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#61 De: inventivaedicion@...
Fecha: Sáb, 3 de Sep, 2005 4:36 pm
Asunto: DE SUEÑOS A LA DERIVA
inventivaedicion@...
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Vino la noche en el campo...*
 
Vino la noche en el campo, la amplia llanura
clareando luna al cielo construye silencio.
Estrellar repartido abarcan abrazos.
No es noche, es mi sueño rondando.
Canta el silencio,
canta,
porque es mi noche,
 no
es noche.
Abrigo al sutil silencio
con la llanura de poncho dulce.
Mi silencio no es mi noche.
Sin tu vestido cuento,
 enumero el norte, el este, 
 el sur y el oeste cardinal.
Sano mis párpados llenos de tambor
y danzan mis pestañas el sueño de un dios.
Vino la noche en el campo
 bajo el silencio de la copa,
 pulsa ánimo el corazón
 y el alma vestida de reina
 piensa
 lloviendo estrellas bajo la noche,
bajo la noche.
 
*de Ricardo D. Mastrizzo. ricardomastrizzo@...
 
 
 
MESURA*

   
  Ah si los peces de pronto nadasen por el aire. ¡Ah si los peces volasen dulcemente mecidos por corrientes de polen, si aleteasen los peces plateados a la luz del sol o de las estrellas! Si los peces nadaran por el aire y en vez de escamas les brotasen milagrosas plumas relucientes. Si los peces
nadasen por el aire y tuviesen plumas, y si las aletas, ah si las aletas fueran alas. Serían pájaros. Los peces aéreos emplumados y alados serían ordinarios pájaros.
     Lo que al principio parece maravilloso, por acumulación de estupores se transforma en corriente y ordinario. Qué pena. Pero el cambio, la transmutación debe ser medida, escasa. Los milagros no deben derrocharse para no malgastar el asombro.
     Un niño que abandona el suelo por un instante causa inmensa sorpresa.
Una legión de niños voladores fatiga, acaso fastidio.
     Atrapemos el hilo de luz en la noche cerrada, no seamos ambiciosos para no cegarnos con excesivo resplandor. Sabemos que el torrente ahoga, es la cinta de agua de la fuente la que apaga la sed.
     Que la codicia no nos cierre el alma. No renuncio a pedir las estrellas, pero cuando tengo la luna, no las necesito para mi felicidad.
                                                                  
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
De sueños a la deriva...
 
 
 
Orillas y sustancias*

*Por Beatriz Suárez beagasua37@...

"En materia de poetas, siempre nacen los otros"
                         Cesar Aira
 
Las palabras hacen series, misteriosas agrupaciones por donde escurre la vida. Forman sustancia sin pasado ni futuro frente a las cuales se dibuja la orilla de cada quien (o donde cada quien pide: ser admitido).
 Betún, sartén, brocha, canasta, mimbre, podrían presentar un modo en mi memoria; también Alpa Corral, Córdoba, Pepe, Fiat, abejas, Venado Tuerto o padre y rosales.
 Camino un diccionario enciclopédico propio, aparecen baúles portuarios con dolores en fila india provocando página.
 Mas adelante Facultad, Rosario, colectivo, y antes novio, amor, abrazo, novela o amistad. Series alucinógenas de dichos sin excluir lo innombrado, ni el poema, ni la emoción frente al número quince.
 En el preciso límite de la letra, series que me detienen ante los espirales del verano, leche que hierve, plato, salsa, botón de malaquita, humildad volatilizada, frases que además son el cordón de la familia.
Algunas palabras me miran.
 Fijas. Con solemnidad de granadero, me observa el adjetivo profesional y, en su naturaleza que se fuga, sale el discurso impronunciable de lo que  significa.
 Otras orillas explican la imperceptible separación que existe entre un minuto y otro, son vibraciones ebrias del lenguaje que pretenden asir el perfume insoportable de la realidad.
 Orillas y sustancias, la carretera principal en el esplendor esperado de lo escrito, esta contratapa donde parece que fuera a revelarse la última verdad del Paraná.
 Una chica pregunta "nosotros, ¿qué somos?" y el señor le responde "amantes", ella vive en la playa, él por suerte en el corpus específico de la respuesta.
 Sustancias como clavijas afinando el mundo, identidades de lenguas que viajan al borde del abismo, cornisa interrogante que es a su vez rama  agotadora o en una de esas el infinito que suspira y no vemos entre tanta indignidad y horro, tapas de diario.
 Margen de planeta donde progresa un sauce. Especificidades que pretenden volverse principales, toda la poesía en migas de mantel haciendo de rivera.
 El decir de la calle saca vida, seca a los hombres y mujeres, de una humedad que nos adeuda una lejana naturaleza.
 Orilla, linde de la metáfora con su dueño, pasa un oyente abrumado porque mucho no entiende, se dictan ordenanzas como sustancias químicas.
 Series de términos encaminados a decir alguna cosas, papado del sustantivo, un verbo de rebote.
 Léxico enredado en diatribas rosarinas leídas en El Cairo, orilla universal de cada uno, sustancia que nos mantiene erguidos.
 Destrozo la semana con el hacha del viernes. Acumulo voz. Es decir canciones.
 El diario finaliza con todas sus secciones, colocan mails, se dibuja algo parecido a mi nombre.
 Un borde religioso en el fútbol, la obligación en los avisos, el chiste pendenciero, etcétera.
 Palabras que arman guardianes para no pulverizarnos o transformarnos como indicó Lavoisiere antes de ser ahorcado por sus dichos.
 Parecer de columnistas que intentan disolver locura en pocillitos de café.
 Esencia versus barranca, ser o no ser. Tener que sufragar entre las dos propuestas, eso parece.
 Mientras algunos vocablos se burlan de nosotros como payasos actuales o en desuso.
 Que mas da.
 
*Fuente: Rosario-12   http://www.rosario-12.com.ar
 
 
 
 
Esas fotos*
 
*Por Sandra Russo

Las comisuras de las bocas insinúan en esa foto la mueca de la tragedia. Son mínimas curvas inversas a la sonrisa de la Gioconda. Arcos leves, dados vuelta. Esas dos bocas están cerradas. Labios finos y pegados el uno con el otro para decir algo: es el mensaje del silencio. Y las miradas. La de Leónie está fijada en el vacío, dopada de dolor, sostenida sin embargo por un mentón altivo que delata una dimensión de dignidad que aquellos que la vieron, en ese instante que quedó capturado en la fotografía, no deben haber advertido. Esa dignidad no estaba dirigida a ellos, de todos modos. Ese tipo de dignidad extrema no está dirigida a nadie. Es un don inevitable y un precio interior altísimo que no cotiza entre asesinos. La mirada de Alice, en cambio, elige una ligera inclinación y se instala en el mismo punto ciego arriba del foco de la cámara. Evidentemente, les han dicho que hacia allí tenían que mirar. Un ejemplar de La Nación para dejar constancia de la fecha y atrás la bandera de Montoneros completan la puesta en escena montada en la ESMA, cuando la nacionalidad francesa de las monjas ya era un problema inesperado para la Armada y los marinos quisieron desviar sospechas.
Iba a escribir sobre la magnífica frase del antropólogo forense Luis de Fondebrider, que entrevistado esta semana en este diario por Victoria Ginzberg dijo: “Darle nombre a un cuerpo es como recuperar su vida”. Pensé en eso porque, cuando leí esa frase, me quedó retumbando en la cabeza y, a pesar de que Fondebrider se estaba refiriendo específicamente al trabajo de los antropólogos forenses, que desde 1984 se dedican con una constancia y pericia notables a desbaratar la trampa de los NN en la que los militares de la dictadura convirtieron a miles de personas (“Un desaparecido no está, no es, no tiene entidad”, dijo Videla), esa frase me pareció iluminadora. Porque puede aplicarse a cuerpos muertos, pero también a cuerpos vivos. La lucha por la identidad es, simbólicamente, la gran lucha argentina. A la pregunta por el “¿Quiénes somos?” general que arrastramos desde hace dos siglos, les prestaron sus cuerpos los NN de la dictadura, pero no sólo ellos. Las Abuelas, recuperando identidades de actuales veinteañeros, también recuperan vidas devolviendo nombres. Lo primero que hace una pareja cuando desea y logra un embarazo es pensar en un nombre: nombrando a ese nuevo ser se lo hace persona. Devolverle su verdadero nombre a alguien es devolverle su verdad. Una identidad construida sobre la mentira desemboca inevitablemente en un fallido, y hay vidas que son eso, actos fallidos.
Pero a propósito de actos fallidos, me puse a observar la fotografía que los marinos armaron en la ESMA para correr las sospechas del secuestro de Leónie Duquet y Alice Domon hacia los Montoneros y, describiéndola, no podía evitar captar una reminiscencia que no lograba descifrar. Hasta que me fijé en los ojos de esas mujeres serias, condenadas a posar para esa foto, a conciencia, seguramente, de que esa pose las alejaría todavía más de su liberación, que empantanaría sus destinos. Y entonces me di cuenta de que esas miradas fijas en el vacío me recordaban a las fotos policiales de los documentos de identidad. Precisamente, de identidad. Que era lo que esas mujeres estaban reteniendo y lo que les iba a ser arrebatado por la fuerza. Lo que veintiocho años después los antropólogos forenses les devolverían. Es tan impresionante y azaroso el recorrido del cuerpo de Leónie Duquet, es tan increíble ese camino que la llevó de la ESMA a un avión, del avión al mar, del mar a la playa, de la playa al cementerio de General Lavalle, del cementerio a la verdad, que semejante historia no puede procesarse sin escalofríos. Uno se tienta con la palabra milagro.
Esas miradas de documento de identidad indicadas por los secuestradores que quisieron fraguar una foto insurrecta fueron también un acto fallido. Recordé las últimas fotografías parecidas a ésa, las de los rehenes capturados por fuerzas irregulares iraquíes, los periodistas o ciudadanos de países invasores que, mirando a cámara con sus verdugos atrás, parecen suplicarle al foco que se deje traspasar y que su desesperación conmueva a sus gobiernos. De la Argentina, la única fotografía similar que recordaba haber visto era aquella de Jorge Born, con los retratos de Perón y Evita como fondo y una bandera de Montoneros atrás. Esa fue seguramente la foto inspiradora de la de la ESMA. ¿Jorge Born miraba el vacío o miraba a cámara?, me pregunté. Busqué esa foto y, efectivamente, Born, cansado, despeinado, ojeroso, miraba a cámara. Las miradas perdidas de Leónie y de Alice son el indicio del fraude, del simulacro. Con la pose y la perspectiva que el Estado elige para darles a sus ciudadanos su identidad –el medio perfil, la mirada corrida hacia el costado–, el Estado terrorista argentino de los ’70 cometió un lapsus.
Leónie Duquet es, de todos modos, no sólo una víctima a la que veintiocho años después de su asesinato se le devuelve la dignidad de su nombre. En esa foto que comparte con su compañera Alice Domon, sus bocas cerradas en la mueca de la tragedia dicen, tal vez, que en una sociedad solamente se pueden cometer actos tan aberrantes si muchos, si miles, si millones miran para otro lado.
 
 
 
 
Se acabaron las vacaciones*

*Por Michael Moore
Viernes 2 de septiembre.
 
Querido Sr. Bush:
¿Dónde están los helicópteros? Hace cinco días que llegó el huracán Katrina y todavía hay miles atrapados en Nueva Orleans, esperando ser rescatados. ¿Dónde habrán puesto los helicópteros militares? ¿Lo ayudo a encontrarlos? Una vez perdí mi auto en el estacionamiento de un shopping. ¡Lo que fue encontrarlo!
Ya que estamos, ¿tiene idea de por dónde andan los soldados de la Guardia Nacional? Ahora sí que serían útiles haciendo el tipo de cosas para las que se enrolaron, como ayudar en caso de desastre. ¿Cómo puede ser que no estuvieran?
Este jueves yo estaba en Florida sentado al aire libre cuando el ojo del huracán me pasó por encima. En ese momento era apenas un Categoría 1, pero igual bastante feo. Hubo once muertos y todavía hay casas que siguen sin electricidad. Esa noche el meteorólogo dijo que la tormenta iba en camino a Nueva Orleans. ¡El jueves! ¿Nadie le avisó? Ya sé que usted no quería cortar sus vacaciones y ya sé que no le gusta que le den malas noticias. Además, había que ir a las reuniones de recaudación de fondos electorales y había madres de soldados muertos que ignorar y calumniar.
Lo que más me gustó fue cómo, al día siguiente del huracán, en vez de volar a Louisiana, se fue a San Diego a una fiesta con sus amigos empresarios. No deje que nadie lo critique por eso, después de todo el huracán ya había terminado y usted qué iba a hacer, ¿parar el agua con la mano?
Tampoco les preste atención a los que en los próximos días revelen que usted le redujo al Cuerpo de Ingenieros el presupuesto específicamente dedicado a Nueva Orleans por tercer año consecutivo. Simplemente conteste que aun si usted no hubiera recortado los fondos para mantener los diques, el Cuerpo de Ingenieros no iba a mantenerlos porque estaba ocupado en una misión más importante, la construcción de la democracia en Irak.
Al tercer día, cuando finalmente dejó su casa de veraneo, usted hizo algo conmovedor al ordenar al piloto del avión presidencial que volara por debajo de las nubes a echarle una mirada al desastre. Yo sé que no daba para que parara en la ciudad, se consiguiera un altoparlante, se parara en una pila de escombros y actuara como el comandante en jefe. Son cosas que pasan.
Va a haber quien quiera politizar esta tragedia para usarla en su contra. Que su gente siga denunciándolos. No les conteste. Ni a esos científicos fastidiosos que predijeron que esto iba a pasar porque las aguas del Golfo de México cada vez se calientan más, haciendo que este tipo de tormenta sea inevitable. Ni la hora a sus jeremíadas de recalentamiento global. No hay nada de nuevo en un huracán tan ancho como un tornado de Fuerza 4 que fuera de Nueva York a Cleveland.
No, señor Bush, usted mantenga el camino. No es su culpa que el 30 por ciento de Nueva Orleans sea pobre o que decenas de miles no tengan en qué salir de la ciudad. ¡Son negros! Quiero decir, no es como si fuera Kennebunkport. ¿Se imagina dejar a blancos cinco días subidos a un techo? No me haga reír. La raza no tiene nada, nada que ver en esto.
Siga firme, Sr. Bush. Nada más encuentre algún helicóptero militar y mándelo. Haga como que Nueva Orleans y el Golfo están cerca de Tikrit.
Atentamente,
Michael Moore.

PD: Esa madre tan molesta, Cindy Sheehan, ya no está en su rancho. Junto a otros parientes de muertos en Irak está recorriendo el país, hablando envarias ciudades. Tal vez pueda verla cuando llegue a Washington el 21 de septiembre.
 
 
 
 
 
Sueños y utopías a la deriva*
 
*por Angeles Charlyne

- Especial para La Unión Digital -

El cielo de Lima es gris. No admite otro tono. Parece tener vedado el azul y el índigo.

El negro Hugo se sentía una mancha más junto a la pacífica orilla del Pacífico. Con el apuro de la nada, que suele producir la ausencia de trabajo, una normal anormalidad que ocupa y desocupa a gran parte de los habitantes del universo.
Hugo balanceaba su último día a la sombra del Inca, pensando, despedirse de la papa a la huancaina -plato típico- que iría a saborear más tarde.
Mañana, se dijo, me voy a Buenos Aires, donde lo que mata es la humedad.
La sombra que le devolvía el deslizamiento del agua, pendulando conforme el vaivén de la marea, no supo contestarle. Si, multiplicarse como un juego de espejos, que se marchaban aparentemente disgustados con la decisión.
Repasó razones las que se propuso aceptar para sí. Dejar la familia, el lugar, el arraigo, la historia y la memoria. Una larga secuencia de sueños y utopías que dejaba a la deriva de su vida.
Sospechaba que era difícil el regreso y el paisaje nunca sería el mismo. Quiso guardar en sus retinas lo que ninguna fotografía podría preservarle, esa combinación de olores, sonidos, murmullos, sabores tan agridulces, como los de cualquier otro sitio y a los que otros pasajeros de la vida, como él, se aferraban igual de intensos. "La memoria genética" se dijo, sin legitimar la procedencia del disparate.
Volvería al caer la tarde para ordenar sus libros, casi excluyente preocupación; viajar en barco en tiempos de banda ancha, equivale a una ancha banda que dejará orillas, para mudar al occidente de fantasías, casi improbables, pero él sólo supo poner a salvo su mundo interior, invisible a los ojos, otorgando todas las ventajas imaginables y las otras.
El resto, aquello que la mayoría prioriza, para él eran sembrados ausentes de otras letanías.
Se sabía un sembrador de tierras largas, sin contar desde donde se llegara, ausente desde esta partida desabrida, porque las naves que portaban sueños y utopías naufragaron pronto, abandonando su alma.
Acodado a la baranda del barco y en tanto se mecía la nave, se tomó su tiempo para descifrar la ciudad brumosa como toda bestia infame, que hiede a la madrugada, mientras en su seno los excrementos de la civilización, legitiman sacrificios, sacralizando la masacre de valores, la decisión de cercenar el futuro de los niños que nacen al desamparo de la oportunidad.
Buenos Aires, en eso, no difería de otras megalópolis, aunque Hugo no conociera más que estas dos pobres muestras de una civilización que, al sur de América, lo único que consumaron fue la obsecuencia de sus clases, interesadas en la pequeña aventura individual, con ausencia registrada del honor nacional, imprescindible para concebir otro futuro, pero él lo sabía y no podía sentirse sorprendido, ni justificado al protestar contra la decadente mediocridad aceptada como destino.
Vagamente registraba una dirección capaz de darle espacio a su oportunidad. Nunca se mintió respecto a la consecuencia de esa experiencia.
-Ser un pájaro pintado te convierte en blanco de la bandada y es posible te sacrifiquen, sobre todo por ignorancia-, le dijo Yaco el herrero, pariente de otro Yaco hijo de la imaginación de Cortéz, uno que quemó las naves detrás de la guitarra.
El enésimo cigarrillo exhalado en cubierta, antes del desembarco, pareció conformar la cuota de tolerancia posible para sus pulmones. Regresó para sumarse a la manada del aguardo, presta a desembarcar. Hay protocolos inexorables si se quiere seguir adelante.
El, en el fondo, no estaba tan seguro, pero la inercia producto de la decisión inicial gravitó en el paso al frente, cuando lo llamaron para regularizar la documentación que, más tarde aprendería, en ese/este país, sólo sirvió y sirve para enmascarar.
Su inocencia, superlativa, nunca le permitió advertir que la tierra de la superchería estaba a su frente y que, desde ese momento, nada sería como parecía, sino como alguien decidiría que fueran.
Hugo demoró las veredas empinadas del bajo de la ciudad, parecía querer dejar la huella. Algún misterioso arraigo se construía entre pasado y futuro ya que ese rincón sería un asiduo territorio donde las sobremesas se prolongarían como vísperas de preludios más calientes y próximos a la piel. Supo, mucho más tarde, que la vida es un pañuelo y no una frase de compromiso.
Morosamente buscó la dirección anotada. Se registró para comprobar que las pensiones nunca definen bien el significado de su nombre, porque en realidad no pensionan a nadie, por el contrario uno termina siendo absorbido por la morosidad de la postergación. Por lo menos cama caliente, y algo de comida posible le dejarían espacio, para reconstruir los deseos que hasta allí lo habían traído. Nunca estuvo tan equivocado pero no lo sabía, como el perro que da vueltas antes de acostarse, reconociendo siempre el mismo lugar.
Al día siguiente marchó a buscar el trabajo que la dirección prometía. Y se renovó la propuesta interior.

La radio que lo albergaría por años, sonaba tan limpia como imaginó. La gente no era y en eso construía el error, decía lo que le decían que debía decir, él no entendía por qué debía hacerlo y luchó para colar alguna idea, fragmentar la anécdota sorpresiva y sorprendente, armas que le sirvieron para persistir, pero pagando con jirones de anhelos propios, que iban quedando a lo largo de los silencios y "las pausas comerciales", que en realidad eran y fueron algo más que pausas a lo largo de la vida.
Quiso no resignar del todo, su todo. Se dijo que en algún momento la vida lo confrontaría.
Una tarde en que vio llover y sin gente correr, comprendió que le faltaba alguien, tocaron a la puerta de la pensión, la misma casi su casa ahora, abrió para encontrarse sin haber mediado ninguna noticia, con Alvaro, su hijo mayor una sombra entre las sombras.

Un precio de los pagados entre sueños y utopías agotados por el se debe y no se puede.

La mirada limpia y limeña de Alvaro pareció inventariar que quedaba de aquel padre, a quien decidió reencontrar para que no se le perdiera del todo la imagen.
Lo que vieron los ojos de Alvaro, tiñeron de sepia su mirada que nunca dejó la dulzura, eso por lo menos para Hugo, fue un motivo capaz de prometerle y prometerse una penúltima oportunidad, como el whisky de la historia que había quedado sin beber.

*Angeles Charlyne
. angelescharlyne@...

http://www.launion.com.ar/250901/250901col00charlyne.htm

 
 
 
Correo:

Asunto:las aguas bajan turbias *
es largo sí, pero es así: tomálo o dejálo

es claramente ver con los propios ojos de uno de qué se trata el capitalismo en el país capitalista por excelencia en la casa natal de bush reagan las corporaciones de guerra la concha de su madre
cuerpos despedazados por bombas y sofisticada basura hecha armas en todos los lugares del planeta que se te ocurran en todos los tiempos que recuerdes y leas de casi 100 años para acá agarran los señores, y se meten toda la tecnología en el ojete la usan para otras cosas más importantes como matar Gentes de otros países por si a éstos no les llegaran a llegar huracanes suficientes
y no para prevenir lo prevenido
y el imbécil que nosotros nos creemos que gobierna marioneta de marionetas de marionetas
en esa mamushka de poderosos que ni gobierna ni construye ni reparte ni  previene
ni actúa siquiera ante una catástrofe natural decía, este pelotudo hijo de puta al que se le ven los hilos que le cuelgan  de brazos y piernas
mientras se atraganta con una galletita o no les recomienda a su Gente (a la que más lo votó en las últimas elecciones) les recomienda que "huyan y recen" (SIC)
a la vez que aprieta el botón que dispara los misiles para despedazar algunos cuerpitos en irak je je
y envía tropas de irak a mississipi para MILITARIZAR new orleans en vez de ocuparse de EVACUAR (y todo lo que ésto implica)

así no nos aburrimos, y lo podemos ver por televisión
fantástico
espectacular
no problem

sigan así
lindísimo el planeta capitalista
qué lindo
qué lindo que está
 
*F u n e s karfun@...
 

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 4 de septiembre del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Jorge Antunes. Las poesías que leeremos pertenecen a José Martí (Cuba) y la música de fondo será de Yaki Kandru (Colombia); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44   A-5020 Salzburg   AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

 
 
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#60 De: inventivaedicion@...
Fecha: Vie, 26 de Ago, 2005 10:38 am
Asunto: EL OTRO LADO DE LA VÍA
inventivaedicion@...
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*
dónde se fueron
dónde encontrarlos
la pasión que arrebataba mi cuerpo
el dolor resquebrajando la piel
 
dónde
dónde buscarlos

                 *Breve, de  Beatriz Martinelli.
beatrizmar@...
 
El otro lado de la vía*
 
*Por Sandra Russo

La clínica queda en Quilmes, pero del otro lado de la vía. Quilmes Oeste, cuando yo era chica, era otro mundo. Vivir del otro lado de la vía era ser diferente, tener otras costumbres, otros ritos, como ser de otro club. Mi madre lentamente fue trasladándose al otro lado de la vía. Sus confusiones empezaron hace años, los reemplazos de una palabra por otra fueron llegando como gotas, una tras otra. Sus esfuerzos por retener una idea terminaban irritándola. La veía luchar contra ese vacío que se le plantaba en la cabeza como una semilla maligna. El vacío crecía desmadejado en esa mente que despacio, sin tregua, se enredaba con imágenes de diferentes épocas de su vida. Hace unas semanas un ataque la mantuvo hablando sin parar días y noches enteras. Allí estaban, delante de sus ojos, invisibles para mí pero carnales y evidentes para ella, sus hermanos, su padre, su casa de la infancia. Estaba internada en una clínica común, a la que van los enfermos que deben guardar cama. La gente loca no es bien recibida en esas clínicas. Altera al resto. La habían atado a la cama y habían levantado las barandas. Ella las empujaba y me decía: “Estamos detenidas porque vos no sabés conducir”. Mi madre nunca fue muy piadosa conmigo, de modo que no me extrañó que atribuyera su estado a mi falta. Eso somos las mujeres, después de todo. Lo que no tenemos, lo que no sabemos, incluso lo que no perdimos.
El brote se extendió y fue tan arrasador que muy pronto la derivaron a la clínica que está del otro lado de la vía. Un lugar apacible en el que los enfermos no guardan cama, y tampoco sabría decir si guardan algo. ¿Qué es la locura? ¿Dónde queda ese otro lado, ese revés de la trama que estampa la locura en los ojos de quienes la padecen? ¿Por qué los locos parecen guantes dados vuelta, como decíamos los jóvenes de ayer? Un guante dado vuelta no puede esconder nada: el guante dado vuelta exhibe la obscenidad de su interior, la forma tosca de sus costuras. Todo lo que los cuerdos callamos, lo que velamos, lo que suavizamos, lo que pretextamos, lo que disimulamos, ellos lo muestran. La enfermedad los priva de los escondites y de las estructuras. Fluyen, ahí, casamientos y velorios, muertes y nacimientos, amores y dolores, ternura y ferocidad, la carne viva de los sentimientos, de lo que no se pudo digerir, lo que quedó atascado en una historia, la horrenda y apabullante debilidad de alguien que soltó las riendas y sigue viviendo como un caballo desbocado, asomado al vértigo de sí mismo.
Hoy llegué a la visita media hora antes. Pedí permiso porque tenía que ir a trabajar. Estaban todos cantando. A coro. Cantaban una canción de amor. Tenían puestas unas cintitas rojas en el cuello, como un mínimo vestuario de coristas extraviados que sin embargo perseguían la nota exacta. Mi madre estaba sentada y aplaudía. Ella nunca cantó. Ni cantó ni bailó. Esta tarde estaba sentada y sonreía, mientras sus actuales compañeros de ruta disfrutaban ese rato previo a las visitas. Mi madre siempre se ocupó de su casa. Su casa fue su reparo pero también, sospecho, la baranda que la separó del mundo, la que la dejó detenida, aunque fue ella, ciertamente, la que no aprendió a conducir. Pienso en la que ella era, antes, cuando todavía la enfermedad no había asestado semejante puñalada en su centro. Fue una mujer compleja con una vida simple. Una mujer plegada que debe haber querido desplegarse. Cuando me vio, hoy a la tarde, llegar de improviso, me hizo señas para que me sentara a su lado a escuchar al coro. Mientras las dos aplaudíamos la segunda canción, acercó su cara a mi oído y me dijo: “A mí me hubiese gustado ir a la luna”. Cuando uno se familiariza un poco con la locura, no es tan difícil escuchar sus desvíos. “¿Y por qué no fuiste?”, le pregunté. “No me alcanzó la voz”, contestó ella.
Y si me pongo a escribir esto es porque creo que hay un tipo de extravío que es el de mi madre pero no sólo el de ella. Y en su homenaje, me gustaría dedicar estas líneas a aquellas mujeres que quisieron ir a la luna pero llegaron al otro lado de la vía, a todas esas mujeres de esa generación difícil, tan inconsciente de sus derechos y sus límites, tan encerradas en sus cocinas y en sus mandados y en sus mandatos, a esas mujeres frágiles que adoraron y envidiaron que sus hijas fueran tan diferentes, casi como las hijas de las otras que ellas fueron sin saberlo. A esas mujeres a las que no les alcanzó la voz.
 
 

 

 

EL DESLUMBRAMIENTO EN LA OSCURIDAD*

       Bajé los poco frecuentados peldaños que conducen a mi interior, buscando oscuridad y confundida contemplé, como si hubiese ascendido al espacio exterior, el mundo representado a través de símbolos. Los relámpagos del dolor se diluyen en gotas de llanto en la pasajera tormenta. Hay un verde bosque de esperanza, donde reposan las aves del desánimo. El amor corre como riachuelos. El odio abrasa todo con su fuego. El rencor es un musgo que se adhiere al desvalido amor. El viento arremolina los recuerdos,
alguna complaciente brisa orilla alguno y me regala un retazo de mi vida.
       Los riscos del orgullo, el mar de la templanza, el florecido valle de la alegría. Las ideas, sobre todo ellas, iluminando mi espacio interior.
       Sólo encontré oscuridad en el embotamiento, en la somnolencia, en la enfermedad, en la absoluta soledad, aquella que ni siquiera cuenta conmigo para acompañarme.
       Subo la escalera, me reencuentro, prosigo dialogando conmigo ¿cuál de los migos? Y reafirmo ¡qué hermosa es la vida!.

 
*de Margarita Carrera Urabayen urabayenenea@...

 
Correo:

   Marchar sin "aparatos"*

Era el aniversario 411 de la ciudad de San Luis, este jueves de marcha coincidía con un nuevo cumpleaños de la ciudad capital, la más conflictiva al régimen de los Rodríguez Saá.
Esta ciudad que se rebeló ante la familia gobernante cuando quisieron dividirla en cuatro partes, para controlarla mejor.
La misma ciudad de San Luis que cada vez que vio en riesgo su autonomía contó con el respaldo de su pueblo en las calles, para evitar atropellos, para gritar su bronca, defendiendo con hidalguía su historia, sosteniendo su dignidad.
Pero después de 82 semanas de marchas y protestas muchas cosas han pasado y este jueves, quedaron por cierto exhibidas.
Las marchas siempre contaron con el respaldo de algunos aparatos o instituciones que veían en la Multisectorial la posibilidad de confluir con sus demandas e intentar solucionar así sus conflictos.
Así lo hicieron muchos que hoy ya no están.
Tal vez el sector más beneficiado por esas manifestaciones fue la intendencia puntana, la misma que mantuvo esa disputa disparatada cuando había dos intendentes, dos gabinetes, dos proyectos.
Lucha apasionada y desigual, que se mantuvo por el coraje de un pueblo que postergó diferencias y gustos, ideologías y estrategias para confluir en una única demanda, de autonomía y libertad.
Hoy con el conflicto ya resuelto, parece ser que las marchas no hacen falta, que para el intendente y sus funcionarios el logro alcanzado ya es suficiente, que ahora cuenta lo electoral.
¿Y los otros conflictos?, ¿y los otros sectores que demandan?, ¿y el objetivo principal, que es la caída del feudo?
No, para los municipales con su problema resuelto, parece ser que ya es suficiente, hoy 25 de agosto, el aniversario de Su Día, los funcionarios de la ciudad abandonaron las marchas. Un aparato menos para marchar.
Pero también, tal vez por el propio proceso electoral, tal vez por el feriado, tal vez por cuestiones que nunca se entenderán el sector gremial que hasta ahora venía integrando estas marchas decidió no participar, el sector  de ATE-CTA , no marchó y casualidad o no, también integra el grupo político que en lo electoral acompaña al municipal.
Y si algo faltaba, aquel Concejo Deliberante que sufrió y luchó, participó y sostuvo esta multisectorial, también hoy se ausentó. Ningún Concejal se hizo presente, tal vez privilegiando sus cuestiones internas.
Una marcha sin funcionarios, sin dirigentes asalariados, sin ningún "aparato" político o gremial.
Los marchistas y sus banderas, sus cantos y sus deseos intactos de lograr el propósito que persiguen y describen cada semana con sus expresiones.
Con final emotivo de recordatorio, con lectura de documento, con recitados poéticos.
Una MULTISECTORIAL más autentica y emblemática, donde no hay disputas ni miserias.
Un lugar en el que concurren ciudadanos pretensiosos de seguir, más allá de estas actitudes mezquinas y egoístas que han conseguido fragmentar a los no oficialistas.
Las marchas seguirán, con el mismo objetivo, hasta que éste se cumpla, esperando por el pueblo, anhelando que no demore su participación, que pronto se rebele y que se sume a esta pelea por la vida, sabemos que ese día llegará.

*Jorge Fernando Daffra
- marchista incondicional -
25 Agosto 2005 
jdaffra@...

02657 156 46120
*
 
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 28 de agosto del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor venezolano Mirtru Escalona-Mijares. Las poesías que leeremos pertenecen a Clara Rebotaro (Argentina) y la música de fondo será de div. grupos (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44    A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
*
 
Inventren: Narrativa y poesía circulando por  vías dormidas de la Argentina.
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#59 De: inventivaedicion@...
Fecha: Dom, 7 de Ago, 2005 1:38 am
Asunto: ESTACIÓN CORONEL DOMÍNGUEZ
inventivaedicion@...
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Poesía en los andenes

 

Mirada*

 

traspasar

ese trémulo vaivén

la vibración de tu mirada

es igual a la liviana sensación

que me inflama cada vez

que cruzo un puente

cualquier puente

o esa timidez infantil del agua

apoyando su vientre en la arena

que corre a besar mis pies en la playa y se va

y vuelve y me mira y se avergüenza

y parpadea

y se va de nuevo entre risas ínfimas

y vuelve

y se va

 

eso ocurre invariablemente

en un transitar tenue de escolleras brumosas

de blancos barcos que zarpan hacia

un espacio

donde hoy tus ojos sin armadura

tu estela de estambres

enfrentan en helados silencios

a las falanges de ciertos tiempos

y todo el olvido

 

y no me alcanza

tomar todos los instrumentos

usar todo cálculo y utopía

ser todo lo hombre que puedo

para aprender algo de la distancia

 

ahora mismo

la mirada vuelve

y se va.

 

*de Santiago Torales. nahrid@...

 

 

 
¿Quien fuiste?*
 
¿Quien fuiste?
¿Donde estás?
¿Que sueñas?
¿Que palabras quedaron mudas?
¿Que sentiste ayer y hoy y mañana?
¿Que volcán apagado te llamó
desde el centro de su multiplicado vientre?
¿Que mineral soñado le mintió
con su boca oscura a tus ojos claros?
 
Hay rocas y colinas y flores en los árboles
al filo de la nieve en primavera,
y un lago, con piedras en el fondo
que arrojamos a él.
 
Que aun nos recuerdan.
 
*De Luisa Belandia. FWaterdrop@...
 
 
 
CANCIÓN*
 
tengo dos manos
como palomas
que buscan nido
que quieren cielos
 
tengo dos manos
y varias plumas
que buscan árbol
y alguna rama
 
tengo unas plumas
para mi nido
un árbol viejo
de ramas buenas
 
tengo una rama
para mi nido
tengo dos manos
algunas plumas
 
un sol pequeño
que apenas brilla
entre las hojas
del árbol viejo
 
tengo dos manos
algunas plumas
un árbol viejo
un sol pequeño
         que apenas brilla
 
tengo un cielo
que apenas brilla
un nido pequeño
un árbol viejo
dos manos
          como palomas

                            *de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...

 
 
Inventren

 
Estación Coronel Domínguez

 

 

*Noche cerrada. Una hermosa luna llena cubre con su brillo indiferente la totalidad de la pampa. El intenso frío congela la escena en la retina del posible testigo ocular, quien temblaría sin remedio ante la presencia de este viento implacable.

         Sólo que no hay un alma por estos parajes santafecinos, junto al cruce ferroviario y la Cruz de San Andrés, que testifique respecto de lo que está a punto de ocurrir.

         Allá en el horizonte surge un par de faros, acercándose solitarios y morosos, brillando tenues sobre los pulidos rieles del tendido vial. El apagado rumor del motor de la estanciera se deja oír hasta que el vehículo se detiene, a escasos centímetros de los erosionados durmientes de quebracho. Dentro, un hombre mayor se recuesta contra la butaca, cansado de conducir, quizá hasta fatigado de su propia existencia. Enciende un cigarrillo con extrema cautela, más por agotamiento que con prudencia. La llama del encendedor ilumina durante un segundo aquel semblante duro, de líneas firmes, aunque dueño de una expresión funesta. Apenas baja un poco la ventanilla al exhalar el humo, mirando hacia el frente, sin fijar la vista en nada concreto. Fuma con movimientos ausentes y pausados.

Y espera.

         Sus ojos se pierden entre los recuerdos de las horas pasadas. Los momentos vividos durante aquella noche lo confunden. ¿Cómo puede ser que haya ocurrido algo así? Si hasta esta misma tarde había estado mateando con ella… La imagen de Norma, imperecedera en su cotidianeidad, irrumpe dolorosa por encima del volante. Y el tiempo parece retroceder.

         ¿Cómo empezó? Algo lo confunde. Sólo sabe que le entregó el amargo, ya medio lavado y se llevó una torta frita a la boca cuando ella le comentó algo y lo alteró. Fue algo acerca de… ¿Qué había sido? Una estupidez, de seguro; nada importante. Norma no es de hacer comentarios trascendentes. Si por eso le gustó tanto cuando la conoció, y esa misma cualidad fue la que lo decidió para casarse, “allá lejos y hace tiempo”, como rezaba G. E. Hudson en aquel clásico literario de otras épocas. Esa virtud de saber callar a tiempo, Norma la traía de la cuna; o la había desarrollado a su lado, quién sabe. Sólo que esta noche, por única vez, había hablado de más…

         Trata de recordar el diálogo mantenido, mientras exhala el humo y arroja la colilla por la ventana, pero es inútil. Las palabras se han alejado, huyendo hacia el olvido, ocultándose detrás del muro… Mierda, otra vez aparece esa maldita imagen, y esta noche más intensa que nunca. Un muro que separa dos propiedades, que mantiene alejados a sus propietarios. Una barrera imposible de cruzar, salvo en determinadas ocasiones, cuando la furia lo enceguece, el mundo se oculta bajo una densa cortina roja, y entonces…

         ¡No! ¿En qué está pensando? No pasa nada. Está todo tranquilo. Y si algo raro pudiera salirse de cauce lo resolverá enseguida. No hay nada que temer. Mira distraído su reloj. Ya no falta mucho. Enciende otro cigarrillo. Tiene que estar calmo. Lo hecho, hecho está. Nada de locuras.

         Pero los recuerdos regresan, muy a su pesar. Norma cebaba mate, aunque estuviese lavado, y le comentaba… Acerca de una vecina… ¿O era sobre el marido? Se habían mudado hacía poco, ¿no? Muy lentamente, como en sueños, las palabras y las imágenes regresan. Una pareja de mediana edad, sin hijos, que alquilaban una casita en las afueras. Y Norma había hablado con la mujer, varias veces. Le había contado que venían de Buenos Aires, de haber tenido una mejor posición, de sostener un pasado intelectual, y que luego de la crisis se habían conformado con lo poco que pudieron encontrar. Pero lo que más le llamó la atención a Norma fue cuando le confesó, ya entradas en confianza, acerca de la huída…

         Le tiembla la mano que sostiene el cigarrillo, y no precisamente a causa del chiflete helado que se filtra desde afuera. Él había juramentado no hablar al respecto, ni siquiera pensarlo; que nadie supiese lo que hacía durante sus horas extras en el trabajo, algunos años atrás. Y sin embargo, el pasado vuelve, infatigable, una y otra vez.

         Huyeron escapando de sus perseguidores, le informó Norma, de hombres dadores de odio que los buscaban desde hacía tiempo con la única sed que conocían: sed de sangre y de venganza. Una búsqueda mortal, que los obligaba a usar identidades diferentes cada vez que se instalaban en un pueblo, intentando en vano despistarlos. Pero, tarde o temprano, los sabuesos siempre llegaban. Y la cacería se reiniciaba sin cesar…

         ¿Qué había pasado con Norma? ¿Por qué le había hablado de cosas que no entendía, cuando ella siempre guardaba silencio, no preguntaba nada, nunca se salía de su rol? ¿Por qué, después de tantos años, había insistido con algo que a él lo había irritado casi de inmediato, sobre todo al conocer los nombres de los nuevos vecinos, esos que se habían desvanecido de la noche a la mañana un par de semanas atrás? ¿Por qué lo había hecho enojar de esa manera?

         No sabe cómo comenzó. Sólo recuerda que tenía el mate en la mano, y un instante después la calabacita volaba por encima de la mesa hacia las hornallas. Que Norma le dijo algo, entre indignada y asustada. Y que él, sin poder evitarlo, se había puesto de pie. ¿Él? ¿O había sido otro? Muy de vez en cuando sentía que no era él quien actuaba, sino otro, un personaje ajeno y siniestro que aparecía muy a su pesar, sobre todo durante las tareas realizadas en esas malditas horas extras. Y que aunque este otro personaje fuera tan distinto a él en su accionar, a la vez se le parecía demasiado…

         Aunque la furia lo encandilaba, irritándolo ante su aparición, pudo notar que Norma abría los ojos con sumo pavor, incapaz de creer que aquél excedido que tenía delante y la insultaba sin piedad fuera Rodolfo, su marido. El mismo Coronel Rodolfo Silvera Domínguez, militar retirado, para más datos, con quien convivía desde hacía tantos años. Un hombre de carrera, recto, virtuoso, y por sobre todo, en extremo honorable. Alguien que jamás renunciaría a dejar de pensar como pensaba. Que sostendría sus convicciones hasta la muerte. Pasara lo que pasase.

         ¿Por qué Norma no se quedó callada, como siempre? ¿Por qué le removió tantos recuerdos, retrotrayéndolo varias semanas atrás, cuando sus antiguos colegas le pidieron que colaborase localmente en una acción tardía, para “despuntar el vicio”? Justamente él, que había sido comandante de Grupos de Tareas, y sabía hacerse cargo de las “horas extras” de manera tan eficaz…

         El Coronel y el otro, Rodolfo y el otro… ¿Quién era ese otro? ¿Tendría identidad…, un alias acaso? ¿O sería siempre el mismo, desquiciado y desbocado? El otro, ese salvaje… cuyo puño cayó sobre Norma, cerrándole esos ojos desmesurados, rompiéndole la nariz, abriéndole un surco de sangre en la boca… El otro… Rodolfo sería incapaz de cometer semejante atrocidad…, ¿o no?

         El puño cayó una y otra vez, y otra, y una vez más sobre la mujer, causando chillidos y hematomas, súplicas y heridas, intentando borrar a los golpes los comentarios desafortunados, esa irrupción de chusmerío y curiosidad. Y a la vez negando la misma aparición del otro, negando los hechos ocurridos, negando la desaparición de los intelectuales porteños recién llegados al pueblo, los eternos perseguidos por los sabuesos. No; él no era un sabueso. Y su mujer no tenía por qué recordárselo mientras tomaban mate, muy tranquilos en su casa.

         Para cuando la furia consiguió extinguirse y le permitió ver, jadeaba inclinado sobre el cuerpo exánime de Norma, los brazos agarrotados y en posición de ataque, dispuestos a golpear por enésima vez. Pero su mujer ya no se movería más, amoratada contra las baldosas de la cocina. ¡Norma! ¿Qué carajo pasó? ¡Norma, por Dios, contestame!!!

         A pesar del dolor, del pueril y tardío arrepentimiento, del cruel impacto de la acción consumada, un hombre de honor y de carrera como él sabría muy bien qué hacer, aunque no fuese una metodología muy pulcra que digamos, aunque sus afectos se interpusiesen, y aunque tuviese que cubrir las huellas de un desconocido criminal.

         Suspira muy hondo al distinguir el potente farol del expreso de medianoche, acercándose por el horizonte. Abre la puerta de la cabina, sale de la estanciera al frío nocturno, y camina hacia el portón rebatible de la caja. Extrae lentamente el cuerpo envuelto en una manta oscura y lo carga en brazos, con notable esfuerzo, hasta depositarlo sobre la vía, cerca de la Cruz de San Andrés. El silbato del tren anuncia su llegada. Sus filosas ruedas de metal extinguirán su peor equivocación. Y la impredecible irrupción de furia quedará sepultada… ¿para siempre?

             El Coronel Rodolfo Silvera Domínguez, en retiro efectivo, se aparta unos metros de los rieles, sin desviar la mirada de aquel cuerpo inmóvil, con ambas manos en los bolsillos del camperón gris, aguardando que la fuerza del destino cumpla con lo que le corresponde, echando un piadoso bálsamo sobre su alma torturada…

 

*de Aldima. aldima@...
 
 
 
Desde el vagón del cine club*
 
 Busqué el vagón, como siempre, con la inquietante certeza de que nadie en el tren sabía dónde estaba.
     Esta vez, sorteando ya sin miedo el lugar donde las bicicletas duermen cabeza abajo como murciélagos, hallé que detrás del compartimiento había otro vagón de pasajeros aburridos, que ignoraban plácidamente el paisaje que se obstinaba en repetir vacas y campos sembrados.
     Continué caminando. Sin previo aviso, sin cartel ni folleto explicativo, detrás de una puerta cualquiera de un vagón cualquiera me encontré con el silencioso recinto del cineclub, donde la pantalla iluminada
exhibía una persistente lluvia sobre la campiña francesa. De más está decir que afuera también llovía mansamente, por lo que los sonidos acuáticos se confundían en un pasado presente. Recordé el poema de Borges "la lluvia cae y cayó, y trae la voz de mi padre que no ha muerto".
    
 El film transcurría entonces agobiadoramente sensible, envolviendo con su atmósfera espesa el tren, el vagón, el alma de los pasajeros.
     Era francés. Estaban Gerard Depardieu y Roman Polanski en un diálogo resbaladizo y denso. La comisaría en la campiña se mojaba, no me sorprendió recibir en el hombro una de las gotas que se filtraban por el techo de dónde ¿del tren, del edificio oscuro y abarrotado de la pantalla?
     Dentro del armario una rata. Expedientes y papeles y la confusión de lo excesivo, mientras Depardieu sabe que hubo una muerte pero no si es él el asesino, de quién es el cadáver envuelto en mantas que allá abajo descargan de un furgón, no sabe si debe ocultarse o no de este comisario que lo admira como escritor pero que pregunta y pregunta, y de una amabilidad extrema se desliza a la violencia del acoso.
     La pesadilla se hace intolerable.
     El detenido por "una simple formalidad" (es el título de la película), va recuperando la memoria de lo sucedido. Fragmentaria, dificultosamente va recobrando imágenes ambiguas que lo acorralan hasta el recuerdo de sí mismo con un arma. El recuerdo de haber disparado. ¿A quién? El recuerdo de su propia vida a través de imágenes aisladas que no puede, como nosotros con las propias, conectar coherentemente.
   
  Mientras tanto, los policías colocan palanganas debajo de las goteras, sacan el agua con trapos retorcidos. La humedad del vagón me sofoca, y cuando muevo un pie noto que el zapato se desliza por el suelo mojado.
Comienzo a sentirme mal.
     Las seguridades muestran su precariedad. No se quiénes somos, quién soy allí sentada, cómo podré escapar de este farragoso nudo en el que las identidades y los espacios se diluyen en el agua de adentro y de afuera.
     Noto el encierro, el vaho de los abrigos de los pocos cineclubistas, las respiraciones mezcladas y esa penumbra y esa música dolorosamente triste y este ir a ninguna parte en medio de un campo detrás de las ventanillas clausuradas.
     Me noto llorando. Depardieu comprende que se disparó a sí mismo esa noche, que ha muerto, que este comisario tiene la misión de hacerle recordar, saber, comprender. Me cierra la garganta el suspiro de Oliver Reed allí adelante. Imagino su rostro que no puedo ver, imagino el mío. Me voy.
     Me tropecé al salir.
  Alguien comentó que hace un tiempo habrían encontrado el cadáver de una mujer en el cruce que acabamos de pasar. Pero no están seguros. Me pregunto si no estará por suceder ahora, si no será que eternamente un hombre con las manos en los bolsillos espera que pase nuestro tren de ruedas afiladas.
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
Próxima Estación: URANGA
 
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El recorrido 2005:
 
ROSARIO.////////// LA BAJADA ////////// LA CAROLINA //////////
 
C.R.S.DOMINGUEZ ////////// URANGA //////////
 
LA VANGUARDIA////////// SARGENTO CABRAL //////////
 
///////////CAÑADA RICA //////////
 
GRAL GELLY////////// MARIANO BENITEZ ////////// 12 DE AGOSTO//////////
 
////////// FRANCISCO AYERZA //////////
 
/////// PERGAMINO (COMBINACIÓN A VEDIA EN ZEPPELIN)       
 
////////// TAMBO NUEVO ////////// RANCAGUA //////////
 
ARROYO DULCE ////////// TACUARÍ ////////// SALTO
 
 
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#58 De: inventivaedicion@...
Fecha: Vie, 5 de Ago, 2005 12:21 pm
Asunto: EDICIÓN AGOSTO INVENTIVA SOCIAL
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Cuando estés...*

"Cuando estés allí lejos,
-me dijiste-
y te preguntes
¿Que hará ahora?
Estaré saltando
las piedras junto al mar,
andando caminos verdes.
y pensando en ti."

Desde aquí lejos,
veo dos niños
con ojos color manzana,
que cruzan el mar
de la ilusión,
en un espejismo
entre aguas y ramas.
 
*De Luisa Belandia. FWaterdrop@...
 
 
 
GUARDANDO EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES*

     Mis cabellos matan el sol. Son negros mis cabellos; negros como la boca del traidor, como la nariz de un perro en el bosque, negros son como el centro de tus ojos.
     Mis cabellos son negros.
     Diría que ensortijados, diría que espléndidos en su derrame móvil sobre mi espalda y mis hombros desnudos. La belleza lisa y bruñida de cada cinta de resumida oscuridad es un fustazo de dicha nunca apropiada, nunca gozada por mortal.
     Ah mis cabellos. Ondulo mi cintura blanca, tiendo acuáticos brazos fantasmagóricos. Observo con fascinación mi sombra arbórea y móvil. Y aguardo.
     Junto a mis hermanas aguardo, y guardo la puerta del jardín donde los hombres no tienen cobijo.
Yo guardo y aguardo y espero.
     Te espero.
     Con los ojos del corazón te veo, y no con los del peligro. Detrás de los párpados, detrás de los velos te añora mi frágil corazón de hembra sola.
Te llama mi anhelo. Transparentes vahos de deseo te atraen hasta la puerta que no debes cruzar, que no debo permitir que cruces.
     Sé que vendrás.
     Sé que por tierra y agua marchas hacia mi destino. Y que más pronto que tarde tu sombra dibujará tu belleza sobre mi tierra yerma. Aquí estarás para cumplir la promesa de la muerte y las espadas. No ruego otra baraja ni otros dados.
     Sé que vendrás. Me basta.
     Sé que puedo recorrer tu cuerpo duro con mis manos, que puedo atrapar el hombre con mi boca anhelante. Pero sé asimismo que la dicha está contaminada de brevedad, que la fugacidad de la carne tibia se transformará en piedra contra mis senos ansiosos. Te matará mi amor, amor. Mi fatal mirada.
     Mi amor te transformará en estatua de piedra. Sólo la dicha de contenerme en tus ojos es mi anhelo, y tal dicha, lo sabemos, sería tu sentencia. Mis cabellos de serpiente se retuercen y anudan en deseo e ira.
     Mi amado, debieses comprender que Medusa te ama aunque mi amor confluya con la muerte. No será para nosotros la ternura. Morir o destruir al objeto de mi amor, tal es la torpe suerte que me ha tocado.
    
 Perseo, dejaré que me decapites y te ufanes de tu hazaña.
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
*
¿Sabes por qué dejo
a tu hijo dentro de mi
mientras dormimos?
 
Porque los sueños
hay que abrigarlos,
hay que acunarlos,
hay que sentirlos.
 
*De Luisa Belandia. FWaterdrop@...
 


El susurro*
 
Cuando todo estaba en silencio el susurro se hacía presente. Lo rodeaba todo en forma suave, sin molestar, pero ahí estaba. Uno empezaba a ponerse ligeramente rígido, movía un hombro, estiraba las manos y se las miraba con expectación, tosía como disculpándose... Era la forma de reconocerlo sin
decir nada, sin mirar hacia los lados, sabiendo simplemente que era inevitable. Se comenzaba a hablar moduladamente, como en un hablar escuchando que decrecía en pocos minutos. Los ojos se habían dilatado un poco, los oídos eran como antenas tensas, el cuello tenía una rigidez particular. Pero nadie lo mencionaba o hacía referencia a él. Rápidamente se ofrecía más café,  se pasaba el plato de galletas,  se recordaba una película vista hacía tiempo o se hacía referencia a algún amigo del cual no se tenían noticias en los últimos días. El susurro se enroscaba con delicadeza entre los platos y las tazas, trazaba tangentes en las espirales de humo de los cigarrillos, rodeaba un brazo como una pulsera, un beso
siseante se posaba un segundo sobre un cuello. Nunca se hablaba de él, pero comenzaban a esperarlo en cuanto se sentaban en los sillones de la sala, cerca de la mesa redonda. A veces aparecía sin anunciarse, rodeando a uno de los del grupo, recostándose en él con la suavidad de un gato. Se quedaba así
un rato, entre cansado o cariñoso. Los demás se ponían rápidamente a hacer cosas diferentes, mirando hacia otro lado, hasta que la partida del susurro hacia otro lugar, permitía que el elegido fuera otra vez miembro del grupo. Ese era uno de los momentos peores. Porque cuando simplemente susurraba escondido entre los libros de la biblioteca, se sentían casi liberados.

*de SONIA ARISMENDI. soniaris@...
LO DIFERENTE
EL SUSURRO
 
 
 
Demiurgo*

A Juan García Ponce


Después de vagas lunas
con el pecho lleno de pájaros
me atrevo a vivir infinitamente:
puedo atravesar muros y montículos
soñar con nuevas y resistente alas
y obtener la esencia de la noche
que me trae olor de axilas femeninas.

Soy el caballero armado de esperanza
con huesos retorcidos de deseos
poseo un montón de abandonadas compañías
que acaricio sin lágrimas por las noches.

Aunque mi fuerza es triste
y tengo el otoño en mis ojos
¡No soy un buque muerto!
Pues sé cuánto valen mis sueños.

Y aunque a veces soy funesto,
tengo suficiente vocación de ejército de hormigas:
para dar un beso.

En mis pupilas aún habita el halcón de agua
que puede con sus alas ahuyentar el luto,
y en mi tórax,
la atmósfera de un demiurgo averiado.

Ahora, mi simetría es roja
pegada al armatoste que me utiliza.
Sin embargo, puedo paladear las gotas de la tarde
que resbalan por las costuras de mi Torre.
vivo de prestado:
necesito la boca y las manos de otros
para alimentar la nutria desolada
que habita en mis entrañas.

A veces mis piezas corroídas se quiebran
bajo el muérdago que envuelve mis brazos
cuando veo en el recuerdo:
tus formas de guerrera
tus labios de madera descarapelada
tus pezones rosas como gotas de rocío
y tus orgasmos azules que amo tanto.

Nada es nuevo en mí
nada es extraño en mí
ni siquiera la tarde triste.
 
*de Pablo García Mejía. paveldimarco@...
 


 
El cuadro*

El camino giraba en U. Justo en la mitad de la panza estaba detenido un auto blanco. El motor en silencio. Parecía abandonado. Lo vi desde lejos.
Estaba atravesado y el tránsito debía eludirlo con un poco de suerte, porque de un lado estaba la pared de la montaña y del otro el precipicio. Tres mil metros abajo, el paisaje lunar y rocoso, hacía culto del silencio. El auto era casi nuevo y los vidrios oscuros impedían ver el interior. Me fastidió el episodio, pero también la soledad del lugar y lo precario del movimiento.
Me sentí al borde de la duda, Reduje la marcha al mínimo, calculé el espacio como quien elude una cita con la verdad. El error, por leve que fuera, haría inevitable el después. Me detuve lo más próximo que pude a la pared de la montaña. Coloqué el freno de mano. Descendí. Busqué una piedra para reforzar la prevención de un deslizamiento inoportuno, como las confidencias a destinatarios violables. Desde allí el paisaje era demoledor.
El azul del cielo casi un insulto. En los picos más altos de los alrededores, la nieve había depositado su blanca carga, a plazo fijo. La piedra gris imponía el respeto de la memoria testigo.
Caminé sobre la grava rumbo al vehículo. Hice pantalla con mi mano, pero el interior parecía impenetrable. Rodeé el auto. Estaba cerrado luego de comprobar que hay gente que teme hasta el silencio.
Decidí que si lograba moverlo, ya que al parecer no había nadie, aunque más no fuera un metro, podía pasar y llegar a destino. Los misteriosos designios del Señor tienen rumbos ineluctables, cuyo tránsito no siempre es el que se elige. Me rasqué la cabeza hasta dar con una piedra que, sin ser filosofal, resolvió mi compromiso. La envolví en la campera que usé de protección antes de golpear la ventanilla del lado del conductor, que estalló como una fiesta de sonidos insolentes. La lluvia de vidrios fue polvo de estrellas rumbo al polvo.
La oscuridad del interior se interrumpió con el halo de luz que llegó desde el exterior, como el haz de una linterna. Nadie en su interior salvo, en el asiento posterior, como si fuera un pasajero importante, la informe forma cubierta de un cuadro enmarcado.
¿Cómo podría ser que justo me tocara a mí? columnista de arte en un ignoto diario de provincia, tropezar con esa carga que hasta podría ser valiosa. Siempre dije que nada hay más fácil de robar que una obra de arte y por eso no es bueno hacer público estos delitos.
Destrabé la puerta trasera sin olvidar comprobar que dentro del auto todo estaba en orden. Retiré la carga y la apoyé contra la pared de la montaña.
Registré los alrededores para ver que señales de vida encontraba, vinculadas con ese misterio atravesado en mi camino. Nada.
Antes de evaluar el contenido reparé que, en realidad, el auto parecía no haber sido abandonado intempestivamente. Pese a ello intenté imaginar razones, accioné los mecanismos que liberaban el baúl y el capot, para verificar la razón mecánica, si la hubiera, nada parecía afectado. Tampoco tenía ganas ni conocimientos para verificar que todo estuviera funcionando y en orden. Lo cierto es que lo único ausente era la vida humana y las llaves de contacto.
Finalmente, resignado y antes que la tarde progresara en su marcha, regresé al cuadro. Levanté la gruesa manta que lo cubría, sospecho que para protegerlo, y me quedé en estado de éxtasis. Luego palidecí. Ciertos tonos del autor eran casi idénticos a los que utilizara para explicar la técnica de Piet Mondrian el mismo que definiera: "para el hombre nuevo lo universal no es una idea confusa, sino una realidad viva que se manifiesta visible y audiblemente". Pese al calor incipiente, una mano helada me situó en la imagen, allí estaba su. "Molino de noche" y me quise explicar lo inexplicable. Primero si era auténtico. Para eso busqué los elementos que llevaba como el cepillo de dientes, incorporado. Hice los trabajos de peritaje, sencillos para alguien que, como yo, conoce el oficio, para volver a temblar ante la certeza. Era legítimo. Retrocedí como si alguien me hubiera empujado. ¿Qué debía hacer? además de pedir ayuda o de informar en algún lugar del camino. Pero ¿y eso incluía devolver el cuadro?.
La potencia de la oportunidad galopaba furiosa buscando legitimar la decisión. Me golpeé la cabeza contra la incertidumbre y la piedra.
Finalmente decidí que antes de partir y por el tiempo de luz que me quedaba, podía tratar de averiguar algo, en esa soledad sobrecogedora, donde hasta una idea parecía oírse en el tiempo. Descendí la montaña con cuidado luego de comprobar, por algunas pertenencias, que una mujer y un hombre tripularon el auto.
Me llevó un largo tiempo explorar y seguir tenues señales de marcas en la tierra, finalmente en un recodo del camino, debajo de una saliente de la montaña casi refugio natural, fuera de la vista y por supuesto del camino, dos figuras parecían arropadas en el piso, como atravesadas de frío y espanto.
Me acerqué, estaban inmóviles, parecían dormidos. No lo estaban, por lo menos el arma en las manos del hombre, hacía presagiar que el sueño era definitivo. La mujer desmadejada, por la posición, parecía haber sido alcanzada a destiempo y mal para ella que no se pudo poner a salvo. Pero ¿si no hubo lucha que ocurrió allí en realidad?. Los impactos trazaron un mapa en el cuerpo de ella, por lo menos a simple vista era lo que parecía.
En tanto, ¿qué había ocurrido con él?. Lo volví con cuidado para comprobar que en el lugar de la cara sólo había un hueco que debió ser sanguinolento, ahora cubierto de polvo seco arrastrado por el viento que no se detiene.
"Carne de viento", pensé y el horror había borrado hasta el asombro. Las huellas de una tercera presencia, sólo eran visibles en algunas malezas destruidas, por el peso quizás excesivo. Un brillo fruto de los últimos estertores de la luz, revelaron la presencia de las llaves del auto. Las recogí, maquinalmente, sin saber que hacer, con el aturdimiento flamante de lo irresuelto.
Volví al camino, probé suerte con las llaves. El auto arrancó, lo hice deslizar lo más próximo a la pared, para facilitar el paso. Lo detuve. Descendí.
Busqué en mi propio vehículo el paño que usaba para sacar brillo, repasar el parabrisas o secarme las manos, según fuera necesario. Repasé todas las superficies que había tocado y recién allí caí en la cuenta que estaba cubriendo mis huellas, agoté el tiempo posible antes que la lengua negra de la noche, hiciera la mueca en el cielo y proseguí el descenso.
No pensaba, como si las respuestas fueran a llegar desde fuera. De reojo y por el espejo retrovisor comprobé con satisfacción que "el molino..." desde el asiento trasero, vigilaba el camino rumbo a mi fortuna, porque ese cuadro valía una fortuna y yo conocía lo suficiente como para dar y obtener el mejor precio de las ambiciones privadas, en las colecciones privadas, casi tanto como las curiosidades privadas, que para estas situaciones dominan todos los tonos de la discreción. Me asusté de mi y la transformación, pero no retrocedí un milímetro. Por lo menos alguien decidía por mí y creo que sin excluir que al llegar al valle, el camino se bifurcaba y elegí el de la izquierda, sin conocerlo.
Ya era inevitable llevar de techo los tonos oscuros y las estrellas guiñando, en tanto el frío descendía de las cumbres, para aplastar los tiempos. Cuando la naturaleza dicta, uno copia, aprendí en el peregrinar montañoso. Me pareció que al fondo de la ruta ahora espectral con los primeros tonos de la luna, sobre una de las márgenes, la sombra de una edificación, oscurecía el futuro, no era demasiado lejos del reciente paisaje sangriento, ni siquiera de la carga valiosa que llevaba. Al aproximarme y mejorar la percepción, me estremecí y un frío extraño que no llegaba precisamente del clima, me caló por dentro. Apagué las luces, paralelas a la edificación, estacioné silenciosamente y descendí empujado por una mano invisible.
Antes de salir volví la cabeza. La manta que cubría el cuadro, se había deslizado y la tela, estaba en blanco. No tuve espacio para el asombro, alcé la vista para comprobar que la presunción era cierta y "el molino..." estaba frente a mí, tan oscuro como en el cuadro y tan hospitalario como un dedo acusador. Una lenta fatiga descendió sobre mi voluntad y caminé arrastrando los pies hasta la entrada. La puerta se abrió tan silenciosamente como la comprensión; cuando la traspuse, el animal se me vino encima.

*de Angeles Charlyne. angelescharlyne@...
-Fuente: diario La Unión digital. (11-05-2005)
-Publicado en "Nueva Literatura Argentina 2005 " Ed. "De Los Cuatro Vientos".
 
 
 
 
Zumbido*
 
A veces, abro los ojos, me incorporo y camino con lentitud por las estancias. Como si aún estuviese vivo.
A veces, incluso me aventuro a salir al exterior para comprobar que otros seres semejantes a mí se mueven por las calles, se apresuran, chocan entre ellos, se someten a la tiranía de relojes y semáforos, se detienen y se miran unos a otros y en ocasiones conversan.
Sí, a veces también yo finjo estar ahí, entre ellos, provocando sonrisas o muecas de irritación o atascos. Finjo vivir. Pero siempre regreso al lecho en sombras. Me acuesto, cierro los ojos y convoco secuencias que nunca termino de comprender.
Finalmente, me pregunto cuál de estas irrealidades es más ficticia. Cual de estos dos sueños es el que está encerrado dentro del otro. Si tuviese acceso a esa ansiada respuesta, tal vez podría despertar, ser.
En uno u otro lado, pero existir.
Lo que más me atormenta es ese molesto zumbido del teléfono que no parece tener lugar y que sin embargo nunca acaba de callarse.
 

 

 

Un tazón para guardar ojitos*

 

Es feo despertarse así, ir, buscarlo, y no encontrarlo. Y la noche calurosa y húmeda de los bajos submeridionales alienta la salida de todo bicho que camina, o repta, o salta, amenaza, asusta... Igual siempre es lo mismo, estas ridículas mañas que me persiguen hasta ahora, más que miedo a la
oscuridad, una fobia absurda (para los otros) a esos seres silenciosos que nos espían, que me acechan (a mí) por la noche. Sé que aunque me resista tengo que hacer el esfuerzo y volver igual una vez al año hasta aquí a controlar las cosas de la finca, dejar mi espléndido departamento céntrico
unos días para anclar en esta casona solitaria varada en los tiempos colonos, de tambo a las cuatro de la mañana, de campos donde se podaban hasta los cardos, de gentes que se me han ido, de soledad pampa en medio de esta noche, esta cruel incomodidad de letrina afuera cruzando el patio. Y estas necesidades son así, usted vió, uno se levanta como sin pensarlo, hay que levantarse de la cama y salir, no digo siquiera despertarse, ni mirar incluso la hora, levantarse y ni meditar por caso sobre tal o cual comida,
estos ritmos inoportunos del intestino, sólo llegar al otro lado, por ahí buscar como distracción al paso algo nuevo en las estrellas, intentar levitarse en el aroma de las retamas, ni espantarse más los mosquitos, pero sobre todo no mirar nunca hacia el piso del patio, no admitir ese territorio conquistado por tantos y tantos repugnantes sapos.

Si recorro el cordón de este profundo espanto encuentro aquí mismo hace tanto a mis abuelos juntándolos uno a uno, con una pala, sacándolos de los alrededores del rancho, "para que no llamen a las víboras" era la consigna y sin entender mucho me comprendía cuidado, y yo mismo ayudaba a llevar esa
pesada arpillera varias veces por noche, con montones de batracios de frío abdomen y piel mohosa hasta un viejo tacho lechero de los grandes, apoyado contra la parecita de atrás de ese baño precario, que se iba llenando por desagradables tandas hasta el día siguiente. Recién allí y entonces devenía
como un exorcismo, cargábamos con el nono ese tacho inmundo hasta el puente sobre el arroyo, y volcábamos los bichos a la magna purificación de aquel abismo.
Vuelvo hasta el armario ruinoso del comedor pero nada, no está en sus cajones. En mi vergonzosa soledad de tipo grande y asustado tanteo estrategias, persigo talismanes, resisto los cólicos y retortijones, atrapo otros recuerdos, nada razonable. Tengo que cruzar el patio cuanto antes.
Sin dudas no fue suficiente comprender en la escuela eso de los fundamentos vitales de la naturaleza, la increíble sabiduría de los organismos vivos, las cadenas alimentarias, el rol de los batracios en el control de insectos y plagas. En un punto me maravillé a la fuerza con su ciclo reproductivo, sus fases anfibias, su sencillo sistema circulatorio monoventricular, su notable adaptación a tantos ambientes, hasta me sentí en ese punto bastante parecido a ellos. Después vinieron hasta unos infames experimentos de
desmedulación en la facultad y allí me resultaban incluso más accesibles que las propias ratas. Pero ninguna estratagema racional me salvaba entonces y tampoco ahora del patio, de la noche, del tacho destapado junto a la piecita del inodoro. Mis primos jugaban a propinarles tortura barata, agarrarlos con una tenaza por detrás del cuello, a darles de comer piedras, collillas de puchos, brasitas de carbón, y creo que esas crueldades más los curtían, enfurecían en silencio y los ponían, segura y absolutamente, más en mi contra. Un tío una vez me enseñó el versito ese de San Roque para que no me toquen, pero ya visualizar uno solo suelto, ni hablar una multitud como la de esta noche, me helaba tontamente, tan claramente la sangre. Pero yo siempre tenía mi amuleto guardado en ese cajón...

Más cosas se me van o ya se fueron en este instante, necesito bucearlas así, con el aire contenido en esta suerte de profunda y silenciosísima claridad celeste, este vastísimo hábitat de trabajo de los buscadores de perlas. Pero los pujos están ahí peor que antes. Y el tacho herrumbrado sigue apoyado desde hace años contra esa pared, supongo que vacío, su carga pestilente patrulla mis espacios, las baldosas gastadas. Todo por no encontrarlo así tan destinada y simplemente, en esta soledad nocturna del viejo comedor, del
triste caserón que se derrumba. No está más el tamborileo en su vaivén hueco de algo pequeño y  liviano, vacío, en el fondo del cajón central de aquel anciano aparador. Un viejo y diminuto envase plástico verde con tapita amarilla de azafrán La Virginia. "¿Qué es eso?" le preguntaba curioso con mis cinco añitos a mi abuela... "algo para darle gustito sabroso a la comida"... decía mientras derramaba las últimas trazas de polvo amarillo en la cacerola sobre el arroz con pollo. Y después, la magia: "tomá, guardalo"
... mientras me lo ofrecía entre sus dedos, y creaba con un escalpelo invisible aquel, mi conjuro más poderoso e indestructible... "ahora es tuyo, un tazón para guardar ojitos de sapos"...
Pero en el cajón no hay nada y ya llevo como un siglo sin hacer un solo paso, sin aguantarme más las ganas, sin poder cruzar hasta la lejana orilla de la letrina, a través del patio infestado de estos bichos que palpitan el temor más primitivo en mis huesos viejos.

 
*de Santiago Torales. nahrid@...
 
 
 
Andando por....*
 
Andando por la calle le encontré,
al borde de una esquina.
 
-¿Como estás?-  -Yo estoy bien.-
 
Los labios ausentes se dijeron.
Mas los ojos del alma
allí se derramaron.
¡Cuantos años colgaron de ellos!
 
-Me alegro-   -Adios!-
 
Y otra laguna quieta
de años pusimos
sobre sobre los ojos del alma.
 
*Luisa Belandia. FWaterdrop@...

 


 
 
CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
Concurso de Cuento Wolfgang Amadeus Mozart* 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
 
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
 
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
 
*
EDITORIAL: número 72 de XICÓATL

4. CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
CONCURSO DE CUENTO „W. A. MOZART“
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
PORTUGUÉS:
Concurso de Contos Wolfgang Amadeus Mozart
 
PARTICIPAÇÃO:
-          Para trabalhos inéditos, em prosa.
-          Gênero: conto.
-          Tema: Wolgang Amadeus Mozart.
-          Idiomas: espanhol ou português.
-          Extensão máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, espaço simples.
-          Prazo para o envio dos contos: 30 de SETEMBRO de 2005.
Para participar, faça um só envio pelo correio eletrônico (assunto: Concurso Mozart/psedonimo) que contenha dois anexos em formato Word: o primeiro com “pseudonimo+conto” e o segundo com “pseudonimo+dados” (nome, endereço postal, eletrônico e número de telefone e fax bem como um breve curriculum vitae. Envie os arquivos para um dos endereços relacionados a seguir: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... .(Caso não venha a funcionar um deles, então terá a possibilidade de  utilizar o outro endereço eletrônico. O endereço eletrônico yage.austria@... não admite e-mails provenientes de Hotmail, bol.com.br e possivelmente outras empresas.
 
PRÊMIOS:
 
-          Serão entregues três prêmios no valor de 500 euros cada.
-          Menção de Honra e publicação bilíngüe dos trabalhos destacados.
-          Os resultados serão publicados no # 74 do Magazin Cultural Latino-Americano XICóATL (Ano 15, janeiro/março/2006, edição digital [ www.euroyage.com ] e impressa).
 

*Dr. Luis Alfredo Duarte Herrera. yage.austria@...

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) (662) 82 50 67
 
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Página1

"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 

En el cuerpo del e-mail, escribir nombres y apellidos y la ciudad donde residen.

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El programa se llama Ruido de Magia y va todos los Domingos de 15 a 17hs. La frecuencia es FM 97.7 RADIO G en la web www.radiog.com.ar la radio queda en Los Andes 1260. Bernal. 
*Marcelo Insua marceloinsua@...
 
 
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#57 De: inventivaedicion@...
Fecha: Jue, 4 de Ago, 2005 2:56 pm
Asunto: DE DARWIN A BUSH
inventivaedicion@...
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De Darwin a Bush...
 
Encuesta*
( y ejercicio de escritura...)
 
He aquí una encuesta que propone consecuencias literarias, la premisa es contestar la encuesta y justificar la respuesta en un escrito breve de no más de 1500 caracteres. como siempre el estilo es libre (vale poema, prosa, cuento, modo ensayo, o como se pueda), los escritos se publicarian el 9 de agosto.
 
Abrazo intemporal.
 
*Urbano Powell. urbanopowell@...
Pd: Enviar las respuestas al correo de la consultora. gracias
 
 
Encuesta...
 
El origen del hombre: ¿con qué teoría está más de acuerdo?
 
 Evolucionista: descendemos de Bush.
 Creacionista: Dios fue creado por el hombre.
 Otra:  ¿Como describirias tu teoria favorita?
 Ambas : ¿por que?
 Ninguna : ¿que alternativa propones?
 
Encuesta realizada por D & A. consultores.
Enviar respuestas en el cuerpo del mail, no en archivos adjuntos, a:
 
 
 
Un texto para pensar...
 
 
 
23 de April de 2003
 
Babilonia:  “La madre de todas las abominaciones”

Giselle Dexter y Roberto Bardini *

“Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. (...) Porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares”, escribe Jorge Luis Borges en “La lotería de Babilonia”, relato que forma parte de Ficciones, publicado en 1944.
 
Es casi seguro que ninguno de los soldados estadounidenses e ingleses que invadieron Irak, destruyeron Bagdad y observaron pasivamente el saqueo de Babilonia sepa quién es Borges. También es posible que ignoren que en tiempos de Mahoma los médicos árabes usaban una pasta de moho -que se formaba en los arneses de los burros de carga- para curar con éxito heridas infectadas. Ese hongo fue redescubierto en 1928 por el médico escocés Alexander Fleming, quien lo utilizó como antibiótico. El derivado de ese moho se conoce como penicilina.
 
Es probable, en cambio, que muchos de esos soldados invasores en algún momento de sus vidas se hayan beneficiado con la aplicación de la penicilina, suministrada más de dos mil años antes cerca, quizá, de los lugares que se dedicaron a demoler. El “infinito juego de azares”, otra vez.
Rhases, Avicena y Averroes
Doscientos años después de la muerte de Mahoma, los árabes ya son dueños de toda la sabiduría médica del mundo. Está concentrada en Bagdad, recolectada en China, Persia, la India. Muchos de los especialistas son judíos y cristianos. La Iglesia Ortodoxa bizantina considera “herejes” y persigue a quienes se dedican a la ciencia de curar. El médico de cabecera del califa Al Mansur, es un cristiano que arabizó su nombre: Ibn Bajtischu.
 
