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#166 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Sáb, 12 de Jul, 2008 10:19 pm
Asunto: DIOS NOS ABANDONÓ. PERO ESTÁS VOS Y ESTOY YO. VAMOS VOLANDO...
inventivasocial
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El Control*

 
 
Controlar había sido siempre lo mío. En el colegio siempre sabía lo que hacía cada compañero e influía, sin que se dieran cuenta, en sus decisiones. En los primeros trabajos ascendí gracias al control que tenía sobre el resto de compañeros. Tener el dominio de la situación era determinante para triunfar.

Cuando conocí a Luisa, vi claramente que, si quería casarme con ella y tener una vida feliz debía seguir los mismos métodos; debía tener su mente controlada, debía tener su corazón en mis manos. Ése era el objetivo: Tener su corazón en mis manos.

Cuando lo logré, ella quedó pálida y quieta frente a mi, con una mirada fija de sorpresa en sus ojos, mientras yo miraba alternativamente la herida en su pecho y mis manos llenas de sangre.
 
 
 
*Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
 
 
DIOS NOS ABANDONÓ. PERO ESTÁS VOS Y ESTOY YO. VAMOS VOLANDO...
 
 
 
 
 
 
 
 
NADA TRAIGO*


yo no traigo a este sitio del poema
ni ruiseñor de Keats ni tigre Willam Blake
ni río de Juanele o gato de Girri

no he domesticado a la palabra
ni le puedo al silencio ni a la ausencia

águila ni serpiente de Zoroastro traigo

disculpen
yo no traigo
a la ventana abierta a los lectores
ni la maga de Julio
ni el musical infierno de Alejandra
ni el burrito de plata de Juan Ramón Jiménez
ni aquel cuervo de Poe
ni la rana de Basho ni las cosas
que giannuzzi versara contra la muerte

no he fracasado más que cualquier otro
no he bebido mejores licores
no me alcanzó la luz que a elegidos alcanza
ni me comí la sombra mayor ni la menor

¿con qué derecho vengo a oficiar de poeta?

no hice más feliz a la que hice feliz
que lo que otro bien pudiera hacerla

no maté a ser humano con mis manos
no fui padre ni esposo

no moriré en París no estuve en Autzwich
no me piden permiso para ser
la lluvia, el viento, el mar;
el sol para brillar
la flor para aromar en el desierto

¿con qué derecho quiero,
señoras y señores,
que lean mis disculpas o pretextos
y olvidables argucias de poetastro?

disculpen
no se bien a qué venía
no estoy seguro ni de mi silencio
¿con qué derecho trazo o borroneo
sobre la hoja en blanco?

yo no he visto el aleph ni el falso aleph
no estuve en la frontera al borde de la guerra
no me ha excomulgado la iglesia en que no creo
no he ganado una estrella en el cielo del marxismo
no amasé una fortuna en el mercado

sólo que aquí y ahora me atraviesa
este atardecer gris de medio invierno
y estoy solo en mi cuerpo
no más solo que antes o que otros
y está todo tan frío tan inmóvil
que estirando la mano con que escribo
quise alzar esa piedra que es mi alma
y no puedo y me duele

no consigo arrancarme a ser un grito
a ser un vuelo azul  un viento negro
un pozo ciego un puñal una rosa
un pedazo de pan en la vereda

disculpen
hoy no sé con qué derecho
vengo a buscarme o a perderme así
 
 
 
 
*de Rubén VedovaldiRubenVedovaldi@...
 
-Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@...
 
 
 
 
 
 
 
 
Ultimos días de Marilyn*

 
 
*Por Tomás Eloy Martínez
Para LA NACION
Sábado 12 de julio de 2008

 
 
Las célebres "fotos prohibidas" de Bert Stern fueron exhibidas hace dos años en el museo Maillol, en París Foto: Newscom
No hay brújula tan certera como el azar para encontrar lo inesperado. Quien se deja llevar por el azar y pasa por alto las relaciones de causa a efecto descubre siempre -o casi- una realidad desconocida, que estaba a la vista desde hacía mucho sin que nadie lo advirtiera. Es lo que me pasó hace algunas semanas con Marilyn Monroe, que fue uno de los íconos sexuales e intelectuales de mi juventud y cuya historia resume por sí sola los afanes de libertad y la pasión por cambiar el mundo que encendieron la década de
1960.
Hacía mucho que no me acordaba de ella cuando de pronto, en uno de los canales de cable de Nueva York, pasaron un excelente documental sobre sus últimos días, que retuvo mi atención durante horas. Era una pequeña joya que recuperaba las imágenes nunca vistas de su película inconclusa, Something s
Got to Give , las devastaciones que dejaban sobre su cuerpo los excesos del alcohol y de las píldoras para dormir, los provocativos desnudos con que trastornó las rutinas de los técnicos y uno de los momentos cumbres del final de su vida, cuando, a fines de mayo de 1962, abandonó la filmación y
tomó un avión a Washington para cantarle el feliz cumpleaños al presidente John F. Kennedy con una intensidad erótica que todavía empaña las imágenes.
Ver aquel documental hizo caer sobre mí el peso de una entrañable melancolía. Cada uno de aquellos años -los años en que empezaron los fuegos artificiales de los 60- regresaron intactos a mi memoria con la misma fuerza que tuvieron en el pasado. Al día siguiente, fui a caminar sin rumbo por Manhattan y, como otras veces, terminé mi paseo en Strand, la librería de viejo más grande del mundo, cuyos trece kilómetros de estantes y tres millones de libros no cesan de crecer. Allí, en una de las mesas del fondo,
volvió a salirme al paso Marilyn. Estaba en la biografía que le dedicó Donald Spotto, en la cual los últimos días de la diosa -así la llama- están enturbiados por la desesperación y los mismos personajes siniestros de Rebeca , la película de Hitchcock. Y estaba también en un libro de Bert Stern, The Last Sitting ("La última sesión"), agotado desde hace mucho pero no en Strand, donde quedaban tres o cuatro ejemplares.
En junio de 1962, Marilyn aceptó posar (desnuda y no) para el fotógrafo Bert Stern, a quien había contratado la revista Vogue . Tres o cuatro de esas tomas aparecieron en las ediciones del mes siguiente. Las otras fueron archivadas en un desván. Stern las ocultó la mañana misma en que Marilyn murió, el 5 de agosto de aquel año, y las resucitó poco después en su libro, que conserva las imperfecciones y las marcas rojas de todo borrador. Algunas de esas fotos pueden verse ahora en Internet, donde la frialdad digital les deja poco de la magia de sus orígenes, o de lo que Stern llamaba "la imposibilidad de captar una luz que no cesa de moverse".
Las que vi en el ejemplar de Strand me dejaron una impresión extraña. Se tiene todo el tiempo la idea de estar espiando por la cerradura una muerte inevitable y, lo que es peor, se entiende por qué la muerte estaba allí.
En la biografía de Spotto, Marilyn aparece sometida a la voluntad del siniestro e irresponsable psicoanalista Ralph Greenson y a las astucias de la enfermera Eunice Murray, que también manejaba a la actriz a su antojo.
Eunice tenía 58 años. Aunque se mostraba indefensa y angelical era, en verdad, un demonio posesivo e insolente. Aisló a Marilyn de sus viejas amistades y la mantuvo a raya con inyecciones de Nembutal, clorohidratos, vitaminas y anfetaminas, todas ordenadas por Greenson y por Hyman Engelbert, un médico de Los Angeles, que actuó como deus ex machina de la tragedia. "A ustedes les hará bien estar juntos -les decía Engelbert-. Todos están enfermos de narcisismo."
Según Spotto, Marilyn no se suicidó: la mató accidentalmente Eunice con una sobredosis de barbitúricos, aplicada en forma de enema el 4 de agosto de 1962, entre las seis y las siete de la tarde. Varios testigos la vieron irradiar alegría esa misma mañana. Proyectaba casarse de nuevo con Joe
DiMaggio. Dejó inconclusa una carta de amor que resumía sus ambiciones de niña inmadura: "Querido Joe. Si sólo pudiera hacerte feliz, lograría la más grande y más difícil de las cosas: hacer a otra persona completamente feliz.
Tu felicidad sería mi felicidad". A partir de allí el silencio, el vacío, la mano tendida desesperadamente hacia la nada.
La versión de Spotto parece demasiado armada, demasiado teatral. Stern insiste en que la actriz ya nada esperaba de nadie. Basta observar sus fotos para advertir que quizá tiene razón. En el dormitorio donde Marilyn se suicidó no quedaron sombras de asesinos solitarios ni de amantes furtivos.
En vísperas del final, se vislumbra que ella no tenía fuerzas ni para llamar a Dios por teléfono y que jamás había salido de la infancia.
Pese a lo cual envejecía. Tal era el drama. La Marilyn que desenmascaran las fotos de Stern es la de la perfección violada: la imagen de la carne incorruptible e imperecedera que, sin embargo, siente su propio desvanecimiento. Las poses del libro exhiben voluntad de vida: Marilyn con una gasa entre los dedos, fingiendo pudor por su desnudez, cubierta de strass o de diamantes, mordiendo las cuentas de un collar o diciendo adiós con el cuerpo a un abrigo de pieles. Todo lo demás es violencia contra sí
misma, conversación con un ser que está adentro de ella, pero que la mantiene lejos.
Oírla cantar Happy Birthday, Mr. President en la fiesta de gala que los demócratas ofrecieron a Kennedy para celebrar su 45º cumpleaños, el penúltimo, es -tal como lo revela el documental que vi en el canal de cable- otra ceremonia de destrucción. Marilyn quizá supiera que se estaba despidiendo del hombre que había sido su amante de una sola noche y que le había dejado, como único recuerdo, un fugaz elogio a los músculos de sus pantorrillas. En el documental es visible el desinterés o el desdén del
presidente, y también el deslumbramiento de su hermano Bob, al que se ve erguido sobre la butaca del Madison Square Garden -escenario del recital-, pendiente del cuerpo pálido y aéreo de la actriz, subyugado por el vaho de sexualidad que ella sigue exhalando aún, pese a la polvareda de los años.
En las imágenes de Stern, Marilyn vuelve a ser la maravillosa criatura muerta que se esfuerza por aferrar la vida. El implacable fotógrafo no le disimula los aguijones de las arrugas en torno de los ojos, la oscura línea de una cicatriz sobre el vientre, las zarpas de la edad clavadas en los codos, los días que no se quieren vivir y que, sin embargo, llegan en las penumbras de la mirada. En la mitad de las fotos Marilyn está desnuda, como no lo había estado desde los dieciocho años, cuando posó para el almanaque
que iba a iniciarla en la fama.
Desnuda, pero sin el menor encanto. Ella se revuelve el pelo, se cubre la cara, se dobla como una púber sobre los pechos pequeños (también de púber: el único bastión de la adolescencia que no había caído), y nadie podría hacer otra cosa que compadecerla, pasarle la mano por la espalda y preguntarle de dónde Spotto cuenta que, hacia el final de las sesiones con Stern, Marilyn dejó caer el echarpe de seda con el que se cubría y le preguntó: "Bert, ¿no te parezco joven para mis 36 años?".
No parecía joven, pensó el fotógrafo. Parecía anciana y recién nacida, inocente y perversa, vacilante como la primera mujer en el primer día del universo. Se le acababa el ser y no lo sabía. Todas las desventuras del pasado se le asomaban de repente a la cara, como a un balcón en el vacío. Si algo sobrevive todavía de los 60 hay que buscarlo, sin duda, en los pliegues de esa cara menguante.
Fue de eso que murió, de no poder soportar a la que ya no era y que, no obstante, persistía en su ser: a la imperfecta, a la que se venía, a la que ningún Bert Stern querría volver a fotografiar. Los románticos solían decir que cada quien carga la propia conciencia como una cruz. Hay quienes -Marilyn era una- sobrellevan a duras penas el propio cuerpo, hasta que se vuelve ajeno y pesa demasiado, demasiado.
 
*Fuente: La Nación.
 
 
 
 
 
 
 
 
Banderas*


 
*Por Sandra Russo
 
Hace algún tiempo comenté una idea del escritor británico John Berger que leí en una entrevista. Decía que él descree de la palabra "amor", porque supone un desenlace feliz. Y agregaba que él prefiere esos momentos en los que, a solas con otra persona o colectivamente, está pasando algo que todavía no puede ser conceptualizado pero se vive, se siente, se entra de lleno en ellos. Lo individual se disuelve y se abre el túnel que nos separa de los otros. Hay comunión. Son momentos de contacto pleno. Todo esto último
es interpretación mía de lo que desde ese momento llamo "Momentos Berger".
Sí recuerdo perfectamente que él terminaba ese párrafo diciendo: "Probablemente sean los únicos momentos por los que vale la pena vivir".
Colectivamente, desde hace cuatro meses vivimos sin aliento. Angustia, fricción, impotencia son algunos de los sentimientos que muchos experimentamos. Pero las cosas no son lineales ni van en una sola dirección.
Y también, junto a la angustia por el mañana incierto y la impotencia por la evidente manipulación mediática de los hechos, hay un despertar a un tipo de pertenencia que hasta hace cuatro meses no se planteaba. Están asomando banderas. Motivos de peso para agruparse, para defenderse, para participar de la vida política de este país. Esto que empezó imprevistamente y que hizo estallar una época argentina para darle paso a la siguiente está cada día sacando más tripas afuera.
A la oposición política de radicales y símil radicales, se ha sumado ahora el peronismo que protagonizó los noventa, que durmió su siesta y ahora vuelve radiante, como si fueran debutantes con aires renovados. Vuelven como quien se ha quedado sentado en el cordón de su vereda, esperando el momento
propicio para pasar facturas. En el bolonqui todos reman para el mismo lado, aunque es incomprensible que un peronista, aunque sea de derecha, deje pasar conceptos como los que se le escuchan a Carrió: el jueves aseguró que a la marcha de la Avenida del Libertador irá "la gente libre", y que a la Plaza del Congreso irá "la gente obligada". ¿Coincidirá Barrionuevo? Esta etapa nos demanda increíbles coincidencias y asociaciones. En el combo lo vi a Llambías ironizando sobre el zoológico, y la palabra "aluvión" cayó sola, por su propia inercia, con su carga de racismo típicamente argentino. A ese
borde llegaron los que ya no disimulan civilización y se hunden en la barbarie de sus propios criterios para calificar a los otros.
Los '90 fueron una década de gente por el estilo. Ahora mismo estoy escuchando en la tele a un senador radical estallar en ira con lo de Aerolíneas. Parece el abogado defensor de la empresa. Dice que así no van a venir inversiones. La palabra inversión fue tan pronunciada en el menemato, fue tan impregnada de una vaga virtud, que algo de eso ha quedado. Está hablando de un grupo que no cumplió el contrato y dice que si se le exige que lo cumpla corremos el riesgo de que otros inversores no vengan. La Argentina conservadora, a la que desde principios del siglo XX el poder político jamás le importó mientras le obedeciera, vuelve a tirar la garra.
Es todo muy confuso. Pero no tanto, vamos. Duhalde sí pensaba volver, y volvió acompañado. El peronismo ya tiene su ala derecha bien armada. Nos resta ver si esa derecha peronista es ahora democrática. No lo fue antes. Y, sin embargo, veremos, ahora esa gente no será tan terrible ni tan corrupta para las otras derechas que pueblan el Parlamento. Unas y otras se sienten representantes de los intereses de la renta. Hablan de los pequeños y medianos productores, pero ni en el Parlamento ni en los grandes medios quedó claro, a lo largo de todo este conflicto, a qué intereses específicos responden Miguens y Llambías. Se lo pasan hablando de los pequeños y medianos productores, como si ellos también fueran dirigentes de la
Federación Agraria. Los movileros como los conductores de los programas periodísticos de la televisión actual los dejan. Este debe haber sido el conflicto con menos repreguntas de la historia.
El viejo peronismo que baila con la más fea no escandaliza tampoco a la clase media. El clientelismo puro y la corrupción a escalas innegables no mueven a las señoras caceroleras a indignarse. Dicen que detestan al peronismo, pero parecen más bien detestar que los de abajo suban algún peldaño. En rigor, ése es el peronismo al que temen, el que puede mover algo de lugar. Esa es la parte más ruin de la clase media a la que pertenecemos tantos: se siente más clase media si hay miseria alrededor.
Decía al principio que están apareciendo banderas. Llamo aquí banderas a las convicciones que nos han animado siempre. La equidad, la justicia social, la defensa de los intereses nacionales. Apenas se conoció la inminencia del conflicto de Aerolíneas, Canal 13 sacó a un excitado Joaquín Morales Solá que ya antes de tiempo y sin que nadie se lo pida, montaba guardia en defensa de los intereses de un grupo español privado. Recuerdo perfectamente cuando Aerolíneas fue privatizada. Recuerdo la vergüenza y la rabia que generó aquel remate que sin embargo no sacó a multitudes a la calle.
En la Carta Abierta se habla de la emancipación. Es una idea que suena romántica, naturalmente, entre billikinesca y militante. Ningún aparato de poder, como es la lengua, permitiría que la idea de emancipación llegue límpida al oído de alguien. Para escucharla, hay que afinar el oído. La emancipación, según me la imagino, es la soga desatándose. Es un esfuerzo.
Pero es también el sueño de muchos que se conectan a través de ese deseo que los abre. Un deseo de dignidad ante los poderosos, de política ante la chicana, de pasión ante el interés. Algo de esto circula. Se siente.
 
*Fuente: Página/12.
 
 
 
 
 
 
Cuando hemos perdido todo*


 
En su última novela, Pablo de Santis escribe a propósito de un personaje que se ve obligado a decir cierta verdad a la persona que ama: "dudó, porque toda verdad es una forma de despedida". Como ese personaje, siento que la terrible crisis argentina es la hora de decirnos la verdad; que es la despedida de todo aquello que creímos ser, engañados por una ficción política que muchas veces no tuvimos el valor o la lucidez de desbaratar. Y que asumir el casi insoportable dolor de esta despedida, utilizarlo como acicate para nuestra creatividad y nuestra solidaridad, es nuestra única posibilidad de sobrevivir.
Quizá porque todo lo que construimos en la adultez parece a punto de destruirse definitivamente, a menudo creo revivir situaciones de infancia que me cuesta mucho recordar con precisión. Los primeros días, por ejemplo, creía reconocer aquel momento de la misa en que uno se sentía mirado por un Dios al que era imposible mentir y sobornar; pero de inmediato me corregía, porque el temor de Dios entrañaba una fe en su bondad de padre. Hasta que hace unos meses, en un bar al que llego todos los fines de semana por las calles de Buenos Aires entre asaltos y mendigos, mi amigo Pablo Pérez el equilibrista me dio una clave: "¿Sabés? Una noche, en Mendoza, a los once o doce años, soñé que despertaba y saltaba de la cama y al abrir la puerta de mi casa sólo encontraba una inmensa llanura, y allá, a lo lejos, una casilla cerrada que corrí a abrir y en donde estaba Dios. Estaba encogido y tembloroso, Dios, con unos ojos enormes que parecían pedir piedad. cuando le pregunté por qué estaba asustado, Dios me dijo que ya no podía volar. Y desde que me desperté", termina Pablo, "yo mismo empecé a treparme a los árboles y a aprender este oficio que todavía no sabía que existiera". De alguna manera todos nosotros, aun los que no creemos, sentimos que "Dios está asustado" porque nuestra imagen del mundo y de la historia, la que justificaba hasta ahora todas nuestras acciones, nos ha mostrado para siempre sus propios límites, sus incapacidades de entender y actuar. Sí: hemos asumido que Dios está demasiado asustado para ayudarnos. Y en el dolor del abandono, sentimos que sólo nos quedan dos posibilidades: o morir o vivir. Y sobrevivir es mirar valientemente aquello con que todavía contamos, y sobre todo, como aquel chico en los árboles de Mendoza, disponerse a aprender. Porque, ¿qué nos queda cuando parecen habernos robado todo? En principio, aunque suene a lugar común, nos queda la memoria, pero no ya como mero sitio de homenaje, ni siquiera como utopía realizada y perdida, ese paraíso de los padres fundadores que nos inmoviliza en veneración y nostalgia. La lección de los tiempos es, incluso, contraria: no somos una identidad inmutable, sino los sujetos de una historia de inevitables mutaciones que debemos tener siempre presente para que el cambio no derive en traición.
Tenemos la memoria, digo, como sitio del presente repleto de herramientas todavía utilizables. Impedidos de comprar CDs, resucitamos las bandejas y los wincos y vamos por la ciudad rebuscando discos de vinilo que familias en bancarrota salen a vender o a trocar a las plazas: así resucita, casi intacta, la música de una argentina empeñada en escucharse a sí misma y a hacer escuchar sus voces, desde los alumnos del Mozarteum a los bagualeros de Yala, desde los baladistas del Di Tella a la gota de agua o el silbido de un barco que Leda Valladares perseguía por la ciudad con un diminuto grabador Geloso: Una Argentina que de pronto sabemos que sonaba para hoy y para nosotros. En las reuniones, ya cantamos distinto.
Muchos de mis amigos, escritores y foniatras, cantores y hasta reparadores de electrodomésticos, se han puesto a escribir manuales: no ya para aprovechar tal o cual demanda de las editoriales, todas al borde de la quiebra. Todos tenemos la misma urgencia de compartir esos saberes que creíamos haber olvidado simplemente porque nadie nos lo requería, porque nos habíamos acostumbrado a hacer nuestros trabajos según órdenes ajenas o extranjeras o porque, en fin, nos habíamos resignado a que nos hubieran arrebatado nuestro puesto de trabajo. Una de esas amigas me dice que en los talleres de escritura, por ejemplo, han sido muy pocas las deserciones: lo que era, hasta diciembre una actividad secundaria se ha revelado como el último lugar en que un pueblo defiende la posibilidad de decirse, de imaginarse, de elaborar, contra la alienación, un lenguaje nuevo y propio. Por supuesto, no confundo estas formas de resistencia con ninguna victoria final, ni siquiera la auguro; pero las señalo como lo que son, luces imprevistas que nos permiten seguir dando pasos en medio de esta oscuridad, apostando a que nos suceda lo mismo que al protagonista de aquel cuento danés que, después de toda una vida de aventuras durísimas, subió a la cima de una colina y vio que su itinerario por la comarca había dibujado una figura precisa: la figura de una cigüeña. Y que esa figura le daba, porque había sido fiel a su deseo, un premio más cierto y profundo que la felicidad: el premio de la comprensión.
En verdad, escribo estas vivencias y me doy cuenta de que en medio de la tragedia aprendimos a aprender de todo y de todos: y que el cuidado de una planta o un animal, de pronto tanto menos frágiles que nosotros, o la escritura de una novela, tanto más espaciosa y acogedora que nuestra propia vida, me han enseñado mucho sobre el tiempo, en estos meses que he vivido con la intensidad de los muy viejos, incapaz de concebir la idea del futuro.
Por eso, contra esa obligación "políticamente correcta" de estar tristes, me parece urgente contraponer esta evidencia, obvia desde siempre en todas las militancias, aun -y acaso especialmente- en las que surgen como respuesta a una de las tragedias más horrendas; esa evidencia obvia, digo, en el increíble fenómeno de las asambleas populares o del movimiento piquetero: el dolor, en lo que tiene de verdad, abre camino siempre a la belleza, "porque la belleza es verdad, la verdad es belleza y nada más importa saber sobre la tierra". Más aún: el dolor exige convivir con la alegría, nunca con la tristeza, que es negación y muerte. La alegría de crear, la alegría de servir, la alegría de saberse útiles.
Y si no, fíjense en esta última historia verdadera. Mi amigo Ivo Machado, que es poeta y controlador aéreo en Portugal, recibió una noche la llamada de un piloto que volaba solo en medio del océano Atlántico. cuando el piloto le describió su situación, Ivo le dijo lo que el otro quizá no se atrevía a admitir: que carecía de combustible suficiente como para llegar a cualquier costa, y que debería prepararse para acuatizar. Durante unos minutos, el piloto siguió haciendo preguntas vacilantes, preguntas que eran excusas para no quedarse en el silencio del mar y que Ivo respondía con precisión y solidaridad: no, en esas latitudes no había tiburones; sí, claro, la temperatura de esas aguas, aun en invierno, no representaban peligro alguno. Creo que el piloto mandó entonces algún mensaje, y que Ivo prometió retransmitirlo. pero cuando ya no hubo más que decir, el piloto intentó despedirse. Ivo, sin saber por qué, le preguntó si, en lugar de quedarse en silencio, no quería oír poesía. El piloto dijo sí, y durante casi una hora, hasta que finalmente el piloto se perdió en el silencio final, la voz de Ivo cruzó la inmensidad llevando los versos que había amado durante toda su vida. Ivo nunca me contó si el piloto era portugués: en tal caso, el piloto habrá sentido que toda la cultura de su pueblo acudía en su ayuda; si no era portugués, y aunque el sentido se le escapara, igualmente habrá podido percibir que el ritmo de los versos se plegaban dócilmente al del mar y al de la luna, y que ésa es la conquista de la aventura humana.
Pienso en Pablo, el equilibrista, planeando sobre las mesas del bar y en Ivo diciendo sus poemas. Pienso en el chico que fui y en el que, de algún modo, somos todos en medio de esta tragedia y me parece oír, en todos los casos, el mismo silencio, y es el silencio de una ceremonia, y es un silencio sagrado. El comienzo de un rito, sí, que repetiremos siempre para saber que una vez nos salvó esta verdad: "Dios nos abandonó, y cae la noche. Pero estás vos y estoy yo. Vamos volando".

 
 
*de Leopoldo Brizuela.
-Publicado en la edición del diario Clarín del jueves 6 de junio del 2002.-

 

 

 

 

 

 

 

Urbano Powell*



Año 3623. El Papa Urbano Powell IV acaba de concluir su intervención en el concilio, la aprobación de las uniones virtuales es un hecho. Él es, el tercer clon de Urbano, el primer Papa negro de la historia, y es hoy conocido popularmente como el Papa "Sociólogo" por la Orden Teológica del Saber de la que proviene.

La humanidad marcha, se acerca a la concreción paso a paso de sus antiguas utopías. Pero, ¿qué mundo es este?  Todo ha cambiado mucho en el último milenio, de muchas cosas solo queda el uso inadecuado y melancólico de las palabras que alguna vez designaron esa realidad. Pero las palabras durmientes han resistido más que las cosas, más que la gente que las sostenía con cuerpos y prácticas reproducibles. No hubo discusiones apasionadas, el mundo del amor virtual hace rato que se ha impuesto como forma dominante de intercambio entre seres y sexos. Quizá, la pregunta de hacia donde vamos, nunca tuvo tal penuria, tanta falta de destino como en este presente continuo.

El amor solo se concibe como una relación de imaginarios, y hace ciento de años que perdió cualquier relación con la necesidad hormonal y física de intercambio carnal.

Estaba previsto, había sido profetizado a fines del siglo XX. El Papa sociólogo, lleva en sus maletas los documentos originales que fundaron su hermandad del saber. Los escritos fundacionales, que ahora son leídos con cierta decepción, con cierta forma de naturalidad: De La Seducción , de Jean Baudrillard, La Historia de la Sexualidad de Michel Foucault, y muchos otros escritos por apellidos como Castoriadis, Beck, Lipovetsky, Todorov, todos datan del momento en que la humanidad luchaba por entender y alterar un destino por entonces desconocido.

En este mundo, muchas cosas han cambiado, el amor ha quedado emancipado de cualquier decepción y la reproducción de los humanos abandono la sede corporal de los úteros para ser una cuestión de Estado, que se realiza bajo estrictos códigos de manipulación genética.

Ya nadie engendra a sus propios niños con un intercambio directo de fluidos corporales. Desde la imposición masiva de la concepción extrauterina con manipulación genética, los humanos solo pueden donar esperma y óvulos para los bancos de gestación de hijos de la humanidad, luego pueden adoptar de
forma casi inmediata hijos de crianza, aunque los sectores del privilegio en general prefieren clonarse en descendientes casi idénticos, en un proceso al que se denomina mismidad caracterológica, pues no solo se clonan sus formas corporales, sino que también su memoria, sus recuerdos y emociones pueden
transferirse desde archivos virtuales a la edad necesaria.

El mundo de las regulaciones se ha desplazado notoriamente, el control de la natalidad, las características deseables de las futuras generaciones de habitantes e hijos de la humanidad monopolizan el conjunto de debates y casi toda la energía disponible en las instituciones para dedicarla al área del conflicto.

El FMI, ha abandonado las prácticas de control de intercambios digitales y su institución principal es el control del cumplimiento de la cuota de natalidad prevista para cada Estado miembro. Una formula polinómica que permite solo pequeños desequilibrios ha de reunir año tras año, el incremento de la población con el incremento de la producción de los recursos transgénicos necesarios para alimentarla y sostenerla en el mundo.

Solo restan algunos bolsones de resistencia. Grupos de apocalípticos se reproducen libremente en las montañas de Afganistán,  en las selvas montañosas del Perú, en grietas y lugares inaccesibles de pequeñas islas volcánicas del Pacifico.  Bajo condiciones extremas de marginalidad esa población primitiva disminuye año tras año, cuando alguno de ellos es rescatado por las fuerzas de la civilización es tomado como población de ensayos y finalmente desactivado para la reproducción directa de la especie.

Existen principios importantes que han logrado ser normalizados, y extendidos con un fuerte consenso democrático, como una ideología del sentido común que otorga verdad a todos los intercambios.
"El cuerpo es un lugar de desencanto", dice Urbano Powell IV una y otra vez en sus encíclicas, y la realidad de la gente parece darle para siempre la razón: ya nadie podrá decir que ha engendrado hijos sin deseo, por pura necesidad de contacto sexual, es más cada vez es más extendido que las mujeres y hombres, ya sean clones o hijos de la humanidad desistan de las complicaciones del contacto físico sexual, el conjunto de la vida emocional se produce en Comunidades de sexo virtual, donde se estimulan  y surgen donantes para los bancos de reproducción de la especie.

El mundo se emancipo para siempre de las debilidades y tentaciones de las que prevenía San Agustín, se libero de la culpa por ceder al deseo que describió Lacan, logro como lo profetizaba Baudrillard, expulsar su parte maldita.

Las gentes han logrado imponer lentamente desde finales del siglo XXII una ética del Preferiría no hacerlo, y las emociones se buscan en viajes virtuales en la reversibilidad de las partículas de luz, que permiten ver y sentir las otras épocas donde la soberanía del acontecimiento era absoluta.

Los ciclos de revisión del cine son muy populares, antes de tomar la decisión del día, los miembros del consejo directivo de la hermandad, participaron de un debate teológico después de la exhibición de la película La Guerra del Fuego.

El asistente principal de Urbano,  Udi Tucker,  lloraba  de emoción al ver las imágenes donde el macho poseía a su hembra sosteniéndola por detrás, sin duda inspirado en la visión naturalizada que tenían nuestros más primitivos antepasados de la copula de otros mamíferos de cuatro patas. La película de
Anaud, termina por sellar las cosas, el mundo no puede retroceder a sus orígenes, a sus instintos más animales.

Hemos superado para siempre la edad mítica, razonó en voz alta Urbano, en la mesa, todos nuestros mitos se han realizado en la vida virtual y real de La humanidad, Eros y Thanatos no coexisten más adentro de cada uno.
El Arzobispo Horatio Vagus Engels recordaba las mesas cuando todavía se consumía la carne de cadáveres de seres vivos, como aves y carne de mamíferos. Reían todos al imaginar a esos animales que pastan hoy en reservas naturales servidos en platos cocidos después de largos períodos de enfriamiento.

Después de todo, el discurso del Papa ha sido mundialmente aceptado, el mundo ha logrado la reducción paulatina de su obscenidad y la no-convalidación de la unión monogámica virtual seria un retroceso en la
credibilidad.

Quien verdaderamente ama, concluye el Papa Sociólogo, debe estar liberado para siempre de buscar complacerse en lo concreto con otro.

 

 

-2004-

 

 

*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@...

 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 13 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Matías Giuliani. Las poesías que leeremos pertenecen a Lucas Duarte (Colombia) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
 
 
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#165 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 4 de Jul, 2008 5:12 pm
Asunto: EDICIÓN JULIO
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Mis amigos poetas*
 
 
 
Mis amigos poetas
no están con los famosos en las antologías.
 
Mis amigos poetas odian la hipocresía,
le cantan a los duendes
y se mueren de pena por la muerte de un niño.
 
Mis amigos poetas apoyan las huelgas    
y reciben balas
cuando disparan versos a la policía.
 
Mis amigos poetas están en las marchas
y cargan estandartes del Cristo de La Higuera.
Se oponen a las guerras y a las oligarquías.
 
Mis amigos poetas
jamás tendrán un Nobel.
 
 
 
*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@...

 
 
 
 
 
 
 Revolviendo la maleta*




Revolviendo la maleta salió tu verso.
Entre calcetines, pañuelos y ropa
aparecieron tus besos

No sabía lo que era
y los tomé con las manos
en silencio
los miré despacio
y los puse en mi boca
un momento

Vi que eran tus besos
y con ellos, tu aliento
que pusiste en mi equipaje
para seguirme queriendo.
 
 
 
*Joan Mateu. joan@...


 

 

 

 

 

La dama del sombrero rojo*

 

 

 

¿Qué será

la dama del sombrero rojo

bajo el velo?

 

¿Ave del paraíso?

 

¿Será de dragón

su fuego camuflado

entre puntillas?

 

¿Será la suma voraz de todo miedo?

                          

¿Sólo madre,

                     y sus ubres

cándidos surtidores de nácar?

 

¿Será loba?

Padecerá su hambre

debajo de la luna?

 

                    

¿Será gorrión?

¿Mariposa nocturna

 amanecida entre dos hojas de cuaderno?

 

                           

                                 

Mujer que velas

                     de rojo

 

¿te apagarás con  la luz

                           tú también,

como los pájaros?

 

 

 

 

*de Martha Valiente. puertopegaso@...

 
 
 
 
 
 
 
 
Un nido de abrazos*
 
 
 
1
 
Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.
 
 
 
2
 
 
Levantan la vista
ven al árbol dormitorio
florecido en pájaros de la noche.
No caen a pétalos.
 
Sólo se acompañan en soledad
de hoja en hoja.
 
Ella se pregunta
porque no hacen nido.
 
Mirando al cielo vedado
por hojas y pájaros.
Se abrazan.
 
Y hacen del abrazo,
un nido.
 
 
*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@...
 
 
 
 
 
 
Querreque*
 
 
*de la canción popular mexicana
(que en nada se parece a este escrito)
y en memoria de
José Guadalupe Posada.

 
 
Calaveras bailan en medio de la plaza,
Cantan y se entonan
Al son de la Muerte Alegre.

Calaveras empresarias
Y calaveras obreras;
Terratenientes
Y trabajadoras agropecuarias
Ahora comparten juntas la mesa
Con tan solo los huesos
Para mostrar.

Nosotros,
Simples mortales,
Podemos hacer que caigan del techo
Calaveras de azúcar y pan,
Que caigan entonando rimas
Que toman de frases de "El Capital".

Algunas con zarape,
Otras tantas con sombrero de palma
Y comiendo un agusanado tamal...

Cuentan historias de terror
Que han dejado para los vivos:
Hablan de deuda externa,
Democracia representativa,
Desregulación
Y apertura al mercado mundial.

Brindan haciendo buches
Con tierrardiente y gas metano
Mientras guardan los chistes
Entre canto y canto
Para gritar que no importa
Quién empiece la guerra,
Aquí todos llegamos igual.

Yo por eso cuando sea grande
Quiero ser calavera,
Para que todos vean que tenía razón:
Que todos nacemos y morimos iguales.

El pobre y el rico solo son momentáneos
Mientras se mantengan las clases en esta sociedad.
Pero al final de cuentas,
Quieran o no lo quieran,
A la misma tierra van.

                                           
 
*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@...
 
 
 
 
 
 
 
El destino es insondable*
 
 
 
 
El hombre lee en su asiento una carta escrita sobre papel verde. Se inclina un poco tratando que el sol que ingresa por la ventanilla ilumine de lleno en esas letras de birome azul. Tiene sus ojos cansados y la presbicia lo obliga a distanciar bastante la carta, a punto de temer con incomodar con la extensión de su brazo a la señora sentada enfrente en la que puede ver una mirada curiosa detrás de esos anteojos redondos con bastante aumento.
En realidad, no le importa que esa señora de mediana edad y pelo rubio enmarañado se interese por su carta. Ella solo podría haber leído la fecha y el lugar que están en letra visible e imprenta, arriba a la derecha de la primera hoja. Luego viene la letra manuscrita, pequeña y encriptada de Cecilia que se hace imposible de descifrar si la persona no esta familiarizada con ella.
Y además, que importancia tiene que esa señora de algo menos de cuarenta años sepa de su felicidad, de su ir y venir con el amor y la distancia.

Ella iba y venía, en su trabajo por los aires, en sus ensueños o en sus amores fugaces de cada aeropuerto que no lograban desplazarlo a él. Su hombre.  Él, que iba y venia todos los fines de semana para compartir su lecho, sus labios. Para caminar con ella de la manito o en el abrazo de hombro de ella a cadera de él que tanto les gustaba, como a los eternos amantes, novios o compañeros de vida, aunque nunca supieron definirse, no les interesaba otra cosa más que llevarse de la mano o del abrazo por la
vida que era una sucesión de instantes o una eternidad bajo una misma luz, pisándose a veces con mutua torpeza los pies en aquellas estrechas veredas del centro antiguo de la ciudad, para luego retornar al departamento de ella y fundirse en un solo cuerpo a luz de luna o estrellas, a sol que entibia la piel o a cielos de acero sin grietas. Aun parece sentir el ruido de la lluvia cayendo a gotones de sonido persistente por los techos, mientras adentro los cuerpos se encendían bajo cobijas del frío invierno.
Sentados en la cama, los domingos a la tarde él le leía a ella cuentos de Dal Masetto y ella a él a Borges o Cortázar. Más de una vez, le leyó "Romance" y él sabía, que era apenas un pretexto para llegar a la frase final que tanto lo oprimía como presagio, como un destino acechante a la vuelta de la esquina, o en cada ir y venir a la estación de trenes, para llegar o partir de los brazos de ella, su amor, su compañera.
Recuerda haberle leído esa frase que ahora ronda frecuentemente en su cabeza: el destino es insondable y no existe felicidad que no este amenazada.

 Pero él recuerda cada encuentro y cada despedida como si fueran una sola, una misma imagen superpuesta de ese intento imperfecto de volver una y otra vez al placer, o al contacto de la piel, la fusión de los cuerpos, el orgasmo de cada cual a su tiempo y modo, la sonrisa del después y el dormir
abrazados para entrar en la noche del sueño bien juntitos.
Su piel lo enloquecía. Su blanca piel casi transparente en la que podía ver rutas celestes que no parecían venas sino mapas de cielo como los que ella surcaba primero en Aerolíneas Argentinas y más tarde en Lufthansa.

Vuelve a doblar en dos las tres o cuatro hojas de la carta sin dejar de echar una última mirada con los ojos húmedos sobre el encabezado, que seguramente la señora que esta allí enfrente ya ha leído, aun fingiendo desinterés y con la mirada perdida en algún punto de la estación que de una vez y quizá para siempre están por dejar cuando la fuerza de la máquina logre romper la inercia y el viaje se desate sin atenuantes en un movimiento externo a esa relativa quietud de gente sentada e indiferente a los otros seres sentados que parten desde sus propios mundos y asuntos.

No importa que esa señora sentada enfrente haya leído la fecha: Hamburgo, 15 de abril de 1992.
Y más abajo el Querido Julio:  y luego parte del contenido que conoce de memoria y ha leído una y otra vez durante estos años, en sus viajes a bordo del tren.

Entonces el tren arranca y el hombre rompe la carta en cuatro con expresión de angustia marcada en el rostro, aunque ya maldice su impulso, su inútil esfuerzo por doblegar ese pequeño hilo de ilusión que lo mantiene ahí, no queriendo preguntarse  sin respuesta, y entonces guarda esos grandes pedazos en el bolsillo derecho de su campera verdeagua, quizá ya mismo piensa en pegarlos con cinta transparente al llegar a su casa de Buenos Aires.
Intenta disimular su rostro desencajado. Se levanta y se va al otro vagón, no quiere testigos, que nadie sospeche ni se pregunte por que él sigue yendo y viniendo en ese tren.  Ahora que ella, no esta más para esperarlo.

 
 
*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@...

 

 

 

 

Nosotros, no*

 

 

No hemos sido nosotros

quienes entre 1600 y 1850 hemos asesinado

sistemáticamente a más de 30 millones de indígenas

durante la colonización de Norteamérica

ni quienes a partir de 1619

legitimamos y establecimos el uso de prisioneros africanos como esclavos

situación que jurídicamente sólo vino a terminar en 1995;

no hemos sido nosotros quienes nos apoderamos

de Texas, California y Nuevo México entre 1846 y 1848

tras promover y financiar un movimiento de secesión en estos territorios mexicanos

ni quienes anexionamos a Hawai en 1898 e intervinimos

en la política de los países centroamericanos, anexionando

también a Filipinas, Guam y Puerto Rico;

no hemos sido nosotros quienes, por supuesto, innecesariamente

atacamos con bombas atómicas

a ciudades de Japón,  como muchos recuerdan, en 1945

ni quienes una y otra vez

nos involucramos en guerras foráneas

y  conquistando nuevos territorios

o áreas de influencia

declaramos la guerra a Corea

intervinimos en la política sudamericana

y  a tantos masacramos en la guerra de Vietnam;

tampoco hemos sido nosotros

quienes invadimos a la República Dominicana en 1965

y reiteramos la experiencia en Panamá y Granada,

Afganistán e Irak

ni quienes en los primeros años del siglo veintiuno

mostramos abierta y sangrientamente la pretensión de dominar

a todas las razas y culturas;

de ningún modo somos nosotros

los que devoramos cerca del 40% de toda la Energía

incluyendo combustibles, alimentos y agua

ni quienes apostamos al sustento del mayor arsenal operativo nuclear de todo  el Planeta.

 

Repudiamos nosotros, no sin énfasis

que se nos endilguen estos dichos, y aun otros, y otros

con esa liviandad, animosidad manifiesta

y afán estigmatizante que a ustedes los caracteriza

al tiempo que denegamos

haber ido deviniendo en el Supremo

Energuménico

Enemigo de la Humanidad.

 

(a Ernesto Guevara)

 

*de Rolando Revagliatti. revadans@...

 

 

 
 
Sin maquillajeâ€*

 
 
En soledad
Y también en la noche
Quizás con las dos juntas
He descubierto la profundidad
Del abismo,
La pesadilla de ser yo
No me animo a mirar
En el espejo
No quiero asustar a mi rostro
Él aunque esté triste
No puede transmitir
Esa la pura soledad
De estar con uno mismo
Y sin maquillaje.-
 
 
 
*de Azul. azulaki@...
 

 

 

 

 

 

SE HAN ABIERTO LAS BARRANCAS DE LA NOCHE*

 

 

 

Se han abierto las barrancas de la noche.

Aquellos que se han ido, han vuelto.

Silenciosamente, así como han partido.   

 

Está la repudiada, con su sexo abierto y su boca cerrada.

Esta el hombre estallado en el espejo del amor 

Está el niño que no llegó a la lluvia.

Esta la adolescente pálida  ahorcada  con sus trenzas azules-

Está la bestia, aun sin rostro.

Está el preceptor de primer grado con su índice erecto y su pene flácido

Está el hombre que murió en defensa propia.

Están los muertos ilustres envueltos en banderas.

Están los "muertos de mierda" y la mierda de los muertos.

Está el condenado por los dioses arrojado al Río de la Plata.

Están  erguidas las ratas  militantes de la peste negra.

Está Medea y los hijos de Medea.

Está el hombre de las cuencas vacías.

Está la infamia anónima escondida tras pétalos de lepra

Está Magdalena enamorada eterna del eterno hombre.

Está María con mirada cándida y piernas varicosas.

Está el padre del padre de la madre  con su espada rota.

Está el poeta condenado a la muerte y  la  vida de la rosa.

Están  deudos y  deudores de la fetidez globalizada.

Está el hombre de sombrero bizarro.

Está el labriego con las callosas manos mutiladas

Esta la dueña de los pantanos invisibles

Está el vate  chileno de la generación muerta.

 

Están  todos. Ninguno falta.

 

Tampoco yo.

 
 
 
*de Amelia Arellano  arellano.amelia@...

 

 

 

 

 

Una mañana*

 

 

 

 

Silencio al sol de media mañana. El hombre percibe con su nariz cerrada por el resfrío como se abre paso lentamente un aroma a sopa de vegetales. Un olor a hogar inunda el aire quieto de la habitación.

Él, ahora, puede respirar bien, bastante mejor que ayer a la noche. Se abren sus sentidos y el gusto a sopa le trae bien cerquita la voz de anoche, con su compañera cantando en la cocina...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Y algo más abajo de su voz de blanca negra que por momentos se eleva en catedrales, el hombre alcanza a oír la percusión, un ritmo espontáneo que surge del cuchillo cortando sobre la tabla de madera.

Pedacitos y pedacitos que serán bien pronto aroma y alimento.

Recién en la mañana, con la cama bañada de sol, el hombre abre sus pulmones y los llena del aire a sopa, y también del sonido que bien evaporado y mezclado en los sabores vegetales flota en la habitación...

"Who can buy this wonderfull morning?"

"Who can buy this morning to me?"

Tiene razón la letra. Nadie puede comprarle esta maravillosa mañana, cuando su nariz recibió como un golpe del recuerdo, ese aroma y esa voz. Una sencilla muestra de la dicha de amor y hogar que llegaba desde la cocina.

 

 

 

*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...

 

 



 


3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL "ESTRELLA ERRANTE"
 
 
 
BASES DEL CONCURSO:
 
ÁREAS:
a.   Composición para piano solo
b.   Composición para piano y electrónica
c.   Composición para piano y trío de cuerdas
 
v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. 
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. 
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. 
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
 
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
 
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
 
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS: 
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO:    500 Euros
 
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
 
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
 
Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA -
o a: 
euroyage@...
 
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
 
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
 
El 3. Concurso de Composición XICóATL "Estrella Errante" es posible gracias al auxilio de:
v      El Gobierno del Estado de Salzburgo
v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v      La Asociación Música en el Museo (MiM)
v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
 
 
 
 
 
DEL EDITOR DE INVENTIVA SOCIAL:
 
 
 
A los Amigos lectores de la edición mensual:
 
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#164 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 30 de Jun, 2008 12:19 pm
Asunto: LOS AFECTOS SON UN FAROL Y UNA BRÚJULA...
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Postales de la Plaza del Congreso*


 
Las callecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo, viste ?
Salgo de paseo por Callao, lo de siempre en un domingo a la tarde.
Y cuando llego a Rivadavia, de repente, se me aparece él:
mezcla rara de agente de Monsanto y López Jordán.
Boina en la cabeza, propaganda de TC 2000 en la campera de carpincho,
un brote de soja en una mano y un billete de 100 dólares en la otra.
Pero no sólo yo lo veo, no.
Por que una viejita con tapado de zorro fueguino se le acerca y lo alienta.
Y dos señoras le besan las rubicundas mejillas, no sin antes decirle:
"No afloje, que con los militares estábamos mejor".
A su paso lo sale a saludar la "gente linda", y la plaza se llena de banderas que se agitan.
Las naranjas del frutero de la esquina le tiran glifosato,
y a medio camino del Congreso un taxista con el logo de Clarín Rural le obsequia un bocinazo.
Desde una carpa vitorean: "Viva, viva", "No nos une el amor".
Y un joven trotzkysta, y una "Nina" entonan un canto de loor.
Un soldado se le cuadra, y un cura lo bendice.
Desde otra esquina se le oponen:
un joven desdentado y un político sin honor,
Una collita le hurta la mirada,
y el canillita le regala "La Nación".
y, él, como entre dientes, musita: "Lo dijo La Nación"

Y yo, aquí, mientras lo evoco,
siento un poco de vergüenza ajena.


*Udi, mediocremente poético. udi.cuatro.catorce@...
 
 
 
 
 
 
 
 
LOS AFECTOS SON UN FAROL Y UNA BRÚJULA...
 
 
 
 
 
 
 
Ulises*



El descubrimiento de fragmentos de la Odisea de Homero en unas excavaciones dirigidas por Plumkier cerca de Esmirna ha sorprendido al mundo, ya que deja entrever las dudas que tenía el autor en su guión. Estos manuscritos han puesto en evidencia el pasaje de "Ulises y las sirenas",  en el que conmina a sus hombres a taparse los oídos para no escuchar los cánticos.

Transcribo literalmente el retazo que dice:
Cuando las sirenas cantaron Ulises hizo que sus marineros se taparan los oídos con cera para que no pudieran escuchar los cánticos que les atraerían hacia los arrecifes. Ulises se arrepintió de esta orden al cabo de media hora de remar. Nadie le hacia caso cuando, atado al mástil, gritaba: "¡A babor, a babor que vamos contra las rocas!"
 
 
 
*Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
 
 
 
 
LUIS KANCYPER PSICOANALISTA

"Tener un hermano nos protege del anhelo de un poder totalitario"*

El cultivo de buenas relaciones fraternas, tanto entre hermanos de sangre como entre amigos y semejantes, es tan importante para las personas como para las sociedades. Cuando se pierden, sobrevienen conductas autoritarias.
 
 
 
*Fabián Bosoer. fbosoer@...



El tratamiento del Mal y las manifestaciones de la maldad no son materia exclusiva de filósofos, religiosos o políticos. También es un asunto que preocupa a los psicoanalistas, tanto al abordar los traumas y angustias que traen los pacientes como al introducir su mirada en los malestares de
nuestra cultura. A tratar, precisamente, las "Figuras clínicas del Mal" se dedicó el reciente Congreso Argentino de Psicoanálisis, que se reunió en Córdoba con la presencia de algunos de los más prestigiosos psicoanalistas del país.
Entre ellos estuvo Luis Kancyper, autor de numerosos libros, algunos de los cuales fueron traducidos a otras lenguas: "Resentimiento y remordimiento", "Jorge Luis Borges o la pasión de la amistad" y "El complejo fraterno".

Los aspectos más tortuosos o complejos de la relación entre hermanos aparecen en varias películas recientes. ¿Qué lecturas pueden hacerse desde el psicoanálisis de este renovado interés?
 
Las relaciones entre los hermanos que se presentan tanto en la aparente simplicidad de lo normal como en las exageraciones de lo patológico son diferentes de aquellas que se originan en la relación con los padres. El hermano es un semejante demasiado semejante y la primera aparición de lo extraño y diferente en la infancia. El enfrentamiento con el hermano, con el doble, con el intruso, perturba mucho. Como decía Calderón de la Barca, "Para quien aspira a ser rey, todo hermano es un estorbo". Por otra parte, la relación fraterna pone al descubierto temas muy actuales y altamente preocupantes en este mundo de la intolerancia ante la diversidad. La falla en los roles parentales, en lugar de instalar un sentimiento de pertenencia y orden en la estructura familiar y social, hace que se desplieguen los
afectos más hostiles y crueles, que son también inherentes a las relaciones infantiles entre los hermanos. Esto es lo que aparece en varias de estas películas, como "Muerte en un funeral" y "El sueño de Cassandra".

En "El sueño de Cassandra", la última película de Woody Allen, vuelven a aparecer los temas clásicos del psicoanálisis, pero se centra en la relación fraterna...

Sí, en esta película Woody Allen devela los conflictos entre las generaciones, de padres a hijos, de tíos a sobrinos, y la dinámica propia entre los hermanos. La madre de los dos hermanos devalúa la función del padre y sobrevalora la imagen de su hermano exitoso financieramente en el exterior. Y es precisamente este tío de América el que expone a sus sobrinos europeos a cruzar las barreras éticas. Pone al descubierto cómo la generación que precede a los jóvenes, de alguna manera, los manda a matar.

¿Cómo interpreta el impacto que tiene en los dos hermanos esta incitación a pasar el límite?

A diferencia de anteriores películas de Woody Allen -"Crímenes y Pecados" o "Match Point"- aparece aquí algo inédito. Terry, el hermano menor, siente arrepentimiento, remordimiento y búsqueda de autocastigo. Este personaje tiene resonancias en Dostoievsky: el mal termina siendo castigado. Y se
precipita finalmente un fratricidio, pero, a diferencia del bíblico en el que Caín mata a Abel, aquí se invierte la relación. En "Match Point" parecía que un crimen puede salir impune si el azar juega a su favor. Y el individuo no es responsable de sus actos sino que se limita a jugar a que la suerte sea favorable.

¿Al final no habría salvación, no habría redención posible, pero sí existirían el juicio y la determinación personal...?

En "El sueño de Cassandra" la tragedia parece ser inevitable. Pero la pregunta que surge es aquella que en el año 1602 ya se planteaba Shakespeare en el "Rey Lear" y que continúa siendo tan actual: "¿Es que se ha desterrado de este mundo la compasión?" El sentimiento de compasión no es piedad, ni misericordia, ni lástima. La compasión es aquel sentimiento que me permite abrir las puertas de la solidaridad cuando registro aquello que lastima al otro y que promueve un deseo de mitigar el dolor del "otro fraterno". El surgimiento épico de la confraternidad contrarresta las fantasías fratricidas que anidan en el alma de los individuos y de los pueblos. Es la cuestión de cómo contrarrestar al herrumbrado destino mítico y encontrar algunos "por qué" a lo que aparentemente parece ser inamovible.

¿Qué respuestas aporta el psicoanálisis?

En este sentido, podemos decir que el psicoanálisis es la ciencia del anti-destino. Intenta, dentro de lo posible, hacer conscientes los escándalos del inconsciente que de un modo constante generan sus efectos en la psicología individual y en las sociedades.

¿A qué llama "escándalos del inconsciente"?

En ciertos momentos, la fuerza de lo inconsciente puede llegar a operar como "la piedra del escándalo" exteriorizándose a través de síntomas, inhibiciones, falsos enlaces, lapsus, angustias y otras múltiples emociones que se sustraen al dominio voluntario, llegando a generar malentendidos, que a su vez originan nuevos malentendidos, y éstos suelen interponerse en los ámbitos de la razón, para que el sujeto tropiece y pierda el equilibrio de sus ideas, convicciones y actos. En cambio, en otros casos, lo inconsciente
funciona como fuente y motor de creatividad inagotable, promoviendo en el sujeto y en lo colectivo la posibilidad siempre abierta para que se desplieguen impredecibles e ignotos horizontes de invención.

¿El inconsciente sería algo así como un depósito permanente de la naturaleza humana?

Así es, de poderosas fuerzas irracionales. Actúa a la vez como el agente supremo de la libertad humana y todavía más, como la traba más fuerte de ella. En ese doble sentido también decimos que el complejo fraterno no se reduce únicamente a los aspectos destructivos de la rivalidad entre los hermanos, tiene además sus aspectos constructivos.

¿Cuáles serían esos aspectos tan necesarios?

Desde su origen, todo sujeto requiere de un Otro, personificado en un hermano cuya presencia resulta fundamental y fundante, como el garante doble que asegura la posibilidad de emanciparse del poder parental, y además permite la resignación de la creencia inconsciente de ser el único y perfecto hijo que sobrelleva la misión de salvar a los padres y salvarse de ellos. Esta relación horizontal con un "otro fraterno" cumple la función de auxiliar, modelo y objeto de complementación y de reconocimiento. Tener un hermano nos preserva y protege del anhelo de un poder totalitario que subyace en el alma humana. Es a través del contrapoder surgido a partir de la alianza fraterna que se logra la oposición al mítico padre que intenta la reapropiación de los hijos.

¿Esta dimensión constructiva del complejo fraterno puede cambiar de signo?

Los vínculos fraternos son ambivalentes y suelen oscilar con suma facilidad entre el amor y el odio y entre la compasión y el resentimiento. Cuando el hermano se relaciona de un modo desconfiado con un otro a quien inviste como a un intruso rival ominoso que puede llegar a perturbar, robar o destruir su
unicato, en este caso decimos que el complejo fraterno es tanático o destructivo. El hermano desconfiado, lejos de aliarse con lazos de solidaridad, no admite al otro como a un diferente y semejante, sino que intenta combatirlo y hasta destruirlo como Caín a Abel. Se pierde así la dimensión liberadora y democrática que instaura el orden ético y social de la cofradía, para contrarrestar, precisamente, al poder autoritario de la generación que detenta un poder vertical.

¿Un amigo cercano es como un hermano por elección?

La amistad es una relación de hermandad elegida, no impuesta por lazos consanguíneos, en la que se desactivan los deseos edípicos puestos en movimiento por la aspiración de alcanzar a ser el heredero único y el hijo preferido. En la amistad se establecen relaciones de objeto no familiares, aunque con facilidad pueden volver a filtrarse con las conflictivas narcisistas y parentales. En ella, los lazos consanguíneos son reemplazados por lazos sublimatorios. Además entre los amigos se requiere deponer las relaciones de dominio. El amigo ejerce una función de acompañamiento en los estados angustiosos de soledad y en situaciones conflictivas relacionadas con el amor de la pareja y de la familia. Una lógica horizontal, de una solidaria confraternidad, posibilita procesar el desasimiento del poder vertical ejercido por los padres y por los hijos. Aporta una singular función en los procesos de la creatividad, a través de distintos modelos de identificación y de confrontación, que permiten cotejar con sentimientos de solidaridad lo diferente, lo semejante y lo complementario.

