Oscar A. Agú. -Antología-
LOS ÁRBOLES*
aquietan morosamente, tiernamente los pensamientos.
Desde su altura no compiten: están.
Acompañan los ciclos y adormecen los vientos;
persisten sin apetecer.
Son compañeros de viaje hacia el sosiego
maestros en el juego de la luz
y no desean más que lo dado.
LABOR POETICA*
Troza una palabra en cuatro.
Reparte trozo a trozo comulgando los sabores
dulces sabores.
Troza una palabra en cuatro en mil
no la registra como propiedad privada
la condomina.
Y retorna
y busca
y troza
y comulga
a confesos e inconfesos,
a rufianes y ángeles
a rameras y amas de casa
a los sedientos.
Y cuando la palabra se agota
la reinventa, la desnuda de cascarones,
se sumerge en ella procreando
y la ofrece, sin más.
LUNA NO CONQUISTADA*
El idiota que burbujea palabras
o el inventor del invento,
el que abre sus manos con aves flamígeras
o el decorador de horizontes no dibujados,
el que mata por derecho o por matar,
el suicida
el bien informado
el enfermo de sol y arena
el que simula vuelos que no tiene
el que al cerrar los ojos no los cierra.
Todo hombre sin importar rango,
color, genética, continente, lengua,
océanos atravesados, guerras hechas y por hacer,
lunas conquistadas, colonias sometidas,
sueños devorados, palabras inconclusas,
gestos alucinados...
Todo hombre, alto, flaco, bajo, gordo,
atlético, deforme, sedentario.
Todo hombre es una señal habitable,
es un cosmos, es dios en su seno,
es la terrible soledad de saberlo,
es la libertad invernando,
es la duda que mora en la respuesta,
es la verdad inconclusa,
es un cielo a dibujar, es una luna no conquistada.
OSCURO SILENCIO ATRAPÓ MIS PALABRAS*
Oscuro silencio atrapó mis palabras
y no sé qué ni cómo decir
niño pidepan
qué ni cómo
desarropado
qué ni cómo
desamado
qué ni cómo
niño en los idiomas
del mundo
qué ni cómo
ángel en la intemperie.
LAS ANTIGUAS ALFARERAS*
Las antiguas alfareras cantan
mientras sus manos sueñan con el barro:
lo acarician, le dan el espíritu del cuenco.
Buscaron la forma de la mano,
el vacío interior que le da sentido
que le da espacio y retiene al agua.
Las alfareras cantan recientes canciones
arrullan la voz mientras la forma queda,
mientras el sueño cobra sentido.
Han descubierto el barro, el que es necesario,
el que endurece y no se parte
al que le soplan su aliento en tanto cantan.
Forma de mano tiene, forma de mano:
en él el agua brilla
en él el grano queda
en él la alfarera canta.
ESA MUJER EN BICICLETA*
Esa mujer en bicicleta bajo la lluvia
la fría lluvia del incipiente otoño
marcaba un ritmo lento y fugaz
junto a las primeras sombras de la noche.
Blandía, toda ella, un aire de zozobra
una lentitud del cansancio
una leve brisa de aún estoy.
Esa mujer, bajo la lluvia, en esta ciudad
llevaba todo el peso de la jornada
que se disolvía entre un pedal y otro
entre una gota y otra de la lluvia
se disolvía y se espejaba en el lustroso asfalto,
entre las luces refractadas y las sombras.
Esa mujer, bajo la lluvia, persistía
como loca ilusión en bicicleta
como aventura haciéndose
como constancia de la vida.
POEMA PARA NO OLVIDAR*
Hay treinta mil razones, que no son pocas,
ahumando el tiempo y el fin de siglo.
¡¿qué digo?!. Treinta mil. Sólo son las más cercanas.
Las más nombradas por las flores
confirmadas cada mañana en el barbijo del sol
y navegando, siempre navegando, en las voces del viento.
Nombres que siembran despertando historias
donde el dolor es simiente y la ausencia
una brasa ardiendo corazón adentro.
MUJER*
Cuando el silencio gana distancias,
me siento mar
salitre deseoso
de permanecer espuma en la piel de tu playa.
Eres, entonces, arena;
blanca arena que recorro escurriéndome entre tus poros
dejando mis volátiles huellas marcadas sobre tu piel.
Cuando la mar se retira y se hace lejanía,
soy honda playa esperando
que la salitrosa presencia bañe mis deseos,
los cubra suavemente con la tumultuosa fragancia;
emanación sublime del encuentro.
Cuando las aves en su vuelo anuncian la noche,
el rumor leve y lejano de la mar se ensancha
se hace caracola lenta y plena,
pez alado surcando luz de plata
cardumen claro en la oscuridad de las aguas
medusa inquieta afiligranada por tus ojos
fondo marino exhalando colores y claras algas
es cuando
sabedor que mis pasos llegan
a tu húmedo cuerpo de playa,
se sahuman y contienen mis amores.
del mundo...
del mundo recojo en mis bolsillos la ternura.
Una flor cortejada por el Mainumbi
La sonrisa infantil y los juegos
El mate y la ronda de amigos
Una pareja que no teme a las caricias
La charla con mis hijos
Mis padres y sus historias
Las dulces canciones de ronda
La música
Y una mujer.
Es probable que no haya señalado todo
sólo intento insinuar lo que del mundo
guardo en mis bolsillos.
*
Los elementos se disuelven en toda su gamada infinitud. Y convergen.
Vocación sin fin que brinda armonía a la danza. Somos, apenas, una
convergencia que se reintegrará. Una convergencia luminosa.
¿Con qué vanidad tonta puedo esgrimir posesión?.
He de morir conciente de que no muero. No pierdan su tiempo, amigos
míos en llorar. Saluden a los prados, a las montañas, a los
insectos, a los hombres en mi nombre, que es el nombre de ellos.
Cuando este viejo planeta quede flotando inerte en el espacio, se
irá lentamente disolviendo y aconteceré en otra galaxia o en algún
errabundo comete. Seré mineral, viajero del espacio. Recorreré la
casa de los dioses, tal vez sin preguntas, tal vez con todas a
cuestas. Y no seré yo. Me habré disuelto infinidad de veces
compartiendo mi cuerpo ya visceralmente compartido.
Y la tierra ventral se disolverá y dirá, probablemente, lo mismo
que yo ahora. Y sabrá que es disolución de otras disoluciones. Con
Amor, infinito Amor.
*Poemas de Oscar A. Agú. cachoagu58(arroba)yahoo.com.ar
Correo:
*
Mañana vienen los reyes, por José Vicente Pascual
Granadino cabal, amigo leal.
Escritor sin igual, conversador genial.
Mañana vienen los reyes, a los magos me refiero, una leyenda subida
a lomos de camellos que antes hundía su razón en las esencias
alquímicas del oro, el incienso y la mirra como símbolos arcanos del
poder y la sabiduría, y ahora reedificada, gracias a El Corte Inglés
y el gremio de jugueteros, en industria millonaria de la ilusión
familiar. Es hermoso regalar a los niños, y si esos niños son hijos
ni te cuento. Lo malo es que ellos, por naturaleza desagradecidos,
se acordarán por lo menos durante quince días de los obsequios que
les han traído los magos de oriente, pero de la VISA del padre o la
Mastercard de la mami no han de echar cuentas. Aunque sus
progenitores, casi tan inocentes, no se sentirán necesitados de
reconocimiento. Con el goce de sus pequeños, el brillo de candor en
sus miradas, estarán más que pagados y satisfechos.
Así pasamos la vida, pienso hoy, mientras escribo este artículo.
Filosófico me encuentro, y eso que de un tiempo a esta parte me
alimento muy bien. Pasamos la vida haciendo cosas que cuestan mucho
(no me refiero al dinero, aunque la guita siempre es un alivio),
para que otros disfruten de lo que somos capaces de ofrecerles, y la
recompensa no es exactamente la gratitud de quien se reconoce en
débito inexcusable con quien bien le hizo, sino disfrutar la
felicidad del otro, los otros, y saberlos íntegros y seguros de sí y
capaces de, a la recíproca, emprender afanes en beneficio de otros
más otros, más allá. Así funciona el negocio de vivir, me parece. Si
recuerdo a mi señor padre (es un ejemplo, creo que muy útil),
siempre llega a mi memoria como un hombre que iba y venía, que
viajaba y cumplía horarios tenazmente, incansable, invariablemente
asistido de ánimo y fervor tanto por su trabajo como por los suyos;
pero también recuerdo que todo lo que él me dio, en su día, yo lo
consideraba conquista propia. Es injusto pero muy propio del corazón
humano, fíjense que no digo "el corazón de un niño", nada de eso. Es
nuestra forma de ser: el esfuerzo de otros, y su devoción y entrega,
siempre se reciben, eso creemos, como recompensa a nuestro propio
mérito. De tal forma, si los reyes magos me traían muchos juguetes,
era porque me había portado bien, o porque había sacado un diez en
lectura, un ocho en caligrafía y un cinco en matemáticas. Los
trajines de aquel hombre, mi padre, errante por todas las esquinas
del sur andaluz, vendiendo televisores en las ciudades grandes y en
los pueblos mínimos de la España del NO-DO, eran a mis ojos una
circunstancia estructural, una condición impuesta por el destino que
exigía su denuedo para que el mito siguiera cumpliéndose y actuando
en mi favor. Cuántos kilómetros hizo a solas, en aquellos
automóviles que funcionaban porque Dios quería, cuántas veces se le
hizo de noche en el camino y cuántas mañanas desayunó solo en algún
bar de carretera, y cuántos números
haría, "televisores+kilómetros=ganarnos la vida", para que yo
tuviese, además de reyes magos y ratoncito Pérez y cumpleaños y día
de mi santo, libros para estudiar y hacer méritos sobre ellos, y
libros para leer, y todos los juguetes del mundo, y el sigilo
presuroso, alborozado, de la noche del cinco de enero, cuando me
mandaban acostar temprano y dormirme enseguida porque "mañana vienen
los reyes". Todo era mi conquista, mi derecho, creía. Mi premio. El
suyo: que siguiera yo ingenuamente confiado en mis posibilidades de
merecer buen trato durante los días de mi destino.
Mañana vienen los reyes y la tradición no ha cambiado. Tengo muy
pocos regalos que hacer, mas mucho he de cuidar que no se me
agradezcan; quien los reciba, sentirá que son ni más ni menos lo que
yo quiero: merecidos. Ahí se agota el contrato del cariño, como debe
ser. Somos felices si las personas a las que amamos reciben lo que
merecen. Que nuestra mano haya llenado el calcetín es lo de menos.
Buena noche de reyes y mejores sueños.
IDEAL. Puerta Real - 05/01/2007
http://blogs.ideal.es/index.php/josevicentepascual/2007/01/05/recompe
nsa
*Enviado para compartir por Udi. udi.cuatro.catorce(arroba)gmail.com
http://udi414.blogspot.com
"Los momentos en que somos mas libres e iguales en este sistema son
los que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo
somos meros esclavos"
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o
no) para editarlos durante el mes de enero del 2007. Con respecto a
la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
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Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron. Gandalf a Frodo
BOLETOS*
No nombraré la ciudad porque la ciudad es múltiple, y porque lo que allí sucede, bien puede suceder a diario en otra ciudad, en otro país. Acaso cambien los nombres, los rostros, los objetos. Yo, turista en todas partes, eterno extranjero, pertinaz inhabitante, venía caminando hacia la estación, con mi maleta medio vacía (maleta de nómada incurable, brevísimo catálogo de recuerdos y ausencias, inútil equipaje), y un creciente cansancio que se iba acentuando a medida que mis pies cruzaban más fronteras, a medida que mi pasaporte acumulaba sellos. Puesto que aún faltaba más de una hora para la salida de mi tren, tomé asiento en una terraza sombreada. Enfrente, al sol, había varios niños jugando. Niños pobres, harapientos, de los que
abundan en los alrededores de casi todas las estaciones del Sur. Cuando pasaba alguien con traje, o con aspecto de turista, uno de ellos se separaba del grupo y se acercaba al desconocido, ofreciéndole un billete de lotería. El timo es antiguo. Se trata de billetes viejos, sin premio, que los chicos recogen del suelo o de las papeleras y planchan lo mejor que pueden para darles apariencia de nuevos. A veces, algún despistado compra un billete, pero generalmente hay gritos y amenazas, y a menudo, los chicos tienen que salir corriendo para no caer en manos de la policía. No muy lejos de allí, las máquinas excavaban lo que muy probablemente se convertiría con el tiempo en un centro comercial o un edificio de oficinas. Quizá a causa del monótono ruido de las excavadoras, me amodorré un poco. Una voz suave me despertó. - Señor... Cuando levanté la vista, una chiquilla morena, con dos trenzas medio deshechas y una mancha oscura en la mejilla, me ofrecía uno de
aquellos billetes. Mi primer impulso fue echarme a reír y despedir a la mocosa con unos céntimos o con la amenaza de la policía, que es el remedio habitual en estos casos, pero algo en su mirada me impedía hacer una cosa así. - El número es lindo -dijo, tratando de vencer mi indecisión con esas simples palabras. Entonces la miré con más detenimiento. Sus ojos no eran los de una niñita suplicante, no eran ojos mendicantes, ni ojos víctimas; tampoco eran los ojos pícaros de quien está estafando a un turista crédulo; aquéllos eran los ojos firmes y tranquilos de alguien que sólo pide lo que por derecho le corresponde. No lo dudé un instante. Conté algunas monedas y puse en su mano el dinero que costaba el billete. Ella me dio las gracias, sonrió dulcemente y regresó junto a sus amigos. Mientras la miraba alejarse correteando alegremente, guarde el papelito en mi cartera, junto a la fotografía de Mariela. Miré el reloj. Había que irse. Mi tren estaba a punto
de llegar. Sé que es innecesario contar lo que sigue, decir que aquel fue el primero de una larga colección de boletos caducados, que hubo en mi camino otras muchas estaciones, otros niños y otras excusas, que en cada lugar que visité fui atesorando con avidez los boletos que aquellos niños famélicos me ofrecían, siempre ante la atenta y burlona mirada de los testigos, ciegos, incapaces de percibir que todos y cada uno de aquellos papelitos medio arrugados tenían un premio mucho más valioso que el que indicaban los números impresos. Durante años he llevado conmigo ese primer boleto, prueba irrefutable de que la escena anteriormente narrada no fue un sueño. A veces, contemplo la cifra, ("-El número es lindo") como si en ella pudiera leerse algo que no fuese una sucesión más o menos armoniosa de dígitos. A veces, contemplo la cifra como esperando que esos signos revelen algo que en realidad no necesita ser revelado.
—Puedo ordenarle al espejo que revele muchas cosas —respondió ella— y a algunos puedo mostrarles lo que desean ver. Pero el espejo muestra también cosas que no se le piden y éstas son a menudo más extrañas y más provechosas que aquellas que deseamos ver. Lo que verás, si dejas en libertad al espejo, no puedo
decirlo. Pues muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán. Pero lo que ve, ni siquiera el más sabio puede decirlo. ¿Deseas mirar?
*Galadriel a Frodo
La rueda del ferrocarril*
Un día, medio en el otoño de mil
novecientos noventa y cuatro, apenas apoyó la copita, don Vicente Petraglia preguntó si alguno se acordaba de cuándo había funcionado por última vez el telégrafo de la estación. Lo habían estado esperando por otra cosa; así que informó: "Ahí quedaron los de la cuadrilla, levantando las últimas vías". El vasco calculó que por lo menos treinta años, lo del telégrafo. Era difícil escuchar, por el ruido de la terminal de ómnibus, aunque el barcito estuviera casi al fondo de una de las galerías, entre los negocios. Pero don Vicente habló clarito: "Bueno, recién volvió a funcionar".
"Lo sentí desde mi oficina -siguió, mientras juntaba los papeles-. Vos sabés cómo es eso, Berardo. Punto, tac, raya, toc. El ruido y uno empieza a leer." Le hablaba a Berardo, que había sido
telegrafista, pero todos sabían. "Estaban pidiendo entrada. Punto, raya. Pero como si pidieran ayuda. Entrada a cualquier lugar."
Mil novecientos noventa y cuatro. En el televisor del barcito repetían otra vez la inauguración del último tramo del ramal ferroviario Rosario-Puerto Belgrano. Los de la mesa se lo habían pasado todo el día mirando. Menos don Vicente, que venía de la estación. Como todas las noches. "Eso más que un ramal, es un ramalazo", dijo por quinta vez el rengo Testa. "Del alma", o "en el alma", murmuró Petraglia. Siguió: "Le di entrada. Punto/raya. Me temblaba la mano. Me pareció que sonaba todo de vuelta: que se abría la ventanilla de los boletos, que aparecía el viajante de la Bols, como siempre, primero, y atrás la cola. Los cadetes que se iban los
domingos a la noche, el lunes en que los sobrinos de éste se fueron a Buenos Aires, por ejemplo. Y vos, Berardo, en la maquinita, meta contestar". De todos, el más duro fue siempre Ferrucci: "Primero que todavía tenés puesta la gorra. Segundo, que si empezás para atrás no llegamos nunca". Pero Petraglia nunca cuenta una sola cosa a la vez. Se distrae.
"Entonces, te la clavo en un día justo", cortó. Se metió la mano en el bolsillo y la dejo ahí, olvidada. La derecha. Con la izquierda, sacó del bolsillo una libreta. "Noche del 18 al 19 de diciembre de 1988. Ahí se los dije. Fue a esta hora porque ya había pasado el rápido y estábamos todos acá. Bueno, en Las Violetas, que era acá. Estaba el de La Costera, la única línea de ómnibus que venía." Algo no se escuchó porque en eso pararon tres micros y arrancaron tres, se oía, y el bolichito empezó a llenarse de gente con sombrero y máquinas de fotos y encima llegaba el ruidaje del quiosquito donde venden recuerdos del Salado: postales, pejerrey en polvo de la zona; latitas con las tocas del río. Don Vicente estaba insistiendo: "Fue esa noche". Señalaba la pantalla: unos hombres de casco parecían desfilar por las vías; atrás, por allá, en un palco, al lado del Presidente de la República, el Obispo bendecía. Había estado en el pueblo, el Obispo, una vez. "Esa noche el presidente de los Ferrocarriles Argentinos estaba con la rubia del programa de economía. Ahí anunció que se largaba la licitación, entre empresas privadas, para el ramal Rosario-Puerto Belgrano. Ahora inauguran. Van
cumpliendo." Antes de irse al baño el telegrafista dijo: "Es cierto. Era por Navidad". En eso entró Casares, que era capataz de cuadrilla. Por un rato, no miraron la tevé. Casares: "Ya está, jefe. Todos los fierros acomodados en el galpón de las máquinas. Apretados." "Cerraste." El jefe Petraglia nunca preguntaba. "Los muchachos", dijo Casares y lo agarró de un hombro a Petraglia, fuerte, suave. "Y vos -lo miró el jefe-, que naciste en ese galpón." Casares dijo que no. "Pero lo mismo. Ahí me bauticé."
"De fuego", agregó al rato. Se quedaron mirando al telegrafista, que volvía derecho a don Vicente: "¿Y? -jadeaba- ¿Lo del telégrafo?". Petraglia seguía mirando a Casares: "¿Te acordás? Eras así. Te trajo tu padre. Enseguida te subiste a la 1425, la Loca. Estaban calentándola. ¿Te acordás, Casares?".
"Como animales a leña -dijo Casares-. Bramaban."
Fue como si todos se fueran un rato. Después, Petraglia se pasó la mano por los ojos; se secaba con un dedo el ojo izquierdo. Lo mirábamos. "Nada", dijo. Fue como si dijera que ahí adentro nadaba algo.
Cuando volvió le habló al
telegrafista.
"Mirá, Berardo, vos me enseñaste. Entré en la línea. Transmití; aquí -Pila-punto-raya." Tocaba la mesa con la izquierda y seguía con la otra mano en el bolsillo. "Ahí contestaron". Hubo, en la mesa, el silencio que él había tenido allá en la estación. "Aquí Quemú-Quemú", contestaron. "Punto, raya. Todavía le hice un chiste: Aquí-Pila-Provincia-de-Buenos-Aires. Trasmita-Quemú-Quemú-La Pampa. ¿Se acuerdan de esas cargadas, rivalidades de provincia? No tuvo tiempo de prenderse. Miren, se sentía la distancia, por los alambres."
Iba por la tercera ginebra. Don Vicente, que no
tomaba. "Aquel día, hace seis años, el presidente de los Ferrocarriles Argentinos anunció lo de la licitación y la rubia del programa le preguntó por los otros ramales". Berardo se acordó en su lenguaje: "Ramales antieconómicos se levantan. Cierran pueblos. Van telegramas". También El Vasco se acordaba: "Es cierto, lo dijo. Y yo todavía dije si no sería más barato dragar para dar salida al puerto de Rosario. Pensaba en los de allá. Vos no quisiste hablar de política". Don Vicente Petraglia corrió la gorra de jefe a un lado: "No -dijo-, pensaba en esto, en nosotros, en este día. En mis hijos, que iban a tener que ir para aquel lado. Como si pusieran otra General Paz pero más acá". Lo pararon, por lo del telégrafo, que había sonado después de treinta años.
"Nada -contó-. El de
Quemú-Quemú decía que cerraba la estación. Que era el último, allá lejos, del otro lado de los hilos, y que ya se le había ido la mujer y que ya veía que se le estaba escapando el caballo".
"Llovería, allá", dijo el Vasco. "No sé -dijo el jefe de la estación-. Pero antes de que la línea quedara muerta le alcancé a decir que se llevara el encerado."
Esto, señor, pasó en el otoño de mil novecientos noventa y cuatro. Ese día, antes que todos se fueran para el Hotel ferroviario, Petraglia puso esa foto en la mesa; la sacó del bolsillo, por fin, "la tenía en el cajón", dijo. Era la foto de
un hombre de antes, con una firma, dedicada a don Miguel, al padre de don Vicente, que también fue ferroviario. El nombre del de la foto me quedó, pero no pude preguntar. Porque ese año me vine, entré de mozo en la compañía. ¿Otro whisky? Lo vi con libros y le pregunto: "¿Quién era ese Escalabrini Ortiz, o algo así?"
¿Vio qué serenito? A doscientos cincuenta por hora a Bahía Blanca y los vasos no tiemblan ni en la barra.
*de Miguel Briante.
AL MAR Y OTROS CUENTOS. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2003
*
Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven.
*Frodo a Sam
Tren*
No es que me pase lo mismo cada vez que veo un tren. Pero a veces ocurre. Y sobre todo si es de noche y el tren viene de frente. Entonces, mientras la distancia se acorta y la luz se agranda, un resorte se me dispara en la memoria e, inmovilizado, espero que esa cosa poderosa me devore. Realmente tengo que esforzarme para tomar conciencia de que estoy
parado a un costado de las vías -sobre un terraplén, en un paso a nivel, frente a la boca de un túnel- y que el tren seguirá fiel al mandato de los rieles y pasará de largo sin tocarme. El recuerdo del primer tren arrojándose sobre mí llega desde muy lejos, tanto que a veces me cuesta aceptar que es mío y que no me ha sido relatado por otra persona. Yo tendría siete, tal vez ocho años, y estábamos con mi padre en el andén de la estación de Fondotoce, a unos pocos kilómetros de Intra, nuestro pueblo. Nos dirigíamos a la región del Veneto, donde vivían mis abuelos. Probablemente era nuestro primer viaje después de terminada la guerra. Sé que estaba anocheciendo, que el tren surgió de golpe, sin que nada lo anunciara, y entró en la estación con tal estruendo que me paralizó. Sé que cuando me recobré hice un comentario asombrado y mi padre sonrió y dijo algo que no podré recuperar. Ésa es la imagen. El ojo de un cíclope -fuerza y furia- abalanzándose desde las sombras y
un chico paralizado. Volví a esa estación de fondotoce cuarenta años después de nuestra partida a América y habiendo cumplido ya los cincuenta y dos. Había llegado a Intra un par de semanas antes, cruzando el lago en un trasbordador y ahora me iba allí en tren. Durante esos días no hice otra cosa que caminar arriba y abajo por las calles del pueblo, por las orillas del lago y los dos ríos, buscando algo que ya no podía estar. Me iba sin llevarme más que desencanto y quizás algunas advertencias para ser analizadas después, cuando decantaran en mí, cuando de nuevo los trenes y los aviones me hubieran llevado lejos. Lloviznaba de a ratos sobre la estación entre montañas, había mucho color de óxido alrededor y pájaros moviéndose entre las ramas de los arbustos. Oscurecía. Éramos apenas cinco o seis viajeros esperando. Yo caminaba de un extremo al otro del andén, buscaba a través de la niebla que se espesaba la cima del Monte Rosso, el cerro que dominaba mi pueblo.
Descubrí que llegando a la estación, del lado de donde vendría mi tren, las vías hacían una curva y había además una ladera rocosa que se interponía e impedía ver más allá. Entonces volvió aquel anochecer de mi niñez y me vi parado ahí con mi padre, junto a una valija. Mi padre que tenía, en el recuerdo, veinte años menos que yo en ese momento. Y de pronto sucedió de nuevo. El tren apareció con su ojo luminoso y su potencia y saltó hacia mí como había ocurrido aquella primera vez. Sentí que el tiempo no había transcurrido y que yo seguía siendo el mismo, con los mismos miedos y seguramente con un desamparo mayor. Sentí la falta de la compañía de aquel hombre veinte años menor que yo y sus palabras imposibles de recuperar. Desfilaron los vagones, se detuvieron, levanté el bolso y me apresté a subir, deseando encontrar un compartimento vacío para poder estar solo. Ésa es mi pequeña aventura con los trenes. Un sobresalto infantil que de tanto en tanto asoma la cabeza y
se reitera a lo largo de los años. Casi nada, en realidad. Y sin embargo, siempre me sorprendo tratando de escarbar todavía un poco en esa historia. Si insisto en analizarla, si me esfuerzo por fijarla en unas líneas, es porque a veces tengo la impresión de que ahí hay algo que valdría la pena rescatar, una huella, una señal, algo. Pero no sé qué es. No sé en qué dirección va, hacia dónde me lleva, si me lleva a alguna parte.
*de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias". Editorial Sudamericana. Bs. As. Edición
2002.
*
No todo el oro reluce, ni toda la gente errante anda perdida; a las raíces profundas no llega la escarcha; el viejo vigoroso no se marchita.
*Carta de Gandalf a Frodo
Estación J.R.R. Tolkien*
*
—A mucha gente le gusta saber de antemano qué se va a servir en la mesa; pero los que han trabajado en la preparación del festín
prefieren mantener el secreto; pues la sorpresa hace más sonoras las palabras de elogio.
*Gandalf a Frodo
Ahí en ese recorte del diario que guarde esta el presidente Kirchner mirando con ojos de niño no un regalo de navidad sino la maqueta del tren bala, que tiene por cierto el tamaño de un juguete lujoso, de esos que los sectores medios altos pueden darse el gusto de comprarle a sus hijos alrededor de estas fechas donde la necesidad de ilusión se convierte en una fiesta de mercado y consumos.
El juguete del presidente saldrá más
de 1.000 millones de dolares dicen los diarios. Un pequeño lujo en un país que perdió su sistema integrado de transporte ferroviario y ni sueña con recuperarlo, sólo con pequeños lujos aislados. Otro símbolo si hace falta alguno más de como funcionan las cosas:
con nichos de consumo y bienestar artificial para los que pueden pagar. Construir un elefante blanco que viaje muy rápido de punto a punto, que los demás viajen como puedan o hacinados en trenes urbanos subsidiados por el señor oscuro de la Secretaria de Transporte.
Pero la noticia dice también que habrá demora por la falta de financiamiento externo, resulta que se deben 6.000 millones al club de París y que las empresas asociadas que compiten por el proyecto no tienen financiamiento externo. Pero esto es algo menor, para eso existen la política y los magos
de la política.
Un mago nunca llega tarde, Frodo Bolsón. Ni pronto, llega exactamente cuando se lo propone.
*Gandalf.
Ferrocarriles Argentinos*
Estévez es bajo, robusto, compacto. Quien lo ve caminar por las calles del centro sentado en el asiento de un ómnibus le da alrededor de 35 años. Es la edad que tiene. Hace 15, 20 años, quiso ser escritor. Soñaba con poner en marcha historias breves o largas que tomaran impulso lentamente y luego se
desarrollaran sin parar, de un modo natural, hasta llegar a un punto final inevitable como el destino.
Estévez nunca escribió nada. Pero nunca se sintió frustrado. Porque a partir de los 18 años empezó a viajar con frecuencia a Buenos Aires, y después de los primeros cinco o seis viajes, eligió siempre el tren. Los viajes de cuatro horas y media, incluidos los diez o quince minutos de espera en la estación de Rosario, que solía pasar esperando hasta el último minuto para subir, salvo que un viento frío barriera los andenes de la estación Norte, reemplazaron sin que él lo supiera la necesidad interior que tuvo durante la adolescencia de narrar, de escribir historias.
porque en cuanto la locomotora comenzaba a arrastrar lentamente los vagones y el techo de la estación Norte terminaba y Estévez veía los autos circular bajo el puente
de las vías, y después los baldíos con una lámpara solitaria y apagada durante el día, las casas progresivamente más bajas, los barrios pobres, el campo, el propio viaje en tren reemplazaba con ventaja todo relato posible. O, para expresarlo mejor, era todo relato posible. La marcha lenta al principio y progresivamente más veloz de la locomotora hacía que el mundo formado por los vagones de primera, de segunda y pullman tomara impulso y estuviera lanzado después en una historia que se desarrollaba repetida, naturalmente, hasta detenerse en un punto de llegada, la gran estación de Retiro en Buenos Aires, tan inevitable como un destino.
A Estévez le gustaba leer policiales. Como en las policiales, parte del viaje -o el relato- era pura fórmula: inevitablemente pasaba el vendedor de gaseosas y sandwiches, impidiendo dormir a todo el mundo con su pregón: inevitablemente, pero sólo en
algunas épocas, pasaba también el mozo del coche-comedor que anotaba reservas para la cena o el almuerzo; inevitablemente el tren se detenía en San Nicolás primero y en Miguelete después (así como en la vida o en las historias hay momentos de calma, de reflexión pero que nada tienen que ver con el punto final de arribo); inevitablemente el baño de caballeros del vagón estaba ocupado o roto, o bastante sucio. Pero también como en toda policial, lo que importaba eran los detalles que variaban: el compañero o la compañera de asiento primero, y del coche-comedor después, los ocupantes de los demás vagones, o el clima que se desplegaba como un telón más allá de las ventanillas: nubes, cielo azul, lluvia torrencial o mansa.
Desde que a los 18 años comenzó a viajar bastante en tren cuando debía ir a rendir cuenta de las ventas de prendas de lana a Buenos Aires, después de conseguir la
concesión de la zona centro de Rosario, hasta hoy, en que cualquiera que lo vea en un ómnibus o en el andén de la estación Norte o incluso negociando una partida de pulóveres en una boutique del centro le da 35 años, Estévez ha viajado en tren como quien viaja en una historia. Más aun: a partir de los 25, en que los viajes se hicieron definitivamente regulares (dos veces por mes), Estévez abandonó progresivamente el gusto o el vicio de leer policiales, a tal punto una cosa reemplazaba la otra.
Siempre había admirado, por ejemplo, y sobre todo cuando la policial no era un libro sino una película, el sentido del ritmo: exigía que hubiera detrás de los hechos y los personajes un compás firme, regular, casi inadvertido que pudiera, sin romper su estructura básica, acelerarse o disminuir según las situaciones, como aumenta o disminuye -esta vez en la vida- el latido de un corazón según los momentos- Y
el tren, a diferencia del ritmo totalmente caótico por momentos y aburrido en otros de un motor de ómnibus, tenía ese ritmo, cuando las pesadas ruedas metálicas pasaban sobre las junturas de los rieles y establecían una percusión que se enlentecía en las curvas o en las paradas, y se aceleraba en los tramos rectos, o llegaba casi a la angustia cuando en épocas de descuido de los muy viejos ferrocarriles Argentinos el maquinista debía tomar con suma lentitud un tramo donde las vías habían quedado debilitadas por una inundación que les había quitado la grava entre los durmientes, o hacía tiempo que cuadrillas de control no pasaban a ajustar los gruesos bulones y ver que todo estuviera en orden.
Para Estévez, en realidad, viajar en tren, más que subirse siempre a un mismo cuento, una misma historia, es subirse cada vez a un capítulo levemente distinto de una novela. Por eso recuerda pocas veces un viaje
particular. Más bien han quedado fijos en su memoria momentos que no sabría ubicar con precisión en una época o en un viaje determinado, así como de todas las novelas policiales que ha leído le han quedado apenas fugaces detalles de un personaje o un entorno: la casa del lago donde se cometió un asesinato, un rufián melancólico que tironea nervioso de una cadenita, una mujer bella que de pronto es quebrada por la fatalidad y deja caer un boleto de tren sin que el lector sepa con exactitud qué le ha provocado tanta angustia, al llegar en un sobre anónimo, sin ningún mensaje que lo acompañe.
Hay sin embargo un viaje que estévez recuerda con precisión, tal vez porque entonces los detalles fueron más fuertes que la estructura, que el ritmo de las ruedas contra las junturas, que los rasgos de pura fórmula. Era una época poco común en cierto sentido: había una dictadura. Y decimos "en cierto sentido",
porque las dictaduras no son tan infrecuentes como pudiera crerse en el país de Estévez, donde circulan como historias de más o menos vagones sobre su inmenso territorio los trenes de los Ferrocarriles Argentinos.
Aunque esa vez Estévez y sus compañeros de vida en aquel país advertían oscuramente que era una dictadura distinta a las demás: basta con precisar que el tren en el que Estévez regresaba de Buenos Aires llevaba apenas tres vagones, cuando la cantidad promedio había sido hasta poco antes de entre diez y quince. Aquí debemos aclarar algo: Estévez nunca viajó en los vagones pullman. No porque no pudiera costearlo, dado que la empresa le pagaba el viaje, sino porque consideraba que aquellos asientos acolchados, aquel aire acondicionado, aquella pequeña banda de ayudantes que le llevaban a uno el maletín, le limpiaban el asiento o le preguntaban si estaba cómodo, no tenían -para Estévez-
absolutamente nada que ver con lo que significaba viajar en tren. "Es algo" pensaba Estévez, esta vez muy consciente, "Tan desabrido y tonto como viajar en un podrido avión."
De modo que Estévez estaba viajando en un tren muy corto -y por lo tanto extravagante, poco común- en medio de una dictadura argentina que la gente palpaba distinta a las demás, en un vagón de primera, que suele tener asientos un poco más cómodos que los de segunda (aunque menos clima comunitario) y menos que los de pullman (aunque son más personalizados).
Los dos hechos que hicieron que Estévez terminara por separar ese viaje de los demás en su memoria son de tipo exactamente opuesto: el primero inexplicable, el segundo, en cambio, mucho más asimilable a una historia. Es más: a Estévez nunca le ha costado contar en rueda de amigos o conocidos el segundo. En
cambio nunca narró a nadie el primero, por que fue para él tan impenetrable que advierte oscuramente que es una historia sin principio ni destino, una especie de nudo gordiano secreto, relacionado con lo que hizo memorable a aquella dictadura dentro de la cual -rodeado por la cual- el tren de Ferrocarriles Argentinos en que iba Estévez desarrollaba su marcha sobre los rieles.
De todos modos, fue así: ocurrió que una mujer joven, con un niño en brazos, subió en Retiro equivocada al tren en el que iba Estévez. Ella tenía pasaje para Córdoba, para un tren que estaba estacionado en otra plataforma. La mujer se angustió mucho al principio, y su angustia hizo que casi todo el pasaje del vagón de primera, incluido Estévez, sintiera compasión por ella e insistiera una y otra vez en que todo se resolvería. Después de todo, el pasaje a Córdoba salía más caro -el doble- que el de Rosario, y por lo
tanto la mujer tenía pleno derecho económico a viajar en el tren equivocado.
La tensión creció un momento cuando la puerta del vagón se abrió y aparecieron un par de inspectores que -como suele ocurrir con frecuencia notable en los Ferrocarriles Argentinos- eran un inspector flaco y un inspector gordo, y, también como suele ocurrir, el gordo era el que exhibía más poder; en otras palabras, el que pedía y cortaba los boletos. El pasaje entero del vagón se irguió un poco, algunos con los ojos clavados en la mujer con el niño, o en los dos inspectores otros, o pasando de una a los otros la mayoría. Es más: no bien los inspectores entraron, hubo comedidos que comenzaron a explicarles el problema, mientras la mujer se limpiaba con el dorso de la mano las lágrimas que amenazaban con empezar a caer, y el niño -de dos o tres años- permanecía absorto en un trance infantil de serenidad absoluta.
Contrariamente a lo que podía esperarse, el inspector gordo resultó bonachón, comprensivo. Se acercó a la mujer y se informó en detalle de su problema. Allí empieza lo que Estévez no puede explicarse, tal vez porque él mismo formó parte de lo que ocurrió más de lo que hubiera deseado y eso le impide tener la imparcialidad de un observador. A pesar de que el pasaje entero comprendía y compadecía a la mujer, y de que el inspector también la comprendía y compadecía, la decisión final, legal, que el pasaje del vagón no llegó a discutir con la suficiente energía como para impedirla (aunque hubo veladas críticas en los rincones al inspector, y hasta a la pareja de inspectores), la decisión final fue que la mujer debía descender en un punto intermedio del recorrido y de la noche, en un andén vacío y desprovisto de una población que lo rodeara, instalado allí simplemente, en medio de la pampa, para que después la mujer
hiciera lo que pudiera: conseguir un auto que la acercara a un punto civilizado, empezar a caminar en medio de la noche sin destino fijo, o sentarse a llorar. En otras palabras, protagonizar una de esas historias que Estévez odiaba, sin principio, sin desarrollo claro, sin final, sin rieles, sin ritmo.
El inspector, después de aclararle a la mujer con su voz comprensiva, bonachona, que no perdería dinero, porque el pasaje podía ser utilizado en otro viaje semejante, se dirigió hacia la locomotora para avisar al maquinista la breve detención. Y unos veinte minutos después, en medio de comentarios ahora sí soliviantados, hasta violentos, contra las reglas tan estúpidas como las que obligaban a una mujer con un niño a quedar sola, a la buena de Dios en medio de la nada, el tren se detuvo brevemente, apenas el tiempo de dejar que la mujer llegara a la escalerilla metálica y descendiera, para después
seguir su camino.
Estévez, apoyado en el borde un poco sucio de la ventanilla, vio cas¡ en primer plano a la mujer -que no parecía demasiado asustada- iluminada por los focos del pequeño andén solitario; sin una sola casa alrededor, probalbe apostadero para cargar agua o combustible, sin que hubiera al menos una luz tranquilizadora tras las ventanillas, que indixara la presencia de un encargado, un guardabarreras, alguien en suma. Después la vio alejarse lentamente -siguió su imagen con un moroso movimiento de cabeza, acompañando el del tren- hasta que andén y mujer fueron tragados por la noche como un pequeño escenario con una sola actriz.
La asociación del andén desértico con el teatro, Estévez la recuerda cada vez que recuerda el viaje, porque motivó en realidad la segunda parte, la comprensible, la que no tuvo inconvenientes
en narrar más tarde. Frente a él, porque era un asiento doble, iba una mujer delgada, alta, veterana pero aún bella, con un tapado de piel poco frecuente en aquellos años. Cuando Estévez dejó de mirar por la ventanilla, en medio del clima curiosamente solidario que la pequeña tragedia había provocado en el pasaje (aunque de una solidaridad que de nada sirvió para impedirla), dijo una frase tonta: "qué barbaridad", "esa mujer sola en medio de la noche", "podrían haber hecho otra cosa", o algo por el estilo. La mujer, a su vez, se puso a hablar con Estévez de modo lento, sereno pero interesado, como si lo conociera desde hacía años.
le contó que -como él- viajaba con frecuencia en tren a Buenos Aires, aunque desde hacía menos tiempo: apenas dos años. mientras Estévez iba descubriendo en la conversación que la mujer era mucho más inteligente y sensible de lo que él había supuesto a partir de su tapado de
piel (por un estúpido prejuicio social ), la mujer le contó que hacía dos años la fábrica de muebles del marido se había fundido, como se habían fundido tantos cientos de fábricas de muebles y de todo tipo de objetos en todo el país por aquellos años, y que ella había tenido "que sacar pecho y encargarse del hogar". Había desenterrado un título de abogada, había conseguido un empleo en los tribunales de Buenos Aires, y desde entonces era la que permitía que la familia siguiera económicamente en pie.
A Estévez le extraño que la mujer no lo dijera con orgullo sino con cierta pena y tanteó delicadamente el motivo. Lo que le preocupaba a la mujer era que el marido se sentía resentido con la situación: después de haber sido el laborioso pater familias que traía cotidianamente el sustento, deambulaba ahora solo y sin propósito en la vida por los cuartos de la casa, cada vez más deprimido, tal vez
imaginando inexistentes aventuras de su mujer en Buenos Aires.
Estévez se conmovió por lo que la mujer le contaba, aunque se dio cuenta de que en buena medida estaba descargando parte de la emoción contenida cuando ocurrió lo de la otra mujer, la del niño, la del andén en la noche, y comenzó a hablar con un tono tan lento, personal e íntimo como ella. Mientras lo hacía, no dejó de tomar en cuenta que la mujer se desabrochaba poco a poco el tapado, y que un momento después se lo abría, en una mezcla de reacción objetiva ante el cambio de clima del vagón -de pronto hacía más calor, tal vez porque había empezado a funcionar la calefacción, que tan mal suele funcionar en los Ferrocarriles Argentinos-, pero tambien en parte por el calor mismo del dialogo.
Relajado yo por completo, confidencial, Estévez llegó a decirle a la mujer que
muchos años atrás, cuando muchacho, había pensado en ser escritor, en narrar historias que atraparan al lector.
La reacción de la mujer fue inesperada, pero en última instancia comprensible: se irguió bruscamente al oír la confesión, y con ojos brillantes, acuosos, que le quitaban muchos años de encima a su rostro, le dijo que ella por su parte siempre ( y recalcó por segunda vez: "siempre") había querido ser actriz. Pero había vivido desde niña en San Nicolás, que era una ciudad pequeña, sin llegar a tener la oportunidad de seguir después de sus primeros escarceos con el teatro liceal, por que decidió dedicarse al estudio de leyes, y allí estaba, manteniendo a la familia y un tanto deprimida porque el marido circulaba por las habitaciones vacías, con las manos en los bolsillos.
A esa altura, Estévez disfrutaba plenamente de la
situación. Sobre todo porque en ingún momento se le ocurrió imaginar que la conversación con la mujer del tapado podía terminar en una relación, apresurada o no, de tipo sentimental o erótico. A eso lo ayudaba, por su parte, el hecho de que fueran los dos rodando sobre las ruedas deun tren, rodeados por el ritmo gratuito y persistente que imprimían las junturas de los rieles a las pesadas ruedas de metal. Pero sobre todo porque esa historia de la mujer del tapado, sin que él lo supiera, iba a recordarla siempre en el futuro como la parte explicable del viaje, no para ocultar sino indisolublemente ligada a la otra, la sumergida, la inexplicable, la de la mujer que se equivocó de tren -quería ir a Córdoba y se subió al de Rosario-, que se quedó perdida e intraducible -como tantas otras cosas de aquella época- en un pequeño, solitario, nocturno andén de los Ferrocarriles Argentinos.
* de Elvio E. Gandolfo.
"Ferrocarriles Argentinos", Alfaguara literaturas. Buenos Aires, edición de 1994.
*
Cuando todo está perdido, llega a menudo la esperanza.
*Legolas a Gimli
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HONRAR LA VIDA*
En el noroeste de Mongolia todo el mundo se muere, pero las
personas no mueren. Se lo dice el papá a Nansa, una niñita de ojos
rasgados en un redondo rostro de manzana.
El budismo los provee de un inagotable círculo de vidas que el
alma recorre pasando de un arbusto a un camello, de un camello a un
buitre, saltando de ser a ser, hermanando plantas, animales y seres
humanos en un hálito eterno que se manifiesta multiforme y vital. La
muerte no tiene más relevancia que el cruce de un umbral. No
angustia ni aterroriza. Los niños sólo sienten la curiosidad de
quien se pregunta qué vestido usará mañana, qué abrigo le tocará en
el invierno próximo.
Pero no todas las vidas son iguales. Las personas poseemos una
fineza de percepción, la capacidad de razonar y sentir con mayor
agudeza que un yak o una cabra. Esos atributos son invalorables.
Podemos, también, mirar las estrellas, contar historias, acariciar
un perro dormido. Somos capaces de amar.
Volver a pisar el mundo como un ser humano es un privilegio.
Una anciana recibe en su yurta a la niña que se ha mojado en la
lluvia. Toma un cazo con arroz, una aguja larga, y con la aguja en
una mano derrama sobre ella puñados de arroz que caen como lluvia
blanca. Le pide a la niñita que le avise cuando un grano caiga sobre
la punta de la aguja. Puñado tras puñado, la atenta mirada no logra
encontrar que el milagro acontezca.
La pequeña mujer arrugada y sonriente le cuenta a la niña que en
el mundo existen infinidad de seres, y que la posibilidad de
reencarnarse en una persona es tan remota como la de que un grano de
arroz caiga en la punta de la aguja. Así de esquivo es el milagro,
así de difícil es ser un ser humano, y es por eso que cada vida
humana es inapreciable.
Ha de celebrarse, entonces, la vida humana. Y respetarla con la
devoción con la que se preserva un frágil fuego en medio de la
noche.
Lo dicen los mongoles, allá por donde China y Rusia se
confunden. Nos lo cuenta la directora Byambasuren Davaa, que quiso
que su pueblo narre a través de sus filmes esa forma de vivir,
sentir y explicar el universo.
Ellos, los mongoles budistas que creen en un eterno pasaje de
vidas, reverencian la maravilla de ser una persona y de tener la
suerte de pertenecer por unos años al género humano. Nosotros, que
no prestamos fe a historias de reencarnaciones, que creemos que esta
vida es única, despreciamos a nuestros semejantes y no honramos el
maravilloso don de la humanidad que se nos ha concedido y reside en
nosotros. Mancillamos el milagro, desperdiciamos la esquiva
oportunidad de ejercitar los dones que nos fueron hechos. Si podemos
amar, si podemos mirar la luna, si podemos narrar historias;
entonces es nuestro deber hacerlo y por tanto, como lo cantó Eladia
Blázquez, honrar la vida.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica(arroba)hotmail.com
Es una ilusión necesaria
Los dulces recuerdos de una Navidad*
*Por Beatriz Sarlo bsarlo@...
Cuando tenía diez años pasó todo diciembre y la mitad de enero en la
gran sala de niños de un hospital de la ciudad de Buenos Aires. Un
camión con acoplado le había aplastado un pie. Su cama estaba
cubierta de juegos de tablero, de libros y de las pocas revistas de
historietas que la monjita que
cuidaba la sala consideraba que eran lecturas adecuadas para su
sexo, su edad y su formación moral. El Tony (la clásica revista de
historietas de esa época) estaba terminantemente prohibido, y la
intervención de cada uno de los miembros de la familia, que se
consideraban superiores intelectualmente
a la monjita, no pudo superar la interdicción. El padre, que solía
leerle cuentos, también recibió la orden de suspender ese
entretenimiento que conspiraba contra la bienaventuranza de su
infantil almita. De todos modos, la monjita no le caía antipática
porque compensaba con destreza organizativa sus interdicciones. Por
supuesto, el rosario que se rezaba a la seis de la tarde no divertía
a ninguno de los internados, pero la disciplina tampoco era de
hierro y se podía practicar cualquier otra actividad lícita mientras
no fuera muy ruidosa.
Las camas de la sala general estaban bastante separadas, de modo que
él no tenía la alternativa de invitar a sus vecinos de un lado y
otro a que participaran de sus acotadas distracciones. Su cama,
donde una gran armazón de alambre le inmovilizaba la pierna derecha,
flotaba en el medio de la sala, como un barco que lleva a un
pasajero de primera enfermo y es atendido por una tripulación
solícita.
Alrededor del 20 de diciembre comenzó una especie de show continuado
de entretenimientos infantiles: los magos sucedían a los payasos, y
luego venían los títeres, las pequeñas compañías teatrales, los
malabaristas. A cada número le seguía una merienda especial. El no
podía probarla porque
acababa de salir de una gangrena con fiebre de cuarenta grados y lo
tenían a pan y agua. Pero la mayoría de los demás chicos y de sus
familiares recibían porciones de turrón, o (lo que a él le pareció
de un refinamiento exquisito) pequeños pandulces, miniaturas de
confitería. Se sabe la devoción que los
chicos sienten por los objetos que no responden a su tamaño
habitual; por otra parte, esos pandulces en miniatura eran una
novedad en aquel Buenos Aires donde todavía no se habían
generalizado las innovaciones culinarias.
Algún despistado amigo de la familia cayó en esos días navideños con
una caja de marrón glacé (que también en esa década sencilla era
considerado el caviar de todos los bombones). Técnicamente él
hubiera podido comer alguno, ya que se trataba de una pasta de
frutas azucarada, pero alguien se la
arrancó de las manos considerando, con mejor criterio que el
visitante, que era un regalo más apropiado para su madre que para
una criatura de gustos sencillos y elementales que deliraba con los
pandulces o imaginaba un retorno a casa en medio de un asado con
innumerables sándwiches de chorizo y botellitas de Coca.
Otro día de esa semana de jolgorio hospitalario, un peluquero del
barrio fue a cortarle el pelo. Lo tusó, sin que él ofreciera mayor
resistencia ya que estaba harto de que lo peinaran manteniéndole la
espalda erguida por la acumulación de almohadas, mientras le mojaban
la cabeza y decían: "Este chico va a ser muy rebelde siempre; mirá
la cantidad de remolinos que tiene". Finalmente, para el 24, le
trajeron un pijama nuevo, celeste, de manga corta y con un bolsillo
sobre el lado izquierdo. Se pensó que así
quedaba presentable para la Navidad. No recuerda cómo transcurrió la
noche del 24; supone que, como siempre, las luces se apagaron a las
ocho y se durmieron todos, salvo los chicos que estaban más enfermos
o sentían esos dolores que los obligaban a gritar de madrugada.
Sobre todo el quemadito de
la última cama, contra la pared. Pero a eso, chicos y grandes
estaban acostumbrados.
Recuerda, en cambio, el despertar del 25 de diciembre. En cada
mesita de luz había una bolsa enviada por el gobierno, con una caja
de soldaditos de plomo (muy lindos), un balero, y un librito donde
se hablaba del Hada Buena (Eva Perón), que quería mucho a los niños.
A ningún chico se le hubiera ocurrido
dudar de ese mensaje, si llegaba a leerlo, ya que ese amor quedaba
probado por la existencia palpable de la bolsa con juguetes. Su
familia, la de quien recuerda esa Navidad, también le había traído
un regalo que competía con la bolsa igualitaria. Era el juego de
tablero más codiciado de la época. Su
nombre, que parecía un desafío al gobierno que repartía los juguetes
y había enviado los payasos y los magos, era El Estanciero.
Aprendió a jugar durante los días que siguieron. El estanciero no
era sencillo para un chico de diez años, pero la familia lo había
elegido porque practicaba con él, incluso cuando estaba internado en
un hospital. Era una especie de experimento pedagógico prolongado
del que los padres y tíos quedaban presos, ya que debieron
dedicarse, en los días que van entre la Navidad y el Fin de Año, a
explicarle las reglas y las trampas del juego. Me dice que recuerda
esa Navidad como una de las más apacibles.
*Fuente: revista Viva - Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-01333498.htm
Domingo, 24 de Diciembre de 2006
CHICA MARIANI, FUNDADORA DE ABUELAS
"No se hace lo necesario para hallar a los chicos"
Con 83 años, Chicha va a dedicar hasta el último día de vida para
encontrar a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976.
Estuvo en Rosario para ser homenajeada y dijo estar convencida de
que el Estado "no puso ni pone lo necesario para encontrar a los
chicos desaparecidos".
*Por Alicia Simeoni
"Estoy convencida de que el Estado no puso ni pone lo necesario para
encontrar a los chicos desaparecidos, algo así como lo que sucede
con el caso de Jorge Julio López. Se me ocurre pensar que hay mucha
gente a la que se le paga un sueldo buscándolo y no tienen logros",
dijo a Rosario/12 María
Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, la fundadora de Abuelas de
Plaza de Mayo. A los 83 años y después de 30 sin descanso, Chicha
Mariani continúa buscando a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La
Plata en 1976, cuando tenía 3 meses y de la casa de sus padres, a
quienes mataron. El viernes pasado esta Abuela fue declarada
visitante distinguida de la ciudad a partir de una iniciativa del
edil socialista Juan Rivero. Mariani estuvo en Rosario para asistir
a la presentación del libro Chicha, la fundadora de Abuelas de Plaza
de Mayo, una biografía escrita por Juan Martín Ramos Padilla. "Tengo
que seguir buscando antes de quedarme del todo sin vista y ahora me
voy a empezar a cuidar. Necesito seguir buscando y luchando por
restituir la identidad a mi nieta". Muchos años atrás, en 1977,
cuando con Alicia de la Cuadra (otra abuela) fundó la organización,
trabajó en equipo con mucha fuerza pero además con "serenidad y
planificación" explicó a este diario.
"Era necesario hacerlo así, y hasta 1989 encontramos 59 nietos", un
logro que -aún con lo que siguió haciendo la institución- le
parece "mínimo". Y señala una y otra vez que el Estado no hizo ni
hace lo que debe para restituir la identidad a "esas personas que
son ciudadanos privados de su historia y de la verdad".
Mataron a su nuera Diana Teruggi, secuestraron a su nieta de 3 meses
el 24 de noviembre de 1976 cuando arrasaron la casa donde vivían en
calle 30 entre 55 y 56 en La Plata y 8 meses más tarde asesinaron a
su hijo Daniel. Esa misma noche las bandas llegaron hasta su casa,
pero ella y su esposo se
habían ido. El matrimonio de Diana y Daniel militaba en la
organización Montoneros y tenía una imprenta clandestina en la
vivienda que en el 2004 fue declarada patrimonio histórico nacional
y su mantenimiento de interés provincial y municipal. Allí se
conservan todavía las terribles marcas de
los disparos de Itakas y otras armas y desde 1996 funciona la
Asociación Anahí, el nombre de su nieta a la que sigue buscando.
-Se cumplieron 30 años del secuestro de Clara Anahí.
-Sí, yo tengo una larga vida de 83 años dividida en tres partes y
uno de esos tercios fue ocupado en la búsqueda de mi nieta. Hace 30
años de su secuestro. Todavía no pude dar con ella, pero buscando a
Clara Anahí llegué hasta otra abuela que supe que tenía una nieta
desaparecida, Alicia de la
Cuadra. Nos encontramos, decidimos buscar a otras abuelas que
integraban otros organismos y formamos Abuelas Argentinas con
Nietitos Desaparecidos que luego fue cambiado por el nombre de
Abuelas de Plaza de Mayo, de la que fui presidenta hasta 1989. Me
fui por diferencias y unos años después, en el
'95, '96, mis compañeros de trabajo me plantearon que no
desperdiciara la experiencia realizada en Abuelas y así fundamos la
Asociación Anahí, creada para promover, sostener y defender la
vigencia de los derechos humanos, la reconstrucción y preservación
de la memoria y la defensa de la niñez y la
adolescencia.
-Usted dice que planificaban las acciones de búsquedas.
-Van 30 años de desesperación, de búsqueda alocada y no alocada,
porque lo primero que pensé es que había que buscar con calma y
sistemáticamente.
Utilicé mi experiencia como docente y jefa del departamento de
estética del Liceo Víctor Mercante de La Plata perteneciente a la
universidad. Allí si uno quería trabajar bien debía ser ordenado y
concreto porque integraba un plantel de 20 docentes. Esto me sirvió
en Abuelas y ahora en la Asociación
Anahí. Armábamos organigramas con lo que había que hacer,
programábamos la visita a los jueces de a tres de nosotras para
llevarles las demandas. La carpeta con denuncias crecía cada vez más
hasta que llegamos a encontrar 59 niños cuando yo renuncié y Abuelas
siguió con este trabajo. Entonces me
dediqué a buscar a mi nieta y a otras personas cuya identidad no
estaba necesariamente deshecha por la dictadura, sino gente que es
abandonada y luego busca saber cual es su origen, quiénes son sus
padres. En eso trabajábamos también en la Asociación Anahí desde
1996.
-¿Cómo evalúa los logros en las acciones por el encuentro y la
restitución de tantos niños secuestrados?
-Los chicos que están denunciados son muchos, pero hay también otros
que no fueron denunciados por distintos motivos. A veces los abuelos
viven muy al interior y no han llegado a conectarse. Además también
influyeron el miedo, la ideología. Me consta que hay chicos sin
denunciar y que los casos
deberían llevarse a Abuelas pero hasta ahora las familias no
aceptaron. La cantidad se sigue calculando en 500 pero son más.
Cuando me fui habíamos localizado 59 y se siguió. Sin embargo creo
que el logro es muy mínimo y que el Estado no puso lo que debía
poner para encontrar a estos chicos que son ciudadanos
desaparecidos. Hay gente que sigue pensando 'Y bueno, ya crecieron,
están por ahí, los quisieron, les dieron de comer'. Pero son
personas secuestradas, desaparecidas, con una vida y no hablo del
pasado
sino también del presente. A veces pienso que a Julio López también
hace 3 meses que lo están buscando y no lo encuentran y me pregunto:
`Tanta gente dedicada a buscarlo, a los que se les paga un sueldo,
¿qué hacen?'. También pienso en lo que hicimos y hacen Abuelas, se
recorren todos los puntos y
conseguimos algunos logros. Entonces ¿no puede el Estado trabajar
con todas sus fuerzas devolviéndoles la vida y la identidad a estas
criaturas.
¿Tenemos que hacerlo las viejas que ya nos estamos muriendo?
-Se podrían hacer más cosas para encontrar a los chicos.
-Por supuesto que sí. Sólo que desde el Estado no se ponen a
buscarlos y creen que los demás tienen que hacerlo y no ellos, pero
es el Estado el que tiene ese deber, se trata de ciudadanos a los
que se les robó su identidad y, en el caso de López, de un
desaparecido. Esto va también para el actual presidente Néstor
Kirchner, tiene que buscar, preguntar. Él es el comandante de las
Fuerzas Armadas y si se pone firme y exige que le digan donde están
los niños, que los militares saben dónde están, algo se conseguirá.
Porque él es su jefe. Eso es lo más elemental que pienso.
-¿Hay nuevos indicios sobre el paradero de su nieta Clara Anahí?
-Este año avancé bastante, fue un período repleto de datos y
movimientos, de gente que nunca habló y ahora lo hizo. Treinta años
a la espera de algunos testigos que ahora llegaron. Creo que estoy
en buen camino pero luchando siempre contra la inutilidad de los
miembros de las Fuerzas Armadas y
policiales que van a la Justicia con los viejos y perimidos
discursos y están produciendo falsos testimonios. No sé qué les
puede costar más adelante. Siguen diciendo que mi nieta murió y está
completamente comprobado que fue sacada viva de su casa en La Plata.
Yo lo supe siempre pero había
muchas personas que sabían y callaron. Ahora están hablando. ¡Si en
algún momento hasta me la quisieron vender!, pero no llegué hasta
ella. El diplomático que me ayudaría a salir del país con la nena
fue a preguntarle a (Ramón) Camps si era cierto y por supuesto se
terminó todo: la entrega, el negocio de ellos y toda mi esperanza.
-¿Qué reflexión tiene en cuanto a la situación de las organizaciones
que trabajan en el área de los derechos humanos, la dispersión y las
divisiones que existen?
-Desde hace años se produjeron diferencias que son muy lógicas.
Eramos personas que trabajábamos juntas, llegadas de distintos
lugares y con ideas dispares. Convivimos durante años, todos los
días, y surgieron las diferencias y las asperezas. Ocurrió en todos,
también en Abuelas y en Madres en la que hay dos líneas. Cuando me
fui yo no quise hacer nada porque el respaldo a los niños
restituidos debía continuar muy firme en la institución y era muy
feo dividir. Pasaron muchos años hasta que después
creamos la Fundación Anahí con objetivos distintos. Mucha gente
piensa que somos Abuelas
línea-fundadora pero no es así.
-Y en cuanto a la relación con el Estado y los gobiernos.
-A mi modo de ver los organismos deben estar separados de líneas
partidistas. No se puede atar las organizaciones a compromisos
partidarios o económicos, sea el que sea. Pero esto no siempre es
así. Son 30 años de lucha y trabajo, hay cansancio y cambio de
orientaciones en los organismos.
Yo no juzgo a nadie, ni a los que traicionaron a sus compañeros en
los campos de concentración, tampoco a los organismos. Pero me
gustaría que se hubiesen superado las diferencias porque de lo
contrario cada uno va por su propio camino cuando se deben aunar
todos los esfuerzos.
-¿Qué le produjo escuchar a Hebe de Bonafini cuando desapareció
Julio López y habló de un complot para perjudicar al presidente
Néstor Kirchner?
-Admiré mucho a Hebe porque fue muy valiente, estuve muy cerca de
ella al principio, después nos separamos para siempre pero nos
respetamos mutuamente. No entiendo porqué dijo todas esas cosas.
Tampoco comprendo el acercamiento al gobierno, nunca lo hubiera
esperado de ella. Puede tener
toda la simpatía o amistad sin tener que jugar en lo público. Pero
bueno Hebe es Hebe.
-¿Y sobre la situación integral de la vigencia de los derechos
humanos?
-Se habla mucho de los derechos humanos, está todo en un mismo
punto. Yo soy crítica respecto de algunas situaciones, como las que
se producen alrededor de los planes sociales al estilo del que fue
el Trabajar. Esa es una forma de implementar el no trabajo que es
sagrado. Uno de los valores que tiene
una persona es su trabajo. Los hijos se van, no son nuestra
propiedad. Los padres también, pero el trabajo es el resultado de
todo lo que uno pone. Me parece fundamental que la gente tenga
trabajo, sepa qué es, gane su dinero y no lo haga con la firma de un
papel. Claro que es imprescindible ayudar a la
gente en una situación de miseria como vive pero hay que crear
nuevas fuentes fundamentalmente y que aparezca de nuevo la cultura
del trabajo.
*fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/9-6743-2006-12-
24.html
¿AZUCAR O SACARINA?
Scioli está en campaña y se ven crudas escenas de peronismo
explícito*
*Julio Blanck. jblanck@...
Advertencia para padres y personas sensibles: en las primeras
incursiones de Daniel Scioli por la provincia de Buenos Aires ya se
ven crudas escenas de peronismo explícito.
Repasemos cinco de ellas:
Alineamiento feroz con el que manda. En cuanto Néstor Kirchner
confirmó que Scioli era el elegido para pelear la gobernación, y al
mismo tiempo cosechar los votos bonaerenses que él necesita para
asegurar la Presidencia para sí o para Cristina (las dos elecciones
se harán el mismo día), la media docena de postulantes que
florecieron tras la renuncia obligada de Felipe Solá a la reelección
se bajaron presurosos del caballo. Algunos lo hicieron con estilo,
como el ministro Aníbal Fernández, hombre de hábitos gauchescos y
que goza de muy buena opinión presidencial; o el senador José
Pampuro, ducho nadador en las aguas del poder. Otros, cuyos nombres
por decoro es mejor omitir, desandaron sus ambiciones de manera
mucho menos elegante.
Ejercicio instantáneo del poder. Aún sin certificación oficial como
candidato, Scioli se reunió esta semana con Solá y empezaron a
hablar de la transición. O de cómo trabajar juntos durante los
próximos diez meses para terminar bien uno y empezar mejor el otro.
Detalle a considerar: Solá está encantado con que Scioli sea su
sucesor, porque si el elegido hubiese surgido del peronismo
bonaerense, a él le hubiese esperado un calvario de desgaste
continuo, al desplazarse el eje de poder. No quiere decir que ahora
la vida le sonría a Solá, pero al menos puede sentarse a hablar con
alguien que no tiene nada armado en la Provincia y cuya única
referencia política es Kirchner.
Defensa a muerte del territorio. Tanto o más rápido que los
precandidatos que debieron meter violín en bolsa, detrás de Scioli
formaron fila los ásperos intendentes del Gran Buenos Aires. Los
mismos que fueron duhaldistas, antes menemistas, hoy kirchneristas y
mañana Dios dirá. Esa gente sabe reconocer al primer olfato dónde
está el que tiene, o tendrá, la chequera que habilite obras para el
municipio, el gran argumento de su permanencia. Esta semana una
docena de ellos comió en el quincho de Scioli, a dos cuadras del
Abasto. Fue un gesto casi ritual. Nunca serán sus soldados, pero
combatirán por él porque así lo ordena el jefe de turno. Por lo
pronto, Scioli les masajeó el ego: recordó que en ese mismo lugar
habían compartido un asado de agradecimiento, que él les ofreció
después de la elección de 2003.
Pelea sin pudores por los cargos. Ya hay cuatro sectores que están
tratando de colocar al compañero de fórmula de Scioli. La estructura
peronista pretende co ronar a un intendente, alguien del riñón que
les garantice influencia directa sobre la futura gestión. Los
kirchneristas puros, o sea los que se hicieron kirchneristas antes
que los intendentes, piensan en Graciela Ocaña, la jefa del PAMI,
una figura "progresista" para compensar el perfil de centroderecha
que le endilgan a Scioli. El gobernador Solá quisiera aprovechar su
buena estrella y ponerle acompañante al candidato: suena Cristina
Alvarez Rodríguez, meritoria diputada co nocida por su parentesco
con Eva Perón. Por último, pero con más posibilidades que el resto
si se pregunta en la Casa Rosada, están los radicales K, intendentes
de distritos importantes que siguen la misma lógica utilitaria de
sus colegas peronistas. Se menciona al marplatense Daniel Katz entre
esos radicales que, además de tener votos propios, podrían darle a
la oferta bonaerense la misma pátina de concertación plural que
Kirchner pretende para la fórmula nacional.
Las picardías del candidato. Scioli ya mostró saber qué música debe
tocar para consolidar su candidatura. Visita municipios del
conurbano sin parar, junto a Solá, los intendentes, ministros y
funcionarios. A todos les agradece el apoyo, a todos les dice "yo
vengo para sumar", como hacen los futbolistas cuando llegan a un
equipo nuevo. Y nunca olvida ratificar su adhesión sin fisuras al
Presidente. Habría que reconocerle alguna habilidad a quien entró a
la política con Carlos Menem, fue nombrado secretario de Estado por
Adolfo Rodríguez Saá, lo proyectó a la vicepresidencia Eduardo
Duhalde, y ahora, una noche se acostó porteño y a la mañana se
despertó bonaerense para ser la tabla de salvación que buscaba
Néstor Kirchner.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/12/24/z-03501.htm
LOS ESPECIALISTAS DICEN QUE HAY QUE VIVIR LA CEREMONIA COMO UN JUEGO
"Papá Noel es una ilusión necesaria para todos los chicos"*
PERSONAJE. Para los psicólogos, Papa Noel es una figura clave en la
niñez.
(Sergio Goya)
*Georgina Elustondo gelustondo@...
Esta noche, millones de chicos y no tan chicos descontarán las horas
hasta desembarcar por fin en la medianoche, cuando Papá Noel corone
el día con algún que otro regalo y un rato de magia que emocione
hasta a los mayores.
"Santa Claus es la única figura en la que me hubiera gustado creer
para siempre", escribió una bisabuela a Clarín. "Brindo para que nos
aferremos con el alma a la fantasía de ese abuelo todo corazón". Fue
su deseo. Un deseo que los psicólogos comprenden sin ningún pero.
