En la finca de Petronila había un cuarto siempre vacío, uno de los más cómodos de la casa, con una amplia ventana, una cama, una cómoda y vaporosas cortinas en vez de puerta, como suele ser en los pueblos de campo. Cuando los que no conocían la historia le preguntaban si era el cuarto de huéspedes, ella respondía que no, que era el cuarto del fantasma.
El cuarto de huéspedes era más pequeño, estaba situado cerca de la cocina, por tanto era más caluroso y estaba impregnado de los olores al asado del día.
Aún así, nadie se atrevía a dormir en el cuarto grande, se decía que en la noche se escuchaban extraños ruidos, voces quedas, arrastrar de muebles inexistentes... A los pocos que se habían arriesgado a intentarlo, no más cerrar los ojos, les soplaban la nuca, les retiraban la sábana, luego la almohada y si aún así no se despertaban, les tiraban de los pies. Ese punto final, larga vez necesario, terminaba el asunto.
La casa no era muy antigua, la había construido el esposo de Petronila haría unos 30 años, y nadie había tenido tiempo aún de fallecer en ella. Originalmente ese había sido el cuarto de las hijas, y el más pequeño, el de los hijos. El error, contaba Petronila, había sido dar en matrimonio una tras otra a las dos muchachas y no mover rápidamente para el cuarto al hijo que seguía, pues ahí el fantasma
encontró la vacante y corrió a apropiarse del lugar.
Como no eran de buscarse problemas, no habían hecho intento de exorcizarlo, los hijos habían encontrado pronto a sus respectivas medias naranjas, dejando con ello otro cuarto vacío que pasó a ser el de los huéspedes. ¿Qué más daba que el fantasma viviera en el que quedaba, si el matrimonio se pasaba el día trabajando, él en la finca, ella en la casa y cuando llegaba la noche el cansancio no les daba tiempo ni de bostezar? Las limpiezas se hacían en horario diurno y mientras duraba la luz el fantasma hacía respetuoso mutis.
Así fue durante unos siete años, hasta que recibieron a los parientes de la capital. El día que hizo su entrada Leonor, la medio hermana de Petronila, que se encontraba de visita por primera vez en una década con sus dos hijos, el fantasma no podía
imaginar que su destino quedaba sellado.
No hubo modo de convencer a Doña Leo de dormir con los dos chicos en el cuarto pequeño, había mucho calor y no estaba para recibir las patadas que daban éstos al dormir, habiendo un cuarto disponible "Ya pasé por esto en casa de Genara porque no me quedaba más remedio, vine aquí a estirar las piernas, no a encogerlas", dijo y se sabía que a Leonor no se le podía llevar la contraria.
Una de las hijas de Petronila se llevó al mayor a dormir en su casa. La menor, apenas una niña, decidió dormir en casa de la tía, pero llegada la noche se negó rotundamente a usar el cuarto con fantasma... pronto se pudo comprobar que en lo tozuda había salido a su madre.
- ¡Allá tú con tu condena! - le espetó Leonor entregándole un par de sábanas limpias - ¡A mí no
hay fantasma que me gane! Ya verá si viene con sus soplidos y sus cosquillas, ¡la clase de bofetón que le voy a arrear! ¡Y que no se le ocurra quitarme la sábana porque me tapo con la suya!
Y corrió las cortinas de un tirón.
A media noche la niña sintió unos sollozos desgarradores casi pegados a su oído. Sabido es que en el campo, una vez que se apagan las velas y los quinqués, reina una oscuridad absoluta, tan intensa que no se puede uno ver siquiera las manos. Medio adormilada, se sentó en la cama:
- ¿Qué te pasa? - dijo. - ¡He perdido mi honor! - una voz ronca le llegó mezclada con hipidos y gimoteos - ¡Adiós a mis noches de gloria! - Oye... ¿no serás quien estoy pensando? - preguntó ella. - Lo soy, pero no grites, por favor,
no hagas mayor mi deshonra. - Bueno, vale... de todos modos no te veo, así que me da lo mismo, no voy a asustarme por una voz que viene de no sé dónde. Ahora deja de lloriquear como una mariquita y dime qué te ha pasado. - ¡Tu madre me ha pasado! ¿Quieres algo peor?
La niña emitió una risita, pero como los lloros arreciaron, decidió retomar el tono compasivo.
- Tal vez si te desahogas te sientas mejor, eso dice mi abuelo cuando viro llorando de la escuela. - ¿Qué quieres que te diga? Siempre fui muy distraído, me costaba trabajo concentrarme, yendo de la cocina a la sala olvidaba lo que había ido a buscar, tenía que regresar a la cocina y, al volver a la sala, lo olvidaba de nuevo... Cuando llegó la hora de mi muerte, no escuché el llamado hacia la luz y me perdí el momento, se cerró el túnel
y me tuve que convertir en fantasma. No era tan malo después de todo, pero en un lugar como este no hay castillos y los fantasmas suelen quedarse en sus propias casas, la mía fue ocupada por mis nietos gemelos, que estaban formando un grupo de rock, con lo cual la convivencia se hizo imposible. Estuve desandando el pueblo en busca de un sitio confortable hasta que di con esta finca, realmente adorable, ¿no has visto por la mañana, cuando el sol sale por detrás del framboyán, qué espectáculo tan fabuloso?... No, claro, acabas de llegar, ¡ya lo verás mañana! Como siempre me gustó la soledad, me encargué de apropiarme del cuarto grande y dejar bien claro que no me gustaba ser molestado... hasta que llegó tu madre y con ella mi infortunio. - Prometió darte una bofetada... - susurró la niña. - ¿Una? No, hubiera sido muy dulce de su parte... Cuando le soplé la nuca, un truco que casi nunca falla,
se sacó un spray de debajo de la almohada y me ha rociado hasta dejarme ciego, aprovechó mi sorpresa y me ha dado una tanda de golpes que no te cuento, no por gusto le dicen "la Leona"... ¡y yo que pensaba que era por el nombre! No me atreví a chillar para que nadie viniera corriendo a ver el espectáculo, aguanté como un valiente, confiando en que en algún momento se cansara. - ¿Y lo hizo? - Como era de esperar... pero cuando no cupo un puñetazo más en mi ectoplasma, me arrugó como si fuera ropa vieja y me echó en una de las gavetas de la cómoda. Pensé que si me quedaba quietecito ahí toda la noche, a la siguiente podría idear algo más feroz, pero tu madre se acostó a dormir y... - Sigue, sigue, imagino lo que viene... - rió ella bajito. - ¡Se ha puesto a roncar! ¡Y eso sí es demasiado para un oído tan fino como el mío! Salí huyendo, con la
moral destruida, sin deseos de otra cosa que desaparecer, pero no puedo, porque soy un fantasma... Entonces entré a este cuarto a desahogar mis penas, sin recordar que estabas durmiendo en él. - Los ronquidos de mi madre - rió la niña de nuevo -, ¿por qué crees que pedí dormir en este cuarto a pesar del calor y del olor a pescado frito? Contigo yo sabía que ella iba a poder, ¡pero ni yo, ni tú, ni nadie puede con sus ronquidos! - Ay de mí, ay de las aristas de mi vanidad - gimió el fantasma -, ¡nunca más podré aterrorizar! Tendré que hacer terapia, tal vez yoga, o acupuntura; me volveré dependiente de las píldoras para dormir o de las esencias florales para no tener que pasar las noches en vela, no tendré el valor de ir a las reuniones anuales con mis colegas, no asustaré a un mosquito, no podré ni escribir mis memorias porque no las recuerdo, me arrugaré... ¡ay de
mí! - No te pongas así, que me voy a desvelar, tranquilo, anda... - le dijo ella suavizando el tono -, nadie tiene por qué enterarse. Fingiremos que te has mudado a otra casa hasta que mi madre y yo nos vayamos. Solo estaremos aquí un fin de semana y dudo que volvamos en varios años. Después puedes volver a hacer de las tuyas, te aseguro que Petronila y su esposo están muy contentos de tenerte con ellos. - ¿Lo crees? - el fantasma dejó escapar un suspiro lleno de esperanza. - No lo dudo, tener fantasma le da categoría a una casa. - ¿De veras? - dudó el fantasma - Tal vez sea cierto, cuando hablan de mí, me parece escuchar un deje de orgullo en su voz. - Bueno, no te pases... no es para tanto. Mientras llega el lunes por la mañana, hora en que nos marcharemos a casa de otra de las hermanas de mi madre, si prometes portarte bien,
te dejaré dormir en este cuarto, elige un lugar en el suelo y prometo no pisarte si me levanto a tomar agua. - ¿De veritas? - sollozó el fantasma. - ¡Pero no te vas a poner a llorar de nuevo! - protestó ella. - No, no, lo siento - suspiró - es pura emoción, soy muy sensible... hace tiempo que nadie me trataba bien. - Lógico, te la pasas asustando. Bueno, ahora a dormir que lo de desvelarme va en serio y estoy muy cansada, llevo un mes conociendo tías y primos. Mi nombre es María, y el tuyo prefiero ignorarlo, hasta mañana.
Se arrebujó de nuevo en sus sábanas y cerró los ojos, pero no había transcurrido un minuto cuando escuchó de nuevo la voz ronca.
- ¿María? - ¿Y ahora qué? - preguntó sentándose en la cama y chocando con algo frío y
esponjoso. - Lo siento, me había inclinado para ver si ya dormías - se disculpó el fantasma retrocediendo - ¿Puedo dormir a los pies de la cama? Es que estoy algo oxidado, nunca hago ejercicio, y tengo miedo ponerme perdido del dolor de huesos si duermo en el suelo, que está frío, húmedo, pueden darme alergias... Y llevo muchos años durmiendo en un colchón de muelles. - Huesos, alergia... - refunfuñó ella -. Está bien, la cama es enorme y yo ocupo solo la cuarta parte, puedes dormir a los pies siempre que no me hagas cosquillas. - Claro, no se me ocurriría, gracias, ¡gracias! - Duérmete ya... - ¿No te da miedo dormir con un fantasma? - Por supuesto que no, he dormido con mi hermano, con mi madre, con una tía obesa y con tres primos en las casas anteriores que he visitado. - Alguien me dijo, hace
tiempo... que si lograba dormir con un ser vivo una noche entera sucedería algo muy importante, pero no recuerdo qué, intenté con los pollitos y los lagartos, pero los primeros son muy intranquilos y los segundos me daban escalofríos. - Al paso que vamos será solo media noche, ¿quieres dormirte ya? - ¿Sabías que duermo con un osito de peluche desde que era un bebé? Nadie lo ha descubierto porque no se atreven a registrar mucho el cuarto, los días de limpieza me lo llevo para cualquier sitio de la finca, casi siempre me siento en la copa de un árbol hasta que terminan. - ¿Un osito? - dijo ella entre sueños - ¿Eres un fantasma que duerme con un osito? - Está viejito, pero es precioso... en la casa donde viví, si es que alguien lo recuerda, todavía lo deben estar buscando para botarlo. Botaron mi pipa, y mis libros, y mi colección de envolturas de
caramelos... - la voz se fue apagando.
A la mañana siguiente la niña despertó, pensando en el extraño sueño de la noche anterior. No creía en fantasmas ni aparecidos, pero con tantas historias justo antes de dormir, el cansancio del viaje y los ronquidos de su madre, que aún salían del cuarto grande, era posible soñar cualquier cosa. Lo importante era no perderse la salida del sol por encima del framboyán. Se sentó, buscando sus pantuflas con los ojos.
Reclinado a los pies de su cama se encontraba un osito de peluche que en un tiempo fue dorado; apenas le quedaban pelitos, el lazo había sido sustituido por un enorme botón, pero no por eso dejaba de ser lindo. Todavía no he visto un oso de peluche que no dé ganas de abrazarlo.
Y eso hizo. A su lado había una nota,
garabateada en papel de estraza del que usaban en la cocina para escurrir la grasa de las frituras.
"Para María, gracias a ti he vuelto a encontrar el camino hacia la luz".
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo) Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Decían*
Decían su tarde los pájaros de la primavera, y mi cuerpo laxo oía el cielo en el fondo de mi casa, en los fondos de mi alma gastada, bajo los helechos y las flores y la roja bougainville. Oía la tarde de aves. Cantaba. Era noviembre. Moría un milenio. Consciente del fin y de la nada, un extraño yo sentado en el ocaso tomó con la izquierda una libreta y con cinco derechos dedos la birome; aspiró el momento, tocó el trinar de aves invisibles que derivan en memorias de memorias, y con cansino oficio trazó: decían su tarde los pájaros de la primavera...
*de Alejandro Mauriño.
(de su libro Otros poemas)
-Enviado para compartir por Verónica Capellinoveroaleph@...
DESDE QUE MURIÓ GERARDO*
La frase me quedó impresa en mayúsculas en la fiesta. Desde que murió Gerardo, dijo Cacho. Desde que murió Gerardo ya no toco más el teclado. En los geriátricos los viejos se van muriendo despacio, en sus sillas, se van desvaneciendo, se empequeñecen. Ya no pueden ya no tienen más tiempo, ya se les pasó la oportunidad de hacer esas cosas que los hacían felices. Estando, ya no están más para nadie y menos para sí mismos. Ya no tienen tiempo aunque el tiempo sea un día interminable de estar sentados en esos
sillones inmóviles. Gerardo murió como un muchacho parisino, que en su lápida dice "muerto demasiado joven, amado, demasiado pronto". Sus amigos hicieron para él un gato enorme como escultura funeraria, un gato infantil y sonriente con pedacitos de azulejos de colores y espejitos. En medio de los mármoles y los ángeles dolientes, el gato multicolor recuerda a un muchacho que murió, como Gerardo, demasiado pronto. Los viejos se desgastan con lentitud, y quién sabe qué cosas les movían las almas, qué música qué sabores, qué combinación de líneas o qué firuletes los hacían bailar. Ya no bailan, los viejos. Ojalá que hayan bailado cuando todavía tenían tiempo y ganas. Ojalá que la quietud sea el epílogo de un baile gozoso. Gerardo se fue con mucho sin probar, mucho sin hacer, mucha vida sin vivir. Y Cacho, (que
algún día va a morir), dice "desde que murió Gerardo no toco el teclado". Cacho, que no va a vivir para siempre, que fue feliz cantando y sacando melodías a la voz, Cacho, que todavía vive, que no está sujeto, todavía, al silencio impuesto de los cementerios, dice que desde que murió Gerardo no toca más el teclado. El gato sonriente de Montparnasse dice que la vida es breve, colorida, un regalo efímero. Que los jóvenes mueren, que los adultos, viejos, niños, que todos moriremos. Pero que mientras tanto. Pero que la vida mientras tanto. Pero que la vida, dice el gato, realizado por jóvenes manos de jóvenes llenos de vida en homenaje al que murió demasiado joven y con demasiada vida sin vivir. En el mismo cementerio está la tumba de Sartre, de Simone de Beauvoir, de Cortázar, de Ionescu, de muchos que no conoció el mundo pero conocieron sus amigos y parientes, y también sus
enemigos. Todos tuvieron el momento pequeño o enorme de ejercer la felicidad. Mientras podamos tomarlo, es nuestro deber aprovechar ese momento fugitivo. El gato de Montparnasse sonríe entre las tumbas. He visto desde el Sena un reloj de sol en el que dice en latín, una lengua que ya nadie usa, que el tiempo es fugitivo. Dale, Cacho, traete el teclado y dale, cantate una que sepamos todos.
Salía de su cita con el cardiólogo, había sido dado de alta, a pesar de su reciente infarto del miocardio. "Usted va a vivir cien años", había dicho el galeno y él, feliz, iba a celebrarlo con un paseo hasta el mirador. Durante el viaje en taxi, disfrutó los aromas familiares, los parques, los viejos edificios, libre del peso que lo atenazó durante los últimos días.
En el telescopio había una extranjera, lo supo por la capa oscura y el sombrero que resguardaba su pálido rostro; sus conciudadanos vestían de colores vivos y dejaban la cabeza
al descubierto, exhibiendo la piel morena por el sol.
Esperó con paciencia... La dama demoraba bastante y él estaba ansioso por saludar a su ciudad; en fin, bastaba asomarse a la baranda. Disfrutó contemplar la vida bullendo allá abajo, dejó la mente volar con fuerza renovada.
- ¿Todo bien, Francisco? - le sorprendió la voz de la desconocida.
Se volteó, comprendiendo el por qué de su presencia.
- Pero, hoy... el médico dijo... - balbuceó. - No confíes tanto en juicios de humanos - respondió ella con una sonrisa, dándole un leve empujoncito que lo hizo caer al vacío -, tu verdadera cita era conmigo.
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo) Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Superman y sus escritos del aire*
-Texto del año 2002-
Abro la carpeta del área de lengua, -mí hijo esta en 4º grado- y veo la nota escrita por su maestra en birome color verde: " ¡debes escribir sobre el renglón, no en el aire!". Observo, mudo y asombrado que las oraciones de mi hijo están escritas en un exacto punto intermedio entre el renglón superior y el inferior, suspendidas en un perfecto horizontal que yo a mis 44 años no podría sostener. Sin duda ha de ser algo importante esta corrección, y seguramente ha de ser decisivo para el futuro poder escribir con las letras y las palabras bien asentadas en la línea inferior de cada renglón.
Me pregunto como será escribir en el aire, en lugares suspendidos, sin techo ni piso, abandonar las rugosidades, la dureza o porosidad de las superficies, la materialidad del papel en formato nº3, marca Rivadavia. Perder el contacto con todas las superficies al escribir, ni pies presionando las baldosas, ni cintura presionando el respaldo, ni mano apretando con la birome el papel y dejando una fuerza justa para que la tinta haga trazo. y haya allí una permanencia leíble, y puedan ponerse los acentos más tarde o mañana a la mañana. Cierro los ojos, quiero volver a sentir al que soy, el que fui, al que siempre está y quiere sentir... Imagino oraciones suspendidas, palabras poco tangibles como una voz que se pierde en su eco lejano e inasible. Casi un sonido permanente de ruido de lluvia y torrentes de agua en las aceras, esos serian los sonidos
intraducibles para esas letras perforadas en el aire, el lejano eco de otras lejanías, la imposibilidad para siempre de traducir del sonido a palabras del aire y de allí a la voz. Como puede preocuparme una corrección normal, ingenua, casi incuestionable, quizá expresión inconsciente de un saber grafológico poco formalizado. Trato de escribir en el aire también yo, sé, que hay algo profundo que se abre paso desde esa frase en color verde..... Hay que tener firmeza en la vida para no sentir la zozobra del vuelo en palabras, pienso entonces en Antoine de Saint-Exupéry escribiendo "Vuelo nocturno" después de cada aterrizaje en un renglón desolado, mientras trabaja en la Aeroposta Argentina entre 1929 y 1931, justo en esos años cuando el abuelo italiano de mi hijo empezaba la escuela y cursaba sus únicos tres grados de escuela, y ya sabiendo leer y escribir podía seguir trabajando y acompañando a su padre a pastorear ovejas y cabras
por la montaña bien alto, estirando la mano con la gorra al ver una avioneta. Siento una tristeza extraña, como la del Principito en la ajenidad de ese, su mundo que nunca entendere cabalmente. Me parece que toda mi identidad esta atravesada por estas frases que se deslizan hacía abajo, vertiginosas, en la nieve blanca del cuaderno, apenas visibles como hilos de araña en los leves carriles como renglones. Como no volver a sentirse a la luz de la infancia. Con amigos del alma como Clark yo soñaba mi vuelo en barriletes de papel de diario. Hoy me digo que quien pueda volar también puede escribir en trazos de nube, ver a través de las paredes, y cuestionar sin duda la opacidad necesaria de las cosas. Empiezo a escribir en forma transversal, y los renglones son filosos truenos cortando las frases. "las palabras son barrotes" me dijo un viejo sabio de los de antes. De los habían aprendido
viviendo, leyendo libros y sembrando por cada paso en la vida.
Nuevamente me siento como Superman. Saltando limitaciones humanas en líneas y delgadas paredes, abriendo boquetes con palabras, viendo más allá. Es un juego de niños la regla secreta del vuelo que no podemos aceptar y dejamos reservada a la irrealidad de los sueños y las series. Ahora bajo la vista hasta el horizonte, el cielo cerrado y gris es una pizarra adecuada, una bóveda curva de renglón sur a renglón norte, ambos están escritos en árboles teñidos de otoño, en siluetas de edificios, apenas breves acentos aparecen en la escritura de las chimeneas humeantes. Esta todo el cielo por escribirse: -Clark, acá estoy de nuevo, reconocés al Eduardito..? Las palomas asustadas por el tren borran de alas una parte de mi nombre, no lo ven, pasan por adentro de mis letras, la "a" y la "o" no se conmueven por el paso en giros de la
bandada, pero la "e" esta borrada. La U es mi letra preferida, la estiro , es un renglón cielo invertido, un espacio cóncavo para jugar.... empiezo a rodar de punta a punta, -me río-, mi padre sonríe también mirando al cielo, veo el reflejo de su diente de oro brillando al sol y su mano en el aire saludando como aquella vez en su montaña saludando a esa avioneta que no era un pájaro enorme. En el aire, el tiempo esta cortado, mi madre me dice que no es bueno que este jugando en el cielo, adentro de esa letra, que si llueve voy a empaparme todo, como una esponja. -Pero no de angustia -le grito fuerte para que me oiga. Si, tenía 9 años como mi hijo y veía a Superman, y en el pizarrón de 4ºA muy alto y negro era un desafió escribir bien Kriptón o Kriptonita verde con tiza. Pero el tiempo pasa entre renglón y renglón como un segundero infalible que baja paso a paso de escalera. Quisiera entender ahora,
porque cuando nació mi hijo abandone para siempre el uso de relojes pulsera. El tiempo correría , pero nunca más sostenido en mi muñeca. Habrá que medir su paso en blancas canas nevadas. Me acuerdo ahora palabras de otro Maestro, Don Julio Cortázar, y me parece verlo escribiendo en un pizarrón: "El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa." Y también explicando a sus pequeños alumnos como escribir frases saltando a Rayuela entre renglón y renglón, viajando ida y vuelta de la tierra al cielo, obligando al lector a seguir en cada salto, sin caer al vacío.
Pero todo esto no lo sabe Luisa, la maestra de Franco y ahora que él empieza a descubrir sus habilidades sin ninguna enseñanza de mi parte, puedo, con la mirada que ve más allá y atraviesa los muros darme cuenta de lo peligroso que es escribir por los aires, lejos de la base segura de un renglón tras otro.
3º Concurso de composición XICóATL: hasta el 30 de agosto!
Para recordarles que el 30 de agosto 2008 es la fecha límite para el envío de los trabajos al 3º Concurso de composición XICóATL "Estrella Errante". Les enviamos nuevamente las bases de participación. Más informaciones obtienen en la sección Aktuelles/Actualidades de nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur www.euroyage.com Schiessstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA Tel: ++43 662 825067
ESPACIO PARA SOCIOS:
-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@...
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Siempre es mágico y misterioso esto de entrar a la tierra, de penetrar por los recovecos donde se refugiaron los hombres de la prehistoria, esos lugares de temperatura constante como la cava donde se almacenan los vinos para transmutar en exquisito y viejo lo joven y destemplado. Claro que nuestros antepasados no habitaban más que en la sala de recibimiento, donde la luz aún proporciona un contacto con el exterior y donde aún se cuelgan los murciélagos. Apenas la antesala, el inicio. Pasarelas y escaleras nos permiten llegar más adentro, recorrer pasadizos que eran para los osos de las cavernas, animales de tres metros de
estatura si se les daba por poner su altura sobre las patas traseras. Osos que ya no hay. Y un océano sumergido, las conchas marinas y los fósiles tubulares tapizando la pared más recóndita, adonde uno no sospecharía, jamás sospecharía que hubo mar. Las placas que se chocaron allá lejos en un tiempo inimaginable soldaron la Europa con la Iberia (aún desunidas esas placas, como lo dijo Saramago cuando imaginó el camino inverso, la península bogando de nuevo a la deriva, lejos de esa Europa a la que está adosada imperfectamente). Conchas marinas y animalejos de las profundidades, en las profundidades ahora, a cuarenta metros de la superficie colina arriba. Y la caverna formada por el agua. Corroída la roca, infiltrada, vaciada hacia abajo hacia abajo en galerías superpuestas, caprichosas, chorreadas de cristal ferruginoso. Unas cavernas vivas, sonoras,
gotas sobre lagos serenos, gotas límpidas sobre mi cabeza, humedad de los muros. Tan rápido cae este agua que no da tiempo para las fantasmagorías de estalactitas y estalagmitas. Nada de columnas; paredes chorreadas, sí, urgente el agua para esculpir y dar forma a la imaginación de la piedra. Nos hablan de los pueblos originarios, de la cultura que se creó entre estas montañas, nos hablan de los mitos de este pueblo que pobló los Pirineos. Y fue ayer. Fue hace unos segundos. Entre la piedra moldeada por el agua y los restos de un mar que ya no está, la historia humana toma su dimensión de fugacidad insoslayable. ¿Están en Francia las cuevas? ¿Se hallan dentro de la Euskalerría? ¿A quién pertenece la piedra, el agua incesante, los fósiles inmóviles? Miro, escucho la lluvia interior, la lluvia que cae en mi pecho,
dentro de la cueva que es cada corazón humano. Trabajado, él también, por las aguas del tiempo sobre los fósiles de la memoria.
Bienaventurados los locos los sedientos los que no encuentran puerta ni camino los que comulgan ritos de niebla entre fantasmas los militantes del miedo o de la sombra.
Bienaventurados los atormentados los que no confían en el Padre ni conocen al Hijo los que no han recibido más Palabra que un silencio porfiado y dos preguntas.
Bienaventurados los menesterosos de ternura los que han aprendido de memoria la rutina de sufrir
los que ejercen su eterno desencuentro los que postulan el absoluto de la contradicción.
Bienaventurados los harapientos limosneros de la paz los que fuerzan con llaves obsoletas las muertas cerraduras.
los miserables los que rasgan la carne para hallar el cero de la vida los que mienten para acertar los que se atreven a decir que son inútiles
los ignorantes los que no saben ni aspiran a saber los desahuciados de toda ideología
los que transcurren sin pena ni gloria y diluyen sus días en agua de misterio.
Bienaventurada la vulgaridad de ser prosaicamente igual a los que nombro
y el escándalo de andar anónima arrullando mis dudas con un himno
Vine acá porque creí que sería mejor Extrañar los campos y los caminos enlodados, Al igual que las casas hechas de palos y techos de cartón.
Vine, porque creí encontrar lo necesario para trabajar, Porque creí en lo que se dice: Que quien trabaja Tiene para comer.
Y en las noches extraño a mis amigos, Y a tu cara dulce y pálida, Morena de entre el frío que hay en las mañanas.
Vine hacia acá porque creí Que allá la cosa nunca iba a cambiar, Pero encuentro aquí Que la cosa anda igual, Y que si seguimos como vamos, Es seguro que esto va empeorar.
Que si hacemos algo como hermanos, Y que si no seguimos esperando A que alguien más lo haga, Seguro que la cosa va a mejorar.
Vine acá porque creí lo que dijeron: Que en este modelo económico Se tiene libertad.
Pero nadie dijo que mi fuerza de
trabajo La tenía que dar a alguien más. Que lo que ganas por un salario, A penas te alcanza para tragar… Y que si no encuentras a quien se adueñe de tu trabajo, Que Dios te bendiga y a ver cómo le haces para comer.
No era de talla muy grande más bien pequeño, pero su personalidad y empuje hacían que los demás lo vieran mucho más amplio y monumental de lo que era su forma de ser llevaba optimismo su forma de silbar hacia poner celosos a los ruiseñores el impacto de su voz retumbaba en los pasillos y las vibraciones se extendían por toda la casa era pequeño de tamaño pero grande en su saber hipnotizaba con sus letras inscriptas en sus falanges de sus labios, a pesar de la agonía había siempre un vocablo de aliento de seguridad y de ternura. Ese ser inmensamente grande en su pensar sabrosamente perspicaz y considerado tiene un aura de creación. Las neuronas y los glóbulos rojos, le temen o le hacen caso las hernias se vuelven a su lugar el ahogo y la fatiga no están en su diccionario de lenguaje en su
dirección hay como un espacio de Ángeles de la guarda que cuidan el entorno.
Soy la perra rabiosa. Envenenada. La fundadora de las vides de olvidos. En las venas, un vino acre y nauseabundo Recluida a las regiones mas sombrías del Tártaro Vomitada por el hombre y los dioses. La que tiene garras de ojos amarillos. La que aloja en su vientre un escorpión nocturno. Amo esta rabia mía como la muerte misma. De ella me alimento. Día a día. Me nutro de carroña y de cráneos partidos. Soy fiel a la especie de las bestias heridas. El amor ha abortado su cosecha. Cada noche, cosecho lo sembrado. Necesito esta rabia pan de cada día. Es la coraza que me salva. La que permite exudar Gota a gota. La insoportable soledad de cada día.
Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente dos de ellos, enormes y con la fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mi con ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con la fauces abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y rabioso. En
todo este tiempo puedo asegurar que no sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo real.
La obra del gran escritor Juan Carlos Onetti (Montevideo,1909-Madrid,1994) estuvo signada por los desencuentros -el primero con la crítica ciega, y luego con el público que no estaba preparado para recibir una escritura de esa dimensión- que lo llevaron, pese a ser muy original, a los segundos premios donde se presentara. En 1939 a instancias de su amigo el poeta Juan Cunha que se improvisó su editor, apareció en Montevideo la primera edición de "El pozo", donde Eladio Linacero, personaje emblemático del sujeto urbano aplastado por la angustia y el anonimato, monologa sobre la sinrazón de la existencia. "La náusea", saldría varios años después, al fin de la guerra, es decir que Onetti pasó desapercibido porque
simplemente vivía en el arrabal del mundo. Era latinoamericano. La patética suerte de este libro que debió modificar el mapa literario del Río de la Plata, quedó sujeto a la falta de interés ya que según Angel Rama, quien años después de su aparición lo reeditó, sostenía que aún quedaban (a 30 años de aquella edición secreta) paquetes de ejemplares de los 500 que se habían tirado. La tapa tenía la reproducción de un Picasso apócrifo y el papel interior era de estraza celeste. En estas costas reinaba Eduardo Mallea, de quien hoy nadie se acuerda, ni los distraídos profesores de literatura lo incluyen en sus programas.. No mejor le fue con “La vida breve”, en 1950, ya viviendo en Buenos Aires. No tuvo casi comentarios, pasó desapercibida esta obra verdaderamente de vanguardia, seis años después le pasaría lo mismo a Antonio Di Benedetto con “Zama”, que son junto a “Los siete locos” las
tres mejores novelas que se publicaron en la Argentina en el siglo XX según Juan José Saer. Los “fracasos” no hicieron mella en la obcecación de Onetti. Siguió poniendo en palabras como nadie al ritmo de su respiración de fumador empedernido y de alcohólico contumaz, las insanias de este mundo absurdo. Su galería de putas y de borrachos, su “corte de los milagros” donde pululan los fracasados, los locos, los pirómanos, los proxenetas, los marginales que sólo en sus piadosas palabras tienen un destino, y los únicos seres que se salvan de su mundo atroz: los adolescentes, porque según sus palabras no han perdido aún la pureza que una vida de miserias les va a arrebatar seguramente en la primera de cambio. Huraño, cascarrabias y escéptico, pasó por este mundo escribiendo “por necesidad, para mí mismo, aunque supiera que nunca nadie me va a leer” como dijo en uno de los pocos reportajes que concedió en su vida
a la periodista uruguaya María Esther Giglio. La obscenidad, que es norte de la vida social de muchos escritores que sólo se empeñan en hablar mal de los colegas en público, como si eso les diera una pátina de genialidad, deberían seguir su ejemplo de ascetismo. Onetti, como su admirado maestro Faulkner, dejó una larga estela de escritores que sin su obra no hubieran existido. Lo diré sin más vueltas: dejó un montón de discípulos, que aprendieron a escribir gracias a él. Algunos se lo han agradecido (Carlos Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa, Saer) y otros se lo guardan y lo niegan si se les pregunta, pero no llegan lejos con su mentira. Eso se percibe fácilmente al leerlos. Pareciera que son “guachos”, como se les dice en el campo a los huérfanos, a los que no tienen padre conocido, a los “hijos de la nada”. Suponen que el mundo los estuvo esperando para comenzar su marcha, son sus modestos aportes a este
mundo de miserias. Allá ellos. Lo cierto es que Onetti nos dejó un puñado considerable de cuentos y por lo menos cuatro novelas que son obras maestras del género: “La vida breve”,”El astillero”,”Los adioses” y “Juntacadáveres”. El “Juntacadáveres” Larsen o simplemente “El Junta”, quien ya había ido apareciendo en novelas anteriores y que en “El Astillero” había sido personaje principal, pero es en “Juntacadáveres” donde hace su aparición que es toda una sinfonía: el sueño de un prostíbulo perfecto. ¿Acaso “el astrólogo” no pensaba lo mismo en la saga arltiana para financiar “su” revolución. ”Juntacadáveres” se instala en la ciudad de Santa María, la ciudad inventada por Juan María Brausen en “La Vida breve” y trata de poner en práctica su plan, elaborado minuciosamente, ya abonado por fracasos anteriores pero se debe enfrentar con el doctor Díaz Grey
(otro emblemático personaje onettiano, quien representa las fuerzas vivas de la ciudad. Hay un diálogo entre ambos que no tiene desperdicio. Allí Juntacadáveres intenta convencer al médico que ellos tiene vocaciones diferentes, pero una misma pasión. Cierta vez se le preguntó a Onetti sobre el origen de este personaje. Y él contó que trabajando para la empresa Reuter en Buenos Aires, una madrugada asomó por la puerta de un bar un sujeto que llamó su atención. Al inquirir por él, le dijeron: ”AH, es el Junta. Le dicen Juntacadáveres porque se dedica a coleccionar prostitutas viejas. Fue suficiente para construir después uno de sus personajes más entrañables, aún en su miseria final y su abyección. En su magistral cuento “El posible Baldi”, afirma que somos responsables de una lenta vida idiota. ”Porque el doctor Baldi-dice el narrador- no fue capaz de saltar un día sobre la cubierta de una barcaza, pesada de
bolsas o maderas. No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles ni de hombres sensatos”. Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó. Él, que se casó cuatro veces. Entre las cosas absurdas de un continente sumido en la represión que orquestaron sus propios Estados contra los pueblos está la dolorosa anécdota que llevó a Onetti a la cárcel por haber participado como jurado en un concurso de la mítica revista “Marcha” y haber premiado un cuento de Nelson Marra donde el personaje era una represor/torturador. Marra estuvo 5 años preso en una cárcel para detenidos de extrema peligrosidad. Onetti, Mercedes Rein, miembros del jurado, seis meses, junto a Carlos Quijano y Hugo Alfaro, director y Jefe de redacción respectivamente de esa publicación donde Onetti
había sido su primer secretario en l939. Esto de las detenciones fue en gobierno de Bordabberry, quien disolvió el Congreso y gobernaba con una junta militar. Corría el año 1974. Cuando lo dejaron libre se cruzó a Buenos Aires con una valija de libros, allí tomó un avión para ir a Madrid donde se lo había invitado para participar como jurado en la editorial Seix Barral. Su última esposa, la argentina Dorotea Muhr lo siguió. Estando privado de la libertad pidieron por él todos los intelectuales dignos de Europa y Latinoamérica. Empezando por Jean Paul Sartre. Nunca volvieron de allí, ni cuando el presidente Sanguinetti elegido democráticamente lo invitó telefónicamente. -Gracias, pero no sé qué volvería a hacer yo allí, contestó eludiendo el convite. Pasó sus últimos años escribiendo cuatro novelas más y algunos cuentos, se empezó a reeditar parte de su obra en España y otros países de Europa, pero él
siguió acostado en su cama tomando whisky, fumando varios paquetes de cigarrillos y leyendo interminables novelas policiales. Sin dar ningún reportaje. Había hecho hacer un cartel que pegó con una chinche en la puerta con la leyenda que decía: “Onetti no está”. Los curiosos o pacientes que lo buscaban infructuosamente se encontraban con el cartel... y el ruido del violín que producían los ensayos de su esposa que era música. Cuando le concedieron el Premio Cervantes (máximo galardón literario en lengua española), nunca tan bien otorgado valga apuntar, agradeció al rey con un discurso donde aclaraba que él en la vida siempre había pagado “no placé” y cuando ya no esperaba nada le caía esta distinción. Al ser requerido por el periodismo de todo el mundo, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él. -“Ciento diecisiete mil dólares”, contestó lacónico. Al periodismo hispano
no le cayó muy bien su respuesta. Se olvidaba que él era Juan Carlos Onetti, un verdadero duro hasta el fin.