Copyright Clarín, 2008.

 
Psicoanálisis, literatura y tango

Existen afectos y pasiones que detienen el fluir temporal, espacial y afectivo y que requieren ser concientizados. Luis Kancyper, autor -entre sus muchos libros- de un estudio psicoanalítico sobre "Resentimiento y remordimiento" y otro sobre Borges y la pasión de la amistad, bucea en estos sentimientos tan presentes, y a veces tan difíciles de reprimir, que, según explica, obstaculizan la elaboración de los duelos y reinstalan la compulsión a la repetición:
"Los afectos son un farol y una brújula que posibilitan alumbrar y ordenar el pensamiento y la acción. El resentimiento resulta de humillaciones múltiples, ante las cuales las rebeliones sofocadas acumulan sus pequeños 'ajustes de cuentas', tras la esperanza de precipitarse finalmente en actos de venganza. Este aspecto destructivo del resentimiento, que instala la ciega Ley del Talión de la venganza repetitiva e incoercible, ha sido notablemente señalado por los hermanos Homero y Virgilio Expósito en 1944 en
su célebre tango Naranjo en flor: 'Después, qué importa del después. Toda mi vida es el ayer, que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro, sin luz'. El resentimiento y el remordimiento obstaculizan así la elaboración de los duelos".
¿De qué otro modo puede elaborarse ese duelo frente a situaciones traumáticas? Kancyper responde: "Yo contrapongo la memoria del rencor a la memoria del dolor. Otro tango, Los mareados, la ejemplifica: 'Hoy vas a entrar en mi pasado (...) y nuevas sendas tomaremos'. O sea, cuando hay dolor no se olvida el pasado, pero se elabora y se abre un tiempo y un espacio de futuro. Cuando prevalece el rencor, el tiempo del pasado anega las tres dimensiones del tiempo"
 
 
 


 
 
*
 
 
 
Las dos eran muy románticas. Aún no habían tenido la suerte de encontrar el amor de su vida por eso estaban tan ilusionadas ante aquella nota en papel cuadriculado, doblado cuidadosamente en cuatro pliegues en la que alguien había escrito en el exterior: Para Maite con cariño de Roberto.
La abrieron las dos porque las dos estaban igual de excitadas y aplanándolo sobre la mesa del restaurante, leyeron el poema con la voz ilusionada y el corazón palpitante.

Maite mía corasón
te veo cada día
y me ace tanta ilución
mirarte vida mía
quiero darte mi amor
que es el mas sinsero
te lo digo en este berso
por si no supiereses que te kiero.

- ¡Dios mío! ¡Es un poeta! - exclamó Maite con las mejillas arreboladas y el ketchup del bocadillo de hamburguesa asomándole por la comisura de los labios.

- Y hace unas poesías magnificas - le respondió su amiga sorbiendo los mocos.
 
 
 
*Joan Mateu. joan@... 
 

 
 
 
 
 
LA VENTANA DE PAPÁ*

                                              
 
*Patricia Severín
 

Mi papá fumaba cada día un cigarrillo después del almuerzo. Sólo uno. Fumaba un cigarrillo y miraba por la ventana del comedor hacia la calle, mientras el humo daba tres vueltas en círculos alrededor de su cabeza.
Mi papá miraba la gente que pasaba, desde arriba, porque mi casa queda en la planta alta. En la planta baja hay dos garages y un negocio que vende inodoros, bidets, bañaderas (bañaderas no, me dijo la dueña: se dice bañeras) y percheros de distintos colores para colgar toallas. No hay espejos ni otra cosa. Es un negocio aburrido y de feo nombre: 'Sevlo'. Nosotros alquilamos ese local y uno de los garages, para tener otra entrada, dice mi mamá, que siempre organiza los dineros de la casa.
Mi mamá pensaba que mi papá no sabía hacer plata. Por eso ella tenía que renegar, para que no faltara la comida en casa.
En casa no faltaba la comida, pero faltaban muchas cosas que mi papá no podía comprar, porque en el campo nunca nada iba bien. Si no era la sequía, era la inundación, si no era la inundación, habían bajado los precios del trigo y nada alcanzaba para nada.
Una siesta, mi papá dejó de fumar un cigarrillo todos los días después de comer. Empezó a fumar también uno antes de almorzar y otro, antes de cenar. No fumes tanto, le decía mi mamá, que vas a enviciar a los chicos con el mal ejemplo. Mi papá no decía nada. Miraba por la ventana del comedor, desde la planta alta, a la gente que pasaba por la calle. Después se iba al campo. A veces volvía al rato porque la camioneta se le había descompuesto, y otras veces no volvía por muchos días.
Entonces mamá decía: este hombre me va a volver loca. Y cuando papá regresaba, en realidad parecía una loca que gritaba. Papá se ponía a mirar por la ventana y prendía otro cigarrillo.
Un día le dijo a mi mamá 'No puedo respirar'. Mamá fue a la farmacia y le trajo un aparatito que él apretaba y largaba un rocío adentro de su boca. Desde entonces mi papá fumaba y usaba el aparatito. Pero a veces seguía diciendo: no puedo respirar.
Mi mamá, mientras tanto, hablaba de posibles negocios que debían hacer para tener más entradas, de todo lo que necesitaba comprar, de las cosas que nos faltaban y de los programas de la tele. De vez en cuando, de lo mal que le salía la comida porque siempre andaba regateando algún ingrediente, o de las vacaciones que soñaba.
Hasta que un día llegué de la escuela y mamá estaba llorando. Me abrazó y me mostró a papá, que estaba acostado sobre el sillón rojo. Yo fui a darle un beso, pero él no se movió. Tenía un ojo medio abierto y el otro cerrado. Mamá empezó a gritar como cuando se ponía loca mientras repetía: que nos espera, que nos espera. Fui a sacudir a mi papá para que se levantara, pero se le cayó el brazo hacia el costado y tampoco se movió. Mi mamá dijo, ya basta, ya basta, y me llevo hacia la puerta: te vas a quedar en la cocina con tus primos. Mis primos no hablaban, me miraban de reojo y yo me aburría. Después entraron las tías cuchicheando; lloraban y me abrazaban. Cuando algunas salieron con el café, yo me fui al comedor y me puse a mirar por la ventana.
Desde entonces no puedo salir de ese lugar. Veo todo pequeño y diferente. Veo las espaldas y me pongo a contarlas.
Es posible que todas esas espaldas lleven como una marca invisible la mirada de papá.
 
 
De Solo de amor
 
*Enviado para compartir por Verónica Capellino veroaleph@...
 
 
 

 
 
Correo:
 
 
 
*
 
Si el fútbol cumple una función simbólica, Racing lo logró
 
Como hincha de la academia sufrí todo el año, pero no solo por el sentimiento futbolero, sino porque sentía  íntimamente que había algo en contra nuestro: Los chicos jugaban bien y algo pasaba en el final que tiraba todo para atrás. 
Entonces ya pasaba los límites futbolísticos, era un desafío al destino que parecía marcado .Porque así en la vida, como en el fútbol, te llena de impotencia hacer las cosas  medianamente bien y que los resultados sean adversos ¿Cómo se hace entonces? nos preguntábamos. 
Nosotros seguimos a Racing tanto en la salud como en la enfermedad: No somos campeones pero recorrimos el duro  camino que recorren todos los días los hombres y mujeres  que trabajan todo el año, que no roban, que  el sueldo no les alcanza, que aguantan viajar como ganado y que se preguntan ¿como se hace, para salir de esto? 
Entonces esa fue la función simbólica de que Racing se quede en primera:
Representar al los miles de argentinos, que luchan todos los días por “la permanencia”, siguiendo el único camino que  deben y saben transitar.
¡Gracias a los jugadores y a nosotros!
¡Gracias Academia querida!
 
 
*Silvia Irigaray. silvirigaray@...  
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 29 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado und Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Luis Rivas Alcocer (Bolivia) y la música de fondo será de Elis Regina y Tom Jobim (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44    A-5020 Salzburg     AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

 
 
 
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#163 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 11 de Jun, 2008 12:09 pm
Asunto: EN LA INEQUIDAD Y LA DEMENCIA DE ESTOS TIEMPOS...
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Amores platónicos*

 

 

A principios de 1953 Herbert Reed procedente de Kansas City y Tony Williams de Roselle, New Jersey, se juntaron en Los Ángeles con un músico de St. Louis llamado David Lynch con la finalidad de formar un grupo de "rhythm and blues", pero no lograron darse a conocer ya que hacían la misma música que el resto de grupos existentes. Sin embargo, en el plano personal nació una corriente de afecto entre ellos que cada día era más intensa, llegando a preocuparlos debido a que, en aquella época, estaban muy mal vistas las relaciones entre hombres.

La incorporación de Paul Robi de Nueva Orleáns le dio un nuevo aire al conjunto que empezó a ser conocido dentro de los interpretes de "Doo wop" y música "pop". Este último también notó que empezaba a sentir algo más que afecto por los otros componentes del grupo, pero jamás lo manifestó,
guardándose este sentimiento para él.

Cuando su manager, Buck Ram participó como letrista, fue el  inicio de su tremendo éxito. A raíz de su participación, el cuarteto se amplía con un quinto miembro, la solista Zola Taylor, una cantante con una voz privilegiada y una belleza increíble. Con esta incorporación los cuatro músicos variaron sus afectos enamorándose todos de la cantante. Este amor también se mantuvo en secreto para no romper la armonía del grupo, incluso hasta después de disolverse a finales de los sesenta.

De este conjunto han quedado dos cosas importantes, la belleza de sus canciones entre las que destaca sobre todo "Only You" y el descubrimiento del amor platónico bautizado con este nombre en su honor.

 

 

 

*de Joan Mateu. joan@...

 

 

 

 

EN LA INEQUIDAD Y LA DEMENCIA DE ESTOS TIEMPOS...

 

 

 

 

 

¿Somos más civilizados que nuestros  antepasados?

 

 

 

Cuentan que cuando el hombre primitivo comenzó a vivir en sociedad, se compartía todo lo que se alcanzaba, no existía la propiedad privada, vivían en armonía entre ellos, y con  la Madre Naturaleza. Ella proporcionaba los alimentos y  lo necesario para protegerse del frío. Luego, comenzó alguien a apropiarse de lo que antes pertenecía a todos,  a acumular bienes y poder, y se acabó la llamada Comunidad Primitiva. Comenzó la civilización.

 

Para  una respuesta elemental a la pregunta: ¿Qué se entiende por civilización? acudo al  Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), y cito: "Estadio cultural propio de las sociedades más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas", y en otra acepción: "Acción y efecto de civilizar." Si tomamos estas definiciones como punto de partida, para respondernos la pregunta que sirve de título a esta "elucubración" mía,  es  indiscutible que la humanidad ha logrado grandes avances en la ciencia y  el arte, un poco menos  en el campo de las ideas y prácticamente nada hemos avanzado en  lo que concierne al comportamiento del hombre, como costumbres y "Acción y efecto de civilizar", con respecto a los primeros seres humanos.

 

La avaricia, el egoísmo, la vanidad, el sometimiento, y otros males, han permanecido inalterables desde que dieron origen a la desintegración de la Comunidad Primitiva hasta nuestros días. Las guerras, y crímenes tan monstruosos como la destrucción progresiva de nuestro propio habitad, han sido el fruto de esos males. La riqueza ha estado concentrada en pocas manos y en muchas, la miseria y el desamparo. El hombre ha sido el lobo del hombre y de la Naturaleza. Nada ha cambiado, aún.

 

El Siglo XX llegó con una luz  que fue La Gran Revolución de Octubre, luego comenzó a parpadear y se apagó en los finales del propio siglo. La llamada  "Década Prodigiosa" pletórica de idealismo revolucionario, hoy es un recuerdo. Y sin ningún chovinismo latinoamericanista, sólo en América Latina ha comenzado a dejar de ser una utopía.

 Cuba, por tratar de crear una sociedad en que el hombre deje de ser  el lobo del hombre, ha estado sometida durante casi 50 años a  agresiones militares, políticas, económicas y mediáticas  brutales, por parte del imperialismo yanqui y sus aliados. Ningún pueblo ha conocido genocidio tan prolongado. Y resiste.

Las guerras imperiales para "civilizar" al hoy llamado  Tercer Mundo y  por los mercados y fuentes de materias primas, fueron y son lo suficientemente incivilizadas como para asesinar o someter pueblos enteros.

 Las bombas atómicas lanzadas sobre las poblaciones indefensas de Hiroshima y Nagasaki , la criminal guerra contra el pueblo vietnamita,  el colonialismo y las dictaduras militares , son unos pocos ejemplos de la inhumanidad de los "humanos" que ejecutaron esos crímenes, de quienes  los apoyaron o  callaron, y de los que desearon éxitos al agredido, pero no compartieron su suerte, como indicara el Ché.

 

El siglo XXI comenzó recorriendo los mismos caminos que el anterior. Guerra contra Afganistán, Irak, amenazas de agresión militar a más de sesenta "lugares oscuros" del planeta. El pretexto es el mismo: "Anticomunismo", "Antinarcotráfico", "Antiterrorismo". La verdad sigue siendo la misma: La hegemonía mundial.

 

En numerosos países desarrollados resurgen las funestas ideas del fascismo, nazismo y del falangismo, además de la conocida xenofobia, que no es otra cosa que racismo. ¿Alguien conoce un caso  de hostilidad o agresión contra algún blanco, rubio y de ojos azules? Cada vez son más frecuentes los crímenes que cometen  los portadores de esas ideas.

 

 Estados Unidos de Norteamérica, el autotitulado "baluarte de los derechos humanos", asesina diariamente niños, mujeres, y ancianos en los países que ha ocupado  militarmente,  y los llama cínicamente "daños  colaterales". También  tortura en cárceles secretas y públicas, y "... el mundo sigue andando".

 

Por otra parte, varios países africanos, que contaron con  toda la solidaridad mundial para alcanzar su independencia, hoy se desangran en guerras con sus vecinos o entre facciones y etnias que desean mantener o alcanzar el poder político y económico. Numerosos  gobernantes se enriquecen con la miseria de sus pueblos y se cometen los más horripilantes crímenes contra la población civil. Es increíble, que en un país como Sudáfrica, donde decenas de miles de sus ciudadanos tuvieron que emigrar durante el régimen racista, ocurran  hechos de carácter xenofóbicos contra ciudadanos de países vecinos que durante muchos años le brindaron protección.

 

En América Latina se respira otro aire. Un aire de independencia, soberanía y de justicia social, que todavía no llega a todos y cada uno de nuestros países, pero no dejan de ser transformaciones o cambios. Son el resultado de la lucha  ciudadana y de los movimientos sociales contra las dictaduras militares y corruptos gobiernos neoliberales, así como del enfrentamiento a la oligarquía nacional y extranjera, que se resisten a restituir lo que durante muchos años les han robado a los pueblos. Asimismo, prevalecen en el continente las injusticias sociales y el brazo de la justicia no ha alcanzado a los que asesinaron, torturaron y desaparecieron a miles de patriotas, ni a sus cómplices.

 

¿Y qué decir de la Madre Naturaleza? Sencillamente, los "civilizados"  siguen destruyendo  la vida en el planeta y éste se defiende con inundaciones, huracanes, terremotos y volcanes que cobran miles de vidas inocentes.

 

Después de esta panorámica mirada, que en vuelo de pájaro he hecho al mundo o a una parte de él, me vuelvo a preguntar: ¿Somos más civilizados que nuestros antepasados? Y tengo que responderme: No.

 

 

 

 

*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@...

 

 

 
 
 
 
 
 
 
Un justo tiempo para don Miguel Balagué*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@...
 
 
 
¿Por qué se me viene a la memoria aquel recuerdo remoto?
Es un viejecito que blasfema adentrándose en un chiquero con un canasto lleno de mazorcas que va sembrando en ese desorden de topetazos y chillidos agudos.
¿Cómo se sostiene este recuerdo remotísimo?
También hay otros, tal vez no tan nítidos porque suelen ser muchos que se han superpuesto y forman uno en el caudal obsesivo y engañoso de la memoria.
Un alba de los primeros días del mundo, un caballo que salta un alambrado para siempre y el mismo viejecito que insulta en su dialecto italiano con una ira donde se presume toda la impotencia de la tierra. Hay otras secuencias que veo más nítidas, como en una película: yo que lo sigo a todas partes con no más de cinco años y él que finge retarme y yo sé que es un juego. Hasta levanta una mano, en claro ademán de pegarme, lo cual me deja impertérrito ¿Qué seguridad tengo de que no me hará daño? No me asusta, si
hasta lo miro sonriente. Nunca sabré por qué, con tan pocos años sabía con una certeza que vencía toda intuición que eran meros juegos inocentes e inocuos, como si ese viejo inmigrante sólo se entretenía con ese niño que bien podía ser un nieto suyo. Uno de los que no conoció porque huido del
fascismo nunca regresó a su tierra.
-Era de Lombardía -me supo decir mi padre.
Sé que nunca hablaba de su familia, hasta que el mucho alcohol lo venciera desde las tripas al alma.
Lo traté casi hasta la adolescencia donde los mayores son objetos de los cuales uno se debe ir despidiendo.
Cuando murió, es probable que yo ya no viviera en el pueblo, y lo cierto es que ya casi no queda gente que lo recuerde, salvo unos pocos que como yo lo conocieron siendo muy niños, pongo por caso a la esposa del Toto Míguez, Chiche Bianco, que lo conoció en el boliche de don Marcos, su tío.
De todos modos, cada vez me convenzo más de que la memoria se hace con retazos y que muchas veces esos retazos se construyen.
El encuentro que tuve hace dos meses con "Chajá" Correa, luego de cuarenta y cinco años sin vernos, se me hizo revelador que las anécdotas y la memoria de cada uno corre por su exclusiva cuenta y no siempre (o casi nunca) coinciden. Con "Chajá" compartimos toda la primaria y las travesuras ya que
éramos vecinos, pero hoy no coincidimos en el recuerdo de las anécdotas infantiles.
Si yo raspo con cuidado aquellos rincones que persisten como ladrillos débiles, digo, si los raspo con una cuchara van cayendo lentamente otros recuerdos. El de don Miguel Balagué, por ejemplo. Que fabricaba unos helados riquísimos, y tenía una chata fletera, de esas chatas de cuatro ruedas tirada por un caballo flaco, con un asiento de arado atornillado en el piso, ese largo piso de listones de madera, que hacían un ruido infernal cuando las ruedas de hierro saltaban sobre la calle de tierra despareja.
Arrimaba esa chata precaria al andén de la estación de trenes, media hora antes de la llegada. Don Miguel era español. No recuerdo de dónde, pero pudo ser catalán, no sé, tendría que preguntarle a Haydée, que sabe todas las filiaciones de las familias del pueblo.
Lo cierto es que para don Miguel, todos, absolutamente todos, los chicos del pueblo se llamaban sin excepción: Miguelito.
Tal la anécdota que me refiere mi amigo Roberto Vega.
Cuando la Cooperativa Agrícola Federal organizaba esos llamados campeonatos de Baby Fútbol, en las noches veraniegas, él, mi amigo Roberto iba con su carrito heladero tirado por un caballo a vender los ricos helados "Balagué" en las orillas de la canchita. Cuando Roberto jugaba lo reemplazaba el propio don Miguel y se entusiasmaba tanto con su pequeño empleado que lo alentaba a los gritos de:
-Arriba, Miguelito, ataja Miguelito, vamos Miguelito-
Porque la ocupación esencial de mi amigo Roberto Omar Vega era ésa, la de ser un arquero con todas las letras y en toda la ley como eran las cosas de antes.
Roberto Omar fue, literalmente, mi primer amigo, ya que vivía en la casa de su abuelo, frente a la mía. Ellos no eran sino los míticos viejitos Pichichello, a saber: Doña María y don Angel, dos viejitos italianos que eran como el corazón del Barrio Jazmín.
Sin embargo, la figura flaca de don Miguel, con su gorrita de género, con visera de cuero, la pipa que llevaba colgada de un solo diente superior, el único que le quedaba, justo para la pipa, repetía, para qué más, se me presenta, cruzando en la memoria, esas adormiladas siestas perdidas para siempre con una soga en la mano, internándose en el terreno del ferrocarril, frente a su casa, que usaba como potrero para ese caballejo triste que tiraba de la chata en sus tareas fleteras y por las tardes el carrito
heladero que sostenía, todo el verano en su toldito mezquino y amarillo. Y allí sí, mi amigo Roberto Vega, implacable en mi memoria con su pantaloncito y su camisita blanca como compete a un auténtico heladero.
Para helados Balagué, es decir para don Miguel, y para doña Emilia, su esposa, trabajaron otros amigos: Valentín Prámparo, Alberto Nocino, "Chelita", pero a mí siempre me viene a la memoria la figura de un mi amigo y vecino Roberto, porque en los veranos flamígeros de mi pueblo, mitigaba mi desdicha con el hielo que rodeaba esos cilindros de helados en tapitas que yo casi nunca podía comprar, por falta de monedas y que él, siempre se ingeniaba para compartir conmigo, uno -el más pequeño- el de cincuenta
centavos, que partía en mitades exacta par cada uno.
Mientras escribo estas palabras sostengo, o trato de sostener, el recuerdo de aquellos veranos, idos para siempre, como si hubieran sido invenciones de mi imaginación y que directamente no habrían existido nunca como tampoco aquella niñez tan pobre y tal vez muy feliz que se ha muerto para siempre.
Y que yo trato de construir como puedo, en la inequidad y la demencia de estos tiempos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
LA OCTAVA MARAVILLA*



*De Vlady Kociancich.


32


Siempre hay algo estimulante en el arribo a una ciudad desconocida, una especie de aceleración de la sangre. Sin embargo, la desagradable aventura de las escaleras mecánicas en Francfort persistía en la sensación de haber escapado de consecuencias graves, me impedía disfrutar de la llegada.
Bajo la llovizna de febrero, entre las pocas luces de un Berlín que se dormía, el taxi avanzaba velozmente hacia el Hotel Kempinski y yo cada vez más deprimido, cada vez más triste. Pensaba ahora en el Mediterráneo, en las rosas de Paestum, como el preso debe pensar en el mundo que deja mientras el coche celular lo lleva a la cárcel.
-No te duele la pérdida de Paestum. Si estuvieras en Nápoles en vez de Berlín, dudo que salieras del itinerario para visitar los benditos templos griegos. Tu emoción ante esos templos rosados en el atardecer, ante la soberbia desfachatez de esas columnas que se empinan como un solo hombre curioso y sin miedo, es tan accidental como tu terror en las escaleras de Francfort. El orgullo de tu condición humana en Paestum y el bochorno de tu condición humana en Francfort, no abarcan más de unos minutos de tu vida. Lo real, lo que importa, lo que verdaderamente te duele, es que los arquitectos de Paestum y los ingenieros de francfort no incluyeron en sus planos un rinconcito para el mundo personal de Alberto Paradella. En el fondo, nada te distrae de tu soledad. Y eso, qué vergüenza, por que no te quisieron mucho, porque te maltrataron un poco.
Esa pedante arenga que yo mismo me endilgué en el taxi me permitió recuperar algo de mi habitual indiferencia. Porque cuando el conserje del Kempinski me anunció que la reserva había vencido y no quedaba una sola habitación disponible en el hotel, lo único que dije fue: "Correcto".
Eran las diez. Altas horas de la noche según el código de vida de una ciudad europea en invierno. Llovía, hacía mucho frío, no tenía alojamiento.
-No conozco la ciudad -dije al conserje-, quizás usted pueda conseguirme alguna habitación en cualquier otro hotel.
El conserje esbozó un gesto de duda. Pero la organización de una feria tan importante como la ITB no puede permitir que la prensa duerma al sereno. Durante casi media hora trabajó cortésmente en el teléfono. Cuando colgó después de marcar el último número del registro hotelero de Berlín y movió negativamente la cabeza, sonreí:
-Bien. Veo que no tendré más remedio que dormir en uno de esos cómodos sillones del vestíbulo.
Era una broma, pero la compacta seriedad germana me favoreció. Horrorizado ante la visión de un pasajero durmiendo en pleno fausto del gran Hotel Kempinski, me suplicó que tuviera paciencia. Llamó al botones. El botones corrió a la calle y unos minutos después volvió acompañado por un chofer de taxi. Con adormilada curiosidad miré al chofer.
Primero me sorprendió la edad. Era muy viejo para taxista, aunque parecía sano y enérgico. Muy alto, flaco, tenía abundante cabello blanco, un rostro enjuto de cejas pobladas y nariz aguileña. Algo en su manera de caminar me llamó la atención. Lo vi avanzar hacia nosotros -erguido, firme- y durante una fracción de segundo pensé: "Lo conozco".
El chofer escuchaba atentamente al conserje. Cuando éste me señalo, se volvió a mirarme. Ahora hablaban los dos rápidamente, cambiaban opiniones. "Dos cirujanos que discuten el método de la operación delante de la camilla con el paciente", me dije. El chofer me miró una segunda vez. Bajo las cejas tupidas brillaron fugazmente los ojos grises. Sí, me recordaba a alguien.
Por fin, el conserje se encogió de hombros (no era una buena señal), me dijo que todo estaba arreglado. El chofer conocía una pensión.
-¿Está lejos del centro? -pregunté.
-A una cuadra de la Kudam.
-Espero que tenga calefacción.
-Oh, sí -exclamó con una sonrisa radiante que me hizo sospechar inmediatamente.
Cuando iba a hacerle otra pregunta me interrumpió:
-En dos días, tres a lo sumo, tendremos el placer de alojarlo aquí. Por favor, no deje de mantenerse en contacto con nosotros. bienvenido a Berlín, señor Paradella.
Realmente me sentía como en una mesa de operaciones. Para no alarmarse, los médicos me ahorraban detalles. En cuanto al chofer, era inútil interrogarlo. Ni él hablaba inglés ni yo alemán.
El automóvil salió a la Kurfürstendamstrasse o Kudam, como sensatamente la llaman los berlineses, la calle principal de Berlín.
Durante un momento me animaron las luces de los cafés y de los restaurantes. La vista de los restaurantes me dio hambre. Recordé las horas que llevaba sin tomar una buena buena comida caliente y, aprovechando que el auto marchaba a moderada velocidad, hice un intento de grabar en la memoria el nombre de alguno. Volvería después de registrarme en la pensión y cambiarme de ropa.
Creo haber dicho antes que mi sentido de orientación es muy deficiente y que mientras existan los taxis no me preocupa demasiado. pero esa noche puse toda mi atención en el recorrido. Mi estomago vacío, a manera de Hansel, iba dejando miguitas en cada uno de los restaurantes iluminados.
No sé por qué lo hacia. Tal vez me impulsaba la inquietud de que los restaurantes cerraran antes que me hiciera entender por un taxista. Recuerdo que me sorprendió el miedo de perderme.
La única ciudad en la que verdaderamente me pierdo es Buenos aires. Jamás había sentido, en ninguno de mis viajes, ni curiosidad por la ubicación de las calles ni temor por mi ignorancia. Al contrario, el desconcierto que a veces me provocaba ver la salida del sol en el oeste y la puesta en el este, me divertía. Era evidente que todo el esfuerzo que había hecho a lo largo de mi vida para orientarme en el mundo, se había agotado en el conocimiento, final y suficiente, de que al este de mi casa corría el Río de la Plata, al oeste estaba Villa del Parque. La fantástica conclusión de esta certidumbre era que la geografía de cualquier otra ciudad que no tuviese al oriente un mar comparable al Río de la Plata, correspondía a la irracionalidad y al desorden. Más de una vez había intentado corregir esta fatalidad de mi carácter, pero los mapas me derrotaban. De todos modos, mientras el resto de la población humana supiera dónde estaban ellos, me sentía a salvo.
Lo raro de mi ansiedad en Berlín era que también sabía, gracias a los libritos de la oficina de turismo, que no hay en ella manera de perderse. Ahora comprobaba la veracidad de esa información con mis propios ojos.
No he visto ciudad más prolijamente diagramada. Las bombas aliadas arrasaron con las telarañas de callejuela, vericueto y cortada, que tejen los siglos en las ciudades europeas, abrieron espacio para una correcta urbanización.
El centro está dividido por la famosa, larga y ancha Kudam, que tiene a cada lado edificios modernos, altos, cuadrados, desganadamente feos. la única rendija por la que se puede espiar hacia el trágico pasado de Berlín, es el negro muñón de la catedral, una ruina desagradable que exhibe una placa donde se lee que está ahí para que la gente no olvide. Ilusiones acerca de la memoria de la humanidad. Si los berlineses se cruzan de vereda cuando llegan a esa iglesia ahuecada por el bombardeo, ennegrecida por el incendio, con aspecto de mueble monstruoso rescatado de un basural, no los condeno. Juro que si yo viviera ahí, haría lo mismo.
Pasaron las vidrieras iluminadas. Pasó y me estremeció la garra de la catedral, vi que el centro empezaba a enflaquecer, a debilitarse. Había menos luz, edificios más bajos, comercios espaciados, y no llegábamos. De pronto el coche aceleró.
-Was ist das? -grité alarmado al chofer.
Es todo mi alemán, aparte del saludo, las gracias y algunas palabras descifradas por su raíz común con el inglés.
El hombre, sin volverse, dijo algo que tal vez significara: "Tranquilícese, que vamos bien". Y salió bruscamente de la avenida.
Con la lluvia, la hora, y el sueño temprano de los berlineses, la calle donde nos metimos era una boca de lobo. A cada instante, en cada esquina difusamente iluminada, yo creía que íbamos a detenernos. No nos deteníamos.
Ni se me ocurrió pensar que el conserje había mentido cuando dijo que la pensión estaba a una cuadra de la Kudam. De quién dudé fue de mí. Me habrían dicho a un kilometro, había oído a una cuadra.
Hubo tramos en los que el automóvil, un Mercedes de suspensión impecable, traqueteaba. Otros, que patinaba por el barro. Gotas de agua marrón salpicaban la ventanilla. Oí una explosión sobre mi cabeza. Era un tren que pasaba sobre un puente invisible. El estrépito me sobresaltó y exclamé. El chofer me miró por el espejito. No dijo nada. Los ojos grises me observaron afablemente un segundo. Sonrió. Me recosté en el asiento. No tenía otra salida que la resignación.
-Adios al restaurante -me dije.
Miré por la ventanilla. La noche era impenetrable. Borrosamente, el vidrio reflejaba mi cara. Verse la cara en un espejo siempre produce una punta de extrañeza. Esa cara que afeitaba todos los días me alarmó. Sufría una deformación curiosa.
Como si me estuviera mirando en un río, la imagen se expandía y contraía, se alargaba, se acortaba, no terminaba de fijarse en una sola cara, la mía. "Voy a convertirme en otro", pensé y me reí, porque era una ilusión resultante del agua que chocaba a baldazos contra el vidrio.
Fue entonces cuando, inconsecuentemente, supe a quién me recordaba el anciano chofer.
Se parecía a mi padre.
Sentí ese alivio de encontrar la palabra sin importancia que se tiene en la punta de la lengua y no se alcanza a formular, o el nombre del perfecto desconocido que nos aborda en la calle y nos tutea. También me sentí triste. Bastaba la suma casual de un cuerpo alto, flaco, un rostro enjuto, un pelo blanco, unos ojos grises, una cierta manera de caminar, para que, conteniendo la respiración, yo me dijese: "Es mi padre".
Cuando uno lo espera, encuentra fácilmente un doble de esa persona que quiso mucho y que perdió. No es una experiencia feliz. Prueba la realidad nunca aceptada de la muerte.
Un minuto después, el taxi paró. Cuando bajé, de tan cansado se me doblaban las rodillas. Todo lo que pedía de la vida en ese momento era una simple cama. Qué digo una cama. Un suelo, un pedazo de tierra que no se moviera, un punto fijo.
El chofer abrío el baúl, descargó el equipaje. Incapaz de un solo movimiento, me quedé ahí, parado, mirando las baldosas de la vereda. Baldosas acanaladas  y amarillas. La noche era muy oscura. Algo, sin embargo, pude ver de ese barrio anegado por la lluvia donde habíamos atracado.
Vi casas bajas, techos planos, una esquina en ochava con un farol, árboles salvajemente podados y sin hojas. La calle estaba adoquinada y el agua corría furiosamente junto al cordón, hacia una alcantarilla enrejada. "Un pedazo de Buenos Aires", pensé, "intercalado en el Berlín Occidental".
La voz del chofer me arrancó de esta comparación absurda, típica del cansancio. Me di vuelta y vi que señalaba la puerta de una casa de dos plantas. A un costado de la puerta había un cartel de madera. Las letras eran rojas: Frieda Preutz pension.
No era lo que yo esperaba de la hostelería berlinesa, pero la casa parecía abrigada y sólida. Una de las ventanas del primer piso, la del centro, tenía balcón. El balcón era enorme. Una media circunferencia de columnas retaconas, toscamente torneadas.
Deseé, con el capricho del viajero que ha sido zarandeado hasta perder conciencia de su verdadera situación, que me tocara dormir en esa pieza.



*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-
 
 
 
 
 
 
 
No son hámsters*



No son hámsters
en las calles

sino hojas
de los árboles
en la noche

sopladas

y no

por el viento.
 
 
*de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
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#162 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 4 de Jun, 2008 2:19 pm
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Crónica de lo que se carga en la mano*

 
 
Domingo Cualquiera
            Por una extraña razón
            Tu imagen se ha hecho presente,
            Como un tropiezo
            En lo alto de algún techo
O como una caricia
Lanzada desde una resortera.

 
Lunes (menos común que los demás)
            Admiro en secreto tu mirada
            Y el cálido reflejo de mis palabras,
Que resbalan trágicamente
Mientras guardamos silencio
Y hago como que no te veo.

 
Jueves (que más bien parece viernes)
            Día por demás desastroso:
            Tu mirada se hace risa
Cuando juego
A que nos encontramos,
Esperando sin prisa
Que pase el camión.

 
Día Cualquiera (que bien podría ser otro domingo)
Parece ser definitivo:
Aún no conozco
Palabra alguna para nombrarte
Pero sé de tu sonrisa
Y conozco la espera
Que comparto esporádicamente
A tu lado.

 
Otro Día, de Otra Semana
Esto no tiene remedio,
Y si lo tiene no he querido verlo:
Comienzo a soñar palabras
Con las que quisiera llenar tu nombre.
Describo sin suerte alguna
El subir y bajar de tu cabello,
Con el reflejo de tus mejillas
Que roban al pie de la letra
Mis deseos de acercarme.

Tus manos se sacuden,
Se juntan y se alejan,
Tal como solemos hacerlo:
Cada que somos separados
Por la llegada (algo trágica)
Del autobús de pasajeros.
 
 
 
*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@...
 

 
 
 
 
Calibrando demonios*


 
Adónde será aquel País
aquella patria grande
soñada en trasnoches de café
aquel engranaje de esperanza
diseñado con tantas manos
voluminoso desperdicio de ideas
derramadas sobre los bares
cuando atragantó el galope del pecho
y con ojos abrillantados
lo imaginamos enorme
un País que nos contuviese a todos
debía ser desmesurado.

Y no estuvo tan lejos
escurrió de la mano como arena
repercute en la cabeza y en el estómago.

Duele la genuflexión al norte
ignorando lista de muertos
desnutrición estadística
(sin daños colaterales)
obviados los muertos vivos
que sobreviven con ojos yermos.

Alguien robó las ideas
destripó lo soñado
y en su lugar nos dejó
la pesadilla
de no despertar.


*de diana poblet. 
soydian@...


 
 
 
 
 
 
SOLEDAD*

 
Musgo sobre mi piedra.
Piel de lagarto sobre mi piel de víbora
Con dos cabezas
Una  para esconder (¿Detener con la mano
el río de Heráclito …? )
Otra para  enterrar  los ojos en el charco cenagoso.
El mismo charco, pero otro charco.
Un teorema inconcluso intenta resolver
Ecuaciones de ayeres  insondables.
Retratos de puertas tapiadas
El tiempo  es   un lazo de luz
o un  puñal  falaz, clavado
en el engaño que llamamos infancia.
Allí está.
Nunca me abandona.
Su mirada ausente tiene el olor  de una  manzana.
hecha de plomo y  sangre.
 
Por las pendientes cenagosas de la nada,
resbala  el  cansancio.
No hay piedad.
La tregua  se aleja lentamente.
La marca candente aún humea.
El desamparo galopa, montado en Rocinante.                                          
 Lorenza no ha encontrado a Dulcinea.
Nuevamente  ha  vencido el “Caballero de la Blanca Luna.”
He abandonado todos los caminos
Todos los caminos me han abandonado.
Todos, menos uno:
El laberinto triangular que une  vida
y muerte.
Raza de ausentes.
Estertor de vinagre sobre  llaga abierta.
Ceniza .Polvo sobre mi polvo.
Huéspedes fugaces.
Intentan regresar  aquellos secretos,
enterrados,
en la boca  sellada de la tierra .
Palabras nunca dichas.
Vino y sangre  inútilmente derramados.
La sombra de una bandada de pájaros ciegos
oscurece y apaga la palabra sepultada en ruinas .
Ruina entre ruinas. En el aire un olor a nostalgia
lastima
hasta morir.
(Hasta Lázaro, ha llorado consternado, en la tumba del olvido)
 
Ah  Que deseo absurdo
Que inútil esperanza de cielos imposibles.
Tatuada hasta los  huesos
de  visitantes  que creí inmortales.
Unas manos, una mirada, un ojo acuoso,
mendigo.
Ah. paradojal recuerdo.
El  país  donde estuvimos nunca estuvo
Incompletud.
No queda nadie  para hospedar
este despojo
de rosas y de ortigas
Un túnel solitario entre Escila  y Caribdis
Ah ¡Qué tormentoso absurdo!
(La niña, en su bolsillo  esconde,
un  puñado de almendras,
un espejo y al OTRO )
 
Tres silencios
han  convergido   en la gruta
de un enero sonoro
Tres silencios y un grito.
Aun me lastima el implacable médano.
Los  fantasmas   que he amado son los  mismos
fantasmas
que he odiado, tanto, pero tanto,
que aun me duele  el costado derecho.
Cicatriz de piedra cosmogónica
 
Unidad  de  soles  fragmentados.
Una mitad de gritos, otra de silencios.
Es la  primera pena.
El último olvido.
Mucho antes que el espejo reflejara
la agonía del tiempo,
ya estaba allí,
acechando,
semen de una semilla  de algún ángel caído .
Más sola que los muertos, en  su primer lecho
de amapola
y noche .
Una noche de conjuros y rituales.
Circe ha perdido el zapatito a media noche
Laberinto de voces
de oro en una torre  de Babel
El espejo bifronte refleja
la mas terrible soledad .La soledad de a dos.
Soledad.
Duramadre  nacida  de  torcaza… o  basilisco.
Hija de la  propia noche que  engendro
y  me  ha engendrado.
 
 
 
*de Amelia Arellano  arellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
 
Lucisombra*


 
 
Siempre mira atrás

            la sombra
            plegada
derrapa  por los huesos
cuelga
        en las cicatrices

de espaldas

La luz
          está del otro lado

como un foco distante
                  un sol a quemarropa

Da voces de claridad

                      Escarba

con tenacidad de jardinera

La luz ama la sombra
La desea

                Se goza
en el encuentro demorado

              La sombra en el exilio
le ofrece sus aullidos

y deja huellas
como oraciones frescas

para que la alcance



*de Martha Valiente.
puertopegaso@...
 
 
 
 
 
 
 
Aproximaciones*
 
 
 
*Alejandra Pizarnik
 
Bs. As. 1956-1958 (Inédito)
 
 
Abrazando tu  sombra en un sueño
 Mis huesos se arqueaban como flores
 
*
 
Los bordes  de silencio de las cosas
Lo callado que recorre la presencia de las cosas
 
*
 
Estos ojos
Sólo se abren
Para evaluarla ausencia
 
*
 
Quien me perdió
En el silencio fantasma de las palabras
 
*
 
Pasos en la niebla
Del jardín de lilas
El corazón regresa
A su luz negra
 
*
Quisieras vivir siempre
Como algo olvidado en la mano de un muerto
 
*
 
¿Por qué escribo?
Por qué me sollozo en madrugada
Por qué de pronto este sabor a canto de cisne
Esta espuma verde acumulada en la garganta
 
Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia
El espanto lo asemeja al mar
Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche
 
Por qué estas noches como un oasis para brujas
Por qué esta conjuración de ausencias
Este secuestro de la hija del viento
 
Me rodea en las noches una logia exterminadora
Te llamo y no vienes
Te amo y no vienes
 
Por qué viniste como el relámpago
Y me dejaste sola en lo devastado
 
Si escucharas mi rumor a celda minúscula
Poblada de agonizantes
Mi jadeo de asfixiada
 
Si de prono me vieras en la orilla del despertar,
Cantante enmudecida en la cima de su asombro
Si me vieras atada a tu rostro
 
*
 
Canciones ambiguas
De algún país arrasado por las lluvias
Canciones de campañeros
Memorias de algún hombre que la noche amó
 
*
 
Un pueblo de luz arderá en la sombra
 
*
 
Si un mar por una lira
Ángeles furiosos ahogó en el viento
 
*
 
Noche amada nunca como ahora
En que la pierdo
En lo incierto del día
Que rompe lo que me une a mi vida
 
*
 
Todos comprenden lo que nadie
Nadie comprende lo que todos
 
*
 
No lejos del alba nace el día
Visión de las últimas flores
La luz gira en mi rostro que esperaba
Las nupcias de los cuatro elementos
 
*
 
Siempre habrá el miedo de otras voces
El miedo de otras voces
 
*
 
Es tarde para reconocer el sol
El sol está y mis ojos cantan
El sol está su primavera es negra
El sol está y es tarde
 
*
 
Éste es mi invierno elegido
Éste es mi deber ante la niebla y lo confuso
 
*
 
El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado
Como un lanzador de cuchillos
Tatuando en la pared con temor y destreza
La desnudez inmóvil de la que ama
 
Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé,
Lúbricos rostros adolescentes,
Entre ellos soy otro fantasma
 
A veces, en la noche,
Me dijeron que mi corazón no existe
Pero yo escucho canciones ambiguas
De un país arrasado por las lluvias
 
*
 
Lo que no te dieron.
Lo que no te dan.
Noviciado atroz
 
*
 
Así iba yo devorando tinieblas
Una flor en mi mano de sonámbula
Una sonrisa ajena pegada a mis labios
Mi cuerpo desnudo como una palabra
Mis deseos abrazados a su imagen
 
*
 
Si solamente hicieran una hoguera en mis labios
Para quemar las sílabas que no se unen
 
*
 
El gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento
 
*
 
La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.
 
*
 
Pájaros polvorientos
Con sangre vieja en las alas
Flores de metal olvidadas
Telarañas enamoradas del espacio
En donde vive el tiempo que pasa
 
*
 
Se han ocultado
Entre los sonidos de la noche
 
*
 
El jardín triangular
Que oprimo en mi mano
Chorrea flores de agua
Abejas de perfume azul
Fosforecen como ojos enemigos
Incrustados en mi huesos
 
*
 
Soledad cerrada y dichosa
Promesas de súbito cumplidas
Como campanas en un amanecer helado
 
*
 
Detrás de las formas sin consuelo
El día se abre como un canto doloroso
Un alarido mágico formulador en el viento
 
*
 
Apenas remitida del cielo cerrada en donde yo era sin color y sin forma
Sólo una contemplada.
Apenas devuelta de crepúsculos
De playa sola, de corazón silenciosa.
 
*
 
Yo creo en los espejos
 
*
 
La noche canta amordazada
Corazones incendiados
En la memoria de mi boca
Me penetran vasos vacíos
 
*
 
En la cavidad iluminada
En que este instante es perla pródiga
Escucho el ronco abrirse de mi memoria
Como una puerta al viento
 
*
 
Si morir es memoria cerrada
 
*
 
Yo trabajo el silencio
Lo hago llama
 
*
 
I
 
Yo no canto, no celebro
No bailo desnuda y ebria
Sobre mi ataúd.
Pero yo le ruego al poema,
Yo le pido la luna al poema
 
II
 
He desatado el corazón de la lluvia
 
Antiguas baladas
Alimentaron mi silencio.
 
III
 
El amor es este viaje inútil, pero muy suave,
Al otro lado del espejo.
 
Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.
 
IV
 
La niña que fui
Ahora en mi memoria
Entre mis muertos
 
De lágrimas se nutrirá mil años
De destierro el sonido de su voz
 
*
 
Yo vi ese rostro partir la mañana
En dos noches iguales.
Mi cuerpo se pobló de muertos
Y mi lengua de palabras crispadas,
Ruinas de un canto olvidado
 
 
*
 
COMO YO LA QUERÌA
Morir como muere un animal pequeño
En los cuentos para niños.
 
Eso tan terrible
Lleno de hermosura
 
*
 
Las cosas amarilleaban frente a mis ojos
Recién venidos de un sueño de otoño
 
*
 
Si la noche no es azul,
Si el verano es una lenta plaga
 
*
 
Habla al gran espacio vacío
En donde corre una niña
Que ya no reconoces
 
Sólo deseo no tener nada con nada 
 
*
 
Has dicho tantas palabras
Que ya no te atreves a oírme llamar
 
*
 
En mis huesos la noche tatuada
La noche y la nada
 
*
 
Escribes  poemas
Porque necesitas
Un lugar
En donde sea lo que no es
 
*
 
El aire se eternizaba
En aras plateadas o coléricas
 
Se puede morir de presencias
 
*
 
Hay un rostro salvajemente asomado al día
Que se abre en dos noches iguales
 
¿ Quién cantará al amor?
No yo.
Yo amo.
 
 
*
 
Y finalmente
 
Un himno sin desdicha
Un sueño como una estrella
 
*
 
Ebria del silencio
De los jardines abandonados
Mi memoria se abre y se cierra
Como una puerta al viento
 
 
*
 
Perdida en el silencio
De las palabras fantasmas
Si vivir es memoria cerrada
Quien me pierde
En el silencio fantasma
De las palabras
 
*
 
Zona de la visión perpetua
Yo la atravesé en un misterioso gemido.
 
*
 
Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
Para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.
 
*
 
En un lugar de temblores
Manos oscilan enamoradas
En la dulzura de mi rostro
Sobre tu oscuridad ardiente.
 
 
 
*Alejandra Pizarnik.
 
-Gentileza de de Florencia soler abbate florencia_soler_77@...
 
 
 
 
 
 
 
Siete de oro*
 
-Fragmento-
 
 
 
Pero, sobre todo, lo que venía a descubrir mientras avanzaba y fumaba contra el viento de aquel pueblo del Sur era que también yo había tenido mi niñez.
Que podía relacionar estos momentos con otros, que podía asociar y elaborar, si lo deseaba, mis propios mitos y mi propia historia. Y que si las cosas y las voces que me rodeaban adquirían esta noche un matiz particular era porque encontraban su justificación a través de aquellas otras. Descubría, en resumen, que esa forma de andar entre la gente, ese mirar sin intervenir, tenían un antecedente. Que yo o alguien que se parecía a mí había dado los mismos pasos y había saboreado las mismas miserias. Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. La fidelidad y el amor piadoso que descubrí en mí por aquel otro me tuvieron despierto toda la noche. Era como si hubiese vuelto a nacer.
Me esforcé por recuperar caras, costumbres, paisajes. Recordé la casa de mi abuelo, blanca, gastada, la primera al costado del camino en aquella aldea de montaña. Mi abuelo. Por lo tanto era cierto. Tantos años corriendo con la mirada fija hacia adelante habían terminado por borrarlo todo. Recordé aquella vez que había ido a verlo, después del ataque. Estaba sentado, no se movía, lo habían colocado cerca de la ventana enrejada, en un costado de la gran cocina. Se había hablado mucho del asunto. Alguien había sacado el revólver del armario y había ido a esconderlo a la casa de algún pariente.
No era hombre de vivir atado a una silla. Nadie por aquellas regiones había andado tanto ni conocía mejor los caminos. Partía de madrugada con su paso parejo y se perdía por esos senderos. Además estaban sus cuatro viajes a América, a las cosechas. Parecía increíble que también él hubiese pisado estas tierras.
En el verano, cuando iba a visitarlo, me llevaba con él. Pero esa vez ni siquiera pude hablarle. Me había sentado enfrente y no había sabido qué hacer. Mi abuelo no se fijaba en mí. Crispaba los dedos sobre la madera de la silla, apretaba los labios y miraba por la ventana, al polvo del camino.
Hubiese querido recordarle todo lo que habíamos andado juntos. En aquellos días nos levantábamos antes del alba y partíamos. Cuando amanecía ya estábamos lejos. Avanzábamos con vigor y alegría, sin gastar aliento en palabras o movimientos inútiles. Yo llevaba un sombrero de paja igual al suyo y me apoyaba en un bastón igual al suyo. Marchábamos hacia aquellas montañas azules. "En la otra guerra", decía él, "por esas laderas morían como moscas". El aire de la mañana me hacía cosquillas en la cara y me llenaba de energía. Bebíamos agua en los manantiales y, cuando topábamos con un grupo de casas, íbamos a visitar a algún conocido. Entonces él tomaba un vaso de vino acodado a la mesa y yo comía una rebanada de pan con queso. Las mujeres siempre querían hablar conmigo, me llevaban a ver los cerdos, el caballo, un ternero recién nacido en la penumbra del establo. Yo rechazaba las caricias de aquellas manos huesudas. Mi abuelo se reía de esa hosquedad mía, le satisfacía mi mal carácter, me daba una palmada cómplice en el hombro, decía que nos parecíamos. De él, sin duda, heredé el silencio, esa forma de seguir y de aferrarme. Aunque tenía un apodo que no cuadraría conmigo. En aquellos pueblos dispersos lo conocían como Toni Furbo, Toni Astuto. Pensándolo bien, nunca me enseño nada. Me paraba delante de las cosas y me las mostraba. Eso era todo. pero talvez hubiese una forma de aprendizaje en caminar a su lado, en ver su risa, la mueca con que paladeaba un vaso de vino, el gesto amplio con que clavaba la azada en la tierra.
Al anochecer regresábamos arrastrando una oveja o un cabrito que luego él carneaba en el establo. Trabajaba arremangado y manejaba rápido el cuchillo.
Despues inflaba la vejiga y la colgaba de una viga del techo. Sacaba los trozos de carne por la noche porque aquello estaba prohibido.
Un día fuimos más lejos que nunca. En la entrada del pueblo, al pasar bajo un pórtico, vimos manchas de sangre sobre las piedras. "Aquí colgaron a uno, ayer", me dijo. Y me alejó de allí tomado de la mano. Era la época en que hombres demacrados entraban sigilosamente en nuestra casa cuando caía la noche. Vestían sucios uniformes de soldados. El los llevaba al sótano, allí se cambiaban de ropa y volvían a partir a través de los montes. Al despedirlos les recomendaba que se mantuviesen alejados de los caminos. Una mañana encontramos a uno tirado entre las vides. Fue en ese mismo sendero donde él y yo matamos una víbora a bastonazos. Después mi abuelo lo contaba riéndose, en la cocina, y decía que había sido yo solo el que la había matado.
Esa última vez que nos vimos hubiese querido hablarle de todo eso. Y de aquella hazaña suya con la yegua recién comprada, cuando había desafiado al maquinista del tren. pero mi abuelo ni se fijaba en mí. Seguía arañando la madera de su silla y miraba afuera, desesperado.
Recordé también aquel último viaje para ir a su entierro. Las lágrimas de mi abuela y de mi tía al abrazarme, tantas que al final me habían dado ganas de llorar a mí también. El sentimiento de culpa que en algún momento me asaltó al descubrir que no sentía pena alguna. Las caras arrugadas de las viejas,
las caras oscuras de los hombres, aquella gente que acudía a acompañar a mi abuelo en su último paseo con la misma puntualidad y gravedad con que sembraba y cosechaba. Aquella caminata entre montañas, bajo el sol, hasta el cementerio ubicado en otro pueblo. Mi falta de interés por lo que estaba sucediendo y, en cambio, la avidez con que había vuelto a buscar los lugares donde estuve con él, la forma en que había evocado aquellas caminatas, las manchas sobre el empedrado, sus manos humeantes en la media luz del establo, los caminos. Y también de qué modo había creído intuir, muy confusamente, que algo conciliaba todo eso, que cada cosa participaba a su modo de aquel rito, en esos montes, bajo ese cielo, allí donde vida y muerte debieron de parecerme esa tarde una ceremonia paralela.
Recordé, recuperé cosas perdidas, me reconocí aquí y allá, caminé con aquel otro al que acababa de reencontrar, le mostré lo que ya había visto, lo que ya conocía, casas, piedras, lago, los sometí a su criterio, a su gusto. Me detuve en el muelle, como el primer día, y estuvimos escuchando el fragor
del agua. Fumamos. Pensé que estábamos lejos de aquellos sueños primeros, lejos de aquella inocencia, lejos de Salgari y sus héroes, pero que sin embargo aún conservábamos algo en común, aún podíamos identificarnos y conversar. Había cosas que nos unían, cosas escondidas. Ese temblor ante la
sangre, por ejemplo. Y ese escalofrío, tan difícil de definir, que aparentemente no significaba nada, pero que era como una marca de nacimiento, que tenía el poder de teñir y transformar cuanto se le sometía, que tenía que ver conmigo, con lo que yo era, con lo que había sido, más que ninguna otra cosa, ese escalofrío podía más que los años, más que las costumbres, más que las traiciones y los abandonos. Y así anduvimos por el pueblo, pasamos frente a los bares cerrados, subimos juntos por aquella picada, vimos pinos negros, las luces, la sombra de las montañas, el sendero, los arbustos, la casa bajo la luna, la ventana, nuestra cama.

 
*de Antonio Dal Masetto "Siete de oro", fragmento del capitulo 10.
Editorial Planeta, edición de 1991.
 
 
 
 
 
 
HOMENAJE*

 
 
El hombre abre un libro y descubre la siguiente frase: "...es inútil, en el mundo no hay nada tan sólido como un buen culo", la lee un par de veces, cierra el libro y se pregunta si será cierto, medita largamente sobre el asunto, intenta rescatar imágenes de cosas sólidas, cosas que alguna vez ha
visto o sobre las cuales ha leído, las recorre mentalmente una a una, descarta, llega a la más sólida de todas, Egipto, la Gran Pirámide, compara una y otra vez, no está conforme, no está seguro, por lo tanto decide comprobar con sus propios ojos y sale a la calle, seis y media de la tarde, hora fatal, y ve de todo, los ve de toda forma y color, hay algunos que tienen la luminosidad de un faro abriendo las tinieblas de una costa marítima y que acá, en esta calurosa hora de la ciudad, ofuscan la luz del
día e igual que el faro atraen a los navegantes solitarios y a los gimientes pájaros extraviados, y son sólidos, muy sólidos, hay otros que, en cambio, parecen revestirse de neblina, se ofrecen y se ocultan, aparecen y desaparecen y tratan de convencer a todo el mundo de su inexistencia, pero dejan en la imaginación heridas profundas e incurables, y también los hay tristes, que son una gran lágrima y tienen aspecto de penitentes y es como si se acusaran permanentemente y se golpearan el pecho y se sintieran
culpables por existir y estos son realmente los más peligrosos para los caminantes incautos y de corazón tierno, sólidos, perfectamente sólidos, y los hay juveniles, desenfadados, inocentes como una mañana primaveral, pero basta mirarlos un par de segundos para sentirse manejando a cien por hora en
un camino de cornisa y con los ojos vendados, hay otros que son como brasas y a su paso despiden estelas similares a los fuegos artificiales en la noche del 31 de diciembre, dejan el mismo fugaz chisporroteo y después se extinguen y lo que queda en el aire es un sabor de desencanto y de cosas inasibles, hay otros que son declaradamente bélicos, están pertrechados con múltiples armamentos, usan exóticos camuflajes, avanzan igual que a través de una selva asiática y nadie que entre en contacto con ellos está libre de
conflictos, hay otros que son evidentemente felices, están satisfechos de sí mismos, transmiten bienestar y todo el tiempo tienen buenas nuevas para comunicar y aletean de acá para allá como bien alimentadas palomas de la paz, y están los cínicos, una raza especial, que llevan una sonrisa grabada y esa sonrisa es puro veneno, practican la magia negra, la hipnosis, y cuando eligen a su víctima la dejan marcada para siempre, sólidos, muy sólidos, los hay anarquistas, que se deslizan entre la gente con una aparente indiferencia, pero que en realidad no hacen más que conspirar, los hay maternales, óptimos para los tímidos y los desamparados y que son como la imagen de un establo de Navidad, los hay malignos, que surcan la ciudad como aletas de tiburón a flor de agua, suscitando peligros y malos pensamientos, los hay difusos, difíciles de apresar, que se desplazan a distancias irreales, lentos y esquivos como peces de aguas profundas, todos sólidos, sumamente sólidos, en fin, el hombre los ve de todas clases,
armoniosos, agresivos, creyentes, ateos, exaltados, levemente espirituales, apáticos, trágicos, antiguos, farsantes, apasionados, tímidos, arrojados, prepotentes, y siempre sólidos, perfectamente sólidos, y después, hacia el final de la tarde, en una calle cualquiera, inesperadamente, broche de oro
de una larga y productiva cacería, el hombre se topa con uno tan uno que después de ese uno ya no tiene sentido seguir buscando otro, y ese uno es alto, solemne, una catedral gótica, dobla una esquina, cruza una avenida, es como un barco cargado de preciosas mercancías desafiando el mar con todas
sus velas desplegadas, va enfundado en una tela vaporosa, azul, transparente, y cuando un pie avanza en su sandalia y se apoya y después el otro avanza en su sandalia y se apoya, dentro de la tela azul cada vibración de ese uno es una nueva afirmación del universo, el hombre lo sigue durante un trecho, después se detiene y lo mira alejarse en el resplandor del último sol, se sienta en el primer bar, pide una cerveza, se rasca la cabeza y definitivamente resignado razona: "Es inútil, en el mundo no hay nada tan
sólido como un buen culo."

