Chávez y Perón; ¿Un solo corazón?
(Raúl Isman)
Docente. Escritor.
Miembro del
Consejo Editorial.
de la Revistas
Desafíos.
Colaborador del periódico
socialista El Ideal.
Director de la revista
Electrónica
Redacción popular.
raulisman@...
www.geocities.com/raulisman
http://raulisman.blog.terra.com
“El año 2000 nos encontrará unidos
o dominados.
Juan Domingo Perón.
El peronismo constituye un más que oscuro objeto del deseo gnoseológico, es
decir, para el conocimiento. No sólo para periodistas, científicos sociales,
opinadores y dirigentes políticos de otras latitudes; sino que la ignorancia
acerca de la fuerza emergida hacia 1945 es muy fuerte aún en la patria que la
vio nacer. Asimilado a formaciones como el A.P.R.A. peruano, el Partido
Revolucionario Institucional (P.R.I.) de Méjico o el Varguismo brasileño, hoy
desgajadas o totalmente corridas a la derecha; por el contrario, el movimiento
peronista nacido en 1945- aunque se ha desgarrado en múltiples peripecias-
muestra una sorprendente vitalidad. Fascismo, nazismo, totalitarismo, demagogia,
hegemonismo son algunas de las erradas caracterizaciones para una fuerza que
edificó un estado benefactor con niveles de integración social de avanzada (en
los tres gobiernos del líder fundador); lo destruyó durante la gestión de quién
se definía como el más grande discípulo del general
socarrón (Carlos Menem) y se halla en proceso de reedificarlo en la actualidad
(el proceso conducido por el actual ejecutivo nacional).
Por cierto que en este modesto artículo no pretenderemos agotar semejante
desafío y obstáculo epistemológico; si no más bien responder (modestamente) a
dudas que nos fueron participadas por amigos venezolanos, peruanos, mejicanos y
ecuatorianos acerca de ciertas declaraciones del Presidente bolivariano, quién
se define como peronista.
De modo que en los siguientes garabatos sólo se compararán algunas
características de ambos liderazgos y los correspondientes procesos en las
sociedades respectivas; ya que ubicar adecuadamente en el correspondiente
contexto social es el único modo de hacer inteligibles históricamente los
brillos personales.
Por cierto que no pretendemos resolver de modo definitivo semejante
intríngulis teórico e histórico; sino sólo abrir un mínimo cauce al debate
enunciado de forma por demás sencilla y callejera del modo siguiente: si es
factible hablar del peronista Hugo Chávez Frías y/o del Chavista Juan Domingo
Perón; sin dudas, dos modelos de liderazgo para la emancipación en nuestra
América.
Comencemos enumerando primeramente algunas significativas diferencias entre uno
y otro.
En primer lugar la cuestión temporal no es una circunstancia menor. El emerger
del movimiento peronista, en aquel sintomático 1945 de fines de la guerra,
señala un contexto (la guerra fría) en el cual el también llamado justicialismo
pudo pivotear para mantener la autonomía nacional frente a los dos bloques y
persistir en el rumbo industrialista que habíase desarrollado tenuemente desde
la crisis de 1930.
Venezuela nunca había vivido un proceso similar y su economía era de hecho una
factoría petrolera, complementaria con los E.E.U.U. Resultado de este hecho
inocultable es que la patria bolivariana arrastra hasta el día de hoy un déficit
en soberanía alimentaria que la revolución- al mejorar las condiciones de vida
populares- tendió a agudizar en términos relativos.
Pero además de las diferencias apuntadas, la aparición del liderazgo de Hugo
Chávez (fines del siglo XX) se da en un marco histórico en el cual las
posibilidades para un accionar autónomo de las economías y los estados de lo que
ha dejado de ser el tercer mundo se han reducido sensiblemente en razón del
escenario unipolar.
De modo que la lucha venezolana por una política independiente es más ardua,
difícil y compleja que la liderada por el general nacido en la localidad de
bonaerense de Lobos.
