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Fwd: Labaké a la Red: 24 de Marzo de 1976 . TESTIMONIOS.   Lista de mensajes  
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Enrique Erlichman <prensa@...> wrote:Fecha: Mon, 8 Mar
2004 10:28:14 -0800
De: Enrique Erlichman

A: movimientonacionalperonista@...
Asunto: Fwd: Labaké a la Red: 24 de Marzo de 1976 . TESTIMONIOS.



----- Mensaje reenviado de "Juan G. Labake" -----
Fecha: Sat, 6 Mar 2004 22:38:46 -0300
De: "Juan G. Labake"
Responder-A: "Juan G. Labake"
Asunto: Labaké a la Red: 24 de Marzo de 1976 . TESTIMONIOS.
Para: Undisclosed-Recipient@UNKNOWN, MISSING_MAILBOX_TERMINATOR@.SYNTAX-
ERROR., UNEXPECTED_DATA_AFTER_ADDRESS@.SYNTAX-ERROR.


Estimados amigos:
Se los envío tal como lo recibí de nuestro compañero Guillermo
Marcalain. Les ruego reenviarlo, pues es necesario que lo conozcan todos los
argentinos, y en el exterior también.
Las vergonzosas notas de los tres diarios "democráticos", y las abyectas
declaraciones del más "democrático" e "izquierdista" Ernesto Sábato y del
mimado Borges, no necesitan comentario alguno. Sólo es necesario no
olvidarlos, no olvidarlos nunca. Tampoco debemos olvidar (aunque el mensaje de
Marcalain no lo consigne) que, en ese almuerzo, el único que se animó pedir
por la "aparición" del escritor popular Aroldo Conti fue el padre Leonardo
Castellani. Los otros se hicieron los distraídos, mientras ese cura gaucho se
las jugó con el dictador genocida Videla por un argentino con quien no
compartía su posición ideológica. Sin embargo, Castellani es tachado de
fascista, mientras a los otros comensales de ese almuerzo se los ha elevado al
pináculo de la democracia.
Un abrazo.
Juan Gabriel

-----------
Sent: Saturday, March 06, 2004 9:11 PM
Subject: AMIGOS DE LA LIBERTAD: 24 de Marzo de 1976 . TESTIMONIOS.


AMIGOS DE LA LIBERTAD:
- Próximos a un nuevo 24 de marzo, a 28 años de los sucesos, la
población ha sufrido un incalculable lavado de cerebros.

- Para aclarar un poco el panorama aquí tenemos a La Prensa, La
Nación, La Opinión y a Ernesto Sábato.

- No deje de difundir estos mensajes entre conocidos y amigos,
pero fundamentalmente entre la juventud engañada.

gm-


ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº
ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº









Testimonios

El Golpe Militar de Marzo de 1976

Cómo vió, interpretó y comentó el periodismo argentino los hechos del
golpe militar del 24 de Marzo de 1976 que derrocó en su momento al gobierno de
María Estela Martinez de Perón.

Un ejercicio de esa memoria que muchos periodistas afirman cultivar
aunque pocos pasarían la prueba de fuego si tuvieran que ejercerla.

Así consideraron los periodistas al golpe en su momento. Lo que dijeron
después y lo que dicen hoy es del dominio público..


--------------------------------------------------------------------------

LA PRENSA

Sabado 27 de marzo de 1976
Diario de la mañana. fundado por José C paz 18 octubre 1819
Director desde 1896 a 1943 Ezequiel P Paz
Clausurado y confiscado el 16 de enero 1951
reenició sus edicciones el 3 de febrero de 1956
Director, Alberto Gainza Paz

Orden, seguridad, confianza

En dos horas, sin el asomo de una sola falla, al cabo de una operación
impecable, precisa, sin estridencias vanas y sin disparar un solo tiro, las
Fuerzas Armadas de la Constitución pusieron término al desempeño ilegítimo del
gobierno instaurado el 25 de mayo de 1973. Lo hicieron para salvar - como dice
la proclama dada a conocer en la madrugada del día 24 - "un tremendo vacío de
poder" y tras de "serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables
que podría tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la
adoptada". El documento inicial de la revolución reviste el significado de una
cabeza de proceso, no menos que el carácter de una exposición de los móviles
fundamentales que lo inspiran, cuando puntualiza las "reiteradas y sucesivas
contradicciones" del gobierno depuesto, la "falta de una estrategia global",
la "carencia de soluciones", el "incremento permanente de todos los
extremismos", la "ausencia total de ejemplos éticos y morales", la "manifiesta
irresponsabilidad en el manejo de la economía", al "agotamiento del aparato
productivo", la "especulación y la corrupción generalizadas".

