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Sent: Tuesday, September 05, 2006 2:48 PM
Subject: Carta 371
CARTA ARGENTINA (CA)
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Carta 371
Nacional
Política - Economía - Defensa - Ciencia y tecnología - Producción de
conocimiento
Buenos Aires - Argentina - 5 / 9 / 06 - 02. 30 p. m.
AEROCOMBUSTIBLES O LA FERTILIDAD DE LAS FRUSTRACIONES
por Carlos M. Duré
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La producción de conocimiento - formal o informal, académica o doméstica - es
hoy el único recurso estratégico con que cuenta un país del tercer mundo para
resucitar cada vez que el imperialismo lo reduce a escombros. Si el lector entra
al sitio de CA verá un botón que dice "Matriz" y otro que dice "Contexto
histórico", en los que puede apreciar explayado este concepto.
Una empresa supranacional que medra con la renta de sus patentes podría afirmar
capciosamente lo mismo. Pero la producción de conocimiento contiene el factor
identidad, sin el cual, aquella queda a disposición de los monopolios. La
identidad del conocimiento no es otra que la que refleja las necesidades e
intereses de una nación y de sus trabajadores.
Un huevo de Cóndor
Antes que se desmantelara el proyecto Cóndor II, los entendidos decían que la
participación argentina en el missil consistía, entre otras cosas, en el
desarrollo de un combustible acaso de características innovadoras. Hoy no se
sabe mucho al respecto, pero algunos experimentos que lleva adelante la
Asociación Argentina de Tecnología Espacial (AATE) pueden dar alguna
orientación.
Uno de los problemas que se le presentan a la tecnología de cohetes y de
missiles - siempre de acuerdo con los que saben de esto - es el dilema de usar
combustible sólido o líquido. El combustible sólido tiene la ventaja de ser
estable.No explota fácilmente como el líquido pero una vez encendido su ignición
no puede ser administrada o dosificada, tal como sucede con una cañita voladora.
El líquido puede dosificarse mediante válvulas pero tiende a explotar al menor
derrame. Aparentemente, AATE - un pequeño grupo de entusiastas del tema no
necesariamente egresados de la unversidad - habría logrado un motor híbrido cuyo
sistema de ignición combina las ventajas de los dos anteriores.
Este desarrollo tecnológico tropieza con un problema similar al del Plan
Nuclear: es considerado por EE UU tecnología de eventual empleo en armas de
destrucción masiva. No sería extraño, pues, que el invento de AATE termine en
poder de Lockheed Martin, concesionaria del Area Material Córdoba, empresa que
acaba de contratar con el gobierno norteamericano la producción de un vehículo
espacial que no explote como el transbordador que ya se ha cobrado muchas vidas.
Probablemente las investigaciones de AATE no tengan otra relación con el missil
que habría financiado el actualmente reo Sadam Houssein que la disposición
histórica de la Argentina a incursionar en materia aeroespacial. En dicha
predisposición y en el hecho de que el país tuvo un desarrollo industrial que
alentó ir más allá del papel milimetrado subyace el principio de identidad del
conocimiento al que se hacía alución.
La turbosoja
El 7 / 8, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) informó en su página de internet que
al día siguiente presentaría en la base de El Plaomar el Proyecto "Bíojet" en el
que se espera desarrollar un combustible para turbinas de avión hecho a base de
materia prima no fósil, más exactamente, soja.
Dice la FAA que el propósito de la presentación del biojet es atraer inversiones
para generar una norma industrial que permita poducir combustible de uso militar
y civil.
Varios medios se interesaron en el asunto, pero los que lo describieron con
variedad de detalles fueron el diario Granma de Cuba y la agencia española EFE.
Dice Granma en su edición del 13 / 8 que salvo EE UU -país que ya ha
experimentado el biojet - la Argentina asumiría una posición de avanzada en
estos combustibles que pueden reducir los altos costos operativos de la líneas
aéreas comerciales y los militares.
Es comprensible que Cuba se interese en el biojet considerando que su fuerza
aérea y su línea comercial no han quedado en tierra hasta el presente gracias a
la provisión de petróleo venezolano. También es comprensible que la agencia
española destacara la noticia puesto que la íberopetrolera Repsol hace un año
abrió una planta de biocombustibles para ir compensando la caída de la
producción de hidrocarburos en la Argentina. Y es encomiable que la FAA supere
con un poco de ingenio y audacia las limitaciones que la precariedad económica
del país imponen a su capacidad operativa.
Sin embargo, la convocatoria de inversores para desarrollar una norma industrial
del biojet no implica solamente una matriz técnica sino una patente: la
propiedad jurídica. El esfuerzo científico ha corrido por cuenta de la FAA, la
Secretaría de Ciencia y Técnica y las universidades nacionales, es decir, por
cuenta del Estado ¿No terminará la patente (y la norma) bajo la influencia -
cuando no, bajo la propiedad - de uno de esos eventuales inversores.
La historia del aeroquebracho
En su edición del 3 / 9, el diario El liberal de Santiago del Estero exhibe una
foto de una planta industrial en ruinas. A continuación dice que en 1940, en
medio del monte santiageño y gracias a la lucidez de León Weisburd, se logró
hacer nafta para aviones a partir de la madera. "Acompañado por científicos -
dice El Liberal - León logró obtener de la destilación de la madera un producto
similar al petróleo crudo y de éste la nafta para aviones que fue probada con
éxito". Contiguo, reproduce el testimono del ingeniero Néstor René Ledesma,
amigo de Weisburd: "Cuando los poderosos que manejan la industria petrolífera
comprendieron y vieron en Weisburd a un competidor, entonces hicieron todo lo
posible por fundir la empresa que con tanto sacrificio había levantado".
Los tres ejemplos citados aportan lo suyo a la afirmación que se hace al
principio de esta nota.
(Fin de la carta)
Libre reproducción con la sola mención de Carta Argentina como fuente
[Las partes que no eran texto en este mensaje fueron eliminadas]