El historiador Rolf Palm escribe en Los Arabes - La Epopeya del Islam: “Las familias nestorianas de eruditos, expulsadas de la ortodoxia constantinopolitana del imperio bizantino, en su equipaje de fugitivos llevaron a su nueva patria mucha literatura científica que se convirtió en indeseable en su país. Y así como también en nuestro siglo los Einstein, obligados a la emigración por ideologías totalitarias, enriquecen la escena científica de sus países de asilo, así en la Bagdad tolerante y progresista, la medicina de Hipócrates y Galeno se abre como una nueva flor”.
 
Dos médicos se destacan en Bagdad. Abu-Bakr Mohammed Ibn-Zakaria ar-Rasi (865-925), originario de Teherán, será conocido en Europa muchos años después como Rhases. El otro se llama Ibn-Sina (980-1037) y es hijo de un astrónomo; será venerado más tarde en Occidente como Avicena por su avanzado Canon de la Medicina. También filósofo, Avicena es autor de unos clarificadores Comentarios acerca de la obra de Aristóteles.
Al-Rasi logra destilar en su laboratorio algo que aún lleva el nombre que él le dio: alcohol (del árabe, “al-kuahl”). También fabrica jarabe (“jarob”), para hacer más tolerables sus preparados a los pacientes, logra azucarear -o candear- frutas (“kand”: caña de azúcar) y crea las grageas dulces que se chupan hasta hoy.
Posteriormente, hay que mencionar a Abu Al-Walid Muhammad ibn Rusd (1126-1198), conocido como Averroes, nacido en Córdoba (España). Averroes se destaca en todas las ciencias que estudia: medicina, filosofía, derecho, matemáticas y astronomía. Sus doctrinas filosóficas, inclinadas hacia el materialismo y el panteísmo, fueron condenadas por la Universidad de París y el Vaticano. Los señores feudales europeos de la época, en contraste, no sabían leer, ni escribir o, mucho menos, hacer un elemental cálculo geométrico.
El Islam lleva sus conocimientos a los confines. La primera escuela de Medicina establecida en Europa es obra de los árabes en Salerno (Italia). Lo mismo sucede con el primer observatorio astronómico, erigido en Sevilla (España).
Ciencia árabe y exorcismo católico
Durante la Edad Media, en Occidente el catolicismo opone el exorcismo a cualquier competencia médica que opere científicamente. En lugar de ocuparse de la higiene del pueblo, los monarcas católicos intentan seguir el ejemplo bíblico de Cristo... y curan con la mano. En el siglo XI, Eduardo, confesor de Inglaterra, pasa su mano a más de mil enfermos por día y afirma: “Yo te toco, Dios te cura”.
Pasa mucho tiempo -y 25 millones de muertos en tres años- antes de que se sepa que no es el pecado el origen de las pestes, sino la prohibición de bañarse. A eso se suma la contaminación ambiental: carencia de desagües, basura en todas partes y cadáveres putrefactos de animales en las calles. En el siglo XIV Europa contrasta con las ciudades árabes, donde hay limpieza en las calles, hábito del baño y control sanitario de alimentos.
Trescientos años antes, Avicena es director de un hospital de Bagdad e inicia la costumbre de tomar exámenes de capacitación para médicos. Tomando como base sus autorizaciones por escrito para ejercer la práctica, los historiadores modernos logran establecer cuántos médicos había en la ciudad de dos millones de habitantes: 860, uno cada 2 mil 325 personas, una cifra récord para la época.
Avicena descubre que la meningitis y la tuberculosis son infecciosas y que el cáncer no aparece localmente delimitado, sino que indica una afección del sistema. Su Canon sigue siendo una sensación para Occidente medio siglo después de su muerte.
Occidente “descubre” a posteriori cuestiones que ya se conocían en Oriente. El ginecólogo Ali Ibn-Abbas, inventor del espéculo vaginal, escribió un tratado -mil años antes que el naturalista y fisiólogo Charles Darwin- acerca de las adaptaciones de los órganos a sus funciones. Abdul Kassim practica la ligadura de arterias con la misma técnica que un cirujano francés quedará registrado en la historia de la medicina seiscientos años después. Ibn an-Nafis, jefe médico de un hospital de El Cairo, describe la circulación sanguínea en el siglo XIII, cuatrocientos años antes que el inglés William Harvey, a quien se atribuye el descubrimiento.
Triste, solitario y final
Antes de cumplirse cien años de la muerte de Mahoma, los árabes tradujeron a los principales filosófos griegos y poemas épicos como La Ilíada y La Odisea, que en Occidente se consideraban no religiosos por sus alusiones mitológicas. Bajo el reinado de Al Manzur (753-775), la residencia del gobierno se trasladó a Bagdad, donde se fundaron escuelas de medicina, jurisprudencia y astronomía. Durante el califato de los Abásidas, que comenzó en 762 y se extendió hasta la invasión de los mongoles en 1258, Bagdad era llamada “la Ciudad de Paz”. Fue capital cultural del Islam y cabecera de uno de los imperios más grandes de la historia, que se extendía desde España hasta la India.
El nieto de Al Manzur, Harun Al Raschid, conocido como El Justo, continuó con su obra. Gobernó de 786 a 809 e inauguró escuelas destinadas al pueblo, creó universidades de Letras para que los lectores árabes accedieran a los autores griegos y multiplicó los hospitales y las academias de medicina. Durante su mandato, fueron copiadas a lápiz varias versiones de Las Mil y una Noches.
Los arqueólogos especializados en el Oriente árabe calculaban en más de diez mil el número de sitios arqueológicos que existían en Irak. Sabían que en esos lugares inexplorados existían piezas que ofrecían testimonio de la historia mesopotámica y las culturas sumeria, babilónica y asiria. Fue esa civilización la que, hace más de seis mil años, fundó las primeras ciudades, creó la primera escritura, dictó las primeras leyes y cantó los primeros poemas de la Humanidad.
El Museo Nacional de Badgad conservaba estaba la colección de antigüedades mesopotámicas más importante del mundo. Entre ellas, había miles de tablas de arcilla con escritura cuneiforme, muchas aún no descifradas. Durante los bombardeos de la guerra del Golfo Pérsico, en 1991, los curadores iraquíes pusieron en riesgo sus vidas durmiendo en el museo para protegerlo de las bombas. Actualmente, muchos arqueólogos e historiadores se preguntan qué habrá ocurrido con esas piezas.
Sabiduría al revés
Para la Iglesia católica, en cambio, la “Gran Babilonia”, simboliza el poder pagano. Es “la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra”. En el Apocalipsis (18:2-5) se lee: “Caída es la grande Babilonia, habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles. Porque todas las gentes han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites”.
El califa Muawia, fundador de la dinastía umaida en el siglo VII, convirtió a Damasco en la capital del imperio, construyó los primeros hospitales, orfanatos y manicomios de la historia e inició la época gloriosa del Islam. Muawia acostumbraba a decir: “No utilizo mi espada donde alcanza el látigo, ni uso el látigo donde es suficiente con mi palabra”.
Suplante el lector tres términos: “misil” por espada, “sanción” por látigo y “negociación” por palabra. E invierta el orden de la frase. El resultado será más o menos así: “No negocio donde alcanza la sanción, ni uso la sanción donde puedo utilizar el misil”. De esa forma se puede resumir la sabiduría de George W. Bush, quien en su juventud recorrió varios hospitales para curar su afición al alcohol y, si la historia es justa, terminará internado en un manicomio.
Giselle Dexter
© Roberto Bardini
bambupress@...

* Giselle Dexter es historiadora uruguaya residente en Estados Unidos y
Roberto Bardini es periodista argentino radicado en México.
 
-Este texto fue enviado para compartir  por Horacio Rossi. lacho51@...

 
 
Correo:
 
DOCUMENTO DE LA MULTISECTORIAL*     Marcha Nº79
  
Jueves 04/Agosto/2005
 
        Marcha Nº79. Hace algún tiempo, en los meses previos a la intervención federal a Santiago de Estero, el ministro del interior, manifestándose al respecto, dijo que el gobierno nacional no tenía vocación intervencionista.
Daba la sensación, a partir de esa declaración, que la aplicación de la Constitución Nacional, quedaba a criterio de quienes tuvieran la vocación de cumplir con la misma. No importaba demasiado que un gobierno provincial, como el nuestro, por ejemplo, desconozca absolutamente las leyes y los preceptos que conforma nuestro contrato político y social que es la Constitución Provincial, sujeta en todas sus partes a la Constitución Nacional.
Daba la sensación, insistimos, que su aplicación quedaba supeditada a la interpretación, en muchos casos antojadiza, de los funcionarios de turno que podrían optar, si era necesario, por negociar conforme a los intereses partidarios y no a los sagrados intereses del pueblo argentino.
Han sido presentadas, oportunamente, ante el Senado de la Nación, pruebas contundentes e inobjetables de los desmanes a que somete esta parodia de gobierno a las instituciones del estado provincial, con la anuencia de jueces y legisladores que parecen haber sido reclutados, no en el claustro luminoso de las universidades ni en el templo republicano que debieran ser los partidos políticos, si no en las periferias de la ética y los principios, donde se nutren las organizaciones ejercitadas en regentear la lacra del prostíbulo.
Pero, si hay algo que no han logrado quebrantar, además de nuestra inclaudicable vocación ciudadana, es nuestra disposición a la esperanza. Intacta esperanza que nos mantiene a la espera, confiados en que llegará el tiempo de la reflexión y que, por sobre las dudas y la mezquindad, privará la razón y la responsabilidad, y la intervención federal a la descompuesta justicia de nuestra provincia, nos dará lugar a que empecemos a refundar un estado de respeto en donde la equidad sea el metro con que se mida a todos por igual.
Debe llegar el tiempo de los premios y el tiempo de los castigos.
Nos hemos empeñado en ello y no retrocederemos.
Vamos a lograr que sea reconocida la inestimable labor de los maestros. La de los empleados públicos. La de todos los trabajadores, sin distinción alguna que no sea la que surge de la lógica y la capacidad.
Pero también, vamos a bregar para que se enjuicie y se castigue a los artífices del despropósito y de las oscuras conveniencias.
Estamos en contra, como no vamos a estarlo, de que el Consejo Deliberante de la ciudad de San Luis se esté transformando en un reclutamiento de punteros políticos y que los nombramientos en planta permanente se decidan por una cuestión de parentesco y no respetando las reglas contempladas en el escalafón.
Nos oponemos en forma terminante a que se implemente en la escuela pública una especie de organización fascista que pueda decidir por si misma, que tal o cual alumno sea proclive a la delincuencia o a la drogadicción y sea este, separado del sistema educativo porque así lo estima un empleado de seguridad comunitaria, que pasaría por una suerte de malabar histérico, de ser un reprimido a erigirse en represor, para convalidar una vez mas aquello de que “no hay peor tirano que un esclavo con poder”.
Hemos entrado en un tiempo electoral. Tiempo de ponerle precio a los supuestos favores de quienes disponen de los dineros públicos.
Han implementado una ayuda de cuarenta pesos mensuales, y durante seis meses, a los jubilados provinciales, y aunque es bienvenida cualquier ayuda al sector mas castigado por este sistema, es evidente que tiene toda la forma de la compra de votos. Pero, esto no es todo, la falta de respeto y de consideración a nuestros mayores va mucho mas allá, hay algo mas absurdo y siniestro que esta torpe intención proselitista, hay algo que solo puede caber en la enfermiza imaginación de quien ha hecho de la torpeza y la imbecilidad su culto mas sagrado; su ideal mas profundo; su parámetro mas alto. La condición para acceder a este pobre beneficio pasa por aceptar el compromiso de dar a cambio, su colaboración en el mantenimiento de jardines públicos y en la plantación de árboles.
Piensen ustedes; imaginen ustedes a hombres y mujeres de setenta u ochenta años; transitando la vía pública en las crueles mañanas de invierno, munidos de un balde, una pala o un pico, dando a cambio un esfuerzo que ya no poseen por un magro beneficio que mas parece una burla pergeñada por una mente retorcida nacida en un aquelarre, que un premio o una ayuda a la vejez.
Han utilizado a muchos empleados de la inclusión social, como fuerza de choque en contra de los maestros; los empleados viales; los empleados municipales y todo aquel que se animara a elevar su voz de protesta. Nos consta, que de la ciudad de Villa Mercedes trajeron empleados de inclusión armados con garrotes y cadenas con la intención de amedrentarnos o agredirnos en nuestras marchas, con la promesa de incluirlos en las listas, ocupando candidaturas en la próxima elección, y ahora, ante el olvido, es a ellos a quienes amenazan si se atreven a reclamar.
En estos momentos, están presentando en el teatro Berta Elena Vidal de Batini, un libro que trata sobre la vida y obra de Ramón Carrillo.
Precisamente, aquí en San Luis, en donde se hace todo lo contrario a lo que este prohombre predicaba. El, que fue el mentor en el gobierno justicialista, de la organización de una salud pública al alcance de todos, es utilizado malamente en esta provincia en donde en lugar de asistir, se mata. En donde en lugar de prevenir, se desprotege. En donde en lugar de asumir el rol de un estado con presencia activa, se terceriza y se deja en manos privadas, la atención de la salud del pueblo de San Luis.
Insistimos, estamos a la espera de que el gobierno nacional asuma en todas sus formas la responsabilidad que establece la Constitución Nacional con respecto a las provincias y adopte los recaudos previstos en nuestra carta magna, evitando de esta manera, enfrentamientos que solo servirán para poner una mancha mas al ya oscurecido panorama provincial.
Hasta la victoria final, comprovincianos.

                        MULTISECTORIAL DEL PUEBLO DE SAN LUIS

*Difusión FREGEN (Integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos) www.fregen.org.ar
-Enviado por Jorge Daffra. jdaffra@...
 
 
*
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 7 de agosto del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor mexicano Mario Lavista. Las poesías que leeremos pertenecen a Luisa Futoransky (Argentina) y la música de fondo será Machu
Picchu
(Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg
AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

 
*
 
Inventren: Narrativa y poesía circulando por  vías dormidas de la Argentina.
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Concurso de Cuento Wolfgang Amadeus Mozart* 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
 
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
 
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
 
*
EDITORIAL: número 72 de XICÓATL

4. CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
CONCURSO DE CUENTO „W. A. MOZART“
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
PORTUGUÉS:
Concurso de Contos Wolfgang Amadeus Mozart
 
PARTICIPAÇÃO:
-          Para trabalhos inéditos, em prosa.
-          Gênero: conto.
-          Tema: Wolgang Amadeus Mozart.
-          Idiomas: espanhol ou português.
-          Extensão máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, espaço simples.
-          Prazo para o envio dos contos: 30 de SETEMBRO de 2005.
Para participar, faça um só envio pelo correio eletrônico (assunto: Concurso Mozart/psedonimo) que contenha dois anexos em formato Word: o primeiro com “pseudonimo+conto” e o segundo com “pseudonimo+dados” (nome, endereço postal, eletrônico e número de telefone e fax bem como um breve curriculum vitae. Envie os arquivos para um dos endereços relacionados a seguir: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... .(Caso não venha a funcionar um deles, então terá a possibilidade de  utilizar o outro endereço eletrônico. O endereço eletrônico yage.austria@... não admite e-mails provenientes de Hotmail, bol.com.br e possivelmente outras empresas.
 
PRÊMIOS:
 
-          Serão entregues três prêmios no valor de 500 euros cada.
-          Menção de Honra e publicação bilíngüe dos trabalhos destacados.
-          Os resultados serão publicados no # 74 do Magazin Cultural Latino-Americano XICóATL (Ano 15, janeiro/março/2006, edição digital [ www.euroyage.com ] e impressa).
 

*Dr. Luis Alfredo Duarte Herrera. yage.austria@...

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) (662) 82 50 67
 
 
 
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#56 De: inventivaedicion@...
Fecha: Dom, 31 de Jul, 2005 5:05 pm
Asunto: DE ESTATUAS Y LEJANÍAS
inventivaedicion@...
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De estatuas y lejanías...
 
 
 
SABIDURÍA*

    
Edipo se acercó a la Esfinge.
     La Esfinge era hermosa y distante.

     Simétrico rostro de mujer, bellísimo busto, grácil cuerpo sedente de  animal de presa. Patas delanteras extendidas, laxas; patas traseras prontas al salto. Siempre vigilante, siempre en quietud. Ni dormida ni en movimiento, su calma era la de quien demuestra soberanía controlando el músculo y el erizarse de los cabellos.
     Frágil solidez de quien no puede darse ni al reposo ni a la furia. Pero desde aquí lo vemos; no vio esto Edipo en la mujer animal. Le fue dado el temor y la admiración frente a lo terrible. Y le fue dada, también, la paralizante atracción que halla su sujeto en quien ha de destruirnos.
     La Esfinge proferiría su enigma, su pregunta afilada, certera, aguda; su pregunta que condenaría la falta de entendimiento con la ganada muerte.
     Edipo lo sabía. Había realizado su jornada para el lívido momento en que el enigma definiese su suerte. Y ahora aguardaba. Por un instante miró  el cielo por si fuese última visión, dibujó con ternura la silueta de un  árbol en su memoria.
     Los ojos de la Esfinge eran espejos de cristal de roca.
     Edipo recibió el peso del temor a la propia ignorancia, le tembló el pecho frente a la belleza exacta de ese ser maravilloso de contornos perfectos. La imaginó invulnerable, casi aceptó como inevitable y lógica, acaso necesaria, la desaparición de su contingente persona frente a la evidente solidez de la criatura.
     Este inabarcable ser semejaba conocer los secretos del universo. Su calma merecía ser producto de su seguridad.
     Y la Esfinge ejerció la veladura del silencio para mentir sabiduría.
     La Esfinge, inmóvil como los dioses frente a la agitación de los hombres, ocultó su ignorancia con la lejanía de una máscara hueca, la arrogancia de una pose estatuaria. Su silencio no era otra cosa que un
oscuro despojo, un muro que protegía la nada. Mostraba sólo lo pasible de causar admiración, ocultaba el vacío del centro.
     La Esfinge nada sabía, nada comprendía, y era, como nosotros, hábil para la destrucción pero negada para el acto generoso de crear.
     Su majestad no le permitía dudas o inaceptables cuestionamientos.
Estaba condenada a las sentencias y a la brevedad. Si no hablaba, no se advertiría su carencia. No mostraría la cera en la grieta del mármol, no permitiría cercanías que pudieran propiciar el hallazgo de la imperfección.
     La belleza exacta no se arriesga a mostrar el perfil opuesto, curvar el cuello, producir modificaciones en la obra conclusa. La ignorancia no es capaz de quitarse el velo que cubre su desnudez.
     Edipo, que viendo a la Esfinge veía los ropajes del hierático desprecio; Edipo, quien siendo un hombre se sentía ínfimo frente a un oráculo certero; Edipo, engañado por la Esfinge, la creyó sabia e infalible.
     Antes de que la desmesurada voz declamase el acertijo, se daba ya por muerto.
     Se alegraba, quizás, de su cercana desaparición. Engañado por la aparente esfericidad del monstruo, deseó que su persona imperfecta no manchase la pureza del ser fabuloso.
     Pensó que sería un honor alimentar al prodigio. Se resignó a su destino, acaso lo satisfizo que el hilo de su vida fuese cortado por un adversario de tamaña dignidad.
     Otro instante se demoró la Esfinge en plantear el acertijo. Sabía que la teatralidad le era necesaria para no desmoronarse. La ejercía con impecable oficio.
     Con voz de Sibila, de Oráculo, con voz de Ídolo de bronce y pedrería la Esfinge desplegó las palabras que serían su derrota.
    No era el enigma un cofre inviolable. Edipo halló la llave. Con íntima desazón Edipo halló la llave. Con alivio también, pero con desazón Edipo desató el nudo de palabras.
     Y se alejó luego de contemplar cómo se despeñaba la Esfinge desde lo alto de la Acrópolis. Pensó "no he de despeñarme yo por una falla, no he de morir por orgullo ni ceder a la tentación de la soberbia, y no he de confiar ingenuamente en la sabiduría de las estatuas".
    
 Lo olvidó luego, como a todos los alumbramientos que nos proponemos tallar en la memoria.

                                                                   
 *de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
Peligro*
 
*Por Eduardo Galeano  

 El poder come miedo. Sin los demonios que crea, perdería sus fuentes de justificación, impunidad y fortuna. Sus satanes –Bin Laden, Saddam Hussein o los próximos que aparezcan– trabajan, en realidad, como gallinas de los huevos de oro: ponen miedo. ¿Qué conviene enviarles? ¿Verdugos que los ejecuten o médicos que los cuiden?
El miedo distrae y desvía la atención. Si no fuera por los servicios que presta, lo evidente quedaría en evidencia: en realidad, el poder se mira al espejo y nos asusta contando lo que vio. Peligro, peligro, grita el peligroso.
El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados ¿se reduce a mero terrorismo? ¿Son terroristas y nada más que eso, pongamos por caso, los actos de desesperación suicida de los palestinos desalojados de su país y los ataques de la resistencia nacional contra las fuerzas extranjeras que ocupan Irak?

El mundo patas arriba nombra al revés. El poder, enmascarado, niega el sentido común.

Si así no fuera, ¿podría caber alguna sombra de duda de que el actual gobierno de Israel practica el terrorismo, el terrorismo de Estado, y difunde la locura? A medida que ese gobierno devora más y más tierras y más humillaciones inflige al pueblo palestino, más respuestas criminales genera. Y esos atentados, que matan inocentes, le sirven de pretexto para matar muchos más inocentes y para cometer cuantas atrocidades se le ocurran.
Si algún resto de sentido común quedara en el mundo, resultaría increíble que Ariel Sharon pueda hacer lo que está haciendo con absoluta impunidad, como si fuera la cosa más normal: invade y acribilla territorios ajenos; alza un muro que deja chico al de Berlín, de triste memoria, para blindar lo que usurpa; anuncia públicamente que asesinará a Yasser Arafat, un jefe de Estado democráticamente elegido por su pueblo; y bombardea Siria, a sabiendas de que los Estados Unidos vetarán, como de costumbre, cualquier condenación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Ocurre que en este mundo los países y las personas se cotizan en la Bolsa, y su valor depende de la geografía del poder.
¿Cuántos inocentes volaron en pedazos, sin comerla ni beberla, en la última guerra de Irak? Los vencedores no han tenido tiempo para contar a sus víctimas, civiles que existían y ya no existen, porque han estado ocupados buscando las armas de destrucción masiva que no existían ni existen.
No hay, pues, cifras oficiales. Los cálculos oficiosos más serios han contado, sin embargo, no menos de siete mil setecientos muertos civiles, muchos de ellos niños, mujeres y viejos. ¿Cuánto valen esas vidas? En proporción a la población, la cantidad de iraquíes destripados equivale a noventa y cuatro mil estadounidenses. ¿Qué hubiera pasado si el país invasor hubiera sido el país invadido? Las víctimas norteamericanas de semejante carnicería seguirían siendo el tema perpetuo de los medios de comunicación masiva. Las víctimas iraquíes no merecen, en cambio, nada más que silencio.
De sobra se sabe que el robo fue el único móvil de esta matanza, cometida con premeditación y alevosía. Pero los asesinos en serie siguen diciendo que hicieron lo que hicieron en defensa propia, y no están presos ni arrepentidos. El crimen paga: desde las cumbres del poder, ellos amenazan al mundo con nuevas hazañas, mintiendo peligros, inventando enemigos, sembrando el pánico.
El presidente Bush adora citar el Apocalipsis, pero más práctico sería que citara los noticieros, que son más actuales y dicen más o menos lo mismo.
Aquel espeluznante texto bíblico, una profecía contada en tiempo pasado, era más bien exagerado y se equivocaba en las cifras, pero hay que reconocer que las noticias del mundo de hoy se le parecen bastante. Decía el Apocalipsis: “Junto al gran río Eufrates fue exterminada la tercera parte de los hombres por el fuego, el humo y el azufre”. Y también decía: “La tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera parte de los árboles quedó abrasada, toda hierba verde quedó abrasada. Pereció la tercera parte de las criaturas que tienen vida en el mar. Mucha gente murió por las aguas de los ríos, que se habían vuelto amargas”.
El autor, San Juan o quien haya sido, atribuía estas catástrofes a la ira divina. El nunca había oído hablar de las bombas inteligentes, ni del dióxido de carbono, ni de la lluvia ácida, ni de los pesticidas químicos, ni de la basura radiactiva. Y no podía imaginar que la sociedad de consumo y la tecnología de la devastación serían más temibles que la cólera de Dios.
Bombas contra la gente, bombas contra la naturaleza. ¿Y las bombas de dinero? ¿Qué sería de este modelo de mundo enemigo del mundo sin sus guerras financieras?
En más de medio siglo de existencia, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han exterminado una cantidad de gente infinitamente mayor que todas las organizaciones terroristas que en el mundo son o han sido. Ellas han contribuido, de muy poderosa manera, a hacer el mundo tal cual es. Ahora este mundo, que hierve de indignación, asusta a sus autores.
“El Banco Mundial, apóstol de la privatización, sufre una crisis de fe”, comenta el diario The Wall Street Journal. En un informe reciente, el Banco descubre que la privatización de los servicios públicos, que sus funcionarios han impuesto y siguen imponiendo a los países débiles, no es exactamente un maná del Cielo, sobre todo para los pobres abandonados a su suerte. Alarmado por las consecuencias de sus actos, el Banco dice, ahora, que habría que consultar a los pobres y que los pobres “tendrían que supervisar las inversiones privadas”, aunque no explica cómo podrían realizar esta tareíta. Y los pobres también preocupan al Fondo Monetario, que se ha pasado la vida estrangulándolos: “Es preciso disminuir las desigualdades sociales”, concluye el director del Fondo, Horst Köhler, después de meditar el asunto.

Los pobres no saben cómo agradecer tanta gentileza.

Estos organismos, que ejercen la dictadura financiera en el orden democrático, de democráticos no tienen nada: en el Fondo, cinco países deciden todo; en el Banco, siete. Los demás ni pinchan ni cortan.
Tampoco es democrática la dictadura comercial. En la Organización Mundial de Comercio nunca se vota, aunque el voto está previsto en los estatutos. La organización colonial del planeta correría peligro si los países pobres, que suman la abrumadora mayoría, pudieran votar. Ellos están convidados al banquete, para ser comidos.
La dignidad nacional es una actividad no rentable condenada a desaparecer, como la propiedad pública, en el mundo subdesarrollado. Pero cuando las dignidades se juntan, otro gallo canta. Eso ocurrió en Cancún, recientemente, en la reunión de la OMC: los países despreciados, los mentidos, se unieron en un frente común, por primera vez después de muchos años de soledad y de miedo. Y naufragó la reunión, convocada, como de costumbre, para que la mayoría ejerciera su derecho de obediencia.

Está ocurriendo por todas partes: resulta que el poder no es tan poderoso como dice que es.
 
 
 
 
Angel mendigo*

¿Adónde irás, pequeño
ángel mendigo de sol y de silencio?
¿Acaso han de juzgarte las estrellas
por haber merendado sonrisas de oreja a oreja
de simpáticos vendedores a comisión
de sepulcros llameantes metalizados en gris?
¿Quién te buscará entre las paginas amarillentas
de un polvoriento libro de poemas?
¿Qué será de tus juegos infantiles
archivados en la noche de los tiempos?
¿Adónde irás cuando el sol te abandone
y te arrebaten el silencio que te acompaña?
¿Adónde con tu soledad de vampiro?
¿Dónde sepultarán tus trenzas imaginarias
de astronauta abandonado entre las flores?

Tu expresión conspirante de una juventud negada,
la huella imperdonable del trabajo,
el polvo y el sudor y el esfuerzo rutinarios,
la sonrisa triste de tus labios resquebrajados,
¿Adónde irán? ¿Adónde
desesperadamente viejos y cansados
nos conducirás cuando tus manos encallecidas
no puedan ya elevarse sobre nuestras cabezas
y tu voz oscurecida no pueda ser escuchada
ni aun por aquellos escasos oídos que en la tarde
se postraban ante tus vírgenes quimeras
haciendo del espacio un bosque fiero
donde escapar contigo del asfalto?

¿Quién besará tus labios más allá de la noche?

Antes serás demonio sobre el sueño
pero cada despedida es una paletada de tierra
y crepúsculos tormentosos se ciernen amenazantes
sobre nosotros los desesperados
soñadores de galaxias entrelazadas.

De "La Estrecha Senda Inexcusable"

*Sergio Borao Llop.
sergiobllop@...
http://www.aragonesasi.com/sergio
http://blogia.com/sbllop
 
 

Descubierto nuevo planeta con superficie de metano*

Un planeta con nombre de sopa de números y letras: 2003UB313 
 
Un astrónomo estadounidense descubrió "el décimo planeta del sistema solar", informó la NASA. Para dar una vuelta al sol, el nuevo planeta toma 560 años. Internauta obliga a divulgar la primicia.

El nuevo planeta, conocido como 2003UB313, fue identificado como el objeto más distante del sol que se detectó alguna vez, informó el astrónomo Michael Brown, del Instituto de Tecnología de California. Brown y sus colegas Chad Trujillo y David Rabinowitz, del grupo investigador Caltech, presentaron un nombre para el objeto que detectaron a la Unión Astronómica Internacional y tienen confianza en que será designado como un planeta. Brown no reveló el nombre elegido.

Superficie de metano como la de Plutón
El procedimiento para aprobar el nuevo planeta es un poco confuso, ya que ningún nuevo cuerpo recibió esa designación desde que Plutón fue descubierto en 1930, de acuerdo con Brown. "Esperamos que no haya bastantes controversias entre quienes creen que Plutón es un planeta. Yo diría: "saquen sus lapiceros y comiencen a reescribir hoy los libros de textos".
Al igual que Plutón, se cree que la superficie del objeto es predominantemente de metano, aunque su tamaño -cerca de 2.700 kilómetros de diámetro- lo califica como planeta, de acuerdo con el astrónomo. La Tierra tiene un diámetro aproximado de 12.700 kilómetros. El nuevo planeta está situado a cerca de 14.500 millones de kilómetros del sol y tiene aproximadamente una vez y media el tamaño de Plutón, según los investigadores.

Vuelta al sol en 560 años
El cuerpo descubierto por los científicos da una vuelta al sol cada 560 años terrestres y actualmente está en su punto más lejano de la Tierra. En alrededor de 280 años, 2003UB313 estará a la misma distancia que Neptuno, explicó Brown.
Los expertos consideran que el nuevo planeta es parte del Cinturón Kuiper, un largo anillo de objetos congelados que se encuentran más allá de Neptuno y que se cree que son restos del material que formó el sistema solar. Brown dijo que el cuerpo fue detectado en enero por el telescopio Samuel Oschin en el Observatorio de Palomar, cerca de San Diego.

Españoles: "otro afuera del sistema solar"
El equipo Caltech, financiado en parte por la NASA, pretendía esperar hasta completar sus estudios para realizar el anuncio, pero decidieron difundir antes la noticia porque un pirata informático amenazó con divulgar sus datos, manifestó Brown. El anuncio llega un día después de que un equipo español de astrónomos dio a conocer el descubrimiento de otro objeto relativamente grande en el exterior del sistema solar. Ese objeto tiene cerca de las tres cuartas partes del tamaño de Plutón, según Brown.
*Fuente: DW / Agencias
 
*
  “Yo de chica, como tantos exploradores europeos en la Patagonia, veía muy bien ese aislamiento: para ellos había significado la posibilidad de extender sus dominios, para mí la de estar en un lugar donde la rutina se subvertía: los horarios, las comidas, los olores eran distintos a los de mi rutina cotidiana en una ciudad próxima, y nadie me preguntaba cómo me estaba yendo en la escuela. Fue después, en la adolescencia, que el aislamiento empezó a aparecerme, como a los exploradores del siglo diecinueve, algo negativo. Para ellos había sido la amenaza de lo no dominable, del territorio que se rebelaba a formar parte de una nación incipiente; para mí había empezado a ser lo que me alejaba del país donde ocurrían las cosas, de la gente que quería conocer, de los libros que quería leer. Se trataba de una cualidad que hacía de la Patagonia un espacio trastocado por alguna lógica pesadillesca en el que yo caminaría y caminaría sin dejar de estar siempre en el mismo lugar.”
 
* Extracto de Falsa calma, de María Sonia Cristoff.
 

CULTURA UNA COLECCION DEDICADA A LA CRONICA Y LOS RELATOS DE VIAJE  
 
“Me interesa el influjo de los lugares en las personas”
 
María Sonia Cristoff escribe crónicas acerca de la Patagonia pero discute los mitos. Su libro Falsa calma aporta a un género en crecimiento.  María Sonia Cristoff es autora de Falsa calma y una de las referentes en el género de la crónica y el relato de viaje. 

 A la hora de delinear su propia teoría del lugar sobre la Patagonia, María Sonia Cristoff arroja una hipótesis perturbadora: los lugares son como ánimas: “De algún modo ejercen sobre la gente un influjo tan poderoso, generan una atmósfera tan marcada, que terminan funcionando como presencias”, explica. Cristoff, una de las autoras destacadas dentro de un género que se está convirtiendo en un verdadero fenómeno, el de las crónicas, no está hablando de presencias sobrenaturales, desde luego, sino de una atmósfera conformada muy concretamente por factores sociales, políticos, geográficos. Y que las hay, dice ella, las hay.
Lo que puede sonar a idea decimonónica, acepta la escritora, aparece retratado con un interesante manejo literario de la crónica en su libro Falsa calma. Un recorrido por los pueblos fantasma de la Patagonia. Allí Cristoff desgrana eso que, habiendo nacido en Trelew, conoce de sobra: el aislamiento patagónico, materializado en cuatro pueblos (Cañadón Seco, El Caín, El Cuy y Maquinchao) y una localidad más grande, Las Heras, pero todos igualmente habitados por gente que vive con la sensación de estar “olvidada por la mano de Dios”, excluida de toda política estatal. Postales muy diferentes a la de la Patagonia casi mística que se vende por estos días. El libro de Cristoff inaugura una colección de Seix Barral que, además, llamó a un concurso junto a la Fundación Nuevo Periodismo, en busca del mejor proyecto de crónica (ver aparte).
El primer acercamiento de Cristoff a la crónica y al relato de viaje fue con Acento extranjero, una recopilación de relatos de viajeros en la Argentina (2000). En realidad, fue antes de eso, cuando viajó a una estancia de Tierra del Fuego contratada por los herederos de Thomas Bridges –uno de los primeros colonos que se asentaron en la isla– para traducir sus diarios. Cristoff también compiló y prologó Patagonia, una selección de relatos de escritores sureños contemporáneos que pintan su aldea, editada este año en la colección Geografías literarias, de editorial Cántaro (ver aparte). A contramano de cierta fe patagónica que hoy parece depositarse en el paisaje sin fin del sur argentino, para Cristoff la Patagonia sigue siendo una tierra olvidada, igual que en tantas crónicas añosas que ella leyó y recopiló. “Ese lamento por lo que falta, por lo que los gobernantes no proveen, está muy presente en el discurso de los patagónicos. Eso fue lo más difícil de resolver en la escritura: quería dar cuenta de eso, pero no quería quedar prisionera de ese lamento”, dice la autora. “Y el esfuerzo por evitarlo me hizo prestar mucha atención al tono y al lenguaje. Caí en la cuenta de que la crónica es un muy buen terreno para trabajar el lenguaje. Hay un malentendido que supone que es tan alto su poder referencial, que el relato es un vehículo menor, que no admite experimentaciones lingüísticas. Romper con ese malentendido es uno de los grandes intereses de la crónica en la actualidad.”
–¿Cómo fue el paso de recopilar a escribir relatos de viaje?
–En esas dos caras de la moneda hay un paso previo que es leer, todo empezó ahí, cuando me enfrenté a los diarios de Thomas Bridges y a la gran biblioteca de viajeros que había en su estancia. Fue una experiencia fundante en lo que tiene que ver con escribir, en el registro de las crónicas yo encontraba algo que me apelaba en el modo de narrar. Recopilar o compilar para mí es una de las instancias más de leer: uno lee y al mismo tiempo va delinenado hipótesis, puntos de vista, eso fue Acento extranjero. Después, a la hora de escribir, lo no ficcional y la Patagonia se me vuelven presencias irrefutables. No es que yo las elija tanto: aparecen. Cuando empecé a escribir este libro estaba muy interesada en la idea de pueblos fantasmas, de la decadencia, del abandono como tópico. Eso fue lo primero. Pero fue pensar eso e, inmediatamente, que los pueblos eran patagónicos. Lo que me interesaba era averiguar qué pasa entre un lugar y la gente que lo habita, qué influjo ejercen los lugares sobre las personas. A veces me parece que el tópico es más el lugar que cualquier otra cosa.
–¿Fue un trabajo casi periodístico el de ir a buscar las historias?
–Fui viajando y dejándome llevar, hasta que surgieron estos cinco lugares, casi por azar. Conocía el fenómeno, y conozco claramente de qué estoy hablando cuando me refiero al aislamiento patagónico. Pero no conocía ningún pueblo. Todas las historias que cuento son absolutamente reales, aunque con los nombres cambiados, claro. Y no me costó ningún trabajo dar con personajes tan marcados: están ahí, aparecen.
–En algunos capítulos, como el referido a El Caín, marca la incomodidad que le produce el lugar.
–La incomodidad y las ganas de salir corriendo siempre están. Es extraño, porque se llega a esos lugares y se queda un poco tomado por esa atmósfera. No es fácil entrar ni salir. Y esa atmósfera tiene mucho de “me quiero ir de acá, pero no me puedo mover”. Es rarísmo.
–La suya también es una forma de contradecir el mito patagónico, en el que la naturaleza no opone hostilidad sino más bien resulta sanadora. ¿Por qué cree que este mito es tan eficaz?
–Supongo que por una utopía de personas agotadas, que tienen la fantasía de encontrar en un lugar lo que en realidad no van a encontrar nunca. De eso se nutre el discurso turístico. Hay gente que va cinco días a ver el glaciar y se siente renacer. El mito funciona. Pero creo que si se va cinco días a un spa de Buenos Aires también se siente renacer. ¡Todos necesitamos descansar! No sé si es necesario trasladarse hasta la Patagonia, que hoy sigue siendo un lugar inaccesible, literalmente: no hay pasajes, salen carísimos, no hay conexiones internas... Y depende de los discursos que se apropien de ese mito, lo que subyace en las lecturas y los objetivos son distintos.
–¿Qué otros mitos funcionan hoy en relación con la Patagonia?
–Voy a hablar de las crónicas de viaje, que es de lo que sé: está el mito de la tierra vacía y sin límites, que es el que retoma el discurso turístico. Y hay muchas otras crónicas de pioneros (Andreas Madsen, Thomas Bridges, Emilio Ferro, el galés Abraham Matthews) que hacen referencia a otro mito, también vigente: el de la joya olvidada que tenemos ahí y que nadie sabe aprovechar, la herencia vacante, la gran tierra del abandono y el olvido.
–¿Y por qué cree que sigue vigente?
–Insisto, voy a hablar sólo de lo que leí, porque el contenido político está ahí. Cito un caso puntal: Bayley Willis, autor de una crónica que se publicó con el título Un yanqui en Patagonia. Un geólogo norteamericano que viene a principios del siglo XX, contratado por Ramos Mejía para trazar las vías del Ferrocarril Transpatagónico y buscar cuencas fluviales. La descripción que hace de las trabas burocráticas, de los intereses de las grandes compañías ferroviarias, de los sobornos que en esa época ya se veían en el Congreso, es increíble. Entonces, si la idiosincrasia de los gobiernos argentinos sigue siendo idéntica, si se permite que cualquier interés haga lo quiera, si están las petroleras que establecen contratos leoninos, pero están los políticos que lo permiten... está claro por qué sigue funcionando. Realmente la Patagonia es una tierra olvidada. Para cualquiera que se corra un poquito de la ruta turística, eso está clarísimo.


Lugares y palabras

  - “Entonces oyó por primera vez la palabra Patagonia: un amigo ruso se había internado en ella; había vuelto rico; se había tirado al Río de la Plata con una piedra atada a la cintura.” Sara Gallardo.

- “Alguna vez escribí en un prólogo Venecia de cristal y crepúsculo. Crepúsculo y Venecia para mí son dos palabras casi sinónimas, pero nuestro crepúsculo ha perdido la luz y teme la noche y el de Venecia es un crepúsculo delicado y eterno, sin antes ni después.” Jorge Luis Borges.

- “Antes que una ciudad del mundo real, París, para mí como para millones de otras personas de todos los países, ha sido una ciudad imaginada a través de los libros, una ciudad de la que uno se apropia leyendo.” Italo Calvino.

- “Dostoievski decía: ‘Sumido en esa bruma, una idea extraña y obsesiva ha cruzado por mi mente una infinidad de veces: ¿y si un día la niebla se disipa y desaparece? ¿Desaparecerá también esa ciudad putrefacta y viscosa, se desvanecerá como el humo?’” Nina Berberova.

- “La ciudad no hace nada. No oyes nada, salvo el ruido del mar y los ecos de una historia extraordinaria.” Lawrence Durrell.
* Textos citados en la colección Geografías literarias, de Editorial Cántaro.
 
*
  Cierto auge de la crónica y del relato de viaje moviliza en el último tiempo a la industria editorial argentina, y la colección Crónicas de viaje, que se inaugura con el libro de María Sonia Cristoff, es uno de los ejemplos. La colección prevé, en principio, cinco libros por año, uno de ellos una traducción, y entre los títulos ya editados o de próxima aparición figuran Con la muerte en el bolsillo. Seis desaforadas historias de narcotráfico, de la mexicana María Idalia Gómez y Darío Fritz, argentino radicado en México; Equipaje de mano. Crónicas de viaje, del chileno radicado en la Argentina Juan Pablo Meneses, y El interior. La gran crónica de la Argentina contemporánea, de Martín Caparrós. El dato llamativo de la colección radica en el premio pensado para nutrirla: Seix Barral y la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por Gabriel García Márquez, convocan a un concurso que premiará al mejor proyecto de crónica con 20.000 dólares, para financiar la investigación y la escritura del libro. Entre otros proyectos editoriales que difunden el género, Cántaro lanzó la colección Geografías literarias, donde Cristoff prologa y selecciona el tomo sobre la Patagonia. Roma, San Petesburgo, Londres, París, Uruguay, Venecia y Alejandría, entre otros lugares, son visitados, entre otros, por Gustave Flaubert, Marguerite Yourcenar, Marcel Proust y el desconocido más famoso del Río de la Plata: Francisco Piria, fundador de Piriápolis.

*Fuente: diario Página/12
 
 
Después del almuerzo*
Después del almuerzo yo hubiera querido quedarme en mi cuarto leyendo, pero papá y mamá vinieron casi en seguida a decirme que esa tarde tenía que llevarlo de paseo.
Lo primero que contesté fue que no, que lo llevara otro, que por favor me dejaran estudiar en mi cuarto. Iba a decirles otras cosas, explicarles por qué no me gustaba tener que salir con él, pero papá dio un paso adelante y se puso a mirarme en esa forma que no puedo resistir, me clava los ojos y yo siento que se me van entrando cada vez más hondo en la cara, hasta que estoy a punto de gritar y tengo que darme vuelta y contestar que sí, que claro, en seguida. Mamá en esos casos no dice nada y no me mira, pero se queda un poco atrás con las dos manos juntas, y yo le veo el pelo gris que le cae sobre la frente y tengo que darme vuelta y contestar que sí, que claro, en seguida. Entonces se fueron sin decir nada más y yo empecé a vestirme, con el único consuelo de que iba a estrenar unos zapatos amarillos que brillaban y brillaban.
Cuando salí de mi cuarto eran las dos, y tía Encarnación dijo que podía ir a buscarlo a la pieza del fondo, donde siempre le gusta meterse por la tarde. Tía Encarnación debía darse cuenta de que yo estaba desesperado por tener que salir con él, porque me pasó la mano por la cabeza y después se agachó y me dio un beso en la frente. Sentí que me ponía algo en el bolsillo.

-Para que te compres alguna cosa -me dijo al oído-. Y no te olvides de darle un poco, es preferible.

Yo la besé en la mejilla, más contento, y pasé delante de la puerta de la sala donde estaban papá y mamá jugando a las damas. Creo que les dije hasta luego, alguna cosa así, y después saqué el billete de cinco pesos para alisarlo bien y guardarlo en mi cartera donde ya había otro billete de un peso y monedas.

Lo encontré en un rincón del cuarto, lo agarré lo mejor que pude y salimos por el patio hasta la puerta que daba al jardín de adelante. Una o dos veces sentí la tentación de soltarlo, volver adentro y decirles a papá y mamá que él no quería venir conmigo, pero estaba seguro de que acabarían por traerlo y obligarme a ir con él hasta la puerta de calle. Nunca me habían pedido que lo llevara al centro, era injusto que me lo pidieran porque sabían muy bien que la única vez que me habían obligado a pasearlo por la vereda había ocurrido esa cosa horrible con el gato de los Álvarez. Me parecía estar viendo todavía la cara del vigilante hablando con papá en la puerta, y después papá sirviendo dos vasos de caña, y mamá llorando en su cuarto. Era injusto que me lo pidieran.

Por la mañana había llovido y las veredas de Buenos Aires están cada vez más rotas, apenas se puede andar sin meter los pies en algún charco. Yo hacía lo posible para cruzar por las partes más secas y no mojarme los zapatos nuevos, pero en seguida vi que a él le gustaba meterse en el agua, y tuve que tironear con todas mis fuerzas para obligarlo a ir de mi lado. A pesar de eso consiguió acercarse a un sitio donde había una baldosa un poco más hundida que las otras, y cuando me di cuenta ya estaba completamente empapado y tenía hojas secas por todas partes. Tuve que pararme, limpiarlo, y todo el tiempo sentía que los vecinos estaban mirando desde los jardines, sin decir nada pero mirando. No quiero mentir, en realidad no me importaba tanto que nos miraran (que lo miraran a él, y a mí que lo llevaba de paseo); lo peor era estar ahí parado, con un pañuelo que se iba mojando y llenando de manchas de barro y pedazos de hojas secas, teniendo que sujetarlo al mismo tiempo para que no volviera a acercarse al charco. Además yo estoy acostumbrado a andar por las calles con las manos en los bolsillos del pantalón, silbando o mascando chicle, o leyendo las historietas mientras con la parte de abajo de los ojos voy adivinando las baldosas de las veredas que conozco perfectamente desde mi casa hasta el tranvía, de modo que sé cuándo paso delante de la casa de la Tita o cuándo voy a llegar a la esquina de Carabobo. Y ahora no podía hacer nada de eso y el pañuelo me empezaba a mojar el forro del bolsillo y sentía la humedad en la pierna, era como para no creer en tanta mala suerte junta.

A esa hora el tranvía viene bastante vacío, y yo rogaba que pudiéramos sentarnos en el mismo asiento, poniéndolo a él del lado de la ventanilla para que molestara menos. No es que se mueva demasiado, pero a la gente le molesta lo mismo y yo comprendo. Por eso me afligí al subir, porque el tranvía estaba casi lleno y no había ningún asiento doble desocupado. El viaje era demasiado largo para quedarnos en la plataforma, el guarda me hubiera mandado que me sentara y lo pusiera en alguna parte; así que lo hice entrar en seguida y lo llevé hasta un asiento del medio donde una señora ocupaba el lado de la ventanilla. Lo mejor hubiera sido sentarse detrás de él para vigilarlo, pero el tranvía estaba lleno y tuve que seguir adelante y sentarme bastante más lejos. Los pasajeros no se fijaban mucho, a esa hora la gente va haciendo la digestión y está medio dormida con los barquinazos del tranvía. Lo malo fue que el guarda se paró al lado del asiento donde yo lo había instalado, golpeando con una moneda en el fierro de la máquina de los boletos, y yo tuve que darme vuelta y hacerle señas de que viniera a cobrarme a mí, mostrándole la plata para que comprendiera que tenía que darme dos boletos, pero el guarda era uno de esos chinazos que están viendo las cosas y no quieren entender, dale con la moneda golpeando contra la máquina. Me tuve que levantar (y ahora dos o tres pasajeros me miraban) y acercarme al otro asiento. «Dos boletos», le dije. Cortó uno, me miró un momento, y después me alcanzó el boleto y miró para abajo, medio de reojo. «Dos, por favor», repetí, seguro de que todo el tranvía ya estaba enterado. El chinazo cortó el otro boleto y me lo dio, iba a decirme algo pero yo le alcancé la plata y me volví en dos trancos a mi asiento, sin mirar para atrás. Lo peor era que a cada momento tenía que darme vuelta para ver si seguía quieto en el asiento de atrás, y con eso iba llamando la atención de algunos pasajeros. Primero decidí que sólo me daría vuelta al pasar cada esquina, pero las cuadras me parecían terriblemente largas y a cada momento tenía miedo de oír alguna exclamación o un grito, como cuando el gato de los Álvarez. Entonces me puse a contar hasta diez, igual que en las peleas, y eso venía a ser más o menos media cuadra. Al llegar a diez me daba vuelta disimuladamente, por ejemplo arreglándome el cuello de la camisa o metiendo la mano en el bolsillo del saco, cualquier cosa que diera la impresión de un tic nervioso o algo así.

Como a las ocho cuadras no sé por qué me pareció que la señora que iba del lado de la ventanilla se iba a bajar. Eso era lo peor, porque le iba a decir algo para que la dejara pasar, y cuando él no se diera cuenta o no quisiera darse cuenta, a lo mejor la señora se enojaba y quería pasar a la fuerza, pero yo sabía lo que iba a ocurrir en ese caso y estaba con los nervios de punta, de manera que empecé a mirar para atrás antes de llegar a cada esquina, y en una de esas me pareció que la señora estaba ya a punto de levantarse, y hubiera jurado que le decía algo porque miraba de su lado y yo creo que movía la boca. Justo en ese momento una vieja gorda se levantó de uno de los asientos cerca del mío y empezó a andar por el pasillo, y yo iba detrás queriendo empujarla, darle una patada en las piernas para que se apurara y me dejara llegar al asiento donde la señora había agarrado una canasta o algo en el suelo y ya se levantaba para salir. Al final creo que la empujé, la oí que protestaba, no sé cómo llegué al lado del asiento y conseguí sacarlo a tiempo para que la señora pudiera bajarse en la esquina. Entonces lo puse contra la ventanilla y me senté a su lado, tan feliz aunque cuatro o cinco idiotas me estuvieran mirando desde los asientos de adelante y desde la plataforma donde a lo mejor el chinazo les había dicho alguna cosa.

Ya andábamos por el Once, y afuera se veía un sol precioso y las calles estaban secas. A esa hora si yo hubiera viajado solo me habría largado del tranvía para seguir a pie hasta el centro, para mí no es nada ir a pie desde el Once a Plaza de Mayo, una vez que me tomé el tiempo le puse justo treinta y dos minutos, claro que corriendo de a ratos y sobre todo al final. Pero ahora en cambio tenía que ocuparme de la ventanilla, que un día alguien había contado que era capaz de abrir de golpe la ventanilla y tirarse afuera, nada más que por el gusto de hacerlo, como tantos otros gustos que nadie se explicaba. Una o dos veces me pareció que estaba a punto de levantar la ventanilla, y tuve que pasar el brazo por detrás y sujetarla por el marco. A lo mejor eran cosas mías, tampoco quiero asegurar que estuviera por levantar la ventanilla y tirarse. Por ejemplo, cuando lo del inspector me olvidé completamente del asunto y sin embargo no se tiró. El inspector era un tipo alto y flaco que apareció por la plataforma delantera y se puso a marcar los boletos con ese aire amable que tienen algunos inspectores. Cuando llegó a mi asiento le alcancé los dos boletos y él marcó uno, miró para abajo, después miró el otro boleto, lo fue a marcar y se quedó con el boleto metido en la ranura de la pinza, y todo el tiempo yo rogaba que lo marcara de una vez y me lo devolviera, me parecía que la gente del tranvía nos estaba mirando cada vez más. Al final lo marcó encogiéndose de hombros, me devolvió los dos boletos, y en la plataforma de atrás oí que alguien soltaba una carcajada, pero naturalmente no quise darme vuelta, volví a pasar el brazo y sujeté la ventanilla, haciendo como que no veía más al inspector y a todos los otros. En Sarmiento y Libertad se empezó a bajar la gente, y cuando llegamos a Florida ya no había casi nadie. Esperé hasta San Martín y lo hice salir por la plataforma delantera, porque no quería pasar al lado del chinazo que a lo mejor me decía alguna cosa.
A mí me gusta mucho la Plaza de Mayo, cuando me hablan del centro pienso en seguida en la Plaza de Mayo. Me gusta por las palomas, por la Casa de Gobierno y porque trae tantos recuerdos de historia, de las bombas que cayeron cuando hubo revolución, y los caudillos que habían dicho que iban a atar sus caballos en la Pirámide. Hay maniseros y tipos que venden cosas, en seguida se encuentra un banco vacío y si uno quiere puede seguir un poco más y al rato llega al puerto y ve los barcos y los guinches. Por eso pensé que lo mejor era llevarlo a la Plaza de Mayo, lejos de los autos y los colectivos, y sentarnos un rato ahí hasta que fuera hora de ir volviendo a casa. Pero cuando bajamos del tranvía y empezamos a andar por San Martín sentí como un mareo, de golpe me daba cuenta de que me había cansado terriblemente, casi una hora de viaje y todo el tiempo teniendo que mirar hacia atrás, hacerme el que no veía que nos estaban mirando, y después el guarda con los boletos, y la señora que se iba a bajar, y el inspector. Me hubiera gustado tanto poder entrar en una lechería y pedir un helado o un vaso de leche, pero estaba seguro de que no iba a poder, que me iba a arrepentir si lo hacía entrar en un local cualquiera donde la gente estaría sentada y tendría más tiempo para mirarnos. En la calle la gente se cruza y cada uno sigue viaje, sobre todo en San Martín que está lleno de bancos y oficinas y todo el mundo anda apurado con portafolios debajo del brazo. Así que seguimos hasta la esquina de Cangallo, y entonces cuando íbamos pasando delante de las vidrieras de Peuser que estaban llenas de tinteros y cosas preciosas, sentí que él no quería seguir, se hacía cada vez más pesado y por más que yo tiraba (tratando de no llamar la atención) casi no podía caminar y al final tuve que pararme delante de la última vidriera, haciéndome el que miraba los juegos de escritorio repujados en cuero. A lo mejor estaba un poco cansado, a lo mejor no era un capricho. Total, estar ahí parados no tenía nada de malo, pero igual no me gustaba porque la gente que pasaba tenía más tiempo para fijarse, y dos o tres veces me di cuenta de que alguien le hacía algún comentario a otro, o se pegaban con el codo para llamarse la atención. Al final no pude más y lo agarré otra vez, haciéndome el que caminaba con naturalidad, pero cada paso me costaba como en esos sueños en que uno tiene unos zapatos que pesan toneladas y apenas puede despegarse del suelo. A la larga conseguí que se le pasara el capricho de quedarse ahí parado, y seguimos por San Martín hasta la esquina de la Plaza de Mayo. Ahora la cosa era cruzar, porque a él no le gusta cruzar una calle. Es capaz de abrir la ventanilla del tranvía y tirarse, pero no le gusta cruzar la calle. Lo malo es que para llegar a la Plaza de Mayo hay que cruzar siempre alguna calle con mucho tráfico, en Cangallo y Bartolomé Mitre no había sido tan difícil, pero ahora yo estaba a punto de renunciar, me pesaba terriblemente en la mano, y dos veces que el tráfico se paró y los que estaban a nuestro lado en el cordón de la vereda empezaron a cruzar la calle, me di cuenta de que no íbamos a poder llegar al otro lado porque se plantaría justo en la mitad, y entonces preferí seguir esperando hasta que se decidiera. Y claro, el del puesto de revistas de la esquina ya estaba mirando cada vez más, y le decía algo a un pibe de mi edad que hacía muecas y le contestaba qué sé yo, y los autos seguían pasando y se paraban y volvían a pasar, y nosotros ahí plantados. En una de esas se iba a acercar el vigilante, eso era lo peor que nos podía suceder porque los vigilantes son muy buenos y por eso meten la pata, se ponen a hacer preguntas, averiguan si uno anda perdido, y de golpe a él le puede dar uno de sus caprichos y yo no sé en lo que termina la cosa. Cuanto más pensaba más me afligía, y al final tuve miedo de veras, casi como ganas de vomitar, lo juro, y en un momento en que paró el tráfico lo agarré bien y cerré los ojos y tiré para adelante doblándome casi en dos, y cuando estuvimos en la Plaza lo solté, seguí dando unos pasos solo, y después volví para atrás y hubiera querido que se muriera, que ya estuviera muerto, o que papá y mamá estuvieran muertos, y yo también al fin y al cabo, que todos estuvieran muertos y enterrados menos tía Encarnación.
Pero esas cosas se pasan en seguida, vimos que había un banco muy lindo completamente vacío, y yo lo sujeté sin tironearlo y fuimos a ponernos en ese banco y a mirar las palomas que por suerte no se dejan acabar como los gatos. Compré manises y caramelos, le fui dando de las dos cosas y estábamos bastante bien con ese sol que hay por la tarde en la Plaza de Mayo y la gente que va de un lado a otro. Yo no sé en qué momento me vino la idea de abandonarlo ahí; lo único que me acuerdo es que estaba pelándole un maní y pensando al mismo tiempo que si me hacía el que iba a tirarles algo a las palomas que andaban más lejos, sería facilísimo dar la vuelta a la pirámide y perderlo de vista. Me parece que en ese momento no pensaba en volver a casa ni en la cara de papá y mamá, porque si lo hubiera pensado no habría hecho esa pavada. Debe ser muy difícil abarcar todo al mismo tiempo como hacen los sabios y los historiadores, yo pensé solamente que lo podía abandonar ahí y andar solo por el centro con las manos en los bolsillos, y comprarme una revista o entrar a tomar un helado en alguna parte antes de volver a casa. Le seguí dando manises un rato pero ya estaba decidido, y en una de esas me hice el que me levantaba para estirar las piernas y vi que no le importaba si seguía a su lado o me iba a darle manises a las palomas. Les empecé a tirar lo que me quedaba, y las palomas me andaban por todos lados, hasta que se me acabó el maní y se cansaron. Desde la otra punta de la plaza apenas se veía el banco; fue cosa de un momento cruzar a la Casa Rosada donde siempre hay dos granaderos de guardia, y por el costado me largué hasta el Paseo Colón, esa calle donde mamá dice que no deben ir los niños solos. Ya por costumbre me daba vuelta a cada momento pero era imposible que me siguiera, lo más que quería estar haciendo sería revolcarse alrededor del banco hasta que se acercara alguna señora de la beneficencia o algún vigilante.

No me acuerdo muy bien de lo que pasó en ese rato en que yo andaba por el Paseo Colón que es una avenida como cualquier otra. En una de esas yo estaba sentado en una vidriera baja de una casa de importaciones y exportaciones, y entonces me empezó a doler el estómago, no como cuando uno tiene que ir en seguida al baño, era más arriba, en el estómago verdadero, como si se me retorciera poco a poco; y yo quería respirar y me costaba, entonces tenía que quedarme quieto y esperar que se pasara el calambre, y delante de mí se veía como una mancha verde y puntitos que bailaban, y la cara de papá, al final era solamente la cara de papá porque yo había cerrado los ojos, me parece, y en medio de la mancha verde estaba la cara de papá. Al rato pude respirar mejor, y unos muchachos me miraron un momento y uno le dijo al otro que yo estaba descompuesto, pero yo moví la cabeza y dije que no era nada, que siempre me daban calambres, pero se me pasaban en seguida. Uno dijo que si yo quería que fuera a buscar un vaso de agua, y el otro me aconsejó que me secara la frente porque estaba sudando. Yo me sonreí y dije que ya estaba bien, y me puse a caminar para que se fueran y me dejaran solo. Era cierto que estaba sudando porque me caía el agua por las cejas y una gota salada me entró en un ojo, y entonces saqué el pañuelo y me lo pasé por la cara y sentí un arañazo en el labio, y cuando miré era una hoja seca pegada en el pañuelo que me había arañado la boca.
No sé cuánto tardé en llegar otra vez a la Plaza de Mayo. A la mitad de la subida me caí, pero volví a levantarme antes que nadie se diera cuenta, y crucé a la carrera entre todos los autos que pasaban por delante de la Casa Rosada. Desde lejos vi que no se había movido del banco, pero seguí corriendo y corriendo hasta llegar al banco, y me tiré como muerto mientras las palomas salían volando asustadas y la gente se daba vuelta con ese aire que toman para mirar a los chicos que corren, como si fuera un pecado. Después de un rato lo limpié un poco y dije que teníamos que volver a casa. Lo dije para oírme yo mismo y sentirme todavía más contento, porque con él lo único que servía era agarrarlo bien y llevarlo, las palabras no las escuchaba o se hacía el que no las escuchaba. Por suerte esta vez no se encaprichó al cruzar las calles, y el tranvía estaba casi vacío al comienzo del recorrido, así que lo puse en el primer asiento y me senté al lado y no me di vuelta ni una sola vez en todo el viaje, ni siquiera al bajarnos: la última cuadra la hicimos muy despacio, él queriendo meterse en los charcos y yo luchando para que pasara por las baldosas secas. Pero no me importaba, no me importaba nada. Pensaba todo el tiempo: «Lo abandoné», lo miraba y pensaba: «Lo abandoné», y aunque no me había olvidado del Paseo Colón me sentía tan bien, casi orgulloso. A lo mejor otra vez... No era fácil, pero a lo mejor... Quién sabe con qué ojos me mirarían papá y mamá cuando me vieran llegar con él de la mano. Claro que estarían contentos de que yo lo hubiera llevado a pasear al centro, los padres siempre están contentos de esas cosas; pero no sé por qué en ese momento se me daba por pensar que también a veces papá y mamá sacaban el pañuelo para secarse, y que también en el pañuelo había una hoja seca que les lastimaba la cara.
 
*de Julio Cortázar
 
 
Correo:
 
WALTER HEINZE
COMPARTO CON QUIENES LES PUEDA INTERESAR LA NOTICIA DE LA MUERTE DE NUESTRO AMIGO Y COLEGA WALTER HEINZE - GRACIAS RICARDO PEREZ MIRÓ POR TU DEFERENCIA
 
*CON EL ABRAZO DE SIEMPRE, RENOVADO, DEL HORACIO C. ROSSI, EN LA TERRAZA.... lacho51@...
 
 
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A los medios de comunicación:

Queremos informarles que el día lunes 1° de agosto a las 15 hs. en la estación Victoria del FFCC Mitre haremos entrega de un petitorio firmado por mas de 500 personas, cartoneros, vecinos, amigos, etc. que ante tanto maltrato y falta de respuestas claras y verdaderas decidió apoyar esta serie de reclamos, que ya fueron hechos por distintos medios, sin respuestas claras, es mas, cada vez el servicio de TBA es peor.
Solicitamos la colaboración de todas las personas de bien que sientan que estos reclamos son validos.
Ya en el mes de enero se dio a conocer un comunicado bajo el nombre "Los cartoneros alertan" que intento dar luz sobre las condiciones en que viajamos todos los días y que después si sucede una tragedia, nadie se sienta sorprendido; lamentablemente nadie se hizo eco de nuestro reclamo, por eso hoy seguimos insistiendo y tomaremos todas las medidas que consideremos necesarias para ser oídos como nos merecemos.

Señores
TRENES BUENOS AIRES (TBA)

LOS ABAJO FIRMANTES, CARTONEROS DE LA LÍNEA TIGRE Y CAPILLA DEL SEÑOR, COMO ASÍ TAMBIÉN VECINOS SOLIDARIOS, EXIGIMOS SER RESPETADOS EN NUESTROS DERECHOS COMO USUARIOS DE LOS SERVICIOS QUE PRESTA VUESTRA EMPRESA.

ANTE LA INDIFERENCIA A NUESTROS REITERADOS RECLAMOS, Y POR QUE ESTAMOS DISPUESTOS A SEGUIR LUCHANDO POR NUESTROS DERECHOS Y NUESTRA DIGNIDAD Y PORQUE PEDIMOS LO QUE GANAMOS CON LUCHA Y NO VAMOS A DEJAR QUE NOS LO ARREBATEN ASÍ NOMÁS.

EXIGIMOS LO SIGUIENTE:
QUE REPONGAN EL SERVICIO DEL TREN CARTONEROS DE LOS DÍAS FERIADOS, PORQUE NO NOS PODEMOS DAR EL LUJO DE NO TRABAJAR NI UN SOLO DIA.
QUE TBA TENGA VAGONES DE RESERVA PARA CUANDO SE ROMPA ALGUNOS DE LOS EXISTENTES (Cosa que sucede muy seguido)
EL TREN CARTONERO DEBE SER ARREGLADO A LA BREVEDAD.
QUE NO SE USE MAS EL TREN CARTONERO PARA TRASLADAR LAS HINCHADAS DE FÚTBOL.
A QUE SE CUMPLAN LOS CRONOGRAMAS DEL TREN CARTONERO Y CONSENSUAR LOS HORARIOS
A USAR LOS BAÑOS QUE SON PÚBLICOS Y QUE, PARA NUESTRO USO, SIEMPRE ESTÁN CERRADOS CON LLAVE O EN REFACCIÓN
PARA MANTENER LAS ESTACIONES MÁS LIMPIAS REITERAMOS NUESTRO PEDIDO DE QUE SE COLOQUEN CESTOS DE RESIDUOS
A SER TRATADOS CON RESPETO POR LAS FUERZAS DE SEGURIDAD Y LA VIGILANCIA PRIVADA DE LAS ESTACIONES

CREEMOS QUE NO ES EXAGERADO LO QUE EXIGIMOS Y DECIMOS QUE DONDE HAY UNA NECESIDAD ESTA AUSENTE UN DERECHO.

cartonerosdeolivos@...
 
 
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Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 31 de Julio del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Jose Antonio Rezende de Almeida Prado. Las poesías que leeremos pertenecen a Juan Martín Giansanti (Uruguay) y la música de fondo será Surazo (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
 
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Inventren: Narrativa y poesía circulando por  vías dormidas de la Argentina.
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CONCURSO DE CUENTO "W. A. MOZART"
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
*EDITORIAL DEL MAGAZIN CULTURAL LATINOAMERICANO XICóATL "ESTRELLA ERRANTE" # 72 (Año 14, Julio-Septiembre/2005) ACERCA DEL CONCURSO.

 

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#55 De: inventivaedicion@...
Fecha: Jue, 28 de Jul, 2005 4:53 pm
Asunto: ILUMINACIÓN EN LAS SUPERFICIES
inventivaedicion@...
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Iluminación en las superficies*

1)-Lo he dicho mal. Lo he anulado. Lo he disipado lentamente de la claridad,
para ocultarlo. Y me he reído. Completamente sola he mirado mi ombligo y me
he reído. Y me he condenado.
Las palabras en carne viva no son el alimento de los seres vivos. Adiós.
Iluminación en las superficies. ¿A qué precio me venderán las medias tintas?
Hay que tener agallas para no espantar. ¿Pero qué escriben los que escriben
y perciben que la vida es espantosa? Hay que lanzar la carcajada para no
hincarle el diente a la escritura.

2)-La verdadera oscuridad no tiene nada que ver. Los ojos cerrados no tienen
nada que ver. Y si además el centro del mundo se ha movido, no tiene nada
que ver. Lo digo mal. Lo anulo. Lo disipo. Estoy mal vista si me despego del
yeso y me quito los encajes.
A mi alrededor no queda claro ningún amasijo. Los instantes se arruinan por
puro instinto. Para no reestablecer ninguna coordenada salgo a buscarme sin
catalejo.

3)-Pero yo hago eso y mucho más para evitar mi ausencia. Antes de que llegue
la hora en que el verdugo me arranca la cabeza, salgo a reconocer perfumes y
perfidias. Salgo a decirlo mal. Salgo a anularlo. Salgo a disiparlo y
ocultarme. Lo que oculto se agranda hasta cubrirlo todo. Qué alivio. Sólo
queda mi rostro pálido y el silencio.

4)-Hay cosas que no se deben decir. Cosas para enterrarse en el ombligo. Hay
que procurarse un hundimiento lánguido. Hay lugar suficiente para enterrarse
toda una vida en el ombligo. Hay arañas que huyen por la pared. Hay  dedos
que se disputan la lumbre y los erarios. Hay ofertas en los salones de
invierno. Hay sexo sin amor. ¿Amor sin sexo? Hay más coraje para el tránsito
que para el acercamiento Hay zapatos importados de Brasil. Hay campaña
electoral.  Hay desnudos ligamentos de terror. Hay turnos de media hora y
soledades eternas. Nada más hace falta cuando los atenuados se atenúan.

5)-Yo puedo ser tan débil como un imposible, por desgracia y por supuesto. Y
quién sabe por qué en el extremo tembloroso de los precipicios mis pequeños
pies se pisan despacito.

6)-Otra cosa que digo mal, que no digo, que anulo y oculto, es que mi
corazón se pone negro cuando lo digo bien. Cuando escribo poemas limpitos el
corazón se me ensucia. Se avergüenza de mí. Me niega. Me convierto en
herencia sin heredero. En cima sin montaña. En huella sin camino. ¿A quién
me daría entonces? ¿Sin mi corazón, para quién escribo?

7)-Salvo el impedimento de los frágiles, el mundo trabaja y la noche
continúa. No son suficientes los extraños. La estúpida leyenda de las
religiones y las razas amenaza el libre tránsito de suspiros. Con la feliz
excepción de los extraños, se vuelve divina la perspectiva.

8)-¿Qué tiene que ver el odio con nosotros? Basta. Dejémoslo en manos de los
dueños del mundo. Esta misma sonrisa que me como, puede ser una explicación,
finalmente. Vuelvo a decirlo mal. Vuelvo a no decirlo. Vuelvo a negarlo. Lo
oculto porque las palabras que no digo nombran lo que permanece oculto. Son
demasiado pocos los extraños. Un fiasco.

9)-Sin perder  nada de mi palidez y mis impedimentos, suspendo la caída. Es
decir, me suturo a la sospecha. ¿Por qué lo digo mal? ¿Por qué no lo digo?
¿Por qué lo anulo? ¿Por qué obedezco? Porque los extraños son pocos. Qué
fiasco. Estoy mal metida en un mundo donde todos se conocen, donde todos
comparten el mismo miedo, el mismo pudor, la misma indiferencia. Yo no lo
digo y si lo digo limpito  ensucio mi corazón. Y sufro un dolor horrible.
Como un orgasmo en medio de una violación. Por eso no lo digo. Lo dejo
oculto para que los dueños del mundo no me amordacen. Lo digo mal. No lo
digo. Lo oculto pero no uso la palabra traidora.

10)-Yo me pierdo. Con los demás me pierdo. Soy mal vista fuera del yeso y
los encajes. Soy una certidumbre de sombra. La palabra traidora alcanzará el
pedregal, alcanzará las crisálidas, los ángeles y los mares inmarcesibles.
Pero lo que no digo, lo que digo mal y lo que anulo, nombra piedras, nombra
orugas, nombra mujeres y abismos.

11)-Cómo decirlo. En este caso hay que dudar de ciertas cosas. Allí están
los dueños del mundo. Todos conocen sus nombres. Se saludan. Se ponen de
acuerdo para parecerse. No les gustan los extraños. Se reúnen en el bar de
siempre para mirarse, para reconocerse como propios y nunca como extraños.
Se ponen de acuerdo para hablar de lo que quieren. Todos saben qué está bien
y qué está mal. Lo que está mal también se pone de acuerdo con los que se
parecen. Afuera están los ladrones, las putas y los ahorcados. Los dueños
del mundo viven bajo techo. Tienen termo tanque y oficinas. Se miran a los
ojos y saben cuándo dar la mano, cuándo discutir, cuándo soñar. Son
prolijitos y bienintencionados. Se ponen rojos cuando yo lo digo mal. Cuando
los extraños no los reconocen. Cuando no los quieren copiar.

12)-Desde las baldosas hasta el cielorraso predomina la densidad y la
firmeza. No hay cables sueltos. La blancura no se percude. El amor se hace
de diez a once y el sexo es parte de lo que no digo. Es todo lo que no digo
porque las palabras traidoras, las palabras crisálidas, las palabras
inmarcesibles y angélicas no nombran lo que no digo. Benedicto no nombra lo
que no digo. Los conocidos se sienten en paz cuando no digo. Que la mujer no
diga. Que la mujer diga crisálida, diga inmarcesible, diga maternidad, diga
silicona, diga papito pero no se nombre a sí misma. Que no nombre su sexo.
Que no se le ocurra comerse a cucharadas su propio sexo porque los chefs de
los dueños del mundo cacarean. Las castidades cacarean. Las estatuas de los
templos cacarean. El pentágono cacarea. Benedicto cacarea. Los buenos
cacarean. Los puros cacarean. Las madres cacarean. Los esposos cacarean. Que
la mujer no diga sexo porque los creyentes cacarean. Los leche fría
cacarean. Los espermas cacarean. ¿Green Peace cacarea?
Lo he dicho mal. Lo he anulado. Lo he disipado lentamente de la claridad,
para ocultarlo. Y me he reído. Completamente sola he mirado mi ombligo y me
he reído. Y me he condenado.

13)-Las palabras en carne viva no son el alimento de los seres vivos. Adiós.
Iluminación en las superficies. ¿A qué precio me venderán las medias tintas?
Hay que tener agallas para no espantar. ¿Pero qué escriben los que escriben
y perciben que la vida es espantosa? No queda más que lanzar la carcajada
para no hincarle el diente a la escritura.


*Miriam Cairo cairo367@...

RAZONES DE ESTE ENVÍO: SIMPLE Y URGENTE DESEO DE COMUNICAR, DE COMPARTIR ESO
QUE HAGO SIEMPRE: ESCRIBIR.
PENSAR EN LO QUE ESCRIBO.
DISTRAERME EN LO QUE ESCRIBO.
ABRASARME EN LO QUE ESCRIBO
Y PARA PODER ABRAZZZARLOS CON LO QUE ESCRIBO.
MIRIAM




El caso del extranjero abatido*

  *Por Rodrigo Fresán

UNO "Veamos... El extranjero salió, el viernes 22 de julio, de una casa en
Tulse. Camina hasta la cercana parada del autobús de la línea 2, se sube a
él y, luego de un trayecto de unos diez minutos, desciende cerca de la
estación de metro de Stockwell. Se supone que unos oficiales de civil lo
consideran sospechoso por algún motivo, posiblemente les inquietan sus
rasgos que no son del tipo británico, y le dan la voz de alto. El extranjero
comienza a correr, salta los molinetes, baja por las escaleras mecánicas,
corre por el andén de la Northern Line, entra a un vagón, tropieza y cae al
suelo. Allí, sin pedir explicaciones ni dudarlo un segundo, uno de los
policías lo alcanza y le dispara ocho veces: siete tiros a la cabeza y uno
al hombro... Ahora bien, qué nos dice todo esto, querido Watson."

