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Fw: Labaké envía su mensaje político Nº 196. m   Lista de mensajes  
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Labaké envía su mensaje político Nº 196. 

 

31-08-03

 

Al cumplir los primeros 100 días de gobierno.

 

¿“Quo vadis”, señor presidente?

 

(Dedicado a quienes tenían menos de 12 años el 24 de marzo de 1976,
ajenos a aquellos años de luchas despiadadas, que ahora son nuestra
esperanza y los protagonistas de la Historia)

 

Por Juan Gabriel Labaké

jglabake@...

 

 

La situación política ha comenzado a experimentar cambios notables, que
denotan el rumbo que el Dr. Kirchner impondrá a su gobierno en los
próximos meses y los objetivos políticos que se propone alcanzar.

 

Kirchner viene de un sector de la  juventud peronista de los años ’70,
llamado “la tendencia revolucionaria”, o simplemente, “la tendencia”,
que fue el grupo peronista más “izquierdista” de aquel entonces, poco
afecto a obedecer la conducción de Perón y que llegó a enfrentarlo a
partir de 1973. Casi todos ellos se identificaban con el grupo
Montoneros. En enero de 1974, una parte de ese sector decidió separase
abiertamente de la conducción del General, no entregar las armas usadas
para combatir a la dictadura militar (1966/1973), como se los exigió
Perón, y pasar a la clandestinidad para  reiniciar “la lucha armada”,
esta vez contra ... Perón, objetivamente hablando. Ese grupo se quedó
con la sigla de Montoneros hasta nuestros días.

 

La otra parte de “la tendencia” aceptó la conducción de Perón y
permaneció dentro del peronismo, pero se diferenció del resto con el
nombre sectorial de “JP Lealtad”. En este último grupo militaron en
aquella época Kirchner y su esposa Cristina Fernández, siendo
estudiantes de abogacía en La Plata. Una vez producido el golpe militar
de marzo de 1976, el matrimonio Kirchner se trasladó a  vivir en Santa
Cruz.

 

Con el tiempo, tanto Kirchner y su señora, como otros muchos jóvenes de
la JP Lealtad, y también muchos montoneros, fueron morigerando sus
posiciones y se aclimataron a la nueva realidad política, sobre todo a
partir del gobierno de Alfonsín (1983/1989) y más aún con el de Menem
(1989/1999). Varios funcionarios de Menem,  que profesaron abiertamente
las ideas neoliberales, habían  sido conspicuos dirigentes montoneros o
de la JP Lealtad. No fue el caso de Kirchner y su esposa, quienes
siempre permanecieron fieles al menos a las ideas “progresistas”
de “centro-izquierda”. De ese sector ideológico provienen sus amigos
desde hace años, y aún ahora. Entre los amigos de Kirchner, algunos
fueron peronistas “de izquierda” como él, y otros nunca fueron
peronistas, sino que provienen de las filas marxistas o
simplemente “progresistas”.  Con esos dos grupos Kirchner está tratando
de crear un partido político propio, según lo sugieren todos los
indicios. Y ése será, sin duda, el punto de fricción más importante con
Duhalde y el resto del Partido Justicialista apenas pasen las elecciones
de este año y, especialmente, a partir de abril de 2004, cuando logren
desplazar del todo  a Menem de la conducción del PJ.

 

(Habrá que ver cómo nos libramos de tal disyuntiva, pues con Kirchner se
irá un  sector del peronismo, el “progre”, seguramente minoritario, pero
en la dirección del PJ no quedarán justamente los santos y leales, sino
muchos que hace años dejaron de ser peronistas o nunca lo fueron.
¡Triste situación!)

 

En definitiva, Kirchner sueña con un partido propio que represente
un “corte transversal” de las agrupaciones existentes.

 

La experiencia indica que los “cortes transversales” signados por un
matiz ideológico determinado, dejando afuera al resto del arco iris
nacional y popular, nunca tuvieron éxito. Lo supieron tarde los
montoneros, cuando inventaron el Partido Peronista Auténtico. Luego lo
supo, también demasiado tarde, el Dr. Alfonsín con su no-nato Tercer
Movimiento Histórico que, además, quiso repetir la hazaña del General,
pero con un pacto con el FMI, lo cual significaba hacerlo sin Tercera
Posición, sin soberanía política, sin  independencia económica, sin
justicia social y sin identidad cultural nacional. Un 17 de octubre del
brazo con Braden. Un guiso de liebre, pero sin liebre.