 
*de Antonio Dal Masetto.

 

 


3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
 
 
 
BASES DEL CONCURSO:
 
ÁREAS:
a.   Composición para piano solo
b.   Composición para piano y electrónica
c.   Composición para piano y trío de cuerdas
 
v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. 
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. 
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. 
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
 
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
 
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
 
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS: 
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO:    500 Euros
 
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
 
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
 
Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: 
euroyage@...
 
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
 
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
 
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de:
v      El Gobierno del Estado de Salzburgo
v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v      La Asociación Música en el Museo (MiM)
v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
 
 
 
 
 
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#161 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 29 de May, 2008 12:54 pm
Asunto: LA TRANSPARENCIA ES SÓLO UN ESTADO DE LA INOCENCIA...
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VI*
 
 
 
 
De todas partes me fui
como de aquel sueño negro.
De todo
menos de tu vientre
que me contuvo
en las noches
cuando el verano subía
con tu temblor hasta el cielo.
 
 
 
*de Jorge Isaías. jisaias46@...
 
 
 
 
 
LA TRANSPARENCIA ES SÓLO UN ESTADO DE LA INOCENCIA...
 
 
 
 
 
 
PAISAJES DE LUZ*


-Colección Mainumbi- 1989




INDICE
     
         V e e r . . .   

        P o e m a s  . . . 

S o b r e   D u e n d e s. . .

   E p i l o g o. . .




 
V E E R



La transparencia es sólo un estado de la inocencia.


           
 ***


     ¡ Vamos a la aurora ! ¡ Vamos ya !

     La luz estalla cercana, infinita,

     naranja y madura.


           
***


ESTADO I

Aquí estoy, buscando la pascua de la palabra; definitivamente si. Aunque, en ocasiones, tenga el rumor del silencio.



ESTADO II

Buscar la transparencia. Es un modo de ser recipiente sin ser contenedor de la luz.




ESTADO III

La luz, en los cuerpos opacos, acontece sin violar; en los transparentes, crece sin estremecimientos.




La oscuridad no es mas que un aspecto de la luz.
En ocasiones le antecede y, en otras, le sucede.


Ver.
La luz y la sombra son constelaciones encadenadas; no existe una sin la otra.


Ver.
Lo que hay de sombras en nuestro universo es lo que mueve nuestra curiosidad.
La luz nos devela.


Ver.
Lo que hay de luz en nuestro universo  es lo que mueve nuestra curiosidad.
La sombra revela ocultamientos.


La luz no sólo absorbe las sombras.
También crea espacios.


Ver.
La oscilación de la luz es sólo un juego.
¡Y oscila en las sombras!


Ver.
¿Por qué empecinarnos en creer que donde no hay luz sólo hay sombras?


Ver.
¿Por qué aseverar que la sombra es la negación de la luz?



Ver.
No reducir nada a cero. Si hay sombra es porque la luz la recrea. Si hay luz es porque la sombra le deja espacio.



La ojiva de la luz
      es
porque el cono de sombra se proyecta.





La luz

                      obsesivamente

se abisma.






L A   M I R A D A


Asomé, la mirada, en el hechizo de la luz.
Y se confundieron. Desde entonces, desde el principio de esos tiempos acuñados en esbeltos arco iris, son uno. Sólo la ausencia de cualquiera es suficiente para que el hechizo se quiebre.




  Percepción...

               quietud...

  una palabra se aproxima

                         pasa...

  y me devora el universo.

          Sólo la luz se atreve.





La luz habita ciertas palabras.


Y se refractan
en el poema.







P O E M A S



Convengamos que la poesía es una dura piedra tamizada de musgos poblados de voces, de tiempo detenido, aullando quedamente en el corazón del hombre.
Esta allí, golpeando, librando una batalla apocalíptica, opacando lo perverso con sus letanías de siglos, con sus hombres enarboladores de la rima.




Todo momento no es más que una línea
donde camino y camino
alumbrando
para encontrar al hombre en mi.




Obturados los ríos, los que refractan la luz,
se vuelven profundos,
cavan las tierras con sus lenguas,
perforan lejanías, se agotan,
para crecer en otras figuras con sus manantiales transparentes
abecedeando el cauce.
Es milenario, ancestral a todo lo acaecido,
aún a aquello que adviene
el juego eterno entre la luz y la sombra.
¡Y nosotros allí!
                 A veces una
                 a veces, la otra...






Dulce presencia la de Ella
      cuando
            con un ademán
            sonríe.
                  (a Hugo Mandón)


¿Aún estás allí?
Le pregunté a ella por su silencio.
              Fue así que
un borbotón palpitante
naufragó
        en mí.
Y ella permanecía inmutable
como omitiendo su estar.
        Desde entonces,
                       la busco.


*


Próxima el alba

       con la noche cargada en mis espaldas

voy sacudiendo sus cenizas

para encontrarme contigo.


*

Hay una breve llama en el rincón;
hay una cálida morada en la quietud de los pasos;
hay un sonido convocante en todas partes;
             es que la noche,
con su espectro aparente de oquedad,
                deja
todo un espacio para la luz;
             y ésta
con su magia, trasluce confines.





Habíamos ido a la fronda
        donde la luz dibuja gestos
        y encontramos
lo que estaban mirando de nosotros.
        Nos fuimos identificando,
        con el aromo verde
y dijimos lo que dijimos en el idioma
        de los pájaros.
        Después, con la luz
formando cálidos cuencos, volvimos.
        Hoy
quebrando lo cotidiano sembramos
sabiendo que ciertas simientes
        crecen.



*


Me han crecido tiernas hojas en mis dedos,
precisamente en sus puntas,
que son una caricia de verde y fragancia
expandidas y dolidas.


*


Aquí estoy, quietecito.
Va mi mano renglón tras renglón,
cortejando su sombra con lo blanco del papel.
Arriba, duermen.
Acá, la noche se ha instalado sin urgencias,
sin interrogantes.
La noche, ese oscuro bosque de sugerencias,
está pasando lentamente cual oruga
camino al alba, sabedora de su agonía.
Pero, aún es joven, aún vive,
aún está despierta y yo aquí, quietecito.





Meces tu transparencia en el candor del aire,
en la lenta metamorfosis de la llanura,
en los pasos de las células a la conciencia,
en lo explicado y su contraparte.
Y me atrapas en tu dulce corteza milenaria
colmando mis odres de sed perenne.
He bebido una de tus gotas aumentando mis ansias
de bebedor contumaz de tu esencia.
Y sé de tu humedad
floreciente en mi piel de soles y desiertos
porque en ella crece esta plegaria.


*


Despacito como paso precavido,
como oración de monje en su celda,
como mariposa posándose en la flor,
como canción de cuna maternal,
como el amanecer.
Y más despacito aún:
como el crecimiento de una rama,
como el desgaste de la piedra en arena,
o el paso de una montaña.


*


Ya la hora del rezo acabó.
La noche, con su oscura urdimbre
convoca luces milenarias que chispean.
Mi sombra se confunde con la tierra
y si no fuese por estas sensaciones que me orillan,
sería imperceptible al silencio.
Hay luz adentro mío  (me dije despacito),
es como una breve lámpara inapagable,
que se intensifica mágicamente
sin desbordar los límites.
La noche sigue afuera,
   con sus decires interminables,
   con sus canteras inagotables,
   con sus olores penetrantes,
   con sus rituales quebrados por el capricho,
   con su espera del día.



Volver al papel con las manos ardiendo palabras
y fronteras sin excusas
y colores sin pintar.
Y no decir nada
para que el espacio penetre
perfore la geografía ósea
dejando caer la blancura en el rojo de las carne.
Y hacer un poema,
repetido y distinto
que abarque todo el hombre.


*


Tan difícil expresar aquello que reúne,
tan difícil mirar más allá de lo dado,
tan difícil horadar la piel que cubre,
que aún persisto martillando,
mordiendo a dentelladas diestras y siniestras,
caminando los umbrales de las palabras.
Y persistirá apuntando las sílabas,
las notas, los sonidos, los gestos, las miradas
que deparen, ignotas, la luz.


*


Dulce y amado es el calor de tu presencia
crepitando en los interrogantes
de mi propia debilidad.
Es cuando entonces me digo:
- ¡Me duele el hombre!
y me quedo anonadado en la turbulencia
del dolor. Casi exánime
a la espera de los aromas del jazmín florecido
para que aliente mi aliento.
Tal vez este no tuviese que ser un poema,
sino tan sólo un grito
naciente de la hondura que compartimos,
nosotros, los humanos.





El río pasa y no pregunta.
Una y otra garza conmueven el agua.
Los pájaros, agotan el aire.
El sol, casi en su cenit, alumbra
el lomo quieto del cauce.
Algún bigua atraviesa las distancias.
Los sauces, desde la otra orilla,
pueblan de verde el horizonte.
Las canoas van y vienen silenciosas.
Atrás,
      la ciudad.
Aquí, el río pasa y no pregunta.


*


Venía con una pregunta rodando junto a mis pies,
de acera en acera, de baldosa en baldosa,
trepándose por los postes de luz para
descender, con más fuerza, en un cordón plateado del aire.
Luego, corría en zig zag
entre los vehículos estacionados,
se acodaba en los tapiales bajos.
o columpiaba sus extremidades en los altos muros,
para, de repente, treparse a un ómnibus
espiándome por el vidrio trasero.
Creía que se iba, que su susurro de letanía
se dormía irresoluto en algún banco nocturno de plaza mal iluminada;
pero, no. Mágicamente subía por las espaldas
jugando con mi pelo dejando el aire en suspenso,
para, después, seguir con sus rondas,
sus persistentes rondas de preguntas preguntando
desde mil rostros y otros tantos gestos.
No sé muy bien cuando y en qué momento
la pregunta me habitó; fue un instante
desprevenido, inasible, asombroso,
que me está llevando una vida responderla.






     Las palabras, en ocasiones son
     apenas reflejos de la luz que
     me inunda.



*


Blanco espacio convocante
      de la palabra.
O bien,
       de un sentimiento a compartir,
       de una emoción no reiterada,
       de un dolor exhausto,
       de un amanecer no nacido,
       de un pasado no recordado,
       de un poema que nace.
De los pájaros y sus vuelos negados; de los ríos sin cauce o de aquella vejez atravesada de olvidos que espía por la cerradura de un tiempo no comprendido; del salto de un atleta devorando al horizonte con sus piernas o un niño descifrando la coherencia de los adultos.
       Es un espacio en blanco...
       y yo con cenizas en mis manos.



La palabra, aquella que es clave en cualquier discurso humano, se encuentra, en ocasiones, en el fondo de las sombras. Descubrir su oscilación, su movimiento, es tarea diaria para dibujar el poema.

Pueden pasar jornadas sin una palabra.

Pueden pasar palabras sin una palabra.

Pueden pasar dolores, vientos, posturas, negaciones patentes, crucifijos inconscientes, llanura de voces, jacarandaes florecidos, una revolución cualquiera, un sufijo aceptado por la real academia,
una veda de mujeres, una maja desnuda, carnavales y competencias deportivas.
Un político y su amante, un impostor y su esposa,
un espía desmesurado,
un policía incorrecto;
pueden pasar juegos victorianos,
inmigrantes tras las huellas, idiomas muertos,
conquistadores o fusileros,
una muda de ropa o de plumaje,
un continente sin contenido,
un contenido sin una palabra.


Reintento la búsqueda. Voy nombrando,
arrojado voces al pasar
       como un río salpica a la ribera,
       como una mariposa de flor en flor,
       como un paso le sigue a otro,
       como el ademán antes del gesto,
       como un horario a una cita,
       como un sonido al eco,
       como una caricia a la ternura,
       como el tallo a la flor,
       como una letra a la palabra...

Zigzagueo entre los motivos, entre los abecedarios del hombre, entre los residuos de la civilización, entre los silencios escandalosos de los marginados, entre mis propios laberintos...

       Voy hambriento de hombre
       en esta encrucijada de ríos,
       como una cruz
       que es mi propio peso anudado,
       encorvado.
       Un peso dromedario...





Ya no sé
        dónde el límite esparce la luz
        para un poema...
o bien dejar las palabras, las costumbre, las normas cotidianas, los quehaceres rutinarios, la poda de las plantas, las caminatas en los parques, el vuelo de los pájaros, la lectura de un libro...
        quizás
        no sea más que un síntoma
        una levedad, un chasquido
        de su llamado
        en esta niebla.


*


¿ Estaremos a punto de brincar sobre nosotros mismos, acrobáticamente, creando en el salto la red que nos contendrá o seguiremos en la monotonía de la arena, matándonos unos a otros ?.


*


El hecho simple de caminar la noche,
dormidas las calles,
es ya todo un mundo que las habita.







LEYENDO A LI PO

            
  
  La luna juega con mi mirada
                jugando su ronda
                y yo la mía

¡ A ver si nos entendemos !, me dijo.
Y la miré tras un cable,
me escondí tras un edificio,
me cobijé tras un árbol,
me arropé tras las sombras
y ella, fingiendo no ver mi juego,
contaba estrellas
esperando que uno de sus rayos
rozara mi figura para sombrearla.

Entonces, dije:

         -¡Te voy a beber, luna lunera
          y te quedarás sin luz para tu
          ronda!
         -¡Y tú sin sombra para la tuya!
         -¡A ver si nos entendemos!, grite.

Y me emborraché de luz de luna
y ella de trazos de sombra.


*




SOBRE DUENDES


BREVE DE LUNA

La luna, en todo su naranja horizontal, fue despertando al pequeño mundo adormecido por las letanías de calor, que el sol fue arrojando con su luz.
Era un cascabel enorme haciendo fosforecencia en el agua. Los niños, con sus ojos de asombros, la saludaban alegremente. Los duendes del río, desde la penumbra de los juncos y otros verdes...




DEL NACIMIENTO DE LOS DUENDES

Desde el seno del río, con su panza hincada en los vegetales, surgieron.
No hubo movimientos discordantes; no hubo ausencias.
Todos, arremolinados, cabalgando arco iris, nubes indecisas, brisas ariscas, fueron llegando a las formas, fueron habitando al Padre Río.
Nadie objetó el nacimiento y no se adujeron pretextos para que no ocurra.
Así, los duendes, rondan la noche a destajo, abrillantándola sin temor; son amos de ella y de sus formas.


DUENDES DE LA NOCHE

Por aquí andan los duendes de la noche robándole luz a la luna; la convocan en sus hechizos inocentes sobre el marrón del agua y el camalotal dibujando estelas.
Uno se queda horas mirando cómo salen de sus madrigueras, inventadas en las barrancas, en las flores del irupe, del ceibo o del jacaranda.
Dicen que dicen que no existen, pero hay quienes los han visto montados sobre sábalos saltarines, persiguiendo luciérnagas.
Otros cuentan historias más complicadas, donde se sumergen en las honduras para hablar con los paties, cachorro, manduvies.
Hay quienes afirman que apuntan el pez al Martín Pescador a cambio de un vuelo nocturno para embolsar luz de luna. Lo cierto es que hay uno de ellos aquí, contándome estas historias.



Los duendes son los que llenan de nácar el río; los que dibujan sin tregua, sin cansancio, la cara alunada en el agua o el naranja en ambos extremos del día.
Son ellos los que reúnen los elementos, los mezclan, los disuelven, los esparcen, los iluminan, cavando aquí y allá, corriendo de este a oeste, sumergiéndose en las aguas o volando sobre ellas.
Durante el día, dejan que la luz se encargue de resolver formas y colores.
Es en la noche cuando su tarea cobra ritmo. Son los que esparcen la luz acumulada en los elementos haciendo de la noche un destello de anticipa claridad.
 
 
 
 
 
E P Í L O G O


 
PRIMAVERA EN EL PARQUE

Hay una incipiente madurez de los frutos perlando el aire. El lapacho, en su multitud, viste de rosa las aceras.
La vida, adormecida en los túneles protectores de la madre tierra, pulula en infinidad de tallos como dedos verdes buscando alcanzar el sol, cada vez más tibio y gratificante.
Los niños, van y vienen en sus risas, despertando todo con su frescura e inocencia.
Los días, con su tenue magia, van alargándose en la luz, van cubriendo a los pájaros que regresan de su exilio voluntario.
Los jóvenes, con sus cuerpos y movimientos, sus voces, sus ganas, van arrullando canciones vitales. Las muchachas, relucen su feminidad con ademanes, gestos y miradas furtivas.
Los viejos, recordando su andar, cuentan sus cuentas  en la memoria, dejando retozar su piel en la calidez solar.
Y gea gira. Gira que te gira, envolviéndonos en cada uno de sus giros legendarios, de consorte agradecida ante la luz.




S A N T A   F E

La ciudad posee tantas orillas como hombres.
Pero esta tiene uno y otro río y otro río y otro río.
Las riberas se hacen incontable y en ellas
hay uno y otro hombre y otro hombre y otro hombre.


Así las cosas, hacen de las miradas
una distancia de agua impronunciable
con una y otra música y otra música y otra música
que peinan el agua subiendo y bajando.


Pero esta ciudad, además, va orillando al hombre:
lo conmueve de tanto en tanto
con el río en la puerta de casa
y un pez durmiendo en su cama.





Beberemos el canto atravesando la luz.
            ¡Siempre la luz!
Así recojamos las crónicas de la muerte,
el mal trago del dolor.



           ¡Siempre la luz!








Siempre, al final del camino, la rosa.


-Poemas de Oscar A. Agú. cachoagu@...
 
 
 
 
 
 
 
 
ESTÁ EN NUESTRA SANGRE*

                               
*Horacio Rossi
                           
La stoa, portal de la polis ciudad ahora llamada griega y está
El arado y el bajel que arado por sobre en cima de la mar y está
La viuda joven del pescador de esponjas que hoy cumple quince siglos en manos de la señora azul de fondomar,
Madre de todo, también del lapislázuli de las tejas de la iglesita linda con sus cupulitas muchas, sombreritas, y está
El silencio etrusco tras el negocio romano,
La hoguera en el bosque sagrado
Y la erigida por el miedo de los tenebrosos, que nunca podrá prevalecer, y está
La diosa del peine y el membrillo, de ojos zarcos,
Patrona de los poetas y enamorados y madre orgullosa del arquero del amor, y está, también, como desde siempre,
La arquería de la ballesta y la arquería de los edificios, mejor ésta, hacia arriba, y está
La yerba hiedra hierba árbola,
La agua cantarina hacia el verano que aún nos debemos,
Y la procesión hacia el poniente, a contraplaneta, hacia las islas afortunadas de tras la mar océana, hacia acá,
Navegación por tierra, por humo, por sueño,
Y está el rocío sobre las trenzas de las muchachas, sobre el pecho a dúo, sobre los lechos al amanecer,
Y la aldea vecina, tocable a ojo, a oreja, a nariz,
Está el maestro que espera y así es cómo enseña,
El aprendiz que insiste y así es cómo aprende,
Y  está el coro cantando la missa te deum pues se casa el hijo del padre y nieto del abuelo con una mujer
De carne que es tierra, de tierra que es carne,
Y está la fuente de la plaza del pueblo
Y la forma del oro, la forma de la piedra, la forma del viento en los molinos de viento, la forma de l´agua en los molinos de agua, la forma de las frondas, la
Forma del paisaje, que es lo que hay de un horizonte al otro, horizonte
Que es una serpiente que se muerde la cola y no deja pasar, y está
El sol al sur,
La nieve por diciembre,
Los gestos, los cuerpos, los besos, las manos, la voz de los de uno,
Está la casa de, un día, adiós,
A la ventura o a la provincia detallada, a que se pueda haber
Hijos que duren, trabajen para ellos, hijas que se puedan casar,
 
Está en nuestra sangre l´acordeona orfeona, la gaita cornamusa, la violinería, los redobles cuando
Los bautizos kerbmesse velorios danzones bajo l´árbol de mayo y
Perderse nel bosque a buscar el acebo, el muérdago, y alguna otra cosita que se pueda encontrar, eso también y por sobre toda otra cosa, y está
El salto sobre el fuego en la noche sanjuana,
Cuando la vida vivía como nunca otra vez hasta ahora,
Y está la candelaria marea de estelares theorías, tales como
Los cuentos de ultramar, con mapa y todo, dizque ahí siempre es
Domingo, sí, pero sin nada que cumplir, menos aún sintiendo culpa inexistente, ¡ah, los cuentos
De una tierra sin culpa, tras la mar!,
Mar naufragiosa, interín, a ultrapasar, si quiere uno el premio
Y la serpiente nos deja pasar, y  está
El viento caliente del sur,  culpable de la primavera,
Está la causa de las causas, si es que hay,
Fascinaciones y contrariedades,
Soltarse y agarrarse y soltarse y no agarrarse más,
Acaso nada más que porque el circo de mundo nunca se está quieto
Y entonces gire asegurando la prohibida danza, dejándola a salvo, está,
Está en nuestra sangre
La danza, sí, la danza,
Siempre viva,
Y está el ciclo de las cosechas de fruto que es hijo y de hijo que es fruto,
Está la celebranza
Esperando el, sin comillas, cumplir es prometer,
Sin clausura de su índole de beso en la memoria,
Aroma y melodía,
Repitiendo los nombres, los temas, las palabras,
El milagro canción del misterio corazón,
La ronda, la rima,
La estrella matutina misma vespertina,
La familia,
La costumbre, tan usual que no existe,
La rosa, el jazmín,
El puerto a irse, quedando,
Y a irse quedando,
Trigo, algodón,
Moneda y cañones para poder no cumplir la palabra empeñada,
La hechura de las casas, que remeda hormigas, abejas, cigüeñas, pero figuronas, engreídas, siempre tan humildes y modestas, y está
La gana de existir
Sin pecado por nacer ni castigo por vivir, y, eso,
Está en nuestra sangre,
Sin olvido,
Hubo una vez, y habrá otra vez,
La vida
Es una rueda,
Que gira,
Y está en nuestra sangre, también,
El miedo tapador, la delación traidora, la represión cruel
De toda arte de luz, gozación de l´amor, en fin, pero sin fin,
La sagrada misión de existir siendo un beso en el tiempo
Si es que el tiempo existe y
Si no, en la luz que hay porque la somos
Desde las mansiones cathedrales godas y moras,
Desde las selvas celtas hiperbóreas y las aguas creteñas tartesinas
Hasta cómo nos hacemos llamar y entonces respondemos, a los gritos, y venimos corriendo, riendo, danzando, a recibirte,
Y, eso, está en nuestra sangre,
O lo somos
O no naceremos...
 
                  
*Europeana de Horacio C. Rossi.
 
 
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#160 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 28 de May, 2008 2:43 pm
Asunto: ESTACIÓN DESOLACIÓN
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Y SIN EMBARGO…*
 
 
 
Campanillas violeta,
ínfimos adornos,
enredaderas de ferrocarril.
 
Sobre las pilas de escombros,
entre las vías abandonadas,
tapando techos agujereados,
entre los hinchados cadáveres
de perros envenenados.
En la miseria última y final.
Sobre chapas, hierros y
pobreza desvencijada,
debajo de carrocerías deshechas,
se abre la flor inesperada,
maravillosa,
de la alegría.
 
 
*de MONICA RUSSOMANNO.  russomannomonica@...
 
 
 
 
 
Estación Desolación
 
 
 
 
POR LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL SISTEMA NACIONAL FERROVIARIO*

 
"Yo sigo en mis trece, en las mismas trece de antes. A mi me interesa la Liberación Nacional. No me interesa la lucha política como lucha de segundo plano que se desarrolla como lucha de ratones, bajo la hegemonía de los capitales y de la diplomacia extranjera"
Raúl Scalabrini Ortiz, 1944.

 
 
Por Juan Carlos Cena* especial para Villa Crespo Digital

26 de mayo del 2008

 
 
Luego de luchar y resistir con todo nuestro cuerpo en las Huelgas Ferroviarias de 1991 y 1992, acción resistente conducida bravamente por los jóvenes ferroviarios por fuera de la burocracia sindical, hemos tratado de reorganizarnos en forma empecinada a pesar de esa derrota. Así es, nos derrotaron, no nos avergüenza reconocerlo. Nos derrotaron porque luchamos, cargamos en nuestras mochilas una honrosa derrota, no nos doblegaron ni nos vencieron en esas épicas huelgas. Después de ese revés vino la expulsión de 85.000 trabajadores ferroviarios y el cerramiento de los ferrocarriles. Se terminaba la relación social diaria entre ferroviarios y con ello las posibilidades de organizarse para continuar batallando por nuestros ferrocarriles. A raíz de esa desconexión sobrevino nuestra paralización y la
desolación. Este golpe para los ferroviarios fue muy duro. La sociedad ni lo intuía, o no lo quería ver. También se terminaba la relación entre el campo, el pueblo y el ferrocarril. Nuestros vínculos y apegos personales se quebraban. Acaecía la diáspora ferroviaria. Aparecía el Tren de la Desolación, cuyos pasajeros éramos nosotros: los que realmente nos sentíamos ferroviarios, los que padecíamos la soledad de la derrota; los otros, los que sólo trabajaban rutinariamente en el ferrocarril migraban contentos a
ocuparse con los que habían propiciado y alentado durante décadas este desastre nacional.

Por ese entonces, la indiferencia se instalaba en el seno de la sociedad, que había votado en varias oportunidades a favor del demoledor de nuestros bienes nacionales, Carlos Menem. Sociedad blanda que disfrutaba las mieses temporales de la copa derramada por la venta vil de los Bienes Nacionales.
En esa borrachera liberal les venía la desmemoria de que vivían en una nación y esta era saqueada. Ellos sólo se contemplaban frente al espejo admirando su ombligo liberal. Sólo les interesaba el individualismo, el exitismo y las cuestiones personales. Para eso había que terminar con viejas costumbres solidarias, ser indiferente a las penurias del otro. Y el problema de la identidad nacional, era una cuestión rancia y obsoleta.

A pesar de esa indiferencia, tratábamos, una y otra vez de organizarnos
Nuestro primera tentativa de organización fue el Mo.Re.Fe, Movimiento por la Recuperación de los Ferrocarriles, compuesto por ferroviarios, solamente.
Luego, al tiempo, el Mo.Na.Re.FA - Movimiento Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles Argentinos, fue un salto cualitativo, porque esta vez fue con el conjunto de la sociedad, asambleas barriales, centros culturales, Fuerzas Vivas de diferentes pueblos y ciudades de toda la geografía
nacional, olivicultores, fruti horticultores de Cuyo, cultivadores de limón en Tucumán, organismos universitarios, organizaciones de usuarios, compañeros en actividad y un conjunto de intelectuales que no se obnubilaron con el pensamiento único, ni con las becas de las fundaciones, ni se olvidaron de las cuestiones nacionales ni de nosotros.

Digo todo esto porque hoy reaparecen, montados en el tren, oportunistas electoralistas de todo pelaje, algunos ex funcionarios de las empresas concesionadas.

Mientras nosotros resistíamos con todo nuestro cuerpo la ofensiva menemista, otros, saltaban a las empresas concesionadas a prestar servicio en forma mercenaria. Empresas que venían de la Patria Contratista, mimadas durante el gobierno de Alfonsin a través del inefable Terragno; este, les había
otorgado el control de la Dirección de Empresas Públicas para que fiscalizaran los presupuestos de las sociedades del Estado. Estos que saltaron y se transformaron en mercenarios al servicio de las empresas concesionarias, hoy son ardientes defensores de la reinstalación de ramales troncales, pero no defensores de la reconstrucción total de los ferrocarriles. Por esos tiempos aciagos no abrieron la boca ni generaron un solo gesto para defender a Ferrocarriles Argentinos.

La embajadora itinerante del Gobierno de Menem, Amalita Fortabat, concesionaria del F.C. Roca, fue una de las primeras receptoras de estos mercenarios, también aterrizaron prestos con Pescarmona, cuando se hizo cargo del F.C. San Martín y el F.C. Urquiza, entre otros. Hoy, estos saltimbanquis aparecen enancados en la cuestión ferroviaria. Otros se transformaron en escribas de los funcionarios de la Secretaría de Transporte, que pertenecían a la Fundación Mediterránea y que disertaron en
Florida EE.UU, en el Seminario de la ALAF, Asociación Latinoamérica de Ferrocarriles, Coral Gables entre el 19 y 20 de octubre de 1995, donde se expuso en forma descarnada lo que le iba a ocurrir a los Ferrocarriles Argentinos. Ver El Ferrocidio 2da edición. Pág.. 154.

No nos podemos olvidar ni callar ni perdonar tanta traición. Hay un límite, y es lo ético y la dignidad valiente de los luchadores. Tenemos 85.000 compañeros expulsados, más de 90 ferroviarios desparecidos durante la dictadura militar, y hoy, más de 150 compañeros judicializados por proteger
sus derechos. ¿Cómo olvidar a los colaboracionistas? No se puede defender a los ferrocarriles si no se tiene en cuenta el factor humano, la condición humana y las conductas claudicantes. Hay que hablar claro, nosotros desde hace mucho pertenecemos al subsuelo de la PATRIA, venimos luchando y
resistiendo desde 1958 en adelante, Plan Conintes de por medio, luego contra el Plan Larkin y contra todos los planes de desguace contra el Ferrocarril.
Siempre nos reprimieron y nos militarizaron. Nuestra lucha no fue fácil.

El progresismo intenta imponer un valor de verdad cuando afirma que la lucha comienza cuando aparecen ellos y termina cuando se van. nosotros decimos que la lucha tiene, en el caso del ferrocarril, más de 151 años. Pero a estos espantajos hay que preguntarles como un test: ¿Qué hicieron ustedes cuando
comenzaba la ofensiva contra el ferrocarril? ¿Que actitud tomaron cuando trasladaron en forma compulsiva a 1500 técnicos, profesionales e idóneos ferroviarios a la DGI, hoy AFIP? Es decir, se expulsaba parte de la inteligencia ferroviaria, mientras cundía el silencio del sindicato que los
representaba, APDFA (Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles Argentinos), otros, en vez de ser solidarios o defender la empresa que los parió, salían a ofrecer sus servicios a los nuevos patrones, estos mismos hoy surgen afligidos a patrocinar la recuperación de una empresa ferroviaria que no supieron proteger a través del levantamiento de firmas.

Hubo casos de funcionarios y jefes dignos, que defendieron al personal, se atrincheraron y resistieron el destrozo de los ferrocarriles, fueron expulsados. Oportunamente volveré sobre el tema de los hombres probos que merecen el reconocimiento, y los otros innombrables. No se puede hablar ni
patrocinar la defensa de los ferrocarriles y de las empresas públicas privatizadas, desde la indignidad y la hipocresía.

No se puede encarar la cuestión ferroviaria sin hablar de los ferroviarios, que son la parte carnal de ese modo de transporte. Los ferroviarios son el ferrocarril. Nada se puede hacer sin la participación de ellos, ni ellos sin la participación de la sociedad. Por todo eso afirmamos que nunca hemos abandonado la lucha por la reconstrucción integral de sistema nacional ferroviario.

Creo que era necesario, primero aclarar algunas cuestiones de principios, antes de continuar, por eso esta introducción.

Hemos contestado siempre y esta vez también, el anuncio dado por tercera vez sobre el tren de alta velocidad, entre Retiro-Rosario y posteriormente Córdoba. Todo un despropósito gubernativo. Es la proclama de una medida equivocada, bajo el punto de vista técnico-operativo, político y económico.
Esto es un intento que adolece de racionalidad, cuando la realidad nos está señalando que hay urgentes necesidades nacionales que obligan una atención primaria.

Ya nos hemos pronunciado desde el Mo.Na.Re.FA, por distintos medios sobre los trenes balas, soterramientos varios, trenes de pasajeros de fantasía que tardan casi el doble en tiempo que cuando eran estatales. Ante estos reiterados pregones atrileros queremos aclarar, primero, que en los países
en que se instalaron estos trenes, los ferrocarriles son estatales. En ninguno de ellos se montaron trenes de alta velocidad sin antes haber re-construido y puesto a punto el Sistema Integrado de Transporte
Ferroviario, de acuerdo a las características y necesidades de cada país.
Sistema Ferroviario que, a su vez, es componente del sistema de transporte nacional del país al cual pertenecen, jugando un rol complementario, no competitivo, entre los diferentes modos de transporte que concurren. Regla fundamental.

En los países que instalaron trenes de alta velocidad, antes de proclamarlos, se realizaron estudios de prefactibilidad, de impacto ambiental, de topografía, de densidad poblacional, capacidad energética,
entre otros estudios, entonces, de acuerdo a ese resultado, resolvieron instalarnos o no. Muchos países a pesar de tener recursos financieros y técnicos, me refiero a países capitalistas centrales como EE.UU, no tienen ni les interesan esos trenes. La empresa AMTRAK de pasajeros en EE.UU es estatal, y tiene tecnología de punta como se estila decir ahora, y CONRAIL, la de carga, también estatal.

Concebir en la Argentina la instalación de trenes de alta velocidad cuando estamos padeciendo una crisis energética, es grave e irreflexivo. Apostar a trenes de alta velocidad sin tener en cuenta la ausencia del ferrocarril, en todo el territorio, es toda una perversidad y una ofensa nacional. Esa ausencia generó grandes zonas despobladas (870 pueblos fantasmas) regiones desarticuladas, desconectadas con un perjuicio enorme en las economías regionales.
La debilidad política de este gobierno y de otros se manifiesta, a veces, a través de cuestiones obsesivas como la de anunciar obras faraónicas que rayan con lo chabacano y lo pueril.

Nosotros nos resistimos, pero no eludimos polemizar sobre el tren bala, como tirar costos, valores y propuestas, sin decir cómo.

Preguntamos por el como, teniendo en cuenta las experiencias anteriores. Se recogieron un millón de firmas para que no hubiera más chicos pobres. Luego, la más grande, cuando el FRENAPO (Frente Nacional Contra la Pobreza) recolectó 3.400.000 de firmas. Ninguna fue por correo electrónico. Fueron cientos de mesas con cientos de militantes militando cada firma. Todo a pulmón. En ninguno de los casos pasó nada. Se habían "olvidado", en ambos casos, los organizadores de fundar la organización del cómo hacer para que no hubiera más chicos pobres y que desapareciera la pobreza. Toda una
frustración política para el que militó aquellas firmas.

Por eso queremos discutir a fondo el cómo, no olvidarnos de los olvidos, ya que la expresión numeral, únicamente, es, precisamente, el eje discursivo y de entretenimiento que quiere el gobierno que entablemos. Sólo eso. Este tren y sus costos es el árbol fosforescente que nos deslumbra y nos tapa el
bosque, que es la ausencia de los ferrocarriles en todo el territorio nacional. No hay que hablar sobre su estado actual, dicen desde la Casa Rosada. Tampoco de los trenes suburbanos de Capital Federal subvencionados en forma millonaria y que paga toda la nación y los trenes de carga en manos de las multinacionales que no pagan los cánones y han destruido las vías férreas.

Porque además decimos que la cuestión ferroviaria no es una razón técnica, numeral, sino política. Porque si sólo pensamos que es técnica, obviaríamos preguntarnos ¿Con qué Gobierno? ¿Con este? Y si es así, únicamente invertiríamos esos enormes montos de dinero para que se beneficien y disfruten, de esa inversión, los concesionarios y no los pobladores.
Recuperaríamos solamente los ramales troncales donde circulan los cargadores. Por eso, recordando la consigna del mayo francés: la Imaginación al poder, debemos hacer un esfuerzo e imaginarnos qué Estado deberíamos construir para que este genere políticas que beneficien a la Nación, en este
caso el ferrocarril. Preguntarnos ¿qué haría ese Estado con esa tremenda cifra? Valorar desde esa perspectiva qué ferrocarril restauraríamos con lo que costaría el tren de alta velocidad, además, hay que sumar a esos valores los subsidios otorgados a los concesionarios, y los cánones que no pagan los
cargueros, y sin dejar de tener en cuenta la Deuda Externa. Única manera, así opinamos, de terminar con el Déficit Bruto Interno Nacional.

Es dable destacar que no es lo mismo la reconstrucción integral de los ferrocarriles que el mejoramiento de ramales de la red troncal que utilizan los concesionarios de carga. El diseño propuesto, es casi igual al diseñado en el Departamento de Dimensionamiento y Estructura de la Red que dependía de la Gerencia de Planeamientos y Sistemas de Ferrocarriles Argentinos. Esa matriz geográfica de la red se tenía como el Plan de Referencia que venía de lejos Era nada más ni nada menos que el viejo proyecto del Plan Larkin que despreciaba los ramales como afluentes tributarios porque no arrojan rentabilidad. Esta concepción había quedado instalada como acervo cultural y técnico de los burócratas de la tecnocracia ferroviaria. Estos fueron los que talaron los ramales, dejando la red ferroviaria como un árbol seco. Es
como pretender que los riachos, arroyuelos, arroyos y vertientes se tapen y que no sean tributarios del gran río, este se secaría. El ferrocarril es una red, como los ríos, o como el sistema de irrigación sanguínea de nuestro cuerpo.

Asimismo discutir únicamente este tren de alta velocidad y sus costos, nos impide cuestionar la nueva ley de Reordenamiento Ferroviario y su sanción, cuestión grave para la Nación. Lo más grave es el no haber instalado, en el inconciente colectivo, lo nefasto que es su sanción, sólo podemos mencionar a los honrosos diputados, muy pocos, que votaron en contra, sumado a que el MoNaReFA se expidió en contra. El silencio en este caso es cómplice.

Ley que permite a esta nueva organización ferroviaria, entre otras cuestiones, enajenar los bienes del ferrocarril sin consultar ni dar cuenta a nadie. Por eso sostenemos que ahora vienen por las tierras. Hace poco tiempo, desembarcaron en Mendoza para apoderase de los terrenos de la centenaria estación internacional mendocina, para construir un nuevo Puerto Madero. Es el mismo consorcio. Ya están avistando las de Retiro, luego irán por las tierras de las playas y edificios del Gran Rosario, como ocurrió con Talleres Rosario, hoy es un centro comercial. O la Estación de Santa Fe del F.C. Belgrano, o las playas de Capital Federal.

Para ir terminando, antes que nada, queremos que regresen los trenes de pasajeros por todo el territorio nacional pero no de cualquier forma, sino enmarcado dentro un Plan Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles de manos de un Estado que tenga un proyecto nacional. Para que se reestablezca, a través de los trenes cargueros, mixtos, locales, la interconexión de los pueblos, ciudades y zonas. Debe ser un proyecto en la que participen todos. Que no se vuelvan a rediseñar los ferrocarriles desde el puerto, sino de acuerdo a las reales necesidades de cada región. Todos debemos participar, porque el ferrocarril es un bien nacional no una presa apetecible de la rapiña.

Desde el Mo.Na.Re.FA decimos que el ferrocarril no tiene solución si no vuelve al Estado. Desde donde se debe re-constituir nuevamente el Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, de Industria y Comunicaciones que se destruyó. Que sea una empresa monopólica, eficiente y moderna, centralizada
para la fijación de los grandes objetivos; descentralizados y desconcentrado en su operatividad para concretar los objetivos nacionales y particulares de cada región. Que, además, vuelva a funcionar como un servicio publico, que cumpla una función social, que entre sus características principales figuran
la de transportar todo a todas partes y en todo tiempo, con la regularidad obligada de sus servicios. Que juegue un fuerte rol complementario en el Sistema Nacional de Transporte.

Luego si, a quienes tanto le interesan los números, con este planteo, como el nuestro, el que venimos sosteniendo en forma coherente durante décadas no tendríamos sólo 7.000 o 10.000 kilómetros de vías, sino que volveríamos a tener los 47.000 kilómetros que supimos construir, para este país
ferroviario que debemos reconstruir.

El ferrocarril dejará de ser una consigna virtual, cuando afirmemos todos con todo el cuerpo que este es una cuestión nacional, en la que cada uno de nosotros se involucre para que luchemos decididamente por nuestros Ferrocarriles Argentinos.

 
*Juan Carlos Cena. - ferroviario: - Ex Secretario general APDFA, seccional
0rganismo Central - Capital Federal


Miembro Fundador del Mo.Na.Re.FA.
Autor de - El Guardapalabras, memorias de un ferroviario.
- El Cordobazo, una rebelión popular.
- El Ferrocidio (2da edición actualizada)
- Crónicas del Terraplén -cuentos.
- Las Huelgas ferroviarias (en prensa)
 
 
 
 
 
 
DESDE EL TREN....*
 
 
 
 
Sumergido en las atrayentes imágenes del libro que venía leyendo desde hacía ya varios días, muy bien luminado a través de la -detalle inusual- ventanilla limpia del vagón, apenas reparó que alguien se sentaba a su izquierda, muy junto a él. Sólo cuando el intenso perfume que emanaba de aquella figura lo alcanzó, algo urgente y sin palabras lo impulsó a girar la cabeza, aunque no directamente hacia su rostro -siempre le había costado mirar de frente a alguien, como si en ese único gesto se adivinase algún oscuro deseo inconfesable, quizá hasta para sí mismo-, y así descubrir un hermoso par de piernas, enfundadas en medias negras, que pronto se cruzaran una con la otra, apenas cubiertas por una cartera sobre el regazo.

Inhaló gratificado aquel aroma -Dior Addict, aunque él no lo supiese-, y deliró con sentirlo aún más de cerca, impregnado sobre la piel. No se animaba a levantar mucho más la cabeza en dirección a ella, por lo que sólo conseguía solazarse con aquellas rodillas casi perfectas y unas manos largas, cubiertas de
anillos, finos y delicados. La imagen lo perturbaba, por lo que prefirió continuar con la lectura. Pero apenas si llegó a leer un par de renglones, distraído por completo, para volver a hipnotizarse con aquellas piernas, en un breve y fugaz vistazo que lo incitaba a más, mucho más.

Decidió que había una única manera de contemplarla; así que levantó la cabeza por sobre su hombro, como si mirase algo a sus espaldas que súbitamente le llamase la atención, y divisó un fragmento del pasillo del vagón a medio llenar, para luego demorarse apenas unos segundos, mientras giraba la cabeza a
su posición inicial, en el perfil de su compañera de viaje.

Morocha, de cabello ondeado, cejas finas, enormes ojos claros, nariz recta, pómulos altos y marcados, labios carnosos y mentón delicado, descendiendo hacia un cuello terso y suavizado. El retrato de un segundo crucial, detenido y analizado hasta el hartazgo en su mente durante los próximos instantes.
Composición de la imagen que se completó en el segundo siguiente, recorriendo el trajecito azul claro, el escote de la remera blanca que le abría el camino hacia un paisaje de inauditas delicias pectorales, y una cartera de cuero negro con que se cubría la falda azul, seguramente haciendo juego con el saco del
trajecito.

Regresó muy a su pesar a mirar el libro que inútilmente sostenía entre sus manos. ¿Cómo hacía para volver a leer después de haber visto semejante belleza? ¿Qué hacer a continuación, entonces, si cerraba su libro? Miró por la ventanilla, en dirección contraria a lo que su deseo le dictaba, y contempló un
paisaje urbano anodino, carente de todo interés. La hermosura del paisaje estaba en otro lado.

Hojeó el libro distraído, como si buscase algún párrafo olvidado. Su mirada volvía intermitente hacia esas piernas, que ya casi comenzaban a excitarlo físicamente. Volteó la vista hacia ella de improviso, pero la mujer miraba en dirección contraria, más allá del pasillo, con aire sutil y elegante.
Bajó sus ojos hasta encontrarse de nuevo con aquel busto de belleza inenarrable, y recién ahora, en una segunda apreciación y con un ángulo más estrecho que la primera vez, consiguió distinguir el borde de la puntilla blanca del soutien. La creciente excitación tuvo un empuje inesperado, molestándole ya dentro del pantalón.

Desvió la mirada hacia delante, avergonzado de sus indiscretas incursiones. Respiró hondo, mientras la adrenalina le surcaba las arterias, potenciando el despliegue de un deseo largamente contenido, inhabilitado de expresión. De pronto, sintió que el asiento del vagón le resultaba muy estrecho, casi pequeño, como si su estado de ánimo se desplazase hacia su condición corporal, y hubiese ido aumentando de tamaño durante los últimos diez o quince segundos, otorgándole una predisposición hacia el encuentro más que favorable.
Jugueteó con el señalador del libro, sin saber dónde ubicarlo, hasta que lo dejó caer entre la contratapa y la última hoja, y volvió a mirarla.
Encontrarse con ese bello y dulce par de ojos turquesas que lo miraban de frente, en su máximo esplendor, lo congeló de la emoción, incapaz de hacer o decir nada. Mirada fugaz -siempre sutil y elegante- de su compañera, que luego se desvió hacia la ventanilla y su escasa oferta panorámica, para inmediatamente mirar hacia delante, quitándole a él todo tipo de presión que hubiese podido
experimentar durante esa maravillosa fracción de la mañana.
El sudor le corría bajo las axilas, empapándole la camisa. Comenzó a sentir la boca seca, y cerró el libro de una buena vez para buscar en el bolsillo del saco el paquete de caramelos masticables a medio consumir. Para introducir su mano izquierda en su propio bolsillo, pero rozar involuntariamente
el flanco derecho de ella, su cadera enfundada en una falda angosta y provocativa -¿cómo sería cuando se pusiese de pie?; mejor no pensarlo, o su pantalón estallaría.-, un contacto tan leve que hasta parecía no haber ocurrido jamás. Ella se removió apenas, pero a él le pareció que sólo para poder acercarse más. ¿Sería cierto, o su imaginación ya se estaba desbordando, como de costumbre?
Los vendedores ambulantes iban y venían con su monótona y hasta casi estridente cantinela, pero apenas si reparó en ellos, como así también en el guarda que solicitaba los boletos. Sólo que en el último instante descubrió que era la mejor oportunidad para mirarla sin culpas, y hurgó en el bolsillo superior del saco, junto a su corazón, en busca del boleto, mientras las gráciles manos de ella le extendían el propio al guarda. Él hizo el mismo gesto, sólo que tendiéndoselo a ciegas, obnubilado ante la contemplación de su perfil -que se concentraba en el rutinario movimiento de guardar el boleto en el
bolsillo exterior de la cartera-, incapaz de comprender cómo había sido posible que la fortuna lo hubiese agraciado con semejante premio aquella mañana.
Hasta que el guarda le tendió el boleto de regreso, y los increíbles ojos de gata de la mujer -una vez desentendida del propio boleto- se clavaron en los suyos, sorprendidos con la guardia baja, muertos de vergüenza, incapaces de esconderse.
Quiso -lo quiso con toda su alma- sostenerle la mirada. Pero no pudo.
La bajó hacia el boleto, volvió a esconderlo en el bolsillo superior del saco, y se entretuvo abriendo el paquete de caramelos, experimentando un rubor vigoroso y arrasador a lo largo de sus mejillas.
Entonces ella respiró muy hondo, o eso le pareció a él, mientras de reojo miraba cómo descruzaba y volvía a cruzar sus hermosas piernas, rozándole apenas la rodilla izquierda. Tal vez no fuera una inspiración, sino un suspiro; un suspiro hondo, por supuesto, muy hondo, que declamase en silencio el
inequívoco estado de sus sensaciones, acaso desbordantes como las suyas.
Y él, aún sin saber qué hacer, empujado hacia el borde del abismo tan violentamente que no pudo reponerse del vértigo que aquello le causaba, extrajo un caramelo, comenzó a pelarlo, y continuó contemplándose a sí mismo desde una postura casi externa, como si se hallase ubicado en el asiento de enfrente, mirando el cuadro completo de la escena, y se riese de su propia torpeza, actuando de manera mecánica, mientras ella seguramente lo miraba de reojo, o quizá -para aumentar aún más su pequeña gran humillación- le disparase una mirada directa, ineludible, como si en silencio le gritase un airado: "¿Y, qué esperás? ¿Te parece que tengo toda la mañana para vos?"
Se metió el caramelo en la boca, agradeció el dulce sabor a frambuesa sobre su lengua, y aunque le costase un enorme esfuerzo, decidió ofrecerle el paquete. "No vale la pena", pensó para sí mismo; "esta mina jamás podría darte bola". Pero a su vez, sabía que el NO ya lo tenía, y nada de lo que evitase
hacer podría cambiar ese estado de cosas. Así que contuvo la respiración, y saltó sin paracaídas.
Giró la cabeza hacia ella y le tendió el paquete, casi a punto de decirle algo, en el exacto momento en que el tren se detenía en la estación anterior a la que él debía llegar, ella se ponía esbeltamente de pie, luciendo un trasero tan consiste y maravilloso que lo dejó sin aliento, y avanzaba hacia la puerta con paso decidido, sin mirar hacia atrás. El mundo pareció derrumbarse para él, o mejor dicho: el mundo se le abalanzó a una velocidad inusitada, al aproximarse demencialmente hacia el piso y estrellar sus ilusiones, sin posibilidad alguna de poder reflotarlas. "La vida es una sola y hay que vivirla", solía decirle un amigo suyo. "Dejá de esconderte dentro de un libro".

Quiso ponerse de pie, seguir la trayectoria de aquel inaudito contoneo de cadera, con nalgas firmes y bamboleantes, y extender su brazo hacia delante, alcanzándole el paquete de caramelos, ofreciéndole una pequeña dulzura en compensación por tan inmensa y fantástica excitación. Llegar a posar unos
trémulos dedos sobre aquel hombro trajeado, apenas rozar la suavidad de aquel cabello oscuro, oler muy de cerca el cautivador aroma de su perfume. Decirle algo, conseguir articular aunque sea una única frase, alguna oración por la que ella pudiese recordarlo durante el resto del día, y hasta quizá aguardase hasta el próximo viaje en tren, en el que sus destinos volvieran a cruzarse, ambos
expectantes ante tamaña idea. Y contemplar una vez más, sin llegar a desprenderse de ella, menos aún de su recuerdo, ese glorioso par de ojos color turquesa, que parecieron querer atravesarlo momentos antes, y que ahora se fugaban en busca de un paisaje diferente.
Pero no pudo. Permaneció sentado donde estaba, contemplando esa delgada silueta que descendía con suprema elegancia el par de escalones que la separaban del andén, sin volver la vista atrás, atrayendo la mirada de cuanto varón se encontrase en los alrededores, mientras él aún sostenía el paquete en la mano,
con dedos sudorosos, cierta presencia se extinguía definitivamente dentro de su pantalón, y el libro que viniera leyendo hasta entonces resbalaba entre sus piernas hacia el suelo del vagón.

"La vida es una sola y hay que vivirla. Dejá de esconderte dentro de un libro".

 
 
*de ALDIMAlicaldima@...
 
 
 
 
 
"El viaje no ha sido corto hasta aquí"*



Un tren de 57 vagones
con 56 clausurados
al menos por la biología

Entraré, doméstico
(y confluiré
y lo adoptaré
y lo encarnaré)
en el vagón 58

No diré:
"El viaje hasta aquí
ha sido largo".
 
 
 
*De Rolando Revagliatti. revadans@...

 
 
 
 
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#159 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Sáb, 24 de May, 2008 5:39 pm
Asunto: EDICIÓN MAYO (REPARANDO ERROR)
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Edición dedicada al poeta santafesino Horacio C. Rossi que falleció el 18 de mayo.
 
 
 
 
 
 
Requiem por Horacio Rossi*


 
Quedó sobre la mesa un poema inconcluso;
de un manotazo el tiempo
hizo trizas el reloj de arena.

Soles aprisionados y tiempos de azucenas
se fueron con el aura
que arrulla los trigales,
con la lumbre aquella que encendía
 la lámpara.

Los pájaros volaron de tu horizonte alado
donde las mariposas
coloraban  el letargo de tus horas de otoño.

La tarde campesina recoge sus cánticos labriegos
para implorar
la lluvia que mojó tus poemas
...y en algún jardín lejano
de una casa olvidada
tu sombra ya invisible vagará en los geranios.

 
 
*De Jorge Raúl Muñoz
20 de mayo, 2008.
-Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@...
 
 
 
 
 
 
 
*
(para horazioterrazio, con la garra inmadura de su adiós aun clavada)



 
tradujo casi todo lo que vive
vio de adentro la savia imperceptible
de los días y las hojas
los colores del tiempo
los sonidos del río
propio y ajeno:
detalles de la vida en tornasoles
con precisión de lupa

regaló sus regalos
sin envolver
en tinta y carne viva
-pequeños bombarderos de papel
directo al alma_
chispitas de esa alquimia
gestada en la terraza
día por día

un domingo de mayo
con lápiz amarillo
el otoño escribía su epitafio
cayó más silencioso que la tarde
                                                  o subió a otras terrazas
donde mirar mejor para contarnos
cómo huele allá el aire....?

 
*Ana. gronchayo@...
 

 
 
 
 
 
 
Chicharras*


 
Espumas de la siesta,
las chicharras
arrorroan carpinterías de amor por las absortas frondas…

Lejos aún del baño diamantino
el cielo fosforece transmojado de polen en el viento que se dona de brisa, asunto del silencio…

En el franco vastísimo sopor
húmedamente verde y frescamente azul desde la sombra
la insonora chicharra
ara con esmero de molinera su esmeril
labrando rodajas  preciosas de descanso
de reposo que es verde y que es azul
de amor como agua...

Oscila de planeta su canto:
de planeta que viaja ensimismado zumbando en el vacío sideral
inventando las aires de un consuelo…

Haciéndonos imaginar la lluvia,
en fin pero sin fin,
la danza…

Fulguran en la siesta
como fermiente espuma
al sur del cielo
 todas
las chicharras…

Nos transpiran mensajes de la diosa contenta que sonríe
así posándose en el ritmo de nuestro corazón…






addenda para Rubén Belenguer

ENTREMÉS DEL COMPADRITO*

 
¿y éste dóndesque salió?:
apareció redepente:
de la neblina surgió:
de lejos, parece gente:
morocho que mejoró:
acaso gringo criollado:
un fierro le regaló:
algún amigo o cuñado:
no sé si mató o murió:
y se mezclan ya sus días:
no se sabe si existió:
o lo inventó la poesía:
por contar lo que pasó:
culpa de alguna pollera:
o así contado quedó:
mujer, pero no cualquiera:
parece que lo enredó:
y hubo que pagar afrenta:
y el cuchillo se afiló:
que no digan que aparenta:
y el duelo que se trabó:
no se cae de la memoria:
dizque aún no terminó:
sigue creciendo esa historia:
el tiro al cuello eligió:
de los tres del duelo crioyo:
entonces, él hociqueó:
de cuál otro, y fue pa´l hoyo:
que unalotro se mandó:
y se manda cada día:
siempre que alguien se acordó:
celebrando la alegría:
del honor que se lavó:
y así es que sigue la ronda:
fogón que nadie apagó:
ni aún la noche más honda:
su rastro de luz perdíó:
con voz nueva, que entonó:
afinada cuerda intensa:
¿y este dóndesque salió?...
 
 
 
 
ENTREMÉS DE LA PIBA*
 
 
Mucho tango la nombra. Y hace bien.
Ni me hagás acordar lo linda que era.
Fue verano, mas bién, su primavera.
Nadie vio cuándo se la llevó el tren.
 
Ese que pasa antes de tiempo. O nunca.
Y que nos deja tan desorientados.
Por decirlo mejor: desangelados.
Y a la flor de la vida deja trunca.
 
Sin flor tampoco hay fruto o sea mañana.
Repleto el corazón en carneviva
De nombres que nos dejan sensitiva
La piel, al oir de nuevo su campana.
 
Ella se fue, y quedó. La siempre sola.
Su trenza, su flequillo, su faldita
La hacían parecer la muñequita,
Esa que un día se llevó la ola
 
Para no volver más. El barrio todo
Comentó, hasta gastar el argumento,
De algún mal despechado sentimiento
Que la hizo marcharse de aquel modo:
 
Ni saludó. Ni carta. Ni noticia
Por terceros comunes, comedidos,
De los que nunca faltan. O atrevidos
Que inventan, por tener una primicia.:
 
De esas historias, hubo: que ascendía
Como una falsa estrella, allá, en el centro:
O caía al fangal del desencuentro
Con la fama buscada. Y se perdía…
 
O se  casó, nomás, con alguien bueno
Y vivieron comunes vidas, juntos:
¡No puede ser!, dijeron: ¡sus asuntos
No pudieron tener final sereno!
 
