que pudiera sucedernos, entonces
    mi padre, con la infinita calma que lo caracterizaba me dijo: -
    Querida hija, estamos lejos de Roma y tal vez aquí nunca lleguen.
    Cuando comenzaba el verano tuvimos noticias de la llegada del temido
    ejército del norte. Todos hablaban de sus bárbaros soldados que no
    dejaban nada en pié.
    Así vivimos varias semanas, con miedo y desesperación.
    Una mañana de lluvia llegaron a nuestra casa pidiendo comida y un
    lugar donde alojarse. Con mi madre comenzamos a preparar grandes
    cantidades de comida mientras mi padre y mis hermanos acondicionaban
    el sótano para que pudieran ubicarse allí. Debo decir que siempre
    fuimos tratados con amabilidad por parte de ellos.
    Una tarde me dirigía a recoger agua cuando un soldado se me acercó.
    Era un hombre alto, muy rubio y una gran tristeza habitaba en sus
    ojos. Me pidió disculpas por haber invadido nuestra casa y me dijo: -
    "No tema, nada sucederá".
    Su rostro y su voz me resultaban familiares. El resto del día,
    mientras trabajaba, no pude apartar de mi pensamiento aquel hombre,
    tenía la plena seguridad de conocerlo.
    Habíamos terminado de servir la cena y mi madre me pidió que fuera a
    buscar carburo para alimentar las lámparas que quedarían toda la
    noche encendidas. Bajé las escaleras y allí estaba aquel soldado, me
    dio las buenas noches y me dijo que tenía la impresión de conocerme.
    Mientras caminaba noté que me
    seguía, entré a la pequeña habitación en busca del carburo y a mis
    espaldas la voz del soldado dijo: -"Eres la pequeña Ada, ahora te
    recuerdo. Yo te tuve en mis brazos cuando eras apenas un bebé. Amaba
    tus ojos claros y un día le prometí a tu abuelo Luigi que regresaría
    para casarme contigo". Yo le
    devolví una sonrisa y dije: -"No creo que sea esa su misión en este
    momento"
    Él respondió: -"créeme Ada, cumpliré mi promesa".
    
    Un terrible estruendo proveniente de la calle hizo que me
    sobresaltara y la pequeña vasija se desplomó en el suelo haciéndose
    añicos. Largo rato me quedé observando los trozos esparcidos por el
    piso del balcón. Aquel pequeño mundo y su luz habían desaparecido.
    Me sentía culpable por no haber cuidado
    aquel pequeño tesoro. Me sorprendió el día con los restos de la
    vasija en mis manos y mi rostro lleno de lágrimas.
    En ese momento alguien llamó a mi puerta, me incorporé, sequé mis
    lágrimas y abrí la puerta.
    Allí estaba, tal como lo había visto en la vasija, era un hombre
    alto y rubio. Con una sonrisa me dijo:
    -"Recorrí un largo camino, pero aquí estoy, he vuelto para cumplir
    mi promesa, he venido a buscarte".
    
    *de Tila. tiladellorso@...
    
    
    
    
    Una foto en la estación*
    
    Link Foto:
    http://ar.pg.photos.yahoo.com/ph/monicarussomanno/detail?.dir=.2f9cre
    2&.dnm=8a64re2.jpg&.tok=phd9p0EBU4HwmWBc&.src=mail
    
    Cristo viene pronto, prepárate. Lo espera el autobús desvencijado
    frente a la estación de tren. Una estación dada a alojar
    desamparados, abierta a los vientos, desportillada.
          El autobús celeste espera al Mesías junto a vidrios quebrados y
    marcos de ventanas sin goznes. Espera. Pacientemente aguarda la hora
    próxima de la resurrección.
          Cristo viene pronto, dice el letrero vagamente amenazador. El
    óxido corroe los flancos del animal con ruedas que, pacientemente,
    espera. Espera.
          Espera el tren fantasmal que llene de vapor el antiguo
    tinglado. Espera la venida, la arribada, espera el día. Vendrá,
    promete, la locomotora desprendida de la niebla, el vagón de madera
    del cual descienda el hijo del hombre.
          Las plantas tenaces crecen en los alféizares, en las metopas y
    ranuras de la fachada. Todo envejece. Seguimos aguardando sin
    demasiadas esperanzas una redención.
          El autobús celeste espera, espera, en la región de las
    ilusiones y la duermevela. Inmóvil como el horizonte, que se mueve
    para estar siempre inalcanzable. Espera.
          Qué Cristo subirá sus escalones, me pregunto. El único posible.
    El hombre. Un hombre con su dios adentro, solitario y despojado.
          Habrá que prepararse para recibirlo. No se si vendrá, porque ya
    está aquí.
    
    
    *De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
    
    
    
    *
    
    En la provincia de Neuquén, muy cerquita a Villa Pehuenia, bordeando
    el Lago Aluminé, se accede a un angosto camino de tierra enmarcado
    entre la frondosidad de ñires y pehuenes que mantienen ocultos los
    lagos y lagunas interiores.
    Por este camino es posible llegar a un hermosísimos paraje: "Pu weri-
      Quechu Lafguén" (Bienvenidos a las Cinco Lagunas) reza el cartel de
    madera junto a la "ruca de informes."
    Es un campamento agreste administrado por  ocho familias de la
    comunidad mapuche puel, con viviendas muy alejadas unas de otras.
    Es en este sitio, donde desde julio descansa, bajo la sombra de  un
    magnífico y antiquísimo pehuen, Juanita Puel.
    Tres cruces de madera, mucho más antiguas, con coronas de flores
    desteñidas, atestiguan que no está sola.
    La de Juanita, además del nombre, tiene grabada una fecha: 5 de
    julio de 2.005.-
    No sé por qué razón, me detuve tanto tiempo en ese sitio.
    Me quedé sentada bajo esa sombra, disfrutando los silencios,
    atendiendo los ecos internos. Observando las velas gastadas,
    protegidas del viento por el hueco del propio tronco, al pie de las
    raíces.
    No se por qué, no me atreví tomar la pequeña cajita de fósforos que
    también resguardaba el corazón del pehuén para encenderlas.
    Recordé a Francesca, apenas llegamos al lugar, pidiéndome que "no
    pisen las plantas porque son de la chica que canta en el agua…" Miré
    la cruz de Juanita, con su nombre grabado a fuego, las flores de
    papel nuevas junto a otras de plástico… Sentí que quizás, ella era
    la chica a la que Francesca aludía.
                 Se me grabó en el corazón el nombre de Juanita. A fuego.
    Como en su cruz.
                 Mas tarde comprendí que no había sido una casualidad que
    me encontrara con sus nietos.
                 Ella andaba a las vueltas.
                 Sentí su beso en la mejilla cuando  Raúl y Nihuil, que
    venían a caballo, detuvieron la marcha, se acercaron serviciales, y
    empezaron a contar…
                 Raúl, de unos diecisiete años, sueña con seguir
    estudiando, en la universidad,  como dos de sus siete hermanos.
                 -Uno estudia gastronomía y el otro veterinaria….yo
    quiero hacer una carrera corta…Educación Física, para poder seguir
    ayudando a los que vienen detrás…." Decía mientras con la mirada
    señalaba a su hermanito menor:
                 El chiquito, marcó orgulloso la pose, antes de
    pronunciar su nombre: "Nihuil Ataná Cirilo Puel."
                 Nihuil… fuerza… Ataná…regalo de Dios… me explicó…
                 Nihuil, comenzaba  este año la escuela…"pero no me
    quiero albergar.." –protestaba…
                 En invierno, los chicos quedan albergados semanas
    enteras.
                 Cada tanto, los maestros se toman una semana de franco,
    entonces los chicos pueden regresar a sus casas.
                 Concurren a una Escuela Albergue, que está sobre la
    ruta, a veinticinco kilómetros del lugar. Un transporte escolar se
    ocupa de buscarlos y llevarlos a la escuela.
                             -"Yo no me voy albergar… me voy a ir a
    caballo…así puedo volver"- insistía interrumpiendo a Raúl que
    intentaba contarme  de las plantas del lugar.
                 Por Raúl aprendí que los ñires, son  árboles que
    alcanzan grandes alturas, pero que también suelen quedar
    achaparradas convirtiéndose en trampas mortales en invierno cuando
    la nieve las cubre.
                 Por él supe que en ese lugar  la nieve llega hasta
    cubrir cinco metros de altura, y esas plantas, que apenas se ven, se
    convierten en pozos donde pueden quedar atrapados.
                 Para prevenir este tipo de accidentes, es que construyen
    con caña colihue  una especie de plantillas gigantes, que sujetan al
    calzado.
                 Era enero, y ya estaban juntando la leña para el
    invierno.
                 "Cinco camionadas necesitamos para asegurarnos que
    alcanzará.."- con dos, en septiembre ya se termina…"
                 En invierno, nadie sale… y si lo hacen, es a caballo, en
    bicicleta o a pie.
                 Aluminé, es la ciudad más próxima. Rara vez van hasta
    Zapala o Neuquén.
                 Además, la ciudad no les gusta. Es peligrosa.."uno se
    puede enfermar.."
                 -Es un problema cuando alguien se enferma…. Hay que ir a
    ayudar, a caballo…
                 Le conté que había visto, en una de mis caminatas, una
    casa con grandes corrales…Se le iluminó la cara…
                 -Ahí vivía mi abuela. Murió hace poco…Murió porque tenía
    una enfermedad de más de veinte años, que no sabía… acá es raro que
    alguien se enferme. Acá no hay virus. Si vamos a la ciudad, nos
    traemos los virus. Por eso tampoco vamos al hospital.
                 Por ellos supe que las tres cruces que la acompañaban
    correspondía al papá, a la mamá y a una hermana de Juanita.
                 Raúl se quedó un rato largo hablando… contando cómo las
    familias se sostienen, en parte, con los recursos que obtienen del
    campamento constituyen un fondo.
                 Las familias se turnan para atenderlo. Dejan una parte
    para el "fondo comun" y el resto se lo reparten entre las dos
    familias que atendieron esa semana la ruca de informes.
                 El "fondo común" lo utilizan para comprar alguna bolsa
    de harina si algunas de las familias de la comunidad lo necesitan …
    El invierno es riguroso y costoso…
    
                  Nihuil…. fuerza…"Ataná"… regalo de Dios …          ya
    está llegando el invierno, seguramente estarás "albergado".
                 "Regalo de Dios" , beso en la frente de Juanita el
    habernos presentado…  La más preciada postal de viaje que conservo
    en el corazón.
    
                 Quizás, alguien llegue hasta la Escuela Albergue
    Evangélica. La de ladrillos colorados, que está  sobre la ruta,
    frente al lago.
                 Quizás, alguien pueda contarle a Nihuil que un poema
    nombra a su abuela Juanita, a modo de agradecimiento por el regalo
    que me ha dado.
    
    
    Para Nihuil Ataná Cirilo Puel,  en memoria de su abuela, Juanita
    Puel, la que descansa bajo el pehuén, cerquita de Villa Pehuenia,
    junto al lago Aluminé, en la provincia de Neuquén.
    
    
    JUANITA PUEL…
    
    Juanita Puel abandona el hueco
    del pehuén que abrazó dormida
    junto a la sombra del invierno.
    Sale y enciende de una sola vez
    con su vela eternamente encendida
    la luz del amanecer que flota
    esperándola, siempre…
    
    Sopla en el cuenco de su mano,
    burbujitas de aliento
    para que estallen y  se liberen
    los trinos de todos los pájaros
    aquellos que acunó dulcemente
    en su regazo de hojas
    a constante y rutinario silbo de viento,
    alternando silencios.
    
    Juanita Puel desovilla a luna
    que se quedó enganchada entre los cerros.
    Despierta a la música dormida,
    extendida, desnuda y frágil
    en los cristalinos espejos del cielo.
    de este Sur azul, ignorado, infinito y solo.
    
    Juanita Puel sube y baja
    por las escarpadas laderas de los misterios
    esculpiendo vidas y nombres entre los peñascos,
    recogiendo las tintas esmeraldas y puras
    disueltas en el río estruendoso
    que baja veloz bramando historias.
    
    Juanita enlaza –paciente- los milagros
    que florecen magníficos y plurales
    frondosos y silvestres,
    cada vez que ella, le trenza al Sol
    una coronita de amancay y retamas.
    
    
    *de Marta Goddio.
    -Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@...
    
    
    
    
    El admirable*
    
           *Por Miriam Cairo. cairo367@...
    
    
    I. Maravilloso, sencillamente maravilloso. Sé que imaginar está
    dentro de tus atribuciones, dentro de tus posibilidades, sin embargo
    eso no lo explica todo. En las oficinas, en los estacionamientos, en
    los bares debe haber funcionarios, asalariados, monotributistas con
    las mismas posibilidades que vos, pero que están lejos de tus
    logros. ¿Te aman por ello? Perdón por la indiscreción, pero creo que
    una sola de tus invenciones merece el amor del mundo. Amor lumínico.
    Amor imaginario. Amor carnal. Simple amor.
    
    II. Yo suponía que podía existir en esta ciudad, en medio de los
    autos y los monumentos, un creador de tu talla. Lo suponía sin
    saberlo. Lo deseaba. Deseaba leer las palabras que has escrito. Y
    ahora espero las que escribirás. Esperar tus palabras no es una idea
    argentina, ni rusa. Tal vez sea una postura universal, venida de
    otras lecturas. De Marx. De Breton. De Botella al Mar. Es un buen
    nombre para una editorial ¿no te parece?
    Perdonáme que no te hable de mí. Pero a quienes inventan tales
    metáforas se les puede callar todo ¿verdad?
    
    III. La realidad de lo que no existe es indiscutible y basta con que
    vos la nombres para que una pueda tocarla con los dedos. La
    configuración extraña de las cosas se vuelve completamente natural:
    el césped es violeta, el mundo, afortunado. Qué belleza. Y qué
    tranquilidad. Porque incluso, cuando no inventás la lluvia, escribís
    palabras tan cargadas de humedad que un mar aéreo pareciera que se
    derramara sobre el mundo.
    
    IV. Durante mucho tiempo, te aseguro, había tratado de encontrar
    esta clase de imaginación. Iba a pie a todas partes. Ni siquiera
    tomaba el colectivo. Me arrinconaba en los bares. Permanecía en
    silencio en los terrenos hostiles a la poesía. En fin, no quiero
    aburrirte con todo aquello, porque ahora que te he leído me siento
    tranquila. Me siento feliz. No hay nada más real que un espejismo.
    Nada más germinal que todo lo que surge cuando vos pronunciás la
    palabra nacimiento.
    Perdonáme que te hable de mí. Pero a los seres que escriben tales
    metáforas se les puede inventar todo ¿verdad?
    
    V. Tu escritura es más física que una construcción universal. Es una
    forma irreparable de sentir. Hasta que la conocí, yo leía palabras
    tristemente neutras. Palabras que describían la existencia como si
    fuera de vinilo o de latón. En cambio tu devoción por lo ilusorio,
    tu falta de ambición por lo real, se me manifiesta de manera
    sencilla y al mismo tiempo, totalmente inesperada. Tu mundo ha sido
    hecho a la medida de los mundos.
    
    VI. No hay un solo hombre en la calle. Ni un ruido. Ni un gato. Ni
    una sombra. Y sin embargo, no me siento sola. Tu escritura llena los
    caminos, me llena a mí con una energía terrena más alta que la
    energía celestial. Toda vez que tus palabras me llevan a los puertos
    del universo, siento al mismo tiempo un gran asombro y una gran
    naturalidad. Y si se me ocurriera, podría volar. No lo hago
    simplemente porque no lo necesito. Porque me acostumbré a andar a
    pie por todos lados. Ni siquiera tomo el colectivo. A los puertos
    del mundo puedo llegar en una noche. En un solo paso. Con un libro.
    Tu imaginación ya no es un hecho exterior a mí misma, como una cosa
    escrita por otro. Cuando decís que ya no hay agua, yo me muero de
    sed. Cuando me siento satisfecha, los manantiales y los frutos
    brotan de lo que has escrito. Y espero que tengas claro que no sos
    el producto de mi fantasía exaltada. Tus palabras están escritas
    ladrillo por ladrillo. Papel sobre papel. Tus libros son concretos y
    palpables.
    
    VII. Quizás hubiera sido preferible que tu escritura fuera un sueño,
    porque la realidad de los libros puede convertirse en una pesadilla.
    Editores. Librerías. Estantes. Cohelo. Fotocopias. Por eso estoy
    aquí. Para defenderte. Porque necesito encontrar otro trabajo y creo
    que sería buena en la tarea de defenderte. He llevado niños al
    colegio. Médicos al sur. Muertos a sus tumbas. Puedo llevar tu
    imaginación más allá del libro. Nadie está mejor colocada que yo
    para hacerlo. Y asumo los riesgos. No soy sorda. Soy exquisita.
    Cuando defiendo una imaginación me vuelvo bestial y exquisita. Nunca
    militar. Nunca licenciada. Nunca limítrofe.
    Voy a defenderte porque cuando vos nombrás las cosas, nuevas cosas
    aparecen. En cambio los otros, los que están en el mismo estante que
    vos en las librerías, nombran las cosas que no dejan de ser cosas.
    Si, puede ser éste un golpe moral y confuso. Veré si logro aclararme
    más adelante.
    
    VIII. Nadie debe vivir peligrosamente si no le agrada eso, dijo el
    arquitecto. Yo pienso que nadie debe escribir latosamente de
    propósito. Nadie debe llenar hojas y hojas contando historias que ni
    siquiera a sí mismo le interesan por alevosía, por perversos deseos
    de aburrir y adormilar. Esos escritores que están junto a vos en el
    estante, son víctimas. Pobres víctimas de sí mismos. De los
    catálogos. De Cohelo. De la escritura que no se deja atrapar.
    
    IX. Los males de la escritura son tan empíricos como teóricos. Tan
    concretos como del orden espiritual. Tan íntimos como populares. Y
    los libros no son cosa inocente. ¿Has visto los que eligen estar en
    las góndolas de los supermercados? Ellos saben bien qué es un lector
    y qué, un consumidor. Cuando los consumidores andan por allí
    eligiendo vinos o cotejando el precio de los jabones neutros,
    circulan desprevenidos por el sector de librería. Entonces los
    libros imponen sus tapas lustrosas para incitarlos al esplendor.
    Ofrecen éxito o lágrimas. Asesinatos o historias de pasión. Son sus
    trucos habituales. Olfatean. Eligen al consumidor propicio, entablan
    una especie de comunicación y después ya no lo sueltan. Les proponen
    enriquecerlo con grandes pretensiones que sacan de sus páginas:
    bosques artificiales, sabores adulterados, cigarrillos
    norteamericanos, sacones de astracán, cualquier cosa brillante. De
    repente, el consumidor cree que todas las palabras, sólo por estar
    impresas, son importantes. Que las tapas son importantes. Las tapas,
    para los consumidores, suelen ser irresistibles. Los pierden.
    Entonces, aprovechando que están absortos en la contemplación de la
    imagen, ellas los empujan a las redes del consumo y los consumidores
    pagan cualquier cosa en la caja. Las editoriales se salvan y la
    literatura se queda pensativa.
    Lo extraordinario es que todo esto se sepa y que el consumidor se
    deje sorprender sin embargo. Esa es la manía de las víctimas:
    aparecer siempre en la escena del crimen.
    
    X. Yo no creo posible que vos no tengas espesor. No puedo aceptar
    que seas un ángel muerto como cualquiera de los otros ángeles
    muertos. No me parece probable que seas un dios. Imagino mucho más
    que eso: intuyo que podrías ser humano. Sólo los mortales logran
    alcanzar cimas tan altas y caer en precipicios tan desolados.
    Como te dije antes, veré si consigo aclararme: voy a defenderte
    porque los editores tienen la oreja suprimida y la boca sepultada.
    Porque el transmutar de tus palabras dan sazón a mi lectura. Porque
    cuando estoy abrumada por la ley de gravedad y las cornisas, en
    cualquiera de tus acentos encuentro el relámpago necesario para caer
    fulminada. Voy a defenderte porque sin tus palabras yo no soy más
    que una sombra de mi propio universo.
    
    
    *Fuente: Rosario-12
      http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-3427-2006-
    05-09.html
    
    
    
    
    me faltò...*
    
    Me faltó un beso
    Esta mañana
    Descansaba desnuda
    Entregada a la almohada
    Y entre fantasías oía
    Cómo el ruiseñor
    Se deleitaba
    Su suave dueño
    En puntitas de pié
    Al solcito orientaba
    Me faltaron tres y cien besos
    Esta mañana.
    
    Cuando te encuentre
    Bien en secreto
    Te robaré las plumitas
    De ruiseñor de tus labios
    Una a una las iré coleccionando
    Para continuar queriéndonos.-
    
    de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...
    
    
    
    
    *
    En Bandada
    
    En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
    Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a
    inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
    Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz,
    Horacio Rossi y Oscar Agú.
    Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo
    alguno.
    También nos interesa que llegue a colegas y lectores.
    Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El
    costo del mismo es sólo de $ 15.-
    
    
    Solicitarla a través del siguiente correo electrónico:
    cachoagu58@...
    
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    en inventiva.
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    socio.
    -Soporte ante problemas de recepción.
    
    Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
    
    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
    
    
    
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    #90 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
    Fecha: Jue, 13 de Abr, 2006 12:54 am
    Asunto: EDICIÓN ABRIL
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    UNA MIRADA*
    
          He observado los bosques para ver únicamente los árboles de
    corteza  caduca y hojas desnaturalizadas por las babosas. He visto
    los hongos comiéndose la oscuridad de la tierra, pájaros
    parasitados  y animales moribundos en la maleza. He visto tormentas
    destructivas en la espesura, y
    no me es ajena la cicatriz del rayo en los troncos torturados. No me
    es ajeno el dolor de los bosques, no comprendo cuando dices "mira" y
    sonríes a tal espectáculo de muerte y sufrimiento. No me es ajeno el
    espanto de la espesura.
          Me muestras los mares, y las olas de sucia espuma rompen en
    playas formadas por millones de cadáveres calcáreos. Cómo mirar el
    mar, me pregunto, cómo admirarlo. Cómo evitar en él el naufragio, el
    llanto de las viudas, la extinción de los roncos mugidos de los
    cetáceos. No me son ajenos, te digo, los espantos oceánicos.
          Diriges mi vista hacia las humanas multitudes. Señalas un niño,
    veo en él presentes y futuras crueldades, veo la lenta degradación
    de los órganos, el velo enquistado de los saberes falsos, de la
    dureza que hará de él soldado de inquisiciones, verdugo y juez de
    sus semejantes.
          Alumbras para mí a un par de enamorados. Se devorarán, te digo,
    no hay forma alguna de que no acaben tironeando de sus propios
    despojos. Acabará la caricia en garra, el beso en colmillo, la
    ternura en cuchilla afilada. No me es ajeno, tampoco, el amor. Que
    ya lo he visto. No me es ajeno el amor, y no
    conozco donativo más oneroso.
    
       Meneas la cabeza tristemente. Me dices que tu paisaje es bello,
    que hay ternura en tu universo, que las sombras están, pero debajo
    de los claros objetos.
          Dichosa de ti, dichosos los dichosos. Cíclope soy. Esto veo.
    
    
    
                 *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
    
    
    
    
    *
    No estoy solo,
    Ni la tarde entró anaranjada por antojo
    Y hasta el cañaveral mecía el aire tu nombre.
    Si estoy solo,
    del pan salen tus abrazos.
    Cuesta arriba en la noche reza la madrugada,
    vanguardia amenazante de huelgas al olvido.
    Porque no olvidas.
    Porque aquí,
    no suelo estar deshabitado pelando nueces,
    ni despojado de guitarra.
    Tengo tantos cuadernos en blanco
    como tinta para nombrarte,
    pero;
    el verso hace un alto,  para que mi boca
    haga memoria en tu nombre.
    
    
    
    BAJO LÁGRIMA Y LAUREL DE TU VICTORIA*
    
    
       Sólo por ti esta noche no es noche,
       pues hay un coro de luces en la maleta de mi alma.
    
       Ya ves, hasta mi carne se apellida Gabriela
       porque todavía hay imbéciles rondando
        entre tanta mierda.
       El tiempo pasado no fue bueno
       y estoy harto de presumir,
       estar y andar parado ante una huelga de abrazos.
    
       En nuestra patria siempre hubo primaveras
       con alguna Gabriela.
    
    
       Podría jurar que en vano aún buscan
       el sueño que dejaste
       al grito en mi memoria.
    
    
       Tal vez pueda imaginarme,
       gritarme, salvarme,
       de saber que mañana habrá grandeza
       del sueño a un camino nuevo,
       desde allá,
       donde el Maya coronaba su suelo
       hasta la última Ona con su cultura
       de cuero,  sangre y araucaria.
    
       Tal vez amanezcamos de pie,
       sobre el pie de la memoria,
       y casi riendo o casi llorando
       saber que habrá primaveras.
    
       Increíble pensar
       que rondaron  vuelos rematando
        Gabrielas.
       Increíble pensar que parieron
       parir Gabrielas.
    
       Increíbles monstruos disfrazados
       como demonios llorando cruces,
       cantando himnos.
       Y esto no lo contó la historia,
       por eso apellido tu nombre.
       Siempre habrá juventud de Gabrielas
       y siempre habrá una barricada y un puño
       labrando la bronca
       pariendo el parir de Gabriela.
    
       Tu muerte sirve,
       porque hasta parir pare mi boca
       la bandera de tu memoria.
    
    
    *poemas de ricardo  d. mastrizzo ricardomastrizzo@...
    
    
    
    La luna*
    
       La luna
    con su eterna tristeza de único testigo
    contempla el mar.
                                          El hombre
    a la orilla parado de ese mar en tinieblas
    medita y calla; sueña
    ciudades sumergidas en las profundidades.
    (Apócrifos recuerdos recobrados de pronto)
    
    La quietud de las olas delata tempestades
    que han de llegar. La calma,
    el silencio del viento,
    presagian oceánicas batallas
    que han de inquietar el pecho del viajero,
    llagando con sus fieras marejadas
    el alma de la noche adormecida.
    
    Después la mañana, el hombre
    a la orilla parado de esas olas en calma
    recordando ciudades sumergidas
    más allá del olvido.
    
