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Acerca de las mujeres de Buenos Aires 1775-1988   Lista de mensajes  
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Las mujeres Porteñas dieron que hablar desde los tiempos del
Virreinato del Río de la Plata, lo que sigue es un extracto de lo que
algunos viajeros, periodistas y artistas han escrito sobre ellas:

"Las mujeres en esta ciudad, en mi concepto, son las mas pulidas de
todas las americanas españolas y comparables a las sevillanas, pues
aunque no tienen tanto chiste, pronuncian el castellano con mas
pureza"
Concolorcorvo, El lazarillo de ciegos caminantes, 1775.

"A las mujeres, en vez de estar encerradas por los celos, se les
permite pasear y respirar el aire común. Me llamo mucho mas la
atención la multitud de bellas mujeres, yendo y viniendo de las
iglesias, y la graciosa elegancia de su porte. Están generalmente en
grupos de familia, pero conforme a la costumbre del país, rara vez
van acompañadas por caballeros."
Henry, diario de viaje, 1820.

"Mariquita Sánchez de Thompson es una viuda hermosa, joven y
seductora"
William P. Robertson, Cartas de Sudamérica, 1820.

"Las mujeres, cubiertas por pieles y felpas variadas, ganaban la
escalera, friolentas y muy apuradas, prendidas del brazo de su
acompañante."
Lucio Vicente Lopez, La gran aldea, 1884.

"Les pediría mas sociabilidad, mas solidaridad en el restringido
mundo al que pertenecen, mas respeto a las mujeres que son su
ornamento, mas reserva al hablar de ellas, para evitar que el primer
guarango democrático enriquecido en el comercio de suelas se crea a
su vez con derecho a echar su mano de tenorio en un salón al que
entra tropezando con los muebles. Nuestro deber sagrado es defender
nuestras mujeres contra la invasión tosca del mundo heterogéneo,
cosmopolita, híbrido, que es hoy la base de nuestro país. Cada día,
los argentinos disminuimos. Salvemos nuestro predominio legitimo, no
solo desenvolviendo y nutriendo nuestro espíritu, sino colocando a
nuestras mujeres a una altura que no lleguen las bajas aspiraciones
de la turba."
Miguel Cane, Memorias, 1900.

"A cualquier mujer, sea una dama o una lavandera, se le dice
habitualmente señora. Llamar a una donna del pueblo mujer no suena
bien, ya que equivale a decir hembra. En los cafés hay siempre un
lugar especial para las señoras. Son admitidos solo los hombres que
las acompañan"
Compañía de inmigración italiana, Manual del inmigrante, 1902.

"Para ciertas señoras delgadas, el corpiño de seda se puede
reemplazar al corsé, lo mismo para viajar como para sostener el
cuerpo bajo el vestido de baño en el mar. No es higiénico el bañarse
con un corsé."
Susana Saulquin, articulo sobre moda, 1910.

"Cierto sentimiento aristocrático campeo en la ciudad, manifestado en
una sostenida preocupación por la elegancia, que acentuó el
tradicional empaque del porteño y la porteña"
José L. Romero, Buenos Aires, historia de cuatro siglos, acerca de la
década de 1930.

"Me vine pa' Buenos Aires pensando en volverte a ver, las porteñas
son tan lindas, quien sabe si he de poder. Andaba por Buenos Aires,
miren lo que es no saber, prendado de una porteña y esperando a mi
mujer. Esperando allá a mi dueña, no la quise traicionar, la cosa es
que a la porteña yo no la puedo dejar. Si vienen a Buenos Aires, que
te siga tu mujer, pues si ves una porteña no vas a querer volver."
Antonio Tormo, La porteña, 1950.

"Buenos Aires es una de las mayores aglomeraciones mundiales de
mujeres hermosas. Morenas de ojos claros, indias espigadas,
pelirrojas de pómulos salientes. Esta belleza, con todo, se diluye
bajo la parafernalia destinada a exaltarla. Los apósitos multiplican
la artificialidad. Dan miedo, en el fondo. Por otra parte, la
liberada mujer argentina, moderna y pizpireta, está obligada a vestir
una ropa comparada con la cual el corset victoriano parece un ensueño
de comodidad. El pantalón ajustado hasta el jadeo no sólo es cruel
con el hombre que mira al pasar; tal vez sea el pasaporte a la
escoliosis, cuando no a la insensibilidad clitoridiana. La futura
enfermedad social femenina será el síndrome del culo parado. La
víctima, claro, a la altura del victimario. Hay en esto algo más que
una cuestión de gustos. Cada mujer que ofrenda su trasero a la mirada
pánica está redimiendo a un machito atosigado por el miedo a "perder
el invicto". Por lo común, este miedo se expía en frases hechas: no
parece que haya otra lengua popular en la cual tener suerte se
exprese como "tener culo" y la amenaza más severa al rival sea la
de "romperle el orto". Sin embargo, las mujeres no tienen culo
sino "cola", "colita", "pavito". Putas, sí, pero vírgenes en lo más
resbaloso. Una cola se puede pisar, pero perforarla es más
complicado. En todo caso, siempre le queda al varón la posibilidad de
comérselas, a las mujeres. Véase si no la variedad de símiles
alimenticios: churro, bombón, cachito de pan, sólo en los últimos
años reemplazados por la metáfora animal: potra, yegua, loba, etc…"
Marcelo Cohen, Ocho millones de actores vocacionales, 1988.

www.letrasdehorror.blogspot.com




Dom, 8 de Jul, 2007 9:11 pm

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