"Ese bueno y gordinflón abuelo es una figura clave. ¿Qué adulto no
recuerda aún hoy el día en que la venda se le cayó de los ojos? Ese
momento jamás se borra porque rememora el día en que se perdió la
inocencia, cuando nos hicimos grandes y terminó la primera
infancia", explica la psicoanalista
Stella Maris Gulian, del Centro Dos.
Papá Noel es una ilusión hermosa, una de las dulzuras más lindas de
los primeros años. "Es una ceremonia lúdica en la que participa toda
la familia.
No es un engaño sino un juego y hay que vivirlo como tal. Y cuando
los chicos preguntan dónde vive lo que yo recomiendo es decirles que
vive en el país de la fantasía. Esa es la verdad y cuando les caiga
la ficha va a ser un poco menos duro. No va estar la palabra de
nadie en duda", dice la licenciada Alicia Díaz Farina, de la
Asociación de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. "Hasta que
no preguntan si existe no hay nada que decir. Cuando lo hacen, ya
saben", asegura.
"Papá Noel es una ilusión necesaria para el primer tiempo de la
infancia. Y no es un engaño, como no lo son los cuentos que hacen
hablar a conejos, dan vida a hadas o muestran la valentía de los
super héroes. Ellos tampoco existen, pero los niños creen en ellos
porque creen que hay alguien que todo lo puede. ¿O acaso los padres
no son para ellos dioses que también pueden hacer lo imposible? Ya
llegará el tiempo en que los papás serán más humanos y menos
perfectos, conocimientos que nadie transita sin dolor", dice Gulian.
Las preguntas empiezan desde temprano, iniciando un proceso que
terminará más tarde en eso que llaman enterarse de la verdad. "¿De
dónde saca la plata? ¿Cómo sabe si me porté bien o mal? ¿De dónde
viene? La cuenta deja de cerrar y la duda empieza a hacer su
trabajo, hasta que llega la deducción:
¿Cómo puede entrar por el balcón si tenemos rejas? Papá Noel no
puede volar, nadie puede volar... La conclusión suele quedar un
tiempo en suspenso, y cuando llega alguien a afirmar lo que no se
animan a afirmar por sí mismos recurren a los padres para certificar
si es o no así", sigue la especialista.
Más tarde o más temprano, la razón empieza a desencantar el mundo.
Los velos de la inocencia caen, la infancia se despide. Pero, dice
Gulian, ¿para qué apresurar los tiempos?".
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-04305.htm
Juguetes*
El primer regalo del que tengo memoria debe haber sido aquel camión
de madera que mi padre me hizo para un cumpleaños. No me gustó y no
lo usé nunca quizá porque lo había hecho él y no se parecía a los de
lata pintada que vendían en los negocios. Muchos años después lo
encontré en casa de uno de mis primos que se lo había dado a su
hijo. Era un Chevrolet 47 verde, con volquete, ruedas de retamo y el
capó que se abría. Las ruedas y los ejes seguían en su lugar y las
diminutas bisagras de las puertas estaban oxidadas pero todavía
funcionaban. Mi padre se daba maña para hacer de todo sin ganar un
peso. En San Luis construyó una casa en un baldío de horizonte
dudoso, cubierto de yuyos y algarrobales. El gobierno de Perón le
había dado un crédito para vivienda y él se sentía vagamente
humillado por haberlo merecido. Nunca supe cómo hacía para ocultar
su condición de antiperonista virulento, de yrigoyenista nostálgico
en los tiempos del Plan Quinquenal. En cambio yo me criaba en aquel
clima de Nueva Argentina en la que los únicos privilegiados éramos
los niños, sobre todo los que llevábamos el luto por Evita. En el
día de Reyes, que para colmo es el de mi cumpleaños, el correo
regalaba juguetes a los chicos que fueran a buscarlos. Muñecas,
trompos, una pelota de goma, cosas de nada que los pibes mostraban a
la tarde en la vereda. Por más peronistas que fuéramos, a los hijos
de los "contreras" se nos notaba la bronca y el orgullo de ser
diferentes. A mi padre no le gustaba que yo hiciera cola en el
correo para recibir algo que él no podía comprarme. Por eso me hizo
aquel camión con sus propias manos, para mostrarme que mi viejo era
él y no el lejano dictador que nos embelesaba por radio y aparecía
en las tapas de todas las revistas. Pero a mí el camión no me
gustaba y a escondidas le escribí una carta al mismísimo general. No
recuerdo bien: creo que en el sobre puse "Excelentísimo General Don
Juan Domingo Perón, Buenos Aires". En casa siempre había estampillas
coloradas con la cara de San Martín así que despaché la carta y
enseguida me olvidé. Para remediar su fracaso con el camión, mi
padre me compró un barquito verde y blanco que no funcionó nunca
pero del que me acuerdo siempre. Como no tenía hermanos, nadie me lo
disputaba y pasaba horas haciéndolo navegar. Me acomodaba bajo la
copa de un árbol para protegerme del terrible sol puntano y allí
imaginaba aventuras tan buenas como las que traían El Tony, Fantasía
y Rayo Rojo. No sé, creo que unas veces yo era Tarzán y otras el
Corsario Negro conduciendo, intrépido, a sus sesenta valientes.
El tiempo parecía interminable entonces. Ser mayor era tener
diecisiete años y ésa era la edad de mis héroes en el momento de
combatir o de amar. Y allí íbamos, Tarzán, el Corsario, Kit Carson y
yo, en busca de una rubia suave y maternal que se esfumaba en las
sombras de nuestra noche imaginaria. No sé quién era; tal vez Lana
Turner, Evita, o la radiante esposa del bicicletero de la esquina.
Creo que hacíamos con ella algo inconfesable y delicioso, mecidos
por la brisa de la tarde o azotados por el torbellino del viento
chorrillero. Entre tanto, mi padre ocultaba el pasto que habíamos
puesto para que comieran los camellos de los Reyes Magos. Recuerdo
que lo seguí a hurtadillas aquella noche en que me regaló el camión
y lo vi arrojar el pasto por encima de la tapia.
Era un tipo de voz temible, mi padre; de gestos dulces y reflexiones
amargas. Nada de lo que a él le gustaba me interesaba a mí. Amaba
las matemáticas y leía gruesos libros llenos de ecuaciones y
extraños dibujos. Me hablaba del Congreso y sus facultades cuando
para mí sólo contaba el general. Me daba pena verlo soñar con una
máquina de fotos, una Leica que nunca podría pagar. A medida que
crecíamos y nos enterábamos por el cine, el Corsario, Tarzán, Kit
Carson y yo distinguíamos por la trompa un Chevrolet 37 de uno del
35, un Ford A del 30 de otro del 31.
Una mañana se detuvo frente a casa un Buick con tres hombres de
sombrero. lo buscaban a mi padre y él salió presuroso, con el pucho
entre los labios. Llevaba el único traje que tenía para ir a la
oficina y sólo Dios sabe cómo hacía mi madre para tenérselo siempre
listo. La imagen de mi padre (alto, pelo blanco, idéntico a las
fotos de Dashiell Hammett) me es indisociable del cigarrillo en los
labios. Lo dejaba consumirse ahí, y se estaba horas mirando un libro
de logaritmos, acompañado por una voluta de humo que flotaba hacia
la lámpara. El Buick arrancó y yo supe enseguida que era un modelo
39. Para el Corsario y Kit Carson era del 38, pero yo estaba seguro
porque tenía la parrilla más ancha y atrás la carrocería bajaba en
picada disimulando el baúl. Mi madre se quedó en silencio y cuando
se ponía así era mejor mantenerse a distancia. No sé por qué, yo me
olía plata, la plata que faltaba, la que permitiría que mi padre se
comprara la Leica y mi madre cambiara los zapatos. Plata para que me
compraran Puño fuerte y el tony todas las semanas. Tal vez el
Misterix, que era carísimo. "una fragata", solía decir mi
padre, "¡quién tuviera una fragata!". La fragata era el imposible
billete de mil y mi padre había imaginado todas las maneras de
gastarlo. Ninguna incluía revistas de historietas ni matinés con
Dick Tracy y la habitación donde él soñaba se llenaba de
voltímetros, catalizadores de células fotoeléctricas y otras cosas
tan inservibles como ésas.
Pero tampoco esa vez fue plata. Cuando volvió, a mediodía, mi padre
estaba pálido pero sonriente. No se decidía entre el orgullo y la
bronca. La ceniza del cigarrillo le caía sobre el banderín azul y
blanco que apretujaba con los dedos humedecidos.
- Me dio la mano -le dijo a mi madre y me miró de reojo-. Me dio la
mano y me dijo: "Cómo le va, Soriano".
-¿Y cómo te conoció?- preguntó mi madre, asustada.
-No sé. Me conoció el desgraciado.
En los días de más furia solía llamarlo "degenerado mental", pero
aquel mediodía estaba demasiado impresionado porque el general, que
iba a Mendoza en tren, se había detenido en la estación de San Luis
para saludar a todos los funcionarios por su nombre. Uno por uno,
hasta llegar al sobrestante de Obras Sanitarias José Vicente
Soriano, responsable de las aguas que consumía la población de San
Luis.
Después de aquel apretón de manos, mi padre fingió odiarlo todavía
más y por las noches, a la hora de la cena, bajaba la voz como un
filibustero listo para el abordaje: "¡No me voy a morir sin verlo
caer!", decía, y yo me estremecía de miedo a verlo caer. Corría
entonces a mirarlo sonreír en las figuritas, entre grillo, Pescia,
Fanny Navarro y Benavídez y me parecía invencible. Por las tardes,
mientras preparaba el barco, veía pasar a la rubia mujer del
bicicletero y el mundo de Tarzán, Kit Carson y el Corsario Negro
volvía a su orden natural e inmutable. No sé por qué cuento esto.
Me vienen a la memoria un arco y una flecha. Una espada de madera,
un autito de carrera y el camión que tanto desprecié. También me
acuerdo de la imponente llegada de un camión amarillo. Por fortuna
mi padre no estaba en casa. Tocaron el timbre y salió mi madre:
-Presidencia de la Nación- dijo un tipo de uniforme. Y bajaron una
inmensa caja en la que decía "Perón cumple, Evita dignifica". Mi
madre intuía, azorada, la traición del hijo. "Ya vas a ver cuando
llegue tu padre", gruñia mientras yo contaba las diez camisetas
blancas con vivos rojos y una amarilla para el arquero. También
había una pelota con cierre de tiento y una carta del general. "Que
lo disfrutes", decía. Y también: "Pónganle el nombre de Evita al
cuadro".
Mi padre quería tirar la carta al fuego. Iba a pasar algún tiempo
antes de que Perón cayera y muchos años más hasta que pudiera darse
el gran gusto de su vida. Yo ya era grande, vivía en la Avenida de
Mayo y él se había venido a Buenos Aires a buscar otro trabajo.
Cuando pasó a buscarme traía la leica envuelta en sedas y con un
manual en tres idiomas. Fuimos a un bar y rebosante de orgullo me
mostró su juguete. De verdad era precioso. lentes suizos, disparador
automático, qué sé yo. Le pregunté si era muy cara y me contestó con
un gesto de desdén. "Vos pagame los cigarrillos", dijo.
A los dos o tres meses fui a visitarlo a una ruinosa pensión de
Morón y lo encontré nervioso y esquivo. "¿Dónde está la Leica?", le
pregunté como al descuido y enseguida me di cuenta de que íbamos a
pasar un rato en silencio. Le di un paquete de cigarrillos y cuando
se puso uno entre los labios, murmuró: "Se la llevaron ayer, los
degenerados.... No alcancé a pagar la cuota, ¿sabés?".
Nos dimos un abrazo y nos pusimos a llorar. Mi padre por la Leica y
yo por el camión aquel.
*de Osvaldo Soriano.
-"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana, edición de
1994.
Posdata:
Un abrazo fuerte a los socios y amigos colaboradores de Inventiva
Social.
¡Felicidad y dicha al porvenir!
*Eduardo Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
Correo:
A quien corresponda*
El poder criticar libremente es un derecho que hemos logrado luego
de muchos años de mordaza obligatoria, en la que elegían por
nosotros. Debimos sufrir dos guerras: una interna y otra externa y
al fin comenzar ese camino largo y lleno de dificultades que fue la
democracia. En todo lo que nos pasó fuimos también culpables por
ignorancia, indiferencia o síndrome de la oveja.
Fuimos engañados con el cuento de las bonanzas de la globalización
para poder entrar al Primer Mundo y así nos fue. Tocamos fondo,
reinventamos una nueva esperanza y debimos plantar rabanitos hasta
en los balcones. Recordé todo lo vivido en los últimos treinta años,
cuando leí las quejas de un joven sobre lo que el cree una actual
dictadura y de sus supuestos secuaces.
La democracia no es perfecta, pero es lo mejor que hemos conocido.
Creo que criticar por criticar no es edificante. Hay mejoras que no
se pueden ignorar aunque se que falta mucho para recuperar lo
perdido. Los jóvenes son impacientes, lo se, que porque también lo
fui, pero luego de los años vividos, he aprendido que los cambios
tardan. Hay que presentar ideas mejores, participar en grupos con
gente que uno sepa íntegra, honesta y unirse para lograr fuerza en
los comicios. Pero si los contrarios ganan, hay que actuar como
minoría útil y controladora, hasta las próximas elecciones. Así
funciona la democracia.
*de Mirta Alicia Gisondi. mirtagisondi@...
*
Queridas amigas, queridos amigos:
Agradecemos la colaboración brindada en el 2006 a nuestros diversos
proyectos culturales, ¡les deseamos unas felices fiestas de fin de
año y un venturoso año 2007!
Los domingos 24 y 31 de diciembre del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música
Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos
compositores latinoamericanos y textos de diversos poetas
latinoamericanos en sendos programas especiales de navidad y de
despedida del viejo año y bienvenida al que comienza. ¡Les deseamos
una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
Ejercicios de escritura:
1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que
apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir
una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes,
consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida
posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de
plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando
vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la
escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi
culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia
vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales,
pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada
estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los
demás.
Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin
de año.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero
proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las
experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.
*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o
no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de
enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la
idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
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"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
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Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)
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Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de
intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
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por el editor.
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cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de
obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o
seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
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Que es Inventiva Social ?
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Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos
literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La
publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el
escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea
compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el
tiempo de trabajo del editor.
Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
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Gravedad del desorden que forman las palabras incoherentemente pronunciadas, como un cáliz rajado, seco, infame, con los bordes manchados...
Tenebrosa la noche que nos viola con sus destellos deslumbrantes, con su ruido, con la risa imprudente de los cuerdos, con el brillo en los ojos del amante; la noche cuyo vino adolescente nos embriaga, la noche dominante y entreabierta...
A veces se oyen voces en la pública quietud de las
esquinas, en la tibia intimidad de los zaguanes.
Mas el silencio siempre vuelve como un amo cruel, tenaz, inagotable...
Y vendrá el invierno, y será el frío y la garúa tenue siempre tan tenue siempre tan triste como todas las cosas que no terminan de decidirse, como todas las cosas sin definición, sin contornos, que ya no son lo que fueron, lo que solían ser, lo que debiesen seguir siendo.
Y vendrá el empañarse de los vidrios opacando el mundo, dejándonos del lado de adentro para siempre, tan lejos del afuera ya no luminoso, tan inhóspito, tan avaro de hospedajes de tibieza, tan rencoroso tan sin posibilidad de perdón.
Vendrá, sin duda, el invierno. Es algo que ocurre frecuentemente con la tozuda recurrencia de lo periódico, lo inevitable. Aunque parezca que esta vez no, que los días siguen tibios, que esta estación vas a ver que va a ser benigna, mirá cómo siguen
los días lindos cómo todavía andamos de remera y a esta fecha y todavía, mirá vos, en este avanzado lugar del calendario. A pesar de que parezca que esta vez no, llegará el invierno.
De pronto soplará el viento desde el sur, lo helado, lo inhóspito que se adivinaba en la tierra contagiará los objetos y las respiraciones. Nos miraremos desde lejos. Habrá llegado , una vez más , el invierno.
Voy a perder tu piel debajo de los pulóveres y las frazadas. Nuestros abrazos sufrirán alejamiento de lanas y tejidos interpuestos. Aunque parezca y aunque trate, mis brazos no rodearán tu cuerpo no tendrán ya más la gracia de abarcarte todo entero.
Y me vas a decir que es lo normal, lo establecido, que siempre ocurre, que la naturaleza la tradición el destino lo
decretan, me vas a decir lo que ya se pero no quiero. No quiero entenderlo aunque lo sepa.
Y voy a preguntarte a preguntarme a preguntar por qué a nosotros, por qué también a nosotros. No me voy a rendir a la evidencia de que hace meses que venimos deshojándonos, voy a florecer extemporáneamente, me voy a obligar a fabricar flores minúsculas y trabajosas para mentirte una primavera forzada. Voy a agotar calefacciones.
En vano, en vacío, en nada.
Te vas a ir igual.
-Me llevo lo que es mío -dirás al marcharte. Mentira. A mí no me vas a llevar.
Como en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huir despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipotentes zancadas se acercaban a un ritmo enloquecido y enloquecedor. Hasta no hace mucho, siempre que entraba en una pesadilla, su salvación había consistido en despertar, pero a esta altura los perseguidores habían aprendido esa estratagema y ya no se dejaban sorprender. Sin embargo esta vez volvió a sorprenderlos. Precisamente en el instante en que los sabuesos creyeron que iba a despertar, él, sencillamente, soñó que se dormía.
La vida no es literatura. Hay que vivir... después escribir. No inútilmente se finge el fantasma. Llega un día en que se termina por serlo. Así, insensiblemente fui impregnándome de cierta acidez que infiltró en todas mis palabras un resabio de ironía agria, cierto hedor de leche cortada. La gente me huía instintivamente. Tuve
renombre de cáustico. Mis chistes, los mejor intencionados, resultaban siempre de doble sentido, perversos, y los papanatas me cobraron un miedo terrible." "Me deleitaba revolotear como un lechuzo. No sé por qué. Tampoco sé por qué les gasté bromas tremendas a los que tomaban la vida en serio, e incluso sostuve que únicamente los badulaques profundos le concedían importancia a lo que nacía de ellos. Lo cual no impedía que de continuo se formaran en la superficie de mi conciencia, grietas que rezumaban amargo salitre de envidia. Nada me ofendió más profundamente que el éxito de un compañero a quien despreciaba en mi fuero interno. Cierto es que el éxito era una bagatela comparado con los que podía obtener yo explotando las posibilidades encerradas en mí. Recuerdo muy claramente que me acerqué a un camarada y lo felicité indulgentemente irónico. Era una congratulación muy de estilo para molestar a las personas que consideramos inferiores a nosotros." "Me indigné
contra mi intelecto, hice tentativas de intimidar a la inspiración, de infiltrarme en mi propio subconsciente. Era indispensable que él obedeciera y trabajara a mi servicio, pero fue todo inútil. No olvidaré nunca que me encerré una semana entre cuatro paredes a la espera de la maravillosa fuerza que debía inspirarme páginas inmortales, pero el único fenómeno que provocó tal encierro consistió en una violenta intoxicación tabacosa y aburrido de hacer el ermitaño, me lancé a la calle a buscar la vida. ¿ Por qué yo no podía producir y otros sí? ¿Dónde radicaba la misteriosa razón que hacía que un hombre que se expresaba como un imbécil, escribiera como si tuviese talento?" "¿Mas, hasta qué punto es posible engañarse a sí mismo? Insensiblemente los ánimos me decayeron, las frases que escribía se atropellaban como abortos de pensamientos, sin ton ni son; la soledad del cuarto me inspiró repulsión, desidia los flamantes libros que comprara para ilustrarme sobre la
'no-acción', y un día resueltamente acaté los impulsos de mi voluntad, y me confesé que no podía darse nada más estúpido que el trabajar sobre una obra en la cual el primero en no creer era yo." "La vida era breve. Más que ridículo resultaba el hombre que consumía su juventud garabateando infames papelotes. Por optimista que fuera había que reconocer que con la literatura no se reformaría a la humanidad." "Seamos exigentes, compañeros. Si nosotros no salvamos el arte, ¿Quién lo salvará?... Un hombre que a la luz del sol y de las lámparas de doscientas bujías, tiene la audacia de proclamar que hay que ser exigente y comienza él por someterse a su principio, no escribiendo ni una sola línea por razones de exigencia, no puede ser un pedante ni un hipócrita." "A mis camaradas les anuncié que preparaba la Estética del Exigente, a base de un cocktail de cubismo, fascismo, marxismo y teología. Varias literatas se alegraron tanto al recibir la noticia, que a consecuencia
de ello, se les declaró furor uterino." "Nuestra audacia cobró tales fueros, que un día anunciamos en las páginas de nuestra revista, a todo lo ancho: DE AQUÍ EN ADELANTE NO DISCUTIREMOS, DISTRIBUIREMOS RAZONABLES TANDAS DE PUNTAPIÉS Y BASTONAZOS." "Así como el demente extrae de su locura los elementos que le hunden en el desconcierto de su propia vida, así yo extraía de mi imaginación el veneno que me amarilleaba los ojos." "Estas tribus derrotadas socialmente, se rigen por leyes especiales y en nuestra esfera de influencia, al novato que llegue se le perdonaban sus éxitos antiguos en gracia de su fracaso presente. Vaya lo uno por lo otro. Personalmente el individuo ha muerto como promesa, de acuerdo, pero en cambio, inequívocamente, resucita como fracasado. Y al resucitar como fracasado, tiene derecho al pan y a la sal que en el desierto de la literatura se le ofrece al viajero perdido." "Como otros de mis compañeros, me quise acercar a la clase
trabajadora. No negaré que se me ocurrió que al asumir semejante actitud, yo le hacía al proletariado un extraordinario favor. ¿Quiénes sino nosotros (según decíamos) podían orientar a la clase obrera hacia la resolución de sus problemas? ¿No constituíamos algo así como la sal de la tierra proletaria?" "Lo grave, es que sujetos parecidos a mí en no enterarse nunca de nada, abundan en tal orden de actividades. Cuando varios tipos de este estilo nos reuníamos, encontrar un tema de conversación constituía un problema, y un ¡oh! y un ¡ah! de nunca acabar, eslabonaba la sorpresa que mutuamente nos producían sucesos de los que no 'sabíamos' una palabra. De lo que no dejábamos de enterarnos, tronara o lloviera, enfermos o viajando, era de los brulotes endosados a un compañero por cualquier criticastruelo... ¿Viste el brulote que le metieron a fulano? Cuanto más injusta o malintencionada la crítica, más festivamente recibida. Sabíamos que el placer que experimentaba el
autor al publicar un libro se lo abollaba la crítica, y cuando se comentaba el brulote, no era por el brulote en sí, sino por el placer que derivaba de saber que había un compañero sufriendo en su vanidad o en su orgullo." "A veces una ráfaga de rabia me enturbia las pupilas, luego me encojo de hombros. Sustituyo el odio con la antipatía, y la antipatía con la indiferencia. Tanto es así, que he reemplazado mi indiferencia de no enterarme de nada por aquella indiferencia un poquito más sutil, política e irónica de elogiarlo todo. Lo bueno y lo malo."
"Y así pasan los años. De mi ineptitud se desprende una filosofía implacable, serena, destructiva: ¿Para qué afanarse en estériles luchas, si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y la nada infinita? Y yo sé que tengo razón."
Y es casi la noche cuando caminamos con mi compañera de la mano por la ciudad. Hemos sacado algunas fotos de gárgolas y fachadas antiguas. Vemos una luna creciente en una arcada alta de un edificio religioso que comunica al cielo como visión última. A media cuadra nos encontramos con la plaza casi como un tropiezo, esta es la
plaza adonde miran los edificios mas importantes de la esta provincia. El poder ejecutivo y judicial tienen sus casas diurnas allí. En la plaza hay un pequeño grupo de personas reunido casi en círculo.
Nos acercamos con curiosidad. Hay un hombre de alrededor de 50 años alto y encanecido que lee con voz pausada y serena unas palabras, una periodista le acerca el micrófono y hay un camarógrafo con su equipo que se afirma en tres patas metálicas sobre las baldosas.
Varias personas llevan candelas caseritas en sus manos. Puedo
ver a dos ancianas con bandanas blancas cubriendo sus pelos blancos y grises. Un niño que juega, va y viene a la mano de una joven madre de vestido rojo. Luego habla una mujer, solo recuerdo la frase "nosotros sabemos la verdad".
Mientras seguimos nuestro camino, pienso en esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas. En ese duelo a cielo abierto que necesitan realizar cíclicamente mientras haya quien pueda contar los hechos y relatar lo trágico que el poder elude. Para el cual las heridas solo se sueldan con impunidad y olvido. Según parece, para el dolor que echó raíces nunca hay auspiciantes. Esos estan siempre en otro lado.
¿Adonde estan las miles de víctimas de lo que pasó? parece decirme ella con su mirada.
No importa digo. Nada del mundo les quita entidad a quienes no se rinden y salen a la calle para recordar a sus muertos y pedir por una improbable justicia.
Imagínenme así: un metro setenta y cinco, más bien flaco, bigote ancho como el que llevaba mi abuelo a principios de siglo. Ha vuelto a ponerse de moda. Pelo abundante y descuidado, patillas cortas. Llevo sombrero tumbado a media frente. Tengo carácter uraño y alma de calefón. Me lo dijo una chica que crucé en Marsella el día en que escapamos de la gran guerra, allá por el año treinta y ocho. Ahora ya lo saben: me derriten las palabras amables y las mujeres que fingen timidez.
Me llamo Gustavo Peregrino Fernández, pero la profesión me privó del primer nombre y me regaló otro, doctoral y vulgar: Míster. Míster Peregrino Fernández, entonces. Llevo muchachos a correr por los potreros de algún olvidado rincón de la patria. Trato de que se porten bien y dejen en la cancha lo mejor que tienen. Que no corran como poseídos detrás de la pelota. Voy de acá para
allá por la parte fea del mundo. Soy un ganador incomprendido, corro por la sombra, tomo trenes y colectivos bajo la tormenta.
Estoy en un rincón de la Patagonia en el año 58. Llevo una semana estornudando contra el viento, cagando arena y orinando agua bendita. En las horas en que no trabajo voy a matear con el cura, que es un primor de tipo, una ficha que Dios perdió a la ruleta. Les decía que vengo de lejos. Siempre es así. En el año 36 fui a predicar mi fútbol a Europa, hasta que empezó la guerra y la chica aquella me dijo eso de que tengo alma de calefón.
Del 39 al 44 estuve en Casablanca, en el bar de Rick.
Cuando no estábamos muy borrachos íbamos a jugar a la pelota cerca de ese aeropuerto que ustedes conocen. Después no sé qué
pasó, a dónde se fueron Rick y su amigo Renault, el gendarme francés. Yo me quedé dirigiendo en un club de Tánger. Eran tan malos los jugadores que tenía que ponerlos a todos en el área chica para escaparle al descenso. Me acuerdo que el centrojás era un petiso con joroba, bastante corto de vista. Había que ponerlo porque el padre manejaba el mercado negro y proveía tabaco, papel higiénico y hojas de afeitar. Al centrofóbal tampoco lo podía sacar porque decían que era su amigo o su amante, nunca pude confirmarlo.
Me pagaban bastante para lo que era el mundo en ese entonces. Tenía un Studebaker modelo 34, cuatro trajes y a veces una mujer expulsada de algún harén suburbano. No sé, nunca me gustó preguntar. No voy a ocultar que estuve preso. Las cosas eran confusas y no se sabía con certeza lo que estaba bien y lo que estaba mal. Ni siquiera sé si fui yo quién disparó el revólver. Hacía calor, el
ruido era infernal y el eslovaco puteaba y puteaba, decía que yo le debía plata y que me estaba metiendo en su negocio. De pronto cayó redondo con un agujero en la cabeza. ¿Tiré yo? ¿Tiró otro? Todos andábamos armados en la ciudad y en los bares liquidaban media docena de tipos por día. Sólo que este era un peso pesado y estuve a la sombra casi un año, hasta que el club reunió la plata para los jueces.
No sé si esto tiene alguna importancia. Ahora que estoy postrado en una casa para viejos, aburrido y esperando el fin, se me dio por escribir las cosas de las que me acuerdo y que pueden servirle a los jóvenes. Un escritor de la Argentina que pasó a verme hace unos meses me contó que los jóvenes no quieren saber nada con el ejemplo de los mayores, que olvidara la moralina y los consejos. Si es así, narraré latrocinios y vendetas, vejaciones y tormentos. Tengo 85 años y he visto
bastante.
Sé que los militares pasaron una generación de idealistas a degüello. Después mandaron a otros a una guerra perdida. Los que sobrevivieron todavía no han superado el terror y se lo han transmitido a los hijos. Parece que sólo los tranquiliza llevar una tarjeta de crédito. Igual, yo no escribo para que me lean. Utilizo las lenguas que me vienen a la cabeza según el humor con que empiezo el día. Viví en tantos lugares diferentes que cada idioma está atado a un afecto, a un suceso. Escribiré en turco, en inglés y en castellano sin traicionar ni reprimir los sentimientos. En alemán hablaré de aquella chica de Berlín, en polaco del campo al que me llevaron por tratar con judíos, en inglés de mis incursiones australianas.
Había pensado en un manual que traslade las enseñanzas del fútbol a la vida de todos los
días, pero no sé si podrá ser. En algunos países mojigatos la gente vive colgada del travesaño; en los pretenciosos se adelantan tanto que terminan apuñalados de contragolpe. En fin, mis teorías no serán atendidas; tal vez tenga razón el escritor aquel, pero tengo mucha edad y no puedo remediarlo. Empiezo, entonces, con los años en el bar de Rick. Ustedes habrán visto mil veces la película: Tócala otra vez, Sam, Bésame como si fuera la última vez, dice Ilda, la enamorada. Pamplinas. Rick no quería a nadie, era un individualista al que se le habían muerto las ilusiones. Tócala otra vez, Sam. quién hubiera dicho en aquellos tiempos que Sam iba a tener una posteridad. Murió en el año 47 o 48, me contaron. El bar cerró y andaba tirado, con dolores de cintura y reumatismo en las manos de tanto darle al piano. Había remontado en barco hasta Burdeos. Se metió en un cine barato donde daban una de las primeras de Robert Mitchum. Lo oyó decir: "El amor es como el azar, cuanto más
lejos vayas más posibilidad tienes de ganar", y ahí nomás se murió. Tal vez era la época: estaba plagada de existencialistas, vividores y socialistas románticos. A Sam le habrá pasado lo mismo que a mí: sólo el socialismo te ofrecía futuro. Muchas veces había que morir para que los otros siguieran viendo más allá de la nariz, como el Che antes de ser un montón de huesos ofrecido a los turistas. Pero bueno, caer estaba en los cálculos. Se moría menos por accidentes de tránsito y más por un futuro imperfecto.
En mi vida he visto distintas épocas de varios países. Los he visto encanallados, valientes, resignados, corruptos, cobardes. Vi la aterrorizada Alemania de Hitler ensañarse con judíos y comunistas. ¿De qué les sirvió tener a Heidegger? los hombres decentes se expatriaron: los hermanos Mann, Freud, Peter Weiss, tantos más. Vi miserias de las que no me atrevo a hablar todavía.
No me va a ser fácil hilvanar con el fútbol. yo fui uno de los primeros que vio la inutilidad de mantener wines estáticos haciendo firuletes por la raya, pero nunca pensé que al desaparecer los wines desaparecería un modo de vida. Tambien afuera de la cancha. Habíamos acabado con la belleza para asegurar la rentabilidad de los equipos. Mandamos a esos endiablados chiquitos a correr de acá para allá, a sacrificarse, a colaborar con los que no sabían cómo se chanflea una pelota. El otro día vi a un tipo de cuatro millones de dólares, sin arquero por delante, tirarla afuera. No la embocó en un arco de once metros de ancho ni siquiera con esos zapatos de ahora, que vienen preparados con alerones y muescas de modo que hasta un enyesado pueda hacer un gol olímpico.
Allá por el cincuenta y ocho, en Tánger, mi centrodelantero era burro
pero feliz porque sentía que tenía una misión y la cumplía. No iba a buscar la pelota, pero si se la daban a quince metros de la valla los arqueros sudaban. Dur, violent, au coin enchanté, me decía. Fuerte y bajo, al rincón de las ánimas, me atrevo a traducir. Tiempo después, así como Sam murió en una butaca de cine viendo y oyendo a Mitchum, mi delantero llamado Agustin se rompió la cabeza contra un poste al ir a buscar de palomita un centro mal colocado.
No quiero irme también yo sin antes declarar que soy uno de los responsables de la desaparición de los wines. Me gustaría evocar, además, a los backs centrales de aquellos tiempos. Uno era asesino y el otro caballero; pero eso lo dejo para otro día. Estoy cansado, tengo más edad de la que he confesado y la enfermera se acerca para llevarme a cenar. Acá en París nos acostamos muy temprano y ahora que se acerca el invierno lo único que
puedo hacer es mirar viejas películas, leer viejos libros y evocar viejos partidos. No tengan piedad de mí: la memoria, si voraz y violenta, es una materia exquisita.
*de Osvaldo Soriano.
"Piratas, Fantasmas y dinosaurios" Editorial Norma. Edición de 1996.
Mecánicos*
Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día, indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. a esa edad creemos que el mundo sólo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales
porque había pasado por el Industrial de Neuquén. Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó qué haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico. Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba
dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo. Yo no le hice caso pero él se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para qué servían. A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tiré en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete
yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller. -Sos un cabeza hueca -me decía. Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa. que le prestaba un vecino. tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar del Plata. Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura mi padre me pidió que eligiera por
dónde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezó a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles. Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigüeñal. De vez en cuando
mi viejo gritaba "¡Carajo, qué mal trabajan los franceses !" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi pierde los tallarines gratis: -Doce -le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles-. Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro. Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto
Krause y un futuro conscripto de la patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio. Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era más atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cuál pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para qué con un responso lo ayudara a rehacer el embrague. Al fin, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración. Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría
las vergüenzas con los restos de un mantel. mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. en el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave. Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida. adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateó con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como un gallo de riña. Después me guiño un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes. -Andá -me dijo-. Preséntate al regimiento como mecánico, que te salvás de los bailes y las guardias. Ese año hice más de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo
sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para él su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.
*De Osvaldo Soriano.
"Cuentos de los años felices" editorial Sudamericana, Buenos Aires, edición de 1993.
Ejercicios de escritura:
1. La agenda del año*
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre
acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
2. Collage de frases.
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima
culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia vida. -¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los demás.
Para dudas y
consultas, me escriben, es para publicar antes del fin de año.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 10 de diciembre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor mexicano Mario Lavista. Las poesías que leeremos pertenecen a Luisa Futoransky (Argentina) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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*
Quien soy?
Soy aquella sombra
Que se desliza por los pasillos
En los sueños de la infancia
Soy una sonrisa que falsea
Unos buenos días
O soy sombra de otros
Que habitan deshabitados
Que van perdiendo sus fantasías
Y me apropio de ellas
Tal vez por el espanto
De verlos con su mirada perdida…
*de Azul. azulaki@...
Para todos los que sufren por ser diferentes.
Pobres de nosotros...
*
Ellos se miraron.
Con esa mirada que dice lo que no pueden decir palabras.
Imposible de reconstruir esa mirada con palabras.
Después. Cuando la mirada y cada humanidad se desvaneció para el
otro.
Cada cual entrevió -y pudo ver un poco más allá- al desierto que se
avecina.
*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
Lunes, 20 de Noviembre de 2006
La tercera*
*Por Eduardo Aliverti
Se cumplen dos meses sin que se sepa nada de López, y algo menos de
su última desaparición. Porque López desapareció primero en la
dictadura y después tras testificar contra Etchecolatz. Y ahora
quedó esfumado de los medios y de la consideración social, que en
cierto aspecto es la más espantosa de las tres desapariciones.
Que a López lo secuestraran los militares fue un hecho tan
horripilante como previsible. Que no se sepa nada de él tras su
testimonio contra un monstruo es igual de horripilante pero
enormemente menos previsible porque, aunque se conozca que la mano
de obra desocupada todavía tiene trabajo, se perdió la costumbre de
que esa mecánica sea cotidiana. Pero que su caso haya ingresado en
un olvido que no para de crecer; que la mención de su apellido haya
quedado remitida a las acciones de unos pocos grupos militantes y
voces sueltas; que ni siquiera se lo tenga en cuenta en las columnas
de opinión de los principales analistas del país, presuntos progres
incluidos, a más de que dejó de figurar en los diarios y noticieros
del día a día y de que ya se ve que sólo "reaparecerá" los 18 de
cada mes (bien que, a estar por la cobertura periodística de la
marcha del sábado pasado, tal vez ni siquiera eso); que, en pocas
palabras, sea como producto del ninguneo mediático o como resultado
de algunas características de nuestro biotipo de sociedad, López no
ocupe casi lugar alguno en la agenda pública, es lo más
horripilante de todo. Porque se cumplió lo que era previsible.
La batahola de San Vicente y el resultado electoral de Misiones
tienen un impacto de patas cortas entre lo que la gente especial
denomina "la gente común", porque la marcha de la economía sigue
oronda de la mano de sectores bajos resignados o asistencializados y
sectores medios con sus expectativas de consumo recreadas. En el
mismo sentido, la desaparición de López hace ruido (y lo haría mucho
más si el desenlace fuera el más grave) en un momento en el que no
se quiere escuchar malas noticias. No hace falta ninguna encuesta
para constatar que la construcción colectiva acerca de López dibuja
al episodio como un misterio; que lo más a mano es decirse que se lo
tragó la tierra, y que como mucho se trata de una situación
inquietante pero aislada. Encima, López es un tipo de casi ochenta
años, no tiene el "perfil" de un militante connotado, su profesión
fue la de albañil y supo decirse que sufrió algunas etapas o
situaciones de extravío. Con esos ingredientes, aunque nadie lo
reconozca queda asentada la autojustificación de que es muy difícil
saber qué pasó, que tal vez no se sepa nunca, que el tema
es "extraño" y que probablemente ingrese a la galería de hechos
jamás resueltos, dando entonces por sobreentendido, o aceptado, que
se trata de un caso policial. Esto último no deja de ser un tanto
(¿sólo un tanto?) paradójico, porque qué mejor caso que el de López
para simbolizar la ineficiencia de las fuerzas de seguridad en eso
de proteger a la ciudadanía.
Sin embargo, López no forma parte del reclamo de que el Estado nos
proteja, que debe terminarse con la delincuencia como fuere y que a
dónde iremos a parar si es que ya no se puede salir a la calle.
Justamente, López salió a la calle y no se lo volvió a ver. Pero los
medios han dejado de preguntarse
por qué y en las crónicas de la inseguridad cotidiana ya no hay
registro de inquietud por lo que pueda haber sido de su vida. Ni en
los medios, ni entre los vecinos sensibilizados por las olas
delictivas, ni por parte de los voceros de la derecha, que
aprovechan cualquier acto de violencia para colar su discurso de
indignación contra las políticas garantistas. Ahora, por ejemplo, es
el turno de los barrabravas. Que cayó justo para seguir olvidándose
de López. Como diría la rata -como lo dijo literalmente, cuando
se sucedía la lista interminable de los actos de corrupción de su
gobierno- todo parece obra de una casualidad permanente.
Cabe la presunción de que muchos o la gran mayoría, y desde un
comienzo, no terminan de jugar su opinión (y su actitud) por la
eventualidad de que López aparezca de un día para otro, tras haber
quedado preso de una de esas pérdidas de conciencia de las que se
habló. Como si esa probabilidad pudiera cambiar, de raíz, la
certificación de que el Estado no encontró respuestas satisfactorias
a la primera de cambio en que debieron articularse su capacidad de
predicción -frente a los riesgos que podía correr un testigo- y la
eficacia de sus servicios de inteligencia.
Es muy complicado, desde las consecuencias objetivas, desmentir que
son más los que no quieren saber qué fue de López. El Gobierno,
porque a medida que el caso va perdiéndose amortigua su
responsabilidad (so pena de que le tiren un cadáver en alguna
instancia políticamente "adecuada"). La derecha, porque
teme que si la desaparición es consecuencia de una patrulla de tinte
paramilitar, así sea inorgánica, le será muy difícil no quedar
reasociada a su pasado procesista. La sociedad, porque no quiere
saber nada con la aparición de algún elemento capaz de desmadrar o
perjudicar la recuperación económica. Las especulaciones pueden ser
éstas u otras y se aceptan sugerencias ratificatorias o argumentos
contrarios, pero lo concreto es que López está en el olvido. El
grueso popular, la dirigencia en general y los medios grandes de
comunicación vuelven a mostrar la peor de sus caras.
Esté donde esté y como esté, una inclinación, digamos, natural,
lleva a preguntar qué le habrá pasado. Y más tarde, a decir "pobre
López". Si se piensa mejor, deberíamos juzgar que lo que le haya
pasado, lo que le hayan hecho e, inclusive, su aparición con vida,
ya no están en condiciones de variar la conclusión de que el aparato
del Estado -en el mejor de los casos- es de una ineptitud algo así
como incalificable, primero para proteger a un testigo puntual
contra un genocida y después para investigar su paradero. Y junto
con eso, o antes que eso, unos medios de comunicación y una sociedad
que se permiten mirar para el costado. O no mirar, sencillamente.
Por comodidad, por incertidumbre o por impotencia, no importa.
Quienes coincidan con este diagnóstico también lo harán con que, en
lugar de qué le habrá pasado y de pobre López, es mucho más certero
decir pobres de nosotros.
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-76474-2006-11-20.html
Lunes, 20 de Noviembre de 2006
Arquitectura del pubis*
*Por Sonia Catela. soniacatela@...
La visita del amante de mi madre, del que una no sospecha su
existencia, (por más que mami dé pistas, esos ridículos portaligas
negros que usa y otras antiguallas inspiradas en sus modelos, las
actrices de las películas de Retro, comehombres que tendrían cien
años de romper las leyes biológicas y vivir aún, como Rita
Hayworth), se descerraja a las siete de la mañana, eyaculada
directamente desde el dormitorio de ella, "éste es Camilo", informa
mamá, pero no levanto la vista hacia la masa corpulenta, sigo
untando mi pan con manteca y siento que se corre una silla a mi
izquierda, Lalito tampoco se da por aludido, "pasame la mermelada"
solicita para no dirigirle la palabra al amante, y dado que mami ya
agotó su función vital,
la que merece un día de homenaje al año, el tercer domingo de
octubre, e implica cumplir con la procreación de dos hijos, habiendo
ella en consecuencia nacido, crecido y reproducido, kaput, finish,
nada de veleidades o relaciones ¿pre? matrimoniales que le
caducaron, no corresponden; "¿Café solo o con leche?" consulta desde
la cocina a su hombre y su hombre estará desperezándose ya que no
acaba de sentarse aunque rehúso observarle la cara porque no es una
cara sino un pene y puesto que madre
peina canas, (por más tinturas que las cubran) lo que significa,
según mi abuela, ser llamada a sosiego, a un retiro decoroso y
espiritual de hormonas, mami con sus amigas jubiladas y apelando
cada cinco minutos a "te acordás de" en referencia a personas del
siglo pasado, a hechos del siglo pasado, caudillos, acontecimientos,
artistas de otra centuria, "negro, sin azúcar", pide la voz, una
mujer así debería darse cuenta que no puede sentar a la mesa de las
medialunas compradas en el mercadito de don Rodrigo, a un
señor al que una reduce a un órgano ambulante y rampante, enhiesto y
florecido, porque si "éste es Camilo" no pretenderá encajarlo en el
casillero de padre sustituto o noviecito, Camilo no pasa de esa
tripa que se expande en el espacio para ocupar un lugar en un
orificio del cuerpo de mamá que peina canas, ahora la tripa corre la
silla y se sienta, "qué sueño" acota, para que una piense: ¿tres
veces? ¿cuatro? orgasmos que los mantuvieron en vilo; me asqueo, me
acometen náuseas, qué decir de Lalito, mi
hermano petrificado que huye "pierdo el ómnibus"; las mamis normales
no tienen tipos cama adentro, ni enteran a sus hijos de sus affaires
contra natura y va que el tipo sale con un "hola, Cecilia",
saludándome, conociéndome, entonces lo miro, es el malentendido que
una tenga una madre que peina canas y sirva a su hombre en la mesa
recién salido del horno de los coitos para que el hombre me
salude: "hola, Cecilia" y ponga en estado de atención a mi
madre: "¿se conocen? ¿de dónde?", justo este hombre con el que hemos
sido uno en la ciudad, en distintos puntos, parques, moteles, casas
de amigos, y a quien hasta le he comentado facetas íntimas de mi
madre, sin que ninguno de los dos imaginara que el malentendido nos
cruzaría en circunstancias en que él, a medias sentado, siga "sí,
conozco a Cecilia
de por ahí", "ah, de por ahí" se desencaja mamá ya sufriendo por
escuchar entre bambalinas: de moteles, parques, autos de por ahí,
salidas que comienzan y cesan y no dejan nada, pero este hombre
insiste, "pero dejé de verte en los sitios que frecuentabas, Cecilia
¿qué pasó Cecilia?", y desenvuelve el malentendido porque él no
debió sentarse ante esta mesa, mucho menos para atormentar a mi
madre que ya peina canas y conserva pocasilusiones y viene a tener
la mala suerte de atravesarse justo con Camilo
para meterlo en su lecho, malentendido de por medio, y él abrirá la
boca y seguirá bombeando malestar, un intruso meterete, que se
divierte con la situación de gallo en el gallinero. "No me acuerdo
de usted, señor", a ver si se calma y así mamá suspende la tortura
que ya le clava arrugas en la boca, en los ojos, en el
entrecejo, "¿No te acordás de Rondinella?", insiste Camilo,
jugueteando con el cuchillo, "¿Rondinella? ¿qué es eso?" replico; mi
madre se halla al tanto de que yo frecuenté Rondinella, he hablado
de los juegos de luces de la disco, de la selección musical, de las
fiestas de chop, "los sábados, Cecilia, los sábados" y palmea mi
brazo. Esto activa algún encolumnamiento de mamá que se lanza: "Pero
¿qué insinuás, qué te proponés?" lo increpa con todo puesto,
acoplándose a la partida como mi
compañera de juego y consciente de que el tipo se ajusta a la
realidad de los hechos, aunque éstos la desbarranquen a una
situación de sufrimiento, parques, asientos traseros de autos,
moteles. El no se priva: "Cecilia y yo nos frecuentamos. No sé cuál
será la interna entre ustedes, pero lo que pasó, pasó", "si mi hija
dijo que no te conoce, no teconoce, y si no sabés ocupar tu lugar,
mejor mandate a mudar de aquí" se sulfura mi madre como si se
apoyara en una verdad, pero cuarteándose entera, arrugándose
completa, otra vez vieja, contando en meses el tiempo que le falta
para la jubilación, fichando con la ginecóloga la cita para el
refuerzo de estrógenos, a ver si por un rato le cierra la puerta a
la
menopausia que avanza, reviviendo en Retro, con las amigas, aquellos
pic nis de primavera de los 70, o batallas que nadie entiende,
doctrinas de la seguridad nacional y otras tristezas, "así que debo
ocupar mi lugar" larga su risita el tipo y tira la servilleta contra
el mantel, "con que ésta era la Federica de la que me hablabas,
Cecilia, Federica, tu mami". Ahora dirime su propio papel, ¿con qué
palabras lo describiría este Camilo? porque si se "volteó" (diría
él) a madre e hija no tiene por qué marcharse con el rabo entre las
patas ¿estamos? Arroja la servilleta y hace su mutis triunfal.
Derrumbada en la mesa, mi madre alza la mano "de todos modos,
Cecilia, no era el hombre de mi vida, no te aflijas" aunque en este
momento sienta que sí, que era el hombre de su vida, y probablemente
lo fuera, tan en el límite se halla ella, tan arrinconada por el
tiempo que la aplasta de atrás y la apremia adelante, "Hay que ir a
trabajar" recaba, "se hace tarde", pero no nos movemos, cabezas
gachas, presas del desgano que deja cualquier paliza.
Mi madre me pasa un cigarrillo. Fumamos y sus años se cuentan a sí
mismos, algo más de cincuenta, aquí dentro, flashes de velitas
apagándose, gobiernos cayendo, rupturas familiares, catástrofes,
nacimientos y muertes mientras la ceniza de nuestros cigarros se
desgrana sobre todo ello, la vida venteándose, incinerada, al viento.
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-6260-2006-
11-20.html
Correo:
Música, humor y compromiso social/ Noviembre 2006
El Centro Cultural Ricardo Rojas y las Abuelas de Plaza de Mayo,
presentan:
Humor y Música por la Identidad
Un ciclo que tiene por objetivo continuar con el trabajo de Abuelas:
se iniciará la actividad con el bautismo de la nueva sala del Rojas
llamada Abuelas de Plaza de Mayo. Además habrá números que aunarán
música, humor e información. Conrado Geiger, Alejandro Balbis, Diego
Angeli, Dema y su
Orquesta Petitera, Diego Wainstein, Gabo Ferro, Sebastián Wainraich
y Nube 9 participan del proyecto. La idea es apoyar y difundir la
búsqueda de los nietos aún no recuperados.
El Centro Cultural Ricardo Rojas sigue apoyando la lucha de las
Abuelas de Plaza de Mayo. Por eso, junto a la organización de Estela
de Carlotto lanza el ciclo "Humor y Música por la Identidad". El
objetivo es aunar comicidad, información y música. Cada día un
comediante diferente realizará un
monólogo, un representante de Abuelas explicará la modalidad de
búsqueda de los nietos y un cantautor solista o un grupo musical
brindará un recital. La apertura está prevista para el lunes 20 a
las 15 hs y los espectáculos se realizarán los martes y miércoles a
las 21hs. La entrada es gratuita.
Aclaración: las localidades se retirarán en boletería una hora antes
de comenzar la función en el Rojas: Av Corrientes 2038
Lunes 20
Horario: 15 hs.
Sala: Auditorio del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av. Corrientes
2038)
Entrada: gratuita.
Acto de apertura del ciclo, en el que por primera vez una
dependencia de la Universidad de Buenos Aires llevará el
nombre "Abuelas de Plaza de Mayo"; en este caso: el nuevo auditorio
del centro cultural.
Estarán presentes el vicerrector de la UBA, Dr. Aníbal Franco; el
secretario de Extensión Universitaria, Dr. Luis Schkolnik; el
titular a cargo del Centro Cultural Ricardo Rojas, Sergio Yamashiro;
la señora Estela B. de Carlotto; Conrado Geiger; Diego Angeli; Diego
Wainstein; Sebastián
Wainraich; Gabo Ferro; Dema y su Orquesta Petitera; y Fernando
Blanco.
Martes 21
Conrado Geiger (comediante) + Alejandro Balbis (murga canción
montevideana)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.
Conrado Geiger es guionista, humorista, caricaturista y periodista.
Hace radio desde 1987 y se desempeñó en distintos medios como Radio
Belgrano, Rock & Pop y Radio de la Ciudad. Desde 1990 dicta talleres
de humor. Escribe guiones para unipersonales de otros y participó
con sus monólogos en
"Comedia de Dorapa" y "Comedia de Dorapa 2.0", "Levántate y
Habla", "Humor de Pie" y como invitado en: "¿Cuál es su
Gracia?", "Pare de Sufrir", "Radio Bar Comedy Club" y en varietés.
Alejandro Balbis es un cantautor uruguayo y está radicado en
Argentina. El ex integrante de la agrupación Los Balbis, comparte la
autoría de temas con Jaime Roos, Bersuit Vergarabat, Gustavo
Santaolalla y La Vela Puerca, entre otros. Si bien está imbuido
dentro del ámbito de la murga, amplió el
espectro musical hacia otras sonoridades enriqueciendo sus
composiciones.
Miércoles 22
Diego Angeli (comediante) + Dema y su Orquesta Petitera (tango)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.
Diego Angeli, es periodista y actor. Mejor recordado como el primer
presentador de videos de la cadena Much Music. De ahí en más se
desempeñó como notero de I-Sat, CQC, El Rayo y Fugitivos, entre
otros programas. Tras diez años de carrera en Rock & Pop,
actualmente integra Spika 103.1. Comenzó
con los monólogos como integrante de "Humor de Pie" (2004) y
de "Pare de Sufrir" (2005).
Dema y su Orquesta Petitera es una orquesta de tango formada por dos
guitarras (Alfredo Seoane; Marcelo Di Virgilio) y voz (Dema), que
interpreta tangos de su propia autoría. La agrupación nace en marzo
del 2002 y desde entonces se presenta ininterrumpidamente en
distintos escenarios porteños.
En noviembre del mismo año graba su primer disco en vivo en el "Gran
bodegón Rucúcu". En 2005 edita su primer trabajo en estudio "Dema y
su Orquesta Petitera Volumen 1"
Martes 28
Diego Wainstein (comediante) + Gabo Ferro (canciones)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.
Diego Wainstein comenzó su formación actoral a partir de 1985.
Además de ser actor, escribe, dirige y produce sus espectáculos.
Participó en obras bajo la dirección de Manuel Iedbavni y Alejandra
Boero. Desde 2000 se interesa por el género denominado "Stand up
comedy", pero recién a partir de 2002
monta su primer espectáculo denominado "Humor cerebral" al que
seguirían otros éxitos.
Gabo Ferro es músico, poeta e historiador. Fue la primera figura del
grupo Porco hasta que en 1997 desaparece de la escena para dedicarse
a estudiar Historia en la UBA. Años después vuelve al ruedo en
solitario como cantautor folk y transparente con "Canciones que un
hombre no debería cantar", álbum
al que siguió "Todo lo sólido se desvanece en el aire".
Miércoles 29
Sebastián Wainraich (comediante) + Nube 9 - acústico - (reversiones
de The Beatles)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.
Sebastián Wainraich es conductor, escritor y actor. Trabajó como
movilero en distintos programas televisivos, como "Ardetroya" y
conduce "Wanna be" por X4 Fm. Participó como intérprete en "Uno
contra todos" y "Cómico Stand Up 2 y 3". Escribió y produjo "La
tragedia del corpiño" y se desempeñó como director de arte de la
obra "Oi, Oi, Hoy".
Nube 9 es una agrupación con músicos de distintas bandas con el
objetivo de reversionar discos de los cuatro de Liverpool. En su
versión acústica sus integrantes son Fernando Blanco (Súper
Ratones), Agustín Insausti (Papa Negro) y Lucrecia López Sanz
(Beladies). Desde 2001 en adelante recrearon
toda la discografía Beatles y la carrera solista de Lennon,
McCartney y Harrison.
Difusión Abuelas de Plaza de Mayo
Centro Cultural Rojas-UBA / Prensa y Comunicación
Tel. 4381-0642, int. 105
Tel. 4954-8352 / 4953-3556
difusion@...
Av. Corrientes 2038 rojascomunicacion@...
*Enviado para compartir por Ana Zabala anazabala@...
*
Memorias del Terrorismo de Estado en la Facultad de Humanidades
A 30 años del golpe militar
Facultad de Humanidades y Cs. de la Ed. - UNLP
Noviembre de 2006
"Porque también somos lo que hemos perdido"
La Decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
Ana M. Barletta, conjuntamente con la Comisión "Memorias del
Terrorismo de Estado en la Facultad de Humanidades. A 30 años del
golpe militar" invita a Ud. a las actividades previstas para los
días 21 y 24 de noviembre, a 30 años del
golpe militar. El encuentro se propone dar continuidad al homenaje a
estudiantes, docentes y no docentes desaparecidos y asesinados de
esta Facultad, realizado en abril de 1995. Asimismo lo invitamos a
compartir un espacio de reflexión sobre los cambios producidos en la
vida universitaria antes y después del golpe de estado.
Cronograma:
MARTES 21 DE NOVIEMBRE
* 17 hs. - Hall del Primer Piso: Inauguración de la
muestra "Itinerarios.
Imágenes de la militancia universitaria 1960-1983". Palabras de los
miembros de la comisión organizadora.
* 18 hs.- Aula 102-104: Mesa de discusión "La vida universitaria
antes y después del golpe de estado". Invitados: Gladys Palau,
Gabriel Raffart, Carmen Gola, Alberto Pérez, Héctor Peña, Alejandro
Sokolovsky.
VIERNES 24 DE NOVIEMBRE
* 18 hs.- Aula 102-104: Mesa de discusión "La experiencia de la
militancia gremial y estudiantil entre los años '60 y '70".
Invitados: Horacio Salerno, Mariana Arcondo, "Pestaña" González,
Perla Diez.
* 19.30 hs.: Palabras de la Decana.
Homenaje frente a la Placa de los docentes, no docentes y
estudiantes de la Facultad, desaparecidos y asesinados (colocada en
abril de 1995). Se incorporarán los nombres faltantes de siete
alumnos y se entregará a sus familiares material de legajo de cada
uno de ellos.
* 20 hs.: Acto de cierre. Coro "El reenganche"
*Comisión Memorias del Terrorismo de Estado en la Facultad de
Humanidades
comision_memoria_humanidades@...
A 30 años del golpe militar
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social. El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
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de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
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ni juicios de valor emitidos.
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cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
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c) Medias marrones. Varios pares superpuestos. Enrolladas apenas más arriba de las rodillas.
d) Zapatos nuevos.
ESCENARIO:
a) Un banquito.
b) Una muñeca sin cabeza. Mide 1,70 mts. Sin ropas. Parece un ser humano. Extendida, hacia arriba, en mitad del escenario, con piernas a proscenio y abiertas. Delante y a un par de
metros del banquito.
INDICACIONES:
a) La MUJER talla con un cortaplumas un pan de jabón durante casi todo el transcurso de la
representación.
b) En las tres instancias en que la MUJER toma contacto físico con la muñeca queda con cabeza a
proscenio.
El escenario a oscuras. Se enciende una luz. Y otra. Y otra. Así todas las demás.
Pausa.
MUJER (sentada al lado del banquito):
Nosotras no la matamos. Se murió sola. Se murió porque se tenía que morir. Cuando se tenía que morir. Nosotras la cuidamos desde que nació. No. Desde que nacimos. La cuidamos, le damos de comer...
La fregamos, le hundimos los bichitos en el agua, le cantamos el bolero. Nos portamos bien. Ella no. Ella a veces se portaba bien. Nosotras no. Nosotras no la matamos. Se murió sola. La cuidamos desde que
nacimos. “Ella es tu hermana...” “Y ella es tu hermana...” Ella no. La
cambiamos, le damos de comer. Ella le cantaba el mismo bolero que le gustaba. Bajito. No podemos hacer nada más nosotras. La fregamos con “puloil”. Cuando aparecían las manchas enseguida las pintábamos. Ella se consiguió el esmalte y le pasábamos el pincelito. Le hacíamos un poco de cosquillas pero nos
miraba con gratitud. Ella se murió sola. No. Nosotras estábamos pero no la matamos. Se
equivocan. Se equivocaron con nosotras. Pensaron que nosotras la ayudamos. Le traíamos vino y le cantábamos el
bolero. Más ella que yo. Le cantaba. Pero nosotras le traíamos el vino.
Pausa.
Me la voy a poner cuando la termine. Tiene que quedar bien hechita. Si no, no la quiero. No me la pongo ni medio. Pasó una mujer y se creyó que la tenía. Me dijo no sé qué de las orejas. Se creyó que la tenía puesta. Me la vio en la falda y no se dio cuenta. Me dio una lata con miguitas. Me dijo: “Tome, para ustedes”. La
señora esa no es de acá, pasaba. Me cuesta la boca. Sobre todo porque queremos tener una boca que sirva para reírse. No que haga así (hace un pequeño gesto con la boca) un poquito. Queremos que se ría. Que carcajee. Con ruido. ¡No nos interesa que no quede fino! Ella no se rió nunca. Se murió sola. Si se hubiera reído alguna vez no hubiéramos tenido que estar siempre con ella vigilándola, no nos hubiera pedido nada. Se hubiera entretenido sola. Se hubiera reído. Las que no me salen no las tiro más, las guardo en la lata. Nos vamos a hacer una cabeza con pelo de
miguitas.
Ríe estentóreamente. Coloca su cabeza a continuación del cuello de la muñeca. Queda extendida,
hacia arriba. Pausa.
¡Qué bello que nos queramos! ¡Que oigamos por la misma oreja, que olamos por la misma nariz! ¡Que no nos odiemos, que no nos querramos matar! Se murió sola. Nosotras la cuidamos. Le voy a poner la
dentadura. Va a salir bien. Si no, hacemos otra. No me importa. Bien hechita. Si sale mal, no importa.
Otra vez. No nos damos por vencidas. (Ríe estentóreamente.) Nosotras sabemos lo que pasa: viene la fiaca y no trabajamos. Nos quedamos mirándonos como estúpidas. Nos ponemos a pensar como idiotas. Nos empezamos a arañar. Nos empezamos a decir cosas crueles, horribles. Y así parece que nos odiamos, que no necesitamos estar juntas. Pero nosotras necesitamos estar juntas. Y decirnos que nos queremos. Y que nos demos una flor, o algo. No basta saber que nos queremos. Nos ponemos la cabeza y ya está. Y si ella se murió, ella se murió. Nos
podemos besar y nos podemos morder. Y nos hacemos una poesía y la
decimos. Como un regalo. Nos gusta mucho hacernos una poesía, o una flor, o algo. No queremos que nos encuentren tiraditas, o acurrucadas, o con cara de frío. Ella nos llamaba la paliducha. ¿Pero quién se
murió?... Nosotras no. Pero tampoco le hicimos nada. No. La cuidamos nosotras. También.
En silencio, se incorpora trabajosamente. Arrodillada, mira a la muñeca. Se
agacha y pone su boca en uno de los pezones de la muñeca. Succiona. Lo abandona dándole besos. Besa amorosa, sonora e
infantilmente. Suspira. Talla el jabón con particular ahínco. Suspira. Ríe estentóreamente. Queda
sentada al lado de la muñeca.
¡Qué alegres que somos! Y dicharacheras y juguetonas. Siempre nos encimamos, hablamos al mismo tiempo. Decimos pasó una nube
justo cuando pasa. ¡Alegres, benditas y alegres! ¡Somos una gloria! ¡Y
como somos chispeantes y divertidas no nos hacen doler los brazos ni el culo!... Y como hacemos así (Hace un pequeño gesto con la boca.) con la lengua limpia, las muelas emplomadas, todas benditas, nos felicitan con tarjetones: “Para las chicas más recatadas...” “Para las hacendosas hermanas...” “Las púdicas
muchachuelas del pabellón merecen toda nuestra simpatía y cordialidad.” “Por
cándidas y primaverales, nuestro beneplácito, nuestro regocijo.” “Para las risueñas buenas mozas...” ¡Y esas somos nosotras para los demás!... (Pausa.)
¡Esta boca! ¡Me sale trágica, me sale trágica! Ché, nadie te va a besar a vos, así. Tan amarga, van a poner los labios para adentro, los otros. Te vas a hacer mala fama. Y hazte mala fama y échate a dormir. Y después de dormir, más amarga, más sin saliva todavía. Ché, nosotras te queremos
radiante, ¿eh? No pastosa. ¿Para qué te ponemos los
hoyuelos entonces? ¡Desaprovechadora! Nosotras te mimamos, te hacemos sonrisitas, te contamos... (Mete la mano en una axila. Saca dos papelitos. Lee uno en voz baja. Lee el otro:) chascarrillos. (Guarda ambos papelitos en la axila.) Te damos chiclets Adams, te cantamos el bolero. No. A vos no te cantamos el bolero. ¡Las cejas no interesan, las mujeres se las
arrancan! (Se yergue alarmada. Suspende su tarea de tallar el jabón. Dice:) “Alambre alambre no mata el hambre.” (Retoma su tarea de tallar el jabón.)
“Alambre alambre no mata el hambre.” (Coloca su pubis sobre el de la muñeca.) No la matamos nosotras. Sola se murió. La cuidamos desde que nació. No. Desde que nacimos. Nosotras teníamos que nacer también. Ella ya estaba. Ya estaba acá. Nosotras aparecimos. “Ella es tu hermana...” (Comienza a frotar con suavidad su pubis “en redondo” sobre el de la muñeca.) “Y ella es tu hermana...” Nos dijeron “decile mamá”. La cuidamos, la fregamos, le hundimos los bichitos en el agua. No se murió porque no le dijimos mamá. Le cantamos el bolero. Más ella que yo. Vino así: ya estaba
muerta. (Deja de tallar el jabón al tiempo que cesa de frotarse. Abre los brazos, apoya un lado de la cara en el suelo. En una mano tiene el jabón, en la otra el cortaplumas. Levanta la cabeza. Dice:) Me
falta la cabeza... (Frota su pubis contra el de la muñeca durante algunos instantes. Ya no suavemente. Cesa de moverse. Busca en la axila. Saca los dos papelitos. Lee:)
“Está, cómo diré, menos que amaneciendo. Pero amanece.”
Guarda los papelitos en
la axila. Frota su pubis contra el de la muñeca, con gran suavidad. Talla el jabón a ras del suelo. Decrece la luz muy lentamente. Telón.
*Pieza teatral de Rolando Revagliatti. revadans@...