    
    *de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
    http://www.aragonesasi.com/sergio
    http://al-andar.blogspot.com/
    
    
    
    
    BORRADOR SOBRE TANGO PARA RUBEN BELENGUER*
    
    
    Hay quien se cree que es cuestión
    de zamparse el uno al otro,
    con calentura de potro,
    mientras arde el bandoneón…
    
    Pero este baile trenzón,
    antiguo ya de tan viejo
    (los otros son el reflejo
    de su mismo corazón)…
    
    Va rezando en su canción:
    todos los cuerpos son uno,
    todo tiempo es oportuno,
    todo encuentro es ocasión…
    
    Ya no tenemos fogón
    en el centro de la rueda,
    pero hay fuego en la voz queda
    que hilvana el ritmo y el son…
    
    Delicadeza en acción
    gana todas las batallas,
    y derriba las murallas
    su profunda conmoción…
    
    Es como una religión
    que se baila para adentro,
    buscando hallarse en un centro
    en medio del envión…
    
    Nadie queda de mirón
    si encuentra oportunidad
    de gozar humanidad
    en parejero montón…
    
    Hay quien molesta, bocón,
    y se propasa de más:
    no dura. Y te lo encontrás,
    hociqueando, en un rincón…
    
    Es de tango la reunión:
    asunto sobreentendido.
    Nadie que no haya venido
    aprenderá su lección…
    
    Ritmito arisco y dulzón
    que no necesita letra
    que lo armoniza o perpetra
    según quien fuese el firmón…
    
    Mejor si suena zumbón
    contando el canto del cuento:
    lo que se llevará el viento
    fue lo hecho sin emoción…
    
    Podrá con su virazón
    devolvernos al principio,
    sin el muerto precipicio
    de la civilización…
    
    Y acabo la anotación,
    como en un tango, abrazando
    a los que llegan, bailando
    su sagrada comunión…
    
    
    *de Horacio C. Rossi, en la terraza…  lacho51@...
    
    
    
    
    Ciudad turística*
    
    A Carlitos le gusta la tarea que le han dado: recolectar la comida
    de los tachos de basura de los restaurantes de la zona; con eso, su
    familia alimenta los cerdos y demás.
    En su recorrido, hoy ha llegado arrastrando su carro hasta el mar...,
    nunca lo había visto.
    - ¡Mirá Tilín! -exclama a su perro. Tiene la emoción instalada en la
    voz porque el Atlántico ha irrumpido en sus ojos como la imagen de
    la felicidad.
    
    El animal baja con ímpetu por las rocas hasta llegar a la playa, él
    lo sigue y corren por la orilla jugando hasta fatigarse. Luego
    descansan en la arena.
    - ¿Sabés Tilín? -reflexiona el niño mirando las olas-, de aquí salen
    los pescaditos que comemos por las noches.
    
    *de Lucia Diaz ludiaz1@...
    
    
    
    
    
    
    Macaco Branco*
    
    
    La historia me la contó un poblador de la isla. Yo estaba parando
    allí hacía tres días y había llegado de casualidad. El tipo se
    llamaba 'Ginga' y el lugar 'Morro de Deus'. La isla quedaba a tres
    horas de lancha de la costa de Natal, al norte de Brasil. No había
    autoridad municipal, ni mucho menos; solo una pequeña plaza
    alrededor de la cual había una diminuta escuela y una iglesia
    modesta. Un par de almacenes abastecían a los pobladores de los
    productos básicos y la comunidad funcionaba casi sin darse cuenta.
    Las reglas de convivencia no estaban escritas en ninguna parte pero
    grandes y chicos aplicaban el sentido común a la hora de
    relacionarse con los demás.
    Al caer en el morro, no pude creer tanta belleza. Prácticamente
    virgen, el paraje era deslumbrante. Tenía callecitas de tierra,
    casitas bajas y unos pocos botes para salir a pescar, actividad de
    la que vivían casi todos.
    Hacía cuatro años que las primeras personas del continente se habían
    asentado allí; llegaron buscando tranquilidad y recursos naturales
    para trabajar. También apostaban a la fortuna que traerían los
    viajeros que empezaban a aparecer año tras año por aquella zona
    todavía desconocida.
    Un fantástico morro de color verde plátano, vigilaba todo desde lo
    alto. El mar, manso y sabio, rodeaba la inmensidad que había a la
    vista.
    Yo había salido hacía más de un mes de Buenos Aires y no tenía
    ningún apuro por volver. Me acababan de echar de mi trabajo y con la
    indemnización decidí salir de viaje. Nadie me esperaba en casa.
    Estaba tranquilo y feliz. Nunca había estado tanto tiempo a solas
    conmigo mismo.
    
    Una noche, bajo el techo de paja de un pequeño bar clavado en la
    arena, 'Ginga' me contó un suceso que quedaría grabado en mi cabeza
    por mucho tiempo. Algunos parroquianos tomaban 'Casasha' sentados en
    unas mesitas de madera sobre la playa. La luna estaba llena y
    blanca. La temperatura era ideal.
    
    El protagonista de la historia se llamaba 'Macaco Branco'. Cuando
    era chico, practicaba Capoeira en el pueblo donde había crecido,
    cerca de Natal. De ahí arrastró el apodo que un día le puso un
    compañero de grupo. Branco(Blanco), porque el tipo era uno de lo
    pocos de tez blanca entre los cientos de raza negra de la zona.
    Macaco, por uno de los movimientos que regalaba al practicar la
    disciplina.
    Los padres de Macaco Branco habían migrado al Morro de Deus hacía
    unos meses. Un amigo de ellos se había asentado allí y al irle bien,
    decidieron dejar la ciudad. En la isla funcionaba una cooperativa
    que organizaba la actividad de la pesca. Cada uno sacaba provecho
    suficiente como para vivir sin apuros. Arrancaban al amanecer y para
    el mediodía estaban terminando.
    Por la tarde trabajaban arreglando los botes.
    Macaco Branco tenía 16 años y no era el tipo más querido de la isla.
    Tenía un carácter difícil y explosivo. Solía irse a las manos mucho
    antes que cualquier otro. De chico era muy problemático y siempre le
    costó
    relacionarse con sus pares. Fueron varias las veces que su madre
    tuvo que interceder para intentar enderezarlo. Y no lo logró.
    El chico pasaba gran parte de su día en la isla pero a veces solía
    desaparecer por un tiempo. Tenía bien claro que debía ayudar al
    padre en las tareas de la pesca, pero no se hacía cargo. Vivía
    enfrentado con su familia y decía que tenía gente amiga del otro
    lado del mar. No estaba de acuerdo con el rumbo que habían tomado
    sus padres. No le gustaba la isla y su eterna siesta.
    Cada vez que podía se escapaba. Después volvía, daba una mano,
    recuperaba energía y volvía de nuevo al trote.
    En la ciudad no hacía más que trabajos de ratero. Nada importante en
    realidad. Apretaba a algún turista e intentaba hacerse de cámaras de
    foto o videocámaras, bienes que se pagaban bien en el mercado negro.
    En el último tiempo andaba en la calle acompañado de ciertos
    malandras que lo exponían a situaciones de complejo retorno. Algunos
    andaban armados y la mayoría no tenía nada que perder.
    
    De una de esas noches de juerga, Macaco se quedó con una pistola.
    Embarcó para el morro y llegó a la madrugada. Estaba totalmente
    borracho y deteriorado. Pudo dormir un rato y así reponerse solo un
    poco.
    Arrancó la jornada limpiando redes, recibiendo botes y separando
    peces por tamaño. Durante toda la mañana, ente tarea y tarea, siguió
    tomando casasha.
    Su locura avanzaba y el sol le atravesaba la cabeza con crueldad.
    Cuando por fin se fue a casa, no pudo más que desplomarse en la
    cama. Con la mirada reposando en el techo, y de manera repentina,
    una idea lo conmovió: lo iba a robar a Cari, el hombre que vendía
    pan en el morro. Le tenía ganas, y si había un día para ponerlo, era
    exactamente ese. La vieja enemistad que lo enfrentaba con el
    panadero se le clavó frente a los ojos y permitió que el joven no
    dudase ni siquiera un instante de sus intenciones.
    Se levantó, agarró la pistola y salió. Caminó seis cuadras hasta
    llegar al rancho que desprendía un humo tenue de una chimenea de
    barro. Paró en la puerta y se tomó un segundo. Respiró hondo, y
    entró.
    "!Cari, dame toda la guita o te hago mierda¡", dijo Macaco, según
    contó Ginga. El hombre quedó tieso, como descreído de lo que veían
    sus ojos. A los pocos segundos contestó: "Macaco, estas muy
    borracho. Deja el arma. No hagas locuras que después podes
    lamentar". Macaco no escucho razones, encaró para
    la mesada que los separaba y tomó violentamente de la remera al
    hombre que vendía pan. Cari, no se dejó avasallar y tomó del cuello
    al contrincante; a partir de ahí, se mezclaron en un forcejeo que
    duró unos minutos. Rompieron todo lo que había alrededor y se
    descargaron golpes, patadas y todo tipo de
    insultos.
    De repente, un disparo seco y hondo, desvaneció la escena. De la
    pistola salió disparado un tiro que terminó en el pecho de Cari.
    Este cayó herido sobre unas herramientas y se quejó del dolor.
    Mirando a los ojos de su atacante, colmado de una furia
    inaguantable, ya sin fuerzas, y en posición fetal, murió.
    Macaco quedó anulado. No tenía reacción. No había querido disparar
    pero el tipo se le había hecho el héroe. Pareció meditar unos
    segundos pero un impulso seco lo despertó. Tomó el poco dinero que
    había en una caja de hierro oxidada y salió corriendo desesperado.
    En la puerta, había un par de pueblerinos que se habían acercado
    después de haber escuchado la detonación.
    No era un suceso menor. Nunca se disparaban armas en la isla.
    Macaco los increpó, les dijo que no tenían nada que hacer ahí, y se
    fue.
    Sumamente nervioso, casi fuera de control, se encerró en su casa.
    Sus padres no estaban y presintió lo peor. Se tomó lo que quedaba de
    la botella de casasha.
    De la calle empezaron a escucharse rumores. Las voces de los vecinos
    le sonaban poco frecuentes y pudo percibir como una carga infernal
    de odio traspasaba la puerta. El chico entendió que lo venían a
    buscar.
    Intentó salir por la puerta de atrás pero había por lo menos cinco
    hombres esperándolo. Algunos traían palos y piedras. Dio media
    vuelta e intentó salir por una ventana lateral. Escuchó como el
    grupo de la puerta trasera venía tras él. Antes de que pudiera
    trepar, lo habían tomado por la espalda.
    Lo tiraron al suelo, todavía dentro de la casa, y le dieron una
    paliza.
    Luego, lo sacaron a la calle.
    Casi todo el pueblo ya estaba allí pero nadie decía nada. Fue un
    instante en donde el tiempo pareció desvanecerse. Una sed de
    venganza colectiva todo lo había acaparado. Hasta la brisa del morro
    pareció tomarse una pausa.
    Comiendo polvo, el chico levantó la mirada y con el sol pegándole en
    los ojos, intentó encontrar a alguien que le salvase la vida;
    desesperado, buscó clemencia en aquellos que lo conocían de chico.
    Llegó a rogar por su vida; gritó que no había tenido intención de
    matar. Que había sido un accidente.
    Primero uno, después otro, y en pocos minutos todos los presentes,
    empezaron a propinarle un salvaje ataque con todo lo que tenían a
    mano. En pocos minutos el cuerpo del joven quedó prácticamente
    desfigurado y casi sin vida.
    Uno de los vecinos dio el grito de alto y la muchedumbre paró. Ya
    era suficiente. Tomaron distancia del cuerpo y en silencio se
    empezaron a retirar.
    Al igual que cuando llegaron, nadie dijo nada.
    
    Al otro día pegue la vuelta. No solo del Morro de Deus, sino que
    también de Brasil. Macaco Branco finalmente había muerto ese día,
    mientras su padre lo trasladaba a un hospital de la ciudad más
    cercana, del otro lado del mar.
    La tranquilidad que me había acompañado en ese mes de vacaciones,
    súbitamente se había convertido en una pesadilla. Había perdido la
    paz y tuve una necesidad enorme de volver a estar con los míos.
    Cuando me tome la lancha que me dejaría nuevamente en las costas de
    Natal, Ginga me vino a despedir. A su manera, detectó que la
    historia de aquella noche me había afectado. Me dio un abrazo y
    mirándome a los ojos me dijo: "Amigo, al comportamiento de la gente
    ajena no siempre hay que buscarle una
    explicación".
    Con profundas nauseas por el traqueteo de las olas, y la cabeza
    vacía de ideas, clavé la mirada en el morro, que a medida que
    avanzábamos, se hacía cada vez más pequeño.
    
    
    *de Mariano Abrevaya Dios mabrevayadios@...
    
    
    
    
    Para leer, pensar y acompañar...
    
    ( Propuesta para escribir crítica literaria y aportes sobre un texto
    en construcción )
    
    
    
    *
    Mis muy queridos todos: a instancia de malévolos y pertinaces
    editores he decidido sacar a la luz  algo inconcluso y que debería
    esperar una maduración mayor. No tanto por los alcances  del hecho,
    ocurrido  hace cuarenta y dos años, sino por la incapacidad del
    autor. Pero el poder de insistencia de nuestro común editor es
    mayúsculo. Abandonando su despacho frente a la vieja estación
    Temperley se trasladó hasta el Rosario y munido de su poder de
    convencimiento (no en vano algunos poetas sureños lo
    describen como "El hechicero del bar 'La estación'") logró
    arrebatarme la promesa de enviar este engendro poco pulido; contra
    mis más acendradas convicciones, agregaré, resentido.
    En fin, Ustedes decidirán si vale la pena comentar y/o criticar
    esto. Según los dichos del editor se trata de una práctica
    novedosísima que consistirá en que cada integrante de este espacio
    virtual se sienta libre de enviar un texto (pero sólo uno) que él,
    ejerciendo su albedrío de editor, seleccionará
    para que durante un mes entero ¡Sí, un mes! los demás participantes
    comentemos, desmenucemos, critiquemos, etc.
    Al cabo de ese mes aparecerá en nuestras casillas una especialísima
    edición que reunirá todas las glosas y comentarios llegados  para
    que lo atesoremos en el fondo de nuestros discos rígidos.
    Una duda me escarba el pecho: ¿Ser el que da la patada inicial de
    esta sección es un honor o un escarnio?
    Ustedes, mis queridos amigos virtuales, lo dirán. Una cosa es
    segura, Dios no permitirá que seres tan persuasivos como nuestro
    editor ganen el cielo sin grandes trabajos. tanto poder de
    convencimiento no es natural y sugiere algún tipo de pacto
    diabólico, o por lo menos demoníaco.
    
    Una nota respecto al texto y su génesis: un amigo historiador
    publicó un trabajo sobre el accionar de ciertos grupos ideologizados
    y violentos de la década del '60. (La cita que encabeza es de su
    artículo). Me movió a curiosidad por que en mi familia cuento con
    alguien que fue testigo de los hechos. Traté de indagar y - vaya
    paradoja - de ambos lados de los bandos en disputa hubo reticencias
    manifiestas a la hora de sincerarse. Esto, naturalmente, exacerbó mi
    curiosidad, pero moderó mis intenciones de
    construir una investigación histórica. Me sentí libre de escribir
    esto en forma de ficción, que me permitiría hacerles decir - y
    hacer - a los protagonistas aquello que "deberían haber dicho y
    hecho" en función del lugar y tiempo que vivieron.
    Sed pacientes, oh virtuales y etéreos amigos, y piadosos con este
    escriba.
    
    
    *Udi, el polígrafo del barrio "La República".
    udi.cuatro.catorce@...
    Salud y resistencia
    
    
    http://udi414.blogspot.com
    "Los momentos en que somos mas libres e iguales en este sistema son
    los que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo
    somos meros esclavos"
    
    
    El texto para leer, pensar y acompañar...
    
    1
    El tano Mastrogilardi nunca dudaba. Ese mecanismo mental que muchos
    asocian con la inteligencia y la capacidad de comprensión no
    revistaba entre sus defectos. El tano no dudaba. Por una cuestión de
    disciplina interna. Si recibía una orden es porque en su intimidad
    más profunda había aceptado que
    quién la impartía estaba profesional y moralmente dotado para
    impartirla.
    Nunca se hubiera expuesto a recibir una orden de alguien que no
    mereciera su respeto. En ese momento estaba frente a un hombre que
    cumplía con esas características.
    A distancia del subcomisario Sosa - blando, venal y a punto de
    jubilarse- el comisario inspector López sabía qué tenía que hacer,
    cómo hacerlo, y - lo más importante- no tenía miedo de cumplir con
    el deber. La sección especial de la policía - el nombre no describía
    demasiado, y así debía ser- no era lugar para flojos. El comisario
    inspector López no había llegado a ese puesto persiguiendo
    cuatreros, y a veces negociando con ellos, como otros corruptos que
    deshonraban el uniforme. A su debido tiempo también estos serían
    fulminados por el castigo que el Señor reservaba a quienes
    transgredían el orden natural y las jerarquías necesarias para que
    cada quién ocupe su lugar en el plan divino, que todo lo contempla,
    incluso la existencia de ratas que cuestionan sus designios y aún su
    propia majestad.
    Hombres como el comisario inspector López y el propio tano estaban
    llamados a perfeccionar el mundo librando a la ciudad terrenal de la
    escoria que impedía su integración a la ciudad celestial. Que ésta
    guerra se prolongase hasta la consumación de los tiempos no debía
    invalidar la tarea que la época
    le asignaba a cada hombre verdadero.
    La tarde en que el tano Mastrogilardi conoció al comisario inspector
    López su primera impresión fue de alegría. Una alegría varonil, sin
    exteriorizaciones ni mariconerías. El grado que ostentaba el nuevo
    responsable de la dependencia confirmaba - por fin - que la
    superioridad comenzaba a comprender la importancia de la misión que
    el tano - y otros colaboradores "adscriptos" a la repartición -
    cumplían en las sombras, soportando a veces el público repudio que
    sus mandantes debían expresar como
    concesión a los tiempos degradados que corrían.
    El tano iba dispuesto a una rutinaria rendición de cuentas de las
    actividades de ciertos ámbitos gremiales que frecuentaba con el
    objeto de vigilar la infiltración comunista. Nada demasiado
    destacado, lo de siempre, o casi. Sin embargo la antesala del
    despacho del oficial de enlace de la sección especial presentaba esa
    tarde algo distinto a lo habitual; en un primer momento el tano no
    identificó la disimilitud, sólo al salir de su reunión con el
    comisario inspector López reconoció el cambio operado en la
    antesala: dónde antes se oía el permanente murmullo de oficiales y
    agentes que tomaban el ambiente cómo lugar de tránsito y sucedáneo
    de cantina reinaba ahora un silencio sólo alterado por el repiqueteo
    de una máquina de escribir, o la tos ocasional del agente Medina,
    fumador consecuente de "Colmena" sin filtro y verdadero archivo
    viviente, merced a una memoria prodigiosa, la cual le había valido
    para recibir felicitaciones de sus superiores, pero ningún ascenso
    en 17 años de servicio.
    El despacho del jefe de la sección especial, por lo contrario, no
    presentaba cambios, exceptuando la falta de un retrato de algún
    remoto equipo de Boca que el subcomisario Sosa se habría llevado a
    su nuevo destino, o a su casa.
    Detrás del escritorio el comisario inspector López lo esperaba de
    pie, extendiendo su mano para saludar al tano, el cual no estaba
    acostumbrado a esos gestos y se sorprendió de esa actitud de
    cortesía.
    López se presentó a sí mismo y comenzó una explicación sobre el
    nuevo papel que la superioridad esperaba que la sección especial
    cumpliera en los próximos meses, el rol que la superioridad le
    otorgaba a él mismo, y al tano y su particular equipo de trabajo.
    - Esta sección debe comenzar a tomar iniciativas, Mastrogilardi -
    dijo, mientras le entregaba un papel - Lea esto después y presénteme
    un plan de acción para cumplir los objetivos que le detallo. Cuente
    con el apoyo de la sección en todo lo que se refiera a material.
    Naturalmente todo esto queda estrictamente entre nosotros. Ni la
    Jefatura sabe de nuestras actividades ni sus compañeros deben saber
    de nuestro apoyo. Alguna pregunta - preguntó el Comisario Inspector
    López.
    Pero por supuesto el tano no tenía preguntas. Leyó atentamente las
    instrucciones y le devolvió el papel.
    - Voy a necesitar unos pesos para la imprenta y movilidad - comunicó
    escuetamente. Esperaba que el Comisario Inspector López abriera un
    cajón y sacara algunos billetes, como acostumbraba a hacer Sosa.
    Pero López se limitó a decirle que esos aspectos organizativos
    quedaban a partir de ese momento a cargo del padre Leblanc.
    - Véalo a él que ya está al tanto de todo, prepare su plan de acción
    y venga por aquí en una semana, llame antes para avisar, pregunte
    por el oficial Lanza, y yo lo voy a atender. Hasta luego.
    El tano no se preguntó si López era "Lanza", o Lanza era "López",
    pero comprendió perfectamente que la discreción era un requisito que
    el Comisario Inspector López practicaba y exigía de sus subordinados.
    A la salida de Jefatura el oficial de guardia lo miró con
    curiosidad, pero no dijo palabra. El tano pudo ver, cuando se
    alejaba caminando por San Lorenzo hacia el río, que hablaba con un
    agente, seguramente intrigado por el llamado interno y perentorio
    que le ordenaba, contrariando todas las normas, borrar del parte
    diario la presencia del tano en la repartición.
    La tarde seguía siendo tórrida, y tras la agradable penumbra del
    despacho del Comisario Inspector López, la vereda sur de San Lorenzo
    comenzaba a devolver todo el sol que absorbía en un día cualquiera
    de Enero. El tano cruzó y se dispuso a esperar el micro que lo
    llevaría a la zona sur, a la Iglesia de las Mercedes, dónde confiaba
    encontrar después de misa al padre Leblanc.
    
    
    
    2
    
    La tarde se iba, dejando un rastro de calor que reverberaba sobre el
    empedrado de la Avenida Alberdi y la cerveza se entibiaba sobre la
    mesita de chapa del bar y chopería "El Luchador".
    José miraba fijamente la parada de colectivo que estaba en la vereda
    norte.
    Esperaba ver bajar del "troley" al camarada Echegoyen, que se le
    había acercado en la última reunión del partido para citarlo aquí,
    discretamente, casi a media voz. Justamente él, que tenía un
    vozarrón que atronaba en las asambleas de los ferroviarios al lado
    de su viejo, el gallego Joaquín, que en realidad era asturiano, y de
    trenes no sabía nada en el año '39, cuando llegó a la Argentina
    después de escapar sucesivamente de Franco y los campos de
    concentración de la República Francesa.
    José no sabía por qué Echegoyen querría hablarle a solas. Si era
    algún tema partidario él sabía que José reportaba a su responsable
    del colegio, si bien ahora, cuando ya había terminado el quinto año
    nacional, su ámbito de militancia todavía estaba por
    definirse...aunque, pensándolo bien, seguro,
    era eso: el viejo quería que Echegoyen hablara con el para que lo
    convenciera de anotarse en ingeniería. El gallego no entendía que su
    único hijo varón quisiera estudiar derecho: "Los abogados están para
    defender las leyes de la sociedad burguesa", argumentaba - con
    cierta lógica, pensaba José- que sin embargo no se rendía ante las
    razones que el "gallego" descargaba en la mesa familiar,
    preferentemente por la noche, y ante un tinto casi vacío. La
    inevitable marcha del mundo hacia el socialismo era
    otro de sus tópicos predilectos, y si bien José no discutía la razón
    y contundencia del juicio, tenía ideas propias respecto de los
    caminos a recorrer para arribar a ese objetivo. Por lo general
    cuando comenzaba a exponerlas recibía como comentario algunas
    expresiones cáusticas (en el mejor de los casos) o, en ocasiones mas
    contadas, algún bramido que clausuraba el debate.
    José se levantó como para irse, algo lo hacía sentirse mal. El mozo
    se dirigió hacia él, y en ese momento vio a Echegoyen que desde el
    asiento de un Buick del ´37 le hacía señas invitándolo a subir.
    Ya en el automóvil, y mientras giraba a la derecha para retomar
    luego la avenida, Echegoyen comenzó a hablar, y no se detuvo en
    veinte cuadras, por lo menos.
    - El Partido te necesita, y confía en vos - en boca de
    Echegoyen "partido" era siempre con mayúsculas. - El agotamiento del
    modelo capitalista de explotación está desembocando rápidamente en
    una situación
    prerrevolucionaria. La toma de conciencia de las masas es un proceso
    irreversible.
    Casi sin darse cuenta habían llegado a la "Florida": Chicos jugando
    a la pelota en la arena, media cancha en la arena húmeda, dura y
    propicia a la velocidad y a las aventuras creativas. La otra mitad
    en la arena seca, dónde el útil se traba, y las piernas no
    responden: se impone el juego aéreo.
    Echegoyen seguía hablando:
    - La clase dominante no va a ceder posiciones fácilmente, y las
    provocaciones de las bandas fascistas deben ser neutralizadas
    Sentado ante una jarra de sangría José miraba los últimos rayos de
    sol caer sobre las islas. Ya las madres reunían bolsos, lonas,
    envases vacíos y, por último, a sus hijos para emprender la
    retirada, aquellas por la empinada escalera, y éstos trepando la
    barranca.
    - José -decía Echegoyen- hay que proteger al Partido, a sus
    actividades, y a sus dirigentes, que son los más odiados por la
    burguesía. Ellos saben muy bien que somos la vanguardia de la clase
    obrera y la Revolución (también revolución se pronunciaba con
    mayúsculas en el vocabulario de Echegoyen).
    Dos chicas pasaron cerca de la mesa ante la cual Echegoyen
    continuaba su letanía y José ponía cara de escuchar atentamente. Una
    le murmuró algo al oído a su amiga y las dos rieron, con esa risa
    tonta de las adolescentes que tanto confunde al varón inexperto.
    Echegoyen captó la mirada entre deseosa y
    ofuscada de José y como al pasar le preguntó si todavía estaba
    peleado con Sarita. La pregunta no era del todo inocente: Sarita era
    la hija menor del Dr. Levin, abogado del Partido y amigo del gallego
    Joaquín desde los tiempos del "Comité de Solidaridad con la
    República". La hija mayor de Echegoyen,
    Rosa, era maestra recién recibida, amiga de la familia (en realidad
    eterna novia del hermano mayor de Sarita, Esteban) y paño de
    lágrimas de su futura cuñadita, que moría de no correspondido amor
    por José. El Partido fomentaba la endogamia y descalificaba en forma
    vehemente las aventuras amorosas
    ocasionales o pasajeras, y José sentía que el noviazgo era un marco
    muy estrecho para toda la capacidad de amor que sentía en su pecho.
    Un poco para Sarita había, cómo no, pero parece que eso no era
    suficiente para la tierna hija de doña Berta, que en cuestiones del
    corazón exigía exclusividad, sobre
    todo antes de pasar a instancias eróticas más atrevidas que un
    ocasional manoseo. Por supuesto que en esto nada jugaba el
    prejuicio "pequeño-burgués" sobre la virginidad. Era una cuestión de
    compromiso, de respeto hacia el otro, de firmeza de carácter y
    constancia en las decisiones. Todas estas
    cualidades que Sarita ostentaba visiblemente. Nadie podía negar que
    la pequeña descendiente de los macabeos, de llameante cabellera,
    supiera lo que quería, y ella lo quería a José desde aquellos días,
    unos años atrás, en que el gallego estuvo preso durante la gran
    huelga ferroviaria. El Dr. Levin, Don Isaac, para el partido, no
    paró hasta sacarlo de prisión.
    Durante ese tiempo José estuvo en casa de los Levin. La tristeza y
    el terror por la ausencia del gallego lo convirtieron en dócil
    muñeco para los juegos que Sarita, dos años menor, pero
    infinitamente más sabia, inventaba, cumpliendo la consigna paterna
    de entretenerlo en esos días sin escuela y en el tiempo que les
    dejaban las puntuales cuatro comidas de doña Berta, quién
    desesperaba de verlo tan flaco y sufría pensando que la madre de
    José -Libertad- encontraría a su único hijo desnutrido, como si no
    sobraran
    razones para preocuparse para la pobre, con el gallego preso, menos
    mal que siempre estaba la solidaridad del Partido (en casa de los
    Levin también se pronunciaba con mayúsculas).
    José farfulló alguna respuesta de ocasión, tratando de dejar en
    claro que prefería no tocar ciertos temas. Para padre bastaba con el
    gallego, pensó, y entonces comprendió que Echegoyen no iba a
    hablarle de sus futuros estudios ni su vocación leguleya.
    - Creemos que es hora de que asumas responsabilidades más
    importantes en el Partido -decía Echegoyen- necesitamos gente como
    vos, que entienda que esto no es una aventura de cuatro loquitos.
    Nuestra autodefensa es una necesidad, no podemos correr el riesgo de
    que la reacción elimine a nuestros mejores
    camaradas, o dejar que pretextos democrático burgueses formales
    impidan el avance de las masas. Ellos pretenden frenar la marcha de
    la historia, y nuestro puesto en ese frente de batalla es la
    vanguardia de las luchas de los trabajadores.
    Echegoyen seguía hablando cuando cruzaban el bulevar en busca del
    Buick. Una nube de mosquitos acechaba entre las palmeras del ancho
    cantero central.
    - Bueno, el martes a las ocho te pasa a buscar el camarada Goyo -
    dijo Echegoyen, despidiéndose- él te conoce, esperalo en la puerta
    de Sportivo América.
    Algo no terminaba de quedar del todo claro para José, y sospechaba
    que no tendría con quién consultarlo, por lo menos no con el gallego
    Joaquín, no esta vez.
    
