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#122 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 8 de May, 2007 12:24 am
Asunto: EDICIÓN MAYO.
inventivasocial
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INVENTIVASocial
Edición MAYO 2007
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¡BORRÓN Y CUENTA NUEVA!*
 
 
Qué está ya vieja la esponja,
que reposa sobre el asunto.
Maloliente y más insoportable
que ella misma.
 
Llena de sangre
ella reposa pesada
sobre las viejas heridas,
que ella debería calmar. 
 
 
 
MAMÁ ESPERA*

 
Mamá esperó
 
a mí, que siempre me retrasé,
al tren, que tampoco nunca fue puntual
y a mi padre, que en algún momento nunca más volvió.
Mamá esperó
siempre
paciente
a las eventuales oportunidades
silenciosa
a los argumentos debilitados
perseverante
a las hojas vueltas
insistente
a la vida voluble.
 
Y si ella no estuviese muerta ...
 
 
 
 
ALADINO*
 
 
Dices, que no es posible,
llenar de amor tus espacios.
Ellos están vacíos y no exigen nada.
 
Nada, que haga esperar la resonancia
y no una reflexión más en sus paredes.
Cuartos vacíos con suelos gastados.
 
Ningún regulador, que impida el choque frío
para aquel, que irreflexivamente se arriesga,
a subir descalzo sobre su umbral.
 
Desde el vestíbulo, cada puerta está cerrada,
y las llaves permanecen enterradas desde hace mucho tiempo
debajo de los escombros de un fundamento ya pasado.
 
Sin embargo presiento pasadizos secretos
y vislumbro tesoros ocultos profundamente que esperan,
que me aullan como lobos a la luz de la luna.
 
Armado con reliquias de tiempos largamente olvidados,
salgo y sigo a voces roncas.
El Grial negro debe conducirme como la estrella matutina.
 
Y daré brillo a la lámpara maravillosa,
para que tu genio me aparezca,
del cual solamente quiero oir,
 
que debo irme al diablo!
 
 
*de Petra HALLER
Viena
Traducción: Walkala
 
 
Petra HALLER nació el 1 de abril de 1973 en Viena y trabajó durante 9 años como redactora y consultora en una agencia para relaciones públicas y comunicación. Después del nacimiento de su hijo, en 1999, trabaja como escritora de canciones y redactora independiente en Viena. Desde el 2002 trabaja en una agencia austriaca de noticias. Junto a una continua producción lírica comienza también ya a producir sus primeros trabajos en prosa. Otros poemas de Petra HALLER en alemán y español encontrará en la página de internet www.euroyage.com
E-Mail: haller.petra@...
 
 
 
 
 
 
ABESTU EDURNE*
                           
   J. M. Serrat

Como al viento, la lluvia y el trueno,
la parieron al sereno,
a la sombra de un nogal.

Con helechos le hicieron su cuna,
la abrigó un rayo de luna
y a lo lejos la mecía el mar.

Abestu Edurne,
abestu Edurne.
Hori da zure Herrie.
(Canta Edurne,
canta Edurne.
Ése es tu Pueblo.)

Y creció viendo a sus pies Tolosa,
a un tiempo recia y hermosa
como un tronco de abedul.

Su jubón colorado de lana
partía en dos la mañana
al abrirse su ventana azul.

Abestu Edurne,
abestu Edurne.
Deitu dizu maitasunek.
(Canta Edurne,
canta Edurne.
Te ha llamado el amor.)

Poco tiempo tu amor te ha gozado,
se lo llevaron atado
unos hombres de metal.
Y encontraron detrás de la casa,
por el camino de Amasa,
sus veinte años rotos contra un zarzal.

Abestu Edurne,
abestu Edurne.
Lurperatu oten dute...
(Canta Edurne,
canta Edurne.
Lo habrán enterrado...)

Desde entonces, aunque muerda el frío,
el portón del caserío
lo deja de par en par.
Por si el miedo no come caliente
para cobijar a gente
que no puede ver su cielo y su mar.

Abestu Edurne,
abestu Edurne.
Zuk dezu bihotz haundie.
(Canta Edurne,
canta Edurne.
Tú tienes un gran corazón.)

Corre viento, ve y cuenta esa historia
por las orillas del Oria
y a las gentes diles que
donde comen y duermen sus hijos
tienen comida y cobijo
en la casa de Edurne.

Abestu Edurne,
abestu Edurne.
Euskal herria zurêkin dezu abesten.
(Canta Edurne,
canta Edurne.
El pueblo vasco canta contigo.)

*

   
  Y yo vi el pueblo vasco, y estuve en el caserío, y desde la cima de la ladera se veía Tolosa. Y en el caserío en medio del pueblo vasco, desde donde se veía Tolosa adonde íbamos a por agua y pan, la conocí a Edurne que es recia y hermosa, que tiene un gran corazón, y que cobijó en su habitación a mi madre que aquí en América no podía ver su cielo y su mar.
     Abestu Edurne. Abestu esta Edurne a quien llamó el amor, pero que por fortuna pudo hacerlo fructificar en abrazos y caricias y en hijos bellos, sanos y fuertes como el nogal y los helechos que se ofrecen generosos a los lados de los caminos.
     Abestu Edurne que en tu tierra ya los hombres de metal no llevarán a tu amor. Abestu Edurne para que no haya más hombres de metal ni más zarzas con cadáveres jóvenes.
     Abestu, que al pasar por el cementerio de Irún ha dicho el aitá “dicen que en ese paredón los fusilaban, y el dueño de ese caserío se volvió loco”.
Edurne, que tu tierra no contenga más locuras ni atrocidades.
     Abestu Edurne, abestu que eres una mujer feliz, que mereces el linaje que te contiene y te abriga. Abestu que hubo ya demasiada lágrima y demasiados dolores en esa Euskadi verde roja y blanca.
     Canta Edurne y abre tu sonrisa generosa. Nosotros cantamos contigo mientras a lo lejos te mece el mar.
 
                           
*de Mónica Russomanno.  russomannomonica@...
 
 
 
 
 
 
 
Del poemario „Un pez ardiente“: [1]

 

 
cada cual
en tierra de nadie
 
 
 
la intranquilidad
suspira por el
pabellón de la oreja de los sordos
 
plumas
tensadas en rosas del viento
memorizan el día
en espirales
manecillas contratadas
mondan el insomne
tiempo
 
las lanzas de las sombras
raspan un relieve de horas
en el junco endurecido
 
la orilla de la luna nueva
evoca
el tardío mar
 
 
*
 
 
llueven líquenes
de las cortezas
en barbas de corales
velos cegados por la nieve
 
una vez por año
para la época del apareamiento
figaro vagabundea
por los bosques
 
 

 
cortad el cabello
manicurad las uñas
antes de que debajo de los miradores
cambien los anillos del tiempo
 
sus cimas
solo en tormenta se abrazan
sus esporas
cual hostias diseminan
 
 

 
el sol
marca un medio círculo
sobre la figura de piedra
inclinada en la roca
le crece la cabeza
sobre los hombros
el niño dice
mira
una tortuga
 
 
*Fritz HUBER.
Salzburgo - AUSTRIA
Traducción: Walkala

 
Friedrich HUBER nació en 1942 en Salzburgo. Hasta ahora ha publicado 2 libros de poesía: Ein Segel aus gegerbter Luft  (2000) y Ein brennender Fisch (2003), ambos en la editorial AROVELL Gosau–Wien-Salzburg; también contribuyó en la antología Stadtlandschaften von Innsbruck bis Irkutsk (Turmbund-Gesellschaft für Literatur und Kunst, Innsbruck), en revistas literarias y ha realizado lecturas, entre otras para la radiotelevisión austriaca. En los primeros meses del 2006 aparece un libro suyo de poesía en alemán y francés con el título Zwillinge–Jumeaux délivrés im AROVELL-Verlag Gosau–Wien–Salzburg, con el apoyo financiero de la Oficina de la Cancillería austriaca.  Otros poemas de Friedrich HUBER en alemán y español encontrará en la página de internet www.euroyage.com
E-Mail: Friedrich.Huber@...
 
[1] Poemas tomados del libro „Un pez ardiente“ HUBER, Friedrich, Editorial AROVELL,
Gosau – Wien - Salzburg, 2003, con el amable permiso de la Editorial AROVELL Gosau - Wien -Salzburg.
 
 
 
 
 
En la mira*
 
 
Linda mina, lindo tipo de hombre, se sienten cómodos en sus cuerpos flacos, debajo de sus abundantes cabelleras, encima de sus principescos pies.
Señor gordo, calvo, con juanetes, desencantado y empuñando una Magnum 44.
Apunta (no sin fastidio).
 
 
 
*De Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
 
 
 
UVAS DE MAYO*



     Los zorzales se empachan de uvas maduras, panzonas, rezumantes de azúcares y fermentación bajo los cielos modestos de una casa suburbana.
     A las parras las plantó el abuelo que hablaba mal el castellano, ese hombre de gorra y ojos de cielo, callado y quedo en su dolor de inmigrante.
Ese hombre que sólo una vez lloró frente a su hijo, allí apoyado contra un mueble, con el teléfono en la mano, cuando voces intangibles decían “morto” “vedere” “niente piú”; allá del otro lado del océano, del otro lado donde quedó la mitad de su vida, de sus recuerdos, de sus amores, de su ser tan
desgarradamente dividido.
     Las plantó el padre a las parras, las plantó para que el hijo las siga podando, imite de a poco su silueta y su sonrisa ausente, para que su hijo siga reflejando un cielo blanco en los ojos que cruzaron el mar y la historia.
     Los nietos juegan bajo los racimos que con manos transparentes abriga el abuelo. Los zorzales cantan y comen uvas, enteras, redondas, verdes y moradas. Los nietos americanos juegan bajo el entramado de encaje que tejió para ellos el abuelo europeo. Y el hijo, el hijo, este hombre triste que se siente dividido entre los mundos de los ancestros y la descendencia, este hombre encabalgado entre las montañas de Italia y la desembocadura cuantiosa de un río marrón, río sudamericano. Este hijo mira con afecto a los zorzales y arroja al suelo la silueta repetida del gringo en su propia sombra, en su propia sombra difusa de este mayo sin flores, de este mayo sin primavera.
Mayo extemporáneo de llovizna, de tristeza en las hojas derrotadas.
     Trataba de hacer vino el abuelo como allá en su pueblo. Nunca pudo.
Pero quiso su empecinamiento doblegar las humedades y los calores de la llanura. No se rindió pese a los renovados fracasos. Su hijo no lo intenta, sus nietos no saben qué es eso del vino casero.
     Alguien tiene que tomar el papel de bisagra para que la puerta se abra, alguien será puente para que vayan y vengan los fantasmas. Me pregunto qué ve usted, Coiro, cuando mira los racimos con sus ojos azorados.
     Se emborracharán los zorzales con las uvas maduras en la casita suburbana. Será por eso que al final del día parece que ríen y lloran al mismo tiempo.
 
 
 
 
*de Mónica Russomanno.  russomannomonica@...
 
 


 
 
E-LIMINAR*

 
Soltar
significa dejar salir
mediante sufrimientos,
lo estancado
en nuestro corazón.
 
 
Lo retenido
parirlo como a un niño.
La represa
interior vaciarla.
 
 
Para llenarla con fuentes frescas,
ser transparente,
saciado por Dios.
 

INTROSPECCIÓN*

 
Si estás en el camino de la búsqueda,
puedes entonces encontrar,
puedes más y más
de los pesamientos rígidos
liberarte,
aprendes a ser transparente,
a abrir tu espíritu,
hasta que encuentres el centro,
que te de la libertad.
 

 
DES-LIGAR*

 
Soltar significa vivir el ahora.
A lo pasado no dar cabida.
el dolor de la pérdida a la raíz engarzar.
¡ En la vida a lo nuevo dar la bienvenida!
 
 
 
 
*de Gerold SCHODTERER
Bad Ischl – AUSTRIA
Traducción: Walkala
 
 
Gerold Schodterer nació el 12 de Agosto de 1956 en Bad Ischl, Austria. Ha publicado hasta la fecha los libros de poesía “Naturgedanken” (1998), “Spuren” (2001) y el cd doble titulado “Erdenweg” (1999) con poemas suyos musicalizados. Otros poemas de Gerold Schodterer en alemán y español encontrará en la página de internet www.euroyage.com
Correo elect.: GuK@... 
 
 
 
 
 
 
Corpulencia*
 
 
Con semejante físico, es lógico, se da el gustazo de trompear de vez en cuando, a escogidos cretinos en tren de patoteros. Ha noqueado, por ejemplo, a energúmenos choferes de colectivos. ¿Por qué limitarse a una discusión estéril, pudiendo escarmentarlos? ¡Ha corregido a tantos, elevándolos con naturalidad por sobre su cabeza, agitándolos, hasta hacerles deponer actitudes necias, presuntamente arraigadas! Impuso siempre su corpulencia, y permítaseme enunciarlo así: su preclaro vigor, como factor desmoralizante frente a comportamientos repetitivos de groseros y malintencionados. Ya desde la niñez el admirable Hércules implementó los mentados recursos. Con las mujeres se contiene: se limita a la —también mentada— estéril discusión.
 
 
 
*De Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
*
 
Con la luz del crepúsculo apagada
miro la mar, con las olas salpicando
y sentado en la arena, voy mirando
el paisaje que mirabas tú sentada.

Te imagino, con el alma sosegada,
ese faro en la montaña titilando,
esa lágrima que dulce va bajando
por tu cara, dejándola marcada.

Tu cabello, en la frente, alborotado,
tu sonrisa en la boca se ha apagado.
La mejilla tan blanca y tan mojada...

No me ves, pero estoy aquí, a tu lado,
y aunque creas que todo haya pasado,
no ha pasado, cariño, casi nada.
 
 
*de Joan  joan@...
 
 
 
 
 
 
El hijo de Butch Cassidy*
 
*de Osvaldo Soriano 
 

    El Mundial de 1942 no figura en ningún libro de historia pero se jugó en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas y en la final ocurrieron cosas tan extrañas como que se jugó sin descanso durante un día y una noche, los arcos y la pelota desaparecieron y el temerario hijo de Butch Cassidy despojó a Italia de todos sus títulos.
    Mi tío Casimiro, que nunca había visto de cerca una pelota de fútbol, fue juez de línea en la final y años más tarde escribió unas memorias fantásticas, llenas de desaciertos históricos y de insanías ahora irremediables por falta de mejores testigos.
    La guerra en Europa había interrumpido los mundiales. Los dos últimos, en 1934 y 1938, los había ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que construían la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarrica en Chile se sentían campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol también había indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobre todo europeos escapados de la guerra. Había españoles que monopolizaban los almacenes de comida, italianos de Génova, Calabria y Sicilia, polacos, franceses, algunos ingleses que alargaban los ferrocarriles de Su Majestad, unos pocos guaraníes del Paraguay y los argentinos que avanzaban hacia la lejana Tierra del Fuego. Todos estaban allí porque aún no había llegado el telégrafo y se sentían a salvo del terrible mundo donde habían nacido.
    Hacia abril, cuando bajó el calor y se calmó el viento del desierto, llegaron sorpresivamente los electrotécnicos del Tercer Reich que instalaban la primera línea de teléfonos del Pacífico al Atlántico. Con ellos traían una punta del cable que inauguraba la era de las comunicaciones y la primera pelota del mundo a válvula automática que decían haber inventado en Hamburgo. Luego de mostrarla en el patio del corralón para admiración de todos desafiaron a quien se animara a jugarles un partido internacional. Un ingeniero de nombre Celedonio Sosa, que venía de Balvanera, aceptó el reto en nombre de toda la nación argentina y formó un equipo de vagos y borrachos que volvían decepcionados de buscar oro en las hondonadas de la Cordillera de los Andes.
    El atrevimiento fue catastrófico para los argentinos que perdieron 6 a 1 con un pésimo arbitraje de William Brett Cassidy, que se decía hijo natural del cowboy Butch Cassidy que antes de morir acribillado en Bolivia vivió muchos años en las estancias de la Patagonia con el Sundance Kid y Edna, la amante de los dos.
    No bien advirtieron la diversidad de países y razas representados en ese rincón de la tierra, los alemanes lanzaron la idea de un campeonato mundial que debía eternizar con la primera llamada telefónica su paso civilizador por aquellos confines del planeta. El primer problema para los organizadores fue que los italianos antifascistas se negaban a poner en juego su condición de campeones porque eso implicaba reconocer los títulos conseguidos por los profesionales del régimen de Mussolini.
    Algunos irresponsables, ganados por la curiosidad de patear una pelota completamente redonda y sin tiento, se dejaban apabullar por los alemanes a la caída del sol mientras la línea del teléfono avanzaba por la cordillera hacia las obras del dique: un combinado de almaceneros gallegos e intelectuales franceses perdió por 7 a 0 y un equipo de curas polacos y desarraigados guaraníes cayó por 5 a 0 en una cancha improvisada al borde del río Limay.
    Nadie recordaba bien las reglas del juego ni cuanto tiempo debía jugarse ni las dimensiones del terreno, de manera que lo único prohibido era tocar la pelota con las manos y golpear en la cabeza a los jugadores caídos. Cualquier persona con criterio para juzgar esas dos infracciones podía ser el árbitro y así fue como mi tío y el hijo de Butch Cassidy se hicieron famosos y respetables hasta que por fin llegó el télefono.
    Hubo un momento en que la posición principista de los italianos se volvió insostenible. ¿Cómo seguir proclamándose campeones de una Copa que ni siquiera reconocían cuando los alemanes goleaban a quien se les pusiera adelante? ¿Podían seguir soportando las pullas y las bromas de los visitantes que los acusaban de no atreverse a jugar por temor a la humillación?
    En mayo, cuando empezaron las lloviznas, el capataz calabrés Giorgio Casciolo advirtió que con la arena mojada la pelota empezaba a rebotar para cualquier parte y que los enviados del Fuhrer, que ya probaban el teléfono en secreto y abusaban de la cerveza, no las tenían todas consigo. En un nuevo partido contra los guaraníes el resultado, luego de dos horas de juego sin descanso, fue apenas de 5 a 2. En otro, los ingleses que colocaban las vías del ferrocarril se pusieron 4 goles a 5 cuando se hizo de noche y los alemanes argumentaron que había que guardar la pelota para que no se perdiera entre los espesos matorrales. A fin de mes los pescadores del Limay, que eran casi todos chilenos, perdieron por 4 a 2 porque William Brett Cassidy concedió dos penales a favor de los alemanes por manos cometidas muy lejos del arco.
    Una noche de juerga en el prostíbulo de Zapala, mientras un ingeniero de Baden-Baden trataba de captar noticias sobre el frente ruso en la radio de la señora Fanny-La-Joly, un anarquista genovés de nombre Mancini al que le habían robado los pantalones se puso a vivar al proletariado de Barda del Medio y salió a los pasillos a gritar que ni los alemanes ni los rusos eran invencibles. En el lugar no habia ningún ruso que pudiera darse por aludido, pero el ingeniero alemán dió un salto, levantó el brazo y aceptó el desafío. El capataz Casciolo, que estaba en una habitación vecina con los pantalones puestos, escuchó la discusión y temió que la Copa de 1938 empezara a alejarse para siempre de Italia.
    A la madrugada, mientras regresaban a Barda del Medio a bordo de un Ford A, los italianos decidieron jugarse el título y defenderlo con todo el honor que fuera posible en ese tiempo y en ese lugar. Sólo cinco o seis de ellos habían jugado alguna vez al fútbol pero uno, el anarquista Mancini, había pasado su infancia en un colegio de curas en el que le enseñaron a correr con una pelota pegada a los pies.
    Al día siguiente la noticia corrió por todos los andamios de la obra gigantesca: los campeones del mundo aceptaban poner en juego su Copa. Los mapuches no sabían de que se trataba pero creían que la Copa poseía los secretos de los blancos que los habían diezmado en las guerras de conquista. Los ingleses lamentaban que sus enemigos alemanes se quedaran con la gloria de aquel torneo fugaz; los argentinos esperaban que el gobierno los sacara de aquel infierno de calor y de arena y en secreto tramaban un sistema defensivo para impedir otra goleada alemana. Los guaraníes habían hecho la guerra por el petróleo con Bolivia y estaban acostumbrados a los rigores del desierto aunque no tenían más de tres o cuatro hombres que conocieran una pelota de fútbol. También formaron equipos los curas y obreros polacos, los intelectuales franceses y los almaceneros españoles. Los franceses no eran suficientes y para completar los once pidieron autorización para incorporar a tres pescadores chilenos.
    Los alemanes insistieron en que todo se hiciera de acuerdo con las reglas que ellos creían recordar: había que sortear tres grupos y se jugaría en los lugares adonde llegaría el teléfono para llamar a Berlín y dar la noticia. William Brett Cassidy insistió en que los árbitros fueran autorizados a llevar un revólver para hacer respetar su autoridad y como la mayoría de los jugadores entraban a la cancha borrachos y a veces armados de cuchillos, se aprobó la iniciativa.
    Se limpiaron a machetazos tres terrenos de cien metros y como nadie recordaba las medidas de los arcos se los hizo de diez metros de ancho y dos de altura. No había redes para contener la pelota pero tanto Cassidy como mi tío Casimiro, que oficiarían de árbitros, se manifestaron capaces de medir con un golpe de vista si la pelota pasaba por adentro o por afuera del rectángulo.
    El sorteo de las sedes y los partidos se hizo con el sistema de la paja más corta. La inauguración, en Barda del Medio, quedó para la Italia campeona y el aguerrido equipo de los guaraníes. Al otro lado del río, en Villa Centenario, jugaron alemanes, franceses y argentinos y sobre la ruta de tierra, cerca del prostíbulo, se enfrentaron españoles, ingleses y mapuches.
    En todos los partidos hubo incidentes de arma blanca y las obras del dique tuvieron que suspenderse por los graves rebrotes de nacionalismo que provocaba el campeonato. En la inauguración Italia les ganó 4 a 1 a los guaraníes que no tenían otra bandera que la del Paraguay. En las otras canchas salieron vencedores los alemanes contra los franceses y los indios mapuches se llevaron por delante a los ingleses y a los almaceneros españoles por cinco o seis goles de diferencia.
    Los dos primeros heridos fueron guaraníes que no acataron las decisiones de Cassidy. El referí tuvo que emprenderla a culatazos para hacer ejecutar un penal a favor de Italia. Al otro lado del río mi tío Casimiro tuvo que disparar contra un delantero mapuche que se guardó la pelota abajo de la camisa y empezó a correr como loco hacia el arco británico en el segundo partido de la serie. Los mapuches tuvieron dos o tres bajas pero ganaron la zona porque los británicos se empecinaron en un fair play digno de los terrenos de Cambridge.
    La memoria escrita por mi tío flaquea y tal vez confunde aquellos acontecimientos olvidados. Cuenta que hubo tres finalistas: Alemania, Italia y los mapuches sin patria. La bandera del Tercer Reich flameó más alta que las otras durante todo el campeonato sobre las obras del dique pero por las noches alguien le disparaba salvas de escopeta. William Brett Cassidy permitió que los alemanes eliminaran a la Argentina gracias a la expulsión de sus dos mejores defensores. Es verdad que el arquero cordobés se defendía a piedrazos cuando los alemanes se acercaban al arco, pero ése era un recurso que usaban todos los defensores cuando estaban en peligro. Antes de cada partido los hinchas acumulaban pilas de cascotes detras de cada arco y al final de los enfrentamientos, una vez retirados los heridos, se juntaban también las piedras que quedaban dentro del terreno.
    En la semifinal ocurrieron algunas anormalidades que Cassidy no pudo controlar. Los alemanes se presentaron con cascos para protegerse las cabezas y algunos llevaban alfileres casi invisibles para utilizar en los amontonamientos. Los italianos quemaron un emblema fascista y entonaron a Verdi pero entraron a la cancha escondiendo puñados de pimienta colorada para arrojar a los ojos de sus adversarios.
    Cassidy quiso darle relieve al acontecimiento y sorteó los arcos con un dólar de oro, pero no bien la moneda cayó al suelo alguien se la robó y ahí se produjo el primer revuelo. El capitán alemán acusó de ladrón y de comunista a un cocinero italiano que por las noches leía a Lenin encerrado en una letrina del corralón. En aquel lugar nada estaba prohibido, pero los rusos eran mal vistos por casi todos y el cocinero fue expulsado de la cancha por rebelión y lecturas contagiosas. Antes de dar por iniciado el partido, Cassidy lanzó una arenga bastante dura sobre el peligro de mezclar el fútbol con la política y después se retiro a mirar el partido desde un montículo de arena, a un costado de la cancha.
    Como no tenía silbato y las cosas se presentaban difíciles, él sólo bajaba de la colina revólver en mano para apartar a los jugadores que se trenzaban a golpes. Cassidy disparaba al aire y aunque algunos espectadores escondidos entre los matorrales le respondían con salvas de escopeta, el testimonio de mi tío asegura que afrontó las tres horas de juego con un coraje digno de la memoria de su padre.
    Cassidy hizo durar el juego tanto tiempo porque los italianos resistían con bravura y mucho polvo de pimienta el ataque alemán y en los contragolpes el anarquista Mancini se escapaba como una anguila entre los defensores demasiado adelantados. Hubo momentos en que Italia, que jugaba con un hombre menos, estuvo arriba 2 a 1 y 3 a 2, pero a la caída del sol alguien le devolvió a Cassidy su dólar de oro en una tabaquera donde había por lo menos veinte monedas más. Entonces el hijo de Butch Cassidy decidió entrar al terreno y poner las cosas en orden.
    En un corner, Mancini fue a buscar la pelota de cabeza pero un defensor alemán le pinchó el cuello con un alfiler y cuando el italiano fue a protestar, Cassidy le puso el revólver en la cabeza y lo expulsó sin más trámite. Luego, cuando descubrió que los italianos usaban pimienta colorada para alejar a los delanteros rivales, detuvo el juego y sancionó tres penales en favor de los alemanes. El capataz Casciolo, furioso por tanta parcialidad, se interpuso entre el arquero y el hombre que iba a tirar los penales pero Cassidy volvió a cargar el revólver y lo hirió en un pie. Un ingeniero prusiano bastante tímido, que había jugado todo el partido recitando el Eclesíastes, se puso los anteojos para ejecutar los penales (Cassidy había contado sólo nueve pasos de distancia) y anotó dos goles. Enseguida el hijo de Butch Cassidy dió por terminado el partido y así se le escapó a Italia la Copa que había ganado en 1934 y 1938.
    Los alemanes se fueron a festejar al prostíbulo y ni siquiera imaginaron que los mapuches bajados de los Andes pudieran ganarles la final como ocurrió tres días más tarde, un domingo gris que la historia no recuerda. Ese día el teléfono empezó a funcionar y a las tres de la tarde Berlín respondió a la primera llamada desde la Patagonia. Toda la comarca fue a la cancha a ver el partido y el flamante teléfono negro traído por los alemanes. Un regimiento basado en la frontera con Chile envió su mejor tropa para tocar los himnos nacionales y custodiar el orden pero los mapuches no tenían país reconocido ni música escrita y ejecutaron una danza que invocaba el auxilio de sus dioses.
    Mi tío, que ofició de juez de línea, anota en su memoria que a poco de comenzado el partido aparecieron bailando sobre las colinas unas mujeres de pecho desnudo y enseguida empezó a llover y a caer granizo. En medio de la tormenta y las piedras Cassidy pensó en suspender el partido, pero los alemanes ya habían anunciado la victoria por teléfono y se negaron a postergar el acontecimiento. Pronto la cancha se convirtió en un pantano y los jugadores se embarraron hasta hacerse irreconocibles. Después, sin que nadie se diera cuenta, los arcos desaparecieron y por más que se jugó sin parar hasta la hora de la cena ya no había donde convertir los goles. A medianoche, cuando la lluvia arreciaba, Cassidy detuvo el juego y conferenció con mi tío para aclarar la situación. Los alemanes dijeron haber visto unas mujeres que se llevaban los postes y de inmediato el árbitro otorgó seis penales de castigo contra los mapuches pero nadie encontró los arcos para poder tirarlos. Una partida del ejército salió a buscarlos, pero nunca más se supo de ella. El juego tuvo que seguir en plena oscuridad porque Berlín reclamaba el resultado, pero ya ni siquiera había pelota y al amanecer todos corrían detrás de una ilusión que picaba aquí o allá, según lo quisieran unos u otros.
    A la salida del sol el teléfono sonó en medio del desierto y todo el mundo se detuvo a escuchar. El ingeniero jefe pidió a Cassidy que detuviera el juego por unos instantes pero fue inútil: los mapuches seguían corriendo, saltando y arrojándose al suelo como si todavía hubiera una pelota. Los alemanes, curiosos o inquietos pero seguramente agotados, fueron a descolgar el teléfono y escucharon la voz de su Fuhrer que iniciaba un discurso en alguna parte de la patria lejana. Nadie más se movió entonces y el susurro alborotado del teléfono corrió por todo el terreno en aquel primer Mundial de la era de las comunicaciones.
    En ese momento de quietud uno de los arcos apareció de pronto en lo alto de una colina, a la vista de todos, y las mujeres reanudaron su danza sin música. Una de ellas, la más gorda y coloreada de fiesta, fue al encuentro de la pelota que caía de muy alto, de cualquier parte, y con una caricia de la cabeza la dejó dormida frente a los palos para que un bailarín descalzo que reía a carcajadas la empujara derecho al gol.
    William Brett Cassidy anuló la jugada a balazos pero en su memoria alucinada mi tío dió el gol como válido. Lástima que olvidó anotar otros detalles y el nombre de aquel alegre goleador de los mapuches.
 
 
 
*Incluido en CUENTOS DE LOS AÑOS FELICES.
 
 
 
 
 
 
 
*
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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#121 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 20 de Abr, 2007 4:32 pm
Asunto: CUESTIONES DE PERSPECTIVA
inventivasocial
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Cuestiones de perspectiva




¿A quién le interesa la verdad?*


Algo paso. Algo que me trajo a este presente una frase que muchos
años atrás le escuche decir desde la radio a Carlos Rodari. "En
Argentina, el poder es una enfermedad" me quedo grabada su voz de
indignación, casi la misma que quisiera tener en este texto sin
sonido.
Paso algo en la vida de una persona cercana a mi vida.


Una mujer que trabaja hace 19 años en su actividad.
Hace dos meses le ofrecieron participar en una lista opositora a la
conducción oficial de su gremio.
La conducción actual lleva muchos años allí, 15, 18, 20, no importa
en realidad el número justo.

Resulta que la mujer es escritora.
Uno que la conoce y la lee, sabe que tiene un talento natural para
la escritura.
La publican en distintos medios, y lugares geográficamente distantes.
Esta vez la publicaron en el principal diario de su ciudad.
Y faltan pocos días para las elecciones en su gremio.
Alguien de la conducción de su gremio lee –quizá casualmente- el
suplemento
Del diario, el nombre y apellido de la autora, el tema: situación de
los inundados que llegan a un refugio improvisado en una escuela.
Entre los recien llegados esta la señora que trabaja limpiando en su
casa. La señora se refugia con dos hijas y un nieto de 3 o 4 años.
Al segundo día llega y cuenta lo que vivió.
La mujer escucha junto a su madre el relato.
Escucha y escribe. Escribe una entre varias crónicas.
Mientras tanto a la señora que trabaja en su casa y que es casi de
la familia le ofrecen una casita en el fondo de su propia casa. La
casita esta sin terminar pero puede ser un hogar de emergencia solo
para ellos y mejora la situación que vivieron en esos primeros dos
días en el centro de evacuados.

Ella siguió escribiendo.

De allí en adelante los hechos se desarrollaron como en una
pesadilla, pero bien real y diurna.
Los señores atornillados a sus escritorios, sus cargos, sus
previsibles negociados, comenzaron a hacer campaña eligiendo a la
mujer –sin ninguna trayectoria en militancia política y gremial, con
una impecable historia laboral-, como "eje de campaña", si así puede
decirse.

Un día la mujer se encuentra en su trabajo con volantes anónimos que
la acusan de hacerse pasar por inundada para atacar a una
institución o una barbaridad similar.
Le avisan que una declaración del gremio aun más agraviante, fue
enviado por correo electrónico a todos establecimientos de la
provincia donde trabajan colegas afiliados o no.
Se entera como al pasar, que el secretario del gremio llama una y
otra vez al diario, hasta logra que lo atiendan los dueños. Se
enoja, se queja, las palabras justan se pierden, pero el hecho se
cuenta en corrillos.
Aparece publicada una carta de lectores de quienes se dan por
ofendidos en base al contenido de esos panfletos anónimos.
Y también recibe en su domicilio una carta documento de la
institución que funcionó como centro de evacuados en la que le piden
que se retracte de vaya a saber que cosa.

De testigo conmovido que escribe.
De actor social que ofrece lugar en su casa, ropa y abrigo a una
familia inundada.
Ella pasa a ser víctima de una infamia que nadie puede medir hoy en
sus consecuencias.

Y estoy escribiendo con una indignación, con una rabia feroz.


Salgo a tomar un poco de fresco y me encuentro en la calle con un
antiguo compañero de escuela. Hablamos de cada cual, del país, de
pronto me escucho decirle: todo funciona con reglas que marginan a
la buena gente de participar, que alejan a los honestos de tomar los
problemas sociales en sus manos e intentar algo que se parezca a una
solución. Y se que estoy pensando en esto.

Y uno que conoce un poco como son las cosas en este país, y la
perspectiva con la que se suelen medir las cosas sabe que esto puede
ser pensado como algo menor al lado de las barbaridades que ocurren.
Sabe también que estos canallas que se llaman a si
mismos "dirigentes" ganaran previsiblemente "su" elección y
preservaran su lugar de poder dando un nuevo ejemplo que confirme
la "Ley de hierro de la oligarquía" enunciada hace casi un siglo por
Robert Michels.

Imagino ahora a la mujer, y me parece verla preguntarse –casi en
lágrimas- si a alguien le interesa la verdad.
A mi me interesa. Aunque no alcance para reparar tanto maltrato.



*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@...






Extraños privilegios*



*Por Valeria Sobel


Libertad. ¡Qué absurdo! Es el nombre de la calle en la que el 20 de
abril de 1976 secuestraron a mi padre. Nunca más nadie lo vio libre
(ni encarcelado...) después de esa vez en la calle Libertad. Fue
hace poco tiempo que me di cuenta de lo "inapropiado" del nombre.
Supongo que bastante más absurdo todavía es considerarme
privilegiada por poder pensar que a mi papá seguramente lo mataron
pronto, que no tuvo que pasar por largas y horribles horas de
tortura o que probablemente no haya formado parte del grupo de los
que fueron tirados al río en los vuelos de la muerte. Extraños
privilegios, extraños lujos. Tener la suerte de no haber asistido a
la violenta escena del secuestro, de que al menos haya una placa con
su nombre (junto al de otros abogados desaparecidos) en la plaza de
Tribunales. El lugar se presta bastante poco, pero igual se puede
inventar alguna ceremonia, se pueden poner flores; es lo que hicimos
con mis hijas cuando las llevé a conocer mi país.
Alegrarse por estar entre los que lograron conservar bastantes
fotos, fotos de él, fotos cariñosas de él con nosotras, sus hijas. Y
además, hace poco alguien bueno y generoso nos hizo llegar unos
minutos de un video de la villa de Retiro y nos hizo saber que en la
villa se acuerdan de Héctor Sobel. En este video se ve a mi papá, mi
papá en colores y en movimiento (todas las fotos que tenemos son en
blanco y negro). Muy impresionante verlo "aparecer" tan lindo en la
pantalla de mi computadora después de 31 años, ver a mi hija menor
mirándolo y diciendo "abuelo Héctor" y escuchar a mis hijas
preocuparse por hacer copias, no vaya a ser que "desaparezcan" estas
imágenes...
Alegrarse porque mi hermana y yo ya éramos bastante "grandes",
conocimos y disfrutamos a nuestro papá durante once y diez años
respectivamente, un gran lujo. Muchos hijos de desaparecidos apenas
conocieron a sus padres, por no hablar del drama de las
apropiaciones de bebés... Y nosotras tenemos el lujo de tener
recuerdos. Recuerdos lindos como cuando nos inventaba nuevas
aventuras de los tres mosqueteros con un final que nos gustara, nos
leía Mafalda divirtiéndose más que nosotras o nos cantaba "ay
Esmeralda, ráscame la espalda". Como el Citroën Pamperito, la torta
de chocolinas que le hice para su cumple, los paseos en bici, la
casita rodante, las vacaciones en el sur o en Sierra de la Ventana.
Fue allí, descansando en medio de una caminata, donde nos mostró una
montaña a la que no podíamos ir de excursión porque estaba permitido
que una montaña tuviera dueño y nos explicó que él quería cambiar
cosas como ésas.
Otro privilegio: "sólo" secuestraron a mi padre. Pudimos seguir
creciendo con al menos uno de nuestros progenitores; en nuestro
caso, una mamá fuerte, sólida, sensata y afectuosa que hizo todo lo
imaginable para tratar de seguir educándonos lo más "normalmente"
posible. Tuvimos también la suerte de que, al menos en casa, se
hablara de mi padre y de lo que había pasado; no crecimos creyendo
que estaba de viaje y que nos había abandonado o que iba a volver de
un momento a otro. Tampoco crecimos creyendo que había hecho algo
malo. ¡Qué horror el famoso "por algo será"! Y la Argentina
siniestra, obscena, de "los argentinos somos derechos y humanos",
del gauchito del mundial, con las compañeritas de escuela a las que
les gustaban los cadetes del liceo militar porque con los uniformes
quedaban tan elegantes.
Eso sí, no tenemos la "suerte" por el momento de haber encontrado el
cadáver, de saber cuándo y dónde murió nuestro padre, de saber
quiénes fueron los asesinos. Tampoco tenemos la "suerte" de poder
decirnos que al menos los culpables no andan por ahí paseando
tranquilamente. La mayoría de ellos están vivos y en libertad,
Libertad como la calle...
De los pocos que sí están están en la cárcel, muchos tienen
regímenes especiales y hasta parece que hay quien los
considera "presos políticos". Otra broma negra, esos sí que son
extraños, muy extraños privilegios.
Pero sí tenemos la suerte de no tener un día que afrontar, como les
pasa a algunos hijos de militares y de otros personajes cómplices
(seguramente de esos que defendían el orden y la mano dura), la
crudeza de la verdad, al enterarse de que ese señor aparentemente
tan respetable que les tocó como papá fue en realidad un torturador,
un ladrón, un asesino, un cobarde.
¡Ah! Casi me olvido, como dije antes, mi hermana y yo ya éramos
grandes y entonces ya nos habían enseñado a nadar. No ha sido fácil,
no es fácil, pero logramos no hundirmos en un mar de lágrimas, en
las aguas espesas y fangosas de la desesperanza, del sinsentido, del
miedo o del resentimiento. Y no sólo flotamos, no; aunque estos
textos tristes y graves puedan hacer pensar lo contrario, a veces,
muchas, nos sale ser felices.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-83775-2007-04-20.html






Viernes, 20 de Abril de 2007
VIRGINIA TECH
¿Quién es responsable de la tragedia?*


Por Jorge Majfud*


La mayoría de las medicinas que se venden en forma de píldoras
recubren una determinada droga, químico o compuesto con una capa de
color atractivo y gusto dulce. En español, la sabiduría popular usa
esta particularidad para construir una metáfora: "Tragarse la
píldora" tiene una connotación negativa
y expresa la acción de consumir una cosa con la forma o el gusto de
otra. Es decir, creer o aceptar una verdad como hecho incuestionable
sin ser conscientes de las verdaderas implicaciones. En la tradición
literaria, este fenómeno epistemológico se entendía con la metáfora
del caballo de Troya, también usado hoy en día para designar virus
informáticos. Un ideoléxico puede entenderse como una pastilla que
el discurso hegemónico prescribe e impone con seductora violencia.
Por ejemplo, el ideoléxico libertad viene recubierto de una plétora
de lugares comunes y dulcemente positivos (la libertad, como
precepto universal lo es). Sin embargo, dentro de este recubrimiento
dulce y brillante se esconden las verdaderas razones de las
acciones: la dominación, la opresión, la violencia de los intereses
sectarios, etc. El recubrimiento dulce y brillante anula la
percepción de sus opuestos: el contenido amargo y opaco.
La tarea del crítico consiste en romper la envoltura, es des-cubrir,
en des-velar el contenido de la píldora, del ideoléxico. Claro que
esta tarea tiene resultados amargos, como el centro de la píldora.
Los adictos a una droga no renunciarán a ella sólo porque alguien
descubra las graves implicaciones de su confort momentáneo. De
hecho, se resistirán a esta operación de exposición.
Analicemos un ideoléxico común en el discurso dominante del
capitalismo tardío: la responsabilidad personal. De entrada, vemos
que su cobertura es del todo dulce y brillante. ¿Quién sería capaz
de discutir el valor de la responsabilidad de cada individuo? Un
posible cuestionamiento sería
rápidamente anulado por una falsa alternativa: la irresponsabilidad.
Pero podemos comenzar problematizando el nuevo falso dilema
observando que el mismo adjetivo -personal- de este ideoléxico
compuesto anula o anestesia otro menos común y más difícil de
apreciar por los sentidos: no se menciona
la posibilidad de la existencia de una "responsabilidad social".
Tampoco se habla o se acepta -en base a una larga tradición
religiosa- que puedan existir "pecados sociales".
Vayamos más al centro de un caso concreto: la trágica matanza
ocurrida en la Universidad de Virginia Tech. Quienes pusieron el
dedo acusador -tímidamente, como siempre- en la cultura de las armas
en Estados Unidos fueron criticados en nombre del ideoléxico de la
responsabilidad personal. "No son las armas las que matan gentes -
comentó un amigo del rifle en un diario-, sino la gente misma. El
problema está en los individuos, no en las armas." La píldora
muestra un alto grado de obviedad, pero lleva
nuevamente otros problemas: nadie cuestionó cómo podría hacer un
desquiciado para matar a treinta personas con una piedra, con un
palo o, incluso, con un cuchillo.
Esta lógica se expresa cubriendo una contradicción interna del
discurso.
Cuando se habla de drogas, se culpa a los productores, no a los
consumidores. Pero cuando se habla de armas, se culpa del mal a los
consumidores, no a los productores. La razón estriba, entiendo, en
el lugar
que ocupa el poder. En el caso de las drogas, los productores son
los otros, no "nosotros"; en el caso de las armas, los consumidores
son los otros; "nosotros" nos limitamos a su producción. El discurso
hegemónico nunca menciona que si no existiese el consumo de drogas
en los países ricos no existiría la producción que satisface la
demanda; si no existiera esta calamidad en la ilegalidad tampoco
existirían las mafias de narcotraficantes. O su existencia sería
raquítica en comparación con lo que es hoy. Pero como los otros (los
productores de los países pobres) son los responsables
individuales, "nosotros" (los productores de armas, los responsables
administradores de la ley) estamos legitimados para producir
más armas que los otros deberán consumir, para respaldar la ley -y
para quebrantarla-.
Si alguien, como el asesino de Virginia Tech, compra un par de armas
(con más facilidad, y velocidad, que la necesaria para comprar un
auto) y comete una masacre, toda la responsabilidad radica en el
desquiciado. Entonces, se llega a una trágica paradoja: una sociedad
armada hasta los dientes está a
la merced de los desquiciados que no saben ejercer correctamente su
responsabilidad personal. Para corregir este problema, no se recurre
a la responsabilidad social, combatiendo las armas y el sistema
económico y moral que lo sustenta, sino vendiendo más armas a los
individuos responsables, para que cada uno pueda ejercer con más
fuerza su propia "responsabilidad personal". Hasta que vuelve a
aparecer alguien excepcionalmente enfermo -en una sociedad de santos
los demonios son excepciones muy frecuentes- y comete otra masacre,
esta vez más grande, ya que el poder de destrucción de las armas
siempre se perfecciona, gracias a la alta tecnología y a la moral de
los individuos responsables.


* Escritor uruguayo. Profesor de literatura latinoamericana en la
Universidad de Georgia, Estados Unidos. Entre otros libros publicó
La reina de América y La narración de lo invisible.


-FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-83728-2007-04-
20.html






La casa desaparecida*

*Fito Páez.


Madre ponme en la chaqueta las medallas
los zapatos ya no me los puedo poner
mis dos piernas se quedaron en Malvinas
el mal vino no me deja reponer de la nítida y oscura pesadilla
de Valeria Mazza besando al cordobés
que murió estaqueado solo entre los cuervos desangrado
en Resistencia aquí en los 2 de abriles brindamos por él

Argentinos, argentinos
que destino mi amigo, argentinos, nadie sabe responder,
argentinos, argentinos
caminando siempre al lado del camino, la ventaja de no pertenecer

Abrazada en la tribuna con cualquiera,
cuando Boca está en mi boca,
en mi boca de mujer,
entre el tetra hirviendo, el porro y las anfetas,
dale Boca, dale Boca, dale Boca,
dale Boca tenga fe
que la guerra está perdida y de esto ya hace tiempo,
y esto todos lo sabemos qué le vamos a hacer
te regalo la bombacha transpirada
si hoy ganamos la copa 4 a 3

Argentina, Argentina,
qué pasó en la Argentina, es la casa desaparecida
Argentina, Argentina,
bienvenidos a casa, Argentina, a la desaparecida

Soy paragua de la villa 21,
yo te la mamo, yo te hago todo lo que vos querés
el sargento Ibarra se me ha enamorado,
los domingos paga el whisky y el hotel,
y yo le robo la pistola cuando duerme
y me voy a Godoy Cruz, a Godoy Cruz y Santa Fe,
a cuidar de la Ramona y de los pibes
que te besan, te roban, te cuidan entre las vías del tren

Entre Rosas y Sarmiento, Don Segundo y Martín Fierro,
la barbarie y los modales europeos,
el país de los inventos, Maradona, los misterios del lenguaje
metafísico del
gran resentimiento,
bienvenidos inmigrantes a este paraíso errante,
ya se sabe que el que no arriesga no gana
y esa casa que dejaron escapando entre las balas era el caldo del
cultivo a
la nostalgia,
en el reino del silencio, cavernario de oropeles,
un concilio de miserias, de rodilla en los cuarteles
y hubo una fiesta de todos embriagada, delirante,
no te metas, algo habrá hecho ese maleante,
yo volví con Onganía y la cosa aún seguía,
aristócratas patricios y Patricias de Anchorena,
tan católicos mamones, protagonistas sin roles,
yendo tras de un socialismo patriotero, indicalista,
preparados todos para aterrizar en pista,
ya vacíos los aviones, transformarlos en camiones
de intereses, balas tristes
y vecinas que no entienden que ha pasado
en este barrio tan tranquilo, tan callado y quien dio la orden de
cambiar el
mundo
de leer Antena en la peluquería
a jamás volver a sentir alegría,
madres muy desesperadas cocinaban y planchaban,
hoy sus hijos son caníbales fantasmas,
los cadáveres se guardan o se esconden en el rio,
en palacios de memoria ensangrentada
y tenemos pijas grandes, largas como mil facones
y anacrónicas arengas, melancólicas uniones,
la bandera enloquecida, maten a los maricones
que los hombres van de putas para sentirse varones,
siempre el padre omnipresente de mirada contundente
que escondía un seductor muy asexuado
gracias papi por las flores, por las reinvindicaciones,
vos sabés los hijos nunca te fallamos,
y si mami aún viviera, hoy sería jardinera
en el cementerio club de las pasiones,
yo que nunca anduve en nada, nunca me metí en política
simplemente fui un muchacho hedonista,
y chiquitos y chiquitas inocentes con un arma
por el odio más brutal descuartizadas
el más fuerte penaliza, pega duro, te hace trizas,
nada personal, naturaleza humana,
los poderes organizan cuál será la repartija de los bienes de la
época
nadie se puede salvar, nadie se puede salvar,
sigo vivo, sigo atento y observando con el tiempo
esta extraña enfermedad inclasificada
que te afecta muy de prisa, que te quita la sonrisa
cuyo síntoma es que ya no importa nada,
argentino hasta la muerte, la patilla de Facundo recortada de la
Gente, de
la Caras,
y seguir comiendo mierda, cada día, cada noche
y explicarle al mundo entero nuestra nada de la historia universal
de la
Argentina ensimismada
que contiene enciclopedia de uno mismo
y encender con la birome palabritas en el cielo,
en el campo las espinas y en el centro de mi pecho hay un bicho que
camina
hoy la casa de mi infancia, ya no existe ni hace falta,
yo la llevo bien adentro en mis entrañas,
toda llena de colores y de desapariciones,
muy tempranas, muy profundas, muy amargas

Nada ha desaparecido, ni la casa con 10 pinos
ni mi amor, ni la zamba de mi esperanza,
es que el mundo es muy cretino,
pero puede ser divino, si yo quiero porque nada en este mundo me
hace falta,
nada más que algunos trucos, un conejo, una galera, un colchón, un
tocadisco
y una mesa
y es posible que los hijos puedan cambiar lo que hicimos
y la casa nunca más desaparezca,
argentinos, argentinos,
qué destino mi amigo, argentinos nadie sabe responder
argentinos, argentinos,
caminando siempre al lado del camino,
la ventaja de no pertenecer
Argentina, Argentina,
qué pasó en Argentina, es la casa desaparecida
Argentina, Argentina,
donde todo es mentira, Argentina, la desaparecida,
bienvenidos a la casa de todos,
a la casa desaparecida,
bienvenidos a aparecer en este mundo, Argentina la desaparecida.


*Fuente: http://www.mundopaez.com/abrepaez/disco.htm




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Correo:


LA PERSPECTIVA ESCANDINAVA*

       ¿Cuatro suecos en la Argentina, haciendo samba y bossanova? La
propuesta sonaba -como mínimo- extravagante. Sobre todo porque la
gacetilla informativa, lejos de contribuir a esclarecer el asunto,
potenciaba la incertidumbre. Luego de mencionar que "el grupo aborda
la música brasileña en su confluencia con el jazz y la música
contemporánea", terminaba agregando un enigmático "...desde una
perspectiva escandinava".
       Poner rótulos en el arte, se sabe, suele ser una tarea tan
resbaladiza como infructuosa. Después de todo, no hay etiqueta, por
acertada que sea, capaz de garantizar o invalidar el disfrute de
aquello que ha sido etiquetado. No obstante ello, reconozco que la
frasecita en cuestión me resultaba irresistible. ¿Qué querría decir
exactamente aquello de "la perspectiva escandinava"? A mí, debo
confesarlo, me sonaba a título de cuento de Fontanarrosa. Y si
dejaba volar la imaginación hacia los rumbos del delirio (ejercicio
que me cuesta muy poco llevar adelante, convengamos), concluía mi
viaje mental especulando con un improbable "ABBA canta a Jobim", que
era a todas luces una idea muy poco seria.
       La posibilidad concreta de resolver el misterio esa noche de
viernes tenía un indudable atractivo, pero también un costo.
Implicaba dejar a un lado el cansancio acumulado a lo largo de la
semana, obviar la otoñal puntualidad de un molesto ataque de
alergia, e incluso tener que recuperarse con premura de la tensión
extrema causada por el partido de Colón que acababa de terminar. A
decir verdad, la tentación de quedarme en mi casa y zambullirme
gozosamente en un sueño reparador era enorme. Y sin embargo, ahí
estaba el aguijón de la curiosidad, mezclado con la intuición de que
el espectáculo iba a valer la pena.
       Ganó la intuición.
       Luego de una breve espera matizada con amigos, charla y algún
trago reconstituyente, los músicos aparecieron sobre el escenario.
Guitarra, saxo, bajo y batería, tal la formación instrumental del
grupo. Tres suecos-suecos y un argentino residente en Suecia desde
su infancia, tal la formación humana. Apenas empezaron a tocar,
comprobé que la promoción no mentía: lo que se escuchaba tenía las
señas particulares de la música de raíces brasileñas, con toda la
carga contagiosa de sensualidad rítmica que ello supone, dibujadas
con los trazos característicos del siempre energizante jazz latino.
Y la delicada mixtura sonaba muy pero muy bien. Con base en un
sólido trabajo de conjunto, afortunadamente alejados de la
solemnidad tanto como del vicio del virtuosismo vacuo, los cuatro
integrantes de "Latin the Mood" fueron entusiasmando al público a
fuerza de bossanova, samba y baión.
       Con comentarios de tono ameno, el guitarrista se encargó de ir
intercalando anécdotas que explicaban el origen de algunos de los
temas del repertorio. También habló -haciendo gala de una
resignación filosófica bastante argentina, por cierto- de la
sucesión de sobresaltos que les había generado la experiencia de
toparse de golpe con las delicias del Tercer Mundo, empezando (o
terminando) por enterarse, en pleno viaje, de que una de las
ciudades donde iban a tocar se estaba inundando.
      Así, entre música y palabras, se fue construyendo uno de esos
microclimas que cancelan toda preocupación, toda tristeza. ¿Qué
importa el resto en ese momento, qué importa la sucesión de
injusticias y conflictos que uno ha presenciado o sufrido a lo largo
del día, si el milagro de capturar un momento feliz está allí, al
alcance del oido? El recital nos consuela, nos redime, nos pasa un
brazo por el hombro y nos sonsaca esa sonrisa que, horas atrás,
habíamos extraviado en algún minuto impreciso de la jornada
laboral.
      Si, valió la pena, nomás, el esfuerzo de la trasnochada.
     Eso sí, no me pidan que intente definir lo que es "la
perspectiva escandinava". Poner rótulos en el arte, se sabe, suele
ser una tarea tan resbaladiza como infructuosa.

Nota: El grupo sueco "Latin the Mood" se presentó el viernes 13 de
abril en el Centro Cultural La Urdimbre, de la ciudad de Santa Fe.


*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@...



*
Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 22 de abril del 2007 presentaremos en la Radiofabrik
Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de
Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música
Latinoamericana, música de las cantantes argentinas Nilda Godoy y
Micaela Piccirilli. Las poesías que leeremos pertenecen a Flora
Chavarry (Guatemala) y la música de fondo será de Machu Picchu
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se
puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la
diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



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#120 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 18 de Abr, 2007 3:13 am
Asunto: EDICIÓN ABRIL
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INVENTIVASocial
Edición ABRIL 2007
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Angel de bruma*
                                       
 Vestido como en el mundo
             ya no se me ven las alas
Rafael Alberti

 
 
Yo he visto los reflejos que la niebla
esparce en las cunetas y en el cielo;
fui testigo del fuego y de la escarcha;
vi la rebelión del alba en los tejados,
las danzas de los gatos, la partida
de esas nómadas aves que no vuelven,
el verde resplandor del horizonte
perdido entre montañas y jilgueros.

Yo vi caer la nieve sobre la tarde agonizante;
también anochecer en las orillas
de un arroyo que fluye hacia el olvido,
y el fleco de la lluvia en la distancia.

Pero los delirantes dioses me cegaron
por no acatar la fe de los horarios.

Fantasma de mí mismo, vago
por los interminables pasillos
de una realidad que no es la mía.

Sobrevivo
en este invierno largo
contra viento y arena sobrevivo
sin dios ni arma ni salvoconducto.

Sobrevivo
letra a letra, incoloro
epitafio, paredes desconchadas,
alas ensangrentadas, vertederos
de palabras antiguas, sobrevivo,
superviviente apenas, sobrevivo
como la sombra leve de un naufragio.


*de Sergio Borao Llop.
sergiobllop@...
http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio
 
 
 
 
AGUA QUE CAE*


La tierra se puso patas arriba y se hundió en las nubes. Arriba es como abajo. Todo agua. El lecho del  cielo se juntó con el del río y  navega, al azar, nuestra existencia con un timón averiado.
Nada es ya igual. ¿O todo es igual? El 2003, su 29 de abril fatídico, se recicló, nos arrojó el eterno retorno con el río hecho cielo.
Perplejos, vemos el agua que cae aluvionalmente para, después, verla brotar como un vergel acuático que cubre los imprecisos horizontes, nuestros lugares, nuestros calzados. Lo que significa mi casa, mi trabajo, mis cosas.
Y otra vez con el agua al cuello, que sube porque cae.

- Me llega hasta acá, señalándose debajo del cuello, el agua en mi casa. Así se expresó Melisa mientras buscaba algo para su nena de tres años.

- Igualito a la otra vez. No sabemos cómo atajarla. No nos alcanzan las manos.

Pero no es el mismo río. Ya no somos los mismos nosotros. El albardón se jaló en una nube imprecisa y a ella no podemos montar para ponernos a salvo. El río se ha dado vuelta. Y en nosotros está aún brotando, de la abril herida, todo el dolor.
Entonces, vocifero contra alguien, aúllo a la luna ausente, convoco a todas las ánimas, me hago creyente, me convierto en mendigo extendiendo mis manos por un trozo de pan y una taza de mate cocido caliente; son el paraíso perdido. Son lo que fui. Son lo que quiero recuperar.
La caballada ocupa el paseo verde. Lo que queda de él. Lo que el agua cielar no cubrió.

- Son nuestros, me dice el jinete que cuida. Soy ciruja y estos animales son de otros cirujas y debemos alimentarlos. Que no se pudran sus cascos. Tenemos que seguir trabajando.

Un helicóptero cubría el cielo con su ronroneo. Pasó sobre mi cabeza. Como el agua. Como todo este surrealismo acuático.

¿O el surrealismo es la imprevisión del timonel?

 
*de Oscar Agú. cachoagu58@...
 
 
 
 
 
CRÓNICAS DEL AGUA*

 I

  
  La gente tiene todavía muy cerca de la piel del espíritu la inundación de 2003. Ya habían hecho los bolsitos hace rato en los barrios del oeste. Es así de exagerada la gente, se acuerda de lo malo. Pero acá tenemos la facultad de ingeniería hídrica, ¿Cómo va a ocurrir de nuevo? Es la gente ignorante que ve crecer el Salado y se asusta, que ve cómo el Paraná llena la laguna que se va trepando despacito por los pilares del puente colgante, y se asusta. Pero no va a pasar nada, eso decían los que saben, los que
observan las fotos satelitales y monitorean (les encanta decir "monitorean" las cotas de riachos y ríos).

    Nadie podía saber que el cielo se nos caería sobre las espaldas, sobre las cabezas, sobre los techos de losa o de chapa. Pero se cayó. Y cómo, me preguntaba en el salón de clases semidesierto mientras por las ventanas caía el cielo, cómo es que el agua que es tan pesada adentro de un balde está flotando allá en el cielo. Cómo es que un océano viaja por los cielos y esas toneladas etéreas caen así, tan desde arriba, tan compactas. Pero el cielo cayó y cayó y anunciaba con luces eléctricas, con avisos de catástrofe luminosos que seguiría cayendo. Y siguió cayendo. Cinco metros de agua cayeron en cada pequeño espacio de la ciudad y de las ciudades vecinas, y sobre el campo extenso.
    La temida inundación que nos cercaba por el este y por el oeste, retenida a fuerza de defensas, dio un salto y nos atacó desde arriba. Pero vino. La gente ignorante que la esperaba no se alegró por haber acertado contrariando los pronósticos de los catedráticos. A ellos les toca el dolor y la pérdida.

    Otra vez los mismos relatos. Cuatro años después. Cuatro años de tiempo en el que el Comité de Crisis y Defensa Civil debiesen haber trazado los planes que se revelan, otra vez, inexistentes. Vayan aquí algunos aguafuertes. acuarelas, me temo:

    Don Caballero y su mujer, en barrio Chalet. Ya tenían el bolsito preparado. La otra vez perdieron casi todo, él perdió, por mucho perder, hasta una pierna. Esta vez al menos prepararon los documentos y algo de ropa. Por la radio les dieron el lugar de concentración donde irían a buscarlos para la evacuación. Ese lugar estaba ya bajo agua. Y no fue nadie.
El presidente de la vecinal consiguió unas canoas y así llegaron a tierra firme. De ahí, cada cual adonde pudiera ir. Un amigo del sobrino los fue a buscar con una camioneta y los llevó con hijo, mujeres y nietos a la casita donde se apiñaron ocho. Allá están. Por obra y gracia de los vecinos y familiares y desconocidos solidarios.

    Las artesanas en Esperanza sintieron un horrible zumbido que provenía del cielo. El sonido de las trompetas de los ángeles exterminadores, quizás.
Se pusieron debajo del dintel de una puerta aguardando un aterrador tornado.
Y el zumbido seguía intolerable, hasta que se inició el bombardeo atroz. Era granizo de un tamaño imposible, que destrozó todo.
    Mary fue rescatada de su casa con el agua a la cintura. En canoa. No se llevó nada. Es empleada doméstica. En el 2003 perdió todo. Ahora, cuando llegó al centro de evacuados, estaba con la ropa mojada y sin comida. Otra vez, otra vez con la nada por delante, con la certeza de haber perdido todo
lo que pudo conseguir en estos cuatro años. Mojada y hambrienta, tan espantosamente sola.
    Myriam en el extremo norte de la ciudad, en el barrio transformado en una isla. Un amigo fue a hacerles una provista al supermercado, no pudo llegar con la camioneta 4 por 4. Entonces un grupito de adolescentes salió en expedición a buscar víveres para varias familias. Tienen para hoy y para
mañana. Después se verá. La arena para frenar el agua que le entra a los Zanelli por el fondo se las dio una vecina que estaba construyendo. Y tienen ganas de reírse todavía, y cuando pasó Tito todo de amarillo el Rober dijo "vienen los Teletubis" y todos se reían. Y se reían cuando miraban con
apetito la bolsa de arroz de la perra. Y todavía tiene espíritu científico Myriam, que me contó que la tortuga en el patio estaba paradita en la pared a 45 grados, alejándose unos centímetros, lo poco que podía pobrecita, del suelo amenazante.
    Y en los edificios de las Flores suben las cucarachas. Los alacranes salen en toda la ciudad de los sumideros. Los gorriones bajo la lluvia se comen las lombrices que afloran para no ahogarse en la tierra que está saturada de agua.
    Ya no llueve, pero se viene el agua que busca el cauce del río. Desde lejos se viene, atravesando campos. Quienes sobrevolaron la zona hablaron para la radio con una voz donde se nota el temblor involuntario.
    El caos se asienta, se decanta, va tomando la ciudad como la otra marea.
Están los que cobran peaje en las avenidas, los que saquean a los que huyen con sus cuatro cositas y los pesos ahorrados. Los que en las escuelas que funcionan de centro de evacuados amenazan a las maestras que no tienen nada que ofrecerles y no saben de dónde fabricar colchones, o ropa, o comida.
    Pero los de Defensa Civil, los funcionarios de la municipalidad, deliberan. Les sale bien eso de deliberar. Mientras tanto cada uno hace lo que puede y ayuda si puede y le dan las ganas y el coraje. Como hace cuatro años, como siempre, socorre el buen samaritano y las fichas se acomodan según van cayendo. Después escucharemos explicaciones razonables. No me cabe duda.

                                                                             
   
 
II 


    Vino Mary del refugio improvisado en la escuela. Tiene los ojos rojos Mary, y va formando imágenes en el aire la Mary; cuenta y cuenta mientras toma leche con tostadas en la mesa de la cocina. 
    Dice que la buscaron en canoa, y cuando llegaron a la “San Cayetano” los encerraron con llave, y no los dejan salir por miedo a que se metan otros y rompan, o roben, o vaya a saber qué cosas que puede hacer la gente cuando es mala y se siente impune, y afuera está el caos. Dice la Mary que no comieron desde la noche que llegaron hasta la otra noche, un día entero estuvieron sin comer, y las tripas le hacían ruido y se le quejaban. 
    Cuenta la Mary que no les dan comida para los perritos, pero los perritos son la familia, también, así que de su ración come, y esconde un poco, y con eso le llena las tripitas al cuzquito que pobrecito, también es gente o al menos más gente que algunos. 
    Y cuenta que si tenían frazada no les daban colchón, a pesar de que a la noche se vino el frío, y eso de estar arriba de la frazada pero sin nada para taparse no abriga, y el suelo además de duro estaba helado. Así que lo peleó la Mary al hombre, y le dieron un colchón para los cinco de la familia que se juntaron allá en el refugio. Y adónde, pregunta la Mary, adónde van los colchones que quedaron en el camión ¿No? Y es la misma pregunta que hacía ella y que hacía tanta gente hace cuatro años. 
    Y dice la Mary, y le da un poco de vergüenza y le cambia la voz cuando lo dice, que tienen que mentir para que les den agua caliente. Tienen que decir que hay un bebé y una mamadera para que les den agua caliente. Pero cómo, cómo se aguanta sin el mate el hambre, el frío, la angustia; cómo se comparte y atenúa, sin mate, tanto sufrimiento. Le da vergüenza decir que tiene que mentir para que les den agua caliente. 
    Los baños bien, limpios, bien por suerte. Pero es una escuela, las escuelas no tienen calefón ni termotanque, hay que lavarse con el agua fría y de ducharse ni hablar, claro, lavarse un poco para ir tirando, y escuchar por ahí “estos negros mugrientos”.

    A lo mejor la heladera vuelve a andar, si la sopletean con agua y compresor como la otra vez, eso si no estalla la puerta de entrada y las cosas se van flotando, se pierden en la calle donde se van a juntar todos los peces muertos de la resaca. Dice que la heladera a lo mejor ande, pero no puede imaginarse la casa y la heladera, tan pesada, que flotará extrañamente como los buques de hierro y toneladas excesivas. La heladera flotando por la casa es intolerable. Cambia de tema. Mejor hablar de ahora, de acá, al futuro todavía no tiene el coraje de enfrentarlo. Ya llegará con las aguas servidas, los cimientos que ceden, el olor y la podredumbre. Otra vez, un futuro que exuda pasado de pesadilla, esas pesadillas cíclicas que cambian las leves circunstancias pero no el terror de fondo que siempre es el mismo. 
    Cuenta que la Negrita se aburre, la nena encerrada en un gran dormitorio de colchones y gentes deprimidas. Me pide un mazo de cartas para la Negrita. Todos se aburren, con la desesperación del que siente que algo urgente lo requiere, pero tiene la pesada tarea de aguardar. Afuera tiene que bajar el agua. 
    Y la Mary cuenta, con los ojos rojos cuenta y cuenta, y no quiere más tostadas. Y mamá que le ofrece más tostadas porque qué se puede hacer sino ofrecer tostadas, y escuchar, y sentir. Y yo que salgo a comprar cosas. Cosas, a prepararle un bolso de cosas. Qué poco podemos hacer salvo ofrecer cosas que le faciliten un poco la jornada. Pero no está en mí el poder de hacer milagros. Le armamos con mamá unas bolsas de cosas y le deseamos buena suerte. Y nos quedamos con los relatos y los ojos rojos en la mente y en el corazón. Hasta pronto. Mejor suerte. Hasta pronto Mary. 

                                         
 
III 

    El tiempo se ha detenido. Es el momento de mirar el agua y de comprobar que no baja; el tiempo de mirar el cielo nublado, ese compacto cielo amenazante. El tiempo suspendido de todas las esperas que convergen en un silencio de escala de grises.
    Es el tiempo del nudo del relato, el tiempo de defenderse del hastío, el tiempo igual a si mismo cuando no quedan ya palabras nuevas. Cuando se repiten las historias que ya fueron contadas, cuando empieza a trabajar la ira desde abajo, desde el fondo. Cuando las manos no hallan reposo en el trabajo y comienza la calma preñada de monstruos.
    No lo oigo, pero en el silencio de la ciudad parada hay un llanto, ladrido de perros en la oscuridad, fogonazos y detonaciones.
    Es el tiempo en que el estupor y la agitación se velan por la luna que entre nubes fosforescentes recorre el rectángulo de la ventana. Velas entre muros húmedos. La vieja, la antigua caverna que nos protege del afuera hostil. Esa sensación de sitio, ese abismo.
    La radio que pone en ondas la tragedia, que imparable destila nombres y lugares precisos poniendo en particular la generalidad de las urgencias. Las voces que se encienden y desaparecen recién brotadas, ese extraño silencio del tumulto, esa insensibilidad del extremo dolor.
    Es, me lo digo, el tiempo en que las voces se confunden como en las tribunas, y surge la sola y única voz plural de un pueblo que grita, así como las calles y campos anegados han formado un único espejo líquido que refleja un cielo inclemente.
    Asusta este silencio de masa sonora, este silencio de chicharras, esta aguda nota sostenida hasta que duele. Da miedo este silencio, da miedo este tiempo mudo de mirar el agua, de mirar la oscuridad allá afuera, de mirar las manos cerradas en puño.
    Hay que dejar que la voz se desenrolle, decir de vuelta, otra vez, no importa cuántas veces decir lo que pasa y lo que pasó. Hay que escribir la sinfonía de los desesperados, dar a cada instrumento un espacio para elevar su motivo o bajarlo, o desentonar como la trompeta que se desbarranca desde las alturas conquistadas. Hay que permitir que se liberen las fuerzas agazapadas en los vientres crispados.
    Es el tiempo muerto de la espera. No muramos.
    En los centros de evacuados, en las casa secas, en los techos de la vigilia acecha la ferocidad de quien está obligado a  esperar. Las garras dejarán surcos en el revoque desgranado, los colmillos se ensañarán con el compañero de celda. Estallará, uno por uno, cada miembro del clan que se revuelve en el lecho caótico del desastre. Y lo que fue en un principio solidaridad se tornará codicia y maledicencia, la simpatía se replegará bajo escamas aceradas, molestará el que hace, el que no hace, el que simplemente se interpone.
    Habrá que superar este tiempo de caldera a presión, este tiempo de algodones sucios, de bocas negras. Habrá que superarlo mientras la luna se desplaza entre nubes fosforescentes. Silenciosa.

                                                   
                                 
 
 IV

    Dos de abril, fecha de oprobio, de recordatorio de los muertos, fecha de los soldados que volvieron o quedaron en las Malvinas. Cuántos de ellos estarán ahora bajo el agua, como estuvieron bajo el agua en aquellas heladas trincheras. Cuántos, me pregunto, con la misma falta de atención que sufrieron  allá. Este es un país duro que no cobija a sus hijos, demasiado pronto a diluir y disfrazar, con enorme capacidad de olvido y de perdón para los culpables.

    A causa de la radio me sorprende una de esas carcajadas inesperadas.
Entre la madeja informe de quejas y reclamos y noticias de cortes y piquetes, un funcionario dice que se vieron superados por este fenómeno inédito de una segunda inundación. Me río y le digo a mi mamá que está colgando la ropa lavada a la luz del cielo blanco, "escuchá, escuchá, un fenómeno inédito que se repite" Y está buena la excusa; me los imagino dentro de un tiempo, sorprendidos en su buena fe por el fenómeno inédito de una décima inundación. Y todavía sin bombas de desagote, sin plan de evacuación, sin saber muy bien quién y cómo tienen que hacer qué cosa.

    Otro fenómeno que se repite, que terrible y repugnantemente se repite, es el del abuso de los niños o las mujeres en los centros de evacuados. Esta vez y que yo sepa, detrás de la terminal de ómnibus, en los galpones que fueron del ferrocarril. Una nena esta vez, una nena de seis años esta vez, y mujeres que toman sus hijos, sus pobres bártulos y se van a su casa aunque todavía tengan agua. Madres, mujeres que huyen.

    Y la ferocidad del sexo que brota en los centros, en las salas comunes, sobre el suelo. Reparten condones. No pasó un mes de evacuación, pasaron seis días. Entiendo la urgencia de los jóvenes acicateados por el desastre, pero me conmociona. Como en las guerras, como cada vez que los dioses o los elementos, o la Historia se desatan, los cuerpos se buscan en la obscuridad, entrelazan los anhelos, engendran para no morir. Lo entiendo, pero me aterra la bestia suelta en la noche. Huelo su aliento y no es dulce.
    La ciudad mañana volverá en si, termina el fin de semana largo.
Prescindirá de los menos favorecidos, pero seguro que ni lo notaremos.
Apenas por los baños químicos que continúan ocupando algunas veredas, por esa gente en hojotas y con bolsitas exiguas que transitan con rostros inescrutables. Sólo los del oeste y suroeste seguirán dentro de la pesadilla. No se los extrañará en los bancos, en los negocios, en las tiendas ni en los cafés. No se los extrañará, simplemente. Al fin y al cabo, como hace cuatro años, volverán a sus extramuros y nos iremos olvidando de las paredes que se desgranan y de las fotografías ahogadas. Aunque digamos
que no, que esta vez si que los vamos a recordar, como a los veteranos de Malvinas.
                                                                   
 
 


    Una película norteamericana no termina hasta que no haya habido una buena explosión, una novela de Agata Christie hasta que no se resuelva el misterio, y aquí las cosas no finalizan hasta que aparezca un paredón. A los que hacen piquetes, habría que llevarlos al paredón. Así son las soluciones que brotan, que emanan de la gente, y esa frase inevitable la escuché hoy.
Al paredón y listo. Solución final.
    Los piquetes son como las huelgas, molestan. Son unos cuantos vecinos que cortan las avenidas, las calles, las rutas, para pedir cosas. Es la gente que no encuentra otra manera de que se oiga el reclamo, y son los maleantes que aprovechan la situación y enturbian ese reclamo.
    Y a los piquetes lo sufren los que trabajan, los que se quedan sin provisiones, los que tienen que realizar una expedición para llegar al trabajo, los que no pueden acceder a los hospitales o centros de salud. Los sufrimos todos; caldean los ánimos, reducen la tolerancia y paralizan la solidaridad. Son, quizás, la mejor manera de hacerse odiar por los conciudadanos.
    Pero, y esto es lo trágico, seguimos confirmando la letra de "Cambalache"; el que no llora no mama y el que no afana es un gil. El que no llora no mama, no hay ayuda hasta que no haya piquete, hace falta llorar a los gritos para conseguir alguna cosa, y que el reclamo sea justo hace que actuar contra los piquetes sea una canallada que el gobierno en pleno año electoral no está dispuesto a cargar en las espaldas. Por eso, no actúa para disolver los cortes, y tampoco actúa contra los ladrones que se disfrazan de piqueteros y cobran peaje en las calles. El que no afana es un gil, y más si la emergencia y el caos les otorgan impunidad.
    Como el reo que se guarece en un jardín de infantes para que no le disparen, los ladrones que toman el nombre de piqueteros para el saqueo y la prepotencia, se mezclan con la pobre gente desesperada que, de otra manera, no sería oída. Confundidos todos para desgracia de quienes se encuentran urgidos por la necesidad y la falta de asistencia.
    Si el plan de emergencia tuviese solidez o una mínima operatividad, si la gente confiase en los gobernantes, si la organización permitiera ayudar a todos en la misma medida y con la misma eficacia. Si todo esto se diese, no debería de haber piquetes. Si no hubiese piquetes, los ladrones serían simplemente eso, ladrones, y la policía no tendría que actuar dentro de esa zona borroneada que los ampara.
    Pero son condicionales que no concuerdan con la realidad que soportamos.
    Entonces, al paredón. Todos. Y la solidaridad que asomaba se vuelve al armario donde permanece guardada, hasta que encontremos personas necesitadas con quienes hacer caridad, siempre y cuando no molesten.

                                                                          
 
VI


    La inundación pluvial lo mojó todo, desde las calles, casas, barrios completos, hasta las letras dibujadas con agua ahora, desdibujadas ahora, de mis ensayetes acuarelables. Nidia me escribió que desea lo imposible, un texto sin paredes mojadas ni trágicos paredones.
    Y en esta hora en la cual la magia ocurre día a día, en esta hora precisa y repetida de cada atardecer, el sol inclina la cabeza por debajo de las nubes, y como un niño que se asomase por debajo de una mesa nos regala una sonrisa feliz. En esta hora maravillosa casi puedo decirle a Nidia que
no habrá, en este texto, paredes mojadas ni paredones.
    Por debajo del cielo nublado amarillea la luz. Esta luz al ras, luz teatral, luz escénica, hace que las hojas de los árboles se transmuten en verde esperanzado, rejuvenece y limpia. El esplendor de las hojas tiernas y transparentes, de luz y savia, enciende el alma. Con sol podemos creer en el futuro. La luz disipa el medio tono de la derrota, nos hace caminar erguidos, nos permite descansar, unos pocos minutos quizás, pero descansar, de los terrores obscuros.
    Entonces podemos ver que las plantas han florecido, que los gorriones no cejan en su empeño de vivir a los saltitos, ni los horneros abandonaron la reconstrucción eterna de sus hogares de barro.
    La vida sigue. Lo sabemos gracias al sol; la luz lo dice, lo proclama por el aire la tenue dulzura en sepia de esta hora mágica. Un chico de un centro de evacuados juega concienzudamente a las bolitas en la vereda.
Alguien pasa en bicicleta y silba. Se escucha una risa detrás de una ventana cerrada.
    La vida sigue.
    Y habrá, claro, paredes mojadas. Pero ahora, en esta precisa hora enclavada en el centro del infortunio, ahora sabemos que esas paredes se secarán. Y sabemos también que luego de los preciosos minutos de la esperanza vendrá la larga noche. Pero sabemos, también, que mañana habremos de sacar las escobas y el detergente para poner orden en nuestros pequeños mundos.
    Lo dice, lo asegura, la amarillenta luz del sol atardecido.

                                                              
 
 VII 

 
    En la escuela, en cuarto grado, los chicos escuchaban la explicación del dibujo que tendrían que realizar. Tenían que registrar gráficamente cómo los había impactado el agua en la ciudad. No eran chicos de los barrios afectados, pero todos escucharon relatos de familiares, amigos de los padres, vieron personalmente o por la televisión la catástrofe. Las voces agudas se entremezclaron en historias, postales, recuerdos.
    Escucharon que un relato se puede hacer con palabras o con imágenes, y que un dibujo es más certero a veces que una fotografía, porque al dibujar no se plasma la totalidad sino que se escoge lo importante; lo más importante para el dibujante, y por eso quien realiza la imagen está contenido en ella a través de su mirada.
    En el dibujo estaría la inundación, y estarían ellos detenidos, también, en este cuarto grado que se iría perdiendo en el tiempo extenso de su niñez. Esto vi, esto pasaba, allí estuve, así fue.
    Y los chicos hablaron de los yacarés que aparecieron en Altos del Valle, de los botes, de la gente en los techos, de los helicópteros, de los tiroteos y de los piquetes.
    El problema es que el agua marrón parece tierra, así que lo solucionaron mezclando los crayones marrones del agua verdadera, y los crayones celestes de esa agua esquemática, el agua celeste como debe de ser el agua en un dibujo infantil.
    Alguno se sintió obligado a aclarar “pero yo no me inundé”, a lo que la respuesta “la ciudad se inundó, todos vivimos en ella”, los dejó tranquilos al entender que no usurpaban la calidad de víctima.
    Todos dibujaban.
    Todos menos uno.
    Alguna cosa lo inquietaba. Finalmente preguntó si podía dibujarse en el patio, jugando con el hermano en la lluvia. ¿Eso es lo que más te impresionó de todo? Silencio, cara inexpresiva. Si, eso.
    Y así recordará el final de marzo y el comienzo de abril del 2007. Para su dicha o desdicha, conservará la imagen de su hermanito y de él, jugando alegremente en el patio de su casa, bajo la lluvia. 

