Abuso sexual Infantil: Los victimarios.
Lic. María Beatriz Müller
Presidenta del Comité Organizador
II
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- www.congresoviolencia.com
Abordar el tema de los victimarios nos remite
inexorablemente, cuando de abuso y violación infantil se trata, a iniciar el
recorrido repasando brevemente el lugar de las víctimas y las dificultades que
se nos presentan.
Es ampliamente conocido que el más severo de los
maltratos infantiles es el mal llamado abuso sexual infantil, que no debemos
temer nominar como violación infantil, y que constituye sin lugar a dudas un
delito penalizado por la ley. El abordaje del mismo suele centrarse en el
diagnóstico del niño, niña o adolescente que se sospecha ha sido víctima de
dicha agresión.
En este contexto me pareció interesante profundizar
un poco en relación a los diagnósticos de abuso infantil y precisar algunas
definiciones y contextos, la definición
clínica, si bien está en relación con la definición legal, está enfocada al impacto traumático de las
experiencias en el niño, niña o adolescente.
Estos impactos traumáticos dependerán de la
comprensión y del significado que atribuya a los comportamientos abusivos,
atributos que pueden modificarse durante el proceso evolutivo.
Lo importante es tener en cuenta que, aún en
ausencia de efectos traumáticos observables, el niño, niña o adolescente debe
ser protegido de futuros abusos (definición de Servicios de Protección
Infantil) y que este tipo de comportamientos constituyen un delito (definición
de la Justicia Penal)
Existen tres características que definen los
comportamientos abusivos:
a)
las
diferencias de poder que conllevan posibilidad de controlar a la víctima física
o emocionalmente;
b)
las
diferencias de conocimientos que implican que la víctima no pueda comprender
cabalmente el significado y las consecuencias potenciales de la actividad
sexual; y
c)
la
diferencia en las necesidades satisfechas: el agresor/a busca satisfacer sus
propios impulsos sexuales
Desequilibrio de poder
El desequilibrio de poder implica que el agresor/a
controla a la víctima y que el encuentro sexual no ha sido planeado ni
realizado de manera consensuada. Este desequilibrio puede deberse a relaciones
de parentesco, vínculos jerárquicos y de autoridad, a la diferencia de
estatura, tamaño corporal y/o fuerza física que permite que el agresor/a pueda
manipular al niño, niña o adolescente mediante la intimidación y/o la coerción
física y/o emocional, mediante sobornos, promesas o engaños.
Diferencias de conocimientos
Si una de las partes implicadas (el agresor/a)
tiene conocimientos más avanzados acerca del significado y los alcances del
comportamiento sexual, se pueden considerar abusivos los hechos investigados.
El mayor grado de conocimiento puede deberse a que, evolutivamente, está más
desarrollado o a que, es más inteligente que su víctima. Esta cuestión se
presta a polémicas en relación al tope de edad que se establece para determinar
que un niño o una niña haya sido victimizado/a, si este tope tiene que ser
diferente para los niños que para las niñas. Es polémico también en relación a
cómo considerar los comportamientos sexuales entre una chica de 16 ó 17 años y
un muchacho de 20 ó 21 (cuando se producen sin que mantengan una relación
afectiva).
Sin embargo, no existen dudas cuando la persona
involucrada en estos comportamientos tiene algún tipo de retraso madurativo o
de minusvalía física o emocional. En estos casos no importa si la víctima tiene
la misma edad o si es mayor que el agresor/a.
Diferencia en las necesidades
satisfechas
Es sabido que en los casos de abusos sexuales a
niños, niñas o adolescentes el objetivo de los comportamientos no es la
gratificación sexual mutua. Lo habitual es que el agresor/a esté satisfaciendo
exclusivamente sus propias necesidades sexuales. Esta gratificación diferencial
ocurre más allá de que el agresor/a consiga excitar sexualmente a la víctima.
