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marcelodossantos · La Lista de Marcelo Dos Santos
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Malvinas: Fragmentos de "Gorgona"   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #133 de 306 |

Amigos:

Dado que recién ahora la gente está tomando conciencia de las bombas nucleares en Malvinas, quiero entregarles estos fragmentos de mi novela "Gorgona, Atentado Nuclear" (inédita), que escribí en 1997...

Me asombra que las cosas de conocimiento común tarden tantos años en ser aceptadas.

Pueden leer otros fragmentos en mi sitio, www.marcelodossantos.com.ar.

Ojalá les gusten.

 

 

5

-Lord Willoughby. Lord Willoughby. Cálmese.

La señora Thatcher, la Dama de Hierro, hizo entonces algo que nadie en todo el Reino hubiera soñado: tomó la temblorosa muñeca de Lord Willoughby y la apretó durante un instante.

-Tenemos que hacerlo, Lord Willoughby.

El funcionario había envejecido diez años en diez días. Cada segundo de los que había vivido desde que el almirante Lord Dumbarton, Comandante en Jefe de la Armada Real le había informado que la Primera Ministro había decidido implementar el Plan Amapola contra la Argentina, había sido para él como un largo siglo.

-Pero no Amapola, mistress Thatcher. No Amapola...

-Tenemos que hacerlo, George.- dijo ella, llamándolo por su nombre de pila por primera vez desde que él podía recordar- No hay otra salida.

-Pero... ¿Amapola al 50%? Lord Dumbarton...

-Lord Dumbarton está de acuerdo, George.- lo interrumpió ella, secamente -Es mi decisión, y Su Majestad me ha brindado su apoyo. Lord Dumbarton está avisado, y ha implementado las medidas necesarias para llevar a cabo un Amapola 50%. No podemos perder las Falklands, y Amapola garantizará que no las perderemos.

-Pero Argentina es un país convencional, mádam. Y nosotros...

-Diga más bien que creemos que la Argentina es un país convencional, amigo mío. Esos militares están locos, yo lo sé y usted lo sabe. Están desarrollando armas biológicas en la Provincia de Buenos Aires, con el apoyo de los franceses, y un misil de mediano alcance con los sirios, libios e iraquíes. ¿Quiere arriesgarse? ¿Lo quiere, George?

-No, pero...

-Entonces, cállese.- La Primera Ministro suavizó el tono de su voz, antes de agregar: -Y apóyeme, George. Apóyeme...

-Es que no tenemos un buque capaz de albergar Amapola al 50%...

-Lo tenemos. Lord Dumbarton acaba de informármelo. Y vamos a usarlo como transporte. Necesito que informe a los Lores -no a los Comunes- de lo que pensamos hacer. Explíqueles que la situación es sumamente grave, y que si perdemos las Falklands, perderemos también Ascensión, Georgias y la Antártida. Dígales que el Atlántico Sur quedará vedado para siempre, y que nuestros planes al respecto durante el próximo siglo se irán al demonio, George. No les dirá usted en qué consiste exactamente Amapola, pero sí les explicará que la Fuerza de Tareas lleva armamento adecuado para reprimir la invasión en el menor tiempo posible. Usted será mi voz, George. Y ganaremos. Ganaremos...

-Pero, señora... Yo tenía entendido que ninguno de nuestros buques podía transportar un Amapola 50... Creí que no había...

-Porque el buque fue acondicionado en secreto el año pasado, amigo mío. Sólo lo sabíamos Su Majestad, Lord Dumbarton y yo. El buque fue preparado para eso, y ahora necesitamos que lo haga.

-¿Y... cuál es ese buque, mádam?

-El HMS Sheffield, Lord Willoughby. El HMS Sheffield.

 

24

Ambos SUE, que efectivamente estaban solos y no acompañados por los Skyhawk que tanto temía Curtiss, hicieron una sola pasada de control de daños y vieron la escora del Sheffield, el enorme boquete de la banda de babor, y la ciclópea columna de humo que se elevaba desde el buque, producto del voraz incendio que se había declarado en su interior.

A una señal de Bernárdez, los dos SUE escaparon del lugar del ataque. Poniendo proa al continente, seguros de la victoria que acababan de obtener, Gato y Cielo aceleraron a su velocidad máxima, manteniendo los aviones al mismísimo nivel de las olas, y volaron hacia Tierra del Fuego.

Sabían que el buque estaba condenado. Sabían que semejante agujero, justo sobre la línea de flotación, era letal. Sabían que la escora que presentaba el buque era señal clara de que un gigantesco rumbo de agua estaba llenando asimétricamente las bodegas del barco, haciéndolo más pesado, reduciendo su capacidad de flotación por un costado, atrayéndolo, lenta, insensible pero inevitablemente, hacia el fondo de las frías aguas del Atlántico Sur.