Rubia, morocha, pelirroja era.
Seguro que teñida andará, ahora.
O con peluca. Y de vergúenza llora,
Al no poder campear la más primera
 
De todas las palomas que volaron
Del barrio, un día. Ni me acuerdo cuándo,
Ni cómo, ni por qué. Me olvidé tánto.
Menos lo solos que ellas nos dejaron…
 
 
Nadie vio cuando se la llevó el tren.
Fue verano, masbién, su primavera.
Ni me hagás acordar lo linda que era.
Mucho tango la nombra. Y hace bien.-




 
L Á C A R*

 
 
Como una suela hondísima y feliz
algo ya antiguamente llamado Lácar se está,
sin tiempo menester,
desde un día hasta el otro del vasto alucinante vivir,
con su semillas y sus alas,
con su silencio, también,
y sin palabra menester,
salvo acaso y ojalá la de su nombre,
de letras inútiles
salvo acaso y ojalá como adorno,
adorno tuyo,
niña Lacar de luz,de luz Lácar mujer,
y Vos, entonces, sí, amor música luz,
dejándome rondar por ahí, a toda hora,
destriste a soba de tu clima,
clima de índole feroz feraz salvaje poeta o sea natural,
con sol y luna…



 
 
BORRADOR SOBRE TANGO PARA RUBEN BELENGUER*
 
 
Hay quien se cree que es cuestión
de zamparse el uno al otro,
con calentura de potro,
mientras arde el bandoneón…
 
Pero este baile trenzón,
antiguo ya de tan viejo
(los otros son el reflejo
de su mismo corazón)…
 
Va rezando en su canción:
todos los cuerpos son uno,
todo tiempo es oportuno,
todo encuentro es ocasión…
 
Ya no tenemos fogón
en el centro de la rueda,
pero hay fuego en la voz queda
que hilvana el ritmo y el son…
 
Delicadeza en acción
gana todas las batallas,
y derriba las murallas
su profunda conmoción…
 
Es como una religión
que se baila para adentro,
buscando hallarse en un centro
en medio del envión…
 
Nadie queda de mirón
si encuentra oportunidad
de gozar humanidad
en parejero montón…
 
Hay quien molesta, bocón,
y se propasa de más:
no dura. Y te lo encontrás,
hociqueando, en un rincón…
 
Es de tango la reunión:
asunto sobreentendido.
Nadie que no haya venido
aprenderá su lección…
 
Ritmito arisco y dulzón
que no necesita letra
que lo armoniza o perpetra
según quien fuese el firmón…
 
Mejor si suena zumbón
contando el canto del cuento:
lo que se llevará el viento
fue lo hecho sin emoción…
 
Podrá con su virazón
devolvernos al principio,
sin el muerto precipicio
de la civilización…
 
Y acabo la anotación,
como en un tango, abrazando
a los que llegan, bailando
su sagrada comunión…
 
 
 
 
Chapaleo...*


En el mundo cuadrado de la alberca piscina se entretejen, afuera del lenguaje, la fronda medianera y el musgo bajolagua,
Espejeo en contraola,
Como aroma y memoria en melodía...

Mis bateleros pies persiguen descansancio
Y yamismo lo alcanzan y consiguen
En el fresco estupor que se desbasta en cielo,
Y traen hacia mis dentros la loción de las brisas azules del tiempo en flor...

Yo remo a pies, sentado, como si remara en lo inmanente, en lo perenne, en lo absoluto. Absoluído, sí, absuelto, yo, digamos: absoltado...

Me digo: yo remo como reman las árboles.
Y las luces de la  luz se portan como las chicharras, brotando allá, trepando linde, entonces
Traduciéndose, para que las dueñas de casa, en fin pero sin fin,
Hagan lo que hacen, metiéndoseme dentro,
Ellas, mi descansancio, mi estímulo: ¡adelante,
Poeta!, mientras yo,
Todaviaún sonriendo,

Chapaleo...


(*)


Semi Poema

Por el vasto silencio, amanece.
El mundo hace como si latiera...

Miro las frondas: pájaros puntuales
Hacen su ruído azul, desflorando al rocío...

Ahoraquimismo, en los relojes, hay solamente cuadrantes de agua.
Sin nombre, los objetos, en toda vía y aún...

La gente en la calle va casi sin máscara.
Vehículos bostezos de fierro.
Habrá sol: si hay nubes, tras las nubes...

Bajo las frondas puedo cantar almado
Imaginando asuntos e ilusiones.
Así es cómo me calzo la carne de durar...

Han seguido el silencio y el amanecer
Siempre
               De sol
                            El día...

Lo que late es mi corazón:
He equivocado, para prepararme a convivir
Los penosos errores  cotidianos...

Las ventanas me reflejan: resulta pues que marcho sonriendo...

Lo celebro,
Porque estoy convencido...

Es que la vida me ha enfermado de luz...



(*)

Sigue habiendo una vez...

Ha mejorado mucho sus gorjeos, el niño que juega en ese patio...

Se despide de todas las cosas, las halla de nuevo, y gorjea afinado a las brisas, sembrando, él también, en los meses sin R para las abejas y las mariposas por venir, sobre la lengua de verdeos que siempre hay...

En ese patio, jugábamos rayuela. Ahora, gorjea un niño...

La luz del sábado pasea su mañana despacito, para no molestarlo. Para mejor nutrirlo: se sabe que su fantasía es de luz...

Los parientes creen que él los saluda y él los deja creer...

Hay  una fronda del misterio milagreando en torno.
Y la vida repite que no tiene menester de palabra...

Yo saludo, cantando y sonriendo, al gorjeo de ese patio...



(*)


Sabor de uvas
Esfera haciafuera
Bellota simisma en radiación
Volviente como brisa de agua clara
Frescura cálida
Tierna memoria de una melodía
Luz dentro la piel...

La melodía es de ahoramismo:
Quedaríamos afuera, si usáramos lenguaje...

Pero hemos saboreado las uvas..

Hoy habemos azul...


(*)


Las corolas transpiran sequedad, nimbadas por las breas de calor que, por el cielo, convocan y logran la comparescencia de la lluvia...

El verano no quiere cerrar, y hace travesuras rondando y rodeando y rindiendo a la siesta el siempre nuevo estupor de su perenne infancia...

Toda la luz se domicilia ahora en el silencio que toca, por dentro las corolas, al germen tranquilo de las semillas seguras y serenas...

Pronto llegará lluvia a consistir, como cuando la que ansiamos nos entra por las inexistentes puertas agradecidas...

 
 
 
TIMBÓ DEL BULEVAR*

…”bastón dalí del pelo de la diosa… y hondura que prefiere”…



El timbó anda todo entero otra vez florido
Hasta en sus musgos…

Árbol que fue y seguirá siendo doña árbol:
Niña que huele a estarse en flor… Aromando a mujer…

Pero masculinó su esplendoría, se varonó conforme a la academia
Para sobrevivirse en nuestro mundo de pajueranos zonzos y ambiciosos…

Y la niña timbó se trae de luz desde el fondo del silencio, bajo tierra,
Y se rebalsa como pujo de agua tan muy simil hirviente de alegría…

Como una armonía desabrochada,
Desmoronada en florcitas amarillas…

Así pues, se establece como todo un clima entre las otras frondas
Y la (no se lo digas) gente ya naturalmente contagiada…

Y me deja admirarla… Y se me regala
Llenando mi vívido hueco de silencio con agua de su luz…

Lo cual ocurre tan cada vez que paso,
Y, cuando ocurre, tan cada vez, me quedo:

Fascinada estaca semoviente, todo yo, por ahí, todos los días…
Y algo aprendo (yo digo que me enseña)…

Intensa plenitud,
Complascencia feliz…

Pan de mi día sobre el bulevar,
El cual se me queda igual de agradecido…

 
 
*Escritos de Horacio C. Rossi



 


3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
 
 
 
BASES DEL CONCURSO:
 
ÁREAS:
a.   Composición para piano solo
b.   Composición para piano y electrónica
c.   Composición para piano y trío de cuerdas
 
v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. 
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. 
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. 
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
 
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
 
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
 
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS: 
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO:    500 Euros
 
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
 
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
 
Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: 
euroyage@...
 
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
 
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
ROLANDO CORI (CHILE)
ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
 
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v      El Gobierno del Estado de Salzburgo
v      La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo
v      La Asociación Música en el Museo (MiM)
v      La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
 
 
 
 
 
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#158 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 23 de May, 2008 1:01 am
Asunto: EDICIÓN MAYO
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Edición MAYO 2008
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Edición dedicada al poeta santafesino Horacio C. Rossi que falleció el 18 de mayo.
 
 
 
 
 
 
Requiem por Horacio Rossi*


 
Quedó sobre la mesa un poema inconcluso;
de un manotazo el tiempo
hizo trizas el reloj de arena.

Soles aprisionados y tiempos de azucenas
se fueron con el aura
que arrulla los trigales,
con la lumbre aquella que encendía
 la lámpara.

Los pájaros volaron de tu horizonte alado
donde las mariposas
coloraban  el letargo de tus horas de otoño.

La tarde campesina recoge sus cánticos labriegos
para implorar
la lluvia que mojó tus poemas
...y en algún jardín lejano
de una casa olvidada
tu sombra ya invisible vagará en los geranios.

 
 
*De Jorge Raúl Muñoz
20 de mayo, 2008.
-Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@...
 
 
 
 
 
 
 
*
(para horazioterrazio, con la garra inmadura de su adiós aun clavada)



 
tradujo casi todo lo que vive
vio de adentro la savia imperceptible
de los días y las hojas
los colores del tiempo
los sonidos del río
propio y ajeno:
detalles de la vida en tornasoles
con precisión de lupa

regaló sus regalos
sin envolver
en tinta y carne viva
-pequeños bombarderos de papel
directo al alma_
chispitas de esa alquimia
gestada en la terraza
día por día

un domingo de mayo
con lápiz amarillo
el otoño escribía su epitafio
cayó más silencioso que la tarde
                                                  o subió a otras terrazas
donde mirar mejor para contarnos
cómo huele allá el aire....?

 
 
 
 
 
 
 
Chicharras*


 
Espumas de la siesta,
las chicharras
arrorroan carpinterías de amor por las absortas frondas…

Lejos aún del baño diamantino
el cielo fosforece transmojado de polen en el viento que se dona de brisa, asunto del silencio…

En el franco vastísimo sopor
húmedamente verde y frescamente azul desde la sombra
la insonora chicharra
ara con esmero de molinera su esmeril
labrando rodajas  preciosas de descanso
de reposo que es verde y que es azul
de amor como agua...

Oscila de planeta su canto:
de planeta que viaja ensimismado zumbando en el vacío sideral
inventando las aires de un consuelo…

Haciéndonos imaginar la lluvia,
en fin pero sin fin,
la danza…

Fulguran en la siesta
como fermiente espuma
al sur del cielo
 todas
las chicharras…

Nos transpiran mensajes de la diosa contenta que sonríe
así posándose en el ritmo de nuestro corazón…






addenda para Rubén Belenguer

ENTREMÉS DEL COMPADRITO*

 
¿y éste dóndesque salió?:
apareció redepente:
de la neblina surgió:
de lejos, parece gente:
morocho que mejoró:
acaso gringo criollado:
un fierro le regaló:
algún amigo o cuñado:
no sé si mató o murió:
y se mezclan ya sus días:
no se sabe si existió:
o lo inventó la poesía:
por contar lo que pasó:
culpa de alguna pollera:
o así contado quedó:
mujer, pero no cualquiera:
parece que lo enredó:
y hubo que pagar afrenta:
y el cuchillo se afiló:
que no digan que aparenta:
y el duelo que se trabó:
no se cae de la memoria:
dizque aún no terminó:
sigue creciendo esa historia:
el tiro al cuello eligió:
de los tres del duelo crioyo:
entonces, él hociqueó:
de cuál otro, y fue pa´l hoyo:
que unalotro se mandó:
y se manda cada día:
siempre que alguien se acordó:
celebrando la alegría:
del honor que se lavó:
y así es que sigue la ronda:
fogón que nadie apagó:
ni aún la noche más honda:
su rastro de luz perdíó:
con voz nueva, que entonó:
afinada cuerda intensa:
¿y este dóndesque salió?...
 
 
 
 
ENTREMÉS DE LA PIBA*
 
 
Mucho tango la nombra. Y hace bien.
Ni me hagás acordar lo linda que era.
Fue verano, mas bién, su primavera.
Nadie vio cuándo se la llevó el tren.
 
Ese que pasa antes de tiempo. O nunca.
Y que nos deja tan desorientados.
Por decirlo mejor: desangelados.
Y a la flor de la vida deja trunca.
 
Sin flor tampoco hay fruto o sea mañana.
Repleto el corazón en carneviva
De nombres que nos dejan sensitiva
La piel, al oir de nuevo su campana.
 
Ella se fue, y quedó. La siempre sola.
Su trenza, su flequillo, su faldita
La hacían parecer la muñequita,
Esa que un día se llevó la ola
 
Para no volver más. El barrio todo
Comentó, hasta gastar el argumento,
De algún mal despechado sentimiento
Que la hizo marcharse de aquel modo:
 
Ni saludó. Ni carta. Ni noticia
Por terceros comunes, comedidos,
De los que nunca faltan. O atrevidos
Que inventan, por tener una primicia.:
 
De esas historias, hubo: que ascendía
Como una falsa estrella, allá, en el centro:
O caía al fangal del desencuentro
Con la fama buscada. Y se perdía…
 
O se  casó, nomás, con alguien bueno
Y vivieron comunes vidas, juntos:
¡No puede ser!, dijeron: ¡sus asuntos
No pudieron tener final sereno!
 
Rubia, morocha, pelirroja era.
Seguro que teñida andará, ahora.
O con peluca. Y de vergúenza llora,
Al no poder campear la más primera
 
De todas las palomas que volaron
Del barrio, un día. Ni me acuerdo cuándo,
Ni cómo, ni por qué. Me olvidé tánto.
Menos lo solos que ellas nos dejaron…
 
 
Nadie vio cuando se la llevó el tren.
Fue verano, masbién, su primavera.
Ni me hagás acordar lo linda que era.
Mucho tango la nombra. Y hace bien.-




 
L Á C A R*

 
 
Como una suela hondísima y feliz
algo ya antiguamente llamado Lácar se está,
sin tiempo menester,
desde un día hasta el otro del vasto alucinante vivir,
con su semillas y sus alas,
con su silencio, también,
y sin palabra menester,
salvo acaso y ojalá la de su nombre,
de letras inútiles
salvo acaso y ojalá como adorno,
adorno tuyo,
niña Lacar de luz,de luz Lácar mujer,
y Vos, entonces, sí, amor música luz,
dejándome rondar por ahí, a toda hora,
destriste a soba de tu clima,
clima de índole feroz feraz salvaje poeta o sea natural,
con sol y luna…



 
 
BORRADOR SOBRE TANGO PARA RUBEN BELENGUER*
 
 
Hay quien se cree que es cuestión
de zamparse el uno al otro,
con calentura de potro,
mientras arde el bandoneón…
 
Pero este baile trenzón,
antiguo ya de tan viejo
(los otros son el reflejo
de su mismo corazón)…
 
Va rezando en su canción:
todos los cuerpos son uno,
todo tiempo es oportuno,
todo encuentro es ocasión…
 
Ya no tenemos fogón
en el centro de la rueda,
pero hay fuego en la voz queda
que hilvana el ritmo y el son…
 
Delicadeza en acción
gana todas las batallas,
y derriba las murallas
su profunda conmoción…
 
Es como una religión
que se baila para adentro,
buscando hallarse en un centro
en medio del envión…
 
Nadie queda de mirón
si encuentra oportunidad
de gozar humanidad
en parejero montón…
 
Hay quien molesta, bocón,
y se propasa de más:
no dura. Y te lo encontrás,
hociqueando, en un rincón…
 
Es de tango la reunión:
asunto sobreentendido.
Nadie que no haya venido
aprenderá su lección…
 
Ritmito arisco y dulzón
que no necesita letra
que lo armoniza o perpetra
según quien fuese el firmón…
 
Mejor si suena zumbón
contando el canto del cuento:
lo que se llevará el viento
fue lo hecho sin emoción…
 
Podrá con su virazón
devolvernos al principio,
sin el muerto precipicio
de la civilización…
 
Y acabo la anotación,
como en un tango, abrazando
a los que llegan, bailando
su sagrada comunión…
 
 
 
 
Chapaleo...*


En el mundo cuadrado de la alberca piscina se entretejen, afuera del lenguaje, la fronda medianera y el musgo bajolagua,
Espejeo en contraola,
Como aroma y memoria en melodía...

Mis bateleros pies persiguen descansancio
Y yamismo lo alcanzan y consiguen
En el fresco estupor que se desbasta en cielo,
Y traen hacia mis dentros la loción de las brisas azules del tiempo en flor...

Yo remo a pies, sentado, como si remara en lo inmanente, en lo perenne, en lo absoluto. Absoluído, sí, absuelto, yo, digamos: absoltado...

Me digo: yo remo como reman las árboles.
Y las luces de la  luz se portan como las chicharras, brotando allá, trepando linde, entonces
Traduciéndose, para que las dueñas de casa, en fin pero sin fin,
Hagan lo que hacen, metiéndoseme dentro,
Ellas, mi descansancio, mi estímulo: ¡adelante,
Poeta!, mientras yo,
Todaviaún sonriendo,

Chapaleo...


(*)


Semi Poema

Por el vasto silencio, amanece.
El mundo hace como si latiera...

Miro las frondas: pájaros puntuales
Hacen su ruído azul, desflorando al rocío...

Ahoraquimismo, en los relojes, hay solamente cuadrantes de agua.
Sin nombre, los objetos, en toda vía y aún...

La gente en la calle va casi sin máscara.
Vehículos bostezos de fierro.
Habrá sol: si hay nubes, tras las nubes...

Bajo las frondas puedo cantar almado
Imaginando asuntos e ilusiones.
Así es cómo me calzo la carne de durar...

Han seguido el silencio y el amanecer
Siempre
               De sol
                            El día...

Lo que late es mi corazón:
He equivocado, para prepararme a convivir
Los penosos errores  cotidianos...

Las ventanas me reflejan: resulta pues que marcho sonriendo...

Lo celebro,
Porque estoy convencido...

Es que la vida me ha enfermado de luz...



(*)

Sigue habiendo una vez...

Ha mejorado mucho sus gorjeos, el niño que juega en ese patio...

Se despide de todas las cosas, las halla de nuevo, y gorjea afinado a las brisas, sembrando, él también, en los meses sin R para las abejas y las mariposas por venir, sobre la lengua de verdeos que siempre hay...

En ese patio, jugábamos rayuela. Ahora, gorjea un niño...

La luz del sábado pasea su mañana despacito, para no molestarlo. Para mejor nutrirlo: se sabe que su fantasía es de luz...

Los parientes creen que él los saluda y él los deja creer...

Hay  una fronda del misterio milagreando en torno.
Y la vida repite que no tiene menester de palabra...

Yo saludo, cantando y sonriendo, al gorjeo de ese patio...



(*)


Sabor de uvas
Esfera haciafuera
Bellota simisma en radiación
Volviente como brisa de agua clara
Frescura cálida
Tierna memoria de una melodía
Luz dentro la piel...

La melodía es de ahoramismo:
Quedaríamos afuera, si usáramos lenguaje...

Pero hemos saboreado las uvas..

Hoy habemos azul...


(*)


Las corolas transpiran sequedad, nimbadas por las breas de calor que, por el cielo, convocan y logran la comparescencia de la lluvia...

El verano no quiere cerrar, y hace travesuras rondando y rodeando y rindiendo a la siesta el siempre nuevo estupor de su perenne infancia...

Toda la luz se domicilia ahora en el silencio que toca, por dentro las corolas, al germen tranquilo de las semillas seguras y serenas...

Pronto llegará lluvia a consistir, como cuando la que ansiamos nos entra por las inexistentes puertas agradecidas...

 
 
 
TIMBÓ DEL BULEVAR*

…”bastón dalí del pelo de la diosa… y hondura que prefiere”…



El timbó anda todo entero otra vez florido
Hasta en sus musgos…

Árbol que fue y seguirá siendo doña árbol:
Niña que huele a estarse en flor… Aromando a mujer…

Pero masculinó su esplendoría, se varonó conforme a la academia
Para sobrevivirse en nuestro mundo de pajueranos zonzos y ambiciosos…

Y la niña timbó se trae de luz desde el fondo del silencio, bajo tierra,
Y se rebalsa como pujo de agua tan muy simil hirviente de alegría…

Como una armonía desabrochada,
Desmoronada en florcitas amarillas…

Así pues, se establece como todo un clima entre las otras frondas
Y la (no se lo digas) gente ya naturalmente contagiada…

Y me deja admirarla… Y se me regala
Llenando mi vívido hueco de silencio con agua de su luz…

Lo cual ocurre tan cada vez que paso,
Y, cuando ocurre, tan cada vez, me quedo:

Fascinada estaca semoviente, todo yo, por ahí, todos los días…
Y algo aprendo (yo digo que me enseña)…

Intensa plenitud,
Complascencia feliz…

Pan de mi día sobre el bulevar,
El cual se me queda igual de agradecido…

 
 
*Escritos de Horacio C. Rossi



 


3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN
XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
 
 
 
BASES DEL CONCURSO:
 
ÁREAS:
a.   Composición para piano solo
b.   Composición para piano y electrónica
c.   Composición para piano y trío de cuerdas
 
v     Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009.
v     En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. 
TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. 
DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. 
ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
 
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
 
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
 
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008.
Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.

PREMIOS: 
1. PREMIO: 1.500 Euros
2. PREMIO: 1.000 Euros
3. PREMIO:    500 Euros
 
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
 
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
 
Remitir las copias y anexos solicitados a:
CONCURSO XICóATL
Schießstattstr. 44/9
A-5020 SALZBURG
- AUSTRIA –
o a: 
euroyage@...
 
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
 
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR:
KLAUS AGER (AUSTRIA)
JORGE ANTUNES (BRASIL)
ALICIA TERZIAN (ARGENTINA)
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#157 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 2 de May, 2008 4:50 pm
Asunto: LA ESPERANZA DE CREER...
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CREYENTE*


 
   
    Fuera de los amores y las circunstancias, fuera de la familia y los amigos, fuera de este país, de la ciudad, de la década que viene con sus bombardeos y sus niños mutilados.
     Fuera de los dolores del alma y los del cuerpo, fuera del afuera, adentro de mi. Dentro de lo más profundo de esta mujer que soy, de esta mujer que tiñe canas, que observa cómo las firmezas se disuelven en carne que ha sufrido. Adentro, más allá de lo que muestran las serias pupilas en la luna de los espejos. Adentro del más adentro de los círculos cerrados, en lo insondable. Allí debe abrirse la esperanza de creer.
     Creer en un futuro. Extenso, breve, benigno o ya manchado de presagios. En el futuro como continuación, cambio, transmutación de lo que fue. Aceptación, negación, no importa qué pero porvenir.
     Debo creer en una posibilidad aunque sea mínima. Creencia en que no importa cómo cuándo o dónde, siempre voy a estar conmigo y no me niego a ser yo. Que vale la pena seguir intentando la vida con grito, carcajada, medio tono. No importa. La vida, la vida que merecida o no debe vivirse y traerá soles, atardeceres y también madrugadas insomnes. Una vida a pesar de mi misma.
     Debo creer en mis manos, en mi llanto, en la bendición de reparar en los absurdos. Debo creer, es mi obligación creer en que no soy lo que me rodea, no soy lo que otros quieren o suponen que soy. Que no soy, jamás lo fui, una sombra de otro. Soy esta aquí adentro que se niega a dejarse morir por desencanto, o llevar luto eterno por lo que duró un instante en el tiempo fluido que no miden los relojes.
     Tengo que volver a encontrarme, eso si, para creer en mi.
 
 
 
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
 
 
 
LA ESPERANZA DE CREER...
 
 
 
 
 
El limbo*

 

Acababa de llegar sin saber como. Su ceguera de nacimiento le impedía, una vez más, saber donde se hallaba. Por suerte, la experiencia de toda una vida en la oscuridad había potenciado su percepción y supo inmediatamente que había gente a su alrededor. Chocó contra un hombre al tiempo que su bastón golpeaba con otro. "Otro ciego" pensó y a la par que pedía excusas preguntó donde se encontraba.

Oyó detrás suyo los golpes de un bastón tanteando el suelo y luego un par más a su derecha. Una voz le explicó que no sabían donde estaban, pero creían que era el limbo, lleno de ciegos que al morir no habían podido seguir la luz blanca.
 
 
 
*de Joan Mateu. joan@...



 
 
 
 
 
 
“NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS”*
 
 
Un noviembre cualquiera
 
“Noche  de los cristales rotos”
 
Desde el cráter de un deseo negado surge el desamparo
 
La sombra de los muertos vivos golpea.
 
Los espejos lunares, la infancia, la ventana
 
Golpea, ferozmente, golpea
 
Destroza de un solo golpe la fronda ingrávida que me habita.
 
Holocausto de luna
 
Ya no hay pausa, ni prisa, ni soles, ni amores.
 
Ni una brizna de polvo de memoria.
 
Solo queda una hoguera de cruces
 
Calcinan en el páramo hambriento rumores de masacres.
 
Antiguas. Sangrientas.
 
Huyen  como cuervo asustado por un disparo de silencios.
 
Silencios de panes sin trigales. Laberintos desiertos,
 
Garras mutiladas de un tigre. Impotencia.
 
Los  rumores  quizá nunca regresen.
 
Pero tal vez regrese, en cada flor de almendro, la memoria
 
Para ella un silencio hecho de nueve lunas y de espera
 
 
*de Amelia Arellano. arellanoamelia@...
 

 
 
 
 
 
LA OCTAVA MARAVILLA*
 
 
 
*De Vlady Kociancich.
 
 
 
 
6
 
Yo me reí del amor a primera vista hasta ese día en Argentinos Juniors cuando vi, antes que a Paco Stein, a la chica que lo acompañaba. Pelo negro, ojos verdes, naricita respingada, una boca de las que llaman generosas y con los labios sin pintar.
Mientras mis amigos se desvivían argentinamente por las rubias, yo siempre tuve debilidad por las morochas de ojos claros. Victoria no solamente cumplía con el color del pelo y de los ojos; era lindísima.
Tan pequeña que hasta Paco parecía alto al lado de ella, y sin embargo concentraba en su escasa superficie todas las miradas de los socios más próximos. Miradas de admiración y pena, el mudo y triste ruego que provoca la belleza en los meros espectadores.
-Esta es Victoria -dijo Paco-, mi invitada especial al acto depredador que ha tenido lugar en nuestra magna sede deportiva.
Rodeaba los hombros de la chica con un abrazo amistoso.
-Lástima los libros, che. Policiales de tercera categoría, dos o tres ejemplares del Manual del Alumno Bonaerense, una docena de Platero y yo. Ese burro flota como un corcho.
Ni siquiera sonreí.
-Cuando la víctima es incolora, inodora e insípida, desluce al victimario. Decí que la biblioteca, el mueble imperialista, le da un toque de fuerza, o no valía el viaje de Victoria, que viene de Flores.
Me miró fijamente y bizqueó. Tenía ese curioso tic. Cuando clavaba los ojos en un punto, bizqueaba. No era bizco.
-Victoria, este buzón de carne es mi gran amigo Alberto Paradella.
El codazo disimulado me despertó. Extendí una mano que temblaba.
-Encantado.
-Mucho gusto -dijo ella.
Me observaba con el frío interés que yo había aprendido a reconocer en las chicas del club. Gesto aprobatorio antes de lanzarse al ataque, el general que mide el campo de batalla y lo encuentra adecuado a su estrategia. Se trataba de mi mujer ideal y dudé. ¿Cómo compararla con otras? Pero el centelleo en el mar verde de su mirada me recordó uno similar, casi olvidado: el de los ojos también verdes de la vecina en la terraza.
La mano que estreché con avidez y grandes ilusiones era la de una criatura, blanda, tierna, confiada. Las uñas arrasadas por una mordedura constante, me llegaron al corazón. Un defecto infantil que humanizaba al sueño, que me ensanchaba de ganas de protegerla y de mimarla, y que años después, en la butaca del cine o leyendo en la cama, no cesaría de reprocharle porque me irritaría tanto el ruido de las pobres uñas esquiladas, el eterno clic-clac de los dientes voraces.
No le solté la mano. Ella tampoco intentó zafarla.
Paco retiró el brazo del hombro de Victoria y lo miró como a un objeto extraño, de presencia enigmática. Luego, como el absurdo gato de los Stein, dio un salto, cruzó los pies en el aire, cayó de rodillas entre Victoria y yo.
-¡Aleluya, Aleluya!
Hacía esas cosas con frecuencia y espontaneidad y uno se reía y secretamente envidiaba su falta de pudor, del viril sentido del rídiculo que nos enorgullecía y nos amargaba la vida al mismo tiempo. pero esta vez enrojecí y lo odié. Fue apenas un instante porque Victoria no lo festejó, porque no se soltó de mi mano y porque Paco, loco y todo, ya decía generosamente:
-Oh, sí, Alberto Paradella, un gran amigo, un gran deportista. Aquí donde lo ves, Victoria, con esa cara de pavo, es el orgullo de Argentinos Juniors.
-¿Ah, si? -dijo Victoria.
Y por fin desprendió la mano y se echó el largo pelo hacia atrás en un movimiento de tan felina delicadeza que casi me hizo llorar de ganas de abrazarla.
-No lo dudes, Victoria. Donde lo ponen a Alberto hay un éxito. Composición. Tema: La Vaca. Te explico. Es el sujeto de toda oración admirativa. Tema de ejercitación literaria, modelo de párvulos, tortura de infelices. En el cuaderno de premios, nunca está ausente. Nuestro mejor arquero, la estrella del juvenil de basquet...
¿No se le iría la mano? ¿No había un tono burlón en tanto elogio? ¿Y si a ella no le gustaba el deporte? Iba a decir que ya no jugaba al basquet cuando la oí exclamar, los ojos iluminados por un súbito interés:
-¿De los que tiraron la biblioteca al agua?
-Nop.
La teoría de Paco de que la negación castellana era débil, había creado ese nop, que imitaba medio Argentinos Juniors y por lo menos un tercio de la población joven de Villa del Parque.
-Fue el año pasado, querida, antes de que los juveniles de Basquet se convirtieran en vulgares delincuentes juveniles, como dice nuestro desconsolado, culto presidente. Ahora Alberto juega ajedrez.
Por los ojos verdes pasó una sombra.
-¿Al ajedrez?
Paco saltó al rescate.
-Momento, aclaro. Ahora es nuestro campeón de ajedrez.
La carita se reanimó.
-Ah -dijo.
Si Paco había albergado alguna ilusión con respecto a Victoria, nunca me enteré. Seguramente, en el transcurso de aquella presentación que le costó la chica más linda que vimos en Villa del Parque, miró bizqueando cómo nos mirabamos, supo que todo estaba decidido, y con esa agilidad para adaptarse a los acontecimientos que maravillaba a sus amigos, decidió elogiarme ante Victoria.
Yo estaba demasiado feliz para agradecérselo. Cuando esa noche, en el Café Juncal, lo arrinconé en la mesa, lo acribillé a preguntas sobre la mujer de mi vida, se mostró, en cambio, extraordinariamente parco. No pasaba de suministrarme meros datos de filiación -la casa, la familia, los estudios-, el modestísimo curriculum de una muchacha de esa edad. Con la sed de los enamorados, insistí en que me hablara de ella. A nuestro intelectual, nuestro psicólogo, nuestro hombre de mundo, le pedí una opinión.
En esos días tomaba solamente café. Bizqueó inclinado sobre la taza, bizqueó concentrándose  en la cucharita. Tardó  en contestar y su respuesta, una perogrullada, me desilusionó.
-Es muy linda -dijo.
Y luego, bizqueándome en la cara, creó esa frase que a lo largo de los años que siguieron, por aplicación sabia y reiterada a casos que no podían ser esclarecidos mediante la razón, a situaciones que exigían prudente silencio, a descubrimientos penosos o a la llana perplejidad, se convertiría en su tarjeta de identificación.
-Este mundo es muy raro -dijo.
Lo perdoné porque me había alabado tanto delante de Victoria. Lo perdoné por la recolección de ah, de esos ah de Victoria que probaban que yo le gustaba, que me quería. Como iba a sospechar que aquellas concisas, suspiradas exclamaciones, los ah emitidos esa mañana en el club, después en casa, cuando mi madre sustituyó  a Paco en loselogios, después en la puerta de la Facultad, cuando le comunicaba la nota de un examen, no eran sino la campanilla de una caja registradora que acusaba el ingreso de moneda. Moneda que hacía circular Victoria entre su propia familia, amigos y conocidos, con la prepotencia y la vulgaridad de un nuevo rico.
Lo supe aquella noche en una vereda de Flores, a la vuelta del cine, en su respuesta a mi pregunta: "Imposible".
Me dije: "Victoria no me quiere. Para estar solo, mejor cortar ahora".
Largamente contemplé su hermosa cara buscando las palabras mordaces que nos separarían. Entonces, mientras la miraba, vi el enojo que empezaba a ensombrecerla, recordé que los nefastos ah me habían garantizado la frecuencia de sus besos, de su sonrisa. Imaginé la vida sin ella. Imposible. La vida con ella pero sin título de abogado. Imposible. Su orgullo la haría volverse a otro proveedor de indispensables ah.
Justo en el límite, a punto de perderla, atiné a abrazarla, a prometer:
-Era una broma. No te enojes, Victoria, era una broma.
-Ah -dijo.
Cerró los ojos y me ofreció la boca.
 
 
 
(CONTINUARÁ)
 
-La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-
 
 
 
 
 
 
 
 
Correo:
 
 
 
CICLO: "Del derecho y del revés de la memoria”
Mayo
 
“Agobiados por nuestro conocimiento histórico, no podemos rechazarlo”, decía Nietzsche.
Y tenía razón: nuestro saber histórico nos agobia. Sin embargo, debemos rechazar
 su rechazo e ir más allá de su bien y de su mal. Umberto Eco, ¿Por qué recordar?
 
 
Lunes 05 /20:00
“La memoria, de sólidos y líquidos”
Ps. Laura Capella
     Se dará comienzo a las actividades del año planteando la problemática de la memoria no sólo en relación a lo sólido de la lógica estatal, sino a la solidez de los edificios atravesados por la historia reciente de las dictaduras, tanto en Argentina como en otros países del mundo.
 
 Lunes 12/20:00
"El fluir de la inocencia"
Hugo Alberto Ojeda, escritor, integrante de la Comisión Popular por la Memoria  de Granadero Baigorria
     El disertante se referirá al rol de la investigación como parte del debate ideológico y a las dificultades internas de la construcción de memoria en los movimientos populares.
 
Lunes 19/20:00
“El arte como forma de resistencia”
Arq. Alejandra Buzaglo. Docente de la FAPyD de la UNR, actualmente dirige y coordina el Área  en DDHH de dicha facultad.
     Arquitectura, Espacio Público y Memoria. Interesa reflexionar sobre los memoriales como dispositivos para la construcción de la memoria en relación a la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983). Proponemos una reflexión sobre las marcas en las ciudades, los guiños y advertencias que las construcciones hacen a la sociedad como desafío que supone abordar, desde una nueva perspectiva, la construcción de realidades a partir de las prácticas sociales, en este caso la arquitectura y el arte. 
 
Lunes 26/20:00
“Reconstrucciones y memoria colectiva.  La Calamita y los caminos”
Arqs. Daniel Viu y Alejandra Buzaglo. Docentes de la FAPyD de la UNR. La Arq. Buzaglo dirige y coordina el Área  en DDHH de dicha facultad.
     Parte 1: Edificios como documento de memoria. Investigaciones para la reconstrucción de “La Calamita”, lugar donde funcionara un centro de detención, hacinamiento y desaparición de personas durante la última dictadura militar en la ciudad de Baigorria.
Parte 2: El camino de la memoria. Señalización del recorrido de acceso a “La Calamita”, como intento de abrir lugares para la memoria, resguardar del olvido, y rescatar como testimonio, a aquellos sitios de la ciudad en los que hayan sucedido hechos que los conviertan en documentos. 
 
Creación y coordinación del ciclo: Ps. Laura Capella, psicoanalista
Lunes 20 hs.
Entrada libre y gratuita
Se entregan certificados con el 75% de asistencia
       Auspician:
·   Colegio de Psicólogos de la Prov. de Santa Fe, 2da Circ. y su Foro en Defensa de los Derechos Humanos (FODEHUPSI)
·   CEIDH (Centro de Estudios e Investigación en Derechos Humanos-Facultad de Derecho. UNR)
·    IPF (Instituto de Investigaciones en Cs. Sociales, Ética y Prácticas alternativas "Paulo Freire" - Facultad  de Derecho. UNR.)
 
 
CENTRO CULTURAL BERNARDINO RIVADAVIA
 
 
*Laura Capella. elecapella@...
 
 
 
 
*
 
 
Queridas amigas, apreciados amigos:
 
El domingo 4 de mayo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor peruano José de Orejón y Aparicio. Las poesías que leeremos pertenecen a Yamil Díaz Gómez (Cuba) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
 
 
 
 
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#156 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 29 de Abr, 2008 2:34 pm
Asunto: LO QUE DEJAMOS ATRÁS EN EL LABERINTO...
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EDUARDO COIRO <inventivasocial@...> escribió:
 
RISA*
 
 
Llevamos a lo incierto esa pena,
donde el umbral ha acabado con toda la voz
y la sed de la hora que corre,
ha derretido el párpado de roce que lleva el siempre.
 
 
El cuerpo roto a manos ceñidas,
sin engaño y con un sufrimiento arrogante,
se traslada el hundido y surge la verdadera semejanza
a todo aquello que dejamos atrás en el laberinto
del naufragio de otro fantasma.
 
 
El derramado crepúsculo circunda la grieta
donde la sombra indirecta es sólo la idea
y la realidad es la verdadera razón del sueño.
Son pocos los segmentos que faltan
para que llegue pronto a la unánime locura,
la ceguera, la puerta cerrada, la imagen oculta,
es solamente ficción, ausencia hecha polvo
y los labios quemados de los Otros.
 
 
No falta la pregunta, caída bajo la lengua de los años cumplidos,
las palabras dudosas y ese cálido sonido que calma y se acerca.
Sonríe, ríe a carcajadas. Risa ebria. Sólo lo que nos ayudó a escuchar,
tan sólo con lo oscuro agracia su mente cubierta de palabras.
 
 
 
*De Jenny Levine Goldner. jenny_offline@...
 
 
 
 
 
 
 
LO QUE DEJAMOS ATRÁS EN EL LABERINTO...
 
 
 
 
 
 
Los viajes*
   

No he oído el reloj esta mañana y cuando me he despertado en el lugar del cuarto de baño había un trastero. La cama era antigua y hacía frío. ¿Por qué no notaba la calefacción?. Mi ropa de Armani, la colección de corbatas Plumkier y los zapatos de Tood's habían desaparecido.

Al bajar por la escalera ya suponía lo que había pasado pero me acerqué a la calle para constatarlo. Hay un camino de tierra donde debía haber una carretera de asfalto. Tampoco hay ningún coche, únicamente un carro al final de la curva. ¡Ya empiezo a estar harto de estos viajes en el tiempo!
 
 
*de Joan Mateu. joan@...

 
 
 
 
 
LA PARED*
 
A jorge
 
 
Vi su sombra separada por el jardín oscuro
y el perfume en la desesperación apenas muerta.
Debajo del asfalto estará mi viaje
debajo del viaje, una montaña inconclusa.
Miro la vislumbre y me pesa el vuelo.
 
La puerta inclinó la sombra
y una imagen descubierta.
 
Después,
la pared.
 
 
 
*De Jenny Levine Goldner. jenny_offline@...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
DEMASIADO BUENOS* 


 
    “Lo que pasa es que yo soy demasiado bueno y la gente se aprovecha”. Lo dijo el Gringo, lo dijo muchas veces con los ojitos pequeños en medio de la cara roja. Lo dijo, y hablaba muy fuerte, aturdía, hablaba fuerte y con los brazos abiertos. Gesticulaba el gringo. Bondadoso el gringo, sencillo, sin vueltas. Decía que la gente se aprovechaba, lo decía con su voz potente, que la gente se aprovechaba de él.
      Otro dijo que todos toman ventaja de su persona porque, mirá vos qué casualidad, es demasiado bueno. Lo usan al pobre, él mismo dice que lo usan material y psicológicamente, para ser más específicos. Y esto lo puso por escrito para que no queden dudas.
     Y un tercero escribió que hay muchos que parecen gente pero que no son gente. Este también probablemente sea demasiado bueno. Tiernito, un pan de Dios mire, un gentilhombre entre los animales salvajes, un angelito entre las bestias del Averno. No, no se puede ser tan bueno entre los espantos desencadenados. Al final uno termina sufriendo.
     Y el Gringo que era demasiado bueno maltrataba a la mujer y a los amigos; el pobre muchacho utilizado como trapeador se sirvió de todas las mesas y se fue sin saludar; y el que era tan buena gente también se fue sin saludar y ni siquiera ayudó a sacudir el mantel. Los tres dejaron la puerta abierta para que la cierre otro. Y a alguien llorando, claro.
     Uno es bueno o no es bueno en diferentes ocasiones y según quién lo cuenta, pero el que dice ser demasiado bueno es peligroso. Hay que escapar a tiempo de los que consideran que su merced es excesiva. Nunca lo es.
     El que realmente exagera en su miramiento de las necesidades o deseos de los demás no nos lo dice, no lo resalta en amarillo luminoso. No se da cuenta siquiera.
     El que es demasiado bueno no se considera ni demasiado, ni acaso bueno. Sólo hace lo que puede y se culpa por no poder un poco más.
     Pocas veces se mensuran las cosas si no es para ponerles precio. Quien mide su bondad por mucha o poca, acaba retaceándola y finaliza en la queja. “Lo que pasa es que soy demasiado bueno” dirá mientras se limpia las manos sucias, “y la gente se aprovecha” concluirá, mientras guarda los productos de sus saqueos en el abultado morral.
 
 
 
*De  Mónica Russomanno. russomannomonica@...

                                                           
 
 
 
 
 
 
 
LA OCTAVA MARAVILLA*
 
 
 
 
*De Vlady Kociancich
 
 
 
A Norberto del Vas.
 
 
Nothing of him that doth fade
But doth suffer a sea-change
Into something rich and strange
 
*Shakespeare, La Tempestad, Acto 1, Esc. 11


1

    Me sucedió -el viaje, el cambio de mar o el otro- hace ya un año, en el Berlín de hielo y de llovizna de febrero, y en este Buenos Aires que arde húmedamente mientras escribo, que penetra por mi ventana abierta en vaharadas de calor, me estremece la memoria de aquel frío y la pura conciencia de mi perplejidad.
    Los diarios de la mañana, un ejemplar de cada uno (tuve que comprar todos para convencerme de que la noticia era real, no la broma de un enemigo que supiera lo de Berlín), están extendidos y abiertos en la página con la información imposible, sobre el sofá tapizado de rojo que hay en mi estudio.
    Hace apenas unos minutos, la muchacha que bajó del tren en la estación de Villa del Parque, ayer, mientras yo aguardaba vaya a saber qué -no a ella, por supuesto, ni al tren- se asomó a la puerta. La vi, alta, desnuda, el largo cabello rubio enmarañado, y me sobresalté, le grité que no entrara.
    A pesar de su soñolencia y de esa carnal naturalidad con que una mujer se mueve en casa extraña si ha dormido ahí una noche, unas horas, pareció trastabillar, recibió mi grito como un golpe. Me dolió desbaratar su adormilado aplomo, precisamente hoy, precisamente el suyo, y me disculpé mostrándole el desorden de los diarios abiertos. Sonrió, se inclinó para darme un beso leve en la frente y fue a vestirse.
    Escribo con angustia, partido en dos: un hombre que necesita escribir esta historia para entender su historia, su vida, y un hombre que necesita retener a esa muchacha para seguir viviendo. El impulso de correr hacia ella y abrazarla, demostrarle con caricias que mi atención está concentrada violentamente en su presencia aquí, en mi casa, y el impulso de contar lo que me sucedió, a riesgo de que ella crea que prefiero encerrarme en mi trabajo en vez de prolongar el goce de la tarde y de la memorable noche
anterior, tienen una fuerza pareja.
    Oigo correr el agua de la ducha. Los minutos de tregua antes de que regrese vestida, ya despierta, esta codiciada extranjera de ondulante cabello rubio y ojos grises, me alcanzan para desear rabiosamente no haber leído la noticia de que Vida y Obra de Francisco Uriaga, la película cuyo
libro escribí durante mi estadía en Berlín, fue premiada en el Festival de Cannes.
    No pretendo una reivindicación, no reclamo por noches sin dormir en la pensión de Frieda Preutz. Tampoco debe leerse mi relato como un reproche a Juan Pablo Miller, el joven cineasta argentino que triunfa en Europa, con quien fuimos cálidamente amigos y al que no he vuelto a ver. ¿Por qué no callo entonces? Porque me desborda el azoramiento. Porque mi brusco ingreso en el mundo del cine, un viaje dentro de otro viaje, me convirtió en uno de esos turistas que compadezco, gente que apuesta las ganas de ser otro en la ruleta de circunstancias extranjeras. Porque no sé qué es lo que gané cuando creí haber ganado, qué es lo que perdí cuando me anunciaron la pérdida.
    Y porque la única documentación de mi viaje es la película que está dando su triunfal vuelta al mundo y mi nombre no figura en los títulos.


2

    Me llamo Alberto Paradella, tengo treinta y dos años, un divorcio, ningún hijo, y hasta que empezaron los viajes como periodista especializado en turismo, mi vida transcurrió sedentariamente entre Villa del Parque, donde nací, me crié y fui a la escuela, y el barrio sur de Buenos Aires, cuyas ruinas apuntaladas a fuerza de literatura y de folklore eligió Victoria, porque esta casa nos ofrecía, además de su prestigiosa vejez, un jardín interior y la única palmera sobreviviente del suburbio. La palmera sigue ahí, marcando una línea ancha y firme en la ventana de mi estudio; de Victoria, mi legítima esposa, me separé hace una eternidad.
    Cuando del destino se trata, no hay otro modo de abordarlo que remar río atrás, corriente arriba, en busca de una orilla reconocible de la que se pudiera haber partido. Así viajé toda la noche, un hombre en un bote, solitario e insomne. Para ser franco, no he encontrado nada que explique el viaje, la película, la muchacha rubia. Mi pasado es un pueblo de llanura.
    Fui un chico como todos los chicos de Villa del Parque, progenie bien alimentada, correctamente vestida, estatalmente educada, de familias inmigrantes, españolas e italianas en su mayoría, y la sola diferencia que recuerdo -mi condición de hijo único- la disimulaba con irritante exageración el gran número de primos, abominables criaturas menores, que invadían la casa de la calle Jonte. Si a mis amigos les sobraban hermanos, a mí me sobraban parientes.
    Tanta convivencia forzada con dos pares de abuelos saludables, con todas las ramas del árbol familiar combadas por el peso de los robustos frutos de su descendencia, invita a la reflexión, empuja al ensueño. Era, cuando podía, un chico solitario, un aplicado soñador. Lo curioso es que aunque anoche recuperé, en el rastreo de la infancia, la imagen del niño que se escapaba de aquel mundo gregario y bullanguero para soñar, no recuerde un solo sueño.
    Recuerdo, en cambio, la terraza.
Nuestra casa era de una sola planta, un edificio cuadrangular, con un frente liso y sin revoque y un patio al fondo que protegía la parra de rigor. A la terraza se subía por una escalera de mano, ancha y sólida, a la que le faltaban los primeros peldaños.
    Cada vez que mi padre declaraba, con tono firme, que esa misma tarde se ocuparía de reparar la escalera, yo temblaba pensando en los primos, encaprichados y llorosos, retenidos en el patio por la escalera desdentada y la aprensión de sus madres. Pasé momentos de verdadera angustia antes de
comprender que cuando mi padre decía «sin falta», «ahora mismo», no expresaba la decisión que me despojaría de mi refugio, sino el fastidio que le causaba la busca de dos cajones de fruta vacíos para reemplazar los peldaños faltantes. Los cajones desaparecían regularmente el sábado y el domingo. Yo los escondía hasta que mis primos dejaban de interesarse en la escalera, se aburrían de pedir un permiso nunca concedido o los mandaban a aturdir en la vereda.
    El panorama que veía desde la terraza no tenía nada de espectacular o misterioso: una laguna de techos planos y terrazas similares a la nuestra, con puntas del tejado a dos aguas de dispersos chalets. se extendía plácidamente hasta donde alcanzaba la vista. A mis pies, entre márgenes de edificios cuadrados, sin gracia alguna, que reflejaban como un espejo la sucinta arquitectura de mi propia casa, corría la calle adoquinada, con pozos que hacían corcovear la bicicleta. Las copas de los paraísos apenas
rozaban la cornisa del techo; en invierno perdían las hojas y me permitían observar a gusto el paso de los vecinos, las mujeres barriendo la vereda; en verano florecían con un olor estruendoso, de una dulzura repugnante que atraía nubes de moscas.
    Pero yo no subía a mirar el paisaje.
    Anticipando un segundo piso que nunca se construyó, había un gran balcón de curva pretenciosa, que se asomaba a Jonte. Era alto, panzón como la proa de esos pesados galeones españoles que ilustraban mi libro de historia. Las duras rectas de la casa y del damero suburbano de Villa del Parque, la tradicional superposición de cuadraturas ejecutadas por un dibujante torpe entre bostezos, se diluía pesadamente en la media circunferencia del balcón, como un intento grotesco de recordar la forma del mundo. Curiosamente, era la falta de paredes, de ventana, de techo, lo que le daba una absurda pero enfática dignidad: la de una nave construida para surcar mares difíciles, pensada para el transporte de tesoros, no para la exploración ni el combate.
    La asociación entre el balcón y el barco corresponde al adulto que escribe. El chico, simplemente, estaba en él. Me gustaría contar que jugaba a los viajes. Pero busco la verdad, no una clave literaria, y la verdad es mi pura presencia en el balcón, sin juegos, sin sueños transmitibles, sentado en unas tablas que mi padre había amontonado ahí y cuyo destino, infinitamente postergado, ni él mismo recordaba. Quieto, paciente, me recuerdo sentado en el balcón como en una playa, de espaldas a la casa, contemplando el mar de casas y de gente. En algún momento de la infancia, quizá porque intuí que hay que dar razones para todo, empecé a llevar libros. Tampoco recuerdo qué leía.
    Menciono la terraza porque del resto de la casa de Villa del Parque, que se vendió cuando murieron mis padres, casi no me acuerdo. Hasta el barrio, al que volví ayer después de una larga, deliberada ausencia, me pareció, de tan impreciso, extranjero.
    Eso, en cuanto a la infancia y no es mucho. De mis años de adolescente tengo aún menos que decir. Me asombra que la familia me considerara excepcional, sobre todo las mujeres, que se llenaban la boca de elogios. Lo mejor de la existencia del otro es que a uno lo arranca de mirar hacia adentro, lo obliga a verse como lo ven. Pero ni las fotos en el álbum de mi madre, ni los suspiros y sonrojos de prima ya crecidas, ni la fácil conquista de chicas en Argentinos Juniors, éxito que coronó e interrumpió simultáneamente Victoria, me convencen de que yo era tan buen mozo como se declaraba. En lo que se refiere a mis singulares virtudes, no poseo otra certeza que el odio encarnizado que despertaba en mis primos varones.
    Una sola vez estuve al borde de la vanidad, cuando una joven vecina, casada y a todas luces feliz con su marido, que acostumbraba tomar sol en la terraza de al lado, cruzó a la mía y me sedujo. Fue hecho en silencio, sin explicación previa. Yo tendría catorce o quince años, ella andaba por los veinticinco.
    Durante un largo verano, a la hora de la siesta, todos los días menos sábados, domingos y feriados, yo trepaba la escalera con esos libros que ya no leía, ella se asomaba, callada, puntual, en el hueco de la suya, agitaba una mano y saltaba el muro bajo de la medianera. Nunca dijo que me amaba o que era un chico hermoso. Nunca, en realidad, dijo nada más que una palabra de saludo, alguna orden instructiva al principio, susurrada para no asustarme o para no alertar a posibles testigos. Un día esperé inútilmente
hasta que se hizo noche. Ella no apareció ni ése ni los días que siguieron y yo volví a leer. Después, cuando las tías adulaban a mi madre comentando la suavidad del cabello, la belleza de los ojos castaños, la sonrisa encantadora con sus dientes perfectos, la elegancia natural de ese único producto de los Paradella de Jonte, yo pensaba, desconcertado y triste, que alguna de esas cosas podrían haber gestado el salto de mi hermosa vecina, pero no habían sido suficientes para retenerla otro verano.
    Con excepción de este episodio erótico, nada hubo de interesante en aquel período de mi vida, que se deslizó, amable, sin cumbres, sin abismos, por tres angostos cauces: el Colegio Nacional Urquiza, el Club Argentinos Juniors, la casa, en la que ya raleaban los primos y me permitía estar solo sin necesidad de esconderme.
    Así llegó el momento de elegir una carrera. ¿Fue ése el punto de encrucijada? ¿Existió alguien, en algún lugar de este mundo tan raro, que apoyó la oreja en el suelo y distinguió mis pasos entre los pasos de millones de muchachos de igual edad y de igual inocencia ante el futuro, y dijo «éste» y me marcó para una fecha y una ciudad, Berlín?
    Mis padres me preguntaron cuál era mi vocación. Respondí que quería ser arqueólogo, me convencieron de la prudencia de estudiar antes medicina, me inscribí en la Facultad, aprobé con brillo dos exámenes teóricos, me desmayé ignominiosamente ante el primer cadáver. Siete años después, me recibía de abogado.
 
(CONTINUARÁ)
 
 
*
Nada de él se marchitó
Sino que el mar lo transformó
En algo precioso y extraño
 
*Shakespeare, La Tempestad, Acto 1, Esc. 11
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Martes, 29 de Abril de 2008
literatura|entrevista con ilija trojanow, autor de la novela el coleccionista de mundos
 
 
"Hoy se está redescubriendo la oralidad"*

 
El último trabajo del escritor búlgaro narra los viajes por la India, Arabia y Africa del excéntrico Richard Francis Burton, un personaje con el que comparte el sentimiento de "que cuanto más extranjero uno se sienta es mejor".

Ilija Trojanow viajó recientemente a la Antártida para una novela sobre el cambio climático.