Al ser el agresor/a más poderoso/a que el niño/a
puede imponer comportamientos sexuales que pueden resultar dolorosos,
intrusivos o abrumadores. Puede además, para que no se resista, ya que éste
carece de conocimientos suficientes sobre las implicancias sociales y
personales que tiene involucrarse en este tipo de acercamientos, lo que
determina la incapacidad del niño/a para consentir dichas conductas.
Por otro lado, más allá de los comportamientos y
formas en que se manifieste un abuso o violación sexual, el objetivo central es la gratificación del agresor/a,
principalmente en relación al placer que le produce el sometimiento, que va más
allá de la gratificación sexual genital.
En este punto podemos adentrarnos en la figura del
agresor, que como sabemos no está aún tipificada, y que resulta muy difícil de
delinear de modo taxativo.
Me permito un breve paréntesis para insistir en la
idea, de comenzar a llamar a las cosas por su nombre siguiendo el planteo que
nos hiciera la Dra. Eva Giberti: “Para la organización patriarcal propia
de la canónica del Derecho, abuso sexual es aliviante respecto de violación.
Siempre permite la aparición de la tangente que sostiene: “No se puede
hablar de violación porque la penetración en esa niña de siete años no fue
total; el ingreso peneano no trascendió la zona vulvar donde se produjo la
emisión espermática.
La tangente siempre se diseña en favor del violador
de modo tal que pueda eludirse la palabra violación acompañada en el imaginario
social por la figura del victimario. De ese modo se pueden deconstruir las
premisas ideológicas de quienes escuchan que no ignoran quiénes violan pero que
ideológicamente eligen no reconocer. Así se recurre a la expresión abuso sexual
internacional e hipócritamente avalada. Complemento del agotamiento al hablar
del abuso surge el mito del abusador abusado”
Aquí nos adentraríamos en un terreno peligroso, y
continúo citando a la Dra. Giberti: “Se pretende fundar una política que
alivie la responsabilidad de quien delinque contra niños y niñas. Carece de
toda ingenuidad recurrir a la tesis de la repetición compulsiva, que
practicaría el violador, asociándola a la postura de la mimesis, es decir, de
la imitación que describió Girard en su planteo del chivo expiatorio, apuntando
a una imitación recíproca: el abusador/violador estaría convirtiéndose en el
doble de quien lo victimizara, es decir, se busca crear la cadena en la cual
ese sujeto sería solo un eslabón repetido y repitente de la cadena en la cual
está fatalmente inmerso. A él lo violaron, luego él violará, incluyéndolo de
ese modo dentro del circuito determinístico.”
Este es un camino resbaladizo, es cierto que los
abusadores han sido niños abusados, probablemente si, pero eso no significa que
no son delincuentes y que tienen plena conciencia de sus actos, y por lo tanto
merecen su castigo en prisión.
No podemos siquiera pensar en utilizar esto como
atenuante, sÍ, nos debe llamar a la reflexión respecto, a como proceder cuando
se detecta una situación de abuso infantil, qué se debe hacer, cómo se debe
intervenir, como tratar las secuelas postraumáticas. Debemos tener bien en
claro que siempre deja secuelas y que no podemos predecir la gravedad de las
mismas.
No podemos decir que todo niño o niña
victimizados/a será un futuro victimizador/a, no se puede simplificar de esta
manera una temática sumamente compleja. Esta es una idea que tortura a muchos
padres y madres de niños que han sido víctimas, la pregunta aparece siempre,
será luego él o ella un victimario/a. No es algo inexorable, inevitable,
determinado… de ninguna manera, lo que sí es sumamente importante, es
como se interviene con ellos, que tipo de tratamiento se implementa.
Muchas veces hemos escuchado, es chiquito, se va a
olvidar, seguramente no se acuerda, como puede saber si “no
entiende”. Nada más alejado de la realidad, en esto debemos ser muy
claros, no hay manera que no deje huella, sí podemos decir que lo que se haga
después determinará el tipo de daño que dejará. El tratamiento del abuso
infantil involucra a toda la familia, a los adultos protectores y está ligado
al castigo al agresor, fundamental, para la normal evolución del tratamiento.