Te dejé olvidado entre lápices de colores muy usados y un nido de horneros deshabitado ahí estarás protegido de tormentas viejas y poemas nuevos para siempre tuyos los pasos de mi infancia los maceteros de malvones rojos y el perfume dulce de violetas invasoras en ese jardín eterno adonde moriré niña y saltando a la soga recogiendo hojas de laurel para la salsa de tomates corriendo incansablemente a los patos. Aún me observas encendiendo eternamente la pipa tras los anteojos redondos y dorados flamean al viento tus bombachas de campo permaneces atornillado al suelo por tus alpargatas negras. Mi tiempo es mentira aún estás ahí enseñándome a tomar mate amargo y a montar mientras la Patagonia se desenrosca en mi pelo y un caballo que no entiende de linajes me vuelve a arrojar cerca de la tranquera ilustrando tu
iracundia no fuera cosa que se rompiera tu muñeca y su mágica sonrisa de chocolate. Ninguna mano tan enorme ningunos ojos tan claros ningún silencio tan palabra. Ningún abuelo en tu sillón donde reinabas mi infancia. Antiguo rey de corazones.
-Fuente: ARENA DE NUEVE CANTOS. Antología de Poetas Santafesinos. (2008)
Regalo de amor*
El le dijo que le regalaría la luna si pudiera. Se subió a una escalera, no pudo, estaba muy alta y tenía que nadar en ese cielo oscuro de las ciudades, se enganchaba con antenas que servían para que de las cajas cuadradas, salieran palabras que hacían que los que las recibían se quedaran callados. A él le gustaban las palabras de ella que miraba los ojos de él, nolas cajas que despertaban silencios. Los ojos de él eran pantallas abiertaspara ver el mundo. Más hablaba ella, más quería el regalarle la luna.
Un día se la trajo. Ella abrió el paquete encontró una luna, redonda, clara, a veces derritiéndose, otras erguida. Todas las noches se acercaba a esa luna de la revuelta, la luna del deseo, con hebras de pasto y suaves aromas de infancia. Un día se animó, la tocó con la boca, se dio cuenta que era un maravilloso queso que guardaba en su interior palabras de Calvino, las artesanías de antiguos campesinos, la historia del mundo en pedacitos.
Cuando el llegó, ella le sirvió trocitos del secreto de él, con vino.
No quiero contarles lo que siguió, si desean saberlo apaguen esa caja repetidora del más pobre sentido común, busquen en los ojos de un él o una ella, la luna, el mundo, o lo que quieran, y verán como sigue la historia.
Desprende del techo con un plumero los sueños que cuelgan junto a las telarañas del cielo raso. De bajo la cama, barre el deseo. Con una espátula despega la ira de las paredes. A la ternura, bastante apolillada, la descuelga del ropero. Mete todo en una caja, que envuelve y ata con espléndido moño de regalo, y la deja sobre la mesa del comedor. Conforme con la tarea realizada, se va de la casa dando un portazo. - ¡Qué sea él quien saque la basura!- exclama.
Los dos hombres han salido a cubierta. Amanece y desde el barco puede divisarse la costa, el primer movimiento del día. Una leve bruma dificulta la visión desde la popa, donde los dos hombres se han apoyado y permanecen en silencio.
El gordo está prolijamente peinado, el cabello ralo apretado por la gomina. La brisa le hace entrecerrar los ojos. Una arruga le cae entre las cejas, otras dos a los costados de la nariz y la boca es un arco fláccido sobre el mentón quebrado.
Los ojos del hombre flaco son opacos; los rasgos suaves del rostro denotan comprensión
-resignación tal vez-, y ya no hay ternura ni esperanza en su gesto. toda la amargura del mundo mira, desde esa cara, a la costa inglesa.
Stan coloca una mano sobre los ojos, a modo de pantalla, un poco para evitar el fulgor del sol que se levanta en el horizonte, un poco para que el gordo no advierta que esa costa (que es la misma que dejo hace cuarenta años), es otra para él.
Los cuarenta años pasados en Hollywood lo han convertido en un hombre cansado. Al fin y al cabo, es mucho tiempo y la vitalidad no le puede ganar a la vida. ¿De qué valdría estar recostado en un cómodo sillón, rodeado de nietos que miman, de periodistas que adulan? John Wayne le dijo una vez al gordo, que ahora está a su lado y entonces no le hizo caso, que la vida es dura y es mejor defender a cada momento lo que se consigue porque si no, la gente lo olvida. y la gente olvida su propia risa.
El flaco ha movido levemente la cabeza y le ha parecido percibir, en el gesto del gordo Ollie, una mueca parecida a una sonrisa.
-Ya salen los pescadores- ha dicho el gordo.
En el horizonte, centenares de barcazas dejan la costa en dirección al pequeño barco. Sólo Laurel y Hardy permanecen en cubierta. Ambos han levantado las solapas de sus sacos, aunque no hace demasíado frío; el viento silba contra el buque.
-Habrá que tomar un tren hasta Lancanshire-, dice el flaco sin mirar a su compañero.
-los trenes tienen que ver con el principio y con el final- ha dicho Stan.
-Por primera vez, Ardí se ha dado vuelta para mirarlo. Luego baja la vista. Le gustaría estar otra vez bajo los reflectores, frente a una cámara de cine.
Piensa que no está demasiado viejo para eso. Tiene 62 años y está cansado, es cierto, pero debe reconocer que es la gente quien se ha cansado de él y de Stan.
"Los trenes tienen algo que ver con el principio y con el final", piensa ollie. Es cierto. También los barcos y la distancia. Uno siempre va a morir lejos de los mejores lugares. Por vergüenza tal vez, como los elefantes. El siempre tuvo algo de elefante. No sólo fisicamente. Los elefantes son codiciados en su mejor momento cuando sus colmillos son frescos y deslumbrantes. La gente sólo busca eso, los colmillos. Si atrapa a un elefante, enseguida se los corta y toda la grandeza del animal desaparece. Queda apenas el cuerpo pesado, dolorido, tan dolorido está el elefante que cualquier otro animal puede matarlo.
-Me siento como un elefante-, ha dicho Hardy, Stan lo mira y luego dirige sus ojos a la distancia donde las chalupas navegan agitadas por el mar.
-¿Tu padre sabe que llegás? -pregunta Ollie.
-Le mande un telegrama. Habrá función en Lancanshire. El todavía trabaja en el teatro del condado.
Cuarenta años fuera de Inglaterra. Nunca extrañó demasiado. Sin embargo, Stan siente esta madrugada un suave estremecimiento cuando piensa que su padre lo verá en el escenario. Siempre le mandaba cartas luego de ver las películas. Alguna vez, recuerda, le sugería cambiar detalles. El viejo era muy minucioso y no perdonaba nada. El lo hizo actor y no le dolió cuando lo dejó ir, aún sabiendo que no regresaría. Quizás esperaba de su hijo la grandeza que él nunca había conseguido. Y ahora el hijo regresa, con toda su grandeza a cuestas, y le da miedo enfrentar al viejo (tendrá más de ochenta años ahora), que todavía actúa en comedias y ha sido premiado en el condado. Dos hombres viejos van a encontrarse, van a resumir sus vidas en un instante.
Ollie mira a Stan. Tiene los ojos nublados y siente ahora un poco de frío. el sol se levanta cada vez más. las estrellas, que aún brillan, son las mismas que las de aquella noche de 1912, cuando Stan partió de Inglaterra. Stan siente ahora lo mismo que aquel día. Es necesario apostar otra vez por la vida, pero no sabe si alguien querrá aceptar la apuesta de un viejo perdedor.
Stan enciende un cigarrillo, tiene que darse vuelta, dar la espalda al viento para que el fósforo no se apague.
A lo lejos comienzan a sonar las campanas de la iglesia del pueblo. Ollie reconoce antes que Stan el ritmo de los tañidos, la música que tantas veces oyeron en sus películas.
Se han mirado sin hablar. Stan se ha cubierto la cara con las manos. Arroja el cigarrillo al mar. Ollie le da la espalda. Ambos saben que todo final abre la esperanza de un nuevo comienzo.
La música llena el aire.
*de Osvaldo Soriano.
-De Artistas, locos y criminales.
*
Queridas amigas, apreciados amigos:
El domingo 3 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alberto Nepomuceno. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Takillakta (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
BASES DEL CONCURSO:
ÁREAS: a. Composición para piano solo b. Composición para piano y electrónica c. Composición para piano y trío de cuerdas
v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la
audición. INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos
separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008. Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
Remitir las copias y anexos solicitados a: CONCURSO XICóATL Schießstattstr. 44/9 A-5020 SALZBURG - AUSTRIA – o a: euroyage@...
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR: KLAUS AGER (AUSTRIA) JORGE ANTUNES (BRASIL) ALICIA TERZIAN (ARGENTINA) ROLANDO CORI
(CHILE) ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de: v El Gobierno del Estado de Salzburgo v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo v La Asociación Música en el Museo (MiM) v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
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En Europa leí "Cometas en el cielo", de Khaled Hosseini. La historia transcurre en Afganistán, y entre muchas cosas se ve al pueblo de los hassaras como un pueblo de sirvientes. Son los caras chatas, su fisonomía advirtiendo sin necesidad de presentación que sus ocupaciones serán las más bajas. Servir las mesas, limpiar lo que reste de los banquetes de los otros. En el libro, el protagonista vuelve a Afganistán luego de mucho tiempo, para encontrar a su ciudad convertida en cementerio, en paredes derruídas, en los escombros que dejaron la ocupación soviética y la furia de los talibanes. Él recuerda una Kabul con olor de cordero asado, con aromas especiados, con risas, con niños jugando felices en las colinas. Un hombre le dice que, sin embargo, esa ciudad feliz que recuerda y añora solamente existió para él; para él que tenía un
padre poderoso y vivía en una casa señorial. Le hace notar que ahora ve al país como un extranjero, pero que verdaderamente siempre fue un extranjero. La clase acomodada es extranjera en su patria, ve un segmento, vive y siente una pequeña porción de la realidad. Y en Europa sentí, cada vez que hablaba con acento sudamericano, que probablemente la gente instantáneamente me ubicase del lado de la servidumbre. En Europa los latinoamericanos son quienes sirven las mesas y limpian lo que resta de los banquetes de otros. Y era una sensación incómoda y vergonzosa. Al volver a la Argentina, en Santa Fe, vi hoy a un niño de cara chata llevando, o más bien arrastrando, un palo más grande que él repleto de juguetes inflables que vendía en la calle. No es un hassara, es un niño americano con sangre aborigen. Moreno, bajito, de cara chata. Lleva en el rostro la señal de la servidumbre y del
oficio modesto. Me sentí hoy, en Santa Fe, tan extranjera como el afgano que regresó a su tierra arrasada. Como el afgano que dirá "si, soy afgano, pero cuidado, mirenmé bien que no soy hassara". Mi propio rostro no porta las señales del oprobio, no me coloca en la otra casta. Mirenmé bien, por favor, si no parezco latinoamericana. En Europa tuve una sensación incómoda y vergonzosa.
Ella estaba totalmente enamorada pero en la actitud de Julio notaba unos pequeños detalles que la hacían sospechar que no era correspondida. Por su forma de ser necesitaba estar segura de los sentimientos de él y temía una nueva desilusión.
Julio era encantador, educado, sensible, atento y fiel. Le había pedido en matrimonio y estaba a punto de comprar una casa donde irían a vivir después de la boda. Sin embargo necesitaba tener la seguridad de que estaba enamorada de ella por lo que decidió que la madre naturaleza se lo diría deshojando una flor. Las flores nunca engañan.
Debo reconocer que sus conocimientos de botánica eran un tanto limitados y en lugar de probar con una margarita, flor pitonisa del amor, decidió hacerlo con la primera que encontrara. Se puso muy contenta cuando
descubrió un trébol de cuatro hojas. Recordaba perfectamente que traía suerte. La tomó y comenzó a deshojarla. Me quiere, no me quiere, me quiere…
Quien soy Cuando estoy sola Sin mi trabajo Sin mis amigos Sin las preocupaciones De mi hijo adolescente.
Cual es el enigma De vivir mi propia vida
Quisiera circunscribirla En un espacio estable En un llano arquitectónico En un recipiente inalterable En un sobre lacrado Y certificado Ante escribano publico
Pero no puedo Ella la Vida se licua Por una hendija casi invisible Y fluye, no se somete Ante mis deseos, mis temores Mis amores.
Como el sudor de las manos Transparentes de mi hijito Llenas de ternura Y sus deditos abiertos a la aventura Solo ella sabe y dirige Mi propia vida.
Hace unos días terminé de leer una de las grandes novelas del siglo XIX. Pero hay libros de los que no se puede decir “terminé de leerlo”, y probablemente ésa sea la prueba de su grandeza: aunque la haya terminado sigo, de diferentes modos, queriendo, sin querer, leyendo esa novela.
Vasili Grossman fue, durante un tiempo, algo así como un héroe de la Unión Soviética. Había nacido en 1905 y en Berdichev, Ucrania, en una familia judía acomodada; la revolución lo entusiasmó desde el principio y decidió estudiar ingeniería porque, en esos días, el camarada Lenin decía que el comunismo era el poder soviético más la electricidad. Pero empezó a escribir desde muy joven y, a sus 30, publicó sus primeros cuentos; en 1936, mientras el camarada Stalin mataba a millones de comunistas con sus
purgas, Grossman fue aceptado en la oficialísima Unión de Escritores, con todos sus privilegios, y abandonó la ingeniería.
Al año siguiente su esposa Olga fue detenida por “no haber denunciado las actividades antisoviéticas” de su primer marido, el poeta Boris Guber. Desesperado, Grossman mandó una carta al jefe del servicio secreto, pidiendo su liberación: “Todo lo que poseo –mi educación, mi éxito como escritor, el alto privilegio de compartir mis pensamientos y mis sentimientos con los lectores soviéticos– se lo debo al gobierno soviético”. Para su propia sorpresa, su mujer fue liberada unos meses más tarde.
En 1941, la alianza entre Stalin y Hitler se rompió y los alemanes invadieron Rusia. Grossman fue exceptuado del servicio militar, pero pidió ir al frente como corresponsal: sus crónicas de guerra, publicadas en el diario del ejército soviético, Estrella Roja, lo hicieron popular y respetado.
Grossman acompañó a las tropas rusas que liberaron el campo de Treblinka y fue uno de los primeros en escribir sobre el holocausto nazi. Buscaba, entre otras cosas, rastros de su madre, deportada y gaseada; sus artículos sirvieron como pruebas en los juicios de Nüremberg. Cuando la guerra terminó, su vida era, dentro de lo posible, desahogada; hay distintas versiones sobre por qué decidió tirar todo por la borda. Quizás haya sido la decantación de lo que había visto y vivido en la Gran Guerra o, más probablemente, la ola de antisemitismo lanzada entonces por el Kremlin. Lo cierto es que, en algún momento, Grossman empezó a escribir una novela que contaría esos años y que pensó llamar, sin el menor pudor, Vida y destino.
Cuando la terminó, en 1960, Grosmann la mandó, como debía, al comité de censura. No tenía grandes expectativas pero era el único modo de llegar, eventualmente, a publicarla. La censura no sólo la
vetó; poco después su departamento fue asaltado por un comando KGB que se llevó todas las copias e incluso, por si acaso, los carbónicos y las cintas de la máquina de escribir. Un jefe del Politburó, Mikhail Suslov, le dijo que su novela no se publicaría en trescientos años: “¿Por qué tendríamos que agregar su libro a las bombas atómicas que nuestros enemigos preparan contra nosotros? ¿Por qué tendríamos que iniciar una discusión sobre la necesidad de la Unión Soviética?”. En esos días todavía había gente que creía en la literatura.
Vasili Grossman se murió en 1964, a sus 58, marginado, humillado, de un cáncer de estómago. Quince años más tarde, un amigo consiguió sacar a Suiza un borrador de la novela, y al tiempo se publicó en inglés y francés; la traducción española apareció el año pasado. Vida y destino es, insisto, una de las grandes novelas del siglo XIX.
Digo: una novela de cuando las novelas
creían que podían –que debían– contar el mundo sin pudor, sin ninguna modestia. Algunos la comparan con Guerra y paz: yo estoy de acuerdo. Vida y destino es un fresco espeluznante de los desastres de la guerra y de la vida bajo el poder de un Estado total: los días en el frente de Stalingrado donde cada cual sigue su pequeño camino personal bajo las bombas, las agachadas de los funcionarios que obedecen por miedo o por codicia, la carta estremecedora de una vieja judía a punto de viajar al exterminio, las noches en un gulag soviético y en un campo alemán, las muertes heroicas, las muertes tontas, las muertes olvidadas, las traiciones, las peleas de un científico ruso con sus colegas y con su conciencia, las matanzas de campesinos durante la colectivización de la agricultura, los amores y desamores donde también tercia la mano del Estado, las semejanzas entre el sistema nazi y el soviético, las reflexiones sobre la sucesión de Lenin por
Stalin, la caída de un comunista detenido y torturado sin saber por qué, los grandes odios, las pequeñas miserias, contadas con un aliento extraordinario, sin miedo de la desmesura.
Y con un objetivo: se ve –se lee todo el tiempo– que Grossman escribió esta novela como quien prepara meticulosamente la bomba suicida, con la conciencia de que le costaría la vida o algo así pero que, de algún modo, le valdría la pena.
Una novela, digo, del siglo XIX: de cuando las novelas creían que debían y podían. Después, a principios del veinte, la vanguardia se cargó aquella forma ingenua, desmesurada de poner en escena “lo real” para cambiarlo, y buscó en la experimentación sobre sí misma su sentido. Hasta que, en los setentas, ochentas, esa idea chocó contra sus límites y no quedó ni lo uno ni lo otro: ni contar para cambiar el mundo ni para buscar nuevas maneras.
Me da envidia el camarada Grossman, que sabía para
qué escribía. Ahora no sabemos: me parece que casi siempre no sabemos. Ya no sabemos dónde está el coraje de un texto, dónde su necesidad.
En general, creo, escribimos para escribir. Porque es interesante, simpático, satisfactorio incluso, porque no está mal ser escritor, porque se gana algo de plata y un poco de respeto, un par de viajes, la admiración de algunos. Por eso, supongo, escribimos cositas. Por eso, supongo, las librerías están llenas de libros que no dicen nada, que se olvidan en un par de meses, que dan exactamente igual. Me da envidia, mucha envidia Vasili Grossman, canceroso, olvidado, convencido quizá de que su esfuerzo había valido todas esas penas: que si tenía una vida debía hacerla un destino y que ese destino, extrañamente, era una
novela.
Entre los grandes compendios de literatura y tradiciones folclóricas de los pueblos de Occidente, existe un libro, acaso único, publicado en Alemania hacia la primera mitad del siglo XIX por dos filólogos y germanófilos: “Cuentos de hadas de los hermanos Grimm”. Destacándose entre sus transcripciones literarias narraciones como "Hänsel y Gretel”, “La cenicienta”, “Juan sin miedo”… El sostenido proyecto histórico, experimentado por las sociedades que integran Occidente, ha permitido establecer una relación de distanciamiento, esencialmente exegética, con respecto a los antiguos valores aportados por el folclore y la tradición en general. El papel en particular realizado por los artistas e intelectuales europeos con respecto a los vínculos siempre concomitantes de la
creación y la tradición cultural, más la función pedagógica e investigativa ejercida por las universidades modernas, ha tendido progresivamente a reorganizar y resignificar socio culturalmente el antiguo material mitológico, que conforma el arcano pensamiento “prelógico”. Lo curioso de estas leyendas es que son mitos sin religión, que se presentan ante el lector moderno como puras narraciones fantásticas. Obviamente, cuando leemos historias como “La cenicienta” y “La bella durmiente del bosque” no encontramos en ellas ninguna mención de peso que las implique de forma directa con un orden de pensamiento religioso ya sea pagano o cristiano. Se trata simplemente de historias de hadas, tal como prefirieron nombrarlas los hermanos Grimm. Aunque como tales tienen un origen esencialmente pagano. Las hadas de los bosques alemanes son las herederas de las sílfides, ninfas y ondinas que giraban en torno al viejo panteón de los dioses
nórdicos, pero entremezcladas con otras tradiciones (celtas, griegas, latinas, eslavas, mediterráneas) en ocasiones más antiguas, en ocasiones más recientes. Los personajes de las leyendas de los Grimm no se encuentran insertos en una red filogenética, construida mediante la relación parental que enlazaría a la mayoría de los personajes mitológicos para que integren una específica teogonía. Son sólo “viejos cuentos de invierno” que apartan por un breve espacio de tiempo a los oyentes de sus labores cotidianas. Pudieron quizás ser, en su origen más lejano, un desprendimiento de una arcana teogonía de la que sólo hoy nos quedan, dispersas entre la ceniza, unas cuantas brasas encendidas, crepitantes residuos de un gran fuego que en una edad muy remota abrazó la imaginación de los hombres. La función ejercida sobre estas historias fabulosas por la sociedad y la cultura cristianas, fue la de pretender resignificar el sentido y
la finalidad anecdótica de las mismas, condicionando para eso una interpretación muchas veces moral. La censura del siglo XIX se cebó en la obra de los Grimm, eliminando de los cuentos las implicaciones sexuales demasiado explícitas; limando lo excesivamente cruel o grotesco de algunos desenlaces. Los Grimm se defendieron, frente a estas acusaciones, alegando que su obra no era para niños; ellos estrictamente habían realizado la compilación literaria de un gran imaginario popular. “La bella durmiente del bosque” es una de las leyendas que parecen guardar mejor su antiguo procedente religioso. Hay en ella, lo que podríamos llamar, la idea cristalizada de un contenido fundamental: el tema de la virginidad y la pureza situado lejos del impacto del tiempo, para convertirse en arconte de una realidad intocada; en sello inmaculado. Los cien años asignados a una virgen dormida en lo más profundo del bosque, sugieren un conocimiento
vedado al común de los mortales y solamente rememorado por una mágica tradición. El núcleo de esas narraciones extraordinarias configura la fibra puramente imaginativa, el subconsciente maravilloso, donde habita, en el oscuro “ground” de la casa encantada, el horrible gnomo. Pero, ¿son acaso ellas la consecuencia de un antiguo sueño racial? ¿Hijas de la fiebre y el delirio del hombre germano dormido en su sueño prehistórico? ¿Un sueño secular (como el de la virgen del cuento) del que sólo podemos encontrar las huellas “arqueológicas” en la gran compilación efectuada hace casi dos siglos por los hermanos Grimm? Hay un momento, en el complejo devenir de la especie humana, en que el hombre, en vías de confirmar su identidad, se volvió sobre su pasado intentando indagar acerca de su más lejano origen. Al no recibir respuesta, pues las brumas que cubrían los tiempos inmemoriales de su nacimiento se resistían a revelar un
contenido real e histórico, el hombre entonces mitificó su origen, llenándolo de leyendas. Ya que la condición humana no sólo posee una dimensión histórica, socio política, sino además antropológica, racial, prominentemente filogenética. El oficio de los poetas en las largas noches junto al fuego (oficio que Platón en su “República” juzgaba altamente pernicioso) alimentó así la imaginación secular de la especie. El arcano sueño filogenético se funda principalmente en la grandeza de los padres, preámbulo a una heredad y a las tareas que ha de realizar el hijo sobre la tierra. En los mitos y leyendas estas relaciones, padres, hijos, hermanos aparecen siempre cristalizadas, ajenas completamente al fuego gregario y sociohistórico, como conceptos congelados, patrimonio exclusivo de una raza, una pulsión biológica, fundamentos prehistóricos del hombre, quien, sometido al impass del sueño, indaga, mediante la imaginación
poética, en la pureza de las imágenes perdidas de su obscuro origen; la princesa y el príncipe encantados de la fiebre y el delirio. Como apuntábamos, las narraciones de los Grimm fungen como una especie de testimonio mitológico de un antiguo y poderoso orden cultural (¿religioso?) del que sólo nos quedan ruinas psicológicas trasmutadas en inofensivas y hermosas leyendas infantiles. Lo que apreciaron muy bien los trágicos griegos, fue que todo mito (si partimos de su fundamento psicológico) se incuba en el entresijo de la familia humana, en la problemática que ésta encierra, primero, como orden natural y, segundo, como estructura social, lo supo relacionar Sigmund Freud con su teoría general del hombre y la cultura. La misión que persiguiera el creador del psicoanálisis fue la de recapturar el mito, otorgándole un sentido y una función, para el hombre y las sociedades modernas. Para Freud, el mito presuponía la configuración
de una esencia que, felizmente desentrañada, arrojaba nuevas luces acerca de la composición psicológica del individuo y su comportamiento. A partir de este punto de vista, el mito volvía a ser rehabilitado en tiempos de la Modernidad; concretamente, el psicoanálisis frente al mito cumplía una labor hermenéutica; ser un método lógico interpretativo. Casi podríamos decir que con Freud asistimos a una contemporánea rehabilitación de la poética del mundo y, en particular, a una restauración sociocultural del poeta como agente generador de leyendas y propalador de mitos. Ciertamente, desde los lejanos tiempos en que Platón desterró a los poetas de su República ideal, no había tenido la poesía mayor justificación ni el mito mejor expositor. La poética del mundo conduce a la aprehensión de su esencia, del mismo modo que la palabra mito, llevada a su acepción más radical, lo que indica es “palabra verdadera”. El poeta
surrealista Andre Breton, para quien las historias de hadas de los Grimm tuvieron el valor consultor de una biblia, escribió con énfasis en sus manifiestos sobre la necesidad de devolver a la imaginación creadora la plenitud de sus derechos… frente a la crisis moderna de la Razón. Habría que situarse en el seno de los problemas iniciales que dieron lugar al viejo debate sociocultural entre Mito y Razón, poesía o ciencia, pulsión biológica o historia para intentar dilucidar un enigma que atenaza a la cultura y sociedades contemporáneas. Freud, fiel a la tragedia clásica griega, situó el origen del mito en las vigorosas relaciones de amor, lucha y dominación que engendra, desde su origen, la familia humana. Es en ese mismo retablo (gens, cultura, sexualidad) donde los estudios del antropólogo norteamericano del siglo XIX, Lewis Henry Morgan devinieron en el preámbulo científico indispensable para la teoría del materialismo
(dialéctico) histórico, elaborada por Marx y Engels. Hay un lugar absolutamente inédito del tiempo humano en que la organización familiar produjo por igual al mito y a la historia; la primera división social del trabajo y la base de la estructura psicológica del individuo. La experiencia histórica se configura a partir del resultado del trabajo creador de cada individuo de la especie (conectado a una cadena socio reproductiva) y del rencuentro interactivo (político y cultural) establecido por medio del recíproco reconocimiento con el resto de los hombres. Por lo que el rencuentro del hijo con el padre debería producirse siempre como algo sostenido e histórico, de una manera diáfana e integradora… Pero no ocurre necesariamente así: sobre el suelo primitivo de la primera división del trabajo, que entraña por igual organización de la reproducción económica y sexual, aparece el poeta como el gran dislocado de las tareas productivas
de la gens e inventor del mito, el cual sacude la fibra de la dolosa prevaricación del padre, entendido éste como principal ejecutor del poder en la primera organización sociocultural que conociera la historia. De este modo, el hijo, que ha encarnado la figura original del poeta en esta obligada relación filogenética, mitifica su origen; lo plaga de leyendas. Ya no será, según él, el hijo del padre prevaricador, sino el vástago del rey encantado de las profecías. En el mundo del subconsciente y en la develación de los sueños propuesta por Freud, el padre aparece bajo la figura de un rey simbólico; como una imagen sagrada. Y hay aquí algo que parece penetrar la esencia psicológica del cristianismo: Jesús, el Cristo, encarna su misión a partir de la condición más radical de su existencia: ser el hijo de Dios, rey de los cielos y la tierra. Jesús representa, en la acepción vernácula de su historia, la condición de un hijo
espurio a quien se le revela, mediante la inmersión en el agua lustral (el bautismo por San Juan) su origen principesco. Es el esperado príncipe que anuncian las profecías, que llega a traer la consumación de un reino milenario fundado en una legislación moral. La saga medieval del rey Arturo de Camelot evidencia que esta historia encantada constantemente se repite, bajo diversas formas, para pueblos y culturas. El rey Arturo espera, convertido en un cuervo, el momento en que deberá volver a reinar en Inglaterra. El tema del hijo espurio tiene un gran antecedente bíblico en la historia del niño hebreo Moisés adoptado por la familia faraónica. Y curiosamente, la narración de “La cenicienta” contiene también los elementos de la vieja historia encantada, la hija espuria y maltratada devenida, gracias al oficio de un hada, en bellísima princesa. Resulta llamativo que en las leyendas de los Grimm no es nunca el hijo primogénito el
predestinado a la gran misión, sino el más joven (que ha quedado despojado socialmente de los vínculos consanguíneos) quien es siempre el más listo. O sea, no es para estos germanistas el hijo mayor, como heredero tradicional y secular del padre, a quien le está reservado la gran heredad. Hay mucho de juego, divertimento, paideuma, juicio suspicaz y, sobre todo, de visión democrática de los personajes y hechos, en esta maravillosa compilación de cuentos alemanes. La rotura con los vínculos estrictamente filogenéticos supone una apertura universal de la existencia dirigida al contenido vital y la dimensión civil de la familia, entendida ahora como familia humana; como humanidad. Por amor a las leyes universales, el hijo pierde sus ligamentos genéticos que lo constreñían a una relación individual con una familia para entregarse a las implicaciones globales, sociohistóricas de su razón de ser, en las que busca consumar su propia ley;
realizar su condición de hijo universal; ciudadano por derecho de una sociedad política y de un privilegiado orden democrático cultural. Por eso es que el origen del hombre se encuentra localizado en la historia; el apriori donde se cumplen las complejas leyes del desarrollo. Es en la historia además donde se desvanece todo sueño racial, cualquier pretendida pureza, y el hombre se hace así hombre entre los hombres, devenido en el fruto dialéctico y deseado de su propia condición. Freud pensaba que había una filogénisis individual y otra colectiva, que los traumas y las crisis experimentados por el individuo tienen su inmediato correlato en la historia, en la que se expresan de una forma más general esos mismos procesos, con relación a los cuales el individuo es como una caja de resonancias. Las lesiones que los procesos traumáticos ocasionan al consciente del sujeto tienen la tendencia de emborronar en él la memoria, creando fallas
de omisión en el pensamiento. Mas el subconsciente existe, en el habitan contenidos no revelados de la historia personal del individuo y de la humanidad, aunque esto no debería conducirnos a su mitificación. Por el contrario, el subconsciente es como el taller de trabajo de “Maese Geppeto” (me refiero a la conocida obra del siglo XIX “Pinocho” del italiano Carlo Collodi) franco, fiel, abierto, bien iluminado. El subconsciente es como ese lugar de trabajo donde se produce la personalidad psicológica del individuo. Si pudiéramos tomar conciencia de cuanto de realidad habita en el llamado subconsciente, operaríamos, sin duda, a un nivel superior de la vida. El subconsciente no es un almacén donde se guardan enigmas, porque allí nada es falso. Ese “taller” es como un laboratorio que rige el constante proceso de creación que nos une a la vida en su acepción más plena, a la solidez de sus procesos materiales. Y una develación
radical del subconsciente nos libraría de las pesadillas que padece el consciente. Los cuentos de los hermanos Grimm aluden, bajo la forma ambigua de metáforas y alegorías, a verdades muy profundas de la existencia, a relaciones insospechadas de la cultura. Son por eso mágicos dones del inconsciente colectivo y atributos universales de la personalidad humana. La leyenda de "Hänsel y Gretel” (la pareja de hermanitos que se extravía en el bosque umbrío, donde encuentran una casita hecha de almibarados dulces y quedan a merced de una bruja que los quiere gordos para su cena) nos puede ayudar a explicar una concreta relación de nuestra psicología con el “misterioso” subconsciente. Si el principio del placer guía nuestros pasos y nos extraviamos insensatos una noche en el bosque tenebroso, donde proliferan las mil y una pesadillas de nuestra menesterosa estructura psicológica, deberíamos entonces preguntarnos con serenidad, qué
significado tienen en sí las prohibiciones, sobre todo cuando se nos aparecen como manifestaciones de una herencia colectiva, hecha de miedo y mitificaciones. O qué es lo que esencialmente hemos transgredido y hasta qué punto está en juego, o no, nuestra libertad individual al aceptar los límites que a nuestra psicología impone la tradición mitológica. Por eso es que al mundo mítico de "Hänsel y Gretel” lo he denominado “el bosque helado”, porque es allí tristemente, si pretendemos absurdamente que posea consistencia, donde nunca nada se realiza, salvo los oscuros sueños y las obsesiones más falsas del pensamiento que cree caminar por él en pos de una extraña y legendaria quimera. Pero también allí para nosotros, los adultos, es donde el texto nos invita a una seria reflexión, mientras nos sentimos colmados al distraernos leyendo páginas de tanta capacidad de belleza. No sé hasta qué punto, vagabundeando por esos lejanos
bosques de la infancia y la adolescencia, sólo quisiéramos ver salvada la verdad más íntima (“el verso más puro”) las heladas flores de la melancolía y el más antiguo sueño gregario y universal de nuestra especie.
*
Queridas amigas, apreciados amigos:
El domingo 3 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Alberto Nepomuceno. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Takillakta (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@...