    
    * de Udi. udi.cuatro.catorce@...
    
    
    
    
    Acerca de esta nueva propuesta de Inventiva Social...
    
    Estimados compañeros de letras:
    Sabemos o intuimos lo que cuesta parir un texto, darlo a la luz, que
    es como darlo a la vida, como a un hijo real hecho de nuestros
    sueños y cuerpos, que al nacer deja de pertenecernos y empieza a
    tener su propia existencia. A ser la vida y vida por si misma.
    Para un acompañamiento en el alumbramiento completo de este texto -
    hijo, es que los convocamos hoy y lo haremos en meses sucesivos con
    otros textos en construcción que nuestros autores amigos propongan
    al editor para compartirlos en esta propuesta improvisadamente
    titulada como "Para leer, pensar y acompañar".
    
    Los aportes que se invita a realizar son libres, los que cada cual
    pueda y crea conveniente hacer: sean críticas de estilo, curiosidad
    por la temática y el contexto historico, la manera de narrar, etc y
    etc...
    
    
    Acerca del escrito de Udi:
    El autor tiene entre manos y prácticamente por escribirse una
    historia tremenda y conmovedora ocurrida hace 42 años atrás. Como
    lectores colaboradores tenemos cada uno de nosotros una ocasión
    imprevista y valiosa: tomar contacto con él, acompañarlo en la
    escritura de cada capítulo, animarlo a que lo difunda en este y/o
    otros medios virtuales y gráficos. Y también la posibilidad de
    aprender sobre la génesis de la historia y de esta temática.
    
    Modalidad de participación:
    
    1. Enviar aportes al editor para publicarlos.
    En texto sin formato, al correo inventivasocial@...
    
    Quien previa selección, los incluirá en una edición de Inventiva
    Social. La fecha límite de recepción de aportes será el 10 de mayo y
    la extensión de los escritos tendrá 2000 caracteres como máximo.
    
    2. Comunicarse directamente con el autor. Alentarlo, proponerle
    opciones de estilo. En definitiva...  ayudarlo a fondo en el trabajo
    de parto de su historia.
    
    Bueno, como siempre aprovecho la ocasión para agradecer que esten
    allí, dando día por día y palabra por palabra, existencia y sentido
    a esta plaza virtual de escritura.
    
    Un abrazo.
    
    *Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
    
    
    
    InventivaSocial
    Plaza virtual de escritura
    
    Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial@...
    -por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
    
    Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
    
    Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de
    intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
    de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
    fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados
    por el editor.
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    publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos
    ni juicios de valor emitidos.
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    #89 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
    Fecha: Vie, 31 de Mar, 2006 3:55 pm
    Asunto: "LA CULPA ES UN LOBO..."
    inventivasocial
    Sin conexión Sin conexión
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    "La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado
    al padre"
    José Saramago.
    
    
    
    Ejercicio de Escritura:
    
      La propuesta es escribir sobre la culpa a partir de esta frase que
    es por sí misma tremenda y conmovedora.  Es importante -creo- que
    lean el contexto del cual fue recortada para esta invitación a
    escribir: el discurso de aceptación del premio Nobel de literatura
    1998 que leyo Saramago y su cita a la obra "El Evangelio según
    Jesucristo".
    
    
    Fecha límite para la recepción de escritos: 14 de abril.
    
    Condiciones para este ejercicio de escritura:
    
      Puede participar quien guste (socios y no socios) con escritos de
    su autoría en cualquier estilo literario (incluso poemas). Las
    narraciones-ensayos deben tener una extención máxima de 2000
    caracteres. Como es regla en Inventiva Social, el editor se reserva
    la libertad de incluir o no los escritos recibidos en la publicación
    correspondiente a cada ejercicio.
    
    Los textos deben enviarse en el cuerpo del mail con formato solo
    texto a la dirección:
    inventivasocial@...
    
    Pedidos especiales para este ejercicio: les ruego a los amigos que
    escriban que se ajusten al límite de caracteres previsto lo cual
    permitira una mayor participación y diversidad de autores en una
    única edición de inventiva.  Un segundo pedido: difundan este
    ejercicio a quienes les interese escribir, pues yo no podre darle
    toda la difusión que quisiera.
    
    Un abrazo y a escribir...
    
    *Eduardo Coiro inventivasocial@...
    
    
    
    
    DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO NOBEL*
    
    
    *Por José Saramago.
    
    
    
    El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni
    escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un
    nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y
    salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de
    cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez
    mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del
    desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su
    nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho
    y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el
    invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que
    el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las
    pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.
    Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los
    animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen
    carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos
    viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni
    retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de
    quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo
    que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo
    en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto
    anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando
    vueltas y vueltas a la gran rueda
    de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo
    comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de
    los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de
    madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en
    los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho
    del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después
    de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos
    debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero
    aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por
    ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la
    higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo
    muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que
    significaba. En medio de la paz nocturna, entre
    las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después,
    lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra
    dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo
    cóncavo, surgía la
    claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como
    todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la
    noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba
    contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares,
    muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de
    antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía
    despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se
    callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando
    para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que
    invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él,
    calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?". Tal vez
    repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas,
    quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En
    aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será
    necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de
    toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana,
    el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se
    había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me
    levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre
    descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el
    pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se
    encontraban las pocilgas, al lado de la casa. Mi abuela, ya en pie
    desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con
    trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba
    algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me
    tranquilizaba: "No hagas
    caso, en sueños no hay firmeza". Pensaba entonces que mi abuela,
    aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas
    de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto
    José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas
    con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había
    ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que
    la abuela, también ella, creía en los sueños.
    Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante
    la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las
    estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho
    estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de
    morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida
    de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel
    momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y
    última despedida, el consuelo de la belleza
    revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que
    haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente
    capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente
    que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito,
    gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias,
    que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los
    árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque
    sabía que no los volvería a ver.
    
    Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi
    abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que
    ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una
    belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las
    personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa
    era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y
    volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del
    recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco
    y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de
    la memoria, la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar
    a vivir. La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado
    la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere,
    me llevaría
    a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya
    con casi ochenta años) donde mis padres aparecen. "Están los dos de
    pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el
    rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor
    delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar
    de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque
    el día siguiente será implacablemente otro día.
    Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la
    mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa
    el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre
    el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra
    floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas
    difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas". Y
    terminaba: "Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas.
    Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere,
    llegando del norte de Africa, otro abuelo pastor de cerdos, una
    abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una
    flor en un retrato ¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué
    mejor árbol me apoyaría?". Escribí estas palabras hace casi treinta
    años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar
    instantes de la vida de las personas que me engendraron y que
    estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar
    nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se
    hizo la persona que comencé siendo y ésta en que poco a poco me he
    convertido. Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no
    determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán
    sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga. A mi árbol
    genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan
    menguada la sustancia de su savia) no le faltaban sólo algunas de
    aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida
    van desgajando del tronco central. También le faltaba quien ayudase
    a sus raíces a penetrar hasta las
    capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el
    sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para
    hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al
    pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura,
    transformándolos de las simples personas de carne y hueso que habían
    sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi
    vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los
    personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente
    literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas
    que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y
    en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es
    defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de
    mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y
    al mismo tiempo criatura de ellos. En cierto sentido se podría decir
    que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a
    libro, he venido, sucesivamente,
    implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero
    que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi
    vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa
    como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la
    existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a
    ser.
    
    Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de
    vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir,
    esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento
    veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de
    papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo
    con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de
    autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más
    efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que
    los movía. De esos maestros el primero fue, sin duda, un mediocre
    pintor de retratos que designé simplemente por la letra H.,
    protagonista de una historia a la que creo razonable llamar de doble
    iniciación (la de él, pero también, de algún modo, la del autor del
    libro, protagonista de una historia titulada "Manual de pintura y
    caligrafía", que me enseñó la honradez elemental de reconocer y
    acatar, sin resentimientos ni frustraciones, sus propios límites:
    sin poder ni ambicionar aventurarme más allá de mi pequeño terreno
    de cultivo, me quedaba la posibilidad de cavar hacia el fondo, hacia
    abajo, hacia las raíces. Las mías, pero también las del mundo, si
    podía permitirme una ambición tan desmedida. No me compete a mí,
    claro está, evaluar el mérito del resultado de los esfuerzos
    realizados, pero creo que es hoy patente que todo mi trabajo, de ahí
    para adelante, obedeció a ese propósito y a ese principio.
    Vinieron después los hombres y las mujeres del Alentejo, aquella
    misma hermandad de condenados de la tierra a que pertenecieron mi
    abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a
    alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de
    condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames.
    Cobrando por menos que nada una vida a la que los seres cultos y
    civilizados que nos preciamos de ser llamamos, según las ocasiones,
    preciosa, sagrada y sublime. Gente popular que conocí,
    engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder
    del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente
    permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas
    veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia
    falsa. Tres generaciones de una familia de campesinos, los Mau-
    Tempo, desde el comienzo del siglo hasta la Revolución de Abril de
    1974 que derrumbó la dictadura, pasan por esa novela a la que di el
    título de "Alzado del suelo" y fue con tales hombres y mujeres del
    suelo levantados, personas reales primero, figuras de ficción
    después, con las que aprendí a ser paciente, a confiar y a
    entregarme al tiempo, a ese tiempo que simultáneamente nos va
    construyendo y destruyendo para de nuevo construirnos y otra vez
    destruirnos. No tengo la seguridad de haber
    asimilado de manera satisfactoria aquello que la dureza de las
    experiencias tornó virtud en esas mujeres y en esos hombres: una
    actitud naturalmente estoica ante la vida. Teniendo en cuenta, sin
    embargo, que la lección recibida, pasados más de veinte años,
    permanece intacta en mi memoria, que todos los días la siento
    presente en mi espíritu como una insistente convocatoria, no he
    perdido, hasta ahora, la esperanza de llegar a ser un poco más
    merecedor de la grandeza de los ejemplos de dignidad que me fueron
    propuestos en la inmensidad de las planicies del Alentejo. El tiempo
    lo dirá.
    
    ¿Qué otras lecciones podría yo recibir de un portugués que vivió en
    el siglo XVI, que compuso las "Rimas" y las glorias, los naufragios
    y los desencantos patrios de "Os Lusíadas", que fue un genio poético
    absoluto, el mayor de nuestra literatura, por mucho que eso pese a
    Fernando Pessoa, que a sí mismo
    se proclamó como el Super-Camoens de ella? Ninguna lección a mi
    alcance, ninguna lección que yo fuese capaz de aprender salvo la más
    simple que me podría ser ofrecida por el hombre Luis Vaz de Camoens
    en su más profunda humanidad, por ejemplo, la humildad orgullosa de
    un autor que va llamando a todas las puertas en busca de quien esté
    dispuesto a publicar el libro que escribió, sufriendo por eso el
    desprecio de los ignorantes de sangre y de casta, la indiferencia
    desdeñosa de un rey y de su compañía de poderosos, el escarnio con
    que desde siempre el mundo ha recibido la visita de los poetas,
    de los visionarios y de los locos. Al menos una vez en la vida,
    todos los autores tuvieron o tendrán que ser Luis de Camoens, aunque
    no escriban las redondillas de "Sobolos rios". Entre hidalgos de la
    corte y censores del Santo Oficio, entre los amores de antaño y las
    desilusiones de la vejez prematura, entre el dolor de escribir y la
    alegría de haber escrito, fue a este hombre enfermo que regresa
    pobre de la India, adonde muchos sólo iban para enriquecerse, fue a
    este soldado ciego de un ojo y golpeado en el alma,
    fue a este seductor sin fortuna que no volverá nunca más a perturbar
    los sentidos de las damas de palacio, a quien yo puse a vivir en el
    teatro en el escenario de la pieza de teatro llamada "Que farei con
    este livro?" ("¿Qué haré con este libro?"), en cuyo final resuena
    otra pregunta, aquélla que importa
    verdaderamente, aquélla que nunca sabremos si alguna vez llegará a
    tener respuesta suficiente: "¿Qué haréis con este libro?". Humildad
    orgullosa fue ésa de llevar debajo del brazo una obra maestra y
    verse injustamente rechazado por el mundo. Humildad orgullosa
    también, y obstinada, esta de querer saber para qué servirán mañana
    los libros que vamos escribiendo hoy, y luego dudar que consigan
    perdurar largamente (¿hasta cuándo?) las razones tranquilizadoras
    que quizá nos estén siendo dadas o que estamos dándonos a nosotros
    mismos. Nadie se engaña mejor que cuando consiente que lo engañen
    otros.
    
    Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra
    y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que
    hay detrás de la piel de las personas. El se llama Baltasar Mateus y
    tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y
    también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después
    porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo
    la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor,
    la tierra. Se aproxima también un padre jesuita
    llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y
    volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que
    según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o
    no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del
    todavía más simple respeto.
    Sontres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país
    donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la
    Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron
    levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al
    mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera
    ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía
    Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una
    multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y
    callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años
    sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las
    alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos
    campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío. Los
    sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico
    Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia
    del "Memorial del convento", un libro en que el aprendiz de autor,
    gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el
    antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir
    palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: "Además de
    la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al
    mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una
    corona de lunas, por eso el
    cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si
    no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo". Que así sea.
    
    De las lecciones de poesía, sabía ya alguna cosa el adolescente,
    aprendidas en sus libros de texto cuando, en una escuela de
    enseñanza profesional de Lisboa, andaba preparándose para el oficio
    que ejerció en el comienzo de su vida de trabajo: el de mecánico
    cerrajero. Tuvo también buenos maestros del arte poético en las
    largas horas nocturnas que pasó en bibliotecas públicas, leyendo al
    azar de encuentros y de catálogos, sin orientación, sin alguien que
    le aconsejase, con el mismo asombro creador del navegante que va
    inventando cada lugar que descubre. Pero fue en la biblioteca de la
    escuela industrial donde "El año de la muerte de Ricardo Reis"
    comenzó a ser escrito. Allí encontró un día el joven aprendiz de
    cerrajero (tendría entonces 17 años) una revista - "Atena" era el
    título - en que había poemas
    firmados con aquel nombre y, naturalmente, siendo tan mal conocedor
    de la cartografía literaria de su país, pensó que existía en
    Portugal un poeta que se llamaba así: Ricardo Reis. No tardó mucho
    tiempo en saber que el poeta propiamente dicho había sido un tal
    Fernando Nogueira Pessoa que firmaba
    poemas con nombres de poetas inexistentes nacidos en su cabeza y a
    quien llamaba heterónimos, palabra que no constaba en los
    diccionarios de la época, por eso costó tanto trabajo al aprendiz de
    las letras saber lo que ella significaba. Aprendió de memoria muchos
    poemas de Ricardo Reis ("Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no
    mínimo que fazes"), pero no podía resignarse, a pesar de tan joven e
    ignorante, a que un espíritu superior hubiese podido concebir, sin
    remordimiento, este verso cruel: "Sábio é o que
    se contenta com o espectáculo do mundo". Mucho, mucho tiempo
    después, el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más
    sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela
    para mostrar al poeta de las "Odas" algo de lo que era el
    espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus
    últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la
    guerra de Franco contra la República española, la creación por
    Salazar de las milicias fascistas portuguesas. Fue como si estuviese
    diciéndole: "He ahí el espectáculo del mundo, mi poeta de las
    amarguras serenas y del escepticismo elegante. Disfruta, goza,
    contempla, ya que estar sentado es tu sabiduría".
    "El año de la muerte de Ricardo Reis" terminaba con unas palabras
    melancólicas: "Aquí donde el mar acabó y la tierra espera". Por
    tanto no habría más descubrimientos para Portugal, sólo como destino
    una espera infinita de futuros ni siquiera imaginables: el fado de
    costumbre, la saudade de siempre y poco más. Entonces el aprendiz
    imaginó que tal vez hubiese una manera de volver a lanzar los barcos
    al agua, por ejemplo mover la propia tierra y ponerla a navegar mar
    adentro. Fruto inmediato del resentimiento colectivo portugués por
    los desdenes históricos de Europa (sería más exacto decir fruto de
    mi resentimiento personal), la novela que entonces escribí - "La
    balsa de piedra" - separó del continente europeo a toda la Península
    Ibérica, transformándola en una gran isla fluctuante, moviéndose sin
    remos ni velas, ni hélices, en dirección al Sur del mundo, "masa de
    piedra y tierra cubierta de ciudades, aldeas, ríos,
    bosques,fábricas, bosques bravíos, campos cultivados, con su gente y
    sus animales", camino de una utopía nueva: el encuentro cultural de
    los pueblos peninsulares con los pueblos del otro lado del
    Atlántico, desafiando así, a tanto se atrevió mi estrategia, el
    dominio sofocante que los Estados Unidos
    de la América del Norte vienen ejerciendo en aquellos parajes. Una
    visión dos veces utópica entendería esta ficción política como una
    metáfora mucho más generosa y humana: que Europa, toda ella, deberá
    trasladarse hacia el Sur a fin de, en descuento de sus abusos
    coloniales antiguos y modernos, ayudar a equilibrar el mundo. Es
    decir Europa finalmente como ética. Los personajes de "La balsa de
    piedra" - dos mujeres, tres hombres y un perro - viajan
    incansablemente a través de la Península mientras ella va surcando
    el océano. El mundo está cambiando y ellos saben que deben buscar en
    sí mismos las personas nuevas en que se convertirán (sin olvidar al
    perro que no es un perro como los otros). Eso les basta. Se acordó
    entonces el aprendiz que en tiempos de su vida había hecho algunas
    revisiones de pruebas de libros y que si en "La balsa de piedra"
    hizo, por decirlo así, revisión del futuro, no estaría mal que
    revisara ahora el pasado inventando una novela que se
    llamaría "História do Cerco de Lisboa", en la que un revisor
    trabajando un libro del mismo título, aunque de historia, y cansado
    de ver cómo la citada historia cada vez es menos capaz de
    sorprender, decidió poner en lugar de un "sí" un "no", subvirtiendo
    la autoridad de las "verdades históricas". Raimundo Silva, así se
    llamaba el revisor, es un hombre simple, vulgar, que sólo se
    distingue de la mayoría por creer que todas las cosas tienen su lado
    visible y su lado
    invisible y que no sabremos nada de ellas, mientras no les hayamos
    dado la vuelta completa. De eso precisamente trata una conversación
    que tiene con el historiador. Así: "Le recuerdo que los revisores ya
    vieron mucho de literatura y vida, Mi libro, se lo recuerdo, es de
    historia. No es propósito mío apuntar otras contradicciones,
    profesor, en mi opinión todo cuanto no sea vida es literatura. La
    historia también. La historia sobre todo, sin querer ofender. Y la
    pintura, y la música. La música va resistiéndose desde
    que nació, unas veces va y otras viene, quiere librarse de la
    palabra, supongo que por envidia, pero regresa siempre a la
    obediencia. Y la pintura, mire, la pintura no es más que literatura
    hecha con pinceles. Espero que no se haya olvidado de que la
    humanidad comenzó pintando mucho antes de saber
    escribir. Conoce el refrán, si no tienes perro caza con el gato, o
    dicho de otra manera, quien no puede escribir, pinta, o dibuja, es
    lo que hacen los niños.
    Lo que usted quiere decir, con otras palabras, es que la literatura
    ya existía antes de haber nacido, sí señor, como el hombre, con
    otras palabras, antes de serlo ya lo era. Me parece que usted
    equivocó la vocación, debería ser historiador. Me falta preparación
    profesor, qué puede un simple hombre
    hacer sin preparación, mucha suerte he tenido viniendo al mundo con
    la genética organizada, pero, por decirlo así, en estado bruto, y
    después sin más pulimento que las primeras letras que se quedaron
    como únicas. Podía presentarse como autodidacta producto de su digno
    esfuerzo, no es ninguna vergüenza, antiguamente la sociedad estaba
    orgullosa de sus autodidactas.
    Eso se acabó, vino el desarrollo y se acabó, los autodidactas son
    vistos con malos ojos, sólo los que escriben versos o historias para
    distraer están autorizados a ser autodidactas, pero yo para la
    creación literaria no tengo habilidad. Entonces métase a filósofo.
    Usted es un humorista, cultiva la ironía, me pregunto cómo se dedicó
    a la historia, siendo ella tan grave y profunda ciencia. Soy irónico
    sólo en la vida real. Ya me parecía a mí que la historia no es la
    vida real, literatura sí, y nada más. Pero la historia fue vida real
    en el tiempo en que todavía no se le podía llamar historia.
    Entonces usted cree, profesor, que la historia es la vida real. Lo
    creo, sí. Que la historia fue vida real, quiero decir. No tengo la
    menor duda. Qué sería de nosotros si el deleatur que todo lo borra
    no existiese, suspiró el revisor". Escusado será añadir que el
    aprendiz aprendió con Raimundo Silva la lección de la duda. Ya era
    hora.
    
    Fue probablemente este aprendizaje de la duda el que le llevó, dos
    años más tarde, a escribir "El Evangelio según Jesucristo". Es
    cierto, y él lo ha dicho, que las palabras del título le surgieron
    por efecto de una ilusión óptica, pero es legítimo que nos
    interroguemos si no habría sido el sereno ejemplo del revisor el
    que, en ese tiempo, le anduvo preparando el terreno de donde habría
    de brotar la nueva novela. Esta vez no se trataba de mirar por
    detrás de las páginas del "Nuevo Testamento" a la búsqueda de
    contradicciones, sino de iluminar con una luz rasante la superficie
    de esas páginas, como se hace con una pintura para resaltarle los
    relieves, las señales de paso, la oscuridad de las depresiones. Fue
    así como el aprendiz, ahora rodeado de personajes evangélicos, leyó,
    como si fuese la primera vez, la descripción de la matanza de los
    Inocentes y, habiendo leído, no comprendió. No comprendió que
    pudiese haber mártires de una religión que aún tendría que esperar
    treinta años para que su fundador pronunciase la primera palabra de
    ella, no comprendió que no hubiese salvado la vida de los niños de
    Belén precisamente la única persona que lo podría haber hecho, no
    comprendió la ausencia, en José, de un sentimiento mínimo de
    responsabilidad, de remordimiento, de culpa o siquiera de
    curiosidad, después de volver de Egipto con su familia. Ni se podrá
    argumentar en defensa de la causa que fue necesario que los niños de
    Belén murieran para que pudiese salvarse la vida de Jesús: El simple
    sentido común, que a todas las cosas,
    tanto a las humanas como a las divinas, debería presidir, está ahí
    para recordarnos que Dios no enviaría a su hijo a la Tierra con el
    encargo de redimir los pecados de la humanidad, para que muriera a
    los dos años de edad degollado por un soldado de Herodes. En ese
    Evangelio escrito por el aprendiz con el respeto que merecen los
    grandes dramas, José será consciente de su culpa, aceptará el
    remordimiento en castigo de la falta que cometió y se dejará
    conducir a la muerte casi sin resistencia, como si eso le faltase
    todavía para liquidar sus cuenta con el mundo. "El Evangelio" del
    aprendiz no es, por tanto, una leyenda edificante más de
    bienaventurados y de dioses, sino la historia de unos cuantos seres
    humanos sujetos a un poder contra el cual luchan, pero al que no
    pueden vencer. Jesús, que heredará las sandalias con las que su
    padre había pisado el polvo de los caminos de la tierra, también
    heredará de él el sentimiento trágico de la responsabilidad y de
    ella la culpa que nunca lo abandonará, incluso cuando levante la voz
    desde lo alto de la cruz: "Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo
    que hizo", refiriéndose al Dios que lo llevó hasta allí, aunque
    quien sabe si recordando todavía, en es última agonía, a su padre
    auténtico, aquel que en
    la carne y en la sangre, humanamente, lo engendró. Como se ve, el
    aprendiz ya había hecho un largo
    viaje cuando en el herético evangelio escribió las últimas palabras
    del diálogo en el templo entre Jesús y el escriba: "La culpa es un
    lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, dijo el
    escriba, Ese lobo de que hablas ya se ha comido a mi padre, dijo
    Jesús, Entonces sólo falta que devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste
    comido, o devorado, No sólo comido y devorado, también vomitado,
    respondió el escriba".
    
    Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de
    Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a
    la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los
    1.200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra
    que enfrentó en el siglo XVI a
    protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito
    la pieza de teatro que tituló "In Nomine Dei". Una vez más, sin otro
    auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que
    penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas
    que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a
    dejarse matar. Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la
    intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo
    demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas
    partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en
    nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un
    mismo dios.
    Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos
    de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las
    evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se
    presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus
    acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo
    parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto
    a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en El
    creían. La terrible carnicería de Münster
    enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las
    religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más
    absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en
    consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la
    guerra a sí mismo. Ciegos. El aprendiz pensó "Estamos ciegos", y se
    sentó a escribir el "Ensayo sobre la ceguera" para recordar a quien
    lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la
    vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos
    los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira
    universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre
    dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a
    su semejante. Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los
    monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir
    la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra
    persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más
    importante que pedir a un ser humano. El libro
    se llama "Todos los nombres". No escritos, todos nuestros nombres
    están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.
    Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces
    conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que
    la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que
    para mí es todo.
    
    
    
    
    *( Nota del editor de Inventiva: la fecha de recepción del Nobel fue
    el 11 de Diciembre de 1998, en Estocolmo. )
    
    
    
    
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    #88 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
    Fecha: Mié, 15 de Mar, 2006 1:46 am
    Asunto: EDICIÓN MARZO
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    *
    Las cosas importantes
    quedan apretadas en el recuerdo
    como el barro en la lluvia
    deshaciéndose del barro
    del agua,
    del tiempo,
    otras
    partieron en las notas del olvido.
    De una u otra manera
    están en la agenda
    de la partida.
    Todas juntas
    Son como una sola gota en cada vida.
     
     
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
     
     
     
    *

    Tiene andaluza la sangre
    y la gracia, y el talante
    tiene ochenta y cuatro abriles
    y mira siempre adelante
    y sabe de poesías
    y de poetas galantes

    Los ojillos se le achican
    cuando le piden que cante
    y una sonrisa se escapa
    y parece que se espante

    Luego, dice muy flojito:
    "Sólo puedo recitarte
    lo que recuerde, no toda
    que solo recuerdo parte...
    Recuerdo una poesía
    de Lorca
    de Federico García.."

    E inicia tímido el cante
    Y va brotando despacio
    - parece que va a pararse -
    recordando aquellos versos
    y empezando a emocionarse
    y ya los ojos chispean
    mirando de medio lado
    y las manos participan
    y el duende ha despertado
    y palabra por palabra,
    toda la poesía entera,
    entremezclando suspiros
    gitanos y madreselvas
    sintiendo lo que se dice
    y viviendo lo que cuenta
    surgen alfacas de plata
    toros bravíos, reyertas
    sangre color escarlata
    "Corriendo van por la vega
    a las puertas de Granada..."

    Y las manos van,.. y hablan
    y los aires quietos, callan
    el cuchillo corta el aire
    los ojillos se hacen agua
    "El barco sobre la mar
    y el caballo en la montaña..."

    El pelo brilla precioso
    la boca sonríe y canta
    y esa mujer increible
    nos lleva con lo que narra
    a unos mundos de misterio
    y al final, cuando acaba
    se escucha solo el silencio
    y la emoción que se palpa
    el duende y el sentimiento
    que trae con sus palabras
     
    *de Joan. joan@...
     
     
     
    NIÑA DEL ACONCAGUA*
     
    Gloriosa en el letargo, altitud lejana.
    Dejaron un límite en tu orgullo.
    Ante cóndor, paso y resguardo
    el mineral hacía ríos
    en el cristal antes blanco
    antes de tu lluvia arrebatada.
    Esta cordillera te encuentra y lamenta.
    Soberana en las alturas.
    Dime: qué destino o destierro
    trajo tus ojos?
    qué dios dejó en tu lágrima
    un sueño?
    qué día tu pueblo emigró del duelo?
    Hay fantasmas que nutren
    sus propias historias
    y hay historias
    en el pentagrama de tu memoria.
    Aquí, doblegado a tu imagen
    hago en tu ajuar un alto
    mirando tu último temor
    dándote el agua que no bebes
    y salimos juntos a una Babel dispuesta
    en las alturas que no vemos.
    Había que pensar que la chicha y el viento
    hicieran sueño y cosecha.
    Once años envolvían tu ternura
    ternura que no comprendo y entiendo
    de lo que entiendo
    y no;
    Pero América era insurrecta
    y el nuevo vino venía con la muerte.
    había que madurar
    la quina y el amaranto
    en la raíz del sol.
    María venía del otro lado,
    en la barca
    con sus hijos bajo un pecado.
     
    Gloriosa en el letargo
    mariposa posas
    ante el poeta que te nombra.
     
     
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
     
     
     
     
    Otros fuegos*
     
    Los dolores comenzaron por la mañana, poco antes del mediodía. Después, habitación en el primer piso de la clínica, ventana que da al jardín, casas dispersas, techos de tejas en la neblina. Esperar las contracciones, controlar el reloj y mirar a través del vidrio. Aquel perro que corre sin parar de un extremo al otro de la terraza, yendo y viniendo, yendo y viniendo.
    Toda la tarde oigo sin alterarme sus quejidos de dolor o de placer.
    Tal vez sufra, pero maneja el asunto bastante bien. Para eso hizo el curso de parto sin dolor.
    Salgo al pasillo. Fumo. fumo bien, con todo el cuerpo.
    Tratar de descubrirse ante la inminencia de un hecho trascendental.
    El perro no cesa de trotar. Oscurece sobre las tejas mojadas. Aparece la enfermera, controla. Aparece la partera, controla. Dice: "Vamos".
    Sigo la camilla. Recorro el pasillo como si fuera otro. "No soy yo, es otro." Una puerta que se abre, una puerta que se cierra. Ya estamos, adelante, llegó la hora.
    Ella no se sentaba ni se acostaba: se agazapaba.
    Hay buen ambiente. Se bromea. Me alcanzan un saco blanco, me lo pongo. Administro el oxígeno, le seco el sudor de la frente, hago lo que me ordenan. Ella, anestesiada, delira. dice cosas graciosas. La partera, la enfermera y yo reímos. También desde esta ventana puedo ver al perro loco.
    Cierta vez me asaltó un olor al cruzar una plaza. Un olor a hojas húmedas, a vegetales fermentados, a sombras, a cosas lejanas. Jamás pude olvidarlo.
    En aquella época me había convertido en una especie de mudo, pero no en un tonto. Estaba más lúcido que un pez.
    Pujar. La partera incita, alienta: "Vamos, fuerza, ahora, vamos muchacha".
    "Ya viene." La partera me llama a los pies de la camilla para que vea la cabeza que comienza a asomar. Ultimo esfuerzo, sale. Gran suspiro. "Varón." La partera me alcanza las tijeras. "Tome, corte usted." Está bien, soy el padre. Corto el cordón donde me indican. Ahí está, berrea, tiene la nariz achatada. Lo arropan, me lo dan.
    Soy mis manos y mi lengua.
    Me dicen: "Vaya a dar una vuelta, coma algo". Anocheció. Camino por una calle vacía: un galpón, un vivero, un gato, un baldío, restos humeantes de una fogata. Alimento el fuego y lo veo crecer.
    El fuego arde en la noche de la ciudad, en el invierno de la ciudad, a pocos metros de donde alguien acaba de nacer. El fuego vive de cosas abandonadas: ramas, trapos, restos de cajones, desechos. Ilumina el terreno, pone sonidos secos y precisos en la quietud de los faroles y las casas ciegas rodeadas por jardines.
    Bajo el cielo sin estrellas vuelvo a ser lo que he sido tantas veces: un tipo inmóvil y sin pensamientos espiando el movimiento de las llamas.
    A poca altura, cruza una sombra, un pájaro nocturno.
    Tengo que acordarme de todos los fuegos que vi arder. Aquella fogata de la noche de San Juan, el calor en las piernas desnudas, la muchacha que me tomó la mano. Recordar, ahora que es invierno y que a veces el presentimiento de estar al borde de un instante de felicidad se convierte en una tensión insoportable. (La muchacha del brazo de su compañero dio un paso adelante, se me puso al lado, tomó mi mano y la retuvo en la suya.)
    Podría decir lo siguiente: todas mis horas presentes en este momento. Podría, ante el vértigo de los años que me preceden, ponerme a gritar que este abandono me es perfectamente familiar, no hay de qué extrañarse, mi vida dictándome una vieja canción, una vieja tonada invernal, que no es portadora de emociones o asombros, sino la evidencia de una ley, cosas sabidas desde antiguo, lucidez que al fin y al cabo es sólo conciencia de ceguera, nada más que eso en mi tonada invernal, y tal vez, escondido, medido, regulado como con cuentagotas, un fondo de nostalgias, un velo agitándose sobre los ojos y las ideas.
    Todos los desórdenes.
    El fuego se extingue, es hora de volver. Vuelvo. La madre duerme, el hijo duerme. ¿Y aquel olor? Aquel olor era como un fuego. Algo vivo. Tan vivo como la llama subiendo en la noche. La llama que hipnotiza.
    ¿En ese fuego había cambio y había permanencia? ¿Era algo íntimo o algo que me trascendía? ¿Vivía en mi o me era ajeno? ¿Estaba ahí, sobre la tierra, o en otra parte? ¿Se ocultaba arriba o abajo? ¿Moría, renacía o se mantenía latente? ¿No era una representación del silencio, de la duda, del acecho, del ojo atento, del ojo ávido? ¿No se anulaba a sí misma esa llama? ¿No había también en ella una precariedad, una espera, un control, un pudor? ¿No se contradecía?
    Y hoy que estás solo en la noche, lejos de la infancia, igualmente lejos de la madurez, habiendo perdido tanto la capacidad de amor como de odio, ¿qué te queda por hacer?
    El dolor reemplaza al dolor y así se va robusteciendo.
    ¿A quién hablarle si no a él? Esbozos de mensajes, atisbos, manotazos, sondas lanzadas al vacío. Para quién este monólogo, este temblor. Y los ojos cansados a la espera de una revelación.
    Pienso: cosa increíble los ojos.
    Tal vez afuera, en el frío, el perro siga corriendo sobre la terraza, yendo y viniendo, yendo y viniendo.
    También el perro podría entrar en esa carta que nunca logré escribir.
    Estar ahí, mirando dormir y vivir al sin nombre, no es motivo de paz, sino el regreso de una sospecha. Frente a su cuerpo sin defensa, a las penas que lo esperan, no siento piedad por él.
    Débil y feo.
    los faros de un coche iluminan la ventana y se van. De esta insistencia mía, de esta pelea contra el silencio, no queda sino una llamarada fugaz en los vidrios, menos que eso.
    rumores, llamados dispersos bajo el cielo en ruinas. Señales que alarman.
    lo dijeron todos: fue un buen parto.
    Ahora, permanecer quieto en la oscuridad, recordar la fogata en la noche, velar el sueño de la madre, velar el sueño del hijo.
     
    * de Antonio Dal Masetto.
    Publicado en Página/12 el 5 de febrero de 1992.
     
     
     
     
    SU OTRA PARTE*

    En la habitación el desorden mostraba que había sido un día muy agitado el de su huésped, con entradas y salidas apresuradas.
    En el piso dos ambos blancos tirados, unas botas de fiselina y la cofia a un costado de la silla.
    La ducha era lo más hermoso recibido por ese cuerpo agotado por tantas horas de pie junto a la mesa de operaciones.
    - " Hoy la gente decidió enfermarse y entrar al quirófano en estado crítico", pensó Mariana, mientras dejaba caer el agua templada sobre sus firmes senos y sobre su espalda dolorida.
    El lunar estrellado bajo su pecho quedó encerrado en una pompa de jabón. Es un tatuaje natural, como un sello, una marca, una identificación.
    Su madre siempre le decía cuando trataba de vestirla después del rico baño en la amplia bañera, "mi niña que nació con estrella y no estrellada", mientras ella saltaba en la cama grande.
    El jabón con un perfume exquisito, tornaba acariciable su piel aún tersa. Después de tanto castigo le venían muy bien estos pequeños regalos de placer, mientras tarareaba esa melodía que le había quedado fija en su memoria.
    Tomaría una bebida fría con un poco de alcohol, una naranja con ron no le vendría mal. El cansancio y el alcohol la dejarían dormir.
    Una corta bata cubrió su cuerpo y se acercó a la pequeña heladera de la habitación. Abrió un cartón de jugo y sacó una botella pequeña de ron medio escondida entre otras. (Las bebidas alcohólicas estaban prohibidas durante las guardias).
    Se sentó sobre su cama. La compañera de habitación estaba ausente por una enfermedad, por lo tanto, la guardia de quirófano debía cubrirla ella solamente. Encendió el televisor y cuando se disponía a beber golpearon en su puerta.
    Mariana se sobresaltó, pues pensaba que su trabajo había concluido. Era José Luis que le avisaba la entrada de una paciente a Terapia. Su estado era grave y el Jefe de Turno, el doctor Diéguez visitaba a otro paciente en la habitación para hacerle controles. Mariana no podía creerlo - ¿Recién termino y tengo que volver? Su trabajo como médico cirujano del equipo del doctor Páez la estaba superando. Creía que no podría llevar ese ritmo tan loco.
    Ganar el concurso y entrar a trabajar en el Equipo de ese capo en medicina, la llenó de satisfacción y orgullo, no sólo a ella, sino también a su padre, ya anciano y a su madre.
    Él un médico querido por todo el pequeño pueblo cordobés, hizo despertar en su hija el amor por esa profesión y la responsabilidad en el trabajo.
     Mariana colocó sobre su desnudo cuerpo una chaquetilla limpia color rosa pálido, se calzó los pantalones que anudó con un lazo a la cintura. Buscó otras botas limpias y una cofia que colocó sobre su pelo mojado recogido con una trenza en la nuca.
    La Sala de Terapia estaba un piso más arriba y usó las escaleras. Cuando entró, mientras le protestaba al médico asistente por llamarla con tanta urgencia, pasó al lado de una camilla donde una mujer con evidentes signos de haber sufrido un accidente, se quejaba en estado de semiinconsciente inconsciencia.
    Cuando se acercó a la camilla quedó paralizada y dejó escapar un grito. Quien estaba acostada en esa camilla era ella misma con otro color de pelo. Por un momento no supo qué hacer. El enfermero le acercó el tensiómetro y los resultados de los controles ya realizados, anotados en una planilla.
    El estado de la enferma era grave, los golpes en la cabeza habían provocado un derrame que de no pararlo afectaría centros vitales que serían irreparables, eso, en el mejor de los casos.
    Como primera medida debía preparar una punción en la médula para liberar la presión craneana, pero era de riesgo porque si se descomprimía de golpe podía producir un colapso.
    Cuando el enfermero empezó a lavar el cuerpo de la enferma, rompió la blusa de seda verde, y quedó al descubierto el pecho que, sin soutien, se mostraba firme, Mariana vio un lunar oscuro y de forma estrellada, debajo del seno izquierdo igual al de ella.
    Siempre había pensado que ese lunar oscuro y con una forma tan definida debería ser una señal muy especial para identificarla en caso de accidente y ahora se encontraba con ese mismo lunar pero en el cuerpo de otra persona que era su calco.
    Sintió en ese momento que estaba decidiendo sobre su propia vida, ya no la de otra, sino sobre su destino.
     Cuando era pequeña Mariana jugaba con una hermana imaginaria, menor que ella y que podía gobernar a su antojo.
    Cuándo la madre la veía jugando a la maestra, escribiéndole un montón de deberes, se sonreía y le decía -¡ Pobre! te abusas de ella pues es tu hermana menor y no nació con tu estrella", su madre participaba de los juegos y entraba en sus fantasías.
     El doctor Diéguez entró a Terapia y quiso leer los resultados obtenidos hasta ese momento. Mariana sabía que el Dr. era implacable con su persona y que no le permitía el más mínimo rasgo de indecisión; que las conclusiones a las que arribara debían ser defendidas por ella con total seguridad. El doctor se impresionó al mirar el rostro de la enferma y levantó la vista a la cara de Mariana. Sus ojos fueron más elocuentes que mil palabras.
    Mariana le dijo - ¿vio doctor?, es mi clon, encontré la otra mitad mía, sin buscarla y sin saber que existía. Diéguez no le contestó y siguió revisando los signos vitales de la paciente.
    La intervención era inminente, no podían esperar más tiempo. Era muy riesgosa; Mariana quería dilatarla. Siempre decidida en estos casos y muy pensante, ofrecía ahora argumentos poco convincentes para posponer la operación, que no eran creíbles ni a ella misma. En verdad no podía decidir profesionalmente ante esta situación, era como decidir sobre su propio destino.
     De golpe se vio jugando en el patio lleno de plantas, era la casa de la abuela. Sus padres por primera vez la habían dejado al cuidado de su abuela Clara.
    Era una abuelita de cuento, delgada y pequeña, su pelo recogido en un rodete en la nuca y sus anteojos colgados de una cadena de canutillos celestes.
    Sus padres habían estado nerviosos y ellos que nunca discutían lo habían hecho a los gritos encerrados en el dormitorio.
    Por esos días no la dejaron mirar televisión, en cambio le alquilaban películas para que pasara las tardes con su prima Alicia, más pequeña que ella.
    ¿Por qué recuerda eso?. Vienen a su mente cuadros de una película acelerada, donde uno y otro momento se suceden con rapidez y sin detalles, son flash que saltan de un acontecimiento a otro.
    ¿Por qué cambió tres veces de escuela?, era una buena alumna y no tenía conflictos ni con sus compañeros ni con sus maestros; el paso siempre fue a institutos cada vez más pequeños y exclusivos.
    Se ocuparon muchísimo de su educación, siempre exigiéndole que se esforzara más y más y cuando de adolescente quiso compartir un grupo de la Parroquia que trabajaba en zonas carenciadas se pusieron como locos.
    Evoca esa discusión y todavía no comprende porque se habían puesto tan agresivos, los desconocía. Su padre la asustó, le retorció el brazo para sujetarla cuando ella casi gritando y bañada en lágrimas decía - ¡no los entiendo, no los entiendo!
     El doctor Diéguez la sacó de su viaje y de golpe tomó conciencia. Ahora frente a la paciente debía decidir por alguien que fue y es parte suya aunque no lo supiera hasta este momento.
    Mariana supo que era adoptada. La historia de su adopción le fue contada de la manera más dulce. Le explicaron que su madre biológica sabía que iba a morir, pues no superaría el parto y trató de encontrar una pareja que tuviera muchos deseos de tener un hijo. El juez después de evaluar muchas familias los había elegido a ellos, entre una larga lista de posibles adoptantes.
    Nunca le hablaron de su padre, dijeron que era desconocido.
    Mariana tendrás que asistir en la operación, le dijo el doctor Diéguez. Ella no sentía deseos de hacerlo pero, por otro lado, no podía dejar en manos ajenas casi su propia vida.
    Sus padres habían fallecido y la única que la llevaría a completar el rompecabezas que de golpe se desarmó delante de sus ojos, sería esa mujer, su otra parte.
    Ellos y su abuela Clara se llevaron el secreto a la tumba. Seguramente Clarita, como solía llamarla ella cuando jugaban, le hubiese dicho la verdad, pero ahora quien la haría recuperar su historia perdida era esa mujer.
    Los alaridos de una señora la vuelven a la realidad, era jueves, con un pañuelo blanco en la cabeza entró preguntando entre gritos y sollozos por su nieta.
     
    *de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...
     

     
     
    DOÑA  ROSARIO NO LO SABÍA TODO*
                                               

           Tras el alambre la floración del ciruelo, árbol viejo y solitario. ¿Por qué al decir “viejo” Marcela siempre asociaba solitario; qué lazo une soledades y vejeces? Y sí, el ciruelo se veía viejo de tan solitario, abandonado y lacio como un sauce. 
    - !Marcelita! ¿Hace mucho que no ves a la Carmen? – le habló doña Rosario
    - Sí, mucho tiempo. Quince años, o más.
    Doña Rosario, la vecina que presumía de saber anécdotas ya sin ecos  en el barrio, se refería a “la Carmen que supo  andar noviando con el Cacho, el hijo del carnicero que la dejó para irse a jugar al fulbo a Méjico y allá se casó con la hija del  presidente del club. Porque ese vago del Cacho resultó un fenómeno si aquí se pasaba dale que dale a la  pelota. ¡Y cómo pasó el tiempo Marcelita, tantos años que  te mudaste! Yo me acuerdo cuando eras así de chiquita y tu  mamá te hacía unos bucles que parecías una muñeca... Y claro, si construyeron ese chalet con la herencia de tu abuelo ahora estás tramitando la sucesión de la casa. Hacés bien,  hoy vale un dineral”.
         Tras el alambrado, el agobiado ciruelo de la casa vecina. 
    - ¡Y pensar cuando muchos decían “para qué hacen esa casa si por  ahí va a pasar la autopista”. ¡Que mala gente, si al fin no hubo autopista ni nada..!
            Sí doña Rosario; usted recuerda una muñeca con pelo de lana amarilla que perdí en el cielo de los juguetes “y me acuerdo como si fuera hoy que lloraste el día entero. Claro, eso fue antes  de hacerte tan amiga de la Carmen, que no era muy decente pero ni bien vos lo supiste le cortaste la amistad. Aunque de eso prefiero no hablar porque a mi nunca me interesó la vida de nadie”.  
            Ciruelo, árbol rosáceo de flor blanca cuyo fruto es la ciruela, dice el diccionario, aunque en ningún libro encontraría ella, - profesora de castellano que atendía a doña Rosario con digna voluntad- mejor definición. No hay texto que diga “árbol rosáceo agobiado como un sauce donde adormece el sol entre sus flores blancas”.
     
    - Pero, ¿cómo no te vas a acordar de la Carmen, Marcelita?.
       
    Y es verdad doña Rosario, alguna vez en mi casa se dijo que esa chica, Carmen, era algo atorrantita. “Atorrante. Argentinismo que equivale  a ocioso, vagabundo”, aunque Carmen no ejercitaba  mucho el ocio si cada día madrugaba yendo a la papelera y si cambiaba de novio la culpa era de sus piernas torneadas y tanta ternura ausente. Hasta que buscó otra historia fuera de aquel paisaje de postales opacas que doña Rosario repasaba sin “hablar mal de nadie”. Y menos de Marcela Martos, profesora de colegios privados y esposa del ingeniero Carlos Alberto, persona de fortuna y apellido, a punto de ser ministro.
     
     - ¡Marcelita! Yo te vi crecer en el chalet que era el mejor del barrio, no es  por decir, con unas tejas importadas que lucen todavía. Claro, no hay compración: hoy vivís en un country y conseguiste un marido que lo nombrarán Ministro. ¿ No che..? Vos tenías la misma edad de la Carmen pero siempre fuiste una chica preparada.
           
    Sí doña Rosario, usted recuerda los aniversarios y hasta la muñeca trenzas de lana desteñida, aunque no imagine ni un solo gemido de Miguel, el hermano de Carmen, cuando sus manos investigaban el cuerpo de ella, Marcelita Martos. Sí doña Rosario, Miguel la acariciaba y ella a veces recupera su olor a tabaco y fundición de hierro; y es mejor serenar cierta memoria, señora profesora...
     
    - - porque mientras vos fuiste amiga de la Carmen harían chiquilinadas, pero después a ella no la controló nadie.
         
    El sol relumbraba en una horqueta del ciruelo, la tarde atenuaba su  luz y afuera seguía doña Rosario.
    - ¿ Y te acordás cuando ibas a la escuela con la Mabel, esa chica de enfrente? ¡Qué  buen mozo era el padre, don Raúl, que te llevaba con la hija al colegio! Iba con la esposa a misa los domingos y pobre, se murió de un  infarto en el trabajo. ¡Y se dijeron  tantas mentiras de esa muerte..!
       
               Ni qué hablar, tantas mentiras y Marcela Martos bien recuerda al espejito retrovisor del auto de Raúl. Ella en el asiento trasero y él persiguiendo sus audaces ojos de catorce años avisando que no era sólo una compañera de su hija y si la miraba bien descubriría que había dejado de ser una nena. Raúl pasó unos meses mirándola bien y hoy ella haría una hoguera con aquel disfraz de mujer irresistible, cuando al volver de la escuela acudía a contarle a Carmen “esta mañana lo hice poner colorado al tipo”, para reírse juntas por aquel juego que creían novedoso y era tan antiguo como la adolescencia. Porque por más que doña Rosario recite  “mirá que acordarnos de don Raúl, el padre de la Mabel”, a Marcela el sol tras el ciruelo la trae al espejo retrovisor y ella, mocosa de catorce, humedeciendo sus labios en una pose de hembra fatal. Farsa inocente  hasta el mediodía en que su compañera Mabel faltó a clase y el juego se modificó; esa mañana Raúl no la llevó al Colegio Nacional, al entrar en una confitería Marcela evitó su imagen de colegiala y  hablaron dos horas con palabras que más tarde ella fantasearía haber dicho y escuchado. Dos horas, un tiempo de preciso destino relojero que transcurriera por otro meridiano, novedoso, y al despedirse en el auto con dos o tres besos cada uno más profundo, Raúl ya no era el padre de Mabel. Bien pronto sus tardes navegaron ríos fuera de madre, de ternura despaciosa y sensaciones al confín cuando la boca de aquel hombre le traía recónditos temblores, y doña Rosario nunca imaginara que para ella el amor fue el papá de Mabel galopándola incansable hasta transcurrir el alevoso instante, invicto en su memoria, cuando él se ahogó en un ronquido y ella escapó del departamento sin que la vieran.
     