*Por Silvina Friera
 
Acostumbrado a viajar por el mundo -nació en Bulgaria, con su familia se exilió en Alemania, vivió en Kenia, Bombay, Ciudad del Cabo y París-, Ilija Trojanow (su nombre en búlgaro significa el profeta Elías) aterrizó en Buenos Aires literalmente con lo puesto. "Mi valija nunca llegó, estoy feo y sin afeitar", bromea el autor de El coleccionista de mundos (Tusquets), que se presentó el domingo en la Feria del Libro. A partir de la fascinación que le genera la figura de Richard Francis Burton (1821-1890), el escritor búlgaro recrea en la novela los viajes de ese excéntrico personaje, peculiar traductor de clásicos árabes, por la India, Arabia y Africa. "Yo soy un caso burtoniano; mi postura es que cuanto más extranjero mejor", dice Trojanow en la entrevista con Página/12. "Me mudé a Viena hace poco porque no conozco a nadie y no sé nada de esa ciudad. Es sumamente inspirador caminar por un lugar que no conocés. Por eso no entiendo cómo hay personas que leen guías turísticas, porque el sentido del viaje es que uno se sorprenda."
Considerado uno de los más interesantes escritores de la generación intermedia en Alemania, Trojanow tardó siete años en escribir El coleccionista. "Estuve viviendo cinco años en la India y en ese período hice una serie de viajes importantes, como los tres meses que pasé a pie por Tanzania -cuenta el escritor-. Después de investigar tanto tuve la necesidad de olvidar todo para empezar a escribir; lo fundamental es ver qué se toma y qué se deja del material acumulado. Una casa no va a ser más linda porque se meta en ella todo lo que se tiene. En febrero estuve en la Antártida, y cuando veía la punta del iceberg pensaba que la literatura es la punta del iceberg, pero por debajo hay una estructura que la sostiene." Este viaje reciente tuvo un propósito literario: la próxima novela del escritor termina con una cruzada en la Antártida. "Estoy tratando de ver cómo incluir la catástrofe climática en una novela que funcione. Hace como unos treinta años que hablamos del deterioro del clima, pero prácticamente no hay novelas sobre el tema."
-En la novela, Burton contempla a los nativos y dice: 'Mientras yo sea un extranjero jamás voy a enterarme de nada; seguiré siendo un extranjero en tanto ellos me vean como tal'. Cuando se habla en Europa de integración con el Islam, ¿para usted la solución pasaría por, como planteaba Burton, ponerse en lugar del otro en vez de integrar?
-Para empezar a buscar una solución al Islam habría que empezar por aceptar que este problema en Europa es ficticio, construido. No estoy hablando de problemas económicos, de la falta de justicia social respecto de los inmigrantes, me refiero a una cierta histerización del problema de la integración cultural. En realidad lo que es más interesante en materia de integración es que también existe el conflicto, el malentendido y todo esto hace a la evolución cultural. Existe un refrán en alemán que dice que la comida nunca está tan caliente cuando la comemos que como cuando la cocinamos. En la cotidianidad cultural las cosas están mucho más relajadas, se dan desde un lugar de mayor distensión.
-¿El Islam, entonces, no está tan caliente en Europa?
-En la opinión pública el discurso se calienta demasiado cuando se cocina. Burton hubiera tratado de ver qué hay detrás de ese símbolo. En el mundo occidental, uno podría pensar la relación que tenemos con el cuerpo de la mujer, con la explotación y la exhibición de la desnudez, cómo nos relacionamos con la intimidad y con la desnudez.
-¿Por qué decidió comenzar la novela con una escena real, la quema que hizo la mujer de Burton de los diarios en Trieste, en 1890?
-Me pareció que funcionaba porque la novela juega mucho con la relación entre lo escrito y la oralidad, por eso tiene esa estructura tripartita: el capítulo sobre Africa es oral, en el capítulo hindú hay una tensión entre lo oral y lo escrito, y en el capítulo de Arabia son testimonios de un interrogatorio, por lo cual prevalece la forma escrita. En la medida en que comienzo la novela con la quema de todos estos diarios se abre el espacio que va a permitir versiones escritas u orales alternativas.
-Una interpretación posible de esa quema inicial es que más allá de lo que se escribe las historias permanecerán. ¿Hay una recuperación de la importancia de la oralidad?
-Sí, creo que si hay algo que reconocerle a esta época posmoderna es que se están redescubriendo cuestiones que parecían abandonadas u olvidadas, y una de ellas es la oralidad. En el siglo XIX la oralidad había dejado de jugar un rol importante en la medida en que todo se basaba en lo escrito y se
dejaba de lado lo oral. Vivimos en una época en que aparecen nuevos archivos de la memoria y también la oralidad como un archivo inconmensurable.
-¿Cómo hizo para evitar el cliché del exotismo en la novela?
-Todo el tiempo pensé en la poética de la novela mientras la escribía, y justamente lo que hice en todos los niveles, en la estructura, la perspectiva y el lenguaje, fue romper con la mirada unilateral. En el aire de la novela flota una cierta incerteza, esa apariencia de exotismo que siempre está relacionada con una mirada fija. Además, cada personaje es una especie de outsider de su propio mundo; Burton es un oficial británico, pero es un excéntrico o rebelde, el sirviente ha trabajado tanto para los ingleses que tampoco está en su propio mundo, el escribano parece extrañarse de su familia porque descubre la pasión por la literatura. Las figuras no son homogéneas, y esto remite directamente a una convicción propia de que no
existen identidades culturales fijas.
-Después de El coleccionista publicó el ensayo El choque de civilizaciones, en donde refuta las tesis de Samuel Huntington. ¿Fue la figura de Burton como fusionador de culturas la que le permitió prolongar la novela a través del ensayo?
-Sí, la perspectiva del libro es que toda la matriz cultural está integrada por confluencias culturales. Si tomamos los primeros grandes narradores, Boccaccio o Dante, en materia de forma y contenido, tuvieron una importante influencia asiática. Lo curioso es que esta tesis de que Europa es rica porque ha estado abierta a múltiples confluencias generó reacciones negativas y agresivas, como si Europa hubiera salido puramente de sí misma.
-¿Por qué Europa, cuna del humanismo, se cerró tanto en este siglo?
-Todavía los europeos no terminan de desmentirse o de aceptar el error de que son el centro de la evolución de la civilización. Autores como yo lo que hacemos es enfrentar esto de una forma muy frontal, y a muchos no les gusta.
Una crítica en Alemania sostuvo que era una barbaridad que yo planteara que el racionalismo europeo se había inspirado en la cultura árabe, pero nunca se argumentaba por qué era un disparate o si esa relación no existía. En realidad esa crítica estaba motivada por el deseo de un origen puro. Toda la
discusión en la prensa y en la opinión pública europea está teniendo este tinte esencialista. Los alemanes tienen una tendencia particular a pensar en términos categóricos.
 
 
 
*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-9917-2008-04-29.html
 
 
 
 
 
 
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Queridas amigas, apreciados amigos:

 
El domingo 27 de abril del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado y Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Daniel Malatesta (Argentina) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
 
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
 
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#155 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Dom, 20 de Abr, 2008 12:21 pm
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40 años después*

   

Cuando era niño y no me dejaban salir a jugar a la calle, el pasillo de casa se convertía en un campo de fútbol, una pista de jockey o un campo de batalla en el que dos ejércitos de soldados de plomo disputaban interminables batallas.
Dentro de la imaginación infantil, los soldados de plomo resucitaban porque hacían falta más y no había dinero para comprarlos o para alargar la batalla. Un dado de corcho de un rompecabezas gigante era la piedra de la catapulta que se lanzaba contra el otro ejército. Un coche de latón era el "obús" que rodando desmembraba a las huestes del contrario. Horas interminables para colocar los ejércitos. Segundos intensísimos para destruirlos.
Ahora me dedico a comprar y vender pisos. Cuando me dijeron que el piso de la Calle Hospital, donde había vivido tantos años y ganado tantas batallas, había sido captado para la venta me ilusionó la posibilidad de volver a verlo. Había marchado de allí hacia más de 35 años pero los recuerdos infantiles quedaron para siempre en mi mente y de vez en cuando en mis sueños.
Di dos vueltas a la llave de aquella puerta tan conocida y entré. El piso era más pequeño. La cocina era diminuta comparada con mis recuerdos. "¿Cómo es posible que mi madre cocinara tantos años aquí?".  El comedor, la galería de cristales emplomados...

Me dirigí a las habitaciones a las que se llegaba a través del pasillo de mis juegos. Este, al contrario que el resto de la casa, seguía siendo enorme y allí, en perfecta formación, estaban esperándome todos mis ejércitos preparados para la gran batalla. Las legiones de romanos, los cowboys, la infantería prusiana,  las unidades autotransportadas...
Tomé despacio el dado de corcho y arrojándolo sobre el ejercito contrario grité: "Tuingggg"



 
*de Joan Mateu.
joan@...









Corredores muertos(*)



Desciendo por los corredores escalonados llenos de pájaros que cayeron y que no se animan a abrir sus alas otra vez y afrontar las navajas con las que el aire corta. Desciendo cada vez más profundo, hacia el centro y principio de sus cuerpos, pero el calor que reinaba se ha congelado. Ahora sólo le buscan
formas al hielo (en vez de derretirlo, cortarlo, eliminarlo) creando un inmenso vacío transparente, una inmensa ciudad fría. Y las plumas han perdido la llave.


*De Valeria Marioni  maiden-marion@...

(*) Texto hecho con el método surrealista de automatismo psíquico.






 
MALDICIÓN DE NIÑO*



El pequeño camión verde con capota de lona blanca, comenzó a fallar y marchaba de cuando en cuando, a los tirones, tosiendo, protestando, y mermaba su ya escasa velocidad; aunque por momentos se recuperaba, y por un largo trecho volvía a andar raudamente. En lo mejor, el ronroneo rumoroso se
interrumpía, y volvía la angustia amenazante de quedarnos en el camino, faltándonos todavía la mitad del regreso a casa.
Aquella mañana fleteamos una carga de muebles, enseres y demás pertenencias de una humilde mudanza, hasta la localidad de Romang, no más distante de cincuenta kilómetros, pero que el modesto transporte requería bastante más de una hora de buena marcha.
Era debido a que en aquel tiempo, estábamos en 1948, ya tenía sus buenos veinte años en sus espaldas, pero sobre todo por lo precaria de su ingeniería. Parecía haber sido montado con partes adaptadas, aunque en los orígenes, esos vehículos aún no habían evolucionado lo suficiente; eran pequeños, el motor de cuatro cilindros era el mismo de los autos de calle, y su capacidad de carga era más bien moderada.
Aparte de la capota de lona, tenía amplios guardabarros negros, salientes y acucharados, típicos de las primeras décadas del siglo veinte. Creo que sólo las ruedas eran más reforzadas y rollizas que los autos, y tampoco tenía duales, como ya eran comunes en los camiones más nuevos. Eso lo convertía, en un módico transporte de corta distancia, especial para acarreos y fletes locales, donde tampoco la velocidad era importante.
Era frecuente que lo manejara mi hermano mayor, que ya tenía trece años, y lo acompañara yo, que ya andaba por los ocho; siempre claro, que no fuera en los días ni horarios de clase. A veces en los tramos firmes y llanos, (todos los caminos de entonces en la región, eran de tierra), mi hermano se tentaba, y lo iba acelerando más y más, hasta "pisarlo a fondo", y eso hacía que el velocímetro; temblando, avanzara lenta y penosamente hasta los setenta, e incluso setenta y dos kilómetros por hora. Nadie en su sano
juicio, ni él, se hubiera animado a mantener por mucho rato esa velocidad, ya que todo amenazaba desintegrarse, empezando por el tren delantero y la dirección, que requería toda la fuerza del conductor para mantenerlo en el camino, así como el trepidante motor que parecía zumbar y bufar al
borde del colapso.
Pero tenía fama de guapo, ya que a ese modelo precisamente, lo conocían como "Chevrolet 4, El Campeón". También tenía sus particularidades, como el sistema de alimentación de combustible, conocido domo "Steward", que aspiraba del tanque por vacío de los cilindros, y luego llegaba al carburador por gravedad. Requería un blindaje seguro en todas sus conexiones, para que no hubiera filtraciones de aire. Si esto pasaba, el combustible no llegaba al alimentador y el flujo se interrumpía. El motor podía, como decía papá: "hacernos renegar", e incluso dejarnos en el camino, como amenazaba en esta ocasión.
Tras normalizarse un momento, volvió a fallar,  hasta que finalmente, al llegar al principio de la gran arboleda, que bordeaba y cubría el camino, con añosas y gigantescas "tipas," por varios kilómetros a la altura del paraje de "La Lola", el camión dijo; ¡basta! Y tras dos o tres tironeos y sacudidas del motor, se detuvo apagándose, mientras por impulso, y poca eficacia en los frenos, el camión continuó unos cuantos metros antes de detenerse.
Después, todo quedó en el  profundo silencio, y la quietud de la siesta del aquel incipiente verano, nos hizo sentir en la mayor soledad e impotencia.
Sólo podía percibirse el arrullo del flamear de la brisa entre las hojas, el aislado arrumaco de alguna paloma en la altísima fronda del boulevard, el apagado roce y el crujido de una rama podrida, que caía y rebotaba sordamente contra el suelo.
Mi hermano y yo descendimos teniendo adelante el frondoso e infinito túnel sombreado, y a nuestras espaldas el camino ya recorrido, ancho y polvoriento, donde el sol daba de lleno, haciendo reverberar el
horizonte y formando algo más cercano, la ilusión de un lago somero de aguas plateadas y temblorosas, como un espejismo. Sobre el campo cercano que se mostraba verdoso y parduzco, por la madurez del girasol temprano, una pareja de "teros" cacareaba amenazante, volando en extensos círculos, ora bajo, ora algo más alto, temerosos y alertas, ante los extraños recién llegados.
Levantamos el "capó", la cubierta del motor, sabiendo que era el bendito tanque de vacío, que estaba chupando aire en el sistema. Probamos a tocar y mover los caños de cobre, ajustando las tuercas y sobre todo rezando para que vuelva arrancar, y aunque tironeando, nos llevara lentamente a casa. Aún
no habíamos almorzado, y esto se sumaba a nuestra angustia. Probamos a darle arranque, una y otra vez. Nada. Teníamos un par de herramientas para estas emergencias; una pinza, un destornillador, una llave "pico loro", alguna de boca, un martillo y casi nada más.
Podía ser el flotante, o la junta de la tapa del tanque; pero era poco conveniente tocar eso, porque podía deteriorarse la junta y empeorar las cosas. Nos quedaba lo que sería lo más probable, revisar las
conexiones.
Mucho no podía hacerse. Lo que casi siempre resultaba era hacer un engaste con hilo de algodón, como una junta entre los terminales y las tuercas que los ajustan. Era una tarea difícil, nunca conseguíamos sellarlos totalmente.
Cuando el vehículo era nuevo, seguramente funcionaba de maravillas; pero desgastado, aflojadas las conexiones por las fuertes vibraciones propias, sin el mantenimiento correcto, esto se convertía en un martirio. A veces se solucionaba, y más adelante fallaba todo de nuevo.
En ese trance, había que reconocer que éramos insuficientes, ¡Qué falta nos haría la ayuda de una persona mayor! En aquellos tiempos, quienes transitaban las rutas, necesariamente eran capaces de solucionar casi todos los inconvenientes, los mecánicos, y los de otra índole. Pero todo era soledad, en aquella aciaga siesta veraniega.

En eso en el horizonte se dibujó un pequeño bulto, que poco a poco fue agrandándose. Mi hermano respiró con alivio. Todo el mundo se paraba a auxiliar a quién sufriera un percance, y estuviera a la vera del camino, detenido y requiriendo ayuda. Era un código sagrado.
Del bulto lejano fue surgiendo un auto, que venía a buen ritmo, trayendo detrás una remolineante nube de polvo, pero no daba señales de detenerse. Mi hermano se corrió más al centro del camino, y ambos hacíamos señas para que se detenga. El auto tuvo que abrirse un poco para esquivar a mi hermano, pero no mermó siquiera la marcha, y pasó sin mirarnos; pensamos que estaría verdaderamente apurado, para no brindarnos la más mínima atención.
Pensar que un momento antes nos creíamos salvados. Ahora mirábamos en silencio como el auto; una rural último modelo, con costados lujosos de cedro lustrado, seguía alejándose, insensible, indiferente.
Mi hermano en su impotencia le lanzó una maldición. Con toda la bronca, como quién tuviera el poder para clamar venganza. Levantó su pequeño puño cargado de nefasta energía.
-¡Hijo de tu madre! ¡Ojalá se te reviente una cubierta!...- y luego en voz más baja, fue agregando aún más condiciones.-¡y que no tengas rueda de auxilio, o esté pinchada!.-, y otras cosas por el estilo.
El fuerte "¡Plooof" nos llegó seguido por el eco de los troncos de las plantas. El auto zigzagueó un instante y se detuvo algo atravesado en el camino. La nube de polvo se fue desvaneciendo. Pudimos ver desde nuestra ubicación, que la rueda delantera izquierda estaba ahora en llanta.
El conductor trabajó arduamente, pero tenía dificultades con el piso algo blando del boulevard, y al parecer no conseguía afirmar el "gato"para levantar el auto.-
Mi hermano saltaba de contento, no entendía cómo había sucedido, pero se sentía ampliamente "resarcido", y pateaba el suelo riéndose mefistofélicamente, quizás en el fondo, tenía "poderes ocultos".
Un buen rato después conseguimos que nuestro "Steward" funcionara, y el motor arrancó lo suficientemente bien como para proseguir viaje.

Cuando pasamos al lado del lujoso automóvil último modelo, ambos contuvimos apenas las ganas de soltar, una estruendosa carcajada.



*de Celso H. Agretti.
celsoagr@...‏










LEEREMOS KAFKA*



     Saldrás con alpargatas de suela de yute, es totalmente necesario que tus pies se aplanen contra el suelo, que la tierra debajo del cemento debajo de las baldosas, que la tierra se comunique con tus plantas transpasando cemento, baldosas, porosa suela de yute.
     Yo llevaré los brazos descubiertos, el sol se reflejará en mi piel y nos iluminará los rostros. Con luz rosada con luz amarillenta nuestros rostros brillarán en medio de las cabelleras despeinadas.
     Por un momento seremos de luz.
     Caminaremos juntos de la mano. Sólo caminaremos de la mano por las gastadas veredas; y miraremos los mismos árboles floridos que tiñen el césped de violeta, repitiendo con exactitud la forma de la copa con el color sutil que luego barrerá el viento.
     Llegaremos a un parque y nos detendremos a señalar los claveles del aire sobre las ramas. Nos preguntaremos los nombres vegetales, y los desconoceremos minuciosamente, uno por uno. Puede que un perro nos mire de lejos, y sabremos que nuestra imagen se formará quién sabe de qué misteriosa
manera en su incognoscible universo.
     Nos sentaremos a permitir que una vaquita de San Antonio busque altura sobre nuestros brazos. Recordaremos algo sobre insectos y territorios, superponiendo otredades sobre esta vaquita que aquí ahora y tan ella misma nos escala.
     El delgado libro pasará de una a otra mano, y finalmente yo tomaré el oficio de médium.
     Leeré morosamente un cuento de Kafka, oscuro y complejo bajo el cielo brillante, tan espesas las palabras en una atmósfera tan diáfana. Mi voz modulará los sonidos y guiará las evoluciones de otra voz que dijo en otra lengua las perplejidades que nos agobian.
     El lapso mágico del cuento desaparecerá el alrededor, apenas un ladrido o voces infantiles penetrarán débilmente el círculo que nos contenga.

 Te quedarás en silencio. No hablaré.
     Miraremos el humo de Praga permanecer unos instantes, temblar y desvanecerse, dejando un aroma a encierro que durará apenas el segundo anterior al que me des un beso.



*De  Mónica Russomanno.
russomannomonica@...
Texto de Noviembre del 2005.







La chica del baile*


La conocí en la fiesta de Pedro. Estaba sentada aparte, en una silla junto a la mesita del rincón del comedor, como si intentara pasar desapercibida. Su mirada iba recorriéndolo todo, con una atención que recordaba una niña curiosa descubriendo las cosas por vez primera.
Enseguida me di cuenta que era una mujer especial, que emanaba de ella una aura diferente, misteriosa y lejana.

Tardé una eternidad en decidirme a dirigirle la palabra. Normalmente no soy tímido, pero de esta mujer emanaba algo que te inducía al respeto. En un momento dado me decidí a acercarme y cruzando el salón, tomé una silla sentándome a su lado. Le dirigí una sonrisa, intentando que fuera encantadora y le dije: " Hola, me llamo Luís, ¿Cómo te llamas?" (Siempre había sido muy original).

Me miró lánguidamente y susurró: "Me encantaría bailar".
Estuvimos bailando durante toda la noche. Flotaba entre mis brazos como si de algo incorpóreo se tratara. Era liviana y frágil. Daba la sensación de poder desaparecer en cualquier momento.

Salimos a la calle al acabar la fiesta y sin mediar palabra supe que la estaba acompañando a su casa. La luz de las farolas alargaban nuestras sombras dibujándolas en el asfalto. Al cabo de un rato se detuvo y me miró.

- Es aquí - dijo. Y soltándome la mano, cruzó la calle deslizándose sin mover los pies,  atravesó la verja y desapareció en el cementerio.

 

*de Joan Mateu.
joan@...








Soledades*



Una tarde, mientras íbamos río abajo en un bote de pescadores, mi padre cerró con furia los puños alrededor de la caña y de golpe se echó a llorar. Llevábamos un largo rato en silencio. Yo tenía los remos y trataba de que la corriente no nos alejara demasiado de la orilla. Hasta entonces su pena me había pasado desapercibida porque para mí él era fuerte y sin fallas. Me demoré un largo rato antes de preguntarle qué le pasaba. Confusamente me dijo que había perdido a alguien a quien quería mucho y aunque era muy católico empezó a cagarse soberanamente en Dios. En ese momento no me importaron nada Dios ni los seres queridos. Me irritaba verlo así, aferrado a la caña, con la cabeza hundida en el pecho y el pelo blanco sacudido por el viento.
Hasta entonces su vida había sido ordenada, mediocre, patriotera. Fluía mansa y previsible como el agua que nos llevaba entre islotes y troncos flotadores. Dios era una inteligencia inasible e inapelable que aparecía cada vez que nos faltaba una explicación. Yo creía en El: todavía me veo rezando a oscuras, pequeño y pecador, pidiendo que fueran eternas las cosas que me hacían dichoso. Era tan joven que sólo pensaba en la muerte como algo lejano que quizás tuviera solución. Lo que pesaba era la soledad. No la soledad de estar solo sino esa otra por la que han escrito los mejores libros y cantares del universo. Ese paréntesis que atrapa una palabra para darle entonación subterránea. El agujero negro, infinitamente vacío, en el que aquella tarde había caído mi padre.
En Tierra de sombras un estudiante de letras dice que leemos para saber que no estamos solos. En Bleu, la protagonista intenta ocultar lo evidente bajo una máscara de fortaleza e indiferencia, hasta que algo se rompe. Por fin, en la edad de la inocencia, el hombre que acepta una vida prejuiciosa y previsible se hunde en las contradicciones de una clase incapaz de dar a la soledad otra respuesta que el orden cerrado y la complacencia hedonista. Miré esas películas el fin de semana y al ver llorar a Anthony Hopkins abrazado al hijo de su esposa muerta, me puse a llorar yo también y me vino a la cabeza esa imagen de hace tantos años en el río Limay. Sin duda, también contaba la culpa, pero eso lo comprendí más tarde. Culpa de estar ahí y ser más joven que él. De no tener todavía nada que amortizar o de estar pagando por anticipado.
Durante un paseo por el campo, el profesor enamorado de una mujer agonizante confiesa su dicha efímera y ella le responde: "La felicidad de hoy anticipa el dolor de mañana." Tierra de sombras habla de Dios y del alivio que ofrece la fe para insinuar que no hay tal .Que Dios es el sufrimiento mismo y no su consuelo. Durante siglos el Creador jugó a ser imprevisible, fuente de amor y verdad, juez supremo incomprobable. Desde que lo inventaron, los hombres han tratado de explicarse para qué les sirve. Y como lo suyo es, a los ojos de la mayoría temerosa, sólo castigo, tampoco él sobrevivió a la oferta y la demanda. Mi padre no podía saber que dios iba a morir tan pronto y yo mismo nunca lo imaginé. En esos días lo habían intimado a dejar el cigarrillo. Rechazó las pamplinas de los médicos y apostó a algo superior. Al Ser Supremo que estaba por encima del bien y del mal.
Naturalmente, perdió. Pero eso iba a ocurrir años después. Entre tanto está llorando mientras un bagre tira de su línea y yo no me animo a acercarme para consolarlo. Me digo que en una de ésas el bote se da vuelta y tenemos que volver nadando.
¿Qué tiene que ver el cigarrillo con el Reino de los Cielos? Mucho, me parece: al placer corresponde un castigo de espantosa agonía. Así pasa  con todo lo bueno en la tradición de judíos y cristianos. Más allá, el goce y la dicha no prefiguran el paraíso sino el infierno. Eso parece decir Richard Attenborough. El amor, si podemos darlo, nos devolverá lágrimas y castigo.
Palabras más, palabras menos, Scorsese sugiere lo mismo. Sólo que no hay amor en La edad de la inocencia. No lo hubo en la vida de Edith Wharton, no podía haberlo en su novela y no es intención de Scorsese mostrar otra cosa. La película, situada en 1857, habla de hoy y de una aristocracia con códigos propios: ocio, manjares, hipocresías, hasta que el amor aparece como una amenaza. Evitarlo preserva el orden social. Eso sugiere, me parece, el impenetrable mayordomo de Lo que queda del día. La autoridad de mister Stevens es proporcional  a la negación de sus sentimientos. El dolor, la alegría, la humillación, resbalan en su alma como gotas de rocío. Todo pasa pero queda la soledad. Para Baruch Spinoza, en su Ética, el control de los sentimientos es la mayor virtud del alma: "A la impotencia humana para gobernar y reprimir los afectos la llamo servidumbre; porque el hombre sometido a los afectos no depende de él, sino de la fortuna." Con Spinoza se pone en claro, desde 1677, que el poder, para ser tal, excluye el amor en cualquiera de sus expresiones. Y que la gente vulgar al mostrar sus afectos los expone a la manipulación y la demagogia.
En sus Diarios, el narrador John Cheever apunta en 1979: "Puedo saborear la soledad. La silla que ocupo, el cuarto, la casa, a todo le falta sustancia (...) Creo que la soledad no es un absoluto, pero su sabor es el más fuerte." El libro comienza con una reflexión bella y perturbadora para mí porque sospecho que así sentía la vida mi padre aquella tarde que salimos de pesca: "En la madurez hay misterio, hay confusión. Lo que más hallo en este momento es una suerte de soledad. La belleza misma del mundo visible parece derrumbarse, sí, incluso el amor. Creo que ha habido un paso en falso, un viraje equivocado, pero no sé cuándo sucedió ni tengo esperanza de encontrarlo."
Y bien, mi padre era más que eso, o ni siquiera eso: "Nada más obsceno y vano que intentar contener la vida y la obra de un hombre en un puñado de líneas invocadas en el tiempo y la distancia", escribe Rodrigo Fresán en Trabajos manuales. Y agrega: "Cuando un hombre se transforma en el único paisaje posible de sí mismo es cuando alcanza la forma de la soledad. La soledad como territorio. La soledad como forma alternativa de la geografía y de lo biográfico."
Estoy tratando de decir, con imágenes y palabras de otros, que lo esencial de una vida brota en el momento en que nos enfrentamos a las formas más puras de la verdad. Amor, dolor, soledad. Ahí estamos solos, sin Dios, sin patria ni sustento. Un paso atrás, un movimiento en falso y todo está perdido. En la serenidad del bote que bajaba por el Limay, mi padre percibió de golpe su tierra de sombras. Nada de este mundo le resultaba ajeno, pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento. Cuando tuvo fuerzas para admitirlo dejó de llorar, recogió la línea y devolvió el bagre a la correntada.




*de Osvaldo Soriano,
En "Piratas, fantasmas y dinosaurios"  Editorial Norma, Bs. As. 1996.





 
SABIDURÍA*

  
   Edipo se acercó a la Esfinge.
     La Esfinge era hermosa y distante.

 
     Simétrico rostro de mujer, bellísimo busto, grácil cuerpo sedente de  animal de presa. Patas delanteras extendidas, laxas; patas traseras prontas al salto. Siempre vigilante, siempre en quietud. Ni dormida ni en movimiento, su calma era la de quien demuestra soberanía controlando el músculo y el erizarse de los cabellos.
     Frágil solidez de quien no puede darse ni al reposo ni a la furia. Pero desde aquí lo vemos; no vio esto Edipo en la mujer animal. Le fue dado el temor y la admiración frente a lo terrible. Y le fue dada, también, la paralizante atracción que halla su sujeto en quien ha de destruirnos.
     La Esfinge proferiría su enigma, su pregunta afilada, certera, aguda; su pregunta que condenaría la falta de entendimiento con la ganada muerte.
     Edipo lo sabía. Había realizado su jornada para el lívido momento en que el enigma definiese su suerte. Y ahora aguardaba. Por un instante miró  el cielo por si fuese última visión, dibujó con ternura la silueta de un  árbol en su memoria.
     Los ojos de la Esfinge eran espejos de cristal de roca.
     Edipo recibió el peso del temor a la propia ignorancia, le tembló el pecho frente a la belleza exacta de ese ser maravilloso de contornos perfectos. La imaginó invulnerable, casi aceptó como inevitable y lógica, acaso necesaria, la desaparición de su contingente persona frente a la evidente solidez de la criatura.
     Este inabarcable ser semejaba conocer los secretos del universo. Su calma merecía ser producto de su seguridad.
     Y la Esfinge ejerció la veladura del silencio para mentir sabiduría.
     La Esfinge, inmóvil como los dioses frente a la agitación de los hombres, ocultó su ignorancia con la lejanía de una máscara hueca, la arrogancia de una pose estatuaria. Su silencio no era otra cosa que un
oscuro despojo, un muro que protegía la nada. Mostraba sólo lo pasible de causar admiración, ocultaba el vacío del centro.
     La Esfinge nada sabía, nada comprendía, y era, como nosotros, hábil para la destrucción pero negada para el acto generoso de crear.
     Su majestad no le permitía dudas o inaceptables cuestionamientos.
Estaba condenada a las sentencias y a la brevedad. Si no hablaba, no se advertiría su carencia. No mostraría la cera en la grieta del mármol, no permitiría cercanías que pudieran propiciar el hallazgo de la imperfección.
     La belleza exacta no se arriesga a mostrar el perfil opuesto, curvar el cuello, producir modificaciones en la obra conclusa. La ignorancia no es capaz de quitarse el velo que cubre su desnudez.
     Edipo, que viendo a la Esfinge veía los ropajes del hierático desprecio; Edipo, quien siendo un hombre se sentía ínfimo frente a un oráculo certero; Edipo, engañado por la Esfinge, la creyó sabia e infalible.
     Antes de que la desmesurada voz declamase el acertijo, se daba ya por muerto.
     Se alegraba, quizás, de su cercana desaparición. Engañado por la aparente esfericidad del monstruo, deseó que su persona imperfecta no manchase la pureza del ser fabuloso.
     Pensó que sería un honor alimentar al prodigio. Se resignó a su destino, acaso lo satisfizo que el hilo de su vida fuese cortado por un adversario de tamaña dignidad.
     Otro instante se demoró la Esfinge en plantear el acertijo. Sabía que la teatralidad le era necesaria para no desmoronarse. La ejercía con impecable oficio.
     Con voz de Sibila, de Oráculo, con voz de Ídolo de bronce y pedrería la Esfinge desplegó las palabras que serían su derrota.
    No era el enigma un cofre inviolable. Edipo halló la llave. Con íntima desazón Edipo halló la llave. Con alivio también, pero con desazón Edipo desató el nudo de palabras.
     Y se alejó luego de contemplar cómo se despeñaba la Esfinge desde lo alto de la Acrópolis. Pensó "no he de despeñarme yo por una falla, no he de morir por orgullo ni ceder a la tentación de la soberbia, y no he de confiar ingenuamente en la sabiduría de las estatuas".
   
 Lo olvidó luego, como a todos los alumbramientos que nos proponemos tallar en la memoria.

                                                                  
 *de Mónica Russomanno.
russomannomonica@...







Acueducto*

Cuántas cosas se veían desde el acueducto. Era muy alto, una cinta clara en el cielo, sostenido por una doble hilera de columnas, y cruzaba el valle por encima de las copas de los árboles. Estaba cubierto por planchas de cemento y se lo podía usar como atajo para ir desde la salida del pueblo hasta la base de un cerro. Se ahorraba tiempo yendo por ahí, porque no había que bajar ni subir y se avanzaba siempre en línea recta. Se oía el agua correr bajo los pies.
El día que anduvimos con mi padre por aquel camino aéreo había mucho sol y se veían nítidas las cimas de las montañas. Yo caminaba bien por el medio, con los brazos abiertos, haciendo equilibrio. ¿Qué ancho tenía el acueducto? ¿Un metro? ¿Más de un metro? ¿Menos? Imposible establecerlo. La memoria está condicionada por el recuerdo del vértigo que me provocaba la altura.
Mirando de reojo, descubría abajo los nidos en las ramas, reconocía los sitios donde sabía que crecía el mejor musgo para el pesebre de Navidad, cada pozo de agua profunda en el río correntoso donde iba a pescar, la casa de un pariente, la de un amigo, campanarios, alguna silueta de hombre o mujer en el camino de la otra orilla. Se veían muchas cosas y sin duda aquel paseo hubiese sido un gran placer si el vértigo no me hubiese impedido disfrutar.
Mi padre me precedía. Una mochila vacía le colgaba del hombro. no se daba vuelta. Llevaba las amnos en los bolsillos. De tanto en tanto, sin detenerse, giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro para seguir el vuelo de un pájaro. Tal vez silbara. Íbamos a buscar hongos y a recoger castañas en los bosques.
Yo, unos metros atrás, miraba su espalda y me preguntaba: ¿cómo hace para moverse tan tranquilo acá arriba y con las manos en los bolsillos? ¿cómo hace para caminar sin hacer equilibrio? ¿cómo hace? Y así lo seguía en aquel aire puro, alto sobre el valle, siempre con mis brazos abiertos, cuidadoso, tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos.


*de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias" Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002.

 
 
 
 
 
“EL PÁJARO DE LA FELICIDAD”*

 
Hechos
            por lo que hacemos
hacemos
            hechos
 
Me restauro
                   restaurándote
 
El punto blanco
                          en tal
abigarrada
                 oscuridad
da
  
  luna
 
No me imagino
                         más
 
que a un cierto
                        canto
envolviéndolo
                       todo.
 
 
*De Rolando Revagliatti. revadans@...
-“EL PÁJARO DE LA FELICIDAD” de Pilar Miró.


 
 
 
 
Estación Rosario*


 -La mejor carne del país, amigazo: eso se lo aseguro.
Al escuchar la frase, acompañada por un guiño cómplice, Sergio Cejas pensó que aquel barman del vagón comedor le estaba gastando una broma. ¿Turismo sexual en Rosario? ¿Promovido por el Nuevo Ferrocarril Santafesino-Bonaerense? Era de no creer. Y sin embargo, la otrora “Chicago argentina” gozaba de una fama indiscutida en esos temas. La primera imagen que se le cruzó en aquel momento a Sergio Cejas fue la del gran Alberto Olmedo, improvisando como siempre delante de una cámara de TV, quizá sentado junto al inolvidable Javier Portales, o tal vez con uno de los tantos figurines que inevitablemente se lucían a su lado.
La referencia “olmédica” no era casual. En los últimos meses, todo lo que lo rodeaba le parecía una farsa, algo artificial y paródico. Sus ritmos cotidianos, sus escasos placeres, las monótonas tareas que realizaba en esa oficina bancaria que parecía tragárselo día a día bajo toneladas de trámites acaso banales –simulando ser un personaje kafkiano casi contra su voluntad-, hasta su propia vida, parecían haber perdido todo sentido. En caso de haberlo tenido alguna vez…
¿Desde cuándo había notado que su existencia comenzaba a desbarrancar? La respuesta parecía ser la única certeza con la que contase por el momento: desde aquella traumática separación con Evelina, denuncias policiales mediante, durante el invierno pasado. Una época negra de su vida, que aún le dolía en el recuerdo, y cuyos detalles se desdibujaban en el ayer.
¿Por qué se había decidido a viajar en tren? Ni él lo sabía. Los acontecimientos de las últimas horas se le tornaban borrosos. Sólo podía precisar que su propia desilusión lo había conducido desde un departamento desordenado y con sobras de comida por todos lados, hasta las vías. Y que en vez de acostarse sobre ellas en espera de filosos rieles que acabasen con el motivo de su dolor, se había trepado con un violento impulso al primer tren de larga distancia que partiera desde la piojosa estación en la que se encontraba. Trayecto salvavidas hacia Rosario –pasaje de ida solamente- durante el cual había conocido a Ernesto, un simpático barman que le relatara sus desventuras a bordo, apuntando con especial detalle a la increíble historia del camarote embrujado, ocurrida el año anterior, entre las estaciones de Navarro y de Patricios, durante una noche de tormenta.
Aunque no fuera compañía lo que buscaba, Sergio Cejas agradeció la consoladora presencia de Ernesto
–además de la secreta botella de whisky, fuera de inventario, que ocultaba debajo de la barra-. Y sin embargo, la espontánea oferta de sexo lo sorprendió generosamente. Aunque, ¿para qué trasladarse a Rosario para conseguirlo? Conocía algunas esquinas de Buenos Aires donde podía encontrar decenas de ofertas como ésa; nada de travestis, eso sí, no era su estilo. Además del inexplicable traslado en busca de una triste porción de sexo alquilado, también había hallado una inesperada compañía amistosa junto a varias medidas de whisky, al menos para despejar sus ocasionales pensamientos suicidas… Eso estaba muy bien, aunque sólo fuera por unas horas. Ahora: ¿acaso Sergio Cejas ansiaba encontrar en Rosario algo más que aquello, imposible de precisar?
-Hágame caso, amigo -insistió Ernesto, el barman. –Aproveche. No se va a arrepentir.
Ni bien bajó del tren al llegar a destino -seguido de Ernesto, quien comenzó a hacer señas trepado al estribo en dirección a un borde alejado del andén-, se le acercó presuroso un gordo que lucía una larga y lacia cabellera, junto a una barba candado bastante espesa, que no dejaba de fumar cigarrillos negros.
-González Raúl, para servirle –saludó, parco y en un susurro, mientras le daba un breve estrechón de manos. Y agregó: -“Canalla” de alma, para más datos.
Sergio Cejas consideró que no era momento de esbozar siquiera su leve simpatía por la “lepra” de Newell´s. Su interlocutor no parecía muy afable a las diferencias. Y él no tenía ganas de malgastar la poca energía que sentía bullir en su interior, a pesar de la bruma existencial que lo rodeaba.
-El señor busca servicio especial -le informó Ernesto, aún trepado al estribo, como si la oferta de sexo -ajena en absoluto al contexto ferroviario- fuese un extraño rebusque del barman para hacerse unos pesos extras. –No me hagas quedar mal…
-¿Alguna vez lo hice? –retrucó el gordo, y sin aguardar respuesta alguna le masculló a Cejas cerca del oído: -Sígame.
Sergio Cejas, carente de todo equipaje, llevándose a duras penas a sí mismo, lo siguió sin saber muy bien lo que hacía. Todo le daba lo mismo. O tal vez no…
-¿Tiene plata? –lo interrogó el gordo, ni bien subieron a la vetusta camioneta Ika que los aguardaba en una calle lateral. Sergio Cejas asintió, un tanto trémulo, aunque no estaba muy seguro de la cantidad que llevara encima. El gordo no pareció muy convencido de la respuesta, por lo que disparó: -Revise bien los bolsillos, ¿eh? No lo llevo a ningún lado si no hay efectivo.
Sergio Cejas indagó dentro de su ropa. De manera incierta encontró un total de cuarenta y dos pesos con treinta centavos. ¿Cómo había hecho para salir con tanto dinero a la calle, sabiendo que su idea inicial era tirarse debajo de un tren? ¿Y el dinero para el pasaje? Misterio…
-Por mí está bien –aclaró González Raúl, y puso la Ika en marcha. –Siempre que no se ponga exigente…
Tardaron unos quince minutos en llegar hasta un barrio semi marginal, estacionando junto a una casona bastante antigua, cuya elegancia había conocido épocas mejores. Un par de hombres de proporciones considerables conversaban entre sí junto al portón de entrada. Sergio Cejas se atemorizó, y no supo cómo hacer para declinar la oferta. Pero González Raúl ya había bajado y le indicaba junto a la puerta abierta de la Ika, sosteniendo el cigarrillo negro entre sus labios:
-Vamos; las chicas esperan.
Más que a una tarde de placer, Sergio Cejas parecía encaminarse a paso cansino hacia una ejecución. De pronto, el fugaz ratoneo con la fantasía de un encuentro sexual fuera de Buenos Aires se había disipado, dejando en su lugar una cruel sensación de estar siéndole infiel a Evelina. La imagen se avecinó sobre su alma con el peso mortal de un ataúd.
Sin embargo, siguió adelante, detrás de la espalda de González Raúl.
Los fornidos patovicas se hicieron a un costado al ver llegar al gordo. Ambos cruzaron el umbral para encontrarse con una habitación en penumbras, apenas iluminada por un par de trémulos veladores en los rincones, y con el rumor de fondo de una cumbia proveniente de un cuarto del fondo. Sergio Cejas apenas vislumbró un par de siluetas femeninas caminando entre los sillones del cuarto, ajenas a todo lo que las rodeaba. Casi tanto como se sentía él.
-Venga –masculló el gordo por sobre su hombro, sin despegarse el cigarrillo de entre los labios.
Atravesaron el cuarto, impregnado de perfumes baratos, hasta llegar a una de las mesitas iluminada por el velador. Recién al acercarse descubrió a la obesa mujer sentada a un costado que se limaba las uñas con una indiferencia pasmosa.
-Edith: el señor requiere de los servicios de las chicas –informó el gordo, y mientras se volvía le dijo a Cejas al pasar: -Lo espero afuera. Si no estoy, me espera Ud.
González Raúl salió de la casa, y la masculina voz de la tal Edith retumbó cerca suyo: -¿Qué le gustaría? ¿Bucal… vaginal… anal… completo…?
Sergio Cejas volvió la cabeza hacia la mujer obesa y no supo qué contestar. Una sola idea le cruzó la mente.
-¿Qué puedo hacer con cuarenta pesos? –preguntó.
-No mucho -dijo ella, sin levantar la vista de la indiferente labor de la lima. –A menos que no le importe tratar con Isabel…
Él permaneció en silencio, sin entender a qué venía el comentario.
-Las blanquitas y jóvenes son las más caras –comenzó Edith, casi resignada. -Cuanto más entradas en años, más baratas cotizan. Menores de edad no tenemos; vaya a buscarlas a los bulos de los políticos, si las quiere. –Otro silencio contemplativo hacia la tarea manicura, hasta que por fin, recordando de qué estaba hablando, agregó: -Isabel es la tullida.
-¿P…perdón…? –balbuceó Cejas, incrédulo.
Edith ya parecía molesta por tener que hablar tanto.
-Se cayó del tren hace unos años -informó, siempre sin mirarlo. -Ya se dedicaba al oficio, así que después de la tragedia seguía en lo suyo o pedía limosna en el cordón de la vereda. ¿La quiere o la deja? -terminó por impacientarse la mujer obesa.
Sergio Cejas sintió el impulso de escapar, dueño de un siniestro aire de ajenidad, aunque irse de aquel lugar sin haber cumplido el esperado alquiler de cuerpos era similar a cavar su propia fosa hacia el abismo de la desesperación. Afuera lo aguardaba un tren, impiadoso y veloz, al que ningún ruego podría detener, cuyo objetivo fuera el de lanzarse pujante sobre él……y no precisamente para llevarlo como pasajero…
Le parecía estar escuchando la lúgubre sirena acercándose hasta él, estremecido por el escalofrío, cuando se escuchó decir:
-E-está… bien. Me quedo con la …t-tullida…
-¡Greeeeeetaaa!!! –aulló Edith, sobresaltándolo, siempre sin levantar la vista de sus uñas, más que perfectas. -¡Decile a Isabel que tiene visitas!!!
Sergio Cejas estaba a punto de acercarse a la cortina de cuentas de vidrio que separaba la sala en penumbras del pasillo hacia donde imaginaba que estaban las habitaciones, cuando oyó un chistido que lo detuvo en seco.
-Se paga por adelantado –anunció Edith, terminante. –Son treinta pesos. –Cejas dejó el dinero sobre la mesa, con mano trémula. La mujer obesa aclaró: -Si es de los que se impresionan, lo lamento; no hay devolución.
Manoteó los billetes, mirándolos apenas, se los guardó en el escote, y ya no habló más.
La cortina de cuentas de vidrio cantó al abrirse. Una chica delgada y morochita, vestida con una solera de sarga, luciendo una amplia sonrisa rematada en dos enormes paletas de conejo, le hizo una seña para que pasara. Sergio Cejas la siguió, con paso vacilante. El sonido de la cumbia sonaba cercano. Por debajo del perfume barato había un intenso olor a humedad. Caminaron hasta el fondo de un largo pasillo, donde sobre una ajada puerta de madera la morochita golpeó dos veces.
-Pase. Está abierto -respondió una voz de mujer.
La chica abrió, empujó la puerta, y sin borrarse la estúpida sonrisa de conejo se hizo a un lado para que Sergio Cejas pudiera entrar. Una vez que traspuso el umbral, ella cerró la puerta a sus espaldas.
La imagen de la cama en el centro del cuarto con la mujer recostada sobre ella acaparó toda su atención, salvo por la silla de ruedas, antigua y maltratada, que yacía cerca del colchón, con una bata sobre ella. La bombita desnuda alumbraba desde el techo, develando a una chica de unos treinta y tantos años, de tez trigueña, bonitas facciones, cabello enrulado, hombros sólidos, pechos firmes, vientre un tanto abultado y caderas amplias. Algunas cicatrices le cruzaban el abdomen, producto de varias operaciones. Se la veía bien alimentada, el tronco apoyado sobre varias almohadas, y aunque estuviese desnuda por completo, las sábanas le cubrían las piernas desde el borde superior del muslo hacia abajo. O mejor dicho: donde deberían haber estado sus piernas.
-Hola –lo saludó ella. –Bueno… ¡Qué suerte la mía! Dale, vení… Acercate. No siempre me tocan clientes tan finos como vos.
Sergio Cejas pensó la chica se burlaba de él, considerando la desarrapada imagen que presentaba desde hacía tiempo. Se detuvo a pensar en la clase de hombres que visitarían a esta chica a diario, y contuvo sus ofensas. ¿A diario? Algo le hizo pensar que, dadas sus condiciones, Isabel no debía ser muy requerida por los clientes del lugar. Y sin embargo, alguien con sus características hubiera sido muy solicitada por quienes gozaran de perversiones como éstas. Si hasta parecía bonita…
-Vamos, che. No seas tímido –lo incitó ella, tendiéndole un brazo para que se acercara.
Él avanzó tembloroso, sobrecogido por la imagen que contemplaba, sintiendo una honda vergüenza, como si quien estuviese desnudo fuera él. ¿Llegaría a tener una erección sabiendo lo que había –o no había- debajo de aquella sábana?
         De pronto, deslumbrado ante lo inesperado de la sensación, avasalladora como locomotora desbocada, advirtió que lo único que quería obtener de ella era un fuerte y cálido abrazo que lo contuviera. La cruel inermidad que contemplaba sobre aquella mujer le parecía insignificante frente a su propio desvalimiento.
         Caminó hasta el brazo extendido, se sentó sobre el colchón, y antes de que Isabel comenzara a quitarle la campera Sergio Cejas se derrumbó sobre ella, sin mirarla, abrazado a esos hombros sólidos y musculosos como un borracho aferrado a un poste de luz, y comenzó a llorar.
         Un llanto agónico, profundo, de esos sollozos que emergen desde los abismos del alma y pronto se convierten en una caudalosa catarata, devastando cualquier falsa apariencia de normalidad.
         Sorprendida, Isabel le devolvió el abrazo, con una calidez inusual, desconocida para sus cada vez más ocasionales clientes, y comenzó a acariciarle el cabello de la nuca, mientras murmuraba, casi a su pesar:
         -Bueno… bueno… ya va a pasar… No te pongas así… Ssshhhhh…
         Sergio Cejas se aferró aún más a ella, a su piel, a su calor. Ya no le importó saber dónde se encontraba, ni ante quién estaba, ni cuál era su condición. Sólo le importaba saber que existía ese abrazo, ese afecto momentáneo que desconocía la manera de calmarlo, pero que al menos intentaba hacerlo sentir un poco menos solo. Un oasis en medio del desierto, en el que sólo quería refrescarse y beber, de la manera que fuera…
         Sin siquiera secarse las lágrimas, con la mirada enturbiada, comenzó a besarle el cuello, a incorporar a la chica hasta sentarla en la cama, a desplazar lentamente sus manos a lo largo de aquella espalda, descendiendo hacia una cintura donde comenzaba una zona cruzada de marcas, y ascendiendo luego hacia sus pechos, experimentando una ternura insólita, como hacía mucho tiempo no sentía al lado de nadie, olvidando por completo el contrato pactado con la mujer obesa.
         Isabel recuperó parte de su integridad profesional, relegando aquel momento de tierna debilidad, cuidando de no caer en el peor de los errores que podía cometer: enamorarse ante los sentimientos de los clientes. Al tipo éste se lo notaba destrozado, aunque su cuerpo estuviese entero. Ella, ignorando cómo, parecía sentirle el alma partida en pedazos dentro del pecho, y sólo atinaba a abrazarlo y acariciarlo, como si con aquel contacto pudiese combatir sus propios temores. Hasta que volvió a intentar quitarle la campera, y esta vez él le ayudó, reaccionando como un autómata, desvistiéndose en busca de una mayor cuota de calor.
         Una vez con el torso desnudo, y aún sin verla a través de sus lágrimas, que le bañaban las mejillas, volvió a abrazarla. La suavidad de su piel, junto al vibrante roce de sus pezones, lo estremeció, causándole una erección casi dolorosa que lo obligó a desprenderse violentamente del pantalón.
         Tenderse sobre ella y penetrarla fue mucho más que un acto de placer; se convirtió en una desconocida necesidad vital. La prostituta tullida, acaso deforme, se convirtió en la mujer ansiada y amorosa, nutricia de ternura y contención. Y el orgasmo, inexplicable para ambos, los transportó muy, muy lejos, allí donde las palabras carecen de toda significación.
         Las lágrimas se secaron sobre la piel y las almohadas. Los jadeos se extinguieron en una serie de acompasados suspiros. Y ninguno de los dos, sostenido de ese abrazo, atinó a quebrar aquel momento con palabras vacías.
         Sólo después de un buen rato, ambos se irguieron muy lentamente, consiguieron mirarse a los ojos, y sin premeditarlo, preguntaron a la vez:
         -¿Cómo te llamás?
 
 
 
*de Aldima. licaldima@...
 
 
 
 
 
 
*
 
 
¡Cuánto duele pensar, recordar cosas!
Lamentar lo que pudo haber sido
y no fue.
La osadía congelada por el miedo
trocó los anhelos por quimeras.

¡Cuánto soñar, creerse cosas!
Atracarse a la fe, idealizar los tiempos venideros.

¿Para qué volver por el camino andado
y  tropezar nuevamente con las culpas
si no puede regresar la circunstancia, el tiempo?

¿Para qué soñar,
cuando falta la fuerza que convierte
en  realidad las utopías?

Sin embargo, hasta Hiroshima vive.
 
 
 
*De Miguel Crispín Sotomayor arcomar@...
 
 


 
 
 
 
DEL EDITOR DE INVENTIVA SOCIAL:
 
 
 
A los Amigos lectores de la edición mensual:
 
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El costo de la suscripción en Argentina es de 36 pesos anuales más gastos de trasferencia bancaria o giro. Les ruego a quienes quieran y puedan incorporarse como nuevos suscriptores que me escriban a: inventivasocial@...
 
Saludos afectuosos.
 
*Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
 
 
*
 
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 20 de abril del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Edson Zampronha. Las poesías que leeremos pertenecen a Cláudio Fonseca (Brasil) y la música de fondo será de Mario Guacarán (Venezuela). ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

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#154 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 10 de Abr, 2008 11:51 am
Asunto: BLANCO, NEGRO Y GRIS...
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*
 
 
Nuestros pasos en el riego
el árbol y la palabra,
perfume de albahaca cuando estás
y cuando te marchas
amanecen racimos amargos.
Cuando no estás
la albahaca de tu alma
ruega al horizonte
"verticales al silencio"
Cuando nos vamos sin irnos
hay pájaros que traen abrazos eternos
y dejan cielorrasos heridos .
Todo va delante como van nuestros pasos
en el riego
el árbol y la palabra,
perfume de albahaca cuando estas
y cuando te marchas.
 
 
 
*de ricardo mastrizzo.
 
 
 
 
 
 
BLANCO, NEGRO Y GRIS...
 
 
 
 
 
 
"UN ZOO LA NUIT"*


 
Estaba en él que velara lo que vela
y estaba en él que callara lo que calla

Suyo es el todavía
cuerpo
vivo de su padre.



*

He was to watch over what he does watch
and he was to conceal what he does conceal

His is the still living
body
of his father.
 
 
 
*De Rolando Revagliatti. revadans@...
 
-Traducido al inglés por Leticia Balonés.
*"UN ZOO LA NUIT", filme dirigido por Jean Claude Lauzon.




 
 
 
Ábrete sésamo*

 
Cuenta la leyenda que un sultán Malayo, residente en lo que después fue Kuala Lumpur, manco de nacimiento y  llamado  Syed Sirajuddin Putra Jamalullail tenía como principal afición comer bocadillos que el mismo se preparaba. El secreto de esta habilidad, complicada en un hombre de su condición y limitaciones, se descubrió muchos años después de su muerte.
Caminaba un día el sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail por el parque de jardines simétricos de su palacio, cavilando en la manera de abrir el pan sin manos, para poder introducir dentro los componentes del bocadillo, cuando recordó uno de los cuentos de las "Mil y una Noches" que contaba Schehrazade al rey Schahriar: "Ali Babá y los 40 ladrones". Uno de los pasajes más celebrados del cuento era el momento en que Alí Babá abría la cueva del tesoro con la frase: "Ábrete sésamo".
El sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail pensó que si la frase servía para abrir cuevas moviendo rocas, podría usarse también para abrir panecillos. Después de tres días y tres noches gritando, suplicando, susurrando y murmurando lo de "Ábrete sésamo" a miles de panecillos, sin ningún éxito, pensó que alguna cosa le faltaba. Cayó en cuenta de lo obvio: se estaba dirigiendo al pan y tenía que dirigirse al sésamo. Inmediatamente ordenó hornear panecillos espolvoreando sésamo en la superficie y cuando intentó de nuevo abrirlos con el "Ábrete sésamo", los panecillos se fueron abriendo mágicamente.
Desde entonces todos los panecillos de Kuala Lumpur llevan sésamo en la superficie y a partir de este momento, el sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail, abrió sus propios panecillos e hizo sus propios bocadillos.
Hoy, los herederos del sultán Syed Sirajuddin Putra Jamalullail son una de las mayores fortunas del mundo por haber exportado el descubrimiento de su antecesor alrededor del mundo en forma de franquicias.
Claro que para ello tuvieron que renunciar a hacerlo con su nombre, harto complicado para las civilizaciones de occidente y lo tradujeron literalmente al ingles. Ahora todo el mundo los conoce por Mc Donals. Ni que decir tiene que todos los panecillos de Mc Donals llevan sésamo en su superficie.

*de Joan Mateu. joan@...
 

 
 
 
 
LOCADEMIA ARGENTINA DE NEGROCIDAS*
 
 
Dos policías detuvieron a un joven y le dispararon por ser boliviano. El tribunal aplicó la Ley Antidiscriminatoria y le impuso a uno de ellos una dura condena. El otro fue sometido a una pericia psiquiátrica. Eso es correr detrás de la desgracia ya consumada. 
¿No sería mejor someter a pericia psiquiátrica a la Escuela de Policía que los egresó.?
                                  
 
*de Rubén Vedovaldi. RubenVedovaldi@...
 
 
 
 
 
 
 
Jueves, 10 de Abril de 2008
La zona gris*


*Por Sandra Russo
 
 
A una chica de Zona Norte las compañeras le pegaron porque era muy linda.
Vaya razones, criaturas. Están pasando algunas cosas raras con las púberes, de las que conviene tomar nota. Hay explotando una nueva sexualidad adolescente, que incluye la ambientación mental del porno. Un amplio sector de las niñas de vidas amables se da permisos insólitos. Pero tratándose de un giro de época, marcado a fuego por el mercado, habría que preguntarse o invitarlas a preguntarse si esos permisos se los toman, o si se sienten obligadas a tomárselos, para estar a tono unas con otras, y así
sucesivamente.
Los estudios de algún remoto instituto de sexualidad norteamericano, si uno se tomara el trabajo de buscarlos, seguramente tendrán alguna estadística sobre adolescentes peteras o algún trabajo sobre la incidencia del pete en la satisfacción con la que algunos varones de hoy sobrellevan las relaciones
estables. (El solo y simple hecho de que a la fellatio se le pase a decir "pete" implica necesariamente la domesticación de lo exótico: ese mismo movimiento vuelve trivial lo excitante. Por una fellatio un varón tenía que esperar. Hoy, la cultura popular indica que un "pete" no se le niega a nadie. Si hay onda, se entiende.)
La revista Cosmopolitan, biblia de nuevos usos y costumbres que en general suelen ser siempre los mismos, filtraba sin embargo en octubre del año pasado otra nueva escena de la sexualidad adolescente. Cosmo lo titulaba "Un nuevo tipo de violación".
El fenómeno pertenece al mismo reino que las peteras, los cócteles de alcohol y tranquilizantes, los boliches donde se admite sexo en los sillones, el valor en alza de la puta sobre el de la chica new romantic, los sitios porno dedicados exclusivamente a adolescentes borrachas. La nota habla de "una zona gris", un límite borroneado entre la relación sexual ocasional consentida y la relación forzada.
En rigor, de lo que está hablando es de un límite borroneado, no por el varón de la escena, sino por el alcohol que tomó la chica, y que no le permite recordar exactamente si pasó o cómo pasó. Uno de los sueltos de la nota informa que "tres de cada cuatro de las víctimas están borrachas cuando
ocurre el ataque".
Es interesante el planteo de si esto constituye o no una nueva forma de violación. Todos recordamos a la joven y fumada Jodie Foster en aquel bar de la película, coqueteando en la máquina de música. Y experimentamos el sentimiento asqueante de aquella violación múltiple, una escena que tuvo por
víctima a la chica que no por fumar ni coquetear indujo a nadie. Pero no se trata de una historia así, en singular. Se trata más bien de una tendencia a depositar en "la zona gris" las decisiones, las elecciones, las convicciones que debe hacer una mujer en cada etapa de su vida. Se trata de estar conscientemente (esto es: públicamente) a favor o en contra de determinadas actitudes, pero sin necesidad de sostener lo que se cree, porque a "la zona gris" se llega después de la pastilla, las gotas, los tragos, en fin, se
llega vulnerable. Y sobre todo, ya institucionalizada, codificada, descripta, a "la zona gris" se llega queriendo desentenderse de la responsabilidad sobre el propio cuerpo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Jueves, 10 de Abril de 2008
NUEVA PROPUESTA DE ARTICULACION ENTRE PSICOANALISIS Y MARXISMO
 
"Lo imposible no cesa"*

 
"Marx no discriminó quiénes son los ricos y quiénes son los amos. Lacan sí los diferenció, y la diferencia es muy importante", sostiene el autor de esta nota, que procura reencauzar la articulación entre psicoanálisis y marxismo a partir de una pregunta: "¿Cuál es mi valor para el otro?".