Estas líneas de fuerza de la proclama revolucionaria constituyen la base
de un "trascendental compromiso" para "terminar con el desgobierno, la
corrupción y el flagelo subversivo", rechazar "la acción discordante de todos
los extremismos", y "el efecto corruptor de cualquier demagogia", ciñendo su
acción a "pautas determinadas" entre otras, "el orden, el trabajo" y
la "observancia plena de los principios éticos y morales", al servicio de una
finalidad manifiesta, esto es, "erradicar definitivamente los vicios que
afectan al país", y "combatir la delincuencia subversiva, abierta o
encubierta".

Por su carácter afirmativo, algunos enunciados principistas de la
proclama parecen inspirarse en las promesas liminares de la Constitución,
cuando en su preámbulo formula el propósito de "Constituir la unión
Nacional"; "Afianzar la Justicia", "consolidar la paz interior", "proveer a la
defensa común", "promover el bienestar general" y "asegurar los beneficios de
la libertad". Esa identificación de lenguaje aparece corroborada por la unidad
de pensamiento que se advierte en otros documentos de la Junta Militar,
caracterizados por la mesura de sus términos, la claridad de sus conceptos, la
brevedad de sus juicios, la ausencia. de toda altisonancia. Apreciándolos en
su conjunto, se advierte que nada ha quedado librado a la inspiración del
momento, por más alta o feliz que fuese. La improvisación, la mera frase, el
párrafo sonoro, la vanilocuencia no han tenido cabida en estos documentos.

Hay además aceptación plena, dictada seguramente por una convicción
profunda, de las mejores tradiciones cívicas e institucionales. del país, sin
que una sola expresión o término proyecte la menor duda en contrario. No se
han invocado dogmas, ni ideologías ni recurrido a difusos trascendentalismos.
Solo la idea de patria aparece como el común denominador de una ciudadanía
ávida de reparaciones salvadoras, como la suprema invocación, destinada a que
todos concurran a la realización de una "tarea ardua y urgente", emprendida
con el "absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia
abajo".

Ese documento, pues, por los males que condena, las ideas que consagra,
los fines que proclama y los métodos que preconiza, está destinado a presidir
y guiar una acción histórica de incalculables proyecciones. Es un documento
programa, necesariamente global, insertado en la tradición viva de nuestras
instituciones republicanas y democráticas. Necesitará ser desarrollado y
ejecutado con vigor de pensamiento y energía de conducta, sin desmayos ni
vacilaciones, ceñido en todos sus aspectos y detalles a los rumbos
fundamentales que surgen del texto. La jerarquía y la competencia de sus
futuros colaboradores podrán coronar equilibradamente esa calidad del poder
que acaba de instaurarse.

La revolución del 24 de marzo no sólo ha puesto fin a una época de
ignominia y a un régimen corrupto y corruptor, sino que ha abierto el cauce
por el cual podrá ir derramándose un nuevo modo del comportamiento colectivo.
Basta recorrer la ciudad, terciar en la conversación del grupo callejero,
prestar oídos a la tertulia del café, de la sobremesa, anotar los comentarios
en el ámbito del trabajo o de la familia, para percibir en todos una sensación
de alivio, un aflojamiento de la tensión psíquica un despertar de la pesadilla
en que fue envolviendo todo, aun a los propios usufructuarios del régimen
abatido; la prolongación de una situación de insostenible defensa. Simple,
repetida, estremecida a veces, la queja era común: "¡Esto no puede seguir!".

Ahora se necesita orden, ese orden que sólo es fecundo cuando nace como
una manifestación de la propia conducta y precede a los hechos. Ese orden, así
concebido y puesto en práctica, hará bien al país después del desvarío
desatado por el gobierno iniciado en mayo de 1973 y tras el frenesí verbal que
asomó a los actos de la gestión oficial. Hay que restar espacio al fanatismo,
a la adhesión servil, al rito adulatorio. Hay que elevar la condición del
ciudadano y mejorar no sólo el nivel de vida sino también la dignidad de vida.

