Un hombre que intenta alimentar con maníes a un tigre salvaje... ¡a mano!
Otro que extiende un cable electrificado para prevenirse de los robos, se olvida de ello y se electrocuta.
Uno que intenta soldar una granada de guerra con un soldador eléctrico.
Otro que se decapita para demostrar su resistencia al dolor...
Todos ellos ganaron o hubiesen merecido ganar un Premio Darwin, el galardón que los premia por haberse autoeliminado de nuestro patrimonio genético.
Vean esta segunda y descostillante entrega de los Premios Darwin pinchando en la foto o aquí: http://axxon.com.ar/zap/289/c-Zapping0289.htm.
