Compañeros: Aquí les remitimos una carta del Cro.Labaké al Pte.Kirchner, que
consideramos que Uds. deben conocer. Sin más, saludamos a Uds, con un abrazo
peronista.-
<prensa@...> wrote:Fecha: Thu, 11 Mar 2004 14:31:57 -0800
De: Enrique Erlichman
A: movimientonacionalperonista@...
Asunto: Fwd: Labaké e=?ISO-8859-1?B?bnbtYSBzdSBtZW5zYQ==?=je Nº 210. m
----- Mensaje reenviado de "Juan G. Labake" -----
Fecha: Wed, 10 Mar 2004 23:25:18 -0300
De: "Juan G. Labake"
Responder-A: "Juan G. Labake"
Asunto: Labaké envía su mensaje Nº 210. m
Para: Undisclosed-Recipient@UNKNOWN, MISSING_MAILBOX_TERMINATOR@.SYNTAX-
ERROR., UNEXPECTED_DATA_AFTER_ADDRESS@.SYNTAX-ERROR.
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Labaké envía su mensaje político Nº 210.
10-03-04
Hemos perdido una brillante oportunidad
(quizás única)
Por Juan Gabriel Labaké
jglabake@...
Antes de ausentarme del país por más de dos semanas, y cuando ya eran visibles
las interminables exigencias del FMI, envié al Dr. Kirchner una carta de
contenido político y de carácter muy reservado (por razones obvias) y aún
personal. Nunca abrigué demasiadas esperanzas sobre su eficacia, pero consideré
y considero que, en esta lucha desigual que libramos, ninguna gestión es
despreciable. Además, estamos trabajando para que no muera la resistencia y la
esperanza. Dios sabrá cuándo fructificarán nuestros esfuerzos.
Ahí va el texto de la carta, que no necesita ni explicaciones ni comentarios.
En ella está dicho todo lo que quería y consideraba útil decir en esta
coyuntura.
Del Viso, 12 de febrero de 2004
Al señor
Presidente de la Nación
Dr. Néstor Kirchner
Estimado Néstor:
Desde que asumiste, más de una vez he expresado mi discrepancia con algunas de
tus medidas de gobierno. Y aún las mantengo en ciertas cuestiones. Pero el
grave y decisivo momento por el que atraviesa nuestro país, y la enorme
responsabilidad que los argentinos hemos puesto en tus manos, me llevan a
olvidar las diferencias de todo tipo y profundidad que pudiera haber entre
nosotros, para ofrecerte mi punto de vista y, eventualmente, mi colaboración
totalmente desinteresada en esta encrucijada nacional.
Considero que la actitud poco leal y de exigencias ilimitadas e interminables
que han adoptado, tanto los organismos financieros multilaterales, como los
gobiernos de los países más ricos del planeta, nos dan el motivo ideal
(difícilmente repetible en años) de replantear nuestra relación con ellos y,
como consecuencia, reorientar nuestra política, especialmente en materia
internacional y económica.
La inmensa mayoría de los argentinos sabe, igual que todos nosotros, que si
deseamos desarrollarnos integralmente, necesitamos un plan económico
diametralmente opuesto al que de hecho nos imponen el FMI y el G7, y una
alianza continental distinta al ALCA, basada en nuestro pacto estratégico con
Brasil para lograr la Unión Sudamericana y, luego, eventualmente la
Latinoamericana. También todos nos percatamos de que el instrumento con el cual
nos obligan a seguir esas políticas contrarias a nuestro interés nacional es
la agobiante e ilegítima deuda externa.
Hasta hoy, quizás no hubo un argumento sólido y fácilmente visible que
justificara, ante los ojos de nuestro pueblo y del mundo, la decisión de elegir
el camino propio que nos marca la sensatez y la experiencia, al margen de las
recetas del FMI y del G7. Ese argumento es, justamente, el que ahora nos otorga
la actitud desleal y las exigencias interminables de ambos organismos
internacionales.
Por otro lado, esa posición de los grupos de poder nos indica con claridad y
certeza que, con ellos, nuestros problemas serán eternos. Apenas nuestra
situación mejora un poco, gracias al esfuerzo extraordinario de nuestro
pueblo, ellos aumentan la cuota que reclaman, y la seguirán aumentando. Rara
vez se ha dado un caso tan semejante al del avaro y ya legendario personaje del
Mercader de Venecia. Poco les ha importado que el superávit fiscal y el
comercial de 2003 se hayan logrado, igual que los que se esperan para este
año, gracias al congelamiento de sueldos estatales y jubilaciones miserables, a
la suspensión sin término del plan de obras públicas (motor irreemplazable de
un despegue enérgico como el que necesitamos), al mantenimiento de partidas
bajísimas para el gasto social y para la investigación científica y
tecnológica, y al "ajuste" general de la economía que soportamos todos. Tampoco
parece importarles lo mucho que ya se les otorgó para llegar al acuerdo de
setiembre de 2003: ley de quiebras, ley de subversión económica, compensación a
los bancos, no investigación de la deuda externa, etc. Quieren más, y siempre
lo querrán por lo visto. De ello ya no pueden quedarnos dudas.