La revolución del 24 de marzo ha comenzado por prometer seguridad al que
trabaja, estímulo al que produce, garantías a la existencia individual y
colectiva. Se ha propuesto desterrar los miedos. La delincuencia y la
subversión ya no habrán de deslizarse a través de las fisuras cómplices del
mundo oficial.

Los primeros pasos, actos y palabras de la Junta Militar han generado
confianza. No es poco. El comienzo es alentador. Su andar cauteloso y sin
embargo firme, la mesura de su lenguaje, no exento de energía, la claridad de
sus objetivos y el sereno vigor - la democracia no es un profeta desarmado-
con que ha iniciado su marcha, abren un ancho pórtico de expectativas y
anhelos que expresan el deseo profundo de un pueblo ansioso de vivir en paz,
al amparo de la idoneidad y del derecho.


--------------------------------------------------------------------------

LA NACION

Fundada por Bartolomé Mitre el 4 de Enero de 1870
"LA NACION será una tribuna de doctrina", (Núm.1, Año1)


En la madrugada de ayer concluyó el desmoronamiento de un gobierno cuya
única fortaleza consistía, en Ios últimos seis meses, en el empeño que para
sostenerlo pusieron quienes no compartían sus propósitos. Nunca hubo en la
Argentina un gobierno más sostenido por sus opositores. Tal paradoja se
produjo porque donde las autoridades ahora sustituidas sólo vieron el botín de
un vencedor electoral, la totalidad deI país vio la posibilidad de una
consolidación institucional. Ayer, también, se clausuró un proceso político
que, como tal, se abrió en 1971, y no es menos evidente que se ha cerrado una
época signada a Io Iargo de casi tres décadas por Ia presencia activa de
Perón, primero, y después por los hechos y situaciones que tuvieron una
relación de causalidad inmediata con Ia presidencia por él dejada vacante.

Este final inexorable había sido presentido por vastos sectores de la
opinión pública. En Ias últimas semanas tal presentimiento era una convicción
reafirmada a diario por síntomas de la más diversa naturaleza.

Hubo, ciertamente, insensibilidad y obcecación en quien asumió en 1974
la presidencia de la República, así como la hubo en el grupo que guió su pasos
con desprecio del renunciamiento que en su momento pudo haber salvado el
proceso hacia Ia unánimemente deseada consolidación institucional.

Eran tan hondos los deseos de alcanzar ese objetivo, que la Nación
entera pudo haber absorbido aquella carga negativa de la insensibilidad y la
obcecación, si no fuera porque ella se acrecentó con un intolerable lastre de
corrupción, despilfarro, incompetencia e inseguridad colectiva a través de
un '"contraproceso institucional" que incluye a todo el gobierno peronista a
partir de mayo de 1973.

Cada vez más, el gobierno justicialista se abandonó a sus propias
obsesiones. La más absurda de éstas fue la conversión de la República en una
suerte de monarquía en la cual la viuda de un caudillo pretendió que el poder
fuese un bien casi computable en el juicio sucesorio. Esta ambición femenina,
propia de la reyecía del siglo XVIII, fue alentada por un "pequeño grupo de
amigos" puestos actuar como un núcleo empresario de las emociones populares
atribuidas aI eco del apellido convocante. Así sobrevinieron las reyertas
intestinas entre la depositaria del nombre y los que pretendían ser
beneficiarios de una nebulosa herencia política. Primero se fragmentó el
Frente oficialista en el cual el peronismo apadrinó a aliados de poco vigor
numérico. Luego se escindió el peronismo. Más tarde se produjo un cisma
parlamentario que privó al gobierno de su mayoría en la Cámara joven, no
obstante lo cual el Parlamento diluyó sus propias posibilidades creativas. En
último término el sector gremial - única, franja donde subsistía un vestigio
de organización - cayó en la ficción que desconectó a los dirigentes de la
realidad popular. De tal modo, sólo quedó la fachada del edificio
gubernamental. Es lo que acaba de caer. Nada de Io que rodeaba al gobierno
conservó poder de convocatoria...

