MI AMIGO GOYO - Cuento breve-
Estoy parado aquí, recibiendo la caricia de este maravilloso sol matutino
matutino de invierno. Para la gran mayoría de las personas
esto resulta reconfortante y acogedor. También lo es para mí, pero hoy lo valoro
más como un escape psicológico que como abrigo o protección. Me sirve para
menguar en algo el abuso del que son objeto mis amigos, los que ahora están
trabajando.
Bueno, pero primero tengo que hacer un poco de historia: Me llamo Clavo y me
crié en Australia. Viví mucho tiempo como caballo salvaje,
haciendo constante alarde de mis pezuñas destrozonas. Fui campesino, corredor de
carreras y hasta mascota de niñas. Por eso tengo tantos amigos... Amigos como
Lucho, que solía amadrinarse con Percal, la de la vieja estancia. O como Pedro,
que diariamente carga sobre sus ancas, el doble de lo que él pesa... Como Salto,
que sufrió las consecuencias de la preparación a la que fue sometido, para un
mayor rendimiento de sus habilidades.
Claro, es imposible continuar hablando sin entrar en el campo de la
discriminación. Discriminación que el hombre fomenta a espaldas nuestras, ya que
nosotros nos consideramos todos iguales. Iguales a López, que lleva años
dejándose domar.
O a Tilde que, a pesar de estar en forma, permanece parada horas enteras
esperando al que la guía, con la cabeza agachada, la panza
vacía y el miedo a cuesta. Iguales a Silvio, cordobés privilegiado
mascota bien alimentada, pero en total ignorancia de lo que a otros nos
sucede... Pero con miedo... A la tormenta, a los relámpagos, a la soledad, y a
su propia sombra .
La sumatoria de Tilde, Pedro y yo, Clavo, estaba presente en aquél que ayer nos
dejó, Goyo. Él pesaba la mitad de lo que normalmente pesa uno de nosotros. Hacía
cuatro días que no comía y quien sabe cuánto tiempo que no bebía agua limpia y
fresca. Temblaba ante los camiones y los micros de larga distancia. Anhelaba que
una mano le acercara de vez en cuando una caricia. Todo en silencio. Fiel e
inmutable, continuó con el miedo de ser azotado nuevamente. Llevaba la carga de
qué sé
yo cuantos cartones sobre sus espaldas. Tuvo la desgracia de ser víctima de la
bien llamada y vergonzosa "tracción a sangre". Hoy Goyo ya no está. El mismo sol
que ahora me calienta fue el que lo desplomó hacia el piso... Porque no daba
más... Estaba triste, desnutrido, olvidado y cansado...
Dramáticamente cansado.
BEATRIZ GONZALEZ DONATO
Villa Rebasa – Ramos Mejía.
gonzalez.donato@...
Fuente: www.elrecopilador.com.ar