 

Posteriormente, lo supo Chacho Álvarez,  quien soñó con convertir a su
grupo, el  Frepaso, en un Movimiento de “corte transversal” de
tipo “progre”. ¡Oh, el discreto encanto de lo “progre”!, que vende la
ilusión de liberarnos  de la dependencia extranjera y sus inevitables
lacras políticas, económicas, sociales y culturales, ayudados y guiados
por la mano “generosa” y “amiga” de  los socialdemócratas europeos y
los “liberals” angloamericanos (maestros de lo “progre” al servicio de
las multinacionales y de los intereses imperiales de sus potentes
países).

 

Dicen que Chacho fracasó porque no tenía vocación de poder. En cambio,
concluyen, Kirchner triunfará en ese camino contra natura porque lo que
le sobra es hambre de poder. Lo dudamos. El fracaso de Chacho no se
produjo sólo por su escaso manejo del poder y sus dudas existenciales, 
sino también porque su pretensión era crear un partido político (nunca
habló de movimiento, y menos nacional y popular) sin perder la amistad y
las invitaciones del embajador de EEUU que tanto apreciaba, y a quien
visitaba asiduamente para dialogar. Insisto, es imposible hacer un guiso
de liebre sin liebres.

 

Kirchner prepara un coctel ya conocido: una medida de “progres” venidos
de afuera, otra de peronistas de “izquierda”, algunos cubitos de
discursos encendidos y muchos fuegos de artificios (“ya que no les damos
pan, démosle presos”); lo bate todo adecuadamente y pretende servirlo en
copas de lujo, bajo la mirada paternal y sonriente de  EEUU, Europa y el
FMI (porque no hay que caerse del mapa...). Será un coctel, sin duda,
pero difícilmente sea nacional y popular, y menos aún peronista, sobre
todo si el ingreso al ALCA sigue su camino como hasta ahora (el gobierno
acaba de ratificar, el 04-07-03, su incorporación unilateral a esa
verdadera trampa mortal de EEUU para antes de diciembre de 2005) y el
acuerdo con el FMI se firma como los pasos ya dados presagian: mal.

 

Si cabía alguna duda sobre los verdaderos objetivos políticos del Dr.
Kirchner, ella desaparece al analizar su conducta en la reciente
elección de la Capital Federal. Reclamó a Ibarra la inclusión de Miguel
Bonasso en la lista de diputados nacionales. Como el actual Jefe de
Gobierno se negó, Kirchner dio su respaldo abierto y completo (que es de
mucho peso y, en esta ocasión, de muchos pesos) para que su candidato
preferido tuviera partido propio. Así, con el apoyo irrestricto y
público de la Casa Rosada, logró Bonasso salir electo diputado nacional,
título que se suma al de ser el asesor ideológico  (¡ideológico,
justamente!) más cercano y escuchado del presidente Kirchner.

 

Pero, ¿quién es Miguel Bonasso?

 

En los años ’70, fue secretario de Prensa de la conducción nacional de
Montoneros. En 1974, cuando los montoneros debieron optar entre la
conducción de Perón y la de Firmenich, Bonasso se quedó al lado del
segundo y ahí estuvo hasta 1979. En la misma línea ideológica y
política, en 1997 editó un libro, “El presidente que no fue”. En él,
Bonasso calumnia y vitupera a Perón como sólo yo he visto hacerlo a
aquel tristemente celebre “service” de los EEUU, llamado Silvano
Santander, autor del vergonzoso libelo “Técnica de una traición” que
fue  escrito para hacernos creer que el General era un agente nazi. Con
el tiempo se supo que Santander escribió su libro con datos aportados
por la CÍA, y por encargo de ella.

 

Bonasso ha emulado y, quizás, superado a Silvano Santander en su odio a
Perón. Según su libro,  en 1973, el conductor del pueblo argentino
era... Cámpora y no Perón. Afirma que el General volvió de España hecho
un “viejo envidioso” y por eso lo desplazó a Cámpora que era “el
verdadero jefe de la revolución nacional”. Y lo desplazó porque le tenía
miedo a la “capacidad política de Cámpora”. ¡Fantástico!

 

En la misma línea de odio gorila (hay gorilas de “derechas”, como tantos
que conocemos, y los hay de “izquierdas”, como...), Bonasso le endilga a
Perón todas las lacras imaginables: “alimentaba personalmente la
conflagración dentro del peronismo”, “su sombra se extendía sobre los
cadáveres con que la AAA sembró los bosques de Ezeiza el 20-6-73”, y
llega a insinuar la infamia de que hubo “un acuerdo secreto entre Perón
y Washington para destruir a la insurgencia (los montoneros) en la
Argentina”.