Por otra parte, Perón construyó un inmenso movimiento político que- salvo para
ciertas ilusiones juveniles setentistas- jamás trascendió los marcos del sistema
capitalista.
Efectivamente, la llamada en lenguaje peronista tercera posición no es más que
la versión argentina de una sociedad capitalista que ha moderado buena parte de
las injusticias más flagrantes.
En cambio, la variopinta, aluvional, irresistible marea roja creada a partir
de la conducción del bolivariano comenzó como crítica a la versión caribeña de
la defección neoliberal por parte de la dirigencia tradicional.
Pero al calor de las batallas políticas desplegadas se radicalizó hasta
formular el objetivo estratégico del socialismo del siglo XXI, por cierto que en
un marco constitucional y democrático. Algo que por cierto el conjunto del
peronismo, nunca si quiera soñó.
Siguiendo la misma dirección de análisis, en Venezuela la división
chavismo-antichavismo corresponde en gran medida a la partición
izquierda-derecha. En cambio en la Argentina, hubo y todavía existen peronistas
de derecha, centro y aún de izquierda y lo propio se verifica en el disgregado
campo antiperonista.
Otra cuestión decisiva para diferenciar ambos fenómenos la constituyen las
respectivas herramientas organizativas. En el justicialismo, la laxitud de sus
características y rasgos movimientistas jamás cristalizó en un armado
organizativo fuerte y contundente con capacidad de ser instrumento para cambiar
las coordenadas sociales.
Por un lado, en el peronismo la herramienta política (el llamado partido
justicialista) fue básicamente un aparato electoral, reunido para hacer frente a
cada desafío comicial.
Y por el otro, hasta el advenimiento del menemismo en los 90’, la Central
(única) de Trabajadores, la C.G.T., denominada la columna vertebral del
movimiento por el conductor-fundador, era la única estructura de peso, útil para
defender los salarios y las condiciones laborales; pero casi absolutamente
incapaz de acciones que fueran más allá de lo reivindicativo. Por cierto que
tales construcciones organizativas no le permitieron al peronismo disponer de
capacidad para resistir embestidas golpistas por parte del poder real. Así, en
1955 y 1976, casi no se opuso a las ofensivas reaccionarias que lo desalojaron
del poder.
En cambio, el chavismo- cuando sufrió el golpe imperialista en 2002- pudo
derrotar la ofensiva derechista en base a la capacidad de las masas; las cuales
habían gestado sin dudas mecanismos organizativos y comunicacionales.
Por otra parte, en el peronismo existieron siempre oportunistas, traidores y
otras alimañas. En rigor, son inevitables en toda construcción política o
social. Pero explícitamente lo integraban y lo siguen conformando represores y
torturadores.
El chavismo por cierto que no está libre de los primeros. Pero claramente no
hay sitio en la fuerza ataviada de rojo para los del segundo grupo.
Y no es una diferencia menor la voluntad desde el poder político de una
construcción, la fusión en una única organización de todos quienes apoyan a
Chávez, que sirva de apoyatura para la concreción del gran objetivo: el
socialismo (de todos los siglos).
También es diferente la formación política de ambos dirigentes.
El argentino era un estratega militar, experto en historia de la especialidad,
que desarrolló desde lo empírico su capacidad política.
No vaciló en incorporar ciertos aspectos que había observado en el fascismo
europeo o elaboraciones en derecho laboral de los socialistas argentinos; pero
colocándolos dentro de una elaboración ideológica y político muy diferente.
Además, lo hemos dicho ya, su horizonte histórico jamás superó al capitalismo.
Lo cual no es una crítica, sino situar precisamente lo máximo que podía
esperarse de su conducción: la gestación de un capitalismo integrado desde la
base que permitía una economía industrial.
En cambio, Chávez evolucionó desde su formación profesional militar inicial,
hasta convertirse en un refinado cuadro teórico y político socialista, con una
profunda versación histórica por añadidura.
El horizonte post capitalista que el caribeño desea gestar no es una
diferencia menor ni poco significativa.
Desde el punto de vista de las semejanzas, ambos líderes emergieron desde
elites militares disconformes con la realidad económica, social y política de
sus respectivos países.
