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mataderos_mirador · Mataderos y Lomas del Mirador
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El abusador del oeste-Luciano Doti-cuento   Lista de mensajes  
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El abusador del
oeste
Luciano Doti

Fue una tarde de abril a eso de las seis, justo al caer el sol. Luis
subió a su auto, manejo hasta el centro comercial en Ciudadela,
estaciono y entro como uno mas al área de compras, sin llamar la
atención. Recorrió las góndolas en busca de lo que necesitaba, cuando
lo encontró no le perdió pisada; era una mujer de unos veintiocho o
treinta años. Manteniendo la discreción, la siguió al patio de
comidas.
Cuando la joven salió hacia el estacionamiento, Luis continuo detrás
suyo. Ya era de noche y el sector en que ella había dejado el auto
estaba poco iluminado. Escucho el eco de unos pasos. Un segundo
después, Luis la tomo en sus brazos, la obligo a subirse la minifalda
y bajarse la ropa interior. La tenia contra el rodado y la amenazaba
con un cuchillo para que no grite. Luego se arrodillo, coloco su
cabeza entre las piernas de ella y bebió la menstruación. Su instinto
no había fallado; para Luis era fácil saber cuando una mujer tenia la
regla y así obtener de ella la sangre que el necesitaba. Una vez que
concluyo, subió a su auto y se alejo raudamente. La mujer quedo tan
shockeada que asistió a la fuga de su dejador sin emitir palabra.
Cuando la policía tuvo el caso en sus manos, no le dio demasiada
importancia. Después de todo ni siquiera podía considerarse eso una
violación, apenas abuso deshonesto, y la ola de delitos que abatía
por esos días al conurbano bonaerense, una gran parte de ellos con
victimas fatales, requería la mayor atención de los agentes.
La semana siguiente se repitió un caso bastante parecido, pero esta
vez se trataba de una adolescente de dieciséis años que volvía del
colegio. La chica cursaba cuarto año en un colegio católico de Ramos
Mejia, localidad lindante con Ciudadela, por lo que la policía no
dudo en relacionar ambos casos; sobre todo después de que la victima
confeso con vergüenza, y conmocionada hasta el llanto, que su
abusador le había practicado sexo oral, y que justo ese día ella
tenia la menstruación. Fue así que el caso tomo notoriedad. Los
diarios mas sensacionalistas llegaron a dedicarle dos paginas
al "abusador de el oeste".
Luego de leer la noticia en el diario, Luis sintió temor, miedo a ser
descubierto; una gran adrenalina corría por sus venas, y paso unos
días encerrado en su casa.
Néstor era un muchacho muy sugestionable, con poca personalidad, de
carácter pusilánime e irresoluto, leyó la nota en el diario y lo
invadió un impulso por hacer lo mismo. La idea de forzar una mujer a
desvestirse y beber su flujo menstrual le resultaba interesante.
Siempre había tenido mucho interés por las historias de vampiros y
ahora sentía que era su momento.
Esa noche, Néstor tomo alguna cerveza de mas, abono la cuenta al mozo
y al levantarse se sintió un poco mareado. Salió del local con paso
enclenque, pero sin perder el equilibrio; no era la primera vez que
se pasaba de copas. Cuando estuvo afuera, decidió que volvería a su
casa caminando; eso lo ayudaría a sentirse mejor. Hubo unos jóvenes,
de esos que están en las veredas de los maxiquioscos, que se
acercaron para pedirle una moneda, Néstor no quería problemas, así
que metió las manos en sus bolsillos y extrajo veinticinco centavos
para ellos. Los muchachos no parecían conformes con la magra
recompensa, pero igual agradecieron. Un poco mas adelante, vio a una
mujer que bajo del colectivo, iba sola, vestida con un jean y una
remera de lycra. Debido al frió que había empezado a hacer a esa
hora, llevaba una marcha apresurada; por eso no advirtió cuando
Néstor la siguió detrás, abandonando la avenida e internándose en ese
barrio poco iluminado. La dama se pavoneaba con un andar que
cautivaba a su perseguidor. El jean era ajustado, tanto como para que
la mínima ropa interior se marcara, dejando como dibujado un trasero
muy bien formado. Néstor tuvo una erección que le hizo olvidar la
borrachera, miro para todos lados y cuando creyó estar seguro de que
no había nadie, puso sus manos sobre el cuerpo de la mujer. Ella
grito, y se escucho la orden de una tercera persona:
-Alto.