 

De paso, vuelca su rencor contra el propio Cámpora, por no haber seguido
sus consejos de traicionar a Perón para quedarse con la presidencia del
país ilegítimamente. Le endilga a Cámpora “poca vocación de poder, y una
exagerada dependencia de Perón que lo hacía vulnerable frente a Perón”.
Por lo visto, es común  que la lealtad a Perón y su pensamiento nos
condene a la calumnia de sus enemigos.

 

Allá Bonasso con su grosera tergiversación de la historia para uso
personal y sus fobias antiperonistas. Pero que el presidente surgido del
PJ (dizque peronista) lo considere su principal asesor ideológico, y lo
haya inventado como diputado nacional, elimina cualquier duda: nos
libramos de la Guatemala neoliberal y de las relaciones carnales, para
caer en la Guatemala de la “izquierda progresista”, tan sectaria como
todo adolescente. Y no digo en Guatepeor, porque peor fue lo de Menem-
Cavallo.

 

Es cierto que el Partido Justicialista ha defeccionado y hoy no defiende
los principios que levantó Perón como banderas permanentes e
irrenunciables. Aterra escuchar hablar de alianzas del PJ con Cavallo,
con la UCEDE o con López Murphy. De la misma manera que nos paraliza el
corazón ver a un presidente surgido del peronismo asistir como alumno o
como participante activo, lo mismo da, a un congreso de la Tercera Vía
en Londres, convocado por el señor Tony Blair, totalmente “progre” y
socialdemócrata de pura cepa, y, simultáneamente, socio incondicional de
Bush. ¿”Quo vadis”, Dr. Kirchner?

 

Si algo hace falta es revitalizar el movimiento que sirvió  de base y
fue razón de ser del PJ (hoy en coma, no sabemos si terminal e
irreversible), y no justamente sacrificar los principios nacionales y
populares en el altar de alguna teoría europea o angloamericana, que
entre nosotros suena a trasnochada y exótica. Progresismo,  Tercera
Vía, izquierdas y derechas, socialdemocracia, etc., etc., en la
empobrecida, ilegítimamente endeudada y socialmente injusta Argentina
actual, dependiente de EEUU y el G7, asfixiada por los bancos acreedores
europeos y angloamericanos, y chicaneada por el FMI que dominan  Europa
y EEUU, son sólo entelequias, fuegos de artificio, cuyo peligrosidad
(sino la finalidad expresa de quienes las impulsan) es dividir las
fuerzas del campo nacional y popular. No necesitamos más partidos
políticos (en la Capital Federal hay 49 ya), sino un Movimiento basado
en los principios inmutables de soberanía política, independencia
económica, justicia social e identidad cultural, y revitalizado y
actualizado en sus propuestas  políticas, que vuelva a poner en el
centro del escenario la lucha por la liberación contra la dependencia.

 

Ese Movimiento Nacional y Popular, cuya expresión más genuina fue el
Movimiento Peronista, siempre abarcó, y así deberá serlo en el futuro,
al pueblo argentino como tal, a todas sus fuerzas genuinas y patriotas.
A todos: a aquellos que manejan mejor la derecha y a los que
son “diestros” con la “zurda”, porque lo que nos une no son los esquemas
teóricos y dogmáticos que nos “venden” periódicamente los
angloamericanos y los europeos, sino la común defensa de nuestros
intereses nacionales y populares. Y en esa tarea, como bien dijo Omar
Torrijos (cuando le criticaron la colaboración de varios comunistas en
su gobierno), “para defender a Panamá (a la Argentina en nuestro caso)
y a su pueblo, necesito usar, no una, sino las dos manos y, aún así, a
veces no me alcanzan”.

 

Es que lo nacional y popular no se define tanto por los hombres llamados
a colaborar, sino por los auténticos objetivos que se traza el
gobernante. Para tener un anticipo de tales objetivos (los auténticos,
digo) es bueno conocer los antecedentes de quien desea conducir el
proyecto.

 

A ese Movimiento que necesitamos recuperar jamás podrá conducirlo quien
tenga a Miguel Bonasso como su asesor ideológico de mayor confianza y
trate de conformar a Bush, a Blair, al FMI, etc., etc. Con tales
asesores como almohada, y con tales amistades, sólo se llega a crear
otro partido de “izquierda” más, tan  gatopardista como los anteriores,
nunca un Movimiento Nacional y Popular.

 

Buenos Aires, 31 de agosto de 2003.

 
Juan Gabriel Labaké







Lun, 1 de Sep, 2003 2:44 pm

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