Pero al sector gremial le cabe una gran responsabilidad. El fue el
creador del principio de la "verticalidad" a ultranza. Suponía que a través de
la verticaIidad iba a deslizarse suavemente hasta las manos de los discutidos
jefes sindicales Ia llave de las decisiones principales. Mientras especulaban
con el "paso atrás" que aguardaban de la entonces titular del Poder Ejecutivo,
se sucedían Ios cambios de ministerios, se destruía el aparato productivo de
la RepúbIica, la indisciplina social crecía como una maleza parásita y la
crisis económica asumía caracteres catastróficos.

La crisis ha culminado. No hay sorpresa en Ia Nación ante la caída de un
gobierno que estaba muerto mucho antes de su eliminación por vía de un cambio
como el que se ha operado. En lugar de aquella sorpresa hay una enorme
expectación. Todos sabemos que se necesitan pIanes sólidos para facilitar la
rehabilitación material y moral de una comunidad herida por demasiados
fracasos y dominada por un escepticismo contaminante. Precisamente por la
magnitud de la tarea por emprender, la primera condición es que se afiance en
Ias Fuerzas Armadas la cohesión con la cual han actuado hasta aquí. Hay un
país que tiene valiosas reservas de confianza, pero también hay un terrorismo
que acecha.


--------------------------------------------------------------------------

LA OPINIÓN (27/3, tapa)

Director: Jacobo Timerman

Reflexión

Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores - aun dentro
del ex oficialismo-, agradecen aI Gobierno Militar el haber puesto fin a un
vasto caos que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que
también le agradecen la sobriedad con que actúan.

De una etapa de delirio, donde torpes y vanas figuras gritaban sus
amenazas a voz en cuello, vivían en el desplante y Ia impunidad, o daban
Iecciones de moralidad exhibiendo sus encendedores o sus corbatas, la
Argentina se abrió en pocos minutos a una etapa de serenidad de la cosa
pública.

Porque las nuevas autoridades demuestran un pudor, un recato tan
beneficioso para ellos como para su relación con Ios gobernados. No han
añadido títulos pomposos y huecos al nombre de su Gobierno, ni lemas
rimbombantes a sus objetivos; no hacen rendir culto a su personalidad ni se
halagan con la propaganda. Y no se prestarán a ser incluidos en esa especie de
álbum familiar deI Poder que el semanario Gente ha dedicado a los altos
funcionarios de todos los regímenes.


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Pero no solamente los periodistas opinaban. También opinó
la "intelliguentsia". Y como para muestra basta un botón, vayan aquí algunos
de los pensamientos que tuvo Ernesto Sábato en la ocasión:



ENESTO SÁBATO



*** Mayo De 1976. "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo,
que salvo al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber
enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi
vida, menos podría gobernar un país", dijo Jorge Luis Borges, y los
periodistas de Casa de Gobierno se sonrieron: ya tenían un titulo para sus
notas.

** El miércoles 19, Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti,
presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y Leonardo Castellani
almorzaron durante mas de dos horas con el general Jorge Videla y con el
general José Villarreal, secretario general de la Presidencia.

** Todos pasaron al comedor privado. "El desarrollo de la cultura es
fundamental para el desarrollo de una Nación", dijo Videla varias veces, y los
demás asentían. A la derecha del presidente estaba el padre Castellani. A la
izquierda, Ernesto Sábato. Enfrente Borges. Y a sus lados Ratti y el general
Villarreal .

** Videla, dijeron después los escritores, se dedicó a escuchar y les
repitió varias veces que para él era un honor compartir esa mesa con tan
importantes personajes.

** Dijo a la salida a la prensa Ernesto Sábato: "Es imposible sintetizar
una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el
presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas
espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de
comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en
ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica
y tampoco caímos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros
vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados:

** Siguió diciendo Ernesto Sábato: "Fue una larga travesía por la
problemática cultural del país. Se habló de la transformación de la Argentina,
partiendo de una necesaria renovación de su cultura".

** Después le preguntaron su opinión sobre Videla: "-El general Videla
me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e
inteligente. Me impresiono la amplitud de criterio y la cultura del
presidente".

** En 1978, Sábato explicaría su posición en un articulo de la revista
alemana Geo: "La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que
las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se
terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos", dijo, para explicar el golpe
de marzo.