DESTINO*
La sevillana estaba en el cajón de los padres desde hacía años, desde antes de que ella naciera. Dos o tres veces su papá la había limpiado y aceitado mostrándole el mecanismo temible, que hacía saltar la hoja de acero con un violento empujón que buscaba hundirse en algo blando. Con los ojos de rechazo y deseo había mirado el arma, con dedito asustadizo había acariciado la empuñadura adornada. Era un bello objeto, lo recordaba con la claridad de lo que se ve una vez y no se olvida. Estaba sola en la casa. Papá y mamá habían ido al centro. Había mirado televisión, ahora se estaba peinando con raya al costado para ver cómo le quedaba. No, mejor raya al medio
como siempre. Se limpió los dientes que ya se había limpiado, se hizo unas muecas en el espejo, se pintó los ojos con el delineador de mamá y se lavó la cara con agua y jabón para que no quedaran huellas. Se aburría. Recordó la sevillana, y el recuerdo del arma estaba unido a la delicia de que estuviese en el cajón de la mesita de luz de su papá, en el dormitorio de ellos, como una piedra preciosa dentro de la caja prohibida enterrada en el jardín oculto. Ella jamás entraba a la habitación de sus padres sin estar ellos allí, y esto también raramente, porque a sus trece años ya no frecuentaba la cama de papá y mamá como antes, cuando un trueno o una pesadilla la depositaban de inmediato en el medio de la seguridad y calidez del lecho matrimonial. Ya era una señorita, estaba grande para esas cosas. Sintió el cosquilleo de lo prohibido cuando traspasó el dintel de la puerta, y olió esa
habitación donde flotaba aún la presencia de los ausentes. El débil aroma de la crema de manos de mamá, la loción de papá, el olor propio de la madera de los placares, las motitas de polvo que danzaron en el haz de luz que entraba por la ventana cuando ella se sentó sobre la frazada. Abrió el cajón con culpa, y vio el termómetro, tarritos, pañuelos, una caja que reconoció como profilácticos y le dieron un súbito pánico de hacer lo indebido. Cerró el cajón, miró a los lados, escuchó un momento y luego pensó que era tonto asustarse, que sus papás recién llegarían al mediodía. Otra vez abierto el cajón, ahora hasta el fondo, encontró bien atrás la sevillana. Era tan bella como la recordaba. La luz que la hería de súbito bruñía el metal. La tomó con cuidado y le sorprendió el peso. No era un juguete, era un objeto que exigía gravedad. La acarició con dedos desconfiados y finalmente se atrevió a
intentar accionar el mecanismo. No recordaba muy bien cómo se hacía, hasta que reconoció el botón que permitía saltar al payaso fuera de la caja de sorpresas. Recordó la imagen de la cabeza de un payaso sobre un resorte, bamboleándose lentamente luego de la desesperada fuga de la oscuridad apretada de la caja. Cada vez que se había abierto la sevillana la imagen del payaso había acudido puntual a su imaginación. Como a casi todos los niños, los payasos le parecían intranquilizantes. Con extrema precaución sostuvo la empuñadura y accionó el resorte. La hoja violentamente se ofreció al asesinato, con la presteza del que acude antes de ser requerido. Se asustó un poco, pero al cabo era casi un cuchillo ordinario el que descansaba en sus manos. Lo miró un rato y finalmente trató de cerrar la sevillana para dejarla seguir su sueño. No pudo. Primero se reprochó la propia torpeza, pero la alarma
le hizo crecer el pánico cuando se dio cuenta de que se había trabado el mecanismo. Con un pañuelo empujaba la hoja que estaba como soldada al mango, cuchillo vertical recto reacio a la genuflexión que intentaba lograr. La sevillana se había descompuesto, el pañuelo tenía una blanca herida de la que no manaba sangre. La dejó en el cajón, lo cerró, salió del cuarto. Desde toda la casa podía ver el arma desdoblada, sin cerrar los ojos la veía a través de las paredes y los muebles. Se dijo que papá se iba a dar cuenta. Pensó en la vergüenza de admitir que había entrado como una ladrona a la habitación vacía, que había revisado las cosas ajenas. Se sonrojó al recordar los profilácticos y supo que no había sevillana sin profilácticos, que esa cajita estaba entre ella y su padre, que su papá recordaría los profilácticos delante de la sevillana. La vergüenza le puso las manos sobre la cara,
ocultándose de la imagen de papá también avergonzado, sin saber cómo retarla, cómo recriminar la acción vejatoria. Tenía el pañuelo con el neto corte acusatorio contra los ojos. Tiró el pañuelo a la basura, pero se veía brillantemente claro sobre la yerba usada y las cáscaras de naranja. Lo sacó con asco, lo envolvió en papel y volvió a desecharlo. Con la palita y la escoba borró los rastros de las partículas verdes que se habían desparramado alrededor del tacho. Pero mientras envolvía el pañuelo y limpiaba el piso seguía siendo, desde lejos, desde la habitación, observada por la oculta sevillana abierta. Volvió al cuarto, abrió el cajón y comenzó inútilmente a tironear del mecanismo del arma que se diría tenía para siempre la voluntad de permanecer en línea recta. Se cortó, siguió intentando cerrarla, la sangre formó gotitas acusadoras sobre la mesita de luz, en el suelo, sobre la
frazada. Con el cuchillo cruzado sobre la falda se echó a llorar, y al secarse las lágrimas dejó un rastro rojo alrededor de sus ojos hinchados. Pensó en escaparse, ir a la casa de la abuela, pero era un mero aplazamiento, además de que no quería causarles la angustia a sus padres de creerla extraviada o secuestrada. Estaba todo perdido. No había ya posibilidad de ocultamiento. Ahora se acumulaban los rastros y las huellas de su delito alrededor del cajón que, como una incauta Pandora, había abierto por curiosidad para dejar libres las desgracias. Ya no había solución. Con calma ahora fue al baño, llenó la bañera con agua caliente, vestida se acostó dentro, y mientras el agua se coloreaba pensó que qué lástima, realmente, que qué pena que las cosas hubiesen salido de esa
manera.
A veces un estímulo puede venir de donde uno menos lo
espera, y lograr inducirnos a encarar empresas impensadas, impulsándonos a alcanzar hazañas, grandes o pequeñas, o lograr anhelados triunfos, que de no ser por ese inesperado empujón, no nos hubiéramos animado, o no las hubiéramos emprendido.- De muy joven aprendí a jugar al billar, a la carambola. Al principio, como todas las cosas, malamente, sin técnicas, sin práctica, ni métodos. Jugábamos a una raya, veinticinco carambolas, y tardábamos una hora o más. Aprovechábamos la siesta de los domingos cuando las mesas de los bares estaban disponibles, y allí íbamos aprendiendo y entusiasmándonos.- Cada vez más, y más y más. Jugábamos con muchachos que estaban aprendiendo y por lo tanto en el mismo nivel, y también viendo y admirando a los mayores que para nosotros eran verdaderos maestros. Algunos bastante jóvenes, y ya le hacían partido a los veteranos, que sabían de técnicas y mostraban habilidades muy desarrolladas por su larga práctica. Se jugaba mucho en
aquellos tiempos. En varios lugares había mesas y siempre se disputaban torneos: en Clubes, en bares, y en la parroquia; en nuestra ciudad o en la vecina; con diferentes categorías para minimizar ventajas. Poco a poco fuimos mejorando substancialmente nuestro juego. Yo sentía una verdadera pasión, jugaba todos los días y las horas que podía disponer, lógicamente uno terminaba aprendiendo, no sólo a jugar, sino los trucos y misterios que encerraba.- Efectos, golpes, retrocesos, corridas, pasabolas, rebotes y bandas; peso y contrapeso de los tacos… Lográbamos indudablemente ser cada vez más competitivos. Y eso nos atrevía a buscar entreverarnos con los más avanzados. A esta altura era posible que nos invitaran como pareja de alguno de ellos, cuando había algún desafío y se jugaba de cuatro, casi siempre por una cena. Un domingo en el bar más concurrido he visto a uno de los “maestros” taqueando solo, esperando seguramente algún amigo para hacer unas rayas… Me ofrecí
como contrincante, mientras tanto… Me miró despectivo, y se movió muy lentamente, quedando casi paralizado en la posición de tiro, apenas levantó algo la cabeza…, y con toda la arrogancia que podía ser capaz…, diría que me espetó: -Pero, ¿Quién te creés que sos, mocoso?- Y exhibiendo una mueca socarrona, mostrando una evidente indignación, siguió con su solitario taqueo, ignorándome por completo de ahí en más… Sé que me mordí de rabia y humillación. Sentí tanta vergüenza que me fui a casa, con un injusto dolor en las entrañas, pensando una y otra vez si era mía la culpa, y si en fin, yo mismo había provocado su reacción visiblemente arrogante…. Por bastante tiempo rumié ese momento una y otra vez, hasta que se fue transformando más bien, en un juramento de venganza, de que llegaría el momento del desquite… No debería haberme dejado llevar de esa manera, no debí permitir que esa ira crezca dentro de mí, no debí darle tanta importancia; y sin embargo eso es lo
que hice… Desde allí aceleré mi aprendizaje si cabe, jugando más y más. Competía cada vez con mejores adversarios. Jugaba con destreza, pero también con una fuerza nueva, como con furia. Entraba en casi todos los torneos, y me fui emparejando a los mejores, a los más habilidosos, a los veteranos incluso. Muchos consideraban que era muy bueno, y yo me sentía cada vez más seguro. En un torneo organizado por la Parroquia, participamos una veintena de billaristas, en la mayor categoría, todos contra todos; a cuatro rayas; y la duración era de un par de semanas, ya que no se jugaba todas las noches. Había dos partidos por vez, y los demás, en lo posible, asistíamos para observar el desarrollo de cada uno. Este hombre arrogante también jugaba, y lógicamente llegó el día, o la noche, en que nos enfrentamos. Quizás él se habría olvidado del incidente, porque había pasado ya mucho tiempo; pero no yo, que pensaba apabullarlo, destruirlo, y cobrarme su actitud despectiva,
como una de las mayores consignas de la vida… Era reconocido como muy buen billarista, uno de los mejores entre nosotros; pero yo estaba motivado por la pasión de cobrarme la ofensa. Yo quería desquitarme, humillarlo… y que mejor que esa noche delante de todos… Comenzado el partido no le fue bien, creo que sentía el peso de demostrar toda la gran diferencia que había con aquel “novato”, debía ganar con mucha holgura, mostrar sin ninguna duda su supremacía… En cambio a mí me movía una furia santa que me potenciaba y me daba un poder extra. De entrada le saqué muchísima ventaja, y desde allí le fue cada vez peor; mientras yo me sentía iluminado, hacía carambolas a diestra y siniestra; me salían todas y me permitía tirar lujos y hacerlas a tres bandas, tirar pasabolas imposibles, y hasta massés, como si estuviera haciendo una demostración… Cuando me faltaban unas diez carambolas para completar las cuatro rayas, él no había hecho ni la mitad de la primera; por lo
que rojo de ira y vergüenza, tiró el taco contra la pared, y atropelladamente abandonó el juego y el lugar, aumentando de mala manera su catastrófica derrota… Yo permanecí imperturbable entre la euforia de mis compañeros, sin demostrar la alegría y la satisfacción que me llenaban por dentro. Me había desquitado en buena ley, con creces…, y sin embargo, sentí pena por él. Yo pensé: -(Nunca hagas daño al más débil, porque el mundo es redondo…, hoy estás arriba, mañana estarás abajo).
II
En otro torneo y en otro lugar, y estando muy bien posicionado en la tabla, en cierta fecha del fixture me tocaba con un viejo billarista. Era un hombre que jugaba medianamente bien, pero no era de los mejores. Sin embargo me estaba ganando y yo no conseguía emparejarme.- Por más que me esforzaba, el juego no se me daba, erraba, me quedaba mal armado, no conseguía achicar la diferencia, es más;
la ventaja se iba agrandando. Por momentos veía que era cada vez más difícil revertir la situación. No era para nada mi día… Estaba inseguro, erraba tiros increíbles, no conseguía concentrarme y cada vez se me presentaban peor las cosas. Él en cambio sereno, y avalado con la favorable diferencia, se iba encaminado a la final del partido con muchísima ventaja. En un momento llegamos prácticamente a la meta, si bien a mí me faltaban treinta y seis carambolas, a él solamente dos. Con sólo dos tiros buenos ganaba y muy holgadamente, y yo sin conseguir reaccionar, al menos para no perder por tanto.- Un viejo amigo, funcionario del correo, también billarista, miraba el desarrollo del partido con un vaso de vermouth en la mano, en el fondo apesadumbrado por mi inesperado y pobre desempeño. Casi no lo podía creer… Se aproxima y en voz muy baja me dice: -No es diferencia para vos…-, y como si tuviera aún confianza en mí, fue a sentarse a una mesa un poco más
lejos, quizás esperando el milagro… -(A él le faltan sólo dos; y a mí treinta y seis… ¿y me dice que no es diferencia?)- Ahora me tocaba tirar a mí, no tenía ninguna chance… pero voy a morir de pié, voy a dar lo que sé,…
-¡Total, perdido por perdido!...- Y sentía como en mi interior nacía una fuerza nueva, que crecía incontenible dándome una fe desconocida,… ¡Quizás Nilo tuviera razón!... Yo estuve fallando, debía hacer algo más, no me entregaría, aunque sabía que no estaba jugando sólo; pero yo haría mi parte con esta nueva sensación que me empujaba… Me concentré y tiré mi primera carambola, sería una a una, a no errar. Una… dos… tres… cuatro…, y seguí una a una, tratando de no desconcentrarme, como si allí se me fuera mi honra, como si fuera mi mejor partido: ¡ cinco…! ¡ seis…! ¡ siete...! y así seguí tirando cuidadosamente hasta completar una volada de dieciocho
seguidas, la mitad de las que me faltaban… Me sentí entusiasmado, evidentemente; pero no bastaba, ya era tarde, ahora tiraba él… ¡Si me hubiera concentrado a tiempo otro sería ahora el resultado!. Tiró don Ángel y erró. Tal vez se sintió apremiado al ver mi recuperación, aun que creo que no se impacientó porque aun tenía todo a su favor. A mí me faltaban otras dieciocho…, por más que hiciera algunas…, al él le quedaban por hacer sólo las últimas dos…, ¡Y ganaba! Y me concentré de nuevo con toda mi alma…una, dos, tres, y no quedaba mal armado, así que seguí sin siguiera pensar en las que me faltaban, sólo trataba de hacerlas una, y otra: ¡Cinco…, seis…,siete…!, y seguía… Don Ángel se puso serio, quizás no lo podía creer, aunque seguramente pensaba que no las iba a hacer todas las que me faltaran en otra volada de dieciocho… Pero yo seguía... Los que miraban se habían parado, acercándose, para no perderse lo que podía pasar, o estaba pasando… La
cuestión que hice la: ¡Diecisiete!, Me faltaba una solamente, pero me quedó mal armada. Requería un tiro difícil. Sopesé todas las alternativas, no tenía otra que tirar pegando baranda primero, tocar luego media bola con un efecto que hiciera correr la mía por la otra banda, hasta la roja que estaba tocando el otro rincón. Si la erraba seguramente él se encargaría de asegurar las dos que le faltaban… La tiré y la bola como obedeciéndome al pié de la letra, girando como un trompo, fue siguiendo lentamente la ruta esperada, caminó un trecho pegada a la banda, y llegó justo para golpear tenue a la bola arrinconada, que se movió casi imperceptible, como saludando a la recién llegada… -¡Dieciocho!- celebraron todos. ¡Partido ganado! ¡Increíble! Don Ángel estaba realmente sorprendido, pero era un caballero, y me felicitó con entusiasmo. Nilo, no se acercó; canchero, desde su lugar levantó el vaso y me guiñó un ojo…, como si hubiera descontado que yo iba a reaccionar
así. Yo me quedé con un sabor a culpa por mi incapacidad. Si no hubiera sido por el aliciente que me acicateó el ego, que despertó mi fe en mí, en el último momento, yo sólo no habría sido capaz; y tendría que contar que ese día, en realidad, no tuve una actuación muy brillante. Se lo debo a quién apenado por mi mal momento, supo estimularme, al mostrarme que creía en mí. Con esa valiosa ayuda, se hizo posible lograr un triunfo, de una segura derrota. Fue una pequeña gran hazaña…. Un buen estímulo puede impulsarnos a lograrlo.
Tocan timbre, abro, entra Luis, cierra rápido, busca una silla, se sienta, jadea, pide un vaso de vino. Se lo alcanzo y espero. Sé, porque lo conozco hace tiempo, que en la vida de Luis todo es posible. Vacía el vaso en un par de tragos y confiesa que lo aqueja un nuevo, extraño y grave problema: los animales se burlan de él. Durante algunos minutos escucho en silencio, sin entender gran cosa. Lo interrumpo con un gesto y trato de ordenar el confuso monólogo mediante preguntas: "¿Qué clase de animales son los
que se burlan de vos?". "Todos." "¿Por ejemplo?" Luis intenta calmarse y retoma la anécdota inicial, origen de la tragedia que no lo deja dormir. Cierta mañana, caminando por la calle, tropezó y se cayó. Mientras se levantaba y se limpiaba la ropa, vio a un gorrión posado sobre la rama baja de un árbol. El gorrión lo miraba fijo con sus ojitos maliciosos y de pronto le sacó la lengua. Así empezó. Días más tarde fue sacudido por una nueva señal. Estaba cruzando una plaza. Dispuesto a fumar, abrió la caja de fósforos al revés y los fósforos se desparramaron por el suelo. Mientras los juntaba advirtió que frente a él, a los saltitos, se desplazaba un gorrión que lo observaba de costado y le sacaba la lengua. A partir de ahí se multiplicaron los accidentes. Y siempre la presencia de un gorrión acechándolo y burlándose. Al principio llegó a pensar que se trataba del mismo pájaro, dedicado a perseguirlo y a esperar sus
tropiezos. Pero luego, teniendo en cuenta las distancias, fijándose también en la tonalidad del plumaje y estableciendo que a veces eran gorriones hembras y otras machos, dedujo que estaba ante una burla generalizada. Más tarde comenzó a advertir que los confabulados no eran solamente los gorriones, sino todos los demás pájaros y animales de la ciudad: palomas, perros, loros, caballos. "¿Caballos?", pregunto. Bueno, resulta que una tarde Luis fue al hipódromo porque en el mercado el carnicero le había pasado una fija infalible y quiso probar. El caballo entró último y cuando, después de cruzar el disco, pasó por donde estaba Luis, giró la cabeza y le sacó la lengua. Otra de tantas: está sentado en un bar, acaba de pedir un par de panchos, aprieta el pomo de la mostaza, el pomo está tapado, él aprieta y aprieta, el pomo se destapa de golpe y todo queda embadurnado, la mesa, su camisa, sus manos, su cara, un desastre. El
gato que descansa en el fondo del bar le saca la lengua y se marcha. Está mirando una película de aventuras por televisión: en la tenebrosa selva asiática un tigre se dispone a saltar sobre el descuidado Sandokán. Luis, sin apartar los ojos de la pantalla, estira el brazo para alcanzar el vaso de cerveza. Lo roza y el vaso va al piso. Inmediatamente, conteniendo su ataque, como atraído por el ruido de vidrios rotos, el tigre se da vuelta, mira a Luis y le saca la lengua. Para colmo, en ese momento, la tortuguita que Luis tiene en su departamento está pasando cerca y, según asegura, también ella le saca la lengua. Y los ejemplos siguen. Los resultados son dramáticos, porque ahora cada vez que Luis se enfrenta con un animal, sea donde sea, debido a los nervios o a la fatalidad, comete inevitablemente una torpeza. Consecuencia: sacada de lengua. Sus días son un infierno, está desesperado, pide consejo. "Sácale la lengua vos
también", sugiero después de meditar un rato. Luis considera la posibilidad, sacude la cabeza, argumenta que le parece poco serio, no cree que esa táctica pueda dar resultado. Debatimos largamente mientras vaciamos la botella de vino. Yo insisto en mi sugerencia inicial, confío plenamente en la efectividad de un contraataque. Es más, opino que cuanto antes deberíamos darnos una vuelta por el zoológico, incursionar directamente en territorio enemigo, para que Luis tenga la oportunidad de desquitarse en forma y vaya adquiriendo un sólido entrenamiento para la lucha que lo aguarda en esta nueva etapa de su azarosa vida.
ENAMORADO*
*Por Antonio Dal Masetto.
El amigo Pedro está enamorado. Me citó en El Tronío y mientras cenamos me cuenta sus tribulaciones. La dama se llama Sofía, mide casi dos metros, es fuerte, sólida, exuberante por donde se la mire. Mientras escucho, considero la estructura de Pedro, que es flaco y casi enano y una vez más me pregunto cómo puede haber una persona dentro de un cuerpo tan mezquino. Pedro conoció a Sofía hace algunos años: "Un ser tierno, tímido, inocente, inexperto y acomplejado por su tamaño". Iban al cine, a las plazas, comían golosinas, se tomaban de la mano: nada más que eso. Hasta que un día él le propuso pasar un
fin de semana juntos y decidieron viajar a Montevideo. El barco, la cena a bordo, la noche sobre el río y finalmente el camarote con sus dos literas superpuestas. Sofía se acostó en la litera inferior y Pedro le hizo compañía. La acarició y se dio cuenta como nunca de que aquél era realmente un cuerpo de acero. Estaba sobre ella y tenía la impresión -así dice- de ser una mariposa posada en un enorme y cálido animal. De pronto Sofía comenzó a sacudirse, a vibrar, a arquearse. Tal vez fuesen los nervios, tal vez tuviese una idea muy extraña acerca de cómo se hacía el amor. Lo cierto es que Pedro salió despedido, golpeó la nuca y la espalda contra la litera superior y volvió a caer. Y nuevamente el cuerpo de Sofía lo mandó al aire y así estuvo, rebotando arriba y abajo durante un buen rato. Cuando finalmente Sofía dejó de corcovear, Pedro cayó por última vez y ahí quedó, desarmado,
semidestruido, incapaz de hacer un solo movimiento. Llegaron a Montevideo, hubo que llamar una ambulancia y lo llevaron al hospital. Además de numerosas contusiones, tenía una costilla fisurada. Fue una excursión triste. Cuando regresaron a Buenos Aires, Sofía se despidió y no lo volvió a llamar. Pedro tuvo que buscarla, hablarle, convencerla de que ella no tenía la culpa, que había sido obra de la fatalidad, que lo único importante era el amor que se tenían. Así que volvieron a las caminatas, los cines, los caramelos y una tarde Pedro invitó a Sofía a su casa. Se sentaron en la alfombra y charlaron .y rieron mucho porque a Sofía la enloquecían los chistes que él contaba todo el tiempo. Después jugaron un poco, se revolcaron, y en determinado momento Pedro quedó boca arriba y ella cruzada sobre su estómago, vibrando y riéndose, mientras él se quedaba sin aire y sin voz y trataba de
llamar la atención de Sofía descargando inútiles puñetazos sobre su espalda, pero ella seguía riendo, divertida como nunca, feliz como nunca (pobre, dulce, inocente criatura), hasta que se le dio por mirarlo y descubrió que se había puesto morado y entonces se levantó y lo sacudió y le hizo respiración boca a boca y así era en definitiva cómo lo había salvado. Y nuevamente ella huyó avergonzada. Y otra vez Pedro fue a buscarla y le habló y argumentó y regresaron a los paseos, los cines y los caramelos. Todo marchaba bien hasta la noche que, mientras festejaba uno de los famosos chistes de Pedro, eufórica, entusiasta, Sofía pegó una vigorosa patada en el suelo y uno de los pies de Pedro estaba abajo y le estropeó un par de dedos y nuevamente tuvieron que ir al hospital. Sofía emprendió otra retirada. Pedro le escribió largas cartas y la citó para una charla definitiva. Tomaron algunas
copas de licor y Pedro, sin entender por qué, sintió deseos de herirla y la agredió en lo que más le dolía, le dijo que era una grandota torpe e inútil, que no era una mujer sino una montaña de músculos sin gracia (justamente a ella, pobre, dulce criatura). Y ella se puso muy mal, siguió dándole al licor, lloró y cuando, arrepentido, Pedro quiso pedirle perdón, Sofía le pegó una trompada en la cabeza, que fue más bien un martillazo, y Pedro por supuesto se desmayó. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, desesperada, Sofía lo levantó entre sus brazos y corrió hasta el hospital más cercano, veintitrés cuadras, distancia que cubrió en tiempo record. Y ahí lo depositó y esta vez sí desapareció para siempre. Hasta esta mañana, en que la casualidad quiso que Pedro y Sofía se encontraran al dar vuelta una esquina. Tomaron un café, charlaron, tal vez vuelvan a verse. Ahí termina el relato. Pedro está muy nervioso. "¿Por qué te
gusta tanto?", le pregunto. Pedro no está seguro de nada, argumenta que lo enternece verla tan grandota y tan indefensa. "Prueben de nuevo." "La amo, yo la amo, pero mi cuerpo le tiene miedo." "Tal vez sea un amor imposible", digo. Pedro se estremece: "No podría soportar esa idea"
Tu risa*
Quítame el pan, si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu
risa.
No me quites la rosa, la lanza que desgranas, el agua que de pronto estalla en tu alegría, la repentina ola de plata que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, pero al entrar tu risa sube al cielo buscándome y abre para mí todas las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora más oscura desgrana tu risa, y si de pronto ves que mi sangre mancha las piedras de la calle, ríe, por que tu risa será para mis manos como una espada fresca.
Junto al mar en otoño, tu risa debe alzar su cascada de espuma, y en primavera, amor, quiero tu risa como la flor que yo esperaba, la flor azul, la rosa de mi patria sonora.
Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los
cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca por que me moriría.
Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla de algo que está en el aire y todavía no fue dicho. Mujeres...
invistió y habilitó para millones de lectoras de todo el mundo la faceta guerrera femenina no como una contradicción, sino como un complemento de la feminidad profunda. Puede decirse, se me ocurre ahora, que Mujeres... fue un libro que incorporó cierta tendencia fálica como propia e inherente al género. Su éxito dice entre otras cosas que eso estaba sucediendo en la realidad y que no estaba todavía conceptualizado. Hace algunos años, se usaba la palabra "fálica" como una acusación. Las mujeres que corrían con lobos no eran, sin embargo, mujeres corridas de lugar, sino ubicadas en el centro de un instinto. A las mujeres nos han sido culturalmente confiscadas la ferocidad, la ira, la capacidad de ataque, el deseo de revancha. Todo eso ha ido a parar al equipaje que trae consigo la mala mujer. Más allá del libro, en el cotidiano promedio, empezó a haber un nuevo consenso implícito sobre lo femenino: no somos naturalmente buenas, ni dóciles. Ese movimiento de
sentido trajo nuevas conductas femeninas, como tomar la iniciativa. Muchas mujeres de todas las edades viven señalando con el dedo o gritando lo que quieren. No lo ocultan, como las geishas ocultaban la cara atrás del abanico. Esa es otra faceta con incipiente público admirador. Las mujeres empezaron a correr a los hombres. Correrlos para conocerlos, correrlos para tener una cita, correrlos para tener sexo, correrlos para tener la llave de la casa, y así sucesivamente, hasta que al hombre en cuestión le agarra el inevitable ataque de fobia masiva, y hace su retirada a la cueva. Toda la tarea del cortejo, la seducción, el timing y hasta la provisión de cerveza, parece haber quedado en manos femeninas, que también se ocupan de sus juguetes eróticos en imágenes porno soft que se multiplican. El péndulo de las tendencias parece haber completado un ciclo más. Hoy en el aire, a diferencia de hace unos años, no hay necesidad de que a una mujer le subrayen que es fuerte.
Lo que hay es cansancio, bastante cansancio, y ganas de encontrar a un hombre en el que descansar.
Abandoné las sombras, las espesas paredes, los ruidos familiares, la amistad de los libros, el tabaco, las plumas, los secos cielorrasos; para salir volando, desesperadamente.
Abajo: en la penumbra, las amargas cornisas, las calles desoladas, los faroles sonámbulos, las muertas chimeneas los rumores cansados, desesperadamente.
Ya todo era silencio, simuladas catástrofes, grandes charcos de sombra, aguaceros, relámpagos, vagabundos islotes de inestable riberas; pero seguí volando, desesperadamente.
Un resplandor desnudo, una luz calcinante se interpuso en mi ruta, me fascinó de muerte, pero logré evadirme de su letal influjo, para seguir volando, desesperadamente.
Todavía el destino de mundos fenecidos, desorientó mi vuelo -de sideral constancia- con sus vanas parábolas y sus aureolas falsas; pero seguí
volando, desesperadamente.
Me oprimía lo flúido, la limpidez maciza, el vacío escarchado, la inaudible distancia, la oquedad insonora, el reposo asfixiante; pero seguía volando, desesperadamente.
Ya no existía nada, la nada estaba ausente; ni oscuridad, ni lumbre, -ni unas manos celestes- ni vida, ni destino, ni misterio, ni muerte; pero seguía volando, desesperadamente.
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responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
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El pequeño camión verde con capota de lona blanca, comenzó a fallar y
marchaba de cuando en cuando, a los tirones, tosiendo, protestando, y mermaba su ya escasa velocidad; aunque por momentos se recuperaba, y por un largo trecho volvía a andar raudamente. En lo mejor, el ronroneo rumoroso se interrumpía, y volvía la angustia amenazante de quedarnos en el camino, faltándonos todavía la mitad del regreso a casa. Aquella mañana fleteamos una carga de muebles, enseres y demás pertenencias de una humilde mudanza, hasta la localidad de Romang, no más distante de cincuenta kilómetros, pero que el modesto transporte requería bastante más de una hora de buena marcha. Era debido a que en aquel tiempo, estábamos en 1948, ya tenía sus buenos veinte años en sus espaldas, pero sobre todo por lo precaria de su ingeniería. Parecía haber sido montado con partes adaptadas, aunque en los orígenes, esos vehículos aún no habían evolucionado lo suficiente; eran pequeños, el motor de cuatro cilindros era el mismo de los autos de calle, y su capacidad de
carga era más bien moderada. Aparte de la capota de lona, tenía amplios guardabarros negros, salientes y acucharados, típicos de las primeras décadas del siglo veinte. Creo que sólo las ruedas eran más reforzadas y rollizas que los autos, y tampoco tenía duales, como ya eran comunes en los camiones más nuevos. Eso lo convertía, en un módico transporte de corta distancia, especial para acarreos y fletes locales, donde tampoco la velocidad era importante. Era frecuente que lo manejara mi hermano mayor, que ya tenía trece años, y lo acompañara yo, que ya andaba por los ocho; siempre claro, que no fuera en los días ni horarios de clase. A veces en los tramos firmes y llanos, (todos los caminos de entonces en la región, eran de tierra), mi hermano se tentaba, y lo iba acelerando más y más, hasta "pisarlo a fondo", y eso hacía que el velocímetro; temblando, avanzara lenta y penosamente hasta los setenta, e incluso setenta y dos kilómetros por hora. Nadie en su
sano juicio, ni él, se hubiera animado a mantener por mucho rato esa velocidad, ya que todo amenazaba desintegrarse, empezando por el tren delantero y la dirección, que requería toda la fuerza del conductor para mantenerlo en el camino, así como el trepidante motor que parecía zumbar y bufar al borde del colapso. Pero tenía fama de guapo, ya que a ese modelo precisamente, lo conocían como "Chevrolet 4, El Campeón". También tenía sus particularidades, como el sistema de alimentación de combustible, conocido domo "Steward", que aspiraba del tanque por vacío de los cilindros, y luego llegaba al carburador por gravedad. Requería un blindaje seguro en todas sus conexiones, para que no hubiera filtraciones de aire. Si esto pasaba, el combustible no llegaba al alimentador y el flujo se interrumpía. El motor podía, como decía papá: "hacernos renegar", e incluso dejarnos en el camino, como amenazaba en esta ocasión. Tras normalizarse un momento, volvió a fallar,
hasta que finalmente, al llegar al principio de la gran arboleda, que bordeaba y cubría el camino, con añosas y gigantescas "tipas," por varios kilómetros a la altura del paraje de "La Lola", el camión dijo; ¡basta! Y tras dos o tres tironeos y sacudidas del motor, se detuvo apagándose, mientras por impulso, y poca eficacia en los frenos, el camión continuó unos cuantos metros antes de detenerse. Después, todo quedó en el profundo silencio, y la quietud de la siesta del aquel incipiente verano, nos hizo sentir en la mayor soledad e impotencia. Sólo podía percibirse el arrullo del flamear de la brisa entre las hojas, el aislado arrumaco de alguna paloma en la altísima fronda del boulevard, el apagado roce y el crujido de una rama podrida, que caía y rebotaba sordamente contra el suelo. Mi hermano y yo descendimos teniendo adelante el frondoso e infinito túnel sombreado, y a nuestras espaldas el camino ya recorrido, ancho y polvoriento, donde el sol daba de
lleno, haciendo reverberar el horizonte y formando algo más cercano, la ilusión de un lago somero de aguas plateadas y temblorosas, como un espejismo. Sobre el campo cercano que se mostraba verdoso y parduzco, por la madurez del girasol temprano, una pareja de "teros" cacareaba amenazante, volando en extensos círculos, ora bajo, ora algo más alto, temerosos y alertas, ante los extraños recién llegados. Levantamos el "capó", la cubierta del motor, sabiendo que era el bendito tanque de vacío, que estaba chupando aire en el sistema. Probamos a tocar y mover los caños de cobre, ajustando las tuercas y sobre todo rezando para que vuelva arrancar, y aunque tironeando, nos llevara lentamente a casa. Aún no habíamos almorzado, y esto se sumaba a nuestra angustia. Probamos a darle arranque, una y otra vez. Nada. Teníamos un par de herramientas para estas emergencias; una pinza, un destornillador, una llave "pico loro", alguna de boca, un martillo y casi nada más. Podía
ser el flotante, o la junta de la tapa del tanque; pero era poco conveniente tocar eso, porque podía deteriorarse la junta y empeorar las cosas. Nos quedaba lo que sería lo más probable, revisar las conexiones. Mucho no podía hacerse. Lo que casi siempre resultaba era hacer un engaste con hilo de algodón, como una junta entre los terminales y las tuercas que los ajustan. Era una tarea difícil, nunca conseguíamos sellarlos totalmente. Cuando el vehículo era nuevo, seguramente funcionaba de maravillas; pero desgastado, aflojadas las conexiones por las fuertes vibraciones propias, sin el mantenimiento correcto, esto se convertía en un martirio. A veces se solucionaba, y más adelante fallaba todo de nuevo. En ese trance, había que reconocer que éramos insuficientes, ¡Qué falta nos haría la ayuda de una persona mayor! En aquellos tiempos, quienes transitaban las rutas, necesariamente eran capaces de solucionar casi todos los inconvenientes, los mecánicos, y los de
otra índole. Pero todo era soledad, en aquella aciaga siesta veraniega.
En eso en el horizonte se dibujó un pequeño bulto, que poco a poco fue agrandándose. Mi hermano respiró con alivio. Todo el mundo se paraba a auxiliar a quién sufriera un percance, y estuviera a la vera del camino, detenido y requiriendo ayuda. Era un código sagrado. Del bulto lejano fue surgiendo un auto, que venía a buen ritmo, trayendo detrás una remolineante nube de polvo, pero no daba señales de detenerse. Mi hermano se corrió más al centro del camino, y ambos hacíamos señas para que se detenga. El auto tuvo que abrirse un poco para esquivar a mi hermano, pero no mermó siquiera la marcha, y pasó sin mirarnos; pensamos que estaría verdaderamente apurado, para no brindarnos la más mínima atención. Pensar que un momento antes nos creíamos salvados. Ahora mirábamos en silencio como el auto; una rural último modelo, con costados lujosos de cedro lustrado, seguía alejándose, insensible,
indiferente. Mi hermano en su impotencia le lanzó una maldición. Con toda la bronca, como quién tuviera el poder para clamar venganza. Levantó su pequeño puño cargado de nefasta energía. -¡Hijo de tu madre! ¡Ojalá se te reviente una cubierta!...- y luego en voz más baja, fue agregando aún más condiciones.-¡y que no tengas rueda de auxilio, o esté pinchada!.-, y otras cosas por el estilo. El fuerte "¡Plooof" nos llegó seguido por el eco de los troncos de las plantas. El auto zigzagueó un instante y se detuvo algo atravesado en el camino. La nube de polvo se fue desvaneciendo. Pudimos ver desde nuestra ubicación, que la rueda delantera izquierda estaba ahora en llanta. El conductor trabajó arduamente, pero tenía dificultades con el piso algo blando del boulevard, y al parecer no conseguía afirmar el "gato"para levantar el auto.- Mi hermano saltaba de contento, no entendía cómo había sucedido, pero se sentía ampliamente "resarcido", y pateaba el suelo riéndose
mefistofélicamente, quizás en el fondo, tenía "poderes ocultos". Un buen rato después conseguimos que nuestro "Steward" funcionara, y el motor arrancó lo suficientemente bien como para proseguir viaje.
Cuando pasamos al lado del lujoso automóvil último modelo, ambos contuvimos apenas las ganas de soltar, una estruendosa carcajada.
En mis sueños viajo en una nube rosada y mis ojos descubren la belleza del crepúsculo. El perfume del cielo penetra en mis cabellos y el viento los despeina con su risa alocada. La alegría de la primavera llega hasta mi alma y se aleja serena por un camino florido. Muere la bella tarde y el esplendor de un hechizo se derrama en mi rostro como un halo de luz. Las maravillas galopan en el radiante universo y brilla intensamente mi vida cuando respira su aliento.
El busto estuvo siempre sobre la mesita del living, una de esas cosas invisibles por exceso de permanencia, por desaparición de los sentidos a fuerza de repetición. Como el olor de la propia casa, única confluencia
de rastros olfativos que nos está negada porque se halla ya incorporada de tal modo que desaparece, así el pequeño busto de mármol era un objeto transparente. Años de pasar por la habitación sin reparar en la esculturita, blanquecina presencia cotidiana dentro del paisaje visual. Justo ahora se le ocurre mirarla. Extiende la mano y la sensación del peso, la frescura de la piedra calza guante y zapato, dedo por dedo talón arco justo en las palmas. Hecho para ser observado de cerca, se revela a su mirada como una foto polaroid que corporiza una presencia de espíritu y mediúmnicamente invoca un fantasma. Es una cabeza masculina y esa es la primera sorpresa, porque los bustos suelen ser retratos de mujeres más o menos lánguidas, con esa belleza anodina de las muchachas que parecen abstraídas en sus pensamientos, pero en las que se adivina un definitivo no pensar, se adivina la pose
tentadora de la reflexión imitada rasgo por rasgo frente silenciosa ojos perdidos en una lejanía romántica labios quietos casi serios casi a punto de sonreír, una más bien nada, como conviene a una jovencita. Pero es una cabeza masculina. Un hombre que la mira a los ojos con atención, minuciosamente cincelado cada pequeño detalle, con los rasgos firmes de quien no condesciende al engaño y se atreve a sostener con solvencia el puente sólido y perturbador de los ojos en los ojos. Por un rato no puede hacer otra cosa que mirar los ojos que la miran. Siente que hay en dejar vagar la atención por el resto del rostro como una claudicación, un apartarse perturbado. Siente que cortar el puente es un reconocimiento de vergüenza, una especie de demostración de debilidad. El hombre la mira a los ojos, ella no puede apartar la mirada. Se dice que es gracioso, pero no tiene ganas de sonreír.
Con aceptación de derrota aparta entonces la vista y descubre las finas líneas de arrugas en la frente, las cejas de arco perfecto recorriendo con firmeza el contorno de las órbitas, los labios cerrados. Hay en la expresión del hombre callado y quieto una seguridad sin fisuras. Atento y cerrado en sí mismo, bloque de material pero de conciencia, único e indiviso apariencia peso color rasgos unívocos. Exceso de yo en ese hombre que confortablemente es él y no aparenta ni finje, que es él y no otro, tal como debe ser tal como fue creado desde siempre desde toda la eternidad, que si un vago escultor no lo hubiese tallado cincelado extraído de la piedra, otro lo hubiese hecho, pues se demuestra en la forma el grado de necesariedad. Y en la palma de su mano, en la palma de su mano. ¿Quién eres tú?, pregunta sin mover los labios ella que lo sostiene en la palma de la mano, ella que es sostenida desde la palma por esa pieza monolítica de maravilla.
¿Quién eres tú?, sabiendo que es solamente una escultura en su mano, una cabeza de mármol negada al habla negada a la palabra negada a la vida, esta vida que transcurre y modifica y hace crecer pero las más de las veces descompone, derrota, finalmente destruye y acaba y despedaza y desperdiga y finaliza. Esos ojos esa boca que no puede responder la contemplan desde la eternidad. Desde la inmovilidad del tiempo quieto fija el hombre la mirada en sus ojos. Desde siempre pero en este instante la mira. Y ella sabe ahora, siempre lo supo pero ahora sabe que va a morir, que habrá mañanas y tardes y noches acumuladas pero que va a morir, que su rostro y su cuerpo se derretirán en torno a los huesos, que su carne está construida con la fragilidad de lo perecedero y no de piedra inmutable. Este hombre que la observa se lo dice con tranquilidad, sin dramatismo sin exceso de desesperación. Con tranquilidad se lo comunica silenciosamente. Y la
mira. Deposita suavemente el busto en la mesita. Se sienta en una silla. Volverá a tomarlo en sus manos una que otra vez, cada tanto. Rehuirá los ojos cincelados y olvidará la cabeza tiempo y quietud y espacio estanco durante largas temporadas. Pero estará ahí, segura como segura es la propia muerte, algunas veces como amenaza, otras como promesa, las más como simple clausura si es que existe alguna clausura que pueda relacionarse de alguna forma con la simplicidad.
Muy lejos: de donde sale el sol, en espera de azahares, con la lluvia sobre mi ser, y mi mar de ensueños. Muy lejos: donde nadie me ve, sola en mi ansiedad, crece mi luz, desde hace ya tiempo. Muy lejos: Donde tengo zonas prohibidas de mi sangrante viña, voy llenando los barriles del silencio en calma. Muy lejos: donde un bello relámpago enciende el tiempo de amar, allí brotan mis lágrimas de tanto extrañar amando.
De la duda de tus labios, su dulzura De tu imagen a tu adentro, la
espesura De la magia de tu verso, su blancura De tu miedo y tu dolor, la investidura De tus ansias, el inicio y la censura De lo frágil de tu acero, el temblor de su armadura De lo fugaz de tu lazo, la marca que en mi perdura
En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su
mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete. Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.
Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.
Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese
beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.
Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía
se puede leer en la ventanilla lateral
-ahora a oscuras- de la cabina nº5: Autopistas de Luna a Sol.
Se llama Mereco mi muerto inolvidable. Para mí su viejo Ford nunca termina de desbarrancarse de una quebrada puntana, bajo una suave garúa que no amaina ni siquiera cuando vamos con mi padre rumbo a su velorio. ¿Cómo puede ser que Mereco esté muerto si hace cuarenta años que yo lo llevo en mí, flaco y alto como un farol de la plaza? Cuando mi padre se descuida me acerco al ataúd que está más alto que mi cabeza y un comedido me levanta para que lo vea ahí, orondo, machucado y con la corbata planchada. La novia entra, llora un rato y se va, inclinada sobre otra mujer más vieja. Hay tipos que le fuman en la cara, toman copas y otro que entra al living repartiendo pésames prepotentes y se desmaya en los brazos de la madre. Después vinieron otros muertos considerables, pero ninguno como él. Recuerdo a un colorado que me convidaba pochoclo en el colegio y lo agarró un camión a la
salida. También a un insider de los Infantiles Evita que nunca largaba la pelota y se quedó pegado a un cable de luz. Pero aquellos muertos no eran drama porque nosotros, los otros, nunca nos íbamos a morir. Al menos eso me dijo mi padre mientras caminábamos por la vereda, a lo largo de la acequia, cubiertos por un paraguas deshilachado. Casi nunca llovía en aquel desierto pero en esos días de comienzos del peronismo se levantó el chorrillero, empezó a lloviznar y Mereco no pudo dominar el furioso descapotable negro en el que yo aprendí a manejar. Por mi culpa mi padre estaba resentido con él y sólo de verlo muerto podía perdonarle aquel día en que lo llevaron preso. Salimos del velorio por un corredor y cruzamos un terreno baldío para llegar al depósito de la comisaría. El Ford A estaba en la puerta, aplastado como una chapita de cerveza. Mi padre iba consolando a otra novia que tenía el finado y ya no se acordaba de mí. Pegado a la pared para que no me viera el
vigilante, me acerqué al amasijo de fierros y alcancé a ver el volante de madera lustrada. Seguía reluciente y entero entre las chapas aplastadas. También estaba intacta la plaqueta del tablero con el velocímetro y el medidor de nafta. Marcaba en millas, me acuerdo, y cuando íbamos a ver a su otra novia, Mereco lo levantaba a sesenta o más por el camino de tierra. Nadie sabía nada. Mi padre creía que yo me quedaba en la escuela y la novia de Mereco estaba convencida de que íbamos a buscar a mi padre que controlaba el agua en las piletas del regimiento. Entonces llegábamos a un caserío viejo que el coronel Manuel Dorrego había tomado y defendido no sé cuántas veces y Mereco me dejaba solo con el Ford A debajo de una higuera frondosa. Ésa era mi fiesta en los días en que Mereco no estaba muerto y el Ford seguía intacto. me sentaba en su asiento, estiraba las piernas hasta tocar los pedales y el que iba a mi lado era Fangio anunciándome curvas y terraplenes. Mereco no es
un muerto triste. Tiene como veinticinco años y todavía lo veo así ahora que yo tengo el doble y he recorrido más rutas que él. Antes del incidente que lo enemistó con mi viejo, solía venir a casa a tomar mate y dar consejos. "Hágame caso, doble siempre golpeando el volante, don José", le decía a mi padre como si mi padre tuviera un coche con el que doblar. "En el culebreo suelte el volante hasta que se acomode solo", insistía. "Es un farabute", comentaba mi viejo mientras lo miraba alejarse con el parabrisas bajo y las antiparras puestas. Nunca tuvieron un mango ni Mereco ni mi padre. Por las tardes, a la salida de la escuela, yo corría hasta la juguetería para mirar un avión en la vidriera. Era un bimotor de lata con el escudo argentino pintado en las alas. Mi madre me había dicho que nunca podría comprármelo, que no alcanzaba el sueldo de Obras Sanitarias y que por eso mi padre iba a cortar entradas al cine. Al menos podíamos ver todas las películas que queríamos.
Pero en casi todas mostraban aviones y yo no me consolaba con recortarlos de las láminas del Billiken. Una tarde entré a robarlo. Por la única foto que me queda de ese tiempo supongo que llevaría guardapolvo tableado, un echarpe de San Lorenzo y la cartera en la que pensaba esconder el avión. En el negocio había un par de mujeres mirando muñecas y el dueño me relojeó enseguida. Era un pelado del Partido Conservador que recién se había hecho peronista y tenía en la pared una foto del general a caballo. Busqué con la mirada por los estantes mientras las mujeres se iban y de pronto me quedé a solas con el tipo. Ahí me di cuenta de que estaba perdido. No había robado nada pero igual me sentía un ladrón. Me puse colorado y las piernas me temblaban de miedo. El pelado dio la vuelta al mostrador y me dio una cachetada sonora, justiciera. Nos quedamos en silencio, como esperando que el sol se oscureciera. ¿Qué hacer si ya no podía robarle el juguete? ¿Cómo esconder aquella
humillación? Me volví y salí corriendo. Mi viejo estaba esperándome en la esquina con la bicicleta de la repartición. Tenía el pucho entre los labios y sonrió al verme llegar. "¿Qué te pasa?", me preguntó mientras yo subía al caño de la bici. Le contesté que me había retado la maestra, pero no me creyó. "¿No me querés decir nada, no?", dijo y yo asentí. Hicimos el camino a casa callados, corridos por el viento. Una tarde, mientras iba en el Ford con Mereco, no pude aguantarme y le conté. Se levantó las antiparras y como único comentario me guiño un ojo. Dos o tres días más tarde vino a casa con el plano de un nuevo carburador que quería ponerle al coche. Traía una botella de tinto y el avión envuelto en una bolsa de papel. "Lo encontré tirado en la plaza", me dijo y cambió de conversación. Mi padre se olió algo raro y a cada rato levantaba la vista del plano para vigilarnos las miradas. No sé por qué tuve miedo de que el pelado viniera a tocar el timbre y me abofeteara
de nuevo. Pero el pelado no vino y Mereco desapareció por un tiempo. Fue por esos días cuando a mi padre lo comisionaron para hacer una inspección en Villa Mercedes y me llevó con él en el micro. Un pariente del gobernador tenía una instalación clandestina para regar una quinta de duraznos, o algo así. Recuerdo que no bien llegamos el jefe del distrito le dijo a mi padre que no se metiera porque lo iban a correr a tiros. "¡Pero si la gente no tiene agua para tomar, cómo no me voy a meter!", contestó mi viejo y volvimos a la pensión. No me acuerdo de qué me habló esa noche a solas en el comedor de los viajantes, pero creo que evocaba sus días del Otto Krause y a una mujer que había perdido durante la revolución del año 30. Todo aquello me vuelve ahora envuelto en sombras. Nebulosos me parecen el subcomisario y el vigilante que vinieron a la mañana a quitarme el avión y a echarnos de Villa Mercedes antes de que mi padre pudiera hacer la inspección. Tenían un pedido de
captura en San Luís y nos empujaron de mala manera hasta la terminal donde esperaba un policía de uniforme flamante. Hicimos el viaje de regreso en el último asiento custodiados por el vigilante y la gente nos miraba feo. En la terminal mi padre me preguntó por lo bajo si yo era cómplice de Mereco. Le dije que sí pero me ordenó que no dijera nada, que no nombrara a nadie. No era la primera vez que nos llevaban a una comisaría y mi padre se defendió bastante bien. Negó que yo hubiera robado el avión y responsabilizó al comisario de interferir la acción de otro agente del Estado en cumplimiento del deber. Era hábil con los discursos mi viejo. Enseguida sacaba a relucir a los próceres que todavía estaban frescos y si seguía la resistencia también lo sacaba al general que tanto detestaba. A mí me llevaron a casa, donde encontré a mi madre llorando. Al rato Mereco cayó en el Ford y nos dijo que lo acompañáramos, que iba a entregarse. Cuando llegamos, mi padre ya se había
confesado culpable y en la guardia se armó una trifulca bárbara porque Mereco también quería ser el ladrón y mi viejo gritaba que a él sólo le asistía el derecho de robar un juguete para su hijo. Como ninguno de los dos tenía plata para pagarlo, mi avión fue a parar a un cajón lleno de cachiporras y cartucheras. Al amanecer llegó el jefe de Obras Sanitarias y nos largaron a todos. Mi padre se negó a subir al descapotable de Mereco y le dijo que si aparecía otra vez por casa le iba a romper la cara. Fue la última vez que lo vimos antes del velorio. Se calzó las antiparras, saludó con un brazo en alto y ahí va todavía, a noventa y capota baja, subiendo la quebrada con aquel Ford en el que hace tanto tiempo yo aprendí a manejar.
*De Osvaldo Soriano. "Cuentos de los años felices". Editorial Sudamericana. Buenos Aires, edición de 1993.
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 8 de octubre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor argentino Rubén Carrasco. Las poesías que leeremos pertenecen a Jeannette Clariond (México) y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com Schießstattstr. 44 A-5020
Salzburg AUSTRIA Tel. + Fax: 0043 662 825067
HASTA 15 de Octubre del 2006....
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
Importante: A los interesados en participar en el Concurso, les rogamos no realizar solamente a última hora su(s) envío(s), debido a las limitaciones de capacidad de nuestro buzón electrónico. En caso de que su mail sea rechazado en nuestro buzón principal, envíe su participación a la dirección: euroyage@...
BASES DEL CONCURSO:
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres: a) Fotografía artística sobre un tema ecológico, b) Problemas ecológicos, c) Soluciones a problemas ecológicos.
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word: 1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante. 2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante:
nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
PREMIOS:
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”. - Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
Importante: A los interesados en participar en el Concurso, les rogamos no realizar solamente a última hora su(s) envío(s), debido a las limitaciones de capacidad de nuestro buzón electrónico. En caso de que su mail sea rechazado en nuestro buzón principal, envíe su participación a la dirección euroyage@...
Ejercicios de escritura
Para el 16 de octubre.
INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y
literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
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Esa épica de la vida y los trenes...
Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos*
Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos
bajo la lluvia triste en cualquier estación
viendo pasar los trenes, viendo huir los minutos,
viendo correr las gentes sobre el mojado andén.
Si tan sólo existiera un tiempo y un lugar para nosotros,
la intimidad de un bar semivacío,
las tardes del otoño entre las calles,
la ternura de un parque abandonado.
Si tan sólo tuviera tu pelo entre mis dedos
y en mis cansados labios se apoyara tu piel
y un ángel candoroso velase nuestro sueño
bajo las tenues luces de una playa lejana.
Si tan sólo pudiese mirarte mientras duermes,
contemplar en silencio tu silencio tranquilo
y olvidarme de todo y desnudarme de todo
y arrojar al olvido todo cuanto es ajeno
al color de tus ojos, al sabor de tus labios
y a la dulce cadencia de tu voz al hablarme.
*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...http://al-andar.blogspot.com
LA "SALAMANCA" DE LA ESTACION DE TRENES*
"Ay de quien temerariamente aspira a saber lo que debería olvidar"
(Jorge Luis Borges)
Reza una leyenda que Isabel la Católica mandó a tapiar la
célebre "Cueva de Salamanca", porque era un antro de hechiceros,
herejes y cripto judíos o "marranos". Quizás sólo fue un taller de
alquimistas y herméticos, cabalistas y sufíes. Pero la leyenda llegó
al Nuevo Mundo y se convirtió en una especie folklórica campesina
con ribetes satánicos y, en cierto modo, contestatarios, aún vigente
hace cuatro décadas, cuando yo me topé con ella siendo un aprendiz
de antropólogo, por no decir de brujo como nos llamaban, en varios
países de Sudamérica. La que inspira este relato estaba en la Pampa
Gringa, tierra de hondos misterios. La hallé, empero, en una de esas
estaciones de trenes casi olvidadas que bien pueden servirle de
marco, lo mismo que el bosque y los socavones.
***
Hay quien prefiere el tren, su cansina marcha, el rítmico bufido de
esa bestia mansa, protectora, la vetusta elegancia de un coche-
comedor que también hace las veces de salón de té entre cuatro y
cinco de la tarde; manía atávica que proviene de los ingleses,
fundadores de ferrocarriles e imperios.
Aún a costa de varias horas adicionales de viaje, debido al largo
tiempo en que aquel trencito de trocha angosta se detenía en las
estaciones, había siempre una respetable cantidad de pasajeros en
el "rápido" Las Varillas – San Fancisco de Córdoba, con
paradas "sólo" en Las Varas, Saturnino María Laspiur, y Quebracho
Herrado. El trayecto demoraba, con suerte, unas seis horas que -
sobre todo en época de lluvias, cuando los caminos de tierra se
volvían intransitables- eran una bagatela para los amantes del
ferrocarril y algunos etnólogos extemporáneos.
En compensación, uno podía bajar en Las Varas y tomar unos verdes
con tortas fritas, aunque no lloviera, ahí nomás en el andén, o
caminar un rato por la avenida bordeada de eucaliptus gigantes en
Laspiur, y visitar el sanatorio del Dr. Nelay, donde había
pernoctado Marquesini, el célebre taumaturgo cordobés; o bien, a la
hora del ángelus, pasear por el Quebracho Herrado esquivando las
veredas de aquel pueblo, por su siniestra fama de ser un antro de
brujas, con ganas de perder el tren para ver si era verdad. Allí
tuvo lugar, hace más de cien años, una feroz batalla entre el
ejército del General Lavalle y las tropas rosistas comandadas por el
oriental Oribe, en la que los unitarios fueron derrotados con muchas
bajas, enterradas en dicho lugar. A menudo los torrenciales o el
pampero descubren algunos huesos, que se vuelven "luces malas" por
la noche, lo que le ha dado al caserío su fama brujeril.
Pero esa tarde de octubre de mil novecientos sesenta y tantos,
conjurando dicha fantasía tantas veces temida – y anhelada – por
todo leal pasajero del riel, el tren se quedó en el Quebracho
Herrado sin poder continuar. Casi podría decir: el tren se quedó en
el Quebracho Herrado "para siempre".
Mas esto tampoco ocurrió, y sólo cabe contar las cosas como creo
haberlas percibido, más o menos trastocadas por la piedad de la
memoria y el oficio.
Después de pasar por el ritual "folklórico" de andar siempre por el
centro de la calle, "y mirar de soslayo las veredas", como aconseja
el sortilegio, creyendo haber visto algunas luces malas o "fuegos de
San Telmo", como también se llaman, tras la reja de viejos jardines
deteriorados o patios baldíos, volvimos a la estación. El tren aún
no salía y algunos caminábamos por el andén desierto como si fuera
la celda de una cárcel o un claustro. Los demás habían vuelto a sus
asientos y nos miraban desde el cubículo de las ventanillas,
mientras nosotros los veíamos a ellos como a través de los vidrios
de un enorme y extraño invernadero.
Digo "nosotros" y "ellos" por lo que luego pasó, siendo tal vez la
suerte de los que nos bajamos muy diferente de la de quienes se
quedaron en el tren. ¿Fue todo producto de la imaginación, o el
hecho de haber seguido "mirando de soslayo"? También ignoro por qué
ninguno de los andantes, salvo yo mismo, mucho después, pudo (o
quiso) fijar la mirada frontalmente, aunque ya estábamos de regreso
en el andén. Pero lo que alcancé a entrever fue suficiente para
seguir, por un largo rato, con la vista enfocada al suelo, o a la
penumbra que se abría en las puntas de la estación como un anhelo de
libertad. Y confieso que, a pesar de mi largo entrenamiento
etnográfico, tuve miedo...
Primero hubo un silencio brusco, innatural, en el que ni siquiera se
escuchaban nuestros propios pasos. Después una algarabía
desenfrenada llena de carreras cortas, renuentes, como si el suelo
se hubiera llenado de salamandras o lagartos en fuga, y un rumor de
carnaval repentino, pero trágico, sin pizca de alegría ni seducción;
un festival forzado, tenso, de persecuciones contundentes, veloces,
y siempre consumadas.
¿Había una diablilla gorda brincando por los pasillos de los
vagones, con una cruz invertida entre los pechos, que terminaba en
un obscuro falo a la altura de su boca? ¿Y detrás de ella, en cuatro
patas, un diablillo que blandía sus dos vergas y la cola
enroscándose en el cuello con un crótalo de plata? Quizá; nadie
miraba de frente hacia el tren detenido. De reojo, alcancé a ver
como violaban a una monja sangrando por el ruedo de su hábito, entre
cuatro cabrones (¿o eran machos cabríos?) a la vez, y ella clamaba
en su delirio por el fuego al pie de la caldera en la locomotora
inmóvil.
Cuando quise intervenir, se desligó del abrazo poliforme y huyó
convertida en una mula embarazada, galopando hacia la puerta del
último vagón donde ardían cirios negros. Pero era inútil de todos
modos porque, los que estábamos afuera, no podíamos levantar la
cabeza ni subir al tren. No sé si por el asco a los bichos que
reptaban por las escalerillas y el borde del andén -provocando a
menudo cosquilleos y tenues golpecillos- o paralizados por nuestro
propio temor. Tampoco podría asegurar si el contrahechizo tuvo su
efecto, o más bien fue otra alucinación acuciada por la espera.
Porque en algún momento saqué la botella de vino que guardaba en mi
talego y comencé a ofrecerla – siempre sin mirar a los ojos – a cada
uno de los pasajeros y personajes, reales o no, con quienes me
topaba.
La treta para ahuyentar al diablo me la había enseñado un curandero
de La Higuera, en Traslasierra, otro pueblito encantado, donde pasé
varios meses recogiendo cuentos de aparecidos, lobizones y ánimas en
pena. Pero esto parecía otra cosa, la peor que guarda la caja de
pandora del alma campesina: la Salamanca. Ya no se trataba de las
casi innocuas brujas del Quebracho Herrado, que custodian las luces
malas, y sólo espían de puro chismosas o aburridas; ni era posible
ahora deshacer el ensalmo con la mera mirada oblicua. La Salamanca
requería medidas más drásticas, que comenzaban con la prueba del
vino. "Es el vino – decía el curandero, al que no quiero mentar por
su nombre – la verdadera sangre de Satán, que no la de Cristo. Es
como ofrecerle al Malo su propia sangre". (Era ésta una de esas
frases que no se olvidan, y por eso la tenía registrada en mi
libreta de campo).
Una vez hecha la oferta del vino pude mirar de frente, y lo que vi
me convenció, aún más, de que me hallaba ante la reina del terror
nocturno. La Salamanca, recordé, asume variadas formas, pero
siempre remeda una fiesta, al principio. Es la manera de atraer al
incauto. Y toda la estación parecía, ahora, una de esas ramadas que
se levantan para los días de la fiestas patrias, el veinticinco de
mayo o el nueve de julio, aunque estábamos en enero. Varias parejas
bailaban una chacarera, las chinitas de falda cortona, muy
estrecha, y las blusas desabrochadas. Los gauchos, con chambergos
alones y botas con espuelas, al aire los ponchos enmarañados como
sus melenas. En un rincón adornado con guirnaldas, dos comadres
servían vino, ginebra y empanadas fritas, sin dejar de mirar al
estrado donde estaba la orquesta de músicos ciegos, guitarra y
guitarrón, chalecos bordados y rastras de monedas y penurias.
Adentro del tren, una alegre caravana recorría los vagones, colgando
serpentinas y zapateando sobre los descansillos de las puertas. Ni
rastros de la diablesa y el diablillo, o la mula embarazada. Todo
aquello era muy extraño, porque la Salamanca, según había oído
contar, aparecía más bien en cuevas – remedando la originaria en
Salamanca, o al borde de una cañada (como lo dijo Sarmiento). Mas no
había nada incongruente en el hecho de que estuviera en la estación
de tren; al contrario, parecía un lugar adecuado, suficientemente
misterioso a esas altas horas de la noche. Todavía más extraño
resultaba ese aire de normalidad, de simple fiesta que tenía todo, a
diferencia de lo que había podido ver – si bien de soslayo, lo
repito – antes de la ofrenda del vino.
No sólo habían desaparecido los monstruos y las pesadillas, sino que
la escena tenía un aire bucólico, la ilusoria inocencia de una
trampa. Porque sin duda no era sino eso, una trampa, tanto para los
sentidos como para la razón. Al acercarme al puesto de las comadres,
ambas guapas y querendonas, vi que detrás del mesón había un quiosco
en forma de tienda, con cortinas flotantes y gobelinos agrisados por
el tiempo. Por los intersticios se divisaban siluetas femeninas semi-
desnudas y sonrientes, más jóvenes que las puesteras y aún más
lúbricas, que parecían estar esperando.
De una guitarra invisible que no formaba parte de la orquesta, fluía
una melodía distinta, tocada con destreza incomparable, y que sin
embargo no desentonaba con la chacarera de los ciegos. "Es la
guitarra del diablo – pensé en seguida, rememorando las notas de
otra libreta de campo que había llevado en Santiago del Estero hace
unos años – "la singular manera de templarla que nadie puede
imitar". Entonces la música cesó de inmediato, quedando sólo la de
la orquesta que se escapaba por las bocas del andén hacia la noche.
- ¿Desea tomar algo?
– me preguntó una de las comadres seductoramente mientras entreabría
su falda para mostrar los muslos cerúleos – hay de todo, aunque no
se vea – y sacó de abajo una botella de ginebra holandesa, dorada
como una mies, y unos tamales que eran la tentación misma, al tiempo
que se daba vuelta dejando ver unas nalgas perfectas, como trazadas
a compás - ¿O prefiere este vinito de Cafayate, de más de diez años
aunque no tenga marca – ofreció subiéndose la enagua, de la que
surgía una mata de pelo azulado de tan negro, escondiendo apenas sus
secretos encantos.
- Sólo tomo del mío – y al mero gesto de sacar la botella para
ofrecerles un trago, el mesón y la tienda desaparecieron quedando
sólo el guitarrero, que tenía un aro de oro en cada oreja y
parecía un gitano de cuento.
- El que te enseñó esos trucos sabía a qué atenerse – me dijo por
todo saludo – pero yo puedo enseñarte muchas cosas más...
-¿Qué querés decir? – le contesté adhiriéndome a su tuteo.
- Lo que más te agrade; por ejemplo, encantar a la guitarra,
como yo lo hago, lograr fortuna, conquistar a todas las mujeres, o
bien conocer los secretos del futuro y el misterio de la muerte – Y
sacó del bolsillo un mazo de cartas de Tarot nuevas y brillantes,
disponiéndose a barajarlas.
- Es demasiado – repuse – no sabría qué hacer con tantas
respuestas, y ya no tendría preguntas ni deseos. Prefiero no entrar
a tu Salamanca – Y el guitarrero, diablo, o lo que fuese, también se
esfumó sin dejar rastros.
En el andén quedaba apenas un par de parejas bailando la eterna
chacarera, y la inimitable orquestilla de los ciegos. Cuando me
acerqué a ellos, uno de los bailarines me pasó su prenda, diciendo:
- Aguántela un poco, compañero, enseguida vuelvo – y arrojó
la mujer a mis brazos enredada en su propio pañuelo.
Ella era liviana y ágil, danzaba como flotando sobre el vuelo de sus
enaguas, y tenía el rostro más bello que jamás había visto en esta
tierra de mujeres hermosas: un ícono de trenzas castañas y ojos
marinos, con una rara sonrisa, algo inquietante, que le añadía
encanto. Su cuerpo rezumaba el sudor invisible del deseo.
- Subamos al tren – susurró a mi oído después de la primera vuelta –
antes de que él regrese...
La otra pareja ya habría subido, o quizá se había disipado como todo
lo demás. Una suerte de vapor húmedo que empañaba los vidrios de las
ventanillas me impidió ver, de momento, lo que ocurría en los
vagones. Ella se aferró a la baranda de una puerta, tratando de
empujarme al interior del coche. Desde allí se oía de nuevo la
guitarra del diablo y la anterior algarabía. Toda la feria parecía
haberse trasladado al tren, que ya comenzaba a partir.
- ¡Sube! – gritó ella - ¡Vas a perder el tren! – Y en su
premura por agarrarme de la mano se corrió hasta el descansillo
final en la parte trasera del último vagón, hasta donde me alzó con
una fuerza increíble. No pudo, sin embargo, hacerme entrar por
aquella puerta, que quizá dividía este mundo del otro, porque cada
vez que trataba de hacerlo yo sacaba la botella de vino, y ella
retrocedía como si algo la amenazara o estuviera acosada por el
fuego.
Recurrió entonces al antiguo y femenino recurso de desnudarse, y se
entregó a mí allí mismo con la pasión de una virgen. Era sin duda la
diablesa, porque nunca había sido como esa vez, ni volvió a serlo.
Aunque decir que se entregó no sería tampoco exacto, ya que, bajo la
apariencia de hacer lo que yo quería, ella dominaba todos los actos
con una destreza sin igual. Y al final, cuando ya casi me había
rendido a su singular encanto, creí percibir el suspiro de la gran
diablesa, más peligroso que el canto de las sirenas, según me había
contado el curandero.
Su recuerdo benéfico me salvó del último esfuerzo de la Salamanca
por atraparme, porque los efluvios que manaban de ese suspiro eran
como garfios que sojuzgaban la voluntad. Y sabiendo que yo soy
bastante picaflor, como dicen aquí, el postrer recurso debió estar
basado, por fuerza, en el irresistible aunque aparente atractivo de
la hembra de satanás.
Al ver que yo me desasía de su abrazo y saltaba, a pesar de que el
tren ya corría a plena velocidad -siguiendo el recurso desesperado
que me había enseñado el curandero: "salta y cierra los ojos, así
te muestre un abismo o el propio infierno"- ella desistió de su
intento y se dispuso a ejercer su venganza. Por algo era Lilit,
reina de los demonios...
Se arrancó las ropas y las máscaras para mostrarse tal cual era, y
pude ver sus escamas, la mirada del basilisco y la boca siempre
abierta de la gárgola, su desnudez de momia, el hocico incipiente y
la dudosa garra. El castigo no fue, como supuse entonces, imponerme
su fealdad ante toda mujer, sino, como lo supe mucho después,
exactamente lo contrario, su incomparable belleza anterior al
suspiro; de modo que todas me parecieran igualmente horribles e
indignas de ser amadas. Como se sabe, la mirada del basilisco ciega.
Yo quedé ciego por un tiempo para toda otra fémina, humana, celeste
o infernal.
Algo desempañó los vidrios de las ventanillas y alcancé a ver, desde
el suelo al borde de las vías, que por los pasillos corrían, como
antes, la diablilla gorda y el diablillo; pero envolviendo ahora los
cuerpos inmóviles de los pasajeros en serpentinas negras, a modo de
mortajas.
Volví al andén desierto, y la orquesta de los ciegos ya guardaba sus
instrumentos. Les pregunté como al pasar qué fiesta se había
celebrado.
- ¿Cómo, no lo sabía?; la del santo patrono del Quebracho Herrado.
- Soy forastero. ¿Y cómo se llama el santo?
- San Ciprián – una velada mueca de burla deformaba sus rasgos
imperturbables.
Cuando atiné a decirles que no podía ser, que ese era el nombre de
un mago de Alejandría y no de un santo propiamente dicho, se
desvanecieron con la primera claridad del alba.
Al otro día, al subir al coche de reemplazo que habían enviado desde
Las Varillas, el aroma del café recién hecho casi me hizo olvidar la
ordalía anterior. Pero en la manera de observarnos, todavía de
reojo, descubrimos una cierta complicidad entre los viajeros. Según
una versión que también alcanzó a contarme el curandero, los que
han logrado escapar de la Salamanca sin sucumbir a su influjo,
pueden formular un deseo.
Sin mucha convicción, no lo formulé en ese momento; sólo cuando me
di cuenta del castigo de la gran diablesa, después de resistirme al
influjo de unas fragantes chilenas, que compartían la mesa del coche
comedor, expresé el deseo de saber si era verdad lo que había
ocurido. O el conjuro tuvo efecto, o todo era producto de un sueño
sobre rieles en la estación del Quebracho Herrado. Cuando el tren ya
dejaba el andén vi, o creí ver, una cruz invertida entre las vías,
sobre los durmientes.
* de José Luis Najenson najenson@...
San Cristóbal, la ciudad en la que ya no se oye el silbato del tren
de trocha angosta*
Los viejos ritos forjaron una sólida identidad que hoy tiene destino
incierto.