                                                             
 
 *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
CARTA ABIERTA A LOS MINISTROS
Y GOBERNADORES DE LA NACIÓN*



¿Qué país es éste que arma a quienes
      son capaces
de golpear y asesinar desocupados y
      maestros?
¿Quiénes se hacen (o no se hacen)
responsables del nuevo boquete que se
      está abriendo
en el país llovido, inundado?, mientras
      estremecen
las tormentas, y los pobres (o
      jodidos)
habitantes (o ya clientes) del país
      deben seguir
escuchando las palabras vaciadas de
      vergüenza
que ruedan, cercan, ensordecen y
      malhieren
--prepotencias, vallados, nuevos
      latifundios, todo vale--,
cuando el pozo se ahonda, y se ve
      que se ahonda,     
      y ya no se puede
tapar otro pozo más, otra hilacha más,
      en el lugar
de la misma herida que late abierta
      como un grito.

 
*de Eduardo Dalter. eduardodalter@...
 
 
 
 
En el nombre de Carlos*
 
 
Carlos era nadie, anónima palabra de esperanza.
Una sombra más entre una multitud de sombras.
Un miembro más de una sociedad que se derrumba.

Fue tan sólo una voz disparada contra el cielo,
un vago gesto dispersándose en la tarde,
un grito unificado que había que acallar.

Acaso pague la mano que ejecutó el disparo
pero ¿dónde encerrarán a esas voces cobardes
que empuñan la represión contra los débiles?
¿Quién dictará sentencia contra los verdaderos
asesinos que han hecho una trinchera
del cargo, del poder, del privilegio?

A ellos no les importa. Tal vez duerman tranquilos
su sueño de pastillas sin gatos ni amapolas.
No sentirán la vergüenza del culpable.
No llevarán flores sinceras a su tumba.
Sería como reconocer su culpa. Sería
confesar que sus manos están llenas
de la sangre de Carlos, de la sangre
de todos los que enarbolan la palabra
como único fusil, como única bandera.

Carlos era nadie, pero un torpe disparo
ha lanzado su nombre contra todos los muros
sembrando por las calles la palabra de un pueblo,
clamor de muchas bocas con un solo destino,
la voz de los que luchan por un mundo habitable.

 
*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
 
*Este poema es una re-composición de otro que escribí hace unos seis años ante un hecho semejante. El asesinado de entonces se llamaba Carlo Giuliani, la ciudad era Génova. Cambian los nombres y los lugares, pero la infamia permanece.

 
 
 
 
VEINTINUEVE ....*

Ser pobre,
             definitivamente pobre en estas tierras,

sin destino, sin futuro,
             condenado por todas las horas
             de tu vida
             a permanecer al margen,
             afuera,
             al costado.

Ser poder sin destino,
             ser carne con precio
             vil
             para el mercado infinito
             donde cotiza
             la carne humana.

Ser pobre
             y condenado a creer
             una y otra vez
             en las promesas y las luces
             de las jornadas pasajeras
             de los políticos perdurables.

Ser pobre
             y con el agua a la cintura
             cargar,
             una y otra vez
             irremediablemente,
             los pocos bártulos,
             la ropa vieja,
             algún pedazo de la historia familiar
             y caminar,
             otra vez sin rumbo,
             siguiendo la huella
             de los otros pobres
             que borra el agua.

Saber que otro pisó ahí
             donde ahora no queda marca

saber que otro lloró ahí
             donde no queda marca

saber que otro suplicó ahí
             (tal vez yo mismo)
             donde ya no queda marca.

La próxima lluvia,
             el próximo río,
             la próxima puesta en escena
             de la obra
             que todos parecemos condenados
             a protagonizar.

Ser pobre,
             ser carne con precio,
             ser voto con nombre,
             ser agua
                         transcurrir.
 
 
 
*de Carlos Guillermo Garibay. cjgaribay@...
 Santa Fe, 29 de marzo de 2007.
 
 
 
 
 
Vidrios rotos*


La primera honda que tuve me la hizo en San Luís mi tío Eugenio, que trabajaba de detective en el casino de Mar del Plata. Era una joya: habíamos buscado la horqueta perfecta por todos los árboles del barrio y cuando la encontramos yo subí de rama en rama para cortar la que guardaba el tesoro. Mi tío la peló con un cuchillo y la pintó con un barniz amarronado. Los elásticos los cortó de una cámara que nos regalaron en la gomería y para alojar el proyectil buscó un cuero suave, como gamuza, que hacía juego con el color de la madera. Los amarres con firulete los hizo mi padre con un alambre de cobre bien pulido. Ese fue uno de los grandes días de mi vida. Poníamos tarros de conserva alineados en el fondo de un baldío y practicábamos hasta el anochecer. Mi tío era pura pasión pero acertaba pocas veces. Lo mismo le pasaba con los números del casino, donde dejó fortunas propias y ajenas. Hasta que pasó al otro lado del mostrador y aprendió la profesión de los escruchantes para agarrarlos con las manos en la masa. Para sorpresa de todos, el que se reveló muy bueno fue mi viejo, que había pasado por el Otto Krause y detrás de la máscara de hombre de ciencia conservaba la picardía de su abuelo, el pistolero de Valencia. Como todo zurdo contrariado a mí me costaba acomodarme para tirar. Todavía recuerdo con rencor a la maestra que alzaba la voz y me gritaba: "¡Niño Soriano, la lapicera se toma con la diestra!". Y yo la agarraba con la derecha y dibujaba una caligrafía imposible que todavía hoy me cuesta descifrar. Lo cierto es que me costaba acomodarme a la gomera. Una noche de verano salimos con mi padre en ronda de inspección para sorprender a los que derrochaban agua corriente. Caminamos sin apuro, después de cenar, hasta el barrio de chalés. Ahí había gente que tenía piscinas de veinticinco metros y mandaba lavar coches, veredas, frentes con el agua que les faltaba a los infelices que no tenían plata para pagarse tanques de reserva ni motores eléctricos.
Mi padre tocaba el timbre y se presentaba como un caballero, quitándose el sombrero ante las damas. Yo me quedaba unos pasos atrás a escuchar su discurso que cambiaba cada vez y derivaba en evocaciones poéticas y citas sarmientinas. Es verdad que a veces hacía demagogia. Ponía en la pluma de Sarmiento y en la boca de San Martín cosas que a mí en el colegio nunca me habían enseñado. Tenía fibra para golpear al hígado y llegar al corazón. Una vez, frente a un industrial con pinta de señorito consentido, que nos había mandado dos veces a la mierda, señaló un grueso y frondoso roble que tapaba la entrada de un potrero y le preguntó con voz serena y convencida: " ¿Sabe que el general Belgrano ató su caballo a ese árbol cuando volvía de la batalla de Tucumán?". El señoriíto se sorprendió y miro al baldío mientras en su patio seguía la fiesta y los invitados se zambullían en la pileta iluminada por grandes faroles. "A mí qué carajo me importa", contestó el tipo y nos cerró la puerta en las narices. Mi padre me puso la mano sobre la cabeza, se limpió el polvo de los zapatos y volvió a tocar timbre. El tipo apareció de nuevo, metió la mano al bolsillo y empezó a contar unos billetes arrugados. "Tomá -le dijo a mi viejo-, andá a comprarle un helado al pibe."  Hacía tanto que no me compraban un helado que ahí no más se me aceleró la respiración. Los billetes eran marrones, nuevitos, y el tipo se los tendía a mi viejo con una sonrisa displicente y pacífica. Alcanzaba para dos kilos de chocolate, crema americana y frutilla. Desde el fondo llegaba la melosa voz de Lucho Gatica. A mí me latía fuerte el corazón mientras mi padre seguía parado ahí, bajo el alero del porche, con el traje todo raído y el sombrero en la mano. no le gustaba que lo tutearan. De pronto levantó el brazo y señalo de nuevo el árbol. "La tropa acampó atrás -dijo-. El general estaba muy enfermo y pasó la noche abajo de ese árbol. No tenían ni una gota de agua y todos se pusieron a rezar para que lloviera."
Hubo un largo silencio hasta que apareció un muchachón con un balde de agua y se paró bajo el marco de la puerta. "¿Y, llovió mucho?", preguntó el industrial, burlón, mientras contaba dos billetes más. "Ni una gota", contestó mi viejo y movió la cabeza, desconsolado por la triste suerte del general. "Mandó hacer un pozo para buscar agua y enterrar a los soldados que se le morían."  Yo me di cuenta enseguida de que tampoco esa noche iba a tener helado. Mi viejo se calzó el sombrero con un gesto cansado mientras se escuchaban las risas de las mujeres y los arrumacos del trío Los Panchos. "No se conseguía agua metiendo la mano en el bolsillo, señor", dijo mi viejo. El tipo extendió el brazo con la plata y mi viejo dio un paso atrás. "Mirá -se empezó a cansar el otro-, el gobernador está adentro, así que tomatelás, ¿sabés? Rajá si no querés perder el empleo." Mi padre me tomó de un hombro y empezamos a salir. Entonces llegó el baldazo y sentí que a mí también me salpicaba el chapuzón de mi padre. Salí corriendo pero mi viejo hizo como si nada hubiera pasado. El industrial y el otro largaron la carcajada y la puerta se cerró de golpe. Ya tenían algo para contarle al gobernador y reírse toda la noche al borde de la pileta.
Cruzamos la calle en silencio. Al llegar a la esquina no pude contenerme y me eché a llorar como un tonto. Mi viejo caminaba cabizbajo pero imperturbable y fue a sentarse bajo el árbol donde según él había pasado la noche el general Belgrano. Prendió un cigarrillo, sacó el talonario y escribió la multa con una letra redonda y clara que siempre le envidié. El cielo estaba estrellado y hacía un calor de infierno. Justo para estar al lado de la pileta tomando un helado. "No le cuentes nada a mamá, ¿querés?", me dijo. Yo pensaba en los billetes marrones y en los días que faltaban para fin de  mes, cuando traía su sueldo de morondanga. Por decir algo le pregunté cómo había hecho Belgrano para conseguir agua.
-No sé, hijo; en cada puerta que golpeaba le tiraban un balde con mierda.
Se puso de pie, se quitó el saco para escurrirlo y me pidió que le inventáramos a mi madre un accidente con el camión regador. Ya nos íbamos cuando de repente se paró a mirar la copa del árbol.
-¿Trajiste la gomera? - me preguntó.
Le dije que sí y se la pasé con la bolsita de piedras que llevaba bien agarrada al cinturón.
Dejó el saco sobre un arbusto y empezó a trepar por el tronco. No estaba para esos trotes pero alcanzó a ganar la primera rama  y de ahí pasó a otra más alta hasta que empecé a perderlo de vista. Tenía miedo de que se cayera y se rompiera algo, como le había pasado otras veces. Empecé a imaginar a Belgrano encaramado al árbol, oteando el horizonte, enfermo y sucio, con el pantalón blanco, la chaqueta azul y el poncho colorado.
Entonces escuché un ruido de vidrios rotos y enseguida una lámpara hecha añicos y otra que reventaba. Me di vuelta y vi que la casa de la piscina se quedaba a oscuras. Busqué a mi padre entre el follaje del árbol y de pronto lo oí desplomarse a mi lado con la gomera en la mano. Esta vez cayó de pie y con la cara iluminada.
-Dale- me dijo en voz baja-. Vamos a tomar un helado.

 
 
*de Osvaldo Soriano "Cuentos de los años felices"
Editorial Sudamericana, Bs As, edición de 1994.
 
 
 
*
 
Clase Pública sobre los Ferrocarriles Argentinos*

En el marco del 150 aniversario de la puesta en marcha de los ferrocarriles en la Argentina, reafirmamos hoy más que nunca que El Ferrocarril una cuestión nacional.

El próximo jueves 19 de abril del corriente año, a las 17 horas en el Hall Central de la estación Constitución se realizará una Clase Pública a cargo del miembro fundador del MoNaReFA Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos, el ferroviario Juan Carlos Cena, profesor escritor, y autor de El Ferrocidio (cuya primera edición está agotada, previendo que para julio estará la nueva edición); el cual ha obtenido diversas distinciones: Declarado de Interés Municipal en Tafí Viejo (Tucumán), mediante Decreto Nº 0561/2004, de fecha 13 de abril del 2004; de Interés Provincial por la Honorable Legislatura de la Provincia de Tucumán; de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación (Resolución 1915/2004) entre otros premios.

En esta jornada del 19 de abril habrá proyecciones de documentales sobre el pasado y presente del ferrocarril.
Estará el libro de quejas gigante para que los pasajeros firmen; estos petitorios serán entregados al Defensor del Pueblo de la Nación y a la CNRT Comisión Nacional de Regulación del Transporte.
Además harán uso de la palabra los trabajadores del Metropolitano S.A. y pasajeros.
Las consignas de dicho evento son por: Evitar un Cromagñon ferroviario.
Dejar de viajar como animales.
Por la libertad de Roberto Canteros, preso por los sucesos de Haedo, del 1º de noviembre del 2005.

Los organizadores del acto son: Pasajeros del Roca, Mejoremos el Tren, Grupo SUER - Sufridos Usuarios del ex Roca,  Unidos en Recuperemos el Tren y el MoNaReFA Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos. Adhieren el FUDESA (Frente de Usuarios Desesperados del Sarmiento), FOL, FTC, Red Libertaria, OSL.

Los contactos: pasajeros_del_roca@...
mejoremoseltren@...
recuperemoseltren@...

actividadesmonarefa@...

*Secretaría del MoNaReFA
 
 
*
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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#119 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Sáb, 31 de Mar, 2007 4:54 pm
Asunto: SOLEDADES PURAS...
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Soledades puras...



CRÓNICAS DEL AGUA*



     La gente tiene todavía muy cerca de la piel del espíritu la
inundación de 2003. Ya habían hecho los bolsitos hace rato en los
barrios del oeste. Es así de exagerada la gente, se acuerda de lo
malo. Pero acá tenemos la facultad de ingeniería hídrica, ¿Cómo va a
ocurrir de nuevo? Es la gente ignorante que ve crecer el Salado y se
asusta, que ve cómo el Paraná llena la laguna que se va trepando
despacito por los pilares del puente colgante, y se asusta. Pero no
va a pasar nada, eso decían los que saben, los que
observan las fotos satelitales y monitorean (les encanta
decir "monitorean" las cotas de riachos y ríos).

     Nadie podía saber que el cielo se nos caería sobre las espaldas,
sobre las cabezas, sobre los techos de losa o de chapa. Pero se
cayó. Y cómo, me preguntaba en el salón de clases semidesierto
mientras por las ventanas caía el cielo, cómo es que el agua que es
tan pesada adentro de un balde está flotando allá en el cielo. Cómo
es que un océano viaja por los cielos y esas toneladas etéreas caen
así, tan desde arriba, tan compactas. Pero el cielo cayó y cayó y
anunciaba con luces eléctricas, con avisos de catástrofe luminosos
que seguiría cayendo. Y siguió cayendo. Cinco metros de agua cayeron
en cada pequeño espacio de la ciudad y de las ciudades vecinas, y
sobre el campo extenso.
     La temida inundación que nos cercaba por el este y por el oeste,
retenida a fuerza de defensas, dio un salto y nos atacó desde
arriba. Pero vino. La gente ignorante que la esperaba no se alegró
por haber acertado contrariando los pronósticos de los catedráticos.
A ellos les toca el dolor y la pérdida.

     Otra vez los mismos relatos. Cuatro años después. Cuatro años de
tiempo en el que el Comité de Crisis y Defensa Civil debiesen haber
trazado los planes que se revelan, otra vez, inexistentes. Vayan
aquí algunos aguafuertes. acuarelas, me temo:

     Don Caballero y su mujer, en barrio Chalet. Ya tenían el bolsito
preparado. La otra vez perdieron casi todo, él perdió, por mucho
perder, hasta una pierna. Esta vez al menos prepararon los
documentos y algo de ropa. Por la radio les dieron el lugar de
concentración donde irían a buscarlos para la evacuación. Ese lugar
estaba ya bajo agua. Y no fue nadie.
El presidente de la vecinal consiguió unas canoas y así llegaron a
tierra firme. De ahí, cada cual adonde pudiera ir. Un amigo del
sobrino los fue a buscar con una camioneta y los llevó con hijo,
mujeres y nietos a la casita donde se apiñaron ocho. Allá están. Por
obra y gracia de los vecinos y familiares y desconocidos solidarios.

     Las artesanas en Esperanza sintieron un horrible zumbido que
provenía del cielo. El sonido de las trompetas de los ángeles
exterminadores, quizás.
Se pusieron debajo del dintel de una puerta aguardando un aterrador
tornado.
Y el zumbido seguía intolerable, hasta que se inició el bombardeo
atroz. Era granizo de un tamaño imposible, que destrozó todo.

     Mary fue rescatada de su casa con el agua a la cintura. En
canoa. No se llevó nada. Es empleada doméstica. En el 2003 perdió
todo. Ahora, cuando llegó al centro de evacuados, estaba con la ropa
mojada y sin comida. Otra vez, otra vez con la nada por delante, con
la certeza de haber perdido todo
lo que pudo conseguir en estos cuatro años. Mojada y hambrienta, tan
espantosamente sola.

     Myriam en el extremo norte de la ciudad, en el barrio
transformado en una isla. Un amigo fue a hacerles una provista al
supermercado, no pudo llegar con la camioneta 4 por 4. Entonces un
grupito de adolescentes salió en expedición a buscar víveres para
varias familias. Tienen para hoy y para
mañana. Después se verá. La arena para frenar el agua que le entra a
los Zanelli por el fondo se las dio una vecina que estaba
construyendo. Y tienen ganas de reírse todavía, y cuando pasó Tito
todo de amarillo el Rober dijo "vienen los Teletubis" y todos se
reían. Y se reían cuando miraban con
apetito la bolsa de arroz de la perra. Y todavía tiene espíritu
científico Myriam, que me contó que la tortuga en el patio estaba
paradita en la pared a 45 grados, alejándose unos centímetros, lo
poco que podía pobrecita, del suelo amenazante.

     Y en los edificios de las Flores suben las cucarachas. Los
alacranes salen en toda la ciudad de los sumideros. Los gorriones
bajo la lluvia se comen las lombrices que afloran para no ahogarse
en la tierra que está saturada de agua.

     Ya no llueve, pero se viene el agua que busca el cauce del río.
Desde lejos se viene, atravesando campos. Quienes sobrevolaron la
zona hablaron para la radio con una voz donde se nota el temblor
involuntario.

     El caos se asienta, se decanta, va tomando la ciudad como la
otra marea.
Están los que cobran peaje en las avenidas, los que saquean a los
que huyen con sus cuatro cositas y los pesos ahorrados. Los que en
las escuelas que funcionan de centro de evacuados amenazan a las
maestras que no tienen nada que ofrecerles y no saben de dónde
fabricar colchones, o ropa, o comida.

     Pero los de Defensa Civil, los funcionarios de la municipalidad,
deliberan. Les sale bien eso de deliberar. Mientras tanto cada uno
hace lo que puede y ayuda si puede y le dan las ganas y el coraje.
Como hace cuatro años, como siempre, socorre el buen samaritano y
las fichas se acomodan según van cayendo. Después escucharemos
explicaciones razonables. No me cabe duda.



      *De Mónica Russomanno. russomannomonica@...







A LA ORILLA DEL RÍO...*



A la orilla del río
un niño solo
con su perro.
A la orilla del río
dos soledades
tímidas,
que se abrazan.

¿Qué mar oscuro,
qué mar oscuro,
los rodea,
cuando el agua es de cielo
que llega danzando
hasta las gramillas?
A la orilla del río
dos vidas solas,
que se abrazan.
Solos, solos, quedaron
cerca del rancho.
La madre fue por algo.
El mundo era una crecida
nocturna.
¿Por qué el hambre y las piedras
y las palabras duras?
Y había enredaderas
que se miraban,
y sombras de sauces,
que se iban,
y ramas que quedaban...

Solos de pronto, solos,
ante la extraña noche
que subía, y los rodeaba:
del vago, del profundo
terror igual,
surgió el desesperado
anhelo de un calor
que los flotara.

A la orilla del río
dos soledades puras
confundidas
sobre una isla efímera
de amor desesperado.

El animal temblaba.
¿De qué alegría
temblaba?
El niño casi lloraba.
¿De qué alegría
casi lloraba?

A la orilla del río
un niño solo
con su perro.



*de Juan Laurentino Ortiz. (1896-1978)
-Fuente: http://www.abanico.edu.ar/2005/02/juanl.htm







Sábado, 31 de Marzo de 2007
Las flores del algarrobo*


*Por Osvaldo Bayer


La verdad histórica siempre triunfa, finalmente. Tarda, a veces,
pero triunfa. Lo acabamos de ver con la figura de monseñor
Angelelli, el obispo mártir de La Rioja.
El crimen monstruoso cometido contra él primero se trató de cubrir
con la mentira. Los medios que conocemos, al principio, insinuaron
que se trató de un "accidente". Luego, el silencio. Como es
habitual, los popes católicos miraron para otro lado o, como se hace
siempre, oficiaron por ahí una misa.
Pero no, a más de treinta años de su muerte alevosa, en Buenos Aires
se acaba de inaugurar, en Barracas, la plaza Monseñor Angelelli. Lo
triste y vergonzoso del acto es que no concurrió ningún obispo
católico, sólo un padre franciscano. Monseñor Angelelli, desde su
paraíso, se debe haber alegrado, porque sí había muchos niños y, lo
que es más importante, la plaza tiene juegos para ellos, así que
desde ahora Angelelli se lo pasará escuchando risas y voces
infantiles.
Me tocó hablar en el acto en el cual también se descubrió una
hermosa placa con su nombre. Aproveché para contar su último sermón
cuando en la catedral de La Rioja, delante de los comandantes
militar y de aeronáutica, de esa región, sacudió a los presentes
diciendo: "Acabo de recorrer los caminos de
La Rioja. En uno de ellos me encontré con una columna de leñadores
que llevaban a un muerto en una angarilla, sobre sus hombros. Me
detuve y les pregunté qué hacían: 'Llevamos a enterrar a un
compañero muerto'. '¿Cómo, así, sin ataúd?', les pregunté. 'Sí,
monseñor', me respondió un humilde trabajador: no nos alcanzó el
dinero que teníamos para comprar un cajón'". Y entonces la voz del
obispo Angelelli tronó en el templo al proseguir el relato: "Yo me
pregunto, ¿en qué país injusto y deshonesto vivimos que ni
siquiera los trabajadores de la madera pueden poner sus muertos en
ataúdes para sepultarlos? ¡Qué país inmensamente pecador!",
finalizó. De inmediato, los jefes militares, con sus esposas, se
retiraron del templo porque tomaron esas palabras del púlpito como
una crítica a la dictadura de Videla. Pocos
días después, los dos mejores sacerdotes de Angelelli eran muertos a
balazos y él mismo perdía la vida en un escenificado "accidente" y
su cuerpo quedaría en un camino de La Rioja, mirando el cielo y con
los brazos abiertos, como aquel Jesús en la cruz.
Y ahora sí tenemos una plaza para niños en Barracas con su nombre.
El mejor homenaje.
La Historia finalmente impone la verdad aunque existen los amigos de
la muerte, que tratan de detener su camino. Se acaba de anunciar con
grandes carteles la reinauguración de la Plaza Coronel Ramón L.
Falcón, en el barrio de Floresta, en esta capital. Todos sabemos
quién fue ese Falcón. Un verdadero asesino del pueblo. Y no
exageramos. Fue autor de la represión contra el acto que hicieron
las organizaciones obreras el 1º de mayo de 1909. Ese día se
reunieron nada menos que setenta mil obreros, con sus banderas y su
consigna sagrada: la lucha por las ocho horas de trabajo.
Cuando estaba hablando el primer orador y el acto se realizaba con
total tranquilidad, el coronel Falcón ordenó a los fusileros de la
policía atacar las columnas obreras y, luego del fuego de fusilería,
a la montada a agredir con sus sables a los hombres, mujeres y niños
que ocupaban los espacios verdes. Se produjo una masacre que
conmovió al país durante meses enteros.
Nunca se sabrá el número de víctimas. Al día siguiente, los
periodistas preguntaron al fatuo coronel policía por qué ordenó el
ataque si hasta el momento no se había producido ningún disturbio. Y
el coronel de la Nación respondió: "Porque los obreros en vez de
llevar la bandera azul y blanca llevaban la bandera roja". El señor
coronel se hizo el que no sabía o se confundió a propósito, porque
en 1909 la bandera roja era el símbolo del gremialismo y no de un
partido político determinado (aunque esto último no hubiera
significado ninguna razón para el alevoso ataque uniformado).
No sólo esa cobardía despreciable mostró el señor coronel, sino que
su biografía señala que siempre estuvo con la violencia de los que
se sienten importantes porque tienen mando y visten uniforme: fue el
mejor oficial del general Roca en el genocidio de los pueblos
originarios, y por eso ascendió
rápidamente. Además, el señor coronel estuvo en la represión de la
famosa huelga de conventillos, en 1905, donde principalmente las
mujeres proletarias dijeron basta a la explotación de la indignidad.
Y ahí estuvo el coronel Falcón, siempre contra los humildes.
Finalmente, un joven ruso,
Simón Radowirtzky, tomará como suyo el "derecho de matar al tirano"
y el de "cuando no hay justicia el pueblo tiene derecho a hacerse
justicia" y dará muerte al cruel militar.
Los poderosos impusieron el nombre de coronel Falcón a la segunda
calle más larga de la Capital y nada menos que a la escuela de
cadetes de la Policía.
Vaya ejemplo: se les ponía a los jóvenes que debían "guardar el
orden" el nombre de un represor cruel que no se atenía a los
principios de la instituciones sino que ordenaba matar. Aquí sobran
las palabras para señalar cómo fue la herencia de este ejecutor.
Pero todo esto continuará en estos días. El barrio de Floresta se
cansó de que este nombre fuese el más honrado de todos sus esquinas:
porque no sólo estaba la calle, sino también una plaza con el nombre
de este personaje de la Muerte. Y hace cinco años una
numerosísima asamblea de vecinos decidió, con todo derecho
democrático, llamar a un plebiscito para que se cambiara el nombre
del represor por otro que eligiera el barrio. Un sábado y un domingo
se efectuaron concurridas votaciones en urnas en el parque y
finalmente triunfó el nombre de "Che
Guevara". Se quitaron los carteles con el nombre del asesino de
obreros y se puso el del luchador latinoamericano. Hasta hace dos
días, en que carteles oficiales señalaron que la plaza se seguía
llamando Coronel Ramón Falcón y añadieron una biografía del
uniformado, en la cual se enorgullecen de este
represor. Textual, el cartel: "Ramón Falcón (1855-1909) Militar.
Combate contra el aborigen de las fronteras del sur de Córdoba y
Buenos Aires; participa en 1879 en la expedición del desierto". Y
sigue el cartel adicionando galones al héroe de remington.
Pero ayer los vecinos de Floresta no aceptaron que esa hermosa plaza
lleve tal nombre. Y en un comunicado dicen: "Seguiremos luchando
para quitar ese nombre manchado con sangre indígena y trabajadora".
Y se produjo lo racional: ayer, la repartición oficial autora del
desaguisado retiró los
carteles propagandísticos del Falcón Represor. Bien por la
autocrítica.
Aplausos para la asamblea absolutamente democrática. Es un paso
contra la violencia. Represores, no.
El sí a la Justicia, que significa Paz en el caso de Angelelli; el
no al Represor, en el caso del coronel Falcón. Pero claro, no se
trata sólo de nombres de calles y plazas, sino también de la
posesión de la Tierra. Por eso, otro paso positivo se me permitió
vivir en el Congreso de la Nación esta semana. Se me ofreció
defender, ante la comisión legislativa respectiva, el proyecto del
diputado Carlos Tinnirello de expropiación de una corta extensión de
tierras a la gigantesca estancia de los Benetton, para devolverla a
sus verdaderos propietarios, la familia mapuche de Curiñanco-
Nahuelquir. Lo importante de este proyecto es que, de ser aprobado,
mostraría que las relaciones humanas no tienen que ser manejadas
por el poder del dinero sino por la Etica. Los que primero tienen
derecho son los antiguos habitantes. Los que han vivido desde hace
12.000 años en esas tierras, y no quien tiene dólares o euros y que,
sin saber dónde queda, le dice a su comisionista: "Cómpreme una
estancia en la Patagonia, que ahora
está de moda". Esto es altamente inmoral. Más todavía cuando los
pueblos originarios han demostrado siempre su cuidado por la
naturaleza mientras que los "inversores" van dejando los rasgos de
su egoísmo. Lo dijo Suna Rocha -la profunda artista- en esa misma
sesión: "En Catamarca vi algo que nunca antes había visto:
algarrobos secos". Algarrobos secos son el símbolo del "progreso" de
los que tienen el dinero. Cuando se debate este tema profundo, queda
en claro la sabiduría escondida de los pueblos originarios frente a
la avidez de los que "traen el progreso" para su bolsillo.
En la comisión del Congreso Nacional, el único que se opuso al
proyecto fue el macrista Tonelli. Sus argumentos fueron típicamente
burocráticos.
Esperemos que el Congreso se meta en el problema y defienda el
camino de la Etica y no el de los dólares. Pensemos en las flores
del algarrobo.


*FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-82561-2007-03-
31.html



*

Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 1 de abril del 2007 presentaremos en la Radiofabrik
Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de
Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música
Latinoamericana, música del compositor, guitarrista y cantante
argentino Atahualpa Yupanqui. Las poesías que leeremos pertenecen a
José Martí (Cuba) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se
puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la
diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44        A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067




*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).

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#118 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Dom, 18 de Mar, 2007 2:42 pm
Asunto: HISTORIA DE UN GAUCHITO EXPROPIADO
inventivasocial
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CUENTAS FALSAS*


Los cuervos negros sufren hambre de carne rosa;
En engañosa luna mi escultura reflejo,
Ellos rompen sus picos, martillando el espejo,
Y al alejarme irónica, intocada y gloriosa,
Los cuervos negros vuelan hartos de carne rosa.

Amor de burla y frío
Mármol que el tedio barnizó de fuego,
O lirio que el rubor vistió de rosa,
Siempre lo dé, Dios mío...

O rosario fecundo,
Collar vivo que encierra
La garganta del mundo.

Cadena de la tierra,
Constelación caída.

O rosario imantado de serpientes,
Glisa hasta el fin entre mis dedos sabios,
Que en tu sonrisa de cincuenta dientes
Con un gran beso se prendió mi vida:
Una rosa de labios.



*de Delmira Agustini. (1886 - 1914)
-Fuente: http://www.abanico.edu.ar/2004/12/agustini.htm





Historia de un gauchito expropiado de su tierra



*

Supongamos que existiera un defensor del pueblo dedicado a la
cuestión de la tierra y la defensa de derechos de campesinos a los
que no ampara en lo mas mínimo la justicia. ¿Cómo debería presentar
su caso un gaucho pobre que ha sido despojado de su tierra en una
oscura maniobra?
¿Podría reconstruir su caso en el lenguaje de doctores de leyes?
Aquí va una ficción de entrevista basada en un caso real.




Señor Defensor de la tierra.



Me presento. Soy SANCHEZ JUAN CARLOS; D.N.I. Nº 16.909.097, CON
DOMICILIO EN GATO  COLORADO, ZONA RURAL, ESTABLECIMIENTO EL AIBAL;
SOY otro de los damnificados por  procedimientos irregulares de la
Justicia, impartida por el Juez de Tostado, Dr. Eladio García, Y
vengo a denunciar otra trama político jurídica detrás de los fallos,
ejecuciones y procedimientos en el norte Santafesino.

DEFENSOR DE LA TIERRA. Describa por qué se presenta y que denuncia:


Sánchez J.C.- Yo poseo y habito en forma, quieta, continua,
pacífica, pública, ininterrumpida en el establecimiento rural "El
Aibal" como es de público y notorio en la zona;  prácticamente desde
que nací, junto a mi padre de crianza, PERALTA CLAUDIO MARTÍN, que
falleció en el 2000, lo que me fuera certificado en fecha
15/10/2002, por el Sr. Juez de Paz de Gato Colorado, Sr. Adolfo A.
MEDINA; hasta que el día 06/03/2003, el Sr. Juez de Paz del Nochero
se presenta en mi domicilio, acompañado del Dr. Juan Antonio
Cappelli he intentan desalojarme, a raíz de un Expte., iniciado
por "PEREZLINDO, JORGE C/ RAMELLO, CARLOS Y OTROS ( KOLLER JUAN
ANDRES) S/PRETENSIONES DE MANTENER RECOBRAR, DESPOJO, Y OBRA NUEVA
COMO DESPOJO" Expte. Nº 394/00 de trámite por ante el Juzgado de
Primera Instancia de Distrito en lo Civil, Comercial y Laboral de la
ciudad de Tostado, Dr. Vargas, lo que queda registrado en acta
labrada en el  lugar  y suscripta por todos los presentes, de la que
acompaño copia Sr. Periodista para que pueda Ud. ver que no miento y
tenga Ud. un respaldo por si los hechos fueran negados, el Sr. Juez
de Paz del Nochero le hace saber al Dr. Cappelli que yo estaba en
todo mi derecho y que por eso no procedía al desalojo, por que la
ley así me amparaba.


DEFENSOR.- ¿Entonces que pasa con el abogado Cappelli ?


S.J.C.- Me dice el Dr Cappelli  que tarde o temprano me van a sacar
del campo, por que yo me estoy resistiendo a una orden Judicial. Yo
le respondí que lo consultaría con mis abogados. Cosa que hice, y me
dijeron  que debía reclamar la posesión veinteañal, para lo que
necesitaba si o si realizar un plano de mensura, especial para el
caso. Así fue pasando el tiempo y como este trabajo es muy caro y no
cuento con los medios suficientes, he estado tratando de buscar el
dinero para realizarlo.

DEFENSOR- ¿ Que ha pasado?


S.J.C.-Sin dejar de ejercer mi derecho de posesión ante los ataques
constantes de PEREZLINDO JORGE OVIDIO/ JUAN ANDRES KOLLER/ JUAN
BARREÑA Y CARLOS RAMELLO, según denuncia > de la que acompaño
Certificación Cria. 5º de Gato Colorado < de fecha 15/10/2002  ya
había denunciado a estos Sres., por haber usurpado-intrusado ocho de
los diez lotes de los que cuenta el establecimiento "El Aibal",
habiendo intervenido según misma certificación el JUZGADO DE PRIMERA
INSTANCIA EN LO PENAL DE INSTRUCCIÓN, CORRECCIONAL Y FALTAS DISTRITO
Nº 15 CON ASIENTO EN LA CIUDAD DE TOSTADO, a cargo del Dr. ELADIO
GARCIA, quién jamás me sito o solicito alguna medida al respecto. En
fecha 25/02/2003 denuncia al Sr. KOLLER JUAN ANDRES, por hurto de
una rastra marca Yondil, además de llevarse de la ensenada  del
establecimiento "El Aibal" una balanza, dos máquinas de molino y
también por el corte de vigas de algarrobo extraídas del mismo campo
sin autorización; no soy muy instruido pero deduzco que debería
haber sido girada esta denuncia al mismo Juez  ELADIO GARCIA de
haber ocurrido así, por esta nueva denuncia tampoco he sido citado
jamás, y que yo sepa este Juez no ha ordenado ninguna medida. Sr. si
Ud. viene llevando el hilo de mi relato podrá observar que antes del
día 06/03/2003, fecha en que intentaron desalojarme, yo ya había
denunciado por intrusos a quienes pretendían echarme de mi propiedad
siempre ejerciendo mi derecho de posesión sobre todo el
establecimiento rural ya nombrado; en fecha 17/09/2003 solicito se
me extienda certificación de mi denuncia de fecha 25/02/2003, que me
es dada y donde consta que fue elevada en fecha 15/05/2003 a la
División Judicial U.R. XII el día 15/05/2003 y que ya se encontraba
en conocimiento el Sr. Juez en lo Penal de Distrito Nº15 Secretaría
Correccional Tostado- ELADIO GARCIA. En misma fecha > 17/09/2003 <
solicito certificación DE MI DENUNCIA DE FECHA 04/07/2003 contra
KOLLER JUAN ANDRES, por intruso, quema de alambrados y postes en mi
inmueble, donde se me informa por escrito que la misma ya había sido
elevada al Juez en lo Penal de Distrito Nº 15 Secretaría
Correccional de Tostado – ELADIO GARCIA, quién ha hecho oído sordos
a esta también. En fecha 23/10/2003  siempre en ejercicio de mi
derecho de posesión denuncia nuevamente al Sr. JUAN ANDRES KOLLER
por estar alambrando un potrero de mi campo sin autorización,
desobedeciendo una orden Judicial del Juez Dr. Vargas, actuaciones
que fueran siempre según certificación giradas al Juez en lo
Penal.......Dr. ELADIO GARCIA  a la que también hace oídos sordos,
por que nunca me convocó. En fecha 23/01/2004 denuncié a KOLLER
JUAN ANDRES, por haber introducido animales en mi campo sin mi
autorización y por haberme disparado cinco tiros de revólver Calibre
22, según copia del certificado de denuncia que adjunto como pruebe
de mis dichos, a la que también el Juez Penal de Tostado ELADIO
GARCIA  hace oídos sordos. Hasta que en fecha 02/04/2004, se
presentan en mi campo el Dr. Juan Antonio Cappelli, el Juez de Paz
de Gato Colorado, Adolfo MEDINA, con personal policial de la Cría.
5º de Gato Colorado, personal de la Guardia rural los Pumas, para
proceder a mi desalojo, por una orden del JUEZ  DE PRIMERA INSTANCIA
CIVIL, COMERCIAL Y LABORAL Y PENAL DE INSTRUCCIÓN, CORRECCIONAL Y DE
FALTAS DE DISTRITO Nº 15 CON ASIENTO EN LA CIUDAD DE TOSTADO > DR.
ELADIO GARCIA < hoy a cargo  de lo Civil y Penal y el mismo que
hiciera caso omiso a mis denuncias contra estas personas que no han
estado ni están legitimadas a solicitar tal medida, y tratando de
llevar  adelante un desalojo contra mi que he estado por mas de 23
años ocupando y manteniendo el predio, como si fuera un feroz
criminal y con abuso de fuerzas e intimidaciones por el mismo, el
Juez de Paz de Gato Colorado y el Profesional interviniente, que
para sorpresa de todos era quién daba las órdenes  lo que me da que
pensar que entre este y los Jueces existe algún tipo de arreglo o
connivencia;  cabe la pregunta  ¿por qué no hace el procedimiento
con el Juez de Paz del Nochero?  luego de cabildeos sobre si me
retiraba o no, les digo que tengo seis menores y que no tengo a
donde ir. Hablan por teléfono celular creo que con el Juez ELADIO
GARCIA y quedan en volver el Sábado 03/04/2004; intentan volver
sobre su cometido ese día y les repito que he consultado con mis
abogados y que no me voy a ir por que soy el único que tengo derecho
a quedarme, se retiran y me dicen que van a volver y que esta vez si
me van a tirar todo a la calle. No me quedo con eso y dado que había
sido amenazado por estas personas, el Juez de Paz de Gato Colorado,
el que insistía que cumplía una orden de un Juez Superior, el mismo
que en fecha 15/10/2002, me extendió certificación que estoy en el
establecimiento desde 1981, hoy parecía transformado en
representante/ apoderado de PEREZLINDO/ KOLLER/ Y RAMELLO, junto al
abogado Cappelli,, por ello decido ir hacia Gato Colorado el día
05/04/2004 a realizar una denuncia de este hecho y oh! Sorpresa me
hacen saber que el Juez de Paz de Gato Colorado Adolfo MEDINA  me
había denunciado por resistirme a una orden Judicial, y que me
citaban en la misma Cria. 5º de Gato Colorado para un simple
interrogatorio sumario, hago uso del derecho que me asiste de
declarar ante el Juez y realizo mi denuncia contra el Juez de Paz de
Gato Colorado, el Abogado Capelli y el Juez ELADIO GARCIA , según
certificación  de fecha 05/04/2004. Transcurre esa semana en que
solo hubo dos días hábiles  entre el día 05/04/2004 y el 13/04/2004,
fecha  en que soy detenido por orden del Juez Penal de Tostado Dr.
ELADIO GARCIA  el mismo que yo  denunciara días antes, mis bienes
son saqueados, mis animales y los de quienes me arrendaban para
pastaje también, a todo esto me entero que el Dr. Cappelli se había
traído una Policía femenina desde Tostado para sacar a mi mujer y
los chicos; mi mujer es sacada a los tirones por la Policía
femenina, cuando tenía un menor de un año en los brazos el que fue
tirado al piso, Cappelli le dijo a la policía femenina que la saque
de cualquier forma que para eso la había traído, mi mujer y los
menores  son trasladados en la camioneta de la Guardia rural los
Pumas dejándolos en la Cria. 5 º de Gato Colorado, quedando mi Sra.
demorada; intenta realizar la denuncia y no se la quieren tomar,
pide médico policial, para que comprobaran los apremios a los que
fue sometida por el personal policial y el abogado Cappelli; el
médico policial de Gato Colorado expresa que en ese momento no se le
nota nada. Como podrá observar señor periodista, como soy un hombre
simple y de trabajo mis denuncias no tienen el mismo valor que las
falsas acciones de PEREZLINDO /KOLLER Y RAMELLO  lo que sin ningún
lugar a dudas pone de manifiesto la connivencia de estos, su abogado
y los Jueces. Ese mismo día "13/04/2004" mis abogados presentan la
demanda para solicitar la posesión veinteañal , un incidente de
pobreza, la orden del agrimensor para realizar la mensura especial,
con medidas urgentes para la restitución del inmueble y hacen una
presentación en el famoso Expte. Nº 394/00 solicitando como medidas
urgente la suspensión de las medidas y esgrimen también la falta de
notificación del acto por parte del Sr. Juez DR. ELADIO GARCIA.
Mientras Tanto soy trasladado desde Gato Colorado hasta la Jefatura
de Tostado para prestar ahora Declaración Indagatoria, ya no es un
Simple Interrogatorio Sumario; estando en la Jefatura de Tostado me
entero que voy a ser indagado por resistirme a la autoridad con
abuso de fuerza, o sea que le he querido o le pegue al Juez de Paz
de Gato Colorado  Adolfo MEDINA , o sea Sr .DEFENSOR en la semana
esa que hubo dos días hábiles, entre el Juez Penal de Tostado ELADIO
GARCIA y el Juez de Paz de Gato Colorado Adolfo MEDINA  y no dudo
que haya colaborado el abogado Juan Cappelli, me armaron una causa,
como vulgarmente se dice, por que en ningún momento agredí a estas
personas, de palabra o de hecho, solo defendí mi propiedad, mi
derecho de posesión del establecimiento "EL AIBAL". El día
14/04/2004 concurre mi mujer a Tostado hacer las denuncias que no
quisieron tomarle en Gato Colorado y se las toman a medias, aquí si
es revisada por el médico policial, el que deja constancia de las
lesiones, ante el Sr. Agente Fiscal,  pero le aconsejan, no se si el
Fiscal o el Defensor Gral., que no los denuncie al Dr. ELADIO GARCIA
y al Abogado Juan Cappelli y al Juez de Paz de Gato Colorado. A todo
esto yo seguía detenido, habiendo prestado declaración indagatoria
el día 00/04/2004, designando en ese acto al Sr. Defensor Gral.,
para que me asista, así llegamos al día "21/04/2004"  sin haber sido
asistido por el Defensor Gral. y todo según él mismo por que yo no
lo había designado y la causa a él no le llegaba, como podrá
observar Sr., hechos por demás de irregulares, si tenemos en cuenta
que el presunto delito que se me acusaba es excarcelable, a no ser
que el Juez ELADIO GARCIA haya  prejuzgado mi conducta y por eso
seguía detenido. Que para otorgarme la libertad con este cúmulo de
irregularidades se me solicita una fianza de $800. la que a mi real
saber y entender resulta en mi caso excesiva, la que no fuera
apelada por el defensor Gral.
Solo defendí mi propiedad, mi derecho de posesión del
establecimiento "EL AIBAL", en el que habito desde hace mas de
vientres años, y que terceros sin ningún derecho con documentación
falsa (boletos de compraventa, que están en el Expte.Nº 394/00,fs.50
y sgtes. y que no certificaron firma en Gato Colorado, por que el
Juez de Gato Colorado  sabe que hace 23 años que yo estoy ahí y que
PEREZLINDO/KOLLER/BARREÑA Y RAMELLO solo hace tres o cuatro años que
están en la zona y sin título para vender parte alguna del
establecimiento "EL AIBAL")  como quedará probado en la acción
correspondiente, y en esta instancia, ya que según copias
certificadas  de los títulos respectivos corroboran que este sujeto
Koller Juan Andrés  no es titular de las tierras, por lo tanto ha
trasmitido a Ramello Carlos algo que no posee, no es dueño ni
propietario, y tampoco han iniciado acción alguna de Ususcapión ,
fs. 50/51/52 del Expte. Nº 394/00; se adjuntan copias certificadas
de los títulos de propiedad del "El Aibal", para que corran
agregadas a esta causa

KOLLER JUAN ANDRES, fue demandado oportunamente por Peralta Martín,
mi abuelo y Padre de crianza  ( autos: " PERALTA MARTÍN A. o PERALTA
CLAUDIO MARTÍN C / KOLLER JUAN ANDRES s/ C.A.L./92-JUZGADO CIVIL,
COMERCIAL Y LABORAL DE SAN CRISTÓBAL") , para que abonara las sumas
correspondientes al cuidado de su ganado > propiedad de Koller Juan
Andrés< en el establecimiento "El Aibal" atento que Peralta se lo
había arrendado para pastaje , y había cuidado de su ganado, en esta
oportunidad debió abonar a Peralta (mi padre de crianza)  dichos
arrendamientos impagos, del 50 % del establecimiento "El Aibal" ,
año 1993, así lo ordenó S.S. titular por aquel entonces del Juzgado
de San Cristóbal, quién convino con el actor y demandado que los
pagos se realizarían en la sede del Juzgado de Gato Colorado, ya a
cargo del Sr. Medina, por lo tanto entiendo que debería haberse
oficiado al mismo y al Juzgado de San Cristóbal a los efectos que
hagan llegar ha la Excma. Cámara toda la documentación que posean
relacionada con el tema, por que de poseer antes Koller Juan Andrés
algún título válido, pagó arrendamiento por algo que era suyo, y
ahora si poseyera los años que prescribe la ley  hubiera iniciado
una acción para Usucapir, sus cómplices hubieran obrado en
consecuencia, pero como carecen de legitimidad para las acciones
emprendidas, y han contado con la "colaboración"  del Juez Eladio
García, del Juez Comunal de Gato Colorado, Adolfo Medina y del
Fiscal,  hoy han llegado a donde estamos. Para mayor abundamiento y
echar un manto de claridad al asunto, en ocasión de la acción
incoada por Peralta Claudio Martín  contra Koller Juan Andrés el
apoderado del Sr. Peralta (mi abuelo) fue el Dr. Furlan con
domicilio en calle Iriondo Nº 2235 de la Localidad de Santo tomé-
Santa Fe, y con motivo de la audiencia fue representado por el Dr.
Domínguez (con domicilio en Ceres-Santa Fe) a quienes se citará a
los efectos de que presten testimonial.

El día 14/04/2004, como ya dije  concurre mi mujer a Tostado hacer
las denuncias que no quisieron tomarle en Gato Colorado y se las
toman a medias, aquí si es revisada por el médico policial, el que
deja constancia de las lesiones, ante el Sr. Agente Fiscal,  pero le
aconseja, el Fiscal., que no los denuncie al Dr. ELADIO GARCIA y al
Abogado Juan Cappelli y al Juez Comunal de Gato Colorado,  que solo
denuncie al Policía Bravo Luis Nestor y a la numeraria femenina,
Laura Krence o Crence  que fuera llevada por el abogado Cappelli

Que como ya he manifestado para otorgarme la libertad con este
cúmulo de irregularidades se me solicita una fianza de $800. la que
a mi real saber y entender resulta en mi caso excesiva, la que
desconozco si fuera apelada por el defensor Gral.; tenerme detenido
hasta el día 23/04/2004, diez días  por haber defendido, lo que es
mío y me quieren arrebatar unos vivos, ¿no le parece que este Juez
Eladio García? actúa parcialmente, no tramitando las denuncias
realizadas por mi,  desconociendo el derecho o bien con algún
interés personal, por que haberme hecho lo que me ha hecho a mí no
se justifica bajo ningún concepto y la actividad del Sr. Agente
Fiscal a que se circunscribió?.

Pienso que si PEREZLINDO, que es la actora se adhiere estas medidas
cautelares, solicitada por la demandada, que bien saben el no están
legitimados, y que sus abogados también lo saben, como lo sabe el
Juez de Tostado, y el Comunal  de Gato Colorado, las mismas les son
concedidas por  que entre todos ellos existe un arreglo y mas aún
debe existir un arreglo entre PEREZLINDO / KOLLER/BARREÑA Y RAMELLO,
por que para mí  sino existiera ese arreglo,  no actuarían como lo
hacen todos ellos > el abogado Cappelli, El Juez de Tostado Eladio
Garcia, el juez Comunal  de Gato Colorado, Adolfo Medina y
Perezlindo ,Koller, Barreña y Ramello y el Fiscal, sufro esta
situación por que la idea de ellos es sacarme definitivamente a
cualquier precio de "EL AIBAL"  y quedarse ellos con algo que no les
pertenece, le digo mas Sr. se han  reído y llenado la boca diciendo
por todos lados que se van a quedar con "EL AIBAL", "todos ellos".
Estas personas PEREZLINDO Y RAMELLO, no hace mas de cuatro años que
están en la zona, puede Ud. preguntar a cualquier vecino de Gato
Colorado o pedir sus domicilios anteriores. Quiere saber mas, Sr.
Defensor de la tierra, si tengo algún antecedente es por haber
obrado de buena fe, en una oportunidad me contrato un vecino para
que arree una tropa  desde Gato Colorado al Nochero, trabajo que
hice y luego me citan a declarar  en fecha 15/08/1994, ante el Juez
Correccional de San Cristóbal, por que el ganado que llevé dicen que
era robado, cosa que yo ignoraba, he  acompañado copia de la
citación , en la que podrán observar que ya en esa época me
domiciliaba en el establecimiento "EL AIBAL", prueba que será
acompañada a la acción de posesión veinteañal en la etapa que
corresponda. Le parece ¿que no hay un arreglo entre todos ellos?,
creo que es mas que evidente : las irregularidades en el proceso,
otorgando el Juez de Tostado medidas cautelares a personas que
carecen de derecho, que son meros intrusos, la forma del desalojo
mía y de mi familia, en forma violenta y desmesurada para la
ocasión, el actuar del Abogado Juan Cappelli como si fuera el él
Juez, la ausencia de la actividad Fiscal, las irregularidades con
respecto al depositario judicial, que nunca fue tal y nunca recibió
lo que ellos dicen que recibió, ¿le parece poco arreglo entre
ellos?, haberme tratado como si fuera un delincuente, por eso me
presenté ante la Cámara Penal de Rafaela, a ratificar todas y cada
una de las denuncias hechas oportunamente, y denunciar nuevos
hechos, por que  el JUZGADO DE TOSTADO NO ME MERECE NINGUNA
GARANTIA, NO SE GARANTIZA EL DEBIDO PROCESO, se me niega justicia,
además he   acompañado fotocopias certificadas de las
certificaciones de todas mis denuncias que jamás fueran tramitadas
por el Dr. Eladio García y el Fiscal>cinco en total< , y también he
denunciado por presión sicológica, moral, física, desconocimiento
del derecho, y abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de
funcionario público al Juez de Tostado Dr. Eladio García, al Juez
Comunal  de Gato Colorado Adolfo Medina, Al Sr.Agente Fiscal por
achivar una causa sin investigación alguna; al abogado Dr. Juan A.
Cappelli, al Dr. Diaz Armando C.A.  y  al personal de la Cria. 5º
Luis Néstor Bravo abuso de autoridad y obrar a favor y de acuerdo
con el abogado Cappelli y la numeraria femenina LAURA KRENCE O
CRENCE que trajo el abogado Cappelli por abuso de autoridad y
ejercer fuerza y violencia a mi Sra., con un menor en brazos.

Hago saber al Sr. Defensor de la tierra que una vez que fuera puesto
en libertad, comienzo a preguntar donde fueron a parar mis  60
vacunos, 13 yegüarizos, 22 porcinos, 67 caprinos, 42 ovejas, 43 aves
de corral, sin tener noticias de su paradero hasta la fecha,
habiendo intentado hablar con el Juez Comunal de Gato Colorado,
quién en todo momento se negó a atenderme y darme información; ahora
Sr. Periodista tengo entendido que  en estos casos se nombra un
depositario que se haga cargo de estos animales, según reza en el
Expte. Nº394/00-Justino Peralta en este caso, quién nunca  firmó
documento alguno por que no dejaron ningún animal, ver inventario
fs.201 de autos; por eso hoy no se donde están y si están
alimentados como corresponde, ahora pregunto ¿quién se va hacer
cargo de los daños y perjuicios que me han causado: EL Juez Eladio
García, el Juez Comunal de Gato Adolfo Medina, el Abogado
Cappelli ,Perezlindo, Koller y Ramello, el Sr. Agente Fiscal?

Lo mas grave ocurre cuando bajo falsas promesas de que han logrado
un "arreglo" con el Juez, de que se me reintegraría a las tierras
que poseo por mas de 25 años, se me hace firmar un escrito pidiendo
disculpas al Juez de Tostado, por haberlo denunciado, en mi
ignorancia y desesperación lo firmo, hecho este llevado adelante por
profesionales del derecho, que por lo visto también estarían de
acuerdo con los otros actores de esta farsa y ¿que se obtiene como
respuesta? –que S.S. ordena a Fs. 239 de autos 394/00- la
restitución de semovientes y ganado menor que se encuentren en poder
del Sr. Justino Peralta como depositario, relevándose al mismo de
tal cargo, hecho por demás de imposible atento Justino Peralta nunca
recibió ningún semoviente ni ganado menor y tampoco suscribió
instrumento alguno como obra en los autos 394/00 a Fs. 201, eso si
Sr. Periodista  el acta de designación de Justino Peralta como
depositario Judicial está suscrita por todas las personas que yo he
denunciado, denuncia que reitero en todos sus términos y concreto
mediante escrito  a parte de la  presentación.
También  hago saber al Sr. DEFENSOR que tenía arrendado a pastaje el
establecimiento a los Sres. HERRERA BELINDO (15 vacunos) ; MEDINA
OSCAR JUAN ( 200 vacunos) ; DIAZ LUCAS RAMON ( 100 vacunos), y  DIAZ
LUIS ( 125)  que fueran retirados por ellos con el consabido daño
irreparable que esto me ocasiona,; estas personas me habían abonado
por adelantado tres años de arrendamiento, para que pudiera realizar
la mensura especial para usucapir, recibos que en copia certificada
he acompañado atento en mi presentación anterior no lo había hecho y
así lo había prometido.

Mis bienes muebles fueron literalmente tirados  y desparramados  en
el patio de la casa de mi hermano de crianza "JUSTINO PERALTA", en
Gato Colorado, camas, mercaderías, colchones, utensilios  de cocina,
frazadas, sillas, mesas, ropa de cama, ropa nuestra y de los
menores, útiles escolares  de los menores, que todavía no he podido
reponer, habiendo perdido los menores una semana de clase; una
cómoda que le rompieron dos patas y en la que había antes de este
hecho la cantidad de pesos veinticinco mil ($25000) producto de los
arrendamientos y ahorros >de venta de animales< para poder realizar
la mensura para la posesión veinteñal, en prueba de mis dichos
acompañé copia del inventario que fuera firmado por Justino Peralta,
un mes después ocurrido el hecho y bajo coacción, por que el Sr.
Adolfo Medina le debía al hijo de Justino un dinero por un trabajo y
lo citó para pagarle a JUSTINO momento en que le hace saber que la
pagará siempre y cuando el suscriba el inventario como que recibió
los bienes míos, pero se le escapa que el inventario que acompaña al
Expte. Nº394/00 ( fs. 196 a fs. 200 )  no está  suscrito por Justino
Peralta, hecho que tampoco ha investigado el Sr. Agente Fiscal.

Sr. DEFENSOR en prueba de mis dichos acompañé oportunamente escrito
suscrito por los vecinos de Gato Colorado que han sido testigos de
lo que a mí y a mi familia nos ha acontecido en virtud de los hechos
aquí denunciados, estos vecinos están a vuestra disposición para
ratificar lo que denuncian en ese escrito.
Sr., estimo si observa el Expte. Nº 394/00 verá con claridad
meridiana y objetiva que desde fs. 42 a fs. 158 solo trata de
denuncias entre Perezlindo, Koller y Ramello, lo que creo deja a las
claras que a partir de fs. 158 es donde comienza a funcionar con mas
fuerza la connivencia entre las partes para despojarme de la
propiedad  y sacarme del medio; mi existencia en el predio queda
probada a fs. 48 del Expte. Nº 394/00 ( según croquis demostrativo )
en fecha 06/08/2000 y el Dr. Capelli me descubre a fs. 171 de autos
y a fs. 172 me descubre el Dr. Díaz, ambos  en fecha 04/03/2003, o
sea que tardaron casi tres años en descubrir que era un intruso, el
mismo que venía haciendo denuncias desde el primer día que
aparecieron los intrusos y cómplices "Perezlindo, Koller y Ramello",
los mismos que tramitaran un juicio en mi  ausencia durante tres
años, fundado en el desconocimiento del derecho, el abuso de
autoridad, falta de cumplimiento de los deberes del funcionario, ya
que el Dr. García Eladio, nunca se molestó por tramitar una sola de
las denuncias realizadas, por mí, por que de haberle dado el trámite
que correspondía, yo hoy no estaría en la situación que estoy y de
haber intervenido investigando como corresponde el Sr.Agente Fiscal
quizás la situación hoy sería otra.

Sr. DEFENSOR DE LA TIERRA, creo que mediante este relato, quedan
ratificadas mi presentaciones de fecha 28/04/2004 y ampliación de
fecha 18/05/2004,y 13/08/2004 quedan precisadas claramente que
irregularidades que he denunciado y  a que integrantes del Poder
Judicial las he imputado, que e indicado, señalado también los
particulares y/o aportado  los elementos de juicio que permitan la
dilucidación de mis afirmaciones, según lo hecho saber por Cédula
de fecha 30/07/2004,-EXPEDIENTE Nº 608/04- CORTE SUPREMA DE
JUSTICIA – FLORES, Roque Genaro, s/ su presentación", por que de
haberse investigado mis denuncias, haberse preocupado el Sr. Juez
por interiorizarse del Expte. Nº 394/00, haber obrado con sana
crítica, ajustado a derecho hoy, de haber llevado a adelante la
medida del desalojo con la debida moderación, aún cuando el mismo
fuera injusto e ilegal, no me encontraría en esta situación de tener
que denunciar estos hechos y haber sido despojado de lo que he
poseído por mas de veinte años y de haber intervenido en todas y
cada una de las denuncias que he realizado el Sr. Agente Fiscal,
estimo se hubieran evitado los acontecimientos ocurrido por la
ausencia de su participación, mas aún cuando existe caducidad de
estas acciones iniciadas por Perezlindo, que fueran planteada por mi
abogado, solicitada por el Dr. Díaz abogado de Perezlindo >la
actora<, quién luego trata de desdecirse, es tal el invento y la
farsa jurídica que han tratado de llevar adelante, que hoy niegan lo
que afirma y afirman lo que niegan.


RAZÓN DE MIS DICHOS:-
Que en fecha 12 de Noviembre de 2004 y 21 de Marzo de 2006 por
intermedio de mis representantes se interpuso la "caducidad" de
Instancia ( art. 232 y 233 C.P.C.C.) de los autos ut-supra, por vía
de acción, en fecha 21 de diciembre de 2004, cargo 7142- 11:38 hs.,
el Dr. Cappelli Juan A.(apoderado de la Demandada) deja planteada
la "caducidad"; en fecha 22 de diciembre de 2004, cargo 7173- 12:41
hs, el Dr. Armando C.A. Díaz ( apoderado de la Actora) plantea en
forma indubitable la "caducidad" ; en fecha 13 de setiembre de 2005,
Secretario a hasta este momento ( Dr. Rubén Cottet ) que según el
C.P.C.C. art. 233 expresa que es ….. " Obligación del Secretario dar
cuenta al tribunal luego que transcurra el término señalado…." (
art.232 C.P.C.C.) Hecho que aquí no ha ocurrido, y mediante un
extenso decreto con el ánimo de "ordenar el proceso" en su Pto.5)
manifiesta : "Proveyendo escrito cargo 4357 (fs.278) : No habiéndose
dado trámite a los planteos perentorios soslayados en los escritos
de Fs.264 y 266, de la caducidad planteada por el tercero
interviniente (Juan Carlos Sánchez), córrase traslado a las partes y
fecho vista al Sr. Fiscal".

En fecha 06 de diciembre de 2005 fueron notificadas las partes,
acompañadas en fecha 16 de diciembre de 2005, cargo 6303- )9:468 hs,
en fecha 22 de diciembre de 2005, cargo 6454-12:20 hs el apoderado
de la actora se desdice en otra de las tantas "groserías jurídicas"
a que nos tiene acostumbrado en estos autos niega lo que ya ha
consentido y solicitado de forma expresa, antes de esta
presentación; en fecha 21 de marzo de 2006 se presenta otro de mis
apoderados y pone en claro que  todo lo solicitado por la actora y
demandada carece de sentido, lo cual le es reconocido mediante
decreto de misma fecha, de ahí en mas habiendo sido notificadas
conforme a derecho las partes en fecha 13 de setiembre de 2006.

Entre otros hechos que puedo destacar a los fines de la
investigación de lo denunciado, es que el Expte.394/00 tenía art. 56
C.P.C.C. (no sale) según manifestaciones de puño y letra del Dr.
Cappelli, en diligencia de fecha 9 de diciembre de 2005 y en fecha
18 de setiembre de 2006 se lo intima al mismo profesional a devuelva
los autos de referencia, por pedido del Dr. Díaz, cuando estos autos
les fueran sistemáticamente negados a mis apoderados y a quienes
ellos han autorizado a su retiro, según constancias de autos a Fs.
316-cargo 4651-10:27 hs., lo que motivó denuncias de mi parte y mis
apoderados por la Corte Suprema de Justicia de la Provincia.

De ahí en mas estos autos han caído en un "agujero negro", si le
sumamos a ello que habiendo sido sorteado un Conjuez el Juzgado no
lo ha notificado, cuando esto constituye una obligación del mismo,
debiendo haberlo hecho mi apoderado mediante "Pieza Certificada sin
Cubierta con Aviso de Retorno" Nº CU 94977135 8 Correo Argentino, de
fecha 14/02/2007, a los fines de que el proceso no se vea
interrumpido mas de lo que ya lo ha sido.

Que la sucesivas reiteraciones de una pretensión que ya ha sido
notificada por mis apoderados y la sucesiva reiteración de una
pretensión a las partes que ya ha sido desestimada encuadra en las
previsiones de la conducta procesal de temeridad o maliciosa, ya que
la única finalidad del Juzgado,  la actora y la demandada en la
figura de sus apoderados es impedir el normal desarrollo del
proceso, y que en este caso no es otro que la "caducidad".

Que tanto los apoderados de la actora como así de la demandada y el
Juzgado han tenido y tienen una actitud que debe ser considerada
temeraria, carente de fundamento, con conciencia de la sinrazón, con
el evidente propósito de demorar injustificadamente el
procedimiento, hay intención manifiesta de perturbar el curso del
proceso, con articulaciones dilatorias o desleales.

Que por los hechos expuestos mas los  que el Señor Agente Fiscal ya
conoce por presentaciones anteriores, es que pido se investigue la
conducta los denunciados: Procesal Temeraria o Maliciosa; la
Violación del Derecho Constitucional de Defensa en Juicio; la
Denegación de Justicia; el Desbaratamiento de Derechos Posesorios,
la Obstrucción del Debido Proceso y/o todo aquel otro ilícito que se
pudiera haber cometido en mi perjuicio en el Expte. 394/00.

Hasta la fecha el Agente Fiscal estando legalmente notificado, no ha
emitido dictamen alguno, y que no puede ser otro que la "caducidad".




PRUEBAS
Además de las medidas probatorias que la  Presidencia de la Excma.
Cámara ordenará producir a los efectos de evaluar la conducta de las
personas denunciadas, ofrezco las siguientes:-

TESTIMONIAL:-
Deberá citarse a todas estas personas que se detallan a
continuación  a los efectos  que presten testimonial sobre los
hechos y actos denunciados en la presente:
JUSTINO PERALTA; con domicilio en Gato Colorado, Zona Rural;
DIAZ RAMON LUCAS, D.N.I. 10.064.297, con domicilio en calle 9 de
Julio s/nº de Santa Silvina Chaco;
HERRERA BELINDO, D.N.I.Nº 7.878.659, con domicilio en Gato Colorado,
Santa Fe, Zona rural;
MEDINA OSCAR JUAN, con domicilio en Gato Colorado, Santa Fe, Zona
rural;
DIAZ LUIS, con domicilio en Santa Silvina, Bº sur , Chaco;
BAREA MIRTA ROSA, D.N.I. Nº 11.104.001, Presidenta Comuna de Gato
Colorado; Zona urbana;
ACOSTA PEDRO FLORENTINO;  D.N.I. Nº 7.880.638; Director Escuela Nº
954; Gato Colorado, zona Urbana;
OGDI ALBERTO ENRIQUE; D.N.I. Nº 7.875.358, Gato Colorado, Zona
urbana;
BREVEL PEDRO, D.N.I. Nº 12.828.179, Gato Colorado, Zona Urbana;
PENNA HORACIO; D.N.I. Nº 7.915.040, Gato Colorado, Zona Urbana;
FERREYRA AMELIA, D.N.I. Nº 3.964.014, Gato Colorado, Zona Urbana;
FLORES ROQUE  GENARO, D.N.I. Nº  6.337.107, Gato Colorado; Zona
Urbana;
GIORDANO MIGUEL; D.N.I. Nº 20.264..281, Esc. Nº 222, Gato Colorado;
Fortí Tacurú, Zona Rural;
FLORES CEFERINO ROQUE, D.N.I. Nº 17.930.3338, Gato Colorado, Zona
Urbana;
ACEVEDO ORLANDO, D.N.I. Nº 6.333.346; Gato Colorado, Zona Urbana;
INGENIERO AGRÓNOMO GONZALEZ CARLOS,  Santa Silvina, Chaco; Profesor
en la Escuela Polimodal de Gato Colorado Nº 356;
MEDICO VETERINARIO E INGENIERO AGRÓNOMO NAGEL OSCAR, Técnico
coordinador Grupo T.C.A. < Pequeños Productores< INTA, Gato
Colorado, Zona Urbana, Bº FO.NA.VI.;
BAREA ALFREDO DAVID; D.N.I. Nº 11.129..379, Escuela Nº222, Gato
Colorado; Fortín Tacurú, zona rural;
MEDICO VETERINARIO VALLEJO ALBERTO NICOLAS; Encargado del SENASA,
Tostado;


DOCUMENTAL:-
Ratidico  la acompañada en presentaciones anteriores :-
Certificación extendida por Juez de Paz de Gato Colorado a favor de
SÁNCHEZ JUAN CARLOS, de fecha 15/10/2002;
Certificación Policial de denuncia de Sánchez Juan Carlos c/ RAMELLO
CARLOS/  KOLLER JUAN ANADRES/ JUAN BARREÑA y PEREZLINDO JORGE
OVIDIO  fecha 15/10/2002;
Certificación Policial de denuncia de Sánchez Juan Carlos c/ KOLLER
JUAN ADRES, de fecha 25/02/2003;
Certificación Policial de denuncia (25/02/2003)  de Sánchez Juan
Carlos  de fecha 17/09/2003;
Certificación Policial de denuncia (04/07/2003)  de Sánchez Juan
Carlos c/ KOLLER JUAN ANDRES; de fecha 17/09/2003;
Certificación Policial de denuncia de Sánchez Juan Carlos c/ KOLLER
JUAN ANDRES; DE FECHA 23/10/20013;
Certificación Policial de denuncia de Sánchez c/ KOLLER JUAN
ANDRES,  de fecha 23/01/2004;
Certificación  Policial  de denuncia  de Fecha 05/04/2004;
Acta de constatación suscrita por el Dr. Vallejo Alberto Nicolás, de
fecha 12/10/2000;
Escrito de respuesta al Acta de constatación  suscrita por el Sr.
Sánchez Juan Carlos de fecha 27/10/200;
Solicitud de Asistencia Financiera; Secretaría de Agricultura,
Ganadería, Pesca y  Alimentación, Poder ejecutivo Nacional;
entregada en la comisión comunal de Gato Colorado en fecha
22/02/1999;
Copia de la demanda de Usucapión, e Incidente de Pobreza Expte. Nº
141/2004; incoada en fecha 13/04/2004 Juzgado Nº 15 de Distrito
Civil, Comercial y Laboral de Tostado;

Fotocopia  del petitorio realizado por los vecinos de Gato Colorado,
con motivo del atropello e injusticia de que fuera objeto, ante el
Senador correspondiente al Dpto. 9 de Julio; ante el Sr. Gobernador
de la Provincia, ante la Cámara de Diputados de la Provincia;
Copia Certificada de los recibos de arrendamiento del
establecimiento El Aibal para pastaje;
Toda esta documental se encuentra acompañada a los autos: "
PEREZLINDO , JORGE O. C/ RAMELLO CARLOS Y/U OTROS S/ PRETENSIONES DE
MANTENER  RECOBRAR, DESPOJO Y OBRA NUEVA COMO DESPOJO- EXPTE. Nº
394/00-JUZGADO DE 1º INSTANCIA DE DISTRITO CIVIL Y COMERCIAL Nº 15
DE TOSTADO" con motivo de  la última presentación realizada
como "Invocación de mejor derecho", incoada atento no se me notificó
el desalojo y tampoco se me había corrido traslado de la demanda.
Por lo que solicité al Sr. Presidente del Excma. Cámara de
Apelaciones en lo Penal de Rafaela le sean remitidos los autos de
referencia.
Que hoy el Juez García,( hoy ascendido) trata movilizar las
denuncias hechas por mí hace mas de tres años, en algunas ha
solicitado la avocación de un Con Juez, en otras siempre contrario a
derecho me sigue citando, aún cuando existe solicitud de Instrucción
por mis denuncias por parte del Fiscal, también se debe tener en
cuenta que el Fiscal que investiga mis denuncias es el fiscal de
Tostado y es el mismo que actúa como Fiscal del Juez García (hoy el
Juez es Rubén Cottet) en otras causas, o sea que soy un prisionero
de  esta "banda".




*Idea y texto;  Dr. Héctor Luis Baumann ( M. 2625 Fº97 Tº III )
y Dr. Eduardo Antonio Zerbini (M. 5072 Fº37 Tº IV)
  sanchjc@...





A un país*


A un país
súbitamente lejano
se me van
espantadas
la senectud de mi amado
y mi niñez.


Naar een land*


Naar een land
plots ver weg
trekken
verschrikt
de oude dag van mijn geliefde
en mijn kinderjaren.




*de Rolando Revagliatti. revadans@...
Castellano – Neerlandés. Traductor: Fa Claes





Conozco ese país*



*Jorge Guinzburg. jorge@...


El miércoles, poco antes de ir a terapia, sonó el teléfono de mi
casa. Al levantar el auricular la operadora me advirtió: "tiene una
llamada a cobrar desde el exterior, ¿la acepta?" La curiosidad le
ganó al cuidado de la economía y decidí pagar una costosa
comunicación de larga distancia sin saber a quién escucharía del
otro lado.
Reconocí entonces la voz de un viejo amigo a quien sabía de
vacaciones por Europa. Algo alterado, me narró, casi como en un
monólogo, una extraña historia vivida durante su viaje.
Todo comenzó —dijo para empezar— con un accidente de auto en una
carretera al sur de Francia. Nada importante, sólo unos rasguños y
un pequeño golpe en la cabeza. Sin embargo, perdí parte de la
memoria: podía relatar cada detalle de mi vida pero no recordaba de
dónde era. En pocos segundos me vi en la ambulancia. Yo pedí ir a
una clínica, pero me aconsejaron un hospital porque, según
explicaron, iba a estar mejor atendido. Al llegar, el médico de
guardia me hizo algunos estudios neurológicos algo tontos como
cerrar los ojos y tocarme la nariz con el dedo índice. Después,
frente a mi imposibilidad de contarle de dónde era, intenté darle
algunas pistas: allí donde vivo, cuando entro a un banco leo en
cuanta pared encuentro carteles advirtiendo la prohibición de hablar
por celular. Pero si miro los mostradores veo a los mismos empleados
del banco haciéndolo.
Otro recuerdo: un amigo vive en un country. Es muy raro; cuando lo
visito, guardias armados me detienen en la barrera, me interrogan,
lo llaman a su casa para ver si autoriza mi entrada y recién después
de copiar los datos de mi documento me permiten pasar. Sin embargo,
a pesar de tanta seguridad, este año ya hubo 18 asaltos violentos en
countries y barrios cerrados.
Tengo más amigos; están muy angustiados por la inseguridad vial y,
mientras no hablan de otra cosa, se pasan de carril, exceden la
velocidad permitida y cometen todas las faltas de transito posibles.
Otra cosa muy rara de mi país: mes a mes tengo la sensación de estar
pagando todo un diez por ciento más caro; sin embargo, la inflación
no llega al uno por ciento.
La economía es muy extraña allí, porque mientras las empresas van a
la quiebra, sus dueños cada vez tienen más dinero.
No me pregunte cuál es, pero allí en mi país, mientras hace unos
años, desde el ministerio de Economía nos empujaron hacia la
jubilación privada, hoy desde el mismo lugar nos entusiasman con
volver a la estatal. Además, no sé cuál es la razón pero, a igual
trabajo e idéntica remuneración y aporte, las mujeres cuando se
jubilan ganan menos que el hombre.
Es muy extraño, en mi patria, quisiera recordar su nombre, la misma
sociedad indignada por un barra brava prófugo dice muy poco frente a
tanto corrupto impune.
Otros datos curiosos: en las delegaciones deportivas siempre es
mayor el número de dirigentes que el de atletas; a igual trayecto,
un delivery siempre llega antes que una ambulancia aunque no tenga
sirena ni lo dejen pasar; mientras las cárceles están abarrotadas,
los delincuentes más grandes nunca están adentro; el mismo
empresario benefi ciado con un crédito blando de un banco oficial se
indigna por el subsidio de 150 pesos adjudicado a un desocupado;
mientras algunos funcionarios aseguran que la inseguridad ha
disminuido, los secuestros y crímenes ocupan cada vez más espacio en
los medios.
Lo sé, es un país extraño. La gente en los restaurantes suele
deleitarse con suculentos asados, con mollejas, chinchulines,
chorizo, morcilla, papas fritas, postres enormes y un café con
edulcorante sin calorías.
No me vas a creer —siguió mi amigo desde el teléfono—. Entonces el
médico me palmeó la espalda y me dijo "quédese tranquilo, amigo, con
esos datos su país no puede ser otro que la Argentina".

Le corté y, desde ese día, vivo aterrado mientras espero la factura
del teléfono.


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/03/18/z-03706.htm






Hoy, como ayer, el espectáculo debe continuar*



*Beatriz Sarlo bsarlo@...



