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#209 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 3 de Jul, 2009 1:00 am
Asunto: ESTACIÓN CARHUE
inventivasocial
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TODAVÍA. *
 
                                            
 
*Por Eduardo Pérsico. epersic@...



No todos los instantes ya pasaron y aún aguardan tenaces.

Imprevistos. Furtivos.



Ocultos en la lluvia que enjuaga la ventana,

o en la invicta añoranza que irrumpe cada tanto

si algo ya nos dejó camino arriba.



No son sólo un ayer de gorriones quebrando

el aire transparente de una tarde lejana.

Ni el sol febril curtiendo la sangre adolescente.



Tal vez cada futuro es también una ausencia.

Sin el dulce regusto de niñez y nostalgia,

un posible que ausente no alcanzó su destino.



Sin aguardo de magia o resplandores

cada fugacidad será un acaso

muy íntimo y final. Sueño y milagro.


Entonces. Todavía.



*Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. 
 
 
 
 
 
 
ESTACIÓN CARHUE. 
 
 
 
 
 
Las aguas y los dioses*



     En este lugar, aquí, en este hermoso lugar hay verde. Aquí, en este sitio existe el verdor. Aquí es bello, aquí hay plantas. Eso decíamos.
Nosotros, los mapuches, nosotros, los salvajes ignaros decíamos Carhué y era decir nuestra casa, era decir la tierra, era decir mi familia, mi ancestro más remoto, mi vida. Decíamos Carhué y decíamos amo la tierra verde.
     Y el lago Epecuén nuestro lago Epecuén era salado. Salado como el mar más reconcentrado, tan salado como si el océano hubiese sido puesto al fuego en una olla de barro y hubiese hervido despacito hasta que el agua fuese casi sal. Así era el lago, así lo extendieron los dioses oscuros sobre la tierra verde. Y era el límite del verde. Mas allá venía la pradera que se tornaba páramo, hasta allí las pasturas y la facilidad. Hasta allí lo cálido y amable, a partir de allí ese límite, ese exterior, esa felicidad que se
consigue con mayor dolor. Porque, debo decirlo, también esa era nuestra casa, y así como se ama al hijo obediente, se ama inevitable y dolorosamente al hijo que se eriza en espinas y baldío.

     Era Carhué y era el lago de sal. Y fueron los hombres que ya estaban pero estaban todavía lejos. Eran los hombres del color de la blanca muerte, que nos habían dejado tranquilos hasta que su codicia los forzó a extender los brazos más lejos que el corazón. La codicia les dio hierros en los brazos y les dio hierros en los pies, y Carhué que era mi hogar fue mi tumba, y mis lugares tomaron nombres que nunca les casaron, nombres que se resbalan porque no los pertenecen. Pueblo Adolfo Alsina, lago San Lucas,
nombres extranjeros, nombres que se desvanecen bajo el cielo de la América y que mi boca no puede pronunciar sin hacerse violencia.

     Llegaron los hombres de hierro. Se quedaron los hombres de hierro.
Vinieron en su propia bestia humeante como quien llega montado en una pesadilla. Le dicen ferrocarril a la bestia de fuego, a ese monstruo negro y temible. En tres grandes bestias llegaban los hombres blancos y seguían trabajando para su codicia.
    No les bastaba la laguna de sal. Ya no estábamos nosotros, yo era ya polvo de huesos bajo mi tierra verde cuando los intrusos que vendían baratijas y habitaciones y bañadores a rayas quisieron obligar a la tierra a dar más de si. No les bastó ver nuestra tierra, se la apropiaron; no les bastó apropiarse de la tierra, la quisieron doblegar con sus canales y sus terraplenes. No era suficiente con el nuestro lago, no. Hicieron un lago ellos, un lago dulce, trajeron el agua desde otros lados que no son este lado, que no pertenecen a este lado, y con ese agua extranjera hicieron ese nuevo lago y cambiaron la historia de la nuestra tierra.

     Y el diez de noviembre uno de los dioses oscuros miró la tierra que era verde, abominó el lago dulce, tomó una palabra, pronunció una nube de ceniza, y el terraplén cedió, y la ciudad conoció el olvido del agua silenciosa. Y el agua avanzó como un ejército en marcha, y las puertas se hincharon en sus marcos, y el inexorable pasado se acumuló sobre los ladrillos de la ignominia. No tañe la campana bajo el agua, no acuden los niños a las escuelas, diez metros de agua se comprimen sobre las plazas y los tejados.
     Me duermo en mi tumba ahora. Mientras me adormezco canto quedo una melodía que ya no encuentra cuerdas para sonar. Siento la luz de la luna quebrada sobre el pueblo sumergido. Descanso ahora. Los dioses juegan sus juegos, un pez desprende silenciosa, lentamente, una escama de madera de una
silla que se pudre.

                                                                
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
 
 
Estación invierno*


Hay trenes que van
gente sedienta de prisa
el que yo espero
es tren de nostalgias
dicen que ese ramal ya no existe.

La estación sugiere
que el tren que esperaba
ya pasó
silencioso y escarchando.



*De © diana poblet.
soydian@...
 
 
 
 
 
 
 
Dudando*


Está justo detrás de mi, al fondo del vagón. Ha cambiado su ubicación habitual y ahora estoy obligado a girar la cabeza de una manera un tanto ridícula. Sólo espero que ella no se de cuenta de que la observo. Hoy quería acercarme a decirle algo, pero... ¡está tan lejos!
Mañana sin falta la abordo y entablaré conversación con ella.

Mientras ella baja del vagón mira de reojo a aquel chico con el que se encuentra desde hace dos años cada mañana. En muchas ocasiones ha tenido la sensación de que iba a dirigirle la palabra, pero no ha sido así. Bien es cierto que se ha encontrado con su mirada en muchas ocasiones, pero nunca se ha acercado. Quizás debería ser un poco más coqueta, quizás debería insinuarse de alguna forma.
Mañana será el día en que se decida, de mañana no pasa...


*de Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
 
 
 
EL TREN DE LAS 18 *


Con su estertor
como un punto o una peca negra
una mancha voraz ocupando la planicie
o bien como un cimbronazo del horizontes
irrumpía el tren de las dieciocho
 
columpiando sus distancias en uno y otro ojo.
El asunto estaba en ese acontecer de la tarde
donde bajaban y subían saludos
bultos varios y uno que otro grito de andén
 
como si todo la congoja y la nostalgia
la risa y los temores
se detuviesen un instante en los umbrales
para, luego, salir cual arcón mágico por la pampa.


*
 
Siempre que menciono el tema me retrotrae a algunas experiencias vividas en mi infancia, hasta mi adolescencia, inclusive. Y me lleva a los cuadernos que tengo escritos con anotaciones varias y poemas que acompañan el día. Algunos de ellos están llenos de esas emociones que me fortalecen, que desmienten las torpezas cotidianas, las dudas de la rutina.
            Habíamos caminado, antes, por las vías muertas del ferrocarril que pasaba por Capilla del Monte. El tren es algo muy difícil de explicar para aquellos que no tuvieron la oportunidad de vivirlo tan cerca. En la pampa sinfin era una fuerte presencia que anudaba y desanudaba los decires de todos los pueblos por donde pasaba. Sus vías, que aún están, nos acercaban las distancias. Me paraba, recuerdo, en medio de ellas y miraba absorto una y otra lejanía y las dejaba posar en mi imaginación de niño. Los guardas de los trenes siempre me contaban historias de lugares extraños que se aquerenciaban en mis no olvidos. Y no les digo lo que era subirse a una de esas viejas locomotoras, con su vientre al rojo vivo, de carbón ardiente:

-   ya vas a manejar una de estas, me decía el maquinista, y dejaba que agarre una manija.

-   Manejé el tren hoy, mamá. Y le contaba la historia.

 
*de Oscar A. Agú. cachoagu@...

 

 

 

 

 

 

Soledad del Silencio*

 

 

 

Hay silencios de  muertos y de vivos...

de los que te aturden  y te crispan

Hay silencio que no escuchas

Hay silencio  de  rostros

Hay silencios de día que casi entran en la incertidumbre

Hay un silencio entre una palabra y la otra

Hay un silencio que se asoma en la espera  

Hay un silencio que vuela  alrededor de  la vida 

Hay una soledad del silencio  que no se  puede derrotar 

Hay silencios que se ocultan  detrás de todos los ruidos

Hay silencios de penas que  las han callado

Hay silencios de lágrimas, de miradas  

Hay silencios prudentes y compulsivos, amordazados

Hay silencios acordados en pactos

Hay silencios transgresores

Hay silencios  que no se pueden oír

Hay un silencio del silencio  que  se deja a la conciencia.

Hay un silencio de armonía   y de espanto

Hay una monotonía de él, una  amenaza  del  silencio en la urbe

Hay una comunión humana del silencio

Hay silencios que hay que dejar que sean

Hay silencios que   romper con un grito que duela

Hay silencios de voces y  de piel

Hay  un silencio  todo, de  nosotros....

Hay una historia del silencio y un silencio de la historia.-

                                                                                              

 

 

*de Maria Elena Buroni. mariaelenaburoni@...

 

  

 

 

 

 

 

 

EL PARAGUAS*

-Mayo del 76-

 

 

   Frío de mayo. Lluvia. Malabarismos del paraguas contra el viento y el agua congelada.
   Un programa calentito y reparador, chocolate con churros en La Giralda y cine con mi amiga, la de todas  las tardes de parvas de tostadas bien finitas con manteca  y confesiones al borde de la
 chimenea, legado de mi nonno. Dos películas seguidas de Dustin Hoffman. Imperdible.
   Pero igual, demasiadas cuadras para tanta lluvia, y ese paraguas tan incómodo, y ese frío.
   Después, la charla agradable con mi amiga en el tren a Constitución, una carreta irrespetuosa.
   Irrespetuosa como el verde militar perturbador de mi otoño. Unimogs y  pobres diablos con cascos protectores para las cabezas rapadas por la  soberbia.
Ay, ese paraguas. Media cuadra nomás, el tren y el chocolate calentito entre las manos heladas. Suficiente.
   Y para esa puerta tan pesada del único edificio de Burzaco, la fuerza puntiaguda del paraguas en el picaporte y basta por fin de lluvia en la antesala del ascensor.
    Pero no.
    Un casco más gigante que los otros, el FAL cruzado en diagonal al corazón sobre la capa verde, tan verde oscuro, tan oscuro.
    Horror. Un sudor frío, más que la lluvia de doce cuadras atrás, latidos desprolijos delatores del pánico.
    Documentos?. Conocida?. Familiar?. Averiguación de antecedentes y un carro más irrespetuoso que el tren. Inmundo. Siniestro.
    Silencio.
    Preguntas, invectivas. Portación de armas?.
    El paraguas.
    Manoseo. Ni una lágrima siquiera. La garganta anegada del pánico.
    Y  al poco tiempo, la novia del amigo del hermano de mi amiga, la del único edificio de Burzaco, nunca más.

    

 

*de Lucía. luciaguionbajo@...

 

 

 

 

 

 

Trenvidando*


Trenes de sabor metálico
aplauso de latas
sombra recorrida
ventanillas mínimas
manos pequeñas
atrapaban sueños gigantes.

Tren del regreso
brazo de fierro confiable
que me devolvía a casa.

Y bajar en la última estación
nariz fría de surestes
con ojos acuosos
sentir al instante
un perfume a romero
inconfundible
cartel de bienvenida.


*de © diana poblet . soydian@...

 

 

 

 

 

AMBIVALENCIA*



 

Cuando yo me haya ido,
regresaré en silencio.
Y buscaré en las sombras
el dolor que llevé,
el llanto de mis horas,
la soledad, la ausencia,
las vigilias sin sueño
y el horror de creer
que me llena el vacío,
que me inunda la pena
y me embriaga el delirio
de vivir ¡y estar muerta!...

Quizás mi suerte sea
estar muerta y ¡vivir!...

 

 

*de María Rosa León. mariarosaleon@...
de "Lugar común". Ediciones Amaru - Buenos Aires - 1996

 

 

 

 

 

 

 

POEMA HALLADO EN UNA LOCOMOTORA...

EL RELOJ DE LA ESTACIÓN*


 

Hace casi una centuria

en la lejana parís

fue allá en la casa matriz

donde la forma te dieron

y en un barco te trajeron

a mi querido País.

 

Con leyendas de "muy frágil"

en un seguro cajón

Llegaste en un vagón

fue la vía tu camino

Navarro fue tu destino

Y la "trocha" tu estación

 

Una vez que te instalaron

tu fama tocó la cima

la gente a verte se arrima

y no saben de que forma

das hora a la plataforma

y también a la oficina.

 

De todos la admiración

así empezas a ganarte

hora exacta de tu parte

da confianza y precisión

y en esa hermosa Estación

nadie pasó sin mirarte.

 

Fuíste el orgullo del jefe

que parado en el andén

supo mirarte en el andén

supo mirarte muy bien

y de tu exactitud se jacta

cuando dabas la hora exacta

para despachar el tren.

 

Te observa el guarda y coteja

con su reloj de bolsillo

y en aquel acto sencillo

te demostró su confianza

y de acuerdo a tu ordenanza

hizo sonar su silvido.

 

Resopló la vaporera

con poder extraordinario

encabezando el tren diario

que hizo progresar la zona

el maquinista se asoma

y al mirarte dice A horario!

 

El cambista te controla

porque el tiempo no le sobra

siente al ponerse la gorra

que de la playa es el dueño

y pone todo su empeño

en activar la maniobra.

 

Y el capataz de cuadrilla

con su mirada muy pronta

con el suyo la confronta

y la zorrita acelera

llegar a destino espera

sin que venga tren en contra.

 

Y así a tu dulce compás

con ese ritmo profundo

sin descansar un segundo

con trabajo y con amor

mi patria tuvo el honor

de ser granero del mundo.

 

Pero un día los cipayos

que no conocen decencia

con mezquinas apetencias

empezaron a destruirnos

y con engaños a hundirnos

en la fatal decadencia.

 

Comenzaron por cerrar

"Ramales improductivos"

ferroviarios serían "chivos"

que expiarían sus codicias

y con brutal avaricia

armaron lo destructivo.

 

Revolotearon caranchos

sobre tu vieja Estación

y viste con desazón

que robaban y destruían

y tu corazón herían

sin ninguna compasión.

 

Así un día te paraste

y de injusticias ya harto

diciendo yo no comparto

lo de estos malvados

                              te quedaste bien parado

a las cinco menos cuarto.

 

Pasó talvez mucho tiempo

por tu justa rebeldía

pero observaste un día

con esperanza y asombro

que alguien puso el hombro

porque arreglarte quería.

 

Desde puntos muy lejanos

   turistas y visitantes

que mucho admiran el arte

vienen a ver el museo

y expresan con su deseo

funcionando contemplarte.

 

          Y casi igual que a pinocho

vino a salvarte el doctor

y poniendo lo mejor

artesanía y paciencia

pero además de su ciencia

sobre todo puso amor.

 

Pues todos querrán saber

como se llama ese hombre

pero que nadie se asombre

ya agradezco su gauchada

y sepan que no cobró nada

Marcos Brunoldi es su nombre.

 

 

*Autor: Carlos Alberto Martino (Beto)

-Este poema fue encontrado en una locomotora por Carlos Antonio Dinamarca. carlosadina@...

-Maquinista de oficio- 

 

 

 

 

 

 

*

 

 

Pasaron 32 años del último tren. Hoy lo estamos reinaugurando. Pero no viajamos a Carhue. No tenemos recursos. Nos reunimos al pie de una estatua en la ciudad de Buenos Aires. El autor grabo su nombre y el año: Aime Millet. París 1880. La base de granito avisa que Adolfo Alsina vivió de 1829 a 1877. Fue gobernador de la provincia y quien ordenó la construcción de la "zanja de Alsina" destinada a contener y avanzar sobre las tierras de los pueblos originarios. El hombre murió en Carhue y le dió su nombre al partido de la provincia de Buenos Aires desde el que hoy parte el inventren.

Al pie de esta estatua nos reunimos unas pocas personas.

Son amigos con los que he compartido cosas en estas tres décadas.

En 32 años pasamos del terror de la dictadura al terror difuso de los virus y de la desidia.

De Martínez de Hoz enviando a una empresa amiga para que los rieles sean prontamente levantados a este presente del gobierno cuya especialidad es la negación sistemática seguimos siendo un país de víctimas, de corrupción, de impunidad.

En camino a la plaza Libertad veía restos de los afiches de la campaña que concluyo en las elecciones del 28 de junio. En uno de ellos la candidata con su rostro afinado por los prodigios del arte en la fotografía dice: "No te subas al tren fantasma". Curiosa frase. Me hace dudar del sentido de realidad de la clase política en su conjunto. Es el país y la fuerza de la buena gente que resiste la devastación y el saqueo y hasta la falta de sentido común de sus gobiernos. No somos nosotros los que estamos subidos al tren fantasma. Son ellos que no se bajan de su oficio de comerciar con la ilusión y empeorar la vida de la gente.

 

Aun sea una tarea imposible más de las que he emprendido en mi vida, elijo subirme al tren de la escritura e intentar un improbable recorrido por 52 estaciones y alrededor de tres años de duración.

Me acompañan amigos y recuerdos.

Los invito a seguir escribiendo.

 

 

*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@...

 

 

 

 

Próxima estación: J. V. CILLEY.

 
ROLITO.
SATURNO.
SAN FERMÍN.
CASBAS.
EDUARDO CASEY.
ANDANT.
CORONEL M. FREYRE.
ENRIQUE LAVALLE.
CORACEROS.
HENDERSON.
MARÍA LUCILA.
HERRERA VEGA.
HORTENSIA.
ORDOQUI.
CORBETT.
SANTOS UNZUÉ.
MOREA.
ORTIZ DE ROSAS.
ARAUJO.
BAUDRIX.
EMITA.
INDACOCHEA.
LA RICA.
SAN SEBASTIÁN.
J.J. ALMEYRA.
INGENIERO WILLIAMS.
GONZÁLEZ RISOS.
PARADA KM 79.
ENRIQUE FYNN.
PLOMER.
KM. 55.
ELÍAS ROMERO.
KM. 38.
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
LIBERTAD.
MERLO GÓMEZ.
RAFAEL CASTILLO.
ISIDRO CASANOVA.
JUSTO VILLEGAS.
JOSÉ INGENIEROS.
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
ALDO BONZI.
KM 12.
LA SALADA.
INGENIERO BUDGE.
VILLA FIORITO.
VILLA CARAZA.
VILLA DIAMANTE.
PUENTE ALSINA.
INTERCAMBIO MIDLAND.
 
 
 
*
 
 
Exposición de
Walkala
(Luis Alfredo Duarte-Herrera)
en Oberndorf bei Salzburg

"Walkala, la fuerza de la imagen"

Invitación a la inauguración
El lunes 22 de Junio 2009, 19:30 horas

Lugar:
Librería "Buchgarten"
Römerweg 3
A-5110 Oberndorf bei Salzburg
Tel:  +43 (0)6272 20632

Más informaciones en:
www.walkala.eu
www.galeria.walkala.eu

Duración de la exposición:
22 de Junio a 28 de agosto 2009
(Del 3 al 17 de agosto estará cerrada la librería por vacaciones)

Horarios:
Lu. - Vi. 8:00 a 12:00 y 14:00 a 18:00 horas
Sábados: 10:00 a 14:00 horas


Cordial invitación de:

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37   A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
 
 
 

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#208 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 26 de Jun, 2009 2:41 pm
Asunto: ERA DEMASIADO YO PARA MÍ SOLO...
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Para mí*

 (a Ángela Da Silva)

 
Entré con dientes pero no con todo
me quedé afuera un poco
Yo nunca fui a la escuela
yo
    realmente
Nunca vendí diarios
Cuando yo medio no existía
yo era demasiado yo
para mí solo.
 
 
 
 
*de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
 
 
ERA DEMASIADO YO PARA MÍ SOLO...
 

 

 

 
 
 
 
POR LAS VÍAS DEL DOCK SUD*
 
-Del Inventren 2004-
 
 
-A Martín Rébora

 
La madrugada, fría y ventosa, se hacía sentir inexpugnable dentro de los sucios talleres ferroviarios. Marcos Reed, camarógrafo free-lance, sabía que aquella misteriosa incursión que planeara este singular productor televisivo, quien ya le consiguiera varias "changuitas", sería algo inusual (filmar las villas miseria cercanas al Dock Sud, ¿a quién se le pudo haber ocurrido?). Pero nada le hacía prever lo que se avecinaba, más allá de la vetusta locomotora diesel, con un potente faro que horadaba la noche.
El productor se llamaba Luis Quintana, sus amigos le decían "Droopy" (aquel personaje animado que solían proyectar junto con Tom & Jerry), porque siempre aparecía en todos lados, y era un loco de la guerra. Mucho más que Marcos, lo cual ya era mucho decir. Había conseguido recién un par de días antes -y vaya a saber dónde- el contacto para realizar aquella travesía, únicamente de noche, a fin de realizar las tomas iniciales para una serie de documentales referidos a la marginalidad urbana. El asunto olía un tanto turbio, ya que tampoco quedaba claro a nombre de quién operaba tal ramal, escondido y casi clandestino; pero Marcos no se acobardó por eso. Muy por el contrario, el detalle le daba la incursión un sabor muy excitante.
Gastón Robles era el nombre del maquinista, quien puso un par de ineludibles condiciones al momento de partir: que jamás lo enfocaran con la cámara, y que su identidad nunca fuese revelada. "Me juego el laburo, ¿viste?", fue su único y monolítico argumento. 
         Eran pasadas las dos cuando la locomotora se puso en marcha, rumbo a las antiguas refinerías del Dock, rechinando aguda sobre los rieles, cuyo mantenimiento se adivinaba casi nulo. Remolcaba tres vagones, uno cargado y dos vacíos. Marcos y Droopy no quisieron preguntar nada al respecto. Pero al acercarse a los cambios de vías cercanos al Riachuelo, Robles les pidió que se agacharan dentro de la cabina de la locomotora, no fuera cosa que alguien los viera. "¿Quién, a esta hora y con tan poca luz, en este lugar de mierda?", pensó Marcos, pero no emitió opinión.
         En la semipenumbra, Quintana y Reed alcanzaron a divisar los irregulares emplazamientos del caserío, levantado a la vera misma de la vía, con apenas unos centímetros de distancia entre las precarias paredes de cartón y chapa y el paso de la locomotora, que aunque disminuyese la velocidad, atravesaba aquel corredor conteniendo el aliento.
        -¿Cómo pueden vivir así? -, llegó a decir Droopy, incapaz de comprender dónde se encontraban.   
-¿Cómo quiere que vivan? -, respondió Robles, como si la respuesta fuese obvia. -Han ido llegando en oleadas, sin preocuparse por si había lugar para ellos acá o no. Y fueron levantando estas casuchas donde pudieron. Mire, a veces las ponen tan cerca de la vía, que cuando vuelvo cargado, y los vagones se bambolean, más de una vez me llevé puesta una pared y arrastré todo lo que venía atrás.

-¿Gente también? -, exclamó Marcos, ahogado por la impresión.

-No. Cuando arrastro casillas no. Pero también me ha pasado que de pronto se abra una puerta que da a la vía, y aparezca delante de mí alguna persona. Imaginesé: un viejo, un anciano, que ya no puede orientarse ni siquiera dentro de su propia casa, se levanta de noche, necesita ir al baño, tantea a oscuras las paredes, llega hasta la puerta, abre. Pero resulta que se equivocó. Que la puerta que daba a la letrina común era la otra. Y sale a la vía, a ese pasillito que se forma ahí al costado, en el momento justo en que paso yo. Entonces las luces lo encandilan, y la sorpresa es tan grande que no puede reaccionar, ni amaga a tirarse dentro de la casilla. Y "me lo llevo puesto".
-No me joda. -, sonrió Marcos, sin poder creer lo que le cuentan.
-Es la pura verdad -, afirmó Robles, mirándolo de costado, un tanto ofendido. -Si quiere le cuento pelotudeces que se cuentan por acá para que pongan en el programa, pero me parece más justo que les diga lo que vivo cada vez que vengo, ¿no?
-Seguro, amigazo, seguro -, terció Droopy, palmeándole el hombro a Marcos para que se calle y escuche, sin arruinarle semejante fuente de información.
La visión del pasillo a través del parabrisas de la locomotora, encajonando la vía, parecía de película; de terror, por supuesto. La sola posibilidad de que se abriese alguna puerta y alguien apareciera delante de ellos de improviso, a Marcos lo llenaba de espanto. Supuso que podría sentir algo de adrenalina al estar inmerso dentro de algo "clandestino", pero esto superaba cualquier clase de expectativa.
De pronto, le pareció que aquel tren nocturno aparecía en medio de la noche como una irrupción infernal, casi de otro mundo, que quizá sirviera como "cuento del Cuco" para asustar a los críos que vivían en aquel lugar y mandarlos a la cama, impregnados por el temor de levantarse en medio de la noche. La idea le hizo sentir escalofríos, pero no por eso dejó de filmar algunas escenas de aquella vía encajonada, quizá para ilustrar los títulos del documental.
        Una vez que traspusieron aquel villorrio, continuaron la marcha hacia el Dock. Los contraluces de la madrugada resultaban siniestros. Y el viento, cada vez más helado, no ayudaba a que pudiesen sentirse a resguardo del paisaje. El silencio se abatió sobre ellos sin piedad, apenas fragmentado por los sorbidos sobre la bombilla del mate, que circulaba de mano en mano; amargo, por supuesto, y cebado con inusual destreza por Robles, mientras continuaba operando la palanca del acelerador de la locomotora.
Finalmente, luego de atravesar un ralo descampado, y oliendo el característico aroma putrefacto del Riachuelo, ingresaron en un ámbito mucho más pesadillesco que el anterior. Las construcciones ya no eran desiguales, sino que parecían armadas por opacos bloques de material, aunque éstos no parecieran ser muy sólidos. Apenas se recortaba alguna torre, último vestigio de las refinerías que solía haber desperdigadas por la zona, antiguo reducto industrial. Las borrosas siluetas estremecían gradualmente a Marcos -imposibilitado de filmar a causa de la escasa luz reinante-, aunque ninguno de los dos se animase a decir nada.
-¿Dónde estamos? -, consiguió decir Droopy, venciendo sus recientes temores.
-Supongo que para los planos de la Municipalidad esta zona ni siquiera está urbanizada -, comentó Robles. -Los vecinos la llaman "Villa Batería", porque la construyeron como todas, con materiales en desuso. Y como acá hubo una fábrica de baterías eléctricas, los bloques de las casillas son baterías en desuso.
Marcos y Droopy se miraron con espanto.
-¿Y la contaminación? -, preguntaron al unísono.
-¿Qué contaminación? -, repreguntó el maquinista. -Los que viven en este lugar ni siquiera saben que esa palabra existe.
"¿Sabrán que ellos mismos existen?", se estremeció Marcos. Y la sola idea de imaginar la clase de gente que pudiese vivir en un lugar así, expuesta a los venenos y las radiaciones, desarrollando quizá hasta mutaciones inconcebibles, le generó náuseas. "¿Se sentirán desahuciados, o tampoco sabrán lo que ese concepto signifique?".
El panorama resultaba casi dantesco, aunque quizá se mostrase potenciado por la desbordante imaginación de aquellos dos hombres, temerosos de ver aparecer entre los montones apilados de baterías corroídas cualquier silueta que pareciese deformada, hasta incluso teñida de verde y con algún ojo de más.
Robles avanzó un centenar de metros más y detuvo la formación, haciendo chirriar los frenos. Delante de ellos se extendían las oscuras y aceitosas aguas del Riachuelo, abundantes en petróleo, carentes de vida alguna. Se hallaban cercanos a la desembocadura en el Río de la Plata; aquella zona era custodiada por la Prefectura Naval. Aquel era el destino final de Robles.
-Pueden bajar y trabajar tranquilos -, les informó. -Yo tengo que esperar a que dentro de un rato arribe un cargamento, hacemos el intercambio de mercadería, y nos volvemos por donde vinimos.
-¿Cómo lo traen? -, preguntó Marcos, aunque al terminar la frase sabía que había preguntado una obviedad.
-En barco -, masculló el maquinista, mirándolo de costado, casi apenado ante su ignorancia.

Indagar acerca de la legalidad de aquel cargamento resultaba casi una broma de mal gusto. Droopy le hizo una seña, y ambos descendieron de la cabina, transportando el equipo portátil de filmación, mientras Robles encendía un Particulares.
-Estamos en pedo si pensamos hacer alguna toma en este lugar -, le advirtió. -Y más en pedo estamos por haber venido sin chequear en detalle las características del lugar.

-Ese es tu trabajo -, se atajó Marcos.

-Ya lo sé, pero el Gordo me tenía repodrido con que tenía que traerle algo pronto para elaborar el programa piloto. Ni se me ocurrió que nos íbamos a encontrar con esto.
-¿Y por qué no se lo vendemos a alguno de estos tipos que hacen periodismo de investigación?
-Porque necesitamos algo más que esto para hacer una denuncia, boludo. Y porque con esa VHS no vamos muy lejos con el anonimato.
Marcos miró la cámara que transportaba en la diestra y volvió a preguntarse qué clase de tomas podrían hacer con esa luz, sin quitarle "naturalidad" al paisaje cuando proyectaran los flashes de los focos que cargaba en la mochila. "¿Qué estarán contrabandeando?", se preguntó. Aunque la respuesta tenía el mismo grado de certeza que preguntarse acerca del origen y el destino final del alma humana: cualquier opinión era válida.
Hicieron un breve rodeo, sin alejarse demasiado de la locomotora. El lugar les generaba bastante aprensión, casi como si hubiesen penetrado en una casa abandonada, famosa en el discurso de los vecinos por encontrarse embrujada. Utilizaron la escasa luz de un foco de alumbrado para filmar apenas un rincón de esa lúgubre villa, sintiéndose vigilados por ocultos e insomnes ojos. Sabían que cualquier material que llevasen sería descartado de plano en la "isla de edición", pero preferían mantenerse ocupados antes que reconocerse transitando por aquel lugar. Y menos aún pensar que los acechaban los cuatreros.
La barcaza arribó a la media hora, piloteada por un marinero hosco y extranjero. Descendieron cuatro hombres, gruesos e inexpresivos, que los miraron con recelo. Marcos apagó la cámara de inmediato, intimidado por aquellas miradas. Pasaron junto a ellos y abrieron las puertas del único vagón cargado. Las cajas en su interior carecían de sellados o carteles, al igual que las que comenzaron a bajar de la barcaza. Robles se sumó a la tarea; quizá también recibiese un porcentaje, aventuró Marcos.

Y de pronto, la idea lo asaltó con tal claridad que le resultó la mayor obviedad que pudiese habérsele ocurrido en toda la noche. Sólo faltaba que los misteriosos habitantes de aquel lugar les armaran un piquete con las ruinas de antiguos chasis de automóviles sobre los rieles, para que la escena completa fuese el fiel reflejo de la cruel pauperización a la que los sucesivos gobiernos habían llevado al país. Un sistema carcomido por la corrupción, una población indigente y al borde de la muerte, un horizonte oscuro y sin atisbo alguno de futuro. La sensación de náuseas regresó casi con mayor énfasis.

Entonces volvió a encender la cámara, sin que nadie lo notase -ni siquiera Droopy, absorto en el monótono ir y venir de los changarines-, y filmó como al descuido, sin llevarse la cámara al hombro, apenas enfocando desde la cadera, ignorando a ciencia cierta si alguna imagen podría llegar a tomar la película, pero con el corazón desbordante de indignación. Deseoso de testimoniar algo, aunque supiera que no sirviese para nada, salvo para llegar a dormir tranquilo el resto de las noches por venir.

 

 

 

 

 

 

 

 Noticias*

 

 

de Rolando Revagliatti

 

 

 

 

La obra poética de Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), por lo menos la que nos motiva a este trabajo, se vivenció y escribió en el lapso que va desde la aprobación de las leyes de obediencia debida y punto final (mes más o mes menos) hasta su anulación por brutales e increíbles, y aun algunos tramos más acá. O sea, en años en que la democracia turca, o virtual, o como se le llame, dejó un pozo, entre el cablerío cortado y la pared caída. Tiempos, recordemos, de los grandes desembarcos y de las apuestas mayores, también en la cultura, con su producción de humo y de reflejo. Una realidad que el poeta fue entendiendo, y digiriendo, también como una demasía para él solo, pero tampoco quería ponerse a vivir por nada, y se entiende, en la queja de bandoneón y en la derrota. Y de ahí su paso, su vibración y su actuación sin tregua, que son muestras palpables de un nervio a cielo abierto, pero también de una herida palpitante; y así lo hemos observado más de una vez en el silabeo, a veces grave, a veces sobreactuado, de sus poemas, que van colmando el espacio con su gracia desinhibida y tensa. Así, a menudo, su poesía termina derivando en el sainete, un sainete atravesado, y condenado, de abismo y de vacío. Un modo, con una intimidad, que el poeta escogió sin más para dialogar y representar una realidad (y una trizadura, un aire), por momentos más cercana a la absurdidad, que, está visto, lo golpea y lo estremece. Un poeta que escribe --tantas veces así lo imaginé-- contra las cuerdas, a veces mirando conmovido al ring-side, sabiéndose solo, para sacar finalmente, apoyado en ese espaldar de sogas, su seguidilla de golpes más precisos. Otras veces, no pocas, seguramente en la calma de su hogar, en tardes o noches lentas, el poeta juega, ríe, se da un respiro, como quien avanza en las páginas vacías, no para más que por eso mismo y para situarse mejor en su trabajo, donde la materia prima es su propio cuerpo, su propio tiempo, el tiempo de todos, comprendiendo que el juego, el sainete de los cuatro vientos nacionales, es serio, muy serio. O bien sale a caminar, a embeberse del aire de parques tan distintos, indagando en las grietas, y regresando, bajo su camisa y su pantalón puestos a prueba. En este camino, que es andado y demarcado en poema y poema, el poeta deja traslucir sus costumbres y tonos de familia y sus ancestros, y en este ejemplo, su intención, sus lugares, su voz, son muestras elocuentes y extrañas, o muy de estos tiempos, de tejidos rotos y huellas entrecruzadas, y donde más que los trayectos y procesos de la historia de una lírica, y de una mística, hay la conjunción de los materiales más diversos, en sorprendente apareamiento, del sacudido y contemporáneo mundo. Ahí aparecen, como vecinos de sus calles, y como tíos mayores y maestros, Nicolás Olivari y Julio Huasi, tantas veces abrazados o fundidos, muy en Rolando, en una u otra esquina, desde el humor y la pincelada suburbana hasta esa tensión insinuada crispación, que, con fondo de hora pico, pueblan la escena y la mirada del poeta. Una confluencia, la continuidad de un curso, no exentas de apoyaturas, que han venido confirmando un campo singular en el marco abierto de la poesía porteña. Entre sus diversos y tensados poemas, entre lo significativo de su salsa, obrando como verdaderos carnets de identidad de su obra --y además hábitat de crecimiento de este trabajo--, surgen por sí solos al recuerdo poemas como: demasiado yo para mí solo; el que refiere a la sartén (por el mango); el que atañe a las rameras y a la policía de sus cuadras; el dedicado al Episcopado o el que ahonda en su fastidio, y, entre algunos otros de la lista, finalmente, ese poema-declaración en que el poeta, otra vez en los bordes, o más allá, esgrime su arma cargada de defensa. Rolando Revagliatti, un poeta de flores, un poeta en los límites, un poeta dramático.

 

 

 

                                                                                                     

*Eduardo Dalter. cuadcarmin@...

 

-2008-

*Prólogo de Eduardo Dalter para las ediciones soporte papel y electrónico del volumen "Revagliatti - Antología Poética" con selección de su prologuista.

 

 
 
 
 
 
 
 
Tren*


El tren era el de todos los días a la tardecita, pero venía moroso, como sensible al paisaje.
Yo iba a comprar algo por encargo de mi madre.
Era suave el momento, como si el rodar fuera cariño en los lúbricos rieles.
Subí, y me puse a atrapar el recuerdo más antiguo, el primero de mi vida. El tren se retardaba tanto que encontré en mi memoria un olor maternal: leche calentada, alcohol encendido. Esto hasta la primera parada: Haedo. Después recordé mis juegos pueriles y ya iba hacia la adolescencia, cuando Ramos
Mejía me ofreció una calle sombrosa y romántica, con su niña dispuesta al noviazgo. Allí mismo me casé, después de visitar y conocer a sus padres y al patio de su casa, casi andaluz. Ya salíamos de la iglesia del pueblo, cuando oí tocar la campana; el tren proseguía el viaje. Me despedí y, como soy muy ágil, lo alcancé. Fui a dar a Ciudadela, donde mis esfuerzos querían horadar un pasado quizá imposible de resucitar en el recuerdo.
El jefe de estación, que era amigo, acudió para decirme que aguardara buenas nuevas, pues mi esposa me enviaba un telegrama anunciándolas. Yo pugnaba por encontrar un terror infantil (pues los tuve), que fuera anterior al recuerdo de la leche calentada y del alcohol. En eso llegamos a Liniers.
Allí, en esa parada tan abundante en tiempo presente, que ofrece el ferrocarril Oeste, pude ser alcanzado por mi esposa que traía los mellizos vestidos con ropas caseras. Bajamos y, en una de las resplandecientes tiendas que tiene Liniers, los proveímos de ropas standard pero elegantes, y
también de buenas carteras de escolares y libros. En seguida alcanzamos el mismo tren en que íbamos y que se había demorado mucho, porque antes había otro tren descargando leche. Mi mujer se quedó en Liniers, pero, ya en el tren, gustaba de ver a mis hijos tan floridos y robustos hablando de foot-ball y haciendo los chistes que la juventud cree inaugurar. Pero en Flores me aguardaba lo inconcebible; una demora por un choque con vagones y un accidente en un paso a nivel. El jefe de la estación de Liniers, que me conocía, se puso en comunicación telegráfica con el de Flores. Me anunciaban malas noticias. Mi mujer había muerto, y el cortejo fúnebre trataría de alcanzar el tren que estaba detenido en esta última estación. Me bajé atribulado, sin poder enterar de nada a mis hijos, a quienes había mandado
adelante para que bajaran en Caballito, donde estaba la escuela.
En compañia de unos parientes y allegados, enterramos a mi mujer en el cementerio de Flores, y una sencilla cruz de hierro nombra e indica el lugar de su detención invisible. Cuando volvimos a Flores, todavía encontramos el tren  que nos acompañara en tan felices y aciagas andanzas. Me despedí en el
Once de mis parientes políticos y, pensando en mis pobres chicos huérfanos y en mi esposa difunta, fui como un sonánbulo a la "Compañia de Seguros", donde trabajaba. No encontré el lugar.
Preguntando a los más ancianos de las inmediaciones, me enteré que habían demolido hacía tiempo la casa de la "Compañia de Seguros". En su lugar se erigía un edificio de veinticinco pisos. Me dijeron que era un ministerio donde todo era inseguridad, desde los empleos hasta los decretos. Me metí en un ascensor y, ya en el piso veinticinco, busqué furioso una ventana y me arrojé a la calle. Fui a dar al follaje de un árbol coposo, de hojas y ramas como de higuera algodonada. Mi carne, que ya se iba a estrellar, se dispersó en recuerdos. La bandada de recuerdos, junto con mi cuerpo, llegó hasta mi madre. "¿A que no recordaste lo que te encargué?", dijo mi madre, al tiempo que hacía un ademán de amenaza cómica: "Tienes cabeza de pájaro"


*de Santiago Dabove, incluido en "La muerte y su traje".
Buenos Aires, Alcántara. Edición de 1961. (págs 137-138)
 
 
 
 
 
 
 
EL REY DE LOS SUICIDAS*

 
*por Juan Forn
 
Un compadre con el que intercambio música acá en Gesell me hace escuchar la versión que hace Seu Jorge de un tema famoso de Serge Gainsbourg. El brasuca aporrea sin compasión los bajos de su guitarra y canta con voz grave, monocorde y cada vez más crispada: "Chatterton suicidou / Kurt Cobain suicidou / Vince Van Gogh suicidou / Nietzsche enloqueceu / E eu, ¡puta pariu!, nao vou nada bem". Mi joven amigo, que parece un calco del Lukas de Rep en vestimenta, personalidad y gustos musicales, dice: "Es la única canción brasilera que me banco". Y agrega: "¿Vos sabés quién es Chattertón?" (así lo pronuncia: con acento en la o, como Seu Jorge en la canción). Y señala la imagen bajada de Internet que tiene pegada en la pared, entre fotos de Luca, Hendrix, Kurt Cobain, Sid Vicious, Janis Joplin, Ian Curtis y Jim Morrison. "Era un groso este chabón", dictamina. "Es el rey de los suicidas."
Cierto: Thomas Chatterton es uno de los cadáveres más famosos de la historia, aunque nació en la clase equivocada y nunca logró salir de ella, aunque vivió apenas diecisiete años y comió mierda desde que llegó hasta que abandonó este mundo. Su madre cuidaba una iglesia en Bristol, su padre había muerto antes de que él naciera. Lo mandaron a la escuela para pobres de Bristol, de donde egresó con escaso futuro a los catorce años y empezó a trabajar para un copista de la ciudad, que no le pagaba ni una moneda: sólo le daba alojamiento, comida y ropa vieja, como a sus otros criados. En esas ásperas condiciones, el joven se las arregló para inventar un inexistente monje medieval llamado Thomas Rowley, a quien le adjudicó una serie de poemas, que redactó él mismo, en estilo y caligrafía impecablemente góticos, sobre unos pergaminos que su abuelo había encontrado accidentalmente en los sótanos de la iglesia que cuidaba. Gracias a ellos, el impetuoso Chatterton pudo dejar Bristol y llegar a Londres dispuesto a conquistar la ciudad con su pluma. Seis meses después su casera lo encontró muerto en el altillo que alquilaba.
El cadáver seguía tibio cuando empezó a tejerse la leyenda. Mientras la población masculina reunida en la taberna adjudicaba el suicidio a la evidente insanía del muerto (cosa que permitía explicar todas las excentricidades de Chatterton, desde "sus amenazas de hacerse mahometano" hasta sus falsificaciones medievales, su bizarro gusto para vestir e incluso su vegetarianismo), las chicas del burdel de abajo aseguraron que el muchacho había muerto de hambre porque el panadero de la cuadra le había negado "una hogaza a crédito". La madama afirmó que lo había oído sollozar toda la noche, mientras sus pasos iban y venían de un extremo al otro de la habitación. Una vecina que logró colarse junto al policía que forzó la puerta dijo que el cadáver yacía a medias caído de la cama, con expresión angelical y rodeado de papeles rotos, "no mayores que una moneda de seis peniques". Y el boticario confesó compungido que la tarde anterior le había vendido al muchacho un poco de arsénico y láudano. En los días siguientes, no sólo las pupilas del burdel, sino ya todas las muchachas de la zona hablaban de la fulminante belleza, el carácter indómito y las proezas amatorias del finado. "En el fondo de sus extraordinarios ojos grises había un incendio", escribió Horace Walpole, que en vida de Chatterton lo había despreciado olímpicamente. Y Coleridge, aun sabiendo que aquellos poemas medievales habían sido meras imitaciones, afirmó que estaban escritos "en el inglés más puro que haya existido jamás".
Chatterton es el primer caso de un poeta en el que importan menos sus versos que su vida, y su muerte. A partir de él se acuñaron las palabras "bardolatría" y "literaturicidio". Menos de un año después de su muerte, Alfred de Vigny estrenó en París su obra de teatro sobre Chatterton y Goethe publicó Las tribulaciones del joven Werther y comenzó una verdadera epidemia de suicidios de jóvenes en toda Europa. Chatterton era el patrón por el cual medían su desesperación. Juventud, poesía y alienación se hicieron sinónimos. Keats, Shelley y Byron lo idolatraron. Baudelaire, Nerval y Rimbaud harían lo mismo en Francia, como Von Kleist y Holderlin en Alemania. En palabras de Balzac, la disyuntiva era "matar la pasión y llegar a viejos o abrazar el martirio de la pasión y morir jóvenes". El suicidio se convirtió en el supremo gesto de desprecio hacia el insípido mundo burgués. El cuadro La muerte de Chatterton, del prerrafaelita Henry Wallis, se convirtió en una auténtica estampita devocional. Y la única razón que impidió que la tumba del poeta se convirtiera en objeto de veneración fue que lo enterraron en la fosa común.
Curiosamente, si Chatterton hubiera seguido escribiendo se habría convertido casi con seguridad en su propia antítesis: de hecho, al llegar a Londres ya había dejado atrás su escritura "gótica" y virado hacia el estilo de moda por entonces en la metrópoli, la sátira en verso. Con esa paradoja en mente, un bisoño egresado de la Universidad de Bristol llamado Nick Groom se sumergió hace diez años en la iconografía chattertoniana y emergió hace muy poco con un veredicto hasta para él mismo decepcionante: Chatterton no se suicidó. El informe del forense admite la presencia de arsénico y láudano en el cuerpo, pero aplicados para curar una gonorrea que tenía el muerto. Aparentemente Chatterton habría incurrido en una sobredosis accidental. No sólo en su nutrida correspondencia londinense sino en los papeles que quedaron en su habitación y fueron enviados a su familia hay el menor signo de depresión suicida. Al contrario, Chatterton cuenta en ellas que estaba ganando buen dinero, fruto de las treinta piezas que logró colocar en siete periódicos de Londres antes de llegar y otras veinticuatro que entregó en los meses previos a su muerte, además de vender un drama musical en cinco guineas (cuando una libra alcanzaba para alimentar a una familia entera durante una semana) y aceptar una jugosa comisión para escribir un libro por encargo.
En cuanto a la lluvia de papeles rotos que había en torno del cadáver, no se debió a que Chatterton destruyera toda su producción literaria antes de morir, como decía el mito, sino que era práctica habitual suya romper en pedazos bien pequeños todo lo que escribía y no le gustaba (para que nadie pudiera robarle los versos que él descartaba por malos). Groom cuenta además que Chatterton no se hubiera privado bajo ningún aspecto de dejar una nota en caso de suicidio ya que, en sus tiempos en casa del copista en Bristol, dos veces habían hallado notas suicidas de su puño y letra en lugares bien visibles de la casa (de hecho ésa fue la razón por la que terminaron despidiéndolo y se marchó a Londres). En su gran libro sobre suicidas, Al Alvarez comenta una de ellas: dice que nunca leyó una nota de suicidio en la que su autor pareciera estar pasándola tan bien como para preferir seguir escribiendo en lugar de suicidarse.

-FUENTE: Contratapa Página/12
27 de junio 2009
-Enviado para compartir por Ruben Vedovaldi. rubenvedovaldi@...

 
 
 
 
 
Votar por el más gracioso*

 
*Reynaldo Sietecase
25.06.2009

"La risa, remedio infalible". Esa frase es, desde hace años, el título elegido por la revista Selecciones para abrir sus espacios de humor. Es también una síntesis de sabiduría popular. Está comprobado que el humor hace bien. Mejora la salud. La pregunta es: ¿puede mejorar también la suerte de un candidato? La mayoría de los dirigentes políticos argentinos piensan que sí.

Hace tiempo que el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, no participa de entrevistas que puedan ponerlo incómodo. Sin embargo, se animó a ponerse una capa de monarca en los hombros y a cantar con su doble, Martín Bossi, a lo Freddie Mercury en "Gran Cuñado". El gobernador de Buenos Aires y candidato a diputado nacional, Daniel Scioli, tiene una rara habilidad. Ante cualquier planteo periodístico contesta lo que quiere. No hay repregunta que pueda perforar su discurso tan blindado como optimista. Eso le permite sortear las requisitorias más incisivas. Por ejemplo: aunque fue procreado políticamente en los años noventa, se sumó a las críticas del oficialismo a lo ocurrido en esa década. Nadie logró sacarle una autocrítica de su pasado junto a Menem.
Con la misma convicción concurrió al programa de Marcelo Tinelli junto a su esposa Karina Rabolini.

En el mismo programa, Francisco de Narváez no dudó en bailar con su doble.
En los actos públicos posteriores a sus pasos de baile, los militantes le repiten la muletilla de su clon: "Votame, votate; alica, alicate". Su paso por el programa humorístico más visto de la tele fue más efectivo que la intensa campaña publicitaria que despliega desde hace meses. Y todos saben que fue mucha.

Si bien Cristina Fernández no asistió al plató de Tinelli, sucumbió a la tentación de una manera indirecta. La Presidenta de la Nación, quien alguna vez se declaró cinéfila y ajena a los juegos de la televisión, hizo varios de los gestos de su imitador, Martín Bossi, durante uno de sus últimos discursos en el conurbano. La candidata a diputada nacional por el PRO, Gabriela Michetti, fue más allá. Hizo giros en su silla de ruedas junto a su imitadora. Y replicó el gesto de "Madre Teresa" que con impecable rigor popularizó Anita Martínez.

Alfredo De Angeli no es candidato pero llevó a su hermano a la tele. El clon del dirigente chacarero le trajo menos dolores de cabeza a la conducción de la Federación Agraria que el original. Felipe Solá aprovechó su momento televisivo y gastó a sus rivales de ficción. Una pequeña revancha ante el maltrato oficial y el ninguneo publicitario de sus aliados. Hasta el impasible Carlos Reutemann, el dirigente más hermético de la política nacional, concurrió a dar examen. Lo convencieron la paridad en la elección
santafesina y el consejo de sus asesores sobre la necesidad de romper con la imagen dubitativa de su clon. Su imitador se cansó de repetir "no sé" ante las consultas más sencilla. Como Scioli, llevó a su bella esposa al programa y le pidió a la producción que emitieran la canción de su campaña.

Los personajes de Elisa Carrió y Luis Juez, dos opositores no peronistas, fueron expulsados tempranamente del juego. Es imposible saber cómo hubiesen reaccionado si los convidaban a enfrentar a sus clones. Pino Solanas, que no fue parodiado en el ciclo, dijo en este diario que la presencia de los
candidatos frente a sus imitadores le resultaba "penosa" y agregó: "Es la degradación de la política".

¿Será para tanto? ¿De verdad es posible rechazar un escenario tan popular?
Hasta ahora, todos los que acudieron al llamado de Tinelli se fueron conformes. "Siempre es mejor que se rían con uno a que se rían de uno", confesó uno de los dirigentes mencionados.

En la noche del lunes, mientras Macri cantaba "Somebody to love" en Canal 13, en otro programa de humor, Caiga quien caiga (Telefe), un grupo de candidatos se lucía de otra manera. Interrogados sobre cuestiones básicas de la ciudad y la provincia, Néstor Kirchner se excusó y pidió que le pregunten sobre Santa Cruz; Daniel Scioli dijo no saber, por ejemplo, con qué estados provinciales limita Buenos Aires; De Narváez y Enrique Olivera se negaron a responder. En tanto que Alfonso Prat-Gay, Michetti y Solanas patinaron en varias preguntas sobre geografía porteña. Hubo, incluso, candidatos que no conocían a los candidatos de su propia lista sábana. Y esto no es broma.

Ahora mismo, mientras leés esta nota, el ex presidente de la Nación Néstor Kirchner discute con sus asesores si concurre esta noche a enfrentar a su imitador (Freddy Villarreal), que lo retrató jodón e hiperactivo. Las opiniones en su entorno están divididas entre los que le plantean que será el mejor cierre de campaña y los que temen por un paso en falso.

Con todo, hay que reconocer que el humor es bueno. Y el humor que se ejerce sobre aquellos que tienen algo de poder es mejor todavía. Desde este rincón hago una humilde sugerencia a los indecisos: voten al más gracioso. Será un voto coherente. Muchas veces, la realidad argentina parece un chiste.

 
 
 
 
 
 
Salida del Inventren...
 
 
Invito a los amigos y lectores a enviar poemas, colaboraciones, mensajes de saludo - aliento para la salida del Tren literario prevista para el 1 de julio (32 años después del último tren) desde la estación Carhue.
 
 
Inventren 2009, el recorrido:
 
 
CARHUÉ.
 
J. V. CILLEY.
 
ROLITO.
 
SATURNO.
 
SAN FERMÍN.
 
CASBAS.
 
EDUARDO CASEY.
 
ANDANT.
 
CORONEL M. FREYRE.
 
ENRIQUE LAVALLE.
 
CORACEROS.
 
HENDERSON.
 
MARÍA LUCILA.
 
HERRERA VEGA.
 
HORTENSIA.
 
ORDOQUI.
 
CORBETT.
 
SANTOS UNZUÉ.
 
MOREA.
 
ORTIZ DE ROSAS.
 
ARAUJO.
 
BAUDRIX.
 
EMITA.
 
INDACOCHEA.
 
LA RICA.
 
SAN SEBASTIÁN.
 
J.J. ALMEYRA.
 
INGENIERO WILLIAMS.
 
GONZÁLEZ RISOS.
 
PARADA KM 79.
 
ENRIQUE FYNN.
 
PLOMER.
 
KM. 55.
 
ELÍAS ROMERO.
 
KM. 38.
 
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
 
LIBERTAD.
 
MERLO GÓMEZ.
 
RAFAEL CASTILLO.
 
ISIDRO CASANOVA.
 
JUSTO VILLEGAS.
 
JOSÉ INGENIEROS.
 
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
 
ALDO BONZI.
 
KM 12.
 
LA SALADA.
 
INGENIERO BUDGE.
 
VILLA FIORITO.
 
VILLA CARAZA.
 
VILLA DIAMANTE.
 
PUENTE ALSINA.
 
INTERCAMBIO MIDLAND.
 
 
 
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Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 28 de junio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor argentino Gabriel Senanes. Las poesías que leeremos pertenecen a Marga López Díaz  (Colombia) y la música de fondo será de Surazo (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar
http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).

 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!
 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37   A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067 

 

 
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Exposición de
Walkala
(Luis Alfredo Duarte-Herrera)
en Oberndorf bei Salzburg

"Walkala, la fuerza de la imagen"

Invitación a la inauguración
El lunes 22 de Junio 2009, 19:30 horas

Lugar:
Librería "Buchgarten"
Römerweg 3
A-5110 Oberndorf bei Salzburg
Tel:  +43 (0)6272 20632

Más informaciones en:
www.walkala.eu
www.galeria.walkala.eu

Duración de la exposición:
22 de Junio a 28 de agosto 2009
(Del 3 al 17 de agosto estará cerrada la librería por vacaciones)

Horarios:
Lu. - Vi. 8:00 a 12:00 y 14:00 a 18:00 horas
Sábados: 10:00 a 14:00 horas


Cordial invitación de:

YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org
Schießstatt Str. 37   A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
 
 
 
 
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INVITACIÓN


El día 2 de Julio 2009, a las 18:30 horas, se realizará el concierto de premiación del 3. Concurso de Composición XICöATL "Ziehender Stern", para piano.

Lugar: Museo Barroco
(Mirabellgarten, Salzburgo)

(Serán interpretadas las obras ganadoras y también las que merecieron una Mención de Honor.)

Obras:

"Muwieri", para piano, de Laura Puras Braceras (España),

"Erosiones", para piano y electrónica, de Jorge Sad (Argentina),

"Paisaje aéreo", para piano y trío de cuerdas, de Víctor Ibarra Cárdenas (México),

"Fragmento para dominar el silencio", para piano y trío de cuerdas, de Juan Pablo Carreño (Colombia),

"Una Visita nocturna a través de Ciudad de México: o cómo asustarse a morir", para piano, de Andrew Glover (Inglaterra),

"Tumbao", para piano y electrónica, de Miguel Farías Vásquez (Chile).

Más informaciones en: http://www.euroyage.org/es/xicoatl-87


Cordial invitación de:

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#207 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Dom, 14 de Jun, 2009 1:02 pm
Asunto: EDICIÓN JUNIO 2009.
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*
 
 
  "no sé si alguna vez les ha pasado a ustedes"...
de:"A la izquierda de un roble"
Don Mario Benedetti

 
"no sé si alguna vez les ha pasado a ustedes"
que esa tristeza aciaga que silencian los ecos
se abriga en la quietud envolvente de un cielo
se esconde en el extraño horizonte del tiempo
y estrella laberintos en el aire de pájaros

no sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ver cómo la indecencia se anima a la nobleza
y la victoria mengua encorvada en el agua
en el grito del árbol o en los brazos del sueño
del sueño adormecido en las manos del canto...

pero a mí me ha pasado
que derroté el cansancio en los ojos del viento
que bordé la coherencia con ánimo de nube
que parí la ternura
que lamí la semilla
y el verbo fue un brevísimo racimo de lluvia

pero nos ha pasado
que inventamos la risa con dos notas y el alba
que tejimos palabras en idioma costero
que las luces de agosto abrazaron los bordes
que el éxtasis y el aire deliraron nostalgias
y soleamos las manos
y el amor se hizo ángel
y el secreto paciencia
y las voces virtud
y la piel arboleda
y el abrazo desvelo

pero a mí me ha pasado...
que nombrando su nombre con los labios dormidos
que temblando la noche suturada de acordes
con la melancolía del sur en la estrella
el poeta hizo coplas
hizo copla en la siesta
hizo copla y camino
hizo copla en silencio...