DOS Sherlock Holmes nunca pasará de moda mientras exista Inglaterra. Y es
ahora cuando los ingleses lo necesitan más que nunca: alguien que imponga la
razón por encima de la pasión y el frío cerebro oponiéndose a la cabeza
caliente. Lo primero que se habría preguntado Holmes es, claro, por qué los
policías que venían siguiendo al brasileño Jean Charles de Menezes desde que
salió a la calle por considerarlo hipotética bomba andante, le permitieron
subir a un autobús lleno de personas. Lo segundo es por qué el brasileño no
se detuvo cuando se lo indicaron. La respuesta al segundo interrogante
parece ser que el extranjero tenía el visado vencido y entonces salió
disparando temiendo una deportación sin imaginarse que, a partir de ahora,
al que dispara sobre sus piernas le disparan a la cabeza. La respuesta a lo
primero parece ser que así son las cosas, que vivimos tiempos raros y
que -explicó Blair- "tenemos que entender que la policía está haciendo su
trabajo en circunstancias muy difíciles, y es importante que le demos todo
nuestro apoyo en su tarea de proteger a la gente". Por lo que Watson hubiera
mirado a Holmes y, con timidez y cautela, respondido: "Supongo que lo que
nos revela todo esto es que no es bueno andar corriendo por ahí si se es
extranjero". Y entonces Holmes habría mirado a Watson con ternura,
sonriendo, casi con piedad, como se mira a un niño más o menos brillante.

TRES Sherlock Holmes murió y los ingleses llevaron luto por él como si se
tratara de un ser querido y su autor -Sir Arthur Conan Doyle- se vio
obligado a resucitarlo y así la creación ha sobrevivido al creador. Muerto
Conan Doyle -quien, contrario a su racional personaje, creía en hadas y en
fantasmas- fueron muchos los escritores que no dudaron en apropiarse de la
leyenda. Se ha dicho que para los narradores escribir una historia con
Sherlock Holmes equivale a lo que un actor siente frente a Hamlet: un
desafío tan complejo como imposible de rechazar. De ahí que no pase
temporada sin que surja algún nuevo pastiche holmesiano y los más
interesantes de la presente cosecha son The Italian Secretary de Caleb Carr,
The Final Solution de Michael Chabon y, la mejor, A Slight Trick of the Mind
de Mitch Cullin. Pero la novela para este verano londinense -dejemos de lado
a Harry Potter, por favor- es Arthur & George de Julian Barnes. Este gran
escritor inglés -quien comenzó su obra escribiendo policiales bajo seudónimo
y que en más de una ocasión exploró en sus libros vidas reales como la de
Sibelius, Turgeniev, Delius y, por supuesto, Flaubert- investiga aquí un
episodio poco conocido de la vida de Conan Doyle. Una aventura en la que el
autor se convirtió en Sherlock Holmes para desenredar una madeja judicial
que en 1903 se conoció, periodísticamente, como "The Great Wryley Outrages"
y cuya víctima fue un tal George Edalji, hijo de indios y más inglés que
muchos ingleses cuando se trata de amar y honrar al imperio de entonces. A
Edalji se lo acusó de casi todo lo malo que ocurría en su pueblo -sacrificio
ritual de ganado, autoría de anónimos amenazantes- y así pasó tres años, de
una condena de siete, en la cárcel. Fue finalmente liberado por falta de
pruebas, desprolijidades procesales y protestas varias; pero Edalji no se
conformó e insistió en limpiar su nombre y le escribió a Conan Doyle
pidiéndole ayuda. Y Conan Doyle -súbito detective privado y público-
respondió. Arthur & George -objeto hermoso, imitando diseño y encuadernación
edwardiana, letras e ilustración grabadas en una portada sin sobrecubierta-
puede leerse tanto como un thriller judicial, una crónica tan íntima como
épica de una amistad o, sí, una advertencia sobre los peligros y las
tentaciones de pensar en que el mal siempre viene de afuera.

CUATRO Pero en lo que más nos hace reflexionar Arthur & George -no es una
idea novedosa- es en el modo en que la realidad se parece cada vez más a una
versión diluida de la literatura, en el modo en que las obras contaminan las
vidas. Así, el año pasado leímos la noticia de la misteriosa muerte del
millonario de cincuenta años Richard Lancelyn Green: máxima autoridad
mundial en Sherlock Holmes, quien apareció en la cama de su casa de Londres
estrangulado con un cordón de zapatos y rodeado de sus peluches favoritos.
Los últimos en verlo con vida dijeron entonces que Green parecía muy
perturbado. No dejaba de repetir que "Alguien de la Holmes Society quiere
desacreditarme" y que "Se avecinan grandes revelaciones". Su muerte volvió a
poner en circulación los rumores acerca de una tutankamoniana maldición de
Sherlock Holmes -parece que son varios los cultores del mito que murieron
raro- y así leo hoy mismo que un equipo de investigadores se prepara para
exhumar el cadáver del escritor Bretram Fletcher Robinson, fallecido en
1907. Y es que son muchos los estudiosos que aseguran que Robinson fue
envenenado con láudano (y una ayudita de su esposa infiel) por Conan Doyle
para así silenciar un escándalo mayúsculo: el que Robinson fuera el
verdadero responsable de The Hound of the Baskervilles, gran novela
holmesiana. Muchos otros estudiosos dicen que todo esto es absurdo, un
delirio sin fundamento. Verdadera o falsa, la trama de un escritor devenido
criminal para proteger a su justiciero no deja de ser atractiva. Y cosas más
infundadas y más absurdas y delirantes se han visto y se ven y -todo hace
pensarlo- se seguirán viendo en estos días y noches de un abatido mundo que
no deja de correr. Un mundo cada vez más complejo y cada vez menos
elemental, querido Watson. Mientras tanto, en una casa en un suburbio de
Londres...

*Fuente: diario Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-54251-2005-07-28.html


*
Ellos
suman montañas de promesas
y matemáticamente suman fronteras.
Ellos
en Su nombre rezan,

a fusil.

Ellos
cenan arrullando poder.
tramitan futuro.

Mientras nosotros
lloramos.

*de Ricardo D. Mastrizzo. ricardomastrizzo@...



El escándalo Rove*

Ignacio Ramonet
La Voz de Galicia

Apodado en Washington el Maquiavelo de la Casa Blanca, Karl Rove es, en el
entorno del presidente Bush, una especie de superconsejero político, el gurú
más escuchado en cuestiones de política interior de Estados Unidos, y el
estratega jefe de las campañas electorales. Posee la reputación de ser una
máquina intelectual fascinante, de una implacable sangre fría,
hiperorganizado, capaz de estudiar diez informes a la vez. Llamado a veces
el Bonaparte de las elecciones, Karl Rove es el artífice incontestable de
las dos victorias de George W. Bush en las elecciones presidenciales del
2000 y del 2004.

Este superdotado de la política se halla metido en un escándalo de
envergadura ligado a las investigaciones que un fiscal especial está
llevando a cabo para determinar quién reveló la identidad de una agente de
la CIA en las semanas que precedieron, en el 2003, el ataque norteamericano
contra Irak. En Estados Unidos, revelar la identidad de un agente de los
servicios de inteligencia es un crimen federal. Varias fuentes, entre ellas
el semanario Newsweek , afirman que Karl Rove fue quien reveló a los medios
la identidad de la agente Valerie Plame para vengarse del marido de ésta,
Joseph Wilson.
Todo este asunto empezó cuando el vicepresidente Dick Cheney recibió en el
2002 un informe de los servicios secretos italianos según el cual Sadam
Huseín intentaba comprar uranio en Níger. Eso parecía demostrar que Bagdad
estaba tratando de dotarse del arma nuclear. El embajador Joseph Wilson, que
había pasado veintitrés años en Asuntos Exteriores, fue enviado a Niamey
para investigar. «En febrero del 2002 -explicó Wilson- pasé ocho días en
Níger conversando con todos los que podían informarme. Pronto me convencí de
que no había sucedido nada de aquello. Un simple análisis del documento
mostraba la tosquedad de la manipulación. Las cartas contenían faltas en
francés. Una de las cartas estaba firmada por un funcionario que había
cesado diez años antes. Varias fechas no correspondían con los días de la
semana. Varios nombres y títulos de funcionarios eran inexactos... Era una
falsificación, fabricada para engañar».
A su vuelta, Wilson elaboró un informe, enviado a la CIA, en el que ponía en
guardia contra esas informaciones y demostraba que eran falsas. El
presidente Bush fue informado de ello. En octubre del 2002, George Tenet,
entonces director de la CIA, le pidió a Bush que no lo mencionara en un
discurso que el presidente se disponía a pronunciar en Cincinnati (Ohio).
Tenet había prevenido a Bush de que las informaciones de que disponía la CIA
no permitían establecer que Irak hubiera tratado de comprar uranio en
África.
Sin embargo, unos meses más tarde, en el discurso sobre el estado de la
nación ante el Congreso, Bush citó -sabiendo que era falso- lo de la compra
de uranio en Níger para acusar a Bagdad de poseer armas de destrucción
masiva, y justificar así la guerra. Escandalizado por la desvergüenza del
presidente, Joseph Wilson escribió un artículo de gran resonancia en el New
York Times, donde explicaba los detalles de su misión y demostraba que el
presidente había mentido con conocimiento de causa, lo que en Estados Unidos
constituye también un crimen federal.
De la noche a la mañana, Wilson se convirtió en víctima de una virulenta
campaña de desprestigio que llevaron a paso de carga funcionarios de alto
rango -entre ellos Karl Rove- que hicieron saltar a su mujer, Valerie Plame,
al revelar a algunos periodistas su identidad de agente de la CIA, poniendo
así en peligro a sus informadores en el curso de misiones anteriores y su
carrera.
Durante más de dos años, Rove se vio protegido por el derecho de los
periodistas a no revelar sus fuentes. Pero el fiscal especial Patrick
Fitzgerald ordenó el encarcelamiento de Judith Miller, del New York Times,
por negarse a colaborar, y ha conseguido la confesión de Matthew Cooper,
periodista de Time Magazine . Ya nadie duda de la culpabilidad de Karl Rove.
Sólo falta ahora por demostrar la indiscutible complicidad del presidente
George W. Bush.

*FUENTE: Rebelión.org
-Enviado por Jorge Daffra. jdaffra@...



Ser positivo . . .*

Ser positivo con medio vaso lleno en la derecha
  y en la misma línea del pié levantarse.
Desayuno de leche con café, tostadas y mermelada.
Mientras;
agua podrida, chapas y óxido, pegamento y fumarola,
si el agua vine subiendo.
La otra media medida de la vida
escapa de la mano izquierda
como paloma al trino franco.

*de Ricardo D. Mastrizzo. ricardomastrizzo@...




Correo:
DOCUMENTO DE LA MULTISECTORIAL   Marcha Nº78*

Jueves 28/07/05

         Marcha Nº78. El único enemigo del pueblo de San Luis es el mal
llamado gobierno provincial. No se lo puede considerar gobierno al que llegó
en la primera magistratura mediante el fraude electoral. Al que desconoce el
mandato del pueblo expresado cabalmente en la Constitución provincial y se
conduce según su oscuro entender y sus mezquinos intereses. Al que amparado
en una legislatura obsecuente y rastrera que le fabrica leyes absurdas,
despilfarra los dineros públicos, y al que con la anuencia de un poder
judicial entrenado en la venalidad y el desconocimiento de la ética y los
principios republicanos, cancela las puertas de la justicia al reclamo
popular, a cambio del amargo mendrugo que engullirán, seguramente, a la
manera de las aves de rapiña acostumbradas a la carroña.
         El único enemigo, insistimos, es el mal llamado gobierno provincial.
El gobierno del fraude. El mismo fraude que pergeña para octubre, secundado
otra vez, por una justicia electoral, inmersa en dramas pasionales resueltos
al mas puro estilo de las corporaciones mafiosas.
         Se nos acusa de hablar de trampas electorales. ¿No es acaso una
trampa, la preparación de una supuesta contienda electoral, a la que
concurren con un caudal de votos cautivos, logrados mediante el
asistencialismo, después de haber destruido, ellos mismos, el trabajo
genuino que le permitiría al pueblo elegir por convicción política y no bajo
la cruel amenaza del hambre? ¿No es una trampa, la invención de supuestas
divisiones entre sus mismos sicarios, para promover la formación de mentidas
fuerzas políticas opositoras, al solo efecto de captar también las minorías
y quedarse con el cien por cien de la representación?
         No abogamos por la abstinencia electoral. La participación es un
derecho que no podemos negar, porque no nos consideramos los iluminados
dueños de la verdad y tampoco compartimos el mesianismo de los extremos.
         Pero si, reclamamos el derecho a expresar nuestras dudas. Nuestros
temores. Nuestras desconfianzas.
         Mas de veinte años sujetos a la convivencia entre los dueños del
poder y una supuesta oposición amañada y negociadora, nos acerca cada vez
mas al escepticismo y al descreimiento, al tiempo que nos afirma en la
convicción de que la presencia del pueblo en las calles, lejos de ser una
propuesta cómoda y simplista, nos permite reconocernos y crecer en forma
conjunta, aguardando el día cada vez mas cercano en que daremos la batalla
final.
         Entre tanto, seguiremos marchando a riesgo de ser acusados de
tibieza en la consigna, porque lejos de erigirnos en conductores, estamos
convencidos que la verdadera y única inteligencia radica en el pueblo y de
ella esperamos, y a ellas nos remitimos.
         Insistimos, el enemigo no es el que camina a nuestro lado. El que
sufre las mismas represiones. Las mismas violencias. No es el enemigo el que
no obstante la concepción distinta de la lucha, tiene nuestros mismos
intereses, levanta nuestras mismas banderas, habla con la misma voz del
pueblo.
         El enemigo es el que destruye el aparato productivo; el que atenta
contra el sistema de la salud pública; el que ataca a los docentes con
sueldos paupérrimos y con descuentos antojadizos; el que pretende condenar a
los niños y a los jóvenes de esta provincia al analfabetismo fácil de
dominar y de conducir. El enemigo es el que amenaza a los empleados públicos
con traslados y con despidos; el que le roba a DOSEP y le retacea los
aportes que les descuentan a los trabajadores, al tiempo que se esfuerzan en
su vieja pretensión de destruirla. El enemigo es el que se sigue ensañando
con los empleados viales y cada vez que estos levantan su voz de reclamo,
vuelven a mentirles y a estructurar falsas promesas. El enemigo es el que
abandona los comedores escolares y a los comedores barriales; el que utiliza
a los empleados de inclusión social como punteros políticos y después los
abandona a su suerte ante la menor protesta o la menor queja.
         El enemigo, en fin, tengámoslo en claro, el enemigo del pueblo de
San Luis es el mal llamado gobierno provincial. Y contra él seguiremos
luchando.
Hasta la victoria final comprovincianos.

*Movimiento Multisectorial del Pueblo de San Luis

Difusión FREGEN (Integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos)
www.fregen.org.ar
-Enviado por Jorge Daffra. jdaffra@...


*
De cómo seguir la pelea contra el régimen

¿Qué es la MULTISECTORIAL?
- es el conjunto de voluntades de un pueblo que no se resigna a vivir en un
régimen feudal, autoritario,despótico, represivo, corrupto.

Desde esta definición, tal vez, deberíamos razonar, para saber cómo o desde
dónde hay que enfrentar este modelo.
Durante el año 2004, un año NO electoral la mayoría de estas voluntades
coincidía en el análisis y en la metodología para confrontar con el
oficialismo.
Al acercarse el proceso electoral y con él la disputa de cargos, los armados
de listas, la competencia por los lugares, cada cual fue eligiendo su camino
y justificando su elección, de la misma manera lo hicimos los que decidimos
no participar privilegiando lo que habíamos sostenido durante 70 semanas de
lucha.

- invito a leer los primeros 30 documentos y después los otros 30 que le
sucedieron -
En estos primeros 60 documentos se sintetiza la expresión acabada de un
pueblo, que había conseguido despertar, para oponerse fuertemente en las
calles contra el totalitarismo instaurado en la provincia de San Luis.

He integrado frentes, he fundado partidos, he sido legislador, soy un
militante de toda la vida, siempre he transitado la misma senda, creo haber
luchado con coherencia.
Pero sé, o por eso estoy convencido, que hay algunas metodologías con las
que no se puede convivir, si en realidad lo que se quiere es cambiar.
Entonces sepamos, que para hablar de Dignidad, hay que pelear con otras
armas y no utilizar las mismas de los que decimos combatir.
Para sentirnos orgullosos de integrar una organización, debemos proclamarlo,
pero fundamentalmente demostrarlo en la acción, en la cotidianeidad de
nuestro comportamiento.

Si decimos que éste es un gobierno corrupto por donde se lo mire y que en
San Luis no hay independencia de poderes, debemos privilegiar el cambio con
otra estrategia, que no sea la que los hermanos que vienen controlando el
poder han impuesto desde 1983. Primero debemos exigir ciertas
modificaciones, para después competir en un campo de igualdad, porque si no,
estaremos yendo al juego de ellos, que ganando una elección, aniquilarán una
lucha de más de 70 semanas continuas.

Claro está, que hay sectores que se resignan rápidamente porque los cambios
no aparecen o porque cuando se estaba tan cerca de lograrlo, la posibilidad
se frustra. Entonces apelan a la solución mágica electoral.
Se mueven en microclimas, presumiendo que han alcanzado una instalación
mayoritaria en la sociedad y ésta los premiará votándolos en las próximas
elecciones.

Entonces comienzan a preparar sus alianzas sin importar lo que suscribieron
hace poco tiempo atrás y a comportarse de manera similar a la de sus
adversarios.
Resignan sustento ideológico, aceptan integración de listas con familiares o
con dirigentes que hasta ayer estaban en sus antípodas, no chequean
debidamente la idoneidad y la trayectoria de sus candidatos, pugnan por
espacios como si fuera un torneo deportivo.
El asunto es figurar, ganar posiciones, es quien llega primero, de eso se
trata la competencia electoral.
- ¿Che y los cambios?...."vendrán cuando "nosotros" lleguemos", sostienen.

Es decir, que cambian el discurso para justificar comportamientos.

Aquí quiero ejemplificar qué es lo que digo, cuando hablo de ser diferentes:
- siempre combatí contra los aparatos, fueran estos oficialistas o paralelos
que jugaran con la oposición.
Y para ello, (lo pueden suscribir quienes integraron alianzas o fueron
militantes de mis organizaciones), que nunca pretendí ni acepté competir en
contienda alguna con la misma metodología que practican las desvencijadas
estructuras que nos gobiernan, o sea, el bipartidismo. Y para ello, no
acepté reparto de bolsas de comidas u otra cualquier ración a cambio de voto
o devolución de favores alguna. De la misma forma, para el acto electoral
estaba prohibida la contratación de vehículos para ir a buscar votantes, o
pagarles a los punteros de los barrios para que juntaran gente, o darle
dinero a los fiscales de mesa. O esperar que llegara respaldo económico
nacional. "El que estaba convencido nos votará", era y sigue siendo la
consigna.

Acepto que haya militantes que supongan que esta próxima elección servirá
para instalar diferentes posturas, aunque todavía no se note la diferencia
desde los sectores que las integran en qué es lo que proponen, digo esto, en
forma homogénea, porque nunca como en esta elección, (al menos que cambie la
presentación de las listas), se ha visto tamaña mezcla de posturas, para
terminar privilegiando la conveniencia a la convicción.

De la misma forma, espero sepan tolerar la postura de los que suponemos que
no hay que participar de esta contienda.
Contienda que seguramente, según nuestra visión, favorecerá al sector que
combatimos.
Los militantes que respaldan esta óptica no integran ninguna organización
paga, son militantes que se muestran independientes a la hora de opinar,
pero dignos con sus principios.
Son compañer@s o ciudadan@s que han respaldado a lo largo de estos dos
últimos años de lucha a la MULTISECTORIAL y que han participado en
diferentes expresiones políticas o sociales que hemos integrado con total
compromiso.
De nosotros seguramente el oficialismo dirá que "no tenemos a nadie atrás,
que ni nuestra familia nos sigue", es la chicana permanente para los que
hacemos de esta lucha una cuestión de vida, no de morrales, los que no
tomamos a las organizaciones del pueblo como "agencia de colocaciones".
Sería bueno ver a los que hoy gozan de alguna estructura (aparato) que les
permite sostener a militantes pagos, presentándose ante la sociedad como
alternativa sin ese respaldo.

Debemos alentar al pueblo a que, de la manera que crea más conveniente
participe para lograr el cambio que nuestra provincia necesita, que nuestro
país demanda.
Mal ejemplo daremos si la metodología elegida es la de descalificar a
quienes no piensan como nosotros.
Debemos seguir movilizados, reclamando por la intervención a la Justicia que
nos permita tener a jueces idóneos para sentirnos todos iguales ante la ley.
Demandando para que los corruptos sean juzgados.
Debatiendo, intercambiando, intentando que el cambio cultural llegue con el
tiempo, conscientes que no bastará con una elección para cargos
legislativos.

Por eso decidimos ser ejemplo ante nuestros comprovincianos, porque
suponemos que se puede ser diferente, demostrando que somos iguales a los
que hoy están más postergados. Y junto a ellos luchando y seguir marchando,
sin disputar cargos.

*Jorge Fernando Daffra
Presidente del FREGEN
24 - Julio - 2005

*

Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 31 de Julio del 2005 presentaremos en la Radiofabrik
Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!),
música del compositor brasilero Jose Antonio Rezende de Almeida Prado. Las
poesías que leeremos pertenecen a Juan Martín Giansanti (Uruguay) y la
música de fondo será Surazo (Andes); todo ésto en nuestro programa Poesía y
Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz
audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar
online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por
favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se
repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de
Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067


*

Inventren: Narrativa y poesía circulando por  vías dormidas de la Argentina.
Para viajar gratuitamente hay que enviar un mail en blanco a :
inventren-subscribe@...


Edición Mensual de InventivaSocial
Solo literatura mes por mes... para suscribirse gratis enviar un mail en
blanco a:
inventivaedicionmensual-suscribe@...


*
CONCURSO DE CUENTO "W. A. MOZART"

En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo
Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico
cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la
guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento
de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de
Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la
ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de
esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los
salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba
un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al
comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar
a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel
toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que
comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la
mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron
a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más
delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados
optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue
enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel
toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba
hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según
cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo
se les conoce como Die Stierwascher ("Los lavadores del toro") y quien tiene
el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.

Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes
Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el
concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart,
compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de
brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang
ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus
primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania,
Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria
Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la
famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta
primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a
Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece
hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es
nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del
arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en
medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende
con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en
su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades
como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos
para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre,
pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia
Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar
su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación
con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo.
Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a
Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa
al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene
un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a
Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo
compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A.
Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero,
sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del
público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros
económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual
no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en
un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella
ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo
cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador,
compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta
mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto
éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no
llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad,
Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de
su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno
de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una
fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.

Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical,
repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad,
contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás
ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes
obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de
Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart
nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y
belleza.

Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250
años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año
próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre
de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración
de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico
universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad
creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por
la siguiente reglamentación:

BASES DEL CONCURSO:

- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News
Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto:
Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con
"pseudónimo+cuento" y el otro con "pseudónimo+datos" (nombre, correo postal
y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a:
yage.austria@... o a euroyage@... o a
duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección
electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria.
La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de
Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).

PREMIOS:

- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural
Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [
www.euroyage.com ] e impresa).

*EDITORIAL DEL MAGAZIN CULTURAL LATINOAMERICANO XICóATL "ESTRELLA ERRANTE" #
72 (Año 14, Julio-Septiembre/2005) ACERCA DEL CONCURSO.





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#54 De: inventivaedicion@...
Fecha: Mar, 26 de Jul, 2005 12:57 pm
Asunto: EXISTENCIAS
inventivaedicion@...
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Existencia.*

"¡Hola!" - dijo la chica hablandole bajito. "Vengo a recoger mi existencia."
Se sentó junto a la pared del gallinero retorciendose entre sus manos de cortas uñas una de sus trenzas, mientras miraba distraidamente al hombre que esquilaba las ovejas. Este la miró sin comprender respondiendole.
"¿Vienes a queee?"
"A recoger mi existencia."
"¡Pero si ya existes! ¿De qué fuñigas hablas?" Preguntó socarrón.
"Yo no llamo existir a mover las piernas al andar paso a paso, en doblarme la espalda de sol a sol en los campos, en lavar tu ropa en el frio rio, en cocinar tus alimentos y compartir tu cama amarga. Vengo a llevarme esa mujer fantasma que te sirve a tu lado. Solo asi, en la independiente lejanía de tu compañía, volvería a existir."
Diciendo esto, sacó un cuchillo afilado debajo de la falda y con un corte diestro, abrió de un tajo, su corazón de niña triste.

*de Luisa Belandia.
fwaterdrop@...
 
 
 
la abuelita*
 
la recuerdo especialmente en relación a su calidez como persona. irradiaba un calor que abrigaba y por el cual daban  ganas de dejarse abrazar siempre. con ella uno lograba un espacio en donde te sentías como embriagado de confianza, calmo como un atardecer anaranjado y pleno. la recuerdo especialmente en relación a su simpleza y a su sencillez. siempre fue una señora sumamente brindada, preocupada o exaltada según nuestros propios pasos, mas allá de ella misma y su porvenir. el paso de los nietos y los pasos del hijo que le quedo, mostraban el camino a seguir. entregada y de corazón enorme y sufrido, tuvo un paso para nada fácil por esta vida.
por estos días ya hacen cuatro años que murió. se presentaron, a través de hechos concretos como sensaciones y recuerdos, con mucha convicción y firmeza, unas tremendas ganas de invocarla a través de algunas líneas que describan, y halaguen, su sensible persona. es como cuando uno tira una piedra redonda y pesada al agua, la cual cae, presiona, entra y penetra, obligando al agua que la recibe a retroceder, para finalmente salir con mucha polenta, impulsada por la misma fuerza que la empujo hace instantes. estas sensaciones están dentro mío y pretendo hacerlas salir. de hecho, es lo que estoy haciendo. bien por mi.
 
_ las apariencias engañan ¿?
durante la segunda mitad de su vida sufrió todo tipo de vaivenes económicos, como la mayoría de los abuelos, o jubilados, y sin embargo nunca perdió su compostura, ni dejo de parecer lo que aparentaba. una señora 'bien', criada y educada en la zona norte, geografía por donde se sucedieron la mayoría de los hechos mas relevantes de su vida. se presentaba a las reuniones familiares siempre pituca, con collares de perlas ya sin brillo y luminosidad,  vestidos ya pasados de moda y aros grandes colgando de sus orejas. era sumamente educada y los modales eran uno de sus valores mas sostenidos a lo largo del tiempo. una vez, estando yo de vacaciones en las playas del sur de brasil, le traje un collar de piedras de color azul y verde esmeralda. para mi fue solo un collar por demás exótico y relevante por su extrañes, al cual pude acceder sin mayores problemas, económicamente hablando. para ella, una gloria que me agradecería hasta el final de sus días. tenía un fino humor negro y pocas veces decía malas palabras. cuando soltaba alguna, se lo festejábamos a pura carcajada.
se casó joven y con un hombre sumamente pintón, según argumentos femeninos. y cuando digo pintón, aclaro que según dichos de mi mama, era casi irresistible. este hombre era abogado, profesor de historia de un respetado colegio secundario llamado goethe, sumamente capaz e inteligente. a través de su profesión le dio suma tranquilidad económica a mi abuela y a los hijos que trajeron al mundo, los cuales fueron dos. mi padre y mi tío, ricardo y ernesto respectivamente.
 
corría el año 1963 y este prestigioso hombre de letras, profesor de colegio privado de la zona norte, pintón, correcto y con una conducta intachable, abandona a su mujer y a sus dos hijos, quienes para ese momento tenían la edad de 15 y 10 años cada uno. los abandona a su suerte y se pierde como un recuerdo para irse a vivir al norte del país con su secretaria, con la cual decide cambiar rotundamente de vida.
mi abuela nunca había trabajado, seguramente un hecho que lamentaría después de sucedidos los hechos, y tuvo que arremangarse para salir a resolver tremendo problema. nunca mas se enamoró, y que yo sepa tampoco tuvo un novio, o un compañero, o algún tipo de aventura. cerro las compuertas del amor y del goce, opacando para siempre unas de las cuestiones mas hermosas, e importantes, que nos ofrece la vida. ella, sin embargo, siempre se mostró entera y como si todo funcionase a la perfección. no recuerdo demasiados detalles referidos a este tema, de parte de su propia boca.
 
_ la muerte de un hijo.
mi papa militó en montoneros durante los años de ebullición política en los años 70. conoció a mi mama para esa época y se enamoraron caminando juntos este camino. era un grandísimo ser humano, y con un corazón terriblemente sensible, como la mayoría de los jóvenes de aquel romántico momento. decide jugarse la vida en aquel proyecto de vida y termina siendo asesinado durante el mes del noviembre del '76. mi abuela, tal cual uno podría suponer, nunca pudo levantarse de semejante golpe. no se sabe bien porque decidió no participar de movimientos que terminaron siendo fundamentales en nuestra historia como pueblo, como las inquebrantables madres de plaza de mayo, o como la madre de la segunda mujer de su hijo, quien si decide re armarse y salir a dar pelea, hasta el fin de sus días. este hubiese significado un espacio en donde ella hubiese podido descansar y trabajar su pena, y también su rabias. puteaba, tiraba mierda para todos los costados, cuando de  milicos se hablaba, emanaba alguna que otra lagrima de cocodrilo en cierta ocasión o aniversario, pero no mas. toda la bosta dentro. toda la mochila dentro de ese cuerpo que envejecía de a poco y que era tan chiquito y frágil.
 
_ mimos.
recuerdo con claridad que siendo yo chico, o pequeño, o mas pequeño, con unos 5 o 6 años de vida a cuestas, una de las cosas mas me gustaban de de ella eran los mimos que me hacía en la cabeza. con la yema los dedos, y las uñas, y muy despacito, como con todo el tiempo del mundo, de manera sutil y suave, me acariciaba el cuero cabelludo hasta hacerme dormir. me llevaba mucho al cine y tenía una importante presencia en las actividades de mi semana. siento que siempre me quiso hasta el cielo, que me cuido, que me fomentó, que me estimulo, que hizo de abuela como a uno le gustaría que sea este hermoso personaje tan relevante de nuestras vidas. ocupo un lugar tremendamente importante ante la falta, imprevista y dolorosa, que se nos había venido encima a todos los que quedamos.
 
_ la herida del otro hijo.
hace unos días falleció mi tío, el otro de sus hijos, por el cual prácticamente dio su vida. la abuelita se fue antes que el, y paradójicamente, este, hace uno días atrás, le dijo a sus hijos que la extrañaba enormemente. la historia de este hombre, se muestra como trágica a medida que uno la recorre mental y lentamente, en base a hechos reales e históricos por un lado, y también haciendo pie en cuestiones que se desprenden de sucesos presentados como posibilidades, o creencias, o teorías, estas últimas resultado de algunas cuestiones familiares que no tienen respuesta cierta hasta el día de hoy y que siempre generaron todo tipo de especulaciones en la familia. la mama de mi hermano ricardo, también nieto de la abuela que describo, hijo de ricardo y sobrino del tío que fallece, estando en el velatorio hace solo unos días, dispara, casi como en un susurro: - cuantos secretos se llevo a la tumba ...
 
ernesto, mi tío, tampoco pudo superar la muerte de mi papa, ricardo. era el hermano menor y se quedo sin la figura que ocupa un hermano mayor, también convertido a la fuerza casi en una figura paternal. tuvo cuatro hermosos hijos con la mujer de su vida y a lo largo de su paso por esta tierra nunca tuvo buena fortuna. tuvo que pelearla muy duro para sacar muy poco provecho, profesional y/o económico, y vivió la mayoría de sus últimos años, solo, lejos de su familia, y prácticamente sin nada. se mando muchas cagadas irreversibles y la abuelita sufrió estos avatares como propios, y como también era de esperar, ella se le entregó sin condición alguna, le ofrendó su vida y sus cosas, su dinero, su humilde y pequeño departamento a la vuelta de la estación de olivos, todo. parecía ser que ya no importaba nada con respecto o concerniente a ella misma. solo quería que al hijo que le quedaba le fuese mejor. y me parece que es lógico, aunque yo siendo mas grande ya, la peleaba un poco con todo este tema de olvidarse de si misma.
 
_ mataderos.
la abuelita, como la llamábamos con ricardo, mi hermano de parte de este lado de la familia, ya que tengo otros hermanos por otro lado de la familia, era una santa. pasó sus últimos 6 años de vida viviendo en una especie de hogar, perteneciente a unas monjas franciscanas, lugar al que llegó por medio de un hermano que con contactos logró generarle un espacio allí. ella estaba literalmente 'en pelotas' y no tenía donde irse a morar. el hogar quedaba en el barrio de mataderos y la puerta del lugar, amplia y de color negro, a la cual se llegaba después de subir unos escalones, siempre estaba lleno de sol.
el establecimiento era muy pulcro, muy amplio, con enormes mosaicos que siempre brillaban y hacían traslucir la luz del día y un fondo lleno de verde para el horario de las visitas. las monjas tenían muy buena disposición y aunque a ella no le faltaba nada y parecía ser un espacio que se presentaba mas que apetecible para alguien que no tenía donde 'caerse muerta', ella se sentía muy sola. sus compañeras no estaban tan enteras físicamente como ella, solía hacer ejercicios de yoga antes de irse a dormir y en cuanto se levantaba. tampoco logró conectar con ellas a nivel espiritual. nunca se sintió parte de este espacio que no eligió.
la abuelita tuvo una vida con tropiezos complicados y llevaba sobre si muchas frustraciones y hondos dolores de esos que son para siempre, que seguramente nunca compartió con sus compañeras.
 
se tomaba el 63, línea de colectivos urbano de color azul, que iba de mataderos a barrancas de belgrano, para ir hasta mi casa en el barrio de colegiales. muchas veces la buscábamos con algún auto y cada tanto se daba la situación que mas anhelaba: juntar a todos los nietos. nosotros dos mas los cuatros hijos de su hijo ernesto, el que acaba de irse. con esta situación se volvía loca de alegría. era su máxima.
 
que linda que era ... que buena gente que era ... no la tuvo fácil y se desvivió por lo suyos. para estos días hace cuatro años que se fue, sin avisar, como era ella.
 
*De Mariano Abrevaya Dios.
mad@...
 
 
 
 
CULTURA : EL ESCRITOR GANO EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN 1981

Centenario de Canetti, un pesimista que apuntó a la raíz del totalitarismo*

Era judío, había nacido en Bulgaria y vivido en varias ciudades de Europa. Pero escribía en alemán. Su estudio sobre por qué el individuo es atraído por las masas le valió el premio de la Academia Sueca.

Dicen que Elías Canetti decía que no conocía a Borges, aunque se lo habían señalado como su rival en una hipotética lucha por el Premio Nobel (él lo ganó; Borges, no). Dicen que era egocéntrico y se tenía en muy alta estima. Dicen que tuvo una vida amorosa agitada, con dos esposas y varias amantes. Cuentan que este escritor que ayer hubiera cumplido cien años había dicho sus primeras palabras en ladino (un castellano antiguo hablado por los judíos sefaradíes) y aprendió después el búlgaro, el turco, el inglés, el francés y el alemán. Ese fue el idioma determinante: "Al leer y escribir soy sólo alemán", escribió fuera de Alemania. "El idioma de mi espíritu seguirá siendo el alemán, y esto porque soy judío. Aquello que queda de la tierra devastada deseo conservar en mí como judío", decía en 1944. Porque, claro, Elías Canetti había tenido que huir de Austria con el nazismo. Pero empecemos desde el principio.
Canetti nació el 25 de julio de 1905, en una ciudad de provincias —Rustschuk— del imperio otomano, hoy Bulgaria. Era parte de una familia de comerciantes sefaradíes, con pasaporte turco.
La familia migró en 1911 a Manchester, Inglaterra. Pero en 1912 murió su padre y la familia (Elías, su madre, sus dos hermanos) se mudaron a Viena. Canetti fue a la escuela en Viena y Zurich, pero terminó el bachillerato en Francfort. Más tarde la madre se fue con los hermanos a París y Elías volvió a Viena a estudiar química y —ya encontraba su destino— filosofía y letras. Allí conoció a su primera esposa, la escritora Veza Taubner.
Allí, en la Viena de entreguerras, escribió sus obras teatrales La Boda y La comedia de las Vanidades y uno de sus principales trabajos, la novela Auto de fe, en la que describe el hundimiento de un estudioso obsesionado por los libros.
En 1939, él y su esposa huyeron de los nazis a Inglaterra. Entonces —de acuerdo con los tiempos que corrían— Canetti empezó un estudio sobre las masas humanas, un trabajo que incluyó los planos antropológico, psicológico y mítico y que terminó siendo su obra más importante: Masa y poder, que se publicó en dos volúmenes en 1960/62 y donde trató de responder por qué la masa atrae al individuo. Es que para Canetti, el individuo era la medida de todas las cosas.
Su obra estuvo influida por el pensador vienés Karl Kraus, con quien compartió, aparte de la vehemencia satírica, el renegar de sus raíces judías pero permaneciendo bien consciente de éstas. De él heredó una obsesión por las palabras, una visión ácida de la sociedad y un marcado pesimismo.
En 1963 murió Veza y en 1971 Canetti se casó con la restauradora Hera Buschor, con quien tuvo una hija. En 1981 le dieron el Premio Nobel de Literatura por su "posición crítica ante ciertas tendencias enfermas de nuestro tiempo, por ejemplo, su estudio de los movimientos de masas y de manera especial en relación con la brutalidad del nacionalsocialismo germano y de las dictaduras en general".
Después del Nobel recibió varios premios literarios, como el Buechner, el Gran Premio del Estado Austríaco, el Kafka y el de la Academia Bávara, entre otros.
"Nunca se está suficientemente triste para mejorar el mundo. Demasiado pronto se vuelve a tener hambre", escribió este hombre cuya trayectoria está bien inscripta en los avatares del siglo XX.
Vivió en Londres hasta fines de los 80 y hasta su muerte, el 14 de agosto de 1994, en Zurich. Pero nunca pudo decidir dónde se sentía en casa. En sus escritos se lee: "Admito que no tengo patria. Pero a cada país al que llegué comencé a amarlo muy pronto."

*Fuente: diario Clarín.
http://www.clarin.com/diario/2005/07/26/sociedad/s-03601.htm
 
 
 
 
Cuando Harris conoció a Shaw*
Enemigos íntimos o amigos beligerantes, las vidas de Bernard Shaw y Frank Harris se fueron entrelazando de un modo sorprendente. Juan Forn rescata la historia de estos dos intelectuales que, en los roles de biografista y biografiado, consumaron una amistad literaria tan extraña como cautivante.


*Por Juan Forn

En los primeros días de enero de 1930, Frank Harris le escribió desde Niza a Bernard Shaw informándole que había aceptado la propuesta de una editorial británica para escribir una biografía sobre él. Si bien ambos hombres habían nacido en el mismo país (Irlanda) y el mismo año (1856), y llevaban para entonces casi medio siglo de beligerante amistad, la situación de Shaw y Harris no podía ser más opuesta, habiendo practicado en todo ese tiempo la misma actividad (enrostrar a su época todas las verdades desagradables que era de buen tono no ver): el priápico Harris era un despojo física y
económicamente, y se había radicado en Niza huyendo de acreedores, juicios por obscenidad y admiradores de sus transgresiones; mientras que el vegetariano Shaw gozaba de impecable salud y fortuna, además de ser una de los figuras intelectuales más veneradas en Inglaterra y el mundo.
Estas diferencias ya eran flagrantes cuando los dos se conocieron en 1890: Harris había huido en su adolescencia de Irlanda hacia América, trabajó como obrero en la construcción del puente de Brooklyn, fue vaquero y arriero en Montana, hizo una pequeña fortuna con petróleo que le permitió volver a
Europa, donde estudió en Heidelberg y la Sorbonne, antes de llegar a Londres y tomarla por asalto a los treinta y tres años, al comprar y reformular por completo la revista Saturday Review. Shaw, en cambio, dejó un opaco puesto como cajero en Dublín a los veinte para seguir a su madre, quien se había
instalado en Londres con el hombre por el que lo había abandonado todo, el músico Vandaleur Lee. Allí escribió seis novelas en seis años, que no logró publicar en ningún lado ("quizá porque todas ellas atrasaban ciento cincuenta años en estilo y se adelantaban cincuenta años en contenido", diría el propio Shaw mucho tiempo después). Mientras tanto había abrazado la causa del socialismo y había ganado notoriedad como orador brillante en cuanta tribuna pública le permitían hablar (fuesen los estrados de clubes radicales o pilas de cajones de fruta en los mercados callejeros de la ciudad).
Para cuando los dos hombres estuvieron frente a frente por primera vez, Harris era capaz de gastar en un banquete en el Café Royale lo que Shaw ganaba en un año entero. Harris se vanagloriaba de haber conocido carnalmente a más de mil mujeres; y Shaw, de mantener su virginidad incólume a los veintinueve años. Harris consideraba que escribir era uno de los dones supremos en un hombre, mientras que a Shaw no le "emocionó más que el gusto del agua" descubrir que tenía esa habilidad, que en su opinión estaba al
alcance de cualquiera. En cuanto al encuentro de ambos hombres, fue otro irlandés quien los presentó y disfrutó las chispas que produjo el encuentro: nada menos que Oscar Wilde (quien habría de escribir El alma del hombre bajo el socialismo luego de escuchar uno de los célebres discursos de Shaw).
Cuando Harris se puso al frente de la alicaída Saturday Review, su primera decisión fue convencer a las cinco plumas que más valoraba en Inglaterra para que conformaran la columna vertebral de la revista, y les ofreció máxima tarifa para que escribieran "al menos tres artículos semanales cada uno, que aporten todos ellos algo original" (los otros cuatro eran Wilde, H.G. Wells, Walter Pater y Robert Cunnighame-Graham). En sólo tres años, la Saturday Review hizo historia y significó para Shaw el trampolín hacia la
fama, porque Harris tuvo la brillante idea de ponerlo a cubrir la escena teatral londinense (hasta entonces Shaw ganaba sus peniques escribiendo sobre conciertos y exposiciones de pintura, en los ratos libres que le dejaban sus permanentes intervenciones en mitines y debates públicos), dándole luego carta blanca para que publicara en la Saturday Review sus primeros folletines teatrales, cuando comprobó el revuelo que provocaban esas ideas que Shaw camuflaba con astucia en sus críticas teatrales. Mucha agua había corrido bajo el puente desde entonces hasta 1930. Cuando Wilde
fue célebremente condenado y encarcelado en Reading, Harris y Shaw orquestaron una fallida campaña en su defensa y luego Harris escribió uno de los mejores retratos que existen de Bosie hasta hoy (Vida y confesiones de Oscar Wilde). Poco después, ambos sufrirían en carne propia la moral victoriana, cuando a Shaw le prohibieron su primera obra teatral (Casa de viudos) y Harris fue juzgado por su "pornográfica" autobiografía (Mi vida y amores). A partir de entonces comenzó a invertirse la suerte de ambos: mientras Shaw triunfaba cada vez más clamorosamente con sus sucesivas obras teatrales, Harris se metía en un negocio turbio tras otro. Ambos se opusieron a que Inglaterra entrara en la Primera Guerra con parecidos argumentos, pero mientras los de Shaw fueron aceptados a regañadientes como parte de su pacifismo, los de Harris fueron tildados de germanismo y traición a la patria. Harris vio crecer la fama y el prestigio mundial del autor de Pigmalión desde su ostracismo en Niza. A lo largo de esos años, cuando a Shaw le preguntaban "¿qué le sucedía a Frank Harris: era un judío, otro Verlaine, un espía alemán, o qué?", él se limitaba a contestar que era su forajido preferido. Pero cuando Harris le anunció en enero de 1930 el propósito de escribir una biografía de él, Shaw le respondió: "Confesiones
suyas tiene derecho a hacer todas las que quiera, pero confesiones mías de ninguna manera".
Harris le había enviado seis preguntas junto con su carta. Shaw decía al respecto: "La contestación de ellas constituiría por sí sola el libro que se propone escribir". Harris le respondió que escribiría el libro con o sin respuestas de Shaw. Este le anunció: "Consideraré culpable a todo aquel que invoque mi nombre en vano. Ya hizo usted de Shakespeare un híbrido de marinero de melodrama y criminal francés. Sabe Dios lo que haría de mí".
Harris le recordó que el propio Shaw había elogiado (y citado) su libro sobre Shakespeare. Recibió la siguiente respuesta: "No puedo imaginar nada más horrible que un picadillo de Shaw con Harris. Si va a hacerlo, que sea un ensayo sobre nuestra época con bocetos de la gente más varia. Esto, por
lo menos, lo sabe hacer, y si lo hace como es debido quizá le sea perdonado ese horrible libro sobre su Vida y amores". En otra carta de dos meses después, agregaba: "Ya que se empeña usted en escribir mi vida, no estará de más que sepa algo sobre ella, pero en caso de que publique una sola de mis palabras le llevaré ante los tribunales. Comprenda que no voy a escribirle su libro". La carta continuaba con un sinfín de detalles que Harris "seguramente malinterpretaría" de la vida de Shaw y culminaba con la frase: "Tengo ahora que poner punto final o esta carta no terminará nunca".
La correspondencia no se interrumpió allí. Shaw siguió bombardeando a Harris con confesiones sobre su vida, mientras insistía en "la imposibilidad de transmitir a un espectador una imagen ajustada a la verdad de lo que ha sido mi vida". En septiembre de 1930, sin embargo, le anunciaba a Harris: "He
escrito de mi propio puño, en las pruebas adjuntas, las informaciones que me pedía. Puede usted, cuando dejen de ser personales y privadas, venderlas e irse de parranda con su esposa". Por fin, en noviembre de 1930, Harris recibió la siguiente misiva: "Le doy carta blanca en lo que a esta correspondencia y a mi persona se refiere. Aunque insisto en que el libro debe ser de usted: no permita que lo desplace del escenario".
Así como no había esperado por esta autorización, Harris ya había puesto manos a la obra con su polémico estilo de costumbre: su biografía comenzaba reproduciendo una tras otra, y textualmente, las sucesivas cartas de Shaw, desde la iracunda negativa inicial hasta el paternal consejo del final. De
ahí pasaba a una introducción, donde decía: "BernardShaw descenderá a la tumba convencido de que jamás aprobó mi biografía pero, como cada vez que me he puesto a hablar de él en estos veinte años, empezó oponiéndose enérgicamente a toda tentativa para terminar quitándome los pinceles de la
mano y hacerlo él mismo".
A continuación venían trescientas y pico de páginas donde el retrato de Shaw no sólo iba apareciendo en contrapunto con el de la época sino, especialmente, con el del coprotagonista del libro. Harris había tomado al pie de la letra el consejo de Shaw: nunca se dejaba desplazar del escenario por su retratado. El resultado era una de las biografías más deformes, lúcidas y brillantes que se habían escrito desde los tiempos del Doctor Johnson y Boswell. Harris demostraba en sus páginas que Shaw era a Inglaterra lo que Molière había sido para Francia, pero al mismo tiempo ponía en evidencia que el paladín del socialismo había logrado nulos progresos para su causa en el país de Europa más impermeable a la doctrina de Marx. Decía que Shaw había sido el primer texto filosófico legible y vital para al menos dos generaciones de jóvenes y luego lo tildaba de mariposón (literalmente, el capítulo quince del libro estaba titulado: "El mariposón contrae matrimonio"), demostrando que la comedia florecía en épocas femeninas, mientras que las tragedias hacían lo propio en tiempos varoniles. Harris analizaba pormenorizadamente la Fuerza Vital o Evolución Creadora, el concepto por excelencia que recorría la obra de Shaw, para concluir que esa idea (encarnada en el epigrama: "Si hay un dios, se equivoca a veces") enmascaraba la verdadera vocación de Shaw: no el socialismo, ni el pacifismo, ni otra forma de anticapitalismo más o menos militante sino, sencillamente, corregir los errores de Dios.
Hacia agosto de 1931, el libro estaba casi listo; Harris había logrado cumplir el plazo de un año que le había puesto el editor Gollancz. Sólo le faltaba escribir el epílogo, anunciaba en una carta que adjuntaba al manuscrito. Su último capítulo, titulado "El futuro", contenía la siguiente afirmación: "En todas las épocas hubo precursores a quienes, al final de sus vidas, el tiempo pareció alcanzar y rebasar. En el caso de Shaw ha sucedido, desgraciadamente, lo contrario. El mundo no ha avanzado; y si bien su fama en estos treinta años ha dado la vuelta al mundo, todos los inoculados con el virus shawiano no han tardado mucho en eliminarlo. El propio Shaw lo ha eliminado hasta cierto punto. Así termina sus días el puritano rebelde que insultó a su tiempo y fue bien retribuido por sus invectivas. Pensador sin
originalidad (sus centelleantes estocadas se desvanecen un minuto más tarde en el aire), dramaturgo sin grandeza (la destreza de su diálogo no es sino periodismo teatral), Shaw trascenderá como lo han hecho el Doctor Johnson y Samuel Pepys, cuyas personalidades fueron más grandes que sus obras. No cabe
duda que es una lástima. Yo, que tanto lo quise y me daba cuenta del hombre que pudo haber sido, deseé verlo perdurar hasta que otro planeta, chocando con el nuestro, nos enviara a todos a la gloria".
Todo lector del Shaw de Harris que lea estas líneas y dé vuelta la página para desembocar en el epílogo sufrirá la misma conmoción cuando se tope allí con el siguiente titular: Post-scriptum. Por el personaje de esta biografía.
Ya no es la voz de Harris, evidentemente, la que anuncia: "Habiendo terminado este último capítulo, Frank Harris murió el 26 de agosto de 1931, a los setenta y seis años, dejando a mi cargo la corrección de las pruebas. Muchas cosas extraordinarias he tenido que hacer en mi vida, pero ésta es la más extraordinaria de todas".
Quien nos habla es el propio George Bernard Shaw, y en menos de ocho carillas ofrece los elementos esenciales para completar el retrato de Harris y el de él mismo que ofrecen las anteriores trescientas. Sólo puededecirse de ellas que al propio Harris no le hubieran disgustado; y quizás hasta le habrían parecido el cierre perfecto para un libro como el suyo.
Luego de hacer una semblanza formidable del paso de Harris por la escena literaria británica (y de sus consecuencias, en el uno y en la otra), Shaw dice que, si tuviera que escribir el epitafio de su amigo, pondría sobre su tumba: "Aquí yace un hombre de letras que odiaba la crueldad, la injusticia
y el arte mediocre, y que nunca dejó de combatirlos, por conveniencia propia". Pasa entonces a aclarar que todas las críticas, sarcasmos, condenaciones y explosiones pasajeras de malhumor que contiene el libro han sido piadosamente respetadas, "y espero que no hayan perdido nada de su valor". A continuación, Shaw dice: "Este libro es muy valioso, no como explicación de mi obra (sólo un idiota buscaría un explicación de segunda mano estando mis propios libros a su alcance para dársela de primera) sino como demostración de las reacciones que yo producía en Harris, el cual era lo bastante interesante como para que sus reacciones sean muy dignas de leerse. Ahora bien, para que una reacción sea suficientemente fuerte se precisa que exista alguna incompatibilidad. Por eso encuentro este libro
divertido, en el mejor sentido francés de la palabra: a causa del estruendo que producen nuestros temperamentos al entrar en colisión el uno con el otro. Sin embargo, ningún hombre es buen crítico de su propio retrato; y si éste estuviera bien pintado no tiene derecho a impedir que el artista lo
exponga, ni tampoco, cuando el artista es un amigo muerto, puede negarse a darle una mano de barniz antes de que se abra la exposición. Espero, pues, que haya quedado lo bastante clara la participación que me cabe en el asunto".
Brillante cierre. Sólo que la idea no es de Shaw. Cierta vez, estando en una cena en casa de Sydney Lee, la máxima autoridad de entonces en crítica shakespeareana, Shaw le preguntó al anfitrión qué pensaba del libro de Harris sobre Shakespeare y éste respondió: "Un estudio muy notable. Sólo que ese Shakespeare es... Harris mismo". Y en las primeras páginas del retrato de Shaw que hizo Harris para la segunda serie de sus Retratos de Contemporáneos, dice: "Shaw es el plagiario más hábil del mundo. Por hostil que sea vuestro punto de vista, él se lo apropiará y lo transformará tan sugestivamente que olvidaréis que os lo ha escamoteado y quedaréis maravillados de su fecunda imaginación".
Un par de detalles para terminar. Años después de que Gollancz publicara finalmente el Shaw de Frank Harris (en 1935), un periodista norteamericano llamado Frank Scully, que se había desempeñado como secretario de Harris en Niza y a quien estaba dedicado el Shaw ("Para F.S., que me invitó a emprender este libro y no me dejó luego un minuto de reposo hasta que lo hube terminado"), afirmó en su mediocre libro Rogue's Gallery que él fue el escritor fantasma del Shaw, así como del libro sobre los cowboys de Harris (On the Trail).
Sheila Hodges, en su libro sobre la historia de la editorial Gollancz (The Story of a Publishing House), también afirma lo mismo. Philippa Pullar, por su parte, cuenta en su biografía de Frank Harris una historia levemente diferente: según ella, Harris estaba efectivamente muy enfermo cuando emprendió la biografía de Shaw y sólo pudo llevarla adelante combinando el texto anterior que había hecho de Shaw en sus Retratos de Contemporáneos con la profusa información que el propio biografiado ofreció en la catarata de cartas que le envió a lo largo de 1930. Scully procedía a tomar nota de lo que Harris dictaba desde la cama, leyendo de ambos materiales e improvisando en voz alta los nexos necesarios. Pero la redacción de Scully era tan deficiente que hizo falta un tercer personaje para enmendar el trabajo: el ácrata Alexander Berkman, hombre muy ilustrado y capaz, que había conocido a Shaw en los mitines radicales yque en el año '30 había tenido que salir de apuro de Inglaterra y estaba en Niza sin trabajo y sin poder hacer contacto con su célula anarquista. La viuda de Harris, Nelle, parece confirmarlo, ya que en una entrada de su diario con fecha enero de 1931 dice: "Frank logró escribir cuarenta mil palabras. Scully quiere contratar a alguien competente que termine el libro porque ya ha reunido todo el material".
¿Sabía Shaw todo esto cuando recibió de Gollancz las pruebas del libro? Todo indica que no. Un amigo suyo, llamado George W. Bishop, cuenta en su libro de memorias (My Betters) que, enterado por Gollancz de la muerte de Harris y de la complicada situación económica en que quedaba Nelle, la viuda, Shaw pidió que se le enviara un juego de pruebas especial, que intercalara una hoja en blanco junto a cada página de texto, y que se encargó él mismo de las enmiendas, limitándose a retocar los últimos capítulos, los cuales (según Gollancz contó a Bishop que le había dicho Shaw) "decaían sensiblemente en comparación con el resto, de seguro porque Harris no pudo seguir y quedaron al cuidado de ese Scully". Cuando Bishop le preguntó a Gollancz qué había pasado con ese juego de galeras corregido por Shaw, él
contestó que lo había guardado en su caja fuerte luego de incorporar las correcciones. El día en que le entregó en mano a Shaw el primer ejemplar publicado de la biografía, en las oficinas de la editorial en Henrietta Street, éste le recordó también el juego de galeras y, cuando el editor abrió la caja fuerte y se lo entregó, el aún altísimo y atlético Shaw (que ya tenía ochenta años) se retiró sin decir una palabra, con ambos paquetes bajo el brazo. Quince años después, cuando Shaw murió en 1950, aquel juego
de galeras invalorable para los estudiosos de su obra fue inhallable entre los ordenados papeles que dejó el prolífico nonagenario a su albacea.
Las ventas del Shaw de Frank Harris superaron largamente las de todos sus demás títulos (incluidos el Shakespeare, el Wilde y hasta Mi vida y amores) y ofrecieron a su viuda un buen pasar hasta su muerte. Hay por lo menos dos ediciones en castellano del libro, ambas en traducción del gran Ricardo
Baeza (una de ellas publicada por Losada en 1943, la otra por Diana de México, ambas en 1950) y se las suele encontrar en las librerías de saldos.
 
*Fuente: diario Página/12. www.pagina12.com.ar
 
 
 
 
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Inventren: Narrativa y poesía circulando por las vías dormidas de la Argentina.
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CONCURSO DE CUENTO "W. A. MOZART"
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO:
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
*EDITORIAL DEL MAGAZIN CULTURAL LATINOAMERICANO XICóATL "ESTRELLA ERRANTE" # 72 (Año 14, Julio-Septiembre/2005) ACERCA DEL CONCURSO.

 
 

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#53 De: inventivaedicion@...
Fecha: Mié, 13 de Jul, 2005 5:04 pm
Asunto: EDICIÓN JULIO INVENTIVA
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Edición JULIO 2005 INVENTIVASocial
 
 
 
La vieja máquina de coser*
 
Del silencio  pensar, las manos escarban herrumbre y antaño.
Ni así,  hay manera de recorrer sus historias.
Los vapores del siglo en la casa, aromas de lluvias, nostalgias,
de noviazgos idos, siestas en el volar de tanta mariposa.
Guardapolvos, chalecos, vestidos que punto a punto
en vaivén la aguja paría al hilo sano en la nueva o vieja prenda
que el cuerpo  luego altivo exponía.
En casas de  obreros,
 el color no bastaba para lucir algo nuevo.
No hay silencio que cuente sus historias,
no hay caso.
Esta tan vieja y chescolovaka máquina de coser,
 quiere sincrónicamente contarme en su luto
y no hay silencio que hable.
El aceite, hizo destrabar el hilo al comenzar sus cantares.
Clack-clack, . . .clakc quete clack . . .
avanza en un Morse indefinido a tipear en la noche
notas musicales,
 hasta que una lágrima del sedal,
dejó una cortina triste en la huella
 de la palabra dormida.

*de Ricardo D. Mastrizzo. ricardomastrizzo@...
 
 
*
Alboroto de gorriones contra la tarde gris de julio.
El hombre traza sus letras casi en la oscuridad. En quietud, afina el oido. Desprendidos de los trinos, se escuchan los pasos de luz de su compañera -ahora con alas plegadas- volviendo al nido.
 
*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@...
 
 
 
Libertad*

La mujer de la foto, parecía decir algo. Sus grandes ojos verdes, manifestaban cierto descontento, como si alguien por alguna extraña razón la hubiera obligado a retratarse, para quedarse ahí por siempre.
El negro de la película fotográfica, dominaba la escena, confundiendo a la protagonista con el fondo lóbrego y encerado.
Detrás de ella, se alcanzaba divisar una puerta entreabierta, la que, supongo gemía ordinarieces desde sus bisagras resecas y abandonadas.
El marco desvencijado, caía a uno de los lados, dejando firmes certezas.
Manuela se colocó a mi izquierda y tocándome suavemente el hombro, murmuró -¿Es misteriosa verdad?, ¿Sabes? -agregó- desde siempre, ese retrato estuvo ahí colgado, la abuela Josefa, ¡esa! ¿la ves? -preguntó escrutadora señalando el otro retrato-, nunca me quiso. Herminia me confesó que mi abuela detestaba a mi padre. Por esa razón mi madre fue sentenciada a padecer sus continuos desplantes y reproches.
Yo le tomé la mano y su dedo índice acusador bajó doblándose para aferrarse al apretón que le brindaba mi mano; luego me volví, regresando por fin celosamente a la joven mujer que me subyugaba.
Manuela se marchó, silenciosa, por el amplio corredor dispuesta a recorrer otras habitaciones. La casa era grande, pero vieja, tan vieja y ruinosa como la anciana antes señalada, que, desde la foto controlaba. Ella, estaba sentada con los brazos cruzados sobre su regazo, su rostro oval, el cabello blanco y tirante, sujeto atrás por una peineta que asomaba en lo alto del rodete.
Los ojos siniestramente oscuros y penetrantes como una daga, parecían perforar los míos. Su atuendo chispeaba brillante, como si miles de dragones se hubieran dado asilo por debajo de la falda.
La figura, imponente y descolorida por el tiempo, se perdía entre los sepias y los rojos, parecía no rendirse ante la muerte,-pero calculo que alguna vez tuvo que hacerlo.
Detrás de la anciana también coincidentemente con el retrato de la mujer joven, había una puerta, pero, a diferencia de esta última, permanecía cerrada.
Sentí cierto escozor dentro del alma, un vacío inmenso que se internó y provocó mi retirada.
La casa había sido propiedad de antepasados parientes de Manuela, según me enteré y a pesar del resto que aún vivía, se libró un testamento que la hizo acreedora de la misma.
Nunca comprendimos tamaña decisión, ya que habíamos permanecido alejados de la familia por influencias de la funesta y desamorada abuela. A nuestro pesar, sentíamos que habíamos sido causa de evidentes conflictos entre los familiares, que ofuscados se fueron del pueblo.
Nos quedamos solos, en un lugar inquietante, hostil, donde la gente caminaba cabizbaja y de espaldas encorvadas, hasta los niños parecían inocentes criaturas envejecidas, sollozando uniformados, cierta formalidad.
Las calles respiraban aires grises y mustios, producto del polvo levantado por idas y venidas. Todos eran presos de su propia cárcel, perseguidores de la nada, que sin lugar a dudas respondía a esa huida temeraria y temerosa que se resistían abandonar.
Sus casas "sus prisiones", como la nuestra, estaban deterioradas, con paredes rasgadas por entretejidas y tupidas enredaderas, que se prendían a los muros como chupadoras de energía.
El verde lo ocupaba todo, para extrañeza, era lo único bello del lugar, savia y vida regurgitada dentro del abismo reinante.
Las miradas, perdidas de los habitantes, calcinaban la tierra, horadando, buscando en los fondos el refugio.
Yo sentía el murmullo de esa caída golpeando las entrañas de la muerte, yo entendía que no entendían y yo tampoco, por eso debía esperar, ¿Esperar? Tal vez el milagro -me respondí ante la pregunta que batallaba insistente en mis sienes.
Carmelo, el panadero llegó con su carro; encorvado como los demás, bajó del mismo, golpeó la puerta y dejó las bolsas de harina.
Herminia, la mujer que había criado a Manuela, desde que su madre decidió poner fin a sus días, tomó la pesada carga y la arrastró hasta la cocina, desató los nudos y volcó en un recipiente la porción necesaria para amasar el pan del día. Todo era rutinario y organizado, un ritual que yo observaba desde la ventana de mi taller de carpintería, mientras la madera se despojaba aserrinada en gritos.
El colchón amarronado que se formaba desafiaba a las nubes blancas que bailaban en la cocina. La voz de Manuela llamándome quebró la magia pronta a ser vencidas por el agua que Herminia colocaba en el tazón.
El serrucho se deslizó de mi mano para caer sobre el tablón, lineal, y sin argumento se calló lo que duró el instante, cuando sentí perder a Manuela.
De su boca apenas entreabierta se escuchaba un frágil silbido, como si sus pulmones se hubieran adueñado de todo el aire si dejarlo regresar. La tomé entre mis brazos y corrí desesperado al cuarto, la arrojé en la cama; la criada lloraba, frotándose el rostro con las manos flamantes de masa.
Miré buscando a Dios en algún sitio: En su lugar sólo paréntesis encerrando pesadillas...
La mujer anciana sonreía ahora, desde la foto, parecía haber logrado su cometido.
La otra, la joven, misteriosamente había escapado por la puerta abierta. Comprendí entonces mi embelesamiento por esa joven de la foto y la relación que nos unía -seguramente de alguna otra vida-, un "dejá vu" -pensé- cuando Manuela, cerró sus ojos verdes… también para marcharse.

Me asomé a la ventana. La gente estaba erguida, libre, despreocupada, parada junto al portal, con flores frescas en las manos...

*Angeles Charlyne. angelescharlyne@...
 


 
 
CUANDO*
 
cuando me desnudo
despacio
 cansinamente
en tu mirada
 
la estancia es
violeta
magenta
azul
 
el perfume emborracha
 
melodía y me dolía    
                     el sonido de tu voz
 
 alas
tus  manos
            desplumando la noche

                             
*
el sol dejó olvidado
algunos rayos
                  en la almohada
 
caprichosos
      no quieren dejar la casa
se enredaron en mis rulos

                    
 *Poemas de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...



 
 
Fronteras*

            "Acaso alguna tarde o alguna noche estuve en el Brasil, porque la frontera
no era otra cosa que una línea trazada por mojones" J.L.B. ("El Congreso")

 
 Nunca comprendí las fronteras. Cuando niño imaginé gigantescos y extensos muros, inviolables, construidos ignotamente. Muros que no permitíanel paso de las tormentas, de la temperatura ambiente, de las nubes, de los ángeles, de los pájaros. Creía que el sol de este lado era distinto al del otro y que el cielo, invariablemente, era otro.

            Crecí. Las cosas están más claras. Ahora el muro lo veo, no lo imagino. Se mueve orugosamente y, en más de una ocasión, impide que vea del otro lado. Llegué a entender que, en ocasiones, formo parte de él.


La puerta*

 Allí estaba la puerta. Estaba en un marco de inmensidad, sola, invitante, en medio de un frondoso parque por el que suelo caminar. Ahora, ya pasado un tiempo, me pregunto: ¿sólo yo la veía?. ¿Cómo es posible tantos y tantos caminantes desatentos a plena luz del día?.

 Como no suelo dejar pasar ciertos desafíos que se presentan, me acerqué a la puerta haciéndome el distraído. ¡Una puerta, aquí, en el medio del parque! ¡Jhá! Veremos.
 Primero di una vuelta a su alrededor como inspeccionando. Lo que más me llamó la atención es que la parte de atrás, si la hay de una puerta, no se veía y no se tocaba. Es más, veía a los demás caminantes que gozaban de su andar en la vereda unos cien metros alejados de mí. La puerta,
aseveré, es transparente al menos de un lado. Cuando volví al punto original de mi posición estaba tal como primeramente la percibí.
 
Di un paso hacia adelante y tomé el picaporte. Lentamente comencé a abrirla. No opuso resistencia. Daba a un pasillo oscuro con una luminosidad tenue al fondo. La cerré lentamente. Desde esa posición seguía viendo el parque y la gente pero ellos, no me veían. Oía solo mi respiración y mis, cada vez, más suaves pasos. No me detuve hasta llegar al final del pasadizo que, por otra parte, no fue traumatizante. Al contrario, fue como si mis temores se deshilacharan en él, desflecados y sin consistencia; llegó un punto donde este desmoronarse las barreras del temor me hizo preguntar si no era una especie de inducción para atraparme en ese raro laberinto, fuera quien fuere el que quiera atraparme.

            Al llegar a la claridad mi visión se transformó; ya no veía la forma de las cosas sino que veía su interior, todo el movimiento en danza de sus elementos, sus modificaciones y sus uniones, sus luminosidades como un vertedero de chispas multicolores. Permanecí el tiempo necesario, no sabría decir cuanto, observando. Algo se movió en  y con otro sentido acaparando mi atención. ¿Un fantasma? ¿Un ánima? ¿Un espíritu?. Lo que fuere, dijeme. Con extrema suavidad se dirigió hacia donde estaba parado (en realidad, ¿flotaba?) y me hizo una seña para que la siguiera. Esta figura casi humana, con un breve ademán, hizo que se abriera una especie de pórtico celeste y
vi, por ello, un mundo sólo imaginable: peces aeromorfos, panes espontáneos que con el solo hecho de pensarlos aparecían, niños jugando viejos y renovados juegos, pájaros sin jaulas, gente sin el gesto fruncido haciendo diversas tareas: pintar cielos figurados, cantar canciones aún no
realizadas, caminar por senderos que sus pasos abrían por primera y última vez, crear un día distinto al supuesto por el calendario, hojar margaritas y ser siempre correspondido, excavar el aire y atrapar estrellas por instantes, fabricar sueños por encargo y otras tantas tareas que no podría nombrar.

            Mi guía sólo me hizo girar parsimoniosamente: otro pórtico se abrió y vi. La imagen espejada y contraria, dura y violenta golpeó mi rostro. Los perros de la noche, en jaurías incontrolables, se adueñaban de los arrabales y avanzaban lentamente hacia el centro; los peces, moribundos, daban bocanadas de auxilio sin respuesta, los niños errantes comían de los
desperdicios y lo poco humano que les quedaba era devorado por la corrupción de zombies anónimos que, si en algo eran reconocibles, lo era por sus harapos. No soporté sostener la mirada y todos los temores que se habían disuelto, aparecieron con mayor fuerza y nitidez. Me inmovilizaron, sujetaron, no me dejaban pensar. El temor detrás de esa puerta, pense y cuántos tengo.

            Con un breve toque, sobre uno de mis hombros del extraño ser, vi otras realidades: lentas, rutinarias, insulsas, pasionales, breves, contundentes: amores cruzados, el pez grande que se come al chico, espejos rotos, amantes furtivos, amantes sin más, labor por el pan cotidiano, gentes viviendo, funerarias, terrazas oscuras, viejos sapos en los zaguanes, deseos ocultos, maremotos parturientos, cosechas generosas, perros copulando, árboles florecidos, música improvisada, poetas deambulando, matarifes ensangrentados, niños riendo y otros pidiendo, noticias radiales, amigos compartiendo. Estaba nuevamente recorriendo el parque sin noción de cuando había cruzado el portal.


Presencia*

            Siempre abordar algo produce una sensación oscura y excitante producto, tal vez, de la propia inseguridad de lo que puede ocurrir en situaciones semejantes. Me voy a permitir ser erótico porque, después de todo, el erotismo,  tiene mucho que ver en nuestros actos cotidianos. En mi condición de macho de la especie, y como tal hablo, descubrir una mujer, disfrutarla en todo produce una sensación parecida: uno no sabe cómo va a reaccionar, no solo la mujer, sino uno mismo. Creo que a las damas les debe ocurrir algo semejante. De todas  maneras siempre es más interesante descubrir y dejarse descubrir por una mujer que abordar otras cuestiones.

            Pero ocurre que no recuerdo sobre lo nuevo a abordar, tal vez por el hecho de haber encendido la presencia de una de ellas, es decir, de una mujer que alienta mis pasiones y por más que intente deslizarla hacia otros universos de mi mente ella aparece más nítida y fulgurante que antes, es decir antes de intentar deslizarla. Así es que me dejo llevar por toda esa energía erótica que acumula adrenalina y me permite sumergirme en todas las imágenes que se me presentan.

Ocurre que es una fuerza superior la que me embriaga y no puedo eludirla o, más precisamente, esquivarla. Ella me ocupa, me desliza, me sumerge, me eleva, me impele a rincones siempre cálidos. Quisiera poder perpetuar una de sus miradas, una de sus cadencias al andar, su aroma de mujer cuando pasa junto a mí o su sonrisa. Sería la felicidad constante que, por otra parte, es inatrapable y se esfuma como la brisa o la bruma sobre el río. Y uno se queda con ese instante como fiel reflejo de la eternidad que nos evade. Uno quisiera, como en este caso yo, perennizar el momento y el estado del corazón; su propia excitación y el deseo aún no consumado que se prolonguen para que nunca y para que siempre sea disparada la flecha sin que el arco
deje de estar tenso.

            ¡Oh!. El amor. Sumergidos en él no lo vemos. Sencillamente lo actuamos, sin percibirlo por su fragilidad que es la nuestra propia.

 

Camino vecinal*


            Estaba sentado a la vera de un camino vecinal, un árbol hacia compañía a mi intemperie. La desprolijidad verde de las malezas cercanas y el punto donde el camino se pierde me proporcionaban, más aún, ese indescriptible sentido de la soledad. Precisamente en ese punto algo comenzó a moverse. Sin formas definidas, sin sonido alguno que lo acompañe. Emergía desde el fondo del camino donde el sol quema el aire.

           
Al principio quedé pegado al suelo observando esa lejanía que acortaba distancias. Pese a ser un camino de tierra, no levantaba polvo alguno; era como si levitase sobre él. Perdí noción de los tiempos. No sé si fueron segundos o minutos pero ante mí, ya parado y pegada mi espalda al
árbol,  hombres y mujeres, con estandartes  celestes y blancos, vestidos con viejos y raídos uniformes militares de todas las épocas o civiles carcomidos por el tiempo,  acompañados de guías y rastreadores y de inmigrantes alucinados por la promesa de la tierra nueva,  bajaron de la
grupa de los animales o de vehículos diversos y con gesto tenso se inclinaron ante mí.

          
  Uno de ellos se dirigió hacia donde estaba. Era el que tenía más autoridad o, al menos, el don del habla. Hasta allí todos iban con gestos adustos y silenciosos, mirada al frente. Sin dejar nada de sus manos comenzó a hablar:  - Pocos nos ven.  No temas y escucha. Casi todos están ocupados en sus obligaciones cotidianas, en sus rutinas que, a veces, se nos ocurren sin sentido. Ya no nos ven. Somos espectros poblando esta pampa interminable como una mar; espectros que hemos creído en nuestras luchas y más de uno de los que aquí ves nos hemos matado entre nosotros por guerrear en distintos bandos o pensar cosas distintas sobre el mismo país.  Y todos  nos
acusábamos de lo mismo, casi los mismos argumentos. Lo comprendimos después. Mira bien, bien. También nos acompañan nuestros hermanos, los mal llamados indios, los verdaderos desposeídos en esta pampa. Somos espectros. Queremos que nos vean pero nos temen y porque nos temen no nos ven. Representamos esperanzas, ideas, anhelos, frustraciones, mentiras, alegrías y tristezas,
dudas y certezas, gozo y dolor. Todo junto. Abocarse a la tarea de desliarlos es inútil y no haría comprensible nada de lo que aconteció. ¿Cómo explicar la alegría de una batalla ganada con el dolor del amigo muerto en la misma?. Nuestras sangres alimentan un caudaloso río rojo. Como verás somos personajes de poca monta en la historia. Quizás figuramos como la tropa de, el alzamiento en, la batalla tal, el pueblo aquel.  Aquí estamos poblando lo que pocos ven; y se siguen sumando a la caravana. Mira bien, bien. Ahora se sumaron soldados combatientes en las islas o muchachos que creyeron en otra forma de país.  Estamos todos. Es una caravana de historias
personales y de grupos y de épocas. No queremos avisar de nada, no deseamos interferir, sólo queremos que nos vean.