Hace mucho tiempo, los circos y las ferias de diversiones ofrecían
la observación de monstruos, débiles mentales, mujeres barbudas,
falsos seres con dos cabezas, hombres-mono, niños salvajes que
habían sido criados por los lobos, bellas jóvenes cuyo cuerpo
parecía embutido en un florero por un juego de espejos, etc., etc.
Los empresarios vociferaban estas interesantes maravillas que
competían con los equilibristas, los magos y los domadores. La
mirada cruel no reprimía el deseo de espiar algo extraño a la
rutina, algo que fuera franca y totalmente revulsivo. Aunque hoy
parezca mentira, todavía en los años cuarenta un pintor sin manos
era parte, en Buenos Aires y sus alrededores, de esta oferta de
espectáculos sorprendentes que, de todos modos, ya había pasado de
moda.
En efecto, un cambio en la sensibilidad barrió estos
espectáculos "en vivo " del listado de atracciones y hoy nadie
encuentra divertido contemplar durante media hora a un hombre
enjaulado, emitiendo rugidos o rascándose como un gorila, mientras
el empresario cuenta que fue encontrado, a los veinte años, en un
bosque cercano a la aldea de donde había desaparecido de niño. Nadie
se atrevería tampoco a exponer como atracción circense un cuerpo
deformado por alguna enfermedad misteriosa, y un hombre-elefante,
con la cara cubierta por un plegamiento de capas de piel que caen
unas sobre otras, no podría viajar en la caravana de un circo.
Cuando los monstruos eran un número circense, ni escritores ni
periodistas consideraban que se trataba de algo inevitable, como si
fuera un tornado o una tormenta eléctrica. Pensaban, en cambio, que
los empresarios deberían prescindir de esas exhibiciones insultantes
y abstenerse de mostrar a esos desdichados. No querían simplemente
esconderlos como si no existiesen, sino darles un lugar más humano y
distante del reino de lo maravilloso siniestro donde se los ubicaba
a mitad de camino entre los
hombres y los animales.
Sin embargo, a una parte del público le encantaba esos espectáculos.
Visitaba las barracas de feria porque, a falta de otras diversiones,
allí trasponía una especie de puerta entre la vida cotidiana y el
mundo de la fábula, con sus engendros cuyas intrigantes
combinaciones disparatadas dejaban adivinar la existencia de otras
regiones, donde las formas cotidianas parecían sometidas a todas las
contorsiones.
El circo de monstruos era un cuento fantástico materializado; o una
especie de pesadilla de la que se salía y a la que se entraba con
conciencia y voluntad. Detrás de sus barrotes, los monstruos podían
ser
patéticos, melancólicos, repugnantes ,pero nunca amenazadores. Todo
era un juego, excepto para los enjaulados. Atravesar la puerta que
conducía a ese mundo bizarro era una aventura divertida, quizá
perturbadora, pero segura. Los mirones del monstruo percibían, antes
que nada, las rejas o el pequeño
escenario con sus luces, una escena que los separaba de ese ser
estragado por el destino, indefenso y muchas veces rugiente,
enloquecido pero inerme. Todo sucedía en dos planos separados: de un
lado, los "normales "; del otro, los "engendros ". Ni la desdicha,
ni la compasión atravesaban el límite entre el
espectáculo y sus espectadores. Se veía la desgracia o la deformidad
detrás de un vidrio. Con esa sensación (cómoda y excitante a la vez)
de estar a salvo que producen las tormentas debajo de un techo
sólido.
Vayamos a mirar un poco el monstruo, el hombre lobo, el niño
solitario del bosque, que no sabe marchar en dos piernas; pudimos
ser ellos, pero no lo somos.
Mirar el monstruo equivalía a mirar retrospectivamente un peligro
del que el espectador se había
salvado. La monotonía de ser uno mismo brilla unos minutos iluminada
por el alivio de no ser, como el otro, una pieza del circo. Estas
proezas de circo envejecieron y además todas las ideologías
contemporáneas denunciarían a quien se atreviera a mostrar a un ser
humano como espectáculo en el cual se lastimara su integridad física
o moral. Se diría que ese espectáculo es "degradante ", incluso si
alguien estuviera de acuerdo en exhibir su propia deformidad a
cambio del pago de una entrada. En ese caso, se diría que la
sociedad tiene el deber de defender esa dignidad que alguien está
dispuesto
a perder enceguecido por la necesidad de dinero o de fama. A nadie
se le ocurriría exhibir a la joven vietnamita que fue encontrada en
la selva después de muchos años, que no puede hablar y sigue
durmiendo acurrucada en el suelo.
Por supuesto, se condenaría la burla de las limitaciones físicas o
mentales que hoy son denominadas "capacidades diferentes ". Sin
embargo, el show-business tiene sus leyes de acero. La primera de
ellas es que siempre debe haber espectáculo, si es posible en
continuado, porque lo necesita el negocio. Los expertos en las
diversiones populares, que hoy se ocupan mayormente de la
televisión, sostienen que cuando mucha gente mira el mismo
espectáculo comparte los temas de conversación y nadie se siente
sapo de otro pozo. Los temas son singularmente tradicionales como es
hablar de la estupidez, la mezquindad o la deslealtad de los otros,
después de espiarlos un rato.


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2007/03/18/sociedad/s-01382715.htm







*


Queridas amigas, queridos amigos:


El domingo 18 de marzo del 2007 presentaremos en la Radiofabrik
Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de
Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música
Latinoamericana, música del compositor español Ángel Arranz. Las
poesías que leeremos pertenecen a Manoel Alves Calixto (Brasil) y la
música de fondo será de Wayna Picchu (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se
puede bajar gratis de internet)
!!!! Tengan porfavor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!



YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067





*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).

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#117 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 5 de Mar, 2007 11:21 am
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TIEMPO DE MI* 


    Hoy amaneció con lluvia, uno de esos días que los malos escritores describimos como grises. Pero es cierto que la lluvia calma y los cielos sin luces ni celestes reducen los gestos y aplacan los entusiasmos. Se agrisa, se enceniza, se cuela un género de monja de clausura en los ánimos, digamos en el ánima, por qué no, por qué temerle a la palabra ánima si no es fantasma tembloroso en el armario, si es la propia ánima, animalito asustado, recogido en un rincón húmedo de las propias clausuras y profundidades.
    Afuera llueve y se desdibuja el mundo. Arrastra la lluvia los sonidos, llueve notoriamente hacia los suelos, se mojan las plumas de los pájaros y no hay redención para las canciones que quedan en el fondo de la garganta. Si, llueve sin viento, sin emoción, llueve sin ganas.
    Decimos que hace un tiempo horrible; tiempo como eso que sucede afuera, el clima aquí en la ciudad o en el campo, esa cosa determinada por la estación, los vientos, las rotaciones de los astros. No el tiempo en horas y minutos sino el tiempo de sol o lluvia, un efímero tiempo de mirar por la ventana y decir “hace un tiempo horrible”. El tiempo de nuestro pequeño espacio alrededor. Tiempo de manga corta o pantalones largos, de lana o algodón. Un tiempo de temperatura y humedad, el que anuncian por la radio y que constatamos al través de los vidrios empañados.
    Alguno tendrá la coraza que provee un estado de dicha. No me ocurre hoy. Coincide punto por punto el tiempo de allá afuera con el que se me ha instalado por adentro. Me miro en el espejo, me digo “mañana saldrá el sol” y no lo creo.
    Lo sabe el hornero que ya revuelve el palito en el barro para reparar su casa, la torcaza que busca ramitas para su nido endeble. Lo sabe la perra que se lame morosamente una pata. Lo sabe la mendiga de turbante, que ha dejado su bolsa bajo un alero, y pacientemente deja que el tiempo transcurra sobre ella. Los niños lo saben, haciendo planes para ir a pescar cuando escampe, para jugar a la pelota, para recuperar la vereda.
    Parece que sólo dudo yo de que mañana el cielo vaya a azularse gozosamente. Será que el tiempo de afuera es tiempo de mi. Ya va a pasar. Por hoy, me fundo en esta escala de grises, el tiempo gris me pertenece. Me digo gravemente “mañana saldrá el sol”. Hoy no, hoy me llueve.

                                                                             
 
*de Mónica Russomanno.  russomannomonica@...


 
 
 
 
 
 
RITO*

 
Celebramos nuestro rito cada día
adorando a nuestro dios rectangular.
Rendimos culto a una pantalla
o a las fugaces sombras que la habitan.

Reímos a la hora de la risa,
lloramos cuando el llanto es la consigna,
nos postramos ante el último profeta
salido de las entrañas de un sohwtime
y adoramos sin mesura la sublime palabra
de modernos predicadores con corbata
que nos hablan de los muertos convenientes,
de los que son noticia, de aquellos que no mueren
en oscuras callejas o al borde de una idea,
de aquellos que no caen de un andamio
ni llenan sus pulmones de inmundicia
en el oscuro fondo de una fábrica
o en los túneles ciegos de una mina.

Pero también esos cadáveres anónimos
que mueren día a día sin violencia
en el turbio corazón de la metrópoli
son una herida en el alma de las nubes.

Yo canto por los muertos que se miran
el rostro cada día en los espejos;
canto sus ojos graves, resignados,
su desencanto crónico, su antiguo
cansancio que no cesa.
Yo canto por los muertos
de los que nadie habla, los anónimos
silenciosos fantasmas ambulantes
que no siembran estelas ni levantan
murmullos a su paso, los que venden
su tiempo en una esquina, los que callan
y dejan que la vida les aplaste
sin un grito ni un gesto ni una lágrima.


* de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
 
 
 
 
 
Gauchito*
 
me honraron la vereda jóvenes mixtos
[simpáticos y bienintencionados
dirigiéndoseme
cuando sentadito en el umbral de la pensión
[de floresta me hallaba
de gaucho y con rouge en un atardecer carnavalero
nos vendían los turcos
(ahí vienen los turcos)
nos mangueaban las monjitas
(ahí vienen las monjitas)
nos cobraba el alquiler el propietario
(ahí viene el propietario)
nos adivinaban la suerte las gitanas
(ahí vienen las gitanas)
y la cotorrita de la suerte también nos adivinaba
[la suerte
y no paso por alto
al monito de la suerte y al cuco
al hombre de la bolsa (su primo)
al colchonero al botellero a la policía
a toda clase de mendigos
 
*de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
Cómo escribo*

*Italo Calvino
 
Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.
Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como
desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.
Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.
Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy
autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.

 
 
 
 
Discurso Político*

 
Verdades a medias,
      mentiras encubiertas,
         promesas imposibles de cumplir.

     Irregularidades administrativas,
            cohechos, indultos,
              abusos de poder.

    Vaciamientos,
         injusticias de todo tipo,
                insensibilidad social.

    Connivencia con el delito,
        nepotismo, amiguismo
                y clientelismo.

Ambiciones desmedidas,
        conflictos de poderes,
           corrupción sistemática.

Asistencialismo,
        paternalismo
         y economicismo.

Ineptitud de funcionarios,
   carencia de vocación de servicio,
                  malversaciones y mala fe.

Cultura reprimida,
    educación postergada,
          salud pública negada.

Intenciones perversas,
              impunidad para el crimen,
                   mayor riqueza para pocos.

Impuestos y servicios absurdamente altos,
                  hambre, desempleo e inseguridad.
                    Mayor pobreza para muchos.

Discriminación y racismo,
     pasado olvidado y futuro siniestro...
Todo a su alcance
en cualquier página del discurso político.

                             
 
*de María Rosa León. mrleon003@...
 -Del libro "Piedra pequeña" LEO - 2002
 
 
 
 
 
 
ARMARIOS*
 
 
El primer mueble que se abría obedeciendo a mi voluntad fue la cómoda. Tenía que tirar tan sólo del tirador y la puerta saltaba, empujada por el muelle. Dentro se guardaba mi ropa. Entre mis camisas, calzoncillos, camisetas que deben de haber estado allí y de los cuales no recuerdo nada, había, no obstante, algo que no se ha perdido y que hacía que el acceso a este armario  me resultase una y otra vez seductor y fantástico. Tenía que abrirme camino hasta el rincón más recóndito; entonces daba con mis calcetines que estaban amontonados allí, enrollados y plegados según antiquísima costumbre, de forma que cada uno de los pares presentaba el aspecto de una pequeña bolsa. Para mí no había mayor placer que el meter mi mano lo más profundo en su interior; no sólo por el calor de la lana. Era la "tradición" la que, enrollada en su interior, tomaba siempre en mi mano y que me abría de esta manera hacia la profundidad. Cuando la tenía abrazada con la mano, y me había asegurado en lo posible de la posesión de la masa suave i lanuda, entonces comenzaba la segunda parte del juego, que conducía a la revelación emocionante. Pues ahora me disponía a desenvolver "la tradición" de su bolsa de lana. La aproximaba cada vez más hacia mí, hasta que se obraba lo más sorprendente, que "la tradición" saliese por completo de su bolsa, en tanto que ésta dejaba de existir. No me cansaba nunca de hacer la prueba de esta verdad enigmática: que forma y contenido, el velo y lo velado, "la tradición" y la bolsa, no eran sino una sola cosa. Y había algo más, un tercer fenómeno, aquel calcetín en el cual se convertían las dos. Si ahora pienso cuán insaciable fui para conseguir este milagro, me siento tentado a suponer que mis artificios no fueron sino la pequeña pareja hermanada de los cuentos que igualmente me invitaban al mundo de la fantasía y de la magia para acabar por devolverme de la misma infalible manera a la simple realidad que me acogía con el mismo consuelo que un calcetín. Pasaron años. Mi confianza en la magia ya se había perdido y hacían falta estímulos más fuertes para recobrarla. Empecé a buscarlos en lo extraño, lo horrible y lo fantástico, y también esta vez era ante un armario donde trataba de saborearlos. El juego, no obstante, era más atrevido. Se había acabado la inocencia, y fue una prohibición la que lo creó. Y es que tenía prohibidos los folletos en los que me prometía resarcirme con creces del mundo perdido de los cuentos. Por cierto, no comprendía los títulos: "La Fermata" "El Mayorazgo" "Haimatochare". Sin embargo, de todos los que no comprendía, debía responderme el nombre de Hoffmann, "el de los fantasmas" y la seria advertencia de no abrirlo jamás. Por fin logré llegar a ellos. Sucedía algunas veces por la mañana, cuando ya había vuelto del colegio, antes de que mi madre regresara del centro y mi padre de los negocios. En tales días me iba a la biblioteca sin perder el más mínimo tiempo. Era un extraño mueble; por su aspecto no se veía que albergara libros. Sus puertas, dentro de los bastidores de roble, tenían unos cuarterones que eran de cristal, es decir se componían de pequeños cristales emplomados, cada uno separado de los otros por unos rieles de plomo. Los vidrios eran de color rojo y verde y amarillo, y totalmente opacos. De esta manera, el vidrio no tenía sentido en esta puerta, y como si quisiera tomar venganza por el destino que le deparaba este uso impropio, brillaba con unos reflejos enojosos que no invitaban a nadie a acercarse. Pero, aunque me hubiese afectado entonces el ambiente malsano que rodeaba ese mueble, no hubiese sido un estímulo más para el golpe de mano que tenía proyectado a esta hora silenciosa, peligrosa y clara de la mañana. Abría bruscamente la puerta, palpaba el volumen que no había que buscar en la primera fila sino detrás, en la oscuridad, y hojeando febrilmente abría la página donde me había quedado; sin moverme, comenzaba a recorrer las páginas delante de la puerta abierta, aprovechando el tiempo hasta que vinieran mis padres. De lo que leía no comprendía nada. Sin embargo, los terrores de cada una de las voces fantasmales y de cada medianoche, de cada maldición, aumentaban y se extremaban por los temores del oído que esperaba en cualquier momento el ruido de la llave y el golpe sordo con el que, fuera, el bastón de mi padre caía en la bastonera. Un indicio de la posición privilegiada que los bienes espirituales mantenían en casa era que este armario fuera el único entre todos que quedara abierto. A los demás no había otro acceso que la cestita de las llaves que acompañaba en aquella época a cualquier ama de casa por todas las partes del hogar, la cual, no obstante, era echada de menos a cada paso. El ruido del montón de llaves al revolverlas precedía cualquier faena en la casa. Era el caos que se revelaba antes de que se nos presentase la imagen del orden sagrado detrás de las puertas de los armarios abiertos de par en par como el fondo de un relicario del altar. También a mí me exigía veneración e incluso sacrificio. Después de cada fiesta de Navidad y de cumpleaños había que decidir cuál de los regalos había que ofrendar al "nuevo armario" del que mi madre me guardaba las llaves. Todo lo que se encerraba permanecía nuevo por más tiempo. Yo, en cambio, no pensaba conservar lo nuevo, sino renovar lo antiguo. Renovar lo antiguo mediante su posesión era el objeto de la colección que se me amontonaba en los cajones. Cada piedra que encontraba, cada flor que cogía y cada mariposa capturada, todo lo que poseía era para mí una colección única. "Ordenar" hubiese significado destruir una obra llena de castañas con púas, papeles de estaño, cubos de madera, cactus y pfennigs de cobre que eran, respectivamente, manguales, un tesoro de plata, ataúdes, palos de tótem y escudos. De esta manera crecían y se transformaban los bienes de la infancia en los anaqueles, cajas y cajones. Lo que antaño pasaba de una casa de campo a formar parte del cuento -aquel último cuarto que está vedado a la ahijada de la Virgen María- en una casa de ciudad queda reducido al armario. El más sombrío entre los muebles de aquella época fue el aparador. Lo que era un comedor y su misterio sólo podía apreciarlo quien lograba explicarse la desproporción de la puerta con el aparador ancho y macizo cuyas cimas llegaban hasta el techo. Parecía tener unos derechos heredados sobre su espacio, lo mismo que sobre su tiempo, en el cual se erguía como testigo de una identidad que en épocas remotas podría haber unido los bienes inmuebles con los muebles. La limpiadora, que despoblaba todo por doquier, no podía con él. Sólo podía quitar y amontonar en un cuarto de al lado los enfriadores de plata, las soperas, los jarrones de Delft y mayólicas, las urnas de bronce y las copas de cristal que estaban en los nichos y debajo de las hornacinas, en sus terrazas y estrados, entre los portales y delante de sus revestimientos. La elevada altura donde ocupaban su trono anulaba todo uso práctico. Con razón el aparador se asemejaba en eso a los montes cubiertos de templos. Además, podía exhibir unos tesoros tales como los que a los ídolos les gusta rodearse. El día más oportuno para ello era cuando se daba alguna fiesta. Ya a mediodía se abría la montaña dejándome ver el tesoro de plata de la casa en sus galerías cubiertas de un terciopelo parecido a musgo verde gris. De todo lo que allí yacía no sólo se podía disponer diez, sino veinte y hasta treinta veces.
Y cuando veía estas largas, larguísimas filas de cucharitas de moca y posacubiertos, cuchillos para pelar fruta y desbulladores de ostras, se mezclaba el goce de ver tanta abundancia con el temor de que aquellos a quienes se esperaba se parecieran los unos a los otros como nuestros cubiertos.
 
 
*De Walter Benjamin. "Infancia en Berlín hacia 1900"
Alfaguara, Bs. As. Edición de 1990.
 
 
 
 
 
 
Poemas de un día y de otro día*

 
Lento poema de sábado a la noche – anotación de luz con pluma de fierro y tinta negra – verano, ya – agobio tras la virazón del día – perdurante – el ejercicio mitiga un poco tánto – la cada letra parece de rocío – de leche de nube – de caricia de río – desanudado, el tiempo pasa rápido y réquete rápido – eso me da alegría – alivio – celebro con lento poema – adrede, a propósito – impermanencia, hay – tránsito como de andadura – el lenguaje se queda por acá, calladito – imitándome . . .
*
Anoto en domingo ojalá poema mientras llueve agua del ojalá cielo y tengo las manos del cuerpo sensitivo puestas a disposición de la luz permanente –

Yo no sé si la luz dictará algo transmigo, digamos, querrá comunicar otra vez un consuelo –

Estoy anotando a salvo de intemperie una letra graciosa que saluda y espera y sonríe –

Las gotas caen dejándose oir de a una milagro del misterio y allí está el poema . . .


*de Horacio C. Rossi. terrazio@...
 
 
 
 
 
 
Escribir un cuento*

*Raymond Carver
Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar los muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas.
Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atención se despistaba; y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy
tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicación a la poesía y a la narración corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdí toda ambición, toda gran ambición, cuando andaba por los veintitantos años. Y creo que fue buena cosa que así me ocurriera. La ambición y la buena suerte son algo magnífico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambición desmedida, acompañada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montón de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la única manera posible de contemplar las cosas, la única contemplación exacta, la única forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo más. El mundo según Garp es, por supuesto, el
resultado de una visión maravillosa en consonancia con John Irving. También hay un mundo en consonancia con Flannery O'Connor, y otro con William Faulkner, y otro con Ernest Hemingway. Hay mundos en consonancia con Cheever, Updike, Singer, Stanley Elkin, Ann Beattie, Cynthia Ozick, Donald
Barthelme, Mary Robinson, William Kitredge, Barry Hannah, Ursula K. LeGuin... Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. Algún día escribiré ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegaré en la pared, detrás de mi escritorio... Entonces tendré al menos esa ficha escrita. "El esmero es la ÚNICA convicción moral del  escritor". Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa "única convicción  moral", deberá rastrearla sin desmayo.
Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov:... Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible.
Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas.
Palabras que también tienen su misterio. Porque, ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello.
Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco.
Sólo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con no prestarles la atención que reclaman. Pero también una escritura minuciosa, puntillosa, o plúmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aún a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Hace unos meses, en el New York Times Books Review, John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la "innovación formal", y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba
Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta "pop". Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de "innovaciones formales" en la narración. Muy a menudo, la "experimentación" no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar -y maltratar, incluso- a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá sólo resulte interesante para un puñado de especializadísimos científicos.
Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas -Barthelme, por ejemplo- no puede ser imitada luego por otro escritor.
Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scene, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos -una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer- con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado.
Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Nabokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la
escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.
En una ocasión decía Evan Connell que supo de la conclusión de uno de sus cuentos cuando se descubrió quitando las comas mientras leía lo escrito, y volviéndolas a poner después, en una nueva lectura, allá donde antes estuvieran. Me gusta ese procedimiento de trabajo, me merece un gran respeto tanto cuidado. Porque eso es lo que hacemos, a fin de cuentas. Hacemos palabra y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. El propio sentido de lo artístico que tenga el autor no debe ser comprometido por nosotros. Henry James llamó "especificación endeble" a este tipo de desafortunada escritura.
Tengo amigos que me cuentan que deben acelerar la conclusión de uno de sus libros porque necesitan el dinero o porque sus editores, o sus esposas, les apremian a ello. "Lo haría mejor si tuviera más tiempo", dicen. No sé qué decir cuando un amigo novelista me suelta algo parecido. Ese no es mi problema. Pero si el escritor no elabora su obra de acuerdo con sus posibilidades y deseos, ¿por qué ocurre tal cosa? Pues en definitiva sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor, de haber elaborado una obra que nos deje contentos. Me gustaría decir a mis amigos escritores cuál es la mejor manera de llegar a la cumbre. No debería ser tan difícil, y debe ser tanto o más honesto que encontrar un lugar querido para vivir. Un punto desde el que desarrollar tus habilidades, tus talentos, sin justificaciones ni excusas. Sin lamentaciones, sin necesidad de explicarse.
En un ensayo titulado "Escribir cuentos", Flannery O'Connor habla de la escritura como de un acto de descubrimiento. Dice O'Connor que ella, muy a menudo, no sabe a dónde va cuando se sienta a escribir una historia, un cuento... Dice que se ve asaltada por la duda de que los escritores sepan realmente a dónde van cuando inician la redacción de un texto. Habla ella de la "piadosa gente del pueblo", para poner un ejemplo de cómo jamás sabe cuál será la conclusión de un cuento hasta que está próxima al final: "Cuando comencé a escribir el cuento no sabía que Ph.D. acabaría con una pierna de madera. Una buena mañana me descubrí a mí misma haciendo la descripción de dos mujeres de las que sabía algo, y cuando acabé vi que le había dado a una de ellas una hija con una pierna de madera. Recordé al
marino bíblico, pero no sabía qué hacer con él. No sabía que robaba una pierna de madera diez o doce líneas antes de que lo hiciera, pero en cuanto me topé con eso supe que era lo que tenía que pasar, que era inevitable."
Cuando leí esto hace unos cuantos años, me chocó el que alguien pudiera escribir de esa manera. Me pereció descorazonador, acaso un secreto, y creí que jamás sería capaz de hacer algo semejante. Aunque algo me decía que aquel era el camino ineludible para llegar al cuento. Me recuerdo leyendo una y otra vez el ejemplo de O'Connor.
Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su primera frase me dio la pauta a seguir. Durante días y más días, sin embargo, pensé mucho en esa frase: Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono. Sabía que la historia se encontraba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a partir de ese comienzo podría crecer, hacerse el cuento, si le dedicaba el tiempo necesario. Y encontré ese tiempo un buen día, a razón de doce o quince horas de trabajo.
Después de la primera frase, de esa primera frase escrita una buena mañana, brotaron otras frases complementarias para complementarla.
Puedo decir que escribí el relato como si escribiera un poema: una línea; y otra debajo; y otra más. Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que había esperado ponerme a escribir.
Me gusta hacerlo así cuando siento que una nueva historia me amenaza. Y siento que de esa propia amenaza puede surgir el texto. En ella se contiene la tensión, el sentimiento de que algo va a ocurrir, la certeza de que las cosas están como dormidas y prestas a despertar; e incluso la sensación de
que no puede surgir de ello una historia. Pues esa tensión es parte fundamental de la historia, en tanto que las palabras convenientemente unidas pueden irla desvelando, cobrando forma en el cuento. Y también son importantes las cosas que dejamos fuera, pues aún desechándolas siguen implícitas en la narración, en ese espacio bruñido (y a veces fragmentario e inestable) que es sustrato de todas las cosas.
La definición que da V.S. Pritcher del cuento como "algo vislumbrado con el rabillo del ojo", otorga a la mirada furtiva categoría de integrante del cuento. Primero es la mirada. Luego esa mirada ilumina un instante susceptible de ser narrado. Y de ahí se derivan las consecuencias y significados. Por ello deberá el cuentista sopesar detenidamente cada una de sus miradas y valores en su propio poder descriptivo. Así podrá aplicar su inteligencia, y su lenguaje literario (su talento), al propio sentido de la proporción, de la medida de las cosas: cómo son y cómo las ve el escritor; de qué manera diferente a las de los más las contempla. Ello precisa de un lenguaje claro y concreto; de un lenguaje para la descripción viva y en detalle que arroje la luz más necesaria al cuento que ofrecemos al lector.
Esos detalles requieren, para concretarse y alcanzar un significado, un lenguaje preciso, el más preciso que pueda hallarse. Las palabras serán todo lo precisas que necesite un tono más llano, pues así podrán contener algo.
Lo cual significa que, usadas correctamente, pueden hacer sonar todas las notas, manifestar todos los registros.

 
 
 
 
 
 
JORNALEROS*

 
Jornaleros que habéis cobrado en plomo
sufrimientos, trabajos y dineros.
Cuerpos de sometido y alto lomo:
jornaleros.

Españoles que España habéis ganado
labrándola entre lluvias y entre soles.
Rabadanes del hambre y el arado:
españoles.

Esta España que, nunca satisfecha
de malograr la flor de la cizaña,
de una cosecha pasa a otra cosecha:
esta España.

Poderoso homenaje a las encinas,
homenaje del toro y el coloso,
homenaje de páramos y minas
poderoso.

Esta España que habéis amamantado
con sudores y empujes de montaña,
codician los que nunca han cultivado
esta España.

¿Dejaremos llevar cobardemente
riquezas que han forjado nuestros remos?
¿Campos que ha humedecido nuestra frente
dejaremos?

Adelanta, español, una tormenta
de martillos y hoces: ruge y canta.
Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta
adelanta.

Los verdugos, ejemplo de tiranos,
Hitler y Mussolini labran yugos.
Sumid en un retrete de gusanos
los verdugos.

Ellos, ellos nos traen una cadena
de cárceles, miserias y atropellos.
¿Quién España destruye y desordena?
¡Ellos!¡Ellos!

Fuera, fuera, ladrones de naciones,
guardianes de la cúpula banquera,
cluecas del capital y sus doblones:
¡fuera, fuera!

Arrojados seréis como basura
de todas partes y de todos lados.
No habrá para vosotros sepultura,
arrojados.

La saliva será vuestra mortaja,
vuestro final la bota vengativa,
y sólo os dará sombra, paz y caja
la saliva.

Jornaleros: España, loma a loma,
es de gañanes, pobres y braceros.
¡No permitáis que el rico se la coma,
jornaleros!
 
 
 
*De Miguel Hernández
 


 
 
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#116 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 22 de Feb, 2007 11:58 am
Asunto: LA CONCIENCIA DE LO EFÍMERO
inventivasocial
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Preludio para un adiós*


Creo que después
de esta serie indefinida
de idas y vueltas,
de encuentros y desencuentros,
de amor y desamor,
no cabe otra cosa
más que un simple
muy simple adiós.



*de María Rosa León. mrleon003@...
Del Libro: "Al Natural" (Leo 2003)





La conciencia de lo efímero



Ciencias imaginantes*



*Por Miriam Cairo. cairo367@...


La flor
Sé que durante mucho tiempo oíste en la oscuridad de tu cuarto,
voces que decían "odiamos la sombra de tus pájaros. Odiamos la flor
morbosa del gladiolo". Qué podías hacer. Cansarte de ciertas ideas.
Cansarte de los emisores de esas ideas era simplemente una
posibilidad. Tempranamente tus piernas perdieron el camino de las
piernas buenas.
Aquella tarde en que la mala noticia de tu desobediencia se empezó a
divulgar con murmullos negros por toda la casa, cerraron la puerta
de tu habitación y no gritaste. Para qué. No iba a ser la primera
vez que te dejaban sola con Dios, y por compromiso te agachaste para
besarle los zapatos. Nada más. Podrías haber degollado tus muñecas.
Podrías haberle hablado amorosamente a las paredes, pero tuviste un
gran acto de sobriedad y es justo que lo aceptes.


La idea
Habrías podido estudiar química durante muchos años para no
escribir. Para no perder tanto tiempo inútilmente. Si hubieras hecho
caso, no escribir te habría parecido natural. Tu suplicio no sería
entonces de los peores a los que puede estar condenado un afligido:
ser feliz. Perder tanto tiempo en algo que no sirve y que sin
embargo te hace tan feliz, es tu idea actual de vos misma.


El crepitar
Cuando te encerraban a solas con Dios, para castigarte, habrías
podido darle un empujón y dejarlo tullido para el resto de su
existencia. Pero nunca te gustaron los enviones ni las reacciones
obvias y otra vez elegiste la discreción de tu silencio. Adivino en
todo esto el origen de tu serenidad. Como cuando tiempo atrás
elegiste no cerrar los ojos ante la muerte de tu padre. Dios no
andaba por la casa en esas tardes en que escuchabas sus gritos de
dolor. El Creador ejercía su paciencia universal por los cielos
inmensos mientras vos apuntalabas con temblores, uno por uno tus
seis años. La pena es como una lluvia suave que no cesa.


El barco
Yo me acuerdo. Venías de tan lejos cuando la tarde se movía como un
barco. En tu habitación primero aprendiste a decirle adiós a tu
padre y luego, a darle la bienvenida a la soledad. A partir de
entonces te negaste a llevarle el almuerzo a Dios y los castigos se
multiplicaron. Vivías a salvo adentro de tu cuarto. Por la ventana
veías a Dios repartir caramelos a los niños obedientes. Los
caramelos te daban asco.


El crimen
Ahora, por suerte, Dios ya está muerto. No sobrevivió a tu golpe y
vos estás aquí por la valentía de tus actos. A él lo lloró la gente
venerable. Pero no hay muerte que no mate ni memoria que olvide. Los
silencios son demonios de los ríos y de las fuentes y de las niñas
que infunden un terror inexplicable.
Tu crimen fue perfecto. Mataste a Dios pero no encontraron tus
huellas digitales. No hubo noticia en los periódicos. La
criminalidad infantil es inmemorial e infalible. Se mete adentro del
propio organismo.
Las penitencias se multiplicaban pero vos ya no tenías nada que ver
con las jaulas ni con el mundo. Crecías día tras días, años tras
años sobrellevando cada vez un castigo nuevo en la oscuridad de tu
calma. El mundo en el que te querían hacer entrar quedaba lejos.


La soledad
Aquellas mañanas en que tu soledad se dedicaba a crecer con dulzuras
y suplicios, ibas aprendiendo de su boca el idioma de la desolación.
Ella, para engañarte te decía la verdad y la verdad nunca era muy
distinta de la mentira.
Tenías miedo de vivir en esa casa. Tenías miedo de no vivir en esa
casa. Así era tu corazón. Perdido. No tenía la menor perspectiva.
Aún hoy sigue teniendo muy distorsionada la visión de las cosas. No
podrás borrar nunca esa mancha de su naturaleza. Limpiar la
naturaleza de un corazón puede intentarse de cincuenta maneras
diferentes, pero me parece que no es sino el misterio de ese
corazón. Un corazón es algo peligroso. Sin su mancha podría
condenarnos a la muerte.


El no de la niña
Hasta que los años te trajeron el deseo de salvarte. Ya se habían
agotado los botes de salvataje y el barco se ladeaba hacia la
izquierda. Entonces fuiste tu propio caballo. Fuiste las alas de tu
propio caballo. La realidad de tu huída. Ya no pensaste que ese mal
modo de hablar de vos era una horrible forma de amarte.
El caballo y el crimen te llevaron a la escritura. A las palabras
nadie las adopta. Son aprendizaje de una enseñanza desconocida. No
todo lo escrito has pronunciado.
Allá ibas, para mayor inseguridad, atravesando la línea
obstinadamente curva del horizonte. Allá ibas empolvada, lumínica,
circundante. Al mirarte, yo no presentía nada. Pero de pronto
brotaban en mi mente muchedumbres inmensas. Un millón, dos millones
de ángeles corriendo a una niña extraviada. La imaginación te ardía
como una mecha y me lo hacías ver. Desmelenada y sollozante, la niña
se deshacía en el polvo del camino. Los ángeles quedaban
boquiabiertos ante el no de la niña. Pero ellos ignoraban hasta qué
punto ese desaire podía influir en la muerte de una estructura
celeste.


El caballo
Sobre tu caballo, siempre supiste lanzarte verticalmente al espacio
de las palabras. Hoy, muchos no saben que hasta el mare mágnum de tu
escritura es algo preciso. Riguroso como el álgebra. Tus palabras
son ideas del tumulto del mundo.
Con una cuchara de palo podrías beber el ron de los desesperados.
Podrías comerte los ojos de la noche. Y no por ello tu conciencia
reflexiva dejaría de llevarte a acontecimientos más claros.
Cuando escribís, todo se retuerce, se infla, temblequea. A veces no
te importa nada y te quedás detrás del horizonte revoloteando
alrededor del sol. Quién pudiera entonces comprenderte. No todo lo
que tu pluma dice es recomendable, o cierto, o inteligible. Pero es
útil para tu inutilidad. Es cuerdo para tu locura. ¿Por qué los
estudios de biología podrían haber hecho de vos algo más provechoso?
Lo primero que pienso es que las fórmulas químicas te darían por
resultado ciencias imaginantes.


*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-7436-2007-
02-22.html





Jueves, 22 de Febrero de 2007
El dilema de Cuba*


Por Horacio González *


Después, uno se entera que la discusión ya estaba planteada. Pero
escuchar en la Feria del Libro cubana el discurso inaugural del
ministro de Cultura, Abel Prieto, afirmando que la memoria literaria
de Cuba se compone también de Cabrera Infante, Reynaldo Arenas y
Heberto Padilla no deja de provocar una sacudida, un rasguido en la
memoria, a la vez de asombro y de alivio.
También César López, el poeta al que la Feria le era dedicada, fue -
si cabe- más preciso. Su genealogía poética, desgranada ante Raúl
Castro, compuso el álbum barroco de toda la familia poética cubana,
como si un gran cencerro olvidado llamara nuevamente a todos. ¿Quién
no atravesó en su momento por la
lectura y la discusión de esos autores, enfrentados a la Revolución?
¿Es necesario hablar de rehabilitación? La expresión no es adecuada,
si con ella queremos mencionar a una clase política que cierta vez
aparta y otra vez invita, que una vez relega y otra permite subir
nuevamente a escena.
No, lo que se vio en la Feria del Libro de Cuba es algo que
trasciende las alternativas de flexibilidad o porosidad con que un
Estado percibe las vidas literarias, sea si las protegiese, sea si
las perdonase. Se trata de lo que parece una reflexión generalizada
sobre el modo en que Cuba presenta ahora su destino, o mejor, la
ansiedad por su destino.
La Feria del Libro en Cuba es jovial, multitudinaria, cubierta de
fritangas y con miles de familias haciendo pic-nic en el pasto,
dentro de la gran fortaleza histórica. Es una peregrinación popular
formidable, con trabajadores sociales ordenando las extensas colas y
libritos infantiles a precio ínfimo, que los padres les iban leyendo
ahí mismo a sus hijos como un déjeneur sur l'herbe que cambia el
bucolismo hedónico por un hedonismo social popular, un modesto y
emocionante placer colectivo que crea copiosa cantidad de lectores.
Pero en paralelo a ese espectáculo de masas, aglomeradas en una gran
ciudad medieval -el vasto Fuerte lo parece-, se desarrolla el drama
intelectual cubano. Hace varias semanas, como introduciendo un duro
elemento desafiante en la tensa vigilia, un programa de televisión
de una "vieja guardia política" -digamos así- recordó la presencia
de un ex ministro de Cultura que en su momento había trazado
fronteras y excomuniones. Las protestas no se hicieron esperar, y
funcionaron los mails, esos serpenteantes palimpsestos, esos
diseminados timbales de acción que a todos nos abarcan, y a los que
Cuba recién asoma.
El resultado fueron aquellas palabras de Prieto y de López, no
dichas por primera vez, pero sí amplificadas en la Feria del Libro.
Nos dejaron ver y nos ofrecieron, a los visitantes, la naturaleza
íntima de un debate del que de alguna manera dependen las naciones,
y del que ahora imaginamos que
depende Cuba. No se trata de una dispensa ritual, sea glasnost,
perestroika o majestática concesión. Va mucho más allá de eso, y si
fuera solo eso, quizá no resultaría. Esa noche de la inauguración de
la Feria, el ministro Prieto usó toda clase de prosopopeyas... "Como
tú sabes, Raúl", "como ya lo hemos conversado, Raúl...",
dirigiéndose al hombre silencioso de la primera fila que personifica
ahora el máximo poder en Cuba. No es que Raúl Castro no hable. A
quienes no lo conocíamos en persona nos sorprendió en el Palacio de
la Revolución contando interminables historias, basadas en el
recuerdo de la
guerra lejana, cuando todos eran muy jóvenes.
Pero parece tener bien presente lo que se ha dicho en la Feria. No
en vano los jóvenes intelectuales en funciones de gobierno que lo
rodean lo han interpelado -como también los escritores y artistas
cubanos que ahí lo saludaban por primera vez-, para hacer y hacerle
sentir la fuerza cultural diversa y pletórica con la cual discurre
nuevamente la historia contemporánea de Cuba, a fin de tener la
chance de una reevaluación, de una revisión intrépida del memorial
literario nacional. Es como si las modificaciones en el vivir cubano
que sobrevengan, que seguro no serán copia de nada ya establecido,
sino que surgirán de su propia trama de descubrimientos y
necesidades, pudiesen ser anunciadas en ese gesto de
reaglutinamiento simbólico del patrimonio poético que tuvo lugar en
la Feria.
Viendo la arquitectura histórica de La Habana, con sus mármoles
rotos y su aroma mudéjar, que se corresponde con la literatura de
Lezama Lima y la pintura de Portocarrero, se puede percibir que
calladamente la ciudad estaba pidiendo -debía hacerlo por su propia
naturaleza- todo lo que se vio en la Feria. En el reportaje de
Ignacio Ramonet a Fidel Castro, libro que en la Feria salía, según
diríamos, como pan caliente, se lee que los grandes hombres públicos
siempre quedan en la historia con menos significación que
Shakespeare, y que Napoleón es menos conocido que el cognac que
lleva su nombre. Y también, que Hemingway expresaba en sus novelas
una "sed de aventuras" a las que como escritor tenía menos
oportunidades de acceder.
Todo dicho por el hombre que ahora está en su lecho, informado de
todo pero no interfiriendo en nada. ¿Contradicciones?
Quizás está planteado aquí el dilema de la historia, el dilema que
Cuba propuso en su Feria del Libro ante nosotros, los testigos, los
amigos argentinos. Podría traducírselo así: sin el peso de lo que la
literatura le ofrece a la historia, nada pueden los países, porque
la literatura puede no ser la política ni el Estado, pero puede
manifestar la ansiedad por la aventura del sujeto práctico. Y ante
la aventura literaria, la institución del poder y el mismo político
realizativo se sienten necesarios, pero deben
cultivar su propia conciencia de lo efímero, que también es
conciencia práctica.

* Director de la Biblioteca Nacional.

-Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-80711-2007-02-22.html






Para reescribir la noticia.



TIENE 8 AÑOS Y ESTABA BUSCANDO TORNILLOS EN UN BASURAL
Una excavadora le arrancó un pie a un nene*



*Marta Platía  CORDOBA. CORRESPONSAL
cordoba@...

En el mismo basural a cielo abierto en el que todos los días busca
tornillos y cartones para ayudar a su mamá -quien luego los vende
para sobrevivir- Rubén Lionel, un nene de ocho años, ayer perdió la
mitad de su pierna izquierda: es que el operario de una máquina
retroexcavadora no lo vio cuando, en bicicleta, el pequeño se le
atravesó en el camino.
"Yo vi cuando la máquina lo levantó en el aire, del pie, y luego
cayó al piso", contó Oscar Zamora, un tío de Rubén, aún impactado
por la imagen. El hombre fue el que socorrió al chico y lo llevó
hasta el Hospital Pediátrico donde le dieron los primeros auxilios.
Pero fue en el Hospital de Niños donde los médicos lucharon durante
unas seis horas para tratar de reimplantarle el pie. Sin embargo, el
esfuerzo no dio buen resultado "era una herida muy sucia",
explicaron, por lo cual, "para evitar complicaciones", debieron
amputarle "desde la mitad de la rodilla hacia abajo", según le
informó a Clarín la doctora Claudia Curi.
La mamá del nene, María Rosa Machelo, quien vive "sola con Rubén y
otra hija mayor que él" intentaba, en medio del dolor, explicar la
presencia del pibe en el basural: "Es que yo ando mal de los brazos,
así que él me ayuda juntando tornillitos. El siempre busca tener una
monedita para aportar". El susurro impregnado de culpa le surgía
cada vez que alguien le preguntaba por Rubén.
La familia vive en una villa de emergencia, la Santa Cecilia, al
noroeste de la capital cordobesa. Y fue una tía de Rubén la que, sin
proponérselo, describió con cierta poesía la cotidianidad de los
chicos como su sobrino, donde sólo abunda la miseria y la
marginalidad: "Es normal que jueguen alrededor de los camiones de
basura. Los chicos son como las gaviotas cuando uno está sembrando",
dijo Marta Echeverría, mientras montaba guardia junto a su hermana
en una de las salas de espera.
El pibe, "un flacucho alegre, largo y de pelito corto y negro", tal
como lo describieron sus parientes, va a tercer grado y, en sus
ratos libres, "trabaja" como cartonero, como la mayoría de los
miembros de su familia.
La jefa de guardia del Hospital de Niños, María Eugenia Gordillo, le
dijo a este diario que "aún tenemos peligro de infección, por lo que
seguirá internado y en observación". En cuanto a una futura
prótesis, la doctora afirmó que "deberemos esperar a que la herida
se cure totalmente".



*Fuente: Clarín. http://www.clarin.com/diario/2007/02/22/sociedad/s-
03204.htm





LOS DÍAS, LOS PUEBLOS...*

Sin economía propia
no hay camisa
ni sueño
ni aire propios;
sólo el flamear
en tus espaldas y brazos
de una falsa batucada,
que te tirará del cuello
hasta ahorcarte.



*de Eduardo Dalter.  cuadcarmin@...

7 POEMAS. Ediciones del Nuevo Cántaro. Buenos Aires 2006






El choque de civilizaciones en el fin de la historia*


*Por Slavoj Žižek | Diciembre.2006


En un texto inédito, el filósofo esloveno reflexiona sobre el
hedonismo apático y la pérdida de vitalidad de las democracias
liberales de los países de Occidente, tomando como disparador el
último y polémico film de Alfonso Cuarón, "Hijos del hombre". "¿No
es acaso la permisividad extrema, además de las nuevas formas
de "apartheid" social y control basadas en el miedo, lo que
caracteriza a nuestras sociedades?", se pregunta. Y afirma que los
actuales conflictos étnico-religiosos son la forma de lucha más
conveniente para el capitalismo global.



En las historias de Hollywood, el magnífico telón de fondo histórico
sólo sirve de pretexto para contar "de qué trata" la película en
realidad… del viaje iniciático del héroe o de la pareja. En Impacto
profundo, la ola gigante que arrasa la costa este de los Estados
Unidos sirve para la reunión incestuosa de la hija con su padre; en
La guerra de los mundos, la invasión de los alienígenas sirve para
que Tom Cruise reafirme su función paterna. No sucede lo mismo en
Niños del hombre, en la que el telón de fondo persiste y se mantiene
constante.

En una típica película de ciencia ficción de Hollywood, el mundo
futuro podrá estar lleno de insólitos objetos o inventos, pero hasta
los cyborgs interactúan exactamente de la misma manera que nosotros…
o, más bien, como solíamos hacerlo en los viejos melodramas y
películas de acción hollywoodenses. En Niños del hombre no hay
nuevos aparatos y Londres se ve tal cual es ahora, sólo que un poco
más… Alfonso Cuarón ha enfatizado sus potenciales poéticos y
sociales: las tonalidades grises y la decadencia de los suburbios
cubiertos de basura, la omnipresencia de la video-vigilancia. La
película nos recuerda que, entre todas las cosas extrañas que
podemos imaginar, la más extraña de todas es la realidad. Hegel
comentó hace mucho tiempo que el retrato de una persona se le parece
más que la misma persona. Niños del hombre es la ciencia ficción de
nuestro propio presente.

Estamos en el año 2027. La especie humana se ha vuelto infecunda y
el habitante más joven de la Tierra, nacido hace dieciocho años,
acaba de morir en Buenos Aires. El Reino Unido vive en estado
permanente de emergencia: brigadas antiterroristas persiguen a
inmigrantes ilegales, y el poder estatal controla a la población
decreciente que vegeta en un hedonismo estéril. ¿No son acaso estos
dos aspectos –la permisividad hedonista, además de las nuevas formas
de apartheid social y control basados en el miedo– los que
caracterizan a nuestras sociedades? Y como dijo Cuarón, en una
entrevista: "En muchos relatos del futuro siempre aparece algo así
como el Gran hermano, pero creo que ésa es una visión de la tiranía
del siglo XX. La tiranía actual se presenta con nuevos disfraces… la
tiranía del siglo XXI se llama `democracia'". Esta es la razón por
la que los gobernantes del mundo actual no son burócratas
orwellianos totalitarios, grises y uniformados, sino administradores
democráticos ilustrados y cultos, y cada uno o cada una con su
propio "estilo de vida". Cuando el protagonista de la película
visita a un viejo amigo, convertido en un ministro de alto rango,
ingresamos en algo así como el loft de una pareja gay de clase alta
de Manhattan.

Niños del Hombre no es, obviamente, una película sobre la
esterilidad como problema biológico. La infertilidad de la que trata
la película de Cuarón fue diagnosticada hace mucho por Friedrich
Nietzsche, cuando percibió el modo en que la civilización occidental
avanzaba en dirección al Ultimo Hombre, una criatura apática, sin
grandes pasiones o compromisos. Incapaz de soñar y cansado de la
vida, no asume ningún riesgo y sólo busca lo cómodo y lo seguro, una
manifestación de tolerancia hacia todos. El Ultimo Hombre no quiere
que le destruyan sus ilusiones: por eso "acoso" es la palabra clave
en su universo mental. En su sentido más simple, el término designa
hechos brutales de violación, palizas y otras formas de violencia
social que, sin duda, deberían ser condenadas con toda severidad.
Sin embargo, en el uso predominante, el significado simple se
desliza en forma imperceptible hacia la condena de cualquier
cercanía excesiva de otro ser humano real, con sus deseos, temores y
placeres. Dos tópicos determinan la actitud tolerante liberal de hoy
hacia los otros: el respeto hacia la otredad, la apertura hacia ella
y el miedo obsesivo al hostigamiento. El otro es aceptable mientras
su presencia no sea invasora, mientras el otro no sea realmente
otro. La tolerancia coincide con su sentido opuesto: mi deber de ser
tolerante con el otro significa efectivamente que no debo acercarme
demasiado. Esto es lo que emerge cada vez más como el "derecho
humano": el derecho a no ser acosado, es decir, a mantenerse a
prudente distancia de los otros.

Los juzgados de la mayoría de las sociedades occidentales expiden en
la actualidad una orden de restricción cuando alguien demanda a otra
persona por acoso. Al acosador se le puede prohibir legalmente
acercarse con malas intenciones a la víctima, y debe guardar una
distancia de más de cien metros. Por necesaria que sea esta medida,
contiene, no obstante, una suerte de defensa contra la realidad
traumática del deseo del otro: ¿no resulta obvio que el despliegue
abierto de la pasión por y hacia otro ser humano es terriblemente
violento? La pasión, por definición, hiere a su objeto, y aun cuando
el destinatario acepte gustoso ocupar ese lugar, él o ella no pueden
hacerlo sin experimentar asombro o sorpresa. Ocurre incluso con la
creciente prohibición de fumar. Primero, todas las oficinas fueron
declaradas "libres de humo"; después, los vuelos; después, los
restaurantes, los aeropuertos, los bares. Después –en un caso único
de censura pedagógica, que nos recuerda la práctica estalinista de
retocar las fotos de nomenklatura–, el servicio postal de los
Estados Unidos borró el cigarrillo en las estampillas que muestran
la fotografía de Robert Johnson, el guitarrista de blues, y la de
Jackson Pollock, el pintor. El objetivo de estas prohibiciones es
acabar con el deleite excesivo y riesgoso del otro, personificado en
el acto de encender un cigarrillo e inhalar profundamente con placer
descarado. En efecto, como decía Jacques Lacan, después de la muerte
de Dios, ya nada está permitido.

En el mercado de hoy encontramos una serie de productos despojados
de su propiedad nociva: café sin cafeína, crema sin grasa, cerveza
sin alcohol... ¿Y qué podemos decir del sexo virtual como sexo sin
sexo, de la doctrina de guerra sin víctimas (de nuestro lado, por
supuesto) de Colin Powell como guerra sin guerra, la redefinición
contemporánea de la política como el arte de la hábil administración
o política sin política, mientras que temas como esposas golpeadas o
violaciones incestuosas no son tomados en cuenta?

A los que pertenecemos a los países del Primer Mundo se nos hace
cada vez más difícil siquiera imaginar una causa pública o universal
por la que estaríamos dispuestos a dar la vida. Pareciera ser, en
efecto, que la grieta que separa el Primer Mundo del Tercer Mundo se
ahonda cada vez más en la oposición entre llevar una vida larga y
satisfactoria llena de riquezas materiales y culturales, y dedicar
la vida a una causa trascendente. ¿No es éste el antagonismo entre
lo que Nietzsche llama nihilismo "pasivo" y nihilismo "activo"?
Nosotros, en el Oeste, somos los Ultimos Hombres, inmersos en los
estúpidos placeres cotidianos, mientras que los radicales musulmanes
están preparados para arriesgarlo todo, comprometidos con la lucha
nihilista hasta alcanzar la autodestrucción. No sorprende, pues, que
el único lugar en Niños del Hombre donde impera una extraña
sensación de libertad sea Blackpool, la ciudad aislada y convertida
en un campamento de refugiados administrado por sus propios
habitantes, inmigrantes ilegales, y al final de la película,
bombardeados sin piedad por la fuerza aérea. Aquí prospera la vida,
con demostraciones militares fundamentalistas del islam, pero
también con actos de auténtica solidaridad… No sorprende, pues, que
allí aparezca el niño recién nacido.

En un debate sobre la suerte de los prisioneros de Guantánamo en la
NBC en 2004, uno de los argumentos más extraños a favor de la
aceptabilidad ético legal de su estatuto era que "ellos fueron los
que se salvaron de las bombas". Puesto que eran el blanco de los
bombardeos estadounidenses y los sobrevivieron por azar, y puesto
que el bombardeo era parte de una operación militar legítima, no se
puede censurar el hecho de que los hayan capturado después del
combate… Este razonamiento dice más de lo que pretende decir: coloca
al prisionero casi en forma literal en la posición de los muertos
vivos, los que de algún modo ya están muertos, de manera que ahora
son casos de lo que Giorgio Agamben llama Homo sacer, el que puede
ser eliminado con impunidad porque, ante los ojos de la ley, su vida
ya no cuenta. Si se coloca a los prisioneros de Guantánamo en el
espacio "entre las dos muertes", muertos desde el punto de vista
legal aunque estén vivos biológicamente, entonces el caso de Terri
Schiavo, que atrapó nuestra imaginación en marzo de 2005, plantea lo
contrario. Schiavo sufrió un grave daño cerebral en 1990 y los
médicos nombrados por la Corte alegaron que estaba en estado
vegetativo permanente, sin esperanzas de recuperación. Mientras su
marido quería que la desconectaran para que muriera en paz, sus
padres argumentaron que podía mejorar. El caso llegó al nivel más
alto del gobierno de los Estados Unidos, con la intervención de la
Corte Suprema y el presidente. Lo absurdo de la situación, vista en
un contexto más amplio, es asombroso: con millones de personas
muriendo de sida y hambrunas en todo el mundo, la opinión pública en
los Estados Unidos se centró en un caso particular de prolongación
de una vida inerte, privada de todas las características
específicamente humanas. Estos son los dos extremos en los que nos
encontramos hoy con respecto a los derechos humanos: por un lado,
los que "se salvaron de las bombas" (seres humanos despojados de sus
derechos); por otro lado, un ser humano reducido a una simple vida
vegetativa, pero amparada por todo el aparato estatal.

¿Qué pasó con nosotros? ¿Qué salió mal? Cualquier lector atento del
Marqués de Sade no puede dejar de notar la paradoja que surge cuando
la afirmación sin restricciones de la sexualidad sadeana la
convierte en un ejercicio mecánico carente de auténtica pasión
sensual. Y cabría preguntarse si acaso no es fácilmente discernible
una inversión similar en el callejón sin salida de los Últimos
Hombres de hoy, los individuos "posmodernos" que rechazan las
grandes metas y se dedican a sobrevivir colmados de placeres cada
vez más refinados y estimulados en forma artificial. Si las antiguas
sociedades jerárquicas oprimieron las fuerzas vitales a través de
sus rígidos sistemas ideológicos y del aparato del Estado que los
impusieron, las sociedades de hoy están perdiendo su vitalidad por
medio de su hedonismo demasiado permisivo: todo está permitido,
aunque descafeinado y despojado de su esencia.

Y lo mismo que se aplica a nuestros placeres se aplica a nuestra
democracia. Esta se va convirtiendo cada vez más en una democracia
descafeinada, despojada de su esencia. Hace un siglo, G.K.
Chesterton escribió: "Los hombres que empiezan a luchar contra la
Iglesia por el bien de la libertad y la humanidad terminan por
abandonar la libertad y la humanidad, aunque sea sólo para seguir
luchando contra la Iglesia". Hoy, lo primero que tendríamos que
añadir es que esto también es válido para los partidarios de la
Iglesia: ¿cuántos defensores fanáticos de la religión comenzaron a
atacar de modo feroz la cultura secular contemporánea y terminaron
por abandonar la religión? ¿Y no es verdad que, de un modo
estrictamente homólogo, los guerreros liberales están tan ansiosos
por combatir el fundamentalismo antidemocrático que van a terminar
por abandonar la libertad y la misma democracia, con el solo fin de
combatir el terror? Su pasión por demostrar que el fundamentalismo
no cristiano es la amenaza principal contra la libertad es tan
poderosa que están dispuestos a defender la posición de que debemos
limitar nuestra propia libertad, aquí y ahora, en nuestras
sociedades supuestamente cristianas. Nuestros guerreros contra el
terror están dispuestos a destruir su propio mundo democrático por
odio hacia el otro musulmán. Jonathan Alter, Alan Derschowitz y Sam
Harris aman tanto la dignidad humana que están dispuestos a
legalizar la tortura –la degradación extrema de la dignidad humana–
para defenderla…

La modalidad predominante de la política es la política del miedo:
miedo a los inmigrantes, miedo al delito, miedo a la impía
depravación sexual, miedo al Estado excesivo (que es la razón por la
cual la Corrección Política es la forma liberal ejemplar de la
política del miedo). Este tipo de política siempre confía en las
manifestaciones aterradoras de hombres asustados. El gran
acontecimiento en Europa a principios de 2006 fue que las políticas
antiinmigratorias empezaron a formar parte de la "tendencia
principal": por fin habían cortado el cordón umbilical que las
relacionaba con los partidos de extrema derecha. De Francia a
Alemania, de Austria a Holanda, a los principales partidos les
parece aceptable insistir en el hecho de que los inmigrantes son
huéspedes que deben adaptarse a los valores culturales que definen a
la sociedad anfitriona. Esa es la razón por la cual "el choque de
civilizaciones" es el mal de Huntington de nuestros tiempos. Como
dijo Samuel Huntington, al final de la Guerra Fría, la "cortina de
hierro de la ideología" ha sido reemplazada por la "cortina de
terciopelo de la cultura". Esta visión tenebrosa puede parecer lo
opuesto a la brillante perspectiva del "fin de la historia" de
Francis Fukuyama bajo el aspecto de una democracia liberal global.
Quizá, sin embargo, el "choque de civilizaciones" SEA "el fin de la
historia", es decir: los conflictos étnico-religiosos son la forma
de lucha que le conviene al capitalismo global. En nuestra época
de "pospolítica", en que la administración social llevada a cabo por
expertos reemplaza en forma progresiva a la política propiamente
dicha, la única fuente de conflictos legítima que queda son las
tensiones culturales (étnicas, religiosas).

Así, pues, para citar el inolvidable lapsus freudiano del presidente
Bush, no "malestimen" Niños del Hombre: la última película de Cuarón
pega justo en el blanco de nuestra terrible y problemática
situación.


Título Original: The Clach of Civilizations at the End of History.
Traducción del inglés: Luz Freire.
Extraído de: Diario Perfil.
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0156/cul_003.html.


*FUENTE: http://es.geocities.com/zizekencastellano/artchoqciv.htm




*

Participación de escritores del norte de Santa Fe en la 7ª Feria del
libro chaqueño y regional.

Centro Cultural Nordeste.
Resistencia. 20 al 25 de febrero de 2007.

Presentación de libros.

Jueves 22.
20.00 hs.
Saberes y sabores de la práctica docente. Textos y contextos. -de
Alejandra Morzán.

Viernes 23.
19.00 hs.
Monte Madre. -de Jorge Miceli.
20.00 hs.
Tejer Textos. -de Hugo Carrara.
21.00 hs.
Algunos mitos, creencias y devociones populares en nuestra zona
norte santafesina. -de Pablo Pila.
   Disertación de los lobos. -de Conrado Nuñez.
El bronce de los días. -de Andrés Ugueruaga.
Los Galeses de Santa Fe. -de Guido Tourn.
La fiesta de San Baltasar en el puerto de Reconquista. -de María
Elena Cricco.
Mujeres sin historia. -de Mirta Vacou y Hugo Escobar.
Sábado 24.

20.00 hs
Antes del silencio. -de Delia Fontana.

21.00 hs.
El 180. -de Juan carlos Grusky.
Mujeres, simplemente mujeres. -de Hugo Ermácora.
Julián, pincelazos de una escuela rural. -de Julia Elena de
Castañeda.

22.00 hs
Los días felices. -de Celso Agretti.


Estarán presentes a través de sus producciones:
María Del Pilar Lencina - Reconquista.
María Elena Moreyra y Ana María Ravazzola -Reconquista.
El centro de escritores de Avellaneda.
Sofía Soyko -Margarita.
Omar Darío Nasich -Avellaneda.
Diego Manuel Planisich -Avellaneda.


*
Queridas amigas, queridos amigos:

El domingo 25 de febrero del 2007 presentaremos en la Radiofabrik
Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de
Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música
Latinoamericana, música de los compositores colombianos Rodrigo
Restrepo Pabón, Luis Alejandro Olarte y Eblis Javier Álvarez. Las
poesías que leeremos pertenecen a Francisco Azuela
Espinoza (México) y la música de fondo será de Yawar Inka (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar
gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia
horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
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#115 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 14 de Feb, 2007 10:22 pm
Asunto: ESA PALABRA...
inventivasocial
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Esa palabra...*
Selección de poemas de Xenia Mora Rucabado





PALABRAS DE OLVIDO*


Con el lenguaje callado de la tarde
un haz de sombra
latiguea el gemido del verso
y va orillando la noche
contraseña de tristeza.

En la vereda de mi casa
con luces  de neón
despoja su secreto
en desnudez la rosa
                   y delira a carne viva
el azote del frío
con aguijones
de palabras de olvido.




LAMO MI HERIDA*


En este preludio de horas
cuando despunta el otoño,
daría mi vida por resucitarme.

Podría admirar como antes
los tornasoles del amanecer,
sentir tu paisaje.

Pero estoy aquí,
entumecida
con esta tristeza
muerdo pensamientos
sin verbos
y la boca de la noche
quema mis sábanas.

Veo ojos que callan
tiempo sin voz
promesas de aire
de lluvia y de miel,
un golpe certero
hiere mi costado
y quedo acurrucada
lamiendo mi herida.



No soy Tierra, ni soy Aire*


No soy tierra, ni soy aire.
soy ninfa de alboradas,
garúa imperceptible
vestimenta de mis ensueños.

Me diluyo olvidando mi holocausto
marejada de mi cariz carmesí,
médula de la piel de mi vida
mientras voy fortificando realidades.

Ven con tu áurea de infinitos panoramas
rescátame de este éxodo de caricias,
haz que nazcan esmeraldas de mis manos
para nacerme y morirme en primavera.



SIEMPRE ESTARÁS EN MI*


Vivo atrapada en tu cielo
formas parte de mi piel.
Tu rostro aparece
por donde quiera que vaya.

Aunque comprendo que tu aire
ya no respira mi aire,
sé que mis jazmines azules
jamás se marchitarán
y seré lluvia en tu jardín
y tú siempre estarás en mi
en la inmensidad del tiempo
como mi luna
como mi sol
siempre serás mi sentimiento
para ayudarme a vivir
y te llevaré tatuado en mi
para siempre.




Hoy lloví canción de ausencia*



Hoy lloví canción de ausencia.
Escribo estos versos
con mis lágrimas.

Piel, concierto de mis sentidos:
Melodías que desgarran
con tiempo de sauces.

Piel , célula viva con memoria.
Sonidos a estación de lluvia,
humedecen mis sueños.

Tierra, hierba y agua:
Perfume que embriaga mi ser.
Hoy lloví canción de ausencia.




Esa palabra*

Había una palabra a la deriva, quien caminaba por la vida cubierta
de sangrantes heridas de distancia y de tiempo.

Deambulaba sin consuelo, no comprendía su razón de ser.

Encontró un nido en mis lágrimas, le lavé todos los dolores y la
acuné del desengaño.

Conocíamos muy bien el silencio a soledades; pero quedamos al
resguardo de los cantos de sirenas.

Con mi cobijo, fuimos una sola, aunque en un limbo sin sueños.

Pero un día de plenitud en primavera ella voló de mi pecho en un
estallido, cual gaviota en busca de su mar. Yo la seguí en el
deslumbrante viaje, unté mi piel de azahares y fragancias, podía
tocar las estrellas de la mañana y contemplaba soles en las noches.

A la palabra que anidaba en mi , suave como un pétalo y arrobadora
como rosa encendida , por fin la dejé parir la vida.

Esa palabra que un día la resguardé del dolor del desengaño, hoy
viaja libre por cielos constelados: acariciando, consolando,
perdonando, naciendo, muriendo, volviendo a renacer; sin importarle
cuanto dolor le causen los desgarros del alma, ella sólo sabe que
algún día será feliz.

Muchas veces está a punto de fenecer, pero sigue adelante y sé que
lo hará hasta que termine el tiempo de los tiempos.

Esa palabra se llama : AMOR.




VOY A CREAR UN REMANSO DEL MAR BRAVÍO*


  Voy a crear un remanso del mar bravío
  No me iré con el viento de las mareas
  aunque mis olas se agiten por sueños inconclusos;
  aun así me adornaré con azahares y coral azul.

  Seré faro imbatible al canto de sirenas.
  No abriré mi puerta al lamento que cruje,
  aunque escuche el tañir de la incertidumbre
  en el recinto dolorido de mi costado.

  Te pido vida mi corazón intacto.
  Cuando lo dejé a tu resguardo.
  Devuélvemelo ligero como la brisa marina,
  porque quiero sentir su alegre tamborileo bajo mis pies .




Escuchaba Suaves Melodías de Lluvia*


Escuchaba suaves melodías de lluvia en un solo de piano,
era una pena quieta que desesperaba por expresarse.
Ella se creía dormida , pero estaba despierta, salió al jardín.
Todo dormía alrededor, menos el viento en primavera.
La acompañaba un grillo cantor, tan solitario como ella.
Observaba a las sombras que se desprendían por racimos de los muros.
Miraba brillar unos ojos sobre sus ojos, con dulce solemnidad.
Ya embriagada de tanta luna, se sentía purificada.
Había - tanta soledad - y - tanto silencio -
La tenue luz filtraba sobre su largo cabello, suelto al viento;
- resultaba un sacrilegio mirar su comunión-
El follaje murmuraba dulcemente.
La música tornaba aún más desnudo su jardín.
Esas suaves melodías de lluvia en un solo de piano
brotaban de su alma.





LA VIDA NO ME ALCANZA*


La vida  no me alcanza,
para llevar a cuestas
la desolada piedra
que rasguña la piel
hasta el despojo.

La vida no me alcanza,
para inmolar en una cripta
la cascada del fulgor
que  va  quemando.

La vida no me alcanza,
porque el tiempo
se me escurre
entre los dedos
y me quedo sedienta
  por lo que nunca fue
ni será jamás.




    AMBARINA TUYA*


La oscuridad dibuja tu rostro
en los umbrales de mi mente
y en un  haz de luz
vuelan gaviotas de mis manos
        - respirando vida-

Y porque sé que eres tú,
amaranto de mi ser,
que con el devenir del tiempo
el espejo de mi memoria
me devuelve siempre tu imagen.

Cuando eclosiono con tu eco
abro mis corolas en ronda de amarilis
y con donaire reparto mi perfume.
Más tú me vistes de luz y colores
para ser  ámbar entre tus manos.







Dedicado a la memoria de mi hermano Alfonso.

PARA SIEMPRE*


Escribo a solas,
te busco y ya no estás,
el silencio me apabulla.
Los surcos de la noche
se dibujan en la ventana
en el encuentro
de ausencias amadas.

Pasean mi mente
tu risa lejana,
travesuras compartidas...
nuestros códigos de hermanos.

Se me estruja el corazón,
hay un dolor calmo,
una tristeza vaga..

Solo necesito mi alma
y   dos alas    para ir
a encontrarte...  para siempre...




BESARÉ TUS OJOS*


Besaré tus ojos
tú besarás los míos.
Cubrirás mi cuerpo
con pétalos de rosas
y jazmines en flor,
muy suavemente.
Seré  capullo
que habitará en ti.
Serás el dueño
de todos mis colores
cuando despliegues mis alas
con tu ternura;
hasta que me conviertas
en refulgente mariposa:
yo seré tu luz
y tú serás mi alegría.




CUANDO EL ALMA LLORA*


La tenue luz de la lámpara
enciende  soles
que dibuja dos siluetas
danzando en la casa.
Ríen los ojos y se abrazan
y el presentimiento llora.

La sombra de la noche
aúlla dos  destinos
retumba el latido
desde la piel del silencio.

Me crecieron raíces
que se aferran a tu tierra,
aunque van sangrando
la pronta ausencia.

La savia  de mis venas
entrelazadas a ti,
no puede detener el tiempo
de los miedos
y se avecina la sequía
del jardín nocturno.

Aunque yo sea agua
y mis ojos rieguen cada pétalo
se consume la lámpara
y   tengo que partir.





VAGA EL VERSO HERIDO*


Hoy el verso sangra
y trepa por un muro de púas.
Sobrevive aterido
tras la red fútil,
página fantasma
jamás impresa .

Vaga el verso herido
impregnado de puridad lírica.
Intenta en vano perpetuarse
y el disparo de un verbo
le agrieta el sueño.




RENACERME*



Fui sepultada viva
por una mano sutil
que ahogó mis sueños.

Emerjo de las sombras
cementerio
de mi tristeza.

Elevo los brazos
busco una luz
arrastro cadenas
de pájara herida.

Tengo que renacerme
me estoy pariendo
desde la cuna de mi útero
duelo, crujo y sangro.

El mal abrigo tirita mi ser
aún así;
desnuda en soledad
- canto con orgullo  mi nombre -





DIBUJAN MIS OJOS TU ROSTRO*


Dibujan mis ojos tu rostro
en la última luz de la tarde.
Voy con mis pies descalzos
sangrando esquirlas de congoja.

Me estremece la duda
desde el pedregal del río,
añoro la caricia de los sauces
vastedad de tus manos puras.

Se humedece el jazmín de mis versos
sin poder encontrar tu huella.
Un tristísimo presagio me espanta
y aquieta mis latidos.

Solaz de mi vida,
en tu arbolar acúname
que soy hoja a la deriva
anhelando tu sosiego
y torna  pronto
a la ribera de mi espalda
que está tiritando ausencia.





   VERSOS EN GARÚA*



Silencian los versos en garúa
quedando ateridos los verbos
aúlla la rosa su herida
último mendrugo de luna.
Atraviesa el hielo sus latidos
las esquirlas desfiguran su faz
se expande un perfume
y agoniza el poema
en la grieta del sueño.




Semilla a la deriva*


Estepa sin dueño
añejando tiempo
enraizada al suelo
espera en calma:
predestinada.

Recuerdo, pared, sombra,
rostro y manos alucinadas,
bocas que se beben
la vida en un sorbo.

Dos miradas proyectan
los ardores del cenit,
colores  indelebles gravitan
en el hábitat de una piel.

Embriagada de luz difusa
abro las ventanas
y penetra en mi ,
muy suavemente
el elíxir más exquisito
del vino del vino de a dos.




MUY LEJOS*


Muy lejos:
de donde sale el sol,
en espera de azahares,
con la lluvia sobre mi ser,
y mi mar de ensueños.

Muy lejos:
donde nadie me ve,
sola en mi ansiedad,
crece mi luz,
desde hace ya tiempo.

Muy lejos:
Donde tengo zonas prohibidas
de mi sangrante viña,
voy llenando los barriles
del silencio en calma.

Muy lejos:
donde un bello relámpago
enciende el tiempo de amar,
allí brotan mis lágrimas
de tanto extrañar amando.




INFINITO*


Espejos infinitos
refleja una constelación
de miradas que hablan.

Alfombramos el cielo
  de pétalos de versos,
entre silencios y brisas
que van y vienen.

Nos vestimos de luces
que iluminan mi universo de ti.
Quedan musicales ecos
de venas que arden.

La médula lunar del tiempo
deja los sueños
titilando acurrucados
perfumando el infinito....




ACORDES DE AYER II*


Miras asombrado
mi melancolía con sed de ti
y transitas mi camino
a través de los ojos de tus manos.

En la armonía de la noche
suspiran los labios del silencio
mientras palpitan los acordes del piano.
Dicha entrañable de danza nupcial
luciérnaga que anida en el borde de mi falda
en tenue revoloteo de dos vértices del alma.





CASA VACÍA*


Espejos flotantes en la nada
cubren el rostro de la casa
habitaciones vacías de risas,
objetos silentes oran las cruces
de seres queridos con ojos sin tiempo.

Se escurre el frío de la ausencia:
libros dormidos esperando
difuminan resquicios escolares,
como el tablero de ajedrez
donde falta la reina con su rey
las torres están derruidas
y los peones se han rendido.

Turbulentas estelas de polvo
se desvanecen en los estantes,
esperando que vuelvan
los hijos con sus hijos
y los espejos con ellos
reflejen las risas.





EN LA INMENSIDAD CELESTIAL*


En la inmensidad celestial
de la nostalgia,
transcurren estos versos
donde invento las palabras,
como gotas de diademas
en mi mente.
El cuerpo inventa umbrales
hacia ninguna parte.
La esperanza en vano se cobija
entre los retazos del ayer.

Más sé que pronto vendrá
a embargarme
el abismo luminoso
del silencio.




MELANCOLÍA*


Tarde suspendida
quimera de versos,
el silencio en un sillón
reclina los latidos.

Escucha una música lejana
lee los mismos versos,
en este invierno sin tiempo
donde viaja algo de ella.

Flor de canela en el exilio
teje retazos de melancolía
y los ojos escriben lágrimas
en una canción de amor.




ÚLTIMO HÁLITO*



La infinitud del universo me acompaña:
aunque sienta  esquirlas en mi cosmos,
   mi verso aletee  ya sin voz
  y mis cantos sean gemidos de gorrión
resistiré el hielo del silencio.

La infinitud del universo me acompaña:
aunque me zambulla el dolor hasta los huesos
  y el espejo de la vida me deje sin rostro
  sin el manantial de una mano amiga
  resucitaré las hojas muertas.

Caminaré y caminaré hasta que salga el sol:
aunque sienta mis huellas en un hálito
y un cabestrillo sostenga mi cuerpo
aun así me mantendré de pié
    porque estaré  arrullando a mis pájaros.




AUSENCIA*


Cuando el arenal
con la tenacidad de sus ojos
se duela en mutación
por tanta arena de olvido
rozará el recuerdo de sus dunas.

Y cuando empiece el implacable viento
con el sonido del llanto en los cristales
y se anuncie el mar en retirada,
estallarán en un desgarro
rutilantes olas de días caminados.

Muy pronto el tímido rocío
yacerá inerte agridulce de lluvia
e irá marcando sus huellas en la arena
del verano en ausencia.




NOSTALGIA*


Lejos de mis ojos
cerca del río de mis venas
siempre estás.

En esta noche eterna
envuelta en penumbra
extraño tu luz.

Un mate compartido
bajo una lámpara
testigo risueño.

Piel alborozada
detalles imborrables
perpetua memoria.

Digo una oración
con este pobre poema
para que no me duelas tanto.




EXILIO*


Transcurro la vida
por laderas peñascosas,
rasguño la tierra
albergando un sueño.

Astilla humedad
la voz de mis ojos
al crujir la cerradura
de la puerta tras de mi.

Fui ofrenda a los vientos
con la vestimenta helada
del destierro de mi casa
y del exilio de mi sangre.



*Poemas de Xenia Mora Rucabado. xeniamora@...
Mendoza. Argentina.



*

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#114 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 6 de Feb, 2007 1:32 pm
Asunto: PARA EL CUMPLEAÑOS DE NUESTRA SOLEDAD
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Para el cumpleaños de nuestra soledad.




ALGUIEN*



Alguien me espera
en un anden del mundo,
donde la esperanza verdea
con el rocío de mis ojos.

Donde la brisa me suspira
y me convierte en flama,
para cubrirte de besos
descubriendo ternura.

Sonarán mil campanas,
estallarán las estrellas,
lloverán los lirios
que llevo guardados.

Dejaré libre a la gaviota
que prisionera
en mi pecho
quería encontrar su playa.

Iniciaré mi viaje
llevaré de equipaje mi alma
con nubes del cielo
y pétalos en flor.

Esparciré mi perfume
para que me reconozcas.
Alguien me espera
en un anden del mundo.

Espérame...no tardo....



*De Xenia Mora Rucabado xeniamora@...






Retener un instante las soñadas imágenes*



Retener un instante las soñadas imágenes.
Apoyar suavemente mi cabeza en tu pecho
y escucharte...

Y una vez más tus labios me hablarían
y la lluvia sería un dulce remolino,
un rítmico remanso de belleza.

Y en tu voz nacerían mundos que no conozco
y un cielo sin arcángeles malditos
cobijaría nuestro amor encadenado.

Y una fuente ambarina saciaría
la eterna sed del alma malherida
que sólo quiere habitar tu pecho.

Y en tu mano sin dagas hallaría refugio
mi mano que no ansía sino escribir tu nombre.

Y entonces en la sala ya no habría silencio,
sólo gratas palabras y un retazo de un sueño
flotando entre los muros como tenue suspiro.

Y en las grises paredes sembrarían tus ojos
un pétalo de luz sobre la luz cansada.

Y me hablarías y el tiempo detendría
su inexorable avance de ejército implacable.

Y amor ya no sería tan sólo una palabra.

Si tan sólo la tarde juntase nuestros cuerpos,
si estuvieras...

Mas tú no estás y nadie habla
y en las estancias apenas se oye el viento
azotando impasible las persianas.

Tú no estás, en mis manos
no descansan tus manos de amapola cautiva.

Hoy me acosa la sombra de un recuerdo sin voz
que quisiera comprar mis esperanzas
por un áspero trozo de presente.

Es apenas el viento que gime en los cristales,
mientras tú en otros trenes, mientras tú en otras calles,
te deslizas veloz a través de la vida
y yo aquí permanezco
a oscuras y en silencio,
contemplando la noche a través de la lluvia
y añorando en mi cuerpo el peso de tu cuerpo.


*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
http://al-andar.blogspot.com







Run Run se fue pa'l norte*

*Texto y música de Violeta Parra



En un carro de olvido,
antes del aclarar,
de una estación del tiempo
decidido a rodar,
Run Run se fue pa'l norte,
no sé cuándo vendrá;
vendrá para el cumpleaños
de nuestra soledad.
A los tres días carta
con letras de coral
me dice que su viaje
se alarga más y más,
se va de Antofagasta
sin dar una señal,
y cuenta una aventura
que paso a deletrear.
¡Ay, ay, ay, de mí!
Al medio de un gentío
que tuvo que afrontar,
un trasbordo por culpa
del último huracán,
en un puente quebrado
cerca de Vallenar,
con una cruz al hombro
Run Run debió cruzar.
Run Run siguió su viaje;
llegó a Vallenar.
Sentado en una piedra
se puso a divagar
"que sí", "que esto", "que lo otro",
"que nunca", "que además",
"que la vida es mentira",
"que la muerte es verdad".
¡Ay, ay, ay, de mí!
La cosa es que una alforja
se puso a trajinar,
sacó papel y tinta,
y un recuerdo quizás;
sin pena ni alegría,
sin gloria ni piedad,
sin rabia ni amargura,
sin hiel ni libertad,
vacía como el hueco
del mundo terrenal,
Run Run mandó su carta
por mandarla no más.
Run Run se fue pa'l norte,
yo me quedé en el sur;
al medio hay un abismo
sin música ni luz.
¡Ay, ay, ay, de mí!
El calendario afloja
por las ruedas del tren;
los números del año,
por el filo del riel.
Más vueltas dan los fierros,
más nubes en el mes,
más largos son los rieles,
más agrio es el después.
Run Run se fue pa'l norte,
¡qué le vamos a hacer!
Así es la vida entonces,
espinas de Israel;
amor crucificado,
coronas del desdén,
los clavos del martirio,
el vinagre y la hiel.
¡Ay, ay, ay, de mí!


*FUENTE:
http://www.geocities.com/vienna/strasse/1791/chile/runrun.html







Lunes, 05 de Febrero de 2007
musica|a 40 años de la muerte de violeta parra

La voz de una época*

Fue un símbolo de la canción popular latinoamericana. Cantó,
escribió y recopiló el folklore chileno, al que hizo viajar por el
mundo. La autora de "Gracias a la vida" se suicidó a los 49 años.

Violeta es hoy objeto de numerosos homenajes.