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Qué habla ese hombre, por Dios, que en sólo una década en ejercicio de gobierno se hizo millonario. Qué cree, qué quiere hacernos creer, en medio de esta polvareda de enfrentamiento que él mismo fogoneó entre negocios, humos y falacias. Cómo es posible tanta zanja, tanta huella suelta al viento, bajo este horizonte sin salida, ciego, y cuesta
abajo.
Uno de estos dias, me levanto temprano. Miro por la ventana y me resisto. Digo, hoy, resisto, o sea, a ver amigo si me explico: resisto a los que vienen por mi pellejo, aguanto los rebencazos que me propinan, resisto las ganas de mandar todo al carajo, me visto y resisto, y me voy para el trabajo. Subo al bondi y resisto, el empujón agrio. Bajo y camino, y resisto, el frío que me acobarda. Llego a la fábrica y resisto, a la sirena que me apremia. Resisto frente a la máquina, me meo y resisto, a parar la producción me resisto, aguanto ¿Vió? Las ganas de mandar todo a la mierda, resisto. El dolor en la espalda, lo resisto. Al dolor, al grito del capanga, lo resisto. ¿Me explico? A comer mal y poco y de parado, lo resisto. A correr por un baño sucio, lo resisto. Una hora y otra más, las resisto. No sea cosa. Que la quincena venga flaca, lo
resisto. Espero en la esquina, es de noche y resisto. Resisto dormirme de parado, sin putear resisto. Me alquilo y resisto. No me vendo y resisto. Y asi termino mi dia, lo resisto. Me duermo, pero antes, como en un sueño, me digo: Hoy me resisto.
Salí corriendo alocadamente del cine. Estaba aterrorizado y lo único que quería era poder escapar. Había poca gente ya que era la última sesión, pero no me entretuve en mirar si los demás me seguían. En mi pasión por salir a la calle no me di cuenta de que en una de las dos puertas de la salida ya habían puesto la reja. Choqué violentamente contra ella y caí al suelo de espaldas. Me hice tanto daño, tantísimo daño, que mientras me retorcía de dolor pensé que hubiera sido preferible morir entre las garras de los leones que habían salido de la pantalla.
En un diario matutino, apareció una noticia sorprendente. Se busca alfombra perdida. Su nombre: mágica. Al que pueda encontrarla será gratificado con una valiosa recompensa. Remitir información a esta dirección, ciudad de las diagonales calle del silencio entre los tilos y las jacarandas. Mantener máxima discreción. Intrigada por el aviso me puse a investigar de inmediato. Llame por teléfono a la persona que había realizado la solicitud y me dio detalles de su objeto perdido y/o robado. Con voz deformada para que no la reconociera me dijo que esa moqueta había sido su testigo durante tantos años de pasión jugando a las escondidas. Entre llamadas en clave y mensajitos de texto, ella la alfombra había sostenido sus ardientes encuentros con su don Juan. Era suave, no muy limpia pero si mullida, por lo cual las escenas de
amor se desarrollaban con gran habilidad y maestría. Luego agregó casi llorando, que de no encontrar su tan codiciado fetiche, tendría que ir a visitar a un traumatólogo, porque le dolían todas las coyunturas, que los años no venían solos, que no quería quedar en silla de ruedas y qué explicación le iba a dar a sus familiares y amigos. Me quedé en silencio, intentando darle una pista, un consuelo, no conocía el paradero de su objeto perdido. Solo tenía una explicación sobre la desaparición del valorado tapiz: habría volado Al país del nunca jamás. Moraleja: "si han de disfrutar a escondidas, que les duelan los huesos". Párrafo extraído del Manual del matrimonio perfecto, capitulo 3 Saber inconsciente de alguna parte engañada.
Idea central. Azul. Asesor legal y correctorrr! Eduardo Coiro.
*
El hombre añora. Extraña. Intuye que ya nada será lo mismo. No es por un objeto en sí mismo, sino por esa oculta señal que a veces en la vida es previa a que se desencadenen hechos imprevisibles. Por un momento, piensa si esto puede solucionarse con dinero. -Compro otra y listo.
Quiere convencerse de que es posible, que nada va a cambiar. Que todo seguirá siendo como fue hasta la última vez. Ella llegando a última hora, cuando la recepcionista ya se había retirado.
Puede ver ahora mismo la imagen: esa desesperación que hace que se toquen y se quiten solo lo esencial de la ropa y se revuelquen en la alfombra hasta penetrarse y acabar furiosamente, dichosamente al mismo tiempo. Ese orgasmo es un lujo. -se dice. Ni con su mujer, ni con otras amantes puede lograr eso. Celia y él sobre la alfombra. Literalmente vuelan por el aire. Esta alfombra es mágica -dice ella cada vez que tiene ocasión. Pensar que era regalo de casamiento de mi suegra que la compro en una feria de El Cairo, si supiera -que en paz descanse- los placeres que nos brinda.
-dice el hombre buscando la sonrisa cómplice de Celia. Pero de todo esto ya pasaron tres interminables meses. Fue en el último vuelo y mientras se daba el orgasmo de ambos como de costumbre, cuando sintió que la alfombra los había llevado más allá de los límites estrechos del consultorio.
Quizá haya sido una venganza de su suegra -El sabía que las coloradas como ella eran todas unas brujas- Entonces sintió la caída. Y la mano y después el grito de Celia alejándose. Y ese aterrizaje con suerte sobre la palmera. Las roturas y los yesos.
El hombre espera a su mujer en el horario de las visitas. Y de la pobre Celia, ni noticias.
Qué será ahora de tus ramas, Sauce a quién le llorarás tu pena yo, la que te escuchaba conteniendo tu frenética huida también me fui crucé montañas batallé con la nieve adopté bosques entrevisté arrayanes y radales que mintieron ser abedules y una tarde recordé tu despedida sin palabras ni adiós vos, mi confidente mi amigo con fidelidad de perro vos, que esperabas elevándome sin reproches transformando mi vida en una leyenda celta adonde los árboles fueron energía protección y el bosque un templo para hablar en murmullos que no despertasen malhumorados duendes trocando nuestra vida en tempestad. Estoy de regreso ¿por qué no me advertiste, Sauce? ¿te creías inexperto? aún hoy escucho las palabras de un árbol.
En este desencuentro vos y yo hemos perdido dos mil cuatrocientos
atardeceres de soles rojos naranjas y azules dejando entre paréntesis mis ampollas recorrer tanto camino para elegir el comienzo.
Mi padre siempre estaba yéndose a otra parte, a algún lugar imposible donde no pudiera alcanzarlo su sombra. Desplegaba sobre la mesa el mapa de la República y apoyaba el dedo en algún rincón que no hubiera sido fundado todavía. Así era él: tenía hormigas en los pies y una mirada cortante que me helaba la respiración cada vez que se enojaba. "Acá", decía de pronto, y apretaba el mapa hasta hacerle un agujero allí donde íbamos a pasar las mil y una hasta que se le ocurriera dar otro salto. Fueron tantas las veces que nos mudamos que ya confundo trenes y épocas. Ahora, al cambiar de barrio, me parece que voy de un continente a otro aunque las voces sean iguales y las mismas lluvias mojen los mismos árboles. Veo una casa desierta que es ésta y es otra, una de mi infancia. Por las ventanas entra una luz de invierno que colorea el polvillo
suspendido en el aire. Ya no hay olores y los fantasmas flotan por ahí, me asustan como antes, me avisan que el tiempo pasa y en alguna parte, adentro mío, van mi padre con la vieja corbata azul y mi madre con aquel pañuelo al cuello. Atrás voy yo con el pantalón corto y el echarpe con los colores de San Lorenzo. En cada mudanza una pérdida. En la última, entre la Boca y Palermo Viejo se me extravió el Omega a cuerda que me había dejado mi padre. Quizá me lo robaron y vaya a saber en la muñeca de qué brazo andará. Me lo había entregado una enfermera en una clínica de Flores la tarde en que él murió. También me entregó el anillo de matrimonio y unos anteojos. Yo usaba a veces el Omega, aunque adelantaba cinco minutos y se me resbalaba bajo el puño de la camisa. Después lo dejaba en un cajón de la cómoda y me ponía otro cualquiera de los tantos que la vida nos deja. El de los quince años, el de la novia aquella, el primero
que compramos a crédito en tiempos en que eran caros y estaban cargados de sentido. Tendría nueve o diez años aquel invierno en que nunca llegó a Río Cuarto la pelota de tiento que me había mandado Perón. No sé cuál tristeza es más folletinesca, si aquella de la pelota o esta del reloj. Mi padre debe haber metido la pelota en un cajón mal cerrado o tal vez la tiró a la basura porque en ella veía la monstruosa cara del general gesticulando ante las masas. No quiero ser mal pensado: tanto detestaba al Conductor que una huella suya en nuestra casa era como otra mano en la cintura de mi madre. Pero por encima de todo lo que yo más lloraba eran los gatos perdidos. Hubo uno que no apareció a la hora de la partida y todavía lo estoy esperando. Ni bien huelen mudanza los gatos se ponen mustios y dejan de comer. Me acuerdo de otro, negro y blanco, encerrado en un cajón para recorrer mil kilómetros en un Ford de los años cuarenta.
Nosotros llegábamos siempre antes que los muebles y esperábamos con ansiedad las cacerolas y los juguetes. "Por ahí mañana aparece el camión", susurraba mi madre en la oscuridad del hotel. "Para qué querés muebles", le contestaba mi padre y enseguida la brasa de su cigarrillo marcaba de rojo el recuerdo que tengo de aquellos otros fantasmas. A la llegada, nadie nos daba la bienvenida y tampoco iban a despedirnos. De entre los papeles de la última mudanza se desliza al suelo una carta que mi madre me escribió cuando yo vivía en una pensión de la calle Uriburu. "En Cipolletti no nos acompañaron ni nos hicieron despedida, así es la gente de agradecida. Dormimos en la oficina de Obras Sanitarias que tenía una pieza con dos camas para los inspectores que venían de Buenos Aires, que la hizo hacer tu padre pero hasta allí nos llevo Desiderio en una camioneta que tenía." No fue nadie a decirle adiós a mi padre, nadie le dio las gracias por
las noches en blanco y los domingos perdidos. No sé si esperaba otra cosa. Nunca fue un tipo muy popular y lo que más recogía eran puteadas y sarcasmos. Conocía a la gente y pensaba que Perón se aprovechaba de su ingenuidad. Siempre fue así de gorila. Pero no creo que haya sido por eso que nadie fue a despedirnos. Más bien habrá sido porque el tren pasaba muy de madrugada y era un sacrificio salir a esa hora de la cama. Vagamente recuerdo aquella última noche en el cuarto de Obras Sanitarias que menciona mi madre. Era la sexta o séptima vez que cambiábamos de pueblo pero esta vez era distinto porque yo era grande y me obligaba a separarme de mi primera novia. Me vienen a la memoria el frío y la bronca que tenía con mi padre. Nos pasa que alguna vez queremos matarlo y para no hacerlo huimos hacia lo desconocido. Lo veo todavía recostado en la cama, con un pulóver descosido, hojeando un libro en inglés. En la muñeca llevaba el Omega que a
mí me iban a robar treinta años después. ¿En qué pensaba? Me parece que empezaba a sentirse viejo porque había pedido el traslado a Tandil donde vivía la familia de mi madre. Allí había empezado su aventura y volvía tan pobre como al principio. No le importaban los pocos muebles que se iban en el camión y si tuvo alguna amante no le dolió dejarla. Era, definitivamente, un hombre solo, sentado en una silla incómoda. Indiferente a otra cosa que no fueran el agua con cloro, los cacharros que inventaba y su imaginario combate con Perón. El día que dejamos Mar del Plata para ir a San Luís perdió el sombrero que más quería y desde entonces no volvió a ponerse otro. A veces, bajo el sol más hiriente, se calzaba un rancho de paja de Italia que había encontrado en un andén vacío. No era un intelectual pero a veces decía cosas que atribuía a Plutarco o a Dante: "Qué duro es el camino, Osvaldito", y se quedaba mirándome a los ojos a
ver qué decía yo. ¿Qué iba a contestarle? Un día me lo encontré a la salida del hospital en que lo habían dejado cuando volcó con el coche y me dijo algo así como Eccovi l'uom ch'e stato all'inferno. ahora intuyo a qué infierno se refería. Igual, nunca me pareció un hombre angustiado. Era débil, sin duda. Inseguro. Tan inestable que cada vez que terminaba de construir una casa la abandonaba corriendo. Una vez apareció en Chilecito y otra en El Bolsón. Hasta ahí no lo seguimos, pero fuimos a visitarlo a una pensión de viajantes. Mi madre se condolía: sólo tenía una cama chica, unos libros en el suelo, la regla de cálculos, una Parker y el compás sobre la mesa. Apenas le llegaba luz de un ventanuco y la dueña lo sermoneaba porque había cambiado la bombita de veinticinco por una de sesenta. El Omega aún estaba en su brazo y ahora que no lo tengo más siento que mi padre empieza a alejarse de mí. Al verlo más distante, me
parece que acerca el dedo al mapa y me señala un lugar en el que tarde o temprano vamos a encontrarnos para charlar largo de sus mudanzas y las mías.
*De Osvaldo Soriano.
-De "Piratas, fantasmas y dinosaurios". Editorial Norma, edición de 1996.
Jesús estuvo en Buenos Aires*
*Reynaldo Sietecase 17.07.2008
Es andaluz, nació en Granada no en Belén. Es bajito, no tiene barba. No parece un rockstar. Todo lo contrario: su cabello está perdiendo la batalla contra el tiempo. Usa anteojos con vidrios gruesos. Igual se parece mucho al Nazareno. Incluso, cuando siente que sus pedidos no son atendidos, se crucifica. Como si todo su cuerpo fuese una señal desesperada con destino al cielo y a la tierra, se crucifica.
El padre Jesús Olmedo es el párroco de la iglesia Nuestra Señora del Socorro de La Quiaca. Llegó al país en 1971, tenía 25 años y su imagen de la Argentina se resumía a una postal con vacas, pampa, abundancia, cultura y desarrollo. El flamante sacerdote no tardó mucho en comprobar que había llegado a uno de los lugares más pobres de Latinoamérica, donde lo único que sobra es la intemperie.
Años después tuvo que volver a España y, a
comienzos de los 90, regresó a La Quiaca para quedarse definitivamente. Como el otro Jesús, el tipo es un peleador y los niños del norte argentino le habían ganado el corazón. "Había venido a evangelizar y ellos me habían evangelizado a mí", repite. Comprendió además que los integrantes de los pueblos originarios están en el último escalón de la pobreza. ¿En qué otro lugar debería estar Jesús?
En dos décadas de trabajo intenso, el padre Olmedo ayudó a establecer una decena de comedores. Es que el hambre es la necesidad más urgente. Según su propio diagnóstico, la mitad de los niños de esa zona de Jujuy están desnutridos. Por esa razón, la imagen de la leche derramada en la ruta, en mitad del conflicto entre el Gobierno y el campo, lo indignó de manera especial y salió a decirlo: "Mientras se pelean por las retenciones los pobres siguen pasando hambre". Unos días antes, a comienzos de junio, una movilización
de pobres y desocupados fue reprimida de manera brutal por la policía provincial. Hubo varios heridos de bala, entre ellos, el propio Olmedo.
Jesús sabe que el peor enemigo de los pobres es el silencio. Escribió un libro sobre ese tema: La cultura del silencio. "Cuando un pueblo calla durante tanto tiempo es porque ha sido silenciado", y sugiere: "Desde la cultura del silencio hay que pasar al grito de los excluidos". Con esa idea, en la semana de los dos actos, bajó a Buenos Aires. En medio de la peor disputa de poder de los últimos años, Jesús bajó a la Capital. Aquí, como dicen en el interior, atiende Dios. Aunque él cree que si lo dejan, "si no lo encadenan, Dios está en todos lados".
El padre logró algunas cosas en medio de la disputa por la soja: la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, le prometió hacer un relevamiento de la zona y ayuda oficial inmediata. El líder chacarero Alfredo De Angeli,
que lo cruzó en un canal de televisión, le garantizó el envío de alimentos. También recibió apoyo de distintas parroquias y organizaciones sociales de todo el país.
Jesús agradece pero sabe que nada será suficiente si no se remueven las causas profundas de la iniquidad. Por eso sigue exigiendo a las autoridades políticas la generación de puestos de trabajo, más escuelas, cloacas, agua potable, obra pública, subsidios para los desempleados. También pide que se controle el contrabando de artículos de primera necesidad desde La Quiaca hacia Villazón, en Bolivia, que mezcla corrupción y carencias. Y que la Legislatura jujeña declare a La Quiaca zona de emergencia.
Uno de los mayores desafíos asumidos por Olmedo es que la sociedad tome conciencia. Quiere que se asuma que en "La Quiaca comienza la Argentina" y para eso debe enfrentar los muros de silencio que imponen los prejuicios y la indiferencia hacia los coyas, hacia
los antiguos dueños de la tierra, hacia los habitantes del norte profundo que están entre los argentinos más olvidados. Esos compatriotas que deben mendigar por lo que les pertenece por derecho propio.
Es por eso que a Jesús le cuesta entender algunas cosas de este país, al que considera suyo: "En 2001 veíamos por televisión cómo se hablaba de la crisis argentina por la plata que se había quedado dentro de los bancos y no se hablaba de la crisis argentina por el hambre y la miseria". Un periodista porteño le pidió una definición: "¿Usted está con el campo o con el Gobierno?" y el padre respondió: "Con ninguno de los dos. Yo estoy con los pobres".
Jesús estuvo en Buenos Aires. No organizó ningún acto.
-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@...
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Controlar había sido siempre lo mío. En el colegio siempre sabía lo que hacía cada compañero e influía, sin que se dieran cuenta, en sus decisiones. En los primeros trabajos ascendí gracias al control que tenía sobre el resto de compañeros. Tener el dominio de la situación era determinante para triunfar.
Cuando conocí a Luisa, vi claramente que, si quería casarme con ella y tener una vida feliz debía seguir los mismos métodos; debía tener su mente controlada, debía tener su corazón en mis manos. Ése era el objetivo: Tener su corazón en mis manos.
Cuando lo logré, ella quedó pálida y quieta frente a mi, con una mirada fija de sorpresa en sus ojos, mientras yo miraba alternativamente la herida en su pecho y mis manos llenas de sangre.
DIOS NOS ABANDONÓ. PERO ESTÁS VOS Y ESTOY YO. VAMOS VOLANDO...
NADA TRAIGO*
yo no traigo a este sitio del poema ni ruiseñor de Keats ni tigre Willam Blake ni río de Juanele o gato de Girri
no he domesticado a la palabra ni le puedo al silencio ni a la ausencia
águila ni serpiente de Zoroastro traigo
disculpen yo no traigo a la ventana abierta a los lectores ni la maga de Julio ni el musical infierno de Alejandra ni el burrito de plata de Juan Ramón Jiménez ni aquel cuervo de Poe ni la rana de Basho ni las cosas que giannuzzi versara contra la muerte
no he fracasado más que cualquier otro no he bebido mejores licores no me alcanzó la luz que a elegidos alcanza ni me comí la sombra mayor ni la menor
¿con qué derecho vengo a oficiar de poeta?
no hice más feliz a la que hice feliz que lo que otro bien pudiera hacerla
no maté a ser humano con mis
manos no fui padre ni esposo
no moriré en París no estuve en Autzwich no me piden permiso para ser la lluvia, el viento, el mar; el sol para brillar la flor para aromar en el desierto
¿con qué derecho quiero, señoras y señores, que lean mis disculpas o pretextos y olvidables argucias de poetastro?
disculpen no se bien a qué venía no estoy seguro ni de mi silencio ¿con qué derecho trazo o borroneo sobre la hoja en blanco?
yo no he visto el aleph ni el falso aleph no estuve en la frontera al borde de la guerra no me ha excomulgado la iglesia en que no creo no he ganado una estrella en el cielo del marxismo no amasé una fortuna en el mercado
sólo que aquí y ahora me atraviesa este atardecer gris de medio invierno y estoy solo en mi cuerpo no más solo que antes o que otros y está todo tan frío tan inmóvil que estirando la mano con que
escribo quise alzar esa piedra que es mi alma y no puedo y me duele
no consigo arrancarme a ser un grito a ser un vuelo azul un viento negro un pozo ciego un puñal una rosa un pedazo de pan en la vereda
disculpen hoy no sé con qué derecho vengo a buscarme o a perderme así
-Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@...
Ultimos días de Marilyn*
*Por Tomás Eloy Martínez Para LA NACION Sábado 12 de julio de 2008
Las célebres "fotos prohibidas" de Bert Stern fueron exhibidas hace dos años en el museo Maillol, en París Foto: Newscom
No hay brújula tan certera como el azar para encontrar lo inesperado. Quien se deja llevar por el azar y pasa por alto las relaciones de causa a efecto descubre siempre -o casi- una realidad desconocida, que estaba a la vista desde hacía mucho sin que nadie lo advirtiera. Es lo que me pasó hace algunas semanas con Marilyn Monroe, que fue uno de los íconos sexuales e intelectuales de mi juventud y cuya historia resume por sí sola los afanes de libertad y la pasión por cambiar el mundo que encendieron la década de 1960. Hacía mucho que no me acordaba de ella cuando de pronto, en uno de los canales de cable de Nueva York, pasaron un excelente documental sobre sus últimos días, que retuvo mi atención durante horas. Era una pequeña joya que recuperaba las imágenes nunca vistas de su película inconclusa, Something s Got to Give , las devastaciones que dejaban sobre su cuerpo
los excesos del alcohol y de las píldoras para dormir, los provocativos desnudos con que trastornó las rutinas de los técnicos y uno de los momentos cumbres del final de su vida, cuando, a fines de mayo de 1962, abandonó la filmación y tomó un avión a Washington para cantarle el feliz cumpleaños al presidente John F. Kennedy con una intensidad erótica que todavía empaña las imágenes. Ver aquel documental hizo caer sobre mí el peso de una entrañable melancolía. Cada uno de aquellos años -los años en que empezaron los fuegos artificiales de los 60- regresaron intactos a mi memoria con la misma fuerza que tuvieron en el pasado. Al día siguiente, fui a caminar sin rumbo por Manhattan y, como otras veces, terminé mi paseo en Strand, la librería de viejo más grande del mundo, cuyos trece kilómetros de estantes y tres millones de libros no cesan de crecer. Allí, en una de las mesas del fondo, volvió a salirme al paso Marilyn.
Estaba en la biografía que le dedicó Donald Spotto, en la cual los últimos días de la diosa -así la llama- están enturbiados por la desesperación y los mismos personajes siniestros de Rebeca , la película de Hitchcock. Y estaba también en un libro de Bert Stern, The Last Sitting ("La última sesión"), agotado desde hace mucho pero no en Strand, donde quedaban tres o cuatro ejemplares. En junio de 1962, Marilyn aceptó posar (desnuda y no) para el fotógrafo Bert Stern, a quien había contratado la revista Vogue . Tres o cuatro de esas tomas aparecieron en las ediciones del mes siguiente. Las otras fueron archivadas en un desván. Stern las ocultó la mañana misma en que Marilyn murió, el 5 de agosto de aquel año, y las resucitó poco después en su libro, que conserva las imperfecciones y las marcas rojas de todo borrador. Algunas de esas fotos pueden verse ahora en Internet, donde la frialdad digital les deja poco de la magia de sus
orígenes, o de lo que Stern llamaba "la imposibilidad de captar una luz que no cesa de moverse". Las que vi en el ejemplar de Strand me dejaron una impresión extraña. Se tiene todo el tiempo la idea de estar espiando por la cerradura una muerte inevitable y, lo que es peor, se entiende por qué la muerte estaba allí. En la biografía de Spotto, Marilyn aparece sometida a la voluntad del siniestro e irresponsable psicoanalista Ralph Greenson y a las astucias de la enfermera Eunice Murray, que también manejaba a la actriz a su antojo. Eunice tenía 58 años. Aunque se mostraba indefensa y angelical era, en verdad, un demonio posesivo e insolente. Aisló a Marilyn de sus viejas amistades y la mantuvo a raya con inyecciones de Nembutal, clorohidratos, vitaminas y anfetaminas, todas ordenadas por Greenson y por Hyman Engelbert, un médico de Los Angeles, que actuó como deus ex machina de la tragedia. "A ustedes les hará bien estar juntos
-les decía Engelbert-. Todos están enfermos de narcisismo." Según Spotto, Marilyn no se suicidó: la mató accidentalmente Eunice con una sobredosis de barbitúricos, aplicada en forma de enema el 4 de agosto de 1962, entre las seis y las siete de la tarde. Varios testigos la vieron irradiar alegría esa misma mañana. Proyectaba casarse de nuevo con Joe DiMaggio. Dejó inconclusa una carta de amor que resumía sus ambiciones de niña inmadura: "Querido Joe. Si sólo pudiera hacerte feliz, lograría la más grande y más difícil de las cosas: hacer a otra persona completamente feliz. Tu felicidad sería mi felicidad". A partir de allí el silencio, el vacío, la mano tendida desesperadamente hacia la nada. La versión de Spotto parece demasiado armada, demasiado teatral. Stern insiste en que la actriz ya nada esperaba de nadie. Basta observar sus fotos para advertir que quizá tiene razón. En el dormitorio donde Marilyn se suicidó no
quedaron sombras de asesinos solitarios ni de amantes furtivos. En vísperas del final, se vislumbra que ella no tenía fuerzas ni para llamar a Dios por teléfono y que jamás había salido de la infancia. Pese a lo cual envejecía. Tal era el drama. La Marilyn que desenmascaran las fotos de Stern es la de la perfección violada: la imagen de la carne incorruptible e imperecedera que, sin embargo, siente su propio desvanecimiento. Las poses del libro exhiben voluntad de vida: Marilyn con una gasa entre los dedos, fingiendo pudor por su desnudez, cubierta de strass o de diamantes, mordiendo las cuentas de un collar o diciendo adiós con el cuerpo a un abrigo de pieles. Todo lo demás es violencia contra sí misma, conversación con un ser que está adentro de ella, pero que la mantiene lejos. Oírla cantar Happy Birthday, Mr. President en la fiesta de gala que los demócratas ofrecieron a Kennedy para celebrar su 45º cumpleaños, el
penúltimo, es -tal como lo revela el documental que vi en el canal de cable- otra ceremonia de destrucción. Marilyn quizá supiera que se estaba despidiendo del hombre que había sido su amante de una sola noche y que le había dejado, como único recuerdo, un fugaz elogio a los músculos de sus pantorrillas. En el documental es visible el desinterés o el desdén del presidente, y también el deslumbramiento de su hermano Bob, al que se ve erguido sobre la butaca del Madison Square Garden -escenario del recital-, pendiente del cuerpo pálido y aéreo de la actriz, subyugado por el vaho de sexualidad que ella sigue exhalando aún, pese a la polvareda de los años. En las imágenes de Stern, Marilyn vuelve a ser la maravillosa criatura muerta que se esfuerza por aferrar la vida. El implacable fotógrafo no le disimula los aguijones de las arrugas en torno de los ojos, la oscura línea de una cicatriz sobre el vientre, las zarpas de la edad
clavadas en los codos, los días que no se quieren vivir y que, sin embargo, llegan en las penumbras de la mirada. En la mitad de las fotos Marilyn está desnuda, como no lo había estado desde los dieciocho años, cuando posó para el almanaque que iba a iniciarla en la fama. Desnuda, pero sin el menor encanto. Ella se revuelve el pelo, se cubre la cara, se dobla como una púber sobre los pechos pequeños (también de púber: el único bastión de la adolescencia que no había caído), y nadie podría hacer otra cosa que compadecerla, pasarle la mano por la espalda y preguntarle de dónde Spotto cuenta que, hacia el final de las sesiones con Stern, Marilyn dejó caer el echarpe de seda con el que se cubría y le preguntó: "Bert, ¿no te parezco joven para mis 36 años?". No parecía joven, pensó el fotógrafo. Parecía anciana y recién nacida, inocente y perversa, vacilante como la primera mujer en el primer día del universo. Se le
acababa el ser y no lo sabía. Todas las desventuras del pasado se le asomaban de repente a la cara, como a un balcón en el vacío. Si algo sobrevive todavía de los 60 hay que buscarlo, sin duda, en los pliegues de esa cara menguante. Fue de eso que murió, de no poder soportar a la que ya no era y que, no obstante, persistía en su ser: a la imperfecta, a la que se venía, a la que ningún Bert Stern querría volver a fotografiar. Los románticos solían decir que cada quien carga la propia conciencia como una cruz. Hay quienes -Marilyn era una- sobrellevan a duras penas el propio cuerpo, hasta que se vuelve ajeno y pesa demasiado, demasiado.
Hace algún tiempo comenté una idea del escritor británico John Berger que leí en una entrevista. Decía que él descree de la palabra "amor", porque supone un desenlace feliz. Y agregaba que él prefiere esos momentos en los que, a solas con otra persona o colectivamente, está pasando algo que todavía no puede ser conceptualizado pero se vive, se siente, se entra de lleno en ellos. Lo individual se disuelve y se abre el túnel que nos separa de los otros. Hay comunión. Son momentos de contacto pleno. Todo esto último es interpretación mía de lo que desde ese momento llamo "Momentos Berger". Sí recuerdo perfectamente que él terminaba ese párrafo diciendo: "Probablemente sean los únicos momentos por los que vale la pena vivir". Colectivamente, desde hace cuatro meses vivimos sin aliento. Angustia, fricción, impotencia son algunos
de los sentimientos que muchos experimentamos. Pero las cosas no son lineales ni van en una sola dirección. Y también, junto a la angustia por el mañana incierto y la impotencia por la evidente manipulación mediática de los hechos, hay un despertar a un tipo de pertenencia que hasta hace cuatro meses no se planteaba. Están asomando banderas. Motivos de peso para agruparse, para defenderse, para participar de la vida política de este país. Esto que empezó imprevistamente y que hizo estallar una época argentina para darle paso a la siguiente está cada día sacando más tripas afuera. A la oposición política de radicales y símil radicales, se ha sumado ahora el peronismo que protagonizó los noventa, que durmió su siesta y ahora vuelve radiante, como si fueran debutantes con aires renovados. Vuelven como quien se ha quedado sentado en el cordón de su vereda, esperando el momento propicio para pasar facturas. En el bolonqui todos
reman para el mismo lado, aunque es incomprensible que un peronista, aunque sea de derecha, deje pasar conceptos como los que se le escuchan a Carrió: el jueves aseguró que a la marcha de la Avenida del Libertador irá "la gente libre", y que a la Plaza del Congreso irá "la gente obligada". ¿Coincidirá Barrionuevo? Esta etapa nos demanda increíbles coincidencias y asociaciones. En el combo lo vi a Llambías ironizando sobre el zoológico, y la palabra "aluvión" cayó sola, por su propia inercia, con su carga de racismo típicamente argentino. A ese borde llegaron los que ya no disimulan civilización y se hunden en la barbarie de sus propios criterios para calificar a los otros. Los '90 fueron una década de gente por el estilo. Ahora mismo estoy escuchando en la tele a un senador radical estallar en ira con lo de Aerolíneas. Parece el abogado defensor de la empresa. Dice que así no van a venir inversiones. La palabra inversión fue tan
pronunciada en el menemato, fue tan impregnada de una vaga virtud, que algo de eso ha quedado. Está hablando de un grupo que no cumplió el contrato y dice que si se le exige que lo cumpla corremos el riesgo de que otros inversores no vengan. La Argentina conservadora, a la que desde principios del siglo XX el poder político jamás le importó mientras le obedeciera, vuelve a tirar la garra. Es todo muy confuso. Pero no tanto, vamos. Duhalde sí pensaba volver, y volvió acompañado. El peronismo ya tiene su ala derecha bien armada. Nos resta ver si esa derecha peronista es ahora democrática. No lo fue antes. Y, sin embargo, veremos, ahora esa gente no será tan terrible ni tan corrupta para las otras derechas que pueblan el Parlamento. Unas y otras se sienten representantes de los intereses de la renta. Hablan de los pequeños y medianos productores, pero ni en el Parlamento ni en los grandes medios quedó claro, a lo largo de todo este
conflicto, a qué intereses específicos responden Miguens y Llambías. Se lo pasan hablando de los pequeños y medianos productores, como si ellos también fueran dirigentes de la Federación Agraria. Los movileros como los conductores de los programas periodísticos de la televisión actual los dejan. Este debe haber sido el conflicto con menos repreguntas de la historia. El viejo peronismo que baila con la más fea no escandaliza tampoco a la clase media. El clientelismo puro y la corrupción a escalas innegables no mueven a las señoras caceroleras a indignarse. Dicen que detestan al peronismo, pero parecen más bien detestar que los de abajo suban algún peldaño. En rigor, ése es el peronismo al que temen, el que puede mover algo de lugar. Esa es la parte más ruin de la clase media a la que pertenecemos tantos: se siente más clase media si hay miseria alrededor. Decía al principio que están apareciendo banderas. Llamo aquí banderas
a las convicciones que nos han animado siempre. La equidad, la justicia social, la defensa de los intereses nacionales. Apenas se conoció la inminencia del conflicto de Aerolíneas, Canal 13 sacó a un excitado Joaquín Morales Solá que ya antes de tiempo y sin que nadie se lo pida, montaba guardia en defensa de los intereses de un grupo español privado. Recuerdo perfectamente cuando Aerolíneas fue privatizada. Recuerdo la vergüenza y la rabia que generó aquel remate que sin embargo no sacó a multitudes a la calle. En la Carta Abierta se habla de la emancipación. Es una idea que suena romántica, naturalmente, entre billikinesca y militante. Ningún aparato de poder, como es la lengua, permitiría que la idea de emancipación llegue límpida al oído de alguien. Para escucharla, hay que afinar el oído. La emancipación, según me la imagino, es la soga desatándose. Es un esfuerzo. Pero es también el sueño de muchos que se conectan a
través de ese deseo que los abre. Un deseo de dignidad ante los poderosos, de política ante la chicana, de pasión ante el interés. Algo de esto circula. Se siente.