De ese modo, seguir nuestro propio camino, aún a riesgo de despertar ciertas
iras en el FMI y en el G7, no es ya una cuestión ideológica, como se pudo
pensar antes (aunque erróneamente), sino de estricto sentido común y
conveniencia. El estrecho sendero que nos trazan ellos sólo conduce a la
permanencia de la medianía y a la crisis recurrente.
Ése, legítimamente, también es un tema de tu interés personal y político. Si
continúa el abrazo con el Fondo y el G7, tarde o temprano las cacerolas
volverán a la Plaza de Mayo, tal vez codo a codo con los piqueteros. Si nos
despegamos de ellos, quizás las cacerolas también te visiten si, eventualmente,
no pueden llenarse de exquisiteces importadas, pero eso es muy poco probable
y, además, menos peligroso: vos serías, en ese caso, el conductor de una
epopeya semejante a la de 1945.
Tengo la impresión de que la historia pone al alcance de tu mano una
oportunidad excepcional. Un discurso sobrio, pronunciado por la Red de Radio y
Televisión Nacional con la gravedad apropiada, podría anunciar las dos
decisiones clave:
1.- Que ante el incumplimiento reiterado e injustificado de la otra parte,
denuncias el acuerdo firmado con el FMI en setiembre pasado, para adoptar las
medidas que mejor conduzcan al desarrollo de la Argentina y de su pueblo. Que
lo haces porque los interlocutores, con su conducta de los últimos meses, no te
dejan otro camino. Que diste muestras de buena voluntad hacia ellos al adoptar,
a su pedido, las medidas que enumero más arriba. Pero que, lamentablemente,
todo ha sido insuficiente para colmar los permanentes y siempre renovados
reclamos del FMI y del G7.
2.- Que ratificas la voluntad de pagar la deuda, pero que, ante el fallo de un
juez federal sobre su grave ilegitimidad, has dispuesto designar una comisión
que la investigue, formada por personalidades moral y técnicamente intachables
de todo el mundo. Que, una vez determinada la parte legítima de ella, te
comprometes a pagarla aún sin quitas. El resto, la parte ilegítima, por
supuesto que no.
Esas dos afirmaciones, en ese tono y en ese escenario, estoy seguro que
causarán un entusiasta y amplio apoyo nacional, y una repercusión favorable en
muchos sectores del mundo. Ése será el momento de avanzar con nuevas alianzas.
No ignoro que el adversario, si bien no es omnipotente, sí es muy poderoso. Por
ello, la estrategia que propongo, y la batería de medidas que se enunciaría a
continuación, deben ser cuidadosa y detalladamente programadas, paso por paso.
En ese aspecto, deberíamos tener en cuenta que EEUU está en una situación muy
especial y delicada: vive una campaña electoral en la que su presidente está
muy jaqueado por la decisión de invadir a Irak y por la situación económica
mundial, y afronta graves vaticinios de expertos indubitables sobre el futuro
de su economía y de su moneda. Todo hace ver que éste es nuestro turno.
Yo viajo al exterior el próximo martes 17-2-04 al mediodía, y regreso el 5-3-04
a la noche, pero si esta propuesta te parece digna de ser considerada con mayor
tranquilidad y amplitud, estoy a tu disposición para volver a Buenos Aires
cuando lo creas oportuno y charlar sin compromiso alguno de tu parte. Para
ello, te ruego hacerme avisar a través de (...)
Puedes dar a esta carta la difusión que desees, aunque coincidiremos en que,
hasta tanto decidas qué hacer con mi propuesta, es preferible que se mantenga
en la más estricta reserva. Por eso mismo te la envío sólo a través de dos
vías de tu total confianza: (...)
Te deseo mucha suerte en este momento tan difícil, y te mando un abrazo
amistoso.
Juan Gabriel Labaké
No hace falta decirlo: esa carta ni siquiera tuvo un acuse de recibo. En lugar
de considerar serenamente la posibilidad que propuse, o alguna otra similar, se
prefirió montar el espectáculo poco serio de ayer martes 9 de marzo de 2004
(recordemos que también en marzo, pero de 2002, el entonces presidente Duhalde
y todos los gobernadores --insisto, todos-- menos Alfredo Avelín de San Juan,
aceptaron los 14 vergonzosos puntos impuestos por el FMI). Ese espectáculo es
el mismo que se monta en oportunidad de cada vencimiento con el FMI, y que
consiste en gritar mucho y pagar todo. Nunca la sangre llega al río, porque es
sangre de utilería.