*Por Karina Micheletto


Un año atrás había dejado grabada una declaración de principios en
esa obra monumental que es "Gracias a la vida". El 5 de febrero de
1967, a los 49 años, decidió terminar con su vida de un tiro en la
sien. A cuarenta años de su muerte, las canciones de Violeta Parra
siguen siendo símbolos potentes
del movimiento de la Nueva Canción Chilena. Su música y su tarea de
rescate como recopiladora del folklore chileno, yendo a buscar los
ritmos populares a las regiones rurales donde se gestaban, ubicaron
a Violeta entre los renovadores de la música popular latinoamericana.
Violeta nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, al sur de
Chile, marcada por la música y la pobreza. Su padre era profesor de
música; su madre, una campesina guitarrera y cantora. Ella y sus
nueve hermanos vivieron una infancia campesina difícil, con
constantes mudanzas. Seguiría llevando este sello trashumante años
más tarde, ya como una opción de vida.
Recorrió Chile trabajando en circos, bares, recreos, en una labor a
la que luego se sumarían sus hijos Isabel y Angel. Años después, ya
con un nombre ganado, llevaría su música por el mundo, con la misma
forma de trabajo, de musiquera con la guitarra al hombro.
Impulsada por su hermano Nicanor, recorrió las zonas rurales
chilenas grabando y recopilando las formas populares del folklore.
Con esta investigación, asumida con el compromiso de quien pone el
cuerpo en la tarea, abrió un nueva perspectiva a través de su música
y su poesía: la síntesis cultural que elaboró hizo emerger una
tradición de inmensa riqueza hasta ese momento escondida, punto de
referencia para el desarrollo posterior de la música chilena.
En 1961 inició una gira invitada al Festival de la Juventud en
Finlandia.
Viajaron por la Unión Soviética, Alemania, Italia y Francia, y se
quedaron viviendo tres años en París, donde la cantante ya había
estado viviendo en 1954. "En el primer período, aún no famosa, para
ganarse la vida cantó en un pequeño bar del Barrio Latino, L'Escale.
Su sueldo miserable sólo le permitía pagarse un cuarto de hotel de
una estrella y cocinar ahí una modesta comida estilo chileno que
muchas veces compartió con sus seis principales amigos, uno de los
cuales era yo", recuerda Alejandro Jodorowsky en su libro El Maestro
y las magas. "Su tenacidad y energía me contagiaron. Violeta cantaba
desde las diez de la noche hasta las cuatro de la mañana, luego se
levantaba a las ocho y corría a grabar los cantos chilenos que había
recogido de labios de viejas campesinas -'a lo humano y a lo divino'-
, ya fuera para Chant du Monde o para la Fonoteca Nacional del Museo
del Hombre. Yo protesté: 'Pero Violeta, ¡si no te dan ni un céntimo!
¡Tienes que darte cuenta de que, en nombre de la cultura, te están
estafando!' 'No soy tonta, sé que me explotan. Sin embargo, lo hago
con gusto: Francia es un museo. Conservarán para siempre estas
canciones. Así habré salvado gran parte del folklore chileno'".
Sus últimos años, cuando su música ya había trascendido las
fronteras chilenas, los pasó alrededor del grupo La Carpa, una
suerte de centro cultural al que se uniría gente como Patricio Manns
y Víctor Jara. Allí fue donde decidió quitarse la vida, tras un
anterior intento fallido, y en medio de una depresión a la que
contribuyeron sus dificultades económicas y sus difíciles relaciones
amorosas (su gran amor, el músico suizo Gilbert Favre, 18 años menor
que ella, acababa de dejarla).
Durante el último fin de semana la Violeta, como la siguen llamando
cariñosamente en Chile, fue homenajeada en su país natal con
cantatas y exhibiciones de sus óleos, arpilleras y el documental que
filmó en Suiza en 1965. Aun así, su hija Isabel repite que la mejor
fecha para recordarla es
la de su cumpleaños, y no el aniversario de su muerte. En Chile, la
Fundación Violeta Parra, creada por sus herederos (
http://www.violetaparra.scd.cl/fundacion.htm ) se encarga de
difundir, preservar y recuperar el patrimonio de su obra. En esa
Casa de la Peña se exhiben algunas de sus obras plásticas, su
discografía completa y un archivo de material audiovisual y
literario. Hasta allí, la recuperación de su obra en el terreno
formal. Sus canciones, esas que en la Argentina se volvieron himnos
propios en voces como la de Mercedes Sosa, siguen siendo el
cotidiano homenaje vivo a la chilena.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-5295-
2007-02-05.html





De cuerpo entero*


*Texto y música de Violeta Parra.



El humano está formado
de un espíritu y un cuerpo,
de un corazón que palpita
al son de los sentimientos.
No entiendo los amores
del alma sola,
cuando el cuerpo es un río
de bellas olas.
De bellas olas, sí,
que le dan vida;
si falta un elemento,
negra es la herida.
¡Comprende que te quiero
de cuerpo entero!


*Fuente:
http://www.geocities.com/vienna/strasse/1791/chile/cuerpo.html







Lugar ajeno*

"Quédate donde yo también
                   quisiera estar dormido..."
                      RICARDO
MOLINARI



   No vayas a pensar que es sólo
hoy

  ni vayas a creer que mañana no
será...
                            No importa dónde;
                                 el lugar no importa.

Importa sólo que estemos
hoy,
      mañana
y

          después de
mañana


    muchos días.

Si este lugar ajeno
                 es nuestro encuentro,
ya no será tan ajeno sino nuestro.



*de Maria Rosa Leon.  mrleon003@...






La jardinera*


*Texto y música de Violeta Parra.


Para olvidarme de ti
voy a cultivar la tierra;
en ella espero encontrar
remedio para mi pena.
Aquí plantaré el rosal
de las espinas más gruesas;
tendré lista la corona
para cuando en mí te mueras.
Para mi tristeza, violeta azul;
clavelina roja, pa' mi pasión;
y para saber si me corresponde,
deshojo un blanco manzanillón;
si me quiere mucho, poquito o nada,
tranquilo queda mi corazón.
Creciendo irán poco a poco
los alegres pensamientos;
cuando ya estén florecidos,
irá lejos tu recuerdo.
De la flor de la amapola
seré su mejor amiga;
la pondré bajo la almohada
para dormirme tranquila.
Cogollo de toronjil
cuando me aumenten las penas;
las flores de mi jardín
han de ser mis enfermeras.
Y si acaso yo me ausento
antes que tú te arrepientas,
heredarás estas flores:
ven a curarte con ellas.


*Fuente:
http://www.geocities.com/vienna/strasse/1791/chile/jardiner.html








*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
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Fecha: Jue, 1 de Feb, 2007 2:41 am
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HUESOS*
 
 
 
Entre mis manos,
un mapa de la Edad Media
y dibujada en un pergamino,
una antigua ciudad.
 
Recorrí la abadía,
visité la biblioteca.
Había una vasija de arcilla.
 
Yo no buscaba ni piedras ni guijarros.
 
Como una hechicera que indaga
                                                   en la naturaleza,
descubrí en mi cuerpo
                                   las claves.
 
Hallé los huesos de mis padres.
 
 
*de Cristina Pizarro. cristinapizarro@...
 
 
 
 
 
 
 CERRO LEONES*


    Está Cerca de Bariloche el cerro, y más que un león yacente parece un cachorro de San Bernardo, y nunca hubo leones sino pumas, pero el sacerdote que lo descubrió para los que acabarían con los tehuelches vio un león. Así ocurrieron las cosas en esta extensa y bella América, renombrada y transformada por los recién venidos, que daban en descubrir lo que fue ocupado siglos por razas morenas, y en nombrar las cosas según lo que sus europeos ojos podían hallar en semejanza. Fue un cerro entonces una campana, otro una catedral, y las palabras nativas se enterraron debajo de vocablos lejanos, así como en el litoral contó el poeta que los ojos marrones retrocedieron expulsados por el lino, que multiplicaba en flores celestes los ojos azules de los que bajaban de los barcos.
    Pero allá arriba, en el cerro donde moran las águilas y sobrevuelan los jotes, podemos asomarnos con el espíritu sobrecogido a las cuevas que fueron taller de fabricación de armas para la caza del guanaco y de los pequeños ciervos que alimentaban a hombres de dos metros de altura, y mujeres de un metro setenta. Envueltos en pieles los tehuelches, con obsidiana tallaban la piedra para sus flechas. Nunca condescendieron a la sedentaria agricultura ni a la cría de ganado. Lo harían los mapuches, llegados porque el hombre blanco los empujaba desde arriba, desde el norte que iban ocupando sin resquicio pese a los inmensos campos vacíos.
    Allí arriba están las cuevas, allá desde donde se puede ver el amplio horizonte y el cielo más amplio aún, dos infinitudes inabarcables. Las montañas lejanas, los lagos espejando el alma y calmando el viento en azul.
    Podemos admirar las plantitas empeñosas en florecer entre las piedras, esas piedras que se rompen como papel, como hojaldre colorido, con sus vetas rojas de hierro y amarillas de azufre, y ese piso impalpable de polvo volcánico.
    Y podemos tratar de hallar las pinturas rupestres, apenas una huella imperceptible, como imperceptible es la huella de los antiguos moradores, muertos ya, desaparecidos de esta Patagonia que los vio retroceder a las sombras de un tiempo que se confunde con el Tiempo, con la Historia, con la vergüenza de las masacres, la sífilis, el alcohol que les destrozó lo sagrado que habitaba en ellos. No entendían lo que propiedad privada significa, y cuando los blancos les mermaron el guanaco, cazaron entonces esos bichitos blancos que también servían para comer. Eran ovejas, no pertenecían a la tierra como todos los animales le pertenecen, tenían dueños de extraña lengua y extraña vestimenta, y más extraña aún concepción de lo que el mundo es y de cómo está ordenado el universo. Los blancos los cazaron a ellos como ladrones.
    Podemos entonces mirar las cuevas. Somos intrusos, lo sabemos. No nos llevamos nada. Quizás, con suerte, aprendemos algo.
    Y después nos internamos en el volcán. Porque así nació esta elevación, con fuego, con el encrespamiento de la tierra que escribe sin letras pero deja los signos que narran una saga de milenios sobre el lomo del planeta.
    Nos metemos en el volcán como quien nace. Volvemos al útero de la madre Tierra por una abertura estrecha que nos obliga a acuclillarnos primero y a reptar después, cuerpo extendido hacia la obscuridad profunda de las profundas entrañas de lo obscuro.
    Otra caverna. La luz del guía, un reflector conectado endeblemente a una batería, que recorre las paredes de ángulos geométricos, picos y quebradas, y muestra un lago de agua helada y limpia, absolutamente calmo, ajeno al afuera, ignorante del viento, abrazado a sí mismo; un lago transparente, frío, un ojo de agua que nos devuelve la mirada, indiferente.
    Y es la experiencia de lo subterráneo, de la semilla que aguarda, de las raíces, de las ciudades de los muertos. Apagar la luz, sentir la obscuridad y el silencio sin atenuantes. Cada uno de nosotros está solo, es pequeño. Cada uno de nosotros es un punto de frágil sangre, de mínima carne dentro de las entrañas de la tierra que crece a nuestro alrededor con forma de animal yacente.
    Estamos solos allí. Cada uno. Por un momento los sentidos nos cortan los puentes con el afuera. Dentro del volcán. Dentro de nuestros cuerpos. Estamos solos allí, como siempre, pero ahora lo notamos.
    Cuando bajo sorteando piedras recupero el cielo, veo las águilas, los jotes, siento el viento. Ellos se quedan. Los tehuelches se quedan también. Aunque no los haya visto también se quedan.
    Sigue acostado el león, el puma. Sigue dormido el animal yacente. Pero escucho el rugido, todavía escucho el rugido. 

                                                   
 
*de Mónica Russomanno.  russomannomonica@...
 
 
 
 
 
 
 
EL FIN*
 
                                                                                      Pon la mano en el corazón,
                                                                                           allí está la respuesta.  C .P.
 
 
En tus sueños
                      veías las naves de velas blancas
-recorrían río arriba
cargando especias y oro-
El olor de la pimienta y el azafrán incitaba
                                                                    los sentidos
y en el deseo
                       el coral y las ágatas jugaban entre los dedos.
Pisar la arena
                     y
                        a lo lejos
                                       vislumbrar al conductor de los camellos
que retornaba entre las borrascas
detenido  ante la sombra de un árbol   
                                                           para sorber un té.
 
 
En el caos inconsciente y tenebroso
el desierto se ilumina.
 
 
Las cúpulas del Islam
las mujeres veladas
cadáveres y esqueletos
sumidos en la tierra árida
se alzarán en búsqueda de la palabra
 
 
Sin arrepentimiento  ante el mal
la condena anunció
                                el Fin.
Entregado y dueño del destino,
te unías al pasaje de la otra vida.
 
 
*de Cristina Pizarro. cristinapizarro@...
 
 
 
 
 
 
 
 
Mosaicos*


*Por Miriam Cairo. cairo367@...

* Donaire. Un pensamiento al lado del otro. Un dolor al lado del otro. Un crimen al lado del otro. Yo paseo a menudo por estas cosas, pero sin pisar las rayas. Acomodo el pie en el centro de cada mosaico. Es un modo de caminar que llevo conmigo desde la niñez. No puedo decir que hoy, entre esas cosas y yo haya una confianza definitiva, pero sí que puedo sentirlas con la rara de familiaridad y a su vez, de extrañeza.
* Pez pontífice. El sumergido en el fulgor lunar es como un pez pontífice en su género. Sobre todo porque ha nacido bajo un signo de aire y hace del océano su malquerencia.
Un pez, soluble en su pensamiento, se sumerge en el espíritu y siente lo mismo que aquel que está a punto de morir ahogado: en un minuto repasa los mejores momentos de su vida.
Un pez que se quiere a sí mismo se canta el aleluya. Puede zambullirse en aguas muy seductoras. Puede decirse "este mar es espléndido," para engañarse saludablemente y salir a buscar un poco de compañía en un cuerpito dulce que quiera hacerle burbujitas en el cerebro.
Los orgasmos del pez a veces son tan brillantes como las estrellas del cielo. A veces miente. A veces calla. A veces fertiliza tomates. A veces burbujea en soledad. A veces ríe de sí mismo. Ya lo he dicho: un pez soluble es un pontífice en su género.
Este pez bello y escurridizo tiene una evidente tendencia a la melancolía, pero se adapta a la vida, se sobrepone a su naturaleza y nada con fuerza a favor de la corriente.
Entre los estímulos que se impone un pez, desde el interior del cuerpo, están la esperanza y la locura. En medio de ambas hay una inclinación de afecto y un contenido de ardor. Una promueve a la otra. Por esta capacidad, los otros peces le tienen celos.
El sostiene especulaciones carnales exhaustivas con la aleta derecha y al mismo momento le hace burbujas al amor con la izquierda, sin confundirse ni sobrepasarse. No todos los peces son tan solubles ni tan suaves. Tan hábiles ni tan activos. No todos logran ser pontífices en su género.
Un verdadero pez no considera menos agua el agua de pozo y tiene gran curiosidad por las especies de río, de estanque y de vitrinas.
Un pez pontífice logra el cumplimiento órfico de los sueños: entre sus escamas, amar no causa miedo. Dentro de sus agallas, el amor no es sólo un círculo caliente de necesidades sino también una posibilidad de sosiego. El agua es para él como una línea cuya transgresión designa la esperanza.
* La casa. En una casa la soledad puede ser más veloz que el recuerdo, más hábil que la caída, más desesperada que el correr. La soledad que ennegrece, se ampara largamente del estridente color y los incendios.
A veces se está tan sola en la casa que es posible extraviarse, y una busca retornos en sí misma.
En una casa hay libros que dicen que estamos solos. Hay espejos. Aparecen seres que se presentan cargados con sus cuerpos, con sus corazones que no van a abrirse nunca.
La desesperación de una casa no abandona. Alrededor de las paredes se abraza la soledad y una se pregunta qué es ese silencio, qué está destinado a decir. En cada paso, a toda hora del día, esta soledad se convierte en un cuerpo inviolable. Su sopor se desgrana como una nube rota. Abre abismos en
todos los rincones. Exige cirios encendidos y ramos de mentas.
En la soledad de una casa se adormece el viento. Se adormece el mundo. El desamparo puede recorrerla en toda su extensión. Puede ir y venir como una ráfaga y poner sus dedos en todas las cosas.
Una entra a la soledad de la casa con todo el peso del propio corazón y el cuerpo cae con su única piel.
El día de una casa se mide en una sucesión de rompimientos. Regiones desmoronadas lo conforman. Su silencio es siempre igual y siempre contradictorio. Con el silencio de una casa se pueden llenar las copas del crepúsculo.
El silencio de una casa es una búsqueda y una razón. Una no tiene otro deseo más que estar frente a él, dentro de él. Es un silencio vivo y desnudo como el silencio de un hombre. Una busca caer en su centro con la cabeza vacía y matarlo, matarlo sin dolor todas las noches.
* Horizonte. Escándalo y soledad se manifiestan claramente dentro de esta repetición de mí misma. Si quiero elegir un autor moderno, puede ser Lewis Carroll. Si quiero elegir un autor actual, puede ser Lewis Carroll. Si quiero elegir un autor genial, puede ser Lewis Carroll. Si quiero elegir un
autor cualquiera, puede ser Lewis Carroll.
Quizás, si practicara mejor mis propuestas, si estuviera más atenta a lo que ocultan mis propias apariencias, podría despejar la escritura de la perplejidad.
En verdad, toda esta monotonía aparente de mí misma, está llena de variabilidad y de equivocaciones. Podría bailarlas. Hacerlo aquí mismo no sería algo tan macabro como poner de pie algo que está definitivamente derribado. Además, lo que escribo, suele tener algo terrible, algo que conduce a una ociosidad suicida. Por otra parte, todo lo que tenía que ver con mi escritura ya no existe, y yo, fundamentalmente ya no existo. No, al menos, como existí porque cada vez que abro los ojos nazco de nuevo hacia lo que no sé.
En cualquier terreno la realidad no es siempre una experiencia de intensidad absoluta. El hecho de que me atreva a considerar la literatura como un vínculo, como un instrumento, como un hecho erótico, como una razón, me acerca y me aleja de muchos sitios.
Si pienso en un autor desencadenante, puede ser Lewis Carroll. Un estado particular de mi motilidad mientras escribo, suele ser la causa de lo que no escribo. La cenestesia ayuda a la selección de pensamientos.
A mí no me vienen a encontrar todas las variantes del lenguaje. Yo salgo a buscarlas por el mundo. Esa búsqueda me mueve, me moldea, me instala en un horizonte al que de otra manera no podría llegar. Las palabras viven y no viven fuera de la poesía. Un cazador vive y no vive fuera de la selva. Un escritor vive y no vive fuera de sí. De esta sobresaliente imposibilidad deviene mi tortura. Mi escritura.
* El deseo. Sería saludable para mí no desear que los generosos lectores de estos mosaicos se lanzaran a zumbar y lamer el néctar de sus propias flores, o a burbujear en las peceras de sus emociones con el único propósito de no hacerme fracasar en mis intentos de crear realidad a fuerza de palabras.
 
 
 
 
 
 
El llanto de invierno*

En la soledad del parque
solo se ve un perro
que tiembla de frío
sobre un viejo banco.
En el inmenso cielo gris
se ocultan los sueños
y el sombrío silencio
recorre los caminos.
Los árboles se quejan
con voces doloridas
y huyen los pájaros
arrastrando su pena.
Una fina llovizna cae
y empapa el aire
que penetra en un nido
colmado de ausencias.
El misterio rodea la tarde
y en un suelo desierto
se esparcen las lágrimas
del llanto de invierno.

            
*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@...
 
 
 
 
 
 
Otoño del 53*
 
 
Salimos temprano de Neuquén, en un ómnibus todo destartalado, indigno de la acción patriótica que nos había encomendado el general Perón. Íbamos a jugarles un partido de fútbol a los ingleses de las Falklands y ellos se comprometían a que si les ganábamos, las islas pasarían a llamarse Malvinas para siempre y en todos los mapas del mundo. La nuestra era, creíamos, una misión patriótica que quedaría para siempre en los libros de Historia y allí íbamos, jubilosos y cantando entre montañas y bosques de tarjeta postal.
Era el lejano otoño de 1953 y yo tenía diez años. En los recreos de la escuela jugábamos a la guerra soñando con las batallas de las películas en blanco y negro, donde había buenos y malos, héroes y traidores. La Argentina nunca había peleado contra nadie y no sabíamos cómo era una guerra de verdad. Lo nuestro, lo que nos ocupaba entonces, era la escuela, que yo detestaba, y la Copa Infantil Evita, que nuestro equipo acababa de ganar en una final contra los de Buenos Aires.
A poco de salir pasó exactamente lo que el jorobado Toledo dijo que iba a pasar. El ómnibus era tan viejo que no aguantaba el peso de los veintisiete pasajeros, las valijas y los tanques de combustible que llevábamos de repuesto para atravesar el desierto. El jorobado había dicho que las gomas del Ford se iban a reventar y no bien entramos a vadear el río, explotó la primera.
El profesor Seguetti, que era el director de la escuela, iba en el primer asiento, rodeado de funcionarios de la provincia y la nación. Los chicos habíamos pasado por la peluquería y los mayores iban todos de traje y gomina. En un cajón atado al techo del Ford había agua potable, conservas y carne guardada en sal. Teníamos que atravesar montañas, lagos y desiertos para llegar al Atlántico, donde nos esperaba un barco secreto que nos conduciría a las islas tan añoradas.
Como la rueda de auxilio estaba desinflada tuvimos que llamar a unos paisanos que pasaban a caballo para que nos ayudaran a arrastrar el ómnibus fuera del agua. Uno de los choferes, un italiano de nombre Luigi, le puso un parche sobre otro montón de parches y entre todos bombeamos el inflador hasta que la rueda volvió a ser redonda y nos internamos en las amarillas dunas del Chubut.
Cada tres o cuatro horas se reventaba la misma goma u otra igual y Luigi hacía maravillas al volante para impedir que el Ford, alocado, se cayera al precipicio. El otro chofer, un chileno petiso que decía conocer la región, llevaba un mapa del ejército editado en 1910 y que sólo él podía descifrar. Pero al tercer día, cuando cruzábamos un lago sobre una balsa, nos azotó un temporal de granizo y el mapa se voló con la mayoría de las provisiones. Los ríos que bajaban de la cordillera venían embravecidos y resonaban como si estuviéramos a las puertas del infierno.
Al cuarto día nos alejamos de las montañas y avistamos una estancia abandonada que, según el chileno, estaba en la provincia de Santa Cruz. Luigi prendió unos leños para hacer un asado y se puso a reparar el radiador agujereado por un piedrazo. El profesor Seguetti, para lucirse delante de los funcionarios, nos hizo cantar el Himno Nacional y nos reunió para repasar las lecciones que habíamos aprendido sobre las Malvinas.
Sentados en las dunas, cerca del fuego, escuchamos lo mismo de siempre. En ese tiempo todavía creíamos que entre los pantanos y los pelados cerros de las islas había tesoros enterrados y petróleo para abastecer al mundo entero. Ya no recordábamos por qué las islas nos pertenecían ni cómo las habíamos perdido y lo único que nos importaba era ganarles el partido a los ingleses y que la noticia de nuestro triunfo diera la vuelta al mundo.
-Elemental, las Malvinas son de ustedes porque están más cerca de la Argentina que de Inglaterra -dijo Luigi mientras pasaba los primeros mates.
-No sé -porfió el chofer chileno-, también están cerca del Uruguay.
El profesor Seguetti lo fulminó con la mirada. los chilenos nunca nos tuvieron cariño y nos disputan las fronteras de la Patagonia, donde hay lagos de ensueño y bosques petrificados con ciervos y pájaros gigantes parecidos a los loros que hablan el idioma de los indios.
Sentados en el suelo, en medio del desierto, Seguetti nos recordó al gaucho Rivero, que fue el último valiente que defendió las islas y terminó preso por contrabandista en un calabozo de Londres.
A los chicos todo eso nos emocionaba, y a medida que el profesor hablaba se nos agrandaba el corazón de sólo pensar que el general nos había elegido para ser los primeros argentinos en pisar Puerto Stanley.
El general Perón era sabio, sonreía siempre y tenía ideas geniales. Así nos lo habían enseñado en el colegio y lo decía la radio; ¡qué nos importaban las otras cosas! Cuando ganamos la Copa en Buenos Aires, el general vino a entregarla en persona, vestido de blanco, manejando una Vespa. Nos llamó por el nombre a todos, como si nos conociera de siempre, y nos dio la mano igual que a los mayores. Me acuerdo de que al jorobado Tolosa, que iba de colado por ser hijo del comisario, lo vio tan desvalido, tan poca cosa, que se le acercó y le preguntó: "¿Vos qué vas a ser cuando seas grande, pibe?". Y el jorobado le contestó: "Peronista, mi general". Ahí nomás se ganó el viaje a las Malvinas.
Seguimos a la deriva por caminos en los que no pasaba nadie y cada vez que avistábamos un lago creíamos que por fin llegábamos al mar, donde nos esperaba el barco secreto. Soportamos vientos y tempestades con el último combustible y poca comida, corridos por los pumas y escupidos por los guanacos. El ómnibus había perdido el capó, los paragolpes y todas las valijas que llevaba en el techo. Seguetti y los funcionarios parecían piltrafas. El profesor desvariaba de fiebre y había olvidado la letra del Himno Nacional y el número exacto de islas que forman el archipiélago de Malvinas.
Una mañana, cuando Luigi se durmió al volante, el ómnibus se empantanó en un salitral interminable. Entonces ya nadie supo quién era quién, ni dónde diablos quedaban las gloriosas islas. En plena alucinación, Seguetti se tomó por el mismísimo general Perón y los funcionarios se creyeron ministros, y hasta Luigi dijo ser la reencarnación de Benito Mussolini. desbordado por el horizonte vacío y el sol abrumador, Seguetti se trepó al mediodía al techo del Ford y empezó a gritar que había que pasar lista y contar a los pasajeros para saber cuántos hombres se le habían perdido en el camino.
Fue entonces cuando descubrimos al intruso.
Era un tipo canoso, de traje negro, con un lunar peludo en la frente y un libro de tapas negras bajo el brazo. Estaba en una hondonada y eso lo hacía parecer más petiso. No parecía muy hablador pero antes de que el profesor se recuperara de la sorpresa se presentó solo, con un vozarrón que desafiaba al viento.
-William Jones, de Malvinas -levantó el libro como si fuera un pasaporte-, apóstol del Señor Jesucristo en estos parajes.
Hablaba un castellano dificultoso y escupió un cascote de saliva y arena.
El profesor Seguetti lo miró alelado y saltó al suelo. Los funcionarios se asomaron a las ventanillas del ómnibus.
-¿De dónde? -preguntó el profesor que de a poco se iba animando a acercársele.
-De Port Stanley -respondió el tipo, que hablaba como john Wayne en la frontera mexicana-. Argentino hasta la muerte.
De golpe también los chicos empezamos a interesarnos en él.
-No hay argentinos en las Malvinas -dijo Seguetti y se le arrimó hasta casi rozarle la nariz.
Jones levantó el libro y miró al horizonte manso sobre el que planeaban los chimangos.
-¡Cómo que no, si hasta me hicieron una fiesta cuando llegué!
-dijo. Entonces Seguetti se acordó de que nuestra ley dice que todos los nacidos en las Malvinas son argentinos, hablen lo que hablen y tengan la sangre que tengan.
Jones contó que había subido al ómnibus dos noches atrás en Bajo Caracoles, cuando paramos a cazar guanacos. Si no lo habíamos descubierto antes, dijo, había sido por gracia del Espíritu Santo que lo acompañaba a todas partes. Eso duró toda la noche porque nadie, entre nosotros, sabía inglés y Jones mezclaba los dos idiomas. Cada uno contaba su historia hablando para sí mismo y al final todos nos creíamos héroes de conquistas, capitanes de barcos fantasmas y emperadores aztecas. Luigi, que ahora hablaba en italiano, le preguntó si todavía estábamos muy lejos del Atlántico.
-Oh, very much! -gritó Jones y hasta ahí le entendimos. Luego siguió en inglés y cuando intentó el castellano fue para leernos unos pasajes de la Biblia que hablaban de Simón perdido en el desierto.
Al día siguiente todos caminamos rezando detrás de Jones y llegamos a un lugar de nombre Río Alberdi, o algo así. Enseguida, el general Perón nos mandó dos helicópteros de la gendarmería. Cuando llegaron, los adultos tenían grandes barbas y nosotros habíamos ganado dos partidos contra los chilenos de Puerto Natales, que queda cerca del fin del mundo.
El comandante de gendarmería nos pidió, en nombre del general, que olvidáramos todo, porque si los ingleses se enteraban de nuestra torpeza jamás nos devolverían las Malvinas. Conozco poco de lo que ocurrió después. Jones predicó el Evangelio por toda la Patagonia y más tarde se fue a cultivar tabaco a Corrientes, donde tuvo un hijo con una mujer que hablaba guaraní.
Ahora que ha pasado mucho tiempo y nadie se acuerda de los chicos que pelearon en la guerra, puedo contar esta vieja historia. Si nosotros no nos hubiéramos extraviado en el desierto en aquel otoño memorable, quizá no habría pasado lo que pasó en 1982. Ahora Jones está enterrado en un cementerio británico de Buenos Aires y su hijo, que cayó en Mount Tumbledown, yace en el cementerio argentino de Puerto Stanley.

*de Osvaldo Soriano.
"Cuentos de los años felices" editorial Sudamericana, Buenos Aires, edición de 1993.
 
 
 
 
 
 
 
Adopción*
 
Suena el teléfono y el hombre atiende. La voz de Esteban le informa que en un diario de 1927, en la página de policiales, descubrió una noticia fuera de serie. El hombre lo escucha y piensa: "seguro que es todo mentira". Esteban es un apasionado investigador de archivos, bibliotecas, hemerotecas. Es conocido por eso y por ser un gran mentiroso.
Esteban anuncia: "te leo el comienzo de la nota: en el día de ayer se dieron a conocer algunos curiosos detalles relacionados con el luctuoso hecho ocurrido a mediados del mes de marzo último en una mansión del barrio de Belgrano y cuyos protagonistas fueron, como se informara oportunamente, el señor Ramiro Altacerviz y la señora Clara Sáenz de Altacerviz."
"¿me seguís?", pregunta. "te sigo", contesta el hombre. Y piensa: "todo inventado". "resumo un poco -dice Esteban-. Después de la introducción, la nota aclara que estos dos personajes constituían un matrimonio feliz, de mucho dinero, muy conocidos y muy bien conceptuados en las altas esferas de la sociedad de la época. Pero no habían podido tener hijos. Y este es precisamente el punto a partir del cual comienza a desarrollarse la trama de esta tragedia. ¿Me estas siguiendo?" "perfectamente", contesta el hombre. Y piensa: "es un mentiroso".
"Te sigo contando. Resulta que un día esta gente resuelve adoptar un niño. No era una decisión simple y analizaron cuidadosamente otros casos. Consultaron con abogados, con médicos, con sacerdotes. Pero, al parecer, a medida que avanzaban crecían las dudas. ¿Como seria finalmente esa criatura? pese a la privilegiada educación que le impartirían no existía garantía de que con el tiempo el chico no se descarriase arrastrado por alguna tendencia hereditaria e imprevisible. Y así, más avanzaban, más consultaban, más complicado se les volvía el panorama. Por lo tanto, al cabo de unos meses de titubeos, optaron por adoptar un hermoso, joven, fuerte e inteligente chimpancé. ¿Que te parece?". "Fantástico", exclama el hombre. Y piensa: "mentiroso, mentiroso."
"El animal entro a formar parte de la familia. Lo bautizaron con el nombre de Adolfito. Tenía su propio cuarto, andaba por la mansión, compartía almuerzos y cenas, les brindaba afecto. Bastaron pocas semanas para que los esposos Altacerviz se felicitaran mutuamente por la elección. La más entusiasta era la señora. Se encariño de tal manera que ya no quería salir sin el chimpancé y con frecuencia prefería quedarse en casa, antes que concurrir a las periódicas reuniones de la hora del té. El mono adquirió cierta fama. Los amigos de la familia conocían sus hazañas. Cuando se tocaba el tema -cito textualmente del diario-, la señora Altacerviz, sin advertir seguramente la sutileza del juego de palabras, afirmaba invariablemente que Adolfito era una monada." "¿me oís bien?" "bien". Y piensa: "mentiroso". "A partir de ahora leo directamente de la publicación, escucha: una tarde, el señor Altacerviz regreso en un horario no habitual y al entrar al dormitorio encontró a Adolfito y a su esposa sobre la cama en posición inequívoca. Al advertir su presencia, la señora comenzó a sollozar y a quejarse de que la estaban violando. El señor altacerviz abrió un cajón, saco un arma y empezó a los tiros contra el chimpancé. Si bien sus declaraciones posteriores se limitaron a consignar los hechos, es posible suponer que varios factores debieron influir en su actitud. No solamente la evidencia de la violación, sino también de la ingratitud y, quizá más oscuramente, del incesto. Lo cierto es que empezó a los tiros. Pero si algo poseía Adolfito, además de simpatía, era astucia y ligereza. Anduvo a los saltos de pared a pared y en cuanto pudo desapareció por una ventana."
"¿Estas escuchando?" "atentamente." "¿que te parece?" "extraordinario". Y piensa: "todo inventado." "Sigo leyendo del diario, atende: de los seis balazos disparados, cinco se alojaron fatalmente en el pálido cuerpo de clara Sáenz de Altacerviz. Murió inmediatamente. Exasperado, el señor Altacerviz se apoyo el caño en la sien y apretó el gatillo. Pero se había quedado sin balas. Entonces se trepo al techo de la casa y saltó. Trasladado de urgencia a un sanatorio logró salvar la vida, aunque los médicos aseguran que por el resto de sus días no podrá abandonar la cama en que se halla postrado. En esas penosas condiciones, el martes último, balbuceo su declaración ante la presencia del juez, echando así un rayo de claridad sobre estos acontecimientos que habían intrigado a la opinión pública y a las autoridades intervinientes."
"¿Que me decís?", pregunta Esteban. "Una tragedia", contesta el hombre. "Hay un párrafo mas, presta atención: en cuanto al chimpancé, se supo que cruzando campos alcanzo la provincia de Misiones, pasó al Brasil y continuó desplazándose hacia el norte, logrando finalmente adentrarse en la selva amazónica, donde vive actualmente en concubinato con la hija de un cacique." "Sensacional", exclama el hombre. Y piensa: "esta vez se le fue la mano."

 
 
*de Antonio Dal Masetto.
"Ni perros ni gatos" Torres Agüero editor, Buenos Aires 1º edición 1987
 
 
 
 
 
 
Luz de escena*
 
                                                              
                                                                                  “Desde anoche se anuncia en mi osamenta
                                                                        este golpe de lluvia resonando…”
                                                                                    JOAQUÍN  GIANNUZZI
 
Extraño esa cosa mágica
de la luz de escena
y leer mis poemas
en la semipenumbra
de un café literario
o de una sencilla reunión
de trasnoche de los
amigos poetas trasnochados.
 
Y extraño, curiosamente,
la lluvia en Buenos Aires
y mis solitarias caminatas nocturnas
y la voz del silencio en mis oídos…
 
Extraño todo eso
desde mi plácida torre pueblerina.
 
*de María Rosa León. mrleon003@...
“¡Buenas noches, noche!”
Leo Ediciones Artesanales (2005/2006)
 

 
*
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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#112 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 18 de Ene, 2007 12:22 am
Asunto: NOTABLES VERANEANTES.
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Notables veraneantes



Incidentes en la partida
de Alfredo Di Bernardo*

Numerosos incidentes enmarcaron este mediodía la partida del
prestigioso escritor santafesino rumbo a su residencia ubicada en la
localidad de San José del Rincón.


Santa Fe, 17 (Télam). En medio de graves incidentes ocasionados por
la incontrolable histeria de sus fans, el reconocido escritor
Alfredo Di Bernardo inició este mediodía su período de vacaciones.
Numerosos seguidores del autor de "Informe sobre miopes", que viene
de protagonizar un fulgurante éxito de ventas en la Campaña "En
estas Fiestas regale cultura santafesina", organizada por la
Asociación Cultural El Puente, se hicieron presentes este mediodía
en la Plaza España, sobre Avenida Rivadavia, aguardando la llegada
de su ídolo literario. También lo hizo una gran cantidad de
periodistas, un buen número de curiosos y una nutrida variedad de
vendedores ambulantes que intentaban hacer su negocio ofreciendo
merchandising del escritor.
     Cuando casi a las 12 en punto, Di Bernardo arribó al lugar,
dispuesto a abordar un remise trucho que lo llevara a su residencia
ubicada en la localidad costera de San José del Rincón, sobrevino el
primer atisbo de caos, y fue necesario improvisar una conferencia de
prensa para calmar los ánimos. Cabe aclarar que, si bien Di Bernardo
mostró una notable predisposición para contestar todas las preguntas
que se le iban formulando, el desarrollo de la conferencia de prensa
no fue nada sencillo, puesto que los alaridos y cánticos emanados de
la entusiasta hinchada dificultaban la comunicación entre
periodistas y entrevistado. El estribillo más escuchado fue el
clásico "Y ya lo ve / y ya lo ve / es para Borges que lo escucha por
TV", seguido por "Se va a acabar / se va a acabar / la dictadura de
Bucay".
     Tampoco ayudaban al normal desenvolvimiento de los
acontecimientos los incontables ositos de peluche ni las abundantes
piezas de lencería femenina que llovían sobre el escritor mientras
éste, en un alarde de paciencia respondía a requerimientos tan
diversos como "¿Cúal será su próximo libro? ", "¿Es cierto que los
dirigentes de Colón le ofrecieron ser el nuevo refuerzo del
equipo?", "¿Qué es el Ser Nacional?", "¿Cuál es el sentido de la
vida?", "¿Quién mató a Kennedy?", "¿Existió la Atlántida?", "¿Qué
pesa más: un kilo de plomo o un kilo de pluma?".
     Un nuevo pico de tensión general sobrevino cuando una admiradora
trepada a uno de los ventanales del tradicional Café Tokio exclamó
enfervorizada: "¡Papito, quiero tener un hijo con vos!", mientras
dejaba sus pechos al descubierto. Visiblemente fastidiado, Di
Bernardo sólo atinó a decir: "Estoy harto de ser un hombre-objeto;
no soy sólo una cara bonita", lo cual provocó una nueva oleada de
suspiros y alaridos histéricos por parte del público femenino. Luego
de unos segundos, pareció que la entrevista seguiría su curso
normal  Sin embargo, cuando un movilero del programa "Intrusos del
Espectáculo" formuló una pregunta respecto de la presunta relación
amorosa que mantendría Di Bernardo con la actriz italiana Maria
Grazia Cucinotta, el autor respondió "de mi vida privada no voy a
hablar", dio abruptamente por terminada la conferencia de prensa y
se dispuso a abordar el remise trucho que, a duras penas, acababa de
llegar hasta la parada. Allí comenzó la debacle. Mientras el
escritor ascendía dificultosamente al vehiculo, la presión del
público superó el vallado dispuesto por las fuerzas de seguridad, y
éstas, viéndose desbordadas, respondieron lanzando granadas de gas
hilarante. El viento norte hizo el resto: en cuestión de segundos,
una imparable carcajada general envolvió por igual a periodistas,
policías, fans, vendedores y curiosos, mientras el remise trucho se
alejaba rumbo a la localidad de Rincón.
Se estima que cuando los agentes del orden terminen de reírse,
procederán a efectuar algunas detenciones.

*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@...






ESCRITOS EN LA ARENA
La leyenda de Klondike*

*Por Juan Sasturain

Se lo digo yo, que conozco esto como la palma de la mano: si se
quiere encontrar, si es por encontrar, lo mejor es la playa. Hay
quienes encuentran incluso un laburo, como me pasó a mí, que no es
poco. Y hay quienes encuentran un amor, como se dice, o cualquier
otra cosa. En serio: hay mucha leyenda sobre todo lo que se puede
encontrar en la playa. Y no me refiero a la pajería de los
caracolitos, que son cosas que están ahí desde siempre para que las
junten los pibes y los recién casados, o la huevada de las maderas
trabajadas por el mar que algunos chantas venden como esculturas o
ceniceros de cuarta. La verdad, son berretadas, pelotudeces como
todas las cosas que se juntan, no las que se encuentran. Porque es
distinto:
cualquiera junta de lo que hay, pero sólo algunos encuentran lo
perdido.
Donde pierden los boludos siempre hay un vivo que gana.
Hoy en día hay tipos que durante la temporada se hacen mucho más que
la diaria, viven como bacanes con el simple recurso de rastrillar
metro a metro la arena entre las carpas -sobre todo entre las carpas-
  a la tardecita, cuando se van los últimos y obstinados vespertinos.
Levantan de todo. Y no precisamente moldecitos y encendedores de
plástico. Hay mafias que manejan el rejunte, toda una organización
de pesados que son capaces de cualquier cosa: si uno se agacha a
buscar algo fuera de hora no sólo te bajan los dientes sino también
los lienzos; y te rompen el culo.
Pero antes era todo más artesanal, un negocio más chico o más
discreto. En este asunto siempre han sido clave los tipos de los
cuchitriles de enfrente del Casino, que con una balancita y una lupa
despluman a la gilada, los que salen a última hora malheridos de la
Casa de Piedra a buscar refuerzos y caen a empeñar o a vender contra
reloj lo que sea por lo que sea. Caranchos parados en el alambre son
esos tipos que viven de los ahorcados. Pero no sólo: también reducen
de algún afano o lo que les traen de la playa. Aunque nunca se sabe
de dónde vienen las cosas; porque hay que ver quién miente.
Hay anécdotas de gente, de familias, que han salido a dar una vuelta
por la costa de noche y que al pasar frente a uno de estos negocios
han visto un prendedor, una gargantilla, un anillo que les habían
afanado esa misma tarde de arrebato en la peatonal. Pero andá a
probarlo. Si los aprietan los tipos no hablan ni aunque les metas
los huevos en una morsa. Dicen que se lo trajo gente que dijo que lo
encontró en la playa y listo. Me dirán quién carajo va a ir a la
playa con una gargantilla de oro... Pero bueno. También puede no ser
afanado sino que alguien lo empeñó y se calla por vergüenza, lo da
por perdido. No va a ser la primera vez.
En la vieja Mar del Plata de comienzos de los cincuenta, la mosca y
las cosas de valor de las playas del centro las recogían
históricamente los rayitas. Los rayitas eran una bandada de pibes,
de tres a cinco hermanitos o agregados hechos al oficio del rastreo,
una especie de brigada limpiafondos de superficie que hacia el
atardecer rastrillaba las playas desde el Torreón a la Popular en
tiempo record y descargaba disciplinadamente para y sólo para el
insondable Klondike, el tío reducidor, equívoco linyera de bolsa al
hombro y perro feroz que los esperaba al pie del Lobo derecho.
Recibía, compensaba en el acto -llevaba los billetes intercalados
entre las hojas de un rollo de papel higiénico-- y decía hasta
mañana.
Sin embargo ya para entonces, para la época que le digo, los rayitas
no eran los originales sino sus irregulares sucesores y el Klondike
un viejo que había reemplazado la rutina de la guardia diaria por
una burocrática recorrida semanal por las casillas: tres o cuatro
bañeros históricos operaban como agentes de recolección y le rendían
cuentas los lunes antes del mediodía. Los términos de las
transacciones se habían mantenido a lo largo de los años: los
rayitas se llevaban las monedas de la diaria y el Klondike recogía
el oro y la plata -cadenas, anillos, algún aro, pulseritas- e
incluso alguna carucita, alguna Spika con pilas sulfatadas y
salpicaduras de mar, de manos de los bañeros. El viejo hacía en el
momento un cálculo al confiable ojímetro, adelantaba un diego con
planchados billetes extraídos
del rollo de higienol y partía. Al lunes siguiente -nunca más tarde,
nunca antes- ajustaba la liquidación, recogía la nueva cosecha y
aflojaba el rollo. La rutina era la de siempre: recibía, compensaba
y -ahora- decía hasta el lunes.
Yo era un pendejo y tardé en entender cómo funcionaba el negocio,
cuál era la lógica que lo sostenía sin desbandes ni fisuras. Un
bañero veterano me lo dijo:
-El Klondike, ahí donde lo ves, es un pesado.
Y me contó lo que le habían contado, la leyenda de sangre que
aguantaba desde siempre ominosamente el andamiaje.
El Klondike había empezado juntando él en épocas de juventud y
cirujeo salvaje pero enseguida vio la debilidad del trabajo a pulso
personal, obligado a la indeseable competencia. Así que a trompadas
y palazos consolidó su hueco -entregó La Perla, compartió Punta
Iglesia, se quedó con el resto- y una vez marcado el territorio
amplió la empresa familiar con los rayitas, que siempre le dijeron
tío. Hasta que un pobre diablo, un descuidista de los barcitos se le
cruzó (o quiso), tentó a algunos de los pibes y le refaló un par de
relojes.
Fue todo muy rápido: el Klondike cazó al infeliz, le cortó un dedo y
usándolo de lápiz escribió en la base del Lobo -hay quien dice que
delante de los rayitas con los ojos así-: "Klondike paga más". Santo
remedio. Desde entonces todo el negocio fue de él.
-Pero sigue siendo un linyera -dije yo, como un nabo.
-Mirale las manos.
Blancas, pálidas, sin marcas, las manos del Klondike no eran las de
un marginal que viviese y trajinara a la intemperie. La versión más
obvia de su leyenda lo hacía, simultánea o alternativamente, dueño
de un chalet en Los Troncos, propietario de los alfajores Gran
Casino o de una increíble mina de oro de temporada: la flotilla de
vehículos paseadores de pibes -chasis de camión carrozados y
pintados como El Pato, El Conejo y La Ballena- que daba vueltas por
la costa con la regularidad y la eficiencia del goteo de monedas de
una calesita. El Klondike se llevaba diariamente el jugoso fruto de
esos transportes.
Pero había otra versión, mucho más bella y novelesca. Jugador y
perdedor dostoievskiano, el Klondike vivía cada semana los reveses
de fortuna que a otros, los demás, les llevan años, décadas, acaso
toda una vida. Arrancaba en el Casino cada lunes bien tarde con el
dinero fresco del brillante empeño semanal; recién afeitado y
compuesto, de terno impecable y olorosos Chesterfield de
contrabando, se sentaba a la mesa -siempre la misma- de punto y
banca y durante una, dos, tres, las noches necesarias, apostaba
hasta volver a quedar seco de toda sequedad, conseguía llegar al fin
de semana una vez recuperada laboriosamente la barba crecida y la
indigencia para poder volver a empezar.
La leyenda hacía agua por todos lados pero tenía la sabia redondez
de una comedia de Frank Capra.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-79114-2007-01-15.html





LA LECCIÓN*

Apenas llegó a Pinamar se puso el pantalón negro de ci­clista, la
camisa cuatro números más grande de la que usaba para ir a bailar en
el barrio, el cinturón ancho, las medias azu­les, las zapatillas a
cuadritos amarillos y verdes y la campera llena de cierres. Lo que
más le costó fue acomodarse la vincha y el arito porque El Rafa no
tenía ni un espejo en esa piojosa piecita, al borde de los médanos,
que le habían dado por tra­bajar de bañero. Pero lo había invitado y
él, así, ahorraba par­te de lo que había juntado durante el año
falsificando boletas de las obras sociales en la farmacia de su
padre. Cuando salió, El Rafa le dijo que con toda esa ropa se iba a
cagar de calor. Por el sol, y porque el parador estaba muy lejos, en
la playa de El Náutico. Pero ahora la onda era hacer dedo. Se lo
dijo al Rafa: "Los teens —le dijo— van en marcha". Dos horas des­pués
llegaba caminando, solo y reventado, por la arena y bajo el sol de
la media tarde, a La Bianca.
Deambuló un rato entre las mesas mirando a la gente y comparándose
con los tipos, como en un espejo: pantalones largos a rayas, no
tanta vincha, pocos con medias. Eso se daba más en las mujeres. Se
tocó el arito y pensó que ya estaba ju­gado. Le empezó la suerte;
consiguió una mesa justo al lado de una hembra morocha que, sola,
leía un libro mientras tomaba champán. Tenía el pelo liso y largo,
calzaba un dos
pie­zas que abajo dejaba asomar unas perneras cortas, de encaje
transparente. En eso llegó el mozo y dejó sobre la mesa de la
morocha un plato con dos choclos. Ella dejó el libro y empezó a
morder un choclo como si lo leyera: grano por grano, con los dientes
afilados, crueles. Las manos parecían estar agarrando otra cosa. Él
pidió, con voz clara: "Una birra". Al rato ya esta­ba sentado en la
otra mesa porque la morocha, entre mordida y mordida al choclo, le
había dicho que por qué no, eh. El libro que estaba leyendo se
llamaba Cómo navegar a vela.
El le dijo que prefería el tenis y que ahí, en el mar, duda­ba entre
dedicarse al surf, al wind-surf, a los kayaks, o al body boards.
Enseguida, como invitándola, le preguntó qué le pa­recían las
excursiones en lanchas semirrígidas. Ella mostró cierta curiosidad,
mientras arrancaba el anteúltimo grano del segundo choclo. Así que
él le pidió al mozo "otra birra" y le contó la largada —que había
visto por video cable— de la re­gata Buenos Aires-Río. "Ahí lo vi a
Menem —mintió—, cuando subió a la fragata para ir hasta la largada.
No sé qué pensás de política pero a mí aunque sea peronista me
parece bien, porque está con las privatizaciones. Y además se banca
perder la popularidad y no le importa que le digan contradic­torio.
Ahora sí, para mí esa cache de Zulema le está haciendo lío con lo de
los micrófonos. Pero salgamos de la política. En música seguro que
te gusta el pop, porque se te ve muy ska. Y Charly García dice, es
una canción que esté, La Bianca, es el point. Yo adoro Soda Stereo y
Ratones Paranoicos. Más pop que
  new-romantics, viste. En cambio, para vos, seguro que Fabulosos
Cadillacs." Todo eso lo dijo casi de un tirón, mien­tras veía que
ella dejaba asomar cada vez más los dientes chi­quitos; alegre,
interesada. Entonces le dijo que pensándolo bien, para el día
siguiente, se había decidido por el wind-card. "Eso de andar en
skate con velas —le aclaró, por si no enten­día—, es lo más crazy."
Ella sonrió un poco más grande. De modo que se fue a fondo. A la
noche podían encontrarse en
María Bron a tomar clericó. "O si no en Valeria Ranch o Alwais —le
dijo—, porque vos se ve que no sos de las mayorcitas que gustan de
comer en Tamarisco."
Desde ahí enfrente, desde la playa, sonaba una bocina o un grito.
Ella levantó la cabeza. Un tipo todo de blanco, con el pelo largo en
colita y gorra azul de marino la llamaba desde un triciclo arenero
más bien sencillo. Ella hizo señas de que esperara y dijo: "¿Decime,
a vos te gusta toda esta...". No es­cuchó bien, porque lo distrajo
notar, por primera vez, que su voz era ronca, arrastrada, como rea,
pero creyó adivinar que la última palabra había sido "boludez". Sin
poder creerlo le con­testó, soberbio y distante: "Claro, es una forma
de vida, ¿no, che?". Ella se levantaba y le iba diciendo: "Entonces,
pibe, tenes que mejorar tu inglés y corregir algunos detalles. Así
que repasa la lección y volvé el verano que viene". Señaló la silla
que había dejado: "Repásala. Acordate que está en la pá­gina
veintiséis".
La cola, los glúteos, se iban pero dejaban su recuerdo —insinuando,
húmedo, seguro que caliente— en la tapa de la revista sobre la que
había estado sentada. El último número de esa revista de actualidad
que él había estado releyendo, por cuarta vez, durante todo el viaje
a Pinamar.




PARA QUE VENGA UNA GRAN VOZ, Y ME TOQUE*



María ahora quiere que venga Sting y la toque. No que le  cante,
para eso están los casetes, sonando en el minicomponente portátil,
largando la dulce, viril voz del inglesito rubio, a los cuatro
vientos del Río de la Plata. Papá, delante de su cuerpo tendido en
la cubierta que apenas repite las oscilacio­nes del casco, ya
anunció, como Colón gritó tierra, que están llegando a La Barra.
Tirada, con todo el cuerpo al sol, se corre un poco, en la
entrepierna, el lado izquierdo de la bikini y algunos pelitos
rubios, húmedos, asoman para que Sting los mire; abre un poco,
apenas un poco más las piernas. Desde abajo, desde los camarotes,
llega la voz de la mujer actual de su padre que está preparando el
desembarque de sus hermanitos: ese pantalón no, que está sucio,
Gonzalo; ese jean blanco, Adelina. Arriba, María piensa en Sting:
que venga y me ame, piensa, y no le hace falta mucho para saber que
han entrado a la embocadura de La Barra, porque papá, sin dejar el
timón en ese silencio que puede ser del río, del viento pegando fijo
en la vela alta, o precisamente del agujero que hace en todos los
ruidos del mundo la voz del rubiecito Sting, le dice, enérgico: "Por
qué no te dejas de joder con ese inglesito subversivo". No es la
primera vez que se lo dice, después de aquella actuación en Buenos
Aires —que ahora está tan lejos, porque esto es territorio del
Uruguay—, en River, donde subieron al escena­rio esas señoras de
Plaza de Mayo. "Inglés de mierda, y sub­versivo —le dijo, y después
le alargó un diario, el diario que ella había tomado de la mesa de
luz de su madre, que ahora anda con un tipo de izquierda—. Mira lo
que dice acá: que fue la mayor manifestación de los últimos tiempos
a favor de los derechos humanos." Ella cierra las piernas, sabe que
ahora su padre maniobrará para entrar expertamente, como lo marcan
sus premios internacionales de navegación a vela y que debe
concentrarse, y pone más fuerte a Sting, más fuerte. Ya le ha dicho,
esa vez: "Leí el diario, dos veces. En la primera nota, decían bien
que el público era todo así, como nosotros, los chicos que fuimos,
rubios, bien. Pero no nos engañaron: todas mis amigas saben que
Sting siempre anduvo en ese asunto de los derechos humanos que nunca
querés explicar". Como si el diálogo siguiera, el padre, desde el
timón, le dice que en el diario, después, alguien, de manera muy
cache, puso que los asistentes al espectáculo eran sesenta mil
llamas. "Bramába­mos por la música, por él. Yo, lo de las Madres, me
di cuenta cuando me dijo mamá." Y pone más fuerte a Sting que justo
canta ese tema dedicado a las madres chilenas. Y calla: no en­tiende
bien pero sabe que por la noche, en el bar de La Barra, su padre
habrá olvidado. Por la mañana seguirán hablando de que hay que
terminar con ciertas cosas que hay en el país. Pero ella —si lo que
espera no es cierto— apelará a los walkman. Pero a lo mejor, cuando
baje, ahora, Sting puede estar esperándola. Se vestirá a la última.
Se pondrá, en la
ca­beza, un pañuelo banco.


*de Miguel Briante.
AL MAR Y OTROS CUENTOS. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2003




La belleza del bosque*

El canto de los pájaros
inunda el espeso bosque
y resuena el aleteo
en el aire primaveral.
Las melodías embriagan el follaje
que se mece suavemente
y los troncos también gozan
la dulzura de los trinos.
El sol de oro sonríe
cuando ve las mariposas
que llevan los sueños
en sus alas transparentes.
Las flores silvestres se balancean
y el perfume dulce penetra
en las copas de los árboles
que llegan hasta el cielo.
Los colores de la belleza
pintan todo el paisaje
y en el horizonte se leen
los versos de un poema.


*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@...





PENSAMIENTO*


*Por Antonio Dal Masetto.

  El amigo Luis es un tipo más bien apático, temeroso, torturado por
las dudas. Salvo cuando está enamorado. Entonces no hay quien lo
pare. Lo conozco desde hace años y lo he visto en acción. Su última
aventura empieza cuando Martita mete sus cosas en un par de bolsos y
desde la puerta le grita:
--Estoy podrida de vivir con un seco, siempre fuiste un seco, nunca
dejarás de ser un seco.
Luis la persigue por el pasillo, trata inútilmente de retenerla,
después levanta el puño al cielo y grita:
--Si hay alguien ahí arriba lo tomo por testigo de que muy pronto
dejaré de ser un seco, lo juro.
--Seco, seco, sos un seco, siempre serás un seco --repite Martita
mientras abre la puerta de un taxi.
Lo que Martita no sabe es que Luis dispone de un arma secreta. Desde
hace tiempo está asistiendo a un curso de control mental. Así que a
partir de este momento una sola y gran idea comienza o ocupar su
cabeza. "Quiero dejar de ser un seco, quiero dejar de ser un seco",
se repite mentalmente día y noche. Prepara su propio bolso y se
dispone a partir hacia la costa donde un amigo posee un departamento
que utiliza únicamente en verano y donde Luis se someterá a un
retiro espiritual para templar su voluntad y aplicar lo que aprendió
en control mental. Camino a Retiro no deja de pensar: "Quiero dejar
de ser un seco". Mientras recorre la estación, se le cruza un
predicador y, bendiciéndolo con la mano en alto, sentencia:
--El agua de vida te alcanzará borrando de ti toda sequedad.
Luis le da unas monedas e interpreta el encuentro como una señal
prometedora. Antes de subir al ómnibus, una nena, jugando, le arroja
un vaso con agua mientras grita:
--Agüita fresquita.
Durante el viaje se larga a llover. Luis se queda dormido pensando
en que quiere dejar de ser un seco y se despierta con el pantalón
mojado por una gota que se filtra por la ventanilla y lo salpica. La
compañera de asiento es una anciana que se durmió con la cabeza
apoyada en el hombro de Luis y mientras sueña llora sin parar y sus
lágrimas le empaparon abundantemente el saco. Cuando llegan a
destino sigue la lluvia, las calles están inundadas y Luis las
recorre con los zapatos en la mano. En el edificio hay un corte de
electricidad y por lo tanto tiene que subir por escalera. El
departamento del amigo está en el último piso, el 21. Por suerte hay
velas. Luis descubre una buena cantidad de latas, arroz y fideos.
Esto lo tranquiliza porque entonces no habrá necesidad de
interrumpir su aislamiento y sus meditaciones. Antes de dormir Luis
se concentra en su pensamiento mágico y proyecta con fuerza su
determinación de dejar de ser un seco.
Se despierta en la mitad de la noche, nuevamente empapado, ahora a
causa de una gotera en el techo que da justo en el medio del
colchón. Corre la cama y al amanecer descubre que la del cielorraso
no es la única filtración y que el piso es un gran charco. Sigue el
temporal. Un golpe de viento abre la ventana y junto con la lluvia
entra una gaviota. La gaviota se queda a vivir con Luis y le hace
compañía, lo mira concentrarse en su pensamiento y rápidamente
aprende a abrir las latas a picotazos, por lo cual Luis debe
guardarlas bajo llave porque corre el riesgo de quedarse sin
provisiones.
Llega otra vez la noche y luego la mañana y nuevamente la noche y
sólo hay lluvia y lluvia. De tanto en tanto Luis corre a cerrar la
ventana que el viento abre. Hacia fuera no se ve nada, ni mar ni
tierra. Luis está solo allá arriba, aislado del mundo, con su
pensamiento único y la gaviota glotona. La ventana se abre una vez
más y lo que entra no parece ser sólo lluvia y viento, sino una ola
de grandes dimensiones, y lo que se ve cruzar y luego desaparecer en
ese torbellino tiene todo el aspecto de un pez volador.
Entonces una antiquísima amenaza sacude la sangre y la memoria de
Luis. Sin duda, se dice, el agua ha estado subiendo y subiendo y tal
vez ya esté por alcanzar los pisos altos. Ahora Luis abre él mismo
la ventana, toma la gaviota y la arroja afuera. La gaviota vuelve al
cabo de las horas pero no trae un ramo de olivo en el pico sino un
alga marina. Luis busca y encuentra herramientas y clavos y se
dispone a construir algo que flote y donde ponerse a salvo con la
gaviota cuando las aguas lleguen finalmente al piso 21.
Por ahora ahí lo dejamos al amigo Luis, doblado sobre las tablas,
martillando y martillando, un poco desconcertado por el giro de los
acontecimientos, pero todavía firmemente empecinado en demostrar que
puede dejar de ser un seco y recuperar así el respeto y el amor de
Martita.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/1998/98-10/98-10-21/contrata.htm



Ejercicio de escritura:


10 años sin Osvaldo*

El 29 de enero serán 10 años sin Osvaldo Soriano.

Inventiva Social invita a escribir pensando en su obra y vida con
estilo libre (poesía, ensayo, narrativa)
Los escritos deberan enviarse hasta el 28 de enero a la casilla:
inventivasocial( arroba)yahoo. com.ar

-Rogamos a los compañeros y colaboradores una amplia difusión de
esta invitación-

*Eduardo F. Coiro  inventivasocial( arroba)hotmail. com




*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
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intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
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#110 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 10 de Ene, 2007 10:41 pm
Asunto: OSCAR A. AGÚ -ANTOLOGÍA-
inventivasocial
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Oscar A. Agú. -Antología-





LOS ÁRBOLES*


aquietan morosamente, tiernamente los pensamientos.

Desde su altura no compiten: están.

Acompañan los ciclos y adormecen los vientos;
persisten sin apetecer.

Son compañeros de viaje hacia el sosiego
maestros en el juego de la luz
y no desean más que lo dado.





LABOR POETICA*


Troza una palabra en cuatro.

Reparte trozo a trozo     comulgando los sabores
                                 dulces sabores.

Troza una palabra en cuatro     en mil
no la registra como propiedad privada
                                 la condomina.

Y retorna

                         y busca

                                       y troza

                                                         y comulga

a confesos e inconfesos,

a rufianes y ángeles

a rameras y amas de casa

a los sedientos.

Y cuando la palabra se agota

la reinventa, la desnuda de cascarones,

se sumerge en ella procreando

y la ofrece, sin más.






LUNA NO CONQUISTADA*



El idiota que burbujea palabras

o el inventor del invento,

el que abre sus manos con aves flamígeras

o el decorador de horizontes no dibujados,

el que mata por derecho o por matar,

el suicida

el bien informado

el enfermo de sol y arena

el que simula vuelos que no tiene

el que al cerrar los ojos no los cierra.

Todo hombre sin importar rango,

color, genética, continente, lengua,

océanos atravesados, guerras hechas y por hacer,

lunas conquistadas, colonias sometidas,

sueños devorados, palabras inconclusas,

gestos alucinados...

Todo hombre, alto, flaco, bajo, gordo,

atlético, deforme, sedentario.

Todo hombre es una señal habitable,

es un cosmos, es dios en su seno,

es la terrible soledad de saberlo,

es la libertad invernando,

es la duda que mora en la respuesta,

es la verdad inconclusa,

es un cielo a dibujar, es una luna no conquistada.







OSCURO SILENCIO ATRAPÓ MIS PALABRAS*



Oscuro silencio atrapó mis palabras

y no sé qué ni cómo decir

                                          niño pidepan

qué ni cómo

                                              desarropado

qué ni cómo

                                                desamado

qué ni cómo

                                                  niño en los idiomas
del mundo


qué ni cómo

                                               ángel en la intemperie.






LAS ANTIGUAS ALFARERAS*



Las antiguas alfareras cantan

mientras sus manos sueñan con el barro:

lo acarician, le dan el espíritu del cuenco.

Buscaron la forma de la mano,

el vacío interior que le da sentido

que le da espacio y retiene al agua.


Las alfareras cantan recientes canciones

arrullan la voz mientras la forma queda,

mientras el sueño cobra sentido.


Han descubierto el barro, el que es necesario,

el que endurece y no se parte

al que le soplan su aliento en tanto cantan.


Forma de mano tiene, forma de mano:

en él el agua brilla

en él el grano queda

en él la alfarera canta.






ESA MUJER EN BICICLETA*


Esa mujer en bicicleta bajo la lluvia

la fría lluvia del incipiente otoño

marcaba un ritmo lento y fugaz

junto a las primeras sombras de la noche.

Blandía, toda ella, un aire de zozobra

una lentitud del cansancio

una leve brisa de aún estoy.

Esa mujer, bajo la lluvia, en esta ciudad

llevaba todo el peso de la jornada

que se disolvía entre un pedal y otro

entre una gota y otra de la lluvia

se disolvía y se espejaba en el lustroso asfalto,

entre las luces refractadas y las sombras.

Esa mujer, bajo la lluvia, persistía

como loca ilusión en bicicleta

como aventura haciéndose

como constancia de la vida.






POEMA PARA NO OLVIDAR*


Hay treinta mil razones, que no son pocas,

ahumando el tiempo y el fin de siglo.

¡¿qué digo?!. Treinta mil. Sólo son las más cercanas.

Las más nombradas por las flores

confirmadas cada mañana en el barbijo del sol

y navegando, siempre navegando, en las voces del viento.

Nombres que siembran despertando historias

donde el dolor es simiente y la ausencia

una brasa ardiendo corazón adentro.






MUJER*


Cuando el silencio gana distancias,

me siento mar

salitre deseoso

de permanecer espuma en la piel de tu playa.

Eres, entonces, arena;

blanca arena que recorro escurriéndome entre tus poros

dejando mis volátiles huellas marcadas sobre tu piel.


Cuando la mar se retira y se hace lejanía,

soy honda playa esperando

que la salitrosa presencia bañe mis deseos,

los cubra suavemente con la tumultuosa fragancia;

emanación sublime del encuentro.


Cuando las aves en su vuelo anuncian la noche,

el rumor leve y lejano de la mar se ensancha

se hace caracola lenta y plena,

pez alado surcando luz de plata

cardumen claro en la oscuridad de las aguas


medusa inquieta afiligranada por tus ojos

fondo marino exhalando colores y claras algas


es cuando


sabedor que mis pasos llegan

a tu húmedo cuerpo de playa,

se sahuman y contienen mis amores.

del mundo...

del mundo recojo en mis bolsillos la ternura.

Una flor cortejada por el Mainumbi

La sonrisa infantil y los juegos

El mate y la ronda de amigos

Una pareja que no teme a las caricias

La charla con mis hijos

Mis padres y sus historias

Las dulces canciones de ronda

La música

Y una mujer.

Es probable que no haya señalado todo

sólo intento insinuar lo que del mundo

guardo en mis bolsillos.




*

Los elementos se disuelven en toda su gamada infinitud. Y convergen.
Vocación sin fin que brinda armonía a la danza. Somos, apenas, una
convergencia que se reintegrará. Una convergencia luminosa.


¿Con qué vanidad tonta puedo esgrimir posesión?.
  He de morir conciente de que no muero. No pierdan su tiempo, amigos
míos en llorar. Saluden a los prados, a las montañas, a los
insectos, a los hombres en mi nombre, que es el nombre de ellos.


  Cuando este viejo planeta quede flotando inerte en el espacio, se
irá lentamente disolviendo y aconteceré en otra galaxia o en algún
errabundo comete. Seré mineral, viajero del espacio. Recorreré la
casa de los dioses, tal vez sin preguntas, tal vez con todas a
cuestas. Y no seré yo. Me habré disuelto infinidad de veces
compartiendo mi cuerpo ya visceralmente compartido.
  Y la tierra ventral se disolverá y dirá, probablemente, lo mismo
que yo ahora. Y sabrá que es disolución de otras disoluciones. Con
Amor, infinito Amor.



*Poemas de Oscar A. Agú. cachoagu58(arroba)yahoo.com.ar





Correo:
*
Mañana vienen los reyes, por José Vicente Pascual


Granadino cabal, amigo leal.
Escritor sin igual, conversador genial.



Mañana vienen los reyes, a los magos me refiero, una leyenda subida
a lomos de camellos que antes hundía su razón en las esencias
alquímicas del oro, el incienso y la mirra como símbolos arcanos del
poder y la sabiduría, y ahora reedificada, gracias a El Corte Inglés
y el gremio de jugueteros, en industria millonaria de la ilusión
familiar. Es hermoso regalar a los niños, y si esos niños son hijos
ni te cuento. Lo malo es que ellos, por naturaleza desagradecidos,
se acordarán por lo menos durante quince días de los obsequios que
les han traído los magos de oriente, pero de la VISA del padre o la
Mastercard de la mami no han de echar cuentas. Aunque sus
progenitores, casi tan inocentes, no se sentirán necesitados de
reconocimiento. Con el goce de sus pequeños, el brillo de candor en
sus miradas, estarán más que pagados y satisfechos.
Así pasamos la vida, pienso hoy, mientras escribo este artículo.
Filosófico me encuentro, y eso que de un tiempo a esta parte me
alimento muy bien. Pasamos la vida haciendo cosas que cuestan mucho
(no me refiero al dinero, aunque la guita siempre es un alivio),
para que otros disfruten de lo que somos capaces de ofrecerles, y la
recompensa no es exactamente la gratitud de quien se reconoce en
débito inexcusable con quien bien le hizo, sino disfrutar la
felicidad del otro, los otros, y saberlos íntegros y seguros de sí y
capaces de, a la recíproca, emprender afanes en beneficio de otros
más otros, más allá. Así funciona el negocio de vivir, me parece. Si
recuerdo a mi señor padre (es un ejemplo, creo que muy útil),
siempre llega a mi memoria como un hombre que iba y venía, que
viajaba y cumplía horarios tenazmente, incansable, invariablemente
asistido de ánimo y fervor tanto por su trabajo como por los suyos;
pero también recuerdo que todo lo que él me dio, en su día, yo lo
consideraba conquista propia. Es injusto pero muy propio del corazón
humano, fíjense que no digo "el corazón de un niño", nada de eso. Es
nuestra forma de ser: el esfuerzo de otros, y su devoción y entrega,
siempre se reciben, eso creemos, como recompensa a nuestro propio
mérito. De tal forma, si los reyes magos me traían muchos juguetes,
era porque me había portado bien, o porque había sacado un diez en
lectura, un ocho en caligrafía y un cinco en matemáticas. Los
trajines de aquel hombre, mi padre, errante por todas las esquinas
del sur andaluz, vendiendo televisores en las ciudades grandes y en
los pueblos mínimos de la España del NO-DO, eran a mis ojos una
circunstancia estructural, una condición impuesta por el destino que
exigía su denuedo para que el mito siguiera cumpliéndose y actuando
en mi favor. Cuántos kilómetros hizo a solas, en aquellos
automóviles que funcionaban porque Dios quería, cuántas veces se le
hizo de noche en el camino y cuántas mañanas desayunó solo en algún
bar de carretera, y cuántos números
haría, "televisores+kilómetros=ganarnos la vida", para que yo
tuviese, además de reyes magos y ratoncito Pérez y cumpleaños y día
de mi santo, libros para estudiar y hacer méritos sobre ellos, y
libros para leer, y todos los juguetes del mundo, y el sigilo
presuroso, alborozado, de la noche del cinco de enero, cuando me
mandaban acostar temprano y dormirme enseguida porque "mañana vienen
los reyes". Todo era mi conquista, mi derecho, creía. Mi premio. El
suyo: que siguiera yo ingenuamente confiado en mis posibilidades de
merecer buen trato durante los días de mi destino.
Mañana vienen los reyes y la tradición no ha cambiado. Tengo muy
pocos regalos que hacer, mas mucho he de cuidar que no se me
agradezcan; quien los reciba, sentirá que son ni más ni menos lo que
yo quiero: merecidos. Ahí se agota el contrato del cariño, como debe
ser. Somos felices si las personas a las que amamos reciben lo que
merecen. Que nuestra mano haya llenado el calcetín es lo de menos.
Buena noche de reyes y mejores sueños.

IDEAL. Puerta Real - 05/01/2007
http://blogs.ideal.es/index.php/josevicentepascual/2007/01/05/recompe
nsa



*Enviado para compartir por Udi. udi.cuatro.catorce(arroba)gmail.com
http://udi414.blogspot.com

"Los momentos en que somos mas libres e iguales en este sistema son
los que dedicamos a la consecución de la utopía. El resto del tiempo
somos meros esclavos"





Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-

Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o
no) para editarlos durante el mes de enero del 2007. Con respecto a
la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com


*

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#109 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 26 de Dic, 2006 12:55 pm
Asunto: ESTACIÓN J.R.R. TOLKIEN
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Viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
 
Para viajar gratuitamente enviar un mail en blanco a inventren-subscribe@...
Próxima estación: Marcelo Tinelli (ex FRANCISCO AYERZA)
Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...
 
 
 
 
LÁGRIMAS DE NANA*
 
Se aniquiló la fértil rebeldía
para saquear por fuerza las raíces;
aún inmaduro al tiempo de cosecha,
de sangre y savia el alba sucedía.

Se permutó de casa y de almohada,
se disfrazó vilmente la fachada,
mas las simientes nunca despegaron
de la primera entraña del amor.

Allí habitaban sueños y principios,
había un camino, ideas, ilusiones,
cerebro, brazos, juventud, abrazos,
una poesía, un pájaro, una flor.

Mientras reinaba tu estrella de utopías,
dulce semilla, la vida te gestó;
tras la primicia, hubo lágrimas y risas,
hubo proyectos y el vientre se anidó.

No sé si fue de noche,
no sé si fue de día,
si debajo del lienzo
lo mismo me advertías.
Yo estaba progresando
y la panza crecía
protectora, caliente,
preñada de alegría.

Hubo violencia, gritos,
hubo fuego, locura,
miedos, complicidades,
vértigo, desmesura...
Tus manos me abrazaban
como alas de ternura,
tu arrullo me impedía
sufrir con la tortura.

Busco detrás de aquel gastado espejo
negados trozos de una verdad dormida,
grito impotente mi identidad perdida,
duende furtivo golpeándome el aliento.

Sueño encastrar las piezas escondidas
entre vaivenes que aturden mis sentidos,
armar el mapa de mi fisonomía,
rompecabezas que pasa inadvertido.

Es tan urgente contar con una historia
para elegir la ruta y un destino,
saber quién soy, rescatar la memoria,
voltear el rumbo, al fin sentirme vivo.

Hay que enfrentar la muerte enmascarada,
alguien me busca aguzando la mirada,
brinda sus manos, perfuma la esperanza,
pañuelo blanco con lágrimas de nana...

No sé si fue de noche,
no sé si fue de día,
si debajo del lienzo
lo mismo me advertías.
Yo estaba progresando
y la panza crecía
protectora, caliente,
preñada de alegría.

Hubo violencia, gritos,
hubo fuego y locura,
miedos, complicidades,
vértigo, desmesura.
Mas perdió la mentira
pues intuyo que adentro
sigue intacta la sangre
a pesar del encierro.
Porque el amor persiste,
a pesar del entierro
y la verdad florece
bajo el peso del tiempo.
 
 
Letra: Marta S. Pizzo
Música: E. Mabel Escribal
 
 
Poema musicalizado, dedicado a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo,
 a los chicos recuperados y a los que aún falta encontrar.
 
*de Marta S. Pizzo  mipalabrahoy@...
 
 
 
 
Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron.
Gandalf a Frodo
 
 
 
BOLETOS*

No nombraré la ciudad porque la ciudad es múltiple, y porque lo que allí sucede, bien puede suceder a diario en otra ciudad, en otro país. Acaso cambien los nombres, los rostros, los objetos.
Yo, turista en todas partes, eterno extranjero, pertinaz inhabitante, venía caminando hacia la estación, con mi maleta medio vacía (maleta de nómada incurable, brevísimo catálogo de recuerdos y ausencias, inútil equipaje), y un creciente cansancio que se iba acentuando a medida que mis pies cruzaban más fronteras, a medida que mi pasaporte acumulaba sellos. Puesto que aún faltaba más de una hora para la salida de mi tren, tomé asiento en una terraza sombreada.
Enfrente, al sol, había varios niños jugando. Niños pobres, harapientos, de los que abundan en los alrededores de casi todas las estaciones del Sur. Cuando pasaba alguien con traje, o con aspecto de turista, uno de ellos se separaba del grupo y se acercaba al desconocido, ofreciéndole un billete de lotería. El timo es antiguo. Se trata de billetes viejos, sin premio, que los chicos recogen del suelo o de las papeleras y planchan lo mejor que pueden para darles apariencia de nuevos. A veces, algún despistado compra un billete, pero generalmente hay gritos y amenazas, y a menudo, los chicos tienen que salir corriendo para no caer en manos de la policía.
No muy lejos de allí, las máquinas excavaban lo que muy probablemente se convertiría con el tiempo en un centro comercial o un edificio de oficinas. Quizá a causa del monótono ruido de las excavadoras, me amodorré un poco.
Una voz suave me despertó.
- Señor...
Cuando levanté la vista, una chiquilla morena, con dos trenzas medio deshechas y una mancha oscura en la mejilla, me ofrecía uno de aquellos billetes.
Mi primer impulso fue echarme a reír y despedir a la mocosa con unos céntimos o con la amenaza de la policía, que es el remedio habitual en estos casos, pero algo en su mirada me impedía hacer una cosa así.
- El número es lindo -dijo, tratando de vencer mi indecisión con esas simples palabras.
Entonces la miré con más detenimiento. Sus ojos no eran los de una niñita suplicante, no eran ojos mendicantes, ni ojos víctimas; tampoco eran los ojos pícaros de quien está estafando a un turista crédulo; aquéllos eran los ojos firmes y tranquilos de alguien que sólo pide lo que por derecho le corresponde.
No lo dudé un instante. Conté algunas monedas y puse en su mano el dinero que costaba el billete. Ella me dio las gracias, sonrió dulcemente y regresó junto a sus amigos. Mientras la miraba alejarse correteando alegremente, guarde el papelito en mi cartera, junto a la fotografía de Mariela.
Miré el reloj. Había que irse. Mi tren estaba a punto de llegar.
Sé que es innecesario contar lo que sigue, decir que aquel fue el primero de una larga colección de boletos caducados, que hubo en mi camino otras muchas estaciones, otros niños y otras excusas, que en cada lugar que visité fui atesorando con avidez los boletos que aquellos niños famélicos me ofrecían, siempre ante la atenta y burlona mirada de los testigos, ciegos, incapaces de percibir que todos y cada uno de aquellos papelitos medio arrugados tenían un premio mucho más valioso que el que indicaban los números impresos.
Durante años he llevado conmigo ese primer boleto, prueba irrefutable de que la escena anteriormente narrada no fue un sueño. A veces, contemplo la cifra, ("-El número es lindo") como si en ella pudiera leerse algo que no fuese una sucesión más o menos armoniosa de dígitos. A veces, contemplo la cifra como esperando que esos signos revelen algo que en realidad no necesita ser revelado.



*Sergio Borao Llop. sergiobllop@...

http://al-andar.blogspot.com
 
 
 
 
*
—Puedo ordenarle al espejo que revele muchas cosas —respondió ella— y a algunos puedo mostrarles lo que desean ver. Pero el espejo muestra también cosas que no se le piden y éstas son a menudo más extrañas y más provechosas que aquellas que deseamos ver. Lo que verás, si dejas en libertad al espejo, no puedo decirlo. Pues muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán. Pero lo que ve, ni siquiera el más sabio puede decirlo. ¿Deseas mirar?
 