 
 
*de Ana Lia Gattás. analia_gattasz@...
 
 
 
 
*
 
 
Llevamos cinco años de relación, con cucharita, - de vez en cuando-. Porque vivimos en casas diferentes, esto le hace muy bien a la pareja, según dicen por ahí algunos eruditos. Jajajaja.  Nosotros "hablamos mucho": de nuestros hijos únicos, de la falta de dinero, de sacar a pasear al perro para que no haga popo en el departamento. A veces, nos damos el gustazo de viajar por el microcentro  intentando encontrar un lugar adecuado para estacionar el auto y que no nos hagan "la boleta". Es un clímax, aventajarle el lugar a otro. Además, compartimos largas  quejas de nuestros respectivos trabajos.
Hacemos divertidos  proyectos juntos: el se va a ver fútbol y yo a tomar mate a lo de una amiga que lo único que hace es hablar de sus nietos. ¡Soy tan feliz¡ Mis conversaciones son tan ricas..
La otra vez, me sentí re contenida, ¿viste?  Comencé a contarle a mi media naranja de mi proyecto de juntar unos cuentitos con una ilustración de maravillas y él muy cortésmente se puso a mirar con sus anteojos de ver de cerca, los pasajes que había sacado para irse solo , bah con su hija prontamente quinceañera a Puerto Madrin a ver las ballenas francas. Creo que es el período en que tienen sexo explicito. Re fashion. Hasta anduvo Lady Di por allí.
Regada por el participar, el dialogar, el compartir,  me dije a mi misma:
¡Que suerte que tengo!
¿Cuanta gente me debe estar envidiando no?
 
 
*de Azul. azulaki@...

 
 
 
*
 
 
Hay un aire oculto que pasea por entre las briznas del trigo.
Aun no se ha agostado y sigue su peregrinar entre el verde y el amarillo, escondiendo las primeras amapolas que intentan despuntar entre los brotes de grano.
El viento crea oleajes falsos simulando mares de color verdusco. Hay vida dentro, pero no se ve.

Un silencio ralo pasea por los campos y augura que todo está por hacer...
 
 
 
*de Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
 
CAMINOS DEL ORÁCULO* 
 
 
Los caminos  del oráculo.
Conducen a un espejo escaleno
Desmadrado.
Lados cóncavos de claveles rosados.
Cuando se rozan, se marchitan
Se marchitan y mueren.
Las huellas pétalos implacables caminan.
Multiplicándose.
Gramilla. Enredadera. Compulsión. Bejuco.
Petardos.
Se abren cada vez mas las grietas.
Layo y Edipo. 

 
La pitonisa esta vez ha fallado.
Números, hojas de té, barajas.
Me han marcado los naipes.

 
El espejo enloquece.
Ya no se reconoce.
 
Ni al árbol
Ni al nido.
Ni a la rama. 
 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
La nueva raza*


Se defendió como pudo de los ataques de las tropas mandadas por aquella reina negra que parecía desconocer el miedo. Sistemáticamente sus huestes fueron eliminadas y tuvo que guarecerse al amparo de una torre que cedió en el ultimo envite.

Quedó sólo a merced de la vencedora palideciendo ante su muerte inminente. Sin embargo la reina no sólo le perdonó la vida sino que se desposó con él. Desde entonces hay una nueva raza de piezas de ajedrez: La gris.


*de Joan Mateu.
joan@...
 
 
 
 
 
PRINCIPIO Y FIN DE UN ARCO IRIS*

 
- Tienes que ir, papá, debes conocer aquello.
El entusiasmo del hijo abrió la ventana de la fantasía del padre y fue así como comenzó a soñar y a programar todo para que un día, no sabía cuando, pudiera ir a conocer el lugar que su hijo había visto antes que él.
Y el día llegó. Con timidez  Agustín y su esposa se acomodaron en el ómnibus que los llevaría a la montaña.
Él conocía la llanura, los esteros, la arena escurridiza y un río que siempre estaba de viaje, conocía las tardes tranquilas que olían a naranjales  y los veranos calientes que empujaban hacia la paz de la siesta; lo que su hijo contaba escapaba a su imaginación, había visto fotos, escuchado con atención pero no cabía en su mente.
Eran muchos los que viajaban; sintió vergüenza como si estuviera ocupando  un lugar que no le correspondía y se achicó en el asiento para perderse en él, para que nadie lo notara. Su mujer por el contrario, seguía ergida, ella sabía cual era su dimensión, o tal vez no, pero aún así se convertía en una imagen estatuaria para que nadie se la llevara por delante.
Los lugares se ocuparon y todos hablaban al mismo tiempo, menos él y su mujer. Por lo general Agustín era bastante hablador pero cuando estaba en su terreno. Paula en cambio, sólo hablaba para fijar pautas, para indicar qué hacer y era concreta, rotunda. Sus hijos nunca le discutían nada, aunque jamás ordenaba siempre se hacía lo que ella decía.
El ómnibus se puso en movimiento y comenzó el viaje; era largo el camino a recorrer así que Paula con su criterio lógico y realista había aprovisionado  en una canasta todo lo necesario: el mate, la yerba, el termo con agua caliente, empanadas de dulce, bizcochos salados para completar la dieta,  caramelos para evitar que Agustín fumara en exceso, un turrón de chocolate que era lo que a ella le gustaba y tal vez algo más que en el momento de empacar se le ocurrió pero que se le escapó del casillero de la memoria.
Acunado por el balanceo del transporte Agustín pensaba en la montaña, trataba de recordar las fotografías que su hijo le mostrara y las explicaciones que le diera sobre cada detalle de las mismas.
Era difícil imaginar. ¡Todo en su vida había sido tan simple! Su trabajo fue siempre muy humilde, por años había cuidado los jardines de la Gran Empresa; cuando la secretaria del gerente llegaba por las mañanas le ponderaba las rosas y los alelíes blancos de la entrada.  Eso no requería imaginación, cuidaba  las plantas como  a sus hijos y eso bastaba, claro que él no valoraba el amor que ponía en su tarea porque el amor en Agustín estaba en toda su constitución biológica, sin cuestionamientos ni búsquedas complicadas; amaba porque amar era estar vivo.
Una de las fotografías vistas había quedado adherida a su retina y por momentos se presentaba ante sus ojos, era un monte nevado. La nieve era otra ilusión que no podía concretar en su fantasía. A través de sus ojos entreabiertos se filtraban los últimos rayos del sol de ese día tan esperado.
Paula había comenzado el mate y fue de nuevo el olor a la llanura, a los esteros, al río que siempre estaba de viaje.
Cuando a la mañana siguiente comenzaron a verse las primera elevaciones el corazón de Agustín dio un brinco. ¡Allí estaban! Grandes peñascos lisos, grises, sin nada de vegetación, eran terrones sobre terrones que parecían estar muertos. El tenía  su interior lleno de verde de los árboles de la ribera, de las plantas que flotaban sobre los esteros y los ríos, de las hojas anchas y carnosas que en su pueblito costero crecían en cualquier parte. ¿Cómo era posible un lugar sin árboles? Comenzó a experimentar un cierto desencanto, llegó a pensar que el conductor había equivocado el camino; sus pequeños ojos color café querían horadar el horizonte, ver qué había más allá y un suspiro de alivio aligeró sus pulmones cuando vio el primer árbol, luego otro y otro más; montes que resbalaban por las laderas y parecían caerse al lago que apareció de golpe. Su retina revivió, lo invadió una sensación de vida que añadió al verde el rojo de su sangre. No lo podía creer pero sí quería meter ese paisaje para adentro por miedo a que se le escapara.
El cuello del hombre se estiraba, sus ojos se agrandaban cada vez más mientras apoyaba las nalgas en el borde del asiento. ¡Era increíble!
Paula se dejaba estar en su lugar, parecía totalmente relajada, miraba, si, por supuesto, en ella también se sacudían cosas pero diferentes. Había como un cuestionamiento a todos sus años de rutina, como si de pronto se hubiera descorrido un telón y alguién le señalara las cosas que existían más allá del mate de la mañana, los guardapolvos de sus hijos, de los tallarines con tuco de los domingos y del hacer el amor con timidez. La pregunta que asomó, que intentó asomar porque ella enseguida la empujó hacia adentro, fue: ¿qué y cómo viví hasta hoy?
Poco antes de llegar a destino se perfiló a lo lejos el alto cerro nevado.
- ¡Paula, nieve!
Allí estaba la fotografía que el hijo le había mostrado.
Descendieron del transporte frente al hotel.
- ¡Qué lindo lugar lleno de rosas! - pensó Agustín.
- Demasiado lujo para nosotros - pensó ella.
Así entraron, él llenándose los ojos de rosas, la mujer con miedo de estar pecando.
Y comenzó la vorágine, los días que siguieron fueron evaporándose en un rápido ir y venir: el crucero por el lago, la visita a la isla, el ascenso al cerro con las pistas de esquí , la aerosilla, los precipicios y al fin el volcán nevado. Los dos eran arrastrados por el grupo, el hombre siempre adelante entusiasmado, la mujer atrás con su aspecto hermético y sumiso que sólo se modificaba  cuando había que tomar una decisión  o pagar algo. Por las noches cenaban y se iban a dormir; jamás cambiaron su rutina. El resto del grupo se reunía después de comer en el primer piso a tomar café o jugar al pool.
La última noche todos menos ellos, subieron a escuchar música y a bailar un rato. Cuando a la mañana siguiente alguien les preguntó por qué no habían estado, Agustín contestó:
- No sabíamos que estaba permitido subir al primer piso.
 
El ómnibus se puso en marcha llevando al grupo de regreso. El paisaje como en una película en retroceso pareció volverse a la sección archivo. Las imágenes se desprendían de la retina de Agustín y se quedaban colgadas a lo lejos y así desapareció el bosque que parecía sumergirse en el lago, los árboles cada vez más aislados, las grandes rocas grises, los pequeños cerros.
Cuando despertó a la mañana siguiente sólo estaba la llanura y pensó que había soñado y ese sentimiento pareció confirmarse cuando vio la ribera y mirando hacia su interior encontró las imágenes de los esteros, de la arena dorada y blanda  que acariciaba la planta de los pies allá en su pueblo que olía a naranjales y miraba pasar el río que siempre estaba de viaje.
 
 
 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 
 
 
 
ICEBERG*

 
Ese hombre es un iceberg.
Teme al sol. Se refugia en la noche.
 
 
Muestra lo que no toca su sinrazón de miedo.
Esconde sus recónditas grietas.
Las esconde, como el avaro, sus tesoros.
Soledad obstinada. Forastero en su pago.
Valles con nieve virgen. Bicicleta sin ruedas.
Sucesión de colinas. Montura sin estribo.
Agua tibia. Barrancas ribereñas.
Alud. Nieve apelmazada por el viento.
Comulga silencios y pesares.
Acumula amores congelados y remedios.
Amarillentas hojas. Tenues temblores.
Viento de norte. Sed. Pulso azul. Huída.
Lengua seca. Despellejada boca. Huída. Huída.
Confiesa no saber quien ha marcado sus grietas.
Pero conjuga las tatuadas huellas, en primera persona.
En primera persona. Día a día. Hora a hora.
En letras despobladas.
Ay,  en primera persona.
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 

 
 
 
 
EL DRAGON ZITO*
(Pequeña historia mitológica)
 
 
Manuelillo, como le decían pese a sus años, pastaba sus cabras en la ladera este de la serranía,  cercano al antiguo poblado, de muy pocas casas habitadas, semiderruidas, similar a  los demás pueblos vecinos, donde sólo quedaban los viejos, y los más viejos; ya que los hijos y sus hijos, emigraban a las grandes ciudades en busca de otros horizontes. Los jóvenes sólo de cuando en cuando llegaban un par de días de visita, y muchos hasta se olvidaban de su origen montano. Algún turista se desviaba de la carretera, para curiosear o pernoctar en la montaña, comprar aromáticos quesos de la región y tomar alguna foto del paisaje, incluyendo en lo posible a alguno de estos olvidados aldeanos, ariscos y ceñudos; a los que consideraban pintorescos, con sus cayados y sus vestimentas típicas.
Una de sus cabras se apartó y debió subir difíciles y escarpados senderos en su búsqueda. Alcanzó a verla cuando desaparecía detrás de un matorral, y eso lo condujo a encontrar aquella gruta casi invisible. Adentro encontró al animal, y vio, donde casi no llegaba la claridad del día, que la  cueva se ramificaba en pasadizos, horadados en lo profundo de la caliza montaña, seguramente cavados por filtraciones de miles y miles de años.
Lo asustó un trueno apagado, surgido desde lo más profundo, seguido de un resplandor y una olorosa bocanada de humo y detrás, como empujando, una viva llamarada que por suerte no lo alcanzó, por haberse quedado cerca de la entrada. La cabra disparó velozmente en busca del grupo, balando despavorida, pero él no logró moverse, por el terror y la sorpresa.
Otra bocanada de humo y fuego, con un olor asfixiante; que se repitió dos o tres veces más, hasta que pudo moverse y salir torpemente, habiendo visto detrás un brillo lejano de escamas verdosas...
Él mismo no podía creer lo que había visto. Rebobinaba y revivía esos momentos y volvía la imagen escamada, monstruosa y gigantesca... Caviló todo el regreso, volviendo con sus cabras. Se ensimismó y taciturno evadió a sus vecinos, y hasta a su mujer, que lo  encontró desconocido...  Temió haberse vuelto loco. Sabía de antiguas historias de dragones, las que provenían todas de la antigüedad. Mitos y leyendas. También él, como todos, le contó a sus hijos aquellas leyendas. Hasta San Jorge abatió uno de ellos, con su espada y la fuerza que le daba la fe.
De la edad media perduran antiguas aventuras de valientes caballeros que rescataron princesas, por ellas o por las recompensas que ofrecían los reyes. Cientos de historias que desdibujadas y nebulosas, hoy nos parecen risueñas, antes que inspirarnos miedo; porque sabemos que son sólo eso: leyendas, antiquísimas leyendas.
En una se habla de una doncella que nadie fue a rescatar, y el dragón mismo la devolvió; por no soportar el mal genio que tenía, y parece ser que tampoco era muy hermosa.
Pero encontrarse hoy día con una experiencia de estas, ciertamente, movía cualquier estantería, por más armada y sólida que estuviera. Manolillo rechazó hasta la sopa de gallina con arvejas, que tanto le gustaba, y que su santa mujer, tanto o más vieja que él; le preparó para recuperarlo y que volviera a ser el de siempre. En cambio siguió cavilante, y se sentó a la sombra del frondoso nogal, detrás de la vieja casona, donde estuvo por horas.
Esa misma tarde llegaron corriendo y gritando, dos niñas adolescentes que vinieron de visita, de la ciudad donde estaban estudiando, a pasar el fin de semana en la montaña, con sus abuelos; y que habían salido temprano esa mañana, recorriendo senderos, trepando laderas, jugando a que eran arriesgadas exploradoras.
Encontraron la gruta e intentaron explorarla, pero juraban que un espantoso dragón, les había lanzado llamaradas olorientas y atronadoras, desde el interior profundo de la cueva. Que no lo habían visto bien, pero juraban que era un dragón de carne y huesos..., y también de escamas...y apagados brillos verdosos...
Si bien nadie les creía, tanto insistieron que convulsionaron a los cuarenta y tantos viejos que componían lo que quedaba de aquel villorrio extremeño, más un par de vecinos de otro pueblo cercano que llegaron en un auto desvencijado, buscando unas tejas usadas  para un arreglo. Ambas hablaban y gesticulaban al mismo tiempo, repitiendo desaforadas, la misma historia, y surgían cada vez, más y más detalles.
Coincidieron en ir al momento al lugar, a ver qué es lo que las niñas habían visto; aun que hubo una docena que eran escépticos y optaron por una actitud francamente burlona.
_Coños. A esta altura de los tiempos, no podeis creeros esto..._
_Que como nos ven brutos, alguien nos está haciendo una broma..._
_Lo que es yo no voy..., ni para que se me rían luego...
No obstante, siguieron al fin a los demás hasta la gruta. Grutas en esas sierras había más de una. Eran conocidísimas otras; pero ésta era una de las tantas, que la montaña había ocultado, quizás por siglos...
Antes de llegar ya divisaban volutas de humo que escupía la ladera, y lejanos retumbos, como desde adentro de la montaña. Algunos decían que el suelo temblaba con cada trueno. Las niñas decididas, iban con el grupo que encabezaba la gruesa hilera, deformada, porque cada uno debía buscar apoyo en las piedras y en las matas, dado lo abrupta de la ladera que iban rodeando.
Apenas vadearon  la puerta, sintieron el olor y llegaron una y otra vez, los rugidos y las bocanadas de humo y fuego. Intentaron acercarse para ver al dragón, si es que lo era; pero las llamaradas se lo impedían. Luego se fueron espaciando y avanzada la tarde, sólo se repetían muy de tanto en tanto. Hasta que hubo una larga pausa, y cuidadosamente se fueron adentrando, más y más, hasta que en la penumbra pudieron verlo, malamente; allí echado en el fondo de uno de los pasajes, como si se hubiera quedado dormido. Si bien la luz era escasa, se adivinaba una forma confusa, gigante, de monstruo verdoso, escamado y gruñón, respirando ruidosamente, como con dificultad.
Paralizados por el asombro, se hacían señas uno a otros, que mantuvieran silencio, quizás para observarlo sin que se despertara.
Esa noche no durmió nadie, ya que de las cercanías se arrimaban a cerciorarse, por los rumores que echaron a correr.
Al día siguiente, centenares de curiosos se acercaron a la gruta, pero todo estaba calmo y en silencio. Vecinos del pueblo se constituyeron en guardianes de la cueva, cosa que nadie osara molestar, a lo que ya habían adoptado como mascota, como un emblema, o un regalo, que traía un nuevo significado a sus vidas montañesas.
En los días sucesivos no dio señales de vida. Todo era silencio y quietud.
En las ciudades del pais, todo lo que provocaron fueron risas socarronas. Los medios no le prestaron atención. Lo máximo, fue un pequeño recuadro en una página interior, o un par de chistes en la televisión. Esas aldeas ignorantes estaban llenas de leyendas, mitos y supersticiones. En estos tiempos modernos la gente civilizada estudiaba, tenía conocimientos y tecnología avanzada, colegios y universidades..., estaban de vuelta de todas esas ridiculeces...
Nada menos que un dragón...
Y en estos tiempos...
 Una lujosa y veloz camioneta deportiva, llegó al pueblo al medio día, y frenando bruscamente  levantó una revoltosa nube de polvo;  entre un alboroto y plumas de gallinas, y cerdos rezongones que corrían en zigzag, enloquecidos.  Cinco muchachotes irrespetuosos y petulantes, cargados de buena ingesta de cervezas, descendieron de un salto, profiriendo gritos y carcajadas burlonas; entre una soez letanía, sobre la tonta inocencia de estas gentes, de su  ignorancia,  de llegar a creer semejantes  cosas... ¡Pobres...!
Querían conocer el lugar y ver la gruta con sus propios ojos...Luego exagerar, seguramente, la ingenuidad de los montañeses; y cuanto condimento se les ocurriera, para divertirse luego, en sus parrandas.
Llegaron entre carcajadas y gritos a la gruta, irrumpieron en ella, y avanzaron tanto como pudieron, metiéndose  en los túneles y pasadizos que encontraron, riéndose porque no había señales de nada en absoluto. Si hubieran escuchado mejor habrían oído un profundo murmullo entrecortado, como de la respiración de un gigante. Rompieron algunas estalactitas y siempre a los gritos, las arrojaban al fondo, provocativamente...
De pronto surgieron el fogonazo y el trueno, que apenas alcanzaron a percibirlo. Fue la llamarada esta vez, una verdadera tormenta de fuego, que barrió literalmente a los incursores hasta fuera de la gruta misma, y dos o tres de ellos, con las ropas en llamas, rodaron cuesta abajo, entre zarzas y cadillos. Pero nada que lamentar; en la rodada se apagaron las llamas, y los rasguños y moretones se curarían luego en un par de semanas...
En lo profundo de la gruta, mamá dragona, acariciaba mimosamente a su "pequeño" Zito, que era toda su familia, desde que papá dragón murió, joven todavía, a los dos mil y tantos años...
"-Ese estornudo de recién, m´hijito, me dice que te volviste a resfriar...
"-No debiste asomarte días atrás cuando tenías esa bendita tos, las corrientes de aire suelen ser peligrosas en estas grutas tan húmedas, máxime en niñitos como tú, ya que aún no cumpliste ni quinientos años...-"
Y desde entonces, nunca más volvieron a ver ni a escuchar nada que diera vestigios de dragón alguno. Ni la gente del pueblo, que vieron esfumarse aquella estrella fugaz, que pudo tener sabor a gloria; ni el peregrinar de los curiosos que volvían decepcionados a sus pagos.
Mamá dragona se mudó con su pequeño Zito, a otra cueva desconocida e inaccesible, menos húmeda, donde no hubieran aquellas corrientes perjudiciales.

 
 
*de Celso H. Agretticelsoagr@...
AVELLANEDA, Santa Fe; 25/05/2009
 
 
 
 
 
3mx + b*



¿Qué es de la vida de un insecto?


Si ellos no forman sociedades feudales,
No transitan por procesos históricos
A un sistema capitalista,
Ni luchan heroicamente por el comunismo.


Se mueren con la basura,
Encuentran su fin ahogados en el desagüe,
O conocen de cerca la hermosura de las telarañas.


¿Qué es de la vida de los insectos?


Si no conocen otra patria
Más que la que les vio nacer,
No tienen elecciones presidenciales,
Ni eligen diputados ni senadores,
Pero se muestran decididos
A la hora de conseguir su alimento.


No hacen el mayor esfuerzo por encontrar a Dios,
No tienen la mínima prudencia en salvarse del Infierno;
Y un Demonio con cuernos y cuerpo de insecto
Jamás ha sido seriamente planteado.


La vida de insecto es casi divina,
Aún cuando no se les han construido altares,
No se recuerdan con gusto sus innumerables milagros,
Ni se celebra su día
En alguna fecha especial del calendario.


No hay,
Por ellos,
Ferias en las afueras de las iglesias,
No hay "palo ensebado",
Ni dulces de leche,
Ni novios paseando entre colores de los jardines...


No hay un discurso elocuente que diga
"hoy es el día de éste Santo Insecto,
Que no sabe hacer otra cosa
Que no sea honrarnos con sus múltiples milagros"


La vida de insecto carece de sueños,
No creé en los cambios reales
Y desde que cada adulto era pupa,
Ya sabía que el mundo no se cambia:
Uno sale del huevo para ser larva,
Con un poco de suerte se pasa a pupa
(y es donde en verdad se reflexiona)
Y cuando se es adulto, se concluye con bases sólidas
Que esto no tiene ni por dónde intentase cambiar.


Pero no ha de hacerse juicio sin evidencia lógica,
Y mientras no sepamos a ciencia cierta
Qué es de la vida de un insecto,
Nada justo es mirarles con algo de menosprecio.


*hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@...
 
 
 
 
 
Formas de nubes*



Mirando al cielo mientras paseaba por la playa vio una serie de nubes que se amontonaba en el horizonte. Al observarlas con atención le pareció que una de ellas tenía la forma de un bebé acabado de nacer. Las siguió mirando hasta que le pareció distinguir al bebé mientras era amamantado por una señora que le recordaba a su madre. Aquel perfil anguloso y el moño era inconfundibles.

Un golpe de aire acercó una formación de cúmulos que parecían un edificio conocido: ¡el colegio donde estudió!. Inmediatamente le pareció que en otra veía a Luisa, aquella novia tal alta y espigada con la que probó el amor por vez primera. En la siguiente nube, casi en la línea del horizonte, distinguió a Matilde con dos niños, sus hijos.

Ya no pudo parar y fue leyendo en el cielo la historia de su vida escrita por las nubes.  A la vista de todo ello pensó: ¡cuanta razón tenía su madre al decir que era un cielo!.

 
 
*de Joan Mateu. joan@...

 

 
 
 
 
Besando el cielo de tus labios*
 
 
Comenzó a improvisar con el correo que encontró en su PC; un mail comentando que su último cuento publicado era bueno pero que él corregiría una palabra, justamente esa, que había sido un error de tipeo.
Sólo se encontraba ella con su historia y la respuesta de un desconocido. Debía hacer algo con eso. Imaginó que era un hombre joven, apuesto, elegante, escritor,  distinguido, la letra lo indicaba así. La respuesta de él fue estructurada, decidió jugar y le propuso de manera informal un arroz con leche en otra parte de la vida .-Venga- le respondió él.
Tamara no imaginaba que ese hombre desconocía el efecto de la ternura de una palabra escrita que durara para siempre. Ella sólo sabia sentir, intuir, percibir... era lo más puro que tenia; cuando esto renvalsaba, escribía. De manera que hizo lo que pudo. Sabia que romper semejante estructura le iba a ser duro y quizás al final no quedaría ni las sillas en el teatro que alquilaban una vez por semana.
El profesor de teatro la dejo proseguir aun sabiendo que después que terminara todo, algunos quedaban bien y otros...
Comienza por crear los sucesivos correos que se incrementaban día a día, la ansiedad y la espera dejaban muerto todo instante. Tamara se mostraba inquieta, insegura de no estar cubriendo bien el rol, o al menos eso se veía, algo la incomodaba.
La ternura del décimo correo resonaba en sus oídos. Decidió zambullirse,  deshojando cada palabra con una brazada, mientras su piel escurría  una vieja historia .
 En el segundo acto, despierta soñando literalmente con él. Expresaba en cada torsión de su cuerpo la rima de la poesía que él había enviado para ella. Escena casi lograda sin esfuerzos, haciendo que todos creyeran que el personaje le era conocido: su cuerpo sudaba la esencia, se la veía recorrer una silueta en el piso como una danza aprendida, de épocas lejanas. Rozaba su mejilla de costado como acariciando su vellosidad, le hablaba de la ternura, que le embriagaba estar con él, que jamás había padecido tanto pasión, amor y espera. "Te beso en el cielo de tus labios" murmuró ella..."la noche se me hace larga sin ti", "no sé cuanto es el amor", esbozó él. Tamara  tiene un orgasmo figurado a la vista de todos sus compañeros. Algunos pensaron "es una artista", otro sólo vieron en la escena un acto sexual, algunos vieron un cielo en su boca.
Indignada y molesta por la ausencia, en el tercer acto creó una indigestión de palabras que expresaba a través de idas y vueltas, círculos de palabras mezcladas. Atravesó el escenario con todas las letras cruzadas.-
Permaneció perpleja durante el cuarto acto frente al ordenador. ... pensó en llamarle, le propondría un dialogo abierto. Ese hombre algo escondía, nunca estaba donde debía y era difícil atraparle detrás de las letras, de los disfraces, de la ambigüedad de las palabras y, por la misma razón, su lenguaje era casi perfecto.
Tamara ansiosa, expectante, debía mantener la atención del público tan neófito como ella en el tema. La historia comenzaba a tomar fuerza.
Juega a encender la PC  "usted tiene tres mensajes nuevos". Imaginó su foto aparecer en primer plano en la pantalla, dio vuelta la mesa para que el público también pudiera imaginarla, necesita compartirlo con ellos.
Leyó el correo en voz alta, necesitaba testigos, los espectadores guardaban silencio. Miró sus rostros,  tal vez le dirían como enfrentar la letra.
Él le pide paciencia, que espere, que pronto se encontraría. Ella comenzó a imaginar los besos de pileta, de agua, de dulce de leche , de vino morado. Amplio la foto de él y  comenzó a acariciarle el rostro lentamente con el Mouse, dibujándole, sintiendo a través de una maquina lo imposible, las lagrimas limpiaban el viejo monitor de utilería, los dedos le habían quedado manchados de tanto mojarle el rostro, aunque ella creyó que desteñía la imagen.
Pensó en como viajaría, cómo le recibiría, seguramente la esperaría o la alojaría en algún lugar para los dos. En ningún momento pensó que su olor podría serle ajeno. Cuánto se contarían, cuántos amores de uno de y de otro, cuánta piel gastada para nada. Diría que le había encontrado y que al menos le daría un año de amor.
Decidió hablarle ya que debía romper la estructura del lenguaje. Lo convocó al dialogo, hablaron una hora. Él tenia, claro, la estrategia de un mago y le dijo "te regalare una caja de puntos y comas". Tamara no lo soportó, no lo había convocado a hablar para eso. Le transpiraban las manos, la voz se le iba, se quedaba escuchándolo, le atrapaba su acento extranjero.
Cuando termino el quinto acto ella no podía decir yo, el público se dio cuenta. Alguien se levanto de la primera fila  para alertarla, mas ella no escucho.
Siguió fingiendo  el rol que se había impuesto,  le mando una foto de ella. Luego se dirigió al  público, ofuscada y pidió un fotógrafo, acudió solo uno. Si él gustaba de jugar con los disfraces y la imagen, ella debía sacudir y redoblar la apuesta. 
-         Sáqueme una de pirata -.
Y luego de varias tomas - Ahora con ropa interior y tapado de piel, sugerente. Traiga los trajes de la mujer maravilla-
Los espectadores no entendían nada, la platea no tenía color, no tenia color  y aturdía de incertidumbre. Tamara mando las fotos, acompañándolas cuidadosamente con música.
Debía trabajar mucho ese día, supuso que recibiría varios correos. Se hizo largo el día de trabajo. Se la notaba alterada hablando con otros personajes de la historia, de política, del amor que había encontrado en un ordenador, de su profesión, de la gripe porcina. Para el asombro de todos ella ya no hablaba su idioma sino el de él.
La respuesta ante las fotos enviadas fueron "que guapa", sólo eso. Estaba creando algo contradictorio: de momentos la bañó de ternura, luego se  ha ocultado, en ocasiones la ha querido conocer, en otras era necesario esperar pase la crisis- Tantas veces se ha colgado al teléfono y hasta le ha enviado fotos de su infancia. Se trataba realmente de alguien contradictorio. Reaccionaba a lo que ella misma había creado, siempre alguien deja un espacio para que otro escriba algo en su vida...
Sin dormir, alterada suponiendo que la ame y que no logre advertirlo...mientras aguardaba la ambigüedad de su partida lo trajo a la realidad de la escena más virtual que antes. Había despertado algo, una verdad de él mismo. Esta vez él propuso un encuentro virtual. Realmente estaba atrapada y debía darle una vuelta a la improvisación. Le costo conseguir una cámara web, consiguiéndolo finalmente. Dos compañeros se levantaron de sus sillas  y se acomodaron como serafines uno en cada punta del escenario.
Se conecta, se levanta, enciende un cigarrillo, limpia el lugar, se pone bonita, se maquilla, prueba la cámara. Estaba tan nerviosa que no podía respirar. Le vería por primera vez y soñaba que él se quedara contemplándola largamente. No sabe como será todo junto: voz, imagen, movimientos, sentimientos. Se encuentran pantalla de por medio, algo que molesta pero que pasa a ser lo mas significativo y de peso.
Él enciende su tabaco, "duro" dice ella. Se ve el humo destellar. Él lleva un anillo en su mano significando la historia de toda su familia. De piel manchada.  El la  ve borrosa "Otra vez falta algo", pensó Tamara. El hombre hace morisquetas con un juego que  guarda en su PC, se desdibuja. Juega  con su imagen deformándola de mil maneras y el humo se sale de la pantalla; ella huele el puro traído de algún lugar, dulce como sus palabras, esperando de él una palabra verdadera ... se pierde, dibuja lo que queda, lo que él expira y no puede decirle .
-¿Estas ahí? - pregunta él
-Si - dijo ella- es que me gusta oírte, mirarte.
El comienza a borrarse otra vez con ese artilugio del juego.
-Bueno preciosa, cielo, debo irme-
Ella dice: -Levántate.
Mira el lugar habitado por él, debe romper las contradicciones, ella ha creado algo indescifrable. El personaje se le complica, y le esta amando sin darse cuenta. Por un momento pensó es tímido, tiene vergüenza de su cuerpo, debo romper esa representación que tiene de sí mismo. Le hace desprender un botón de su camisa, lo ve temblar,  nervioso. "Por fin" pensó "allí lo tengo". Ella se levantó su blusa y le muestra sus senos. Él no sabe que decir, cambia rápidamente de tema, ella también.
-.Bueno cielo ahora si te tengo que dejar, es que tu sabes estoy liado.
Enciende la música y comienza a extrañarlo como nunca, nadie todavía se había  dado cuenta de la invasión, de la lucha de crear y creer en algo, en inventarlo y no poder con eso. Llora y el público no entiende por qué, comienzan las exclamaciones: "déjalo", "ve, toma el avión". Entonces ella muestra un correo: "te abandono porque tu me lo pides, aun te amo. Tamara".
Él seguirá escribiendo sólo porque ella le escribe. Le ha dado un tiempo a la historia. Luego él no se comunica, ha perdido su voz. Su imagen en movimiento la condeno, ella se condeno. Él no la quiere nada más que en la pantalla. Tamara dejo de ir al teatro.
... la encontraron desnuda frente al ordenador, repitiendo que estaba deshabitada... que alguien le había robado el amor. Había sido el personaje de otro. Así concluyó la obra, ella se hizo acto. La llevaron a un instituto. Poco se sabe de ella...cuentan que preguntaba a todos quién tiene su amor, que el cielo besará sus labios cuando se lo devuelvan.-
 
 
 
*De María Elena Buroni. mariaelenaburoni@...
 
 
 
 
 
 
 
Y los sueños ¿sueños son?*

 
Ella estaba acostada, el ruido de la puerta al cerrarse, las manos que la recorrían.
Freud dijo que uno no es responsable de sus sueños y recordando eso fue más allá de lo que nunca hubiera imaginado...
En la cama encontró una nota al despertarse:
-Sueña Ud que es una maravilla, señorita, que sus sueños no queden solo para su psicoanalista -.
 
 
*de Cristina Villanueva. libera@...
 
 
 
 
 
EL  ESPEJO*

 
   Se miró al espejo y volvió a decirse que nunca le gustó su cara, aunque muchas mujeres lo miraban embelesadas. Desparramó sobre su piel la crema de afeitar y se dijo a sí mismo: ¡Payaso!  
A través de la puerta del baño se escuchaba el parloteo incesante de su mujer,
   - ¿El rojo o el negro? No sé con cual luzco más elegante. ¿Qué opinas? Soy la esposa del artista que expone, debo lucir bien.
   Él comenzó a pasar la navaja por su rostro; en esto era aún antiguo pero no le importaba. Las estupideces de su mujer proyectaban en su mente los inconvenientes que había tenido para concluir la muestra, cuando más estaba compenetrado en su cuadro, aparecía ella en la puerta y preguntaba: ¿"Qué te gustaría cenar? ó ¿Me queda bien este peinado? ó el calefón funciona mal."
Él no contestaba pero en su interior se gestaba un gran deseo:
¿por qué no te mueres?
Cuando su rostro estuvo prolijamente rasurado volvió a mirarse en el  espejo, seguía disgustado con su cara, también su mujer seguía hablando.
   Llegaron al salón, ella lo tomó del brazo como mostrando que era su posesión y lucía una  sonrisa espléndida, se sentía la musa inspiradora.
   Así como nunca había entrado a su atelier para mirar sus obras tampoco allí les prestó  atención, pero sí habló con el que se le ponía delante de las condiciones excepcionales de su marido como artista, parecía un pavo real  luciendo sus atributos, no propios, por supuesto.
   Él no habló casi nada, después que su amigo Oliver hiciera la presentación de su obra desde su perspectiva y su conocimiento, lo instó a que dijera  algunas palabras; se negó con la cabeza pero su mujer lo empujó hacia el pequeño estrado.
   - Miren y opinen, no puede decir más.
   Se sentía muy cansado, entre trazos e interrupciones se habían evaporado sus fuerzas, deseaba volver a su casa y dormir. Cuando resolvió irse ella se lo reprochó:
   - ¿En lo mejor de la reunión te quieres ir? ¿Para eso me arreglé tanto? ¡Causé sensación! ¿Viste como me miraron las hermanas Iribarren? ¡Y Lolita, pobre, con su vestido de siempre! Claro...
   Ya no escuchó más, al llegar descendió del auto casi corriendo, su mujer tuvo que pagar el importe del taxi. Subió al ascensor y ella si no se apresura, queda afuera.
   Sus reproches chocaban contra sus sienes, le oprimían la cabeza como una prensa. Llegaron a quinto piso sin que él pronunciara palabra alguna; entró al departamento y abrió la ventana porque se ahogaba. El parloteo de ella era incesante pero sólo hablaba de ella, su obra no tenía el más mínimo valor salvo para hacer notar que él era su esposo.
   Algo sórdido, infernal hizo que la levantara en brazos; ella se acurrucó contra su pecho esperando el mimo, la caricia y se imaginó en milésimas de segundos desnuda en la cama haciendo el amor con todas sus  ganas; él giró como si bailara, lo que alentó aún más sus fantasías eróticas.
   De pronto, después de uno de los giros la arrojó por la ventana, respiró hondo, aliviado y se quedó mirando hacia abajo, el vidrio se transformó en un espejo y reflejó su rostro.
                      
                       
             
 *de EMILSE ZORZUT.  zurmy@...                 

 

 

 

La soñada claridad*

 

El silencio se hizo cómplice

En esta noche clara
Con el resplandor de tu aliento
Las volutas de humo de tu calor
Hacen de mi piel
Un nido de sensibles pétalos
Regados por el licor del rocío.

Son momentos de exquisito placer
Donde la incertidumbre del amor
Hace de nosotros la diferencia
Y la ambigua cercanía.

 

*de Azul. azulaki@...

 
 
 
 
CONFIRMACIONES*

 
 
La levedad de una brisa; el caer de una hoja; una mujer que pasa.
           
 Morimos en cada acto infinitas veces.
           
 Infinitas veces nacemos en cada uno de ellos.
          
  Desdecimos al mundo para rehacerlo; lo ocultamos para descubrirlo a la mano.
         
   Y es uno el que pasa o, mejor dicho, el que habita los senderos. Soy tiempo que es decir eternidad.
         
   Lo demás es dogma. Se arriba a éste para soportar la zozobra, el desvarío de la ausencia.
 
 
*de CACHO AGÚ. cachoagu@...
 
 
 
 
 
"El Arte de Amar"*



Es aunque Dios no lo quiera que te amo
o te necesito
Él no lo querrá pero sucede
que te necesito (o te amo)

y te sucede que aunque Dios no lo quiera
-es verificable: ostensible, incordioso-
vos me amás

Me amás (con toda su carga encandilante, enajenante)
o te desborda el metejón
o te "crispa el moño" que pudiera
-en felicidad-
revolcarme con otras

o lo que te pasa
es lo que me pasa
y nos sobrepasa
y no es amor sino engrudo:
susceptibilidad sensorial
determinismo de la pulsión
regionalización de la libido

y todo este entramado de imprecisiones
pero furiosas
y hasta imperiosas
es lo que le jode a Dios

y nos fastidia porque nosotros que también
todo lo vemos
lo vemos a Él trasuntar la desaprobación
y hasta le comprendemos la tesitura
(formación de su asco)

Porque nosotros "sabemos"
aunque Dios
no lo quiera.



*de Rolando Revagliatti.
revadans@...
 
 
 
 
LA ORDEN*
 
 
Inventé un ajedrez
con las sombras
que siempre estaban
esparcidas en mi cama.
Al principio adivinaba
cuando el peón
cerraba sus ataques,
pero el caballo y el arfil,
mis enemigos,
obedecían al rey
que me gozaba.
Poco a poco
hasta los peones atacaban...
Ya no quedaba espacio
para huída.
El jaque mate surgió
en un descuido
y la orden fue matar
porque pensaba.
 
 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 
 
 
 
CANCIÓN AL POETA XU ZHIMO*

 
 
esperé por ella debajo del puente
como de costumbre
sin saber cual era más poderosa
su ausencia, o mi ansiedad.
con mi corazón a oscura deseé
volver a tenerla entre mis brazos
reconfortando en ella mis miedos
a morir o a quedarme solo.
esperé por ella debajo del puente
entre el día y la noche
con el deseo carnal en mis labios.
mas ella jamás cruzó la otra orilla
del río de las incertidumbres.

 
*de Daniel Montoly© danielmontoly@...
 
 
 
 
 
 
PATRIA EXTRANJERA*
 
 
Una casa y un niño.
Callejones de miedo. Grito de la lechuza.
Casa refugio. Brasa. Fuerza y ternura.
La mansedumbre se hamaca las ramas del pimiento.
La risa es pan de cada día.
El dolor se esconde en la rodilla o en el codo.
Han pasado rebaños, tormentas, remolinos.
El hombre ha regresado.
En el bolsillo, escondido, el niño
 
Un extranjero y una casa extraña,
Extrañamente extraña,
Aunque conocida desde el origen mismo de la especie.
Presencias conocidas. Forasteros.
Especie casi extinguida de extranjeros,
No podrían partir aunque quisieran
Ligadas a las viejas telarañas de la casa.
 
Una casa que también anhelaba partir.
Aunque  respiraba quedarse.
Sombras de espectros la rondaban.
Amordazaban su grito de ladrillos derruidos.
Una casa forastera y un extraño niño,
El niño ya no muerde  cerezas  en sus techos de luna.
Un niño y una casa con los ojos abiertos, reflejos espejados
Murallas pensativas e insomnes.
 
Un fantasmal  árbol, camina, día a día, ajeno, sin rumbo
El lechuzo  ha perdido la voz.
Las brasas y las risas, apagadas.
 El niño ha regresado. En el bolsillo escondido el hombre.
Un niño y una casa que nunca han de volver aunque regresen.
Busca, inútilmente, entre sus ruinas,
Las ruinas de lo que fue su patria
 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
NAUFRAGIO EN EL ABISMO DE LOS SUEÑOS*

 
*de JESUS BRILANTI T. lugburtian@...


 
Me sentaré sobre la fría banqueta de esta calle que una y otra vez me negué a apreciar, y justo ahí a la sombra de un árbol carente  de raíces dejaré que mis venas se vacíen y la sangre fluya tranquilamente hasta llegar al borde de aquella alcantarilla por donde algún día yo mismo debí de escapar. Me sentaré cabizbajo bajo una hoguera que me azote de frío y de llanto ante esta insalubre soledad y espero no equivocarme en el momento que empiece a caminar descalzo sobre las brazas de carbón con el afán de redimir mi culpa, mi ansia y mi enfermedad.
Me sentaré sobre el filo del concreto donde antes sangré mientras pensaré como es que tengo una cruda esperanza guardada en el refrigerador, está congelada, ha perdido el sabor, quizá también el aroma, posiblemente no resucite por permanecer tanto tiempo atrapada a mitad de un témpano de inseguridad, adentro de una bolsa cual guarda también  rebanadas de mis sueños mutilados, transgredidos por este correr del tiempo y no encontrar la respuesta, esa que siempre he deseado escuchar. Es por ello que hoy salí a las calles para embriagarme y sacar a orear un poco mi entumecido espíritu e intento que sienta aunque sea por última vez los rayos de sol, ¡pero qué pena, hoy esta nublado! Nublado igual que ayer y mañana, no me extraña pues gris ha estado todo este lapso desde el día en el que nací.
Tengo un kilogramo de fe almacenado en el congelador, con la luz de una vela he intentado quitarle la escarcha y hasta el último de sus intentos suicidas, pero no lo he logrado y a veces, a mitad de la madrugada pienso que jamás lo lograré.
Poseo una tonelada de ilusiones sumergidas en bloques de hielo, apenas y escucho sus lentos y apacibles latidos, según me parece aun están vivas aunque de repente ya no respiren, me aferro a mis falsos intentos por desear reanimarles, pero creo que lo único que logro es crucificarles.
Me sentaré a esperar ese tren, no precisamente para que me lleve lejos de aquí, sino para que me salve cuando coloqué mi cabeza sobre los rieles y cercene lo que me queda de ánimos, lo que me cansa la vista de tanto esperar mirando a través de los cristales rotos a lo que nunca habrá de llegar. Me sentaré bajo las lágrimas de las nubes para que humecten esta resequedad que esta quemando mi alma, esperaré a que la corriente suba llegando hasta mi frente y centímetros abajo muera por mi propia nariz.
Que falta, que falta me ha hecho el oxígeno y que ausencia he tenido que guardar bajo mi piel; es verdaderamente lamentable no pueda guardarla en la misma frialdad que me cobija esta noche, después de que alguien me dijo que mi viaje en barco jamás podrá ser. Me sentaré a naufragar a la deriva colmado de espasmos mientras me olvido que seguiré sangrando en esta eterna madrugada.
 
 
 
 
Asunto de palabras*

 

 

 

Entonces es así, me pregunté. Se cuenta para espantar el fantasma de la muerte o el de ser tan pequeños y solos, en la historia que nos precede y nos va a continuar, así sin paraíso, casi ciegos, entre templos y ciudades perdidos y ganados. Migajas en la naturaleza que nos aterra  y nos consuela. Espejos rotos que se juntan inventando ficciones para llegar a una verdad: verse en la mirada de los otros, un lenguaje para abrigarnos de la nada.

 

 

*de Cristina Villanueva. libera@...

 

 

 

 

 

 

 

 

 EL MEMORIOSO*
                                                                             
                                                                             

A Raúl Aquilano

 
*Por Jorge Isaías. jisaias46@...


 
            El hombre tiene unos límpidos ojos celestes que miran asombrados como los ojos de un niño. La cabeza cubierta de cabello enteramente blanco, pero no tiene ni por asomo la amenaza siquiera de una lejana calvicie pese a que pasó largamente los setenta. Su cuerpo es delgado y sus pasos son ágiles y uno cree entrever en esta figura muy querida en el pueblo aquel muchacho que infatigablemente recorría todos los barrios y las canchitas de entonces a la búsqueda de nuevos craks que asomaban en aquellos que el veía una lejana promesa.
            Mi infancia lo tuvo como lo que es: un personaje querido. Con su bicicleta y su enorme gorra de visera, miraba detenidamente los picados entre chicos y el conversaba a los mejores y los convencía para "ficharlos" en el club del "otro lado de la vía", es decir; el Club Atlético Federación. Gracias a él los azules siempre tuvieron su semillero inagotable. Dos de los míticos cracks ya militan hace años en el profesionalismo. Danilo Gerlo y Fernando Belluschi, nativo del "Barrio El Jazmín-", como yo. El primero en River y el "Fer" como le dicen en su familia, en el "Olympiacos", de Atenas.
            Estos chicos, es casi seguro habían pasado por el ojo experto de este hombre bueno y desinteresado que responde al nombre de Raúl Carmen Aquilano, hijo de don Marino Aquilano quien fue varias veces presidente de "Federación".
            Su memoria es tan despiadadamente minuciosa que pasa revista sin dudar de los equipos del año 50 en adelante, incluidos los suplentes. Pero no sólo de la liga interprovincial, sino que expresa con toda naturalidad las formaciones de aquellos esforzados y valientes equipos de barrio, que representaban las ligas comerciales. Y uno escuchaba nombres allí de gente que nunca podría haber supuesto que tuvieron en su vida la decisión de patear una pelota. Pero con que sólo Raúl lo enuncie, pasa a ser en el acto palabra sagrada.
            Esto quede en aquello que los historiadores llaman: "lo fáctico", Porque qué acción podía en aquel tiempo remoto y diluido en el impiadoso olvido.
            Casi con seguridad el pueblo de entonces se veía a sí mismo con una explosión de mariposas veraniegas, con chicos de pantalones cortos, descalzos, matándolas en las esquinas, hasta que el camión regador comunal o, antes, el tanque de agua tirado con los caballos producían el desborde.
            Y luego en las noches, en esas mismas esquinas, esos mismos chicos se reunían para una cruelísima diversión; patear sapos y aún ponerle un pucho en la boca para hacerlos "fumar" entre el júbilo y las risotadas de todos.
            Mientras que, durante el día, en especial por las tardes, todos los pibes del pueblo nos trenzábamos en encarnizados partidos de futbol. Con los más diversos "esféricos", como le decían los periodistas deportivos de aquellos años. Sabemos  de la larga, frondosa y rica, a veces y otras, ridículas maneras de engrosar el vocabulario futbolístico. Digo que no necesariamente la pelota debía ser de cuero (algo improbable por la pobreza de entonces), pero sí de goma o de trapo, muchas veces. Para su construcción debíamos pedir una media vieja a la madre, la hermana mayor o alguna tía siempre buena y solidaria.
            En lo mejor del partido llegaba Raúl, con su eterna bicicleta, su gorra y su mameluco de carpintero. Se paraba a mirar. Luego, ofrecía sus servicios gratuitos (no desinteresados), para vestir la camiseta albiazul.
            A mí nunca me convocó porque   sabía que tal traición era imposible. Yo me había criado literalmente en la cancha del "globo" rojiblanco y en esos tiempos las primeras pasiones eran para siempre. Yo era (y soy) huracanista.
            No obstante, ese hombre bonachón no se privaba, de emitir una opinión favorable, o una felicitación por una jugada si venía al caso. Pero él sabía a quien podría conversar, su caballerosidad, su gesto famoso era y es proverbial en el pueblo.
            Ahora peina canas y con sus canas, recuerdos.
            "Es un libro abierto del fútbol", dicen en el pueblo. También un archivo generoso para darse a los demás. Cuando uno le pregunta algún dato, contesta sin vacilar e inquiere con esa mirada de límpidos ojos celestes.
            -¿Qué  más querés saber?
            Y uno le agradece esa predisposición de hombre bueno, pero es discreto con sus respuestas y apenas se circunscribe a lo futbolístico, pero hay tanto que quisiera saber. ¡Tanto! En especial de aquellos años -que son, diría Borges- como si no hubieran sido.
            Sin embargo se contenta con saber quienes fueron aquellos muchachos que jugaron por entonces, que apostaron al gusto, a la gloria efímera, a la casaca humilde, a los botines más humildes aún, a esas camisetas que el tiempo destiño para siempre porque el color tan vivo de aquellas  sólo existen -hoy- en la mente de "disco rígido" que tiene este hombre en su cabeza y lo comparte, casi como si cortara con un cuchillo una hogaza de pan caliente y lo sirviera a los curiosos, sus hermanos.
            Quien sino el puede recordar un equipo que a fines del cuarenta se llamó "Las rosas" porque respondía a un almacén de Ramos  Generales de nombre homónimo y que estaba vecino a la escuela Provincial.
            Raúl comenta -y si lo comenta es cierto- usaban unas camisetas con bastones verdes y blancos y se entreveraban en los llamados "campeonatos abiertos", que se jugaban en verano y que congregaban a un grupo de entusiastas comerciantes que daban el nombre y las camisetas del equipo con la aclaración que ese mismo entusiasmo era aprovechado por la euforia futbolística que ganaba los corazones de los jóvenes varones de aquel tiempo en que yo aún no nacía.
            ¿Hay alguien -salvo Raúl- que recuerde los nombres de aquellos esforzados muchachos de entonces? Aquí están: Luis Cachornia,  Pedro Camiscia, Emilio Marciano y Ángel Vera (a quien se lo conocía como "Verita"), Ángel Barco ("El manco"),  y Ramón Barco ("Mojarra"),  Cándido Joan ("Patita"), "Pichi" Barco, José Pichichello, Ismael Durán, "Chiquito" Giacobbe y Juan Giacobbe, a quien apodaban "Vino blanco".
             Mi pueblo, nada tiene que envidiarle al Funes de Borges. Nosotros lo tenemos a Raúl Carmen Aquilano, por si quiere alguien constatar hasta dónde llega la minucia de la memoria humana.

 
 
 
 
Amanecer y seguir*

 
El hombre va a abrir su taller en un despertar de trinos y celeste infinito, apenas un candado y se abre la doble puerta galponera por la que puede pasar un camión, a la derecha un pequeño escritorio, algunas piezas dejan manchas de grasa entre croquis y papeles. El dice que lo importante está en los fierros, los metales que desatan el movimiento y la combustión para salir y rodar por las heridas del mundo pero al menos en la libertad de las rutas.
-Esto es apenas un desorden ordenado.
Una lampara extensible como las que usan los dibujantes, tecnicos mecanicos como él, es la única luz si él día es grisoscuro, pero hoy, la ventana es un resplandor que corta todo el enorme espacio de maquinas y herramientas y pedazos de coches y coches a punto de terminarse.
Todas las mañanas le hecha un vistazo al afiche, es casi una ceremonia verlo y hacer en silencio algunas breves reflexiones, como quien hace una oración antes de partir a la lucha cotidiana por la subsistencia.  Siempre lo lee completo:

1914: UN HOMBRE ABRE ESTA CAJA DE HERRAMIENTAS.
Y NACE INGENIERIA CHRYSLER.

La foto gris es poco nítida, una casa con refuerzos clavados en las esquinas, la tapa abierta, asoman instrumentos comunes como una tenaza, una roldana de aparejo.... afuera, sobre un banco de madera un martillo, pinza, un compas de acero, nada que indique el oficio de su dueño, salvo las letras blancas :
W. P. Chrysler.

El texto sigue en letra courier sobre un papel amarillento de antigua humedad...

Porque ese hombre se llamaba Walter P. Chrysler.
Su objetivo: encontrar la manera simple, segura y cómoda de transportar al hombre.
La encontró.
Pero no se detuvo.
Porque sabía -y tenía razón-
que siempre había una manera más simple, más cómoda y más segura.
Por eso mació Ingeniería Chrysler.
Que aún mantiene -y seguirá manteniendo-
el objetivo trazado por Walter P. Chrysler.
Investigando, desarrollando, probando e incorporando adelantos
que logran más nobleza, más seguridad y más confort en sus vehículos.
Para que usted pueda ejercitar
su derecho a elegir,
exigir y disfrutar su Dodge.

(Logo de 5 lados-triangulos negros que dejan una finita estrella surgir )
y grande:
CHRYSLER
FEVRE ARGENTINA

Abajo, un espacio en blanco y la letra urgente, como de pintada en paredes de ciudad
con marcador azul:

Yo trabaje allí, 15 años, capataz de montaje, y me dejaron en la calle, a un clase '43.
Osvaldo Arból Gomez.

El hombre lo lee todas las mañanas bien temprano antes de poner la pava del mate y empezar a trabajar, luego concluye -dicho de distintas maneras- en un mismo aforismo.

Soy más que un pionero, soy un sobreviviente...

Es fácil que las mismas imágenes se repitan cada tanto, el arrancando el afiche de la pared, era el último en ser despedido, el gerente de planta agradeciendo su tarea, diciendo
-Osvaldo , en un par de años los yanquis vuelven y brindamos con champán helado, el reencuentro.

Lo cierto es que casi se cumplen 25 años del cierre de la planta de La Tablada.
Le pagaron unos pesos y lo premiaron con un par de contenedores con piezas y repuestos en desuso. y un par de máquinas que no salían a remate por viejas.

El cargo todo, como quien carga con cada pedacito de un alma estallada y lo llevo al galpón grande de su finado padre, y entre sus maquinas y elementos de carpinteria empezo y siguio.

Y todas las mañanas se mezclan las épocas y las situaciones, el no podría relatarlo, es como ver flashes y fotos sin orden , sin tiempo.