En su última novela, Pablo de Santis escribe a propósito de un personaje que se ve obligado a decir cierta verdad a la persona que ama: "dudó, porque toda verdad es una forma de despedida". Como ese personaje, siento que la terrible crisis argentina es la hora de decirnos la verdad; que es la despedida de todo aquello que creímos ser, engañados por una ficción política que muchas veces no tuvimos el valor o la lucidez de desbaratar. Y que asumir el casi insoportable dolor de esta despedida, utilizarlo como acicate para nuestra creatividad y nuestra solidaridad, es nuestra única posibilidad de sobrevivir. Quizá porque todo lo que construimos en la adultez parece a punto de destruirse definitivamente, a menudo creo revivir situaciones de infancia que me cuesta mucho recordar con precisión. Los primeros días, por
ejemplo, creía reconocer aquel momento de la misa en que uno se sentía mirado por un Dios al que era imposible mentir y sobornar; pero de inmediato me corregía, porque el temor de Dios entrañaba una fe en su bondad de padre. Hasta que hace unos meses, en un bar al que llego todos los fines de semana por las calles de Buenos Aires entre asaltos y mendigos, mi amigo Pablo Pérez el equilibrista me dio una clave: "¿Sabés? Una noche, en Mendoza, a los once o doce años, soñé que despertaba y saltaba de la cama y al abrir la puerta de mi casa sólo encontraba una inmensa llanura, y allá, a lo lejos, una casilla cerrada que corrí a abrir y en donde estaba Dios. Estaba encogido y tembloroso, Dios, con unos ojos enormes que parecían pedir piedad. cuando le pregunté por qué estaba asustado, Dios me dijo que ya no podía volar. Y desde que me desperté", termina Pablo, "yo mismo empecé a treparme a los árboles y a aprender este oficio que todavía
no sabía que existiera". De alguna manera todos nosotros, aun los que no creemos, sentimos que "Dios está asustado" porque nuestra imagen del mundo y de la historia, la que justificaba hasta ahora todas nuestras acciones, nos ha mostrado para siempre sus propios límites, sus incapacidades de entender y actuar. Sí: hemos asumido que Dios está demasiado asustado para ayudarnos. Y en el dolor del abandono, sentimos que sólo nos quedan dos posibilidades: o morir o vivir. Y sobrevivir es mirar valientemente aquello con que todavía contamos, y sobre todo, como aquel chico en los árboles de Mendoza, disponerse a aprender. Porque, ¿qué nos queda cuando parecen habernos robado todo? En principio, aunque suene a lugar común, nos queda la memoria, pero no ya como mero sitio de homenaje, ni siquiera como utopía realizada y perdida, ese paraíso de los padres fundadores que nos inmoviliza en veneración y nostalgia. La lección de los tiempos es,
incluso, contraria: no somos una identidad inmutable, sino los sujetos de una historia de inevitables mutaciones que debemos tener siempre presente para que el cambio no derive en traición. Tenemos la memoria, digo, como sitio del presente repleto de herramientas todavía utilizables. Impedidos de comprar CDs, resucitamos las bandejas y los wincos y vamos por la ciudad rebuscando discos de vinilo que familias en bancarrota salen a vender o a trocar a las plazas: así resucita, casi intacta, la música de una argentina empeñada en escucharse a sí misma y a hacer escuchar sus voces, desde los alumnos del Mozarteum a los bagualeros de Yala, desde los baladistas del Di Tella a la gota de agua o el silbido de un barco que Leda Valladares perseguía por la ciudad con un diminuto grabador Geloso: Una Argentina que de pronto sabemos que sonaba para hoy y para nosotros. En las reuniones, ya cantamos distinto. Muchos de mis amigos, escritores y
foniatras, cantores y hasta reparadores de electrodomésticos, se han puesto a escribir manuales: no ya para aprovechar tal o cual demanda de las editoriales, todas al borde de la quiebra. Todos tenemos la misma urgencia de compartir esos saberes que creíamos haber olvidado simplemente porque nadie nos lo requería, porque nos habíamos acostumbrado a hacer nuestros trabajos según órdenes ajenas o extranjeras o porque, en fin, nos habíamos resignado a que nos hubieran arrebatado nuestro puesto de trabajo. Una de esas amigas me dice que en los talleres de escritura, por ejemplo, han sido muy pocas las deserciones: lo que era, hasta diciembre una actividad secundaria se ha revelado como el último lugar en que un pueblo defiende la posibilidad de decirse, de imaginarse, de elaborar, contra la alienación, un lenguaje nuevo y propio. Por supuesto, no confundo estas formas de resistencia con ninguna victoria final, ni siquiera la auguro; pero las
señalo como lo que son, luces imprevistas que nos permiten seguir dando pasos en medio de esta oscuridad, apostando a que nos suceda lo mismo que al protagonista de aquel cuento danés que, después de toda una vida de aventuras durísimas, subió a la cima de una colina y vio que su itinerario por la comarca había dibujado una figura precisa: la figura de una cigüeña. Y que esa figura le daba, porque había sido fiel a su deseo, un premio más cierto y profundo que la felicidad: el premio de la comprensión. En verdad, escribo estas vivencias y me doy cuenta de que en medio de la tragedia aprendimos a aprender de todo y de todos: y que el cuidado de una planta o un animal, de pronto tanto menos frágiles que nosotros, o la escritura de una novela, tanto más espaciosa y acogedora que nuestra propia vida, me han enseñado mucho sobre el tiempo, en estos meses que he vivido con la intensidad de los muy viejos, incapaz de concebir la idea del
futuro. Por eso, contra esa obligación "políticamente correcta" de estar tristes, me parece urgente contraponer esta evidencia, obvia desde siempre en todas las militancias, aun -y acaso especialmente- en las que surgen como respuesta a una de las tragedias más horrendas; esa evidencia obvia, digo, en el increíble fenómeno de las asambleas populares o del movimiento piquetero: el dolor, en lo que tiene de verdad, abre camino siempre a la belleza, "porque la belleza es verdad, la verdad es belleza y nada más importa saber sobre la tierra". Más aún: el dolor exige convivir con la alegría, nunca con la tristeza, que es negación y muerte. La alegría de crear, la alegría de servir, la alegría de saberse útiles. Y si no, fíjense en esta última historia verdadera. Mi amigo Ivo Machado, que es poeta y controlador aéreo en Portugal, recibió una noche la llamada de un piloto que volaba solo en medio del océano Atlántico. cuando el piloto
le describió su situación, Ivo le dijo lo que el otro quizá no se atrevía a admitir: que carecía de combustible suficiente como para llegar a cualquier costa, y que debería prepararse para acuatizar. Durante unos minutos, el piloto siguió haciendo preguntas vacilantes, preguntas que eran excusas para no quedarse en el silencio del mar y que Ivo respondía con precisión y solidaridad: no, en esas latitudes no había tiburones; sí, claro, la temperatura de esas aguas, aun en invierno, no representaban peligro alguno. Creo que el piloto mandó entonces algún mensaje, y que Ivo prometió retransmitirlo. pero cuando ya no hubo más que decir, el piloto intentó despedirse. Ivo, sin saber por qué, le preguntó si, en lugar de quedarse en silencio, no quería oír poesía. El piloto dijo sí, y durante casi una hora, hasta que finalmente el piloto se perdió en el silencio final, la voz de Ivo cruzó la inmensidad llevando los versos que había
amado durante toda su vida. Ivo nunca me contó si el piloto era portugués: en tal caso, el piloto habrá sentido que toda la cultura de su pueblo acudía en su ayuda; si no era portugués, y aunque el sentido se le escapara, igualmente habrá podido percibir que el ritmo de los versos se plegaban dócilmente al del mar y al de la luna, y que ésa es la conquista de la aventura humana. Pienso en Pablo, el equilibrista, planeando sobre las mesas del bar y en Ivo diciendo sus poemas. Pienso en el chico que fui y en el que, de algún modo, somos todos en medio de esta tragedia y me parece oír, en todos los casos, el mismo silencio, y es el silencio de una ceremonia, y es un silencio sagrado. El comienzo de un rito, sí, que repetiremos siempre para saber que una vez nos salvó esta verdad: "Dios nos abandonó, y cae la noche. Pero estás vos y estoy yo. Vamos volando".
*de Leopoldo Brizuela. -Publicado en la edición del diario Clarín del jueves 6 de junio del 2002.-
Urbano Powell*
Año 3623. El Papa Urbano Powell IV acaba de concluir su intervención en el concilio, la aprobación de las uniones virtuales es un hecho. Él es, el tercer clon de Urbano, el primer Papa negro de la historia, y es hoy conocido popularmente como el Papa "Sociólogo" por la Orden Teológica del Saber de la que proviene.
La humanidad marcha, se acerca a la concreción paso a paso de sus antiguas utopías. Pero, ¿qué mundo es este? Todo ha cambiado mucho en el último milenio, de muchas cosas solo queda el uso inadecuado y melancólico de las palabras que alguna vez designaron esa realidad. Pero las palabras durmientes han resistido más que las cosas, más que la gente que las sostenía con cuerpos y prácticas reproducibles. No hubo discusiones apasionadas, el mundo del amor virtual hace rato que se ha impuesto como forma
dominante de intercambio entre seres y sexos. Quizá, la pregunta de hacia donde vamos, nunca tuvo tal penuria, tanta falta de destino como en este presente continuo.
El amor solo se concibe como una relación de imaginarios, y hace ciento de años que perdió cualquier relación con la necesidad hormonal y física de intercambio carnal.
Estaba previsto, había sido profetizado a fines del siglo XX. El Papa sociólogo, lleva en sus maletas los documentos originales que fundaron su hermandad del saber. Los escritos fundacionales, que ahora son leídos con cierta decepción, con cierta forma de naturalidad: De La Seducción , de Jean Baudrillard, La Historia de la Sexualidad de Michel Foucault, y muchos otros escritos por apellidos como Castoriadis, Beck, Lipovetsky, Todorov, todos datan del momento en que la humanidad luchaba por entender y alterar un destino por entonces desconocido.
En este mundo, muchas cosas han cambiado, el
amor ha quedado emancipado de cualquier decepción y la reproducción de los humanos abandono la sede corporal de los úteros para ser una cuestión de Estado, que se realiza bajo estrictos códigos de manipulación genética.
Ya nadie engendra a sus propios niños con un intercambio directo de fluidos corporales. Desde la imposición masiva de la concepción extrauterina con manipulación genética, los humanos solo pueden donar esperma y óvulos para los bancos de gestación de hijos de la humanidad, luego pueden adoptar de forma casi inmediata hijos de crianza, aunque los sectores del privilegio en general prefieren clonarse en descendientes casi idénticos, en un proceso al que se denomina mismidad caracterológica, pues no solo se clonan sus formas corporales, sino que también su memoria, sus recuerdos y emociones pueden transferirse desde archivos virtuales a la edad necesaria.
El mundo de las regulaciones se
ha desplazado notoriamente, el control de la natalidad, las características deseables de las futuras generaciones de habitantes e hijos de la humanidad monopolizan el conjunto de debates y casi toda la energía disponible en las instituciones para dedicarla al área del conflicto.
El FMI, ha abandonado las prácticas de control de intercambios digitales y su institución principal es el control del cumplimiento de la cuota de natalidad prevista para cada Estado miembro. Una formula polinómica que permite solo pequeños desequilibrios ha de reunir año tras año, el incremento de la población con el incremento de la producción de los recursos transgénicos necesarios para alimentarla y sostenerla en el mundo.
Solo restan algunos bolsones de resistencia. Grupos de apocalípticos se reproducen libremente en las montañas de Afganistán, en las selvas montañosas del Perú, en grietas y lugares inaccesibles de pequeñas islas
volcánicas del Pacifico. Bajo condiciones extremas de marginalidad esa población primitiva disminuye año tras año, cuando alguno de ellos es rescatado por las fuerzas de la civilización es tomado como población de ensayos y finalmente desactivado para la reproducción directa de la especie.
Existen principios importantes que han logrado ser normalizados, y extendidos con un fuerte consenso democrático, como una ideología del sentido común que otorga verdad a todos los intercambios. "El cuerpo es un lugar de desencanto", dice Urbano Powell IV una y otra vez en sus encíclicas, y la realidad de la gente parece darle para siempre la razón: ya nadie podrá decir que ha engendrado hijos sin deseo, por pura necesidad de contacto sexual, es más cada vez es más extendido que las mujeres y hombres, ya sean clones o hijos de la humanidad desistan de las complicaciones del contacto físico sexual, el conjunto de la vida emocional se
produce en Comunidades de sexo virtual, donde se estimulan y surgen donantes para los bancos de reproducción de la especie.
El mundo se emancipo para siempre de las debilidades y tentaciones de las que prevenía San Agustín, se libero de la culpa por ceder al deseo que describió Lacan, logro como lo profetizaba Baudrillard, expulsar su parte maldita.
Las gentes han logrado imponer lentamente desde finales del siglo XXII una ética del Preferiría no hacerlo, y las emociones se buscan en viajes virtuales en la reversibilidad de las partículas de luz, que permiten ver y sentir las otras épocas donde la soberanía del acontecimiento era absoluta.
Los ciclos de revisión del cine son muy populares, antes de tomar la decisión del día, los miembros del consejo directivo de la hermandad, participaron de un debate teológico después de la exhibición de la película La Guerra del Fuego.
El asistente
principal de Urbano, Udi Tucker, lloraba de emoción al ver las imágenes donde el macho poseía a su hembra sosteniéndola por detrás, sin duda inspirado en la visión naturalizada que tenían nuestros más primitivos antepasados de la copula de otros mamíferos de cuatro patas. La película de Anaud, termina por sellar las cosas, el mundo no puede retroceder a sus orígenes, a sus instintos más animales.
Hemos superado para siempre la edad mítica, razonó en voz alta Urbano, en la mesa, todos nuestros mitos se han realizado en la vida virtual y real de La humanidad, Eros y Thanatos no coexisten más adentro de cada uno. El Arzobispo Horatio Vagus Engels recordaba las mesas cuando todavía se consumía la carne de cadáveres de seres vivos, como aves y carne de mamíferos. Reían todos al imaginar a esos animales que pastan hoy en reservas naturales servidos en platos cocidos después de largos períodos de
enfriamiento.
Después de todo, el discurso del Papa ha sido mundialmente aceptado, el mundo ha logrado la reducción paulatina de su obscenidad y la no-convalidación de la unión monogámica virtual seria un retroceso en la credibilidad.
Quien verdaderamente ama, concluye el Papa Sociólogo, debe estar liberado para siempre de buscar complacerse en lo concreto con otro.
El domingo 13 de julio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Matías Giuliani. Las poesías que leeremos pertenecen a Lucas Duarte (Colombia) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
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Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.
*de la canción popular mexicana (que en nada se parece a este escrito) y en memoria de José Guadalupe Posada.
Calaveras bailan en medio de la plaza, Cantan y se entonan Al son de la Muerte Alegre.
Calaveras empresarias Y calaveras obreras; Terratenientes Y trabajadoras agropecuarias Ahora comparten juntas la mesa Con tan solo los huesos Para mostrar.
Nosotros, Simples mortales, Podemos hacer que caigan del techo Calaveras de azúcar y pan, Que caigan entonando rimas Que toman de frases de "El Capital".
Algunas con zarape, Otras tantas con sombrero de palma Y comiendo un agusanado tamal...
Cuentan historias de terror Que han dejado para los vivos: Hablan de deuda externa, Democracia representativa, Desregulación Y apertura al mercado mundial.
Brindan haciendo buches Con tierrardiente y gas metano Mientras guardan los chistes Entre canto y canto Para gritar que no importa Quién empiece la
guerra, Aquí todos llegamos igual.
Yo por eso cuando sea grande Quiero ser calavera, Para que todos vean que tenía razón: Que todos nacemos y morimos iguales.
El pobre y el rico solo son momentáneos Mientras se mantengan las clases en esta sociedad. Pero al final de cuentas, Quieran o no lo quieran, A la misma tierra van.
El hombre lee en su asiento una carta escrita sobre papel verde. Se inclina un poco tratando que el sol que ingresa por la ventanilla ilumine de lleno en esas letras de birome azul. Tiene sus ojos cansados y la presbicia lo obliga a distanciar bastante la carta, a punto de temer con incomodar con la extensión de su brazo a la señora sentada enfrente en la que puede ver una mirada curiosa detrás de esos anteojos redondos con bastante aumento. En realidad, no le importa que esa señora de mediana edad y pelo rubio enmarañado se interese por su carta. Ella solo podría haber leído la fecha y el lugar que están en letra visible e imprenta, arriba a la derecha de la primera hoja. Luego viene la
letra manuscrita, pequeña y encriptada de Cecilia que se hace imposible de descifrar si la persona no esta familiarizada con ella. Y además, que importancia tiene que esa señora de algo menos de cuarenta años sepa de su felicidad, de su ir y venir con el amor y la distancia.
Ella iba y venía, en su trabajo por los aires, en sus ensueños o en sus amores fugaces de cada aeropuerto que no lograban desplazarlo a él. Su hombre. Él, que iba y venia todos los fines de semana para compartir su lecho, sus labios. Para caminar con ella de la manito o en el abrazo de hombro de ella a cadera de él que tanto les gustaba, como a los eternos amantes, novios o compañeros de vida, aunque nunca supieron definirse, no les interesaba otra cosa más que llevarse de la mano o del abrazo por la vida que era una sucesión de instantes o una eternidad bajo una misma luz, pisándose a veces con mutua torpeza los pies en aquellas estrechas veredas
del centro antiguo de la ciudad, para luego retornar al departamento de ella y fundirse en un solo cuerpo a luz de luna o estrellas, a sol que entibia la piel o a cielos de acero sin grietas. Aun parece sentir el ruido de la lluvia cayendo a gotones de sonido persistente por los techos, mientras adentro los cuerpos se encendían bajo cobijas del frío invierno. Sentados en la cama, los domingos a la tarde él le leía a ella cuentos de Dal Masetto y ella a él a Borges o Cortázar. Más de una vez, le leyó "Romance" y él sabía, que era apenas un pretexto para llegar a la frase final que tanto lo oprimía como presagio, como un destino acechante a la vuelta de la esquina, o en cada ir y venir a la estación de trenes, para llegar o partir de los brazos de ella, su amor, su compañera. Recuerda haberle leído esa frase que ahora ronda frecuentemente en su cabeza: el destino es insondable y no existe felicidad que no este
amenazada.
Pero él recuerda cada encuentro y cada despedida como si fueran una sola, una misma imagen superpuesta de ese intento imperfecto de volver una y otra vez al placer, o al contacto de la piel, la fusión de los cuerpos, el orgasmo de cada cual a su tiempo y modo, la sonrisa del después y el dormir abrazados para entrar en la noche del sueño bien juntitos. Su piel lo enloquecía. Su blanca piel casi transparente en la que podía ver rutas celestes que no parecían venas sino mapas de cielo como los que ella surcaba primero en Aerolíneas Argentinas y más tarde en Lufthansa.
Vuelve a doblar en dos las tres o cuatro hojas de la carta sin dejar de echar una última mirada con los ojos húmedos sobre el encabezado, que seguramente la señora que esta allí enfrente ya ha leído, aun fingiendo desinterés y con la mirada perdida en algún punto de la estación que de una vez y quizá para siempre están por dejar
cuando la fuerza de la máquina logre romper la inercia y el viaje se desate sin atenuantes en un movimiento externo a esa relativa quietud de gente sentada e indiferente a los otros seres sentados que parten desde sus propios mundos y asuntos.
No importa que esa señora sentada enfrente haya leído la fecha: Hamburgo, 15 de abril de 1992. Y más abajo el Querido Julio: y luego parte del contenido que conoce de memoria y ha leído una y otra vez durante estos años, en sus viajes a bordo del tren.
Entonces el tren arranca y el hombre rompe la carta en cuatro con expresión de angustia marcada en el rostro, aunque ya maldice su impulso, su inútil esfuerzo por doblegar ese pequeño hilo de ilusión que lo mantiene ahí, no queriendo preguntarse sin respuesta, y entonces guarda esos grandes pedazos en el bolsillo derecho de su campera verdeagua, quizá ya mismo piensa en pegarlos con cinta transparente al llegar a su casa de
Buenos Aires. Intenta disimular su rostro desencajado. Se levanta y se va al otro vagón, no quiere testigos, que nadie sospeche ni se pregunte por que él sigue yendo y viniendo en ese tren. Ahora que ella, no esta más para esperarlo.
En soledad Y también en la noche Quizás con las dos juntas He descubierto la profundidad Del abismo, La pesadilla de ser yo No me animo a mirar En el espejo No quiero asustar a mi rostro Él aunque esté triste No puede transmitir Esa la pura soledad De estar con uno mismo Y sin maquillaje.-
Silencio al sol de media mañana. El hombre percibe con su nariz cerrada por el resfrío como se abre paso lentamente un aroma a sopa de vegetales. Un olor a hogar inunda el aire quieto de la habitación.
Él, ahora, puede respirar bien, bastante mejor que ayer a la noche. Se abren sus sentidos y el gusto a sopa le trae bien cerquita la voz de anoche, con su compañera cantando en la cocina...
"Who can buy this wonderfull morning?"
"Who can buy this morning to me?"
Y algo más abajo de su voz de blanca negra que por momentos se eleva en catedrales, el hombre alcanza a oír la percusión, un ritmo espontáneo que surge del cuchillo cortando sobre la tabla de madera.
Pedacitos y pedacitos que serán bien pronto aroma y alimento.
Recién en la mañana, con la cama bañada de sol, el hombre abre sus pulmones y los llena del aire a sopa, y también del sonido que bien evaporado y mezclado en los sabores vegetales flota en la habitación...
"Who can buy this wonderfull morning?"
"Who can buy this morning to me?"
Tiene razón la letra. Nadie puede comprarle esta maravillosa mañana, cuando su nariz recibió como un golpe del recuerdo, ese aroma y esa voz. Una sencilla muestra de la dicha de amor y hogar que llegaba desde la cocina.
3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN XICóATL "ESTRELLA ERRANTE"
BASES DEL CONCURSO:
ÁREAS: a. Composición para piano solo b. Composición para piano y electrónica c. Composición para piano y trío de cuerdas
v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la
audición. INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos
separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008. Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
Remitir las copias y anexos solicitados a: CONCURSO XICóATL Schießstattstr. 44/9 A-5020 SALZBURG - AUSTRIA - o a: euroyage@...
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR: KLAUS AGER (AUSTRIA) JORGE ANTUNES (BRASIL) ALICIA TERZIAN (ARGENTINA) ROLANDO CORI (CHILE) ORLANDO JACINTO
GARCÍA (CUBA)
El 3. Concurso de Composición XICóATL "Estrella Errante" es posible gracias al auxilio de: v El Gobierno del Estado de Salzburgo v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo v La Asociación Música en el Museo (MiM) v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
DEL EDITOR DE INVENTIVA SOCIAL:
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Las callecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo, viste ? Salgo de paseo por Callao, lo de siempre en un domingo a la tarde. Y cuando llego a Rivadavia, de repente, se me aparece él: mezcla rara de agente de Monsanto y López Jordán. Boina en la cabeza, propaganda de TC 2000 en la campera de carpincho, un brote de soja en una mano y un billete de 100 dólares en la otra. Pero no sólo yo lo veo, no. Por que una viejita con tapado de zorro fueguino se le acerca y lo alienta. Y dos señoras le besan las rubicundas mejillas, no sin antes decirle: "No afloje, que con los militares estábamos mejor". A su paso lo sale a saludar la "gente linda", y la plaza se llena de banderas que se agitan. Las naranjas del frutero de la esquina le tiran glifosato, y a medio camino del Congreso un taxista con el logo de Clarín Rural le obsequia un bocinazo. Desde una carpa vitorean: "Viva,
viva", "No nos une el amor". Y un joven trotzkysta, y una "Nina" entonan un canto de loor. Un soldado se le cuadra, y un cura lo bendice. Desde otra esquina se le oponen: un joven desdentado y un político sin honor, Una collita le hurta la mirada, y el canillita le regala "La Nación". y, él, como entre dientes, musita: "Lo dijo La Nación"
Y yo, aquí, mientras lo evoco, siento un poco de vergüenza ajena.
El descubrimiento de fragmentos de la Odisea de Homero en unas excavaciones dirigidas por Plumkier cerca de Esmirna ha sorprendido al mundo, ya que deja entrever las dudas que tenía el autor en su guión. Estos manuscritos han puesto en evidencia el pasaje de "Ulises y las sirenas", en el que conmina a sus hombres a taparse los oídos para no escuchar los cánticos.
Transcribo literalmente el retazo que dice: Cuando las sirenas cantaron Ulises hizo que sus marineros se taparan los oídos con cera para que no pudieran escuchar los cánticos que les atraerían hacia los arrecifes. Ulises se arrepintió de esta orden al cabo de media hora de remar. Nadie le hacia caso cuando, atado al mástil, gritaba: "¡A babor, a babor que vamos contra las rocas!"
"Tener un hermano nos protege del anhelo de un poder totalitario"*
El cultivo de buenas relaciones fraternas, tanto entre hermanos de sangre como entre amigos y semejantes, es tan importante para las personas como para las sociedades. Cuando se pierden, sobrevienen conductas autoritarias.
El tratamiento del Mal y las manifestaciones de la maldad no son materia exclusiva de filósofos, religiosos o políticos. También es un asunto que preocupa a los psicoanalistas, tanto al abordar los traumas y angustias que traen los pacientes como al introducir su mirada en los malestares de nuestra cultura. A tratar, precisamente, las "Figuras clínicas del Mal" se dedicó el reciente Congreso Argentino de Psicoanálisis, que se reunió en Córdoba con la presencia de algunos de los más prestigiosos psicoanalistas del país. Entre ellos estuvo Luis Kancyper, autor de numerosos libros, algunos de los cuales fueron traducidos a otras lenguas: "Resentimiento y remordimiento", "Jorge Luis Borges o la pasión de la amistad" y "El complejo fraterno".
Los aspectos más tortuosos o complejos de la relación entre hermanos aparecen en varias películas recientes. ¿Qué lecturas pueden hacerse desde el psicoanálisis de este renovado interés?
Las relaciones entre los hermanos que se presentan tanto en la aparente simplicidad de lo normal como en las exageraciones de lo patológico son diferentes de aquellas que se originan en la relación con los padres. El hermano es un semejante demasiado semejante y la primera aparición de lo extraño y diferente en la infancia. El enfrentamiento con el hermano, con el doble, con el intruso, perturba mucho. Como decía Calderón de la Barca, "Para quien aspira a ser rey, todo hermano es un estorbo". Por otra parte, la relación fraterna pone al descubierto temas muy actuales y altamente preocupantes en este mundo de la intolerancia ante la diversidad. La falla en los roles parentales, en lugar de instalar un sentimiento de pertenencia y orden en la estructura familiar y social, hace que se desplieguen los afectos más hostiles y crueles, que son también inherentes a las relaciones infantiles entre los hermanos. Esto es lo que
aparece en varias de estas películas, como "Muerte en un funeral" y "El sueño de Cassandra".
En "El sueño de Cassandra", la última película de Woody Allen, vuelven a aparecer los temas clásicos del psicoanálisis, pero se centra en la relación fraterna...
Sí, en esta película Woody Allen devela los conflictos entre las generaciones, de padres a hijos, de tíos a sobrinos, y la dinámica propia entre los hermanos. La madre de los dos hermanos devalúa la función del padre y sobrevalora la imagen de su hermano exitoso financieramente en el exterior. Y es precisamente este tío de América el que expone a sus sobrinos europeos a cruzar las barreras éticas. Pone al descubierto cómo la generación que precede a los jóvenes, de alguna manera, los manda a matar.
¿Cómo interpreta el impacto que tiene en los dos hermanos esta incitación a pasar el límite?
A diferencia de anteriores películas de Woody Allen -"Crímenes y Pecados" o "Match Point"- aparece aquí algo inédito. Terry, el hermano menor, siente arrepentimiento, remordimiento y búsqueda de autocastigo. Este personaje tiene resonancias en Dostoievsky: el mal termina siendo castigado. Y se precipita finalmente un fratricidio, pero, a diferencia del bíblico en el que Caín mata a Abel, aquí se invierte la relación. En "Match Point" parecía que un crimen puede salir impune si el azar juega a su favor. Y el individuo no es responsable de sus actos sino que se limita a jugar a que la suerte sea favorable.
¿Al final no habría salvación, no habría redención posible, pero sí existirían el juicio y la determinación personal...?
En "El sueño de Cassandra" la tragedia parece ser inevitable. Pero la pregunta que surge es aquella que en el año 1602 ya se planteaba Shakespeare en el "Rey Lear" y que continúa siendo tan actual: "¿Es que se ha desterrado de este mundo la compasión?" El sentimiento de compasión no es piedad, ni misericordia, ni lástima. La compasión es aquel sentimiento que me permite abrir las puertas de la solidaridad cuando registro aquello que lastima al otro y que promueve un deseo de mitigar el dolor del "otro fraterno". El surgimiento épico de la confraternidad contrarresta las fantasías fratricidas que anidan en el alma de los individuos y de los pueblos. Es la cuestión de cómo contrarrestar al herrumbrado destino mítico y encontrar algunos "por qué" a lo que aparentemente parece ser inamovible.
¿Qué respuestas aporta el psicoanálisis?
En este sentido, podemos decir que el psicoanálisis es la ciencia del anti-destino. Intenta, dentro de lo posible, hacer conscientes los escándalos del inconsciente que de un modo constante generan sus efectos en la psicología individual y en las sociedades.
¿A qué llama "escándalos del inconsciente"?
En ciertos momentos, la fuerza de lo inconsciente puede llegar a operar como "la piedra del escándalo" exteriorizándose a través de síntomas, inhibiciones, falsos enlaces, lapsus, angustias y otras múltiples emociones que se sustraen al dominio voluntario, llegando a generar malentendidos, que a su vez originan nuevos malentendidos, y éstos suelen interponerse en los ámbitos de la razón, para que el sujeto tropiece y pierda el equilibrio de sus ideas, convicciones y actos. En cambio, en otros casos, lo inconsciente funciona como fuente y motor de creatividad inagotable, promoviendo en el sujeto y en lo colectivo la posibilidad siempre abierta para que se desplieguen impredecibles e ignotos horizontes de invención.
¿El inconsciente sería algo así como un depósito permanente de la naturaleza humana?
Así es, de poderosas fuerzas irracionales. Actúa a la vez como el agente supremo de la libertad humana y todavía más, como la traba más fuerte de ella. En ese doble sentido también decimos que el complejo fraterno no se reduce únicamente a los aspectos destructivos de la rivalidad entre los hermanos, tiene además sus aspectos constructivos.
¿Cuáles serían esos aspectos tan necesarios?
Desde su origen, todo sujeto requiere de un Otro, personificado en un hermano cuya presencia resulta fundamental y fundante, como el garante doble que asegura la posibilidad de emanciparse del poder parental, y además permite la resignación de la creencia inconsciente de ser el único y perfecto hijo que sobrelleva la misión de salvar a los padres y salvarse de ellos. Esta relación horizontal con un "otro fraterno" cumple la función de auxiliar, modelo y objeto de complementación y de reconocimiento. Tener un hermano nos preserva y protege del anhelo de un poder totalitario que subyace en el alma humana. Es a través del contrapoder surgido a partir de la alianza fraterna que se logra la oposición al mítico padre que intenta la reapropiación de los hijos.
¿Esta dimensión constructiva del complejo fraterno puede cambiar de signo?
Los vínculos fraternos son ambivalentes y suelen oscilar con suma facilidad entre el amor y el odio y entre la compasión y el resentimiento. Cuando el hermano se relaciona de un modo desconfiado con un otro a quien inviste como a un intruso rival ominoso que puede llegar a perturbar, robar o destruir su unicato, en este caso decimos que el complejo fraterno es tanático o destructivo. El hermano desconfiado, lejos de aliarse con lazos de solidaridad, no admite al otro como a un diferente y semejante, sino que intenta combatirlo y hasta destruirlo como Caín a Abel. Se pierde así la dimensión liberadora y democrática que instaura el orden ético y social de la cofradía, para contrarrestar, precisamente, al poder autoritario de la generación que detenta un poder vertical.
¿Un amigo cercano es como un hermano por elección?
La amistad es una relación de hermandad elegida, no impuesta por lazos consanguíneos, en la que se desactivan los deseos edípicos puestos en movimiento por la aspiración de alcanzar a ser el heredero único y el hijo preferido. En la amistad se establecen relaciones de objeto no familiares, aunque con facilidad pueden volver a filtrarse con las conflictivas narcisistas y parentales. En ella, los lazos consanguíneos son reemplazados por lazos sublimatorios. Además entre los amigos se requiere deponer las relaciones de dominio. El amigo ejerce una función de acompañamiento en los estados angustiosos de soledad y en situaciones conflictivas relacionadas con el amor de la pareja y de la familia. Una lógica horizontal, de una solidaria confraternidad, posibilita procesar el desasimiento del poder vertical ejercido por los padres y por los hijos. Aporta una singular función en los procesos de la creatividad, a través de
distintos modelos de identificación y de confrontación, que permiten cotejar con sentimientos de solidaridad lo diferente, lo semejante y lo complementario.
Copyright Clarín, 2008.
Psicoanálisis, literatura y tango
Existen afectos y pasiones que detienen el fluir temporal, espacial y afectivo y que requieren ser concientizados. Luis Kancyper, autor -entre sus muchos libros- de un estudio psicoanalítico sobre "Resentimiento y remordimiento" y otro sobre Borges y la pasión de la amistad, bucea en estos sentimientos tan presentes, y a veces tan difíciles de reprimir, que, según explica, obstaculizan la elaboración de los duelos y reinstalan la compulsión a la repetición: "Los afectos son un farol y una brújula que posibilitan alumbrar y ordenar el pensamiento y la acción. El resentimiento resulta de humillaciones múltiples, ante las cuales las rebeliones sofocadas acumulan sus pequeños 'ajustes de cuentas', tras la esperanza de precipitarse finalmente en actos de venganza. Este aspecto destructivo del resentimiento, que instala la ciega Ley del Talión de la venganza repetitiva
e incoercible, ha sido notablemente señalado por los hermanos Homero y Virgilio Expósito en 1944 en su célebre tango Naranjo en flor: 'Después, qué importa del después. Toda mi vida es el ayer, que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro, sin luz'. El resentimiento y el remordimiento obstaculizan así la elaboración de los duelos". ¿De qué otro modo puede elaborarse ese duelo frente a situaciones traumáticas? Kancyper responde: "Yo contrapongo la memoria del rencor a la memoria del dolor. Otro tango, Los mareados, la ejemplifica: 'Hoy vas a entrar en mi pasado (...) y nuevas sendas tomaremos'. O sea, cuando hay dolor no se olvida el pasado, pero se elabora y se abre un tiempo y un espacio de futuro. Cuando prevalece el rencor, el tiempo del pasado anega las tres dimensiones del tiempo"
Las dos eran muy románticas. Aún no habían tenido la suerte de encontrar el amor de su vida por eso estaban tan ilusionadas ante aquella nota en papel cuadriculado, doblado cuidadosamente en cuatro pliegues en la que alguien había escrito en el exterior: Para Maite con cariño de Roberto. La abrieron las dos porque las dos estaban igual de excitadas y aplanándolo sobre la mesa del restaurante, leyeron el poema con la voz ilusionada y el corazón palpitante.
Maite mía corasón te veo cada día y me ace tanta ilución mirarte vida mía quiero darte mi amor que es el mas sinsero te lo digo en este berso por si no supiereses que te kiero.
- ¡Dios mío! ¡Es un poeta! - exclamó Maite con las mejillas arreboladas y el ketchup del bocadillo de hamburguesa asomándole por la comisura de los labios.
- Y hace unas poesías magnificas - le respondió su amiga sorbiendo los mocos.