 
*Galadriel a Frodo
 
 
 
 
La rueda del ferrocarril*
 
 
Un día, medio en el otoño de mil novecientos noventa y cuatro, apenas apoyó la copita, don Vicente Petraglia preguntó si alguno se acordaba de cuándo había funcionado por última vez el telégrafo de la estación. Lo habían estado esperando por otra cosa; así que informó: "Ahí quedaron los de la cuadrilla, levantando las últimas vías". El vasco calculó que por lo menos treinta años, lo del telégrafo. Era difícil escuchar, por el ruido de la terminal de ómnibus, aunque el barcito estuviera casi al fondo de una de las galerías, entre los negocios. Pero don Vicente habló clarito: "Bueno, recién volvió a funcionar".
"Lo sentí desde mi oficina -siguió, mientras juntaba los papeles-. Vos sabés cómo es eso, Berardo. Punto, tac, raya, toc. El ruido y uno empieza a leer." Le hablaba a Berardo, que había sido telegrafista, pero todos sabían. "Estaban pidiendo entrada. Punto, raya. Pero como si pidieran ayuda. Entrada a cualquier lugar."
Mil novecientos noventa y cuatro. En el televisor del barcito repetían otra vez la inauguración del último tramo del ramal ferroviario Rosario-Puerto Belgrano. Los de la mesa se lo habían pasado todo el día mirando. Menos don Vicente, que venía de la estación. Como todas las noches. "Eso más que un ramal, es un ramalazo", dijo por quinta vez el rengo Testa. "Del alma", o "en el alma", murmuró Petraglia. Siguió: "Le di entrada. Punto/raya. Me temblaba la mano. Me pareció que sonaba todo de vuelta: que se abría la ventanilla de los boletos, que aparecía el viajante de la Bols, como siempre, primero, y atrás la cola. Los cadetes que se iban los domingos a la noche, el lunes en que los sobrinos de éste se fueron a Buenos Aires, por ejemplo. Y vos, Berardo, en la maquinita, meta contestar". De todos, el más duro fue siempre Ferrucci: "Primero que todavía tenés puesta la gorra. Segundo, que si empezás para atrás no llegamos nunca". Pero Petraglia nunca cuenta una sola cosa a la vez. Se distrae.
"Entonces, te la clavo en un día justo", cortó. Se metió la mano en el bolsillo y la dejo ahí, olvidada. La derecha. Con la izquierda, sacó del bolsillo una libreta. "Noche del 18 al 19 de diciembre de 1988. Ahí se los dije. Fue a esta hora porque ya había pasado el rápido y estábamos todos acá. Bueno, en Las Violetas, que era acá. Estaba el de La Costera, la única línea de ómnibus que venía." Algo no se escuchó porque en eso pararon tres micros y arrancaron tres, se oía, y el bolichito empezó a llenarse de gente con sombrero y máquinas de fotos y encima llegaba el ruidaje del quiosquito donde venden recuerdos del Salado: postales, pejerrey en polvo de la zona; latitas con las tocas del río. Don Vicente estaba insistiendo: "Fue esa noche". Señalaba la pantalla: unos hombres de casco parecían desfilar por las vías; atrás, por allá, en un palco, al lado del Presidente de la República, el Obispo bendecía. Había estado en el pueblo, el Obispo, una vez. "Esa noche el presidente de los Ferrocarriles Argentinos estaba con la rubia del programa de economía. Ahí anunció que se largaba la licitación, entre empresas privadas, para el ramal Rosario-Puerto Belgrano. Ahora inauguran. Van cumpliendo." Antes de irse al baño el telegrafista dijo: "Es cierto. Era por Navidad". En eso entró Casares, que era capataz de cuadrilla. Por un rato, no miraron la tevé. Casares: "Ya está, jefe. Todos los fierros acomodados en el galpón de las máquinas. Apretados." "Cerraste." El jefe Petraglia nunca preguntaba. "Los muchachos", dijo Casares y lo agarró de un hombro a Petraglia, fuerte, suave. "Y vos -lo miró el jefe-, que naciste en ese galpón." Casares dijo que no. "Pero lo mismo. Ahí me bauticé."
"De fuego", agregó al rato. Se quedaron mirando al telegrafista, que volvía derecho a don Vicente: "¿Y? -jadeaba- ¿Lo del telégrafo?". Petraglia seguía mirando a Casares: "¿Te acordás? Eras así. Te trajo tu padre. Enseguida te subiste a la 1425, la Loca. Estaban calentándola. ¿Te acordás, Casares?".
"Como animales a leña -dijo Casares-. Bramaban."
Fue como si todos se fueran un rato. Después, Petraglia se pasó la mano por los ojos; se secaba con un dedo el ojo izquierdo. Lo mirábamos. "Nada", dijo. Fue como si dijera que ahí adentro nadaba algo.
Cuando volvió le habló al telegrafista.
"Mirá, Berardo, vos me enseñaste. Entré en la línea. Transmití; aquí -Pila-punto-raya." Tocaba la mesa con la izquierda y seguía con la otra mano en el bolsillo. "Ahí contestaron". Hubo, en la mesa, el silencio que él había tenido allá en la estación. "Aquí Quemú-Quemú", contestaron. "Punto, raya. Todavía le hice un chiste: Aquí-Pila-Provincia-de-Buenos-Aires. Trasmita-Quemú-Quemú-La Pampa. ¿Se acuerdan de esas cargadas, rivalidades de provincia? No tuvo tiempo de prenderse. Miren, se sentía la distancia, por los alambres."
Iba por la tercera ginebra. Don Vicente, que no tomaba. "Aquel día, hace seis años, el presidente de los Ferrocarriles Argentinos anunció lo de la licitación y la rubia del programa le preguntó por los otros ramales". Berardo se acordó en su lenguaje: "Ramales antieconómicos se levantan. Cierran pueblos. Van telegramas". También El Vasco se acordaba: "Es cierto, lo dijo. Y yo todavía dije si no sería más barato dragar para dar salida al puerto de Rosario. Pensaba en los de allá. Vos no quisiste hablar de política". Don Vicente Petraglia corrió la gorra de jefe a un lado: "No -dijo-, pensaba en esto, en nosotros, en este día. En mis hijos, que iban a tener que ir para aquel lado. Como si pusieran otra General Paz pero más acá". Lo pararon, por lo del telégrafo, que había sonado después de treinta años.
"Nada -contó-. El de Quemú-Quemú decía que cerraba la estación. Que era el último, allá lejos, del otro lado de los hilos, y que ya se le había ido la mujer y que ya veía que se le estaba escapando el caballo".
"Llovería, allá", dijo el Vasco. "No sé -dijo el jefe de la estación-. Pero antes de que la línea quedara muerta le alcancé a decir que se llevara el encerado."
Esto, señor, pasó en el otoño de mil novecientos noventa y cuatro. Ese día, antes que todos se fueran para el Hotel ferroviario, Petraglia puso esa foto en la mesa; la sacó del bolsillo, por fin, "la tenía en el cajón", dijo. Era la foto de un hombre de antes, con una firma, dedicada a don Miguel, al padre de don Vicente, que también fue ferroviario. El nombre del de la foto me quedó, pero no pude preguntar. Porque ese año me vine, entré de mozo en la compañía. ¿Otro whisky? Lo vi con libros y le pregunto: "¿Quién era ese Escalabrini Ortiz, o algo así?"
¿Vio qué serenito? A doscientos cincuenta por hora a Bahía Blanca y los vasos no tiemblan ni en la barra.
 
 
*de Miguel Briante.
AL MAR Y OTROS CUENTOS. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2003
 
 
 
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Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven.
*Frodo a Sam
 
 
 
 
Tren*
 
No es que me pase lo mismo cada vez que veo un tren. Pero a veces ocurre. Y sobre todo si es de noche y el tren viene de frente. Entonces, mientras la distancia se acorta y la luz se agranda, un resorte se me dispara en la memoria e, inmovilizado, espero que esa cosa poderosa me devore.
Realmente tengo que esforzarme para tomar conciencia de que estoy parado a un costado de las vías -sobre un terraplén, en un paso a nivel, frente a la boca de un túnel- y que el tren seguirá fiel al mandato de los rieles y pasará de largo sin tocarme.
El recuerdo del primer tren arrojándose sobre mí llega desde muy lejos, tanto que a veces me cuesta aceptar que es mío y que no me ha sido relatado por otra persona. Yo tendría siete, tal vez ocho años, y estábamos con mi padre en el andén de la estación de Fondotoce, a unos pocos kilómetros de Intra, nuestro pueblo. Nos dirigíamos a la región del Veneto, donde vivían mis abuelos. Probablemente era nuestro primer viaje después de terminada la guerra. Sé que estaba anocheciendo, que el tren surgió de golpe, sin que nada lo anunciara, y entró en la estación con tal estruendo que me paralizó. Sé que cuando me recobré hice un comentario asombrado y mi padre sonrió y dijo algo que no podré recuperar.
Ésa es la imagen. El ojo de un cíclope -fuerza y furia- abalanzándose desde las sombras y un chico paralizado.
Volví a esa estación de fondotoce cuarenta años después de nuestra partida a América y habiendo cumplido ya los cincuenta y dos. Había llegado a Intra un par de semanas antes, cruzando el lago en un trasbordador y ahora me iba allí en tren. Durante esos días no hice otra cosa que caminar arriba y abajo por las calles del pueblo, por las orillas del lago y los dos ríos, buscando algo que ya no podía estar. Me iba sin llevarme más que desencanto y quizás algunas advertencias para ser analizadas después, cuando decantaran en mí, cuando de nuevo los trenes y los aviones me hubieran llevado lejos.
Lloviznaba de a ratos sobre la estación entre montañas, había mucho color de óxido alrededor y pájaros moviéndose entre las ramas de los arbustos. Oscurecía. Éramos apenas cinco o seis viajeros esperando. Yo caminaba de un extremo al otro del andén, buscaba a través de la niebla que se espesaba la cima del Monte Rosso, el cerro que dominaba mi pueblo. Descubrí que llegando a la estación, del lado de donde vendría mi tren, las vías hacían una curva y había además una ladera rocosa que se interponía e impedía ver más allá. Entonces volvió aquel anochecer de mi niñez y me vi parado ahí con mi padre, junto a una valija. Mi padre que tenía, en el recuerdo, veinte años menos que yo en ese momento. Y de pronto sucedió de nuevo. El tren apareció con su ojo luminoso y su potencia y saltó hacia mí como había ocurrido aquella primera vez. Sentí que el tiempo no había transcurrido y que yo seguía siendo el mismo, con los mismos miedos y seguramente con un desamparo mayor.
Sentí la falta de la compañía de aquel hombre veinte años menor que yo y sus palabras imposibles de recuperar. Desfilaron los vagones, se detuvieron, levanté el bolso y me apresté a subir, deseando encontrar un compartimento vacío para poder estar solo.
Ésa es mi pequeña aventura con los trenes. Un sobresalto infantil que de tanto en tanto asoma la cabeza y se reitera a lo largo de los años. Casi nada, en realidad. Y sin embargo, siempre me sorprendo tratando de escarbar todavía un poco en esa historia. Si insisto en analizarla, si me esfuerzo por fijarla en unas líneas, es porque a veces tengo la impresión de que ahí hay algo que valdría la pena rescatar, una huella, una señal, algo. Pero no sé qué es. No sé en qué dirección va, hacia dónde me lleva, si me lleva a alguna parte.
 
*de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias". Editorial Sudamericana. Bs. As.  Edición 2002.
 
 
 
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No todo el oro reluce,
ni toda la gente errante anda perdida;
a las raíces profundas no llega la escarcha;
el viejo vigoroso no se marchita.
*Carta de Gandalf a Frodo
 
 
 
 
Estación J.R.R. Tolkien*
 
 
*
—A mucha gente le gusta saber de antemano qué se va a servir en la mesa; pero los que han trabajado en la preparación del festín prefieren mantener el secreto; pues la sorpresa hace más sonoras las palabras de elogio.
*Gandalf a Frodo
 
 
Ahí en ese recorte del diario que guarde esta el presidente Kirchner mirando con ojos de niño no un regalo de navidad sino la maqueta del tren bala, que tiene por cierto el tamaño de un juguete lujoso, de esos que los sectores medios altos pueden darse el gusto de comprarle a sus hijos alrededor de estas fechas donde la necesidad de ilusión se convierte en una fiesta de mercado y consumos.
El juguete del presidente saldrá más de 1.000 millones de dolares dicen los diarios. Un pequeño lujo en un país que perdió su sistema integrado de transporte ferroviario y ni sueña con recuperarlo, sólo con pequeños lujos aislados. Otro símbolo si hace falta alguno más de como funcionan las cosas:
con nichos de consumo y bienestar artificial para los que pueden pagar. Construir un elefante blanco que viaje muy rápido de punto a punto, que los demás viajen como puedan o hacinados en trenes urbanos subsidiados por el señor oscuro de la Secretaria de Transporte.
Pero la noticia dice también que habrá demora por la falta de financiamiento externo, resulta que se deben 6.000 millones al club de París y que las empresas asociadas que compiten por el proyecto no tienen financiamiento externo. Pero esto es algo menor, para eso existen la política y los magos de la política.
 
 
*de Urbano Powell. urbanopowell@...
 
 
 
*
 Un mago nunca llega tarde, Frodo Bolsón. Ni pronto, llega exactamente cuando se lo propone.
* Gandalf.
 
 
 
Ferrocarriles Argentinos*
 
Estévez es bajo, robusto, compacto. Quien lo ve caminar por las calles del centro sentado en el asiento de un ómnibus le da alrededor de 35 años. Es la edad que tiene. Hace 15, 20 años, quiso ser escritor. Soñaba con poner en marcha historias breves o largas que tomaran impulso lentamente y luego se desarrollaran sin parar, de un modo natural, hasta llegar a un punto final inevitable como el destino.
Estévez nunca escribió nada. Pero nunca se sintió frustrado. Porque a partir de los 18 años empezó a viajar con frecuencia a Buenos Aires, y después de los primeros cinco o seis viajes, eligió siempre el tren. Los viajes de cuatro horas y media, incluidos los diez o quince minutos de espera en la estación de Rosario, que solía pasar esperando hasta el último minuto para subir, salvo que un viento frío barriera los andenes de la estación Norte, reemplazaron sin que él lo supiera la necesidad interior que tuvo durante la adolescencia de narrar, de escribir historias.
porque en cuanto la locomotora comenzaba a arrastrar lentamente los vagones y el techo de la estación Norte terminaba y Estévez veía los autos circular bajo el puente de las vías, y después los baldíos con una lámpara solitaria y apagada durante el día, las casas progresivamente más bajas, los barrios pobres, el campo, el propio viaje en tren reemplazaba con ventaja todo relato posible. O, para expresarlo mejor, era todo relato posible. La marcha lenta al principio y progresivamente más veloz de la locomotora hacía que el mundo formado por los vagones de primera, de segunda y pullman tomara impulso y estuviera lanzado después en una historia que se desarrollaba repetida, naturalmente, hasta detenerse en un punto de  llegada, la gran estación de Retiro en Buenos Aires, tan inevitable como un destino.
A Estévez le gustaba leer policiales. Como en las policiales, parte del viaje -o el relato- era pura fórmula: inevitablemente pasaba el vendedor de gaseosas y sandwiches, impidiendo dormir a todo el mundo con su pregón: inevitablemente, pero sólo en algunas épocas, pasaba también el mozo del coche-comedor que anotaba reservas para la cena o el almuerzo; inevitablemente el tren se detenía en San Nicolás primero y en Miguelete después (así como en la vida o en las historias hay momentos de calma, de reflexión pero que nada tienen que ver con el punto final de arribo); inevitablemente el baño de caballeros del vagón estaba ocupado o roto, o bastante sucio. Pero también como en toda policial, lo que importaba eran los detalles que variaban: el compañero o la compañera de asiento primero, y del coche-comedor después, los ocupantes de los demás vagones, o el clima que se desplegaba como un telón más allá de las ventanillas: nubes, cielo azul, lluvia torrencial o mansa.
Desde que a los 18 años comenzó a viajar bastante en tren cuando debía ir a rendir cuenta de las ventas de prendas de lana a Buenos Aires, después de conseguir la concesión de la zona centro de Rosario, hasta hoy, en que cualquiera que lo vea en un ómnibus o en el andén de la estación Norte o incluso negociando una partida de pulóveres en una boutique del centro le da 35 años, Estévez ha viajado en tren como quien viaja en una historia. Más aun: a partir de los 25, en que los viajes se hicieron definitivamente regulares (dos veces por mes), Estévez abandonó progresivamente el gusto o el vicio de leer policiales, a tal punto una cosa reemplazaba la otra.
Siempre había admirado, por ejemplo, y sobre todo cuando la policial no era un libro sino una película, el sentido del ritmo: exigía que hubiera detrás de los hechos y los personajes un compás firme, regular, casi inadvertido que pudiera, sin romper su estructura básica, acelerarse o disminuir según las situaciones, como aumenta o disminuye -esta vez en la vida- el latido de un corazón según los momentos- Y el tren, a diferencia del ritmo totalmente caótico por momentos y aburrido en otros de un motor de ómnibus, tenía ese ritmo, cuando las pesadas ruedas metálicas pasaban sobre las junturas de los rieles y establecían una percusión que se enlentecía en las curvas o en las paradas, y se aceleraba en los tramos rectos, o llegaba casi a la angustia cuando en épocas de descuido de los muy viejos ferrocarriles Argentinos el maquinista debía tomar con suma lentitud un tramo donde las vías habían quedado debilitadas por una inundación que les había quitado la grava entre los durmientes, o hacía tiempo que cuadrillas de control no pasaban a ajustar los gruesos bulones y ver que todo estuviera en orden.
Para Estévez, en realidad, viajar en tren, más que subirse siempre a un mismo cuento, una misma historia, es subirse cada vez a un capítulo levemente distinto de una novela. Por eso recuerda pocas veces un viaje particular. Más bien han quedado fijos en su memoria momentos que no sabría ubicar con precisión en una época o en un viaje determinado, así como de todas las novelas policiales que ha leído le han quedado apenas fugaces detalles de un personaje o un entorno: la casa del lago donde se cometió un asesinato, un rufián melancólico que tironea nervioso de una cadenita, una mujer bella que de pronto es quebrada por la fatalidad y deja caer un boleto de tren sin que el lector sepa con exactitud qué le ha provocado tanta angustia, al llegar en un sobre anónimo, sin ningún mensaje que lo acompañe.
Hay sin embargo un viaje que estévez recuerda con precisión, tal vez porque entonces los detalles fueron más fuertes que la estructura, que el ritmo de las ruedas contra las junturas, que los rasgos de pura fórmula. Era una época poco común en cierto sentido: había una dictadura. Y decimos "en cierto sentido", porque las dictaduras no son tan infrecuentes como pudiera crerse en el país de Estévez, donde circulan como historias de más o menos vagones sobre su inmenso territorio los trenes de los Ferrocarriles Argentinos.
Aunque esa vez Estévez y sus compañeros de vida en aquel país advertían oscuramente que era una dictadura distinta a las demás: basta con precisar que el tren en el que Estévez regresaba de Buenos Aires llevaba apenas tres vagones, cuando la cantidad promedio había sido hasta poco antes de entre diez y quince. Aquí debemos aclarar algo: Estévez nunca viajó en los vagones pullman. No porque no pudiera costearlo, dado que la empresa le pagaba el viaje, sino porque consideraba que aquellos asientos acolchados, aquel aire acondicionado, aquella pequeña banda de ayudantes que le llevaban a uno el maletín, le limpiaban el asiento o le preguntaban si estaba cómodo, no tenían -para Estévez- absolutamente nada que ver con lo que significaba viajar en tren. "Es algo" pensaba Estévez, esta vez muy consciente, "Tan desabrido y tonto como viajar en un podrido avión."
De modo que Estévez estaba viajando en un tren muy corto -y por lo tanto extravagante, poco común- en medio de una dictadura argentina que la gente palpaba distinta a las demás, en un vagón de primera, que suele tener asientos un poco más cómodos que los de segunda (aunque menos clima comunitario) y menos que los de pullman (aunque son más personalizados).
Los dos hechos que hicieron que Estévez terminara por separar ese viaje de los demás en su memoria son de tipo exactamente opuesto: el primero inexplicable, el segundo, en cambio, mucho más asimilable a una historia. Es más: a Estévez nunca le ha costado contar en rueda de amigos o conocidos el segundo. En cambio nunca narró a nadie el primero, por que fue para él tan impenetrable que advierte oscuramente que es una historia sin principio ni destino, una especie de nudo gordiano secreto, relacionado con lo que hizo memorable a aquella dictadura dentro de la cual -rodeado por la cual- el tren de Ferrocarriles Argentinos en que iba Estévez desarrollaba su marcha sobre los rieles.
De todos modos, fue así: ocurrió que una mujer joven, con un niño en brazos, subió en Retiro equivocada al tren en el que iba Estévez. Ella tenía pasaje para Córdoba, para un tren que estaba estacionado en otra plataforma. La mujer se angustió mucho al principio, y su angustia hizo que casi todo el pasaje del vagón de primera, incluido Estévez, sintiera compasión por ella e insistiera una y otra vez en que todo se resolvería. Después de todo, el pasaje a Córdoba salía más caro -el doble- que el de Rosario, y por lo tanto la mujer tenía pleno derecho económico a viajar en el tren equivocado.
La tensión creció un momento cuando la puerta del vagón se abrió y aparecieron un par de inspectores que -como suele ocurrir con frecuencia notable en los Ferrocarriles Argentinos- eran un inspector flaco y un inspector gordo, y, también como suele ocurrir, el gordo era el que exhibía más poder; en otras palabras, el que pedía y cortaba los boletos. El pasaje entero del vagón se irguió un poco, algunos con los ojos clavados en la mujer con el niño, o en los dos inspectores otros, o pasando de una a los otros la mayoría. Es más: no bien los inspectores entraron, hubo comedidos que comenzaron a explicarles el problema, mientras la mujer se limpiaba con el dorso de la mano las lágrimas que amenazaban con empezar a caer, y el niño -de dos o tres años- permanecía absorto en un trance infantil de serenidad absoluta.
Contrariamente a lo que podía esperarse, el inspector gordo resultó bonachón, comprensivo. Se acercó a la mujer y se informó en detalle de su problema. Allí empieza lo que Estévez no puede explicarse, tal vez porque él mismo formó parte de lo que ocurrió más de lo que hubiera deseado y eso le impide tener la imparcialidad de un observador. A pesar de que el pasaje entero comprendía y compadecía a la mujer, y de que el inspector también la comprendía y compadecía, la decisión final, legal, que el pasaje del vagón no llegó a discutir con la suficiente energía como para impedirla (aunque hubo veladas críticas en los rincones al inspector, y hasta a la pareja de inspectores), la decisión final fue que la mujer debía descender en un punto intermedio del recorrido y de la noche, en un andén vacío y desprovisto de una población que lo rodeara, instalado allí simplemente, en medio de la pampa, para que después la mujer hiciera lo que pudiera: conseguir un auto que la acercara a un punto civilizado, empezar a caminar en medio de la noche sin destino fijo, o sentarse a llorar. En otras palabras, protagonizar una de esas historias que Estévez odiaba, sin principio, sin desarrollo claro, sin final, sin rieles, sin ritmo.
El inspector, después de aclararle a la mujer con su voz comprensiva, bonachona, que no perdería dinero, porque el pasaje podía ser utilizado en otro viaje semejante, se dirigió hacia la locomotora para avisar al maquinista la breve detención. Y unos veinte minutos después, en medio de comentarios ahora sí soliviantados, hasta violentos, contra las reglas tan estúpidas como las que obligaban a una mujer con un niño a quedar sola, a la buena de Dios en medio de la nada, el tren se detuvo brevemente, apenas el tiempo de dejar que la mujer llegara a la escalerilla metálica y descendiera, para después seguir su camino.
Estévez, apoyado en el borde un poco sucio de la ventanilla, vio cas¡ en primer plano a la mujer -que no parecía demasiado asustada- iluminada por los focos del pequeño andén solitario; sin una sola casa alrededor, probalbe apostadero para cargar agua o combustible, sin que hubiera al menos una luz tranquilizadora tras las ventanillas, que indixara la presencia de un encargado, un guardabarreras, alguien en suma. Después la vio alejarse lentamente -siguió su imagen con un moroso movimiento de cabeza, acompañando el del tren- hasta que andén y mujer fueron tragados por la noche como un pequeño escenario con una sola actriz.
La asociación del andén desértico con el teatro, Estévez la recuerda cada vez que recuerda el viaje, porque motivó en realidad la segunda parte, la comprensible, la que no tuvo inconvenientes en narrar más tarde. Frente a él, porque era un asiento doble, iba una mujer delgada, alta, veterana pero aún bella, con un tapado de piel poco frecuente en aquellos años. Cuando Estévez dejó de mirar por la ventanilla, en medio del clima curiosamente solidario que la pequeña tragedia había provocado en el pasaje (aunque de una solidaridad que de nada sirvió para impedirla), dijo una frase tonta: "qué barbaridad", "esa mujer sola en medio de la noche", "podrían haber hecho otra cosa", o algo por el estilo. La mujer, a su vez, se puso a hablar con Estévez de modo lento, sereno pero interesado, como si lo conociera desde hacía años.
le contó que -como él- viajaba con frecuencia en tren a Buenos Aires, aunque desde hacía menos tiempo: apenas dos años. mientras Estévez iba descubriendo en la conversación que la mujer era mucho más inteligente y sensible de lo que él había supuesto a partir de su tapado de piel (por un estúpido prejuicio social ), la mujer le contó que hacía dos años la fábrica de muebles del marido se había fundido, como se habían fundido tantos cientos de fábricas de muebles y de todo tipo de objetos en todo el país por aquellos años, y que ella había tenido "que sacar pecho y encargarse del hogar". Había desenterrado un título de abogada, había conseguido un empleo en los tribunales de Buenos Aires, y desde entonces era la que permitía que la familia siguiera económicamente en pie.
A Estévez le extraño que la mujer no lo dijera con orgullo sino con cierta pena y tanteó delicadamente el motivo. Lo que le preocupaba a la mujer era que el marido se sentía resentido con la situación: después de haber sido el laborioso pater familias que traía cotidianamente el sustento, deambulaba ahora solo y sin propósito en la vida por los cuartos de la casa, cada vez más deprimido, tal vez imaginando inexistentes aventuras de su mujer en Buenos Aires.
Estévez se conmovió por lo que la mujer le contaba, aunque se dio cuenta de que en buena medida estaba descargando parte de la emoción contenida cuando ocurrió lo de la otra mujer, la del niño, la del andén en la noche, y comenzó a hablar con un tono tan lento, personal e íntimo como ella. Mientras lo hacía, no dejó de tomar en cuenta que la mujer se desabrochaba poco a poco el tapado, y que un momento después se lo abría, en una mezcla de reacción objetiva ante el cambio de clima del vagón -de pronto hacía más calor, tal vez porque había empezado a funcionar la calefacción, que tan mal suele funcionar en los Ferrocarriles Argentinos-, pero tambien en parte por el calor mismo del dialogo.
Relajado yo por completo, confidencial, Estévez llegó a decirle a la mujer que muchos años atrás, cuando muchacho, había pensado en ser escritor, en narrar historias que atraparan al lector.
La reacción de la mujer fue inesperada, pero en última instancia comprensible: se irguió bruscamente al oír la confesión, y con ojos brillantes, acuosos, que le quitaban muchos años de encima a su rostro, le dijo que ella por su parte siempre ( y recalcó por segunda vez: "siempre") había querido ser actriz. Pero había vivido desde niña en San Nicolás, que era una ciudad pequeña, sin llegar a tener la oportunidad de seguir después de sus primeros escarceos con el teatro liceal, por que decidió dedicarse al estudio de leyes, y allí estaba, manteniendo a la familia y un tanto deprimida porque el marido circulaba por las habitaciones vacías, con las manos en los bolsillos.
A esa altura, Estévez disfrutaba plenamente de la situación. Sobre todo porque en ingún momento se le ocurrió imaginar que la conversación con la mujer del tapado podía terminar en una relación, apresurada o no, de tipo sentimental o erótico. A eso lo ayudaba, por su parte, el hecho de que fueran los dos rodando sobre las ruedas deun tren, rodeados por el ritmo gratuito y persistente que imprimían las junturas de los rieles a las pesadas ruedas de metal. Pero sobre todo porque esa historia de la mujer del tapado, sin que él lo supiera, iba a recordarla siempre en el futuro como la parte explicable del viaje, no para ocultar sino indisolublemente ligada a la otra, la sumergida, la inexplicable, la de la mujer que se equivocó de tren -quería ir a Córdoba y se subió al de Rosario-, que se quedó perdida e intraducible -como tantas otras cosas de aquella época- en un pequeño, solitario, nocturno andén de los Ferrocarriles Argentinos.
 
 
* de Elvio E. Gandolfo.
"Ferrocarriles Argentinos", Alfaguara literaturas. Buenos Aires, edición de 1994. 
 
 
 
 
*
Cuando todo está perdido, llega a menudo la esperanza.
*Legolas a Gimli
 
 
 
 
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#108 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Dom, 24 de Dic, 2006 3:12 pm
Asunto: ES UNA ILUSIÓN NECESARIA
inventivasocial
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HONRAR LA VIDA*


     En el noroeste de Mongolia todo el mundo se muere, pero las
personas no mueren. Se lo dice el papá a Nansa, una niñita de ojos
rasgados en un redondo rostro de manzana.
     El budismo los provee de un inagotable círculo de vidas que el
alma recorre pasando de un arbusto a un camello, de un camello a un
buitre, saltando de ser a ser, hermanando plantas, animales y seres
humanos en un hálito eterno que se manifiesta multiforme y vital. La
muerte no tiene más relevancia que el cruce de un umbral. No
angustia ni aterroriza. Los niños sólo sienten la curiosidad de
quien se pregunta qué vestido usará mañana, qué abrigo le tocará en
el invierno próximo.
     Pero no todas las vidas son iguales. Las personas poseemos una
fineza de percepción, la capacidad de razonar y sentir con mayor
agudeza que un yak o una cabra. Esos atributos son invalorables.
Podemos, también, mirar las estrellas, contar historias, acariciar
un perro dormido. Somos capaces de amar.
     Volver a pisar el mundo como un ser humano es un privilegio.
     Una anciana recibe en su yurta a la niña que se ha mojado en la
lluvia. Toma un cazo con arroz, una aguja larga, y con la aguja en
una mano derrama sobre ella puñados de arroz que caen como lluvia
blanca. Le pide a la niñita que le avise cuando un grano caiga sobre
la punta de la aguja. Puñado tras puñado, la atenta mirada no logra
encontrar que el milagro acontezca.
     La pequeña mujer arrugada y sonriente le cuenta a la niña que en
el mundo existen infinidad de seres, y que la posibilidad de
reencarnarse en una persona es tan remota como la de que un grano de
arroz caiga en la punta de la aguja. Así de esquivo es el milagro,
así de difícil es ser un ser humano, y es por eso que cada vida
humana es inapreciable.
     Ha de celebrarse, entonces, la vida humana. Y respetarla con la
devoción con la que se preserva un frágil fuego en medio de la
noche.
     Lo dicen los mongoles, allá por donde China y Rusia se
confunden. Nos lo cuenta la directora Byambasuren Davaa, que quiso
que su pueblo narre a través de sus filmes esa forma de vivir,
sentir y explicar el universo.
     Ellos, los mongoles budistas que creen en un eterno pasaje de
vidas, reverencian la maravilla de ser una persona y de tener la
suerte de pertenecer por unos años al género humano. Nosotros, que
no prestamos fe a historias de reencarnaciones, que creemos que esta
vida es única, despreciamos a nuestros semejantes y no honramos el
maravilloso don de la humanidad que se nos ha concedido y reside en
nosotros. Mancillamos el milagro, desperdiciamos la esquiva
oportunidad de ejercitar los dones que nos fueron hechos. Si podemos
amar, si podemos mirar la luna, si podemos narrar historias;
entonces es nuestro deber hacerlo y por tanto, como lo cantó Eladia
Blázquez, honrar la vida.



*de Mónica Russomanno. russomannomonica(arroba)hotmail.com




Es una ilusión necesaria




Los dulces recuerdos de una Navidad*


*Por Beatriz Sarlo   bsarlo@...


Cuando tenía diez años pasó todo diciembre y la mitad de enero en la
gran sala de niños de un hospital de la ciudad de Buenos Aires. Un
camión con acoplado le había aplastado un pie. Su cama estaba
cubierta de juegos de tablero, de libros y de las pocas revistas de
historietas que la monjita que
cuidaba la sala consideraba que eran lecturas adecuadas para su
sexo, su edad y su formación moral. El Tony (la clásica revista de
historietas de esa época) estaba terminantemente prohibido, y la
intervención de cada uno de los miembros de la familia, que se
consideraban superiores intelectualmente
a la monjita, no pudo superar la interdicción. El padre, que solía
leerle cuentos, también recibió la orden de suspender ese
entretenimiento que conspiraba contra la bienaventuranza de su
infantil almita. De todos modos, la monjita no le caía antipática
porque compensaba con destreza organizativa sus interdicciones. Por
supuesto, el rosario que se rezaba a la seis de la tarde no divertía
a ninguno de los internados, pero la disciplina tampoco era de
hierro y se podía practicar cualquier otra actividad lícita mientras
no fuera muy ruidosa.
Las camas de la sala general estaban bastante separadas, de modo que
él no tenía la alternativa de invitar a sus vecinos de un lado y
otro a que participaran de sus acotadas distracciones. Su cama,
donde una gran armazón de alambre le inmovilizaba la pierna derecha,
flotaba en el medio de la sala, como un barco que lleva a un
pasajero de primera enfermo y es atendido por una tripulación
solícita.
Alrededor del 20 de diciembre comenzó una especie de show continuado
de entretenimientos infantiles: los magos sucedían a los payasos, y
luego venían los títeres, las pequeñas compañías teatrales, los
malabaristas. A cada número le seguía una merienda especial. El no
podía probarla porque
acababa de salir de una gangrena con fiebre de cuarenta grados y lo
tenían a pan y agua. Pero la mayoría de los demás chicos y de sus
familiares recibían porciones de turrón, o (lo que a él le pareció
de un refinamiento exquisito) pequeños pandulces, miniaturas de
confitería. Se sabe la devoción que los
chicos sienten por los objetos que no responden a su tamaño
habitual; por otra parte, esos pandulces en miniatura eran una
novedad en aquel Buenos Aires donde todavía no se habían
generalizado las innovaciones culinarias.
Algún despistado amigo de la familia cayó en esos días navideños con
una caja de marrón glacé (que también en esa década sencilla era
considerado el caviar de todos los bombones). Técnicamente él
hubiera podido comer alguno, ya que se trataba de una pasta de
frutas azucarada, pero alguien se la
arrancó de las manos considerando, con mejor criterio que el
visitante, que era un regalo más apropiado para su madre que para
una criatura de gustos sencillos y elementales que deliraba con los
pandulces o imaginaba un retorno a casa en medio de un asado con
innumerables sándwiches de chorizo y botellitas de Coca.
Otro día de esa semana de jolgorio hospitalario, un peluquero del
barrio fue a cortarle el pelo. Lo tusó, sin que él ofreciera mayor
resistencia ya que estaba harto de que lo peinaran manteniéndole la
espalda erguida por la acumulación de almohadas, mientras le mojaban
la cabeza y decían: "Este chico va a ser muy rebelde siempre; mirá
la cantidad de remolinos que tiene". Finalmente, para el 24, le
trajeron un pijama nuevo, celeste, de manga corta y con un bolsillo
sobre el lado izquierdo. Se pensó que así
quedaba presentable para la Navidad. No recuerda cómo transcurrió la
noche del 24; supone que, como siempre, las luces se apagaron a las
ocho y se durmieron todos, salvo los chicos que estaban más enfermos
o sentían esos dolores que los obligaban a gritar de madrugada.
Sobre todo el quemadito de
la última cama, contra la pared. Pero a eso, chicos y grandes
estaban acostumbrados.
Recuerda, en cambio, el despertar del 25 de diciembre. En cada
mesita de luz había una bolsa enviada por el gobierno, con una caja
de soldaditos de plomo (muy lindos), un balero, y un librito donde
se hablaba del Hada Buena (Eva Perón), que quería mucho a los niños.
A ningún chico se le hubiera ocurrido
dudar de ese mensaje, si llegaba a leerlo, ya que ese amor quedaba
probado por la existencia palpable de la bolsa con juguetes. Su
familia, la de quien recuerda esa Navidad, también le había traído
un regalo que competía con la bolsa igualitaria. Era el juego de
tablero más codiciado de la época. Su
nombre, que parecía un desafío al gobierno que repartía los juguetes
y había enviado los payasos y los magos, era El Estanciero.
Aprendió a jugar durante los días que siguieron. El estanciero no
era sencillo para un chico de diez años, pero la familia lo había
elegido porque practicaba con él, incluso cuando estaba internado en
un hospital. Era una especie de experimento pedagógico prolongado
del que los padres y tíos quedaban presos, ya que debieron
dedicarse, en los días que van entre la Navidad y el Fin de Año, a
explicarle las reglas y las trampas del juego. Me dice que recuerda
esa Navidad como una de las más apacibles.


*Fuente: revista Viva - Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-01333498.htm






Domingo, 24 de Diciembre de 2006
CHICA MARIANI, FUNDADORA DE ABUELAS
"No se hace lo necesario para hallar a los chicos"

Con 83 años, Chicha va a dedicar hasta el último día de vida para
encontrar a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La Plata en 1976.
Estuvo en Rosario para ser homenajeada y dijo estar convencida de
que el Estado "no puso ni pone lo necesario para encontrar a los
chicos desaparecidos".


*Por Alicia Simeoni

"Estoy convencida de que el Estado no puso ni pone lo necesario para
encontrar a los chicos desaparecidos, algo así como lo que sucede
con el caso de Jorge Julio López. Se me ocurre pensar que hay mucha
gente a la que se le paga un sueldo buscándolo y no tienen logros",
dijo a Rosario/12 María
Isabel "Chicha" Chorobik de Mariani, la fundadora de Abuelas de
Plaza de Mayo. A los 83 años y después de 30 sin descanso, Chicha
Mariani continúa buscando a su nieta Clara Anahí, secuestrada en La
Plata en 1976, cuando tenía 3 meses y de la casa de sus padres, a
quienes mataron. El viernes pasado esta Abuela fue declarada
visitante distinguida de la ciudad a partir de una iniciativa del
edil socialista Juan Rivero. Mariani estuvo en Rosario para asistir
a la presentación del libro Chicha, la fundadora de Abuelas de Plaza
de Mayo, una biografía escrita por Juan Martín Ramos Padilla. "Tengo
que seguir buscando antes de quedarme del todo sin vista y ahora me
voy a empezar a cuidar. Necesito seguir buscando y luchando por
restituir la identidad a mi nieta". Muchos años atrás, en 1977,
cuando con Alicia de la Cuadra (otra abuela) fundó la organización,
trabajó en equipo con mucha fuerza pero además con "serenidad y
planificación" explicó a este diario.
"Era necesario hacerlo así, y hasta 1989 encontramos 59 nietos", un
logro que -aún con lo que siguió haciendo la institución- le
parece "mínimo". Y señala una y otra vez que el Estado no hizo ni
hace lo que debe para restituir la identidad a "esas personas que
son ciudadanos privados de su historia y de la verdad".
Mataron a su nuera Diana Teruggi, secuestraron a su nieta de 3 meses
el 24 de noviembre de 1976 cuando arrasaron la casa donde vivían en
calle 30 entre 55 y 56 en La Plata y 8 meses más tarde asesinaron a
su hijo Daniel. Esa misma noche las bandas llegaron hasta su casa,
pero ella y su esposo se
habían ido. El matrimonio de Diana y Daniel militaba en la
organización Montoneros y tenía una imprenta clandestina en la
vivienda que en el 2004 fue declarada patrimonio histórico nacional
y su mantenimiento de interés provincial y municipal. Allí se
conservan todavía las terribles marcas de
los disparos de Itakas y otras armas y desde 1996 funciona la
Asociación Anahí, el nombre de su nieta a la que sigue buscando.
-Se cumplieron 30 años del secuestro de Clara Anahí.
-Sí, yo tengo una larga vida de 83 años dividida en tres partes y
uno de esos tercios fue ocupado en la búsqueda de mi nieta. Hace 30
años de su secuestro. Todavía no pude dar con ella, pero buscando a
Clara Anahí llegué hasta otra abuela que supe que tenía una nieta
desaparecida, Alicia de la
Cuadra. Nos encontramos, decidimos buscar a otras abuelas que
integraban otros organismos y formamos Abuelas Argentinas con
Nietitos Desaparecidos que luego fue cambiado por el nombre de
Abuelas de Plaza de Mayo, de la que fui presidenta hasta 1989. Me
fui por diferencias y unos años después, en el
'95, '96, mis compañeros de trabajo me plantearon que no
desperdiciara la experiencia realizada en Abuelas y así fundamos la
Asociación Anahí, creada para promover, sostener y defender la
vigencia de los derechos humanos, la reconstrucción y preservación
de la memoria y la defensa de la niñez y la
adolescencia.
-Usted dice que planificaban las acciones de búsquedas.
-Van 30 años de desesperación, de búsqueda alocada y no alocada,
porque lo primero que pensé es que había que buscar con calma y
sistemáticamente.
Utilicé mi experiencia como docente y jefa del departamento de
estética del Liceo Víctor Mercante de La Plata perteneciente a la
universidad. Allí si uno quería trabajar bien debía ser ordenado y
concreto porque integraba un plantel de 20 docentes. Esto me sirvió
en Abuelas y ahora en la Asociación
Anahí. Armábamos organigramas con lo que había que hacer,
programábamos la visita a los jueces de a tres de nosotras para
llevarles las demandas. La carpeta con denuncias crecía cada vez más
hasta que llegamos a encontrar 59 niños cuando yo renuncié y Abuelas
siguió con este trabajo. Entonces me
dediqué a buscar a mi nieta y a otras personas cuya identidad no
estaba necesariamente deshecha por la dictadura, sino gente que es
abandonada y luego busca saber cual es su origen, quiénes son sus
padres. En eso trabajábamos también en la Asociación Anahí desde
1996.
-¿Cómo evalúa los logros en las acciones por el encuentro y la
restitución de tantos niños secuestrados?
-Los chicos que están denunciados son muchos, pero hay también otros
que no fueron denunciados por distintos motivos. A veces los abuelos
viven muy al interior y no han llegado a conectarse. Además también
influyeron el miedo, la ideología. Me consta que hay chicos sin
denunciar y que los casos
deberían llevarse a Abuelas pero hasta ahora las familias no
aceptaron. La cantidad se sigue calculando en 500 pero son más.
Cuando me fui habíamos localizado 59 y se siguió. Sin embargo creo
que el logro es muy mínimo y que el Estado no puso lo que debía
poner para encontrar a estos chicos que son ciudadanos
desaparecidos. Hay gente que sigue pensando 'Y bueno, ya crecieron,
están por ahí, los quisieron, les dieron de comer'. Pero son
personas secuestradas, desaparecidas, con una vida y no hablo del
pasado
sino también del presente. A veces pienso que a Julio López también
hace 3 meses que lo están buscando y no lo encuentran y me pregunto:
`Tanta gente dedicada a buscarlo, a los que se les paga un sueldo,
¿qué hacen?'. También pienso en lo que hicimos y hacen Abuelas, se
recorren todos los puntos y
conseguimos algunos logros. Entonces ¿no puede el Estado trabajar
con todas sus fuerzas devolviéndoles la vida y la identidad a estas
criaturas.
¿Tenemos que hacerlo las viejas que ya nos estamos muriendo?
-Se podrían hacer más cosas para encontrar a los chicos.
-Por supuesto que sí. Sólo que desde el Estado no se ponen a
buscarlos y creen que los demás tienen que hacerlo y no ellos, pero
es el Estado el que tiene ese deber, se trata de ciudadanos a los
que se les robó su identidad y, en el caso de López, de un
desaparecido. Esto va también para el actual presidente Néstor
Kirchner, tiene que buscar, preguntar. Él es el comandante de las
Fuerzas Armadas y si se pone firme y exige que le digan donde están
los niños, que los militares saben dónde están, algo se conseguirá.
Porque él es su jefe. Eso es lo más elemental que pienso.
-¿Hay nuevos indicios sobre el paradero de su nieta Clara Anahí?
-Este año avancé bastante, fue un período repleto de datos y
movimientos, de gente que nunca habló y ahora lo hizo. Treinta años
a la espera de algunos testigos que ahora llegaron. Creo que estoy
en buen camino pero luchando siempre contra la inutilidad de los
miembros de las Fuerzas Armadas y
policiales que van a la Justicia con los viejos y perimidos
discursos y están produciendo falsos testimonios. No sé qué les
puede costar más adelante. Siguen diciendo que mi nieta murió y está
completamente comprobado que fue sacada viva de su casa en La Plata.
Yo lo supe siempre pero había
muchas personas que sabían y callaron. Ahora están hablando. ¡Si en
algún momento hasta me la quisieron vender!, pero no llegué hasta
ella. El diplomático que me ayudaría a salir del país con la nena
fue a preguntarle a (Ramón) Camps si era cierto y por supuesto se
terminó todo: la entrega, el negocio de ellos y toda mi esperanza.
-¿Qué reflexión tiene en cuanto a la situación de las organizaciones
que trabajan en el área de los derechos humanos, la dispersión y las
divisiones que existen?
-Desde hace años se produjeron diferencias que son muy lógicas.
Eramos personas que trabajábamos juntas, llegadas de distintos
lugares y con ideas dispares. Convivimos durante años, todos los
días, y surgieron las diferencias y las asperezas. Ocurrió en todos,
también en Abuelas y en Madres en la que hay dos líneas. Cuando me
fui yo no quise hacer nada porque el respaldo a los niños
restituidos debía continuar muy firme en la institución y era muy
feo dividir. Pasaron muchos años hasta que después
creamos la Fundación Anahí con objetivos distintos. Mucha gente
piensa que somos Abuelas
línea-fundadora pero no es así.
-Y en cuanto a la relación con el Estado y los gobiernos.
-A mi modo de ver los organismos deben estar separados de líneas
partidistas. No se puede atar las organizaciones a compromisos
partidarios o económicos, sea el que sea. Pero esto no siempre es
así. Son 30 años de lucha y trabajo, hay cansancio y cambio de
orientaciones en los organismos.
Yo no juzgo a nadie, ni a los que traicionaron a sus compañeros en
los campos de concentración, tampoco a los organismos. Pero me
gustaría que se hubiesen superado las diferencias porque de lo
contrario cada uno va por su propio camino cuando se deben aunar
todos los esfuerzos.
-¿Qué le produjo escuchar a Hebe de Bonafini cuando desapareció
Julio López y habló de un complot para perjudicar al presidente
Néstor Kirchner?
-Admiré mucho a Hebe porque fue muy valiente, estuve muy cerca de
ella al principio, después nos separamos para siempre pero nos
respetamos mutuamente. No entiendo porqué dijo todas esas cosas.
Tampoco comprendo el acercamiento al gobierno, nunca lo hubiera
esperado de ella. Puede tener
toda la simpatía o amistad sin tener que jugar en lo público. Pero
bueno Hebe es Hebe.
-¿Y sobre la situación integral de la vigencia de los derechos
humanos?
-Se habla mucho de los derechos humanos, está todo en un mismo
punto. Yo soy crítica respecto de algunas situaciones, como las que
se producen alrededor de los planes sociales al estilo del que fue
el Trabajar. Esa es una forma de implementar el no trabajo que es
sagrado. Uno de los valores que tiene
una persona es su trabajo. Los hijos se van, no son nuestra
propiedad. Los padres también, pero el trabajo es el resultado de
todo lo que uno pone. Me parece fundamental que la gente tenga
trabajo, sepa qué es, gane su dinero y no lo haga con la firma de un
papel. Claro que es imprescindible ayudar a la
gente en una situación de miseria como vive pero hay que crear
nuevas fuentes fundamentalmente y que aparezca de nuevo la cultura
del trabajo.


*fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/9-6743-2006-12-
24.html





¿AZUCAR O SACARINA?

Scioli está en campaña y se ven crudas escenas de peronismo
explícito*


*Julio Blanck. jblanck@...


Advertencia para padres y personas sensibles: en las primeras
incursiones de Daniel Scioli por la provincia de Buenos Aires ya se
ven crudas escenas de peronismo explícito.

Repasemos cinco de ellas:
Alineamiento feroz con el que manda. En cuanto Néstor Kirchner
confirmó que Scioli era el elegido para pelear la gobernación, y al
mismo tiempo cosechar los votos bonaerenses que él necesita para
asegurar la Presidencia para sí o para Cristina (las dos elecciones
se harán el mismo día), la media docena de postulantes que
florecieron tras la renuncia obligada de Felipe Solá a la reelección
se bajaron presurosos del caballo. Algunos lo hicieron con estilo,
como el ministro Aníbal Fernández, hombre de hábitos gauchescos y
que goza de muy buena opinión presidencial; o el senador José
Pampuro, ducho nadador en las aguas del poder. Otros, cuyos nombres
por decoro es mejor omitir, desandaron sus ambiciones de manera
mucho menos elegante.
Ejercicio instantáneo del poder. Aún sin certificación oficial como
candidato, Scioli se reunió esta semana con Solá y empezaron a
hablar de la transición. O de cómo trabajar juntos durante los
próximos diez meses para terminar bien uno y empezar mejor el otro.
Detalle a considerar: Solá está encantado con que Scioli sea su
sucesor, porque si el elegido hubiese surgido del peronismo
bonaerense, a él le hubiese esperado un calvario de desgaste
continuo, al desplazarse el eje de poder. No quiere decir que ahora
la vida le sonría a Solá, pero al menos puede sentarse a hablar con
alguien que no tiene nada armado en la Provincia y cuya única
referencia política es Kirchner.
Defensa a muerte del territorio. Tanto o más rápido que los
precandidatos que debieron meter violín en bolsa, detrás de Scioli
formaron fila los ásperos intendentes del Gran Buenos Aires. Los
mismos que fueron duhaldistas, antes menemistas, hoy kirchneristas y
mañana Dios dirá. Esa gente sabe reconocer al primer olfato dónde
está el que tiene, o tendrá, la chequera que habilite obras para el
municipio, el gran argumento de su permanencia. Esta semana una
docena de ellos comió en el quincho de Scioli, a dos cuadras del
Abasto. Fue un gesto casi ritual. Nunca serán sus soldados, pero
combatirán por él porque así lo ordena el jefe de turno. Por lo
pronto, Scioli les masajeó el ego: recordó que en ese mismo lugar
habían compartido un asado de agradecimiento, que él les ofreció
después de la elección de 2003.
Pelea sin pudores por los cargos. Ya hay cuatro sectores que están
tratando de colocar al compañero de fórmula de Scioli. La estructura
peronista pretende co ronar a un intendente, alguien del riñón que
les garantice influencia directa sobre la futura gestión. Los
kirchneristas puros, o sea los que se hicieron kirchneristas antes
que los intendentes, piensan en Graciela Ocaña, la jefa del PAMI,
una figura "progresista" para compensar el perfil de centroderecha
que le endilgan a Scioli. El gobernador Solá quisiera aprovechar su
buena estrella y ponerle acompañante al candidato: suena Cristina
Alvarez Rodríguez, meritoria diputada co nocida por su parentesco
con Eva Perón. Por último, pero con más posibilidades que el resto
si se pregunta en la Casa Rosada, están los radicales K, intendentes
de distritos importantes que siguen la misma lógica utilitaria de
sus colegas peronistas. Se menciona al marplatense Daniel Katz entre
esos radicales que, además de tener votos propios, podrían darle a
la oferta bonaerense la misma pátina de concertación plural que
Kirchner pretende para la fórmula nacional.
Las picardías del candidato. Scioli ya mostró saber qué música debe
tocar para consolidar su candidatura. Visita municipios del
conurbano sin parar, junto a Solá, los intendentes, ministros y
funcionarios. A todos les agradece el apoyo, a todos les dice "yo
vengo para sumar", como hacen los futbolistas cuando llegan a un
equipo nuevo. Y nunca olvida ratificar su adhesión sin fisuras al
Presidente. Habría que reconocerle alguna habilidad a quien entró a
la política con Carlos Menem, fue nombrado secretario de Estado por
Adolfo Rodríguez Saá, lo proyectó a la vicepresidencia Eduardo
Duhalde, y ahora, una noche se acostó porteño y a la mañana se
despertó bonaerense para ser la tabla de salvación que buscaba
Néstor Kirchner.


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/12/24/z-03501.htm






LOS ESPECIALISTAS DICEN QUE HAY QUE VIVIR LA CEREMONIA COMO UN JUEGO

"Papá Noel es una ilusión necesaria para todos los chicos"*


PERSONAJE. Para los psicólogos, Papa Noel es una figura clave en la
niñez.
(Sergio Goya)


*Georgina Elustondo gelustondo@...

Esta noche, millones de chicos y no tan chicos descontarán las horas
hasta desembarcar por fin en la medianoche, cuando Papá Noel corone
el día con algún que otro regalo y un rato de magia que emocione
hasta a los mayores.
"Santa Claus es la única figura en la que me hubiera gustado creer
para siempre", escribió una bisabuela a Clarín. "Brindo para que nos
aferremos con el alma a la fantasía de ese abuelo todo corazón". Fue
su deseo. Un deseo que los psicólogos comprenden sin ningún pero.
"Ese bueno y gordinflón abuelo es una figura clave. ¿Qué adulto no
recuerda aún hoy el día en que la venda se le cayó de los ojos? Ese
momento jamás se borra porque rememora el día en que se perdió la
inocencia, cuando nos hicimos grandes y terminó la primera
infancia", explica la psicoanalista
Stella Maris Gulian, del Centro Dos.
Papá Noel es una ilusión hermosa, una de las dulzuras más lindas de
los primeros años. "Es una ceremonia lúdica en la que participa toda
la familia.
No es un engaño sino un juego y hay que vivirlo como tal. Y cuando
los chicos preguntan dónde vive lo que yo recomiendo es decirles que
vive en el país de la fantasía. Esa es la verdad y cuando les caiga
la ficha va a ser un poco menos duro. No va estar la palabra de
nadie en duda", dice la licenciada Alicia Díaz Farina, de la
Asociación de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. "Hasta que
no preguntan si existe no hay nada que decir. Cuando lo hacen, ya
saben", asegura.

"Papá Noel es una ilusión necesaria para el primer tiempo de la
infancia. Y no es un engaño, como no lo son los cuentos que hacen
hablar a conejos, dan vida a hadas o muestran la valentía de los
super héroes. Ellos tampoco existen, pero los niños creen en ellos
porque creen que hay alguien que todo lo puede. ¿O acaso los padres
no son para ellos dioses que también pueden hacer lo imposible? Ya
llegará el tiempo en que los papás serán más humanos y menos
perfectos, conocimientos que nadie transita sin dolor", dice Gulian.
Las preguntas empiezan desde temprano, iniciando un proceso que
terminará más tarde en eso que llaman enterarse de la verdad. "¿De
dónde saca la plata? ¿Cómo sabe si me porté bien o mal? ¿De dónde
viene? La cuenta deja de cerrar y la duda empieza a hacer su
trabajo, hasta que llega la deducción:
¿Cómo puede entrar por el balcón si tenemos rejas? Papá Noel no
puede volar, nadie puede volar... La conclusión suele quedar un
tiempo en suspenso, y cuando llega alguien a afirmar lo que no se
animan a afirmar por sí mismos recurren a los padres para certificar
si es o no así", sigue la especialista.

Más tarde o más temprano, la razón empieza a desencantar el mundo.
Los velos de la inocencia caen, la infancia se despide. Pero, dice
Gulian, ¿para qué apresurar los tiempos?".


*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/12/24/sociedad/s-04305.htm





Juguetes*

El primer regalo del que tengo memoria debe haber sido aquel camión
de madera que mi padre me hizo para un cumpleaños. No me gustó y no
lo usé nunca quizá porque lo había hecho él y no se parecía a los de
lata pintada que vendían en los negocios. Muchos años después lo
encontré en casa de uno de mis primos que se lo había dado a su
hijo. Era un Chevrolet 47 verde, con volquete, ruedas de retamo y el
capó que se abría. Las ruedas y los ejes seguían en su lugar y las
diminutas bisagras de las puertas estaban oxidadas pero todavía
funcionaban. Mi padre se daba maña para hacer de todo sin ganar un
peso. En San Luis construyó una casa en un baldío de horizonte
dudoso, cubierto de yuyos y algarrobales. El gobierno de Perón le
había dado un crédito para vivienda y él se sentía vagamente
humillado por haberlo merecido. Nunca supe cómo hacía para ocultar
su condición de antiperonista virulento, de yrigoyenista nostálgico
en los tiempos del Plan Quinquenal. En cambio yo me criaba en aquel
clima de Nueva Argentina en la que los únicos privilegiados éramos
los niños, sobre todo los que llevábamos el luto por Evita. En el
día de Reyes, que para colmo es el de mi cumpleaños, el correo
regalaba juguetes a los chicos que fueran a buscarlos. Muñecas,
trompos, una pelota de goma, cosas de nada que los pibes mostraban a
la tarde en la vereda. Por más peronistas que fuéramos, a los hijos
de los "contreras" se nos notaba la bronca y el orgullo de ser
diferentes. A mi padre no le gustaba que yo hiciera cola en el
correo para recibir algo que él no podía comprarme. Por eso me hizo
aquel camión con sus propias manos, para mostrarme que mi viejo era
él y no el lejano dictador que nos embelesaba por radio y aparecía
en las tapas de todas las revistas. Pero a mí el camión no me
gustaba y a escondidas le escribí una carta al mismísimo general. No
recuerdo bien: creo que en el sobre puse "Excelentísimo General Don
Juan Domingo Perón, Buenos Aires". En casa siempre había estampillas
coloradas con la cara de San Martín así que despaché la carta y
enseguida me olvidé. Para remediar su fracaso con el camión, mi
padre me compró un barquito verde y blanco que no funcionó nunca
pero del que me acuerdo siempre. Como no tenía hermanos, nadie me lo
disputaba y pasaba horas haciéndolo navegar. Me acomodaba bajo la
copa de un árbol para protegerme del terrible sol puntano y allí
imaginaba aventuras tan buenas como las que traían El Tony, Fantasía
y Rayo Rojo. No sé, creo que unas veces yo era Tarzán y otras el
Corsario Negro conduciendo, intrépido, a sus sesenta valientes.
El tiempo parecía interminable entonces. Ser mayor era tener
diecisiete años y ésa era la edad de mis héroes en el momento de
combatir o de amar. Y allí íbamos, Tarzán, el Corsario, Kit Carson y
yo, en busca de una rubia suave y maternal que se esfumaba en las
sombras de nuestra noche imaginaria. No sé quién era; tal vez Lana
Turner, Evita, o la radiante esposa del bicicletero de la esquina.
Creo que hacíamos con ella algo inconfesable y delicioso, mecidos
por la brisa de la tarde o azotados por el torbellino del viento
chorrillero. Entre tanto, mi padre ocultaba el pasto que habíamos
puesto para que comieran los camellos de los Reyes Magos. Recuerdo
que lo seguí a hurtadillas aquella noche en que me regaló el camión
y lo vi arrojar el pasto por encima de la tapia.
Era un tipo de voz temible, mi padre; de gestos dulces y reflexiones
amargas. Nada de lo que a él le gustaba me interesaba a mí. Amaba
las matemáticas y leía gruesos libros llenos de ecuaciones y
extraños dibujos. Me hablaba del Congreso y sus facultades cuando
para mí sólo contaba el general. Me daba pena verlo soñar con una
máquina de fotos, una Leica que nunca podría pagar. A medida que
crecíamos y nos enterábamos por el cine, el Corsario, Tarzán, Kit
Carson y yo distinguíamos por la trompa un Chevrolet 37 de uno del
35, un Ford A del 30 de otro del 31.
Una mañana se detuvo frente a casa un Buick con tres hombres de
sombrero. lo buscaban a mi padre y él salió presuroso, con el pucho
entre los labios. Llevaba el único traje que tenía para ir a la
oficina y sólo Dios sabe cómo hacía mi madre para tenérselo siempre
listo. La imagen de mi padre (alto, pelo blanco, idéntico a las
fotos de Dashiell Hammett) me es indisociable del cigarrillo en los
labios. Lo dejaba consumirse ahí, y se estaba horas mirando un libro
de logaritmos, acompañado por una voluta de humo que flotaba hacia
la lámpara.  El Buick arrancó y yo supe enseguida que era un modelo
39. Para el Corsario y Kit Carson era del 38, pero yo estaba seguro
porque tenía la parrilla más ancha y atrás la carrocería bajaba en
picada disimulando el baúl. Mi madre se quedó en silencio y cuando
se ponía así era mejor mantenerse a distancia. No sé por qué, yo me
olía plata, la plata que faltaba, la que permitiría que mi padre se
comprara la Leica y mi madre cambiara los zapatos. Plata para que me
compraran Puño fuerte y el tony todas las semanas. Tal vez el
Misterix, que era carísimo. "una fragata", solía decir mi
padre, "¡quién tuviera una fragata!". La fragata era el imposible
billete de mil y mi padre había imaginado todas las maneras de
gastarlo. Ninguna incluía revistas de historietas ni matinés con
Dick Tracy y la habitación donde él soñaba se llenaba de
voltímetros, catalizadores de células fotoeléctricas y otras cosas
tan inservibles como ésas.
Pero tampoco esa vez fue plata. Cuando volvió, a mediodía, mi padre
estaba pálido pero sonriente. No se decidía entre el orgullo y la
bronca. La ceniza del cigarrillo le caía sobre el banderín azul y
blanco que apretujaba con los dedos humedecidos.
- Me dio la mano -le dijo a mi madre y me miró de reojo-. Me dio la
mano y me dijo: "Cómo le va, Soriano".
-¿Y cómo te conoció?- preguntó mi madre, asustada.
-No sé. Me conoció el desgraciado.
En los días de más furia solía llamarlo "degenerado mental", pero
aquel mediodía estaba demasiado impresionado porque el general, que
iba a Mendoza en tren, se había detenido en la estación de San Luis
para saludar a todos los funcionarios por su nombre. Uno por uno,
hasta llegar al sobrestante de Obras Sanitarias José Vicente
Soriano, responsable de las aguas que consumía la población de San
Luis.
Después de aquel apretón de manos, mi padre fingió odiarlo todavía
más y por las noches, a la hora de la cena, bajaba la voz como un
filibustero listo para el abordaje: "¡No me voy a morir sin verlo
caer!", decía, y yo me estremecía de miedo a verlo caer. Corría
entonces a mirarlo sonreír en las figuritas, entre grillo, Pescia,
Fanny Navarro y Benavídez y me parecía invencible. Por las tardes,
mientras preparaba el barco, veía pasar a la rubia mujer del
bicicletero y el mundo de Tarzán, Kit Carson y el Corsario Negro
volvía a su orden natural e inmutable.  No sé por qué cuento esto.
Me vienen a la memoria un arco y una flecha. Una espada de madera,
un autito de carrera y el camión que tanto desprecié. También me
acuerdo de la imponente llegada de un camión amarillo. Por fortuna
mi padre no estaba en casa. Tocaron el timbre y salió mi madre:
-Presidencia de la Nación- dijo un tipo de uniforme. Y bajaron una
inmensa caja en la que decía "Perón cumple, Evita dignifica". Mi
madre intuía, azorada, la traición del hijo. "Ya vas a ver cuando
llegue tu padre", gruñia mientras yo contaba las diez camisetas
blancas con vivos rojos y una amarilla para el arquero. También
había una pelota con cierre de tiento y una carta del general. "Que
lo disfrutes", decía. Y también: "Pónganle el nombre de Evita al
cuadro".
Mi padre quería tirar la carta al fuego. Iba a pasar algún tiempo
antes de que Perón cayera y muchos años más hasta que pudiera darse
el gran gusto de su vida. Yo ya era grande, vivía en la Avenida de
Mayo y él se había venido a Buenos Aires a buscar otro trabajo.
Cuando pasó a buscarme traía la leica envuelta en sedas y con un
manual en tres idiomas. Fuimos a un bar y rebosante de orgullo me
mostró su juguete. De verdad era precioso. lentes suizos, disparador
automático, qué sé yo. Le pregunté si era muy cara y me contestó con
un gesto de desdén. "Vos pagame los cigarrillos", dijo.
A los dos o tres meses fui a visitarlo a una ruinosa pensión de
Morón y lo encontré nervioso y esquivo. "¿Dónde está la Leica?", le
pregunté como al descuido y enseguida me di cuenta de que íbamos a
pasar un rato en silencio. Le di un paquete de cigarrillos y cuando
se puso uno entre los labios, murmuró: "Se la llevaron ayer, los
degenerados.... No alcancé a pagar la cuota, ¿sabés?".
Nos dimos un abrazo y nos pusimos a llorar. Mi padre por la Leica y
yo por el camión aquel.


*de Osvaldo Soriano.
-"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana, edición de
1994.



Posdata:

Un abrazo fuerte a los socios y amigos colaboradores de Inventiva
Social.

¡Felicidad y dicha al porvenir!

*Eduardo Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com



Correo:

A quien corresponda*

El poder criticar libremente es un derecho que hemos logrado luego
de muchos años de mordaza obligatoria, en la que elegían por
nosotros. Debimos sufrir dos guerras: una interna y otra externa y
al fin comenzar ese camino largo y lleno de dificultades que fue la
democracia. En todo lo que nos pasó fuimos  también culpables por
ignorancia, indiferencia o síndrome de la oveja.
Fuimos engañados  con el cuento de las bonanzas de la globalización
para poder entrar al Primer Mundo y así nos fue.  Tocamos fondo,
reinventamos una nueva esperanza y debimos plantar rabanitos hasta
en los balcones. Recordé todo lo vivido en los últimos treinta años,
cuando leí   las quejas de un joven sobre lo que el cree  una actual
dictadura  y de sus supuestos secuaces.
La democracia no es perfecta, pero es lo mejor que hemos  conocido.
Creo que criticar por criticar no es edificante. Hay mejoras que no
se pueden ignorar aunque se que falta mucho para recuperar lo
perdido. Los jóvenes son impacientes, lo se, que porque también lo
fui,  pero luego de los años vividos, he aprendido que los cambios
tardan. Hay que presentar ideas mejores, participar en grupos con
gente que uno sepa íntegra, honesta y  unirse para lograr fuerza en
los comicios. Pero si los contrarios ganan, hay que actuar como
minoría útil y controladora, hasta las próximas elecciones. Así
funciona la democracia.


*de Mirta Alicia Gisondi. mirtagisondi@...



*
Queridas amigas, queridos amigos:

Agradecemos la colaboración brindada en el 2006 a nuestros diversos
proyectos culturales, ¡les deseamos unas felices fiestas de fin de
año y un venturoso año 2007!


Los domingos 24 y 31 de diciembre del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), en nuestro programa Poesía y Música
Latinoamericana, en español y alemán, música de diversos
compositores latinoamericanos y textos de diversos poetas
latinoamericanos en sendos programas especiales de navidad y de
despedida del viejo año y bienvenida al que comienza. ¡Les deseamos
una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



Ejercicios de escritura:


1. La agenda del año*

Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que
apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir
una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes,
consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com




2. Collage de frases.

Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida
posible una serie de frases:

-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de
plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando
vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la
escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi
culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia
vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales,
pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada
estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los
demás.





Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin
de año.



*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com



3. Re-escribiendo a Inventiva Social*

A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero
proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las
experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.


*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar



Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-

Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o
no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de
enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la
idea es no superar los 100 kb.
Cualquier duda me escriben.

*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com


*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar




InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura

Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial(arroba)
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-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
Editor responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.

Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de
intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad
de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen
fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados
por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su
publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos
ni juicios de valor emitidos.
La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de
cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
Inventiva Social no puede asegurar la originalidad ni autoria de
obras recibidas, solo verificar que un autor con nombre Y/o
seudonimo , y una dirección personal de mail nos envia un trabajo.

Respuesta a preguntas frecuentes

Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y
lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos
literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.

Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La
publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el
escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea
compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el
tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación
y sus propuestas de escritura

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#107 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 8 de Dic, 2006 8:21 pm
Asunto: EDICIÓN DICIEMBRE
inventivasocial
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INVENTIVASocial
Edición DICIEMBRE 2006
Para recibir esta edición gratuita como boletín despachado por Yahoo, enviar un mail en blanco a :
 
 
 
A veces se oyen voces*

Gravedad del desorden que forman las palabras
incoherentemente pronunciadas, como un cáliz
rajado, seco, infame, con los bordes manchados...

Tenebrosa la noche que nos viola
con sus destellos deslumbrantes, con su ruido,
con la risa imprudente de los cuerdos,
con el brillo en los ojos del amante;
la noche cuyo vino adolescente nos embriaga,
la noche dominante y entreabierta...

A veces se oyen voces
en la pública quietud de las esquinas,
en la tibia intimidad de los zaguanes.

Mas el silencio siempre vuelve
como un amo cruel, tenaz, inagotable...

De la antología "Poemas Quietos" Ed. Mizar.


*De Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
http://al-andar.blogspot.com
http://www.aragonesasi.com/sergio
 
 
 
 
 
La femme et le peintre*
 
Femme pathétique assise en face de moi
je peins cette femme pathétique assise en face de moi
je déclare pathétique cette femme assise
cette femme pathétique me déclare peintre
 
Je suis nommé.
 
 
La mujer y el pintor*
 
 
Mujer conmovedora sentada frente a mí
pinto a esta mujer conmovedora sentada frente a mí
designo conmovedora a esta mujer sentada
esta mujer conmovedora me designa pintor.
 
Soy nombrado.
 
 
*de Rolando Revagliatti. revadans@...
-Traductor: Jacques Canut.
 
 
 
 
 
Adiós*
 
 
Y vendrá el invierno, y será el frío y la garúa tenue siempre tan tenue siempre tan triste como todas las cosas que no terminan de decidirse, como todas las cosas sin definición, sin contornos, que ya no son lo que fueron, lo que solían ser, lo que debiesen seguir siendo.
Y vendrá el empañarse de los vidrios opacando el mundo, dejándonos del lado de adentro para siempre, tan lejos del afuera ya no luminoso, tan inhóspito, tan avaro de hospedajes de tibieza, tan rencoroso tan sin posibilidad de perdón.
Vendrá, sin duda, el invierno. Es algo que ocurre frecuentemente con la tozuda recurrencia de lo periódico, lo inevitable. Aunque parezca que esta vez no, que los días siguen tibios, que esta estación vas a ver que va a ser benigna, mirá cómo siguen los días lindos cómo todavía andamos de remera y a esta fecha y todavía, mirá vos, en este avanzado lugar del calendario. A pesar de que parezca que esta vez no, llegará el invierno.
De pronto soplará el viento desde el sur, lo helado, lo inhóspito que se adivinaba en la tierra contagiará los objetos y las respiraciones. Nos miraremos desde lejos. Habrá llegado , una vez más , el invierno.
Voy a perder tu piel debajo de los pulóveres y las frazadas. Nuestros abrazos sufrirán alejamiento de lanas y tejidos interpuestos. Aunque parezca y aunque trate, mis brazos no rodearán tu cuerpo no tendrán ya más la gracia de abarcarte todo entero.
Y me vas a decir que es lo normal, lo establecido, que siempre ocurre, que la naturaleza la tradición el destino lo decretan, me vas a decir lo que ya se pero no quiero. No quiero entenderlo aunque lo sepa.
Y voy a preguntarte a preguntarme a preguntar por qué a nosotros, por qué también a nosotros. No me voy a rendir a la evidencia de que hace meses que venimos deshojándonos, voy a florecer extemporáneamente, me voy a obligar a fabricar flores minúsculas y trabajosas para mentirte una primavera forzada. Voy a agotar calefacciones.
En vano, en vacío, en nada.
Te vas a ir igual.
-Me llevo lo que es mío -dirás al marcharte. Mentira. A mí no me vas a llevar.
 
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@ hotmail.com
 
 
 
 
Fugaz*
 
 
Con un hilo de plata
bordé un canto en el cielo;
le engarcé, por acorde,
una estrella fugaz,
que al danzar, rauda y leve
su cabriola de fuego,
destejió en un arpegio
ese sueño final.
 
*de María Amelia Schaller. masch@...
 
 
 
 
Persecuta*

*Mario Benedetti.

Como en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huir despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipotentes zancadas se acercaban a un ritmo enloquecido y enloquecedor.
Hasta no hace mucho, siempre que entraba en una pesadilla, su salvación había consistido en despertar, pero a esta altura los perseguidores habían aprendido esa estratagema y ya no se dejaban sorprender.
Sin embargo esta vez volvió a sorprenderlos. Precisamente en el instante en que los sabuesos creyeron que iba a despertar, él, sencillamente, soñó que se dormía.
 
Despistes y Franquezas 1990
 
 
 
 
*
 
La vida no es literatura. Hay que vivir... después escribir. No inútilmente se finge el fantasma. Llega un día en que se termina por serlo. Así, insensiblemente fui impregnándome de cierta acidez que infiltró en todas mis palabras un resabio de ironía agria, cierto hedor de leche cortada. La gente me huía instintivamente. Tuve renombre de cáustico. Mis chistes, los mejor intencionados, resultaban siempre de doble sentido, perversos, y los papanatas me cobraron un miedo terrible."
"Me deleitaba revolotear como un lechuzo. No sé por qué. Tampoco sé por qué les gasté bromas tremendas a los que tomaban la vida en serio, e incluso sostuve que únicamente los badulaques profundos le concedían importancia a lo que nacía de ellos. Lo cual no impedía que de continuo se formaran en la
superficie de mi conciencia, grietas que rezumaban amargo salitre de envidia. Nada me ofendió más profundamente que el éxito de un compañero a quien despreciaba en mi fuero interno. Cierto es que el éxito era una bagatela comparado con los que podía obtener yo explotando las posibilidades encerradas en mí. Recuerdo muy claramente que me acerqué a un camarada y lo felicité indulgentemente irónico. Era una congratulación muy de estilo para molestar a las personas que consideramos inferiores a nosotros."
"Me indigné contra mi intelecto, hice tentativas de intimidar a la inspiración, de infiltrarme en mi propio subconsciente. Era indispensable que él obedeciera y trabajara a mi servicio, pero fue todo inútil. No olvidaré nunca que me encerré una semana entre cuatro paredes a la espera de la maravillosa fuerza que debía inspirarme páginas inmortales, pero el único fenómeno que provocó tal encierro consistió en una violenta intoxicación tabacosa y aburrido de hacer el ermitaño, me lancé a la calle a buscar la vida. ¿ Por qué yo no podía producir y otros sí? ¿Dónde radicaba la misteriosa razón que hacía que un hombre que se expresaba como un imbécil, escribiera como si tuviese talento?"
"¿Mas, hasta qué punto es posible engañarse a sí mismo? Insensiblemente los ánimos me decayeron, las frases que escribía se atropellaban como abortos de pensamientos, sin ton ni son; la soledad del cuarto me inspiró repulsión, desidia los flamantes libros que comprara para ilustrarme sobre la 'no-acción', y un día resueltamente acaté los impulsos de mi voluntad, y me confesé que no podía darse nada más estúpido que el trabajar sobre una obra en la cual el primero en no creer era yo."
"La vida era breve. Más que ridículo resultaba el hombre que consumía su juventud garabateando infames papelotes. Por optimista que fuera había que reconocer que con la literatura no se reformaría a la humanidad."
"Seamos exigentes, compañeros. Si nosotros no salvamos el arte, ¿Quién lo salvará?... Un hombre que a la luz del sol y de las lámparas de doscientas bujías, tiene la audacia de proclamar que hay que ser exigente y comienza él por someterse a su principio, no escribiendo ni una sola línea por razones de exigencia, no puede ser un pedante ni un hipócrita."
"A mis camaradas les anuncié que preparaba la Estética del Exigente, a base de un cocktail de cubismo, fascismo, marxismo y teología. Varias literatas se alegraron tanto al recibir la noticia, que a consecuencia de ello, se les declaró furor uterino."
"Nuestra audacia cobró tales fueros, que un día anunciamos en las páginas de nuestra revista, a todo lo ancho: DE AQUÍ EN ADELANTE NO DISCUTIREMOS, DISTRIBUIREMOS RAZONABLES TANDAS DE PUNTAPIÉS Y BASTONAZOS."
"Así como el demente extrae de su locura los elementos que le hunden en el desconcierto de su propia vida, así yo extraía de mi imaginación el veneno que me amarilleaba los ojos."
"Estas tribus derrotadas socialmente, se rigen por leyes especiales y en nuestra esfera de influencia, al novato que llegue se le perdonaban sus éxitos antiguos en gracia de su fracaso presente. Vaya lo uno por lo otro.
Personalmente el individuo ha muerto como promesa, de acuerdo, pero en cambio, inequívocamente, resucita como fracasado. Y al resucitar como fracasado, tiene derecho al pan y a la sal que en el desierto de la literatura se le ofrece al viajero perdido."
"Como otros de mis compañeros, me quise acercar a la clase trabajadora. No negaré que se me ocurrió que al asumir semejante actitud, yo le hacía al proletariado un extraordinario favor. ¿Quiénes sino nosotros (según decíamos) podían orientar a la clase obrera hacia la resolución de sus problemas? ¿No constituíamos algo así como la sal de la tierra proletaria?"
"Lo grave, es que sujetos parecidos a mí en no enterarse nunca de nada, abundan en tal orden de actividades. Cuando varios tipos de este estilo nos reuníamos, encontrar un tema de conversación constituía un problema, y un ¡oh! y un ¡ah! de nunca acabar, eslabonaba la sorpresa que mutuamente nos
producían sucesos de los que no 'sabíamos' una palabra. De lo que no dejábamos de enterarnos, tronara o lloviera, enfermos o viajando, era de los brulotes endosados a un compañero por cualquier criticastruelo... ¿Viste el brulote que le metieron a fulano? Cuanto más injusta o malintencionada la
crítica, más festivamente recibida. Sabíamos que el placer que experimentaba el autor al publicar un libro se lo abollaba la crítica, y cuando se comentaba el brulote, no era por el brulote en sí, sino por el placer que derivaba de saber que había un compañero sufriendo en su vanidad o en su orgullo."
"A veces una ráfaga de rabia me enturbia las pupilas, luego me encojo de hombros. Sustituyo el odio con la antipatía, y la antipatía con la indiferencia. Tanto es así, que he reemplazado mi indiferencia de no
enterarme de nada por aquella indiferencia un poquito más sutil, política e irónica de elogiarlo todo. Lo bueno y lo malo."