VAGON DE RECUERDOS. El predio de los viejos talleres ferroviarios.
(Gentileza E. Giussani)
Fabio Abbá*
Esta es la historia de San Cristóbal, mi ciudad, a la que nunca voy
a dejar de querer y añorar a pesar de no vivir allí en este momento.
Sin ruborizarme y con mucho orgullo puedo decir que viví toda mi
infancia en el lugar más hermoso del mundo. Y ese desmedido término
no es por su belleza paisajística ni mucho menos. Hablo de San
Cristóbal, conocida como la Puerta del Norte Santafesino. Donde
deambular por sus calles a la siesta en pleno verano era casi
impensado. Donde cerrar los autos con llave o ponerles candado a las
bicicletas se reservaba para los que venían de visita de la gran
ciudad.
Donde el programa del sábado a la noche para las señoras mayores era
estar a la expectativa de algún casamiento o cumpleaños de quince
para ir a "espiar" el vestido de la agasajada.
Había ritos. Sentarse en la vereda sobre el sillón de tiritas, en lo
posible después de que pasara el regador, así se asentaba la tierra
de la calle. Ir al almacén con la libreta de tapa verde y el bolso
rejilla. Ir a la escuela en bici o caminando, boicoteando de por
vida los transportes escolares.
Armar la cancha en el baldío al que le prendíamos fuego así después
brotaba el pastito verde y parejo. Construir con precisión de
arquitecto una choza con cañaveral y hacer guardia para cuidarla.
Esperar en las vacaciones a aquel amigo/a, novio/a que venían de
visita a la casa de algún vecino. Mirar
el noticiero de Canal 13 Santa Fe para ver a las 12.45 el resumen
deportivo de Colón y Unión o estar pendientes de la transmisión del
torneo de verano desde Mar del Plata.
Una vez por año se vivía un clásico y no era futbolístico: Yasí Berá
y Mahebe eran las dos comparsas que dividían la ciudad y nos
llenaban de alegría el Carnaval. Para nosotros era como estar en Río
de Janeiro.
La fuente del progreso de mi querida ciudad fue el Ferrocarril
General Belgrano, el de trocha angosta, como decíamos siempre para
diferenciarlo de los otros. Todos teníamos a alguien de la familia
que trabajaba en "el ferro". Escuchar la sirena o pito que marcaba
la entrada y la salida del personal era parte de nuestras vidas. La
ciudad marchó al ritmo que generó esta fuente de trabajo que nos
enorgulleció durante tanto tiempo. Todavía tengo presente la cara de
mi tío del alma cuando me contó que se cerraba el ferrocarril. La
vida de él y la de muchos otros que tuvieron este como primer y
único trabajo, en gran parte, dejó de tener sentido. Las historias
que se sucedían, el compañerismo sin traiciones, el sentido de
pertenencia eran tan fuertes que el cierre le quitó vida a la
ciudad. En realidad, les arrancó un pedazo de su vida a todos los
que allí trabajaban. Se terminaron las bromas pesadas que alguien
siempre debía soportar. Y las olimpíadas deportivas que convocaban
más que cualquier otro evento, en las que cada sección se jugaba el
honor delante de toda la ciudad.
Hoy muchas cosas han cambiado. La ciudad se acomodó a otro ritmo de
vida. La TV por cable con 80 canales reemplazó a la única señal
repetidora que teníamos. El asfalto se empeña en poner en peligro de
extinción al camión regador. La proliferación de los remises atentó
contra la bici o las caminatas para ir de una punta a la otra de la
ciudad. Internet y la computadora sustituyeron la cancha del baldío
y la choza. La confitería para ir a bailar a la hora cero se
transformó en boliche para entrar a las 2.30.
A la palabra empeñada ahora hay que volcarla en papel y ante
escribano, por las dudas vio...
Del ferrocarril hoy quedan esos dos kilómetros de galpones sin vida,
atesorando en algun rincón el ruido de las máquinas y de los
obreros. Los durmientes de quebracho colorado son ahora víctimas de
algún hogar a leña, cuando deberían seguir soportando el rodar de
las toneladas del pata de fierro, como le decían al tren. Ese tren
que nos era tan familiar, ese que esperábamos hasta que pasara el
último vagón de madera color naranja furioso donde iba el guarda con
la banderita roja que nos saludaba. El que nos trajo tanto progreso
hoy pasa esporádicamente, tanto que a los chicos les resulta un
bicho raro. Ni que hablar si hubieran podido viajar en el coche
motor a Santa Fe: para nosotros era como volar a París en el
Concorde...
Pero... como no puedo ir en contra de mis sentimientos, mi lugar en
el mundo seguirá siendo San Cristóbal, la Puerta del Norte
Santafesino que creció gracias al ferrocarril y que hoy no lo tiene.
Y, como verán, nunca mencioné gracias a quién, no vale la pena tal
vez dedicarle un renglón a quien
hipotecó mi ciudad y mi país, fundamentalmente en honor a mi tío.
El, como tantos otros, hasta el último día de su vida se siguió
levantando a las cinco de la mañana esperando que volviera a sonar
el pito que lo llamara a trabajar.
* Nacido en San Cristóbal, envió este relato a Radio Mitre desde la
ciudad de Santa Fe, donde vive hoy. La historia se publicó en el
blog de Argentina Pueblo a Pueblo.
-Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/10/04/sociedad/s-03501.htm
Correo:
FIESTA DEL FERROCARRIL DE TROCHA ANGOSTA*
La Asociacion de Amigos del Ferrocarril General Belgrano, la
Municipalidad de San Andres de Giles, y
la Revista Todo Trenes, invitan a la Fiesta del Ferrocarril de
Trocha Angosta, que sea realizara el
proximo domingo 8 de octubre a las 11:00 horas en la Estacion
Espora, Partido de San Andres de Giles,
Provincia de Buenos Aires.
Aquellos que disfrutan de la vida de campo, tendremos asado criollo
y chancho asado con pelo, musiqueada criolla, carrera de sortijas, y
eventos destrezas criollas. Contaremos tambien con la exposicion de
material ferroviario, exposicion fotografica, charlas sobre los
ferrocarriles de trocha angosta en la Provincia de Buenos Aires, y
visitas guiadas por la estacion, entre otras sorpresas mas.
Quienes no dispongan de vehiculo para trasladarse a Espora,
ofrecemos un servicio de bus. El valor del
pasaje es de $ 30-. ida y vuelta, partiendo desde Puente Saavedra a
las 09:00 horas del domingo, y
retornando a las 17:00.
Para llegar a Espora, se debe tomar la Ruta Nacional N°7 hasta el
kilometro 114, a la altura del Paraje
Villa San Alberto. Alli tomar a la izquierda un camino consolidado
con tosca, de unos 9 kilometros
(señalizados), que desemboca en la estacion.
Recomendamos traer vasos y cubiertos.
Informes: (02324) 15-51-7300
(011) 15-5872-1328 (despues de las 17 horas)
www.amigosdelbelgrano.com.ar
Atentamente
Damian Dipasquale
Prensa - Asociacion de Amigos del FCGB amigosdelfcgb@...
*Enviado para compartir por Alfredo Armando Aguirre.
choloar@...
Fratello Coiro: Cuando anoche encontre el mensaje y archivo que te
adjunto, me acorde de tu deliciosa
utopia en el Compañia General. Si ya lo conocias, bueno como decia
el General "Lo que abunda no daña" (Hoy dia hay que aclarar que El
General era Peron) :-)
Página personal: http://choloar.tripod.com/choloar.html
Mi Blog - Bitácora: http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/
*
invitacion del centro Cultural estacion Provincial*
Mucho tiempo sin el Tren…
28 de Octubre 1961 - 2006
…a 45 años del cierre del Ferrocarril Provincial La Plata al
Meridiano Vº
Cultura – Identidad – Memoria
Charlas - Muestra fotográfica - Mate con historias – Teatro
Comunitario – Material de época
28 de octubre 16 hs.
Centro Cultural Estación Provincial – 71 y 17
www.estacionprovincial.com.ar
Patrimonio Barrial
Organizan: "Centro Cultural Estación Provincial" y Grupo de Teatro
Comunitario los "Okupas del Andén"
28 de octubre de 1961: se implementa en la Argentina el
denominado "Plan Larkin" que intentó imponer Frondizi mediante su
ministro de Economía Álvaro Alsogaray siendo el inicio del
desmantelamiento del sistema ferroviario Argentino.
El Ferrocarril Provincial se inauguró el 15 de marzo de 1912; la
provincia de Buenos Aires concibió una red ferroviaria de trocha
angosta cuya dimensión, si se hubiera concretado en su totalidad,
habría modificado sustancialmente el panorama ferroviario
bonaerense. La parte del ferrocarril que se construyó se llamó
Ferrocarril de La Plata al Meridiano V° o Ferrocarril Provincial de
Buenos Aires. A partir del puerto y ciudad de La Plata llegaba a
Mirapampa, en el límite provincial, pasando por Carlos Beguerie,
Saladillo Norte y Nueve de Julio, en cuyas inmediaciones cruzaba las
trazas de la CGBA y el Midland, para dirigirse a Pedro Gamen desde
donde un pequeño ramal alcanzaba Pehuajó. Desde La Plata otro ramal
llegaba a Avellaneda y desde Carlos Beguerie, típico ejemplo de
pueblo ferroviario hoy agonizante, los rieles llegaron a Azul,
Olavarría, Sierra Chica y Loma Negra. La razón esgrimida por el
gobierno provincial para la construcción del Ferrocarril Provincial
era integrar a vastas zonas hasta ese entonces incomunicadas por vía
férrea y, recorriendo regiones ya servidas por otros ferrocarriles,
abaratar los fletes con su presencia. Las opiniones sobre el
Provincial abarcan un amplio espectro, desde considerarlo
una "ambiciosa maniobra política" o "proyecto delirante", hasta
calificarlo como "audaz intento bonaerense para quebrar el rol
hegemónico de las empresas británicas". El tren funcionó
adecuadamente hasta 1961, cuando el "Plan Larkin" que implementó el
presidente Arturo Frondizi -a instancias de su ministro Álvaro
Alsogaray y de Thomas Larkin, general estadounidense enviado al país
como "asesor en Transporte" por el Banco Mundial- eliminó un tercio
de los ramales y despidió a 70 mil ferroviarios. Se realizó una
huelga de 42 días, que impidió implementar ese plan completo pero,
lamentablemente, el Ferrocarril Provincial fue cerrado en su ramal
más importante desde La Plata hasta Mirapampa.
Después, la dictadura militar inaugurada en 1976, asestó un golpe
decisivo contra los ferrocarriles nacionales echando a mucha gente y
reprimiendo a los obreros. El ramal La Plata - Avellaneda (lo único
que quedaba hasta ese momento en funciones) fue cerrado
definitivamente en 1977. Así se llega a 1991-1992 donde el
neoliberalismo menemista termina de cerrar los ferrocarriles que
quedaban, "ramal que para, ramal que cierra". Muchos pueblos fueron
quedando "fantasmas" a raíz de la desaparición de los ramales y
mucha gente perdió, no sólo su fuente laboral, sino un medio de
transporte esencial donde se implementaba el encuentro de la
comunidad. Para la Estación Provincial "del Meridiano Vº" de La
Plata se tejieron mil destinos posibles pero ninguno se concretó.
Solamente lo que se está concretando en este momento es el proyecto
de los vecinos que en 1998 se juntaron y, cansados de ver la
estación abandonada, crearon un centro cultural vecinal
denominado "Centro Cultural Estación Provincial". Este
emprendimiento es fruto del esfuerzo de ex ferroviarios y gente del
barrio que trabajan para darle vida a la vieja estación. En esta
gestión vecinal se crean lazos de solidaridad y encuentro para la
comunidad teniendo como ideal hacer de la estación un espacio donde
la cultura y el arte sean los motores del barrio y los estandartes
de los vecinos, renovando así el espíritu del lugar. Hoy se sigue
trabajando para que esos sueños se hagan realidad. Por todo esto es
que en esta fecha tan significativa para el barrio Meridiano V, los
vecinos decidimos organizar este evento desde el Centro Cultural
(buscamos fotos entre los habitantes más antiguos del barrio,
testimonios, etc.) y con el grupo de Teatro Comunitario que ensaya
en la Estación se decidió presentar la obra "Historias Anchas de
Trocha Angosta" que relata la historia del Ferrocarril Provincial.
¡Los esperamos! Más información: www.estacionprovincial.com.ar
Ejercicios de escritura
Para el 16 de octubre.
INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Próxima estación: J.R.R.Tolkien (ex 12 de agosto)
Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...
*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de
2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
***
HASTA 15 de Octubre del 2006....
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL "ESTRELLA ERRANTE"
BASES DEL CONCURSO:
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
b) Problemas ecológicos,
c) Soluciones a problemas ecológicos.
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías
digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500
KB, en formato jpg, bmp o gif.
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado "pseudónimo+descripción" que contenga un
texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema
o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el
pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado "pseudónimo+datos" que contenga los datos del
concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal
y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural
Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (Abril/Junio/2007,
edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
PREMIOS:
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para
problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para
fotografía artística, además de la publicación en el Magazin
Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante".
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
Envíos a: euroyage@...
Invitación al Club de socios de InventivaSocial
-Reciba TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de
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La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10
Euros en el exterior.
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-Acompañamiento en la escritura con tema propio o ejercicios de
escritura.
-La publicación virtual en Inventiva Social de antologías con sus
trabajos.
-Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados)
en inventiva.
Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial@...
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Inventiva Social publica colaboraciones bajo un principio de
intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados
por el editor.
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publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos
ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de
cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de
obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o
seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.
Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con la cooperación de escritores y
lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos
literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La
publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el
escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea
compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el
tiempo de trabajo del editor.
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Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación
y sus propuestas de escritura
¿ Otras preguntas o consultas? escribi a
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realizado un envio no deseado. Tenga presente que este es un medio
que se edita para suscriptores, por lo tanto no realizamos envios
masivos ni comerciales de ningún tipo.
Te Recuerdo Amanda*
*Texto y música de Víctor Jara
Canción-vals
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontarte con él.
Con él, con él, con él, con él.
Son cinco minutos. La vida es eterna en cinco minutos.
Suena la sirena. De vuelta al trabajo
y tœ caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos te hacen florecer.
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él.
Con él, con él, con él, con él.
que partió a la sierra,
que nunca hizo daño. Que partió a la sierra,
y en cinco minutos quedó destrozado.
Suena la sirena, de vuelta al trabajo
muchos no volvieron, tampoco Manuel.
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
*FUENTE: http://www.publicaciones.scd.cl/amanda.htm
La vida es eterna en cinco minutos...
*
Un hombre humilde que tuvo el coraje de testimoniar en el juicio
contra el criminal Etchecolatz esta desaparecido desde el domingo.
Esta es una señal de terror para futuros testigos. Una nueva señal
de horror al país de víctimas. Abrazemos a la vida a Don Julio
Lopez, 77 años, de profesión albañil, que como dicen las crónicas
ofreció su voz de sobreviviente al silencio obligado de los muertos.
*Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
(Los invito a escribir sobre el tema)
Sentirse Dios*
Nada mas movilizador que la cabeza gacha del culpable que admite su
culpa y su deseo de enmienda veraz o fingida. Por eso también fue
movilizador , pero agraviante, el gesto de falsa humildad y
pobreza que esgrimió el ex comisario Etchecolatz frente al jurado
que debía dar su veredicto.
No fue necesario haber tenido algún familiar desaparecido, para que
las tripas se nos retorcieran
al escucharlo quitar autoridad a quienes lo juzgaban, con una
soberbia que sobrepasó todo límite. Su cita a palabras de Borges
fueron una ironía, creo hasta de mal gusto, por alguien que se
siente a la altura de Dios.
Desconocer a los jueces como tales, sentirse un preso político,
rehén de la justicia fueron los argumentos que esgrimió como fin,
antes de escuchar su condena.
Los jueces tuvieron la educación y paciencia de autorizar sus
palabras finales, que intentaron de
agraviar al máximo tribuna, ignorando su condición de reo, hasta que
tuvieron que interrumpirlo: ya era
demasiado. ¿ El, tuvo la misma deferencia con quienes secuestraban
bajo sus órdenes?. ¿Qué jueces los
juzgaron? ¿Qué abogado los defendió? ¿Quién ordenó que se los
torture? ¿Por qué sus familias no saben que pasó con la mayoría de
ellos?
Besar un crucifijo fue el colmo de la puesta teatral que puso en
escena desde un primer momento y nos
sentimos heridos los verdaderos cristianos.
Todos cometemos errores, es bueno darse cuenta y tratar de
enmendarlos, tuvo 30 años para hacerlo, no por eso dejaría de ser
culpable, pero pudo aliviar su conciencia mostrando
arrepentimiento, dando consuelo a las familias que ya lo único que
quieren saber es donde poner una flor, dar información sobre los
bebes que fueron entregados ilegalmente a otras familias y que
todavía se siguen buscando. Mas prefirió dar rienda suelta a su
orgullo desmedido erigiéndose en Dios por su propio ego, que no le
servirá cuando se presente ante el otro Juez al que tanto aludió en
su exposición.
*Mirta Alicia Gisondi mirtagisondi@...
Monstruos*
*Por Sandra Russo
Las palabras monstruo y mostrar tienen una raíz común. Hay algo en
el monstruo que exige ser visto, exhibido o imaginado. El monstruo
existe para que los demás sepan que existe. Aunque permanezca
oculto, la entidad del monstruo requiere ser completada por alguien
que le tema, por alguien que
huya de él, y que lo constituya. Para eso durante los '70 hubo
hombres como el ex comisario general Miguel Etchecolatz, cuyo solo
nombre, en la provincia de Buenos Aires, provocaba escalofríos.
La dictadura militar tuvo muchos asesinos, pero sólo algunos
verdaderos monstruos, que fueron fuente de inspiración para los
demás. Uno lo da por hecho, pero cabe la pregunta: ¿habrá sido tan
sencillo hacer emerger de las Fuerzas Armadas de entonces semejante
legión de secuestradores, torturadores
y asesinos? Una cosa es haber convencido a todos ellos de que las
organizaciones armadas de la época se habían propuesto "imponer un
régimen totalitario en el país, apoyados por otros estados como el
castrista", tal como afirmó ayer el abogado defensor de Etchecolatz,
Luis Boffi Carri Pérez.
Pero otra cosa muy distinta debe haber sido convencerlos, y con
bríos siniestros, de que era necesario meterles picana a los
prisioneros hasta desmayarlos o matarlos, aniquilar familias
enteras, secuestrar y robar niños, protagonizar esa obra maestra del
terror. El régimen necesitó a los monstruos para implantar en las
fuerzas de seguridad un modelo de militar sin escrúpulos ni
humanistas ni religiosos, hombres a los que no les temblaba el pulso
para picanear a mujeres embarazadas, para torturar a la
esposa delante del esposo o para fusilar prisioneros en fugas
fraguadas.
Hombres como Miguel Etchecolatz sirvieron para irradiar a su tropa
la luz invertida del mal absoluto. Fueron los líderes falaces de un
país que luchaba contra el incierto enemigo interno con el peor de
los terrorismos, el de Estado. Los monstruos ofrecieron a la
dictadura sus almas negras, en las que ellos y tantos otros fueron
capaces de almacenar el dolor ajeno, y cuanto más dolor, y cuanto
más crimen, más épicas parecían sus leyendas.
Etchecolatz sigue sosteniendo que en la Argentina no hubo campos
clandestinos de
detenidos-desaparecidos, y que lo que hubo fueron campos
ocultos, "como en toda guerra".
Los monstruos siempre están esperando el momento de demostrar que
son monstruos, porque en el fondo están orgullosos de serlo. Y por
eso son monstruosos.
*FUENTE: PÁGINA/ 12. 20-09-2006
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-23769-2006-09-
20.html
Viernes, 22 de Septiembre de 2006
MARCHA EN LA PLATA EN RECLAMO DE LA APARICION CON VIDA DE JULIO LOPEZ
El testigo que sigue desaparecido*
El gobierno bonaerense elevó la recompensa a 200 mil pesos para
conseguir datos del albañil que fue víctima del represor Miguel
Etchecolatz. El ministro del Interior recibiría a los familiares.
Jorge Julio López, al testificar en el juicio a Etchecolatz.
Imagen: DyN
*Por Adriana Meyer
Cada minuto que pasa, crece la inquietud por la desaparición de
Jorge Julio López, uno de los testigos clave en el juicio que
terminó con la condena a reclusión perpetua contra el represor
Miguel Etchecolatz. La senadora Cristina Fernández de Kirchner se
comunicó desde los Estados Unidos con el ministro de Seguridad
provincial, León Arslanian, para interiorizarse sobre la búsqueda de
este ex albañil de 77 años que fue visto por última vez el domingo a
la noche. Esa cartera había ofrecido una recompensa de 50 mil pesos
por información sobre López pero ayer, mediante un decreto del
gobernador Felipe Solá, esa cifra fue elevada a 200 mil. Los
familiares de este hombre –que identificó a Etchecolatz como su
verdugo– y los integrantes de la agrupación Justicia Ya serían
recibidos hoy por el ministro del Interior, Aníbal Fernández. La
Secretaría de Derechos Humanos provincial, organizaciones sociales y
organismos de derechos humanos convocaron para una marcha en La
Plata "por la aparición con vida de Julio López y el Juicio y
Castigo a los culpables".
Un amplio arco político, gremial, social y de derechos humanos se
sumó a la inquietud y ansiedad de los familiares de este testigo
fundamental en el reciente juicio. Habría una sola marcha que
unificaría a funcionarios con militantes y los oradores serán Nilda
Eloy –sobreviviente de los campos de exterminio, y también testigo
del proceso contra Etchecolatz– y María Isabel "Chicha" Mariani. La
concentración se realizará a partir de las 17 en la Plaza Moreno,
frente al edificio donde se realizó el juicio en el que se condenó a
Etchecolatz a reclusión perpetua. La columna, de la que participará
el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se movilizará
luego hasta Plaza San Martín bajo la consigna "Defendamos la
democracia", explicaron.
Fuentes de la Secretaría de Derechos Humanos provincial precisaron
que, el sábado, Eloy recibió amenazas telefónicas, cuando le
hicieron escuchar una grabación con sonidos de torturas. El
secretario Edgardo Binstock opinó ante Página/12 que "si algo le
sucedió a López sería un hecho contra toda la política de derechos
humanos provincial y nacional, contra los juicios y contra todos los
organismos". Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo, APDH,
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas,
H.I.J.O.S., Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora y Serpaj
enviaron una carta al ministro del Interior, Aníbal Fernández, en la
que expresaron que "cualquier desaparición es preocupante, pero en
este caso reviste particular gravedad por lo fundamental de su
testimonio en la condena de un represor, lo que lleva a suponer un
acto de venganza que puede conllevar la muerte o la desaparición
forzada", tras lo cual exigieron una "inmediata y exhaustiva
investigación".
Aníbal Fernández aseguró ayer que el Gobierno no descarta "ninguna
hipótesis" y afirmó que "hay elementos con los que contamos que son
demasiado importantes como para hacerlos públicos", sin dar mayores
precisiones al respecto. Mientras la investigación del juez Arnaldo
Corazza en base al habeas corpus presentado por los familiares no ha
dado ninguna pista, tanto Arslanian como Fernández se negaron a
aplicar la palabra "desaparecido en democracia" hasta tanto "no
tengamos certezas sobre las circunstancias en que se produce esta
desaparición".
Si bien Arslanian detalló que "se trata de una persona que no ha
vuelto a su casa", los familiares aclararon que su cama estaba como
si la hubiera usado y un inventario de su ropa indicaría que
desapareció con vestimenta de entrecasa. Según expresaron, "no salió
por las suyas", aunque admiten que "la cerradura (de la vivienda) no
fue forzada. La aparición de un cadáver calcinado en Camino Negro
los había conmocionado y, aunque se descartó que fuera López, su
abogada Guadalupe Godoy expresó a este diario: "Ahí tiraba los
cuerpos la Triple A, es un hecho simbólico y amenazador; cuando nos
enteramos, entendimos el mensaje".
*FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-73406-2006-09-22.html
Las Abuelas recuperaron al nieto número 85*
Marcos Suárez, de 31 años, que había sido secuestrado cuando era un
bebé de casi un año y lo llevaba en brazos su padre, Hugo Alberto
Suárez, quien continúa desaparecido, al igual que su esposa, María
Rosa Vedoya, se convirtió ayer en el nieto número 85 recuperado por
las Abuelas de Plaza de Mayo.
Hasta hoy no está claro cómo en 1976 ese bebé llegó a manos de una
enfermera que lo anotó como propio y lo crió hasta que murió, cuando
él tenía 14 años. Luego quedó a cargo de una hermana de esta mujer,
a la que consideraba su tía. Más tarde, Marcos —hoy casado y padre
de dos hijos de 8 y 9 años— quiso reconstruir la historia de su
padre.
Un psicólogo que lo atendió le preguntó si, frente a la ausencia del
padre, la falta de fotos suyas de recién nacido y hasta su supuesto
nacimiento en una casa —aun cuando su presunta madre trabajaba en un
centro de salud— le gustaría hacerse un ADN para ver si podía estar
relacionado con algún desaparecido.
"Vino a buscar un padre y se terminó topando con su propia historia.
El 22 de junio se hizo los exámenes en el Banco Nacional de Datos
Genéticos del Hospital Durand y el 12 de setiembre pasado le dieron
los resultados que confirmaban su filiación con Hugo Suárez y María
Rosa Vedoya", dijo Estela de Carlotto al hacer ese anuncio.
Curiosamente, la foto en que se reconoció había aparecido el 22 de
junio en la telenovela "Montecristo", donde se difunden distintas
imágenes de los nietos buscados por las Abuelas.
*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/09/22/elpais/p-01002.htm
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 24 de septiembre del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música del compositor argentino Carmelo Saitta.
Las poesías que leeremos pertenecen a Saturnino Rodríguez Riverón
(Cuba) y la música de fondo será de Indoamérica (Andes); todo ésto
en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y
alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Ejercicios de escritura
Para el 28 de septiembre...
La edad de la justificación*
Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como
20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron
muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de
cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo
encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de sus respectivos hijos,
son 3 los de él, y 2 los míos, y esto generó un clima de dicha
mientras recorríamos las gondolas. Luego volvímos caminando un par
de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya
entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de
nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y
pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis
afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía
falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y
me sorprendo tratando de justificarme...
-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...
¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de
septiembre?
*propuestas de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para
acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra
desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.
Condiciones para las invitaciones a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma españo breves -
alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas,
ensayos, cuentos, poemas o prosas.
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corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
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literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de
2000 caracteres).
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Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, mi paisaje de otoño desolado, elegiría, robaría esta calle que es anterior a mí y a
todos.
Ella devuelve mi mirada inservible, la de hace apenas quince o veinte años cuando la casa verde envenenaba el cielo. Por eso es cruel dejarla recién atardecida con tantos balcones como nidos a solas y tantos pasos como nunca esperados.
Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos, los espías aleves de la soledad, las piernas de mujer que arrastran a mis ojos lejos de la ecuación dedos incógnitas.
Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte, hojas secas, bocinas y nombres desolados, nubes que van creciendo en mi ventana mientras la humedad trae lamentos y moscas.
Sin embargo existe también el pasado con sus
súbitas rosas y modestos escándalos con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera y su insignificante comezón de recuerdos.
Ah si pudiera elegir mi paisaje elegiría, robaría esta calle, esta calle recién atardecida en la que encarnizadamente revivo y de la que sé con estricta nostalgia el número y el nombre de sus setenta árboles.
Una mañana de sol, con el permiso de casa, como tantas veces que podíamos; salíamos con mi hermanito alejándonos un par de cuadras, hasta la vía, o a veces un poco más. Mi compañero tenía entonces sólo unos tres a cuatro años, yo mayor, estaría cerca de los nueve. Esta vez salimos de las calles del pueblo, y pasamos las ultimas casas y quintas, la de los pinos, la de las grevileas, la cañada del bajo con el puentecito, subir la loma, seguir por el camino vecinal, entre las chacras de la colonia, luminosas en su verdor amarillento.- Avanzábamos paseando, embriagados de sol, de color y de cielo, sintiendo el aire todo nuestro como si voláramos en él. Todo nos atrapaba: ese árbol, aquella casa arriba en la lomada, su molino con las aspas rotas, las enredaderas de los alambrados, de flores azuladas, como la pasionaria,
que nos enternecía con sus símbolos. Otras tenían pequeños frutos. Algún nido de avispas. El sobrevuelo rasante de los teros que nos acompañaban protestando, pasando una y otra vez, molestos por nuestra indiferencia a sus amenazas porfiadas; o los chistidos de las lechuzas, posadas sobre algunos postes, ora inmóviles, ora girando la cabeza , que a mí me parecía sin tope alguno.- Era capaz de jurar que podían girarla sin límites, todas las vueltas que quisieran, para un lado o para el otro, aunque sabía que en el fondo no era así.- Esa idea absurda se me había dado también cuando era muy pequeñito, y vi., creo que por primera vez de cerca; un avión posado en tierra. Terminada la segunda guerra mundial, pululaban aviones civiles y militares, excedentes de guerra. Papá nos llevó un domingo a un campo cercano al pueblo, donde una docena de aeroplanos hacían demostraciones y vuelos de bautismo. Al verlos me llamaron la atención las hélices, que básicamente tienen
chanfleadas las palas, y yo juraría que eran como enroscadas varias vueltas sobre sí mismas. Así las grabé en mi memoria, y como el giro de las cabezas de las lechuzas y los búhos, por más que entienda que no es así, no puedo borrar del todo aquella impresión.- Tras la prolongada cuesta, doblamos por otra calle vecinal, siempre rodeados por sembrados de maizales y girasoles, o pequeñas pasturas. Todas las chacras eran pequeñas. Casi semejaban en su conjunto, un desmesurado y pintoresco jardín.- Nos detuvimos al fin, en un terreno de no más de una cuadra, una reserva de lo que en tiempos bastante lejanos habría sido un monte tupido y seguramente extenso, y se conservaron allí algunas plantas muy grandes de quebrachos, algún algarrobo, aromos, chañares, un gigantesco ombú, y otros ejemplares, entre cardos de gruesas pencas espinosas y sus altas varas florecidas, tunas de varias clases, aún más espinosas; aromitos y arbustos, con un par de charcos de las últimas
lluvias; con sapitos, ranas, lagartijas, como así mariposas de todos colores revoloteando, y muchas especies de pájaros con sus nidos, que llenaban el aire con sus vuelos y sus trinos.- Un paraíso verde y melodioso.- Absortos, no advertíamos el paso del tiempo.- Un trueno lejano nos sorprendió, el cielo se había encapotado parcialmente y el sol ya no brillaba sobre nosotros, mientras una brisa del sur se levantaba refrescando suavemente.- Volvimos sobre nuestros pasos y detrás del pequeño monte, pudimos ver hacia el poniente, que el cielo se había puesto de un azul profundo y amenazante, con nubes grises formando franjas de crestas blancuzcas. Algunas aves, mucho más cercanas, se recortaban volando enmarcadas por la tormenta inminente. De cuando en cuando el relámpago de un rayo caía recto al suelo, como un chicotazo de luz; y seguía el retumbo profundo de un trueno, cada vez más cercanos.- Corrimos un buen trecho. Cuando llegamos al cruce del
camino, con el corazón acelerado por el esfuerzo y latiendo más aún por la amenaza del mal tiempo, y cómo no dábamos ya para seguir corriendo; nos resignamos a caminar, pese a que sentíamos los truenos y refucilos cada vez más cerca, y conscientes de cuán lejos estábamos de casa todavía.- Escuché el motor de un vehículo que venía por el camino, detrás y en nuestra dirección, levantando una ligera nube de polvo. Nos apartamos cediéndole paso, pero cuando llegaba a nosotros, fue mermando la marcha y se detuvo. Era un pequeño camión verde, “Internacional” de 1928. Sabíamos casi todas las marcas y modelos de vehículos que circulaban nuestros caminos de entonces, y este me era familiar.- El conductor abrió la pequeña puerta de la derecha y nos invitó a subir, cortés y sonriente. Se lo veía amable y buena persona.- Apenas reanudamos la marcha, un relámpago nos cegó y el estampido de un trueno estalló al unísono, lo que indicaba que había caído
cerca; luego otro a la izquierda, y otro más a la derecha, junto a las primeras gotas de un fuerte chaparrón. Me indicó que cerrara la ventada, bajando la cortina que estaba enrollada en el mismo marco, y asegurando los broches del cierre; nos resguardamos del aguacero que ahora se estaba desplomando con toda intensidad.- Mientras el camioncito indiferente marchaba poco más que al paso, con su rumoroso traqueteo, bajo la lluvia, hacia la bajada del puente; nos preguntaba quienes éramos, y nos contó que conocía bien a papá y que él se dedicaba a comprar chatarra, o más precisamente piezas de maquinarias y herramientas en desuso, para su modesto desarmadero; por eso recorría la colonia y andaba regularmente por esos caminos, todos de tierra y por lo general bastante polvorientos.- Dejamos atrás las primeras casas, y al entrar al pueblo, la lluvia había mermado al punto, que sólo caían gotas espaciadas. De allí en adelante el agua no había siquiera apagado
al polvo de las calles… -Déjenos aquí, en esta esquina…, a media cuadra vivimos nosotros…- Asintiendo mermó la marcha y yo le agradecí la “gauchada” y antes de bajarme enrollé la cortinita, mientras iba abriendo la puerta y pisé el estribo, antes de saludarlo y reclamarle a mi hermanito que me siguiera. Del estribo me bajé a tierra sin mayor cuidado… Pero el camión, con muy poco o nada de frenos, no se había detenido del todo; por lo que sentí el piso escapárseme violentamente hacia atrás y me encontré con la cara dando violentamente contra el piso de la calle polvorienta… Alcancé a ver a mi pequeño hermano parado en la puerta, esperando que el camión parara del todo para bajarse. Aturdido sentí la rueda de atrás rozarme la cabeza y detenerse algunos metros más adelante, mientras yo en el suelo terminaba de revolcarme por la caída… Me levanté de un salto movido por un súbito sentido de orgullo lastimado, o directamente por vergüenza a que me viera la gente,
que había afuera de un comercio cercano, y me apresuré a sacudirme disimuladamente la tierra que tenía encima, mientras mi compañerito bajaba serenamente del estribo… Al conductor debe haberle extrañado cómo desaparecí tan abruptamente de su campo visual, pero creo que no sospechó siquiera de mi bochornoso descenso; porque puso nuevamente su camión en marcha, y se alejó tranquilamente… Con su ronroneante traqueteo, poco más que al paso…
ESCARCHA DE LUNA*
“Mientras avanzábamos raudamente, veía que el campo giraba como un enorme disco iluminado bajo la luna llena, plateado por la escarcha…”
Mamá me entregó un bolso con la ropa y otras cosas y me acompañó hasta el portoncito batiente de la entrada.- El portillo estaba flanqueado por los dos altos y lozanos cipreses, que semejaban un poco, a dos verdes, gigantescas, y estilizadas espigas; que montaban guardia permanente, vigilantes y quietos, rodeados por un florido conjunto de plantas y plantitas del jardincito del frente. En él resaltaban profusas las enhiestas y copetudas crestas de gallo, de flores verrugosas y aterciopeladas de un furioso color carmín.- El camión azul deslucido de mi tío estaba en marcha y él aguardaba en el volante a que el motor se calentara. Yo
le di un beso a mamá y corrí dando un rodeo para subir por el otro lado.- Se terminaba la tarde y comenzó a refrescar de golpe.- El sol, como un disco gigante color naranja pálido, bajaba sobre la quinta de naranjos que daba al oeste, y el cielo se había pintado del granate al rojo intenso; mientras algunas pequeñas nubes amarillentas y oscurecidas se recortaban con ribetes iridiscentes, como ovejas deformes pastando en un campo en llamas.- -Mañana va a helar- dijo mamá, despidiéndose, mientras nos poníamos en marcha.- Me sentí en la gloria. Un vaho tibio se respiraba dentro de la cabina, emanado por el motor; tenía aromas de aceites cálidos y tan tenues que eran como un perfume metálico, agradable y reconfortante.- Además, iniciar este viaje con mi tío era para mí un sueño.- Cruzamos el pueblo, el puente y la ciudad vecina, ambas aún con calles de tierra, y salimos a la ruta, también de tierra.- Enseguida cayó la noche y la oscuridad fue
cercándonos. Los faros del camión iluminaban temblorosamente una porción no muy grande delante y un poco a los costados del camino, bañando escasamente de amarillo una pequeña mancha dentro de la inmensa noche cerrada.- Mientras, el ronroneo del motor iba quedando atrás con el camino recorrido; dejando a su paso un eco debilitado que rebotaba en los costados irregulares y nos iba persiguiendo junto con la noche.- Pese a la dicha que sentía, me fui durmiendo sin darme cuenta, acunado por el vibrar suave y parejo, y el regular sonido de la marcha que nos envolvía… Hicimos así la mitad del camino.- Me desperté al sentir que el camión disminuía la velocidad hasta casi detenerse y el traqueteo de las ruedas sobre los rieles al cruzar las vías del tren. Un poco más allá mi tío se estacionó ante una casa o un tipo de negocio que daba a la calle. Luego vi que tenía un alero pequeño que sobresalía sobre un surtidor de nafta, de los de aquella vez, altos, con un
remate redondo como un caramelo, o una almeja, y una gran palanca con la que bombeaban el combustible.- Por la puerta abierta y por la ventana salía una larga porción de luz que daba un farol muy potente que se conocía como “sol de noche”; y blanca y luminosa cruzaba la calle y alumbraba la garita del guardabarreras del ferrocarril cerca de la vía. Sentí voces, y vi pasar gente en la ventana, e incluso algún chico jugando, quizás más adentro.- Mientras esperaba a mi tío, y terminaba de despertarme, pensaba en esa casa y en esa gente, que en verdad no conocía, ni conocía el lugar, y en realidad tampoco sabía mucho sobre en qué parte del camino estábamos, y hasta pensé que, tal vez habríamos llegado.- ¿Cómo sería la casa de mi tío? A mis escasos nueve años era la primera vez que iba. Cada tanto mis primos venían a casa, ya que el negocio se proveía con estos viajes que eran frecuentes, y este coincidió justo con la feria escolar de invierno, así yo al fin
puede colarme.- Mi tío volvió y el motor ronroneó de nuevo… Ahí fue cuando me informé que estábamos a mitad de camino, de modo que enseguida reanudamos la marcha.- De cuando en cuando él encendía un cigarrillo, lo ponía en la boquilla y fumaba quedamente. Las caprichosas espiras de humo azul, como danzantes arabescos, alcanzaban a cautivarme antes de desvanecerse en el interior de la cabina. Cuando terminaba de consumir el cigarrillo, solía mantener la boquilla vacía largo rato entre los labios, y así la sostenía, incorporada y firme, casi todo el tiempo.- Decía que era un buen truco para fumar menos.- Yo lo veía recortado contra la penumbra exterior, junto con el resto oscuro de la cabina, donde apenas brillaba tenuemente una pequeña luz en el tablero, casi espartano, propio de los modelos de entonces, de antes de mediados de siglo. Lo veía pensativo y al mismo tiempo tan sereno, que me cohibía molestarlo o interrumpirlo en sus cavilaciones; hasta que
él mismo vio que yo estaba despierto y abrió el fuego con una gran sonrisa, y con un gesto cariñoso soltó el volante y con la mano derecha me revolvió el cabello… Charlamos larga y despaciosamente, mientras el camión devoraba raudamente buenos tramos del camino.- En realidad hacía apenas cuatro años que se habían asentado en aquella colonia casi virgen, de grandes campos, montes y bañados. También otros colonos habían hecho lo mismo por aquel entonces y se formó una población considerable, además les estaba yendo bastante bien a todos, así que mi tío estaba agrandando sus negocios, y aparte de vender y fletear mercaderías y comestibles, vendía insumos para el campo y estaba iniciando el acopio de cereales y ahora también algodón que estaban comenzando a sembrar como una novedad en aquella latitud agrícola.- Por largos ratos quedábamos en silencio, ensimismados cada uno en sus cosas. Yo mismo trataba de imaginarme cómo sería todo lo que me esperaba, lo que
aún no conocía, e iba quedando cada vez más cerca.- De reojo veía que mi tío de cuando en cuando tarareaba una canción en voz tan baja que casi no estaba seguro que estuviera cantando.- Además la soledad de tremendos contornos me intimidaba por momentos. Ahora cruzábamos cerrados e interminables montes que reconocía a nuestros costados y escondidos arroyos que se reflejaban entre la negrura, y la luz de una luna que nacía frente a nosotros.- Pero tenía mucha confianza en él, mi tío era también mi padrino y lo veía como a un héroe, un verdadero paladín.- Lo que no estaba al alcance de mi padre, él lo haría accesible, sin dudas, porque sabía que me quería bien.- Mi padre y él tuvieron suertes diferentes. Mi padre vino de Italia de niño y la vida lo trató muy duro.- Desde pequeño tuvo que trabajar como único sostén, ya que quedaron huérfanos de padre recién llegados de Europa, y apenas nacidos los hermanitos más chicos. Mi tío era el más joven y
accedió a todo más fácilmente, un poco quizás por ser el menor.- Estábamos llegando. Doblamos el último tramo. Se había alzado la luna, grande y ovalada. La teníamos ahora a la derecha y me permitía ver los grandes campos que pasaban corriendo, más fuerte acá cerca, y los grupos de árboles y casas más lejanas apenas se iban moviendo. Parecía que todo girara como en un plato gigantesco, teniendo como eje la luna, mientras bañaba todo con su luz pálida y platinada.- La casa se me apareció entre una extensa arboleda de variados tamaños, negra a trasluz, donde se recortaban altas grevileas y pinos; y los techos metálicos se reflejaron fríos y blanquecinos por la escarcha recién caída y la luz de la luna.- Lo demás estaba en tinieblas, pero enseguida hubo linternas y luz en la cocina, y un par de perros alegres que aullaron y corrieron atropelladamente a saludarnos, antes aún que los demás de la casa.- Así llegué aquella primera vez a aquel lugar, que tanto
significaría para mi de ahí en más, especialmente en el transcurso de mi niñez.-
*Relatos de Celso H. Agretti. celsoagr@... Avellaneda (Santa Fe).
-Publicado en "Los días felices". Edición de autor.
Rostro de vos*
Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón.
Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor.
Sin temblor de más me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos.
Estoy
lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición.
Mis huéspedes concurren concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan su hambre miran y miran y apagan mi jornada.
Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada.
Ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada.
Llegamos al recital una hora antes de que comience para ubicarnos justo frente al
escenario, detrás de las vallas. Estaba programado para el día anterior pero llovió y se trasladó al sábado. Fuimos caminando los cuatro, y Guillermo y el Coiro estaban silenciosos como siempre, mientras Rodolfo y yo parloteábamos y nos chocábamos por las veredas angostas. Había que remolcarlo al Coiro, que se demoraba con su andar sin apuro y la mirada celeste que se le va prendiendo a las flores rosadas de los lapachos o los antiguos mascarones de mampostería en las fachadas de las casas, cruzadas por cicatrices de rajaduras o cables inclementes. Había un humo blanco que danzaba sobre la avenida todavía casi desierta. Los puestos de choripanes y hamburguesas tenían el carbón encendido, y la carne comenzaba a ofrecerse tentadoramente con su propio reclamo. Una vendedora nos dijo mientras pasábamos que sus choripanes eran muy buenos, y que tenía lechuga y tomate. Ocupamos nuestros
puestos, y Rodolfo se fue a comprar hamburguesa para él, choripán para Guillermo. Rodolfo fue a la esquina por donde no habíamos llegado, él busca lo nuevo, tiene la curiosidad de quien se arriesga osadamente a las esquinas desconocidas y los vendedores ignotos. El Coiro salió también con el encargo de que "el mío con chimichurri", pero, como no podía ser de otra manera, desandó el camino recorrido y fue al puesto de la vendedora que nos había hablado con simpatía. El Coiro es de los que van al mismo peluquero que le cortaba los rizos infantiles, concurre al mismo bar donde los clientes lo ignoran satisfactoriamente durante décadas, y les compra naranjas a los verduleros con carrito de mano y balanza de pesas; busca la calidez de lo conocido y lo estable, acaso se inclina desde siempre hacia cierta vejez de sol en el patio, cierto cariño generalizado por los seres y las cosas. Charló el Coiro con la mujer, que le dijo que ella
había criado cuatro hijos con sus choripanes, mire qué buenos serán y qué oficio tengo. Si, el Coiro es de los que hablan con los dependientes aburridos y le hace algún chiste incomprensible a las promotoras de los supermercados, que sonríen sin entender porque les pagan para estirar los labios cada tanto y fingir una simpatía que se les acabó antes de salir de sus casas. Comimos nuestros sándwiches medio crudos; los puestos estaban ubicados en el sector donde después se congregarían los oyentes, los cocineros ambulantes tenían miedo de que la policía los hiciese mover hacia los lados, y sacaban la carne de las parrillas lo más rápido que podían. Hacía frío pero no demasiado todavía. Nos habíamos abrigado, charlamos un poco mientras esperábamos la hora anterior al comienzo anunciado, y la media hora de retraso suplementario y obligatorio en los espectáculos de la Argentina, país sin
horarios. Hablábamos entre nosotros cuando me vino a saludar Perla con su pareja, Cacho. Un ratito hicimos intercambio de frases sin sorpresa. Era un saludo y presentaciones, nada más. Cuando se alejaron entre la gente que ya empezaba a ocupar la avenida les dije que esa era la Perla de la que ya les había hablado; mi compañera de trabajo de más de cincuenta años, que hace un año, a las siete de la mañana me había dicho "conocí al hombre de mi vida, soy feliz". Así, con una frase de ocho palabras me había calentado la emoción hasta los ojos llorosos. Conocí al hombre de mi vida, soy feliz. Nada más que eso, nada más que un rayo de luz iluminando un universo frío y dejándome una felicidad gratuita y plena que me embarga cada vez que lo recuerdo. Después de los presentadores comenzaron los músicos. El Chango Spasiuk un polaco rubio y solemne, acordeón y una música estilizada con aires de chamamé y polka, los temas
arrancando sapukais del público donde los estudiantes correntinos elevaban las agudas banderas sonoras. Corrientes te va a ayudar, Corrientes mi país, mi pueblo, mi alma de tabacales y yerba mate. Corrientes tan paraguayo, tan nación propia y tan sentimiento vivo en esta Argentina de inmigrantes sin pertenencia. El chamamé estremecía las gargantas de los correntinos que dibujaban su bandera sonora, reconocible y clara. Y el Chango tan serio en el escenario, tan virtuoso en una tormenta de sapukais vibrantes como relámpagos cegadores. Terminó con el verano porteño de Piazzola y estaba bien, aplausos y ovación. Después Vitale y las matemáticas. Alguna felicidad que se esconde entre el sonido puro de la perfección. Ya hacía frío. El Coiro me mantenía abrigada con el abrazo, la más cálida de las mantas, la que presta calor hacia los adentros y cada tanto florece en besos. Cantó la
hermana de Lito Vitale algunos temas, mientras el viento barría la cabeza de la multitud. La policía se había llevado ya al borracho que gritaba con la voz bronca palabras ininteligibles, y la gente escuchaba en silencio. Sólo los niños hacían algún ruido de patio de juegos, entreteniéndose entre ellos al costado del escenario. Guardería ocasional de pequeños que vaya a saber qué recuerdo habrán atrapado en la noche, y qué sones habrán guardado para la lejanía del tiempo. El Coiro me prestaba su calor y su mano acariciaba mi mano, en la dulzura de un espacio propio. La noche arreciaba como la música. Cuando apareció Baglietto trajo su propia luz. Apareció realmente. Salió al escenario con esa sonrisa encendida de faro, de linterna. Cantaba con la energía intacta, los gestos del gozo, la voz dulce y dura, aguda en las cimas, tranquila y confidencial en los remansos. Fuimos felices todos
coreando los antiguos estribillos, las canciones de nuestra juventud, aquellas palabras que aparecen cuando una las necesita, la vida que cabe en una frase y esas notas que son necesariamente compañeras. Y Baglietto sonriente, sonriente. Y el abrazo que no cesaba, y unos cuantos saltos y sufrir en el último tema, y celebrar la comedia de voy y vuelvo a salir. ¡Otra! ¡Otra! Pero se van, y sabe a poco, aunque hace tres horas que estamos parados en la calle. Nos vamos y estamos felices. Conservo la sensación de la música en la garganta, los oídos, el abrazo. Cuando nos despedimos de Rodolfo y Guillermo, el Coiro me dijo: "qué lástima esta sociedad, ellos no se pudieron abrazar".
Hace frío afuera, sabemos que antes de dormir, Rodolfo lo abrazará a Guillermo y pensará "somos nosotros dos y el
universo".
Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas. Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el
intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales. Y si Angel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Angela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo". Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos. Angel dice: "Madero". Y Angela: "Caverna". Aletean por ahí un Angel de la Guarda, misógino y silente, y un Angel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor. El dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa. Angel dice: "Estoque", y Angela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato". Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
El 8 de septiembre serán 40 años del estreno de la serie original de "Viaje a las estrellas".
¿Dónde estarán el Capitán James T. Kirk, Spock el Oficial Científico, Leonard McCoy Medico, la Teniente Uhura, Scott el Jefe de Ingenieros? ¿Cómo era nuestra vida?
Demasiadas preguntas sin relato.
¡Súbenos ya mismo "Scotty"
Para más datos puede recurrirse a la información de Wikipedia.
Aclaración importante: también vale escribir sobre otras series "futuristas" como Max Headroom, Fuga en el siglo
XXIII, etc, etc.
¿Se animan a escribir unas líneas en narrativa para el 8 de septiembre?
Para el 14 de septiembre
Palabras a Mario Benedetti*
Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920. Cumple 86 años.
¿Por qué será que uno fabrica sus recuerdos/ y luego los olvida?
Leo en la contratapa de uno de sus libros.
¿Dónde están nuestros recuerdos personales cruzados con sus poemas y novelas?
¿Qué podemos decir de su poesía?
¿Se animan a escribir ensayos, cuentos, poemas o prosas para el 14 de septiembre?
Para el 21 de septiembre
De otoño a primavera...
El 21 de septiembre el otoño y la primavera se cruzan en los calendarios de norte a sur.
Mi
padre migro en primavera y se borro para siempre un verano de su vida. Muchos abuelos que viajaban a trabajar en las cosechas cambiaban de estación arriba de los barcos.
¿Podemos unir, abrazar con palabras nuestras sensaciones de otoño a primavera en este día?
¿Se animan a escribir unas palabras (crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas), para el 21 de septiembre?
Para el 28 de septiembre...
La edad de la justificación*
Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como 20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de
sus respectivos hijos, son 3 los de él, y 2 los míos. Esto genera un breve clima de dicha mientras recorríamos las gondolas. Cuando salimos, volvímos caminando un par de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y me sorprendo tratando de justificarme...
-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...
¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de septiembre?
En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.
Condiciones para las
invitaciones a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas.
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
BASES DEL CONCURSO:
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres: a) Fotografía artística sobre un tema ecológico, b) Problemas ecológicos, c) Soluciones a problemas ecológicos.
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en
color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word: 1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante. 2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
PREMIOS:
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para
problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”. - Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
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Ejercicios de escritura.
Agosto 2006
1. La función de la ilusión:
El hombre camina por la calle. Es domingo a la tardecita y esta no
es su ciudad. El frío y el silencio se confunden en las calles,
abruman al caminante, lo hacen sentir más ajeno, más sólo.
Dobla en la esquina guiado por gritos que de pronto descienden desde
arriba.
Ese hombre de pelo gris grita desesperado desde el balcón del 3º
piso, está en camiseta a pesar de los 8 ó 9 grados de temperatura.
Señala al cielo o a la terraza del edificio de enfrente. Dos mujeres
-madre e hija, supongo- lo tironean rapidamente hacia adentro del
departamento. Alcanza a dejar en el aire una frase-grito bien
audible que desaparece haciendo ecos: "ya no somos libres de
ilusionarnos".
¿Qué es la ilusión? ¿Es la fuerza invisible que nos mantiene vivos?
¿Es lo puramente inconsciente que orienta sentidos?
¿Se animan a escribir unas líneas para el 14 de agosto?
*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
2.Cuentos y postales de mi barrio...
Un barrio, dice el amigo Claudio, es aquel lugar donde todo se sabe
y/o se supone.
Donde cada cual circula con fantasmas e historias a cuestas que las
comadres paradas en la puerta no dejan de actualizar. Un barrio, -
insiste el amigo- es el lugar donde las personas no pertenecen del
todo a su propio relato.
¿Se animan a escribir unas líneas para el 21 de agosto?
*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
3. Análisis capilar del ser*
Hace realmente muchos meses que no visito la peluquería existencial
del licenciado Ernesto Jaime Frizz Maurice. El licenciado es un
amigo y compañero de facultad que al concluir la carrera de
Sociología tuvo la genial idea de poner una peluquería. No cualquier
peluquería de barrio, aunque la suya esta precisamente situada en un
barrio de la localidad de Adrogué, sino una peluquería "existencial"
donde los clientes -mujeres y hombres por igual- además de mejorar
el aspecto su pelo pueden hacer consultas acerca de aquello que
puede "verse" a partir de la disposición natural de su cabello y
donde son "analizadas" las ansiedades que esto desata en
cada "paciente" capilar. Quienes cortan el pelo aquí son Psicólogos,
Sociólogos, Terapistas ocupacionales. Ernesto solo emplea en su
peluquería a coiffeur con títulos universitarios en humanidades. El
lugar es bastante extraño, pues de hecho coexisten aquí los
instrumentos comunes como sillones, espejos, secadores, con
exposiciones de pintura, escultura y fotografía.
Me detengo en un escrito enmarcado y comienzo a copiarlo en mi
libreta de apuntes:
"Cuando vemos algo o a alguien bello, la primera idea que nos surge
es que es un placer mirar a esa persona o ese objeto. Y sin embargo
no es así: el placer reside en ser mirado por esa persona. Si lo
pensamos bien, cuando decimos: "Ah, que bello", en esa expresión
esta la esperanza o el deseo de ser mirado por ese objeto. Por eso
la belleza compulsiva es tan desagradable. Hay un elemento del deseo
del que no suele hablarse: hay una relación entre el deseo y la
herida; el deseo supone dar y también recibir. Supone un
alejamiento -temporario, por supuesto- del dolor natural de vivir y
ser lastimado. Esa es la trama secreta del deseo: alejarnos por un
tiempo del dolor. Si esto es así, y creo que en algún punto lo es -
entre paréntesis, creo que es algo que resulta mas fácil de entender
para alguien que proviene de su cultura que para un anglosajón- ,
entonces la belleza perfecta es al mismo tiempo algo que no se puede
amar ni desear, porque en su perfección intacta, sin heridas, no
existe posibilidad de dar ni de recibir. Es como dice Andrea
Dworkin: "No tengo paciencia con los invulnerables, con aquellos que
no han sido tocados por un temporal, esos que nunca se han
derrumbado. Grandes puntadas, desgarros mal cosidos, nada muy lindo.
Entonces algo sale y reluce. Pero a los lustrosos, a esos no los
soporto". John Berger, diciembre de 2004.
¿Que puede relatarse de la preocupación estética que vemos día tras
día en la gente?
¿Y de la preocupación específica por lo capilar que lleva a
tantos "tratamientos"?
¿O del arsenal de mensajes y productos que bombardean por igual
subjetividad y cabellera?
¿Se animan a escribir unas líneas para el 28 de agosto?
*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para
acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra
desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.
Condiciones para estas invitaciones a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos, poemas o prosas.
Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al
correo: inventivasocial@...
Pedido para socios y colaboradores habituales: propongan los
ejercicios de escritura para el mes de septiembre.
Invitaciones permanentes a escribir:
Re-escribiendo Noticias.
Los compañeros más memoriosos de Inventiva, seguramente recuerdan
esta propuesta. Ahora la vamos a actualizar y formalizar como una
invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas
en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a
aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en
pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia
social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto ultra breve (1500 a 2000 caracteres).
Aquí va un ejemplo de noticia y reescritura:
La noticia
*
Cuatro muertos en un incendio en Florencio Varela
Buenos Aires- Una mujer y tres niños murieron hoy al incendiarse una
vivienda en la localidad bonaerense de Bosques, partido de Florencio
Varela, informaron fuentes de Bomberos y policiales.
El incendio se registró a media mañana en una casilla de madera de
esa localidad donde murieron una mujer, una nena y dos niños,
señalaron las fuentes.
La mujer fue identificada como Nancy Márquez, de 28 años, mientras
que los niños -cuyas nombres aún no se establecieron- tenían siete
años y cuatro año y un mes de vida.
La policía informó que si bien la mujer solicitó ayuda, los vecinos
no pudieron socorrerla, y que el fuego fue extinguido por personal
de Bomberos.
Peritos policiales intentaban determinar las causas del incendio,
aunque se evaluaba que pudo haberse iniciado por el desperfecto en
una estufa, señalaron las fuentes consultadas.
El hecho es investigado por la Fiscalía de Instruccion número 2 de
Quilmes y el juzgado de Menores número 3 de esa localidad bonaerense.
(Télam)
*Fuente: La Capital.
http://www.lacapital.com.ar/2006/06/22/policiales/noticia_304146.shtm
l
Una reescritura...
BOSQUES EN FUEGO*
Los bosques se incendian, la madera es propensa al crujiente
amor de la lumbre. Las llamas danzan se retuercen y crecen a
expensas de los árboles inmóviles. Cada tanto escuchamos de esa
voracidad del animal ígneo que deja a su paso extensiones negras,
yermas, arrasadas.
A veces los bosques no son bosques, son el rezago de los
cajones de verdura. El débil amontonamiento mal clavado de tablas
que forman una casilla donde malviven y finalmente malmueren seres
humanos. Es la localidad de Bosques, es Florencio Varela en Buenos
Aires.
La casa de juncos, la casa de madera, la casa de ladrillos.
Pero el cerdito no tenía otra cosa para huir del acecho del lobo que
madera. Sólo tablas mal clavadas, el improvisado cerco que aleja un
poco a la bestia que aúlla afuera en el viento, las garras de frío,
los pasos en el techo de chapa cada vez que se contrae por la helada
o se expande por el calor. El lobo que baila sobre las chapas.
Y Nancy Márquez escapaba del lobo cuando la atraparon las
enredaderas del incendio. A Nancy y a sus tres niñitos. Siete años,
cuatro años, un mes, un mes, un mes de vida.
Todavía no nos dijeron si fue por una estufa, si fue porque a
un enchufe se le entretejen las marañas de cables que provocan el
cortocircuito. No creo que haga falta. Fue por la pobreza. Fue
porque el chanchito del medio era pobre. Fíjense cómo de tres
chanchitos sólo uno tuvo la casa de material. Son sabios los cuentos
infantiles, infalibles como la desgracia, acertados como el disparo
del destino, cuando las condiciones propician esa desgracia.
Pobre Nancy, pobrecitos los tres niños, pobres los cerditos de
casita de cajón de manzana. El lobo se viste de invierno, de
incendio, de hambre; el lobo se multiplica por las villas y las
miserias. Las trampas mortales son casillas de tablas, para el
INDEC, son viviendas clase "B".
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
Inventren: Narrativa y poesía circulando por vías dormidas de
Argentina.
Próxima Estación: MARIANO BENITEZ
Y sigue su marcha parando en las estaciones...
12 DE AGOSTO////////// FRANCISCO AYERZA //////////
PERGAMINO //////////
TAMBO NUEVO ////////// RANCAGUA //////////ARROYO DULCE //////////
TACUARÍ ////////// SALTO.
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Respuesta a preguntas frecuentes
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con creatividad y cooperación de
escritores y lectores.
Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos
literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.
Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.
Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir, la
publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el
escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea
compartir sin limitaciones de estilo ni formato.
Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el
tiempo de trabajo del editor
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y sus propuestas de escritura
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*
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*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
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Caricias con alas sobre el vientre dormido eclipsan suspiros sobre un manto de guerra. Profetas desertores comulgan violencia jugando a ser libres en las pupilas del otro. Disfrazan el idioma que navega en nuestras venas, mutilando verdades sobre el gemir del suelo en obligatorio luto. Es tiempo de amordazar
batallas de olvidos inscriptos con fe de erratas, sepultar la conquista enmarcada y desdibujar la sorda investidura de lo injusto, para ver germinar desde el útero del ángel, el sello de la paz lacrado sobre los plurales senderos de la humanidad.
EVOCACIÓN*
Lágrimas de fuego inundan las ciudades atormentadas por los siglos. Esquizofrenia descompensada seduce abruptamente al invisible rey de las tinieblas escondido entre surcos de mil formas. Viajante sin descanso, navega por el océano de la espera hacia el último grito de la sangre. Sus muecas flotan sobre continentes espasmódicos, y amenazan el ritmo de ciudades dormidas; mientras, remolinos de odio, se extienden sobre las
barreras de fastidio enlutando la densa geografía. Ya marcha el verdugo torturante por el límite indefinido de las sombras, arrancando los brotes de una prematura divinidad en gestación.
Cuando se vuelve de un viaje se traen dos cosas, además de bolsos inmanejables, bronceados o palideces. Se trae una sensación intensa, extensa e indiferenciada de sonidos, olores, emociones y pensamientos; y se traen fotografías. Al repasar las fotografías los recuerdos extensos y abarcativos se secuencian en momentos únicos, puntuales. Al contar a los de aquí lo que ocurrió en el allá, se va armando el relato que permanecerá en la memoria. Lo que se cuenta se fija, queda inmóvil, gana en solidez, pero pierde la suavidad tamizada de la memoria no verbal. Transformar el recuerdo en palabras significa objetivarlo, sacarlo del interior marítimo a un relato coherente para el afuera. Significa fijarlo en ciertos detalles que borran los matices y las
inexactitudes. Cuando se relata, se pierde. Los mares se convierten en un único mar, las personas se transforman en personajes detenidos en un único gesto. La ciudad se cifra en cierta nota, en cierto lugar, en tres niños negros vestidos de navarritos jugando a la pelota en una calle de piedra, junto a un río brillante de sol blanco, a las nueve de la noche que allí no es noche. Compartir es perder y es ganar. Es desprenderse de lo interior para hacerlo comprensible, pero es también entender lo que una vivió en el momento de tornarlo comprensible para otros. La vuelta es una organización de lo inorgánico, un fichaje de sones, un glosario de colores. Tarea imposible. Retornar es comprender que del otro lado de la distancia la vida transcurre, que un sueño de agua no divide pero sí separa. Que todo relato es pálido, que las palabras no alcanzan, que las fotografías
no retratan el alma. Volver es darse cuenta de que a pesar de todo trataremos de transferir lo intransferible con los pobres medios a nuestro alcance. Y diré montes, y nombraré a la gente, y perderé a lo extenso para apresar las esencias. Quien retorna se trae a si mismo, y trae dentro de si un universo de delicadas vidrieras multicolores. Cada tanto, la luz tamizada coloreará los espacios cotidianos con azules marítimos o verdes fragantes. Y una tratará, como siempre, de apresar la maravilla en palabras. Vano trabajo cincelar el aire, inocente pretensión pintar las notas de cierto violoncello en una bóveda pétrea.
Pero así seguimos, intentando narrar el universo, y perdemos pero ganamos.
A veces La vida Es una esperanza La jornada Se dilata Hay que hacer cola Esperando Un exorcismo. En mi bolso Un centenar de quejidos. En mi rostro La admiración de los Que pueden avanzar Y así
Esperando el alivio La monotonía se acentúa.
"La próxima canción no dice nada", anuncia Alejandra desde el escenario, con voz tímida. Los del público sonreímos a medias; no queda claro si se trata de una broma o no. Quizás advirtiendo lo equívoco de su comentario, Alejandra se apresura a ampliarlo: "Quiero decir, ninguna de las palabras significa nada; son todas inventadas". Pienso -¿cómo no hacerlo?- en el célebre capítulo 68 de Rayuela (el de "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso"). La idea me entusiasma. Parece que asistiremos a un
juego literario, un malabarismo lingüístico como el que, con tanta maestría, plasmó Cortázar. No me extraña: los poemas de Alejandra suelen desplazarse por los territorios del delirio con grácil soltura. Los dedos comienzan a deslizarse sobre la guitarra y, tal como suele suceder cada vez que canta, la voz de Alejandra se transforma. En sólo un abrir y cerrar de corcheas, se despoja de su timidez y vuelve a revelar esa fuerza sugerente que la distingue. Una fuerza que no parece provenir de la garganta, sino desde un sitio interior más recóndito. La canción responde plenamente a lo anunciado; parece compuesta en un dialecto indígena, o en un ignoto idioma eslavo. Pero su ejecución no deja espacio alguno para la vanidad de los prestidigitadores. La letra, es cierto, no se entiende. Pero se siente. Y es justamente la expresión de la voz lo que excluye por completo toda posible condición lúdica. Definitivamente, esto no
es un juego. Al menos, no un juego insustancial. "Ninguna de estas palabras significa nada", ha dicho Alejandra. ¿No significan nada? ¿Por qué, entonces, la canción resulta tan inquietante, por qué es capaz de remover algo en el fondo de nosotros y conmovernos? ¿Por qué si sólo escuchamos sílabas ininteligibles es posible reconocer el llamado visceral que las mismas traen a cuestas? ¿Por qué una serie de vocablos indescifrables permite que ese sentir profundo abandone el subsuelo donde mora y se arroje hacia nosotros en busca de una mano tendida en la cual posarse? El acorde final se desvanece en la madrugada y su disolución nos deja un poco vacíos. Aplaudimos. "Esta canción no dice nada", anunció Alejandra. Es curioso. Yo siento que lo dice todo.
Existe un mundo donde habitan las cosas irrealizadas, los amores imposibles, las experiencias que no pudimos compartir, los caminos que se ofrecían como alternativas al que erróneamente terminamos eligiendo alguna vez.
Es un mundo donde están todas las cosas que no fueron contaminadas por la rutina, las urgencias, por el que dirán.
En general es un mundo con el amor como fondo, y con ese fondo todo esta justificado.
Allí encontraras los besos que no pudiste dar a ese ser que tanto amaste en silencio, allí compartes mil experiencias con aquella persona que la vida saco de tu lado, allí no hay culpa, no hay nada que pueda dañar un estado permanente de vivencias que renuevan la vida
y las ilusiones.
Ojo, no hablo del cielo, un lugar que podremos disfrutar de acuerdo a nuestros meritos una vez que este camino por la tierra haya concluido.
Hablo de un lugar donde enviamos todas las cosas que por falta de decisión, por complejos, por censura social o por simple y llana imposibilidad, no podemos realizar en la realidad que nos toca vivir.
La mala noticia, es que hay cosas imposibles nos guste o no.
La buena noticia es que todo lo que la realidad, la costumbre y el hastío no han contaminado, quizás existe después de todo en ese sitio ideal; del que, en vida, a veces nos llegan imágenes, noticias y sensaciones.
Allí también envían los poetas las palabras que nunca escribirán, allí juegan los que se quieren pero no pueden, los que si se hubiesen encontrado antes....
Tampoco hablo de deseos carnales desesperados por nuevas experiencias que alimenten el cuerpo y denigren el
espíritu.
Hablo del lenguaje de las miradas, hablo de caricias en las manos, hablo de risas sin aparente sentido, hablo de esos espíritus capaces de hacerse el amor sin tocarse ni un pelo.
En fin; no hablo ni del cielo ni del infierno, ni de nuestra realidad ni de sueños. Hablo de un mundo de sentires, un mundo en el que tal vez solo yo creo, inconfesable, tan personal que es imposible de compartir en la realidad, aunque quizás ya hayamos estado juntos en el, en mas de una oportunidad.