Por Sergio Rodríguez *
 
El capital, de Karl Marx, es el mejor análisis existente de la lógica capitalista. Lo fundamentó en su teoría del valor. Jacques Lacan, por lo menos a partir del seminario El revés del psicoanálisis, hizo explícitamente suyas las aseveraciones de Marx sobre el valor. Creo que también hizo suyos los criterios marxistas sobre las condiciones objetivas para las crisis sociales: el conflicto entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Y creo que por eso dijo Lacan (en "Radiofonía y televisión"), que Marx fue el primero que discernió el síntoma. En cambio, Lacan fue irónico sobre la creencia en la revolución, diciendo que era una vuelta de 360 grados, que volvía al punto inicial.
Desde muy temprano, Lacan planteó que una pregunta funda al hablante ser en el lazo social: la pregunta por el reconocimiento del otro. ¿Qué quiere el Otro de mí? ¿Qué me quiere? ¿Qué soy para el Otro? ¿Qué soy en el Otro? Es una pregunta clave. Uno se la hace todas las mañanas, todas las noches,
todos los días. Es realmente nodal por una razón muy sencilla: el ser parlante no puede funcionar de una manera relativamente pasable si no es en vínculos sociales. Por lo tanto, siempre tiene que estar preguntándose qué quiere el otro de él y qué es él para el otro. Esas preguntas las reduzco a una: ¿Cuál es mi valor para el otro? E, invertido el mensaje: ¿Cuál es el valor del otro para mí? Las parejas se sostienen o se separan en función de esa pregunta. Si el otro vale para mí lo suficiente, voy a hacer todo lo posible para que no se vaya de mi lado. Si yo valgo para la otra lo suficiente, ella también tratará de hacer lo posible para que no me vaya de su lado. En el momento que ese valor cae, se acabó la pareja. Claro que las cosas no son tan sencillas. Un concepto fundamental de Freud es el de sobredeterminación. El síntoma tiene múltiples determinaciones, y no somos otra cosa que productos sintomales. Pero la estructura del lenguaje instala aquella pregunta como clave para subjetivarse, aunque no llegue a enunciarse en la conciencia.
Esa pregunta por el valor se refiere a los deseos y a los límites de los goces. De ahí que, también, sea pregunta clave en la economía política.
Subtiende el esfuerzo para que el ser parlante funcione en lazos sociales, en relación con sus deseos y sus goces. Por eso éste lógicamente es un homo eroticus. Como consecuencia: mercator, faber, sapiens. En castellano: a partir de su erogeinización y juegos en la primera infancia, será luego, con mayor o menor grado de sublimación, mercader o fabricante; lo cual le exigirá buscar saber. Pero con punto de partida en el deseo de comerciar. No puede vivir por fuera de comerciar lo que producen otros y él mismo, sea
como vendedor o como comprador. Aunque imaginariamente esto aparezca invertido, no se comercia para vender lo fabricado, sino que se fabrica a partir de las exigencias de comerciar. Por las faltas, por las carencias, por los plus. Podemos suponer al homo erectus prehistórico, intercambiando en los núcleos familiares: desde el amamantamiento y la sonrisa entre madres y cachorros, hasta utensilios, frutos recolectados, los productos de la pesca y de la caza. Gozamos canjeándolos, usándolos, haciéndolos.
Entonces, el sector llamado secundario de la economía, comercio y servicios, es por lo menos tan importante como el primario, la producción. Creo que Marx subestimó y en cierta manera despreció el comercio, lo cual generó condiciones para que los socialismos reales se fundamentaran en una
organización piramidal planificada y centralizada del intercambio.
Consecuencia: arrasamiento de deseos y goces de los sujetos. Resultado: se inutilizaron sus economías y volvieron al capitalismo.
Ricos, amos y parásitos
Goce, en la nomenclatura propuesta por Lacan, no quiere decir placer; tampoco, sufrir; sino sentir el cuerpo, sea por el placer o por el sufrimiento. Y Marx decía: "A lo largo del proceso de trabajo, éste se trueca constantemente de inquietud en ser, de movimiento en materialidad" (El capital, T. 1, cap. V). Si hay alguien que siente el cuerpo es el trabajador. Como sostenía Marx, los amos se quedan con una plusvalía que produce el trabajador. Pero a Marx -muy enlazados aún sus ideales con los de la Revolución Francesa- le quedó afuera una función. No discriminó amos de ricos. Lacan sí los diferenció, en El revés del psicoanálisis, y la diferencia es muy importante. No siempre el amo es rico, no siempre el rico es amo. Se puede ser rico y no ser amo: se puede ser parásito, vivir de rentas heredadas. El amo, en cambio, arriesga su capital. Hay unos más aventurados que otros, pero se desloman para que su empresa salga adelante en el mercado. No idealizo a los amos. Alguien que, como suele decirse, viene de abajo y que trabaja cerca de la cúspide de una de las corporaciones más importantes de la Argentina, recordaba cuando, en su infancia, la principal preocupación en su familia era cómo llegar a fin de mes con dinero
para comer. Lo recordaba después de haber participado en discusiones de la plana mayor de la corporación, sobre cómo harían ese mes para tener dos puntos más de ganancia que la principal competidora. El tema no era ni siquiera tener más plata para reinvertir, sino, ese fin de mes, quién la
tendría más larga... quién se llevaría el valor fálico como trofeo. Pero la mayoría de los trabajadores no se proponen ser amos. Prefieren vivir tranquilos bajo la protección del patrón. Ilusión poco afortunada, como lo mostró el 2001 en la Argentina, cuando muchos se encontraron de golpe sin patrones, sin paraguas...
La renegación de la función del agente en tanto amo lo llevó, como a los anarquistas y al resto de los socialistas, a suponer que podían funcionar sociedades sin amos. Apostaron a educar la conciencia de los trabajadores, se ilusionaron con que los obreros pasarían de ser una clase "en sí" a una clase "para sí". El descubrimiento, por Freud, de la función del inconsciente, y, por Lacan, del ser hablante atrapado como objeto, desnuca esa ilusión. Los anarquistas no llegaron a instituir nunca alguna sociedad
trascendente que funcionara con mínimos niveles de eficacia. A los comunistas los amos les volvieron rápidamente desde lo real de sus propias burocracias.
El deseo de Marx
Marx planteó en los comienzos de su obra mayor: "La mercancía es, en primer término, un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean. El carácter de estas necesidades, el que broten por ejemplo del estómago o de la fantasía, no interesa en lo más mínimo para estos efectos. Ni interesa tampoco, desde este punto de vista, cómo ese objeto satisface las necesidades humanas, si directamente, como medio de vida, es decir como objeto de disfrute, o indirectamente, como medio de producción" (El capital, T. 1, cap. I). Esta definición coloca a la mercancía en el cruce entre deseo y goce. El valor de uso de una mercancía depende del servicio que preste a quienes la adquieran.
Servicio no sólo práctico, sino también por el lugar que ocupe en las fantasías, más allá y más acá de sus necesidades. Probablemente ésta de Marx fue, antes de Freud, la descripción más aproximada de deseo y goce y de su soporte en fantasías. Marx llegó a ella definiendo mercancía y valor de uso.
Actualmente se venden obras de arte por muchos millones de dólares. ¿Por qué llegan a ese precio? ¿Por el trabajo socialmente acumulado, como diría Marx?
Sí, si incluimos el deseo del Otro. Deseo que se despierta en quien, causado por él, demanda y, teniendo condiciones de posibilidad, paga por el original. Entonces, incluyo en la facturación no sólo al agente actual y sus trabajadores, sino también al deseo, el goce y las condiciones de posibilidad del demandante. En los '90, los economistas reconocieron que la demanda podía ser sugerida por la oferta. Invirtieron la suposición imaginaria habitual de que algo se demanda porque es necesario. Promovieron
ofertas elaboradas a través de estudios cuanticualitativos de mercado para imponerlas a través de la publicidad. Recordemos cuántos aparatos, con enorme cantidad de funciones que no usamos nunca, hay en nuestras casas.
Esos señores tuvieron razón. Supieron engendrarnos la demanda, llevándonos a renegar de la castración a través del goce de poseer algo que no usaremos pero que nos hace suponer completos.
 
 
 
*Extractado del trabajo "Herramientas del psicoanálisis, para la cultura y las políticas", parte de un libro en preparación que su autor dedica a la memoria de, entre otros, "Adolfo Rotblat, Carlos Mugica, Atilio López, Roberto López, Lucho Aguirre, Enriquito Grinberg, el Negro Quieto, Marcos Osatinsky, Eduardito Marino, Sergio Schneider, Huguito Goldman, Marcelo Kurlat, Marina Malamud, el Gallego Fernández Palmeiro, René Salamanca, Jorge Julio López y tantos otros miles, asesinados por tratar de lograr una sociedad mejor".
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Magia Nocturna*

 
 
El brillo de las estrellas
cae sobre la noche,
sueños e ilusiones se enredan
en los hilos de plata.
El silencio rescata
la profundidad de los pensamientos,
la serenidad del cielo
habita en las mentes.
Los rayos de la luna
pintan las almas,
en el espacio se huele
el aroma de la dicha.
El aire se impregna
con el perfume del misterio,
los labios se deleitan
con el sabor de los besos.
La magia nocturna resplandece
en los caminos solitarios,
vuelan los recuerdos
acariciando las nubes.

           
 
 
*de María Griselda García Cuerva. mg_cuerva@...

 
 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:
 
 
 
El domingo 13 de abril del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor español Antonio Soler, en el piano Elena Riu (Venezuela). Las poesías que leeremos pertenecen a Manoel Alves Calixto  (Brasil) y la música de fondo será de Perumanta (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
 
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#153 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 31 de Mar, 2008 12:39 pm
Asunto: EL FUTURO AL REVÉS...
inventivasocial
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*
 
 
 
Sobre el muro de la memoria tacho tu nombre hoy,
Cierro mi mente a tu recuerdo para no volver tras mis pasos.
Para no escucharte en los gritos sordos que me atormentan,
Para dejar de mirar con los ojos nublados el futuro al revés
Para por fin salir del eterno ensueño
y alejar de mis manos lo que alguna vez fue cuerpo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL FUTURO AL REVÉS...
 
 
 
 
 
El iceberg*
   
 
Aquella mata de pelo negro azabache, ensortijado y largo, que se movía a favor del viento y contrastaba con el blanco casi azulado de aquella masa de hielo enorme pertenecía a la amante. Una belleza pura, que se encontraba montada en lo más alto del iceberg y dirigía sus miradas al mar infinito que se extendía a sus pies.

Los ojos verdes, entornados para paliar el sol del ocaso, pertenecían al amante, que estaba un poco más abajo que la mujer y que mantenía su mirada sobre ella, como intentando acariciarla, protegerla, poseerla.

Los amantes, navegando sobre el buque de hielo, se miraron tiernamente y se juraron amor eterno. Por desgracia el iceberg no duró tanto.

 
*de Joan. joan@...
 
 
 
 
 
 
 
 
El corazón de la artista*


 
*Por Miriam Cairo
 
 
La calle es un escenario asombroso. Frente a la agencia de lotería, una artista callejera, con rastas amarillentas, una babucha de bambula anaranjada y camisola con arabescos, exhibía el corazón de un hombre enamorado.
El corazón latía sobre un pie de fibrofácil y no se estremecía por las fuertes ráfagas de viento. Su insuperable color rojo no cambiaba de tonalidad cuando le sacaban fotos con los celulares. Tampoco se oscurecía por las sombras cuando el sol caía detrás de los edificios. Intacto y rutilante desplegaba su brillo y su música inimitables.
La artista se esmeraba en que el público no pisara la manta blanca que enmarcaba los límites de su escultura viviente. A medida que el sol se escondía, ella fue encendiendo una a una las velas aromáticas. El corazón, inmune al tiempo, ante los ojos extasiados continuaba su delicada obra de contraerse y expandirse, subyugado más por su propio frenesí que por el aroma de esencias energizantes.
Sin proponérselo nadie, la noticia llegó a la ciencia, cuando una mujer a quien le impresionaba ver cosas verdaderas, arribó a la guardia del hospital de emergencias con una lipotimia escalofriante. Los médicos no daban crédito al relato de la paciente, porque los corazones de los hombres enamorados son muy escasos, y además, tienen prohibida la exposición pública. Sin embargo, la mujer con sus enormes ojos de persona, insistía en que ese corazón prodigioso y sangrante, no era el de un galán de televisión, ni de un
candidato a concejal, que son los símiles más propensos al escaparate, sino el de un hombre. Un hombre enamorado.
Los residentes que salían en el turno de las 20, movidos más por la curiosidad que por el crédito científico, decidieron ir hasta el lugar de los hechos y ver con sus propios ojos, la obra de la artista. Aunque es bien sabida la devoción de los médicos por las artes plásticas, los doctores matriculados prefirieron no considerar esta expresión de vanguardia, que no se puede colgar en la sala de espera del consultorio o en living de la casa.
Los residentes de tercer año, en cambio, gozaban de cierta impunidad de personal no colegiado y decidieron averiguar si era posible que alguien pudiera tallar el prodigio de poseer el corazón de un hombre enamorado.
Para su sorpresa, observaron que el corazón en verdad pertenecía a un hombre de entre cuarenta y cincuenta años. Era además, el corazón de un hombre cardíacamente sano. Algo de sobrepeso quizás, pudieran denunciar ciertas adiposidades adheridas al pericardio. Pero esa mirada forense no les impedía ver que el corazón estaba enamorado.
Los psicólogos, por su parte, prefirieron programar jornadas de reflexión en torno al fenómeno latiente. De inmediato mandaron imágenes al blog y desparramaron por internet las urgentes invitaciones. Los medios televisivos obviaron la novedad. Permanecieron en alerta por si ocurría una catástrofe.
A las 20.30 los negocios habían cerrado y la concentración de espectadores aumentaba. Las velas se consumían y la artista, con movimientos de ave, las reemplazaba. La brisa y el rocío estremecían los hombros desnudos de la gente pero el corazón latía ajeno a las inclemencias sociales y climáticas.
La medianoche no detuvo el constante peregrinar del público pero la muchacha de rastas apagó una a una las velas con paciencia creativa. Para culminar la obra se abrió el pecho y guardó el corazón al lado del suyo. Nadie atinó a dejarle una moneda, ni a brindarle un aplauso porque el arte tiene esas
cosas. A veces se funde en el gran jamás.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Republica*
 
 
 
*Por Antonio Dal Masetto.
 
 
Recibo una tarjeta con un lindo escudo en la parte superior izquierda y una bandera en la derecha. En el centro, con letras doradas: Republica de Barloventia, calle barlovento al 2300, entre Gerundio y Mazapán. Y abajo: déle un golpe de timón a su existencia -la utopía del mundo mejor que siempre soñó al alcance de su mano-, cásese con una de nuestras ciudadanas, lindas, honestas, sanas de espíritu, trabajadoras.
Me tomo un taxi y me voy a la calle barlovento al 2300 a ver de qué se trata. Llego y le pregunto a un vecino: -¿estoy en la Republica de Barloventia?
-Efectivamente, esta vereda y la de enfrente.
-Recibí la tarjeta y estoy interesado en la propuesta. ¿Con quien tengo que hablar?
-Puede hablar con cualquiera, esta es una republica horizontal, no hay autoridades.
-Si no hay autoridades me interesa más todavía.
¿Como se origino la Republica de Barloventia?
-Un día nos cansamos de que nos robaran con los impuestos, con el gas, la electricidad, la sanguijuela de los bancos, la educación deficiente y la pesadilla de la atención sanitaria, para no hablar de la otra peste que son los representantes políticos. Así que nos reunimos los vecinos de la cuadra y dijimos: basta de soportar tantas calamidades. Y sin dar muchas vueltas decidimos constituir una republica independiente.
-¿Y como hicieron para cortar con todo?
-Empezamos por dar de baja los medidores de luz, de gas y dejamos de pagar todos los impuestos. Instalamos pantallas solares, molinos y las viejas cocinas económicas a leña. Cada casa tiene su huerta y su gallinero. Se cultiva inclusive en las macetas. Todas las compras se hacen dentro de la republica; el trueque es un recurso que adoptamos a menudo. Se negocia afuera solo cuando es imprescindible. Ahí enfrente, en la casa amarilla, el medico de la cuadra instalo una unidad sanitaria. Recurrimos al exterior
exclusivamente en casos de alta complejidad.
En la esquina, la señorita Beatriz, nuestra maestra jubilada, acondiciono su casa para que funcione como escuela. En el programa de enseñanza hay una nueva materia, la historia de nuestra joven republica. Para prever apuros económicos de los ciudadanos fundamos una mutual. Antes de la gran raviolada dominguera, se discuten entre todos las decisiones importantes.
-Veo que en la puerta de cada casa hay fotos de ancianos, ¿quienes son?
-Nuestros ancestros, nuestros proceses. Los viejos se preocupaban para que no se perdiera lo que sabían sobre las calamidades, se lo pasaban a sus hijos para que estos a su vez continuaran la cadena. Retomamos sus tradiciones que estaban un poco olvidadas; cada uno de nosotros concurre a la escuela de la señorita Beatriz y dedica unas horas de su día a transmitirles a los jóvenes lo que aprendió sobre el tema.
-Me llena de entusiasmo lo que me esta contando. Un solo detalle no me queda claro. En la tarjeta que me mandaron hay una muy interesante oferta de casamiento con chicas lindas, honestas, sanas de espíritu y trabajadoras. No alcanzo a entender cual es la relación entre el casamiento y los principios
de la republica.
-Me extraña que no se haya dado cuenta, se cae de maduro, aquel que se lleve a una de nuestras chicas se lleva a una pionera, y los muchos hijos que sin duda tendrán, vayan donde vayan, difundirán el espíritu de barloventia y su lucha contra las calamidades.
-Dígame donde tengo que firmar y cuando puedo conocer a mi futura esposa.
 
 
 
 
 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

 
El domingo 30 de marzo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Almeida Prado. Las poesías que leeremos pertenecen a Marga López Díaz (Colombia) y la música de fondo será de la Orquesta Filarmónica de Bogotá (Colombia). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
 
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Cordial saludo!
 
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#152 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 24 de Mar, 2008 12:42 pm
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El sobreviviente*



Ellas marcharon por última vez
secaron espinas de sus pies llenos de Plaza
maratón impostergable de los jueves
lo buscado aún no regresa
tal vez se encuentre bajo tierra o al fondo del mar
tal vez no existe solaz ni cielo
sólo una tregua
pañuelo blanco desplegado
bandera de mi país
alumbrando el grito silencioso
la búsqueda del retoño
la palabra sin mordaza
sin capucha comenzó a gatear la justicia
probando equilibrio nos pusimos de pie.
Con unas Madres desconocidas y locas
aprendimos cómo se camina desde la Plaza de Mayo.
Jamás importó el frío la lluvia ni el miedo
el desafío era no olvidar.
Y está ileso.


 
*de Diana Poblet. soydian@...

 
 
 
 
 
 
TRÍPTICO III*


Sostiene a mi barca ósea una mar de sueños*


Ahondo la mirada tras las señales.
No me quedo en ellas.

Voy hacia lo que las produce.
Hacia lo oculto.

Mis sensaciones se asombran cautelosas.
Es una mar de sueños.

Cauteloso, voy navegando con mi barca ósea.
Voy cruzando el día.

Navego sueños posibles, sueños no soñados
Sueños de olvidos y de regresos.

Es la mar de los sueños del mundo.
Es la mar donde navego
Donde el día permanece
Donde lo cruzo.

Sostiene a mi barca ósea una mar de sueños.


 
Luna no conquistada*


El idiota que burbujea palabras
o el inventor del invento,
el que abre sus manos con aves flamígeras
o el decorador de horizontes no dibujados,
el que mata por derecho o por matar,
el suicida
el bien informado
el enfermo de sol y arena
el que simula vuelos que no tiene
el que al cerrar los ojos no los cierra.
Todo hombre sin importar rango,
color, genética, continente, lengua,
océanos atravesados, guerras hechas y por hacer,
lunas conquistadas, colonias sometidas,
sueños devorados, palabras inconclusas,
gestos alucinados...
Todo hombre, alto, flaco, bajo, gordo,
atlético, deforme, sedentario.
Todo hombre es una señal habitable,
es un cosmos, es dios en su seno,
es la terrible soledad de saberlo,
es la libertad invernando,
es la duda que mora en la respuesta,
es la verdad inconclusa,
es un cielo a dibujar, es una luna no conquistada.


 
Poema sin ton ni son*

Subiré las escaleras para encontrar mi rostro.
¡Rascacielos! ¡Rascacielos! Gritaré
y la honda cicatriz del desparpajo
            se abrirá.

Carcajada de loco embriagará las palabras
El descalabro del alfabeto será inminente.

Nada impedirá que me trepe a una nube
            a su azotea
y salude a los ángeles diseminados
como fáciles remiendos de la mística.

Treparé por los pies de una mujer
            poro a poro
para hundirme en su boca
y cuando encuentre el espejo que me anida
            gritaré
gritaré hasta el cansancio
            hasta la agonía misma.

Recién allí, cuidadosamente demente
extenderé mis manos imitando pájaros
            y anudaré el silencio.


*de OSCAR A. AGÚ cachoagu@...
Con un abrazo, desde Santa Fe -Argentina-
 
 
 
 
*
 
Vértigo:
Como en una
“vuelta al mundo”
de un parque antiguo de diversiones
en los que te dejaban un rato
allí arriba
y la silla se bamboleaba
y el estomago se subía a la garganta,
cuando me asomo al BALCON
buscándote, esperándote
aún tengo la misma sensación
es como un ir y un venir
un llamarte y un llamado misterioso
entre el miedo y la aventura
la espera y la desesperación
no puedo estar más de –creo-
un solo minuto
porque  el estremecimiento
embriaga y atormenta
esa poderosa atracción
que arrastra  tocar el vacío
 
*de Azul. azulaki@...
 
 
 
 
POEMAS DE Gerold SCHODTERER

 
 
¿PODEMOS SER VERANO SIEMPRE?[1]
 
 
Primero un soplo, después siempre más recio
amarillo, rosa, verde, blanco, rojo, azul, violeta.
Cantos de aves después del silencio.
 
Primavera.
 
Los primeros capullos aparecen.
Ha llegado el tiempo de mirar alrededor.
Posibilidades insospechadas.
Tiempo para el arranque.
Tiempo de desarrollarse.
Comenzar cosas nuevas planeadas desde antes.
 
Prosperidad abundante.
Calor.
Torrente de vida que se regala.
El olor a heno.
Susurros de viento en las coronas de hojas poderosas.
Cortina brumosa, sofocante
delante de las líneas dentadas de las cimas.
 
Verano.
 
Fuerza única desbordante, pulsante tiempo de madurez.
Tiempo para los quehaceres.
Tiempo para realizaciones y crecimientos.
Tiempo para el concierto de los grillos.
 
Los primeros hilos invisible en el rostro.
Noches frías – hileras de niebla.
Colores fuertes de la madurez.
Colores solemnes, impresionantes de lo que se va muriendo
como un signo del ciclo eterno, discretos,
los capullos ya preparados para el nuevo comienzo.
 
Otoño.
 
Tiempo de la cosecha.
Tiempo de almacenar reservas.
Tiempo de invertir para el futuro.
Tiempo de paladear las frutas.
Tiempo para un agradecimiento con ojos eleveados.
Tiempo de prepararse para el silencio.
 
Silbidos helados a través de la maraña extravagante de ramas
De gigantes coronados de negro.
Ruidos como graznidos,
seguidos de trémolos negros.
Hálito visible, frescor helado delante de los ojos.
Edredón que protege el sueño.
 
Invierno.
 
Tiempo para el descanso.
Tiempo para econtrarse, para meditar.
Tiempo para dejar madurar ideas y planes.
Tiempo de vaciarse para lo nuevo.

 
 
 
EL SER INTERIOR[2]
 
 
 
Ser libre comienza en el interior
bien adentro,
donde todas las voces afinan,
donde existe claridad, sabiduría, verdad,
donde fluye el río de la unidad.
Donde nuestro ser,
que llamamos también fuerza primigenea,
espera a que,
nosotros la reconozcamos.

 
 
 
JUNTOS[3]

 
Es el fuego
en las tinieblas de la noche
la luz,
que colocado sobre toda oscuridad
que a nosotros con su calor,
su brillo custodia
y nuestro camino
hasta el horizonte ilumina.
 
 
Están en nosotros las tinieblas,
el fuego y la luz
y nuestro libre albedrío
nos deja espacio para jugar,
si ambos fuegos en nosotros
rompen la oscuridad,
estamos entonces preparados,
para sentir la brasa del amor.
 
 
 
 
AGRADECIMIENTO
 
 
Padre, te agradezco,
que me has educado.
 
Padre, te agradezco,
que un hogar me has construido.
 
Padre, te agradezco,
que no me has mentido.
 
Padre, te agradezco,
que siempre en mí has confiado.
 
Padre, te agradezco,
Que mi vida has modelado.
 
Padre, te agradezco,
que como un hijo me has tratado.
 
Padre, te agradezco,
que la libertad me has regalado.
 
Padre, te amo,
ahora en la vida andar puedo.
 
 
 
 
E-LIMINAR
 
 
 
Soltar
significa dejar salir
mediante sufrimientos,
lo estancado
en nuestro corazón.
 
 
Lo retenido
parirlo como a un niño.
La represa
interior vaciarla.
 
 
Para llenarla con fuentes frescas,
ser transparente,
saciado por Dios.
 
 
 
 
INTROSPECCIÓN
 
 
Si estás en el camino de la búsqueda,
puedes entonces encontrar,
puedes más y más
de los pesamientos rígidos
liberarte,
aprendes a ser transparente,
a abrir tu espíritu,
hasta que encuentres el centro,
que te de la libertad.
 
 
 
 
DES-LIGAR
 
 
Soltar significa vivir el ahora.
A lo pasado no dar cabida.
el dolor de la pérdida a la raíz engarzar.
¡ En la vida a lo nuevo dar la bienvenida!
 
 
 
*Gerold SCHODTERER
Bad Ischl – AUSTRIA
Traducción:
Walkala
 
Gerold Schodterer nació el 12 de Agosto de 1956 en Bad Ischl, Austria. Ha publicado hasta la fecha los libros de poesía “Naturgedanken” (1998), “Spuren” (2001) y el cd doble titulado “Erdenweg” (1999) con poemas suyos musicalizados. Además de poeta Gerold Schodterer es escultor y orfebre.
Correo elect.:
GuK@... 

 
[1] Tomado del libro: "Naturgedanken. Vom Wachsen, Blühen, Reifen und Ernten", Schodterer Gerold, Bad Ischl, 1998.
[2] Tomado del cd doble: "Erdenweg", Schodterer Gerold, Bad Ischl, 1999.
[3] Tomado del libro: "Spuren", Schodterer Gerold, Bad Ischl, 2001.
 
 
 
 
 
Caídas*

 
Mi padre tuvo tantas caídas que al final no recordaba la primera. lo vi despeñarse con una motoneta camino de Plaza Huincul y años más tarde se dio vuelta con el Gordini, cerca de Cañuelas. Mi madre me contó que una vez, cuando yo era muy chico, se cayó sin mayores daños de un poste de teléfonos y que como era bastante distraído solía tropezarse con los juguetes que yo dejaba tirados en el suelo.
Una tarde de diciembre de 1960 alguien vino a avisarme que lo había atropellado un auto. Llegué sin aliento en una bicicleta prestada y lo encontré estirado en la calle. Estaba un poco despeinado, con los ojos abiertos y la cara muy blanca. Sobre el asfalto había un poco de sangre manchada por las huellas de unos zapatos. La gente se apartó para dejarme pasar y un tipo me dijo que ya estaba por venir la ambulancia. Alguien que le había puesto un pulóver bajo la nuca me alcanzó los anteojos que se habían roto con la caída.
Nadie hablaba y yo no sabía qué decir. Me arrodillé a su lado y le hablé al oído tratando de que la voz no me saliera muy asustada. Le pregunté si podía escucharme y alguna tontería más, pero no abrió la boca. Entonces fui a pedir que me ayudaran a llevarlo al hospital pero me dijeron que no convenía moverlo porque debía estar muy estropeado. El paisano de sombrero negro que lo había atropellado estaba llorando dentro del coche y tampoco me hizo caso. Volví a sentarme en la vereda y le tomé una mano. Estaba fría y blanda como la panza de un pescado. No llevaba más que el anillo de casamiento y el omega con la correa de cuero. Me pregunté qué hacía allí, en la otra punta del pueblo, cruzando la calle como un chico atolondrado. En esos días había cumplido los cincuenta y recién ahora me doy cuenta de que corría contra el tiempo. No había hecho nada que le sirviera a él y la única vez que salió en los diarios fue después del accidente, entre un cuatrero detenido en General Roca y un incendio en la usina de Arroyito.
Con los primeros calores de aquel verano había tomado la decisión de abandonar Obras sanitarias y montar un taller de tornería. Mi madre se oponía porque no creía en su suerte. Entonces me llamó a su escritorio para que le dijera con toda sinceridad si yo le veía futuro en los negocios. De verdad, visto como lo vi entonces, con el chaleco de lana gastado y el pantalón lustroso, no me animé a apostar por él. Me convidó un cigarrillo, dejó que le explicara un complicado asunto de polleras y ya pasada la medianoche, en voz muy baja, me explicó que estaba cansado de esperar, de correr de un desierto a otro mientras se le iban los años y se le arrugaban los cueros.
Dijo no estar arrepentido de nada pero se le leía la culpa en los ojos. ¿Culpa de qué? Nunca lo sabré. Aquella noche intentó darme otro de sus consejos, pero no servía para eso. palabras más o menos, me dijo: "Por mejor que uno se explique y justifique, nada cambia. Siempre se cometen los mismos errores. Una caída dibuja la próxima y por eso creemos en un Dios, en alguien que haya aprendido a no quemarse dos veces con la misma leche". Cosas así eran las que solía recitarme a la medianoche mientras limpiaba compases y tiralíneas frente al tablero de dibujo.
Le dije que no se calentara, que cualquiera hacía plata si eso era lo único que se proponía y que él estaba para otra cosa. lo suyo era correr por ahí, andar a la deriva para no llegar a ninguna parte. A él y a mí nos daba lo mismo un lugar u otro siempre que tuviera una estación y algunas leguas por delante.
Ese día salimos a caminar por los andurriales, yo estornudando por el polen y él tosiendo su tabaco. Me hablaba de lo que haría cuando tuviera un taller con seis tornos y no sé cuántas máquinas para fabricar herramientas. De a ratos lo situaba en Córdoba y después lo ponía en Mendoza para abastecer también a los chilenos. sin darnos cuenta llegamos al río y de pronto se jactó de haber sido muy buen nadador en su juventud, allá en Campana. Señalo la isla bajo el puente y me desafió a ganarle a contracorriente. Cambié de conversación porque el Limay es profundo y temí que se ahogara. Yo tenía menos de veinte años y me parecía imposible que mi padre pudiera ganarme en algo. Insistió y puse como excusa una contractura del fútbol o algo parecido. No me oyó o no quiso oírme y empezó a quitarse la ropa ahí mismo, abajo de la luna, hasta que sólo se quedó con unos ridículos calzoncillos celestes que le llegaban hasta las rodillas. bravuconeaba, supongo. Tenía todo el pelo blanco pero ahora estaba de nuevo en el delta junto a sus amigos y con toda la vida por delante. No sé qué pensé mientras lo miraba alejarse tirando brazadas. Creo que me daba pena verlo pelear contra su propia sombra. Me toreaba a mí pero la bronca, como el agua, venía de lejos y nos mojaba a los dos.  En un momento lo perdí de vista hasta que al rato me gritó desde la isla. Yo no quería seguirle el juego. Tampoco estaba seguro de animarme a atravesar el río. Le contesté que se dejara de joder, que volviera, y me senté a esperarlo. Calculé que no iba a tardar porque no podía estar mucho tiempo sin fumar. Pero también esa vez me equivoqué. Me pidió que escondiera su ropa y que me fuera a casa porque tenía ganas de dar un paseo por la isla. A dos pasos había un muelle con botes pero ninguno de los dos quería ridiculizarse. Llamé al barquero y le di la poca plata que tenía para que le alcanzara el paquete de cigarrillos e intentara traerlo de vuelta. Pero no volvió. Se quedó pitando en silencio en la otra orilla hasta que me cansé de su juego y me fui a dormir.
Creo que fue ese episodio el que lo alejó por un tiempo de mí y del taller de tornería. La tarde en que lo encontré tirado en la calle temí que se muriera con la impresión de que yo lo había abandonado. La ambulancia tardó siglos en llegar y lo llevó a un hospital donde me dijeron que tenía el cráneo roto. Mi madre se quedaba a su lado durante la mañana y a la tarde iba yo. Cuando pudo mover los labios me dijo que se había gastado el aguinaldo completo en la primera cuota del torno y no se animaba a decírselo a mi madre.
Era otro de sus juguetes tardíos pero todavía no estaba seguro de poder disfrutarlo. "¿Me voy a morir?", me preguntó cuando se dio cuenta de que tenía una bolsa de hielo sobre la cabeza. Le dije que no, aunque no era seguro, y le pregunté dónde estaba su famoso torno. "Llega de Buenos Aires en el tren de la semana que viene; es una hermosura, no te imaginás", me contestó muy serio. Una enfermera había puesto las cosas que llevaba sobre la mesa de luz. El pañuelo, el encendedor, la billetera vacía, unas monedas y el folleto del torno que era italiano y parecía una nave espacial. "¿Te duele?", dije y me senté cerca de la ventana a mirar a las chicas que atravesaban el jardín. "Sí, desde hace mucho", murmuró. "¿Qué me pasó ahora?" Le conté que lo había agarrado un auto y se había golpeado la cabeza contra el pavimento. Pareció sorprenderse, como si le dijera que se había caído de la calesita: "Y a tu madre, ¿qué le vamos a decir?". Se refería al aguinaldo y a todo lo que otra vez no podríamos comprar. Cerró los ojos y se durmió. O tal vez en su confusión de huesos rotos y sesos desbaratados pensaba en lo buena que hubiera sido su vida sin mi madre y sin mí. Me incliné para decirle al oído que no siempre se puede ganar, que a veces hay que saber quedarse de este lado de la orilla. Hizo una mueca de disgusto y entornó los párpados: "Eso es de cobardes; los ríos están para que uno los cruce". Como siempre, del infortunio sacaba alguna lección que lo disculpaba ante los demás.
Después de hablar con el médico tuve miedo de que aquella fuera su última metáfora. A mi madre le dije que la plata del aguinaldo se la habían robado en la calle mientras estaba caído y que de todos modos para nosotros no habría fiestas ese fin de año. Antes de Navidad lo trasladaron a casa, flaco y vendado como un faquir. Ocultaba el folleto del torno abajo de la almohada. No sé si mi madre se creyó el cuento del aguinaldo robado, pero en Nochebuena no tuvimos festejos ni palabras bonitas. Mi padre pasaba las horas inmóvil, con la mirada puesta en el techo. Un día me hizo una seña para que me inclinara a escucharlo: "Vendelo", susurró, "cuando llegue vendelo por lo que te den". Me pareció que contenía un lagrimón y le dije que no, que ahora estaba en medio de la corriente y tenía que nadar. Después de todo, eso era lo que había querido enseñarme. Hizo un gesto de alivio, me pasó un brazo alrededor del cuello, y dijo: "Está bien, pero no te olvides de mandarme un bote con los cigarrillos".

 
*de Osvaldo Soriano,
"Cuentos de los años felices" Editorial Sudamericana. Buenos Aires. edición de 1993.
 
 
 
 
 
 
Noche de Animas*

 
Las sombras de nuestros cuerpos bailaban sobre las paredes encaladas de la cocina, jugueteando bajo los caprichos de la luz de carburo que, con su azulada claridad, daba un aire misterioso al ambiente, trasladando al aire esa sensación de ultratumba que requería el momento.
Mi abuela, con su moño blanco y el blanco delantal sobre la negra falda, blandía un enorme cuchillo con una hoja ancha y larga que emitía destellos a cada tajo. De no ser porque veíamos la sonrisa en su rostro limpio y sereno desde el otro lado de la mesa, mis tres amigas y yo hubiéramos pensado que intentaba realizar un conjuro o un sacrificio.
Aquella tarde, espoleados por la tradición del día uno de noviembre y por seguir estas cosas tan atractivas para los niños como son todas aquellas relacionadas con el más allá y la parte de secretos y misterios que conllevan, habíamos ido saltando y corriendo a los campos de la parte norte del pueblo, donde habitualmente se sembraban calabazas, a buscar las más idóneas para la Noche de Ánimas.
Escogimos las que nos parecieron mejores, dando brincos entre los surcos de los sembrados, contrastando la de Neus, llena de chorretones verdes y completamente lisa, con las de Juanita y Adela, que prefirieron unas más grandes, con un rabo largo y muchos granos. Yo elegí una muy ancha y chata con la intención de poder poner más de una vela dentro y que fuera la que diera más luz.
Los propietarios de los campos sabían que cada primero de noviembre tenían que pagar un diezmo en calabazas debido a la tradición de las ánimas y no vigilaban sus sembrados este día, así que volvimos al pueblo cargados con el producto de aquel robo consentido, planeando las estrategias a seguir en la noche.
La tradición se remontaba más allá del recuerdo:  justo después del crepúsculo, los niños del pueblo con sus calabazas convertidas en calaveras por obra y gracia de unos agujeros estratégicamente distribuidos por su rugosa piel y, después de vaciadas, -guardando las pepitas para secar al sol y comer en los días siguientes- se dirigían al cementerio, se escondían en los lindes del camino, detrás de los árboles, en las cunetas o entre los zarzales y allí esperaban agazapados y juntos (el miedo rondaba con las ánimas sueltas) a que los mayores se dirigieran al cementerio.
Una vez cerca, se encendían las velas colocadas en el interior de las calabazas vacías y profiriendo murmullos de ultratumba y gritos desgarradores, aparecían ante los familiares que debían asustarse y correr despavoridos al verlos.
El camino, desde los campos al pueblo, estaba jalonado de planes de lugares, ensayos de gritos y cuentos de muertos y aparecidos que en la noche de las ánimas tenían más posibilidad de ser verdad que en las demás noches del año.
Una vez en la cocina, con las cuatro calabazas sobre la mesa, comprobamos con desolación que hacerles un agujero era una tarea más difícil de lo que habíamos imaginado. Neus, la mayor de la banda, lo intentó haciendo mucha fuerza y no consiguió más que clavar el cuchillo, pero no lo desplazó ni un centímetro. Probamos todos, uno detrás de otro sin conseguir nada... La noche iba llegando y no habíamos podido preparar ninguna de las calabazas. Llegaba la noche y si no conseguíamos transformarlas, no estaríamos a tiempo en el camino del cementerio para asustar a los mayores.
A la vista de esto, claudicamos y me fui a buscar a mi abuela, completamente convencido de que ella sabría cómo convertir las calabazas en calaveras - mi abuela sabía de todo -y guardaría el secreto ante el resto de la familia para que así el susto nocturno no perdiera la sorpresa.
Ahora, alrededor de la mesa y ya casi anocheciendo en el exterior, nos venían las urgencias mientras observábamos a mi abuela que, sin ningún esfuerzo aparente, iba insertando el cuchillo creando un ojo aquí, una boca con dientes allá, una nariz triangular, otra redonda... Con cara de asco íbamos vaciando con la mano el amasijo de pepitas sobre un papel de periódico, incrédulos de que cupieran tantas en cada calabaza. Ella daba el visto bueno: "No, hay que limpiarlo mejor", "mira, aún quedan en la parte del fondo", "hay que quitar los hilos también, que después podrían encenderse con la vela..."
Cuando acabó la operación y las cuatro cabalazas estaban encima de la mesa y las pepitas en un enorme montón a su lado sobre el periódico, nos preguntó:
- ¿Tenéis los clavos?
- ¿Clavos? ¿Qué clavos? -Dije yo.
- Necesitamos clavos para poder atravesar el fondo y que sirvan de soporte a la vela. Así podréis correr con la calabaza levantada sin temor a que la vela se caiga.
- Y así asusta más, ¿no? -Dijo Adela.
Adela era toda espontaneidad y sus ojos, redondos y grandes, hablaban casi más que su boca.
- Sí, -respondió mi abuela sonriendo por el comentario de Adela- así es como más se asusta.
Corrimos en tropel -de hecho siempre corríamos todos juntos empujándonos- y buscamos cuatro clavos que llevamos, también corriendo, a mi abuela.
- Pero, aquí sólo hay cuatro clavos...
- Sí, uno por calabaza...
- Pero entonces... ¿Sólo tenéis cuatro calabazas?
- Sí, claro, una para cada uno...
El rostro de mi abuela se ensombreció. Algo grave estaba pasando y al ver ese cambio de actitud nos quedamos sorprendidos y expectantes. ¿Qué sería lo que habíamos hecho mal? ¿Habíamos olvidado algún conjuro? ¿Habíamos escogido mal las calabazas? Quedamos todos quietos y pendientes de aquella mujer que nos miraba desde su altura, ahora completamente seria.
- Ay no, no es así... Dejadme que os cuente...-Dijo mientras acercaba una silla baja y se acomodaba al lado del fuego.- Sentaos, sentaos y escuchad...
Con un ademán distraído bajó un poco la intensidad de la luz de carburo. La noche ya asomaba por la ventana de la cocina pero ante lo que iba a contarnos se pasaron las prisas y nos sentamos a su alrededor. Mi abuela contaba cosas increíbles y sabía de los secretos como nadie.
Mirábamos fijamente su cara dulce, enmarcada en aquellos cabellos blancos rematados en moño, que ahora estaba iluminada por el azul del carburo y el rojo de las brasas. Aun así era tranquilo, apacible...
Despacio, muy despacio y mirándonos a cada uno a los ojos, empezó a contar:
"Hace muchos años, a varios días al norte del pueblo, en una noche como la de hoy, un caballero regresaba a su casa después de un largo viaje. La noche era negra como una cueva y el viento cantaba una trémula canción al acariciarse con las ramas de los árboles. La luna estaba escondida detrás de unas nubes gruesas y oscuras.
El viajero empezó a ascender por un camino que tenía bastantes piedras sueltas, por lo que aminoró el paso de su caballo y aupándose sobre él, intentó reconocer la edificación que se encontraba en lo alto de la loma.
El camino iba serpenteando sobre sí mismo y subía bruscamente de forma que para poder remontar la pendiente, muchas veces, tras una curva muy cerrada, volvía sobre sus pasos un poco más arriba.
En una de las curvas y aprovechando la aparición de la luna vio con claridad el edificio. Las rejas en la puerta, las paredes sin ventanas, los altos cipreses que asomaban por arriba y el pequeño campanario... Era un cementerio.
El viajero no se asustó en absoluto, ya que era un hombre poco temeroso de la muerte y solamente se preguntó cuánto tardaría en llegar arriba.
En esto estaba cuando le pareció ver movimiento en las puertas del cementerio y, entrecerrando los ojos para ver más claramente, se apercibió de que por la puerta, que se había abierto sin que él se diera cuenta, salían dos filas de sombras, una a cada lado del camino, que empezaban a descender hacia donde él se encontraba.
Su movimiento cadencioso hacía que avanzaran lentamente y más que caminar daba la sensación de que se deslizaban sobre el suelo. A medida que se acercaban pudo ver que las figuras estaban cubiertas por lienzos oscuros o por trozos y jirones de ropajes, incluso algunas de ellas traían la cabeza cubierta con una capucha.
En la primera curva del camino cada una de las sombras encendió un farol en forma de calavera y lo puso delante, pegado al vientre.
En silencio. En un completo y sobrecogedor silencio.
El viento se detuvo y la quietud de la noche fue mayor aún. Las siluetas, enmarcadas ahora por el resplandor de las calaveras encendidas, parecían balancearse mientras avanzaban. No producían ningún ruido a pesar de ser más de un centenar.
El caballero, a la vista de tan fantasmal procesión salió del camino resguardándose entre los árboles y dando paso franco a la comitiva, que fue desfilando por delante del lugar donde se hallaba ignorando su presencia o haciendo caso omiso de la misma. A medida que iban pasando, descubrió que la luz procedía de una especie de farol hecho con una calabaza en la que se habían taladrado agujeros que formaban ojos, nariz y boca por los que salía la luz.
Se mantuvo apartado a medida que la larga fila de sombras pasaba ante él, preguntándose el motivo de tan siniestra procesión, pero manteniéndose medio oculto. A pesar de no sentir temor, algo en su interior lo mantenía apartado de las miradas de aquellos rostros sin ojos.
Al final de la comitiva vislumbró una sombra que la cerraba. Iba caminando por el centro del camino y no traía calavera de luz. Salió de su refugio como en un impulso y se dirigió hacia esa sombra, pasando por entre las últimas de la procesión. Al atravesar el cortejo sintió un frío intenso y pensó: "es el frío de la muerte". Pero siguió avanzando sin saber exactamente por qué lo hacía.
La última figura se detuvo a su lado en el momento que en se iban a cruzar y pareció esperar a que preguntara.
- ¿Puedes decirme el motivo de esta procesión? -Dijo el viajero.
- Es la Procesión de las Ánimas, que se realiza cada día primero de noviembre, en el Día de Todos los Santos y antes del Día de Difuntos- respondió una voz susurrante que a pesar de hablar en un tono muy grave le sonó conocida.
- Y... ¿Todo el pueblo viene a esta hora tan tardía a la procesión?
- No, los habitantes del pueblo no se atreven a venir. Sólo las ánimas participan en esta procesión...
La sorpresa del viajero fue enorme. Notó que se le erizaban los cabellos y que una mano helada le recorría la columna vertebral, pero manteniendo su compostura quiso estar seguro de lo que pensaba.
- Entonces... ¿Todos los componentes son muertos?
- No exactamente, la procesión la componen las Ánimas de los muertos.
- ¿Tú también estás muerto? -dijo dándose cuenta de que no sentía ya ningún miedo. Era como si estuviera entre conocidos.
- Sí, yo estoy muerta -musitó la sombra.
- ¿Y por qué no llevas luz?
- Yo soy el ánima de tu esposa, a la que nunca fuiste rezar al cementerio y a quien jamás le llevaste luz..."
La cara de Adela asomaba por detrás de la mesa mirando a mi abuela con los ojos más grandes que nunca veré. Neus apretaba mi mano tan fuerte que tenía un dolor intenso en los dedos y el silencio se apoderó de la cocina tras las últimas palabras.
Nos miró despacio, lentamente, uno a uno, y dijo en un susurro:
"Nadie sabe qué pasó con el viajero, ni a quién contó lo que había visto, ni qué hizo, pero desde entonces, en todas las casas, en la Noche de Ánimas, siempre se hacen un par de faroles de más con calabazas, por aquellas a las que nadie rezó y por aquellas a las que nadie llevó luz..."
Aquella noche, en el camino del cementerio, ocultos tras los zarzales y esperando con las calaveras-calabazas en el regazo, preparadas para ser encendidas y asustar a los familiares, había tensión. Miedo y tensión. Los cuatro, pegados los unos contra los otros, esperamos ver aparecer una sombra sin farol e imaginando las excusas que podríamos darle por no tener uno de más para ella.

Aquella noche fue larga. Tan larga que ha durado hasta hoy, en que mis dos hijos preparan cuatro calabazas en el día de las ánimas, porque su bisabuela me contó a tiempo que a las ánimas hay que rezarles y sobre todo, hay que llevarles la luz.
 
 
 *de Joan. joan@... 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fueguito*
 
 
Es una noche cualquiera. Usted esta en un lugar cualquiera, un bosque, la costa de un río, el jardín de la casa de algún amigo. junta hojas y ramas secas, hace una buena pila. se arrodilla sobre la tierra, acerca un fósforo a las hojas y espera. su figura -rápidamente lo descubre- tiene la reverente actitud de alguien que aguarda un milagro. tal vez se trate de una vieja ceremonia a la que esta acostumbrado, y le baste forzar un poco la memoria para descubrir un vasto mapa de de fogatas a lo largo de su historia. pero esta noche -siempre suele ser así- vuelve a sorprenderlo y a exaltarlo igual que la primera vez.  ante el crepitar de la llama, usted se siente extrañamente en casa. es como volver de una larga ausencia. un reencuentro en el que, con el concurso de la noche y el silencio, se va desanudando un lenguaje al mismo tiempo familiar y secreto, alimentado de certeza y plenitudes breves.  el fuego crece y mantiene un monologo en el que usted encuentra una correspondencia exacta. el fuego es puro movimiento y usted no es más que sus ojos y el calor de su piel. rodeados por la oscuridad, protegidos, suspendidos, están en el centro del mundo. usted siente que nada puede tocarlo. escucha su mente desbrozar trabajosamente una idea: no soy el que fui ni soy el que seré. Simultáneamente toma conciencia de la banalidad de todo pensamiento. 
A esta altura, usted es una sola cosa con el fuego, un presente inevitable. se entrega, se abandona. sin embargo, cree comprender que de esa comunión se desprende un sentimiento más amplio, que trasciende esta hora. a través del trabajo del fuego parece surgir una medida de orden. los ojos fijos, subyugado, sin cambiar de posición, usted piensa que, detrás de su persistencia, el fuego es fundamentalmente inocencia, un regreso a la limpidez del origen, al remoto albergue de toda posibilidad. y comienza a percibirse usted mismo inocente, como una hoja en blanco donde todo puede ser escrito, donde todo esta por ser iniciado. y acá es donde vuelve a reconocerse. Y a reconocer los términos que han marcado sus pasos a través de los días, los meses y los años: permanecer desposeído, abierto a lo imprevisto, alerta, en permanente sospecha. son principios de una doctrina que se ha ido forjando y cuyo sentido ahora el fuego le devuelve.  comprende que también en usted ha ardido siempre parte de ese fuego. que esa es una llama de consumación. una llama donde usted se ha sacrificado siempre a si mismo, ha sacrificado su vida, las posibilidades de su vida, los accidentes de su vida, tal vez con el único fin de deshacerse de su historia o de construir una historia diferente.  es posible que oiga voces a través del aire nocturno, sin saber si se trata de amigos que vienen a buscarlo o si son llamados que llegan desde otros años, desde otros ámbitos, suscitados por otros fuegos. acomoda algunas ramas y piensa que cuando todo esta dicho es bueno regresar al fuego, al origen.
Que es bueno, muy bueno, volver a arrodillarse ante su voracidad, estudiar su movimiento y el núcleo cambiante de su centro. que es bueno para sus alegrías y para sus dudas. que ahí, libre de toda esperanza, puede limitarse a mirar y a no pensar.  y en esa llama sin tiempo ve arder también el ciclo que termina precisamente esta noche, el ciclo que comienza, los muchos que vendrán con sus cargas de confusiones y riquezas, lo que ha sido, lo que será, y todo cuanto alberga la oscura, invencible memoria o nostalgia de la sangre.
 
*de Antonio Dal Masetto
 


 
 
 
 
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#151 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 10 de Mar, 2008 1:09 pm
Asunto: Y ERA VERDAD QUE POR ÉL CAMINABA...
inventivasocial
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*
 
 
En esta casa alguien vivió antes.
Dejó clavos de punta en las paredes
la forma de sus manos en un viejo jabón
olores a tabaco, el lavadero sucio.
Huellas poco confiables.
Vivió esperando un ruido que lo llame
desde el amanecer?
Lo imaginó esperando?
Lloró también de frente, aquí,
contra estas puertas?
Qué lloró cómo qué hizo
cuando el sol se le secó en el horizonte?
Qué sintió de esta lluvia debajo del papel?
Humedeció sus miedos el cielo de este techo?
Dudó del calendario con las manos cerradas?
Del amor?
Compró pan en el barrio y fue observado?
Vio sonrisas por él y no hacia él?
Nombró con el silencio?
De qué cielo llegaba?
Escribió cartas?
En qué idioma dijo, señor no puedo más?
Era extranjero acaso?
 
 
*de José Antonio Cedrón.
 
 
Nació en Buenos aires en 1945. Vivió más de dos décadas en México, donde fue columnista de la revista Plural y del diario El Universal. Actas (1986), editado en este país, se destaca entre su obra.
*Fuente: LA HOJA CARMIN. Dirección: Eduardo Dalter. cuadcarmin@...
 
 
 
 
 
 
 
Y ERA VERDAD QUE POR ÉL CAMINABA...
 