            Abruptamente finalizó su decir. Me saludó con la cabeza mientras, con uno de los brazos daba orden de continuar. Intenté hablar, preguntarle su nombre, pero no dio lugar a ningún tipo de diálogo. La caravana se puso en marcha pesadamente, tal como llegó. La vi alejarse tras
unos árboles a campo traviesa. Quedé largo rato mirando hacia el ocaso. El día estaba dando sus últimos estertores. Unos que otros pájaros retornaban a sus nidos.
Tenía una historia poco creíble en las manos con leve protagonismo de mi parte y se las ofrezco.


Esfera*

            No era una sala muy grande. Había una mesa cubierta con un vidrio. Se espejaba una tenue luz azul sobre él. Sala muy sobria, esa. Paredes lisas, sin adornos. Los dos asientos eran confortables. Cuando ingresé me sentí transportado a una cápsula, tal vez porque los sonidos
externos eran inaudibles.

Sobre la mesa, casi de dos metros de largo y uno de ancho - en forma estimativa -, había una esfera transparente del tamaño de una pelota de fútbol. Estaba flotando. En realidad esto lo percibí después. Al principio no lo noté. Estaba solo.

            Alguien, no sé quién, me señaló con la voz que observara con atención la esfera. Que mirara su centro. Así lo hice. Vi en el centro una esfera más pequeña, sólida, que giraba lentamente, emitiendo y recibiendo descargas eléctricas muy pausadamente. No la quitaban del lugar. Su grandor era el de una bolita de vidrio con la que juegan los chicos.

            Evaluar el tiempo que miraba absorto esa esfera y su centro me resulta imposible. Fue, sin mayores explicaciones, que me di cuenta que flotaba y giraba toda ella. Me atreví a dar vuelta alrededor de la mesa. Nada cambiaba de posición. Solo yo.

            La misma voz decía: - Esta esfera tiene vacío interior. Por eso la más pequeña se mantiene en su centro. Las descargas eléctricas son en realidad, ondas electromagnéticas que intercambian información. El espacio interior está cubierto con ellas. En esta esfera se puede acumular toda la información que se quiera. Es casi infinita su capacidad.

            El silencio ganó todo el ámbito de la sala. Me vi impulsado a salir de ella. No tuve opciones a preguntas. No se me dieron. Desperté. El dormitorio estaba oscuro y aún no era la hora de comenzar mis actividades.
El sueño me quedó en las manos. Antes que se disolviera decidí escribirlo.


* Escritos de Oscar A. Agú
cachoagu@...
 
 
 
LIBERTAD*

 La vida es una inmensa pradera, pero la transitamos por arroyos o ríos que corren por el fondo de profundísimos cañones. Altas paredes nos mantienen en nuestro cauce, cada tanto una bifurcación de los cursos de agua nos permite virar hacia la izquierda o la derecha, y creemos de esta manera que podemos escoger. Pero la vasta llanura de allá arriba, pero el mapa que veríamos de poder sobrevolar el paisaje nos está negado.
 Creemos que elegimos, pero nos limitamos a surcar los pocos caminos que se nos ofrecen. Y algunos van por el río multitudinario, lleno plagado rebalsado de canoas que se empujan se chocan se tocan, dan ilusión de compañía, otros navegan por cursos poco habitados, y se sienten únicos y creen que están solos porque son menos, y creen que ellos eligieron y los otros no, que las multitudes son arrastradas mientras que los solitarios guían hacen dibujan su propio destino, y esto lo piensan con satisfacción mientras el agua, la misma agua los arrastra también a ellos.
  En qué consiste la libertad si en definitiva hacemos lo único que podemos hacer de acuerdo a nuestra educación, temperamento, mandatos imperativos de la especie, circunstancias. Qué sería ser libres si hay una red una telaraña que tiende sus hilos de amigo a pariente, de vecino a jefe, de deseado a deseante. Y si esa red nos agobia pero nos sostiene, qué sería ser libre.
  Sin la red; el salto al vacío, la responsabilidad absoluta, la completa y absoluta responsabilidad por las propias acciones, por la vida que no es ya la que nos toca sino la que nos hemos construido. Sin la red, la
 imposibilidad de echar la culpa de nuestros fracasos e insatisfacciones sobre espaldas ajenas.
      Ser libre es demasiado peligroso. Quita el piso, nos suspende sobre el abismo, nos deja solos con nosotros mismos mirando nuestras propias caras asustadas. Es mejor ceder a la corriente, ser infelices por culpa de otros, no haber hecho realidad mis anhelos porque no me dejaron, te juro que yo
 hubiese sido si no fuese porque mamá.
   Nada de dirigir la canoita a la orilla, de escalar la pendiente, de caminar por la llanura. Sabemos que los temerarios se pierden, mueren de frío, enloquecen de soledad. Conviene dejar que las aguas nos arrastren, responder a las efímeras circunstancias, escoger en las bifurcaciones y creer que nada nos ata porque elegimos arquitectura y no abogacía, entre esta novia y no la de la casa de al lado, entre la mesa redonda y no la cuadrada para la sala. Qué cómoda libertad ejercemos entonces, qué segura
libertad, qué amplia cárcel, realmente.
   Y, quizás, no estemos errados, y la libertad sea una palabra demasiado grande como para usarla sobre este lado de la realidad. Y quizás sea que una realidad porosa no sea saludable, no convenga de ninguna manera a nuestra esencia de cardumen.
   Pero elegir la libertad no es, vaya paradoja, cuestión de elección.
No somos libres de estar atados. Una vez que uno se dio cuenta de cómo es la cosa, no puede volver a confiar en la red de allá abajo que protege de la caída, la red agranda la trama, no ofrece protección, tiende a dejarse ver como una argucia débil frente a la inmensidad soledad y frialdad del cosmos.
 Una vez que uno se dio cuenta de la fragilidad de las paredes, de lo inestable y cambiante de las creencias, una vez que uno se dio cuenta de que la muralla que rodea la ciudad está derruida en muchos sitios, queda a la intemperie, se siente desoladoramente libre, busca alguna celda para guarecerse.
 
*de Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 


 
Un amor de Belgrano*

Cómo contarlo al pobre Belgrano? ¿Con qué colores pintarle diez años de guerra y de infortunio? ¿Qué instante de su vida elegir para evocarlo mejor? Pongamos primero los de las efemérides escolares: los jubilosos de Tucumán y Salta; los nefastos de Vilcapugio y Ayohúma; los del rebelde que levanta una bandera propia para acelerar la marcha de la Historia.
Pero sobre todo los del amante otoñal y olvidado que guerrea en el norte a la espera de que San Martín caiga sobre el Perú.
En 1818 ya han muerto los sueños de revolución y la guerra civil entre porteños y provincianos ha desatado odios que van a prolongarse hasta hoy. Belgrano, que en Tucumán cuida la retaguardia de los guerrilleros de Güemes, impone una disciplina espartana: se acaban los bailes, las mujeres y la baraja. San Martin y Paz se asombran y lamentan la dureza de ese civil al que las circunstancias han hecho militar. Por las noches recorre las calles con un ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes. Es de acero ese jacobino católico al que llaman despectivamente bomberito de la Patria. En pocos meses funda varias escuelas, una academia de matemáticas, una imprenta y manda sembrar huertos para pelear contra el hambre que le mata los caballos y debilita a la tropa. Curioso personaje este nieto de venecianos del que San Martín escribe: "Es el más metódico que conozco en nuestra América, lleno de integridad y valor natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a la milicia, pero créame usted que es el mejor que tenemos en América del Sur".
¿Cómo es? "De regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, con una fístula casi imperceptible bajo un ojo; no usa bigote y lleva la patilla corta. Más parece alemán que porteño." En Buenos Aires ha tenido amores tumultuosos de los que ha nacido un hijo clandestino que Juan Manuel de Rosas cría y ampara bajo el nombre de Domingo Belgrano y Rosas. Otra descripción de primera mano, dice: "Es un hombre de talento cultivado, de maneras finas y elegante, que gustaba mucho del trato con las señoras".
¿Por qué se sacrifica? Por la libertad y la justicia. Esos valores que le han faltado durante los primeros cuarenta años de su vida serán la obseción de los diez últimos. Y al final, derrumbado por la cirrosis y la hidropesía, trata de comprender por qué lo abandonan. "¿Ha créido usted acaso que yo pueda dudar de la legitimidad de los gastos que se hagan en ese ejército? -le escribe Pueyrredón-. no sea tonto, compañero mío y crea que así como usted me llora porque lo auxilie con dinero, yo lloro del mismo modo porque veo las dificultades. Usted siente las necesidades de ese ejército y yo con ellas siento las del de los Andes, las del Este, las de los Enviados Exteriores y la de todos los pueblos." Entonces, Belgrano se dirige a Saavedra: "Digan lo que quieran los hombres sentados en sofás o sillas muy bonitas, que disfrutan de comodidades mientras los pobres diablos andamos en trabajos; a merced de los humos de la mesa cortan, tallan y destruyen a los enemigos con la misma facilidad con que empinan una copa".
Es que su ejército de liberación no tiene donde caerse muerto: "Ni tiempo, ni suelas, ni cosa alguna tenemos: todas son miserias; todo es pobreza, así amigo que yo me entiendo", le escribe a Martín Güemes que le pide auxilio. Poco después, a Pueyrredón: "Todas son miserias en este ejército. No dinero, no vestuario, no tabaco, no yerba, no sal, en una palabra: nada que pueda aliviar a esos hermanos de armas sus trabajos ni compensar sus privaciones". Y enseguida: "La deserción está entablada como un consiguiente al estado de miseria, desnudez y hambre que padecen estos pobres compañeros de armas".
Es un Belgrano achacoso, de chaqueta zurcida y botas remendadas el que se reencuentra de pronto con la niña Dolores Helguera. Ella es hija de una intocable familia tucumana y el general la ha conocido en los jubilosos días de victoria, cuando era una pecosa de trece años. Ninguno de los dos ha olvidado los primeros amores de 1813 a los que la familia de la muchacha puso fin casándola con un tal Rivas, de la aristocracia local. Por entonces, Belgrano aparecía a los ojos de los tucumanos como un plebeyo metido a revolucionario. Ya antes, en Buenos Aires, había desatado escándalos por sus entreveros con polleras honorables. Pero a los cuarenta y nueve años, destrozado por los combates y los sinsabores, se tropieza de nuevo con la adolescente que lo amó de viejo. En una de sus rondas la ve pasar, pero es tan poco lo que queda de aquel general victorioso, que no se anima a correr a su encuentro.
Lo que sigue es un mal folletín: Belgrano se entera de que ella vive en Londres, provincia de Catamarca, y manda a un hombre de confianza a que averigüe si ella todavía lo quiere. El chasque corre, pregunta, finge (sin saber que dice la verdad) estar al servicio de un general moribundo. Dolores Helguera se enternece y corre a verlo. El tal Rivas, que en el folletín hace de marido, está en Bolivia y como es un tipo prudente no se acerca a Tucumán. El cura Jacinto Carrasco, que escribe la primera noticia, le inventa una separación para no manchar la memoria del amante perfecto. Cuando Dolores queda embarazada, Belgrano mueve cielo y tierra para ubicar a Rivas y protegerlo de las razones de Estado que ponen su vida en peligro.
Carta a Pueyrredón: "Repugna a mis principios arrebatar las propiedades y jamás entraré en semejante idea, por consiguiente nos veremos expuestos a no tener qué dar de comer al ejército (...) La desnudez no tiene límites: hay hombres que llevan sus fornituras sobre sus carnes y para gloria de la Nación hemos visto visto desnudarse de un triste poncho a algunos que los cubría para resguardar sus armas del agua". Se acorta el tiempo para Belgrano, pero todavía le quedan algunos disgustos por sufrir. En 1819 la Revolución ya es una parodia y todo se le escapa de las manos: la mujer que le niegan y el ejército que se le subleva. "De resultas de la Revolución se vio abandonado de todos; nadie lo visitaba, todos se retraían de hacerlo", cuenta su amigo Celedonio Balbín. El gobierno lo manda a Santa Fe y el 4 de mayo de 1819 nace la hija, Manuela Mónica. En agosto, Belgrano se siente morir y vuelve a Tucumán para reconocerla como suya. Llega en camilla, echando espuma por la boca y agarrotado por los calambres. Temeroso de nuevas calamidades, un capitán de nombre Abraham González subleva a la tropa, insulta y maltrata al propio general. Es el fin: con la plata que le presta Balbín, emprende el último viaje. lo acompañan su médico, un capellán y el padre de Dolores: "Cuando llegaban a una posta lo bajaban cargado y lo conducían a la cama". Es tal el odio que los provincianos alzados en armas profesan a los porteños, que el viaje es una odisea. Cuenta Balbín: "Al llegar al campo de Cepeda, a pocos meses de la batalla, en el patio de la posta donde pasé me encontré con dieciocho a veintidós cadáveres en esqueletos tirados al pie de un árbol pues muchos cerdos y millones de ratones que había en la casa se habían mantenido y mantenían aún con los restos. Al ver yo aquel espectáculo tan horroroso fui al cuarto del maestro de posta al que encontré en cama con una enfermedad de asma que lo ahogaba. Le pedí mandase a sus peones que hicieran una zanja y enterrasen aquellos restos, quitando de la vista aquel horrible cuadro y me contesta no haré tal cosa, me recreo con verlos pues son porteños. A una contestación tan convincente no tuve qué replicar y me retiré al momento con el corazón oprimido".
El 20 de junio de 1820, mientras los caudillos del interior entran en Buenos aires, el hombre fuerte de la Revolución se muere olvidado, lejos de sus amores prohibidos.

*de Osvaldo Soriano.
  "Cuentos de los años Felices" Editorial Sudamericana. Bs. As. edición de 1994.

 
 
 
CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
Concurso de Cuento Wolfgang Amadeus Mozart* 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
 
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
 
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
 
*
EDITORIAL: número 72 de XICÓATL

4. CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
CONCURSO DE CUENTO „W. A. MOZART“
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
PORTUGUÉS:
Concurso de Contos Wolfgang Amadeus Mozart
 
PARTICIPAÇÃO:
-          Para trabalhos inéditos, em prosa.
-          Gênero: conto.
-          Tema: Wolgang Amadeus Mozart.
-          Idiomas: espanhol ou português.
-          Extensão máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, espaço simples.
-          Prazo para o envio dos contos: 30 de SETEMBRO de 2005.
Para participar, faça um só envio pelo correio eletrônico (assunto: Concurso Mozart/psedonimo) que contenha dois anexos em formato Word: o primeiro com “pseudonimo+conto” e o segundo com “pseudonimo+dados” (nome, endereço postal, eletrônico e número de telefone e fax bem como um breve curriculum vitae. Envie os arquivos para um dos endereços relacionados a seguir: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... .(Caso não venha a funcionar um deles, então terá a possibilidade de  utilizar o outro endereço eletrônico. O endereço eletrônico yage.austria@... não admite e-mails provenientes de Hotmail, bol.com.br e possivelmente outras empresas.
 
PRÊMIOS:
 
-          Serão entregues três prêmios no valor de 500 euros cada.
-          Menção de Honra e publicação bilíngüe dos trabalhos destacados.
-          Os resultados serão publicados no # 74 do Magazin Cultural Latino-Americano XICóATL (Ano 15, janeiro/março/2006, edição digital [ www.euroyage.com ] e impressa).
 

*Dr. Luis Alfredo Duarte Herrera. yage.austria@...

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) (662) 82 50 67
 
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"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 

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El programa se llama Ruido de Magia y va todos los Domingos de 15 a 17hs. La frecuencia es FM 97.7 RADIO G en la web www.radiog.com.ar la radio queda en Los Andes 1260. Bernal. 
*Marcelo Insua marceloinsua@...
 
 
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#52 De: inventivaedicion@...
Fecha: Sáb, 9 de Jul, 2005 9:22 pm
Asunto: UN ROMPECABEZAS ABREPALABRAS
inventivaedicion@...
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Un rompecabezas abrepalabras...
 

Un asombro, el mío, al leer de corrido los escritos editados para el ejercicio de escritura. Resulto un rompecabezas bien abrepalabras  cada combinación subjetiva, bien lúdica y libre que se ha hecho con las frases propuestas. Lean con atención y curiosidad los escritos resultantes. También, al menos a mí, me quedan preguntas que no me resultan sencillas de responder. Ejemplo: ¿por qué se eligieron y utilizaron mas algunas frases en relación con otras casi ignoradas?

Bueno, queridos amigos, los felicito y me alegro de haber formulado este ejercicio tan ingeniosamente resuelto.

 

*Eduardo F. Coiro. almacendelcoiro@...

 

 
 
Abrazo infinito*
 
Definitivamente era una persona sumamente particular. Su reputación se asemejaba a un acertijo de retorcida resolución y nunca terminabas de tener del todo claro cual podía ser su próxima salida. Sin dudas, era una persona al que todo dolor le llega sin asombro.
Es por esta razón, que al encontrármelo de pura casualidad y durante una mañana de otoño con sol en la plaza San Martín, me quedé literalmente paralizado. Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo, y yo, embriagado con su mas que oportuna aparición, lo abrace infinitamente.
En definitiva era mi papá y ningún otro asunto importaba.
 
El último beso*

Salimos a caminar por la playa. eran mas o menos las dos de la mañana y después del día que acabábamos de curtir juntos, con la luna bien blanca, y bien llena, alumbrándolo todo desde cielo, no pude resistirlo ni un instante mas. la frene y pasamos a darnos el beso mas lindo de la tierra.
Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas. En ese preciso instante lo termine de comprender todo y pase a sentir una terrible desolación. El norte de uno y otro se cruzaban, casi, con alevosía.
- no puedo. repuse.
Sin medir palabra, gesto, o signo alguno, dio media vuelta y se fue por donde vinimos. El silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar palabras, se apoderó rotundamente del magistral escenario donde nos encontrábamos, llevándose consigo, inclusive, los sonidos del inmenso mar. Así pasaron unos minutos, y solamente después de no conseguir visualizar su figura allá a lo lejos, emprendí el regreso tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos.
 
*de Mariano Abrevaya Dios  mad@...
 
 
*
“El miedo es un rincón espeluznante donde se juntan y esparcen todos los miedos del alma” -me dije cuando mi auto sobre la ruta, se detuvo ante el semáforo.
 Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo -al menos me lo pareció.
El hombre, próximo al vehículo se detuvo. Hubo un silencio verdugo
guillotinando palabras. Con un solo gesto y apurada por el cambio de luces, lo invité a subir. “Un hombre al que todo dolor le llega sin asombro" –pensé,  extrañada, ante su inesperada presencia.
-Todos tenemos un poco de algo…  El loco tiene algo de cuerdo… y el cuerdo algo de loco…-me dijo canturreando, mientras yo, maniobraba despreocupada,  rumbo a la playa.
“No dependa demasiado de los testigos, le va a doler” –escuché decir alguna vez a mi abogado, cuando mi auto importado quedó hecho añicos tras una  violenta colisión. Asocié la frase a su persona y pensé, “Es todo tan desoladoramente previsible” ¿Y sino fuera así? -mientras él, inmutable, ante el bello paisaje que se nos venía encima, me observaba.
“El llanto es la caricatura más siniestra del dolor” –murmuré por lo bajo-. ¿Y si le duele?... ¿Y si se entera?... Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia. Pero otra vez tenía junto a mí a ese hombre –que a pesar de su frialdad, amaba. La herida del alma no la cerraba la silenciosa respuesta ni el desparpajo de mi errónea actitud.  ¿Por qué diablos lo abandoné? -fue el impiadoso reproche que me formulé.
-Quédate en el surco de la ternura -me propuso cuando se decidió a hablar, queriendo ser convincente. No hay nada mejor que una sonrisa iluminada por las llamas.  Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos -agregó-.  Sería fantástico recomenzar.
Me quedé perpleja ante la confesión. El hombre de piedra se había vuelto de azúcar y sal. Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas. ¿Realmente lo estaban? –me pregunté fastidiada.
“Lo que en realidad destacan es la mediocridad como suprema cualidad para la valoración” –me dije por lo bajo, pensando en “ellos”… los otros-  ¿No será la valoración de la mediocridad?...
Me tomó la mano y con mirada inquisitiva,  depositó en mi palma una carta. Ansiosa por saber de que se trataba, retiré el papel del sobre y lo desplegué.
El silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar palabras se fue llevando hasta el aliento, cuando comprobé que el texto, llevaba la firma de todos mis amantes y el sello del nunca más.
Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos que, eufórica le dije, esperando la absolución -¡Tú siempre serás único! ¿Qué importancia tienen estos nombres?
Detuve la marcha.  La luna afloraba como una invitación, en la tarde noche.
Cerré los ojos para pedir un deseo, cuando vi una estrella brillante, desfallecer en las aguas. Al abrir los párpados. El ya no estaba.  Bajé del auto, desesperada, tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos en la arena.
A lo lejos el mar batía olas como señal de revancha.  La silueta del amor gemía ruidosa entre el salto y la espuma. Cuando por fin cesó el rumor, la sed pareció saciada. Pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento hacia la otra orilla.
Y yo, como Alfonsina, me quedé  aterida, lamiendo palabras sueltas y soledad.
 
 *de Angeles Charlyne. angelescharlyne@...

 
 
*
-Soy un hombre al que todo dolor le llega sin asombro- dijo Farías, como si no hubiese escuchado mi pregunta. -Es todo tan desoladoramente previsible... Todas las cosas buenas tarde o temprano se terminan. A un estado de felicidad (que siempre es breve) sigue inevitablemente otro de tristeza, de ausencia, de nostalgia (que siempre es largo, insoportablemente largo). Uno puede rebelarse contra esta fatalidad, o aceptarla con resignación. Yo soy de los que no se enojan. ¿Para qué? El enojo nace de la incomprensión, y yo ya he comprendido que las cosas funcionan de ese modo. Quizás la gracia esté en olvidarse de esto, quizás la única salida para ser medianamente feliz sea actuar como si uno no supiera. Pero, le repito; yo ya no puedo asombrarme de nada. Sé que todo contacto profundo con otra persona es efímero. Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos...
-Vaya al grano, Farías -lo corté sin esforzarme por disimular mi fastidio.  -Hábleme de Camila.
Iba a agregar "por favor", pero un pudor nacido sobre el filo mismo del nombre pronunciado me hizo desistir del impulso. Una cosa es ser patético, pensé; otra es serlo con alevosía y ensañamiento.
-Camila, claro- dijo Farías, como si sólo en ese instante hubiese caído en la cuenta de por qué estaba yo con él en ese bar, venciendo a duras penas mi aprensión.
-Nos encontramos por casualidad una noche en el centro. El 19 de febrero, si quiere más precisiones. Hacía seis años que no sabía nada de ella, así que verla aparecer fue como abrir los ojos después de una larga ausencia y recobrar un paisaje olvidado. Intercambiamos las típicas frases de compromiso, con esa impostada neutralidad afectiva con que uno pretende afrontar determinados reencuentros. Supongo que ella también sintió la incomodidad, la amenazante proximidad del silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar palabras. Cualquier pretexto le hubiese venido bien para huir rápidamente, pero no usó ninguno. Al contrario; se despachó con un comentario que no venía a cuento de nada: "La semana pasada dejé a mi marido".
Farías se llevó la cerveza a los labios y bebió lentamente. Parecía escudarse.de algo con ese gesto. Supuse que estaba evaluando con qué palabras abordar la zona más espinosa de su relato. O tal vez     
-pensé con lástima (por ambos)- estaría pensando qué hacer si a mí me daba por golpearlo.  
-Mire, no sé si usted podrá entenderme –siguió, oliendo quizás mi impaciencia. -Ya se lo dije: yo no espero demasiado de nadie y no tenía por qué esperar demasiado de ella. Pero trate de comprender mi situación. Yo alguna vez la había amado. Bueno, no sé si era amor. Digamos que, al menos, me había pasado algún tiempo tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos, y a eso alguna gente lo llama amor. Pues bien, seis años más tarde esa mujer reaparecía imprevistamente. ¿Qué iba a hacer? Después de tantos naufragios, aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. Minúsculo y perecedero, claro. Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas. Obviamente falsas, pero ¿qué importaba? Cuando uno vive en el desierto más absoluto, el más insignificante calor humano tiene un valor que los que viven inconscientes de su soledad esencial jamás conocerán. 
Pareció darse cuenta de cuánto me irritaban sus digresiones porque inmediatamente regresó al único tema que me interesaba.
-No puedo decirle mucho más. Se fue al día siguiente, por supuesto, y no he vuelto a verla. Algunos conocidos me pasaron cierta información contradictoria acerca de dónde y con quiénes ha estado en estos meses. A mí también me llegaron esos rumores sobre... bueno, usted ya lo sabe...
Sí, ya lo sabía. No tenía sentido prolongar esa situación espantosa. Dejé un par de billetes sobre la mesa y me puse de pie. No lo saludé. Ni siquiera me di vuelta cuando escuché su inútil advertencia:
-Si va a seguir buscándola, no dependa demasiado de los testigos, le va a doler.

*de Alfredo Di Bernardo. alfdibernardo@...
 
 
*
 Tendría que haberme dado cuenta  que las similitudes era demasiado obvias para que todo fuera nada mas que una coincidencia, pero reconozcamos también  de que uno mira con cinismo , ese mismo cinismo que se alimenta de charlatanes  que nos asaltan con sus dialéctica de mercado  a cada paso desde la tele hasta
 un viaje cualquiera en colectivo, a todos los que usan de la palabra como medio de convicción.
 Cuando lo escuche por primera vez, casi sin querer, el estaba tomando un café en la mesa vecina a la mía, no le di mucha bolilla , era alguien que no despertaba curiosidad ni por su voz ni por su aspecto, pero si
 por lo que decía, hablaba en ese momento de la guerra en Irak como "Un hombre al que todo dolor le llega sin asombro , porque "Es todo tan desoladoramente previsible",  que daba la impresión al escucharlo
 como si el que hablaba hubiese vivido por siempre, por el cansancio y la resignación de su retórica
 Me pareció tan interesante lo que decía que "Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia "   como si la verdad de su argumento me hubiese descubierto algo que yo sabia, pero que en ese  momento  se me revelara como un estallido de luz.
 Exprese en voz alta mi concordancia, pidiendo disculpas por mi intromisión, pero conocía de vista a
 uno de los que lo acompañaba, un tal Simón, el que me reconoció invitándome a la rueda, éramos todos  del
 barrio aunque no amigos quizás porque yo había caído de recalada ya muchachon,  no habíamos tenido la
 oportunidad de frecuentar, pero con el que llevaba la palabra me pasaba una cosa particular era como si me estuviese hablando a mi en particular, como si en la mesa fuésemos el y yo solamente . "Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas" pero no deje de observar que los demás parecían sentir lo mismo que yo , porque estaban como hipnotizados por sus palabras como si todos nosotros estuviésemos  "Tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos".
 Lo tendría que haber reconocido ahí. . "Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía
al paso ,venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo porque como lo expreso el en un momento,
"Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos" que todo lo que decía  me llenaba de una paz
 interior como hacia tiempo no sentía, en el momento, tratando de analizar sobre la marcha las sensaciones que me inundaban, pensé que era mas el mensaje que el mensajero "Pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento" pero que importante su misión, ¡la de fecundar semillas!
Se levanto de la mesa aduciendo que tenia que volver al taller a terminar un mueble , diciendo un hasta
 luego.
Nos quedo "El silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar palabras"
Pregunte quien era, Simón me contesto, Jesús, el hijo de Don José  el carpintero de la otra cuadra.
¡No se porque el aroma de aceitunas me traslado a otro tiempo mientras que interiormente me preguntaba, cuanto tardarían en crucificarlo!
 
*de Virgilio Pellegrini vivalu@...    
 
 
Momento supremo*
  
Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia.
Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo.
    Pero el no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento, tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaron los suyos.
   Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas.
-“Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos, que aunque no dependa de testigos, le va doler”-
-“Es, por otra parte, un hombre al que todo dolor, le llega sin asombro”-, continué dialogando con mi corazón-
-“lo que en realidad, se destaca en el, es la mediocridad, comosuprema cualidad de la valoración que realiza…Pero hay en ese agujero más que silencio que no cesaba de crecer y devorar palabras.”
   Me dí vuelta, caminé unos pasos queriendo huir de la situación. Algo fue más fuerte que mi deseo de libertad.
-“Quedate en el surco de la ternura- , grité, más que supliqué,-“¡Es todo tan desoladoramente previsible, que quiero ser tu esposa!
 
*de Moni. pas_monicav@...
 
*
Cada entidad ocupó su espacio...
 Pedregales provocaron la madera, proyectaron su mirada nácar, río y  pincelada vistiendo de raíces la templanza.
 Una a una nombraba la tierra enmohecida tan como muerde la muerte el cauce  de la vida.
 El silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar  palabras,  caía en la mudez que habitaba su imagen. Ardía como fusil acorralado, como a quien todo dolor le llega sin asombro,
como araña sin tela, pretendiendo colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los
suyos cuando no se marchaba, cuando remontaba pausas.
Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso,  venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo, un punto íntimo que sorprendiera el núcleo quebrado del recodo.
 Descubrirla fue como abrir los ojos después de una larga ausencia moliendo tormentas de abandono...

 Fue como el alivio desertando de la pena cuando el impulso penetra sombras  la antorcha gime o la inclemencia llueve cada llama agonizante.
 Fue como despertar al lamento de la sangre.
 Fue como la inútil indulgencia soberana en la palabra abierta.
 Sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de  promesas íntimas a barro y fuego en límite con el infinito.
 Estábamos tan solos en nuestra ajustada piel, tan solos en el surco de la  ternura, que me dolía su nombre en cada vértice de la nostalgia...
 Despertaba elevada al calor del pan abrazo como cuando gritaba la arena en  el olvido, como cuando esa llamarada de tinta oscura proclamaba que todo era tan desoladoramente previsible... como cuando
quebraba el diluvio en nuestras manos.
 Imaginaba desde la barranca su música, la siesta bordando el río, mis  incoherencias; abrazaba su fatiga y la mía al momento en que mi boca despegaba las vocales de su nombre...

 La mirada llanura suspiró vinos y mieles... no era más que una brizna de  polen arrastrada por el viento, más aún que una sombra mordiéndonos los labios, riéndonos la risa, bebiéndonos el viento al rescoldo del horno.
 Era la nobleza de un instante despuntando en el regazo del alma, casi como  aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, que ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo...
 
*de Ana.
 
 
*
Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo. Era un hombre al que todo dolor le llega sin asombro. Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia. Iba a decirle pero no le dije : Quedate en el surco de la ternura, estamos los dos tan solos con nuestra propia vida en las manos.
En lugar de eso empecé a coquetear con otro para que no se notara lo que sentía.
Vi también  sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme. Pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento. Yo quería pasar de la botánica a la zoología y algún día (quizás no haya ya tiempo), alcanzar lo humano. 
 
*de Cristina Villanueva. pluma@...
 
 
El ejercicio, las consignas...
 
Este ejercicio era un juego, o más bien pretendía ser un rompecabezas y un desafio lúdico: se trataba de utilizar la mayor cantidad de frases asignadas dandoles sentido propio en un escrito breve ( de 2000 a 3000 caracteres con espacios incluidos).
 
*Eduardo F. Coiro. inventivaedicion@...
 
 las frases...
 
1. "Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo"
2. "Un hombre al que todo dolor le llega sin asombro"
3. "No dependa demasiado de los testigos, le va a doler"
4. "Es todo tan desoladoramente previsible"
5. "Lo que en realidad destacan es la mediocridad como suprema cualidad para la valoración".
6. "Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia".
7. "Quedate en el surco de la ternura"
8. "Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos"
9. "Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas"
10. "Tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos".
11. "El silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar palabras"
12. "Pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento"
 
 
¿de quienes recorté las frases?
 
1. / 9./ 10.  de Antonio Dal  Masetto.
2./ 3. de Vlady Kociancich.
4./5. de Mónica Russomanno.
6./ 8. / 11. de Eduardo Coiro.
7. de "En el surco de la ternura" canción de Liuba María Hevia.
12. de Osvaldo soriano.
 
 
Correo:
Villa Mercedes lucha por su Independencia*

Durante toda la mañana de hoy sábado 9 de Julio y a partir de los hechos que se sucedieron durante la noche anterior en la Plaza San Martín de Villa Mercedes, donde fuera desalojada la Carpa de protesta que levantaran los Trabajadores Municipales en reclamo de demandas laborales desde hace 52 días, los oyentes de diferentes medios radiales, expresaban su bronca por la cruel represión que sufrieran los trabajadores en conflicto y confirmaban que no concurrirían al tradicional desfile del día de la Independencia.
Entre los oyentes se destacaban jóvenes estudiantes que se expresaban solidariamente con los trabajadores y anticipaban su decisión de no concurrir a desfilar.
"me parece una barbaridad ir a desfilar después de la represión, yo soy escolta de mi escuela y no iré", dijo a FM Nuevo Sol María Silvia Camara Guillet del colegio Nacional Nº2 de tan solo 13 años de edad.
Mientras el Instituto Cultural Argentino a través de uno de sus directivos anticipaba que no participaría del desfile programado para la hora 14,00 y donde se esperaba la llegada del Gobernador Alberto Rodríguez Saá.
Exhortando a sus colegas a no concurrir hablaba la docente Mabel Becerra de la Escuela Entre Ríos, diciendo que no iría al desfile y que había que estar respaldando la lucha de los trabajadores municipales.
El diario de la familia Rodríguez Saá de manera infame difundía el escándalo de la noche anterior diciendo que los únicos heridos era personal policial.
Desde le portal de cuyonoticias pedían nombres de los heridos o fotos de los policías, pero nadie podía corroborar lo que el diario malinformara.
Los funcionarios municipales del área de prensa llamaban a las radios amigas que son sostenida con publicidad oficial, para que anunciaran en forma insistente que el desfile se realizaría.
Otro oyente, recordaba que el jefe policial de la UII de Villa Mercedes Juan Carlos Garro había jurado al asumir que no cumpliría ninguna orden que fuera contra la voluntad del pueblo y que se negaría a reprimir, ante los acontecimientos de la jornada cruenta le solicitaba que presentara en forma inmediata su renuncia.
Los trabajadores aún con huellas por los golpes y balas recibidos y con vendajes en sus cuerpos, recorrieron los medios que le permitían expresarse para citar a la ciudadanía en las puertas del Concejo Deliberante para la hora 13,30 con el fin de deliberar sobre las acciones a seguir.
El pueblo de Villa Mercedes, conservador y pacífico, se ha visto conmovido por los hechos del día de ayer. Se moviliza y toma conciencia, participa y reclama, si le da continuidad a su protesta seguramente el cambio llegará. "La política está en las calles".

*Jorge Fernando Daffra
  9 -  Julio - 2005
luchando por la independencia
 
*
Denuncia de amenaza y censura por parte de autoridades de SUPERCANAL a FM Nuevo Sol de Villa Mercedes

Cuando los abonados autoconvocados le hacen entrega a las autoridades de SUPERCANAL de un documento en el que se denuncia la censura del periodista Freddy Zambrano y las permanentes censuras que han sufrido otros comunicadores (este fue el tercer escrache frente al canal), son atendidos
por Frustraglia y Moneo, principales responsables de las violaciones a la libertad de expresión y reiterados actos de censura, convirtiendo a ese único medio televisivo en un vocero propagandístico del Gobierno de la Provincia.
En esas circunstancias (entrega del documento) algunos abonados lo increpan a Frustraglia manifestándole toda su bronca por el ataque permanente por parte de este medio que tiene monopolizada la imagen en nuestra ciudad.
El intercambio de palabras quedo registrado por el periodista Jorge Valentín quien a su vez también le manifestó en nombre de la prensa libre la gravedad y el daño que producen dentro de la democracia conductas como la del propio Frustraglia.
Surgió de esa presentación, la invitación a debatir el tema al día siguiente en el programa  "dice la gente" que conduce Oscar Albero y que se emite por FM Un Nuevo Sol.
El día sábado se hizo presente la cúpula de SUPERCANAL en dicho programa donde se produjo una durísima entrevista entre el conductor del programa (Oscar Albero) y Jorge Valentín. En la misma Frustraglia intento minimizar y negar lo acontecido con Zambrano, como así también lo que con
anterioridad había ocurrido con el programa de Norma Torres la que también padeció censura y presiones para el cambio de la línea editorial, vale recordar que de ese programa era columnista Oscar Albero, el que no pudo continuar por el contenido critico de sus columnas al gobierno provincial.
En la continuidad de la entrevista, con Frustraglia negando y chicaneando las respuestas sale al aire la esposa del periodista Zambrano quien con durísimos términos confirma lo que habían hecho con su esposo y se niega a hablar con los censores, dirigiéndose exclusivamente al conductor y al publico. En este clima muy desfavorable, Frustraglia molesto por no convencer a nadie con sus irrespetuosos argumentos y por la dureza de algunas preguntas de los conductores, da por finalizada la entrevista y se levanta para retirarse y al pasar por la sala de operadores, fiel a su formación fascista, señala al operador con el dedo y en tono amenazante le dice: SI VOS SEGUIS EN ESTA RADIO TE VAS A QUEDAR SIN TRABAJO......
De inmediato la dirección de la radio junto al operador asentó en la comisaría novena la correspondiente denuncia por considerar de extrema gravedad la amenaza.
Este lunes 4 de julio se efectuara ante la Fiscalía una presentación de igual tenor, como así también se pondrá en conocimiento a todos los organismos que representan a la prensa en el país.
Como se ve la censura y los censores siguen actuando con total impunidad en esta trucha democracia de San Luis. Sirve recordar que Frustraglia pertenece al GRUPO VILA, léase Manzano, Menem, Rodríguez Saa, etc. Los personajes involucrados y el poder que tienen como la gravedad de los hechos acaecidos
y denunciados obligan a esta radio a seguir los pasos mencionados como así también solicitar la solidaridad de toda la PRENSA LIBRE del país.

*BERENICE VALENTIN
FM UN NUEVO SOL
fmunnuevosol@...

Teléfono : 02657 427 600

 
MULTISECTORIAL DEL PUEBLO DE SAN LUIS*

La Multisectorial del Pueblo de San Luis, repudia con toda energía la represión ordenada conjuntamente por el Gobierno de la Provincia, el Intendente Merlo y Jueces temerosos y amorralados, contra la carpa
instalada en la Intendencia de Villa Mercedes por los Municipales autoconvocados.
Nuevamente la mentira, el miedo, la impunidad, forman parte de un Gobierno que está dejando de ser sólo feudal, para mostrar su rostro de dictadura.
Sólo un pueblo digno, valeroso, y responsable , podrá devolvernos la democracia, la Justicia y la paz que tanto anhelamos y por lo cual luchamos.
9 DE JULIO - MULTISECTORIAL DEL PUEBLO DE SAN LUIS -

* Fuente: Difusión FREGEN (Integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos)
www.fregen.org.ar


*
 
Queridas amigas, queridos amigos:

En las próximas tres audiciones presentaremos lo siguiente:
Domingo 10 de julio del 2005 (17:06 horas): música de Natalia Pérez (Argentina), música de fondo Darío Robayo (Colombia), poemas de Juan Carlos Galeano (Colombia).
 
Domingo 17 de julio del 2005 (17:06 horas): música de Guillermo Rifo, Boris Alvarado, Carlos Riesco y Alejandro Guarello (Chile), música de fondo Inti Illimani (Chile), poemas de Raúl Tápanes López(Cuba). 

Domingo 24 de julio del 2005 (17:06 horas): música de Jorge Antunes (Brasil), música de fondo Pedro Nel Martínez (Colombia), poemas de Brauny Bogantes Arias (Costa Rica). 

¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio
www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 44/9  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
*
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#51 De: inventivaedicion@...
Fecha: Jue, 30 de Jun, 2005 10:33 am
Asunto: CONCURSO LITERARIO XICÓATL: CUENTO
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 CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”

 
Concurso de Cuento Wolfgang Amadeus Mozart*
 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
 
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
 
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
 
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
 
*
EDITORIAL: número 72 de XICÓATL

4. CONCURSO LITERARIO XICóATL “ESTRELLA ERRANTE”
 
CONCURSO DE CUENTO „W. A. MOZART“
 
En 1519 accede al gobierno de la provincia de Salzburgo el arzobispo Matthäus Lang von Wellenburg (1468-1540), un despótico ministro católico cuyos excesos de poder desataron varios conflictos armados, entre ellos la guerra campesina del año 1525. En aquella ocasión, debido al hostigamiento de los rebeldes, Lang se vio forzado a refugiarse en la fortaleza militar de Sazburgo durante dos largas semanas. Los sediciosos cercaron los muros de la ciudad con el propósito de acosar de hambre a los habitantes del burgo y de esta forma lograr su rendición. La leyenda cuenta que entre tanto los salzburguenses agotaron sus vituallas y ya por último solamente les quedaba un hermoso toro de pintas marrones, muy fuerte y bien alimentado. Al comandante militar se le ocurrió entonces un desesperado truco para engañar a los alzados en armas: pasear por el ancho y alto muro de la ciudad aquel toro para mostrar a los sitiadores que los salzburguenses aún tenían que comer. En la noche los habitantes pintaron aquel toro de blanco y a la mañana siguiente lo pasearon de nuevo por el muro. En la noche lo volvieron a lavar, lo pintaron de negro y al tercer día lo pasearon una vez más delante de los asombrados ojos de los sitiadores quienes desmoralizados optaron por la retirada. El júbilo de los habitantes de Salzburgo fue enorme. Una vez alejados los sublevados, los habitantes condujeron aquel toro al río Salzach y lo lavaron con tanto jabón, que la espuma llegaba hasta Obendorf, una localidad situada a 12 kilómetros de Salzburgo, según cuenta la leyenda. Desde aquella lejana fecha, a los habitantes de Salzburgo se les conoce como Die Stierwascher (“Los lavadores del toro”) y quien tiene el privilegio de nacer aquí se siente orgulloso de ser uno de ellos.
 
Entre los Stierwascher de todas las épocas, el nombre de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Gottlieb (en latín Amadeus) Mozart brilla en el concierto mundial con una incomparable luz propia. Su padre Leopold Mozart, compositor y músico de la corte del arzobispado del Salzburgo, se encargó de brindar una esmerada educación musical a sus hijos. A los tres años Wolfgang ya tocaba el cémbalo, a los cuatro el violín, a los cinco compuso sus primeras piezas, a los seis realizó su primera gira artística por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Suiza, junto con su padre, su madre y Maria Anna, su hermana, y a los nueve compuso su primera sinfonía. La fama de la famila Mozart creció desmesuradamente por toda Europa y después de esta primera gira de tres años y medio regresaron el 30 de noviembre de 1766 a Salzburgo. En 1767 la familia Mozart se traslada a Viena donde permanece hasta 1769, para regresar luego a Salzburgo, lugar donde Wolfgang es nombrado maestro de concierto ad-honorem del grupo de cámara del arzobispado. Como maestro de concierto forma su estilo instrumental, en medio de una tensa atmósfera con el arzobispado. En el mismo año emprende con su padre el primero de sus tres grandes viajes por Italia, decisivos en su formación musical y su obra artística. Paralelamente a sus actividades como concertista, compone sinfonías, divertimentos, serenatas, cuartetos para cuerdas y conciertos para piano. En 1777 viaja a París con su madre, pasando por Mannheim, donde se enamora de la cantante de 16 años Aloysia Weber. Su madre muere en París y Wolfgang regresa a Salzburgo para retomar su antiguo trabajo como maestro de concierto y organista. La mala relación con el arzobispado empeora y el 8 de junio de 1781 es despedido del cargo. Tras un corto periodo en Munich donde compone su ópera Idomeneo, se muda a Viena donde conoce a Constanze Weber, hermana de Aloysia, con quien se casa al año siguiente. En Viena Wolfgang vive como músico independiente y obtiene un rotundo éxito con su opereta El secuestro del serrallo. Conoce allí a Joseph Haydn al cual dedica seis cuartetos de cuerdas. Durante este tiempo compone sinfonías, cuartetos de cuerdas y obras para grupos de cámara. W. A. Mozart se hace famoso y recibe muchos encargos que le reportan buen dinero, sin embargo su estilo de vida suntoso y las fluctuaciones de los favores del público lo mantendrán hasta el final de sus días en permanentes apuros económicos. En 1786 fue estrenada su ópera bufa Las bodas de Fígaro, la cual no obtiene el éxito esperado. A contrario censo, en Praga se constituye en un rotundo éxito y Mozart compone Don Giovanni especialmente para aquella ciudad. En 1787 muere su padre. El público vienés le retira sus favores, lo cual agudiza su precaria situación financiera. Por encargo del emperador, compone en 1789 la ópera Cosi fan tutte. Su última ópera fue La flauta mágica, estrenada el 30 de septiembre de 1791, en Viena, con un discreto éxito. En julio de 1791 recibe el encargo de componer un Requiem, el cual no llegó a terminar. El 5 de diciembre de 1791, con apenas 35 años de edad, Wolfgang Amadeus Mozart muere en Viena de una enfermedad crónica producto de su vida errante y su incansable actividad física y mental, exahusto y lleno de problemas económicos. Debido a su pobreza, su cuerpo fue enterrado en una fosa común, razón por la cual no se conservan sus restos.
 
Wolfgang Amadeus Mozart legó a la humanidad una incomparable obra musical, repleta de brillo, armonía, profundidad, fuerza, alegría, sensibilidad, contraste, picardía y humor. Como músico fue tan universal como quizás ningún otro en el mundo. Sus composiciones  se cuentan entre las grandes obras maestras de la música europea de todos los tiempos. Si la música de Bach nos eleva a una espiritualidad cercana a lo divino, las obras de Mozart nos devuelven lo terreno, lo humano en todo su resplandor, simetría y belleza.
 
Salzburgo y el mundo cultural del planeta se aprestan a celebrar los 250 años del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart el 17 de enero del año próximo. En YAGE queremos unirnos a la conmemoración y rendirle, en nombre de Latinoamérica, un merecido homenaje de gratitud mediante la celebración de un Concurso de Cuento, cuyo tema central sea este querido músico universal. Con la seguridad de que hallaremos eco en la prolífica capacidad creativa de nuestros escritores, abrimos este concurso el cual se rige por la siguiente reglamentación:
 
BASES DEL CONCURSO
 
- Para trabajos inéditos, en prosa.
- Género: cuento.
- Tema: Wolfgang Amadeus Mozart
- Idiomas: español o portugués
- Extensión máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, a espacio sencillo.
- Fecha límite para el envío de los trabajos: 30 de SEPTIEMBRE del 2005.
Para participar, hacer un sólo envío por correo electrónico (Asunto: Concurso Mozart/pseudónimo) con dos anexos en formato Word: el primero con “pseudónimo+cuento” y el otro con “pseudónimo+datos” (nombre, correo postal y electrónico, tel. y/o fax y un breve curriculum) a: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... . (Por favor hacer el envío a una sola dirección electrónica y sólo en caso de que no funcione, enviarla a una subsidiaria. La dirección yage.austria@... no admite mails provenientes de Hotmail, bol.com.br y posiblemente otras empresas).
 
PREMIOS:
 
- Se entregarán 3 premios de 500 euros cada uno.
- Mención de Honor y publicación bilingüe de los trabajos destacados.
- Los resultados se anunciarán en el No 74 del Magazin Cultural Latinoamericano XICóATL (Año 15, Enero/Marzo/2006, edición digital [ www.euroyage.com ] e impresa).
 
PORTUGUÉS:
Concurso de Contos Wolfgang Amadeus Mozart
 
PARTICIPAÇÃO:
-          Para trabalhos inéditos, em prosa.
-          Gênero: conto.
-          Tema: Wolgang Amadeus Mozart.
-          Idiomas: espanhol ou português.
-          Extensão máxima: 4 páginas, formato Word DIN A4, tipo de letra Time News Roman 12, espaço simples.
-          Prazo para o envio dos contos: 30 de SETEMBRO de 2005.
Para participar, faça um só envio pelo correio eletrônico (assunto: Concurso Mozart/psedonimo) que contenha dois anexos em formato Word: o primeiro com “pseudonimo+conto” e o segundo com “pseudonimo+dados” (nome, endereço postal, eletrônico e número de telefone e fax bem como um breve curriculum vitae. Envie os arquivos para um dos endereços relacionados a seguir: yage.austria@... o a euroyage@... o a duarteherrera@... .(Caso não venha a funcionar um deles, então terá a possibilidade de  utilizar o outro endereço eletrônico. O endereço eletrônico yage.austria@... não admite e-mails provenientes de Hotmail, bol.com.br e possivelmente outras empresas.
 
PRÊMIOS:
 
-          Serão entregues três prêmios no valor de 500 euros cada.
-          Menção de Honra e publicação bilíngüe dos trabalhos destacados.
-          Os resultados serão publicados no # 74 do Magazin Cultural Latino-Americano XICóATL (Ano 15, janeiro/março/2006, edição digital [ www.euroyage.com ] e impressa).
 

Te agradezco de antemano y mando un fuerte y fraternal abrazo.

*Dr. Luis Alfredo Duarte Herrera. yage.austria@...

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
http://www.euroyage.com/
Schießstattstr. 44/9 A-5020 Salzburg AUSTRIA
TEL + FAX: (++43) (662) 82 50 67
 
 
*
 

Ejercicio de escritura
 
Este ejercicio es un juego, o más bien pretende ser un rompecabezas y un desafio lúdico: se trata de utilizar la mayor cantidad de frases asignadas dandoles sentido propio en un escrito breve ( de 2000 a 3000 caracteres con espacios incluidos). Si se sueltan las letras, lo editamos el 9 de julio...
 
*Eduardo F. Coiro. inventivaedicion@...
 
 
Aquí van las frases...
 
1. "Aquella figura, olvidada durante tanto tiempo, ahora me salía al paso, venía en mi ayuda, me ofrecía un punto de apoyo"
 
2. "Un hombre al que todo dolor le llega sin asombro"
 
3. "No dependa demasiado de los testigos, le va a doler"
 
4. "Es todo tan desoladoramente previsible"
 
5. "Lo que en realidad destacan es la mediocridad como suprema cualidad para la valoración".
 
6. "Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia".
 
7. "Quedate en el surco de la ternura"
 
8. "Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos"
 
9. "Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas"
 
10. "Tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos".
 
11. "El silencio, ese agujero negro que no cesaba de crecer y devorar palabras"
 
12. "Pero él no era más que una brizna de polen arrastrada por el viento"
 
 
¿de quienes recorté las frases?
 
1. / 9./ 10.  de Antonio Dal  Masetto.
 
2./ 3. de Vlady Kociancich.
 
4./5. de Mónica Russomanno.
 
6./ 8. / 11. de Eduardo Coiro.
 
7. de "En el surco de la ternura" canción de Liuba María Hevia.
 
12. de Osvaldo soriano.
 
 
A inspirarse..¡¡¡¡¡¡
Dudas y consultas? escribir a : inventivaedicion@...
 
 
*
Inventren:..abrimos relatos que circulan por las vías dormidas de la Argentina.
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( corresponde a sucursal 2280 Banco Nación Lomas de Zamora)
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#50 De: inventivaedicion@...
Fecha: Jue, 30 de Jun, 2005 1:24 am
Asunto: EJERCICIO DE ESCRITURA
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Ejercicio de escritura
 
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6. "Fue como abrir los ojos, después de una larga ausencia".
 
7. "Quedate en el surco de la ternura"
 
8. "Estamos tan solos con nuestra propia vida en las manos"
 
9. "Vi también que sus ojos, que efectivamente no cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas"
 
10. "Tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos".
 
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#49 De: inventivaedicion@...
Fecha: Mié, 29 de Jun, 2005 1:13 am
Asunto: ESTACIÓN LA CAROLINA
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Manifesto*

Perfume encontrado como una aparición, excitada compra al pie del viaje.

Manifesto nombre igual al del diario italiano, leído en trenes, su frenesí de viaje. Rosselini, Roma Ciudad Abierta, los nazis, los ojos negros de la Magnani, las mujeres que se expanden hacia adelante en el despliegue de los pechos, de los gestos, de las gestas. El cuerpo en la pasión alegre de las manifestaciones, triunfando sobre los campos de todos los exterminios, gotas de sol y de gritos, puño cerrado, caricia, el ruido del tren comiendo los caminos que ofrece en el comedor sus pastas coronadas de rojo. Las
ventanas me atraviesan de paisaje. Soy ese paisaje que cae desde lo alto enredado de flores que arañan el vacío del aire buscando el mar.

Taormina, la costa Ligure, la costa Malfitana, esa misma pasión vertical, ese abrupto balcón buscando el agua mientras desciende por escarelas vegetales. Sacco y Vanzetti el tranvía donde el capitalismo tornó la anarquía en muerte. Golpes de tinta, tipógrafos, perfume de la lucha por ser a pesar de esas muertes y
de las otras. La piel libera su propio aroma en la energía del no o del si, cuerpo que habla la palabra que encuentra como una incitación o un secreto.
Piel manifestandose ,deseo en la cabeza que sacude mandatos y todo en el llamado del perfume. Me visto de él, subversivo desafío a los vacíos .Ese diario y los libros en el idioma oído en la  niñez, adornado de albahaca y de misterios. Cruces de océano, los brazos de la abuela amasando la redondez fragante de la pizza, los ojos del chico penando la bicicleta robada con una porción en la mano.

Otra vez el tren entre los rastros de lo no dicho, cine, vino dulce sambayón; ese Pirandello de Caos despidiendose de los ojos en que había sido. Me vuelco el olor junto al tesoro de su nombre buscando
atraer labios, historias.

Ahora si, tanto dolor  en este país de bolsas negras hurgadas como el último tesoro del desastre.
Ahora si,lejos de ese mundo, casi sin puentes.
Ahora si, en nuestro  puente cortado, la manifestación-perfume de la muerte

Ahora aquí, Sacco se llama Kosteki.

     *de Cristina Villanueva 
pluma@...

 
 


Estación La Carolina
 
*   Era una morocha de rulos, de profundos ojos negros, que siempre lucia un elegante pero antiguo vestido de seda color rosa, desbordante de volados, perteneciente a alguna de sus abuelas, y se peinaba con flores frescas sobre sus sienes. En el pueblo todos sonreían al verla pasar, ya que su alegría contagiaba a cualquier vecino con quien se cruzara, siempre rumbo a la estación de trenes. Todos allí la conocían como La Carolina.

-Ahí va La Carolina / oliendo a naftalina –canturreaban por lo bajo los chicos de la cuadra, ocultando sonrisitas socarronas al verla pasar por la vereda de enfrente, sin que ella se inmutara, siempre sonriente, ajena a los cuchicheos.

            Nadie sabía muy bien cuál era el motivo de su felicidad permanente, como tampoco existía alma alguna que la hubiese visto triste o enojada, ni conociera acaso sus verdaderos sentimientos. Sólo sabían que era una de las tantas hijas de Don Nemesio Nicolaides, aquel esquivo patrón de estancias de quien se contaban las más disparatadas historias, desde las más terribles hasta las más gratas, sin que nadie pudiera definir al personaje en una sola faceta.

Renuente de casar a sus hijas, se vanagloriaba de que ellas eran “todas puras”, desafiando abiertamente a quien sostuviera o incluso insinuara lo contrario durante aquellas verdaderas fiestas populares que se organizaban en los campos de la familia, cuando se transmitían algunos de los partidos importantes del campeonato local, o las peleas de box donde combatían los campeones nacionales, o incluso cada uno de los capítulos de determinados radioteatros, siempre a la misma hora. En tales ocasiones, casi la mitad del pueblo se congregaba en varias hileras de bancos de madera, bajo la copa de los árboles, para disfrutar del espectáculo a través de la atenta escucha del único aparato de radio a galena que existía en la región, mágico y suntuoso.

Hacía ya algunos años que Don Nemesio era una incógnita para el pueblo –en caso de que aún estuviera con vida, recluido en su ancestral estancia colonial-, y La Carolina, en su aparente inconsciencia, cumplía casi al pie de la letra con aquel folclore familiar, conservando el misterio mediante su mutismo.

            Casi nadie la había escuchado hablar desde que se hizo mujer. Algunos hasta creían que era sorda… ¡Quién sabe…! Lo que todos aseguraban era que no se comunicaba, salvo por miradas, carentes de intensidad. A menos que marchara triunfante hacia la estación…

            El expreso de las 17:15hs. pasaba todos los días, aunque sólo tres veces por semana –pocos años antes de que discontinuaran el servicio- transportaba pasajeros. En estas ocasiones, La Carolina se acercaba hasta el andén y lucía su sonrisa más radiante, contemplando con la mayor de las expectativas hacia las ventanillas de los vagones, saludando con la mano en alto cada vez que la formación partía o arribaba. ¿A quién esperaba? Nadie lo sabía. Se rumoreaban muchas cosas: la mayoría se inclinaba por imaginar algún amor secreto, cierto pretendiente que le prometiera casamiento años atrás y volviera a cumplir puntualmente con su palabra. También podría estar aguardando la llegada de alguna parienta muy querida, o quizá la llegada de alguna encomienda cuyo misterioso valor sólo ella y el remitente podrían conocer.

            Sus hermanos varones habían emigrado hacía ya una larga década, buscando conchabarse como trabajadores golondrina, y nunca se los había vuelto a ver. Había quienes decían saber que habían cometido algún delito inconfesable y permanecían cumpliendo una larga condena a la sombra. Otros aseguraban haber escuchado rumores de alguna pelea a cuchillo en un almacén de ramos generales, donde los hermanos se habían trenzado entre sí ante la aparición de una ardiente pollera, yendo a parar juntos al cementerio. ¿Por qué, teniendo una propiedad agropecuaria importante, los hijos varones habían abandonado el hogar? ¿Sería la crueldad del padre tan cierta como se fantaseaba? Lo que sí se sabía era que las apariciones de la familia por el pueblo siempre eran fugaces y a escondidas, con miradas torvas y actitudes muy poco sociales. Se limitaban a rodar en un sulky que había conocido épocas mejores, proveerse de mercadería, pasar por el correo y volverse a la estancia. Los negocios agropecuarios parecían no tener cabida con los empresarios o comisionistas del pueblo.

            La Carolina, en cambio, arribaba siempre sola y a pie. Siempre con su mismo vestido antiguo, fuera invierno o verano, lloviera o brillase el sol. A veces se abrigaba con alguna mantilla, también rosada y vetusta. Viéndola con detenimiento, parecía escapada de una fotografía en sepia, aunque su semblante no reflejase más que frescura y vitalidad.

            Hasta que un día, a bordo del expreso de las 17:15hs., arribó un muchacho cuya fugaz existencia no estaba en los planes de nadie. Ni siquiera en los de La Carolina, si es que alguna vez había fantaseado con tal posibilidad.

            Se llamaba Rodrigo Fuentes y era viajante de comercio. Distribuía mercaderías en auge para la época, pero ninguno en el pueblo consiguió adivinar qué clase de productos representaba por aquella zona. Sólo se supo que arrastraba fama de tipo elegante, entrador y buen mozo, y la mayoría de las jovencitas que lo vieron bajar del tren, con su traje gris perla, su maletín y su chambergo, cayeron prendadas de su encanto, suspirando embelesadas.

            Sólo que allí también estaba La Carolina, y los ojos claros de Rodrigo Fuentes, en vilo sobre el estribo del vagón, fueron capturados de inmediato por aquella delgada y atractiva silueta con olor a naftalina. La muchacha, sin embargo, se mantuvo en su actitud habitual, saludando a los pasajeros que se asomaban por las ventanillas del expreso, ignorando la retribución de dichos saludos, como si los destinatarios nunca hubiesen estado allí.

            Descendió del tren flotando sobre una nube de ilusión, incapaz de concebir la existencia de mujer más hermosa que La Carolina. Supo de inmediato que debía hacerla suya, casándose con ella, o incluso raptándola y escapando en mitad de la noche, atravesando los campos en una huída salvaje, cargando con la chica sobre sus hombros, luciendo una desquiciada mueca de satisfactoria lujuria.

            El silbato del expreso marchándose a sus espaldas lo hizo regresar a la realidad, para contemplar el hermoso perfil de la muchacha volviéndose y marchándose del andén de la estación. Rodrigo Fuentes no podía dejarla escapar. Atravesó la estación, seguido por los sonoros suspiros de las muchachas del pueblo que lo contemplaban casi babeantes, y apuró el paso hasta darle alcance, cruzando a medias la calle.

            Impulsado por lo desconocido, la tomó por la muñeca, deteniéndola. Ella se volvió y lo miró a los ojos, intrigada, aunque sin perder la sonrisa. La desnuda  mirada de él revelaba una honda turbación, imposible de disimular. Y aunque sentía la boca pastosa y el corazón le galopaba desbocado, el turbado viajante de comercio balbuceó:

            -Sos… sos la mu-mujer… más her-hermosa que conozco… Te… Te amo.

            Y acto seguido, le rodeó la cintura con un brazo, soltó el maletín para quitarse el chambergo y rodearle los hombros con el brazo restante, y le estampó un profundo y prolongado beso en la boca, ante el cual ella permaneció impávida, dejándolo hacer, sin siquiera reaccionar.

            Las exclamaciones de sorpresa y estupor se oyeron por todos los rincones. No hubo quién entre los presentes no se sintiera conmovido ante lo que presenciaba - en su mayoría, cada uno por su lado, experimentaba algo similar-, no sólo por lo extraño de la escena, sino porque –a pesar de lo improbable de tal sensación- lo que ocurría traía consigo quizá todo el peso de la desgracia.

            Hasta quizá hubo alguien, entre tanto testigo, que recordase la fatídica sentencia de Don Nemesio Nicolaides: “Todas ellas son puras”. Y no existía hombre que se les pudiese acercar… ¿Ni siquiera sus hermanos?

            La muchacha abrió los ojos al culminar el beso, y miró al viajante con expresión asustada, como si el beso de aquel improvisado Príncipe Azul la hubiese despertado de un bellísimo sueño para arrojarla de lleno en una pesadilla tan atroz que ni ella misma podía determinar su origen o alcance futuro. O quizá, hubiera vivido inmersa en tal pesadilla desde siempre, y sólo ahora se percatase de ello, incapaz de digerir la noticia.

            La Carolina emitió un ahogado quejido y se estremeció en los brazos del recién llegado, como si un lacerante dolor la obligase a apartarse de él. El viajante deshizo el abrazo y la contempló absorto, sin recuperarse aún de la fresca humedad de aquellos labios. La muchacha se alejó de él dando pequeños tropezones, sin darle la espalda, con una inusual mueca de susto y dolor, hasta que por fin se volvió y echó a correr por la calle principal que salía del pueblo, en dirección a la estancia familiar. Los testigos eran cada vez más numerosas, y sobre todos ellos se cernía un funesto ambiente de premonición.

            Rodrigo Fuentes, incrédulo, la contempló alejarse sin saber qué hacer, ni tampoco pudiendo apartar su mirada de aquella espalda que se alejaba en línea recta, con la mantilla caída y aleteando sobre un costado, y extrañas marcas rojizas impregnadas en aquellos lugares del vestido donde él había apoyado sus manos.

            Aunque le demandó un enorme esfuerzo, con el paso de los segundos la pavorosa imagen comenzó a hacérsele posible hasta el punto de llegar a espantarlo: el dolor experimentado por aquella mujer estaba motivado por heridas recientes que le cruzaban la espalda y teñían el dorso de su antiguo vestido con el inequívoco rastro de la sangre.

            Aquella muchacha había sido azotada con un látigo; no sólo una, sino muchas veces…

            La pujante sensación erótica experimentada por Fuentes cedió violento paso a un odio irracional. Ni siquiera conocía a esta mujer, apenas había llegado a un pueblo que visitaba por primera vez, y sin embargo las emociones percibidas en escasos segundos eran de una profundidad inaudita. Sentía que algo había cambiado dentro de sí desde entonces, quizá para siempre, pero que no le alcanzaría sólo con saberlo. Tendría que hacer algo al respecto. Algo que lo cambiaría todo.

            Como en todos los pueblos, las noticias escandalosas vuelan de labios a oídos en cuestión de instantes. Y para cuando Rodrigo Fuentes recorrió las escasas cuadras que lo separaban de la estación al único hotel, regenteado en la misma oficina de correos, el empleado ya lo miraba con expresión de curiosidad y complicidad a un mismo tiempo.

            Fuentes no sólo pidió una habitación. También quiso saber, sin dudar ni un instante, dónde podía encontrar alguien que le vendiese un arma de fuego. Con municiones, claro está. Tal vez todas las que pudiera conseguir…

            El empleado, quizá experimentando la misma sintonía mental que parecían haber sentido todos los testigos de la escena anterior, extrajo un pesado y oscuro Smith & Wesson de debajo del mostrador y lo apoyó sobre la lustrada superficie de madera, con la culata dispuesta para que Fuentes la tomara. No emitió palabra, ni exigió un precio por él. Simplemente lo entregó, como si sus actos estuviesen predestinados desde hacía muchos años, dispuestos a ser ejecutados cuando el destino así lo dictase.

            Fuentes lo miró a los ojos unos instantes, con una comprensión inmediata de la situación, y manteniendo el pesado silencio que lo rodeaba desde que bajara en el pueblo, apenas unos minutos antes, tomó el arma con mano segura y se la guardó en el cinto, contra la cadera, oculta detrás del bolsillo izquierdo del saco. Dejó el maletín sobre el mostrador, aún sin haber firmado ningún registro donde constara su nombre alquilando una habitación –sin haberla pagado siquiera-, hizo un gesto de asentimiento con la cabeza hacia el empleado, y se marchó con rumbo desconocido.

            En las afueras del pueblo, algunos jinetes comentaban extrañados haber visto a La Carolina huyendo hacia las casas como alma que lleva el diablo. Rodrigo Fuentes avanzó por las calles de ripio, siguiendo la mirada silenciosa de los vecinos que cuchicheaban entre sí y lo escrutaban desde las veredas, para luego desviar la mirada y contemplar el horizonte en dirección a la estancia de los Nicolaides. No hizo falta que nadie hablase, menos aún que él preguntase. Los hechos ocurrían como si un misterioso titiritero los manejase siguiendo el guión de un antiguo drama jamás escrito, aunque por todos conocido.

            El recién llegado se adentraba hacia el camino rural, seguido por una temerosa muchedumbre que se mantenía reacia a acercarse, y que tampoco quería perderse detalle de lo que fuera a acontecer. No había caminado trescientos metros cuando la encontró tendida en el suelo, con la espalda empapada en sangre, y ambas manos cubriendo el rostro lloroso. Se acercó en silencio, se hincó a su lado, la tomó delicadamente por los hombros y la alzó en pie. Ella intentó resistirse apenas, porque al contemplarlo se relajó, desvaneciéndose al momento. Rodrigo Fuentes la alzó en brazos y regresó por donde había venido. El pueblo se abrió en arco al verlo venir, y nadie se extrañó por lo que ocurriría. Como si nadie, hasta esa misma tarde, hubiese hecho bromas respecto de la naftalina.

            Atardecía cuando el viajante de comercio ingresó por segunda vez al hotel, trayendo consigo a una nueva pasajera, y se coló hacia la habitación sin dar explicaciones. Nadie se las hubiera exigido tampoco. Y mientras los curiosos se agolpaban silenciosos en la vereda de la oficina de correos, algunas miradas oteaban expectantes en dirección al camino que llevaba a la estancia de los Nicolaides, especulando cuánto tardarían en venirla a buscar.

            La luna comenzaba a asomarse en el horizonte y el ambiente se impregnaba con el aroma de las tempranas cenas cuando los primeros vecinos dieron la alarma ante la llegada de un vetusto sulky, cargado de gente, procedente de las afueras. Al comando de las riendas, casi desconocido tras el inexorable paso de los años, iba Don Nemesio Nicolaides, cargando sobre sus rodillas una enorme escopeta de dos caños.

            Alguien golpeó a la puerta de la habitación. Dentro, Rodrigo Fuentes, en mangas de camisa, había retirado el dorso del vestido de la espalda de la muchacha, e intentaba curar aquellas heridas con un algodón embebido en alcohol. La Carolina, acostada boca abajo, se quejaba con ahogados gemidos, mordiendo la almohada, ausente de todo lo que ocurría, dominada sólo por el dolor y la vergüenza. Y como siguiendo aquel misterioso relato preconcebido, ante una nueva serie de golpes en la puerta el forastero se calzó el saco y el chambergo y salió de la habitación, con la corbata floja y el revolver en la cintura, dispuesto a enfrentar su propio destino.

            Las luces de los faroles iluminaban tenuemente la calle, pero lo suficiente como para que todos los presentes adivinasen la silueta del sulky aproximándose moroso hasta la puerta del hotel, cargando el peso de lo inevitable. Al detenerse, Don Nemesio saltó a tierra, quejumbroso, olvidando a su mujer e hijas a bordo del sulky, como si ellas formasen parte de un mudo equipaje. Tomó la escopeta con ambas manos y apuntó desde su cadera al forastero, quien se acercaba sin temor hacia él.

            -¡Hasta ahí nomás! –exclamó Don Nemesio, y su poderosa voz contrastó con su aparente debilidad física. -¿Dónde está mi hija?

            -Adentro –respondió Fuentes –donde Ud. no la pueda volver a tocar.

            -Salí de ahí, pendejo, que voy a entrar a buscarla. Y enseguidita nos volvemos al rancho –anunció el viejo, haciendo ley de su palabra.

            Con un gesto que en absoluto parecía ensayado, Rodrigo Fuentes desenfundó el revólver y apuntó al suelo, para que su adversario supiera a las claras de qué iba la cosa. El pueblo a su alrededor contuvo el aliento, apartándose unos metros, adivinando el peligro.

            -La chica no va a ningún lado con Ud. –determinó Fuentes. –Así que mejor vuelva por donde vino. Y deje de molestar a esta gente, que ya es tarde y mañana tienen todos que madrugar.

            -¡A mí nadie me ordena lo que tengo que hacer, hijo de una gran…!!! –comenzó a gritar Don Nemesio, llevándose la culata de la escopeta al hombro, mientras Fuentes alzaba su brazo, dando un paso atrás y amartillando el revolver, al apuntarle a la cabeza.

            El aullido de espanto y dolor los estremeció a todos, aunque los hechos, aún en cámara lenta, ya se habían desencadenado como para que alguien pudiese detenerlos. La aparición rosada aleteó con su mantilla desde un costado y se zambulló entre ambos, agitando frenética los brazos a pesar de su mutismo, provocando la sorpresa de todos. Don Nemesio y Rodrigo Fuentes, sin embargo, habían concentrado toda su atención en el enemigo, incapaces de ver hacia los costados.

            Dos disparos fracturaron la noche. Un solo aullido desgarró los corazones. Y el espanto del pueblo adquirió dimensión de tragedia.

            La Carolina se estremeció entre ambos hombres, vapuleada por la perdigonada sobre sus costillas y el balazo en el cuello, sacudida como una absurda marioneta cuyos hilos acaban de ser cortados, cayendo sin remedio sobre el escenario. Su cuerpo se desvaneció con la misma cualidad etérea que poseía al desplazarse hacia la estación, aunque ahora teñido de sangre, mancillado por una muerte segura. La mantilla aleteó detrás suyo plegando sus alas. El cisne local se había extinguido.

            Ambos hombres contemplaron estupefactos aquel cuerpo sin vida, incapaces de comprender lo ocurrido. Dudaron, renuentes a aceptar la pérdida. Pero una vez que la idea se formó irrevocable dentro de sus mentes, generó tal sensación de odio que sólo podía calmarse derramando mayor cantidad de sangre.

            Ambos volvieron a amartillar sus armas, apuntando con fiereza, chillando entre dientes su desprecio. El pueblo contuvo el grito. Las mujeres se agacharon a bordo del sulky, aullando de miedo y de dolor.

            Un par de disparos semejantes volvieron a atronar la escena. La cabeza de Don Nemesio se impulsó hacia atrás, agujereada en la frente. La pechera de Rodrigo Fuentes quedó convertida en un siniestro colador. Y ambos cuerpos cayeron hacia atrás sobre el ripio mucho antes de que los ecos de los estampidos se extinguieran en la noche.

            La maldita trama, urdida desde tiempos inmemoriales, sostenida por un pueblo entero desde la indignación causada por el primer rumor echado a correr respecto de las crueldades de Don Nemesio, se había cumplido al fin. Sólo que había requerido de una cuota de sangre mucho mayor que la que cualquier vecino hubiese podido imaginar.

            Los primeros testigos avanzaron vacilantes rumbo a los cadáveres. Las parientes de Don Nemesio permanecieron inmóviles sobre el sulky, cubriéndose las bocas y los rostros. Y a lo lejos, como una cruel burla del destino, apareciendo como sutil fantasma que arriba para llevarse consigo a las almas difuntas, se dejó oír el agudo silbido de un tren.

 

*de Aldima. aldima@...
 
 
 
A Contravía...
 

 DEL VIAJE DE MI TIO ALGIRDAS EN TREN A ROSARIO*
(SEGUNDA Y ULTIMA PARTE)

Al Kilómetro 125, parada Desvío, llegamos a las 10:42. Con la subida de "Betún" la "orquesta" se había ampliado. Este Betún era un personaje casi de historieta. Y un bolacero de aquellos. Aunque recién aprendió a leer en el curso de la colimba, él a veces decía que descendía del Moreno, que mató "Martín Fierro"; otras veces contaba que descendía del negro del acordeón que menciona Mansilla como conviviendo con los ranqueles en su "Excursión" y a veces decía que descendía de los dos. Lo concreto es que con sus cuentos y su melodioso acordeón, endulzo mas de un momento amargo en el regimiento y
en los ejercicios. Todos le teníamos gran estima.
Teníamos tantas cosas para contarnos que el paisaje casi con contaba. El espectáculo estaba adentro del vagón. Así, al  Kilómetro 130, estación Espora.  "En homenaje al marino D. Tomás Espora (1800-1835), que se inició con un crucero de más de dos años a bordo de la fragata "Argentina; luego actuó en la campaña del Perú, en la guerra del Brasil, donde fue herido y después fue capitán del puerto de Buenos aires hasta 1834. Estación de la provincia de Buenos Aires, partido de San Andrés de Giles. Llegamos a las 10:51
Al Kilómetro  138, estación  Tuyutí. " Recuerda la batalla ganada por el general Mitre, jefe de los ejércitos aliados contra el gobierno de Paraguay, el 24 de mayo de 1866. En el campo atrincherado de este nombre, que en guaraní significa barro blanco, veintitrés mil hombres  atacaron al ejército
aliado dejando más de cuatro mil muertos al ser derrotados. El 3 de noviembre de 1867, sobre este mismo campo, fueron derrotadas nuevamente las fuerzas paraguayas, en un ataque llevado por argentinos y brasileños, siendo los héroes de la jornada los jefes argentinos Hornos y Báez y el brasileño
barón de Porto alegre. Estación en San Andrés de Giles". Llegamos  a las 11:05. En ese entonces el paso del tren en todas las poblaciones era todo un acontecimiento social, mayor aun conforme más pequeñas eran  las mismas. Así que nuestro grupo compartía su alegría saludando al llegar y partir de cada
estación y los saludos y los brindis eran correspondidos. Ya a partir de Mercedes era claro, que el "vagón " era casi exclusivo para nosotros. Cosa que formaba parte de la organización montada por los rosarinos.
Discretamente el guarda se encargaba que otros pasajeros no se acomodasen en "vuestro vagón". La palabra "hermano" y el especifico mote o apelativo estaba en  presente en todos los diálogos.