Nunca volví a tener tanto miedo como aquella lejana mañana en que mi padre me llevó al bautismo de vuelo. Era tal el susto de estar en el aire que se me olvidó de toser y la fiebre desapareció tan rápido como había llegado. El piloto del avión parecía el de los dibujos animados, con su bigote francés y el casco de cuero negro que le cubría la engominada melena justicialista. Bajaba y subía a lo tirones y se dejaba caer en tirabuzón mientras el motor balbuceaba y yo te mía que la hélice se detuviera de golpe. Era la Semana Santa del año cuarenta y nueve, tal vez la del cincuenta, cuando la tos convulsa me tuvo un mes sin ir al colegio. Tosía día y noche sin parar y mi madre aceptaba comprarme historietas de precio
inalcanzable como El Tony y Patoruzito. Recuerdo que. las leía de la primera a la última letra. Empezaba por la fecha impresa en la tapa y terminaba por el aviso de la Escuela Panamericana de Arte que venía en la contratapa. En ese tiempo mi padre me estaba enseñando a leer con los titulares de La Prensa, que eran de una parquedad sospechosamente antiperonista. Todavía lo veo: acariciaba las frases del editorial con las yemas de los dedos al tiempo que abría enormes los ojos y murmuraba odiosos improperios contra la esposa del General. El peronismo ya se había hecho una Constitución a medida y los contreras como mi padre se refugiaban en la palabra de los Gainza como si de entre ellas pudiera surgir, fulgurante y vengativa, la gloriosa espada del Manco Paz. Pero el Manco escondía la mano, acariciaba la vaina y yo me retorcía en la cama, ahogado por la tos. Mi madre me había dado todos
los remedios recetados por el doctor Díaz Grey y al ver que no me hacían ningún efecto me envolvió en una cobija y me llevó a ver a una bruja que atendía en un rancho de adobe. Mi padre simulaba un racionalismo burgués y si lo toleraba era porque ya no tenía nada que perder. ¿Por qué si la bruja es tan viva, y habla con los espíritus, no ha podido salir de pobre?, preguntaba. Igual, una noche mi madre me metió en un taxi, que en aquel tiempo llamaban coche de alquiler, y fuimos al rancho en las afueras de San Luis. No recuerdo los detalles, pero sí a la bruja: era escueta como una nena y caminaba mirando siempre el suelo. En alguna parte había un fuego de leña seca azuzado por el viento. La vieja me acarició la cabeza, me aflojó la ropa y le pidió a mi madre que me acostara sobre una mesa entre cien gatos y un aroma de algarrobos. Todavía tengo en la nariz ese olor chúcaro y sentimental y en el oído la voz ronca de
la mujer que alzaba los brazos para invocar la ayuda del diablo. No me acuerdo si la ceremonia duró mucho, pero tuve que tragarme una cucharada de ceniza y el almíbar rosado que salía de entre unas cortezas calientes. Igual, la tos no se calmaba. Me reventaba el pecho, me retorcía las tripas, me quemaba la garganta. La bruja hizo inciensos y oraciones que llamaban a todas las tormentas del averno, pero no hubo caso, yo me revolcaba y me iba de escena, esfumado en el brillo vacilante que se agolpaba en los ojos de mi madre.
Al
volver a casa mi padre nos esperaba dormido en el living. Una patilla de los anteojos se le había desprendido de la oreja y a cada ronquido los vidrios se bamboleaban bajo el bigote manchado. Mi madre me dio una cucharada de jarabe y me acostó. Después los oí discutir y creo que ella se echó a llorar en los brazos de él. En una larga ensoñación oí de nuevo los salmos de la bruja y los sibilinos chorrilleros que golpeaban las persianas. En algún momento mi padre mencionó el cambio de aire, el avión y las alturas y luego no escuché otra cosa que la tos y el jadeo. El doctor Díaz Grey era un socialista que cobraba caro. Algunas visitas las pasaba por alto pero las otras devastaban la flaca billetera de mi padre. Aún la recuerdo: era de cuero oscuro, forrada en seda de Paquistán. Muchos años después se la robaron en el tren que va a Morón, pero en la época que trata esta historia todavía le brillaban las guardas doradas y mi padre la rellenaba con
pedazos de papel secante para que no pareciera tan vacía. El médico aceptó la deuda pero al tiempo el combinado de música desapareció de mi casa y tengo para mí, que mi padre se lo entregó como parte de pago. Él avión, en cambio, fue gratis. En la cabina llevaba los acartonados retratos de Perón y su esposa que repartían en el correo y venían de la flamante Fundación Eva Perón. Mi padre conocía a un tipo en el dispensario y vaya a saber con qué ardid, con qué humillación, consiguió una orden para que yo cambiara el aire con un bautismo aéreo. Tampoco mi padre había subido nunca a un avión y creo que en ese tiempo todos guardábamos en un rincón del inconsciente la trágica voltereta del trimotor gardeliano. Por mejor que sonaran las voces de Ángel
Vargas y Carlitos Dante, el avión del Zorzal seguía ahí, chamuscado y patético como un guiñol argentino. Mi padre me tenía abrazado contra su hombro y también él tosía su parte de rubios sin filtro. El avión empezó a elevarse sobre los hangares y fue tal el horror que sentí que había de tardar veinte años en subir a otro. No sé de qué se reía el piloto del bigote francés, si del escudo justicialista que mi padre se había abrochado a la solapa o de mi llanto convulsionado. Yo sentía que el aparato flotaba sin avanzar y que algo lo llamaba inexorablemente hacia la tierra. Mi padre parecía emocionado, quizá perturbado por su disfraz peronista, y se inclinaba hacia el piloto para preguntarle sobre vientos y coordenadas de equilibrio. En el tacómetro bailaba una bolilla plateada y el retrato de Perón temblaba tanto como yo. Mirar a Evita, su plácida sonrisa, me volvía el alma al cuerpo, pero ese atisbo duraba apenas instante
porque el casco negro del piloto me lo tapaba con sacudones y corcovos. Los tirabuzones tenían un maldito nombre inglés que el piloto gritaba con la misma furia con que la bruja había invocado al satán de los bronquios. Lo cierto es que allá arriba aterrado y sin consuelo, empecé a olvidarme de la tos y a respirar a todo pulmón. Sentí de nuevo el olor del tabaco que mi padre llevaba impregnado en el traje, el sudor de varios días que corría bajo el uniforme del piloto y mi corazón que palpitaba de trote a galope. Fue entonces que, obnubilado por botones, luces intermitentes y palancas de nácar, mi padre sucumbió al influjo de la navegación aérea. Olvidado de mi tos y del vergonzante prendedor peronista, le preguntó al otro si el avión era manejable cuesta abajo y sin motor. Para habrá dicho: ahí nomás, tocado en su orgullo, el piloto se inclinó y apagó el contacto como quien cierra la hornalla del gas o llave de luz. A mí se me encogió el cuerpo.
No se me olvida la imagen de la hélice detenida. No hay en el mundo nada más inútil que una hélice detenida. Aquella que mi padre miraba con aire embelesado estaba clavada en una vertical tan recta como una plomada, más tarde en Cuba, en Nicaragua y en tierras de pasada ilusión, estuve a punto de renegar de mi fe en el luminoso destino de los pueblos para no tener que subir a uno de esos cascarones a hélice que volaban rozando las montañas y las copas de los árboles. Parece que el Che les tenía tanto miedo como yo, con su asma y su mirada de futuro inconcluso. Perón, que prefería la placidez del tren. Pero mi historia era de tos convulsa, no de aviones. De noches con la luz encendida y el Rayo Rojo pispeado entre las sábanas. Relatos principescos que contaba mi madre vestida de enagua, con un chal sobre los hombros. Querría terminar este cuento con su risa nerviosa y feliz cuando me vio regresar casa sin nada de tos,
pálido de terror, con un avioncito de lata que me había comprado mi padre. Se sentó a hablarme al oído mientras mi padre se quitaba el escudo justicialista y lo tiraba con desdén sobre la mesa. Esa noche nos costó dormir. Mi madre de miedo que me volviera la tos, yo imaginando aventuras con mi avión de juguete y mi padre en el escritorio, en calzoncillos, frente a una figura del Cristo resucitado, la cuenta del doctor Díaz Grey y el prendedor del General su esposa. Sin saber a quién agradecerle primero.
*Publicado en el diario Página/12. el domingo 3 de abril de 1994.
COMBATIENDO EN CUBA*
(La sorpresa del Pequeño Capitán)
El Comandante Fidel Castro bajó de Sierra Maestra, y ya no encontró casi resistencia. El mismo Ejército Regular se iba pasando a su bando y se sumaba a sus huestes. Entró triunfalmente en La Habana y proclamó el triunfo de la Revolución del Pueblo. Y ese pueblo jubiloso se mezcló a sus bravos soldados aclamándolos victoriosos. Era enero de 1959, en plena Guerra Fría, y esto permitió a la
entonces poderosa Unión Soviética, posar la zarpa del temible Oso Ruso, en el umbral mismo de Occidente, recalentándola a tal punto que parecía a punto de estallar el mundo entero. Fidel y su roja estrella, se convirtieron en el centro del mundo de aquel tiempo. Los progresistas del tercer mundo lo vieron como una esperanza, mientras que la amenaza comunista, estremecía el orden establecido de toda la sociedad; y nuestras Fuerzas Armadas, designándose como la reserva moral y custodios de ese orden, estaban lógicamente en guardia y sumamente alertas. Así las cosas, en enero de 1960, nos incorporamos al Servicio Militar Obligatorio, con veinte años cumplidos; yo en Santa Fe, en el Liceo, como soldado conscripto, donde sólo había una compañía, con unos sesenta integrantes; mitad Rosarinos, y los demás norteños. Los cadetes estaban de vacaciones y no regresarían hasta el mes de marzo. Como estuve unos días en el Distrito de San Justo, me incorporé una semana después.
Pero todavía no estábamos completos. Pasó otra semana, en plena instrucción, y llegó un nuevo integrante a sumarse a nuestra Compañía de Servicios. Era un joven de cuerpo menudo, muy flaco, casi esmirriado, de hablar algo inseguro y una voz ronca y algo rústica, que amenazaba tartamudear. Retraído, como esquivo, algo huraño; de mirada baja, huidiza, cara huesuda, mentón hundido, y una nuez de Adán prominente. Ni fuerte ni viril, no se lo veía ni como héroe, ni como valiente. Ejemplar hecho a medida, para ser objeto de bromas y burlas, especialmente de los rosarinos que no eran de lo mejor; sumamente “vivos”, “piolas”, y engreídos; además dijo venir de Buenos Aires, y haber combatido en Cuba, al lado de Fidel Castro. No le creyó nadie y se le reían a carcajadas. Era el hazme reír. Cayó simplemente en ridículo, Le pusieron mil sobrenombres, y al fin le decían Noé, no porque ese fuera su nombre, sino una deformación de “nuez”. Su apellido era Perazza. Al principio
luchó muchísimo por hacerse creer, y más insistía más se le reían. Intentaba demostrarlo contando alguna de sus supuestas experiencias y anécdotas, pero era burlado y rechazado por todos. Lo único que recibía eran burlas y risotadas. Terminó apartándose de todos. Siempre que podía estaba alejado y taciturno. Me daba pena. Terminó acercándose a mí, porqué vio que lo trataba distinto. Yo no lo importunaba, ni le preguntaba nada que pudiera molestarlo, y se empezó a sentir bien conmigo. Poco a poco se fue abriendo, contándome de su vida. Era huérfano, y fue criado por una tía. De chico tuvo fiebre del heno, una grave dificultad respiratoria. Me mostró una gran cicatriz en la garganta, donde una operación le salvó la vida. Deduje que eso habría incidido en su desarrollo deficiente, y seguramente en su carácter entre tímido y resentido. Quizás tratando siempre de superarlo, se apartaba de todo, inseguro; quiso irse lo más lejos posible. Eso lo hizo soñar en ser alguien,
realizar alguna proeza; o perderse para siempre… Soñó con Cuba. Quizás si llegaba allá y se unía a las fuerzas revolucionarias, lo recibirían sin fijarse tanto en su físico, y tal vez tendría oportunidad de demostrar, de lo que sería capaz. La vida misma no le importaba mucho, así como lo trataba. Eso le daba valor para enfrentar al peligro, o intentar cualquier empresa, que le diera confianza y valor. Su sueño era sentirse grande, fuerte; y desafiar, a todo el mundo si fuera necesario… Un día se embarcó en un tren carguero y viajó entre bolsas de harina hasta Salta, de allí pasó a Bolivia, e ingeniándose, con muy diversos medios, sin casi dinero, y con muchos sacrificios, fue subiendo al norte por el mapa de América del Sur, trepando la cordillera de los Andes, de país en país… hasta el Caribe, y finalmente a Cuba. Siempre como polizón, clandestinamente. Me contó cien anécdotas y detalles. Me apasionaba escucharlo, Podía no ser cierto, pero merecía serlo… Las
vivencias que me relataba, de su permanencia con el ejército revolucionario de Fidel Castro, me fue contando por las noches, cuando tras la cena, teníamos un par de horas de descanso, y nos desperdigábamos en el gran patio de la compañía. Muchas de estas cosas ya las había contado, cuando trataba de hacerse escuchar, al principio, entre los demás. Decía haberse destacado en las misiones de reconocimiento o de avanzada, cuando a veces debían conseguir provisiones, y llegar a los poblados, o pequeñas ciudades protegidas por el ejército de Batista. La estrategia y la táctica debían ejecutarla en el momento, y según las circunstancias. Generalmente eran misiones nocturnas, y solían tener encuentros y escaramuzas con partidas militares, en las que; o lograban esquivarlas o debían combatir. Según él se destacó enseguida por su capacidad de reacción, y de preeminencia de manejo en situaciones de apremio, y de peligro. Los jefes cada vez le daban más protagonismo, y terminó
detentando el grado de Capitán. Eso de Capitán a tan sólo diecinueve años, era muy difícil de creer. Pero él me aclaraba que no, que eran tiempos apremiantes, de combates, y escaseaban quienes se destacaran y a esos les daban el mando, más allá de la edad o la presencia. Era el coraje y la capacidad de lograr objetivos, y conducir grupos, y decidir en el momento las estrategias, de cómo lograr el éxito en la misión. Sea como fuere, yo lo escuchaba. Sentía como que algo había. No podía ser todo fantasía. Todos lo miraban con ironía, con sorna… Hasta los oficiales y los suboficiales lo burlaban. Una noche de esas se dejó llevar por el desaliento, se sentía tan mal tratado que se plantó desafiante: -A Ud, sargento primero, le juego a que le tomo la guardia, y refuércela cuanto quiera…- Primero el Sargento se le reía, pero el desafío seguía, y finalmente terminó entrando en el juego, acicateado e involucrado, por como fue presionándolo: -A ver, pongamos que
estaría en esa situación…- burlonamente, el jefe de día le planteó un esquema de guardia, y le exigió que demostrara una estrategia, - Si es que pudiera tener un conocimiento militar de algún tipo… ¿Qué haría Ud., paso por paso? ¡A ver!…. Fue tal la desenvoltura con qué desplegó un plan de ataque sorpresivo, impecable e indiscutible, que se le terminaron los argumentos al suboficial, que quedó mirándolo perplejo. En realidad nadie pudo reírse, como esperaban. El sargento primero optó por alejarse, sin agregar más nada, y todos quedamos en silencio, sin saber qué decir. En esa época yo tenía problemas de salud. En el Liceo sólo había una enfermería, por lo que me derivaron al Hospital Militar de Paraná. Me iba solo. Cobraba un viático y volvía en el día. Fui varias veces. Noé tenía serios problemas respiratorios, y también lo derivaron. Pero a él no pensaban mandarlo sólo, así que me lo asignaron. Viajamos juntos varias veces, yendo a la mañana en lancha, y volvíamos
por la tarde. Nos sentíamos bien estando juntos. Nos hicimos muy compañeros. Generalmente nos atendían por la mañana, y volvíamos caminando al centro, íbamos al parque Urquiza, comprábamos algo liviano para almorzar, preferentemente frutas, más tarde algún helado, caminábamos, hablábamos, nos hacíamos confidencias, nos tratábamos como hermanos. A media tarde, en una lancha de pasajeros, cruzábamos de vuelta el río, disfrutando del paseo, de una libertad prestada. Al menos ese día nos sentíamos libres. Finalmente a mi me internaron y estuve en el hospital cerca de dos meses. Cuando me dieron de alta médico, también me dieron la baja del Servicio Militar. Hasta que se hiciera efectiva, estaría unos días en el Liceo, antes de salir definitivamente para volver a casa De golpe sentí como que todos me estaban esperando. Ahora todos eran grandes amigos míos. Fue lindo, pero había algo más. -¿Y Noé? ¿Dónde está el soldado Perazza? Se amontonaban todos alrededor.
Todos me rodeaban y al mismo tiempo querían contarme algo… -¿Sabés qué? A Noé… ¡Al soldado Perazza lo arrestaron, lo pusieron preso en la guardia!... -¡Era cierto lo de Cuba!!!.. Lo de Fidel Castro… ¡Era cierto que era Capitán!!!... -¡Sí! ¡Síiii! – coreaban… - le pusieron guardias reforzadas…¡Pero al segundo día se encapó! … -¡Nadie sabe cómo…! ¡Pero escapó!!! – Todos estaban admirados, todos me contaban cosas pero en el alboroto no podía entender… Luego, disipado el tumulto, ya mas serenos todos, comprendí mejor lo que me estaban contando… Casualmente encontraron sus efectos personales, escondidos en una gran pila de ladrillos, que estaba junto a una pared exterior de nuestra compañía, donde comenzaba un gran patio externo, en el que generalmente íbamos a descansar en los ratos libres. Allí a veces recostados en los ladrillos apilados, algunos conversábamos, otros fumaban pasando de uno en uno el faso y compartían la pitada. Esa era la camaradería de la
colimba… Allí hizo un pequeño nicho retirando unos de ladrillos, guardó una cartera pequeña con varios documentos cubanos, jinetas, cédula del ejército revolucionario con el grado de Capitán, mapas, apuntes, datos sueltos, volantes, cartuchos de fusil servidos, quizás de recuerdo… Volvió a poner los ladrillos en su lugar y allí estuvieron, hasta que un día decidieron mudar de lugar, esa bendita pila de ladrillos. Hoy nos preguntaríamos que cual finalmente sería el delito; pero no nos cabía aquella vez ese planteo. Las Instituciones de la Patria no eran cuestionables. Ni yo mismo sentía, que pudiera haber un lugar para defenderlo, aunque sólo fuera en mi interior. Nos parecía tan lógico aquello. La ironía es que el pobre Noé, había vuelto de Cuba para cumplir con el Servicio Militar. Vino voluntariamente. Sentía que se lo debía a su Patria. Vino sin querer a la boca del lobo, pensando quizás, que no tenía porque temer… Un par de días después ya saliendo para
casa, aunque provisoriamente, sin la Libreta de Enrolamiento firmada; hubo un revuelo y nos enteramos que habían arrestado al soldado revolucionario, en Tucumán, o Salta, las noticias no precisaban, pero lo traían al Liceo nuevamente detenido. Esta vez con el extremo cuidado. El pobre Noé no era de fiar, según sus custodios. Más o menos un mes pasó antes que yo volviera al Liceo, a recuperar mi documento, firmado y sellado con la baja y constancia de haber cumplido con el servicio militar… ¿Y cual no sería mi sorpresa?, al enterarme que el Capitán de Castro, el alfeñique, el enclenque Noé…:¡Se le había vuelto a escapar! Esta vez con las guardias súper reforzadas, poniendo indudablemente en incómoda situación, a toda la oficialidad del Liceo… Nunca consiguieron capturarlo. Ya entonces los militares estimaban, que había salido del país… ¿Habrá conseguido llegar nuevamente a Cuba? ¿No habrá acompañado al Che en Bolivia? ¿No estará quizás, ahora, al lado de
Fidel? En los noticiosos que televisan actos del líder cubano, busco con una sonrisa su desgarbada figura, imaginándolo a su lado… ¿Por qué no???
Sábado, una y media de la tarde. Anduve parando un poco la oreja por el bar. Asisto a la conversación entre dos clientes acodados a la barra. Uno es flaco y tristón. El otro es un hombre rozagante y extrovertido. -Soy del interior -dice el flaco tristón-. Extraño la casita, la calma y la cordialidad. No soporto la descortesía de la gente de por acá. Y lo que más me mata son las paredes delgadas de los departamentos. Uno se tiene que enterar de todo lo que les pasa a los vecinos. Eso es lo peor. Nunca voy a poder acostumbrarme. En cualquier momento me vuelvo a los pagos. -No se apure, compañero -dice el rozagante-. Yo también soy hombre de campo y puedo entender su queja y su nostalgia. Pero le aseguro que las paredes delgadas pueden tener su costado positivo. -Esas paredes me van a destruir. Me producen
úlcera. -Si me permite voy a contarle lo mío. Cuando mi señora y yo vinimos a la ciudad, el edificio donde vivimos nos pareció terrible. Con los inconvenientes que usted tan justamente acaba de mencionar y todo pintado de color cremita sufrido, adentro y afuera. -No me hable del cremita sufrido. -Al principio nos costó. Hasta el día que en la planta baja se mudó una parejita joven y recién casada. Esa misma noche, gracias a las paredes delgadas, en los departamentos vecinos al de los tórtolos se empezó a oír el runrún amoroso de la parejita que rápidamente produjo un contagio. En la noche siguiente el runrún ya generalizado de la planta baja fue subiendo por el hueco de la escalera y el aire-luz y llegó al primer piso. Del primero pasó al segundo, al tercero, al cuarto y así noche a noche siguió trepando y llegó hasta
nuestro departamento que está en el octavo. Recuerdo que mi señora y yo tuvimos una cena con velas como en nuestros primeros tiempos de casados. La patraña estaba preciosa. El runrún siguió para arriba, alcanzó el piso dieciséis que es el último y desde entonces el edificio es una gloria. Se lo puedo resumir en tres palabras; paz, alegría y amabilidad. Ya no se escuchan peleas, sólo el runrún. Había un vecino del octavo que la fajaba a la mujer. Como decía Rivera: "Los bifes parecían aplausos, parecían". Eso pasó a la historia, el florista de la esquina no para de subirles ramos de rosas. -¿Y los que viven solos? -En el edificio había cuatro solos, dos mujeres y dos hombres. Clarita del séptimo y Claudia del tercero. Rubén del noveno y Rafael del quinto. En menos de una semana, justamente un sábado en que el edificio estaba muy animado, Rubén se apareció con un ramito de violetas en el tercero y Rafael con una caja
de bombones en el séptimo. Ese domingo los diarios que el canillita trajo para Claudia y para Clarita permanecieron tirados en el pasillo, delante de las puertas de sus departamentos, hasta por lo menos las siete de la tarde. -¿Y las reuniones de consorcio? -Calmísimas y galantes. La gente tiró a la basura todos los ansiolíticos, los televisores, los libros de autoayuda y los aparatos para gimnasia en el hogar. Muchos perdieron la costumbre de ir a misa. -¿Y los pibes del edificio cómo están? -Parece una película de Heidi. Todos sanitos y alegres, en la escuela les va bárbaro y ninguno se lleva materias. -¿Y las mascotas? -Si se refiere a los perros y los gatos, están saludables y contentos igual que sus dueños. Le doy un dato más: ahora todos los inquilinos tienen mano verde y los balcones revientan de plantas y flores. -En mi edificio se secan hasta los cactus. -Claudia, la del tercero, logró que se le diera
una orquídea en la ventana. -En mi edificio he visto marchitarse hasta las flores de plástico. -Aguante, amigo. En cualquier momento las cosas van a cambiar para usted también. Y ahora discúlpeme, pero lo tengo que dejar. Hoy es sábado, ya estamos en la hora de la siesta, el edificio debe estar empezando a llenarse de runrunes, la patrona me está esperando y no quiero que se sienta sola.
*Publicado en el diario Página/12. (Año 1994)
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 6 de agosto del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Claudio Santoro. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de diversos grupos (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3
Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
BASES DEL CONCURSO:
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres: a) Fotografía artística sobre un tema ecológico, b) Problemas ecológicos, c) Soluciones a problemas ecológicos.
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en
formato jpg, bmp o gif.
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word: 1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante. 2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
PREMIOS:
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para
fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”. - Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin2005@...colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1.
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I La noche está de mi lado: es la noche de la magia. La luna nueva está en el centro del cenit asediada por un ejército de estrellas, sopla el viento del oriente, sube el canto del cenzontle. Huele a musgo, incienso, sal y hierba. Huele a ti.
II La
noche está de mi lado, y no me falta nada. Olfateo al lobo con sus ojos tibios, al acecho de mi alma corrompida. Llueve en el desierto jade, ámbar y un corazón en la garganta. Es la hora del ensueño, es la hora del olvido.
III La noche está de mi lado: luz y sombra la acompañan. Cardo o ceniza bajo la luna clara, a la sombra del árbol. Destierro el vestido blanco de mi cuerpo dividido, desabrocho mi piel y unto rosas, sándalo y miel. Es la noche del presagio, es la hora del conjuro.
Arribo a tu voz sin viento, surco en tus ojos fuera de todo titubeo, oscilo en tu mirada sin huellas de vacío, palomas tus pupilas, luna menguante, néctar tu boca, fuego nuevo, sol creciente... detengo este instante para que nadie nos vea. Me pierdo en ti.
Bajo tu piel germinan las caricias alcalinas, advierto en tu océano la quietud del silencio, me apodero de tu
cuerpo -lluvia clara, rancia y muda-, soy tus manos, soy tu luz, soy tu ausencia, deshojo tus ramas que anuncian sueños compartidos. Amanece, que no quede duda: desperté en ti...
Otro secreto de la noche*
Tus manos tibias acarician mis labios húmedos. Tiemblan al desprender el himen de esta piel que tanto esperas. Suave pétalo del rocío que da la calma. Con un beso me abres el infinito en el nudo de los vientos. Dos estrellas de cinco puntas alrededor de mi ombligo. Clave de hojas en sombra sobre tu deseo. Luz sin sol, sí, en la línea de tu espalda.
Un estigma*
Dos cuerpos desdibujan el aire, los amantes se descubren, se miran. La luna palpita fulgurante y
redonda.
Se habitan, se abre una pausa, el mundo queda suspendido. Agua y piel, amarras de misterio, entre sábanas sus nombres. ¿Dónde la luz?
El silencio, una huella, musita una mariposa en las tinieblas.
Oscila el paraíso, las aves cantan. Como rompecabezas, vertidos en la lluvia, dos cuerpos, un estigma.
Sin fronteras*
Despojé mis ropas, derramó el río. Tus manos buscaban la hendidura del deseo donde todo se pierde y te prodigas en la nada.
Abrí el capullo en la noche ajena destilaron los aromas, deshojaste los pétalos, aún florecía el otoño, y me hiciste tuya con la marea rota.
Cuando la luna cubría el barro asomaron alas de mis
pupilas, bajaste la cuesta por las calles claras disipando las cadenas del naufragio.
Busco las cenizas de tu nombre bordado de musgo en las sábanas blancas. Se han deshilado los días de trigo en el ceñido tiempo de la orilla.
Se cerraron los surcos de las aves y en mi piel se extinguen las tinieblas. He perdido la línea del futuro al posarme en el filo del vacío.
Algo se borra en la tarde abril, el tiempo reposa en el reloj y soy en ti un diluvio sin fronteras.
Escribo en ti*
La tierra se detiene en tu centro, te desnudo para vestirte con versos, escribo en sepia por tus pliegues, nombro tus pasos, esculpo silencios, sigo tus huellas y en tu luz se apagan mis sombras.
Entré a tu plaza vacía*
Entré a tu plaza vacía, silenciosa, vacilante y guerrera.
En los campos de trigales encontré tus ojos livianos de refugio perdidos en la noche.
Caminé por las tardes angostas, húmeda, pegada a ti, como espiga sin nombre ni luna.
Tus manos no caben en el mundo, por eso dibujan mis canciones y el fruto que deshojas a la orilla del almendro.
Al abrir tu casa, volaron los pájaros, festejamos la claridad y el devenir de la mañana.
Siniestro: raro: amistad entre un tigre y un gnomo
Estimado Doctor
s/d.-
De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a efectos de elevar informe de evaluación del sr. G G., para ser presentado ante quien corresponda.
Primeramente, luego de haber iniciado una relación con el actor principal Eduardo Perez, alias el Gnomo,
he tenido la oportunidad de conocer en persona a un compinche del protagonista, un tal llamado Gustavo Gómez. Alias el tigre.
Paso a detallar su perfil personal:
Es un señor cincuentenario, que en los test proyectivos demuestra un potencial intelectual superior a su edad cronológica, su expresión verbal es fluida y con un alto bagaje de conocimientos en diferentes ramas de las ciencias sociales. Con su presencia, en el transcurso de las entrevistas realizadas aumenta la capacidad de reflexionar de los otros. Además, se visualiza un alto porcentaje de paciencia y de creatividad, quereferiré sobre las pericias que acreditan dichas características de personalidad. En una ocasión le fue solicitada por motivos personales la
presentación de un libro, donde dicho doctor en cuestión, tuvo que: primero ponerse a leer sobre esa materia y luego estar frente a un público que esperaba sus comentarios. En esa circunstancia nombró autores de gran renombre y prestigio y tuvo la delicadeza de obsequiar palabras de bienaventuranza a dicha obra. La autora, que aún no conocía sus virtudes de orador quedó agradecidapor tanta deferencia.
No es fácil narrar los sucesos debido al valioso contenido de sus conductas expansivas que denota dicho sujeto de estudio. Pero con palabras sencillas, aunque vulgares algunas, intentaré realizar la más completa la descripción. Dicen que es un gran comilón, no desde el punto de vista de su virilidad, sino desde el acercamiento constante y frecuente que tiene hacia los libros, o sea la lectura y la adicción a ver películas. Cuentan mis informantes que ha
concurrido en varias oportunidades al Festival de cine en Mar del Plata y se ha quedado extasiado horas y horas mirando los estrenos con avidez (Cinefilia)
Es un gran conocedor del significado de las letras (polisemia), con las que acuña de una manera diplomática y cortes. Su notable vocabulario oscila entre el ingenio y el sentido del humor. Siendo su amabilidad su escuela. En las sesiones transcurridas ha demostrado su alto contenido de compromiso con los amigos. Se destaca como mayor virtud la solidaridad, la cual es medida por las muestras recabadas, y mi técnica de la escucha. Siempre cuenta con una palabra de aliento en los momentos de angustia o vacilación. Su mayor dificultad se ubica en los percentiles de la impuntualidad, tomando como variables detonantes el requerimiento de sus amistades, su familia y algún que otro tratado,
texto y/o cliente que lo convoca.
Con relación a su pronóstico, se podría inferir que el mencionado actor podrá seguir adaptándose favorablemente en todas las áreas de su desarrollo evolutivo. Siendo su desempeño laboral sumamente indispensable para el bien común.
¿Cinco. acaso seis. cuántos años tendría? Sólo sabe que ha pasado el tiempo, mucho tal vez o es que corre este indetenible, y le cuesta imaginarse debajo del naranjo, de pantalones cortos, un pedazo de pan en la mano -masa amasada y vuelta a amasar-; mientras los ojos estaban clavados en la otra, la mano, digo. Entre el pulgar y el mayor, sostenía un tesoro sólo para él; resplandecía la silueta
expuesta al sol, brillaba aquel hombre sobre fondo rojo y una afilada aguja prendida al sello, indicaba el destino de aquel objeto. Para este niño, aquel sello no era un prendedor de solapa, que ni sabía de semejante cosa; sino un talismán, una medalla que había ganado combatiendo solo contra todo un ejército, el pedazo luminiscente de una nave espacial que había aterrizado allí mismo, muy cerca del patio, y giraba y volvía a girar mientras la luz convertía el metal en un arco iris, un arco iris al alcance. Hay momentos que se escapan, que nadie sabe cómo ocurrieron, si acaso pueden suceder; instantes en que lo irreal se vuelve tangible, los segundos en que cae una gota o se respira, y casi sin darnos cuenta estamos al borde del abismo. En uno de esos, se intercambiaron las manos y lo que fuera talismán y medalla, arco iris y nave, se volvió de pronto material concreto, un prendedor rectangular con una larga aguja. En el rostro del niño no cabía
tamaño susto, con las palabras atragantadas, atinó a susurrar: -Abue. me tragué un sello. Y como la abuela andaba ocupada y con las manos mojadas, no prestó mayor atención a un hecho que se resolvía de una manera tan simple, y dando la espalda, contestó: -Tómate un vaso de agua -No, abuela. no es un sello de papel. No hay quien pueda describir como giró la anciana cuando la estampilla se le volvió metal de pronto, como perdió el color de un solo golpe, justo cuando los labios del nieto empezaban a tornarse amoratados. Todavía se vivía el relámpago de aturdimiento, tierra de nadie suspendida antes de la reacción, cuando sonó la aldaba de la puerta. Cómo pudo sostenerse camino de la entrada, si aquellas piernas no eran las suyas; cómo pudo extender la mano y girar los dedos -cada uno de ellos- para que el pasador cediera. Sólo dios sabe. si lo sabe. Nada tuvo que preguntar la madre. Le gustaba mirar aquel rostro abatido por el tiempo, severo,
cargado de la augusta serenidad de los años; pero siempre asomaba en él una línea de bondad y una viveza en la mirada que parecía borrar las angustias. Siempre, menos ahora. Ver la señal en el rostro anciano y lanzarse rumbo a su hijo, fue una sola carrera..
Todo había comenzado una mañana, en que la Maestra vio interrumpida su clase, y una pregunta en suspenso.. -Maestra, maestra. ¿Es verdad que se dice quepo y no cabo ?. Aunque esa materia no tocaba aún, se aprestaba ya a una respuesta, porque a esas edades no deben quedarse las interrogantes sujetas al aire; verdad que más difícil de lo que pudiera pensarse, porque explicar la irregularidad de los verbos rompía todas las lógicas, y ella misma pensaba que debía ser cabo y no quepo, y había que remontarse a razones históricas y léxicas y podía cualquiera perderse en los vericuetos infinitos del idioma y no sabía cuan preparada podía estar la mente infante para semejantes elucubraciones; iba
ensayando la mejor respuesta. cuando un fuerte golpe la devolvió a la realidad, un golpe seco en la puerta. No habrá que suponer, sino ver como todos dejaron la pizarra y la respuesta, y miraron hacia el lugar de donde provenía el golpe, queriendo traspasar la madera con sus ojos curiosos. Y La Maestra, preocupada tal vez por una pedrada y por el efecto que hubiera podido causar más allá de una marca en la puerta, salió disparada y los niños detrás de ella, a tropel, que no había nadie que les hubiera podido detener, para encontrarse no la piedra esperada, sino un envoltorio con algo brillante adentro, los gritos para saber qué era, los prendedores que asoman desde su hermoso fondo escarlata, un carmesí más ligero al centro, y sobre la figura de aquel rostro de perfil, unos rayos que emergían... -¿Quién es, maestra?, preguntaron a coro -Lenin. Respondió instintivamente, como si aquel nombre fuera familiar, sin reparar en que quizá nunca lo hubieran
oído mencionar, que no había llegado el momento.y cuando reaccionaba para enmendarse, ya los niños andaban probando como reaccionaba el sello al sol, haciendo señales en las paredes, dueños del sol de aquí para allá y con una sola expresión -¡Que bonito...! Volvería todo a la normalidad, los sellos a su envoltorio, los niños a sus asientos, la maestra a la pizarra, y el quepo y el cabo y Lenin, quedados para otra ocasión. ¿Quién había tirado los sellos? No era ningún misterio, casi podía asegurarse sin margen de error y sin haberlos visto: el regalo vendría de algún vehículo de visitantes moscovitas, o leningradenses, de por allá, de esos que andaban por la Isla tomando el sol que allá se anhelaba y aquí revienta piedras, y al ver el enorme cartel de Escuela, quisieron hacer un regalo y tal vez entendieron que no había nada mejor que la figura de Lenin y allá lanzaron la bolsa, al paso, con muchos Lenin estampados y con magnífica puntería. El prendedor se
realizó en lo que era, fue prendido en solapas de camisas y blusas, sirvió de regalo en actos y homenajes, y se convirtió en objeto curioso, exótico y hasta en un juguete. Y ya vemos como el hijo de aquella maestra que no se acuerda si tenía cinco o seis años, lo hubo de reconvertir en lo que ya sabemos, debajo del naranjo. qué no puede hacer un niño.
Y como dejamos a La Maestra en una sola carrera, reparemos en que fue increíblemente firme cuando vio a su hijo negruzco, señalando a su garganta. Se tragó el grito, que poco era comparado con lo que había tragado el infante, cargó al hijo sobre sus brazos como había hecho en tantas madrugadas de insomnio años atrás y se echó a la calle, sin escuchar lo que decía la abuela, despavorida. Y entonces, justo en lo mejor del relato, la memoria se extravía y no podrá pedírsele más que la reconstrucción desde ajenos recuerdos, fragmentados, como un rompecabezas al que le faltan piezas. Sólo recuerda a
mucho dar, unas luces y unas caras brumosas. antes de perder la conciencia, de dormirse. O acaso, es un recuerdo también reconstruido, armado mucho tiempo después, confundido con tantas historias; pero no, aquel deseo inmenso de tomar agua y los labios resecos, aquel deseo y aquel sueño de que tomaba agua, no puede ser neblina. Dicen que la abuela rezó, que la madre apretó contra sí la estampa de la Virgen de la Caridad que sólo la madre de Dios podía interceder con su mano divina. Dicen que lo separaron de la muerte, tres milímetros, apenas tres, cuente usted, y que la aguja abierta no hincó en la carne interior, que una inmensa pinza -que así simplifican los ajenos la nomenclatura médica-, extrajo el sello. Delante de su cama, hubo un desfile de batas blancas, primero, y cuando se corrió la voz, ya no hubo nada que hacer, mas que tolerar las mismas peguntas o las nuevas, y hasta entenderlo, que al fin y al cabo aquello, aquello era
imposible. Que digan lo que quieran, sentenció la abuela. Es un milagro.
El médico no quiso entregar aquel sello extraído camino al esófago, se quedó con él como un trofeo de caza, o de quirófano. Y lo miraba y lo volvía a mirar, buscando explicaciones al imposible, mientras brillaba la aguja intacta, ligeramente abierta. Y lo contó a todos, sosteniendo el sello por las dudas, entre el pulgar y el mayor; y los oídos se volvieron lenguas y la historia se convirtió en patrimonio de la comunidad, ganando con el tiempo sus agregados y sus detalles.
En el patio, talaron el naranjo inocente. En los años venideros, el mundo cambió tanto que los moscovitas volvieron a su nieve y los leningradenses volvieron a restaurar el nombre de su antigua ciudad imperial... Aquel episodio terrible se tornó profético.
Aquel niño nunca más he podido recuperar su nombre, nadie se lo dice.
Si lo sabré yo. Que soy el niño que se tragó a Lenin.
Un abrazo
pedido En tonos muy bajos Reaparecieron de Su cajita musical Tanta vergüenza Y tanto pudor Querían encoger la ternura De la noche oscura Con pesadillas Sin poder nombrar. Un abrazo de hace años Quizás el materno Ausente: se presentizò Duerme tranquilo Niño de nubes oscuras Que hay dulces sueños En tu mañana A partir de hoy.
Los enamorados se abrazan en el parque solitario y se miran en silencio con los ojos del amor. El misterio los rodea y dibuja una tenue sombra mientras los besos apagan la sed de sus bocas. La luna los vigila en la quietud de la noche y su sonrisa brilla en el cielo de terciopelo. Los cuerpos se mueven embriagados de pasión y danzan las estrellas derramando su luz. Las gotas de rocío salpican los sueños y vibran los corazones con la magia de las caricias.
En
las próximas audiciones presentaremos lo siguiente:
Domingo 9 de julio del 2006 (17:06 horas): música de Armando Luna Ponce (México), música de fondo Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay), poemas de Elena Fassio (Argentina).
Domingo 16 de julio del 2006 (17:06 horas): música de Rafael Díaz, Edgardo Cantón, Cristian Morales Ossio y Pablo Delano (Chile), música de fondo Darío Robayo (Colombia), poemas de Estelia Soto Jourdan (Argentina).
¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3
Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
He reunido en un libro formato PDF los textos publicados en mi lista de correo durante los años 2004 y 2005 y he añadido algunos extras. El archivo (de unos 880 Kb) puede descargarse gratuitamente en http://www.aragonesasi.com/sergio/Camino_al_Andar.pdf
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
BASES DEL CONCURSO:
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres: a) Fotografía artística sobre un tema ecológico, b) Problemas ecológicos, c) Soluciones a problemas ecológicos.
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word: 1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño
DIN A4), y el pseudónimo del concursante. 2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
PREMIOS:
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”. - Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1.
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Mascarada*
Nací de noche. Llegué a la hora precisa para llorar en las
tinieblas. Sin
nombre y sin Dios, escuché el silencio del mundo.
Vivo la mascarada del futuro y su terca agonía. El bullicio pulula
por la
ciudad, las voces decantan mi llanto.
Tengo un rostro y mil espejos. Mi guerra se oculta en la oscuridad,
los
espectros caídos en las trincheras me consumen. Reconozco: en la
batalla
muere algo de mí.
Voy a cualquier sitio y no sé a dónde llegar, vivo al amparo de mi
orfandad.
A tientas sigo el contorno del mundo, sus sendas me llevan a la
tierra sin
frutos.
Soy luna de abril. Mi sombra habita en el campo del olvido mientras
el
silencio vive su derrota. Pago la franquicia con un grito en el
desierto.
*de Lady López Zepeda ladylz954@...
Pobres. Feos. Locos. Indios.
JUGANDO A MIRAR*
Desde la televisión nos permiten espiar en las mansiones, en
las fiestas con tragos de colores y sombrillitas; nos dejan ver cómo
los adolescentes dorados se lanzan a piscinas iluminadas por las
noches, y cómo hermosas mujeres de perfecta dentadura sonríen sobre
sábanas de seda.
Lindo ejercicio el de vivir otras vidas a través de la mirada.
Bueno, vamos a jugar a los espías.
Tomemos, por ejemplo, a Marcelo Arroyo y a Silvia Matus. Desde
lejos si quieren, con binoculares y desde el auto miremos a las tres
nenas de la pareja; no hace falta bajar la ventanilla, que hace frío
allá en Chubut, y el barrio 25 de mayo en Caleta Olivia no es el
lugar que una escogería para pasear, ni siquiera por la mañana.
Desde el auto miremos entonces, sin necesidad de entrar a la
habitación de paredes de chapa y techo de nylon, no nos vayamos a
resfriar con la humedad que se condensa en los muros metálicos, no
nos vayamos a mojar con las gotas que se descuelgan desde el
firmamento de plástico, ni a embarrarnos los zapatos en el piso de
tierra. Vamos a observarlos desde acá, porque el olor es
desagradable.
Podemos verlos a los cinco haciendo las necesidades en una
lata. No tienen excusado. Podemos ver cómo todo se les echa a perder
cuando llueve, y la lluvia cae por igual dentro y afuera de la
habitación que tienen que llamar casa. Cómo no pueden tener nada, ni
muebles ni ropa ni juguetes. Una maestra contaba que hay chicos a
los cuales no les entregan la libreta de calificaciones, porque no
hay un lugar en sus hogares dónde guardarlas. No tienen muebles, no
tienen sitio seco, qué casualidad, como en este rancho de lata.
Podemos ver a las nenas en la escuela, tema: mi ciudad, mi
barrio, mi casa. Y la cara de las chicas ¿qué es una casa? Un montón
de chapas recortadas, un techo transparente, el frío que muerde los
pies. Esa es mi casa.
Cuando nos enteramos de que tienen los papeles del terreno, y
una voz en off dice que en otro papel el IDUV les asegura que una
cooperativa les construirá una vivienda suspiramos aliviados. Bueno,
todo lo anterior fue para construir la tensión dramática que lleve
al final feliz. Ahora veremos, con alegre música de fondo, obreros
que silban mientras trabajan en una adorable casita de tejado rojo y
paredes blancas. ¿No?
¿Que hace cuatro años que iniciaron los trámites? ¿Que la
ministro de Acción Social Nélida Alvarez le ofreció a Silvia un vaso
de agua para calmarle el llanto, porque otra cosa no podía hacer?
Así no vale. No juego más. Nos vamos.
Ya veo que los vecinos los ayudan con el agua, el gas y la luz.
Loable y maravillosa la solidaridad. Pero no vale. No estaba en el
libreto que los pobres ayuden a los pobres, mientras los impuestos
destinados a acción social se derivan a otros lados. Así no vale.
Vuelvo a mirar la televisión, me apeno porque la rubia ya no lo
quiere a John y lo prefiere a Walter. Todos miramos la televisión,
mientras del techo de nylon se descuelgan tres lágrimas. Cada
lágrima cae en la pequeña frente de una niña dormida, que no sueña.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
Radio La Colifata
Loca, pero te quiero*
La Colifata es un espacio de radio ignorado por el Estado (más allá
de promesas esquizofrénicas), por las autoridades del hospital Borda
(que no fueron internadas) y con apoyo del público, artistas y gente
solidaria. Vida y obra de un proyecto que descubrió cómo de la
política de represión y encierro, se ha pasado a la de expulsión
para dejar a la gente en la calle. Mientras tanto, la radio les
devuelve a los internos la posibilidad de voz, encuentro y
reconocimiento, para combatir el sufrimiento y la impotencia.
Alegres, pero no locos por el fútbol, ni por el mundial, aunque lo
tuvieron de invitado a Bilardo.
"Una mirada colifata y festiva de un evento que nos iguala en
pasiones, donde todavía podemos coincidir en un espacio y momento
para ser felices".
Con esa alegría -que no tiene que ver con la "locura" que vociferan
los medios- presentó La Colifata su espacio dedicado al Mundial de
Alemania, esperando que Saviola, Riquelme y compañía hicieran lo
suyo. El médico, técnico campeón del mundo y comentarista Carlos
Bilardo y una gloria futbolera, el "loco" René Houseman, fueron los
invitados a una derivación televisiva de la radio, el programa El
living de Stellita. Stella Cross vive en la calle y conduce el
programa desde una plaza de Belgrano, donde siempre hay un lugar
para que se sienten los invitados. Bilardo participó desde "los
estudios mayores" de radio La Colifata: el patio del
neuropsiquiátrico José T. Borda.
Más que una FM, La Colifata es un gran espacio de comunicación para
producir salud. O como lo define en charla con lavaca Laura Gobet,
coordinadora del Proyecto, "un espacio de encuentro y empoderamiento
que habilita la posibilidad de pensar los medios como canales de
transformación".
En 1986 desembarcó en el neuropsiquiátrico José T. Borda un grupo de
personas dispuestas a trabajar para desdibujar las gruesas líneas
que dividían el adentro del afuera. Se trataba del grupo Cooperanza,
conocido en ese entonces como la Peña Carlos Gardel, donde trabajaba
como voluntario Alfredo Olivera. Fue a él a quien se le ocurrió
comenzar a grabar a los internos: "A partir de usar ese grabador –un
Westinghouse enorme- se podía lograr que los internos del Hospital
volvieran a tomar la palabra, que recuperaran la voz y que eso
además quedase registrado", explica Gobet.
Enterado de esa experiencia, una radio de San Andrés invitó a
Olivera para hablar de la locura. Pero como no le cerraba del todo
la idea, contraofertó: "¿Por qué no hacemos una columna en la cual
hablen directamente los internos?". Y se fundó así "La columna de
los Internos del Borda".
El nombre propio
Olivera pidió que le grabaran los mensajes de los oyentes que
llamaban por teléfono. Ese casete permitía llevarle a los internos
las opiniones de `los de afuera'. Pronto el nombre dejó de
gustarles, tal vez porque sonaba demasiado solemne. Entonces, entre
todos los que participaban de la experiencia, propusieron nombres
alternativos: las opciones iban desde Westinghouse hasta Carlos
Gardel. Pero finalmente votaron por la única propuesta -entre 40-
que remitía a la locura: La Colifata. "Desde el inicio planteó una
diferencia muy fuerte sobre lo que es el imaginario de la locura.
Porque decir colifato es decir loco querible: qué loca que estás
pero te quiero, esto obviamente sin negar el padecimiento", opina
Gobet.
En 1991 La Colifata empezó a convertirse en un proyecto autónomo,
por fuera de Cooperanza, y a despertar el interés de una variada
cantidad de personas, colectivos y personajes: un oyente obsequió la
primera antena, el periodista Lalo Mir donó varios de los
transmisores, hasta el Comando Sorpresa del ya extinguido programa
de televisión Sorpresa y ½, irrumpió un día para renovar
instalaciones.
Autoridades y autismo
Cualquier sábado del año, sin excepción, desde las 14.30 hasta las
19, se puede presenciar al aire libre la transmisión radial de La
Colifata, que se realiza en el patio del Borda aunque haga frío o
llueva. A la institución jamás le cayó muy simpático que se
instalaran allí: "Somos como un granito de arena en el ojo", subraya
Gobet. Y agrega: "Por momentos ocurrió que La Colifata estaba tan
legitimada afuera que entonces no podían funcionar de manera adversa
a nuestro trabajo".
Cuentan algunos enfermeros que a medida que el prestigio de la
experiencia crecía, las autoridades comenzaban a intentar apropiarse
de ella. Cuando venían periodistas para realizar notas por el
entonces flamante proyecto, el director del hospital respondía como
si fuese el coordinador de La Colifata. Además, en el cuarto piso
del Borda, aún pueden verse las ruinas de lo que intentó ser una
idea exclusiva, original de sus autoridades: un estudio de
radio. "Ese intento de copiarnos no duró demasiado tiempo. Pero hay
muchas más cosas absurdas... nos joden con los ingresos de las
cámaras, con la posibilidad de trabajar libremente. Sin embargo, en
ningún momento tomamos la política de enfrentarlos directamente,
sino que tomamos la postura de hacer. Y el hacer fue tanto que
terminó agotando cualquier posibilidad de jodernos", relata Gobet.
Dignidad versus impotencia
Según cuentan, La Colifata nace como un espacio para rescatar la
dignidad dentro de las llamadas instituciones totales, en donde se
generan situaciones de olvido. Más allá de la alegría que trae el
trabajo autónomo, el contexto es abrumador: un edificio alejado y
solitario, semidestruido, con internos que viven hacinados, familias
que los han depositado allí, especialistas que medican sin ofrecer
tratamientos psicológicos o que conceden altas a pacientes que
quedan en la calle. Una de los dilemas de los que coordinan la radio
tiene que ver con lidiar con la tristeza y la impotencia que todo
eso genera: "Siempre me acuerdo de la frase de uno de los chicos.
Una de las primeras veces que fuimos al Borda, nos dijo: `La pasaron
bien con los loquitos. Ahora se van y no vuelven'. Eso para mí fue
muy fuerte, solo pensaba que tenía que volver. Hay situaciones donde
uno realmente siente que tiene que ser Superman para poder
transformar algo, cuando no hay familia o cuando la institución
ofrece maltrato o directamente destrato. Es terrible cuando la
persona tiene algo para dar pero no es escuchada y a nadie le
importa", relata Gobet.
En La Colifata creen que todos tienen algo para aportar. La salud -
dicen- tiene que ver con potenciar lo más saludable de cada uno. Por
eso trabajan con técnicas de inclusión de la locura o de lo que a
simple vista parece delirante. En la radio tiene espacio todo aquel
tenga algo para decir: "A veces en medio de un debate, se te acerca
alguien al pasar y te dice: "No, porque yo sabía domar caballos". A
partir de ese saber de alguien que suele no hablar ni participar,
uno le propone contar eso al aire. Y por ahí eso hace que esa
persona, al próximo sábado, tenga un programa para enseñar a domar
caballos. A esto nosotros lo llamamos rescate de subjetividad",
revela Gobet para demostrar cómo se va formando la programación.
Contra el sufrimiento
Unas 25 personas integran el colectivo La Colifata, tres de ellas se
encargan de retransmitir microprogramas: graban lo que ocurre los
sábados, lo editan con criterios políticos, éticos y estéticos, y lo
envían a todos los pacientes internos y externos que participan del
proyecto. El mismo material se transmite también vía
internet. "Trabajamos en dos campos: hacia la comunidad en una
función antiestigma y hacia los colifatos como colectivo, para que
puedan empoderarse y generar algo distinto en relación a su
sufrimiento", aclara Gobet.
Una persona del grupo se encarga de las relaciones con los
periodistas y de generar contactos para conseguir financiación.
Otras dos ofrecen apoyo a los colifatos el día de la transmisión de
manera voluntaria y una estudiante de psicología se encarga de las
estadísticas: recoge la información sobre quiénes participan del
programa para luego establecer un seguimiento de cada participante.
Por último, Olivera y Gobet coordinan varias cosas, pero sobre todo
las cuestiones más terapéuticas: realizan interconsultas con los
profesionales del Borda y abrieron un espacio, cada viernes, para
conversar con todos los internos que lo necesiten.
Manu Chao colifato
Si bien La Colifata lleva más de 15 años de trabajo, todavía no le
encontró la vuelta a su financiación. La mayoría del dinero que
ingresó durante estos años vino de donaciones de oyentes, amigos,
periodistas o colectivos autogestivos. Todo eso apenas sirvió para
los insumos y el mantenimiento. El Estado le otorgó premios y muchas
promesas. "Pero nunca un mango", dice Gobet con resignación y
describe una de las consecuencias: "El equipo de trabajo cambió
mucho a lo largo de estos años. Eso a veces es un dolor y es una
imposibilidad como colectivo para organizarse y armar estrategias".
Corría 1996, cuando un documentalista llegó a La Colifata para
realizar un video. Luego de un tiempo se fue a vivir, como muchos
otros jóvenes en aquella época, a España. Terminó haciéndose amigo
del célebre Manu Chao, con quien una tarde de aburrimiento compartió
aquel documental. El músico nacido en París quedó gratamente
sorprendido y decidió mezclar sus canciones con audios de los
colifatos para realizar un nuevo disco, que después pusieron a la
venta los músicos que vivían de manera ilegal en España. "Apenas nos
enteramos, nos pusimos en contacto con Manu Chao y con FM La Tribu
para editar el mismo disco acá", cuenta Gobet. En la Argentina, los
vendedores fueron los propios internos que salían del hospital. El
disco se llama "Siempre fui loco".
Además, la radio ha realizado una convocatoria a todas las bandas
independientes, grupos o solistas, que quieran participar en un
nuevo disco. Para hacerlo hay que enviar un demo con hasta tres
canciones originales, a las que se agregarán canciones y máximas
colifatas grabadas en el espacio de la radio. Hay tiempo hasta el 14
de julio y las bases están en
http://lacolifata.openware.biz/index.cgi
El Estado de la nada
En 2005, el cantante llegó a la Argentina con una nueva propuesta:
realizar un recital a beneficio del proyecto. Así fue como en
noviembre ese año, uno de los shows de Manu Chao contó con la
participación en el escenario de algunos internos que compartieron
micrófono con él.
Gracias a lo recaudado en aquella ocasión Gobet -que trabaja en el
proyecto desde 1991- pudo empezar a cobrar por su trabajo.
"Basta de que nos ayude siempre la gente. El Estado tiene que
hacerse cargo aunque sea una vez. Venimos con muchísimas promesas,
papeles firmados, presupuestos aprobados para terminar el estudio,
construirnos un lugar... Pero nada. Si hoy nos regalan 15 sillas no
tenemos donde guardarlas, estamos guardando los equipos debajo de la
cocina del Borda, donde hay una humedad terrible", reclama Gobet.
La casita en donde guardaban inicialmente los equipos fue incendiada
el año pasado en circunstancias más que dudosas. Hay varias
versiones sobre los responsables pero de eso mucho no se habla. "Se
quemó todo pero todo: parlantes, equipos, etc, etc. Ahora todo nos
anda muy mal. Por eso terminamos 2005 en una situación de mucho
trabajo, muchas ideas, muchas ganas de seguir adelante y a la vez
desmoronados", recuerda. Como si fuera poco, les robaron una
notebook de adentro mismo del hospital. Pero como el prestigio de La
Colifata es tan grande, siempre hay una ola solidaria que la
reanima: "Cuando fue el robo de la computadora, estábamos muy mal.
Alfredo Olivera escribió un comunicado preguntándole a la gente cómo
seguíamos y empezaron a llegar una infinidad de mails de ayuda:
desde alguien que donaba su compu hasta alguien que decía que tenía
autos antiguos, y podía hacer una exposición a beneficio. El grupo
de teatro de San Telmo ofreció la recaudación de sus funciones,
Jorge Guinzburg donó una máquina como la que nos sacaron... A
nosotros nos alienta muchísimo todo eso".
El desconocido y los astros
En 2004 La Colifata aterrizó en Telefé, para concretar La Colifata
TV, que consistía simplemente en seguir haciendo radio pero esta vez
para salir por televisión. La propuesta se llevó adelante gracias a
Pedro Saborido, que se acercó a la radio con la intención de encarar
un proyecto en conjunto y guió al colectivo para concluir en ese
ciclo por el cual recibieron cerca de 2.000 correos del público.
En 2006 se renovó la posibilidad de emitir por televisión. Esta vez
en el canal del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Ciudad
Abierta, donde comenzó a transmitirse El living de Stellita. La
conductora es una mujer de unos sesenta y largos, madre de un ex
interno del hospital, y también conductora del programa radial
Visitas en La Colifata, con un estilo rebelde y contestatario.
Stellita vive hace 15 años en la calle y desde la Plaza Belgrano,
donde suele dormir, realiza su emisión televisiva, rodeada de un par
de sillones, algunos invitados y otros colifatos que tienen sus
propias columas. Allí se hizo la presentación del programa previo al
Mundial, con René Houseman (el "loco" campeón del mundo en el triste
1978) y Carlos Bilardo (técnico de Argentina campeona en México,
1986), además de Fabián Ferraro, creador del club de fútbol
callejero Defensores del Chaco, con el que busca convocar a los
chicos de la calle e incorporarlos en un proyecto social y
comunitario. La Colifata anuncia El living de Stellita con estos
agregados: "El columnista (ex Hombre Desconocido) Alejandro "De la
Sagrada Elión" Strassener nos brindará una visión global de la
problemática y nuestra Astróloga Juliana Zuc de Batistuta nos
aclarará cómo los astros zodiacales están siempre presentes".
Entre la tierra y los astros, Gobet, como coordinadora y psicóloga,
ocupa muchas veces el lugar abandonado por los profesionales y se
ocupa de realizar interconsultas. "Llevamos al espacio de
tratamiento lo que los internos traen al programa de radio. A veces,
no hay tratamiento psicológico, sino farmacológico y lo mejor que
puede pasar es que a partir de que uno se acerca, decidan ponerle
psicólogo".
Del encierro a la expulsión
La Colifata resulta así un espacio de identidad y pertenencia para
los pacientes. Tal es así que varios de los que están en situación
de transferencia –aquellos que se están reinsertando en la vida
social- vuelven cada sábado para participar de los programas y
continúan definiéndose como colifatos.
El eslogan de La Colifata, "rompiendo muros", ha sido superado.
Antes prevalecía la política del encierro, la represión y el
aislamiento. Los neuropsiquiátricos eran un depósito de personas
posiblemente enfermas, o diferentes, y de pobres.
Ahora todo cambió, y no precisamente para bien, según Gobet: "Está
pasando algo en estas instituciones. Antes eran muy represivas,
entonces había que trabajar para tomar la palabra y recobrar la
identidad de la persona internada. Por eso la idea de romper muros.
Pero hoy estos lugares son expulsivos y a muchos le proponen como
único destino la calle. La Colifata dentro de esa lógica funciona
como un espacio de intersección, que no está adentro del hospital
pero tampoco afuera. Se volvió un medio muy fuerte para los internos
pero a la vez un espacio de contención y encuentro para los que
viven en la calle".
El 100.1 de La Colifata pronto será 100.3 y seguirá escuchándose en
un radio de 30 cuadras, pero mejor. También próximamente La Colifata
se podrá escuchar por internet.
Para romper los muros, sin por eso quedar a la intemperie.
éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente
(siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos
que citaran la fuente.
-FUENTE: AGENCIA LA VACA
http://www.lavaca.org/seccion/actualidad/1/1378.shtml
MARIO BENEDETTI
La noche de los feos*
1
Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un
pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la
operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una
quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros
de justificación por los que a veces los horribles consiguen
arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como
los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o
ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá
eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada.
Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su
propio rostro.
Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la
pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez
nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue
donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas
soledades. En la cola todos estaban
de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios,
amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo-
tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y
crispadas.
Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con
insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la
garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no
se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección
con una ojeada minuciosa a la zona lisa,
brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.
Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas.
Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir
su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja
de su lado normal.
Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas
bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido
siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para
mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos,
de otros espantajos. Quizá
debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así
como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito
si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera
quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura
en la frente.
La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le
hablé.
Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La
invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De
pronto aceptó.
La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una
mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras
espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están
particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza,
ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente,
milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi
adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar
murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y
aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas
constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que
coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una)
de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.
Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también
me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su
lindo pelo.
"¿Qué está pensando?", pregunté.
Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de
forma.
"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".
Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para
justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que
tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente
que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi
equivalente de la
hipocresía. Decidí tirarme a fondo.
"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"Sí", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener
un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha,
a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa,
irremisiblemente estúpida."
"Sí."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que
usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cómo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como
quiera, pero hay una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo
oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea,
donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente
escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando
sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.
2
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi
lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que
la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora
estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta
hallar su pecho.
Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su
vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de
aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar.
Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.
Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi
mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de
horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En
realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego
progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi
cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin
barba de mi marca siniestra.
Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y
descorrí la cortina doble.
-Enviado para compartir por Ana. analia_gattasz@...
Escribir sobre la línea de la marea*
22/06/06
*Por Mónica Russomanno. russomannomonica@...
(APE).- No todos los chicos van a la escuela en la Argentina, y
algunos van pero la lluvia no los moja, se dejan resbalar por la
gramática y los ángulos isósceles, por las paralelas y los acentos
prosódicos. Dice el CIPECC que más de 720 mil alumnos están ausentes
de las escuelas argentinas, y que unos 730 mil mayores de 15 años
son analfabetos, y, cosa que a los que vivimos aquí no nos extraña;
existe una profunda desigualdad entre las jurisdicciones. Esto hace
que mientras en la capital vayan a clases nueve de cada diez chicos,
en Misiones, Santiago del Estero y Corrientes sean seis o cinco los
que persistan en cargar sus exiguas mochilas.
Más ausentismo en las provincias pobres, más analfabetismo. Y es la
pobreza y la indigencia, es la falta de creencia social en el
antiguo Dios de la educación que traería trabajos mejores, es la
desarticulación familiar, la falta de escuelas, la inadecuación de
esas escuelas a las zonas donde debiesen arraigarse. Es la falta de
alimento en la etapa de lactancia y primera niñez. Es, además, una
cultura que pretende trazar con línea de tiza mojada un rectángulo
extraño sobre un antiguo entramado de tejido en hebras de colores.
Que dos mas tres da cinco como resultado se enseña sobre el dos mas
dos, no sobre el dibujo que deja la arena en la playa, sobre la
delicada caligrafía de los insectos alrededor del fuego, sobre el
sonido de las vacas parturientas en el verano. Intentar esa extraña
adición de conocimientos inconexos, saberes que no casan, crea
siameses, perros con tres patas, fenómenos.
La vicedirectora la retaba y la retaba. Argumentaba, le explicaba,
esgrimía razones.
La nena tenía la perfecta pura sólida expresión de no estar. Sobre
ella las palabras llovían, se resbalaban, no dejaban ni una ínfima
huella de humedad. La nena se escuchaba para adentro mientras el
reto diluviaba.
Yo las miraba con el asombro que me provoca una y otra vez descubrir
que la gente hablando no se entiende, y es necesario un conjugarse
de astros y condiciones favorables para que alguien haga un efímero
contacto con otro ser.
La nena, apenas un piojito marrón, se miraba para adentro con los
ojos rasgados. La Vicedirectora la retaba y le hablaba de Jesús, de
sus enseñanzas, de que debemos ser buenos y obedientes.
Una palabra se coló dentro del muro.
La nena sonrió con absoluta salida de sol en la cara. Con voz
precisa dijo "el Viernes Santo Jesús muere, y el diablo anda
suelto".
No venía a cuento. Hubo un silencio. Paró de llover.
La vicedirectora la mandó de vuelta al aula con la sensación de
haber perdido el tiempo.
La nena se llevó el cuerpito oscuro por el patio, se llevó su Jesús
moreno, su Diablo blanco.
Por el aire la seguían santos milagreros, pachamamas, cintitas
contra la envidia, amuletos de colores, antiguos nombres de dioses
dormidos.
Si. La vicedirectora había perdido el tiempo.
Fuente de datos: Agencia de Noticias Argenpress y Diario La Nación
14-05-06
*Publicado en AGENCIA PELOTA DE TRAPO
http://www.pelotadetrapo.org.ar/
Viernes, 23 de Junio de 2006
TREGUA EN EL CONFLICTO ABORIGEN
La cuestión indígena en el Chaco*
Opinion
*Por Mempo Giardinelli
De un lado, muchas familias de indígenas chaqueños acampando en la
Plaza 25 de Mayo, la principal de esta ciudad. Del otro, el edificio
de la Casa de Gobierno. Y la ciudad, con su tránsito caótico ahora
recrudecido, dividida entre el racismo más o menos disimulado y una
comprensión resignada del problema.
Tal fue el paisaje del último mes. Los piquetes y la protesta
mediática de las tres etnias que conforman el Instituto del Aborigen
del Chaco (Idach) consiguieron que hace un par de semanas los
recibiera el gobernador Roy Nikisch, pero apenas entraron se pudrió
todo: el toba Orlando Charole, presidente del Idach (que es un
organismo del gobierno), quiso que entraran 20 delegados de las
etnias y asambleas del interior. El gobernador dijo que sólo
recibiría a seis. Charole dijo además que la agenda debía ser
abierta e incluir todos los temas. Nikisch dijo que no aceptaría el
reclamo de renuncia del intendente Lorenzo Heffner, de Villa Río
Bermejito, a quien los indígenas acusan de discriminación y racismo.
Y ahí se acabó el diálogo, cortado por ambas partes, y entonces
sobrevino lo obvio: diputados y dirigentes peronistas acusando al
gobierno; grupos de ultraizquierda proponiendo "tomar" la Casa de
Gobierno cual Palacio de Invierno y el radicalismo local
justificando el acostumbrado e irritante autismo de Nikisch, que
nunca responde a los reclamos y deja que todos los conflictos se
tensen al máximo.
Después se fue Luis D'Elía, cuya fugaz presencia distó de ser
afortunada, y también se retiró el lamentable circo de movileros de
la televisión porteña, esos que se excitan cada vez que "descubren"
la indigencia y la posibilidad de disturbios, seguramente
desilusionados por la serenidad indígena.
Y allí siguió el campamento, bajo el cambiante clima chaqueño cuyo
ridículo invierno los condenó a temperaturas de 5 hasta 30 grados,
lluvias y solazos, y todo en medio de la arboleda de la plaza
principal, sin baños ni servicios, con mujeres, viejos y críos
vestidos precariamente y mal alimentados. Por más de dos semanas.
Sus reclamos son, de hecho, todos. Y por donde se mire el asunto,
tienen razón.
El petitorio presentado hace un mes exige la entrega inmediata de
tierras a las comunidades aborígenes; la suspensión de toda venta de
tierras fiscales; la formación de una comisión popular investigadora
y que se sepan los nombres de los compradores.
Pero pasaron los días y la protesta se debilitó. Solamente querían
hablar con el gobernador, pero ayer Nikisch viajó a Portugal y una
delegación aborigen aceptó hablar al mediodía con el vicegobernador
Eduardo Moro y el gabinete casi completo. Luego de cinco horas,
Egidio García, un dirigente indígena moderado, dijo: "Fuimos
escuchados y ahora todo va a ser trasladado al Parlamento indígena".