Si debiéramos describir características que hemos
hallado durante todos estos años de tarea, en los que nos hemos encontrado con
muchos agresores de niños/as, cara a cara, tanto durante el proceso de
evaluación de los pequeños/as, como de ellos mismos, o durante el proceso de
juicio oral, nada define mejor que el título de esta ponencia, al que le
agregaría la palabra complejas, es decir las complejas máscaras del abusador.
La idea de máscara, doble cara, doble fachada, está siempre presente. Lejos
está de la idea de un sujeto aberrante, monstruoso, deformado, que asusta
cuando se lo ve; todo lo contrario, se trata de un señor o señora, que tiene el
mejor concepto en el vecindario, buen profesional, comerciante o lo que sea a
lo que se dedique, amable, simpático, siempre bien dispuesto, incluso durante
el proceso en el que se lo está investigando. Cuántos errores se han cometido
por esta mascarada, cuantos niños y niñas han sido victimizados una y otra vez
porque los funcionarios e incluso los colegas no podían creer que un señor tan
“buen padre” fuera capaz de semejante barbaridad.
Me gustaría aquí incluir un párrafo escrito por la
Dra. Giberti vinculado al caso descubierto en Mendoza: “La sombra de la
figura del padre se cierne sobre esta semantización híbrida, blandengue y
confusionante, buscando preservar la figura sacrosanta del progenitor. Que
cuando es realmente padre no precisa ser salvaguardado, porque se alcanza a sí
mismo en su textura proteccional y orientadora de sus hijos. Pero los
reproductores masculinos de la especie no son necesariamente padres, sino que
históricamente se recrean como violadores de sus hijas. Esta afirmación genera
problemas en el ordenamiento patriarcal de las sociedades y siempre arriesga
que las almas buenas –bienaventuradas y respetadas sean– salgan al
cruce con la afirmación: “¡Es una exageración! ¡Yo nunca conocí a alguien
violada por su padre!”. Así será porque durante siglos se silenció el
tema y actualmente se busca digerirlo a partir del monstruo –lo
espectacular al borde del linchamiento– y del abuso –la tibieza de
la letra b, apenas sostenida entre los labios semicerrados al pronunciarla, la
antítesis perfecta del desgarro brutal contra la genitalidad de la niña-. Ni
monstruo ni abuso: incesto contra la hija niña, que, para el colmo de su
horror, desde el comienzo de su vida aprendió a amarlo.” Debemos tener en
claro, que un “padre” que utiliza a su hija o hijo como objeto
sexual NO ES UN PADRE.
Si nos adentramos en una evaluación más profunda de
personalidad de los agresores, allí también nos encontramos con dificultades,
debemos hilar muy fino para descubrir los indicios en las técnicas.
Preponderantemente hemos visto, signos de inmadurez
psicosexual, es decir sexualidad infantil, rasgos perversos, y muchas
características psicopáticas, pero generalmente en una estructura de base
neurótica, que cuando la evaluación es analizada por profesionales sin la
suficiente experiencia o influenciado por la doble cara puede llevar a
resultados nefastos para las víctimas. Lamentablemente hemos tenido varias
experiencias de este tipo, incluso recuerdo haber presenciado, como perito de
parte una toma pericial en sede judicial que jamás olvidaré por lo
inconsistente de la misma y con resultados absurdos, que obviamente objetamos y
que aún está en trámites.
Para describir un poco más al agresor, debemos
recorrer los aspectos de la psicopatía que consideramos se encuentran en los
abusadores de niños/as.
Sabemos que los psicópatas se caracterizan
básicamente por su desprecio hacia las normas establecidas por la sociedad.
Carentes de principios morales, sólo valoran a las demás personas en la medida
en que puedan serles de alguna utilidad práctica, de modo que no tienen reparo
alguno en atropellar los derechos ajenos cuando estos representan un obstáculo
para el logro de sus propósitos. Su falta de sentimientos de culpa se traduce
en todo tipo de justificaciones para sus actos, de modo que el psicópata se
muestra a si mismo como incomprendido o víctima de la sociedad, guiándose
siempre por sus propias reglas y no admitiendo nunca el menor remordimiento o
vergüenza por sus atropellos. Son depredadores
infrenables e imposibles de tratar en quienes la violencia es
planeada, decidida y carente de emociones.