    Entonces doña Rosario ha de seguir hablando en otra escena en tanto la profesora Marcela Martos imagina contarle aquel minuto de nuevo a Carmen y la otra, apoyada en la barra de un bar penumbroso y de vestido brilloso y ajustado, se ríe “si te quedabas hubiera sido más divertido; periodistas, televisión, una locura”. Y aunque cualquier emoción vieja suele hacerse trivial, vuelve Miguel con su olor a fundición de hierro y Raúl se disculpa “perdón nena por el mal rato”, mirando el fondo de sus ojos como ningún otro lo hiciera. Mientras el sol se fuga hacia el ocaso entre las ramas del ciruelo.
     
    - Y bueno Marcelita, me diste un alegrón con tu visita. El tiempo borra todo y con el marido que te conseguiste, todo debe ser felicidad...
     
    *de Eduardo Pérsico. edupers@...

    *Eduardo Pérsico publicó cuentos, seis novelas, algún poemario y en el 2005, la tesis “Lunfardo en el Tango y la Poética Popular”. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.
     
     
     
     
    Soledades*  
     
    Una tarde, mientras íbamos río abajo en un bote de pescadores, mi padre cerró con furia los puños alrededor de la caña y de golpe se echó a llorar. Llevábamos un largo rato en silencio. Yo tenía los remos y trataba de que la corriente no nos alejara demasiado de la orilla. Hasta entonces su pena me había pasado desapercibida porque para mí él era fuerte y sin fallas. Me demoré un largo rato antes de preguntarle qué le pasaba. Confusamente me dijo que había perdido a alguien a quien quería mucho y aunque era muy católico empezó a cagarse soberanamente en Dios. En ese momento no me importaron nada Dios ni los seres queridos. Me irritaba verlo así, aferrado a la caña, con la cabeza hundida en el pecho y el pelo blanco sacudido por el viento.
    Hasta entonces su vida había sido ordenada, mediocre, patriotera. Fluía mansa y previsible como el agua que nos llevaba entre islotes y troncos flotadores. Dios era una inteligencia inasible e inapelable que aparecía cada vez que nos faltaba una explicación.
    Yo creía en El: todavía me veo rezando a oscuras, pequeño y pecador, pidiendo que fueran eternas las cosas que me hacían dichoso. Era tan joven que sólo pensaba en la muerte como algo lejano que quizás tuviera solución. Lo que pesaba era la soledad. No la soledad de estar solo sino esa otra por la que han escrito los mejores libros y cantares del universo. Ese paréntesis que atrapa una palabra para darle entonación subterránea. El agujero negro, infinitamente vacío, en el que aquella tarde había caído mi padre.
    En Tierra de sombras un estudiante de letras dice que leemos para saber que no estamos solos. En Bleu , la protagonista intenta ocultar lo evidente bajo una máscara de fortaleza e indiferencia, hasta que algo se rompe. Por fin, en la edad de la inocencia , el hombre que acepta una vida prejuiciosa y previsible se hunde en las contradicciones de una clase incapaz de dar a la soledad otra respuesta que el orden cerrado y la complacencia hedonista. Miré esas películas el fin de semana y al ver llorar a Anthony Hopkins abrazado al hijo de su esposa muerta, me puse a llorar yo también y me vino a la cabeza esa imagen de hace tantos años en el río Limay. Sin duda, también contaba la culpa, pero eso lo comprendí más tarde. Culpa de estar ahí y ser más joven que él. De no tener todavía nada que amortizar o de estar pagando por anticipado.
    Durante un paseo por el campo, el profesor enamorado de una mujer agonizante confiesa su dicha efímera y ella le responde: "La felicidad de hoy anticipa el dolor de mañana." Tierra de sombras habla de Dios y del alivio que ofrece la fe para insinuar que no hay tal .Que Dios es el sufrimiento mismo y no su consuelo. Durante siglos el Creador jugó a ser imprevisible, fuente de amor y verdad, juez supremo incomprobable. Desde que lo inventaron, los hombres han tratado de explicarse para qué les sirve. Y como lo suyo es, a los ojos de la mayoría temerosa, sólo castigo, tampoco él sobrevivió a la oferta y la demanda. Mi padre no podía saber que dios iba a morir tan pronto y yo mismo nunca lo imaginé. En esos días lo habían intimado a dejar el cigarrillo. Rechazó las pamplinas de los médicos y apostó a algo superior. Al Ser Supremo que estaba por encima del bien y del mal.
    Naturalmente, perdió. Pero eso iba a ocurrir años después. Entre tanto está llorando mientras un bagre tira de su línea y yo no me animo a acercarme para consolarlo. Me digo que en una de ésas el bote se da vuelta y tenemos que volver nadando.
    ¿Qué tiene que ver el cigarrillo con el Reino de los Cielos? Mucho, me parece: al placer corresponde un castigo de espantosa agonía. Así pasa  con todo lo bueno en la tradición de judíos y cristianos. Más allá, el goce y la dicha no prefiguran el paraíso sino el infierno. Eso parece decir Richard Attenborough. El amor, si podemos darlo, nos devolverá lágrimas y castigo.
    Palabras más, palabras menos, Scorsese sugiere lo mismo. Sólo que no hay amor en La edad de la inocencia . No lo hubo en la vida de Edith Wharton, no podía haberlo en su novela y no es intención de Scorsese mostrar otra cosa. La película, situada en 1857, habla de hoy y de una aristocracia con códigos propios: ocio, manjares, hipocresías, hasta que el amor aparece como una amenaza. Evitarlo preserva el orden social. Eso sugiere, me parece, el impenetrable mayordomo de Lo que queda del día . La autoridad de mister Stevens es proporcional  a la negación de sus sentimientos. El dolor, la alegría, la humillación, resbalan en su alma como gotas de rocío. Todo pasa pero queda la soledad. Para Baruch Spinoza, en su Etica, el control de los sentimientos es la mayor virtud del alma: "A la impotencia humana para gobernar y reprimir los afectos la llamo servidumbre; porque el hombre sometido a los afectos no depende de él, sino de la fortuna." Con Spinoza se pone en claro, desde 1677, que el poder, para ser tal, excluye el amor en cualquiera de sus expresiones. Y que la gente vulgar al mostrar sus afectos los expone a la manipulación y la demagogia.
    En sus Diarios, el narrador John Cheever apunta en 1979: "Puedo saborear la soledad. La silla que ocupo, el cuarto, la casa, a todo le falta sustancia (...) Creo que la soledad no es un absoluto, pero su sabor es el más fuerte." El libro comienza con una reflexión bella y perturbadora para mí porque sospecho que así sentía la vida mi padre aquella tarde que salimos de pesca: "En la madurez hay misterio, hay confusión. Lo que más hallo en este momento es una suerte de soledad. La belleza misma del mundo visible parece derrumbarse, sí, incluso el amor. Creo que ha habido un paso en falso, un viraje equivocado, pero no sé cuándo sucedió ni tengo esperanza de encontrarlo."
    Y bien, mi padre era más que eso, o ni siquiera eso: "Nada más obsceno y vano que intentar contener la vida y la obra de un hombre en un puñado de líneas invocadas en el tiempo y la distancia", escribe Rodrigo Fresán en Trabajos manuales. Y agrega: "Cuando un hombre se transforma en el único paisaje posible de sí mismo es cuando alcanza la forma de la soledad. La soledad como territorio. La soledad como forma alternativa de la geografía y de lo biográfico."
    Estoy tratando de decir, con imágenes y palabras de otros, que lo esencial de una vida brota en el momento en que nos enfrentamos a las formas más puras de la verdad. Amor, dolor, soledad. Ahí estamos solos, sin Dios, sin patria ni sustento. Un paso atrás, un movimiento en falso y todo está perdido. En la serenidad del bote que bajaba por el Limay, mi padre percibió de golpe su tierra de sombras. Nada de este mundo le resultaba ajeno, pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento. Cuando tuvo fuerzas para admitirlo dejó de llorar, recogió la línea y devolvió el bagre a la correntada.
     
    *de Osvaldo Soriano, incluido en "Piratas, fantasmas y dinosaurios"
    Editorial Norma, Bs. As. 1996.
     
     
    4 años....
     
     UN AÑO MÁS*

       
      Inventiva cumple años.
         No le organizo fiesta sorpresa con gorritos y cornetas, ni le cuelgo un pasacalle para que lo deshilachen los benteveos. No le ofrezco ramilletes de flores que caducan, porque en sus páginas de luz florecen los naranjos y el jacarandá. No le mando tarjetitas obligadas; y afortunadamente no hallo
    ocasión de incurrir en corbatas.
         Le digo a Coiro muchas gracias, porque su puente de palabras me ha traído sentimiento, reflexión,  y algún amigo lejano.
         Sin velas para soplar, expreso igual mi deseo de que este vehículo de intercambios extienda su travesía por las rutas largas y sinuosas del porvenir.
         ¡Feliz cumpleaños Inventiva!
     
    *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...

     
     
    *
     
     
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    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
     
     
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    #87 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
    Fecha: Jue, 2 de Mar, 2006 6:39 pm
    Asunto: ejercicios de escritura MARZO
    inventivasocial
    Sin conexión Sin conexión
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    Ejercicios de escritura...
    
    
    1. Postales de las vacaciones
    
    Pueden ser las vacaciones de un día o de un mes. O los pies
    remojados en la pileta de plástico del fondo de casa. Puede ser el
    mar, la montaña, el llevarse a si mismo en distancias. O puede ser
    el aire que mueve el ventilador y esas gotas saladas de
    transpiración que tienen un lejano gusto a mar.
    Con esta no definición de vacaciones, los invito a escribir unas
    pinceladas para el 9 de marzo.
    
    
    
    2. Lo que tu historia te deje ser...
    
    Desperte con esta frase pendiente y filosa en el cerebro.
      Intente traducirla en otras frases, pero no suenan ni parecidas.
    Se animan a escribir unas líneas, inspirados solamente en esta frase?
    Para el 16 de marzo
    
    
    
    3. El 24 de marzo, 30 años antes.
    
    La  idea es recuperar sensaciones, imágenes, lo que pueda
    trasmitirse de ese día, de lo vívido en el caso de quienes tienen
    una memoria propia por haber nacido antes. Y de los relatos y climas
    percibidos  en el caso de los más jovenes....
    Para el 23 de marzo.
    
    
    
    4. Novelas del país de cartón y soja...
    
    Carina Zampini tirara de un carrito de cartonero. Natalia Oreiro
    boxea y vive en un conventillo.
    El mito de Cenicienta es invencible en el rating.
    Con el país más fragmentado que nunca. Con una ciudadania expresada
    en terminos de capacidad de consumo. Parece que a las novelas les
    queda la tarea de recrear la ilusión del ascenso social desde el
    amor.
    Podemos ensayar sobre el tema?
    Para el 30 de marzo.
    
    
    
    Condiciones generales para los ejercicios de escritura: Puede
    participar quien guste (socios y no socios) con escritos de su
    autoría en cualquier estilo literario (incluso poemas). Las
    narraciones-ensayos deben tener una extención máxima de 2000
    caracteres. Como es regla en Inventiva Social, el editor se reserva
    la libertad de incluir o no los escritos recibidos en la publicación
    correspondiente a cada ejercicio.
    Los textos deben enviarse en el cuerpo del mail con formato solo
    texto a las dirección:
    inventivasocial@...
    
    Un abrazo y a escribir¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    
    *Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
    
    
    
    Correo:
    
    *
    Letras Argentinas y Dictadura en el
    7° Otoño Literario y de Pensamiento
    
    Se cumplen 30 años del golpe militar que inauguró la dictadura más
    larga y sangrienta de nuestra historia.  Para recordarlo, la FMG
    adelanta su ya clásico Otoño Literario e invita a la comunidad del
    NEA a escuchar un prometedor diálogo abierto entre Liliana Heker,
    Elsa Osorio, Miguel Molfino, Peco Tissembaum y Mempo Giardinelli.
    
    La Fundación recomienda la asistencia de docentes y del público
    joven, estudiantes secundarios y universitarios para quienes este
    tramo oscuro de la vida del país es sólo historia. Mantener viva la
    memoria de lo ocurrido es imprescindible para formar una ciudadanía
    que no vuelva a cometer los errores de un pasado trágico y violento.
    
    Quiénes son los panelistas invitados
    
    Liliana Heker
    Dirigió junto a Abelardo Castillo las revistas literarias El
    Escarabajo de Oro (1961-1974) y El Ornitorrinco (1977). Casi al
    final de la dictadura sostuvo una dura polémica con Julio Cortázar,
    sobre el dolor y los modos de la resistencia de los que partieron al
    exilio y de quienes  sobrevivían dentro del país. Su novela El fin
    de la historia es una desgarradora historia ambientada en los
    violentos años '70,  un suceso literario y cultural que desató por
    igual admiración y disenso.
    
    Miguel Ángel Molfino
    Narrador, poeta, periodista y publicista multipremiado. Nació en
    Buenos Aires en 1949, pero se crió y vivió casi toda su vida en
    Resistencia. Es autor de dos libros: Versiones y Perversiones
    (Relatos 1986) y El mismo viejo ruido (Cuentos, 1994). Fue víctima,
    junto a su familia, de la feroz represión militar.  Parte de su obra
    se perdió en las requisas realizadas en su celda en la que lo
    recluyeron de 1976 a 1982.  Actualmente reside en México.
    
    Elsa Osorio
    Narradora y guionista de cine y TV. Acaba de regresar al país
    después de un largo exilio en Madrid iniciado en los `70s. Ha
    publicado «Ritos privados», «Reina Mugre» y «Beatriz Guido» entre
    otros títulos.  En su novela "A veinte años luz", trató el temade
    los niños nacidos en cautiverio desde la perspectiva de una joven
    que emprende la obstinada búsqueda de su identidad. Ha obtenido
    entre otros el Premio Nacional de Literatura, Premio al Mejor guión
    de Comedia, al Periodismo de Humor y el Premio Amnistía
    Internacional.
    
    Edwin, Tissembaum
    Abogado. Desde 1955 colabora con organismos de derechos humanos. Ex
    Copresidente de la Liga Argentina por los Derechos el Hombre.
    Cofundador y Primer Presidente de la Delegación Chaco de la
    Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Colaborador y
    Partícipe de la CONADEP en el proceso penal de las Juntas Militares.
    Investigador y Denunciante de la "Masacre de Margarita Belen". Autor
    de los libros testimoniales: "Desde Adentro" y "Desde Más Adentro".
    
    Mempo Giardinelli
    Periodista y escritor chaqueño, partió al exilio en 1976 luego de
    ser amenazado y de que su primera novela fuera incinerada en los
    depósitos de Editorial Losada, antes de llegar a ser distribuida.
    Regresó al país en 1983. En 1993 obtuvo el Premio Rómulo Gallegos
    por su novela El Santo Oficio de la Memoria. Oficiará como moderador
    y también como panelista.
    
    Invitados excepcionales para un diálogo memorable en una noche de
    conmemoración, ideas y celebración de la vida en democracia.
    
    El singular encuentro es auspiciado por Federación Médica del Chaco,
    La Biela Bar y Restaurante, Hotel Covadonga y Aerolíneas
    Argentinas . Tendrá lugar el 15 de marzo en la Casa del Médico
    (Ávalos 450), las 20.30. La entrada es libre y gratuita, se solicita
    colaborar aportando un libro de cuentos para niños nuevo o usado.
    
    *Enviado por Natalia Porta (FMG) nataliapl@...
    
    
    
    *
    
    
    "Los días felices"*
    
    
    
    
    Promoción hasta el 15 de marzo: Quienes compren "Los días felices"
    de Celso Agretti tendrán la posibilidad de ser nuevos miembros del
    club de socios de Inventiva Social sin costo hasta cubrir el importe
    total pagado con gasto de envio incluidos si corresponde. ( 10 meses
    quienes compren con gastos de envio, y 6 meses a quienes compren
    directamente el libro "en mano" )
    
    
    
    Para comprar el libro hay que comunicarse con el autor:
    celsoagr@...
    
    
    El costo total del libro con gastos de envío incuídos son $ 30.00 -
    TREINTA PESOS, enviado por contrarreembolso en CORREO ARGENTINO;
    (Costo neto $ 19.00 más gastos envío $ 11.00)
    
    
    
    
    Invitación al Club de socios de InventivaSocial
    
    -Reciba TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de
    correo.
    
    -Acompañamiento ( alteridad textual) en la escritura con tema propio
    o ejercicios de escritura.
    -La publicación en Inventiva de una antología virtual con sus
    trabajos.
    -Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados)
    en las ediciones de inventiva.
    -El anuncio y respaldo de actividades culturales y/o editoriales de
    los socios.
    -Soporte ante problemas de recepción.
    
    La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10
    Euros en el exterior.
    El pago puede realizarse desde cajeros de la red link o por giro
    postal dentro del país.
    
    Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
    
    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
    
    
    
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    #86 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
    Fecha: Sáb, 25 de Feb, 2006 1:29 am
    Asunto: EDICIÓN FEBRERO
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    Ah, lluvia! *
     
    Ah,  lluvia!
    silenciosa y oculta
    profanadora
    terciopelo del aire
    para tu boca
    ah!
    esa lluvia que cae al silenciosa
    trasparente frente  al mundo
    frente a vos
    y yo
    vividas vidas
    por un ramo de gotas
    tecleando al  suelo cada poema
    haciendo laguna
    oxidando sueños
    esas que abrazan el molino en la bruma
    de sus brazos
    apartando la luna ciega
    vendadas estrellas
    con un
    pañuelo para no doler
     tu zamba
    ah!
    pretexto
    confluencia
    páramo
    nostalgia que cae con ojos en llamas
    revertida palabra en agua
    barro en letras
    de una sopa destilando el pasado
     
    ah!
    confluencia de tu alma
    el sortilegio de mi mapa
     
    ah! lluvia con las eles de tu pan
     tus pájaros
    tu misma lluvia bajo el cielo que amo
    en tu boca
    la melancólica manera de tenerte
    bajo las nubes de mi lágrima.
     
    *de ricardo d. mastrizzo.
    ricardomastrizzo@...
     
     
     
     
    Perdido en mí *

     
    Vivo perdido en mí, buscándote.
    No puedo hallar la puerta que me lleve
    a compartir tus noches nuevamente.

    Alrededor las fauces de la vida
    sin piedad van devorando los minutos
    que me alejan del roce de tus labios.

    Pérfidos dioses sin rostro definido
    enmascaran con rocas los caminos,
    pintan volcanes en el mar para perderme
    y ocultan bajo llave tus costas añoradas.

    ¡No quieren que edifique mis castillos
    en la quietud impura de su aire!

    Quisieran que mis pies no reconozcan tus senderos,
    que el engañoso faro de otros ecos
    me pierda entre la niebla del olvido,
    pero el salitre atlántico que respiré una tarde
    me habla de los perfiles dorados de tu playa.

    Yo invoco el oleaje y la tormenta,
    apelo al vendaval y a las mareas.

    Yo me hallaré buscándote en la orilla
    del vasto continente que te acoge.

    Yo te hallaré buscándome en las aguas
    que mansamente lo acarician y veneran.


    *de Sergio Borao Llop.
    sergiobllop@...

    http://www.aragonesasi.com/sergio

    http://al-andar.blogspot.com/
     

     
     
     HERRIMINA*


         Ella se fue antes de que los ojos le envejecieran, antes de que las lágrimas infantiles se quebraran en mueca de dolor. Ella se marchó de la Europa para la América; se la llevaron, hubo una ajena historia que la mojó con sus olas, y la marejada la llevó mar adentro para cruzar un océano de tiempo pero no de olvido.
          Frases, palabras sueltas de un idioma que crecía en su tierra; una nueva tierra en esta América que le dio hijos y casa y una vida que se edificaba sobre los antiguos cimientos pétreos. Así como las catedrales se levantan sobre templos celtas, romanos, mayas, así la vida de mi madre escondía catacumbas de historias secretas, gentes que transcurrían en un más allá inalcanzable, unos sus abuelos que se dieron a la tierra sin la posibilidad de la despedida necesaria.
         Parece cosa inevitable que la acumulación de años haga aflorar las deidades soterradas. Así la edad hizo recuperar a mi madre su "herrimina", dolor de pueblo, como bellamente dicen los vascos la palabra nostalgia. Y antiguas canciones se descolgaron de las ramas del cerezo de jardín, mientras en plácidas tardes de mate y sillones plegables se dejaban atraer del pasado la burra que rebuznaba a las once, el ahogado, el peináo llamando a la puerta de la fábrica, el abuelo escuchando la prohibida BBC debajo de
    una frazada.
         Y atraer por atraer, también llegó Euskadi en forma de una amiga de la infancia y el esposo, que portaron para nosotras las antiguas noticias. Que esta se ha muerto, que aquél se ha casado con la prima de aquella que jugaba. Que la carretera ha borrado parte de tu fotografía, y que la vieja tienda prospera.
         Cómo explicar a los viajeros que han traído en sus maletas una infancia, un paisaje, un pueblo. Cómo agradecerles que al cantar a dúo las dulces melodías, extiendan perfumes a sidrería y caserío sobre el mantel blanco, rojo y verde. No conocen ellos la agonía del no estar. Sólo quien ama y sabe que su amado camina y habla, pero lejos, pero en otra parte, puede comprender el sentir de quien no retorna a su patria.
         Cuando se fueron, Arantxa se adornó con una flor blanca del jardín de mi madre. Su rostro valiente, triste y sonriente, llevaba la alba corona como el deseo etéreo del regreso. Remedio para el dolor de pueblo no se conoce, bálsamo reconfortante si; una amistad que planea sobre las décadas y las lejanías.
         La flor del jardín de mi madre llegó al país vasco. Cómo negarme a pensar que ha llevado un alma, entretejida en los pétalos blancos.
                   
    *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...

     
     
     
     
    Porque sos la paciencia*
     
    Porque sos la paciencia,
    el amontonamiento de mi risa,
    porque te quiero
    por el símbolo que llevo
    de tu alma
    te quiero.
    Porque de guitarra y vino,
    cuerdas derramadas
    vino en acorde,
    porque,
    fruta en el recuerdo,
    porque flor en el anuncio
    de tu primavera,
    por tu primera mano en mi mano.
     
    No hay en mi
     una sola palabra que no te nombra,
    porque sos vocabulario del pan,
    porque eres y fuiste y soy
    entre tu piel el regreso de mi cuerpo.
     
     
    A veces,  ciertas calandrias
    recortan el olvido
    atándome en una lágrima,
    otras,
    algún que otro carril
    o baúl de añoranzas después de la cena
    permutan un sueño por otro.
     
    No se,
    procuro hacer camino en el aire,
    viviendo de a risas
     una ristra de causas endiabladas.
     
    Otras veces,  bosquejo tu nombre en la almohada
    o en las paredes
    y allí salen a crepitar la madera del antiguo olivo.
     
    Dejo  Cristos y  cruces,
    propongo algún poema simétrico
    o redundante
     de palabras suicidas,
    pero, no me engaño amor,
    no me engaña la muerte y la suerte de quererte
    bajo el poema bendito,
    bajo el poema maldito,
    o bajo la ruta final del olvido.
     
    Ya ves, como siempre salgo a pasear
    con versos peores o no tan mejores
    apasionado en la repetida palabra,
    y quedo ahí,
    seguido de dolores y causas,
    de verdores 
    con imágenes  madrugada
    tratando de no lloverte amor,
    tratando de no lloverte,
    pero mi lágrima sigue el cause
    de los que quedaron sin olvido.
     
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
     
     
     
     
    Colores*
      
    Las mariposas susurraron en su brilloso color. Juntaron antenas con antenas y oyeron la música de un oleaje que sucumbió con un barco, hace tiempo. Tu y yo, solos por el mundo, sin nombre y sin firma, escribimos en los blogs del mañana, lo que nadie leerá, porque sus inmaduras mentes, sus caprichosas mentes, tienen dentro un campamento de mosquitos ruidosos que les deja pensar solo en sus picados cuerpos. ¿Seguirán siendo de sangre roja ó sangre azul? Tal vez para entonces, sus afiladas lanzas puntiagudas y zumbantes, hayan hecho su completa transfusión sanguínea, sin ningún resultado positivo.
    Volvamos a ser mariposas!!
     
    *de Luisa Belandia.
    FWaterdrop@...

