La actriz y cantante estrena el jueves "Un amor, dos destinos", con
Robert Redford y Morgan Freeman.
Jennifer Lopez se ha dado cuenta de que hacer películas es como
lanzar los dados. Sin tener control sobre la edición o el marketing
del lanzamiento, dice, los actores deberían olvidarse de "los
resultados" y concentrarse en "el proceso".
"Lo que cuenta es si disfrutaste de la experiencia, si diste todo de
vos. La taquilla y las buenas críticas están muy bien, pero son sólo
la frutilla del postre", dice la actriz y cantante en una entrevista
telefónica.Esa filosofía le es útil en función de películas como Un
amor, dos destinos, una demorada producción de 33 millones de dólares
(que se estrena este jueves en la Argentina), ruptura de Miramax y
Disney mediante, en la que Lopez interpreta a una mujer que trata de
reencontrarse con su suegro (Robert Redford), un duro ranchero que la
culpa por la muerte de su hijo.
Lopez dice haber disfrutado de la experiencia. Para empezar, fue una
posibilidad de trabajar con Redford y con Morgan Freeman, quien
interpreta a un ranchero más amable que está recuperándose de las
heridas que le dejó el ataque de un oso.
El set, en un lugar alejado, a cinco horas de Vancouver, era como
un "santuario —dice Lopez—, un descanso del juego de policías y
ratones" en el que se ha convertido la vida de Lopez por culpa de las
agresivos paparazzi. Durante el rodaje, Lopez se acababa de
comprometer con Ben Affleck y, en el medio de la locura mediática, el
aislamiento le vino bien.
Ella dice que actuar, "estudiar el comportamiento humano", es algo
terapéutico. "La gente supone que yo estoy siempre pasándola genial,
pero el dinero no borra el dolor", dice Lopez, de 36 años. El fracaso
de la película de 2003, Gigli, en la que actuó con Affleck, "me hizo
preguntar no sólo acerca de las extrañas prioridades del mundo, sino
también si yo no estaba contribuyendo a eso", dice.
Películas como Un romance inesperado y Selena cimentaron su fama como
actriz . Pero al pasar al terreno musical, la percepción del público
respecto a Jennifer Lopez cambió radicalmente. Y sus posteriores
elecciones cinematográficas tampoco ayudaron.
Lopez culpa a Hollywood, dice que no todos están dispuestos a poner a
latinas, a excepción de Lasse Hallstrom, el director de Un amor, dos
destinos. Así que Lopez tomó el toro por las astas y está produciendo
proyectos propios, como Bordertown, de Gregory Nava, en la que
encarna a una periodista que investiga el abuso de trabajadoras en
una fábrica de Juárez, México.
También produce y coprotagoniza Who Killed Hector Lavoe?, la película
de León Ichaso acerca de la leyenda de la salsa, que será encarnado
por su actual marido, el cantante pop Marc Anthony, con quien se casó
luego de separarse de Affleck. Y el director Taylor Hackford está
trabajando con los dos en Carmen.
Lopez se autodefine como perfeccionista y admite que le gusta
controlar todo. Si bien los medios la pintan como una diva, ella dice
que no es tan así. "Las estrellas son tratadas de manera
diferente ...explica—. La gente tiene miedo de cruzar barreras.
Cuando yo llego, me arremango y lo primero que le digo al director
es: 'Por favor, no dejes que me quede corta'. Siempre me gusta
jugarme un poco más".