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CONSOLIDAR LAS FUERZAS PROPIAS   Lista de mensajes  
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Re: [juventudperonista] CONSOLIDAR LAS FUERZAS PROPIAS

Estimado Ernesto.
Sigo sin entender las profundas disquisiciones necesarias para justificar este
proceso politico kishnerista.
Amigo. No es necesario convocar con sanatas difusas y engañosas a un plebiscito
trucho.
Si se gobernaria bien, a favor de el Pueblo, reivindicando sus derechos y
recomponiendo los beneficios usurpados por los delincuentes de los cuales el
señor K es socio o dependiente, no seria necesario convocatorias truchas.
Le ruego no agote por su uso indiscriminado el nombre del Movimiento Nacional y
Popular de Liberacion Nacional y Social, por que Ud y yo sabemos que jamas el
señor K puede conducir semejante proceso.
Tiene el Poder y tendria el apoyo Popular de intentar realizar un cambiol en
serio.
Ud y yo sabemos que esto es una payasada.
Le ruego no bastardee mas los Nombres.
Alcanza con el bastadeo de el nombre del General Peron, Evita, los Pensadores
como su Tio o Padre, no lo tengo claro.
No engañe mas a los compañeros .
Por favor.
Rodolfo.


LUIS HORACIO LECHNER <lineaperonista_8denoviembre@...> escribió:

El desafío de las próximas elecciones:

CONSOLIDAR LAS FUERZAS PROPIAS





"Las reformas se hacen reformando y comenzando a reformarse a sí mismos,

porque es muy viejo y conocido el método que encara la reforma de los demás,

y ya nadie cree a ese que predica de una manera y obra de otra".

Juan Perón

Discurso ante el Congreso General Constituyente del Partido Peronista

1947



En vistas al proceso electoral



Las palabras del Presidente al decir: "Vamos a hacer un plebiscito de nuestra
gestión en las elecciones de octubre", indican cuál es la exigencia de la hora.
Pero también propone Néstor Kirchner: "no va a haber elecciones de partidos o de
ideologías", sino que se deberá optar entre "los que aman al país" y "los que
quieren volver atrás".

Una necesidad política contingente es la que dicta el primero de esos
postulados. Sin embargo, no por real existente supone un desafío menor: está
lleno de asechanzas que llevan riesgo a futuro. Acabar con el síndrome del 22%
es condición de necesidad para adquirir el poder que reclaman los cambios
históricos que la esperanza demanda de su gobierno.

Pero, cuidado, todo plebiscito supone consensos circunstanciales que restringen
el alcance de las metas trascendentales.

El segundo principio, a su vez, alude a la estrategia; esto es, a nuestro
horizonte utópico. El adversario a vencer no es Duhalde ni unos partidos de
oposición casi inexistentes: la madre de todas las batallas es por la liberación
y contra la dependencia. Lo que Kirchner dice es: aquí está en juego la Nación.

Ese es el marco condicionante que la etapa en su dimensión histórica impone a
las resoluciones coyunturales. Hay que pensar el proceso electoral que se
avecina a la vista del día después, porque no será la de octubre la ocasión
mágica que cambiará las relaciones de fuerzas sociales en disputa por el
excedente económico. Según cómo se aborde el proceso electoral pueden
fortalecerse las fuerzas del cambio, pero también pueden debilitarse.

No es posible que haya cambios de un día para el otro. Seguro. Las relaciones
económicas, sociales y políticas forjadas en décadas de dominio reaccionario no
serán fácilmente superadas por el nuevo proyecto popular, tanto por la
resistencia que ofrece la matriz de poder que va siendo desplazada como porque
ha faltado tiempo para cambiar la cultura heredada, la conformación de la
sociedad y la estructura del país. Pero además es preciso tener presente que
entre los muchos actores del Estado con responsabilidades en el proceso
electoral la voluntad de transformaciones de fondo a favor de los intereses
populares no es homogénea. Más aún: es fundamental tener en cuenta que los
intereses del privilegio, aunque privados de la más alta potestad del Estado,
continuarán siendo por un tiempo más o menos largo más fuertes que la impronta
de cambios que apenas acaba de nacer.

Por otro lado, esto siempre será así: una fuerza nueva se constituye también con
los viejos cuadros de los viejos partidos, y esos nuevos partidos, condicionados
por normas y prácticas viejas, seguirán siendo los mismos o muy parecidos,
aunque se trasviertan bajo nuevos rótulos. Las nuevas generaciones de cuadros en
formación van a convivir muchos años con las viejas prácticas y los viejos
dirigentes: hasta que lo último de lo viejo deje su lugar a lo nuevo.



Mientras tanto, si nada expresan ideológicamente los viejos partidos, nada muy
diferente podrán sumar en lo inmediato las incipientes fuerzas nacidas al calor
del "que se vayan todos". Los que "aman al país", mezclados y confundidos con
"los que quieren volver atrás", se debatirán en una realidad práctica que
desmiente todo idealismo: competición de grupos, defensa de predominios
localistas, "operaciones" al servicio de repartijas, promesas demagógicas,
etcétera, etcétera. Los vicios típicos de una democracia sin soluciones, autista
y cerrada sobre sí misma en luchas de poder alimentadas por ambiciones
personales; el estilo de una dirigencia que olvidó el objetivo final de la
política: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación; la práctica de una
democracia que renegó de representar intereses sociales concretos y cedió a la
fantasía del mercado la resolución del conflicto social. El propio voto, la
expresión más genuina de la voluntad popular, ha sufrido en los últimos años
el desgaste de su bastardización, que lo convirtió en un embuste
antidemocrático: fue a través del sufragio universal que se consagró el poder de
las fuerzas económicas de carácter privado que subordinaron las decisiones
gubernamentales en perjuicio de los legítimos intereses de la comunidad. En esa
atmósfera desprovista de espíritu público en que hemos vivido, las instituciones
se redujeron a las apariencias y a los formalismos.