 
 
 
 
La Loca De Amherst*

 
 
*Por Paola Kaufmann
 
Una palabra muere
cuando es dicha,
dicen.
Yo digo
que recién empieza a vivir
ese día.
Emily Dickinson
 
 

   En el siglo XIX vivió en Nueva Inglaterra una mujer a la que llamaban "el mito". La Poeta Reclusa le decían, y también la Monja de Amherst, la Mujer de Blanco, la Bella de Amherst: Emily Dickinson. Una mujer que escribió, en el dorso de una receta de cocina, que Amherst, su pueblo, era "la definición
de Dios", y que sin embargo, en medio del más puritano de los entornos,jamás abrazó la religión.
   Contemporánea de Walt Whitman, de Edgar Alan Poe, de Nathaniel Hawthorn, de Mark Twain, fue considerada una de las grandes poetas americanas recién a cuatro años de su muerte, con la publicación del primer tomo de "Poemas" en 1890. Algunos de sus biógrafos la describen como un ser solitario, casi
enfermizo: una mujer-niña extremadamente tímida, frágil y etérea, encerrada en su cuarto, escribiendo febrilmente día y noche, ajena al mundo y a todo lo que no fuera la Literatura. Otros, en cambio, como una mujer rebelde y excéntrica, con un extraordinario sentido del humor, alguien que fue fabricando voluntariamente su imagen y moldeando un destino de fama a sabiendas de que, en vida, ese destino sería imposible de alcanzar, entre otras cosas, por ser mujer. Hay quienes aseguran que todo, su poesía y su
reclusión, fue el fruto de un amor imposible hacia un hombre casado. En realidad, de varios amores imposibles hacia varios hombres casados. Hay quienes dicen que sostuvo durante toda su vida una relación lesbiana con Sue Gilbert Huntington, posteriormente Sue Dickinson, su amiga más querida, su
vecina de siempre, y por añadidura, su cuñada. Hay quienes dicen que su arte no era genuino, sino más bien una capacidad magistral para copiar lo ajeno y transformarlo en algo completamente distinto. Hay quienes opinan que de esto se trata, en definitiva, la literatura, y que Shakespeare hizo mas o menos
lo mismo. Pese a las innúmeras opiniones e interpretaciones literarias y psicológicas, su vida fue y sigue siendo una suerte de emboscada para los curiosos de las biografías, y de enigma perpetuo para los críticos de su obra.
La vida en cuestión de Emily Dickinson puede resumirse muy brevemente: nació en Amherst, Massachusset, el 10 de Diciembre de 1830. Tuvo dos hermanos, Austin, un año mayor, y Lavinia Dickinson, tres años menor que ella; un padre autoritario cuyo interés primordial era la educación, y una madre que siempre estuvo presente, si bien no fue una figura preponderante para ninguno de los hermanos. Fue una adolescente normal, que participaba de las fiestas y los bailes, de las caminatas y paseos a caballo y de las amistades del colegio. A los 17 años supo, según sus propias palabras, que nunca se transformaría en "la bella de Amherst", que su "cara de gitana, de labios anchos y ojos oscuros" no cambiaría a las facciones suaves y elegantes que había soñado para sí, y desde entonces, dejó de preocuparse por su apariencia. Enamorada de las hermanas Bronte, se identificaría primero con la poco agraciada pero independiente Jane Eyre; más tarde, cuando sobrevino la fiebre por escribir, con Emily Bronte, y finalmente, casi sin proponérselo, con Berta, la esposa demente de Mr. Rochester encerrada en el ático de Thornfield. De esa primera época data el único daguerrotipo que se conoce, ya que nunca más Emily Dickinson permitió que su imagen quedara plasmada en ningún lado. De 1847 a 1848 estudió en el Seminario para Mujeres de Mount Holyoke; en 1850 conoció a Sue Huntington, que sería su segunda
hermana por el resto de su vida, y la mujer de Austin. En 1852 aparece publicado el primer poema en un diario local, y en 1862 le envía varios poemas a Thomas W. Higginson, una eminencia de las letras, para someterse a su veredicto y también con la intención de publicarlos. Higginson, si bien encuentra en su poesía algo magnético e inexplicable, también la considera imperfecta, inaprehensible en la rima, y recomienda fervorosamente no publicar. El mismo veredicto recibió, vale la pena apuntarlo, Hojas de
Hierba, de Walt Whitman. En 1854 viaja con su familia a Washington para acompañar a su padre en la tarea política. En 1864-65 permanece por varios meses en Boston, para hacerse tratar de la vista. No volvió a salir de Amherst, y durante los últimos quince años antes de morir, no salió siquiera de su casa. Vivía la mayor parte del tiempo en su habitación del primer piso en la casa paterna, junto con su hermana Lavinia, quien tampoco se casó nunca y era la encargada de las tareas "sociales y externas". Tuvo al menos un amor, el Juez Otis Lord, amigo y compañero de estudios de su padre, con quien empezó un romance tardío pero apasionado cuando éste quedó viudo, y que se continuó hasta la muerte de Lord en 1884. Si bien planeó casarse e ir a vivir con Lord a Salem, Massachusset, el matrimonio nunca se concretó.
Durante los últimos años prácticamente no escribió nada, y se dedicó a cuidar a su madre inválida por un derrame cerebral, y a cocinar, puertas adentro siempre. Cuando en 1882 murió de tifus su sobrino Gilbert, de apenas 8 años, ella enfermó del mal de Bright, una deficiencia renal crónica pero mortal. Murió el 15 de Mayo de 1886. Un par de meses más tarde, limpiando su cuarto y a punto de cumplir la tradición de quemar todos los papeles de los muertos, Lavinia encuentra en un cajón del bureau donde Emily solía escribir casi 2000 poemas, muchos de ellos atados en fascículos, como si hubiesen sido preparados para publicarse así. A pesar de las opiniones en contra, Lavinia mueve cielo y tierra hasta que consigue que la poesía de Emily salga a la luz. Sin embargo, la publicación de los tres volúmenes de poesía, y de las cartas de Emily Dickinson, acarreó además de la fama, el escándalo.
   En 1882, cuatro años antes de la muerte de Emily, llegó a Amherst Mabel Loomis Todd, una joven de veintitantos años, casada con David Todd, profesor invitado del Amherst College. Mabel, además de joven, era lo que puede llamarse una mujer de mundo: tocaba el piano y cantaba muy bien, escribía
ensayos menores sobre sus viajes, pintaba decentemente, odiaba cualquier tarea doméstica pero, por sobre todas las cosas, era en extremo sociable, y de inmediato conquistó a los Dickinson, especialmente a Sue y Austin, quienes vivían en una mansión llamada "Evergreens" ubicada detrás de la casa paterna de los Dickinson, y quienes, además, acostumbraban a dar fiestas "culturales" con cierta asiduidad. Un año más tarde, Mabel Todd y Austin Dickinson eran amantes, y esta relación, que perduró en el tiempo, incluía también a David Todd, conformando un ménáge at trois que no pasó desapercibido en la puritana Nueva Inglaterra de Emily Dickinson. Para entonces, Emily era ya "el mito" viviente de Amherst, la mujer que hacía quince años no salía de su casa, y vestía exclusivamente de blanco. Hasta qué punto estuvo involucrada en el romance de su hermano con Mabel Todd no puede saberse con certeza, sin embargo, a partir de entonces, la relación con Sue, su cuñada y amiga íntima, empezó a deteriorarse. Emily Dickinson, tal vez como una prueba de lealtad y de amistad, nunca recibió personalmente a Mabel Todd, esto significa que Mabel nunca la vio. Ni siquiera en el cajón, antes de enterrarla, se le permitió verla. Austin Dickinson, a sabiendas de su esposa y de toda la ciudad (y, presumiblemente, de sus dos
hermanas) fue un adúltero respetado, o más bien prolijamente ignorado, hasta su muerte. Cuando Emily murió, Vinnie quedó a cargo de la casa paterna, y allí siguió viviendo junto a sus treinta gatos. Desde que descubrió los poemas de su hermana, se dedicó con un empeño y una devoción casi fanáticas a publicar la poesía de Emily, y para esto recurrió primero a Sue, quien, por motivos no del todo entendidos
-aparentemente habría intentado mandar poemas sueltos a distintas revistas, que fueron rechazados-, decidió entonces que lo mejor sería una publicación casera, local, o no publicar nada. Vinnie, defraudada por Sue, recurrió entonces a Mabel para copiar uno a uno los poemas manuscritos de Emily, y seleccionarlos para su publicación.
Thomas Higginson, el hombre que treinta años atrás había cortado de cuajo las ilusiones de fama de Emily, esta vez decidió que publicar era lo correcto. El primer volumen de poesía llevó en la tapa el nombre de Thomas Higginson y de Mabel Todd, como editor y coeditor respectivamente. Lavinia
Dickinson no fue siquiera mencionada.
   El affair de Austin y Mabel estaba en boca de todos cuando apareció el libro de Emily con el nombre de Mabel como editora, y esto terminó destrozar la relación entre Sue por un lado y Austin y Vinnie por el otro. A partir de entonces, de un modo extraño, Mabel Todd se convirtió en la referencia
obligada sobre vida y obra de Emily Dickinson. Durante años dio charlas y se dedicó a la selección de poemas para los siguientes dos tomos de poesía, más un tomo de cartas, que fueron apareciendo entre 1890 y 1896. Antes de entregar el manuscrito para el tercer tomo, consiguió que Vinnie firmara la
donación de un terreno aledaño a la casa de los Todd, terreno que le había sido prometido por Austin pero que, por supuesto, nunca había sido explicitado en el testamento. Con la firma de la donación, Mabel entregó el manuscrito final a Higginson, y el último libro de poesía de Emily Dickinson fue publicado inmediatamente. Sin embargo, unos meses después, Vinnie presentó una acusación ante la justicia alegando que había sido estafada por el matrimonio Todd, obligándola a firmar un papel cuyo contenido desconocía.
El escándalo llegó finalmente a la corte donde, contra todas las expectativas, el juez falló en favor de Vinnie, obligando a los Todd a devolver el terreno. Unos meses después del veredicto, Vinnie murió, a los
sesenta y seis años: la persona que más cerca estuvo siempre de Emily, y la responsable directa de la publicación de los poemas, pasó a la historia como la hermana mediocre y rencorosa de la excéntrica y genial reclusa de Amherst. Los Todd siguieron viviendo en Amherst, aunque nunca volvieron a cruzarse en el camino de los Dickinson. De hecho, Mabel guardó en un arcón todo lo que todavía poseía de Emily, y no volvió a tocarlo hasta 1930, cuando su única hija Millicent Todd decidió contar la verdad sobre la
misteriosa vida de Emily Dickinson. La única sobreviviente de la familia, Martha Dickinson, hija de Sue y Austin, dedicó también su vida a contar la vida y obra de su tía a partir de las memorias propias y de su madre. Los dos libros son hoy obras capitales de referencia para cualquier investigación seria sobre Emily Dickinson, si bien ambos cargan con el sesgo que el rencor y la historia de los padres les impusieron.
   Hoy ya no queda ningún sobreviviente de los Dickinson en Amherst. La casa paterna, conocida como el Dickinson Homestead, a dos cuadras del centro de la ciudad, se mantiene exactamente igual, probablemente gracias a la construcción de ladrillos que le valió en otro tiempo el rótulo de "la mansión". En el cementerio, Edward Dickinson, Emily Norcross Dickinson y sus dos hijas, Emily y Lavinia, yacen en el mismo cuadrado de tierra, cercado por una reja. La gente suele dejar flores, pero, salvo que uno se detenga a leer las inscripciones de las piedras, nada indica especialmente que allí se
encuentra la tumba de una de las mayores poetas de América. Al contrario que en los demás epitafios de la familia, la lápida de Emily Dickison dice: "Born in 1830, Called Back in 1886". Esta frase, "called back" (reclamada, o llamada de vuelta) fue escrita en una breve carta a sus sobrinos, unos días antes de morir, y posiblemente hayan sido las últimas palabras escritas.
Como para darle el gusto a todos los que, mucho más tarde, la acusarían de apropiarse de las palabras ajenas, éstas tampoco le pertenecían: "Called back" era el título de un thriller psicológico, un best seller de la época, hallado sobre su mesa de luz la mañana siguiente a su muerte. Nunca se supo quién ordenó tallar esas palabras en la piedra, aunque probablemente haya sido Vinnie, siguiendo las órdenes expresas que Emily Dickinson había dejado para su propio funeral: un cajón blanco, un vestido blanco, lilas sobre el pecho, y que nadie, nadie en este mundo, tuviera la oportunidad de verla, ni siquiera muerta. Y que sacaran el cajón por la puerta trasera de la casa.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 La parodia, el melodrama, don Quijote, (un infante en el infierno) en el campo de Montiel*
                                                 
 
 
*de Julio Pino Miyar. isla_59_1999@... 

 
  "¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis
famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida
tan de mañana, desta manera?: »Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y
espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante; y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel».Y era la verdad que por él caminaba." (.)
Fue el científico naturalista y matemático francés del siglo XVIII Georges-Louis Leclerc, conde de
Buffon, quien escribió esta célebre frase: "El estilo es el hombre". Pero, ¿cuál es aquí el estilo de don Miguel de Cervantes? Nos encontramos en el párrafo anterior ante dos (incluso tres) diferentes estilos: el del personaje don Quijote, el de don Quijote que con acento engolado quiere imitar al "sabio" que sobre sus hechos "escribiere". "Sabio" que no aparecerá, como narrador de la historia propuesto por la pluma de Cervantes, hasta el Capítulo IX que es donde empieza la segunda parte de la obra. "Ese sabio" mencionado bien pudiera ser el señor Hamete Benengeli quien redactara, según el gran ironista que fue Cervantes, gran parte del Quijote en árabe y que sería traducido a petición personal para que pudiese ser leído, cotejado y ampliado en castellano. Es decir, esa novela es, borgianamente hablando, como un jardín cuyos senderos no tardan en bifurcarse. Cervantes pretende reservar su único comentario para la última oración del párrafo citado. Oración concisa y sintética que ajusta a don Quijote, a sus expresiones altisonantes y melifluas, la misma mención que el caballero hiciera sobre un autor que debería disponerse a narrar su "famosa y verídica" historia,
dentro de los exactos horizontes que se ciernen sobre el "antiguo y conocido" campo de Montiel: "Y era la verdad que por él caminaba". 
Nos afirma el narrador de la novela que el manuscrito original fue hallado en la ciudad de Toledo, que de
manos árabes pasó a un judío hasta terminar en las manos cristianas de Cervantes. El recorrido, en este
caso alegórico, del texto parece repetir el proceso histórico de la cultura en la Baja Edad Media. Un
extenso proceso de transliteración de un texto original, fundado en nuevas interpolaciones, abundante
en comentarios y la consecuente traducción. El rey Alfonso X fundó en el siglo XIII, en la misma ciudad
de Toledo, la principal escuela de traductores de Occidente y entregó la dirección de esa escuela a
judíos, que eran los hombres más versados de la época en los problemas que le plantea a la cultura, a la
filosofía y la religión, la letra escrita.
Cervantes le sugiere paródicamente al lector de su escritura que su conformación básica guarda una
estrecha similitud con el modo en que secularmente se construían los textos. Los textos de Aristóteles (es un ejemplo) "príncipe de la escolástica", originalmente escritos en griego, fueron posteriormente vertidos al árabe y estuvieron al cuidado de comentaristas, llenos de interpolaciones islámicas, hasta que fueran de nuevo vertidos a un idioma occidental, probablemente por judíos, a lo largo de un período que duró siglos.
Cervantes, nacido en el siglo XVI, se enfrenta, por tanto, a una compleja realidad cultural constituida
por las leyes de composición literaria determinadas por el ejercicio secular de la trascripción. Las
novelas de caballería, aunque pretendiendo ser sólo un género de solaz y esparcimiento, seguían abiertamente paradigmas literarios, en su composición y expresión, desde los cuales se remeda a Homero, Virgilio (expresiones como "el rubicundo Apolo", "la rozada aurora"; o el personaje que viene a narrar una historia fundamental dentro de la propia trama). Pero termina deviniendo la trascripción original, el antiguo texto clásico, en parodia, la interpolación y los comentarios en texto autónomo y la tragedia en drama melifluo. Y así como el arte y la trova provenzal son tatarabuelos o choznos del género romántico, la novela de caballería fue la madre espiritual de la parodia en su sentido moderno, el
melodrama y el espacio de recreación literaria puramente representativo. Y eso ocurre porque la
literatura, una vez que se vio liberada de las ataduras de la tradición, transformó la antigua
representación simbólica, esencialmente religiosa, sacramental, la fábula moral, en escritura profana que buscaba constituirse desde un espacio eminentemente ficticio, ilusorio, completamente re-creado, cada vez menos implicado con los problemas que planteó, con su existencia, la literatura de Occidente en su doble versión, clásica (Homero, Virgilio, Dante.) y sagrada (La Biblia, Santo Tomás.).
El fin de lo clásico trae consigo aparejado el nacimiento inevitable de lo moderno, la llegada del
reino de la parodia y la muerte de la tragedia. El fin de lo sagrado trae consigo, por su parte, la muerte
del creyente religioso, el fin de la devoción a las escrituras y el nacimiento prosaico del lector
moderno. Nace de esta manera el arte profano como entretenimiento, la filosofía como distracción
mientras el conocimiento se cotiza y la escritura deviene en retablo decorado, ameno oropel donde el
drama templado sustituye a la tragedia destemplada, entre tanto el melodrama acecha en los viejos
entresijos del dolor humano que un falsario nos dice representar, poniéndose en entredicho la existencia
misma. El misterio de la pasión se convierte en un hecho del todo ajeno a la escritura. Y las gentes
cultas de los siglos XVI y XVII gustan de imitar sin rubor (o con él) la pasión y la expresión fingidas de
los grandes personajes de los libros de caballería; la vida así concebida imita al arte; el tiempo humano a la novela de entretenimiento; ha nacido con ello el melodrama, hermano menor de la parodia, y la
literatura ya no es sólo profana, sino que la vida ha perdido su antiguo y natural contacto con lo sagrado.
Ya nada tiene sentido, el arte pierde su origen religioso, la existencia su ser y el artista cumplirá
desde ahora la función que en el gran Guiñol cumplía el muñeco polichinela: figurar, representar y
distraer.
La época se resuelve entonces entre una Europa, y una España, que se resisten a olvidar el viejo peregrinar religioso a Santiago de Compostela, y unas naves que regresan de El Nuevo Mundo cargadas de oro y plata para engrosar los cofres de la acumulación capitalista originaria.
Ese era el aciago panorama que dominaba a las letras y a la vida en la hora vespertina en que Don Quijote salió a cabalgar en Rocinante por el campo de Montiel, iluminado por los rayos del rubicundo Apolo, mientras los rosados dedos de la aurora terminaban de descorrer ante él el melifluo velo del amanecer.
Lo más curioso que se desprende de todo lo anterior es el criterio que la Modernidad dejó bien constituido, mediante el desarrollo de la nueva expresión literaria, el valor positivo de lo falso.
Comprendiendo esto podemos comprender mejor la lógica angustia interior padecida por Cervantes, colocando en los entresijos de su literatura a un personaje como Quijote, quien refleja de la forma más aguda su propia tragedia: una conciencia que, aunque no ignora que el ser debió ser siempre el eje axial de cualquier modo de existencia y que sólo la verdad puede ser el fundamento moral de una vida, ha concedido a explicarse ante los hombres por medio del lenguaje, la prosa, la historia de ficción. Y hasta ese mismo instante en que Quijote cabalgó por el campo de Montiel, fue a la poesía que le tocó expresar la verdad más íntima, la más intrínseca condición del ser.
¿Cuál es entonces el ser de Don Quijote? Aquel que pueda enunciar su más profunda e intransferible
verdad. Su ser lo encuentra únicamente en la vida y en la honestidad de la prosa de Cervantes, él es quien le entrega su mejor palabra y lo coloca en una geografía que, sin dejar de ser la de la polvorienta España de principios del siglo XVII, es la geografía imposible, insustancial, de las novelas de caballería, de personajes como Amadís de Gaula, Tirante el Blanco: la del caballero que va afanoso en busca de su virtud, que como su ser sólo se puede encontrar localizada en algún remoto y exótico lugar de la existencia.
Cervantes intentará allí paradójicamente su mejor escritura, compuesta de sucesivas máscaras, diversas
interpolaciones, continuos juegos al escondite con el lector; personajes que mienten y se burlan y una
Dulcinea que jamás aparece y que sin embargo se hace omnipresente en cada comentario, en cada acento
altisonante del caballero, en cada requiebro, en cada burla sufrida, en cada escarnio: Dulcinea la
escurridiza, Dulcinea la porqueriza, Dulcinea del Toboso, la grande. Don Quijote asume así, sin miedo y
sin mancha, el terrible juego de la parodia, toda la fragilidad ontológica, abisal, del tipo de literatura
que empieza a nacer con él, de mano de diversos textos y de distintos autores. Porque es la época en su
conjunto la que interpreta, posee, entrega, como un ejercicio de espadas, el modo melifluo de hablar del
melodrama (antes y después de Cervantes) puesto a ratos en boca del más casto y contradictorio personaje de ficción que jamás haya existido, el cual deviene paradójicamente en actualidad literaria, en comentario periodístico, en disputa. Y don Quijote concibe a Dulcinea como "el ideal", pero menciona a su amada del mismo modo en que serán mencionadas las majas del teatro vernáculo, las hermosas voces femeninas, dolientes y sin par, protagonistas de la novela del aire. De esta manera Quijote transita entre nosotros, y por toda la Modernidad, en medio del alborotado transito que va de la tragedia a la tragicomedia, al melo.
¿Finge, mistifica, sobreactúa don Quijote? Desde luego. Crea para ello el autor retablos, decorados,
galerías, pone en boca de otros lo que jamás él hubiese dicho y convierte su obra en un gran
divertimento en el que a suspiros y golpes sobrevive la esforzada ánima de Quijote, pero al terminar es su propia alma la que queda agotada y vencida. Ha conjurado allí a los demonios de sus sueños, a la
fanfarria y mentira del mundo, a los grandes falsarios de la moral. Y es que el autor se sabe culpable por haber escrito un drama en el que se dibuja en ciernes el grotesco perfil de la tragedia moderna: No hemos sabido ser honestos, pues no hemos mantenido la necesaria identidad entre nuestras palabras y la vida.
Es mejor entonces fingir o creer que se finge; mistificar, sobreactuar, creyéndonos lo opuesto. Ese
es el único consuelo del artista moderno. Ningún personaje de la literatura universal ha encarnado con
tanta amargura este brutal desconcierto; ese juego estrafalario de identidades; esa fatal asimetría entre literatura y condición humana. Quien único se acerca al Quijote, en la fuerza vacua de su dormida
existencia, es el príncipe Segismundo, el de "La vida es sueño". Pero Segismundo no nos hace reír, no
provoca tampoco nuestras burlas. No es suficientemente patético, por eso es menos grande. Con don Quijote se alza y muere la parodia y queda entre nosotros su hermana menor, el melodrama.
¿Estaba loco don Quijote? Hay algo que los teólogos llamaban "la locura de Dios" que es, según ese
razonamiento, principio y fundamento del mundo. Hay una mañana horrible que el poeta Rimbaud encontró en su adolescencia y el poeta Federico Hôlderlin en su ancianidad. Creíamos que podíamos quedar intactos luego de haber zaherido al mundo mediante el escarnio y la ironía. No es posible.
El escritor "británico" Cabrera Infante se refiere literariamente a esa misma mañana, como una noche
novelística, infernal creada artificialmente en la sala del cinematógrafo, en la que el protagonista se
hunde inesperadamente en la honda sima de la vagina de su tan desconocida como silente compañera de luneta.
El escritor de origen cubano Guillermo Cabrera Infante, con su obra construida mediante la sorna, la
ironía y sucesivas adiciones de elementos literarios y extraliterarios, lo que hace es advertirnos de los
peligros reales que nos amenazan desde la escritura, que no son otros que los pecados cometidos en la
región de lo imaginario. El del hombre que, como el personaje de Quijote, representa a conciencia,
mediante la palabra, un drama que no es el suyo. No le está permitido hacer otra cosa. Una escritura incluso en la que el plagio disputa la autoría. Una literatura, de este autor, edificada como supremo don
moderno de la re - creación, hecha, por tanto, a retazos, poniendo el proceso de creación a la vista de
todos, exponiendo al lector a las zancadillas del público espectador y elaborada como un gran collage
donde se inserta el comentario periodístico; el sueño por el premio mayor de la lotería; la apoteosis del
género vernáculo cubano encontrado una tarde cualquiera en el obsceno teatro Shangay. El
trabalenguas en español, el gusto por la cacofonía (más difícil de lograr en español que en inglés) y una
cita impostergable con un "tigre" en el "cabaret" Monseñor. Y es por esos vericuetos donde la parodia
cubana cumple su mejor función no siempre alusiva, puramente representativa, esencialmente elusiva.
Un ejemplo mayor de ambigüedad e indefinición lo podemos encontrar en "La Odisea" de Homero: nunca
sabremos si el astuto Odiseo miente o no cuando narra, en distintos escenarios del poema, su fantástico
periplo marino. Es que en gran medida "La Odisea" es narrada, ante oyentes, por su personaje principal.
¿Será la muy bien establecida y literariamente remarcada astucia de Odiseo, bifurcada alusión a la
esgrimida por el propio autor, que nos dejará su añagaza perfectamente inserta en la más alta
tradición, que nos haría comprender la literatura como cuestión de astucia?  Las complejas relaciones
desarrolladas siglos después por Cervantes entre su principal personaje y la literatura se vuelven, desde ese entonces, eminente asiento sobre el cual se desliza todo el discurso literario moderno. Y es que hay una raíz existencial, portadora de un código de ambigüedad fundamental, que está destinada a
desorientar al lector en torno a la  identidad de la voz narrativa que posee toda trama.
Los hombres mienten, sobre esa concreta circunstancia antropológica que complejiza enormemente las
relaciones entre el pensamiento y la vida, entre naturaleza y lenguaje, es que se hace no sólo posible,
sino imaginable, edificable, la existencia en cuanto tales de la literatura y el arte.
El infierno, al que alude Cabrera Infante en la traducción, en la transliteración que él mismo hiciera
de la mencionada novela al idioma inglés ("Infante's Inferno") deviene así, fiel al progresivo juego
moderno de la ambigüedad, en la edad del hombre sin nombre. Del paradójico hombre paródico. Y es que la angustia existencial de Cervantes y la constante extemporaneidad de Quijote, asumidas desde un
horizonte eminentemente histórico, permiten comprender mejor el significado socio - cultural de la parodia.
La parodia en el Quijote, en Cabrera Infante, es la parodia de lo que acaso ha sido siempre la historia
ejecutada por los hombres: un juego real de falsificaciones. Porque el dramático personaje de
Cervantes es quien denuncia, sublimemente encaramado en el tablado de la farsa, a todo el imaginario
escénico en su conjunto, a cualquier gesto, literario e histórico, no auténticamente humano.
Cualquier nivel de ambigüedad humana reclama para sí su propio infierno. La inmersión del escritor -
personaje, en el momento clímax de "La Habana para un infante difunto", en las aguas lúgubres de una vagina presupone un ritual de ahogamiento; un fatal descendimiento al ojo de la tempestad. Por  su parte,
la aventura de "La cueva de Montesinos", uno de los pasajes menos esclarecidos de la novela cervantina,
donde Quijote desciende y cuenta después haber encontrado allí a una hambrienta Dulcinea que lo que
hace es pedirle al caballero una hogaza de pan, parece relatar el clímax al que conducen la prosa y el
realismo innegociable de Cervantes. Tal vez sea cierto lo que sobre esto apunta Mirta Aguirre, significativa hispanista y marxista cubana, España como Dulcinea están hambrientas, más que héroes que mueran por ellas necesitan agricultores que satisfagan sus necesidades básicas. Pero sin embargo, este prosaísmo de la interpretación alegórica no implica la cancelación de la poética del Quijote. Dulcinea transfiere su condición de princesa cristiana a mito pagano: ella es ahora Proserpina, la esposa infiel de la noche plutónica, que le señala al caballero, que ha descendido al averno en su auxilio, la futura espiral
de las germinaciones; los próximos festivales áticos en la época de la cosecha del trigo.
Don Quijote fue un personaje que caminaba infatigable en busca de su autor, del mismo modo que la existencia padece por la carencia del ser. Un personaje que camina hacia el hondón donde acechan los enormes peligros que rondan al ser en su aventura: La desrealización, la nausea, el vértigo, el olvido, el
emborronamiento  de la existencia, enclaustramiento, secuestro de la identidad en el castillo de marfil
donde el oscuro autor fue alguna vez llamado a realizar "toda la patencia de su verdad". No hay por
tanto ejemplos que por sus contenidos parezcan diferir más que el de la obscura inmersión, propuesta por Cabrera Infante, en las aguas albañales de una Habana, entendida como una mujer desconocida y lacustre, y la noche pasada por Alonso Quijano en la húmeda alcoba interior de su amada. La cueva de Montesinos no es una evocación del infierno es, según Unamuno, el descenso a los orígenes de la sangre y de la raza, pero para mí es mucho más simple: La inmersión del Quijote se nos vuelve en el rito de los desposorios más arcanos; esa noche Don Quijote copuló con Dulcinea de la única manera en que pueden copular los símbolos; simbólicamente. Ya lo he dicho: El pasaje de Montesinos relata el viaje alegórico de una noche del caballero a la caverna interior de Dulcinea. A don Quijote no le ha sido dado conocer la fiebre de la concupiscencia; su amor y su pasión son esencialmente paulinas.
Por su parte, la aventura infernal de Cabrera Infante sólo puede conducir a la noche de la locura, porque para el individuo moderno, hijo infeliz de la parodia, lo real se desrealiza mientras lo irreal deviene en fantasma que asola inclemente el paso de los hombres.
Cuestión que nos hace ver, exponiéndose nítidamente a la luz del campo de Montiel, que los dos niveles de exposición discursiva del Quijote, el de la prosa amena de Cervantes y el engolado estilo puesto
coyunturalmente en boca de su principal personaje, desde el cual el caballero cuenta su particular visión
de los hechos, no solamente componen parte de la estructura narrativa de la novela y de las
concepciones literarias que en ella toman forma, sino que expresan dos focos básicos de la estructura de la existencia humana, sobre las cuales la narración entera depende. Uno es puramente ficcional, el otro,
en cambio, se vuelve revelación esencial del sentir  y el ser de esa gran persona que fue sin dudas
Cervantes. Y si bien es cierto que don Quijote jamás existió ni puede llegar a existir, y que, por ende, la
existencia del caballero a la que aludimos es puramente simbólica, no por eso, ese tipo de existencia deja de contener innumerables aristas y pliegues que implican contenidos reales.
Pienso que todavía continúa siendo un misterio la razón de por qué los hombres fabulan. Si partiéramos
del criterio que el complejo proceso de la trascripción de textos es parte de un fenómeno
histórico, sobre el cual fue estableciéndose un modo en particular de construir el pensamiento y la
literatura, tendríamos que llegar con eso a la certidumbre de que aquello que nombramos tarea
fabulativa, ejercida por la especie humana desde milenios, está directamente supeditada a la realidad
histórica de la transliteración. Es decir, al montaje y yuxtaposición heterogénea de módulos que componen el proceso de creación, la edificación de una escritura en particular donde se logra el acoplamiento de diversas fuentes culturales y textos de la más disímil condición.
"El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" contiene un modo  definido de relacionarse con los
grandes textos de la tradición literaria. El poeta y pensador cubano José Lezama Lima dijo en una ocasión que los grandes escritores poseen la capacidad de generar su propia tradición; una manera en específico de relacionarse con el pasado eminentemente creadora.
Eso que hoy llamamos el realismo de Cervantes se sitúa, en principio, como una crítica a las novelas de
caballería que devinieron en parodia del viejo pasado medieval; género literario extemporáneo pues alcanza su desarrollo cuando la auténtica caballería andante tiene siglos de estar desaparecida de Europa y de la propia España. Cervantes convoca a su personaje a moverse dentro de los límites de una parodia en la que se trasluce su propia tragedia: ya el mundo no es el mismo, los grandes arcontes del pasado medieval han sido movidos de sitio, la caballería no puede volver a nacer si no es de manos de un loco, de un poeta que penetre, en su disloque, la esencia de su tiempo e intuya la llegada de nuevos valores, un modo diferente de entender las relaciones del hombre con la realidad por un lado grosera y por el otro sublime; "ese doble espacio, apunta perspicaz el poeta Antonio Machado, real e imaginario." en que están destinadas a existir las figuras que pueblan el Quijote.
Mientras tanto Cabrera Infante refleja en su obra formas básicas de composición  literaria en las que el ejercicio de fabulación no ha sido ajeno al propio menester histórico en el que se ha venido
desarrollando, durante siglos, la actividad cultural en Occidente. Fingir, dramatizar, sobreactuar, seudo
intelectualizar como lo hiciera Violeta del Valle, personaje fundamental de "La Habana para un infante
difunto", conforman un excelente correlato con la parodia. Aunque cabe enfatizar que a Don Quijote y a Cervantes no los venció la parodia, los venció la tristeza.
Violeta del Valle, la muchacha de nombre apócrifo, llegada de provincias con afán de ser actriz radial
queda inserta, merced a la obra de Cabrera Infante, en un significativo renglón de nuestra propia aventura nacional. Hay algo en el juego de los nombres que acerca a Dulcinea a Violeta, pero hay un contenido sustancial que las aleja, del mismo modo que la irrealidad acecha en los entresijos de lo cotidiano.
Lo curioso para los lectores de Cervantes, es que Dulcinea jamás aparece en la obra señalada, ella es
allí la siempre omitida, la eterna aludida. Violeta, en cambio, carece de omisiones y hace del acto de
imitar el sentido de su existencia, del mismo modo que Quijote busca en la imitación un nuevo sentido, una rara claridad que socave "la negra noche del ser".
La parodia nunca podrá ser sublime, sin embargo, hay algo en el Quijote, aceptando aun todo lo anterior,
que lo es de un modo formidable. El fin de lo sublime en literatura no sólo evoca la muerte cultural del
hombre trágico, sino que señala el gran dilema en ciernes de la Modernidad. Porque contradictoriamente
no hay mayor tragedia que "la muerte trágica"; no hay mayor percance que el fin del mundo del significado, de los valores que ya no se corresponden; no hay mayor hundimiento que el de nuestra consciencia en el género formal de la parodia.
La literatura moderna comprendida como contraproyecto cultural de la vida original y la espontaneidad de la naturaleza, como falsificación humana de la palabra, le debe mucho más a la parodia que a cualquier otro género alguna vez inventado. Pero la muerte de Don Quijote no señala el triunfo eventual de lo paródico, es, por el contrario, el perceptible síntoma crítico de que hay algo en la realidad de las cosas, denunciado admirablemente en la prosa de Cervantes, que trasluce un sentido mucho más profundo de la existencia humana. Y hay obras como la de Cabrera Infante que, a pesar de haber interactuado con cuestiones básicas de la vida y la cultura, solamente son capaces de rondar en la periferia el sentido y el valor sustancial de eso que llamamos ser. Es que hay algo insustancial que rige a toda parodia y algo
egregio y esencial que rige a todo hombre dolorosamente implicado en el reflejo paródico de su
propia existencia, como un gesto único, ejemplar que se resiste a fingir, a imitar, a reproducir.
Tratando de ser fiel al realismo de Cervantes debo expresar lo siguiente: es cierto que Don Quijote
imita, sobreactúa mientras trata de captar armonías, intuir nuevos órdenes en el cielo y sobre la tierra, y es que él se concibe a sí mismo como heredero de antiguas verdades y por eso diserta, intelectualiza,
mas es sólo a la hora de la muerte que se nos vuelve completamente auténtico y sencillo. Nunca antes. No
hay en todo su anterior periplo un gesto del caballero que haya sido espontáneo. Tal es su tragedia. Y si
bien es también cierto que Quijote no habita el infierno de la concupiscencia, debemos entender que el
personaje ha apurado de un sólo trago el infierno todavía más terrible de la irrealidad. Pero aun
aceptando esto en desmedro del caballero, deberíamos comprender que don Quijote es el héroe a quien su propio juicio le ha asignado imperativamente una tarea. Y un hombre a quien se le asigna un rol ante el
resto de los hombres no puede permitirse la debilidad de ser espontáneo.
Por eso es que aquí cuestiones literariamente recurrentes como tensión dramática, estilo,
sobreactuación, se disparan hacia límites completamente opuestos. Cervantes inició con su
Quijote un estudio sobre la condición humana valorada en múltiples aristas que abrió espacio a la parodia; a la conciencia ambigua de representar un drama muy viejo (el de la vida misma); a la ambigüedad de la existencia doblada hacia su propio decir, fragmentada en sus modos de aparecer ante el resto de los hombres; un modo específico de formalizar las ideas, los contratos, los empeños.
Dice sin embargo don Quijote en el Capítulo IX de la obra:
"(.) la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo
pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir".
Si la verdad como afirma Cervantes es hija de la historia, ¿podríamos, por nuestra parte, afirmar que
la crisis histórica que en la actualidad nos sacude debe culminar en el fracaso de la lucha existencial
que libra el escritor por su autenticidad? Porque, ¿qué es sino la parodia la forma elegida para
desnuclear al ser de su conciencia y amalgamar la existencia? ¿No es acaso el símbolo de un mago
(Frestón) que persigue a Quijote trastocando sus empresas, directa alusión cervantina de los desmanes
de la parodia cometidos inmisericordes en los predios de la existencia?
El papel que el caballero interpreta, al modo de una misión histórica asumida ante la España del siglo
XVII, tiene mucho de empeño político y está contenida, alzada, dentro de los marcos de su propia
representación y de su voluntad. Don Quijote no está loco, representa, fuerza, proyecta, aquello que él
quiere para España. Quien único ha sabido rescatar, desde el fondo de su imaginaria existencia, esta
sublime condición de Alonso Quijano, su cordura esencial, es Don Miguel de Unamuno. Muchos de los
intelectuales y académicos que ensalzan a Cervantes, lo hacen para defenestrar a Don Quijote, cuestionar su estilo engolado, el gesto iracundo estudiado en sus lecturas del gran Palmerin. E ignoran cuánta voluntad y talento representativo se debe poner en la balanza para levantar el pesado cuerpo y ponerlo a cabalgar siguiendo la romanza de los héroes de antaño.
La mañana en el campo de Montiel devela una verdad que puede llegar a ser histórica, una misión que cumplir y un lenguaje de doble perfil sobre el cual establecer el contrapunto entre ser y existencia, palabras y realidad, hechos y ficción. Mas don Quijote no es prisionero del lenguaje, lo es, en cambio, de su misión. Con su célebre personaje encarnando un anciano que luchó por restablecer en su patria de principios del siglo XVII, el lado gentil, sensitivo y justiciero de la antigua orden de caballería andante, Cervantes condujo la parodia hasta su punto límite y con ella a su hidalgo que se vio de esta manera envuelto en la peor de las lisas y en el mayor de los infortunios.
Jorge Luís Borges comentó en una ocasión, no es textual: Clásico no es el libro que tenga tales o más
cuales virtudes; clásico es el libro al que las generaciones de los hombres acuden con idéntico
fervor.
Si hoy el Quijote, fruto intrínseco de la Modernidad, se nos ofrece como un libro clásico es porque ha
sabido realizar las preguntas vitales y que, poniendo en entredicho, para empezar, a la condición humana no ha hecho si no enaltecerla. Por el contrario, cuando la fraternidad universal que porta el Quijote queda rota y el cielo especular de la naturaleza del hombre deja de ser inteligible para la razón, es que irrumpe la parodia como género propicio.
El consabido procedimiento paródico, como el viejo espíritu clásico, gustan respectivamente de establecer una relación de contrapunto con la historia, entendida como el espacio en que se expresa, en su más variada diversidad, el significado cultural de nuestra especie. Lo radicalmente diferente, es que lo clásico sabe operar como nervio fundamental de todo pensamiento devenido en agente develador de esencias y de realidades primordiales llamadas a constituir los vínculos originarios entre el mundo y su esencia, entre el artista, su conducta moral y su irrenunciable vocación; entre la aventura formal que posee la literatura y el contenido histórico de la misión del escritor.
 
 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 9 de marzo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Pablo Espada. Las poesías que leeremos pertenecen a María Elena Solórzano (México) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!

 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst,  Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44    A-5020 Salzburg    AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
 
 
 
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#150 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 14 de Feb, 2008 2:54 pm
Asunto: EDICIÓN FEBRERO
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Edición FEBRERO 2008
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La edición esta dedicada al escritor Antonio Dal Masetto. Quien cumple 70 años el 14 de febrero del 2008.
 
 
 
 
 
Acueducto*

 
Cuántas cosas se veían desde el acueducto. Era muy alto, una cinta clara en el cielo, sostenido por una doble hilera de columnas, y cruzaba el valle por encima de las copas de los árboles. Estaba cubierto por planchas de cemento y se lo podía usar como atajo para ir desde la salida del pueblo hasta la base de un cerro. Se ahorraba tiempo yendo por ahí, porque no había que bajar ni subir y se avanzaba siempre en línea recta. Se oía el agua correr bajo los pies.
El día que anduvimos con mi padre por aquel camino aéreo había mucho sol y se veían nítidas las cimas de las montañas. Yo caminaba bien por el medio, con los brazos abiertos, haciendo equilibrio. ¿Qué ancho tenía el acueducto? ¿Un metro? ¿Más de un metro? ¿Menos? Imposible establecerlo. La memoria está condicionada por el recuerdo del vértigo que me provocaba la altura.
Mirando de reojo, descubría abajo los nidos en las ramas, reconocía los sitios donde sabía que crecía el mejor musgo para el pesebre de Navidad, cada pozo de agua profunda en el río correntoso donde iba a pescar, la casa de un pariente, la de un amigo, campanarios, alguna silueta de hombre o mujer en el camino de la otra orilla. Se veían muchas cosas y sin duda aquel paseo hubiese sido un gran placer si el vértigo no me hubiese impedido disfrutar.
Mi padre me precedía. Una mochila vacía le colgaba del hombro. No se daba vuelta. Llevaba las manos en los bolsillos. De tanto en tanto, sin detenerse, giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro para seguir el vuelo de un pájaro. Tal vez silbara. Íbamos a buscar hongos y a recoger castañas en los bosques.
Yo, unos metros atrás, miraba su espalda y me preguntaba: ¿cómo hace para moverse tan tranquilo acá arriba y con las manos en los bolsillos? ¿cómo hace para caminar sin hacer equilibrio? ¿cómo hace? Y así lo seguía en aquel aire puro, alto sobre el valle, siempre con mis brazos abiertos, cuidadoso, tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos.


* de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias" Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002.
 
 
 
*
 
Más adelante, mientras bajaba, me detuve frente a una carpintería. Detrás del cerco de madera, entre las pilas de tablones, se movían hombres y máquinas. El aserrín y el ruido llenaban el aire. Recordé que ese olor y ese oficio habían alimentado mi imaginación en un tiempo, hacía mucho. Aquel deseo seguía conservando su peso, se me revelaba ahora como una cicatriz y me gustó poder recorrerla, tantearla nuevamente bajo la capa de los años. Me sentí llevado a otra calle, bajo unas moreras, a la penumbra de otro taller visto a través de la ventana enrejada. Eran los mismos hombres silenciosos, seguros, atentos solamente a la marcha de su trabajo. Un viejo, desde adentro, me gritó si buscaba algo. Hice señas que no, pero no me moví. Seguí aferrado a ese rumor y ese perfume. Para mí eran como una base, imágenes
ciertas, cosas que habían significado algo en mi vida. Me apoyé en esa seguridad y dejé que pasaran los minutos. Cuando me fui, durante un rato me acompañó el canto de la sierra. Después también ella se disolvió en ese aire demasiado puro. Giré la cabeza y el taller había desaparecido entre los árboles. Pensé: No está más. Y era igual que si se hubiese ido en el tiempo.
Me senté al costado del camino, frente a las montañas. Pasaron mujeres, grupos de chicos. Oía el sonido de las voces, pero no entendía las palabras.
Era como si hablasen un idioma extranjero. Cerré los ojos una vez más y traté de preguntarme quién era yo, qué hacía, qué esperaba. Pero no encontré más que una luminosidad vacía, una confusión en reposo.
En todo el tiempo que permanecí allí no hice otra cosa que recordar aquella última visita a la casa de mis padres. Estaba parado en la quinta, mirando las gallinas, los árboles frutales quemados por la helada, el muro de ladrillos, la enredadera, los almácigos, la casa marcada de pequeños trabajos, de preocupaciones diarias, la huella de todo eso en la tierra, en las ramas, en las paredes. Y me preguntaba cómo recordaría esas cosas en un tiempo, un año, dos. Qué quedaría en mí y qué lograría conservar sino un
recuerdo vago, una idea, casi nada. Me pregunté de qué me valía la conciencia que tenía en ese momento de todo eso. Recordaría tal vez un jardín donde había tenido conciencia, donde había intentado tener
conciencia. Y ese día se confundiría con otros anteriores, ese cielo con otros, las ideas de entonces se borrarían, yo sólo retendría la vaga sensación de haber estado allí, frente a las gallinas, a los gorriones. Me pasé horas sentado en el patio, sin moverme, sabiendo que no serviría de nada. Y aquella noche jugué a las cartas con mi padre. Tampoco esa vez hablamos, nunca hablábamos. Nos comunicábamos a través de cosas como ésa. A él le gustaba jugar conmigo. Era una forma de tenerme cerca, de recuperarme.
Estaba atento a su juego, ponía empeño. Yo lo miraba, trataba de grabarme esa imagen como por la tarde había tratado de grabarme la imagen del jardín.
Tenía todavía presente la forma temerosa en que el día anterior, al volver a verme después de cuatro meses, me había puesto la mano sobre el hombro y me había golpeado tres, cuatro veces, toscamente, como si no supiese qué hacer, como si no encontrase la forma de exteriorizar su alegría y de tocarme. Me pregunté si no sería ésa la última vez que nos veíamos. Y aun siendo así sabía que no hubiese encontrado qué decirle. Miraba su cabeza, miraba mis cartas. Mi padre me decía: "Dale, te toca a vos". Mi madre estaba en la cocina, lavando los platos de la cena. Afuera, del otro lado, había cosas que conocía. El silencio, los perros, las calles arboladas, los faroles, un pueblo donde había pasado parte de mi infancia y no había sido feliz. Mi padre repetía: "Dale". Yo me preguntaba: ¿Cuántas veces volveremos a vernos todavía? Advertía lo distante que estuve de ellos desde que me había escapado de esa casa, la resignación con que habían aceptado esa realidad, el silencio que había reinado entre nosotros durante todos esos años, la alegría furtiva que traían mis visitas, empañadas también ellas por la sombra de mi próxima partida. Miraba las paredes que, de vez en cuando, entre un viaje y otro, encontraba de color diferente. el retrato de casamiento de mis padres, el paisaje marino que yo había pintado a los trece años, los cuadritos que mi hermana se encargaba de comprar y que a veces renovaba, la heladera, una adquisición bastante reciente, el baño azulejado, con pileta nueva, la ampliación del corredor hacia el jardín. Todas cosas que habían ocurrido sin que me enterara, que significaban cambios, tal vez luchas, preocupaciones, discusiones. Hacía años que estaba ausente, no sabía nada de esa casa. Mi padre se impacientaba: "Y dale". Yo dejaba caer las cartas al azar, fingiendo lamentar las malas jugadas. Hubiese querido tener cosas que decir, hubiese querido recuperar todo ese tiempo. Desde la cocina mi madre preguntaba si queríamos café. ¿Se dirigía a mí? Tenía la sensación de que no era conmigo con quien estaban jugando a las cartas, de que no era a mí a quien servían cuando me sentaba a la mesa, sino aquel otro que se había ido hacía tiempo y en cuya representación yo aparecía de vez en
cuando. Me sentí un extraño, un ladrón, y se me llenó la boca con gusto a muerte. Mi padre mezclaba las cartas, me empujaba a seguir, estaba contento.
Yo volvía a mirar esa mandíbulas fuertes, esa nariz tan igual a la mía. Me preguntaba: ¿Qué puedo hacer por él? ¿Trato de ganarle? ¿Lo dejo ganar? No se me ocurría otra cosa.

 
*de Antonio Dal Masetto.
-Fragmento del capítulo cinco de "Siete de Oro".  Editorial Planeta. edición de 1991.
 
 
 
 
 
Encuentro*

 
En un viaje reciente al pueblo donde viví de chico me detuve en una esquina, cerca de la estación de trenes, donde todavía resiste una vieja casa de ladrillos sin revoque y una vez más me vino a la cabeza el nombre de Borges.
En aquella época de mi adolescencia la casa era un almacén que funcionaba también como boliche y seguramente tenía unas piezas al fondo donde los paísanos podían alquilar una cama. Ahí, una tarde, mientras pasaba en mi bicicleta de reparto, vi salir a dos hombres y detenerse bajo el sol y sacar
sus cuchillos.
Yo acababa de llegar al pueblo desde otro continente. Había cruzado el océano en un barco de emigrantes y en nuestros bultos, entre las escasas pertenencias, había algunos libros de Emilio Salgari. Me pertenecían y habían llenado mi infancia de aventuras. Durante la travesía, yo sentía que
esas aventuras comenzaban a perfilarse como posibles y parado en la proa del barco soñaba con una América mítica y confusa donde se mezclaban los indios sioux, el México legendario, el Amazonas y los Andes. Es probable que, cuando llegamos, aquél pueblo chato me desilusionara un poco. Lo que
descubrí fueron silenciosos hombres de a caballo y que llevaban cuchillos en la cintura. El cuchillo era una herramienta de trabajo para los hombres de campo, pero también servía para dirimir oscuras reyertas en cualquier calle de las orillas del pueblo. Supe de muchas peleas y algunas habían alcanzado
estatura de leyenda.  Y aquella tarde vi mi propia pelea. Tal vez sentí que la aventura había llegado por fin a buscarme. También es posible que aquel enfrentamiento bajo el sol me haya parecido una ceremonia triste. En esos días apenas masticaba algunas palabras del nuevo idioma y hacía mi aprendizaje recorriendo las páginas de revistas viejas. Sé que una de las primeras historias que pude leer entera -o tal vez fue una de las primeras que me impresionó- trataba de dos hombres que se enfrentaban a cuchillo. El autor se llamaba Borges. Aquello que había visto meses antes en una esquina volvía a encontrarlo en las páginas de una revista o de un libro. Este acercamiento doble, mi experiencia por un lado y las palabras escritas por otro, ahora asociados, abrían una perspectiva nueva, le conferían al hecho una importancia que yo todavía no hubiese podido definir, pero cuya magia comenzaba a seducirme. Tal vez descubrí ahí, sin saberlo, la fascinante alquimia del traspaso de la realidad a la ficción, la realidad rescatada y perpetuada en la literatura. Después, mucho después, accedería a los libros de Borges y volvería a enfrentarme con otros rituales donde la violencia y un par de hojas afiladas eran los principales protagonistas. Y tal vez pude especular, igual que otros, con la inútil reflexión de que esa pasión por los cuchillos, que atraviesan tantas de sus páginas, no sea más que la manifestación nostálgica de un hombre condenado al hábito de las ideas; nostalgia por un mundo donde lo que importa es el riesgo y el coraje físico.
Descubriría tambíen que las historias de Borges no estaban hechas sólo de puñales y hombres que los esgrimían. Su literatura era mucho más que eso y me deslumbré con sus juegos, su humor, sus laberintos y su inteligencia.
Pero para mí, aquel hallazgo inicial siguío teniendo peso propio. El recuerdo de los dos hombres parados bajo el sol de una calle de mi adolescencia irían acompañados siempre por la fuerte resonancia del nombre de un escritor. Y me remitirían a él tanto o mucho más que las catedrales elaboradas por su prodigiosa fantasía. Estas cosas sentí en mi última visita al pueblo, parado frente a aquella vieja esquina. Volví a pensar que ahí había comenzado efectivamente una aventura y que esa aventura todavía me acompañaba. Pensé también que esa contraposición o esa alianza entre la barbarie del cuchillo y la delicadeza del pensamiento se convirtieron después en una imagen válida para definir la América que descubriría con el pasar del tiempo.
 
 
*de Antonio Dal Masetto.
 
 
 
 
 
Remolino*

 
Después de dieciséis horas de vuelo, dos trenes, un transbordador, el viajero regresa al pueblo donde nació y del que se fue siendo chico. Se instala en un hotel que en un tiempo fue un convento y de inmediato sale a recorrer. Camina lo que queda de ese día, camina al día siguiente. Pasa por la que había sido su casa, por la escuela, por la cancha de fútbol, por el cementerio. Cruza los puentes sobre los dos ríos que bordean el pueblo, busca sin encontrarla la represa donde iba a nadar. Demasiadas cosas
cambiaron, modificadas por la intervención de los hombres o por las traiciones de la memoria. Y aun aquellas que se conservan tal como las había fijado el recuerdo ya no le pertenecen. El viajero camina sin parar, desilusionado y extranjero. En algún momento se pregunta si todavía estará cierto patio empedrado, detrás de una pequeña iglesia, bajando hacia el lago. Ahí se reunía a jugar con los amigos después de la escuela. De ese patio, vaya a saber por qué, conservó la imagen de un ángulo formado por las paredes de dos casas, donde el viento se arremolinaba y arrastraba hojas secas, briznas de pasto, papeles. Recuerda en especial -otra curiosa selección de la memoria- los envoltorios de caramelos. En la mañana del tercer día se mete en una callecita en sombra que viborea entre construcciones antiguas, pasa bajo una arcada y ahí está, frente a él, el patio. Acá no advierte grandes cambios. Sólo le parece que las paredes estan más negras y que las puertas y las ventanas alrededor variaron de tamaño.
Avanza unos pasos cautelosos y entonces lo ve. En el rincón perdura el remolino. El viento arrastra hojas secas y papeles igual que antes. Después de haber deambulado por el pueblo sin encontrar nada que le permitiera identificarse, nada para abrazar, nada para poder decir "esto es mío, esto soy yo", el viajero acaba de oír una voz familiar llamarlo por su nombre.
Cierra los ojos para escucharla mejor, para que no se le pierda. Se abandona. Entonces piensa que desde el momento de su partida, la voz estuvo ahí, viva en el remolino, invocándolo, reiterando día tras día el conjuro para el regreso. Piensa que la voz perduró alimentada por un elemento tan inasible como el viento, se mantuvo gracias a la persistencia y a una forma de fidelidad del viento. Y el reclamo sin duda llegaba hasta él, en su ciudad del otro lado del océano, porque ésa, la del patio empedrado, era una
de las imágenes que volvían a la hora de recordar. Al viajero le gusta creer eso. Y permanece parado de cara al rincón, viendo desfilar su vida. Su vida transcurrida en otras partes del mundo, sometida a leyes de otros vientos.
Aunque ahora le parece saber que, anduviera por donde anduviere, siempre estuvo mirándose en ese espejo, atento a la voz del remolino inicial, intentando mantener vivas también él, en las pérdidas y en las turbulencias de sus años, tantas diminutas cosas desechadas.

 
*de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias". Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002.
 
 
 
 
 
Carta a mis hijos*

 
Este es el hogar que les toco, una pálida ciudad americana, una ciudad sometida a las modas, que les ha transmitido sus costumbres y sus histerias, que los ha saturado con sus músicas, sus pobrezas, sus tristezas, sus crímenes. Quiero que lo sepan: en sus venas hay otros soles y otras fiebres. Sus carnes no están amasadas solamente con olor a nafta y horizontes de cemento. Quiero que lo sepan porque tal vez algún día, cuando les toque hacerse la gran pregunta, esto pueda formar parte de sus respuestas. Recupero imágenes de un tiempo que no les pertenece. Pero seguramente las presencias que lo habitan estén tan vivas en la memoria de vuestras sangres como en la mía.
Hay una casa sobre el lago y un pedazo de tierra con hileras de vides. Vuestro abuelo cuida de esa viña. Llega la estación de la vendimia y lo miro cortar los racimos, transportar los canastos, pisar la uva en la cuba. En los días que siguen, en la penumbra del sótano, el olor del mosto es, para mí, olor a misterio.
Hay otra casa, en la montaña. En la tierra difícil vuestros han sembrado trigo. Los veo, encorvados, manejando la hoz y abriendo surcos en el trigal. Los haces son transportados en carro hasta el molino, en una aldea vecina. Allí se muele y se paga con parte de lo cosechado. Al atardecer vuelven trayendo las bolsas de harina con las que amasaran pan durante todo el año.
Estas son las dos imágenes que quiero rescatar. Una es oscura y subterránea: ese sótano y su fermentar secreto, su actividad viva detrás de la puerta cerrada. La otra esta llena de la luz de los trigales y el trabajo bajo el sol. Tal vez estos recuerdos no signifiquen nada y sean solo el reflejo melancólico de alguien que no se ha acostumbrado a las perdidas y al desarraigo. Pero insisto en creer que en esa luz y en esa sombra existe una enseñanza. No quiero sugerir que aquella fuese gente feliz. Eran tozudos y eran egoístas. Tuvieron hijos y defendieron lo suyo. Duraron. Alimentaban sus vidas con trabajo, con odios y alegrías, con pasiones fuertes y primitivas. Pero nunca con indiferencia, que es uno de nuestros males. Perpetuaban ceremonias que para nosotros perdieron sentido. Esperaban la hora de la cosecha seguros de que llegaría. Trabajaban para que el milagro se repitiese. Confiaban, y la tierra no los defraudaba. No se preguntaban por que. Dos guerras pasaron sobre sus casas. Ellos siguieron sembrando y cosechando.
Mas tarde, vuestros abuelos, trasplantados a tierra americana, seguían aferrados al ritual en los pocos metros de la casa en que vivían. Plantaban hortalizas y frutales, espiaban el devenir de las estaciones. Esos florecimientos y desarrollos parecían contribuir a darles una medida y una razón a sus vidas. Probablemente, para ellos lo importante no fuese la necesidad y el placer de la cosecha, sino la certeza de la cosecha. Sin saberlo, acataron mejor que nadie el papel que a todos nos ha tocado desempeñar.
El ejemplo de esa entrega, que es también elección, que es también participación, nos habla un lenguaje olvidado, pero que reconocemos.
Nos sugiere que quizá no seamos mas que intermediarios entre fuerzas que nos superan y un mundo que acepta y necesita nuestra colaboración. Que más allá de nosotros, de nuestra voluntad y conocimientos, existe una alianza entre las cosas, un pacto inalterable que es preciso secundar. Cada día trae su confusión, pero la meta es siempre la misma.
Nuestra tarea es el rescate. Lo perdido, lo oculto es nuestro objetivo. Hay en nosotros una memoria que no proviene solamente del pasado.
Ella nos indica el camino: poner orden en lo invisible. Las herramientas, los elementos de trabajo, igual que la pala y la zapa, están de este lado. Energía, lucidez y paciencia son nuestras cartas de triunfo. Pero también impaciencia, desorden, pasión. Y delicadeza, que es privilegio de la fuerza. Si todo esta en todo, entonces siempre hemos estado cerca de lo que buscamos. Cada día, cada hora, la realidad nos esta repitiendo el mismo estribillo. No hay pistas falsas. En todas partes hay señales y conclusiones. Será necesario recorrer esos senderos para llegar a descubrir lo que en ultima instancia sabíamos desde el principio.
Aquella luz y aquella sombra no son solo partes opuestas y complementarias de una misma esfera. Son también un espejo de nuestra condición. No nos queda mas que confiar en que la tarea visible proyecte sus frutos en lo invisible. ¿ Que es el vino sino agua que contiene fuego? ¿ Que es el pan sino tierra que levito?


*de Antonio Dal Masetto
 
 
 
 
Conversación*

 
Es agradable recorrer el pueblo vacío en la hora anónima de la siesta, llegar hasta la ruta y seguir pedaleando parejo como quien tiene un destino preciso. No hay tránsito en esta ruta, a los costados sólo campo y campo, y la luz se devora todo. Nace una figura allá adelante, desdibujada primero, más precisa después: otro ciclista. Avanza y se detiene cuando estamos a punto de cruzarnos, me detengo también, hay un saludo y hablamos un poco, cada cual sobre su bicicleta, un pie en el suelo y otro en el pedal.
-Es raro encontrar a alguien pedaleando en este camino- dice el desconocido.
-Es cierto, hace rato que vengo andando y no he visto a nadie- digo.
-¿Sale seguido a pedalear?
- No muy seguido, casi nunca en realidad.
-Los primeros quince minutos son los más duros, después la bicicleta va sola.
-Entonces hace por lo menos sesenta minutos que estoy en los primeros quince minutos.
-¿Se dirige a alguna parte en especial?
-Solamente pedaleo.
-Eso es bueno. Pedaleando se descubren cosas. Uno llega silenciosamente y toma las cosas por sorpresa.
-Algo de eso percibí.
-No quisiera parecer pretencioso, pero andar por la ruta en bicicleta es una forma de sorprender el mundo.
-Es una buena definición.
-¿Cómo describiría todo esto?
-Es muy grande y hay mucha quietud.
-¿Le gusta la palabra quietud?
-Me gustan todas las palabras.
-¿Vio muchas cosas pedaleando?
-Vi insectos. Vi nubes de mariposas amarillas y negras, y también una blanca, voló delante de mi bicicleta durante un trecho largo y era como si me guiara. También vi una mariposa muerta sobre el asfalto. Evité pisarla con la rueda.
-¿Qué más vio?
-Vi un animalito bastante grande parado al borde del camino. Yo avanzaba hacia él y el animal no se movía. Me esperó hasta que estuve bien cerca, a un par de metros, recién entonces me miró y se fue.
-¿Dice que lo esperó? ¿Está seguro que lo esperó?
-Me dio toda la impresión.
-A esta hora hay mucho silencio, pero si uno presta atención también hay muchos sonidos.
-Tiene razón, hay muchos sonidos en el silencio.
-Al principio son difíciles de captar, uno ni se da cuenta, hasta que empieza a detectarlos y entonces es como un tejido uniforme de sonidos rodeándolo, sonidos lejanos y tenues, son miles.
-Hay pájaros.
-Cantidades de pájaros, una red de trinos en sordina.
-Me pregunto si no serán todos esos sonidos los que hacen el silencio.
-Es la luz la que hace el silencio. Los pájaros se esconden en la luz. La luz esconde todo.
-Empiezo a darme cuenta.
-También hay voces en el silencio, susurros. Dicen que es el lenguaje de las almas de los muertos.
-No sabría identificarlas. Nunca me tocó escuchar las voces de las almas de los muertos.
-Debería prestar atención.
-A veces pasa un coche y el silencio se rompe.
-Cuando el coche pasa junto a uno es como un chocar de agua y después es como un agua que se aleja. También el coche sirve para evidenciar el silencio y los sonidos que se esconden en el silencio.
-Cuando la ruta cruza a través de una arboleda todo cambia.
-Meterse entre árboles es igual que zambullirse en la frescura de un arroyo y buscar el fondo. Hay otros sonidos y otro silencio.
-Venía pensando en esas experiencias, pero todavía no había conseguido ponerles palabras. ¿Usted va a alguna parte en especial?
-¿Ve aquella masa de árboles azules que tienen forma de ballena?
-La veo.
-Me propongo llegar hasta ahí.
-¿Y después?
-Después elijo otra meta. Y después otra. Y sigo.
-¿Hasta cuándo?
-La ruta no se acaba nunca.
Nos despedimos y cada uno se va por su lado. Cuando encaro por la ruta vacía y vibrante de luz elijo también yo mi próxima meta: un árbol solitario, muy lejos, muy alto, muy fino, y con la cima curvada como un anzuelo o un signo de interrogación.