     
     
     
    EL PUENTE DE LA VIA*
     
     
    El puente estaba a una docena de cuadras, no más, de dónde vivíamos cuándo éramos niños, pero a nosotros nos parecía que la distancia era enorrrme, y siempre tenía sabor a aventura. Teníamos necesariamente que hacer un tramo caminando por las vías, después de andar las últimas tres o cuatro cuadras del pueblo hasta el paso a nivel donde ahora estoy parado; contemplando y recordando esas vivencias infantiles, que pasaron hace nada menos que cinco décadas y aún algo más.-
    Estoy justamente en el cruce de la vieja vía con el camino. El que saliendo del pueblo va recto al norte, pasando por las chacras sembradas. El lugar está en parte casi igual; los grandes eucaliptos viejos, enormes y retorcidos siguen allí adelante, al borde, a mi izquierda. Claro que están más viejos que entonces, y faltan algunos, tumbados poco a poco por los vientos de tantas tormentas y algunos talados sin mayor conciencia. También falta enfrente un gigantesco Ombú, pero allí ahora fue avanzando el borde urbano, por lo que lo que era campo hoy son calles llenas de casas.-
    Incluso desde aquí vislumbro a través de los rugosos troncos y altos pastos la vieja casona donde entonces íbamos los domingos con Audino, mi hermano mayor, a escuchar los partidos del campeonato por la Radio, cosa que nosotros aún no teníamos, y allí vivían varios chicos de la edad de él, primos entre sí, que eran compañeros en el Colegio. Ellos no eran ni amigos míos, ni compañeros, y hasta les tenía algo de temor, o recelo. Incluso los mayores, que se sumaban al grupo, eran para mí extraños. Uno tenía largos bigotes como ya no se veían, de otra época, retorcidos y puntiagudos. En esos años tuvo un trágico final este hombre imponente. Una noche lluviosa murió de un tiro de revólver en la ladrillería que tenían cerca de la amplia casona; un peón ebrio, de turno en el horno, puso fin a su vida, parece que por problemas pasionales o tal vez sólo por el vino. Otro era tullido y usaba muletas, y era muy apacible y amistoso y a él sí le agarré mucho cariño. Siempre tocaba las conexiones de los cables con la batería, cuando la radio chirriaba o enmudecía. Yo trataba de tener claro en qué constituía el equipo y cuál era su magia. El receptor, que en sí era todo un mueble, los cables con sus bornes, la batería o acumulador, el molinillo de viento que proveía la recarga, y la antena aérea, de altas picanas como mástiles, con sus riendas y blancos aisladores y el oscilante hilo de cobre con su bajada. Toda una instalación. Y... , las estaciones estaban a gran distancia. Se escuchaban pocas y eran casi todas de Buenos Aires, pero todavía no eran muchas las casas que podían tener una. Pero no era sólo la pasión del fútbol ni las tardes de radio, sino recorrer este camino y su entorno, salir de nuestro pequeño mundo, y alejarnos de las últimas casas del pueblo, cruzar la vía, y adentrarnos en lo que había más allá. Cruzar la vía era el comienzo de la aventura. Más allá era otra cosa, el camino era largo, infinito, y hablaba de otros lugares que conocíamos sí pero que estaban cargados de encanto. Hasta ese pequeño tramo era un viaje, un verdadero viaje, donde pasaban tantas cosas lindas: las llamativas alas pintadas del pájaro que nos rozó volando, el otro que estaba cerquita en un arbusto del alambrado, o la liebre que descubríamos en su carrera por las puntas de las largas orejas que asomaban zigzagueando en los pastos, o de pronto, una perdiz que nos mató de susto al alzar vuelo casi debajo del pie.- ¡ PPPPRRRR rrrrrr ...! O la forma de aquella Tala, con su copa ahuecada y tupida como una techumbre, o aquella rama perfecta para una honda, o el ulular del viento, la frescura de una sombra, el flamear de los pastos , o los vertiginosos y traviesos remolinos de verano, levantando polvo, pastos, y papeles que quedaban girando y se descolgaban lentamente del cielo, revoloteando como desilusionados, mientras que del remolino no quedaba ni rastros...
    O sea: contemplo lo que queda y me transporto en el tiempo; mientras piso los rieles enterrados , soñando. Pero si bien detrás de mí el pueblo se convirtió en ciudad y el pavimento llega precisamente hasta la vía, hacia el norte el camino sigue polvoriento; pero en la vía el tren no pasa desde hace muchos años, veinte al menos. Aquí el polvo del camino le puso una capa ya permanente y cada vez más compacta, dura como una lápida, y triste como una mortaja. A un lado y otro del camino los rieles abandonados duermen entre el pasto que los ha ido tapando casi por completo, y por momentos se dejan entrever entre la fronda de la gramilla por el pálido brillo que reflejan del sol de la tarde en el dorso casi opaco, y más adelante se adivina la vía y la curva que aquí comienza, redondeada y suave, más por la memoria que por la evidencia.- Antes, ese brillo nos cegaba cuando caminábamos contra el sol ya que el tren al pasar una y otra vez los mantenía pulidos como espejos, y la gramilla y otros pastos se mantenían prolijamente fuera de la franja que formaba la vía con el ancho de los durmientes a flor de tierra. A cada lado del cruce, en la línea del alambrado, los guardaganados impedían que los caballos , vacunos u otros animales grandes ingresen a las vías por obvias razones de seguridad. No eran profundos pero a nosotros nos atraían y nos demorábamos en pasar pisando una y otra vez sobre las rejas como demostrando el valor que teníamos, especialmente cuando los domingos estábamos acompañados por los demás chicos con los que solíamos ir a jugar. Hoy están tapados en tierra, o quizás ni estén allí, porqué no se ven ni rastros, al menos a simple vista.
     Hacia el este del paso a nivel, la Estación quedaba a unas veinte cuadras, y la vía terminaba de hacer la curva y seguía recta unas diez cuadras hasta otro paso a nivel; pero aquello estaba fuera de nuestro alcance, al menos en esa etapa. Aquí teníamos suficiente. Aquí mismo a la derecha están todavía los galpones de una fundición de hierro, y enfrente una ruidosa desmotadora de algodón, que nos tapaba en polvo y humo, además de un constante zumbido de sus extractores, ventiladores y ciclones, que nos arrullaba y nos despertaba, una u otra. Al costado de la vía formaban montones los residuos de borra y metal fundido entre los que encontrábamos enorme cantidad de municiones de hierro más o menos redondeadas especiales para tirar con las gomeras , que justamente por su peso y su redondez aseguraban una trayectoria de verdaderas balas; hoy diría que hasta sumamente peligrosas. Ese montón de desecho tenía incontables buscadores de proyectiles que almacenábamos para nuestras correrías.- También era campo de pruebas, porqué la tentación era ver como se tiraba con estos o con aquellos, y los blancos predilectos eras los aislantes de porcelana del telégrafo que bordeaba la vía junto al alambrado. Algunos chicos de nuestra edad, o un poco mayores eran unos verdaderos inadaptados, capaces de cualquier maldad, por lo que eso, era una nadería. Eso, o matar inofensivas palomitas, horneros, cuises , etc., que hoy horrorizaría a cualquiera, aquella vez pasaba desapercibido. Aún no se hablaba de ecología ni de especies protegidas, y casi casi , ni de amor a los animales; al menos no con la conciencia con que hoy se está asumiendo, y menos a los niños, y menos que menos a esos niños ...
    A una calle de la vía vivíamos nosotros, y ver pasar el tren era una diversión que no menguaba por más que lo hacíamos todos los días, mañana y tarde. El más interesante era el tren de carga. No tenía un horario, como el de pasajeros, pero pasaba después de media tarde y en el invierno, durante la temporada de la caña de azúcar, íbamos al borde a esperar su paso y nos solían arrojar cañas enteras o trozos, y para nosotros eran trofeos tan valiosos que volver con cierta carga nos llenaba de gloria.  Recuerdo las emociones de la espera.- Ver al maquinista o al foguista esconder o balancear las cañas que nos arrojarían, tras elegirnos; porqué a veces éramos varios los chicos que esperábamos junto al alambrado.- Era todo un juego, para ellos seguramente divertido, para nosotros, angustioso. Si el tren era largo siempre había más gente en los vagones o en las chatas, que hacían otro tanto. Pero no era necesariamente pareja la cosecha, era más bien cosa del azar. Todos guardábamos una estratégica distancia uno de otro, asignándonos en el momento un territorio; y desde nuestra posición aguardábamos expectantes. Ver que se fijaban en uno y revoleaban el trofeo en nuestra dirección, y caía más o menos cerca pero entre las matas de paja brava y había que encontrarla, a veces disputándola fieramente con el chico vecino; y otras veces con la poca luz del ocaso se terminaban perdiendo y proseguíamos la búsqueda al día siguiente. No era seguro que la caña nos esperara, quizás el ocasional vecino nos habría madrugado.-
    Justo enfrente, cruzando la vía, había una pequeña franja de monte. Un montecito . No tendría más de media cuadra de ancho, y una cuadra de largo. Pero tenía todos los tonos de verde, y bastaba para que a nosotros nos pareciera una selva virgen, inhóspita, y cuajada de peligros... Aromos, chañares, espinacoronas, arbustos y enredaderas, tunas con sus tentadoras frutas pero erizadas de púas, cardos con sus varas floridas, insectos que zumbaban, diversos pájaros que anidaban allí, un sendero bastante sinuoso que lo atravesaba; y en una punta una lagunita, donde solíamos sentarnos por horas, con mi hermanito menor, Reinaldo, y a veces algún vecinito, a la sombra de los algarrobos que la bordeaban y hacíamos que pescábamos tirando los "bogueritos" entre los juncos , mientras observábamos las ranas o los sapitos, y los caracoles y los rojos racimos de huevos pegados a las pajas sobre la línea del agua.- Nunca la he visto seca a la pequeña laguna, ni en tiempos de seca, y eso que no era más que un charco. Hoy me parece increíble, pero entonces hasta contemplaba hipnotizado las larvas de los mosquitos que tras la lluvia pululaban en la superficie, y minúsculas arañas que tejían redes entre las ramitas de la orilla.- Llegar al montecito, entrar en él bastaba para convertirnos en legendarios exploradores, arrojados cazadores, o valientes e intrépidos personajes como el mismísimo Tarzán de los monos... Como tenía inventiva fabriqué una pequeña ballesta, con su travesa, su tensor, su gatillo; y con unas afiladas varillitas metálicas como flechas. Eufórico, tras comprobar su funcionamiento y su eficacia, me fui al monte, a la jungla, en busca de aventuras... Buscaba una pequeña pieza de caza, quizás algo peligroso, algo que valiera un tiro de mi portentosa ballesta... Tras moverme con cautela , despacio y sin ruido, al acecho, por más que estuve quieto largo rato, no he visto nada que se moviera; a no ser una rana verde que saltó entre las ramas de un árbol bajo y no dudé, casi diría que fue sin querer, disparé la flecha-varilla y la rana quedó atravesada, ensartada entre las ramas.- Me quedé duro.- Si le tenía repugnancia a las ranas y a los sapos, al menos vivos los veía sólo un instante y a cierta distancia; pero ahora tendría que arrimarme y recuperar la flecha, pese a todo no estaba dispuesto a perder una de mis valiosas varillas de metal con un filo tan trabajado, no; para nada. Así que hice de tripas corazón y lo hice, me sobrepuse al asco , tomé al pobre batracio muerto y le saqué la flecha, y allí terminó la cacería, y con el estómago revuelto volví a casa. Nunca volví a tirar con ni al blanco con el artefacto, y no supe decir en casa porqué no probé bocado en la mesa ese día al menos.-
    El puente de la vía me queda al oeste. Solíamos venir por varios motivos. Indudablemente tenía su magia.- Uno era la pesca. Y de tanto en tanto sacábamos alguna pequeña tararira, tanto para dejarnos con ganas.- Si bien bajo el puente siempre había agua, no era más que un zanjón, que provenía de una cañada de las cercanías y que solo traía agua cuando llovía, que a su vez volvía a formarse cañada más adelante en el bajo antes del puente del camino, y así sucesivamente. Una vez, estando en primer o segundo grado, un compañero, más grande y muy corajudo ya de pequeño, porqué después estando él siempre era el líder de nuestro grupo; me convenció que lo acompañara a la casa de uno de nuestros compañeritos de la escuela que vivía en la zona rural. De ida fuimos por el camino, pero de regreso dispuso que regresáramos cruzando el bajo, a campo traviesa. El asunto es que había llovido hacía poco y la cañada tenía agua y si bien corría bastante no parecía honda. Además era como una maraña cruzada de pequeños zanjones y se podían pasar pisando los islotes que formaban. Todo a pequeña escala. Pero a poco era más ancha de lo esperado y más correntosa. Los pequeños canales se hacían difíciles de sortear, y un par de veces caímos y trepamos. Además yo era más chico y se me hacía difícil. El no hablaba de volver. Era aguerrido. Pero tuve realmente miedo y tuvimos momentos difíciles , hasta que finalmente pasamos lo peor, terminamos volviendo a casa mojados y temblando. No sé a él, porqué era muy corajudo, pero a mí no se me borró nunca el miedo que pasamos aquel día.-
    Ir por la vía hacia el puente era de por sí un paseo. Tratábamos de caminar haciendo equilibrio por los rieles y pisar sólo de tanto en tanto el suelo para mantenerse, ya que los durmientes hacían desparejo el piso, además llevaba una zanja de desagüe cada dos durmientes a un lado y a otro alternativamente. Por lo que caminar requería atención y un paso coordinado. Aunque para nosotros era un juego. A la izquierda había un viejo aserradero con una playa llena de grandes troncos, o piezas de madera, que llegaba hasta el borde de la vía . A la derecha había una excavación profunda, de donde sacaban tierra arcillosa para la ladrillería. Esta era la misma que correspondía a la casona de los grandes eucaliptus .
    Era frecuente que aquí viniéramos a bañarnos en los días de calor, especialmente a la siesta. Todos teníamos temor que llegara la gente de la ladrillería , aunque estaba la cava al borde de la vía y además no hacíamos ningún daño. Nos bañábamos desnudos, y sabiendo lo vulnerables que quedábamos, dejábamos la ropa muy a mano, aunque salir del agua no era fácil porqué era barrancoso y la arcilla de por sí resbalosa. En una de esas, en lo mejor del baño refrescante, sentimos el galopar de caballos y un griterío que asustaba. Verlos y tenerlos encima fue todo uno. Cada uno salió como pudo manoteando la ropa y cruzando el alambrado, y por las dudas correr a más no poder... Nos vestíamos mientras corríamos. Tampoco era para tanto. Ellos no habrían estado más que divirtiéndose, pero nadie se quedó a averigüarlo. Había un chico nuevo en el grupo. Siempre estaba muy bien vestido. Cuando todos nos juntamos en el paso a nivel él aún estaba desnudo con las ropas en la mano, temblaba de miendo, además había dejado el sombrero al borde del agua, y decía llorando que no podía volver a la casa sin el preciado sombrero.- ¿Volver a buscarlo?... Ni locos, y el grupo se disolvió mientras él aún no lograba vestirse... Quedé con él, y él allí firme, temblando; además yo lo había invitado. - ¡Bueno, vamos! -, y nos volvimos los dos solos, además los ladrilleros no iban a estar allí esperándonos! . La verdad que no podíamos estar seguros si se habían ido porqué el borde de la cava tenía una zona de arbustos que nos impedía ver hasta que la trasponíamos, y ahí ya estábamos dentro ... Pero, sí, media docena de chicos y no tan chicos estaban con sus caballos aún allí. Nos quedamos un momento duros, luego usé mi salvoconducto, que esperaba me sirviera. Yo era conocido de ellos, al menos de alguno. Así que me animé y le mostré el sombrero en el suelo, y le dije que era de mi amigo, y que veníamos a buscarlo. No hicieron gran cosa, así que alcé el sombrero, los saludé con el sombrero mismo y rápidamente me volví alcanzando a mi compañero que ya se me había adelantado bastante y estaba en medio de la vía; y aliviado, me vine riendo porqué yo creía que no teníamos que haber disparado de ese modo. Al fin me había portado como un pequeño y valiente quijote.-
    Más adelante había sendas ladrillerías a ambos lados y más adelante el puente.
     El puente era de hierro, y ladrillos, de cuando hicieron el ferrocarril. A veces veníamos a bañarnos , aunque yo siempre conseguí zafar porqué me daba miedo. Pero el lugar era fascinante. El terraplén bajaba en un declive abrupto, con tortuosos caminitos que bajábamos a trompicones entre tupidas matas y verdes plantas de ombúes nudosos. A los costados había chacras sembradas. A veces cuando no tenía clases y en casa me permitían, llevaba a mi hermano menor a que me acompañara. Una mañana de sol pero con mucho viento volvíamos a casa ya cerca del mediodía, embelesados con el ondular de las cañas y el silbido de las ramas con los mechones de hojas flameando hacia el sur por efectos del fuerte viento norte. Un silbido me pareció más fuerte y me volví, justo a tiempo para ver casi encima nuestro la tremenda mole de la locomotora del tren de pasajeros que nos pitaba seguramente desde hacía rato, resoplando vapor y humo negro. Empujé a mi hermano violentamente a un costado y yo alcancé a saltar al otro, y desde el suelo vimos pasar a un metro semejante monstruo con su diabólico movimiento de cigüeñales y de bielas entre quejidos y bufidos de horrenda bestia metálica. Sentados vimos como se alejaba el último vagón en una humareda y pitidos anunciando como siempre que estaba llegando una vez más. No hablamos en todo el camino, y el susto no se nos iba por mucho tiempo. No podíamos creer de lo que nos habíamos salvado. De esto ni una palabra en casa, no sea que nos merme el permiso para volver otro día.-
    De todo esto me voy acordando mientras camino lentamente por la vía, o lo que queda de ella, mirando lentamente el piso, los desagües borrados, los rieles semiocultos en el yuyo, los durmientes que sólo asoman alguna esquina de tanto en tanto, me paro antes de llegar al puente, me acuerdo de la excavación y me cuesta encontrar el lugar donde estaría; una irregularidad del terreno con las barrancas borradas y cubierta de chañares, todo el terreno aledaño cubierto de ramas en un verdadero abandono. Por aquí más o menos habrá sido cuando el tren casi nos atropella. Me siento un rato y sueño. Cuando me incorporo veo semi-enterrada contra el borde de un durmiente, una bolita de vidrio de colores, un "bochón", como le decíamos entonces... y no sé si en serio o en broma me parece igual al que mi hermano siempre llevada en el bolsillo de su pequeño "jardinero".- ¿Puede ser? ¡ Claro que no ! ¡ a quién se le ocurre ! Encontrar una bolita así de aquel tiempo así sin más ... Pero no sé, me quedo pensando en eso y por las dudas guardo muy bien el bochón colorido de vidrio, y me pregunto: - Pero; ¿ Y ahora, habrá bolitas así ?- Un poco más y llego al puente. Sigue estando, incluso tiene agua, pero no están los ombúes y un ramerío de espinas cubre los costados del terraplén .- Espinas y cardos y rameríos enmarañados después de dos o más décadas de abandono. No es más que una ruina, nada que ver con aquello.-
     
     
    * de Celso H. Agretti celsoagr@...
    Avellaneda - Santa Fe
     
     
     
    *
     
    Queridas amigas, queridos amigos:
     
    El próximo domingo 26 de febrero del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música de la compositora brasilera Jocy de Oliveira. Las poesías que leeremos pertenecen a Gerardo Contreras (Costa Rica)  y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
     
    ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio  www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
     
    REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
    Cordial saludo!
    YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur.
    Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
    Tel. + Fax: 0043 662 825067

     
     *
    "Los días felices"*
     
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    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
     
     
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    #85 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
    Fecha: Vie, 27 de Ene, 2006 2:50 am
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    EL BENTEVEO*

       
      Él me escribió desde lejos "Recién bajé del techo, en mis meditaciones  sin resultado, pero había un gran murallón rosado de nubes altas que  absorbían la última luz del atardecer, y delante unas nubes con formas de algodones pero de un color gris acerado muy extrañas y lindas en su combinación".
         Claro, con un hombre de mirada celeste una se pasea con los ojos vueltos hacia arriba, y se termina por hallar en las alturas la maravilla, y también el espanto.
         En la esquina de San Martín y Suipacha, en un rincón de enmarañados cables eléctricos, en un primer piso abierto a soles y tempestades, desaliñado y frágil, un torpe nido de jirones arrancados a pasacalles
    albergaba un benteveo. Pequeño y gritón, el pajarito reclamaba al adulto que acudía con bichitos cazados a vuelo raudo.
         Nos detuvimos en la vereda opuesta sonriendo a la maravilla de la vida, en un mágico cuadro inmóvil. Una mujer en la única ventana abierta se peinaba sin prisa, y con brazo lánguido entregó al aire cabellos etéreos.
         Largo rato silencioso dejamos que la escena se desplegase para nosotros. Era un regalo inesperado, y nos retiramos con el recogimiento de un fiel que se persigna al traspasar las puertas de su templo.
         Retornamos, porque no se conforma la humanidad con entrever la obra de arte; buscamos vanamente repetir el asombro, y tal falta halla su castigo.
         El pajarito estaba quieto, colgante y deslucido, abandonado a la inclemencia de la muerte sin sepultura. En la fachada de persianas cerradas, la única ventana abierta era la de la mujer inmóvil, que nos miraba inescrutable.
       Deseé no haber visto el nido, deseé no saber que la vida es un milagro fugaz. Anhelé borrar el recuerdo, el canto de los benteveos, el saltito ratonil de los gorriones. ¿Con qué objeto escrutar los cielos, si han de repetir las decepciones de los llanos?
         No hubo lágrimas en mi rostro, pero lloraba.
         Que todo y todos hemos de desaparecer, lo sabemos. Que no hay justicia en la muerte, que el destino es un camello ciego, que la guadaña siega por igual las espigas maduras y los brotes tiernos. Lo sabemos.
         No me niego, sin embargo, a la humana indignación. He de llorar vana, inútil, humanamente por el pajarillo inerte.

      *de  Mónica Russomanno. russomannomonica@...

     
     
     
    Ahora ya hasta los parques son hostiles*

    Ahora ya hasta los parques son hostiles

    Todo me lo cambiaron.
    Los árboles, impíos, me aviolentan
    desde el faro impersonal de su estatura.
    No tiembla ni una hoja.
    (Pero ¿no eran los árboles
    movidos por el viento del otoño,
    mis viejos aliados?)

    No. No era esto. El verde
    es un verde yacente, casi decapitado.
    Ni una flor me amenaza
    con su efímero roce, con su breve fragancia.

    No consigo encontrarme.
    Todo me lo cambiaron.

    Hay viejos en silencio y bancos despintados
    y piedras que destellan y macizos de flores
    sin la antigua belleza que impregnaba sus pétalos.
    Hay niños bulliciosos y mujeres cansadas,
    y mientras, lentamente, el verano agoniza.

    No, no era así; los parques de otro tiempo
    solían ser refugio, atalaya, horizonte...

    Pero hoy los parques niegan ese ansiado consuelo.
    Tal vez sea yo el muerto.

    Ahora las piedras callan
    y los viejos, los bancos, los frondosos rosales,
    rechazan mi amargura con un rictus cansado.

    Todo me lo cambiaron y la tarde declina
    y la sombra insinúa el inflexible retorno.

    Todo murió y las calles
    (hoy de nuevo enemigas)
    van quemando la estela de ese amargo regreso
    al lugar donde yace mi cuerpo destronado.

    (septiembre 1992)
    *de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
     
     
     

       TANASHIO, SHESTA*

       
      No es imprescindible gritar para ser escuchado, baste sólo que deseen oirnos, quizás que nos amen.
     
        La mujercita decía suavemente, imperceptiblemente casi para los oídos ajenos "tanasio, shesta", y un hombrón de manos bastas llegaba con la cesta del pan desde las profundidades de la cuadra.
         "Tanasio, shesta", fórmula mágica, reclamo sutil, cinta invisible.
         Quizás dijese Atanasio, pero la delicadeza de su voz reducía el nombre a ese Tanasio seguido por el shesta, que era el pedido para que el panadero euskalduna llenase la cesta con el pan que se había acabado ya en el mostrador.
         Cómo desde tan lejos, desde el trabajo de los troncos alimentando el horno, desde las largas palas de madera, desde el duro amasado de la harina de la posguerra española Atanasio escuchaba la menuda voz de su esposa, lo explica sólo el invisible puente que tiende el amor entre seres distantes.
         En medio de la ruidosa reunión; cuando los invitados ríen, la música puebla el aire y las conversaciones saturan los rincones libres, la madre de pronto se pone de pie y afirma "el bebé está llorando". El bebé lejano, ese niño escaleras arriba, rodeado de almohadones y detrás de una puerta entornada llora. La madre es capaz de tejer el cedazo que le permite atender al vagido quedo. Escucha el lloriqueo y acude como todas las hembras han acudido al reclamo de sus crías tiernas.
         "Tanashio, shesta" decía la mujercita suave, imperceptiblemente. Su llamado ha viajado por el mar y el tiempo, ese otro océano; y ha llegado a este continente para que cincuenta años después Atanasio acuda con su cesta cálida de pan recién horneado.
     
    ( Como tantas veces, agradezco a mi madre que me ha regalado  historias, las cuales ha sido capaz de ver y contar).
                                                                             
      *de  Mónica Russomanno. russomannomonica@...
     
     
     
    *
    Cuando los hijos de mis hijos
     sean hombres
    y tengan mariposas de su infancia  . . .
     
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
     
     
     
     
    Pájaro abismal*
     
    Hay un pájaro de humo negro
    que da la vuelta al mundo.
    Y hay una planta aún más negra
    que envilece el agua, el aire...
    y crece, crece.
    Hay un pájaro de vuelo letal,
    pico letal,
    con los virus y anticuerpos
    necesarios,
    infundido ya, confundido ya,
    que da la vuelta al mundo.
    La polución del aire y la polución
    del pensamiento. La polución
    de la mirada y la polución
    de la costumbre. La polución
    del gen y la polución
      de las naciones.
    Hay un pájaro de humo negro
    que da la vuelta al mundo.
     
    *de Eduardo Dalter.  cuadcarmin@...
    HOJAS DE RUTA (1984-2004) Ediciones del Nuevo Cántaro. Buenos Aires, 2005
     
     
     
     
    DEL CONSUELO*
     
    Las playas topan de arena ambas bandas de la mar.
    Mar atravesada en pena. Salada a fuer de llorar…
     
    Podría contar el cielo, si le diera por hablar,
    lo que rezan estos versos del Poeta en su cantar:
      
    alguna vez en la vida podra su destino hallar
    el hombre, si es que no olvida todo el paisaje mirar…
     
    ni se ilusiona con mundos que talvez no ha de encontrar
    ni extraordinarios favores que lo hagan maravillar…
     
    allí encontrará –diría:  talvez pueda allí encontrar-
    la sed de nueva sequía, la dificultad de amar
     
    restos de antiguos naufragios que no lo han de alimentar,
    y templos ya sin sufragios a dioses que hay que olvidar…
      
    “Para esta vida, tan fea, es que crucé tánta mar,
    para que nada me sea como amé imaginar?”. . .

     
                                    -Hágase firme, y espere                                      
    total, ya sabe esperar.....
    La semilla que trajere,
    ya mismo, dése a sembrar
     
     Es, lo que la sangre empuja,
    lo que vale asegurar:
    el aire de la burbuja:
    ¡haber cruzado la mar!
     
    Ni el marino ni el velero:
    ¡el viaje!, va a germinar...
    No la piedra ni el hondero:
    la caza de su atinar
     
     El son de los instrumentos,
    lo que la voz, al cantar,
    dice de los sentimientos:
    ¡la luz!, en el despertar:


    ¡La mano, ya recibiendo
    a los que están por llegar,
    con el recibo, tremendo,
    de haber fundado un lugar!
     
    *de Horacio C. Rossi, en la terraza…  lacho51@...
     
     
      
     
    El silencio de Bolivia*
     
    Guijarros, aire del altiplano.
    Si los dejan.
    Si Bolivia canta, canta la Higuera.
    Sobre harapos y oro.
    Sobre sus ríos
    con burbujas muertas pedirán los pordioseros
     por la muerte de tanta muerte.
    Sobre un río de maíz
     coca y raza.
    Sobre las minas libres cantan nacidos libres.
    Propagan augurios los sicus al aire bien alto.
    No quieren dominio cruel de cañones,
     fusil y cruz prestada.
    Pequeños dioses de sus dioses.
     Guijarros,
    madera
    y Pachamama canta.
     