Al Kilómetro  151, estación  Gouin. " Estación situada en Carmen de Areco, provincia de Buenos aires, que recuerda a uno de los administradores de la Compañía General, con residencia en París y fundador de la misma";  llegamos a las 11:26. Allí a mas del habitual movimiento de las estaciones, subió la maestra que había terminado su jornada. En las pequeñas estaciones rurales el paso del tren era todo un acontecimiento social. Un particular influjo atraía a los niños y a las muchachas. A estas los mas "chispeados" de la barra no le ahorraban piropos...

Al Kilómetro 170, estación  3 Sargentos. "Situada en Carmen de Areco. Recuerda a los tres soldados del ejercito del Norte,  que el 24 de noviembre de 1813, en la posta de Tambo Nuevo, realizaron la hazaña de sorprender y aprisionar a una guardia del ejército realista compuesta de doce hombres. El general Belgrano recompensó a los héroes con el título de Sargentos de Tambo Nuevo por el capitán D. Francisco Betbezé, eran cordobeses: el primero perdió el brazo en un combate y el segundo murió por la patria en 1840, siendo comandante de milicias"; llegamos a las: 11:50. Cuando el guarda, como era rutina anunciaba el nombre de la próxima estación, un "gracioso" aseguraba que ese nombre se lo había puesto en homenaje a los sargentos Yupanki, Abarrategui y Kalauz. En medio de la gritería allí subió, otro de los "nuestros"  Walter Herberlein (el alemán), hijo de un estanciero de Tres Sargentos. Cada una de estas subidas era una ocasión para hacer un brindis. Las Damajuanas subidas en Mercedes, y la ginebra que algunos traían ya "puesta" desde Villars,  empezaban a hacer efecto. Tío contaba que como él estaba muy entrenado con las libaciones de "Medus" que era la bebida casera que consistía en miel y agua fermentada con algunos aderezos, y que compartía con sus paisanos lituanos en Berisso, le permitía participar en todos los brindis con mucha alegría y sin perder el equilibrio. Bueno;  por lo menos eso contaba él...

Al Kilómetro 187, estación Los Ángeles. "Toma esa denominación de la cañada de igual denominación existente en las inmediaciones de la estación, en el partido de Marcelino Ugarte, provincia de Buenos Aires". (Comentario: te cuento que por unas décadas el partido de Salto tuvo ese nombre y luego
volvió a su nombre original, esto es, Salto);  llegamos a las 12:13. Allí también subió la maestra que había terminado su jornada. Y se notaba que subía mas gente rumbo a Salto

Al Kilómetro 196, estación  Verdier,  llegamos a las 12:29, subió Patricio Gahan (el irlandés) hijo de un estanciero cerca de Salto, que de puro curioso había hecho el curso de telegrafista. Conocedor del panorama, subió con unos chorizos en grasa y pan casero, y unas botellas de vermouth, sabedor que "algo" nos esperaba en Salto.

Al Kilómetro 208, estación Salto (34º 18'   60º 15'). "El origen del pueblo fue un fortín fundado en 1775. Su nombre proviene de un salto que forma el arroyo Saladillo Chico, a cuyas márgenes estaba situada la primera población. El partido se denomina actualmente(1942) Marcelino Ugarte, en honor al ex gobernador de la provincia de Buenos Aires". Llegamos a las 12:46. Apenas llegamos subió  Raimundo Lloret (su padre tenia una fonda frente a la estación, y con él subió su padre y un ayudante, con unas bandejas de lechón recortado y una gran olla con ensalada rusa. Era la hora del almuerzo. Hubo
mucho movimiento  en esta parada. Incluso gente que iba o venia a peregrinar a la tumba del manosanta Pancho Sierra, cuya tumba estaba en la necrópolis local. Como la familia Sierra estaba avergonzada de la fama milagrero de su finado pariente, no dejaban que se pongan ofrendas en la tumba. Entonces el
Intendente, permitió que le hicieran un monumento en la esquina del cementerio y allí estaba el punto de peregrinación. Salto asimismo era el otro punto del recorrido, que había  lugar de las andanzas de Juan Moreyra. Todavía tío estaba sobrio como para mandar un telegrama coherente. Así las cosas, partimos a las 12:54

Al Kilómetro 219, estación  Tacuarí. "Recuerda el combate librado el 9 de marzo de 1811, en las márgenes del río Tacuarí, en el Paraguay, entre el general Belgrano, al frente de trescientos hombres y el general Cabañas, cuyos efectivos alcanzaban a dos mil quinientos. Después de siete horas de fuego, Belgrano se replegó a un cerro y celebró una capitulación honrosa con el jefe adversario. Tacuarí es vocablo guaraní que significa río de cañita seca, por las cañas de esa especie que crecen en sus márgenes. Estación situada en el partido de Marcelino Ugarte, de Buenos Aires". Llegamos a las 13:12

Al Kilómetro 235, estación  Arroyo Dulce (34º 06'   60º 24'). " Un arroyo de aguas marcadamente dulces y tributario del río Salto da nombre a la estación. Esta se encuentra en el partido de Marcelino Ugarte, provincia de Buenos Aires". Llegamos a las 13:34. En estas estaciones  ya se notaba el movimiento de pasajeros y encomiendas con destino a Pergamino y Rosario.
Incluso ya empezaban a hacerse notorios los envíos de víveres frescos y animales vivos por el vagón postal rumbo a Rosario

Al Kilómetro 247, estación Rancagua. "En homenaje a la ciudad chilena que fue teatro de la sangrienta batalla que se dio en sus calles entre chilenos y peninsulares, en el año 1814, durante la guerra de la independencia. Está situada en el partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires". Llegamos, a
los 13:50. Ibamos muy ensimismados en el almuerzo, los brindis, los recuerdos y las bromas. El "¿te acordás?" dejaba una boca para pasar a otra.

Al Kilómetro 257, estación Tambo Nuevo. "En recuerdo de la hazaña cumplida por los soldados José María Gómez, Santiago Albarracín y Juan Bautista Zalazar , en la posta de Tambo Nuevo, el 24 de octubre de 1813.Destacados de una partida de doce hombres que mandaba el teniente de dragones del ejército del Norte, D. Gregorio Aráoz de La Madrid, en medio de la oscuridad de la noche sorprendieron una guardia de doce soldados realistas, a los que rindieron y condujeron prisioneros ante su nombrado teniente, que al frente de sus dragones,  salió a batir el resto de la compañía española. Tambo es
voz quichua que significa en el Perú pascana o posta. Situada en Pergamino, provincia de Buenos Aires. Llegamos a las 14:04. Dada la situación nadie estaba en condiciones de elucubrar que el nombre de esta estación, aludía al mismo hecho que la de Tres Sargentos. Total ya estaban convencidos que los
únicos tres sargentos eran Yupanki, Abarrategui y Kalauz.

Al Kilómetro 265,estación  Pergamino (33º 54'   60º 35').  "Situada en Buenos aires en la ciudad de igual nombre que tuvo origen en un fortín, alrededor del cual se formó el primer núcleo de población que ya existía en 1730. Según opinión del Dr. Pastor S. Obligado, el origen proviene de haberse hallado en la costa un arroyo de Pergamino unos rollos y libros forrados en "pergamino". En jurisdicción del partido, que fue creado en 1801, ocurrió en 1815 el motín de Fontezuelas. Llegamos a las 14:14. Esta parada era en la ciudad más importante del recorrido. Allí se  cambió de vaporera y de tripulación). Subieron José Sepaquerccia (que trabajaba en un horno de ladrillos en Pergamino);  Raúl Barbieri, empleado de tienda en General Arenales), y  José Saltalamanchia, albañil de General Rojo, que se había venido en el Central Argentino  hasta la estación local, para sumarse a la banda. En cuanto a Barbieri, se había hecho llevar en sulky desde Arenales hasta la estación La Pinta, distante 7 kilómetros, y allí tomo el tren que venia desde Vedia a Pergamino. En ese lugar, comentaba tío, décadas después ejercería el magisterio una de las hermanas de Eva Duarte. El tren salió a las 14:24. Con lo poco de lucidez que le quedaba, tío telegrafió a
Rosario: " Vamo todo mamado. Top. Litu".

Al Kilómetro 272, estación  Francisco Ayerza. "Jurisconsulto de gran probidad que tuvo actuación política entre 1890 a 1894. Encuéntrase en el partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires". Llegamos  a las14:38

Al Kilómetro 279, Estación  12 de Agosto. "Con este nombre se ha querido honrar la fecha la fecha de la gloriosa reconquista de Buenos Aires de 1806 que obtuvo D. Santiago de Liniers sobre el ejército británico, el cual se había apoderado de la ciudad el 27 de junio del mismo año. Estación emplazada  en el partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires". Llegamos a las 14:39.

Al Kilómetro 288, estación Mariano Benítez. "Hacendado, ministro legislador (1854-1890). Se encuentra en la provincia de Buenos Aires en el partido de Pergamino, en terrenos donados por dicho señor". Llegamos  a las. 15.01. Los tiempos cronológicos de reloj, ya no contaban, ahora contaba nuestro tiempo, el encuentro que se había iniciado en Villars estaba casi a pleno. A quien le importaba saber que se dejaba una provincia para entrar en otra...

Al Kilómetro 300, estación General Gelly. "En homenaje al ilustre general Juan Andrés Gelly y Obes( 1815-1904). Inició sus servicios en Montevideo durante el sitio de Oribe. Después ejerció la comandancia de Marina y el ministerio de Guerra. Fue jefe de estado mayor durante la guerra del
Paraguay, general en jefe del ejército de la Triple Alianza y jefe de las fuerzas armadas que operaron contra López Jordán en 1870. Desempeñó otras comisiones en las que reveló aptitudes militares. Situada en la provincia de Santa Fe en el departamento Constitución". Llegamos a las  15:17. Allí subió en medio de la algarabía  Juan Coliqueo, peón de una chacra cerca de la estación, y de prosapia araucana. Por esa subida alguno, todavía lúcido se dio cuenta que habíamos entrado en la Provincia de Santa Fe.

Al Kilómetro 309, llegamos a la estación   Cañada Rica. "Situada en la provincia de Santa Fe, departamento de Constitución. Ha sido denominada con el nombre de la cañada que se halla en las inmediaciones, en campos de los herederos de D. Simón Sánchez".  Eran las 15:31. Martín Obredor estibador y anarquista, en Acebal, pueblo de las cercanías; se incorporó al grupo, y fue despedido en la estación por su mujer con un niño en brazos y otro en camino. Este Martín, era activista de la F.O.R.A. (Federación Obrera Regional Argentina), y decía que había hecho la colimba para aprender a manejar el
fusil con el que haría la "revolución social". Nosotros lo tomábamos para la chacota y él se enojaba, pero después aflojaba. Era hijo de una india paraguaya y contaba historias muy fantasiosas

Al Kilómetro 319,estación Sargento Cabral. "Honrase al granadero Juan Bautista Cabral, natural de Corrientes. Inmortalizó su nombre al salvar la vida del coronel San Martín en el combate de san Lorenzo el 3 de febrero de 1813. Apretado su jefe por su corcel, hubiera perecido, a no mediar la interposición de Cabral que recibió una herida mortal a consecuencia de la cual falleció momentos después. Fue sepultado cerca del pino del convento. Situada en Villa Constitución, Santa Fe". Llegamos a las 15:47. Demás está decir que apenas el guarda anuncio el nombre de la Estación, la "orquesta" arrancó con la marcha De San Lorenzo, del venadense Cayetano Silva. La gente en la estación también cantaba y saludaba al enardecido grupo.

Al Kilómetro 328, estación  La Vanguardia. "Es el nombre de un establecimiento de campo situado en Constitución, provincia de santa Fe, donde se ha construido la estación. La designación se relaciona con la
guerra de fronteras, pues se refiere a una guardia avanzada". Llegamos a las 15:59.El anarquista Martín, que por su incorporación reciente estaba sobrio, intentaba convencer a los que no lo daban bolilla, como había sido costumbre, que ese nombre se debía al ya conocido diario del Partido Socialista, lo que por supuesto era un bolazo de aquellos.

Al Kilómetro 339,estación Uranga. " Lleva el nombre de la colonia agrícola que se halla ubicada en los terrenos de la sucesión de D. Máximo Uranga, en la provincia de Santa Fe, Departamento de Rosario. Llegamos a las  16:17

Al Kilómetro 349, estación  C. R. Domínguez. " El coronel D. Rodolfo S. Domínguez (1855 - 1906), inició sus servicios luchando Contra López Jordán. En 1874 fue ayudante del comandante Maldonado y luego sirvió en la guerra de fronteras hasta que fue enviado a París en calidad de agregado a la embajada Argentina. En 1890 combatió en la plaza Libertad y durante la Revolución de 1893 como jefe de policía de la intervención en Rosario, cargo que desempeñó después en Buenos aires. También ocupó una banca de diputado en el Congreso de la Nación. Estación de la provincia de Santa Fe, en el Departamento de
Rosario". Llegamos a las 16:30. Una mezcla de cansancio y expectativa se iba apoderando del enfervorizado y canturreante grupo, había noción de que la llegada a Rosario estaba cerca y la mayoría nunca había estado en una gran ciudad, con todas las fantasías que una ciudad como rosario despertaba en
esas sencillas mentalidades rurales.

Al Kilómetro 361, estación La Carolina."Toma este nombre por la colonia de esta designación situada en el departamento de Castellanos, provincia de Santa Fe, que fue fundada en 1886 y recuerda al rico estado de dicho nombre en la América del Norte".  Casi en los suburbios de Rosario, llegamos a las
16:45. En ajustado ensamble "orquesta" y coro. A voz en cuello y con la desinhibición generada por la mezcla de ginebra, vermouth y vino" se despacho con un desenfadado: "Carolina. Carolina. Carolina,  Carolina... /Carolina, Carolina / La concha de tu madrina... ". Una señoras mayores que aguardaban en la estación para ir de compras a rosario, solo atinaron a santiguarse...

Al ir llegando al Kilómetro 374, estación  La Bajada. "Esta estación esta construida en un suburbio de la ciudad de Rosario, y es la playa de maniobras del Ferrocarril Compañía General en la Provincia de Buenos Aires. Todos cobraron conciencia de que el viaje tocaba a su fin. Empezaba a percibirse la gran concentración de vagones, antesala del puerto de Rosario, ya por entonces emporio cerealista. Fue como si de pronto las miradas que durante muchas estaciones estuvieron atentas a lo que acontecía adentro del
vagón, se tomaran el trabajo de ver que pasaba afuera. El tren se detuvo a las 16:53 y reanudó su marcha a las16:59. Para acompañarnos en el tramo final, se treparon al tren: Francisco Resa (que trabajaba en un frigorífico de Rosario), y Ciriaco Monzón (que hacia de lanchero en Rosario, mezcla de indios y negros). Ambos se seguían tratando dado que iban a tirar guantes en el mismo boxing club.

El tren ya se desplazaba hacia el Kilómetro 377, ya dentro de Rosario (32º 57'   60º 39'). La expectativa de llegar, iba haciendo más denso el transcurso del tiempo, había muecas, lágrimas, algunos mostraban su "vino triste", otros su "vino alegre". Los musiqueros ya no coincidían en sus melodías, pero eso ya no tenia importancia, nos saludábamos, nos mirábamos y saludábamos a la gente. Siempre había una mano que se levantaba en respuesta. La marcha era lenta, hasta que uno pegó el grito: Allí esta la
estación!!!  Y se  llego a la estación Rosario. Eran 17 h. 15 m., como marcaba el horario. Había gente en la estación, mas se destacaba un grupo compacto. Pronto distinguimos los "ranchos" y los moñitos de la Percha, de Metro y del inglés... Junto a ellos había algunos mas de Rosario,   y otros de San Nicolás, Baradero y San Pedro que habían viajado por el Central Argentino. Los brazos se agitaban desde arriba y desde abajo. Los gritos de reconocimiento. El tren finalmente se detuvo. Unos pocos bajaron sin ayuda.
A los otros los "bajaron". Mucho no podían ayudar los que esperaban, que para matizar la espera, le habían dado duro y parejo a la cerveza. Todo era una madeja de abrazos. No eran tiempo de polaroid, de filmadoras, ni de teléfonos celulares con flash incorporado. Ni de instantáneas. Había que sacar la foto del grupo con el vagón como telón de fondo. Para eso estaba el chasirete con su trípode y el ayudante para prender el magnesio. Nos acomodamos como pudimos y se produjo el fogonazo del magnesio. La foto
en blanco y negro congela el instante y la emoción. De ahora en mas la foto cobrara vida por décadas y así hasta quien sabe cuando. Pronto comienza a virar de blanco y negro a sepia. Sobre la imagen congelada y con la melodía en volumen creciente de la partitura que Vangelis escribió para la película
"Carrozas de fuego", en 1982, comienzan a deslizarse sobre la pantalla de nuestra imaginación de abajo hacia arriba una serie de leyendas en gruesas letras color celeste.
Esas leyendas van diciendo:
Efectivamente, hubo el 19 de marzo de 1925 un tren del Ferrocarril Compañía General de Buenos Aires, que salió de la estación Buenos Aires a las 07:15 y llego a la estación Rosario a las 17:15.

El Teniente Coronel Idoate fue el Jefe del Regimiento 6 de Infantería de Mercedes en el año 1923
Los integrantes de la Barra con excepción de uno, que hizo la conscripción en ese regimiento pero años  pocos años después, son todos inventados aunque tienen nombres o apellidos, la mayoría de ellos, de personas que han sido o son de mi conocimiento cercano o lejano.
En cuanto a sí tío Algirdas existió o no, bueno de eso tengo algunas dudas...
La música cesa y las luces se encienden... la saga ya termina.

Bien mirada, puede hasta considerársela como una metáfora de la Argentina.
No se trata de una Argentina que fue, sino de una que tal vez este circulando por nuestros genes y todavía no la hemos asumida como propia. Tal vez si un día la asumimos y no la continuamos soterrando, podríamos obtener lo que por estos días se llama sinergia, y esa sinergia nos podría aportar a cuota importante de la felicidad colectiva que parecería estar tan escasa por estas nuestras horas.

*Alfredo Armando Aguirre.
  choloar@...
http://choloar.tripod.com/choloar.html

 
 
Próxima Estación: Coronel D. Rodolfo S.Domínguez
 
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#48 De: inventivaedicion@...
Fecha: Mar, 28 de Jun, 2005 4:29 pm
Asunto: DE SERES IMAGINARIOS
inventivaedicion@...
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Kuyata*
Según un mito islámico, Kuyata es un gran toro dotado de cuatro mil ojos, de cuatro mil orejas, de cuatro mil narices, de cuatro mil bocas, de cuatro mil lenguas y de cuatro mil pies. Para trasladarse de un ojo a otro o de una oreja a otra bastan 500 años. A Kuyata lo sostiene el pez Bahamut, sobre el lomo del toro hay una roca de rubí, sobre la roca un ángel y sobre el ángel nuestra tierra.
 
*de Jorge Luis Borges.  El libro de los seres imaginarios. Emecé. Bs. As. Edición de 1978
 
 
De seres imaginarios...
 
 
EL GRIFO*

     Ni águila ni león.
     Como ninguna de las naturalezas es en mí perfecta, ni águila ni león soy. Vuelo, transcurro, quizás nado, digamos que quizás buceo siempre a media agua. Pues soy un grifo.
     Abomino de la mancillante piedad que me deshonra. No requiero para mí la espesa lástima que los seres sin visible espanto me han prodigado.
     No tolero, tampoco, la burla. Nada hay en mi hermosura que atraiga sobre mi cuerpo la maldición de la risa obscena. Rechazo, aparto de mí, la ajena piedad y la necia befa. No pueden alcanzarme.
     Un grifo soy, acepto al fin mi desgarro en águila y león, mis cuatro pies, mis orejas derechas y mi larga cola. Al fin y luego de tiempo acumulado, de ausencia de mí, al fin acepto mi condición de grifo.
     Borro el recuerdo de antiguas vergüenzas. Disipo la memoria de haber deseado confundirme en las muchedumbres. Vano intento, desgraciada traición a mi singularidad. Las entrañas se anudan en mi vientre plano cuando evoco los torpes visajes para escamotear mi mixtura a la vista de los seres
unívocos.
     No aceptando la extraña piedad, abjuro de inflingirme yo mismo el bajo oprobio de la propia compasión. Me sitúo justamente donde mis extremidades se afirman. Aquí, en el lugar amplio y escaso de los desclasados.  Como no tengo casta ni me entretejo en ninguna urdimbre, he de hallar en esto la justificación a mi sino. Y el mismo dolor que antaño fue herida y sangre, debe conformar mi ahora gozo.
     Sé que no se me reserva abrazo fraternal. No tengo hermanos. Y si otros seres singulares acercan su camino al mío no me engaño. Inclino acaso la cabeza en un saludo amable, condesciendo un momento al remedo de comunión, a perfectible ensamblaje. Pero no me engaño.
     Arrojado al mundo, visible por sobre las catervas de gentíos monótonos, arrojado al centro de la luz. Engendro de noches sin luna, generador de heráldicas resonancias y de sagas para atemorizar a los reposados. Un grifo.
     Desde otra parte mis ojos de águila observan la minucia y grandeza de las muchedumbres forjadoras de historia, siempre desde otra parte y sostenido por mi cuerpo felino, tanto de león como de perro.
     Y no es de balde el nombre vulgarizado en cosa doméstica. De grifos de bronce manaba el agua que lavaba las manos de parteras y asesinos. Cabezas amenazantes poblaron los tibios hogares y las mansiones desaforadas, brotando de sí historia, memoria y sueños. Nuestras bocas destilaron
líquidas palabras, dulces, amargas, necesarias palabras en cuencos de madera o veteado mármol.
      Es mi mandato la narración del mundo.
     Adorado, temido, despreciado, negado u olvidado.
     Me siento pacientemente frente a mi escritura, solitario y en el siempre ocaso de la periferia de la vida. En las lindes del orbe.
   
  Escribo. Observo y escribo.
                                                                     
*Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
*
Estaba prolijamente sentado en el borde de la cama, las manos apoyadas en las rodillas casi juntas. Miraba hacia la pared gris que tenía enfrente con ojos reflexivos, examinando el pequeño estante de madera sin pintar que había colocado años atrás. Los objetos colocados en él también lo observaban
un poco burlones, sabiendo que era un momento distinto. Un vaso con un cepillo de dientes azul. Una taza de cerámica rústica con una letra impresa en amarillo. Varios libros con el lomo gastado y las puntas dobladas. Dos fotos borrosas pegadas en cartulina, apoyadas contra la pared. Una cajita de té con dos lápices cortos y una pila de hojas blancas cortadas al medio.
Movió los ojos, sin girar la cabeza,  hacia la otra pared, marcada con una cruz por cada día vivido allí. Un lavabo descascarado respondió a su mirada con indiferencia. Un clavo mantenía una prenda de lana colgada con prolijidad. Sin moverse detalló nuevamente el espacio y los objetos que lo rodeaban. Se sentía absolutamente vacío. Cuando sintió los pasos que venían a buscarlo para llevarlo fuera, se levantó despacio, caminó sin ruido hacia el estante y empezó a mover con cuidado los objetos. Tomaba un libro, miraba el hueco que dejaba y la pared desnuda detrás y volvía a colocarlo en su lugar. Hasta que llegó a la pila de hojas. Las deslizó hacia fuera con mucha suavidad, sonrió casi, como jugando, estiró la mano y apresó al pequeño grillo con dedos prensiles llenos de delicadeza. Sin presionar lo metió en la caja de té y ésta en su bolsillo derecho. Tomó su gorra y la sostuvo en la  mano izquierda con los brazos a los lados del cuerpo. Luego se enfrentó con la puerta donde ya se sentían el ruido de las llaves y las voces de los
que lo llevarían a su nueva morada.

( SERIE FLASH - LAS PEQUEÑAS VIDAS )

*de SONIA ARISMENDI
. soniaris@...
 
 
 
La rigurosa magia del fantástico borgeano *
 
*por Pampa Olga Arán
- Universidad Nacional de Córdoba-

- especial por La Unión Digital -

Borges fue el hacedor de una de las construcciones imaginarias más potentes de la literatura moderna cuyo canon genérico es conocido como "fantástico" y que desarrolló en multiplicidad de relatos a partir de 1935, relatos en los que elabora la intuición de un orden maravilloso y secreto que regiría el
universo y la vida humana.

El arte -siempre- requiere irrealidades visibles.
En el momento de su constitución la poética en cuestión fue también un modo político de intervención en el sistema artístico de los géneros narrativos, vigentes a la sazón en la literatura argentina. Era una época en que ciertas condiciones convergentes de producción y circulación del libro la hacían
permeable a las transformaciones: la aparición de importantes editoriales y estrategias de edición (nuevos formatos, series, colecciones, antologías, traducciones), el desarrollo vertiginoso de modernización de Buenos Aires, la profesionalización del escritor, la formación renovada de públicos
lectores en sectores medios y bajos de la población metropolitana, y el avance del periodismo cultural, entre otros factores concomitantes. No debe olvidarse tampoco el impacto del arte cinematográfico en la construcción de un nuevo imaginario urbano y el modo tan diferente en que ingresa en la
crítica de los escritores, incluido el propio Borges, y en la obra ficcional de varios de ellos, como Horacio Quiroga, Roberto Arlt, o Bioy Casares. 1 Pero lo que definitivamente contribuye a favorecer la movilidad del sistema esclerosado de los géneros narrativos es el proyecto estético que cimenta la
obra de Borges y que, aunque no es un hecho aislado 2, es tal vez el más notable y fecundo de los que produce la vanguardia en la narrativa rioplatense de la primera mitad del siglo. Entre 1929 y 1935
aproximadamente, Borges elabora una poética de la prosa de ficción, recogida en su mayor parte en los textos de Discusión (1932) 3. En esta poética, el género fantástico se comporta como matriz originaria, la más antigua y proliferante, a partir de la cual produce deslindes y valoraciones en géneros afines y seguramente desprendidos de aquél, como sucede con el policial de enigma y la ficción científica. Sin expandirnos demasiado trataremos de organizar un recorrido por ciertas reflexiones metaliterarias
de Borges que balizan nociones interesantes, al par que definen una voluntad estética que interpretará en algún momento como "clásica".
Podemos rastrear las primeras preocupaciones en el ensayo acerca de "La poesía gauchesca" donde, al referirse al Martín Fierro sostiene entre otras razones, que esa obra responde a la "legislación" de la novela (y no a la épica como quería alguna crítica), puesto que el motivo del canto no es reconstruir los hechos de una época, ni la desfiguración de lo poco que de ellos queda en la memoria, sino "la narración del paisano, del hombre que se muestra al contar" (197), la voz y el destino del hombre. Si se oblitera la
realidad, aunque parezca que se está hablando de ella, es precisamente porque se postula como conocida por todos e inútil y artificiosa su descripción como un montaje escenográfico. Emplea el término "postular" en su acepción lógica, como aquella proposición cuya verdad se admite como necesaria, en este caso para producir la ficción literaria. Más tarde lo aliviará con el término "conjetura", que elabora la sospecha de lo posible.
Irá conformando esa noción fundamental en otros ensayos no menos interesantes como "La penúltima versión de la realidad" (1928) y "La postulación de la realidad" (1931), en los que señala la importancia de buscar una versión de lo real que sea eficaz artísticamente. Parte de esa eficacia consiste en que la espacialidad puede ser percibida por el yo como un "episodio del tiempo". (Bajtín llegará a sostener algo parecido con el nombre de cronotopo y también en oposición a Kant). Borges dirá así: "Pienso que para un buen idealismo el espacio no es sino una de las formas que integran la cargada fluencia del tiempo. Es uno de los episodios del tiempo y, contrariamente al consenso natural de los ametafísicos, está situado en
él y no viceversa. (...) Por lo demás, acumular espacio no es lo contrario de acumular tiempo: es uno de los modos de realizar esa, para nosotros, única operación. Los ingleses que por impulsión ocasional o genial (...) conquistaron la India, no acumularon solamente espacio, sino tiempo: es decir, experiencias, experiencias de noches, días, descampados, montes, ciudades, astucias, heroísmos, traiciones, dolores, destinos, muertes, pestes, fieras, felicidades, ritos, cosmogonías, dialectos, dioses, veneraciones" (200.)
Como resultado de su crítica y atenta lectura de obras "clásicas" (no como atributo histórico, sino como procedimiento de representación), observa que las formas narrativas más interesantes son las que no intentan decirlo todo, interpretándolo, sino más bien registran las efectuaciones de la realidad o
expanden un mínimo detalle para tornarlo una clave de lectura, funcionan "a pura destreza verbal" y por ello son admirables, porque no describen "los primeros contactos con la realidad, sino su elaboración final en conceptos" (218), con lo cual potencian una lectura atenta y nada ingenua. Curiosamente
se referirá siempre a las novelas y propondrá una "rigurosa novela imaginativa", flanqueando al gran género con dos adjetivos decisivos e intercambiables en la ejecución y en la invención. Esta fórmula, que para la tradición del pensamiento occidental propone una alianza de contrarios, permanecerá inalterable en su producción.
"El arte narrativo y la magia" (1932) avanza en una definición que se condensa y generaliza en la figura del pensamiento mágico, que rige la causalidad de los acontecimientos, instalando una secreta armonía que
desdeña "el desorden asiático del mundo real" y en la que "todo episodio (...) es de proyección ulterior" (231) (luego insistirá en que "los pormenores profetizan", esto es, todo detalle se vuelve indicio y correspondencia, huella de un secreto de revelación inminente). Este orden "lúcido y limitado", que abomina tanto de las sintaxis deterministas como de las psicológicas y despliega asociaciones surgidas de las palabras y no de las cosas, libera la literatura del avasallamiento de lo real empírico.
Algebra, astronomía, ajedrez, son términos recurrentes que Borges utiliza para expresar el modo fantástico en que "la incalculable y enigmática realidad" puede obedecer a la necesidad del arte. Al colocar esos términos en correspondencia con las operaciones recónditas de la magia y del sueño,
no como milagro ni como experiencia sobrenatural sino como un mecanismo (artificio narrativo demiúrgico), no menos preciso ni menos intelectual y abstracto que los conocidos por la evidencia de una serie que resulta de la aplicación de una ley, está señalando el camino de un proyecto de autonomía
literaria que pueda alcanzar la universalidad del género fantástico (o mágico) de los grandes relatos fundadores.
"Las literaturas -dirá en una entrevista- empiezan con la literatura fantástica y no por el realismo; las cosmogonías acaso pertenecen a la literatura fantástica, las mitologías, que pertenecen al pensamiento
fantástico, también" ([1964], en Vázquez, 1977) Y, como en las grandes metáforas, los temas fantásticos se repiten inagotablemente y señala: las metamorfosis, las zozobras de la identidad, los talismanes, las
interferencias del sueño y la vigilia, los juegos con el tiempo, las profecías, la visita de los muertos. Profundamente secularizados, estos temas conservan la fuerza semántica de las grandes preguntas que alguna vez sirvieran a un imaginario colectivo y a una economía de lo sobrenatural. Por eso, y a pesar de la intemporalidad del fantástico que propone, éste alberga otra forma de desencanto y de escepticismo contemporáneo, puesto que siendo el mismo antropológicamente, es también inevitablemente distinto, como en la aporía del Quijote de Menard.
Creo que no resultará ocioso retomar aquí lo que apuntamos al comienzo en relación al impacto del arte cinematográfico en esa época . Borges no se sustrae a este "maravilloso moderno" (Sarlo, 1992), sino que lo incorpora a su perspectiva crítica, señalando ejemplarmente la atracción masiva de la mitología incesante de Hollywood: : "(...) el problema central de la novelística es la causalidad. Una de las variedades del género, la morosa novela de caracteres, finge o dispone una concatenación de motivos que se proponen no diferir de los del mundo real. Su caso sin embargo no es el común. En la novela de continuas vicisitudes, esa motivación es improcedente y lo mismo en el relato de breves páginas y en la infinita novela espectacular que compone Hollywood con los plateados idola de Joan Crawford y que las ciudades releen. Un orden muy diverso los rige, lúcido y atávico.
"La primitiva claridad de la magia" (230)
La cita permite observar que la organización mágica del universo le ofrece un modelo para pensar la economía y las propiedades estructurales de la narración artística. También nos permite interpretar que la fascinación por estos procedimientos no ha sido desdeñada por la cinematografía estadounidense para cautivar al publico con lo que, de algún modo, se halla presente en la memoria y en las prácticas sociales. Lo que parecería un nuevo orden artístico para la narración, un nuevo sistema de relaciones, no
obstante está inspirado en las propiedades generalizables de la magia, profunda ambición de todos los hombres y activa en numerosas supersticiones y creencias. Se trataría, entonces, de concebir, en lo artístico, una forma de legalidad semejante a la del milagro, muy antigua e incesante: "Todas las
leyes naturales lo rigen, y otras imaginarias" (231)
Este es el punto de partida desde el cual Borges funda y recrea el género en una dimensión universalizante que atisba su huella aurática en el dominio del arte. Con esta operación lo coloca en una tradición diferente del fantástico que había acuñado el positivismo y el modernismo de la literatura
nacional: ni fenómeno paranormal, ni misterio iniciático, sino "un orbe autónomo de corroboraciones, de presagios, de monumentos" (232). Y no solamente en lo que atañe a los temas y procedimientos, sino especialmente en cuanto al lenguaje que organiza un universo de correspondencias sigilosas, interminables, sutiles y que, como en la magia, oculta el artificio. Simetrías, asociaciones, indicios, el lenguaje como el ineluctable azar, teje una red recóndita que el personaje y el lector descubren con asombro constante.
Resulta coherente entonces que desdeñe los relatos de ciencia ficción por considerarlo un género de pensamiento "impuro, un principio de razonamiento, de pensamiento que no se realiza", le parece proclive a "aumentar las dimensiones, a propender a lo multitudinario y lo cósmico" y solo reconoce las obras que, como las del "primer Wells", Bradbury o las de Bioy, permiten percibir la fuerza operante de un nivel simbólico que siempre remite a los modos íntimos en que el hombre se enfrenta con su destino. "En La invención de Morel nos encontramos con una especie de extensión del cinematógrafo: no solo hay imágenes y voces, sino las tres dimensiones y, acaso, lo que sienten los personajes también ha sido proyectado y se repite cíclicamente.
El protagonista vive entre esos fantasmas sin saber que lo son y ellos viven su mundo sin saber que él existe. Todo este libro viene a ser un símbolo de la soledad, como lo son las obras de Bradbury, y acaso la fuerza de este libro proceda de que el autor, al escribirlo, se abandonó a su sueño fantástico y no pensó que estaba haciendo también un símbolo de la soledad, de la duradera soledad de los hombres" (en Vázquez, 1977) Llamará a estas obras "de imaginación razonada" (1940), puesto que sugieren
enigmas que se resuelven de modo ingenioso e inesperado, incorporando artificios técnicos, pero verosímiles narrativamente porque la invención no desfallece. Tal vez una acertada definición de las diferencias que percibe Borges entre las propiedades artísticas de un universo fantástico y las de
un universo de ciencia ficción se halle en su afirmación de que "las ficciones de Verne trafican en cosas probables (...) las de Wells en meras posibilidades (...) cuando no en cosas imposibles(...)" (697)
Y aplicará los mismos criterios estilísticos al género policial de tradición anglosajona que leyó ávidamente y a cuya difusión contribuyó en varios órdenes. Pero para nuestra sorpresa, el modelo del policial será Chesterton a partir del cual, en 1935 (cfr. Revista Sur), elabora las condiciones que
debe reunir este tipo de relatos, tan convencional o artificioso como cualquiera, pero que disimula esta condición por el exceso de naturalización de que es objeto. Entre las cualidades que destaca, nos importa su insistencia en la originalidad argumental ("primacía del cómo sobre el quién"), la elisión de los detalles morbosos y sangrientos ("el pudor de la muerte") y sobre todo la resolución de la intriga ("necesidad y maravilla en la solución"). Esta maravilla en Chesterton queda latente porque combina dos géneros y lo prodigioso o demoníaco queda subyacente, aunque el caso se aclare.(694)
Para decirlo simplificadamente, para Borges el policial es género que refiere hechos misteriosos que al final se aclaran como un hecho razonable. "No la explicación de lo inexplicable sino de lo confuso es la tarea que se imponen, por lo común, los novelistas policiales" (696). Lo contrario, el fantástico, porque es el hecho infalible, sigiloso y creciente que se revela al final, pero no se explica. O sea que en ambos casos se cuentan dos historias, pero su modo de conmover la inteligencia del lector es diferente.
El tema es siempre la causalidad y su desciframiento, en un caso verosímil, en el otro, mágica, pero no menos implacable: "(...) la magia es la coronación o pesadilla de lo causal, no su contradicción. El milagro no es menos forastero en ese universo que en el de los astrónomos. Todas las leyes naturales lo rigen, y otras imaginarias. (...) Esa peligrosa armonía, esa frenética y precisa causalidad, manda en la novela también." (231) Como advertimos, las diferencias genéricas son modos diferentes de descubrir (y
de construir en el relato) el orden de la Ley.
Parecería que el policial es aún más interesante cuando los temas y el modo de proponerlos (como en Chesterton), sugieren las posibilidades de lecturas dobles. Pienso que este principio en su vertiente paródica es el que desarrolla con Bioy en los relatos de Isidro Parodi y cuyo mecanismo describe Umberto Eco así:
"Para estar seguros de que la mente del detective ha reconstruido la secuencia de los hechos y de las leyes tal como debían ser, hay que abrigar una profunda convicción spinoziana de que (...) Los movimientos de nuestra mente que indaga siguen los mismas leyes de la realidad. (...)
El de Borges es un universo en que mentes distintas no pueden sino pensar mediante las leyes expresadas por la Biblioteca. Pero esa Biblioteca es de Babel. Sus leyes no son las de la ciencia neopositivista, son leyes paradójicas. La lógica (la misma) de la Mente y la del Mundo son ambas una ilógica. Una ilógica férrea. (...) No estamos nunca ante el azar o el hado, estamos siempre dentro de una trama (cósmica o
situacional) pensada por otra Mente según una lógica fantástica que es la lógica de la Biblioteca.
Eso era lo que quería decir cuando hablaba de mecanismo de la conjetura en un universo spinoziano enfermo. Naturalmente, 'enfermo' respecto a Spinoza, no respecto a Borges. Respecto a Borges, ese universo en que detective y asesino se encontrarán siempre en el punto final, porque los dos han
razonado según la misma ilógica fantástica, es el universo más sano y más verdadero de todos" ( Eco, 1988: 182-183).
Las observaciones de Eco desplazarían la atención hacia otro campo de problemas no menos interesantes de la poética borgeana, como es el caso de la parodización genérica, que hace de la lógica del género una ilógica con matiz criollo. También en eso estaba sembrando propiedades que el género exacerbaría en un futuro finisecular.
Es tiempo de cerrar este breve recorrido en una síntesis. Como se advierte, la eficacia de los mecanismos de los géneros artísticos no son para Borges menos incesantes que los del universo, pero dado que éstos no se pueden controlar sólo nos está dado perfeccionar los primeros. Esta es la hipótesis programática que sostiene hacia 1930 para proponer una literatura antirrealista, para la creación de lectores nuevos, no atentos a la novedad parcial (la "supersticiosa ética" del estilo), sino a las metamorfosis incontables y proliferantes del trabajo artístico sobre los géneros.
Hallazgos, invenciones y combinatorias pueden aliviar la repetición, el implacable orden del universo y reemplazarlo por el orden del lenguaje que no representa, que no dice nada más que de sí mismo y de su significado inestable que se "genera", engendra, produce y reproduce en el trabajo sobre la lengua. Atrapado en las redes del lenguaje, el género alberga la virtualidad de la semiosis, la capacidad plural para fragmentarse en multiplicidad de enunciados sin perder del todo su significación originante.
Sus preferencias personales lo inclinan hacia las filiaciones que alimenta la matriz del fantástico, género paradigmático en el que encuentra el orden secreto de lo mágico, la energía estética de la metáfora y el valor cognitivo de una conjetura metafísica.
Nunca entendió el género como una retórica, sino como una ética de la forma, si se me permite la expresión. No sería vano devolverle la misma observación que agudamente le dedicara a Chesterton cuando dice que éste descubre una "forma esencial", porque sus ficciones son su "cifra o historia", su
"símbolo o espejo" (694). Esa forma esencial, no sustantiva, pero la única posible que lo cifra y lo expresa y que arduamente también Borges persigue en infinitas variaciones y repeticiones del mismo libro incesante.
Notas:
Para estas cuestiones pueden consultarse (entre otros) los excelentes libros de Beatriz Sarlo, Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 (1988) y también La imaginación técnica (1992).
La década de 1930-1940 se ofrece particularmente interesante para la observación de los cambios en las estrategias del verosímil narrativo en diferentes direcciones. Mencionamos a título de ejemplo: Vigilia (1934) y El mentir de las estrellas (1940) de Enrique Anderon Imbert, La invención de
Morel (1940) de Bioy Casares, "La noche incompleta" (1935) de Manuel Peyrou, La pequeña Gyaros (1932) y "Sombras suele vestir" (1941) de José Bianco, "La muerte y su traje" y "Ser polvo" (1933) de Santiago Dabove, "El traje del fantasma" (1930) de Roberto Arlt.
Se cita por la edición de BORGES Jorge L., Obras Completas 1932-1972. Bs.As., Emecé edit., 1974 págs. 177-286. Las numeraciones de páginas entre paréntesis corresponden a dicha edición.
Bibliografía:
a) Fuentes
- (1932) "El arte narrativo y la magia" en Obras Completas 1923-1972. Emecé edit, 1974 :226-232
-(1928) "La penúltima versión de la realidad", op.cit: 198-201
- (1931) "La postulación de la realidad", op.cit: 217-221
- (1952) "Sobre Chesterton", op.cit: 694-696
- (1952) "El primer Wells". op.cit: 697-699
-(1935) "Los laberintos policiales y Chesterton" en Revista Sur Nº 10, julio de 1935: 92-94.
- (1940) "Prólogo" a La invención de Morel de A. Bioy Casares, Bs.As., Emecé-Alianza, 1968
b) Complementaria
ARIAS SARAVIA Leonor (1990) "Teorizaciones sobre lo fantástico desde la literatura argentina" en Cuadernos de Humanidades Nº2 Fac. de Humanidades UNSalta 51-70
ECO Umberto (1988) "La abducción en Uqbar" en De los espejos y otros ensayos, Barcelona, Lumen, 173-184
GOLOBOFF Gerardo M . (1985) "Ideas sobre lo fantástico borgeano", Cuadernos del CELCIRP, 1, 59-64
SARLO Beatriz (1988) Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930 , Bs.As., Nueva Visión
VAZQUEZ María E. (1977) "La literatura fantástica" en Borges: imágenes, memoria, diálogos, Caracas, Monte Avila, 125-141
YURKIEVICH Saúl (s/f) "Borges/Cortázar: mundos y modos de la ficción fantástica" en Revista Iberoamericana , Pittsburgh IILI

© Pampa Olga Arán 2000
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/fan_borg.html

* FUENTE: UCM. - Diario La Unión digital. www.launion.com.ar
 
 
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De la picardía peronista*

Y dirán: "los peronistas somos así, sino entramos por este lado entramos por el otro, porque la política es para los vivos". Entonces, arman dos listas, la de los peronistas oficialistas y la de los opositores, convirtiéndose en el Partido Unico.

Pero además, seguramente fue el Chueco, Juan Carlos Mazzón el que le dijo a Cavallo : "vení, largate para octubre, aunque no entrés te volvés a posicionar, todos terminarán hablando de vos"
Y a los muchachos les sirve, porque la jugada pondrá furiosos a López Morfi y Mauri Macri, porque si a alguien saca votos Cavallo, es a la derecha.
Y el viejito pícaro Cafiero se cagará de risa por la avivada y el Gran Mariano citará una vez más a Borges diciendo : "que los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles".
Y la marcha de los pibes de la exclusión, del hambre, sigue avanzando, por Tucumán, Catamarca, Santa Fé, Córdoba, desnudando que este gobierno cambió el discurso pero no la situación de las cosas urgentes y ya llevan más de dos años gobernando, que no me digan que no se puede, que hace muchos años que esto viene así. Porque si en este país que puede producir alimentos para diez veces más de humanos que los que lo habitan, no podés parar el hambre de los pibes, es porque simplemente no servís o sos un canalla, o las dos cosas.
Y seguirán con sus encuestas y encuestadores diciendo que ganan acá, o allá necesitan alianzas que les permitan controlar en forma homogénea el Congreso. Y encima el Adolfo y Menem que quieren volver, aunque nunca se fueron.
Y entre ellos compiten con sus damas, la muestran las exhiben, se las disputan, que Chiche, que Cristina, que quien arrastra más en la provincia que todo lo decide, desde hace tiempo, sobre todo ahora.
Y habrá planes asistenciales, dinero, canonjías, prebendismo, clientelismo, todo al por mayor hasta octubre, aquí y allá, pero en Neuquén también, porque las ratas se multiplicaron, ya no conocen de ideología.
Y lo más seguro es que los pobres le den su voto, porque tienen hambre y son leales con los que les dan.
Y ellos lo saben, por eso se aprovechan de esa necesidad.
Mientras tanto seguimos pagando la deuda eterna, con intereses y todo. Y el prolijo de Lavagna que nos asegura que estamos creciendo, mierda che, que bruto soy, me pueden decir para dónde?.
Y K que putea al Fondo (a la derecha) pero en La Matanza, pero cuando viaja al Norte se muestra prolijo y aliado, obediente y cumplidor, si ni a Cuba viaja para no enfadar a su patrón.
Y la marcha avanza mostrando a nuestros hijos, que ellos no sienten como tal, con hambre atrasado, que ya no apagarán.
Decí que está la tele siempre atenta a despejarnos, con los deportes profesionales, los mejores pagos, los que facturan, porque en la que debería haber una política de Estado en serio, en los amateur, damos lástima.
Y sino Tinelli y la Salazar, deportes, guarangadas, mal gusto, de lo peor.
Y ya piensan en el 2007, porque hay que seguir, "porque debemos mantener lo logrado, porque las encuestas y los encuestadores nos dicen que todo va bien, que la imagen es alta y al que no le guste que vaya a elecciones y nos gane y veremos, veremos quien la tiene más larga". Porque en definitiva de eso se trata la política, o no?.

28 - Junio - 2005
*Jorge Fernando Daffra
daffra@...

 
Re: Hilvanando Mundos*
Buenísimo este número. Hay un poema sobre los poetas del mexicano (chiapaneco) Jaime Sabines que, como otros del mismo autor, merece estar alguna vez en estas páginas. Saludos de tu tocayo...
 
 *Eduardo Lucio Molina y Vedia.  eduluc_2000@...
 
 
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#47 De: inventivaedicion@...
Fecha: Sáb, 25 de Jun, 2005 8:15 pm
Asunto: LO QUE LA PALABRA NOMBRA
inventivaedicion@...
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Lo que la palabra nombra...
 
 
Queda un espacio*
 
 
Queda un espacio en el aire
que llenabas tu
ni la brisa lo llena
ni el olor de la flores
ni el calor del sol...
 
Me haces falta.
Sin tu presencia falta el sentido
sin tu abrazo falta el calor
sin tu amor falta la vida...
 
Te encuentro a faltar
al despertar,
no hay calor en mi costado
ni tibieza en mi piel
ni ensueño en mi cama
no estás...
 
No estás y está todo quieto y triste
melancolías de madrugada al pairo
tristezas tibias de un pasado reciente
besos que flotan aun en aire de mis recuerdos
calor en mis labios,
carne en mis manos
sangre en mi amor
y en nuestros cuerpos...
 
no estás,
y sin embargo
te siento.
 
*Joan Mateu. joan@...
 
 
 
 
INOCENCIA*

    
El siempre ha habitado el bosque. Este bosque. Este bosque que es, precisamente, lo que la palabra bosque nombra. Le mot juste, la palabra precisa.
     Ha deambulado largamente por la foresta frondosa de gacelas de patas temblorosas y de almendrados ojos titilantes; ha transitado los senderos de pájaros de plumaje fantástico. Ha visto virar las hojas desde el espléndido verde al rojo ígneo, en atardeceres que fueron ocasos y también otoños de
ardiente puesta del día.
     Solo es. La dulzura del aire se ofrece a sus pulmones limpios, la soledad no es una jaula estrecha. La soledad es este bosque interminable que se ofrece en sonidos y en imágenes de sólida belleza, intacta belleza. Cada día es el primer día. La lluvia limpia el universo cada vez.
     No conoce la pérdida del acostumbramiento. Cada erguido árbol, cada arbusto retorcido le brinda nuevos deleites en insectos que danzan el aire, en frutos de esférica alegría, en tiernas raicillas que dibujan evanescentes formas fundidas a la perfecta simetría de las telas de araña.
     Ah la alegría de las gotas de rocío capturando la primera luz, la última luz.
     Solo es. La soledad no le aferra el pecho, no estrecha sus costillas.
La soledad no lo abraza con su estrangulamiento de enredadera. No sabe que está solo, y ello lo mantiene salvo de su oscuro veneno.
     Siente el gozo de la tierra debajo y del firmamento curvo que dibujan su mundo de capullo cóncavo.
     Solo es. Nada lo requiere con premura. Puede demorarse y fluir, puede transcurrir mansamente. Nada lo inquieta.
     El ojo de agua en la espesura espeja el mundo. Mira la superficie y se ve a sí mismo como si no se viera. La presencia del otro no lo inquieta. Ve su imagen y es su imagen. No existe la obligación de hallar compañía en el espejo, no lo aferra la bíblica promesa, la bíblica maldición del apareamiento. Solo es.
     Único y completo, solo es.
     En su universo habita hasta ahora. Este ahora que le ofrece una muchacha casi niña entredormida, entrevista, entresoñada en su lecho de trébol húmedo.
     Súbitamente una muchacha casi niña, ingenuidad de melodía sin semitonos en la súbita muchacha entrevista, entredormida, entresoñada.
     Súbita muchacha en el lecho de trébol húmedo.
     Jóvenes brazos de luna nueva, blancas curvas, tierna postura sedente.
     El bosque expone el secreto de la niña clara, aliento de helecho matutino, escultura blanda. De pronto el bosque expone su secreto.
     Es la doncella florida, la arcilla dócil, la forma exacta. De pronto el bosque halla su expresión en una criatura que lo resume.
     Se acerca con pasos breves.
     La recorre tocándola con la mirada, y allí están los anocheceres oscuros, las promesas de la fronda susurrante, la convergencia de los caminos y las aves aleteantes. Todo en ella está. Cada gesto suave de los largos tallos ondulados, cada aroma de fruta madura. Todo en ella se manifiesta.
     El bosque es esta figura extendida, y lo contiene como un minúsculo camafeo.
     Se acerca con pasos breves. Descansa la cabeza en el regazo de miel y nido. Siente por primera vez que ha estado solo, siente que esta niña le falta, que la añora desde ahora, cuando su cabeza reposa en un estrecho contacto que ya es separación y lejanía.
     Ha recibido la amarga revelación de que él es un ser entre los seres, la demorada maldición de saber su individualidad. La condenación lo alcanza en este instante en que ya no es el bosque sino que increíble, atrozmente está en el bosque.
     Decir que los hombres mataron al unicornio es acaso un agregado innecesario.

                                                                   
*Mónica Russomanno. russomannomonica@...
 
 
 
Leer y escribir *

*Por Sandra Russo

 En la clase de Castellano de primer año del secundario, la profesora preguntó quiénes leían. Levanté la mano junto con un par de compañeros. Ella me preguntó qué estaba leyendo. “Una de Corín Tellado”, le contesté. Hubo unas risas generales que acompañaron la cara desconcertada de la profesora. Supuse que mi respuesta no era un carta ganadora y maldije mi ímpetu participativo. Pasaron dos meses, y una tarde la profesora, antes de irse del aula, me volvió a preguntar con una ligera sorna y un tono casi compasivo: “¿Y ahora qué estás leyendo?”. No sin cierto temor a provocarme un nuevo contratiempo, susurré: “Una de Dostoievsky”. Ella se quedó mirándome. “¿Cuál?”, preguntó. Crimen y castigo, confesé. Puso la palma de la mano en mi mejilla, y sonrió. “Vas bien”, dijo.
Nunca supe por qué leía de chica. En mi casa no había libros. Había, bueno, una enciclopedia que hacía juego con los muebles del comedor, y una Historia de Grecia y de Roma en dieciséis tomos que nadie en dos décadas se ocupó de abrir. Las novelitas de Corín Tellado me las había empezado a comprar en el kiosco de la esquina no bien me cansé de leer Susy, secretos del corazón. Las recuerdo como películas porno, en las que la trama nunca importa. Pasaba rápidamente las hojas de peripecia y circunstancia para llegar a los párrafos en los que él se inflamaba de deseo y ella lo detenía justo antes de ceder a su pasión. Cómo apareció Dostoievsky, no tengo la menor idea. Sí recuerdo que con Crimen y castigo me sentía Jo, la de Mujercitas, arrobada, leyendo, comiendo manzanas deliciosas mientras el tiempo pasaba en el altillo. Jo fue la primera lectora cuya descripción leí. Y lo que me había atrapado de esa descripción era la fuga, el receso, la tregua que para esa niña suponía entrar en una trama imaginaria y lograr que la realidad se diluyera.
“Escribir es una forma de libertad personal. Nos libera de la identidad colectiva que vemos forjarse a nuestro alrededor. Al final, los escritores escribirán no para ser héroes proscriptos de alguna subcultura, sino para salvarse a sí mismos, para sobrevivir como individuos.” Esto se lo escribió John de Lillo en una carta a Jonathan Franzen, que era joven, novelista, exitoso, mediático, buen mozo, culto, colaborador del New Yorker, best seller y, así y todo, estaba deprimido. Muy deprimido. Franzen es autor de un ensayo que causó bastante revuelo hace unos años cuando lo publicó en Harper’s Bazaar. Se llamaba “¿Para qué molestarse?”. Es inevitable no asociarlo con el inolvidable Crack Up de Fitzgerald, sólo que esta vez el autor no se miraba trágica y genialmente el ombligo, sino que desnudaba un cuadro de situación general. Era un largo y nutricio análisis de la posición actual de la novela en el campo cultural norteamericano. Era fundamentalmente la admisión de que los novelistas ya no son quienes cambiarán nada, que el ámbito de influencia de una novela es cada día más acotado y pequeño, y que mientras lectores y escritores siguen encapsulados en su fascinación por las tramas y los estilos, las nuevas tecnologías se ocupan de hacer el lifting cultural en millones de consumidores que no tienen conciencia de sí. Los escritores pueden cosechar fama y prestigio, algunos pocos hasta ganar dinero, pero la novela como producto cultural ya no es ni masivo ni decisivo. Salvo artefactos editoriales mayúsculos, como Harry Potter o Memoria de mis putas tristes, ningún lector invierte ansiedad en la expectativa de una próxima novela. La no ficción ha reemplazado a la tregua de la lectura de ficción. La lectura ya no es un viaje hacia una dimensión imaginaria, sino un baño de inmersión en la realidad y el intento de salir un poco más airosos de nuestras confusiones.
“Ya había comprendido que la promoción o el trayecto en limusina a una filmación de Vogue no eran simples complementos. Eran el premio principal”, decía Franzen, con el desasosiego de quien se había tomado demasiado en serio a sí mismo. “El novelista tiene cada vez más cosas que decir a lectores que cada vez tienen menos tiempo de leer: ¿dónde encontrar la energía de influir en una cultura en crisis, cuando la crisis consiste en la imposibilidad de influir en la cultura?”, se preguntaba Franzen en el artículo del Harper’s. Y es una gran pregunta.
Un gran cuchillo que no vemos y que no empuñamos ha dividido la torta en tres. De un lado, el más pequeño, como el de los que no saben o no contestan en algunas encuestas, están los fieles a la letra escrita. Del otro, están los que sólo buscan calmarse: entretenerse de lo insoportable con los medios electrónicos que no demandan esfuerzo intelectual y ofrecen como mercancías valiosas desde traseros femeninos pintados con flúo hasta hombres rata disfrazados de araña. Y, finalmente, están los que no pueden elegir, porque están mucho más atrás de cualquier posibilidad de elección cultural.
Shirley Heath, antropóloga y lingüista de Stanford, se pasó una década, los ’80, recorriendo “zonas de transición forzosa” como aeropuertos, transportes públicos, salas de espera o lugares de veraneo entrevistando a gente a la que veía con libros “serios” en sus manos. Quería saber, Heath, por qué esa gente lee, cuando la lectura de ese tipo de libros parece hoy una forma de resistencia a las inercias de la época. Su investigación la llevó a concluir que hay dos tipos de “lectores resistentes”: aquellos para quienes el hábito de leer fue “firmemente inculcado” en la infancia, como un don familiar, como un rasgo de aristocracia cultural relativa al “buen uso del tiempo libre”, y aquellos que, más misteriosamente, han sido niños “socialmente aislados”, y que han aprendido solos a dejarse acompañar por los autores de los libros que han leído. De este segundo tipo de lectores es del que, según Heath, suelen salir los escritores.
Leer y escribir son dos acciones humanas vinculadas en la primera de sus acepciones a la alfabetización. Cuántas personas en una sociedad son capaces de codificar y decodificar letras es uno de los índices que miden cierto estado de las cosas. Pero leer y escribir, en una segunda capa de esa cebolla, implica actualmente otro tipo de actividad intelectual que roza, en el mundo del mercado, la bancarrota. De ahí la gran pregunta de Franzen y el origen de su perturbación: si nuestra cultura de mercado se las ha ingeniado para pertrecharse contra toda influencia cultural, ¿de dónde sacar la energía para influir sobre ella? ¿Con qué artilugios o atributos seductores se puede desenmascararla? ¿Con qué piedra se puede romper el hechizo de la parafernalia electrónica? ¿Cómo dar cuenta de esos otros mundos paralelos que se baten a duelo mientras las nuevas generaciones se internan cada vez más en el reino de lo literal, lo instantáneo, lo ligero? ¿Cómo escapar del presunto elitismo al que lectores y escritores son condenados por los organizadores anónimos de esta triste gran fiesta?

*Fuente: diario Página/12
 
 
 
Prioridades*

Desnuda

de miradas

se roza con el tiempo y el paisaje.

Lee las instrucciones : primero

hay que inventar el laberinto

Después vendrán los hilos

*Cristina Villanueva. pluma@...
 
 
 
LA TARDE*
 
 la tarde se avecina
esa que soñé tantas veces
despierta o aletargada
 
me llevará en una danza de fuego
elevada y sigilosa
cantaré con mi mejor voz
                           un himno alborozado
 
todo será movimiento y color
ritmo y melodía
 
y no me digas que esa tarde no existe
 
la reflejé miles de veces en mi memoria
una y otra vez
el mismo paisaje
              la misma música
                          igual coreografía
 
dime que ese patio grande
ese pasillo largo y angosto
no sirvió para mis vuelos más audaces
para las ensoñaciones más rotundas
para los perfumes más embriagadores
 
dímelo
        pero que sea de manera firme
sino
     seguiré esperando
esa tarde que se avecina

                     *Beatriz Martinelli. beatrizmar@...
 
 
 
Cuando hemos perdido todo*
 
 
En su última novela, Pablo de Santis escribe a propósito de un personaje que se ve obligado a decir cierta verdad a la persona que ama: "dudó,porque toda verdad es una forma de despedida". Como ese personaje, siento que la terrible crisis argentina es la hora de decirnos la verdad; que es la despedida de todo aquello que creímos ser, engañados por una ficción política que muchas veces no tuvimos el valor o la lucidez de desbaratar. Y que asumir el casi insoportable dolor de esta despedida, utilizarlo como acicate para nuestra creatividad y nuestra solidaridad, es nuestra única posibilidad de sobrevivir.
Quizá porque todo lo que construimos en la adultez parece a punto de destruirse definitivamente, a menudo creo revivir situaciones de infancia que me cuesta mucho recordar con precisión. Los primeros días, por ejemplo, creía reconocer aquel momento de la misa en que uno se sentía mirado por un Dios al que era imposible mentir y sobornar; pero de inmediato me corregía, porque el temor de Dios entrañaba una fe en su bondad de padre. Hasta que hace unos meses, en un bar al que llego todos los fines de semana por las calles de Buenos Aires entre asaltos y mendigos, mi amigo Pablo Pérez el equilibrista me dio una clave: "¿Sabés? Una noche, en Mendoza, a los once o doce años, soñe que despertaba y saltaba de la cama y al abrir la puerta de mi casa sólo encontraba una inmensa llanura, y allá, a lo lejos, una casilla cerrada que corrí a abrir y en donde estaba Dios. Estaba encogido y tembloroso, Dios, con unos ojos enormes que parecían pedir piedad. cuando le pregunté por qué estaba asustado, Dios me dijo que ya no podía volar. Y desde que me desperté", termina Pablo, "yo mismo empecé a treparme a los árboles y a aprender este oficio que todavía no sabía que existiera". De alguna manera todos nosotros, aun los que no creemos, sentimos que "Dios está asustado" porque nuestra imagen del mundo y de la historia, la que justificaba hasta ahora todas nuestras acciones, nos ha mostrado para siempre sus propios límites, sus incapacidades de entender y actuar. Sí: hemos asumido que Dios está demasiado asustado para ayudarnos. Y en el dolor del abandono, sentimos que sólo nos quedan dos posibilidades: o morir o vivir. Y sobrevivir es mirar valientemente aquello con que todavía contamos, y sobre todo, como aquel chico en los árboles de Mendoza, disponerse a aprender. Porque, ¿qué nos queda cuando parecen habernos robado todo? En principio, aunque suene a lugar común, nos queda la memoria, pero no ya como mero sitio de homenaje, ni siquiera como utopía realizada y perdida, ese paraíso de los padres fundadores que nos inmoviliza en veneración y nostalgia. La lección de los tiempos es, incluso, contraria: no somos una identidad inmutable, sino los sujetos de una historia de inevitables mutaciones que debemos tener siempre presente para que el cambio no derive en traición.
Tenemos la memoria, digo, como sitio del presente repleto de herramientas todavía utilizables. Impedidos de comprar CDs, resucitamos las bandejas y los wincos y vamos por la ciudad rebuscando discos de vinilo que familias en bancarrota salen a vender o a trocar a las plazas: así resucita, casi intacta, la música de una argentina empeñada en escucharse a sí misma y a hacer escuchar sus voces, desde los alumnos del Mozarteum a los bagualeros de Yala, desde los baladistas del Di Tella a la gota de agua o el silbido de un barco que Leda Valladares perseguía por la ciudad con un diminuto grabador Geloso: Una Argentina que de pronto sabemos que sonaba para hoy y para nosotros. En las reuniones, ya cantamos distinto.
Muchos de mis amigos, escritores y foniatras, cantores y hasta reparadores de electrodomésticos, se han puesto a escribir manuales: no ya para aprovechar tal o cual demanda de las editoriales, todas al borde de la quiebra. Todos tenemos la misma urgencia de compartir esos saberes que creíamos haber olvidado simplemente porque nadie nos lo requería, porque nos habíamos acostumbrado a hacer nuestros trabajos según órdenes ajenas o extranjeras o porque, en fin, nos habíamos resignado a que nos hubieran arrebatado nuestro puesto de trabajo. Una de esas amigas me dice que en los talleres de escritura, por ejemplo, han sido muy pocas las deserciones: lo que era, hasta diciembre una actividad secundaria se ha revelado como el último lugar en que un pueblo defiende la posibilidad de decirse, de imaginarse, de elaborar, contra la alienación, un lenguaje nuevo y propio. Por supuesto, no confundo estas formas de resistencia con ninguna victoria final, ni siquiera la auguro; pero las señalo como lo que son, luces imprevistas que nos permiten seguir dando pasos en medio de esta oscuridad, apostando a que nos suceda lo mismo que al protagonista de aquel cuento danés que, después de toda una vida de aventuras durísimas, subió a la cima de una colina y vio que su itinerario por la comarca había dibujado una figura precisa: la figura de una cigüeña. Y que esa figura le daba, porque había sido fiel a su deseo, un premio más cierto y profundo que la felicidad: el premio de la comprensión.
En verdad, escribo estas vivencias y me doy cuenta de que en medio de la tragedia aprendimos a aprender de todo y de todos: y que el cuidado de una planta o un animal, de pronto tanto menos frágiles que nosotros, o la escritura de una novela, tanto más espaciosa y acogedora que nuestra propia vida, me han enseñado mucho sobre el tiempo, en estos meses que he vivido con la intensidad de los muy viejos, incapaz de concebir la idea del futuro.
Por eso, contra esa obligación "políticamente correcta" de estar tristes, me parece urgente contraponer esta evidencia, obvia desde siempre en todas las militancias, aun -y acaso especialmente- en las que surgen como respuesta a una de las tragedias más horrendas; esa evidencia obvia, digo, en el increible fenómeno de las asambleas populares o del movimiento piquetero: el dolor, en lo que tiene de verdad, abre camino siempre a la belleza, "porque la belleza es verdad, la verdad es belleza y nada más importa saber sobre la tierra". Más aún: el dolor exige convivir con la alegría, nunca con la tristeza, que es negación y muerte. La alegría de crear, la alegría de servir, la alegría de saberse útiles.
Y si no, fíjense en esta última historia verdadera. Mi amigo Ivo Machado, que es poeta y controlador aéreo en Portugal, recibío una noche la llamada de un piloto que volaba solo en medio del océano Atlantico. cuando el piloto le describió su situación, Ivo le dijo lo que el otro quizá no se atrevía a admitir: que carecía de combustible suficiente como para llegar a cualquier costa, y que debería prepararse para acuatizar. Durante unos minutos, el piloto siguió haciendo preguntas vacilantes, preguntas que eran excusas para no quedarse en el silencio del mar y que Ivo respondía con precisión y solidaridad: no, en esas latitudes no había tiburones; sí, claro, la temperatura de esas aguas, aun en invierno, no representaban peligro alguno. Creo que el piloto mandó entonces algún mensaje, y que Ivo prometió retransmitirlo. pero cuando ya no hubo más que decir, el piloto intentó despedirse. Ivo, sin saber por qué, le preguntó si, en lugar de quedarse en silencio, no quería oir poesía. El piloto dijo sí, y durante casi una hora, hasta que finalmente el piloto se perdió en el silencio final, la voz de Ivo cruzó la inmensidad llevando los versos que había amado durante toda su vida. Ivo nunca me contó si el piloto era portugués: en tal caso, el piloto habrá sentido que toda la cultura de su pueblo acudía en su ayuda; si no era portugués, y aunque el sentido se le escapara, igualmente habrá podido percibir que el ritmo de los versos se plegaban dócilmente al del mar y al de la luna, y que ésa es la conquista de la aventura humana.
Pienso en Pablo, el equilibrista, planeando sobre las mesas del bar y en Ivo diciendo sus poemas. Pienso en el chico que fui y en el que, de algún modo, somos todos en medio de esta tragedia y me parece óir, en todos los casos, el mismo silencio, y es el silencio de una ceremonia, y es un silencio sagrado. El comienzo de un rito, sí, que repetiremos siempre para saber que una vez nos salvó esta verdad: "Dios nos abandonó, y cae la noche. Pero estás vos y estoy yo. Vamos volando".
 
*de Leopoldo Brizuela.
-publicado en la edición del diario Clarín del jueves 6 de junio del 2002.-
 

*
 
Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 26 de Junio del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música de los compositores chilenos Rafael Díaz, Edgardo Cantón, Cristian Morales Osorio y Pablo Delano. Las poesías que leeremos pertenecen a Estelia Soto Jourdan (Argentina) y la música de fondo será Darío Robayo (Colombia); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!

ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!

REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur. www.euroyage.com

Schießstattstr. 44/9
A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067

Ruido de Magia...
Para escuchar buena música y leer los escritos publicados en Inventiva Social al aire.
 
El programa se llama Ruido de Magia y va todos los Domingos de 15 a 17hs. La frecuencia es FM 97.7 RADIO G en la web www.radiog.com.ar la radio queda en Los Andes 1260. Bernal. 
*Marcelo Insua marceloinsua@...
 