** Y, mas adelante dijo: "Desgraciadamente ocurrió que el desorden
general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos
mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de
derecho. Porque entre tanto, los crímenes de la extrema izquierda eran
respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los
extremistas de izquierda habían llevado a cabo los mas infames secuestros y
los crímenes monstruosos más repugnantes".

** Y, para concluir dijo Ernesto Sábato: "Sin duda alguna, en los
últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas
terroristas han sido puestas en gran parte bajo control".






----- Fin del mensaje reenviado -----


Saluda a Ud. atte. Enrique Erlichman.-
Estimados amigos:
Se los envío tal como lo recibí de nuestro compañero Guillermo Marcalain. Les
ruego reenviarlo, pues es necesario que lo conozcan todos los argentinos, y en
el exterior también.
Las vergonzosas notas de los tres diarios "democráticos", y las abyectas
declaraciones del más "democrático" e "izquierdista" Ernesto Sábato y del mimado
Borges, no necesitan comentario alguno. Sólo es necesario no olvidarlos, no
olvidarlos nunca. Tampoco debemos olvidar (aunque el mensaje de Marcalain no lo
consigne) que, en ese almuerzo, el único que se animó pedir por la "aparición"
del escritor popular Aroldo Conti fue el padre Leonardo Castellani. Los otros se
hicieron los distraídos, mientras ese cura gaucho se las jugó con el dictador
genocida Videla por un argentino con quien no compartía su posición ideológica.
Sin embargo, Castellani es tachado de fascista, mientras a los otros comensales
de ese almuerzo se los ha elevado al pináculo de la democracia.
Un abrazo.
Juan Gabriel

-----------
Sent: Saturday, March 06, 2004 9:11 PM
Subject: AMIGOS DE LA LIBERTAD: 24 de Marzo de 1976 . TESTIMONIOS.



AMIGOS DE LA LIBERTAD:

- Próximos a un nuevo 24 de marzo, a 28 años de los sucesos, la población
ha sufrido un incalculable lavado de cerebros.

- Para aclarar un poco el panorama aquí tenemos a La Prensa, La Nación, La
Opinión y a Ernesto Sábato.

- No deje de difundir estos mensajes entre conocidos y amigos, pero
fundamentalmente entre la juventud engañada.

gm-

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Testimonios

El Golpe Militar de Marzo de 1976

Cómo vió, interpretó y comentó el periodismo argentino los hechos del golpe
militar del 24 de Marzo de 1976 que derrocó en su momento al gobierno de María
Estela Martinez de Perón.

Un ejercicio de esa memoria que muchos periodistas afirman cultivar aunque pocos
pasarían la prueba de fuego si tuvieran que ejercerla.

Así consideraron los periodistas al golpe en su momento. Lo que dijeron después
y lo que dicen hoy es del dominio público..

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LA PRENSA

Sabado 27 de marzo de 1976
Diario de la mañana. fundado por José C paz 18 octubre 1819
Director desde 1896 a 1943 Ezequiel P Paz
Clausurado y confiscado el 16 de enero 1951
reenició sus edicciones el 3 de febrero de 1956
Director, Alberto Gainza Paz

Orden, seguridad, confianza

En dos horas, sin el asomo de una sola falla, al cabo de una operación
impecable, precisa, sin estridencias vanas y sin disparar un solo tiro, las
Fuerzas Armadas de la Constitución pusieron término al desempeño ilegítimo del
gobierno instaurado el 25 de mayo de 1973. Lo hicieron para salvar - como dice
la proclama dada a conocer en la madrugada del día 24 - "un tremendo vacío de
poder" y tras de "serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que
podría tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la adoptada".
El documento inicial de la revolución reviste el significado de una cabeza de
proceso, no menos que el carácter de una exposición de los móviles fundamentales
que lo inspiran, cuando puntualiza las "reiteradas y sucesivas contradicciones"
del gobierno depuesto, la "falta de una estrategia global", la "carencia de
soluciones", el "incremento permanente de todos los extremismos", la "ausencia
total de ejemplos éticos y morales", la "manifiesta
irresponsabilidad en el manejo de la economía", al "agotamiento del aparato
productivo", la "especulación y la corrupción generalizadas".