*de Antonio Dal Masetto.
 
 
 
 
 
 
Hitler*
 
 
Revisando papeles viejos encontré un recorte de un aviso publicitario de un diario brasilero. Seguramente es de los años 1959, 1960, cuando hice mis primeros viajes a Brasil. El aviso es de Eurailpass. Vale la pena una descripción rápida.
Hay una foto de Hitler con las manos extendidas frente a él, manos que podrían sugerir dos garras. Debajo de la foto, con letras grandes, la siguiente sugerencia: VAYA A EUROPA AHORA, ANTES QUE APAREZCA OTRO.
Luego, con letra pequeña, las ventajas de viajar con Eurailpass y, turista feliz, convertir en propio el sueño de conquista de ese hombre.
Más allá de lo que podríamos definir como dudoso humor negro e igualmente dudosa eficacia publicitaria, el aviso de Eurailpass nos remite sin embargo a una realidad que la historia del mundo nos ha enseñado largamente. La amenaza de ese "otro", la posibilidad de aparición de ese "otro" siempre
estuvo presente, y seguramente seguirá acechando y creciendo acá y allá, en cualquier parte del planeta, como hongo venenoso. ¿Qué tipo de aviso publicaría Eurailpass en estos días que corren?
En este momento, las manos que pretenden extender su sombra depredadora y asesina sobre el mundo, ese nuevo "otro", no apareció en Europa, sino de este lado del océano, en los Estados Unidos de Norteamérica, y su nombre es George W. Bush.
En Europa cuenta con algunos aliados.
La Italia de Silvio Berlusconi (si uno habla con italianos parecería que todos concordaran en que Berlusconi es un delincuente, y lo votaron).
La España de José María Aznar (si uno habla con españoles parecería que todos concordaran en que Aznar es un zopenco pusilánime que tiene un gran aire de familia con nuestro De la Rúa, pero ahí están aguantándoselo).
Y por supuesto Inglaterra, maestra de exterminios, campeona de atrocidades en todas las latitudes.
Cuando en estos días resuena la palabra guerra me viene a la memoria un poema de Salvatore Quasimodo, escrito al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La última parte del poema dice así:
".... Y ahora/ que habéis ocultado los cañones entre las magnolias,/ dejadnos un día sin armas sobre la hierba/ al susurro del agua en movimiento,/ de las hojas de caña frescas en el pelo,/ mientras
abrazamos a la mujer que nos ama./ Que no suene de pronto sin ser noche/ el toque de queda. Un día, un solo/ día para nosotros, oh amos de la tierra,/ antes que vibren otra vez el aire y el hierro/ y una esquirla nos queme en plena frente".
Hijos de una civilización que no cesa de destruirse a sí misma, de masacrar, de acumular dolor sobre dolor, podemos entender, podemos compartir, esta suerte de melancólico ruego de Quasimodo
 -maravilloso poeta-. Pero la dignidad, los derechos, la indignación de mujeres y hombres del mundo
imponen una postura diferente. No se puede, no se debe esperar calladamente la hora de la esquirla en la frente. Hay que oponérsele. Ahora. Decir que no. Que no.

 
*Por Antonio Dal Masetto.
Fuente Página/12. (febrero del 2003)
 
 
 
 
Sueño*

 
Nos juntamos en el bar para una charla amable y, tarde o temprano, inevitablemente terminamos hablando de los malvados. Cómo se hace para parar a los malvados, nos preguntamos. Siempre son cómplices de la policía o son policías, son cómplices de los políticos o son políticos, son cómplices de
los jueces o son jueces. Estamos atrapados. ¿Habrá que acudir a la Policía Montada de Canadá, a los jueces de Islandia, a los institutos de rehabilitación de delincuentes de Suecia?
Hay una paisano acodado en la barra que se está tomando una ginebra y pide la palabra. Cuenta que viene de un pueblo perdido en el Chaco. Gente trabajadora y solidaria. Hasta que un día, entre ellos, por esas cosas del destino, surgieron cuatro chorros.
-Cuatro auténticos malvados, como dicen ustedes. Los tipos se robaban parte de las cosechas, saqueaban el molino colectivo, se metían en las casas a rapiñar de noche.
Estaban enquistados en nuestra comunidad y no podíamos sacarlos de ninguna manera. La policía se encontraba a 300 kilómetros de  distancia, el juez lo mismo. También nosotros, como ustedes, estábamos atrapados.
-¿Pudieron resolverlo?
-Lo conseguimos gracias a la voluntad colectiva. Según nuestra humilde experiencia, cuando la voluntad colectiva entra a funcionar de verdad, es imbatible.
-Un poco más de precisión, por favor, paisano, que acá andamos con algunas necesidades urgentes.
-Resulta que un día, el más viejo de nosotros, hombre de más de cien años, nos contó que mientras dormía una voz le había sugerido que la gente del pueblo se reuniera y, siempre soñando, juzgara a los malvados por sus fechorías.
-¿Soñando?
-Tal cual. El anciano nos pidió que esa la noche nos fuéramos a dormir y todos soñáramos lo mismo. Así lo hicimos.
-¿Para el juicio?
-Sí.
-¿Y los malvados?
-Cuando se enteraron de lo que se les venía, hicieron todo lo posible para no dormirse, pero finalmente los venció el sueño.
-Por lo tanto, en el juicio estaban todos.
-Grandes y chicos. Fue un juicio muy animado, con jueces, acusadores, defensores y un gran jurado integrado por el pueblo entero. La defensa fue inteligente y apasionada. La acusación, implacable y precisa. El jurado deliberó y los malvados fueron encontrados culpables. Los jueces dictaron la
sentencia.
-¿Y qué pasó?
-Inmediatamente los sentenciados se despertaron en sus casas, apoyaron el brazo derecho sobre un tronco y se cortaron de un certero hachazo la mano que había robado.
Los aullidos que sacudieron y arrancaron a los habitantes de todo el pueblo del sueño confirmaron que la sentencia se había cumplido. Y que la voluntad colectiva se había impuesto.
-¿Y después?
-Desde entonces, los cuatro mancos andan por el pueblo arreglándoselas con una mano sola y sirviendo de ejemplo de lo que no se debe hacer.
-¿Hubo mancos nuevos en el pueblo?
-Nunca más.
Ahora en el bar reina el silencio. Nadie habla. Durante un rato sólo hay intercambios de miradas. Después, uno bosteza. Otro también. Todos bostezamos largamente.
-Me agarró un poco de sueño -dice uno. -A mí me agarró una modorra terrible y además unas ganas bárbaras de soñarme algo interesante -dice otro.
-Yo también me estoy durmiendo y quisiera tener un lindo  sueñito de esos que te dejan el corazón tranquilo.
-Ya veo que estamos todos en la misma -dice el Gallego-, así que voy a poner un cartel en la puerta: "No molestar, gente soñando".

Todos cruzamos los brazos sobre las mesas, apoyamos la cabeza, cerramos los ojos y nos dedicamos a hacer noni noni.
 
 
*de Antonio Dal Masetto.
 
 
 
 
Anna*

El hombre ha salido a caminar sin dirección, fuma y sus pasos y sus divagaciones lo llevan lejos. Nubes fugitivas en el cielo nocturno, temblor de luna, tibios reflejos de faroles en las calles empedradas, árboles podados, ramas apiladas sobre las veredas y, al doblar una esquina, una figura parada en la mitad de cuadra, un descubrimiento para el hombre que vaga por la ciudad vacía.
La muchacha permanece detenida, vuelta hacia él y parecería que lo mirara o lo aguardara, tiene flores en las manos y sus ojos están en sombra. También el hombre se detiene y ahí permanecen, observándose, mientras transcurren los segundos y el hombre sabe, súbitamente, como en una revelación, que el nombre de la muchacha es Anna y que las flores quizás sean para él.
Después ella da media vuelta y comienza a caminar y el hombre la sigue y no acorta distancia y allá van por calles y calles, entre las casas mudas y los gatos, y siempre hay nubes arriba y temblores de luna y de tanto en tanto la muchacha gira la cabeza, tal vez para comprobar si el hombre continúa detrás de ella, tal vez para incitarlo a que no abandone la persecución. Y el hombre, a la distancia, comienza a conversar con la muchacha y su discurso es confuso y es lento y no pasa de ser un susurro, aunque está seguro de que ella, allá adelante, lo escucha. Murmura: En esta tierra rica fundamentalmente de cosas perdidas, tierra de atrocidades, indiferencias y miserias, no me resultará fácil hablarte. El hombre intenta e intenta y se esfuerza por construir una historia coherente. Y así avanzan y hay más calles y faroles y jardines y plazas.
Y ya no importa si esta necesidad de confesión es apenas un torpe ronroneo en el gran silencio que lo rodea. El hombre comprende que la muchacha que lo precede ha venido a convocarlo, que éste no es un paseo gratuito. Comprende que es tiempo de balances, rendiciones de cuentas. El aire está poblado de señales, voces rotas, llamados difusos, rubores de la memoria, nombres trabajosamente rescatados, enarbolados ahora por encima de muertes, olvidos, desprecios e ironías, nombres que vuelven intermitentes con los rumores que el viento trae un instante y arroja nuevamente a las aguas de la noche.
Ya no importa la torpeza, la confusión, las palabras que no acuden o que la imaginación niega. Ya no importa nada de eso. Porque ahora ahí está la muchacha marcando camino, guiando, abriendo una brecha, despejando. La volátil y firme figura de la muchacha nocturna, imagen que no transige, que no sucumbe, que no habla de derrotas, pero sí de firmezas y permanencias y sin duda de una obstinada libertad.
Paso ligero de la muchacha a través de la ciudad dormida, reverenciando, rescatando, enalteciendo para la noche del hombre que la sigue, para sus horas futuras, las imprevisibles, las fuertes oscilaciones de la vida. Entonces, una vez más, alrededor del hombre, la noche vibra de significados nuevos, alberga años y sabor de juventudes y caminar detrás de la muchacha por calles nuevamente familiares, después de tantos voluntarios o forzados exilios, en este septiembre cambiante, es retomar viejas sendas y descubrirse entero y dispuesto, sacudido por estremecimientos olvidados, inconsciencias, locuras, alimentos para raíces de otros tiempos.
La hora se carga de certezas, aquella figura va opacando dudas, pone ráfagas de asombro en el silencio de los días. Y nuevamente la muchacha gira la cabeza, muestra brevemente su perfil y avanza y todo el tiempo parecería decir: También éste, como siempre, como todos, precisamente éste, es el momento decisivo.

*de Antonio Dal Masetto
"Reventando Corbatas"  Torres Aguero Editor. Bs. As. 1988.
 
 
 
 
 
Platito*

Parece que la crisis de pareja alcanzó niveles sin antecedentes y todo haría suponer que va en camino de agravarse. Tengo una clara señal del problema esta tarde, cuando me siento en una confitería y en la mesa vecina hay seis señoras tomando el té. Lindas señoras. Un ramillete de bonitas señoras.
Hablan en voz alta así que no puedo evitar escuchar la conversación. Más que hablar se quejan. Son voces acongojadas que terminan en llanto. Y la frase que aparece todo el tiempo es:
-Ya no hay hombres.
Cada una expone su drama, la última relación, la mala suerte, la indiferencia, el egoísmo y las canalladas del fulano. Se lamentan por los fracasos pasados y se lamentan por la imposibilidad de establecer una nueva pareja. Probaron de todo: retomaron los estudios en la universidad,
recorrieron los boliches de moda, acudieron a las academias de tango y de salsa. No les queda nada por intentar.
-Ya no hay hombres -repiten.
Lloran. Las lágrimas no se deslizan por las mejillas, sino que salen disparadas de los ojos como de un surtidor y van a caer en las tazas de té.
En realidad son cinco las que se quejan y lloran. La sexta permaneció callada todo el tiempo. Es una morena delgada y de expresión serena.
-Chicas, chicas, paren la mano -interviene finalmente la morena delgada-. Están haciendo mal las cosas, ustedes tienen una visión errada del tema; la ciudad está llena de hombres y la mayoría disponibles. Los hombres están donde estuvieron siempre, solamente hay que saber atraerlos. Hace muchos años, pero muchos, que prácticamente no paso un día y una noche sola, y les puedo asegurar que cambié y cambio muchos compañeros, se va uno y aparece otro.
-¿Cómo hacés? -preguntan las otras secándose los ojos con las servilletas.
-Presten atención que les paso la receta. Como primera medida, siempre tengo un cartón de leche en la heladera. Apenas quedo sola, quiero decir cuando el último hombre que pasó por mi casa acaba de partir, saco la leche y pongo a entibiar un poco. Luego la vuelco en un platito. Utilizo un lindo platito, de ésos con flores esmaltadas. Agrego una cucharada de azúcar y revuelvo.
Después entreabro la puerta y coloco el platito cerca de la entrada, del lado de adentro. A la manija le ato un piolín que mediante un dispositivo muy sencillo cerrará la puerta apenas le pegue un tironcito. Y me pongo a esperar. Nunca tengo que esperar demasiado. En cualquier momento uno asoma la cabeza, descubre la leche tibia, entra con pasos cautelosos y se pone a lamer. En ese momento tiro del piolín, la puerta se cierra y una vez que está adentro, listo. Te pueden tocar gordos, flacos, jóvenes, maduros.
Algunos vienen lastimados, otros son un poco ariscos. Yo les tengo cariño a todos. Lo que quiero transmitirles, chicas queridas, es que la ciudad está llena de tipos necesitados de que le rasquen un poco la cabecita y le hagan unos mimos. Pongan en práctica mi método y nunca más van a dormir solas. No
es que les vayan a durar para siempre. Algunos se van solos después de un tiempo, a otros hay que llevarlos del brazo para invitarlos a salir por la puerta por la que entraron. Y después de nuevo a calentar la lechita.
-Ya mismo corro a casa a fijarme si me queda leche en la heladera y si no me voy al supermercado -dice una.
-Yo también -dicen las otras. Pagan, salen, las miro despedirse en la vereda con besos apresurados y partir veloces en distintas direcciones. Me quedo pensando que el método seguramente se difundirá y dentro de no mucho tiempo la ciudad brindará a los desangelados caballeros que la transitan la
posibilidad de cientos, de miles de puertas entreabiertas con el plato de leche esperando un poco más allá del umbral.

 
*de Antonio Dal Masetto.
 
 
 
 
 
La función del cuentista*

El Bajo, madrugada. En el Bar Verde me encuentro con Tusitala, el moreno tamborilero que hace años supo ser cocinero jefe de una tribu de antropófagos reflexivos, en Africa.
-Tengo una historia para usted -me dice Tusitala-. Me la relató un misionero que capturamos en la selva, un tal Spencer Holst, tipo curioso, había aprendido el idioma de los gatos y hablaba con ellos como si fueran personas. La cuestión es que ya estaba por tirarlo a la olla (pensaba prepararlo a la cazadora con papas) cuando dijo que quería contarnos una historia. A la gente de aquella tribu le enloquecían los cuentos. Así que suspendimos todo y lo rodeamos para escucharlo.
-Usted tiene la virtud de despertar inmediatamente mi interés, Tusitala -le digo.
-Resulta que en un tiempo el misionero había andado por Bali. Usted sabe que Bali es un lugar maravilloso, siempre es primavera, todo es verde esmeralda, las mujeres son hermosas y andan con los pechos desnudos y adornadas con colgantes de oro, jade y laca púrpura, y se la pasan bailando al compás del gamelán.
-Siempre logra asombrarme con sus conocimientos, Tusitala.
-Me limito a repetir lo narrado por el misionero. El Radja de Klunckung, príncipe y señor del lugar, había sufrido terribles heridas en la cara, hacía muchos años, a raíz de un incendio en el puri, o sea, el palacio. Sus cicatrices fueron cubiertas con maquillajes y pinturas indelebles. Con el tiempo ya nadie se acordaba de cuál era su verdadero rostro. Rodeaban al principe siete ayudantes cuyas funciones eran dirigir, administrar y alabar.
-¿Alabar a quién?
-Cada día de la semana, por turno, uno de ellos se quedaba junto al príncipe y se dedicaba a halagarle la vanidad. A esa tarea se la llamaba kupiunga, ceremonia de la alabanza. Los consejeros también se encargaban de organizarle diversiones, proveerle los manjares más exquisitos, las mejores bebidas y las mujeres más hermosas.
-¿Mujeres jóvenes?
-Sin duda. Los agasajos mayores los recibía el Radja durante la Galunga, fiesta que comenzaba al sonar de kulkul, duraba quince días y en la cual participaban todos los súbditos. Imagínese que cada ofrenda medía dos metros de altura y se necesitaban tres hombres para levantarla y colocarla sobre las cabezas de las mujeres, que eran las encargadas de transportarlas.
-¿En qué consistían las ofrendas?
-Todo lo que usted se pueda imaginar.
-Piedras preciosas, telas, artesanías, pájaros embalsamados, trofeos, dinero.
-Dinero, no. Porque las kopong, antiguas monedas con su característico agujero cuadrado en el centro, prácticamente habían desaparecido de circulación. Se decía que, en realidad, todas habían ido a parar al bolsillo de los siete consejeros. Una de sus tareas era analizar las ofrendas y parece que acostumbraban ir quedándose con lo más sustancioso para certificar la calidad. Les correspondía a ellos, por ejemplo, comprobar si las niñas destinadas al Radja eran vírgenes.
-No eran tontos esos tipos.
-Resulta que andaba por ahí un actor de mala muerte, que comía salteado y que un día decidió sustituir al Radja. Durante la Galunga, aprovechando que la guardia se había emborrachado por el exceso de tuak, que es un vino de palma, se introdujo en el puri, clavó un kris en el corazón del Radja, lo arrojó a un pozo profundo, después se maquilló adecuadamente y lo reemplazó. Y así comenzó a gozar de la buena vida: comidas de primera, bellas mujeres, regalos y honores.
-¿Nadie lo descubrió?
-Imposible, por lo de la cara deforme.
-¿Y cuando hablaba?
-El Radja siempre había dicho sólo tonterias, así que el actor simplemente se dedicó a imitarlo. Aunque en realidad este asunto del reemplazo venía ocurriendo con bastante frecuencia. Dos por tres surgía algún ambicioso con ingenio que mataba al falso príncipe de turno. Porque el verdadero había sido asesinado y sustituido hacía muchísimo tiempo, después del accidente del fuego. Así que los que le venían sucediendo eran todos impostores.
-¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta?
-Bueno, los siete consejeros si estaban enterados. Sabían de las sustituciones desde el principio.
-¿Y no desenmascaraban a los usurpadores?
-¿Para qué? Ellos, los consejeros, no cambiaban, eran siempre los mismos. La pasaban bárbaro estando donde estaban, digitaban todo y hacían muy buenos negocios. Por lo tanto, como les daba lo mismo quién estuviese en el trono, la cosa siguió así para siempre.
-Lo invito una copa, Tusitala, se la ganó, su relato acaba de iluminarme como una revelación.
-Esa es la función del cuentista, mi amigo.
-Una pregunta: ¿se lo comieron nomás a la cazadora con papas?
-No. Por decisión unánime de la tribu lo dejamos partir y lo despedimos con ovaciones. Ya le dije que a los antropófagos reflexivos les gustaban las buenas historias.
 
*de Antonio Dal Masetto.

 

 
 
 
 
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#149 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 12 de Feb, 2008 2:07 pm
Asunto: LOS VERDADEROS ESTÁN SUELTOS...
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LOS VERDADEROS ESTÁN SUELTOS...
 
 
 
 
 
A la hora del mate*
 
 
 
Al hombre la conocí en casa de Bob, mi ex suegro.
Era uno de los tomadores de mate, o amigos de la hora del mate que se aparecían cualquier día a la hora señalada: 17. 00 horas, ni antes al costo de interrumpir la siesta sagrada de mis suegros. ni mucho después cuando los ánimos y el mate se lavaban inevitablemente. Era, el flaco o el flaco Corwin, como todos le llamaban. Un vecino del barrio cuya amistad con Bob se limitaba a 30 minutos en visitas de una o dos veces a la semana. Era un misterio el hombre. Un hombre que se mostraba como tempranamente envejecido y que no llegaba a los 70 años pero si los aparentaba. Flaco, flaquísimo, la espalda encorvada. La mirada algo torcida con ojos claros muy hundidos en el rostro. Uno lo definiría como un gringo colorado, seguramente hijo de italianos que se establecieron, trabajaron, criaron un hijo y se murieron en esta tierra hablando en su dialecto. y lo mínimo en la castilla.
Pero esto -por supuesto- no viene al caso, lo cierto es que el flaco estaba absolutamente solo en el mundo, sin familia, ni mujer ni nadie que se ocupe ni le de sentido a su existencia.
Entonces el flaco aplicaba -según sus propias palabras- la política de parches a la soledad, que significaba que en diferentes casas del barrio lo bancaran un rato cada una en la semana.
Con Bob se llevaban bien si hablaban del tema preferido por mi suegro: denostar a Perón y todo lo que huela a peronismo de antes, de hoy o de siempre. El flaco hacia interrupciones aprobatorias en las historias que Bob contaba una y otra vez en la mesa a la hora del mate.
Perón era el responsable máximo de los males argentinos, así como la historia -para Bob- empezaba y casi concluía con Perón.
Eran los temas clásicos a la tarde, con un Perón que era un estudiante aventajado de sus profesores europeos: Mussolini, Hitler y Franco.
Al flaco le causaba gracia por que para él esos apellidos siniestros eran apenas los nombres de sus gatos de la primera y feliz infancia: Mussolini, Hitler y Stalin, incluso tenía un perro "el mariscal Rommel" que convivía pacíficamente con los gatos.
El flaco Corwin acompañaba los relatos de Bob con frases absurdas o desopilantes que muchas veces no tenían relación evidente con lo que se hablaba en ese momento. Yo grababa mentalmente algunas y luego las transcribía en mis cuadernos de ramos generales donde convivían frases, con detalles de gastos y tareas previstas para la semana.
Yo me preguntaba -muchas veces- que hacia allí a esa hora escuchando a dos o más viejos para los que el mundo se había detenido hace rato. Me lo preguntaba y no tenia respuesta salvo por Emily -mi ex mujer- la hija única de Bob y su mujer Pintora (siempre supuse que mi suegra pintaba para distraerse un poco de la reiteración de discursos de Bob).
Pero lo cierto es que con Emily llegábamos de visita. Me dejaba sentado en la mesa de la cocina a punto de tomar mate y a los pocos minutos se iba. Volvía bastante después de la hora del mate, a veces con bolsas que revelaban compras de ropa y a veces sin nada. Emily era -y es- un enigma para mí, salvo por el hecho de que yo quería una mujer rubia y de ojos celestes y ella cumplía con creces la condición. Era tan hermética como su madre a la que recuerdo siempre ida de todo y todos. Pasando horas a unos pocos metros de la mesa de la cocina, en el living con esos ventanales siempre estaban abiertos al norte y al paso de la luz solar. Allí ella ejercía el silencio, y la pintura con música clásica de fondo. Ignoraba o fingía ignorar las conversaciones que se desprendían de la mesa.
Lo cierto es que yo me convertí en testigo involuntario de muchas frases condenadas a la nada.
Bob y el flaco compartían un profundo escepticismo sobre la condición humana, sus conversaciones iban y venían flotando sobre la idea básica de la decadencia irremediable de los valores necesarios para la convivencia social.
Eran Discepolianos, veían un mundo de lodo donde todos debían embarrarse para sobrevivir. Un mundo cambalache casi copiado literalmente de la letra del tango.
"El hombre con la mujer es como un perro con el hueso, cuando mas revolcadas tiene, más le gusta" decía Bob. Y me miraba como si yo tuviera que darme como aludido por las idas y vueltas de la relación con Emily.
Emily es Psicóloga. Ejerce como tal y siempre sospeche que ella había extendido su postura terapéutica a la relación conmigo. No había con ella posibilidad de discusiones abiertas, ella cerraba todos los caminos con interpretaciones y silencios. Su frase preferida que clausuraba todo después era "Esa es la sabiduría de lo inconsciente".
Pero a mí me llamaban más la atención las frases del pobre flaco Corwin. allí se mostraba su absoluta desesperanza con el mundo, su renuncia a entender sus reglas, a aceptarlo en lo más mínimo. Era también su manera de aceptar su derrota temprana a la funcionalidad de las cosas.
Cómo "no existe la felicidad ni nada que se le aparente".
Su obstinación por definir las cosas en códigos propios y frases que solo los entendidos podían descifrar, por ejemplo: "Los puros (por putos) de espíritu" era su manera invariable de definir a los políticos.
Nada tenía sentido, ni superficial ni oculto. Nada podía conmover su radical desilusión. Había clausurado cualquier esperanza sobre la humanidad. Él -al igual que Bob- solo creía en la fidelidad de su mascota.
Nunca pude saber como se llamaba el gato que vivía en la casa de Corwin, lo llamaba de siempre con nombres diferentes surgidos en el momento. Esa era su resistencia y rebeldía máxima ante el mundo: No llamar a nadie por su verdadero y formal nombre. y no asignarle a nadie un nombre definitivo.
A Bob nunca lo llamaba como Bob, sino como José, Josecito si le quería trasmitir cariño, u otros innumerables modos alegóricos como "el señor Fernández" "El padre de Soriano" "El nieto de Perón y Eva", el capitán veneno, John Silver, Contramaestre Bob, Fidel en la sierra, y otros que seguramente olvide de anotar o no pude presenciar.
Bob, le tenía una infinita paciencia, creo que también sentía lástima por el, su desamparo y su obstinación para vivir como Robinson Crusoe, pero en una ciudad suburbana. Su casa y sus pocos amigos vecinos eran parte de la isla en la que transcurrían sus días.
El hombre había decidido demostrar en su propia existencia algo que yo temía extender al conjunto de los seres que sobrevivimos a esta sociedad de riesgos calculados y crueldades cotidianas poco mensurables. En la sociedad de vértigos y desafíos de consumos y novedades tecnológicas, cada uno de nosotros esta condenado o potencialmente condenado a ser un engranaje de relojería sin uso a partir de cualquier momento de su vida.
Más exactamente cuando la capacidad de adquirir consumo tecnológico y conocimiento operativo de ciertos objetos confirme la marginación, los vuelva obsoletos, piezas vivas de un mundo que no deja de producir museos de época en cada barrio, en cada casa.
Bob era una institución y un espíritu conservador aparentemente afín al flaco.
Para ellos nada nuevo valía la pena.
Tenía un juego de sillones del living de comienzos de los sesenta y decía con razón que los muebles modernos eran una porquería, especialmente desde el invento de la madera aglomerada y la fabricación automatizada en gran escala de muebles.
El flaco completaba diciendo que ni en autos ni en mujeres se había producido nada valioso después de la década del 50. De las mujeres que surgían como tema de conversación decía cosas poco amigables como "tiene un Bush (por agujero) en el cerebro".
Su auto -en rigor los restos de un auto heredado de su familia- un Plymouth Fury modelo 1958. Era " el mejor auto del mundo" y prometía que cuando consiguiera los repuestos que le faltaban saldría con él y no se detendría hasta conocer el océano Pacífico. "Hasta la costa de Chile y si puedo más allá..."
Esta sociedad no esta preparada para dejar crecer a la gente, anotaba yo mentalmente y seguía viendo cuando mi presencia y la del flaco coincidía con un Bob encendido y parlanchín escenas dignas de una película del estilo "God bye Lenin".
La historia sobre la rotura -y virtual inutilidad- del auto del flaco, era -y sigue siendo para mí- tan increíble que un día fuimos con mi suegro a comprobarla en una visita que le realizamos con la excusa de devolverle un libro que Corwin la había prestado a Bob unos cuantos meses atrás.
Su auto reposaba cubierto de tierra en un garaje enorme que también era el cementerio de todos los objetos heredados a su familia. Herramientas de su padre, los restos del auto que no funciona desde muchos años atrás y objetos patéticamente inútiles, conviven en ese espacio generoso al que el flaco bautizo colgando un cartel pintado a mano con grandes letras rojas, legible desde la vereda de enfrente que dice "Sede igualdad de oportunidades".
Nosotros siempre sospechamos que la historia era una mentira flagrante y ponerla al descubierto era solo cuestión de mirar.
El auto tenía todos los signos de  haber sido afectado por un derrumbe desde el capot hasta el techo sobre el asiento del conductor y acompañante.
Lo que se cayo podría haber sido un piano o un elefante, pero el flaco siempre contó una y otra vez que había sido un toro caído desde un camión jaula que pasaba por la calle donde el -afortunadamente- había dejado estacionado su auto. Afortunadamente, porque el estaba en la cola de Rentas, sino no la contaba.
El parabrisas no existía y se veía un rosario colgando del espejito retrovisor.
Justo aquí, -y el flaco señaló al rosario-, me encontré colgadas las bolas sangrantes del toro...
Y realmente, reimos todos con esa imágen hasta quedarnos sin aire.
También pudimos comprobar algo más de esa fantástica historia. En el techo se ven dos agujeros enormes, que según Corwin, dejaron las astas del toro que perforaron el techo y llegaron a clavar el asiento de pana del conductor.
-Me salve por que Dios es grande, decía. Nosotros nos rendimos a la evidencia y a partir de ese día creímos esa y muchas otras historias aparentemente disparatadas del flaco.
El escenario fue así, parecido a lo que les cuento, durante años.
Las visitas del flaco. Los monólogos de Bob. Mi presencia como testigo - observador silencioso.
Emily que llegaba conmigo de la mano y a los pocos minutos fugaba a la calle.
Hasta que un día. La costumbre de renombrar al mundo, sus habitantes y seres vivos o muertos, le significó al flaco un traspié definitivo.
Corwin llamó de otra manera a Shirley -la perra bóxer de Bob, a quien seguro mi suegro amaba más que a su mujer e hija juntas.
El pobre flaco la llamó "Ramona". Probó una y otra vez, esperando que le festejaran la ocurrencia.
Se produjo un gran silencio y un clima de tensión en el aire, de esos que se cortan con tijera.
Bob entro en un hueco de silencio, de esos que como estelares agujeros negros no dejan de crecer y tragarse toda luz, palabra y gesto que tengan a mano.
Al poco tiempo, el flaco comprendió que ya no era bienvenido en esa casa y no fue más.
Meses después me separe de Emily y deje de visitar la casa de Bob.
Pero por lo que se -y hasta puedo suponer-, nunca más lo perdono.
 
 
 
*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@...

 
 
 

 
 
 
 
Monólogo de un loco*

Lloramos al nacer porque
 venimos a este inmenso
escenario de dementes

W. Shakespeare.

 
 Anoche, igual a como hace ya algún tiempo, he visto un cuerpo extraño vestido de rojo, acompañado por un séquito de máscaras oscuras, que bailaban en ronda alrededor de un niño…
 Dicen que soy un loco, que no estoy bien de la cabeza, que alucino cosas.  Dicen que si me encierran mejoraré.
 Ahora me tienen acá, en la penumbra de un cuarto solitario y frío, en donde de a ratos entra una silueta vestida de blanco y me pincha tres veces las venas de mi brazo izquierdo y se va. Me medican para dejar de ver a las máscaras demoníacas danzando. De todas formas yo no confío mucho en el doctor; desde que estoy acá, ninguno de los enfermos se ha ido, y las máscaras siguen bailando.
 La gente que trabaja acá no parece interesarse mucho en los pacientes; vienen, te hacen tragar unas pastillas, miran el reloj y sacan la cuenta para ver en cuánto tiempo tienen que volver a pasar, y se van a tomar mate y a hablar de la vecina molesta, del partido de fútbol, de la tía de Gimena que…en fin que si nos prestaran más atención, las cosas cambiarían. Mirá, ahí viene de vuelta el hombre de rojo con su séquito enmascarado. Si la enfermera estuviera acá podría mostrárselo. Pero ella nunca me escucha.

  Dicen que soy un loco, que no estoy bien de la cabeza, que alucino cosas. Entonces, ¿qué decir de los que me mantienen encerrado, me atan, me duermen, me pinchan con agujas? ¿Acaso eso no es estar demente? Acaso eso es lo que hace un ser racional? Yo veo cosas. Podría decirse en todo caso que poseo una imaginación prodigiosa. Pero ¿que hay de ellos, los otros? ¿Tener a un juez que encubre al culpable  y despoja al inocente? ¿Caminar por las calles y encontrarse con ellos, los otros, los que caminan por ahí riendo a costas de sus hermanos,  viviendo de la mentira, de la destrucción, de la pereza? ¿Es posible aceptar semejantes arrebatos a la conciencia y a la condición humana? Nacemos con los ojos cerrados, pero ¿no se supone que después los abrimos? Algunos parecen haberse olvidado de esa parte.  Ahí pasan de nuevo las máscaras.
 ¿Nadie entiende que el mundo está demacrado? ¿Nadie entiende que está sangrando por la presión de las cadenas que enredan las máscaras, al bailar con esa música ensordecedora que no calla? ¿Nadie entiende que yo no soy un loco, que sólo intento advertir a la humanidad el fúnebre destino que les espera si no abren a tiempo los ojos?  ¿Acaso nadie entiende, que el hombre de rojo no es el demonio de mis delirios, sino el espíritu fatalista que se acerca hacia nosotros sin obstáculos? ¿y que el niño que veo no es un niño, sino el futuro de la humanidad, acechado por las máscaras? ¿y que las máscaras no son objetos inventados por mi mente, sino la sociedad regida por el “qué dirán”, por la mentira y por el engaño, que orgullosa baila alrededor de su propia tumba, alimentando a la fuerza que nos acerca al fin de los tiempos?
 Pero ellos, los otros, los legalmente cuerdos no lo ven. Ellos siguen bailando.
 Ellos, los otros. Para mí, los verdaderos locos están sueltos.


*De Valeria Marioni maiden-marion@...
 
 
 
 
 
 
 
 La tierra incomparable*
 
 
 (fragmento)
 
*de Antonio Dal Masetto
 
 
TRECE
 
Cruzaron hasta la plazoleta donde estaba el coche. Sil­vana abrió la puerta y Agata dudó.
-Prefiero ir caminando.
                                   -Está bien -dijo Silvana-, caminemos.                                    
Tomaron por una callecita angosta, empedrada y en sombra. Los pasos resonaban fuerte y abriendo los brazos casi se podían tocar ambas paredes. Arriba había ventanas  y halcones con flores colgando. Desembocaron en una avenida  bordeada de pinos que subía en dirección a las montañas.
- Por ahí se va a su casa -dijo Silvana.
-Conozco el camino -dijo Ágata sonriendo.
- Seguro -dijo Silvana.
Hizo un gesto como disculpándose y la tomó de un brazo. Anduvieron a paso lento, Silvana adaptándose al ritmo de Agata.
Había una gran calma alrededor, alterada sólo por los motores de los coches. Se veían pocas personas caminando. Algunas se paraban a leer los avisos fúnebres pegados a los muros y comentaban entre ellas. Eran hojas blancas, con bordes y letras negras. También Agata leyó. Creyó re­conocer algún apellido y trató de hacer memoria.
En la primera bocacalle vio entero el Monte Rosso, se detuvo para contemplarlo y lo nombró en voz alta. Era im­ponente, dominaba el pueblo y el cielo. Una mole grande y quieta y que sin embargo tenía algo de cosa viva. Agata vol­vió a encontrar la idea olvidada de que el Monte Rosso le recordaba un animal. Un enorme y antiguo animal emer­giendo de la tierra, el lomo alto, la cabeza hundida entre las patas, frenado e inmovilizado en la furia de una embestida. Recibía la claridad del mediodía y la cresta y las laderas eran como una piel sedosa, una lana o una espuma donde brillaban los colores del otoño: dorados, anaranjados, ocres, rojos, grises, blancos. Agata volvió a nombrarlo.
Al fondo, en el aire limpio, se recortaba una cadena de montañas, con las manchas claras de los pueblos colgados en las pendientes, los campanarios finos, las marcas de los cultivos escalonados que subían hacia las casas. Y más atrás todavía la cima alta y solitaria de un cerro puntiagu­do, donde se notaban estrías blancas, tal vez de nieve, tal vez de luz.
Siguieron y llegaron a una calle que durante la guerra había marcado un arbitrario límite del pueblo, estableci­do por los fascistas. Desde el río San Giovanni al San Giorgio, cada cien metros, habían construido puestos de control y de defensa contra los ataques de los partisanos que bajaban por la noche desde las montañas. Agata se lo explicó a Silvana.
-Nosotros vivíamos del otro lado de esta línea, así que para ir a trabajar o al centro del pueblo debíamos pasar por alguno de los controles. En esa época no que­daba nada entero por acá, ni árboles, ni postes, ni faroles, ni ventanas. A éste lo llamábamos el Puesto de la Virgencita.
En el cruce, aún estaba el tabernáculo: rústico, empo­trado en la pared, con techo a dos aguas y dos columnitas sosteniéndolo. Detrás de la reja, la pintura pobre y descolo­rida de una Virgen, y a los costados dos cabezas de ángeles con las alas naciéndoles del cuello. En la base, en un frasco de vidrio, algunas flores de plástico cubiertas de polvo.
 Una lagartija cruzó rápida sobre la cara de la Virgen y se perdió en una ranura.
-La recordaba más linda -dijo Ágata.
  Había un banco de piedra bajo el tabernáculo y Agata  propuso que se sentaran. Miró hacia un lado y hacia el otro y después levantó una mano y la movió despacio, abarcando lo que tenían enfrente.
-Había un parque inmenso, con una villa en el centro, donde están todas esas casas. Y del otro lado, una estación de donde salía un trencito que recorría aquellos pueblos de allá arriba. ¿Qué habrá sido del trencito?
-No lo conocí. Ni siquiera sabía que hubo uno. Para mí esto fue siempre más o menos así.
-Detrás de la estación había un caserón que fue bom­bardeado y donde murió mucha gente. Algunos eran com­pañeros míos, de la fábrica.
Agata calló. Seguían desfilando los coches, siempre con el acelerador a fondo; tomaban las curvas sin disminuir la velocidad y bajo aquel cielo vacío, en el gran silencio de las montañas, eran como un ultraje.
-¿Seguimos? -dijo Silvana.
-Vamos.
A la casa de Agata se podía ir por dos caminos. Uno era la calle ancha por la que ahora avanzaban. Si todo seguía igual que entonces, se podía ver la casa bastante antes de llegar, porque estaba ubicada sobre una loma. Se accedía por unos escalones de piedra y luego por un sendero que bordeaba la parte superior de la cuesta. El otro camino era una callecita que subía por una zona descampada - así la Acordaba Agata - y pasaba por el fondo del terreno, justo donde estaba el nogal.
- Me gustaría ir primero por el lado de atrás - dijo Agata.
- Lo que usted diga.
Se desviaron y tomaron por una calle sin veredas, flanqueada a la derecha por casas con jardines y a la izquierda por un largo muro cubierto de hiedra. En todos los portones había letreros que decían: Cuidado con el perro.
Enfrente, entre la hiedra, asomaban retablos con las estaciones del Via Crucis. De tanto en tan­to un perro se abalanzaba contra las rejas y el ladrido las acompañaba durante un trecho. Cuando oían que se acercaba un coche, Agata y Silvana se pegaban a la pared. A Ágata le parecía que los motores y los perros eran una misma cosa, le transmitían la misma rabiosa ferocidad.
Después el camino hacía una curva y se ensanchaba. También ahí los cambios eran grandes, no quedaba casi nada de lo que Ágata recordaba. Señaló una estación de servicio:
- Ahí había una quinta. El dueño se llamaba Tarzini.  Cuando volvían del colegio, los chicos entraban a robar frutas.
Más adelante leyó en voz alta el nombre de lo que parecía un club. Un gran letrero anunciaba cursos de artes Marciales.
- Acá había una hostería donde mi marido venía a jugar a las bochas.
Seguían casas de dos y tres pisos, con cocheras en el subsuelo:
-Ahí había un tambo donde veníamos a buscar la le­che recién ordeñada.
Se detuvieron frente a un negocio de repuestos para autos:
-Acá había una casa abandonada y una galería donde los gitanos que pasaban
por el pueblo paraban con sus ca­rros. Al lado, los fascistas construyeron otro puesto de con­trol. Lo llamábamos el Puesto de los Gitanos. Ahí enfrente había un campito. Una vez fui a refugiarme durante un bombardeo y me tiré en medio de las ortigas.
Agata todavía esperaba que, a medida que se acercaban a la zona donde estaba la casa, apareciera algo para reci­birla, no sabía qué, una señal, una forma de saludo, una identificación. Pero, cada vez más, se sentía como una ex­traña, una turista frente a esos cambios. Entonces se dete­nía y buscaba un lugar donde sentarse.
-Sí está cansada traigo el coche -dijo Silvana.
-No estoy cansada.
-Voy y vengo, son diez minutos, me espera acá.       
-No hace falta. Quiero caminar.
No era cansancio lo que la frenaba. Ahora se debatía entre el ansia por llegar y el miedo de llegar. No quería en­tregarse y dejarse dominar por la sorpresa y la confusión ante aquellas cosas nuevas, se esforzaba por asimilarlas antes de seguir avanzando. Se imponía pausas. Necesitaba tiempo, transitar poco a poco esa calle, adaptarse a ese paisaje, a todo lo que iba incorporando y también perdiendo en cada tramo de camino. Necesitaba aquietar y equilibrar la impaciencia y la desilusión.
Cuando se sentía en condiciones de seguir se levantaba y decía:
-Adelante.
Llegaron a un nuevo cruce y a un bar. 
-Acá había una carpintería. Mi hijo se había hecho amigo del carpintero, venía a verlo para que le fabricara armas de madera. Cuando por la noche comenzaban los ti­roteos y poníamos los colchones en el piso, lejos de las ventanas y las puertas, él buscaba su fusil. Durante la gue­rra los chicos jugaban a la guerra.
Ahí, en el cruce, debían doblar. Estaban cerca ya, a unos trescientos metros de la casa. Siguieron durante un trecho corto. Agata disminuyó la marcha y finalmente se detuvo. Dio media vuelta y permaneció indecisa.
-¿Pasa algo? -preguntó Silvana.
-Sentémonos un rato en el bar -dijo Agata.
Regresaron y entraron en un salón lleno de brillos de espejos y maderas lustradas. Pidieron dos capuchinos. Ha­bía tres hombres y una mujer pelirroja contra la barra. Eran los únicos clientes. Comentaban la cifra que cierto club había pagado por un jugador de fútbol. Los hombres consideraban que era una gran adquisición. La mujer no estaba de acuerdo y se hacía oír, tenía un voz aguda que ta­paba a las otras tres.
Agata miraba a través del vidrio, en dirección a su ca­sa, sin descubrir nada que le fuese familiar. El caminito -que recordaba estrecho y serpenteante entre arbustos de morera- se había convertido en un calle asfaltada. Alcanzaba a ver una agencia de autos, un colegio, una peluquería, una pizzería, algunos feos edificios con ropa tendida en los balcones. Se acordó del mapa dibujado con Silvia.
Al fondo apareció una mujer en bicicleta. Era una figu­ra oscura y solitaria, una imagen de otros tiempos. Agata concentró su atención en ella.
Durante unos minutos, mientras avanzaba y se definía, borró el resto. La bicicleta llegó al cruce, pasó frente al ventanal y desapareció.
Entonces volvió lo de antes: las construcciones, el asfal­to, la discusión. La pelirroja estaba enardecida, gesticula­ba. Según ella, aún regalado, ese jugador era mal negocio: "Gratis es caro, vean lo que les digo". Los otros tres reían, burlándose. Cada vez hacían más ruido, hablaban los cua­tro al mismo tiempo, parecían una multitud.
-¿Quiere que sigamos?-dijo Silvana.
                           -Esperemos un poco más.                           
  -¿Todavía no quiere llegar?
-Todavía no.
 
 
 
 *de La tierra incomparable, © Editorial Planeta (1994), © Antonio Dal Masetto.
 
 
 
 
 
 
 
Martes, 12 de Febrero de 2008
El candidato republicano*


*Por Fidel Castro
 
En el ya famoso supermartes, un día de la semana en que numerosos Estados de la Unión seleccionaban el candidato a la presidencia de Estados Unidos de su preferencia, dentro de un grupo de aspirantes, uno de los posibles candidatos para sustituir a George W. Bush podía ser John McCain.
No me corresponde hablar de la historia de un candidato a la presidencia de Estados Unidos. Jamás lo hice. Tal vez no lo habría hecho nunca. ¿Por qué esta vez?
McCain afirmó que algunos compañeros suyos fueron torturados por agentes cubanos en Vietnam. Sus apologistas y expertos en publicidad suelen enfatizar que el propio McCain sufrió tales torturas por parte de los cubanos. Espero que los ciudadanos de Estados Unidos comprendan que me veo obligado al análisis detallado de este candidato republicano y le replique.
Lo haré a partir de consideraciones éticas.
En el expediente de McCain consta que fue prisionero de guerra en Vietnam desde el 26 de octubre de 1967. Como él mismo cuenta, tenía entonces 31 años y llevaba a cabo la misión de ataque número 23. Su avión, un A4 Skyhawk, fue interceptado sobre Hanoi por un cohete antiaéreo. Debido al impacto, perdió
el control y se catapultó, cayendo sobre el lago Truc Bach, en medio de la ciudad, con fracturas en los dos brazos y una rodilla. Una multitud patriótica, al ver caer a un agresor, lo recibió con hostilidad. El propio McCain expresa su alivio en aquel momento al ver llegar a un pelotón del ejército.
El bombardeo a Vietnam, iniciado en 1965, era un hecho conmocionante para la opinión internacional, muy sensibilizada con los ataques aéreos de la superpotencia contra un pequeño país del tercer mundo, que había sido convertido en colonia de Francia a miles de millas de la distante Europa. El pueblo de Vietnam luchó contra los ocupantes japoneses durante la Segunda Guerra Mundial y, ya finalizada ésta, de nuevo Francia retomó el control. Ho Chi Minh -el líder modesto y querido por todos- y Nguyen Giap -su jefe militar- eran personajes admirados internacionalmente. La famosa Legión Francesa estaba derrotada. Para tratar de evitarlo, las potencias agresoras estuvieron a punto de usar el arma nuclear en Diên Biên Phu.
Ante la opinión pública norteamericana, los nobles anamitas, como cariñosamente los llamó José Martí, de cultura y valores milenarios, debían ser presentados como un pueblo bárbaro e indigno de existir. En materia de suspense y publicidad comercial, nadie les gana a los especialistas de Estados Unidos. La especialidad fue utilizada sin límite alguno para exaltar el caso de los prisioneros de guerra, y en especial el de McCain. Siguiendo esa corriente, McCain afirmó con posterioridad que el hecho de que su padre fuera almirante y comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en el Pacífico, hizo que la resistencia vietnamita le ofreciera una liberación temprana si reconocía haber cometido crímenes de guerra, lo cual había rechazado alegando que el Código Militar establece que los prisioneros son
liberados en el orden que se les captura, y que esto significó cinco años de prisión, golpes y torturas en un área del penal identificada por los norteamericanos como "Hanoi Hilton".
La retirada final de Vietnam fue desastrosa. Un ejército de medio millón de hombres entrenados y armados hasta los dientes no pudo resistir el empuje de los patriotas vietnamitas. McCain, uno de los numerosos pilotos norteamericanos derribados y heridos en las guerras declaradas o no de su país, fue condecorado con la Estrella de Plata, la Legión de Mérito, la Cruz de Aviación por servicio distinguido, la Estrella de Bronce y el Corazón Púrpura. Una película para televisión basada en sus memorias sobre las experiencias como prisionero de guerra fue transmitida en el Memorial Day de 2005 y se hizo famoso por sus videos y discursos en torno al tema.
La peor afirmación que hizo en relación con nuestro país fue que interrogadores cubanos habían torturado sistemáticamente a prisioneros norteamericanos. Ante las alucinantes palabras de McCain, me interesé por el asunto. Quise saber de dónde venía tan extraña leyenda. Pedí que se buscasen los antecedentes de la imputación. Me informaron que existía un libro muy promovido, basado en el cual se hizo la película, escrito por McCain y su asesor administrativo en el Senado, Mark Salter, que continúa laborando y redactando con él. Solicité que fuera traducido textualmente. Se llevó a cabo, como en otras ocasiones, por personal calificado en breve tiempo.
Título del libro: Faith of my Fathers (Fe de padre), 349 páginas, publicado en 1999. Su acusación contra los revolucionarios internacionalistas cubanos, utilizando el sobrenombre Fidel para identificar a uno de ellos capaz de "torturar a un prisionero hasta la muerte", carece de la más mínima ética.
Me permito recordarle, señor McCain: los mandamientos de la religión que usted practica prohíben la mentira. Los años de prisión y las heridas que recibió como consecuencia de sus ataques a Hanoi no lo excusan del deber moral de la verdad.
Usted acusa a los revolucionarios cubanos de ser torturadores. Lo exhorto seriamente a que presente uno solo de los más de mil prisioneros capturados en los combates de Playa Girón que haya sido torturado. Yo estaba allí, no protegido en un lejano puesto general de mando. Capturé personalmente, con algunos ayudantes, numerosos prisioneros; pasé delante de escuadras armadas, todavía ocultas tras la vegetación del bosque, que se paralizaron por la presencia del Jefe de la Revolución en el lugar.
Los prisioneros eran ciudadanos nacidos en Cuba, organizados por una poderosa potencia extranjera para luchar contra su propio pueblo.
Usted se confiesa partidario de la pena capital para los delitos muy graves.
¿Qué actitud habría asumido frente a tales actos? ¿A cuántos habría sancionado por esa traición? En Cuba se juzgaron varios de los invasores, que habían cometido con anterioridad, bajo órdenes de Batista, horrendos crímenes contra los revolucionarios cubanos.
Usted debiera saber que, mientras se negociaba la liberación mediante indemnización con alimentos para niños y medicamentos, el gobierno de Estados Unidos organizaba planes de asesinato contra mí. Consta en los escritos de personas que participaron en la negociación.
 
*Extractos de la reflexión del comandante.
 
 
 
 
 
 
 
Martes, 12 de Febrero de 2008
La vida de una planta*
 

*Por Miguel Roig  miguelroig2005@...


Vas en el tren y alguien, una persona cualquiera, sentada en el asiento opuesto, frente a frente, te mira. Te das cuenta porque su reflejo en el vidrio de la ventanilla, hacia donde está orientada tu mirada, la delata. ¿Qué lee en tu rostro esa persona que lo observa?
En la película Night Moves de Arthur Penn, Gene Hackman interpreta a un detective privado que comparte su vida con la propietaria de una galería de arte. El personaje de Hackman es invitado una noche por su mujer y un amigo de ambos a ver una película de la nouvelle vague. No, contesta Hackman, me quedo en casa a ver un partido porque ver una película de Eric Rohmer es como mirar crecer un árbol.
Arthur Penn, entonces, cambia el ritmo de este curioso thriller y el detective que encarna Hackman se encuentra solo y aburrido: nada pasa; movido por su propio impulso, el personaje debería levantar la vista, encarar la cámara y decirle al director: ¿la trama sigue o me voy? En ese impasse es donde nosotros comenzamos a ver al personaje. Finalmente, el detective sale a la calle, pone en marcha el coche y decide ir a buscar a su mujer y al amigo a la salida del cine. Según se acerca a la puerta de la sala con el coche ve que ambos salen abrazados, besándose. Hackman, atormentado por el engaño, regresa a casa.
Penn, a su manera, en un claro homenaje a Rohmer, nos enseña qué no vemos cuando no miramos crecer una planta.
En Madrid, la Fundación Mapfre, acaba de adquirir una de las copias de la obra Las hermanas Brown de Nicholas Nixon.
Las hermanas Brown es una serie de fotografías de cuatro mujeres, hermanas tal como indica el título de la obra, compuesta por treinta y cuatro piezas y que Nixon ha ido registrando año a año, desde 1975, dejando constancia del paso del tiempo en el rostro de esas mujeres.
Al mirar la secuencia ves que, efectivamente, para notar contrastes evidentes hay que dar saltos bruscos de un lustro a otro o incluso dejar mediar una década para constatar como el aliento de los días ha ido erosionando la luz de la piel de cada una de las hermanas o ha empañado delicadamente el resplandor de sus ojos.
Están las cuatro, a lo largo de toda la serie, guardando siempre el mismo sitio en la composición: no hay rotación ni cambios. Pero es curioso ver, por ejemplo, como en los primeros años los cuerpos de las cuatro mujeres tiende a singularizarse evitando el roce: son cuatro figuras que establecen su identidad o, a lo sumo, se agrupan de a dos. Más tarde, esos cuerpos se buscan, se tocan, se abrazan. También resulta extraño ver que el envejecimiento no sigue una secuencia lógica: una de las mujeres, por ejemplo, de un año a otro sufre una transformación acentuada, como cuando en verano, una mañana el frío desbarata todos tus planes y el cuerpo se destempla aunque sabe que el calor regresará. En este caso no es un simple hiato: al día siguiente el otoño se ha instalado en la vida para siempre. De todas maneras, dos cosas acaparan la atención por encima de todo. Los gestos mínimos que rotan en un mismo rostro según pasan los años: sonrisa leve, rigidez absoluta, indiferencia, curiosidad o el ansia deliberada o inconsciente de protagonismo. La otra es el enigma de saber si en la siguiente entrega de la obra, el próximo año, las cuatro seguirán allí.
La ausencia, en algún momento, pasará a formar parte del relato.
En estos mismos días, en la Casa de América de Madrid, se presenta la obra de otro fotógrafo, Gustavo Germano. La exposición se llama ausencias, así, en minúsculas y, además, en el original el cuerpo de la i está ausente; sólo es visible el punto. Son catorce obras compuestas por una foto familiar tomada, en la mayoría de los casos, en la década del sesenta y su correlato, otra fotografía, realizada por Germano, en la que hay personas ausentes. Se trata de una reproducción del primer registro en la que el paso del tiempo constata un espacio vacío: el que han dejado los que no están.
Los desaparecidos (subtítulo)
Hay dos hermanas apoyadas en una cómoda. Es un día de 1970 y son adolescentes. Están vestidas con ropa cuidada, impecable; el cabello peinado prolijamente brilla ante el destello del flash. Sonríen. El perfil del rostro de una de ellas, la sobreviviente, se refleja en el espejo que está colgado detrás de ambas. La sonrisa que nos devuelve el espejo es aún más luminosa y sonora que la que enseña el rostro que busca a la cámara. Es como si el espejo nos revelará un acorde interior de esa chica, el presagio alegre de una vida por vivir. En la obra de Germano, realizada en 2006, treinta y seis años después y que acompaña a esa fotografía tomada por un hermano mayor de las chicas, la mujer no sonríe: el rostro se apoya ante la cámara con un rasgo de gravedad tranquila. Pero detrás, aparece el perfil de esa misma cara otra vez y, aunque parezca increíble, se atisba el esbozo de una sonrisa en el reflejo. Ese gesto que nos devuelve hoy el espejo ya no es un presagio, es la certeza de una vida que, si bien ha sido construida con dolor, también lo ha sido con la dignidad y el valor de haber llegado hasta aquí, habiendo convivido con la ausencia y enfrentado su causa sin desfallecer.
Lo que acabo de escribir está sostenido por datos que aporta el libro de la muestra, un regalo que Lilian Neuman puso en mis manos. Por los textos sabemos la historia de las dos hermanas, del autor de la foto original, realizada un domingo por la tarde antes de que las chicas salieran y del niño de la mujer ausente que crió la otra hermana, la que ha sobrevivido. Pero no se necesitan los textos: el fuera de cuadro se presenta explícito en esta obra y en las ausencias de todas las demás.
Para reconstruir esta historia, "la vida por delante que no ha tenido lugar", tal como la define Lilian Neuman en su artículo sobre la exposición en el periódico La Vanguardia, para reconstruirla, para poder leerla, es necesario mirar crecer el árbol del desagarro que provocó cada día de ausencia. Impresiona ver como se vislumbran esos días que median entre la