Mi papá fumaba cada día un cigarrillo después del almuerzo. Sólo uno. Fumaba un cigarrillo y miraba por la ventana del comedor hacia la calle, mientras el humo daba tres vueltas en círculos alrededor de su cabeza. Mi papá miraba la gente que pasaba, desde arriba, porque mi casa queda en la planta alta. En la planta baja hay dos garages y un negocio que vende inodoros, bidets, bañaderas (bañaderas no, me dijo la dueña: se dice bañeras) y percheros de distintos colores para colgar toallas. No hay espejos ni otra cosa. Es un negocio aburrido y de feo nombre: 'Sevlo'. Nosotros alquilamos ese local y uno de los garages, para tener otra entrada, dice mi mamá, que siempre organiza los dineros de la casa. Mi mamá pensaba que mi papá no sabía hacer plata. Por eso ella tenía que renegar, para que no faltara la comida en casa. En casa no faltaba la comida, pero faltaban
muchas cosas que mi papá no podía comprar, porque en el campo nunca nada iba bien. Si no era la sequía, era la inundación, si no era la inundación, habían bajado los precios del trigo y nada alcanzaba para nada. Una siesta, mi papá dejó de fumar un cigarrillo todos los días después de comer. Empezó a fumar también uno antes de almorzar y otro, antes de cenar. No fumes tanto, le decía mi mamá, que vas a enviciar a los chicos con el mal ejemplo. Mi papá no decía nada. Miraba por la ventana del comedor, desde la planta alta, a la gente que pasaba por la calle. Después se iba al campo. A veces volvía al rato porque la camioneta se le había descompuesto, y otras veces no volvía por muchos días. Entonces mamá decía: este hombre me va a volver loca. Y cuando papá regresaba, en realidad parecía una loca que gritaba. Papá se ponía a mirar por la ventana y prendía otro cigarrillo. Un día le dijo a mi mamá 'No puedo
respirar'. Mamá fue a la farmacia y le trajo un aparatito que él apretaba y largaba un rocío adentro de su boca. Desde entonces mi papá fumaba y usaba el aparatito. Pero a veces seguía diciendo: no puedo respirar. Mi mamá, mientras tanto, hablaba de posibles negocios que debían hacer para tener más entradas, de todo lo que necesitaba comprar, de las cosas que nos faltaban y de los programas de la tele. De vez en cuando, de lo mal que le salía la comida porque siempre andaba regateando algún ingrediente, o de las vacaciones que soñaba. Hasta que un día llegué de la escuela y mamá estaba llorando. Me abrazó y me mostró a papá, que estaba acostado sobre el sillón rojo. Yo fui a darle un beso, pero él no se movió. Tenía un ojo medio abierto y el otro cerrado. Mamá empezó a gritar como cuando se ponía loca mientras repetía: que nos espera, que nos espera. Fui a sacudir a mi papá para que se levantara, pero se le cayó el brazo
hacia el costado y tampoco se movió. Mi mamá dijo, ya basta, ya basta, y me llevo hacia la puerta: te vas a quedar en la cocina con tus primos. Mis primos no hablaban, me miraban de reojo y yo me aburría. Después entraron las tías cuchicheando; lloraban y me abrazaban. Cuando algunas salieron con el café, yo me fui al comedor y me puse a mirar por la ventana. Desde entonces no puedo salir de ese lugar. Veo todo pequeño y diferente. Veo las espaldas y me pongo a contarlas. Es posible que todas esas espaldas lleven como una marca invisible la mirada de papá.
*Enviado para compartir por Verónica Capellinoveroaleph@...
Correo:
*
Si el fútbol cumple una función simbólica, Racing lo logró
Como hincha de la academia sufrí todo el año, pero no solo por el sentimiento futbolero, sino porque sentía íntimamente que había algo en contra nuestro: Los chicos jugaban bien y algo pasaba en el final que tiraba todo para atrás. Entonces ya pasaba los límites futbolísticos, era un desafío al destino que parecía marcado .Porque así en la vida, como en el fútbol, te llena de impotencia hacer las cosas medianamente bien y que los resultados sean adversos ¿Cómo se hace entonces? nos preguntábamos. Nosotros seguimos a Racing tanto en la salud como en la enfermedad: No somos campeones pero recorrimos el duro camino que recorren todos los días los hombres y mujeres que trabajan todo el año, que no roban, que el sueldo no les alcanza, que aguantan viajar como ganado y que se preguntan
¿como se hace, para salir de esto? Entonces esa fue la función simbólica de que Racing se quede en primera: Representar al los miles de argentinos, que luchan todos los días por “la permanencia”, siguiendo el único camino que deben y saben transitar. ¡Gracias a los jugadores y a nosotros! ¡Gracias Academia querida!
El domingo 29 de junio del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Guillermo Gaviria, Luis Pulido Hurtado und Luis Fernando Franco Duque. Las poesías que leeremos pertenecen a Luis Rivas Alcocer (Bolivia) y la música de fondo será de Elis Regina y Tom Jobim (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
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A principios de 1953 Herbert Reed procedente de Kansas City y Tony Williams de Roselle, New Jersey, se juntaron en Los Ángeles con un músico de St. Louis llamado David Lynch con la finalidad de formar un grupo de "rhythm and blues", pero no lograron darse a conocer ya que hacían la misma música que el resto de grupos existentes. Sin embargo, en el plano personal nació una corriente de afecto entre ellos que cada día era más intensa, llegando a preocuparlos debido a que, en aquella época, estaban muy mal vistas las relaciones entre hombres.
La incorporación de Paul Robi de Nueva Orleáns le dio un nuevo aire al conjunto que empezó a ser conocido dentro de los interpretes de "Doo wop" y música "pop". Este último también notó que empezaba a sentir algo más que afecto por los otros componentes
del grupo, pero jamás lo manifestó, guardándose este sentimiento para él.
Cuando su manager, Buck Ram participó como letrista, fue el inicio de su tremendo éxito. A raíz de su participación, el cuarteto se amplía con un quinto miembro, la solista Zola Taylor, una cantante con una voz privilegiada y una belleza increíble. Con esta incorporación los cuatro músicos variaron sus afectos enamorándose todos de la cantante. Este amor también se mantuvo en secreto para no romper la armonía del grupo, incluso hasta después de disolverse a finales de los sesenta.
De este conjunto han quedado dos cosas importantes, la belleza de sus canciones entre las que destaca sobre todo "Only You" y el descubrimiento del amor platónico bautizado con este nombre en su honor.
Cuentan que cuando el hombre primitivo comenzó a vivir en sociedad, se compartía todo lo que se alcanzaba, no existía la propiedad privada, vivían en armonía entre ellos, y conla Madre Naturaleza. Ella proporcionaba los alimentos ylo necesario para protegerse del frío. Luego, comenzó alguien a apropiarse de lo que antes pertenecía a todos, a acumular bienes y poder, y se acabó la llamada Comunidad Primitiva. Comenzó la civilización.
Para una respuesta elemental a la pregunta: ¿Qué se entiende por civilización? acudo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), y cito: "Estadio cultural propio de las sociedades más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas", y en otra acepción: "Acción y efecto de civilizar." Si tomamos estas definiciones como punto de partida, para respondernos la pregunta que sirve de título a esta "elucubración" mía, es indiscutible que la humanidad ha logrado grandes avances en la ciencia yel arte, un poco menosen el campo de las ideas y prácticamente nada hemos avanzado en lo que concierne al comportamiento del hombre, como costumbresy "Acción y
efecto de civilizar", con respecto a los primeros seres humanos.
La avaricia, el egoísmo, la vanidad, el sometimiento, y otros males, han permanecido inalterables desde que dieron origen a la desintegración de la Comunidad Primitiva hasta nuestros días. Las guerras, y crímenes tan monstruosos como la destrucción progresiva de nuestro propio habitad, han sido el fruto de esos males. La riqueza ha estado concentrada en pocas manos y en muchas, la miseria y el desamparo. El hombre ha sido el lobo del hombre y de la Naturaleza. Nada ha cambiado, aún.
El Siglo XX llegó con una luzque fue La Gran Revolución de Octubre, luego comenzó a parpadear y se apagó en los finales del propio siglo. La llamada"Década Prodigiosa" pletórica de idealismo revolucionario, hoy es un recuerdo. Y sin ningún chovinismo latinoamericanista, sólo en América Latina ha comenzado a dejar de ser una utopía.
Cuba, por tratar de crear una sociedad en que el hombre deje de serel lobo del hombre, ha estado sometida durante casi 50 años aagresiones militares, políticas, económicas y mediáticas brutales, por parte del imperialismo yanqui y sus aliados. Ningún pueblo ha conocido genocidio tan prolongado. Y resiste.
Las guerras imperiales para "civilizar" al hoy llamado Tercer Mundo ypor los mercados y fuentes de materias primas, fueron y son lo suficientemente incivilizadas como para asesinar o someter pueblos enteros.
Las bombas atómicas lanzadas sobre las poblaciones indefensas de Hiroshima y Nagasaki , la criminal guerra contra el pueblo vietnamita,el colonialismo y las dictaduras militares , son unos pocos ejemplos de la inhumanidad de los "humanos" que ejecutaron esos crímenes, de quienes los apoyaron o callaron, y de los que desearon éxitos al agredido, pero no compartieron su suerte, como indicara el Ché.
El siglo XXI comenzó recorriendo los mismos caminos que el anterior. Guerra contra Afganistán, Irak, amenazas de agresión militar a más de sesenta "lugares oscuros" del planeta. El pretexto es el mismo: "Anticomunismo", "Antinarcotráfico", "Antiterrorismo". La verdad sigue siendo la misma: La hegemonía mundial.
En numerosos países desarrollados resurgen las funestas ideas del fascismo, nazismo y del falangismo, además de la conocida xenofobia, que no es otra cosa que racismo. ¿Alguien conoce un caso de hostilidad o agresión contra algún blanco, rubio y de ojos azules? Cada vez son más frecuentes los crímenes que cometen los portadores de esas ideas.
Estados Unidos de Norteamérica, el autotitulado "baluarte de los derechos humanos", asesina diariamente niños, mujeres, y ancianos en los países que ha ocupado militarmente,y los llama cínicamente "daños colaterales". También tortura en cárceles secretas y públicas, y "... el mundo sigue andando".
Por otra parte, varios países africanos, que contaron con toda la solidaridad mundial para alcanzar su independencia, hoy se desangran en guerras con sus vecinos o entre facciones y etnias que desean mantener o alcanzar el poder político y económico. Numerosos gobernantes se enriquecen con la miseria de sus pueblos y se cometen los más horripilantes crímenes contra la población civil. Es increíble, que en un país como Sudáfrica, donde decenas de miles de sus ciudadanos tuvieron que emigrar durante el régimen racista, ocurran hechos de carácter xenofóbicos contra ciudadanos de países vecinos que durante muchos años le brindaron protección.
En América Latina se respira otro aire. Un aire de independencia, soberanía y de justicia social, que todavía no llega a todos y cada uno de nuestros países, pero no dejan de ser transformaciones o cambios. Son el resultado de la luchaciudadana y de los movimientos sociales contra las dictaduras militares y corruptos gobiernos neoliberales, así como del enfrentamiento a la oligarquía nacional y extranjera, que se resisten a restituir lo que durante muchos años les han robado a los pueblos. Asimismo, prevalecen en el continente las injusticias sociales y el brazo de la justicia no ha alcanzado a los que asesinaron, torturaron y desaparecieron a miles de patriotas, ni a sus cómplices.
¿Y qué decir de la Madre Naturaleza? Sencillamente, los "civilizados" siguen destruyendo la vida en el planeta y éste se defiende con inundaciones, huracanes, terremotos y volcanes que cobran miles de vidas inocentes.
Después de esta panorámica mirada, que en vuelo de pájaro he hecho al mundo o a una parte de él, me vuelvo a preguntar: ¿Somos más civilizados que nuestros antepasados? Y tengo que responderme: No.
¿Por qué se me viene a la memoria aquel recuerdo remoto? Es un viejecito que blasfema adentrándose en un chiquero con un canasto lleno de mazorcas que va sembrando en ese desorden de topetazos y chillidos agudos. ¿Cómo se sostiene este recuerdo remotísimo? También hay otros, tal vez no tan nítidos porque suelen ser muchos que se han superpuesto y forman uno en el caudal obsesivo y engañoso de la memoria. Un alba de los primeros días del mundo, un caballo que salta un alambrado para siempre y el mismo viejecito que insulta en su dialecto italiano con una ira donde se presume toda la impotencia de la tierra. Hay otras secuencias que veo más nítidas, como en una película: yo que lo sigo a todas partes con no más de cinco años y él que finge retarme y yo sé que es un juego. Hasta levanta una mano, en claro ademán de pegarme, lo cual me deja
impertérrito ¿Qué seguridad tengo de que no me hará daño? No me asusta, si hasta lo miro sonriente. Nunca sabré por qué, con tan pocos años sabía con una certeza que vencía toda intuición que eran meros juegos inocentes e inocuos, como si ese viejo inmigrante sólo se entretenía con ese niño que bien podía ser un nieto suyo. Uno de los que no conoció porque huido del fascismo nunca regresó a su tierra. -Era de Lombardía -me supo decir mi padre. Sé que nunca hablaba de su familia, hasta que el mucho alcohol lo venciera desde las tripas al alma. Lo traté casi hasta la adolescencia donde los mayores son objetos de los cuales uno se debe ir despidiendo. Cuando murió, es probable que yo ya no viviera en el pueblo, y lo cierto es que ya casi no queda gente que lo recuerde, salvo unos pocos que como yo lo conocieron siendo muy niños, pongo por caso a la esposa del Toto Míguez, Chiche Bianco, que lo conoció en el
boliche de don Marcos, su tío. De todos modos, cada vez me convenzo más de que la memoria se hace con retazos y que muchas veces esos retazos se construyen. El encuentro que tuve hace dos meses con "Chajá" Correa, luego de cuarenta y cinco años sin vernos, se me hizo revelador que las anécdotas y la memoria de cada uno corre por su exclusiva cuenta y no siempre (o casi nunca) coinciden. Con "Chajá" compartimos toda la primaria y las travesuras ya que éramos vecinos, pero hoy no coincidimos en el recuerdo de las anécdotas infantiles. Si yo raspo con cuidado aquellos rincones que persisten como ladrillos débiles, digo, si los raspo con una cuchara van cayendo lentamente otros recuerdos. El de don Miguel Balagué, por ejemplo. Que fabricaba unos helados riquísimos, y tenía una chata fletera, de esas chatas de cuatro ruedas tirada por un caballo flaco, con un asiento de arado atornillado en el piso, ese largo piso de listones de
madera, que hacían un ruido infernal cuando las ruedas de hierro saltaban sobre la calle de tierra despareja. Arrimaba esa chata precaria al andén de la estación de trenes, media hora antes de la llegada. Don Miguel era español. No recuerdo de dónde, pero pudo ser catalán, no sé, tendría que preguntarle a Haydée, que sabe todas las filiaciones de las familias del pueblo. Lo cierto es que para don Miguel, todos, absolutamente todos, los chicos del pueblo se llamaban sin excepción: Miguelito. Tal la anécdota que me refiere mi amigo Roberto Vega. Cuando la Cooperativa Agrícola Federal organizaba esos llamados campeonatos de Baby Fútbol, en las noches veraniegas, él, mi amigo Roberto iba con su carrito heladero tirado por un caballo a vender los ricos helados "Balagué" en las orillas de la canchita. Cuando Roberto jugaba lo reemplazaba el propio don Miguel y se entusiasmaba tanto con su pequeño empleado que lo alentaba a los
gritos de: -Arriba, Miguelito, ataja Miguelito, vamos Miguelito- Porque la ocupación esencial de mi amigo Roberto Omar Vega era ésa, la de ser un arquero con todas las letras y en toda la ley como eran las cosas de antes. Roberto Omar fue, literalmente, mi primer amigo, ya que vivía en la casa de su abuelo, frente a la mía. Ellos no eran sino los míticos viejitos Pichichello, a saber: Doña María y don Angel, dos viejitos italianos que eran como el corazón del Barrio Jazmín. Sin embargo, la figura flaca de don Miguel, con su gorrita de género, con visera de cuero, la pipa que llevaba colgada de un solo diente superior, el único que le quedaba, justo para la pipa, repetía, para qué más, se me presenta, cruzando en la memoria, esas adormiladas siestas perdidas para siempre con una soga en la mano, internándose en el terreno del ferrocarril, frente a su casa, que usaba como potrero para ese caballejo triste que tiraba de la chata
en sus tareas fleteras y por las tardes el carrito heladero que sostenía, todo el verano en su toldito mezquino y amarillo. Y allí sí, mi amigo Roberto Vega, implacable en mi memoria con su pantaloncito y su camisita blanca como compete a un auténtico heladero. Para helados Balagué, es decir para don Miguel, y para doña Emilia, su esposa, trabajaron otros amigos: Valentín Prámparo, Alberto Nocino, "Chelita", pero a mí siempre me viene a la memoria la figura de un mi amigo y vecino Roberto, porque en los veranos flamígeros de mi pueblo, mitigaba mi desdicha con el hielo que rodeaba esos cilindros de helados en tapitas que yo casi nunca podía comprar, por falta de monedas y que él, siempre se ingeniaba para compartir conmigo, uno -el más pequeño- el de cincuenta centavos, que partía en mitades exacta par cada uno. Mientras escribo estas palabras sostengo, o trato de sostener, el recuerdo de aquellos veranos, idos para siempre,
como si hubieran sido invenciones de mi imaginación y que directamente no habrían existido nunca como tampoco aquella niñez tan pobre y tal vez muy feliz que se ha muerto para siempre. Y que yo trato de construir como puedo, en la inequidad y la demencia de estos tiempos.
Siempre hay algo estimulante en el arribo a una ciudad desconocida, una especie de aceleración de la sangre. Sin embargo, la desagradable aventura de las escaleras mecánicas en Francfort persistía en la sensación de haber escapado de consecuencias graves, me impedía disfrutar de la llegada.
Bajo la llovizna de febrero, entre las pocas luces de un Berlín que se dormía, el taxi avanzaba velozmente hacia el Hotel Kempinski y yo cada vez más deprimido, cada vez más triste. Pensaba ahora en el Mediterráneo, en las rosas de Paestum, como el preso debe pensar en el mundo que deja mientras el coche celular lo lleva a la cárcel.
-No te duele la pérdida de Paestum. Si estuvieras en Nápoles en vez de Berlín, dudo que salieras del itinerario para visitar los benditos templos griegos. Tu emoción ante esos templos rosados en el atardecer, ante la soberbia desfachatez de esas columnas que se empinan como un solo hombre curioso y sin miedo, es tan accidental como tu terror en las escaleras de Francfort. El orgullo de tu condición humana en Paestum y el bochorno de tu condición humana en Francfort, no abarcan más de unos minutos de tu vida. Lo real, lo que importa, lo que verdaderamente te duele, es que los arquitectos de Paestum y los ingenieros de francfort no incluyeron en sus planos un rinconcito para el mundo personal de Alberto Paradella. En el fondo, nada te distrae de tu soledad. Y eso, qué vergüenza, por que no te quisieron mucho, porque te maltrataron un poco.
Esa pedante arenga que yo mismo me endilgué en el taxi me permitió recuperar algo de mi habitual indiferencia. Porque cuando el conserje del Kempinski me anunció que la reserva había vencido y no quedaba una sola habitación disponible en el hotel, lo único que dije fue: "Correcto".
Eran las diez. Altas horas de la noche según el código de vida de una ciudad europea en invierno. Llovía, hacía mucho frío, no tenía alojamiento.
-No conozco la ciudad -dije al conserje-, quizás usted pueda conseguirme alguna habitación en cualquier otro hotel.
El conserje esbozó un gesto de duda. Pero la organización de una feria tan importante como la ITB no puede permitir que la prensa duerma al sereno. Durante casi media hora trabajó cortésmente en el teléfono. Cuando colgó después de marcar el último número del registro hotelero de Berlín y movió negativamente la cabeza, sonreí:
-Bien. Veo que no tendré más remedio que dormir en uno de esos cómodos sillones del vestíbulo.
Era una broma, pero la compacta seriedad germana me favoreció. Horrorizado ante la visión de un pasajero durmiendo en pleno fausto del gran Hotel Kempinski, me suplicó que tuviera paciencia. Llamó al botones. El botones corrió a la calle y unos minutos después volvió acompañado por un chofer de taxi. Con adormilada curiosidad miré al chofer.
Primero me sorprendió la edad. Era muy viejo para taxista, aunque parecía sano y enérgico. Muy alto, flaco, tenía abundante cabello blanco, un rostro enjuto de cejas pobladas y nariz aguileña. Algo en su manera de caminar me llamó la atención. Lo vi avanzar hacia nosotros -erguido, firme- y durante una fracción de segundo pensé: "Lo conozco".
El chofer escuchaba atentamente al conserje. Cuando éste me señalo, se volvió a mirarme. Ahora hablaban los dos rápidamente, cambiaban opiniones. "Dos cirujanos que discuten el método de la operación delante de la camilla con el paciente", me dije. El chofer me miró una segunda vez. Bajo las cejas tupidas brillaron fugazmente los ojos grises. Sí, me recordaba a alguien.
Por fin, el conserje se encogió de hombros (no era una buena señal), me dijo que todo estaba arreglado. El chofer conocía una pensión.
-¿Está lejos del centro? -pregunté.
-A una cuadra de la Kudam.
-Espero que tenga calefacción.
-Oh, sí -exclamó con una sonrisa radiante que me hizo sospechar inmediatamente.
Cuando iba a hacerle otra pregunta me interrumpió:
-En dos días, tres a lo sumo, tendremos el placer de alojarlo aquí. Por favor, no deje de mantenerse en contacto con nosotros. bienvenido a Berlín, señor Paradella.
Realmente me sentía como en una mesa de operaciones. Para no alarmarse, los médicos me ahorraban detalles. En cuanto al chofer, era inútil interrogarlo. Ni él hablaba inglés ni yo alemán.
El automóvil salió a la Kurfürstendamstrasse o Kudam, como sensatamente la llaman los berlineses, la calle principal de Berlín.
Durante un momento me animaron las luces de los cafés y de los restaurantes. La vista de los restaurantes me dio hambre. Recordé las horas que llevaba sin tomar una buena buena comida caliente y, aprovechando que el auto marchaba a moderada velocidad, hice un intento de grabar en la memoria el nombre de alguno. Volvería después de registrarme en la pensión y cambiarme de ropa.
Creo haber dicho antes que mi sentido de orientación es muy deficiente y que mientras existan los taxis no me preocupa demasiado. pero esa noche puse toda mi atención en el recorrido. Mi estomago vacío, a manera de Hansel, iba dejando miguitas en cada uno de los restaurantes iluminados.
No sé por qué lo hacia. Tal vez me impulsaba la inquietud de que los restaurantes cerraran antes que me hiciera entender por un taxista. Recuerdo que me sorprendió el miedo de perderme.
La única ciudad en la que verdaderamente me pierdo es Buenos aires. Jamás había sentido, en ninguno de mis viajes, ni curiosidad por la ubicación de las calles ni temor por mi ignorancia. Al contrario, el desconcierto que a veces me provocaba ver la salida del sol en el oeste y la puesta en el este, me divertía. Era evidente que todo el esfuerzo que había hecho a lo largo de mi vida para orientarme en el mundo, se había agotado en el conocimiento, final y suficiente, de que al este de mi casa corría el Río de la Plata, al oeste estaba Villa del Parque. La fantástica conclusión de esta certidumbre era que la geografía de cualquier otra ciudad que no tuviese al oriente un mar comparable al Río de la Plata, correspondía a la irracionalidad y al desorden. Más de una vez había intentado corregir esta fatalidad de mi carácter, pero los mapas me derrotaban. De todos modos, mientras el resto de la
población humana supiera dónde estaban ellos, me sentía a salvo.
Lo raro de mi ansiedad en Berlín era que también sabía, gracias a los libritos de la oficina de turismo, que no hay en ella manera de perderse. Ahora comprobaba la veracidad de esa información con mis propios ojos.
No he visto ciudad más prolijamente diagramada. Las bombas aliadas arrasaron con las telarañas de callejuela, vericueto y cortada, que tejen los siglos en las ciudades europeas, abrieron espacio para una correcta urbanización.
El centro está dividido por la famosa, larga y ancha Kudam, que tiene a cada lado edificios modernos, altos, cuadrados, desganadamente feos. la única rendija por la que se puede espiar hacia el trágico pasado de Berlín, es el negro muñón de la catedral, una ruina desagradable que exhibe una placa donde se lee que está ahí para que la gente no olvide. Ilusiones acerca de la memoria de la humanidad. Si los berlineses se cruzan de vereda cuando llegan a esa iglesia ahuecada por el bombardeo, ennegrecida por el incendio, con aspecto de mueble monstruoso rescatado de un basural, no los condeno. Juro que si yo viviera ahí, haría lo mismo.
Pasaron las vidrieras iluminadas. Pasó y me estremeció la garra de la catedral, vi que el centro empezaba a enflaquecer, a debilitarse. Había menos luz, edificios más bajos, comercios espaciados, y no llegábamos. De pronto el coche aceleró.
-Was ist das? -grité alarmado al chofer.
Es todo mi alemán, aparte del saludo, las gracias y algunas palabras descifradas por su raíz común con el inglés.
El hombre, sin volverse, dijo algo que tal vez significara: "Tranquilícese, que vamos bien". Y salió bruscamente de la avenida.
Con la lluvia, la hora, y el sueño temprano de los berlineses, la calle donde nos metimos era una boca de lobo. A cada instante, en cada esquina difusamente iluminada, yo creía que íbamos a detenernos. No nos deteníamos.
Ni se me ocurrió pensar que el conserje había mentido cuando dijo que la pensión estaba a una cuadra de la Kudam. De quién dudé fue de mí. Me habrían dicho a un kilometro, había oído a una cuadra.
Hubo tramos en los que el automóvil, un Mercedes de suspensión impecable, traqueteaba. Otros, que patinaba por el barro. Gotas de agua marrón salpicaban la ventanilla. Oí una explosión sobre mi cabeza. Era un tren que pasaba sobre un puente invisible. El estrépito me sobresaltó y exclamé. El chofer me miró por el espejito. No dijo nada. Los ojos grises me observaron afablemente un segundo. Sonrió. Me recosté en el asiento. No tenía otra salida que la resignación.
-Adios al restaurante -me dije.
Miré por la ventanilla. La noche era impenetrable. Borrosamente, el vidrio reflejaba mi cara. Verse la cara en un espejo siempre produce una punta de extrañeza. Esa cara que afeitaba todos los días me alarmó. Sufría una deformación curiosa.
Como si me estuviera mirando en un río, la imagen se expandía y contraía, se alargaba, se acortaba, no terminaba de fijarse en una sola cara, la mía. "Voy a convertirme en otro", pensé y me reí, porque era una ilusión resultante del agua que chocaba a baldazos contra el vidrio.
Fue entonces cuando, inconsecuentemente, supe a quién me recordaba el anciano chofer.
Se parecía a mi padre.
Sentí ese alivio de encontrar la palabra sin importancia que se tiene en la punta de la lengua y no se alcanza a formular, o el nombre del perfecto desconocido que nos aborda en la calle y nos tutea. También me sentí triste. Bastaba la suma casual de un cuerpo alto, flaco, un rostro enjuto, un pelo blanco, unos ojos grises, una cierta manera de caminar, para que, conteniendo la respiración, yo me dijese: "Es mi padre".
Cuando uno lo espera, encuentra fácilmente un doble de esa persona que quiso mucho y que perdió. No es una experiencia feliz. Prueba la realidad nunca aceptada de la muerte.
Un minuto después, el taxi paró. Cuando bajé, de tan cansado se me doblaban las rodillas. Todo lo que pedía de la vida en ese momento era una simple cama. Qué digo una cama. Un suelo, un pedazo de tierra que no se moviera, un punto fijo.
El chofer abrío el baúl, descargó el equipaje. Incapaz de un solo movimiento, me quedé ahí, parado, mirando las baldosas de la vereda. Baldosas acanaladas y amarillas. La noche era muy oscura. Algo, sin embargo, pude ver de ese barrio anegado por la lluvia donde habíamos atracado.
Vi casas bajas, techos planos, una esquina en ochava con un farol, árboles salvajemente podados y sin hojas. La calle estaba adoquinada y el agua corría furiosamente junto al cordón, hacia una alcantarilla enrejada. "Un pedazo de Buenos Aires", pensé, "intercalado en el Berlín Occidental".
La voz del chofer me arrancó de esta comparación absurda, típica del cansancio. Me di vuelta y vi que señalaba la puerta de una casa de dos plantas. A un costado de la puerta había un cartel de madera. Las letras eran rojas: Frieda Preutz pension.
No era lo que yo esperaba de la hostelería berlinesa, pero la casa parecía abrigada y sólida. Una de las ventanas del primer piso, la del centro, tenía balcón. El balcón era enorme. Una media circunferencia de columnas retaconas, toscamente torneadas.
Deseé, con el capricho del viajero que ha sido zarandeado hasta perder conciencia de su verdadera situación, que me tocara dormir en esa pieza.
*Fragmento de La Octava Maravilla. Seix Barral. Biblioteca Breve-
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Domingo Cualquiera Por una extraña razón Tu imagen se ha hecho presente, Como un tropiezo En lo alto de algún techo O como una caricia Lanzada desde una resortera.
Lunes (menos común que los demás) Admiro en secreto tu mirada Y el cálido reflejo de mis palabras, Que resbalan trágicamente Mientras guardamos silencio Y hago como que no te veo.
Jueves (que más bien parece viernes) Día por demás desastroso: Tu mirada se hace risa Cuando juego A que nos encontramos, Esperando sin prisa Que pase el camión.
Día Cualquiera (que bien podría ser otro domingo) Parece ser definitivo: Aún no conozco Palabra alguna para nombrarte Pero sé de tu sonrisa Y conozco la espera Que comparto esporádicamente A tu lado.
Otro Día, de Otra Semana Esto no tiene remedio, Y si lo tiene no he querido verlo: Comienzo a soñar palabras Con las que quisiera llenar tu nombre. Describo sin suerte alguna El subir y bajar de tu cabello, Con el reflejo de tus mejillas Que roban al pie de la letra Mis deseos de acercarme.
Tus manos se sacuden, Se juntan y se alejan, Tal como solemos hacerlo: Cada que somos separados Por la llegada (algo trágica) Del autobús de pasajeros.
Adónde será aquel País aquella patria grande soñada en trasnoches de café aquel engranaje de esperanza diseñado con tantas manos voluminoso desperdicio de ideas derramadas sobre los bares cuando atragantó el galope del pecho y con ojos abrillantados lo imaginamos enorme un País que nos contuviese a todos debía ser desmesurado.
Y no estuvo tan lejos escurrió de la mano como arena repercute en la cabeza y en el estómago.
Duele la genuflexión al norte ignorando lista de muertos desnutrición estadística (sin daños colaterales) obviados los muertos vivos que sobreviven con ojos yermos.
Alguien robó las ideas destripó lo soñado y en su lugar nos dejó la pesadilla de no despertar.
Musgo sobre mi piedra. Piel de lagarto sobre mi piel de víbora Con dos cabezas Una para esconder (¿Detener con la mano el río de Heráclito …? ) Otra para enterrar los ojos en el charco cenagoso. El mismo charco, pero otro charco. Un teorema inconcluso intenta resolver Ecuaciones de ayeres insondables. Retratos de puertas tapiadas El tiempo es un lazo de luz o un puñal falaz, clavado en el engaño que llamamos infancia. Allí está. Nunca me abandona. Su mirada ausente tiene el olor de una manzana. hecha de plomo y sangre.
Por las pendientes cenagosas de la nada, resbala el cansancio. No hay piedad. La tregua se aleja lentamente. La marca candente aún humea. El desamparo galopa, montado en
Rocinante. Lorenza no ha encontrado a Dulcinea. Nuevamente ha vencido el “Caballero de la Blanca Luna.” He abandonado todos los caminos Todos los caminos me han abandonado. Todos, menos uno: El laberinto triangular que une vida y muerte. Raza de ausentes. Estertor de vinagre sobre llaga abierta. Ceniza .Polvo sobre mi polvo. Huéspedes fugaces. Intentan regresar aquellos secretos, enterrados, en la boca sellada de la tierra . Palabras nunca dichas. Vino y sangre inútilmente derramados. La sombra de una bandada de pájaros ciegos oscurece y apaga la palabra sepultada en ruinas . Ruina entre ruinas.
En el aire un olor a nostalgia lastima hasta morir. (Hasta Lázaro, ha llorado consternado, en la tumba del olvido)
Ah Que deseo absurdo Que inútil esperanza de cielos imposibles. Tatuada hasta los huesos de visitantes que creí inmortales. Unas manos, una mirada, un ojo acuoso, mendigo. Ah. paradojal recuerdo. El país donde estuvimos nunca estuvo Incompletud. No queda nadie para hospedar este despojo de rosas y de ortigas Un túnel solitario entre Escila y Caribdis Ah ¡Qué tormentoso absurdo! (La niña, en su bolsillo esconde, un puñado de almendras, un espejo y al OTRO )
Tres silencios han convergido en la gruta de un enero sonoro Tres silencios y un grito. Aun me lastima el implacable médano. Los fantasmas que he amado son los
mismos fantasmas que he odiado, tanto, pero tanto, que aun me duele el costado derecho. Cicatriz de piedra cosmogónica
Unidad de soles fragmentados. Una mitad de gritos, otra de silencios. Es la primera pena. El último olvido. Mucho antes que el espejo reflejara la agonía del tiempo, ya estaba allí, acechando, semen de una semilla de algún ángel caído . Más sola que los muertos, en su primer lecho de amapola y noche . Una noche de conjuros y rituales. Circe ha perdido el zapatito a media noche Laberinto de voces de oro en una torre de Babel El espejo bifronte refleja la mas terrible soledad .La soledad de a dos. Soledad. Duramadre nacida de torcaza… o basilisco. Hija de la propia noche que engendro y me ha engendrado.