Estas líneas de fuerza de la proclama revolucionaria constituyen la base de un
"trascendental compromiso" para "terminar con el desgobierno, la corrupción y el
flagelo subversivo", rechazar "la acción discordante de todos los extremismos",
y "el efecto corruptor de cualquier demagogia", ciñendo su acción a "pautas
determinadas" entre otras, "el orden, el trabajo" y la "observancia plena de los
principios éticos y morales", al servicio de una finalidad manifiesta, esto es,
"erradicar definitivamente los vicios que afectan al país", y "combatir la
delincuencia subversiva, abierta o encubierta".

Por su carácter afirmativo, algunos enunciados principistas de la proclama
parecen inspirarse en las promesas liminares de la Constitución, cuando en su
preámbulo formula el propósito de "Constituir la unión Nacional"; "Afianzar la
Justicia", "consolidar la paz interior", "proveer a la defensa común", "promover
el bienestar general" y "asegurar los beneficios de la libertad". Esa
identificación de lenguaje aparece corroborada por la unidad de pensamiento que
se advierte en otros documentos de la Junta Militar, caracterizados por la
mesura de sus términos, la claridad de sus conceptos, la brevedad de sus
juicios, la ausencia. de toda altisonancia. Apreciándolos en su conjunto, se
advierte que nada ha quedado librado a la inspiración del momento, por más alta
o feliz que fuese. La improvisación, la mera frase, el párrafo sonoro, la
vanilocuencia no han tenido cabida en estos documentos.

Hay además aceptación plena, dictada seguramente por una convicción profunda, de
las mejores tradiciones cívicas e institucionales. del país, sin que una sola
expresión o término proyecte la menor duda en contrario. No se han invocado
dogmas, ni ideologías ni recurrido a difusos trascendentalismos. Solo la idea de
patria aparece como el común denominador de una ciudadanía ávida de reparaciones
salvadoras, como la suprema invocación, destinada a que todos concurran a la
realización de una "tarea ardua y urgente", emprendida con el "absoluto
convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo".

Ese documento, pues, por los males que condena, las ideas que consagra, los
fines que proclama y los métodos que preconiza, está destinado a presidir y
guiar una acción histórica de incalculables proyecciones. Es un documento
programa, necesariamente global, insertado en la tradición viva de nuestras
instituciones republicanas y democráticas. Necesitará ser desarrollado y
ejecutado con vigor de pensamiento y energía de conducta, sin desmayos ni
vacilaciones, ceñido en todos sus aspectos y detalles a los rumbos fundamentales
que surgen del texto. La jerarquía y la competencia de sus futuros colaboradores
podrán coronar equilibradamente esa calidad del poder que acaba de instaurarse.

La revolución del 24 de marzo no sólo ha puesto fin a una época de ignominia y a
un régimen corrupto y corruptor, sino que ha abierto el cauce por el cual podrá
ir derramándose un nuevo modo del comportamiento colectivo. Basta recorrer la
ciudad, terciar en la conversación del grupo callejero, prestar oídos a la
tertulia del café, de la sobremesa, anotar los comentarios en el ámbito del
trabajo o de la familia, para percibir en todos una sensación de alivio, un
aflojamiento de la tensión psíquica un despertar de la pesadilla en que fue
envolviendo todo, aun a los propios usufructuarios del régimen abatido; la
prolongación de una situación de insostenible defensa. Simple, repetida,
estremecida a veces, la queja era común: "¡Esto no puede seguir!".

Ahora se necesita orden, ese orden que sólo es fecundo cuando nace como una
manifestación de la propia conducta y precede a los hechos. Ese orden, así
concebido y puesto en práctica, hará bien al país después del desvarío desatado
por el gobierno iniciado en mayo de 1973 y tras el frenesí verbal que asomó a
los actos de la gestión oficial. Hay que restar espacio al fanatismo, a la
adhesión servil, al rito adulatorio. Hay que elevar la condición del ciudadano y
mejorar no sólo el nivel de vida sino también la dignidad de vida.

La revolución del 24 de marzo ha comenzado por prometer seguridad al que
trabaja, estímulo al que produce, garantías a la existencia individual y
colectiva. Se ha propuesto desterrar los miedos. La delincuencia y la subversión
ya no habrán de deslizarse a través de las fisuras cómplices del mundo oficial.