Tanto Chávez como Perón se destacan por su condición de dirigentes
carismáticos; es decir, desde una impronta fuertemente personal para sus estilos
de conducción. Lo cual desde la derecha pretende ser señalado como un límite de
los respectivos procesos de avance popular; cuando en realidad es consustancial
a toda construcción política, como ha señalado el destacado sociólogo alemán Max
Weber.
El filósofo argentino Roberto Follari ha demostrado en un muy interesante
trabajo
(http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=1342)que
sociedades marcadas por movimientos masivos vinculados con líderes personalistas
y carismáticos no, son per se, menos democráticas.
Por otra parte, en el caso del argentino, la influencia de su figura lo colocó
en el centro excluyente de la política argentina desde 1943, hasta su muerte en
1974. Y más de tres décadas después, su legado simbólico y político era
disputado a balazos entre algunos seguidores en una recordada trifulca en el
territorio bonaerense de San Vicente.
Sin dudas que la centralidad de las respectivas figuras políticas de ambos
dirigentes tiene un corolario aún más significativo.
Ocupan de hecho la izquierda del sistema político de cada país; por lo cual
casi toda oposición a ellos fatalmente sirve a la derecha.
Lo dicho ni siquiera requiere mínima fundamentación en el caso venezolano.
Pero que si es preciso desarrollar algunos argumentos para ponderar la acción de
Perón.
Cuando apareció su fuerza a mediados de la década del ’40 del siglo pasado, su
coalición impulsaba el crecimiento industrial con fuerte énfasis hacia el
crecimiento del mercado interno.
En los discursos peronistas de la época y posteriores aparece tal orientación
bajo el acertado enunciado de derechos de los trabajadores; ciertamente más
profundo y abarcador que la sola mención de la economicista cuestión de hacia qé
mercado se orienta el consumo.
Tal vez hubiere sido factible construir alguna alternativa política que
trascendiese los límites de la construcción peronista. Pero a condición de
valorar los logros alcanzados por la nueva nación industrial (es decir, partir
de tales conquistas) y por las propias masas de trabajadores, quienes habían
pasado en menos de un lustro de condiciones de vida durísimas a revistar entre
los obreros de más alto nivel de bienestar en todo el orbe.
De modo que al sabotear tal proyecto, quienes lo hacían se oponían a las
mejoras referidas y se colocaban en la vereda de enfrente de sus supuestos
“representados”, aunque lo hicieren en nombre de los explotados y de la
revolución proletaria y extraplanetaria.
Y subyace además una cuestión que ciertas fuerzas se empeñan en no incorporar
a su acervo teórico y práctico, pese a la sangre derramada y el inmenso dolor
padecido por nuestros pueblos: en una contradicción social cualquiera, si
debilitamos al polo más progresista y avanzado, se fortalece el vértice
reaccionario.
Por lo tanto, al peronismo- si no se lo superaba en una coalición
históricamente más avanzada que partiese de lo logrado para ir más allá- se lo
debilitaba favoreciendo a la reacción anti nacional y anti obrera, como hizo la
patética izquierda argentina en dos instancias cruciales (1945, nacimiento del
peronismo; 1955, caída del general Perón derrocado por la reacción) y en muchas
otras coyunturas históricas.
Como estas líneas son un artículo y no un enciclopédico tratado, nos
limitaremos a citar la acción de ciertos sectores de la guerrilla que enfrentó
con las armas al tercer gobierno de Perón, el mismo que había alcanzado el 62 %
de los sufragios en las elecciones de septiembre de 1973 sintetizando en su
candidatura las expectativas de las más amplias masas populares.
Dicho sea de paso, es otra semejanza entre ambos mandatarios la capacidad de
crear amplias alianzas de sectores populares.
La escritora María Seoane relata en su biografía del dirigente del E.R.P.