El abuelo de Pontevedra que compro ese terreno cuando todo era campo y lo único notable eran las estaciónes de trenes , La Tablada cerquita y más allá Tapiales, con sus galpones enormes y sus playas de maniobras del tren de trocha angosta. Previsor el abuelo, terreno de 20 x 60, entrada grande para camiones. De chico no dejaba de estudiar esas herramientas que dejo en el galpon pequeño del fondo, las que usaba para trabajar la tierra despues de volver de su trabajo en el ferrocarril. Un viejo anarquista, un hombre de principios como su padre y como él tambien.
"Nunca te entregues al capital, el dinero destruye todo, el capitalismo no deja nada en pie "
Pero el salió con el título de técnico mecanico y se empleo en la Chrysler, ahí cerquita cuadras de su casa. Y de allí volvió un día, una mano atras y otra adelante, unos pesos de indemnización por despido y un monton de chatarra inservible.
Ahí empezó, soldando, imaginando, el ingeniero le decían en la planta. adaptando piezas , mixturando carrocerias y chassis.
El único , solitario y obstinado, fabricante de autos 0 km desde el fondo de su casa, de la Argentina. No son autos, dice a quien lo visita actualmente, son obras de arte, artesanías irrepetibles. En el país es un desconocido, pero en Europa, en Francia, especialmente su fama trasciende a la de Regazzoni.
El lo sabe, termina cada obra de arte, fileteando a pincel la parte inferior de la carroceria , a veces agrega frases que le piden los clientes, como la que pinto ayer en ese auto que alguna vez fuera un DKW y ahora es un Arbol Gomez - Argentina, firmado el el capo de atras donde iba el logo del mejor auto aleman de la posguerra.
Su oficio es su vida y su orgullo. a veces piensa que habría sido de él si hubiese sido otro, un almacenero, un operario, un ser indefenso ante las crisis del país, una crueldad anónima que mata sueño tras sueño. y deja muertos en vida. Habitaciones cerradas, persianas bajas con alguien durmiendo adentro, matando ocios con el mate lavado y regando la quinta a cada rato para que el día pase pronto.
Pero él esta conforme, lo más díficil del mundo es llevarse a si mismo, pero llevarse a gusto, con cariño como quien lleva a un niño de la mano.
-No se entregue Carbonatti..¡¡¡¡, le grita su padre al amigo huelguista, es el patrón el que más pierde con un paro, van a darles aumento no aflojen... ni con la traición de los sindicalistas.
No aflojo, viejo parece decir con la mirada y recuerda sus 10 años, fabricando sus juguetes con madera y clavos, con las herramientas de Papá, solo pero pendiente del trabajo de él, que no podía distraerse del trabajo de la carpintería. Es como si lo viera ahora, el pucho colgando al costado izquierdo de la boca y alguna expresión de amargura, casi un Bogart. Se desprendía del pucho cuando tenia que sostener con los labios los clavos o los tornillos en el armado de los muebles.
Un gran carpintero su viejo, de los que trabajaban con madera maciza, nada de porquerias enchapadas, nada de aglomerados ni formicas. Pero el capital lo mató, pusieron fabricas enormes que escupian maderas hechas de aserrin, y todo el mundo se puso a hacer muebles inservibles.
- En la primera mojadura revientan.... que carajo compra la gente¡¡¡¡¡¡¡.
Golpeaba la mesa de trabajo con furia y parecia que iba a volar en pedacitos su mano pesada de trabajador. Y los muebleros se fueron, lo vendieron por pocos pesos.
Y él, un día, un invierno de 1978 cerró, hecho el candado y al poco tiempo se murió.
Por eso él no va a transar, un Pininfarina de entrecasa, un constructor de mundos en cuatro ruedas. ¿Cuantos autos más podrá sacar con su firma reciclados a 0Km?
No lo sabe, no lo cuestiona, se rasca la cabeza y empieza una nueva jornada.
 
 
 
*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@...
           
 
 
 
 
*
 
 
Ella le pedía siempre a Dios quedar embarazada, tarde comprendió que era mejor pedírselo a un hombre. Si la hacía exclamar ¡ay dios mío!, ¡ay dios mío, ¡ay dios mio! y era divino, le ponía encanto a la situación pero no era imprescindible para la finalidad.


*de Cristina Villanueva. libera@...
 

 

 
 

*
 
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 14 de junio de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Julio Estrada. Las poesías que leeremos pertenecen a Eva del Pilar Durán (Colombia) y la música de fondo será de Llaqtamasi (Andes).
¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!  (Recomendamos usar
http://24timezones.com/  para conocer las diferencias horarias).

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067 
 
 


 
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#206 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 21 de May, 2009 3:34 pm
Asunto: INVENTREN: DE CARHUÉ A PUENTE ALSINA...
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A Don Mario*

 
En mis versos
hay mujeres,
y perdóneme maestro
si le robo ideas
y arrebato su prosa,
su palabra.
Si ignoro el (c) copirái
y tomo sus derechos de autor
como derechos de tutor.
Es que hacía rato
que no tenía un maestro, ¿¡sabe!?
y, a esta altura de la vida,
que se desvive de a ratos,
uno necesita no estar tan solo
en las ideas
y en las noches tristes,
como ésta.
Y necesita decir cosas,
que usted ¡ha dicho tan bien!,
y que la prosa la obligue
a olvidar su tren.

Hice acaso, caso de sus consejos
y no pulí demasiado
mis pobres palabras,
no me esmeré con los verbos,
ni reparé en adjetivos;
pero si usted las conociera
(A las mujeres digo)
sabría que merecen sus poemas,
no los míos.

 
A Don Mario /2*


Vuelvo a insistirle, maestro,
que no se asombre
si encuentra que le falta un verbo,
que un gerundio suyo
asoma entre los míos.

Me tomo la licencia
de nombrarlo por decreto
-tal lo acostumbrado en estos días-
maestro mío,
y de disculparme
por el hurto apasionado
y sin segundas intenciones;
pero cuando el hambre apremia,
-de palabras, digo-
no hay decencia ni castigo
que acobarde a los ladrones.

 
*de Sergio Velovich. savelovich@...
Bahía Blanca, julio del 2001
 
 
Inventren
-Capítulo 0: Las estaciones de Carhué a Puente Alsina.
 
 
 
CARHUÉ.
 
 
J. V. CILLEY.
 
 
ROLITO.
 
 
SATURNO.
 
 
SAN FERMÍN.
 
 
CASBAS.
 
 
EDUARDO CASEY.
 
 
ANDANT.
 
 
CORONEL M. FREYRE.
 
 
ENRIQUE LAVALLE.
 
 
CORACEROS.
 
 
HENDERSON.
 
 
MARÍA LUCILA.
 
 
HERRERA VEGA.
 
 
HORTENSIA.
 
 
ORDOQUI.
 
 
CORBETT.
 
 
SANTOS UNZUÉ.
 
 
MOREA.
 
 
ORTIZ DE ROSAS.
 
 
ARAUJO.
 
 
BAUDRIX.
 
 
EMITA.
 
 
INDACOCHEA.
 
 
LA RICA.
 
 
SAN SEBASTIÁN.
 
 
J.J. ALMEYRA.
 
 
INGENIERO WILLIAMS.
 
 
GONZÁLEZ RISOS.
 
 
PARADA KM 79.
 
 
ENRIQUE FYNN.
 
 
PLOMER.
 
 
KM. 55.
 
 
ELÍAS ROMERO.
 
 
KM. 38.
 
 
MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.
 
 
LIBERTAD.
 
 
MERLO GÓMEZ.
 
 
RAFAEL CASTILLO.
 
 
ISIDRO CASANOVA.
 
 
JUSTO VILLEGAS.
 
 
JOSÉ INGENIEROS.
 
 
MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.
 
 
ALDO BONZI.
 
 
KM 12.
 
 
LA SALADA.
 
 
INGENIERO BUDGE.
 
 
VILLA FIORITO.
 
 
VILLA CARAZA.
 
 
VILLA DIAMANTE.
 
 
PUENTE ALSINA.
 
 
INTERCAMBIO MIDLAND.
 
 
 
 
 
¿Por qué el "Midland"?*
 
 
Si el tren existiera en su extensión original, un trabajador del Gran Buenos Aires, podría ir a pasar un fin de semana a Carhué. Un abuelo disfrutar de las aguas termales. Un niño de Ingeniero Budge conocer el campo. Pequeños productores acercar sus productos o simplemente venderlos en cada una de sus estaciones. Algunas que hoy son sólo fantasmas rodeadas de campo podrían volver a ser habitadas.
Parecen ejemplos obvios y a la vez pobres, de la multiplicación de beneficios de un retorno que fuese pensado y proyectado para un bien común.
Este recorrido es también un desafío a la imaginación. Alguien que conozca a los actuales trenes
-precarios y con fama de peligrosos que corren desde Puente Alsina hasta Marinos del crucero General Belgrano- podría ver que hay "otro tren" posible.
Por diferentes caminos he llegado a la idea de la literatura como el modo de reparación más efectivo de la realidad. Los invito a compartir esta nueva aventura.
 
 
*Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
 
 
 
 
 
 
DE PUENTE ALSINA A CARHUE, IDA Y VUELTA*

 
 
 

 
 
No llevo diario personal, pero recuerdo, recuerdo que fue en el atardecer del 23 de marzo de este año 2009 de calendario gregoriano. Recuerdo la fecha porque iba a saludar en su cumpleaños a una persona que quiero mucho. Venia en el colectivo 85 rumbo a Bernal, cuando, casi instintivamente, hago cada vez que cruzo al puente Uriburu, miro para el lado de la estación Puente Alsina del Ex ferrocarril Midland, y a lo que era su contigua playa de cargas. Y recuerdo cuando con mi hijo de pocos años, iba a recorrer por los galpones de carga, a lo que quedaba de aquellos coches motores Ganz, que se trajeran a la Argentina allá por 1936.
Hace un tiempo he incorporado a mi batería conceptual, la noción jungiana de "sincronía",por eso ya no me parece  ni azar ni causalidad, que una vez mas haya recibido el estimulo de contar algo sobre mi "rollo " con el Midland, que ahora caigo porque que se llama así el club, con que participaba en el torneo de Primera "C" de la AFA, el club de mis amores Defensores de Cambaceres, allá por 1959( Se cumplirá medio siglo de la obtención de ese campeonato por los "bichos colorados" de Ensenada).
Esta algo difusa la circunstancia en que me entere que el Midland llegaba hasta Carhue. Pero me acuerdo muy bien, cuando vi al pasar por la estación Carhue , rumbo a Darregueira ,aquella nublada parte del 8 de julio de 1972, vi al galpón de los coches motores, cuyas ruinas volví a visitar, esta vez de paseo por Carhue, en Agosto del año pasado(2008).
Toda vez que puede, desde hace décadas, recorro los pueblos de la Pampa Húmeda (Incluido el sector conocido como "Pampa Gringa").La visita al mueso local, forma parte de aquellos recorridos. Es curioso pero en el Museo de Carhue, no hay casi referencias al Midland, pero si hay como en la mayoría de estos pueblos, vestigios documentales, fotográficos y objetos tridimensionales, de esa suerte de esplendor que surge de aquella argentina de las dos ultimas décadas del siglo XIX, hasta la guerra del 14.Y El Midland es un componente de esa etapa, que  nos provoca extrañas sensaciones, y que nos lleva a sacar conclusiones muy distintas, a las que surgen de los libros donde se intenta interpretar esa época.
Hacia 1910, en medio de la euforia que generaron los festejos del Primer Centenario Argentino( ¿Se creara un clima similar en el Segundo Centenario, ya próximo?),llegaban los ferrocarriles Sud, Oeste y Midland; los dos primeros de trocha ancha y de trocha angosta el último. Eso aun se percibe en el amplio cuadro de la estación ferroviaria, en trance de devenir en Terminal de ómnibus.
Atento la importancia del ferrocarril por esos tiempos, se colige que las empresas propietarias ,no lo hacían por filantropía, sino porque se pensaba en un centro turístico de nivel internacional, aprovechando las propiedades curativas de la laguna Epecuén, ya conocidas por los que estaban allí desde el origen, y fueron desalojados compulsivamente por la "conquista del Desierto".
Panoramas similares, he observado, casi en ruinas, en Sierra de la Ventana, en el hotel Edén de la Falda, en Alta Gracia.
Pero volviendo a aquel 1972, del que tenemos recuerdos precisos en cuanto a las fechas, porque estaban ligadas a nuestra entonces condición de corredor de carreras pedestres, vuelvo a mi "rollo" con el Midland, a raíz de una vez que por los motivos apuntados fui a Henderson, población erigida como consecuencia del paso del Midland por allí. Después de la carrera, el 19 de noviembre de 1972, me fui para la estación para esperar el coche motor procedente de Carhue, que me llevaría a la estación Tapiales donde tenía horario de llegada a las 2150. Mientras esperaba, comiendo un sanguche, se me acercó un peón del ferrocarril, sugiriéndome me subiera al tren de carga que se aproximaba, así al menos iba ganando tiempo del viaje. Le agradecí y le dije que esperaría el tren. Al rato aparecieron oros colegas del deporte, que habían sido invitados a un asado y nos aprestamos a esperar el tren, que llego en horario. Me quedó la imagen del empleado de correos (El tren hacía de vagón postal) que tenia un gorro muy pintoresco con el escudo de la empresa de Correos y Telecomunicaciones. El coche motor (de los viejos húngaros, ya que luego vendría una versión posterior fabricada por la Hungría comunista), tenía compartimentos como los que se ven en las películas de los trenes europeos.
Partió raudo el coche motor, con ese peculiar ruido que hacían sus motores. Creo que alcanzó a pasar por la estación Herrera Vegas. Y al llegar a Ordoqui, se "plantó" el motor. Y nos avisaron, que teníamos que esperar que venga, una locomotora para remolcarnos. Ya pasa ese entonces, la línea era de pocas frecuencias, así que vaya a saber que donde vendría la locomotora. Así las cosas, nos bajamos el tren y fuimos a comprar lo que se podía, en el bufet del club Sportivo Ordoqui, algunos de sus simpatizantes, regresaban de un partido de fútbol disputado en algún otro pueblo de la liga regional.
Al largo rato llegó la locomotora, e inicio el lento remolque del coche motor con nosotros arriba. Fue aquella una noche muy fría, y todos estábamos arrinconados en el compartimiento dándonos calor con nuestros cuerpos. Así arribamos a otro día a Tápiales alrededor de las 11 de la mañana...
El Midland, del que ya había sugerencias para lo, antes de la nacionalización de 1948, fue obviamente incluido en el malhadado plan Larkin de 1962, y clausurado y levantado entre 19786 y 1977.
En la travesía a pie que hicimos en el veranos austral de 1986, pasamos por la estación Baudrix, cuyas instalaciones se veían ocupadas, pero en muy mal estado de conservación, y se veían todavía unos galpones para cereal, donde todavía se podía leer la inscripción "Apoya al Segundo Plan Quinquenal", refiriéndose al plan de gobierno 1953 -1957, abortado en 1955 por la "Revolución Libertadora".
Con el tiempo nos fuimos enterando que el origen de esta línea fue una concesión otorgada por la legislatura de la provincia de Buenos Aires en 1904.En esa época era común que el que obtuviera la concesión se la terminara vendiendo a inversores extranjeros, por lo general ingleses, los que le dieron el nombre de conservaría hasta 1948, es decir Midland. Hoy resulta claro, que el Midland tenia instalaciones portuarias sobre el Riachuelo, en una época que se lo navegaba comercialmente( Actualmente hay proyecto para darle ese uso hasta el Mercado Central, situado aguas arriba), además tenia un ramal (aun existente) que lo vinculaba al entonces Mercado Nacional de Lanares,(Que existía donde hoy hay monobloques enfrente a la estación del ex ferrocarril Provincial de Avellaneda), y por allí donde hoy esta la cancha de Independiente y la de Racing, se conectaba con los frigoríficos del riachuelo, y hasta tenia alguna entrada al puerto de Buenos aires.
Este ferrocarril corría muy cercano a otros y en un punto hasta se cruzaban con los ferrocarriles Compañía General y provincial (ambos de trocha angosta) y también con el Ferrocarril Oeste y aun con el Roca. No se podía decir que las zonas que surcaban estaban desconectadas. Pero a partir de la inexorable aplicación de la ley nacional de vialidad de 1932, era evidente que los intereses del automotor y del camino pavimentado sustituirían tarde o temprano a estos ferrocarriles, que eran de tráficos débiles. EN 1947 se nacionalizó el Compañía general Buenos aires. En 1948 el Midland y en 1951, el provincial fue "nacionalizado", seguramente aprovechando la caída en desgracia del gobernador Mercante. En 1954, alcanzaron a fusionar al Provincial, el Midland y el Compañía General, en Ferrocarril Nacional de la Provincia de Buenos Aires, pero su resultado fue efímero.
Pareciera que recién en estos tiempos se esta comenzado a asumir la tropelía de haber levantado estos ferrocarriles de trocha angosta. Nos sigue quedando la perplejidad de lo que implicaba su puesta en marcha, y lo que se fue apagando como consecuencia de la finalización de la Gran Guerra.
 
 
-Buenos Aires 18 de mayo de 2009
 
 
 
 
 
 
 
EL PUENTE DE LA VIA*
 
                                     
                              
          Si no tuviéramos recuerdos,                                                                      
no tendríamos conocimientos.
 
 
I
 
 
   El puente estaba a una docena de cuadras, no más, de dónde vivíamos cuándo éramos niños, pero a nosotros nos parecía que la distancia era enorrrme, y siempre tentaba con su sabor de aventura.-
 Teníamos necesariamente que hacer un tramo caminando por las vías, después de andar las últimas tres o cuatro cuadras del pueblo hasta el paso a nivel donde ahora estoy parado; contemplando y recordando esas vivencias infantiles, que pasaron hace ya varias y largas décadas.-
Estoy justamente en el cruce de la vieja vía con el camino.- El que saliendo del pueblo va recto al norte, pasando por las chacras sembradas.- El lugar está en parte casi igual; los grandes eucaliptos viejos, enormes y retorcidos siguen allí adelante, al borde, a mi izquierda.-
Claro que están más viejos que entonces, y faltan algunos, tumbados poco a poco por los vientos de tantas tormentas y algunos talados sin mayor conciencia. También falta enfrente un gigantesco Ombú, pero allí ahora fue avanzando el borde urbano, por lo que lo que era campo, hoy son calles vestidas de casas.-
Incluso desde aquí vislumbro a través de los rugosos troncos y altos pastos la vieja casona donde entonces íbamos los domingos con Audino, mi hermano mayor, a escuchar los partidos del campeonato  por la Radio, cosa que nosotros aún no teníamos, y allí vivían varios chicos  de la edad de él, primos entre sí, que eran compañeros en el Colegio.-
 Ellos no eran ni amigos míos, ni compañeros, y hasta les tenía algo de temor, o recelo. Incluso los mayores, que se sumaban al grupo, eran para mí extraños. Uno tenía largos bigotes como ya no se veían, de otra época, retorcidos y puntiagudos. En esos años tuvo un trágico final este hombre imponente. Una noche lluviosa murió de un tiro de revólver en la ladrillería que tenían cerca de la amplia casona; un peón ebrio, de turno en el horno, puso fin a su vida, parece que por problemas pasionales o tal vez sólo por el vino.
Otro era tullido y usaba muletas, y era muy apacible y amistoso y a él sí le agarré mucho cariño. Siempre tocaba las conexiones de los cables con la batería, cuando la radio chirriaba o enmudecía.
Yo trataba de tener claro en qué constituía el equipo y cuál era su magia. El receptor, que en sí era todo un mueble, los cables con sus bornes, la batería o acumulador, el molinillo de viento que proveía la recarga, y la antena aérea, de altas picanas como mástiles, con sus riendas y  blancos aisladores y el oscilante hilo de cobre con su bajada. Toda una instalación. Y... , las estaciones estaban a gran distancia. Se escuchaban pocas y eran casi todas de Buenos Aires, pero todavía no eran muchas las casas que podían tener una. 
Pero no era sólo la pasión del fútbol ni las tardes de radio, sino recorrer este camino y su entorno, salir de nuestro pequeño mundo, y alejarnos de las últimas casas del pueblo, cruzar la vía, y adentrarnos en lo que había más allá. Cruzar la vía era el comienzo de la aventura. Más allá era otra cosa, el camino era largo, infinito, y hablaba de otros lugares que conocíamos sí, pero que estaban cargados de encanto. Hasta ese pequeño tramo era un viaje, un verdadero viaje, donde pasaban tantas cosas lindas: las llamativas alas pintadas del pájaro que nos rozó volando, el otro que estaba cerquita en un arbusto del alambrado, o la liebre que descubríamos en su carrera por las puntas de las largas orejas que asomaban zigzagueando en los pastos, o de pronto, una perdiz que nos mató de susto al alzar vuelo casi debajo del pie.- ¡ PPPPRRRR rrrrrr ...!
O la forma de aquel Tala, con su copa ahuecada y tupida como una techumbre, o aquella rama perfecta para una honda, o el ulular del viento, la frescura de una sombra, el flamear de los pastos; o los vertiginosos y traviesos remolinos de verano, levantando polvo, pastos, y papeles que quedaban girando, y se descolgaban lentamente del cielo, revoloteando como desilusionados, mientras que del remolino no quedaba ni rastros...
 
 
II
 
O sea: contemplo lo que queda y me transporto en el tiempo; mientras piso los rieles enterrados, soñando. Pero si bien detrás de mí el pueblo se convirtió en ciudad y el pavimento llega precisamente hasta la vía, hacia el norte el camino sigue polvoriento; pero en la vía el tren no pasa desde hace muchos años, veinte al menos.
Aquí el polvo del camino le puso una capa ya permanente y cada vez más compacta, dura como una lápida, y triste como una mortaja. A un lado y otro del camino los rieles abandonados duermen entre el pasto que los ha ido tapando casi por completo, y por momentos se dejan entrever entre la fronda de la gramilla por el pálido brillo que reflejan del sol de la tarde en el dorso casi opaco, y más adelante se adivina la vía y la curva que aquí comienza, redondeada y suave, más por la memoria que por la evidencia.-
Antes, ese brillo nos cegaba cuando caminábamos contra el sol, ya que el tren al pasar una y otra vez los mantenía pulidos como espejos, y la gramilla  y otros pastos se mantenían prolijamente fuera de la franja que formaba la vía con el ancho de los durmientes a flor de tierra.  A cada lado del cruce, en la línea del alambrado, los guarda-ganados impedían que los caballos, vacunos u otros animales grandes, ingresaran a las vías por obvias razones de seguridad.
No eran profundos, pero a nosotros nos atraían y nos demorábamos en pasar pisando, una y otra vez sobre las rejas, como demostrando el valor que teníamos, especialmente cuando los domingos estábamos acompañados por los demás chicos, con los que solíamos ir a jugar. Hoy están tapados en tierra, o quizás ni estén allí, porque no se ven ni rastros, al menos a simple vista.
 
 
III
 
Hacia el este del paso a nivel, la Estación quedaba a unas veinte cuadras, y la vía terminaba de hacer la curva y seguía recta unas diez cuadras hasta otro paso a nivel; pero aquello estaba fuera de nuestro alcance, al menos en esa etapa. Aquí teníamos suficiente. Aquí mismo a la derecha están todavía los galpones de una fundición de hierro, y enfrente una ruidosa desmotadora de algodón, que nos tapaba en polvo y humo, además de un constante zumbido de sus extractores, ventiladores y ciclones, que nos arrullaba y nos despertaba, una u otra.-
 Al costado de la vía, formaban montones los residuos de borra y metal fundido, entre los que encontrábamos enorme cantidad de municiones de hierro, más o menos redondeadas, especiales para tirar con las gomeras, que justamente por su peso y su redondez, aseguraban una trayectoria de verdaderas balas; hoy diría que hasta sumamente peligrosas... Ese montón de desecho tenía incontables buscadores de proyectiles, que nosotros almacenábamos para nuestras correrías.-
También era campo de pruebas, porque la tentación era ver como se tiraba con estos o con aquellos, y los blancos predilectos eran los aislantes de porcelana del telégrafo, que bordeaba la vía junto al alambrado. Algunos chicos de nuestra edad, o un poco mayores eran unos verdaderos inadaptados, capaces de cualquier maldad, por lo que eso, era una nadería.-
Eso, o matar inofensivas palomitas, horneros, cuises, etc., que hoy horrorizaría a cualquiera, aquella vez pasaba desapercibido. Aún no se hablaba de  ecología ni de especies protegidas, y casi, casi, ni de amor a los animales; al menos, no con la conciencia conque hoy se está asumiendo,  y menos a los niños, y menos que menos a esos niños... 
 
 
IV
 
A una calle de la vía vivíamos nosotros, y ver pasar el tren era una diversión que no menguaba por más que lo hacíamos todos los días, mañana y tarde. El más interesante era el tren de carga.  No tenía un horario, como el de pasajeros, pero pasaba después de media tarde y en el invierno, durante la temporada de la caña de azúcar, íbamos al borde a esperar su paso, y nos solían arrojar cañas enteras o trozos, y para nosotros eran trofeos tan valiosos, que volver con cierta carga nos llenaba de gloria.
Recuerdo las emociones de la espera. Ver al maquinista o al foguista  esconder o balancear las cañas que nos arrojarían, tras elegirnos;  porqué a veces éramos varios los chicos que esperábamos junto al alambrado. Era todo un juego, para ellos seguramente divertido, para nosotros, angustioso. Si el tren era largo siempre había más gente en los vagones o en las chatas, que hacían otro tanto.   
Pero no era necesariamente pareja la cosecha, era más bien cosa del azar. Todos guardábamos una estratégica distancia uno de otro, asignándonos en el momento un territorio; y  desde nuestra posición aguardábamos expectantes. Ver que se fijaban en uno y  revoleaban el trofeo en nuestra dirección, y caía más o menos cerca, pero entre las matas de paja brava, y había que encontrarla, a veces disputándola fieramente con el chico vecino; y otras veces con la poca luz del ocaso, se terminaban perdiendo y proseguíamos la búsqueda al día siguiente. No era seguro que la caña nos esperara, quizás el ocasional vecino nos habría madrugado.
 
 
V
 
Justo enfrente, cruzando la vía, había una pequeña franja de monte. Un montecito. No tendría más de media cuadra de ancho, y una cuadra de largo. Pero tenía todos los tonos de verde, y bastaba para que a nosotros nos pareciera una selva virgen, inhóspita, y cuajada de peligros... 
Aromos, chañares, espinacoronas, arbustos y enredaderas, tunas con sus tentadoras frutas, pero erizadas de púas, cardos con sus varas floridas, insectos que zumbaban, diversos pájaros que anidaban allí, y un sendero bastante sinuoso que lo atravesaba; en una punta una lagunita, donde solíamos sentarnos por horas, con mi hermanito menor, Reinaldo, y a veces algún vecinito,  a la sombra de los algarrobos que la bordeaban y hacíamos que pescábamos tirando los "bogueritos" entre los juncos , mientras observábamos las ranas o los sapitos, y los caracoles y los rojos racimos de huevos pegados a las pajas sobre la línea del agua.
 Nunca la he visto seca a la pequeña laguna, ni en tiempos de sequías, y eso que no era más que un charco. Hoy me parece increíble, pero entonces hasta contemplaba hipnotizado las larvas de los mosquitos que tras la lluvia pululaban en la superficie, y minúsculas arañas que tejían redes entre las ramitas de la orilla.
Llegar al montecito, entrar en él bastaba para convertirnos en legendarios exploradores, arrojados  cazadores, o valientes e intrépidos personajes como el mismísimo Tarzán de los monos...  Como tenía inventiva fabriqué una pequeña ballesta, con su travesa, su tensor, su gatillo; y con unas afiladas varillitas metálicas como flechas.
 Eufórico, tras comprobar su funcionamiento y su eficacia, me fui al monte, a la jungla,  en busca de aventuras... Buscaba una pequeña pieza de caza, quizás algo peligroso, algo que valiera un tiro de mi portentosa ballesta... Tras moverme con cautela , despacio y sin ruido, al acecho, por más que estuve quieto largo rato, no he visto nada que se moviera; a no ser una rana verde que saltó entre las ramas de un árbol bajo y no dudé, casi diría que fue sin querer, disparé la flecha-varilla y la rana quedó atravesada, ensartada entre las ramas.-
Me quedé duro.
Si le tenía repugnancia a las ranas y a los sapos, al menos vivos los veía sólo un instante y a cierta distancia; pero ahora tendría que arrimarme y recuperar la flecha, pese a todo no estaba dispuesto a perder una de mis valiosas varillas de metal con un filo tan trabajado, no; para nada. Así que formé de tripas corazón y lo hice, me sobrepuse al asco, tomé al pobre batracio muerto y le saqué la flecha, y allí terminó la cacería, y con el estómago revuelto volví a casa. Nunca volví a tirar  ni al blanco con el artefacto, y no supe decir en casa, porque no probé bocado en la mesa, ese día al menos.- 
 
 
VI
 
El puente de la vía me queda al oeste. Solíamos venir por varios motivos. Indudablemente tenía su magia. Uno era la pesca. Y de tanto en tanto sacábamos alguna pequeña tararira, tanto para dejarnos con ganas. Si bien bajo el puente siempre había agua, y era bastante honda, no era más que un zanjón, que provenía de una cañada de las cercanías y que solo traía agua cuando llovía, que a su vez volvía a formarse cañada más adelante en el bajo, antes del puente del camino, y así sucesivamente.
 Una vez, estando en primer o segundo grado, un compañero, más grande y muy corajudo ya de pequeño, porqué después estando él siempre  era el líder de nuestro grupo; me convenció que lo acompañara a la casa de uno de nuestros compañeritos de la escuela que vivía en la zona rural. De ida fuimos por el camino, pero de regreso dispuso que regresáramos cruzando el bajo, a campo traviesa.-
El asunto  es que había llovido hacía poco y la cañada tenía agua y si bien corría bastante no parecía honda. Además era como una maraña cruzada de pequeños zanjones y se podían pasar pisando los islotes que formaban. Todo a pequeña escala. Pero a poco era más ancha de lo esperado y más correntosa. Los pequeños canales se hacían difíciles de sortear, y un par de veces caímos y trepamos. Además yo era más chico y se me hacía difícil.
El no hablaba de volver.
Era aguerrido.
Pero sentí realmente miedo y tuvimos momentos difíciles, hasta que finalmente pasamos lo peor, terminamos volviendo a casa,  mojados y temblando. No sé a él, porque era muy corajudo, pero a mí no se me borró nunca el miedo que pasamos aquel día.
 
 
VII
 
Ir por la vía hacia el puente era de por sí un paseo.
Tratábamos de caminar haciendo equilibrio por los rieles y pisar sólo de tanto en tanto el suelo para mantenerse, ya que los durmientes hacían desparejo el piso, además llevaba una zanja de desagüe  cada dos durmientes a un lado y a otro alternativamente. Por lo que caminar requería atención y un paso coordinado.
             Aunque para nosotros era un juego.
A la izquierda había un viejo aserradero, con una playa llena de grandes troncos, o piezas de madera, que llegaba hasta el borde de la vía. A la derecha había una excavación profunda, de donde sacaban tierra arcillosa para la ladrillería. Esta era la misma que correspondía a la casona de los grandes eucaliptos. Era frecuente que aquí viniéramos a bañarnos en los días de calor, especialmente a la siesta.
Todos sentíamos temor a que llegara la gente de la ladrillería, aunque estaba la cava al borde de la vía y además no hacíamos ningún daño. Nos bañábamos desnudos, y sabiendo lo vulnerables que quedábamos, dejábamos la ropa muy a mano, aunque salir del agua no era fácil ya que era barrancoso y la arcilla de por sí resbalosa.
En una de esas, en lo mejor del baño refrescante, sentimos el galopar de caballos y un griterío que asustaba. Verlos y tenerlos encima fue todo uno. Cada cual salió como pudo manoteando la ropa y cruzando el alambrado, y por las dudas correr a más no poder...
Nos vestíamos mientras corríamos. Tampoco era para tanto. Ellos no habrían estado más que divirtiéndose, pero nadie se quedó a averiguarlo. Había un chico nuevo en el grupo. Siempre estaba muy bien vestido.
Cuando todos nos juntamos en el paso a nivel él aún estaba desnudo con las ropas en la mano, temblaba de miedo, además había dejado el sombrero al borde del agua, y decía llorando que no podía volver a la casa sin el preciado sombrero. ¿Volver a buscarlo?... - ¡Ni locos!,- y el grupo se disolvió mientras él aún no lograba vestirse...
Quedé con él, y él allí firme, temblando; encima yo lo había invitado...
- ¡Bueno, vamos! - dije en un arrebato cargado de súbito coraje...
Y nos volvimos los dos solos. ¡Además los ladrilleros no iban a estar allí esperándonos!  La verdad es que no podíamos estar seguros si se habían ido, porque el borde de la cava tenía una zona de arbustos, que nos impedía ver hasta que la trasponíamos, y ahí ya estaríamos adentro...
Pero sí, media docena de chicos y no tan chicos, estaban con sus caballos aún allí. Nos quedamos un momento duros, luego usé mi salvoconducto, que esperaba me sirviera: Yo era conocido de ellos, al menos de algunos. Así que me animé y les mostré el sombrero en el suelo, y le dije que era de mi amigo, y que veníamos a buscarlo.
No hicieron gran cosa, así que alcé el sombrero, los saludé con el sombrero mismo, y rápidamente me volví alcanzando a mi compañero, que ya se me había adelantado bastante, y estaba en medio de la vía; y aliviado, me vine riendo porqué yo creía, que no teníamos que haber disparado de ese modo.-
Al fin me había portado como un pequeño y valiente quijote.
 
 
VIII
 
Más adelante había sendas ladrillerías a ambos lados, y aún más adelante el puente. El puente era de hierro, y ladrillos, de cuando hicieron el ferrocarril. A veces veníamos a bañarnos, aunque  yo siempre conseguí zafar porqué me daba miedo. Otras a pescar. O solamente a divertirnos. Pero el lugar era fascinante. El terraplén bajaba en un declive abrupto, con tortuosos caminitos que bajábamos a trompicones, entre tupidas matas y  verdes plantas de ombúes nudosos.
A los costados había chacras sembradas.
Una siesta de domingo, muy calurosa, mientras el pueblo quieto y somnoliento, descansaba de los sudorosos días de la semana; nosotros, media docena de compañeros, llegábamos una vez más de excursión al puente. A lo lejos, un horizonte azulado y difuso, que el calor hacía reverberar, se veía como a través de un cristal ondulado y movedizo; mientras el silencio que nos envolvía contenía un mundo de pequeños zumbidos, chirridos y silbidos, propios del verano y de la hora, en que imperaban las chicharras y los pequeños insectos.
 Nos sentíamos felices por estar allí; libres, aventureros, ansiosos...
 Unos bajaron del terraplén antes del puente, y otros lo traspasamos, bajando al otro lado de la ancha y lagunosa poza, repartiéndonos así las orillas de pesca.
El más corajudo lideraba como siempre las acciones. Atento por encontrar en qué demostrar su liderazgo, además de tener una inclinación a vencer obstáculos o pequeños peligros.
Se le ocurrió venir a nuestra orilla, atravesando el estrecho pero profundo curso de agua que bajaba a la cañada; sosteniéndose sobre el alambrado, aunque faltaba algún poste, y los hilos sólo unidos por las varillas, se balanceaban peligrosamente a medida que avanzaba. Llegado a la mitad, el alambrado se volcó aún más, haciéndole casi tocar la espalda en el agua, lo que lo obligó a apoyarse pisando un trozo de tronco medio podrido, que flotaba junto a camalotes y deshechos, y la correntada empujaba, manteniéndolo contra lo que quedaba del inestable tendido...
El tronco, que era en parte hueco, se hundió en la punta que pisaba, y de la otra comenzaron a salir víboras en cantidad, tan asustadas como él, subiendo a los camalotes y palos, y otras nadaron zigzagueantes buscando la costa más cercana.
Gritamos o saltamos, y corrimos, no recuerdo bien. Sé que después nos organizamos y entre todos lo ayudamos a salir.
Era el precio que a veces le tocaba pagar.
 
 
IX
 
 A veces cuando no tenía clases y en casa me permitían, llevaba a mi hermano menor a que me acompañara. Una mañana de sol pero con mucho viento, volvíamos a casa ya cerca del mediodía, embelesados con el ondular de las cañas y el silbido de las ramas, con los mechones de hojas flameando hacia el sur, por efectos del fuerte viento norte.
Un silbido me pareció más fuerte y me volví, justo a tiempo para ver casi encima nuestro, la tremenda mole de la locomotora del tren de pasajeros, que nos pitaba seguramente desde hacía rato, resoplando vapor y humo negro. Empujé a mi hermano violentamente a un costado, y yo alcancé a saltar al otro, y desde el suelo vimos pasar a un metro, semejante monstruo, con su diabólico movimiento de cigüeñales y de bielas, entre quejidos y bufidos de horrenda bestia metálica.- Sentados vimos como se alejaba el último vagón, en una humareda y pitidos anunciando como siempre, que estaba llegando una vez más.
No hablamos en todo el camino, y el susto no se nos iba por mucho tiempo. No podíamos creer de lo que nos habíamos salvado. De esto ni una palabra en casa, no sea que nos merme el permiso para volver otro día.
 
 
X
 
De todo esto me voy acordando mientras camino lentamente por la vía, o lo que queda de ella, mirando absorto el piso, los desagües borrados, los rieles semiocultos en el yuyo, los durmientes que sólo asoman alguna esquina de tanto en tanto, me paro antes de llegar al puente, me acuerdo de la excavación y me cuesta encontrar el lugar donde estaría; una irregularidad del terreno, con las barrancas borradas y cubierta de chañares, todo el terreno aledaño cubierto de ramas, en un verdadero abandono. Por aquí más o menos habrá sido, cuando el tren casi nos atropella.
Me siento un rato y sueño.
Cuando me incorporo veo semi-enterrada contra el borde de un durmiente, una bolita de vidrio de colores, un "bochón", como le decíamos entonces..., y no sé si en serio o en broma, me parece igual al que mi hermano siempre llevada, en el bolsillo de su pequeño "jardinero". - ¿Puede ser? ¡Claro que no! ¡A quién se le ocurre! - Encontrar una bolita así de aquel tiempo, así sin más...
Pero no sé, me quedo pensando en eso, y por las dudas, guardo muy bien el bochón colorido de vidrio, y me pregunto: - Pero; ¿Y ahora, habrá bolitas así?-
Un poco más y llego al puente.
Sigue estando, incluso tiene agua, pero no están los ombúes y un ramerío de espinas cubre los costados del terraplén.- Espinas y cardos y rameríos enmarañados, después de dos o más décadas de abandono.-
No es más que una ruina, nada que ver con aquello.
 
 
 
  *de CELSO H. AGRETTI. celsoagr@...
Avellaneda S.Fe
19 /12 /02
-NOTA: Escrito en una tarde calurosa.-
Del libro "Los días felices", edición del autor; 2005.
 
 
 
 
 
*
 
 
Un gallo invisible hechiza
el alba inconclusa.
Los sueños aún
hilan la gracia
de la noche.
Es la hora
en que tú aliento
roza mi sueño
y lo multiplica
en una avenida
de espejos.
 
 
*de SANTIAGO BAOsantinebao@...
-Selección de "Cantos del río del Este"
Editorial La luna que..., Bs.As., abril de 2009.-







 
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#205 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Dom, 17 de May, 2009 12:23 pm
Asunto: A UN NEGRO HOYO DE SOMBRAS...
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Onírica*


                        
 Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
                    A. Storni



Sueña con muñecas rotas
les acomoda los omóplatos arregla
los ojos hundidos les prepara
comiditas
las hamaca y susurra les
canta nanas
las abriga    se abriga
las abraza y se duermen
ovilladas.


                
*de Verónica M. Capellino. veroaleph@...






A UN NEGRO HOYO DE SOMBRAS...





 
EXPLORACION DE RUTINA*
(Cuento)
 

Desde muy pequeña ya había advertido que se sentía distinta, diferente a sus compañeras, tan uniformadas y disciplinadas ellas, organizadas y conformes; tan virtuosas, trabajadoras silenciosas e incansables, y obedientes obre todo. No es que ella las cuestionara o que no supiera valorar los logros evidentes de la comunidad; tenía que aceptar, que el orden del conjunto era la base de la armonía  y el confort de que disfrutaban. La seguridad social y la justicia, afloraban aún sobre otros tantos logros que disponían copiosamente.
Así y todo, se fue definiendo como una criatura analítica, razonando hasta sin querer, sobre diversos temas, viéndolos al derecho y al revés, buscando una forma de mejorar todo aquello, aunque fuera en los detalles. Meditar estaba en sus vísceras, no podía evadirse ni aún que tratara, lo hacía naturalmente, sin dejar sus tareas ni menguar el paso, que la jornada le exigía como a todas, obreras o ejecutivas. Hubiera  querido soñar, volar, imaginar otros mundos, otros seres, otras formas de vida.
Veía que a las demás, todos esos temas las tenían sin cuidado. Nunca un cuestionamiento, ni una queja o al menos una propuesta, ni siquiera un comentario. Llegó a creer que era la única que tenía la capacidad de razonar, de tener un deseo, de sentir el dulzor de un sueño.
Echaba sobre sus espaldas la pesada carga, y como cualquiera, emprendía el sendero ondulante, sinuoso, llano por tramos, áspero, bordeado por tallos retorcidos, hojas cortantes, raíces salientes, a veces tan grandes que había que treparlas y sortearlas con gran esfuerzo, conservando intacta la carga. Otras veces eran enormes grietas o zanjas, y todo tipo de suelo y fuertes solazos o ventarrones que pugnaban por arrastrarlas. 
No era nada fácil, ni para ella ni para las demás. Apenas descargadas, volver a salir en busca de más provisiones, materiales o materia prima. Una vez más el transitado sendero. Eso no era todo, la jornada era larga, interminable, de sol a sol. Solidarias y socialmente formales, eran cuidadosas en sus relaciones comunes, y se reconocían y saludaban reverentes, al cruzarse con las compañeras que regresaban, invariablemente por el mismo sendero. A veces  encontraba esta ceremoniosa costumbre algo cansadora, ya que debían repetir el saludo cientos y miles de veces en una jornada. Se sumaba el riesgo de extraviarse si perdían contacto con la fila; máxime cuando designaban algunas en una misión exploratoria, en áreas desconocidas, siempre buscando nuevas fuentes de aprovisionamiento.
Esta tarea era por lejos, la más peligrosa, arriesgada, y la más exigente; podía tocarle a cualquiera, ya que no había diferencias ni era de esperarse privilegios o favores, y menos aún, que advirtieran en una cualidades o vocaciones, ya que  supuestamente nacían y crecían iguales, casi clonadas una de otras. Ella estaba convencida de ello. Quizás la conclusión era que se podía vivir, con un poco menos de sacrificio, con más reconocimiento, y más espacio para un desarrollo individual, que despertara la creatividad, las artes y el esparcimiento, sentirse individuos, obtener logros personales y poder volar con la imaginación, sin que fuera considerado un pecado social.
Le tocó un día nublado, en que era más difícil ubicarse cardinalmente; pero estaba acompañada por un pequeño grupito de compañeras, en las que confiaba solidariamente. Iba adelante. Dejando el sendero conocido doblaron a la izquierda, luego a la derecha, y otra vez a la izquierda;  siempre buscando la tierra prometida  de la ansiada abundancia. Las demás registraban memoriosamente, el mapa para el camino del regreso.
El entorno cambiaba gradual. o abruptamente, ello no conseguía distraerlas del objetivo, que era cumplir con la misión encomendada, aún que esta vez se habían alejado mucho más de lo habitual. Los pastizales crecían tan altos que hacía rato no veían el cielo, y el suelo se había convertido en una  pendiente trabajosa y empinada. En la cima una larga  barrera a pique, infinita y alta, les cerraba el paso.
Pero no habían llegado hasta allí para detenerse en un obstáculo, por más intimidante que fuera. Empleando su fuerza proverbial y sus cualidades físicas  sorprendentes, una a una treparon y treparon con todo esfuerzo, pero como si fuera lo más natural, hasta llegar a la cima. Arriba se sorprendieron de algo que jamás habían visto. Un piso liso, una franja metálica,  pulida como un espejo, mucho más ancha que uno de sus senderos y tan largo que se perdía en el lejano horizonte.
Para su percepción del mundo, para su visión de pequeñas hormigas cortadoras, por más exploradoras que fueran esta vez, aquello las desconcertaba. Se miraron entre sí, y comenzaron a temblar, cuando aquel riel de la vía tembló, anunciando la  inminente llegada  de un tren. Y menos pudieron saber, que estaban justamente enfrente, de una de sus estaciones. El temblor iba creciendo y a lo lejos una silueta frontal crecía vertiginosamente.
Sin saber que hacer, las demás retrocedieron llenas de pánico, mientras ella permaneció heroicamente en su puesto, quizás inconsciente del tamaño y la contundencia del peligro, que se cernía sobre ellas. El monstruo se acercaba gimiendo y resoplando, como un gigantesco dragón de acero.
El tren mermaba su andar, mientras se arrimaba cada vez más lento, entre nubes de vapor blanco y bocanadas de humo negro. Iba a aplastarlas inexorablemente. La hormiguita levantó una de sus patitas para defenderse, cuando la gigantesca rueda le llegó encima, y hasta pudo verse reflejada un instante, en el espejado rodamiento redondeado. Vio su patita chocar con ella; justo en el momento en que el tren se detenía; aunque permaneció bufando, como si jadeara por el esfuerzo...
 Sugestión o engaño, desde donde estaban, todas creyeron ver lo mismo.
Asistieron a cómo su valiente compañera, enfrentó al monstruoso y gigantesco aparato y lo detuvo, con sólo levantar una patita.
La aclamaron con auténtico entusiasmo, y locas de alegría se volvieron a contar el milagro, y cantando la llevaron de vueltas en andas por el sendero que llevaba al hormiguero.
En poco tiempo todas supieron de su heroísmo, y fue declarada ilustre con todos los honores. La reina quiso que le contara una y otra vez de su proeza, que corroboraban sus compañeras de hazaña,  incluidas en el aura de gloria que envolvía desde ahora a la pequeña heroína, que se cubrió con un manto de laureles.
Logró al fin ser considerada distinta, diferente, como ella presentía ser, desde que tuvo uso de razón, desde cuando era horminiña...
También despertó en otras, sentimientos e intereses contrarios. Algunas se encolumnaron con una, que pronto mostró su disgusto, por la distinción que prodigaba el hormiguero, a este nuevo paladín que surgió, seguramente por un golpe de suerte...Era cuestión de encontrar la forma de desenmascararla, de quitarle el halo que le habían entronizado...No era nada natural, ni podía aceptarse así como así, que alguna se destacara de las demás.
Confabuladas llegaron a las vías y esperaron una y otra vez, una nueva arribada del tren a aquella estación, ya que de golpe habían aprendido a deducir, aprendido a pensar, bien o mal, apuradas por la imprevista competencia del odioso destacarse de una semejante; y eso les hizo comprender aproximadamente, como  funcionaría aquello. Ahora sospechaban que el monstruo por más terrible y gigante que haya sido, se había detenido porque debía detenerse y no por la fuerza ni el coraje de la nueva y famosa vedette. Iban a demostrarlo y destronarla, o quizás podrían luego usarlo, para igualar el mérito y los honores, que ella había alcanzado.
 En el mismo escenario se repetía la escena, y sintieron también temblar el riel, lustroso y brillante contra el sol de la tarde, y también vieron la oscura silueta agrandarse entre nubes de humo y vapor, rugiendo como un dragón encabritado.
Era una visión del averno, aterradora, imposible desde sus pequeñeces  de hormigas, no sentir pavor; pero ya conocían el truco, y contaban con que el tren se detendría allí, frente a la estación, donde incluso veían vagamente, fuera de foco, gente en movimiento que esperaba.
Detrás, una pequeña multitud había tomado posiciones en la lisa ruta de acero, para contemplar el evento, y aclamaban alentando a los nuevos líderes que surgirían en unos instantes. La comunidad de iguales de aquel hormiguero, se estaba despertando, y quizás todo comenzaría a convulsionarse, a partir de aquella gesta de la que eran históricas testigos.
Vieron acercarse más y más la temible rueda delantera, mil veces más grande que todas ellas; y aún sabiendo el truco, mostraban el valor de su estirpe, y también vieron que el avance se iba frenando, que el monstruo se detenía, tal como habían calculado.
Pero para el tren, metro más o metro menos era lo mismo, no importaba ninguna precisión, el andén era largo, y esta vez paró unos metros más adelante, quizás cinco o seis; pero bastaron para consumar, una involuntaria masacre hormiguística...
Nadie corrió, ni se escucharon sirenas ululantes; ni la gente que se agolpaba en el andén, ni la que desocupaba los vagones, ni la que aguardaba para abordarlos, nadie escuchó nada. Nadie advirtió la tragedia que acababa de ocurrir, a pocos pasos de ellos...
Sólo se salvaron dos o tres hormiguitas, coloradas y temblantes, que apenas pudieron encontrar el sendero y volver al hogar, donde llorosas y apesadumbradas, contaron del triste final de estas nobles y valientes compañeras, que, aunque equivocadas, trataron de demostrar una arriesgada teoría, que costó tantas vidas al convulsionado hormiguero...
Después del luctuoso suceso, la afortunada heroína fue más aclamada que nunca, ya que su mérito era ahora indiscutible...
 
 
 
*de Celso H. Agretti. celsoagr@...
Avellaneda, Sta.Fe





Hormigas*


Dos hormigas obreras de cabeza negra y fuertes tenazas estaban conversando dentro del hormiguero mientras iban amontonando en aquella sala-almacén los vivieres que traían las compañeras. Nunca habían salido del hormiguero y, en su ignorancia, elucubraban sobre el exterior.

- ¿Crees que hay vida fuera del hormiguero?
- Por supuesto que no. Somos las únicas habitantes de la tierra.
- ¿Tu crees? Ten en cuenta que el exterior es inmenso según me han dicho.
- Si, pero no hay nadie ahí fuera, únicamente simientes y no siempre.
- Eso es cierto, pero no pierdo la esperanza de conocerlo algún día.
- A mí no me interesa en absoluto, aquí estamos calentitas y con comida ¿Qué más se puede pedir?
- Me gustaría tanto poder ver si hay alguna criatura más...
- ¡Qué va a haber! ¿No ves que eso es imposible?
- Pues no sabes lo que daría por salir aunque fuera un ratito.

Enfrascadas en la discusión no se apercibieron de la presencia del oso hormiguero que con su larga lengua las sacó a pasear un instante.




*de Joan Mateu. joan@...







Perdido*



*Por Haroldo Conti
 

El tren salía a las ocho o tal vez a las ocho y media. Recién diez minutos antes enganchaban la locomotora pero de cualquier forma el tío se ponía nervioso una hora antes. Todos los del pueblo eran así. Apenas llegaban y ya estaban pensando en la vuelta. Su padre había hecho lo mismo. La mitad del tiempo pensaba en las gallinas, que comían a su hora, o en el perro, que había dejado en lo del vecino. Para el Buenos Aires era la Torre de los Ingleses, Alem, la avenida de Mayo y, por excepción, el monumento a Garibaldi, en Plaza Italia, porque la primera vez que vino, con la vieja, se extraviaron y fueron a parar allí. Se sacaron una foto y el tipo de la máquina los puso en un tranvía que los llevó a Retiro. De cualquier forma llegaron una hora antes y con todo estaban tan excitados que casi se meten en otro tren.
Mientras cruzaba la Plaza Británica con aquella torre que de alguna manera presidia su vida, vista o entrevista a cualquier hora del día en que pisó Buenos Aires, y luego los años y toda la perra vida, y ahora esa vieja tristeza que le nacía de adentro, bueno, y la torre siempre alli como el primer día. mientras cruzaba la plaza, pues, vió al tío por anticipado en un rincón del hall del Pacífico (ellos todavía decían Pacífico) encogido dentro del sobretodo que olía a tabaco, con la valija de cartón imitación cuero a un lado y un montón de paquetes sobre las rodillas, manoseando el boleto de segunda dentro del bolsillo para asegurarse de que todavía seguia allí.
Lo había llamado dos o tres veces desde el hotel Universo pero él estaba fuera y la muchacha entendió las cosas a medias. Después trato de llegar hasta la casa, a pie, por supuesto, pues los troles y los colectivos lo espantaban. Se había extraviado en algún punto de Leandro Alem y antes de perder de vista la Plaza Britanica prefirió volver a Retiro y esperar el tren.
Hacía un par de años que Oreste no veía al tío pero estaba seguro de encontrarlo igual. La misma cara blanca y esponjosa salpicada de barritos y de pelos con aquellos ojos deslumbrados que se empequeñecían cuando miraba algo fijo, el moñito a lunares marchito y grasiento, el mismo sobretodo negro con el cuello de terciopelo, el chambergo alto y aludo que se calzaba con las dos manos y el par de botines con elásticos.
La estación Pacífico se había empequeñecido con los años. Eso parecía, al menos. En realidad era un mísero galpón con un par de andenes mal iluminados. En otro tiempo, sin embargo, veóa todo aquello coloreado por una luz misteriosa. La propia gente estaba impregnada de esa luz. Era espléndida, leve y gentil, como si no fuera a cambiar ni a morir nunca y la estación lucía como un circo. Pero la gente había cambiado de cualquier forma y la vieja estación Pacífico lucía ahora como lo que era, un misero galpón de chapas lleno de ruidos y olor a frito.
Vió al tío en un banco, debajo del horario de trenes. Parecía muy pequeño e insignificante. Tenía las manos metidas en los bolsillos, las piernas bien juntas, un paraguas sobre las rodillas y la mirada perdida en el aire.
Miraba en su dirección pero no lo veía. No veía nada.
Reaccionó cuando lo tuvo delante. --!Oreste!
Se abrazaron y se besaron, de acuerdo a la vieja costumbre.
Oreste dejó que el tío lo palmeara un buen rato. Tenía ese olor familiar, un olor masculino que evocaba a aquellos hombres reservados de su infancia que le sonreían, con breve indulgencia, como el tío Ernesto, grande como un ropero y delante del cual tragaba saliva invariablemente, o el gran tío Agustín, la única vez que lo vió el día que vino de Bragado en aquel Ford A con cadenas que echaba una nube de vapor por el gollete del radiador, o al propio tío Bautista cuando era el mismo por entero y no apenas esta sombra.
Se apartaron y el tío pregunto sin soltarle los brazos:
-Cómo va? -Bien, bien.
Se miraron y sonrieron un rato y después se volvieron a abrazar.
-Y usted, que tal? --Bien, bien.
-La tía?
-Y, bien......
Le puso una mano sobre un hombro y lo miró largamente. Oreste sonrió despacio. Estaba acostumbrado a aquel estilo.
-A qué hora sale el tren? -A las ocho y media.
-Son las siete y cuarto. Vamos a tomar algo.
-No... mejor nos quedamos aquí. ?A dónde vamos a ir? Entre que arriman el tren, y enganchan la locomotora se va el tiempo.
Sí, pero nosotros no tenemos nada que ver en todo eso. Vamos.
-¿Y a dónde? No hagas cumplidos conmigo, hijo.
Estuvieron forcejeando un rato hasta que por fin lo convenció y se metieron en el bar de la estación. Consiguieron un lugar desde el cual, a través de una perspectiva complicada, veían un pedazo del andén número 4.
Oreste pidió hesperidina y el tío, a fuerza de insistir, un Cinzano con bíter.
-Cómo se largo hasta aquí?
-Eh!... hacía tiempo que lo tenía pensado.
El tío miró el reloj del bar y puso cara de espanto.
-Esta parado --dijo Oreste sujetándolo por un brazo.
No parecía convencido. Saco y examinó el viejo Tissot con agujas orientales.
-Que te decía?... ¡Ah, si! Vine a ver a mi primo, Vicente.
Hacía seis años que no lo veía. Somos del mismo pueblo, Baigorrita. Le estaba prometiendo siempre. Que hoy, que mañana. Sorbió un traguito de Cinzano.
-Está viejo. Casi no lo conozco.
Permaneció un rato en silencio con el mismo gesto abstraído que tenía cuando esperaba en el hall.
-Qué tal? Cómo va eso?-volvió a preguntar con desgano. -Bien, bien.
-Se progresa?
-Se progresa.
Se miraron con afecto, sonrieron y callaron.
El tío había sido siempre así. El tío y todos ellos.
-Traje una punta de encargues. La tía me pidió unas latas de "Sal de Hunt". Hace mas de un año que anda detrás de eso.
Fui a buscarlas a Junín hace dos meses. No... en noviembre. Hace cuatro meses.
-Para qué sirve? , -Para el estómago. Es una gran cosa. La gente toma ahora toda clase de porquerías, pero ésto es realmente bueno.
Silbó una locomotora y el tío se alarmó.
-Falta todavía.
Volvió a mirar el reloj y sorbió otro poco de Cinzano.
-Bueno, fui a la Franco-Inglesa y conseguí todo lo que quise.
Le mostré el tarrito al tipo y me dijo: "Cuántos quiere?".
Apenas lo miró. Te das cuenta?
Dentro de un rato iba a desaparecer en la ventanilla de un vagón de segunda y no lo vería hasta dentro de cuatro o cinco años. Había otros cinco antes de ahora. Su viejo desapareció así un día y no lo vió más.
-Qué tal todo aquello? -preguntó Oreste después de un rato.
Todo aquello. Era un roce lastimero, un crepitar de años envejecidos, una pregunta hecha a si mismo, a un negro hoyo de sombras.
-Igual.
-Los muchachos?
-Siempre igual.
Callaron otra vez.
El tío hizo girar la copa y sorbió el último trago.
-Qué hora es?
-Las ocho menos cuarto.
El tío saco el reloj y lo observó inquieto.
-Casi menos diez. Vamos?
Oreste dudó un rato.
Vamos.
Estaban enganchando la locomotora. El tío recogió los paquetes y la valijas y comenzó a caminar apresuradamente hacia el andén número 4. Parecía haberlo olvidado.
Oreste trató de tomarle la valija y el tío lo miró con extrañeza.
-Está bien, muchacho. No te molestes.
-Déle saludos a la tía. A todos.
-Gracias, querido. Gracias.
Corrieron a lo largo del tren tropezando con los tipos de segunda que corrían a su vez como si la estación se les fuera a caer encima y metían por las ventanillas los chicos o las valijas para conseguir asiento. El tío trepó a uno de los vagones cerca de la locomotora y al rato sacó la cabeza por una ventanilla.
-Cuándo vas a ir por allá -preguntó mirando mas bien a la gente que se apiñaba sobre el andén.
-Apenas pueda.
-Tenés que ir, eso es. Cuándo dijiste?
-Cuando pueda.
El tío se apartó un momento para acomodar la valija. Después se sentó en la punta del banco y permaneció en silencio.
Se miraron una vez y el tío sonrió y dijo:
-Oreste! . . .
Él sonrió también, desde muy lejos, al borde del andén.
Sonó la campana y el tío asomó apresuradamente medio cuerpo por la ventanilla.
-Chau, querido, chau! -dijo y lo besó en la mejilla como pudo.
Trató de besarlo a su vez pero ya se había sentado.
El tren se sacudió de punta a punta. El tío agitó una mano y sonrió seguro.
Oreste corrió un trecho a la par del tren. Corría y miraba al tío que sonreía satisfecho, como aquellos hombres de la infancia.
Luego el tren se embaló y Oreste levantó una mano que no encontró respuesta.