Página1

"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 

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#46 De: inventivaedicion@...
Fecha: Mar, 14 de Jun, 2005 1:33 pm
Asunto: SAER
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Saer
La tardecita*
Al ingeniero Saer

 La historia, aunque a decir verdad los hechos escasos y simples que la constituyen, desde el punto de vista de las leyes del melodrama que imperan hoy en día en lo que podríamos llamar el mercado persa del relato, no alcanzarían a formar una historia, es más o menos la siguiente: un domingo a la mañana Barco, que acababa de cumplir cincuenta y dos años, buscando algún texto corto para leer antes del almuerzo, encontró una versión de La ascensión del monte Ventoux de Petrarca, y se instaló a leer en su estudio de abogado, en un sillón ubicado estratégicamente cerca de la ventana que daba al patio, para aprovechar al máximo la luz natural, de la que Barco era como se dice partidario ferviente cuando se trataba de lectura, aunque a causa de su trabajo únicamente de noche le quedaba tiempo para leer un rato antes de irse para la cama. El texto de Petrarca hacía años que no lo leía, y si lo eligió fue más bien a causa de su extensión, para poder terminarlo antes de mediodía, porque Tomatis estaba en Buenos Aires y se había anunciado en Caballito para el almuerzo, con el fin de traerle su regalo de cumpleaños y presentarles, a Miri y a él, su nueva pareja, una chica arquitecta que, según el sarcasmo de Miri, «por suerte gracias a su profesión podía hacer cosas un poco más constructivas que ponerse de novia con Tomatis», aunque Miri se olvidaba de que, treinta años atrás, Tomatis había estado enamorado de ella y ella, durante un par de semanas por lo menos, estuvo a punto de dejarse tentar por la cosa.
      Lo cierto es que Barco se sentó esa mañana de domingo a leer a Petrarca. San Agustín –o, a estar con algunos, el colectivo publicitario de la iglesia primitiva que conocemos con el nombre de San Agustín– pretende que fue escuchando un sermón de San Ambrosio que se convirtió al cristianismo, lo que es igual que si hubiese sido leyéndolo, porque hasta entonces sólo se leía en voz alta, de modo que un sermón era una simple lectura comentada, semejante a lo que hoy llamaríamos una conferencia, y hay que reconocer que casi todas las grandes iluminaciones, exaltaciones, conversiones o revelaciones de los tiempos modernos provienen de la lectura. Pareciera ser que, en el estado actual de nuestra especie, siempre es necesario que lo poco que nos pasa de esencial le haya pasado primero a algún otro, de manera que sólo comparativamente podemos llegar a sentirnos, gracias a una lucidez pasajera, y muy de tanto en tanto, con fugacidad fragmentaria, lo que creemos ser o lo que tal vez somos.
      A los pocos minutos de haber empezado a leer, Barco tuvo una experiencia semejante, pero no le advino ni un éxtasis ni una revelación, sino algo más íntimo y más querido: un recuerdo. Petrarca, que tenía desde hacía cierto tiempo la intención de escalar el Ventoux, cuenta que uno de los dilemas que se le presentaban era la elección de una compañía que fuese al mismo tiempo útil y agradable, y que después de haber vacilado entre varios de sus amigos, decidió llevar a su hermano menor, por el que sentía mucho afecto, pensando que la subida, que no era a decir verdad más que un paseo largo y fastidioso, y no una verdadera aventura, le daría al muchachito a la vez instrucción y placer. Y, gracias a las imágenes que, mientras avanzaba en la lectura, iban formándose en la parte más clara de su mente, el recuerdo, desde la oscuridad sin nombre y sin extensión o forma definida en la que yacía arrumbado o en la que derivaba desde hacía más de cuarenta años, nítido y entero, constituido de mil detalles hormigueantes y vivaces, hizo su aparición instantánea. Petrarca y su hermano menor escalando la ladera polvorienta y atormentada del monte se asociaron de un modo explicable pero inesperado, con un viaje que su hermano mayor y él, que tenía en ese entonces alrededor de diez años, habían hecho una tarde de otoño.
      Existe siempre durante el acto de leer un momento, intenso y plácido a la vez, en el que la lectura se trasciende a sí misma, y en el que, por distintos caminos, el lector, descubriéndose en lo que lee, abandona el libro y se queda absorto en la parte ignorada de su propio ser que la lectura le ha revelado: desde cualquier punto, próximo o remoto, del tiempo o del espacio, lo escrito llega para avivar la llamita oculta de algo que, sin él saberlo tal vez, ardía ya en el lector. De modo que después de atravesar en un estado más bien neutro las informaciones del prólogo escrito por el traductor que había vertido el texto del latín al castellano, a los pocos minutos de empezar el relato propiamente dicho, Barco alzó la vista del libro y, con los ojos bien abiertos que no veían sin embargo nada del exteriorior, la fijó en algún punto impreciso de la habitación y se quedó completamente inmóvil, lleno hasta rebalsar del recuerdo que la lectura había suscitado:
      Un atardecer de Semana Santa, un miércoles al final de la tarde para ser más exactos porque, para aprovechar al máximo las vacaciones habían decidido lanzarse a la aventura el mismo miércoles al salir de la escuela, sin esperar hasta el día siguiente, con el fin de ganar la noche del miércoles y la mañana del Jueves Santo en el pueblo en el que pasaban todas sus vacaciones, de verano, de otoño, de invierno o de primavera. Casi todos sus tíos, tías, primas y primos vivían en el pueblo o en los pueblos vecinos y para Barco, hasta los dieciséis o diecisiete años por lo menos, el pueblo ese tirado en medio de la llanura, el puñado de manzanas geométricas dividido en dos por las vías del ferrocarril, había sido una especie de paraíso: ninguna otra felicidad podía igualarse a la que lo asaltaba ante la perspectiva de ir a pasar en él unos días. Y era justamente a causa de la impaciencia que se apoderaba de él que se habían encontrado, él y su hermano mayor, que le llevaba cuatro años, en esa situación, o sea caminando los dos al atardecer en medio de la llanura vacía, por el camino de tierra de unos quince kilómetros que unía el pueblo con la ruta de asfalto donde los había dejado el colectivo de Rosario.
      Al bajar del colectivo, habían esperado en el cruce una media hora sin que pasase un solo auto, y como se acercaba la noche, habían decidido empezar a caminar por el borde del camino de tierra, y a medida que se alejaban del asfalto la llanura se iba volviendo más desierta y más silenciosa. Como avanzaban hacia el oeste, en el fondo del camino recto y grisáceo, el disco rojo del sol, enorme y llameante, flotando no lejos del horizonte, parecía estar esperándolos con la intención de impedirles seguir adelante. Había llovido mucho la víspera, y el camino era un magma barroso en muchos trechos, donde algún vehículo, tirado a motor o a sangre, se había atrevido a pasar, formando huellas profundas de las que únicamente los bordes rugosos se habían resecado un poco. El estado en que había quedado el camino después de la lluvia explicaba la ausencia inusual de coches, aunque en aquella época los autos y los camiones no eran demasiado frecuentes en el campo, y de todas maneras la situación en la que se encontraban había sido prevista por sus padres, ya que la madre había querido oponerse a que viajaran esa tarde, argumentando justamente que había llovido y que la noche podía sorprenderlos en el camino, pero el padre, que tenía cierta predilección por su hermano mayor (o por lo menos Barco así se lo imaginaba en aquel entonces y seguía imaginándoselo en la actualidad, aunque su padre había muerto hacía treinta años y su hermano el año anterior), había dicho que gracias a la prudencia y al sentido de responsabilidad de su hermano no iba a sucederles nada malo (de todos modos, en ese punto o en cualquier otro, bastaba que su madre tuviese una opinión para que su padre formulase exactamente la contraria, y lo mismo sucedía, pero al revés, cuando era su padre el que argumentaba en primer término).
      La cuestión es que avanzaban, ansiosos por llegar pero lentos a causa del barro, por el camino solitario, hacia el gran disco rojo que, como se dice, ensangrentaba el cielo en el oeste. Las nubes que se arremolinaban en la altura no interceptaban el disco rojo vivo, como si, inmóviles y asumiendo las formas más diversas, se hubiesen apartado igual que cortesanos respetuosos para no ocultar, con sus masas fofas y toscas, la perfección circular y ardiente de su presencia misteriosa. A cambio de esa discreción reverente, el sol las teñía de sus tonos innumerables, encendidos, claros y brillantes en las inmediaciones del disco, y que iban haciéndose cada vez más oscuros y más fríos –naranja, rojo, rota, violeta, azul– cuando iluminaban los copos algodonosos suspendidos hacia el este, en la porción opuesta del cielo. En el otoño ya avanzado, los campos de maíz parecían ruinas, con los tallos quebrados y grisáceos y las hojas color beige desgreñadas, resecas y colgantes, sugiriendo un ejército innumerable y fijo, aniquilado en una batalla reciente y del que hubiese vuelto a este mundo la muchedumbre de espectros, retomando el hábito de alinearse en orden para formar una teoría de almas en pena muda y amenazante. En un campo cercano, un rebaño de vacas negras había dejado de pastar, y los animales, orientados todos en sentido opuesto a la caída del sol, la cabeza un poco levantada como si estuviesen tratando de captar una señal remota, completamente inmóviles, todos en la misma actitud como si se tratase de la misma imagen plana reproducida cuarenta o cincuenta veces, le sugerían a Barco, en el momento en que estaba recordándolas, esas manadas que aparecen en las pinturas rupestres, más misteriosas por la extraña vida interior que emana de los animales que por las intenciones de los hombres fugitivos que los dibujaron en la piedra. Durante unos minutos de marcha únicamente oyeron el ruido de sus propios pasos, vacilantes y demorados, buscando suelo firme entre los trechos removidos de barro blando y los charcos de agua lisa que enrojecían el anochecer, hasta que, de algún punto lejano de la llanura un ganado invisible empezó a mugir, sacando al que tenían a la vista del sopor en el que parecía haber caído e incitándolo a seguir tascando en silencio. La inminencia de la noche cuya llegada, para precipitar al mundo en la negrura, parecía ir acelerándose, oprimía el pecho de Barco y le anudaba el vientre, de modo que para que no se pusiese a temblar, hundió la mano libre –en la otra llevaba una valijita– en el bolsillo del pantalón.
      A1 cabo de un rato de marcha, a la izquierda del camino, a unos cien metros adelante, divisaron el cementerio. Por temor de percibir en él el mismo terror apagado que empezaba a invadirlo, Barco no se animaba a mirar a su hermano, ni siquiera de reojo, y fue en ese momento en que se dio cuenta de que la llanura, en ese lugar que había atravesado decenas de veces, idéntico por otra parte a muchos otros en sesenta o setenta kilómetros a la redonda –camino de tierra, alambrados, maizales, campitos de pastoreo, redondel rojo enorme al atardecer, cuadrado de muros blancos del cementerio y cipreses negros sobrepasándolos–, de habitual que había sido hasta ese momento, se estaba volviendo irreconocible y extraño. Era incapaz de formularlo así en ese entonces, pero una luz cintilante, ultraterrena, transfiguraba el espacio y las formas que lo poblaban, poniendo a la vista, del paisaje familiar, su pertenencia a un lugar desconocido en el que, hasta ese momento, ignoraba que había estado viviendo. Durante años sentiría el malestar de esa revelación hasta que, gradualmente, capas y capas de experiencia, como sucesivas manos de pintura sobre una imagen odiosa, terminarían por hacérsela olvidar, hasta que esa mañana la lectura de Petrarca la trajo de nuevo a la luz viva del recuerdo.
      El chasquido de los pasos en el barro estallaba apagadamente y se dispersaba en el aire que ya empezaba a volverse azul, mientras que del disco enorme que interceptaba el camino en el horizonte ya no era visible más que el semicírculo superior, y desde hacía unos minutos las nubes multicolores de un rato antes ya se estaban poniendo negras. El muro blanco del cementerio, por encima del cual, aparte de los cipreses, emergían las cúpulas y las cruces de cemento de algunos panteones, fulguraba a causa de esa luz que no era de este mundo, y del semicírculo rojo incrustado al final del camino, una turbulencia ígnea, de un rojo en fusión, barnizaba todo lo visible con una substancia fluorescente en la que el rojo y el negro parecían neutralizarse mutuamente produciendo una luminiscencia insólita y glacial, una harina estelar, a la vez impalpable y magnética, de la que también ellos, su ropa, sus cuerpos, sus órganos internos, y hasta sus deseos y sus pensamientos hubiesen sido espolvoreados. Aunque únicamente esa mañana, cuarenta años más tarde, era capaz de formularlo de esa manera, Barco tenía la impresión de estar en el lugar remoto de un mundo cuyo centro podía estar en un punto cualquiera del espacio, y que si en ese punto se encontrara el sentido de la totalidad, aun cuando fuese contiguo al que estaban atravesando, e incluso el mismo por el que en ese momento caminaban, piara ellos sería siempre inaccesible y remoto. Por primera vez sentía, sin saber que lo sentía, experimentando el terror de sentirlo sin gozar de la clarividencia resignada de cuarenta años más tarde, que el mundo no estaba fuera de ellos, sino que eran ellos los que le eran exteriores, y que el paisaje familiar en el que había nacido y que consideraba semejante al paraíso, era una lisura sin accidentes que toleraba un momento que la atravesaran hasta que, de golpe, se los tragaba sin dejar de ellos en la exterioridad neutra y distante la menor huella de su paso. El terror que se apoderó de él ignoraba esa evidencia; el carecer de nombre lo multiplicaba, y ya estaba a punto de aullar y de salir corriendo cuando, con suavidad, la mano tibia y un poco húmeda de su hermano se apoyó en su cabeza, en un gesto cuya intención se le escapaba un poco, en razón de esa relación peculiar que suele existir entre hermanos, íntima y distante a la vez.
      –Me parece que oigo un motor –le dijo. Y era verdad: rateando, dando bandazos, el camioncito de la Liebre, el quiosquero, que había ido hasta el asfalto a buscar los diarios de la tarde y las revistas semanales que le llegaban por el colectivo de Rosario, frenó al cabo de unos minutos junto a ellos, y la cara rojiza de la Liebre apareció por la ventanilla, ostentando una sonrisa vagamente burlona en los labiecitos fruncidos que le habían valido el sobrenombre, y sin decir palabra, con un movimiento jovial de la cabeza, los invitó a subir.
      Apenas oscureció, el camino se volvió todavía más dificultoso. La Liebre conducía concentrado y tenso, y esa noche, su hermano contaría, durante la cena, en medio de la risa general, cómo la Liebre, agarrándose firme del volante, inclinado hacia el parabrisas para auscultar mejor el camino e ir previendo los peligros, frenando y acelerando todo el tiempo, mientras ellos no se atrevían a desviar la vista de la luz de los faros que iluminaban el camino barroso, se hablaba a sí mismo en tercera persona, lanzándose advertencias, insultos o amenazas a cada resbalón o bandazo demasiado violento que desviaba al coche de la dirección que llevaba y daba la impresión de que iba a mandarlo a la cuneta o a volcarlo: "Tené cuidado, Liebre. No boludiés. Aflojá con el acelerador, Liebre. Ojo que hay un pozo adelante». Y así durante la hora que le pusieron para recorrer diez o doce kilómetros. Pero Barco no le prestaba atención: se iba calmando de a poco, como cuando, al despertar de una pesadilla, cuesta un buen rato todavía convencerse de que se ha vuelto a la vigilia y que la substancia opresiva del sueño se ha disipado. En la entrada del pueblo, por fin, lo familiar se restableció: era otra vez él, él, Horacio Barco y estaba llegando al pueblo con su hermano para pasar las vacaciones de Semana Santa. Pero esa vez no era felicidad lo que sentía, sino únicamente alivio. Cuando empezaron a rodar por la arboleda exterior que unía el camino con el pueblo, ya era noche cerrada desde hacía un buen rato. De las casitas Pobres de las afueras, salían gritos, risas, ladridos de perros alertados por el motor del camioncito, música y voces que mandaba la radio, y por las ventanas, proyectándose sobre los patios, las paredes, las veredas de tierra o de ladrillos, las copas de los árboles, colgando en los cruces dé las primeras calles, luces débiles pero cálidas, insignificantes en relación con la negrura sin fin de la llanura, pero amistosas, próximas, fragilísimas, y nacidas, como él, que las estaba viendo pasar, en ese mundo y en ningún otro, aunque a partir de ese día le quedara por averiguar, y seguiría intentándolo, sin conseguirlo, hasta el momento de su muerte, qué clase de mundo era.
Juan José Saer 2002.
Lugar. Muchnik Editores. Barcelona. 2002.


Las nubes*

Está viéndose ya en la esquina, bajo el sol, cerca del puesto del vendedor de helados protegido por el toldo a rayas rojas y blancas, anchas. De antemano ha sentido, al cruzar la calle desde la vereda de sombra a la del sol, el asfalto, blando a causa del calor, bajo la suela de sus mocasines marrones. Y ahora, sobre la vereda gris que arde y reverbera en la siesta de verano, su sombra se proyecta a sus pies, encogida a causa de la posición del sol que no hace mucho ha empezado a bajar, lento, desde el cenit.
    El cucurucho doble de crema y chocolate que se apresta a tomar será su único almuerzo, y si ha esperado hasta tan tarde ¿son casi las dos y media? para salir de su oficina a comprarlo, es porque ha decidido que el helado debe servirle para tirar sin comer hasta la hora de la cena. El calor es sin duda la causa principal de su frugalidad, pero una especie de estoicismo que podría considerarse como deportivo, producto no de una regla que aplica a su vida entera, sino del capricho del día, le da a esa estrategia física una vaga coloración moral. De modo que se siente bien durante unos segundos, contento, leve, sano y, a pesar de no andar lejos ya de los cincuenta, cree poseer un porvenir –inmediato y lejano? claro, recto y vivaz, igual que una alfombra roja extendida desde la punta de sus pies hacia el infinito. Casi de inmediato, el rigor del verano, el tumulto de la calle, los gases negruzcos que despiden los coches y que envenenan el aire lo retrotraen a un poco más de realidad, a ese término medio del ánimo que equidista de la angustia y de la euforia y que los que creen conocerlo más o menos bien, y él mismo aun cuando por distracción se deja convencer por ellos, llaman con certidumbre injustificada su temperamento.
    La ola de calor cocina a la ciudad desde hace por lo menos una semana. Del cielo azul, sin una sola nube, el sol manda una luz omnipresente y ardua, que achicharra los árboles, enturbia la percepción y embrutece el pensamiento. Únicamente de noche el calor afloja un poco, pero con la hora de verano, una decisión administrativa que, como le gusta ironizar, hasta las gallinas reprueban, a esta altura del año no termina nunca de anochecer, y un poco después de las tres de la mañana, cuando a causa del calor uno todavía no ha logrado dormirse, el alba rompe, lívida, por el este, y el sol intolerable reaparece. En las orillas del río la gente se tuesta esperando la noche, la lluvia, las vacaciones, alguna brisa improbable, pero los que trabajan, cuando los observan, sudorosos, desde los muelles, desde algún puente, desde el colectivo, desde el metro aéreo que atraviesa el Sena, los consideran más con escepticismo que con envidia.
    Es el seis de julio. El año pasado, después de veinte de ausencia, con el pretexto de liquidar los últimos bienes familiares, Pichón ha visitado por algunas semanas su ciudad natal, de mediados de febrero a principios de abril. A pesar de los años, de las decepciones y de la extrañeza, se ha traído, de vuelta a París, algunos buenos recuerdos, y la promesa de Tomatis de venir a visitarlo, pero pasó un año entero sin que Tomatis se decidiese a viajar. De tanto en tanto, los domingos, se llamaban por teléfono, aunque nunca tenían nada preciso que decirse, y como viven en hemisferios diferentes, de tal modo que cuando uno está en pleno verano el otro ve golpear los puñados de lluvia helada contra la ventana, y como a causa de la diferencia horaria cuando en la ciudad es de mañana en París es de tarde, y cuando en la ciudad es de tarde en París es ya de noche, el tiempo ocupaba una buena parte de sus conversaciones. Hasta que, menos de dos meses atrás, un domingo de mayo en que hablaron un poco más que de costumbre del tiempo porque, a pesar de la diferencia de estación, de país, de continente y de hemisferio, las condiciones climáticas eran idénticas (un día frío y lluvioso), Tomatis le anunció por fin la buena noticia de que a principios de julio pasaría unos días por París.
    Pero eso no fue todo: Tomatis le adelantó también que Marcelo Soldi, ese muchacho de barba en la lancha de cuyo padre habían ido un día con los chicos a visitar a la hija de Washington, ¿se acordaba?, tenia la intención de escribirle para mandarle algo que estaba preparando desde hacia algunos meses, y, tal vez con el fin de avivar su interés, Tomatis dejó caer sin darle mayores explicaciones una frase enigmática: "Salió a buscar Troya v casi se topa con el Hades". Pero por cierto que no bromeaba porque, cosa de un mes más tarde, el envío llegó: era un sobre de tamaño mediano, protegido por un forro interior de burbujas de plástico, autoadhesivo, pero al que, por precaución, Soldi había sellado con cinta adhesiva transparente, y que contenía una carta bastante larga y una disquette de la computadora. Soldi masculinizaba la palabra y le ponía un acento grave, lo que por escrito daba como resultado "el disket". En un pasaje de la carta decía: "Aparte de las conversaciones con Tomatis, que a veces pueden exigir cierta dosis de paciencia, me distraen también los paseos en auto, al azar, por el campo, y hurgar viejos papeles que conservan, milagrosamente la mayor parte del tiempo, la memoria de este lugar, o de cualquier otro, si viviese en cualquier otro. Lo que es válido para un lugar es válido para el espacio entero, y ya sabemos que si el todo contiene a la parte, la parte a su vez contiene al todo. No lo hago con veleidades de historiador porque no tengo ninguna fe en la historia. No creo ni que pueda servir de modelo para el presente, ni que podamos recuperar de ella otra cosa que unos pocos vestigios materiales, lápidas, imágenes, objetos v papeles en los que, lo reconozco, lo que aparece escrito puede ser un poco más que materia. Lo que percibimos como verdadero del pasado no es la historia, sino nuestro propio presente que se proyecta a si mismo y se contempla en lo exterior".
    Y en otra parte de la carta: "Tengo cierta ventaja sobre otros aficionados a los archivos: le caigo bien a las viejas. El texto que te mando en el disket me lo confió una señora nonagenaria que, me parece, nunca lo leyó. Por suerte para ella, la pobre murió mientras yo lo estaba descifrando y pasando en limpio con total fidelidad, de modo que ya no estaré obligado a contarle vaguedades o a mentirle sobre el contenido de esos papeles, que, en razón de que su propietaria no tenia herederos, deposité en el Archivo Provincial, donde pueden ser consultados, apenas terminé de copiarlos. Nos interesa mucho tu opinión porque, contrariamente a lo que yo considero, Tomatis afirma que no se trata de un documento auténtico sino de un texto de ficción. Pero yo digo, pensándolo bien, ¿qué otra cosa son los Anales, la Memoria sobre el calor de Lavoisier, el Código Napoleón, las muchedumbres, las ciudades, los soles, el universo?". Y por último: "El manuscrito que me dio la anciana no tiene título, pero si entendí bien ciertos pasajes, creo que a su autor no le parecería inadecuado que le pusiéramos LAS NUBES".
    El sobre llegó en el mes de junio, el veintiuno para ser exactos, en la puerta del verano. Desde entonces, como estaba terminando el año universitario, entre las reuniones, los exámenes y los coloquios, a Pichón le ha faltado tiempo para enterarse del contenido del misterioso "disket" que se ha estado cubriendo de polvo, abandonado entre libros, cuadernos y papeles sobre su escritorio. El dos de julio, su mujer y los chicos se fueron al mar y él se quedó en París a causa de un par de reuniones que lo demoraron y porque Tomatis le había anunciado su llegada desde Madrid para el siete a la noche. Decidieron de común acuerdo pasar dos o tres días solos en París para charlar a sus anchas, y viajar después a reunirse con Babette y los chicos en Bretaña.
    Esta mañana, a eso de las nueve y media, ha asistido a una reunión en la facultad, y después se ha quedado trabajando hasta las dos y media en su oficina, ha bajado a tomar un helado, y se ha vuelto a su casa a dormir la siesta. Como muchos habitantes de la ciudad ya se han ido y los turistas por alguna razón todavía no han llegado ¿tal vez a causa del calor excesivo han preferido el mar o la montaña? la ciudad está vacía y como a causa del viaje de su familia también lo está su departamento, por momentos se establece entre el departamento y la ciudad una curiosa analogía, y como las ventanas están siempre abiertas para aprovechar las corrientes de aire, existe entre la ciudad y la casa una especie de continuidad; por momentos, no se sabe bien cuál de las dos contiene a la otra. Hay un silencio mayor que el de costumbre, y que crece todavía más cuando llega la noche ardiente y pegajosa después del día interminable. En short, con todas las luces apagadas, Pichón suele acodarse en la ventana del segundo piso que da a la calle callada y vacía, y mientras fuma cigarrillo tras cigarrillo, va auscultando, más que los detalles exteriores de la noche, las sensaciones que esos detalles despiertan en él, y que lo retrotraen al pasado, a su infancia sobre todo, por momentos de un modo tan intenso y claro que el tiempo parece abolido, a punto de inducirlo a pensar que muchas sensaciones que él ha creído siempre propias de un lugar, eran en realidad propias del verano.
    A eso de las siete, un poco atontado por el calor y por la siesta demasiado larga, sale a hacer algunas compras por el barrio, pero después de pasar un rato en una vinería eligiendo algunas botellas de vino blanco para los días venideros, descansado, limpio y bastante feliz, atravesando el aire azul del anochecer, por las calles calientes, silenciosas y vacías, vuelve a la casa vacía. Apenas entra en ella se vuelve a duchar, se seca con suavidad, aplicando la toalla contra su piel y apretando un poco, casi sin frotar, como se aplica un secante sobre unos renglones de tinta fresca, y se pone, por toda vestimenta, un short limpio. Cena liviano ¿una tajada de jamón, unos tomates, un poco de queso, agua mineral?, pero cuando se sienta frente a la computadora, la pone en funcionamiento e introduce "el disket" para leer su contenido en la pantalla, lo piensa mejor y se dirige a la heladera. Vuelve con una gran taza de loza blanca llena de cerezas que deposita en el escritorio, al alcance de su mano izquierda, entre biromes, lápices, encendedores, un par de paquetes de cigarrillos, y un pesado cenicero de vidrio verde oscuro, grueso. Cuando empieza a leer el texto haciéndolo desfilar en la pantalla de la computadora, y aunque va llevándose a la boca, una a una, sin mirarlas, las cerezas, el gusto, dulce y ácido a la vez, lo hace representarse las esferitas de un rojo vivo igual que si las sensaciones táctiles y gustativas que se van produciendo en el interior de la boca, diesen un rodeo por los ojos, o por la memoria, antes de llegar al cerebro. Grandes, carnosas, frías, gloriosamente firmes y rojas, que, una vez obtenida, y aunque tantos pretendan lo contrario, por casualidad la primera, la materia se puso porque si a multiplicar, son sin embargo, porque corre el mes de julio, las últimas del verano. Y nada asegura que, con la misma liviandad caprichosa con que salieron de la nada a la luz del día, después del verano interminable y negro, volverán a aparecer.


Verde y Negro*

Palabra de honor, no la había visto en la perra vida. Eran |a como la una y media de la mañana, en pleno enero, y como el Gallego cierra el café a la una en punto, sea invierno o verano, yo me iba para mi casa, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, caminando despacio y silbando bajito bajo los árboles. Era sábado, y al otro día no laburaba. La mina arrimó el Falcon al cordón de la vereda y empezó a andar a la par mía, en segunda. Cómo habré ido de distraído que anduvimos así cosa de treinta metros y ella tuvo que frenar y llamarme en voz alta para que me diera vuelta. Lo primero que se me cruzó por la cabeza era que se había confundido, así que me quedé parado en medio de la vereda y ella tuvo que volverme a llamar. No sé qué cara habré puesto, pero ella se reía.
   -¿A mí, señora? -le digo, arrimándome.
   -Sí -dice ella-. ¿No sabe dónde se puede comprar un paquete de americanos?
   Se había inclinado sobre la ventanilla, pero yo no podía verla bien debido a la sombra de los árboles. Los ojos le echaban unas chispas amarillas, como los de un gato; se reía tanto que pensé que había alguno con ella en el auto y estaban tratando de agarrarme para la farra. Me incliné.
   -¿Americanos? ¿Cigarrillos americanos?
   -Sí -dijo la mina. Por la voz, le di unos treinta años.
   El Gallego sabe tener importados de contrabando, una o dos cajas guardadas en el dormitorio. Si uno de nosotros se quiere tirar una cana al aire, se lo dice y el Gallego le contesta en voz baja que vuelva a los quince minutos.
   -De aquí a tres cuadras hay un bar -le dije-. Sabe tener de vez en cuando. Tiene que ir hasta Crespo y la Avenida. ¿Conoce?
   -Más o menos -dijo.
   Me preguntó si estaba muy apurado y si quería acompañarla. "Zápate, pensé; una jovata alzada que quiere cargarme en el coche para tirarse conmigo en una zanj a cualquiera" . El corazón me empezó a golpear fuerte dentro del pecho. Pero después pensé que si por casualidad el Gallego no había cerrado todavía y me veía aparecer con semejante mina en un bote como el que manejaba, bajándome a comprar cigarrillos americanos, todo el barrio iba a decir al otro día que yo estaba dándome a la mala vida y que estaba por dejar de laburar para hacerme cafisio. Para colmo, en verano las viejas son capaces de amanecer sentadas en la vereda.
   -Ya debe de estar cerrado -le dije, y no sé en qué otra parte puede haber.
   La mina me tuteó de golpe.
   -¿Tenés miedo? -dijo, riéndose.
   Encendió la luz de adentro del coche.
   -¿No ves que estoy sola? -dijo.
   Mi viejo era del sur de Italia, y los muchachos me cargan en cuestión minas, porque dicen que yo, aparte de laburar y amarrocar para casarme, no pienso en otra cosa. Dicen que los que venimos de sicilianos tenemos la sangre caliente. No sé si será verdad, y no pude ver mi propia cara, pero por la risa de ella me di cuenta de que con uno solo de los muchachos que hubiese estado presente, en lo del Gallego me habrían agarrado de punto para toda la vida. Era rubia y tostada y llena por todas partes, que parecía una estrella de cine. "No me lo van a creer", pensé. "No me lo van a creer cuando se los cuente". Sentí calor en los brazos, en las piernas y en el estómago. Tragué saliva y me incliné más y ella me dio lugar para que me apoyara en el marco de la ventanilla. Tenía un vestido verde ajustado y alzado tan arriba de las rodillas, seguro que para manejar más cómoda, que poco más y le veo hasta el apellido. ¡Hay que ver cómo son las minas de ahora! ¡Y pensar que la hermana de uno es capaz de andar en semejante pomada, y uno ni siquiera enterarse!
   -No -le dije-, qué voy a tener miedo. ¿Miedo de qué?
   -Y, no sé -dijo ella-. Como no querés acompañarme...
   A las minas hay que hacerlas desear; cuando uno más se hace el desentendido, a ellas más les gusta la pierna, sobre todo si se avivan de que uno es piola. Ahí no más la traté de vos.
   -¿Acompañarte adónde? -le dije.
   -No te hagás el gil -me dijo ella, sonriendo. Después se puso seria-. Ando buscando gente para ir a una fiesta.
   Cosa curiosa: se reía con la mitad de la cara, con la boca nada más, porque los ojos amarillos no parecían ni verme cuando se topaban conmigo.
   -No estoy vestido -le dije.
Ahí sí me miró fijo, a los ojos.
   -Subí -me dijo.
   Abrí la puerta, despacio, mirándola; ella se corrió al volante, y yo me senté sobre el tapizado rojo protegido con una funda de nailon. Pensé que ver la vida desde un bote así, siempre, es algo que debe reconciliarlo a uno con todo: con la mala sangre del laburo, los gobiernos de porquería y lo traicionera que es la mujer. Le puse la mano sobre la gamba mientras lo pensaba: tenía la carne dura, caliente, musculosa, y yo sentía los músculos contraerse cuando apretaba el acelerador. "No me lo van a creer cuando se los cuente", pensé, y como vi que la mina me daba calce me apreté contra ella y le puse la mano en el hombro.
   -¿Dónde es la fiesta? -le pregunté.
   -En mi casa -dijo vigilando el camino, sin mirarme.
   Doblamos en la primera esquina y empezamos a correr en dirección a la Avenida. Dejamos atrás las calles oscuras y arboladas, y a las dos cuadras nos topamos con la Avenida iluminada con la luz blanca de las lámparas a gas de mercurio. Había bailes por todas partes, se ve, porque los coches corrían en todas direcciones y mucha gente bien vestida andaba en grupos por las veredas, hombres de traje azul o blanco o en mangas de camisa, y mujeres con vestidos floreados. De golpe me acordé que en Gimnasia y Esgrima estaban D'Arienzo y Varela-Varelita, y por un momento me dio bronca que se me hubiese pasado, pero cuando sentí la gamba de la mina moviéndose contra la mía para aplicar el freno, pensé: "Pobres de ellos". El Falcon entró en la Avenida y empezó a correr hacia el norte.
   -Separáte un poco hasta que pasemos la Avenida -me dijo la mina.
   Ibamos a noventa por la Avenida por lo menos. Se ve que a la mina le gustaba correr, cosa que no me gustó ni medio, porque había mucho tráfico a esa hora, y la Avenida no es para levantar tanta velocidad. Cuando la Avenida se acabó, doblamos por una calle oscura, llena de árboles, y la mina aminoró la marcha, para cuidar los elásticos por cuestión del empedrado. Yo volví a juntarme con ella y ella se rió. Se dejó besar el cuello y me pidió un cigarrillo.
   -Fumo negros -le dije.
   -No importa -dijo ella.
   Le puse el Particular con filtro en los labios y se lo encendí con la carucita. La llama le iluminó los ojos amarillos, que miraban fija la calle adelante, como si no la vieran. La luz de los faros hacía brillar las hojas de los paraísos. No se veía un alma por la zona. Cuando le toqué otra vez la pierna me pareció demasiado dura, como si fuera de piedra maciza, y ya no estaba caliente. No voy a decir que estaba fría, la verdad, pero le noté algo raro. A la mitad de la cuadra, en la calle oscura, aplicó los frenos y paró el coche al lado del cordón. La casa era chiquita y el frente bastante parecido al de mi casa, con una ventana a cada lado de la puerta. De una de las ventanas salían unos listones de luz a través de las persianas que apenas se alcanzaban a distinguir. La mina apagó todas las luces del auto y se echó contra el respaldar del asiento, suspirando y dándole dos o tres pitadas al cigarrillo. Después tiró el pucho a la vereda.
   -Llegamos -dijo.
   A mí me la iba hacer tragar, de que con semejante bote iba a vivir ahí. Era un bulín, clavado, pero no se lo dije, porque me fui al bofe en seguida, y ella me dejó hacer. Estuvimos como cinco minutos a los manotazos, y me dejó cancha libre; pero no sé, había algo que no funcionaba, me daba la impresión de que con todo, ella seguía mirando la calle por arriba de mi cabeza con sus ojos amarillos. Después me acarició y me dijo despacito:
   -Vení, vamos a bajar. No hagás ruido.
   Bajamos, y ella cerró la puerta sin hacer ruido. La puerta de calle del bulín estaba sin llave y el umbral estaba negro, no se veía nada. Al fondo nomás se alcanzaba a distinguir una lucecita, reflejo de la luz encendida de alguno de los cuartos, la que se veía desde la calle, seguro. Por un momento tuve miedo de que estuviera esperándome alguno para amasijarme, pero después pensé que una mina que aparecía en un Falcon no podía traer malas intenciones. En seguida se me borraron los pensamientos, porque la cosa me agarró la mano, se apoyó en la pared y me apretó contra ella, cerrando la puerta de calle. Me empezó a pedir que le dijera cosas, y yo le dije "corazón", o "tesoro", o algo así; pero ella me dijo con una especie de furia, sacudiendo la cabeza, que no era eso lo que quería escuchar, sino algo diferente. Era feo lo que quería, la verdad; para qué vamos a decir una cosa por otra. Y cuando empecé a decírselas -uno pierde la cabeza en esos casos, queda como ciego y hace lo que le piden- me pidió que se las dijera más fuerte. Yo estaba casi gritándoselas cuando ella dejó de escucharme, me agarró de la manga de la camisa y caminando rápido, casi corriendo, me arrastró hasta el dormitorio, que era la pieza que estaba con la luz encendida. No había más que la cama de dos plazas y una silla. Me dio la impresión de que no había un mueble más en toda la casa. Con ese coche, y un bulín tan desprovisto. Pensé que no le interesaba más que la cama y una silla cualquiera para dejar la ropa.
   Se desnudó rápido, y yo también. Nos metimos en la cama. Al inclinarme sobre la mina pensé que si no la hubiese encontrado en la vereda de mi barrio, en ese momento estaría durmiendo en mi cama, hecho una piedra, como muerto, porque yo nunca sueño. Quién la había hecho doblar por esa esquina, y quién me había hecho a mí ir al bar del Gallego, y quién me había hecho retirarme a la hora que me retiré para que ella me encontrara caminando despacio bajo los árboles, es algo que siempre pienso y nunca digo, para que no me tomen para la farra. Ahí nomás me le afirmé y empecé a serruchar y ella me fue respondiendo con todo, cada vez más. Las minas se ablandan a medida que el asunto empieza a avanzar; tienen varias marchas, como el Falcon: pasan de la primera a la segunda, y después a la tercera, y hasta a la cuarta, para la marcha de carretera. Uno, en cambio, se larga en primera y atodavelocidad, y a la mitad del camino queda fundido. Algo siguió funcionando dentro de ella después que yo terminé, porque todo el cuerpo se le puso duro y áspero como un tablón de madera y cerró los ojos, y agarrándome los hombros me apretó tan fuerte que al otro día cuando desperté en mi casa todavía sentía un ardor, y mirándome en el espejo vi que tenía todo colorado. Después la mina se aflojó y se puso a llorar bajito. Lloró sin decir palabra durante un rato y después empezó a hablar. "Siempre lo mismo", pensé. "Primero te hacen hacer cualquier locura, y después que te sacaron el jugo como a una naranja, se ponen a llorar".
   -¿Qué me hacés hacer? -dijo la mina, llorando bajito- . ¿Hasta cuándo vamos a seguir haciéndolo? ¿Todo esto en nombre del amor? ¿Para no separarnos? Es insoportable .
   Lloraba y sacudía la cabeza contra la almohada húmeda. Insoportable. Insoportable -decía, mirando siempre fijo por encima de mi cabeza con sus ojos amarillos.
   Yo no le dije nada, porque si uno se pone a discutir con una mina en esa situación, seguro que la mina termina cargándole el muerto. "Me he hecho llamar puta para vos en el umbral", dijo la mina. Ahí empezó a pegar un alarido que cortó por la mitad, como si se ahogara, y siguió llorando. No tuve tiempo de pensar nada, y no por falta de voluntad, porque en el momento en que la mina dijo eso y trató de pegar el alarido, ya había empezado a trabajarme el balero y a hacerme sentir que esa mirada amarilla que la mina no parecía fijar en ninguna parte, había estado siempre fija en algo que nadie más que ella veía; tanto me trabajó el balero que estuve a punto de pensar que yo no era más que la sombra de lo que ella veía. Pero el llanto del tipo sonó atrás mío antes de que yo empezara a carburar, y ése fue el momento en que salté de la cama, desnudo como estaba: justo cuando sonó su voz, entorpecida por el llanto.
   -Dios mío. Dios mío -dijo.
   Estaba parado en la puerta del dormitorio, en pantalón y camisa. Se tapaba la cara con la mano, y no paraba de llorar. Pensé que era el macho o el marido y que nos había pescado con las manos en la masa, y me vi fiambre. Pero ni se fijó en mí. La mina estaba desnuda sobre la cama y lloraba mirándolo al punto que seguía con la cara tapada con la mano y no paraba de llorar. Si antes yo había sentido que era como una sombra, ahora sentía que ni eso era. "Dios mío. Dios mío", era todo lo que decía el tipo. Y la mina lo miraba fijamente y lloraba sin hablar. Cuando terminé de vestirme me acerqué a la cama.
   -Señora -dije-.
   La mina ni me miró. Tenía los ojos amarillos clavados en el tipo y pareció no escucharme.
   -¿Estás satisfecho? -dijo-. ¿Estás satisfecho?
   -Amor mío -dijo el tipo, sin sacarse la mano de la cara.
   Salí abrochándome el cinto y tuve que ponerme de costado para pasar por la puerta, porque el tipo ni se movió. Tenía una camisa blanca desabrochada hasta más abajo del pecho y se le veía la piel tostada. Se notaba a la legua que estaba quedándole poco pelo en la cabeza, porque eso que la mano dejaba ver encima de las cejas medias levantadas, era más alto que una frente. Parecía recién bañado, por el olor que le sentí. Para mí que había estado todo el día al sol, en el río, tanta fue la sensación de salud que me dio cuando pasé al lado de él.
   Atravesé el umbral negro y salí a la calle. El Falcon estaba ahí, con las luces apagadas. Me paré un momento delante de las rayitas de luz que se colaban a la calle, y arrimando el oído a la persiana del dormitorio los oí llorar. Traté de espiar por las rendijas de la ventana, pero no vi una papa. Solamente escuché otra vez la voz de la mina, diciendo esta vez ella "Amor mío" y después cómo lloraban los dos, y después nada más. Me paré recién un par de cuadras más adelante, porque empezó a fallarme la carucita, y aunque no había viento me tuve que arrimar a la pared para poder encender el Particular con filtro que me temblaba apenas en los labios . Con el primer chorro de humo seguí caminando bajo los árboles oscuros, pero ni silbé nada, ni me puse las manos en los bolsillos del pantalón. Tenía la espalda pegada a la camisa, que estaba hecha sopa. Cuando tiré el Particular con filtro y encendí el otro, sobre el pucho, la carucita no me falló, y llegué a la Avenida. Pensé en el bar del Gallego y en los muchachos, y en la cara que hubiesen puesto si se me hubiese dado por contárselo. Había menos gente en la Avenida, pero seguro que al terminar todos los bailes las calles iban a llenarse otra vez . Miré y vi que estaba lejos del barrio, y sintiendo en la cara un aire fresco que estaba empezando a correr, me apuré un poco, cosa de no perder el último colectivo.

*Textos de JUAN JOSÉ SAER.
 

*
EL ADIOS A SAER : EL ESCRITOR MURIO AYER EN PARIS DE UN CANCER DE PULMON, A LOS 67 AÑOS

Juan José Saer
El adiós a un grande de la narrativa argentina

Dejó inconclusa su última novela, que había planeado como la más larga de su carrera. Iba a visitar el país en octubre, como uno de los jurados del Premio Clarín de Novela.

*María Laura Avignolo. PARIS. CORRESPONSAL
mlavignolo@...

Sólo le faltaban 40 páginas para terminar su novela La Grande, basada en la última sinfonía de Schubert como idea-fuerza. Estaba soleado y veraniego París cuando llegó la noticia ayer, poco después del mediodía: Juan José Saer, el escritor argentino que vivía en Francia desde 1968, murió por la mañana en el hospital oncológico Rousy, después de una dura batalla contra un cáncer de pulmón.
La conmoción se extendió a los amigos, a los intelectuales y a los argentinos, que asistirán a sus exequias en el cementerio de Pere-Lachaise, después de su cremación. Saer será velado hoy en la morgue del parisino hospital Rousy desde la mañana.
Clara, su hija, y su esposa bretona, Laurence Gueguen, avisaron a sus más íntimos amigos. Luego la noticia se extendió: Saer era querido y, además, inmensamente respetado en el mundo literario, donde lo consideraban una de las grandes figuras de la literatura en lengua española del siglo XX.
El escritor estaba enfermo, pero después de largas sesiones de quimioterapia, se había convencido de que había ganado la batalla. Una inesperada metástasis lo forzó a la internación la semana pasada, pero aún el viernes confesaba a su mujer su esperanza de recuperar sus fuerzas. Se sentía cansado, como si tuviera una interminable hepatitis, que le quitaba la energía para desplazarse. Nadie esperaba este final abrupto.
La quimioterapia lo había dejado agotado y su gran desafío era terminar la novela. En enero se había excusado ante la Embajada argentina por su inasistencia a la recepción ofrecida por el presidente Kirchner cuando llegó a París. Saer tenía planeado viajar a la Argentina para visitar sus pagos en Santa Fe. Además estaba entusiasmado con su participación como jurado del Premio Clarín de Novela, junto con José Saramago y Rosa Montero, en octubre.

Conmoción en París
"No esperaba esto", admitió conmovido Napo, el mítico dibujante de Tía Vicenta y uno de sus buenos amigos en Francia. "Había empezado a mejorar un poco. Nos conocíamos de jóvenes, de Santa Fe, de la época de Juan Pablo Renzi", recordó Napo.
Como todos los veranos, Saer había alquilado una casa en Cadaqués, la playa catalana donde Dalí tenía su atelier, cuando descubrió que no se sentía bien el año pasado. Fue internado con una pleuresía que, en realidad, fue producida por el nódulo en su pulmón. Después, la enfermedad progresó.
"Eramos muy amigos. Nos conocíamos desde la facultad en Rosario y cuando llegué exiliado a París, me ayudó mucho. Discutimos nuestras diferencias políticas pero siempre fue solidario, un gran tipo. Su muerte es una verdadera sorpresa. El no sintió su preámbulo. Hasta ayer le dijo a su mujer que tenía confianza para seguir. Era para mí uno de los grandes de la literatura en español, prolífico como pocos", confesó el director de teatro y poeta argentino Hugo Herrera.
Saer había llegado con una beca de la Alianza Francesa a Francia en 1968 desde la Universidad del Litoral, donde estudió literatura y daba clases de Estética en el Instituto del Cine. Obtuvo una cátedra de Estética en la Universidad de Rennes —donde se jubiló tres años atrás— y decidió quedarse. Las editoriales francesas comenzaron a editar sus novelas, ensayos y poemas. Desde Seuil a Flammarion, las más famosas casas de edición de París, se interesaron por su obra, que fue traducida al inglés, francés, alemán, italiano, holandés, sueco y griego.
Sus 37 años en Francia no lo hicieron olvidar ni sus raíces ni su maestría en el manejo de la lengua española. Colastiné, el pueblito santafesino sobre el río, donde creció, era parte de su anual peregrinación a la Argentina junto al ritual de los asados con los amigos. Su obsesión era el tiempo y la permanente presencia del río, ligada a su infancia y a su país, por el que sentía esa rara sensación de amor inmenso y agotamiento infinito por la permanente repetición de la historia.
"No quiero ver tus poemas traducidos, mostrame el original", reclamaba a sus amigos poetas, que se asombraban por cómo conservaba esa pureza del español, después de tantos años en París.
Saer no leía traducciones: sólo libros de filosofía y literatura en la lengua original y era un experto en la literatura griega. Sus primeras obras tenían una fuerte influencia de Dostoievski, como se puede observar en Responso, su primera novela.
Hijo de Juan y María, "turcos, tenderos", inmigrantes nacidos en Damasco y llegados a la Argentina después de la caída del Imperio Otomano, Saer se casó con la argentina Biby Castellaro, una profesora universitaria, con quien tuvo a Jerónimo, su primer hijo. Después de su divorcio volvió a contraer matrimonio con Laurence Guéguen, una francesa de Bretaña. Luego nació Clara, hoy una estudiante de 25 años.
Sus amigos lo recuerdan como "generoso, inflexible, brillante, cultísimo, intransigente y cascarrabias". Cuando los argentinos comenzaron a llegar a París por docenas con la dictadura militar, Saer discutía con algunos el papel de la guerrilla, los errores de enrolarse en ella y sus tremendas consecuencias para el país.
"El era un alfonsinista de izquierda. Cuando éramos jóvenes, era un militante universitario del MALENA, el Movimiento de Liberación Nacional, junto a David y a Ismael Viñas", recordó otro amigo de la época.
En un restaurante del parisino barrio 14, Saer comió con el ex presidente Raul Alfonsín y un grupo de amigos antes de que asumiera el gobierno de la Alianza. Estaba horrorizado por la estética menemista, por los cambios culturales del país, pero disentía con las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida.
"No puedo sino destacar la actitud inmunda (no creo que haya otra palabra) de Menem la noche de las elecciones. Su manera de minimizar el proceso democrático me pareció intolerable, una grosería frente a las instituciones", afirmó entonces.
Este profesor de Estética se definió políticamente así: "No soy un escritor de izquierda sino una persona de izquierda. Me considero un socialista. Diría: un alfonsinista de izquierda, porque creo que Alfonsín tuvo ideas de cambio", declaró entonces Saer.
Dos rasgos recuerdan sus amigos y están relacionados con su amor por el juego, por las interminables noches de póquer, en un club cerca de L'Opera. Con el whisky y las cartas, podía pasar las madrugadas en el club. Eso se completaba con su clan de amigos, no demasiados, pero inseparables. Diez años atrás, Saer confesó que había dejado "la timba" y se había vuelto más casero.
Si bien en sus últimos libros aprendió a manejar la computadora, la mayor parte de su obra la escribió en unos cuadernitos y a mano. Su rutina era infatigable: escribía a la mañana y a la tarde, regularmente. En la Universidad de Rennes enseñaba tres veces por semana y preparaba concienzudamente sus clases, con su exquisita erudición.

Los gustos literarios
A Saer no le gustaba hacer nombres pero distinguía a los escritores de mercado de los que hacían literatura. Respetaba inmensamente a Antonio Di Benedetto y despreciaba infinitamente los libros del brasileño Paulo Coelho, al filósofo francés Bernard-Henri Lévy, "banales y mediáticos". Jamás leyó a Martin Amis. Decía que con sólo leer sus declaraciones le producía espanto.
Tenía una buena relación con el escritor argentino Héctor Bianciotti. Pero entre sus mejores amigos en Francia estaba el cineasta Hugo Santiago, el poeta Armando Calveira y el director de teatro Ariel Goldemberg. Nunca tuvo una relación cercana con Cortázar y su gran amigo "literario" en la Argentina era Ricardo Piglia.
Algunos ven en Juan José Saer al verdadero heredero literario de Jorge Luis Borges. Pero él nunca se consideró borgeano. Una vez fue a buscar a Borges al aero puerto de Rosario y lo llevó a una conferencia en la Universidad del Litoral, cuando era docente. Pero lo mencionaba siempre, en una de sus frases: "Como dice Borges, lo primero que se nota en una lista son las omisiones".

ESCENARIO. ESCRIBIO SU OBRA EN PARIS, PERO SIEMPRE SUS ESCRITOS REMITIAN A SANTA FE. AQUI, JUNTO AL RIO PARANA, EN UNA NOTA CON LA REVISTA "Ñ" EN EL 2004. (Foto: David Fernández)

Saer Básico
SERODINO 1937-PARIS 2005
ESCRITOR

Juan José Saer nació en Serodino (Santa Fe) el 28 de junio de 1937. Fue profesor de la Universidad Nacional del Litoral, donde enseñó "Historia del Cine y Crítica y Estética Cinematográfica". En 1968 se radicó en París. Su vasta obra narrativa, considerada una de las máximas expresiones de la literatura argentina contemporánea, abarca cuatro libros de cuentos En la zona (1960), Palo y hueso (1965), Unidad de lugar (1967), La mayor (1976) y diez novelas: Respon so (1964), La vuelta completa (1966), Cicatrices (1969), El limonero real (1974), Nadie nada nunca (1980), El entenado (1983), Glosa (1985), La ocasión (1986, Premio Nadal), Lo imborrable (1992), La pesquisa (1994) y Las Nubes. En 1983 publicó Narraciones, antología en dos volúmenes de sus relatos. En 1986 apareció Juan José Saer por Juan José Saer, selección de textos seguida de un estudio de María Teresa Gramuglio, y en 1988, Para una literatura sin atributos, conjunto de artículos y conferencias publicada en Francia. En 1991 publicó el ensayo El río sin orillas, con gran repercusión en la crítica, y en 1997, El concepto de ficción. Su producción poética está recogida en El arte de narrar (1977), paradójico título que expresa, quizás, el intento constante de Saer por "combinar poesía y narración". Ha sido traducido al francés, inglés, alemán, italiano y portugués.

La escritura

El río sin orillas (fragmento)

"La crepitación de la leña, el olor de la carne que se asa en la templanza benévola de los patios, del campo, de las terrazas, no desencadenan por cierto ningún efluvio metafísico predestinado a esa tierra; pero sí en cambio, repitiendo en un orden casi invariante una serie de sensaciones familiares, acuerdan esa impresión de permanencia y de continuidad sin la cual ninguna vida es posible. Al anochecer, se encienden los primeros fuegos. Un olor a leña, y después de carne asada es lo que sobresale cuando empieza a oscurecer en el campo, en las orillas del río, en los pueblos y en las ciudades. Repartido en muchos hogares, no siempre equitativos, el fuego único de Heráclito arde plácido o turbulento, iluminando y entibiando ese lugar que, ni más ni menos prestigioso que cualquier otro, es, sin embargo, único también, a causa de unos azares llamados historia, geografía y civilización; el fuego arcaico y sin fin acompañado de voces humanas que resuenan a su alrededor y que van transformándose poco a poco en susurros hasta que (...) ya bien entrada la noche (...) se desvanecen."
 
*FUENTE: Diario Clarín. www.clarin.com
 
 

Al abrigo*

Un comerciante de muebles que acababa de comprar un sillón de segunda mano descubrió una vez que en un hueco del respaldo una de sus antiguas propietarias había ocultado su diario íntimo. Por alguna razón --muerte, olvido, fuga precipitada, embargo-- el diario había quedado ahi, y el comerciante, experto en construcción de muebles, lo había encontrado por casualidad al palpar el respaldo para probar su solidez. Ese día se quedó hasta tarde en el negocio abarrotado de camas, sillas, mesas y roperos, leyendo en la trastienda el diario íntimo a la luz de la lámpara, inclinado sobre el escritorio. El diario revelaba, día a día, los problemas sentimentales de su autora y el mueblero, que era un hombre inteligente y discreto, comprendió enseguida que la mujer había vivido disimulando su verdadera personalidad y que por un azar inconcebible, el la conocía mucho mejor que las personas que habían vivido junto a ella y que aparecían mencionadas en el diario.El mueblero se quedó pensativo. Durante un buen rato, la idea de que alguien pudiese tener en su casa, al abrigo del mundo, algo escondido --un diario, o lo que fuese--, le parecía extraña, casi imposible, hasta que unos minutos después, en el momento en que se levantaba y empezaba a poner en orden su escritorio antes de irse para su casa, se percató, no sin estupor, de que él mismo tenía, en alguna parte, cosas ocultas de las que el mundo ignoraba la existencia. En su casa, por ejemplo, en el altillo, en una caja de lata desimulada entre revistas viejas y trastos inútiles, el mueblero tenía guardado un rollo de billetes, que iba engrosando de tanto en tanto, y cuya existencia hasta su mujer y sus hijos desconocían; el mueblero no podía decir de un modo preciso con qué objeto guardaba esos billetes, pero poco a poco lo fue ganando la desagradable certidumbre de que su vida entera se definía no por sus actividades cotidianas ejercidads a la luz del día, sino por ese rollo de billetes que se carcomía en el desván. Y que de todos los actos, el fundamental era, sin duda, el de agregar de vez en cuando un billete al rollo carcomido.
   Mientras encendía el letrero luminoso que llenaba de una luz violeta el aire negro por encima de la vereda, el mueblero fue asaltado por otro recuerdo: buscando un sacapuntas en la pieza de su hijo mayor, había encontrado por casualidad una serie de fotografías pornográficas que su hijo escondía en el cajón de la cómoda. El mueblero las había vuelto a dejar rápidamente en su lugar, menos por pudor que por el temor de que su hijo pensase que el tenía la costumbre de hurgar en sus cosas. Durante la cena, el mueblero se puso a observar a su mujer: por primera vez después de treinta años le venía a la cabeza la idea de que también ella debía guardar algo oculto, algo tan propio y tan profundamente hundido que, aunque ella misma lo quisiese, ni siquiera la tortura podría hacérselo confesar. El mueblero sintió una especie de vértigo. No era el miedo banal a ser traicionado o estafado lo que le hacía dar vueltas en la cabeza como un vino que sube, sino la certidumbre de que, justo cuando estaba en el umbral de la vejez, iba tal vez a verse obligado a modificar las nociones mas elementales que constituían su vida. O lo que el había llamado su vida: porque su vida, su verdadera vida, según su nueva intuición, transcurría en alguna parte, en lo negro, al abrigo de los acontecimientos, y parecía mas inalcanzable que el arrabal del universo.

*publicado en "La Mayor" © FUENTE: www.literatura.org



Posdata:
En el extranjero*

La nada no ocupa mi pensamiento sino mi vida, me decía, hace unos días, en una carta Pichón Garay. Durante las horas del día no le dedico el más mínimo pensamiento; y mis noches se llenan de sueños carnales. Ha de ser porque la nada es una certidumbre, y hay una raza de hombres a la que debo, presumiblemente, pertenecer, que no baila más que con la música de lo incierto.
Asi me escribe a veces, desde el extranjero, Pichón Garay. O también: el extranjero no deja rastro, sino recuerdos. Los recuerdos nos son a menudo exteriores: una película en colores de la que somos la pantalla. Cuando la proyección se detiene, recomienza la oscuridad. Los rastros, en cambio, que vienen desde mas lejos, son el signo que nos acompaña, que nos deforma y que moldea nuestra cara, como el puñetazo la nariz del boxeador. Se viaja siempre al extranjero. Los niños no viajan sino que ensanchan su país natal.
   Otra de sus cartas traía la siguiente reflexión: el ajo y el verano, son dos rastros que no vienen siempre desde muy lejos. El extranjero pone en evidencia su irrealidad. Estoy tratando de decirte que el extranjero --es decir, la vida para mi hace siete años-- es un rodeo estúpido, y tal vez en espiral, que me hace pasar, una y otra vez, por la latitud del punto capital, pero un poco mas lejos cada vez. Releyéndome, compruebo que, como de costumbre, lo esencial no se ha dejado decir. O incluso: dichosos los que se quedan, Tomatis, dichosos los que se quedan. De tanto viajar las huellas se entrecruzan, los rastros se sumergen o se aniquilan y si se vuelve alguna vez, no va que viene con uno, insasiable, el extranjero, y se instala en la casa natal.
 
*de JUAN JOSÉ SAER.
 
 
 
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#45 De: inventivaedicion@...
Fecha: Jue, 9 de Jun, 2005 2:14 pm
Asunto: ESTACIÓN LA BAJADA
inventivaedicion@...
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Inventren
Poesía en los andenes
 
 
Inminencia de la línea*

Despertar
sobresaltado
en el molde superficial y frío de un sueño
en la noche
consecutivamente solo

Deslumbrar
como un rayo incontenible
entre los nimbus
otras visiones
otras traslaciones de ese niño

Pasar
de aspecto larvario voraz
a grácil geometría suspendida
de las artes del viento

Inundar
ya sin temores
con el silencio mi ánfora
de cuero humano reseco
y hacerme su recipiente sagrado
entre tanto profano bullicio
del mundo y sus cosas
sus casas y cuartos
sus calles y estaciones y pasillos

Dudar, claro, ante las arboledas

Asaltar
sin miramientos
las empalizadas del tedio y las rutinas
la construcción férrea y maquinada
de escaparme asustado de mí
hacia los lobos mansos
de los hombres

Y asumir
en este salón desierto
el hecho sin remedio
de tener que aprender a estar
por siempre
en el exacto instante de la magia
infinitamente solo
de pie en el resplandor.
 
*de Santiago Torales. nahrid@...
 
 
 
Llegar donde los brazos...*
 
. . . llegar, donde los brazos aprietan hermandad,
entre los que quedan

y levantar

nos nuevamente,. . . .
. . . y ni allí descubrieron que décadas atrás,
este suelo cobijó sin credos, ni razas, ni pasaportes,
y ni la ilegalidad sonaba extraña.
Aquí, criaron y estudiaron tantos hijos europeos,
tantos y tantos dejando allá las bombas y la crueldad. 
Eran los abuelos de todos,
de la España del sol, de la Italia tarantela y vino,
de la Alemania mecánica y cerveza, la Francia perfumada,
Polonia en los trigales, Rusia y sus herramientas,
Holanda trajo molinos . . .
Hoy y ahora allá somos bolitas, sudacas, malavenidos,
desamparados.
No importa, . . . nos tienen de todos lados, nos tienen,
pero nó.
Nosotros aquí, los que nos quedamos tenemos el aire
y la palabra Latin

o

américa,
tenemos el canto de la tierra bendita,
la situación maldita de algunos hombres malditos.
(solo en las películas los malditos mueren bien muertos. . .)
Nunca la historia muere quieta, congelada.
Las cosas cambian, los hombres también.
El mundo cambiará, por el propio mundo,
por la propia Vida.
El hombre-imperio-hombre, tendrá en sus manos;
una lucha por quedarse a mirar el ojo de su propia tormenta.

*de Ricardo D. Mastrizzo. ricardomastrizzo@...

 
 

 

Estación La Bajada
 
Helado era aquel amanecer de invierno, allá por el ‘61, cuando las siluetas de los tanques aparecieron en el horizonte. Pocos fueron los vecinos que ignoraron lo que ocurriría a partir de entonces. La mayor parte del pueblo había aguardado aquel instante montando guardia durante toda la noche, calentándose debajo de gruesas frazadas y mateando hasta el hartazgo, iluminados los torvos semblantes por el resplandor de los Primus, gauchitos por siempre, compañeros en las casillas y en la vía.
         La noticia había llegado hacía ya varios días, aunque el clima de desasosiego se perfilaba desde hacía meses. El ramal ferroviario que pertenecía a la Compañía General de los ingleses iba a dejar de cumplir su servicio habitual hacia fines de aquel año. La ley gubernamental decretaba que “los ramales que presentaran baja densidad de tráfico ferroviario serán eliminados antes del 1º de enero de 1962”. Aquellas palabras habían resonado en los oídos de los habitantes de los pueblos interconectados por el ramal como una filosa caída de guillotina. Su principal fuente de comunicación y transporte desaparecería para siempre. Y entonces, ¿qué sería de ellos?
La Bajada era un típico barrio de ferroviarios, constituido por los Cornero, los Boeri y los Martello, entre otras familias. Todas ellas oteaban el horizonte a través de las pequeñas ventanas de sus cocinas aquella infausta mañana en que llegó el Ejército. Y todos, a paso lento y amargado, resignados ante el peso implacable de la ley dictada por las autoridades, salieron de a uno al frío de la mañana, a ponerle el pecho al destino que los aguardaba, implacable, a pocas horas de distancia.
La amenazante silueta de los tanques ya rodaba a la entrada del pueblo cuando sus habitantes pisaron las calles de ripio. Los motores ronroneaban y tosían al acercarse, desplazando unas moles blindadas que no daban señales alguna de vida aparente. Como si los emisarios del corte del servicio no fuesen hombres sino máquinas, insensibles engranajes de una cruel estructura de poder. Al frente de ellos, un jeep con la cabina cerrada por una sucia lona verde lideraba la lenta marcha.
Sólo al detenerse la formación sobre la calle Ayacucho, cuando las puertas se abrieron, los pobladores consiguieron identificar a las fuerzas del orden. El oficial a cargo, con la gorra encasquetada en la cabeza hasta las cejas y las solapas del abrigo levantadas, bajó del jeep, hizo sonar un silbato que alertó a todos los presentes, estremeciendo a las mujeres, y gritó hacia la improvisada muchedumbre:
-¡Soy el Mayor Oscar Tomeo, y busco al Señor Jefe de Estación! ¡¿Saben Uds. dónde se encuentra?!
Hacía ya varios días que por allí había circulado el último tren, llevándose consigo las ilusiones de todos. Con él, transido por la inapelable noticia de su despido, se había marchado Don Agustín Camardón, histórico Jefe de Estación de La Bajada, munido por sus pocos enseres, incapaz de hablar y despedirse, demolido por la angustia. Ya nadie se haría cargo del funcionamiento de su otrora prestigioso lugar de trabajo. Desde entonces, la estación quedaría en pie como absurdo monumento a la ineficiencia política.
Aunque la cadena de absurdos no hubiese hecho más que comenzar…
-Se fue hace rato –respondió José Martello, dando un paso al frente, un tanto atemorizado por el uniforme y los galones. –No hay autoridad ferroviaria en La Bajada. Parece que ya no la necesitamos…
-¡Entonces –continuó el Mayor Tomeo a los gritos –se retiran todos de las inmediaciones de la estación! ¡En nombre del Gobierno de la Provincia vamos a dar comienzo a las tareas de saneamiento y demolición!
Demolición… La sola idea estremeció a los presentes. Un débil sollozo femenino, consciente de la imposibilidad de sostener una ilusión que negara aquella equivocación, se dejó oír entre la variedad de apagados murmullos. Alguien quiso protestar cuando el Mayor Tomeo se volvió hacia los tanques, pero otro vecino lo llamó a silencio de un empujón.
Las puertas superiores de los blindados se fueron abriendo con chasquidos metálicos. Varios cascos verdes se asomaron y contemplaron el perfil del edificio que se elevaba hacia su izquierda. Amplios ventanales y gruesos muros les devolvieron la mirada.
Con espartana precisión pero sin apuro, los uniformados comenzaron a desarrollar sus tareas, bajo la asustada mirada de los pobladores, que a poco de permanecer allí, calados de frío hasta los huesos, dedujeron que la aparente amenaza de la caballería blindada podía llegar a resultar simplemente eso.
Los soldados derribaron la puerta de la boletería, de la oficina principal y de la sala de espera, además de abrir con varios culatazos de máuser los pesados postigos de los ventanales. Luego, ataron unos gruesos cables de acero a las estructuras metálicas de sus tanques, mediante sólidos ganchos de amarre, y tendieron el otro extremo hacia los mudos ventanales, perforando con taladros sobre las paredes a fin de colocar las gubias donde amarrarían el cabo restante de los cables. Una vez realizada la maniobra, avanzada la mañana, entibiados rostros y manos por el tímido sol invernal, volvieron a trepar a los tanques y encendieron los motores.
-¿Qué van a hacer? –preguntó por lo bajo Raimundo Boeri, a medio camino entre la resignación y la curiosidad, incapaz de comprender la efectividad de la operación.
-Una gran cagada –sentenció a su lado Eustaquio Cornero, deseoso de unos mates, pero temeroso de perder algún detalle del espectáculo que ya había congregado hasta al último de sus vecinos frente a la tradicional estación, tumultuoso centro de reuniones a la hora en que solían llegar los expresos de pasajeros, mucho tiempo atrás.
-Mejor así –masculló José Martello, atesorando una débil sonrisa de esperanza. –Que les cueste derribar el esfuerzo de quienes vinieron antes que nosotros a levantar nuestro humilde medio de vida.
Los blindados giraron sobre sus orugas hasta ponerse de espaldas a la estación. Una vez alineados, aguardaron la orden de salida. El Mayor Tomeo, trepado al estribo de su jeep, supervisó la disposición de las máquinas y pitó con su silbato. Los tanques aceleraron, haciendo rodar en falso las orugas, tensando los cables hasta su máxima expresión, levantando densas nubes de polvo y ripio.
Varias respiraciones se contuvieron. Manos crispadas se taparon la boca, evitando soltar un grito de angustia. Alguien sintió que se le derrumbaba la presión…
Los poderosos motores bufaban y chillaban, hasta que de pronto la mañana se estremeció con el latigazo del primer cable cortado. Uno de los tanques se precipitó a toda velocidad sobre la casa emplazada frente a la estación, derribando la cerca de alambre y torciendo un limonero contra la medianera, mientras se oían estridentes alaridos de sorpresa. El segundo cable se cortó antes de que los vecinos se repusieran de la anterior conmoción, originando estampidas y chillidos. El segundo tanque, con menor fortuna que su predecesor, colisionó contra la camioneta Ika de Raimundo Boeri, reduciéndola a chatarra.
-¡Pero qué hacen, manga de ignorantes! –chilló Boeri, agitando las manos delante de su antiguo vehículo, aplastado bajo las orugas. -¡Voy a demandar al Estado por lo que acaban de hacer! ¡Esta es su responsabilidad! –increpó al Mayor Tomeo, apuntándolo con el índice.
-¡Cállese la boca, ciudadano! –exclamó el oficial a cargo, rojo de furia ante la ineptitud de sus subordinados, quienes contemplaban azorados el desastre ocurrido. -¡Sol-daaaaaaa-dos!!! ¡Repetir la maniobra!
El silbatazo los puso en movimiento otra vez, como si allí no hubiese pasado nada. Los vecinos alzaban sus quejas por encima del sonido de los tanques, protestando en vano ante la indiferencia uniformada. La señora Irma Respinghi, dueña del limonero vencido bajo el peso de la oruga, protestaba y lloraba al mismo tiempo. Eustaquio Cornero parecía mantenerse ajeno a la conmoción general, observando la escena a distancia, a la manera de un cronista periodístico, registrando en detalle el segundo intento de la caballería por apostar un nuevo juego de cables contra las paredes.
El esfuerzo les demandó un tiempo mayor al empleado la vez anterior, supervisando cada uno de los detalles. Finalmente, pasado el mediodía, con los vecinos acalorados por el sol y la indignación generalizada, los tanques volvieron a apostarse de espaldas a la estación, listos para el silbato de largada.
El Mayor Tomeo trepó nuevamente a su jeep y dio la orden. Los motores aceleraron, la nube de ripio y polvo se elevó en el aire otra vez, y los cables se tensaron, tal como ya lo habían hecho.
Y la escena volvió a repetirse.
El primer tanque casi arrolla a José Martello y Raimundo Boeri, quienes se arrojaron hacia un costado, salvando sus vidas milagrosamente, ya prestos a desempolvar sus escopetas de caza para echar a los tiros a los militares incapaces. El segundo tanque volvió a arrollar la Ika de Boeri, pero además torció el rumbo y derribó de una vez el limonera de Doña Irma, quien se desvaneció ante la impotencia en brazos de Eustaquio Cornero.
El Mayor Tomeo, irascible, pitaba su silbato a diestra y siniestra.
-¡Media vuelta! –vociferaba, gesticulando como loco. -¡Arremetan contra esa estación! ¡Que no quede una sola pared en pie!!!
Los blindados giraron sobre sus orugas y embistieron las macizas paredes, teniendo la precaución de calcular que el extremo de sus cañones ingresara al edificio a través del hueco de los ventanales. Pero ni aún así, a pesar del sacudón que sufrió la estructura, de las tejas que cayeron o los baldosones que se partieron bajo el peso blindado, consiguieron derribar un solo ladrillo.
-Ya no se hacen estas paredes, Mayor –se animó a aclarar Eustaquio Cornero. –Las construyó un Estado diferente al actual…
-¡Cállese la boca!!! –lo increpó Tomeo a la distancia. -¡O lo hago arrestar por obstrucción de tareas militares!
-¿Qué tareas? –murmuró Martello, manteniéndose alejado.
Los tanques arremetieron varias veces contra la estación, y el pueblo, aunque ofuscado, iba y volvía de la escena, yéndose a almorzar o a dormir una siesta. Lo que parecía irremediable, al final terminaba aburriendo.
Atardecía cuando se oyó por última vez el silbatazo del Mayor Tomeo, indicando la retirada. No hubo discursos pertinentes, ni tampoco nadie bajó de los vehículos a recoger los fragmentos de cable seccionado. Los blindados se retiraron, cerrando la marcha el jeep, insultado por los vecinos, quienes esgrimían sus puños en alto, maldiciendo y festejando a la vez.
-¡Los echamos, los echamos! –exclamaba José Martello, exultante.
-Yo no estaría muy seguro –observó Eustaquio Cornero.
Y no se equivocaba. Tres días más tarde, liderados por un parco teniente llamado Funes, dos camiones del Ejército arribaron a la estación con las primeras luces del día. Algunos vecinos se agolparon suponiendo que habría una nueva escena de humillación para las Fuerzas Armadas. Sin embargo, los soldados que bajaron de la caja, con los máuseres cruzados contra el pecho, los retiraron hasta media cuadra de distancia. Desde allí vieron cómo trabajaba un reducido equipo de hombres, técnicos en apariencia, quienes no dieron mayores precisiones al respecto, y se retiraron a resguardo antes de llegar la media mañana.
La implosión conmocionó al pueblo y sus alrededores. Los cartuchos de dinamita colocados en los cimientos del edificio arrasaron con las vigas y derribaron las paredes como si fuesen de arena seca, cayendo hacia dentro y causando una enorme montaña de polvo que se expandió rápidamente sobre las calles aledañas. El paisaje se desdibujó durante unos instantes, y cuando el polvo en suspensión terminó de caer, la realidad del pueblo había dejado de ser la que conocieran durante tantos años.
Cornero, Martello y Boeri, azorados, tosiendo y lagrimeando, a causa del polvo y la emoción, por fin veían materializarse su mayor temor. El monumento al trabajo de toda una vida se había transformado en una ausencia rodeada de escombros. Y la oscura silueta de la tropa se recortaba en el horizonte, mientras recogía sus últimas cosas, antes de marcharse definitivamente de allí.
Doña Irma Respinghi, cubriéndose la boca con una mano, volvió a desvanecerse. Y los tres mosqueteros del riel, Cornero, Martello y Boeri, sin ponerse previamente de acuerdo, llevaron su mano derecha junto al corazón y comenzaron a entonar, entre la furia y la congoja, nuestro Himno Nacional.
 
*de Aldima. aldima@...
 
 
 
 Desde el vagón cineclub*
 
 Le pregunté al haitiano dónde queda el vagón de cineclub, y me sonrió  con una sonrisa de dientes enormes, diciendo "la Bajada", y asintiendo con  la cabeza. Volví a preguntar, hablando más fuerte y más lento, y me dijo que sí repetidamente mientras continuaba sonriendo, ahora con una especie de carcajada. Me di cuenta de que yo también sonreía, imitando el gesto con esa vocación de espejo que tenemos las personas tímidas. Volví a preguntar, riendo ya, y seguimos riendo a dúo por unos segundos hasta que le dije  "gracias, gracias", así dos veces porque él se empeñaba en multiplicar los gestos.
     Pensé que en la estación anterior quizás habrían desenganchado el vagón, pero supuse que no y me limité a recorrer el tren de compartimiento en compartimiento, como si fuese a algún lugar preciso y no estuviese buscando algo ignoto.
     Cuando encontré la carga de bicicletas, todas colgando en la penumbra de ganchos del techo, casi doy media vuelta y me resigno a finalizar la aventura, pero me atreví a cruzar ese espacio oscuro para encontrar en el vagón siguiente una oscuridad mayor: el vagón de cineclub donde, como la vez anterior, ya estaba la película en plena proyección.
     En esta oportunidad de inmediato reconocí el film. Era "El tercer hombre".
     Llegué antes, pero no pasó mucho tiempo para que Orson Welles llevase al protagonista hasta el parque de diversiones. Era de noche allí, y tal circunstancia casaba perfectamente con la negrura espesa del vagón donde, como la otra vez, apenas se adivinaban cinco o seis figuras silentes.
     El parque de diversiones de la pantalla tenía una reminiscencia de los parques de Bradbury; como si algo maligno se asociase, se pegase pringosamente a lo relativo a la niñez. Esa cosa de la inocencia que no se  sostiene frente a la nocturnidad que la desnuda. Y Welles, ominoso y encantador, hizo entrar a su acompañante a la cabina de una gigantesca vuelta al mundo.
     Mientras la enorme rueda giraba en la pantalla, el movimiento del tren me hacía subir a mí también, transformándose el traqueteo horizontal en el lento escalar hacia la cima.
     Desde allí Welles le mostró -nos mostró- la gente desde arriba. Meros puntos móviles. Dijo con terrible certeza que si uno de esos puntos dejase de moverse, tal cosa no sería significativa. Expuso con simpleza la visión desde la cima del poder, las gentes comunes meras hormigas, acaso números ínfimos, partículas elementales.  Recuerdo haber experimentado el vértigo de sentirme arriba y de saberme abajo. Atroz desdoblamiento del comprender sin justificar. De temerse a una misma si las circunstancias fuesen otras. ¿Quién sería, yo, en la cima?
     De la primera fila me llegaba el olor del whisky, y el hombre corpulento que había estado bebiendo comenzó a roncar con fuerza.
     Cuando me retiré en la oscuridad pensé que le habrá gustado ver una película de su tío, Sir Carol Reed.
 
*de Mónica Russomannorussomannomonica@...
 
 
 
A Contravía...
 
 (DEL VIAJE DE MIO TIO ALGIRDAS EN TREN A ROSARIO)*
 
Cuando yo era pibe - en mi horizonte existencial comienzan a instalarse los 60 - en muchas familiar argentina se compraba, y a veces se leía el "Reader's Digest", de esa publicación, que al menos hasta hace pocos años se seguía editando, me quedó instalada una sección titulada "mi personaje inolvidable". Con ese grato recuerdo, fui construyendo mi miniolimpo personal  de "Personajes inolvidables": Allí hay sitio preferencial para mi tío Algirdas; Algirdas Zematitis Tokatlián.
Cuando el aparcero Coiro me comentó telemáticamente, que en el curso del año 2005 del calendario gregoriano, Inventren se las iba a tomar con los trenes y Rosario, de inmediato me vino a la mente el reiterado relato de un viaje que hiciera mi tío Algirdas a Rosario al final del verano austral de 1925.
 
Mi tío Algirdas, en realidad era mi tío abuelo materno, hermano mayor de mi venerada abuela Elena, cuyas cenizas tengo en mi casa, junto a mi PC, lugar sacralizado si los hay.
Algirdas era en típico tío solterón que solía existir en muchísimas familias argentinas, particularmente las provenientes de la corriente migratoria de Europa y Cercano Oriente: Esos tíos o tías eran toda una institución. Referentes como se diría hoy.
No ha sido una costumbre de la Argentina Pampahúmida, constituida por los hinterlands de los puertos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca, el uso de doble apellido o apellido materno.
Por eso a mi tío como a casi todas las personas, se las conocía y se las conoce por su apellido paterno o el de su madre si fue soltera.
Pero si uno  al modo de sociólogo a la violeta se toma el trabajo de pedir los apellidos maternos de argentinos descendientes de los "que vinieron de los barcos", se encontrarán con mescolanzas que implican una pluralidad cultural, de la que aún no se tiene acabada conciencia. Por eso mi tío se llamaba Algirdas Zematitis Tokatlian. El nombre y el apellido paterno eran lituanos y el materno era armenio.
 