Cleckley enumera los siguientes rasgos
característicos de las personalidades psicopáticas: atracción superficial;
ausencia de ansiedad neurótica; ausencia de trastornos del juicio;
irresponsabilidad; conducta antisocial habitual, inadecuadamente motivada;
buena inteligencia; falta de remordimiento y vergüenza; incapacidad para amar;
incapacidad de aprender con la experiencia; falta de autocrítica; reacción
desproporcionada o fantástica al alcohol; pobreza de reacciones afectivas;
fracasos frecuentes e inexplicables; y, por último, falta de sinceridad. En
resumen, el psicópata tiene poca capacidad para adaptarse satisfactoriamente al
medio ambiente, es voluble, egocéntrico, muestra un predominio de las
tendencias instintivas y una deficiente disposición para amar.
Los tipos psicopáticos formulada por K. Schneider,
autor que con más rigor ha descrito los rasgos de las personalidades
psicopáticas, define una serie de grupos. Todos estos grupos se presentan no
sólo en diferentes grados de intensidad, sino también en todas sus
combinaciones. Dentro de estos grupos destacamos los que hemos hallado de modo recurrente
en los violadores de niños, niñas y adolescentes:
-
Psicópatas explosivos. Son aquellas personas que, ante el motivo más
insignificante, montan en cólera y pierden el autocontrol. Cualquier palabra
les ofende, determinando inmediatamente una respuesta insultante o agresiva.
Fuera de estas reacciones, tales individuos son casi siempre tranquilos y
dóciles. Con frecuencia, muestran una gran sensibilidad al alcohol,
desencadenándose con facilidad reacciones explosivas y violentas.
-
Psicópatas desalmados. Con este nombre se designan las personalidades
psicopáticas caracterizadas por un embotamiento afectivo. Son individuos que
carecen de sentimientos de compasión, vergüenza, arrepentimiento y conciencia
moral. Conocen perfectamente las normas morales, pero no subordinan a ellas su
conducta. La frialdad de sentimientos se manifiesta tempranamente, siendo
frecuentes en la infancia la inadaptabilidad escolar, el precoz despertar de la
sexualidad, (que podríamos asociar a victimizaciones sufridas) e incluso la
comisión de delitos, ya de modo solitario o en grupos junto a otros sujetos
asociales. Tienen extraordinaria importancia social estos psicópatas por su
acentuada peligrosidad, dando lugar a todo tipo de delitos, desde crímenes
brutales hasta atentados contra la propiedad.
Respecto a la responsabilidad (v.), la tendencia
actual es a considerar a los psicópatas imputables y, por tanto, sujetos a
sanción penal, sin tener en cuenta para nada su psicopatía; ya que tales
personalidades poseen la facultad necesaria para conocer la punibilidad del
hecho y para actuar con arreglo a este conocimiento, aunque los motivos de su actuación radiquen
más en el temor al castigo y en el egoísmo que en verdaderos valores morales.
En todo lo que venimos desarrollando se desprende
inevitablemente la repetición compulsiva del delito, es decir la imposibilidad
del tratamiento de estos delincuentes, en este contexto la posibilidad de la
creación del la base de datos genéticos
creada por ley en nuestra provincia, que incluirá y cito textual “los
resultados de los estudios genéticos realizados en todas las investigaciones
penales, especialmente, en las que se investiguen delitos contra la vida, la
integridad sexual, la identidad o la libertad de las personas” podría
convertirse en una herramienta de suma utilidad a la hora de realizar
investigaciones.
La información de esta base de datos será secreta,
y solamente se encontrará disponible para jueces, fiscales y defensores
intervinientes en relación con las causas en que se encuentren investigando a
los fines de que los tengan como prueba y puedan cotejarlos con otros
datos.