En la asamblea de ayer, jueves, quedó claro que la
estrategia "larguera" del gobierno fue exitosa. Se informó que se
habló de la entrega de territorios indígenas y de la ampliación del
presupuesto del Idach; de la oficialización de títulos a los
maestros bilingües y de la puesta en marcha de programas
habitacionales, de salud, educación y producción para las
comunidades. Pero, curiosamente, no se tocó la cuestión de la venta
de las tierras fiscales.
La asamblea decidió levantar el campamento. Quedará un grupito de
aguante hasta el 10 de julio, en cumplimiento de la tregua acordada,
rodeados de la inexplicable indiferencia de una sociedad que mira
para otro lado, del frío trato gubernamental y del apoyo sectario de
muchos que se acercan por puro oportunismo político.
Es lo que rodea siempre a los aborígenes. Como ha sido toda la vida,
toda la desdichada historia indígena de los últimos ciento y pico de
años. Yaunque es cierto que algunas voces suenan todavía
amenazantes, casi nadie las escucha. Y no sería raro que en algunos
despachos se haya brindado con champán.
*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-68865-2006-06-23.html
QUEREMOS TANTO A DAVID*
*Por Hugo Alberto Ojeda
Un amigo.
En las medias mañanas de los domingos, el tiempo adolescente se
recobra en la plaza San Martín. Se desvancen las escenografías de
sórdidos espectáculos montados en la Jefatura y el Comando. Los
faroles vuelven a tener lámparitas de filamento, el monumento a San
Martín se despoja de los apáticos andamios restauradores, los bancos
de madera pueden moverse. Bajo las hojas secas de los plátanos se
borra la deshonesta imitación de las veredas de Ipanema, vuelven las
clásicas baldositas cuadradas de cemento gris.
Éramos tan libres y teníamos todas las fichas.
Entre tantas diapositivas nostalgiosas, la figura de Leiva
cantando "I will", imitando el falsete de McCartney, sacando los
tonos de Harrison. Se presenta más cierta y real que las noticias
del diario acabado de comprar.
Algo, un sentimiento me empuja a hacer la pausa, buscar un banco,
dejar rozar materia y espíritu en las chispas del tiempo. Teníamos
una callada soberbia: el florecimiento de la jodida Historia se a
iba a dar en nuestra generación. Rosario era una fiesta de barrio. A
esa reunión, una tarde llegó David, el Leiva.
Lo conocimos en el mítico sótano oscuro y húmedo de la calle Mitre
al 700. "Corchos y corcheas". Era una época tan virgen, tan ideal.
Todavía no nos había salpicado la masacre de Trelew. El tan lejano
otoño del 72. El Pichi De Benedictis estaba aprendiendo a tocar la
guitarra en un banco de esta plaza. Acá, en esta misma intemperie,
el Indio Lamas le dio algunas clases salvajes. Le enseñó los punteos
de esa canción donde Vox Dei anunciaba que el amor no tenía medida.
Rosario era una ciudad espontánea, simple; todavía había más gente
que artistas. Como siempre estaban los que iban de la casa al
trabajo y los que querían mover la cosa. Y esos que cubren la
infinita gama que va del blanco al negro. Esa masa de anónimos
cotidianos que, al estar tanto en la realidad son ninguneados por la
sociedad del espectáculo.
Nos junábamos todos. Mezclado con esos verdaderos hacedores, había
un loco lindo que nos hizo la mano para conseguir un lugar donde
hacer música y teatro. Era el mejor amigo de Felipe Rodríguez Araya,
el vago se llamaba Nicanor. Vivía asilado en una cama al final del
laberinto recto de un pasillo de la calle Entre Ríos, sin aclarar
nunca si imitaba a Johnn Lennon o a Macedonio. Así Carlitos
Piccolini nos prestó (gratis) el local de "Corchos" los domingos.
Matineé concert. Una de esas soleadas tardes se apareció David,
desenfundó la guitarra y empezó su canción.
La guitarra era la mítica que le había vendido el irlandés, el
primer cura de la iglesia de Parquefield. La canción era el jingle
del viejo reloj.
David se integró a la barra con las indescifrables leyes de la
amistad. Era un ser querible y espeso. Un tipo transparente, con
todos sus defectos y virtudes al aire. Con la misma facilidad podías
hacerte su amigo o cortarle el rostro para siempre.
Estudiaba y trabajaba en una agencia de publicidad dibujando con
plumines y la Tintinkuli. Tableros, cartulinas Romani, escuadras
Staedler y tintas. Podíamos conmovernos con Witman y los Trovadores,
con Jimmi Hendrix y Tejada Gómez. Con Joan Báez y Teodorakis tocando
en el cine Real.
Un simple de 33 1/3 sonando a 78, la urgida canción de la Historia.
Los compromisos de la vida nos fueron dispersando. Pero siempre
encontrábamos la oportunidad para el vinito y el asado, el pretexto
para que volviera a desenfundar la guitarra. La excusa de la tapa de
un CD o un afiche para llegar mateando hasta la madrugada.
No supe que nunca jodiera a nadie. David un día se fue, la vida es
movimiento. El tiempo no se mide en la gráfica que va del tiralíneas
hasta el Corel, ninguna ciencia puede reproducir el boceto franco
que va de La cebra a lunares a la Risario.
Nosotros morimos, los afectos no. Esta mañana de domingo miro pasar
la nada en un banco de nuestra plaza San Martín. Me siento cerca de
los que queremos tanto a David.
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-4106-2006-
06-23.html
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 25 de junio del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música de los compositores mexicanos Jorge
Hernández Vela, Mauricio Rodríguez, Edgar Guzmán e Hiram Navarrete,
interpretada por Wilfrido Terrazas (México). Las poesías que
leeremos pertenecen a Omar Darío Gallo Quintero (Colombia) y la
música de fondo será de Pachakuti (Andes); todo ésto en nuestro
programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les
deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
Crónicas de vida en el mundial.
Ejercicio de escritura.
La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la
realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras
y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no
siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma
leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos... El desafio es
dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente
durante el transcurso de un mundial de futbol.
Condiciones de esta invitación a escribir:
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos o prosas. Los escritos -ficción o no- deben citar a los
partidos que se juegan en este mundial de Alemania. No hay límite en
número de escritos por autor.
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( Con copia a inventivaedicion@... )
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A veces hablo desde el silencio y agradezco a la vida formar palabras que naveguen el espacio y te encuentren pintando pájaros de risas. Otras llueven primaveras, el horizonte se esconde la cordillera se aleja y es tiempo y espacio y camino... Entonces, abro una puerta a la utopía, la acorralo en el hueco de la lágrima que tiembla ante tu libro azulado de palabras donde nos vive la infancia y estallo, y vuelo y me envuelvo en la conciencia de la desmemoria, despego pies y dedos de la miel sobre esa luna
plateando hilos de nostalgias y una esperanza hace milagro...
Tu ruiseñor Ha partido Descansa entre burbujas de sueños Tu ruiseñor se ha ido Se fue jugueteando A otro nido Tengo sus plumitas Que acarician tu piel Tengo sus alas En mi agenda Y su poesía en tus hombros
Hace frió Narrándole una historia De duendes y gnomos Rascándole la pancita El volverá a tu balcón Allí hay un refugio para él Acorrucado dentro de mí.
Corazón de ruiseñor Que despierta en la madrugada Acostado en su lecho De dientes de leche Sueña con golosinas De alpiste y miel.
Como oleadas de pájaros en vaiven de sube y baja tus senos florecientes mientras tu desciendes por la playa.
Este verano bochornoso que me seca la garganta que me llena de angustia cotidiana y solo tus senos juveniles como bandadas de pájaros en vaiven de olas por los cielos de la playa.
VIEJA BARCA*
Todos los angeles todos los soles bajo esta madrugada. La barca navegando el cereal creciendo la angustia a flor de labios. La mañana es una granada reventando. Tu piel de acero vieja barca el oleaje salpicando tu descascarada marchita herrumbrada piel de brea vieja lastimosa.
El hombre dijo “quiero ser bueno”. Así, de repente, si es que esas cosas pasan sin historia acumulada por debajo, por detrás, por entremedio. “Quiero ser bueno” dijo, sonriendo como quien se presenta en el umbral, y afuera llueve, y está lindo adentro. Hay muchas clases de sonrisas, y la suya no era; no le iba con la cara, con la edad, con los anteojos. No estaba bien que un hombre grande sonriese así. Quedaba definitivamente mal que mostrase la cara tan desnuda, que mirase sin cortinas en los ojos. Tan impúdicamente. Si el hombre hubiese tenido ojos celestes, pelo revuelto, si se hubiese perdido delgadamente dentro de románticos abrigos hubiese sido más sencillo prestarle credulidad. Pero ese pulovercito celeste cuello en “V”, los calzoncillos largos abolsando los pantalones, las manos bastas;
nada celestial, en fin, un mero oficinista ni tan siquiera kafkiano, señor de buen comer estómago abultado pañuelo usado en el bolsillo. Cómo, me pregunto, cómo creerle. Y eso de ser bueno... El problema es que la vida no está en damero, nada de blanco y negro, casillas formadas en fila y milimétricas. El problema no era escoger entre luz y obscuridad, qué fácil, sino entre las fichas azules o violetas. Entonces el señor, frente a la elección, se cuestionaba, pensaba, entregaba su sueño a la disyuntiva, y con manos de quiromántico acariciaba las opciones para conocerles el pelaje. A veces se equivocaba. No se sabe. A veces creíamos que se había equivocado pero no, pero al fin lo que no se había presentado luminoso culminaba demostrando su vocación de farol. Y, nosotros, lo vigilábamos. En el fondo queríamos que le saliera bien, en el
fondo deseábamos su fracaso. También eso, tampoco eso, era fácil de saber. Teníamos la risa floja más que nada cuando se marchaba. Risa de espaldas. Y nos reíamos, nos reíamos como las hienas que es mentira que se ríen. Parece nomás. Ladran agudo y esperan con ojos de mirada lateral que caiga el herido para devorarlo. De ningún modo se ríen, y menos como nosotros debiésemos reírnos. El hombre estaba empeñado, y les aseguro que ese es el término porque todo fue entregando. Estaba empeñado, digo, en ser bueno no por ausencia de maldad sino por el ejercicio de la buena obra, de la buena palabra, de la buena compañía y hasta del buen silencio. Dedicado a tan elusivo objeto, a conseguir una bondad pura, ingenua y cálidamente fraterna, se dio a construirse alas con lo que iba hallando por ahí. Papeles de propaganda, carteles desusados, varillas de sillas desfondadas,
trozos de colchones desheredados. Grandes alas de gomaespuma con estrellitas fluorescentes, alas de papel cometa que sucumbían a los vientos, alas de cartón, alas de chapa. Fracasaba, pobre. Fracasaba. Algunas eran demasiado débiles y se le deshacían apenas asomaba un pie a la calle, otras eran transparentes y era como si no estuviesen, otras tenían bordes afilados que cortaban las ataduras y de paso le laceraban la espalda. Unas alas de tan amplias no le permitían pasar las puertas estrechas y no podía entrar a la casa de ciertas gentes. Otras, pasadas de almidón, no lo dejaban sentarse en estas sillas, descansar el cuerpo. Eran, en suma, alas mentirosas, agregadas fijadas adheridas con cintas, cola, correas, piolines rescatados del cajón de la cocina. No servían. Y nosotros, claro, nosotros nos seguíamos
riendo todos juntos desde lejos. Y nosotros, claro, nosotros lo buscábamos de a uno para tomar unos mates y reposar el espíritu. Era lindo estar con él, calentarse las manos en su fuego. Pero íbamos de a uno. Avergonzados. Tratando de ocultar con anteojos negros la luz que nos ponía en la mirada. Que no se diga, que no se vaya a decir que uno es, estúpidamente, como él quería ser, bueno. Y llegó el día en que no se las puso más. Llegó la tarde en que hizo una hermosa hoguera en la que ardieron con la misma alegría maderitas, polietilenos, trapos, hojas de papel, engrudo seco. Habían desaparecido todas sus alas. No se las puso más. Por estas calles y estas veredas hechas de baldosas recompuestas, en la oficina, dentro de los colectivos y de visita. En ningún lugar y para nadie volvió a abrocharse las correas de las alas de utilería. Nunca más. La espalda sin alas. El hombre ya no tenía
alas. Y entonces, si todo quemó, entonces, me pregunto entonces por qué yo, por qué nosotros todavía se las vemos.
Yo estoy enamorada de vos. Yo no, qué problema, dijo él sonriendo. No pude hacer otra cosa que devolverle la sonrisa. Después lloré.
Al llevar nuestros
nombres en comunión de infinitud, de amar porque sí, inocentemente, solamente amar sin esperar, con las manos cristalinas y los pies caminando la hierba; sentiremos que somos un solo espejo.
Al llevar nuestros nombres con ojos que contemplan el sonido de la misma
música, extenderemos nuestros brazos a la voz que nos palpita en nuestros ojos de armonías. Así, solo así, será un brillo de perlas aquella lágrima de luna.
Yo soy yo, la que escribo y no la que escribió. Algunas veces, cuando releo la novela de ella tiendo a confundir las identidades y creo ser la otra, la que se obsesionó con ese personaje extraño y maravilloso que fue apareciendo apunte por
apunte, en esas noches de insomnio en las cuales la historia le fue aconteciendo como dictada, como si ese ser imposible se escribiese y describiese a sí mismo, apareciendo pleno y corpóreo, ajeno a su imaginación.
La cosa comenzó a partir de un artículo del “Diccionario infernal” de Collin de Plancy, libro que pacientemente la esperaba en un anaquel de la biblioteca familiar desde antes de que naciera. Siempre había estado allí, lo descubrió en la infancia leyéndolo a escondidas de sus padres, y desde entonces esporádicamente releía algunos artículos, con la curiosidad incrédula que conviene a nuestros tiempos y la satisfacción por el estilo y el lenguaje antiguos. También allí, desde siempre, la aguardaba quizás Nabam para manifestarse.
En la página dedicada a los conjuros se recetan las palabras, signos y condiciones para invocar a los demonios, y tan bien organizadas se encuentran las huestes infernales, con sus capitanes, sus legiones y sus cadenas de mando, que a cada día de la semana corresponde un demonio, un horario para efectuar la ceremonia, una ofrenda que debe ser preparada con celo para entregar al compareciente.
La escritora no otorgaba fe a la brujería, pero le pareció que el tema era adecuado para crear una novela, y la primera noche hizo una descripción de Nabam, el demonio de los
martes.
“ Lo miro parado y es más bajo de lo que parece estando sentado. Esa falsa impresión la causa una cierta desproporción entre el cuerpo y los brazos, que resultan demasiado largos. Me desagrada. Tiene un exterior brutal desmentido por una delicadeza extrema en los dedos y la forma en que manipula los objetos. Desearía que fuese simplemente bestial sin esa cualidad falsa de cuidadosa cortesía.
Cuando habla, agacha la cabeza, lo que hace que aparezca una línea blanca debajo de sus iris. Ojos celestes, o grises, o verdes. Difíl definición.
El inicio de cada frase le provoca una sacudida y un adelantar el torso hacia mí, que en cada uno de sus avances retrocedo. Me llega su aliento a cigarrillo y alcohol, y algún aroma más como a perfume y transpiración. (Y flores marchitas).
Me mira con una intensidad que me pone nerviosa. Respondo apurada, equivoco las palabras y mis expresiones me resultan estúpidas en el mismo momento de decirlas.
Siempre igual. Serpiente encantadora de pajarillos. Pero yo no soy un pequeño pajarito; sin embargo frente a él
soy un ser informe. Me desprecio. Cada vez que estoy contenida en su mirada, con su cuerpo atento y ominoso, me siento en la zona de trampa.
Digámoslo de una vez, el hombre me resulta intolerablemente atractivo porque me repugna.”
Este primer retrato se le dio como una revelación, como si hubiese visto realmente a Nabam, y al otro día la imagen del demonio se le presentaba constantemente, reclamando su atención aun mientras ejecutaba sus tareas cotidianas.
Tenía, entonces, al personaje. Cómo sería el desarrollo de la novela no era tan claro, excepto que le resultaba evidente que se enamoraría de él con secreto horror. En síntesis, una mujer invoca al demonio en una ceremonia hecha por broma, el demonio se presenta, se declara suyo, esta mujer debe convivir con él y se consignan las visicitudes y los diálogos que se dan entre ellos.
En algunos borradores utilizó un narrador omnisciente, en otros la tercera persona, pero los desechó y finalmente escogió el relato en primera persona, siendo la narradora una mujer que era ella misma, disfrazada apenas por detalles dispares o concesiones tenues a un
intento de ocultamiento. Se puede notar sin ninguna dificultad al leer el libro cómo esos pueriles disfraces se diluyen a medida que la relación avanza, y finalmente aparece la escritora claramente retratada a través de sus palabras. Así, Nabam iba tomando forma y peso, y ella se despojaba de imposturas para reconocerse como protagonista del drama.
“No soy más que una mujer. Una patética mujer. No puedo escribir sobre sentimientos porque caería en la deplorable zona de la novela rosa, no no no no no no no. ¿Qué se puede decir que no haya sido dicho admirablemente por otros?.”
Este párrafo se encuentra en su diario, y por la fecha corresponde a las primeras etapas de escritura. No deseaba escribir una historia de amor, y era eso sin embargo el fondo de la trama, la secreta seducción del demonio. Sin embargo, un segundo leimotiv ejercía un contrapunto constante, y era la relación del demonio con Dios, la imposibilidad de probar la existencia de Dios aún ante la presencia del demonio, igual de ignorante que las demás creaturas de los secretos designios del creador.
Así, este personaje en principio fantástico e increíble se va mostrando como ser arrojado al mundo, dotado de escasos poderes y aún más escasos conocimientos del más allá, siendo que al entrar en este territorio, al franquear la puerta de nuestra
existencia pierde la memoria sobre las maravillas o espantos del otro lado.
Todo esto lo escribía ella sin consultarse a sí misma, con rapidez, finalizando capítulo tras capítulo casi sin efectuar correcciones posteriores.
“No me extrañaría para nada comenzar a escribir en lenguas. Jamás había sentido igual urgencia por otro relato, ni tanta seguridad al poner las palabras, que se siguen unas a otras como dotadas de una necesaria ordenación. Recuerdo un documental sobre el autismo, en el que un niño dibujaba un gallo copiando la imagen fielmente de su memoria,
trazando líneas aparentemente azarosas, caóticas, hasta que como por milagro se completó la figura. Se explicaba que las líneas no tenían sentido para él, y que aleatoriamente podía realizar un trazo del ala, luego una pata, luego una pluma de la cola y el pico, pero que el gallo surgiría completo y perfecto al final, siempre igual al primer modelo, sin importar el orden o aparente desorden de la operación. Me pregunto si no estaré dibujando algo que tiene una existencia propia, me pregunto qué rostro aparecerá cuando coloque el punto que cierre el último capítulo, y si podré mirar ese rostro que me estará devolviendo la mirada”.
Esa sensación de ser mera transcriptora, acaso de estar realizando un acto más de medium que de creadora la acompañó todos los meses en
los cuales los capítulos se sucedían velozmente unos a otros, en los cuales el demonio narraba historias, reflexionaba sobre la humanidad desde su condición de creatura ajena, se instalaba con su rostro y su cuerpo detalle por detalle en las palabras y en esa realidad paralela que tomaba una consistencia de cosa cierta.
Y Nabam, claro, era hermoso y terrible, orgulloso, soberbio y completo en sí mismo, una enorme fuerza agazapada y acaso mentida en su presencia confortable. La violencia probable, la posibilidad de una súbita detonación hacía que el horror por su condición demoníaca permaneciera como bajo contínuo por detrás de la melodía tranquilizadora de los diálogos calmos y la convivencia cotidiana. El demonio se presentaba con una corporeidad en el relato que al
principio le hizo dejar las luces encendidas por las noches y se resolvió luego en una especie de espera insensata.
“Me he descubierto en la calle mirando insistentemente los portales y las veredas, buscando la imagen familiar de mi demonio recostado contra el umbral de una casa o fumando silenciosamente desde la silla de un bar, libro en mano, sentado con esa actitud de dejarse estar, con ese reposo de animal cazador que reconocería de inmediato.
Me ha parecido verlo, y no me he asombrado. Sería natural y fácil caminar hacia él y saludarlo,
aceptando su comparescencia como algo necesario.
Cuando escribo lo siento a mi lado, puedo percibir ese olor que le es característico, y no tengo miedo sino expectación. Frente al teclado de mi computadora, mientras describo cómo me seduce lentamente, soy seducida, ¿me seduzco?. Y cómo lo extraño cuando lo busco en las habitaciones silenciosas y descubro que él no está aquí, que no puedo rodear su cuerpo ominoso con mis brazos.
Ayer, cuando llegaba a casa, la imagen de Nabam aguardándome, espalda en la pared, cigarrillo humeante
en la mano de estatua, esa imagen era tan nítida y precisa que la decepción de no encontrarlo me sumió en una depresión que hube de conjurar continuando con la novela, donde vive respira actúa habla, me habla.”
Reconociendo el grado de obsesión que su personaje le provocaba, la escritora no se alarmó por ella sino se limitó a disfrutarla, pues no creía en realidad en la existencia de los cielos o infiernos del catecismo. Pensaba, como lo consignó en otros apuntes, que esta momentánea suspensión de la incredulidad era el resultado de haber encontrado un carácter y una historia interesantes, cosas que favorecerían la obra, que prometía ser buena o en el peor de los casos menos mala que sus anteriores producciones, las que reconocía resignadamente como mediocres y
carecientes de ese impacto que obliga al lector a mantener la atención en las páginas, y distrae del artificio del estilo y los mecanismos del relato.
“No te asustes, que cuando te dije que lo busco y me parece escuchar sus pasos demorados por las habitaciones, sé perfectamente que no va a ocurrir. Sólo es un sentimiento de posibilidad de la maravilla pero como juego. Dejame ser feliz con su compañía imaginaria mientras dure. No te preocupes, que no me estoy volviendo loca. Lo que pasa es que es tan hermoso.”
Este fragmento de un mail a una amiga
da cuenta de la alarma de ésta por esa inmersión en la irrealidad, y del intento de la escritora por tranquilizarla y quizás tranquilizarse a sí misma.
Luego del frenesí de escritura de los primeros tiempos, hubo una súbita detención en correcciones mínimas y agregado o sustitución de palabras o frases que no alteraban la obra sustancialmente, sino que demoraban el desenlace.
“No he continuado con la novela. No puedo decir mi novela porque es suya, es la zona donde él camina y respira y me acaricia distraídamente. Me he percatado de que esta suspensión no se
debe a falta de inspiración. Demasiado sé que ya el último capítulo está completo línea por línea, y es el miedo a la finalización, a escribir las palabras lo que me amedrenta. Sé que puesto el punto final, esto acaba, Nabam se transforma en un personaje con presentación, nudo, desenlace, y que narrar el desenlace equivale a darle fin a él junto con la novela. Está vivo mientras escribo, lo relegaré al pasado cuando concluya su historia. Me demoro en separarme de su presencia cotidiana, no me resigno a aceptar que sus últimas palabras sean consignadas y se resuelva finalmente en una foto más del álbum, que desaparezca como esos amigos que se van y se diluyen en la memoria.”
Pero, resignadamente, luego de corregir una y otra vez pasajes ya revisados, en un solo día
completó lo que restaba y colocó el temido punto último que equivalía al punto de muerte para la relación íntima con su personaje.
“Ya está, la cosa está hecha. Nabam está terminado, qué feo me suena. Ahora, a intentar vivir sin mi demonio. Pero qué dramática, yo que deploro las tragedias y esa penosa magnificación de las cosas, me entrego a la lástima por mí misma y por nada.
Pero me engaño. Es el pudor, siempre ese pudor por los sentimientos lo que me obliga a intentar mentirme a mí misma. Los sentimientos me averguenzan
como la exhibición de las tragedias o la demostración de que al fin y al cabo yo tomo, también,seriamente mis sufrimientos, aunque éstos sean bastante lastimosos y dignos más de una sonrisa que de una lágrima. No es que no haya ocurrido nada, lo que me sucedió no sucedió en el terreno de lo diurno, de lo tangible, pero esta desazón, este pesar no son ficticios. Es un abandono, una carencia, y duele, me duele.
A veces siento el impulso de retomar Nabam, de agregar otro capítulo, de fingir que puedo tocarlo cuando íntimamente sé que está completo y no puedo manipularlo sin perjudicar esa cosa de bruñido ya realizado.”
Quizás resulte innecesario referir que ella estaba enamorada de Nabam. Se había enamorado de ese angel caído hermoso y taciturno que página a página iba definiéndose como un ser negado al amor. Era la seducción del amado inaccesible, acaso la más perversa porque al no ser factible su satisfacción la transforma en una obsesión imposible de conjurar. Ella sólo podía depositar su amor en ese demonio, y el demonio sólo podía amar a Dios, que lo había expulsado de su amor. Situación refleja, simétrica, insensata porque el demonio a fin de cuentas no existía.
“Te extraño mi Nabam, cómo te extraño. Y no es casual que extraño sea lo ajeno, lo
diferente, lo alejado de uno y de sus costumbres, y utilicemos el verbo extrañar para expresar el intolerable vacío, la urgencia, el desesperado hueco que alguien deja en nosotros al marcharse. Cuando uno extraña, es porque el extrañado se haconvertido en ajeno, alejado, diferente, en un extraño.”
Pasado un tiempo, dijo a sus amigos en tono de broma que poco a poco había remitido la enfermedad, y que ya no buscaba a su personaje por las calles ni esperaba hallarlo sentado en la silla de hierro de la cocina. Contó que había comenzado a escribir algunos cuentos, y que tenía la idea de una nueva novela.
Hay apuntes de esa novela, que recomenzó varias veces, sin hallar el tono justo ni la forma de narrar la historia. Los borradores revelan una escritura desganada, carente de inspiración, más de trabajo de redacción impuesto que de novelista.
“No hallo placer en la escritura, no puedo dejar el estilo de Nabam, su castellano antiguo, su fría observación a través de frases corteses. No puedo creer en estos nuevos personajes intrascendentes, meros personajes y no otra cosa, marionetas con los hilos al descubierto. Cómo habría sonreído Nabam, siempre tan pronto a burlarse de mí, si hubiese leído la frase ‘marionetas con los hilos al descubierto’. Sin su mirada no puedo
soslayar estas frases estúpidas y gastadas. Para qué engañarme, no puedo escribir este libro sin sombra, esta historia anecdótica e insustancial que tanto esfuerzo me demanda y que tan poco vale.”
No destruyó los borradores, pero los guardó definitivamente y no volvió a escribir.
Sus conocidos dicen que ya no hablaba de Nabam, y que continuó su vida sin demostrar la íntima sensación de vacío de la que habla en su diario. Era quizás tan penosa para ella que no quería compartirla, y más aun cuanto que pensaba que no había verdaderos motivos, ya que se repetía que
el demonio había sido un personaje en una trama y no había razones reales para sentirse abandonada. Cabría preguntarse qué es la realidad, qué significa esa palabra aplicada a los sentimientos.
“Trato de salir, de ver amigas, de volver a la realidad. Me persigue un vacío helado, una soledad que me atemoriza, la vergüenza de admitir ante mí misma que me enamoré de un ser inexistente y al que yo misma di forma sólo con palabras. Cómo decir esto, como admitir esto si no puedo confesármelo sin saber que es absurdo. Sin embargo, no es menos doloroso por ser absurdo. No, no duele menos.”
Fue entonces que tomó la resolución de invocarlo. Tal vez lo meditó durante semanas, tal vez fue un impulso repentino. Como sea, ningún rastro escrito queda de ello, y cada uno puede formarse su propia opinión al respecto.
Repitiendo al personaje, repitiéndose a sí misma si convenimos finalmente en que ella era el personaje de la novela, con una tiza dibujó el círculo mágico y el pantaclo en el suelo, y pronunció su pedido de comparescencia a la noche del martes, al aire inmóvil de la habitación, a los improbables habitantes de esas oscuras regiones invisibles en las cuales no creía.
Sabemos que su pedido fue satisfecho, y también sabemos que no fue su demonio familiar, su doméstico acompañante quien apareció atraído formado o conjurado por la letanía. Qué terrible espanto se alzó frente a ella Dios nos guarde de saberlo. No fue posible reconocerla, pues su cadáverestaba desperdigado en jirones de carne y cabello y vísceras ensangrentadas. De nada había servido la pueril barrera de la línea de tiza, y la protección que asegura el conjuro es seguramente un engaño más de los demonios, que se complacen en juegos de esa naturaleza.
Ahora, en mis manos se encuentra la novela, y me hallo con súbito horror buscando la figura de Nabam recostado en algún
muro, fumando en la silla de algún bar, respirando quedamente mientras hojea un libro. Línea por línea conozco su rostro y su cuerpo, y es tan hermoso. Es tan hermoso.
Tu manos abren la cicatriz de mi pubis, laberinto de las tentaciones y ovillo de tu lengua (aquella que dibuja el abismo en la piel).
Herida imborrable, perenne, que sutura al enredo de nuestras hojas; costura fugaz y leve, huella que se abre después de la cópula, al despuntar la noche y en el filo de tus latidos.
Pizca*
En las delgadas horas la noche itinerante me lleva a ti
Rozo tu boca, una pluma desfallece en el ensayo: Mudo, vacío, siempre solo, siempre
pleno.
Eres el acertijo de los dioses, las palomas migran de tus pupilas, recorren el mundo y arriban con un mensaje de paz.
Las palabras florecen en el preludio de mi voz, por la avenida de la espera, en las calles del misterio, por la línea de mi nombre, en el surco de tus manos, por la urgencia de mi piel.
Te miro en el sentido del reloj, en racimos, a gotas, en medio de las sombras.
La noche calla, azabache, palpitante.
Respiro una pizca de aire, restaño pájaros en la niebla.
Lady López Zepeda nació en México en el año de 1956. Realizó estudios de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y filosofía en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM-Iztapalapa). Actualmente estudia el postgrado en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha publicado poesía, narrativa y cuento en las revistas virtuales como: Letralía, Letras Salvajes, Mecenas, Citas y Poesía, La Casa del Asterión, Mis Escritos, Milagros de Pan, Paradoxas, Isla Negra, Paralelo Sur, Alas Púrpuras, Mundo Cultural Hispano, La Lupe, Poesía + Letras, Revista Voces, Margencero, y en la revista, en papel, La Explanada de Alicante,
España. Es moderadora del grupo elfausto, en donde organizó y coordinó el Primer Concurso de Poesía El Fausto con la finalidad de brindar un espacio de expresión a escritores y artistas noveles y no tanto. Las obras se encuentran publicadas en:http://elfausto.blogspot.com/ Participa activamente en diversos foros literarios. Es miembro activo de la Asociación Poetas del Mundo y de la Sane Society.
*
Crónicas de vida en el mundial.
Ejercicio de escritura.
La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde las palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone. No es fácil, no siempre uno puede poner en palabras lo que esta pasando, darle forma leible, y animarse a compartirlo. Pero intentemos...El desafio es dar cuenta de lo que pasa con nuestra vida y la vida de la gente durante el
transcurso de un mundial de futbol.
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Duermes... te escribo amor entonces en los ojos del poema. Y si duermes el dolor descansa fatigado de palabras.
Te escribo amor entonces... porque duermes y es la noche antecedente y causa construida de jaculatorias sobre rojizos acordes deshojados. Y eres verbo cuando bebo cuando abrazo el amor cuando resurjo entre las húmedas sábanas del recuerdo ardiendo intermitente en grave música de risas, transpirada de lluvias, o bandadas de biguá en las pestañas...
Eres entidad cuando aliento el rítmico lamento de yemas, piel y poro que envuelve brazo a brazo la nostalgia... entonces amor somos uno y cuatro labios partiendo la pantalla de los
ojos.
Estoy en la luna. No es una metáfora, estoy efectivamente sentado en la luna y voy a seguir los acontecimientos del mundial de futbol desde aquí. Veo pequeños movimientos en las luces del planeta. Imagino que
es el resultado de la vibración de millones de espermatozoides que saltan en las tribunas de los estadios. Desde muy lejos los estadios empiezan a tener la forma de una entrada mujer a la vida.
También tengo un televisor. Aunque prefiero algún relato imaginario desprendido de la manipulación emocional de los relatores que ponen voz y dramatismo a la supuesta ceguera estructural de la hinchada mediática. Ya que las cuestiones relativas al tiempo y la materia, me resultan del todo superfluas, prefiero elegir bien la compañia y los comentarios cuando estoy en la luna del futbol.
En terminos Argentinos. No quiero oir a Macaya, ni a Niembro, Ni al Doctor Bilardo explicando cuantos derechos tiene en el campo de juego la selección de su País. Señoras y señores, dira como en un no lugar permanente el relator. No, desde mi modesto lugar en la aridez lunar, les cuento en esta mi única comunicación que vere futbol
escuchando los comentarios que desde mi lado -previsiblemente dirá-
"Deseaba tanto que lloviznara para que el misterio de la noche fuera total..." María Esther Vazquez
Como un fiel anticipo de palabras descontadas Borges legó infinito e hizo gestos de tal magnitud que pareció la matemática hacer realidad sus números quebrados. Este mes se cumplen 20 años de su muerte y tal vez muchos de una revolución en castellano. (Citaba fuentes orales pero como si hubieran sido el pasado de la materia). Puso al espejo de acuerdo con la constancia, se batió a duelo con el fútbol. Luego de leerlo todos parecemos hombres usados. Su escritura es la supervivencia del río De la Plata y por ese fervor existe Buenos Aires. Un papel ladrón viene a la contratapa por preferir inconsistencia a homenaje. Hizo comenzar vidas literarias, hilos e hilos de poemas arrancaron desde él, de sus orillas y duelos a cuchillo o laberintos con apellido Reyes. Borges junto a la historia de la lengua española, la recorrida del abismo, arte en actividad. Comentado por el mundo. Xul
Solar lo traducía, ambos nos llegaron entre desgracias, sentidos reprimidos, batallas, Junín y obsesión por Lugones. Astros, signos postizos, dialectos inexplicables. Junio se ha vuelto cruel y a la vez fervoroso, los sustantivos en meandro hacen parejas de lunfardo y gauchesca, Argentina por extensión se hace mundial y también se queda corta. Llegó al cine con Leopoldo Torre Nilson (otro escalofrío) quien filmó Días de odio basado en el cuento de Emma Zunz, pero Borges ya era visual y mostraba relatos para la eternidad de las palabras. La palabra Almagro. Fue mucho mas que el mundo, hizo correr sensaciones en los lectores haciendo competir zaguanes y empedrados, todo atrapado en su retina antigua. Borges, la sustentación del criollo. Un ablandamiento de la opinión pública y por ello caminar hasta el borde. Calibrado por un idioma que lo comiera todo, duplicado a veces, eco de vúnculos y de humaredas en que el diccionario apenas participa. Tenemos su obra
o la diyuntiva entre la mera idea y el verbo inolvidable. Borges a 20 años. Hasta quererlo de memoria. Leer sus libros pero como a través de una ventana que no tuviera vidrio. Me da la gana de decir que resultó para un académico y también para un lector de mala muerte, su nombre en pegatinas varias. Borges. Hacer algo con el hollín, la noche oscura, los sueños solitarios. A 20 años todavía recuerdo mi sentir del ochenta y seis, el de lo que es y el de lo que no puede ser. Todo al mismo tiempo. Con él traquetearon las cosas hasta decirnos basta, hasta bailar un tango, hasta amigarnos con todos los rincones urbanos.
Se denomina MoonEstates.com y dice que ya realizó numerosas ventas.
ARGUMENTO DE VENTA. DICEN QUE EN 15 AÑOS SE PODRA VIAJAR A LA LUNA.
LONDRES ANSA
Recuerda a uno de los divertidos cuentos de ciencia ficción de Robert Sheckley, o a una performance artística, pero resulta que es verdad: una pareja de agentes inmobiliarios británicos inició un negocio de 4 millones de libras (6,8 millones de dólares), con la venta on line de lotes en la Luna. La
presentación de Sue y Francis Williams en su sitio en Internet parece un chiste. "MoonEstates.com es la única compañía británica autorizada por la Embajada Lunar para la reventa. Esto incluye tierras en la Luna, Venus, Marte y otros satélites y planetas en nuestro Sistema Solar". La Embajada Lunar —Lunar Embassy— es la empresa creada en 1980 por el estadounidense Dennis Hope, quien se aprovechó de un vacío legal para reivindicar su derecho a poblar todos los planetas. Hope se basa en el Tratado Interespacial de 1967, que establece que ningún gobierno ni país puede adjudicarse la propiedad de tierras allende el espacio, pero no dice nada acerca de los individuos. Por las dudas, el "embajador lunar" presentó una declaración de posesión de Marte, Venus, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón —junto con sus respectivas lunas—, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y ante el gobierno de los Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1980. Hooper afirma haber
llegado a los 2 millones de clientes.
Los Williams compraron su propia parcela en la Luna, de 12 hectáreas, y después le ofrecieron a Hope manejar con exclusividad la licencia en Gran Bretaña. En el año 2000, cuando crearon MoonEstates.com, los Williams trabajaban en su propia casa de St. Austell, Cornwall, con la ayuda de sus hijas Angela y Juliette. Ahora se instalaron en una lujosa oficina, y tienen diez empleados. Ofrecen lotes de un acre (4.000 metros cuadrados) y de 10 acres, a 16,75 y 94 libras esterlinas respectivamente. Aseguran que en los últimos cuatro años vendieron 200.000 acres, que les dejaron un beneficio limpio de 400.000 libras. Además, los Williams ganaron otras 200.000 libras en un año, vendiendo productos como remeras, certificados y distintos tipos de souvenirs. "Existen demasiadas historias horrorosas sobre la Tierra y el calentamiento global que nos amenaza —comenta Sue Williams—. Simplemente nosotros ofrecemos a la gente la
oportunidad de vivir en otro planeta o en un satélite como la Luna. Pensamos que dentro de aproximadamente 15 años será muy factible viajar a la Luna".
El matrimonio recibió durante esta semana una ayuda impensada de Stephen Hawking: durante una conferencia en Hong Kong que desató un interés multitudinario, el científico destacó la importancia "para los humanos de expandirse en el espacio, para la supervivencia de las especies". Hawking fue más allá y dijo: "La vida en la Tierra implica un riesgo creciente de que seamos barridos por un tremendo desastre, como el calentamiento global, la guerra nuclear, un virus diseñado genéticamente para atacarnos u otros peligros que hasta ahora desconocemos". Según el astrofísico, los humanos deberían contar con una base permanente en la Luna dentro de 20 años, y con una colonia en Marte dentro de los próximos 40 años. No obstante, Hawking advirtió que "en ninguna parte, en ningún otro planeta o satélite, encontraremos
un lugar tan agradable como la Tierra, a menos que vayamos a otro sistema solar".
A partir de la descripción apocalíptica de Hawking, MoonEstates.com recibió más consultas. Por el momento, la Luna está libre de disputas, ya que, como dice Hooper, "nadie puede vivir allí".
La Hermana Rosa predice tres goles para otro triunfo*
*Roberto Fontanarrosa Especial para Clarín
La Hermana Rosa está insoportable. Predijo que España le ganaría a Ucrania, que Alemania vencería sobre Polonia y que Túnez y Arabia Saudita terminarían empatados. Es más, faltando pocos minutos para el final de este último partido, la vidente acertaba resultado (1 a 1) y el goleador de Arabia Saudita (Al Kahtani). Sin embargo, el resultado fue 2 a 2. Le apuntamos este error. "No pude —se disculpa la mentalista— visualizar la totalidad de la alucinación que me produjeron los hongos, ya verán por qué llegaba tarde a Pilates. Hasta donde yo aluciné iban 1 a 1". La entendemos. Lo suyo no será muy profesional pero es honesto.
Damián, el sobrino del filósofo Serenelli, viajó a Alemania y desde allá nos transmite su entusiasmo. En Bellas Artes de Rosario perfeccionó el body-painting, el arte de pintar sobre la piel humana. Se fue urgentemente a Munich alentado
por la cantidad de rostros, torsos y extremidades de los hinchas pintados con sus colores favoritos. "Está haciendo mucho dinero — nos dice su tío Jota Jota, el Yaya Serenelli—. Y ahora parece que agarró un trabajo que lo mantendrá ocupado hasta el término del Mundial. Un gordo alemán, de más de 140 kilos, que le pidió que le pinte en la espalda una vista aérea de la ciudad de Hamburgo".
DirecTV tiene, por supuesto, una canción especialmente compuesta para el Mundial, que nos impacta por su arriesgada rima. Un grupo de bellísimas muchachas con aspecto latino canta: "Y vamos, vamos, vamos". Cuando todos esperamos que continúen con el clásico, previsible y futbolero "vamos que ganamos", arremeten con un "vamos que podemos". Nos quedamos a la espera del otro hit tribunero: "Y ya lo ve, y ya lo ve, somos campeones, de nuevo".
Se reveló el secreto sobre las idas y venidas de la inclusión de Lionel Messi. El miércoles pasado, en la sección Debate, de Clarín, el
director de la licenciatura en Biotecnología, señor Alberto D'Andrea, echó luz sobre el extraño caso. Al parecer, cuando Messi emigró a España fue sometido a un tratamiento para remediar su baja estatura. Se lo trató con la hormona de crecimiento humano (hGH, human Growth Hormona) y se obtuvo el resultado esperado. Se dice que un laboratorio argentino pudo, mediante técnicas de clonación, obtener vacas transgénicas, en cuya leche está presente la hormona del crecimiento. La Hermana Rosa, entonces, nos revela la simple verdad. "Todavía no llegó a Alemania —informa— el barco con la vaca que contiene la leche para Lionel. El pibe, a eso de las cinco de la tarde, necesita todos los días tomar la leche, del mismo modo que Popeye necesita comer espinaca. Si el barco llega a tiempo, Messi, reconfortado y tal vez con algunos centímetros más de altura, estará hoy contra Serbia y Montenegro". El abuelo Franz respalda la versión de la mentalista. Nos recuerda que, en sus tiempos, era
común que los millonarios argentinos viajaran en barco a Europa con su propia vaca en la bodega. "La vaca —concluye Rosa— se llama Aurora y Lionel no acepta otras hormonas de crecimiento que no sean de ella".
Se ha cortado el tráfico de la calle frente a mi casa. Miles de fanáticos aguardan el pronóstico. Los bocinazos, las cornetas y los bombos se silencian cuando la Hermana Rosa sale al balcón luciendo un salto de cama celeste. "Ganará Argentina 3 a 1 —vocifera— El primer gol será, como siempre, de Crespo, a los 17 del primer tiempo. Nos asustará el empate de Kezman, 8 después. Pero a los 7 del segundo, tras un córner, Heinze pondrá el 2 a 1. Y Tevez, a los 38, cerrará el marcador".
Invierno del 78. Me recuerdo acunando a mi hija casi recién nacida aquél 21 de junio. Y estaba el televisor prendido. Y estaban transmitiendo el encuentro que hizo historia: ARGENTINA vs
PERU. Y entonces, se me vienen los recuerdos. Y aparecen los jugadores....Allá, en el campo de Rosario se están sacando la foto. En los Pozos de la patria ASESINAN argentinos ( PARECE QUE NO SABEN NADA).
Y da comienzo el partido. Se hace eterno el primer tiempo..... Está llegando el final.......se acercan los 45.....Gol de Kempes.....Se viene abajo el estadio. Se agitan las banderitas, también se agitan pañuelos.
Vuelan gorras militares. El Ejército argentino celebra también el Mundial.
Gritan con el gol de Kempes.......argentinos en el Estadio. Gritan con la tortura.............argentinos en los Pozos.
Celebra el equipo argentino (PARECE QUE NO SABEN NADA DE LO QUE PASA EN LA PATRIA).
Diferencia de cuatro goles necesitaba el equipo. Y se viene la sorpresa. Uno tras otro los goles al salir de los vestuarios. Ha concluido el partido. El
marcador:.......6-0- Sospecha de “pucherazo” por parte de los brasileros. Sospechas, también sospechas.....por parte de los argentinos. Entre sospecha y sospecha..........AR-GEN-TINA.....HA LLEGADO A LA FINAL. Vuelan gorras militares. El ejército argentino que está presente en la cancha también celebra el MUNDIAL. Sabe el mundo lo que pasa (ellos..los JUGADORES, parece que no saben nada).
Y así se fue el 21.Y así llegó el 25...., el 25 de junio en el Estadio de River. FINAL entre Argentina y Holanda.
Hay que ganar el partido para tapar los quejidos que se escapan de los Pozos. Por obra del “Matador” primer gol a los 38. Pueblo y cuartel en la cancha. En el campo los jugadores ( PARECE QUE NO SABEN NADA). Van corriendo los 104... goooooool de Kempes. Se viene abajo el estadio. Allá se viene Bertoni.... 114 minutos.
Mientras siguen los secuestros, también los asesinatos.... Título de
campeones ... para el País Argentina. En la foto, los jugadores muy cerca de la bandera (PARECE QUE NO SABEN NADA).
Pero.... pero no han ido a la cancha deportistas conocidos (dicen, dicen los rumores que están DESAPARECIDOS) Y así se acaba el Mundial y así se cuenta la historia.
EL DEPORTE COMO LA IGLESIA TIENE AUN QUE RENDIR CUENTAS.
*Maria Cristina Saborido Ex –detenida –desaparecida. Pozo de Banfield/Quilmes Julio / 77
Ejercicio de escritura.
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El próximo domingo 18 de junio del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Ronaldo Miranda. Las poesías que leeremos pertenecen a Marina Arango Valencia (Colombia) y la música de fondo será de Milton Sánchez (Ecuador); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y
Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
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Le digo no y me digo labriego del suelo sin arar, sin escalera a la cena serena, con el pan de las manos, con la cintura por tanta semilla que pesa, con la cabeza cabizbaja por memoria acumulada tanta memoria en cada tanto pié que calma el andar.
Paloma del suelo, cimiento del alma, plataforma a los niños sumados en alto andando a las vueltas y a los tumbos, en los frenos y bancarrotas, en las patadas andando andando.
Remo humano en el estribo sumando siempre sumando sumo de historias en la legua.
Habito en tu apoyo, gravito en tu dolor, canso tu cansar, duelo porque dueles como una estrella partida en
estrellas, sangro pero ayudo y ayuno a que no busques bastón ni rueda a la muerte porque no mueres no mueres.
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Uno nota "clima" de mundial de fútbol. Es una marea inmensa que se aproxima y los mercados siempre quieren estar en la cima de cada ola. Uno anticipa que se cruzaran pasiones legítimas con una manipulación del sentimiento que avanza paso por paso en una vida social cada vez más globalizada. Y Las multinacionales hacen jingles televisivos. YPF dice ser más que "sponsor", "hincha oficial" de la selección de fútbol.
Camino con mi hija de la mano por un shopping, me lleva a la juguetería, entro a condición de no comprar nada. Las luces y la calefacción hacen que uno sienta calor y quiera irse rápidamente. Los empleados son chicos jóvenes y tienen puesto una gorra tipo arlequín con los colores
celeste y blanco.
Me detengo en un chico que atiende detrás del mostrador, veo como gotea sudor desde la sien donde terminan los bordes de su gorra de patria futbolera. Me ve mirarlo y me pregunta si necesito algo.
-Sólo quería preguntarte si te obligan a llevar el gorro puesto durante toda tu jornada.
El muchacho, -sorprendido- me dijo sin convicción que no lo obligaban pero que el prefería cumplir con la sugerencia de usarlo durante el mes del mundial. Sus patrones son una cadena de jugueterías que están en casi todos los shoppingdel país.
Ahora veo la imagen de mis hijos en el living, delante del televisor, compiten en cantar a dúo la marcha de Coca Cola que termina en "vivamos juntos, la copa del mundo"
y que es una larga lista de objetos y sujetos-objeto que agitan un brazo izquierdo en alto, ¿por que no levantan el derecho también? pues con el derecho sostienen botellitas de Coca. Es interesante leer esta lista cantada, con ella se podría construir un capítulo más de un hipotético estudio sobre un mundo que funciona y es hecho funcionar por grandes actores del mercado en un principio de "reducción a la banalidad":
Hombres, viejas, mujeres, cancilleres, las vedettes chimpancés, los jokeys, niños, los corpiños...
Tarotistas, celulares, champigñon, bolas de frailes, alicates, esqueletos,
postes de luz... camaritas, viejos punks, sushis, los tucanes las peras maduras, edificios, cuadros kish, calzoncillos, mimos, la venus de milo, cataratas, microondas, pelados con onda...
En esto estamos juntos... Aguante ARGENTINA en la copa del mundo...
Muñecos de plastilina, las secretarias de magos, vendedores de hot dogs y tambien esos hot dogs
Caracoles, huevos duros, los malos actores chupetes, narices feas, livings también..... conductores de infomarshall maniquies, micro chips, bigotes, compact disc los zapatos de bowling
Cocodrilos, las parteras, aceitunas, flipers, medias, treintañeros con acné, sombras, saquitos de té, los yetis, ajies, yesos, los cocacoleros estatuas, cartas, palmeras, nadie queda afueraaa...
En esto estamos juntos... Aguante ARGENTINA en la copa del mundo...
El spot publicitario termina con la leyenda escrita "Todos y todo locos por Argentina".
Trato de que la indignación me deje pensar, me acuerdo de Baudrillard, su alusión a una eterna ironía del objeto sobre el sujeto. Más que ironía, es una gran burla me digo, un maltrato bastante brutal del cual no reaccionamos adecuadamente. Parecemos casi impermeables -como esos maniquies- a sus mensajes de publicidad: No pensables; No conflictivos en superficie. Pura carga - aprovechamiento de sentimientos del momento.
Hago zapping. La pelicula esta empezada y Al Pacino actua a un "Cazador" de apostadores. Tiene una oficina, una especie de "Call center" donde vendedores presionan a apostadores - rehenes de la compulsión al juego. El mismo es un jugador perdido. Al Pacino -Walter en la pelicula- presiona y motiva a sus vendedores con un discurso de pastor poseido. Anoto una frase: "Nunca es demasiado".
Asi presiona el mercado al cuerpo social. Busca fisuras, expropia y utiliza los sentimientos, las necesidades. Siempre deja picando la frase clave de la extorsión, la misma que usa Al Pacino e imita su vendedor estrella fugaz: "Tómela o dejela".
Afuera de esta soberania (impuesta por el mercado) del objeto sobre el sujeto; Del otro lado de cada mecanismo de reducción del mundo a lo banal esta la gente.
La gente con su vida de dichas pequeñas y luchas por el sustento. Pienso en los que viven de la basura o los cartones que derraman las urbes y sus centros comerciales. O en trabajadores como los mozos de un bar que seguiran en sus largas jornadas cuando se quiten la camiseta celeste y blanca de Argentina con la que deben atender hoy a sus clientes.
Recién ahora veo claro. Ahora te lo puedo contar. Vos sabés bien que yo nunca fui de hablar mucho, si hasta mi mujer dice que es más fácil sacarme una muela que una palabra. Pero lo de Angelito lo tengo acá, no sé si me entendés, es muy fuerte, hace más de diez años, bueno, justo doce ¿No? Y ahora con lo del accidente me viene todo a la memoria y necesito contárselo a alguien, por eso de compartir, de descargarse ¿No? Como dicen los psicólogos, de verbalizarlo ¡Qué sé yo! La verdad es que durante mucho tiempo me sentí - ¿Cómo explicarte? - un poco culpable. Vos sabés que con Angelito siempre fuimos como hermanos, a todas partes juntos, hicimos los cinco años en el Politécnico en la misma división, después el prefirió meterse en las cosas más
teóricas, vistes que siempre le decíamos que tenía un cerebro de calculadora, ¿No? Yo en cambio seguí para Técnico Constructor, si mi viejo era albañil. Bueno, la cuestión es que a Angelito se le dio por la física, si hasta sacar el doctorado no paró. Siempre fue un bocho el hijo de puta. La verdad es que yo me recibí medio de pedo, y cuando terminé nunca más agarré un libro, incluso Angelito me ayudaba con las materias más jodidas. Bueno, tampoco soy una bestia ¿No?, pero me acuerdo, por ejemplo, que tenía un examen, yo, no Angelito, y no podía parar de persignarme antes de entrar a rendir, y Angelito me decía, "Si estudiaste, ¿Para qué te persignás?, y si no estudiaste, ¿Para qué te persignás?" así, pero no por descreído, o - qué sé yo - por ateo. Es que el tipo siempre fue un racionalista y decía que mis cábalas eran pura superstición. Vistes que yo siempre fui muy cabulero, ¿No? Me acuerdo que íbamos por la calle y el muy guacho pasaba a propósito debajo de una
escalera, y se me cagaba de risa en la cara, por que yo le decía que no había que tentar al diablo, eso que siempre me decía mi vieja, ¿Te acordás? Bueno, la cuestión es que para el mundial del '90, vistes que se hablaba de la mufa, del que te dije, y lo de las cábalas estaba en boca de todos, yo, por ejemplo, siempre tomaba el café con la mano izquierda ¿No? En casa nos reuníamos a ver los partidos con la "Chancha Gutiérrez" y el "Pajarito Giardinelli". El pajarito siempre se ponía la misma campera, y se sentaba medio de costado al televisor, cuando jugamos contra Brasil se hizo un nudo con las dos puntas del cuello de la campera, de los nervios, ¿No? Y bueno, cuando Caniggia lo deja arrastrándose por el piso a Taffarel el pájaro va y dice que si aguantamos hasta el final del partido no se desata el nudo hasta la final, y era para mearse de la risa verlo al pajarito ponerse y sacarse la campera sin desatar el nudo, si hasta casi se cae tratando de
sacarse la campera, y lo puteaba de arriba abajo a la Chancha que le decía que no se arrime a la ventana a ver si le pasaba como al personaje ese de un cuento, no sé si de Borges, o de Cortázar, que se mientras se ponía un pulóver va y se cae por la ventana abierta. Bueno, vistes que la Chancha es de leer mucho, así que él siempre te relaciona todo con los libros, la cuestión es que ya nos tenía medio podridos por que a cada pelota que los "brasucas" metían en los palos la Chancha se ponía a darnos una conferencia sobre nuestro "destino sudamericano", y boludeces por el estilo. Se ponía serio la Chancha y decía que la alegría es brasileña, y que nosotros somos muy melancólicos, muy tangueros, qué sé yo, pero al final cuando va el negrito ése, Miller, creo, y yerra el gol justo sobre la hora, la Chancha se levanta y empieza a putear duro y parejo, y salió al balcón como loco y empezó a gritar que les rompimos bien el orto, como loco estaba la chancha. Te
acordás que por esos días todos andaban hablando de las cábalas, y de los calzoncillos rojos, y nos poníamos siempre en la misma posición para ver el partido, ¿No? Bueno, resulta que después del partido con Italia, cuando el Goyco le ataja el último penal al tano ése, Seregni, o Serenelli, no sé, no importa. Bueno, al otro día se me ocurre ir a verlo a Angelito, para tomar un café y hablar un rato al pedo, aparte me acordaba que el viejo de Angelito es tano, y seguro que andaba medio triste por Italia, como mi viejo, que se callaba la boca, pero por dentro quería que ganara Italia, así que me voy para allá, a la tardecita, y lo llevó al Alejandro, el pibe mío, que tendría por esa época, esperá que te digo, ahora anda por los 25, ¡No!, 26, así que tenía 10 años, y sabía ir a jugar con los mellizos de Angelito, Horacio y Gustavo, que tienen un año menos, a propósito el otro día lo vi al Horacio, y está hecho una bestia, creo que mide como dos metros y juega
al rugby, en "Los Buitres de la Sexta". La cosa es que Angel estaba en el fondo, creo que arreglando las plantas, vistes que es medio loco con eso. Yo entro y los mellizos estaban sentados y arriba de la mesa había plastilina, y goma de pegar, esas cosas, como de la escuela, ¿No? Entonces me arrimo y les pregunto qué estaban haciendo. Bueno, el Horacio me cuenta que hacían muñequitos de plastilina con la figura de los jugadores alemanes, y le ponían el nombre. Y yo, de boludo nomás, les pregunto para qué, y entonces el Gustavito le grita a Angel, que venía del fondo, que traiga las espinas del rosal para clavarlas a los muñecos. ¡Uy, cómo me cagué de la risa! Me revolcaba, te juro. Y Angel venía con las espinas en la mano, me mira y me dice que de qué mierda me río, que lo hacía por los chicos, que habían empezado después del partido con Camerún, y que él por supuesto que no creía en esas pavadas, a ver si a la vejez se le iba a dar por la brujería, y
que si yo pensaba que él creía en esas cosas era por que no lo conocía después de tantos años y que me podía ir a la concha de la lora. Y ahí no va que el Gustavito, el menor de los mellizos, bah, el menor no, digo, el más chiquito, se larga a llorar y le dice que si él no creía entonces por qué les había dicho que había que hacerlo con las espinas del rosal y no con alfileres, como les había dicho la Poli, que me parece que es la vecina de Angel, la de rulos, ¿Vistes?, y en eso llega Mabel, la mujer de Angel. Y, vos no me vas a creer, pero Mabel le dice que entonces por qué él el día del partido con Yugoeslavia se la pasó hablando de que en el cerebro humano había zonas inexploradas y que había cosas de las cuales la ciencia no podía dar cuenta. Mirá, te juro que la cara que tenía Angel era para una foto, era para ponerse a llorar, te juro. Y esto nunca se lo conté a nadie, incluso después cuando nos veíamos con Angel, con la familia, o solos, nunca
hablamos de eso, era como un pacto de silencio ¿No? Bueno, la cuestión es que Angel agarró todos los muñequitos de arriba de la mesa y los tiró todos a la mierda, se puso como loco, nunca lo vi así. Trajo un balde para la basura y tiró todo adentro, y decía que él nunca había creído en esas estupideces, y que en su casa nadie se iba a poner a hacer brujerías, que para algo él le había dedicado la vida a comprender las cosas, y tratar de explicarlas racionalmente, y que, de última, era un científico, doctor en física, y no iba a aceptar que en su casa se hicieran esas cosas. Se hizo un silencio, te juro que nunca se escuchó menos, si hasta el Gustavito, el menor de los mellizos, se calló la boca, vistes. Alejandro, el nene mío, me miraba con una cara que estaba blanco, el pobre. Bueno, a mí no se me ocurrió nada en ese momento, la cosa era como una bronca familiar ¿No? Así que dije una boludez, como que tenía que ir al Supermercado, o algo así, y me las
tomé. Bueno, vos no me vas a creer, pero hasta ahora nunca le conté esto a nadie, el Alejandro creo que ya ni se acuerda, a lo mejor no terminó de entender, vistes. Y ahora, con lo del accidente ¿No? Es cómo que me vino todo a la cabeza de nuevo, y también por el mundial, claro. Y recién ahora veo claro, recién ahora me doy cuenta, después de 16 años, parece mentira. ¿Entendés? Ese día Angel tiró todos los muñequitos, así que no siguieron clavándoles las espinas, y, ¿Entendés? ¿Te das cuenta? Dejaron de hacerlo, los muy boludos, no le pincharon las piernas a Brehme, y ¡Perdimos la final!
La Primera "D" es la categoría más baja en la estructura de los torneos oficiales que organiza la Asociación del Fútbol Argentino. Los clubes que participan en ella tienen mínimo renombre y exiguo presupuesto. No cuentan a su favor con pasados esplendores de los cuales poder vanagloriarse. Los partidos de la "D" se juegan en canchas de escaso o nulo verdor, ante un público por lo general muy reducido. Los jugadores no tienen sueldos. En todo caso, si gracias a algún
espónsor barrial, llegan a cobrar algo de dinero, la paga se parece más a una changa que a un auténtico salario. Saben que nunca participarán de un Mundial, que nunca pisarán la Bombonera para enfrentar a Boca, que nunca serán transferidos a Europa por cifras millonarias. Juegan animados por la modesta ilusión de subir a la "C". Juegan -ni más ni menos- por el honor. En la "D" no hay descensos. Como no hay otra categoría inferior, el equipo que sale último queda automáticamente desafiliado por un año, al cabo del cual puede volver a participar del torneo. Es el precio que debe pagar por ser -si se permite el barbarismo- el más último de todos. El último de los últimos. En esa incómoda posición recaló, en el 2004, el club Atlas, humilde institución que, a consecuencia del infortunio deportivo sufrido, en el transcurso del año que duró su desafiliación se quedó sin jugadores, sin cuerpo técnico... y hasta
sin camisetas. La crítica situación, sin embargo, no impidió que el año pasado sus dirigentes decidieran emprender la quijotesca tarea de empezar de nuevo. Desde cero, claro. Esa terquedad inclaudicable de este minúsculo grupo de personas aferradas a un sueño deportivo fue la razón que llevó a la cadena Fox Sports a elegir al "Marrón" (tal el apodo del club a causa del color predominante en su camiseta) como protagonista de un novedoso programa televisivo: "Atlas, la otra pasión", un "docu-reality" destinado a reflejar las vicisitudes del club en su retorno a la "D", no ya desde una perspectiva tradicional, meramente futbolística, sino a través de un enfoque intimista, centrado en lo humano y lo social. Se sabe, un "reality" no es la realidad misma. Hay en él un cuidado trabajo de edición que la vida no tiene. Hay golpes de efecto que potencian el dramatismo o la emotividad de ciertas situaciones. Hay, también,
circunstancias que sólo existen justamente a partir de la presencia de una cámara (es obvio que, de no ser por su exposición mediática, jamás un equipo de la "D" habría podido ganar adeptos en distintos países de America, ni sus jugadores habrían firmado autógrafos en la calle). Pero más allá de esta previsible dosis de artificiosidad, el programa logró un eficaz acercamiento al mundo cotidiano de ese puñado de personas ligadas al club. Mundo situado, por cierto, a tantos años luz de las tapas de los suplementos deportivos de los lunes, como del glamoroso universo de las estrellas del fútbol nacional. Los televidentes se asomaron a los entrenamientos y a los partidos, vivieron de cerca las expectativas y temores de futbolistas, dirigentes, cuerpo técnico e hinchas. Compartieron con ellos sus diarias complicaciones y los esfuerzos realizados para tratar de superarlas. Es cierto, el remanido esquema del protagonista que persigue un objetivo
luchando contra toda adversidad dista de ser original. De hecho, es constitutivo de la naturaleza humana, por eso se halla presente en tantas obras de la literatura y del cine. También en la televisión, claro. El valor principal de "La otra pasión" radica, entonces, en que su protagonista no es un individuo, sino un grupo. El héroe, aquí, es un héroe colectivo. Un héroe que, además, se vuelve admirable no porque gana, sino porque lucha, lo cual viene a subvertir el concepto pragmático de éxito imperante en nuestra sociedad. Justo homenaje éste -acaso involuntario- a tantos sacrificados compatriotas que, desde el anonimato y sin esperar recompensa, dedican su tiempo y su energía a crear, desarrollar y apuntalar miles de instituciones deportivas, sociales y culturales. Si se hubiese tratado de una producción hollywoodense, en el último programa Atlas habría salido campeón en una tensa definición por penales, y los jugadores,
emocionados, habrían dado la vuelta olimpica bajo una lluvia torrencial, con una banda de sonido pródiga en trompetas épicas. Pero esto no era una película, sino la realidad: después de cumplir la mejor campaña de toda su historia, Atlas perdió en semifinales contra Berazategui y no ascendió. Precisamente por eso, por esa ausencia de final feliz, aplaudamos a Atlas. Hagámoslo por todos aquellos que en la vida jamás tendrán su premio y sin embargo la siguen peleando. Hagámoslo por los que siempre salen últimos en un mundo que les niega el derecho a ocupar otra posición.
En el pueblo, casi con dolores por el frío, escuche a dos seres estupendos que ingeniosamente relataban cuentos de fútbol. Así entre mansos recuerdos de personajes reales e imaginarios, el espacio se hizo tiempo, el tiempo quería apropiarlo en mis sensaciones y las sensaciones se apoderaron de mi energía. Voluptuosamente gritaban un gol que hasta la más ingrata mujer enojada por que su marido la cambiaba por un partido, seguramente se habrá sentido enamorada. El rulo, el viejo, el rata , el vecino protestòn y las escenas de barrio comenzaron a desfilar nítidamente en un càlido camino de nostalgias. La voz del locutor
vibraba y con sus arremetidas locuciones dejaba entrar con entusiasmo cada frase en los espectadores. Me sorprendía estar prendida en la tribuna siendo una más de la hinchada brava, también escuchaba melodías de antaño, que ahora en este momento por la emoción que sentía no me puedo acordar. Era el turco, que con su sencillez y sus manos esculpía en el teclado cànticos de nuestro pueblo. Palpitando entre el recuerdo y el hoy, así paralelamente me encontraba disfrutando de una tertulia con un sabor de compañía de amigos. Era Un sábado a la noche, egoístamente intentaba transitar ese lapso con uñas y garras, para apoderarme yo sola -en este picado- del balón. El club del pueblo estaba orgulloso, caliente, habían venido los de la Radio. Vanidosos estaban por la presencia de un representante, latigo coggi, quien fue aplaudido con solemnidad. Y así entre relatos y anécdotas, se acordaron de Perfumo y también del Diego, en ese partido que nombraban creo que
también yo lo vi en ese preciado momento. El visor de la memoria y la pantalla del alma no tienen demasiados escrúpulos y no pagan entradas. Terminaron los cuentos, la Sabiduría se iba por la Ruta 2, yo con mi compañero de viajes, volvíamos a La Plata dispuesta a contarle a mi hijo el resultado final.-
Hoja de ruta de futbol televisado del 9 al 23 de junio
(y si gustan de crónicas literarias )
9 de junio
Alemania y Costa Rica a las 13.00 horas de Argentina (todos los canales de aire)
10 de junio
Inglaterra vs. Paraguay 10.00 hs Telefé Argentina vs. Costa de
Marfil 16.00 hs (todos los canales de aire)
11 de junio Serbia y Montenegro vs. Holanda 10.00 hs Canal 13
12 de junio Italia vs.
Ghana 10.00 hs Canal 13
13 de junio Francia vs. Suiza 13.00 hs América Brasil vs.
Croacia 16.00 hs Canal 13
14 de junio España vs. Ucrania 10.00 hs Telefé Alemania vs. Polonia
16.00 hs Telefé
15 de junio Suecia vs. Paraguay 16.00 hs América
16 de junio
Argentina vs. Serbia y
Montenegro 10.00 hs (todos) México Vs. Angola 16.00 hs América Holanda vs. Costa de Marfil 13.00 hs Telefé
17 de junio Italia vs. EE.UU. 16.00 hs Telefé
18 de junio
Brasil vs. Australia 13.00 hs Telefé Francia vs.
Corea 16.00 hs América
19 de junio España vs. Túnez 16.00 hs Canal 13
20 de junio Suecia vs.
Inglaterra 16.00 hs Canal 13 Paraguay vs. Trinidad y Tobago 16.00 hs América
21 de junio Portugal vs.
México 11.00 hs América Argentina vs. Holanda 16.00 hs (todos)
22 de junio Italia vs. República
Checa 11.00 hs Canal 13
Japón vs. Brasil 16.00 hs Telefé
23 de junio
Arabia Saudita vs. España 11.00 hs América
Correo:
Si deseamos ser el cambio...*
...que queremos ver en el mundo, empecemos por las cosas sencillas y con nuestros prójimos más próximos. Una vez más, gracias por darme cabida en tu deliciosa
quimera
El próximo domingo 4 de junio del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música de los compositores colombianos Juan Sebastián Monsalve y Sebastián Quiroga. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Wayanay (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Apreciadas amigas, queridos amigos,
El número 75 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Abril/Junio/2006, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.com bajo el link:
La edición
impresa de XICóATL # 75 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección xicóatl@... al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).