No es momento de usar la ironía, ni de extenderme en largas consideraciones.
Tampoco estoy en ánimo de hacerlo. Sólo deseo manifestar que, por favor, no nos
tomen más el pelo.
Del Viso, 10 de marzo de 2004.
Juan Gabriel Labaké
----- Fin del mensaje reenviado -----
Saluda a Ud. atte. Enrique Erlichman.-
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Labaké envía su mensaje político Nº 210.
10-03-04
Hemos perdido una brillante oportunidad
(quizás única)
Por Juan Gabriel Labaké
jglabake@...
Antes de ausentarme del país por más de dos semanas, y cuando ya eran visibles
las interminables exigencias del FMI, envié al Dr. Kirchner una carta de
contenido político y de carácter muy reservado (por razones obvias) y aún
personal. Nunca abrigué demasiadas esperanzas sobre su eficacia, pero consideré
y considero que, en esta lucha desigual que libramos, ninguna gestión es
despreciable. Además, estamos trabajando para que no muera la resistencia y la
esperanza. Dios sabrá cuándo fructificarán nuestros esfuerzos.
Ahí va el texto de la carta, que no necesita ni explicaciones ni comentarios. En
ella está dicho todo lo que quería y consideraba útil decir en esta coyuntura.
Del Viso, 12 de febrero de 2004
Al señor
Presidente de la Nación
Dr. Néstor Kirchner
Estimado Néstor:
Desde que asumiste, más de una vez he expresado mi discrepancia con algunas de
tus medidas de gobierno. Y aún las mantengo en ciertas cuestiones. Pero el grave
y decisivo momento por el que atraviesa nuestro país, y la enorme
responsabilidad que los argentinos hemos puesto en tus manos, me llevan a
olvidar las diferencias de todo tipo y profundidad que pudiera haber entre
nosotros, para ofrecerte mi punto de vista y, eventualmente, mi colaboración
totalmente desinteresada en esta encrucijada nacional.
Considero que la actitud poco leal y de exigencias ilimitadas e interminables
que han adoptado, tanto los organismos financieros multilaterales, como los
gobiernos de los países más ricos del planeta, nos dan el motivo ideal
(difícilmente repetible en años) de replantear nuestra relación con ellos y,
como consecuencia, reorientar nuestra política, especialmente en materia
internacional y económica.
La inmensa mayoría de los argentinos sabe, igual que todos nosotros, que si
deseamos desarrollarnos integralmente, necesitamos un plan económico
diametralmente opuesto al que de hecho nos imponen el FMI y el G7, y una alianza
continental distinta al ALCA, basada en nuestro pacto estratégico con Brasil
para lograr la Unión Sudamericana y, luego, eventualmente la Latinoamericana.
También todos nos percatamos de que el instrumento con el cual nos obligan a
seguir esas políticas contrarias a nuestro interés nacional es la agobiante e
ilegítima deuda externa.
Hasta hoy, quizás no hubo un argumento sólido y fácilmente visible que
justificara, ante los ojos de nuestro pueblo y del mundo, la decisión de elegir
el camino propio que nos marca la sensatez y la experiencia, al margen de las
recetas del FMI y del G7. Ese argumento es, justamente, el que ahora nos otorga
la actitud desleal y las exigencias interminables de ambos organismos
internacionales.
Por otro lado, esa posición de los grupos de poder nos indica con claridad y
certeza que, con ellos, nuestros problemas serán eternos. Apenas nuestra
situación mejora un poco, gracias al esfuerzo extraordinario de nuestro pueblo,
ellos aumentan la cuota que reclaman, y la seguirán aumentando. Rara vez se ha
dado un caso tan semejante al del avaro y ya legendario personaje del Mercader
de Venecia. Poco les ha importado que el superávit fiscal y el comercial de 2003
se hayan logrado, igual que los que se esperan para este año, gracias al
congelamiento de sueldos estatales y jubilaciones miserables, a la suspensión
sin término del plan de obras públicas (motor irreemplazable de un despegue
enérgico como el que necesitamos), al mantenimiento de partidas bajísimas para
el gasto social y para la investigación científica y tecnológica, y al “ajuste”
general de la economía que soportamos todos. Tampoco parece importarles lo mucho
que ya se les otorgó para llegar al acuerdo de setiembre de
2003: ley de quiebras, ley de subversión económica, compensación a los bancos,
no investigación de la deuda externa, etc. Quieren más, y siempre lo querrán por
lo visto. De ello ya no pueden quedarnos dudas.
