De: Eduardo <
soy.groxo_sabelo@...>
Asunto: [la_nueva_argentina] Sin calcetines
Para: "la nueva argentina" <
la_nueva_argentina@...>
Fecha: lunes, 29 de junio de 2009, 11:06 am
"Entraron a balazos en el palacio presidencial y mis guardaespaldas aguantaron
20 minutos. Me sacaron en pijama (...) aquí estoy, en Costa Rica, en pijama
todavía, y sin calcetines", dijo el oligarca bananero hondureño.
Asegura congresista hondureño que lo sucedido no es un golpe de Estado
Los miembros del Congreso Nacional aceptaron hoy una renuncia firmada por el
presidente de Honduras, Manuel Zelaya, en una sesión extraordinaria convocada
tras la detención y envío por la fuerza a Costa Rica del jefe de Estado.
La vicepresidenta el Congreso, Marcia Villeda, aseguró que la carta fue
recibida de manera formal, por lo que los congresistas hondureños tienen la
obligación de darle trámite..
La congresista aseguró que lo sucedido hoy en Honduras no es un golpe de
Estado, sino una transición de mando ante la supuesta violación del presidente
a la Constitución del país.
"No se puede manejar de ninguna manera como un golpe (de Estado). Es una
transición de mando debido a que el presidente de la República podría haber
violado la Constitución ", dijo.
Además, Villeda dudó que lo dicho por Zelaya, sobre su detención violenta y
expulsión a Costa Rica, sea verídico.
"Tenemos unas fuerzas armadas responsables y ellos sabrán los motivos por los
que lo habrán hecho (detener al presidente)", aseveró en entrevista con la
cadena CNN en Español.
Desde Costa Rica, el propio Zelaya negó haber presentado su renuncia y acusó
una conspiración política en su contra, para juramentar como presidente a
Roberto Micheletti, presidente del Congreso.
El derrocado presidente Manuel Zelaya
Si el populista oligárquico Manuel Zelaya hubiese protagonizado en la década
del 70 seguramente habría accedido a la gerencia de enclave de Honduras por un
golpe militar bananero impulsado por el Departamento de Estado y el Comando
Sur de EEUU.
Pero, después de treinta años, Washington ya no controla ni domina
regionalmente con la doctrina de seguridad militar sino que lo hace con el
"proyecto democracia" made in USA que sustituyó a las dictaduras por los
"gobiernos civiles" elegidos en las urnas.
En este escenario, ya no importa mucho la "ideología" discursiva (de "derecha"
o de "izquierda") proclamada por los gerentes políticos latinoamericanos,
sino lo que importa es que mantengan sus países dentro de la estructura del
sistema capitalista y de la sociedad de consumo y no alteren la "gobernabilidad"
, la "estabilidad económica" y la "paz social" que los bancos y trasnacionales
necesitan para hacer negocios y depredar la región.
En consecuencia Zelaya, un hijo dilecto de la oligarquía bananera hondureña,
no fue derrocado por un golpe de Estado militar tradicional sino por un golpe
constitucional impulsado desde el Parlamento y la Corte Suprema de Justicia,
como el que ya sentó jurisprudencia en Ecuador contra Lucio Gutiérrez.
Terrateniente y empresario perteneciente a la oligarquía, educado en exclusivos
colegios religiosos, José Manuel Zelaya Rosales ostentaba la presidencia
(léase gerencia de enclave) de Honduras desde el 27 de enero de 2006 con una
impecable "hoja de servicios" fiel al Imperio hasta que, por apetito de poder
personal, resolvió pasarse al bando de los presidentes "izquierdistas"
liderados por Chávez y contenidos en el proyecto ALBA.
Con look de terrateniente ranchero, una estatura de un metro noventa, poblado
mostacho, sombrero de ala ancha y botas de vaquero, Zelaya encarna la versión
hondureña de Vicente Fox, que pasó de la gerencia de la Coca Cola a la
gerencia general del Estado de México.
Su decidida apuesta por la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y
su pública condena del bloqueo estadounidense a Cuba lo convirtió en un
integrante del staff de la "izquierda" presidencialista regional integrado
por Chávez, Correa y Morales, a punto tal que el líder de la Revolución
Cubana , Fidel Castro, se deshizo en elogios y lo comparó con el chileno
Salvador Allende, derrocado y muerto en Chile por un golpe militar en la década
del setenta.
En ese marco, a Manuel Zelaya, el "Fox centroamericano" devenido en "socialista"
, la declamación de una capitalismo asistencialista para los pobres (más del
80% de los 7,2 millones de la población hondureña) y el combate contra la
"corrupción" y el "terrorismo" (las banderas impuestas por el Departamento de
Estado para toda América Latina) le hizo sentirse con derecho a imponer su
reelección presidencial, como ya lo hicieron Chávez, Morales y Correa.