 
 
 
El aplauso de una sola mano*




 *Por Juan Forn
 
Decir Wittgenstein hoy remite en forma automática al inclasificable Ludwig, el único de los filósofos del siglo veinte que subordinó su pensamiento a su ética (a tal punto de que en su juventud renunció a una herencia equivalente a trescientos millones de dólares de hoy, además de abandonar cinco veces en
su vida la filosofía para ser, sucesivamente, soldado raso en la Primera Guerra, maestro rural en Austria, jardinero de un monasterio en Suiza, enfermero en Londres durante la Segunda Guerra y, por fin, solitario habitante de una precaria cabaña en los confines de Irlanda). Ludwig W revolucionó dos veces la filosofía: primero de jovencito, con un libro de setenta páginas (el Tractatus Logico-Philosophicus) y treinta años después con sus abrumadoras Investigaciones filosóficas, publicadas póstumamente y hasta el día de hoy no entendidas del todo por nadie. Razón por la cual me permito sospechar, se ha escrito tanto sobre su vida (ningún otro filósofo de nuestra época ha despertado tal afán biográfico: ni siquiera Heidegger, con sus amores por el nazismo y Hannah Arendt). Es tanto lo que se ha dicho sobre Ludwig W que yo prefiero hablarles de su hermano Paul.
Paul Wittgenstein inició su carrera como concertista de piano en 1914 (su despótico y millonario padre había muerto el año anterior, permitiéndole ser artífice de su propio destino, cosa que no pudieron hacer los tres hermanos mayores, que terminaron suicidándose antes de cumplir los treinta años, los
tres). Convocado a filas por el inicio de la Primera Guerra, Paul recibió una descarga de metralla en el brazo derecho en su tercer día en el frente y cayó prisionero de los rusos, quienes además de amputarle el brazo en un hospital de campaña lo enviaron al mismo campo en Siberia donde Dostoievski ambientó su Casa de los Muertos. A pesar de las penurias, cuando fue liberado y volvió a Viena, Paul se encerró en la mansión familiar (en cuyos salones había siete pianos de cola), tomando como ejemplo al gran organista ciego Josef Labor y al conde Géza Zichy, un pianista manco húngaro que escribió un libro de consejos para aprender a vestirse y a abrir ostras con una sola mano, entre otras cosas. Paul pasó meses enteros dedicando siete horas diarias al estudio hasta que logró tocar con una sola mano lo que para muchos pianistas de dos manos era imposible. "Mi pulgar izquierdo hace el trabajo de la mano que me falta", se limitaba a decir. El problema era otro: la falta de repertorio.
Su fortuna personal le permitió resolverlo. A diferencia de su hermano Ludwig, Paul había aceptado gustoso sus trescientos millones de herencia y se dedicó a dilapidarlos alegremente pagando sumas estrambóticas para que músicos de la talla de Ravel, Prokofiev, Britten, Hindemith o Richard Strauss le compusieran especialmente obras para una sola mano. Los compositores comprendían pronto por qué recibían ese pago: Paul hacía los cambios que se le antojaban en la partitura cuando sentía que la orquesta opacaba su performance. Y, como el pago incluía los derechos exclusivos de ejecución, si no le gustaba la pieza la archivaba sin contemplaciones. Fue lo que ocurrió con el concierto que le escribió Hindemith en 1923 (descubierto en un desván de Long Island ochenta años más tarde y estrenado por Leon Fleisher en Berlín en 2004) y con el que encargó a Prokofiev (el pianista Siegfried Rapp, que había perdido el brazo derecho en la Segunda Guerra, logró en 1956 que la viuda de Prokofiev le consiguiera una copia de la partitura y tocó el concierto en público, para furia de Paul, que le hizo juicio y se lo ganó). A Strauss le devolvió una pieza argumentando que no era suficientemente brillante (éste debió entregar una segunda obra, la endiablada Panathenaenzug, para conformarlo). A Ravel lo hizo viajar a Viena y le pidió explícitamente una pieza que al público le sonara "tan completa y cristalina como una obra compuesta para dos manos". El hoy clásico Concierto para la mano izquierda se estrenó en la Sala Pleyel de París en 1933, con Paul al piano y Ravel al frente de la orquesta. Todas las críticas mencionan que Ravel parecía mucho más nervioso que Paul cuando saludaron antes de tocar.
Era difícil decir si las audiencias que aplaudían a Paul premiaban a un gran concertista o a un asombroso minusválido. Los miembros de su familia, cuyos gustos musicales eran más exigentes que los del público medio, nunca fueron especialmente enfáticos. Una de las hermanas mujeres, Hermine escribió: "Oírlo tocar es una tortura que me deja sumida en la más oprimente tristeza".
Pero el criterio de Hermine no es del todo confiable, teniendo en cuenta que tanto ella como su hermana Gretl simpatizaron con Hitler desde un principio (los nazis les dieron estatus de semi-arias a cambio de todos los activos de la familia en los territorios del Reich; en el libro The House of Wittgenstein, Alexander Waugh calcula que esa "donación" ascendía a seis mil millones de dólares y financió la industria armamentista nazi los primeros tres años de guerra).
Las performances de Paul empeoraron con el paso de los años hasta que dejó de presentarse en vivo. Las únicas grabaciones que dejó son, según unánime opinión, de muy escaso valor. Aunque en su exilio norteamericano nunca logró que le permitieran enseñar en el Conservatorio, tuvo hasta su muerte alumnos particulares, muchos de ellos becados, y minusválidos como él. Su esposa Hilde, que era medio ciega, había sido alumna suya en Viena. Paul tuvo tres hijos con ella (el primero concebido la misma tarde en que Hilde tomó su primera lección, cuando ella tenía dieciocho años y Paul cuarenta y siete).
Como Hilde no era judía, Paul había sido acusado de "degeneración racial" y tuvo que dejar Austria de apuro en 1938. Su mujer y sus hijos lo siguieron año y medio después. Allí los instaló en una casa en Long Island y los visitaba durante los fines de semana (ellos sólo podían ir a su departamento de Manhattan si avisaban con anticipación y no podían quedarse a dormir).
Cuando Paul llegó casi con lo puesto a Nueva York y sin su valet de toda la vida, dejó toda la ropa sucia tirada junto a la puerta de su habitación de hotel. Cuando ésta desapareció, debió quedarse dos días sin salir, tapado con una manta, haciendo las entrevistas para contratar un ayuda de cámara.
Uno de los aspirantes se ofreció a bajar a Bergdorf-Goodman y traerle ropa si Paul le decía su talle. El confesó que desconocía tal información: nunca en su vida había comprado ropa en un negocio. Todo su guardarropa, incluso sus zapatos, eran hechos a medida.
Cuando Ludwig y Paul eran jóvenes y vivían en la mansión de la familia en Viena, Paul interrumpió un día sus ejercicios de piano para golpear la pared que daba a la habitación vecina, donde Ludwig escribía en silencio. "¡Cómo pretendes que toque el piano con tu escepticismo colándose por debajo de la puerta!", le gritó. Ludwig no contestó. Estaba demasiado concentrado en su Tractatus Logico-Philosophicus, del cual hizo una sola declaración en toda su vida: "Es un libro que consta de dos partes: la aquí presentada y lo que no escribí. Justamente esa segunda parte es la más importante". Cada vez que leo esa frase pienso en el famoso koan zen ("Conocemos el sonido que hacen dos manos al aplaudir. Pero ¿cuál es el sonido del aplauso de una sola  mano?") y me pregunto cuál de los dos hermanos Wittgenstein logró acercarse
más a la respuesta.

*Fuente: Página/12
 
 
 
 
 
PERFILES*


Los tréboles se platinan
con la llovizna incesante.
Más allá,
un sendero se acuesta
en el bosque.

Nada se mueve.
La clara corteza del abedul
deja resbalar un tiempo de gotitas.
Más arriba,
en el gris profundo de la tarde,
se inicia la trama
de un recuerdo.
 
 
*de SANTIAGO BAOsantinebao@...






 
Correo:



MENDOZA: OTRO EXPERIMENTO TRANVIARIO*


Que nadie se tome a pecho equivocadamente el título. Tengo muy en claro que Mendoza y varias ciudades más del País hace varias décadas que deberían tener tranvías extendidos y eficientes.


No hay mejor ventaja en los nuevos tranvías denominados TrenTranvía (TramTrain), como la versatilidad de circular por calles, subtes, vías del ferrocarril y tramos de velocidad (70 ú 80 Km/h). Así lo muestran Baltimore y New Jersey, por ejemplo. Algunos hasta pueden ser mixtos eléctricos / diésel eléctrico. MENDOZA PERDERÁ esa oportunidad de extender rápidamente sus ramales hacia las vías del ferrocarril porque decidieron hacerlo de una trocha distinta y, asimismo, los futuros trenes de cercanías jamás podrán entrar por los que eran sus recorridos originales, pues les abrán cambiado la trocha.

Mendoza, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe tienen redes de ferrocarril con interesantes ramales que conectan a suburbios y localidades cercanas. Mayormente en Trocha Angosta y un poco en Trocha Ancha. ¿A QUIÉN SE LE OCURRE SOSTENER QUE LOS TRANVÍAS DE NUESTRAS CIUDADES DEBEN TENER LA TROCHA EUROPEA (de parte de Europa, no de toda), cuando tenemos una medida distinta? Ni siquiera es una cuestión de los oferentes, pues todas las empresas de tranvías fabrican PARA TODAS LAS TROCHAS.

Puede que un análisis particularizado de ramales y cercanías, indique que Mendoza debería tener tranvías de Trocha Ancha, pues tiene mayoría de líneas cercanas y regionales de esa medida (Bahía Blanca solo tiene trocha ancha y ya ha decidido TrenTranvía en con ese ancho).

Es conocido por muchos que nuestros ferrocarriles tienen distintas medidas y, por eso, el Urquiza no se puede unir con el Belgrano y ambos con el Sarmiento, Roca, Mitre y San Martín.

Más allá de las razones originales de esa realidad - folclore, hay raíces muy separadas ente lo ferroviario y lo tranviario y, en particular, con una raíz mas inútil y absurda en Buenos Aires.

Sí, el clásico ejemplo (mal ejemplo), con sus cloacas abiertas al Río, también es mal ejemplo en lo que a transportes, tranvías y subtes se refiere. Lo peor, es que sigue queriendo construir malos ejemplos.

A principios del Siglo XX, por una discusión entre empresas inglesas y una resolución salomónica de las autoridades, los subtes de Buenos Aires quedaron para los tranvías y los ferrocarriles nunca se meterían en eso (Por lo menos los de trocha ancha y angosta).

Así, además de popularizarse los tranvías de trocha media en todas las ciudades, salvo en Bahía Blanca, todos los subtes de Buenos Aires JAMÁS SE PUDIERON CONECTAR CON LOS FERROCARRILES DE CERCANÍAS por su diferencia de medidas.

La concesión del conocido TREN DEL ESTE, que es el tranvía de Puerto Madero -esa calesita de dos cuadras-, era perfecta, pues sería de Trocha Angosta para unir los servicios de dos ferrocarriles suburbanos en forma de tranvía multiplicando intereses urbanos, entre aeropuerto, barrio turístico, zonas comerciales y movimiento de pasajeros en general.

Un exabrupto mediático de una firma impuso que tenía unos coches de trocha media y así se hizo LA TERCERA TROCHA DE PUERTO MADERO (Angosta, Ancha y MEDIA), asegurando en el futuro cercano la imposibilidad de unir el proyecto Norte - Sur con una misma medida Y SIN TRASBORDOS.

A excepción de Buenos Aires, TODAS NUESTRAS GRANDES CIUDADES tienen que empezar de nuevo con sus redes y aprovechar la conectividad con lo periférico y regional que les ofrecen las vías existentes (AUNQUE ESTÉN CLAUSURADAS O DESMANTELADAS pertenecen a un determinado ferrocarril). Córdoba, Rosario, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, San Juan, Salta y hasta Jujuy lo que no tienen es trocha media.

Seríamos un caso más de tecnocracia y errores de copiado sobre el que nuestros nietos se reirán como nuestros padres se rieron de sus abuelos que PUSIERON TROCHAS DISTINTAS EN CIUDADES Y EL PAÍS TODO.

Mendoza está acertada en poner un tranvía. Está absolutamente errada en no utilizar lo que más le convenga para la integración territorial en corto - mediano plazo, es decir, o La Trocha Ancha o la Trocha Angosta (Me inclino por la primera, compatible con San Juan, Neuquén y mi Ciudad, Bahia Blanca - Punta Alta).



*de Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@...
- Ingeniero White - Buenos Aires
Mayo 14 de 2009 -
 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 17 de mayo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del cantautor y arpista ecuatoriano Ramiro Uribe. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Papaleo Soletzki (Argentina) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!
 
 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
 

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#204 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 13 de May, 2009 12:38 pm
Asunto: EDICIÓN MAYO 2009
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Como un perro con la cola entre las patas. Con el maquillaje corrido por las lágrimas.
La bronca reprimida de  impotencia, gruñía entre los dientes apretujados por su silencio.
No se animaba a compartir su dolor, tenía tanto miedo que no la quisieran tal como era.
Fumigaba con pesticidas sus afectos más puros. No era tan noble ni tan simpática como presumía. Su valentía era la coraza para ser aceptada.
En la inmensidad de la noche, sobrellevaba tediosamente su verdad.
 
*de Azul. azulaki@...
 
 
  
 
 
Mi corazón arrulla viejas canciones*


 
Mi corazón arrulla viejas canciones.
    Ronronea con ellas, se sumerge.
        Descubre.

Veo pasar a una niña con sus juegos a cuestas.
Pasa un hombre cargado de años
        con historias por contar.
Pasan jóvenes haciéndose arrumacos
        celebrándose el uno al otro.
Pasa un albañil con su casco amarillo
        y sus manos ásperas.
Pasa un estudiante enarbolando ideas
        levando sueños.
Pasa una madre con su crío
    también con sueños en las manos.
Pasa el cuidador de autos
        una banda de tambores
        un ciclista
        alguien, que por allá, cumple años
pasa el oficinista, el legislador,
        un funcionario
pasa una mujer levantando miradas
        una bandada de siriríes
        un perro vagabundo
pasa el vendedor de cosas en ofertas
pasa la luna y, en la autopistas, camiones
        el mendigo,
        la mujer que duerme en la avenida
        una prostituta
        los niños que aspiran para matar sus sueños
pasa un colectivo
paso yo entremedio de todos
        y me traspasan.

Ronronean viejas canciones en mi corazón.
        Se hacen nuevas.
             Y celebro.

 
 
*De CACHO AGU.  cachoagu@...
 
 
 
 
 
Problemas de sexo*

 
 
No tengo tiempo para relacionarme con la gente debido a que mi profesión de escritor me roba todas las horas del día y algunas veces incluso algunas de la noche.

Mi vida sexual no existe. Hace un par de meses que me siento deprimido y triste. Recorrí un largo "vía crucis" de médicos que me hicieron todo tipo de pruebas encontrándome en perfecto estado de salud, por lo que dedujeron que podía padecer tener enfermedad psicosomática. Visité un par de psicólogos y fue un fracaso. Iba a abandonar los intentos por mejorar mi condición, cuando gracias por la insistencia de un buen amigo consentí en visitar a un psiquiatra. Fue un verdadero acierto.

Desde la primera visita me sentí comprendido y en buenas manos. El médico me escuchaba con gran atención y a mí no me costaba mostrarme sin ambages. Esperé ansiosamente el diagnóstico durante un mes. Al final, me lo dijo: "Sufre usted el Síndrome del escritor compulsivo. Una enfermedad muy difícil de curar".

Quedó claro que el médico era todo un profesional y me lo demostró con el tratamiento que me recomendó. Era simple: sólo debía escribir tres cuentos onanistas a la semana con el fin de disfrutar de una excelente vida sexual.


 
*de Joan Mateu. joan@...

 
 
 
 
*
 
 
Me roza en la cintura del sueño
             en el hombro del cansancio
 
 
uno que insinúa la necesidad de la esperanza
 
 
su ilusión me acobarda
en el cruce de las ganas
                 con la mala memoria
 
 
en la bifurcación del ansia
                 con la arruga
 
 
en el cuerpo que se averguenza
                  frente a los espejos
 
 
desde hace mucho
 
 
demasiado
 
 
*de Martha Valiente. puertopegaso@...
 
 
 
 
Muerte Blanca*

 
De los tantos efectos
Que la contaminación de la ciudad provoca,
En particular hay uno
De lo más frecuente:

Algunas estrellas
Que bajan más de lo debido a asomarse,
Caen envueltas en la contaminación.

A causa de ésta les salen patitas
Y se aferran fuertemente
A las hojas de los árboles
Y son arrancadas cuando el viento arrecia.

Pasear por debajo de un árbol
Supone el riesgo
De la caída de una estrella en la cabeza,
Como si fueran azotadores
Que se agarran y se resbalan,
Y son aplastados con regular pasión.

Las estrellas:
Tan pequeñitas allá arriba
Y tan diminutas acá abajo,
Que igual nos da si brillan o si hacen cosquillas.

Ésta condenada contaminación,
Con su plomo y sus partículas suspendidas
Es la que ayuda prioritariamente
A la extinción de las estrellas:
Mientras más contaminación,
Más estrellas con patitas que caen;
Y a más estrellas con patitas,
Más estrellas aplastadas por un pie.

¿Qué irá a ser de ésta ciudad tan contaminada
Que no nos deja saber de dónde venimos
Ni a dónde avanzamos,
O si caminamos a un árbol
A recolectar animalitos en un frasco?

El tiempo no da respuestas
Ni da manzanas podridas
Para hacerlas composta.
 
Tampoco es cierto eso de que "El Tiempo lo Dirá"
Porque desde pequeño (algunos segundos de edad)
Trae la boca llena de metales pesados,
Y así: ¿Qué nos puede decir?

 
*de hugo ivan cruz rosas. quetzal.hi@...
 
 
 
 
 
 
LOS PERROS DEL MIEDO*


 
Sin anunciarse.
Nuevamente, han llegado los perros del miedo.
En sangrientas jaurías

Ya no  temo.
Son parte de mis antiguas criptas.
Escamas sobre escamas.
Los conozco, los acepto.
Como los excrementos y las moscas.
Como las pesadillas y los piojos.
Como los mocos y el hedor.

Huésped  de burdeles celestiales
Hambre y uvas de amatista
Velo blanco, país inmaculado de la misoginia.
Onan, Don Juan, Edipo, Maquiavelo.
El niño lleva ambos ojos vendados.
Danza de psicotrópicos. Sodoma. Príapo

¿Como he de temer, entonces?
¿Cómo temer?
¿Las sangrientas jaurías de los miedos?
 
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 
*
 
 
Lluvia emplumada
 
salgo a recorrer mis penas
con patitas de gorrión que juega a la escondida
 
alguien grita piedra libre
 
por los perfiles largos del ayer
ella salta a la rayuela
 
el cielo es un cuadrado de tiza que no alcanza
 
medias de lana en el tobillo flaco
 
mi pasado tenía un aliento sibilante
y dos pulmones tristes
 
llueven pájaros muertos
 
habrá que dejar de jugar
o pedir cartas
 
                     un mazo nuevecito
 
 
 
*de Martha Valiente. puertopegaso@...
 
 
 
*
 
 
Abro la ventana al rocío del pensamiento
y la mañana alumbra en tu risa tanto pájaro
el sol en la zamba con poema fresco
Mientras
el calor ausenta pañuelos
en la misma tierra sin horizontes
tanto campanario
tanto en tanta vida de trino
dentro de tu boca quedo
 
 
*de ricardo mastrizzo.

 
 
 
 
 
SANGRE DE LLUVIA* 
 
 
 
Amo la lluvia. Enamorada de la lluvia. Soy.
En tiempos de vendimia, sabor a rocío tempranillo.
Me viene desde lejos este amor...
La he visto crecer desde las terrenales nubes.
Desde la pasión cosecha de mis padres. Tan breve. Tan violenta.
De mis manos descalzas.
De los gastados espejos de los charcos.
Desde la lágrima a detenida en mi frente.
Desde el vaso y la siesta.
A veces asemeja un hastío, un rostro repetido.
Sangre de una culebra que la anuncia.
Relámpagos iluminando los tristes palos santos.
Estruendos parados en los postes.
Alguna vez no llega.
Se aleja en pasos furtivos con los álamos.
Otras, cae en los techos de chapa, se posa en el vidrio sin ventana,
Baja las pendientes de barro.
 Besa los pies al niño que no ve la luna.
 Camina hasta llegar a los villorrios fundados a la vera del río.
En los rieles. El tren se va con ella. El hambre queda.
Capa pluvial que se evapora.
Amores y risas en enero.
Crueles vestiduras del invierno.
Desborde.
Quiere parar su caminar de agua y no puede. 
 
Roca y valle. Paraíso e infierno.
Enamorada. Enamorada de la lluvia. 
 
Lluvia. Yo, sangre de lluvia
             No encuentra, aún, el legendario grial que la contenga. 
 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
 LOS JAZMINES DE IDEA VILARIÑO*
 
       
 
 
  *Por Jorge Isaías. jisaias46@...
  
 
Ha muerto Idea Vilariño. Antes de que apareciera en los medios, recibí un correo del amigo Carlos Quetglas, quien tenía contacto con ella y la visitaba.
   El 18 de agosto iba a cumplir ochenta y nueve años.
    Aunque no soy proclive al donativo exagerado con que se prodigan hoy las valoraciones y las exégesis, no creo equivocarme  si digo que se ha apagado una de las voces más originales y auténticamente libres, con un dejo de rebeldía y un mucho de la ética de otros tiempos y  agrego: que su voz será irrepetible.
    Metafísica para algunos críticos, escéptica para otros, lo cierto es que su poesía pasó como una brasa ardiendo sobre el derrengado panorama de la poesía de América Latina, muertos  ya sus principales referentes. Fue sin lugar a dudas una poesía escrita sin concesiones, porque así era ella.
            La conducta de toda su vida fue así.
 Escribiere ya sus lúcidos ensayos (sobre Juan Parra del Riego, sobre Julio Herrera y Reissig, o esa certera  vivisección: "Conocimiento de Darío") o esos pocos poemas que fue desgranando con poca usura, retaceados en sus mismos lectores que la seguían con auténtico fervor, porque esas letras se leían como si fueran la palabra revelada: "como si no fuese literatura" afirma la crítica uruguaya Ana Inés Larre Borges.
   En Idea Vilariño se cumplen varios destinos, que es uno; su inclaudicable postura por la libertad  adonde fueron incluidos los  excluidos de siempre, si se me permite el juego de palabras; la lucha antiimperialista -Corea, Vietnam, Argelia- la lucha sorda y cotidiana de pelear por un lugar para su condición de mujer en un mundo de hombres, donde sus compañeros de  ruta, sus amigos de la "generación del cuarenta y cinco" o de la "generación crítica" para otros, le dieron un lugar (merecidísimo después de todo). Ellos -Mario Benedetti, Ángel Rama, Mario Arregui, Manuel Claps, Emir Rodríguez Monegal, Carlos Maggi, José Pedro Díaz,  Carlos Real de Azúa. También se los llamó "la generación de los parricidas", o de "Marcha" porque todos publicaron en esa magnífica revista que dirigió Carlos Quijano. Hasta que la dictadura uruguaya la clausuró en el año 1974, tras el escándalo del premio otorgado al escritor Nelson  Marra y que devino en la cárcel para él, el director de la publicación, el jefe de redacción y el jurado: Mercedes Rein y Juan Carlos Onetti. Se salvó de las rejas Jorge Rufinelli porque se había ausentado del país. Iban acompañando los espacios de poder: al periodismo, la cátedra universitaria y de los Institutos, y desde allí enjuiciaron a la generación anterior  por razones literarias y aún políticas, encontrando su falta de compromiso, acreditando también por su condición masculina.           
  Ella fue docente, gremialista en su sindicato, traductora, crítica, una estudiosa de la conformación del verso, estudio  la tonalidad, la retórica y la métrica. 
 También se interesó por la copla española anónima y tiene un enjundioso estudio sobre las letras del tango.
 Fue, a no dudarlo, una auténtica intelectual de la modernidad que llegó a la vanguardia pero que siempre se reconoció con su deuda con la apuesta del gran Rubén Darío y su  estudio impecable, profundo y lúcido sobre el nicaragüense pide a gritos su reedición. 
    Idea Vilariño, de 27 años, entonces, escribe un furibundo artículo contra la poesía que se escribe en ese momento en el Río de la Plata, y que según ella "una pobre poesía provinciana, sin originalidad, sin fuerza, (que) vegeta sin que aparezca para vivificarla ningún poeta verdadero, ningún intenso, ningún nuevo, ningún desesperado, ningún revolucionario. Nadie tiene mensaje. Los mayores no nos sirven de nada, los jóvenes se limitan a registrar sus personales vivencias mezquinas, insulsas, manidas, literarias. Es exactamente la poesía correspondiente a este período tibiamente burgués burocrático y de cultura media".  Veintisiete años, la edad en que murió Delmira Agustini. Y ella, Idea, está llena de pasión, como que la acompañó  toda su vida.
 La decisión de militar en política la lleva en el año 1971 a adherir al Frente Amplio, que terminará con el bipartidismo en la política uruguaya.
 Es la época de sus canciones  de su famoso "Cielito Oriental" que cantarán Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa. En  la mejor línea de su compatriota Bartolomé Hidalgo que inventó el "cielito" en 1811. El cielito y la literatura gauchesca.
         Irá luego concentrando su poesía en tres títulos: "Nocturnos", "Poemas de Amor" y "Pobre mundo".
            Pero aún irán saliendo sus  poemas que se agregan a estas tres líneas.
            En 1981, agregará los poemas del libro "No".
     La negatividad, el escepticismo y el hastío se verán un poco reivindicados en "Pobre mundo" porque al ser, esos poemas,  temáticamente "políticos" no puede no abrigar esperanzas frente a un enemigo tan inmenso como es el "imperialismo yanqui".
    Aquí aparecerá el tema cubano, el Che. Viajará a Cuba a dar  la conferencia sobre métrica y ritmo, sobre Darío. Allí le editaran una antología "Nocturnos del pobre amor" donde se reúnen poemas de estos cuatros libros nombrados.
  Viajó a España, a Méjico, a Perú, a E.E.U.U. y a Alemania, también a París. En todos esos lugares fue publicando selecciones de sus libros, traducidos en el caso que la lengua del país lo requiera.
Su labor de traductora que-junto a su tarea de profesora en los Colegios, Liceos e Institutos de Montevideo- la acompañó toda su vida y le permitió engrosar sus ingresos para sumar a la jubilación docente.
 Tradujo a Shakespeare para  Losada de Buenos Aires, y a William  Hudson para una editorial montevideana.
            Su lucha fue la lucha de una mujer íntegra, inteligente y honesta.
   Todavía no somos conscientes de la pérdida que tuvo América entre sus artistas, todavía no tomamos conciencia de esta pérdida que nos torna miserables, nos deja a la intemperie porque su grandeza es imposible de reemplazar.
   Ella había escrito con esa certeza imborrable: "Un poema es un franco hecho sonoro-sonidos, timbres, estructuras, ritmos-. O no es"   .
Deberían leerlo y entenderlo y aplicarlo todos los desvergonzados e ignorantes que pueblan el espectro de la poesía que se escribe hoy en estas tierras. Salvo alguna solitaria excepción.
           Deberían tal vez leer este poema: "que puedo decir/ ya/que no haya sido dicho.
Qué puede decir nadie/que no haya/sido dicho/cantado escrito/antes/ a callar/a callarse"     
 En algún momento quise tentarla para que participara en el Festival Internacional de Poesía que se realiza en nuestra ciudad desde hace quince años.
"Guardo en alguna parte -me dice- una generosa nota suya aparecida hace tiempo en alguna revista ¿cómo es que no tengo un libro suyo?
Lo siento pero no creo que vaya a Rosario ni a ninguna parte.(...)
Pero siempre quise ir a Rosario. Todo lo que sé que de allí me gusta. Tengo la idea de que nos parecemos; y además se consigue allí un jazmín que es mi perfume y que ya no se consigue en ninguna parte del Mundo".
Con su muerte la poesía del Continente pierde a una de sus figuras más importantes, parafraseando a Borges puedo decir que desde el martes 28 de abril de 2009 "somos más pobres"
            Yo agregaría sin vacilar: infinitamente más pobres.
                                                                                                
 
 
*
 
 
Tantos vestidos amarillos
Y tantos vientres de luna.
Tanto ángel con su polen
y yo
como el Hidalgo triste de tu libro...

Vibro sereno entre tanto nacimiento
Y emigro de nuevo a la vida
 
 
*de ricardo mastrizzo.
 
 
 
 
EN SILENCIO*


 
Siento hambre de silencio,
sin brisas,
sin roces de hojas,
sin chillar de grillos
ni croar de ranas.
Que por un momento
todo se detenga,
se diluya en nada.
En esa caverna
hablará mi sangre
y muy lentamente
contará hazañas.
¡Fueron tantos viajes
en el tren del tiempo
y tantos recuerdos
nutriendo memorias!

 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 
 
 
 
 
PEDACITOS DE CIELO*


    
 ¿Viste el cielo?
     ¿Viste cómo el celeste y el azul y el rosa, cómo el blanco, cómo las nubes? ¿Viste las nubes?
     ¿Viste el mar que corre invertido, esa liquidez de los mediodías, esa lejanía y esas nubecitas que de pronto te bajan el techo antes tan imposible? ¿Viste la luz de fuego, el sol naranja, las capas atravesadas por rayos incandescentes? ¿De veras que vos también viste el cielo? ¿Los borreguitos amontonados, los jirones desgarrados de tules evanescentes, los colores? ¿Viste los colores?
     Y las nenas en la terraza. De las nenas en la terraza me contó Rodolfo, esas no las vimos.
     Dos nenas en la terraza, magia con palitos, varitas de hadas ingenuas. Haditas pequeñas, hadas.
     Dos nenas y una terraza y el cielo perfecto.
     Arriba las nubes de algodón, de lirios blancos, nubes de difuso sueño de anémona, nubes de nubes. Nubes sobre fondo de atardecer y en contraste las figuritas bailarinas de las nenas en la terraza.
     Las dos niñas. Manos en el aire, manos que trazan círculos que perduran apenas un momento como giro, como rueda invisible, como hechizo en el aire. Palitos, varitas en las manos tiernas.
     A las nenas les gustaría comer el mágico algodón de azúcar que venden en ferias y circos. Ellas quieren el algodón de azúcar, y les han dicho que están hechos con pedacitos de cielo. Y entonces ahí están, en la terraza, probando a enredar el cielo en las varitas.
     Las nenas giran sus palitos batiendo el aire, giran sus palitos, giran ellas con esperanza, con fe, con los bracitos redondos giran sus varitas para atrapar trocitos de cielo.
     Vos sabés, claro. Sabemos que es así, que no hay otra manera. Las nenas atrapan en la terraza recuerdos para el después, cuando lleguen los inviernos del desamparo, los otoños de la melancolía. Las nenas atrapan recuerdos de belleza, danza de aves, sensaciones limpias para esa vida que se les viene. Atrapan felicidades para cuando el algodón de azúcar ya no sea un manjar. Para cuando ya no crean en magias ni en imposibles realizados. Para cuando sepan los cómos y los cuándos pero nunca los por qués.
     Y las nenas atraparon, para siempre, al cielo roa, al cielo blanco, azul, celeste. Y se lo metieron dentro como si se lo comieran.
     ¿Viste el cielo?

 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
 
 
SINFONÍA DEL DESGARRO*


 
"Ah, juntar la hoguera de hielo
con el espíritu que la pensó"
 
ANTONIN ARTAUD
 
 
"Dúo dinámico" "Tu, vacilándome"
 
Esta es la sinfonía del desgarro en do mayor
Hay un pájaro ciego  -tan amado-
Posado
En la rama más alta del olvido.
Es la lucha entre la profecía y la parábola
Es la boca vacía  y  hambrienta.
Sueño recién nacido de algodón.
 
El temor trizado de la noche
Resiste, desesperadamente.
 
Un paisaje de aullidos lo acompaña.
Un muro quieto atérmico y dormido,
Un  yunque, un martillo.
Y una manta hierba.
Color resurrección.

 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 
La subasta*

 
En la sala se habían reunido, además de los anticuarios habituales, toda una fauna variopinta de señoras de la alta sociedad, médicos, periodistas, marchantes, psicólogos y curiosos varios que llenaban completamente aquel local de altos techos y pesados cortinajes que, sin duda, estaban colgados a posta para darle más seriedad y empaque.

La subasta de un cerebro había sido la noticia que había corrido por toda la ciudad y nada más anunciarse la fecha del acto, la reserva de sillas se agotó en una sola tarde.

Después de la subasta de diferentes cuadros, un par de alacenas con dos siglos de antigüedad y una cubertería completa de 76 piezas, el subastador, con su traje negro y mirada profesional, anunció en tono monocorde y desprovisto de asombro el siguiente objeto:

- El próximo objeto es un cerebro en buen estado, que está un poco influenciado por la televisión y ha sido lector esporádico de periódicos. No está maleado y aún se emociona ante los estímulos amorosos y culinarios. Siente piedad por los animales maltratados y no es agresivo ni aficionado compulsivo a los deportes. A pesar de que tiene algunas neuronas deterioradas, su comprensión no ha mermado demasiado y sus defectos en el habla son ocasionales. Tiene un principio de autismo que lo hace calmado y tranquilo. Prácticamente comprende todo lo que se le dice y es obediente y afable. ¡Señores, hagan sus ofertas!

La condesa, sentada en la primera fila, efectuó una puja que asombró al resto de los asistentes. Mientras el subastador confirmaba la venta y aun resonaba el "a la una, a las dos y a las tres, ¡adjudicado a la señora de la primera fila!" la condesa no se arrepentía del alto precio pagado. Había comprado el cerebro para su hijo. Tenía muy claro que sería un poco más tonto y posiblemente menos educado, pero al menos no volvería a matar.


*de Joan Mateu.
joan@...
 
 
 
 
 
CLÍMAX*
 
"Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente
esta pureza en que ando por impuro"
JUAN GELMAN
 
 
Carne inmortal. Fuente de mar.
Clímax en ánfora cautiva.
Esplendor en las cumbres.
Deseo impuro.
Herencia del oriente.
Fogonazo azul amatista, gigantesco.
 
Cruza la  paz de los sepulcros.
Desempolva las cruces.
Enciende lápidas
Vuela.
Mece sabor palmeras  sed.
 
Exorcismo. Sándalo y caoba.
Hálito del monte. Olfato de hombre.
La inocencia cabalga en la frente de mujer desnuda.
El arco del cielo es un estambre.
La gruta se incendia y arde de pasión.
 
El duraznero ha de florecer de nuevo ese verano.
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
 
 
 
 
 
Pensamientos*
 


Uno de los entretenimientos del hombre
ha sido borrar civilizaciones

***

Cada uno es como le hizo Dios,
pero en el curso de su vida pone de su parte
lo suficiente como para ser mucho peor.
 
 
***

No me gustan nada las reglas,
me divorcié a los 28 dias de la boda.
 
 
***

Si hay que hacer un minuto de silencio
¿porque nadie se mueve?
 
 
***
Amar y que te amen, es lo primero
lo segundo y lo tercero.
 
 
***
Seré feliz si me muero
sin haberlo deseado.
 
 
 
*de Joan Mateu. joan@...
 

 

 

 

 

 

ROSAS, HASTA MORIR*

 

 

 

No, no venía sola.

La acompañaban crepúsculos.

Palomas desoladas.

Portones, esquinas y arboledas.

Nos juntamos una tarde presurosa de verano.

Por fuera sonreía.

Por dentro, uva morada triste

Ella iba Yo, venía.

Tomó una copa y la llenó con preguntas secretas.

Mis preguntas secretas.

Rosa salmón oscura .Rosada pena negra.

Enumeró las hojas de su vida.

Eran, también las mías.

Algunas invertidas.

Risa sal cenicienta mojó su servilleta.

Llanto de calabaza secó la mía.

Los mismos sayos: la congoja y la risa.

La mentira, la honra, la comedia feliz.

Despedida. El adiós. Hasta siempre.

No brazos. No abrazos. No padre.

Padre nuestro que estás en los cielos.

 

Le dije que los perros ladran a la luna.

Que el café huele a tibieza.

Que mirara en la mesa,  esperando.

Una paloma con un anillo de oro.

Un canasto de paja.

Y un olor de rosas que se funde en los huesos.

Que se funde en la savia. En la sabia palabra. 

 

Le dije, puedo morir ahora, hasta morir.

 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
VIRGINIDAD*
 

 
Carmencita, la vecina de al lado, tomó la comunión hoy.  Ha venido a visitarnos con su vestido blanco que parece un traje de novia.
 
- ¿Por qué se vistió así la nena, mamá?
 
La vecinita de al lado lleva en las manos un libro de tapas de nácar, con incrustaciones de piedras.  Me regala unas estampitas con imágenes bellas, de seres con círculos resplandecientes alrededor de sus cabezas, dibujadas sobre cartulina de bordes filigranados en oro.  Las estampas caen de las manos de Carmencita como joyas, como pequeños milagros.  Extasiada frente a ellas,  no puedo dejar de contemplarlas, boquiabierta.
 
Carmen ostenta hoy un brillo diferente en los ojos y  tiene las mejillas inflamadas por los pellizcones cariñosos de todas las vecinas.
 
¡Qué falda tan amplia, tan acampanada! Parece una princesita de cuento cuando camina, rozando la vereda con el ruedo de su vestido.  Al cruzar la calle, puedo espiar sus zapatitos también blancos y la media de puntilla. ¡Cuánto encaje, cuánta seda que susurra y alza los vellos de mis brazos cuando intento rozar aquella suntuosidad!
 
La vecinita de al lado exhibe su vestido de raso cerrado hasta la garganta con botones de perlitas y debajo del cuello, una medalla de oro grabada con su nombre y la fecha del día. 
 
El año pasado, y el anterior, otras nenas vinieron de visita, acaso más bellas, más esplendorosas que Carmencita.  El cajón de mi mesa de luz se ha ido llenando de imágenes de hombres con caras sonrosadas y maravillosas y largos cabellos circundados de luz.
 
- Son santos, m'hijita.
 
Quiénes son estos santos que acompañan a mis vecinitas? Y por qué los extraen de sus libros de nácar y me los dejan sobre las palmas de las manos con un temblor sobrenatural?
 
Carmencita, hoy,  es como un pájaro iluminado.
 
- Mamá, yo también quiero casarme con un santo.
 
 
 
*de Martha Valiente puertopegaso@...
 
 
 
 
 
HUMO PERFUMADO*

 
 
Bebo sola  leche  de amarga noche.
Recluida a  oquedades.
Oigo desgarrarse la noche en madera
Añoro las vigilias en veleros.
Inmensos mares, cascabeles al alba.
Alas de un pez de greda.
Noche desnuda.
Aguacero burbuja anillo de agua.
El espejo austral no tiene rostro.
El pliegue de la frente es un zanjón abandonado.
Lejos el pueblo, la lámpara y el ladrido del huerto.
Nadie lame mi mano.
Desde las terrazas de la luna interrogo a los astros.
Nadie parece oír.
Hay un sobresalto en el umbral de las mareas.
Un hombre de da vuelta. Tiene rostro de lobo.
En su mirada hay un pájaro tallado.
Me ovillo en su hombro izquierdo.
Y allí descanso.
Bebo leche de cabra.
Lavo mis vestidos. Quedo vestida de agua.
Oigo desgarrarse la noche.
Cubre mi cuerpo en humo perfumado. 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
Furia de lo vivo*
 
 
La carne de las flores cae en racimos
 
 
Resbala en el aire
 
 
Agujeritos de luz en la mancha verde
Por donde los espías del cielo
Nos dan señales..

 
La belleza está en lo inesperado.
 
Una hoja se suelta casi con dolor
 
Emisario que trae la noticia.
 
"Los ángeles no existen
son  ustedes"
 
 
 
*de Cristina Villanueva. libera@...
 
 
 
 
 
 
 
UÑAS DE LUTO*

 
"Con un solo pájaro enjaulado
La libertad está de luto" 
PREVERT
 
Mi pájaro olvidado no despierta.
 Uñas  de luto cavando soledades.
Nadie ha encontrado tu botella de náufrago
 
¿Dónde buscar tu origen corazón?
Responden, alas rotas silencio..
Después del vuelo trunco,  vacío  en las entrañas.
 
¿Qué hacer con tu futuro sin pasado?
¿Qué hacer con la mazorca híbrida  inconclusa?
Fábulas vivientes.
 
Después del fuego, una nidal con perfume de agua.
Barco gimiente, vuelo de la rosa. Esperanza y  espera.
Después de la duda la certeza. Ecuación incompleta de vida
Luna nona, un eclipse. El alba grita
Aleluya
Calendarios trasnochados de amor.
Escribir el hijo, plantar el libro, parir el  árbol.
Después del caos,  heridas en la piedra... y sangre, mucha sangre
En la boca de la bestia,  en la plumas del ave.
 
¿Dónde irás corazón mío?
¿Quien ha lacerado tu costado musical?
¿Dónde llevarte las amarillas retamas de la abuela?
¿Estarás en el maíz,  rosa té, trébol blanco?
¿Te crecerán las uñas, rasguñaras la tierra?
¿Tus cabellos, serán largos filamento de  algas?
¿Dónde estás? ¿Dónde? ¿Dónde?
 
¿Dónde yace el  hijo, el libro y el árbol?
Franco, Hitler, Bonaparte
Pinochet, Videla, Galtieri
No importa el nombre.
"No hay muertos solo desaparecidos."
"Ecce huomo"
 
Después del delito el castigo
Ego te condeno.
Después de la condena la amnistía
Ego te absolvo.
 
Escribir el hijo, plantar el libro, parir el árbol
Los gusanos  devoran los deudores, no la deuda.
Después del grito de la bala un silencio sonoro.
Después del olvido, sangra
Gota a gota
La  memoria en la piedra.
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
Corazón de oro*

Todos le aconsejaban que se casara con él. Para ellos el tenía un corazón de oro, ella lo sentía un poco frío. Le encantaba el pelo que le caía sobre la frente y sobre todo el del pecho, una curiosa selva. Se casaron. Un día, para sorprenderlo, entró en el estudio sin golpear. En el escritorio estaba el limpia metales, en la mano de él la pequeña gamuza, apenas visible detrás del vello del pecho, el cierre que abierto mostraba el sello dieciocho quilates, bien a la izquierda. Comprendió que lo que no le gustaba de él, era esa siniestra falta de metáfora.
 
*de Cristina Villanueva. libera@... 

 
 
 
 
 
DERECHOS HUMANOS*

 
La adrenalina volvía a correr por sus venas, hacía demasiado tiempo que no experimentaba ese goce, el que alguien en algún momento llegó a comparar con el que debe surgir en las entrañas de un verdugo antes de ejecutar a un reo.
Ordenó todo dentro de un bolso sin olvidar la manta ceremonial que protegería su automóvil. Y allá partió, con una sonrisa anticipada en su rostro que por lo general se mostraba inexpresivo.
Al entrar al edificio buscó un lugar cercano al aula donde su amigo Adrián seguramente estaba rindiendo su última materia del doctorado, se sentó en un banco y ocultó disimuladamente su mochila debajo. No tardó en llegar Ricky, también excitado pero algo más nervioso.
- ¿Y Adrián? - preguntó.
- Debe estar adentro, no lo vi, - fue la respuesta rápida de Ismael.
- ¿Trajiste todo?
- Por supuesto, sabes que en eso soy un duque, - y una expresión maligna invadió su rostro.
Los minutos de espera se hicieron largos, Ricky iba y venía inquieto, Ismael sólo miraba su reloj de tanto en tanto hasta que Adrián apareció en la puerta del aula levantando los brazos en gesto triunfal.
Los amigos se le fueron encima a los gritos, todo el que pasaba se unió al festejo, lo tiraron al suelo, lo palmearon, lo sacudieron, Ricky con una tijera le cortó la ropa e Ismael comenzó a embadurnarlo con todo lo que contenía su bolso: huevos, harina, miel y el golpe de gracia, materia fecal de su propia cosecha.
Así lo llevaron en andas hasta la calle, Ismael abrió la puerta del baúl de su coche, cubrió su interior con la manta y allí lo sentaron en exposición. Luego lo pasearon por toda la ciudad alertando a los paseantes con bocinazos para que gozaran de la gran hazaña.
Adrián ya no sonreía, sentía los hechos como un castigo elaborado por monstruos envidiosos que no le podían perdonar haber logrado su éxito.
Así rodaron por calles y calles hasta que de pronto el vehículo se detuvo junto a una de las fuentes de la ciudad.
- Ahora a bañarse, - gritó Ismael y entre él y Ricky lo sacaron del trono y lo arrojaron al agua.
Cuando el cuerpo de Adrián chocó contra el líquido un grito que los amigos no olvidarían fácilmente, estalló en el aire. A partir de ese momento todo fue un caos, la ambulancia, la policía, los peritos, la gente, el dolor.
- El agua estaba electrizada, - fue el diagnóstico de los técnicos, - una falla en la conexión de las luces.
A pesar de eso la policía detuvo a los dos amigos.
Pasaron meses entre audiencias, fiscales, abogados y familiares que acusaban y llorando pedían justicia.
El día del veredicto amaneció radiante, Ismael y Ricky salieron por la puerta central del Palacio de Tribunales con la frase del juez incrustada en sus cerebros: "MUERTE POR ACCIDENTE".
- ¿Viste? No tuvimos culpa, - comentó Ismael mientras se alejaban del lugar; no hubo auto reproche en su acento, más bien ligereza de análisis.
Ricky caminó a su lado en silencio como si sintiera que lo dicho por el magistrado no lo liberaba de responsabilidad porque su amigo esta muerto.
Caminaron varias cuadras sin hablar, de pronto Ismael se detuvo.
- Ricky, en el centro hay un acto por los derechos humanos. ¿Vamos? Hay que estar presente, los que tienen el poder no pueden disponer como lo han hecho de la vida de los que piensan distinto. Nadie tiene derecho a matar.
Ricky se detuvo y quedó mirando a su amigo que se alejó sin darse cuenta que él ya no lo seguía.
 
                                                                 
 
*de Emilse Zorzutzurmy@...
 
 
 
 
 
*
 
 
 
Llovizna
sobre el espejo del río,
desde la cocina
el pan insiste en nacer
para la desnudez
del vino
y nuestra celebración
simple que teje
la singular trama
de los días.
 
 
*de Santiago Bao. santinebao@...
 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 17 de mayo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del cantautor y arpista ecuatoriano Ramiro Uribe. Las poesías que leeremos pertenecen a Cristina Papaleo Soletzki (Argentina) y la música de fondo será de Uakti (Brasil). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!
 
 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
 

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#203 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 5 de May, 2009 12:02 pm
Asunto: UNA VIDA UNIVERSAL DONDE FRATERNIZAN LOS ÁTOMOS Y LOS MUNDOS...
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Asunto de palabras*

 

 

 

Entonces es así, me pregunté. Se cuenta para espantar el fantasma de la muerte o el de ser tan pequeños y solos, en la historia que nos precede y nos va a continuar, así sin paraíso, casi ciegos, entre templos y ciudades perdidos y ganados. Migajas en la naturaleza que nos aterra  y nos consuela. Espejos rotos que se juntan inventando ficciones para llegar a una verdad: verse en la mirada de los otros, un lenguaje para abrigarnos de la nada.

 

 

*de Cristina Villanueva. libera@...

 

 

 

 

 

UNA VIDA UNIVERSAL DONDE FRATERNIZAN LOS ÁTOMOS Y LOS MUNDOS...

 

 

 

 

El inventor*



 

Al cabo de muchos años de investigación, Plumkier, descubrió una sustancia para hacer desaparecer todo tipo de manchas. Después de rechazar ofertas de cientos de laboratorios se trasladó al África y comenzó a utilizarlo. Al cabo de dos años todos los guepardos perdieron sus manchas. 

Cansado de correr detrás de estos, decidió abandonar su plan y en lugar de continuar con los ocelotes, pumas y jaguares, como tenía previsto, vendió  su invento a los políticos para lavar su honor.



*de Joan Mateu
joan@...

 

 

 

 

 

*

 

(Desde México)

 

 

 

En una caricatura publicada en el periódico Machetearte (#1462), una leyenda adorna el dibujo: "¿A quién se le habrá ocurrido reducir el gasto a la investigación científica en este país?".

 

 Es cierto que es fácil señalar errores cuando se hacen evidentes, pero éste no es un error repentino ni azaroso: la influenza porcina muy probablemente hubiera surgido tarde o temprano, aquí en México o en cualquier otro país, eso no se podía prever, pero la política desarrollada en México desde hace varios años, y en particular en los gobiernos más recientes se ha encargado de debilitar la educación y la investigación, en aumento del pago a senadores, militares, etc. Desde hace tiempo se ha señalado desde los movimientos sociales independientes que un país que no apoya el desarrollo intelectual y académico está condenado a una dependencia científica, tecnológica y, por ende, económica hacia países que sí la apoyan (que por alguna misteriosa coincidencia son los mismos países que se hacen llamar de "primer mundo").

 

 Por el momento no pondré a cuestión si el gobierno mexicano ha actuado correctamente con las medidas sanitarias, pero es un hecho que de no haber debilitado el desarrollo científico desde hace ya varias décadas, las opciones para el control, identificación y muy probable tratamiento de la influenza hubieran sido mayores y quizá mejores.

 

 Sin embargo, y con todo, las principales instituciones del país con la capacidad de investigación (y que son públicas, y por ello frecuente blanco de las políticas privatizadoras actuales) poseen el desarrollo científico para apoyar para bien esta contingencia sanitaria: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Centro de Investigación de Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV), además de varios laboratorios de universidades públicas de varios estados de la república, que han logrando hacer verdaderos milagros con el presupuesto para la educación. Lo que sustenta las tesis de que en México existe la suficiente capacidad para desarrollar una independencia científica y tecnológica, y que el poco apoyo por parte de los gobiernos no solo está infundada, sino que es una medida ilógica (y que se mezcla con sucesos de corrupción).

 

 Con todo esto, la situación por lo menos en la capital (el Distrito Federal), en las calles no es directamente proporcional a lo que los medios masivos de comunicación difunden: si uno ve las noticias en la TV, pareciera ser que aquí la gente anda muriendo, que nadie sale de sus hogares, que siendo un país denominado "guadalupano" las oraciones a la virgen han ido en aumento y todos esperamos el milagro; que el gobierno ha hecho "todo lo posible" (aunque eso de "todo" también incluye la prevención de la enfermedad, en buena medida dada, claro, por un apoyo a la investigación científica). El sábado 2 de mayo se dio el aviso de que llegó el primer cargamento de ayuda humanitaria internacional, y la ayuda se agradece sinceramente; pero cuando uno se levanta del televisor, lamentándose enormemente de la situación, y se sale a la calle, se puede observar lo siguiente:

 

 Hay gente que va a su trabajo, de compras, o que sale por alguna razón. La gente hace bromas, toma medidas precautorias, pone dibujos y frases en sus cubrebocas... No todos van con cubrebocas (aunque este fin de semana ha aumentado el número de los que sí lo traen), los niños salen a jugar también con sus cubrebocas, hay algunas compras "de pánico", pero no hay desabasto. No se vive una situación desesperada, pero claramente las cosas no son iguales: hay menos gente en todas partes, y cuando alguien estornuda todos a su alrededor se alejan discretamente. Hay quienes han tomado esta contingencia sanitaria como vacaciones (no hay clases en las escuelas) y hay quienes en verdad se han encerrado en sus casas. Cada vez comienza a ser más evidente que el gobierno se está beneficiando políticamente: legislando a su favor, aprobando leyes y reformas a la constitución que a penas y son mencionadas entre las noticias de la influenza, pidiendo un préstamo internacional, mostrando al ejército y al gobierno como salvadores de la nación.

 

 La situación es compleja, y no sólo es una cuestión de salud: desde el principio ha habido matices políticos, económicos y sociales... La mejor manera de tener una referencia de lo que aquí se vive es consultando medios de información alternativos, no solo la televisión.

 

Lo que pasa con la influenza es un hecho que debiera servir de experiencia no solo a México, sino a todos los países y en particular a los países llamados "subdesarrollados" (perdón que use estos términos, pero dicen que "la historia la escriben los vencedores"; y ya habrá tiempos para poner nuevos nombres): si no se apoya el desarrollo científico y, con él, el desarrollo intelectual, cultural y de educación a todos sus niveles en un país, se seguirá siendo subdesarrollado, propenso a catástrofes por situaciones inesperadas, dependiente de quienes sí lo hacen. La educación no es un lujo ni algo prescindible.

 

 El desarrollo científico, a la par de las demás esferas intelectuales de un país, le permite a la nación un desarrollo de acuerdo a sus experiencias y a sus aspiraciones históricas.


                                                

 

*de hugo ivan.

               
... Se ha intentado desviar al hombre de sí mismo (...)
          la Plasmogenia le atrae a la realidad y le dice: no hay una vida
          especial en cada conjunto organizado, sino una vida celular (...)
          una vida universal, donde fraternizan los átomos y los mundos...
                                                                          (Alfonso L. Herréra)
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Lunes, 4 de Mayo de 2009
ENTREVISTA AL SOCIOLOGO Y ANTROPOLOGO DAVID LE BRETON

"Todo lo que está en el mundo pasa por el cuerpo"*

 

El autor francés presentó su libro El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos, donde profundiza su ponderado estudio de la corporalidad humana como fenómeno social y cultural. Su teoría, dice, le permite dar cuenta de la heterogeneidad de la sociedad actual.