Abrazando tu sombra en un sueño Mis huesos se arqueaban como flores
*
Los bordes de silencio de las cosas Lo callado que recorre la presencia de las cosas
*
Estos ojos Sólo se abren Para evaluarla ausencia
*
Quien me perdió En el silencio fantasma de las palabras
*
Pasos en la niebla Del jardín de lilas El corazón regresa A su luz negra
*
Quisieras vivir siempre Como algo olvidado en la mano de un muerto
*
¿Por qué escribo? Por qué me sollozo en madrugada Por qué de pronto este sabor a canto de cisne Esta espuma verde acumulada en la garganta
Mi corazón es absurdo como una máscara en la lluvia El espanto lo asemeja al mar Mi cuerpo es una invasión de tambores en el silencio de la noche
Por qué estas noches como un oasis para brujas Por qué esta conjuración de ausencias Este secuestro de la hija del viento
Me rodea en las noches una logia exterminadora Te llamo y no vienes Te amo y no vienes
Por qué viniste como el relámpago Y me dejaste sola en lo devastado
Si escucharas mi rumor a celda minúscula Poblada de agonizantes Mi jadeo de asfixiada
Si de prono me vieras en la orilla del despertar, Cantante enmudecida en la cima de su asombro Si me vieras atada a tu
rostro
*
Canciones ambiguas De algún país arrasado por las lluvias Canciones de campañeros Memorias de algún hombre que la noche amó
*
Un pueblo de luz arderá en la sombra
*
Si un mar por una lira Ángeles furiosos ahogó en el viento
*
Noche amada nunca como ahora En que la pierdo En lo incierto del día Que rompe lo que me une a mi vida
*
Todos comprenden lo que nadie Nadie comprende lo que todos
*
No lejos del alba nace el día Visión de las últimas flores La luz gira en mi rostro que esperaba Las nupcias de los cuatro elementos
*
Siempre habrá el miedo de otras voces El miedo de otras voces
*
Es tarde para reconocer el sol El sol está y mis ojos cantan El sol está su primavera es negra El sol está y es tarde
*
Éste es mi invierno elegido Éste es mi deber ante la niebla y lo confuso
*
El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado Como un lanzador de cuchillos Tatuando en la pared con temor y destreza La desnudez inmóvil de la que ama
Así, en lo oscuro, fragmentos de los que amé, Lúbricos rostros adolescentes, Entre ellos soy otro fantasma
A veces, en la noche, Me dijeron que mi corazón no existe Pero yo escucho canciones ambiguas De un país arrasado por las lluvias
*
Lo que no te dieron. Lo que no te dan. Noviciado atroz
*
Así iba yo devorando tinieblas Una flor en mi mano de sonámbula Una sonrisa ajena pegada a mis labios Mi cuerpo desnudo como una palabra Mis deseos abrazados a su imagen
*
Si solamente hicieran una hoguera en mis labios Para quemar las sílabas que no se unen
*
El gran pájaro de cuerpo de paja teclea el invisible piano de viento
*
La luz amontonándose inservible a espaldas del sol. Niebla en el pozo. Hacer dibujos en un viejo muro rosado.
*
Pájaros polvorientos Con sangre vieja en las alas Flores de metal olvidadas Telarañas enamoradas del espacio En donde vive el tiempo que pasa
*
Se han ocultado Entre los sonidos de la noche
*
El jardín triangular Que oprimo en mi mano Chorrea flores de agua Abejas de perfume azul Fosforecen como ojos enemigos Incrustados en mi huesos
*
Soledad cerrada y dichosa Promesas de súbito cumplidas Como campanas en un amanecer helado
*
Detrás de las formas sin consuelo El día se abre como un canto doloroso Un alarido mágico formulador en el viento
*
Apenas remitida del cielo cerrada en donde yo era sin color y sin forma Sólo una contemplada. Apenas devuelta de crepúsculos De playa sola, de corazón silenciosa.
*
Yo creo en los espejos
*
La noche canta amordazada Corazones incendiados En la memoria de mi boca Me penetran vasos vacíos
*
En la cavidad iluminada En que este instante es perla pródiga Escucho el ronco abrirse de mi memoria Como una puerta al viento
*
Si morir es memoria cerrada
*
Yo trabajo el silencio Lo hago llama
*
I
Yo no canto, no celebro No bailo desnuda y ebria Sobre mi ataúd. Pero yo le ruego al poema, Yo le pido la luna al poema
II
He desatado el corazón de la lluvia
Antiguas baladas Alimentaron mi silencio.
III
El amor es este viaje inútil, pero muy suave, Al otro lado del espejo.
Tantas criaturas en mi sed y en mi vaso vacío.
IV
La niña que fui Ahora en mi memoria Entre mis muertos
De lágrimas se nutrirá mil años De destierro el sonido de su voz
*
Yo vi ese rostro partir la mañana En dos noches iguales. Mi cuerpo se pobló de muertos Y mi lengua de palabras crispadas, Ruinas de un canto olvidado
*
COMO YO LA QUERÌA Morir como muere un animal pequeño En los cuentos para niños.
Eso tan terrible Lleno de hermosura
*
Las cosas amarilleaban frente a mis ojos Recién venidos de un sueño de otoño
*
Si la noche no es azul, Si el verano es una lenta plaga
*
Habla al gran espacio vacío En donde corre una niña Que ya no reconoces
Sólo deseo no tener nada con nada
*
Has dicho tantas palabras Que ya no te atreves a oírme llamar
*
En mis huesos la noche tatuada La noche y la nada
*
Escribes poemas Porque necesitas Un lugar En donde sea lo que no es
*
El aire se eternizaba En aras plateadas o coléricas
Se puede morir de presencias
*
Hay un rostro salvajemente asomado al día Que se abre en dos noches iguales
¿ Quién cantará al amor? No yo. Yo amo.
*
Y finalmente
Un himno sin desdicha Un sueño como una estrella
*
Ebria del silencio De los jardines abandonados Mi memoria se abre y se cierra Como una puerta al viento
*
Perdida en el silencio De las palabras fantasmas Si vivir es memoria cerrada Quien me pierde En el silencio fantasma De las palabras
*
Zona de la visión perpetua Yo la atravesé en un misterioso gemido.
*
Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos Para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada.
*
En un lugar de temblores Manos oscilan enamoradas En la dulzura de mi rostro Sobre tu oscuridad ardiente.
Pero, sobre todo, lo que venía a descubrir mientras avanzaba y fumaba contra el viento de aquel pueblo del Sur era que también yo había tenido mi niñez. Que podía relacionar estos momentos con otros, que podía asociar y elaborar, si lo deseaba, mis propios mitos y mi propia historia. Y que si las cosas y las voces que me rodeaban adquirían esta noche un matiz particular era porque encontraban su justificación a través de aquellas otras. Descubría, en resumen, que esa forma de andar entre la gente, ese mirar sin intervenir, tenían un antecedente. Que yo o alguien que se parecía a mí había dado los mismos pasos y había saboreado las mismas miserias. Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. La fidelidad y el amor piadoso que descubrí en mí
por aquel otro me tuvieron despierto toda la noche. Era como si hubiese vuelto a nacer. Me esforcé por recuperar caras, costumbres, paisajes. Recordé la casa de mi abuelo, blanca, gastada, la primera al costado del camino en aquella aldea de montaña. Mi abuelo. Por lo tanto era cierto. Tantos años corriendo con la mirada fija hacia adelante habían terminado por borrarlo todo. Recordé aquella vez que había ido a verlo, después del ataque. Estaba sentado, no se movía, lo habían colocado cerca de la ventana enrejada, en un costado de la gran cocina. Se había hablado mucho del asunto. Alguien había sacado el revólver del armario y había ido a esconderlo a la casa de algún pariente. No era hombre de vivir atado a una silla. Nadie por aquellas regiones había andado tanto ni conocía mejor los caminos. Partía de madrugada con su paso parejo y se perdía por esos senderos. Además estaban sus cuatro viajes a América, a las cosechas.
Parecía increíble que también él hubiese pisado estas tierras. En el verano, cuando iba a visitarlo, me llevaba con él. Pero esa vez ni siquiera pude hablarle. Me había sentado enfrente y no había sabido qué hacer. Mi abuelo no se fijaba en mí. Crispaba los dedos sobre la madera de la silla, apretaba los labios y miraba por la ventana, al polvo del camino. Hubiese querido recordarle todo lo que habíamos andado juntos. En aquellos días nos levantábamos antes del alba y partíamos. Cuando amanecía ya estábamos lejos. Avanzábamos con vigor y alegría, sin gastar aliento en palabras o movimientos inútiles. Yo llevaba un sombrero de paja igual al suyo y me apoyaba en un bastón igual al suyo. Marchábamos hacia aquellas montañas azules. "En la otra guerra", decía él, "por esas laderas morían como moscas". El aire de la mañana me hacía cosquillas en la cara y me llenaba de energía. Bebíamos agua en los manantiales y, cuando
topábamos con un grupo de casas, íbamos a visitar a algún conocido. Entonces él tomaba un vaso de vino acodado a la mesa y yo comía una rebanada de pan con queso. Las mujeres siempre querían hablar conmigo, me llevaban a ver los cerdos, el caballo, un ternero recién nacido en la penumbra del establo. Yo rechazaba las caricias de aquellas manos huesudas. Mi abuelo se reía de esa hosquedad mía, le satisfacía mi mal carácter, me daba una palmada cómplice en el hombro, decía que nos parecíamos. De él, sin duda, heredé el silencio, esa forma de seguir y de aferrarme. Aunque tenía un apodo que no cuadraría conmigo. En aquellos pueblos dispersos lo conocían como Toni Furbo, Toni Astuto. Pensándolo bien, nunca me enseño nada. Me paraba delante de las cosas y me las mostraba. Eso era todo. pero talvez hubiese una forma de aprendizaje en caminar a su lado, en ver su risa, la mueca con que paladeaba un vaso de vino, el gesto amplio con que
clavaba la azada en la tierra. Al anochecer regresábamos arrastrando una oveja o un cabrito que luego él carneaba en el establo. Trabajaba arremangado y manejaba rápido el cuchillo. Despues inflaba la vejiga y la colgaba de una viga del techo. Sacaba los trozos de carne por la noche porque aquello estaba prohibido. Un día fuimos más lejos que nunca. En la entrada del pueblo, al pasar bajo un pórtico, vimos manchas de sangre sobre las piedras. "Aquí colgaron a uno, ayer", me dijo. Y me alejó de allí tomado de la mano. Era la época en que hombres demacrados entraban sigilosamente en nuestra casa cuando caía la noche. Vestían sucios uniformes de soldados. El los llevaba al sótano, allí se cambiaban de ropa y volvían a partir a través de los montes. Al despedirlos les recomendaba que se mantuviesen alejados de los caminos. Una mañana encontramos a uno tirado entre las vides. Fue en ese mismo sendero donde él y yo matamos una
víbora a bastonazos. Después mi abuelo lo contaba riéndose, en la cocina, y decía que había sido yo solo el que la había matado. Esa última vez que nos vimos hubiese querido hablarle de todo eso. Y de aquella hazaña suya con la yegua recién comprada, cuando había desafiado al maquinista del tren. pero mi abuelo ni se fijaba en mí. Seguía arañando la madera de su silla y miraba afuera, desesperado. Recordé también aquel último viaje para ir a su entierro. Las lágrimas de mi abuela y de mi tía al abrazarme, tantas que al final me habían dado ganas de llorar a mí también. El sentimiento de culpa que en algún momento me asaltó al descubrir que no sentía pena alguna. Las caras arrugadas de las viejas, las caras oscuras de los hombres, aquella gente que acudía a acompañar a mi abuelo en su último paseo con la misma puntualidad y gravedad con que sembraba y cosechaba. Aquella caminata entre montañas, bajo el sol, hasta el
cementerio ubicado en otro pueblo. Mi falta de interés por lo que estaba sucediendo y, en cambio, la avidez con que había vuelto a buscar los lugares donde estuve con él, la forma en que había evocado aquellas caminatas, las manchas sobre el empedrado, sus manos humeantes en la media luz del establo, los caminos. Y también de qué modo había creído intuir, muy confusamente, que algo conciliaba todo eso, que cada cosa participaba a su modo de aquel rito, en esos montes, bajo ese cielo, allí donde vida y muerte debieron de parecerme esa tarde una ceremonia paralela. Recordé, recuperé cosas perdidas, me reconocí aquí y allá, caminé con aquel otro al que acababa de reencontrar, le mostré lo que ya había visto, lo que ya conocía, casas, piedras, lago, los sometí a su criterio, a su gusto. Me detuve en el muelle, como el primer día, y estuvimos escuchando el fragor del agua. Fumamos. Pensé que estábamos lejos de aquellos sueños
primeros, lejos de aquella inocencia, lejos de Salgari y sus héroes, pero que sin embargo aún conservábamos algo en común, aún podíamos identificarnos y conversar. Había cosas que nos unían, cosas escondidas. Ese temblor ante la sangre, por ejemplo. Y ese escalofrío, tan difícil de definir, que aparentemente no significaba nada, pero que era como una marca de nacimiento, que tenía el poder de teñir y transformar cuanto se le sometía, que tenía que ver conmigo, con lo que yo era, con lo que había sido, más que ninguna otra cosa, ese escalofrío podía más que los años, más que las costumbres, más que las traiciones y los abandonos. Y así anduvimos por el pueblo, pasamos frente a los bares cerrados, subimos juntos por aquella picada, vimos pinos negros, las luces, la sombra de las montañas, el sendero, los arbustos, la casa bajo la luna, la ventana, nuestra cama.
*de Antonio Dal Masetto "Siete de oro", fragmento del capitulo 10. Editorial Planeta, edición de 1991.
HOMENAJE*
El hombre abre un libro y descubre la siguiente frase: "...es inútil, en el mundo no hay nada tan sólido como un buen culo", la lee un par de veces, cierra el libro y se pregunta si será cierto, medita largamente sobre el asunto, intenta rescatar imágenes de cosas sólidas, cosas que alguna vez ha visto o sobre las cuales ha leído, las recorre mentalmente una a una, descarta, llega a la más sólida de todas, Egipto, la Gran Pirámide, compara una y otra vez, no está conforme, no está seguro, por lo tanto decide comprobar con sus propios ojos y sale a la calle, seis y media de la tarde, hora fatal, y ve de todo, los ve de toda forma y color, hay algunos que tienen la luminosidad de un faro abriendo las tinieblas de una costa marítima y que acá, en esta calurosa hora de la ciudad, ofuscan la luz del día e igual que el faro atraen a los navegantes solitarios y a los gimientes
pájaros extraviados, y son sólidos, muy sólidos, hay otros que, en cambio, parecen revestirse de neblina, se ofrecen y se ocultan, aparecen y desaparecen y tratan de convencer a todo el mundo de su inexistencia, pero dejan en la imaginación heridas profundas e incurables, y también los hay tristes, que son una gran lágrima y tienen aspecto de penitentes y es como si se acusaran permanentemente y se golpearan el pecho y se sintieran culpables por existir y estos son realmente los más peligrosos para los caminantes incautos y de corazón tierno, sólidos, perfectamente sólidos, y los hay juveniles, desenfadados, inocentes como una mañana primaveral, pero basta mirarlos un par de segundos para sentirse manejando a cien por hora en un camino de cornisa y con los ojos vendados, hay otros que son como brasas y a su paso despiden estelas similares a los fuegos artificiales en la noche del 31 de diciembre, dejan el mismo fugaz chisporroteo y
después se extinguen y lo que queda en el aire es un sabor de desencanto y de cosas inasibles, hay otros que son declaradamente bélicos, están pertrechados con múltiples armamentos, usan exóticos camuflajes, avanzan igual que a través de una selva asiática y nadie que entre en contacto con ellos está libre de conflictos, hay otros que son evidentemente felices, están satisfechos de sí mismos, transmiten bienestar y todo el tiempo tienen buenas nuevas para comunicar y aletean de acá para allá como bien alimentadas palomas de la paz, y están los cínicos, una raza especial, que llevan una sonrisa grabada y esa sonrisa es puro veneno, practican la magia negra, la hipnosis, y cuando eligen a su víctima la dejan marcada para siempre, sólidos, muy sólidos, los hay anarquistas, que se deslizan entre la gente con una aparente indiferencia, pero que en realidad no hacen más que conspirar, los hay maternales, óptimos para los tímidos y los
desamparados y que son como la imagen de un establo de Navidad, los hay malignos, que surcan la ciudad como aletas de tiburón a flor de agua, suscitando peligros y malos pensamientos, los hay difusos, difíciles de apresar, que se desplazan a distancias irreales, lentos y esquivos como peces de aguas profundas, todos sólidos, sumamente sólidos, en fin, el hombre los ve de todas clases, armoniosos, agresivos, creyentes, ateos, exaltados, levemente espirituales, apáticos, trágicos, antiguos, farsantes, apasionados, tímidos, arrojados, prepotentes, y siempre sólidos, perfectamente sólidos, y después, hacia el final de la tarde, en una calle cualquiera, inesperadamente, broche de oro de una larga y productiva cacería, el hombre se topa con uno tan uno que después de ese uno ya no tiene sentido seguir buscando otro, y ese uno es alto, solemne, una catedral gótica, dobla una esquina, cruza una avenida, es como un barco cargado de preciosas
mercancías desafiando el mar con todas sus velas desplegadas, va enfundado en una tela vaporosa, azul, transparente, y cuando un pie avanza en su sandalia y se apoya y después el otro avanza en su sandalia y se apoya, dentro de la tela azul cada vibración de ese uno es una nueva afirmación del universo, el hombre lo sigue durante un trecho, después se detiene y lo mira alejarse en el resplandor del último sol, se sienta en el primer bar, pide una cerveza, se rasca la cabeza y definitivamente resignado razona: "Es inútil, en el mundo no hay nada tan sólido como un buen culo."
*de Antonio Dal Masetto.
3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
BASES DEL CONCURSO:
ÁREAS: a. Composición para piano solo b. Composición para piano y electrónica c. Composición para piano y trío de cuerdas
v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la
audición. INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos
separados) en formato PDF por correo electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008. Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.
* Menciones de Honor para los trabajos sobresalientes.
* Los resultados del concurso serán anunciados en el No. 87 del Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL (Abril/Junio 2009).
Remitir las copias y anexos solicitados a: CONCURSO XICóATL Schießstattstr. 44/9 A-5020 SALZBURG - AUSTRIA – o a: euroyage@...
más informaciones encontrará en: www.euroyage.com
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR: KLAUS AGER (AUSTRIA) JORGE ANTUNES (BRASIL) ALICIA TERZIAN (ARGENTINA) ROLANDO CORI
(CHILE) ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de: v El Gobierno del Estado de Salzburgo v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo v La Asociación Música en el Museo (MiM) v La Asociación pro Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
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LA TRANSPARENCIA ES SÓLO UN ESTADO DE LA INOCENCIA...
PAISAJES DE LUZ*
-Colección Mainumbi- 1989
INDICE
V e e r . . .
P o e m a s . . .
S o b r e D u e n d e s. . .
E p i l o g o. . .
V E E R
La transparencia es sólo un estado de la inocencia.
***
¡ Vamos a la aurora ! ¡ Vamos ya !
La luz estalla cercana, infinita,
naranja y madura.
***
ESTADO I
Aquí estoy, buscando la pascua de la palabra; definitivamente si. Aunque, en ocasiones, tenga el rumor del silencio.
ESTADO II
Buscar la transparencia. Es un modo de ser recipiente sin ser contenedor de la luz.
ESTADO III
La luz, en los cuerpos opacos, acontece sin violar; en los transparentes, crece sin estremecimientos.
La oscuridad no es mas que un aspecto de la luz. En ocasiones le antecede y, en otras, le sucede.
Ver. La luz y la sombra son constelaciones encadenadas; no existe una sin la otra.
Ver. Lo que hay de sombras en nuestro universo es lo que mueve nuestra curiosidad. La luz nos devela.
Ver. Lo que hay de luz en nuestro universo es lo que mueve nuestra curiosidad. La sombra revela ocultamientos.
La luz no sólo absorbe las sombras. También crea espacios.
Ver. La oscilación de la luz es sólo un juego. ¡Y oscila en las sombras!
Ver. ¿Por qué empecinarnos en
creer que donde no hay luz sólo hay sombras?
Ver. ¿Por qué aseverar que la sombra es la negación de la luz?
Ver. No reducir nada a cero. Si hay sombra es porque la luz la recrea. Si hay luz es porque la sombra le deja espacio.
La ojiva de la luz es porque el cono de sombra se proyecta.
La luz
obsesivamente
se abisma.
L A M I R A D A
Asomé, la mirada, en el hechizo de la luz. Y se confundieron. Desde entonces, desde el principio de esos tiempos acuñados en esbeltos arco iris, son uno. Sólo la ausencia de cualquiera es suficiente para
que el hechizo se quiebre.
Percepción...
quietud...
una palabra se aproxima
pasa...
y me devora el universo.
Sólo la luz se atreve.
La luz habita ciertas palabras.
Y se refractan en el poema.
P O E M A S
Convengamos que la poesía es una dura piedra tamizada de musgos poblados de voces, de tiempo detenido, aullando quedamente en el
corazón del hombre. Esta allí, golpeando, librando una batalla apocalíptica, opacando lo perverso con sus letanías de siglos, con sus hombres enarboladores de la rima.
Todo momento no es más que una línea donde camino y camino alumbrando para encontrar al hombre en mi.
Obturados los ríos, los que refractan la luz, se vuelven profundos, cavan las tierras con sus lenguas, perforan lejanías, se agotan, para crecer en otras figuras con sus manantiales transparentes abecedeando el cauce. Es milenario, ancestral a todo lo acaecido, aún a aquello que adviene el juego eterno entre la luz y la sombra. ¡Y nosotros allí! A veces
una a veces, la otra...
Dulce presencia la de Ella cuando con un ademán sonríe. (a Hugo Mandón)
¿Aún estás allí? Le pregunté a ella por su silencio. Fue así que un borbotón palpitante naufragó en mí. Y ella permanecía inmutable como omitiendo su estar. Desde
entonces, la busco.
*
Próxima el alba
con la noche cargada en mis espaldas
voy sacudiendo sus cenizas
para encontrarme contigo.
*
Hay una breve llama en el rincón; hay una cálida morada en la quietud de los pasos; hay un sonido convocante en todas partes; es que la noche, con su espectro aparente de oquedad, deja todo un espacio para la luz; y ésta con su magia, trasluce confines.
Habíamos ido a la fronda donde la luz
dibuja gestos y encontramos lo que estaban mirando de nosotros. Nos fuimos identificando, con el aromo verde y dijimos lo que dijimos en el idioma de los pájaros. Después, con la luz formando cálidos cuencos, volvimos. Hoy quebrando lo cotidiano sembramos sabiendo que ciertas simientes crecen.
*
Me han crecido tiernas hojas en mis dedos, precisamente en sus puntas, que son una caricia de verde y fragancia expandidas y dolidas.
*
Aquí estoy, quietecito. Va mi mano renglón tras renglón, cortejando su sombra con lo blanco del papel. Arriba, duermen. Acá, la noche se ha
instalado sin urgencias, sin interrogantes. La noche, ese oscuro bosque de sugerencias, está pasando lentamente cual oruga camino al alba, sabedora de su agonía. Pero, aún es joven, aún vive, aún está despierta y yo aquí, quietecito.
Meces tu transparencia en el candor del aire, en la lenta metamorfosis de la llanura, en los pasos de las células a la conciencia, en lo explicado y su contraparte. Y me atrapas en tu dulce corteza milenaria colmando mis odres de sed perenne. He bebido una de tus gotas aumentando mis ansias de bebedor contumaz de tu esencia. Y sé de tu humedad floreciente en mi piel de soles y desiertos porque en ella crece esta plegaria.
*
Despacito como paso precavido, como oración de monje en su celda, como mariposa posándose en la flor, como canción de cuna maternal, como el amanecer. Y más despacito aún: como el crecimiento de una rama, como
el desgaste de la piedra en arena, o el paso de una montaña.
*
Ya la hora del rezo acabó. La noche, con su oscura urdimbre convoca luces milenarias que chispean. Mi sombra se confunde con la tierra y si no fuese por estas sensaciones que me orillan, sería imperceptible al silencio. Hay luz adentro mío (me dije despacito), es como una breve lámpara inapagable, que se intensifica mágicamente sin desbordar los límites. La noche sigue afuera, con sus decires interminables, con sus canteras inagotables, con sus olores penetrantes, con sus rituales quebrados por el capricho, con su espera del día.
Volver al papel con las manos ardiendo palabras y fronteras sin excusas y colores sin pintar. Y no decir nada para que el espacio penetre perfore la geografía ósea dejando caer la blancura en el rojo de las
carne. Y hacer un poema, repetido y distinto que abarque todo el hombre.
*
Tan difícil expresar aquello que reúne, tan difícil mirar más allá de lo dado, tan difícil horadar la piel que cubre, que aún persisto martillando, mordiendo a dentelladas diestras y siniestras, caminando los umbrales de las palabras. Y persistirá apuntando las sílabas, las notas, los sonidos, los gestos, las miradas que deparen, ignotas, la luz.
*
Dulce y amado es el calor de tu presencia crepitando en los interrogantes de mi propia debilidad. Es cuando entonces me digo: - ¡Me duele el hombre! y me quedo anonadado en la turbulencia del dolor. Casi exánime a la espera de los aromas del jazmín florecido para que aliente mi aliento. Tal vez este no tuviese que ser un poema, sino tan sólo un grito naciente de la hondura que compartimos, nosotros, los humanos.
El río
pasa y no pregunta. Una y otra garza conmueven el agua. Los pájaros, agotan el aire. El sol, casi en su cenit, alumbra el lomo quieto del cauce. Algún bigua atraviesa las distancias. Los sauces, desde la otra orilla, pueblan de verde el horizonte. Las canoas van y vienen silenciosas. Atrás, la ciudad. Aquí, el río pasa y no pregunta.
*
Venía con una pregunta rodando junto a mis pies, de acera en acera, de baldosa en baldosa, trepándose por los postes de luz para descender, con más fuerza, en un cordón plateado del aire. Luego, corría en zig zag entre los vehículos estacionados, se acodaba en los tapiales bajos. o columpiaba sus extremidades en los altos muros, para, de repente, treparse a un ómnibus espiándome por el vidrio
trasero. Creía que se iba, que su susurro de letanía se dormía irresoluto en algún banco nocturno de plaza mal iluminada; pero, no. Mágicamente subía por las espaldas jugando con mi pelo dejando el aire en suspenso, para, después, seguir con sus rondas, sus persistentes rondas de preguntas preguntando desde mil rostros y otros tantos gestos. No sé muy bien cuando y en qué momento la pregunta me habitó; fue un instante desprevenido, inasible, asombroso, que me está llevando una vida responderla.
Las palabras, en ocasiones son apenas reflejos de la luz que me inunda.
*
Blanco espacio convocante de la palabra. O bien, de un sentimiento a compartir, de una emoción no
reiterada, de un dolor exhausto, de un amanecer no nacido, de un pasado no recordado, de un poema que nace. De los pájaros y sus vuelos negados; de los ríos sin cauce o de aquella vejez atravesada de olvidos que espía por la cerradura de un tiempo no comprendido; del salto de un atleta devorando al horizonte con sus piernas o un niño descifrando la coherencia de los adultos. Es un espacio en blanco... y yo con cenizas en mis manos.
La palabra, aquella que es clave en cualquier discurso humano, se encuentra, en ocasiones, en el fondo de las sombras. Descubrir su oscilación, su movimiento, es tarea diaria para dibujar el poema.
Pueden pasar jornadas sin una palabra.
Pueden pasar palabras sin una
palabra.
Pueden pasar dolores, vientos, posturas, negaciones patentes, crucifijos inconscientes, llanura de voces, jacarandaes florecidos, una revolución cualquiera, un sufijo aceptado por la real academia, una veda de mujeres, una maja desnuda, carnavales y competencias deportivas. Un político y su amante, un impostor y su esposa, un espía desmesurado, un policía incorrecto; pueden pasar juegos victorianos, inmigrantes tras las huellas, idiomas muertos, conquistadores o fusileros, una muda de ropa o de plumaje, un continente sin contenido, un contenido sin una palabra.
Reintento la búsqueda. Voy nombrando, arrojado voces al pasar como un río salpica a la ribera, como una mariposa de flor en flor, como un paso le sigue a otro, como el ademán antes del
gesto, como un horario a una cita, como un sonido al eco, como una caricia a la ternura, como el tallo a la flor, como una letra a la palabra...
Zigzagueo entre los motivos, entre los abecedarios del hombre, entre los residuos de la civilización, entre los silencios escandalosos de los marginados, entre mis propios laberintos...
Voy hambriento de hombre en esta encrucijada de ríos, como una cruz que es mi propio peso anudado, encorvado. Un peso dromedario...
Ya no
sé dónde el límite esparce la luz para un poema... o bien dejar las palabras, las costumbre, las normas cotidianas, los quehaceres rutinarios, la poda de las plantas, las caminatas en los parques, el vuelo de los pájaros, la lectura de un libro... quizás no sea más que un síntoma una levedad, un chasquido de su llamado en esta niebla.
*
¿ Estaremos a punto de brincar sobre nosotros mismos, acrobáticamente, creando en el salto la red que nos contendrá o seguiremos en la monotonía de la arena, matándonos unos a otros ?.
*
El hecho simple de caminar la noche, dormidas las calles, es ya todo un mundo que las
habita.
LEYENDO A LI PO
La luna juega con mi mirada jugando su ronda y yo la mía
¡ A ver si nos entendemos !, me dijo. Y la miré tras un cable, me escondí tras un edificio, me cobijé tras un árbol, me arropé tras las sombras y ella, fingiendo no ver mi juego, contaba estrellas esperando que uno de sus rayos rozara mi
figura para sombrearla.
Entonces, dije:
-¡Te voy a beber, luna lunera y te quedarás sin luz para tu ronda! -¡Y tú sin sombra para la tuya! -¡A ver si nos entendemos!, grite.
Y me emborraché de luz de luna y ella de trazos de sombra.
*
SOBRE DUENDES
BREVE DE LUNA
La luna, en todo su naranja horizontal, fue despertando al pequeño mundo adormecido por las letanías
de calor, que el sol fue arrojando con su luz. Era un cascabel enorme haciendo fosforecencia en el agua. Los niños, con sus ojos de asombros, la saludaban alegremente. Los duendes del río, desde la penumbra de los juncos y otros verdes...
DEL NACIMIENTO DE LOS DUENDES
Desde el seno del río, con su panza hincada en los vegetales, surgieron. No hubo movimientos discordantes; no hubo ausencias. Todos, arremolinados, cabalgando arco iris, nubes indecisas, brisas ariscas, fueron llegando a las formas, fueron habitando al Padre Río. Nadie objetó el nacimiento y no se adujeron pretextos para que no ocurra. Así, los duendes, rondan la noche a destajo, abrillantándola sin temor; son amos de ella y de sus formas.
DUENDES DE LA
NOCHE
Por aquí andan los duendes de la noche robándole luz a la luna; la convocan en sus hechizos inocentes sobre el marrón del agua y el camalotal dibujando estelas. Uno se queda horas mirando cómo salen de sus madrigueras, inventadas en las barrancas, en las flores del irupe, del ceibo o del jacaranda. Dicen que dicen que no existen, pero hay quienes los han visto montados sobre sábalos saltarines, persiguiendo luciérnagas. Otros cuentan historias más complicadas, donde se sumergen en las honduras para hablar con los paties, cachorro, manduvies. Hay quienes afirman que apuntan el pez al Martín Pescador a cambio de un vuelo nocturno para embolsar luz de luna. Lo cierto es que hay uno de ellos aquí, contándome estas historias.
Los duendes son los que llenan de nácar el río; los que dibujan sin tregua, sin cansancio, la cara alunada en el agua o el naranja en ambos extremos del día. Son ellos los que reúnen los elementos, los
mezclan, los disuelven, los esparcen, los iluminan, cavando aquí y allá, corriendo de este a oeste, sumergiéndose en las aguas o volando sobre ellas. Durante el día, dejan que la luz se encargue de resolver formas y colores. Es en la noche cuando su tarea cobra ritmo. Son los que esparcen la luz acumulada en los elementos haciendo de la noche un destello de anticipa claridad.
E P Í L O G O
PRIMAVERA EN EL PARQUE
Hay una incipiente madurez de los frutos perlando el aire. El lapacho, en su multitud, viste de rosa las aceras. La vida, adormecida en los túneles protectores de la madre tierra, pulula en infinidad de tallos como dedos verdes buscando alcanzar el sol, cada vez más tibio y gratificante. Los niños, van y vienen en sus risas, despertando todo con su frescura e inocencia. Los días, con su tenue magia, van alargándose en la luz, van cubriendo a los pájaros que regresan de su exilio voluntario. Los
jóvenes, con sus cuerpos y movimientos, sus voces, sus ganas, van arrullando canciones vitales. Las muchachas, relucen su feminidad con ademanes, gestos y miradas furtivas. Los viejos, recordando su andar, cuentan sus cuentas en la memoria, dejando retozar su piel en la calidez solar. Y gea gira. Gira que te gira, envolviéndonos en cada uno de sus giros legendarios, de consorte agradecida ante la luz.
S A N T A F E
La ciudad posee tantas orillas como hombres. Pero esta tiene uno y otro río y otro río y otro río. Las riberas se hacen incontable y en ellas hay uno y otro hombre y otro hombre y otro hombre.
Así las cosas, hacen de las miradas una distancia de agua impronunciable con una y otra
música y otra música y otra música que peinan el agua subiendo y bajando.
Pero esta ciudad, además, va orillando al hombre: lo conmueve de tanto en tanto con el río en la puerta de casa y un pez durmiendo en su cama.
Beberemos el canto atravesando la luz. ¡Siempre la luz! Así recojamos las crónicas de la muerte, el mal trago del dolor.
