11 de septiembre de 1973
Santiago de Chile La trampa Por valija diplomática llegan los verdes billetes
que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los empresarios
paralizan a Chile y le niegan alimentos. No hay más mercado que el mercado
negro. Largas colas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un
kilo de azúcar; conseguir carne o aceite requiere un milagro de la Virgen María
Santísima. La Democracia Cristiana y el diario «El Mercurio» dicen pestes del
gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con
esta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas y radios y canales de
televisión. Al gobierno le cuesta moverse; jueces y parlamentarios le ponen
palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que
Allende cree leales.
En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos
de la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni
abastecerse sin mercaderes. Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las
manos, por este camino de su libertad.
Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos,
y se exhiben ante las costas chilenas. Y el golpe militar, tan anunciado,
ocurre.
Santiago de Chile Allende Le gusta la buena vida. Varias veces ha dicho que
no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que
vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir.
Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se
vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por
tierra y aire.
Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los
militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara
su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por
radio, por última vez:
—Yo no voy a renunciar...
Salvador Allende Ultima alocución al pueblo transmitida por Radio
Magallanes 11 de septiembre de 1973
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…Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria.
Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su
palabra, roto la doctrina de las Fuerzas Armadas.
El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse
masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a
construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.
Una palabra para aquellos que llamándose demócratas han estado instigando esta
sublevación, para aquellos que diciéndose representantes del pueblo, han estado
turbia y torpemente actuando para hacer posible este paso que coloca a Chile en
el despeñadero.
En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria los
llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la
represión ni con el crimen. Ésta es una etapa que será superada, éste es un
momento duro y difícil. Es posible que nos aplasten, pero el mañana será del
pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una
vida mejor.
Compatriotas: es posible que silencien las radios, y me despido de ustedes. En
estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan
que aquí estamos, por lo menos con este ejemplo, para señalar que en este país
hay hombres que saben cumplir con las obligaciones que tienen. Yo lo haré por
mandato del pueblo y por la voluntad consciente de un presidente que tiene la
dignidad del cargo…
Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La
Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación.
Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo
moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.
Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares… …al almirante Merino… … El
general Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y
lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.
Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores:
Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la
lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que
entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser
cegada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos
sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen
los pueblos.
Trabajadores de mi patria:
Quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que
depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia
que empeño su palabra en que respetaría la constitución y la ley, y así lo hizo.
Es este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes.
Espero que aprovechen la lección.
El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para
que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y
que reafirmara el comandante Araya, víctima del mismo sector social que hoy
estará en sus casas esperando con mano ajena conquistar el poder para seguir
defendiendo sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra: a la campesina
que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de su
preocupación por los niños.
Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a
los que hace días están trabajando contra la sedición auspiciada por los
colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas de
una sociedad capitalista.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su
espíritu de lucha; me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al
intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el
fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas,
volando puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los
gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder… …la
historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no
llegará a ustedes. No importa me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a
ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la
patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse.
El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede
humillarse.
Trabajadores de mi patria:
Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y
amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho
más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre
libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no
será en vano.
Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará
la felonía, la cobardía y la traición.
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Tomado de: Salvador Allende, Discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1975.
Última revisión: 25/07/02
Santiago de Chile La reconquista de Chile Una gran nube negra se eleva desde
el palacio en llamas.
El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por
todo Chile.
El Registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros,
pero el general Tomás Opazo Santander afirma que las víctimas no suman más que
el 0,01 por 100 de la población, lo que no es un alto costo social, y el
director de la CIA, William Colby, explica en Washington que gracias a los
fusilamientos Chile está evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara
que el llanto de las madres redimirá al país.
Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados
en la Escuela de las Américas en Panamá.
Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica. Suena
música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla: las radios emiten
bandos y proclamas que prometen más sangre, mientras el precio del cobre se
multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.
El poeta Pablo Neruda, moribundo, pide noticias del terror. De a ratos
consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla.
Desde que escuchó por radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el
poeta ha entrado en agonía.
[ Pablo Neruda ]
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Memoria del Fuego ]
[ Eduardo Galeano ]
Si quiere dar de BAJA su dirección envíe un mensaje con la palabra baja
No enviamos archivos SIN PREVIO AVISO.
El Muro de Sharon, ese rotundo desastre, ofrece una rara oportunidad para
observar la verdadera naturaleza del Estado judío, y para llamar a
desmantelarlo. ¡No sólo el Muro, tontito! El Estado judío.(Israel
Shamir-escritor, periodista y traductor israelí)
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