"Y así pasan los años. De mi ineptitud se desprende una filosofía implacable, serena, destructiva: ¿Para qué afanarse en estériles luchas, si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y la nada infinita? Y yo sé que tengo razón."


*de Roberto Arlt.

"Escritor fracasado", El jorobadito.
 
 
 
 
 
Candelas*
 
Y es casi la noche cuando caminamos con mi compañera de la mano por la ciudad. Hemos sacado algunas fotos de gárgolas y fachadas antiguas. Vemos una luna creciente en una arcada alta de un edificio religioso que comunica al cielo como visión última.
A media cuadra nos encontramos con la plaza casi como un tropiezo, esta es la plaza adonde miran los edificios mas importantes de la esta provincia. El poder ejecutivo y judicial tienen sus casas diurnas allí.
En la plaza hay un pequeño grupo de personas reunido casi en círculo.
Nos acercamos con  curiosidad. Hay un hombre de alrededor de 50 años alto y encanecido que lee con voz pausada y serena unas palabras, una periodista le acerca el micrófono y hay un camarógrafo con su equipo que se afirma en tres patas metálicas sobre las baldosas.
Varias personas llevan candelas caseritas en sus manos.
Puedo ver a dos ancianas con bandanas blancas cubriendo sus pelos blancos y grises. Un niño que juega, va y viene a la mano de una joven madre de vestido rojo. Luego habla una mujer, solo recuerdo la frase "nosotros sabemos la verdad".
Mientras seguimos nuestro camino, pienso en esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
En ese duelo a cielo abierto que necesitan realizar cíclicamente mientras  haya quien pueda contar los hechos y relatar lo trágico que el poder elude. Para el cual las heridas solo se sueldan con impunidad y olvido. Según parece, para el dolor que echó raíces nunca hay auspiciantes. Esos estan siempre en otro lado.
¿Adonde estan las miles de víctimas de lo que pasó? parece decirme ella con su mirada.
No importa digo. Nada del mundo les quita entidad a quienes no se rinden y salen a la calle para recordar a sus muertos y pedir por una improbable justicia.
 
 
*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
 
 
 
 
Casablanca*
 
 
Imagínenme así: un metro setenta y cinco, más bien flaco, bigote ancho como el que llevaba mi abuelo a principios de siglo. Ha vuelto a ponerse de moda. Pelo abundante y descuidado, patillas cortas. Llevo sombrero tumbado a media frente. Tengo carácter uraño y alma de calefón. Me lo dijo una chica que crucé en Marsella el día en que escapamos de la gran guerra, allá por el año treinta y ocho. Ahora ya lo saben: me derriten las palabras amables y las mujeres que fingen timidez.
Me llamo Gustavo Peregrino Fernández, pero la profesión me privó del primer nombre y me regaló otro, doctoral y vulgar: Míster. Míster Peregrino Fernández, entonces. Llevo muchachos a correr por los potreros de algún olvidado rincón de la patria. Trato de que se porten bien y dejen en la cancha lo mejor que tienen. Que no corran como poseídos detrás de la pelota. Voy de acá para allá por la parte fea del mundo. Soy un ganador incomprendido, corro por la sombra, tomo trenes y colectivos bajo la tormenta.
Estoy en un rincón de la Patagonia en el año 58. Llevo una semana estornudando contra el viento, cagando arena y orinando agua bendita. En las horas en que no trabajo voy a matear con el cura, que es un primor de tipo, una ficha que Dios perdió a la ruleta. Les decía que vengo de lejos. Siempre es así. En el año 36 fui a predicar mi fútbol a Europa, hasta que empezó la guerra y la chica aquella me dijo eso de que tengo alma de calefón.
Del 39 al 44 estuve en Casablanca, en el bar de Rick.
Cuando no estábamos muy borrachos íbamos a jugar a la pelota cerca de ese aeropuerto que ustedes conocen. Después no sé qué pasó, a dónde se fueron Rick y su amigo Renault, el gendarme francés. Yo me quedé dirigiendo en un club de Tánger. Eran tan malos los jugadores que tenía que ponerlos a todos en el área chica para escaparle al descenso. Me acuerdo que el centrojás era un petiso con joroba, bastante corto de vista. Había que ponerlo porque el padre manejaba el mercado negro y proveía tabaco, papel higiénico y hojas de afeitar. Al centrofóbal tampoco lo podía sacar porque decían que era su amigo o su amante, nunca pude confirmarlo.
Me pagaban bastante para lo que era el mundo en ese entonces. Tenía un Studebaker modelo 34, cuatro trajes y a veces una mujer expulsada de algún harén suburbano. No sé, nunca me gustó preguntar. No voy a ocultar que estuve preso. Las cosas eran confusas y no se sabía con certeza lo que estaba bien y lo que estaba mal. Ni siquiera sé si fui yo quién disparó el revólver. Hacía calor, el ruido era infernal y el eslovaco puteaba y puteaba, decía que yo le debía plata y que me estaba metiendo en su negocio. De pronto cayó redondo con un agujero en la cabeza. ¿Tiré yo? ¿Tiró otro? Todos andábamos armados en la ciudad y en los bares liquidaban media docena de tipos por día. Sólo que este era un peso pesado y estuve a la sombra casi un año, hasta que el club reunió la plata para los jueces.
No sé si esto tiene alguna importancia. Ahora que estoy postrado en una casa para viejos, aburrido y esperando el fin, se me dio por escribir las cosas de las que me acuerdo y que pueden servirle a los jóvenes. Un escritor de la Argentina que pasó a verme hace unos meses me contó que los jóvenes no quieren saber nada con el ejemplo de los mayores, que olvidara la moralina y los consejos. Si es así, narraré latrocinios y vendetas, vejaciones y tormentos. Tengo 85 años y he visto bastante.
Sé que los militares pasaron una generación de idealistas a degüello. Después mandaron a otros a una guerra perdida. Los que sobrevivieron todavía no han superado el terror y se lo han transmitido a los hijos. Parece que sólo los tranquiliza llevar una tarjeta de crédito. Igual, yo no escribo para que me lean. Utilizo las lenguas que me vienen a la cabeza según el humor con que empiezo el día. Viví en tantos lugares diferentes que cada idioma está atado a un afecto, a un suceso. Escribiré en turco, en inglés y en castellano sin traicionar ni reprimir los sentimientos. En alemán hablaré de aquella chica de Berlín, en polaco del campo al que me llevaron por tratar con judíos, en inglés de mis incursiones australianas.
Había pensado en un manual que traslade las enseñanzas del fútbol a la vida de todos los días, pero no sé si podrá ser. En algunos países mojigatos la gente vive colgada del travesaño; en los pretenciosos se adelantan tanto que terminan apuñalados de contragolpe. En fin, mis teorías no serán atendidas; tal vez tenga razón el escritor aquel, pero tengo mucha edad y no puedo remediarlo. Empiezo, entonces, con los años en el bar de Rick. Ustedes habrán visto mil veces la película: Tócala otra vez, Sam, Bésame como si fuera la última vez, dice Ilda, la enamorada. Pamplinas. Rick no quería a nadie, era un individualista al que se le habían muerto las ilusiones. Tócala otra vez, Sam. quién hubiera dicho en aquellos tiempos que Sam iba a tener una posteridad. Murió en el año 47 o 48, me contaron. El bar cerró y andaba tirado, con dolores de cintura y reumatismo en las manos de tanto darle al piano. Había remontado en barco hasta Burdeos. Se metió en un cine barato donde daban una de las primeras de Robert Mitchum. Lo oyó decir: "El amor es como el azar, cuanto más lejos vayas más posibilidad tienes de ganar", y ahí nomás se murió. Tal vez era la época: estaba plagada de existencialistas, vividores y socialistas románticos. A Sam le habrá pasado lo mismo que a mí: sólo el socialismo te ofrecía futuro. Muchas veces había que morir para que los otros siguieran viendo más allá de la nariz, como el Che antes de ser un montón de huesos ofrecido a los turistas. Pero bueno, caer estaba en los cálculos. Se moría menos por accidentes de tránsito y más por un futuro imperfecto.
En mi vida he visto distintas épocas de varios países. Los he visto encanallados, valientes, resignados, corruptos, cobardes. Vi la aterrorizada Alemania de Hitler ensañarse con judíos y comunistas. ¿De qué les sirvió tener a Heidegger? los hombres decentes se expatriaron: los hermanos Mann, Freud, Peter Weiss, tantos más. Vi miserias de las que no me atrevo a hablar todavía.
No me va a ser fácil hilvanar con el fútbol. yo fui uno de los primeros que vio la inutilidad de mantener wines estáticos haciendo firuletes por la raya, pero nunca pensé que al desaparecer los wines desaparecería un modo de vida. Tambien afuera de la cancha. Habíamos acabado con la belleza para asegurar la rentabilidad de los equipos. Mandamos a esos endiablados chiquitos a correr de acá para allá, a sacrificarse, a colaborar con los que no sabían cómo se chanflea una pelota. El otro día vi a un tipo de cuatro millones de dólares, sin arquero por delante, tirarla afuera. No la embocó en un arco de once metros de ancho ni siquiera con esos zapatos de ahora, que vienen preparados con alerones y muescas de modo que hasta un enyesado pueda hacer un gol olímpico.
Allá por el cincuenta y ocho, en Tánger, mi centrodelantero era burro pero feliz porque sentía que tenía una misión y la cumplía. No iba a buscar la pelota, pero si se la daban a quince metros de la valla los arqueros sudaban. Dur, violent, au coin enchanté, me decía. Fuerte y bajo, al rincón de las ánimas, me atrevo a traducir. Tiempo después, así como Sam murió en una butaca de cine viendo y oyendo a Mitchum, mi delantero llamado Agustin se rompió la cabeza contra un poste al ir a buscar de palomita un centro mal colocado.
No quiero irme también yo sin antes declarar que soy uno de los responsables de la desaparición de los wines. Me gustaría evocar, además, a los backs centrales de aquellos tiempos. Uno era asesino y el otro caballero; pero eso lo dejo para otro día. Estoy cansado, tengo más edad de la que he confesado y la enfermera se acerca para llevarme a cenar. Acá en París nos acostamos muy temprano y ahora que se acerca el invierno lo único que puedo hacer es mirar viejas películas, leer viejos libros y evocar viejos partidos. No tengan piedad de mí: la memoria, si voraz y violenta, es una materia exquisita.
 
 
 
*de Osvaldo Soriano.
"Piratas, Fantasmas y dinosaurios" Editorial Norma. Edición de 1996.
 
 
 
 
 
 
Mecánicos*

Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día, indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. a esa edad creemos que el mundo sólo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.
Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó qué haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico.
Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo.
Yo no le hice caso pero él se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para qué servían.
A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tiré en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller.
-Sos un cabeza hueca -me decía.
Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa. que le prestaba un vecino. tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar del Plata.
Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura mi padre me pidió que eligiera por dónde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezó a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles. Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigüeñal. De vez en cuando mi viejo gritaba "¡Carajo, qué mal trabajan los franceses !" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi pierde los tallarines gratis:
-Doce -le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles-. Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.
Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio. Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era más atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cuál pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para qué con un responso lo ayudara a rehacer el embrague.
Al fin, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.
Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las vergüenzas con los restos de un mantel. mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. en el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave.
Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida. adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateó con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como un gallo de riña. Después me guiño un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes.
-Andá -me dijo-. Preséntate al regimiento como mecánico, que te salvás de los bailes y las guardias.
Ese año hice más de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para él su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.

*De Osvaldo Soriano.
"Cuentos de los años felices" editorial Sudamericana, Buenos Aires, edición de 1993.
 
 

 
 
 
Ejercicios de escritura:
 
 
1. La agenda del año*
 
Un año puede ser una lluvia. Un vértigo de acontecimientos que apenas pueden ponerse en palabras.
Sea por el dolor, la alegría o el asombro, los invito a construir una agenda de sucesos-sentimientos -ficciones del año. Mes por mes, consignemos frases sobre acontecimientos personales y/o sociales.
Los escritos se publicarían del 26 al 31 de diciembre.
(Para cualquier consulta me escriben)
 
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
 
 
 
 
2. Collage de frases.
 
Se trata de construir una narración utilizando en la mayor medida posible una serie de frases:
 
-El/ella habla desde una antigua devastación.
-No estoy lo suficientemente deprimido/a para ser artista.
-Como a esa gente que se aferra habitualmente a un salvavidas de plomo.
-Cuidame a mi nena, que no le pase nada, por que si no cuando vuelvas te la vas a ver conmigo.
-Hasta que punto del sufrimiento hay que llegar para parir la escritura.
-Lo más inconscientemente feliz que pueda.
-Tenía vocación por remontar ilusoriamente la adversidad.
-Nadie puede amar sin el corazón libre.
-El mundo para el/ella era un gran tedio.
-Para el dolor nunca hay auspiciantes.
-"casi un fracasado como vos".
-Llevaba en silencio la plegaria que dice por mi culpa, por mi culpa, por mi grandisima culpa.
-Pero esa ilusión de futuro ya casi se desvanece.
-Y le pedimos al otro, más que a nosotros mismos.
-Vió una clara vocación por el destierro, por el exilio de propia vida.
-¿Cómo hacer para que la vida no sea morir lentamente en gotas?
-Era una imposición razonable al lado de otras murallas brutales, pero una imposición al fin.
-Aquello era una cienaga sobre la que no se podía construir nada estable.
-En esa lucidez sin remedio que tienen las víctimas.
-Todos somos actores, y no dejamos de representar un papel para los demás.
 
 
Para dudas y consultas, me escriben, es para publicar antes del fin de año.
 
 
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
 
 
 
3. Re-escribiendo a Inventiva Social*
 
A la largo del año se editaron y titularon muchas ediciones. Quiero proponerles que tamicen, que condensen en algunas frases las experiencias de lectura y/o escritura en Inventiva Social.
Para el 29 /30 de diciembre.
 
 
*Enviar escritos a: inventivasocial(arroba)yahoo.com.ar
 
 
 
Una antología personal.
-Sólo para socios de Inventiva-
 
Los invito a enviarme una selección de sus escritos (ya publicados o no) para editarlos en los últimos días del año y durante el mes de enero del 2007. Con respecto a la extención de cada antología, la idea es no superar los 100 kb.  
Cualquier duda me escriben.
 
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial(arroba)hotmail.com
 
 
 

*
 Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 10 de diciembre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor mexicano Mario Lavista. Las poesías que leeremos pertenecen a Luisa Futoransky (Argentina) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)  !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067 
 

*
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de participación es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
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#106 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 20 de Nov, 2006 4:35 pm
Asunto: POBRES DE NOSOTROS
inventivasocial
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*

Quien soy?

Soy aquella sombra
Que se desliza por los pasillos
En los sueños de la infancia
Soy una sonrisa que falsea
Unos buenos días
O soy sombra de otros
Que habitan deshabitados
Que van perdiendo  sus fantasías
Y me apropio de ellas
Tal vez por el espanto
De verlos con su mirada perdida…


*de Azul. azulaki@...
Para todos los que sufren por ser diferentes.




Pobres de nosotros...



*

  Ellos se miraron.

Con esa mirada que dice lo que no pueden decir palabras.
Imposible de reconstruir esa mirada con palabras.
Después. Cuando la mirada y cada humanidad se desvaneció para el
otro.
Cada cual entrevió -y pudo ver un poco más allá- al desierto que se
avecina.





*De Eduardo F. Coiro inventivasocial@...






Lunes, 20 de Noviembre de 2006
La tercera*

*Por Eduardo Aliverti

Se cumplen dos meses sin que se sepa nada de López, y algo menos de
su última desaparición. Porque López desapareció primero en la
dictadura y después tras testificar contra Etchecolatz. Y ahora
quedó esfumado de los medios y de la consideración social, que en
cierto aspecto es la más espantosa de las tres desapariciones.
Que a López lo secuestraran los militares fue un hecho tan
horripilante como previsible. Que no se sepa nada de él tras su
testimonio contra un monstruo es igual de horripilante pero
enormemente menos previsible porque, aunque se conozca que la mano
de obra desocupada todavía tiene trabajo, se perdió la costumbre de
que esa mecánica sea cotidiana. Pero que su caso haya ingresado en
un olvido que no para de crecer; que la mención de su apellido haya
quedado remitida a las acciones de unos pocos grupos militantes y
voces sueltas; que ni siquiera se lo tenga en cuenta en las columnas
de opinión de los principales analistas del país, presuntos progres
incluidos, a más de que dejó de figurar en los diarios y noticieros
del día a día y de que ya se ve que sólo "reaparecerá" los 18 de
cada mes (bien que, a estar por la cobertura periodística de la
marcha del sábado pasado, tal vez ni siquiera eso); que, en pocas
palabras, sea como producto del ninguneo mediático o como resultado
de algunas características de nuestro biotipo de sociedad, López no
ocupe casi lugar alguno en la agenda pública, es lo más
horripilante de todo. Porque se cumplió lo que era previsible.
La batahola de San Vicente y el resultado electoral de Misiones
tienen un impacto de patas cortas entre lo que la gente especial
denomina "la gente común", porque la marcha de la economía sigue
oronda de la mano de sectores bajos resignados o asistencializados y
sectores medios con sus expectativas de consumo recreadas. En el
mismo sentido, la desaparición de López hace ruido (y lo haría mucho
más si el desenlace fuera el más grave) en un momento en el que no
se quiere escuchar malas noticias. No hace falta ninguna encuesta
para constatar que la construcción colectiva acerca de López dibuja
al episodio como un misterio; que lo más a mano es decirse que se lo
tragó la tierra, y que como mucho se trata de una situación
inquietante pero aislada. Encima, López es un tipo de casi ochenta
años, no tiene el "perfil" de un militante connotado, su profesión
fue la de albañil y supo decirse que sufrió algunas etapas o
situaciones de extravío. Con esos ingredientes, aunque nadie lo
reconozca queda asentada la autojustificación de que es muy difícil
saber qué pasó, que tal vez no se sepa nunca, que el tema
es "extraño" y que probablemente ingrese a la galería de hechos
jamás resueltos, dando entonces por sobreentendido, o aceptado, que
se trata de un caso policial. Esto último no deja de ser un tanto
(¿sólo un tanto?) paradójico, porque qué mejor caso que el de López
para simbolizar la ineficiencia de las fuerzas de seguridad en eso
de proteger a la ciudadanía.
Sin embargo, López no forma parte del reclamo de que el Estado nos
proteja, que debe terminarse con la delincuencia como fuere y que a
dónde iremos a parar si es que ya no se puede salir a la calle.
Justamente, López salió a la calle y no se lo volvió a ver. Pero los
medios han dejado de preguntarse
por qué y en las crónicas de la inseguridad cotidiana ya no hay
registro de inquietud por lo que pueda haber sido de su vida. Ni en
los medios, ni entre los vecinos sensibilizados por las olas
delictivas, ni por parte de los voceros de la derecha, que
aprovechan cualquier acto de violencia para colar su discurso de
indignación contra las políticas garantistas. Ahora, por ejemplo, es
el turno de los barrabravas. Que cayó justo para seguir olvidándose
de López. Como diría la rata -como lo dijo literalmente, cuando
se sucedía la lista interminable de los actos de corrupción de su
gobierno- todo parece obra de una casualidad permanente.
Cabe la presunción de que muchos o la gran mayoría, y desde un
comienzo, no terminan de jugar su opinión (y su actitud) por la
eventualidad de que López aparezca de un día para otro, tras haber
quedado preso de una de esas pérdidas de conciencia de las que se
habló. Como si esa probabilidad pudiera cambiar, de raíz, la
certificación de que el Estado no encontró respuestas satisfactorias
a la primera de cambio en que debieron articularse su capacidad de
predicción -frente a los riesgos que podía correr un testigo- y la
eficacia de sus servicios de inteligencia.
Es muy complicado, desde las consecuencias objetivas, desmentir que
son más los que no quieren saber qué fue de López. El Gobierno,
porque a medida que el caso va perdiéndose amortigua su
responsabilidad (so pena de que le tiren un cadáver en alguna
instancia políticamente "adecuada"). La derecha, porque
teme que si la desaparición es consecuencia de una patrulla de tinte
paramilitar, así sea inorgánica, le será muy difícil no quedar
reasociada a su pasado procesista. La sociedad, porque no quiere
saber nada con la aparición de algún elemento capaz de desmadrar o
perjudicar la recuperación económica. Las especulaciones pueden ser
éstas u otras y se aceptan sugerencias ratificatorias o argumentos
contrarios, pero lo concreto es que López está en el olvido. El
grueso popular, la dirigencia en general y los medios grandes de
comunicación vuelven a mostrar la peor de sus caras.
Esté donde esté y como esté, una inclinación, digamos, natural,
lleva a preguntar qué le habrá pasado. Y más tarde, a decir "pobre
López". Si se piensa mejor, deberíamos juzgar que lo que le haya
pasado, lo que le hayan hecho e, inclusive, su aparición con vida,
ya no están en condiciones de variar la conclusión de que el aparato
del Estado -en el mejor de los casos- es de una ineptitud algo así
como incalificable, primero para proteger a un testigo puntual
contra un genocida y después para investigar su paradero. Y junto
con eso, o antes que eso, unos medios de comunicación y una sociedad
que se permiten mirar para el costado. O no mirar, sencillamente.
Por comodidad, por incertidumbre o por impotencia, no importa.
Quienes coincidan con este diagnóstico también lo harán con que, en
lugar de qué le habrá pasado y de pobre López, es mucho más certero
decir pobres de nosotros.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-76474-2006-11-20.html






Lunes, 20 de Noviembre de 2006
Arquitectura del pubis*


*Por Sonia Catela. soniacatela@...


La visita del amante de mi madre, del que una no sospecha su
existencia, (por más que mami dé pistas, esos ridículos portaligas
negros que usa y otras antiguallas inspiradas en sus modelos, las
actrices de las películas de Retro, comehombres que tendrían cien
años de romper las leyes biológicas y vivir aún, como Rita
Hayworth), se descerraja a las siete de la mañana, eyaculada
directamente desde el dormitorio de ella, "éste es Camilo", informa
mamá, pero no levanto la vista hacia la masa corpulenta, sigo
untando mi pan con manteca y siento que se corre una silla a mi
izquierda, Lalito tampoco se da por aludido, "pasame la mermelada"
solicita para no dirigirle la palabra al amante, y dado que mami ya
agotó su función vital,
la que merece un día de homenaje al año, el tercer domingo de
octubre, e implica cumplir con la procreación de dos hijos, habiendo
ella en consecuencia nacido, crecido y reproducido, kaput, finish,
nada de veleidades o relaciones ¿pre? matrimoniales que le
caducaron, no corresponden; "¿Café solo o con leche?" consulta desde
la cocina a su hombre y su hombre estará desperezándose ya que no
acaba de sentarse aunque rehúso observarle la cara porque no es una
cara sino un pene y puesto que madre
peina canas, (por más tinturas que las cubran) lo que significa,
según mi abuela, ser llamada a sosiego, a un retiro decoroso y
espiritual de hormonas, mami con sus amigas jubiladas y apelando
cada cinco minutos a "te acordás de" en referencia a personas del
siglo pasado, a hechos del siglo pasado, caudillos, acontecimientos,
artistas de otra centuria, "negro, sin azúcar", pide la voz, una
mujer así debería darse cuenta que no puede sentar a la mesa de las
medialunas compradas en el mercadito de don Rodrigo, a un
señor al que una reduce a un órgano ambulante y rampante, enhiesto y
florecido, porque si "éste es Camilo" no pretenderá encajarlo en el
casillero de padre sustituto o noviecito, Camilo no pasa de esa
tripa que se expande en el espacio para ocupar un lugar en un
orificio del cuerpo de mamá que peina canas, ahora la tripa corre la
silla y se sienta, "qué sueño" acota, para que una piense: ¿tres
veces? ¿cuatro? orgasmos que los mantuvieron en vilo; me asqueo, me
acometen náuseas, qué decir de Lalito, mi
hermano petrificado que huye "pierdo el ómnibus"; las mamis normales
no tienen tipos cama adentro, ni enteran a sus hijos de sus affaires
contra natura y va que el tipo sale con un "hola, Cecilia",
saludándome, conociéndome, entonces lo miro, es el malentendido que
una tenga una madre que peina canas y sirva a su hombre en la mesa
recién salido del horno de los coitos para que el hombre me
salude: "hola, Cecilia" y ponga en estado de atención a mi
madre: "¿se conocen? ¿de dónde?", justo este hombre con el que hemos
sido uno en la ciudad, en distintos puntos, parques, moteles, casas
de amigos, y a quien hasta le he comentado facetas íntimas de mi
madre, sin que ninguno de los dos imaginara que el malentendido nos
cruzaría en circunstancias en que él, a medias sentado, siga "sí,
conozco a Cecilia
de por ahí", "ah, de por ahí" se desencaja mamá ya sufriendo por
escuchar entre bambalinas: de moteles, parques, autos de por ahí,
salidas que comienzan y cesan y no dejan nada, pero este hombre
insiste, "pero dejé de verte en los sitios que frecuentabas, Cecilia
¿qué pasó Cecilia?", y desenvuelve el malentendido porque él no
debió sentarse ante esta mesa, mucho menos para atormentar a mi
madre que ya peina canas y conserva pocasilusiones y viene a tener
la mala suerte de atravesarse justo con Camilo
para meterlo en su lecho, malentendido de por medio, y él abrirá la
boca y seguirá bombeando malestar, un intruso meterete, que se
divierte con la situación de gallo en el gallinero. "No me acuerdo
de usted, señor", a ver si se calma y así mamá suspende la tortura
que ya le clava arrugas en la boca, en los ojos, en el
entrecejo, "¿No te acordás de Rondinella?", insiste Camilo,
jugueteando con el cuchillo, "¿Rondinella? ¿qué es eso?" replico; mi
madre se halla al tanto de que yo frecuenté Rondinella, he hablado
de los juegos de luces de la disco, de la selección musical, de las
fiestas de chop, "los sábados, Cecilia, los sábados" y palmea mi
brazo. Esto activa algún encolumnamiento de mamá que se lanza: "Pero
¿qué insinuás, qué te proponés?" lo increpa con todo puesto,
acoplándose a la partida como mi
compañera de juego y consciente de que el tipo se ajusta a la
realidad de los hechos, aunque éstos la desbarranquen a una
situación de sufrimiento, parques, asientos traseros de autos,
moteles. El no se priva: "Cecilia y yo nos frecuentamos. No sé cuál
será la interna entre ustedes, pero lo que pasó, pasó", "si mi hija
dijo que no te conoce, no teconoce, y si no sabés ocupar tu lugar,
mejor mandate a mudar de aquí" se sulfura mi madre como si se
apoyara en una verdad, pero cuarteándose entera, arrugándose
completa, otra vez vieja, contando en meses el tiempo que le falta
para la jubilación, fichando con la ginecóloga la cita para el
refuerzo de estrógenos, a ver si por un rato le cierra la puerta a
la
menopausia que avanza, reviviendo en Retro, con las amigas, aquellos
pic nis de primavera de los 70, o batallas que nadie entiende,
doctrinas de la seguridad nacional y otras tristezas, "así que debo
ocupar mi lugar" larga su risita el tipo y tira la servilleta contra
el mantel, "con que ésta era la Federica de la que me hablabas,
Cecilia, Federica, tu mami". Ahora dirime su propio papel, ¿con qué
palabras lo describiría este Camilo? porque si se "volteó" (diría
él) a madre e hija no tiene por qué marcharse con el rabo entre las
patas ¿estamos? Arroja la servilleta y hace su mutis triunfal.
Derrumbada en la mesa, mi madre alza la mano "de todos modos,
Cecilia, no era el hombre de mi vida, no te aflijas" aunque en este
momento sienta que sí, que era el hombre de su vida, y probablemente
lo fuera, tan en el límite se halla ella, tan arrinconada por el
tiempo que la aplasta de atrás y la apremia adelante, "Hay que ir a
trabajar" recaba, "se hace tarde", pero no nos movemos, cabezas
gachas, presas del desgano que deja cualquier paliza.
Mi madre me pasa un cigarrillo. Fumamos y sus años se cuentan a sí
mismos, algo más de cincuenta, aquí dentro, flashes de velitas
apagándose, gobiernos cayendo, rupturas familiares, catástrofes,
nacimientos y muertes mientras la ceniza de nuestros cigarros se
desgrana sobre todo ello, la vida venteándose, incinerada, al viento.


*Fuente: Rosario-12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-6260-2006-
11-20.html





Correo:

Música, humor y compromiso social/ Noviembre 2006

El Centro Cultural Ricardo Rojas y las Abuelas de Plaza de Mayo,
presentan:
Humor y Música por la Identidad

Un ciclo que tiene por objetivo continuar con el trabajo de Abuelas:
se iniciará la actividad con el bautismo de la nueva sala del Rojas
llamada Abuelas de Plaza de Mayo. Además habrá números que aunarán
música, humor e información. Conrado Geiger, Alejandro Balbis, Diego
Angeli, Dema y su
Orquesta Petitera, Diego Wainstein, Gabo Ferro, Sebastián Wainraich
y Nube 9 participan del proyecto. La idea es apoyar y difundir la
búsqueda de los nietos aún no recuperados.

El Centro Cultural Ricardo Rojas sigue apoyando la lucha de las
Abuelas de Plaza de Mayo. Por eso, junto a la organización de Estela
de Carlotto lanza el ciclo "Humor y Música por la Identidad". El
objetivo es aunar comicidad, información y música. Cada día un
comediante diferente realizará un
monólogo, un representante de Abuelas explicará la modalidad de
búsqueda de los nietos y un cantautor solista o un grupo musical
brindará un recital. La apertura está prevista para el lunes 20 a
las 15 hs y los espectáculos se realizarán los martes y miércoles a
las 21hs. La entrada es gratuita.

Aclaración: las localidades se retirarán en boletería una hora antes
de comenzar la función en el Rojas:  Av Corrientes 2038

Lunes 20

Horario: 15 hs.
Sala: Auditorio del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av. Corrientes
2038)
Entrada: gratuita.

Acto de apertura del ciclo, en el que por primera vez una
dependencia de la Universidad de Buenos Aires llevará el
nombre "Abuelas de Plaza de Mayo"; en este caso: el nuevo auditorio
del centro cultural.
Estarán presentes el vicerrector de la UBA, Dr. Aníbal Franco; el
secretario de Extensión Universitaria, Dr. Luis Schkolnik; el
titular a cargo del Centro Cultural Ricardo Rojas, Sergio Yamashiro;
la señora Estela B. de Carlotto; Conrado Geiger; Diego Angeli; Diego
Wainstein; Sebastián
Wainraich; Gabo Ferro; Dema y su Orquesta Petitera; y Fernando
Blanco.

Martes 21

Conrado Geiger (comediante) + Alejandro Balbis (murga canción
montevideana)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.

Conrado Geiger es guionista, humorista, caricaturista y periodista.
Hace radio desde 1987 y se desempeñó en distintos medios como Radio
Belgrano, Rock & Pop y Radio de la Ciudad. Desde 1990 dicta talleres
de humor. Escribe guiones para unipersonales de otros y participó
con sus monólogos en
"Comedia de Dorapa" y "Comedia de Dorapa 2.0", "Levántate y
Habla", "Humor de Pie" y como invitado en: "¿Cuál es su
Gracia?", "Pare de Sufrir", "Radio Bar Comedy Club" y  en varietés.

Alejandro Balbis es un cantautor uruguayo y está radicado en
Argentina. El ex integrante de la agrupación Los Balbis, comparte la
autoría de temas con Jaime Roos, Bersuit Vergarabat, Gustavo
Santaolalla y La Vela Puerca, entre otros. Si bien está imbuido
dentro del ámbito de la murga, amplió el
espectro musical hacia otras sonoridades enriqueciendo sus
composiciones.


Miércoles 22

Diego Angeli (comediante) + Dema y su Orquesta Petitera (tango)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.

Diego Angeli, es periodista y actor. Mejor recordado como el primer
presentador de videos de la cadena Much Music. De ahí en más se
desempeñó como notero de I-Sat, CQC, El Rayo y Fugitivos, entre
otros programas. Tras diez años de carrera en Rock & Pop,
actualmente integra Spika 103.1. Comenzó
con los monólogos como integrante de "Humor de Pie" (2004) y
de "Pare de Sufrir" (2005).

Dema y su Orquesta Petitera es una orquesta de tango formada por dos
guitarras (Alfredo Seoane; Marcelo Di Virgilio) y voz (Dema), que
interpreta tangos de su propia autoría. La agrupación nace en marzo
del 2002 y desde entonces se presenta ininterrumpidamente en
distintos escenarios porteños.
En noviembre del mismo año graba su primer disco en vivo en el "Gran
bodegón Rucúcu". En 2005 edita su primer trabajo en estudio "Dema y
su Orquesta Petitera Volumen 1"


Martes 28

Diego Wainstein (comediante) + Gabo Ferro (canciones)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.

Diego Wainstein comenzó su formación actoral a partir de 1985.
Además de ser actor, escribe, dirige y produce sus espectáculos.
Participó en obras bajo la dirección de Manuel Iedbavni y Alejandra
Boero. Desde 2000 se interesa por el género denominado "Stand up
comedy", pero recién a partir de 2002
monta su primer espectáculo denominado "Humor cerebral" al que
seguirían otros éxitos.

Gabo Ferro es músico, poeta e historiador. Fue la primera figura del
grupo Porco hasta que en 1997 desaparece de la escena para dedicarse
a estudiar Historia en la UBA. Años después vuelve al ruedo en
solitario como cantautor folk y transparente con "Canciones que un
hombre no debería cantar", álbum
al que siguió "Todo lo sólido se desvanece en el aire".


Miércoles 29

Sebastián Wainraich (comediante) + Nube 9 - acústico - (reversiones
de The Beatles)
Horario: 21 hs.
Sala: Sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (Av.
Corrientes 2038)
Entrada: gratuita.

Sebastián Wainraich es conductor, escritor y actor. Trabajó como
movilero en distintos programas televisivos, como "Ardetroya" y
conduce "Wanna be" por X4 Fm. Participó como intérprete en "Uno
contra todos" y "Cómico Stand Up 2 y 3". Escribió y produjo "La
tragedia del corpiño" y se desempeñó como director de arte de la
obra "Oi, Oi, Hoy".

Nube 9 es una agrupación con músicos de distintas bandas con el
objetivo de reversionar discos de los cuatro de Liverpool. En su
versión acústica sus integrantes son Fernando Blanco (Súper
Ratones), Agustín Insausti (Papa Negro) y Lucrecia López Sanz
(Beladies). Desde 2001 en adelante recrearon
toda la discografía Beatles y la carrera solista de Lennon,
McCartney y Harrison.

Difusión Abuelas de Plaza de Mayo
  Centro Cultural Rojas-UBA / Prensa y Comunicación
Tel. 4381-0642, int. 105
Tel.  4954-8352 /  4953-3556
difusion@...
Av. Corrientes 2038 rojascomunicacion@...

*Enviado para compartir por Ana Zabala anazabala@...



*

Memorias del Terrorismo de Estado en la Facultad de Humanidades
A 30 años del golpe militar
Facultad de Humanidades y Cs. de la Ed. - UNLP
Noviembre de 2006
"Porque también somos lo que hemos perdido"


La Decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
Ana M. Barletta, conjuntamente con la Comisión "Memorias del
Terrorismo de Estado en la Facultad de Humanidades. A 30 años del
golpe militar" invita a Ud. a las actividades previstas para los
días 21 y 24 de noviembre, a 30 años del
golpe militar. El encuentro se propone dar continuidad al homenaje a
estudiantes, docentes y no docentes desaparecidos y asesinados de
esta Facultad, realizado en abril de 1995. Asimismo lo invitamos a
compartir un espacio de reflexión sobre los cambios producidos en la
vida universitaria antes y después del golpe de estado.


Cronograma:

MARTES 21 DE NOVIEMBRE

* 17 hs. - Hall del Primer Piso: Inauguración de la
muestra "Itinerarios.
Imágenes de la militancia universitaria 1960-1983". Palabras de los
miembros de la comisión organizadora.

* 18 hs.- Aula 102-104: Mesa de discusión "La vida universitaria
antes y después del golpe de estado". Invitados: Gladys Palau,
Gabriel Raffart, Carmen Gola, Alberto Pérez, Héctor Peña, Alejandro
Sokolovsky.


VIERNES 24 DE NOVIEMBRE

* 18 hs.- Aula 102-104: Mesa de discusión "La experiencia de la
militancia gremial y estudiantil entre los años '60 y '70".
Invitados: Horacio Salerno, Mariana Arcondo, "Pestaña" González,
Perla Diez.

* 19.30 hs.: Palabras de la Decana.
Homenaje frente a la Placa de los docentes, no docentes y
estudiantes de la Facultad, desaparecidos y asesinados (colocada en
abril de 1995). Se incorporarán los nombres faltantes de siete
alumnos y se entregará a sus familiares material de legajo de cada
uno de ellos.

* 20 hs.: Acto de cierre. Coro "El reenganche"


*Comisión Memorias del Terrorismo de Estado en la Facultad de
Humanidades
comision_memoria_humanidades@...
A 30 años del golpe militar




*

Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.  El mecanismo de
participación es relativamente simple. Primero seleccionar la
noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego
reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve
(alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...




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#105 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 3 de Nov, 2006 5:54 pm
Asunto: EDICIÓN NOVIEMBRE
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“LA CA­BE­ZA”*

Per­so­na­je Úni­co: MU­JER
 
IN­DU­MEN­TA­RIA:
a)  Tra­je sas­tre ne­gro, mal he­cho.
b)  Blu­sa con pun­ti­llas.
c)  Me­dias ma­rro­nes. Va­rios pa­res su­per­pues­tos. En­ro­lla­das ape­nas más arri­ba de las ro­di­llas.
d)  Za­pa­tos nue­vos.
 
ES­CE­NA­RIO:
a)  Un ban­qui­to.
b)  Una mu­ñe­ca sin ca­be­za. Mi­de 1,70 mts. Sin ro­pas. Pa­re­ce un ser hu­ma­no. Ex­ten­di­da, ha­cia arri­ba, en mi­tad del es­ce­na­rio, con pier­nas a pros­ce­nio y abier­tas. De­lan­te y a un par de me­tros del ban­qui­to.
 
IN­DI­CA­CIO­NES:
a)  La MU­JER ta­lla con un cor­ta­plu­mas un pan de ja­bón du­ran­te ca­si to­do el trans­cur­so de la
re­pre­sen­ta­ción.
b)  En las tres ins­tan­cias en que la MU­JER to­ma con­tac­to fí­si­co con la mu­ñe­ca que­da con ca­be­za a
pros­ce­nio.
 
  
   El es­ce­na­rio a os­cu­ras. Se en­cien­de una luz. Y otra. Y otra. Así to­das las de­más. Pau­sa.
 
MU­JER (sen­ta­da al la­do del ban­qui­to):
 No­so­tras no la ma­ta­mos. Se mu­rió so­la. Se mu­rió por­que se te­nía que mo­rir. Cuan­do se te­nía que mo­rir. No­so­tras la cui­da­mos des­de que na­ció. No. Des­de que na­ci­mos. La cui­da­mos, le da­mos de co­mer...
La fre­ga­mos, le hun­di­mos los bi­chi­tos en el agua, le can­ta­mos el bo­le­ro. Nos por­ta­mos bien. Ella no. Ella a ve­ces se por­ta­ba bien. No­so­tras no. No­so­tras no la ma­ta­mos. Se mu­rió so­la. La cui­da­mos des­de que
na­ci­mos. “Ella es tu her­ma­na...” “Y ella es tu her­ma­na...” Ella no. La
cam­bia­mos, le da­mos de co­mer. Ella le can­ta­ba el mis­mo bo­le­ro que le gus­ta­ba. Ba­ji­to. No po­de­mos ha­cer na­da más no­so­tras. La fre­ga­mos con “pu­loil”. Cuan­do apa­re­cían las man­chas en­se­gui­da las pin­tá­ba­mos. Ella se con­si­guió el es­mal­te y le pa­sá­ba­mos el pin­ce­li­to. Le ha­cía­mos un po­co de cos­qui­llas pe­ro nos
mi­ra­ba con gra­ti­tud. Ella se mu­rió so­la. No. No­so­tras es­tá­ba­mos pe­ro no la ma­ta­mos. Se equi­vo­can. Se equi­vo­ca­ron con no­so­tras. Pen­sa­ron que no­so­tras la ayu­da­mos. Le traía­mos vi­no y le can­tá­ba­mos el
bo­le­ro. Más ella que yo. Le can­ta­ba. Pe­ro no­so­tras le traía­mos el vi­no.
 
Pau­sa.
 
     Me la voy a po­ner cuan­do la ter­mi­ne. Tie­ne que que­dar bien he­chi­ta. Si no, no la quie­ro. No me la pon­go ni me­dio. Pa­só una mu­jer y se cre­yó que la te­nía. Me di­jo no sé qué de las ore­jas. Se cre­yó que la te­nía pues­ta. Me la vio en la fal­da y no se dio cuen­ta. Me dio una la­ta con mi­gui­tas. Me di­jo: “To­me, pa­ra us­te­des”. La se­ño­ra esa no es de acá, pa­sa­ba. Me cues­ta la bo­ca. So­bre to­do por­que que­re­mos te­ner una bo­ca que sir­va pa­ra reír­se. No que ha­ga así (ha­ce un pe­que­ño ges­to con la bo­ca) un po­qui­to. Que­re­mos que se ría. Que car­ca­jee. Con rui­do. ¡No nos in­te­re­sa que no que­de fi­no! Ella no se rió nun­ca. Se mu­rió so­la. Si se hu­bie­ra reí­do al­gu­na vez no hu­bié­ra­mos te­ni­do que es­tar siem­pre con ella vi­gi­lán­do­la, no nos hu­bie­ra pe­di­do na­da. Se hu­bie­ra en­tre­te­ni­do so­la. Se hu­bie­ra reí­do. Las que no me sa­len no las ti­ro más, las guar­do en la la­ta. Nos va­mos a ha­cer una ca­be­za con pe­lo de mi­gui­tas.
 
     Ríe es­ten­tó­rea­men­te. Co­lo­ca su ca­be­za a con­ti­nua­ción del cue­llo de la mu­ñe­ca. Que­da ex­ten­di­da,
ha­cia arri­ba. Pau­sa.
 
     ¡Qué be­llo que nos que­ra­mos! ¡Que oi­ga­mos por la mis­ma ore­ja, que ola­mos por la mis­ma na­riz! ¡Que no nos odie­mos, que no nos que­rra­mos ma­tar! Se mu­rió so­la. No­so­tras la cui­da­mos. Le voy a po­ner la
den­ta­du­ra. Va a sa­lir bien. Si no, ha­ce­mos otra. No me im­por­ta. Bien he­chi­ta. Si sa­le mal, no im­por­ta. Otra vez. No nos da­mos por ven­ci­das. (Ríe es­ten­tó­re­a­men­te.) No­so­tras sa­be­mos lo que pa­sa: vie­ne la fia­ca y no tra­ba­ja­mos. Nos que­da­mos mi­rán­do­nos co­mo es­tú­pi­das. Nos po­ne­mos a pen­sar co­mo idio­tas. Nos em­pe­za­mos a ara­ñar. Nos em­pe­za­mos a de­cir co­sas crue­les, ho­rri­bles. Y así pa­re­ce que nos odia­mos, que no ne­ce­si­ta­mos es­tar jun­tas. Pe­ro no­so­tras ne­ce­si­ta­mos es­tar jun­tas. Y de­cir­nos que nos que­re­mos. Y que nos de­mos una flor, o al­go. No bas­ta sa­ber que nos que­re­mos. Nos po­ne­mos la ca­be­za y ya es­tá. Y si ella se mu­rió, ella se mu­rió. Nos po­de­mos be­sar y nos po­de­mos mor­der. Y nos ha­ce­mos una po­e­sía y la
de­ci­mos. Co­mo un re­ga­lo. Nos gus­ta mu­cho ha­cer­nos una po­e­sía, o una flor, o al­go. No que­re­mos que nos en­cuen­tren ti­ra­di­tas, o acu­rru­ca­das, o con ca­ra de frío. Ella nos lla­ma­ba la pa­li­du­cha. ¿Pe­ro quién se
mu­rió?... No­so­tras no. Pe­ro tam­po­co le hi­ci­mos na­da. No. La cui­da­mos no­so­tras. Tam­bién.
 
     En si­len­cio, se in­cor­po­ra tra­ba­jo­sa­men­te. Arro­di­lla­da, mi­ra a la mu­ñe­ca. Se aga­cha y po­ne su bo­ca en uno de los pe­zo­nes de la mu­ñe­ca. Suc­cio­na. Lo aban­do­na dán­do­le be­sos. Be­sa amo­ro­sa, so­no­ra e
in­fan­til­men­te. Sus­pi­ra. Ta­lla el ja­bón con par­ti­cu­lar ahín­co. Sus­pi­ra. Ríe es­ten­tó­re­a­men­te. Que­da
sen­ta­da al la­do de la mu­ñe­ca.
 
     ¡Qué ale­gres que so­mos! Y di­cha­ra­che­ras y ju­gue­to­nas. Siem­pre nos en­ci­ma­mos, ha­bla­mos al mis­mo tiem­po. De­ci­mos pa­só una nu­be jus­to cuan­do pa­sa. ¡Ale­gres, ben­di­tas y ale­gres! ¡So­mos una glo­ria! ¡Y
co­mo so­mos chis­pe­an­tes y di­ver­ti­das no nos ha­cen do­ler los bra­zos ni el cu­lo!... Y co­mo ha­ce­mos así (Ha­ce un pe­que­ño ges­to con la bo­ca.) con la len­gua lim­pia, las mue­las em­plo­ma­das, to­das ben­di­tas, nos fe­li­ci­tan con tar­je­to­nes: “Pa­ra las chi­cas más re­ca­ta­das...” “Pa­ra las ha­cen­do­sas her­ma­nas...” “Las pú­di­cas
mu­cha­chue­las del pa­be­llón me­re­cen to­da nues­tra sim­pa­tía y cor­dia­li­dad.” “Por cán­di­das y pri­ma­ve­ra­les, nues­tro be­ne­plá­ci­to, nues­tro re­go­ci­jo.” “Pa­ra las ri­sue­ñas bue­nas mo­zas...” ¡Y esas so­mos no­so­tras pa­ra los de­más!... (Pau­sa.)
¡Es­ta bo­ca! ¡Me sa­le trá­gi­ca, me sa­le trá­gi­ca! Ché, na­die te va a be­sar a vos, así. Tan amar­ga, van a po­ner los la­bios pa­ra aden­tro, los otros. Te vas a ha­cer ma­la fa­ma. Y haz­te ma­la fa­ma y écha­te a dor­mir. Y des­pués de dor­mir, más amar­ga, más sin sa­li­va to­da­vía. Ché, no­so­tras te que­re­mos
ra­dian­te, ¿eh? No pas­to­sa. ¿Pa­ra qué te po­ne­mos los ho­yue­los en­ton­ces? ¡De­sa­pro­ve­cha­do­ra! No­so­tras te mi­ma­mos, te ha­ce­mos son­ri­si­tas, te con­ta­mos... (Me­te la ma­no en una axi­la. Sa­ca dos pa­pe­li­tos. Lee uno en voz ba­ja. Lee el otro:) chas­ca­rri­llos. (Guar­da am­bos pa­pe­li­tos en la axi­la.) Te da­mos chi­clets Adams, te can­ta­mos el bo­le­ro. No. A vos no te can­ta­mos el bo­le­ro. ¡Las ce­jas no in­te­re­san, las mu­je­res se las
arran­can! (Se yer­gue alar­ma­da. Sus­pen­de su ta­rea de ta­llar el ja­bón. Di­ce:) “Alam­bre alam­bre no ma­ta el ham­bre.” (Re­to­ma su ta­rea de ta­llar el ja­bón.) “Alam­bre alam­bre no ma­ta el ham­bre.” (Co­lo­ca su pu­bis so­bre el de la mu­ñe­ca.) No la ma­ta­mos no­so­tras. So­la se mu­rió. La cui­da­mos des­de que na­ció. No. Des­de que na­ci­mos. No­so­tras te­ní­a­mos que na­cer tam­bién. Ella ya es­ta­ba. Ya es­ta­ba acá. No­so­tras apa­re­ci­mos. “Ella es tu her­ma­na...” (Co­mien­za a fro­tar con sua­vi­dad su pu­bis “en re­don­do” so­bre el de la mu­ñe­ca.) “Y ella es tu her­ma­na...” Nos di­je­ron “de­ci­le ma­má”. La cui­da­mos, la fre­ga­mos, le hun­di­mos los bi­chi­tos en el agua. No se mu­rió por­que no le di­ji­mos ma­má. Le can­ta­mos el bo­le­ro. Más ella que yo. Vi­no así: ya es­ta­ba muer­ta. (De­ja de ta­llar el ja­bón al tiem­po que ce­sa de fro­tar­se. Abre los bra­zos, apo­ya un la­do de la ca­ra en el sue­lo. En una ma­no tie­ne el ja­bón, en la otra el cor­ta­plu­mas. Le­van­ta la ca­be­za. Di­ce:) Me
fal­ta la ca­be­za... (Fro­ta su pu­bis con­tra el de la mu­ñe­ca du­ran­te al­gu­nos ins­tan­tes. Ya no sua­ve­men­te. Ce­sa de mo­ver­se. Bus­ca en la axi­la. Sa­ca los dos pa­pe­li­tos. Lee:)
“Es­tá, có­mo di­ré, me­nos que ama­ne­cien­do. Pe­ro ama­ne­ce.”
 
     Guar­da los pa­pe­li­tos en la axi­la. Fro­ta su pu­bis con­tra el de la mu­ñe­ca, con gran sua­vi­dad. Ta­lla el ja­bón a ras del sue­lo. De­cre­ce la luz muy len­ta­men­te. Te­lón.
 
 
*Pieza teatral de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
 
DESTINO*

  
   La sevillana estaba en el cajón de los padres desde hacía años, desde antes de que ella naciera.
     Dos o tres veces su papá la había limpiado y aceitado mostrándole el mecanismo temible, que hacía saltar la hoja de acero con un violento empujón que buscaba hundirse en algo blando. Con los ojos de rechazo y deseo había mirado el arma, con dedito asustadizo había acariciado la empuñadura adornada. Era un bello objeto, lo recordaba con la claridad de lo que se ve una vez y no se olvida.
     Estaba sola en la casa. Papá y mamá habían ido al centro.
     Había mirado televisión, ahora se estaba peinando con raya al costado para ver cómo le quedaba. No, mejor raya al medio como siempre. Se limpió los dientes que ya se había limpiado, se hizo unas muecas en el espejo, se pintó los ojos con el delineador de mamá y se lavó la cara con agua y jabón para que no quedaran huellas. Se aburría.
     Recordó la sevillana, y el recuerdo del arma estaba unido a la delicia de que estuviese en el cajón de la mesita de luz de su papá, en el dormitorio de ellos, como una piedra preciosa dentro de la caja prohibida enterrada en el jardín oculto. Ella jamás entraba a la habitación de sus padres sin estar ellos allí, y esto también raramente, porque a sus trece años ya no frecuentaba la cama de papá y mamá como antes, cuando un trueno o una pesadilla la depositaban de inmediato en el medio de la seguridad y calidez del lecho matrimonial.
     Ya era una señorita, estaba grande para esas cosas.
     Sintió el cosquilleo de lo prohibido cuando traspasó el dintel de la puerta, y olió esa habitación donde flotaba aún la presencia de los ausentes. El débil aroma de la crema de manos de mamá, la loción de papá, el olor propio de la madera de los placares, las motitas de polvo que danzaron en el haz de luz que entraba por la ventana cuando ella se sentó sobre la frazada.
     Abrió el cajón con culpa, y vio el termómetro, tarritos, pañuelos, una caja que reconoció como profilácticos y le dieron un súbito pánico de hacer lo indebido. Cerró el cajón, miró a los lados, escuchó un momento y luego pensó que era tonto asustarse, que sus papás recién llegarían al mediodía.
     Otra vez abierto el cajón, ahora hasta el fondo, encontró bien atrás la sevillana. Era tan bella como la recordaba. La luz que la hería de súbito bruñía el metal.
     La tomó con cuidado y le sorprendió el peso. No era un juguete, era un objeto que exigía gravedad. La acarició con dedos desconfiados y finalmente se atrevió a intentar accionar el mecanismo. No recordaba muy bien cómo se hacía, hasta que reconoció el botón que permitía saltar al payaso fuera de la caja de sorpresas. Recordó la imagen de la cabeza de un payaso sobre un resorte, bamboleándose lentamente luego de la desesperada fuga de la oscuridad apretada de la caja. Cada vez que se había abierto la sevillana la imagen del payaso había acudido puntual a su imaginación. Como a casi todos los niños, los payasos le parecían intranquilizantes.
     Con extrema precaución sostuvo la empuñadura y accionó el resorte. La hoja violentamente se ofreció al asesinato, con la presteza del que acude antes de ser requerido.
     Se asustó un poco, pero al cabo era casi un cuchillo ordinario el que descansaba en sus manos.
     Lo miró un rato y finalmente trató de cerrar la sevillana para dejarla seguir su sueño. No pudo. Primero se reprochó la propia torpeza, pero la alarma le hizo crecer el pánico cuando se dio cuenta de que se había trabado el mecanismo. Con un pañuelo empujaba la hoja que estaba como soldada al mango, cuchillo vertical recto reacio a la genuflexión que intentaba lograr.
     La sevillana se había descompuesto, el pañuelo tenía una blanca herida de la que no manaba sangre.
     La dejó en el cajón, lo cerró, salió del cuarto. Desde toda la casa podía ver el arma desdoblada, sin cerrar los ojos la veía a través de las paredes y los muebles.
     Se dijo que papá se iba a dar cuenta. Pensó en la vergüenza de admitir que había entrado como una ladrona a la habitación vacía, que había revisado las cosas ajenas. Se sonrojó al recordar los profilácticos y supo que no había sevillana sin profilácticos, que esa cajita estaba entre ella y su padre, que su papá recordaría los profilácticos delante de la sevillana. La vergüenza le puso las manos sobre la cara, ocultándose de la imagen de papá también avergonzado, sin saber cómo retarla, cómo recriminar la acción vejatoria. Tenía el pañuelo con el neto corte acusatorio contra los ojos.
      Tiró el pañuelo a la basura, pero se veía brillantemente claro sobre la yerba usada y las cáscaras de naranja. Lo sacó con asco, lo envolvió en papel y volvió a desecharlo. Con la palita y la escoba borró los rastros de las partículas verdes que se habían desparramado alrededor del tacho.
     Pero mientras envolvía el pañuelo y limpiaba el piso seguía siendo, desde lejos, desde la habitación, observada por la oculta sevillana abierta.
     Volvió al cuarto, abrió el cajón y comenzó inútilmente a tironear del mecanismo del arma que se diría tenía para siempre la voluntad de permanecer en línea recta. Se cortó, siguió intentando cerrarla, la sangre formó gotitas acusadoras sobre la mesita de luz, en el suelo, sobre la frazada.
     Con el cuchillo cruzado sobre la falda se echó a llorar, y al secarse las lágrimas dejó un rastro rojo alrededor de sus ojos hinchados.
     Pensó en escaparse, ir a la casa de la abuela, pero era un mero aplazamiento, además de que no quería causarles la angustia a sus padres de creerla extraviada o secuestrada.
     Estaba todo perdido. No había ya posibilidad de ocultamiento. Ahora se acumulaban los rastros y las huellas de su delito alrededor del cajón que, como una incauta Pandora, había abierto por curiosidad para dejar libres las desgracias. Ya no había solución.
     Con calma ahora fue al baño, llenó la bañera con agua caliente, vestida se acostó dentro, y mientras el agua se coloreaba pensó que qué lástima, realmente, que qué pena que las cosas hubiesen salido de esa manera. 
      
             
*de MÓNICA RUSSOMANNOrussomannomonica@...
 
 
 
 
 
ESTIMULOS*
La actitud y el desafío
 
A veces un estímulo puede venir de donde uno menos lo espera, y lograr inducirnos a encarar empresas impensadas, impulsándonos a alcanzar hazañas, grandes o pequeñas, o lograr anhelados triunfos, que de no ser por ese inesperado empujón, no nos hubiéramos animado, o no las hubiéramos emprendido.-
De muy joven aprendí a jugar al billar, a la carambola. Al principio, como todas las cosas, malamente, sin técnicas, sin práctica, ni métodos. Jugábamos a una raya, veinticinco carambolas, y tardábamos una hora o más. Aprovechábamos la siesta de los domingos cuando las mesas de los bares estaban disponibles, y allí íbamos aprendiendo y entusiasmándonos.- Cada vez más, y más y más.
Jugábamos con muchachos que estaban aprendiendo y por lo tanto en el mismo nivel, y también viendo y admirando a los mayores que para nosotros eran verdaderos maestros. Algunos bastante jóvenes, y ya le hacían partido a los  veteranos, que sabían de técnicas y mostraban habilidades muy desarrolladas por su larga práctica.
Se jugaba mucho en aquellos tiempos. En varios lugares había mesas y siempre se disputaban torneos: en Clubes, en bares, y en la parroquia; en nuestra ciudad o en la vecina; con diferentes categorías para minimizar ventajas. Poco a poco fuimos mejorando substancialmente nuestro juego.
Yo sentía una verdadera pasión, jugaba todos los días y las horas que podía disponer, lógicamente uno terminaba aprendiendo, no sólo a jugar, sino los trucos y misterios que encerraba.- Efectos, golpes, retrocesos, corridas, pasabolas, rebotes y bandas; peso y contrapeso de los tacos… Lográbamos indudablemente ser cada vez más competitivos. Y eso nos atrevía a buscar entreverarnos con los más avanzados. A esta altura era posible que nos invitaran como pareja de alguno de ellos, cuando había algún desafío y se jugaba de cuatro, casi siempre por una cena.
Un domingo en el bar más concurrido he visto a uno de los “maestros” taqueando solo, esperando seguramente algún amigo para hacer unas rayas… Me ofrecí como contrincante, mientras tanto…
Me miró despectivo, y se movió muy lentamente, quedando casi paralizado en la posición de tiro, apenas levantó algo la cabeza…, y con toda la arrogancia que podía ser capaz…, diría que me espetó:
-Pero, ¿Quién te creés que sos, mocoso?- Y exhibiendo una mueca socarrona, mostrando una evidente indignación, siguió con su solitario taqueo, ignorándome por completo de ahí en más…
Sé que me mordí de rabia y humillación. Sentí tanta vergüenza que me fui a casa, con un injusto dolor en las entrañas, pensando una y otra vez si era mía la culpa, y si en fin, yo mismo había provocado su reacción visiblemente arrogante…. Por bastante tiempo rumié ese momento una y otra vez, hasta que se fue transformando más bien, en un juramento de venganza, de que llegaría el momento del desquite…
No debería haberme dejado llevar de esa manera, no debí permitir que esa ira crezca dentro de mí, no debí darle tanta importancia; y sin embargo eso es lo que hice…
Desde allí aceleré mi aprendizaje si cabe, jugando más y más. Competía cada vez con mejores adversarios. Jugaba con destreza, pero también con una fuerza nueva, como con furia. Entraba en casi todos los torneos, y me fui emparejando a los mejores, a los más habilidosos, a los veteranos incluso. Muchos consideraban que era muy bueno, y yo me sentía cada vez más seguro.
En un torneo organizado por la Parroquia, participamos una veintena de billaristas, en la mayor categoría, todos contra todos; a cuatro rayas; y la duración era de un par de semanas, ya que no se jugaba todas las noches. Había dos partidos por vez, y los demás, en lo posible, asistíamos para observar el desarrollo de cada uno.
Este hombre arrogante también jugaba, y lógicamente llegó el día, o la noche, en que nos enfrentamos. Quizás él se habría olvidado del incidente, porque había pasado ya mucho tiempo; pero no yo, que pensaba apabullarlo, destruirlo, y cobrarme su actitud despectiva, como una de las mayores consignas de la vida…
Era reconocido como muy buen billarista, uno de los mejores entre nosotros; pero yo estaba motivado por la pasión de cobrarme la ofensa. Yo quería desquitarme, humillarlo… y que mejor que esa noche delante de todos…
Comenzado el partido no le fue bien, creo que sentía el peso de demostrar toda la gran diferencia que había con aquel “novato”, debía ganar con mucha holgura, mostrar sin ninguna duda su supremacía… En cambio a mí me movía una furia santa que me potenciaba y me daba un poder extra.
De entrada le saqué muchísima ventaja, y desde allí le fue cada vez peor; mientras yo me sentía iluminado, hacía carambolas a diestra y siniestra; me salían todas y me permitía tirar lujos y hacerlas a tres bandas, tirar pasabolas imposibles, y hasta massés, como si estuviera haciendo una demostración…
Cuando me faltaban unas diez carambolas para completar las cuatro rayas, él no había hecho ni la mitad de la primera; por lo que rojo de ira y vergüenza, tiró el taco contra la pared, y atropelladamente abandonó el juego y el lugar, aumentando de mala manera su catastrófica derrota…
Yo permanecí imperturbable entre la euforia de mis compañeros, sin demostrar la alegría y la satisfacción que me llenaban por dentro.
Me había desquitado en buena ley, con creces…, y sin embargo, sentí pena por él.
Yo pensé:
-(Nunca hagas daño al más débil, porque el mundo es redondo…, hoy estás arriba, mañana estarás abajo).
 
 
II
 
En otro torneo y en otro lugar, y estando muy bien posicionado en la tabla, en cierta fecha del fixture me tocaba con un viejo billarista. Era un hombre que jugaba medianamente bien, pero no era de los mejores. Sin embargo me estaba ganando y yo no conseguía emparejarme.- Por más que me esforzaba, el juego no se me daba, erraba, me quedaba mal armado, no conseguía achicar la diferencia, es más; la ventaja se iba agrandando. Por momentos veía que era cada vez más difícil revertir la situación.
No era para nada mi día…
Estaba inseguro, erraba tiros increíbles, no conseguía concentrarme y cada vez se me presentaban peor las cosas. Él en cambio sereno, y avalado con la favorable diferencia, se iba encaminado a la final del partido con muchísima ventaja.
En un momento llegamos prácticamente a la meta, si bien a mí me faltaban treinta y seis carambolas, a él solamente dos. Con sólo dos tiros buenos ganaba y muy holgadamente, y yo sin conseguir reaccionar, al menos para no perder por tanto.-
Un viejo amigo, funcionario del correo, también billarista, miraba el desarrollo del partido con un vaso de vermouth en la mano, en el fondo apesadumbrado por mi inesperado y pobre desempeño. Casi no lo podía creer…
Se aproxima y en voz muy baja me dice:
-No es diferencia para vos…-, y como si tuviera aún confianza en mí, fue a sentarse a una mesa un poco más lejos, quizás esperando el milagro…
-(A él le faltan sólo dos; y a mí treinta y seis… ¿y me dice que no es diferencia?)- Ahora me tocaba tirar a mí, no tenía ninguna chance… pero voy a morir de pié, voy a dar lo que sé,…
-¡Total, perdido por perdido!...-
Y sentía como en mi interior nacía una fuerza nueva, que crecía incontenible dándome una fe desconocida,… ¡Quizás Nilo tuviera razón!... Yo estuve fallando, debía hacer algo más, no me entregaría, aunque sabía que no estaba jugando sólo; pero yo haría mi parte con esta nueva sensación que me empujaba…
Me concentré y tiré mi primera carambola, sería una a una, a no errar.
Una… dos… tres… cuatro…, y seguí una a una, tratando de no desconcentrarme, como si allí se me fuera mi honra, como si fuera mi mejor partido: ¡ cinco…! ¡ seis…!      ¡ siete...! y así seguí tirando cuidadosamente hasta completar una volada de dieciocho seguidas, la mitad de las que me faltaban… Me sentí entusiasmado, evidentemente; pero no bastaba, ya era tarde, ahora tiraba él… ¡Si me hubiera concentrado a tiempo otro sería ahora el resultado!.
Tiró don Ángel y erró. Tal vez se sintió apremiado al ver mi recuperación, aun que creo que no se impacientó porque aun tenía todo a su favor. A mí me faltaban otras dieciocho…, por más que hiciera algunas…, al él le quedaban por hacer sólo las últimas dos…, ¡Y ganaba!
Y me concentré de nuevo con toda mi alma…una, dos, tres, y no quedaba mal armado, así que seguí sin siguiera pensar en las que me faltaban, sólo trataba de hacerlas una, y otra:  ¡Cinco…, seis…,siete…!, y seguía…
Don Ángel se puso serio, quizás no lo podía creer, aunque seguramente pensaba que no las iba a hacer todas las que me faltaran en otra volada de dieciocho…
Pero yo seguía... Los que miraban se habían parado, acercándose, para no perderse lo que podía pasar, o estaba  pasando…
La cuestión que hice la: ¡Diecisiete!, Me faltaba una solamente, pero me quedó mal armada. Requería un tiro difícil. Sopesé todas las alternativas, no tenía otra que tirar pegando baranda primero, tocar luego media bola con un efecto que hiciera correr la mía por la otra banda, hasta la roja que estaba tocando el otro rincón. Si la erraba seguramente él se encargaría de asegurar las dos que le faltaban…
La tiré y la bola como obedeciéndome al pié de la letra, girando como un trompo, fue siguiendo lentamente la ruta esperada, caminó un trecho pegada a la banda, y llegó justo para golpear tenue a la bola arrinconada, que se movió casi imperceptible, como saludando a la recién llegada…
-¡Dieciocho!- celebraron todos. ¡Partido ganado! ¡Increíble!
Don Ángel estaba realmente sorprendido, pero era un caballero, y me felicitó con entusiasmo.
Nilo, no se acercó; canchero, desde su lugar levantó el vaso y me guiñó un ojo…, como si hubiera descontado que yo iba a reaccionar así.
Yo me quedé con un sabor a culpa por mi incapacidad. Si no hubiera sido por el aliciente que me acicateó el ego, que despertó mi fe en mí, en el último momento, yo sólo no habría sido capaz; y tendría que contar que ese día, en realidad, no tuve una  actuación muy brillante.
Se lo debo a quién apenado por mi mal momento, supo estimularme, al mostrarme que creía en mí.
Con esa valiosa ayuda, se hizo posible lograr un triunfo, de una segura derrota.
Fue una pequeña gran hazaña….
Un buen estímulo puede impulsarnos a lograrlo.
 
*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
 
 
 
 
PROBLEMAS*

*Por Antonio Dal Masetto.
 
 Tocan timbre, abro, entra Luis, cie­rra rápido, busca una silla, se sienta, jadea, pide un vaso de vino. Se lo al­canzo y espero. Sé, porque lo conoz­co hace tiempo, que en la vida de Luis todo es posible. Vacía el vaso en un par de tragos y confiesa que lo aqueja un nuevo, extraño y grave problema: los animales se burlan de él.
Durante algunos minutos escucho en silencio, sin en­tender gran cosa. Lo interrumpo con un gesto y trato de ordenar el confuso monólogo mediante preguntas: "¿Qué clase de animales son los que se burlan de vos?". "To­dos."
"¿Por ejemplo?" Luis intenta calmarse y retoma la anécdota inicial, origen de la tragedia que no lo deja dor­mir. Cierta mañana, caminando por la calle, tropezó y se cayó. Mientras se levantaba y se limpiaba la ropa, vio a un gorrión posado sobre la rama baja de un árbol. El go­rrión lo miraba fijo con sus ojitos maliciosos y de pron­to le sacó la lengua. Así empezó. Días más tarde fue sa­cudido por una nueva señal. Estaba cruzando una plaza. Dispuesto a fumar, abrió la caja de fósforos al revés y los fósforos se
desparramaron por el suelo. Mientras los jun­taba advirtió que frente a él, a los saltitos, se desplazaba un gorrión que lo observaba de costado y le sacaba la len­gua. A partir de ahí se multiplicaron los accidentes. Y siempre la presencia de un gorrión acechándolo y burlán­dose. Al principio llegó a pensar que se trataba del mis­mo pájaro, dedicado a perseguirlo y a esperar sus tropie­zos. Pero luego, teniendo en cuenta las distancias, fiján­dose también en la tonalidad del plumaje y establecien­do que a veces
eran gorriones hembras y otras machos, dedujo que estaba ante una burla generalizada. Más tar­de comenzó a advertir que los confabulados no eran so­lamente los gorriones, sino todos los demás pájaros y ani­males de la ciudad: palomas, perros, loros, caballos. "¿Ca­ballos?", pregunto. Bueno, resulta que una tarde Luis fue al hipódromo porque en el mercado el carnicero le había pasado una fija infalible y quiso pro­bar. El caballo entró último y cuando, después de cruzar el disco, pasó por donde estaba Luis, giró la cabeza y le sacó la lengua. Otra de tantas: está sen­tado en un bar, acaba de pedir un par de panchos, aprieta el pomo de la mos­taza, el pomo está tapado, él aprieta y aprieta, el pomo se destapa de golpe y todo queda embadurnado, la mesa, su camisa, sus manos, su cara, un desastre. El gato que des­cansa en el fondo del bar le saca la lengua y se marcha. Está mirando una película de aventuras por televisión: en la tenebrosa selva asiática un tigre se dispone a saltar so­bre el descuidado Sandokán. Luis, sin apartar los ojos de la pantalla, estira el brazo para alcanzar el vaso de cerve­za. Lo roza y el vaso va al piso. Inmediatamente, conte­niendo su ataque, como atraído por el ruido de vidrios ro­tos, el tigre se da vuelta,
mira a Luis y le saca la lengua. Para colmo, en ese momento, la tortuguita que Luis tie­ne en su departamento está pasando cerca y, según ase­gura, también ella le saca la lengua. Y los ejemplos si­guen. Los resultados son dramáticos, porque ahora cada vez que Luis se enfrenta con un animal, sea donde sea, debido a los nervios o a la fatalidad, comete inevitable­mente una torpeza. Consecuencia: sacada de lengua. Sus días son un infierno, está desesperado, pide consejo. "Sá­cale la lengua vos también", sugiero después de meditar un rato. Luis considera la posibilidad, sacude la cabeza, argumenta que le parece poco serio, no cree que esa tác­tica pueda dar resultado. Debatimos largamente mientras vaciamos la botella de vino. Yo insisto en mi sugerencia inicial, confío plenamente en la efectividad de un
contra­ataque. Es más, opino que cuanto antes deberíamos dar­nos una vuelta por el zoológico, incursionar directamen­te en territorio enemigo, para que Luis tenga la oportuni­dad de desquitarse en forma y vaya adquiriendo un sóli­do entrenamiento para la lucha que lo aguarda en esta nueva etapa de su azarosa vida.
 
 
 
 
ENAMORADO*

*Por Antonio Dal Masetto.
 
 El amigo Pedro está enamorado. Me citó en El Tronío y mientras cenamos me cuenta sus tribulacio­nes. La dama se llama Sofía, mide casi dos me­tros, es fuerte, sólida, exuberante por donde se la mire. Mientras escucho, considero la estruc­tura de Pedro, que es flaco y casi enano y una vez más me pregunto cómo puede haber una per­sona dentro de un cuerpo tan mezquino. Pedro conoció a Sofía hace algunos años: "Un ser tierno, tímido, inocente, inexperto y acom­plejado por su tamaño". Iban al cine, a las plazas, comían golosinas, se toma­ban de la mano: nada más que eso. Has­ta que un día él le propuso pasar un fin de semana juntos y decidieron viajar a Mon­tevideo. El barco, la cena a bordo, la no­che sobre
el río y finalmente el camarote con sus dos literas superpuestas. Sofía se acostó en la litera inferior y Pedro le hizo compañía. La acarició y se dio cuenta co­mo nunca de que aquél era realmente un cuer­po de acero. Estaba sobre ella y tenía la im­presión -así dice- de ser una mariposa posa­da en un enorme y cálido animal. De pronto So­fía comenzó a sacudirse, a vibrar, a arquear­se. Tal vez fuesen los nervios, tal vez tuvie­se una idea muy extraña acerca de cómo se hacía el amor. Lo cierto es que Pedro sa­lió
despedido, golpeó la nuca y la espalda contra la litera superior y vol­vió a caer. Y nuevamente el cuer­po de Sofía lo mandó al aire y así estuvo, rebotando arriba y abajo durante un buen rato. Cuando finalmente Sofía dejó de corcovear, Pedro cayó por últi­ma vez y ahí quedó, desarmado, semidestruido,    incapaz de hacer un solo movimiento. Llegaron a Montevideo, hubo que llamar una ambulancia y lo llevaron al hospital. Además de numerosas contusiones, tenía una costi­lla fisurada. Fue una excursión triste. Cuando regre­saron a Buenos Aires, Sofía se despidió y no lo vol­vió a llamar.
Pedro tuvo que buscarla, hablarle, con­vencerla de que ella no tenía la culpa, que había si­do obra de la fatalidad, que lo único importante era el amor que se tenían. Así que volvieron a las cami­natas, los cines, los caramelos y una tarde Pedro in­vitó a Sofía a su casa. Se sentaron en la alfombra y charlaron .y rieron mucho porque a Sofía la enloque­cían los chistes que él contaba todo el tiempo. Des­pués jugaron un poco, se revolcaron, y en determi­nado momento Pedro quedó boca arriba y ella cru­zada sobre su estómago, vibrando y riéndose, mien­tras él se quedaba sin aire y sin voz y trataba de lla­mar la atención de Sofía descargando inútiles puñe­tazos sobre su espalda, pero ella seguía riendo, di­vertida como nunca, feliz como nunca (pobre, dulce, inocente criatura), hasta que se le dio por mi­rarlo y descu­brió que se ha­bía puesto mo­rado y entonces se levantó y lo sa­cudió y le hizo respi­ración boca a boca y así era en
definitiva có­mo lo había salvado. Y nuevamente ella huyó avergonzada. Y otra vez Pedro fue a bus­carla y le habló y ar­gumentó y regresaron a los paseos, los cines y los caramelos. Todo marchaba bien hasta la noche que, mientras festejaba uno de los famosos chistes de Pe­dro, eufórica, entusiasta, Sofía pegó una vigorosa patada en el suelo y uno de los pies de Pedro estaba abajo y le estropeó un par de dedos y nuevamente tuvieron que ir al hospital. Sofía empren­dió otra retirada. Pedro le escri­bió largas cartas y la citó para una charla definitiva. Tomaron algu­nas copas de licor y Pedro, sin en­tender por qué, sintió deseos de he­rirla y la agredió en lo que más le dolía, le dijo que era una grandota torpe e inútil, que no era una mujer sino una montaña de músculos sin gracia (justamente a ella, pobre, dulce criatu­ra). Y ella se puso muy mal, siguió dándole al licor, lloró y cuando, arre­pentido, Pedro quiso pedirle perdón, Sofía le pegó una trompada en la cabeza, que fue más bien un mar­tillazo, y Pedro por supuesto se desmayó. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, desesperada, So­fía lo levantó entre sus brazos y corrió hasta el hos­pital más cercano, veintitrés cuadras, distancia que cubrió en tiempo record. Y ahí lo depositó y esta vez sí desapareció para siempre. Hasta esta mañana, en que la casualidad quiso
que Pedro y Sofía se encon­traran al dar vuelta una esquina. Tomaron un café, charlaron, tal vez vuelvan a verse.
Ahí termina el relato. Pedro está muy nervioso. "¿Por qué te gusta tanto?", le pregunto. Pedro no es­tá seguro de nada, argumenta que lo enternece verla tan grandota y tan indefensa. "Prueben de nuevo." "La amo, yo la amo, pero mi cuerpo le tiene miedo." "Tal vez sea un amor imposible", digo. Pedro se
estremece: "No podría soportar esa idea"
 
 
 
Tu risa*

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, por que tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
por que me moriría.

*Pablo Neruda
Los versos del Capitán
 
-Enviado para compartir por Mario Vidal mario.vidal@...

 

 
 
 
Mujeres que corren a todos*

*Por Sandra Russo

Hace ya algunos años, el libro de la norteamericana Clarissa Pinkola Estes, Mujeres que corren con lobos, causó un furor pocas veces visto entre el público lector femenino con alguna, aunque fuera mínima, conciencia de género. Fue uno de esos sucesos editoriales que surgen cuando un libro habla
de algo que está en el aire y todavía no fue dicho. Mujeres... invistió y habilitó para millones de lectoras de todo el mundo la faceta guerrera femenina no como una contradicción, sino como un complemento de la feminidad profunda. Puede decirse, se me ocurre ahora, que Mujeres... fue un libro que incorporó cierta tendencia fálica como propia e inherente al género.
Su éxito dice entre otras cosas que eso estaba sucediendo en la realidad y que no estaba todavía conceptualizado. Hace algunos años, se usaba la palabra "fálica" como una acusación.
Las mujeres que corrían con lobos no eran, sin embargo, mujeres corridas de lugar, sino ubicadas en el centro de un instinto. A las mujeres nos han sido culturalmente confiscadas la ferocidad, la ira, la capacidad de ataque, el deseo de revancha. Todo eso ha ido a parar al equipaje que trae consigo la
mala mujer. Más allá del libro, en el cotidiano promedio, empezó a haber un nuevo consenso implícito sobre lo femenino: no somos naturalmente buenas, ni dóciles.
Ese movimiento de sentido trajo nuevas conductas femeninas, como tomar la iniciativa. Muchas mujeres de todas las edades viven señalando con el dedo o gritando lo que quieren. No lo ocultan, como las geishas ocultaban la cara atrás del abanico. Esa es otra faceta con incipiente público admirador. Las mujeres empezaron a correr a los hombres. Correrlos para conocerlos, correrlos para tener una cita, correrlos para tener sexo, correrlos para tener la llave de la casa, y así sucesivamente, hasta que al hombre en
cuestión le agarra el inevitable ataque de fobia masiva, y hace su retirada a la cueva.
Toda la tarea del cortejo, la seducción, el timing y hasta la provisión de cerveza, parece haber quedado en manos femeninas, que también se ocupan de sus juguetes eróticos en imágenes porno soft que se multiplican.
El péndulo de las tendencias parece haber completado un ciclo más. Hoy en el aire, a diferencia de hace unos años, no hay necesidad de que a una mujer le subrayen que es fuerte. Lo que hay es cansancio, bastante cansancio, y ganas de encontrar a un hombre en el que descansar.
 
 
 
 
 
VUELO SIN ORILLAS*

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
 
 
*de Oliverio Girondo.
 