A fines del siglo XIX y principios del XX, habían llegado la familia Zematitis huyendo de la  persecución que a los irredentos lituanos perpetraban las tropas zaristas (a su turno los soviéticos harían algo parecido): Las levas de lituanos a Siberia, eran una medicina para apaciguar sus creencias donde se mezclaban su culto precristiano (Romuva) y el catolicismo. El resultado es que en  las estepas  comenzaron a hacerse familiares las peculiares cruces lituanas.
Las motivaciones de los Tokatlian eran similares. El imperio otomano, quería dar una "solución final" a los armenios y algunos como los Tokatlian que se las venían venir, se vinieron para la prometedora Argentina y así se salvaron del genocidio que los turcos perpetrarían en 1915.
Es sabido que la mayoría de esa corriente migratoria se quedó en la ciudad de Buenos Aires. Después de la permanencia temporal en el Hotel de Inmigrantes, casi todos iban al más singular laboratorio intercultural que se ha conocido: "el conventillo".
Ya se puede imaginar que los Zematitis y los Tokatlian terminaron viviendo en el mismo conventillo de la calle Cochabamba, allí en esa zona difusa de los barrios de Constitución, Monserrat, Parque Patricios y Barracas. Ese caldero étnico, inspiraría a Vacarezza para el sainete el "Conventillo de la paloma" y a Armando Discépolo para su "Babilonia" entre tantos otros.
Alli de niños de conocieron Anush Tokatlian y Algirdas Zematitis (padre). Cuando adolescentes se enamoraron y se casaron. Algirdas, oriundo de una región lituana que se llama Zemaitija (en realidad se trata de una zeta con un signo arriba como el de apertura de paréntesis mirando para arriba que se pronuncia "ye"). Alli cerca de la ciudad de Plunges, en medio de los bosques de robles y abedules aprendió el oficio de tonelero, que heredó de su padre y abuelo.
Anush había aprendido de su  madre y  su abuela a bordar en forma primorosa. Con esa "calificaciones laborales". A ninguno de los dos les faltó trabajo duro: A Algirdas en una tonelería en un tiempo donde no había ni palettes, ni tambores metálicos ni de PVC. Muchisimas mercaderías se envasaban en toneles, barricas o barriles.
Si bien no le faltaba trabajo como modista particular, como despues de casarse pasaron a vivir en una casa de inquilinato pero de material, en el mismo barrio;  Anush, como tantas mujeres "cosía para Suministros". Eso significaba que tomaba trabajos para el Arsenal de Guerra del ejercito que estaba donde hoy esta el Hospital Garraham. Resabio del pasado castrense de ese predio es el subsistente Comando de Sanidad del Ejercito.
La cuestión es que se casaron y empezaron a llegar los hijos; llegaron a los cinco y Algirdas fue el primogénito. Su padre apenas chapurreaba el castellano, pero su mama venía de una familia muy letrada y se preocupó por alfabetizarlo en el castellano antes de comenzar la primaria (el jardín de infantes no se conocía aun, y menos entre la gente de pueblo), y también le enseño las operaciones aritméticas básicas.
Sumada a la curiosidad que demostró desde muy chico, Algirdas,  "El lituano" como le llamarían desde entonces sus compañeros, se adapto fácil a la escuela y eso fue detectado por sus maestros.
En ese entonces era todo un logro tener el primario completo para el hijo de una familia de trabajadores manuales. Ya ir a los pocos secundarios era algo excepcional, y de hecho casi vedado a sus hijos. Pero uno de los maestros entendió que el lituanito era un talento y un día llamó a la madre y le dijo que, tenían  que hacer un esfuerzo y  hacerlo seguir estudiando. Para eso el recomendaba mandarlo a la Escuela de Artes y Oficios "Otto Krausse", donde él tenía contactos. Anush fue clara con su marido: "Vos tenés que hacer más barriles y yo tengo que coser más ropas". Y así Algirdas comenzó el Otto Krausse donde se graduó de electricista, luego de seis años. Ya antes de terminar el primario Algirdas era un asiduo concurrente a la Biblioteca Pública del barrio y a la biblioteca de la Escuela. Era la única forma de conocer más de los pobres. Eso mismo hizo en el "industrial". Salvo los dias de lluvia, donde usaba el tranvía, Algirdas iba y venia caminando desde su casa al colegio. Atento su condición de alumno destacado y  el esfuerzo que hacia la familia, unos maestros de taller del colegio consiguieron que se lo designara como mensajero en la Dirección General de Correos y Telégrafos (Palacio de Correos). Eso fue en la mitad del secundario. Al poco tiempo, sus condiciones permitieron que se hiciese telegrafista, y así fue que cuando terminó el Krausse, ya trabajaba como tal. Tenía como compañero de tareas un compañero mayor que él con veleidades de poeta: se llamaba Ezequiel Martínez Estrada y había nacido en San José de la Esquina, provincia de Santa Fe. Devenido en teletipista y radioperador  se jubilaría al comenzar la década del sesenta.
Tío Algirdas casi llega a centenario y estuvo lúcido hasta último momento, murió en el hogar de ancianos lituano de Burzaco, a mediados de 1992. Está enterrado en el cementerio de Berisso, un lugar que mucho quería porque tenía muchos amigos de la colectividad lituana, los que se concentraban en la aún mítica calle Nueva York, junto a los frigoríficos Swift y Armour.
Ya conté que el tío era una institución en la familia. Por eso cuando por propia decisión se fue al hogar lituano de ancianos (Vaya a saber porque le tiraba más la línea paterna, porque con la colectividad armenia tenia sólidos vínculos), no era infrecuente que lo fuese a visitar. Allí seguía siempre contando sus andanzas, sus recuerdos y comentando la actualidad, porque era un ávido consumidor de información. Y era muy meticuloso. Llevaba desde adolescente  una suerte de Diario personal o bitácora, donde anotaba todo lo que veía o le venía en mente. Curiosamente nunca se dedicó a escribir y publicar. Seguramente se sentiría cerca del fin, cuando alrededor de sus 85 años, un día que lo fui a visitar, me regaló un baúl con todas sus "bitácoras". De esas bitácoras y de lo que recuerdo de sus relatos sale toda la "info" que te contaré. Es mas, cuando fue a la bitácora del viaje a Rosario, me encontré, que él en su meticulosidad les hacía agregados actualizados a sus registros primarios. Se nota que los leía a menudo.
 
Cualquier argentino varón que tenga mas de 65 años y este más o menos lucido, y haya hecho el servicio militar obligatorio - ese que caso Carrasco de por medio finalizó a principios de los Noventa - suele contar como una letanía sus recuerdos de la "colimba". Y eso lo sabemos lo que ya somos veteranos por haber escuchado a nuestros viejos, a los amigos de nuestros viejos, a tíos abuelos y demas varones, reviviendo y muchas veces "inventando" y contando sin cansarse, todas aquellas cosas vividas en una "Juvenilia", que con los que pasó en la Argentina en las últimas décadas, resulta aveces hasta poco creíble.
Y esto de poco creíble, te lo resalto, porque para meterte en este relato, te pido que te metas en el tiempo en que sucedió. Entonces las cosas eran distintas. La condición humana es inmutable, pero hay momentos en que se creen en ciertas cosas y otros en que ya no se cree en ellas. En ese tiempo  - te estoy  "hablando de la década del 20" - se creían en muchas cosas. Y sobre todo a nivel de la gente de trabajo. A veces en esas viejas películas argentinas ese cuerpo de creencias se refleja y más aún si lees los sainetes de la época.
 
Era la noche previa al día que saldrían de baja, un grupo de jóvenes de la clase 1903 que habían hecho el servicio militar obligatorio en   el Regimiento 6 de Infantería "General Viamonte" de Mercedes en 1923 (siendo el jefe ese año  el Teniente Coronel Don  Camilo IDOATE). Después de todas las peripecias y emociones compartidas, llegaba el momento de separarse a los cuatro vientos. Había tristeza contenida y tal vez nostalgia anticipada.
Había un grupo que había compartido mas vivencias, era el que se núcleo alrededor del Centro de alfabetización y telegrafía. Resulta que en esa época, todavía había muchos analfabetos y el servicio militar cumplía con la misión complementaria de alfabetizar. El conscripto analfabeto, tenia un eficaz persuasivo: si  no aprendía a leer y escribir, no se le daba de baja. Pedagogía sutil que le dicen. Sabedor de que había un conscripto telegrafista, al Jefe de la unidad se le ocurrió anexar al menos ese año un curso de telegrafía, como salida laboral. En ese entonces (recordar que solo un año antes había comenzado la radiodifusión comercial en Argentina y ese año se había inaugurado radio Universidad de La Plata) saber telegrafía era una posibilidad cierta de obtener trabajo en los ferrocarriles, en cualquier gran empresa comercial, en la administración publica y el Ejercito, la Marina y la policía. De cajón que el encargado de enseñar telegrafía, además de las funciones de telegrafista en el regimiento fue del "lituano". Para la escuela, como no había presupuesto para maestro,  se designó a Matías Almeida maestro normal de Chivilcoy y como ayudantes, a Juan Maria Laperche (en adelante lapercha), a Godofredo Metraux (en adelante Metro) y a Guillermo Halliburton (en adelante el inglés), los tres estudiantes en la universidad del Litoral (que ese año había sido nacionalizada, ya que antes era provincial). También para reforzar en aritmética, los sumaron al "ruso" Isac Lijmaher  perito mercantil de Luján, que llevaba la contabilidad de los libros de la tienda de sus padres, y al mismo Algirdas. De supervisor el Teniente coronel, lo puso al sargento de Sanidad Julián Abarrategui, un gordito medio pícaro y entrador  oriundo de Teodelina, provincia de Santa Fe.
 
En esa noche tan particular, en un momento "La percha " dijo: "Muchachos, yo me comprometo a hacer la primera reunión de la "barra"; Metro y el inglés me darán una mano. Y los miró a ambos y les dijo: ¿No es cierto? .Ambos agarraron viaje, aunque el inglés seguía algo remilgoso, aunque mucho menos luego de la especial pedagogía de saltos de rana. cuerpo a tierra y paso vivo que le había propiciado el Sargento Kalauz, encargado de la preparación física, algo muy importante en un  regimiento de infantería. Kalauz era un ejemplar que había peleado en la Primera Guerra Mundial en el ejército imperial austro - húngaro. Después de la contienda, se vino como tantos para estas tierras y se enganchó como instructor de gimnasia. Era buenazo pero a la hora del ejercicio, sólo tenía un límite: el desmayo de los "ejercitantes".
Además de los cursos de alfabetización y telegrafía, otra cosa había galvanizado a la barra: las maniobras en Achiras. Desde Mercedes, donde se cruzaban los ferrocarriles Oeste, Pacífico y Compañía General (y por esa razón estratégica se había desplazado a Mercedes el regimiento en 1915), el regimiento hizo un largo viaje en el Ferrocarril Pacífico, pasando por Vicuña Macckena, Tosquita, Moldes y Sampacho  hasta llegar a Achiras y retorno. En las inmediaciones Achiras fue la gran maniobra con una parte importante del Ejército: juegos de guerra, en medio del calor, el frío, la tierra, las espinas y las yararás. El viaje y las maniobras fueron como el coronamiento de nuestra convivencia... El día 7 de enero de 1924 nos dispersamos a los cuatro rumbos con la promesa del reencuentro.
 
Un día a fines de agosto de 1924, llegó a mi oficina en el Palacio de Correos (ahora el que escribe es tío Algirdas, acorde a lo que varias veces me contó, confrontado y complementado con su "bitácora), el siguiente telegrama(acentuado en la e como se decía antes): Litu: La reunión será en la tercera semana de marzo de 1925.Stop. Va carta detallada. Stop. Percha Metro e ingles.
Efectivamente, días después me llegó a casa una carta firmada por Percha, que decía mas o menos así: " Querido "Litu": tal como te adelantamos por telegrama, nos vamos a reunir el 19 y 20 de marzo del año que viene. Preocupate por hacer los arreglos de horarios que tengas que hacer y por traer una muda de ropa, ya hemos conseguidos los pasajes, la estadía y las comidas, gracias a las influencias de mi viejo y de los viejos de Metro y del ingles. Elegimos el día jueves para comenzar, porque los pasajes en tren os hemos conseguido por el Compañia General, y el día viernes el tren entre Estación Buenos Aires y Rosario, no corre.
Tenés que presentarte el día del viaje (el tren sale de Buenos Aires a las 0715), y retirar el pasaje a tu nombre. Dado tu oficio, hemos conseguido que puedas mandar telegramas de servicio desde la estación de partida y aquellas donde el tren para un rato (creo que son tres o cuatro).
Le hemos mandado una carta parecida a toda la "barra" atento las direcciones que teníamos al dispersarnos en Enero. No sé si a algunos les llegara, pero lo hemos hecho con tiempo.
Por las dudas si tenés contacto con alguno avisále. Contestame, sabiendo que estarás junto a nosotros para empezar a revivir por primera vez esos "viejos tiempos". Un abrazo mío, de Metro y del ingles. Firmado: La percha.
 
Los muchachos rosarinos habían cumplido y ello era posible porque sus viejos estaban ligados a los mas granado de la sociedad rosarina de esa época. El viejo de Laperche, era un ingeniero gerente del Compañia General en Rosario, su esposa y él eran alsacianos y por eso no se consideraban en el fondo francés. De manera que pudiendo hacer que su hijo fuera súbdito francés, prefirieron que sea ciudadano argentino y por eso hizo la colimba con nosotros. Los motivos de los padres de Metro eran menos principistas, el papá era uno de los gerentes de la empresa francés que tenia la concesión del Puerto de Rosario desde 1901. Su esposa había perdido a sus hermanos en las trincheras de la  Primera guerra mundial y creía que no haciendo ciudadano francés a su hijo y si argentino, lo preservaba de los horrores de la guerra. Esta actitud de la madre de Metro, era más común de lo que se piensa en ese tiempo. Durante la primera guerra y también durante la Segunda, no fueron pocos los que se alistaron a los frentes de los países de sus padres o de donde habían venido cuando niños. En cuanto al "ingles" su padre era hijo del gerente de una agencia marítima y por su escritorio pasaban casi todos los grandes negocios de exportación de cereales por Rosario. Metro y Percha, habían hecho el secundario en el colegio de Mister Newell (el que dio lugar a Newell Old Boys de Rosario). Metro siguió la Facultas de Derecho y allí se cruzó con el ingles antes de la colimba, mientras que Percha estudiaba para Contador Público Nacional. Ello explica como habían conseguido los recursos para que pudiéramos reunirnos. De otra manera, a esa altura de nuestras vidas, no nos podríamos haber reunido porque todos éramos laburantes y muchos eran changarines.
Así las cosas empecé los preparativos para el viaje (Ya te conté que tío era muy meticuloso, y preparo cuidadosamente su viaje. A tal punto, que compro un cuaderno especial para hacerle las anotaciones del mismo y de entrada había anotado los nombres de las estaciones, a la hora que pasaba o se detenía a un rato y en algunos casos hasta las coordenadas geográficas. También se había copiado de la "Guía Azul de las Comunicaciones Argentinas" un mapa del recorrido).
Prosiguió relatando tío: Estaba tan entusiasmado con el viaje que lo comentaba con mis compañeros de trabajo, con la barra de la esquina y con mi familia. DE eso modos todos me aportaban algo como no sea algún consejo. Por ese entonces para la gente de barrio, ese viaje tenía sabor de aventura, sobre todo tratándose de Rosario, ciudad que ya tenia un encanto peculiar. Así el flaco Pantaleón, me dijo: "Ese día te acerco porque voy temprano con la chata desde el corralón, para recibir mercadería que llega en los cargas del Compañía General. En su generoso ofrecimiento olvido decirme que temprano era dejarme en la estación a la cinco de la mañana. Mi vieja se deshizo en preparativos. Consiguió prestada una valija de cartón", y una canasta de mimbre cerrada, en la que puso alimentos y bebida, como si fuera a tomar el "Transiberiano" desde San Petersburgo a Vladivostok. Para que la comida no se echara a perder (no eran tiempos de heladeras portátiles) estuvo preparándola hasta altas horas de la noche. Y como tenía temor por que el agua me hiciera mal, consiguió varias botellas de esas redondas con canastita de junco con que se presentaban los vinos tipo Chianti, las llenó de agua previamente hervida. Y dejo algunos limones y naranjas.
Esa noche casi no dormí, por la emoción de la aventura próxima. A las cuatro de la matina Pantaleón golpeó las manos en la puerta de mi pieza y me levanté rápido, fuimos al corralón, donde ya había  ensillado los caballos y salimos. Al pasar por el puesto de diarios del barrio, el canillita Nicolás, me acercó un diario y me dijo: "Tomá, para que te entretengas en el viaje. Es de ayer, pero algo es algo. Suerte".
Y así emprendimos la marcha por Velez Sarfield, y mientras "cara blanca", el caballo guía tiraba en un repecho. Comencé a recordar, el día que fui a tomar el tren a la misma estación para comenzar mi colimba. Una vez realizada la revisación médica de rutina, me convocaron junto con los otros al Arsenal de Guerra, que como te dije estaba en el barrio. Teniendo un apellido con la ultima letra del abecedario la espera se hizo larga, cuando quedábamos seis o siete, vi que un uniformado con varias tiras al costado(luego aprendería que eran las insignias de sargento), y  una inescrutable cara de coya (luego sabría que se trataba del sargento Yupanqui), iba asignado los destinos. De pronto levanto la vista nos miro y casi sin fruncir el ceño, nos dijo: "Ustedes se vienen conmigo a 6 de infantería". Acto seguido nos ordenó subir a un carro, y haciendo este mismo recorrido nos trajo a la estación. Durante la colimba, prefería utilizar el Ferrocarril Oeste, porque la estación estaba a pocas cuadras de regimiento mientras, que la estación Mercedes del Compañia estaba en el otro extremo del pueblo. La del Pacifico, estaba también cerca (al lado de la del Oeste), pero yo me venia o iba a Once caminando desde casa, salgo en caso de lluvia que tomaba el tranvía.
Sí, en cambio, había salido de esa estación (que curiosamente es la única que se llama Buenos Aires, ya que las otras estaciones centrales de la ciudad se llamaban Plaza Constitución, Plaza Misesere, Retiro (las tres) y Federico Lacroze), para ir a visitar a mis paisanos lituanos de Berisso. Entonces me iba hasta González Catán y tomaba un tren de carga que llevaba ganado a los frigoríficos. Curiosamente, Berisso nunca tuvo estación ferroviaria. Pero había una disposición que permitía viajar en los furgones pagando el correspondiente boleto.
La cuestión es que recordando estas cosas, llegamos a la estación y me despedí de Pantaleon. Era temprano, hacia frío para el fin del verano (Luego  me entere que hacían diez grados) pero en ese entonces toda la zona era de un gran movimiento. Allí, donde luego se instalaría la Villa Zabaleta, existía un gran puerto fluvial del Ferrocarril Oeste, pero que estaba conectado con casi toda la red ferroviaria. Incluso, donde luego correría la Avenida Perito Moreno, corría un ramal del Oeste que se conectaba con Villa Luro, y desde allí por Versalles se conectaba en Santos Lugares con el Oeste. Si bien al inaugurarse el ramal subterráneo del Oeste a partir de la calle Jean Jaures, la actividad del puerto se fue amenguando (ello se debía a que el puente levadizo del Ferrocarril Sud, empezó a paralizarse porque sino se entorpecía el paso de los trenes suburbanos de pasajeros.  Eso redujo el tamaño de las embarcaciones que podían pasar por debajo del puente. No obstante, el puerto llamado Ingeniero Bryan seguía activo a la fecha de mi viaje.
Dado que llegué muy temprano me puse a leer "El Diario" (un vespertino que se publicaba en la época) de ayer que me dio Nicolás y de allí me llamaron la atención noticias como: Que en el teatro Apolo, la Compañía Argentina de sainetes y comedias Cicarelli – Corsini, con dirección de Alberto Vaccareza, ofrecía la pieza: “La vida es un sainete”. En el “buenos Aires”, la compañía Muiño –Delgado ofrecía “A París te lo regalo”. La Despedida del presidente Chileno Arturo Alesandri. La próxima unión de las redes ferroviarias de Bolivia y Argentina. Los actos previos para recibir al profesor Albert Einstein. La historieta de Barniculi y su pingo Tragavientos. El comentario de un libro, del norteamericano Henry Olerich, titulado “El mundo dentro de mil años”; donde se decía que en ese mundo (2925) no habría ciudades, no existiría el dinero y la energía se tomaría del viento, del calor solar y del movimiento de las holas. La publicación de la Memoria de la Prefectura Nacional de Puertos de 1924. Los récords mundiales de aviación de 1924. Mucho más me intereso la sección Telegrafía, telefonía y electricidad donde había un artículo  de problemas de radiotelefonía
Faltando una hora para a salida me presente a la boletería y dije quien era. De inmediato (y allí comencé a darme cuanta de lo que habían puesto en marcha los pudientes rosarinos), con suma amabilidad me entregaron el boleto de cortesía que incluía consumiciones gratuitas en el coche comedor. Además se me hizo saber que podía utilizar sin cargo, el servicio de telégrafo de la empresa, por si quería telegrafiar a "Mesie La Perche", ya que les habían adelantado mi ocupación de telegrafista. Entonces, pedí permiso, me acerqué al aparato y escribí: "Estoy en estación listo para partir. Stop. Informare novedades paradas largas. Stop.  Litu"
Poco a poco empezaron los movimientos previos a la partida del tren.  Tenés que tener en cuanta - ahora te cuenta el sobrino en este presente del 2005-  que en ese entones la aviación comercial estaba en sus comienzos, el automóvil apenas se aventuraba fuera de las ciudades y que cuando no había alternativa de barco, el ferrocarril tenia el monopolio de hecho. Personas, mercaderías y correspondencias se movían por tren. Como ya te lo conté dado la condición de telegrafista de tío, el trafico telegráfico privado, comercial y publico era muy intenso. La vida de la mayoría de los pueblos giraba alrededor de la estación ferroviaria. El ferrocarril había dado origen a la mayoría de los pueblos de la argentina entre 1860 y 1914.
Hecha esta aclaración, vuelvo al relato de tío. Mientras llegaban de a poco los pasajeros, se advertían algunos maestros y maestras, policías de la Provincia de Buenos Aires, soldados y hombres y mujeres que se notaba eran gente de campo. Atento los servicios del Central Argentino y del Central Norte a rosario iban en menos de la mitad del tiempo de este tren incluso la empresa tenia un servicio nocturno más rápido. Era muy raro que alguien hiciera el viaje completo, salvo que fuera algun empleado del ferrocarril o familiar, y aun así usaban el servicio nocturno. Por eso el grueso del pasaje, y eso lo iría notando a lo largo del viaje era el que tenían origen y /o destino a las estaciones pequeñas en medio del campo.
Este era un tren mixto, por eso al estacionar la formación en el anden vi que además de la locomotora a vapor tenia un coche de primera clase, tres de segunda, un coche con las ventanillas alambradas que luego vi que era una suerte de “coche –cárcel”, dos vagones de encomiendas. Un coche comedor y un coche postal de la Dirección de Correos y Telégrafos. Apenas llegó la formación, en los furgones de encomiendas, se comenzaron a cargas los llamados “lotes acelerados”. Si bien la mayor parte de las encomiendas ya se habían cargado antes. Allí se cargaba encomiendas de ultima hora, entre las que se incluía alguna mercadería no perecedera o algun repuesto o medicamentos.
El vagón de Correos tenia también servicios de encomienda (sobre todo la contrareembolso), pero tenia dos servicios especiales: uno era el franqueo de ultima hora. Consistía en que se podía mandar una carta cuando llegaba el tren y ponerla en un buzón que estaba al costado del vagón. (En esa época la carta tenia una importancia que hoy ha perdido). Además, en las grandes ciudades, el correo había habilitado un servicio para que las familias del campo pudieran mandar víveres frescos (verduras, frutas,  huevos animales vivos o muertos) a sus familias de las ciudades. En el caso de este tren este tipo de mercaderías se irían cargando en el trayecto con destino a Rosario. Al retornar este tren haría el servicio hasta Buenos Aires.
Cuando faltaban pocos minutos para la hora de partida. Llegaron custodiados por policías un grupo de hombre y mujeres, que se embarcarían en el vagón - cárcel y que luego vería que bajaron en Mercedes, donde había Juzgados ordinarios y provinciales, así como una cárcel. Esa Maniobra se repetiría a partir de Salto con presos destinados a los tribunales o a la cárcel de Rosario.
 
Siendo pues las 07:10, sonó la campana, el guarda tren tocó su silbato, el maquinista accionó el silbato de la locomotora y desde el Kilómetro    0, de la Estación  Buenos Aires {(34º 30’ S.(latitud Sur)  58º 00’ (Longitud Oeste) } , comencé mi travesía.   
 Al Kilómetro  3, Estación Saenz, el tren llegó a las   07:18. La estación estaba a pocas cuadras de Puente Alsina (todavía el futuro Puente levadizo, era sólo proyecto. Allí subió alguna maestra, se cargaron encomiendas y correspondencia y algunos tarros vacíos de leche. Y subieron algunos pasajeros que venían haciendo transbordo desde la estación Puente Alsina, del Ferrocarril Midland que venía desde Caruhé
 
Al Kilómetro  15, estación Tapiales (34º 42’   58º 31’), el tren llegó a las   07:38 / y Partió a las:  07:44 (aquí comienzan las anotaciones de tío Algirdas, sobre el significado de las estaciones, que tomo del  libro “ Significado de la nomenclatura de las estaciones ferroviarias de la República Argentina”, de Enrique Udaondo, que el Ministerio de obras Públicas, editó en 1942. El año de edición comprueba eso que te conté arriba, acerca que tío, repasaba su bitácora y la hacia nuevos agregados. Así  Tapiales “lleva el nombre de la antigua estancia colonial de la familia de D. Martín Altolaguirre, en el actual partido de Matanza, cuyo edificio principal era cercado con tapias. Tapia es un cerco hecho con moldes de barro”. Es por eso que tuve tiempo de telegrafiar a Rosario. ”Paso por esta en horario. Stop. Litu”. Aquí bajaron algunas maestras, subieron  otras. También presos con sus correspodientes escoltas, y hombres, mujeres y niños  con indumentaria rural. Aquí también se cargaron encomiendas en los coches de la empresa y del Correo. 
 
Al Kilómetro  24, estación   Laferrere  (34º 45’   58º 35’). “En memoria de D. Gregorio de Laferrére, político y publicista argentino , autor de varias piezas teatrales sobre costumbres sociales argentinas. Situada en la provincia de Buenos aires, Partido de Matanza”. Se llegó  a las  07:58: Ya el paisaje comenzaba a hacerse rural, con proliferación de quintas. Es por eso que aquí comenzó la carga de víveres frescos en el vagón postal. Bajaron maestros y ascendió y descendió el mismo tipo de pasajeros rural que lo haría a lo largo de todo el recorrido. También estaba el canillita esperando los diarios matutinos del día.
 
Al Kilómetro  31, estación González Catán (34º 46’   58º 39’). “Debe su nombre al doctor Mauricio González Catan (1823 – 1895), médico que actuó desde 1846 en el ejército del General Urquiza hasta la batalla de Caseros. Fue catedrático de prestigio y fundó el colegio San Mauricio en Matanza, partido en cuya jurisdicción se halla esta estación de la provincia de Buenos aires”  se llegó a las 08:09. Allí nos cruzamos con un tren de hacienda que seguramente iba a los frigoríficos de Berisso, que era del tipo que yo tomaba cuando iba a visitar a mis paisanos allí. La hora de llegada era ideal para las maestras que allí bajaron. Después el movimiento de pasajeros y mercaderías era el habitual para las estaciones rurales. Esta era zona de quintas así que se acentuaban los embarques de mercaderías perecederas. Y los empleados de correo o los encargados de las estafetas postales  receptaban y despachaban cartas correspondencias y las mercaderías perecederas.
A poco de salir y cuando el guarda anunciaba la próxima estación, en medio de las nubes, la gente que iba sobre las ventanillas de la derecha, comenzó a mirar con asombro a un objeto que volaba muy cerca del tren. Se trataba del dirigible “El Plata”, perteneciente a la Aviación Naval, que desde su base en Punta de Indio, venia en seguramente vuelo de ejercicio. Estos dirigibles desfilarían en Buenos Aires, el 9 de Julio y yo ya los había vista sobrevolar Buenos Aires, en 1921, cuando habían sido traídos por el aristócrata italiano Barón Antonio De Marchi, que era yerno del General Roca y que era un tipo muy pintoresco que había llevado el tango a los salones de las clases pudientes y había hecho ir al presidente Roca a presenciar un partido de fútbol.  
  
Al Kilómetro  39, estación  Pontevedra  (34º 45’   58º 42’). “Esta estación del partido de Matanza recuerda a una de las cuatro provincias del antiguo reino de Galicia y le fue dado por un hijo de esa región”; se llegó a las  08:23.Por el horario resultaba lógico el descenso de maestros y maestras. Aquí aparte del tipo de pasajero habitual subió un preso escoltado por la policía, que seguramente descendería en Mercedes. A esta altura acepté el café con leche que me trajeron desde el coche comedor y lo acompañé con un sanguche de salame y queso duro que me había preparado mi madre.
 
Al Kilómetro  48   Marcos Paz (34º 47’   58º 51’). “En homenaje al doctor Marcos Paz (1813-1868), jurisconsulto natural de Tucumán. Fue secretario del General Lagos  durante el sitio de Buenos Aires. Luego fue legislador, gobernador de su provincia natal y gobernador provisorio de Córdoba. En ocasión de la guerra del Paraguay, siendo vicepresidente de la República, cuando el presidente Mitre salió a campaña, asumió el gobierno el 217 de junio de 1865. Ejercía la primera magistratura del país cuando falleció víctima del flagelo del cólera, el 2 de enero de 1868. Esta estación está situada en el pueblo cabeza de partido, en la provincia de Buenos aires, que también perpetúan su nombre”.  Llegó a las 08:36. Yo tenia expectativa que en esta estación subiera algunos de los muchachos, ya sea Alberto Vaporaki (su papá era celador en la colonia de menores de allí, y trabajaba en una herrería); o Segismundo Marti, que tocaba la flauta en la Banda Municipal de Lobos y trabajaba de tambero, pensando que vendría en el Ferrocarril Oeste desde Lobos y se bajaría en la estación Marcos Paz del Ferrocarril Oeste. Marcos Paz ya era una típica ciudad rural, conocida por ser lugar de andanzas del mítico Juan Moreyra. En la estación hubo mucho movimiento de gente que subió y bajo, y lo mismo el movimiento de encomiendas y correspondencias. Se notaba que subían abogados rumbo a Mercedes y presos y sus custodios al vagón “prisión”. Además subieron un grupito de chicos con celadores y un hombre corpulento de pelo rubio, de tipo europeo, que se notaba tenia ascendencia. Tío me comentó, una vez que él pensaba que ese rubio, no era otro que el deportista  austríaco  Alejandro Stirling, quien, seria el manager de Juan Carlos Zabala, el campeón olímpico de maratón en 1932, cuando tenia 19 años. Conjeturaba que Zabalita, bien podía haber sido uno de aquellos niños que acompañaba quien él decía que era Stirling. Yo te comento que esta re!lación de Stirling y Zabalita en la Colonia de Marcos Paz, dio lugar a la película “Ya mañana serán hombres” que dirigió Carlos Borcosque en 1939
 
Al Kilómetro  60, Villars  (34º 50’   58º 56’).  Situada en Marcos Paz, provincia de Buenos Aires. Lleva el nombre de un alto empleado, miembro del directorio de la empresa Compañía General, el tren llegó  a las 08:51, y salió a las  08:58. Allí se cambió de vaporeras y de la  tripulación de la misma. Al asomarme a la ventanilla – relata tío en su bitácora- vi un nutrido grupo de gente y apenas los chirridos de las ruedas cesaron se oyó una suerte de banda musical compuesta de guitarra, flauta, bombo y platillos. Allí comenzaba el encuentro. El de la flauta era el “suizo” que se había bajado en la parada Zelaya y se había venido caminando los seis kilómetros que la separan de Villars: El de la guitarra era Herminio Esquivel(guitarrero y domador), del que luego te contare las peripecias que hizo para llegar. El bombo y el platillo eran ejecutados por Gregorio Andreu (hacía de todo en el circo con sus padres), quien también había hecho su recorrido. Además de la banda, estaban allí listos para subir al tren y empezar a los abrazos: Matías Almeida (maestro normal de Chivilcoy), Antenor Cal (peón de cuadra de panadería en Villars); Gustavo Montiel (peón rural en los alrededores de Patricios); Enrique Cayupan (alambrador en Mones Cazón), Natividad Bustos (sepulturero en el cementerio de Navarro), y el “vasco” Carlos Arrizabalaga (que herraba caballos en Patricios): Después de los abrazos, fui a la oficina del telégrafo y pasé a los rosarinos la nómina del grupo de había subido en Villars. Como hacia algo de frío los muchachos se habían entonado con los consabidos porrones de ginebra, mezclados con mate, galleta de campo, salame y queso. Algunos ya estaban muy chispeados, porque habían Empezado la serenata mucho antes... 
 
Al Kilómetro  69, estación  Plomer. ”Denomínase así por el fundador del pueblo, en el partido de General Las Heras, D. Narciso Lozano (1846- 1913), propietario de la cabaña “Plomer”, jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, cargo que desempeñó con actividad y corrección ejemplar. El nombre de la cabaña y de la estación recuerda a D. Pedro Plomer Huguet, abuelo del fundador”.  Se arribó a las     09:13: Acá ya se notaba la gente que mandaba víveres frescos a sus familiares en Rosario o Pergamino. Por ejemplo subieron una jaula con pavos. Desde la salida de Villars y hasta Altamira, me fui enterando de cómo la muchachada había ido llegando al punto de encuentro. Esquivel domaba en las estancias mas allá del Meridiano Quinto, en el Territorio Nacional de la Pampa Central. Cabalgó el sábado y domingo y llegó a Tres Algarrobos. Allí dejo el pingo y el recado en un campo que solía frecuentar y el lunes, se tomó el tren del Compañía General que había salido de Villegas, en el barrio llamado aún “La trocha”, al llegar a Patricios de bajo y paro en la herrería del Vasco Arrizabalaga: Allí se junto con Montiel, que era un indio araucano nacido en Algarrobo del Aguila, y se les sumo el catalán Andreu, que se había venido de Henderson, donde por esos días paraba el circo donde sus padres eran encargados y donde él había nacido y criado hasta ir a la colimba. Por eso tocaba el tambor, el bombo y los platillos. Allí comenzaron a festejar a esperar el tren que pasaría el miércoles a la noche, procedente de Victorino de la Plaza. Cuando llegó ese tren, arriba venia Enrique Cayupan, otro indio que hacia de alambrador por Mones Cazón, donde había subido. Al pasar por Moquehua se sumo el “maestro Almeida”, que ejercía por una escuela rural de la zona y había conseguido que una maestra de Chivilcoy viniera a suplirlo en los días de su ausencia. Ahí cerquita, en Navarro, subió el “sepulturero”  Bustos. El tren llegó a las 8 a Villars, y allí los esperaba el flaco Antenor Cal, con una canasta de galleta de campo y tortas negras, y un tarro de leche recién ordeñada.
 
Al Kilómetro  85   San Eladio. “Estación situada en el partido de Luján, Buenos aires, cuya designación data del año 1907. El nombre le fue dado por D. Eladio Pastor Otamendi, abuelo del ingeniero D. Rómulo Otamendi, presidente del directorio de la Compañía General de Ferrocarriles en la   09:34
 
Al Kilómetro  93    La Verde. “Estación del partido de Mercedes, Buenos Aires. Lleva el  nombre del establecimiento ganadero “La Verde”, de Kelly, Atkinson y Patricio Pressone,  llegó a las 09:46.
 
Al Kilómetro  98            Desvío                   09:54
 
Al Kilómetro 104, estación Altamira. ”Se la llama así por el historiador y crítico español D. Rafael Altamira, que visitó nuestro país. Esta ubicada en Mercedes, provincia de Buenos Aires”.    Llegamos a las  10:06. Allí subió nuestro primer cofrade que subía solito era Jorge Yaber (el turco)  que vendía baratijas en los alrededores de Mercedes. Con él subía un montón de gente que se notaba iba a hacer comprar en Mercedes. Ya el grupo estaba “entonado” y cada uno venia contando lo que tenia adentro. Sabíamos, que la próxima estación era Mercedes y esa sola circunstancia nos pegaba en las emociones. Después de todo había sido la concentración no buscaba por nosotros en ese lugar donde habíamos tenido tan intensas sensaciones, que a partir de entonces nos acompañarían de por vida 
  
Al Kilómetro 110, estación Mercedes (34º 40’   59º 26’). “La población tuvo su origen en un antiguo fortín formado en  1779 por el capitán D. Francisco Betbezé  bajo el nombre de “Guardia de Luján”. La ciudad actual debe su nombre a Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya advocación se erigió la parroquia en 1786. Llegamos a las 10:15. Mercedes era la primera de las tres ciudades importantes que tocaba el recorrido como puntos intermedios, por eso al acercarse a la estación había movimiento de pasajeros para descender. Y entrando al cuadro de la misma, ya avistábamos mucha gente esperando. Apenas se detuvo lo vimos a Ezequiel “Betún “ Benrros, nuestro pintoresco negro acordeonista y lustrabotas trashumante. Junto a él estaban: Jaralambo Pasaris (su papá tenia una caramelería y cigarrería en Mercedes); Roque Laborito (hijo de los dueños de la pensión y fonda, cerca del regimiento en Mercedes); Basilio Livoreff (sus padres tenían una panadería en Mercedes, y trabajaba con ellos); Matías González (el gallego), dependiente de un almacén de Ramos Generales en Suipacha, e Isaquito Lijmaher (perito mercantil de Luján, tenedor de los libros de la tienda de su familia). También estaban otros muchachos que no pertenecían al grupo, pero que sabiendo del encuentro se acercaron a saludar. Había algunas novias y hermanas y también alguno venia con su señora porque ya estaban casados. Demás esta decir que Jaralambo subió con una canasta de caramelos, cigarrillos y chocolatines, Basilio con una canasta de factura y Roque con unas damajuanas de vino. Ínterin despaché" el telegrama con las nuevas “incorporaciones". Todo en medio del movimiento intenso de pasajeros y encomiendas que generaba ese importante punto. Así las cosas, salimos a las 10:23
 
 
*Por Alfredo Armando Aguirre. choloar@...
 
 
Próxima Estación: La Carolina
-Para enviar colaboraciones: inventivasocial@...
 
 
El Recorrido:
 
ROSARIO.////////// LA BAJADA ////////// LA CAROLINA //////////
 
C.R.S.DOMINGUEZ ////////// URANGA //////////
 
LA VANGUARDIA////////// SARGENTO CABRAL //////////
 
///////////CAÑADA RICA //////////
 
GRAL GELLY////////// MARIANO BENITEZ ////////// 12 DE AGOSTO//////////
 
////////// FRANCISCO AYERZA //////////
 
/////// PERGAMINO (COMBINACIÓN A VEDIA EN ZEPPELIN)       
 
////////// TAMBO NUEVO ////////// RANCAGUA //////////
 
ARROYO DULCE ////////// TACUARÍ ////////// SALTO
 
*
Página1

"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 

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Fecha: Jue, 9 de Jun, 2005 1:47 am
Asunto: EDICION JUNIO INVENTIVA SOCIAL
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*Iris Gimenez irisgimenez@...

 

CABEZA Y TIEMPO*

     El busto estuvo siempre sobre la mesita del living, una de esas cosas invisibles por exceso de permanencia, por desaparición de los sentidos a fuerza de repetición. Como el olor de la propia casa, única confluencia de rastros olfativos que nos está negada porque se halla ya incorporada de tal
modo que desaparece, así el pequeño busto de mármol era un objeto transparente.
     Años de pasar por la habitación sin reparar en la esculturita, blanquecina presencia cotidiana dentro del paisaje visual.
     Justo ahora se le ocurre mirarla. Extiende la mano y la sensación del peso, la frescura de la piedra calza guante y zapato, dedo por dedo talón arco justo en las palmas. Hecho para ser observado de cerca, se revela a su mirada como una foto polaroid que corporiza una presencia de espíritu y mediúmnicamente invoca un fantasma.
     Es una cabeza masculina y esa es la primera sorpresa, porque los bustos suelen ser retratos de mujeres más o menos lánguidas, con esa belleza anodina de las muchachas que parecen abstraídas en sus pensamientos, pero en las que se adivina un definitivo no pensar, se adivina la pose tentadora de
la reflexión imitada rasgo por rasgo frente silenciosa ojos perdidos en una lejanía romántica labios quietos casi serios casi a punto de sonreír, una más bien nada, como conviene a una jovencita.
     Pero es una cabeza masculina. Un hombre que la mira a los ojos con atención, minuciosamente cincelado cada pequeño detalle, con los rasgos firmes de quien no condesciende al engaño y se atreve a sostener con
solvencia el puente sólido y perturbador de los ojos en los ojos.
     Por un rato no puede hacer otra cosa que mirar los ojos que la miran.
Siente que hay en dejar vagar la atención por el resto del rostro como una claudicación, un apartarse perturbado. Siente que cortar el puente es un reconocimiento de vergüenza, una especie de demostración de debilidad. El hombre la mira a los ojos, ella no puede apartar la mirada. Se dice que es
gracioso, pero no tiene ganas de sonreír.
     Con aceptación de derrota aparta entonces la vista y descubre las finas líneas de arrugas en la frente, las cejas de arco perfecto recorriendo con firmeza el contorno de las órbitas, los labios cerrados. Hay en la expresión del hombre callado y quieto una seguridad sin fisuras. Atento y cerrado en sí mismo, bloque de material pero de conciencia, único e indiviso apariencia peso color rasgos unívocos. Exceso de yo en ese hombre que confortablemente es él y no aparenta ni finje, que es él y no otro, tal como debe ser tal como fue creado desde siempre desde toda la eternidad, que si un vago escultor no lo hubiese tallado cincelado extraído de la piedra, otro lo hubiese hecho, pues se demuestra en la forma el grado de necesariedad. Y en la palma de su mano, en la palma de su mano.
     ¿Quién eres tú?, pregunta sin mover los labios ella que lo sostiene en la palma de la mano, ella que es sostenida desde la palma por esa pieza monolítica de maravilla. ¿Quién eres tú?, sabiendo que es solamente una escultura en su mano, una cabeza de mármol negada al habla negada a la palabra negada a la vida, esta vida que transcurre y modifica y hace crecer pero las más de las veces descompone, derrota, finalmente destruye y acaba y despedaza y desperdiga y finaliza.
     Esos ojos esa boca que no puede responder la contemplan desde la eternidad. Desde la inmovilidad del tiempo quieto fija el hombre la mirada en sus ojos. Desde siempre pero en este instante la mira. Y ella sabe ahora, siempre lo supo pero ahora sabe que va a morir, que habrá mañanas y tardes y noches acumuladas pero que va a morir, que su rostro y su cuerpo se derretirán en torno a los huesos, que su carne está construida con la fragilidad de lo perecedero y no de piedra inmutable. Este hombre que la
observa se lo dice con tranquilidad, sin dramatismo sin exceso de desesperación. Con tranquilidad se lo comunica silenciosamente. Y la mira.
     Deposita suavemente el busto en la mesita.
     Se sienta en una silla.
     Volverá a tomarlo en sus manos una que otra vez, cada tanto. Rehuirá los ojos cincelados y olvidará la cabeza tiempo y quietud y espacio estanco durante largas temporadas. Pero estará ahí, segura como segura es la propia muerte, algunas veces como amenaza, otras como promesa, las más como simple
clausura si es que existe alguna clausura que pueda relacionarse de alguna forma con la simplicidad.
    
 ¿Quién eres tú?, dirá silenciosamente. ¿Quién eres tú?
                                                                  
*de Mónica  Russomanno. russomannomonica@...

 
 
El orden de las cosas*

Detrás de mis ojos cerrados lo que es deja de ser y se convierte definitivamente en lo que parece. Cae como por un tobogán la lucidez trasnochada de los objetos y en la casa son los únicos vivos a esa hora.
  Al principio se adivina una especie de líder que desde su posición dirige los muebles tan decorosamente ordenados por mí. La mesa del living plantada ante el televisor; los sillones acomodados estratégicamente a su alrededor, hasta un enchufe casualmente a sus pies. Yo misma, dormida delante de una pantalla vacía que no hipnotiza a nadie más. Y ya no hay líder.
  La casa toda se desorienta en penumbras; y tal vez, si yo estuviera durmiendo en la cama... Pero la cama no está ocupada como debería y la silla donde estoy parece cama; entonces la cama es el televisor y anda por ahí queriendo atrapar las cosas torpemente. Se trepa de las patas a la mesa tarada frente a la pantalla y la traga, como a un corazón de caracú disparado directamente a la garganta. El florero arrojado al aire -un cuadro de flores que no son flores que son colores devorándose entre sí- mancha las
cortinas colgadas en la ventana, quien dentro de la masacre posesiva de los que parecían muebles, permanece conforme donde está.

  Al despertar, levanto la persiana para ver la luz del sol de la mañana -yo sé qué es cada cosa, cada una, con su función específica y milimétrica. Por la ranura de las cartas atraviesa la puerta un papel vertido como un chorro de leche. Mientras el gato entra a beberse el papel, la llave gira en el cerrojo. Cierto instinto, reflejo de lo que es. Y se ríe de sí misma, de lo que parece.

*Iris Gimenez irisgimenez@...
 
 
 
La puerta que...
La aldea blanca*

Renata era negra, la única en la aldea blanca habitada por blancos.
La única que nunca cerró la puerta de su casa.

Los había visto deslizarse a lo largo de sus vidas, lentos como caracoles distraídos. Nunca más habían nacido niños, desde la tarde que el monje negro se marchó, despedido a pedradas por todas las mujeres, quienes lo acusaban de haber anunciado el niño muerto que perdió Roberta.
Renata, negra, pagana y soberbia, era la única que no había envejecido en ese lugar que parecía haber sido abandonado por Dios.
Miró una vez más por la ventana que da al jardín donde las flores se habían marchitado, como toda la vegetación del valle.
La esterilidad se había establecido para quedarse. Su propósito estaba logrado. Los árboles secos parecían agitarse sólo en días de tormenta, como pidiendo auxilio.
Resistía por quienes no habían podido hacerlo. No sabía muy bien que resistía. Sólo que, mirándose al espejo, comprobaba que su tiempo se había detenido.
Cada día notaba que era una herida abierta en la vida de los otros, quienes sangraban y disecaban con el tiempo, arrastrando sus osamentas, como el maleficio nunca proferido.
Renata no sospechaba, ni por asomo, cual era la razón de su eterna juventud.

Ella era negra, la única en esa aldea blanca habitada por blancos, casi transparentes después de ser carcomidos por una eterna tristeza que empezó por robarle los sueños y los deseos.
Los ex niños que envejecieron sin crecer, nunca habían podido jugar y Renata trataba de rescatarlos, pero sin éxito. Habían desconocido el interés y por lo tanto las etapas se cumplieron todas en una. Nadie sabía ya quien era adulto y quien no. Todos parecían iguales.

Renata iba al río, lavaba su ropa y se quedaba, luego, adivinando los movimientos de la corriente, como intentando descifrar el devenir del futuro.
En realidad no pensaba desde la reflexión, sino que buceaba en su interior desorientada sobre las diferencias que nadie podía explicar.

Roberta después del nacimiento perdido, se quedó sentada a la puerta de su casa y nunca más volvió a entrar en ella. El tiempo, asociado con la detención, nunca más le dio paso a las estaciones. Había quedado oscilando en un otoño templado, desmañado, de cielo sucio, con un sol remiso a la hora de disolver nubes.

El resto de las mujeres que apedrearon al monje negro emigraron al bosque buscando una huella inexistente y dando vueltas en círculo, sin detenerse jamás. No había humo en las chimeneas de las casas y Renata no sabía si los blancos se alimentaban. Nadie hablaba, por supuesto ella no sería una excepción.

El polvo que sólo el viento movía se depositaba para formar capas superpuestas que daban, como las eras glaciares, el espesor de las etapas que se acumulaban, como las esperanzas de la humanidad por un destino mejor.
Una mañana, que para ella era de mañana, decidió subir al monte. El paisaje, a sus pies era sobrecogedor. Una serpiente de tierra que zigzagueaba en el espacio rumbo a la nada. Se sentó dispuesta a esperar algo que no sabía muy bien que era. Miró al cielo y ni siquiera hubo un celeste cierto que le diera respuestas.
Finalmente, un punto oscuro en el límite del horizonte, le advirtió que algo, por fin, se movía. Calculó que disponía del tiempo del mundo hasta que llegara hasta ella. Decidió que no debía moverse y que era la única oportunidad. ¿De qué? No se lo pudo responder.
Las horas se deslizaron tenues aunque el cielo siempre estaba igual. Renata sabía que el reloj celeste nunca se había detenido.

El jinete que desaparecía en las depresiones del sendero, quedó el último segundo oculto a su mirada. Cuando emergió le pareció comprender que había una cuenta que saldar. El monje negro se detuvo exactamente en el lugar donde ella, oculta por la piedra, quería saber.
El monje negro se quitó el hábito sin prestarle atención, ella supo que debía hacer lo mismo. El, todavía de espaldas se volvió para poseerla. La cuenta astral de la vida detenida fue cobrada con la morosidad que la naturaleza exigía. Ninguno de los dos se dijo palabra, el tiempo de la soldadura espacial, se llevó todas las brumas. El cielo se limpió, repentinamente y el sol se dejó ver. Sus cuerpos relucientes, brillaban en
las contorsiones.
Poco a poco la vegetación reverdeció. Las primeras flores de los primeros jazmines del país, aromaban el valle y sus efluvios llegaban a la gente que empezaba a aspirar. Los colores reaparecían gradualmente, al ritmo de la ceremonia ritual de la carne.
Cuando los dos sintieron que se había sellado una herida, resonó en el valle, el primer berrido. Roberta había dado a luz, la sombra del sueño extraviado.

Renata cerró la puerta de su casa, había cumplido.

*de Angeles Charlyne angelescharlyne@...
 
 
 
*
 
Pisaba sólo las baldosas pares. Esto le daba un andar concentrado y a veces dubitante, porque las calles no eran demasiado cuidadas, existían espacios sin baldosas o con las baldosas levantadas, lo cual le obligaba a mantenerse por momentos como una cigüeña sobre un solo pie, hasta que encontraba el
lugar exacto donde posar el otro con cuidado. Esta costumbre no originaba curiosidad, porque ya nadie sentía curiosidad por el otro. Vivían todos sumergidos en su propia problemática, su propia baldosa par, su propia supervivencia. Llegaba por fin a su núcleo básico, con su pequeña puerta gris con una amarillenta tarjeta insertada en un recuadro, donde aparecían su  apellido, su nombre y su número personal. Se apoyaba sobre un solo pie por un momento, apoyaba la mano derecha sobre la mano que aparecía impresa en la madera y cuando la puerta se abría estiraba la pierna doblada y traspasaba el umbral con cuidado. En el pequeño receptáculo-nido se sentía protegido. Observaba a su alrededor con cuidado y comprobaba que todo conservaba su orden, el orden de las cosas y su propio orden. La cama
estrecha, con su cobertor gris estirado prolijamente. La mesa con su pequeña lámpara. El  armario para la ropa donde también guardaba algunos objetos valiosos que no estaban prohibidos por el  momento, una biblia que perteneció a su madre, muy gastada porque él la leía repetidamente como una novela, interesándose en las anécdotas que se relataban, en cada personaje; una cartulina pequeña con un paisaje azul que iba volviéndose gris porque las tizas se iban desvaneciendo, lo había dibujado cuando comenzó la
escuela, cuando éstas todavía existían; una esfera de vidrio con un paisaje nevado en su interior, que era su posesión favorita. A veces pasaba toda una tarde, sentado en la cama, moviendo suavemente la esfera, provocando movimientos muy pequeños, para tener más posibilidades de cambio. Esto realmente le provocaba un estado de satisfacción que lo separaba de su repetición y de los cambios producidos en las últimas décadas.
También tenía una pequeña mesa para comer, adosada a la pared donde se instalaba la cocina. Aquí había una ventana, redonda como un ojo de buey, desde donde se podía contemplar el cielo. Su soledad no le producía tristeza. Se sentía contenido en su pequeño huevo-casa, casi como en un útero, dónde no existían necesidades, donde todo estaba previsto sin que él necesitara anhelarlo ni esforzarse por conseguirlo. Si quería escuchar los comunicados oficiales, podía apretar el botón en la pared que iluminaba un
pequeño aparato con pantalla. Si aparecía una cara de mujer, era Ara. Si era un hombre era Holm. Ara mostraba unos dientes muy grandes cuando saludaba antes de comenzar a leer las novedades. Holm tenía una mirada muy fija, como si viera más lejos de donde él se encontraba escuchando. De alguna manera
eran sus amigos. Podía tenerlos en su casa sin sentirse invadido. Estaban ahí, pero no interferían. Pocas veces se sentía algún ruido desde  los núcleos que lo rodeaban. Una vez había escuchado  en la noche el ruido de pisadas muy fuertes y rápidas, que se detuvieron en el receptáculo pegado al de él. Sintió el crujido de la puerta, que se rompía, gritos de mujer, pisadas nuevamente, luego nada. Se había encogido en ese momento cubriéndose la cabeza para separarse de los sonidos . Pensó un momento en la mujer que
vivía allí, la había visto alguna vez cuando volvía. Era una mujer madura, con rostro gastado y ojos celestes todavía luminosos. Ella lo había mirado con más detenimiento que él, como para hablarle. Pero él se había negado a ese reconocimiento. Pensó que quizás si hubieran hablado ese día, él también
habría desaparecido esa noche. Su precaución lo había protegido, pensó aliviado.
Una tarde, cuando volvió a su hogar, luego de cenar escuchando a Ara, abrió su armario y sacó la esfera de cristal. Jugó con ella largo rato, formando paisajes nevados con techos rojos y pinos verdes. Cuando Ara terminó las noticias de la noche y le sonrió con sus dientes grandes, se levantó de la silla lentamente, tomó el cinturón de su uniforme gris y formando una lazada con cuidado, se colgó del ojo de buey.
 
*de Sonia Arismendi. soniaris@...
 
 
 
Acueducto*

Cuántas cosas se veían desde el acueducto. Era muy alto, una cinta clara en el cielo, sostenido por una doble hilera de columnas, y cruzaba el valle por encima de las copas de los árboles. Estaba cubierto por planchas de cemento y se lo podía usar como atajo para ir desde la salida del pueblo hasta la base de un cerro. Se ahorraba tiempo yendo por ahí, porque no había que bajar ni subir y se avanzaba siempre en línea recta. Se oía el agua correr bajo los pies.
El día que anduvimos con mi padre por aquel camino aéreo había mucho sol y se veían nítidas las cimas de las montañas. Yo caminaba bien por el medio, con los brazos abiertos, haciendo equilibrio. ¿Qué ancho tenía el acueducto? ¿Un metro? ¿Más de un metro? ¿Menos? Imposible establecerlo. La memoria está condicionada por el recuerdo del vértigo que me provocaba la altura.
Mirando de reojo, descubría abajo los nidos en las ramas, reconocía los sitios donde sabía que crecía el mejor musgo para el pesebre de Navidad, cada pozo de agua profunda en el río correntoso donde iba a pescar, la casa de un pariente, la de un amigo, campanarios, alguna silueta de hombre o mujer en el camino de la otra orilla. Se veían muchas cosas y sin duda aquel paseo hubiese sido un gran placer si el vértigo no me hubiese impedido disfrutar.
Mi padre me precedía. Una mochila vacía le colgaba del hombro. no se daba vuelta. Llevaba las amnos en los bolsillos. De tanto en tanto, sin detenerse, giraba la cabeza hacia un lado y hacia el otro para seguir el vuelo de un pájaro. Tal vez silbara. Íbamos a buscar hongos y a recoger castañas en los bosques.
Yo, unos metros atrás, miraba su espalda y me preguntaba: ¿cómo hace para moverse tan tranquilo acá arriba y con las manos en los bolsillos? ¿cómo hace para caminar sin hacer equilibrio? ¿cómo hace? Y así lo seguía en aquel aire puro, alto sobre el valle, siempre con mis brazos abiertos, cuidadoso, tratando de colocar los pies en las huellas invisibles que dejaban los suyos.
 
* de Antonio Dal Masetto.
"El padre y otras historias" Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2002.
 
 
 
El muerto inolvidable*

Se llama Mereco mi muerto inolvidable. Para mí su viejo Ford nunca termina de desbarrancarse de una quebrada puntana, bajo una suave garúa que no amaina ni siquiera cuando vamos con mi padre rumbo a su velorio. ¿Cómo puede ser que Mereco esté muerto si hace cuarenta años que yo lo llevo en mí, flaco y alto como un farol de la plaza?
Cuando mi padre se descuida me acerco al ataúd que está más alto que mi cabeza y un comedido me levanta para que lo vea ahí, orondo, machucado y con la corbata planchada. La novia entra, llora un rato y se va, inclinada sobre otra mujer más vieja. Hay tipos que le fuman en la cara, toman copas y otro que entra al living repartiendo pésames prepotentes y se desmaya en los brazos de la madre.
Después vinieron otros muertos considerables, pero ninguno como él. Recuerdo a un colorado que me convidaba pochoclo en el colegio y lo agarró un camión a la salida. También a un insider de los Infantiles Evita que nunca largaba la pelota y se quedó pegado a un cable de luz. Pero aquellos muertos no eran
drama porque nosotros, los otros, nunca nos íbamos a morir. Al menos eso me dijo mi padre mientras caminábamos por la vereda, a lo largo de la acequia, cubiertos por un paraguas deshilachado. Casi nunca llovía en aquel desierto pero en esos días de comienzos del peronismo se levantó el chorrillero, empezó a lloviznar y Mereco no pudo dominar el furioso descapotable negro en el que yo aprendí a manejar.
Por mi culpa mi padre estaba resentido con él y sólo de verlo muerto podía perdonarle aquel día en que lo llevaron preso. Salimos del velorio por un corredor y cruzamos un terreno baldío para llegar al depósito de la comisaría. El Ford A estaba en la puerta, aplastado como una chapita de cerveza. Mi padre iba consolando a otra novia que tenía el finado y ya no se acordaba de mí. Pegado a la pared para que no me viera el vigilante, me acerqué al amasijo de fierros y alcancé a ver el volante de madera lustrada.
Seguía reluciente y entero entre las chapas aplastadas. También estaba intacta la plaqueta del tablero con el velocímetro y el medidor de nafta.
Marcaba en millas, me acuerdo, y cuando íbamos a ver a su otra novia, Mereco lo levantaba a sesenta o más por el camino de tierra. Nadie sabía nada. Mi padre creía que yo me quedaba en la escuela y la novia de Mereco estaba convencida de que íbamos a buscar a mi padre que controlaba el agua en las piletas del regimiento. Entonces llegábamos a un caserío viejo que el coronel Manuel Dorrego había tomado y defendido no sé cuántas veces y Mereco me dejaba solo con el Ford A debajo de una higuera frondosa. Ésa era mi fiesta en los días en que Mereco no estaba muerto y el Ford seguía intacto.
Me sentaba en su asiento, estiraba las piernas hasta tocar los pedales y el que iba a mi lado era Fangio anunciándome curvas y terraplenes.
Mereco no es un muerto triste. Tiene como veinticinco años y todavía lo veo así ahora que yo tengo el doble y he recorrido más rutas que él. Antes del incidente que lo enemistó con mi viejo, solía venir a casa a tomar mate y dar consejos. "Hágame caso, doble siempre golpeando el volante, don José", le decía a mi padre como si mi padre tuviera un coche con el que doblar. "En el culebreo suelte el volante hasta que se acomode solo", insistía. "Es un farabute", comentaba mi viejo mientras lo miraba alejarse con el parabrisas bajo y las antiparras puestas.
Nunca tuvieron un mango ni Mereco ni mi padre. Por las tardes, a la salida de la escuela, yo corría hasta la juguetería para mirar un avión en la vidriera. Era un bimotor de lata con el escudo argentino pintado en las alas. Mi madre me había dicho que nunca podría comprármelo, que no alcanzaba el sueldo de Obras Sanitarias y que por eso mi padre iba a cortar entradas al cine. Al menos podíamos ver todas las películas que queríamos. Pero en casi todas mostraban aviones y yo no me consolaba con recortarlos de las láminas del Billiken.
Una tarde entré a robarlo. Por la única foto que me queda de ese tiempo supongo que llevaría guardapolvo tableado, un echarpe de San Lorenzo y la cartera en la que pensaba esconder el avión. En el negocio había un par de mujeres mirando muñecas y el dueño me relojeó enseguida. Era un pelado del Partido Conservador que recién se había hecho peronista y tenía en la pared una foto del general a caballo. Busqué con la mirada por los estantes mientras las mujeres se iban y de pronto me quedé a solas con el tipo. Ahí me di cuenta de que estaba perdido. No había robado nada pero igual me sentía un ladrón. Me puse colorado y las piernas me temblaban de miedo. El pelado dio la vuelta al mostrador y me dio una cachetada sonora, justiciera.
Nos quedamos en silencio, como esperando que el sol se oscureciera. ¿Qué hacer si ya no podía robarle el juguete? ¿Cómo esconder aquella humillación?
Me volví y salí corriendo. Mi viejo estaba esperándome en la esquina con la bicicleta de la repartición. Tenía el pucho entre los labios y sonrió al verme llegar. "¿Qué te pasa?", me preguntó mientras yo subía al caño de la bici. Le contesté que me había retado la maestra, pero no me creyó. "¿No me querés decir nada, no?", dijo y yo asentí. Hicimos el camino a casa callados, corridos por el viento.
Una tarde, mientras iba en el Ford con Mereco, no pude aguantarme y le conté. Se levantó las antiparras y como único comentario me guiño un ojo.
Dos o tres días más tarde vino a casa con el plano de un nuevo carburador que quería ponerle al coche. Traía una botella de tinto y el avión envuelto en una bolsa de papel. "Lo encontré tirado en la plaza", me dijo y cambió de conversación. Mi padre se olió algo raro y a cada rato levantaba la vista del plano para vigilarnos las miradas. No sé por qué tuve miedo de que el pelado viniera a tocar el timbre y me abofeteara de nuevo.
Pero el pelado no vino y Mereco desapareció por un tiempo. Fue por esos días cuando a mi padre lo comisionaron para hacer una inspección en Villa Mercedes y me llevó con él en el micro. Un pariente del gobernador tenía una instalación clandestina para regar una quinta de duraznos, o algo así.
Recuerdo que no bien llegamos el jefe del distrito le dijo a mi padre que no se metiera porque lo iban a correr a tiros. "¡Pero si la gente no tiene agua para tomar, cómo no me voy a meter!", contestó mi viejo y volvimos a la pensión. No me acuerdo de qué me habló esa noche a solas en el comedor de los viajantes, pero creo que evocaba sus días del Otto Krause y a una mujer que había perdido durante la revolución del año 30.
Todo aquello me vuelve ahora envuelto en sombras. Nebulosos me parecen el subcomisario y el vigilante que vinieron a la mañana a quitarme el avión y a echarnos de Villa Mercedes antes de que mi padre pudiera hacer la inspección. Tenían un pedido de captura en San Luis y nos empujaron de mala manera hasta la terminal donde esperaba un policía de uniforme flamante.
Hicimos el viaje de regreso en el último asiento custodiados por el vigilante y la gente nos miraba feo. En la terminal mi padre me preguntó por lo bajo si yo era cómplice de Mereco. Le dije que sí pero me ordenó que no dijera nada, que no nombrara a nadie.
No era la primera vez que nos llevaban a una comisaría y mi padre se defendió bastante bien. Negó que yo hubiera robado el avión y responsabilizó al comisario de interferir la acción de otro agente del Estado en cumplimiento del deber. Era hábil con los discursos mi viejo. Enseguida sacaba a relucir a los próceres que todavía estaban frescos y si seguía la resistencia también lo sacaba al general que tanto detestaba. A mí me llevaron a casa, donde encontré a mi madre llorando. Al rato Mereco cayó en
el Ford y nos dijo que lo acompañáramos, que iba a entregarse.
Cuando llegamos, mi padre ya se había confesado culpable y en la guardia se armó una trifulca bárbara porque Mereco también quería ser el ladrón y mi viejo gritaba que a él sólo le asistía el derecho de robar un juguete para su hijo. Como ninguno de los dos tenía plata para pagarlo, mi avión fue a parar a un cajón lleno de cachiporras y cartucheras. Al amanecer llegó el jefe de Obras Sanitarias y nos largaron a todos. Mi padre se negó a subir al descapotable de Mereco y le dijo que si aparecía otra vez por casa le iba a
romper la cara. Fue la última vez que lo vimos antes del velorio. Se calzó las antiparras, saludó con un brazo en alto y ahí va todavía, a noventa y capota baja, subiendo la quebrada con aquel Ford en el que hace tanto tiempo yo aprendí a manejar.

* de Osvaldo Soriano.
"Cuentos de los años felices". Editorial Sudamericana. Buenos Aires, edición de 1993.
 
 
 
Alquimia*

                                              En esta alquimia extraña / de los sueños
recurrí de nuevo a la esperanza
     ¿dónde se pierden tus pasos?
     ¿dónde comienza el hastío?

No parece que fuera redundante
la frase del cielo sin ojos
     sin embargo
siguen cayendo niños / sin estrellas
del párpado del mundo.

El miedo es un cencerro / que se agita
en cada lágrima-palabra repetida
 y aunque finjas soñar
      o aun estar muerto
la realidad no es más que una utopía.

Las tijeras de la gloria
     recortan tu humanidad
desde el presente / fatal simulacro
de reconocer los límites.

Mis pasos resuenan / entre nubes
de una vereda alcohólica y demente.

¿Qué queda de mí / sin la alegría
        de estar desnudo
                en un mundo de harapos?.

* EL MUTANTE
. elmutante@...
 
 
 
GESTÉ UN POEMA*

Gesté un poema
con fragancias azules.
Acuné su nostalgia
con arpegios de un ángel.
Alimenté su alegría
con el manantial de mis ojos.
Lo arropé del frío
con pétalos en flor.
Arrullé su tristeza
inventándole sueños.
Hoy, que tengo que parirlo
me desgarró las entrañas.

*Xenia Mora. xeniamora@...

 
 
*

Página1

"Página 1" Revista de actualidad, literatura, novedades, cultura y tantas cosas bellas de la vida. Es una publicación electrónica mensual que desde Haifa (Israel), edita el poeta santafesino José Pivín y que se difunde gratuitamente por internet, a quien lo solicite. Se aceptan colaboraciones pero no se mantendrá correspondencia con los autores que no fueron elegidos. Para subscribirse enviar un e-mail a: pivin11@... colocando en Asunto: Suscribirme a Página 1. 

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El programa se llama Ruido de Magia y va todos los Domingos de 15 a 17hs. La frecuencia es FM 97.7 RADIO G en la web www.radiog.com.ar la radio queda en Los Andes 1260. Bernal. 
*Marcelo Insua marceloinsua@...
 
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#43 De: inventivaedicion@...
Fecha: Dom, 22 de May, 2005 1:40 pm
Asunto: DEL DOMINGO EN LOS DIARIOS
inventivaedicion@...
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POR ESO*

la música me lleva lejos
tan lejos como cuando era factible comenzar
cuando comenzar
                       hubiese sido más fácil

me habla de “años de promesas y desengaños”
mi pasado va  conmigo
tan atado a mis costillas
que no puedo dejar olvidado el  morral

“quería ser mayor      
yo quería ser mayor”

fui mayor sin saberlo
y sin ejercitarme
fui mayor y perdí
                muchos cielos azules
algunas que otras nubes violetas
quizás alguna pradera
                   cubierta de gramilla suave y clara

también algunos vuelos
plumas suaves que caían a mi lado
mas yo soñaba con vuelos
cortos y poco riesgosos
                   pequeños como de gorriones

los halcones me obligaron
                                     a esconder
en lugares oscuros y húmedos
por eso
     "ya no quiero ser mayor"
                    
*de Beatriz Martinelli. beatrizmar@...
 
 
 
 Moriras y otra estrella*
Morirás y otra estrella
otro vendaval de luz otra quimera
 ocupará tus ropas mirará con tus ojos
 besará con tus labios imitará tu risa
 la forma en que caminas tu tristeza...
 pero ¿quién?
                       dime ¿quién
 te soñará despacio cada noche
 cuando el olvido barra las palabras?

*Sergio Borao Llop. sbllop@...
 
http://www.aragonesasi.com/sergio/index.htm
 
 
Del domingo en los diarios...
 
 

El coloso olvidado*

Con más de un millón y medio de habitantes, La Matanza es un partido gigantesco. La mitad de la gente vive bajo la línea de pobreza y el 40% de las calles son de tierra. Hay 106 villas.Y también zonas prósperas en San Justo, Ramos Mejía y Ciudad Evita. Retrato de un territorio donde la droga pega fuerte.

*LeonardoTorresi.
ltorresi@...

Vereda y banquina, todo del mismo color. Tierra, cascote, humo, gasoil. Lomo de burro, bola de lomo, vendo carbón. Cumbia y rocanrol; chalecito, rotonda, monoblock. Carne de vaca (for export), aguante Lafe, yo soy de Brown. En La Matanza son muchos más de un millón, y qué extensión. Cabe seis veces Morón.
Los negocios de Lomas del Mirador ya quedaron atrás, llegamos a la vía y el tren, que corre una vez por hora para cada lado, va a pasar justo ahora que un pobre perrito manchado duerme sobre la vía. Esta sí que es una de suspenso. Una con final feliz. Será el temblor, será la buena estrella: cuando el tren está a menos de cien metros, el perrito se pone a salvo sin alarma, y prosigue con su siesta a un costado. El tren pasa cortito. Lo usan los cartoneros, los pibes que van a estudiar, los muchachos del Mercado Central.

Pegados a la vía, frente a un lubricentro abandonado, quedan unos surtidores marca Siam Di Tella, todos los cristales rotos, la tarifa clavada en 659 pesos el litro. Son los más visitados para las fotos entre reas y kitsch de las quinceañeras de cumpleaños.

Más adelante, no tanto, la rotonda de San Justo es infierno circular indomable. Es el cruce del Camino de Cintura y la ruta 3, columna vertebral de este partido, coloso del Conurbano, que Viva recorrió durante dos semanas. Por la rotonda pasan todos los colectivos. Donde ahora hay un híper estaba la Textil Oeste, la más grande de Sudamérica. El que no trabajó en la fábrica, seguro que tiene un tío que sí, o no merece ser llamado matancero. A los 81 años, desde su pinturería, Emi Cecotti lleva 35 viendo dar vueltas los autos. Hay que atribuirle en absoluta medida que la plaza del medio de la rotonda se llame República de Italia. Su frustración y la de Elvira, compañera en la vida y el mostrador, es que en la plaza no haya alguna pérgola o caminito florido que la sustraiga de ese aspecto de inexpresivo redondel de pasto. Lo único que hay son unos palitos amarillos para reprimir la tentación del atajo cross country durante los frecuentes embotellamientos.

Diana, la hija de Emi y Elvira, estimó que semejante bochorno vehicular merecía un poema. Rara rotonda -escribió-. Rellena de rueda/ ruido ruin que ronda. Hasta Isidro Casanova, un suspiro. Detrás de unos eucaliptos se advierte la mole de cemento y vidrios (rotos) erigida como pórtico del Parque Sanitario Nacional. Nunca hubo nada de eso. Hoy aloja a una escuela técnica. Atrás está el hospital Diego Paroissien, que construyó la dictadura porque pensaba llevar a los heridos del conflicto con Chile. Tampoco hubo nada de eso, se sabe. Como está en un terreno bajo (se inundó varias veces), no se ve desde la ruta, aunque no está a más de 100 metros. Es uno de los dos hospitales provinciales del partido. Hay cuatro municipales pero no alcanzan: el servicio está sobrecargado en un distrito donde según cifras del Ministerio de Salud bonaerense, el 44 por ciento de los habitantes carece de cobertura de salud ¿Cuánta gente es? Primero habría que esclarecer cuántos habitantes tiene realmente La Matanza. El Censo de 2001 contó 1.255.000. Pero como se supo que los censistas no entraron a muchos barrios, el intendente lo impugnó. Los cálculos municipales empinan la cifra a más de 1.500.000 habitantes. Sólo la Capital y cuatro provincias tienen claramente más.

En la ruta, banquina y vereda se funden en una franja monocolor que va desde el pavimento hasta el umbral de los negocios, una hilera ininterrumpida de mayoristas, carbonerías, corralones, madereras, compraventa de coches. El Duraznal no parece el nombre más lógico para un puesto de venta de huevos, pero ése es el rubro. Se puede parar después de chequear la presión en un gomería con santuario del Gauchito Gil incluido. Un armazón semicircular introduce a un barrio. En cada pilar hay un león de cemento. No hay aviso sobre el nombre del barrio, pero abajo del león de la derecha hay un pizarrón con letras a la cal que anuncia una oferta de bola de lomo difícil de empardar.

El barrio Oro Verde tiene su arco con nombre, tan verde como verde pueda ser. En González Catán ya hay vacas merodeando. Privilegiada la que come con fruición después de embocar la trompa en un cajón de frutas.

Tierra y humo son un solo cuerpo. Humo de las parrillitas (toldo, hule con pegote, coca de litro), de las quemas, de escapes los colectivos, que jamás desprecian las banquina para ganarle la guerra al horario. En un día duro, desde el puente del kilómetro 29 se puede tardar 40 minutos para hacer nueve kilómetros. En esa franja viven 350.000 habitantes. En unos tinglados autodenominados granjas se venden gallos bien procreadores y gallinas superponedoras. Y ovejas. Un pato perfectamente puede cruzar la ruta y perder la vida de una manera miserable. La otra opción es la cacerola. Otra granja, un poco más allá, brinda un servicio de pato a domicilio.

El barrio Nicol
El partido vive en estallido demográfico. "Es posible que nunca llegue a tener todas sus calles asfaltadas, porque las obras nunca podrán ir al ritmo del crecimiento de la población", asume el intendente Alberto Balestrini, el que le ganó a Pinky, el que (dicen) habla dos veces por semana con el Presidente. La Matanza, donde 14.200 cuadras (el 40 por ciento del total) están sin pavimentar, tuvo sus primeras ocupaciones de tierra en los 80. Con su movimiento 26 de Julio, Lili Galeano organizó un asentamiento en el kilómetro 35 de la ruta 3. Fue llamado Nicol. "Ni colectivo ni colegio", impuso el ingenio popular. Nicol, Nicoll, o Nicolle (cada uno anota como le gusta) está abrazado sin afecto por un contaminado brazo del río Matanza, el terraplén de relleno del Cinturón Ecológico y dos cementerios. "Con todos los problemas -dice Lili- acá intentamos criar a los hijos lo mejor que podemos". Con protestas que incluyeron cortes de ruta, consiguieron los cuatro kilómetros del asfalto hasta el barrio. Un acceso aceptable, cargado de lomos de burro. Todavía siguen sin colectivo, pero lo suplen con un clásico del Conurbano profundo: el remís a 0,50. Hay, sí, una escuela, pero con los cursos divididos en tres lugares distintos. Son 700 alumnos. Ahora están haciendo una más grande.
Nicol tiene 160 casas de material construidas por cuadrillas de vecinos, varias de ellas comandadas por mujeres. Pero en total hay 750 familias. Funciona un taller comunitario de costura y otro de ventanas de hormigón, pero la mayoría sobrevive con los planes.

En el partido de La Matanza, los chicos de 5 a 9 años representan la franja de edad más extendida. En Nicol eso es muy palpable. "Yo tengo cuatro chicos y son pocos. Acá es famosa una chica porque tiene dos nada más", cuenta Mónica Riarte, de 28 años. Los chicos con bajo peso son comunes en el barrio, que tiene un salita que cierra a la noche y no abre los fines de semana. Para cubrir el bache, funciona un sistema de promotores de salud, que son los propios vecinos. "Acompañamos a la gente al hospital, o les sacamos turnos. También juntamos información sobre enfermedades respiratorias o cuadros de diarrea", dice Rubén Alvarado, de 54 años. En Nicol, no más del 5 por ciento de los habitantes tiene obra social. Y sólo el uno por ciento está asociado a un servicio de emergencias. Uno de cada tres vecinos tiene el baño afuera. El 38 por ciento vive hacinado (más de 3 personas por ambiente). Se manejan con garrafas pero sólo para cocinar. Para la calefacción, recurren a los ladrillos con una resistencia, como los que usan los presos. O al brasero. Bañarse con agua caliente es toda una tarea. "Yo uso el sistema de la jarraducha", cuenta una chica con gorrito. Un personaje del barrio es José María Romero, un hombre de 65 años. A su casa, muy precaria, le añadió un consultorio: ahí tiene el único nebulizador profesional del barrio.