 *Por Alina Mazzaferro


 

Desde su llegada, David Le Breton ha causado una pequeña gran conmoción dentro del mundillo académico porteño. Un centenar de personas lo siguen, desde hace dos semanas, en su itinerario de conferencias programadas en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires. Porque el sociólogo y antropólogo francés ha venido a dictar un seminario intensivo de doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y mientras tanto aprovechó para presentar su libro El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos en la Feria del Libro, dar una charla en la Manzana de las Luces y participar del coloquio internacional dedicado a la obra de Roger Caillois que recientemente organizó la Alianza Francesa y la Embajada de Francia en la Argentina.
El interés que ha suscitado su obra -al menos la que aquí ha sido traducida y publicada, que son siete libros de una extensa producción que incluye más de veinte- revela el creciente atractivo de un campo de estudio que hace dos décadas tenía pocos adeptos: la sociología del cuerpo. Porque Le Breton, de formación sociólogo y psicólogo, se dedica hace más de quince años a estudiar la corporalidad humana a la que entiende no como mera biología sino, por el contrario, como "fenómeno social y cultural, materia simbólica, objeto de representaciones y de imaginarios". Para él no hay nada natural en el cuerpo: los gestos y posturas corporales, el modo en que cada uno ve, oye y percibe el mundo que lo rodea, las maneras en que se sufre y se goza, las formas de relacionarse y comunicarse con los otros, hasta las emociones y todo el conjunto de las expresiones corporales son modelados por el contexto social y cultural en el que cada actor se encuentra sumergido.
Así, Le Breton se ha encargado de estudiar las diferentes concepciones del cuerpo de la sociedad tradicional y la moderna, según múltiples puntos de vista: desde los ritos de interacción en distintas sociedades y épocas hasta los juegos de la seducción y los modos diferenciales en que el hombre y la mujer expresan sus sentimientos; desde las prácticas del piercing y del tatuaje hasta el arte contemporáneo que involucra al cuerpo como material estético; desde el cuerpo del discapacitado hasta los homogéneos cuerpos cinematográficos y televisivos; desde la bulimia y la anorexia hasta todo el conjunto de preocupaciones actuales por la belleza, la salud y la apariencia.
Todo un campo de estudio se le abre frente a sus ojos a partir de considerar al cuerpo como materia simbólica en lugar de pura biología. Antropología del cuerpo y Modernidad (Nueva Visión, 1995), el primero de sus libros publicado en la Argentina y el más conocido aquí, es para el autor una suerte de "caja de herramientas" que le ha permitido desarrollar el resto de su obra. Allí presenta en cada capítulo las temáticas que luego abordará en profundidad en posteriores libros: el estudio de los sentidos es desarrollado en El sabor del mundo... (Nueva Visión, 2007); de las emociones se ocupa en Las pasiones ordinarias. Antropología de las emociones (Nueva Visión, 2002); el dolor y el sufrimiento es objeto de análisis en Antropología del dolor (Seix Barral, 1998); la invención moderna del cuerpo en tanto objeto separado del ser que lo porta y la historia de la anatomía son trabajados en La chair au vif (En carne viva, aún no ha sido traducido); el tema del rostro y la máscara es estudiado en Des visages. Essai d´antropologie (Los rostros. Ensayo de antropología, tampoco ha sido traducido); mientras que los cuerpos de un mundo volcado cada vez más sobre la tecnología son analizados en Adiós al cuerpo. Una teoría del cuerpo en el extremo contemporáneo (Nueva Visión, 2002). Además, Le Breton ha publicado una breve, esquemática pero útil genealogía de las teorías que se han ocupado del cuerpo -La sociología del cuerpo (Nueva Visión, 2002)-, en donde recorre todas las corrientes sociológicas, filosóficas y antropológicas que histórica, implícita o explícitamente han abordado las lógicas sociales y culturales del cuerpo, los imaginarios en torno de él, el control político de la corporalidad (trabajado especialmente por Michel Foucault) o los vínculos entre el cuerpo y las clases sociales (tarea encarada principalmente por la sociología de Pierre Bourdieu a partir de su noción de habitus).
Lo cierto es que el abordaje de Le Breton está en los antípodas de la obra de Foucault, Bourdieu o de autores post-marxistas que han encarado el estudio del cuerpo a partir de su situación de clase. Le Breton desconfía de la microfísica del poder que supondría un control invisible y diseminado en todos los ámbitos de lo social de las acciones corporales; tampoco cree en la existencia de un habitus de clase (esas disposiciones que con el tiempo vamos adquiriendo a partir de la experiencia). Para una buena parte de la intelectualidad argentina, estas sospechas y descartes pueden resultar incómodos, teniendo en cuenta el arraigo que esos autores tienen todavía aquí. Pero Le Breton viene de otro palo académico. En estas dos semanas en Buenos Aires se ha ganado un público y molestado a otro para el que la experiencia humana sólo tiene sentido en términos de clase. Le Breton dice inscribirse en una corriente de pensamiento muy distinta, de tradición norteamericana: el interaccionismo simbólico, representado por el sociólogo Erving Goffman, considerado el padre de la microsociología. Porque a Le Breton le interesa estudiar individuos y no clases cerradas y homogéneas, y esta teoría le permite dar cuenta de la heterogeneidad del mundo social contemporáneo. Así lo expresó en una extensa y profunda charla con Página/12.
-¿Cómo comenzó a preocuparse por el cuerpo?
-Escribí sobre el cuerpo porque yo era un joven que se sentía mal en su propia piel. Estaba empezando a realizar mi tesis doctoral acerca de la construcción social y cultural del cuerpo cuando decidí partir a Brasil, con la voluntad de perderme, de desaparecer. Estuve allí durante meses, viajando a pie y en barco, atravesando todo el país, incluso el Amazonas, hasta que finalmente decidí volver a Francia para terminar mi tesis de sociología. Fue en esa época que empecé a escribir sobre las conductas de riesgo de los jóvenes y también acerca del cuerpo.
-¿En ese momento la sociología no prestaba atención al cuerpo?
-El cuerpo había sido objeto de análisis de Michel Foucault, pero desde un punto de vista más histórico. El etnólogo François Loux ya había trabajado sobre el cuerpo en la sociedad popular francesa, pero en general la investigación acerca del cuerpo no era valorizada en esa época. Para muchos de mis colegas el cuerpo no era más que una forma biológica sobre la cual no había nada que decir. Por supuesto que en Gran Bretaña y Estados Unidos había un cierto número de sociólogos y antropólogos que ya trabajaban este tema, pero eran los comienzos. Yo intenté aplicar los criterios de análisis de la antropología cultural a la cuestión del cuerpo.
-¿Cómo se aborda una antropología del cuerpo?
-Se trata de interrogarse. Doy un ejemplo: la cuestión de los colores. Podríamos pensar que para verlos se trata solamente de utilizar los ojos; pero en realidad un niño va aprendiendo progresivamente a reconocerlos. Primero aprende a reconocer el rostro de su madre, de su padre, de los objetos que le son próximos, luego el jardín y la calle y el mundo que lo rodea. Si su padre lo estimula a reconocer las formas de las aves, lo hará. Lo que significa que nuestra mirada está orientada, al igual que nuestro oído y nuestro gusto.
-Entonces no hay nada natural, todo es construido culturalmente...
-Exacto. Todo es construido culturalmente a través de la interacción de un niño con sus padres. Un niño que come siempre el mismo plato de arroz tendrá poco sentido del gusto. En cambio si una niña aprende a preparar y condimentar platos al lado de su madre será una gran cocinera, con un gran sentido del sabor.
-¿Esa es la tesis del libro que ha venido a presentar en la Feria del Libro?
-En El sabor del mundo... me dediqué a comprender cómo vivimos en el mundo, porque todo lo que está en él pasa por el cuerpo: debemos escuchar el mundo, tocarlo, olerlo, sentirlo. No hay mundo más que a través del cuerpo. Nos acercamos al mundo a través de la mediación de los sentidos. Y no sólo los cinco sentidos que conocemos, que son los que heredamos de la tradición griega, sino también otros sentidos. Porque hay otras sociedades humanas con otras percepciones sensoriales.
-¿Algo similar sucede con las emociones?
-En Las pasiones ordinarias... intento demostrar que todas las emociones provienen de la cultura. Quiere decir que hay una cultura afectiva dentro de la cual crecemos y dentro de la cual nos vamos a situar, con nuestros modos personales de ser, por supuesto, porque no somos clones ni robots. Siempre hay una variable personal en lo emocional, pero cuando pasamos de una cultura a otra vemos claramente cómo la cultura afectiva cambia, la manera en que los sujetos sentirán y demostrarán las emociones varía. Hay sociedades en las que los sujetos permanecen estoicos ante el dolor, porque la ritualización del dolor implica guardarse el sufrimiento para sí; y hay otras en las que las personas lloran, gimen, gritan ante el dolor.
-¿Y por qué el Adiós al cuerpo?
-¡No soy yo el que le digo adiós al cuerpo! En ese libro intento analizar el imaginario del cuerpo en el mundo de hoy, que considera que el cuerpo es insuficiente, imperfecto, que nos hace perder el tiempo; sobre él recae la muerte y la enfermedad, entonces se cree que si nos pudiéramos deshacer de él sería mejor. Se cree que la tecnología nos podrá liberar de la muerte, nos dará una juventud eterna, una creencia que reemplaza hoy a la que planteaba la existencia de un Dios y una eternidad en el paraíso. Intento comprender el porqué de esa exigencia de transformar el cuerpo en el mundo contemporáneo, por qué hay que hacer siempre régimen y deportes, por qué no tenemos más derecho a ser nosotros mismos y estar a gusto en nuestra piel.
-¿Cuáles son los problemas que esta creencia a favor de la tecnología nos traerá en el futuro?
-Veo una gran inequidad entre las sociedades más ricas y las más pobres. La tecnología del cyborg y la robotización se desarrollará entre los más ricos. Dentro de varios años asistiremos a esa fusión entre la tecnología y la carne, al desarrollo de la clonación, un mundo en el que elegiremos a nuestro hijo en una revista. Un mundo profundamente injusto, porque las tecnologías serán para los ricos y contribuirán a la inequidad.


 

 

La ficha


David Le Breton es doctor en Sociología formado en la Universidad de Tours, Francia, psicólogo -aunque nunca ejerció como tal- y profesor de la Universidad March Bloch de Estrasburgo. Autor de una veintena de libros, su preocupación ha sido siempre una sola: el cuerpo. Se ha ocupado del rostro, del dolor y el sufrimiento, de la gestualidad, de los sentidos, de las emociones y pasiones, acercándose a estos temas siempre desde una perspectiva antropológica, pues para él, como para toda una tradición francesa, no hay diferencia entre la antropología y la sociología. Con una herencia proveniente del interaccionismo simbólico así como también de la antropología cultural, Le Breton también se ha dedicado a investigar las conductas de riesgo de la juventud francesa. Cuando se le pregunta por qué las editoriales argentinas no se han interesado por publicar estas investigaciones, a diferencia de sus estudios acerca del cuerpo, contesta que encuentra este hecho "algo paradójico, teniendo en cuenta que se trata de una problemática que concierne a toda Latinoamérica" y cree que se debe a "razones políticas". Además, Le Breton es autor de una novela policial -Mort sur la rute- y actualmente se encuentra trabajando sobre otra obra de ficción, así como también en un nuevo abordaje antropológico, esta vez sobre la voz. Prolífico autor -acaba de terminar un libro acerca de la diferencia entre el dolor y el sufrimiento-, Le Breton aprovechó su estadía en la Argentina para gestionar la publicación local de sus obras que aún no han sido traducidas al español. Aparentemente, algunas editoriales se habrían interesado en En souffrance. Adolescence et entrée dans la vie, una aproximación antropológica a las conductas de los jóvenes, y Des visages. Essai d´antropologie, un intento por comprender la construcción social y cultural del rostro. Sus libros son de interés académico en el mundo entero, pues fueron traducidos a las más disímiles lenguas, desde el portugués y el alemán, hasta el árabe, el rumano y el coreano. Sin embargo, él considera que no sólo el especialista sino cualquiera puede acercarse a su trabajo, pues para él "la antropología y la sociología no deberían estar reservadas a un pequeño grupo de científicos sino al alcance de todos para que cada cual pueda comprender y ayudar a mejorar el mundo".

 

 

 

Los imperativos contemporáneos


"Hay innombrables representaciones del cuerpo que son simultáneas en nuestro mundo actual y radicalmente diferentes", sostiene Le Breton cuando se le pregunta cómo considera al cuerpo contemporáneo. "Hay millones de personas -subraya- que no se preocupan por su cuerpo, para quienes el cuerpo es una evidencia, que por supuesto arreglan, peinan, pero no más que eso. Pero también hay otra gran cantidad de hombres y mujeres que buscan acentuar su cuerpo, persiguiendo los estereotipos de lo femenino y lo masculino: mujeres que quieren volverse más mujeres y para eso hacen gimnasia, régimen, se practican cirugías estéticas, utilizan la cosmética. Hoy asistimos a una mundialización del modelo de mujer, un imperativo de juventud, belleza y seducción. Por el otro lado tenemos a los hombres que buscan acentuar la apariencia de virilidad y aquí tenemos el culto a los músculos, el bodybuilding y el fisicoculturismo, una voluntad de mostrarse como hombres fuertes, con una suerte de sobrecuerpo que los protege de la complejidad del mundo. Y finalmente tenemos el movimiento trans: para los transexuales la pertenencia al género masculino o femenino es una decisión personal; no importa cuál sea nuestro cuerpo, podemos decidir si queremos devenir hombres o mujeres a través de las operaciones, cirugías estéticas, los procedimientos hormonales. Entre los trans hay quienes rechazan la noción de género, para ellos sólo existe el individuo. Además hay un cierto número de científicos, especialmente norteamericanos, que consideran al cuerpo como algo superfluo, obsoleto, pasado de moda, del cual sería mejor desembarazarse. Esta tendencia toma dos grandes direcciones: por un lado, el cyborg y la voluntad de adjuntar a la carne una cantidad de piezas informáticas que darán lugar a una posthumanidad que espera la inmortalidad y la eterna juventud. Por el otro, están los que, a partir del desarrollo de la web y de la computación, tienen la sensación de que el cuerpo ya no importa y de que lo único que importa es la información que tenemos en nuestro cerebro. Entonces si pudiéramos trasladar esa información a una máquina nos convertiríamos en esa máquina y, por lo tanto, devendríamos eternos, puesto que la máquina es fácilmente reparable o reemplazable.

 

 

 

UNA PRESENCIA ESPERADA EN LA FERIA
Para romper con las evidencias


David Le Breton estuvo presente en la 35ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde presentó su libro El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos (Nueva Visión, 2007). Con él estuvieron Carlos Trosman, docente en el campo de lo corporal y miembro fundador de la asociación Movimiento de Investigadores y Trabajadores Corporales para la Salud Argentina, y Elina Matoso, directora del Instituto de la Máscara y titular de la materia Teoría General del Movimiento de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, autora de El cuerpo, territorio de la imagen (Letra Viva, 2001) y El cuerpo, territorio escénico (Paidós, 1996). "Es importante una mirada como la del profesor Le Breton para no perdernos el sabor del mundo", manifestó Trosman en su introducción a la obra del sociólogo francés. Mientras tanto, Matoso definió a Le Breton como un "hombre del laberinto a la búsqueda de los significados con los que se vive el mundo." Pronto, el intelecto dio lugar a lo sensible y la lupa se puso sobre la piel, lugar de las cicatrices, heridas e inscripciones de la historia personal. El lenguaje se manifestó incapaz de revelar todos los aspectos de la percepción humana, considerada como otra forma de comunicación tan válida como la lengua. Hubo espacio para la poesía, porque el mundo para Le Breton es una "inmensa ficción", construido por los sujetos en cada momento histórico. "No hay una realidad objetiva que podría ser descripta por los actores, el mundo se confunde con la percepción que tenemos de él", explicó el teórico francés. "No somos ojos frente al mundo sino mirada, no somos orejas sino una escucha, no somos boca sino una gustación. Las percepciones sensoriales no son una ventana o espejo del mundo sino una actividad de interpretación por parte del actor, inserto en una trama social y cultural que su historia personal ha particularizado." A partir de esta premisa teórica, empezaron a proliferar las historias y anécdotas: en una cultura lejana las personas ven muchos más colores que en Occidente; un ciego pudo por fin ver pero no mirar porque no había aprendido a ordenar el caos visual, como lo hacen los niños en los primeros años de vida; una sorda se suicidó al recobrar la audición porque para ella escuchar era sumergirse en un infierno de ruidos, pues desconocía el código mediante el cual el mundo sonoro cobra sentido. "El antropólogo debe romper con todas las evidencias en el mundo en que vivimos. Mostrar que a cada momento el mundo es una invención y que no hay nada más allá, no hay una realidad en sí misma a ser descifrada por la antropología. Más bien, la cultura es una inmensa ficción", concluyó Le Breton.

 

 

 

*Fuente: Página/12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-13737-2009-05-04.html

 

 

 

 

 

 

SIXTO, LA QUICHUA Y LA HIPOCRESÍA*

 
 
Se hace difícil tratar de precisar algunos aspectos que rodearon la vida y la muerte de Sixto Doroteo Palavecino. Como se vio en estos días, hubo una respuesta enorme de parte de la sociedad santiagueña por la noticia de su muerte. Una despedida emotiva, de sus familiares y gente muy querida, a un músico, escritor y narrador, pocas veces vista en la provincia. La gente luchadora de siempre, y también los colados culturales, todos reunidos. Muchos folcloristas, escritores, funcionarios, trabajadores, y muy pocos quichuistas. Sorprende haber leído, por ejemplo, que Sixto tenía chagas desde hace treinta años. Sorprende, además, la mayoría de las opiniones vertidas sobre su figura: que era un grande, un baluarte de la cultura, un gran gestor, etc. Lo raro es que la mayoría no argumentaba por qué era un grande, un baluarte, etc. Pensando en esta situación, al margen de su triste notica  y de su lucha en vida, lo que nos interesa aquí será el uso que la sociedad hizo del concepto "Sixto" y todo lo que simboliza.
¿Qué representa la figura de Sixto para la sociedad santiagueña y para el mundo? Para el país, podríamos ver un hombrecito con violín hablando quichua, un rezago de "patrimonio cultural", un "testimonio vivo de las culturas antiguas", y otras barbaridades por el estilo. Para la provincia el caso es más complejo; podemos decir, para comenzar, que hubo que esperar hasta que muera Sixto, para que todos los medios lo hagan aparecer de repente, mucho y condensado como para hacer zapping después de un rato. Si bien fue mediatizado cientos de veces, era menos por convicción que por complacencia hacia algo que no se entendió nunca del todo. Complacencia por una figura que, de algún modo, simboliza lo poco que queda de una cultura sachera en vías de extinción. Y que posiblemente esta extinción no sea física, pero sí mediática, política, simbólica, y espiritual. Hablar de la muerte de Sixto es hablar de la desaparición de una idea de cultura que (durante muchos años) la sociedad y sus pésimos funcionarios crearon, elevaron, vituperaron, y después de las fotos, lo guardaron en el cajón para el próximo festejo. 
Frente a la abrumadora evidencia, es necesario proponerse discutir, al menos, por las condiciones materiales que obligaron a que Sixto sea un pedazo de tela roto, perdido, pero conservado hasta su última hebra como pieza de museo. Un museo, diríamos, que está siempre a punto de caerse, pero a cada fecha cultural, se lo remoza con guirnaldas, con algún concierto en casa rosada, con algún programa compensatorio que confunde "lo quichua" (y todo lo que esto supone), y "lo indígena" (con todo lo falso o verdadero que queda en Santiago). Ese museo raído como una metáfora de la cultura santiagueña. Y más discusiones culturales sobre el quichua y los campesinos, donde estos sujetos nombrados no pueden participar.
La muerte de Sixto es, de algún modo, hacer notar que nadie quiere embarrarse en un derecho humano esencial: el derecho a la enseñanza en lengua materna. Si logró trascender, fue porque, a fuerza de su violín, de León en el disco, de músicos que lo acompañaron en el camino, Sixto remó a contracorriente de un modo que a ningún militante político o gestor cultural se le hubiera ocurrido. Pero también porque se lo dejó cantar, se lo dejó hablar en quichua en los medios. Es decir, lo dejaban aparecer en los medios como para quedar bien, y para no pasar por ignorantes hacia aquello que no se entiende.
El Martín Fierro quichua no sólo es un libro: es parte de una tragedia mayor. Más allá de que algunos quichuistas hayan entendido su traducción, o no la hayan comprendido, hubiera sido interesante enterarnos sobre miles y miles de ejemplares repartidos en cada rancho, y en cada escuela de Santiago. O por lo menos, que haya sido parte de algún plan de lectura. Por supuesto que nada de esto pasó: Nadie, en el área educativa, sabe qué hacer con un bilingüismo de miles de niños quichuistas (o bidialectalismo de los no quichuistas), o con los miles de "Sixtos" que nunca serán. Niños que no reciben el apoyo del sistema porque su lengua sigue siendo "ilegal". Niños que nunca podrán escribir poesía quichua, ni cantar en quichua, ni putear en quichua en la carpeta de la escuela, ni argumentar en una nota de opinión en quichua, ni hacer un informe científico en quichua, porque nadie sabe qué diablos hacer con esa realidad que debe ser promovida y desarrollada.
Esta creación literaria de Sixto también sufre los efectos de esa hipocresía cultural: Nadie, jamás, publicó un comentario (no hablemos de un análisis crítico) del Fierro quichua, en ningún diario ni revista. Aplaudimos su publicación, y pasamos a otra cosa. Nadie sabe dónde hay ejemplares de esta obra. Nadie los pidió. Nadie vio que circulen por el espacio social. Ni hablemos de la esfera rural, lugar estratégico de un público ideal al que Sixto hubiera querido llegar. Pero 1.200 ejemplares financiados de una obra en quichua es menos una política de lectura que un pequeño gesto paternalista. De este modo, el Martín Fierro quichua es empujado a ser parte de las innumerables obras santiagueñas del siglo XX que hablan del monte, de la problemática del excluido, de la riqueza cultural de los "otros", pero que nunca llegaron al monte, al campesino, ni colaboraron en el proceso de educación popular. Más invisibles, todavía, algunos pocos docentes de Salavina, Figueroa, San Martín, etc., que intentan generar proyectos educativos bilingües sin ningún tipo de apoyo oficial, desconectados entre ellos, sin formación técnico-pedagógica del estado, pero con voluntad silenciosa. De ahí que Atila Karlovich concluía, con justa razón, que, para la gente, el quichua no se escribe porque no sirve para ser escrito, y porque los perdedores de la historia no son cotizables ni interesantes para nadie.
De aquí en más podremos observar medidas irrisorias de muchos sectores: homenajes  sin propuestas de acción, melancolías sin reflexión, proyectos sobre el día de la "cultura quichuista", o el "día del quichua", es decir, un acto mecánico más para los pobres chicos y maestros.
Con Sixto se murió algo que sería lo más "del monte" que nuestra sociedad santiagueña puede llegar a aguantarse. Sixto fue un puente movedizo entre una comunidad que lucha todos los días por su supervivencia, y el resto de la sociedad. Porque, al ver a Sixto mediatizado tantas veces, observamos que la sociedad avala paternalmente aquello que no entiende, y si aquél campesino quichuista se acerca para dialogar, sonreímos, sacamos una foto, y peligrosamente escapamos. Vale preguntarnos: ¿Dónde ponemos ahora el chagas de Sixto? ¿Y el de miles de campesinos? ¿Muchos cantan como Sixto? ¿Aparecieron alguna vez? ¿Tuvieron apoyo de alguien para hacerlo? ¿Hasta qué grado pudieron cursar?
Y aquí la pregunta en la que todos somos sus asesinos: ¿Por qué, en 50 años de vida mediática del quichua, no hay miles de adolescentes-Sixto, miles de poetas-Sixto, o escritores-Sixto? Y como final: ¿Por qué la sociedad tuvo que llegar hasta el límite de declarar que "se murió el último de los grandes"?
Una cultura profunda fue dada por muerta, y reducida a la imagen de una persona querida. Hemos impuesto el traje de patriarca, prócer, apóstol, etc., a un artista (costumbre santiagueña de endiosar mitos, ocultando realidades que no nos gusta ver). Sixto, al igual que otros miles de santiagueños sin voz, está más allá de un patriarca. O mucho mejor, está más acá, lo que lo hace más nuestro.
Pensando en muchas personas sinceras despidiendo con dolor a un hacedor de cultura, (pero también por la hipocresía social y política observada anteriormente), el asunto es ver si lo que representa Sixto para la clase media es nada más que un músiquero, un quichuista pintoresco, o (muy a mi pesar) un desecho folclórico. O acaso su lucha, su vergüenza inicial a hablar quichua, su penurias económicas, su gestión artística,  nos mueven a una discusión profunda en materia de políticas culturales, donde el bilingüismo es un elemento estratégico para miles de niños y jóvenes que podrían desarrollar sus habilidades estéticas y culturales desde su quichua. Este sería el mejor homenaje a Sixto: la lucha por la lengua y sus hablantes marginados.

 

 

*Prof. Héctor A. Andreani
Asociación de Investigadores en Lengua Quechua
www.adilq.com.ar
hectoralfredoandreani@...

 

 

 

 

Correo:

 

 

 
Convocatoria
      III Festival: Palabra en el Mundo

 

Vorto en la mondo, Palavra no mundo, Parola nel Mondo, Worte in der Welt, Rimayninchi llapan llaqtapi, Paraulas in su Mundu, Cuvânt în Lume, Parole dans le Monde, Ordet i verden, Word in the world

14 al 17 de mayo del 2009
La Paz, el pan y el agua de cada día 
 
SAN LUIS - ARGENTINA
 

15 de mayo de 2009 -18hs    
 "TEA" Colón 567
ORGANIZAN: "Poetas del Exilio" "Radio FM. Sol"
 
                          

Coordinación: Amelia Arellano
arellanoamelia@... 

poetasdelexilio@... 


 
§     Convocamos por este medio a todos los que creen que aun es posible un mundo mejor.
§     A los que creen que el agua, la tierra y el agua nos pertenecen.
§     A los que creen que la Paz, como el pan se amasa: Dos condimentos básicos, la libertad y el fuego.
§     Convocamos, porque creemos en Uds. y en nosotros. Porque decimos con Celaya que "la poesía es un arma cargada de futuro"
§    Si Ud.  escribe venga.
§     Si no escribe y le interesa la poesía, venga.
§    Si no le interesa la poesía, venga.
§    Si le duele el país y cree que la Identidad es un quehacer y no una abstracción : VENGA
                                      LOS ESPERAMOS

 

AUSPICIA: PROYECTO CULTURAL SUR


 

*

 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 3 de mayo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Edgar Rivera Laverde y Manuel Mejía Serrano. Las poesías que leeremos pertenecen a Norman Salazar Leiter (Colombia) y la música de fondo será de Machu Picchu (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
 
 
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#202 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Jue, 16 de Abr, 2009 1:14 pm
Asunto: VESTIDOS DE AGUA Y HUMO....
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*
 
 
Lluvia emplumada
 
salgo a recorrer mis penas
con patitas de gorrión que juega a la escondida
 
alguien grita piedra libre
 
por los perfiles largos del ayer
ella salta a la rayuela
 
el cielo es un cuadrado de tiza que no alcanza
 
medias de lana en el tobillo flaco
 
mi pasado tenía un aliento sibilante
y dos pulmones tristes
 
llueven pájaros muertos
 
habrá que dejar de jugar
o pedir cartas
 
                     un mazo nuevecito
 
 
 
*de Martha Valiente. puertopegaso@...
 
 
 
 
 
 
VESTIDOS DE AGUA Y HUMO...
 
 
 
 
 
HUMO PERFUMADO*

 
 
Bebo sola  leche  de amarga noche.
Recluida a  oquedades.
Oigo desgarrarse la noche en madera
Añoro las vigilias en  veleros.
Inmensos mares, cascabeles al alba.
Alas  de un pez  de greda.
Noche desnuda.
Aguacero burbuja anillo de agua.
El espejo austral no tiene rostro.
El pliegue de la frente es un zanjón abandonado.
Lejos el pueblo, la lámpara y el ladrido del huerto.
Nadie lame mi mano.
Desde las terrazas de la luna interrogo a los astros.
Nadie parece oír.
Hay un sobresalto en el umbral de las mareas.
Un hombre de da vuelta. Tiene rostro de lobo.
En su mirada hay un pájaro tallado.
Me ovillo en su hombro izquierdo.
Y allí descanso.
Bebo leche de cabra.
Lavo mis vestidos. Quedo vestida de agua.
Oigo desgarrarse la noche.
Cubre mi cuerpo en humo perfumado. 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
Loca por las compras*



 
*Por Sandra Russo
 
Todavía está en cartel y la fui a ver el domingo de Pascuas, ignorando que, bien mirada, Loca por las compras es una película edificante. No porque tenga moraleja y uno se vaya del cine con la idea de que debe aflojar con el consumo (el consumismo, en rigor; mis respetos al consumo interno), sino por lo que Loca por las compras nos dice de las mujeres, y que atraviesa clases sociales y latitudes.
En la primera capa de la trama, la chica no puede parar de endeudarse porque no puede parar de arrobarse cuando ve cualquier cosa que todavía no tiene.
Un pañuelo de seda pura y verde, por ejemplo. La chica es una compradora tan compulsiva que su falta requiere ser compensada temporariamente (lo que dura su visita al shopping) con objetos de consumo muy específicos. En ningún momento se la ve comprándose un vestido. El vestido ha sido el icono de la
falta femenina durante siglos. Creo que ya estoy en la segunda o tercera capa, pero irán saliendo así, parece, un poco mezcladas.
El vestido y el zapato. Cubrirse y calzarse, necesidades esenciales de una hembra primitiva. Las llevamos tatuadas en los genes, y acaso esto, si es efectivamente una construcción histórica, sea la más antigua de todas. El vestido y el zapato han recorrido muchos cuentos infantiles clásicos.
Cenicienta los junta a los dos. Ella necesita indefectiblemente un vestido para ir al baile, y ese vestido fruto de magia que recibe es la puerta de entrada al palacio. Pero la pérdida del zapato sella su suerte.
La chica de Loca por las compras luego se hace columnista famosa como "la chica del pañuelo verde" (el triunfo de la singularidad, pero también la confirmación de que entre tantos objetos de consumo, puede haber algún objeto especialísimo que nos esté destinado). Ella escucha a los maniquíes: son los demonios de la enfermedad travestidos de Disney. Una y otra vez se rinde y compra tonterías, hasta que la deuda que ha ido alimentando cae sobre su vida y la modifica. En rigor, esta película habla tanto de la compra como de la deuda. Dos territorios del alma femenina que han venido siendo alimentados por estereotipos de género sin que atinemos nunca a levantar la guardia. Las campañas publicitarias de los shoppings se dirigen exclusivamente a las mujeres. Ir de compras es una expresión de mujeres. Los hombres que hacen mucho shopping son considerados sospechosos. De hecho, cualquier mujer progre se avergonzaría de confesar que está saliendo con un hombre "que se lo pasa en el shopping". Un boludo.
En las compradoras compulsivas, lo que se exacerba es un infantilismo que, en materia de consumo, de ninguna manera equivale a que seamos nosotras las que consumen más. El territorio del consumo viril es el de los objetos realmente caros, los que pesan: el auto, la casa. Por ahí pasa otro tren.
En algún sentido, si no ser compradora compulsiva es no comprar aquello que una no necesita, todas somos compradoras compulsivas. Pero habría que agregar que la feminidad nos ha sido enseñada como una arquitectura que se expresa en aquello con lo que cubrimos nuestra desnudez. Cualquier cosa con la que se vista una mujer nos dirá tantas cosas, están tan cargados los sentidos del artificio en el que nos instruyen, que es casi inevitable ser una chica de botas con doble plataforma, ser una mujer de trajecito, ser una adolescente de correcto escote redondo, ser una secretaria de tacos altísimos, ser una periodista en bata (recuerdo a Julia Roberts en el Informe Pelícano, dando a entender que el tema la apasiona tanto que sigue trabajando después de la ducha, con un café humeante en el escritorio).
Todos esos folletos se pasean por nuestros inconscientes. Hay algo de la feminidad que se juega en la compra y la deuda. Lo que la chica compra son oportunidades, ilusiones. Un prendedor le resulta irresistible. Una carterita de fiesta se le hace impostergable. Busca y busca su objeto mágico. Y mientras tanto se endeuda. Literalmente, pero cómo nos endeudamos las mujeres con los demás. Cuánta responsabilidad nos agarramos, cómo aceptamos que hay cosas que suceden, y que en alguna parte de nosotras suceden porque quizá dejamos de hacer aquello, o porque no nos animamos a hacer lo otro. Sobre todo si nos hemos abnegado, que era lo que venía en el pack.
Se ha hablado mucho de cómo el neoliberalismo formateó individuos recortados sobre sí mismos, incapaces de organizarse. En lo que concierne a la feminidad, hay mucho por pensar y revisar, porque el imaginario consumista se apoya en la falta por la que ancestralmente nos preguntamos.
 
 
 
 
 
 
 
Norberto*
 
 
 
Abrazo de vos
          en tu pecho sonido.
Agua de luz la piel
 alegría en el vértigo del origen,
proa.
 
Después vino la mancha del dolor .
ausente de testigo se quedó la memoria
el misterio del nunca, la tenaz lejanía.
Eso será el exilio
y tanta lucha, llamarada, furia,
 
se perdió en la distancia crecida de la muerte.
 
 
*de Cristina Villanueva. libera@...
 
 
 
 
 
 
 
 
Lo que se tiene*


 
*Por Angela Pradelli
 
 
La niña tiene cuatro años. Está sola en el patio de una chacra alquilada en la que su familia trata de subsistir. Es el atardecer. Desde lejos, le llega el ruido del tren que pasa por la estación más cercana. De pronto la niña siente una gran melancolía. Todavía no aprendió a escribir pero lo que siente es tan tremendo que necesita hacer algo. El tren se aleja cada vez más rápido. La niña busca algo en el patio, no sabe qué, pero busca algo con desesperación. Encuentra unas ramitas, unas ramas delgadas con las que hace un dibujo en el parante de una chata de maíz. El sonido del tren alejándose se pierde en la distancia. Pero queda la inscripción, en aquella soledad del patio de la chacra queda la inscripción que la niña hace con ramas delgadas sobre el parante. ¿Cuánto de esta escena de infancia puede leerse en la
poeta que fue esa niña? Ese gesto es también una marca de escritura en Diana Bellessi y define el campo de su poesía. Como el dibujo sobre el parante, los poemas de Bellessi se leen hoy como la escritura que surge de una necesidad que la devastaría si no se concretara.
La conversación con la escritora transcurre en su casa de Palermo, en una de las últimas tardes calurosas de marzo. Sobre la pequeña mesa que nos separa, su Poesía reunida, un tomo de más de mil páginas en cuya selección la autora trabajó durante dos años. "Una sobrevivió por la generosidad de tanta gente a lo largo de todos estos años de la vida. Tuve una vida, y pude hacer algo con ella, y ese algo está ahí", dice Bellessi y su mirada se detiene unos instantes sobre el ejemplar. "Tengo un agradecimiento infinito a los padres, a los maestros de la escuela rural y a todos los que alguna vez me miraron y se detuvieron en mí de algún modo: con un libro prestado o una amistad.
Porque de nosotros, de los patas sucias que vivíamos del otro lado de la vía, era difícil pensar que iba a venir alguien que iba a tener a sus pies el mundo, y los libros del mundo y que iba a escribir. Eso, que parecía tan frágil y tan imposible, se hizo realidad."
Pero, ¿qué es un poema? Hay otra escritura, más cercana en el tiempo que la que hace la niña con una rama delgada sobre la chata. Esta otra escritura puede leerse también como una respuesta a la pregunta, la construcción poética de una definición. En El jardín de los milagros la poeta dice:
"Temprano en la mañana mi madre intenta/ llamarme por teléfono, y en la tarde/ luego me cuenta: tan hermosa noticia/ tengo, con una voz de aterciopelado/ misterio, muy serena y suave anunciando/ la pequeña magnolia se abrió en dos flores/ por primera vez. Hay justicia, pensé/ con un agua dulce que se abría paso/ en mi corazón. Esa magnolia que ella/ plantó bajo la mirada de mi padre/ años atrás diciéndole melancólico/ si no la verás florecer, tarda tanto/ Y yo, verano tras verano mentía/ un poco o creía o pasaba revista/ de las pequeñas magnolias florecidas/ que supe visitar en una placita/ por Colegiales, adonde robé aquella/ reina blanca, perfumada y frágil que huelo/ aún en la distancia como si fuera,/ como si hubiera sido una hostia pascual/ o el cuerpo de la amada, la comunión/ con lo bello del
mundo, como mi madre/ lo siente ahora y lo dice en esa voz/ que me parece el cantar de los cantares/ Florecerá, le aseguraba, el próximo/ verano, ya verás, y hoy ha sido visto,/ esta vez se unieron belleza y justicia/ para ganarle juntas, las dos al tiempo".
Así, si un poema es el florecimiento al que se espera a pesar del escepticismo de todos, no deja sin embargo de conmover como un milagro cuando sucede. Como la magnolia en el jardín, el poema vuelca su intensidad de perfumes en el aire que renueva y enrarece al mismo tiempo. El poema es también, una voz que no puede dejar de decir y que lleva consigo la espesura de los sentidos y la hondura de lo sagrado.
A lo largo de casi tres horas de conversación, Bellessi recorrió sus orígenes y reflexionó sobre su obra, sus libros y su poética.
 
EL GRANERO
Recién fui a Italia por primera vez el año pasado. Por un lado porque a mí Europa nunca me dijo nada. Es América el continente que me dice mucho, de cabo a rabo. Siempre me he sentido tan sólo latinoamericana. Además, yo sentía que ir a Italia era peligroso y lo fue porque tuve una conmoción muy
grande cuando llegué. De chica yo escuchaba hablar en italiano y en fruiliano, y por supuesto también bastante en cocoliche, pero vos no te olvides que yo me crié en el campo pobre, no con los dueños de campo, ni de la tierra, sino en los campos de los inquilinos, que alquilaban la tierra, protegidos por el decreto peronista que hizo que durante muchos años no tuvieran que abandonarla ni pagar rentas tan altas. Por esa protección lograron sobrevivir y pudieron mandar a sus hijos a la escuela. En ese campo
pobre todo se hacía tracción a sangre. Trabajaba la familia entera porque no había maquinarias, y en los períodos de cosecha venía además la población golondrina, que trabajaba en la juntada de maíz y el sembradío de papas.
Vivíamos y comíamos todos juntos en la casa familiar. Yo crecí en esos galpones de trabajo. Entonces por un lado me crié en contacto con este relato familiar de Italia, de las tías y los abuelos y los parientes, que eran ágrafos y pobres. No habían tenido tierra en Italia ni la tenían por supuesto en la Argentina. No había libros porque no estaban alfabetizados, y toda la historia se pasaba de relato en relato, de boca en boca. Son mis padres los primeros que terminan la escuela primaria. Mi madre terminó sexto
grado cuando yo tenía tres o cuatro años. Mi padre y yo la acompañamos a dar el último examen. Fuimos a la mañana y volvimos a la noche. Recuerdo perfecto ese momento, y la alegría de mi madre con su diploma. Pero los libros de mi casa, la herencia literaria, son tardíos porque yo fui la primera de mi familia que hizo la escuela secundaria. Son los libros que compraron mis padres para mí. Ellos me empujaron al mundo de los libros y la cultura, Pero no me trasmitieron nunca el deseo por aprender la lengua italiana. Cuando llegué a Italia, se me vinieron con mucha presentividad todos los fantasmas, es decir, todos los relatos de infancia. Fui al pueblo de mis abuelos y comprendí que en realidad yo estaba muy arrullada por esas historias, por las voces italianas y por el paisaje de esa zona en la que se
cultivaba trigo. Vi las colinas cubiertas por los campos de trigo y me di cuenta de que era un paisaje idéntico a los que yo había escuchado en la infancia. Los recuerdos de mis abuelos eran relatos de trigo. A pesar de los años, el pueblito de mi abuelo está hoy exactamente igual, así que yo sentía que iba caminando por donde habían caminado mis abuelos. Lloré mucho, me arrodillé en la tierra y besé el trigo. De pronto me di cuenta de que lloraba en una ambivalencia muy extraña. Amor por un lado, y también rencor por la vieja Italia que los había echado muertos de hambre a América, que tampoco los recibió con los brazos abiertos. Estuve casi dos meses viviendo en una residencia para artistas que era un castello. Cuando repartieron los estudios donde trabajaríamos los escritores, a mí me tocó un cuarto que había sido el granero. Mi abuelo sabía escribir su nombre pero era analfabeto, y cuando entré al estudio pensé "ah, la nieta de los Contadini vuelve al granero del castello".
 
 
POETICA
El materialismo marxista y anarquista me construyó desde temprana edad. Me siento completamente ligada a la inmanencia del mundo. Yo celebro constantemente no lo que hay detrás sino lo que hay enfrente. Digo esto en el sentido en que lo plantea María Zambrano cuando se refiere a ese espacio de interrogación metafísica. Ella dice que si un filósofo y un poeta miran un árbol, el filósofo se pregunta todo el tiempo qué hay detrás del árbol y que el poeta simplemente dice, ¡ah el árbol! y no hay una pregunta por un conocimiento que vaya más allá del árbol. Yo pertenezco a ese grupo de poetas que no se preguntan por la verdad que está detrás sino más bien a aquellos que están enamorados del mundo que acontece y que está a la vista.
Me tomé dos años para ver toda mi obra y preparar esta edición. Y si bien es cierto que hay variaciones entre un libro y otro, hay también una fidelidad en progresión que yo la atribuyo a cierta coherencia del fracaso. Es decir, en un poema retomo lo que no pude asir en otro. Claro que hay diferencias entre un libro y otro, pero también hay alguna clase de retorno en espiral.
Así como el fracaso no cancela los sueños y los anhelos, ni cancela la voluntad de luchar por un mundo más justo aunque se fracase una y mil veces, de la misma manera, o mejor, gracias a que se fracasa, se puede seguir escribiendo. No digo fracasar por entero porque en ese caso uno descarta esa
escritura y no la publica. Pero si no se fracasara en algo, no se podría seguir escribiendo. Hay un cierto fracaso en el poema y eso es lo que permite que uno vuelva a escribir. En algunos casos es una larga cadena de pequeños fracasos lo que hace que una sea reclamada a volver emocionalmente a ciertos lugares. Aunque claro, se vuelve desde otro momento de los años, desde otro dominio del oficio, desde otra perspectiva del yo lírico. Cuando miro ciertos libros míos que quiero mucho, por ejemplo, Danzante de doble máscara y Sur, me digo que recorrí un camino largo entre uno y otro porque es indudable que hay intereses bien distintos. Pero creo también que así como se nota la diferencia, se nota también la insistencia. Sur para mí es un libro clave porque creo que allí empecé a descubrir y a desear ciertas
cosas que son las que me siguieron acompañando en todos los libros posteriores. Es imprescindible que mientras escribe el poeta dedique un largo período al forjamiento del oficio y a la apropiación de la cultura.
Uno de los peligros de ser poeta es que uno puede quedar preso de los estadíos y me parece que tu voz también podría quedar presa y podría no ablandarse y volver a casa. Cuando digo casa digo infancia, pertenencia de clase, las voces que oíste cuando eras chica y que te construyeron.
Nunca tengo grandes proposiciones para escribir. Me doy cuenta de que estoy en un lugar distinto del anterior porque hay un tono, un acento, unos intereses, un ritmo, y yo siento que se diferencian. Pero en realidad no tengo demasiadas apreciaciones técnicas de qué libro voy a hacer, o cómo va a ser ese libro. Yo percibo algo y voy detrás de eso. No tengo programática en mi escritura.
 
LENGUAS
Además del italiano que yo oía hablar a mis parientes, a mí me llegó también el coplerío de la población golondrina que venía de las provincias más pobres a laburar a las chacritas pobres también, y que eran como mis parientes. O sea que para mí, la guitarra, la copla, los cuentos de aparecidos y toda la mezcla de lo español indígena estaban muy presente, sobre todo en las noches y en los días de lluvia. Este magma central de mi vida después fue bastante adormecido por mi migración de clase, por mis padres que me empujan a la escuela, a la universidad y a la adquisición de la cultura y del saber. En ese momento, lo que me conforma es la vanguardia y la ruptura del siglo XIX y XX. Son mis grandes lecturas de la
adolescencia. Cuando a los 23 agarré la mochila y recorrí Latinoamérica caminando, toda la infancia y la lengua me volvieron otra vez. Pero cuando algo vuelve hay luego un largo proceso para ablandar lo que se recupera, y juntar lo escindido. La lengua que vos oís, la tradición de la oreja, es blanda como el agua, llena de matices. El trabajo del poeta es entonces cómo hacer para, con tradiciones diferentes, tener una lengua suave, blanda, honda.
 
LO INDIVIDUAL Y LO SOCIAL
Yo empecé a escribir en los '70. Ahí se criaron mi sensibilidad, mis proyectos, mi visión de la historia, que luego por supuesto tuvo variaciones y transformaciones a lo largo del tiempo. Cuando tenía 15 años llevaba bajo el brazo La guerra de guerrillas del Che Guevara y lo leía en los rincones de la escuela. Pertenezco a esas aguas. Pero en los '70 no escribía poesía social y hasta me la reclamaban. Algunos leían mis poemas sobre la infancia y me decían que mi poesía era burguesa. Ahora que escribo poemas a los piqueteros dicen que es poesía social, sin embargo en esos poemas yo reclamo a esa gente como familia, porque esos son de verdad mis parientes. Los que luchaban mes a mes porque el dinero no les alcanzaba, como mi padre, al que le dieron una patada en el culo cuando el onganiato sacó el decreto que
protegía a los inquilinos. Por eso yo no siento que haya una barrera entre lo social y lo íntimo, para mí todo es íntimo porque ese es el mundo social que yo viví y entonces la historia está constantemente emocionalizada desde la poesía.
 
 
EROICA
Bajo los años de la dictadura yo escribí Tributo del mudo, poemas breves que son como las hilachas de lo que se podía decir. Cuando estuve más asentada en mis reales escribí Danzante de doble cara como un intento de reponerme a mí y a la Argentina en el contexto latinoamericano. Después de eso escribí
Eroica, un libro con un discurso central mucho más radicalizado. Es un libro que maneja tres y cuatro espacios en la página, porque todo está astillado.
Los silencios y los corrimientos pesan por esa materialidad respiratoria. Si hay un blanco y una dispersión en el espacio, eso también implica un jadeo y una sensación de astillamiento. Veníamos de la dictadura y la mudez y Eroica fue la manera que yo encontré para reconstruir una subjetividad sincera y pública en un libro en el que, entre otras cosas, se habla de amar a una mujer. Yo todavía no había constituido un sujeto lírico demasiado visible que pronunciara estas cosas en el espacio de la escritura que va a ser luego publicada y encontré en Eroica una manera para que ese sujeto se pronunciara.
 
LO POETICO
La valoración del silencio ha sido en mí muy importante porque me crié en el campo y con muchos juegos solitarios. Pero por ser una "cabecita" migrando hacia los espacios urbanos y letrados, también convocaba a otro silencio: el silencio del que se siente diferente, a la intemperie, frágil, acosado. Y
todavía me siento así muchas veces. Creo que eso no se pierde nunca del todo. Yo elegí la poesía porque a mí me gusta cantar. La música y el canto son dos cosas centrales que me llevan a la poesía y no a otra cosa. Yo no escribo nada motu proprio que no sea poesía. Los ensayos los escribo porque me piden algún texto para una conferencia o para un congreso. Pero no me nacen. A mí lo único que me sale es el verso. El peso del verso y su silencio y el peso de la frase y su música han hecho que yo esté en la
poesía. He leído a los padres de la iglesia cristiana, como San Agustín, he dedicado mucho tiempo a leer a los poetas islámicos, tengo una gran curiosidad por el budismo y sus diferentes manifestaciones en la India, en Japón, China. Tengo un cariño enorme por todos esos universos y creo que eso se podría pensar como metafísica, es decir, la pregunta por el sentido, por lo oculto y por el misterio. Además, la poesía debe lidiar y resolverlo todo con gran economía, en consecuencia siempre lo resuelve en el salto al vacío
y en el misterio del lenguaje. Cuando me preguntan cómo empiezo a escribir, yo siempre respondo que me viene la frase y yo la sigo, y si bien es cierto que a veces viene de mí y me incluye, a menudo la frase viene también de los otros. Creo que uno de los misterios más importantes de la escritura es el modo en que le hacemos un lugar en nuestras vidas. Lo que quiero decir es que el oficio de la escritura implica no sólo la práctica diaria sino también que el poeta tiene que seguir siempre ahí, aun en los momentos en
que el poema no llega.
 
 
 
 
 
 
El sermón del silencio*


 
*Por Paula Jimenez
Tener lo que se tiene
Diana Bellessi
Adriana Hidalgo
1202 páginas
 
Tener lo que se tiene, la poesía reunida de Diana Bellessi, pone en circulación diez libros anteriores, un nuevo volumen hasta ahora inédito y adelanta algo de su futura producción. Es que la viva pluma de Bellessi resiste a todo cierre de sentido, y esa "pista oculta" con la que culmina el libro vaticina lo próximo a recorrer. Si bien el título de esta obra (compartido con el del libro que se edita aquí por primera vez) parece expresar una suerte de balance poético, tal enunciación señala la imprecisa, pero acotada, cantidad que, según Bellessi, puede poseerse y simultáneamente nos posee, medida que no sabe decirse en términos comparativos de exceso o carencia. Lo que se tiene no es, ni más ni menos, que el instante presente.
Así, Tener... se instala para la autora en un tiempo actual en el cual se rememora y a la vez se anticipa su poética. Esta concepción temporal no sólo hace en gran parte al imaginario bellessiano sino que también signa, en lo concreto, la aparición pública de su obra: el tiempo viejo trae consigo el germen del porvenir. Dice en el poema Estampa argentina: "Hechizo de lo menudo haciéndose/ visible al frío creciente y atrás/ franjas color celeste del cielo/ alegre, claro. Ese es el niño/ que el invierno trae de su mano".
Lo pequeño en su fraterna polaridad con lo inmenso, lo visible con lo invisible, el día con la noche: su poesía pareciera buscar una situación fronteriza donde lo opuesto confluya y se haga presente en un espacio que, como la "tierra sin mal" de Danzante de doble máscara (1985), nos entregue una imagen posible. Dice Bellessi en las notas finales de éste, su cuarto libro, al respecto de esta "tierra": "Ivimarae'i, una aldea igualitaria, basada en la solidaridad y la ayuda mutua de todos sus componentes, unidos por el sobrio abrazo del trabajo en común, la música y la danza". Así, esta imagen mítica se convierte, como todo mito, en un "sur" hacia donde orientarse y en el objeto de una auspiciosa melancolía que guía el retorno.
En "Detrás de los fragmentos" -también de Danzante...- dice: "Palabras italianas, guaraníes/ quechuas/ se mezclaron desde niña/ en mi alfabeto". El tema de las raíces comunes -no sólo en términos de pertenencia a una cultura latinoamericana y conflictivamente sincrética, sino también a la especie
humana- es una preocupación expresada desde su primer libro, Crucero ecuatorial (1981), basado en experiencias de viajes en su juventud. Allí pareciera decirnos que la proximidad sensible con los otros nos revela algo propio, se esté donde se esté. Durante su recorrido poético, Bellessi avizora un objetivo: atravesar las diferencias que separan para dar con la perla de un lenguaje común. Claro que esta búsqueda -temática, pero también formal, ya que desde el comienzo su poesía persigue al habla e intenta amalgamarse con ella a través de procedimientos líricos-, esta creciente exploración, toma diferentes formas, que van desde la comunión de culturas diversas al encuentro amoroso, como en Eroica (1988), o a la observación del paisaje, al que también se incorporan los ojos que lo miran. La compasión, es decir, la identificación amorosa con el resto de los elementos de la creación, opera poéticamente como una fuerza capaz de revolucionar el orden establecido para el cual rigen jerarquías injustas y arbitrarias, y de
subvertirlo a través de una voz, un modo de decir que modifica la representación misma del poema. Esto es lo que hace de los versos de Bellessi una poesía profundamente política, más allá de su elocuente toma de posición en, por ejemplo, Mate cocido (2002) o La edad dorada (2003), que tienen a los movimientos populares y a personajes como Mate Cosido (un bandolero anarquista), y otros héroes personales como tópicos de algunos poemas. Pero entre la lucha por la reivindicación de los derechos y la naturaleza, tan viva en los versos de Bellessi, existe un correlato fundamental que Jorge Monteleone describe así en su brillante prólogo: "Desde el sol, 'el ponchito de los pobres', hasta las ramas finas de los ciruelos, la belleza de las cosas comparece. Toda rebelión, toda redención social cuenta con lo sagrado del mundo, y una misma pureza radica en la contemplación de lo real, lo que se honra en el detalle, tal como en las
asambleas encendidas", y cita a la autora: "tan bella/ la multitud como la naturaleza/ organizada en paisaje las columnas/ de Aníbal, de Teresa". Esta mirada capaz de igualar distintos órdenes asignados por la cultura señala al mismo tiempo la abundancia y alternancia de lo existente, sea esto visible o
no. El "rescate" del detalle dentro de la gran escena natural, social y poética, evidencia el enamoramiento con la vida y la melancolía que a esta embriaguez subyace. Como si con el poema sustrajera de lo inagotable el regalo fugaz de lo finito: "se va la vida y por eso la ven/ radiante mis
pequeños, ahora bébanla", dice Bellessi en "El cristal", de Tener lo que se tiene. En "La corona", un conmovedor poema hecho de catorce sonetos encadenados, Bellessi parece sintetizar su búsqueda formal y de sentido, ya que esta delicada y fluidísima estructura se desliza en una continuidad lírica que, dulcemente, podría no tener fin. Allí el tópico es el "sermón del silencio", aquél con el cual Buda se dirigió a sus discípulos alzando "su mano en una flor de cinco pétalos"; y nos dice: "abriéndose como arcos parabólicos/ que suavemente el infinito empujan/ y se repliegan luego cuando el índice/ besando al pulgar en cerradura// atesora el amor de cada cosa/ encantada que le dieran los días/ donde hubo de ser deshaciéndose/ como la frágil rosa del jardín".
 
 

 

 

 

 

 

Inexpresable*

 

 

 

Raíces en el aire,

 

 

préstamo  de la nada.

 

El territorio cuerpo busca

un velo o un puente

 

para el dialecto de la infancia.

 

 

 

 

                                           

 Jardín secreto*

 

                                      

 

  En el fondo de todo siempre hay un jardín.

                                                                                     Olga Orozco

 

 

El jardín secreto respira hilos de oro

 Para el tiempo de las imágenes inapresables.

 

 

 

Prioridades

Lee las instrucciones: Primero hay que inventar el laberinto.

después vendrán los hilos.

 

 

La niña lee

La niña lee con ojos de voyeur

libros que fosforecen en el verde de las encuadernaciones.

¿Es la mirada una punta de palabra imposible ?

Los dedos piel de navajas-redes que abren, cierran papel-.

Castigo por el Crimen de la fuga del patio donde la niña lee.

Acostada en todos, Regazo -enredadera de voces,

Manon, Ema Bovary o un jardín desplomándose en cerezas.

Inocente-perversa, revancha contra las sombras.

La niña lee

 

 

 

*Poemas de Cristina Villanueva. libera@...

 

 

 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 19 de abril de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor chileno Boris Alvarado. Las poesías que leeremos pertenecen a Jorge Mendoza Castaño (Colombia) y la música de fondo será de Llaqtamasi (Andes). ¡Les
deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!
 
 
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067


 
*
 
Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 87 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Abril/Junio/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org bajo el link:
http://www.euroyage.org/es/xicoatl-87


CONTENIDO:
·         Resultados del 3er Concurso de Composición XICóATL.

La edición impresa de XICóATL # 87 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@... al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).


Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067
 
 
 
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#201 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mié, 15 de Abr, 2009 1:18 am
Asunto: TERREMOTO BUSCA PROFETA...
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*
 
 
Me roza en la cintura del sueño
             en el hombro del cansancio
 
 
uno que insinúa la necesidad de la esperanza
 
 
su ilusión me acobarda
en el cruce de las ganas
                 con la mala memoria
 
 
en la bifurcación del ansia
                 con la arruga
 
 
en el cuerpo que se averguenza
                  frente a los espejos
 
 
desde hace mucho
 
 
demasiado
 
 
*de Martha Valiente. puertopegaso@...
 
 
 
 
 
TERREMOTO BUSCA PROFETA...
 
 
 
 
 
Islas buscando un continente*
 
 
Ausencias

 
Pantalla de televisión  en blanco crece el pensamiento.
 