Roberto Mario Santucho llamada Todo o nada que nada menos que el comandante
Fidel Castro le dijera en su momento al citado militante la inconveniencia,
rayana en la locura, de enfrentar con las armas al presidente Perón. Lo cierto
es que el E.R.P. prosiguió su derrotero de violencia elitista y su accionar para
desgastar a Perón y su sucesora fue capitalizado no por las masas insurrectas;
si no más bien por la barbarie procesista. No se trata de negar orientaciones
represivas y burguesas de ambos titulares del ejecutivo, pero si de reafirmar lo
dicho líneas arriba acerca de los polos de una contradicción.
Y más importante aún es el hecho que la frustración del proceso encabezado por
Perón fue la derrota de todo un pueblo que no pudo mantener las libertades
democráticas, ni los derechos de los trabajadores. La historia de nuestros
pueblos se halla regada desgraciadamente por tanta sangre de sus mártires, que
resulta indignante la tozudez para no realizar balances autocríticas
absolutamente imprescindibles y ciertas orientaciones prosiguen apostando a
“cuanto peor, mejor”.
Sin dudas, otra semejanza decisiva es que ambos mandatarios apostaron
fuertemente al bienestar popular, combatiendo la pobreza.
Es público y notorio que durante los tres gobiernos del general Perón la
pobreza y la marginalidad fueron reducidas a porcentajes insignificantes. Como
decía Jesús de Nazareth, por los frutos los conoceréis. Lo propio ocurre con la
acción de Chávez.
El párrafo es por demás elocuente y extenso y ha sido tomado de un medio de
prensa, no al servicio de la derecha.
“¿No devolvió a unos cinco millones de marginados, entre ellos las poblaciones
indígenas, su dignidad de ciudadanos?
¿No recuperó la empresa pública Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima
(PDVSA)?
¿No desprivatizó y devolvió al servicio público la principal empresa de
telecomunicaciones del país, como así también la empresa de electricidad de
Caracas?
¿No nacionalizó los campos petrolíferos del Orinoco?
Por último, ¿no consagró parte de la renta petrolera a conseguir una autonomía
efectiva frente a las instituciones financieras internacionales y al
financiamiento de programas sociales?
Más de tres millones de hectáreas de tierra fueron distribuidas entre los
campesinos. Millones de niños y adultos fueron alfabetizados. Se instalaron
millares de dispensarios médicos en los barrios populares. Decenas de miles de
personas sin recursos con afecciones oculares fueron operadas gratuitamente.
Los productos alimentarios básicos son subvencionados y ofrecidos a los
carenciados a precios inferiores en un 42% respecto de los del mercado. La
duración del trabajo semanal pasó de 44 horas a 36, mientras el salario mínimo
ascendía a 204 euros mensuales (el más alto en América Latina después de Costa
Rica).
El resultado de todas estas medidas es que entre 1999 y 2005 la pobreza
disminuyó del 42,8% al 33,9% , mientras que la población que vive de la economía
informal cayó del 53% al 40%.
Este retroceso de la pobreza permite sostener con fuerza el crecimiento, que
en el curso de los tres últimos años fue de un 12% promedio, entre los más altos
del mundo, estimulado por un consumo que ha aumentado un 18% por año”. Ignacio
Ramonet publicado en Contratapa de Le monde diplomatique, número
correspondiente a agosto 2007.
Finalmente digamos para concluir cual es la semejanza fundamental entre los
citados dirigentes: ambos se comprometieron fuertemente por la independencia y
unidad de nuestra América.
Ayer el argentino y en nuestro hoy el venezolano comprendieron que por
separado y subordinados al imperio, nuestros países tienen escasa o nula
viabilidad.
Por ello, no podía extrañar que para el líder bolivariano la continuidad
política en la Argentina del proyecto emancipatorio pase por el triunfo en
primera vuelta de la candidatura de Kristina Fernández, para el período
2007-2011.
Es que la construcción del Frente para la Victoria es sin dudas una de las
mejores interpretaciones autocríticas de lo hecho por Perón, mucho más que el
peroneo-neoliberalismo-menemista.
Es en el marco de estas coordenadas que podemos decir que la unidad
latinoamericana necesita del legado del chavista Perón y de la actualidad del
peronista Chávez.
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