El comisario con jurisdicción en la zona dispuso que se reforzara la
vigilancia. El abusador del oeste seguramente volvería a hacer de las
suyas, por eso en algunas esquinas de ese barrio había apostados
policías, a la expectativa para desbaratar cualquier tipo de acción
sospechosa.
Uno de esos agentes era Pedro Gómez, se había incorporado como
suboficial de la fuerza sin mucha convicción. Su novia había quedado
embarazada, y el, un desocupado sin estudios secundarios, no había
tenido otra opción que esa. Así que ahí estaba, custodiando una
calle, esperando que no sucediera nada raro para poder volver a su
casa. Por aquellos días, la ola de delincuencia se estaba llevando a
varios camaradas. Para el, y los otros también, regresar al hogar y
reencontrarse con su familia era un milagro que celebraba a diario.
La noche transcurría, por suerte para Pedro, sin ningún sobresalto,
cuando vio que se acercaba una mujer. Luego vio a un hombre. Pedro
permaneció en su lugar contemplando la escena. El hombre se abalanzo
sobre la mujer. El suboficial se sorprendió, pero, al escuchar los
alaridos de la mujer, desenfundo su arma, se acerco unos pasos y dio
una orden:
-Alto!
El sujeto masculino se dio a la fuga aprovechando la oscuridad; no le
fue difícil llegar a la esquina, doblar y perderse en la noche. La
mujer quedo atónita junto al policía que intentaba calmarla. Detrás
de las puertas y ventanas, los vecinos eran curiosos testigos que se
adivinaban sin dejarse ver, un poco por temor, y otro poco para que
luego no los sorprendiera una maldita citación judicial que les
hiciera perder una jornada de trabajo, con la angustiante situación
económica que se vivía por esos días, cuando no el empleo mismo, para
quienes estuvieran con un trabajo temporal.
Cuando Néstor doblo en la esquina sentía palpitaciones en todo el
cuerpo. El corazón le latía a una velocidad inconmensurable. Caminaba
rápido pero sin correr. Aunque quería alejarse lo mas pronto posible
del lugar de la escena, prefería hacerlo a media marcha para no
llamar la atención. Al llegar a la otra esquina, cruzo a la vereda de
enfrente, y luego doblo para tomar la calle paralela a la del hecho.
Lo hizo describiendo una línea diagonal, y mirando hacia todas las
direcciones. Ahora Néstor ya se sentía un poco mas aliviado. El aire
llenaba sus pulmones. El corazón se serenaba, y hasta se permitía
mirar al cielo y sentirse libre al abrigo de la luna.
La mujer le dijo al policía que no se preocupe, y que mejor se iba
porque en su casa el marido estaría esperándola. El policía le
respondió que si eso quería, no había ningún problema; después de
todo el agresor se había fugado, y no quedaba mucho mas por hacer. La
mujer continuo su camino, Pedro Gómez, suboficial de policía, le miro
el trasero, entonces a medida que ella se alejaba el se sintió con un
problema menos, libre al abrigo de la luna.
Néstor volvió a salir a la avenida. El frío lo había reanimado.
Llevaba un paso veloz y estaba mentalmente ensimismado. Cruzo una de
las calles transversales que cortaban la avenida. Al llegar casi a la
mitad, un auto pequeño de tres puertas doblo a toda velocidad, el dio
dos pasos atrás justo a tiempo; luego miro el semáforo frente a si,
una diminuta figura humana iluminada en color rojo le indicaba que se
detenga; volvió a subir al cordón y miro el otro semáforo, el de la
avenida, era de giro, con una flecha iluminada en verde, espero a que
pasaran uno, dos y tres autos delante de el, hasta que la figura
humana frente a el ya no era roja sino blanca, entonces si, cruzo la
calle y reanudo su camino. Mas adelante, al pasar frente a un bar,
entro por un trago.
Luis estaba en el sillón del living, con el control remoto en su mano
derecha pasaba distraídamente todos los canales, tenia la mente en
otra parte. Esa noche había luna llena, lo invadía una lujuriosa
necesidad de sangre; el impulso se hacia incontrolable. Sonó el
timbre. Se levanto para abrir y pregunto:
-Quien es?
-Soy yo Claudia.
-Hola. Que te pasa? Estas agitada.
-Me quisieron asaltar.