Al poco rato, para ahorrar combustible, ambos pilotos se elevaron a una altura segura, y se sintieron tan confiados que declinaron el ofrecimiento de reabastecerse del Hércules KC-130H del vicecomodoro Paiste, que se había quedado en el aire, orbitando nerviosamente, volando con ansiedad en círculos durante toda la misión, esperando a "sus muchachos" para ofrecerles "un trago más de teta" en el viaje de regreso.

Finalmente, Cielo y Gato, Miño y Bernárdez, aterrizaron en la pista 07 de Río Grande a las 1510Z, y recibieron una bienvenida apoteósica.

Sabían que habían hundido al buque mayor.

Sabían que la misión había tenido éxito.

Sabían que habían obtenido la primera victoria militar argentina de la guerra, contra un buque enemigo de gran porte, perfectamente protegido por la artillería y las CAP de Harriers.

Lo que Bernárdez y Miño no sabían, es que habían hundido al HMS Sheffield, que, en misión especial decidida por Mistress Thatcher, aprobada por Su Majestad y refrendada por Lord Willoughby, estaba cumpliendo, por primera vez en el siglo, un plan Plan Amapola al 50%.

Lo que Bernárdez y Miño no sabían, era que el Sheffield llevaba en sus bodegas el 50% del arsenal nuclear británico.

25

Curtiss giró la combinación de su caja fuerte, mientras introducía la llave en la cerradura.

Adentro había sólo un objeto: un gran sobre de papel manila tamaño oficio, con el sello lacrado de la Royal Navy, la Armada Real del Reino Unido.

El humo de los múltiples incendios se había adentrado tanto en el buque, que molestaba incluso aquí, en el camarote del comandante.

De pie junto a la caja de hierro, con el Frederick Remington caído frente a él, Curtiss rasgó el sobre.

Una carpeta de tamaño legal apareció frente a sus ojos. El título decía "Plan de contingencia - Operación Amapola 50".

Curtiss podía sentir cómo el Sheffield escoraba bajo sus pies, incrementando el ángulo minuto a minuto. El lado que daba a babor descendía, lenta pero claramente, mientras que el de estribor se elevaba. El piso tenía ya una inclinación de más de veinte grados.

Leyó:

"Capitán de navío Curtiss:

El hecho de que usted esté leyendo esta documentación implica que el HMS Sheffield ha sido atacado y averiado por fuerzas enemigas.

Como usted sabe, el buque a su cargo ha sido comisionado para llevar a cabo una Operación Amapola al 50%, lo que significa que la mitad del arsenal nuclear del Reino Unido se halla, en estos momentos, a bordo del barco.

Es imperioso tratar de poner a salvo el arsenal nuclear de Su Majestad. Si puede usted llevar a cabo la operación de rescate en condiciones normales, debe dirigir a la tripulación al nivel 5, cubiertas 7 y 8, bodega L, donde se encuentran los equipos antirradiactivos completos para cada marino, envueltos en bolsas plásticas opacas y marcadas con la leyenda "EMERGENCIA".

Una vez vestido el personal con sus trajes especiales, intentará usted transferir la carga del Sheffield, por partes iguales, a las fragatas HMS Alacrity y HMS Yarmouth. Si eso no es posible, el material será mudado al portaaviones HMS Invincible.

Las cargas nucleares que demuestren estar averiadas, fisuradas o rotas, deberán ser sencillamente arrojadas al mar.

El submarino de ataque HMS Robinson, acompañado de los submarinos misilísticos HMS Ithaka y HMS Vesta, intentarán aproximarse a Ud. y a las fragatas y el portaaviones mencionados, a fin de recuperar las cargas y ponerlas en condición operativa.

En caso de no poder cumplir esta orden, y si, dadas las circunstancias de combate, decide Ud. que la carga no puede ser transferida, evacuará Ud. el buque y permitirá que las cargas se hundan con él.

Con mis mejores deseos,

Buena Suerte.

Dios Salve a la Reina

Firmado: Almirante Lord Alfred Joseph Dumbarton

Comandante en Jefe de la Armada Real

Portsmouth, Abril 8, 1982

Marcelo Dos Santos
Conozca mi libro de cuentos:
www.ultimasvisiones.com.ar


Mar, 9 de Dic, 2003 12:46 pm

dossantosmar...
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Marcelo C. Dos Santos
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9 de Dic, 2003
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