Cordial saludo,
YAGE, Verein für lat. Kunst Wissenschaft und Kultur.
En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz, Horacio Rossi y Oscar Agú. Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo alguno. También nos interesa que llegue a colegas y
lectores. Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El costo del mismo es sólo de $ 15.-
Solicitarla a través del siguiente correo electrónico: cachoagu58@...
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Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
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recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
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Los huérfanos de Estado...
SEÑALADOS DE DIOS*
La mujer sin brazos era una ladrona. Así le dijeron en Pasajes
para siempre, "la ladrona". Había robado carbón de las vías, el tren
hizo justicia. Mandamiento incuestionable este de no robar. Oprobio
invisible el mote despectivo, señal clara la de la falta de
brazos. "Cuídate de los señalados de Dios", y qué señal más clara,
más llamativa, que el haber perdido los dos brazos en los rieles. No
debió cargar sólo con la falta de brazos, en sus espaldas pesó para
siempre el nombre impuesto por los prójimos. Por sus vecinos. Era la
ladrona.
Que transcurría la posguerra, que los inviernos frente al
Cantábrico son pródigos en galernas pero avaros de sol, que el frío
entumece los dedos dentro de las casas. Nada justifica el acto
impuro del latrocinio, del saqueo, de la ilicitud en el obrar. Somos
jueces implacables, equitativos en nuestra denostación. Está mal que
una mujer con el frío en los riñones levante carbón de las vías, es
imperdonable que el interventor de una clínica psiquiátrica deje que
las ratas muerdan los pies de los internos, y que éstos se consuman
de hambre para lograr una buena cuenta bancaria a su favor. Es lo
mismo a nuestro juicio. Que las circunstancias, las historias de
vida, el daño realizado sean otros no impide que el robo sea robo.
Y cuando más de medio siglo después y medio mundo más al sur un
niño muere por el coque para el fuego, diremos que al fin y al cabo
estaba robando. Simplemente era un ladrón. Y la familia sin hijo
sufrirá la señal de Dios. Cuídate de ellos.
En un mundo de juicios premoldeados no hay mayor avaricia para
el perdón que la de los prójimos. Vemos la pobreza, el abandono, la
falta de redes sociales que los salven de la caída en la indigencia.
Decimos cuídate de los señalados de Dios. Es más fácil y seguro.
En Pasajes, en Mendoza, aquí a la vuelta. Se les ve en las
ropas, en la cara, en las manchas en la piel, en los dientes que les
faltan. Todos portan la señal del oprobio. Creo que deberíamos dejar
a Dios de lado en el asunto.
Nosotros los señalamos.
Y me pregunto a quién, a quiénes, señala la divinidad, y con
cuáles marcas oprobiosas.
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
Sábado, 13 de Mayo de 2006
Una pregunta a Freud*
*Por Sandra Russo
Esta semana, el escritor peruano Mario Vargas Llosa opinó que "no
hay que sobreestimar el indigenismo". Lo dijo mientras el boliviano
Evo Morales no para de sobresaltar incluso a sus vecinos blancos, y
mientras el peruano Ollanta Humala, a pesar de los bordes vidriosos
de su figura pública y los desbordes homofóbicos de sus padres,
disputará la presidencia del Perú en el ballottage del 4 de junio.
Aunque Europa pose sus ojos displicentes en la América latina
aindiada que asoma detrás de esos nombres, esa mirada no logra
arrancar de su cuajo la pregunta que esa misma Europa se hacía hace
quinientos años: ¿los indios tienen alma?
La Europa cristiana, conquistadora, evangelizadora, se hacía esa
pregunta mientras destruía civilizaciones enteras cuyo esplendor la
dueña de esa misma mirada era incapaz de percibir. Europa no sabía
percibir ni valorar ni asimilar las diferencias. ¿Los indios tenían
alma, además de oro?, debatían los religiosos y los poderosos.
La pregunta interpelaba por el otro, por ese de piel de color, de
costumbres raras, de lenguaje extraño. Cuando ya habían muerto
millones, se concluyó que los indios eran seres humanos y que en
consecuencia tenían alma, almas irrecuperables como los cuerpos
derribados en minas y batallas, en una de las más extensas orgías de
dominación que conoció la humanidad.
Hace una semana se cumplieron 150 años del nacimiento de Sigmund
Freud, que poco tiene que ver con la conquista de América y con las
preguntas que esa conquista instaló en las mentes europeas
civilizadas. Sin embargo, un hilo dorado se extiende, si se lo sigue
bien, desde que San Agustín concibió la conciencia cristiana hasta
que el fundador del psicoanálisis le dio un marco teórico a aquello
que yacía invisible atrás o debajo o arriba o antes o después de la
conciencia: el inconsciente.
A los sujetos contemporáneos nos es casi imposible imaginarnos cómo
vivían sus vidas los hombres y las mujeres que nacieron antes de que
San Agustín y San Benito promovieran lo que se conoció como
introspección cristiana. Ya en ese momento, en los albores de la
Alta Edad Media, las personas dejaron de sentirse responsables sólo
de lo que hacían: también eran responsables de lo que deseaban, de
lo que sentían o soñaban. El alma humana ya no era simple: ya
existían las buenas o malas intenciones, y existía un dios al que
era imposible ocultarle la verdad.
Hace un siglo y medio, Freud mezcló esa baraja y dio de nuevo. Vino
a decir que hay una verdad que no se puede confesar, porque uno
mismo la ignora. Y vino a decir también que hay palabras que no se
pueden decir, que son impronunciables; que no sólo hay olvido, que
hay falsos recuerdos; que hay aspectos nuestros que son acaso los
más fuertes y potentes, a los que no accedemos más que a través de
la pena o el dolor que reprimirlos nos provoca.
A pesar de que hoy Europa vuelve a posar sus ojos displicentes sobre
países latinoamericanos con población indígena, hoy los debates
pasan por otro lado. En los patios traseros del mundo, y también en
los patios traseros de los países centrales, millones de personas
excluidas de toda estructura social concebible se multiplican y se
enferman, pasan hambre o tienen miedo, ven morir a sus hijos o a sus
padres, migran, escapan, soportan intemperies, tempestades, son
agujereadas a balazos o deshechas por misiles.
En nuestras ciudades, sólo hace falta salir a la calle después de
las nueve de la noche para ver al ejército de desahuciados
revolviendo basura. La mayor parte de las palabras que usamos les
son ajenas: viven en nuestro mismo mundo pero viven en otro, que les
demanda poco vocabulario. Chapa, cartón, birra, paco, faso, loco,
moneda, madre. Esa palabra la pronuncian seguido: cuando se es mujer
y se baja el vidrio del auto y se estira la mano para depositar en
la palma de la suya una moneda, ellos dicen casi siempre:
–Gracias, madre.
¿Qué interpretaría Freud al respecto? ¿Qué voltereta extraña del
lenguaje les hace impregnar esa mínima ayuda, esa mínima molestia de
extender una moneda con un halo maternal? ¿Qué dicen los huérfanos
de Estado cuando dicen "madre" o "padre"? ¿Qué expresan los
huérfanos de Estado cuando piden y reciben ayuda y qué expresan
cuando vuelven a ser rechazados, ellos, que fueron rechazados desde
que nacieron?
Pasaron siglos desde que Europa se preguntaba si los indios tenían
alma. Hoy podríamos blanquear una pregunta que no se hace pero que
sin embargo se responde por la negativa en los hechos, cuando la
existencia de esos millones de vidas miserables no sacude ni
espanta; la pregunta sería: ¿los pobres tienen inconsciente? ¿Los
excluidos tienen inconsciente?
De un lado de la muralla, hemos aprendido, gracias a Freud, lo
débiles y lo fuertes que somos; hemos detectado lo permeables, lo
vulnerables que somos a determinados conflictos. Sabemos qué es un
trauma. Sabemos que hay vidas enteramente desviadas por algo que no
se pudo procesar.
Pero mientras de un lado de la muralla nos asistimos y nos cuidamos
para no desbordar, del otro lado del muro, ellos, los huérfanos de
Estado, soportan su miseria con nuestra anuencia, como si hubieran
venido al mundo sin alma, igual que aquellos indios. Y sin
conciencia; y hasta sin inconsciente.
*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-66851-2006-05-13.html
Otra vez*
Lorena volvía de su trabajo. Caminaba ensimismada, apurada y
distraída. Eran las siete de la tarde del viernes y Retiro parecía
estallar. Alrededor, cientos de personas iban y venían, subían y
bajaban, se cruzaban unos con otros. Hacía mucho calor, y desde la
vereda, una montaña enorme de basura
desprendía un olor a podrido insoportable.
Justo cuando estaba por entrar al hall central de la línea Mitre, se
chocó de frente contra una chica, que venía mirando el piso.
Instintivamente se dio vuelta. La otra, hizo lo mismo. Lorena la
miró, y antes de emitir palabra, vaciló un segundo. Un detalle
revelador le abrió bien grandes los ojos: la conocía. Era 'La
Polaca', una vieja amiga suya de San Martín, el barrio donde había
crecido.
- ¡Que haces Polaca! Soy yo, Lorena, la petisa. ¿Te acordas? - dijo
con una sonrisa dibujada en la cara.
La polaca no tuvo la misma velocidad de reacción que Lorena, pero
intuyó un pasado en común. Desconfió un segundo, frunció las cejas,
le cayó la ficha, y dijo:
- ¡No te puedo creer que seas vos! ¡Que haces Peti! ¿Cómo andas?
¿Qué es de tu vida?
- Muy bien che, acá estamos. Trabajo por acá cerca. Me estoy yendo a
casa -
- ¿Hace cuanto tiempo que no nos vemos? Desde que te internaste, no
supe más nada de vos. Escuché algunas cositas por otros. Me dijeron
que andabas muy sanita.
- Si, es cierto, ando bastante bien. Igual, tengo los mismos
quilombos que cualquiera. Cada tanto me mando alguna, pero nada que
ver con la Peti que conociste vos.
Lorena miró a su vieja amiga a los ojos. Se le removieron en su
cabeza los últimos quince años de su vida, de los cuales, por lo
menos 8, había dedicado a las drogas y a la calle. Se despabiló, y
con confianza preguntó:
- ¿Si no era yo quien te chocaba, me cagabas a trompadas no?
- Si me decías algo, te arrebataba ahí nomás. Vengo media cargada.
Estoy que vuelo de la calentura que tengo. Me agarraste en un día de
mierda. Me estoy yendo de apuro a San Clemente.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó? - preguntó Lorena, con la sensación de que
podía contestarle cualquier cosa.
- ¿Vos lo conociste al Colo? Bueno, es mi pareja. Me re cagó. Lo
enganché con otra al pelotudo. Ni mentir sabe. Me acabo de ir de mi
casa - dijo la Polaca, rubia y de tez bien blanca desde siempre.
Cargaba en uno sus hombros un bolso deportivo enorme; en el otro, un
nene de unos dos años.
- ¿En serio me hablas loca? ¡Que garrón! - dijo Lorena, incomoda.
- Es un reverendo hijo de puta. Me fui porque sino lo mataba - contó
mientras se recogía el pelo rubio de su cabeza -. En la costa tengo
una prima que nos va a hacer un lugar. Ya le avisé que voy para allá
con el
nene. Tengo un odio que no me banco.
La gente les pasaba por encima. A unos pocos metros, un chico habría
la puerta de un taxi. Los autos y colectivos metían un ruido
infernal.
- Bueno loca. No queda otra que tomarse las cosas con calma. Ya le
van a encontrar la vuelta. Menos la salud, todo tiene solución.
Aprovecha el viajecito y baja un cambio.
La Polaca afirmó con la cabeza, le dio un abrazo y justo antes de
irse, le dijo:
- Escucha. Hace un rato pegué una bolsita de dos gramos y me la
olvidé en el volquete que está justo enfrente del club. Agarrala
vos. Hace lo que quieras. Si vos no estás tomando dásela a los
pibes. Es una lástima que se la lleve un camión, o el agua. Vendela.
No sé. Ya fue.
- Yo no tomo más, pero no te preocupes. Anda tranquila - dijo Lorena
para despedirse.
Le dio un beso en la frente al nene, le hizo una caricia en la cara
a la vieja amiga, se dieron otro abrazo y se mezclaron entre la
multitud.
Lorena se tomó el tren. Pensó en la Polaca, en el encuentro casual
en el medio de las miles de personas, en su cara de orto, en su
pareja, en su hijo. También pensó en el posible ascenso que le
habían comentado en su trabajo y en la pelea que había tenido con la
madre hacía unos días atrás; todo real, todo palpable y rutinario,
pero nada le sacaba más pensamientos que la bolsita de dos gramos
que quedó descartada en el volquete. ¿Qué iba a hacer? ¿La iba a
buscar? ¿Hacía como si nunca se hubiese cruzado a la Polaca
y seguía con sus cosas? Se vio dudando, inquieta por el tema y una
alarma interna le hizo ruido. Desde que había dejado de tomar, hacía
unos dos años, solo una vez había quedado expuesta. Al final, no
quiso saber nada. Y no por el qué dirán, sino por decisión propia.
Tuvo un milisegundo de flaqueza, pero la locura terminó yendo para
un lado y ella para el otro. Se acordó que al otro día, se había
sentido muy bien por haberse puesto firme.
Pero en ese momento sentía que una llamarada le prendía por dentro
todos sus mecanismos. Estaba nerviosa, ansiosa, se comía las uñas.
Tenía que ponerse firme en ese mismísimo momento porque el enrosque
la empezaba a colmar de pies a cabeza y sentía como se estaba
haciendo la cama. Trató de
individualizar la fisura personal por donde estaba haciendo agua. No
pudo.
Miraba por la ventana del tren y en su cabeza apareció con nitidez
el tratamiento que se había comido en una granja de la zona de
Ezeiza. Lorena siempre decía que a pesar de tener bien clarito que
la experiencia de la internación le había cambiado la vida, si
pudiese volver a nacer, elegiría no tener que pedir ayuda para salir
adelante con su vida. Hubiese preferido salir adelante sola, por la
suya, sin psicólogos ni psicodramas.
De allá le quedó la idea de que si uno se volvía a dar el palo era
porque alguna piecita estaba desacomodada, salida de lugar,
destapada, a la intemperie, sola.
Se intentó tranquilizar pensando que a pesar de que cada tanto se
tomaba unas cervezas, o se fumaba un caño, estaba bien; se sentía
sólida, armada.
Tenía trabajo y pensaba retomar el secundario para dar las tres
materias que le quedaban. También pensó en Lucas, su ex. No había
tenido un final feliz la relación. Todo lo contrario.
Pasaban las estaciones y ya quedaba poco para llegar. Mientras, la
cabeza intentaba poner orden. El cuerpo, pedía otra cosa.
Bajó en Migueletes, cruzó la vía, y caminó las tres cuadras que
separan la estación del club '25 de Octubre'. Cuando visualizó el
volquete, se dio cuenta de que estaba hasta las manos; que ya no
había retorno; que se le había encendido todo el vicio junto, toda
la batalla que había intentado dar en el tren, se había esfumado. Se
le nubló la mente, cruzó la calle y empezó a revolver entre los
escombros, latas y botellas. Metió la mano entre la mugre, dio
vuelta cartones y papeles y revolvió lo que tenía delante.
Buscaba casi desesperada y cada dos por tres levantaba la vista para
ver si nadie la estaba mirando. Sentía como se le aceleraba el
corazón.
De repente, dentro de un caño de plástico, unos centímetros para
adentro, la encontró. Una bolsita transparente anudada en lo alto,
envolvía la pelotita blanca amarillenta de cocaína. Se le abrieron
muy grandes los ojos y se le hizo agua la boca. La miro fijamente,
la agarró, la tocó, miro para los
cuatro costados, y se fue.
Casi al trote, llegó hasta la casa de la abuela.
- ¡Hola Nona! ¿Cómo estás? Paso corriendo al baño porqué me estoy
haciendo pis - le dijo Lorena a Violeta, su abuela
- Si querida. No hay problema. Te espero con unos mates en la cocina.
Lorena entró al baño y notó que estaba transpirando. No razonaba. Se
sentía esclava de sus reflejos e impulsos. Sacó la billetera del
bolsillo de atrás de su jean. Las manos le temblaban. Sacó su cedula
y la apoyó sobre la uno de los bordes de la pileta. Metió la mano en
el bolsillo chiquito de la parte de adelante del pantalón. Sacó la
bolsita y desarmó el nudo con la boca. La abrió y la olió; se dejó
penetrar por ese aroma inconfundible, áspero. Tomó la cedula del
lavabo, la uso de para cargar una buena cantidad
de merca y la tiró sobre la tapa del inodoro. Con uno de los
vértices de la tarjeta, tomó solo una puntita de pichi y se la metió
en la boca. Palpó, tragó, saboreó, cerró los ojos y levantó la
cabeza en dirección al techo: otra vez ese gustito embriagador en su
boca. Sintió como se le dormía la lengua, las encías y los dientes.
Peinó dos líneas gruesas, gordas, contundentes. Las picó bien. Las
preparó y las dejó listas. Abrió la canilla de la pileta. Tomó la
billetera nuevamente, sacó un billete de 10 pesos, lo enrolló, se lo
puso en la nariz, apuntó, y aspiró, de un solo saque, largo, hondo,
impresionante, la primera de las dos rayas.
*de Mariano Abrevaya Dios. mabrevayadios@...
Niñitas*
Niñas sin suerte
Están abandonadas
En un Instituto
Sin cuentos de hadas
Niñitas sonrientes
Con ganas de saltar
Sus manos calientes
Para dibujar
A veces me buscan
Para ir a jugar
Inventamos una comedia
Con canciones y danzas
La alegría rebota
Hallamos adivinanzas
Con trenzas y cintas
Carteras y pulseras
Las nenas encantadas
Fantasean ser las primeras.
para S, N, A y A
*De Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...
*
Sigamos reescribiendo sobre el tren de carbón y balas con cuentos -
ensayos y poemas.
( de 1500 a 2000 caracteres ).
Abrazo.
* Eduardo F. Coiro. inventivaedicion@...
Martes, 9 de Mayo
Gatillo fácil por carbón: un policía detenido*
Cristian Bressán está acusado de homicidio agravado en la causa por
el asesinato de Mauricio Morán y las lesiones de otros dos chicos
que sacaban carbón de un tren. Cinco efectivos más y un jefe
policial fueron suspendidos.
ATPA
De nuestra redacción
agenciataller@...
09/05/06 Cristian Bressán (30), oficial ayudante de la Policía de
Mendoza, fue detenido ayer luego de ser citado por el fiscal de
Delitos Complejos, Luis Correa Llano. Es el principal sospechoso de
matar a Mauricio Morán (14), en Perdriel durante procedimiento
policial represivo.
Bressán quedó detenido en un pabellón de la Penitenciaría Provincial
al estar imputado por homicidio agravado, lesiones graves agravadas
y lesiones leves agravadas. Además del asesinato Morán, hay cargos
por otros menores que fueron heridos en el episodio. Entre los
heridos se encuentra un bebé de apenas un año y ocho meses de vida,
a quien una bala de plomo le perforó una mano. Un tercer menor de
edad, Maximiliano Sosa (13), también resultó lesionado.
Por pertenecer a una fuerza de seguridad, Bressán podría recibir
reclusión perpetua si es hallado culpable. Los otros 5 policías que
intervinieron en el caso -y que aún no han sido acusados por el
fiscal- son Pablo Sáez, Carlos Beltrano, Osvaldo López, Pablo Vera y
un auxiliar de apellido Zapata.
Morán murió luego de ser herido por un perdigón de plomo. La
información fue confirmada por peritos del Cuerpo Médico Forense a
partir de los informes de Criminalística. Se trata, según diario
Los Andes, de unos cartuchos denominados PG (posta de guerra) y que
se les suministra a los efectivos de manera restringida y para usos
restringidos. Según disposiciones, estos cartuchos sólo pueden
emplearse como medida extrema en un enfrentamiento armado.
La represión ocurrida el último viernes tendía a evitar que los
lugareños, en su mayoría niños, sacaran carbón de un tren de la
empresa América Latina Logística (ALL) que había salido de la
destilería de Luján de Cuyo. ALL es una de las dos empresas de carga
que se quedaron con la concesión del servicio luego de las
privatizaciones de los servicios ferroviarios en Argentina. La
empresa, según información institucional, cuenta con 15.000
kilómetros de líneas férreas en Brasil y Argentina, más de 550
locomotoras, 17.000 vagones, y 3.000 camiones (entre propios y de
terceros).
Policía Científica determinó que los perdigones de plomo salieron de
la escopeta que manipuló Bressán. Los demás efectivos podrían ser
citados nuevamente como testigos. Todos fueron suspendidos
provisoriamente por la Inspección General de Seguridad y se pidió su
pase a pasiva. La misma sanción fue dictaminada por el subsecretario
de Seguridad, Omar Pérez Botti, y el jefe de Policía, comisario
general Héctor Quiroga, para el subcomisario David Spinello, a cargo
de los servicios de custodia del tren.
Los padres del chico asesinado se entrevistaron ayer con Correa
Llano y reiteraron que están en condiciones de reconocer al autor
del disparo que mató a su hijo. "Venía a escupirle la cara al
fiscal, pero después de hablar con él me voy conforme", dijo César
Morán al salir del despacho del fiscal. Los testigos, especialmente
los padres de Mauricio Morán, aportaron datos que apuntan a Bressán
como el principal implicado.
El ministro de Seguridad, Miguel Bondino, asistió ayer a la comisión
de labor parlamentaria de la Legislatura Provincial para intentar
dar una explicación de lo sucedido. "Todas las dudas fueron
disipadas. Las responsabilidades administrativas que les cupieron a
los efectivos policiales, fueron analizadas por la Inspección de
Seguridad quienes hoy (por ayer) por la mañana, suspendieron por un
mes y pasaron a pasiva a todos los policías que intervinieron en el
hecho", explicó.
La muerte de Morán se suma a la larga lista de víctimas ocasionadas
por el gatillo fácil en Mendoza, un antecedente nefasto que excluye
de cualquier análisis la teoría oficial de los "hechos aislados".
Universidad Nacional de Cuyo. Centro Universitario - CP5500
http://www.uncu.edu.ar/contenido/index.php?
tid=304&mid=659&itemaction=ampliar&M_Item=11964
*
Queridas amigas, queridos amigos:
El próximo domingo 14 de mayo del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música del compositor argentino Jorge Liderman.
Las poesías que leeremos pertenecen a Luisa Futoransky (Argentina) y
la música de fondo será de Machu Picchu (Andes); todo ésto en
nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y
alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
Apreciadas amigas, queridos amigos,
El número 75 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano
XICóATL "Estrella Errante", edición Abril/Junio/2006, puede ser ya
consultado en nuestra página en internet www.euroyage.com bajo el
link:
http://www.euroyage.com/index.php?
i=http://www.euroyage.com/xicoatl/75/e_75.php
CONTENIDO:
Editorial: Vacíos difíciles de llenar. Luis Alfredo Duarte Herrera
Campaña de solidaridad con Jacobo Silva y Gloria Arenas
Mozart: El cenotafio. Antonio Calle González
Narrativa: Rosa Cuchillo. Óscar Colchado Lucio
Poemario: Poemas. Eva del Pilar Durán
Austria: Poemas. Fritz Huber
La edición impresa de XICóATL # 75 puede ser puede ser solicitada a
YAGE por e-mail a la dirección xicóatl@... al precio de
7.- Euros (incl. envío postal).
Cordial saludo,
YAGE, Verein für lat. Kunst Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) 662 82 50 67
*
En Bandada
En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a
inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz,
Horacio Rossi y Oscar Agú.
Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo
alguno.
También nos interesa que llegue a colegas y lectores.
Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El
costo del mismo es sólo de $ 15.-
Solicitarla a través del siguiente correo electrónico:
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escritura.
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trabajos.
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socio.
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Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
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de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
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*
Hay veces que
ruego estar posando de espantapájaros
mirando por mirar las alturas y la siembra
emigrarme ahí nomás
sólo para no acalambrar mi boca en tu beso.
*ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
MI PADRE ME HABLABA DE ESTRELLAS*
Mi padre me hablaba de estrellas,
sus palabras volaron de mi mente.
Mejor mirar el cielo de esta noche
como aquellas del patio de mi casa.
yo era tan pequeño que quizas
este evocando mi más antiguo recuerdo.
El cielo de esta noche muy poco habrá cambiado,
las estrellas se mueven en otras dimensiones,
sus espacios resultan jardines de los dioses
pasan los hombres y ellas apenas si se mueven.
Algún secreto me contó mi padre,
de su vos sólo queda este cielo plateado.
Si se seca una flor del jardín de los dioses
su perfume perdura generaciones de hombres.
Los hombres somos breves, mi padre ya no está
pero mis ojos hoy reflejan las estrellas,
cuando cierro los párpados oprimo
un refugio estrellado.
ARBOLES*
Algunos árboles que ya no tengo
me regresan en sueños:
el sauce llorón de mi infancia,
la línea oscura de ligustros,
las casuarinas y su aullido,
un limonero escala al techo,
una higuera que vió a mi madre crecer
y al sol de la siesta me oyó
conversar con mi abuela,
pesadas hojas que oigo caer desde el gomero.
Son tan nítidos
como si me uniese a ellos un pasaje
que avergonzara al tiempo.
A veces creo que de ellos algo
creció en mí,
que soy la suma de mis árboles.
*Poemas de ROBERTO MALATESTA malatesta@...
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@...
Como ella*
Era el desierto en sus manos
Con ella vivía el sol
Así cual ella había escombros
En su viaje
Ternuras pasadas gemían
Como ella el despertar
Un tanto solitario
Un quejido en su pollera
En sus ojos el cielo se acurrucaba
De verdes y amarillos
También como ella
Había un telón en sus lágrimas
Y un suspiro adormilado
Tan sabio era el pecado
De ser como ella.
Lágrimas*
Unas poderosas lágrimas
Encendieron sus ojitos
Entristecidos de madre
Dolientes de extrañar
A sus dos protagonistas
Que ya no están juntos
El camino se ensombreció
En su corazoncito.
*Poemas de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...
*En la Antologìa 2005 " 50 años de buena letra" sociedad argentina
de escritores / La Plata.
NEBLINA*
La noche
parece incendiar el silencio,
no hay pájaros
y las sombras de la soledad
parecen jaulas dentro de la espesa bruma
que aúllan sin destino
un destierro.
*de ricardo d. mastrizzo. ricardomastrizzo@...
La vasija*
Era mi día libre y no sabía qué hacer con mi tiempo. Había llovido
desde el martes y hoy sábado sería igual, así que decidí quedarme en
casa y ordenar la biblioteca. Debo decir que el tiempo transcurrió
sin que lo notara. Me entretuve hojeado viejos libros, leyendo
anotaciones, y algunas cartas.
Encontré una foto de cuando éramos chicos, mi hermano y yo en la
playa con Maraca, la perra cocker spaniel negra que nos acompañó
muchos años. Me reí mirándome a los siete años con ese flequillo
corto y rubio que mi madre adoraba y yo detestaba; otras fotos eran
de nuestro viaje al río Orinoco, mi
padre y mi hermano trepados en un árbol caído y mi madre tapándose
los ojos muerta de miedo. En un cajón encontré fotos tomadas en
Italia, estoy de la mano de mi abuelo y en ese instante los
recuerdos acudieron a borbotones.
Podía oler el perfume de las violetas del jardín de mi abuela, y
zambullirme en el mar de amapolas multicolores. Subir la colina y
desde lo alto danzar al compás de los trigales que se mecían con el
viento. Muchas lágrimas rodaron por mis mejillas. Mis recuerdos de
la infancia, están hechos de flashes, de instantes fotográficos. Las
fotografías nos hacen tomar conciencia del paso del tiempo, de los
años dorados de la infancia que nunca volverán.
Cuando consideré que los libros lucían ordenados y limpios, me
dediqué a los adornos. Reemplacé fotos, cambié de lugar varios
objetos y entonces me topé con aquella pequeña vasija. Había sido
de mi padre y antes de mi abuelo. La había heredado como se heredan
tantas cosas, pero esa vasija era especial.
Había sobrevivido a las guerras, a viajes en barco, mudanzas,
envoltorios varios y hacía alrededor de diez años que estaba en mi
poder. Recuerdo que mi padre me la había obsequiado la última
Navidad que compartimos. Estaba prolijamente envuelta en papel de
seda blanco, atada con una cinta azul y la
pequeña tarjeta decía: -"No sé cuando llegó esta vasija a nuestra
casa, ni siquiera mi padre lo recordaba, pero siempre estuvo a mi
lado y ahora quiero que sea tuya. Te doy una sola recomendación, al
igual que lo hizo mi padre conmigo, nunca la frotes, tan sólo
límpiala con suavidad. Te adoro, Feliz Navidad".
Me quedé largo rato observándola, pasando mis dedos sobre sus
porosidades y sus diminutos surcos. Estaba adornada con una pequeña
guarda con dibujos geométricos en color negro, el fondo mostraba la
terracota oscurecida por los años. Era casi milagroso que se hubiese
conservado tan bien.
Pasé mis dedos por su interior, la aproximé a mi oído, como hacía en
mi infancia con los caracoles de mar, la olí, la aproximé a mi ojo
para verla por dentro, la oscuridad era absoluta, cuando la separé
me pareció ver algo, miré nuevamente, una pequeña luz, muy tenue,
estaba allí. Varias veces la acerqué y alejé para ver qué sucedía,
la luz seguía allí. No supe qué hacer y volví a dejarla en su lugar.
Había dejado de llover y decidí dar un pequeño paseo con mi perra,
hacía calor.
Siempre me había resultado insoportable el verano en Buenos Aires, y
este era uno mas de esos húmedos y calurosos veranos.
Caminamos bastante, las luces comenzaban a encenderse, me senté en
una heladería y compartí un riquísimo helado con mi perra. Varios
niños se acercaron para acariciar a mi fiel compañera y ella
respondía el saludo lamiéndoles las manos.
Se hacía tarde y regresamos. Abrí la puerta de mi casa y antes de
encender la luz un pequeño brillo proveniente de la biblioteca llamó
mi atención, era la vasija.
Me acerqué a ella lentamente preguntándome por qué nunca antes había
visto ese minúsculo resplandor. La tomé en mis manos y me senté en
el balcón a observarla. ¿De dónde provenía esa luz? Apoyaba mi mano
sobre la boca de la vasija tratando de tapar la luz, pero no lo
lograba.
Como lo había hecho por la tarde la acerqué a mi ojo pero la retiré
inmediatamente, me quedé atónita.
¿Sería real lo que veía?
Dentro de la vasija habitaba un pequeño universo, un tiempo pasado y
remoto.
Sentía una mezcla de temor y curiosidad, una vez mas la acerqué a mi
vista.
Me vi dentro de ella, habitando ese lugar. Caminaba por una calle
soleada, vestía una túnica blanca sostenida con un lazo azul, en mis
pies unas sandalias marrones, el cabello largo y rubio sobre mi
espalda, a mi lado una hermosa mujer lucía una larga capa celeste,
era mi madre. Estábamos muy entretenidas conversando de temas
familiares.
El camino estaba bordeado por bellos olivares. Era un día de
primavera, templado y tranquilo.
Nos dirigíamos al mercado público en las afueras de la ciudad que
los días martes y viernes se instalaba. Allí era posible adquirir
desde comestibles y especias hasta hermosas telas para confeccionar
nuestras vestimentas y lo necesario para nuestra casa.
Ese día lucía radiante el mercado, los vendedores ofrecían sus
mercancías con simpáticos cánticos.
Nos dirigimos al puesto de telas, allí nos deslumbramos con sedas
traídas de oriente, adquirimos algunos cortes, luego compramos
verduras y frutas.
Ese momento de las compras era una buena excusa para saludar y
conversar con amigos y parientes.
Nos encontramos con una prima de mi madre de nombre Anna, luego de
los consabidos besos y abrazos nos comentó que esa mañana había
pasado por su casa un mercader que venía de Roma y traía la noticia
de que próximamente la ciudad sería invadida por guerreros del
norte. Mi madre al notar mi preocupación, acarició mi cabeza y me
tranquilizó.
Emprendimos el regreso y al poco tiempo llegamos a nuestra casa.
Habitábamos en una hermosa casa blanca que había sido de mis abuelos
paternos. Era un cómodo lugar para vivir, con espaciosas
habitaciones donde el sol entraba a raudales por los amplios
ventanales. Un gran jardín rodeaba la casa y desde allí era posible
divisar las tierras de la familia con sus cultivos. Mi padre se
encontraba en ese momento con dos de mis hermanos varones ocupados
en la cosecha. El mayor de mis hermanos, Carlo, había viajado a
Roma, era amante de las ciencias y mi padre le había dado la
posibilidad de estudiarlas. Mis abuelos maternos, Rosario y
Giovanni, vivían con nosotros.
Durante el almuerzo mi madre comentó los dichos de mi tía Anna, mi
padre no pareció sorprenderse con la noticia, puesto que días
pasados un forastero le había hecho el mismo comentario.
Una gran angustia me invadió por lo que pudiera sucedernos, entonces
mi padre, con la infinita calma que lo caracterizaba me dijo: -
Querida hija, estamos lejos de Roma y tal vez aquí nunca lleguen.
Cuando comenzaba el verano tuvimos noticias de la llegada del temido
ejército del norte. Todos hablaban de sus bárbaros soldados que no
dejaban nada en pié.
Así vivimos varias semanas, con miedo y desesperación.
Una mañana de lluvia llegaron a nuestra casa pidiendo comida y un
lugar donde alojarse. Con mi madre comenzamos a preparar grandes
cantidades de comida mientras mi padre y mis hermanos acondicionaban
el sótano para que pudieran ubicarse allí. Debo decir que siempre
fuimos tratados con amabilidad por parte de ellos.
Una tarde me dirigía a recoger agua cuando un soldado se me acercó.
Era un hombre alto, muy rubio y una gran tristeza habitaba en sus
ojos. Me pidió disculpas por haber invadido nuestra casa y me dijo: -
"No tema, nada sucederá".
Su rostro y su voz me resultaban familiares. El resto del día,
mientras trabajaba, no pude apartar de mi pensamiento aquel hombre,
tenía la plena seguridad de conocerlo.
Habíamos terminado de servir la cena y mi madre me pidió que fuera a
buscar carburo para alimentar las lámparas que quedarían toda la
noche encendidas. Bajé las escaleras y allí estaba aquel soldado, me
dio las buenas noches y me dijo que tenía la impresión de conocerme.
Mientras caminaba noté que me
seguía, entré a la pequeña habitación en busca del carburo y a mis
espaldas la voz del soldado dijo: -"Eres la pequeña Ada, ahora te
recuerdo. Yo te tuve en mis brazos cuando eras apenas un bebé. Amaba
tus ojos claros y un día le prometí a tu abuelo Luigi que regresaría
para casarme contigo". Yo le
devolví una sonrisa y dije: -"No creo que sea esa su misión en este
momento"
Él respondió: -"créeme Ada, cumpliré mi promesa".
Un terrible estruendo proveniente de la calle hizo que me
sobresaltara y la pequeña vasija se desplomó en el suelo haciéndose
añicos. Largo rato me quedé observando los trozos esparcidos por el
piso del balcón. Aquel pequeño mundo y su luz habían desaparecido.
Me sentía culpable por no haber cuidado
aquel pequeño tesoro. Me sorprendió el día con los restos de la
vasija en mis manos y mi rostro lleno de lágrimas.
En ese momento alguien llamó a mi puerta, me incorporé, sequé mis
lágrimas y abrí la puerta.
Allí estaba, tal como lo había visto en la vasija, era un hombre
alto y rubio. Con una sonrisa me dijo:
-"Recorrí un largo camino, pero aquí estoy, he vuelto para cumplir
mi promesa, he venido a buscarte".
*de Tila. tiladellorso@...
Una foto en la estación*
Link Foto:
http://ar.pg.photos.yahoo.com/ph/monicarussomanno/detail?.dir=.2f9cre
2&.dnm=8a64re2.jpg&.tok=phd9p0EBU4HwmWBc&.src=mail
Cristo viene pronto, prepárate. Lo espera el autobús desvencijado
frente a la estación de tren. Una estación dada a alojar
desamparados, abierta a los vientos, desportillada.
El autobús celeste espera al Mesías junto a vidrios quebrados y
marcos de ventanas sin goznes. Espera. Pacientemente aguarda la hora
próxima de la resurrección.
Cristo viene pronto, dice el letrero vagamente amenazador. El
óxido corroe los flancos del animal con ruedas que, pacientemente,
espera. Espera.
Espera el tren fantasmal que llene de vapor el antiguo
tinglado. Espera la venida, la arribada, espera el día. Vendrá,
promete, la locomotora desprendida de la niebla, el vagón de madera
del cual descienda el hijo del hombre.
Las plantas tenaces crecen en los alféizares, en las metopas y
ranuras de la fachada. Todo envejece. Seguimos aguardando sin
demasiadas esperanzas una redención.
El autobús celeste espera, espera, en la región de las
ilusiones y la duermevela. Inmóvil como el horizonte, que se mueve
para estar siempre inalcanzable. Espera.
Qué Cristo subirá sus escalones, me pregunto. El único posible.
El hombre. Un hombre con su dios adentro, solitario y despojado.
Habrá que prepararse para recibirlo. No se si vendrá, porque ya
está aquí.
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
*
En la provincia de Neuquén, muy cerquita a Villa Pehuenia, bordeando
el Lago Aluminé, se accede a un angosto camino de tierra enmarcado
entre la frondosidad de ñires y pehuenes que mantienen ocultos los
lagos y lagunas interiores.
Por este camino es posible llegar a un hermosísimos paraje: "Pu weri-
Quechu Lafguén" (Bienvenidos a las Cinco Lagunas) reza el cartel de
madera junto a la "ruca de informes."
Es un campamento agreste administrado por ocho familias de la
comunidad mapuche puel, con viviendas muy alejadas unas de otras.
Es en este sitio, donde desde julio descansa, bajo la sombra de un
magnífico y antiquísimo pehuen, Juanita Puel.
Tres cruces de madera, mucho más antiguas, con coronas de flores
desteñidas, atestiguan que no está sola.
La de Juanita, además del nombre, tiene grabada una fecha: 5 de
julio de 2.005.-
No sé por qué razón, me detuve tanto tiempo en ese sitio.
Me quedé sentada bajo esa sombra, disfrutando los silencios,
atendiendo los ecos internos. Observando las velas gastadas,
protegidas del viento por el hueco del propio tronco, al pie de las
raíces.
No se por qué, no me atreví tomar la pequeña cajita de fósforos que
también resguardaba el corazón del pehuén para encenderlas.
Recordé a Francesca, apenas llegamos al lugar, pidiéndome que "no
pisen las plantas porque son de la chica que canta en el agua…" Miré
la cruz de Juanita, con su nombre grabado a fuego, las flores de
papel nuevas junto a otras de plástico… Sentí que quizás, ella era
la chica a la que Francesca aludía.
Se me grabó en el corazón el nombre de Juanita. A fuego.
Como en su cruz.
Mas tarde comprendí que no había sido una casualidad que
me encontrara con sus nietos.
Ella andaba a las vueltas.
Sentí su beso en la mejilla cuando Raúl y Nihuil, que
venían a caballo, detuvieron la marcha, se acercaron serviciales, y
empezaron a contar…
Raúl, de unos diecisiete años, sueña con seguir
estudiando, en la universidad, como dos de sus siete hermanos.
-Uno estudia gastronomía y el otro veterinaria….yo
quiero hacer una carrera corta…Educación Física, para poder seguir
ayudando a los que vienen detrás…." Decía mientras con la mirada
señalaba a su hermanito menor:
El chiquito, marcó orgulloso la pose, antes de
pronunciar su nombre: "Nihuil Ataná Cirilo Puel."
Nihuil… fuerza… Ataná…regalo de Dios… me explicó…
Nihuil, comenzaba este año la escuela…"pero no me
quiero albergar.." –protestaba…
En invierno, los chicos quedan albergados semanas
enteras.
Cada tanto, los maestros se toman una semana de franco,
entonces los chicos pueden regresar a sus casas.
Concurren a una Escuela Albergue, que está sobre la
ruta, a veinticinco kilómetros del lugar. Un transporte escolar se
ocupa de buscarlos y llevarlos a la escuela.
-"Yo no me voy albergar… me voy a ir a
caballo…así puedo volver"- insistía interrumpiendo a Raúl que
intentaba contarme de las plantas del lugar.
Por Raúl aprendí que los ñires, son árboles que
alcanzan grandes alturas, pero que también suelen quedar
achaparradas convirtiéndose en trampas mortales en invierno cuando
la nieve las cubre.
Por él supe que en ese lugar la nieve llega hasta
cubrir cinco metros de altura, y esas plantas, que apenas se ven, se
convierten en pozos donde pueden quedar atrapados.
Para prevenir este tipo de accidentes, es que construyen
con caña colihue una especie de plantillas gigantes, que sujetan al
calzado.
Era enero, y ya estaban juntando la leña para el
invierno.
"Cinco camionadas necesitamos para asegurarnos que
alcanzará.."- con dos, en septiembre ya se termina…"
En invierno, nadie sale… y si lo hacen, es a caballo, en
bicicleta o a pie.
Aluminé, es la ciudad más próxima. Rara vez van hasta
Zapala o Neuquén.
Además, la ciudad no les gusta. Es peligrosa.."uno se
puede enfermar.."
-Es un problema cuando alguien se enferma…. Hay que ir a
ayudar, a caballo…
Le conté que había visto, en una de mis caminatas, una
casa con grandes corrales…Se le iluminó la cara…
-Ahí vivía mi abuela. Murió hace poco…Murió porque tenía
una enfermedad de más de veinte años, que no sabía… acá es raro que
alguien se enferme. Acá no hay virus. Si vamos a la ciudad, nos
traemos los virus. Por eso tampoco vamos al hospital.
Por ellos supe que las tres cruces que la acompañaban
correspondía al papá, a la mamá y a una hermana de Juanita.
Raúl se quedó un rato largo hablando… contando cómo las
familias se sostienen, en parte, con los recursos que obtienen del
campamento constituyen un fondo.
Las familias se turnan para atenderlo. Dejan una parte
para el "fondo comun" y el resto se lo reparten entre las dos
familias que atendieron esa semana la ruca de informes.
El "fondo común" lo utilizan para comprar alguna bolsa
de harina si algunas de las familias de la comunidad lo necesitan …
El invierno es riguroso y costoso…
Nihuil…. fuerza…"Ataná"… regalo de Dios … ya
está llegando el invierno, seguramente estarás "albergado".
"Regalo de Dios" , beso en la frente de Juanita el
habernos presentado… La más preciada postal de viaje que conservo
en el corazón.
Quizás, alguien llegue hasta la Escuela Albergue
Evangélica. La de ladrillos colorados, que está sobre la ruta,
frente al lago.
Quizás, alguien pueda contarle a Nihuil que un poema
nombra a su abuela Juanita, a modo de agradecimiento por el regalo
que me ha dado.
Para Nihuil Ataná Cirilo Puel, en memoria de su abuela, Juanita
Puel, la que descansa bajo el pehuén, cerquita de Villa Pehuenia,
junto al lago Aluminé, en la provincia de Neuquén.
JUANITA PUEL…
Juanita Puel abandona el hueco
del pehuén que abrazó dormida
junto a la sombra del invierno.
Sale y enciende de una sola vez
con su vela eternamente encendida
la luz del amanecer que flota
esperándola, siempre…
Sopla en el cuenco de su mano,
burbujitas de aliento
para que estallen y se liberen
los trinos de todos los pájaros
aquellos que acunó dulcemente
en su regazo de hojas
a constante y rutinario silbo de viento,
alternando silencios.
Juanita Puel desovilla a luna
que se quedó enganchada entre los cerros.
Despierta a la música dormida,
extendida, desnuda y frágil
en los cristalinos espejos del cielo.
de este Sur azul, ignorado, infinito y solo.
Juanita Puel sube y baja
por las escarpadas laderas de los misterios
esculpiendo vidas y nombres entre los peñascos,
recogiendo las tintas esmeraldas y puras
disueltas en el río estruendoso
que baja veloz bramando historias.
Juanita enlaza –paciente- los milagros
que florecen magníficos y plurales
frondosos y silvestres,
cada vez que ella, le trenza al Sol
una coronita de amancay y retamas.
*de Marta Goddio.
-Enviado para compartir por Horacio Rossi. terrazio@...
El admirable*
*Por Miriam Cairo. cairo367@...
I. Maravilloso, sencillamente maravilloso. Sé que imaginar está
dentro de tus atribuciones, dentro de tus posibilidades, sin embargo
eso no lo explica todo. En las oficinas, en los estacionamientos, en
los bares debe haber funcionarios, asalariados, monotributistas con
las mismas posibilidades que vos, pero que están lejos de tus
logros. ¿Te aman por ello? Perdón por la indiscreción, pero creo que
una sola de tus invenciones merece el amor del mundo. Amor lumínico.
Amor imaginario. Amor carnal. Simple amor.
II. Yo suponía que podía existir en esta ciudad, en medio de los
autos y los monumentos, un creador de tu talla. Lo suponía sin
saberlo. Lo deseaba. Deseaba leer las palabras que has escrito. Y
ahora espero las que escribirás. Esperar tus palabras no es una idea
argentina, ni rusa. Tal vez sea una postura universal, venida de
otras lecturas. De Marx. De Breton. De Botella al Mar. Es un buen
nombre para una editorial ¿no te parece?
Perdonáme que no te hable de mí. Pero a quienes inventan tales
metáforas se les puede callar todo ¿verdad?
III. La realidad de lo que no existe es indiscutible y basta con que
vos la nombres para que una pueda tocarla con los dedos. La
configuración extraña de las cosas se vuelve completamente natural:
el césped es violeta, el mundo, afortunado. Qué belleza. Y qué
tranquilidad. Porque incluso, cuando no inventás la lluvia, escribís
palabras tan cargadas de humedad que un mar aéreo pareciera que se
derramara sobre el mundo.
IV. Durante mucho tiempo, te aseguro, había tratado de encontrar
esta clase de imaginación. Iba a pie a todas partes. Ni siquiera
tomaba el colectivo. Me arrinconaba en los bares. Permanecía en
silencio en los terrenos hostiles a la poesía. En fin, no quiero
aburrirte con todo aquello, porque ahora que te he leído me siento
tranquila. Me siento feliz. No hay nada más real que un espejismo.
Nada más germinal que todo lo que surge cuando vos pronunciás la
palabra nacimiento.
Perdonáme que te hable de mí. Pero a los seres que escriben tales
metáforas se les puede inventar todo ¿verdad?
V. Tu escritura es más física que una construcción universal. Es una
forma irreparable de sentir. Hasta que la conocí, yo leía palabras
tristemente neutras. Palabras que describían la existencia como si
fuera de vinilo o de latón. En cambio tu devoción por lo ilusorio,
tu falta de ambición por lo real, se me manifiesta de manera
sencilla y al mismo tiempo, totalmente inesperada. Tu mundo ha sido
hecho a la medida de los mundos.
VI. No hay un solo hombre en la calle. Ni un ruido. Ni un gato. Ni
una sombra. Y sin embargo, no me siento sola. Tu escritura llena los
caminos, me llena a mí con una energía terrena más alta que la
energía celestial. Toda vez que tus palabras me llevan a los puertos
del universo, siento al mismo tiempo un gran asombro y una gran
naturalidad. Y si se me ocurriera, podría volar. No lo hago
simplemente porque no lo necesito. Porque me acostumbré a andar a
pie por todos lados. Ni siquiera tomo el colectivo. A los puertos
del mundo puedo llegar en una noche. En un solo paso. Con un libro.
Tu imaginación ya no es un hecho exterior a mí misma, como una cosa
escrita por otro. Cuando decís que ya no hay agua, yo me muero de
sed. Cuando me siento satisfecha, los manantiales y los frutos
brotan de lo que has escrito. Y espero que tengas claro que no sos
el producto de mi fantasía exaltada. Tus palabras están escritas
ladrillo por ladrillo. Papel sobre papel. Tus libros son concretos y
palpables.
VII. Quizás hubiera sido preferible que tu escritura fuera un sueño,
porque la realidad de los libros puede convertirse en una pesadilla.
Editores. Librerías. Estantes. Cohelo. Fotocopias. Por eso estoy
aquí. Para defenderte. Porque necesito encontrar otro trabajo y creo
que sería buena en la tarea de defenderte. He llevado niños al
colegio. Médicos al sur. Muertos a sus tumbas. Puedo llevar tu
imaginación más allá del libro. Nadie está mejor colocada que yo
para hacerlo. Y asumo los riesgos. No soy sorda. Soy exquisita.
Cuando defiendo una imaginación me vuelvo bestial y exquisita. Nunca
militar. Nunca licenciada. Nunca limítrofe.
Voy a defenderte porque cuando vos nombrás las cosas, nuevas cosas
aparecen. En cambio los otros, los que están en el mismo estante que
vos en las librerías, nombran las cosas que no dejan de ser cosas.
Si, puede ser éste un golpe moral y confuso. Veré si logro aclararme
más adelante.
VIII. Nadie debe vivir peligrosamente si no le agrada eso, dijo el
arquitecto. Yo pienso que nadie debe escribir latosamente de
propósito. Nadie debe llenar hojas y hojas contando historias que ni
siquiera a sí mismo le interesan por alevosía, por perversos deseos
de aburrir y adormilar. Esos escritores que están junto a vos en el
estante, son víctimas. Pobres víctimas de sí mismos. De los
catálogos. De Cohelo. De la escritura que no se deja atrapar.
IX. Los males de la escritura son tan empíricos como teóricos. Tan
concretos como del orden espiritual. Tan íntimos como populares. Y
los libros no son cosa inocente. ¿Has visto los que eligen estar en
las góndolas de los supermercados? Ellos saben bien qué es un lector
y qué, un consumidor. Cuando los consumidores andan por allí
eligiendo vinos o cotejando el precio de los jabones neutros,
circulan desprevenidos por el sector de librería. Entonces los
libros imponen sus tapas lustrosas para incitarlos al esplendor.
Ofrecen éxito o lágrimas. Asesinatos o historias de pasión. Son sus
trucos habituales. Olfatean. Eligen al consumidor propicio, entablan
una especie de comunicación y después ya no lo sueltan. Les proponen
enriquecerlo con grandes pretensiones que sacan de sus páginas:
bosques artificiales, sabores adulterados, cigarrillos
norteamericanos, sacones de astracán, cualquier cosa brillante. De
repente, el consumidor cree que todas las palabras, sólo por estar
impresas, son importantes. Que las tapas son importantes. Las tapas,
para los consumidores, suelen ser irresistibles. Los pierden.
Entonces, aprovechando que están absortos en la contemplación de la
imagen, ellas los empujan a las redes del consumo y los consumidores
pagan cualquier cosa en la caja. Las editoriales se salvan y la
literatura se queda pensativa.
Lo extraordinario es que todo esto se sepa y que el consumidor se
deje sorprender sin embargo. Esa es la manía de las víctimas:
aparecer siempre en la escena del crimen.
X. Yo no creo posible que vos no tengas espesor. No puedo aceptar
que seas un ángel muerto como cualquiera de los otros ángeles
muertos. No me parece probable que seas un dios. Imagino mucho más
que eso: intuyo que podrías ser humano. Sólo los mortales logran
alcanzar cimas tan altas y caer en precipicios tan desolados.
Como te dije antes, veré si consigo aclararme: voy a defenderte
porque los editores tienen la oreja suprimida y la boca sepultada.
Porque el transmutar de tus palabras dan sazón a mi lectura. Porque
cuando estoy abrumada por la ley de gravedad y las cornisas, en
cualquiera de tus acentos encuentro el relámpago necesario para caer
fulminada. Voy a defenderte porque sin tus palabras yo no soy más
que una sombra de mi propio universo.
*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-3427-2006-
05-09.html
me faltò...*
Me faltó un beso
Esta mañana
Descansaba desnuda
Entregada a la almohada
Y entre fantasías oía
Cómo el ruiseñor
Se deleitaba
Su suave dueño
En puntitas de pié
Al solcito orientaba
Me faltaron tres y cien besos
Esta mañana.
Cuando te encuentre
Bien en secreto
Te robaré las plumitas
De ruiseñor de tus labios
Una a una las iré coleccionando
Para continuar queriéndonos.-
de Nora Azul del R. Akimenco. azulaki@...
*
En Bandada
En Bandada es una antología presentada a fines del 2005.
Reune a 23 poetas de cuatro provincias del país -algunos adictos a
inventiva- y que tiene el propósito solo de difundir.
Coordinaron la misma: María Amelia Schaller, Sebastian Quiroz,
Horacio Rossi y Oscar Agú.
Se está repartiendo en bibliotecas públicas y escuelas, sin costo
alguno.
También nos interesa que llegue a colegas y lectores.
Para ello la ofrecemos realizando el envío a contrareembolso. El
costo del mismo es sólo de $ 15.-
Solicitarla a través del siguiente correo electrónico:
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*
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en inventiva.
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socio.
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Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
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UNA MIRADA*
He observado los bosques para ver únicamente los árboles de
corteza caduca y hojas desnaturalizadas por las babosas. He visto
los hongos comiéndose la oscuridad de la tierra, pájaros
parasitados y animales moribundos en la maleza. He visto tormentas
destructivas en la espesura, y
no me es ajena la cicatriz del rayo en los troncos torturados. No me
es ajeno el dolor de los bosques, no comprendo cuando dices "mira" y
sonríes a tal espectáculo de muerte y sufrimiento. No me es ajeno el
espanto de la espesura.
Me muestras los mares, y las olas de sucia espuma rompen en
playas formadas por millones de cadáveres calcáreos. Cómo mirar el
mar, me pregunto, cómo admirarlo. Cómo evitar en él el naufragio, el
llanto de las viudas, la extinción de los roncos mugidos de los
cetáceos. No me son ajenos, te digo, los espantos oceánicos.
Diriges mi vista hacia las humanas multitudes. Señalas un niño,
veo en él presentes y futuras crueldades, veo la lenta degradación
de los órganos, el velo enquistado de los saberes falsos, de la
dureza que hará de él soldado de inquisiciones, verdugo y juez de
sus semejantes.
Alumbras para mí a un par de enamorados. Se devorarán, te digo,
no hay forma alguna de que no acaben tironeando de sus propios
despojos. Acabará la caricia en garra, el beso en colmillo, la
ternura en cuchilla afilada. No me es ajeno, tampoco, el amor. Que
ya lo he visto. No me es ajeno el amor, y no
conozco donativo más oneroso.
Meneas la cabeza tristemente. Me dices que tu paisaje es bello,
que hay ternura en tu universo, que las sombras están, pero debajo
de los claros objetos.
Dichosa de ti, dichosos los dichosos. Cíclope soy. Esto veo.
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
*
No estoy solo,
Ni la tarde entró anaranjada por antojo
Y hasta el cañaveral mecía el aire tu nombre.
Si estoy solo,
del pan salen tus abrazos.
Cuesta arriba en la noche reza la madrugada,
vanguardia amenazante de huelgas al olvido.
Porque no olvidas.
Porque aquí,
no suelo estar deshabitado pelando nueces,
ni despojado de guitarra.
Tengo tantos cuadernos en blanco
como tinta para nombrarte,
pero;
el verso hace un alto, para que mi boca
haga memoria en tu nombre.
BAJO LÁGRIMA Y LAUREL DE TU VICTORIA*
Sólo por ti esta noche no es noche,
pues hay un coro de luces en la maleta de mi alma.
Ya ves, hasta mi carne se apellida Gabriela
porque todavía hay imbéciles rondando
entre tanta mierda.
El tiempo pasado no fue bueno
y estoy harto de presumir,
estar y andar parado ante una huelga de abrazos.
En nuestra patria siempre hubo primaveras
con alguna Gabriela.
Podría jurar que en vano aún buscan
el sueño que dejaste
al grito en mi memoria.
Tal vez pueda imaginarme,
gritarme, salvarme,
de saber que mañana habrá grandeza
del sueño a un camino nuevo,
desde allá,
donde el Maya coronaba su suelo
hasta la última Ona con su cultura
de cuero, sangre y araucaria.
Tal vez amanezcamos de pie,
sobre el pie de la memoria,
y casi riendo o casi llorando
saber que habrá primaveras.
Increíble pensar
que rondaron vuelos rematando
Gabrielas.
Increíble pensar que parieron
parir Gabrielas.
Increíbles monstruos disfrazados
como demonios llorando cruces,
cantando himnos.
Y esto no lo contó la historia,
por eso apellido tu nombre.
Siempre habrá juventud de Gabrielas
y siempre habrá una barricada y un puño
labrando la bronca
pariendo el parir de Gabriela.
Tu muerte sirve,
porque hasta parir pare mi boca
la bandera de tu memoria.
*poemas de ricardo d. mastrizzo ricardomastrizzo@...
La luna*
La luna
con su eterna tristeza de único testigo
contempla el mar.
El hombre
a la orilla parado de ese mar en tinieblas
medita y calla; sueña
ciudades sumergidas en las profundidades.
(Apócrifos recuerdos recobrados de pronto)
La quietud de las olas delata tempestades
que han de llegar. La calma,
el silencio del viento,
presagian oceánicas batallas
que han de inquietar el pecho del viajero,
llagando con sus fieras marejadas
el alma de la noche adormecida.
Después la mañana, el hombre
a la orilla parado de esas olas en calma
recordando ciudades sumergidas
más allá del olvido.
*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...http://www.aragonesasi.com/sergiohttp://al-andar.blogspot.com/
BORRADOR SOBRE TANGO PARA RUBEN BELENGUER*
Hay quien se cree que es cuestión
de zamparse el uno al otro,
con calentura de potro,
mientras arde el bandoneón…
Pero este baile trenzón,
antiguo ya de tan viejo
(los otros son el reflejo
de su mismo corazón)…
Va rezando en su canción:
todos los cuerpos son uno,
todo tiempo es oportuno,
todo encuentro es ocasión…
Ya no tenemos fogón
en el centro de la rueda,
pero hay fuego en la voz queda
que hilvana el ritmo y el son…
Delicadeza en acción
gana todas las batallas,
y derriba las murallas
su profunda conmoción…
Es como una religión
que se baila para adentro,
buscando hallarse en un centro
en medio del envión…
Nadie queda de mirón
si encuentra oportunidad
de gozar humanidad
en parejero montón…
Hay quien molesta, bocón,
y se propasa de más:
no dura. Y te lo encontrás,
hociqueando, en un rincón…
Es de tango la reunión:
asunto sobreentendido.
Nadie que no haya venido
aprenderá su lección…
Ritmito arisco y dulzón
que no necesita letra
que lo armoniza o perpetra
según quien fuese el firmón…
Mejor si suena zumbón
contando el canto del cuento:
lo que se llevará el viento
fue lo hecho sin emoción…
Podrá con su virazón
devolvernos al principio,
sin el muerto precipicio
de la civilización…
Y acabo la anotación,
como en un tango, abrazando
a los que llegan, bailando
su sagrada comunión…
*de Horacio C. Rossi, en la terraza… lacho51@...
Ciudad turística*
A Carlitos le gusta la tarea que le han dado: recolectar la comida
de los tachos de basura de los restaurantes de la zona; con eso, su
familia alimenta los cerdos y demás.
En su recorrido, hoy ha llegado arrastrando su carro hasta el mar...,
nunca lo había visto.
- ¡Mirá Tilín! -exclama a su perro. Tiene la emoción instalada en la
voz porque el Atlántico ha irrumpido en sus ojos como la imagen de
la felicidad.
El animal baja con ímpetu por las rocas hasta llegar a la playa, él
lo sigue y corren por la orilla jugando hasta fatigarse. Luego
descansan en la arena.
- ¿Sabés Tilín? -reflexiona el niño mirando las olas-, de aquí salen
los pescaditos que comemos por las noches.
*de Lucia Diaz ludiaz1@...
Macaco Branco*
La historia me la contó un poblador de la isla. Yo estaba parando
allí hacía tres días y había llegado de casualidad. El tipo se
llamaba 'Ginga' y el lugar 'Morro de Deus'. La isla quedaba a tres
horas de lancha de la costa de Natal, al norte de Brasil. No había
autoridad municipal, ni mucho menos; solo una pequeña plaza
alrededor de la cual había una diminuta escuela y una iglesia
modesta. Un par de almacenes abastecían a los pobladores de los
productos básicos y la comunidad funcionaba casi sin darse cuenta.
Las reglas de convivencia no estaban escritas en ninguna parte pero
grandes y chicos aplicaban el sentido común a la hora de
relacionarse con los demás.
Al caer en el morro, no pude creer tanta belleza. Prácticamente
virgen, el paraje era deslumbrante. Tenía callecitas de tierra,
casitas bajas y unos pocos botes para salir a pescar, actividad de
la que vivían casi todos.
Hacía cuatro años que las primeras personas del continente se habían
asentado allí; llegaron buscando tranquilidad y recursos naturales
para trabajar. También apostaban a la fortuna que traerían los
viajeros que empezaban a aparecer año tras año por aquella zona
todavía desconocida.
Un fantástico morro de color verde plátano, vigilaba todo desde lo
alto. El mar, manso y sabio, rodeaba la inmensidad que había a la
vista.
Yo había salido hacía más de un mes de Buenos Aires y no tenía
ningún apuro por volver. Me acababan de echar de mi trabajo y con la
indemnización decidí salir de viaje. Nadie me esperaba en casa.
Estaba tranquilo y feliz. Nunca había estado tanto tiempo a solas
conmigo mismo.
Una noche, bajo el techo de paja de un pequeño bar clavado en la
arena, 'Ginga' me contó un suceso que quedaría grabado en mi cabeza
por mucho tiempo. Algunos parroquianos tomaban 'Casasha' sentados en
unas mesitas de madera sobre la playa. La luna estaba llena y
blanca. La temperatura era ideal.
El protagonista de la historia se llamaba 'Macaco Branco'. Cuando
era chico, practicaba Capoeira en el pueblo donde había crecido,
cerca de Natal. De ahí arrastró el apodo que un día le puso un
compañero de grupo. Branco(Blanco), porque el tipo era uno de lo
pocos de tez blanca entre los cientos de raza negra de la zona.
Macaco, por uno de los movimientos que regalaba al practicar la
disciplina.
Los padres de Macaco Branco habían migrado al Morro de Deus hacía
unos meses. Un amigo de ellos se había asentado allí y al irle bien,
decidieron dejar la ciudad. En la isla funcionaba una cooperativa
que organizaba la actividad de la pesca. Cada uno sacaba provecho
suficiente como para vivir sin apuros. Arrancaban al amanecer y para
el mediodía estaban terminando.
Por la tarde trabajaban arreglando los botes.
Macaco Branco tenía 16 años y no era el tipo más querido de la isla.
Tenía un carácter difícil y explosivo. Solía irse a las manos mucho
antes que cualquier otro. De chico era muy problemático y siempre le
costó
relacionarse con sus pares. Fueron varias las veces que su madre
tuvo que interceder para intentar enderezarlo. Y no lo logró.
El chico pasaba gran parte de su día en la isla pero a veces solía
desaparecer por un tiempo. Tenía bien claro que debía ayudar al
padre en las tareas de la pesca, pero no se hacía cargo. Vivía
enfrentado con su familia y decía que tenía gente amiga del otro
lado del mar. No estaba de acuerdo con el rumbo que habían tomado
sus padres. No le gustaba la isla y su eterna siesta.
Cada vez que podía se escapaba. Después volvía, daba una mano,
recuperaba energía y volvía de nuevo al trote.
En la ciudad no hacía más que trabajos de ratero. Nada importante en
realidad. Apretaba a algún turista e intentaba hacerse de cámaras de
foto o videocámaras, bienes que se pagaban bien en el mercado negro.
En el último tiempo andaba en la calle acompañado de ciertos
malandras que lo exponían a situaciones de complejo retorno. Algunos
andaban armados y la mayoría no tenía nada que perder.
De una de esas noches de juerga, Macaco se quedó con una pistola.
Embarcó para el morro y llegó a la madrugada. Estaba totalmente
borracho y deteriorado. Pudo dormir un rato y así reponerse solo un
poco.
Arrancó la jornada limpiando redes, recibiendo botes y separando
peces por tamaño. Durante toda la mañana, ente tarea y tarea, siguió
tomando casasha.
Su locura avanzaba y el sol le atravesaba la cabeza con crueldad.
Cuando por fin se fue a casa, no pudo más que desplomarse en la
cama. Con la mirada reposando en el techo, y de manera repentina,
una idea lo conmovió: lo iba a robar a Cari, el hombre que vendía
pan en el morro. Le tenía ganas, y si había un día para ponerlo, era
exactamente ese. La vieja enemistad que lo enfrentaba con el
panadero se le clavó frente a los ojos y permitió que el joven no
dudase ni siquiera un instante de sus intenciones.
Se levantó, agarró la pistola y salió. Caminó seis cuadras hasta
llegar al rancho que desprendía un humo tenue de una chimenea de
barro. Paró en la puerta y se tomó un segundo. Respiró hondo, y
entró.
"!Cari, dame toda la guita o te hago mierda¡", dijo Macaco, según
contó Ginga. El hombre quedó tieso, como descreído de lo que veían
sus ojos. A los pocos segundos contestó: "Macaco, estas muy
borracho. Deja el arma. No hagas locuras que después podes
lamentar". Macaco no escucho razones, encaró para
la mesada que los separaba y tomó violentamente de la remera al
hombre que vendía pan. Cari, no se dejó avasallar y tomó del cuello
al contrincante; a partir de ahí, se mezclaron en un forcejeo que
duró unos minutos. Rompieron todo lo que había alrededor y se
descargaron golpes, patadas y todo tipo de
insultos.
De repente, un disparo seco y hondo, desvaneció la escena. De la
pistola salió disparado un tiro que terminó en el pecho de Cari.
Este cayó herido sobre unas herramientas y se quejó del dolor.
Mirando a los ojos de su atacante, colmado de una furia
inaguantable, ya sin fuerzas, y en posición fetal, murió.
Macaco quedó anulado. No tenía reacción. No había querido disparar
pero el tipo se le había hecho el héroe. Pareció meditar unos
segundos pero un impulso seco lo despertó. Tomó el poco dinero que
había en una caja de hierro oxidada y salió corriendo desesperado.
En la puerta, había un par de pueblerinos que se habían acercado
después de haber escuchado la detonación.
No era un suceso menor. Nunca se disparaban armas en la isla.
Macaco los increpó, les dijo que no tenían nada que hacer ahí, y se
fue.
Sumamente nervioso, casi fuera de control, se encerró en su casa.
Sus padres no estaban y presintió lo peor. Se tomó lo que quedaba de
la botella de casasha.
De la calle empezaron a escucharse rumores. Las voces de los vecinos
le sonaban poco frecuentes y pudo percibir como una carga infernal
de odio traspasaba la puerta. El chico entendió que lo venían a
buscar.
Intentó salir por la puerta de atrás pero había por lo menos cinco
hombres esperándolo. Algunos traían palos y piedras. Dio media
vuelta e intentó salir por una ventana lateral. Escuchó como el
grupo de la puerta trasera venía tras él. Antes de que pudiera
trepar, lo habían tomado por la espalda.
Lo tiraron al suelo, todavía dentro de la casa, y le dieron una
paliza.
Luego, lo sacaron a la calle.
Casi todo el pueblo ya estaba allí pero nadie decía nada. Fue un
instante en donde el tiempo pareció desvanecerse. Una sed de
venganza colectiva todo lo había acaparado. Hasta la brisa del morro
pareció tomarse una pausa.
Comiendo polvo, el chico levantó la mirada y con el sol pegándole en
los ojos, intentó encontrar a alguien que le salvase la vida;
desesperado, buscó clemencia en aquellos que lo conocían de chico.
Llegó a rogar por su vida; gritó que no había tenido intención de
matar. Que había sido un accidente.
Primero uno, después otro, y en pocos minutos todos los presentes,
empezaron a propinarle un salvaje ataque con todo lo que tenían a
mano. En pocos minutos el cuerpo del joven quedó prácticamente
desfigurado y casi sin vida.