De ese modo, seguir nuestro propio camino, aún a riesgo de despertar ciertas
iras en el FMI y en el G7, no es ya una cuestión ideológica, como se pudo pensar
antes (aunque erróneamente), sino de estricto sentido común y conveniencia. El
estrecho sendero que nos trazan ellos sólo conduce a la permanencia de la
medianía y a la crisis recurrente.
Ése, legítimamente, también es un tema de tu interés personal y político. Si
continúa el abrazo con el Fondo y el G7, tarde o temprano las cacerolas volverán
a la Plaza de Mayo, tal vez codo a codo con los piqueteros. Si nos despegamos de
ellos, quizás las cacerolas también te visiten si, eventualmente, no pueden
llenarse de exquisiteces importadas, pero eso es muy poco probable y, además,
menos peligroso: vos serías, en ese caso, el conductor de una epopeya semejante
a la de 1945.
Tengo la impresión de que la historia pone al alcance de tu mano una oportunidad
excepcional. Un discurso sobrio, pronunciado por la Red de Radio y Televisión
Nacional con la gravedad apropiada, podría anunciar las dos decisiones clave:
1.- Que ante el incumplimiento reiterado e injustificado de la otra parte,
denuncias el acuerdo firmado con el FMI en setiembre pasado, para adoptar las
medidas que mejor conduzcan al desarrollo de la Argentina y de su pueblo. Que lo
haces porque los interlocutores, con su conducta de los últimos meses, no te
dejan otro camino. Que diste muestras de buena voluntad hacia ellos al adoptar,
a su pedido, las medidas que enumero más arriba. Pero que, lamentablemente, todo
ha sido insuficiente para colmar los permanentes y siempre renovados reclamos
del FMI y del G7.
2.- Que ratificas la voluntad de pagar la deuda, pero que, ante el fallo de un
juez federal sobre su grave ilegitimidad, has dispuesto designar una comisión
que la investigue, formada por personalidades moral y técnicamente intachables
de todo el mundo. Que, una vez determinada la parte legítima de ella, te
comprometes a pagarla aún sin quitas. El resto, la parte ilegítima, por supuesto
que no.
Esas dos afirmaciones, en ese tono y en ese escenario, estoy seguro que causarán
un entusiasta y amplio apoyo nacional, y una repercusión favorable en muchos
sectores del mundo. Ése será el momento de avanzar con nuevas alianzas.
No ignoro que el adversario, si bien no es omnipotente, sí es muy poderoso. Por
ello, la estrategia que propongo, y la batería de medidas que se enunciaría a
continuación, deben ser cuidadosa y detalladamente programadas, paso por paso.
En ese aspecto, deberíamos tener en cuenta que EEUU está en una situación muy
especial y delicada: vive una campaña electoral en la que su presidente está
muy jaqueado por la decisión de invadir a Irak y por la situación económica
mundial, y afronta graves vaticinios de expertos indubitables sobre el futuro de
su economía y de su moneda. Todo hace ver que éste es nuestro turno.
Yo viajo al exterior el próximo martes 17-2-04 al mediodía, y regreso el 5-3-04
a la noche, pero si esta propuesta te parece digna de ser considerada con mayor
tranquilidad y amplitud, estoy a tu disposición para volver a Buenos Aires
cuando lo creas oportuno y charlar sin compromiso alguno de tu parte. Para ello,
te ruego hacerme avisar a través de (...)
Puedes dar a esta carta la difusión que desees, aunque coincidiremos en que,
hasta tanto decidas qué hacer con mi propuesta, es preferible que se mantenga en
la más estricta reserva. Por eso mismo te la envío sólo a través de dos vías de
tu total confianza: (...)
Te deseo mucha suerte en este momento tan difícil, y te mando un abrazo
amistoso.
Juan Gabriel Labaké
No hace falta decirlo: esa carta ni siquiera tuvo un acuse de recibo. En lugar
de considerar serenamente la posibilidad que propuse, o alguna otra similar, se
prefirió montar el espectáculo poco serio de ayer martes 9 de marzo de 2004
(recordemos que también en marzo, pero de 2002, el entonces presidente Duhalde y
todos los gobernadores --insisto, todos-- menos Alfredo Avelín de San Juan,
aceptaron los 14 vergonzosos puntos impuestos por el FMI). Ese espectáculo es el
mismo que se monta en oportunidad de cada vencimiento con el FMI, y que consiste
en gritar mucho y pagar todo. Nunca la sangre llega al río, porque es sangre de
utilería.
No es momento de usar la ironía, ni de extenderme en largas consideraciones.
Tampoco estoy en ánimo de hacerlo. Sólo deseo manifestar que, por favor, no nos
tomen más el pelo.
Del Viso, 10 de marzo de 2004.
Juan Gabriel Labaké
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