De acuerdo con la teoría más firme, el nombre del partido se debe a una masacre que ocurrió en un choque entre el hermano de Pedro de Mendoza y un grupo de aborígenes. Hoy, este territorio llano que se extiende desde la Capital hasta Cañuelas, es el gigante del Conurbano. "Una provincia con el presupuesto de una biblioteca popular", resume el intendente Balestrini. Son 240 millones por año. "Casi lo mismo que el Congreso", apuntan sus allegados. Poco dinero en un distrito donde, según los datos que maneja el propio intendente, el 50 por ciento de los habitantes vive bajo la línea de la pobreza y el 23 por ciento es indigente. El mismo partido donde nacieron muchos movimientos de desocupados fue un gran centro industrial. Una empresa llamada Chissotti Hermanos llegó a hacer 1.500 litros de ferné y grapa por día. Pero los monstruos fueron las metalúrgicas. Y las textiles, como Danubio, con su famoso silbato de cambio de turno, que se escuchaba a 11 cuadras. Llegaron a funcionar 12.000 industrias. Hoy rondan las 4.000. De cada 100 desocupados que hay en el partido, 19 nunca trabajaron. No son chicos que recién salen del polimodal: el promedio de edad es de 27 años y dos meses. No pueden esperar mucho: su promedio de hijos es de 2,5.

No todos son bajones. En La Matanza tuvo mucha presencia el proceso de empresas recuperadas por sus trabajadores. Los del frigorífico Yaguané, por ejemplo, en el kilómetro 38. Habían perdido la fuente de trabajo y armaron una cooperativa. No ganan mucho, 150 pesos por semana, pero el reparto es equitativo. En el frigorífico matan 3.100 animales por semana.
La faena es un espectáculo impresionante. Por hora, 170 vacas que entran mansas terminan siendo (dos) media res, luego de un coordinado proceso que combina tecnología y precisión cuchillera de un plantel de hombres de impecable blanco. Parte de la carne se exporta a Rusia y a Angola.

Cerca del kilómetro 40, un club de campo tienta con actividades deportivas de nivel. Cinco iglesias evangélicas por kilómetro puede ser un cálculo mezquino. En el 44,50 -Virrey del Pino, la localidad matancera del fondo- cuatro paisanos de boina y pañuelo pican unas achuras regadas con cerveza.

La cita es una parrilla-copetín al paso, casi en la banquina. Miguel Angel Martínez, el cantor de los amigos, manda a buscar la guitarra al bar del otro lado de la ruta, el suyo. "Cuando cierra éste abrimos el de enfrente. La ronda es interminable. Son las cuatro de la tarde y los muchachos no se paran desde las once. Martínez canta a dúo con Angel Anchaco, gaucho de 70 años. Anchaco trabajó 26 años en el frigorífico que está a unos pocos pasos. "Soy el socio del dueño, pero me manda acá para disimular", bromea.

Historias del aire
San Justo, cabecera del partido, tiene sus torres gemelas, dúo de edificios nuevos que se ven desde cualquier parte. La Catedral también tenía las suyas. Narra la leyenda que demolieron una porque un aviador de la zona hacía vuelos rasantes y la afectó con las vibraciones. La anécdota, poco creíble, no le roba a La Matanza su condición de localidad pionera de la aviación. Junto a la ruta funciona el Aero Club Argentino, el primero del país, el tercero del mundo. Fundado en 1908, hoy tiene su primera presidenta mujer, María Rolandelli, una contadora que aprendió a pilotear a los 50.

La verdad es que la torre faltante de la Catedral fue demolida para construir el obispado. En La Matanza, donde todo abunda, hay dos diócesis. La de San Justo, y la de Gregorio de Laferrere, centro populoso por excelencia, zona humilde pero con Mc Donald´s.
Ahí nomás de la estación está la cancha de Lafe, el villero, cuyo gran ídolo, el que volverá, es el pelado José Luis Sánchez, referente del balón bien tratado y con apodo definitivamente matancero: Garrafa. El rival deportivo es Almirante Brown (abréviese y léase Bron), de Casanova, el equipo de Las Marineritas (las porristas más atrevidas), el que estuvo a punto de subir a Primera. Cada clásico es un convite a la pasión y al gran operativo policial.

Bicivoladores
En la antigua planta de la Chrysler está la Universidad Nacional de La Matanza. "Generó una posibilidad de acceso social que antes no existía", celebra Hilda Agostino, titular de la Junta de Estudios Históricos. Sólo el 10 por ciento de los alumnos tiene padres universitarios. Dicen que es la universidad de las bicicletas. Se ven muchas entre los pabellones reciclados. Todas están perfectamente atadas. Parte de la historia más siniestra del país también tuvo lugar en el partido: sobre la Ricchieri funcionó El Vesubio, el centro clandestino de detención más grande después de la ESMA. Delia Blanco, presidenta de la APDH local es una veterana luchadora por los derechos humanos. A los 80, recorre las comisarías instruyendo a los policías sobre cómo tratar a los jóvenes. También visita los boliches para controlar matafuegos y salidas de emergencia. La tragedia de Cromañón tiene lazos concretos con La Matanza. El grupo Callejeros nació en Villa Celina. No por casualidad, 40 de los 193 muertos eran del partido.

Si se toma la lista oficial de la Cámara Argentina de la actividad, el único shopping matancero está en el hipermercado Auchan, en La Tablada. Justo en el predio del regimiento donde sucedió el copamiento de 1989 hoy se pueden comprar unos lindos jeans caros, o procurarse una hamburguesa y perder la vista en alguno de los cuatro televisores montados sobre una estructura que recuerda a una plataforma de lanzamiento espacial. En el fondo siguen en pie los edificios militares. Todo ese sector está abandonado y en venta. Las bolas que adornan el portón lucen un insolente yuyo vertical que crecerá hasta el cielo si nadie interviene. Un pibe de 16 años, cigarillo en la oreja, bici nueva, curiosea el lugar. Nació en las horas del copamiento, cuenta.

Es de Aldo Bonzi, pero pisa seguro en barrios de respeto. "Por la zona conozco a todos los transas", se ufana. La droga pega duro. "Las bases sociales están deterioradas y hay muchos puntos de venta. En los barrios humildes se mueve la pasta base. En Ramos Mejía o San Justo, circulan más la cocaína y la marihuana. Lo bueno es que cada vez hay más pibes que van a los centros de atención", reseña el psicólogo Alfredo Macrade, coordinador en la zona de la Subsecretaría de Adicciones provincial.

El chico de la bici va a Jesse James, boliche muy concurrido en Casanova. Ahí pasan cumbia. Ramos Mejía, zona más selecta, conserva un templo histórico de la noche del Conurbano. Pinar de Rocha abrió hace 35 años y ahora se autopublicita como "la discoteca más segura del país". Un pub con forma de locomotora es el chiche nuevo del complejo, pero la joya sigue siendo el viejo boliche, con sus ornamentos de castillo medieval, repleto de guaridas íntimas. Hay oportunidad para cincuentones, y un show erótico los jueves. Para tiernos aprendices, los viernes.

La preferida
Blanca residencia, columnas, fuente a la calle, palmera en la vereda. ¿Miami? No, Ciudad Evita. Construida entre 1947 y 1955, es la única ciudad completa declarada Monumento Histórico Nacional. Modelo de barrio obrero peronista, fue diseñado con la idea de que desde el aire se viera el perfil de Eva Perón pero los barrios que crecieron alrededor lo desdibujaron. Llevó alternativamente ese nombre y otros dos más (Ciudad Belgrano y Ciudad Güemes). No hace falta abundar sobre las razones. Rubén Acosta, delegado municipal, muestra un papel con un reclamo de unos vecinos de la nariz, e invita a recorrer el rodete, un enriedo de calles curvas estilo Parque Chas. Varios chalecitos se conservan originales, pero a otros les agregaron un garaje, los degradaron con un vidrio repartido, o le pusieron un locutorio adelante.
El delegado después acompaña hasta su barrio, el asentamiento 22 de Enero. Es de los más grandes de La Matanza, con unos 25.000 habitantes. Los vecinos cuentan que lloraron a mares cuando el asfalto llegó a algunas calles. Al lado de un arroyo bastante sucio, unos operarios arreglan unos cables. Un policía los acompaña celosamente.
En el patio de la capilla Santa Rita la hermana Celina controla la actividad del roperito. Lo que donan se vende por unas monedas a los vecinos. El revoltijo de blusas y pantalones desborda las mesas armadas con carteles de chapa. En el 22 de Enero, muchos se integraron a un plan de cooperativas de 16 personas que cobran el plan social más un complemento.

Hacen redes de agua. En la Municipalidad dicen que, así, el próximo año medio millón de matanceros tendrá, por fin, agua potable. Ahora sólo accede el 55 por ciento de la población. El otro 45 por ciento saca el agua de la primera napa, contaminada. Unas 800.000 personas no tienen cloacas. Donde terminan los chalecitos peronistas, calle por medio, empiezan los monoblock de La Tablada. Descoloridos, parecen abandonados a la erosión. Si no existiera la membrana asfáltica ya hubieran sido consumidos por el agua. "De acá no te podés ir. Por el departamento no te dan más de 8.000 pesos. Por lo menos tiene todos los servicios", se consuela una vecina de la escalera 16 del complejo 18. "Acá hay que cuidar a los chicos porque hay muchos que venden porquerías", se apena.

Para Andrea Latorre, de 38 años, que vive un piso arriba, el drama es la falta de trabajo. Su hija Johanna, de 19, busca hace meses. Los vecinos reconocen que en las entrevistas laborales, el nombre del barrio no pesa a favor.

En La Matanza, el 30 por ciento de las casas son deficitarias. Qué decir de las que se construyeron en las tribunas de un polideportivo inconcluso, adentro del barrio de monoblocks. En Argentina los barrios pobres no son una rareza: pero llaman la atención esas casas en la mole escalonada, una escena entre maya, iraquí y centroafricana. Justo se obstruyeron las cañerías y los muchachos pelean contra la hecatombe. Cinta para destapar en mano, saludan con el antebrazo. El barrio tiene un orgullo: la banda de rock Los Gardelitos.

En La Matanza hay 106 barrios marginales. Algunos sobrellevan la fama de zona de cuidado. Como el barrio Villegas, o la villa San Petersburgo, donde la esposa del intendente pasó un mal momento cuando hacía un recorrida: le robaron la cartera, el celular y un discman. La Matanza es el único partido que no comparte tribunales ni jefatura de Policía. Tiene 22 comisarías, con 205 patrulleros. Y unos 1.500 policías, no muchos más de los que se usan para un operativo en un River-Boca. Según datos del Ministerio de Seguridad bonaerense, entre abril de 2004 y marzo de 2005 se denunciaron 26.895 delitos.

Una particularidad de La Matanza es la cantidad de extranjeros. Se acercan al 10 por ciento de la población. A Villa Celina la llaman la pequeña Cochabamba, por que hay una gran cantidad de familias bolivianas. Es una de las zonas que padece las inundaciones. La obra de un aliviador hídrico pretende ponerles fin.

Un viaje desde la Capital hasta el aeropuerto de Ezeiza ofrece un rápido tour de frontera. A la izquierda en Tapiales, el Mercado Central, un mundo aparte de 540 hectáreas. A la derecha, el templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. Dicen que cuando el figurón de la torre toque su trompeta será que habrá llegado el fin de los tiempos. Ni Dios permita.

Agradecimientos: pinturería La Rotonda, Aero Club Argentino de La Matanza, Complejo Pinar de Rocha, shopping Auchan (La Tablada).

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Las cifras

EN LA MATANZA HAY MAS DE 1.500.000 HABITANTES.
EL 40% DE LAS CALLES SON DE TIERRA.
EL 50% VIVE BAJO LA LINEA DE POBREZA. EL 23 % ES INDIGENTE.
DE CADA 100 DESOCUPADOS, 19 NUNCA TRABAJARON.
HAY 22 COMISARIAS.
EXISTEN 106 VILLAS MISERIA.
EL 55% DE LA POBLACION TIENE CLOACAS
EL 45% NO ACCEDE AL AGUA DE RED
ANGOSTA Y CAOTICA, LA RUTA 3 ATRAVIESA DE PUNTA A PUNTA EL PARTIDO.
40 MINUTOS SE TARDAN PARA RECORRER 9 KILOMETROS EN UN TRAMO DE LA RUTA DONDE VIVEN 350.000 PERSONAS.
EL 60% DE LOS COMERCIOS NO TIENE LA HABILITACION EN REGLA.
TIENE LA UNICA CIUDAD DEL PAIS DECLARADA MONUMENTO HISTORIC0 NACIONAL: CIUDAD EVITA.
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El barrio del estribo

Es la localidad 20 de Junio, donde el tren llegó por última vez hace 12 años. Pero el jefe de estación y su mujer siguen firmes allí. (bajada) Un detalle parece explicar que la localidad de 20 de Junio no le suene a todos los matanceros: para llegar, hay que entrar obligatoriamente por otro partido, Merlo. Un calle que parte desde Pontevedra (a 7 kilómetros) avanza entre casaquintas con pileta y césped primoroso. Desemboca en la estación, perla escondida de este confín de atmósfera rural en el noroeste de La Matanza, a 39 kilómetros de la Capital. El 13 de marzo de 1993, a las 19.30, pasó el último tren. Desde ese día, sólo llega hasta González Catán, la estación anterior.

"Fue un velorio y todos lloramos", recuerda Adolfo Garialde. Era el jefe de estación y lo jubilaron. Pero lo dejaron a cuidar. A los 76, sigue en la casa que ocupa una parte del edificio de 1890. El andén es su impagable galería llena de macetas y enredaderas con flores. En la estación guarda algunos tesoros ferroviarios, como el reloj y la boletera original.

Como tenían todo el tiempo libre, y ánimo de sobra, Garialde y su esposa, Carmen delValle (73), organizaron una asociación civil. Se llama La Casa de Carmen y ayuda a chicos con necesidades. Muchos llegan desde sus casas a 3 o 4 kilómetros. A la tarde funciona un merendero y hay talleres de manualidades. Una empresa de colectivos, la 132, colabora con mercadería. "Es un gusto hacer esto en un lugar tan lindo. Acá todavía no llegaron los robos ni las rejas", dice Carmen, especialista en pastelitos de membrillo y batata. Los fines de semana, cuando está lindo, el pueblo apacible que apenas suma 600 habitantes fijos, es una atracción para los visitantes, que llegan para tomar mate debajo de los bosquecitos.
 
*Fuente: Diario Clarín
 
 
 
Lo terrorista no quita lo democrático*
 
*Por Juan Gelman 

 La matanza en Uzbekistán arrancó un buen pedazo a la máscara de “libertad y democracia” que encubre, cada vez menos, la cruzada bélica que Washington ha emprendido por razones petroleras. La represión a mansalva que en Andijan y Pajtabad ordenó el presidente uzbeko Islam Karimov –un Stalin en pequeño que los “halcones-gallina” de Washington no se cansaron de elogiar– ha provocado un número impreciso de muertes: 500, se dijo el lunes pasado, 745 el martes, se habla de más de dos mil, todas provocadas por el ametrallamiento de civiles que reclamaban pacíficamente la libertad de 23 presos y también por escuadrones de la muerte encargados de rematar a los heridos. El gobierno de Tashkent insiste en que los manifestantes eran terroristas islámicos, una versión que propala desde comienzos de este año para justificar la detención de comerciantes locales cuyos bienes expropia dejando en la calle a decenas de trabajadores.
La primera reacción de la Casa Blanca fue tímida y más bien acorde con la versión de su aliado Karimov: el 13 de mayo, día de la matanza, el vocero Scott McClellan manifestó la preocupación del gobierno Bush por la violencia desatada en Uzbekistán, “en particular por algunos miembros de una organización terrorista”, y llamó a la calma al gobierno y a los manifestantes. Es una moderación inimaginable si los hechos se hubieran producido en Irán o en Corea del Norte. Pero todo se explica: en el 2001 Uzbekistán proporcionó una base militar a EE.UU. al comenzar su intervención en Afganistán. El campo aéreo de Khanabad, donde se apretujan unos 1500 efectivos yanquis, fue clave para las fuerzas especiales que terminaron derribando al régimen talibán y es clave hoy para las aspiraciones estadounidenses de controlar el petróleo de Asia Central.
Colin Powell supo apreciar la contribución de este ex jefe del partido comunista uzbeko que desde hace 16 años maneja el país con mano de hierro: el 8 de diciembre de 2001 expresaba a Karimov en Tashkent “nuestro agradecimiento por todo el apoyo que hemos recibido de Uzbekistán en esta campaña contra el terrorismo en Afganistán y en cualquier parte del mundo”. En marzo del 2002 el uzbeko devolvía la visita y puede verse su satisfacción, y la de Bush, cuando se estrechan la mano para la foto oficial (Eurasianet, 18-3-02). El 29 de abril del mismo año la hoy secretaria de Estado, Condoleezza Rice, manifestaba en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de Washington: “Estuve hace poco en una reunión con Karimov, en la que (Bush) le dijo: ‘Sí, aprecio lo que usted ha hecho en la guerra contra el terrorismo, es fantástico, y nos complace el haber sido capaces de tratar con el movimiento islámico de Uzbekistán’”. El jefe de Pentágono, Donald Rumsfeld, no se quedó atrás: “Estoy encantado de volver a Uzbekistán –dijo en conferencia de prensa el 24 de febrero del 2004– (que) es un miembro clave en la guerra antiterrorista de la coalición. Nuestra relación es fuerte y se ha vuelto cada vez más sólida”.
El embarazo que le consiguió Karimov calló al Departamento de Estado durante cinco días. Sólo el 18 de mayo su vocero Richard Boucher condenó “el uso indiscriminado de la fuerza contra civiles inermes”. Parece un poco tarde para el Washington que bajo la bandera de “la libertad y la democracia” toleró, elogió y subsidió a un régimen especializado en la intimidación, la tortura y el asesinato de opositores. El repudio mundial al horror de Andijan está alejando ahora a los neoconservadores de la criatura que supieron alimentar, tal como en su momento hicieron con Saddam Hussein, pero eso no significa que hayan perdido su interés por Uzbekistán. Es que hace años ya que los grandes del petróleo intentan revivir algo parecido a lo que fue “la ruta de la seda”, que del siglo II antes de Cristo al XV de nuestra era sirvió de puente entre Asia y Europa para el intercambio de mercancías y conocimientos. Hoy se trata de llevar a Occidente, ya no seda, sino gas natural y petróleo de las vastas reservas del centro de Asia, y la ubicación de Uzbekistán es estratégica.
En mayo de 1993, la Unión Europea lanzó el programa “Corredor de transporte Europa-Cáucaso-Asia” (Tracece, por sus siglas en inglés) y en 1996 se creó la Interestatal de petróleo y gas para Europa (Inagate, por sus siglas en inglés), un consorcio en el que participan también más de 20 conglomerados petroleros importantes de EE.UU.y que se ocupa de la construcción de oleoductos, vías férreas, caminos, puertos y aeropuertos desde Bakú, capital de Azerbaiyán, hasta Ucrania, pasando por Georgia. En 1999 el Congreso norteamericano complementó en el plano político esta expansión aprobando medidas de apoyo a las reformas económicas, la democracia y la integración regional del Cáucaso y Asia Central, lo que en términos concretos entraña la inversión de miles de millones de dólares en el cambio de los regímenes heredados de la URSS y todavía afines a Moscú, para instalar gobiernos favorables a estos proyectos de Occidente. Acaba de ocurrir en Georgia y Ucrania, como años atrás en Azerbaiyán y Armenia, y Washington apoyó al autócrata Karimov porque se había sumado a su designio petrolero incluso antes de proporcionarle una base aérea en territorio uzbeko: en abril de 1999 ingresó en la llamada Unión de los Tres (Georgia, Azerbaiyán, Ucrania), una alianza decididamente pro OTAN. A la Casa Blanca poco le importan los prontuarios perversos en materia de democracia y derechos humanos de los socios. Finalmente, business son business. Y la democracia, bueno.

*Fuente: Diario Página/12
 
 
 
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Las dos preguntas de Mercedes, por Beatriz Sarlo

Una conversación casual, durante un viaje en subterráneo, abre interrogantes de difícil solución... acerca de esta columna.

POR BEATRIZ SARLO*.
bsarlo@...


El semáforo en rojo permitió que la conversación se prolongara un poco más; nos despedimos en la esquina, después de cruzar la avenida. Habíamos viajado juntas en el subterráneo y, durante el transcurso de las últimas dos estaciones, ella se sentó a mi lado "para charlar, ya que se daba la oportunidad", según me dijo. No nos conocíamos, aunque ahora sé que se llama Mercedes. Debe tener más o menos cuarenta años. Y lee esta revista dominical.
Recordando algunas notas publicadas durante el verano sobre un pueblito de Córdoba, Mercedes me preguntó si yo había vivido en el campo; y enseguida quiso saber si todo lo que leía en esta columna me había sucedido realmente y si yo realmente había visto las cosas que contaba. La respuesta a la primera pregunta era sencilla (sí, de chica yo había pasado dos o tres meses por año en el campo, cerca de Deán Funes); la segunda pregunta llevaba a cuestiones más difíciles. Le dije a Mercedes que yo escribía la columna básicamente como ejercicio realizado desde un mirador urbano al ras de la calle; que era una especie de diario no de lo que me sucedía sino de lo que estaba viendo que le pasaba a otros, escenas fugaces para mí, aunque repetidas para algunos de sus protagonistas. En ese sentido, lo escrito era lo que en pintura se llama boceto a mano alzada, el dibujo rápido que se realiza sobre un block de papel canson, a lápiz, en el lugar de los hechos, sin apoyar la hoja en una mesa, con el brazo y la mano suspendidas sobre la superficie blanca; o también, si se piensa en la fotografía, instantáneas, imágenes que probablemente no tengan otro valor que el de haber captado lo que sucede en un momento, si eso que sucede tiene algo de particular, no un gran significado, sino una punta de sentido que parece valer la pena, aunque nunca se esté demasiado seguro porque la instantánea puede ser completamente banal y la escena que se pensó significativa no revela completamente nada. No hay foto más tonta que una mala instantánea. Todo depende, más que de la destreza, del repentismo, ese reflejo que lleva la orden del ojo al dedo que aprieta el disparador de la cámara.

Mercedes me dijo: "Claro, pero también depende de cómo lo escribas", poniendo las cosas justo en el lugar donde verdaderamente se convierten en un problema: ¿cómo hacer que lo que está a la vista y es pasado por alto, vuelva a estar a la vista pero de un modo que impida que se lo pase por alto?

Le dije a Mercedes que eso de estar registrando lo que se ve, lo que asalta la mirada, a veces te coloca frente a cuestiones que son difíciles de resolver. Por ejemplo: ese enfermo que había recorrido el vagón del subterráneo en el transcurso de nuestro viaje. Algunas veces se me ocurrió escribir sobre él y no me atreví a hacerlo; el muchacho se diferencia por una gentileza elegante, por el modo con que va entregando una hojita donde se informa sobre su enfermedad y un paquete de golosinas, y sobre todo por la actitud de dirigirse en particular a cada pasajero cuando hace la recorrida inversa para recoger lo que eventualmente recibe, sin repetir ninguna frase mecanizada que traduciría la violenta precariedad de su propia situación. Se inclina con atención, como si tuviera mucho tiempo, sonríe un poco e insiste en que los pasajeros conserven la hojita fotocopiada. Es rara su voz baja y su cercanía que no implica confianza sino una especie de presencia que no se impone por el lamento ni por el imperativo.

Le dije a Mercedes que vacilaba en escribir sobre ese hombre, porque volvería a verlo y, en ese caso, me sentiría obligada a decírselo. No sabía por qué me sucedía eso precisamente con ese tipo y no con otros. Allí había un problema que la escritura no arreglaba, pero que viene de la pregunta que inició la conversación. Es fácil decir "escribo lo que veo", pero ¿qué relación establecer con eso: escena de costumbres, denuncia, análisis? ¿Es posible, en todo caso, ver bien? ¿Todo puede pasar a ser escrito?

*ESCRITORA Y ENSAYISTA

http://www.clarin.com/diario/2005/05/22/sociedad/s-980985.htm
 
 
 
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Joan Salvat Papasseit: fuente de inspiración de Joan Manuel Serrat
 
* por Cristina Ambrosini - Dra. en Filosofía (U.B.A.)

- Exclusivo por Unión Digital -

Joan Manuel Serrat no necesita mayor presentación. Joan Salvat Papasseit, el otro poeta que convocamos en esta nota, sí la necesita. Entre ambos personajes existen suficientes paralelismos y simetrías, a pesar de lo dispar de sus suertes, como para considerar a uno en conjunción con el otro. 
Joan Salvat-Papasseit 1894 - 1924

Joan Manuel Serrat no necesita mayor presentación. Joan Salvat Papasseit, el otro poeta que convocamos en esta nota, sí la necesita. Entre ambos personajes existen suficientes paralelismos y simetrías, a pesar de lo dispar de sus suertes, como para considerar a uno en conjunción con el otro. Ambos nacieron en Barcelona, en el seno de una familia humilde. Con fuertes inclinaciones hacia el socialismo, los dos poetas escriben en catalán en momentos en que no es lo más ventajoso, se muestran profundamente comprometidos con su época y su cultura. Cada uno, a su manera, se inscribe en la vanguardia con un estilo rebelde a las convenciones estéticas vigentes. Ambos son poetas surgidos del pueblo y escriben para el pueblo. Serrat hace suya la frase de Salvat Papasseit: "No he escrito nada sin mojar la pluma en el corazón". La biografía de Joan Salvat Papasseit responde, al pie de la letra, al destino trágico de los poetas de principios del siglo XX: cuna humilde, vida miserable, militancia socialista y muerte prematura al caer víctima de la tuberculosis a los 30 años. El resultado es una obra breve pero revolucionaria.

Serrat siempre ha manifestado un gran respeto hacia aquellos poetas en los que encontró versos que él deseaba haber escrito. Ocurrió con Machado y con Miguel Hernández primero. Luego es el turno de Salvat-Papasseit, un poeta con el que siempre se sintió muy vinculado. Estamos en el año 1977. Tras la muerte de Franco, en noviembre de 1975, y la proclamación del Rey Juan Carlos, España despierta a la vida democrática. En las primeras elecciones generales, Serrat participa en la campaña apoyando al Partido Socialista de Catalunya. Aunque se lo espera en Madrid para animar el fin de fiesta electoral, Serrat limita su colaboración sólo a Catalunya.
Emprende una gira por pequeños pueblos en los que tiene lugar el "reencuentro con sus orígenes" y graba un Especial "A fondo" en TVE en el que es entrevistado por Joaquín Soler Serrano que nunca llegaría a ser emitido. Serrat ya hace un año que volvió de su exilio tras la amnistía que promovió el gobierno de Adolfo Suárez. En estos meses ha emprendido una gira por los barrios de Barcelona, participando en muchos actos reivindicativos de las asociaciones de vecinos. En los últimos meses del año sale al mercado el álbum "Res no és mesquí", dedicado a los versos del poeta catalán Joan Salvat-Papasseit justo en el momento en el que hubiese sido más redituable embanderarse con proclamas políticas. Un mérito más de Serrat, a quien nunca se le agradecerá bastante su recuperación de voces postergadas, condenadas al silencio por la historia oficial. El tema que da nombre al album, un canto a la esperanza, de fuerte tono optimista, evidencia el rasgo de filiación poética de Serrat.

Res no és mesquí
Res no és mesquí,
ni cap hora és isarda,
ni és fosca la ventura de la nit.
I la rosada és clara
que el sol surt i s'ullprèn
i té delit del bany:
que s'emmiralla el llit de tota cosa feta.
Res no és mesquí,
i tot ric com el vi i la galta colrada.
I l'onada del mar sempre riu,
Primavera d'hivern - Primavera d'estiu.
I tot és Primavera:
i tota fulla, verda eternament.
Res no és mesquí,
perquè els dies no passen;
i no arriba la mort ni si l'heu demanada.
I si l'heu demanada us dissimula un clot
perquè per tornar a néixer necessiteu morir.
I no som mai un plor
sinó un somriure fi
que es dispersa com grills de taronja.
Res no és mesquí,
perquè la cançó canta en cada bri de cosa.
-Avui, demà i ahir
s'esfullarà una rosa:
i a la verge més jove li vindrà llet al pit.
Nada es mezquino
Nada es mezquino
ni salvajes las horas,
ni oscura la ventura de la noche.
Y el rocío es tan claro
que el sol sale y hechiza,
anheloso del baño:
y todo lo que existe se refleja en su espejo.
Nada es mezquino,
sino que todo es rico, como el vino y la rosada mejilla.
Y ríen siempre las olas del mar.
Primavera de invierno- Primavera de verano.
Y todo es primavera:
y toda hoja , eternamente verde .
Nada es mezquino,
porque los días no pasan ;
y no llega la muerte, aunque la hayas llamado .
Y si es que la has llamado , te disimula un hoyo,
porque necesitáis morir para nacer de nuevo .
Y nunca somos llanto,
sino fina sonrisa
esparcida cual gajos de naranja.
Nada es mezquino ,
porque una canción canta en cada cosa .
- Hoy , mañana y ayer
se deshojará :
y vendrá leche al seno de la virgen mas joven .

Este poeta nace en Barcelona el 16 de Mayo de 1894 en el seno de una familia proletaria. Su padre, fogonero de barco, muere en un accidente de trabajo en 1901. El niño es recogido en una institución de socorro llamada Asilo Naval que le proporciona alojamiento y educación hasta los trece años en que comienza a trabajar como aprendiz de droguería. El joven Salvat, de naturaleza inquieta y soñadora, manifiesta un gran interés por la literatura y comienza a frecuentar el ambiente de las tertulias literarias y políticas. A los 18 años se afilia a la Juventud Socialista de Catalunya y entra en contacto con jóvenes radicales como Angel Samblancat y Lluis Capdevila que eran el alma de Los Miserables, publicación de corte radical y en la cual Salvat, que todavía escribía en castellano, publica unos cuantos artículos. Los años 1915 y 1916 son para Joan Salvat-Papasseit de una intensa penuria económica, teniendo que trabajar en diversos oficios, entre ellos de vigilante en los muelles, situación que refleja en uno de sus poemas más divulgados "Nocturn per acordió". A los 21 años dirige la sección de librería en Galerías Laietanas, más tarde regenta una tienda de antigüedades en Sitges y en 1918 se casa con su novia Carme Eleuterio. Del matrimonio nacen sus dos hijas, Salomé y Núria a las que dedica Els nens de la meva escala: dites d'infants (1926). Ese mismo año publica "Humo de fábrica", libro donde bajo el seudónimo de Gorkiano -en homenaje al gran escritor ruso Máximo Gorki-, recogerá parte de sus artículos revolucionarios escritos en castellano. Otros, formarán el libro "Glosas de un socialista" publicado el año siguiente. A partir de entonces da un giro radical, cambia su lengua literaria y comienza la publicación de Un enemic del Poble. Fulla de subversiò espiritual revista de la que saldrán 18 números y que desaparecerá en mayo de 1919. Un enemic del Poble publica textos suyos -"Mots propis", "Concepte del poeta", "Manifest contra els poetes en minúscula"- que proponen desde una posición de militancia, vanguardista y rebelde, un cambio en la literatura catalana totalmente abierta a las corrientes avanzadas que surgen por entonces en el resto de Europa, y representan un ataque a los escritores representantes del novecentismo oficial. Esta labor que recoge más tarde en Reus la revista Columna de foc. Fulla de subversió espiritual, imitará el encabezamiento y el formato de la anterior y seguirá los caminos abiertos por Salvat. Junto con Millàs Raurell, López Picó y Manent, colabora en la revista Mar vella la cual publica su primer libro de poesía: "Poèmes en ondes Herzianes", ilustrado por Joaquín Torres García y obra con la que se inicia la poesía de vanguardia en Catalunya.
En 1919 le es diagnosticada una tuberculosis, enfermedad que le cortará de raíz toda la energía y toda la vitalidad que tenía y que, cinco años más tarde, acabaría con su vida. En 1921 publicará "L'irradiador del port i les gavines", conjunto de poemas vanguardistas llenos de libertades tipográficas y en 1922, "Les conspiracions", una visión aproximada y crítica de Castilla. Ese mismo año publica "La gesta dels estels" y en 1923, "El poema de la rosa als llavis".
Joan Salvat Papasseit muere el 7 de agosto de 1924, a poco de cumplir 30 años. Su último libro, "Óssa Menor" es publicado póstumamente en 1925. En 1926, la Librería Catalana publica, como homenaje al poeta, un libro titulado "Els Nens de la meva escala i dites d'infant" con dibujos de Emili Ferrer.
Hoy en día, Joan Salvat-Papasseit sigue plenamente vigente y es un clásico de la literatura catalana y universal. Ha sido traducido a varios idiomas y sus poemas han sido musicados por otros cantantes, además de Joan Manuel Serrat: Lluis Llach (La casa que vull de su álbum I si cant trist), Ovidi Montllor (Salvat-Papasseit per Ovidi Montllor), y Xavier Ribalta. Para terminar, de su producción, rescatamos el siguiente poema.
MESTRE D'AMOR
Si en saps el pler no estalviïs el bes
que el goig d'amar no comporta mesura.
Deixa't besar, i tu besa després
que és sempre als llavis que l'amor perdura.
No besis, no, com l'esclau i el creient,
mes com vianant a la font regalada.
Deixa't besar -sacrifici fervent-
com més roent, més fidel la besada.
¿Què hauries fet si mories abans
sense altre fruit que l'oreig en ta galta?
Déixa't besar, i en el pit, a les mans,
amant o amada -la copa ben alta.
Quan besis, beu, curi el veire el temor:
besa en el coll, la més bella contrada.
Deixa't besar i si et quedava enyor
besa de nou, que la vida és comptada... 

 
 MAESTRO DE AMOR
Si sabes del placer no ahorres en el beso que el gozo de amar no entraña mesura.
Déjate besar, y besa tú después
que siempre en los labios el amor perdura.
No beses, no, como el esclavo y el creyente,
sino cual viajero en la fuente regalada.
Déjate besar -sacrificio ferviente-
cuanto más candente, más fiel el beso.
¿Qué habrías hecho si mueres antes
sin otro fruto que la brisa en tu mejilla?
Déjate besar, y en el pecho, en las manos,
amante o amada -la copa bien alta.
Cuando beses, bebe, cuide el vidrio el temor:
besa en el cuello, la más bella zona.
Déjate besar y si te quedaba nostalgia
besa de nuevo, que la vida es escasa.

Bibliografía más reciente
" Humo de fábrica, José Batlló, editor, Barcelona 1977
" Cincuenta poemas (bilingüe), Editorial Lumen, S.A., Barcelona 1980
" Els nens de la meva escala i Dites d'infants, Publicacions Abadía Montserrat, S.A., Barcelona 1983
" Poemas de amor, Visor Libros, S.L., Madrid 1984
" Antología poètica, Editorial Barcanova, S.A., Barcelona 1990
" Poesies, Publicacions Abadía Montserrat, S.A., Barcelona 1991
" Antologia de poemes, Editorial Ariel, S.A., Barcelona 1992
" Poesies completes, Círculo de Lectores, S.A., Barcelona 1994
" Postals a les filles, Edicions de La Magrana, Barcelona 1994
" Antologiak, Editorial Pamiela, Pamplona 1995
" La gesta dels estels, Editorial Ariel, S.A., Barcelona 1997
" Pesombra: poemes d'amor, passió i mort, Ediciones Áltera, S.L., Barcelona 1998
" El poema de la rosa als llavis, Editorial Ariel, S.A., Barcelona 1999
" Poesies completes, Editorial Ariel, S.A., Barcelona 1999
Fuentes de información
http://www.uoc.edu/lletra/noms/jsalvatpapasseit/index.html
http://www.xtec.es/~rsalvo/articles/salvat.htm
http://www.escriptors.com/autors/salvatpapasseitj/
http://www.joanducros.net/corpus/Joan%20Salvat-Papasseit.html
www.moragrega.com/serrat
http://www.xtec.es/~lrius1/salvat/text.htm#punt1
http://www.poemasyrelatos.net/poemas/m/024_mester_salvat.htm?Autor=466


*CRISTINA AMBROSINI.
Fuente: Diario La Unión digital. www.launion.com.ar
 
 
 
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Esteban Peicovich
Semana 21 de 2005
La cosa vino así: piedra, flecha, bala, bomba, misil aire-aire-mar-aire, tierra-aire y súper misil aire-casa: esto es, la televisión. Que así acabó el invento multiuso: en arma. Hoy por hoy la tecnología más avanzada de la guerra mundial "por otros medios". La caja mágica viró de caja tonta a caja letal. Y en manos de un sponsor grosso: el mercado. El decide que sea ella el sitio en donde "en exclusiva" suceda la realidad. Sabe (sobradamente sabe) que el aparato de televisión es el artefacto doméstico que más domestica. ¿Aquí también? También. Tanto, que esta semana se abrió un Frente Cultural de Salud Pública. Con un Comfer fuera de servicio, la Televisión Abierta local está fuera de cauce y no atiende ley alguna de responsabilidad social. ("El Comfer es una vieja vergüenza nacional y colaboró claramente en el crecimiento de la llamada telebasura" (Víctor Hugo Morales)). El tal Ente es mal ente. Desde 2002 detectó (en vano) 2000 infracciones al horario de protección al menor. Las empresas se rehúsan a pagar la multa y corregir la falta. Violencia, banalidad, ignorancia y mal gusto recorren los programas acicateados por una "competencia" que degrada cada día más los contenidos. "Lo que se ve en TV muchas veces es realmente propio de una cloaca" (Nelson Castro). Erótica de cuarta. Mafia de quinta. Humor de décima. Rumores de última. Salvo excepciones, un vomitivo relato subnormal con grilla para idiotizar. "Un despliegue de maldad insolente." Dichas y desdichas de la vida mostradas desde el ángulo más siniestro imaginable. La misión de informar, divertir y entretener dirigida a sólo provocar el shock de adrenalina que enjaule a los incautos y solace a los imbéciles. Aquelarre preverbal que gotea hora tras hora sin atender infancia ni edad. Se trata de bastardear hormonas y neuronas. De inflar rating y cuentas. De impedir que contenidos humanos devuelvan sentido al grupo. Bienvenida la protesta. Hace bien despertar. Sí, leyó bien: Estados Unidos cerrará cientos de cuarteles y los pondrá a vigilar el planeta desde el aire. (No solamente para degradar sirve la tevé. También puede usarse para gobernar el mundo.)

El Presidente Pendular ("harto, muy harto") volvió a tronar. Los 3 Poderes se crisparon juntos en un ataque de Constitución temporal. Huelen tsunami económico o temen Bastilla. Pero esta semana Grandes Hongos brotaron en defensa virginal de la ley. A país inmóvil, justicia inmóvil. Zaffaroni sacó pecho y lo puso a parir a K. Que los votos se ganan desde la política y no (per saltum) desde la Justicia, le enchastró. De paso, corrió a otros pícaros: Fdez. Aníbal y al huérfano de actualidad Ibarra el Momificado. La suelta de la paloma sacrificial del menemismo y de Chabán Cromagnon rompió los diques. Ultimos efluvios de la sentina local cortan el hipo. Fleitas, titular de la Oficina de Anticorrupción, habló claro: "Para avanzar en esta lucha hace falta pescar y freir algunos peces gordos". Pero..., ¿dónde están? ¿Qué es de sus vidas? ¿Con qué sudor ganan ahora su pan de cada día De Viola, Corach, Cavallo, Gostanian, y tanto etcétera? En antesala de octubre que se encrespa, Duhalde hace tiempo en Moscú jugando a los trebejos con Anatoly Karpov (triple glup).

The Globe Press: 1) en tronco hueco de Somerset (Inglaterra) hallaron zapato varón de la Edad de Hierro (pero de cuero); 2) escanean cabeza del infante faraón Tutankamón y recobran rasgos de su rostro (era lindo); 3) según encuesta Mora y Araujo, el 65% de los argentinos cree en los milagros (así le va); 4) y el emprendedor 55% de los jóvenes resiste la malaria abrazado al madero más próximo: el freezer paterno; 5) cuadro de situación: 16 millones de pobres, 2 millones de desocupados, 14.5000.000 de celulares (sic); 6) el faraón puntano Alberto Rguez. Saá entró en trance y levanta mástil para el Guinness: 60 metros de alto (20 más que el de Rosario), bandera de 6 por 3 metros y Sol de 2 m. diámetro; 7) aviso público: ruégase a quien tenga ideas sobre organización nacional las deposite piadosamente en casilla de Balcarce 50.

"A mí no me gusta el vano diccionario de frases y vocabulario de amor / Sos mía, soy tuyo, yo te amo, tuyo para siempre/ A mi me disgusta ser esclavo / Yo miro a la bella mujer en lo hondo de sus ojos /y le digo "esta noche" (Alexander Block).

*Por Esteban Peicovich

epeicovich@...

 
 
 
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Queridas amigas, queridos amigos:

El próximo domingo 22 de mayo del 2005 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), música del compositor brasilero Alberto Nepomuceno. Las poesías que leeremos pertenecen a Beatriz Marín Aguilar (Colombia) y la música de fondo será de Takillakta (Perú); todo ésto en nuestro programa Poesía y Música Latinoamericana, en español y alemán. ¡Les deseamos una feliz audición!
ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio
www.radiofabrik.at (Link MP3 Live-Stream) !!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!
REPETICIÓN: ¡La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite ahora también todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!
Cordial saludo
YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Friesachstr. 4/2  A-5020 Salzburg  AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067
 
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#42 De: inventivaedicion@...
Fecha: Jue, 12 de May, 2005 10:05 pm
Asunto: ESTACIÓN ROSARIO
inventivaedicion@...
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Poesía en los andenes
 
 
Detrás de las altas puertas*

En medio de una noche de garúas deshago las maletas
de mi presente interrogante y descreído. Voy sacando
de a uno los bultos de mis fracasos y desilusiones,
asomándome a una carencia donde se entrecruza un
espacio selladamente ajeno, como aquellos sobres
donde se resguardan los testamentos.
El hoy está detenido por un muro de aire
infranqueable para mis ansiedades. Detrás de sus
altas puertas sólo existe el vacío y una larga
penumbra casi pisando el horizonte. Como una sombra
en la arena, como una larga bufanda interminablemente
tejida para nadie, como la ilusión de las puntas
de los altos pinos por llegar a las nubes, perforarlas
y provocar una lluvia de globos de colores.
Me siento como una movediza brizna mirando pastar
a los caballos, cercenar con su bocaza la tierna hierba
y me duele el dolor blanco del arrancón.
La lluvia sigue cayendo sobre los desmochados árboles
de mi vereda. La calle está oscura y solitaria.
Mi corazón es un fuelle de fuego queriendo detener
la medianoche. Detrás de sus altas puertas sólo
espera un mañana sin augurios.
 
*de Fanny Garbini Téllez. fannyte@...
 

 
 
Inventren

PUENTE*

  Jugar a ser otro, que no morirá.
 


A media luz por la ruta, surgiendo desde ese abismo fatuo y anterior que siempre decide por nosotros la velocidad sobre los autos, el cartel resalta elevado y nítido, con una luminosidad bien recortada contra el horizonte, a unos cientos de metros, a la derecha. Hay un impulso desesperado por abandonarlo todo y tal vez logre algo al detenerme, hallando un limbo apropiado para desprender la grasitud persistente de los malos presagios, si a esta altura sirve de algo intentarlo. Todo podría haber seguido hacia adelante como si nada, nada nuevo y todo armoniosamente sometido a la rutina circular de cada uno de nuestros días: los míos, los de ustedes, los de alguien más, otros más, en sus lugares predestinados, ellos. Nada de preocuparse demasiado, ya sin la herida profunda en el costado, todo continuo y envuelto en esa instantaneidad de mis esperables apetitos y necesidades, los espacios y recursos que dispongo para darles apropiada y pronta satisfacción, entablando esta inevitable y obligada relación con ustedes de por medio para conseguir alivios y seguir así juntos, en eso estamos, definiéndome un precario pero funcionalmente indispensable perfil de comunidad y entorno, sus precisos ajustes a puro pragmatismo y vértigo diario, mi rutina circular de todos los días con ustedes. Hasta ahí, supuse otra vez, esa era mi vida. Un largo equilibrio de años, con postales y estampitas remotas de aquel sitio extraño, un puñado de monedas y situaciones tectónicas, secretos y neblinas tan intocables como varias, y lejos, más allá, tras el puente, ellos. A veces resulto verdaderamente patético, me digo, inusitadamente sensible y vulnerable de fantasmas, hasta que al fin logro detenerme por si acaso, para no seguir así huyendo inútilmente en este otro atardecer que se desploma y arde enmudecido sobre la ruta. Decido detenerme para reingresar por un momento que sea para siempre a ese mundo cercano de ustedes, el cartel impersonal de una estación de servicios, sentarme a mirar gente o tomar algo o sólo sentir la instantaneidad nuevamente, ver al tiempo reptar lento y no volver atrás, no volver otra vez a ellos.
Estaciono el auto encontrando un espacio entre muchos otros. En el calor húmedo de la tarde éste resulta ser un lugar medianamente concurrido, y es lo que necesito para dedicarme a no pensar en nada sin ceder tampoco al ahogo implacable de las multitudes. Regresan aunque intente borrarlos, mientras me ubico adrede en una mesa central del bar, cuadros y cuadros ambiguos, donde hay partes de esa ciudad posterior, que creí haber ya dejado, reverberando desde un vago y deslucido abrigo en la memoria y sus vaivenes, desde ecos en tantas otras calles, por muchas puertas y ventanas mías, siempre silencios escondiendo hasta las luces de fondo y de a poco, desde tantas ciudades que últimamente me resultan o finalmente son la misma. Claro que puedo ser solamente yo, detenido eternamente apenas fuera de foco, y las casas y balcones y plazas son siempre iguales, soy yo el transitado por lapsos que no han transcurrido solos ni en vano y eso espero. Encuentro sin buscar mi cara reflejada difusamente en la plástica pulcritud de la mesa de fórmica símil ébano, una imagen de mí símil yo, y atino a levantar como puedo la vista intentando desatarme este inesperado nudo en la garganta.
Es que después de todo esto y simplemente, desintegrando tantas imposibles distancias, habían llamado ellos, y aún sin comprender como, ya estaba de vuelta. Desde muy lejos e inclusive otro país, desde un lugar que conocí poco y supongo o confirmo, para siempre: una ciudad no delineada y lúgubre bajo las sombras impasibles de otro atardecer como este pero hace mucho tiempo, cuando llegué cruzando ese mismo puente que dejé atrás hace horas, con la clara intención de ocultar mis recurrentes deseos de olvidar mientras me daba a otra huída hacia lo desconocido, ciudad a oscuras y ya sin gritos ni consignas ni las multitudes de entonces pero llena de las mismos viejos enigmas, palpitando desde una sombra eterna que vibró en mí extrañamente tras el llamado. Miro buscando al mozo, alguien que tome mi pedido: son dos muchachos de aspecto distraído e indefinido uniforme que otean el lugar con displicencia, esperan nuevos clientes, aunque al fin no atienden a nadie. Será un autoservicio me digo sólo pensándolo y repasando mi alrededor como intentando alcanzar respuestas, justo lo que no quiero, no puedo seguir haciendo sin sentirme frágil y ausente, preguntarme más cosas. Y por cierto, odio esta situación llamativa y central de exposición en los ambientes públicos, sólo yo sé lo que me cuesta, por qué decidí tomar este lugar para probarme la existencia como si fuese una camisa o un par de zapatos, ver y ser visto, estar con ustedes, ser finalmente alguien en realidad. Como aquella tarde, incluso hoy mismo, cruzando el puente y llegando por fin a su casa. El llamado llegó cuando volvía de la calle. No atiné a contestar nada, sólo la voz temblorosa de Martha preguntando otra vez eso mismo. La misma antigua e imposible pregunta sobre Carlos y nada más, más unos segundos de silencio kilométrico matizado por aquella marchita militar de fondo. Mi espacio de rutina despreocupada, barrida otra vez en un silente cataclismo de ciertos olvidos cruciales y bien ineficaces, mellando de muerte la rosca de un presente sinfín, dejándome desarmado de cara a mi hidra íntima y tan negada: la memoria esquiva y multicéfala. Volvería, no cabían dudas. Primero recordar hacia donde ir, todavía no aceptar a qué. Pero ya ven, volví y siempre vuelvo a cruzar el puente. Ahora una pareja de ancianas se sienta sin interrumpir sus cuchicheos risueños en una mesa a mis espaldas. Uno de los mozos, sin demoras, se acerca a atenderlas.
El caserón apareció ante mí con la última luz de esa tarde tal cual la había imaginado o reconstruido en base a viejos y difusos relatos de mi madre, con sus dos plantas y la puerta grande, las ventanas cerradas, el jardín por delante. “Si andás por ahí no dejés de visitar a tu madrina” era el encargo y, esperaba, mi salvaguarda después de tanta huída desesperada. En aquellos tiempos de botas y sables, tiempos de nación mayoritaria penitente tras tantos silencios cómplices, ni aún lo horroroso que había visto o (quería creer) imaginado en esos cuarteles de reclutas rasos y obedientes al extremismo podría usurpar aquel hogar donde la estirpe más totalitaria de mis parientes protegía con honor sus respetables serpientes y algún secreto. Aquí, esperaba y tan lejos, ya no podrían encontrarme. Una vieja casona sobre la costanera frente al puente, los últimos resabios de una única familia que fui perdiendo y olvidando invariablemente, si es que puede perderse algo que en realidad nunca se tuvo, desencuentros e imágenes forzadas armando una historia sobre mi pasado y procedencia, atreverme a explicar de donde vine, qué pasó aquí, quién fui en realidad todo este tiempo. Por supuesto, quería con ansias ver a Carlos, mi primo más grande y mejor compinche de la infancia, yo ahora terminando mi sombría y huérfana adolescencia en la colimba bien al norte, él metiéndose de lleno en los ideales de mil Demianes de Hesse y en su facultad de Letras contra los designios paternos de la carrera militar, esos últimos contactos por cartas de antes sin remitente desde una desterrada y clandestina unidad básica, si se enterase tu viejo, taradito... espero me cuentes algo de esa vida bohemia y entusiasta, yo que traigo tanto miedo y tanta sombra que no sabría como mostrarla, comprenderla, recordarla. Supongo sabrás más que yo, el otro lado, yo llegando a tu casa cruzando el puente. El mozo toma el pedido de las señoras y cuando está por retirarse lo hacen volver para encargarle amablemente también unas medialunas si son saladas y frescas, para acompañar las tazas de té con hierbas. Él sonríe puro compromiso y pasa frente a mí sin mirarme y sin regresar para atenderme. Una pareja se pone de pie y salen apurados del bar para subir a un coche azul estacionado donde estaba el mío, entran allí mismo dos muchachas jóvenes y sencillamente hermosas. Las sigo modestamente con la mirada hasta que se sientan en la mesita de al lado, las miro sin disimular y con absoluto encantamiento, ellas siguen enfrascadas en su conversación particular, ajenas al entorno. Pensar otra vez en mi primo, el lanzado de siempre, ya de seguro estaría por acercárseles, maquinando un caballeroso zarpazo para conversarlas un poco, yo desde ahí malaprendiendo esas artes y esperando algo de liga, pero que pibas preciosas, che, mirá si estuvieras acá, Carlitos.
                                                                                                        
Pero no fue Carlos el que abrió la puerta. Ni siquiera  alcancé a golpear el oscuro león de la aldaba. Seguramente ya me habrían visto cruzar como un espectro tembloroso a través del jardín, descorriendo mínimamente los visillos. Tras el vano de la entrada, el vestido gris oscuro le diluía el menudo contorno contra la penumbra del interior del recibidor. Era mi tía Martha, envejecida de golpe y desprendiendo la pregunta gutural con voz pausada y enormemente sorprendida (de gusto o de susto, nunca alcanzo a saberlo):
-¿Cómo llegaste vos hasta aquí?
Me quedé mudo. No esperaba un cortejo triunfal de bienvenida pero en fin, era mi madrina después de todo y tanto. Me abrazó un instante con espanto y giró hacia adentro, la acompañé sin decir nada. Allí mismo, tan de bruces, los abismos de silencio. Los salones de la casa se hallaban apenas sembrados de escasas y mortecinas luces entre el claroscuro, conviviendo en ese aire con un impensable hedor a encierro y abandono, los muebles cubiertos con amplios lienzos inmóviles, presas de una sombra sólida. Esto era bien distinto a aquellos lujosos parientes que envidiaba secretamente mi madre. En ese vacío, viniendo desde el piso superior y hacia abajo por la pendiente de la escalera, las notas de una marcha militar mal grabada y reproducida a escaso volumen intentaban apropiarse de la planta baja. Suponía que, aún ausente como siempre desde sus paraísos bélicos de proezas ajenas y estrategias irrealizables, mi tío Alberto, como todo distinguido teniente coronel retirado del Ejército, me daría su saludo de rigor inverosímil e infaltable, pero esta vez no se apareció. Lo imaginé encerrado en un estudio ahí arriba lleno de medallas, con su whisky escocés en mano, tarareando la marchita entre los dientes, hablándole al aire como hacía con nosotros sobre Aníbal y unos elefantes que atravesaron los Alpes o de un tal Alejandro conquistador del mundo y tan joven. Ojalá fuese ese joven y me atreviese a conquistar al menos el espacio que separan estas mesas reales que delimitan las comarcas de mi infinita timidez, apuntalada por años. Las muchachas han llamado con un gesto, y los dos mozos se han acercado patéticamente solícitos a atenderlas. No se deciden a pedir nada, ríen nerviosamente y los dos bobos les siguen el juego. Yo ya me decidí por un café mediano con un tostado, pero con un orgullo estúpido espero que ellos me atiendan, no los llamo, ellos se alejan comentándose algo entre muecas absurdas, pasan a mi lado sin mirarme otra vez. Ellas siguen en su charla histéricamente sonora. Entra, por fin, la nena vestida con su mejor higiene de pobre a repartir silenciosamente las estampitas por las mesas. Martha interrumpe con sus extrañas preguntas mi mirada perdida y callada, mi deconstrucción de imágenes:
-¿Cruzaste solo el puente?¿Cómo pudiste?.
-No sé, sólo necesitaba llegar a algún lugar seguro y pude encontrar la casa.
-¿Y alcanzaste a ver a Carlos?
-Pero tía, si recién llego...
-Entonces ¿vos tampoco lo viste?
Comprendí que algo peor a mi ensangrentada desgracia sobrevolaba el momento.
-¿Acaso vos no estabas en ese regimiento? Alberto usó sus influencias y pidió que lo llevaran para allá, al norte, si sólo tenían que hacerle unas preguntas, si él lo dice seguro está bien... Carlitos incluso bromeaba y me decía iba a ser un paseo corto, que de paso te llevaba cigarrillos y alguna de esas revistas de mujeres desnudas... Hoy hace ya una semana que lo llevaron, quizás ya salió y anda de juerga y yo acá preocupada como la tonta de siempre, no sé que tantas preguntas tendrán que hacerle, no porque sea mi hijo pero él es un buen chico y mejor estudiante, digo, ¿cuántas preguntas serán, no?... Tu tío dice que entregarlo era lo mejor, que si no había hecho nada malo nada le iba a pasar, si total de última él tiene sus compañeros y amigos del arma a cargo del cuartel... ¿cómo puede ser que no lo viste...?¿Cómo llegaste acá, entonces...?
Cómo explicarte, ahora Martha, del abominable espanto que al verte y escucharte aún me persigue, como se corporizan las sombras que vengo dejando hace tan poco o hace tanto, de cuanta verdad estoy huyendo... Si soy apenas un chico y ni me atrevo a pensar ante tus ojos inocentes que preguntan, no puedo nombrarlo ni imaginarlo, sería entonces Carlitos alguno de los que gritaban y suplicaban de dolor interminable por las noches desde la barraca oeste cuando oscilaba el voltaje de las luces, sería alguno de los que dejaron su lealtad violentada y manchada con sus tripas en esos pisos que me obligaban a fregar por las mañanas, alguno de los que habrían ocupado finalmente esa fosa que cavamos ayer mismo como esclavos hundidos en el terreno barroso cercano al río, tras el polvorín y los tanques, “sólo cállese y cave recluta, no pregunte, no piense, no mire, no...” Si tampoco entiendo demasiado lo que siguió, sólo sé que salí esa misma noche con lo puesto corriendo a campo traviesa, a pesar del alerta y la orden de alto seguí corriendo más allá de los tapiales sobre las vías, con el zumbido de los disparos detrás mío, con un fuego por dentro y todas mis últimas fuerzas intentando llegar hasta ese tren que retomaba su velocidad en medio de la noche, hacia mi remota esperanza (de ustedes) en el sur, las balas silbando por todas partes. Fue una noche interminable y supongo el día entero herido y encerrado en la oscuridad anónima de un vagón lleno de bolsas de harina y semillas y todos los posibles recuerdos, el convoy deteniéndose varias veces, para requisas o inspecciones o simplemente cargar más granos, siguiendo hacia el sur, hasta la ciudad, esa ciudad donde el sol siempre estará muriéndose, pareciéndose tanto a todas pero allí está el puente, y la casa del otro lado, y yo volviendo siempre a buscar la respuesta apropiada, a negar como vos la realidad, la verdad más evidente.
Comprendo que ya la he visto antes. Ella luce un fulgor moribundo, un simple cartelito trozado en cartón, sujeto con dos piolines desde su cuello y garabateado en tinta como una súplica el “soy sordomuda”. Pasa zigzagueando en silencio entre la gente repitiendo su fervor mustio y automático, esperando algo que no, sin recibir ni la mirada ni la palabra de nadie, nadie parece haber notado su presencia. Se acerca en la costumbre de su recorrido a mi mesa y me entrega junto a la estampita sus dos enormes ojos marrones, y me estremezco. Me atrapa una brumosa emoción infantil, casi un escalofrío al verme reconocido por alguien, sentirme un poco cerca suyo, parte del deambular menudo y ausente del mundo. Reacciono tarde, y fríamente atino a darle las monedas. Abre su mano pequeña al recibirlas y un brillo en su sonrisa abre cosas que nunca me cierran. Me pide que me acerque un poco mientras ella se apoya en la mesa y se estira en puntas de pie hasta casi apoyar su carita sucia en el costado ingrávido de la mía. Lo de siempre se detiene cuando me susurra “vos tampoco estás aquí ¿no?” con complicidad al oído.
Unas monedas caen al piso, nadie las sostiene. Caen al pie de una mesa que nadie ocupa, al borde de una silla donde no se ha sentado nadie nunca.

 

*de Santiago Toralesnahrid@...

 

 

 

Estación Rosario
 
1*
 
 -La mejor carne del país, amigazo: eso se lo aseguro.
Al escuchar la frase, acompañada por un guiño cómplice, Sergio Cejas pensó que aquel barman del vagón comedor le estaba gastando una broma. ¿Turismo sexual en Rosario? ¿Promovido por el Nuevo Ferrocarril Santafesino-Bonaerense? Era de no creer. Y sin embargo, la otrora “Chicago argentina” gozaba de una fama indiscutida en esos temas. La primera imagen que se le cruzó en aquel momento a Sergio Cejas fue la del gran Alberto Olmedo, improvisando como siempre delante de una cámara de TV, quizá sentado junto al inolvidable Javier Portales, o tal vez con uno de los tantos figurines que inevitablemente se lucían a su lado.
La referencia “olmédica” no era casual. En los últimos meses, todo lo que lo rodeaba le parecía una farsa, algo artificial y paródico. Sus ritmos cotidianos, sus escasos placeres, las monótonas tareas que realizaba en esa oficina bancaria que parecía tragárselo día a día bajo toneladas de trámites acaso banales –simulando ser un personaje kafkiano casi contra su voluntad-, hasta su propia vida, parecían haber perdido todo sentido. En caso de haberlo tenido alguna vez…
¿Desde cuándo había notado que su existencia comenzaba a desbarrancar? La respuesta parecía ser la única certeza con la que contase por el momento: desde aquella traumática separación con Evelina, denuncias policiales mediante, durante el invierno pasado. Una época negra de su vida, que aún le dolía en el recuerdo, y cuyos detalles se desdibujaban en el ayer.
¿Por qué se había decidido a viajar en tren? Ni él lo sabía. Los acontecimientos de las últimas horas se le tornaban borrosos. Sólo podía precisar que su propia desilusión lo había conducido desde un departamento desordenado y con sobras de comida por todos lados, hasta las vías. Y que en vez de acostarse sobre ellas en espera de filosos rieles que acabasen con el motivo de su dolor, se había trepado con un violento impulso al primer tren de larga distancia que partiera desde la piojosa estación en la que se encontraba. Trayecto salvavidas hacia Rosario –pasaje de ida solamente- durante el cual había conocido a Ernesto, un simpático barman que le relatara sus desventuras a bordo, apuntando con especial detalle a la increíble historia del camarote embrujado, ocurrida el año anterior, entre las estaciones de Navarro y de Patricios, durante una noche de tormenta.
Aunque no fuera compañía lo que buscaba, Sergio Cejas agradeció la consoladora presencia de Ernesto –además de la secreta botella de whisky, fuera de inventario, que ocultaba debajo de la barra-. Y sin embargo, la espontánea oferta de sexo lo sorprendió generosamente. Aunque, ¿para qué trasladarse a Rosario para conseguirlo? Conocía algunas esquinas de Buenos Aires donde podía encontrar decenas de ofertas como ésa; nada de travestis, eso sí, no era su estilo. Además del inexplicable traslado en busca de una triste porción de sexo alquilado, también había hallado una inesperada compañía amistosa junto a varias medidas de whisky, al menos para despejar sus ocasionales pensamientos suicidas… Eso estaba muy bien, aunque sólo fuera por unas horas. Ahora: ¿acaso Sergio Cejas ansiaba encontrar en Rosario algo más que aquello, imposible de precisar?
-Hágame caso, amigo -insistió Ernesto, el barman. –Aproveche. No se va a arrepentir.
Ni bien bajó del tren al llegar a destino -seguido de Ernesto, quien comenzó a hacer señas trepado al estribo en dirección a un borde alejado del andén-, se le acercó presuroso un gordo que lucía una larga y lacia cabellera, junto a una barba candado bastante espesa, que no dejaba de fumar cigarrillos negros.
-González Raúl, para servirle –saludó, parco y en un susurro, mientras le daba un breve estrechón de manos. Y agregó: -“Canalla” de alma, para más datos.
Sergio Cejas consideró que no era momento de esbozar siquiera su leve simpatía por la “lepra” de Newell´s. Su interlocutor no parecía muy afable a las diferencias. Y él no tenía ganas de malgastar la poca energía que sentía bullir en su interior, a pesar de la bruma existencial que lo rodeaba.
-El señor busca servicio especial -le informó Ernesto, aún trepado al estribo, como si la oferta de sexo -ajena en absoluto al contexto ferroviario- fuese un extraño rebusque del barman para hacerse unos pesos extras. –No me hagas quedar mal…
-¿Alguna vez lo hice? –retrucó el gordo, y sin aguardar respuesta alguna le masculló a Cejas cerca del oído: -Sígame.
Sergio Cejas, carente de todo equipaje, llevándose a duras penas a sí mismo, lo siguió sin saber muy bien lo que hacía. Todo le daba lo mismo. O tal vez no…
-¿Tiene plata? –lo interrogó el gordo, ni bien subieron a la vetusta camioneta Ika que los aguardaba en una calle lateral. Sergio Cejas asintió, un tanto trémulo, aunque no estaba muy seguro de la cantidad que llevara encima. El gordo no pareció muy convencido de la respuesta, por lo que disparó: -Revise bien los bolsillos, ¿eh? No lo llevo a ningún lado si no hay efectivo.
Sergio Cejas indagó dentro de su ropa. De manera incierta encontró un total de cuarenta y dos pesos con treinta centavos. ¿Cómo había hecho para salir con tanto dinero a la calle, sabiendo que su idea inicial era tirarse debajo de un tren? ¿Y el dinero para el pasaje? Misterio…
-Por mí está bien –aclaró González Raúl, y puso la Ika en marcha. –Siempre que no se ponga exigente…
Tardaron unos quince minutos en llegar hasta un barrio semi marginal, estacionando junto a una casona bastante antigua, cuya elegancia había conocido épocas mejores. Un par de hombres de proporciones considerables conversaban entre sí junto al portón de entrada. Sergio Cejas se atemorizó, y no supo cómo hacer para declinar la oferta. Pero González Raúl ya había bajado y le indicaba junto a la puerta abierta de la Ika, sosteniendo el cigarrillo negro entre sus labios:
-Vamos; las chicas esperan.
Más que a una tarde de placer, Sergio Cejas parecía encaminarse a paso cansino hacia una ejecución. De pronto, el fugaz ratoneo con la fantasía de un encuentro sexual fuera de Buenos Aires se había disipado, dejando en su lugar una cruel sensación de estar siéndole infiel a Evelina. La imagen se avecinó sobre su alma con el peso mortal de un ataúd.
Sin embargo, siguió adelante, detrás de la espalda de González Raúl.
Los fornidos patovicas se hicieron a un costado al ver llegar al gordo. Ambos cruzaron el umbral para encontrarse con una habitación en penumbras, apenas iluminada por un par de trémulos veladores en los rincones, y con el rumor de fondo de una cumbia proveniente de un cuarto del fondo. Sergio Cejas apenas vislumbró un par de siluetas femeninas caminando entre los sillones del cuarto, ajenas a todo lo que las rodeaba. Casi tanto como se sentía él.
-Venga –masculló el gordo por sobre su hombro, sin despegarse el cigarrillo de entre los labios.
Atravesaron el cuarto, impregnado de perfumes baratos, hasta llegar a una de las mesitas iluminada por el velador. Recién al acercarse descubrió a la obesa mujer sentada a un costado que se limaba las uñas con una indiferencia pasmosa.
-Edith: el señor requiere de los servicios de las chicas –informó el gordo, y mientras se volvía le dijo a Cejas al pasar: -Lo espero afuera. Si no estoy, me espera Ud.
González Raúl salió de la casa, y la masculina voz de la tal Edith retumbó cerca suyo: -¿Qué le gustaría? ¿Bucal… vaginal… anal… completo…?
Sergio Cejas volvió la cabeza hacia la mujer obesa y no supo qué contestar. Una sola idea le cruzó la mente.
-¿Qué puedo hacer con cuarenta pesos? –preguntó.
-No mucho -dijo ella, sin levantar la vista de la indiferente labor de la lima. –A menos que no le importe tratar con Isabel…
Él permaneció en silencio, sin entender a qué venía el comentario.
-Las blanquitas y jóvenes son las más caras –comenzó Edith, casi resignada. -Cuanto más entradas en años, más baratas cotizan. Menores de edad no tenemos; vaya a buscarlas a los bulos de los políticos, si las quiere. –Otro silencio contemplativo hacia la tarea manicura, hasta que por fin, recordando de qué estaba hablando, agregó: -Isabel es la tullida.
-¿P…perdón…? –balbuceó Cejas, incrédulo.
Edith ya parecía molesta por tener que hablar tanto.
-Se cayó del tren hace unos años -informó, siempre sin mirarlo. -Ya se dedicaba al oficio, así que después de la tragedia seguía en lo suyo o pedía limosna en el cordón de la vereda. ¿La quiere o la deja? -terminó por impacientarse la mujer obesa.
Sergio Cejas sintió el impulso de escapar, dueño de un siniestro aire de ajenidad, aunque irse de aquel lugar sin haber cumplido el esperado alquiler de cuerpos era similar a cavar su propia fosa hacia el abismo de la desesperación. Afuera lo aguardaba un tren, impiadoso y veloz, al que ningún ruego podría detener, cuyo objetivo fuera el de lanzarse pujante sobre él……y no precisamente para llevarlo como pasajero…
Le parecía estar escuchando la lúgubre sirena acercándose hasta él, estremecido por el escalofrío, cuando se escuchó decir:
-E-está… bien. Me quedo con la …t-tullida…
-¡Greeeeeetaaa!!! –aulló Edith, sobresaltándolo, siempre sin levantar la vista de sus uñas, más que perfectas. -¡Decile a Isabel que tiene visitas!!!
Sergio Cejas estaba a punto de acercarse a la cortina de cuentas de vidrio que separaba la sala en penumbras del pasillo hacia donde imaginaba que estaban las habitaciones, cuando oyó un chistido que lo detuvo en seco.
-Se paga por adelantado –anunció Edith, terminante. –Son treinta pesos. –Cejas dejó el dinero sobre la mesa, con mano trémula. La mujer obesa aclaró: -Si es de los que se impresionan, lo lamento; no hay devolución.
Manoteó los billetes, mirándolos apenas, se los guardó en el escote, y ya no habló más.
La cortina de cuentas de vidrio cantó al abrirse. Una chica delgada y morochita, vestida con una solera de sarga, luciendo una amplia sonrisa rematada en dos enormes paletas de conejo, le hizo una seña para que pasara. Sergio Cejas la siguió, con paso vacilante. El sonido de la cumbia sonaba cercano. Por debajo del perfume barato había un intenso olor a humedad. Caminaron hasta el fondo de un largo pasillo, donde sobre una ajada puerta de madera la morochita golpeó dos veces.
-Pase. Está abierto -respondió una voz de mujer.
La chica abrió, empujó la puerta, y sin borrarse la estúpida sonrisa de conejo se hizo a un lado para que Sergio Cejas pudiera entrar. Una vez que traspuso el umbral, ella cerró la puerta a sus espaldas.
La imagen de la cama en el centro del cuarto con la mujer recostada sobre ella acaparó toda su atención, salvo por la silla de ruedas, antigua y maltratada, que yacía cerca del colchón, con una bata sobre ella. La bombita desnuda alumbraba desde el techo, develando a una chica de unos treinta y tantos años, de tez trigueña, bonitas facciones, cabello enrulado, hombros sólidos, pechos firmes, vientre un tanto abultado y caderas amplias. Algunas cicatrices le cruzaban el abdomen, producto de varias operaciones. Se la veía bien alimentada, el tronco apoyado sobre varias almohadas, y aunque estuviese desnuda por completo, las sábanas le cubrían las piernas desde el borde superior del muslo hacia abajo. O mejor dicho: donde deberían haber estado sus piernas.
-Hola –lo saludó ella. –Bueno… ¡Qué suerte la mía! Dale, vení… Acercate. No siempre me tocan clientes tan finos como vos.
Sergio Cejas pensó la chica se burlaba de él, considerando la desarrapada imagen que presentaba desde hacía tiempo. Se detuvo a pensar en la clase de hombres que visitarían a esta chica a diario, y contuvo sus ofensas. ¿A diario? Algo le hizo pensar que, dadas sus condiciones, Isabel no debía ser muy requerida por los clientes del lugar. Y sin embargo, alguien con sus características hubiera sido muy solicitada por quienes gozaran de perversiones como éstas. Si hasta parecía bonita…
-Vamos, che. No seas tímido –lo incitó ella, tendiéndole un brazo para que se acercara.
Él avanzó tembloroso, sobrecogido por la imagen que contemplaba, sintiendo una honda vergüenza, como si quien estuviese desnudo fuera él. ¿Llegaría a tener una erección sabiendo lo que había –o no había- debajo de aquella sábana?
         De pronto, deslumbrado ante lo inesperado de la sensación, avasalladora como locomotora desbocada, advirtió que lo único que quería obtener de ella era un fuerte y cálido abrazo que lo contuviera. La cruel inermidad que contemplaba sobre aquella mujer le parecía insignificante frente a su propio desvalimiento.
         Caminó hasta el brazo extendido, se sentó sobre el colchón, y antes de que Isabel comenzara a quitarle la campera Sergio Cejas se derrumbó sobre ella, sin mirarla, abrazado a esos hombros sólidos y musculosos como un borracho aferrado a un poste de luz, y comenzó a llorar.
         Un llanto agónico, profundo, de esos sollozos que emergen desde los abismos del alma y pronto se convierten en una caudalosa catarata, devastando cualquier falsa apariencia de normalidad.
         Sorprendida, Isabel le devolvió el abrazo, con una calidez inusual, desconocida para sus cada vez más ocasionales clientes, y comenzó a acariciarle el cabello de la nuca, mientras murmuraba, casi a su pesar:
         -Bueno… bueno… ya va a pasar… No te pongas así… Ssshhhhh…
         Sergio Cejas se aferró aún más a ella, a su piel, a su calor. Ya no le importó saber dónde se encontraba, ni ante quién estaba, ni cuál era su condición. Sólo le importaba saber que existía ese abrazo, ese afecto momentáneo que desconocía la manera de calmarlo, pero que al menos intentaba hacerlo sentir un poco menos solo. Un oasis en medio del desierto, en el que sólo quería refrescarse y beber, de la manera que fuera…
         Sin siquiera secarse las lágrimas, con la mirada enturbiada, comenzó a besarle el cuello, a incorporar a la chica hasta sentarla en la cama, a desplazar lentamente sus manos a lo largo de aquella espalda, descendiendo hacia una cintura donde comenzaba una zona cruzada de marcas, y ascendiendo luego hacia sus pechos, experimentando una ternura insólita, como hacía mucho tiempo no sentía al lado de nadie, olvidando por completo el contrato pactado con la mujer obesa.
         Isabel recuperó parte de su integridad profesional, relegando aquel momento de tierna debilidad, cuidando de no caer en el peor de los errores que podía cometer: enamorarse ante los sentimientos de los clientes. Al tipo éste se lo notaba destrozado, aunque su cuerpo estuviese entero. Ella, ignorando cómo, parecía sentirle el alma partida en pedazos dentro del pecho, y sólo atinaba a abrazarlo y acariciarlo, como si con aquel contacto pudiese combatir sus propios temores. Hasta que volvió a intentar quitarle la campera, y esta vez él le ayudó, reaccionando como un autómata, desvistiéndose en busca de una mayor cuota de calor.
         Una vez con el torso desnudo, y aún sin verla a través de sus lágrimas, que le bañaban las mejillas, volvió a abrazarla. La suavidad de su piel, junto al vibrante roce de sus pezones, lo estremeció, causándole una erección casi dolorosa que lo obligó a desprenderse violentamente del pantalón.
         Tenderse sobre ella y penetrarla fue mucho más que un acto de placer; se convirtió en una desconocida necesidad vital. La prostituta tullida, acaso deforme, se convirtió en la mujer ansiada y amorosa, nutricia de ternura y contención. Y el orgasmo, inexplicable para ambos, los transportó muy, muy lejos, allí donde las palabras carecen de toda significación.
         Las lágrimas se secaron sobre la piel y las almohadas. Los jadeos se extinguieron en una serie de acompasados suspiros. Y ninguno de los dos, sostenido de ese abrazo, atinó a quebrar aquel momento con palabras vacías.
         Sólo después de un buen rato, ambos se irguieron muy lentamente, consiguieron mirarse a los ojos, y sin premeditarlo, preguntaron a la vez:
         -¿Cómo te llamás?
 
*de Aldima.