 
 
La escritura es una forma de bordar ausencias.
 
 
 
El vacío (esa nada) crece.
 
La muerte( una nada) que sin embargo está en todo.
 
 
El desierto pulposo de médanos  tiene un mar que sólo se intuye.
 
Marrakesh, ciudad rosa, amante de botánicos en exilio de hojas.
 
 
Siempre me dijeron que el monoteísmo significaba un progreso para la humanidad, me resultó muy difícil entenderlo.
 
Pienso (como un pequeño consuelo) que si hubieran existido muchos dioses, alguno hubiera posado su divina mirada sobre la Esma o sobre los muertos en Irak,  el Holocausto, los muertos armenios. O los palestinos. No quiero cansarlos, soy consciente de que cuanto más genocidios nombro decae el efecto literario.    
 
 
Si dios fuera una diosa
 
Los hombres deberían  no mostrar sus  cabellos.
 
Taparse, casi del todo, el cuerpo.
 
                          Para no provocar a las mujeres.
 
No llevar manzanas en el bolsillo.
 
 En la inquisición la mayor parte de los muertos hubieran sido brujos (brujas muy pocas).
 
Se cuidarían las vidas nacidas, evitando las guerras y el hambre.
La vidas por nacer quedarían sujetas al deseo, no a la obligación.
 
 
¿Y si dios fuera una pareja?
A lo mejor nos  entendía y no nos expulsaba del Edén  y llovían abrazos desde el cielo. Dulces pompones de nubes, caricias.
Al levantarnos nos asomábamos a una ventana sin cruces, ventana hermosa de un mundo en el que no se tortura, tierra,  pasto suave y niños sin  calvario.
 
 ¿Qué es peor que dios no exista o que exista  y se ausente y queden las víctimas tan sin su mirada?
 
La palabra riega músicas en el desierto.
 
            La palabra abre  infinitos surtidores y el desierto se puebla de castillos, joyas, perfumes, alhambra, almohada, hada.
Memoria de lo ausente
 
Sueño contra la muerte   
 
 
*de Cristina Villanueva. libera@...  
 
 
 
 
 
 
Microrrelatos*



 *Por
Rodrigo Fresán
Desde Barcelona
 
UNO El sábado pasado, en el suplemento Babelia de El País apareció una entrevista a Ana María Shua. La escritora argentina acaba de publicar en España el volumen Cazadores de letras, donde se reúnen los cuatro libros que ha dedicado a la práctica y teoría (porque la práctica apenas esconde la teoría del género en cuestión) del microrrelato. Es ciencia: con el correr de los años, Shua se ha convertido por derecho y mérito propios en una suerte de genio y oráculo del asunto. Y la verdad sea dicha: me alegra tanto leer en el reportaje que el dichoso dinosaurio de Augusto Monterroso no le resulte a Shua especialmente genial y sí "limitado y hasta peligroso (...).
Tiene un elemento sorpresa y, por supuesto, es interesante y valioso. Pero creo que la minificción tiene posibilidades infinitas que, quizás, ese texto no muestra. Lo que pasa que es perfecto y muy fácil de citar".
 
DOS Cito fácilmente: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". (Memo para Hollywood / El dinosaurio 2: "Y murió de un ataque cardíaco sin darse cuenta de que el dinosaurio era su hijito disfrazado de Godzilla".)
 
TRES De un tiempo a esta parte, el microrrelato es uno de los géneros que más interesan en España. Cruza de haiku con trama deshidratada de episodio de The Twilight Zone, hay números especiales de revistas dedicados al asunto, talleres para aprender sus claves, seminarios donde se lo analiza con macroponencias. Y en casi todos los casos que conozco -a diferencia de Shua- se peca de un exceso fantástico. Shua lo explica bien en el reportaje que le hace Soledad Gallego-Díaz: "Mis fuentes de inspiración están aquí. No son exóticas, son del mundo de todos los días. Me gusta trabajar con
personajes corrientes, en todo lo que escribo, también en los cuentos y en las novelas. Hay dos posibilidades, trabajar con personajes extraordinarios, fuera de serie, a los que a su vez les suceden grandes aventuras, y la otra posibilidad es trabajar con personajes comunes a los que les suceden cosas
inesperadas, y a mí me gusta mucho más ese juego, gente de todos los días en un ambiente cotidiano y que lo inesperado irrumpa de una manera violenta".
 
CUATRO "Cuando despertó, su esposa -a la que no podía ver desde hace años- todavía estaba allí."
 
CINCO Y estoy escribiendo esto y noticia de último momento. Como estaba buscando en el site de El País para cortar y pegar un párrafo de la entrevista a Shua, veo que comienza a parpadear la novedad del asunto y leo: Corín Tellado muere en Gijón a los 81 años. Y sigo leyendo: "La escritora María del Socorro Tellado López, conocida como Corín Tellado, ha muerto a los 81 años de edad. La autora, la más leída en español después de Miguel de Cervantes, nació en la localidad de Viavélez, el 25 de abril de 1926. A lo largo de su vida, Corín Tellado ha publicado más de 4000 novelas románticas, de las que se han vendido más de 400 millones de ejemplares". Y pienso: "Las vidas son novelas y las necrológicas son microrrelatos". Y sigo pensando: "Cuando me despierte mañana, Corín Tellado seguirá vendiendo y siendo leída por mujeres que miran de reojo a sus maridos, recién despiertos, y se preguntan qué fue lo que pasó, de dónde habrán salido todos esos cavernícolas".
 
 
SEIS Y, continuando con el tema de la muerte -la muerte es un microrrelato en el que, se dice sin ninguna autoridad, toda nuestra existencia pasa frente a nuestros ojos en cuestión de segundos- la reportera le pregunta a Shua qué opina de ese otro célebre microrrelato de Hemingway, el que ofrece
zapatos de bebé sin uso. Y Shua responde: "Es un microrrelato con una forma que considero fácil, la del 'aviso clasificado'. Trato de evitarla. Tengo una minificción de sólo tres palabras, pero no la he recogido en ningún libro: Terremoto busca profeta".
 
SIETE "Berlusconi". Un apellido -el apellido de un dinosaurio- también puede ser un microrrelato.
 
 
OCHO O si lo prefieren: "Cuando despertó, los zapatitos usados del bebé todavía estaban entre las ruinas".
 
NUEVE Y, sí, hay un peligro grave en que el virus del microrrelato comience a instalarse en la infrarrealidad en la que vivimos. Las mínimas cápsulas de sentido, la breve y superficial atención a cuestiones que requerirían de varias profundas páginas, la fugacidad de la mirada ganándole a la
concentración de la lectura, la funcional levedad del dinosaurio contra la ardua contundencia de la ballena blanca. Conozco a personas que han adoptado el microrrelato como unidad existencial y que, a los pocos minutos de estar con uno, comienzan a mirar por encima de nuestro hombro para ver por dónde llegará la nueva dosis, quiénes le contarán los próximos microrrelatos.
 
DIEZ "Y, te lo juro por Dios, al tercer día, cuando se despertó, se le ocurrió decir que Jesús había resucitado. Y le creyeron. Y, desde entonces, Jesús todavía está ahí."
 
ONCE Yo, como muchos, empecé escribiendo microrrelatos. Pero llegó un punto en que tuve que dejarlo. Me sentía como un bonsai, como un pie de geisha, como un liliputiense de intensidad gulliveresca. Digamos que no era feliz y que -a diferencia de lo que sucede con la excelente Shua, quien siempre da en el blanco con una flecha más de arquero zen que de Robin Hood- temía convertirme en un fabricante de aforismos o de slogans o de entradas de blog, que es lo que en realidad son los pésimos escritores de microrrelatos.
El peor microrrelato que conozco -también el más triste y gracioso- se llama "Dios" y dice así: "Dios es argentino".
 
DOCE Y me acuerdo de un microrrelato que escribí y que es lo suficientemente breve y fácil como para citarlo de memoria. Se titula "Amnesia". Lean: "En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme".
Y.
Punto.
Final.
 
 
 
 
 
 
 
 
El hombre que se ha perdido a sí mismo*

 
 
*Giovanni Papini
 
1
Nunca he tenido pasión por los bailes o por los disfraces, y no sé cómo dije que sí al señor Secco, que me invitó a una fiesta que daba la última noche de carnaval. La única razón, creo, fue ésta: que todos teníamos que ir vestidos con un dominó blanco y un antifaz negro y bailar sin hablar. Para ver lo que sería, fui.
¡Qué noche tan extravagante fue aquella! ¿Quién era el hombre y quién era la mujer? Encima de cada cara había un antifaz de raso, negro; sobre cada cuerpo, un holgado ropón blanco, Bailaban, creo, incluso hombres con hombres y mujeres con mujeres, y nadie hablaba. A determinada hora terminaron los bailes y todos aquellos embozados, silenciosos, comenzaron a vagar por las habitaciones alfombradas sin hacer ruido ni siquiera con los zapatos, e iban del brazo, o solos, o en grupos, sin orden, sin saber qué hacer. Aquel silencio bajo las grandes luces tranquilas de aquella multitud blanca y negra era más pavoroso que una misa de difuntos.
A mí, no acostumbrado a aquella ceremonia de saltar en pareja, el calor y la fatiga me habían producido dolor de cabeza, de manera que estaba cubierto por un sudorcillo helado y temblaba como si tuviera fiebre. Notaba una confusión, una debilidad tal, que si hubiese tenido fuerza me habría escapado en seguida. Me parecía que la sangre bajara poco a poco del cerebro, que las piernas se doblaran; sentía una opresión angustiosa alrededor del estómago y de la espalda. Estaba a punto de desmayarme,
imagino, cuando, levantados los ojos para buscar la salida más próxima, se me puso delante un grandísimo espejo que iba desde el suelo hasta el techo, y tan ancho que cubría media pared. En este espejo se veían reflejados todos aquellos mascarones blancos y negros que vagaban por allí y me entraron ganas
-estúpidas ganas infantiles- de mirarme, de ver qué tal estaba metido por primera vez en aquel desmañado vestido.
Miro..., remiro..., busco..., contemplo el espejo..., me asusto. Pero ¿dónde estoy, Dios mío? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi cuerpo entre todos estos cuerpos iguales? ¡Yo ya no estoy! ¡Todos iguales, todos de la misma manera! ¿No seré capaz de encontrarme?
 Estoy con la cara hacia el espejo..., pero hay otros que la tienen tambiénen la misma dirección. Yo soy alto, pero casi todos son tan altos como yo.
Me muevo para reconocerme, ¡pero casi todos se mueven a mi alrededor!
¿Dónde estoy yo, pues, entre todos ellos? ¿Dónde está mi yo entre toda estagente extraña y silenciosa? Todos blancos con las caras negras... Yotambién, como los demás..., todos iguales, todos Pero ¡yo me quiero a mí!
¡Quiero buscarme! ¡Quiero sentirme a mí mismo! ¡Verme con los demás, perodiferente, destacado de los demás! ¡Quiero verme, ser yo! Me he perdido; mehe perdido a mí mismo... ¿Dónde estoy? ¡Búsquenme, encuéntrenme!...
Mientras así me afanaba se me nublaron los ojos, sentí que caía al suelo, y desde entonces, en bastante tiempo, ni supe ni vi nada más.
 
2
Cuando recomencé a ver y a hablar era el tercer día de Cuaresma. Me encontréen un corredor largo y blanco, metido dentro de una cama de hierro negro, enmedio de varias camas negras iguales a la mía, y de las sábanas iguales yblancas asomaban rostros blancos y amarillos como el mío. También allí mebusqué: al sentirme murmurar acudió un doctor vestido de blanco que me mirócon curiosidad y me preguntó qué me pasaba. Le dije, en pocas palabras, que me había perdido a mí mismo en una fiesta y que quería encontrarme lo más pronto posible. El doctor, como es costumbre de esas bestias presuntuosas,
sonrió cortésmente, me recomendó que estuviera tranquilo y me dijo que me contentaría. Sin embargo, sabía perfectamente que no había creído una palabra de cuanto le había dicho y, dentro de mí, comencé a pensar en la manera de salir de aquellas sábanas blancas y de aquella cama negra.
Al día siguiente vinieron otros doctores y, todos de acuerdo, dijeron que estaba fuera de mí. Era verdad, pero no como lo entendían ellos. Me había perdido a mí mismo, no la razón. Esta razón no era la mía, porque la mía la había perdido junto a mí mismo, pero era una razón y, por tanto, no estaba
loco. Tanto es así, que entendía lo que decían y respondía, sin equivocarme, a sus preguntas. Pero de nada me sirvió con aquellos bobos obstinados.
¿Y entonces? Pensé escapar y, dicho y hecho, después de dos días de aquel sufrimiento, a la hora en que venía la gente de fuera para ver a los enfermos, me confundí con otros y salí a una plazoleta soleada que reconocí en seguida. La primera cosa que hice fue ir a casa de aquel señor Secco, que me había invitado a la fiesta, esperando que me encontraría allí, en aquella habitación. Llego, doy un tirón de la campanilla, y viene a abrirme un muchacho que no me quería conocer. Le di un empujón y pasé. El señor Secco estaba tumbado en una mesa y dormitaba, pero se despertó al oír ruido, saltó, agarró un bastón que tenía siempre cerca y, en cuanto me reconoció, me hizo un montón de caricias, se congratuló conmigo por el peligro de que había escapado, me dio de beber y escuchó muy serio mi narración. El señor Secco no es un doctor y por eso no dudó de lo que me había ocurrido. Es más, me acompañó por toda la casa para convencerme de que yo no me había quedado allí la noche de la fiesta. Así, pues, ¡me había perdido en algún otro sitio! ¿Quién podía saberlo? Pregunté al señor Secco los nombres de todos los que habían ido a su baile y él me dio la lista sin hacerse rogar. ¡Qué amable y servicial estaba aquel día! Del señor Secco nunca he tenido ocasión de quejarme, ni entonces ni después.
Salí de su casa un poco consolado, pero no contento. ¿Dónde podía haber ido a parar? Me acordé de aquel alemán -de Pedro Schlemil- que había vendido su sombra y la iba buscando por el mundo. Pero él no había perdido casi nada comparado conmigo, que había perdido el alma, el cuerpo, ¡todo!
Vagué por la ciudad hasta la noche, y miraba a la cara de todos los que encontraba para reconocerme, y todos me miraban mal, y nadie era yo. Fui a casa de aquellos que habían estado conmigo en aquella maldita fiesta de las máscaras blancas. Pero uno estaba fuera; otro no me dejó entrar; el tercero me trató mal; el cuarto quería llamar a la Policía para que volvieran a llevarme al hospital; el quinto me dio la dirección de un médico; el sexto me aconsejó el uso del agua fría; el séptimo me hizo un gran recibimiento, pero no quiso ni oír hablar de mi pena; el octavo negó que hubiera estado en el baile; el noveno admitió que había estado, pero no se acordaba de nada; el décimo estaba enfermo y no hizo otra cosa que desahogarse conmigo sobre la inutilidad de los purgantes; el undécimo se acordaba perfectamente de la fiesta y me dijo que estaba en la sala cuando vio caer como muerta a una máscara, pero no sabía otra cosa sino que aquel desvanecido no era él; el duodécimo palideció cuando le hablé del baile y sacó la bolsa ofreciéndome dinero; el decimotercero...
 ¡Qué importa el decimotercero! Fueron todas visitas inútiles y palabras perdidas. Y cuando, por la noche, volvía hacia casa, me desesperaba y preguntaba continuamente en voz baja: ¿Dónde estoy? ¿Qué haré para reencontrarme?
 
3
¡Cuánto me busqué también los demás días! Entré en cien cafés; pasé las noches en diez teatros; tomé parte en demostraciones políticas; asistía a los sermones de Cuaresma; me hice invitar a comidas y recepciones; fui a las clases de la Universidad; me mezclé con la gente de los paseos; pasé horas
enteras en la ventana, o quieto en la acera junto a una esquina; miré y escruté miles y miles de caras, seguí a miles y miles de hombres, siempre con la esperanza de reencontrarme y la desesperación de no reconocerme.
Se me ocurrió imprimir unos manifiestos con la descripción exacta de cómo era antes de perderme, y aquello sí que fue grande. Al cabo de un día que los avisos estaban en las paredes, me atraparon tres o cuatro tipos que decían: «¡Es éste, es éste!» Y así gritando me llevaron a mi casa. Golpearon la puerta, tocaron el timbre, llamaron, pero nadie respondió. Yo no tenía ni familia, ni criada, y en casa no había nadie. Al fin, indignados, me dejaron.
-¡Maldito tú y quien te busca!
-Pero ¡qué buscar! Esta es una burla de algún señor extravagante. ¡Los hombres no se pierden como los perros!
Estábamos ya casi al final de la Cuaresma y todavía no tenía ningún indicio de mí, y cada hora que pasaba era una esperanza menos. Sentía que viviendo de aquella manera, con aquel deseo, con aquella congoja, me volvería loco de verdad, y no veía la manera de salir de todo eso. Pasaba el día mirando y
espiando a la gente, y los ojos me salían de la cara a fuerza de mirar; me había crecido la barba; me había vuelto seco, amarillo, espantoso. Cuando pasaba por delante de un espejo, volvía los ojos a otra parte para no verme.
Me daba cuenta de que los hombres, las mujeres, y especialmente los niños, se reían a mis espaldas, y alguna vez incluso a la cara. Muchos caballeros me preguntaban, con aire piadoso, si me encontraba mal. Una vez, una viejecita me regaló algunas pastillas, elogiándolas mucho.
Pero no estaba enfermo, no. ¡Me quería a mí mismo! ¿Qué había de malo en ello? Todos los hombres quieren este bien. Cada uno se posee a sí mismo: nadie puede ser privado de sí mismo. ¿Por qué aquella imposible, inaudita desgracia me había sucedido precisamente a mí? ¿Qué había hecho para merecerla? ¿Acaso porque había ido a aquella estúpida fiesta? ¿Y los otros, entonces? También ellos habían ido, y habían vuelto a su casa con su cuerpo y su alma, ¡y ahora se reían a mi costa! Sin embargo, tenía que haber un medio para poner remedio a tal desgracia. Quien no muere se encuentra. Se encuentra un bolso ajado, ¿y no se encontraría un hombre? ¿Qué hace el Ayuntamiento que no se ocupa de estos casos? Y el Estado, ¿no es responsable de todos los ciudadanos?
Movido por esos y parecidos pensamientos, fui una mañana al caserón del Municipio, subí al despacho del Registro Civil y pregunté a un empleado en dónde se encontraba en aquel momento Fulano de Tal, es decir, yo mismo, el yo que había perdido. El empleado me pidió dinero, y, después de haber buscado un poco, me dijo mi dirección, ¡la dirección de mi casa! Intenté entonces explicarle que aquella había sido, en efecto, la casa de aquella persona, pero que desde hacía algún tiempo se había perdido y que
precisamente por eso preguntaba en dónde podría encontrarla. Aquel ignorante no quiso o no supo entenderme; me dijo que no era posible que uno se perdiera a sí mismo y que, de todos modos, él no sabía nada más. Le contesté que la cosa era tan posible que me había sucedido precisamente a mí, y que
él, como funcionario del Municipio, tenía el deber de saber dónde se encontraban todos los habitantes de la ciudad, del primero al último. No hubo manera: él empezó a gritar, yo a chillar. Llegaron sus compañeros y me echaron de allí por las malas.
Cuando estuve en los porches del palacio me dejaron, y yo, en lugar de escapar, empecé a pasear arriba y abajo, furioso, esperando a que saliera alguien que pudiera darme tazón. Paseando de esta manera, a lo largo de la pared, me llamó la atención un gran cartel que tenía escrito arriba: Objetos perdidos encontrados. Me estremecí, y me puse a leerlo con cuidado: siete llaves, una cartera con tres letras, una aguja de plata, dos pares de gafas, una Divina Comedia, un bolso de señora, cinco paraguas, un dominó blanco con máscara negra...
...Sentí un escalofrío por la espalda. ¿Mi dominó? Era un indicio, ¡el primer indicio! Corrí al despacho donde guardan todas las cosas encontradas y pedí mi dominó. Di todos los detalles que me solicitaron: me enseñaron mi vestido blanco. Estaba un poco sucio por una parte, pero lo reconocí: ¡era el mío! Lo había encontrado un muchacho, el primer día de Cuaresma, por la mañana temprano, en la calle donde vivía el señor Secco. Todo contento lo lié, me metí el antifaz en el bolsillo y salí corriendo hacia casa.
¿Por qué estaba tan contento? Sin embargo, aquel maldito saco blanco había sido el motivo principal de mi desgracia y, en aquel momento, no podía verdaderamente ayudarme a encontrarme a mí mismo.
 Pero, como empujado por un anhelo sin tazón, apenas llegué a casa, me lo puse nerviosamente, me coloqué la máscara sobre la cara y corrí ante un gran espejo antiguo, en el que había pintadas, hacia los ángulos, algunas descoloridas flores sentimentales.
Me miré... ¡Heme aquí! ¡Era yo! ¡Soy yo! Me había encontrado. Era yo, en persona. Yo solo. No había otros hombres a mi alrededor. El vestido blanco era mío y sentía que dentro de él estaba mi cuerpo; la máscara negra era la mía y cubría de verdad mí rostro. Me reconocí. Había vuelto. Me había
atrapado a mí mismo. Reí y lloré de gozo. Me acaricié.
Pero desde aquel día no he tenido el valor de desnudarme, y estoy siempre en casa, solo, vestido con mi dominó blanco, con mi máscara negra sobre la cara, para estar seguro de no perderme nunca más...
 
 
 
 
 
 
 
Agarrarla, además, con la mano*
 
 
Agarrarla, además, con la mano
recuerdo que constituía
aproximadamente
la excelsitud
 
Supe de excelsitudes sin incluir manos
cómo no
 
Eso mucho antes
 
Y atado.


 
*de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
 
Ese mundial era nuestro*

 
 
Gnomo u enano, era su nombre de compañero y tambien su apodo en la escuela industrial.
Cruzó la avenida Mitre en Villa Domínico y enfiló para el bar, faltaban 10 minutos para la cita, pero él siempre llegaba temprano mientras terminaba de armar "el minuto". Aunque sabia que su rostro no espejaba el amor, pensó en decir que allí esperaba a la chica que habia conocido el fin de semana anterior en el parque Sarmiento. Sí, casi enfrente.
Entró. y ese lugar era más razonable para levantar quinela que para esperar una señorita. Piso con la seguridad de la repetición, no era la primera vez que se reunía con compañeros del partido.
Eligió una mesa individual, seguramente incomoda para la reunión prevista, pero desde ahí en el centro de ese lugar indefinible se controlaba con la visión la puerta, la avenida, las hojas de ese otoño amarillo y siniestro. Y ese lugar era imposible para un encuentro amoroso.... Oteo el lugar, en una mesa grande hecha de tres individuales habia 7 u 8?, parecian oficinistas, divertidos, relajados, parecian dar por seguro el triunfo de la selección y de eso hablaban, muy argentinos.
En su reloj eran las 18 hs y las últimas lágrimas de luz se fugaban de la crueldad entre los autos interminables de la avenida.
La puerta, era umbral de ansiedad, no sabía quiénes iban a venir a esa reunión además de Pocho, el responsable de la zona sur. Intuia, que en esa reunión, definitiva, clave, podrían venir los cuadros más destacados del partido, bueno, al menos los que no estaban ya secuestrados.
Del frío apuro a fondo el café doble. En la radio, el gordo Muñoz relataba un partido y siempre habia un lugar para contar que los argentinos "somos derechos y humanos", el gusto amargo del tiempo difícil lo acompañaba de sol a sombra, él estaba "levantado" y casi todos sus compañeros tambien, viviendo en pensiones o casas del pueblo, otros, abandonados a su suerte, vagaban por las calles y temian volver a sus casas. Varios dirigentes del comité central fueron detenidos, y serian "desaparecidos" de la dictadura. Todos dependían del delgado hilo de cuerpos resistiendo la tortura y el terror.....
A las y media empezó a inquietarse, ni siquiera Pocho había llegado, -no pasa nada el transito está jodido a esta hora y con ese citroen 2cv no se le puede pedir nada¡¡¡-
Volvió a conectarse con la mesa de oficinistas festivos, el clima de cargadas era total y casi grotesco ni señora, ni hermana, ni madre estaban a salvo de esa horda primitiva. Un gordo grandote se paró haciendo cuernos con la mano derecha, diciendo "voy con tu mujer..", otro fulano tomó un sifón y parandose amenazó con apagar ese escandalo.
Asqueado, desprecio el show por un momento y volvió la mirada a la puerta , ¿llegaban los "cumpas"?
Un chorro de soda en los ojos lo desubicó, ¿qué carajo les pasa? !, -gritó.
Ya era tarde, dos 9 mm le apuntaban y aplastado en la mesa lo esposaron. Lo llevaron a golpes hacia la esquina de Centenario Uruguayo, una mano le apretaba el cuello desde la nuca y solo podía ver esas baldosas vainilla, -  ¡zurdo de mierda....te dejaron solo! -
Pudo ver la marca "Ford" en la camioneta, en la caja, hundido en un ángulo estaba Pocho, ojos vendados, la cabeza que quería tocar el pecho y no podía, las manos esposadas coronaban los parietales y se sostenian en la cumbre de las rodillas. Era una estatua congelada en horror...
la queja parecía tardía, inútil, - me batiste...-
Esa voz , de muerto en certezas, lo corto en filo - no seas boludo... El Partido se terminó....
Despues de la capucha, casi en asfixia, lo aplastaron en la cabina, sentía el peso de las botas en la espalda.
Casi no hay palabra con Pocho, sólo una frase : -No dije todo, dejé tu parte.... El tiempo se había detenido y para siempre, era una ruta, velocidad constante, el aire de vehiculos que cruzan y silvan.
Cuando se presentía el destino, y esa fue la despedida de pocho, solo recordo la frase, casi una orden - ¡ no te hagas mártir, ya no queda nada para defender ! - La recepción fue con patadas y una piña en el estómago, doblado, a vomitos, entro en la celda. No estaba solo, dos tipos respiraban con antiguedad en el lugar, -¿ Te golpearon mucho pibe ? -   - Podría haber sido peor-. el silencio no tenía edad, y había que economizar palabra en esa incomodidad de escuchar consejos.
"Hace meses que estamos en este pozo, no dormis nunca de los gritos, y aun en sueños, los soñas como si estuvieras despierto....
Despues de tres o cuatro sesiones de parrilla vas a cantar lo mismo y además vas a mandar al frente a cualquiera para tener alivio entre picana y submarino."
Eran dos oficiales Montoneros, también vendidos por su jefe.
"Tratamos de evitar la tortura y colaborar, con suerte algún día volvés a ver la luz y la familia va a necesitar que quedes entero..."
"¿Sos del PCML, no..?  Los paras se burlaban, decian que estaban llegando los antifascistas, los amarillos de Mao... Bueno, con Uds, van a ser cordiales, no les tienen tanto odio, no les boletearon a nadie.... ¿Para que tenian los fierros? ".
El no contestó, no quería oir más.
"Nosotros estamos jodidos, si nos hubieramos largado con la guita de los Bunge estariamos tranqui."  Hablar no servía. La humedad y ese olor a moho penetraban hasta los pulmones, no daban ganas de respirar.
Temblaban de frío, abrazaron los cuerpos para refugiar un poco de calor, en la brutal necesidad no había diferencias ideológicas, el desamparo los acurruco como cachorros.
En el alba, lo sacaron sin palabras, solo manos en el cuerpo.
Esa habitación, era calida despues de la celda y parecía seca.
Sentado, le descubrieron la mirada y los ojos no podian ver nada despues de tanta pupila negra, negados a la luz, sus ojos no veian nada humano ahí, enfrente, del otro lado.
Detrás de un viejo escritorio estatal, gris metalizado, estaba el "Ratón", un cuadro, un miembro de dirección del partido. El mismo elocuente y seguro camarada, un teórico, surgido de la docencia universitaria.
Ahora, se lo veía mortal, con ojos gastados de tanta luz artificial. desprolijo, la barba de días. y ese bigote tipo militar proliferaba en el de Niestche.  Sin vueltas, comenzó el interrogatorio....
"Las autoridades de este lugar me piden los datos que tenés sobre los militantes del partido y de otras orgas.... acá, ya se sabe que hay militantes de base que dependen de vos..... y Pocho no dijo todo lo que podía decir, así que ahora te toca descargarte a vos.....
-¡Traidor hijo de puta ! -
- Mirá..., le dijo el Ratón en resignación, acá no hay lugar para heroismos, casi todos hablaron para demostrar sumisión y mostrarse quebrados, y al que no se quiebra, lo quiebran en la tortura.
¿Qué pasó con el "Gran Timonel" ?, entregó hasta la señora y los hijos.
No hay nada en pie, y vos no te vas a inmolar por 5 o 6 boludos que ni siquiera los van a ir a buscar....¡¡¡, al Pato lo reventaron y cantó. Entre vomitar ahora y hacerlo reventado da igual. Estamos en sus manos.
Pensalo, despues te interroga el encargado -
El captor que aguardaba a su espalda lo tabicó y lo condujo a una nueva celda, esta era de aislamiento, la altura no permitía ponerse de pie, solo moverse de rodillas. Era una cucha donde no cabian un cuerpo y su alma. El hambre y el frío no dejaban dormir, los alaridos tampoco.
En ese tiempo sin tiempo, toda su vida parecia correr en imágenes y representaciones veloces, daba vértigo y mareos. Nauseas.
¿ Y los viejos...?. No sabían de él desde un mes atrás, cuando se había levantado, sintió como nunca que los quería, quería volver a verlos tomando mate bajo la parra, comiendo la picada con el vaso de vino tinto, respirando el aire fresco de la quinta y el aleteo en torcazas.
desde esa mazmorra infame recorrió postales de esa impensada militancia que lo llevo hasta ahí, fuera de la civilización y pronto, quizá, de la vida también. ¿era la revolución lo más importante ?  No era difícil hacer una revolución en encuentros de música y lectura, leyendo pronósticos sobre la crisis inevitable del capitalismo entre mates y sonrisas.
La puerta se abrió en el ensueño, en pasos de temblor trato de recordar que compañeros conocía tambien Pocho, su vida dependía de esa coincidencia..... - En un flash aparecián sus rostros, intactos, confiados, indefensos, abandonados, perdidos, ¿qué sería de ellos? ¿Cual sería el suyo?
El encargado fue breve: Habla y rápido, sino te pasamos al asador, y los muchachos de la parrilla estan apurados porque va a empezar el partido de la selección, no te hagas más el pelotudo.....
 
Afuera, no tan lejos de ese chupadero, multitudes estallaban festejando el triunfo de Argentina sobre Holanda. Ese mundial, era nuestro.
 
 
 
*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...


 
 
 
*
 
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CONTENIDO:
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#200 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Vie, 10 de Abr, 2009 10:41 pm
Asunto: EDICIÓN ABRIL 2009.
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DIARIO MOJADO DE MEMORIA*

 
 
 
Mi amiga aun no ha vuelto.
Quizás no vuelva ya.
Está aquí, entre nosotras.
Pero esta no es aquella.
No es la que caminaba conmigo bajo la lluvia.
La que es la de la barra del mate amargo.
La que relojeaba los chicos de la facultad.
La que pintaba pesebres y árboles azules.
La que leía Sarte, el Che, Artl.
La que amaba la teta buena, hasta que conoció la mala.
La que llevaron porque estaba pintado paredes.
Leyendas limpias en ciudades sucias.
La que recibía cartas y promesas de amor.
La que, creímos, pertenecía al país de los N N
La que se me apareció un día tras percheros de tienda.
Lloré. Lloré de miedo, de alegría, de amor.
No!. Lloré de dolor.
Sin dientes,  sonrisa  mueca contorsión.
Sin amor. Mentira, cartas basuras. Roña. Homínido.
Luego, universo coma. Registro en blanco.
Blanco guardapolvo. Blanca tiza. Blancos dientes.
Blanca nada.
Fábulas.
"Trece fábulas y media"
 "cuanto mas canalla es la doctrina mejor el discípulo."
Blanco corcel/ matungo rengo. Padre de la Patria.
Mariano claro  muerte oscura Moreno.
Había una vez un continente de oro.
 
La m de mamá. La m de mentira.
La d de dedo .La d de dolor
La p de picana. La p de papá.
La o de oso. La o de olvido.
 ¿30 mil? ¿30 mil? (+) x (+)= (-)  (-) x (-)= (+)
 
 
Me duele el robo, amiga. Aun me dueles.
No en el corazón
En la panza me dueles.
En la panza, todos los días.
Todos los días, cuando leo el diario.
El diario de hoy, amiga, está mojado de memoria.
 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
 
 
Sonidos*
 


El piar
de los pollitos
al nacer


el canto
de los búhos
en la noche


la lluvia
cuando caía
y mi madre me decía

recuerda, Martita,
a los niños
que no tienen techo


la bocina
del Ford
de mi padre


el rebuzno del burro
que me llevaba un día
en las sierras de Córdoba
y casi nos caímos
juntos
del puente al río


el ruido
de la escopeta
de mi papá
cuando íbamos a cazar
los domingos

las plumas que entonces caían
de cuarenta perdices
y de una liebre
el rabo caliente


el chirriar
de la grasa
sobre las brasas
del asado


del silencio
cuando mi perra
secuestrada por el gavilán
cayó al suelo


el último
de los ladridos
de uno de mis perros

el Tupac, que mi padre...
y el sonido del revólver

el aletear
del arroyo
los días
de crecida

el pitear de la locomotora
al entrar en el puente ferroviario

y la huida de palomas
dos veces al día

el coro de mi madre.
 
 
*de Marta Zabaleta. mzabaletagood@...
 
 
 
 
Eso era lo que el creia...*


 

 
Con su mochila cargada de preguntas, viajaba en un tren antiguo. Sus largas vías estaban oxidadas por el paso del tiempo y de tanto esperar.
En su mirada, de un gris profundo, se visualizaba el borde puntiagudo de la nostalgia. En la búsqueda del tiempo perdido,  el boleto que había comprado tenía el perfil sombreado de su papá. Estaba confundido, no podía distinguir entre el pasado y el presente. El futuro le hacía una mueca de desgano, ya que no le revelaba demasiados proyectos interesantes.
Eso era lo que él creía.
Se movía por la rutina de los horarios rígidos y horóscopos desanimados. No podía darse cuenta que sólo era un episodio más de cualquier cuaderno borrador escrito en lápiz, muy fácil de anular.
La delgada línea entre la fantasía y realidad, se transformaba en un peso agotador por la  carga de afectos contenidos.
 La inseguridad de no poder expresar lo que sentía, deseaba, ambicionaba, se le venía viento en contra.
Eso era lo que él creía.

 
*De Nora Azul del Rosario Akimenco azulaki@...

 

 

 

 

La pregunta*

 

 

 

 

a Gastón Gori

 

 

Venía con una pregunta rodando junto a mis pies,
de acera en acera, de baldosa en baldosa,
trepándose por los postes de luz para
descender, con más fuerza, en un cordón plateado del aire.
Luego, corría en zig zag
entre los vehículos estacionados,
se acodaba en los tapiales bajos.
o columpiaba sus extremidades en los altos muros,
para, de repente, treparse a un ómnibus
espiándome por el vidrio trasero.
Creía que se iba, que su susurro de letanía
se dormía irresoluto en algún banco nocturno de plaza mal iluminada;
pero, no. Mágicamente subía por las espaldas
jugando con mi pelo dejando el aire en suspenso,
para, después, seguir con sus rondas,
sus persistentes rondas de preguntas preguntando
desde mil rostros y otros tantos gestos.
No sé muy bien cuando y en qué momento
la pregunta me habitó; fue un instante
desprevenido, inasible, asombroso,
que me está llevando una vida responderla.

 

 

*de cacho agú. cachoagu@...




 
 
TRES VECES*
 
 
 
Es de noche y ha cantado el gallo.
Ha cantado tres veces.
Presagio. Augurio. Anuncio
Un borracho canta.
El incendio azul verano quema.
Pero yo muero de frío, corazón.
Alba y ocaso.
Ya no más. Ya no más las secretas mareas.
Mi agenda está llena de tristeza.
Triste tristeza. Tristeza que no espera.
Remotas, las fogatas, las furias y los ojos brunos.
Una mujer sufre de Alzheimer.
Me pongo el traje OK y las máscaras.
"Carnavalizando Auschiwitz"
Un jubilado ríe con mueca desdentada de salario mínimo.
Y me duele el dolor en la solapa, en el codo, en las pantorrillas.
Me duelen las almendras y los álamos.
Los almohadones, las sábanas con perfume a lavanda.
Es de noche y ha cantado el gallo. Tres veces, corazón.
Tres veces.
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
 
A LA LUZ DE LAS CHICHARRAS*

 
 
Gracias a Gabriela Benítez


     De los troncos de los eucaliptus, de las ramas de los ceibos, de las rígidas extremidades de los limoneros, de árboles, de arbustos, de donde sea, el anciano de manos ávidas, de manos de sarmiento, de vena azul, de manos de espectro manos de tinta de pluma manos de anciano. El anciano prestidigitador entre los árboles, entre los arbustos, en donde sea. El anciano destilaba las chicharras.
     La viejecita allá en la profundidad de la casa fresca, sentada en su silla de madera y paja. La viejecita de pan de azúcar y vainilla, la anciana de ojos de cielo con nubes, olor a viejos muebles, ruidosa a caireles de araña polvorienta. La viejecita de salmuera y punto cruz, la viejecita almidón, remiendo invisible, zurcido de almas y penas. La viejecita esperaba.
     Lo contaba Gabriela y el fuego en el asador mandaba al cielo un comentario de chispas fugaces. Los últimos pájaros dibujaban las últimas líneas en el cielo. El vino violeta en los vasos, el vino violeta dejaba marcas violeta en la mesa. Círculos de atención expectante. Ojos asombrados.
     Contaba Gabriela que allá tan lejos, allá en otro mundo, tan lejos porque el tiempo es el tren más veloz; hace tanto, cuando ellos estaban vivos y habitaban la casa que ya no es. Contaba Gabriela que la viejecita se declinaba lentamente en un sumergirse de ahogada calma en su propia locura.
     Contaba Gabriela y entonces, mientras Gabriela contaba la mujercita revivía un momento, antes de que la luz nos transformase a nosotros mismos en fantasmas. En la mesa con queso y salame, en la mesa con generosidad de amigos, en la íntima circularidad de un relato en proceso. Contaba Gabriela.
     Dicen, dijo Gabriela, que la mujercita esta que para mí está vestida de blanco, que algunos encajes lleva, que algunas cintas enlaza, que con lenta cuchara de madera dulcea amarguea, que le da sabores a los guisos, a las mermeladas, a la vida esa que ya no está y fue y tuvo sabor por su cuchara.
Dijo Gabriela de ella, de la foto en blanco negro y sobre todo grises. Dice Gabriela que la mujercita estaba predestinada a la locura, entendida la locura como sinrazón, o sea la razón única de una sola persona, razón particular personal, razón circunscripta a una solita vida, a una solita mollera trastornada, a una cabecita de trenza blanca, de rodete, a una cabecita toda arruga y frente bella y extravío delicado.
     Cuenta Gabriela que todas las hermanas fueron cayendo en el sueño de la locura, de la luna con sus mareas de blanca luz. Dice que todas las hermanas fueron traspasando el umbral quizás para seguir jugando los interrumpidos juegos de la infancia, para reencontrarse del otro lado de la puerta, quién
sabe. Dice Gabriela que las hermanas de a poquito y firmemente se fueron yendo al territorio de la penumbra. Y lo dice Gabriela cuando la penumbra nos atrapa de a uno, de a uno, y apenas la luz del fuego nos hace danzar los cuerpos quietos.
     El viejecito sigue en el relato entre los árboles del campo. El viejecito con sombrero y escalera, con pantalones encima de la cintura, con piernas flacas, con pelitos ralos. Entre los eucaliptos, entre los ceibos retorcidos, entre los robles y los ibirá-pitá, allá lejos cuando el tiempo de las casas con galería, allá cuando los carros todavía, los herreros todavía, las vidas de quince hijos y muchas muertes y sobre todo resistencia.
     El viejecito con la escalera y el mandato.
     La viejecita que se iba poniendo del color de la locura, y había decidido que el sonido de las chicharras veraniegas eran la causa de la confusión, del revoltijo, de la mezcolanza en los cajones.
     Las chicharras inagotables del verano, el sonido unívoco, el sólido sonido del verano en las chicharras le agotaba el seso. Eso decía. Y la viejecita le pidió al marido que le matase las chicharras.
     Con la escalera, los pantalones altos, con la paciencia de quien sabe que su empresa es inútil pero necesaria. Con perfecta conciencia de que en el campo las chicharras son como los granos de arena en la playa. Con lúcida fatiga infatigable, el anciano mataba las chicharras y llevaba a su amada las prendas de su amor. Los bichos muertos.
     Ni perlas ni flores ni magníficas prendas le otorgaba su afán. Un puñado de bichos muertos, su esfuerzo, su devoción, su propio alunarse por acompañarla del otro lado.
     Cuenta Gabriela que él le llevaba a ella las chicharras. Cuenta Gabriela que allá lejos, hace tanto tiempo, hace vidas y años y espesa muerte. Cuenta Gabriela que hubo dos ancianos; cuenta Gabriela que hubo indudable, maravillosamente, que hubo un grande amor.

                                                                             
     
*de Mónica Russomannorussomannomonica@...
 
 
 
 
SEÑOR OREJAS*

 
Nadie recordaba claramente cuando había comenzado el hábito de Don Mario, un sexagenario afable, de sentarse todos los días entre la una y las seis y treinta de la tarde debajo del tilo de la puerta de su casa. Lo único que todo el barrio sabía era que por una cardiopatía irreversible lo habían jubilado a los cincuenta. Un día apareció sentado en su mecedora con la mirada huída hacia adentro o hacia fuera, según el momento y la situación.
Se fue dando espontáneamente un accionar que se hizo rutina y así pasó esa tarde. Clara, su mujer, sacó la mecedora y la colocó debajo del tilo, Don Mario se sentó blandamente y no tardó en aparecer Don Jesús.
- Buenas, Don Mario, vengo a hacerle un poco de compañía; no aguanto a mi mujer siempre rezongando porque tiene que lavar los cacharros del almuerzo. A veces preferiría no comer con tal de no oírla.
- ¿Usted la oye o la escucha? - preguntó socarronamente el anciano.
- Es lo mismo - fue la respuesta.
- No, si usted sólo oye puede no escuchar y entonces no se altera.
- No se me había ocurrido - dijo Jesús desconcertado por el descubrimiento.
- Quiere decir que si aprendo a hacer eso no me va a molestar que ella chille. No está mala la idea.
Jesús se quedó pensativo rascándose la cabeza como si de pronto ante él se hubiera abierto una ventana o una puerta.
- ¿Usted puede hacerlo? - preguntó mirándolo fijo.
- ¡Puf! - exclamó Don Mario con aire suficiente. - ¿Por qué cree que aún estoy en este mundo?
- ¡Parece mentira! Debo reconocer mi ignorancia, nunca me di cuenta de que esas dos palabras no significaban lo mismo. ¡Cuántos disgustos me hubiera ahorrado! Lo voy a poner en práctica y después le cuento.
Jesús se fue caminando activamente como un niño que quiere mostrarle a sus padres lo que aprendió en la escuela.
 La sonrisa del anciano, entre maliciosa e irónica, iluminó un largo rato su rostro.
- ¡Hola, Don Mario!
Era Alfredito, su vecino de trece años que todos los días sacaba a Puqui, su pequinés de pésimo carácter, a dar una vuelta a la manzana.
- ¿Qué tal, Alfredito?
- Aquí estoy, podrido de esta vida. Tengo ganas de quedarme huérfano porque a mis padres ya no los aguanto.
- ¿Tan mal está todo?
- ¿Mal? ¡No! ¡Peor! Tengo una fiesta esta noche y mi madre no me deja ir porque no arreglé mi habitación. ¿A usted le parece?
- ¿Esa es tu obligación?
- Eso es lo que ella dice.
- ¿Y cuándo te lo dijo?
- Ya ni sé, debe hacer mucho tiempo.
- ¿Así que no es una novedad para ti?
- No, me lo repite tanto que me pudre.
- ¿Y cuántas veces lo cumples tú?
- Bueno, de vez en cuando, cuando tengo ganas.
- ¿Es obligación de tu madre hacerte la comida todos los días?
- ¡Por supuesto!
- ¿Y qué pasaría si ella hiciese la comida sólo cuando tiene ganas?
- ¡La mato! ¡Con el hambre que tengo siempre!
- Entonces tu madre tendría que matarte cuando no arreglas tu habitación.
- No es lo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque yo soy chico.
- Si eres chico no puedes ir a la fiesta. Eso es de grandes.
- Don Mario, usted me está pateando en contra.
- No, te presento los mismos argumentos que tú me das.
- Con usted no se puede, mejor me voy a pasear a Puqui, adiós.
La carcajada de Don Mario se elevó en el aire y cayó sobre él como una brisa fortificante, después no pudo menos que pensar sobre la forma como el muchacho manejaba su lógica, siempre para su beneficio. En verdad había cambiado mucho el mundo, a él no se le hubiera ocurrido criticar a sus padres delante de un vecino, lo hubiera sentido como algo que lo llenaba de vergüenza o de culpa.  Muchas veces pensó que ellos eran injustos, pero de ahí a decirlo había un trecho demasiado largo. Aparentemente Alfredito no tenía ese problema.
 
- Mejor para él - pensó en voz baja sin darse cuenta.                              
Una brisa suave lo envolvió en perfume de tilo, entrecerró los ojos pero no pudo rebobinar recuerdos porque apareció Sofía demandando su atención.
- Don Mario, que suerte que lo encuentro - dijo agitada. - Necesito hablar con alguien sino reviento.
Sofía era una cuarentona un poco agria, "porque no tiene marido", decía Clara, pero tal vez no fuera esa la causa.
- Cuente, Sofía, ¿qué le ha sucedido esta vez?
La mujer se sentó sobre el pasto cuidando recatadamente de tapar sus rodillas con su falda amplia.
- Me llegó carta de mi hermana, la que vive en Buenos Aires; me echa en cara que estoy ocupando la casa de mis padres y no le pago por vivir allí. Es cierto que la casa está a nombre de las dos, pero ella tiene su propia casa y yo no.
- Situación comprometida ¿no? - razonó él como para adentro.
- Para mí es muy clara, yo no me fui de la casa, cuidé a mis padres y este reclamo no creo que se justo.
- Afectivamente claro que no lo es, pero legalmente si. ¿Usted lo aclaró con su hermana alguna vez?
- No, no hacía falta.
- Siempre es bueno aclarar las cosas.
Sofía lo miró perpleja, defraudada, no podía entender cómo Don Mario se ponía de parte de su hermana. El anciano la miró de reojo y notó su malestar.
- No se altere, Sofía - dijo lentamente. - Entiendo su posición y me parece justa, pero si me pongo en el lugar de su hermana no puedo menos que pensar que también ella tiene su razón. Usted piensa en usted y no en ella y su hermana hace lo mismo, piensa en ella y no en usted. Si cuando murieron sus padres cada una hubiera pensado en la otra, lo habrían hablado y ya no eistiría conflicto.
Sofía se levantó de un salto.
- Cuando empieza a jugar con las palabras ya no lo entiendo,  me confunde; mejor me marcho - y con paso rápido se dirigió hacia su casa.
Don Mario quedó meneando la cabeza con cierta pena.
- ¡Jugar con las palabras! - comentó por lo bajo. - Yo diría jugar con las realidades que nadie quiere escuchar.
En un intento por relajarse acomodó su cuerpo en la mecedora, estiró sus piernas y creyó sentir cómo su sangre corría por sus venas y arterias. Era una curiosa sensación sentirse funcionar. Cerró los ojos rogando que nadie se acercara, ya no quería escuchar más.
El sol comenzaba a descender pero aún calentaba bastante, el murmullo de alguna torcaza a la distancia le hacía recordar al campo de sus mocedades  al igual que el modo como el aire envolvía su cuerpo a esa hora de la tarde, sin ruidos para no despertar a quienes dormían la siesta.
Se había ido acostumbrando  a saborear cada retacito de vida hasta sus últimas consecuencias. A los cincuenta le había costado horrores, cuando lo retiraron de la vida activa creyó que no lo resistiría y que su muerte no se iba a producir porque su corazón dejara de latir, sino por la angustia de no poder hacer que era como dejar de ser, pero después, el cariño de Clara, sus tardes bajo el tilo y la gente que se fue acercando, le señaló una nueva ruta, se convirtió en dos orejas, dos grandes orejas por donde entraban las rabietas de Jesús con su mujer, el desenfado de Alfredito, el egoísmo de Sofía, las ilusiones amorosas de Mariela, la soledad de Francisco, la chismografía de Juana y algunos más que no eran muy asiduos.
Él los escuchaba y al principio se quedaba con sus propios razonamientos, después ocurrió algo raro, necesitó decir en voz alta lo que pensaba y ya a la gente no le gustó tanto. Esa tarde había sido mucho más realista y todos se fueron enseguida. La gente necesitaba el espejito que le devolviera la imagen deseada, la más linda, por supuesto. Pero la realidad no era tan fea si se la sabía recibir y analizar, era otra perspectiva desde donde se podían ver las cosas.
- ¡Don Mario!  ¡Don Mario!
Mariela lo sacudió por el hombro asustada.
- ¿Qué pasa, Mariela?
- No... nada... - vaciló la muchacha.
- No te asustes, hija - sonrió él buenamente, - no estoy muerto, todavía no. ¿Cómo andan tus cosas hoy?
Mariela sacudió la cabeza como echando a volar las malas ideas que la inquietaban, se acomodó junto a la mecedora y sonrió.
- Todo igual, Don Mario, Ale me mira de lejos, me parece que soy poco para él. Su familia tiene mucho dinero y yo no soy nadie...
- Si Ale se fija en eso es él el que es poco para ti, no se la hagas fácil, por lo general se valora más lo que cuesta conseguir.
Le acarició la cabeza y su mano pareció revitalizar a la muchacha.
- Intenta divertirte un poco. ¡Tienes tanto tiempo!
- Mariela...
Se escuchó a la distancia el llamado de la madre.
- Me llama mamá, hasta luego Don Mario.
- Hasta luego, hija.
La miró alejarse gozando la juventud que irradiaba.
- ¡Cuánta dulzura!  - dijo para sí y volvió a distenderse en la mecedora. - Creo que esto es lo último que desearía ver antes de morir.
- ¡Don Mario! ¿Sabe lo que me dijo la perra de mi vecina...?
La voz de Juana chocó contra el cristal de la vida.
 
 
 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 
 
 
 
 
El álbum*


 

 

Quería hacer algo por la humanidad y decidí dedicarme a fabricar abrigos. Pero abrigar a la gente no me pareció suficiente por lo que contraté un equipo de marketing para que desarrollara una campaña original. Después de un año de trabajo y planificación iniciamos la promoción.

Con el primer abrigo entregamos al comprador el "Álbum de Esperanzas". En la compra del siguiente abrigo le regalábamos un sobre con tres esperanzas y si era alguien muy necesitado, se le darán dos sobres de regalo. De este modo, al ir comprando abrigos, podrán ir llenado su álbum.

Los que lo completen, podrán abrigar esperanzas y entonces, serán felices.


 

*de Joan Mateu joan@...

 
 
 
 
 
El abarcamiento*

 

 El la abarcaba a veces  y ella otras lo mecía como si ella fuera la barca.
Ella acunándolo mientras él la contiene en sus brazos a ella que lo abarca a él que la contiene a ella que lo sueña a él soñándola.

Ese día de niebla parecía el principio o el final del  mundo. El con la barca la va a buscar.
Lo único que lleva son los libros. Era mejor que el fuego este  destino exilio para ellos.
Era otro fuego.
Se bajó de la barca. Con los brazos cargados de hojas, la abrazó. Ella orejas abiertas, él voz. Se decían las vueltas de la tinta. El sobre la desnuda piel de ella inventaba palabras collares, palabras prendedores, palabras aros .Tipografía, recortes, el mundo casi.  Ella lo condecoraba, lo subrayaba, lo significaba, el se elevaba de poema. Envuelta de polisemia, ella esperaba. Los significantes abrían los sonidos, los abrigaban. El mundo era tan expulsivo que habían querido retornar al principio. Dos cuerpos que se leen incansables, escribiéndose.
Sin dios, manzana ni serpiente, el paraíso tenía la forma de una biblioteca.


*de Cristina Villanueva. libera@...

 

 
 
 
Voces*



Últimamente oigo voces. No me atrevo a decírselo a nadie, pero, sin ir más lejos, hace una hora, apoyado en la barra del Flamingo con una cerveza delante escuché una voz femenina que murmuraba algo. Me giré inmediatamente pero no había nadie.

Hace tres o cuatro días que me sucede y generalmente alrededor de las doce, pero quizás sea porque estoy influenciado por las historias esas de fantasmas. Sin embargo esta noche ha sido diferente, he entendido algunas palabras, algo así como: "mejor de día".  "cansada de no tenerte"

Sé que es una voz femenina y que sus mensajes son más nítidos cuando la noche está más avanzada. En el semáforo de la Avenida Plumkier, sobre las 4 de la madrugada entendí perfectamente: "así nos volveremos a encontrar".

Ahora ya no tengo dudas, se trata de un espíritu que intenta comunicarse conmigo por lo que he decidido ir a ver al Padre Lucas, que fue mi confesor y amigo en la escuela.
¡El maldito cura no me ha hecho ni caso!. Quizás fue porque lo levanté de la cama a las tantas de la noche y eso le disgustó. Sin embargo al volver a subir al coche la voz susurró: "Ya está bien de." .
Cada vez tengo más miedo. He decidido ir a ver a un hipnotizador para que averigüe, mientras estoy en trance, quien quiere comunicarse conmigo.

Estoy desesperado. El hipnotizador de pacotilla me ha dicho que hay una sombra que me habla, pero que no entiende lo que dice. ¡Eso ya lo sabía yo!
¡no me hacía ninguna falta soltar veinte talegos para que me lo dijeran!

Llevo tres días sin salir. Bueno, eso es normal porque yo únicamente salgo de noche. Se me han acabado los días de juerga, no me atrevo a moverme de casa.

He cambiado de hábitos. Ahora salgo únicamente de día y doy largos paseos por el parque sobre todo a la hora del sol. Por fin oí la frase completa:
"Ya está bien de salir de noche. Es mejor de día porque estoy cansada de no tenerte. Sal de día y así nos volveremos a encontrar"
Sigo caminando, le hago un guiño a mi sombra seguro de que nunca más me separaré de ella, la pobre estaba cansada de que yo saliera todas las noches de farra y ella no pudiera salir.


*de Joan Mateu.
joan@...
 
 
 
 
 
 
PAÍS DE AUSENCIA*

 
 
Estoy en el rincón de las cosas perdidas.
Perdida alma. Alma perdida.
Quiero decirte que siento nostalgias de ti.
Que se me vuelven los pasos de  extrañarte.
Que soy una ojera que camina.
Que soy un ojo seco y una mirada húmeda.
Daría todo lo que tengo por estar contigo.
Por supuesto- tú lo sabes, elegiría el mar-.
Puede ser en las dunas. En el acantilado.
En los tugurios  donde se juntan los marineros con las putas.
Daría todo. Todo .Lo que más amo.
Daría mis libros. Mi colección de cajas.
Mi cama-tu bien sabes como quiero mi cama-
Mi computadora .Mi elefante de ébano.
El rosario de la abuela.
Mi anillo de amatista. El caracol de mar.
Fíjate, hasta daría el sombrero de paja,  cinta azul.
Solo una noche amor.
Te preguntaría tantas cosas.
Recorrería con la yema de mis dedos las marcas de tu ausencia.
No, no me importaría llegar a la cima.
Sería tu nana, tu nodriza Tu hermana.
Me volvería pasionaria. Junco. Jarillal en flor.
Mordería  tu silencio y tu grito.
Anegaría el huerto con tus ojos moros.

Miro hacia fuera Es verano y los brotes explotan.
Sin embargo  tengo frío. Tengo frío de ti.
¿Recuerdas nuestras calles?
 Son ahora, una larga avenida de lamentos.
Tampoco está la luna.
A medida que escribo los dedos se  adormecen
Adormecida, alma.
No se si es nochería. Llovizna Ausencia.
No se si vivo porque muero.
Pero me duele el frío.
Hasta  los huesos, amor. Hasta los huesos.
 
