Pasó el tiempo y, ante la angustia de sus padres,
las hermanas visitaron a Psike incitándole que matara
a su marido, pues lo creían un monstruo, maligno
entre los malignos. Psike no les hizo caso, solamente
le picaba la curiosidad por saber quien era y sobre
todo cómo era realmente. Llena de valor, una noche
tomó el candil y temblorosa contempló al ser más
maravilloso de la creación; embelesada se le acercó para
acariciarle cuando, sin querer, del candil calló una gota
ardiente sobre el cuerpo de su amado y Eros voló hacia los
espacios etéreos.<br>Instantáneamente Psike se encontró de
nuevo en la colina donde sus padres la habían dejado.
Los jardines y el palacio habían desaparecido. Psike
intentó suicidarse y se lanzo a las aguas del río, pero
este la transporto suavemente a sus orillas. Repuesta
de esta fatal intención, se dedico a recorrer el
mundo en busca de su amado quien había sido llamado al
orden por su madre y aunque por el momento se
encontraba recluido en el palacio de esta, no por ello
dejaba de proteger invisiblemente a su amada. Por otra
parte, la diosa del Amor perseguía encarnizadamente a la
joven y al encontrarla la vejó, la humilló y la sometió
a las más espantosas pruebas, todas ellas superadas
con éxito con ayuda de su queridísimo Eros.<br>Porque
el amor hizo que pronto Eros perdonara a Psike su
veleidad de desear conocerlo tal como era y, no pudiendo
más, voló al Olimpo para rogar a Zeus que le
permitiese vivir con su amada. Al comprobar aquel cariño tan
inmenso, Zeus no tuvo mas remedio que aceptar los hechos
consumados y así de esta manera quedaron unidos para siempre
el Amor y el Alma.