La stoa, portal de la polis ciudad ahora llamada griega y está El arado y el bajel que arado por sobre en cima de la mar y está La viuda joven del pescador de esponjas que hoy cumple quince siglos en manos de la señora azul de fondomar, Madre de todo, también del lapislázuli de las tejas de la iglesita linda con sus cupulitas muchas, sombreritas, y está El silencio etrusco tras el negocio romano, La hoguera en el bosque sagrado Y la erigida por el miedo de los tenebrosos, que nunca podrá prevalecer, y está La diosa del peine y el membrillo, de ojos zarcos, Patrona de los poetas y enamorados y madre orgullosa del arquero del amor, y está, también, como desde siempre, La arquería de la ballesta y la
arquería de los edificios, mejor ésta, hacia arriba, y está La yerba hiedra hierba árbola, La agua cantarina hacia el verano que aún nos debemos, Y la procesión hacia el poniente, a contraplaneta, hacia las islas afortunadas de tras la mar océana, hacia acá, Navegación por tierra, por humo, por sueño, Y está el rocío sobre las trenzas de las muchachas, sobre el pecho a dúo, sobre los lechos al amanecer, Y la aldea vecina, tocable a ojo, a oreja, a nariz, Está el maestro que espera y así es cómo enseña, El aprendiz que insiste y así es cómo aprende, Y está el coro cantando la missa te deum pues se casa el hijo del padre y nieto del abuelo con una mujer De carne que es tierra, de tierra que es carne, Y está la fuente de la plaza del pueblo Y la forma del oro, la forma de la piedra, la forma del viento en los molinos de viento, la forma de l´agua en los molinos de agua, la forma de las frondas, la Forma del paisaje, que es lo
que hay de un horizonte al otro, horizonte Que es una serpiente que se muerde la cola y no deja pasar, y está El sol al sur, La nieve por diciembre, Los gestos, los cuerpos, los besos, las manos, la voz de los de uno, Está la casa de, un día, adiós, A la ventura o a la provincia detallada, a que se pueda haber Hijos que duren, trabajen para ellos, hijas que se puedan casar,
Está en nuestra sangre l´acordeona orfeona, la gaita cornamusa, la violinería, los redobles cuando Los bautizos kerbmesse velorios danzones bajo l´árbol de mayo y Perderse nel bosque a buscar el acebo, el muérdago, y alguna otra cosita que se pueda encontrar, eso también y por sobre toda otra cosa, y está El salto sobre el fuego en la noche sanjuana, Cuando la vida vivía como nunca otra vez hasta ahora, Y está la candelaria marea de estelares theorías, tales como Los cuentos de ultramar, con mapa y todo, dizque ahí siempre es Domingo, sí, pero
sin nada que cumplir, menos aún sintiendo culpa inexistente, ¡ah, los cuentos De una tierra sin culpa, tras la mar!, Mar naufragiosa, interín, a ultrapasar, si quiere uno el premio Y la serpiente nos deja pasar, y está El viento caliente del sur, culpable de la primavera, Está la causa de las causas, si es que hay, Fascinaciones y contrariedades, Soltarse y agarrarse y soltarse y no agarrarse más, Acaso nada más que porque el circo de mundo nunca se está quieto Y entonces gire asegurando la prohibida danza, dejándola a salvo, está, Está en nuestra sangre La danza, sí, la danza, Siempre viva, Y está el ciclo de las cosechas de fruto que es hijo y de hijo que es fruto, Está la celebranza Esperando el, sin comillas, cumplir es prometer, Sin clausura de su índole de beso en la memoria, Aroma y melodía, Repitiendo los nombres, los temas, las palabras, El milagro canción del misterio corazón, La ronda,
la rima, La estrella matutina misma vespertina, La familia, La costumbre, tan usual que no existe, La rosa, el jazmín, El puerto a irse, quedando, Y a irse quedando, Trigo, algodón, Moneda y cañones para poder no cumplir la palabra empeñada, La hechura de las casas, que remeda hormigas, abejas, cigüeñas, pero figuronas, engreídas, siempre tan humildes y modestas, y está La gana de existir Sin pecado por nacer ni castigo por vivir, y, eso, Está en nuestra sangre, Sin olvido, Hubo una vez, y habrá otra vez, La vida Es una rueda, Que gira, Y está en nuestra sangre, también, El miedo tapador, la delación traidora, la represión cruel De toda arte de luz, gozación de l´amor, en fin, pero sin fin, La sagrada misión de existir siendo un beso en el tiempo Si es que el tiempo existe y Si no, en la luz que hay porque la somos Desde las mansiones cathedrales godas y moras, Desde las selvas celtas
hiperbóreas y las aguas creteñas tartesinas Hasta cómo nos hacemos llamar y entonces respondemos, a los gritos, y venimos corriendo, riendo, danzando, a recibirte, Y, eso, está en nuestra sangre, O lo somos O no naceremos...
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Campanillas violeta, ínfimos adornos, enredaderas de ferrocarril.
Sobre las pilas de escombros, entre las vías abandonadas, tapando techos agujereados, entre los hinchados cadáveres de perros envenenados. En la miseria última y
final. Sobre chapas, hierros y pobreza desvencijada, debajo de carrocerías deshechas, se abre la flor inesperada, maravillosa, de la alegría.
POR LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL SISTEMA NACIONAL FERROVIARIO*
"Yo sigo en mis trece, en las mismas trece de antes. A mi me interesa la Liberación Nacional. No me interesa la lucha política como lucha de segundo plano que se desarrolla como lucha de ratones, bajo la hegemonía de los capitales y de la diplomacia extranjera" Raúl Scalabrini Ortiz, 1944.
Por Juan Carlos Cena* especial para Villa Crespo Digital
26 de mayo del 2008
Luego de luchar y resistir con todo nuestro cuerpo en las Huelgas Ferroviarias de 1991 y 1992, acción resistente conducida bravamente por los jóvenes ferroviarios por fuera de la burocracia sindical, hemos tratado de reorganizarnos en forma empecinada a pesar de esa derrota. Así es, nos derrotaron, no nos avergüenza reconocerlo. Nos derrotaron porque luchamos, cargamos en nuestras mochilas una honrosa derrota, no nos doblegaron ni nos vencieron en esas épicas huelgas. Después de ese revés vino la
expulsión de 85.000 trabajadores ferroviarios y el cerramiento de los ferrocarriles. Se terminaba la relación social diaria entre ferroviarios y con ello las posibilidades de organizarse para continuar batallando por nuestros ferrocarriles. A raíz de esa desconexión sobrevino nuestra paralización y la desolación. Este golpe para los ferroviarios fue muy duro. La sociedad ni lo intuía, o no lo quería ver. También se terminaba la relación entre el campo, el pueblo y el ferrocarril. Nuestros vínculos y apegos personales se quebraban. Acaecía la diáspora ferroviaria. Aparecía el Tren de la Desolación, cuyos pasajeros éramos nosotros: los que realmente nos sentíamos ferroviarios, los que padecíamos la soledad de la derrota; los otros, los que sólo trabajaban rutinariamente en el ferrocarril migraban contentos a ocuparse con los que habían propiciado y alentado durante décadas este desastre nacional.
Por ese entonces, la indiferencia se instalaba en el seno de la
sociedad, que había votado en varias oportunidades a favor del demoledor de nuestros bienes nacionales, Carlos Menem. Sociedad blanda que disfrutaba las mieses temporales de la copa derramada por la venta vil de los Bienes Nacionales. En esa borrachera liberal les venía la desmemoria de que vivían en una nación y esta era saqueada. Ellos sólo se contemplaban frente al espejo admirando su ombligo liberal. Sólo les interesaba el individualismo, el exitismo y las cuestiones personales. Para eso había que terminar con viejas costumbres solidarias, ser indiferente a las penurias del otro. Y el problema de la identidad nacional, era una cuestión rancia y obsoleta.
A pesar de esa indiferencia, tratábamos, una y otra vez de organizarnos Nuestro primera tentativa de organización fue el Mo.Re.Fe, Movimiento por la Recuperación de los Ferrocarriles, compuesto por ferroviarios, solamente. Luego, al tiempo, el Mo.Na.Re.FA - Movimiento Nacional por la Recuperación de
los Ferrocarriles Argentinos, fue un salto cualitativo, porque esta vez fue con el conjunto de la sociedad, asambleas barriales, centros culturales, Fuerzas Vivas de diferentes pueblos y ciudades de toda la geografía nacional, olivicultores, fruti horticultores de Cuyo, cultivadores de limón en Tucumán, organismos universitarios, organizaciones de usuarios, compañeros en actividad y un conjunto de intelectuales que no se obnubilaron con el pensamiento único, ni con las becas de las fundaciones, ni se olvidaron de las cuestiones nacionales ni de nosotros.
Digo todo esto porque hoy reaparecen, montados en el tren, oportunistas electoralistas de todo pelaje, algunos ex funcionarios de las empresas concesionadas.
Mientras nosotros resistíamos con todo nuestro cuerpo la ofensiva menemista, otros, saltaban a las empresas concesionadas a prestar servicio en forma mercenaria. Empresas que venían de la Patria Contratista, mimadas durante el gobierno de Alfonsin a
través del inefable Terragno; este, les había otorgado el control de la Dirección de Empresas Públicas para que fiscalizaran los presupuestos de las sociedades del Estado. Estos que saltaron y se transformaron en mercenarios al servicio de las empresas concesionarias, hoy son ardientes defensores de la reinstalación de ramales troncales, pero no defensores de la reconstrucción total de los ferrocarriles. Por esos tiempos aciagos no abrieron la boca ni generaron un solo gesto para defender a Ferrocarriles Argentinos.
La embajadora itinerante del Gobierno de Menem, Amalita Fortabat, concesionaria del F.C. Roca, fue una de las primeras receptoras de estos mercenarios, también aterrizaron prestos con Pescarmona, cuando se hizo cargo del F.C. San Martín y el F.C. Urquiza, entre otros. Hoy, estos saltimbanquis aparecen enancados en la cuestión ferroviaria. Otros se transformaron en escribas de los funcionarios de la Secretaría de Transporte, que pertenecían a la
Fundación Mediterránea y que disertaron en Florida EE.UU, en el Seminario de la ALAF, Asociación Latinoamérica de Ferrocarriles, Coral Gables entre el 19 y 20 de octubre de 1995, donde se expuso en forma descarnada lo que le iba a ocurrir a los Ferrocarriles Argentinos. Ver El Ferrocidio 2da edición. Pág.. 154.
No nos podemos olvidar ni callar ni perdonar tanta traición. Hay un límite, y es lo ético y la dignidad valiente de los luchadores. Tenemos 85.000 compañeros expulsados, más de 90 ferroviarios desparecidos durante la dictadura militar, y hoy, más de 150 compañeros judicializados por proteger sus derechos. ¿Cómo olvidar a los colaboracionistas? No se puede defender a los ferrocarriles si no se tiene en cuenta el factor humano, la condición humana y las conductas claudicantes. Hay que hablar claro, nosotros desde hace mucho pertenecemos al subsuelo de la PATRIA, venimos luchando y resistiendo desde 1958 en adelante, Plan Conintes de por medio, luego
contra el Plan Larkin y contra todos los planes de desguace contra el Ferrocarril. Siempre nos reprimieron y nos militarizaron. Nuestra lucha no fue fácil.
El progresismo intenta imponer un valor de verdad cuando afirma que la lucha comienza cuando aparecen ellos y termina cuando se van. nosotros decimos que la lucha tiene, en el caso del ferrocarril, más de 151 años. Pero a estos espantajos hay que preguntarles como un test: ¿Qué hicieron ustedes cuando comenzaba la ofensiva contra el ferrocarril? ¿Que actitud tomaron cuando trasladaron en forma compulsiva a 1500 técnicos, profesionales e idóneos ferroviarios a la DGI, hoy AFIP? Es decir, se expulsaba parte de la inteligencia ferroviaria, mientras cundía el silencio del sindicato que los representaba, APDFA (Asociación del Personal de Dirección de los Ferrocarriles Argentinos), otros, en vez de ser solidarios o defender la empresa que los parió, salían a ofrecer sus servicios a los nuevos patrones,
estos mismos hoy surgen afligidos a patrocinar la recuperación de una empresa ferroviaria que no supieron proteger a través del levantamiento de firmas.
Hubo casos de funcionarios y jefes dignos, que defendieron al personal, se atrincheraron y resistieron el destrozo de los ferrocarriles, fueron expulsados. Oportunamente volveré sobre el tema de los hombres probos que merecen el reconocimiento, y los otros innombrables. No se puede hablar ni patrocinar la defensa de los ferrocarriles y de las empresas públicas privatizadas, desde la indignidad y la hipocresía.
No se puede encarar la cuestión ferroviaria sin hablar de los ferroviarios, que son la parte carnal de ese modo de transporte. Los ferroviarios son el ferrocarril. Nada se puede hacer sin la participación de ellos, ni ellos sin la participación de la sociedad. Por todo eso afirmamos que nunca hemos abandonado la lucha por la reconstrucción integral de sistema nacional ferroviario.
Creo que
era necesario, primero aclarar algunas cuestiones de principios, antes de continuar, por eso esta introducción.
Hemos contestado siempre y esta vez también, el anuncio dado por tercera vez sobre el tren de alta velocidad, entre Retiro-Rosario y posteriormente Córdoba. Todo un despropósito gubernativo. Es la proclama de una medida equivocada, bajo el punto de vista técnico-operativo, político y económico. Esto es un intento que adolece de racionalidad, cuando la realidad nos está señalando que hay urgentes necesidades nacionales que obligan una atención primaria.
Ya nos hemos pronunciado desde el Mo.Na.Re.FA, por distintos medios sobre los trenes balas, soterramientos varios, trenes de pasajeros de fantasía que tardan casi el doble en tiempo que cuando eran estatales. Ante estos reiterados pregones atrileros queremos aclarar, primero, que en los países en que se instalaron estos trenes, los ferrocarriles son estatales. En ninguno de ellos se montaron
trenes de alta velocidad sin antes haber re-construido y puesto a punto el Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, de acuerdo a las características y necesidades de cada país. Sistema Ferroviario que, a su vez, es componente del sistema de transporte nacional del país al cual pertenecen, jugando un rol complementario, no competitivo, entre los diferentes modos de transporte que concurren. Regla fundamental.
En los países que instalaron trenes de alta velocidad, antes de proclamarlos, se realizaron estudios de prefactibilidad, de impacto ambiental, de topografía, de densidad poblacional, capacidad energética, entre otros estudios, entonces, de acuerdo a ese resultado, resolvieron instalarnos o no. Muchos países a pesar de tener recursos financieros y técnicos, me refiero a países capitalistas centrales como EE.UU, no tienen ni les interesan esos trenes. La empresa AMTRAK de pasajeros en EE.UU es estatal, y tiene tecnología de punta como se estila
decir ahora, y CONRAIL, la de carga, también estatal.
Concebir en la Argentina la instalación de trenes de alta velocidad cuando estamos padeciendo una crisis energética, es grave e irreflexivo. Apostar a trenes de alta velocidad sin tener en cuenta la ausencia del ferrocarril, en todo el territorio, es toda una perversidad y una ofensa nacional. Esa ausencia generó grandes zonas despobladas (870 pueblos fantasmas) regiones desarticuladas, desconectadas con un perjuicio enorme en las economías regionales. La debilidad política de este gobierno y de otros se manifiesta, a veces, a través de cuestiones obsesivas como la de anunciar obras faraónicas que rayan con lo chabacano y lo pueril.
Nosotros nos resistimos, pero no eludimos polemizar sobre el tren bala, como tirar costos, valores y propuestas, sin decir cómo.
Preguntamos por el como, teniendo en cuenta las experiencias anteriores. Se recogieron un millón de firmas para que no hubiera más chicos
pobres. Luego, la más grande, cuando el FRENAPO (Frente Nacional Contra la Pobreza) recolectó 3.400.000 de firmas. Ninguna fue por correo electrónico. Fueron cientos de mesas con cientos de militantes militando cada firma. Todo a pulmón. En ninguno de los casos pasó nada. Se habían "olvidado", en ambos casos, los organizadores de fundar la organización del cómo hacer para que no hubiera más chicos pobres y que desapareciera la pobreza. Toda una frustración política para el que militó aquellas firmas.
Por eso queremos discutir a fondo el cómo, no olvidarnos de los olvidos, ya que la expresión numeral, únicamente, es, precisamente, el eje discursivo y de entretenimiento que quiere el gobierno que entablemos. Sólo eso. Este tren y sus costos es el árbol fosforescente que nos deslumbra y nos tapa el bosque, que es la ausencia de los ferrocarriles en todo el territorio nacional. No hay que hablar sobre su estado actual, dicen desde la Casa Rosada. Tampoco de los
trenes suburbanos de Capital Federal subvencionados en forma millonaria y que paga toda la nación y los trenes de carga en manos de las multinacionales que no pagan los cánones y han destruido las vías férreas.
Porque además decimos que la cuestión ferroviaria no es una razón técnica, numeral, sino política. Porque si sólo pensamos que es técnica, obviaríamos preguntarnos ¿Con qué Gobierno? ¿Con este? Y si es así, únicamente invertiríamos esos enormes montos de dinero para que se beneficien y disfruten, de esa inversión, los concesionarios y no los pobladores. Recuperaríamos solamente los ramales troncales donde circulan los cargadores. Por eso, recordando la consigna del mayo francés: la Imaginación al poder, debemos hacer un esfuerzo e imaginarnos qué Estado deberíamos construir para que este genere políticas que beneficien a la Nación, en este caso el ferrocarril. Preguntarnos ¿qué haría ese Estado con esa tremenda cifra? Valorar desde esa perspectiva qué
ferrocarril restauraríamos con lo que costaría el tren de alta velocidad, además, hay que sumar a esos valores los subsidios otorgados a los concesionarios, y los cánones que no pagan los cargueros, y sin dejar de tener en cuenta la Deuda Externa. Única manera, así opinamos, de terminar con el Déficit Bruto Interno Nacional.
Es dable destacar que no es lo mismo la reconstrucción integral de los ferrocarriles que el mejoramiento de ramales de la red troncal que utilizan los concesionarios de carga. El diseño propuesto, es casi igual al diseñado en el Departamento de Dimensionamiento y Estructura de la Red que dependía de la Gerencia de Planeamientos y Sistemas de Ferrocarriles Argentinos. Esa matriz geográfica de la red se tenía como el Plan de Referencia que venía de lejos Era nada más ni nada menos que el viejo proyecto del Plan Larkin que despreciaba los ramales como afluentes tributarios porque no arrojan rentabilidad. Esta concepción había quedado instalada
como acervo cultural y técnico de los burócratas de la tecnocracia ferroviaria. Estos fueron los que talaron los ramales, dejando la red ferroviaria como un árbol seco. Es como pretender que los riachos, arroyuelos, arroyos y vertientes se tapen y que no sean tributarios del gran río, este se secaría. El ferrocarril es una red, como los ríos, o como el sistema de irrigación sanguínea de nuestro cuerpo.
Asimismo discutir únicamente este tren de alta velocidad y sus costos, nos impide cuestionar la nueva ley de Reordenamiento Ferroviario y su sanción, cuestión grave para la Nación. Lo más grave es el no haber instalado, en el inconciente colectivo, lo nefasto que es su sanción, sólo podemos mencionar a los honrosos diputados, muy pocos, que votaron en contra, sumado a que el MoNaReFA se expidió en contra. El silencio en este caso es cómplice.
Ley que permite a esta nueva organización ferroviaria, entre otras cuestiones, enajenar los bienes del ferrocarril
sin consultar ni dar cuenta a nadie. Por eso sostenemos que ahora vienen por las tierras. Hace poco tiempo, desembarcaron en Mendoza para apoderase de los terrenos de la centenaria estación internacional mendocina, para construir un nuevo Puerto Madero. Es el mismo consorcio. Ya están avistando las de Retiro, luego irán por las tierras de las playas y edificios del Gran Rosario, como ocurrió con Talleres Rosario, hoy es un centro comercial. O la Estación de Santa Fe del F.C. Belgrano, o las playas de Capital Federal.
Para ir terminando, antes que nada, queremos que regresen los trenes de pasajeros por todo el territorio nacional pero no de cualquier forma, sino enmarcado dentro un Plan Nacional por la Recuperación de los Ferrocarriles de manos de un Estado que tenga un proyecto nacional. Para que se reestablezca, a través de los trenes cargueros, mixtos, locales, la interconexión de los pueblos, ciudades y zonas. Debe ser un proyecto en la que participen todos. Que
no se vuelvan a rediseñar los ferrocarriles desde el puerto, sino de acuerdo a las reales necesidades de cada región. Todos debemos participar, porque el ferrocarril es un bien nacional no una presa apetecible de la rapiña.
Desde el Mo.Na.Re.FA decimos que el ferrocarril no tiene solución si no vuelve al Estado. Desde donde se debe re-constituir nuevamente el Sistema Integrado de Transporte Ferroviario, de Industria y Comunicaciones que se destruyó. Que sea una empresa monopólica, eficiente y moderna, centralizada para la fijación de los grandes objetivos; descentralizados y desconcentrado en su operatividad para concretar los objetivos nacionales y particulares de cada región. Que, además, vuelva a funcionar como un servicio publico, que cumpla una función social, que entre sus características principales figuran la de transportar todo a todas partes y en todo tiempo, con la regularidad obligada de sus servicios. Que juegue un fuerte rol complementario en
el Sistema Nacional de Transporte.
Luego si, a quienes tanto le interesan los números, con este planteo, como el nuestro, el que venimos sosteniendo en forma coherente durante décadas no tendríamos sólo 7.000 o 10.000 kilómetros de vías, sino que volveríamos a tener los 47.000 kilómetros que supimos construir, para este país ferroviario que debemos reconstruir.
El ferrocarril dejará de ser una consigna virtual, cuando afirmemos todos con todo el cuerpo que este es una cuestión nacional, en la que cada uno de nosotros se involucre para que luchemos decididamente por nuestros Ferrocarriles Argentinos.
*Juan Carlos Cena. - ferroviario: - Ex Secretario general APDFA, seccional 0rganismo Central - Capital
Federal
Miembro Fundador del Mo.Na.Re.FA. Autor de - El Guardapalabras, memorias de un ferroviario. - El Cordobazo, una rebelión popular. - El Ferrocidio (2da edición actualizada) - Crónicas del Terraplén -cuentos. - Las Huelgas ferroviarias (en prensa)
Sumergido en las atrayentes imágenes del libro que venía leyendo desde hacía ya varios días, muy bien luminado a través de la -detalle inusual- ventanilla limpia del vagón, apenas reparó que alguien se sentaba a su izquierda, muy junto a él. Sólo cuando el intenso perfume que emanaba de aquella figura lo alcanzó, algo urgente y sin palabras lo impulsó a girar la cabeza, aunque no directamente hacia su rostro -siempre le había costado mirar de frente a alguien, como si en ese único gesto se adivinase algún oscuro deseo inconfesable, quizá hasta para sí mismo-, y así descubrir un hermoso par de piernas, enfundadas en medias negras, que pronto se cruzaran una con la otra, apenas cubiertas por una cartera sobre el regazo.
Inhaló gratificado aquel aroma -Dior Addict, aunque él no
lo supiese-, y deliró con sentirlo aún más de cerca, impregnado sobre la piel. No se animaba a levantar mucho más la cabeza en dirección a ella, por lo que sólo conseguía solazarse con aquellas rodillas casi perfectas y unas manos largas, cubiertas de anillos, finos y delicados. La imagen lo perturbaba, por lo que prefirió continuar con la lectura. Pero apenas si llegó a leer un par de renglones, distraído por completo, para volver a hipnotizarse con aquellas piernas, en un breve y fugaz vistazo que lo incitaba a más, mucho más.
Decidió que había una única manera de contemplarla; así que levantó la cabeza por sobre su hombro, como si mirase algo a sus espaldas que súbitamente le llamase la atención, y divisó un fragmento del pasillo del vagón a medio llenar, para luego demorarse apenas unos segundos, mientras giraba la cabeza a su posición inicial, en el perfil de su compañera de viaje.
Morocha, de cabello ondeado, cejas finas, enormes ojos claros,
nariz recta, pómulos altos y marcados, labios carnosos y mentón delicado, descendiendo hacia un cuello terso y suavizado. El retrato de un segundo crucial, detenido y analizado hasta el hartazgo en su mente durante los próximos instantes. Composición de la imagen que se completó en el segundo siguiente, recorriendo el trajecito azul claro, el escote de la remera blanca que le abría el camino hacia un paisaje de inauditas delicias pectorales, y una cartera de cuero negro con que se cubría la falda azul, seguramente haciendo juego con el saco del trajecito.
Regresó muy a su pesar a mirar el libro que inútilmente sostenía entre sus manos. ¿Cómo hacía para volver a leer después de haber visto semejante belleza? ¿Qué hacer a continuación, entonces, si cerraba su libro? Miró por la ventanilla, en dirección contraria a lo que su deseo le dictaba, y contempló un paisaje urbano anodino, carente de todo interés. La hermosura del paisaje estaba en otro
lado.
Hojeó el libro distraído, como si buscase algún párrafo olvidado. Su mirada volvía intermitente hacia esas piernas, que ya casi comenzaban a excitarlo físicamente. Volteó la vista hacia ella de improviso, pero la mujer miraba en dirección contraria, más allá del pasillo, con aire sutil y elegante. Bajó sus ojos hasta encontrarse de nuevo con aquel busto de belleza inenarrable, y recién ahora, en una segunda apreciación y con un ángulo más estrecho que la primera vez, consiguió distinguir el borde de la puntilla blanca del soutien. La creciente excitación tuvo un empuje inesperado, molestándole ya dentro del pantalón.
Desvió la mirada hacia delante, avergonzado de sus indiscretas incursiones. Respiró hondo, mientras la adrenalina le surcaba las arterias, potenciando el despliegue de un deseo largamente contenido, inhabilitado de expresión. De pronto, sintió que el asiento del vagón le resultaba muy estrecho, casi pequeño, como si su estado de ánimo se
desplazase hacia su condición corporal, y hubiese ido aumentando de tamaño durante los últimos diez o quince segundos, otorgándole una predisposición hacia el encuentro más que favorable. Jugueteó con el señalador del libro, sin saber dónde ubicarlo, hasta que lo dejó caer entre la contratapa y la última hoja, y volvió a mirarla. Encontrarse con ese bello y dulce par de ojos turquesas que lo miraban de frente, en su máximo esplendor, lo congeló de la emoción, incapaz de hacer o decir nada. Mirada fugaz -siempre sutil y elegante- de su compañera, que luego se desvió hacia la ventanilla y su escasa oferta panorámica, para inmediatamente mirar hacia delante, quitándole a él todo tipo de presión que hubiese podido experimentar durante esa maravillosa fracción de la mañana. El sudor le corría bajo las axilas, empapándole la camisa. Comenzó a sentir la boca seca, y cerró el libro de una buena vez para buscar en el bolsillo del saco el paquete de caramelos masticables
a medio consumir. Para introducir su mano izquierda en su propio bolsillo, pero rozar involuntariamente el flanco derecho de ella, su cadera enfundada en una falda angosta y provocativa -¿cómo sería cuando se pusiese de pie?; mejor no pensarlo, o su pantalón estallaría.-, un contacto tan leve que hasta parecía no haber ocurrido jamás. Ella se removió apenas, pero a él le pareció que sólo para poder acercarse más. ¿Sería cierto, o su imaginación ya se estaba desbordando, como de costumbre? Los vendedores ambulantes iban y venían con su monótona y hasta casi estridente cantinela, pero apenas si reparó en ellos, como así también en el guarda que solicitaba los boletos. Sólo que en el último instante descubrió que era la mejor oportunidad para mirarla sin culpas, y hurgó en el bolsillo superior del saco, junto a su corazón, en busca del boleto, mientras las gráciles manos de ella le extendían el propio al guarda. Él hizo el mismo gesto, sólo que tendiéndoselo a ciegas,
obnubilado ante la contemplación de su perfil -que se concentraba en el rutinario movimiento de guardar el boleto en el bolsillo exterior de la cartera-, incapaz de comprender cómo había sido posible que la fortuna lo hubiese agraciado con semejante premio aquella mañana. Hasta que el guarda le tendió el boleto de regreso, y los increíbles ojos de gata de la mujer -una vez desentendida del propio boleto- se clavaron en los suyos, sorprendidos con la guardia baja, muertos de vergüenza, incapaces de esconderse. Quiso -lo quiso con toda su alma- sostenerle la mirada. Pero no pudo. La bajó hacia el boleto, volvió a esconderlo en el bolsillo superior del saco, y se entretuvo abriendo el paquete de caramelos, experimentando un rubor vigoroso y arrasador a lo largo de sus mejillas. Entonces ella respiró muy hondo, o eso le pareció a él, mientras de reojo miraba cómo descruzaba y volvía a cruzar sus hermosas piernas, rozándole apenas la rodilla izquierda. Tal vez no
fuera una inspiración, sino un suspiro; un suspiro hondo, por supuesto, muy hondo, que declamase en silencio el inequívoco estado de sus sensaciones, acaso desbordantes como las suyas. Y él, aún sin saber qué hacer, empujado hacia el borde del abismo tan violentamente que no pudo reponerse del vértigo que aquello le causaba, extrajo un caramelo, comenzó a pelarlo, y continuó contemplándose a sí mismo desde una postura casi externa, como si se hallase ubicado en el asiento de enfrente, mirando el cuadro completo de la escena, y se riese de su propia torpeza, actuando de manera mecánica, mientras ella seguramente lo miraba de reojo, o quizá -para aumentar aún más su pequeña gran humillación- le disparase una mirada directa, ineludible, como si en silencio le gritase un airado: "¿Y, qué esperás? ¿Te parece que tengo toda la mañana para vos?" Se metió el caramelo en la boca, agradeció el dulce sabor a frambuesa sobre su lengua, y aunque le costase un enorme esfuerzo,
decidió ofrecerle el paquete. "No vale la pena", pensó para sí mismo; "esta mina jamás podría darte bola". Pero a su vez, sabía que el NO ya lo tenía, y nada de lo que evitase hacer podría cambiar ese estado de cosas. Así que contuvo la respiración, y saltó sin paracaídas. Giró la cabeza hacia ella y le tendió el paquete, casi a punto de decirle algo, en el exacto momento en que el tren se detenía en la estación anterior a la que él debía llegar, ella se ponía esbeltamente de pie, luciendo un trasero tan consiste y maravilloso que lo dejó sin aliento, y avanzaba hacia la puerta con paso decidido, sin mirar hacia atrás. El mundo pareció derrumbarse para él, o mejor dicho: el mundo se le abalanzó a una velocidad inusitada, al aproximarse demencialmente hacia el piso y estrellar sus ilusiones, sin posibilidad alguna de poder reflotarlas. "La vida es una sola y hay que vivirla", solía decirle un amigo suyo. "Dejá de esconderte dentro de un libro".
Quiso ponerse de
pie, seguir la trayectoria de aquel inaudito contoneo de cadera, con nalgas firmes y bamboleantes, y extender su brazo hacia delante, alcanzándole el paquete de caramelos, ofreciéndole una pequeña dulzura en compensación por tan inmensa y fantástica excitación. Llegar a posar unos trémulos dedos sobre aquel hombro trajeado, apenas rozar la suavidad de aquel cabello oscuro, oler muy de cerca el cautivador aroma de su perfume. Decirle algo, conseguir articular aunque sea una única frase, alguna oración por la que ella pudiese recordarlo durante el resto del día, y hasta quizá aguardase hasta el próximo viaje en tren, en el que sus destinos volvieran a cruzarse, ambos expectantes ante tamaña idea. Y contemplar una vez más, sin llegar a desprenderse de ella, menos aún de su recuerdo, ese glorioso par de ojos color turquesa, que parecieron querer atravesarlo momentos antes, y que ahora se fugaban en busca de un paisaje diferente. Pero no pudo. Permaneció sentado donde
estaba, contemplando esa delgada silueta que descendía con suprema elegancia el par de escalones que la separaban del andén, sin volver la vista atrás, atrayendo la mirada de cuanto varón se encontrase en los alrededores, mientras él aún sostenía el paquete en la mano, con dedos sudorosos, cierta presencia se extinguía definitivamente dentro de su pantalón, y el libro que viniera leyendo hasta entonces resbalaba entre sus piernas hacia el suelo del vagón.
"La vida es una sola y hay que vivirla. Dejá de esconderte dentro de un libro".
-Sociólogo con perfil cualitativo y experiencia en opinión pública busca espacio laboral en área metropolitana. Comunicarse dejando datos de contacto al correo: sociologoescritor@...
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Edición dedicada al poeta santafesino Horacio C. Rossi que falleció el 18 de mayo.
Requiem por Horacio Rossi*
Quedó sobre la mesa un poema inconcluso; de un manotazo el tiempo hizo trizas el reloj de arena.
Soles aprisionados y tiempos de azucenas se fueron con el aura que arrulla los trigales, con la lumbre aquella que encendía la lámpara.
Los pájaros volaron de tu horizonte alado donde las mariposas coloraban el letargo de tus horas de otoño.
La tarde campesina recoge sus cánticos labriegos para implorar la lluvia que mojó tus poemas ...y en algún jardín lejano de una casa olvidada tu sombra ya invisible vagará en los geranios.
*De Jorge Raúl Muñoz 20 de
mayo, 2008.
-Enviado para compartir por Oscar A. Agú. cachoagu@...
*
(para horazioterrazio, con la garra inmadura de su adiós
aun clavada)
tradujo casi todo lo que vive vio de adentro la savia imperceptible de los días y las hojas los colores del tiempo los sonidos del río propio y ajeno: detalles de la vida en tornasoles con precisión de lupa
regaló sus regalos sin envolver en tinta y carne viva -pequeños bombarderos de papel directo al alma_ chispitas de esa alquimia gestada en la terraza día por día
un domingo de mayo con lápiz amarillo el otoño escribía su epitafio cayó más silencioso que la
tarde o subió a otras terrazas donde mirar mejor para contarnos cómo huele allá el aire....?
Espumas de la siesta, las chicharras arrorroan carpinterías de amor por las absortas frondas…
Lejos aún del baño diamantino el cielo fosforece transmojado de polen en el viento que se dona de brisa, asunto del silencio…
En el franco vastísimo sopor húmedamente verde y frescamente azul desde la sombra la insonora chicharra ara con esmero de molinera su esmeril labrando rodajas preciosas de descanso de reposo que es verde y que es azul de amor como agua...
Oscila de planeta su canto: de planeta que viaja ensimismado zumbando en el vacío sideral inventando las
aires de un consuelo…
Haciéndonos imaginar la lluvia, en fin pero sin fin, la danza…
Fulguran en la siesta como fermiente espuma al sur del cielo todas las chicharras…
Nos transpiran mensajes de la diosa contenta que sonríe así posándose en el ritmo de nuestro corazón…
addenda para Rubén Belenguer
ENTREMÉS DEL COMPADRITO*
¿y éste dóndesque salió?: apareció redepente: de la neblina surgió: de lejos, parece gente: morocho que mejoró: acaso gringo criollado: un fierro le regaló: algún amigo o cuñado: no sé si mató o murió: y se mezclan ya sus días: no se sabe si existió: o lo inventó la poesía: por contar lo que pasó: culpa de alguna pollera: o así contado
quedó: mujer, pero no cualquiera: parece que lo enredó: y hubo que pagar afrenta: y el cuchillo se afiló: que no digan que aparenta: y el duelo que se trabó: no se cae de la memoria: dizque aún no terminó: sigue creciendo esa historia: el tiro al cuello eligió: de los tres del duelo crioyo: entonces, él hociqueó: de cuál otro, y fue pa´l hoyo: que unalotro se mandó: y se manda cada día: siempre que alguien se acordó: celebrando la alegría: del honor que se lavó: y así es que sigue la ronda: fogón que nadie apagó: ni aún la noche más honda: su rastro de luz perdíó: con voz nueva, que entonó: afinada cuerda intensa: ¿y este dóndesque salió?...
ENTREMÉS DE LA PIBA*
Mucho tango la nombra. Y hace bien. Ni me hagás acordar lo linda que era. Fue verano, mas bién, su primavera. Nadie vio cuándo se la llevó el tren.
Ese que pasa antes de tiempo. O nunca. Y que nos deja tan desorientados. Por decirlo mejor: desangelados. Y a la flor de la vida deja trunca.
Sin flor tampoco hay fruto o sea mañana. Repleto el corazón en carneviva De nombres que nos dejan sensitiva La piel, al oir de nuevo su campana.
Ella se fue, y quedó. La siempre sola. Su trenza, su flequillo, su faldita La hacían parecer la muñequita, Esa que un día se llevó la ola
Para no volver más. El barrio todo Comentó, hasta gastar el argumento, De algún mal despechado sentimiento Que la hizo marcharse de aquel modo:
Ni saludó. Ni carta. Ni noticia Por terceros comunes, comedidos, De los que nunca faltan. O atrevidos Que inventan, por tener una
primicia.:
De esas historias, hubo: que ascendía Como una falsa estrella, allá, en el centro: O caía al fangal del desencuentro Con la fama buscada. Y se perdía…
O se casó, nomás, con alguien bueno Y vivieron comunes vidas, juntos: ¡No puede ser!, dijeron: ¡sus asuntos No pudieron tener final sereno!