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
     
     
     
    Inclinación al vuelo*
     
    Escucha a Glen Gould, y las cadencias del piano se cuelan por las hendiduras de su regocijo. La música estremece su piel; le roza el alma y se precipita en arpegios  inquietando su sangre desamparada.
    Siente un impulso irracional al llanto y pugna por brotar desde sus entrañas la melancolía de los ángeles. Sus sentidos están exaltados: ella puede ver el color de los acordes, tocar el espesor de los sonidos, oler la fragancia de las notas...
    Improvisa alas en los pies y levita al compás de las emociones proyectadas en melodías.
    ¿Quién le recordará que debe bajar y hacer su felicidad con ingredientes de cocina y pompas de jabón para lavar la ropa?
     
    *de Lucia Díaz. ludiaz1@...
     
     
     
     La quietud de la noche*

    En la quietud de la noche
    contemplo el bello cielo
    y en mi alma fluye la paz
    que me llena de luz.
    La magia de la luna llena
    se esparce por los caminos
    colmados de brillantes chispitas
    que encienden las luciérnagas.
    Los ojos negros del silencio
    me miran con insistencia
    mientras mis gratos pensamientos
    inventan una historia colorida.
    Las estrellas pícaras me sonríen
    y pronuncian mi nombre
    porque guardan mis secretos
    en sus bolsillos plateados.
    Me convierto en un ave
    y vuelo hacia un lucero
    para cumplir mis sueños
    en la quietud de la noche.
     
    *de Griselda Garcia Cuerva.  mg_cuerva@...

     
     
     
    *

     
    Queridas amigas, queridos amigos:

    El próximo domingo 22 de enero del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música de la compositora brasilera Jocy de Oliveira. Las poesías que leeremos pertenecen a Gerardo Contreras (Costa Rica) y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
     
    ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
    REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
    Cordial saludo!
    YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
    www.euroyage.com
    Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg   AUSTRIA
    Tel. + Fax: 0043 662 825067 
     

     *
     
    Invitación al Club de socios de InventivaSocial
     
     Propuesta para el año 2006:
     
    -TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de correo.
     
    -Acompañamiento ( alteridad textual) en la escritura con tema propio o ejercicios de escritura.
    -La publicación en Inventiva de una breve antología virtual con sus trabajos.
    -Edición virtual de sus obras o textos extensos (libros ya editados) en las ediciones de inventiva.
    -El anuncio y respaldo de actividades culturales y/o editoriales que realicen.
    -Soporte ante problemas de recepción de las ediciones.
     
    La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10 Euros en el exterior.
    El pago puede realizarse desde cajeros de la red link o por giro postal dentro del país.
     
    Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
     
    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
    Editor de InventivaSocial. Plaza virtual de escritura
     
     
    "Los días felices"*
     
     No puedo dejar de recomendar la escritura transparente de Celso, su manera de pintar frescos, de fotografiar en palabras la historia propia que se parece mucho a la de cada uno de nosotros, con viejos o abuelos gringos que sudaban la gota gorda, que siempre hablaron en media lengua. El libro de Celso es de una belleza increíble. Muchos de sus escritos ya fueron leídos por los  socios de inventiva en el transcurso de 3 años de ediciones. Pero ahora están reunidos, sutilmente reescritos e ilustrados por él.
    Una sorpresa más.... hay comentarios recibidos desde la web. Me encuentro allí, encuentro a muchos amigos en la palabra diciendo cosas que Celso transcribe como anticipo casi al abrir el libro. 
    Disculpen mi inusual insistencia, pero quien pueda comprar el libro no se lo pierda.
    Promoción: Quienes compren "Los días felices" tendrán la posibilidad de ser nuevos miembros del club de socios de Inventiva Social sin costo hasta cubrir el importe total pagado con gasto de envio incluidos si corresponde. ( 10 meses quienes compren con gastos de envio, y 6 meses a quienes compren directamente el libro "en mano" )
     
    Para comprar el libro hay que comunicarse con el autor: celsoagr@...
     
    El costo total del libro con gastos de envío incuídos son $ 30.00 -TREINTA PESOS, enviado por contrarreembolso en CORREO ARGENTINO; (Costo neto $ 19.00 más gastos envío $ 11.00)
     
     
     
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    Página1
    "Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 
    En el cuerpo del e-mail, escribir nombres y apellidos y la ciudad donde residen.
     Además nos pueden leer en: http://www.theborderlinemusic.com/libros.htm
     
     
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    Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
     
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    Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
     
    Si Ud. no es suscriptor y ha recibido esta única edición por gentileza lea esto:
    si no desea recibir ningun envio futuro de gentileza puede enviar un mail en blanco son asunto: REMOVER a  inventivasocial@...
     
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    #84 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
    Fecha: Vie, 27 de Ene, 2006 1:42 am
    Asunto: ESE SABOR INESPERADO QUE DEVORA LA REALIDAD
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     La ternura de la niñez*

    Las risas en el parque
    le ponen música a la tarde
    y la luz de la alegría
    se refleja en la fuente.
    El murmullo de voces
    me transporta al tobogán
    donde descubro las ilusiones
    que se deslizan ante mis ojos.
    Las siluetas se sacuden
    y muestran su inocencia
    que viaja por el aire
    enredada entre los sueños.
    Las fantasías se desplazan
    por los senderos floridos
    que conducen a los juegos
    colmados de secretos.
    La ternura de la niñez
    le hace cosquillas a mis manos
    que acarician la esperanza
    florecida en el parque.

    *de María Griselda García Cuerva.
    mg_cuerva@...
     
     
     
     
    Ese sabor inesperado que devora la realidad....
     
     
     
     
      EL TIEMPO RECOBRADO*


         Era Euskadi, era la fábrica. Era el terraplén sobreelevado por donde las vías conducían el tren que llegaba a Francia  "madre, qué es ese ruido" "hija, es la guerra", y era la ladera que venía a morir en el muro.
         Y a morir vino el padre de una niña del colegio. No lo sabía él, pero a morir venía. Estaba ebrio, perdió pie y amaneció entre los hinojos y las rosas silvestres, los ojos asombrados por venir a acabar así, a la vera de la vía, recorrido el cuerpo blando por la sombra de las golondrinas. Margari lo vio, y no quiso más Margari hinojos en su plato.
         "No deseo hinojo madre, no me ofrezcas el hinojo fresco".
         Cuenta, canta José Pedroni en sus melancólicos versos, que Ana venía de Alemania en el barco, que a poblar las colonias venía, y vino a morir aquí, en un obscuro río, en una luminosa tierra que no cumplía su promesa de naranjales, que aquí vino a morir dice José, aunque no lo sabía ella, y cuenta o canta el poeta que su cuerpo no fue hallado. A buscar la pañoleta volvió al barco Ana, perdió pie, su cuerpito pequeño se deslió en el agua y se hizo blanda arena. Y dice el poeta "no pisar la arena blanda".
         Te ofrecerán acercar el sillón al televisor, y dirás "no, gracias", mientras tu padre blanco en huesos flota un momento, te mira con ojos ausentes, se desvanece. "No, gracias", dirás, "no, gracias".
         Y hallaremos siempre ese color, ese aroma, ese sabor inesperado que de pronto devora la realidad, destiñe los rostros, retrae el tiempo y estruja las entrañas. Nos aguarda, nos acecha, en cada polvoriento rincón, en cada son, dulce y feroz, un retazo de pasado.

                                                                                 
        *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...

     
     
     
    DE LA MANO*

         Mi madre pasea por Buenos Aires; ella, venida atravesando el profundo océano, ella que vio que el puerto se alejaba se alejaba, ella que por perder perdió un entero continente, que sufrió mayor derrota que Napoleón en Waterloo; ella pasea por Buenos Aires y es la anfitriona que extiende el brazo y señala y explica, tomando el extraño oficio de lugareña para los euskaldunas de visita en estas tierras.
          Mucho se podría decir de la emoción, del reencuentro, del medio siglo deslizado entre ellos, de las canciones que vuelven a atravesar la garganta destemplada, de los recuerdos. Pero aunque tanto habría para decir y narrar, me detengo en Arantxa y José Felipe, que puestos a caminar y a mirar se
    separan y se juntan, se desplazan a derecha o izquierda de mi madre, y en mágicos momentos confluyen y se toman de la mano.
         Ellos no se fueron, se quedaron en Euskadi a desovillar sus vidas, y realizaron a su modo muchos viajes por el tiempo y por los momentos blancos y los momentos negros, engendraron hijos, y transcurrieron lado a lado disfrutando y soportando, y hallando la forma de que, al cabo de los años, mientras se ponen el traje de turistas, sus manos se encuentren firme, tiernamente, casi sin que ellos lo noten.
         Yo en Santa Fe estoy mirando la televisión, y en la pantallita titilante le hacen un reportaje a una actriz, Nora Cárpena. El aire tiembla de calor, el ventilador gira perezosamente, estoy adormilada pero una pregunta reenciende la vela de mi atención.
        La actriz había relatado una noche gloriosa, en que el público saludó la apertura del telón con un aplauso tan prolongado que no podían comenzar la obra, sus palabras se perdían en el estruendo de la ovación anticipada.
    Ahora el entrevistador le pregunta cuál fue la mejor noche de su vida. Esa, me digo. Esa habrá sido la mejor noche de su vida, qué otra.
         Nora Cárpena dice con los ojos brillantes "la noche en que Guillermo me dijo que yo era su mujer". No es joven Nora, no es un niño Guillermo.
    Atravesaron sus propios mares tormentosos. Pero -dice ella, -aún en esas ocasiones cuando tengo ganas de matarlo, recuerdo aquella noche en que me dijo por primera vez que yo era su mujer.
         En Buenos Aires, Arantxa y José Felipe reciben mensajes de sus nietos, y se toman de la mano. Yo, en Santa Fe, mientras escucho los chirridos de los murciélagos en la noche, celebro que existan en el mundo personas afortunadas.

                                                                                
     *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...




    El día del reencuentro*
     
    Esa mañana abuela Carmen, decidió desayunar en el jardín de atrás, recibiendo el calor reparador del sol entre las plantas y el aroma de las mandarinas silvestres; gozaba su boca el sabor de la leche endulzada con miel y la miga del pan recién amasado.
    La sombra del abuelo andaba por los campos, entre los trigos, alejando gorriones.
    A la hora del almuerzo, comió tomates de su huerto bajo la pérgola de glicinas, oyendo la música del agua en  las acequias, mientras su piel morena acogía el frescor de la brisa.
    Pero cuando la tarde era aún una obstinación de rojos, apresurada fue hasta la ventana del cuarto, y al abrir las persianas, respiró profundo para calmar la inquietud de su corazón. Fue entonces cuando lo vio acercarse por el sendero, entre los árboles.
    -¡Francisco!- exclamó, y sus ojos complacidos indagaron la figura que se aproximaba.
    Las luces del día buscaban sosegarse paso a paso, dejando que las sombras penetraran a la calma de la noche y que la luna comenzara a iluminar el manzano que ya no florecería más. El abuelo vino a buscarla en su caballo níveo, la tomó de la cintura y subiéndola a la grupa del corcel, partieron ambos hacia el horizonte de azules y violetas.
     
    *de Lucia Díaz. ludiaz1@...

                       
         
               
    ¿Lobo Estás ?*

    De chico, en las barrancas de Mar del Plata, se me aparecía el lobo feroz. Unas veces llevaba sombrero de paja y otras un bonete de payaso por encima de las orejas negras. Tenía una boca muy grande con unos dientes largos y filosos para comerme mejor. No me asustaba realmente. Por la espalda me corría un cosquilleo de excitación, un sobresalto de alegría pecaminosa. Mi padre dejaba la bicicleta en el suelo y fingía correrlo a pedradas. "¡ Allá va, allá va !", gritaba y tropezaba en los pozos de la playa. No había bañistas porque ya era otoño y el sol se volvía mezquino.
    En la casa de mi madre encontré unas fotos de aquella época en el barrio de Los Troncos. Algunas están coloreadas a mano y otras guardan el sabor de tiempos irrecuperables. Pura sensiblería de carton desvaído. El láser las agranda, las mejora, pero les quita la poca vida que tienen en la pátina original. En una toma, mi padre y yo estamos en la playa, él de campera negra y pantalones anchos que ondulan al viento y yo con un bombachón amarillo que me sitúa a caballo entre dos épocas. no le llego a la cintura y señalo algo que está fuera de cuadro. Tal vez el lobo que nos acecha entre los pastizales. Un lobo feroz, necesariamente. No sé si es el de Tex Avery o el más vulgar de Walt Disney, pero no importa. Es el primer personaje que cuenta en mi vida.
    Mi padre le tiraba piedras o lo corría con la zapatilla, según dónde nos sorprendiera. A veces, mientras bajábamos en bicicleta la loma de la calle Alvarado, el lobo cruzaba por la esquina de Obras sanitarias y yo daba un grito para que mi padre soltara el freno y se largara a perseguirlo. Y allí íbamos, piñon libre y melenas al viento, detrás de una quimera que salía en las historietas. Yo conocía el nombre de mi sueño; ¿sabía mi padre cuál era el suyo? Apena lo intuyo sin llegar a entenderlo: ya era mayor pero no había madurado. Hablaba con el oso y se peleaba con el lobo para divertirme a mí, pero una parte suya aún buscaba enfrentarse a los dragones de fuego. Podía ser desopilante. se sentaba frente a mí y me decía, serio como un escritor nacional: "Recién venía por el bosque y me topé con el lobo." No sé qué le contestaba yo mientras me miraba a los ojos y empezaba un cuento interminable y confuso. No tenía ningún talento para narrar fantasías pero era un campeón en el arte de la sorpresa. Metía la mano en el bolsillo y sacaba boletos viejos, cajitas de fósforos, monedas y tornillos perdidos. Su intención era transfigurar el universo, convertir esas chucherías en brujas y fantasmas, en gnomos y duendes que llenaran el vacío de los juguetes que no podía comprarme.
    Recuerdo , sí, una armónica italiana que debía de ser el objeto más valioso de la casa. Mi padre tenía veleidades de melómano y habrá pensado que aquel regalo me acercaba un poco al arte barroco. De muy joven él solía ir al Colón y siempre escuchaba música clásica por la radio. yo, en cambio, al segundo día de tener la armónica la metí en el agua de la bañadera y soplé para ver cómo las burbujas salían por el otro lado. Me da risa cuando pienso en mi padre y su música barroca porque en realidad se aleja para siempre de ella. Va a quemar sus ilusiones en el desierto de San Luis. Corre a hundirse en calles de tierra, a perseguir vinchucas con un farol a querosene. a mí me dice que escapamos del lobo feroz, pero ¿qué se dice a sí mismo? Vuelvo a preguntarle a mi madre por qué el hombre que diseñó las cañerias de Mar del Plata se larga, de pronto, a tierras de olvido. Ella tiene la memoria confusa pero está claro que aborreció aquel momento y a aquel hombre. Fue a sacar los pasajes de ida solamente y en la ventanilla un tipo del ferrocarril le preguntó qué diablos íbamos a buscar a la montaña cuando el futuro estaba allí en Mar del Plata. mi madre no supo qué contestar, pero registró para siempre el instante en que se terminó su juventud.
    En los cajones de una cómoda tiene, sin saberlo, algunas claves. Encuentro una foto en la que un montón de gente posa de pie, como en las despedidas de los inmigrantes. Entre esas figuras desenfocadas por el tiempo y la borrachera del fotógrafo, están las nuestras. Mi padre tiene una sonrisa beata, mi madre está perdida entre otras mujeres y abajo, el único sentado soy yo con casi cuatro años y pantalón largo. Al dorso del retrato dice el año: 1946. Nos vamos. Esa tiene que ser la fiesta de mi primer adiós.
    ¿De qué lobo escapamos? ¿Del casino? ¿De las deudas? ¿De los recuerdos? Una de mis tías atribuye el insólito movimiento de mi padre al triunfo de Perón, que en esos días asume la presidencia por primera vez. Dice que pocas veces ha conocido una persona con tanto encono por el líder. tal vez haya hecho proselitismo por la Unión Democrática y temiera quedar marcado por el nuevo gobierno. No sé. No me convence la hipótesis pero no tengo otra mejor. en esos días mi lobo feroz se escondía entre los muebles desarmados y los cajones de la mudanza. Creo que sus ojos brillaban en la oscuridad mientras mis padres discutían en el comedor. Me habían contado tantos cuentos diferentes sobre el lobo que me costaba saber quién era. Se tomaba todos los helados que quería, salía a pasear en monopatín, tenía tres o cuatro bicicletas y se comía a la gente más detestable. Entonces, ¿por qué decían que era malo? Muchas veces íbamos a buscarlo al bosque de Peralta Ramos. Atravesábamos la ciudad y nos internábamos entre la arboleda armados hasta los dientes. A mi padre, que era grande y fuerte, le bastaba esgrimir el inflador de la bicicleta. En cambio yo llevaba el revólver de Tom Mix y un cuchillo de bucanero. En viejas postales de Mar del Plata se intuye el clima de aquellos días: la gente parece mayor, los hombres y las mujeres llevan sombreros y casi todos fuman sin miedo. Entre las hojas secas era fácil encontrar preservativos anudados y montones de piñas que mi madre juntaba para encender el hogar.
    Era una dulzura Mardel Plata con aquellos acantilados, las calles arboladas, el tren a horario y mi padre mirando por el teodolito. Tantos lobos feroces corrían por las calles y los fondos que a un paraje de la costa le habían puesto el nombre de Barranca de los lobos. en ese lugar trabajaba mi padre con sus obreros españoles, polacos y franceses. En el fondo, yo sabía que ese nombre se debía a otros lobos, unos gordinflones sin gracia que flotaban en el mar y dormían en la escollera. cerca del faro, donde ahora están las playas elegantes, vivían el gorila, el tigre, el elefante y todas las brujas del averno. Ahí sí que no nos animábamos a acercarnos. Contaba mi padre que el propio King Kong, abatido en el Empire State, había tomado el gigantesco faro. Desde esas ventanas iluminadas nos observaba día y noche para saber si nos portábamos bien, si le hacíamos caso a mamá y aceptábamos sin chistar la sopa y la siesta. En esas costas de casas bajas y desde mi bombachón amarillo, la torre parecía tocar el cielo. allí estaban encerrados los verdaderos misterios, esos que nunca descifraremos aunque pasen los años y creamos haber desafiado los sotaventos de todos los mares.
    Y de pronto mi padre desarma los muebles, baja los cuadros y me pregunta si quiero que el lobo venga con nosotros. me hace algunas muecas sin gracia, el tonto de capirote. promete barriletes y me cuenta de trenes nocturnos, payasos ambulantes y un Ford a bigotes que nunca será nuestro. No quiere que llore. Trae un mapa de la República y pone el dedo allá arriba, lejos del mar. Ni siquiera sé que cosa es un mapa y menos una república. Vamos a hacerla, dice, y va a estar llena de lobos feroces, gatos parranderos y caperucitas distraídas. Imagino que la promesa me tranquiliza. Un día antes de la partida, el coronel Perón habla por radio y San Lorenzo ya se perfila campeón. Mi madre acomoda la ropa en vastos cajones y mi padre anuncia que el lobo en persona manejará el tren hasta San Luis.

    *de Osvaldo Soriano (1944-1997)
    "Piratas, Fantasmas y Dinosaurios"  Editorial Norma, Bs As. edición de 1996.
              
     


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    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
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    #83 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
    Fecha: Dom, 15 de Ene, 2006 3:17 pm
    Asunto: SOMBRAS DEL VIAJERO QUE RETORNA
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    EL GRIS*
    (Blues del viejo barrio)
    
    
    Resuenan los zapatos contra el gris,
    el monótono acorde acompasado
    del que retorna viejo y fatigado
    a las calles que un día le miraron
    partir con su mochila de ilusiones.
    
    Han cambiado los nombres de las plazas,
    los juegos de los niños y los pájaros,
    las luces de neón, los automóviles,
    permanece el gris, sólo el gris...
    
    El barrio es otro y es el mismo:
    los mismos perros en los mismos parques,
    idénticos ladridos atronando
    sobre el gris, sobre el gris...
    
    Volver es un catálogo
    de olvidos y de ausencias:
    Huellas sutiles que el pasado
    dejó en el gris, el gris...
    
    Un suspiro es la suma
    del tiempo transcurrido,
    de las noches perdidas
    bajo el gris, bajo el gris...
    
    Se oye el paso cansino contra el gris,
    la sombra de un viajero que retorna
    fundiéndose en la niebla, recayendo
    en la quietud estática del gris.
    
    
    *De Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
    http://www.aragonesasi.com/sergio
    http://al-andar.blogspot.com/
    
    
    
    
    Sombras del viajero que retorna...
    
    
    
    ZARANDEO*
    
    
          Es Mar del Plata. Es enero. Es la migración anual de los
    bañistas.
          Los turistas nos movemos en masa, avanzamos de a grupos
    coloridos, nos frenamos en los semáforos o desafiamos a los
    automóviles confiados en que los conductores se atemorizarán frente
    a la multitud cargada de sombrillas, bolsas, termos, esterillas
    playeras, sándwiches derretidos, niños rezongones.
          Nos movemos como (con perdón) las ovejas. La comparación es
    inevitable porque de lejos las voces llantos y carcajadas son un
    balido indistinguible y caleidoscópico. Desde la habitación del
    hotel parece escucharse el ruido de las mareas pero es en realidad
    el rumor incesante que llega en oleadas que fluyen y confluyen y
    golpean y se retiran y suben y suben y no acaban, no hallan reposo.
    Unas mareas emergentes como humo sonoro, una nube formada por
    millares de voces que imitan el mar.
          Todo está en venta. Igual que en la gruta de Lourdes donde el
    pesebre funciona metiendo la moneda en la ranura y los angelitos
    suben por las paredes o los castillos se iluminan; las estatuas
    vivientes se animan con monedas, los malabaristas callejeros lanzan
    sus antorchas al aire por monedas, los cuentistas profieren sus
    chistes, los cantantes con micrófonos fatigados se desgañitan por
    monedas, las gitanas agresivas lanzan sus maldiciones por las
    monedas no dadas, los ancianos sin brazo agitan su latita, los
    cuidadores de autos revolean el trapito amarillo mientras lanzan
    reclamos roncos, los choclos salen del agua hirviente, los aviones
    remolcan sus carteles aéreos, sale el alfajor de su sueño en el
    estante, piruetea el lobito marino azul rosado o violeta antes de
    reposar en la bolsa de regalo.
    Todo por monedas.
          Siento que el suelo se agita, que todo el suelo de la ciudad se
    mueve constantemente cribando los sueldos que escapan de los
    bolsillos con la boca abierta. Y las monedas caen, caen, caen por el
    zarandeo. Si de pronto me hallo en una plaza frente a la estatua de
    San Martín, y busco sin darme cuenta un sombrero, una alcancía,
    algún agujerito donde introducir la moneda que lo anime para que me
    salude con la espada.
    
    
    *De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
    
    
    
    
    Los hielos del verano,  por Beatriz Sarlo*
    
    
    Las vacaciones de la infancia pasaban a la sombra de la higuera, con
    libros de aventuras. Al calor de la siesta cordobesa, imaginando la
    expedición polar narrada por Julio Verne.
    
    
    POR BEATRIZ SARLO*. bsarlo@...
    
    
    En vacaciones se leían los libros que se habían recibido de regalo,
    los que se pedían prestado o se encontraban casi por casualidad.
    Había un poco de todo, porque los padres no acertaban siempre, y las
    intuiciones infantiles tampoco. Pero cada uno de esos libros, de
    todos modos, era leído hasta el final. La idea de abandonarlo por la
    mitad resultaba una especie de insulto al objeto, a la persona que
    lo había traído, incluso a uno mismo, porque quizás uno fuera
    todavía indigno de ese libro. De todos modos, había pocas
    desilusiones y grandes aventuras.
    
    Una higuera de higos blancos le daba sombra a un banco de madera. De
    esa sombra se decía que era enfermiza, aunque nunca hicimos caso de
    esa advertencia botánica o, simplemente, supersticiosa. El lugar era
    incómodo porque los higos maduros, que se aplastaban contra el piso
    de tierra y no podían comerse, atraían las moscas y las hormigas;
    además, las hojas de la higuera eran grandes, pero no tupidas, y los
    rayos del sol iluminaban con demasiada vehemencia a la hora de la
    siesta. Una garantía para que nadie viniera a molestar.
    Debajo de esa higuera leí Las aventuras del capitán Hatteras, la
    novela de Julio Verne. Todavía hoy me pregunto cómo hacía para
    atravesar los capítulos de esos libros de viajes y exploraciones,
    donde decenas de términos de navegación ni siquiera eran buscados en
    el diccionario, sino que simplemente se tomaban como objetos
    marítimos de uso desconocido de los que sólo podía imaginarse que
    eran necesarios para manejar un barco.
    El capitán Hatteras era un explorador inglés del polo norte, un
    hombre misterioso aunque de transparente patriotismo imperial
    británico, que a mí me tenía sin cuidado porque ni siquiera me daba
    cuenta. El personaje no se revelaba hasta la página 50, porque había
    embarcado bajo el disfraz de un marinero raso, y tomó el mando de la
    nave recién cuando alcanzaron la zona de hielos árticos. Ese hombre
    duro y enérgico que, para comprobar el temple de sus subordinados,
    se había escondido durante varios meses, estaba poseído de una
    voluntad tan glacial como los hielos que, a partir del invierno,
    rodearon su barco, que quedó anclado en medio de una planicie helada.
    
    La nave transportaba comida y carbón para varios años, lo cual le
    daba una dimensión infinita y metafísica al viaje. Más que una
    navegación hacia el polo (al que finalmente llegaron, creo) era una
    aventura entre icebergs y desfiladeros donde el agua de mar se había
    vuelto sólida y se cortaba a pico en vetas azules o tornasoladas,
    como un glaciar. El barco quedaba apresado por toneladas de hielo;
    por las extensiones de mar helado se arrastraban los marinos y el
    perro hirsuto del capitán. La tripulación se enfermaba de una
    dolencia debilitante y desconocida (para mí), que Verne designa con
    la palabra escorbuto, cuyo nombre me resultó tan elocuentemente
    amenazador que tampoco lo busqué en el diccionario.
    