 
 
*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...
 
 
 
 
La luna*
 
 
 
La luna
En cuarto menguante
Me invade del mutismo
Luna viajera y somnolienta
En tus altares de luz
Evaporas el gruñido de los ignorantes
De los que te admiran
En lo telones de un río calmo
En los atardeceres de inmensidad
Pareces un dibujo de espejismo
No me veo,  no siento
En la exaltación  de la esperanza
Solamente el elegir  alejarme
Es tu condena y la mía.-
 
 
*de Azul. azulaki@...

 

 

 

 

TIERRA ASENTADA*

   

 

 

 Me cuenta Miguel lo que otros contaron, que es una forma de homenaje a los narradores, a lo narrado, a la memoria que se derrite como el hielo en verano, que se esfuma, que tiende a desaparecer.
     Y me cuenta Miguel que le contó Antonio que su padre, brazos en jarra frente al mar, le dijo "qué lecos está mi casa", italiano frente al mar, italiano frente al océano, frente a la inmensidad del espacio pero más del tiempo. "Qué lecos está mi casa", y le aclara "mi casa de la infancia". Todo un mar, señor Cali, todo un mar entre su Italia y la América.
     Y cuenta Miguel que su amiga Inés le dijo una historia, me imagino historia contada a media voz, historia de sobremesa, cuando la luz he decaído, la emoción florece y los vellos sutiles propenden a erizarse frente a lo intangible, a lo tan real que se puede tocar con esos, los dedos verdaderos del comprender por completo.
     Inés le contó a Miguel que su mamá llamó a un taxi, le dio la dirección de su casa para volver a ella, y el taxista comprobó que la casa a la que la señora quería dirigirse era esa de la cual había salido recién para tomar el taxi. Sería, me imagino, la casa de la infancia. Pero ella no quería volver a esta casa presente, a esta casa donde ella es vieja y su hija ya no juega ni llora con las rodillas raspadas. Ella no quiere esta casa repintada, transformada, con gentes distintas a fuerza de calendarios y sucesos y vida
que transcurre. Ella quiere volver a su casa de la infancia.
     El océano del tiempo la separa de esa casa de fantasmas. Cómo podría ser esta casa la casa de la infancia, si aquí papá no está, si en esta cocina las manos de mamá no amasan los tallarines en la mesa empolvada de harinas pasadas, ya irremediablemente posadas en la madera que ya no está.
     Y mi madre vuelta a su Euskadi que me dice que aquí por donde pasa la autovía era la fábrica, y aquí donde ya nada hay, en este sitio que ya no es pero fue, ella jugaba. Y el señor Coiro con sus ojos de cielo, plantando en este clima dos sufridas parras y un nogal retorcido para traerse un pedacito
de su paisaje de montañas.
     Me doy cuenta de que esta es una tierra de gentes sin hogar. Mudados de ciudad o de país, mudados de casa, pocos pueden atrapar el polvo dorado que los rayos de luz orlaban para sus abuelos. Me doy cuenta de que esta tierra es una tierra de gente trashumante, que tiene la extraña costumbre de
envejecer, de perder amigos familia y conocidos, de viajar el tiempo que aleja aleja aleja irremisiblemente de las casas de la infancia.
     El papá de Antonio, brazos en jarra delante del mar, del infinito mar, descubrió que la casa de la infancia estaba lejos. Que la infancia estaba lejos. Que era un marino del océano del tiempo y del espacio.
     El polvo de los altillos se asienta en los suelos de madera. El libro troquelado se va cerrando, la casita se pliega, queda el mar. Se escucha en el silencio un reloj.


                                                                            
        *de Mónica Russomanno.  
russomannomonica@...

 

 

 

 

 

 

Veranos*

 


 

Entre el mar y nosotros los libros. Abriendo el horizonte y el silencio. Policiales negros en una casa blanca. Ahora  que el largo adiós a esos momentos ya fue dado. Entiendo que ese otro lado corrupto, sangriento, con largas rubias de largos tacos y detectives con un vaso siempre a mano. Sólo podía ser  leído en el encanto, que quizá no fuera tan encantador, pero  para mi lo era. Esos mundos extraños y lejanos estaban en los libros devorados mientras todos dormían y se acallaban los ecos de juegos, calesitas, paseos, y el fuego de los leños. Todo tenía las fisuras por las que luego se colarían los dolores. Ahora la violencia de la muerte y del paso del tiempo nos tocó. Un idilio derrumbado. El mar,  como un gran animal furioso y bello, parece lo único cierto entre tantas carcomidas certezas. También la mano de él en el desayuno cubierta de picaflores, las niñas jugando, el perro, la receta de pan con queso, tomate y orégano, regalo de Italia al paisaje del jardín. Por suerte ya los leí, me digo ahora que el mundo parece un policial negro devastador y me falta el amparo de mi ficción de arena perdida y a veces  recuperada.  

 

*de Cristina Villanueva. libera@...

 

 

 

 

NÉMESIS (*)


 

 

Sangra la herida abierta de Narciso.
Lo parte en tres:
Jazmín de leche.
Cuervo. Chiquero cenagal.
Entre ambos, la agonía de la paloma mora.

Gotea sal la herida irremediable.
Pasa su lengua látigo pedernal caliente.
Duele la trizadura cicatriz secreta.

 

Narciso escribe su epitafio en letras de oro
El espejo, también devuelve el eco.
En humo, en ojeras, en harina torva.
Piedra de la locura y soledad.
Narciso huye del agua y del espejo.
Desterrado del paraíso de hombres y de Dioses.

Entre el duelo, la agonía de la paloma mora.
En su cola, posada Némesis lo sigue.
Hasta que el mandamiento no escrito, lo decida.


(*) Diosa de la venganza

 

 

 

*de Amelia Arellanoarellano.amelia@...

 

 

 

 

 

Soñar no cuesta nada*

 


 
 
 Soñé que me llevaban haciendo turismo a un castillo en Italia .Desde lo alto se veía el mar azul. Había algunos hombres y algunos invitados, entre otros mi padre.
Mi preocupación en el sueño era como iba a pagar  la magnífica belleza de ese lugar También tenía cierta inquietud porque algunos hombres me pretendían al mismo tiempo y temía a los problemas, peleas, disgustos  que esa situación podría traer aparejado.
La preocupación económica era bastante obsesiva  y opacaba  el disfrute .Tanto así que cuando me desperté, quedé con el alivio de perder el  mar azul y la  deuda
 
Si tienes un sueño tan vivo. Si adentro tuyo está ese paisaje simplemente hay que nadar en el placer, disfrutarlo, vos lo creaste.


 
Como el muro que cayó una vez, quizás caiga con este terremoto financiero en el bolsillo del Imperio (iba a decir corazón pero no tiene) esa idea de que todo se compra, se vende, se paga, ese dios del dinero.
 
Aprendí soñando que lo más bello no tiene precio. Todavía no hay en los mercados rodajas de crepúsculos, grandes ofertas en amaneceres.
 
 Le di la razón a Epicuro en su  creencia en la bondad de los placeres .Era una filosofía que destacaba la amistad, por lo tanto desechaba a los placeres  que hacían mal a uno mismo  o a los otros. Lo más que se pueda de placer sin daño. Linda consigna para una pancarta. Basta de silicios o coronas de espinas o cruces, otra.

Los sueños crean realidad o permiten soportarla.


Si varios hombres se pelean por vos debe ser un sueño.


Si es de verdad sos una artista.

 
El arte y los sueños se funden 
 
 
*de Cristina Villanueva.
libera@...

 

 

 
 
Princesa secuestrada*


 
Montado en su brioso corcel, divisó desde la mitad del páramo el castillo que se dibujaba a contraluz en la cima del altozano. Decididamente se dirigió hacia él con la esperanza de poder guarecerse durante la noche.

Al acercarse alcanzó a oír unos gritos de socorro que salían de una de las torres. Una mujer estaba solicitando ayuda con la voz desgarrada y un tono lastimero que le indujo a espolear su caballo y acercarse a galope hasta la muralla.

Una vez allí, levantando su yelmo, preguntó .

- ¿Quién sois y que os ocurre?
-  Soy la princesa Stefany Plumkier y he sido secuestrada del castillo de mi padre por un dragón que me tiene prisionera.
- No os preocupéis bella princesa, que ha llegado el caballero que os salvará de vuestro encierro.
- Si me liberáis, caballero, me casaré con vos.

Y dicho lo anterior, el caballero se dirigió hacia la poterna del castillo mientras increpaba al Dragón a que saliera para batirse en duelo. Al poco, asomó por el rastrillo un Dragón de color verde esmeralda, que arrojando llamas por la boca y volutas de humo por la nariz arremetió contra el caballero con aviesa intención.

El caballero logró esquivarlo haciendo que el caballo cabriolara, y de un certero golpe hirió al dragón en la espalda hiriéndole en el lomo. El dragón cayó al suelo aparatosamente levantando una enorme nube de polvo. IOR al caballero y salió huyendo hacia el bosque Tiró el combate, dejando claro que le habían vencido. Seguidamente liberó a la princesa y montándola a la grupa de su corcel se encaminó al reino de su padre para recibir su bendición, desposarla y vivir en el castillo.

Cuando llegó ante el rey se extrañó de la escasa alegría que manifestó éste al ver a su hija, pero supuso que sería por la emoción y la sorpresa. En pocos días se preparó la boda y el festejo, cumpliendo la bella princesa la promesa realizada.

El cabo de medio año, avanzaba un caballo con el caballero por el páramo en dirección al castillo. A la grupa, amordazada, una princesa hermosa como una rosa gimoteaba y daba pataditas. Al llegar a la puerta del castillo, el caballero se arrodilló implorando al Dragón que encerrara de nuevo a la princesa en la almena del castillo y la amordazara para que nadie más cayera en el error de querer salvarla.

 
*de Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
MUJER DE ARENA*
 
 
 
 
Loca. Le llaman loca.
Porque va, viene, arremete, exige.      
Se desangra en la lucha.
En conjuros de luna
Se aferra al amor desesperadamente.
Ama Teme. Se desgarra en el goce.
 
Un día llora, otro día canta.
Es tormenta que opaca los cristales.
Es lecho improvisado.
Es la mujer de arena.
Se desgrana.
Levanta los peñascos, los ata con alambres de púas.
Loca, le llaman loca
 
 
No ha seguido el rebaño de las hembras sumisas
Mujer, mortal, amante despojada.
Barcos pesqueros. Aparejos.
Trampa. Red, sedal.
 
Jadean en la noche de sílice.
Golpean con furia sus acantilados.
Penetran en astillas de vidrio.
 
 
La toman en la mano.
La acarician.
La llevan hasta el borde.
Abren su puño y cae.
La pisotean. Sin compasión la pisotean.
La dispersan las mareas furiosas.
 
La exilian, la apartan, la fragmentan
Solo el mar infinito la toma entre sus brazos.
Loca suicida, le llaman, loca.
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 
-Poema seleccionado para "LA MUJER ROTA" presentado en la Feria Internacional del libro en Guadalajara
 
 
 
 
La balada de Haroldo Conti*



 
 
*Por Jorge Isaías. jisaias46@...

 
 
En los textos de Conti las estaciones predicen el destino de los personajes y lideran las futuras acciones y peripecias de los personajes, influyen en su ánimo, tiñen el valor y espesor de los recuerdos.
Los colores cambiantes van traduciéndose en percepciones para instalar leve y paulatinamente el tono con que el relato se desplaza en un cono de luces que cubren todos los sentidos.
Los diálogos son verosímiles y como en la saga hemingwaiana siempre exponen un mundo interior que subyace detrás de la historia, que va más allá de su laconismo y su economía de recursos expresivos.
La diferencia entre el autor norteamericano a quien admiró la generación de Conti y Conti mismo reside en que el discurso de aquél nunca o casi nunca expone los sentimientos mientras que el escritor argentino con similitud de recursos expone una afectividad nostalgiosa y nunca ríspida, apegada al gran valor otorgado a las cosas y a los seres que se pierden para siempre y que por algún motivo no preciso de la memoria a él se le presentan asociados.
La escritura de Haroldo Conti se nos aparece humilde, morosa y preocupada para retener aquello tan pequeño que a nadie interesa, solo a su letra que no se resigne a dejar morir lo que se va.
De eso, creo, se ocupa la poesía de todos los tiempos porque tal vez Barthes tenga razón y los escritores eternamente estarán tratando de responder a dos preguntas claves.
¿Por qué te amo?
¿Por qué le tengo miedo a la muerte?
No hay ningún tema fuera de esos porque el poder y la gloria no permanecen indiferentes sino implicados en esos enunciados barthesianos.
La morosidad y el amor con que Haroldo Conti trabaja el devenir de las vidas anónimas, marginales y muchas veces miserables de sus personajes, que como en el caso de El Boga, de Sudeste, ni nombre propio tienen.
La morosidad de sus narraciones que el propio Conti eligió para construir un mundo poético lleno de reflexiones donde duda permanentemente sobre el poder representativo de la palabra, conciente que dedica sus afanes a esos "antihéroes" que obviamente no son ni nunca serán ejemplares, presentados
los párrafos con la ironía con que reconoce su propia dificultad y su distancia, su desconfianza de ser tenido en cuenta en ese discurrir de sus historias que como dice el narrador de uno de sus cuentos está contando una historia que no es de él sino de otro, y que además le fue referida y "que no interesan verdaderamente a nadie", como si fuera conciente de la elusión que hace de los grandes temas que instalaron el prestigio de la literatura de todos los tiempos.
Haroldo Conti apostó a una poética, esa visión de lo que falta, de lo que siempre está detrás, este trazo que aparece donde nada existe.
La conjunciones disyuntivas, las frases indirectas, los reflexivos, la progresiva incorporación y la preponderancia de las frases pocas seguras, acentuaron la relación entre el narrador y su materia. Esas frases que ponen en duda la historia que cuenta el propio narrador como si constantemente estuviera dudando en esas infinitas mediaciones que hacen entrever lo que quiere contar de una historia que conoce de oídas.
Cumple con el consejo borgeano que dice que uno tiene que contar las historias como si no las supiera del todo.
El río funciona en los textos de Conti como una metáfora del tiempo, que no es sino el río que El boga trasiega incansablemente con la excusa de la pesca o la del viejo del cuento "Todos los veranos", donde el narrador-personaje niño relata las vicisitudes de su padre, un pescador que navega las aguas enojosas o calmas del Delta en busca de pesca pero en el fondo lo que busca es el sentido para su vida vagabunda y errática.
El tiempo, gran personaje de la narrativa contiana, tal como aparece a lo largo de toda su obra, sirva como ejemplo esta cita de su cuento "Los novios" de su libro Todos los veranos.
"A Hipólito le gustaba hablar del tiempo, lo mismo que a su padre. En realidad, era todo lo que lo que recordaba del viejo.
Allí estaba en su recuerdo hablando las horas enteras en el Círculo Italiano o en el bar Alsina. La verdad que era un tema inmenso. Se recordaban cosas, se auguraban cosas, y uno se volvía cosa y tiempo también".
Quien recorra con atención (única manera de manera de leer literatura) la obra de Haroldo Conti se encontrará con las recurrentes núcleos de sentidos que va desplegando incesantemente, con frases que hacen de la elipsis una retórica y en el énfasis sobre la ambigüedad semántica su pilar donde funda
una estética.
(aclaro que uso aquí la palabra estética en su sentido clásico y no como se usa ahora, para hablar de una moda).
En Sudeste, El Boga es el río, pero también el tiempo, también la conciencia de la indiferencia del hombre frente a los otros hombres donde ni el río que buscó como refugio lo salva.
En esa indolencia, en ese vagabundeo en que El Boga se desplaza buscándose inútilmente a sí mismo si saberlo o intentando intuitivamente un sentido a su propia existencia se involucra sin quererlo, con indolencia, como un héroe de la tragedia griega va a encontrarse con unos contrabandistas y al
final sucede lo predecible: la muerte oscura en un riacho bajo las balas policiales. Como se ve, un final nada épico como corresponde a un personaje contiano.
Tal vez podría decirse sin exagerar que empecinadamente el personaje no busca sino terminar con esa vida de eterno viajero sin sentido para encontrar "su sentido" que no era otro que su propia muerte.
Como tantas vidas oscuras de la vida real ,como tantos otro personajes de la saga contiana.
Que el escritor trató con ternura sin igual, esa ternura que tuvo para con todos los desclasados que pueblan la tierra.
En el cuento "Perfumada noche", del libro La balada del álamo carolina, el narrador pone al lector en situación, cito: "La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristeza que cabe en una cuántas líneas . Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de un hombre es una luz deslumbrante . El señor Pelice tuvo ese minuto y esa luz".
Probablemente podríamos relacionar este párrafo con aquella reiterada aseveración borgeana donde asegura que hay un minuto de la vida de un hombre donde el sabe para siempre quién es.
Probablemente se necesita toda una vida para encontrarse con el propio coraje físico, pero en el cuento de Conti el personaje encuentra la felicidad en un amor platónico donde el platonismo es tan perfecto que el objeto de su amor nunca se entera.
El clímax de su felicidad se produce cuando al pasar por la calle Saavedra, donde vive la señorita Haydée Lombardi y ella lo saluda mientras él el se quita el sombrero panamá en señal de admiración, galantería y respeto.
Pero esa insinuada o imaginada sonrisa de la señorita Lombardi dio sentido y felicidad para siempre al señor Pelice, quien era el más reputado cohetero de la zona y a partir de allí perfeccionó su técnica en honor de la señorita. Desde entonces y durante los años en que la señorita vivió le escribió una carta cotidiana que nunca le hizo llegar, salvo el día en que ella murió, entonces le envió un ardiente y sentido pésame rogándole que lo espere para descansar por toda la eternidad juntos, como no habían estado en
la vida.
"Al señor Pelice le hizo un nudo el corazón y la amó desde ese mismo momento. Jamás cruzaron una palabra pero él desde entonces se quitaba puntualmente el panamá frente a aquella puerta a las seis de la tarde en invierno y a las ocho en verano, y ella inclinaba apenas la cabeza y casi sonreía".
Eso sólo le bastó al señor Pelice para ser el más feliz de los mortales.
Los personajes siempre aparecen y actúan en ese centro de radiación que se constituye en el discurso enunciativo, no como presencia viva sino como sombras difusas y reminiscentes que presentan un aura de extraña y entrañable morosidad donde es imposible no sentir afecto por esos seres desvalidos que en el papel juegan una fantasmagoría de sombras, que a través de esa enunciación termina siendo de una carnalidad vivida y consecuente, inolvidables criaturas que uno como lector no puede dejar de amar y
recordar: El tío Hipólito y la señorita Adela en "Los novios", el señor Pelice y la señorita Lombardi en "Perfumada noche", El boga en "Sudeste", Silvestre y Milo en Alrededor de la jaula, el Oreste de En vida y el otro Oreste de Mascaró y el cazador americano, el chico sin nombre del cuento "Como un león" de Con otra gente, Basilio Argimón en "Ad astra", el inolvidable viejo sin nombre, el pescador del cuento "Todos los veranos" etc. etc.
La textualidad contiana ha participado con creces en la representación de su literatura de aquella premisa de Cesare Pavese: "Narrar es monótono. Y todo auténtico escritor es espléndidamente monótono".
Haroldo Conti, lo es con creces.
En su estudio había colgado un cartel que decía: "Este es mi puesto de combate y de aquí no me muevo. Los chacales que lo secuestraron el 4 de mayo de 1976 no lo leyeron. Estaba escrito en latín y como todos sabemos los chacales no saben latín. Hoy integra la lista de los treinta mil desaparecidos.
 
 

 

 
 
 
 
 
Vos & vos*
 
 
 
Vos
porque sos vos:
sos vos
            vos
 
& vos porque no sos
                                 ella:
 
sos
la que no es ella
 
                          vos.



*de Rolando Revagliatti. revadans@...
 
 
 
 
*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 12 de abril de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del músico peruano Víctor de la Rosa. Las poesías que leeremos pertenecen a Saturnino Rodríguez Riverón (Cuba) y la música de fondo será de Chimizapagua (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
 
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067

 
 
*
 
Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 87 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante", edición Abril/Junio/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org bajo el link:
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CONTENIDO:
·         Resultados del 3er Concurso de Composición XICóATL.

La edición impresa de XICóATL # 87 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@... al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).


Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
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MI ABUELA LA CALANDRIA (*)
 
 
 
Las manos de mi abuela campesina
Inquietos jaríllales al viento.
Denunciantes De historias postergadas.
De mujer y labriegos
De calendarios de hambre.
De renuncias. De involuntario exilio.
De extensos quebrachales de miedo.
De rezos, de leyendas, de íconos en sepia.
Mi abuela heredera de mieses y de soles.
Mi abuela flor. Brote, rama, raíz.
Fruto
 
En terrenal alquimia mezcla argamasa y lluvia
En el horno de barro se hace pan el milagro
Y perfuma, perfuma
Los cielos de la infancia.
Se confunden sus manos con la tierra.
Entierra simientes y dolores.
Casi secretamente
Desgrana semillas de esperanza.
El vellón de oveja desafiante la espera.
En sus manos, las nubes.
Se transforman
En calor. En abrigo,
En padre, en madre.
El oro es pajonal y en sutil filigrana,
puntadas y sueños se entrelazan
Surge entonces  el nido: un canasto de paja.
Mi abuela es la calandria, la que siempre se  queda,
Y canta cuando goza y canta cuando llora.
... El viento se detiene... para verla bailar
Sus manos se transforman en palomas y sus pies,
En ingrávidos gorriones.
Mi abuela, la calandria, la que siempre se queda
 
 
 
*de Amelia Arellano. arellano.amelia@... 

(*) La calandria es uno de los pocos pájaros que no migran y viven por años en el mismo nido.
 

 

 

 

 

MIENTRAS SOBRE EL PUEBLO DESCIENDE LA PERFUMADA NOCHE...

 

 

 

 

 

TIERRA ASENTADA*

   

 

 Me cuenta Miguel lo que otros contaron, que es una forma de homenaje a los narradores, a lo narrado, a la memoria que se derrite como el hielo en verano, que se esfuma, que tiende a desaparecer.
     Y me cuenta Miguel que le contó Antonio que su padre, brazos en jarra frente al mar, le dijo "qué lecos está mi casa", italiano frente al mar, italiano frente al océano, frente a la inmensidad del espacio pero más del tiempo. "Qué lecos está mi casa", y le aclara "mi casa de la infancia". Todo un mar, señor Cali, todo un mar entre su Italia y la América.
     Y cuenta Miguel que su amiga Inés le dijo una historia, me imagino historia contada a media voz, historia de sobremesa, cuando la luz he decaído, la emoción florece y los vellos sutiles propenden a erizarse frente a lo intangible, a lo tan real que se puede tocar con esos, los dedos verdaderos del comprender por completo.
     Inés le contó a Miguel que su mamá llamó a un taxi, le dio la dirección de su casa para volver a ella, y el taxista comprobó que la casa a la que la señora quería dirigirse era esa de la cual había salido recién para tomar el taxi. Sería, me imagino, la casa de la infancia. Pero ella no quería volver a esta casa presente, a esta casa donde ella es vieja y su hija ya no juega ni llora con las rodillas raspadas. Ella no quiere esta casa repintada, transformada, con gentes distintas a fuerza de calendarios y sucesos y vida
que transcurre. Ella quiere volver a su casa de la infancia.
     El océano del tiempo la separa de esa casa de fantasmas. Cómo podría ser esta casa la casa de la infancia, si aquí papá no está, si en esta cocina las manos de mamá no amasan los tallarines en la mesa empolvada de harinas pasadas, ya irremediablemente posadas en la madera que ya no está.
     Y mi madre vuelta a su Euskadi que me dice que aquí por donde pasa la autovía era la fábrica, y aquí donde ya nada hay, en este sitio que ya no es pero fue, ella jugaba. Y el señor Coiro con sus ojos de cielo, plantando en este clima dos sufridas parras y un nogal retorcido para traerse un pedacito
de su paisaje de montañas.
     Me doy cuenta de que esta es una tierra de gentes sin hogar. Mudados de ciudad o de país, mudados de casa, pocos pueden atrapar el polvo dorado que los rayos de luz orlaban para sus abuelos. Me doy cuenta de que esta tierra es una tierra de gente trashumante, que tiene la extraña costumbre de
envejecer, de perder amigos familia y conocidos, de viajar el tiempo que aleja aleja aleja irremisiblemente de las casas de la infancia.
     El papá de Antonio, brazos en jarra delante del mar, del infinito mar, descubrió que la casa de la infancia estaba lejos. Que la infancia estaba lejos. Que era un marino del océano del tiempo y del espacio.
     El polvo de los altillos se asienta en los suelos de madera. El libro troquelado se va cerrando, la casita se pliega, queda el mar. Se escucha en el silencio un reloj.


                                                                            
        *de Mónica Russomanno.  russomannomonica@...

 

 

 

 

 

 

 

Sueño de un día de mayo*

 

La balada de Haroldo.

 


                                                                                                                A Haroldo Conti
 

Haroldo sueña que es un árbol que sueña que es un hombre que quiere soñar que no sucede esto. Entonces pájaro, un ave en su verde jaula de fronda. Jaula no, no ésta donde ya es anciano del dolor. Quiere la dulce luz del verano que recubra como un velo los huesos rotos. "Si no volviese yo, la primavera siempre volverá", busca florecer. En la memoria ya ha florecido  en hojas de libros, de álamos, en caminos de ríos y palabras, camino hijo, su pajarito árbol. Haroldo se piensa hacia atrás, antes de lo que nunca debería haber pasado, cuando era un fresco cuerpo con vida que respiraba la tierra enviándole señales. Busca un bosque húmedo, los otros árboles - cuerpos soñando un mundo verde. El olor de los hombres, de la tierra ,el olor de lo unido, para espantar este olor, este asco de verde uniforme-golpe, este olor de futuro muerto. !Y todo por soñar!.

Mientras el sueño gira, Ernesto, su hijo, sueña un padre vivo, no esa foto en el pecho de la madre, para crecer amparado por su sombra, un padre árbol para columpiarse con él en los ríos del aire, para encenderse por dentro y descansar los ojos de lo que vio ese día. Nosotros lo soñamos más viejo, desafiante del tiempo detenido, soñamos que leemos su nuevo libro en un país que todavía existe.

 

 

*de Cristina Villanueva. libera@...

 

 

 

 

 

 

 

Bondad y coraje*


 

 

 *Por Osvaldo Bayer

 

Todo comenzó cuando fui a ver Mundo Alas. El film. León Gieco, el artista de la generosidad, nos ofrece la lección de cómo actuar en la sociedad injusta.
El único camino, la solidaridad. Meterse en lo injusto indescifrable para tratar de descifrarlo, o por lo menos para llevar un poco de alegría donde todo aparece como definitivo. Un artista consumado que podría pasar su vida en los jardines de Babilonia y sin embargo se mete en la vida, esa que vemos en nuestras calles, en nuestros andurriales, en las salas de espera de los hospitales públicos, en los trenes con gente en los estribos. Y es así como prepara un conjunto artístico-musical con jóvenes llamados en el idioma oficial "discapacitados" pero que son capaces de vencer todos los obstáculos y brindarnos música, danza, imágenes dibujadas. Y León conversa con ellos como si fuera un amigo de barrio, un hermano mayor pero colega de aventuras; les inyecta humor y risas. Y todos ríen y vencen sus problemas y allí están, en el primer plano del escenario ante el aplauso entusiasmado y el cariño desbordante del público que los aplaude a ellos y derrama lágrimas por el gesto del artista de mano abierta, de alma tan inmensa como nuestras pampas.
Gracias, León, sí, a vos también aquellos libertarios que lucharon tanto por el mundo de los abrazos te darían el título de "Hijo del Pueblo", el título máximo a que puede aspirar el ser que no se aloja en la torre de marfil sino que baja todos los días a juntarse con la realidad de las orillas, de donde proviene la vida que nunca podrá ser vencida. Gracias León, ya te has ganado para siempre el Premio Nobel a la Bondad.
Y la semana continuó de triunfo en triunfo. El triunfo de la Verdad. Asistí al colegio técnico de Florencio Varela, y fue tocar otra vez el cielo con las manos. La alegría de presenciar la fantasía de la realidad. Ver cómo se cambiaba el nombre de la escuela General Aramburu por el de Rodolfo Walsh.
¿Cabe acaso en la Etica un paso más claro hacia adelante? Como lo dije al iniciar mis palabras en el acto: "Hoy se cambia el nombre de quien ordenó la Operación Masacre por quien tuvo el coraje civil de investigar y mostrar a los culpables de la Operación Masacre. El más valiente de nuestra generación: Rodolfo Walsh, asesinado luego por los sicarios en uniforme. Un nombre dado a esa escuela por la dictadura de los generales en 1980 y que -para vergüenza de nuestra democracia- subsistió hasta ayer. Pero la lucha de docentes y alumnos llevó al triunfo la virtud de la solidaridad contra la cobardía de los que no se definen, para poder mantenerse en el poder". El momento más emocionante fue cuando Lilia Ferreyra, la compañera de Rodolfo, expresó su agradecimiento y su alegría plena de nostalgias por
el ser tan amado.
Y continuaron en la semana de la Memoria los actos de reivindicación de los que lucharon por más justicia en una sociedad morbosa de tanta impunidad y provecho individual. En la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata se inauguró el Jardín de la Memoria. Allí, los retratos de los 57 rostros
jóvenes de los estudiantes desaparecidos. Los asesinos asaltantes del poder quisieron borrar a esos jóvenes de alma generosa. Pero están ahí, más presentes que nunca. Sonrientes. Y una de las mayores alegrías de mi vida fue ver ese árbol llamado "casia tucumana", nada menos, plantado por mí hace
diez años, cuando se invitó al proyecto del Jardín de la Memoria. Ese hijo de la generosa naturaleza estaba todo florecido, una corona de flores de color amarillo brillante, sí, con flores a pesar del comienzo del otoño. Se ve que nos esperó para estar florecido y adornar esos rostros que nos mirarán para siempre. Entonces dije: "El Jardín de la Memoria. El hermoso nombre. El bello lugar. El color esperanza en sus verdes. Las manos abiertas de la naturaleza. El recuerdo eterno dentro del reposo eterno. Los generosos son recordados en cada árbol, en cada rosa, en cada brote que se asoma
curioso. Aquí estarán siempre los que salieron para tener una sociedad sin niños con hambre, sin villas miseria, sin humillados y ofendidos. Los generosos que aquí nos miran desde sus retratos. Los que quedarán jóvenes para siempre. En cambio, sus cobardes verdugos de uniforme y de pistola al
cinto, de la picana eléctrica y la de-saparición no tendrán jamás ni una placa ni una sonrisa de nadie ni un musgo. Los verdugos bestiales, los agentes de la muerte, algunos de ellos ya entre rejas. De dueños de la vida y de la muerte a despreciados para siempre por la Historia".
"El triunfo siempre definitivo de la Etica en el devenir del ser humano. A veces ese triunfo puede tardar mucho, pero llega. Lo he visto en la Patagonia, donde los peones rurales fusilados en el '21 tienen hoy monumentos allí donde el Ejército les robó la vida contra toda ley por pedir un poco de dignidad. Hay ya hasta escuelas con sus nombres. En cambio, de los bestiales verdugos uniformados, nada. Ni una placa, nada, el desprecio más absoluto, el asco bien humano ante tanta maldad. Lo mismo aquí. Miro el
rostro de estos valientes, generosos. La generosidad hasta dar la vida por la dignidad en una sociedad, a quienes nuestros patriotas de mayo les enseñaron a cantar:
'Ved en trono a la noble Igualdad,
Libertad, Libertad, Libertad.'
"Y nuestros jóvenes, que hoy recordamos y que están aquí junto a nosotros más que nunca, gritaron bien fuerte esas palabras, pero no se quedaron en eso sino que resolvieron llevarlas a la realidad. Y entonces los esperaba la prisión, la tortura, la desaparición.
"Pero volvieron con sus rostros sonrientes, siempre jóvenes mientras nosotros envejecíamos. Y volverán todos los años, aquí a este jardín, a estas aulas, para ejemplo de las nuevas generaciones.
"Nuestros miles de jóvenes que nos mostraron el camino a seguir, nos obligan a pensar más en nuestras obligaciones como seres humanos frente a los que sufren en nuestra sociedad injusta.
"Desde aquí, desde este Jardín de la Memoria nos inspiran a luchar por la paz eterna, por una sociedad sin violencias, violencias siempre creadas por quienes se han apoderado de la riqueza de estas generosas tierras. Las Madres y las Abuelas de ellos nos están advirtiendo y nos vigilan para que sigamos con los sueños de ellos, y no dejarlos solos. Cultivar este jardín tratando de convertir en un jardín de la vida a todas nuestras pampas para todas las generaciones del futuro. Gracias a todos los que han hecho posible
estas jornadas. Es como prender una luz más en el amanecer de los sueños de la dignidad."
Y partí del jardín mirando al árbol tucumano coronado con sus flores sonrientes a la vida.
De allí a la Mansión Seré, en Morón, a lo que fue, para vergüenza de la aeronáutica militar, un campo de concentración de la humillación eterna para esa arma. Todo se ha convertido en un enorme jardín donde la juventud y la niñez juegan a ver quién posee más alegría. Pero no se olvida su pasado de cobardías militares, torturas y muertes. El acto tuvo un tinte del volver a resurgir con ideales, y de melancolía por los rostros jóvenes que nos mirarán para siempre en ese parque.
Y, por supuesto, el final en Plaza de Mayo, con las Madres, este jueves a la tarde, como hace 32 años, cuando los pañuelos blancos salieron a denunciar a los poderosos de la muerte. Los rostros de las Madres, cada vez de más edad, pero cada vez más metidas en la gloria imperecedera de su coraje de Madres de la Vida.

 

 

*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-122229-2009-03-28.html

 
 
 
 
 
PERFUMADA NOCHE*

( A mi tía Haydée, para que nunca se muera )

 
La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en unas cuantas líneas. Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de ese hombre es una luz deslumbrante. El señor Pelice tuvo ese minuto y esa luz. Pocos lo recuerdan en este pueblo. Algunos, los más concisos, piensan que murió realmente de vejeces. La muerte es según, como la vida. Es otra vida, justo, otra forma de consistir, no un per saecula definitivo, nada absoluto, ninguna cosa extravagante porque también es de ser, aunque en artículo mortis. De modo que el señor Pelice sigue siendo todavía. La muerte, ya que viene al caso, es suceso chiquito, desdibujo, entreluces. Este pueblo no fue así desde el comienzo, como uno imagina. En su momento fue pueblo niño. Antes no estaba el molino de Rodríguez ni la fábrica de fideos de Basile era como es ahora con un alto letrero encendido en la punta, sino de madera bien seca y engrasada, es decir, lista para encenderse en cualquier momento como finalmente sucedió bien solemne y entonces, después, sobre las cenizas vino esta otra, de fuerte cemento y letrero penachudo, ni estaba siquiera esta estatua de San Martín que cabalga sereno entre las copas de los árboles, ni el blanco palacio de la Municipalidad tan gobernante, ni aun la avenida Alsina de cemento liso embanderada de letreros a los costados. Esto es, hay otro pueblo por debajo de éste, y otro y otro más con tapialitos amarillos de sol y callecitas de tierra. Y por una de esas callecitas ahí viene el señor Pelice con sus botines de becerro, su traje de gabardina negra y su panamá copudo, a los pasitos, muy de cuerpo presente. Viene. Y ése fue el minuto y la luz del señor Pelice. Porque no va que ve por primera vez a la señorita Haydée Lombardi en la puerta de su casa, en la calle Saavedra, al lado de la confitería "Renacimiento", que está en la esquina de Pueyrredón y Saavedra, aquella opulenta casa con un tejado a la Mansard con espiga, tragaluces, cresta, veleta, buharda y chimenea, que se ennegrecía al atardecer y boyaba como un barco en el alto cielo y ella allí, en la puerta, para siempre desde ahora, blanca y frágil y perfumada, figurín, Haydée Lombardi, para sueño y música. Al señor Pelice le hizo un ruido el corazón y la amó desde ese mismo momento. Jamás cruzaron palabra pero él desde entonces se quitaba puntualmente el panamá frente a aquella puerta a las seis de la tarde en invierno y a las ocho en verano, y ella inclinaba apenas la cabeza y casi sonreía. Para el señor Pelice fue el momento más brillante de su vida lo cual es bastante textual porque, como se sabe, el señor Pelice era el cohetero más reputado de la zona. ¿Quién no recuerda, eso sí, las cascadas, abanicos, glorias y soles fijos que hacía estallar para la fiesta de San Donato, por ejemplo, aparte de las consonantes bombas de estruendo que reventaba en procesiones y remates y que se oían hasta Irala o Cucha-Cucha, según soplase el viento, y era el propio mundo que saltaba en pedazos? Aquel año del encuentro engendró para la fiesta de San Isidro Labrador, de este pueblo protector, sus famosas piezas pírricas de formidable combustión. Las piezas pírricas mediante fuegos fijos, esto es, que hacen su efecto sin dar vueltas, según se conocían hasta entonces, eran fáciles de prender mediante el simple recurso de mechas de comunicación. El maestro Pelice, en cambio, que era un verdadero artista creativo, prosiguiendo y mejorando los fogosos estudios del maestro Ruggieri, perfeccionó in extenso los fuegos pírricos alternando piezas fijas con piezas giratorias, lo cual es de suma perfección si se tiene en cuenta que el movimiento de rotación se opone per se a que se establezca la comunicación entre las piezas. El sutil rebusque se basaba en una fuerte broca colocada horizontalmente sobre un sólido poste de madera y que servía de eje a todas las piezas, de las más simples a las más complicadas, combinando en ajustada competencia de ingenio soles fijos, estrellas, glorias, patas de ganso, aspas de molino y las maravillosas espuelas de fuego de su exclusiva invención. Inspirado por la alada figura de la señorita Haydée, el señor Pelice llegó incluso a fabricar aquella atronadora pieza en espiral, compuesta de fuegos giratorios y de una hilera de lanzas que sube circularmente y forman, cuando la pieza gira, una espiral de fuego, de enorme pasmo y majestuoso incendio, que disparó para la noche del 9 de julio de 1935. Esa misma noche, en la casita que habitaba en las afueras del pueblo sobre el camino de tierra a las Aguas Corrientes, después de encender cuantas velas y lámparas tenía y distribuirlas por toda la casa y aun en el jardín, el señor Pelice se estableció frente a su escritorio de persiana y tras suspirar largamente mientras se rascaba la cabeza con una lapicera de pluma de pavo escribió con su hermosa letra bastarda de curvas rotundas y el sesgo conexivo de 30º, como se prescribe, la misma con la que copiaba las fórmulas del maestro julio Rossignon, autor del Nuevo Manual del Cohetero y Polvorista editado por la librería de la Vda. de Ch. Bouret, su primera carta a la señorita Haydée, inspirada libremente en el Corresponsal del Amor, Estilo Moderno de Cartas Emotivas y Pasionales. Como, según las apariencias, sobrepasaba en varios años a la señorita le pareció atinente utilizar como modelo la carta de un viudo pidiendo relaciones a una soltera, aunque él, con propiedad, no fuese viudo de mujer sino más bien viudo de costumbre.
Releyó un par de veces la carta a la luz de la lámpara de aceite de tubo alto y luz espesa, que era su preferida y que cuando se adormecía lo despertaba con breves y susurrantes chisporroteos de la mecha, como si chamuyara. La plegó con cuidado, la besó ladeando sus bigotes de manubrio y la metió en un sobre perfumado. A esta carta nocturna siguieron otras muchas, puntualmente una por semana, pero el señor Pelice no llegó a despachar ninguna. Prefería rellenar con ellas las bombas de estruendo, que ahora sonaban un poco más apagadas o huecas, aunque sólo él lo notase, y desparramarlas en mil pedacitos sobre los techos del pueblo. Algunos de esos pedacitos cayeron en el patio de canteros elevados de la casa de la señorita Haydée Lombardi, aunque lamentablemente el día de la carrera de las Doce a Bragado, cuando disparó una bomba para la largada, un papel chamuscadoque decía "Mi adorada Haydée" cayó con tan mala leche que fue a dar en el patio de la señora Haydée Bonsignore y más precisamente casi a los pies del señor Bonsignore, que tenía la sangre caliente, y se armó una podrida de calendario.
El señor Pelice seguía transcurriendo exacto, puntual todas las tardes por frente a la casa de la calle Saavedra y allí estaba siempre la señorita de visu, cada día más blanca y leve, casi transparente.
La señorita Haydée Lombardi murió de tabardillo el 8 de mayo de 1946. El señor Pelice redactó esa noche la única carta que en todos esos años remitió por correo. "Mi estimada señorita: en momentos tan especiales deseo expresarle a usted mi invariable afecto y la seguridad de mi perdurable compañia en esa otra vida de tránsito que ha iniciado usted y que me impongo yo en este mismo momento. Su leal servidor P." El señor Pelice echó la carta al día siguiente y no volvió a salir de la casa por el resto de sus días. Solamente lo hacía cada 8 de mes, por la tardecita, para depositar un sobre perfumado en el nicho de la señorita que luego se llevaba el viento o algún curioso o bien lo chamuscaba y descoloría el tiempo. Coincidió que para entonces los festejos de estruendo fueron cayendo en desuso y se convocaba a remate por edicto judicial. Al tiempo, los vecinos lo dieron por muerto o simplemente lo olvidaron. Ya estaba el asfalto, se habían construido varios molinos, el Expreso Rojas llegaba hasta Buenos Aires y sobre el pueblo de tapiales amarillos había surgido otro pueblo. La casa de la calle Saavedra se convirtió en un local de compra y venta de propiedades.
A todo esto el señor Pelice envejecía suavemente detrás del último tapial como un fuego que se apaga con lentitud. Al caer la noche encendía todas las velas y las lámparas y daba de comer a unos pececitos de colores que criaba en un acuario y que eran su única y silenciosa compañía. Tenía una colisa labiosa, dos ángeles que parecían dos pajaritos rígidos, un betta splendens, un labeo bicolor, un telescopio renegrido de ojos saltones que semejaba un gato, una ninfa, un cometa y dos besadores chatos y blancos que colgaban del agua como dos papelitos. La luz del atardecer penetraba por la puerta-ventana que daba al jardín y revestía el cuarto de una claridad dorada que encendía pálidamente la pecera. Los pececitos flotaban en el agua dorada como suaves pájaros de lento vuelo, desplazándose majestuosamente entre las ramitas de elodea o de helecho japonés. El señor Pelice inclinaba su cabeza encanecida sobre los vidrios y sus pensamientos se desplazaban tan lentos y suaves como aquellos pececitos ánimas. Detrás del tapial amarillo que con las sombras se cubría de caracoles, el señor Pelice se hinchaba y arrugaba un poco más cada año. Ahora podía salir y pasar entre los vecinos sin ser reconocido. El pueblo seguía progresivo, casi capital. Altas luces de mercurio alumbraban las calles avenidas, el asfalto había llegado hasta la calle Magallanes, en las afueras, había dos semáforos en el centro que saltaban bonitamente del verde al rojo y a la viceversa y de los que don Pelice no entendió muy bien su significancia, aunque imaginó que eran tramoyas de estación. La iglesia de San Isidro, tan altiva, tan de lejos visible apuntando al cielo entre los árboles sobre los buenos campos, había sido vaciada por dentro, ya no consistía aquel brillante altar con columnas al pan de oro y la santa imagen, muy carnal de su contexto, de Santa María bendita, todo color y vestes y brillos y ojos de vidrio y el niño desnudo, barrigoncito, sino que ahora era una especie de agudo galpón blanqueado, con una mesada en alto. Quedan de los otros tiempos, y por allí la reconoció, los grandes ventanales con vidrios a franjas blancas y violáceas que según la disposición del sol azulaban a cierta hora el aire, las gentes, las imágenes de bulto, en cuya luz vio una mañana sobreandar,  flotante, a la señorita Haydée con un tul que le velaba el rostro y de cuyos entrepaños florecían ambas manos como de cera. Nada de eso prevalecía ya. El mismo no era el Pelice de entonces pues nadie se volvió a reconocerlo cuando avanzó por el medio de la nave con el panamá en la mano haciendo crujir los resecos botines de becerro. De regreso pasó por la calle Saavedra y hundidaentre dos vidrieras que resplandecían descubrió trabajosamente la negra silueta de la casa con un afrentoso letrero sobre la puerta. Haciendo visera con la mano, sus ojos repasaron el imbatible tejado a la Mansard que se recortaba contra el resplandor de las luces de mercurio. Esa noche escribió una larga carta a la señorita Haydée dándole cuenta de los adelantos habidos y de las altas y frías luces que hubiesen quitado brillo aun a las cascadas de cuatro brazos, de once metros de alto con 20, 16, 12 y 8 cartuchos detonantes respectivamente más otros 4 en el extremo superior del palo que construyó para el sesquicentenario y que fue su más colosal de facto.
Ahora es noviembre. En la profunda noche perfumada al señor Pelice, ya decididamente viejo y por lo tanto insomne, le cuesta una barbaridad conciliar el sueño. Casi no duerme. Se aquieta sobre el catre y hacia el amanecer se adormece un poco. En esas largas horas divaga por el jardín con la lámpara de aceite en la mano o se echa en una mecedora e impulsada por el aire dulzón que despide el ligustro humedecido por el rocío, su cabeza se vuela como un globo o una pajarita de papel que planea sobre el viejo pueblo con los tapialitos amarillos y las calles de tierra y tanta cosa que se desapareció u ocultó, no visible a prima facie, que eso es la muerte, olvido, oscuridades, suma y suma, tiempo y tiempo, distancia inmóvil.
En la madrugada acercó la lámpara a la pecera y comprobó ya sin dolor que el pez telescopio, ese lento pajarito renegrido que lo observaba con sus grandes ojos saltones a través del cristal y con el que casi había llegado a entenderse, de un mundo a otro, pez-hombre, pez-pez, flotaba inerte en uno de los rincones. Al principio, cuando instaló la pecera, eran doce movedizos pececitos pero, iletrado en aguas, el exceso de comida o alteraciones en la temperatura o defectos en la aireación y filtración redujeron el lote rápidamente. La primera muerte fue una catástrofe. El señor Pelice extrajo el cuerpecito finado, una vez que comprobó en forma absoluta que no se movía ni aun empujándolo con un dedo, con la redecilla de tul y lo depositó sobre una hoja de hortensia en el medio del escritorio y lo veló algunas horas con la lámpara de aceite. Con una cuchara cavó un hoyo al pie de una magnolia foscata y enterró allí al pececito. No se había aún recuperado de aquella sensible pérdida cuando murió un macropodus opercularis que comenzó boqueando en la superficie y luego se acurrucó en un rincón con el vientre hinchado. Lo sepultó al pie del ciruelo de jardín de aladas hojas marrones. Así fueron muriendo uno tras otro y el viejo enterrándolos al pie de esta planta, aquella. Al telescopio lo plantó junto a su arbolito más querido, un jazmin japonés de flores carnosas que reventaban justamente para fines de noviembre y se removían en la noche como avecitas blancas bombeando intensas ondas perfumadas que traspasaban la oscuridad hasta el catre o la mecedora del señor Pelice, que ya prácticamente no duerme. A ratos lee, a ratos escribe pero sobre todo piensa. Eso es la vejez seguramente, una desvelada memoria. Por lo general reconstruye el pueblo desde su infancia mezclando o, mejor dicho, combinando los tiempos, las personas. Desfilan contra un mismo tapial o por la penumbra amarilla del cuarto el padre Doglia, previniéndolo en cocoliche sobre las tentaciones de este mundo mientras se pone y se quita el bonete francés, nervioso con la presencia del demonio a quien imagina una especie de comisario de la provincia con el uniforme colorado, el viejo Ponce, que habla solo, Bimbo Marsiletti que agita los brazos frente a una banda invisible, Oreste Provenzano que levanta una ristra de billetes de lotería o los tanos Minervino, Visiconti y Ciminelli que pasan tocando la gaita en fila india igual que en la procesión de la Virgen del Carmen.
Desde que se marchó la señorita Haydée ha tomado por costumbre colgar un farol de viento en medio del jardín. El viento lo agita y remueve las densas sombras que cambian pesadamente de lugar. Su luz anaranjada semeja la lechosa claridad de la pecera. Y en esa luz submarina ve brotar en la punta de una ramita al macropodus opercularis o a labeo bicolor o al scatophagus argus o a los puntius arulius que murieron a dúo. Se agitan como flores o pajaritos o caireles, casi transparentes, muy navegantes. Esta noche de noviembre florecerá sin duda el telescopio, pez pajarito de negros velos, en la cresta del jazmín japonés.
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada, el señor Pelice escuchó desde el catre el volteo de las campanas que convocaban a la misa solemne de primera comunión con la lámpara de aceite todavía encendida a un lado, sobre la silla. Pensó en la virgen de cemento que erigieron las Hijas de María en el atrio de la iglesia y que viera la última vez con el rostro y las manos de color carne y las hileras de chicos con brazaletes y túnicas que atravesaban la plaza y estarían ingresando en este mismo momento por la puerta puntiaguda a través de la cual se alcanzaba a ver el altar colmado de luces. Pero su hinchado cuerpo no obedeció al impulso. Tenía los brazos adormecidos y las piernas envaradas. Recién a la tardecita, arrastrándose por el piso, pudo dar de comer a los pececitos. Angelita Alori, que venía dos veces por semana a asear la casa, lo encontró al día siguiente tumbado en el piso de ladrillos y lo acomodó en el catre para finales. Como por otro item padecía el mal de orina, Angelita le preparó un cocido a base de raíz de rábano con una mata de perejil y un puñado de hojas de berro, endulzando el conjunto con azúcar de cande. Se abreva una copa para extraer la orina y los humores que vienen de acompañamiento, aconsejándose un Pater para refuerzo. El señor Pelice mejoró de la orina pero total que era casi lo mismo pues no podía transportarse para expulsarla, debiendo ayudar al efecto la Angelita con la vista vuelta hacia otra parte. El 8 de enero puntual, el señor Pelice emprendió su tránsito con el traje de gabardina, el sombrero panamá y los botines de becerro a la hora justa en que los pececitos se brotaban en las ramas. Según la Angelita, que depuso para constancia, hizo una buena muerte, al natural, y fue enterrado de oficio, sin luto ni comparsa, en la mera tierra.
Ahora bien, y a propósito del señor Pelice que pasó, pregunto: ¿cuál es, cuál el verdadero pueblo de la ciudad de Chacabuco, cuál rige? Este de ahora encumbrado en adelantos o aquel otro de los tapialcitos amarillos y las calles de tierra, cuando el camión de riego asentaba el polvo al atardecer y todo era más viejo y simple pero más dulce, y bastaba con estirar el cogote para ver al fondo de la calle las primeras quintas y que por la calle Saavedra en este momento se acerca gravemente el señor Pelice, se detiene frente a la casa de los Lombardi, ya medio en sombras, se quita el panamá y saluda a la señorita Haydée que dice por primera vez con su voz de pajarito:
-¿Habrá calor este año, no cree usted?
-El sol está fuerte para noviembre -responde per oblicua el señor Pelice.
-¡Hermoso atardecer!
-Sopla algo de viento, por suerte.
-¿Hacia dónde va usted tan incontinenti?
-Al prado -improvisa temerario el señor Pelice.
-Muy buena idea. ¡Me gustaría mucho ir hasta ahí! -canturrea la señorita.
El señor Pelice le ofrece el brazo y la señorita Haydée con una risita se aparta de la puerta y enlaza el brazo del maestro cohetero. Las dos figuras se alejan entre tapiales amarillos y penachos de sombras rumbo al Prado Español mientras sobre el pueblo desciende la perfumada noche.

 
 
 
*de Haroldo Conti.
-LA BALADA DEL ALAMO CAROLINA -tomoI- Biblioteca Página/12 nº20.

 

 

 

 

 

El muso*

 

El tío era muy macho. Sensible si, pero sobre todo macho. Hasta tal punto defendía su masculinidad que en su vertiente de poeta buscaba la inspiración en un "muso". Esa obcecación le llevo a escribir poemas horribles, mal rimados y sin contenido, seguramente porque no encontraba la fuente de inspiración adecuada.

Ningún editor quería correr el riesgo de poner un libro suyo en el mercado y un amigo que se vio obligado a hacerlo se arrepintió toda su vida porque de los 3000 ejemplares de la tirada todavía tiene 2968 en su almacén.

Reconoció, al fin, que estaba errado admitiendo que únicamente en brazos de su musa podría escribir poemas originales y con sentimiento. Se dio cuenta, tras el éxito de su tercer libro, que la inspiración era como la vida; a él le gustaban las mujeres y había estado todos aquellos años manteniendo una
relación homosexual. Decidió olvidar definitivamente al muso. ¡Ya estaba bien de mariconadas!. Menos mal que sus amigos no se habían dado cuenta.


*De Joan Mateu.  joan@...

 

 

 

 

*

 

Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 29 de marzo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor brasilero Ronaldo Miranda. Las poesías que leeremos pertenecen a Pedro Arturo Reino Garcés (Ecuador) y la música de fondo será de Wayna Picchu
(Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!

 

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at

(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

 

REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Freundliche Grüße / Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37   A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

 

 
*


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#198 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Lun, 16 de Mar, 2009 1:24 pm
Asunto: CONTRA EL CRISTAL DE LA VIDA...
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Veranos*

 


 

Entre el mar y nosotros los libros. Abriendo el horizonte y el silencio. Policiales negros en una casa blanca. Ahora  que el largo adiós a esos momentos ya fue dado. Entiendo que ese otro lado corrupto, sangriento, con largas rubias de largos tacos y detectives con un vaso siempre a mano. Sólo podía ser  leído en el encanto, que quizá no fuera tan encantador, pero  para mi lo era. Esos mundos extraños y lejanos estaban en los libros devorados mientras todos dormían y se acallaban los ecos de juegos, calesitas, paseos, y el fuego de los leños. Todo tenía las fisuras por las que luego se colarían los dolores. Ahora la violencia de la muerte y del paso del tiempo nos tocó. Un idilio derrumbado. El mar,  como un gran animal furioso y bello, parece lo único cierto entre tantas carcomidas certezas. También la mano de él en el desayuno cubierta de picaflores, las niñas jugando, el perro, la receta de pan con queso, tomate y orégano, regalo de Italia al paisaje del jardín. Por suerte ya los leí, me digo ahora que el mundo parece un policial negro devastador y me falta el amparo de mi ficción de arena perdida y a veces  recuperada.  

 

*de Cristina Villanueva. libera@...

 

 

 

 
 
 
CONTRA EL CRISTAL DE LA VIDA...
 