 
 
 
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#104 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 5 de Oct, 2006 4:43 pm
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MALDICIÓN DE NIÑO*

El pequeño camión verde con capota de lona blanca, comenzó a fallar y marchaba de cuando en cuando, a los tirones, tosiendo, protestando, y mermaba su ya escasa velocidad; aunque por momentos se recuperaba, y por un largo trecho volvía a andar raudamente. En lo mejor, el ronroneo rumoroso se
interrumpía, y volvía la angustia amenazante de quedarnos en el camino, faltándonos todavía la mitad del regreso a casa.
Aquella mañana fleteamos una carga de muebles, enseres y demás pertenencias de una humilde mudanza, hasta la localidad de Romang, no más distante de cincuenta kilómetros, pero que el modesto transporte requería bastante más de una hora de buena marcha.
Era debido a que en aquel tiempo, estábamos en 1948, ya tenía sus buenos veinte años en sus espaldas, pero sobre todo por lo precaria de su ingeniería. Parecía haber sido montado con partes adaptadas, aunque en los orígenes, esos vehículos aún no habían evolucionado lo suficiente; eran pequeños, el motor de cuatro cilindros era el mismo de los autos de calle, y su capacidad de carga era más bien moderada.
Aparte de la capota de lona, tenía amplios guardabarros negros, salientes y acucharados, típicos de las primeras décadas del siglo veinte. Creo que sólo las ruedas eran más reforzadas y rollizas que los autos, y tampoco tenía duales, como ya eran comunes en los camiones más nuevos. Eso lo convertía, en un módico transporte de corta distancia, especial para acarreos y fletes locales, donde tampoco la velocidad era importante.
Era frecuente que lo manejara mi hermano mayor, que ya tenía trece años, y lo acompañara yo, que ya andaba por los ocho; siempre claro, que no fuera en los días ni horarios de clase. A veces en los tramos firmes y llanos, (todos los caminos de entonces en la región, eran de tierra), mi hermano se tentaba, y lo iba acelerando más y más, hasta "pisarlo a fondo", y eso hacía que el velocímetro; temblando, avanzara lenta y penosamente hasta los setenta, e incluso setenta y dos kilómetros por hora. Nadie en su sano
juicio, ni él, se hubiera animado a mantener por mucho rato esa velocidad, ya que todo amenazaba desintegrarse, empezando por el tren delantero y la dirección, que requería toda la fuerza del conductor para mantenerlo en el camino, así como el trepidante motor que parecía zumbar y bufar al
borde del colapso.
Pero tenía fama de guapo, ya que a ese modelo precisamente, lo conocían como "Chevrolet 4, El Campeón". También tenía sus particularidades, como el sistema de alimentación de combustible, conocido domo "Steward", que aspiraba del tanque por vacío de los cilindros, y luego llegaba al carburador por gravedad. Requería un blindaje seguro en todas sus conexiones, para que no hubiera filtraciones de aire. Si esto pasaba, el combustible no llegaba al alimentador y el flujo se interrumpía. El motor podía, como decía papá: "hacernos renegar", e incluso dejarnos en el camino, como amenazaba en esta ocasión.
Tras normalizarse un momento, volvió a fallar,  hasta que finalmente, al llegar al principio de la gran arboleda, que bordeaba y cubría el camino, con añosas y gigantescas "tipas," por varios kilómetros a la altura del paraje de "La Lola", el camión dijo; ¡basta! Y tras dos o tres tironeos y sacudidas del motor, se detuvo apagándose, mientras por impulso, y poca eficacia en los frenos, el camión continuó unos cuantos metros antes de detenerse.
Después, todo quedó en el  profundo silencio, y la quietud de la siesta del aquel incipiente verano, nos hizo sentir en la mayor soledad e impotencia.
Sólo podía percibirse el arrullo del flamear de la brisa entre las hojas, el aislado arrumaco de alguna paloma en la altísima fronda del boulevard, el apagado roce y el crujido de una rama podrida, que caía y rebotaba sordamente contra el suelo.
Mi hermano y yo descendimos teniendo adelante el frondoso e infinito túnel sombreado, y a nuestras espaldas el camino ya recorrido, ancho y polvoriento, donde el sol daba de lleno, haciendo reverberar el
horizonte y formando algo más cercano, la ilusión de un lago somero de aguas plateadas y temblorosas, como un espejismo. Sobre el campo cercano que se mostraba verdoso y parduzco, por la madurez del girasol temprano, una pareja de "teros" cacareaba amenazante, volando en extensos círculos, ora bajo, ora algo más alto, temerosos y alertas, ante los extraños recién llegados.
Levantamos el "capó", la cubierta del motor, sabiendo que era el bendito tanque de vacío, que estaba chupando aire en el sistema. Probamos a tocar y mover los caños de cobre, ajustando las tuercas y sobre todo rezando para que vuelva arrancar, y aunque tironeando, nos llevara lentamente a casa. Aún
no habíamos almorzado, y esto se sumaba a nuestra angustia. Probamos a darle arranque, una y otra vez. Nada. Teníamos un par de herramientas para estas emergencias; una pinza, un destornillador, una llave "pico loro", alguna de boca, un martillo y casi nada más.
Podía ser el flotante, o la junta de la tapa del tanque; pero era poco conveniente tocar eso, porque podía deteriorarse la junta y empeorar las cosas. Nos quedaba lo que sería lo más probable, revisar las
conexiones.
Mucho no podía hacerse. Lo que casi siempre resultaba era hacer un engaste con hilo de algodón, como una junta entre los terminales y las tuercas que los ajustan. Era una tarea difícil, nunca conseguíamos sellarlos totalmente.
Cuando el vehículo era nuevo, seguramente funcionaba de maravillas; pero desgastado, aflojadas las conexiones por las fuertes vibraciones propias, sin el mantenimiento correcto, esto se convertía en un martirio. A veces se solucionaba, y más adelante fallaba todo de nuevo.
En ese trance, había que reconocer que éramos insuficientes, ¡Qué falta nos haría la ayuda de una persona mayor! En aquellos tiempos, quienes transitaban las rutas, necesariamente eran capaces de solucionar casi todos los inconvenientes, los mecánicos, y los de otra índole. Pero todo era soledad, en aquella aciaga siesta veraniega.

En eso en el horizonte se dibujó un pequeño bulto, que poco a poco fue agrandándose. Mi hermano respiró con alivio. Todo el mundo se paraba a auxiliar a quién sufriera un percance, y estuviera a la vera del camino, detenido y requiriendo ayuda. Era un código sagrado.
Del bulto lejano fue surgiendo un auto, que venía a buen ritmo, trayendo detrás una remolineante nube de polvo, pero no daba señales de detenerse. Mi hermano se corrió más al centro del camino, y ambos hacíamos señas para que se detenga. El auto tuvo que abrirse un poco para esquivar a mi hermano, pero no mermó siquiera la marcha, y pasó sin mirarnos; pensamos que estaría verdaderamente apurado, para no brindarnos la más mínima atención.
Pensar que un momento antes nos creíamos salvados. Ahora mirábamos en silencio como el auto; una rural último modelo, con costados lujosos de cedro lustrado, seguía alejándose, insensible, indiferente.
Mi hermano en su impotencia le lanzó una maldición. Con toda la bronca, como quién tuviera el poder para clamar venganza. Levantó su pequeño puño cargado de nefasta energía.
-¡Hijo de tu madre! ¡Ojalá se te reviente una cubierta!...- y luego en voz más baja, fue agregando aún más condiciones.-¡y que no tengas rueda de auxilio, o esté pinchada!.-, y otras cosas por el estilo.
El fuerte "¡Plooof" nos llegó seguido por el eco de los troncos de las plantas. El auto zigzagueó un instante y se detuvo algo atravesado en el camino. La nube de polvo se fue desvaneciendo. Pudimos ver desde nuestra ubicación, que la rueda delantera izquierda estaba ahora en llanta.
El conductor trabajó arduamente, pero tenía dificultades con el piso algo blando del boulevard, y al parecer no conseguía afirmar el "gato"para levantar el auto.-
Mi hermano saltaba de contento, no entendía cómo había sucedido, pero se sentía ampliamente "resarcido", y pateaba el suelo riéndose mefistofélicamente, quizás en el fondo, tenía "poderes ocultos".
Un buen rato después conseguimos que nuestro "Steward" funcionara, y el motor arrancó lo suficientemente bien como para proseguir viaje.

Cuando pasamos al lado del lujoso automóvil último modelo, ambos contuvimos apenas las ganas de soltar, una estruendosa carcajada.

*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
Avellaneda (Santa Fe). 12 sept. 2006
 
 
 
 
Radiante universo*

En mis sueños viajo
en una nube rosada
y mis ojos descubren
la belleza del crepúsculo.
El perfume del cielo
penetra en mis cabellos
y el viento los despeina
con su risa alocada.
La alegría de la primavera
llega hasta mi alma
y se aleja serena
por un camino florido.
Muere la bella tarde
y el esplendor de un hechizo
se derrama en mi rostro
como un halo de luz.
Las maravillas galopan
en el radiante universo
y brilla intensamente mi vida
cuando respira su aliento.

*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@...
 
 
 
 
 
CABEZA Y TIEMPO*


   
  El busto estuvo siempre sobre la mesita del living, una de esas cosas invisibles por exceso de permanencia, por desaparición de los sentidos a fuerza de repetición. Como el olor de la propia casa, única confluencia de rastros olfativos que nos está negada porque se halla ya incorporada de tal modo que desaparece, así el pequeño busto de mármol era un objeto transparente.
     Años de pasar por la habitación sin reparar en la esculturita, blanquecina presencia cotidiana dentro del paisaje visual.
     Justo ahora se le ocurre mirarla. Extiende la mano y la sensación del peso, la frescura de la piedra calza guante y zapato, dedo por dedo talón arco justo en las palmas. Hecho para ser observado de cerca, se revela a su mirada como una foto polaroid que corporiza una presencia de espíritu y
mediúmnicamente invoca un fantasma.
     Es una cabeza masculina y esa es la primera sorpresa, porque los bustos suelen ser retratos de mujeres más o menos lánguidas, con esa belleza anodina de las muchachas que parecen abstraídas en sus pensamientos, pero en las que se adivina un definitivo no pensar, se adivina la pose tentadora de
la reflexión imitada rasgo por rasgo frente silenciosa ojos perdidos en una lejanía romántica labios quietos casi serios casi a punto de sonreír, una más bien nada, como conviene a una jovencita.
     Pero es una cabeza masculina. Un hombre que la mira a los ojos con atención, minuciosamente cincelado cada pequeño detalle, con los rasgos firmes de quien no condesciende al engaño y se atreve a sostener con solvencia el puente sólido y perturbador de los ojos en los ojos.
     Por un rato no puede hacer otra cosa que mirar los ojos que la miran.
Siente que hay en dejar vagar la atención por el resto del rostro como una claudicación, un apartarse perturbado. Siente que cortar el puente es un reconocimiento de vergüenza, una especie de demostración de debilidad. El hombre la mira a los ojos, ella no puede apartar la mirada. Se dice que es
gracioso, pero no tiene ganas de sonreír.
     Con aceptación de derrota aparta entonces la vista y descubre las finas líneas de arrugas en la frente, las cejas de arco perfecto recorriendo con firmeza el contorno de las órbitas, los labios cerrados. Hay en la expresión del hombre callado y quieto una seguridad sin fisuras. Atento y cerrado en sí mismo, bloque de material pero de conciencia, único e indiviso apariencia peso color rasgos unívocos. Exceso de yo en ese hombre que confortablemente es él y no aparenta ni finje, que es él y no otro, tal como debe ser tal como fue creado desde siempre desde toda la eternidad, que si un vago
escultor no lo hubiese tallado cincelado extraído de la piedra, otro lo hubiese hecho, pues se demuestra en la forma el grado de necesariedad. Y en la palma de su mano, en la palma de su mano.
     ¿Quién eres tú?, pregunta sin mover los labios ella que lo sostiene en la palma de la mano, ella que es sostenida desde la palma por esa pieza monolítica de maravilla. ¿Quién eres tú?, sabiendo que es solamente una escultura en su mano, una cabeza de mármol negada al habla negada a la palabra negada a la vida, esta vida que transcurre y modifica y hace crecer pero las más de las veces descompone, derrota, finalmente destruye y acaba y despedaza y desperdiga y finaliza.
     Esos ojos esa boca que no puede responder la contemplan desde la eternidad. Desde la inmovilidad del tiempo quieto fija el hombre la mirada en sus ojos. Desde siempre pero en este instante la mira. Y ella sabe ahora, siempre lo supo pero ahora sabe que va a morir, que habrá mañanas y tardes y noches acumuladas pero que va a morir, que su rostro y su cuerpo se derretirán en torno a los huesos, que su carne está construida con la fragilidad de lo perecedero y no de piedra inmutable. Este hombre que la
observa se lo dice con tranquilidad, sin dramatismo sin exceso de desesperación. Con tranquilidad se lo comunica silenciosamente. Y la mira.
     Deposita suavemente el busto en la mesita.
     Se sienta en una silla.
     Volverá a tomarlo en sus manos una que otra vez, cada tanto. Rehuirá los ojos cincelados y olvidará la cabeza tiempo y quietud y espacio estanco durante largas temporadas. Pero estará ahí, segura como segura es la propia muerte, algunas veces como amenaza, otras como promesa, las más como simple
clausura si es que existe alguna clausura que pueda relacionarse de alguna forma con la simplicidad.
     ¿Quién eres tú?, dirá silenciosamente. ¿Quién eres tú?

                                                                  
 *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
MUY LEJOS*

Muy lejos:
de donde sale el sol,
en espera de azahares,
con la lluvia sobre mi ser,
y mi mar de ensueños.
Muy lejos:
donde nadie me ve,
sola en mi ansiedad,
crece mi luz,
desde hace ya tiempo.
Muy lejos:
Donde tengo zonas prohibidas
de mi sangrante viña,
voy llenando los barriles
del silencio en calma.
Muy lejos:
donde un bello relámpago
enciende el tiempo de amar,
allí brotan mis lágrimas
de tanto extrañar amando.
 
*de Xenia Mora. xeniamora@...

 
 
*
 
De lo loco me gusta tu cordura
De tu espectro, la imprudencia y la ternura
De lo incierto de tus pasos, la mesura
De la duda de tus labios, su dulzura
De tu imagen a tu adentro, la espesura
De la magia de tu verso, su blancura
De tu miedo y tu dolor, la investidura
De tus ansias, el inicio y la censura
De lo frágil de tu acero, el temblor de su armadura
De lo fugaz de tu lazo, la marca que en mi perdura
 
 
 
Fuga...*
 
Se escapa el egoísmo de los dos
y se hace suma
mintiéndole al espejo
que guarda la locura
 
Ambigua, la cordura
se culpa y se disculpa,
se calma
y se devora la dulzura
 
Se fuga...
 
Le miento a mi prisa
y me invento un tiempo
 
Mis días te niegan
Me mienten mis sueños
 
Se culpa la incordura
por su ambigua mesura
Me roba la calma y
 
se fuga...
 
dejándome el dulzor de la locura
 
 
*poemas de Doris Leila Srayh   dorisleilasrayh_3@...


 
 
En la ruta*
 
En el peaje de la ruta que une Buenos Aires con Rosario, ella ya empieza a sentir el agobio de este trabajo a la hora de haber tomado su puesto. El peso del automatismo en un puesto laboral cualquiera se hace sentir casi de inmediato. Su mano izquierda entra y sale de la ventana. Ella puede verse una y otra vez abriendo la palma de la mano para recibir monedas o haciendo pinza con el pulgar y el índice para tomar un billete.  Luego viene imprimir el ticket, dar el cambio, y ese sentir un roce azaroso con manos anónimas en su piel cuando se recibe el dinero y se da vuelto.
 
Sopla entonces el último beso del día al chofer del Flecha Bus.
Algunos pasajeros llegan a ver en el aire como desde el contorno de sus labios ese beso se hace visible en un estallido de brillos y estrellas fugaces que se disipan en el parabrisas del ómnibus. Así, de forma tan efímera y tan eterna, ese beso se clava en el iris del chofer dejando estelas de vuelo mágico como el que dejan las hadas de Disney.
 
Cierra la cabina del peaje. Esa ruta al norte o al sur se abre en largas distancias, en enormes desconocimientos. Se va a buscar su auto después de saludar a la gente de oficina. Ella cumplió con su rito semanal, la hora que dedica a su voluntariado de seducción y fantasía en la ruta. Se da cuenta que olvido el cartel de la ventanilla pero no vuelve por él. Todavía se puede leer en la ventanilla lateral
-ahora a oscuras- de la cabina nº5: Autopistas de Luna a Sol.
UD. esta siendo atendido por Neumann Nicole.
 
 
*De Urbano Powell. urbanopowell@...
 
 
 
 
 
El muerto inolvidable*
 
Se llama Mereco mi muerto inolvidable. Para mí su viejo Ford nunca termina de desbarrancarse de una quebrada puntana, bajo una suave garúa que no amaina ni siquiera cuando vamos con mi padre rumbo a su velorio. ¿Cómo puede ser que Mereco esté muerto si hace cuarenta años que yo lo llevo en mí, flaco y alto como un farol de la plaza?
Cuando mi padre se descuida me acerco al ataúd que está más alto que mi cabeza y un comedido me levanta para que lo vea ahí, orondo, machucado y con la corbata planchada. La novia entra, llora un rato y se va, inclinada sobre otra mujer más vieja. Hay tipos que le fuman en la cara, toman copas y otro que entra al living repartiendo pésames prepotentes y se desmaya en los brazos de la madre.
Después vinieron otros muertos considerables, pero ninguno como él. Recuerdo a un colorado que me convidaba pochoclo en el colegio y lo agarró un camión a la salida. También a un insider de los Infantiles Evita que nunca largaba la pelota y se quedó pegado a un cable de luz. Pero aquellos muertos no eran drama porque nosotros, los otros, nunca nos íbamos a morir. Al menos eso me dijo mi padre mientras caminábamos por la vereda, a lo largo de la acequia, cubiertos por un paraguas deshilachado. Casi nunca llovía en aquel desierto pero en esos días de comienzos del peronismo se levantó el chorrillero, empezó a lloviznar y Mereco no pudo dominar el furioso descapotable negro en el que yo aprendí a manejar.
Por mi culpa mi padre estaba resentido con él y sólo de verlo muerto podía perdonarle aquel día en que lo llevaron preso. Salimos del velorio por un corredor y cruzamos un terreno baldío para llegar al depósito de la comisaría. El Ford A estaba en la puerta, aplastado como una chapita de cerveza. Mi padre iba consolando a otra novia que tenía el finado y ya no se acordaba de mí. Pegado a la pared para que no me viera el vigilante, me acerqué al amasijo de fierros y alcancé a ver el volante de madera lustrada. Seguía reluciente y entero entre las chapas aplastadas. También estaba intacta la plaqueta del tablero con el velocímetro y el medidor de nafta. Marcaba en millas, me acuerdo, y cuando íbamos a ver a su otra novia, Mereco lo levantaba a sesenta o más por el camino de tierra. Nadie sabía nada. Mi padre creía que yo me quedaba en la escuela y la novia de Mereco estaba convencida de que íbamos a buscar a mi padre que controlaba el agua en las piletas del regimiento. Entonces llegábamos a un caserío viejo que el coronel Manuel Dorrego había tomado y defendido no sé cuántas veces y Mereco me dejaba solo con el Ford A debajo de una higuera frondosa. Ésa era mi fiesta en los días en que Mereco no estaba muerto y el Ford seguía intacto. me sentaba en su asiento, estiraba las piernas hasta tocar los pedales y el que iba a mi lado era Fangio anunciándome curvas y terraplenes.
Mereco no es un muerto triste. Tiene como veinticinco años y todavía lo veo así ahora que yo tengo el doble y he recorrido más rutas que él. Antes del incidente que lo enemistó con mi viejo, solía venir a casa a tomar mate y dar consejos. "Hágame caso, doble siempre golpeando el volante, don José", le decía a mi padre como si mi padre tuviera un coche con el que doblar. "En el culebreo suelte el volante hasta que se acomode solo", insistía. "Es un farabute", comentaba mi viejo mientras lo miraba alejarse con el parabrisas bajo y las antiparras puestas.
Nunca tuvieron un mango ni Mereco ni mi padre. Por las tardes, a la salida de la escuela, yo corría hasta la juguetería para mirar un avión en la vidriera. Era un bimotor de lata con el escudo argentino pintado en las alas. Mi madre me había dicho que nunca podría comprármelo, que no alcanzaba el sueldo de Obras Sanitarias y que por eso mi padre iba a cortar entradas al cine. Al menos podíamos ver todas las películas que queríamos. Pero en casi todas mostraban aviones y yo no me consolaba con recortarlos de las láminas del Billiken.
Una tarde entré a robarlo. Por la única foto que me queda de ese tiempo supongo que llevaría guardapolvo tableado, un echarpe de San Lorenzo y la cartera en la que pensaba esconder el avión. En el negocio había un par de mujeres mirando muñecas y el dueño me relojeó enseguida. Era un pelado del Partido Conservador que recién se había hecho peronista y tenía en la pared una foto del general a caballo. Busqué con la mirada por los estantes mientras las mujeres se iban y de pronto me quedé a solas con el tipo. Ahí me di cuenta de que estaba perdido. No había robado nada pero igual me sentía un ladrón. Me puse colorado y las piernas me temblaban de miedo. El pelado dio la vuelta al mostrador y me dio una cachetada sonora, justiciera. Nos quedamos en silencio, como esperando que el sol se oscureciera. ¿Qué hacer si ya no podía robarle el juguete? ¿Cómo esconder aquella humillación? Me volví y salí corriendo. Mi viejo estaba esperándome en la esquina con la bicicleta de la repartición. Tenía el pucho entre los labios y sonrió al verme llegar. "¿Qué te pasa?", me preguntó mientras yo subía al caño de la bici. Le contesté que me había retado la maestra, pero no me creyó. "¿No me querés decir nada, no?", dijo y yo asentí. Hicimos el camino a casa callados, corridos por el viento.
Una tarde, mientras iba en el Ford con Mereco, no pude aguantarme y le conté. Se levantó las antiparras y como único comentario me guiño un ojo. Dos o tres días más tarde vino a casa con el plano de un nuevo carburador que quería ponerle al coche. Traía una botella de tinto y el avión envuelto en una bolsa de papel. "Lo encontré tirado en la plaza", me dijo y cambió de conversación. Mi padre se olió algo raro y a cada rato levantaba la vista del plano para vigilarnos las miradas. No sé por qué tuve miedo de que el pelado viniera a tocar el timbre y me abofeteara de nuevo.
Pero el pelado no vino y Mereco desapareció por un tiempo. Fue por esos días cuando a mi padre lo comisionaron para hacer una inspección en Villa Mercedes y me llevó con él en el micro. Un pariente del gobernador tenía una instalación clandestina para regar una quinta de duraznos, o algo así. Recuerdo que no bien llegamos el jefe del distrito le dijo a mi padre que no se metiera porque lo iban a correr a tiros. "¡Pero si la gente no tiene agua para tomar, cómo no me voy a meter!", contestó mi viejo y volvimos a la pensión. No me acuerdo de qué me habló esa noche a solas en el comedor de los viajantes, pero creo que evocaba sus días del Otto Krause y a una mujer que había perdido durante la revolución del año 30.
Todo aquello me vuelve ahora envuelto en sombras. Nebulosos me parecen el subcomisario y el vigilante que vinieron a la mañana a quitarme el avión y a echarnos de Villa Mercedes antes de que mi padre pudiera hacer la inspección. Tenían un pedido de captura en San Luís y nos empujaron de mala manera hasta la terminal donde esperaba un policía de uniforme flamante. Hicimos el viaje de regreso en el último asiento custodiados por el vigilante y la gente nos miraba feo. En la terminal mi padre me preguntó por lo bajo si yo era cómplice de Mereco. Le dije que sí pero me ordenó que no dijera nada, que no nombrara a nadie.
No era la primera vez que nos llevaban a una comisaría y mi padre se defendió bastante bien. Negó que yo hubiera robado el avión y responsabilizó al comisario de interferir la acción de otro agente del Estado en cumplimiento del deber. Era hábil con los discursos mi viejo. Enseguida sacaba a relucir a los próceres que todavía estaban frescos y si seguía la resistencia también lo sacaba al general que tanto detestaba. A mí me llevaron a casa, donde encontré a mi madre llorando. Al rato Mereco cayó en el Ford y nos dijo que lo acompañáramos, que iba a entregarse.
Cuando llegamos, mi padre ya se había confesado culpable y en la guardia se armó una trifulca bárbara porque Mereco también quería ser el ladrón y mi viejo gritaba que a él sólo le asistía el derecho de robar un juguete para su hijo. Como ninguno de los dos tenía plata para pagarlo, mi avión fue a parar a un cajón lleno de cachiporras y cartucheras. Al amanecer llegó el jefe de Obras Sanitarias y nos largaron a todos. Mi padre se negó a subir al descapotable de Mereco y le dijo que si aparecía otra vez por casa le iba a romper la cara. Fue la última vez que lo vimos antes del velorio. Se calzó las antiparras, saludó con un brazo en alto y ahí va todavía, a noventa y capota baja, subiendo la quebrada con aquel Ford en el que hace tanto tiempo yo aprendí a manejar.
 
 
*De Osvaldo Soriano.
"Cuentos de los años felices". Editorial Sudamericana. Buenos Aires, edición de 1993. 
 
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 8 de octubre del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor argentino Rubén Carrasco. Las poesías que leeremos pertenecen a Jeannette Clariond (México) y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
 
HASTA 15 de Octubre del 2006....
 
 
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
Importante: A los interesados en participar en el Concurso, les rogamos no realizar solamente a última hora su(s) envío(s), debido a las limitaciones de capacidad de nuestro buzón electrónico. En caso de que su mail sea rechazado en nuestro buzón principal, envíe su participación a la dirección: euroyage@... 

 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@...
 
Importante: A los interesados en participar en el Concurso, les rogamos no realizar solamente a última hora su(s) envío(s), debido a las limitaciones de capacidad de nuestro buzón electrónico. En caso de que su mail sea rechazado en nuestro buzón principal, envíe su participación a la dirección  euroyage@...
 
 
 
Ejercicios de escritura
 
Para el 16 de octubre.
 
INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Próxima estación: J.R.R.Tolkien (ex 12 de agosto)
 
Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...
 
 
*
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
***
 
Invitación al Club de socios de InventivaSocial
 
-Reciba TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de correo.
La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10 Euros en el exterior.
 
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-La publicación virtual en Inventiva Social de antologías con sus trabajos.
-Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados) en inventiva.
 
Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
 
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
 
 
 
 
InventivaSocial
"Un invento argentino que se utiliza para escribir"
Plaza virtual de escritura
 
Para compartir escritos dirigirse a : inventivasocial@...
-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
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Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
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La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y edita para su difusión los escritos que cada autor desea compartir.
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#103 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 4 de Oct, 2006 1:46 pm
Asunto: ESA ÉPICA DE LA VIDA Y LOS TRENES
inventivasocial
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Esa épica de la vida y los trenes...



Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos*


Si tan sólo la tarde pudiera reunirnos
bajo la lluvia triste en cualquier estación
viendo pasar los trenes, viendo huir los minutos,
viendo correr las gentes sobre el mojado andén.

Si tan sólo existiera un tiempo y un lugar para nosotros,
la intimidad de un bar semivacío,
las tardes del otoño entre las calles,
la ternura de un parque abandonado.

Si tan sólo tuviera tu pelo entre mis dedos
y en mis cansados labios se apoyara tu piel
y un ángel candoroso velase nuestro sueño
bajo las tenues luces de una playa lejana.

Si tan sólo pudiese mirarte mientras duermes,
contemplar en silencio tu silencio tranquilo
y olvidarme de todo y desnudarme de todo
y arrojar al olvido todo cuanto es ajeno
al color de tus ojos, al sabor de tus labios
y a la dulce cadencia de tu voz al hablarme.


*de Sergio Borao Llop. sergiobllop@...
http://al-andar.blogspot.com






LA "SALAMANCA" DE LA ESTACION DE TRENES*


"Ay de quien temerariamente aspira a saber lo que debería olvidar"
                                     (Jorge Luis Borges)


Reza una leyenda que Isabel la Católica mandó a tapiar la
célebre "Cueva de Salamanca", porque era un antro de hechiceros,
herejes y cripto judíos o "marranos". Quizás sólo fue un taller de
alquimistas y herméticos, cabalistas y sufíes. Pero la leyenda llegó
al Nuevo Mundo y se convirtió en una especie folklórica campesina
con ribetes satánicos y, en cierto modo, contestatarios, aún vigente
hace cuatro décadas, cuando yo me topé con ella siendo un aprendiz
de antropólogo, por no decir de brujo como nos llamaban, en varios
países de Sudamérica. La que inspira este relato estaba en la Pampa
Gringa, tierra de hondos misterios. La hallé, empero, en una de esas
estaciones de trenes casi olvidadas que bien pueden servirle de
marco, lo mismo que el bosque y los socavones.


***

Hay quien prefiere el tren, su cansina marcha, el rítmico bufido de
esa bestia mansa, protectora, la vetusta elegancia de un coche-
comedor que también hace las veces de salón de té entre cuatro y
cinco de la tarde; manía atávica que proviene de los ingleses,
fundadores de ferrocarriles e imperios.
Aún a costa de varias horas adicionales de viaje, debido al largo
tiempo en que aquel trencito de trocha angosta se detenía en las
estaciones, había siempre una respetable cantidad de pasajeros en
el "rápido" Las Varillas – San Fancisco de Córdoba, con
paradas "sólo" en Las Varas, Saturnino María Laspiur, y Quebracho
Herrado. El trayecto demoraba, con suerte, unas seis horas que -
sobre todo en época de lluvias, cuando los caminos de tierra se
volvían intransitables- eran una bagatela para los amantes del
ferrocarril y algunos etnólogos extemporáneos.
En compensación, uno podía bajar en Las Varas y tomar unos verdes
con tortas fritas,  aunque no lloviera, ahí nomás en el andén, o
caminar un rato por la avenida bordeada de eucaliptus gigantes en
Laspiur, y visitar el sanatorio del Dr. Nelay, donde había
pernoctado Marquesini, el célebre taumaturgo cordobés; o bien, a la
hora del ángelus, pasear por el Quebracho Herrado esquivando las
veredas de aquel pueblo, por  su siniestra fama de ser un antro de
brujas, con ganas de perder el tren para ver si era verdad.  Allí
tuvo lugar, hace más de cien años, una feroz batalla entre el
ejército del General Lavalle y las tropas rosistas comandadas por el
oriental Oribe, en la que los unitarios fueron derrotados con muchas
bajas, enterradas en dicho lugar. A menudo los torrenciales  o el
pampero descubren algunos huesos, que se vuelven "luces malas" por
la noche, lo que le ha dado al caserío su fama brujeril.
  Pero esa tarde de octubre de mil novecientos sesenta y tantos,
conjurando dicha fantasía tantas veces temida – y anhelada – por
todo leal pasajero del riel, el tren se quedó en el Quebracho
Herrado sin poder continuar. Casi podría decir: el tren se quedó en
el Quebracho Herrado "para siempre".
Mas esto tampoco ocurrió, y sólo cabe contar las cosas como creo
haberlas percibido, más o menos trastocadas por la piedad de la
memoria y el oficio.
Después de pasar por el ritual "folklórico" de andar siempre por el
centro de la calle, "y mirar de soslayo las veredas", como aconseja
el sortilegio, creyendo haber visto algunas luces malas o "fuegos de
San Telmo", como también se llaman, tras la reja de viejos jardines
deteriorados o patios baldíos, volvimos a la estación. El tren aún
no salía y algunos caminábamos por el andén desierto como si fuera
la celda de una cárcel o un claustro. Los demás habían vuelto a sus
asientos y nos miraban desde el cubículo de las ventanillas,
mientras nosotros los veíamos a ellos como a través de los vidrios
de un enorme y extraño invernadero.
Digo "nosotros" y "ellos" por lo que luego pasó, siendo tal vez la
suerte de los que nos bajamos muy diferente de la de quienes se
quedaron en el tren. ¿Fue todo producto de la imaginación, o el
hecho de haber seguido "mirando de soslayo"? También ignoro por qué
ninguno de los andantes, salvo yo mismo, mucho después, pudo (o
quiso) fijar la mirada frontalmente, aunque ya estábamos de regreso
en el andén. Pero lo que alcancé a entrever fue suficiente para
seguir, por un largo rato, con la vista enfocada al suelo, o a la
penumbra que se abría en las puntas de la estación como un anhelo de
libertad. Y confieso que, a pesar de mi largo entrenamiento
etnográfico, tuve miedo...
Primero hubo un silencio brusco, innatural, en el que ni siquiera se
escuchaban nuestros propios pasos. Después una algarabía
desenfrenada llena de carreras cortas, renuentes, como si el suelo
se hubiera llenado de salamandras o lagartos en fuga, y un rumor de
carnaval repentino, pero trágico, sin pizca de alegría ni seducción;
un festival forzado, tenso, de persecuciones contundentes, veloces,
y siempre consumadas.
  ¿Había una diablilla gorda brincando por los pasillos de los
vagones, con una cruz invertida entre los pechos, que terminaba en
un obscuro falo a la altura de su boca? ¿Y detrás de ella, en cuatro
patas, un diablillo que blandía sus dos vergas y la cola
enroscándose en el cuello con un crótalo de plata? Quizá; nadie
miraba de frente hacia el tren detenido. De reojo, alcancé a ver
como violaban a una monja sangrando por el ruedo de su hábito, entre
cuatro cabrones (¿o eran machos cabríos?) a la vez, y ella clamaba
en su delirio por el fuego al pie de la caldera en la locomotora
inmóvil.
Cuando quise intervenir, se desligó  del abrazo poliforme y huyó
convertida en una mula embarazada, galopando hacia la puerta del
último vagón donde ardían cirios negros. Pero era inútil de todos
modos porque, los que estábamos afuera, no podíamos levantar la
cabeza ni subir al tren. No sé si por el asco a los bichos que
reptaban por las escalerillas y el borde del andén -provocando a
menudo cosquilleos y tenues golpecillos- o paralizados por nuestro
propio temor. Tampoco podría asegurar si el contrahechizo tuvo su
efecto, o más bien fue otra alucinación acuciada por la espera.
Porque en algún momento saqué la botella de vino que guardaba en mi
talego y comencé a ofrecerla – siempre sin mirar a los ojos – a cada
uno de los pasajeros y personajes, reales o no, con quienes me
topaba.
La treta para ahuyentar al diablo me la había enseñado un curandero
de La Higuera, en Traslasierra, otro pueblito encantado, donde pasé
varios meses recogiendo cuentos de aparecidos, lobizones y ánimas en
pena. Pero esto parecía otra cosa, la peor que guarda la caja de
pandora del alma campesina: la Salamanca. Ya no se trataba de las
casi innocuas brujas del Quebracho Herrado, que custodian las luces
malas, y sólo espían de puro chismosas o aburridas; ni era posible
ahora deshacer el ensalmo con la mera mirada oblicua. La Salamanca
requería medidas más drásticas, que comenzaban con la prueba del
vino. "Es el vino – decía el curandero, al que no quiero mentar por
su nombre – la verdadera sangre de Satán, que no la de Cristo. Es
como ofrecerle al Malo su propia sangre". (Era ésta una de esas
frases que no se olvidan, y por eso la tenía registrada en mi
libreta de campo).
Una vez hecha la oferta del vino pude mirar de frente, y lo que vi
me convenció, aún más, de que me hallaba ante la reina del terror
nocturno. La Salamanca, recordé, asume     variadas formas, pero
siempre remeda una fiesta, al principio. Es la manera de atraer al
incauto. Y toda la estación parecía, ahora, una de esas ramadas que
se levantan para los días de la fiestas patrias, el veinticinco de
mayo o el nueve de julio, aunque estábamos en enero. Varias parejas
bailaban una chacarera,  las chinitas de falda cortona, muy
estrecha, y las blusas desabrochadas. Los gauchos, con chambergos
alones y botas con espuelas, al aire los ponchos  enmarañados como
sus melenas. En un rincón adornado con guirnaldas, dos comadres
servían vino, ginebra y empanadas fritas, sin dejar de mirar al
estrado donde estaba la orquesta de músicos ciegos, guitarra y
guitarrón, chalecos bordados y rastras de monedas y penurias.
Adentro del tren, una alegre caravana recorría los vagones, colgando
serpentinas y zapateando sobre los descansillos de las puertas. Ni
rastros de la diablesa y el diablillo, o la mula embarazada. Todo
aquello era muy extraño, porque la Salamanca, según había oído
contar, aparecía más bien en cuevas – remedando la originaria en
Salamanca, o al borde de una cañada (como lo dijo Sarmiento). Mas no
había nada incongruente en el hecho de que estuviera en la estación
de tren; al contrario, parecía un lugar adecuado, suficientemente
misterioso a esas altas horas de la noche. Todavía más extraño
resultaba ese aire de normalidad, de simple fiesta que tenía todo, a
diferencia de lo que había podido ver – si bien de soslayo, lo
repito – antes de la ofrenda del vino.
No sólo habían desaparecido los monstruos y las pesadillas, sino que
la escena tenía un aire bucólico, la ilusoria inocencia de una
trampa. Porque sin duda no era sino eso, una trampa, tanto para los
sentidos como para la razón. Al acercarme al puesto de las comadres,
ambas guapas y querendonas, vi que detrás del mesón había un quiosco
en forma de tienda, con cortinas flotantes y gobelinos agrisados por
el tiempo. Por los intersticios se divisaban siluetas femeninas semi-
desnudas y sonrientes, más jóvenes que las puesteras y aún más
lúbricas, que parecían estar esperando.
De una guitarra invisible que no formaba parte de la orquesta, fluía
una melodía distinta, tocada con destreza incomparable, y que sin
embargo no desentonaba con la chacarera de los ciegos. "Es la
guitarra del diablo – pensé en seguida, rememorando las notas de
otra libreta de campo que  había llevado en Santiago del Estero hace
unos años – "la singular manera de templarla que nadie puede
imitar". Entonces la música cesó de inmediato, quedando sólo la de
la orquesta que se escapaba por las bocas del andén hacia la noche.

  - ¿Desea tomar algo?
– me preguntó una de las comadres seductoramente mientras entreabría
su falda para mostrar los muslos cerúleos – hay de todo, aunque no
se vea – y sacó de abajo una botella de ginebra holandesa, dorada
como una mies, y unos tamales que eran la tentación misma, al tiempo
que se daba vuelta dejando ver unas nalgas perfectas, como trazadas
a compás - ¿O prefiere este vinito de Cafayate, de más de diez años
aunque no tenga marca – ofreció subiéndose la enagua, de la que
surgía una mata de pelo azulado de tan negro, escondiendo apenas sus
secretos encantos.
-   Sólo tomo del mío – y al mero gesto de sacar la botella para
ofrecerles un trago, el    mesón y la tienda desaparecieron quedando
sólo el guitarrero, que tenía un aro de oro   en cada oreja y
parecía un gitano de cuento.
-   El que te enseñó esos trucos sabía a qué atenerse – me dijo por
todo saludo – pero yo puedo enseñarte muchas cosas más...
-¿Qué querés decir? – le contesté adhiriéndome a su tuteo.
-         Lo que más te agrade; por ejemplo, encantar a la guitarra,
como yo lo hago, lograr fortuna, conquistar a todas las mujeres, o
bien conocer los secretos del futuro y el misterio de la muerte – Y
sacó del bolsillo un mazo de cartas de Tarot nuevas y brillantes,
disponiéndose a barajarlas.

  -   Es demasiado – repuse – no sabría qué hacer con tantas
respuestas, y ya no tendría preguntas ni deseos. Prefiero no entrar
a tu Salamanca – Y el guitarrero, diablo, o lo que fuese, también se
esfumó sin dejar rastros.
En el andén quedaba apenas un par de parejas bailando la eterna
chacarera, y la inimitable orquestilla de los ciegos. Cuando me
acerqué a ellos, uno de los bailarines me pasó su prenda, diciendo:
-         Aguántela un poco, compañero, enseguida vuelvo – y arrojó
la mujer a mis brazos enredada en su propio pañuelo.
Ella era liviana y ágil, danzaba como flotando sobre el vuelo de sus
enaguas, y tenía el rostro más bello que jamás había visto en esta
tierra de mujeres hermosas: un ícono de trenzas castañas y ojos
marinos, con una rara sonrisa, algo inquietante, que le añadía
encanto. Su cuerpo rezumaba el sudor invisible del deseo.
-  Subamos al tren – susurró a mi oído después de la primera vuelta –
  antes de que él regrese...
La otra pareja ya habría subido, o quizá se había disipado como todo
lo demás. Una suerte de vapor húmedo que empañaba los vidrios de las
ventanillas me impidió ver, de momento, lo que ocurría en los
vagones. Ella se aferró a la baranda de una puerta, tratando de
empujarme al interior del coche. Desde allí se oía de nuevo la
guitarra del diablo y la anterior algarabía. Toda la feria parecía
haberse trasladado al tren, que ya comenzaba a partir.
-         ¡Sube! – gritó ella - ¡Vas a perder el tren! – Y en su
premura por agarrarme de la mano se corrió hasta el descansillo
final en la parte trasera del último vagón, hasta donde me alzó con
una fuerza increíble. No pudo, sin embargo, hacerme entrar por
aquella puerta, que quizá dividía este mundo del otro, porque cada
vez que trataba de hacerlo yo sacaba la botella de vino, y ella
retrocedía como si algo la amenazara o estuviera acosada por el
fuego.
Recurrió entonces al antiguo y femenino recurso de desnudarse, y se
entregó a mí allí mismo con la pasión de una virgen. Era sin duda la
diablesa, porque nunca había sido como esa vez, ni volvió a serlo.
Aunque decir que se entregó no sería tampoco exacto, ya que, bajo la
apariencia de hacer lo que yo quería, ella dominaba todos los actos
con una destreza sin igual. Y al final, cuando ya casi me había
rendido a su  singular encanto, creí percibir el suspiro de la gran
diablesa, más peligroso que el canto de las sirenas, según me había
contado el curandero.
Su recuerdo benéfico me salvó del último esfuerzo de la Salamanca
por atraparme, porque los efluvios que manaban de ese suspiro eran
como garfios que sojuzgaban la voluntad. Y sabiendo que yo soy
bastante picaflor, como dicen aquí, el postrer recurso debió estar
basado, por fuerza, en el irresistible aunque aparente atractivo de
la hembra de satanás.
Al ver que yo me desasía de su abrazo y saltaba, a pesar de que el
tren ya corría a plena velocidad -siguiendo el recurso desesperado
que me había enseñado el curandero: "salta y cierra los ojos, así
te muestre un abismo o el propio infierno"-  ella  desistió de su
intento y se dispuso a ejercer su  venganza. Por algo era Lilit,
reina de los demonios...
Se arrancó las ropas y las máscaras para mostrarse tal cual era, y
pude ver sus escamas, la mirada del basilisco y la boca siempre
abierta de la gárgola, su desnudez de momia, el hocico incipiente y
la dudosa garra. El castigo no fue, como supuse entonces, imponerme
su fealdad ante toda mujer, sino, como lo supe mucho después,
exactamente lo contrario, su incomparable belleza anterior al
suspiro; de modo que todas me parecieran igualmente horribles e
indignas de ser amadas. Como se sabe, la mirada del basilisco ciega.
Yo quedé ciego por un tiempo para toda otra fémina, humana, celeste
o infernal.
Algo desempañó los vidrios de las ventanillas y alcancé a ver, desde
el suelo al borde de las vías, que por los pasillos corrían, como
antes, la diablilla gorda y el diablillo; pero envolviendo ahora los
cuerpos inmóviles de los pasajeros en serpentinas negras, a modo de
mortajas.
Volví al andén desierto, y la orquesta de los ciegos ya guardaba sus
instrumentos. Les pregunté como al pasar qué fiesta se había
celebrado.

-   ¿Cómo, no lo sabía?; la del santo patrono del Quebracho Herrado.
-    Soy forastero. ¿Y cómo se llama el santo?
-    San Ciprián – una velada mueca de burla deformaba sus rasgos
imperturbables.
Cuando atiné a decirles que no podía ser, que ese era el nombre de
un mago de Alejandría y no de un santo propiamente dicho, se
desvanecieron con la primera claridad del alba.
Al otro día, al subir al coche de reemplazo que habían enviado desde
Las Varillas, el aroma del café recién hecho casi me hizo olvidar la
ordalía anterior. Pero en la manera de observarnos, todavía de
reojo, descubrimos una cierta complicidad entre los viajeros. Según
una versión que también alcanzó a contarme  el curandero, los que
han logrado escapar de la Salamanca sin sucumbir a su influjo,
pueden formular un deseo.
Sin mucha convicción, no lo formulé en ese momento; sólo cuando me
di cuenta del castigo de la gran diablesa, después de resistirme al
influjo de unas fragantes chilenas, que compartían la mesa del coche
comedor, expresé el deseo de saber si era verdad lo que había
ocurido. O el conjuro tuvo efecto, o todo era producto de un sueño
sobre rieles en la estación del Quebracho Herrado. Cuando el tren ya
dejaba el andén vi, o creí ver, una cruz invertida entre las vías,
sobre los durmientes.


* de José Luis Najenson najenson@...




San Cristóbal, la ciudad en la que ya no se oye el silbato del tren
de trocha angosta*

Los viejos ritos forjaron una sólida identidad que hoy tiene destino
incierto.

VAGON DE RECUERDOS. El predio de los viejos talleres ferroviarios.
(Gentileza E. Giussani)

Fabio Abbá*

Esta es la historia de San Cristóbal, mi ciudad, a la que nunca voy
a dejar de querer y añorar a pesar de no vivir allí en este momento.
Sin ruborizarme y con mucho orgullo puedo decir que viví toda mi
infancia en el lugar más hermoso del mundo. Y ese desmedido término
no es por su belleza paisajística ni mucho menos. Hablo de San
Cristóbal, conocida como la Puerta del Norte Santafesino. Donde
deambular por sus calles a la siesta en pleno verano era casi
impensado. Donde cerrar los autos con llave o ponerles candado a las
bicicletas se reservaba para los que venían de visita de la gran
ciudad.
Donde el programa del sábado a la noche para las señoras mayores era
estar a la expectativa de algún casamiento o cumpleaños de quince
para ir a "espiar" el vestido de la agasajada.
Había ritos. Sentarse en la vereda sobre el sillón de tiritas, en lo
posible después de que pasara el regador, así se asentaba la tierra
de la calle. Ir al almacén con la libreta de tapa verde y el bolso
rejilla. Ir a la escuela en bici o caminando, boicoteando de por
vida los transportes escolares.
Armar la cancha en el baldío al que le prendíamos fuego así después
brotaba el pastito verde y parejo. Construir con precisión de
arquitecto una choza con cañaveral y hacer guardia para cuidarla.
Esperar en las vacaciones a aquel amigo/a, novio/a que venían de
visita a la casa de algún vecino. Mirar
el noticiero de Canal 13 Santa Fe para ver a las 12.45 el resumen
deportivo de Colón y Unión o estar pendientes de la transmisión del
torneo de verano desde Mar del Plata.
Una vez por año se vivía un clásico y no era futbolístico: Yasí Berá
y Mahebe eran las dos comparsas que dividían la ciudad y nos
llenaban de alegría el Carnaval. Para nosotros era como estar en Río
de Janeiro.
La fuente del progreso de mi querida ciudad fue el Ferrocarril
General Belgrano, el de trocha angosta, como decíamos siempre para
diferenciarlo de los otros. Todos teníamos a alguien de la familia
que trabajaba en "el ferro". Escuchar la sirena o pito que marcaba
la entrada y la salida del personal era parte de nuestras vidas. La
ciudad marchó al ritmo que generó esta fuente de trabajo que nos
enorgulleció durante tanto tiempo. Todavía tengo presente la cara de
mi tío del alma cuando me contó que se cerraba el ferrocarril. La
vida de él y la de muchos otros que tuvieron este como primer y
único trabajo, en gran parte, dejó de tener sentido. Las historias
que se sucedían, el compañerismo sin traiciones, el sentido de
pertenencia eran tan fuertes que el cierre le quitó vida a la
ciudad. En realidad, les arrancó un pedazo de su vida a todos los
que allí trabajaban. Se terminaron las bromas pesadas que alguien
siempre debía soportar. Y las olimpíadas deportivas que convocaban
más que cualquier otro evento, en las que cada sección se jugaba el
honor delante de toda la ciudad.
Hoy muchas cosas han cambiado. La ciudad se acomodó a otro ritmo de
vida. La TV por cable con 80 canales reemplazó a la única señal
repetidora que teníamos. El asfalto se empeña en poner en peligro de
extinción al camión regador. La proliferación de los remises atentó
contra la bici o las caminatas para ir de una punta a la otra de la
ciudad. Internet y la computadora sustituyeron la cancha del baldío
y la choza. La confitería para ir a bailar a la hora cero se
transformó en boliche para entrar a las 2.30.
A la palabra empeñada ahora hay que volcarla en papel y ante
escribano, por las dudas vio...
Del ferrocarril hoy quedan esos dos kilómetros de galpones sin vida,
atesorando en algun rincón el ruido de las máquinas y de los
obreros. Los durmientes de quebracho colorado son ahora víctimas de
algún hogar a leña, cuando deberían seguir soportando el rodar de
las toneladas del pata de fierro, como le decían al tren. Ese tren
que nos era tan familiar, ese que esperábamos hasta que pasara el
último vagón de madera color naranja furioso donde iba el guarda con
la banderita roja que nos saludaba. El que nos trajo tanto progreso
hoy pasa esporádicamente, tanto que a los chicos les resulta un
bicho raro. Ni que hablar si hubieran podido viajar en el coche
motor a Santa Fe: para nosotros era como volar a París en el
Concorde...

Pero... como no puedo ir en contra de mis sentimientos, mi lugar en
el mundo seguirá siendo San Cristóbal, la Puerta del Norte
Santafesino que creció gracias al ferrocarril y que hoy no lo tiene.
Y, como verán, nunca mencioné gracias a quién, no vale la pena tal
vez dedicarle un renglón a quien
hipotecó mi ciudad y mi país, fundamentalmente en honor a mi tío.
El, como tantos otros, hasta el último día de su vida se siguió
levantando a las cinco de la mañana esperando que volviera a sonar
el pito que lo llamara a trabajar.

* Nacido en San Cristóbal, envió este relato a Radio Mitre desde la
ciudad de Santa Fe, donde vive hoy. La historia se publicó en el
blog de Argentina Pueblo a Pueblo.

-Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/10/04/sociedad/s-03501.htm





Correo:

FIESTA DEL FERROCARRIL DE TROCHA ANGOSTA*

La Asociacion de Amigos del Ferrocarril General Belgrano, la
Municipalidad de San Andres de Giles, y
la Revista Todo Trenes, invitan a la Fiesta del Ferrocarril de
Trocha Angosta, que sea realizara el
proximo domingo 8 de octubre a las 11:00 horas en la Estacion
Espora, Partido de San Andres de Giles,
Provincia de Buenos Aires.
Aquellos que disfrutan de la vida de campo, tendremos asado criollo
y chancho asado con pelo, musiqueada criolla, carrera de sortijas, y
eventos destrezas criollas. Contaremos tambien con la exposicion de
material ferroviario, exposicion fotografica, charlas sobre los
ferrocarriles de trocha angosta en la Provincia de Buenos Aires, y
visitas guiadas por la estacion, entre otras sorpresas mas.
Quienes no dispongan de vehiculo para trasladarse a Espora,
ofrecemos un servicio de bus. El valor del
pasaje es de $ 30-. ida y vuelta, partiendo desde Puente Saavedra a
las 09:00 horas del domingo, y
retornando a las 17:00.
Para llegar a Espora, se debe tomar la Ruta Nacional N°7 hasta el
kilometro 114, a la altura del Paraje
Villa San Alberto. Alli tomar a la izquierda un camino consolidado
con tosca, de unos 9 kilometros
(señalizados), que desemboca en la estacion.
Recomendamos traer vasos y cubiertos.
Informes: (02324) 15-51-7300
(011) 15-5872-1328 (despues de las 17 horas)
www.amigosdelbelgrano.com.ar

Atentamente
Damian Dipasquale
Prensa - Asociacion de Amigos del FCGB  amigosdelfcgb@...


*Enviado para compartir por Alfredo Armando Aguirre.
choloar@...

Fratello Coiro: Cuando anoche encontre el mensaje y archivo que te
adjunto, me acorde de tu deliciosa
utopia en el Compañia General. Si ya lo conocias, bueno como decia
el General "Lo que abunda no daña" (Hoy dia hay que aclarar que El
General era Peron) :-)

Página personal: http://choloar.tripod.com/choloar.html
Mi Blog - Bitácora: http://choloar.tripod.com/Alfredo_Aguirre/

*

  invitacion del centro Cultural estacion Provincial*


Mucho tiempo sin el Tren…
28 de Octubre 1961 - 2006
…a 45 años del cierre del Ferrocarril Provincial La Plata al
Meridiano Vº

Cultura – Identidad – Memoria

Charlas - Muestra fotográfica - Mate con historias – Teatro
Comunitario – Material de época
28 de octubre 16 hs.

Centro Cultural Estación Provincial – 71 y 17
www.estacionprovincial.com.ar
Patrimonio Barrial

Organizan: "Centro Cultural Estación Provincial" y Grupo de Teatro
Comunitario los "Okupas del Andén"

28 de octubre de 1961: se implementa en la Argentina el
denominado "Plan Larkin" que intentó imponer Frondizi mediante su
ministro de Economía Álvaro Alsogaray siendo el inicio del
desmantelamiento del sistema ferroviario Argentino.

El Ferrocarril Provincial se inauguró el 15 de marzo de 1912; la
provincia de Buenos Aires concibió una red ferroviaria de trocha
angosta cuya dimensión, si se hubiera concretado en su totalidad,
habría modificado sustancialmente el panorama ferroviario
bonaerense. La parte del ferrocarril que se construyó se llamó
Ferrocarril de La Plata al Meridiano V° o Ferrocarril Provincial de
Buenos Aires. A partir del puerto y ciudad de La Plata llegaba a
Mirapampa, en el límite provincial, pasando por Carlos Beguerie,
Saladillo Norte y Nueve de Julio, en cuyas inmediaciones cruzaba las
trazas de la CGBA y el Midland, para dirigirse a Pedro Gamen desde
donde un pequeño ramal alcanzaba Pehuajó. Desde La Plata otro ramal
llegaba a Avellaneda y desde Carlos Beguerie, típico ejemplo de
pueblo ferroviario hoy agonizante, los rieles llegaron a Azul,
Olavarría, Sierra Chica y Loma Negra. La razón esgrimida por el
gobierno provincial para la construcción del Ferrocarril Provincial
era integrar a vastas zonas hasta ese entonces incomunicadas por vía
férrea y, recorriendo regiones ya servidas por otros ferrocarriles,
abaratar los fletes con su presencia. Las opiniones sobre el
Provincial abarcan un amplio espectro, desde considerarlo
una "ambiciosa maniobra política" o "proyecto delirante", hasta
calificarlo como "audaz intento bonaerense para quebrar el rol
hegemónico de las empresas británicas". El tren funcionó
adecuadamente hasta 1961, cuando el "Plan Larkin" que implementó el
presidente Arturo Frondizi -a instancias de su ministro Álvaro
Alsogaray y de Thomas Larkin, general estadounidense enviado al país
como "asesor en Transporte" por el Banco Mundial- eliminó un tercio
de los ramales y despidió a 70 mil ferroviarios. Se realizó una
huelga de 42 días, que impidió implementar ese plan completo pero,
lamentablemente, el Ferrocarril Provincial fue cerrado en su ramal
más importante desde La Plata hasta Mirapampa.
Después, la dictadura militar inaugurada en 1976, asestó un golpe
decisivo contra los ferrocarriles nacionales echando a mucha gente y
reprimiendo a los obreros. El ramal La Plata - Avellaneda (lo único
que quedaba hasta ese momento en funciones) fue cerrado
definitivamente en 1977. Así se llega a 1991-1992 donde el
neoliberalismo menemista termina de cerrar los ferrocarriles que
quedaban, "ramal que para, ramal que cierra". Muchos pueblos fueron
quedando "fantasmas" a raíz de la desaparición de los ramales y
mucha gente perdió, no sólo su fuente laboral, sino un medio de
transporte esencial donde se implementaba el encuentro de la
comunidad. Para la Estación Provincial "del Meridiano Vº" de La
Plata se tejieron mil destinos posibles pero ninguno se concretó.
Solamente lo que se está concretando en este momento es el proyecto
de los vecinos que en 1998 se juntaron y, cansados de ver la
estación abandonada, crearon un centro cultural vecinal
denominado "Centro Cultural Estación Provincial". Este
emprendimiento es fruto del esfuerzo de ex ferroviarios y gente del
barrio que trabajan para darle vida a la vieja estación. En esta
gestión vecinal se crean lazos de solidaridad y encuentro para la
comunidad teniendo como ideal hacer de la estación un espacio donde
la cultura y el arte sean los motores del barrio y los estandartes
de los vecinos, renovando así el espíritu del lugar. Hoy se sigue
trabajando para que esos sueños se hagan realidad. Por todo esto es
que en esta fecha tan significativa para el barrio Meridiano V, los
vecinos decidimos organizar este evento desde el Centro Cultural
(buscamos fotos entre los habitantes más antiguos del barrio,
testimonios, etc.) y con el grupo de Teatro Comunitario que ensaya
en la Estación se decidió presentar la obra "Historias Anchas de
Trocha Angosta" que relata la historia del Ferrocarril Provincial.
¡Los esperamos! Más información: www.estacionprovincial.com.ar



Ejercicios de escritura

Para el 16 de octubre.

INVENTREN
Un viaje literario por vías y estaciones abandonadas de Argentina.
Próxima estación: J.R.R.Tolkien (ex 12 de agosto)

Enviar colaboraciones a: inventivasocial@...

*
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a
rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de
2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...

***

HASTA 15 de Octubre del 2006....


2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL "ESTRELLA ERRANTE"

BASES DEL CONCURSO:

- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
       a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
       b) Problemas ecológicos,
       c) Soluciones a problemas ecológicos.

- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías
digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500
KB, en formato jpg, bmp o gif.

- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado "pseudónimo+descripción" que contenga un
texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema
o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el
pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado "pseudónimo+datos" que contenga los datos del
concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal
y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).

- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.

- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural
Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (Abril/Junio/2007,
edición digital [www.euroyage.com] e impresa).

PREMIOS:

- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para
problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para
fotografía artística, además de la publicación en el Magazin
Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante".
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.

Envíos a: euroyage@...


Invitación al Club de socios de InventivaSocial

-Reciba TODAS las ediciones de Inventiva Social en su casilla de
correo.
La cuota anual del club de socios es de 36 pesos en Argentina o 10
Euros en el exterior.

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-Acompañamiento en la escritura con tema propio o ejercicios de
escritura.
-La publicación virtual en Inventiva Social de antologías con sus
trabajos.
-Publicación virtual de obras o textos extensos (libros ya editados)
en inventiva.

Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.

*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...




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-por favor enviar en texto sin formato dentro del cuerpo del mail-
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La protección de los derechos de autor, o resguardo del copyrigt de
cada obra queda a cargo de cada autor. Inventiva solo recopila y
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#102 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 22 de Sep, 2006 12:42 pm
Asunto: LA VIDA ES ETERNA EN CINCO MINUTOS
inventivasocial
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Te Recuerdo Amanda*



*Texto y música de Víctor Jara
Canción-vals

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontarte con él.
Con él, con él, con él, con él.
Son cinco minutos. La vida es eterna en cinco minutos.
Suena la sirena. De vuelta al trabajo
y tœ caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos te hacen florecer.
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él.
Con él, con él, con él, con él.
que partió a la sierra,
que nunca hizo daño. Que partió a la sierra,
y en cinco minutos quedó destrozado.
Suena la sirena, de vuelta al trabajo
muchos no volvieron, tampoco Manuel.
Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.

*FUENTE: http://www.publicaciones.scd.cl/amanda.htm



La vida es eterna en cinco minutos...


*
Un hombre humilde que tuvo el coraje de testimoniar en el juicio
contra el criminal Etchecolatz esta desaparecido desde el domingo.
Esta es una señal de terror para futuros testigos. Una nueva señal
de horror al país de víctimas. Abrazemos a la vida a Don Julio
Lopez, 77 años, de profesión albañil, que como dicen las crónicas
ofreció su voz de sobreviviente al silencio obligado de los muertos.

*Eduardo F. Coiro inventivasocial@...

(Los invito a escribir sobre el tema)




Sentirse Dios*

Nada mas  movilizador que la cabeza gacha del culpable que admite su
culpa y su deseo de enmienda veraz o fingida. Por eso también fue
movilizador , pero agraviante, el gesto de falsa humildad y
pobreza que esgrimió el ex comisario Etchecolatz frente al jurado
que debía dar su veredicto.
No fue necesario haber tenido algún familiar desaparecido, para que
las tripas se nos retorcieran
al escucharlo quitar autoridad a quienes lo juzgaban, con una
soberbia que sobrepasó todo límite. Su  cita a palabras de Borges
fueron una ironía, creo hasta de mal gusto, por alguien que se
siente a la altura de Dios.
Desconocer a los jueces como tales, sentirse un preso político,
rehén de la justicia  fueron los argumentos que esgrimió como fin,
antes de escuchar su condena.
Los jueces tuvieron la educación y paciencia de autorizar sus
palabras finales, que intentaron de
agraviar al máximo tribuna, ignorando su condición de reo, hasta que
tuvieron que  interrumpirlo: ya era
demasiado. ¿ El, tuvo la misma deferencia con quienes secuestraban
bajo sus  órdenes?. ¿Qué jueces los
juzgaron? ¿Qué abogado los defendió? ¿Quién ordenó que se los
torture? ¿Por qué sus familias no saben que pasó con la mayoría de
ellos?
Besar un crucifijo fue el colmo de la puesta teatral que puso en
escena desde un primer momento y nos
sentimos heridos los verdaderos cristianos.
  Todos cometemos errores, es bueno darse cuenta y tratar de
enmendarlos,  tuvo 30 años para hacerlo, no por eso dejaría de ser
culpable, pero pudo aliviar su conciencia  mostrando
arrepentimiento, dando consuelo a las familias que ya lo único que
quieren saber es donde poner una flor, dar información sobre los
bebes que fueron entregados ilegalmente a otras familias y que
todavía se siguen buscando. Mas prefirió dar rienda suelta a su
orgullo desmedido erigiéndose en Dios por su propio ego, que no le
servirá cuando se presente ante el otro Juez al que tanto aludió  en
su exposición.

*Mirta Alicia Gisondi mirtagisondi@...




Monstruos*

*Por Sandra Russo

Las palabras monstruo y mostrar tienen una raíz común. Hay algo en
el monstruo que exige ser visto, exhibido o imaginado. El monstruo
existe para que los demás sepan que existe. Aunque permanezca
oculto, la entidad del monstruo requiere ser completada por alguien
que le tema, por alguien que
huya de él, y que lo constituya. Para eso durante los '70 hubo
hombres como el ex comisario general Miguel Etchecolatz, cuyo solo
nombre, en la provincia de Buenos Aires, provocaba escalofríos.
La dictadura militar tuvo muchos asesinos, pero sólo algunos
verdaderos monstruos, que fueron fuente de inspiración para los
demás. Uno lo da por hecho, pero cabe la pregunta: ¿habrá sido tan
sencillo hacer emerger de las Fuerzas Armadas de entonces semejante
legión de secuestradores, torturadores
y asesinos? Una cosa es haber convencido a todos ellos de que las
organizaciones armadas de la época se habían propuesto "imponer un
régimen totalitario en el país, apoyados por otros estados como el
castrista", tal como afirmó ayer el abogado defensor de Etchecolatz,
Luis Boffi Carri Pérez.
Pero otra cosa muy distinta debe haber sido convencerlos, y con
bríos siniestros, de que era necesario meterles picana a los
prisioneros hasta desmayarlos o matarlos, aniquilar familias
enteras, secuestrar y robar niños, protagonizar esa obra maestra del
terror. El régimen necesitó a los monstruos para implantar en las
fuerzas de seguridad un modelo de militar sin escrúpulos ni
humanistas ni religiosos, hombres a los que no les temblaba el pulso
para picanear a mujeres embarazadas, para torturar a la
esposa delante del esposo o para fusilar prisioneros en fugas
fraguadas.
Hombres como Miguel Etchecolatz sirvieron para irradiar a su tropa
la luz invertida del mal absoluto. Fueron los líderes falaces de un
país que luchaba contra el incierto enemigo interno con el peor de
los terrorismos, el de Estado. Los monstruos ofrecieron a la
dictadura sus almas negras, en las que ellos y tantos otros fueron
capaces de almacenar el dolor ajeno, y cuanto más dolor, y cuanto
más crimen, más épicas parecían sus leyendas.
Etchecolatz sigue sosteniendo que en la Argentina no hubo campos
clandestinos de
detenidos-desaparecidos, y que lo que hubo fueron campos
ocultos, "como en toda guerra".
Los monstruos siempre están esperando el momento de demostrar que
son monstruos, porque en el fondo están orgullosos de serlo. Y por
eso son monstruosos.

*FUENTE: PÁGINA/ 12. 20-09-2006
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/1-23769-2006-09-
20.html




Viernes, 22 de Septiembre de 2006
MARCHA EN LA PLATA EN RECLAMO DE LA APARICION CON VIDA DE JULIO LOPEZ

El testigo que sigue desaparecido*

El gobierno bonaerense elevó la recompensa a 200 mil pesos para
conseguir datos del albañil que fue víctima del represor Miguel
Etchecolatz. El ministro del Interior recibiría a los familiares.

Jorge Julio López, al testificar en el juicio a Etchecolatz.
Imagen: DyN


*Por Adriana Meyer

Cada minuto que pasa, crece la inquietud por la desaparición de
Jorge Julio López, uno de los testigos clave en el juicio que
terminó con la condena a reclusión perpetua contra el represor
Miguel Etchecolatz. La senadora Cristina Fernández de Kirchner se
comunicó desde los Estados Unidos con el ministro de Seguridad
provincial, León Arslanian, para interiorizarse sobre la búsqueda de
este ex albañil de 77 años que fue visto por última vez el domingo a
la noche. Esa cartera había ofrecido una recompensa de 50 mil pesos
por información sobre López pero ayer, mediante un decreto del
gobernador Felipe Solá, esa cifra fue elevada a 200 mil. Los
familiares de este hombre –que identificó a Etchecolatz como su
verdugo– y los integrantes de la agrupación Justicia Ya serían
recibidos hoy por el ministro del Interior, Aníbal Fernández. La
Secretaría de Derechos Humanos provincial, organizaciones sociales y
organismos de derechos humanos convocaron para una marcha en La
Plata "por la aparición con vida de Julio López y el Juicio y
Castigo a los culpables".
Un amplio arco político, gremial, social y de derechos humanos se
sumó a la inquietud y ansiedad de los familiares de este testigo
fundamental en el reciente juicio. Habría una sola marcha que
unificaría a funcionarios con militantes y los oradores serán Nilda
Eloy –sobreviviente de los campos de exterminio, y también testigo
del proceso contra Etchecolatz– y María Isabel "Chicha" Mariani. La
concentración se realizará a partir de las 17 en la Plaza Moreno,
frente al edificio donde se realizó el juicio en el que se condenó a
Etchecolatz a reclusión perpetua. La columna, de la que participará
el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se movilizará
luego hasta Plaza San Martín bajo la consigna "Defendamos la
democracia", explicaron.
Fuentes de la Secretaría de Derechos Humanos provincial precisaron
que, el sábado, Eloy recibió amenazas telefónicas, cuando le
hicieron escuchar una grabación con sonidos de torturas. El
secretario Edgardo Binstock opinó ante Página/12 que "si algo le
sucedió a López sería un hecho contra toda la política de derechos
humanos provincial y nacional, contra los juicios y contra todos los
organismos". Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo, APDH,
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas,
H.I.J.O.S., Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora y Serpaj
enviaron una carta al ministro del Interior, Aníbal Fernández, en la
que expresaron que "cualquier desaparición es preocupante, pero en
este caso reviste particular gravedad por lo fundamental de su
testimonio en la condena de un represor, lo que lleva a suponer un
acto de venganza que puede conllevar la muerte o la desaparición
forzada", tras lo cual exigieron una "inmediata y exhaustiva
investigación".
Aníbal Fernández aseguró ayer que el Gobierno no descarta "ninguna
hipótesis" y afirmó que "hay elementos con los que contamos que son
demasiado importantes como para hacerlos públicos", sin dar mayores
precisiones al respecto. Mientras la investigación del juez Arnaldo
Corazza en base al habeas corpus presentado por los familiares no ha
dado ninguna pista, tanto Arslanian como Fernández se negaron a
aplicar la palabra "desaparecido en democracia" hasta tanto "no
tengamos certezas sobre las circunstancias en que se produce esta
desaparición".
Si bien Arslanian detalló que "se trata de una persona que no ha
vuelto a su casa", los familiares aclararon que su cama estaba como
si la hubiera usado y un inventario de su ropa indicaría que
desapareció con vestimenta de entrecasa. Según expresaron, "no salió
por las suyas", aunque admiten que "la cerradura (de la vivienda) no
fue forzada. La aparición de un cadáver calcinado en Camino Negro
los había conmocionado y, aunque se descartó que fuera López, su
abogada Guadalupe Godoy expresó a este diario: "Ahí tiraba los
cuerpos la Triple A, es un hecho simbólico y amenazador; cuando nos
enteramos, entendimos el mensaje".

*FUENTE: PÁGINA/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-73406-2006-09-22.html




Las Abuelas recuperaron al nieto número 85*

Marcos Suárez, de 31 años, que había sido secuestrado cuando era un
bebé de casi un año y lo llevaba en brazos su padre, Hugo Alberto
Suárez, quien continúa desaparecido, al igual que su esposa, María
Rosa Vedoya, se convirtió ayer en el nieto número 85 recuperado por
las Abuelas de Plaza de Mayo.
Hasta hoy no está claro cómo en 1976 ese bebé llegó a manos de una
enfermera que lo anotó como propio y lo crió hasta que murió, cuando
él tenía 14 años. Luego quedó a cargo de una hermana de esta mujer,
a la que consideraba su tía. Más tarde, Marcos —hoy casado y padre
de dos hijos de 8 y 9 años— quiso reconstruir la historia de su
padre.
Un psicólogo que lo atendió le preguntó si, frente a la ausencia del
padre, la falta de fotos suyas de recién nacido y hasta su supuesto
nacimiento en una casa —aun cuando su presunta madre trabajaba en un
centro de salud— le gustaría hacerse un ADN para ver si podía estar
relacionado con algún desaparecido.
"Vino a buscar un padre y se terminó topando con su propia historia.
El 22 de junio se hizo los exámenes en el Banco Nacional de Datos
Genéticos del Hospital Durand y el 12 de setiembre pasado le dieron
los resultados que confirmaban su filiación con Hugo Suárez y María
Rosa Vedoya", dijo Estela de Carlotto al hacer ese anuncio.
Curiosamente, la foto en que se reconoció había aparecido el 22 de
junio en la telenovela "Montecristo", donde se difunden distintas
imágenes de los nietos buscados por las Abuelas.

*Fuente: Clarín
http://www.clarin.com/diario/2006/09/22/elpais/p-01002.htm


*

Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 24 de septiembre del 2006 presentaremos en la
Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas
(hora de Austria!), música del compositor argentino Carmelo Saitta.
Las poesías que leeremos pertenecen a Saturnino Rodríguez Riverón
(Cuba) y la música de fondo será de Indoamérica (Andes); todo ésto
en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y
alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede
escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-
Stream)
!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con
Austria!!!!


REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música
Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las
11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

*
Ejercicios de escritura
Para el 28 de septiembre...

  La edad de la justificación*

  Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como
20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron
muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de
cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo
encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de sus respectivos hijos,
son 3 los de él,  y 2 los míos, y esto generó un clima de dicha
mientras recorríamos las gondolas. Luego volvímos caminando un par
de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya
entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de
nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y
pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis
afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía
falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y
me sorprendo tratando de justificarme...

-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...

¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de
septiembre?


*propuestas de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...


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acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra
desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.

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alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas,
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rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria.
Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el
corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan
mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
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#101 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 5 de Sep, 2006 2:22 am
Asunto: EDICIÓN SEPTIEMBRE
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Edición SEPTIEMBRE 2006
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Elegir mi paisaje*
   
Si pudiera elegir mi paisaje  
de cosas memorables, mi paisaje  
de otoño desolado,  
elegiría, robaría esta calle  
que es anterior a mí y a todos.   
   
   Ella devuelve mi mirada inservible,  
la de hace apenas quince o veinte años  
cuando la casa verde envenenaba el cielo.  
Por eso es cruel dejarla recién atardecida  
con tantos balcones como nidos a solas  
y tantos pasos como nunca esperados.   
   
   Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,  
los espías aleves de la soledad,  
las piernas de mujer que arrastran a mis ojos  
lejos de la ecuación dedos incógnitas.  
  
Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,  
hojas secas, bocinas y nombres desolados,  
nubes que van creciendo en mi ventana  
mientras la humedad trae lamentos y moscas.  
  
Sin embargo existe también el pasado  
con sus súbitas rosas y modestos escándalos  
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera  
y su insignificante comezón de recuerdos.  
  
Ah si pudiera elegir mi paisaje  
elegiría, robaría esta calle,  
esta calle recién atardecida  
en la que encarnizadamente revivo  
y de la que sé con estricta nostalgia  
el número y el nombre de sus setenta árboles.  

*de Mario Benedetti.
 
 
 
*
                                                  
                                                    " El problema consiste en
                                                                   perseguir las sombras / o a
                                                                   resignarse a ser el perseguido"
                                                                              Hamlet Lima Quintana

                                  
PREGUNTA

Transito calles de una ciudad desconocida
mi voz se desdobla,
                           -llantos  rezos  lamentos-
mi mirada astuta se esconde detrás de la lluvia
                           (a destiempo)

encadenadas gotas auguran espacio y tiempo
viene el sueño
                  cambia la historia
                             toca la tierra
                                      trae sonidos de metales

la embustera pregunta
                                      ¿dónde está mi sombra?

apremia con osadía la respuesta
                                      -apagando el luto de la noche-


*de Alicia Rey 
laberintosmagicos@...
 