En realidad ella había notado que las intenciones del hombre que se
le abalanzo encima eran otras, pero prefería darle esa versión a su
marido.
-En que lugar?
-Aquí a tres cuadras, al bajar del colectivo. No fue nada-Dijo ella
tratando de minimizar el hecho.
-Voy a preparar la cena-Acoto ella para terminar con el tema.
-Por mi no te molestes, voy a salir.
Lorena era una chica de diez y seis años, su familia de clase media-
baja. Se crió en el "Fuerte Apache", aunque ella siempre prefirió
referirse a su barrio con el nombre oficial de Barrio Ejercito de Los
Andes. Su novio también era del mismo barrio. Estuvieron saliendo
cinco meses hasta que ella quedo embarazada. Cuando el supo la
noticia se enrolo en la policía, se casaron y alquilaron un
departamento tipo casa en Ciudadela. Ahora, se estaba haciendo la
hora en que su esposo llegaba a casa, cuando se percato de que no
había gaseosa; así que decidió salir a comprar una. Le daba un poco
de miedo salir sola tan tarde, pero el centro comercial no estaba
lejos de su casa. Iba con un paso apresurado recorriendo el trayecto
hacia el comercio, hasta que noto una perdida de sangre, nada de otro
mundo, pero el asunto la preocupaba por temor a perder el embarazo.
Entro rápidamente al centro comercial, tomo la gaseosa en sus manos,
un paquete de apositos femeninos, paso por la caja y salió nuevamente
afuera. En el estacionamiento del lugar un hombre la vio y comenzó a
seguirla, sin acercarse demasiado.
Esa noche Luis volvió otra vez al centro comercial de Ciudadela,
cuando llego ya era casi la hora en que cierran. Dejo el auto en el
estacionamiento y justo en el momento que estaba echándole llave a la
puerta, su particular instinto se despertó. Su vista se clavo en una
adolescente que salía del supermercado, con una bolsa en la mano.
Luis decidió seguir a la joven sigilosamente para no llamar la
atención. Cuando Lorena estuvo de vuelta frente a su casa y saco la
llave, el hombre que la seguía se acerco mas, saco una navaja, se la
coloco en el cuello a ella y la obligo a dejarlo ingresar al interior
de la vivienda.
El suboficial Gómez llego a la puerta de su casa después de cumplir
la guardia, toco timbre y espero a que su esposa le abriera. Al no
obtener respuesta le grito por la ventana:
-Lorena, abrime, soy yo...!
Nadie contesto. Busco la llave en el bolsillo y abrió la puerta. En
el interior del hogar la volvió a llamar:
-Lorena. Donde estas?-Dijo el.
-En la pieza. Ayudame!-Respondió ella con un grito ahogado.
Pedro se dirigió a la pieza; dentro de la misma su mujer ya casi
desnuda, estaba sobre la cama. Luis lo estaba esperando con la navaja
en la mano. Lorena al ver a su esposo le aviso:
-Cuidado! Tiene una navaja.
Pedro saco su arma reglamentaria y le disparo. Casi al mismo tiempo
pregunto:
-De donde salió este tipo?
-Me ataco cuando estaba abriendo la puerta, venia del súper y...
-Esta bien, no te preocupes. Estas bien?
-Creo que si.
Luis yacía en un charco de sangre. Ahora tenia todo un charco de
sangre para el, pero no mucho tiempo para disfrutarla. Su respiración
era dificultosa, de su tórax seguía saliendo sangre a borbotones. Con
el ultimo aliento estiro su mano izquierda, se aferró a la pata de la
cama y tras unas convulsiones murió.
Al otro día, la prensa se ocupo del tema: "el abusador del oeste
abatido por un policía". Los medios sensacionalistas volvieron a
dedicar dos paginas y varias horas de TV al tema. En algún lugar de
la ciudad, Néstor se entero de la noticia, y solo después de
verificar que su incidente no había trascendido, se sintió aliviado.

www.letrasdehorror.blogspot.com







Sáb, 30 de Jun, 2007 8:10 pm

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luciano
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30 de Jun, 2007
8:10 pm
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