 
 
 
 
 
SEÑOR OREJAS*

 
Nadie recordaba claramente cuando había comenzado el hábito de Don Mario, un sexagenario afable, de sentarse todos los días entre la una y las seis y treinta de la tarde debajo del tilo de la puerta de su casa. Lo único que todo el barrio sabía era que por una cardiopatía irreversible lo habían jubilado a los cincuenta. Un día apareció sentado en su mecedora con la mirada huída hacia adentro o hacia fuera, según el momento y la situación.
Se fue dando espontáneamente un accionar que se hizo rutina y así pasó esa tarde. Clara, su mujer, sacó la mecedora y la colocó debajo del tilo, Don Mario se sentó blandamente y no tardó en aparecer Don Jesús.
- Buenas, Don Mario, vengo a hacerle un poco de compañía; no aguanto a mi mujer siempre rezongando porque tiene que lavar los cacharros del almuerzo. A veces preferiría no comer con tal de no oírla.
- ¿Usted la oye o la escucha? - preguntó socarronamente el anciano.
- Es lo mismo - fue la respuesta.
- No, si usted sólo oye puede no escuchar y entonces no se altera.
- No se me había ocurrido - dijo Jesús desconcertado por el descubrimiento.
- Quiere decir que si aprendo a hacer eso no me va a molestar que ella chille. No está mala la idea.
Jesús se quedó pensativo rascándose la cabeza como si de pronto ante él se hubiera abierto una ventana o una puerta.
- ¿Usted puede hacerlo? - preguntó mirándolo fijo.
- ¡Puf! - exclamó Don Mario con aire suficiente. - ¿Por qué cree que aún estoy en este mundo?
- ¡Parece mentira! Debo reconocer mi ignorancia, nunca me di cuenta de que esas dos palabras no significaban lo mismo. ¡Cuántos disgustos me hubiera ahorrado! Lo voy a poner en práctica y después le cuento.
Jesús se fue caminando activamente como un niño que quiere mostrarle a sus padres lo que aprendió en la escuela.
 La sonrisa del anciano, entre maliciosa e irónica, iluminó un largo rato su rostro.
- ¡Hola, Don Mario!
Era Alfredito, su vecino de trece años que todos los días sacaba a Puqui, su pequinés de pésimo carácter, a dar una vuelta a la manzana.
- ¿Qué tal, Alfredito?
- Aquí estoy, podrido de esta vida. Tengo ganas de quedarme huérfano porque a mis padres ya no los aguanto.
- ¿Tan mal está todo?
- ¿Mal? ¡No! ¡Peor! Tengo una fiesta esta noche y mi madre no me deja ir porque no arreglé mi habitación. ¿A usted le parece?
- ¿Esa es tu obligación?
- Eso es lo que ella dice.
- ¿Y cuándo te lo dijo?
- Ya ni sé, debe hacer mucho tiempo.
- ¿Así que no es una novedad para ti?
- No, me lo repite tanto que me pudre.
- ¿Y cuántas veces lo cumples tú?
- Bueno, de vez en cuando, cuando tengo ganas.
- ¿Es obligación de tu madre hacerte la comida todos los días?
- ¡Por supuesto!
- ¿Y qué pasaría si ella hiciese la comida sólo cuando tiene ganas?
- ¡La mato! ¡Con el hambre que tengo siempre!
- Entonces tu madre tendría que matarte cuando no arreglas tu habitación.
- No es lo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque yo soy chico.
- Si eres chico no puedes ir a la fiesta. Eso es de grandes.
- Don Mario, usted me está pateando en contra.
- No, te presento los mismos argumentos que tú me das.
- Con usted no se puede, mejor me voy a pasear a Puqui, adiós.
La carcajada de Don Mario se elevó en el aire y cayó sobre él como una brisa fortificante, después no pudo menos que pensar sobre la forma como el muchacho manejaba su lógica, siempre para su beneficio. En verdad había cambiado mucho el mundo, a él no se le hubiera ocurrido criticar a sus padres delante de un vecino, lo hubiera sentido como algo que lo llenaba de vergüenza o de culpa.  Muchas veces pensó que ellos eran injustos, pero de ahí a decirlo había un trecho demasiado largo. Aparentemente Alfredito no tenía ese problema.
 
- Mejor para él - pensó en voz baja sin darse cuenta.                              
Una brisa suave lo envolvió en perfume de tilo, entrecerró los ojos pero no pudo rebobinar recuerdos porque apareció Sofía demandando su atención.
- Don Mario, que suerte que lo encuentro - dijo agitada. - Necesito hablar con alguien sino reviento.
Sofía era una cuarentona un poco agria, "porque no tiene marido", decía Clara, pero tal vez no fuera esa la causa.
- Cuente, Sofía, ¿qué le ha sucedido esta vez?
La mujer se sentó sobre el pasto cuidando recatadamente de tapar sus rodillas con su falda amplia.
- Me llegó carta de mi hermana, la que vive en Buenos Aires; me echa en cara que estoy ocupando la casa de mis padres y no le pago por vivir allí. Es cierto que la casa está a nombre de las dos, pero ella tiene su propia casa y yo no.
- Situación comprometida ¿no? - razonó él como para adentro.
- Para mí es muy clara, yo no me fui de la casa, cuidé a mis padres y este reclamo no creo que se justo.
- Afectivamente claro que no lo es, pero legalmente si. ¿Usted lo aclaró con su hermana alguna vez?
- No, no hacía falta.
- Siempre es bueno aclarar las cosas.
Sofía lo miró perpleja, defraudada, no podía entender cómo Don Mario se ponía de parte de su hermana. El anciano la miró de reojo y notó su malestar.
- No se altere, Sofía - dijo lentamente. - Entiendo su posición y me parece justa, pero si me pongo en el lugar de su hermana no puedo menos que pensar que también ella tiene su razón. Usted piensa en usted y no en ella y su hermana hace lo mismo, piensa en ella y no en usted. Si cuando murieron sus padres cada una hubiera pensado en la otra, lo habrían hablado y ya no eistiría conflicto.
Sofía se levantó de un salto.
- Cuando empieza a jugar con las palabras ya no lo entiendo,  me confunde; mejor me marcho - y con paso rápido se dirigió hacia su casa.
Don Mario quedó meneando la cabeza con cierta pena.
- ¡Jugar con las palabras! - comentó por lo bajo. - Yo diría jugar con las realidades que nadie quiere escuchar.
En un intento por relajarse acomodó su cuerpo en la mecedora, estiró sus piernas y creyó sentir cómo su sangre corría por sus venas y arterias. Era una curiosa sensación sentirse funcionar. Cerró los ojos rogando que nadie se acercara, ya no quería escuchar más.
El sol comenzaba a descender pero aún calentaba bastante, el murmullo de alguna torcaza a la distancia le hacía recordar al campo de sus mocedades  al igual que el modo como el aire envolvía su cuerpo a esa hora de la tarde, sin ruidos para no despertar a quienes dormían la siesta.
Se había ido acostumbrando  a saborear cada retacito de vida hasta sus últimas consecuencias. A los cincuenta le había costado horrores, cuando lo retiraron de la vida activa creyó que no lo resistiría y que su muerte no se iba a producir porque su corazón dejara de latir, sino por la angustia de no poder hacer que era como dejar de ser, pero después, el cariño de Clara, sus tardes bajo el tilo y la gente que se fue acercando, le señaló una nueva ruta, se convirtió en dos orejas, dos grandes orejas por donde entraban las rabietas de Jesús con su mujer, el desenfado de Alfredito, el egoísmo de Sofía, las ilusiones amorosas de Mariela, la soledad de Francisco, la chismografía de Juana y algunos más que no eran muy asiduos.
Él los escuchaba y al principio se quedaba con sus propios razonamientos, después ocurrió algo raro, necesitó decir en voz alta lo que pensaba y ya a la gente no le gustó tanto. Esa tarde había sido mucho más realista y todos se fueron enseguida. La gente necesitaba el espejito que le devolviera la imagen deseada, la más linda, por supuesto. Pero la realidad no era tan fea si se la sabía recibir y analizar, era otra perspectiva desde donde se podían ver las cosas.
- ¡Don Mario!  ¡Don Mario!
Mariela lo sacudió por el hombro asustada.
- ¿Qué pasa, Mariela?
- No... nada... - vaciló la muchacha.
- No te asustes, hija - sonrió él buenamente, - no estoy muerto, todavía no. ¿Cómo andan tus cosas hoy?
Mariela sacudió la cabeza como echando a volar las malas ideas que la inquietaban, se acomodó junto a la mecedora y sonrió.
- Todo igual, Don Mario, Ale me mira de lejos, me parece que soy poco para él. Su familia tiene mucho dinero y yo no soy nadie...
- Si Ale se fija en eso es él el que es poco para ti, no se la hagas fácil, por lo general se valora más lo que cuesta conseguir.
Le acarició la cabeza y su mano pareció revitalizar a la muchacha.
- Intenta divertirte un poco. ¡Tienes tanto tiempo!
- Mariela...
Se escuchó a la distancia el llamado de la madre.
- Me llama mamá, hasta luego Don Mario.
- Hasta luego, hija.
La miró alejarse gozando la juventud que irradiaba.
- ¡Cuánta dulzura!  - dijo para sí y volvió a distenderse en la mecedora. - Creo que esto es lo último que desearía ver antes de morir.
- ¡Don Mario! ¿Sabe lo que me dijo la perra de mi vecina...?
La voz de Juana chocó contra el cristal de la vida.
 
 
 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 
 
 
 
 
 
Cotidianía*


Es una fresca mañana de domingo de finales del verano. Anoche ha llovido y un persistente viento sur, enfría el aire. Me he levantado a las 9 con intención de continuar con mis trabajos. Antes de desayunar me dispongo a caminar en busca de pan fresco. El cielo está semicubierto con una variada gama de nubes grises, blancas y amarillas, que van dejando lugar al diáfano azul que poco a poco se despliega. Como siempre después de las tormentas, la atmósfera está impregnada del perfume de la tierra mojada y los azahares. La calle está casi desierta. La ciudad duerme todavía. Puedo escuchar con claridad el ruido de mis pasos, y percibir sobre mi piel la brisa fresca y suave. De camino paso por la plaza, donde las pequeñas hojas de las gigantes tipas susurran con el viento. Más adelante me sorprende el verde intenso de un chivato. Un poco más allá me detiene una planta con enormes y abundantes hojas redondas como platos. No conozco su nombre. Debería. Entre las hojas aparecen ramilletes de sus frutos que parecen hongos. Continúo el camino entre palmeras, pinos, y el canto entusiasmado, a veces estridente de los
pájaros.
Una y otra vez me detengo a observar y disfrutar la cotidiana y casi siempre inapreciada exuberancia. Huelo, siento, toco, escucho y miro con un sereno placer.
Después regreso a casa envuelto entre fragancias, con el pan caliente entre los brazos.


*de Guillermo Heredia. guillermoeduardoheredia@...

 
 
 
 
 
 
Lunes, 16 de Marzo de 2009
MUESTRA FOTOGRAFICA WALTER ROIL, CRONISTA DE LA PATAGONIA
Al rescate del viento y la soledad*

 
La exposición que propone la Alianza Francesa incluye más de 50 imágenes tomadas por el fotógrafo alemán a partir de los años ´30 en el sur argentino. Las fotos cobraron notoriedad cuando el embajador francés, Frédéric Baleine Du Laurens, quedó impactado por su belleza.



 *Por Facundo García
 
El acto de recorrer un mapa suele incluir ritos que cada uno guarda para sí. Entre los típicos se cuentan rastrear los puntos inhóspitos, el pueblo más austral o el que se encuentra más al norte. La sola mención de esos rincones despierta ensueños, y el sur argentino -con su largo linaje de aventureros que fueron a buscar ahí lo que les prometía la mente- es la mejor prueba de ello. El rescate que propone la Alianza Francesa (Córdoba 946) a través de la muestra fotográfica Walter Roil, cronista de la Patagonia se enmarca en esa tradición excéntrica. Son cincuenta y tres imágenes seleccionadas de entre las siete mil que se conservan en el estudio de los descendientes del artista. Medio centenar de recuerdos, que cumplen con el infrecuente mérito de haber registrado la belleza que pueden tener el viento y la soledad.
El don de captar esos detalles suele ser consecuencia de haber vivido experiencias interesantes. Roil había nacido en 1904 en Friburgo (Alemania), en una familia que desde pequeño estimuló sus intereses estéticos. Tocaba la cítara y el violín y, aunque quería ser guardabosques, la necesidad de un trabajo inmediato lo hizo salir por los pueblos para ofrecerse como auxiliar de fotografía. Pronto empezó a destacarse y así consiguió un empleo que combinaba su amor por la naturaleza con el oficio del que se estaba enamorando. Quedaba lejos, eso sí: llegó a Comodoro Rivadavia -por entonces un caserío minúsculo- el 25 de diciembre de 1926, contratado por un tal Polt.
Para un europeo de hace ocho décadas, pisar esas latitudes era lo mismo que llegar a la luna. No por azar ese coletazo que da el continente ha encendido por siglos los temperamentos más diversos, desde el de Orélie Antoine de Tounens -que se proclamó rey de la Araucania en 1860 para ser luego capturado, declarado demente y encerrado en un manicomio-; hasta el de Günter Pluschow, aquel héroe de la Primera Guerra Mundial que se obsesionó con recorrer en avión la zona hasta que un accidente le aguó la fiesta en Lago Rico (Santa Cruz), a principios de los treinta. En Walter, el frío y el difícil castellano complotaron para que su entusiasmo se evaporara un poco. Encima el descubrimiento de petróleo en el área y la consiguiente abundancia de obreros hacían que no hubiera chicas libres, de modo que entre idas y vueltas el alemán resolvió hacerse un viaje a su país, casarse y retornar al sur acompañado.
A partir de ahí los inviernos impiadosos parecen haberlo molestado menos. En efecto, en 1934, ya con dos hijos, abrió su negocio en Río Gallegos. A medida que se afincaba, posó su mirada en aspectos cotidianos y paisajes; y dos por tres se hacía una escapada a Lago Argentino cargando su cámara. El cuadro era tan imponente que lo invitaba a experimentar sacando varias impresiones y montándolas artesanalmente en largas series panorámicas. Un acierto de esa etapa, Niebla invernal en las calles desiertas, revela su capacidad para capturar el aislamiento, la desolación y una melancolía recia que busca esconderse en esos horizontes amplios, interrumpidos no pocas veces por el contorno de los barcos encallados en las costas del fin del mundo.
Roil se convirtió en un vecino destacado de Gallegos y, mientras la salud lo acompañó -murió en 1989, a los ochenta y cinco-, fue acumulando un testimonio invaluable de las bellezas locales y los cambios en la sociedad que lo rodeaba. Sospechaba que las tomas que hacía salvarían para el futuro una realidad en proceso de desaparición, y gracias a esa intuición fue que no tiró casi ningún negativo. Quizá el norteamericano Edward Curtis hubiera atinado a concretar un rescate similar; aunque a diferencia del "cazador de sombras" yanqui, Roil intentó esquivar la espectacularización forzada y los artificios. Sacó, por ejemplo, un escalofriante retrato de Capipe -"el último cacique tehuelche"- que lo inmortaliza en 1950, ya "occidentalizado", sencillo y con las manos entrecruzadas como quien espera un mandado. Su expresión acusa sin estridencias, desde el orgullo herido a balazos.
Joyas como ésa hacen que recorrer la galería deje la sensación de que sería óptimo ver más. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la puesta en valor de las piezas es reciente. Muchas no estaban numeradas ni tenían nombre, a lo que hay que agregarle la variedad que aportaron sucesivas donaciones de material anónimo o semianónimo que hicieron amigos de la familia. Ahora los vientos son otros: la exhibición cobró notoriedad cuando el embajador de Francia, Frédéric Baleine Du Laurens, quedó impactado por esas obras, estructuradas con un criterio que hoy sorprende por su actualidad. El proceso de curaduría estuvo a cargo de Agnès de Gouvion Saint-Cyr, una verdadera eminencia (ver aparte) que en 2007 visitó el local que tienen hoy el hijo y el nieto de Roil en Río Gallegos. El catálogo resultante ya se expuso en el Festival Internacional de Arlés y comenzó su itinerario sudamericano en El Calafate, con auspicio presidencial.
Entre las reproducciones que se montaron en la Alianza, hay varias en las que el autor y los retratados son un enigma. Y eso que ya van tres años de clasificación e investigación. Debe ser que, como sucede con la iconografía del patriarca, su archivo esconde -bajo el telón de la sencillez- un mar de interrogantes.
Walter Roil, cronista de la Patagonia está abierta de lunes a viernes de 9 a 21, y los sábados de 9 a 13. La entrada es libre y gratuita. En los próximos meses estará recorriendo las sedes de la Alianza Francesa en varias provincias.
 

 
 
 
 
El cielo y el horizonte*


 Por Agnès de Gouvion Saint-Cyr *
 
La obra de Roil relata treinta años de ese territorio lejano donde el horizonte se junta con el cielo, donde el hielo y la nieve se mezclan con la arena, donde los aviadores son héroes, donde el hotel Londres acoge a curiosos e intrépidos.
Para apreciar su escritura se ha de aprehender la dificultad de fotografiar cuando la luz cambia al ritmo del viento violento que impulsa las nubes. Roil se convirtió en un maestro en el uso de los contrastes, incluso del contraluz, que transforman el día en una noche improbable. De pronto, el sol resplandeciente aplasta toda forma de relieve, satura el cielo de luz y blancura, y multiplica las distancias. Walter Roil afronta todas esas trampas, alarga las sombras, delimita los espacios con el contraste de las luces o acentúa la ausencia de materia.
 
* Inspectora general para la Fotografía del Ministerio de Cultura y Comunicación de Francia, curadora de la muestra.
 
 
 
 
 
 
 
EN UN CASI OTOÑO*


 
sucede que los rojos y sepias
                             amarrados están en mis niñas
miles de castaños
                      amarillos
                             ámbares y rojizos
preñaron la paleta de sus espacios

envejecidos algunos
                        mustios otros
el paisaje se renueva en cada ciclo
preguntas me hago
respuestas no encuentro
                     de este pasar y pasar colores
                                                     sin apropiarme de ellos

*
las palabras
              anticipando la quietud
                              de este otoño que asalta
recluidas quedaron en pequeña caja
pierdo la llave que las libere
entonces 
        el silencio es rey y amo
 
 
 
*

los gestos
       cansados de tanto ensayo fallido
prefieren la distracción
                      de una noche engañosa
una mañana en madrugadas
                                     iguales a otras
 donde enajenarse es pretexto
                                     no siempre infalible


                                        
*Poemas de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...


 
 
 
 
 
Lunes, 16 de Marzo de 2009
LITERATURA  ABELARDO CASTILLO EN LAS CHARLAS DE ETERNA CADENCIA
"Yo podría hacer de librero"*

El notable escritor habló de las nuevas generaciones literarias, reivindicó a los clásicos y despejó ciertos prejuicios sobre Cortázar. "Su virtud es ser leído por adolescentes. Un autor que no puede ser leído en la adolescencia es un mal escritor", señala.



 *Por
Silvina Friera
 
El bar de la librería estaba lleno. Las charlas en Eterna Cadencia convocan a un público lector que se arrima de acuerdo con lo que ofrece ese multifacético teatro de "operaciones literarias" que renueva su cartelera estética semana tras semana. El caótico tránsito de la ciudad demoró unos minutos la llegada de Abelardo Castillo. A pesar del retraso, el balance del diálogo con Patricio Zunini podría sintetizarse con la famosa frase que pronunció Julio César, en el Senado romano: "Llegué, vi, vencí". Tan enfáticas, entusiastas y certeras fueron sus respuestas, que logró que casi nadie se quedara con una duda o un interrogante en la punta de la lengua, algo que difícilmente se consigue en este tipo de encuentros. ¿Cómo presentar al autor de libros fundamentales de la literatura argentina de las últimas cinco décadas, Las otras puertas, El que tiene sed y Crónica de un iniciado, y al creador de revistas literarias que marcaron el rumbo de varias generaciones entre los '60 y hasta mediados de los '80?
La predilección literaria por determinados autores lo llevó a dirigir actualmente la colección Los recobrados en Capital Intelectual. "En el fondo hay un fuerte componente nostálgico, porque eran los libros de mi adolescencia y juventud, que me hicieron pensar que era necesario sacar una colección de libros que ya no se encuentran", señaló Castillo, que ha rescatado a autores como Alfredo Varela, Juan José Manauta, Humberto Costantini, Eduardo Wilde, Fray Mocho y Dalmiro Sáenz, entre otros. "¿Qué
hace que esos libros hayan caído en el olvido del mercado?", preguntó Zunini. "No sé ni me interesa, porque el funcionamiento del mercado es totalmente ajeno al trabajo del escritor -planteó Castillo-. Supongo que los olvidos son fatales en literatura, pero no se puede recordar a todos los escritores que han escrito. Al principio se olvidan autores que con el tiempo no sólo son muy recordados sino los únicos recordados. El propio Shakespeare en realidad fue redescubierto por los románticos."
"Los malos escritores son como los malos mentirosos: acumulan pruebas de los hechos que están narrando o de sus mentiras, embrollan el texto literario y lo transforman de alguna manera en ilegible. Cuando ves mucho apero, mucha sal con cuero y mucho mate, lo que no vas a ver ahí es a un escritor que está haciéndose el malandrín", ironizó Castillo. "Cuando leemos el Martín Fierro, no dudamos de la veracidad de Hernández al contarnos su personaje y el ámbito que lo rodea. Sin embargo, Hernández no habla ni de aperos ni del color del pelaje de los caballos; no recuerdo la palabra mate y no sé si manda achura por alguna parte. Pero cuando Hernández nombra a los indios, se pone expresivo, minucioso y mentiroso porque no conocía las tolderías",
ejemplificó. "Los malos escritores acumulan pruebas de lo que desconocen; de ahí esa frase de Gibbon, que le gustaba tanto a Borges, acerca de que en el Corán no hay camellos. Mahoma no necesitaba los camellos, si le pasaban por delante y se le metían en la tienda. Los tenía tan cerca que no los veía ni
los precisaba literariamente. Además estaba escribiendo en el nombre de Dios, ¡qué se iba a andar preocupando por los camellos!"
Castillo rechazó ser el padrino de los autores publicados en La joven guardia, que cuenta con un prefacio de su autoría. "Escribí ese prólogo sin haber leído el libro, y aclaré las razones por las que no lo había leído. Me pidieron un prólogo que fuera un acompañamiento a esos jóvenes escritores,
pero de ninguna manera quise ser padrino de los que estaban ahí. No leí los cuentos para no tener que opinar porque probablemente hubiera estado en desacuerdo con el 90 por ciento de lo publicado", admitió el escritor. "De ninguna manera me siento padrino de ellos, ni creo que ellos se sientan
ahijados míos. Algunos me deben detestar meticulosamente. Después leí el libro, y te diría que levemente me arrepentí de que estuviera ese prólogo", remató Castillo. "Cuando lo conocí a Borges, me dijo que hacía once años que no leía a escritores contemporáneos. Un tiempo después, Sabato me dijo que
hacía once años que no leía a los contemporáneos. Descubrí que hay una edad en la vida en que uno hace once años que no lee. Lo que no implica no leer libros. Soy un ferviente lector, como diría Borges un 'agradecido lector', pero me tienen que asegurar con mucha vehemencia que ese autor joven que me
presentan es digno de ser leído. No te olvides de que tengo 74 años; en mi biblioteca tengo más deudas que haberes."
"Cuando era adolescente, mi director espiritual era un librero que se llamaba Fiorentino, de José María Moreno y Rivadavia -recordó el escritor-.
Yo le preguntaba qué salió y me decía: 'La peste, hay que leerlo'. Y yo leía. Ahora no tengo ese librero y ya no hay libreros para hombres que pasaron los 70 años. Yo sí puedo hacer de librero, y decirte que tal vez sea más interesante pegarle una hojeadita a Rojo y negro, de Stendhal, que a cualquiera de las últimas novelas de los escritores norteamericanos que están escribiendo en este momento. Recuerdo una frase de Isidoro Blaisten a Humberto Costantini. Teníamos todos 25 años y Humberto tendría 35; había publicado un libro, nos lo dio, y a la semana siguiente nos preguntó qué nos parecía. Isidoro le dijo: '¡Pero vos estás loco, no terminé de leer a Dickens y te voy a leer a vos!'"
-¿Usted descubrió que Charlie Parker era "El perseguidor" de Cortázar?
-Si fui el primero, que creo que sí, no sé. Cuando me puse en contacto con Cortázar, me agradeció el descubrimiento. Y creo que nuestra amistad, o lo que fuera, nació por esa crítica que escribí en el '59 o en el '60. Yo decía que Johnny Carter no era un personaje de ficción; era un personaje que estaba basado en Charlie Parker.
La mención del autor de Rayuela le permitió dar cátedra sobre el cuento. "Cuando Cortázar dice que él escribe sin saber adónde va, miente. Desde la primera palabra que escribió en 'El perseguidor' hasta la última, sabía adónde iba. Todo ese cuento, uno de los más notables de la literatura en nuestro idioma, está hecho sobre una historia que ya conocía; del mismo modo que conocía también la de otro de los cuentos notables que hay en ese libro, 'Las armas secretas'. A mí me confesó, lo tengo en una carta, que siempre tuvo problemas con el final de ese cuento porque no podía engarzar el final real, que él tenía en la cabeza, con el final estructural, que es que el debe aparecer en el cuento. No hay cuentista que no conozca los finales de los cuentos que está escribiendo. Y si no lo conoce, es porque ya tiene una
confianza desmedida en su propia palabra y sabe que su inconsciente lo va a llevar hasta el punto correcto. Cortázar lo podía decir con el mismo énfasis con el que lo estoy diciendo yo. Lo que pasa es que a veces se ponía coqueto y decía que él escribía como iluminado, que no sabía adónde iba y las
palabras lo llevaban solo."
Ante el comentario de que uno de los prejuicios es afirmar que Cortázar es un escritor para leer en la adolescencia, Castillo se despachó a gusto.
"Todos los escritores son para leer en la adolescencia. Un escritor que no puede ser leído en la adolescencia es un mal escritor. Yo he leído en mi adolescencia a Dostoievski, Kafka, Sartre, Cervantes, Simone de Beauvoir, Stendhal, Flaubert. La adolescencia es una especie de estado muy parecido al
talento. El adolescente siempre está abierto a todas las ideas y a las formas literarias y estéticas. ¡Cómo es posible que los adolescentes se enamoren de un escritor como Herman Hesse, que escribe sus grandes libros alrededor de los cincuenta años, que era uno de los poetas más intensos de la lengua alemana, que tenía una cultura goetheana casi escandalosa! Sin embargo, los adolescentes no sólo lo comprenden sino que lo aman. Cómo puede ser que ese adolescente de 16 o 17 años, uno de ellos era yo, comprendiera a esa edad las ideas de un hombre de cincuenta que se había pasado la vida pensando. La virtud de Cortázar es ser leído por adolescentes."
 
 
 

 
 
 
 
 
 Pequeña hemorragia*


En la tintorería no sabían como sacar las pequeñas marcas que dejaron las gotas de sangre en el sombrero blanco. Fue por una repentina hemorragia de imágenes. Ella quería tapar las huellas de esa desavenencia entre el cuerpo y las ideas. 
Una ausencia escapando para siempre, estallando primero, derramándose después, casi dulce, suave, por los imperceptibles intersticios, como una tristeza coloreada. Recordó  el momento en que sintió uñas escarbando en su cabeza. Pensó en todas las sangres que llevaron a esa pequeña rosita licuada. La sangre enjaulada como trofeo, en las sábanas de los recién casados, del otro lado del tiempo y del mar. La que se mezcla con el placer y la curiosidad de la primera vez. Las sangres menstruales que siempre traen un mensaje. La que vio en la mañana del golpe, que no salió en los diarios, muda, sin cuerpo, sombra sólida, amenaza, vendavales del miedo. Las que la antecedieron. La que vino después, deslucida sangre morena de los márgenes, caída en tiroteos, enfermedades curables, inundaciones. La sangre de los partos, contundente y laboriosa, la de los abortos de las mujeres pobres crucificadas en la hipocresía.
La de los actos temerarios. La que guarda en tubitos las incógnitas del cuerpo.
Pensó ella que después de todo, las gotitas que mancharon su sombrero, fueron algo distinto, como el romperse de una idea sin adornos, así vestidas de palabras las ideas no sangran, sonrió retocándose el rouge en el espejo.

 
*de Cristina Villanueva. libera@...

 
 
 
 
Correo:
 
 
Premio Ponce Boscarino
A las artes visuales
Objetivo: estimular la creatividad a través de la promoción de la producción artística.

Tema, técnica y disciplina  libre. (MULTIDISCIPLINARIO)

1er Premio (no-adquisición)
a) Medalla recordatoria.
b) Diploma.
c) Incorporación al "Ciclo Permanencia" del Espacio de Arte Ponce Boscarino de mayo a diciembre de  2009
d) Participación (sin cargo) en la edición cotiz/ART 2009 realizado por digitART Ediciones Internacionales

2do Premio (no-adquisición)
a) Diploma.
b) Participación (sin cargo) en la edición cotiz/ART 2009 realizado por digitART Ediciones Internacionales

3 Menciones Honoríficas.
a) Diploma.

TODO ARTISTA  SELECCIONADO será integrante de la exposición y RECIBIRÁ
CERTIFICADO DE PARTICIPACIÓN.

Jurados:
1 Representante Fundación Ponce Boscarino
1 Artista  representativo del medio.
1 Representante digitART  Ediciones Internacionales
Los artistas no están obligados a presentar curriculum siendo estos evaluados de forma directa por su /s obra/s presentada/s.

Lugar:
Salas A y B del espacio de Arte Ponce Boscarino Buenos Aires "Bartolomé Mitre 1575 local A" (Pasaje la Piedad)  TEL. -  43724518

Recepción de obras: 6, 7, 8 de abril de 2009 de 16 a 19:30 hs

Inauguración: 16 abril de 2009 19:00 hs
Clausura: 30 abril de 2009
Visitas con entrada libre y gratuita de lunes a viernes de 16 a 20 hs.

Solicitar Bases y Condiciones:
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Consultas TEL. 011- 43724518  de 16 a 20hs.
Auspicia:
Cotiz/ART
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*
 
Queridas amigas, apreciados amigos:

Este domingo 15 de marzo de 2009 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor paraguayo Agustín Barrios Mangoré. Las poesías que leeremos pertenecen a Raúl Tápanes López (Cuba) y la música de fondo será de Yawar Inka (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
 
REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

 
 


*


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#197 De: EDUARDO COIRO <inventivasocial@...>
Fecha: Mar, 3 de Mar, 2009 11:08 am
Asunto: EDICIÓN MARZO 2009.
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Me abrigo*
 
 
Me abrigo en tus besos

Besos de cielos
No tengo frío
Con caballos en un carrusel
Subo y bajo
Imagino ser
El domador de un circo
Que llena de fantasías
A los grandes
Y a los chicos
Un clown se maquilla
Frente a mí
No me asusta
Delinea una pared de cristal
Sube por un cordel de oro
Y su sonrisa de amistad
Me hace creer
En la fórmula
De la esperanza..-
 
*de Azul. azulaki@...
 
 
 
 
ES COMO*

 
Desde muy lejos regresar al hogar,
aunque uno nunca se ha ausentado,
retornar al propio idioma,
en las cuatro paredes propias.

Llorar interiormente,
que las muchas vivencias importantes
nada actual traen consigo,
que todas las intimidades,
todo sentir-juntos,
todo pensar-al-mismo-tiempo
se deben contener,
que para el común código-cariño
no existe más un destinatario.

Y, sin embargo, queda una alegría
por el regreso al idioma innato,
a las tradiciones y rituales del país innato,
a la gente de la propia etnia.

La vida será más fácil.
Pero se ha dejado atrás algo de sí mismo.
Se nota cuando la gente de casa pregona algo malo,
degradado, injusto,
sobre la gente de la otra patria,
entonces se le odia por ello,
se está por la etnia de la segunda patria
aunque ella parece estar inalcanzablemente lejos,
bien porque el dinero no alcanza
o porque el buen sentido parece así ordenarlo.

Ha perdido las raíces, dicen a la ligera
y con ello piensan
que se intenta defender
si bien esto parece ser inútil.
Se hace ésto solamente por una,
por aquella que de nuevo ha retrocedido,
a las filas de su pueblo,
se hace ésto por la memoria de ella.

Un matrimonio temporal, dicen insensiblemente,
algo que no puedo sacar de mi corazón.
 
 
* de Wolfgang KAUER. kauer@...
Salzburgo.
-Traducción: Walkala.



 
 
 
La máquina más cara del mundo*


 
En una casa de remates, encontré un objeto muy raro. No tenía precio. Cómo toda mujer curiosa tomé con mis manos, una pequeña caja de madera. En su tapa había un relieve vidriado que según por donde enfocaba la luz, el color cambiaba. Del naranja pasaba al amarillo, del amarillo al limón, del limón
al turquesa y  todos los matices más hermosos que mis ojos habían percibido.
Intente trabajosamente abrirla para observar qué había adentro.
Y misteriosamente, (fijándome que el vendedor no se molestara de estar toqueteándola) comenzaron a salir flotando numerosos globitos muy brillantes. Emprendieron a volar por el negocio con una gracia increíble.
Fascinada por el descubrimiento, pude agarrar uno que tenía la cara de Borges, al apartarlo encontré en letras diminutas sus obras completas.
En otro la obra de Einstein y en otro la de Freud.
No podía con mi regocijo, había descubierto en esa cajita de madera, en un lugar muy disimulado, la máquina de los sueños.-
 
 
*de Azul. azulaki@...

 
 
 
*
 
 
Pisaba sólo las baldosas pares. Esto le daba un andar concentrado y a veces dubitante, porque las calles no estaban demasiado cuidadas, existían espacios  sin baldosas  o con las baldosas levantadas lo cual le obligaba a mantenerse por momentos como una cigüeña sobre un solo pie, hasta que encontraba el lugar exacto donde posar el otro con cuidado.
Esta costumbre no originaba curiosidad, porque ya nadie sentía curiosidad por el otro. Vivían todos sumergidos en su propia problemática, su propia baldosa par, su propia supervivencia.
Llegaba por fin a su núcleo básico, con su pequeña puerta gris con una amarillenta tarjeta insertada en un recuadro, donde aparecían su apellido, su nombre y su número personal. Se apoyaba sobre un solo pie por un momento, colocaba la mano derecha sobre la mano que aparecía impresa en la madera y cuando la puerta se abría estiraba la pierna doblada y traspasaba el umbral con cuidado. En el pequeño receptáculo-nido se sentía protegido. Observaba a su alrededor con cuidado y  comprobaba que todo conservaba su orden, el orden de las cosas y su propio orden, La cama estrecha con su cobertor gris
estirado prolijamente. La mesa con su pequeña lámpara. El armario para la ropa donde también guardaba algunos objetos valiosos que no estaban prohibidos por el momento, una Biblia que perteneció a su madre, muy gastada porque él la leía repetidamente como una novela, interesándose en las anécdotas que se relataban, en cada personaje; una cartulina pequeña con un paisaje azul que iba volviéndose gris porque los colores se iban desvaneciendo, lo había dibujado  cuando comenzó la escuela, cuando éstas
todavía existían; una esfera de vidrio con un paisaje nevado en su interior, que era su posesión favorita. A veces pasaba toda una tarde sentado en la cama, moviendo suavemente la esfera provocando movimientos muy pequeños, para tener más posibilidades de cambio. Esto realmente le provocaba un
estado de satisfacción que lo separaba de su repetición y de los cambios producidos en las últimas décadas.
También tenía una mesa para comer, adosada a la pared de la cocina. Allí había una ventana,  redonda como un ojo de buey, desde donde se podía contemplar el cielo.
Su soledad no le producía tristeza. Se sentía contenido en su pequeño huevo-casa, casi como en un útero, donde no existían necesidades, donde todo estaba previsto sin que él necesitara anhelarlo ni esforzarse por conseguirlo, Si quería escuchar los comunicados oficiales podía apretar un botón en la pared que iluminaba un aparato con pantalla. Si aparecía una cara de mujer era Ara. Si era un hombre era Holm. Ara mostraba unos dientes muy grandes cuando saludaba antes de comenzar a leer las noticias. Holm
tenía una mirada fija, como si viera más lejos de donde él se encontraba escuchando. De alguna manera eran sus amigos. Podía tenerlos en su casa sin sentirse invadido. Estaban ahí pero no interferían.
Pocas veces se sentía algún ruido desde los núcleos que lo rodeaban. Una vez había escuchado en la noche ruido de pisadas muy fuertes y rápidas, que se detuvieron en el receptáculo pegado al de él. Sintió el crujido de la puerta que se rompía, gritos de mujer, pisadas nuevamente, luego nada.
Se había encogido en ese momento, cubriéndose la cabeza para separarse de los  sonidos. Pensó un momento en la mujer que vivía allí. La había visto una vez cuando volvía, Era una mujer madura, con rostro gastado y ojos celestes todavía luminosos. Ella lo había mirado con más detenimiento que él, como para hablarle, pero él se había negado a ese reconocimiento. Pensó que quizás si hubieran hablado ese día, él también habria desaparecido esa noche. Su precaución lo había protegido, pensó aliviado.
 Una tarde, cuando volvió a su hogar, luego de cenar escuchando a Ara, abrió su armario y sacó la esfera de cristal. Jugó con ella largo rato, formando paisajes nevados con techos rojos  rojos  y pinos verdes. Cuando Ara terminó con las noticias y le sonrió mostrando sus dientes grandes, se levantó de la silla lentamente, tomó el cinturón de su uniforme gris y formando una lazada con cuidado, se colgó del ojo de buey.

LAS PEQUEÑAS VIDAS.
CIRCULO.*

 
*De Sonia Arismendi. soniaris@...
 
 
 
 
 
HOMENAJE A BERTOLT*


 
Brecht detestaba a los poetas
      comediantes
(inclusive a los buenos poetas
      comediantes),
ésos que cantaban (y hasta
      bailaban)
lejanos de la tan perturbadora
      vida
que gruñía hosca más allá de
      la platea.
Brecht prefería el aire abierto
      o cerrado
y los charcos donde la vida
      pudiera
reflejarse, y el hombre cierto
      tuviera
al fin derecho a la palabra
      y al pan
(que no son lo mismo, pero
      cuando falta
uno escasea el otro). Yo no
      creo,
no obstante el horizonte, o
      estas luces,
que el recorrido soberano
      de su lápiz
haya caído en saco roto. 

             
 
*de Eduardo Dalter. eduardodalter@...
Gran Buenos Aires, enero, 2009.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ella a pesar de todo*


ella avanza
sin descanso ni sillas en el camino
ella va
atraviesa montes y llanuras
bajo soles incendiados y lunas heladas
y avanza
el poeta se detiene
afloja el ritmo
a veces se confunde
se sienta en la silla del poder
pero ella no transa
llega a la ciudad
camina por calles nocturnas
corre el último colectivo
mira la luna con una mujer ciega
habla con los mudos
juega con niños en el parque
ladra junto a un perro callejero
huele una rosa negra
y sigue
cruza las bocacalles sin mirar
la atropellan
la insultan
la quieren arrestar
pero ella sigue
entra en el alma de un suicida
y lo salva
sube a las alturas
habla con los dioses
y discute con satanás
entra al cuerpo de un menesteroso
y bebe vino barato
se emborracha
y se droga
con los muchachos en la plaza
incendia gomas en la ruta
reclama paz y pan
pan y rosas
verdad y justicia
enfrenta la usura
al poder de los totalitarios
a torturadores y genocidas
no quiere circo
ni hueso
ni vino agrio
ella no se arrodilla
no se vende
grita sueños y libertad
hace amigos sin tiempo
compañeros entrañables
reclama lo imposible
cambia el mundo
lo destruye
y crea
un mundo nuevo
ríe y llora como un niño
como un hombre libre
como un sueño realizable
y sigue adelante
persigue utopías cabalgando unicornios
navega los siete mares de la tempestad
sobrevive
y sigue sin tiempo
para pausas tramposas
para habladurías vulgares
entra a los barriadas marginales
a los barrios abandonados a la mala del diablo
se interpone entre dos contrincantes
y le disparan a la cabeza
pero ella la poesía
no se inmuta
solo sigue
debe llegar al final
de un camino sin fin
debe llegar a destino
a la salvación de todo hombre y mujer
debe llegar al amor fundamental.-


*de aldo luis novelli. aldonovelli@...
poeta - narrador - ensayista /neuquén - patagonia - argentina
 
 
 
 
 
INVENTIVA SOCIAL*


                         Al Lic. Eduardo Francisco Coiro
 
 
La sociedad va a reinventarse a sí misma
en la persona y corazón de una niña
de doce o catorce años
al final de un invierno y de una guerra;
 
va a inventarse otra vez
hombre por hombre
sin miedos entre el hombre y la víbora
entre la araña y el hombre
entre hombre y tiburón
entre el hombre y su vecino
la plantita venenosa arrancada de raíz
y la rosa sin precio en florería
 
Mujer por mujer
tiene que reinventarse
en la persona o corazón de un niño
al final de un tornado terrible
donde ya casi nada estaba en pie
 
Y cada uno nacerá de todas las muertes
menos los peores asesinos
Y cada uno habrá aprendido a amar
desde tanto dolor acumulado.
 
Cada grano de arena será bello
y se enamorará de la luna
y será para siempre correspondido.
 
y volverán
a reinventarse el silencio
y la risa
la pelota de fútbol sin dueño
el bastidor para bordar las flores
la bicicleta con luces y timbre
la cocinita para hacer postres en cumpleaños
el lápiz para aprender a no tachar
 
un país sin bandera ni fronteras
un planeta sin bancos de usura
una mesa redonda y un pan
 
un aire transparente para verse los ojos
y que sea imposible mentir u odiar
Nunca más plazas de toros
nunca más gallos de humana riña
nunca más caza deportiva
polígonos de tiro,
motines trágicos,
panoplias monederos y cadenas
 
La humanidad que muere para sembrarse
renacerá en sociales inventivas
donde no tenga su interregno el miedo,
donde ya nadie más secuestre niños
asesine a su novia o esposa
 
la sociedad donde ganan los malos
que se quede con lo que destruyó;
el mundo en su aritmética de guerras
que se muerda su cola de dragón
 
Que renazcan el niño que no pudo ser niño
la enamorada que no pudo dar a luz
el poeta fusilado por la espalda
 
Que no vuelvan dineros ni relojes
ni látigos ni bombas de terror
 
La humanidad que había en tantos versos
y tantas veces cayó pisoteada
que vuelva a ser lo que no pudo ser hasta hoy.
 
                             
 
*de  Rubén Vedovaldi. RubenVedovaldi@...
 
 
 
 
 
 
 
 
Los ochenta de Pablo Armando*

 
*Por Miguel Crispín Sotomayor.
02.03.09


 Hoy hemos amanecido con un nuevo octogenario.

Decir que Pablo Armando Fernández es un gran poeta y narrador ya se han
ocupado y se seguirán ocupando otros más calificados que yo.

 Que es un patriota, un revolucionario consecuente y un admirador
incondicional de Fidel, lo ha mostrado el mismo.

 Que ama y es amado por su familia y sus amigos, lo sabemos todos.

 Que muesta y honra, como pocos, el  pedacito de tierra que lo vió nacer ,
lo sabe "Delicias", y lo reconoce como hijo ilustre.

 Pablo Armando es modestia, desprendimiento y afecto de padre.

De su amor por "Delicias" nació mi amor por La Prueba, y éste poema, que
bueno o malo, lo escribí en homenaje a mi pueblo y a él, antes de sus Ochenta.

Felicidades Pablo Armando.



LA PRUEBA*

La Prueba, no es Delicias:
Con humo en chimeneas,
olor a miel de caña y a cachaza.
La Prueba no es poeta,
no tiene a un Pablo Armando
que la ventile al mundo,
con su luz y lealtad.
La Prueba es un pueblo
de caballos y espuelas,
de polvo tras las ancas y casas empolvadas.
De bares y machetes,
de circo y de tiovivo.
La Prueba son tres calles.

La Prueba fue rebelde,
lo cuentan sus caminos,
sus vivos y sus muertos.
 
 
*Miguel Crispín Sotomayor. arcomar@...
 
 
 
 
 
El Banquero*


 
Al fin alcanzó uno de los objetivos su mi vida. El de ser enormemente rico ya lo había conseguido hace años pero tener un Banco, uno de los importantes, de los que marcan las pautas de funcionamiento del mundo financiero, no lo consiguió hasta ayer.

En su primera reunión general expuso los cambios que durante todos estos años había madurado para que los usuarios puedan utilizar los servicios bancarios de una manera más cómoda, eficaz y transparente.

La transparencia era una de las virtudes más importantes por lo que a partir de ahora las cuentas de los usuarios serían de colores. De este modo, bastaría ver el color para saber el tipo de titular de la cuenta. Las caras de asombro de los directores no le detuvieron y comunicó que ese cambio era sólo el primero de una larga lista.

Así pues, el saldo en números rojos quedaba asignado a los vampiros,  asesinos y comunistas, el verde para agricultores y ecologistas, el azul para marineros, navegantes y aviadores, el amarillo para enfermos de ictericia ... De esta manera fue enumerando cada uno de los colores y profesiones.

Al ser preguntado por uno de los directores a quien asignaría el blanco ignoró una posible sorna en la pregunta pero quedó un tanto desconcertado porque no había pensado en esta posibilidad. Meditó durante un largo minuto en el que se podía cortar el aire hasta que expuso claramente "El blanco para los pobres. Saldo en blanco: saldo cero, ¿está claro no?" Y encarándose con el que había hecho la pregunta le miró a los ojos mientras le decía: "Usted será el primero con números en blanco"
 
 
 
*de Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
SOLEDAD*

 
 
también las golondrinas
gritando ruidosas en el río
hace tiempo no te dicen
quién eres quién eras
el cielo se tine de rojo
muy rojo en esta tarde de verano
la noche traerá frescura
y por fin consolará tu corazón
cuando te despiertas por la mañana
ha pasado un siglo
hecha añicos tu imagen en el espejo
se rompen palabras en el silencio
tantos veranos tantos días
tantos caminos tiempo perdido
un amor tan destrozado
quedas herido para siempre
y la luna creciente espera
segar tu grito de angustia
en sueños ves caer hojas
rojas y amarillas sobre tu tumba

 
 
 
AL ATARDECER*
 
 
muy lejos
en el horizonte
el cielo
desemboca lento
en el mar
la luz
se torna azul sedosa
y sé
que la oscura sombra
eres tú.
 
 
 
*Poemas de Peter Paul Wiplinger. wiplinger@...
-Traducción: Jorge YGLESIAS 
 
 
 
 
 
 
 
PÁJARO DEL TIEMPO*
                                                                     
           
       "Acabo de ver salir un reloj                                   
   de dentro de un pajarito                    
  tictaqueando
                     doce campanadas"
                                                                            
                   
Joan Mateu

 
El pájaro corazón de reloj
arrastra el péndulo en sus alas
con segundos y minutos
que guardamos en un cofre.
Los libera, lanza al viento
sus designios secretos
y sólo resta esperar
la magia que se esconde
en el tiempo.

 
*de Emilse Zorzut. zurmy@...
 


 
 
 
 
50*
 
 
A solas,
Torrente abajo,
Navega leve una barca de juncos.
En ella duerme la inocencia
De los juegos extraviados.

 
La arcana voz
Que pronuncia mi nombre cada día
Cuando pasa lista entre los vivos,
Me recuerda que tengo aún por delante
Sobrado tiempo
En mis andares.

 
¿En qué mineral efigie
Iré a dormir mis ilusiones
Cuando me pierda
Del avanzar rutinario hacia la nada?


*de Marié Rojas.
Del poemario "Conjuros y evocaciones"
 
 
 
 
LA MORADA DEL ÍNCUBO*


 
No conocí a mi padre ni a mi madre. Tampoco al padre de mi hija.
Nací el 06/06/06
El día a que voy hacer referencia era día era mi cumpleaños.
Vivía sola en medio del monte en un rancho de chorizo. Como únicos mobiliarios había en el cuarto tres sillas con asiento de cuero de vaca y una mesa y un catre y un baúl de latón. Al medio de la pieza un bracero y al lado una silla petisa de algarrobo rústico.
El cielo estaba poblado de negros nubarrones pero el trabajo de campo no respeta campo no tiene horarios, ni clima.
Había tenido que salir a buscar la cabra negra parida.
 No me di cuenta cuando empezó la tormenta de granizo. Caía con tanta furia que los árboles quedaron en un segundo desnudos. Por suerte era conocedora del lugar, la cueva de Diablo estaba muy cerca.
 Buscando reparo entre las salientes rocosas  encontré el lugar.
 Estaba llena de arbustos,  enredaderas y espinas. Cansada y con frío, intenté prender un
fueguito pero los fósforos se habían mojado.
Estaba preocupada, había dejado a la beba en la cuna, sola. O mejor dicho su única compañía era el perro negro.
 El granizo seguía cayendo con furia, sabía que si salía estaba condenada a morir apedreada.
Me acosté en el suelo La cueva olía a orín y a bosta de caballo. Debo haberme quedado dormida. Me desperté con la sensación de una presencia cercana a mi cuerpo. Moví despacito la mano izquierda y me estremecí al tocar algo  helado. Era suave y áspero al mismo tiempo. No tardé mucho en darme cuenta que era un viborón o una serpiente por el  peso que sentía en mi vientre.
Paralizada, mi respiración se entrecortaba, traté de recordar que no era un animal peligroso si no se lo atacaba.
Sentí que seguía ascendiendo y que  intentaba introducirse por debajo de la camiseta. No pude evitar un movimiento brusco y quedé boca arriba. Los pedregullos se incrustaban en mi espalda, se deslizó hacia mi pecho izquierdo. Al no tener corpiño fue fácil encontrar el pezón.
Succionó suavemente, primero de un pecho luego del otro. La sensación era rara, imposible describirla. Tenía la boca seca y el corazón me palpitaba.
Cuando el animal pareció saciado,  con movimientos más lentos se alejó de mi cuerpo. Toda yo, un latido
 Afuera el sol enrojecía suavemente el horizonte, el canto de los gallos anunciaban el final de la tormenta.
Me dirigí a casa, apurada, con sensaciones encontradas. Me preocupaba la nena.
Todo estaba en orden

Las cosas como por arte de magia comenzaron a mejorarse.
 Me compré un arado nuevo. Después algunas vaquitas y mi tropilla de cabras era la más abundante de la zona.
Aunque la beba nunca caminó, Las cabras parían de a tres y las gallinas solo ponían huevos de dos yemas
No me preocupó que la nena  nunca caminara ni su leve joroba.
Hasta contraté tres peones, a veces los veía murmurar tras mis espaldas pero tampoco eso me interesaba.
 Jamás faltó dinero y hasta alcanzó para construir un cuarto aledaño al que me dirigía todas las nochecitas.
 En la puerta de tablones rústicos sobresalía una cruz de madera, invertida..



*de Amelia Arellano
arellano.amelia@...
 

 
 
*
 
 
Que hago si en la vida se me va el alma
Si la sangre estalla en mis  manos
Si se desarticulan mis huesos
Si dentro mío esta la fuerza
Si ensordecen mis oídos
Y callan mis gritos
Para siempre
Si el ruido no es más que
Una suma de silencios.
 
 
 
 
 
 
 
patio*

¿Quién es esta extraña que habito?
Gioconda Belli

en el patio de tus ojos
el pozo
me acerco
me inclino
me miro
y comprendo:

el agua
en que me reflejo
esta agua
sólo existe
para que me vea
y que sepa:

existo

 
 
*De Christoph JANACSchristoph.janacs@...
Salzburgo
 
 
 
 
 
 
 ARENGAS DE "NENUCHO"*
                                                          
  
a Luis Ángel Faravelli
 
 
*Por Jorge Isaías. jisaias46@...
 
 
 
 Los innumerables factores que se asocian para contribuir a una digna victoria futbolística no tienen posibilidad de ser racionalizado. Ni prevista. Los factores en principio son tres: climatológicos, anímicos y de mero azar.

            Es como estar con los ojos vendados tratando de dar en el blanco con una flecha torcida. Todo intento fracasará si uno no se abandona al devenir incierto del destino, al fluir errático a un río que no vuelve.

            Luego entra a tallar la calidad en el juego, la historia del equipo del club en todo caso y las ganas de ganar, guapeando cuando decae la técnica o la habilidad no es suficiente.

            No estoy apelando de ningún modo a la violencia, se entiende. Me refiero a cierta actitud mental que confenza al rival que uno es superior que éste partido precisamente deberá contar con un vencedor seguro, el equipo en el que estamos jugando. Que el juez debió darnos ya el triunfo aunque falten diez minutos, que esa diferencia de un par de goles no es representativa de la realidad, que la escamotea que no lo hace verosímil. Uno con la presencia que lo hace superior de nacimiento no tiene en cuenta que debería haber hecho cuatro goles más para que sepan quien es superior. Pero, somos buenos, y no nos gusta humillar al adversario. Somos caballeros.

            Cuando esa tarde entremos a la cancha nuestro capitán el Nenucho Faravelli nos había alertado sobre la posibilidad remota de poder controlar el azar.

            Como el día estaba espléndido, digo por supuesto que nuestro ánimo era óptimo solo nos quedaba conjurar al miserable azar, que para siempre parecía haberse aposentado entre nosotros, para que la suerte siempre se nos diera contra. En ese campeonato, los travesaños y los palos laterales parecían que formaban parte de las defensas contrarias. Tantas veces se había interpuesto entre el grito ahogado de nuestras gargantas y esa pelota que no quiere besar la red.

            Nenucho no había estado enfático. Nunca lo estaba. Era en ese tiempo un muchacho tranquilo y previsible. Muy respetuoso y correcto. Si hasta se casó con su novia de la primaria, la hermosa rubiecita que se llamaba (y se llama), María Ángela Nicoletti, la popular Maiaia.

            Pero aquí quiero rescatar ese momento en que Nenucho nos incitó suavemente a la aspiración de la gloria.

            Solo nos preguntó, como quien no quiere la cosa, si a nosotros nos interesaba entrar por la puerta grande del club y sumar la hazaña de ganar ese día, que jugábamos con los punteros de la Tabla, uno de los equipos de Chañar Ladeado. Creo que era Chañarense, eso nos preguntó. Con esa media voz que nunca levantaba, ni cuando la ira lo ganaba.

            La verdad  es que nos tocó el amor propio, ya que nosotros no hacíamos esa ecuación surrealista que él sostenía.

            Buen tiempo igual buen ánimo, menos azar igual éxito.

Nosotros éramos espantosamente realistas. Sabíamos que ese equipo nos iba a pasar por encima, como efectivamente sucedió.

            Aunque aquí el azar se dio vuelta en el segundo tiempo. El primero fue para olvidar: tiros  nuestros  en los palos.

            Un gol que nos anularon cuando el Tatú García, un petiso que jugaba de nueve y no le hacía un gol ni a la mamá en el día de la madre, aprovechó una distracción de la defensa, le robó una pelota al cinco de ellos y pateó con tanta suerte que al arquero, que le había atajado, se le escapó, oportunidad que Tatú aprovechó y la tocó suave y la  arrimó al fondo de la red. Gol. No lo podíamos creer. Uno a cero. Nuestro arquerito, el inefable Roberto Vega, se tiraba de palo a palo, salía con las rodillas y los botines y los puños casi hasta el extremo de la expulsión, pero milagrosamente mantenía la valla invicta ese día.

            La verdad sea dicha, nos baquetearon lindo, corrimos una coneja interesante pero siempre mantuvimos el honor a salvo, aunque sin saber todavía si entraríamos en el libro de las glorias del club. Hasta allí no estábamos muy seguros de que así fuera.

            Para colmo en esos tiempos no se permitían los cambios. Llegamos extenuados al final del primer tiempo.

            El fidelísimo Tata Barco, nuestro utilero de siempre entró al vestuario a darnos ánimo. Nos habló de garra, de esfuerzo, del color sangre de nuestra camiseta.

            Yo no dije nada, pero para mí temía que al nueve de ellos ya no lo podría parar más salvo que lo colgara de una patada a un árbol de la orilla de la cancha.

            Yo no dije nada, me limité a comer una gran naranja de ombligo que mi viejo -luego de arrancada de la planta-  ponía en mi bolso, domingo a domingo.

            Me levanté del suelo donde me había sentado, tiré la cáscara de la naranja a un tacho de lata que juntaba desperdicios, me enjuagué las manos y me mojé la cara. Lo miré a Nenucho,  que ya no hablaba como en el inicio del partido. Estaba como si hubiera perdido el habla. No dijo en ningún momento "esta boca es mía", siquiera. Ni qué decir que nos empataron apenas comenzando el segundo tiempo.

            Yo creí que estábamos perdidos pero como dije antes, la suerte nos acompañó más  aún, porque si bien tiraron al arco dos de cada tres pelotas  que consiguieron, ese día muestro arquerito estaba inspirado. El trámite estaba enredado, ellos tenían su orgullo y no se iban a dejar empatar por un equipito humilde como el nuestro.

            Así las cosas el partido llego a sus instancias finales, y cuando nosotros nos dábamos por demás de satisfechos con el empate ocurrió el milagro, que como todo milagro que se precie siempre es inesperado.

            Hubo una situación confusa fuera del área de ellos, uno de los nuestros fue derribado fieramente y, al réferi no le quedó más remedio que cobrar. Tocó el pito tan suave que nosotros en la otra punta, ni lo oímos.

            El encargado de ejecutar el tiro libre fue el Toto Míguez que no tomó carrera, le pegó con el empeine, abajo. La pelota hizo una especie de curva, buscando la altura, pasó sobre la barrera, enfiló hacia el ángulo derecho, lejos del alcance del arquero. Iba como en cámara lenta, hasta que nuestros ojos azorados vieron lo que no podría creerse cierto: que la pelota al fin entrara en ese arco esquivo.

            Antes que las gargantas gritaran hacia el gol nosotros tardamos unos segundos en comprender que esa alegría era solo nuestra y para siempre.

            Que honradamente nos la habíamos ganado y como se decía antes "en buena ley".