Uno de los vecinos dio el grito de alto y la muchedumbre paró. Ya
era suficiente. Tomaron distancia del cuerpo y en silencio se
empezaron a retirar.
Al igual que cuando llegaron, nadie dijo nada.
Al otro día pegue la vuelta. No solo del Morro de Deus, sino que
también de Brasil. Macaco Branco finalmente había muerto ese día,
mientras su padre lo trasladaba a un hospital de la ciudad más
cercana, del otro lado del mar.
La tranquilidad que me había acompañado en ese mes de vacaciones,
súbitamente se había convertido en una pesadilla. Había perdido la
paz y tuve una necesidad enorme de volver a estar con los míos.
Cuando me tome la lancha que me dejaría nuevamente en las costas de
Natal, Ginga me vino a despedir. A su manera, detectó que la
historia de aquella noche me había afectado. Me dio un abrazo y
mirándome a los ojos me dijo: "Amigo, al comportamiento de la gente
ajena no siempre hay que buscarle una
explicación".
Con profundas nauseas por el traqueteo de las olas, y la cabeza
vacía de ideas, clavé la mirada en el morro, que a medida que
avanzábamos, se hacía cada vez más pequeño.
*de Mariano Abrevaya Dios mabrevayadios@...
Para leer, pensar y acompañar...
( Propuesta para escribir crítica literaria y aportes sobre un texto
en construcción )
*
Mis muy queridos todos: a instancia de malévolos y pertinaces
editores he decidido sacar a la luz algo inconcluso y que debería
esperar una maduración mayor. No tanto por los alcances del hecho,
ocurrido hace cuarenta y dos años, sino por la incapacidad del
autor. Pero el poder de insistencia de nuestro común editor es
mayúsculo. Abandonando su despacho frente a la vieja estación
Temperley se trasladó hasta el Rosario y munido de su poder de
convencimiento (no en vano algunos poetas sureños lo
describen como "El hechicero del bar 'La estación'") logró
arrebatarme la promesa de enviar este engendro poco pulido; contra
mis más acendradas convicciones, agregaré, resentido.
En fin, Ustedes decidirán si vale la pena comentar y/o criticar
esto. Según los dichos del editor se trata de una práctica
novedosísima que consistirá en que cada integrante de este espacio
virtual se sienta libre de enviar un texto (pero sólo uno) que él,
ejerciendo su albedrío de editor, seleccionará
para que durante un mes entero ¡Sí, un mes! los demás participantes
comentemos, desmenucemos, critiquemos, etc.
Al cabo de ese mes aparecerá en nuestras casillas una especialísima
edición que reunirá todas las glosas y comentarios llegados para
que lo atesoremos en el fondo de nuestros discos rígidos.
Una duda me escarba el pecho: ¿Ser el que da la patada inicial de
esta sección es un honor o un escarnio?
Ustedes, mis queridos amigos virtuales, lo dirán. Una cosa es
segura, Dios no permitirá que seres tan persuasivos como nuestro
editor ganen el cielo sin grandes trabajos. tanto poder de
convencimiento no es natural y sugiere algún tipo de pacto
diabólico, o por lo menos demoníaco.
Una nota respecto al texto y su génesis: un amigo historiador
publicó un trabajo sobre el accionar de ciertos grupos ideologizados
y violentos de la década del '60. (La cita que encabeza es de su
artículo). Me movió a curiosidad por que en mi familia cuento con
alguien que fue testigo de los hechos. Traté de indagar y - vaya
paradoja - de ambos lados de los bandos en disputa hubo reticencias
manifiestas a la hora de sincerarse. Esto, naturalmente, exacerbó mi
curiosidad, pero moderó mis intenciones de
construir una investigación histórica. Me sentí libre de escribir
esto en forma de ficción, que me permitiría hacerles decir - y
hacer - a los protagonistas aquello que "deberían haber dicho y
hecho" en función del lugar y tiempo que vivieron.
Sed pacientes, oh virtuales y etéreos amigos, y piadosos con este
escriba.
*Udi, el polígrafo del barrio "La República".
udi.cuatro.catorce@...
Salud y resistencia
http://udi414.blogspot.com
"Los momentos en que somos mas libres e iguales en este sistema son
los que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo
somos meros esclavos"
El texto para leer, pensar y acompañar...
1
El tano Mastrogilardi nunca dudaba. Ese mecanismo mental que muchos
asocian con la inteligencia y la capacidad de comprensión no
revistaba entre sus defectos. El tano no dudaba. Por una cuestión de
disciplina interna. Si recibía una orden es porque en su intimidad
más profunda había aceptado que
quién la impartía estaba profesional y moralmente dotado para
impartirla.
Nunca se hubiera expuesto a recibir una orden de alguien que no
mereciera su respeto. En ese momento estaba frente a un hombre que
cumplía con esas características.
A distancia del subcomisario Sosa - blando, venal y a punto de
jubilarse- el comisario inspector López sabía qué tenía que hacer,
cómo hacerlo, y - lo más importante- no tenía miedo de cumplir con
el deber. La sección especial de la policía - el nombre no describía
demasiado, y así debía ser- no era lugar para flojos. El comisario
inspector López no había llegado a ese puesto persiguiendo
cuatreros, y a veces negociando con ellos, como otros corruptos que
deshonraban el uniforme. A su debido tiempo también estos serían
fulminados por el castigo que el Señor reservaba a quienes
transgredían el orden natural y las jerarquías necesarias para que
cada quién ocupe su lugar en el plan divino, que todo lo contempla,
incluso la existencia de ratas que cuestionan sus designios y aún su
propia majestad.
Hombres como el comisario inspector López y el propio tano estaban
llamados a perfeccionar el mundo librando a la ciudad terrenal de la
escoria que impedía su integración a la ciudad celestial. Que ésta
guerra se prolongase hasta la consumación de los tiempos no debía
invalidar la tarea que la época
le asignaba a cada hombre verdadero.
La tarde en que el tano Mastrogilardi conoció al comisario inspector
López su primera impresión fue de alegría. Una alegría varonil, sin
exteriorizaciones ni mariconerías. El grado que ostentaba el nuevo
responsable de la dependencia confirmaba - por fin - que la
superioridad comenzaba a comprender la importancia de la misión que
el tano - y otros colaboradores "adscriptos" a la repartición -
cumplían en las sombras, soportando a veces el público repudio que
sus mandantes debían expresar como
concesión a los tiempos degradados que corrían.
El tano iba dispuesto a una rutinaria rendición de cuentas de las
actividades de ciertos ámbitos gremiales que frecuentaba con el
objeto de vigilar la infiltración comunista. Nada demasiado
destacado, lo de siempre, o casi. Sin embargo la antesala del
despacho del oficial de enlace de la sección especial presentaba esa
tarde algo distinto a lo habitual; en un primer momento el tano no
identificó la disimilitud, sólo al salir de su reunión con el
comisario inspector López reconoció el cambio operado en la
antesala: dónde antes se oía el permanente murmullo de oficiales y
agentes que tomaban el ambiente cómo lugar de tránsito y sucedáneo
de cantina reinaba ahora un silencio sólo alterado por el repiqueteo
de una máquina de escribir, o la tos ocasional del agente Medina,
fumador consecuente de "Colmena" sin filtro y verdadero archivo
viviente, merced a una memoria prodigiosa, la cual le había valido
para recibir felicitaciones de sus superiores, pero ningún ascenso
en 17 años de servicio.
El despacho del jefe de la sección especial, por lo contrario, no
presentaba cambios, exceptuando la falta de un retrato de algún
remoto equipo de Boca que el subcomisario Sosa se habría llevado a
su nuevo destino, o a su casa.
Detrás del escritorio el comisario inspector López lo esperaba de
pie, extendiendo su mano para saludar al tano, el cual no estaba
acostumbrado a esos gestos y se sorprendió de esa actitud de
cortesía.
López se presentó a sí mismo y comenzó una explicación sobre el
nuevo papel que la superioridad esperaba que la sección especial
cumpliera en los próximos meses, el rol que la superioridad le
otorgaba a él mismo, y al tano y su particular equipo de trabajo.
- Esta sección debe comenzar a tomar iniciativas, Mastrogilardi -
dijo, mientras le entregaba un papel - Lea esto después y presénteme
un plan de acción para cumplir los objetivos que le detallo. Cuente
con el apoyo de la sección en todo lo que se refiera a material.
Naturalmente todo esto queda estrictamente entre nosotros. Ni la
Jefatura sabe de nuestras actividades ni sus compañeros deben saber
de nuestro apoyo. Alguna pregunta - preguntó el Comisario Inspector
López.
Pero por supuesto el tano no tenía preguntas. Leyó atentamente las
instrucciones y le devolvió el papel.
- Voy a necesitar unos pesos para la imprenta y movilidad - comunicó
escuetamente. Esperaba que el Comisario Inspector López abriera un
cajón y sacara algunos billetes, como acostumbraba a hacer Sosa.
Pero López se limitó a decirle que esos aspectos organizativos
quedaban a partir de ese momento a cargo del padre Leblanc.
- Véalo a él que ya está al tanto de todo, prepare su plan de acción
y venga por aquí en una semana, llame antes para avisar, pregunte
por el oficial Lanza, y yo lo voy a atender. Hasta luego.
El tano no se preguntó si López era "Lanza", o Lanza era "López",
pero comprendió perfectamente que la discreción era un requisito que
el Comisario Inspector López practicaba y exigía de sus subordinados.
A la salida de Jefatura el oficial de guardia lo miró con
curiosidad, pero no dijo palabra. El tano pudo ver, cuando se
alejaba caminando por San Lorenzo hacia el río, que hablaba con un
agente, seguramente intrigado por el llamado interno y perentorio
que le ordenaba, contrariando todas las normas, borrar del parte
diario la presencia del tano en la repartición.
La tarde seguía siendo tórrida, y tras la agradable penumbra del
despacho del Comisario Inspector López, la vereda sur de San Lorenzo
comenzaba a devolver todo el sol que absorbía en un día cualquiera
de Enero. El tano cruzó y se dispuso a esperar el micro que lo
llevaría a la zona sur, a la Iglesia de las Mercedes, dónde confiaba
encontrar después de misa al padre Leblanc.
2
La tarde se iba, dejando un rastro de calor que reverberaba sobre el
empedrado de la Avenida Alberdi y la cerveza se entibiaba sobre la
mesita de chapa del bar y chopería "El Luchador".
José miraba fijamente la parada de colectivo que estaba en la vereda
norte.
Esperaba ver bajar del "troley" al camarada Echegoyen, que se le
había acercado en la última reunión del partido para citarlo aquí,
discretamente, casi a media voz. Justamente él, que tenía un
vozarrón que atronaba en las asambleas de los ferroviarios al lado
de su viejo, el gallego Joaquín, que en realidad era asturiano, y de
trenes no sabía nada en el año '39, cuando llegó a la Argentina
después de escapar sucesivamente de Franco y los campos de
concentración de la República Francesa.
José no sabía por qué Echegoyen querría hablarle a solas. Si era
algún tema partidario él sabía que José reportaba a su responsable
del colegio, si bien ahora, cuando ya había terminado el quinto año
nacional, su ámbito de militancia todavía estaba por
definirse...aunque, pensándolo bien, seguro,
era eso: el viejo quería que Echegoyen hablara con el para que lo
convenciera de anotarse en ingeniería. El gallego no entendía que su
único hijo varón quisiera estudiar derecho: "Los abogados están para
defender las leyes de la sociedad burguesa", argumentaba - con
cierta lógica, pensaba José- que sin embargo no se rendía ante las
razones que el "gallego" descargaba en la mesa familiar,
preferentemente por la noche, y ante un tinto casi vacío. La
inevitable marcha del mundo hacia el socialismo era
otro de sus tópicos predilectos, y si bien José no discutía la razón
y contundencia del juicio, tenía ideas propias respecto de los
caminos a recorrer para arribar a ese objetivo. Por lo general
cuando comenzaba a exponerlas recibía como comentario algunas
expresiones cáusticas (en el mejor de los casos) o, en ocasiones mas
contadas, algún bramido que clausuraba el debate.
José se levantó como para irse, algo lo hacía sentirse mal. El mozo
se dirigió hacia él, y en ese momento vio a Echegoyen que desde el
asiento de un Buick del ´37 le hacía señas invitándolo a subir.
Ya en el automóvil, y mientras giraba a la derecha para retomar
luego la avenida, Echegoyen comenzó a hablar, y no se detuvo en
veinte cuadras, por lo menos.
- El Partido te necesita, y confía en vos - en boca de
Echegoyen "partido" era siempre con mayúsculas. - El agotamiento del
modelo capitalista de explotación está desembocando rápidamente en
una situación
prerrevolucionaria. La toma de conciencia de las masas es un proceso
irreversible.
Casi sin darse cuenta habían llegado a la "Florida": Chicos jugando
a la pelota en la arena, media cancha en la arena húmeda, dura y
propicia a la velocidad y a las aventuras creativas. La otra mitad
en la arena seca, dónde el útil se traba, y las piernas no
responden: se impone el juego aéreo.
Echegoyen seguía hablando:
- La clase dominante no va a ceder posiciones fácilmente, y las
provocaciones de las bandas fascistas deben ser neutralizadas
Sentado ante una jarra de sangría José miraba los últimos rayos de
sol caer sobre las islas. Ya las madres reunían bolsos, lonas,
envases vacíos y, por último, a sus hijos para emprender la
retirada, aquellas por la empinada escalera, y éstos trepando la
barranca.
- José -decía Echegoyen- hay que proteger al Partido, a sus
actividades, y a sus dirigentes, que son los más odiados por la
burguesía. Ellos saben muy bien que somos la vanguardia de la clase
obrera y la Revolución (también revolución se pronunciaba con
mayúsculas en el vocabulario de Echegoyen).
Dos chicas pasaron cerca de la mesa ante la cual Echegoyen
continuaba su letanía y José ponía cara de escuchar atentamente. Una
le murmuró algo al oído a su amiga y las dos rieron, con esa risa
tonta de las adolescentes que tanto confunde al varón inexperto.
Echegoyen captó la mirada entre deseosa y
ofuscada de José y como al pasar le preguntó si todavía estaba
peleado con Sarita. La pregunta no era del todo inocente: Sarita era
la hija menor del Dr. Levin, abogado del Partido y amigo del gallego
Joaquín desde los tiempos del "Comité de Solidaridad con la
República". La hija mayor de Echegoyen,
Rosa, era maestra recién recibida, amiga de la familia (en realidad
eterna novia del hermano mayor de Sarita, Esteban) y paño de
lágrimas de su futura cuñadita, que moría de no correspondido amor
por José. El Partido fomentaba la endogamia y descalificaba en forma
vehemente las aventuras amorosas
ocasionales o pasajeras, y José sentía que el noviazgo era un marco
muy estrecho para toda la capacidad de amor que sentía en su pecho.
Un poco para Sarita había, cómo no, pero parece que eso no era
suficiente para la tierna hija de doña Berta, que en cuestiones del
corazón exigía exclusividad, sobre
todo antes de pasar a instancias eróticas más atrevidas que un
ocasional manoseo. Por supuesto que en esto nada jugaba el
prejuicio "pequeño-burgués" sobre la virginidad. Era una cuestión de
compromiso, de respeto hacia el otro, de firmeza de carácter y
constancia en las decisiones. Todas estas
cualidades que Sarita ostentaba visiblemente. Nadie podía negar que
la pequeña descendiente de los macabeos, de llameante cabellera,
supiera lo que quería, y ella lo quería a José desde aquellos días,
unos años atrás, en que el gallego estuvo preso durante la gran
huelga ferroviaria. El Dr. Levin, Don Isaac, para el partido, no
paró hasta sacarlo de prisión.
Durante ese tiempo José estuvo en casa de los Levin. La tristeza y
el terror por la ausencia del gallego lo convirtieron en dócil
muñeco para los juegos que Sarita, dos años menor, pero
infinitamente más sabia, inventaba, cumpliendo la consigna paterna
de entretenerlo en esos días sin escuela y en el tiempo que les
dejaban las puntuales cuatro comidas de doña Berta, quién
desesperaba de verlo tan flaco y sufría pensando que la madre de
José -Libertad- encontraría a su único hijo desnutrido, como si no
sobraran
razones para preocuparse para la pobre, con el gallego preso, menos
mal que siempre estaba la solidaridad del Partido (en casa de los
Levin también se pronunciaba con mayúsculas).
José farfulló alguna respuesta de ocasión, tratando de dejar en
claro que prefería no tocar ciertos temas. Para padre bastaba con el
gallego, pensó, y entonces comprendió que Echegoyen no iba a
hablarle de sus futuros estudios ni su vocación leguleya.
- Creemos que es hora de que asumas responsabilidades más
importantes en el Partido -decía Echegoyen- necesitamos gente como
vos, que entienda que esto no es una aventura de cuatro loquitos.
Nuestra autodefensa es una necesidad, no podemos correr el riesgo de
que la reacción elimine a nuestros mejores
camaradas, o dejar que pretextos democrático burgueses formales
impidan el avance de las masas. Ellos pretenden frenar la marcha de
la historia, y nuestro puesto en ese frente de batalla es la
vanguardia de las luchas de los trabajadores.
Echegoyen seguía hablando cuando cruzaban el bulevar en busca del
Buick. Una nube de mosquitos acechaba entre las palmeras del ancho
cantero central.
- Bueno, el martes a las ocho te pasa a buscar el camarada Goyo -
dijo Echegoyen, despidiéndose- él te conoce, esperalo en la puerta
de Sportivo América.
Algo no terminaba de quedar del todo claro para José, y sospechaba
que no tendría con quién consultarlo, por lo menos no con el gallego
Joaquín, no esta vez.
* de Udi. udi.cuatro.catorce@...
Acerca de esta nueva propuesta de Inventiva Social...
Estimados compañeros de letras:
Sabemos o intuimos lo que cuesta parir un texto, darlo a la luz, que
es como darlo a la vida, como a un hijo real hecho de nuestros
sueños y cuerpos, que al nacer deja de pertenecernos y empieza a
tener su propia existencia. A ser la vida y vida por si misma.
Para un acompañamiento en el alumbramiento completo de este texto -
hijo, es que los convocamos hoy y lo haremos en meses sucesivos con
otros textos en construcción que nuestros autores amigos propongan
al editor para compartirlos en esta propuesta improvisadamente
titulada como "Para leer, pensar y acompañar".
Los aportes que se invita a realizar son libres, los que cada cual
pueda y crea conveniente hacer: sean críticas de estilo, curiosidad
por la temática y el contexto historico, la manera de narrar, etc y
etc...
Acerca del escrito de Udi:
El autor tiene entre manos y prácticamente por escribirse una
historia tremenda y conmovedora ocurrida hace 42 años atrás. Como
lectores colaboradores tenemos cada uno de nosotros una ocasión
imprevista y valiosa: tomar contacto con él, acompañarlo en la
escritura de cada capítulo, animarlo a que lo difunda en este y/o
otros medios virtuales y gráficos. Y también la posibilidad de
aprender sobre la génesis de la historia y de esta temática.
Modalidad de participación:
1. Enviar aportes al editor para publicarlos.
En texto sin formato, al correo inventivasocial@...
Quien previa selección, los incluirá en una edición de Inventiva
Social. La fecha límite de recepción de aportes será el 10 de mayo y
la extensión de los escritos tendrá 2000 caracteres como máximo.
2. Comunicarse directamente con el autor. Alentarlo, proponerle
opciones de estilo. En definitiva... ayudarlo a fondo en el trabajo
de parto de su historia.
Bueno, como siempre aprovecho la ocasión para agradecer que esten
allí, dando día por día y palabra por palabra, existencia y sentido
a esta plaza virtual de escritura.
Un abrazo.
*Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
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"La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado
al padre"
José Saramago.
Ejercicio de Escritura:
La propuesta es escribir sobre la culpa a partir de esta frase que
es por sí misma tremenda y conmovedora. Es importante -creo- que
lean el contexto del cual fue recortada para esta invitación a
escribir: el discurso de aceptación del premio Nobel de literatura
1998 que leyo Saramago y su cita a la obra "El Evangelio según
Jesucristo".
Fecha límite para la recepción de escritos: 14 de abril.
Condiciones para este ejercicio de escritura:
Puede participar quien guste (socios y no socios) con escritos de
su autoría en cualquier estilo literario (incluso poemas). Las
narraciones-ensayos deben tener una extención máxima de 2000
caracteres. Como es regla en Inventiva Social, el editor se reserva
la libertad de incluir o no los escritos recibidos en la publicación
correspondiente a cada ejercicio.
Los textos deben enviarse en el cuerpo del mail con formato solo
texto a la dirección:
inventivasocial@...
Pedidos especiales para este ejercicio: les ruego a los amigos que
escriban que se ajusten al límite de caracteres previsto lo cual
permitira una mayor participación y diversidad de autores en una
única edición de inventiva. Un segundo pedido: difundan este
ejercicio a quienes les interese escribir, pues yo no podre darle
toda la difusión que quisiera.
Un abrazo y a escribir...
*Eduardo Coiro inventivasocial@...
DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO NOBEL*
*Por José Saramago.
El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni
escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un
nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y
salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de
cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez
mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del
desmame eran vendidos a los vecinos de la aldea. Azinhaga era su
nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho
y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el
invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que
el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las
pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama.
Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los
animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen
carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos
viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni
retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de
quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo
que es indispensable. Ayudé muchas veces a éste mi abuelo Jerónimo
en sus andanzas de pastor, cavé muchas veces la tierra del huerto
anejo a la casa y corté leña para la lumbre, muchas veces, dando
vueltas y vueltas a la gran rueda
de hierro que accionaba la bomba, hice subir agua del pozo
comunitario y la transporté al hombro, muchas veces, a escondidas de
los guardas de las cosechas, fui con mi abuela, también de
madrugada, pertrechados de rastrillo, paño y cuerda, a recoger en
los rastrojos la paja suelta que después habría de servir para lecho
del ganado. Y algunas veces, en noches calientes de verano, después
de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos
debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero
aquélla, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por
ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la
higuera. Más o menos por antonomasia, palabra erudita que sólo
muchos años después acabaría conociendo y sabiendo lo que
significaba. En medio de la paz nocturna, entre
las ramas altas del árbol, una estrella se me aparecía, y después,
lentamente, se escondía detrás de una hoja, y, mirando en otra
dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo
cóncavo, surgía la
claridad traslúcida de la Vía Láctea, el camino de Santiago, como
todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la
noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba
contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares,
muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de
antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía
despierto, al mismo que suavemente me acunaba. Nunca supe si él se
callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando
para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que
invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él,
calculadamente, le introducía en el relato: "¿Y después?". Tal vez
repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas,
quizá para enriquecerlas con peripecias nuevas. En
aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será
necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de
toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana,
el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se
había ido al campo con sus animales, dejándome dormir. Entonces me
levantaba, doblaba la manta, y, descalzo (en la aldea anduve siempre
descalzo hasta los catorce años), todavía con pajas enredadas en el
pelo, pasaba de la parte cultivada del huerto a la otra, donde se
encontraban las pocilgas, al lado de la casa. Mi abuela, ya en pie
desde antes que mi abuelo, me ponía delante un tazón de café con
trozos de pan y me preguntaba si había dormido bien. Si le contaba
algún mal sueño nacido de las historias del abuelo, ella siempre me
tranquilizaba: "No hagas
caso, en sueños no hay firmeza". Pensaba entonces que mi abuela,
aunque también fuese una mujer muy sabia, no alcanzaba las alturas
de mi abuelo, ése que, tumbado debajo de la higuera, con el nieto
José al lado, era capaz de poner el universo en movimiento apenas
con dos palabras. Muchos años después, cuando mi abuelo ya se había
ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que
la abuela, también ella, creía en los sueños.
Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche, ante
la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las
estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho
estas palabras: "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de
morir". No dijo miedo de morir, dijo pena de morir, como si la vida
de pesadilla y continuo trabajo que había sido la suya, en aquel
momento casi final, estuviese recibiendo la gracia de una suprema y
última despedida, el consuelo de la belleza
revelada. Estaba sentada a la puerta de una casa, como no creo que
haya habido alguna otra en el mundo, porque en ella vivió gente
capaz de dormir con cerdos como si fuesen sus propios hijos, gente
que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bonito,
gente, y ése fue mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias,
que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los
árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque
sabía que no los volvería a ver.
Muchos años después, escribiendo por primera vez sobre éste mi
abuelo Jerónimo y ésta mi abuela Josefa (me ha faltado decir que
ella había sido, según cuantos la conocieron de joven, de una
belleza inusual), tuve conciencia de que estaba transformando las
personas comunes que habían sido en personajes literarios y que ésa
era, probablemente, la manera de no olvidarlos, dibujando y
volviendo a dibujar sus rostros con el lápiz siempre cambiante del
recuerdo, coloreando e iluminando la monotonía de un cotidiano opaco
y sin horizontes, como quien va recreando sobre el inestable mapa de
la memoria, la irrealidad sobrenatural del país en que decidió pasar
a vivir. La misma actitud de espíritu que, después de haber evocado
la fascinante y enigmática figura de un cierto bisabuelo berebere,
me llevaría
a describir más o menos en estos términos un viejo retrato (hoy ya
con casi ochenta años) donde mis padres aparecen. "Están los dos de
pie, bellos y jóvenes, de frente ante el fotógrafo, mostrando en el
rostro una expresión de solemne gravedad que es tal vez temor
delante de la cámara, en el instante en que el objetivo va a fijar
de uno y del otro la imagen que nunca más volverán a tener, porque
el día siguiente será implacablemente otro día.
Mi madre apoya el codo derecho en una alta columna y sostiene en la
mano izquierda, caída a lo largo del cuerpo, una flor. Mi padre pasa
el brazo por la espalda de mi madre y su mano callosa aparece sobre
el hombro de ella como un ala. Ambos pisan tímidos una alfombra
floreada. La tela que sirve de fondo postizo al retrato muestra unas
difusas e incongruentes arquitecturas neoclásicas". Y
terminaba: "Tendría que llegar el día en que contaría estas cosas.
Nada de esto tiene importancia a no ser para mí. Un abuelo berebere,
llegando del norte de Africa, otro abuelo pastor de cerdos, una
abuela maravillosamente bella, unos padres graves y hermosos, una
flor en un retrato ¿qué otra genealogía puede importarme? ¿en qué
mejor árbol me apoyaría?". Escribí estas palabras hace casi treinta
años sin otra intención que no fuese reconstituir y registrar
instantes de la vida de las personas que me engendraron y que
estuvieron más cerca de mí, pensando que no necesitaría explicar
nada más para que se supiese de dónde vengo y de qué materiales se
hizo la persona que comencé siendo y ésta en que poco a poco me he
convertido. Ahora descubro que estaba equivocado, la biología no
determina todo y en cuanto a la genética, muy misteriosos habrán
sido sus caminos para haber dado una vuelta tan larga. A mi árbol
genealógico (perdóneseme la presunción de designarlo así, siendo tan
menguada la sustancia de su savia) no le faltaban sólo algunas de
aquellas ramas que el tiempo y los sucesivos encuentros de la vida
van desgajando del tronco central. También le faltaba quien ayudase
a sus raíces a penetrar hasta las
capas subterráneas más profundas, quien apurase la consistencia y el
sabor de sus frutos, quien ampliase y robusteciese su copa para
hacer de ella abrigo de aves migratorias y amparo de nidos. Al
pintar a mis padres y a mis abuelos con tintas de literatura,
transformándolos de las simples personas de carne y hueso que habían
sido, en personajes nuevamente y de otro modo constructores de mi
vida, estaba, sin darme cuenta, trazando el camino por donde los
personajes que habría de inventar, los otros, los efectivamente
literarios, fabricarían y traerían los materiales y las herramientas
que, finalmente, en lo bueno y en lo menos bueno, en lo bastante y
en lo insuficiente, en lo ganado y en lo perdido, en aquello que es
defecto pero también en aquello que es exceso, acabarían haciendo de
mí la persona en que hoy me reconozco: creador de esos personajes y
al mismo tiempo criatura de ellos. En cierto sentido se podría decir
que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a
libro, he venido, sucesivamente,
implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero
que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi
vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa
como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la
existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a
ser.
Ahora soy capaz de ver con claridad quiénes fueron mis maestros de
vida, los que más intensamente me enseñaron el duro oficio de vivir,
esas decenas de personajes de novela y de teatro que en este momento
veo desfilar ante mis ojos, esos hombres y esas mujeres, hechos de
papel y de tinta, esa gente que yo creía que iba guiando de acuerdo
con mis conveniencias de narrador y obedeciendo a mi voluntad de
autor, como títeres articulados cuyas acciones no pudiesen tener más
efecto en mí que el peso soportado y la tensión de los hilos con que
los movía. De esos maestros el primero fue, sin duda, un mediocre
pintor de retratos que designé simplemente por la letra H.,
protagonista de una historia a la que creo razonable llamar de doble
iniciación (la de él, pero también, de algún modo, la del autor del
libro, protagonista de una historia titulada "Manual de pintura y
caligrafía", que me enseñó la honradez elemental de reconocer y
acatar, sin resentimientos ni frustraciones, sus propios límites:
sin poder ni ambicionar aventurarme más allá de mi pequeño terreno
de cultivo, me quedaba la posibilidad de cavar hacia el fondo, hacia
abajo, hacia las raíces. Las mías, pero también las del mundo, si
podía permitirme una ambición tan desmedida. No me compete a mí,
claro está, evaluar el mérito del resultado de los esfuerzos
realizados, pero creo que es hoy patente que todo mi trabajo, de ahí
para adelante, obedeció a ese propósito y a ese principio.
Vinieron después los hombres y las mujeres del Alentejo, aquella
misma hermandad de condenados de la tierra a que pertenecieron mi
abuelo Jerónimo y mi abuela Josefa, campesinos rudos obligados a
alquilar la fuerza de los brazos a cambio de un salario y de
condiciones de trabajo que sólo merecerían el nombre de infames.
Cobrando por menos que nada una vida a la que los seres cultos y
civilizados que nos preciamos de ser llamamos, según las ocasiones,
preciosa, sagrada y sublime. Gente popular que conocí,
engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder
del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente
permanentemente vigilada por la policía, gente, cuántas y cuántas
veces, víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia
falsa. Tres generaciones de una familia de campesinos, los Mau-
Tempo, desde el comienzo del siglo hasta la Revolución de Abril de
1974 que derrumbó la dictadura, pasan por esa novela a la que di el
título de "Alzado del suelo" y fue con tales hombres y mujeres del
suelo levantados, personas reales primero, figuras de ficción
después, con las que aprendí a ser paciente, a confiar y a
entregarme al tiempo, a ese tiempo que simultáneamente nos va
construyendo y destruyendo para de nuevo construirnos y otra vez
destruirnos. No tengo la seguridad de haber
asimilado de manera satisfactoria aquello que la dureza de las
experiencias tornó virtud en esas mujeres y en esos hombres: una
actitud naturalmente estoica ante la vida. Teniendo en cuenta, sin
embargo, que la lección recibida, pasados más de veinte años,
permanece intacta en mi memoria, que todos los días la siento
presente en mi espíritu como una insistente convocatoria, no he
perdido, hasta ahora, la esperanza de llegar a ser un poco más
merecedor de la grandeza de los ejemplos de dignidad que me fueron
propuestos en la inmensidad de las planicies del Alentejo. El tiempo
lo dirá.
¿Qué otras lecciones podría yo recibir de un portugués que vivió en
el siglo XVI, que compuso las "Rimas" y las glorias, los naufragios
y los desencantos patrios de "Os Lusíadas", que fue un genio poético
absoluto, el mayor de nuestra literatura, por mucho que eso pese a
Fernando Pessoa, que a sí mismo
se proclamó como el Super-Camoens de ella? Ninguna lección a mi
alcance, ninguna lección que yo fuese capaz de aprender salvo la más
simple que me podría ser ofrecida por el hombre Luis Vaz de Camoens
en su más profunda humanidad, por ejemplo, la humildad orgullosa de
un autor que va llamando a todas las puertas en busca de quien esté
dispuesto a publicar el libro que escribió, sufriendo por eso el
desprecio de los ignorantes de sangre y de casta, la indiferencia
desdeñosa de un rey y de su compañía de poderosos, el escarnio con
que desde siempre el mundo ha recibido la visita de los poetas,
de los visionarios y de los locos. Al menos una vez en la vida,
todos los autores tuvieron o tendrán que ser Luis de Camoens, aunque
no escriban las redondillas de "Sobolos rios". Entre hidalgos de la
corte y censores del Santo Oficio, entre los amores de antaño y las
desilusiones de la vejez prematura, entre el dolor de escribir y la
alegría de haber escrito, fue a este hombre enfermo que regresa
pobre de la India, adonde muchos sólo iban para enriquecerse, fue a
este soldado ciego de un ojo y golpeado en el alma,
fue a este seductor sin fortuna que no volverá nunca más a perturbar
los sentidos de las damas de palacio, a quien yo puse a vivir en el
teatro en el escenario de la pieza de teatro llamada "Que farei con
este livro?" ("¿Qué haré con este libro?"), en cuyo final resuena
otra pregunta, aquélla que importa
verdaderamente, aquélla que nunca sabremos si alguna vez llegará a
tener respuesta suficiente: "¿Qué haréis con este libro?". Humildad
orgullosa fue ésa de llevar debajo del brazo una obra maestra y
verse injustamente rechazado por el mundo. Humildad orgullosa
también, y obstinada, esta de querer saber para qué servirán mañana
los libros que vamos escribiendo hoy, y luego dudar que consigan
perdurar largamente (¿hasta cuándo?) las razones tranquilizadoras
que quizá nos estén siendo dadas o que estamos dándonos a nosotros
mismos. Nadie se engaña mejor que cuando consiente que lo engañen
otros.
Se aproxima ahora un hombre que dejó la mano izquierda en la guerra
y una mujer que vino al mundo con el misterioso poder de ver lo que
hay detrás de la piel de las personas. El se llama Baltasar Mateus y
tiene el apodo de Siete-Soles, a ella la conocen por Bilmunda, y
también por el apodo de Siete-Lunas que le fue añadido después
porque está escrito que donde haya un sol habrá una luna y que sólo
la presencia conjunta de uno y otro tornará habitable, por el amor,
la tierra. Se aproxima también un padre jesuita
llamado Bartolmeu que inventó una máquina capaz de subir al cielo y
volar sin otro combustible que no sea la voluntad humana, ésa que
según se viene diciendo, todo lo puede, aunque no pudo, o no supo, o
no quiso, hasta hoy, ser el sol y la luna de la simple bondad o del
todavía más simple respeto.
Sontres locos portugueses del siglo XVIII en un tiempo y en un país
donde florecieron las supersticiones y las hogueras de la
Inquisición, donde la vanidad y la megalomanía de un rey hicieron
levantar un convento, un palacio y una basílica que asombrarían al
mundo exterior, en el caso poco probable de que ese mundo tuviera
ojos bastantes para ver a Portugal, tal como sabemos que los tenía
Bilmunda para ver lo que escondido estaba. Y también se aproxima una
multitud de millares y millares de hombres con las manos sucias y
callosas, con el cuerpo exhausto de haber levantado, durante años
sin fin, piedra a piedra, los muros implacables del convento, las
alas enormes del palacio, las columnas y las pilastras, los aéreos
campanarios, la cúpula de la basílica suspendida sobre el vacío. Los
sonidos que estamos oyendo son del clavicornio del Doménico
Scarlatti, que no sabe si debe reír o llorar. Esta es la historia
del "Memorial del convento", un libro en que el aprendiz de autor,
gracias a lo que le venía siendo enseñado desde el
antiguo tiempo de sus abuelos Jerónimo y Josefa, consiguió escribir
palabras como éstas, donde no está ausente alguna poesía: "Además de
la conversación de las mujeres son los sueños los que sostienen al
mundo en su órbita. Pero son también los sueños los que le hacen una
corona de lunas, por eso el
cielo es el resplandor que hay dentro de la cabeza de los hombres si
no es la cabeza de los hombres el propio y único cielo". Que así sea.
De las lecciones de poesía, sabía ya alguna cosa el adolescente,
aprendidas en sus libros de texto cuando, en una escuela de
enseñanza profesional de Lisboa, andaba preparándose para el oficio
que ejerció en el comienzo de su vida de trabajo: el de mecánico
cerrajero. Tuvo también buenos maestros del arte poético en las
largas horas nocturnas que pasó en bibliotecas públicas, leyendo al
azar de encuentros y de catálogos, sin orientación, sin alguien que
le aconsejase, con el mismo asombro creador del navegante que va
inventando cada lugar que descubre. Pero fue en la biblioteca de la
escuela industrial donde "El año de la muerte de Ricardo Reis"
comenzó a ser escrito. Allí encontró un día el joven aprendiz de
cerrajero (tendría entonces 17 años) una revista - "Atena" era el
título - en que había poemas
firmados con aquel nombre y, naturalmente, siendo tan mal conocedor
de la cartografía literaria de su país, pensó que existía en
Portugal un poeta que se llamaba así: Ricardo Reis. No tardó mucho
tiempo en saber que el poeta propiamente dicho había sido un tal
Fernando Nogueira Pessoa que firmaba
poemas con nombres de poetas inexistentes nacidos en su cabeza y a
quien llamaba heterónimos, palabra que no constaba en los
diccionarios de la época, por eso costó tanto trabajo al aprendiz de
las letras saber lo que ella significaba. Aprendió de memoria muchos
poemas de Ricardo Reis ("Para ser grande sê inteiro/Põe quanto és no
mínimo que fazes"), pero no podía resignarse, a pesar de tan joven e
ignorante, a que un espíritu superior hubiese podido concebir, sin
remordimiento, este verso cruel: "Sábio é o que
se contenta com o espectáculo do mundo". Mucho, mucho tiempo
después, el aprendiz de escritor ya con el pelo blanco y un poco más
sabio de sus propias sabidurías se atrevió a escribir una novela
para mostrar al poeta de las "Odas" algo de lo que era el
espectáculo del mundo en ese año de 1936 en que lo puso a vivir sus
últimos días: la ocupación de la Renania por el Ejército nazi, la
guerra de Franco contra la República española, la creación por
Salazar de las milicias fascistas portuguesas. Fue como si estuviese
diciéndole: "He ahí el espectáculo del mundo, mi poeta de las
amarguras serenas y del escepticismo elegante. Disfruta, goza,
contempla, ya que estar sentado es tu sabiduría".
"El año de la muerte de Ricardo Reis" terminaba con unas palabras
melancólicas: "Aquí donde el mar acabó y la tierra espera". Por
tanto no habría más descubrimientos para Portugal, sólo como destino
una espera infinita de futuros ni siquiera imaginables: el fado de
costumbre, la saudade de siempre y poco más. Entonces el aprendiz
imaginó que tal vez hubiese una manera de volver a lanzar los barcos
al agua, por ejemplo mover la propia tierra y ponerla a navegar mar
adentro. Fruto inmediato del resentimiento colectivo portugués por
los desdenes históricos de Europa (sería más exacto decir fruto de
mi resentimiento personal), la novela que entonces escribí - "La
balsa de piedra" - separó del continente europeo a toda la Península
Ibérica, transformándola en una gran isla fluctuante, moviéndose sin
remos ni velas, ni hélices, en dirección al Sur del mundo, "masa de
piedra y tierra cubierta de ciudades, aldeas, ríos,
bosques,fábricas, bosques bravíos, campos cultivados, con su gente y
sus animales", camino de una utopía nueva: el encuentro cultural de
los pueblos peninsulares con los pueblos del otro lado del
Atlántico, desafiando así, a tanto se atrevió mi estrategia, el
dominio sofocante que los Estados Unidos
de la América del Norte vienen ejerciendo en aquellos parajes. Una
visión dos veces utópica entendería esta ficción política como una
metáfora mucho más generosa y humana: que Europa, toda ella, deberá
trasladarse hacia el Sur a fin de, en descuento de sus abusos
coloniales antiguos y modernos, ayudar a equilibrar el mundo. Es
decir Europa finalmente como ética. Los personajes de "La balsa de
piedra" - dos mujeres, tres hombres y un perro - viajan
incansablemente a través de la Península mientras ella va surcando
el océano. El mundo está cambiando y ellos saben que deben buscar en
sí mismos las personas nuevas en que se convertirán (sin olvidar al
perro que no es un perro como los otros). Eso les basta. Se acordó
entonces el aprendiz que en tiempos de su vida había hecho algunas
revisiones de pruebas de libros y que si en "La balsa de piedra"
hizo, por decirlo así, revisión del futuro, no estaría mal que
revisara ahora el pasado inventando una novela que se
llamaría "História do Cerco de Lisboa", en la que un revisor
trabajando un libro del mismo título, aunque de historia, y cansado
de ver cómo la citada historia cada vez es menos capaz de
sorprender, decidió poner en lugar de un "sí" un "no", subvirtiendo
la autoridad de las "verdades históricas". Raimundo Silva, así se
llamaba el revisor, es un hombre simple, vulgar, que sólo se
distingue de la mayoría por creer que todas las cosas tienen su lado
visible y su lado
invisible y que no sabremos nada de ellas, mientras no les hayamos
dado la vuelta completa. De eso precisamente trata una conversación
que tiene con el historiador. Así: "Le recuerdo que los revisores ya
vieron mucho de literatura y vida, Mi libro, se lo recuerdo, es de
historia. No es propósito mío apuntar otras contradicciones,
profesor, en mi opinión todo cuanto no sea vida es literatura. La
historia también. La historia sobre todo, sin querer ofender. Y la
pintura, y la música. La música va resistiéndose desde
que nació, unas veces va y otras viene, quiere librarse de la
palabra, supongo que por envidia, pero regresa siempre a la
obediencia. Y la pintura, mire, la pintura no es más que literatura
hecha con pinceles. Espero que no se haya olvidado de que la
humanidad comenzó pintando mucho antes de saber
escribir. Conoce el refrán, si no tienes perro caza con el gato, o
dicho de otra manera, quien no puede escribir, pinta, o dibuja, es
lo que hacen los niños.
Lo que usted quiere decir, con otras palabras, es que la literatura
ya existía antes de haber nacido, sí señor, como el hombre, con
otras palabras, antes de serlo ya lo era. Me parece que usted
equivocó la vocación, debería ser historiador. Me falta preparación
profesor, qué puede un simple hombre
hacer sin preparación, mucha suerte he tenido viniendo al mundo con
la genética organizada, pero, por decirlo así, en estado bruto, y
después sin más pulimento que las primeras letras que se quedaron
como únicas. Podía presentarse como autodidacta producto de su digno
esfuerzo, no es ninguna vergüenza, antiguamente la sociedad estaba
orgullosa de sus autodidactas.
Eso se acabó, vino el desarrollo y se acabó, los autodidactas son
vistos con malos ojos, sólo los que escriben versos o historias para
distraer están autorizados a ser autodidactas, pero yo para la
creación literaria no tengo habilidad. Entonces métase a filósofo.
Usted es un humorista, cultiva la ironía, me pregunto cómo se dedicó
a la historia, siendo ella tan grave y profunda ciencia. Soy irónico
sólo en la vida real. Ya me parecía a mí que la historia no es la
vida real, literatura sí, y nada más. Pero la historia fue vida real
en el tiempo en que todavía no se le podía llamar historia.
Entonces usted cree, profesor, que la historia es la vida real. Lo
creo, sí. Que la historia fue vida real, quiero decir. No tengo la
menor duda. Qué sería de nosotros si el deleatur que todo lo borra
no existiese, suspiró el revisor". Escusado será añadir que el
aprendiz aprendió con Raimundo Silva la lección de la duda. Ya era
hora.
Fue probablemente este aprendizaje de la duda el que le llevó, dos
años más tarde, a escribir "El Evangelio según Jesucristo". Es
cierto, y él lo ha dicho, que las palabras del título le surgieron
por efecto de una ilusión óptica, pero es legítimo que nos
interroguemos si no habría sido el sereno ejemplo del revisor el
que, en ese tiempo, le anduvo preparando el terreno de donde habría
de brotar la nueva novela. Esta vez no se trataba de mirar por
detrás de las páginas del "Nuevo Testamento" a la búsqueda de
contradicciones, sino de iluminar con una luz rasante la superficie
de esas páginas, como se hace con una pintura para resaltarle los
relieves, las señales de paso, la oscuridad de las depresiones. Fue
así como el aprendiz, ahora rodeado de personajes evangélicos, leyó,
como si fuese la primera vez, la descripción de la matanza de los
Inocentes y, habiendo leído, no comprendió. No comprendió que
pudiese haber mártires de una religión que aún tendría que esperar
treinta años para que su fundador pronunciase la primera palabra de
ella, no comprendió que no hubiese salvado la vida de los niños de
Belén precisamente la única persona que lo podría haber hecho, no
comprendió la ausencia, en José, de un sentimiento mínimo de
responsabilidad, de remordimiento, de culpa o siquiera de
curiosidad, después de volver de Egipto con su familia. Ni se podrá
argumentar en defensa de la causa que fue necesario que los niños de
Belén murieran para que pudiese salvarse la vida de Jesús: El simple
sentido común, que a todas las cosas,
tanto a las humanas como a las divinas, debería presidir, está ahí
para recordarnos que Dios no enviaría a su hijo a la Tierra con el
encargo de redimir los pecados de la humanidad, para que muriera a
los dos años de edad degollado por un soldado de Herodes. En ese
Evangelio escrito por el aprendiz con el respeto que merecen los
grandes dramas, José será consciente de su culpa, aceptará el
remordimiento en castigo de la falta que cometió y se dejará
conducir a la muerte casi sin resistencia, como si eso le faltase
todavía para liquidar sus cuenta con el mundo. "El Evangelio" del
aprendiz no es, por tanto, una leyenda edificante más de
bienaventurados y de dioses, sino la historia de unos cuantos seres
humanos sujetos a un poder contra el cual luchan, pero al que no
pueden vencer. Jesús, que heredará las sandalias con las que su
padre había pisado el polvo de los caminos de la tierra, también
heredará de él el sentimiento trágico de la responsabilidad y de
ella la culpa que nunca lo abandonará, incluso cuando levante la voz
desde lo alto de la cruz: "Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo
que hizo", refiriéndose al Dios que lo llevó hasta allí, aunque
quien sabe si recordando todavía, en es última agonía, a su padre
auténtico, aquel que en
la carne y en la sangre, humanamente, lo engendró. Como se ve, el
aprendiz ya había hecho un largo
viaje cuando en el herético evangelio escribió las últimas palabras
del diálogo en el templo entre Jesús y el escriba: "La culpa es un
lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre, dijo el
escriba, Ese lobo de que hablas ya se ha comido a mi padre, dijo
Jesús, Entonces sólo falta que devore a ti, Y tú, en tu vida, fuiste
comido, o devorado, No sólo comido y devorado, también vomitado,
respondió el escriba".
Si el emperador Carlomagno no hubiese establecido en el norte de
Alemania un monasterio, si ese monasterio no hubiese dado origen a
la ciudad de Münster, si Münster no hubiese querido celebrar los
1.200 años de su fundación con una ópera sobre la pavorosa guerra
que enfrentó en el siglo XVI a
protestantes anabaptistas y católicos, el aprendiz no habría escrito
la pieza de teatro que tituló "In Nomine Dei". Una vez más, sin otro
auxilio que la pequeña luz de su razón, el aprendiz tuvo que
penetrar en el oscuro laberinto de las creencias religiosas, ésas
que con tanta facilidad llevan a los seres humanos a matar y a
dejarse matar. Y lo que vio fue nuevamente la máscara horrenda de la
intolerancia, una intolerancia que en Münster alcanzó el paroxismo
demencial, una intolerancia que insultaba la propia causa que ambas
partes proclamaban defender. Porque no se trataba de una guerra en
nombre de dos dioses enemigos sino de una guerra en nombre de un
mismo dios.
Ciegos por sus propias creencias, los anabaptistas y los católicos
de Münster no fueron capaces de comprender la más clara de todas las
evidencias: en el día del Juicio Final, cuando unos y otros se
presenten a recibir el premio o el castigo que merecieron sus
acciones en la tierra, Dios, si en sus decisiones se rige por algo
parecido a la lógica humana, tendrá que recibir en el paraíso tanto
a unos como a otros, por la simple razón de que unos y otros en El
creían. La terrible carnicería de Münster
enseñó al aprendiz que al contrario de lo que prometieron las
religiones nunca sirvieron para aproximar a los hombres y que la más
absurda de todas las guerras es una guerra religiosa, teniendo en
consideración que Dios no puede, aunque lo quisiese, declararse la
guerra a sí mismo. Ciegos. El aprendiz pensó "Estamos ciegos", y se
sentó a escribir el "Ensayo sobre la ceguera" para recordar a quien
lo leyera que usamos perversamente la razón cuando humillamos la
vida, que la dignidad del ser humano es insultada todos
los días por los poderosos de nuestro mundo, que la mentira
universal ocupó el lugar de las verdades plurales, que el hombre
dejó de respetarse a sí mismo cuando perdió el respeto que debía a
su semejante. Después el aprendiz, como si intentara exorcizar a los
monstruos engendrados por la ceguera de la razón, se puso a escribir
la más simple de todas las historias: Una persona que busca a otra
persona sólo porque ha comprendido que la vida no tiene nada más
importante que pedir a un ser humano. El libro
se llama "Todos los nombres". No escritos, todos nuestros nombres
están allí. Los nombres de los vivos y los nombres de los muertos.
Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces
conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que
la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que
para mí es todo.
*( Nota del editor de Inventiva: la fecha de recepción del Nobel fue
el 11 de Diciembre de 1998, en Estocolmo. )
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Las cosas importantes quedan apretadas en el recuerdo como el barro en la lluvia deshaciéndose del barro del agua, del tiempo, otras partieron en las notas del olvido. De una u otra manera están en la
agenda de la partida. Todas juntas Son como una sola gota en cada vida.
Tiene andaluza la sangre y la gracia, y el talante tiene ochenta y cuatro abriles y mira siempre
adelante y sabe de poesías y de poetas galantes
Los ojillos se le achican cuando le piden que cante y una sonrisa se escapa y parece que se espante
Luego, dice muy flojito: "Sólo puedo recitarte lo que recuerde, no toda que solo recuerdo parte... Recuerdo una poesía de Lorca de Federico García.."
E inicia tímido el cante Y va brotando despacio - parece que va a pararse - recordando aquellos versos y empezando a emocionarse y ya los ojos chispean mirando de medio lado y las manos participan y el duende ha despertado y palabra por palabra, toda la poesía entera, entremezclando suspiros gitanos y madreselvas sintiendo lo que se dice y viviendo lo que cuenta surgen alfacas de plata toros bravíos, reyertas sangre color escarlata "Corriendo van por la vega a las puertas de Granada..."
Y las manos van,.. y hablan y los aires quietos, callan el cuchillo corta el
aire los ojillos se hacen agua "El barco sobre la mar y el caballo en la montaña..."
El pelo brilla precioso la boca sonríe y canta y esa mujer increible nos lleva con lo que narra a unos mundos de misterio y al final, cuando acaba se escucha solo el silencio y la emoción que se palpa el duende y el sentimiento que trae con sus palabras
Gloriosa en el letargo, altitud lejana. Dejaron un límite en tu orgullo. Ante cóndor, paso y resguardo el mineral hacía ríos en el cristal antes blanco antes de tu lluvia arrebatada. Esta cordillera te encuentra y lamenta. Soberana en las alturas. Dime: qué destino o destierro trajo tus ojos? qué dios dejó en tu lágrima un sueño? qué día tu pueblo emigró del duelo? Hay fantasmas que nutren sus propias historias y hay historias en el pentagrama de tu memoria. Aquí, doblegado a tu imagen hago en tu ajuar un alto mirando tu último temor dándote el agua que no bebes y salimos juntos a una Babel dispuesta en las alturas que no vemos. Había que pensar que la chicha y el viento hicieran sueño y cosecha. Once años envolvían tu ternura ternura que no
comprendo y entiendo de lo que entiendo y no; Pero América era insurrecta y el nuevo vino venía con la muerte. había que madurar la quina y el amaranto en la raíz del sol. María venía del otro lado, en la barca con sus hijos bajo un pecado.
Gloriosa en el letargo mariposa posas ante el poeta que te nombra.
Los dolores comenzaron por la mañana, poco antes del mediodía. Después, habitación en el primer piso de la clínica, ventana que da al jardín, casas dispersas, techos de tejas en la neblina. Esperar las contracciones, controlar el reloj y mirar a través del vidrio. Aquel perro que corre sin parar de un extremo al otro de la terraza, yendo y viniendo, yendo y viniendo. Toda la tarde oigo sin alterarme sus quejidos de dolor o de placer. Tal vez sufra, pero maneja el asunto bastante bien. Para eso hizo el curso de parto sin dolor. Salgo al pasillo. Fumo. fumo bien, con todo el cuerpo. Tratar de descubrirse ante la inminencia de un hecho
trascendental. El perro no cesa de trotar. Oscurece sobre las tejas mojadas. Aparece la enfermera, controla. Aparece la partera, controla. Dice: "Vamos". Sigo la camilla. Recorro el pasillo como si fuera otro. "No soy yo, es otro." Una puerta que se abre, una puerta que se cierra. Ya estamos, adelante, llegó la hora. Ella no se sentaba ni se acostaba: se agazapaba. Hay buen ambiente. Se bromea. Me alcanzan un saco blanco, me lo pongo. Administro el oxígeno, le seco el sudor de la frente, hago lo que me ordenan. Ella, anestesiada, delira. dice cosas graciosas. La partera, la enfermera y yo reímos. También desde esta ventana puedo ver al perro loco. Cierta vez me asaltó un olor al cruzar una plaza. Un olor a hojas húmedas, a vegetales fermentados, a sombras, a cosas lejanas. Jamás pude olvidarlo. En aquella época me había convertido en una especie de mudo, pero no en un tonto. Estaba más lúcido que un pez. Pujar. La partera incita, alienta: "Vamos, fuerza, ahora,
vamos muchacha". "Ya viene." La partera me llama a los pies de la camilla para que vea la cabeza que comienza a asomar. Ultimo esfuerzo, sale. Gran suspiro. "Varón." La partera me alcanza las tijeras. "Tome, corte usted." Está bien, soy el padre. Corto el cordón donde me indican. Ahí está, berrea, tiene la nariz achatada. Lo arropan, me lo dan. Soy mis manos y mi lengua. Me dicen: "Vaya a dar una vuelta, coma algo". Anocheció. Camino por una calle vacía: un galpón, un vivero, un gato, un baldío, restos humeantes de una fogata. Alimento el fuego y lo veo crecer. El fuego arde en la noche de la ciudad, en el invierno de la ciudad, a pocos metros de donde alguien acaba de nacer. El fuego vive de cosas abandonadas: ramas, trapos, restos de cajones, desechos. Ilumina el terreno, pone sonidos secos y precisos en la quietud de los faroles y las casas ciegas rodeadas por jardines. Bajo el cielo sin estrellas vuelvo a ser lo que he sido tantas veces: un tipo inmóvil y sin
pensamientos espiando el movimiento de las llamas. A poca altura, cruza una sombra, un pájaro nocturno. Tengo que acordarme de todos los fuegos que vi arder. Aquella fogata de la noche de San Juan, el calor en las piernas desnudas, la muchacha que me tomó la mano. Recordar, ahora que es invierno y que a veces el presentimiento de estar al borde de un instante de felicidad se convierte en una tensión insoportable. (La muchacha del brazo de su compañero dio un paso adelante, se me puso al lado, tomó mi mano y la retuvo en la suya.) Podría decir lo siguiente: todas mis horas presentes en este momento. Podría, ante el vértigo de los años que me preceden, ponerme a gritar que este abandono me es perfectamente familiar, no hay de qué extrañarse, mi vida dictándome una vieja canción, una vieja tonada invernal, que no es portadora de emociones o asombros, sino la evidencia de una ley, cosas sabidas desde antiguo, lucidez que al fin y al cabo es sólo conciencia de ceguera, nada más
que eso en mi tonada invernal, y tal vez, escondido, medido, regulado como con cuentagotas, un fondo de nostalgias, un velo agitándose sobre los ojos y las ideas. Todos los desórdenes. El fuego se extingue, es hora de volver. Vuelvo. La madre duerme, el hijo duerme. ¿Y aquel olor? Aquel olor era como un fuego. Algo vivo. Tan vivo como la llama subiendo en la noche. La llama que hipnotiza. ¿En ese fuego había cambio y había permanencia? ¿Era algo íntimo o algo que me trascendía? ¿Vivía en mi o me era ajeno? ¿Estaba ahí, sobre la tierra, o en otra parte? ¿Se ocultaba arriba o abajo? ¿Moría, renacía o se mantenía latente? ¿No era una representación del silencio, de la duda, del acecho, del ojo atento, del ojo ávido? ¿No se anulaba a sí misma esa llama? ¿No había también en ella una precariedad, una espera, un control, un pudor? ¿No se contradecía? Y hoy que estás solo en la noche, lejos de la infancia, igualmente lejos de la madurez, habiendo perdido tanto la capacidad de
amor como de odio, ¿qué te queda por hacer? El dolor reemplaza al dolor y así se va robusteciendo. ¿A quién hablarle si no a él? Esbozos de mensajes, atisbos, manotazos, sondas lanzadas al vacío. Para quién este monólogo, este temblor. Y los ojos cansados a la espera de una revelación. Pienso: cosa increíble los ojos. Tal vez afuera, en el frío, el perro siga corriendo sobre la terraza, yendo y viniendo, yendo y viniendo. También el perro podría entrar en esa carta que nunca logré escribir. Estar ahí, mirando dormir y vivir al sin nombre, no es motivo de paz, sino el regreso de una sospecha. Frente a su cuerpo sin defensa, a las penas que lo esperan, no siento piedad por él. Débil y feo. los faros de un coche iluminan la ventana y se van. De esta insistencia mía, de esta pelea contra el silencio, no queda sino una llamarada fugaz en los vidrios, menos que eso. rumores, llamados dispersos bajo el cielo en ruinas. Señales que alarman. lo dijeron todos:
fue un buen parto. Ahora, permanecer quieto en la oscuridad, recordar la fogata en la noche, velar el sueño de la madre, velar el sueño del hijo.
* de Antonio Dal Masetto. Publicado en Página/12 el 5 de febrero de 1992.
SU OTRA PARTE*
En la habitación el desorden mostraba que había sido un día muy agitado el de su huésped, con entradas y salidas apresuradas. En el piso dos ambos blancos tirados, unas botas de fiselina y la cofia a un costado de la silla. La ducha era lo más hermoso recibido por ese cuerpo agotado por tantas horas de pie junto a la mesa de operaciones. - " Hoy la gente decidió enfermarse y entrar al quirófano en estado crítico", pensó Mariana, mientras dejaba caer el agua templada sobre sus firmes senos y sobre su espalda dolorida. El lunar estrellado bajo su pecho quedó encerrado en una pompa de jabón. Es un tatuaje natural, como un sello, una marca, una identificación. Su madre siempre le decía cuando trataba de vestirla después del rico baño en la amplia bañera, "mi niña que nació con estrella y no estrellada", mientras ella saltaba en la cama grande. El jabón con un perfume exquisito, tornaba acariciable su piel aún
tersa. Después de tanto castigo le venían muy bien estos pequeños regalos de placer, mientras tarareaba esa melodía que le había quedado fija en su memoria. Tomaría una bebida fría con un poco de alcohol, una naranja con ron no le vendría mal. El cansancio y el alcohol la dejarían dormir. Una corta bata cubrió su cuerpo y se acercó a la pequeña heladera de la habitación. Abrió un cartón de jugo y sacó una botella pequeña de ron medio escondida entre otras. (Las bebidas alcohólicas estaban prohibidas durante las guardias). Se sentó sobre su cama. La compañera de habitación estaba ausente por una enfermedad, por lo tanto, la guardia de quirófano debía cubrirla ella solamente. Encendió el televisor y cuando se disponía a beber golpearon en su puerta. Mariana se sobresaltó, pues pensaba que su trabajo había concluido. Era José Luis que le avisaba la entrada de una paciente a Terapia. Su estado era grave y el Jefe de Turno, el doctor Diéguez visitaba a otro paciente en la
habitación para hacerle controles. Mariana no podía creerlo - ¿Recién termino y tengo que volver? Su trabajo como médico cirujano del equipo del doctor Páez la estaba superando. Creía que no podría llevar ese ritmo tan loco. Ganar el concurso y entrar a trabajar en el Equipo de ese capo en medicina, la llenó de satisfacción y orgullo, no sólo a ella, sino también a su padre, ya anciano y a su madre. Él un médico querido por todo el pequeño pueblo cordobés, hizo despertar en su hija el amor por esa profesión y la responsabilidad en el trabajo. Mariana colocó sobre su desnudo cuerpo una chaquetilla limpia color rosa pálido, se calzó los pantalones que anudó con un lazo a la cintura. Buscó otras botas limpias y una cofia que colocó sobre su pelo mojado recogido con una trenza en la nuca. La Sala de Terapia estaba un piso más arriba y usó las escaleras. Cuando entró, mientras le protestaba al médico asistente por llamarla con tanta urgencia, pasó al lado de una
camilla donde una mujer con evidentes signos de haber sufrido un accidente, se quejaba en estado de semiinconsciente inconsciencia. Cuando se acercó a la camilla quedó paralizada y dejó escapar un grito. Quien estaba acostada en esa camilla era ella misma con otro color de pelo. Por un momento no supo qué hacer. El enfermero le acercó el tensiómetro y los resultados de los controles ya realizados, anotados en una planilla. El estado de la enferma era grave, los golpes en la cabeza habían provocado un derrame que de no pararlo afectaría centros vitales que serían irreparables, eso, en el mejor de los casos. Como primera medida debía preparar una punción en la médula para liberar la presión craneana, pero era de riesgo porque si se descomprimía de golpe podía producir un colapso. Cuando el enfermero empezó a lavar el cuerpo de la enferma, rompió la blusa de seda verde, y quedó al descubierto el pecho que, sin soutien, se mostraba firme, Mariana vio un lunar oscuro y de
forma estrellada, debajo del seno izquierdo igual al de ella. Siempre había pensado que ese lunar oscuro y con una forma tan definida debería ser una señal muy especial para identificarla en caso de accidente y ahora se encontraba con ese mismo lunar pero en el cuerpo de otra persona que era su calco. Sintió en ese momento que estaba decidiendo sobre su propia vida, ya no la de otra, sino sobre su destino. Cuando era pequeña Mariana jugaba con una hermana imaginaria, menor que ella y que podía gobernar a su antojo. Cuándo la madre la veía jugando a la maestra, escribiéndole un montón de deberes, se sonreía y le decía -¡ Pobre! te abusas de ella pues es tu hermana menor y no nació con tu estrella", su madre participaba de los juegos y entraba en sus fantasías. El doctor Diéguez entró a Terapia y quiso leer los resultados obtenidos hasta ese momento. Mariana sabía que el Dr. era implacable con su persona y que no le permitía el más mínimo rasgo de
indecisión; que las conclusiones a las que arribara debían ser defendidas por ella con total seguridad. El doctor se impresionó al mirar el rostro de la enferma y levantó la vista a la cara de Mariana. Sus ojos fueron más elocuentes que mil palabras. Mariana le dijo - ¿vio doctor?, es mi clon, encontré la otra mitad mía, sin buscarla y sin saber que existía. Diéguez no le contestó y siguió revisando los signos vitales de la paciente. La intervención era inminente, no podían esperar más tiempo. Era muy riesgosa; Mariana quería dilatarla. Siempre decidida en estos casos y muy pensante, ofrecía ahora argumentos poco convincentes para posponer la operación, que no eran creíbles ni a ella misma. En verdad no podía decidir profesionalmente ante esta situación, era como decidir sobre su propio destino. De golpe se vio jugando en el patio lleno de plantas, era la casa de la abuela. Sus padres por primera vez la habían dejado al cuidado de su abuela Clara. Era una
abuelita de cuento, delgada y pequeña, su pelo recogido en un rodete en la nuca y sus anteojos colgados de una cadena de canutillos celestes. Sus padres habían estado nerviosos y ellos que nunca discutían lo habían hecho a los gritos encerrados en el dormitorio. Por esos días no la dejaron mirar televisión, en cambio le alquilaban películas para que pasara las tardes con su prima Alicia, más pequeña que ella. ¿Por qué recuerda eso?. Vienen a su mente cuadros de una película acelerada, donde uno y otro momento se suceden con rapidez y sin detalles, son flash que saltan de un acontecimiento a otro. ¿Por qué cambió tres veces de escuela?, era una buena alumna y no tenía conflictos ni con sus compañeros ni con sus maestros; el paso siempre fue a institutos cada vez más pequeños y exclusivos. Se ocuparon muchísimo de su educación, siempre exigiéndole que se esforzara más y más y cuando de adolescente quiso compartir un grupo de la Parroquia que trabajaba en zonas
carenciadas se pusieron como locos. Evoca esa discusión y todavía no comprende porque se habían puesto tan agresivos, los desconocía. Su padre la asustó, le retorció el brazo para sujetarla cuando ella casi gritando y bañada en lágrimas decía - ¡no los entiendo, no los entiendo! El doctor Diéguez la sacó de su viaje y de golpe tomó conciencia. Ahora frente a la paciente debía decidir por alguien que fue y es parte suya aunque no lo supiera hasta este momento. Mariana supo que era adoptada. La historia de su adopción le fue contada de la manera más dulce. Le explicaron que su madre biológica sabía que iba a morir, pues no superaría el parto y trató de encontrar una pareja que tuviera muchos deseos de tener un hijo. El juez después de evaluar muchas familias los había elegido a ellos, entre una larga lista de posibles adoptantes. Nunca le hablaron de su padre, dijeron que era desconocido. Mariana tendrás que asistir en la operación, le dijo el doctor Diéguez.
Ella no sentía deseos de hacerlo pero, por otro lado, no podía dejar en manos ajenas casi su propia vida. Sus padres habían fallecido y la única que la llevaría a completar el rompecabezas que de golpe se desarmó delante de sus ojos, sería esa mujer, su otra parte. Ellos y su abuela Clara se llevaron el secreto a la tumba. Seguramente Clarita, como solía llamarla ella cuando jugaban, le hubiese dicho la verdad, pero ahora quien la haría recuperar su historia perdida era esa mujer. Los alaridos de una señora la vuelven a la realidad, era jueves, con un pañuelo blanco en la cabeza entró preguntando entre gritos y sollozos por su nieta.
Tras el alambre la floración del ciruelo, árbol viejo y solitario. ¿Por qué al decir “viejo” Marcela siempre asociaba solitario; qué lazo une soledades y vejeces? Y sí, el ciruelo se veía viejo de tan solitario, abandonado y lacio como un sauce. - !Marcelita! ¿Hace mucho que no ves a la Carmen? – le habló doña Rosario - Sí, mucho tiempo. Quince años, o más. Doña Rosario, la vecina que presumía de saber anécdotas ya sin ecos en el barrio, se refería a “la Carmen que supo andar noviando con el Cacho, el hijo del carnicero que la dejó para irse a jugar al fulbo a Méjico y allá se casó con la hija del presidente del club. Porque ese vago del Cacho resultó un fenómeno si aquí se pasaba dale que dale a la pelota. ¡Y cómo pasó el tiempo Marcelita, tantos años que te mudaste! Yo me acuerdo cuando eras así de chiquita y tu mamá te hacía
unos bucles que parecías una muñeca... Y claro, si construyeron ese chalet con la herencia de tu abuelo ahora estás tramitando la sucesión de la casa. Hacés bien, hoy vale un dineral”. Tras el alambrado, el agobiado ciruelo de la casa vecina. - ¡Y pensar cuando muchos decían “para qué hacen esa casa si por ahí va a pasar la autopista”. ¡Que mala gente, si al fin no hubo autopista ni nada..! Sí doña