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Canibales en la patagonia   Lista de mensajes  
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Canibales en la patagonia
Hace 100 años, en Río Negro, un grupo de aborígenes cometió crímenes que la
historia intenta no recordar.
Esta nota se basa en algunas ideas que tuvo Charles Darwin al recorrer la
Patagonia argentina entre 1831 y 1836, y que luego fueron tomadas por
sigmund Freud para su teoría del psicoanálisis. Pero en verdad se originó un
atardecer, en la soledad de la Línea Sur, en Río Negro, durante una charla
que Nueva mantuvo con Elías Chucair, historiador y vecino de Ingeniero
Jacobacci en un pintoresco almacén de ramos generales.
¿Así que usted no conocía esta historia?”, dijo el escritor. Y agregó:
“Entre 1904 y 1909, más de 130 árabes que venían a caballo desde General
Roca y Neuquen para vender sus mercaderías en esta zona fueron asesinados a
unos 100 kilómetros de aquí, al norte de Maquinchao y al sudoeste de El Cuy”
. Pero faltaba el dato más estremecedor. Y don Elías Chucair, como si
pidiera disculpas por lo que estaba revelando, dijo: “El caso es que a los
turcos, como nos dicen cariñosamente a todos los árabes, sus criminales,
unos aborígenes chilenos, se los comieron... Sí, luego de descuartizarlos
los asaron y se los comieron”.
Según Chucair, el sumario (900 fojas) tiene cuatro cuerpos. Narra que el 15
de abril de 1909 llegó a la comisaría de El Cuy el comerciante Salomón Daud,
de General Roca, para denunciar la desaparición de su cuñado y de un peón.
Como ya había otros casos, el gobernador Carlos Gallardo y el jefe de
Policía Domingo Palasciano ordenaron investigar los hechos al comisario José
María Torino. La detención de un menor, que confesó, permitió desenredar la
punta del ovillo: durante cinco años, unos nativos afincados en tolderías de
la zona habían matado 130 vendedores. Luego los quemaron, para que no
hubiera rastros. Y después, ebrios, los comieron. Cuando le preguntaron
porque lo habían hecho, uno de los jefes, Pedro Vila (55), respondió: “Los
demás me incitaron. Y no quise ser menos guapo que ellos”.
Otro, Benigno Muñoz, dijo a sus compañeros de correría: “Cuando era
capitanejo y peleaba con los huincas (blancos), comíamos corazones de
cristiano; pero de turco no he probado nunca y quise saber que gusto tiene”.
También están en el sumario los dichos de Antonia Gueche (alias Macagua),
quien guardó restos carbonizados “para hacer gualicho...”
• 100 Años de discusión: Los hechos se dieron a conocer cuando la Argentina
se preparaba para festejar el centenario. La fiesta venía con todo y hasta
el cometa Halley brillaba en el cielo nacional. Pero cuando el país era
reconocido en todo el mundo, y cuando había que ofrecer garantías a quienes
se llamaba para colonizar la Patagonia, un episodio de canibalismo vino a
situar, engañosamente, a nuestra población entre las más peligrosas del
planeta. ¡ Y por antropófaga!
La prensa de entonces testimonió la polémica : Caras y Caretas (5-2-1910)
aclaró que el canibalismo había provenido de “una banda macabra de cuyo
origen no es responsable ningún país”. El diario La Nueva Provincia
(6-2-1910) denunció: “¿ Es posible que un país civilizado haga escuela del
homicidio más repugnante, cien años después de entrar al concierto de la
civilización?”. Pero 77 años más tarde, el diario Río Negro rechazó “las
prácticas de antropofagia mal atribuidas a los aborígenes de esta región” y
aclaró que “los indigenistas se encargaron de enseñar que los guennaches
(gente del sur), como los leuvuches (gente del río), fueron excelentes
cazadores de especies silvestres y accidentales pescadores”, lo que explica
que ni siquiera eran adictos a la carne animal.
• Formas de ver: La antropofagia, o hábito de comer carne humana, es una
definición que excluye el canibalismo accidental, en el que el único móvil
es el hombre. Y no abarca a la llamada antropofagia guerrera o religiosa,
común entre salvajes que creen de ese modo adquirir el valor y la fuerza de
sus enemigos.
Charles Darwin, en su famoso viaje a bordo del Beagle, tuvo dos impresiones
equivocadas. Creyó que los indios fueguinos no tenían un lenguaje y aseveró
que comían carne humana, en particular de las mujeres viejas. Pero la
realidad era que tenían un lenguaje variadísimo (hoy existe un diccionario
yámana-inglés) y eso de que se comían a sus ancianas, como se pudo probar
después, fue una broma que algunos nativos le gastaron al fundador de la
teoría evolutiva de las especies, cuando se sintieron cansados de tantas
preguntas (para ellos extrañas) como las que les formulaba el investigador.
Pero las observaciones patagónicas le permitieron a Darwin, más tarde,
escribir El Origen de las Especies, título que vino a revolucionar la
ciencia. Y poco después, sobre las mismas observaciones realizadas por el
naturista, Sigmund Freud elaboró una parte del psicoanálisis. Según el
famoso vienés los hombres primitivos, tal como dijo Darwin, en un proceso
que duró milenios, mataron al jefe de la horda, un orangután arbitrario
dueño de todas las mujeres. Y luego lo comieron. Pero una vez que lo
hicieron, ese compadre asesinado fue más fuerte que antes, pues los hijos,
al tragarlo, lo habían incorporado a sus propios cuerpos. Y entonces los
parricidas hicieron unos pactos de no agresión, de los cuales con el tiempo
(además del proceso mental llamado “identificación”) nacieron tres cosas que
debe reprobar la cultura: el canibalismo, el incesto y el matar por gusto.
Don Elías Chucair, hombre sencillo al que suelen consultar los
investigadores patagónicos (como Osvaldo Bayer o Rodolfo Casamiquela),
escribió la historia de los turcos y de ese “canibalismo accidental” en un
libro titulado Partidas sin regreso de árabes de la Patagonia. Como los
libros deparan hechos mágicos, el nombre de Don Elías, sin quererlo, anda
unido al de Darwin y al de Freud, no sólo en esta revista sino también en
muchas bibliotecas del mundo.
Fuente: Revista Nueva Nº 514 del Domingo 20 de mayo de 2001






Vie, 6 de Ago, 2004 9:08 pm

rodolforudy2000
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