Consolidar las fuerzas propias



Es bien claro que, para los nuevos dirigentes que suman su energía en procura
del plebiscito que reclama la continuidad de la política del gobierno que
apoyamos, no vale todo. Uno de los mayores peligros del proceso actual es caer
en combinaciones oportunistas en torno de objetivos subalternos. Con frentes,
acuerdos y alianzas se puede crecer o retroceder; no se concurre a una alianza
fecunda con cualquiera ni de cualquier manera. Los márgenes políticos los dictan
las conductas individuales y colectivas de los dirigentes; los límites éticos
los marca nuestro respeto a las formas participativas, solidarias y honestas de
la práctica política.

El abandono de estos principios puede arrojar a la nueva militancia hacia el
mismo desprestigio de la clase dirigente de los viejos partidos, y alimentar el
desinterés, la indiferencia o el rechazo de la ciudadanía. Las fuerzas nuevas
-minoritarias y débiles aún- tienen que superar la tentación de llevar a cabo
una labor política disciplinada y prolija que le impida diferenciarse; la
militancia popular debe asumir el riesgo de impulsar cambios de fondo en las
listas, en las formas de construcción política y en la relación de la política
con la ciudadanía, llevando sus propuestas hasta los límites: sin romper huevos
no se hace una tortilla, ni se resulta consecuente con la demanda aquella del
Presidente: "Queremos compañeros que piensen, que nos digan la verdad, que
tengan capacidad transgresora, que ayuden a equivocarnos lo menos posible..."

Es preciso trabajar durante este proceso electoral bregando por la construcción
o al menos poniendo las bases de un nuevo sistema político superador del
remanente del viejo país por otro representativo de los intereses de las
diferentes fracciones sociales que disputan el poder y el destino de la Nación.
Esto es, aprovechar la impronta electoral para ir transitando hacia la
construcción de un partido que sea expresión de los intereses y necesidades del
Pueblo y no del mercado. No únicamente para dar satisfacción a la demanda social
emergente sino para salvar históricamente a la democracia argentina.

Pensar la Nación



Alguna vez he convocado a Lenín y su afirmación en la Duma de que "se crece
dividiéndose". Aunque la cita fue periodísticamente desvirtuada, lo que supone
esta afirmación es que, para crecer políticamente, es necesario acumular
representatividad de sectores sociales concretos. Este texto remite a la
perspectiva estratégica del proceso electoral que está en curso en la Argentina
actual: dividiéndose, se gana en poder para el Pueblo.

Ninguna opción por la liberación apuesta, como nos había acostumbrado la
política que convalidaba el régimen de dependencia, a que un partido por ser
mayoritario deba contener en su seno intereses sociales antagónicos.

No pasó demasiado tiempo desde que se escuchaba elogiar la capacidad política de
Menem, al sumar en un solo partido político a los discípulos de Martínez de Hoz
con los trabajadores desocupados de La Matanza: hasta se llegó a afirmar el
disparate de que esa construcción política constituía "un inédito contrato
social", aunque apenas fue una ordenada forma de subordinación política de los
vencidos.

Sólo desde una fuerza política y social capaz de representar a todos los
trabajadores ocupados y desocupados y a las fuerzas de la producción y el
mercado interno (que electoralmente serán siempre la mayoría aunque carezcan de
todo el poder) se construirá la relación de fuerzas necesaria para negociar el
aporte a la Nación de los demás sectores sociales, incluso aquellos hoy
vinculados a la dependencia. El Movimiento Nacional y Popular no es una
construcción partidaria ni un acuerdo de partidos: es un eje social y político
que articula verticalmente a los intereses nacionales.

Para que sea posible repetir el ciclo virtuoso que en la Argentina inauguró el
peronismo no hace falta que resucite Keynes ni que retrocedamos a la posguerra.
Hace falta sí, consolidar el lugar de las fuerzas propias y desde ahí dialogar
con otros sectores e intereses, para construir los consensos sobre la Nación que
representarán a la mayoría electoral en la batalla estratégica de la liberación
contra la dependencia.

¡Qué fácil de recordar! Con la representación de los descamisados, Perón
adquirió la fuerza necesaria para imponer condiciones a los dueños de la tierra
y el capital. Y no para marginarlos sino todo lo contrario: los sumó a su
proyecto, pero en condiciones de igualdad y equilibrio, para beneficio de la
Nación, que así pudo ser económicamente grande y libre pero también socialmente
justa. Con el peronismo todos ganaron: la burguesía industrial, los
terratenientes, los sectores medios y los trabajadores.

Se impuso la pasión por el bien común. Y esa fue la revolución. "Ningún
individuo se realiza en una comunidad que no se realiza", fue el paradigma que
hoy adquiere significativa dimensión.

El piso político, la plataforma ética de lanzamiento ya está puesta. La gestión
Kirchner es producto de un nuevo despertar de los Pueblos. A las fuerzas nuevas
del país les corresponde ahora acompañar: frente al poder de la fuerza, el
dinero y los aparatos, el objetivo es dar la palabra al Pueblo organizado, en el
convencimiento de que la única democracia que puede sostener un Movimiento
Nacional de Liberación Nacional y Social, es la que se expresa como social,
orgánica y directa.

Esa organización popular, que deberá empezar a construirse desde la
participación en el presente proceso electoral, será la que fijará los términos
de los acuerdos con los poderosos intereses de la dependencia para erigir,
pensando el mundo que viene, la alternativa nacional que mire a un futuro de
grandeza para todos los argentinos.





Ernesto Jauretche

ejauretche@...




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