 
 
 
 
 
CHATARRA Y TORMENTA* 
 
Una mañana de sol, con el permiso de casa, como tantas veces que podíamos; salíamos  con mi hermanito alejándonos un par de cuadras, hasta la vía, o a veces un poco más. Mi compañero tenía entonces sólo unos tres a cuatro años, yo mayor, estaría cerca de los nueve. Esta vez salimos de las calles del pueblo, y pasamos las ultimas casas y quintas, la de los pinos, la de las grevileas, la cañada del bajo con el puentecito, subir la loma, seguir por el camino vecinal, entre las chacras de la colonia, luminosas en su verdor amarillento.-
Avanzábamos paseando, embriagados de sol, de color y de cielo, sintiendo el aire todo nuestro como si voláramos en él. Todo nos atrapaba: ese árbol, aquella casa arriba en la lomada, su molino con las aspas rotas,  las enredaderas de los alambrados, de flores azuladas, como la pasionaria, que nos enternecía con sus símbolos. Otras tenían pequeños frutos. Algún nido de avispas. El sobrevuelo rasante de los teros que nos acompañaban protestando, pasando una y otra vez, molestos por nuestra indiferencia a sus amenazas porfiadas; o los chistidos de las lechuzas, posadas sobre algunos postes, ora inmóviles, ora girando la cabeza , que a mí me parecía sin tope alguno.-
 Era capaz de jurar que podían girarla sin límites, todas las vueltas que quisieran, para un lado o para el otro, aunque sabía que en el fondo no era así.-
Esa idea absurda se me había dado también cuando era muy pequeñito, y vi., creo que por primera vez de cerca; un avión posado en tierra. Terminada la segunda guerra mundial, pululaban aviones civiles y militares, excedentes de guerra. Papá nos llevó un domingo a un campo cercano al pueblo, donde una docena de aeroplanos hacían demostraciones y vuelos de bautismo. Al verlos me llamaron la atención las hélices, que básicamente tienen chanfleadas las palas, y yo juraría que eran como enroscadas varias vueltas sobre sí mismas. Así las grabé en mi memoria, y como el giro de las cabezas de las lechuzas y los búhos, por más que entienda que no es así, no puedo borrar del todo aquella impresión.-
Tras la prolongada cuesta, doblamos por otra calle vecinal, siempre rodeados por sembrados de maizales y girasoles, o pequeñas pasturas. Todas las chacras eran pequeñas. Casi semejaban en su conjunto, un desmesurado y pintoresco jardín.-
Nos detuvimos al fin, en un terreno de no más de una cuadra, una reserva de lo que en tiempos bastante lejanos habría sido un monte tupido y seguramente extenso, y  se conservaron allí algunas plantas muy grandes de quebrachos, algún algarrobo, aromos, chañares, un gigantesco ombú, y otros ejemplares, entre cardos de gruesas pencas espinosas y sus altas varas florecidas, tunas de varias clases, aún más espinosas; aromitos y arbustos, con un par de charcos de las últimas lluvias; con sapitos, ranas, lagartijas, como así mariposas de todos colores revoloteando, y muchas especies de pájaros con sus nidos, que llenaban el aire con sus vuelos y sus trinos.-
Un paraíso verde y melodioso.-
Absortos, no advertíamos el paso del tiempo.-
Un trueno lejano nos sorprendió, el cielo se había encapotado parcialmente y el sol ya no brillaba sobre nosotros, mientras una brisa del sur se levantaba refrescando  suavemente.-
Volvimos sobre nuestros pasos y detrás del pequeño monte, pudimos ver hacia el poniente, que el cielo se había puesto de un azul profundo y amenazante, con nubes grises formando franjas de crestas blancuzcas. Algunas aves, mucho más cercanas, se recortaban volando enmarcadas por la tormenta inminente. De cuando en cuando el relámpago de un rayo caía recto al suelo, como un chicotazo de luz; y seguía el retumbo profundo  de un trueno, cada vez más cercanos.-
Corrimos un buen trecho. Cuando llegamos al cruce del camino, con el corazón acelerado por el esfuerzo y latiendo más aún por la amenaza del mal tiempo, y cómo no dábamos ya para seguir corriendo; nos resignamos a caminar, pese a que  sentíamos  los truenos y refucilos cada vez más cerca, y conscientes de cuán lejos estábamos de casa todavía.-
Escuché el motor de un vehículo que venía por el camino, detrás y en nuestra dirección, levantando una ligera nube de polvo. Nos apartamos cediéndole paso, pero cuando llegaba a nosotros, fue mermando la marcha y se detuvo. Era un pequeño camión verde, “Internacional” de 1928. Sabíamos casi todas las marcas y modelos de vehículos que circulaban nuestros caminos de entonces, y este me era familiar.-
El conductor abrió la pequeña puerta de la derecha y nos invitó a subir, cortés y sonriente. Se lo veía amable y buena persona.-
Apenas reanudamos la marcha, un relámpago nos cegó y el estampido de un trueno estalló al unísono, lo que indicaba que había caído cerca; luego otro a la izquierda, y otro más a la derecha, junto a las primeras gotas de un fuerte chaparrón. Me indicó que cerrara la ventada, bajando la  cortina que estaba enrollada en el mismo marco, y  asegurando los broches del cierre; nos resguardamos del aguacero que ahora se estaba desplomando con toda intensidad.-
Mientras el camioncito indiferente marchaba poco más que al paso, con su rumoroso traqueteo, bajo la lluvia, hacia la bajada del puente; nos preguntaba quienes éramos, y nos contó que conocía bien a papá y que él se dedicaba a comprar chatarra, o más precisamente piezas de maquinarias y herramientas en desuso, para su modesto desarmadero; por eso recorría la colonia y andaba regularmente por esos caminos, todos de tierra y por lo general bastante polvorientos.-
Dejamos atrás las primeras casas, y al entrar al pueblo, la lluvia había mermado al punto, que sólo caían gotas espaciadas. De allí en adelante el agua no había siquiera apagado al polvo de las calles…
-Déjenos aquí, en esta esquina…, a media cuadra vivimos nosotros…-
Asintiendo mermó la marcha y yo le agradecí la “gauchada” y antes de bajarme enrollé la cortinita, mientras iba abriendo la puerta y pisé el estribo, antes de saludarlo y reclamarle a mi hermanito que me siguiera. Del estribo me bajé a tierra sin mayor cuidado…
Pero el camión, con muy poco o nada de frenos, no se había detenido del todo; por lo que sentí el piso escapárseme violentamente hacia atrás y me encontré con la cara dando violentamente contra el piso de la calle polvorienta…
Alcancé a ver a mi pequeño hermano parado en la puerta, esperando que el camión parara del todo para bajarse. Aturdido sentí la rueda de atrás rozarme la cabeza y detenerse algunos metros más adelante, mientras yo en el suelo terminaba de revolcarme por la caída…
Me levanté de un salto movido por un súbito sentido de orgullo lastimado, o directamente por vergüenza a que me viera la gente, que había afuera de un comercio cercano, y me apresuré a sacudirme disimuladamente la tierra que tenía encima, mientras mi compañerito bajaba serenamente del estribo…
Al conductor debe haberle extrañado cómo desaparecí tan abruptamente de su campo visual, pero creo que no sospechó siquiera de mi bochornoso descenso; porque puso nuevamente su camión en marcha, y se alejó tranquilamente…
Con su ronroneante traqueteo, poco más que al paso…
 
 
 
 
ESCARCHA DE LUNA*
 
“Mientras avanzábamos raudamente, veía que el campo giraba como un enorme disco iluminado bajo la luna llena, plateado por la escarcha…”
 
Mamá me entregó un bolso con la ropa y otras cosas y me acompañó hasta el portoncito batiente de la entrada.-
El portillo estaba flanqueado por los dos altos y lozanos cipreses, que semejaban un poco, a dos verdes, gigantescas, y estilizadas espigas; que montaban guardia permanente, vigilantes y quietos, rodeados por un florido conjunto de  plantas y plantitas del jardincito del frente. En él resaltaban profusas las enhiestas y copetudas crestas de gallo, de flores verrugosas y aterciopeladas de un furioso color carmín.-
El camión azul deslucido de mi tío estaba en marcha y él aguardaba en el volante a que el motor se calentara. Yo le di un beso a mamá y corrí dando un rodeo para subir por el otro lado.-
Se terminaba la tarde y comenzó a refrescar de golpe.-
El sol, como un disco gigante color naranja pálido, bajaba sobre la quinta de naranjos que daba al oeste, y el cielo se había pintado del granate al rojo intenso; mientras algunas pequeñas nubes amarillentas y oscurecidas se recortaban con ribetes iridiscentes, como ovejas deformes pastando en un campo en llamas.-
-Mañana va a helar- dijo mamá, despidiéndose, mientras nos poníamos en marcha.-
Me sentí en la gloria. Un vaho tibio se respiraba dentro de la cabina, emanado por el motor; tenía aromas de aceites cálidos y tan tenues que eran como un perfume metálico, agradable y reconfortante.- Además, iniciar este viaje con mi tío era para mí un sueño.-
Cruzamos el pueblo, el puente y la ciudad vecina, ambas aún con calles de tierra, y salimos a la ruta, también de tierra.-
 Enseguida cayó la noche y la oscuridad fue cercándonos. Los faros del camión iluminaban temblorosamente una porción no muy grande delante y un poco a los costados del camino, bañando escasamente de amarillo una pequeña mancha dentro de la inmensa noche cerrada.-
Mientras, el ronroneo del motor iba quedando atrás con el camino recorrido; dejando a su paso un eco debilitado que rebotaba en los costados irregulares y nos iba persiguiendo junto con la noche.-
Pese a la dicha que sentía, me fui durmiendo sin darme cuenta, acunado por el  vibrar suave y parejo, y el regular sonido de la marcha que nos envolvía…
Hicimos así la mitad del camino.-
Me desperté al sentir que el camión disminuía la velocidad hasta casi detenerse y el traqueteo de las ruedas sobre los rieles al cruzar las vías del tren. Un poco más allá mi tío se estacionó ante una casa o un tipo de negocio que daba a la calle. Luego vi que tenía un alero pequeño que sobresalía sobre un surtidor de nafta, de los de aquella vez, altos, con un remate redondo como un caramelo, o una almeja, y una gran palanca con la que bombeaban el combustible.-
Por la puerta abierta y por la ventana salía una larga porción de luz que daba un farol muy potente que se conocía como “sol de noche”; y blanca y luminosa cruzaba la calle y alumbraba la garita del guardabarreras del ferrocarril cerca de la vía. Sentí voces, y vi pasar gente en la ventana, e incluso algún  chico jugando, quizás más adentro.-
Mientras esperaba a mi tío, y terminaba de despertarme, pensaba en esa casa y en esa gente, que en verdad no conocía, ni conocía el lugar, y en realidad tampoco sabía mucho sobre en qué parte del camino estábamos, y hasta pensé que, tal vez habríamos llegado.-
¿Cómo sería la casa de mi tío? A mis escasos nueve años era la primera vez que iba. Cada tanto mis primos venían a casa, ya que el negocio se proveía con estos viajes que eran frecuentes, y este coincidió justo con la feria escolar de invierno, así yo al fin puede colarme.-
Mi tío volvió y el motor ronroneó de nuevo…
Ahí fue cuando me informé que estábamos a mitad de camino, de modo que enseguida reanudamos la marcha.-
De cuando en cuando él encendía un cigarrillo, lo ponía en la boquilla y fumaba quedamente. Las caprichosas espiras de humo azul, como danzantes arabescos, alcanzaban a cautivarme antes de desvanecerse en el interior de la cabina. Cuando terminaba de consumir el cigarrillo, solía mantener la boquilla vacía largo rato entre los labios, y así la sostenía, incorporada y firme, casi todo el tiempo.- Decía que era un buen truco para fumar menos.-
 Yo lo veía recortado contra la penumbra exterior, junto con el resto oscuro de la cabina, donde apenas brillaba tenuemente una pequeña luz en el tablero, casi espartano, propio de los modelos de entonces, de antes de mediados de siglo. Lo veía pensativo y al mismo tiempo tan sereno, que me cohibía molestarlo o interrumpirlo en sus cavilaciones; hasta que él mismo vio que yo estaba despierto y abrió el fuego con una gran sonrisa, y con un gesto cariñoso soltó el volante y con la mano derecha me revolvió el cabello…
Charlamos larga y despaciosamente, mientras el camión devoraba raudamente buenos tramos del camino.-
En realidad hacía apenas cuatro años que se habían asentado en aquella colonia casi virgen, de grandes campos, montes y bañados. También otros colonos habían hecho lo mismo por aquel entonces y se formó una población considerable, además les estaba yendo bastante bien a todos, así que mi tío estaba agrandando sus negocios, y aparte de vender y fletear mercaderías y comestibles, vendía insumos para el campo y estaba iniciando el acopio de cereales y ahora también algodón que estaban comenzando a sembrar como una novedad en aquella latitud agrícola.-
Por largos ratos quedábamos en silencio, ensimismados  cada uno en sus cosas. Yo mismo trataba de imaginarme cómo sería todo lo que me esperaba, lo que aún no conocía, e iba quedando cada vez más cerca.-
 De reojo veía que mi tío de cuando en cuando tarareaba una canción en voz tan baja que casi no estaba seguro que estuviera cantando.-
 Además la soledad de tremendos contornos me intimidaba por momentos. Ahora cruzábamos cerrados e interminables montes que reconocía a nuestros costados y escondidos arroyos que se reflejaban entre la negrura, y la luz de una luna que nacía frente a nosotros.-
Pero tenía mucha confianza en él, mi tío era también mi padrino y lo veía como a un héroe, un verdadero paladín.- Lo que no estaba al alcance de mi padre, él lo haría accesible, sin dudas, porque sabía que me quería bien.-
Mi padre y él tuvieron suertes diferentes. Mi padre vino de Italia de niño y la vida lo trató muy duro.- Desde pequeño tuvo que trabajar como único sostén, ya que quedaron huérfanos de padre recién llegados de Europa, y apenas nacidos los hermanitos más chicos. Mi tío era el más joven y accedió a todo más fácilmente, un poco quizás por ser el menor.-
Estábamos llegando. Doblamos el último tramo. Se había alzado la luna, grande y ovalada. La teníamos ahora a la derecha y me permitía ver los grandes campos que pasaban corriendo, más fuerte acá cerca, y los grupos de árboles y casas más lejanas apenas se iban moviendo. Parecía que todo girara como en un plato gigantesco, teniendo como eje la luna, mientras bañaba todo con su luz pálida y platinada.-
La casa se me apareció entre una extensa arboleda de variados tamaños, negra a trasluz, donde se recortaban altas grevileas y pinos; y los techos metálicos se reflejaron fríos y blanquecinos por la escarcha recién caída y la luz de la luna.-
Lo demás estaba en tinieblas, pero enseguida hubo linternas y luz en la cocina, y un par de perros alegres que aullaron y corrieron atropelladamente a saludarnos, antes aún que los demás de la casa.-
Así llegué aquella primera vez a aquel lugar, que tanto significaría para mi de ahí en más, especialmente en el transcurso de mi niñez.-  

 
*Relatos de Celso H. Agretti. celsoagr@...
Avellaneda (Santa Fe).
-Publicado en "Los días felices". Edición de autor.
 
 
 
 
Rostro de vos*
 
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
 
 
*de Mario Benedetti.

 
 
 
DOS Y EL UNIVERSO*

     Llegamos al recital una hora antes de que comience para ubicarnos justo frente al escenario, detrás de las vallas. Estaba programado para el día anterior pero llovió y se trasladó al sábado.
     Fuimos caminando los cuatro, y Guillermo y el Coiro estaban silenciosos como siempre, mientras Rodolfo y yo parloteábamos y nos chocábamos por las veredas angostas. Había que remolcarlo al Coiro, que se demoraba con su andar sin apuro y la mirada celeste que se le va prendiendo a las flores
rosadas de los lapachos o los antiguos mascarones de mampostería en las fachadas de las casas, cruzadas por cicatrices de rajaduras o cables inclementes.
     Había un humo blanco que danzaba sobre la avenida todavía casi desierta. Los puestos de choripanes y hamburguesas tenían el carbón encendido, y la carne comenzaba a ofrecerse tentadoramente con su propio reclamo. Una vendedora nos dijo mientras pasábamos que sus choripanes eran muy buenos, y que tenía lechuga y tomate.
     Ocupamos nuestros puestos, y Rodolfo se fue a comprar hamburguesa para él, choripán para Guillermo. Rodolfo fue a la esquina por donde no habíamos llegado, él busca lo nuevo, tiene la curiosidad de quien se arriesga osadamente a las esquinas desconocidas y los vendedores ignotos. El Coiro
salió también con el encargo de que "el mío con chimichurri", pero, como no podía ser de otra manera, desandó el camino recorrido y fue al puesto de la vendedora que nos había hablado con simpatía. El Coiro es de los que van al mismo peluquero que le cortaba los rizos infantiles, concurre al mismo bar
donde los clientes lo ignoran satisfactoriamente durante décadas, y les compra  naranjas a los verduleros con carrito de mano y balanza de pesas; busca la calidez de lo conocido y lo estable, acaso se inclina desde siempre hacia cierta vejez de sol en el patio, cierto cariño generalizado por los seres y las cosas.
     Charló el Coiro con la mujer, que le dijo que ella había criado cuatro hijos con sus choripanes, mire qué buenos serán y qué oficio tengo. Si, el Coiro es de los que hablan con los dependientes aburridos y le hace algún chiste incomprensible a las promotoras de los supermercados, que sonríen sin entender porque les pagan para estirar los labios cada tanto y fingir una simpatía que se les acabó antes de salir de sus casas.
     Comimos nuestros sándwiches medio crudos; los puestos estaban ubicados en el sector donde después se congregarían los oyentes, los cocineros ambulantes tenían miedo de que la policía los hiciese mover hacia los lados, y sacaban la carne de las parrillas lo más rápido que podían.
     Hacía frío pero no demasiado todavía. Nos habíamos abrigado, charlamos un poco mientras esperábamos la hora anterior al comienzo anunciado, y la media hora de retraso suplementario y obligatorio en los espectáculos de la Argentina, país sin horarios.
     Hablábamos entre nosotros cuando me vino a saludar Perla con su pareja, Cacho. Un ratito hicimos intercambio de frases sin sorpresa. Era un saludo y presentaciones, nada más. Cuando se alejaron entre la gente que ya empezaba a ocupar la avenida les dije que esa era la Perla de la que ya les había
hablado; mi compañera de trabajo de más de cincuenta años, que hace un año, a las siete de la mañana me había dicho "conocí al hombre de mi vida, soy feliz". Así, con una frase de ocho palabras me había calentado la emoción hasta los ojos llorosos. Conocí al hombre de mi vida, soy feliz. Nada más que eso, nada más que un rayo de luz iluminando un universo frío y dejándome una felicidad gratuita y plena que me embarga cada vez que lo recuerdo.
     Después de los presentadores comenzaron los músicos. El Chango Spasiuk un polaco rubio y solemne, acordeón y una música estilizada con aires de chamamé y polka, los temas arrancando sapukais del público donde los estudiantes correntinos elevaban las agudas banderas sonoras. Corrientes te va a ayudar, Corrientes mi país, mi pueblo, mi alma de tabacales y yerba mate. Corrientes tan paraguayo, tan nación propia y tan sentimiento vivo en esta Argentina de inmigrantes sin pertenencia. El chamamé estremecía las gargantas de los correntinos que dibujaban su bandera sonora, reconocible y clara. Y el Chango tan serio en el escenario, tan virtuoso en una tormenta de sapukais vibrantes como relámpagos cegadores. Terminó con el verano porteño de Piazzola y estaba bien, aplausos y ovación.
     Después Vitale y las matemáticas. Alguna felicidad que se esconde entre el sonido puro de la perfección.
     Ya hacía frío. El Coiro me mantenía abrigada con el abrazo, la más cálida de las mantas, la que presta calor hacia los adentros y cada tanto florece en besos.
     Cantó la hermana de Lito Vitale algunos temas, mientras el viento barría la cabeza de la multitud. La policía se había llevado ya al borracho que gritaba con la voz bronca palabras ininteligibles, y la gente escuchaba en silencio. Sólo los niños hacían algún ruido de patio de juegos, entreteniéndose entre ellos al costado del escenario. Guardería ocasional de pequeños que vaya a saber qué recuerdo habrán atrapado en la noche, y qué sones habrán guardado para la lejanía del tiempo.
     El Coiro me prestaba su calor y su mano acariciaba mi mano, en la dulzura de un espacio propio. La noche arreciaba como la música.
     Cuando apareció Baglietto trajo su propia luz. Apareció realmente.
Salió al escenario con esa sonrisa encendida de faro, de linterna. Cantaba con la energía intacta, los gestos del gozo, la voz dulce y dura, aguda en las cimas, tranquila y confidencial en los remansos.
     Fuimos felices todos coreando los antiguos estribillos, las canciones de nuestra juventud, aquellas palabras que aparecen cuando una las necesita, la vida que cabe en una frase y esas notas que son necesariamente compañeras. Y Baglietto sonriente, sonriente. Y el abrazo que no cesaba, y unos cuantos saltos y sufrir en el último tema, y celebrar la comedia de voy y vuelvo a salir. ¡Otra! ¡Otra! Pero se van, y sabe a poco, aunque hace tres horas que estamos parados en la calle.
     Nos vamos y estamos felices. Conservo la sensación de la música en la garganta, los oídos, el abrazo.
     Cuando nos despedimos de Rodolfo y Guillermo, el Coiro me dijo: "qué lástima esta sociedad, ellos no se pudieron abrazar".
Hace frío afuera, sabemos que antes de dormir, Rodolfo lo abrazará a Guillermo y pensará
"somos nosotros dos y el universo".
                                                            
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
El sexo de los ángeles*

*Mario Benedetti

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.
Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.
Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.
Y si Angel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Angela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".
Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.
Angel dice: "Madero". Y Angela: "Caverna".
Aletean por ahí un Angel de la Guarda, misógino y silente, y un Angel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.
El dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".
Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Angel dice: "Estoque", y Angela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".
Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
*Fuente: Sololiteratura.com

 
 
 
Ejercicios de escritura
 
 
Para el 8 de septiembre
 
 
Viaje a las estrellas /Star Trek*
 
El 8 de septiembre serán 40 años del estreno de la serie original de "Viaje a las estrellas".
¿Dónde estarán el Capitán James T. Kirk, Spock el Oficial Científico, Leonard McCoy Medico, la Teniente Uhura, Scott el Jefe de Ingenieros? ¿Cómo era nuestra vida?
 Demasiadas preguntas sin relato.
¡Súbenos ya mismo "Scotty"
 
Para más datos puede recurrirse a la información de Wikipedia.
 
Aclaración importante: también vale escribir sobre otras series "futuristas" como Max Headroom, Fuga en el siglo XXIII, etc, etc.
 
¿Se animan a escribir unas líneas en narrativa para el 8 de septiembre?
 
 
 
Para el 14 de septiembre
 
Palabras a Mario Benedetti*
 
Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920. Cumple 86 años.
¿Por qué será que uno fabrica sus recuerdos/ y luego los olvida?
Leo en la contratapa de uno de sus libros.
¿Dónde están nuestros recuerdos personales cruzados con sus poemas y novelas?
¿Qué podemos decir de su poesía?
 
¿Se animan a escribir ensayos, cuentos, poemas o prosas para el 14 de septiembre?
 
 
 
Para el 21 de septiembre
 
De otoño a primavera...
 
El 21 de septiembre el otoño y la primavera se cruzan en los calendarios de norte a sur.
Mi padre migro en primavera y se borro para siempre un verano de su vida. Muchos abuelos que viajaban a trabajar en las cosechas cambiaban de estación arriba de los barcos.
¿Podemos unir, abrazar con palabras nuestras sensaciones de otoño a primavera en este día?
 
¿Se animan a escribir unas palabras (crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas), para el 21 de septiembre?
 
 
Para el 28 de septiembre...
 
 La edad de la justificación*
 
 Me encuentro con Jorge en el supermercado, ambos dudamos, hace como 20 años que no nos vemos, en el interín uno supone que pasaron muchas cosas. Hablamos casi con temor por preguntar sobre la vida de cada cual. Suponemos que hay perdidas y dolores ademas de pelo encanecido. Cada cual tiene a mano la foto de sus respectivos hijos, son 3 los de él,  y 2 los míos. Esto genera un breve clima de dicha mientras recorríamos las gondolas. Cuando salimos, volvímos caminando un par de cuadras sobre la avenida.
El antiguo amigo, de golpe, suelta una clave de su presente: "Ya entré en la edad de la justificación"
-Me dice, y enseguida aclara al ver mi cara de no entender nada de nada.
-Gasto mucha energía mental y mucho tiempo del día en pensar y pensar y tratar de entender cómo llegue aquí, por que mi vida y mis afectos y mis cosas estan así... son largos inventarios, -y todavía falta un mes para cumplir los 48-. De última, siempre me escucho y me sorprendo tratando de justificarme...
 
-Sabes que a mi también me pasa, le digo en tono casi compasivo...
 
¿Se animan a escribir unas palabras en narrativa, para el 28 de septiembre?
 
 
*propuestas de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.
 
Condiciones para las invitaciones a escribir:
 
Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy breves -alrededor de 2000 caracteres- (no excluyente) en forma de crónicas, ensayos, cuentos, poemas o prosas.
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
 
Reescribiendo noticias. Una invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla literariamente en un texto -en lo posible- ultra breve (alrededor de 2000 caracteres).
Enviar los escritos al correo: inventivasocial@...
 
 
 
 
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@...
 
 
 
Respuesta a preguntas frecuentes

 
Que es Inventiva Social ?
Una publicación virtual editada con cooperación de escritores y lectores.

Cuales son sus contenidos ?
Inventiva Social relaciona en ediciones cotidianas contenidos literarios y noticias que se publican en los medios de comunicación.


Cuales son los ejes de la propuesta?
Proponer el intercambio sensible desde la literatura.
Sostener la difusión de ideas para pensar sin manipulación.

Es gratuito publicar ?
En inventiva social no se cobra ni se paga por escribir. La publicación de cada escrito es un intercambio de libertades entre el escritor y el editor, cada escritor envia los trabajos que desea compartir sin limitaciones de estilo ni formato.

Cómo se sostiene la actividad de Inventiva Social ?
Sus socios lectores remuneran con el pago de una cuota anual el tiempo de trabajo del editor.

Cómo ayudar a la tarea de Inventiva Social?
Difundiendo boca a boca (o mail a mail ) este espacio de cooperación y sus propuestas de escritura

¿ Otras preguntas o consultas? escribi a
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Inventiva Social publica colaboraciones bajo un  principio de intercambio: la libertad de escribir y leer a cambio de la libertad de publicar o no cada escrito. los escritos recibidos no tienen fecha cierta de publicación, y se editan bajo ejes temáticos creados por el editor.
Las opiniones firmadas son responsabilidad de los autores y su publicación en Inventiva Social no implica refrendar dichos, datos ni juicios de valor emitidos.
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#100 De: "inventivasocial" <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 8 de Ago, 2006 6:14 pm
Asunto: EJERCICIOS DE ESCRITURA (AGOSTO)
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Ejercicios de escritura.
Agosto 2006


1. La función de la ilusión:

El hombre camina por la calle. Es domingo a la tardecita y esta no
es su ciudad. El frío y el silencio se confunden en las calles,
abruman al caminante, lo hacen sentir más ajeno, más sólo.
Dobla en la esquina guiado por gritos que de pronto descienden desde
arriba.
Ese hombre de pelo gris grita desesperado desde el balcón del 3º
piso, está en camiseta a pesar de los 8 ó 9 grados de temperatura.
Señala al cielo o a la terraza del edificio de enfrente. Dos mujeres
-madre e hija, supongo- lo tironean rapidamente hacia adentro del
departamento. Alcanza a dejar en el aire una frase-grito bien
audible que desaparece haciendo ecos: "ya no somos libres de
ilusionarnos".

¿Qué es la ilusión? ¿Es la fuerza invisible que nos mantiene vivos?
¿Es lo puramente inconsciente que orienta sentidos?

¿Se animan a escribir unas líneas para el 14 de agosto?


*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...




2.Cuentos y postales de mi barrio...

Un barrio, dice el amigo Claudio, es aquel lugar donde todo se sabe
y/o se supone.
Donde cada cual circula con fantasmas e historias a cuestas que las
comadres paradas en la puerta no dejan de actualizar. Un barrio, -
insiste el amigo- es el lugar donde las personas no pertenecen del
todo a su propio relato.

¿Se animan a escribir unas líneas para el 21 de agosto?


*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...



3. Análisis capilar del ser*

Hace realmente muchos meses que no visito la peluquería existencial
del licenciado Ernesto Jaime Frizz Maurice. El licenciado es un
amigo y compañero de facultad que al concluir la carrera de
Sociología tuvo la genial idea de poner una peluquería. No cualquier
peluquería de barrio, aunque la suya esta precisamente situada en un
barrio de la localidad de Adrogué, sino una peluquería "existencial"
donde los clientes -mujeres y hombres por igual- además de mejorar
el aspecto su pelo pueden hacer consultas acerca de aquello que
puede "verse" a partir de la disposición natural de su cabello y
donde son "analizadas" las ansiedades que esto desata en
cada "paciente" capilar. Quienes cortan el pelo aquí son Psicólogos,
Sociólogos, Terapistas ocupacionales. Ernesto solo emplea en su
peluquería a coiffeur con títulos universitarios en humanidades. El
lugar es bastante extraño, pues de hecho coexisten aquí los
instrumentos comunes como sillones, espejos, secadores, con
exposiciones de pintura, escultura y fotografía.

Me detengo en un escrito enmarcado y comienzo a copiarlo en mi
libreta de apuntes:



"Cuando vemos algo o a alguien bello, la primera idea que nos surge
es que es un placer mirar a esa persona o ese objeto. Y sin embargo
no es así: el placer reside en ser mirado por esa persona. Si lo
pensamos bien, cuando decimos: "Ah, que bello", en esa expresión
esta la esperanza o el deseo de ser mirado por ese objeto. Por eso
la belleza compulsiva es tan desagradable. Hay un elemento del deseo
del que no suele hablarse: hay una relación entre el deseo y la
herida; el deseo supone dar y también recibir. Supone un
alejamiento -temporario, por supuesto- del dolor natural de vivir y
ser lastimado. Esa es la trama secreta del deseo: alejarnos por un
tiempo del dolor. Si esto es así, y creo que en algún punto lo es -
entre paréntesis, creo que es algo que resulta mas fácil de entender
para alguien que proviene de su cultura que para un anglosajón- ,
entonces la belleza perfecta es al mismo tiempo algo que no se puede
amar ni desear, porque en su perfección intacta, sin heridas, no
existe posibilidad de dar ni de recibir. Es como dice Andrea
Dworkin: "No tengo paciencia con los invulnerables, con aquellos que
no han sido tocados por un temporal, esos que nunca se han
derrumbado. Grandes puntadas, desgarros mal cosidos, nada muy lindo.
Entonces algo sale y reluce. Pero a los lustrosos, a esos no los
soporto". John Berger, diciembre de 2004.



¿Que puede relatarse de la preocupación estética que vemos día tras
día en la gente?

¿Y de la preocupación específica por lo capilar que lleva a
tantos "tratamientos"?

¿O del arsenal de mensajes y productos que bombardean por igual
subjetividad y cabellera?



¿Se animan a escribir unas líneas para el 28 de agosto?





*Texto - propuesta de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...



En general: La propuesta de Inventiva Social es escribir para
acercarse a la realidad cotidiana. Y poder contar lo que ocurra
desde palabras y recursos "literarios" que cada persona dispone.

Condiciones para estas invitaciones a escribir:

Puede participar quien guste con escritos en idioma español muy
breves -de 1500 a 2000 caracteres- en forma de crónicas, ensayos,
cuentos, poemas o prosas.

Enviar los escritos -si es posible con datos breves del autor- al
correo: inventivasocial@...

Pedido para socios y colaboradores habituales: propongan los
ejercicios de escritura para el mes de septiembre.




Invitaciones permanentes a escribir:


Re-escribiendo Noticias.

Los compañeros más memoriosos de Inventiva, seguramente recuerdan
esta propuesta. Ahora la vamos a actualizar y formalizar como una
invitación permanente y abierta a rastrear noticias y reescribirlas
en clave poética y literaria. Cuando menciono noticias, me refiero a
aquellas que nos estrujan el corazón. Que nos parten el alma en
pedacitos. A las que expresan mejor y más claramente la injusticia
social.
El mecanismo es relativamente simple. Primero seleccionar la noticia
con texto completo y fuente. (indispensable) y luego reescribirla
literariamente en un texto ultra breve (1500 a 2000 caracteres).
Aquí va un ejemplo de noticia y reescritura:


La noticia
*
Cuatro muertos en un incendio en Florencio Varela

Buenos Aires- Una mujer y tres niños murieron hoy al incendiarse una
vivienda en la localidad bonaerense de Bosques, partido de Florencio
Varela, informaron fuentes de Bomberos y policiales.
El incendio se registró a media mañana en una casilla de madera de
esa localidad donde murieron una mujer, una nena y dos niños,
señalaron las fuentes.
La mujer fue identificada como Nancy Márquez, de 28 años, mientras
que los niños -cuyas nombres aún no se establecieron- tenían siete
años y cuatro año y un mes de vida.
La policía informó que si bien la mujer solicitó ayuda, los vecinos
no pudieron socorrerla, y que el fuego fue extinguido por personal
de Bomberos.
Peritos policiales intentaban determinar las causas del incendio,
aunque se evaluaba que pudo haberse iniciado por el desperfecto en
una estufa, señalaron las fuentes consultadas.
El hecho es investigado por la Fiscalía de Instruccion número 2 de
Quilmes y el juzgado de Menores número 3 de esa localidad bonaerense.
(Télam)

*Fuente: La Capital.
http://www.lacapital.com.ar/2006/06/22/policiales/noticia_304146.shtm
l



Una reescritura...

BOSQUES EN FUEGO*

      Los bosques se incendian, la madera es propensa al crujiente
amor de la lumbre. Las llamas danzan se retuercen y crecen a
expensas de los árboles inmóviles. Cada tanto escuchamos de esa
voracidad del animal ígneo que deja a su paso extensiones negras,
yermas, arrasadas.
      A veces los bosques no son bosques, son el rezago de los
cajones de verdura. El débil amontonamiento mal clavado de tablas
que forman una casilla donde malviven y finalmente malmueren seres
humanos. Es la localidad de Bosques, es Florencio Varela en Buenos
Aires.
      La casa de juncos, la casa de madera, la casa de ladrillos.
Pero el cerdito no tenía otra cosa para huir del acecho del lobo que
madera. Sólo tablas mal clavadas, el improvisado cerco que aleja un
poco a la bestia que aúlla afuera en el viento, las garras de frío,
los pasos en el techo de chapa cada vez que se contrae por la helada
o se expande por el calor. El lobo que baila sobre las chapas.
      Y Nancy Márquez escapaba del lobo cuando la atraparon las
enredaderas del incendio. A Nancy y a sus tres niñitos. Siete años,
cuatro años, un mes, un mes, un mes de vida.
      Todavía no nos dijeron si fue por una estufa, si fue porque a
un enchufe se le entretejen las marañas de cables que provocan el
cortocircuito. No creo que haga falta. Fue por la pobreza. Fue
porque el chanchito del medio era pobre. Fíjense cómo de tres
chanchitos sólo uno tuvo la casa de material. Son sabios los cuentos
infantiles, infalibles como la desgracia, acertados como el disparo
del destino, cuando las condiciones propician esa desgracia.
      Pobre Nancy, pobrecitos los tres niños, pobres los cerditos de
casita de cajón de manzana. El lobo se viste de invierno, de
incendio, de hambre; el lobo se multiplica por las villas y las
miserias. Las trampas mortales son casillas de tablas, para el
INDEC, son viviendas clase "B".



*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...





Inventren: Narrativa y poesía circulando por vías dormidas de
Argentina.
Próxima Estación: MARIANO BENITEZ


Y sigue su marcha parando en las estaciones...

12 DE AGOSTO////////// FRANCISCO AYERZA //////////
PERGAMINO //////////
TAMBO NUEVO ////////// RANCAGUA //////////ARROYO DULCE //////////
TACUARÍ ////////// SALTO.

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#99 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 3 de Ago, 2006 6:24 pm
Asunto: edición agosto
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ÚTERO DE ÁNGEL*
 
 Caricias con alas sobre el vientre dormido
eclipsan suspiros sobre un manto de guerra.
Profetas desertores comulgan violencia
jugando a ser libres en las pupilas del otro.
Disfrazan el idioma que navega en nuestras venas,
mutilando verdades sobre el gemir del suelo en obligatorio luto.
Es tiempo de amordazar batallas de olvidos inscriptos con fe de erratas,
sepultar la conquista enmarcada y desdibujar la sorda investidura de lo injusto,
para ver germinar desde el útero del ángel,
el sello de la paz lacrado sobre los plurales senderos de la humanidad.


EVOCACIÓN*
 
 
Lágrimas de fuego inundan las ciudades
atormentadas por los siglos.
Esquizofrenia descompensada
seduce abruptamente al invisible rey de las tinieblas
escondido entre surcos de mil formas.
Viajante sin descanso,
navega por el océano de la espera
hacia el último grito de la sangre.
Sus muecas flotan sobre continentes espasmódicos,
y amenazan el ritmo de ciudades dormidas;
mientras,
remolinos de odio,
se extienden sobre las barreras de fastidio
enlutando la densa geografía.
Ya marcha el verdugo torturante
por el límite indefinido de las sombras,
arrancando los brotes
de una prematura divinidad en gestación.
 
*Poemas de MARY ACOSTA. poetamaryacosta@...
MUNRO, PCIA. BS. AS. - ARGENTINA

 
 
RETORNANDO*

    
Cuando se vuelve de un viaje se traen dos cosas, además de bolsos inmanejables, bronceados o palideces. Se trae una sensación intensa, extensa e indiferenciada de sonidos, olores, emociones y pensamientos; y se traen fotografías.
     Al repasar las fotografías los recuerdos extensos y abarcativos se secuencian en momentos únicos, puntuales. Al contar a los de aquí lo que ocurrió en el allá, se va armando el relato que permanecerá en la memoria.
     Lo que se cuenta se fija, queda inmóvil, gana en solidez, pero pierde la suavidad tamizada de la memoria no verbal.
     Transformar el recuerdo en palabras significa objetivarlo, sacarlo del interior marítimo a un relato coherente para el afuera. Significa fijarlo en ciertos detalles que borran los matices y las inexactitudes.
     Cuando se relata, se pierde. Los mares se convierten en un único mar, las personas se transforman en personajes detenidos en un único gesto. La ciudad se cifra en cierta nota, en cierto lugar, en tres niños negros vestidos de navarritos jugando a la pelota en una calle de piedra, junto a un río brillante de sol blanco, a las nueve de la noche que allí no es noche.
     Compartir es perder y es ganar. Es desprenderse de lo interior para hacerlo comprensible, pero es también entender lo que una vivió en el momento de tornarlo comprensible para otros.
     La vuelta es una organización de lo inorgánico, un fichaje de sones, un glosario de colores. Tarea imposible.
     Retornar es comprender que del otro lado de la distancia la vida transcurre, que un sueño de agua no divide pero sí separa. Que todo relato es pálido, que las palabras no alcanzan, que las fotografías no retratan el alma.
     Volver es darse cuenta de que a pesar de todo trataremos de transferir lo intransferible con los pobres medios a nuestro alcance. Y diré montes, y nombraré a la gente, y perderé a lo extenso para apresar las esencias.
     Quien retorna se trae a si mismo, y trae dentro de si un universo de delicadas vidrieras multicolores. Cada tanto, la luz tamizada coloreará los espacios cotidianos con azules marítimos o verdes fragantes. Y una tratará, como siempre, de apresar la maravilla en palabras. Vano trabajo cincelar el aire, inocente pretensión pintar las notas de cierto violoncello  en una bóveda pétrea.
  Pero así seguimos, intentando narrar el universo, y perdemos pero ganamos.
 
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 Espera*

A veces
La vida
Es una esperanza
La jornada
Se dilata
Hay que hacer cola
Esperando
Un exorcismo.
En mi bolso
Un centenar de quejidos.
En mi rostro
La admiración de los
Que pueden avanzar
Y así
Esperando el alivio
La monotonía se acentúa.
 
*de Azul. azulaki@...
 
 
Modelando*

 Los motivos dictan poemas
los motivos hostigan poetas
perentoriedad corremos y corremos
alcanzamos a la perentoriedad
con motivos
 
Le insertamos un motivo al dictado
encarnamos la perentoriedad del motivo
es un trabajo encarnar la hostigación
trabajamos modelando la perentoriedad
 
El poema es poema y se queda parado
lo leemos
            y salta.
 
*de Rolando Revagliatti revadans@...


 
 
LA CANCIÓN QUE NO DICE NADA*

    
"La próxima canción no dice nada", anuncia Alejandra desde el escenario, con voz tímida. Los del público sonreímos a medias; no queda claro si se trata de una broma o no. Quizás advirtiendo lo equívoco de su comentario, Alejandra se apresura a ampliarlo: "Quiero decir, ninguna de las palabras significa nada; son todas inventadas".
     Pienso -¿cómo no hacerlo?- en el célebre capítulo 68 de Rayuela (el de "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso"). La idea me entusiasma. Parece que asistiremos a un juego literario, un malabarismo lingüístico como el que, con tanta maestría, plasmó Cortázar. No me extraña: los poemas de Alejandra suelen desplazarse por los territorios del delirio con grácil soltura.
     Los dedos comienzan a deslizarse sobre la guitarra y, tal como suele suceder cada vez que canta, la voz de Alejandra se transforma. En sólo un abrir y cerrar de corcheas, se despoja de su timidez y vuelve a revelar esa fuerza sugerente que la distingue. Una fuerza que no parece provenir de la garganta, sino desde un sitio interior más recóndito.
     La canción responde plenamente a lo anunciado; parece compuesta en un dialecto indígena, o en un ignoto idioma eslavo. Pero su ejecución no deja espacio alguno para la vanidad de los prestidigitadores. La letra, es cierto, no se entiende. Pero se siente. Y es justamente la expresión de la voz lo que excluye por completo toda posible condición lúdica. Definitivamente, esto no es un juego. Al menos, no un juego insustancial. "Ninguna de estas palabras significa nada", ha dicho Alejandra. ¿No significan nada? ¿Por qué, entonces, la canción resulta tan inquietante, por qué es capaz de remover algo en el fondo de nosotros y conmovernos? ¿Por qué si sólo escuchamos sílabas ininteligibles es posible reconocer el llamado visceral que las mismas traen a cuestas? ¿Por qué una serie de vocablos indescifrables permite que ese sentir profundo abandone el subsuelo donde mora y se arroje hacia nosotros en busca de una mano tendida en la cual posarse?
     El acorde final se desvanece en la madrugada y su disolución nos deja un poco vacíos. Aplaudimos.
     "Esta canción no dice nada", anunció Alejandra.
      Es curioso. Yo siento que lo dice todo.
 
*Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@...
 
 
 
 
El riñón de la felicidad*
 

“Como que no te anda el riñón afectivo”
espetó la esposa del poeta
al poeta
 
Añadió
(o creyó el poeta que su esposa añadía):
demasiado aun de lo mejor
no por mejor es menos demasiado”.
 
*de Rolando Revagliatti revadans@...
 
 
MUNDO IDEAL*

Existe un mundo donde habitan las cosas irrealizadas, los amores imposibles,
las experiencias que no pudimos compartir, los caminos que se ofrecían como
alternativas al que erróneamente terminamos eligiendo alguna vez.

Es un mundo donde están todas las cosas que no fueron contaminadas por la
rutina, las urgencias, por el que dirán.

En general es un mundo con el amor como fondo, y  con ese fondo todo esta
justificado.

Allí encontraras los besos que no pudiste dar a ese ser que tanto amaste en
silencio, allí compartes mil experiencias con aquella persona que la vida
saco de tu lado, allí no hay culpa, no hay nada que pueda dañar un estado
permanente de vivencias que renuevan la vida y las ilusiones.

Ojo, no hablo del cielo, un lugar que podremos disfrutar de acuerdo a
nuestros meritos una vez que este camino por la tierra haya concluido.

Hablo de un lugar donde enviamos todas las cosas que por falta de decisión,
por  complejos, por censura social o por simple y llana imposibilidad, no
podemos realizar en la realidad que nos toca vivir.

La mala noticia, es que hay cosas imposibles nos guste o no.

La buena noticia es que todo lo que la realidad, la costumbre y el hastío no
han contaminado, quizás existe después de todo en ese sitio ideal; del que,
en vida, a veces nos llegan imágenes, noticias y sensaciones.

Allí también envían los poetas las palabras que nunca escribirán, allí
juegan los que se quieren pero no pueden, los que si se hubiesen encontrado
antes....

Tampoco hablo de deseos carnales desesperados por nuevas experiencias que
alimenten el cuerpo y denigren el espíritu.

Hablo del lenguaje de las miradas, hablo de caricias en las manos, hablo de
risas sin aparente sentido, hablo de esos espíritus capaces de hacerse el
amor sin tocarse ni un pelo.

En fin; no hablo ni del cielo ni del infierno, ni de nuestra realidad ni de
sueños. Hablo de un mundo de sentires, un mundo en el que tal vez solo yo
creo,  inconfesable,  tan personal que es imposible de compartir en la
realidad, aunque quizás ya hayamos estado juntos en el, en mas de una
oportunidad.


*de DIEGO DOBLER. 
digedo@...
 
 
 
Sustos*
 
 
*Por Osvaldo Soriano.
 
Nunca volví a tener tanto miedo como aquella lejana mañana en que mi padre me llevó al bautismo de vuelo. Era tal el susto de estar en el ai­re que se me olvidó de toser y la fie­bre desapareció tan rápido como ha­bía llegado. El piloto del avión pare­cía el de los dibujos animados, con su bigote francés y el casco de cuero ne­gro que le cubría la engominada melena justicialista. Bajaba y subía a lo tirones y se dejaba caer en tirabuzón mientras el motor balbuceaba y yo te mía que la hélice se detuviera de golpe.
Era la Semana Santa del año cuarenta y nueve, tal vez la del cincuenta, cuando la tos convulsa me tuvo un mes sin ir al colegio. Tosía día y noche sin parar y mi madre aceptaba comprarme historietas de precio inal­canzable como El Tony y Patoruzito. Recuerdo que. las leía de la primera a la última letra. Empezaba por la fecha impre­sa en la tapa y terminaba por el aviso de la Es­cuela Panamericana de Arte que venía en la contratapa. En ese tiempo mi padre me esta­ba enseñando a leer con los titulares de La Prensa, que eran de una parquedad sospecho­samente antiperonista. Todavía lo veo: acari­ciaba las frases del editorial con las yemas de los dedos al tiempo que abría enormes los ojos y murmuraba odiosos improperios contra la esposa del General. El peronismo ya se había hecho una Constitución a medida y los contreras como mi padre se refugiaban en la pa­labra de los Gainza como si de entre ellas pu­diera surgir, fulgurante y vengativa, la glorio­sa espada del Manco Paz.
Pero el Manco escondía la mano, acaricia­ba la vaina y yo me retorcía en la cama, aho­gado por la tos. Mi madre me había dado to­dos los remedios recetados por el doctor Dí­az Grey y al ver que no me hacían ningún efec­to me envolvió en una cobija y me llevó a ver a una bruja que atendía en un rancho de ado­be. Mi padre simulaba un racionalismo bur­gués y si lo toleraba era porque ya no tenía na­da que perder. ¿Por qué si la bruja es tan vi­va, y habla con los espíritus, no ha podido sa­lir de pobre?, preguntaba. Igual, una noche mi madre me metió en un taxi, que en aquel tiem­po llamaban coche de alquiler, y fuimos al rancho en las afueras de San Luis.
No recuerdo los detalles, pero sí a la bruja: era escueta como una nena y caminaba miran­do siempre el suelo. En alguna parte había un fuego de leña seca azuzado por el viento. La vieja me acarició la cabeza, me aflojó la ropa y le pidió a mi madre que me acostara sobre una mesa entre cien gatos y un aroma de al­garrobos. Todavía tengo en la nariz ese olor chúcaro y sentimental y en el oído la voz ron­ca de la mujer que alzaba los brazos para invocar la ayuda del diablo.  No me acuerdo si la ceremonia duró mucho, pero tuve que tragar­me una cucharada de ceniza y el almí­bar rosado que salía de entre unas corte­zas calientes. Igual, la tos no se calmaba.                          
Me reventaba el pe­cho, me retorcía las tripas, me quemaba la gar­ganta. La bruja hizo inciensos y oraciones que llamaban a todas las tormentas del averno, pe­ro no hubo caso, yo me revolcaba y me iba de escena, esfumado en el brillo vacilante que se agolpaba en los ojos de mi madre.
Al volver a casa mi padre nos esperaba dor­mido en el living. Una patilla de los anteojos se le había desprendido de la oreja y a cada ronquido los vidrios se bamboleaban bajo el bigote manchado. Mi madre me dio una cu­charada de jarabe y me acostó. Después los oí discutir y creo que ella se echó a llorar en los brazos de él. En una larga ensoñación oí de nuevo los salmos de la bruja y los sibilinos chorrilleros que golpeaban las persianas. En algún momento mi padre mencionó el cam­bio de aire, el avión y las alturas y luego no escuché otra cosa que la tos y el jadeo.
El doctor Díaz Grey era un socialista que cobraba caro. Algunas visitas las pasaba por alto pero las otras devastaban la flaca billete­ra de mi padre. Aún la recuerdo: era de cuero oscuro, forrada en seda de Paquistán. Muchos años después se la robaron en el tren que va a Morón, pero en la época que trata esta histo­ria todavía le brillaban las guardas doradas y mi padre la rellenaba con pedazos de
papel secante para que no pareciera tan vacía. El médico aceptó la deuda pero al tiempo el combinado de 
músi­ca desapareció de mi casa y tengo para mí, que mi padre se lo entregó como parte de pago.
Él avión, en cam­bio, fue gratis. En la cabina llevaba los acartonados retratos de Perón y su esposa que repartían en el co­rreo y venían de la flamante Fundación Eva Perón. Mi padre conocía a un tipo en el dis­pensario y vaya a saber con qué ardid, con qué humillación, consiguió una orden para que yo cambiara el aire con un bautismo aé­reo. Tampoco mi padre había subido nunca a un avión y creo que en ese tiempo todos guar­dábamos en un rincón del inconsciente la trá­gica voltereta del trimotor gardeliano. Por me­jor que sonaran las voces de Ángel Vargas y Carlitos Dante, el avión del Zorzal seguía ahí, chamuscado y patético como un guiñol ar­gentino.
Mi padre me tenía abrazado contra su hom­bro y también él tosía su parte de rubios sin filtro. El avión empezó a elevarse sobre los hangares y fue tal el horror que sentí que ha­bía de tardar veinte años en subir a otro. No sé de qué se reía el piloto del bigote francés, si del escudo justicialista que mi padre se ha­bía abrochado a la solapa o de mi llanto con­vulsionado. Yo sentía que el aparato flotaba sin avanzar y que algo lo llamaba inexorable­mente hacia la tierra. Mi padre parecía emo­cionado, quizá perturbado por su disfraz pe­ronista, y se inclinaba hacia el piloto para pre­guntarle sobre vientos y coordenadas de equilibrio. En el tacómetro bailaba una bolilla plateada y el retrato de Perón temblaba tanto como yo. Mirar a Evita, su plácida sonrisa, me volvía el alma al cuerpo, pero ese atisbo duraba apenas instante porque el casco negro del piloto me lo tapaba con sacudones y corcovos. Los tirabuzones tenían un maldito nombre inglés que el piloto gritaba con la misma furia con que la bruja había invocado al satán de los bronquios. Lo cierto es que allá arriba aterrado y sin consuelo, empecé a olvidarme de la tos y a respirar a todo pulmón. Sentí de nuevo el olor del tabaco que mi padre llevaba impregnado en el traje, el sudor de varios días que corría bajo el uniforme del piloto y mi corazón que palpitaba de trote a galope.
Fue entonces que, obnubilado por botones, luces intermitentes y palancas de nácar, mi padre sucumbió al influjo de la navegación aérea. Olvidado de mi tos y del vergonzante prendedor peronista, le preguntó al otro si el avión era manejable cuesta abajo y sin motor. Para habrá dicho: ahí nomás, tocado en su orgullo, el piloto se inclinó y apagó el contacto como quien cierra la hornalla del gas o llave de luz. A mí se me encogió el cuerpo. No se me olvida la imagen de la hélice detenida. No hay en el mundo nada más inútil que una hélice detenida. Aquella que mi padre miraba con aire embelesado estaba clavada en una vertical tan recta como una plomada, más tarde en Cuba, en Nicaragua y en tierras de pasada ilusión, estuve a punto de renegar de mi fe en el luminoso destino de los pueblos para no tener que subir a uno de esos cascarones a hélice que volaban rozando las montañas y las copas de los árboles. Parece que el Che les tenía tanto miedo como yo, con su asma y su mirada de futuro inconcluso. Perón, que prefería la placidez del tren.
Pero mi historia era de tos convulsa, no de aviones. De noches con la luz encendida y el Rayo Rojo pispeado entre las sábanas. Relatos principescos que contaba mi madre vestida de enagua, con un chal sobre los hombros. Querría terminar este cuento con su risa nerviosa y feliz cuando me vio regresar casa sin nada de tos, pálido de terror, con un avioncito de lata que me había comprado mi padre. Se sentó a hablarme al oído mientras mi padre se quitaba el escudo justicialista y lo tiraba con desdén sobre la mesa. Esa noche nos costó dormir. Mi madre de miedo que me volviera la tos, yo imaginando aventuras con mi avión de juguete y mi padre en el escritorio, en calzoncillos, frente a una figura del Cristo resucitado, la cuenta del doctor Díaz Grey y el prendedor del General su esposa. Sin saber a quién agradecerle primero.
*Publicado en el diario Página/12. el domingo 3 de abril de 1994.
 
 
 
COMBATIENDO EN CUBA*
(La sorpresa del Pequeño Capitán)

El Comandante Fidel Castro bajó de Sierra Maestra, y ya no encontró casi resistencia. El mismo Ejército Regular se iba pasando a su bando y se sumaba a sus huestes. Entró triunfalmente en La Habana y proclamó el triunfo de la Revolución del Pueblo. Y ese pueblo jubiloso se mezcló a sus bravos soldados aclamándolos victoriosos.
Era enero de 1959, en plena Guerra Fría, y esto permitió a la entonces poderosa Unión Soviética, posar la zarpa del temible Oso Ruso, en el umbral mismo de Occidente, recalentándola a tal punto que parecía a punto de estallar el mundo entero. Fidel y su roja estrella, se convirtieron en el centro del mundo de aquel tiempo.
Los progresistas del tercer mundo lo vieron como una esperanza, mientras que la amenaza comunista, estremecía el orden establecido de toda la sociedad; y nuestras Fuerzas Armadas, designándose como la reserva moral y custodios de ese orden, estaban lógicamente en guardia y sumamente alertas.
Así las cosas, en enero de 1960, nos incorporamos al Servicio Militar Obligatorio, con veinte años cumplidos; yo en Santa Fe, en el Liceo, como soldado conscripto, donde sólo había una compañía, con unos sesenta integrantes; mitad Rosarinos, y los demás norteños. Los cadetes estaban de vacaciones y no regresarían hasta el mes de marzo.
Como estuve unos días en el Distrito de San Justo, me incorporé una semana después. Pero todavía no estábamos completos. Pasó otra semana, en plena instrucción, y llegó un nuevo integrante a sumarse a nuestra Compañía de Servicios.
Era un joven de cuerpo menudo, muy flaco, casi esmirriado, de hablar algo inseguro y una voz ronca y algo rústica, que amenazaba tartamudear. Retraído, como esquivo, algo huraño; de mirada baja, huidiza, cara huesuda, mentón hundido, y una nuez de Adán prominente. Ni fuerte ni viril, no se lo veía ni como héroe, ni como valiente.
Ejemplar hecho a medida, para ser objeto de bromas y burlas, especialmente de los rosarinos que no eran de lo mejor; sumamente “vivos”, “piolas”, y engreídos; además dijo venir de Buenos Aires, y haber combatido en Cuba, al lado de Fidel Castro. No le creyó nadie y se le reían a carcajadas. Era el hazme reír. Cayó simplemente en ridículo, Le pusieron mil sobrenombres, y al fin le decían Noé, no porque ese fuera su nombre, sino una deformación de “nuez”. Su apellido era Perazza.
Al principio luchó muchísimo por hacerse creer, y más insistía más se le reían. Intentaba demostrarlo contando alguna de sus supuestas experiencias y anécdotas, pero era burlado y rechazado por todos. Lo único que recibía eran burlas y risotadas.
Terminó apartándose de todos. Siempre que podía estaba alejado y taciturno. Me daba pena. Terminó acercándose a mí, porqué vio que lo trataba distinto. Yo no lo importunaba, ni le preguntaba nada que pudiera molestarlo, y se empezó a sentir bien conmigo. Poco a poco se fue abriendo, contándome de su vida.
Era huérfano, y fue criado por una tía. De chico tuvo fiebre del heno, una grave dificultad respiratoria. Me mostró una gran cicatriz en la garganta, donde una operación le salvó la vida. Deduje que eso habría incidido en su desarrollo deficiente, y seguramente en su carácter entre tímido y resentido. Quizás tratando siempre de superarlo, se apartaba de todo, inseguro; quiso irse lo más lejos posible. Eso lo hizo soñar en ser alguien, realizar alguna proeza; o perderse para siempre…
Soñó con Cuba. Quizás si llegaba allá y se unía a las fuerzas revolucionarias, lo recibirían sin fijarse tanto en su físico, y tal vez tendría oportunidad de demostrar, de lo que sería capaz. La vida misma no le importaba mucho, así como lo trataba. Eso le daba valor para enfrentar al peligro, o intentar cualquier empresa, que le diera confianza y valor. Su sueño era sentirse grande, fuerte; y desafiar, a todo el mundo si fuera necesario…
Un día se embarcó en un tren carguero y viajó entre bolsas de harina hasta Salta, de allí pasó a Bolivia, e ingeniándose, con muy diversos medios, sin casi dinero, y con muchos sacrificios, fue subiendo al norte por el mapa de América del Sur, trepando la cordillera de los Andes, de país en país… hasta el Caribe, y finalmente a Cuba. Siempre como polizón, clandestinamente. Me contó cien anécdotas y detalles. Me apasionaba escucharlo, Podía no ser cierto, pero merecía serlo…
Las vivencias que me relataba, de su permanencia con el ejército revolucionario de Fidel Castro, me fue contando por las noches, cuando tras la cena, teníamos un par de horas de descanso, y nos desperdigábamos en el gran patio de la compañía. Muchas de estas cosas ya las había contado, cuando trataba de hacerse escuchar, al principio, entre los demás.
Decía haberse destacado en las misiones de reconocimiento o de avanzada, cuando a veces debían conseguir provisiones, y llegar a los poblados, o pequeñas ciudades protegidas por el ejército de Batista. La estrategia y la táctica debían ejecutarla en el momento, y según las circunstancias. Generalmente eran misiones nocturnas, y solían tener encuentros y escaramuzas con partidas militares, en las que; o lograban esquivarlas o debían combatir. Según él se destacó enseguida por su capacidad de reacción, y de preeminencia de manejo en situaciones de apremio, y de peligro. Los jefes cada vez le daban más protagonismo, y terminó detentando el grado de Capitán.
Eso de Capitán a tan sólo diecinueve años, era muy difícil de creer. Pero él me aclaraba que no, que eran tiempos apremiantes, de combates, y escaseaban quienes se destacaran y a esos les daban el mando, más allá de la edad o la presencia. Era el coraje y la capacidad de lograr objetivos, y conducir grupos, y decidir en el momento las estrategias, de cómo lograr el éxito en la misión. Sea como fuere, yo lo escuchaba. Sentía como que algo había. No podía ser todo fantasía.
Todos lo miraban con ironía, con sorna…
Hasta los oficiales y los suboficiales lo burlaban. Una noche de esas se dejó llevar por el desaliento, se sentía tan mal tratado que se plantó desafiante:
-A Ud, sargento primero, le juego a que le tomo la guardia, y refuércela cuanto quiera…-
Primero el Sargento se le reía, pero el desafío seguía, y finalmente terminó entrando en el juego, acicateado e involucrado, por como fue presionándolo:
-A ver, pongamos que estaría en esa situación…- burlonamente, el jefe de día le planteó un esquema de guardia, y le exigió que demostrara una estrategia, - Si es que pudiera tener un conocimiento militar de algún tipo… ¿Qué haría Ud., paso por paso? ¡A ver!….
Fue tal la desenvoltura con qué desplegó un plan de ataque sorpresivo, impecable e indiscutible, que se le terminaron los argumentos al suboficial, que quedó mirándolo perplejo. En realidad nadie pudo reírse, como esperaban. El sargento primero optó por alejarse, sin agregar más nada, y todos quedamos en silencio, sin saber qué decir.
En esa época yo tenía problemas de salud. En el Liceo sólo había una enfermería, por lo que me derivaron al Hospital Militar de Paraná. Me iba solo. Cobraba un viático y volvía en el día. Fui varias veces. Noé tenía serios problemas respiratorios, y también lo derivaron. Pero a él no pensaban mandarlo sólo, así que me lo asignaron. Viajamos juntos varias veces, yendo a la mañana en lancha, y volvíamos por la tarde.
Nos sentíamos bien estando juntos. Nos hicimos muy compañeros. Generalmente nos atendían por la mañana, y volvíamos caminando al centro, íbamos al parque Urquiza, comprábamos algo liviano para almorzar, preferentemente frutas, más tarde algún helado, caminábamos, hablábamos, nos hacíamos confidencias, nos tratábamos como hermanos. A media tarde, en una lancha de pasajeros, cruzábamos de vuelta el río, disfrutando del paseo, de una libertad prestada.
Al menos ese día nos sentíamos libres.
Finalmente a mi me internaron y estuve en el hospital cerca de dos meses. Cuando me dieron de alta médico, también me dieron la baja del Servicio Militar. Hasta que se hiciera efectiva, estaría unos días en el Liceo, antes de salir definitivamente para volver a casa
De golpe sentí como que todos me estaban esperando. Ahora todos eran grandes amigos míos. Fue lindo, pero había algo más.
-¿Y Noé? ¿Dónde está el soldado Perazza?
Se amontonaban todos alrededor. Todos me rodeaban y al mismo tiempo querían contarme algo…
-¿Sabés qué? A Noé… ¡Al soldado Perazza lo arrestaron, lo pusieron preso en la guardia!...
-¡Era cierto lo de Cuba!!!.. Lo de Fidel Castro… ¡Era cierto que era Capitán!!!...
-¡Sí! ¡Síiii! – coreaban… - le pusieron guardias reforzadas…¡Pero al segundo día se encapó! …
-¡Nadie sabe cómo…! ¡Pero escapó!!! – Todos estaban admirados, todos me contaban cosas pero en el alboroto no podía entender… Luego, disipado el tumulto, ya mas serenos todos, comprendí mejor lo que me estaban contando…
Casualmente encontraron sus efectos personales, escondidos en una gran pila de ladrillos, que estaba junto a una pared exterior de nuestra compañía, donde comenzaba un gran patio externo, en el que generalmente íbamos a descansar en los ratos libres. Allí a veces recostados en los ladrillos apilados, algunos conversábamos, otros fumaban pasando de uno en uno el faso y compartían la pitada. Esa era la camaradería de la colimba… Allí hizo un pequeño nicho retirando unos de ladrillos, guardó una cartera pequeña con varios documentos cubanos, jinetas, cédula del ejército revolucionario con el grado de Capitán, mapas, apuntes, datos sueltos, volantes, cartuchos de fusil servidos, quizás de recuerdo… Volvió a poner los ladrillos en su lugar y allí estuvieron, hasta que un día decidieron mudar de lugar, esa bendita pila de ladrillos.
Hoy nos preguntaríamos que cual finalmente sería el delito; pero no nos cabía aquella vez ese planteo. Las Instituciones de la Patria no eran cuestionables. Ni yo mismo sentía, que pudiera haber un lugar para defenderlo, aunque sólo fuera en mi interior. Nos parecía tan lógico aquello.
La ironía es que el pobre Noé, había vuelto de Cuba para cumplir con el Servicio Militar.
Vino voluntariamente. Sentía que se lo debía a su Patria.
Vino sin querer a la boca del lobo, pensando quizás, que no tenía porque temer…
Un par de días después ya saliendo para casa, aunque provisoriamente, sin la Libreta de Enrolamiento firmada; hubo un revuelo y nos enteramos que habían arrestado al soldado revolucionario, en Tucumán, o Salta, las noticias no precisaban, pero lo traían al Liceo nuevamente detenido. Esta vez con el extremo cuidado. El pobre Noé no era de fiar, según sus custodios.
Más o menos un mes pasó antes que yo volviera al Liceo, a recuperar mi documento, firmado y sellado con la baja y constancia de haber cumplido con el servicio militar…
¿Y cual no sería mi sorpresa?, al enterarme que el Capitán de Castro, el alfeñique, el enclenque Noé…:¡Se le había vuelto a escapar! Esta vez con las guardias súper reforzadas, poniendo indudablemente en incómoda situación, a toda la oficialidad del Liceo…
Nunca consiguieron capturarlo. Ya entonces los militares estimaban, que había salido del país…
¿Habrá conseguido llegar nuevamente a Cuba? ¿No habrá acompañado al Che en Bolivia?
¿No estará quizás, ahora, al lado de Fidel?
En los noticiosos que televisan actos del líder cubano, busco con una sonrisa su desgarbada figura, imaginándolo a su lado… ¿Por qué no???


*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
 
 
Paredes*
 
*Por Antonio Dal Masetto
Sábado, una y media de la tarde. An­duve parando un poco la oreja por el bar. Asisto a la conversación entre dos clientes acodados a la barra. Uno es flaco y tristón. El otro es un hombre rozagante
y extrovertido.
-Soy del interior -dice el flaco tris­tón-. Extraño la casita, la calma y la cordialidad. No soporto la descortesía de la gente de por acá. Y lo que más me mata son las paredes delgadas de los departamentos. Uno se tiene que enterar de todo lo que les pasa a los vecinos. Eso es lo peor. Nunca voy a
poder acostumbrarme. En cualquier momento me vuelvo a los pagos.
-No se apure, compañero -dice el rozagante-. Yo también soy hombre de campo y puedo entender su queja y su nostalgia. Pero le aseguro que las paredes delgadas pueden tener su cos­tado positivo.
-Esas paredes me van a destruir. Me producen úlcera.
-Si me permite voy a contarle lo mío. Cuando mi señora y yo vinimos a la ciudad, el edificio donde vivimos nos pareció terrible. Con los inconve­nientes que usted tan justamente aca­ba de mencionar y todo pintado de co­lor cremita sufrido, adentro y afuera.
-No me hable del cremita sufrido.
-Al principio nos costó. Hasta el día que en la planta baja se mudó una parejita joven y recién casada. Esa mis­ma noche, gracias a las paredes delgadas, en los departamentos vecinos al de los tórtolos se empezó a oír el run­rún amoroso de la parejita que rápida­mente produjo un contagio. En la noche siguiente el runrún ya generalizado de la planta baja fue subiendo por el hueco de la escalera y           el
aire-luz y llegó al primer piso. Del primero pa­só al segundo, al tercero, al cuarto y así noche a noche siguió trepando y llegó hasta nuestro departamento que está en el octavo. Recuerdo que mi
se­ñora y yo tuvimos una cena con velas como en nuestros primeros tiempos de casados. La patraña estaba preciosa. El runrún siguió para arriba, alcanzó el piso dieciséis que es el último y des­de entonces el edificio es una gloria. Se lo puedo resumir en tres palabras; paz, alegría y amabilidad. Ya no se es­cuchan peleas, sólo el runrún. Había un vecino del octavo que la fajaba a la mujer. Como decía Rivera: "Los bifes parecían aplausos, parecían". Eso pa­só a la historia, el florista de la esqui­na no para de
subirles ramos de rosas.
-¿Y los que viven solos?
-En el edificio había cuatro solos, dos mujeres y dos hombres. Clarita del séptimo y Claudia del tercero. Ru­bén del noveno y Rafael del quinto. En menos de una semana, justamen­te un sábado en que el edificio esta­ba muy animado, Rubén se apareció con un ramito de violetas en el terce­ro y Rafael con una caja de bombones en el séptimo. Ese domingo los diarios que el canillita trajo para Claudia y para Clarita permanecie­ron tirados en el pasillo, delante de las puertas de sus departamentos, hasta por lo menos las
siete de la tar­de.
-¿Y las reuniones de consorcio? -Calmísimas y galantes. La gente tiró a la basura todos los ansiolíticos, los televisores, los libros de autoayuda y los aparatos para gimnasia en el ho­gar. Muchos perdieron la costumbre de ir a misa.
-¿Y los pibes del edificio cómo es­tán?
-Parece una película de Heidi. To­dos sanitos y alegres, en la escuela les va bárbaro y ninguno se lleva mate­rias.
-¿Y las mascotas?
-Si se refiere a los perros y los ga­tos, están saludables y contentos igual que sus dueños. Le doy un dato más: ahora todos los inquilinos tienen ma­no verde y los balcones revientan de plantas y flores.
-En mi edificio se secan hasta los cactus.
-Claudia, la del tercero, logró que se le diera una orquídea en la ventana.
-En mi edificio he visto marchitar­se hasta las flores de plástico.
-Aguante, amigo. En cualquier momento las cosas van a cambiar pa­ra usted también. Y ahora discúlpe­me, pero lo tengo que dejar. Hoy es sábado, ya estamos en la hora de la siesta, el edificio debe estar empezan­do a llenarse de runrunes, la patrona me está esperando y no quiero que se sienta sola.
*Publicado en el diario Página/12. (Año 1994)
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 6 de agosto del 2006 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Claudio Santoro. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de
diversos grupos (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
*
2º CONCURSO DE FOTOGRAFÍA ECOLÓGICA XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- TEMAS: las temáticas del concurso son tres:
      a) Fotografía artística sobre un tema ecológico,
      b) Problemas ecológicos,
      c) Soluciones a problemas ecológicos.
 
- FOTOS: para cada tema se pueden enviar un máximo de 5 fotografías digitales, en color y/o blanco y negro, peso máximo de cada foto 500 KB, en formato jpg, bmp o gif.
 
- ANEXOS: La(s) foto(s) deberá(n) acompañarse de dos ficheros Word:
1) Un fichero titulado “pseudónimo+descripción” que contenga un texto resumido que describa el mensaje de la(s) foto(s), el problema o la solución planteado (máx. 1 página, tamaño DIN A4), y el pseudónimo del concursante.
2) Un fichero titulado “pseudónimo+datos” que contenga los datos del concursante: nombre y apellido, pseudónimo utilizado, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum (ev. foto).
 
- FECHA LIMITE PARA EL ENVÍO DE LOS TRABAJOS: 15 de Octubre del 2006.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 79 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante” (Abril/Junio/2007, edición digital [www.euroyage.com] e impresa).
 
PREMIOS:
 
- Se otorgarán en total 7 premios: CUATRO PREMIOS de 200 Euros para problemas y/o soluciones, y TRES PREMIOS de 200 Euros para fotografía artística, además de la publicación en el Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”.
- Menciones de Honor y publicación de los trabajos destacados.
 
Envíos a:
euroyage@... 

 
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-Anuncio y respaldo de actividades culturales y editoriales de cada socio.
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Un abrazo enorme y sigan acompañando esta hermosa experiencia.
 
*Eduardo Francisco Coiro inventivasocial@...
 
 
 
Página1
"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin2005@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 
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#98 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 6 de Jul, 2006 10:27 pm
Asunto: EDICIÓN JULIO
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INVENTIVASocial
Edición JULIO 2006
 
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El conjuro de la noche*
 
 I
La noche está de mi lado: es la noche de la magia. La luna nueva está en el centro del cenit asediada por un ejército de estrellas, sopla el viento del oriente, sube el canto del cenzontle. Huele a musgo, incienso, sal y hierba. Huele a ti.

II
La noche está de mi lado, y no me falta nada. Olfateo al lobo con sus ojos tibios, al acecho de mi alma corrompida. Llueve en el desierto jade, ámbar y un corazón en la garganta. Es la hora del ensueño, es la hora del olvido.
 
III
La noche está de mi lado: luz y sombra la acompañan. Cardo o ceniza bajo la luna clara, a la sombra del árbol. Destierro el vestido blanco de mi cuerpo dividido, desabrocho mi piel y unto rosas, sándalo y miel. Es la noche del presagio, es la hora del conjuro.
 

Arribo a tu voz sin viento,
surco en tus ojos fuera de todo titubeo,
oscilo en tu mirada sin huellas de vacío,
palomas tus pupilas,
luna menguante,
néctar tu boca,
fuego nuevo,
sol creciente...
detengo este instante para que nadie nos vea.
Me pierdo en ti.


Bajo tu piel germinan las caricias alcalinas,
advierto en tu océano la quietud del silencio,
me apodero de tu cuerpo -lluvia clara, rancia y muda-,
soy tus manos, soy tu luz, soy tu ausencia,
deshojo tus ramas que anuncian sueños compartidos.
Amanece, que no quede duda:
desperté en ti...
 
  
 
Otro secreto de la noche*
 
Tus manos tibias acarician
mis labios húmedos.
Tiemblan al desprender el himen
de esta piel que tanto esperas.
Suave pétalo del rocío
que da la calma.
Con un beso me abres el infinito
en el nudo de los vientos.
Dos estrellas de cinco puntas
alrededor de mi ombligo.
Clave de hojas en sombra sobre tu deseo.
Luz sin sol, sí, en la línea de tu espalda.

 
 
Un estigma*
 
Dos cuerpos desdibujan el aire,
los amantes se descubren, se miran.
La luna palpita fulgurante y redonda.
 
Se habitan, se abre una pausa,
el mundo queda suspendido.
Agua y piel, amarras de misterio,
entre sábanas sus nombres. ¿Dónde la luz?
 
El silencio, una huella,
musita una mariposa en las tinieblas.
 
Oscila el paraíso,
las aves cantan.
Como rompecabezas,
vertidos en la lluvia,
dos cuerpos, un estigma.
 
 
 
Sin fronteras*
 
Despojé mis ropas,
derramó el río.
Tus manos buscaban la hendidura del deseo
donde todo se pierde
y te prodigas en la nada.
 
Abrí el capullo en la noche ajena
destilaron los aromas,
deshojaste los pétalos,
aún florecía el otoño,
y me hiciste tuya con la marea rota.

Cuando la luna cubría el barro
asomaron alas de mis pupilas,
bajaste la cuesta por las calles claras
disipando las cadenas del naufragio.


Busco las cenizas de tu nombre
bordado de musgo en las sábanas blancas.
Se han deshilado los días de trigo
en el ceñido tiempo de la orilla.


Se cerraron los surcos de las aves
y en mi piel se extinguen las tinieblas.
He perdido la línea del futuro
al posarme en el filo del vacío.
 
Algo se borra en la tarde abril,
el tiempo reposa en el reloj
y soy en ti un diluvio sin fronteras.
 
 
 
Escribo en ti*
 
La tierra se detiene en tu centro,
te desnudo para vestirte con versos,
escribo en sepia por tus pliegues,
nombro tus pasos,
esculpo silencios,
sigo tus huellas
y en tu luz se apagan mis sombras.
 
 
 
Entré a tu plaza vacía*
 
Entré a tu plaza vacía,
silenciosa, vacilante y guerrera.
 
En los campos de trigales
encontré tus ojos livianos de refugio
perdidos en la noche.
 
Caminé por las tardes angostas,
húmeda, pegada a ti,
como espiga sin nombre ni luna.
 
Tus manos no caben en el mundo,
por eso dibujan mis canciones
y el fruto que deshojas a la orilla del almendro.
 
Al abrir tu casa, volaron los pájaros,
festejamos la claridad
y el devenir de la mañana. 
 
  *Poemas de Lady López Zepeda ladylz954@...
 
 
 
*
La Plata 4 de julio de 2006.-
Asunto: confidencial
Siniestro: raro: amistad entre un tigre y un gnomo
Estimado Doctor
s/d.-
De mi mayor consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a efectos de elevar informe de evaluación del sr. G G., para ser presentado ante quien corresponda.
Primeramente, luego de haber iniciado una relación con el actor principal Eduardo Perez, alias el Gnomo, he tenido la oportunidad de conocer en persona a un compinche  del protagonista, un tal llamado Gustavo Gómez. Alias el tigre.
Paso a detallar su perfil personal:
Es un señor cincuentenario, que en los test proyectivos demuestra un potencial intelectual superior a su edad cronológica, su expresión verbal es fluida y con un alto bagaje de conocimientos en diferentes ramas de las ciencias sociales. Con su presencia, en el transcurso de las entrevistas realizadas aumenta la capacidad de reflexionar de los otros. Además, se visualiza un alto porcentaje de paciencia y de creatividad, que  referiré sobre las pericias  que acreditan dichas características de personalidad. En una ocasión le fue solicitada por motivos personales la presentación de un libro, donde dicho doctor en cuestión, tuvo que: primero ponerse a leer sobre esa materia y luego estar frente a un público que esperaba sus comentarios. En esa circunstancia nombró autores de gran renombre y prestigio y tuvo la delicadeza de obsequiar palabras de bienaventuranza a dicha obra. La autora, que aún no conocía sus virtudes de orador quedó agradecida  por tanta deferencia.
No es fácil narrar los sucesos debido al valioso contenido de sus conductas expansivas que denota dicho sujeto de estudio. Pero con palabras sencillas, aunque vulgares algunas, intentaré realizar la más completa la descripción. Dicen que es un gran comilón, no desde el punto de vista de su virilidad, sino desde el acercamiento constante y frecuente que tiene hacia los libros, o sea la lectura y la adicción a ver películas. Cuentan mis informantes que ha concurrido en varias oportunidades al Festival de cine en Mar del Plata y se ha quedado extasiado horas y horas mirando los estrenos con avidez (Cinefilia)
Es un gran conocedor del significado de las letras (polisemia), con las que acuña de una manera diplomática y cortes. Su notable vocabulario oscila entre el ingenio y el sentido del humor. Siendo su amabilidad su escuela. En las sesiones transcurridas ha demostrado su alto contenido de compromiso con los amigos. Se destaca como mayor virtud la solidaridad, la cual es medida por las muestras recabadas, y mi técnica de la escucha. Siempre cuenta con una palabra de aliento en los momentos de angustia o vacilación. Su mayor dificultad se ubica en los percentiles de la impuntualidad, tomando como variables detonantes el requerimiento de sus amistades, su familia y algún que otro tratado, texto y/o cliente  que lo convoca.
Con relación a su pronóstico, se podría inferir que el mencionado actor podrá seguir adaptándose favorablemente en todas las áreas de su desarrollo evolutivo. Siendo su desempeño laboral sumamente indispensable para el bien común.
Es todo lo que se puede informar por el momento.
Saludo a UD. Muy atentamente.-
 

 
 
 
EL NIÑO QUE SE TRAGÓ A LENIN*

*Reinaldo Cedeño Pineda

 ¿Cinco. acaso seis. cuántos años tendría? Sólo sabe que ha pasado el tiempo, mucho tal vez o es que corre este indetenible,  y  le cuesta imaginarse debajo del naranjo, de pantalones cortos, un pedazo de pan en la
mano -masa amasada y vuelta a amasar-;  mientras los ojos estaban clavados en la otra, la mano, digo. Entre el pulgar y el mayor, sostenía un tesoro sólo para él; resplandecía la silueta expuesta al sol, brillaba aquel hombre sobre fondo rojo y una afilada aguja prendida al sello, indicaba el destino
de aquel objeto.
 Para este niño, aquel sello no era un prendedor de solapa, que ni sabía de semejante cosa; sino un talismán, una medalla que había ganado combatiendo solo contra todo un ejército, el pedazo luminiscente de una nave espacial que había aterrizado allí mismo, muy cerca del patio, y giraba y volvía a girar mientras la luz convertía el metal en un arco iris, un arco iris al alcance.
Hay momentos que se escapan, que nadie sabe cómo ocurrieron, si acaso pueden suceder; instantes en que lo irreal se vuelve tangible, los segundos en que cae una gota o se respira, y casi sin darnos cuenta estamos al borde del abismo. En uno de esos, se intercambiaron las manos y lo que fuera talismán
y medalla, arco iris y nave, se volvió de pronto material concreto, un prendedor rectangular con una larga aguja.
 En el rostro del niño no cabía tamaño susto, con las palabras atragantadas, atinó a susurrar:
-Abue. me tragué un sello.
Y como la abuela andaba ocupada y con las manos mojadas, no prestó mayor atención a un hecho que se resolvía de una manera tan simple, y dando la espalda, contestó:
-Tómate un vaso de agua
-No, abuela. no es un sello de papel.
No hay quien pueda describir como giró la anciana cuando la estampilla se le volvió metal de pronto, como perdió el color de un solo golpe, justo cuando los labios del nieto empezaban a tornarse amoratados. Todavía se vivía el relámpago de aturdimiento, tierra de nadie suspendida antes de la reacción,
cuando sonó la aldaba de la puerta.
 Cómo pudo sostenerse camino de la entrada, si aquellas piernas no eran las suyas; cómo pudo extender la mano y girar los dedos -cada uno de ellos- para que el pasador cediera. Sólo dios sabe. si lo sabe. Nada tuvo que preguntar la madre. Le gustaba mirar aquel rostro abatido por el tiempo, severo, cargado de la augusta serenidad de los años; pero siempre asomaba en él una línea de bondad y una viveza en la mirada que parecía borrar las angustias.
Siempre, menos ahora. Ver la señal en el rostro anciano y lanzarse rumbo a su hijo, fue una sola carrera..

 Todo había comenzado una mañana, en que la Maestra vio interrumpida su clase, y una pregunta en suspenso..
  -Maestra, maestra. ¿Es verdad que se dice quepo y no cabo ?.
Aunque esa materia no tocaba aún, se aprestaba ya a una respuesta, porque a esas edades no deben quedarse las interrogantes sujetas al aire; verdad que más difícil de lo que pudiera pensarse, porque explicar la irregularidad de los verbos rompía todas las lógicas, y ella misma pensaba que debía ser cabo
y n