Los primeros pasos, actos y palabras de la Junta Militar han generado confianza.
No es poco. El comienzo es alentador. Su andar cauteloso y sin embargo firme, la
mesura de su lenguaje, no exento de energía, la claridad de sus objetivos y el
sereno vigor - la democracia no es un profeta desarmado- con que ha iniciado su
marcha, abren un ancho pórtico de expectativas y anhelos que expresan el deseo
profundo de un pueblo ansioso de vivir en paz, al amparo de la idoneidad y del
derecho.

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LA NACION

Fundada por Bartolomé Mitre el 4 de Enero de 1870
"LA NACION será una tribuna de doctrina", (Núm.1, Año1)


En la madrugada de ayer concluyó el desmoronamiento de un gobierno cuya única
fortaleza consistía, en Ios últimos seis meses, en el empeño que para sostenerlo
pusieron quienes no compartían sus propósitos. Nunca hubo en la Argentina un
gobierno más sostenido por sus opositores. Tal paradoja se produjo porque donde
las autoridades ahora sustituidas sólo vieron el botín de un vencedor electoral,
la totalidad deI país vio la posibilidad de una consolidación institucional.
Ayer, también, se clausuró un proceso político que, como tal, se abrió en 1971,
y no es menos evidente que se ha cerrado una época signada a Io Iargo de casi
tres décadas por Ia presencia activa de Perón, primero, y después por los hechos
y situaciones que tuvieron una relación de causalidad inmediata con Ia
presidencia por él dejada vacante.

Este final inexorable había sido presentido por vastos sectores de la opinión
pública. En Ias últimas semanas tal presentimiento era una convicción reafirmada
a diario por síntomas de la más diversa naturaleza.

Hubo, ciertamente, insensibilidad y obcecación en quien asumió en 1974 la
presidencia de la República, así como la hubo en el grupo que guió su pasos con
desprecio del renunciamiento que en su momento pudo haber salvado el proceso
hacia Ia unánimemente deseada consolidación institucional.

Eran tan hondos los deseos de alcanzar ese objetivo, que la Nación entera pudo
haber absorbido aquella carga negativa de la insensibilidad y la obcecación, si
no fuera porque ella se acrecentó con un intolerable lastre de corrupción,
despilfarro, incompetencia e inseguridad colectiva a través de un
'"contraproceso institucional" que incluye a todo el gobierno peronista a partir
de mayo de 1973.

Cada vez más, el gobierno justicialista se abandonó a sus propias obsesiones. La
más absurda de éstas fue la conversión de la República en una suerte de
monarquía en la cual la viuda de un caudillo pretendió que el poder fuese un
bien casi computable en el juicio sucesorio. Esta ambición femenina, propia de
la reyecía del siglo XVIII, fue alentada por un "pequeño grupo de amigos"
puestos actuar como un núcleo empresario de las emociones populares atribuidas
aI eco del apellido convocante. Así sobrevinieron las reyertas intestinas entre
la depositaria del nombre y los que pretendían ser beneficiarios de una nebulosa
herencia política. Primero se fragmentó el Frente oficialista en el cual el
peronismo apadrinó a aliados de poco vigor numérico. Luego se escindió el
peronismo. Más tarde se produjo un cisma parlamentario que privó al gobierno de
su mayoría en la Cámara joven, no obstante lo cual el Parlamento diluyó sus
propias posibilidades creativas. En último término el sector gremial
- única, franja donde subsistía un vestigio de organización - cayó en la
ficción que desconectó a los dirigentes de la realidad popular. De tal modo,
sólo quedó la fachada del edificio gubernamental. Es lo que acaba de caer. Nada
de Io que rodeaba al gobierno conservó poder de convocatoria...

Pero al sector gremial le cabe una gran responsabilidad. El fue el creador del
principio de la "verticalidad" a ultranza. Suponía que a través de la
verticaIidad iba a deslizarse suavemente hasta las manos de los discutidos jefes
sindicales Ia llave de las decisiones principales. Mientras especulaban con el
"paso atrás" que aguardaban de la entonces titular del Poder Ejecutivo, se
sucedían Ios cambios de ministerios, se destruía el aparato productivo de la
RepúbIica, la indisciplina social crecía como una maleza parásita y la crisis
económica asumía caracteres catastróficos.