Rubia, morocha, pelirroja era. Seguro que teñida andará, ahora. O con peluca. Y de vergúenza llora, Al no poder campear la más primera
De todas las palomas que volaron Del barrio, un día. Ni me acuerdo cuándo, Ni cómo, ni por qué. Me olvidé tánto. Menos lo solos que ellas nos dejaron…
Nadie vio cuando se la llevó el tren. Fue verano, masbién, su primavera. Ni me hagás acordar lo linda que era. Mucho tango la nombra. Y hace bien.-
L Á C A R*
Como una suela hondísima y feliz algo ya antiguamente llamado Lácar se está, sin tiempo menester, desde un día hasta el otro del vasto alucinante vivir, con su semillas y sus alas, con su silencio, también, y sin palabra menester, salvo acaso y ojalá la de su nombre, de letras inútiles salvo acaso y ojalá como adorno, adorno tuyo, niña Lacar de luz,de luz Lácar mujer, y Vos, entonces, sí, amor música luz, dejándome rondar por ahí, a toda hora, destriste a soba de tu clima, clima de índole feroz feraz salvaje poeta o sea natural, con sol y luna…
BORRADOR SOBRE TANGO PARA RUBEN
BELENGUER*
Hay quien se cree que es cuestión de zamparse el uno al otro, con calentura de potro, mientras arde el bandoneón…
Pero este baile trenzón, antiguo ya de tan viejo (los otros son el reflejo de su mismo corazón)…
Va rezando en su canción: todos los cuerpos son uno, todo tiempo es oportuno, todo encuentro es ocasión…
Ya no tenemos fogón en el centro de la rueda, pero hay fuego en la voz queda que hilvana el ritmo y el son…
Delicadeza en acción gana todas las batallas, y derriba las murallas su profunda conmoción…
Es como una religión que se baila para adentro, buscando hallarse en un centro en medio del envión…
Nadie queda de mirón si encuentra oportunidad de gozar humanidad en parejero montón…
Hay quien molesta, bocón, y se propasa de
más: no dura. Y te lo encontrás, hociqueando, en un rincón…
Es de tango la reunión: asunto sobreentendido. Nadie que no haya venido aprenderá su lección…
Ritmito arisco y dulzón que no necesita letra que lo armoniza o perpetra según quien fuese el firmón…
Mejor si suena zumbón contando el canto del cuento: lo que se llevará el viento fue lo hecho sin emoción…
Podrá con su virazón devolvernos al principio, sin el muerto precipicio de la civilización…
Y acabo la anotación, como en un tango, abrazando a los que llegan, bailando su sagrada comunión…
Chapaleo...*
En el mundo cuadrado de la alberca piscina se entretejen, afuera del lenguaje, la fronda medianera y el musgo bajolagua, Espejeo en contraola, Como aroma y memoria en melodía...
Mis bateleros pies persiguen descansancio Y yamismo lo alcanzan y consiguen En el fresco estupor que se desbasta en cielo, Y traen hacia mis dentros la loción de las brisas azules del tiempo en flor...
Yo remo a pies, sentado, como si remara en lo inmanente, en lo perenne, en lo absoluto. Absoluído, sí, absuelto, yo, digamos: absoltado...
Me digo: yo remo como reman las árboles. Y las luces de la luz se portan como las chicharras, brotando allá, trepando linde, entonces Traduciéndose, para que las dueñas de casa, en
fin pero sin fin, Hagan lo que hacen, metiéndoseme dentro, Ellas, mi descansancio, mi estímulo: ¡adelante, Poeta!, mientras yo, Todaviaún sonriendo,
Chapaleo...
(*)
Semi Poema
Por el vasto silencio, amanece. El mundo hace como si latiera...
Miro las frondas: pájaros puntuales Hacen su ruído azul, desflorando al rocío...
Ahoraquimismo, en los relojes, hay solamente cuadrantes de agua. Sin nombre, los objetos, en toda vía y aún...
La gente en la calle va casi sin máscara. Vehículos bostezos de fierro. Habrá sol: si hay nubes, tras las nubes...
Bajo las frondas puedo cantar almado Imaginando asuntos e ilusiones. Así es cómo me calzo la carne de durar...
Han seguido el silencio y el amanecer Siempre De
sol El día...
Lo que late es mi corazón: He equivocado, para prepararme a convivir Los penosos errores cotidianos...
Las ventanas me reflejan: resulta pues que marcho sonriendo...
Lo celebro, Porque estoy convencido...
Es que la vida me ha enfermado de luz...
(*)
Sigue habiendo una vez...
Ha mejorado mucho sus gorjeos, el niño que juega en ese patio...
Se despide de todas las cosas, las halla de nuevo, y gorjea afinado a las brisas, sembrando, él también, en los meses sin R para las abejas y las mariposas por venir, sobre la lengua de verdeos que siempre hay...
En ese patio, jugábamos rayuela. Ahora, gorjea un niño...
La luz del sábado pasea su mañana despacito, para no molestarlo. Para mejor nutrirlo: se sabe que su
fantasía es de luz...
Los parientes creen que él los saluda y él los deja creer...
Hay una fronda del misterio milagreando en torno. Y la vida repite que no tiene menester de palabra...
Yo saludo, cantando y sonriendo, al gorjeo de ese patio...
(*)
Sabor de uvas Esfera haciafuera Bellota simisma en radiación Volviente como brisa de agua clara Frescura cálida Tierna memoria de una melodía Luz dentro la piel...
La melodía es de ahoramismo: Quedaríamos afuera, si usáramos lenguaje...
Pero hemos saboreado las uvas..
Hoy habemos azul...
(*)
Las corolas transpiran sequedad, nimbadas por las breas de calor que, por el cielo, convocan y logran la comparescencia de la lluvia...
El verano no quiere cerrar, y hace travesuras rondando y rodeando y rindiendo a la siesta el siempre nuevo estupor de su perenne infancia...
Toda la luz se domicilia ahora en
el silencio que toca, por dentro las corolas, al germen tranquilo de las semillas seguras y serenas...
Pronto llegará lluvia a consistir, como cuando la que ansiamos nos entra por las inexistentes puertas agradecidas...
TIMBÓ DEL BULEVAR*
…”bastón dalí del
pelo de la diosa… y hondura que prefiere”…
El timbó anda todo entero otra vez florido Hasta en sus musgos…
Árbol que fue y seguirá siendo doña árbol: Niña que huele a estarse en flor… Aromando a mujer…
Pero masculinó su esplendoría, se varonó conforme a la academia Para sobrevivirse en nuestro mundo de pajueranos zonzos y ambiciosos…
Y la niña timbó se trae de luz desde el fondo del silencio, bajo tierra, Y se rebalsa como pujo de agua tan muy simil hirviente de alegría…
Como una armonía desabrochada, Desmoronada en florcitas amarillas…
Así pues, se establece como todo un clima entre las otras frondas Y la (no se lo digas) gente ya naturalmente contagiada…
Y me deja admirarla… Y se me regala Llenando mi vívido hueco de silencio con agua de su luz…
Lo cual ocurre tan cada vez que paso, Y, cuando ocurre, tan cada vez, me quedo:
Fascinada estaca semoviente, todo yo, por ahí,
todos los días… Y algo aprendo (yo digo que me enseña)…
Intensa plenitud, Complascencia feliz…
Pan de mi día sobre el bulevar, El cual se me queda igual de agradecido…
*Escritos de Horacio C. Rossi.
3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
BASES DEL CONCURSO:
ÁREAS: a. Composición para piano solo b. Composición para piano y electrónica c. Composición para piano y trío de cuerdas
v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la audición.
INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo electrónico
a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008. Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR: KLAUS AGER (AUSTRIA) JORGE ANTUNES (BRASIL) ALICIA TERZIAN (ARGENTINA) ROLANDO CORI (CHILE) ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de: v El Gobierno del Estado de Salzburgo v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo v La Asociación Música en el Museo (MiM) v La Asociación pro
Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
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*De Jorge Raúl Muñoz 20 de mayo, 2008.
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ENTREMÉS DEL COMPADRITO*
¿y éste dóndesque salió?: apareció redepente: de la neblina surgió: de lejos, parece gente: morocho que mejoró: acaso gringo criollado: un fierro le regaló: algún amigo o cuñado: no sé si mató o murió: y se mezclan ya sus días: no se sabe si existió: o lo inventó la poesía: por contar lo que pasó: culpa
de alguna pollera: o así contado quedó: mujer, pero no cualquiera: parece que lo enredó: y hubo que pagar afrenta: y el cuchillo se afiló: que no digan que aparenta: y el duelo que se trabó: no se cae de la memoria: dizque aún no terminó: sigue creciendo esa historia: el tiro al cuello eligió: de los tres del duelo crioyo: entonces, él hociqueó: de cuál otro, y fue pa´l hoyo: que unalotro se mandó: y se manda cada día: siempre que alguien se acordó: celebrando la alegría: del honor que se lavó: y así es que sigue la ronda: fogón que nadie apagó: ni aún la noche más honda: su rastro de luz perdíó: con voz nueva, que entonó: afinada cuerda intensa: ¿y este dóndesque salió?...
ENTREMÉS DE LA
PIBA*
Mucho tango la nombra. Y hace bien. Ni me hagás acordar lo linda que era. Fue verano, mas bién, su primavera. Nadie vio cuándo se la llevó el tren.
Ese que pasa antes de tiempo. O nunca. Y que nos deja tan desorientados. Por decirlo mejor: desangelados. Y a la flor de la vida deja trunca.
Sin flor tampoco hay fruto o sea mañana. Repleto el corazón en carneviva De nombres que nos dejan sensitiva La piel, al oir de nuevo su campana.
Ella se fue, y quedó. La siempre sola. Su trenza, su flequillo, su faldita La hacían parecer la muñequita, Esa que un día se llevó la ola
Para no volver más. El barrio todo Comentó, hasta gastar el argumento, De algún mal despechado sentimiento Que la hizo marcharse de aquel modo:
Ni saludó. Ni carta. Ni noticia Por terceros comunes, comedidos, De los que nunca
faltan. O atrevidos Que inventan, por tener una primicia.:
De esas historias, hubo: que ascendía Como una falsa estrella, allá, en el centro: O caía al fangal del desencuentro Con la fama buscada. Y se perdía…
O se casó, nomás, con alguien bueno Y vivieron comunes vidas, juntos: ¡No puede ser!, dijeron: ¡sus asuntos No pudieron tener final sereno!
Rubia, morocha, pelirroja era. Seguro que teñida andará, ahora. O con peluca. Y de vergúenza llora, Al no poder campear la más primera
De todas las palomas que volaron Del barrio, un día. Ni me acuerdo cuándo, Ni cómo, ni por qué. Me olvidé tánto. Menos lo solos que ellas nos dejaron…
Nadie vio cuando se la llevó el tren. Fue verano, masbién, su primavera. Ni me hagás acordar lo linda que era. Mucho tango la nombra. Y hace bien.-
L Á C A R*
Como una suela hondísima y feliz algo ya antiguamente llamado Lácar se está, sin tiempo menester, desde un día hasta el otro del vasto alucinante vivir, con su semillas y sus alas, con su silencio, también, y sin palabra menester, salvo acaso y ojalá la de su nombre, de letras inútiles salvo acaso y ojalá como adorno, adorno tuyo, niña Lacar de luz,de luz Lácar mujer, y Vos, entonces, sí, amor música luz, dejándome rondar por ahí, a toda hora, destriste a soba de tu clima, clima de índole feroz feraz salvaje poeta o sea natural, con sol y luna…
BORRADOR SOBRE TANGO
PARA RUBEN BELENGUER*
Hay quien se cree que es cuestión de zamparse el uno al otro, con calentura de potro, mientras arde el bandoneón…
Pero este baile trenzón, antiguo ya de tan viejo (los otros son el reflejo de su mismo corazón)…
Va rezando en su canción: todos los cuerpos son uno, todo tiempo es oportuno, todo encuentro es ocasión…
Ya no tenemos fogón en el centro de la rueda, pero hay fuego en la voz queda que hilvana el ritmo y el son…
Delicadeza en acción gana todas las batallas, y derriba las murallas su profunda conmoción…
Es como una religión que se baila para adentro, buscando hallarse en un centro en medio del envión…
Nadie queda de mirón si encuentra oportunidad de gozar humanidad en parejero montón…
Hay quien molesta, bocón, y se propasa
de más: no dura. Y te lo encontrás, hociqueando, en un rincón…
Es de tango la reunión: asunto sobreentendido. Nadie que no haya venido aprenderá su lección…
Ritmito arisco y dulzón que no necesita letra que lo armoniza o perpetra según quien fuese el firmón…
Mejor si suena zumbón contando el canto del cuento: lo que se llevará el viento fue lo hecho sin emoción…
Podrá con su virazón devolvernos al principio, sin el muerto precipicio de la civilización…
Y acabo la anotación, como en un tango, abrazando a los que llegan, bailando su sagrada comunión…
Chapaleo...*
En el mundo cuadrado de la alberca piscina se entretejen, afuera del lenguaje, la fronda medianera y el musgo bajolagua, Espejeo en contraola, Como aroma y memoria en melodía...
Mis bateleros pies persiguen descansancio Y yamismo lo alcanzan y consiguen En el fresco estupor que se desbasta en cielo, Y traen hacia mis dentros la loción de las brisas azules del tiempo en flor...
Yo remo a pies, sentado, como si remara en lo inmanente, en lo perenne, en lo absoluto. Absoluído, sí, absuelto, yo, digamos: absoltado...
Me digo: yo remo como reman las árboles. Y las luces de la luz se portan como las chicharras, brotando allá, trepando linde, entonces Traduciéndose, para que las dueñas de casa, en
fin pero sin fin, Hagan lo que hacen, metiéndoseme dentro, Ellas, mi descansancio, mi estímulo: ¡adelante, Poeta!, mientras yo, Todaviaún sonriendo,
Chapaleo...
(*)
Semi Poema
Por el vasto silencio, amanece. El mundo hace como si latiera...
Miro las frondas: pájaros puntuales Hacen su ruído azul, desflorando al rocío...
Ahoraquimismo, en los relojes, hay solamente cuadrantes de agua. Sin nombre, los objetos, en toda vía y aún...
La gente en la calle va casi sin máscara. Vehículos bostezos de fierro. Habrá sol: si hay nubes, tras las nubes...
Bajo las frondas puedo cantar almado Imaginando asuntos e ilusiones. Así es cómo me calzo la carne de durar...
Han seguido el silencio y el amanecer Siempre De
sol El día...
Lo que late es mi corazón: He equivocado, para prepararme a convivir Los penosos errores cotidianos...
Las ventanas me reflejan: resulta pues que marcho sonriendo...
Lo celebro, Porque estoy convencido...
Es que la vida me ha enfermado de luz...
(*)
Sigue habiendo una vez...
Ha mejorado mucho sus gorjeos, el niño que juega en ese patio...
Se despide de todas las cosas, las halla de nuevo, y gorjea afinado a las brisas, sembrando, él también, en los meses sin R para las abejas y las mariposas por venir, sobre la lengua de verdeos que siempre hay...
En ese patio, jugábamos rayuela. Ahora, gorjea un niño...
La luz del sábado pasea su mañana despacito, para no molestarlo. Para mejor nutrirlo: se sabe que su
fantasía es de luz...
Los parientes creen que él los saluda y él los deja creer...
Hay una fronda del misterio milagreando en torno. Y la vida repite que no tiene menester de palabra...
Yo saludo, cantando y sonriendo, al gorjeo de ese patio...
(*)
Sabor de uvas Esfera haciafuera Bellota simisma en radiación Volviente como brisa de agua clara Frescura cálida Tierna memoria de una melodía Luz dentro la piel...
La melodía es de ahoramismo: Quedaríamos afuera, si usáramos lenguaje...
Pero hemos saboreado las uvas..
Hoy habemos azul...
(*)
Las corolas transpiran sequedad, nimbadas por las breas de calor que, por el cielo, convocan y logran la comparescencia de la lluvia...
El verano no quiere cerrar, y hace travesuras rondando y rodeando y rindiendo a la siesta el siempre nuevo estupor de su perenne infancia...
Toda la luz se domicilia ahora en
el silencio que toca, por dentro las corolas, al germen tranquilo de las semillas seguras y serenas...
Pronto llegará lluvia a consistir, como cuando la que ansiamos nos entra por las inexistentes puertas agradecidas...
TIMBÓ DEL BULEVAR*
…”bastón dalí del
pelo de la diosa… y hondura que prefiere”…
El timbó anda todo entero otra vez florido Hasta en sus musgos…
Árbol que fue y seguirá siendo doña árbol: Niña que huele a estarse en flor… Aromando a mujer…
Pero masculinó su esplendoría, se varonó conforme a la academia Para sobrevivirse en nuestro mundo de pajueranos zonzos y ambiciosos…
Y la niña timbó se trae de luz desde el fondo del silencio, bajo tierra, Y se rebalsa como pujo de agua tan muy simil hirviente de alegría…
Como una armonía desabrochada, Desmoronada en florcitas amarillas…
Así pues, se establece como todo un clima entre las otras frondas Y la (no se lo digas) gente ya naturalmente contagiada…
Y me deja admirarla… Y se me regala Llenando mi vívido hueco de silencio con agua de su luz…
Lo cual ocurre tan cada vez que paso, Y, cuando ocurre, tan cada vez, me quedo:
Fascinada estaca semoviente, todo yo, por ahí,
todos los días… Y algo aprendo (yo digo que me enseña)…
Intensa plenitud, Complascencia feliz…
Pan de mi día sobre el bulevar, El cual se me queda igual de agradecido…
*Escritos de Horacio C. Rossi.
3. CONCURSO DE COMPOSICIÓN XICóATL „ESTRELLA ERRANTE“
BASES DEL CONCURSO:
ÁREAS: a. Composición para piano solo b. Composición para piano y electrónica c. Composición para piano y trío de cuerdas
v Para todas las áreas deberán ser enviadas seis (6) copias de la partitura (eventualmente 6 cds de la parte electrónica). Los ganadores del concurso se comprometen a enviar los materiales necesarios para la ejecución (particellas, material electrónico) hasta el 31 de diciembre 2008, para poder realizar el concierto en la primavera europea del 2009. v En relación con los medios electrónicos en caso de una ejecución de la obra, los organizadores ponen a disposición los amplificadores en la sala; la compositora / el compositor deberá poner a disposición los demás materiales necesarios para la
audición. INEDICIÓN: No se permiten obras ya publicadas, premiadas en otros concursos, aceptadas para un estreno o ya ejecutadas públicamente. TEMA: Las composiciones deberán tener base o nexos con la música latinoamericana clásica o experimental. DURACIÓN DE LA OBRA: Cada obra enviada podrá tener una duración máxima de 20 minutos. ANEXOS: Adjuntar una breve nota explicando el origen, fuentes, técnicas utilizadas, nexo con la(s) cultura(s) latinoamericana(s) u otras descripciones de la obra de máximo una página. Este texto será usado como nota de programa.
ENVÍO: Enviar SEIS EJEMPLARES de la obra y de la nota explicativa utilizando pseudónimo o palabra clave. En sobre cerrado anexo remitir los datos personales (dirección, fax, teléfono, e-mail, foto de ser posible) y un breve curriculum vitae.
Alternativamente se puede enviar la partitura y demás anexos solicitados (en archivos separados) en formato PDF por correo
electrónico a la dirección: euroyage@... . La parte electrónica de la obra, en formato WMA o MP3 y máximo 99 MB, debe ser subida (upload) en la página www.rapidshare.com. En el e-mail de participación se debe indicar el link correspondiente donde puede ser descargado (download) tal archivo.
Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de Agosto del 2008. Las obras premiadas serán estrenadas en la primavera europea del 2009 en Salzburgo. No se retornarán las copias enviadas por los participantes.
EL JURADO ESTÁ INTEGRADO POR: KLAUS AGER (AUSTRIA) JORGE ANTUNES (BRASIL) ALICIA TERZIAN (ARGENTINA) ROLANDO CORI (CHILE) ORLANDO JACINTO GARCÍA (CUBA)
El 3. Concurso de Composición XICóATL „Estrella Errante“ es posible gracias al auxilio de: v El Gobierno del Estado de Salzburgo v La Alcaldía de la Ciudad de Salzburgo v La Asociación Música en el Museo (MiM) v La Asociación pro
Arte, Ciencia y Cultura Latinoamericanos YAGE
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Fuera de los amores y las circunstancias, fuera de la familia y los amigos, fuera de este país, de la ciudad, de la década que viene con sus bombardeos y sus niños mutilados. Fuera de los dolores del alma y los del cuerpo, fuera del afuera, adentro de mi. Dentro de lo más profundo de esta mujer que soy, de esta mujer que tiñe canas, que observa cómo las firmezas se disuelven en carne que ha sufrido. Adentro, más allá de lo que muestran las serias pupilas en la luna de los espejos. Adentro del
más adentro de los círculos cerrados, en lo insondable. Allí debe abrirse la esperanza de creer. Creer en un futuro. Extenso, breve, benigno o ya manchado de presagios. En el futuro como continuación, cambio, transmutación de lo que fue. Aceptación, negación, no importa qué pero porvenir. Debo creer en una posibilidad aunque sea mínima. Creencia en que no importa cómo cuándo o dónde, siempre voy a estar conmigo y no me niego a ser yo. Que vale la pena seguir intentando la vida con grito, carcajada, medio tono. No importa. La vida, la vida que merecida o no debe vivirse y traerá soles, atardeceres y también madrugadas insomnes. Una vida a pesar de mi misma. Debo creer en mis manos, en mi llanto, en la bendición de reparar en los absurdos. Debo creer, es mi obligación creer en que no soy lo que me rodea, no soy lo que otros quieren o suponen que soy. Que no soy, jamás lo fui, una sombra de
otro. Soy esta aquí adentro que se niega a dejarse morir por desencanto, o llevar luto eterno por lo que duró un instante en el tiempo fluido que no miden los relojes. Tengo que volver a encontrarme, eso si, para creer en mi.
Acababa de llegar sin saber como. Su ceguera de nacimiento le impedía, una vez más, saber donde se hallaba. Por suerte, la experiencia de toda una vida en la oscuridad había potenciado su percepción y supo
inmediatamente que había gente a su alrededor. Chocó contra un hombre al tiempo que su bastón golpeaba con otro. "Otro ciego" pensó y a la par que pedía excusas preguntó donde se encontraba.
Oyó detrás suyo los golpes de un bastón tanteando el suelo y luego un par más a su derecha. Una voz le explicó que no sabían donde estaban, pero creían que era el limbo, lleno de ciegos que al morir no habían podido seguir la luz blanca.
Yo me reí del amor a primera vista hasta ese día en Argentinos Juniors cuando vi, antes que a Paco Stein, a la chica que lo acompañaba. Pelo negro, ojos verdes, naricita respingada, una boca de las que llaman generosas y con los labios sin pintar.
Mientras mis amigos se desvivían argentinamente por las rubias, yo siempre tuve debilidad por las morochas de ojos claros. Victoria no solamente cumplía con el color del pelo y de los ojos; era
lindísima.
Tan pequeña que hasta Paco parecía alto al lado de ella, y sin embargo concentraba en su escasa superficie todas las miradas de los socios más próximos. Miradas de admiración y pena, el mudo y triste ruego que provoca la belleza en los meros espectadores.
-Esta es Victoria -dijo Paco-, mi invitada especial al acto
depredador que ha tenido lugar en nuestra magna sede deportiva.
Rodeaba los hombros de la chica con un abrazo amistoso.
-Lástima los libros, che. Policiales de tercera categoría, dos o tres ejemplares del Manual del Alumno Bonaerense, una docena de Platero y yo. Ese burro flota como un
corcho.
Ni siquiera sonreí.
-Cuando la víctima es incolora, inodora e insípida, desluce al victimario. Decí que la biblioteca, el mueble imperialista, le da un toque de fuerza, o no valía el viaje de Victoria, que viene de Flores.
Me miró fijamente y bizqueó. Tenía ese curioso tic. Cuando clavaba los ojos en un punto, bizqueaba. No era bizco.
-Victoria, este buzón de carne es mi gran amigo Alberto Paradella.
El codazo disimulado me despertó. Extendí una mano que temblaba.
-Encantado.
-Mucho gusto -dijo ella.
Me observaba con el frío interés que yo había aprendido a reconocer en las chicas del club. Gesto aprobatorio antes de lanzarse al ataque, el general que mide el campo de batalla y lo encuentra adecuado a su estrategia. Se trataba de mi mujer ideal y dudé. ¿Cómo compararla con otras? Pero el centelleo en el mar verde de su mirada me recordó uno similar, casi olvidado: el de los ojos también verdes de la vecina en la terraza.
La mano que estreché con avidez y grandes ilusiones era la de
una criatura, blanda, tierna, confiada. Las uñas arrasadas por una mordedura constante, me llegaron al corazón. Un defecto infantil que humanizaba al sueño, que me ensanchaba de ganas de protegerla y de mimarla, y que años después, en la butaca del cine o leyendo en la cama, no cesaría de reprocharle porque me irritaría tanto el ruido de las pobres uñas esquiladas, el eterno clic-clac de los dientes voraces.
No le solté la mano. Ella tampoco intentó zafarla.
Paco retiró el brazo del hombro de Victoria y lo miró como a un objeto extraño, de presencia enigmática. Luego, como el absurdo gato de los Stein, dio un salto, cruzó los pies en el aire, cayó de rodillas entre Victoria y yo.
-¡Aleluya, Aleluya!
Hacía esas cosas con frecuencia y espontaneidad y uno se reía y secretamente envidiaba su falta de pudor, del viril sentido del rídiculo que nos enorgullecía y nos amargaba la vida al mismo tiempo. pero esta vez enrojecí y lo odié. Fue apenas un instante porque Victoria no lo festejó, porque no se soltó de mi mano y porque Paco, loco y todo, ya decía generosamente:
-Oh, sí, Alberto Paradella, un gran amigo, un gran deportista. Aquí donde lo ves, Victoria, con esa cara de pavo, es el orgullo de Argentinos Juniors.
-¿Ah, si? -dijo Victoria.
Y por fin desprendió la mano y se echó el largo pelo hacia atrás en un movimiento de tan felina delicadeza que casi me hizo llorar de ganas de abrazarla.
-No lo dudes, Victoria. Donde lo ponen a Alberto hay un éxito. Composición. Tema: La Vaca. Te explico. Es el sujeto de toda oración admirativa. Tema de ejercitación literaria, modelo de párvulos, tortura de infelices. En el cuaderno de premios, nunca está ausente. Nuestro mejor arquero, la estrella del juvenil de basquet...
¿No se le iría la mano? ¿No había un tono burlón en tanto elogio? ¿Y si a ella no le gustaba el deporte? Iba a decir que ya no jugaba al basquet cuando la oí exclamar, los ojos iluminados por un súbito
interés:
-¿De los que tiraron la biblioteca al agua?
-Nop.
La teoría de Paco de que la negación castellana era débil, había creado ese nop, que imitaba medio Argentinos Juniors y por lo menos un tercio de la población joven de Villa del Parque.
-Fue el año pasado, querida, antes de que los juveniles de Basquet se convirtieran en vulgares delincuentes juveniles, como dice nuestro desconsolado, culto presidente. Ahora Alberto juega ajedrez.
Por los ojos verdes pasó una sombra.
-¿Al ajedrez?
Paco saltó al rescate.
-Momento, aclaro. Ahora es nuestro campeón de ajedrez.
La carita se reanimó.
-Ah -dijo.
Si Paco había albergado alguna ilusión con respecto a Victoria, nunca me enteré. Seguramente, en el transcurso de aquella presentación que le costó la chica más linda que vimos en Villa del Parque, miró bizqueando cómo nos mirabamos, supo que todo estaba decidido, y con esa agilidad para adaptarse a los acontecimientos que maravillaba a sus amigos, decidió elogiarme ante Victoria.
Yo estaba
demasiado feliz para agradecérselo. Cuando esa noche, en el Café Juncal, lo arrinconé en la mesa, lo acribillé a preguntas sobre la mujer de mi vida, se mostró, en cambio, extraordinariamente parco. No pasaba de suministrarme meros datos de filiación -la casa, la familia, los estudios-, el modestísimo curriculum de una muchacha de esa edad. Con la sed de los enamorados, insistí en que me hablara de ella. A nuestro intelectual, nuestro psicólogo, nuestro hombre de mundo, le pedí una opinión.
En esos días tomaba solamente café. Bizqueó inclinado sobre la taza, bizqueó concentrándose en la cucharita. Tardó en contestar y su respuesta, una
perogrullada, me desilusionó.
-Es muy linda -dijo.
Y luego, bizqueándome en la cara, creó esa frase que a lo largo de los años que siguieron, por aplicación sabia y reiterada a casos que no podían ser esclarecidos mediante la razón, a situaciones que exigían prudente silencio, a descubrimientos penosos o a la llana perplejidad, se
convertiría en su tarjeta de identificación.
-Este mundo es muy raro -dijo.
Lo perdoné porque me había alabado tanto delante de Victoria. Lo perdoné por la recolección de ah, de esos ah de Victoria que probaban que yo le gustaba, que me quería. Como iba a sospechar que aquellas concisas, suspiradas exclamaciones, los ah emitidos esa
mañana en el club, después en casa, cuando mi madre sustituyó a Paco en loselogios, después en la puerta de la Facultad, cuando le comunicaba la nota de un examen, no eran sino la campanilla de una caja registradora que acusaba el ingreso de moneda. Moneda que hacía circular Victoria entre su propia familia, amigos y conocidos, con la prepotencia y la vulgaridad de un nuevo rico.
Lo supe aquella noche en una vereda de Flores, a la vuelta del cine, en su respuesta a mi pregunta: "Imposible".
Me dije: "Victoria no me quiere. Para estar solo, mejor cortar ahora".
Largamente contemplé su hermosa cara buscando las palabras mordaces que nos separarían. Entonces, mientras la miraba, vi el enojo que empezaba a ensombrecerla, recordé que los nefastos ah me habían garantizado la frecuencia de sus besos, de su sonrisa. Imaginé la vida sin ella. Imposible. La vida con ella pero sin título de abogado. Imposible. Su orgullo la haría volverse a otro proveedor de indispensables
ah.
Justo en el límite, a punto de perderla, atiné a abrazarla, a prometer:
-Era una broma. No te enojes, Victoria, era una broma.
CICLO: "Del derecho y del revés de la
memoria” Mayo
“Agobiados por nuestro conocimiento histórico, no podemos rechazarlo”, decía Nietzsche. Y tenía razón: nuestro saber histórico nos agobia. Sin embargo, debemos rechazar su rechazo e ir más allá de su bien y de su mal. Umberto Eco, ¿Por qué recordar?
Lunes 05 /20:00 “La memoria, de sólidos y líquidos” Ps. Laura Capella Se dará comienzo a las actividades del año planteando la problemática de la memoria no sólo en relación a lo sólido de la lógica estatal, sino a la solidez de los edificios atravesados por la historia reciente de las dictaduras, tanto en Argentina como en otros países del mundo.
Lunes 12/20:00 "El fluir de la inocencia" Hugo Alberto Ojeda, escritor, integrante de la Comisión Popular por la Memoria de Granadero Baigorria El disertante se referirá al rol de la investigación como parte del debate ideológico y a las dificultades internas de la construcción de memoria en los movimientos populares.
Lunes 19/20:00 “El arte como forma de resistencia” Arq. Alejandra Buzaglo. Docente de la FAPyD de la UNR, actualmente dirige y coordina el Área en DDHH de dicha facultad. Arquitectura, Espacio Público y Memoria. Interesa reflexionar sobre los memoriales como dispositivos para la construcción de la memoria en
relación a la última dictadura militar en la Argentina (1976-1983). Proponemos una reflexión sobre las marcas en las ciudades, los guiños y advertencias que las construcciones hacen a la sociedad como desafío que supone abordar, desde una nueva perspectiva, la construcción de realidades a partir de las prácticas sociales, en este caso la arquitectura y el arte.
Lunes 26/20:00 “Reconstrucciones y memoria colectiva. La Calamita y los caminos” Arqs. Daniel Viu y Alejandra Buzaglo. Docentes de la FAPyD de la UNR. La Arq. Buzaglo dirige y coordina el Área en DDHH de dicha facultad. Parte 1: Edificios como documento de memoria. Investigaciones para la reconstrucción de “La Calamita”, lugar donde funcionara un centro de detención, hacinamiento y desaparición de
personas durante la última dictadura militar en la ciudad de Baigorria. Parte 2: El camino de la memoria. Señalización del recorrido de acceso a “La Calamita”, como intento de abrir lugares para la memoria, resguardar del olvido, y rescatar como testimonio, a aquellos sitios de la ciudad en los que hayan sucedido hechos que los conviertan en documentos.
Creación y coordinación del ciclo: Ps. Laura Capella, psicoanalista Lunes 20 hs. Entrada libre y gratuita Se entregan certificados con el 75% de asistencia Auspician: · Colegio de Psicólogos de la Prov. de Santa Fe, 2da Circ. y su Foro en Defensa de los Derechos Humanos (FODEHUPSI) · CEIDH (Centro de Estudios e Investigación en Derechos Humanos-Facultad de Derecho. UNR) · IPF (Instituto de Investigaciones en
Cs. Sociales, Ética y Prácticas alternativas "Paulo Freire" - Facultad de Derecho. UNR.)
El domingo 4 de mayo del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor peruano José de Orejón y Aparicio. Las poesías que leeremos pertenecen a Yamil Díaz Gómez (Cuba) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com
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Si Ud. no es suscriptor y ha recibido esta única edición por gentileza lea esto:
No he oído el reloj esta mañana y cuando me he
despertado en el lugar del cuarto de baño había un trastero. La cama era antigua y hacía frío. ¿Por qué no notaba la calefacción?. Mi ropa de Armani, la colección de corbatas Plumkier y los zapatos de Tood's habían desaparecido.
Al bajar por la escalera ya suponía lo que había pasado pero me acerqué a la calle para constatarlo. Hay un camino de tierra donde debía haber una carretera de asfalto. Tampoco hay ningún coche, únicamente un carro al final de la curva. ¡Ya empiezo a estar harto de estos viajes en el tiempo!
“Lo que pasa es que yo soy demasiado bueno y la gente se aprovecha”. Lo dijo el Gringo, lo dijo muchas
veces con los ojitos pequeños en medio de la cara roja. Lo dijo, y hablaba muy fuerte, aturdía, hablaba fuerte y con los brazos abiertos. Gesticulaba el gringo. Bondadoso el gringo, sencillo, sin vueltas. Decía que la gente se aprovechaba, lo decía con su voz potente, que la gente se aprovechaba de él. Otro dijo que todos toman ventaja de su persona porque, mirá vos qué casualidad, es demasiado bueno. Lo usan al pobre, él mismo dice que lo usan material y psicológicamente, para ser más específicos. Y esto lo puso por escrito para que no queden dudas. Y un tercero escribió que hay muchos que parecen gent