Si bien el gerente depuesto no alteró ninguna de las reglas funcionales del
sistema capitalista hondureño, bastó que proclamase sus intenciones
reelectivas para que encendiera la "luz roja" entre los factores del poder
local y las usinas "gusanas" del área latinoamericana del Departamento de
Estado, que abrevan en las bases doctrinarias de Otto Reich, quien denunció a
Zelaya por "corrupción".
La aceitada maquinaria política oligárquica hondureña, compuesta por el
parlamento, el ejército y el poder judicial, comenzó a conspirar contra
Zelaya, y finalmente el domingo las fuerzas armadas (un apéndice del Comando
Sur) lo derrocaron y deportaron a Costa Rica.
¿Quién fue el autor ideológico?
Hace unos años, cuando se producía el derrocamiento de un gobierno
constitucional en el patio trasero de Washington inmediatamente surgía la
pregunta ¿Está EEUU detrás del golpe?.
E invariablemente surgía por decantación que los presidentes derrocados
habían infringido las normas de "gobernabilidad" establecidas por Washington
en la región, y consecuentemente eran sustituidos por militares o por civiles
en el gobierno.
Imposible pensar que en una región con sus economías controladas por los
bancos y trasnacionales que operan con el lobby de las embajadas
norteamericanas, con ejércitos y policías entrenados por la CIA y el Comando
Sur, con políticos y gobiernos alineados con los programas del Departamento de
Estado, los golpes de Estado se hubieran salido de la impronta del control de
Washington.
En Ecuador, por ejemplo, Lucio Gutiérrez (el antecedente más cercano de
Zelaya) fue removido por un golpe constitucional porque no pudo controlar el
caos social de los levantamientos de la clase media contra el entonces
presidente ecuatoriano.
La "luz verde" a los golpes de Estado, por distintas razones, siempre vino de
Washington, que inmediatamente (hasta ahora) procedió a "reconocer" y legitimar
a los nuevos gobiernos surgidos de la destitución.
Pero esta vez esa norma se ha quebrado y se da una situación curiosa: La
destitución del presidente hondureño unificó a Cuba, la OEA , los presidentes
del Alba, a la Unión Europea y a ¡¡¡Washington!! ! en un solo clamor:
Restituyan a Zelaya y restauren la "democracia" en Honduras.
El propio presidente imperial, Barack Obama, condenó el golpe y lidera el
movimiento internacional contra los derrocadores de Zelaya en Honduras.
Si Zelaya, fuera de su demagógica adscripción al Alba de Chávez, hasta ahora
fue un fiel soldado del Imperio ¿Porqué derrocarlo? ¿Acaso lo derrocan a
Chávez, a Correa o a Morales?
Por otra parte, el argumento señalando que Zelaya atentaba contra la
"gobernabilidad" con sus intentos de reelección es un absurdo. Desde Lula,
Uribe, y todos los presidentes de la región promovieron y consiguieron sus
reelecciones sin que se alterara la gobernabilidad continental controlada por
Washington.
Por otra parte, es impensable creer que la estructura del poder oligárquico
hondureño se "corte sola" en el hecho consumado de derrocar a Zelaya sin contar
con el aval de Washington.
Las fuerzas armadas, el poder judicial y la clase política que sustituyeron
Zelaya por un nuevo gobierno nunca movieron un solo dedo sin consultar a las
oficinas imperiales.
¿Un golpe gusano-conservador?
En este escenario ronda una primera hipótesis: El golpe de Estado contra Zelaya
podría haber sido ejecutado por un ala "gusana" del Departamento de Estado (que
abreva en las posiciones de Otto Reich y de los anticubanos de Miami), en
connivencia con los sectores militares conservadores del Pentágono
influenciados por Cheney y los ultrahalcones.
Estos sectores, que siguen controlando los resortes militares del Imperio y
ejercen una influencia decisiva en la política continental del Departamento
de Estado, podrían haberse valido de la oligarquía golpista hondureña para
derrocar a Zelaya y perjudicar la política regional de acercamiento de Obama
con los presidentes del Alba.
Obviamente, resulta impensable que Obama y su administració n que reivindican
la superación del conflicto con la izquierda gubernamental latinoamericana
manden derrocar a un aliado de Chávez por medio de un golpe militar, pasado de
moda y vetusto como recurso de control regional.
A su vez, y como coinciden los expertos, es imposible creer que los golpistas
hayan actuado sin señales de aprobación -por parte del comando Sur y del
Departamento de Estado- al golpe que envió a Zelaya al exilio.
El derrocamiento de Zelaya ¿forma parte de una conspiración interna
estadounidense para complicar la política de Obama en América Latina?.
¿Quién le dio la orden a los golpistas?, son preguntas que intentan darle un
hilo de conducción a la absurda asonada militar contra Zelaya.
¿Un golpe conservador por elevación contra Obama?
Algo de eso deben sospechar -o saber- Chávez y los presidentes del Alba que se
mantuvieron cautos y obviaron una acusación abierta al "Imperio yanqui" como lo
hacen habitualmente en estos casos.
"Debe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son
tantos los que aspiran a hacerlo". Voltaire.
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