Por otra parte, la ley instituye la creación del
Registro de Condenados por Delitos contra la Integridad Sexual, en la orbita
del Ministerio de Justicia provincial, que almacenará los datos personales de
todos los condenados por delitos sexuales que se encuentren con sentencia
judicial firme.
Me gustaría detenerme un instante en este punto. Es
sumamente importante que esto se implemente, pero no podemos perder de vista
algunas cuestiones: muchas situaciones de violaciones de niños, niñas y
adolescentes no dejan elementos que permitan ser incluidos en una base de estas
características, es decir no hay fluidos, u otros elementos para ser
registrados, solo hay dolor y vidas de niños y niñas truncadas en su
desarrollo, cómo podríamos registrarlos…
Lo que si
me parecería un avance y debo decir que hace mucho tiempo que desde nuestra
institución lo venimos pensando, es el registro con nombre y apellido y todo
dato filiatorio posible de los sentenciados por estos delitos, pero considero
que debería ser de pública consulta no solo accesible a determinados actores,
ya que de existir, podríamos haber evitado un sinnúmero de casos, y nos consta
desde nuestra práctica, desconozco cuales serían los impedimentos legales para
que esto fuera así, pero si los hubiera, sería tarea de nuestro legisladores
poder allanarlos, creo que los niños, niñas y adolescentes lo merecen.
Cifras que alarman
-
Según
UNICEF más de diez millones de niños sufren de explotación sexual forzada en el
mundo. Esto quiere decir que hay aproximadamente 2.700 casos nuevos cada día
del año.
-
Se
estima que más de cien mil niños en América Latina son víctimas de explotación
sexual comercial.
-
En
el Perú uno en cada 3 niñas es abusada sexualmente antes de los 15 años, y uno
en cada 6 niños sufre del mismo abuso antes de los 15 años.
-
Entre
39% - 83% de todas las niñas con discapacidades evolutivas y entre el 16% y el
32% de todos los niños con discapacidades evolutivas son abusados sexualmente
antes de llegar a los 18 años de edad." (Rädda Barnen) Cuestión de
Contexto Social... El Abuso Sexual de Niños/as con Discapacidades.
-
Algunas
estimaciones también sugieren que solo uno en cada 30 casos de abuso sexual de
individuos con discapacidades es reportado. (Rädda Barnen) Cuestión de Contexto
Social... El Abuso Sexual de Niños/as con Discapacidades.
-
Las
citas indican que, en más del 60% de los casos, el abuso se comete a través de
los engaños o amenazas, sin violencia explícita." (CESIP) Maltrato, Abuso
Sexual y Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes: Aproximación
Diagnóstica y Perspectivas por María Elena Iglesias.
-
Cada
año, al menos seis millones de personas menores de 18 años son víctimas de
agresión física severa y de estas 85.000 mueren a causa de la violencia
intra-familiar. Las investigaciones existentes muestran que el abuso sexual
comienza tan temprano como a los cinco años de edad, y aumenta
significativamente entre los cinco y los nueve años. La información de
distintos países es coincidente también en que un 70% y un 80% de las víctimas
son niñas; en la mitad de los casos los agresores viven con las víctimas y, en
un 75% de los casos, son familiares directos de las niñas y niños
abusados." (UNICEF). http://www.uniceflac.org/español/perfil.htm
Perfil de la infancia en América Latina y el Caribe.
- Acerca del II
Los días 12, 13, 14 y 15 de noviembre de 2009, se
realizará el “II
La presidenta honoraria del congreso será la Dra.
Eva Giberti,
Este encuentro se presentará bajo las modalidades
de: simposios, mesas redondas, workshop/talleres, comunicaciones libres y
posters; convocando al aporte de representantes de las ciencias sociales, la
psicología, el derecho, la medicina y la educación, para que se logre el puente
interdisciplinario e interinstitucional que este complejo problema requiere
para el diseño de respuestas eficaces.
(*) Lic. María Beatriz Müller
Presidenta del Comité Organizador
del II
12, 13, 14 y 15 de Noviembre de
2009
Facultad de Psicología y
Psicopedagogía de la Universidad del Salvador y Teatro Nacional Cervantes
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