    En Las aventuras del capitán Hatteras hay muy poca variación, ya que
    se repite, de capítulo en capítulo, básicamente lo mismo: extensión
    enceguecedora de nieve petrificada, completa oscuridad durante los
    meses invernales, auroras boreales, crujidos de la embarcación en el
    silencio del desierto blanco, hambre, congelamiento, extenuación y
    enfermedad. Cuando las cosas se volvían incomprensibles, el médico
    de la expedición las explicaba con sencillez en páginas que, además,
    podían saltearse. Debajo de la higuera cordobesa, escuchando el
    zumbido pegajoso de las moscas, yo avanzaba con el capitán Hatteras.
    Hoy me doy cuenta de que la novela era una especie de Moby Dick para
    niños, porque Hatteras perseguía el centro polar con la misma
    monótona pasión con que el capitán Ahab perseguía la ballena blanca.
    Pero sin odio, simplemente animado por la obsesión aventurera.
    Atontada por el calor, me identificaba con los expedicionarios y, al
    mismo tiempo, disfrutaba con sus padecimientos. Me comportaba como
    un lector típico que simpatiza con los personajes porque sabe que
    está a salvo de los peligros que ellos corrieron.
    
    *ESCRITORA Y ENSAYISTA
    -Fuente: diario Clarín
    http://www.clarin.com/diario/2006/01/15/sociedad/s-01124618.htm
    
    
    
    
    CURA*
    
    ÉL es un mar viviente verde.
    Ella lo nada, se hunde, respira en los abrazos de las hojas.
    
    El hombre llegado desde el naufragio, la bebe, la alisa, la cubre del
    arañazo de las ramas.
    
    
    La mujer busca  esa señal, ese brillo. Se repliega para envolverlo.
    El hombre  se expande, dispuesto a preñarla a fructificarla, a
    hacerle
    saltar hijos, pajaros, palabras.
    
    
    Bordean lo blanco
    
    Son juntos, la herida y el remedio.
    
    
    *de Cristina Villanueva. pluma@...
    
    
    
    
    Y por tu primavera...*
    
    Paloma;
    lágrima en un jagüel quebrada por la historia
      por tu primavera negada
    en coraje de cordillera.
    
    Quién vivó tu risa
      vivió tu vida.
    Paloma,
    vientre con cebolla dolida
      es mi recuerdo
    cuando dolían tus cabellos.
    
    Hay Anas y Omares en tus amares y mares.
    Hay un poeta que sangra
    cuando llama  tu ausencia.
    
    Porque hay niños
    Paloma
    que fuimos,
    que fuimos sin irnos.
    
    Una vez
    un látigo hizo sepulcro en la primavera
      de mi memoria.
    
    Paloma
      fecundaste un río con tus alas
      en el nombre
    de quién te nombra.
    
    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
    
    
    
    
    ENTREVISTA A NICIA GRILLO, NARRADORA BRASILEÑA DE FABULAS Y LEYENDAS
    POPULARES
    
    "Los cuentos tradicionales transmiten valores que estimulan la
    reflexión infantil"*
    
    
    Con su trabajo, los chicos aprenden sobre sus propias dificultades y
    fortalezas. También estimula una buena lecto-comprensión y la
    capacidad creativa.
    
    *Alejandra Toronchik. atoronchik@...
    
    Nícia Grillo tiene una especialidad poco frecuente: cuenta cuentos.
    No es una actriz, ni una intérprete preocupada por embellecer sus
    narraciones. Ni elige cualquier clase de cuentos: sólo las leyendas
    populares transmitidas de generación en generación, los cuentos
    folclóricos de cualquier país, las
    fábulas y leyendas son, para ella, una precisa herramienta. Un
    trabajo para estimular en los chicos aspectos que cualquier maestro
    desearía en su clase: una buena lecto-comprensión, la capacidad de
    reflexión y expresión y la creatividad.
    De paso por Buenos Aires, donde ofreció una charla junto con otros
    educadores, la brasilera Nícia de Queiroz Grillo contó a Clarín cómo
    funciona la escuela que ella misma creó en los años 80: la Escuela
    de Arte Granada.
    Enclavada en la localidad de San Pedro, cerca de Río de Janeiro,
    allí se trabaja "con narraciones tradicionales, porque ellas guardan
    la memoria viva de cada pueblo. En ellas hay una cantidad de
    sabiduría acumulada a través de los siglos. Dentro de las
    narraciones originales circulan valores, modelos, información. Eso
    sí: usamos sólo las versiones tradicionales -advierte-.
    Porque las otras, las modernizadas, transmiten información
    adulterada".
    Un ejemplo es el cuento de Cenicienta (que tiene más de 500
    versiones alrededor del mundo), y que para Occidente termina cuando
    La Chica se casa con El Príncipe. "¡Muy consumista! Te enseña que si
    ya conseguiste un príncipe no te hace falta crecer, ni aprender, ni
    mejorar, ni hacer nada.
    ¡Pero las verdaderas historias no terminan ahí! La heroína o el
    héroe tienen que enfrentar muchísimas dificultades, volverse
    fuertes, enfrentar a personajes malos (que reflejan cosas que todos
    llevamos dentro). Y aprender, para recién entonces poder compartir
    la vida con un príncipe o una princesa
    verdaderos. Si no aprendió, si es ignorante o caprichoso, ¿qué puede
    hacerse con una pareja así?".
    Para trabajar el precioso contenido de estos cuentos, Grillo fue
    impactada en los 70 por el concepto de educación por el arte,
    delineado por Herbert Read. Y que usa el texto, la música, la
    pintura, la expresión corporal, el teatro, los juegos, porque el
    ejercicio de estas disciplinas mejora la capacidad cognitiva de las
    personas.
    "Para poder montar una obrita de teatro, para pintar o entonar, uno
    necesita desarrollar la observación, conocer sus cinco sentidos,
    usar su percepción, concentrarse, imaginar o reflexionar. Necesita
    ensayar, experimentar, descubrir, repetir: y esos son justamente los
    pasos de cualquier aprendizaje
    (ver Cómo trabajar con...)", explica.
    Con unos 30 chicos de 3 a 7 años que pasan cada temporada por la
    escuela, profesores que han sido capacitados en estas técnicas y
    hasta adolescentes con quienes trabaja, específicamente, en la
    prevención de adicciones, Grillo consigue uno de sus objetivos
    centrales: "que los niños sientan pasión por
    aprender, que quieran saber siempre más".
    Una manera de constatar el buen funcionamiento de esta tarea llega
    cuando los mismos chicos incluyen parte de los personajes o
    reflexiones de los cuentos en sus propios juegos.
    "¡Se identifican con los personajes y hay que ver cómo discuten y
    opinan! -ríe Grillo-. Pero al reflexionar así sobre el cuento,
    aprenden a reflexionar sobre sí mismos. O adquieren ideas sobre cómo
    cambiar cosas en su vida: porque las historias muestran líneas de
    superación, solución de problemas, algunos recursos, ejemplos sobre
    amistad, solidaridad, saber elegir o entender el tiempo y el lugar
    adecuado para las cosas.
    Los ejemplos son miles: "por ejemplo, los relatos bíblicos: cuando
    un niño tiene miedo ante algo que es muy grande, y se acuerda de
    David y el Gigante Goliath, sabe que una vez hubo un chico que tuvo
    fuerza, coraje y utilizó sus propios medios para superar las
    dificultades. Daniel en la Cueva de los leones, es un niño que no
    tuvo vergüenza de su propia opinión en una época en que estaba
    prohibido pensar como él. Al narrárselas, los vamos llenando de esos
    términos de referencia, que usarán cuando los necesiten: ¡es como
    tener plata en el banco!- concluye-. Y los apoyamos no para que se
    conviertan necesariamente en artistas, sino en personas que sepan
    mirar, respetar la naturaleza, reconocer la belleza, tocar a otro
    con habilidad, o conversar. Artistas no de una disciplina sino de su
    propia vida".
    
    
    *
    
    La experiencia en la Argentina
    
    Mariana Fernández se formó en la Escuela de Arte Granada y en la
    Fundación Girasol, donde los principios de Grillo se aplican en la
    prevención y recuperación de adicciones. Además, enseña escuelas
    humildes y da talleres para docentes en el Centro de Investigación
    Educativa (CIE), en el partido
    de Esteban Echeverría. "Partimos de la hipótesis de que las
    historias nos dan herramientas o determinan decisiones que tomamos
    al crecer".
    Fernández relata un ejemplo de su experiencia con un quinto grado de
    una escuelita en la localidad de 9 de julio, con chicos que tenían
    profundos problema de expresión oral y escrita.
    "Trabajamos el cuento del hombre que se repetía a sí mismo que tenía
    mala suerte. Tan convencido, tanto lo repetía, que finalmente todo
    le salía mal.
    Y estos chicos hacían lo mismo: se repetían a sí mismos no puedo, no
    sé, no consigo, me da vergüenza -relata-. En el cuento se dieron
    cuenta de lo que hacía el personaje. No necesitamos decirles: '¿ven?
    Ustedes son como él'.
    Simplemente lo contamos, diferenciamos las acciones, personajes,
    lugares. Y el cuento, como entra por otra vía, ellos no reaccionan
    como reaccionan siempre y pueden salirse del padrón habitual". Ante
    el asombro de sus docentes, chicos que casi no hablaban peleaban por
    contar su versión, sin omitir detalle.
    Según Fernández -quien también enseña en el Instituto Municipal de
    Educación por el Arte (IMEPA) de Avellaneda- "a través de la
    metáfora los chicos elaboran cosas difíciles de trabajar de manera
    directa".
    Y relata la historia de una nena con mutismo selectivo, que pedía
    que le repitieran el cuento de una chica que podía transformarse en
    árbol. "Un joven la vio y se enamoró de ella y le pidió que se
    transformara en ese árbol tan bello, que él, en su ansiedad, se
    acercó y rompió ramas y flores que dañaron el árbol y, por lo tanto
    a la muchacha. El joven tuvo que hacer un viaje donde aprendió
    muchas cosas y consiguió una pócima para curar al árbol. Y recién
    entonces pudo volver con su amada. Esa niña volvió a hablar.
    Y lo primero que dijo es que ella se sentía parecida al árbol".
    
    
    Cómo trabajar con los chicos
    
    Algunas de las claves de su trabajo son:
    "Nosotros trabajamos un mismo cuento durante semanas, o un mes
    entero, tomando distintos aspectos de cada historia. Los chicos los
    dibujan, hacen collage, teatro, le ponen música, hacemos un librito
    entre todos, expresión corporal, o cerámica. O lo que ellos
    propongan. Y luego acompañamos la reflexión: ¿Qué piensan de este
    personaje? ¿Por qué hizo tal cosa?
    "Nos preocupa el analfabetismo funcional: esa gente que sabe leer y
    escribir pero que no comprende lo que lee, y arrastra eso hasta la
    universidad.
    Entonces les pedimos que digan algo sobre la palabra 'magnánimo',
    por ejemplo, que aparece en un cuento. Y buceamos adentro".
    "Hay gente que confunde obediencia con sumisión. O tienen prejuicios
    sobre palabras como inocencia, familia, niño, princesa, viejos,
    pueblo... ¡Hay quien no le gusta la palabra aprender, porque le
    enseñaron que es humillante no saber! Entonces, hay que limpiar,
    restaurar las ideas.
    
    *Fuente: diario Clarín
    http://www.clarin.com/diario/2006/01/15/sociedad/s-04615.htm
    
    
    
    
    El mandato de la sangre*
    
           *Por Luis Novaresio. lnovaresio@...
    
    Fue el primer llamado de la sangre. Todo un signo, ¿no?. Me
    preguntaste si sería todo un signo. Y yo me imaginé una metáfora
    hecha gesto que te unía a la sangre de ella, de tu madre. Nada que
    ver. Me dijiste que nada que ver. El llamado de la sangre fue cuando
    ella, mi vieja, pegó el grito y me dijo que le alcanzara una toalla,
    que no me asustara, que le avisara a mi padre para que la llevara al
    Hospital Italiano. Creo que al Italiano. Pero que llamara a mi
    viejo, me contaste, que le salía sangre de su nariz, eso sí que era
    cierto.
    La sangre tira, dice la sabiduría popular. Nunca imaginé que tirar
    era empujar a la angustia. Hacia el abismo del miedo de alguien
    invencible que sangraba. Tu madre, me decías, es la diosa invencible
    que puede. Puede todo. Puede hacer esos tallarines con sólo abrir
    una alacena y golpear harina hecha masa. O puede, con esa misma
    harina, hacer budín inglés sin frutas abrillantadas y espantosas, si
    a nadie le gustan, yo no sé para qué se las ponen. Puede llevarte al
    club, ella puede llevarte a la plaza, a la casa de tu amigo de la
    cuadra. O puede no. El poder de una madre no sólo es el poder sino
    el poder no poder. Poder no querer. Poder no dejarte. Puede
    convencer a tu viejo, puede mejorar una mañana de lluvia. O puede
    no, todo eso. Poder de madre. Por eso es que uno no sabe qué hacer
    cuando las ves sentadas en el baño, pálidas, al borde de ser
    vencida, pidiendo una toalla, a su esposo, a un médico. Más tarde
    fue saber que las hemorragias nasales son la herencia mediterránea
    de los abuelos piamonteses que abandonaron las alturas de los Alpes,
    en donde la nariz no se lastima, para venirse a la ciudad del río
    color marrón en donde se viene a hacer la América. Se hereda. La
    enfermedad se hereda. Pero vos me contaste que no te tocó tener esas
    manchitas rojas en la nariz, en la cara, en donde sea y sangrar
    porque sí, por la emoción, por el dolor, por lo que sea. La
    enfermedad no. El resto, sí, me dijiste. El resto sí se hereda.
    Hoy me reí mucho, me dijiste. Pensé en algún festejo especial que le
    estuvieras preparando por su cumpleaños. Nada que ver, me dijiste.
    Me reí leyendo a los funcionarios de educación que dicen que van a
    cambiar el sistema para mejorar la enseñanza. Y pensé en la vieja,
    me dijiste. En todas esas mujeres como mi madre, de su edad, de su
    esfuerzo de su generación, que nos enseñaron sin tanto discurso
    alambicado lo básico que la educación hoy desconoce. Nuestras viejas
    no sabían de interacciones coadyuvantes de nuevos intersticios
    transversales que llevara a los educandos a nuevas miradas del
    conocer. Ellas tampoco sabían de nuevas pedagogías. Sin embargo,
    fueron capaces de recorrer con convicción el camino dándonos la
    mano. Porque eso hizo ella. Darme la mano en medio de la oscuridad
    que era esa nueva experiencia, ese parto al saber. Me acuerdo que
    vos me contaste que el inicio de todo el pensamiento griego sobre el
    que hasta hoy se sostienen las columnas de mucho saber occidental
    fue el hacer de la partera madre de Sócrates. El que murió con un
    sorbo de cicuta dijo que aprendió todo de su madre. Ella no daba
    vida: apenas si la ayudaba a nacer. El no enseñaba: apenas si
    ayudaba a dar a luz al conocer. Ni ella ni tantas como ellas estarán
    en los libros de la historia nuestra. Y merecería. Vaya si lo
    merecerían. Fueron paridas cuando hacía poco que al Peludo lo había
    volteado el primer golpe de la historia. Vieron nacer, a poco de
    haber nacido ellas, el movimiento del general y la artista que
    proponía hacer escuchar la voz de los grasitas. Es cierto que había
    en los dos bandos. Del lado de la abanderada de los humildes, de las
    que lograban su primera maquina de coser, su sidra y su sensación de
    haber sido tenidas en cuenta por primera vez en la gloriosa historia
    nacional. Y del lado de la Unión Democrática, de los contreras que
    se negaban a saber de la razón de la vida de ésa, de no hacerse
    argentinos para conseguir un trabajo en el Estado.
    Mi vieja, me contaste, no se quiso poner el luto cuando murió Eva.
    Iba a la escuela y por decreto difundido en cadena nacional el
    crespón negro era imprescindible para entrar al aula. Yo no creo que
    haya sido gorila. O tan gorila, al menos. Te reís. Lo que la movía
    era la sangre gringa de negarse a la imposición. Sé que nunca creyó
    que el cáncer había ganado. Si sé que ni ante la muerte creyó en la
    obediencia debida. Y a la escuela, claro, no pudo entrar. La misma
    escuela que nuestras viejas conocieron (¿padecieron?) manejadas por
    monjas, catecismo a la mañana, promesa de infierno eterno por sólo
    el pecado de pensamiento, ducharse con camisones si les tocaba ser
    pupilas. Y, sin embargo, la marca que le dejaron fue menos fuerte
    que sus genes. Cuando yo tuve que tomar la comunión, hoy me lo
    acordaba, ella advirtió que plata para el uniforme no había. Hasta
    que llegamos a octubre y el cura repartió las tarjetitas para ir a
    comprar el saco y el pantalón gris, el moño blanco, el misal forrado
    en cuero claro. Ya dije que no, recordó ella. Aquí se hace lo que
    manda el altísimo, advirtió una colaboradora del sacerdote que, por
    cierto, no aclaró si era mandato del más allá o del hombre de sotana
    negra que era bien alto. Entonces ella fue a la Iglesia de la otra
    punta del barrio y congenió con el cura español recién llegado.
    Guardapolvos almidonado (nunca se lo perdoné) y portafolios de cuero
    marrón clarito, el cuerpo de Cristo había llegado sin tanto
    vestuario.
    Y pasaron más. El golpe que expulsó al Pocho en cañonera, el
    desarrollista que no pudo desarrollar casi nada, el médico acusado
    de tortuga, el golpe de bastones largos y neuronas escasas y tanto
    más. El tío, Isabel, el milico con pretensiones de pantera rosa, el
    preámbulo recitado con poesía. La revolución productiva, sus
    jubilaciones hechas pelota, el doctor prolijo y autista y todo lo
    que voy yo recordamos como historia reciente. Y ¿sabés qué?. Siempre
    con la convicción de que la cosa iba a mejorar. NO te hablo de
    optimismo bobo o de superficialidad en la esperanza. Te hablo de la
    fuerza de hembra golpeada que se para sobre sus heridas y desea el
    mejor horizonte para su cría amada. Hay cosas que le admiro como
    propias. Las que más pondero es su persistente deseo. Desear.
    Desear. Desear.
    ¿Hoy tu madre cumple setenta años?, te pregunté. Sí. Y te vi quedar
    en silencio. No era reflexión. No era tristeza. ¿Qué?. Curiosidad
    que esconde pregunta no hecha. ¿No tenés curiosidad por saber si tu
    madre es feliz?. Silencio. ¿Si fue feliz?. Maldigo la hora de ser,
    todos nosotros, tan occidentales y cristianos y cargar con esa
    pornográfica culpa inculcada por los que mandan. Los que tienen
    uniforme, sotana o el poder desnudo supieron montarse en una frase
    parcial del que se dijo hijo del Padre y extorsionarnos con la culpa
    por el placer vivido. Placer de la carne, del cuerpo, del
    pensamiento, de la obra o de la omisión. ¿Qué es esto de disfrutar
    cuando serán bienvenidos los pobres, los enfermos, los dolientes?.
    ¡Mienten!, tengo ganas de gritarles. Que ellos sean los que entren
    al imaginario reino de algún cielo no implica que debemos
    empobrecernos, enfermarnos, tener dolor como modo de vida. Debemos
    procurar aquí, amándonos los unos a los otros, lo mejor. Y si esa
    ley no se cumple y hay quien sufre, le será compensando. A los que
    crean.
    Y vos, vieja: ¿sos feliz?. ¿O fue mucho el sacrificio hecho en pos
    de esa fantasía del premio eterno?. Y no te hablo de tus hijos, de
    tu esposo, de tus amigos. Te hablo de vos.
    No sé que regalarle en este cumpleaños, me dijiste. Te prohibí el
    electrodoméstico que es la invitación a más trabajo, o el libro que
    se compra con el escaso esfuerzo de mirar el estante de los mejor
    vendidos. Las flores acompañan, los perfumes son tantos, la ropa es
    tan personal.
    Te miré y te dije: vos lo supiste. Deseale que sea feliz. Por lo de
    antes y por lo que vendrá. Y decile que ahí estarás para festejarle
    la decisión. La que sea. Es el mejor regalo. ¿No?.
    
    *Fuente: Rosario-12. Diario Página/12
    http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-1784-2006-
    01-15.html
    
    
    
    CODA: LA BELLEZA*
    –a Ana Silvia Galván
    
    La belleza será para todos. Si así no ocurriera,
    la culpa y la pena destemplen las cuerdas de cada guitarra,
    enluten paletas y quiebren pinceles, buriles o gubias,
    y entierren en cieno de olvido la pluma o el lápiz que escriben el
    verso.
    
    La belleza será para todos pues nace de todos los sueños del hombre,
    hasta el más desvalido merece su pan de hermosura en la tierra,
    porque guarda en su alma el inmenso poder de anhelar libertad y
    justicia,
    y alzarse en la cresta de su rebeldía desafiando la sombra y el
    miedo.
    
    Cruje el mundo, sus máscaras. La vida custodia a la vida bajo la
    tormenta,
    y en el haz del erial perpetúa su verde porfía de erguirse en el
    viento,
    que varón y mujer consagraron simiente del tiempo y el árbol futuro,
    del arbol urgente y plural cuyos frutos serán para todos.
    
    De la angustia y la herida y el grito también nacerá la belleza,
    del secreto crisol que fusiona nostalgias y anhelos,
    de la íntima lid en que cada corazón vencerá su zozobra
    y cada garganta hallará su registro: su timbre y su tono y el propio
    fraseo.
    
    La belleza será para todos y no para el goce mezquino de un príncipe
    de ayer o de hoy.
    Y el cantar, cuando ofrezca al silencio su espiga sonora, brindará
    para todos el hondo bordón o la endecha de ausencia, la austral
    melodía hilada en el huso sutil de los álamos, y el invicto misterio
    de cómo retoña una y otra vez la esperanza.
    
    La belleza será para todos.
    
    
    *de EDGAR MORISOLI, "Última rosa, última trinchera",
    Santa Rosa de La Pampa, 2005.-
      -Enviado para compartir por Horacio Rossi. lacho51@...
    
    
    
    
    *
    
    Queridas amigas, queridos amigos:
    
    El próximo domingo 15 de enero del 2006 presentaremos en la
    Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
    (hora de Austria!), música del compositor brasilero Ricardo
    Tacuchian. Las poesías que leeremos pertenecen a Víctor Condat Nobre
    (Argentina) y la música de fondo será de Milton Sánchez (Ecuador);
    todo ésto en nuestro programa Poesía y Música
    Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz
    audición!
    
    ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
    escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
    Stream) !!!!
    Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
    
    REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
    Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
    11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
    Cordial saludo!
    
    YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
    www.euroyage.com
    Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
    Tel. + Fax: 0043 662 825067
    
    
    
    
    "Los días felices"*
    
    
    
      No puedo dejar de recomendar la escritura transparente de Celso, su
    manera de pintar frescos, de fotografiar en palabras la historia
    propia que se parece mucho a la de cada uno de nosotros, con viejos
    o abuelos gringos que sudaban la gota gorda, que siempre hablaron en
    media lengua. El libro de Celso es de una belleza increíble. Muchos
    de sus escritos ya fueron leídos por los  socios de inventiva en el
    transcurso de 3 años de ediciones. Pero ahora están reunidos,
    sutilmente reescritos e ilustrados por él.
    
    Una sorpresa más.... hay comentarios recibidos desde la web. Me
    encuentro allí, encuentro a muchos amigos en la palabra diciendo
    cosas que Celso transcribe como anticipo casi al abrir el libro.
    
    Disculpen mi inusual insistencia, pero quien pueda comprar el libro
    no se lo pierda.
    
    
    Promoción: Quienes compren "Los días felices" tendrán la posibilidad
    de ser nuevos miembros del club de socios de Inventiva Social sin
    costo hasta cubrir el importe total pagado con gasto de envio
    incluidos si corresponde. ( 10 meses quienes compren con gastos de
    envio, y 6 meses a quienes compren directamente el libro "en mano" )
    
    
    
    Para comprar el libro hay que comunicarse con el autor:
    celsoagr@...
    
    
    El costo total del libro con gastos de envío incuídos son $ 30.00 -
    TREINTA PESOS, enviado por contrarreembolso en CORREO ARGENTINO;
    (Costo neto $ 19.00 más gastos envío $ 11.00)
    
    
    
    
    
    
    Invitación al Club de socios de InventivaSocial
    
      Propuesta para el año 2006:
    
    -TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de correo.
    
    -Acompañamiento ( alteridad textual) en la escritura con tema propio
    o en ejercicios de escritura.
    -La publicación en Inventiva de una breve antología virtual con sus
    trabajos.
    -Edición virtual de sus obras o textos extensos (libros ya editados)
    en las ediciones de inventiva.
    -El anuncio y respaldo de actividades culturales y/o editoriales que
    realicen.
    -Soporte ante problemas de recepción de las ediciones.
    
    La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10
    Euros en el exterior.
    El pago puede realizarse desde cajeros de la red link o por giro
    postal dentro del país.
    
    Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
    
    *Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
    Editor de InventivaSocial. Plaza virtual de escritura
    
    
    
    Grupos y boletines gratuitos...
    
    
    
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    Argentina.
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    #82 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
    Fecha: Sáb, 31 de Dic, 2005 10:37 pm
    Asunto: UN TROCITO DE HORIZONTE
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     Un trocito de horizonte...
     
     
    TARDE*

    solía enamorarme
    de mis propias fantasías
    eran tan reales y consistentes
    que creía ciegamente en ellas

    tarde quizás
    me di cuenta
    que corrían mucho más de prisa
                          que mis cansados pies

    que las únicas calles verdaderas
    son las  que gastan
                   la suela de mis zapatos

    y por más que quiera volar
    sólo podré hacerlo
    creyéndome un bandada
                             cambiando de clima

    tarde posiblemente
    para encontrar la vereda de mi casa
    reconocer
             que  no es la misma de la infancia

    tarde  pareciera
    para ponerme el vestido del hoy
                                        y sacarme los del futuro

    pero a tiempo 
                  para guardar los del ayer


                                *de Beatriz Martinelli.
    beatrizmar@...
     
     
     
     
    *
     
    ahora que no soy urbano ni pueblerino siquiera
    ahora que habita cada árbol en mi cabeza
    y en él los pájaros volados de la memoria
    ahora soy errante juglar en mi entorno
    tomo el mate con la misma mano que la guitarra
    con el mismo brazo que abrazo el corazón dulce de tu memoria
    ahora que mis cabellos quedaron lejos en otro viento
    y el sol o el frío bajan mi dolor en la herida ida
    ando al camino el caminar descalzo al verano de sol y maíz

    ahora que soy un trocito de horizonte en el llano calmo
    lejos muy lejos de mercaderes gritando
    aquí tienes
    ahora ando en las bandadas y las achiras y el arroyo
    andando y andando libre librando un silbido a la miel de cada dia

    *de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...


     
       Recuerdos de la abuela*