La crisis ha culminado. No hay sorpresa en Ia Nación ante la caída de un
gobierno que estaba muerto mucho antes de su eliminación por vía de un cambio
como el que se ha operado. En lugar de aquella sorpresa hay una enorme
expectación. Todos sabemos que se necesitan pIanes sólidos para facilitar la
rehabilitación material y moral de una comunidad herida por demasiados fracasos
y dominada por un escepticismo contaminante. Precisamente por la magnitud de la
tarea por emprender, la primera condición es que se afiance en Ias Fuerzas
Armadas la cohesión con la cual han actuado hasta aquí. Hay un país que tiene
valiosas reservas de confianza, pero también hay un terrorismo que acecha.

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LA OPINIÓN (27/3, tapa)

Director: Jacobo Timerman

Reflexión

Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores - aun dentro del ex
oficialismo-, agradecen aI Gobierno Militar el haber puesto fin a un vasto caos
que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que también le
agradecen la sobriedad con que actúan.

De una etapa de delirio, donde torpes y vanas figuras gritaban sus amenazas a
voz en cuello, vivían en el desplante y Ia impunidad, o daban Iecciones de
moralidad exhibiendo sus encendedores o sus corbatas, la Argentina se abrió en
pocos minutos a una etapa de serenidad de la cosa pública.

Porque las nuevas autoridades demuestran un pudor, un recato tan beneficioso
para ellos como para su relación con Ios gobernados. No han añadido títulos
pomposos y huecos al nombre de su Gobierno, ni lemas rimbombantes a sus
objetivos; no hacen rendir culto a su personalidad ni se halagan con la
propaganda. Y no se prestarán a ser incluidos en esa especie de álbum familiar
deI Poder que el semanario Gente ha dedicado a los altos funcionarios de todos
los regímenes.

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Pero no solamente los periodistas opinaban. También opinó la "intelliguentsia".
Y como para muestra basta un botón, vayan aquí algunos de los pensamientos que
tuvo Ernesto Sábato en la ocasión:



ENESTO SÁBATO



*** Mayo De 1976. "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvo
al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las
responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos
podría gobernar un país", dijo Jorge Luis Borges, y los periodistas de Casa de
Gobierno se sonrieron: ya tenían un titulo para sus notas.

** El miércoles 19, Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti, presidente de
la Sociedad Argentina de Escritores y Leonardo Castellani almorzaron durante mas
de dos horas con el general Jorge Videla y con el general José Villarreal,
secretario general de la Presidencia.

** Todos pasaron al comedor privado. "El desarrollo de la cultura es fundamental
para el desarrollo de una Nación", dijo Videla varias veces, y los demás
asentían. A la derecha del presidente estaba el padre Castellani. A la
izquierda, Ernesto Sábato. Enfrente Borges. Y a sus lados Ratti y el general
Villarreal .

** Videla, dijeron después los escritores, se dedicó a escuchar y les repitió
varias veces que para él era un honor compartir esa mesa con tan importantes
personajes.

** Dijo a la salida a la prensa Ernesto Sábato: "Es imposible sintetizar una
conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el
presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas
espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de
comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en
ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica y
tampoco caímos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros vertió
sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados:

** Siguió diciendo Ernesto Sábato: "Fue una larga travesía por la problemática
cultural del país. Se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de
una necesaria renovación de su cultura".

** Después le preguntaron su opinión sobre Videla: "-El general Videla me dio
una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me
impresiono la amplitud de criterio y la cultura del presidente".

** En 1978, Sábato explicaría su posición en un articulo de la revista alemana
Geo: "La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas
Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese
vergonzoso gobierno de mafiosos", dijo, para explicar el golpe de marzo.

** Y, mas adelante dijo: "Desgraciadamente ocurrió que el desorden general, el
crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no
alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque entre
tanto, los crímenes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes
atentados de represalia de la extrema derecha. Los extremistas de izquierda
habían llevado a cabo los mas infames secuestros y los crímenes monstruosos más
repugnantes".

** Y, para concluir dijo Ernesto Sábato: "Sin duda alguna, en los últimos meses
muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas terroristas han sido
puestas en gran parte bajo control".













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Enrique Erlichman <prensa@...> wrote:Fecha: Mon, 8 Mar 2004 10:28:14 -0800 De: Enrique Erlichman A:...
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